EL PEPAZO… 22

EL PEPAZO                         … 21

De K.

sexy-man-thong

   -Sé sincero, ¿de verdad te gusta?

……

   Por supuesto que la idea se le ocurre… y le eriza de pies a cabeza. Aunque no obsesivo con el sexo, a pesar de encantarle, y de ser respetuoso con las amistades, conoce al desgraciado de Renato Ocando desde hace muchos años, un guapo amigo con quien ha bebido y bromeado, y mentiría si dijera que a veces no sintió un cosquilleo en las pelotas viéndole inclinarse a tomar algo, mostrándole aquel trasero dentro de sus ropas, o en bóxer cuando van al gimnasio juntos. La idea de que llegara, los encontrara, se le pusiera dura y se la sacara dándosela a comer a su cuñado, al marido de su mujer, con él ahí, viéndole, le excita de una manera perversa. Pero es que caliente, perverso y decidido se sentía metiéndole el güevo adentro y afuera a ese bonito carajo fornido; cada golpe que le dio le hizo temblar la verga como sí se le llenara de una corriente nueva. Aún ahora, quietos como están mientras sostiene el teléfono contra su oreja, respirando agitadamente, su pecho subiendo y bajando sobre la recia espalda de Jacinto, ese agujero parecía continuar amasándosela.

   -Sí, estoy aquí… -se le escapa, ronco, no sabiendo ni el mismo qué espera que ocurra.

   Por su parte, echado de panza contra esa camilla, respirando también agitado, sonriendo plenamente como un gato feliz, el cabello cayéndole en la frente y sobre un ojo, Jacinto se siente en la gloria. La dura, gruesa, nervuda y pulsante verga clavada en su culo le brindaba todo lo que quería o necesitaba… aunque podía ser más. Y mientras su culo, sin hacer un sólo movimiento, parece adherirse totalmente a ese tronco, agitándolo, frotándolo, succionándolo con hambre, provocándole un gemidito al otro, de sorpresa y gusto, también siente deseos de chupar con su boca. Babea, salivaba, deja escapar gemidos mientras le succiona el dedo que tiene entre sus labios, acompasándolos con las chupadas que daba su agujero vicioso. Y cierra los ojos, estremeciéndose más… pensando en Renato, su cuñado, con una mezcla de disgusto, alarma y excitación. Odiaba a ese carajo que se creía moralmente superior a él; pero tenía un cuerpo que…

   Y se imagina también, allí, desparramado sobre esa camilla, Gabriel llenándole el culo con su güevo grande, uno que le producía sensaciones increíbles que llegaban a cada rincón de su joven y musculoso cuerpo, dándole sin detenerse, mientras se comía el güevo de su cuñado, cubriéndolo con sus labios como hace con ese dedo, pegándole la lengua de la gran vena en la cara posterior, haciéndole gemir, oyéndole decir que mama un güevo mejor que su hermana. Tal idea, tan alejada de lo que generalmente es, de lo que siente y piensa ordinariamente, le provoca escalofríos, y su culo parece conectarse decididamente de aquel tolete clavado y lo ordeña. No es imaginación de ninguno de los dos, lo conecta y lo hala, lo chupa. Eso provoca otro gemido de Gabriel, todavía teléfono al oído.

   -¿Ocurre algo? –escucha este, a Renato, junto a su oído.

   -Nada, yo… -jadea pesadamente, casi como un maniático, lo sabe, mientras ese culo sigue ordeñándoselo, y ahora Jacinto comenzaba otra vez un vicioso sube y baja de sus nalgas plenas, refregándose de su pelvis.- Ahhh… Hummm…

   -¡Hijo de puta! –oye una risita del otro lado.- Estás follándote a uno de tus maricones mientras hablamos, ¿verdad? –se oye a Renato de los más divertido, y Jacinto se estremece al escucharle; si, se cogía a uno de sus maricones, se dice, apretando y soltando el agarre de su esfínter.

   -Así es, el mariconcito con el cuerpo más bello y el mejor culo que he probado en mucho tiempo. –exclama maligno, Gabriel, recuperando su dedo y levantándose, apoyando una de sus manotas sobre la joven espalda, casi quedando arrodillado, culo sobre las piernas, con el güevo bien metido en ese culo (joder, cogerle viéndole las nalgas y la tirita del hilo dental a un lado era mejor).- Tendrías que verlo. –y con un inconfundible chillido de la camilla comienza un salvaje saca y mete, mirando fijamente su cilíndrico tolete saliendo y entrando del deliciosos agujero que lo apretaba; unas cogidas que le ocasionan un alarido agónico de placer a Jacinto, quien maúlla, se revuelve, su espalda se agita, y sonríe de manera encantada. Oyen la risa de Renato.

   -¡Bolas! Sabes que esas vainas… -se niega, aclara… pero no cuelga.

   Gabriel no sabe qué tiene, qué se había apoderado de él; debía ser Jacinto, ese carajote tan rico y culón que se decía heterosexual pero que gemía con el roce de una bragueta contra su culo. Debía ser, porque rompió uno de sus tabúes, sexo con un paciente, y ahora le hablaba así a un amigo, con claras connotaciones sexuales, límite que se había jurado no cruzar jamás; pero la manera en que ese agujero le chupaba era…

   -Este culito apretado chupa como nunca nada me lo había hecho. Y tiene hambre este muchachón, quiere mamarse un buen güevo caliente y pulsante. –le dice ronco, provocador, intensificando el saca y mete dentro del agujero de Jacinto, quien responde con alaridos que llenan la sala, y que Renato, del otro lado del teléfono, debía escuchar muy claramente.

   Sonido que afecta al galeno también, quien afincando sus rodillas sobre la camilla, aún con el mono cubriéndole el culo y los muslos, se echa hacia adelante, sosteniéndose con una mano de la camilla, y comienza a embestirle con todo, su grueso güevo joven, nervudo, sale casi hasta la punta, momento cuando siente que ese esfínter lo retiene (¡no quiere que se lo saque!), y cae otra vez, con todo su peso, aplastándole nuevamente contra el mesón, encantándole de una manera dominante el sentirle tensarse y arquearse bajo él, escuchar sus gemidos ahogados mientras el culo chupaba con fuerza los jugos que del ojete del glande salían.

   -Deja, pana… -advierte Renato, ¿con voz algo ronca?- Oye, esa voz me parece conocida…

CONTINÚA … 23

Julio César.

3 comentarios to “EL PEPAZO… 22”

  1. jrvaquero00 Says:

    No puede ser el cuñado se lo va a culiar tambien … 😈😈😈

  2. jrvaquero00 Says:

    Bien continua … que mas sigue 👅

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