Archive for 25 noviembre 2016

TWINNTIGSTETAAN

noviembre 25, 2016

TWINTIGSTE

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   Al jefe le gusta su sopa de huesitos bien caliente.

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   No quiere le pase frente a otros, pero cuando usa un bikini…

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   Le encanta los audífonos de su amigo, a este tocarle el botoncito.

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   Esperando por los fans del equipo para la caliente celebración.

SES EN TWINTIG

Julio César.

VERTIGO

noviembre 25, 2016

EL DOMINICAL DEL CHIGUIRE BIPOLAR

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   Imaginen a la maestra de este niño en la escuela…

   Vivir es aprender. Tengo una amiga que pasa por una mala situación, la cual anda sufriendo de unos vértigos para los cuales no hay una causa física porque le han hecho de todo, desde visitas al otorrino a las resonancias, y una doctora aconsejó llevarla con un sicólogo (tan cliché), pero lo distinto fue la información que aportó: el estrés, la depresión, especialmente si es severa, produce mareos y caminar errático. No lo sabía, pero la cosa no quedó allí, la doctora informó que en muchos colegios los maestros saben que algo les pasa a los niños, especialmente a los más pequeños, cuando manifiestan estos vértigos y mareos en el salón de clase. Es un signo de que algo anda mal en sus casas y se teme el abuso físico o sexual. ¿Qué tal? Claro, que un niño que dibuje cosas como la de arriba, ya eso no es una campanada de algo, es toda una sirena de incendios. ¿Un temor infantil a la nada? ¿El viejo y malvado Coco? ¿Un monstruo de la vida real? Un dibujo que inquieta. Hay que estar pendiente de los más chicos.

Y LLEGO DICIEMBRE

Julio César.

EL PEPAZO… 34

noviembre 24, 2016

EL PEPAZO                         … 33

De K.

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   La prenda perfecta para el macho de hoy…

……

   La voz, el tono, las palabras erizan al muchacho, ¡tanto así le gustaba a ese carajo!, aunque nada le prepara, y gimen cuando ocurre, a lo que le recorre cuando las manos grandes del sujeto caen sobre sus hombros, recorriéndole, acariciándole… y la punta de aquel tolete duro y caliente, le roza y moja la curva de las nalgas.

   -Tan hermoso… -jadea el abogado, voz cargada de lujuria contra su oído, bañándole con su aliento, cerrando la distancia, quemándole con su velludo cuerpo.

   -Doctor… -no sabe qué quiere, pide o espera. Tan sólo que respira pesadamente, su poderoso torso subiendo y bajando con esfuerzo, la verga latiéndole dentro de la rosa tanga… su culo hecho una sopa caliente. Pero aún esa palabra pierde sentido cuando esas manos, metiéndose bajo sus brazos, recorren su torso una, el abdomen la otra. Las palmas erizando su piel, estimulándole, sus tetillas imposiblemente duras, los dedos de aquella mano atrapándolas dulcemente, pellizcando y halando. Halconcitos leves que hacen gemir al forzudo muchacho, mientras la otra baja, lentamente, recorriéndole y excitándole, un dedo jugando con su ombligo, demarcando sus bordes redondos (como un culo, piensa desmayadamente), entrando y empujando, para finalmente bajar más y más, esos dedos sobre su bajo abdomen, allí donde generalmente hay vellos, unos que ahora no tiene, no sabiendo por qué.

   -Tan hermoso… -el hombre repite susurrando, sabiendo lo que provoca en el joven, pero también el arrebatado de lujuria que le recorre a él. Sacando la lengua y pegándola de ese cuello liso, los dos se estremecen por el íntimo y erótico roce, mientras los dedos se meten, las uñas, dentro de los bodes de la tanga.

   -Hummm… -el muchacho se estremece, y más cuando esa verga dura y pulsante, horizontalizada, se refriega de sus nalgas, de adelante atrás, como si le cogiera, percibiendo perfectamente toda la longitud de ese poderoso miembro.- Ahhh… -grita, mejillas rojas y ojos cerrados cuando los dedo del hombre pellizcan sobre su pezón izquierdo algo más fuerte, y recorre la enorme silueta de su verga, sobre la suave tela de la tanga, la cual parece intensificar la sensación. El tolete responde latiendo y manando sus jugos.

   -Posa para mí. –pide, con voz entrecortada, como si le costara, soltándole. Cosa que si le cuesta.

   No sabiendo por qué lo hace, el por qué siente que debe complacerle, el forzudo joven, muy rojo, separa sus piernas, las tersas nalgas abriéndose un poco, dejando ver la delirante tirita rosa del hilo. Doblándose, expone más, y sobre un hombro mira a ese carajo, un tipo casado que estaba haciendo aquello, en la sala del apartamento que comparte con su mujer.

   -Mierda, mira eso, eres tan… -el abogado no parece encontrar palabras mientras recorre con la vista la nuca, los anchos hombros, la estrecha cintura, las recias nalgas, redondas y duras, que se abren, rodeadas por una tirita de color que se pierde entre ellas, semi cubriendo, no del todo, un orificio que parece algo hinchado, de labios abultados (un culo sabroso), y atrapando en el saco rosa, más abajo, las bolas. El joven le ve llevar una mano a su tolete, apretándolo como para impedir una corrida ante la sola vista.- Sube un pie al mueble, por favor.

   Sintiéndose todo caliente, y tonto, Jacinto obedece, equilibrándose sobre un pie en la alfombra, el otro en el mueble, su recio y joven cuerpo algo ladeado. Sus nalgas bien abiertas. Se estremece y aguanta la respiración al oírle aspirar ruidosamente, como sorprendido, mientras se le acerca. Las manos, abiertas, caen en sus hombros, acariciándole con adoración.

   -Tan hermoso… -le oye repetir nuevamente, en trance, mientras le acaricia la espalda, bajando.

   Casi jadea cuando le siente el aliento bañándole la piel, porque mientras le soba, ese carajo comienza a besarle los hombros, la columna. Besa y chupa su piel, a veces lengüeteando sobre ella. Y esas caricias le tienen al borde. Más cuando se vuelve sobre el hombros y le ve el rostro enrojecido, los ojos cerrados, la verga goteándole copiosamente al caer sentado, esos labios y manos cayendo sobre sus nalgas, clavando dedos, intentado clavar dientes (son muy tersas y no se dejan). El aliento bañándole la raja. Tiene que afincar los dedos de los pies cuando la tanguita es apartada de su raja.

