GENESIS

¿QUE POR QUÉ UN HILO?

chico-malo-azotado-por-el-vecino-1

   Azota y azota, oyéndole gemir ahogado por la pastilla de jabón y no puede creer lo bien que se siente aleccionar y educar al rebelde hijo de la vecina. Alzando la mano abierta y estrellándola contra las duras, redondas y jóvenes nalgas, sentía que hacía lo correcto… por el muchacho.

chico-malo-azotado-por-el-vecino-2

   Cuando aquella mujer, joven todavía, buena moza, viuda, le abordó, creyó que sabiéndole soltero quería una aventura, pero casi llorosa le contó que tenía un problema con su hijo, que no estudiaba, fumaba, bebía, regresaba tarde; que no podía hacer nada para corregirle. “¿Qué podría hacer yo, señora?”, preguntó confuso, no la entendía, ¿qué quería? “¿No podría… no podría ser su padre por un rato, azotándole el trasero como se merece?”.

chico-malo-azotado-por-el-vecino-3

   Aquello sonaba a locura, pero tanto insistió, que sintiéndose presionado, pero también curioso, le buscó y le dijo que se comportara. El chico le salió con cuatro gritos tales, casi todos de marico y mama aquello, que furioso le metió aquella pastilla de jabón que la mujer, sabiamente, le había dado al entrar, en la boca y procedió a azotarle. El muchacho gritó sorprendido, se resistió altanero, pidió ayuda asustado, pero su mamá bendijo aquello. Y se sintió sabroso darle, gritarle que se comportara, ejerciendo fuerza y control. Como se resistía, debió repetir las dosis casi diariamente, sentado, con el chico en su regazo en la sala, o sentado en su cama, teniéndole desnudo y dándole hasta hacerle llorar y suplicar que no más.

chico-malo-azotado-por-el-vecino-4

   Ahora, le avergüenza un poco, le gusta aquello, e inventa algunas faltas que el chico no ha cometido, pero que la mujer aceptaba ya que este se comportaba mejor, regresando temprano a casa… como esperando algo. Mientras le da y el chico gimotea, el hombre, excitado, sabe que algo ha cambiado. Dentro de él, le gusta el poder, dominarlo, controlarle como tal vez podría hacer con otros (en el trabajo había un tipo mal portado que…). Y repara igualmente en los cambios del chico, esperándole, silente y humilde, mirándole con furor pero también con adoración. Ahora eran un macho alfa y su sumiso, quien no dice nada cuando se colaba un dedo descuidado…

   La mujer, sonriendo ante ese cuadro de extraña belleza, se decía que era bueno que en la vida de todo joven hubiera una recia figura paterna. Que lo aleccionara y a quien amara.

Julio César.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: