DONALD TRUMP, EL GRAN JEFE…

ATENTADO, CLINTON, KEIKO, CARIACO Y FUTBOL

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   Desde el “No” en Colombia, nada había sido tan sorpresivo.

    Aunque ya desde la semana pasada se veía un panorama complicado, no sólo un empate técnico entre los candidatos demócrata y republicano, sino que por momentos el señor Donald Trump, con todas sus carencias y particularidades, superaba a la señora Hillary Clinton, demostrando que no era una burbuja que estallaría, ni sería dejado atrás por un electorado sensato (a esas alturas ya debía haber ocurrido), la verdad es que no me esperaba este resultado. Y creo que muy poca gente en verdad, aunque ahora, en vista de lo ocurrido, no faltan los analistas que comienzan con el: “era evidente si veías que…”. Realmente esperaba que ganara ella, tal vez no arrasando, pero si en los llamados colegios electorales. Y si bien parece que ganó el conteo voto a voto, perdió esos dichosos colegios.

   Obviamente el descontento en la América profunda contra sus líderes, demócratas y republicanos, jugó duro contra el sistema. Necesitaban de un designado para, o castigar al sistema (y a ellos mismos), o urgidos de buscar a Dios por otros rincones se arrojaron en brazos de un charlatán que les prometía el sueño de gloria de la Biblia y el Corán… aunque este parece odiar por lo menos una de las creencias. Que en Venezuela ocurriera lo que pasó en la Italia de los años veinte del siglo pasado, y lo de Alemania en los treinta, casi podría justificarse diciendo que pasó hace demasiado, ¿pero qué ocurra en Estados Unidos, la gente dándole una patada a la lámpara después de ver la manera en la que se hunde Venezuela en una autocracia con pretensiones democráticas constitucionalistas? No lo entiendo, y supongo que ellos no lo ven así, nadie aprende en cabeza ajena, cada pueblo cree que inventa el hilo negro. Es obvio, aún más todavía, que las cancillerías del mundo, incluida la norteamericana, no sirven para un carajo, que del señor Shapiro para acá, que han tratado con la bestia en Caracas hace tiempo, fueran incapaces de alertar a su gobierno sobre lo que ocurría cuando la gente se sentía traicionada una y otra vez por unos dirigentes a quienes elegía para que hicieran lo mejor, demuestra que están de puros adornos.

   ¿Tan mal están los norteamericanos comparados con otros pueblos que se embarcan en experimentos extraños? Es posible que no en lo económico, pero si en esos valores que siempre han esgrimido, desde el sueño americano, que ya no llega a todos (ciudades prácticamente arruinadas por falta de empresas que se llevaron al exterior para abaratar costos, sosteniendo regímenes horribles que les brindaban facilidades), al fin de “la tierra de oportunidades”, comenzando por la de ellos. Deben haber sentido que perdieron demasiado en todos estos años cuando prestaron oídos a una prédica tan infame, aunque envuelta en una voluntad implacable, eso hay que reconocerlo. El señor Trump, visto como un loco o un payaso por el mundo político, aún el republicano, logró capar a estos e imponerse al resto, continuando con su carrera presidencial amenazando con violencia si le sacaban en la convención, mientras insultaba a las mujeres, decía que no besaba viejitas, no cargaba niños, que le desagradaban los mexicanos en particular y los latinos en general, y que quiere fuera los musulmanes. A pesar de todo ese rosario de cruces, el hombre se impuso, ¿qué pasó? La frustración, la indignación de ya no ser lo que eran, de no tener lo que poseían, pudo haber terminado haciendo mella en el corazón de mucha gente fuera de los grandes centros, sintiendo, como pensaron los italianos en los veinte de siglo pasado, los alemanes en los treinta y la Venezuela de finales de siglo pasado que hacía falta “una mano dura que ponga orden”. Porque tal sentimiento alcanzaría no sólo a los blancos blancos, sino a una amplia gama de personas dentro de la sociedad democrática, cuando a los sinsabores comienzan a buscarle las causas por fuera, que la culpa es de estos y de aquellos.

   Y no son tantos sus palabras lo que tanto inquietud de Donald Trump, las banderas que enarboló son las del atraso, las de una realidad superada que casi tiene su vitrina en el Ku Klux Klan; desde el aislacionismo a olvidar convenientemente el grado de responsabilidad que tiene una potencia como Estados Unidos en tantos desastres en el continente que obligaron y obligan a tantos a dejar sus tierras y buscar un destino más seguro. Así como Europa grita que no quiere a los balseros después de crear con el colonialismo las razones que los empujaron a eso, hombres como Donald Trump sienten que ninguna responsabilidad tienen en las políticas de la compañías bananeras o las guerras que inició con movimientos redencioncitas en los variados pueblos, que fueron infectados de la más sádica violencia en su juego con la ex Unión Soviética a través de Cuba, que tanta violencia y muertes causó, especialmente en Centroamérica, origen de tantas mafias y carteles delictivos.

   Sin embargo, y visto los resultados, repito algo que ya exprese antes (¿CLINTON? ¿TRUMP?, LOS SIMPSON SE PREOCUPAN), es posible que la tendencia a gritar e insultar, a decir disparates, sea tan solo un rasgo de personalidad que no anula al señor Trump como ser pensante, o responsable; y como expresé también, ya antes me había equivocado en apreciaciones parecidas cuando en el Perú ganara Ollanta Humala y todos daban por sentado que cerraría el cerco alrededor de las débiles democracias sudamericanas para continuar el siniestro plan de los forajidos del foro de Sao Paulo (casi todos investigados por ladrones ahora). Con el señor Humala me equivoqué, no dejó que sus sentimientos o su manera personal de ver el mundo le obligaran a llevar al Perú por senderos peligrosos. Esperemos que con el señor Trump sea igual, pero que si en verdad está tan desequilibrado como parece, que las instituciones funcionen, porque un Estados Unidos montado en un plan autocrático mesiánico, a la venezolana con Hugo Rafael Chávez Frías, es un peligro real, porque lo que aquí eran tonterías (derrotar al imperio), allá si puede causar problemas serios.

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   ¿Qué ganara en La Florida?, mejor ni pensemos en eso, y para colmo, de vista a este pobre país mal gobernador, ya que repiten los senadores republicanos que tienen al régimen entre ceja y ceja. Por mi parte, y aunque no quiero, sigo viendo al señor Trump así:

   Por cierto, quedó muy feo que la señora Hillary Clinton no se presentara frente a sus seguidores esa noche para agradecer la batalla dada. Aunque se entiende, debió ser un shock terrible, perder frente a ese sujeto, arrastrando consigo a buena parte del partido demócrata, que queda en minoría en el Congreso. Mala noche para los demócratas.

Julio César.

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