   -Ahhh… -se le escapa, labios muy abiertos, ojos llenos de sorpresa, erizado.

   ¡Ese hombre ha metido la cara entre sus nalgas!, raspándole con el rastrojo rasurado de la barba, el aliento bañándole el culo, que tiembla, ansioso, lleno de ganas.

   Aunque no acostumbra hacer esas vainas (coger si, dejarse mamar igual, eso no), el abogado no puede detenerse, con los pulgares le aparta un poco más la tanga y separa los labios del esfínter, aleteando la punta de su lengua sobre ese capullo tan levemente velludo que casi parece lampiño. Y le enloquece notar como esa entrada se agita y titila bajo sus caricias. Era un culo, pero… Cerrando los ojos le mete la lengua, cálida, babosa, reptante, y ese agujero se abre en flor, dejándole penetrar, el anillo medio masajeándole, sintiéndose un olor levemente almizclado, sabiéndole curiosamente dulce. ¡Y comienza a comerle el culo!, chupando, lengüeteando, salivándole, y Jacinto se estremece, gime, se revuelve, casi le atrapa el afilado rostro con las nalgas. Los gritos de agónico placer suben en intensidad cuando la lengua le coge, literalmente, adentro y afuera de su culo, una sensación nunca antes experimentada.

   -Hummm… hummm… -es todo lo que puede gemir en un momento dado, sintiendo que se quema, subiendo y bajando el culo sobre esa boca.- Oh, por Dios, doctor, cógeme… ¡Cógeme ya! –le grita.

CONTINÚA … 35

Julio César.

LA PRACTICA HACE AL MAESTRO…

noviembre 24, 2016

A MANO

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   …Mientras se divierte.

   Como nuestro amigo Esteban, quien desde los dieciséis años sabe lo que quiere, ser grandote y musculoso, recio y bien plantado, que otros carajos, los conocidos, le miraran con envidia al llenar sabroso una camiseta muy abierta… derritiéndose siempre por un verdadero macho en los vestuarios o las duchas de colegios y gimnasios. Ve a un tipo guapo, y se derrite, quedando con el culo totalmente mojado. Tiene a su favor, fuera de la pinta (tíos más bajitos y menos acuerpados que parecen encontrar la gloria enculando a un tipo tan jamao), pero también porque sabe lo que hace. No hay sujeto sobre el cual no caiga, metiéndose hasta el último pedazo de su verga, a quien no deje loco, gritando, botando leche como un chorro, una que lo nutre (momento cuando, todavía su culo empalado, se corre también). Y no había un carajo de esos, bien exprimido, que no quisiera ansiosamente su número para futuros encuentros. Y a los que les gustaban, que la tenían nudosa y particularmente dura, se los daba. El culo, naturalmente, y el número. ¿Su secreto?, desde lo quince años se ejercita, diariamente, cuando, de manos de un primo dos años mayor, descubrió cómo debía hacerse la paja un chico como él, no frotándose la verga sino usando una vela medio gruesa, dos o tres dedos bien metidos, o el güevo en vivo de algún amigo. Desde entonces, practica bastante con otras cosas, especialmente en su casa, sobre la cama, cuando ve sus partidos de futbol, preguntándose quiénes se lo harían a Ronaldo en los vestuarios después del encuentro, masturbándose como únicamente lo haría un verdadero y musculoso pussyboy. Todo por el coño rico que tiene por culo y que vuelve loco a los chicos.

AMIGOS, ATLETAS Y NERDS…

Julio César.

EXHIBICION EN LA GRANJA

noviembre 24, 2016

PILLADO Y RECOMPENSADO POR OSADO

   ¡Deseaban tanto destacar sobre los otros…!

   Mientras el público presente, predominantemente masculino, grita y aplaude, el señor Morris se siente feliz. Era un buen grupo. Había convocado esas exhibiciones promocionales (no les pagaba nada a esos tipos, que soñaban con mostrarse y llamar la atención en ciertos circuitos competitivos, aún del mundo de los comerciales) esperando que acudieran dos o tres, pero llegaban muchos y debía elegirlos antes de cada presentación: quedaban los altos, musculosos e hipermasculinos, heterosexuales totales… Así le gustaban al joven príncipe árabe Abdul, un tío bajito, afeminado, débil físicamente, algo perfumado y medio maquilladlo en sus parpados y mejillas. En su palacio perdido en medio del desierto, el joven heredero llevaba a esos carajos para tener sexo caliente de fantasía con ellos. Por eso, Morris les contrataba para viajar a ese lejano lugar, también les administraba, como complejos vitamínicos, preparados lleno de escopolamina, más tarde de drogas sugestivas que los harían accesibles a los requerimientos del príncipe, poniéndoles eternamente calientes y frenéticos. El joven maricón gustaba mucho de poseer y penetrar en las musculosas, duras y masculinas vidas de tíos así. Y se metía en todos. Generalmente se llevaba a uno o dos, ahora los quiere a todos, para su harem, donde se quedarían esos tipos, drogados, depilados, con collares en sus cuellos, sus pezones perforados, enviándole cartas frecuentemente a sus familias, escritas por el mismo príncipe. Allí se ejercitarían ligeros de ropas, jugarían entre ellos en piscinas, usando tangas comenzarían épicas batallas con almohadones en enormes camas redondas, también con las cositas fálicas que el amo les daría, todos esperando pasar la noche en la cama del soberano, sirviéndole de hembras al pequeño amanerado.

POR GANAS… ¿O MAÑAS?

Julio César.

VENEZUELA, CURIOSO PAIS DONDE ROBAR AUYAMAS ES MAS NOTICIOSO QUE TRAFICAR CON DROGAS

noviembre 24, 2016

PARA ENTENDER QUÉ PASA EN VENEZUELA

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   El retrato de un país devastado.

