SIGUE EL DILEMA… 6

SIGUE EL DILEMA                         … 5

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

macho-hot

   -Vamos, putico, ven con papi…

……

   Franco parece no escucharle aunque grita fuerte, con dolor, porque sigue separando sus dedos, lenta pero constantemente, abriéndole más y más el ahora muy enrojecido ojete del culo, uno que luego se pone algo blanco.

   -¡NOOOOO, basta! –ruge entre dientes, lloroso, Luis, revolviéndose contra la cama.- POR FAVOOOOOR…

   Sonriendo, el sádico entrenador cree que oye dulce música, pero, por otro lado, había ciertos principios que debía darle a entender a su puto si le quería de juguete sexual para siempre. Lo primero era que estaba en su poder y que podía hacerle lo que quisiera, que cuando le decía que rogaría, lloraría o se excitaría, así sería. Tensa y separa sus dedos.

   -POR FAVOR, FRANCO, ¡NOOOOO! –ahora lloriquea abiertamente el hombre, el dolor en su agujero que parece va a rasgarse es demasiado.

   -¿Decías algo? –Franco le pregunta burlón, viéndole estremecerse por el llanto del dolor y la humillación que lo recorren.

   -Basta, basta, por favor…

   -¿Acaso estás suplicándome? ¿Estás rogándome por algo? ¿Es eso?

   -Por favor, basta, por favor… -se entrega. Hay un nuevo grito cuando un templón, particularmente duro, se ejerce contra su agujero.- Nooohgggg…

   Luego llega un alivio intenso, maravilloso, esos pulgares salen, su agujero se cierra un poco, y algo suave, caliente y reptante se agita contra su esfínter adolorido, recorriéndolo, untándolo de… saliva. Siente el bigote y la barba de Franco contra su agujero, pero en esos momentos, quieto, temblando de dolor y temor (pensó que le rasgaría y tendría que llegarse a un hospital), se deja hacer… casi feliz. Los labios del entrenador se frotan de su raja, de la entrada, la lengua se mete cuando separa un poco los labios hinchados, y penetra. Salivando, curando.

   -¿No dirás nada, puto? –pregunta contra ese ojete, bañándolo con el ardiente aliento que escapa de sus fosas nasales al estar tan excitado.

   -Gracias… -la respuesta es casi mecánica, oyéndose bastante honesta.

   -De nada. –es la burlona respuesta, perdido entre esas nalgas masculinas, lisas, con el tatuaje cercano, echando una ojeada a la cámara que registraba todo lo que le acontecía y decía Luis. Si, ya le tenía, tan sólo faltaba…

   Pensando en lo rico que será tener en su poder al odiado rival deportivo de su juventud, se pierde en aquel culo, aunque no lo ve así mientras de sus labios rojizos escapa esa lengua particularmente ancha y larga, una que se enrolla y empuja contra el cerrado culo. Lo deja cerrarse para hacer aquello, dándole y dándole, abriéndolo, metiéndosela. Si, Luis sería su esclavo sexual, le llevaría a niveles de degradación sin precedentes, tatuaría su piel, la perforaría con aros, en su culo colocaría una diana, un gran tatuaje, siendo el centro su agujero, para que la suya, y otras vergas encontraran automáticamente su camino. Porque, oh, sí, le compartirá con amigos… después de que fuera totalmente suyo, como el culo cagado de su muchacho. Padre e hijo serían sus putos, sus esclavos, los ataría con cuerdas, pecho contra pecho, bocas cubiertas con bolas de goma, vistiendo ambos únicamente las pantaletas más putas, degradantes y viles que encontrara. Y los grabaría…

   La sola idea le calienta tanto que se pierde en todas sus sensaciones, cerrando los labios sobre el ojete que ya veía como un simple coño caliente, y lo chupa ruidosamente, parece una ventosa atascada en un desagüe. Y sonríe cruel, sus ojos brillan diabólicos cuando nota el cómo, lentamente, Luis comienza a relajar el control sobre su esfínter, dejándole entrar.

