EL PEPAZO… 24

EL PEPAZO                         … 23

De K.

sexy-boy

   Volver a ser quien era…

……

   Y cerrando los ojos con una mueca viciosa de gozoso, sin tocarse, Jacinto Contreras tiene el primer gran orgasmo de su nueva vida. Siente que cada célula de su cuerpo tiembla y se eriza, que su culo aprieta fuerte y su propio tolete es una barra recorrida por mil sensaciones. Grita, tiene que hacerlo mientras los trallazos salen del ojete de su glande, bañando la tanga, carga que casi traspasa chorreándole el abdomen con el ardiente líquido espeso. Cada disparo le eleve a alturas de placer indescriptibles mientras cientos de luces blancas estallan frente a sus ojos, aunque los cierra. Se corrió con todo lo que tenía, arqueando la espalda y echando la cabeza hacia atrás, casi fuera de la camilla, su recio torso elevándose y bajando con la pesada respiración.

   Por su parte, mirándole fascinado, Gabriel siente la presión de ese esfínter y recto sobre su barra, apretándola salvajemente, succionándola de manera intensa. Es tanta que aunque pretendía aguantar, no lo consigue y…

   -¡Toma toda mi leche, puta! –le grita sintiéndose sucio, sacándosela casi toda, hasta el glande, y metiéndosela nuevamente, de golpe, con fuerza, y tensa su cuello, aprieta los dientes y tiembla de lujuria y placer mientras se corre. Lo hace abundantemente, su ojete vomita su buena carga de semen y aquel culo parece activarse para succionarlo de una manera desconcertante pero increíble, lo aferraba como si fuera prácticamente una mano que lo masturbaba y una garganta que lo ordeñara.

   La boca de Jacinto se abre nuevamente, un grito agudo escapa de ella cuando lo siente, el temblor del tieso güevo clavado, ese algo caliente como fuego líquido que lo recorre mientras late contra las sensibles y hambrientas paredes de su recto, y finalmente el disparo de aquello. Lo percibe perfectamente, el golpe de semen, que lo llena, que parece arrojar como una bolita de billar algo dentro de sí, que sube y baja golpeándole la próstata una y otra vez, y tiene que gritar más fuerte mientras alza su ombligo al doblarse tanto sobre esa mesa. El semen mana y mana porque sigue ordeñándolo, y cuando Gabriel se tiende sobre él, susurrándole puta, puta, puta, grita perdiendo el control, rodeándole el cuello con sus fuertes brazos, atrayéndolo y besándole.

   Su hambriento culo succiona lo que necesita, su esfínter se relaja y tensa sobre el cilíndrico tolete que lo penetra, ¡quiere más leche!, mientras perdida toda la cordura mete la lengua en la boca del galeno, encontrando la suya, atrapándola y chupando de ella, halándola, bebiéndose su saliva. Nunca había besado a un hombre, ni esperaba hacerlo jamás, pero en esos momentos todo gira a su alrededor de manera vertiginosa, nadando en endorfinas como está. Siguen y siguen, dándose lengua, chupadas y lamidas, el güevo todavía latiéndole en el culo tomado.

   Las bocas se separan, jadeantes. Gabriel totalmente erizado, llega a una conclusión: ¡necesitaba conocer a ese chico! Entablar una amistad, una…

   -Jacinto, yo…

   -¡Suéltame! –ruge el joven de repente, apartando sus brazos  y casi cayendo de culo de la mesa al echarse hacia atrás, estremeciéndose cuando el grueso y largo tolete abandona su agujero, el semen manando de él.- ¡Oh, Dios! –ruge saltando de la mesa, tomando sus pantalones.

   -Espera, yo… -el médico se siente ahora afectado; rechazado cuando intentaba otro acercamiento, y frustrado por sentir que tal vez si violó sus votos como galeno.

   -Yo… yo… debo irme. –no le mira mientras se viste, subiéndose el pantalón, arrugando la cara al sentir el semen chorreándole culo afuera por sus muslos.- No… No creo que… que vuelva porque…

   -Lamento que sientas que me extralimité, yo… -alza las manos después de cubrir su tolete todavía erecto. ¡Parecía querer más de ese increíble culo!

   -No, no… doctor, no quiero hablar… -rojo como un tomate, hirviendo de humillación y vergüenza, cierra sus ropas, sintiendo como el pantalón se le moja de esperma, por delante y por detrás. Traga en seco, casi con un puchero de llanto, ¿cómo iba a salir de ahí así?