   En el estado Zulia, el fin de semana pasado, detuvieron a un menor de edad, esposándosele, siendo presentado al país frente a las cámaras, escoltado por dos militares con armas de guerra… porque se robó cinco auyamas, pequeñas y verdes. ¡Por robar auyamas!, así debe ser el hambre, porque ese vegetal, verdura o lo que sea, es la cosa más infame que alguien pueda comer. Y eso ocurría en el mismo país donde dos sucesos pusieron a la gente a hablar, mientras la prensa callaba. Primero, al cuestionado presidente de la república, y a su señora esposa, acababan de condenarles a dos sobrinos en el Imperio, acusándoles de narcotraficantes (cocaína). De eso no habla el hombre mientras cada día dice disparates en un programa de televisión, como si no tuviera trabajo qué hacer, mientras el país rueda al quinto mundo. Mientras él bailaba por televisión, los sobrinos cantaban en el Norte, y se oye de los presuntos pasaportes diplomáticos para atender el negocio, de los cargamentos que han salido de la rampa presidencial en Maiquetía. ¿Cierto, falso?, cómo saberlo si se impide toda investigación independiente. Cualquier tipo de investigación.

   Lo otro que pasó mientras reseñaban al muchacho que tomó las cinco auyamas mustias y corría con ellas, tal vez para llevarlas a su casa y que la familia comiera algo (aún las horribles auyamas), fue lo del Tribunal Supremo de Justicia, nombrado a dedo por Diosdado Cabello el diciembre pasado (por televisión), el cual sentencia que la Asamblea Nacional no puede investigar a Rafael Ramírez y la espantosa corrupción de PDVSA, la otrora quinta petrolera mundial, ahora arruinada, endeudada y padeciendo de cientos de accidentes, porque “no es bueno que se sepa en los foros económicos internacionales tal cosa”. Es decir, que no sepan, quienes pueden prestarle plata a un país arruinado que en doce años recibió la mayor suma dineraria en dólares por precios altos del petróleo (se robaron hasta el último centavo), que uno de los administradores es investigado por ladrón, como si de un funcionario cubano o un ministro de Lula cualquiera se tratara. No se sabe si el señor Ramírez es un ladrón o no (le responsabilizan de haber movido un mil ciento y picos de millones de dólares, que no se sabe qué pasó con ellos cuando ni para comprar comida tenemos), porque ese pozo de corrupción e incompetencia no puede ser investigado por órdenes de un régimen al cual el pueblo de lio la espalda. Él sabrá por qué se impide auditar y revisar las cuentas.

   Un país que llega al fin de semana con esas noticias, la narco familia y la protección a la corrupción “porque no es bueno que se sepa”, la gran pancarta, la noticia grandes, es el joven que se robó las auyamas. Repito, la peor de todas las vituallas.

   Y no estoy justificando el robo, como hizo el irresponsable de Hugo Rafael Chávez Frías hace años, cuando dijo por televisión que quien tuviera hambre y no trabajara por esto o aquello, que robara si su familia se moría de hambre. Tamaña irresponsabilidad de ese desequilibrado (un presidente de la república, por televisión, excusando el robo si la gente no trabajas, o no quiere hacerlo porque siempre ha sido más fácil llevarse lo que otro si hizo), fue aplaudido en su momento por estos sujetos patéticos que ahora montan el show de la auyamas. Era en ese momento cuando había que pararle el trote a ese demente que nos llevó a esto, ahora sólo se padecen las consecuencias de lo que se hizo, como sufre Venezuela por la cedulación y nacionalización a la lata que se hizo de irregulares porque decían que iban a votar por Chávez, a los que ahora llaman “paracos enviados por Uribe”, los mismo que aplaudían aquella locura, o cuando el enfermo ese fue a Guyana a decir que Venezuela dejaría que hicieran lo que quisieran con la Zona en Reclamación (por un voto en la OEA), siendo aplaudidos por los que ahora hablan paja y desean endilgarle las responsabilidades a otros.

   No ha sido este joven el único detenido robando comida, tan sólo hay que buscar en la red y se verá a mucha gente, mayores y menores, con caras de angustia, esposados por tomar latas de atún, un pollo o bolsas de harina. Porque Venezuela está ya no sólo pasando hambre, sino que hay vastos sectores que padecen de desnutrición y otros agonizan de ello, mientras el señor Tarek William Saab, Defensor del Pueblo, hace lo imposible porque desaparezcan en silencio y el mundo no se entere. Después de dieciocho años de revolución sin frenos ni controles, de la mayor entrada dineraria de toda nuestra historia, sólo quedan los cuentos de padres que se acuestan sin comer para que los niños cenen, a lo mejor lo único que se llevan a la boca en el día; adultos con niños escarbando en la basura por un trozo de zanahoria o de la vil auyama; de doñitas que son derribadas cuando un zagaletón les hala y arrebata las bolsas con cuatro cosas; de casas que son allanadas por el hampa que se lleva hasta las ollas que hay en las neveras. Dieciocho años de revolución y Venezuela rueda hacia el infierno africano del hambre mientras el presidente cuestionado, Nicolás Maduro Moros, baila cada tarde por televisión, muy mal por cierto, burlándose de la agonía, del sufrimiento, de todo el dolor que causa.

   Es por ello que no pueden permitir que el venezolano, el soberano, se exprese electoralmente sobre nada. Tanta corrupción, incompetencia, insania y abusos ha terminado por hartar al país. ¿Lo demás?, el hablar paja de quienes tienen mucho que perder, desde las cuatro lochas que logra sacar todavía del menguado erario, a los que tienen que cubrir la retirada por sus delitos. ¿Lo más irónico?, que esta revolución de marras se cayó sola.

   Es que viendo todo esto, sólo queda recordar este himno denunciando al viejo e inoperante fascismo.

LOS REGALOS ENVENENADOS DE NICOLAS MADURO Y EL MERCOSUR

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 14

noviembre 21, 2016

RELATOS CONEXOS                         … 13

OLFATEANDO  PROBLEMAS

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   Nunca se tiene suficiente…

……

   De tarde en tarde, del llamado ámbito académico, surgía un ser que fastidiaba a todo el mundo: un místico. Generalmente el sujeto en cuestión ignoraba que lo era, a pesar de sus creencias absurdas y maniáticas que lo llevaban a pelearse con media Galaxia, y en casos extremos los hacía terminar refunfuñando en voz alta por los rincones, como perros viejos y malhumorados. En su pequeña mente, la del místico, él o ella, siempre tenía la razón y el resto del Universo entero estaba dolorosa y estúpidamente equivocado. De tanto en tanto, uno de ellos se dirigía a la directiva de La Flota y gritaba que había descubierto una conspiración contra Los Mundos Humanos. Siempre eran súper conjuras. No cosas sencillas; no, eran planes siniestros de gente que quería controlar el Cosmos todo, planes del que sólo ellos se habían percatado. Cualquier almirante o general de La Flota podía contar cómo llegaban a sus puertas, hoscos y huraños, denunciando la conspiración y molestándose cuando alguien hacía preguntas desagradables como: ¿quién conspira y para qué? Eso siempre los alteraba, perdían la ecuanimidad y terminaban girando los ojos en sus órbitas y chillando algo en el estilo de: el cielo se está cayendo y nos va a dar en la cabeza. Algunos hasta traían una roca, sonriendo como… locos, como prueba.

