SÉ MI AMIGO, JEN… 11

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 10

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Mira, sé que fui un idiota, pero acabo de disculparme, no sólo como no suelo hacer, sino de corazón. De verdad no quiero que nos distanciemos o… nos separemos disgustados. –se le escapa, revelando demasiado, se dice acalorado. Por suerte Jensen parece tener sus propios problemas para hilvanar ideas. O hablar.

   -Lo sé, te escuché y… lo agradezco, que vengas a mi puerta y… -sonríe entre divertido y apesadumbrado. Le mira a los ojos y en las verdes pupilas el castaño encuentra una intensidad que le abruma por un segundo.- No quiero que me tomes por idiota o malagradecido, Jay… -lo dice con una sencillez y facilidad que provoca un parpadeo al otro, y un aceleramiento del ritmo cardiaco.- Pero no quiero otro día como este. Nunca más. He pasado por malos ratos, créeme. Y no sólo cuando todos mis planes saltaron hechos añicos por las cucarachas esas, o cuando debí enfrentar a mis padres, conocidos y… a la joven con la cual salía en esos momentos para decirles que había perdido todo. Fueron momentos horribles, duros, unos que no deseo volver a vivir ni en mil años. Me quedé sin nada, lo perdí todo, pero no quise sentirme expuesto a la lastima o las criticas; por eso… acepté un trabajo inmundo y vivir aquí, donde sé que ni las cucarachas vendrán… -intenta una broma.- Para no tener que encarar a ninguna de esas personas, no tener que responder un “¿todo bien de dinero?”, como con ganas de alargarme unos cuantos dólares. No quiero deber, no deseo depender, no busco comprensión… o piedad en los ojos de nadie, ni siquiera de mi familia.

   -Pero me buscaste a mí. –Jared escucha, sintiéndose mal por el rubio.

   -Porque tú no me conocías bien, no sabías de esa historia patética de fracasos. Vi que te vas a casar y pensé… debe ser muy feliz, tal vez recuerde a un tipo que conoció una vez y quiera darle una oportunidad, ¿por qué no tocar esa puerta? –encoge un hombro.- Llegarme y pedirte que me dieras un trabajo en alguna de las cocinas de tus hoteles. Fui y toqué, no sabiendo qué esperar. Y recibí más de lo que pude suponer. No imaginas el alivio, la paz que sentí desde que me contrataste. Pero hoy… -baja la mirada, sus hombros caen.- Por Dios, creo que prefiero volver a soportar la mirada de papá cuando le dije que perdí sus ahorros a tratar con tu desprecio. Sí que lo sabes hacer, Jay, lacerar. Herir.

   -Jensen… -casi brama dando un taconazo contra el piso alfombrado, exasperado y dolido, ¿no se había disculpado ya por haber actuado como un idiota?

   -No quiero vivir… -comienza alzando las manos. Enrojecido, parece no poder darse a entender, tal vez porque ni él mismo lo entiende cabalmente. El rechazo de Jared, su disgusto le había lastimado de una manera extrañamente punzante, superando la rabia. La desazón, el malestar, ese dolorcito latente había sido… insoportable.

   -Te juro que nunca más te haré sentir mal. No te gritaré ni… -comienza atropelladamente, no deseando escucharle decir que no volverá al trabajo. La risita del otro le silencia.

   -No creo que puedas, en verdad, controlar esa parte.

   -Por favor, créeme, quiero arreglar esto. –nuevamente siente que habla de más, agitando una mano entre los dos.- No quiero perderte, Jen. –el diminutivo sale fácilmente, casi ni repara en ello, aunque si en el parpadeo del rubio.- Tú… me ayudas.

   -¿En qué? –le reta, cruzando los brazos.

   -Hablando contigo esta mañana se me ocurrió algo que me sirvió para resolver el problema con el viejo Howard, te lo dije. –confiesa con una sonrisa, aunque no piensa contarle más. Le agrada verle sorprendido.

   -Si, ya lo habías mencionado, pero, ¿en serio? No recuerdo haber dicho nada…

   -Hablaste de un hombre que amaba a su familia, apelé a eso. –ya, eso será todo lo que aclarará sobre el chantaje, se jura.- Y no importa que entiendas, funcionó.

   -Guao, entonces merezco un aumento, ¿no? –se burla, sonriendo leve, notándose que quiere hacer las paces, quedarse. Y a eso se aferra Jared, con la adrenalina corriéndole por las venas.