   Cerrando los ojos, Luis aprieta los dientes para controlar reacciones traidoras, como lo era el fin de los tirones en su culo, y ahora el alivio, repugnante como era, de esa lengua caliente reptante, metiéndosela, salivándole. El cuerpo se le enrojece, se tensa y quiere alejar sus nalgas, aunque sólo logra rozarse de la barbilla y mejillas velludas al tiempo que esa lengua penetra y explora sus entrañas. Era una sensación extraña, horrible, pero a un tiempo…

   Suspirando pesadamente, gozando el momento, Franco continúa explorándole, frotando su bigote de esa raja, estremeciéndole, soplándole el agujero que mantiene abierto suavemente con los pulgares; viendo el esfínter agitándose, posa los labios y besa, y chupa. La lengua vuelve a esas entrañas. Sabe que Luis se resiste mentalmente, pero al mismo tiempo es consciente de que este entiende, o siente, que es inútil, que no puede detenerle, que está en sus manos… y que su cuerpo responde a esa manipulación. Casi sonríe; era difícil no confundirse cuando una lengua masculina exploraba tu culo, piensa.

   Pero debía hacerle consciente de ello, de todo, por eso, mientras le come el culo, su procaz lengua agitándose en la entrada y penetrando, mete una mano por debajo del cuerpo del otro y le atrapa el nuevamente erecto tolete, apretando y soltando, haciéndole gemir entre dientes, casi contra su voluntad. El pulgar se aprieta y frota del ojete. Y separa los hinchados labios del culo, casi hablándole al agujero.

   -Estás muy mojado, cabrón; cómo te gusta esto.

   Luis no quiere escucharle, no quiere responder, desea simplemente yacer en aquella cama como muerto, ajeno a todo, especialmente a la cámara que le enfoca, pero sabe que su cuerpo responde a las estimulaciones. Esa palma caliente, esos dedos gruesos y velludos aprietan y soban sin descanso su tolete, mientras la lengua entra y entra porque, lo sabe, tiene el culo muy abierto, y cuando lo cierra sobre esa lengua, la sensación era todavía peor. ¡Esa maldita mano!, se dice respirando pesadamente, casi inconsciente al hecho de que sus nalgas suben y bajan un poco. Quiere correrse para terminar con esa tensión interna, era la idea, aunque intenta luchar contra ella. Pero todo acaba bruscamente cuando Franco le suelta y libera su culo de esa voraz lengua caliente y babosa. Luis tiene que luchar contra el rugido de frustración que nace en sus entrañas.

   -Quieres correrte, ¿no es así? –le llega la burlona voz de Franco, quien de rodillas y con el tolete goteante, le mira. Sus ojos se encuentran, uno burlón y dominante, el otro profundamente resentido y humillado, lanzando un vistazo al monstruo que el entrenador de su hijo tiene entre las piernas, uno que parecía ansiosos de tomar lo que consideraba su lugar.- Descuida, lo harás, te correrás como nunca antes en tu vida, estremeciéndote, maullando… con mi verga bien enterrada en tu culo, latiendo contra tus entrañas, llenándote. Te correrás con ella clavada y lo harás gritando mi nombre para la cámara.

   -Por favor, Franco, no; no hagas esto. –todavía suplica, totalmente roto, estremeciéndose al sentir nuevamente esas manos separándole las piernas, el hombre metiéndose entre ellas.

   -Al fin nos amaremos como mereces, puto; yo caliente, tú consiente totalmente de lo que te espera… y esperas. –le atormenta, acercando su mano y metiéndole un dedo en el torturado, chupado y abierto culo, arqueándolo hacia abajo, buscándole la próstata, sonriendo al verle tensarse y agitar su trasero, intentado rechazarle pero produciéndole mayor placer, visual y táctil.

   -¡NO! –ruge otra vez, atormentado, humilladlo, roto, cuando son dos los dedos que se abren camino en su agujero abierto. Los siente recorrerle el recto, abriéndose y tijereando, frotando las paredes de sus entrañas, bajando y dándole justo allí, afectándole.- ¡NOOOOO!

   -Silencio, puto. –le ordena el hombre, sonriendo, disfrutando de su humillación.- Pronto estarás recibiendo mi masculinidad, y sabrás para siempre que fuiste mi coño. El coño caliente y mojado que ordeñó mi verga hasta sacarle la última gota de esperma. Serás mi perra, y gritarás, oh, sí, pero de gusto. Y esa cámara lo inmortalizará para la posteridad. Jejejejeje, imagino la cara que pondrían tu hijo y Adriana si te vieran en esa superproducción.

   Luis desea gritarle, amenazarle, pero una profunda desesperación, impotencia, le domina. Casi siente deseos de lanzar gritos de rendición, pero se contiene a duras penas. Intuye que eso haría más feliz al otro. Pero iba a cogerle, lo sabe, Franco iba a meterle esa verga enorme por el culo, estando completamente consiente, robándole su dignidad y masculinidad, una virilidad ya en entre dicho desde la vez pasada. Pero lo que más teme, aunque no se lo plantea, es que sea cierto lo que dice, que su cuerpo responda traidoramente a esa violación, como ha ocurrido hasta ahora, y que todos sean testigos.