   Lo curioso era que esos místicos generalmente gritaban, bañando de saliva al que estuviera cerca, que iban a investigar los hechos hasta las últimas consecuencias, pero después de un tiempo, tales individuos solían desaparecer, con todo y sus investigaciones (como también podía atestiguar cualquier almirante o general). Y no era porque cayeran en un agujero negro o una estrella de cualquier otra índole. Simplemente…. desaparecían de escena. Fue por ello que cuando Flatt Hublak, de Naejmis, hizo su aparición en Báluwa (mundo administrativo de La Flota), denunciando una antigua conspiración urdida en el viejo y detestado planeta Tierra, todos pusieron cara de circunstancia y giraron los ojos en sus órbitas con un ¡hummm!; excepto los más viejos que suspiraron elocuentemente con disgusto. ¡Otro místico!

   Lo que diferenciaba a Hublak del resto, era su procedencia. En Naejmis no creían en misticismos ni en la magia, su gente no era dada a eso. Y el hombre era un académico acreditado en su mundo natal y en todo el sector Panzhar (un lugar insufrible), por lo que no pudieron, simplemente, hablarle condescendientemente, recomendarle un tilo y mucho reposo. La gente de ese sector siempre era un problema, y los de ese planeta lo eran aún más.

   El hombre, un tipo enorme de más de dos metro veinte, de piel blanca como el papel, de cabellos iguales de blanco, ojos grises deslucidos que se asemejaban al frío acero de las antiguas construcciones, no era alguien a quien se pudiera ignorar fácilmente. Era saludable, atlético, inteligente y decididamente atractivo; aunque este efecto quedaba destruido en buena medida por el hecho de ser un naejmisno, un ser que creía que el resto de las razas humanas eran mierda, y de la que apestaba, sobre todo las del viejo sector de Áurea Boreal. El hombre era un bonito acabado de su mundo, que no temía al diseño genético. Igualmente un esclavo de su cultura: era un ser egoísta, racista, xenófobo, narcisista y perfeccionista. Su mundo era aislado, y sus habitantes odiaban la cercanía de otros seres, especialmente los de otras especias, las no humanas, a las que consideraban inferiores, genética y mentalmente hablando. Eran, en resumen, unas joyitas, y Flatt Hublak era un alfiler de diamante… enterrado en una nalga.

   Al iniciarse en los estudios de Psicología de Masas, cosa muy necesaria en el sector Panzhar (aunque jamás se admitiría), el hombre, no tan joven como su liso y limpio rostro mostraba (ya había utilizado el bracante, deteniendo el envejecimiento), había tropezado con líneas de conductas en sistemas completos que le hicieron intuir que la Historia del Hombre no era el simple fluir de la cuarta dimensión, de tiempo y espacio, sobre los grupos humanos. Estudiando largos periodos históricos, desde la llegada de los guklianos a La Tierra, y de aún antes, de cuando hubo la guerra entre La Tierra y Los Mundos Independientes, todo parecía señalar una manipulación de hechos, que terminaron en la creación de Las Repúblicas. Y eso ofendía y molestaba a Flatt Hublak, un hombre de Naejmis, un semidiós de perfección e inteligencia. No era posible que ellos, su mundo, el sector, y la humanidad toda, fueran simple piezas movidas por alguien, en la historia del tiempo.

   El académico estaba consciente, en su fuero interno, que llevaba años de retraso en su trabajo debido a sus complejos y limitaciones (abandonar su mundo), cosa que lo amargaba, porque sabía que esa investigación era importante; había que denunciar la conspiración (el cielo se cae, se cae). Hace mucho tiempo que debió llegar a Alexentra, el mundo universitario, por los datos que ahora recababa con paciencia, lucidez e inteligencia. Pero pensar en abandonar su Naejmis natal, hermoso y perfecto, de orden y privacidad, tomando una nave crucero atetada de otros seres, y, peor, viajar hasta Alexentra, casi en los límites mismos del Sistema Solar, fue algo que le costó demasiado vencer. Odiaba ese mundo y su gente; y al ir reuniendo los datos, comenzó a temerles también.

   Alexentra era una creación casi totalmente terrestre, como lo era El Arca; ¡y sabía el Cosmos qué tramaban cuando lo hicieron!

   El mundo universitario no estaba tan mal. Era un entorno de cristal y cromo, pulcro y ordenado, dedicado todo él a las ciencias, artes e investigaciones. Lo humanista, lo científico y lo militar estaba por doquier, y al alcance de todos. El hombre comía en su pequeña habitación, algo tan chico que al principio le costó respirar, y de ahí iba al edificio Hipatia, donde estudiaba todo lo necesario, en el sótano dos, dentro del frío y solitario salón. Le alegraba y aliviaba no tener que toparse con nadie. Llegaba a la hora que quería y tomaba un letrel, una especie de lapicero de punta roma y cristalina, que al ser colocada sobre cualquier sección de la pared, podía acercar o alejar las terminales de cualquier información procesada y archivada dentro de La Flota, La Federación o de cualquier mundo humano. Luego sólo debía llegar a su pequeño escritorio, tomar asiento y con el letrel vaciar los millones y millones de datos que pudiera necesitar. Le gustaba un rincón apartado en lo más profundo del sótano, cercano a una pared curva. Obviamente, era un antisocial, en el término clínico de la palabra.

   Allí se enfrascaba horas y horas, relacionando datos, fechas y nombres. Concentrado como está en una relación causa efecto, poco visible, pero muy evidente a una mente como la suya, el hombre percibe algo, a nivel subconsciente: ¡no estaba solo! Su rostro cuadrado, fuerte, de pómulos altos y mejillas delgadas, atractivo sin dudas, se eleva un momento y repara en un silencioso tipo que revisa algo en una pared no tan lejana, no tanto como a él le hubiera gustado. Los labios del académico se cierran con disgusto, en una fina y blanca línea de malestar. ¡Qué sujeto!, y estremeciéndose, piensa que seres así deberían ser ahogarlos al nacer. O mejor, no dejarlos llegar al alumbramiento. Y pensar en ese tipo naciendo de una mujer, bañado en sangre y placenta, casi le enferma de asco.

