EL PEPAZO… 29

EL PEPAZO                         … 28

De K.

sexy-hot

   Los hombres le miraban con maldad…

……

   Y a Jacinto el culo le ovula. Parpadea porque no entiende esa reacción, como no entendía últimamente muchas cosas (como no fuera por la vaina esa, la pepita del carajo que sentía moverse en su recto), pero allí estaba, sentía el picor, el calor, el titilar de su entrada anal nada más al ver a ese sujeto. Es un tipo cuarentón, tal vez en los cincuenta, delgado, fibroso, rostro estrecho, severo, cabello negro, algo cano, ojos oscuros, boca dura, rodeada por una perilla de bigote y barba, líneas marcadas, hombros firmes, un tatuaje viéndose a un lado de su cuello, manos de dedos largos y fuertes… vistiendo una bata de casa, de esas mariqueras según la cual los hombres se colocan en un hotel cuando reciben al botones que trae la champaña mientras la hembra espera en la cama. Nunca imaginó que alguien las usara en realidad. Y esta, vino tinto, era manga corta… y corta debajo, llegaba a los muslos, dejando ver unos brazos recios y velludos y unas buenas piernas peludas. Los pies, grandes, van en unas de esas tonterías que los gringos llamaban pantuflas y aquí cholas algo más ornamentadas (no como las suyas para salir de la ducha). Mostraba demasiado, se veía demasiado viril, tenía un no sabía qué de masculino que…

   -¿Eres o no eres ese Contreras? –el hombre pregunta, voz vibrante, profunda. Masculina, joder.

   -Yo… eh… sí, soy Jacinto Contreras, guardaespaldas de la casa Padrón, el señor Campos… -tartamudea, rojo de mejillas, totalmente en shock, costándole reaccionar, compaginando la vista del sujeto al que esperaba llevar a un lugar, con este vestido así, y el efecto que le producía. Enrojece más, no sabe si lo imagina en medio del pánico, pero cree que tiene el hueco del culo abierto como ansiosa boca con tan sólo escucharle hablar.

   -Bien, bien, pase… Hubo un cambio de planes. –le informa, alarmándole, necesitaba ese trabajo para comprar el traje de mierda.

   Pasa a su lado, porque este no se aparta de la puerta, sino que le espera, alza una mano y se la coloca en la baja espalda, el calor atravesando las capas de ropas, y al entrar esa mano, como al descuido fue bajando… ¿Imaginó el que le medio sobaba y palpaba la nalga izquierda? Más rojo de cachetes, recorre la sala con la mirada, esa sola habitación era tan grande como todo su apartamento, incluido su puesto de estacionamiento. Hay buenos muebles, cómodos, hay clase pero también funcionalidad, imagina que la contribución de la esposa, la hermosa catira que ve sonreír desde una fotografía en un esquinero, frente a un jarrón con hermosas rosas veteadas, de color precisamente rosa y blanco. Hay dos fotos enmarcadas de niños, hembra y varón, de miradas intensas, como el padre, de sonrisa ligera como la madre. Sintiéndole a sus espaldas, Jacinto intuye que ese abogado es de los que no sonríen mucho.

   -Siéntate. –le dice el hombre, señalándole un sofá, y le obedece, mirándole hacia arriba cuando este se detiene a su lado. Una figura sólida y autoritaria.

   -Pensé… pensé que necesitaba ir a una reunión con su familia y… -se atraganta un poco bajo la casi hipnótica mirada del otro.

   -Era el plan, pero… -se encoge de hombros.- No sentí deseos de ir. Mi familia salió a visitar a mis suegros, eso les compensará. Consienten a rabiar a los niños. –informa pero sin sonreír, y Jacinto se pregunta, y quiere preguntarle, por qué no le llamó para cancelar en lugar de hacerle ir allí.- ¿Eres muy amigo de Alex Campos? –la pregunta, algo seca, le desconcierta.

   -¿Del novio de la señori…? –interrumpe el nombre por el cual le conocen en la quinta.- No, no especialmente. Me ha tocado acompañarles de tarde en tarde, generalmente de noche, y muy tarde, pero nunca hemos… -toma aire.- Ando algo falto de efectivo… -se sonroja ante lo poco cierto de la afirmación, necesita plata, mucha.- …Y me dijo que tal vez podía conseguirme una asignación fuera de la quinta. Ya sabe, doctor, una entrada extra. –aclara mirándole a los ojos, no puede apartarlos. El otro no reacciona y se muere por saber qué piensa, por qué le mira así.

   El chico guapo y fortachón no mentía, se dice el hombre, ceño algo fruncido. En realidad había llamado al hijo de perra de Alexis Campos para recordarle una deuda, comentándole que necesitaba un guardaespaldas para una diligencia, ofreciéndose este a conseguirle a alguien. Le aclaró que no creyera que eso cancelaba la deuda por el caso donde le representó, por drogas, pero cuando le llamó el día anterior diciéndole que le tenía a alguien que le haría olvidar la deuda, desconfió. ¿Qué sabía ese tipo? ¿A quién le enviaba? ¿Sería un cómplice buscando enredarle? Por eso envió fuera a la familia, lo que no esperaba encontrarse al abrir la puerta era ese… esplendido manjar que se moría por saborear. Ese muchachote grande y joven que parecía turbado en su presencia, lo notó al tocarle. Pocos sabían que aunque casado, muy felizmente, de tarde en tarde se daba una escapada loca, a un lugar anónimo, a encontrarse con otro tipo igual, para juntos sacarse el gusto y continuar. ¿Lo sabría el hijo de perra de Campos? Tal vez; no era bueno para trabajar, ni para nada bueno en general, pero esos tipos tenían olfato. Y, ahora, allí tenía a ese muchachote que le miraba anhelante, temiendo que se le escapara la paga del día. Un chico sexy.

   -Bien, me alegra que hallas podido venir, y discúlpame por no llamarte y avisarte, pero ya que estas aquí… algo podemos arreglar. –le dice mirándole fijamente, voz cadenciosa y ronca, casi maravillándose al verle tragar, ojos muy abiertos y brillantes.

   Jacinto casi jadea cuando ese hombre, después de decir aquello, cae a su lado en el sofá, tan cerca que casi le tiene un tanto encima, sintiendo ese cuerpo sólido, pesado y caliente, la colonia para después del afeitado, la bata separándose, apenas cubriéndole los genitales con una manga, dejando al descubierto el lado derecho de su pelvis, velluda… No llevaba ropa interior.

CONTINÚA … 30

Julio César.

2 comentarios to “EL PEPAZO… 29”

  1. jrvaquero00 Says:

    Ahora un nuevo amante se lo cogera

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