   Lentamente, disfrutando evidentemente del momento, Franco atrapa la base de su pulsante y babeante verga, acercando el glande despejado, rojizo, liso y húmedo a ese culo, notando con este el calor que el cuerpo de Luis emana, uno que parece de fuego proveniente del agujero del culo. Oh, sí, cómo le gustaba meter su tolete por esos agujeros masculinos apretados, especialmente si estos se resistían, rompiéndoles el virgo, aunque este no era el caso, así como la vida. Planeaba, ruin, lograr que Luis se corriera, sin tocarse, mientras se lo follaba. En su cerebro todo sería un caos, saber que respondió a tales extremos le desbaratará mentalmente, dejándole listo para la siguiente lección de sometimiento. Casi lanza un jadeo gemido cuando el glande hace contacto con la piel de la raja, frotándose, oyéndole rugir entre dientes, totalmente tenso, el agujero cerrándose por instinto. Sonríe, qué idiota, pensaba que le detendría; pero sigue jugando, meciendo sus caderas de adelante atrás, la cabeza de su tolete chocando del ojete, deslizándose hacia arriba, por la raja, bañándole de cálidos y espesos líquidos pre eyaculares.

   -Joder, si vieras lo caliente que me tienes. Serás el puto más calienta bragueta de mi harén. –y lo que más disfruta es saber que eso enloquece al otro.

   -Esto es una locura, Franco. ¡Tienes que detenerte! –todavía grazna Luis, tenso, brillante de sudor.

   -Tranquilo, terminará gustándote. Y mucho. –apuntalando el glande contra la entrada, dejándola fija, comienza a empujar.

   -No, por Dios, ¡no lo hagas! –ruge lloriqueante.

   -Jejejejeje… -apuntala mejor el glande, dejando que Luis sienta su presencia, su calor. Esas son sus intenciones. Lentamente la empuja, abriéndole y empujándole hacia adentro los labios del esfínter.

   -¡NO! ¡NO! –brama desesperado Luis, sintiéndola, el cómo le abre y penetra.

   Intenta cerrar su culo, mantener sus defensas, apretando el grueso palo que va penetrándole, haciéndole lanzar un gemido de gusto a Franco, quien esperaba eso. Sonriendo torvo, atrapándole las caderas, se la va clavando muy lentamente, centímetro a centímetro para que el otro “la disfrute”, gozando viendo como desaparece su barra dentro de aquel agujero.

   -Ohhh, si, apriétala así, puto. –le gruñe jadeando, la boca muy abierta.

   -No, no, maldito enfermo… -grita Luis, apretando los dientes, profundamente lastimado mentalmente, aún más que en lo físico. Franco le había vencido, le estaba despojando de su hombría. Y seguía y seguía, la gruesa mole forzaba su ya abierto esfínter, recorriendo el canal de su recto, latiendo caliente contra sus paredes.- No, sácala, es demasiado grande. –tiene que gritar, aún sabiendo lo terrible que sonaba de cara a la cámara.

   -Ya has podido antes, puto. –le recuerda Franco, sonriendo al oírle gemir en protesta, por el güevo que va clavándosele, por las palabras que le recuerdan todo aquello.- Hummm, si… -deja escapar, muy audible, enterrándosela toda, pegando su pubis de aquellas nalgas, disfrutando de aquellas entrañas que apretaban en protesta su barra, intentando combatirla, dándole tanto placer.

   -Agggggrrrrr… -la cara de Luis está totalmente roja, tensa, alzada, enfocada en la cámara.

   -Si, siéntela, amásala, gózala… -le indica Franco, como si aquello fuera sexo consensuado. Retira unos pocos centímetros de tolete, nervudo, sabiendo que roza y frota las sensibles paredes de ese recto, llenas de terminaciones nerviosas que pueden ser estimuladas para el placer.- Voy a preñarte, Luis; voy a verter tanta leche en tu coño caliente y mojado que te haré un hijo, un hermanito para Daniel. ¿Quieres eso, puto? ¿Llevar mi hijo en tus entrañas? Vamos, dilo hacia la cámara. –le indica, cruel y torvo, metiéndole esos pocos centimetritos sacados, lenta y deliberadamente, sintiendo las apretadas de esas entrañas.

   Estimulándolas. Buscándole la próstata.

CONTINÚA … 7

Julio César.

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