   El intruso era un joven, porque él sí lo era cronológicamente, algo realmente notable. No llegaba al metro setenta, un enano, prácticamente, y desesperantemente delgado. Su tórax era estrecho, y su panza se veía plana con tendencia a hundirse bajo la suave tela azul del blusón que lleva. Una prenda que le quedaba mal, cortado a nivel de los hombros, y muy abierto de mangas, de donde colgaban unos brazos flacos, de manos grandes y dedos largos y nerviosos, algo coloreados de pecas marrones claras. Su pantalón gris, sin costuras, delataba unas piernas rectas, y Hublak se preguntó sí serían palillos. Lo más notable (u horrible, según Hublak, era su cabeza), era su cabello ensortijado, y largo, de un rojizo anaranjado bien feo. Casi parecía alzado en un afro, pero no simétrico, era como si hubiera dormido de lado y allí esa parte se hubiera achatado y la otra no. Y parecía como si se rascara con los dedos, alzando lomas. Se veía desaseado. El rostro era delgado, afilado, de ojos marrones, llenos de malicia y mala fe; era algo que se notaba a leguas. Y el rostro estaba coloreado con muchas pecas. Hublak nunca había visto a un ser tan horrible en toda la Galaxia.

   Con un verdadero esfuerzo de voluntad, molesto consigo mismo al perder tiempo con tan sólo pensar en lo desagradable que era ese carajo, el académico intenta volver a su trabajo. Los datos estaban dispersos, pero él podía verlos. La Tierra era la clave. Todo había comenzado ahí. No sólo el origen de la raza, que era cierto, sino lo que vino luego. Hubo una manipulación grosera y feroz de los eventos que terminaron creando el llamado Nuevo Orden, impuesto por los militares y los republicanos. Cifras y noticias que habían sobrevivido milagrosamente los siglos desde que el hombre miró y salió del planeta madre (como en el pasado se habían conservado documentos religiosos desde los primeros siglos históricos, en vasijas y piedras preservando así el conocimiento), delataban la manipulación. Allí estaba, líderes delirantes y dementes habían querido coronarse emperadores en países poco desarrollados económica y socialmente, y esos dementes habían sido protegidos por intereses económicos y países superiores, mientras explotaban sus recursos. Los protegían para robarlos, creyendo que los usaban (era donde entraba la Gran Manipulación, se usó a unos y otros). Pero los déspotas iban armándose. Hidrocarburos y narcóticos ofrecían dinero y poder, para armas y mercenarios. Eso desembocó en nuevos caos, guerras y genocidio. Los grandes intereses, políticos y mediáticos, que apoyaban la subida de los dementes, luego lloraban para que los “tiranos” fueran derrocados y detenidos, y enviaban a la muerte a jóvenes menos privilegiados de sus propios países (no ellos, no sus hijos), que eran capturado, torturados y asesinados, o declarados desaparecidos; y eso, cuando los veteranos que regresaban, amargados y enfermos, no se convertían ellos mismos en parte del drama que arrasó con ese sistema, volviéndose delincuentes, gente tan llena de odios que se les hacía imposible poder reinsertarse en la sociedad.

   Ese resentimiento, el saberse traicionados por políticos, hombres de negocios y lobbys mediáticos, terminó por desencadenar Las Guerras de los Veteranos, en momentos cuando el mundo todo era sacudido por secuestros, asesinatos en masas y terrorismo. Los países estaban aterrados, el caos, las neurosis y la angustia de gente que vivía ocultándose tras rejas, armándose para luchar por sus vidas, se convirtieron en la pólvora que haría estallar todo. Ese mundo vio con alivio y gratitud, aunque con algo de inquietud, la llega del Nuevo Orden y las llamadas Máximas, con las que se conduciría la nueva sociedad. Eso les había salvado, pero debieron entregar parte de sus derechos, muchos de los cuales, realmente, no habían sabido defender, honrar o utilizar, pero los cedieron, por “seguridad”. Pero a los ojos de Hublak, acostumbrado a ver los hilos sociales que llevaban a guerras y sistemas, había notas falsas en todo ese concierto.

   ¡Hubo una conjura contra la humanidad!

   Déspotas, políticos, medios de comunicación, conglomerados corporativos y gente en general, habían sido empujados hacia una línea de acción que no les dejó otra alternativa, otra opción, que esa secuencia de hechos en particular: la subida de locos delirantes al poder, el ataque del terror, las guerras con sus veteranos llenos de amargura, el caos general y la llegada del Nuevo Orden. Una y otra vez, acciones que pudieron minimizar, anular o torcer ese camino de violencia, fueron abortadas. Los sensatos fueron acallados, hombre lúcidos e inteligentes que alertaban sobre lo que pasaba, fueron injuriados, odiados, juzgados y encarcelados, para acallarles; y las masas populares de naciones de un mundo que se llamaba libre, lloraban por el ataque a los tiranos y aplaudían a los regímenes criminales que fusilaban y encarcelaban ciudadanos indefensos ante su poder. Campañas de miles y miles de ciudadanos, que intentaban detener una acción determinada, acababan en nada, burlados, sin éxito; y eso contra toda posibilidad matemática o lógica. Pequeños países sitiados por delincuentes y aventureros, gritaban al mundo “no se metan, déjenos en paz, queremos tiranía y caos”. La misma demencia de los déspotas, excediéndose y regodeándose en sus vicios y crímenes con sus camarillas, parecían ser exacerbados por otros, hasta que terminaban con la paciencia de todo el mundo, los que finalmente llegaban a sus puertas y arrasaron con todos ellos, sus allegados y familiares (los cuales también se beneficiaban del pillaje, tortura y crímenes).

   La misma cadena de absurdos llevó a la guerra de La Tierra, y el Sistema Solar, contra Los Mundos Independientes (antes de la llegada de los guklianos a la vida de los hombres). Guerra que terminó, asombrosamente y contra todo pronóstico, con un triunfo, a la larga, del viejo planeta madre; quien impuso sobre la centena de otros planetas, la forma de gobierno terrestre, el de La República.