   -Si demuestras ser capaz de mascar chicle y caminar al mismo tiempo, hablamos. Pero para eso… debes quedarte conmigo. –se oculta en bromas. Y espera.

   -Okay, Jared… -el corazón le late con fuerza cuando el rubio le tiende una mano, correspondiéndole, atrapándola y pensando que le habría agradado más si le hubiera dicho “Jay”.- Te debo mucho, y quiero el trabajo. Y… -rueda los ojos, algo rojo de mejillas.- …No eres un ser humano totalmente desagradable como te imagina uno por los reportajes. Me gustaría seguir trabajando para tu compañía, pero… debes prometerme, que en la medida de lo posible, harás todo lo que puedas para controlar tu genio; no tratarme, o tratar a otros frente a mí, con esa deliberada crueldad que mostraste hoy.

   -¡Hey! –se alarma. El rubio no temía llamar las cosas por su nombre.

   -¿Es un trato? –le estudia, sonriendo, sus manos unidas todavía, aunque tal vez el asunto ya estaba tardando demasiado. Se sobresalta un poco cuando Jared le hala acercándole a él y llevando las manos unidas a su pecho. Siente el latir de su corazón y eso le parece abrumadoramente íntimo.

   -Prometido. –concede, sonriendo bonito, como un niño. Había querido sorprenderle con el gesto, jugando, pero aún él nota como se incrementan los fulanos latidos, así que le suelta.

   Algo rojos de caras, se miran, no sabiendo qué otra cosa decir. Jared, metiendo las manos en los bolsillos, sonríe chulo.

   -Entonces, ¿terminó este momento de chicas? ¿Puedo olvidar que dijiste que soy tan importante en tu vida que mi opinión te trastorna mucho? –puya. Le encanta ver como Jensen alza los hombros desafiante, notando el brillo en sus hermosos ojos (mierda, si, eran hermosos), sonriendo igual.

   -Y yo olvidaré que estabas celoso de que otra persona me hablara, incluso tu hermana.

   -¡Touché! –estalla en una risa, rojo de orejas. Es cuando… Olfatea casi asombrado.- ¿Qué coño es ese aroma glorioso?

   -¡Oh, diablos! –exclama Jensen, bordado el muro y llegándose al rincón que ocupa, según él, la cocina. Jared le sigue y sobre una plancha grande, divisa dos enormes pedazos de carne para hamburguesas humeando. De allí partía ese olor enloquecedoramente bueno a comida.

   -¿Qué haces? –pregunta, prácticamente detrás del rubio, el espacio era estrecho y habían muchos trastos para cocinar. Este se vuelve, mirándole con ironía, haciéndole rodar los ojos… aunque le gustaba ese gesto del pecoso.

   -Hamburguesas, ¿no lo ves? Dios, debes ser realmente rico para no reconocer…

   -Córtala ya, rubio tonto, lo pregunto porque me parece extraño que un cocinero… -se burla, viéndole tomar una paleta metálica y volver la carne sobre la plancha.

   -Soy, chef, maldita sea, y aún yo amo las hamburguesas. –se defiende, y se miran.- Me muero de hambre, no he comida nada prácticamente desde el desayuno. Arruinaste mi almuerzo con tus reclamos.

   -Tampoco yo almorcé… o cené, y en mi caso es prácticamente un signo apocalíptico; ya debe haber gente en el Vaticano revisando alguna tabla, si esto se supo. –contesta. El olor era increíble, pero…- Deja eso, apaga y vamos a cenar. Yo invito.

   -Ya preparé la carne, bastante a decir verdad, cuando estoy… pensativo, eso me relaja; y casi terminé la ensalada, una de mis preferidas cuando… -le encara, mejillas algo rojas, y no termina lo que decía.- Si quieres quedarte y acompañarme… -invita, azorado, mas por la mirada fija de Jared, que por otras cosa.

   -Me encantaría, pero… ¿ensaladas? Soy texano y… -comienza con fingidos reparos, Jensen ríe.

   -Lo sé, Jared, he leído tu biografía, una historia de abigeato y desvergüenza, ¿recuerdas? –va a la estrecha nevera, abriendo y buscando algo, la corta franela se despega del borde del pantalón y los ojos del castaño se clavan en esa porción de piel expuesta, en el borde del bóxer azul pálido, sacudido por emociones y sensaciones que no entiende.

