EL PEPAZO… 23

EL PEPAZO                         … 22

De K.

sexy-boy

   Volver a ser quien era…

……

   Jacinto nunca podría negar que al escuchar esa pregunta, y presintiendo la respuesta de Gabriel, que era a él a quien enculaba con esos fuertes y maravillosos golpes que le metían el güevo hasta el estómago, desde el culo, casi se corrió de pura calentura. Una idea poderosa, que le hacía jadear más, respirar más pesado, su piel brillar con un sudor sexy, le dominó: quería más güevo. Otro, al menos otro para comerlo. Desea ese enterrado en su culo y que con el glande le daba en esa cosita que subía y bajaba, haciéndole arder totalmente las paredes del recto, que le tenía sobre estimulada la próstata, despertándole esas curiosas ganas de tragar y saborear uno, rodearlo con su boca y chuparlo con fuerza. Dios, las ganas eran tantas que no puede evitar gemir más y más, meciendo su cabeza, ronroneando, mientras su agujero era una verdadera ventosa sobre ese tolete que ordeñaba despiadadamente.

   Y si, Gabriel va a decirle a Renato a quien se coge, al cuñadito, al hermano de Omaira, su mujer. Abre la boca, entre jadeos, su respiración también afectada, cuando escucha.

   -No, mejor no me digas, coñe’e madre. –suena alarmado y amistoso del otro lado, como si le avergonzara agregar.- Me la tienen  dura y eso no me gusta. –le cuelga, dejándole desazonados.

   Pero… ¡se le había puesto dura!, piensan ambos, como compartiendo un cerebro, o tal vez era esa profunda conexión güevo-en-un-culo que los dominaba en esos momentos.

   El joven de rostro picado como de sarampión, enrojecido también por un tardío acné, llevando la braga que le acreditaba como miembro del equipo de Mantenimiento del grupo clínico, entra en la recepción de la oficina del urólogo, congelándose en el acto. De la puerta cerrada que lleva al consultorio del galeno parten unos sonidos inconfundibles, una mesa agitándose violentamente, una voz masculina gimiendo, gritando y lloriqueando como si estuviera gozando una bola y parte de la otra, y la gruesa y ronca voz del médico.

   -Tómala, tómala toda, puto; es lo que querías, ¿verdad? Tu culo goloso estaba necesitado de esto. –casi grita.

   El joven queda con la boca muy abierta, parpadeando, acercándose y escuchando contra la puerta. ¿El doctor estaba  cogiéndose a un paciente en su consultorio?, qué vaina. Le conocía, era un sucio, pero nunca había hecho aquello. El galeno tenía cierta fama en las instalaciones… como que, reconoce enrojeciendo, se lo había follado a él en el depósito… y eso que ni gay era. Muy quieto, boca abierta en un gesto normal de toda su vida, se queda y escucha…

   -Ahhh… -grita totalmente entregado, sonriendo dichoso y caliente, Jacinto, de espaldas sobre la camilla, su cabeza colgando un poco, cerrando los ojos, agrandando su sonrisa, sus axilas muy visibles al tener los musculosos brazos hacia atrás, su increíble cuerpo desanudo, sólo sus genitales cubiertos por una rosa tanga masculina, la cual demarca como si fuera pintura su verga totalmente dura, que pulsa y gotea, así como sus bolas. Todo él agitándose por las embestidas que le da aquel hombre, desnudo totalmente, sólido, bronceado, con los tatuajes que suben de los antebrazos y cubren parte de sus hombros, y el costado derecho del torso, dientes apretados, atrapándole por las nalgas, teniéndole los tobillos en sus recios hombros mientras agita sus caderas, follándole con fuerza. Pero, de alguna manera, aquellas entrañas ardientes, adheridas a esa pulsante barra, la halan, masajean y succionan de una manera tal que tienen rugiendo al urólogo.