   Nada de eso podía ser casual. Había un patrón demasiado claro. Y ahora, él iría con el Comodoro del Espacio y tendría que oírlo. El mundo académico de Naejmis, también enviaba delegados para reforzar su presentación antes los líderes de La Flota. No podrían echarle a un lado como a un simple charlatán. Tal vez no creerían nada (con sus mentes obtusas de militares, era muy posible), pero él, y el resto de los académicos, los forzarían a investigar. El peligro terrestre era demasiado obvio, al menos ante sus ojos. De alguna manera, La Tierra estaba forzando los acontecimientos de toda la Galaxia, y lo hacía desde tanto tiempo atrás que era… extraño. Sólo una logia, la existencia de un grupo, podía explicarlo.

   Su rostro se tensa al llegar a este punto de sus pensamientos, notándose aún más fuerte, viril y decidido; todo un macho, pensaba el ser de cabellos naranja que se le acercaba, con un oscuro sentimiento de envidia ante el bello semidiós. Maldito sujeto, piensa resentido (y eso que no puede ni imaginar el asco y repulsa que Hublak le tiene), mientras se le acerca, con paso algo torpe, como quien camina por el pasillo de un autobús en marcha lenta (Alexentra tiene una gravedad algo baja). Y aunque le disgusta, el chico de cabellos naranja, lo mira con interés. Su cercanía es presentida, con espanto, por el otro, quien eleva la vista con un gesto de sorpresa escandalizada, como si hubiera atrapado al flaco tipo llevando el miembro fuera del pantalón, balanceándolo al caminar. Al académico, realmente lo tomó por sorpresa, tal vez porque nadie se le había acercado mucho desde que desembarcó en el pequeño planeta.

   -Lo siento, amiguito (así le dijo y Hublak lo odió más), necesito unos apuntes y creo que están allí, sobre tu cabeza. -dice el sujeto, con voz chillona, fea, como si fuera un joven que estaba cambiando la voz y soltara cacareos de vez en cuando. Horrible voz, como tenía que ser para armonizar como todo lo demás, piensa molesto Hublak.

   -Puedes obtener cualquier información, desde cualquier pared, a menos que sean… -comienza a gritarle, mirándolo con un asomo de histeria real, y con una profunda mirada de asco, al tener a ese carajo casi sobre él.

   El joven de cabellos anaranjados capta la molestia y desprecio del otro, y eso despierta un gusanillo perverso en él, alzando el brazo casi sobre el rostro del bello hombre de las estrellas (maldito idiota, pensaba el cabeza de zanahoria). Hublak, mira aterrado como esa axila se abre frente a él, con una repugnancia tan grande que siente que va a caer enfermo; oleadas de asco lo recorren de pies a cabeza. Esa axila es estrecha, como flaco es todo en ese sujeto, floreado de pelos anaranjados oscuros, largos y rizados (podía tejerse un moño con ellos), que parecían pegados unos a otros, apelmazados como por un desodorante. Pero era horrible: olía fuerte a sudor (a uno que aflora y se seca, y vuelve a mojarse), al desaseo más profundo, y (para colmo y lo peor) a un vago aroma dulzón como a flores (el desodorante).

   La peste que mana de ese sobaco, capaz de competir con cualquier gas pimienta, es acre, amargo y horriblemente picante. La cara de Hublak, quien imprudentemente tenía la boca algo abierta (con sus labios delgados y viriles, y su nariz recta y lisa, reconoce, con envidia el chico de cabello naranja), sintió que la garganta se le cerró, produciéndosele un nudo de nauseas en el gaznate, y sus ojos, fríos y crueles, pero hermosos, se nublaron y le lagrimearon, obligándole a desviar un poco la cara.

   ¿Ah, sí? Ahora verás, pensó perversamente el joven, algo excitado por lo que hará… someter al semidiós.

CONTINÚA … 15

Julio César.

NOTA: “El Nuevo Orden”, joder, no recordaba haber usado ese término. No me gusta, pero esto lo escribí hace ya bastante rato.

LEJOS DE LA GRANJA

noviembre 21, 2016

SANA COMPETENCIA

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   Quien sabe besar…

   Cuando los chicos dejaban los campos del medio oeste para ir a California, a la universidad, los preocupados padres, regresados de la guerra de Corea, sabían que estos serían tentados por chicos atrevidos que deseaban acostarse con todos, metiéndose en las camas, y entre las nalgas, de los inocentes campesinitos…

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   Pero era una tontería: si, lejos de la granja, esos chicos se desataban. Dejando atrás el santo temor a Dios inculcado cada domingo en el templo, el miedo a ser mal visto por los vecinos, incluso a la censura de los papás, invitaban a sus camas a todo el que les gustara, y se abrían como flores al rocío de la mañana. Claro que la regada era con esperma, pero ya se entiende la idea. Aunque no se les puede culpar, viviendo algo retirados de otros chicos, y reprimidos, era lógico que tan sólo una buena lengua les causara un angustioso, intenso y devastador (para sus masculinidades) putiorgasmo. Cosa que los hacía fáciles para el resto de los gañanes que tenían como única meta, antes de graduarse, el pegarse a todo el que les pasara por delante.

   Me agradan estas producciones llamadas retro, y esta en especial, ese chico realmente quería gozar. Si les interesa, vayan a: CURIOSO

CHICOS, CARCEL, NEGOCIOS Y VOCACION…

Julio César.

NADIE LOS QUIERE

noviembre 21, 2016

LA COSA ESTA DE ESPANTO

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   ¿No es adorable?

   Y totalmente cierto, es lo mismo que siento cada domingo por la tarde, no digamos ya cuando cae la noche. Prácticamente no disfruto la jornada después del mediodía. Al otro día hay que volver a las horribles minas de sal. Bien, ya lo había expresado Garfield mucho antes. Yo también odio los lunes.

SIMIOS… HAY QUE DETENERLOS AHORA

Julio César.

OBLIGACIONES

noviembre 21, 2016

EL PAGO

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   Era… lo justo.

   El chico boquea, ahogado, humillado, temeroso de que su secreto se sepa, ese que nació por la maña de su novia del colegio, de experimentar roles en la cama. Suplicante mira a ese carajo, que le pilló, aunque sabe que no habrá piedad.