   -Espera, puedo traerte algo… Tengo ropas en mi casillero. –insiste, acercándosele, solícito, comprendiendo que realmente aquel chico era virgen y que ahora atravesaba el pasillo de la vergüenza.- No debes sentirte mal por lo que pasó, fue…

   -¡No quiero hablar de eso! –estalla, parpadeando con fuerza, el puchero más pronunciado. Se coloca el saco, y tantea que la parte trasera cubra su redondo culo. Se veía tan patético que…

   -Por favor, espera, en serio. Nunca hago esto con un paciente, pero tú…

   -¿Fue mi culpa? ¿Es eso? –ladra, rojo ladrillo, tragando todavía más, mirándole.- No, no digas nada, no quiero saber. –se dirige hacia la puerta, notando su culo enlechado, su verga también, así como esta secándose sobre su abdomen.

   -Por favor, Jacinto… -brama el hombre, con el mismo tono aprensivo de cuando una chica no desea escuchar una disculpa, una explicación o un ruego.- No te vayas así, en serio. ¿Puedo… puedo invitarte a que vayamos a tomar un café? –pide, con frente fruncida y mirada de cachorro grande, mientras desea, en serio, que diga que sí.- ¿Por favor?

CONTINÚA … 25

Julio César.

NOTA: Lo siento, no he tenido tiempo ni cabeza para escribir, la cosa en el país está como para que mono no cargue a su hijo.

4 comentarios to “EL PEPAZO… 24”

  1. Josh Salvatore Says:

    Jajajajajaja, amigo, jajaja que significa eso??!!! Lo siento, quizas sea algo serio pero, jajaja, es que enserio me dio mucha risa tu nota…. No habia escuchado eso asi que podras entender que me cause gracia… Disculpa :$

    Oh, por cierto, me gusta mucho esta historia, es muy buena, normalmente no me gusta las “historias de malditos” por que mayormente encierran el tema de la sumision y la relacion amo y sumiso y, no me gusta eso, para nada, quiza tenga que ver con mi personalidad, ya que realmente odio que me digan que hacer..! Seee soy algo dificil, pero tengo mi cosas buenas, o bueno, eso me han dicho..😉

    Pero esta historia en si, no se es… excitante, muy morbosa dejame decirte, y ufff ayuda que el protagonista este asi de bueno eh! Ayuda mucho a la imaginacion, tu sabes.. Pero enserio, me gusta, y bueno, vamos a ver que sale de todo esto.. Espero que no lo hagas sufrir mucho al pobre, aunque conociendote, de seguro que si lo hara..

    nos leemos amigo

    me digan que hacer

    • jcqt1213 Says:

      Épale, ¿hablas de la nota y el mono?

      Es un dicho muy venezolano de cuando los momentos se ponen tan difíciles que cada quien debe velar por sí mismo, olvidando algo que nos hace humanos, la solidaridad: Mono no carga a su hijo y si lo hace es por un ratico. Se refiere, según mi señor padre, a una imagen nacida en Barlovento, donde había muchos de estos animalitos, cuando llegaba un incendio forestal cada cual escapaba y los adultos no se llevaban a los niños. Era un sálvese el que pueda.

      No te culpo con lo de los relatos de malditos, yo mismo tengo mis reparos a veces. Cuando escribía lo del Sargento Anderson, y tanta gente opinaba que querían ser él y estar prisioneros, tampoco yo lo entendía. Es prácticamente imposible para mí entregar el control de mi persona. Ni siquiera como juego de roles o algo así.

      Y las cosas se pondrán interesantes para Jacinto. No te miento, será duro, pero para terminare la historia el autor parece que se decidirá por un final feliz para el chico. De hecho me habló de ello y me hizo reír. ¡Hay cada idea sobre el romanticismo!

      Chao, amigo…

      • marcos Says:

        Final feliz??? Donde, donde??? -Busca bajo la camilla del consultorio del doctor…- jejejej espero que siiiiiii que termine algo parecido a oscuro amor, aun estoy enamorado de ese relato…

      • jcqt1213 Says:

        Si, para ser un relato de un chico tonto que se vio obligado a cambiar por fuerzas externas, si, tiene un buen final. No lo he leído pero me lo contaron. Me hizo reír. El autor es un romántico, al parecer.

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