HOMBRES, MECANICA Y LA LLAVE NECESARIA

EL INFIERNO DEL INDECISO

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   Parece que la necesitaba…

   Desde su dormitorio, Martina oye a su marido lanzando bufidos mientras le revisaba algo a la camioneta. Suspirando exasperada, se dice que jamás entenderá toda esa excitación de los hombres por meterle mano a un viejo cacharro. Por suerte no se asoma o habría entendido que a su marido, quien efectivamente revisaba el motor de su perola, en shorts y sin camisa, se le acercó el joven, robusto y masculino vecino, mecánico de profesión, ofreciéndole una mano, o una llave si la requería. Diciendo esto mientras se tocaba el paquete sobre el pantalón cuando al otro, de manera traidora pero inocente le mirara allí. Tendiéndose para tomar algo, en cuanto su shorts bajó, se dispuso a gritar, a pelear, pero el otro, hábilmente, demostrando que sabía, utilizó contra él su fría llave de buena circunferencia, arriba y abajo, moviéndola para aflojarle la masculinidad; y entre gemidos, alarmado y emocionado, sabía que la tenía tan flojita que ya le chorreaba, facilitando el trabajo de la lleve y lo que el otro deseara meterle luego y que ya, del pantalón ajustado,  se sacaba.

COMO UN PROFESIONAL

Julio César.

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