   -Deja la cara de tragedia griega; si quieres usar las pantaletas de tu hermana Elena, me cumples como ella, cuñadito. Vamos, cúbrelo todo, lo estás haciendo bien. Te sale… natural.

VISTAS

Julio César.

MAGICAS

noviembre 21, 2016

VIDA FELIZ

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CUIDADO CON SANTA

Julio César.

ESA FALTA DE MEMORIA DEL VENEZOLANO…

noviembre 21, 2016

TIEMPO LIBRE… SIN INTERNET

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   De Historia y de cuentos de camino…

   Mucha gente me pregunta si no mantengo una página facebook activa, o el por qué no afilio gente. La tengo únicamente para buscar a personas de las cuales tengo curiosidad por saber qué fue de sus vidas, amigos a los que les perdí la pista hace añales, dentro y fuera del país; o recibir avisos de panas que envían notas de un punto distante, o ex compañeros de clases que en su momento me intrigaron sus destinos, como cierta señorita Mastrangioli, cuyo apellido estoy usando en un cuento. Pero tengo esa cuenta, casi única y exclusivamente para responder comentarios y artículos aparecidos en la prensa sobre, cómo no, la situación del país. Para prácticamente más nada.

   Y si hay una cosa que me ha llamado la atención es la curiosa falta de memoria sobre el pasado inmediato de mis conciudadanos, incluso de gente que apoya con garras y colmillos esta o aquella postura. Es casi imposible entender que viviendo el desastre que padecemos cada día, halla quienes respondan “es que antes era peor”. Y si, existe la tendencia edulcorada de mirar con buenos ojos el pasado, en todos los relatos antiguos, todos los pueblos hablan de una era de oro cuando la humidad lo tenía todo, inclusive felicidad, cosa que es muy cuestionable. Unos trozos de cerámicas escritos mil y picos años de antes que la Biblia, en Sumeria (cuna de la civilización), fueron traducidos por gente seria que no veía en cada palabra un disparate, y lo relatado, fuera de normar leyes para la vida en mancomunidad, y el nombre de los linajes de los reyes, eran historias sobre padres quejándose de la falta de compromiso de los hijos, que no obedecían sus mandatos ni guardaban la devoción a los dioses. Hace más de seis mil años las quejas ya eran las mismas, aunque todos hablan de esa edad pretérita donde todo si era bueno… aunque fue destruida por esto y aquello. Así que eso de mirar el pasado con ojos de añoranza puede ser una trampa, pero lo que es innegable es que antes la gente no se moría literalmente de hambre en una Venezuela que trabajaba, o de enfermedades controlables por falta de medicamentos porque un régimen no sólo se embolilla hasta el último centavo del erario nacional sino que lleva años, años largos, incumpliendo los pagos con proveedores que ahora pasan factura.

   Sí, siempre hubo gente que quedó por fuera del sistema, pero en buena parte eran aquellos que no pudieron o no supieron cómo competir con otros. Quien no se preocupó en estudiar, aprender un oficio o buscar trabajo, siempre le fue mal. Le va mal, aunque le envíen una bolsita de comida de vez en cuando, y le irá peor, porque su maldición descansa sobre su propia existencia, aunque culpe a otros y sienta que todos le deben algo. El lenguaje del fracasado. No, Venezuela no siempre pasó hambre, no a estos niveles, pero la cartilla de los déspotas…

   …Hace su trabajo, convencer a la gente de que esto siempre ha sido así de malo, o que antes era peor, y que todos deben aceptarlo, bien calladitos, y continuar por el mismo trecho. Es un viejo recurso del fascismo, esos pequeños grupos que usufructúan todo el poder políticos, económico y de represión oficial, nada nuevo bajo el sol. Lo grave es que tantas personas hayan caído en ello.

   Esto lo comenté ya por ahí, en otra parte, una vez, bajando en autobús de Caracas a Guatire, me tocó escuchar a un señor mayor sostener que la política petrolera del gobierno de Hugo Chávez era la mejor del mundo… aunque tomó la quinta empresas mundial mejor gerenciada del ramo y la destruyó, dejándola arruinada, endeudada e inoperante. Sostenía ese señor que en tiempos de Juan Vicente Gómez (el dictador andino que capó al resto de los caudillos levanticos que no dejaban que la república cuajara), los gringos nos daban un centavo por cada barril de petróleo que se llevaban. ¿Será cierto?, no lo sé, lo que sí es cierto, y ese señor que era mucho mayor que yo parecía no saberlo (y bastante hablador de paja que era, el viaje se hizo largo e insoportable escuchándole marear a su vecino de asiento), es que Juan Vicente Gómez pagó la deuda externa que Venezuela venía arrastrando desde las guerras de Independencia, para celebrar el primer centenario del natalicio de Simón Bolívar.

   Sin hablar tanta paja, el viejo dictador canceló ese lastre que no nos dejaba llamarnos pueblo soberano, como muestra de respeto a nuestra mayor figura en el imaginario de la patria. Fuera de levantar carreteras e incluso modernizar al ejército venezolano, para que dejara de ser una montonera a lomo de burros, levantando incluso una fuera aérea. Con, según el señor hablador ese, un centavo de dólar por cada barril que los gringos se llevaban. Estos ladrones inútiles, con doce años de excedentes petroleros, que originaron un chorro de petro dólares como nunca antes se había visto (doce años de precios por las nubes), que a los sauditas les alcanzó para juntar casi novecientos mil millones de dólares guardados en un pote para tiempos malos, aquí no dejaron nada, no hay con que pagarle a los proveedores y Venezuela agoniza de hambre mientras se intenta disimular tal hecho.

   Quienes no aprenden de los errores están condenados a repetirlos una y otra y otra vez, como una maldición (mientras se busca a quién culpar), y ¿cómo aprender si no se sabe de lo que se está hablando, cuando no se recuerda? Pero esto no es accidental, es la maquinaria de un modelo fascista puesto para perpetrar al grupito en el poder, independientemente de lo que la gente diga u opine, si es que se le deja.

ANDABA, Y ANDO, AUSENTE

Julio César.

EL PEPAZO… 33

noviembre 20, 2016

EL PEPAZO                         … 32

De K.

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   La prenda perfecta para el macho de hoy…

……

   Rojo de cara, farfulla sin emitir sonidos, los labios enrojecidos por el roce contra la dura verga, la barbilla algo húmeda de saliva y de jugos del macho.