   -Eso asusta, suena a acoso. –dice algo, para disimular, apartando la mirada, caliente de cara, pero deseando echar otra ojeada.

   -Ya quisieras tú que te acosara. –se burla Jensen, más ligero, sacando dos botellines de cerveza, tendiéndole una.- Soy bueno en eso.

   -¿En serio? Fuera de mí, ¿a quién otro has asechado? -destapa la botella y bebe, con dificultad, porque Jensen, destapando la suya, eleva el cuello y toma también. ¿Por qué coño era tan difícil dejar de mirar su manzana de Adán moviéndose, ese largo y recio cuello? Seguro que, en el sexo, cuando usaba la lengua… Más acalorado, casi se termina la fría bebida. El hambre le tenía delirando, definitivamente, se dice como excusa.

   -Bueno, no es algo que cuente… -responde con una sonrisa divertida, dejando la botella en el mesón, volviendo a la nevera, inclinándose, mostrando piel, espalda recia, borde del bóxer… y el trasero redondo. Y el castaño no aparta la vista. Algo rebusca.- Pero Stan Lee pidió una orden en mi contra. –Jared no puede contener la risa.

   -¿Eres un nerd del comics? Dios, ahora me siento menos especial.

   -Oh, no, eso nunca, Jared; estoy seguro que eres una persona muy especial, el chiquitín especial de tu mamá. –se burla, sacando un tazón con algunos vegetales, frascos de cosas, y más carne lista para ser aplastada en la plancha.

   -Idiota. –es la réplica ligera, automática.

   -Cuando lo dices tú, no tiene el mismo impacto. –le mira y sonríe chulo. Destapa un frasco de mayonesa, vierte buena parte en el bol y revuelve, también sal, pimienta y lo que parece una infinidad de otros aderezos como aceites y vinagre, con esos rociadores de especias que Jared regala a la gente cuando se queda sin ideas. No sabía que se usaran en verdad, como no fuera en las cocinas de hoteles y restaurantes.- Prueba… -el rubio le ofrece, con la cuchara, aquella mezcla muy verde.

   -Si me intoxico…

   -Come o lárgate.

   Todavía no muy convencido, acercando la boca, atrapa pedazos de la ensalada, todo aderezado con la mayonesa. Y siente una explosión de sabor.

   -Hummm… -se ve sorprendido.

   -Te lo dije. –sonríe Jensen, satisfecho.- Mi ensalada de aguacate es muy buena. No como para comercializarla, pero si para las amistades. –deja el bol sobre un mesón estrecho y coloca más carne en la plancha.

   -¿Puedo ayudar? –se termina la cerveza, mirándole, por alguna razón le gustaba hacerlo, ver la nuca amarillenta oscura, los anchos hombros bajo la franela, espalda y brazos tensándose al aplastar carne con una mano mientras bebe con la otra.

   -¿Qué tal si sacas el pan de ese estante y otras dos botellas? Pero, te lo advierto, no quedan muchas. Michael… -comienza y se detienen, tensándose, Jared lo nota, incomodándose también. Por alguna razón le disgusta ese nombre y la idea de ese sujeto, el tal Michael.

   -¿Un amigo? –pregunta como de pasada, dándole la espalda, sacando los botellines y destapándolas después de sacar una bolsa de pan de hamburguesa del estante señalado. Se acerca para entregarle su cerveza.

   -Más o  menos. –es evasivo, a propósito.

   -¿Es la persona a quién pensabas gritarle cuando abriste la puerta y te encontraste conmigo? –interroga, con una precisión tal, lo entiende, que le sobresalta; se ubica muy de cerca del rubio. Estaba, lo sabe, en su espacio personal.

   -No quiero hablar de eso, no ahora… -Jensen, tomado por sorpresa por las palabras, se vuelve, agitado al verle de pie, tan cerca, más alto al estar descalzo, chocando de él, retrocediendo por impulso, el trasero contra la cocina y la plancha.

   -¡Cuidado! –alarmado, con un brazo le rodea la  cintura, halándole, separándole de la plancha caliente, estrellándole contra su cuerpo, las manos de Jensen, que suben, cayendo sobre su torso. Chocan, muy juntos, la enorme mano libre de Jared abierta, la palma contra su espalda sobre la franela, y se miran.

   Y el castaño sabe que está en problemas, en muchos problemas… no quiere soltarle.

CONTINÚA … 12

Julio César.

NOTA: Pensaba subirlo anoche y se me pasó. Por suerte no lo borré.

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