   -Oh, Dios, eres tan puto. –le grita, ya no pensando en si quedaba todavía alguien por ahí, la camilla quejándose más por los renovados bríos de las cogidas.- No, puta; eres una puta caliente. –parece acusarle, notando como eso le hace ronronear sobre el mesón. Le azota un glúteo duro, y se siente tan bien como escuchar el gemido del otro, que sonríe viciosito y abre los ojos, brillantes de lujuria, pero también como mareado, seguramente por todo el placer de sentir su culo incansablemente cepillado por la verga de un hombre. Si, esa puta necesitaba más…

   Una nueva nalgada, leve, obliga al fornido joven a caer otra vez, boca muy abierta de donde escapa un grito totalmente sexual; ese hombre le trataba con posesión, con autoridad sobre su cuerpo, casi reduciéndole a una sumisa posición de ordeñador de su verga, y la idea, saber que se la ordeña con el culo, le tiene delirando de placer. Y esa cara, esos gemidos, esa sonrisa excitan y ponen más mal a Gabriel, quién, sin embargo, nota algo, ceñudo de confusión. Cuando Jacinto se desnudó, le llamaron la atención los pezones del joven, pero ahora… eran como más visibles, largos y algo llenos. Con la mano libre pellizca uno, ¡estaba tan durito!, y nota como el joven arquea la espalda sobre la mesa, como si le hubiera tocado otro botón imposiblemente erógeno.

   Como médico eso le intriga, era un cambio notable en poco tiempo, ¿alimentado por la verga en su culo? ¿Y qué tenía ese culo que al metérselo parecía golpear una fuente de poder sexual? Como sea, se siente algo culpable, como médico debió ayudarle cuando se presentó con su “problema”… Pero, tal vez, estaba haciendo lo mejor por él. Aunque Jacinto decía una cosa, parecía anhelar otra. Tan joven y guapo, un cuerpo de infarto y un trasero de pecado, debía guiarle a encontrar lo que en verdad quería y para ello no había mejor método que aquel, que experimentara con un güevo clavado su culo y entendiera que todo ese placer que ahora le tenía delirando en la mesa podía tenerlo siempre, si aprendía a complacer a los hombres. No sólo con su buena figura o su cara bonita, sino con su culo; no, con su coño hambriento, mojado y caliente. Soltándole las nalgas, metiéndosela hasta el fondo, se tiende sobre él, apretándole las dos tetillas. Ambos mirándose.

   -¡Puta! –le grita casi al rostro.

   Y cerrando los ojos con una mueca viciosa de gozoso, sin tocarse, Jacinto Contreras tiene el primer gran orgasmo de su nueva vida.

CONTINÚA … 24

Julio César.

NOTA: K tiene una idea que a mí me sirve, aunque no sé si al público…

2 comentarios to “EL PEPAZO… 23”

  1. Alejandro Says:

    Siii, al fín se lo estan enculando y sabroso; y que cuando Gabriel explote dentro de él. este sea el elemento faltante para su total tranformación; y pues Julio cuenta para saber que es…

    • jcqt1213 Says:

      Si, vale, todo cambia para el fortachón tonto. ¿La idea de K? Bien, como sabe todo el que ha escrito algo, siempre se comienza con mucha emoción, amando cada frase de lo que se hace… hasta un punto, luego cuesta seguir. No es el caso de K, le pasa lo otro, le gusta su relato, que es bueno, pero tiene tantas ideas que quiere comenzar otro proyecto, una traducción. Que a mí me queda bien porque, negándose a abrir su propio espacio, quiere que lo revise y publique aquí. Quiere llevar dos cuentos… de pocas páginas cada vez, cada uno. Pero es un relato bueno, comienza con un chico que despierta de una noche de farra con amigos y descubre que lleva puesta una pantaleta y que parece haber tenido sexo, y de ahí en adelante todo va cuesta abajo. Esperaré hasta que tenga el proyecto más adelantado.

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