   -Doctor, yo… -el otro no quiere escucharle, ni puede contenerse, le había encantado la boca del chico, la manera mórbida y hambrienta de su lengua, así  que le silencia metiéndole la suya, recorriéndole todo, labios, dientes, encías, encontrando el sabor de su propio güevo, lo que hizo que este pulsara feo, botando más de esos jugos.

   -Vamos, bebé, enséñamelo… -le susurra, caliente, contra los labios, poniéndose de piel, la bata abierta, el velludo torso y abdomen expuesto, la verga mojada de saliva tiesa como una lanza de carne, alzando al forzudo joven.

   Confundido por todo lo ocurrido (mintiéndose, el culo, ese ardor, aquellas ganas que sentía, habían tomado el control), el joven comienza a aflojarse la corbata, mientras el otro le desata la correa y le abre los botones de la camisa, halándosela y sacándosela del pantalón, algo que, por alguna razón, le parece muy erótico. Apartada la corbata, Jacinto comienza a sacarse el saco, mientras el abogado maldice esa camiseta que cubre, a duras penas, ese poderoso y joven cuerpo hecho para ser tocado, lamido, adorado. Poseído. Le ayuda a salir del saco, con dificultad porque casi se le atasca en los hombros. La camisa parece a punto de estallar en sus bíceps, cuando la aparta, quedando el enrojecido chico, en camiseta, una muy abierta por los costados, apenas conteniendo aquel recio corpachón. El abogado casi se corre de pura emoción. Le quiere ya desnudo, pero no puede evitar alzar las manos y recorrer esos melones que tiene por pectorales, aquellas tetillas que levantaban la tela blanca, acariciándole, provocándole gemidos.

   -Dios, eres… perfecto. –brama el hombre realmente impresionado, él, que sabe disfrutar del momento pero sólo mira en otros un cuerpo para un rato, y una vez saciado “chao, amigo”, y a continuar con lo que llegara. Pero ese joven…

   Jacinto, rojo como un tomate, casi sonriendo tímido como una virgen debutante, deja que el hombre le saque la camiseta, alzando los poderosos brazos, exponiendo sus axilas grandes, tan escasamente velludas que parece depilado. Como el torso dorado, liso y musculoso que queda a la vista del abogado.

   Aunque lo que más quiere es tomar ya ese joven cuerpo de dios, el hombre extiende sus manos grandes y recorre los recios hombros, bajando por los brazos, palpando los duros bíceps, subiendo y atrapando esos pectorales redondos, duros como piedras, acariciando los pezones con sus pulgares, moviéndolos como limpia parabrisas sobre las erectas y sensibles tetillas, cosa que hace gemir al muchacho de una manera que le eriza. Y si, Jacinto siente que todo su cuerpo es una masa de lujuriosas y apasionadas sensaciones. Aunque no esperó aquello, tal vez porque ni el mismo Andrades era amante de ello. El hombre se inclina y le atrapa uno de los pezones, con aureola y toda, entre sus labios, cubriéndolo, mojándolo desaliva y aliento, azotándole con la lengua reptante, y succionando de una manera intensa.

   -Ahhh… -Jacinto echa la cabeza hacia atrás, no entendiendo como aquello, que no era la primera vez que se lo hacían (claro, chicas), podía resultar tan eróticamente estimulante. Tal vez era por los calambres en su culo, que parecían acompasados. Y el gemido se repite cuando su otro pezón recibe idéntica atención. Casi siente las piernas débiles.

   Apartándose a duras penas, labios húmedos de su propia saliva, casi sorprendido de lo rico que era chupar de esos jóvenes pezones masculinos, los cuales, con un aro, seguramente resultarían aún más sensibles, Andrades le mira, febril y ansioso.

   -Vamos, enséñame más, chico guapo. Quiero ver lo que ocultas. –le abre el botón del pantalón, bajando el cierre y dando dos pasos atrás dispuesto a disfrutar del espectáculo.

   -Doctor…

   -No, no seas tímido; con ese cuerpo no debes… -le urge.

   Rojo de vergüenza, sin poder apartar los ojos de la mirada de ese hombre, como no fuera para lanzar ojeadas inquietas sobre ese güevo que parecía más tieso y goteante ahora, el joven fortachón sale de sus zapatos, dudando un último segundo y dejando caer el pantalón. La vergüenza y excitación que siente ante su propio exhibicionismo, se ve recompensada por la mirada de absoluta lujuria del otro, quien con la boca y ojos muy abiertos, recorre su cuerpo una y otra vez, desde el rostro al cuello, el torso, los brazos, el abdomen, las piernas recias… la pelvis cubierta por la tanguita, de corte masculino a pesar de todo, color rosa. Está es mínima, putona, sensual, deformada por la erección tras ella, una que, aunque escandalosamente visible, es totalmente cubierta por esa tela que parece una capa de pintura sobre su piel. Una muy erótica.

   -Joder, tu cuerpo… Y esa mierdita rica que llevas… -le clava los ojos en la pelvis, y Jacinto traga, de pronto sediento, cuando el tolete del abogado sufre un temblor y una espesa gota de líquido cae sobre la alfombra.- Vuélvete… Enséñamelo todo, por favor…

   Con la respiración entrecortada, Jacinto patea y sale del pantalón, estaba allí, con medias (azules claras), la tanga rosa y nada más, mostrándose a un carajo que le había dicho que quería enterrarle aquel tolete grueso y nervudo por el culo. Más rojo de cachetes se vuelve…

   -Oh, mierda santa, muchacho… -le oye contener el aliento.- Voy a cogerte tanto, tanto, tanto que voy a preñarte…

CONTINÚA … 34

Julio César.

EL TIO QUE SABE

noviembre 20, 2016

LA OFERTA LABORAL

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   Dos chicos que se conocieron ese día en el mall, estando con sus novias, ahora esperan por el tipo que, en los baños, les prometió llevarlos a la gloria…

SUS ASUNTOS

Julio César.

TOCON

noviembre 20, 2016

LADO SUAVE

tocando-nalgas

   Das una vuelta y ves a ese desconocido. Esa mirada… ese trasero. Vas pasando, la mano te pica, la alargas, tocas y acaricias entre las mejillas… ¡Y se ríe!

BUENA VECINDAD

Julio César.