PEAJE

DECISIONES

un-trabajo-bien-hecho

   Si quería el trabajo debía entregarse…

   Gimiendo sin poder contenerse, aunque sabe que fuera de la oficina los otros le escuchan, le oye respirar pesadamente a sus espaldas, con suspiros profundos, mientras le cepillaba sin detenerse la pepa del culo. “Oh, sí, sí, te gusta así, duro y a fondo, ¿verdad, puta? Te gusta cuando te lo meto hasta los pelos”, le oye gruñirle, cogiéndole por tercera vez, tomándole y derritiéndole sobre el manchado sofá de los sacrificios. Grita, no puede impedirlo, pensando que siempre era lo mismo… Cuando les decía que si querían el empleo debían cogerlo, todos se negaban indignados, porque eran machos machotes, y después no querían soltarlo hasta preñarlo. No era extraño que, tiempo después, alguno de ellos volviera, estando su esposa ausente y le pidieran el culo para que les ordeñara la verga. Y se dejaba, sacándoles semen a borbotones. La vida era corta, ¡y le gustaban tantos lo hombres!

Julio César.

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