EL PEPAZO… 21

EL PEPAZO                         … 20

De K.

sexy-man-thong

   -Sé sincero, ¿de verdad te gusta?

……

   Enrojeciendo aún más de cara por aquellas palabras que salen de su boca, de panza sobre esa camilla, bajo el médico que buscó por ayuda para su “problema”, uno que ahora se le clavaba en el alma… y el culo, Jacinto sabe que no puede aguantar más. Siente como sus entrañas amasan y halan con fuerza de ese tolete, deseándolo, necesitándolo. Su culo lo quería y se abría con ganas, endulzándole con poderosas oleadas de una lujuria tal que nunca antes había sentido. Y aún antes de que Gabriel cayera definitivamente sobre su espalda, cerrándose sobre ella, metiéndole el güevo casi hasta los pelos, quemándole con sus bolas, ya sabía que deliraba y le pedía que lo cogiera, una y otra vez, mientras echaba sus nalgas hacia arriba buscando todavía un poco más del largo, grueso, duro y pulsante miembro que lo llenaba.

   Los dos gruñen, el macho cabrío arriba, sintiendo las apretadas de su vida que le daban esas entrañas; el joven forzudo, abajo, boca muy abierta y mirada casi ida, experimentando tales cargas de endorfinas que creía estar drogado con cocaína… la cual, en una que otra fiesta ha probado. Su piel es especialmente sensible, sus pezones arden de una manera deliciosa, y cuando uno es rozado por los dedos del otro, grita contenido. Su propio güevo, pisado bajo el peso de ambos, se frotaba sabroso de la camilla, la tela de la tanga excitándole de manera intensa, era como el refregar de una suave y acariciante manos. Pero su culo… era su culo el que…

   Cuando Gabriel sube sus nalgas, sacándole lentamente el tolete, refregándole las paredes del recto con su nervuda superficie caliente, otro bramido se le escapa, algo agónico, el chillido que lanzaría una actriz porno, de la bien putas de los años ochenta. Así se sentía Jacinto. El güevo entra, otra vez, y las sensaciones se intensifican tanto que ya no puede pensar. Sube y baja sus nalgas, abriendo y cerrando el culo sobre el grueso miembros, necesitado de más y más.

   -Hummm, hummm, cógeme, cógeme duro, por favor. –se oye gritar, muerto de vergüenza y excitación, casi lloriqueando cuando el otro obedece, atrapándole con las manotas los hombros, apoyándose, y comenzando un rítmico y frenético sube y baja, sacándole y metiendo del culo su cilíndrico tolete, adentro y afuera, golpeándole con la pelvis, azotándole con las bolas. Y Jacinto grita cada vez más y más, ojos cerrados, una viciosa sonrisa en su rostro bonito; nadie que le viera dudaría que fuera una puta, un viejo adorador de los güevos, no chillando como lo hace, ronco, como si le doliera, pero era de gusto. Algo de baba escapa de sus labios mientras su agujero era abierto una y otra vez con las duras enculadas.

   ¡La pepa de su culo era cepillada!, la idea le trastorna y marea. No sólo era intenso, maravilloso y glorioso sentir como el nudoso tolete refregaba en el vaivén los labios de su esfínter, produciéndole placer, o el recorrido en sus entrañas, que le tenía ardiendo, preguntándose cómo era posible tanto goce por el culo, pero sentir el glande golpeándole contra la próstata, encontrándola facilito y estimulándola era lo mejor. Cada frote, cada roce le sumergía en una intoxicación casi sicotrópica. Delira prácticamente mientras aquel joven y fuerte hombre se lo coge, admite aferrándose con las manos a la camilla que chilla, cruje y se mece toda por los hombres que sobre ella follan. Y su mente…

   No, no desea pensar, tan sólo sentir. Le avergüenza lo mucho que le excita el abrir y cerrar su culo alrededor del poderoso falo masculino, subirlo y bajarlo, buscándolo lo poco que le permite el peso de su hombre. Uno que le gruñe cositas sucias al oído, mientras le mete la lengua por el conducto auditivo, atrapándole un hombro para apoyarse, y con la otra mano le acaricia y aprieta las tetillas que parecen a punto de soltar leche de lo hinchadas y sensibles que están.

   Desde que ese sujeto le tocó en los hombros con sus manos estuvo caliente, cuando le rozó con la verga, la mente dejó de funcionarle con claridad, desde que le rozara con el pulsante y cálido tolete al desnudo no sólo la mente se desconecto, su culo se hizo sopa. Para cuando se la metió, aunque asustado, sabía que ardía como una zorra que gustara mucho del sexo en una fiesta de universitarios borrachos. Verla fue desear que esa verga le penetrara, que se le metiera como se le metía, con fuerza, al fondo, con dureza. Por ello, aunque apenado, no puede sentirse muy mal por los gritos de placer que lanza mientras siguen y siguen follándole contra la mesa de examen médico. Lo hace tanto, imagina, que Gabriel le cubre los labios con una mano, el pulgar…

   -Ahhh… -jadea ahora Gabriel, asombrado, no sólo ese culo estaba derritiéndole el güevo con aquellas haladas, apretadas y ordeñadas, sino que el sucio carajo le cubre el pulgar con sus labios. Ahuecando las mejillas y alzando la cálida lengua se lo chupa con una fuerza y sincronía que… si, era igual a las de su agujero vicioso. Culo y boca se sincronizaban maravillosamente. Si allí estuviera otro hombre, seguro que Jacinto le mamaría la vida por el pito.

   Y justo en ese momento el móvil timbra en su mono, sorprendiéndole, paralizándose al encontrándose de pronto haciendo aquello. Jacinto también está muy quieto. Toma el aparato del bolsillo y responde sin ver.

   -¿Si? –las voz le sale estrangulada.

   -Épale, Gabriel. –escucha una voz que le paraliza aún más, al igual que a Jacinto, quien oye por el volumen del aparato.- ¿Fue a verte el vago de mi cuñado? Voy a pasar cerca de tu consultorio, ¿estás allí? –era Renato, su amigo, el marido de la hermana del tipo este.

   ¡Y él le tenía el güevo totalmente clavado por el culo mientras el otro parecía querer mamarse uno!

CONTINÚA … 22

Julio César.

4 comentarios to “EL PEPAZO… 21”

  1. Sergio Says:

    ¿Nuevos personajes, eh?😉

  2. jrvaquero00 Says:

    El cuñado tambien se lo culea …. je je je

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