DARIO

EL PELIGRO DE LAS ORGIAS

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   Ah, traviesos muchachos.

   Ante la joven y dura mole ofrecida, el chico tiembla de hambre y anticipación, aquel compañero del equipo, Darío, lo ponía a mil cada vez que aceptaba ir a su casa después de un juego o una práctica, dizque a jugar con videos, pero era para darle duro con su bate de carne. Todo comenzó una tarde en los vestuarios cuando algún bromista arrojó sus llaves sobre los lockers y sin nada más a las manos le pidió que le ayudara, alzándole por las piernas, a alcanzarlas. Tenerle así, atrapado contra su cuerpo, el impresionante bulto bajo el pantalón del uniforme frente a su cara, le robó el sentido común. Por ello, mirándoselo, se le escaparon las palabras:

   -Se nota que haces muchos ejercicios, para estar así de duro. -aún alzado, este le miró y sonrió.

   -No sólo eso, también buena genética, heredé grandes cosas de mi papá. –eso hizo enrojecer aún más la cara del otro chico.

   -Tienes ocho hermanos, debe ser todo un portento de genética.

   -Bájame. -ordenó, asustándole, ¿le habría molestado?

   Pero no, allí, en plenos vestuarios, Darío despejó de ropas un tolete que ibas enrojeciendo de sangre.

   -A ti, ¿qué te parece?

   ¿Qué podía responder el pobre chico a eso, siempre calentorro y pensando en sexo a esa edad? Todo emocionado se arrodilló y acarició esa tranca que creció impresionantemente. Y la probó, por primera vez en su vida saboreó una y supo que amaría para siempre esa sensación. Pero sospechando que había aún más maravillas, peló su culo sin bajarse del todo el pantalón del equipo o quitarse el sudado suspensorio, volviéndose, mirándole sobre un hombro, rojo de mejillas, ofreciéndoselo. Y ambos contuvieron el aliento cuando agarrándoselo con una mano, Darío lo frotó de las turgente y jóvenes nalgas, quemándolas, azotándolas suavemente, apuntalando hacia la entrada, para finalmente clavársela con todo, llenándole con fuerza.

   Aquella mole entró y salió bombeándole salvajemente, haciendo delirar y gemir al ex virgen muchacho, hasta llevarle a un orgasmo intenso dentro de su suspensorio. El otro, dominante, se corrió en sus interior. Les pareció luego, al acabar, que había sido un error, algo molesto e incómodo, pero a los quince minutos, bajo las regaderas, Darío le repitió la dosis, necesitado también. Y ya duraba un año de aquellos encuentros de sexo sin citas al cine o tomadas de las manos. Pero eso tendría que llegar en algún momento, ¿no?

……

NOTA: Basado en un buen comentario recibido, que dentro del estilo propuesto también era muy bueno (LA LLAVE DEL FONTANERO). Lo adapté a la imagen… y sí, me extendí. Es un problema que no controlo. Gracias, Darío, fue caliente y ameno.

Julio César.

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