SAM, DEAN Y LA PESADILLA AMERICANA; 04×12

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Acaban con el encanto.

   Me encantó una barbaridad este cuarto episodio de la doceava temporada de Supernatural, donde el “enemigo” no era algo desconocido, pero que fue gratamente novedoso. Cosa que nos lleva a las intro; está bien cuando enlazan cosas que les pasan a los hermanos, entre ellos y con otros, como con Mary dejando la baticueva, pero no es tan bueno cuando aparece un fantasma soltando ectoplasma dominando a alguien, como ocurrió la semana pasada, o se habla de los síquicos, como en esta. Toda la sorpresa que quieren montar se acaba porque ya se sabe de qué va el problema. Fue este, uno de esos capítulos que comienza como una cosa y terminó como otra, siempre con ese torcido giro de la trama. Una idea romántica, esa de escapar a un modo de vida más sencilla que termina en una verdadera pesadilla.

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   La mujer caminado en medio de una vacía iglesia (una velada llamada de atención a la fe de tantos), demostrándose lo poco motivados que están los católicos en tantas partes de asistir al templo, cae de manera ruidosa, bajo la acción de látigos que nadie ve, sangrando mucho, por manos y pies, la espalda lacerada y la frente donde se marcaron unos puntos. Los estigmas, una de las manifestaciones más inquietantes de la religiosidad (no me importaría ver el agua convertida en vino, pero esto…). Quedó muy bien, después de venir de dos entradas poco satisfactorias. Lo que más me gustó fue el enfrentamiento final entre los implicados, en el cual los hermanos poco tuvieron que ver, también dos ligeros comentarios de Dean a Sam, que fueron bien graciosos.

   Sam y Dean, padeciendo ambos por la tensión que la marcha de Mary causó, no pueden hablarlo porque el mayor se tranza en no pasa nada y si ella no los quiere, él no la buscará. Así parten a investigar el caso, notándose el malhumor de Dean en lo referente a todos, desde el cura al forense. Buscando en el trabajo de la mujer encuentran a una colega que hereda su oficina y su cargo, tachándola Dean inmediatamente de ser la responsable, por bujería, aunque no hay evidencia de bolsas de maleficios. Cuando cae otra víctima, un joven, Sam cree que se trata de otra cosa, y disputan. Y aquí hay que intercalar algo, en pasadas temporadas, antes de que alguien muriera, le construían una historia y si el personaje era grato uno casi lamentaba su muerte, o le gustaba. Siempre recuerdo el inicio de la quinta temporada cuando ataca Hambre, el Jinete, y está esa agradable pareja que salía por primera vez el día de los enamorados asesinándose a besos y mordiscos, casi lo lamenté. Como disfruté cuando el chico con la máscara de conejo mataba al sujeto ese en aquella sala, qué tipo. Aquí no, aparece el joven, siente algo y muere. No sabemos quién era, qué hacía, no significó nada. Debieron trabajarlo, presentar algún detalle que nos obligara a pensar, ah, caramba, lo van a matar, qué malo. Están como demasiado rasantes, pasan muy por encimita en muchas cosas. Por suerte, el nudo central, lo trataron mejor.

   Buscando entre los casos de la primera mujer que cae, encuentran que existió una tragedia en uno de ellos, una familia que se aplica al cristianismo basado en el Viejo Testamento, tan a pie de la letra que no llevaron a la hija a un hospital cuando enferma, dejando que se cumpliera “la voluntad de Dios”, y murió.

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   Estando allí, los hermanos se disfrazan por tercera vez, algo que extrañábamos del programa, ahora casi siempre son agentes del FBI. En este aparecen primero como sacerdotes…

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   …Y ahora como trabajadores sociales. Es cuando ese motorizado cruza y sabemos que los Hombres de Letras ingleses andan por ahí.

   Dean conversa con el padre y el hermano de la muerta, quien le habla de un mundo que les roba el tiempo y la felicidad de estar con la familia. Lo dijo de manera grata y uno casi podía simpatizar con ellos, como hizo Dean mientras les ayudaba a colocar una rueda en una carreta (y ya los personajes estaban bien construidos e importaban). Hablando la madre, usando un lenguaje parecido, retratando a una familia horrible donde el padre bebía mucho y al que no veían, la hija se encerraba en su mundo, el hijo igual, y la madre era la peor de todos, adicta a calmantes, y que encontrándose mal escuchó una voz que los guió hacia esa vida, Sam, sin embargo, supo ver en ella fanatismo y locura, tanto que la enfrenta al hecho de que su hija murió no por la voluntad de Dios, sino por ella. Acusación que los arroja fuera de la granja.

   Así salen, discutiendo sobre la elección de vida de esa gente, Dean convencido de que la compañera de trabajo de la difunta es una bruja y que se encargará de ella, Sam convencido de que hay un fantasma furioso en esa propiedad. Se separan cada uno para ver qué hacen. Dean encara a la mujer que trabaja hasta tarde, y que le confiesa que odia ese cargo, que nadie lo quiere, es sólo más trabajo por muy poco dinero extra. Y me recordó lo que digo siempre en la oficina, que sólo un loco querría ser coordinador de gente como la que allí trabaja, que cada quien actúa como le da la gana, odian se reprendidos y lo hacen todo tan mal. Oyéndola, Dean, con cara de chasco, guarda el arma que pensaba usar contra ella.

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   En cuanto los hermanos salen, y desde que la mujer, la madre, sabe de una segunda víctima, algo sospechábamos (y sabíamos, en la intro arruinaron la sorpresa), tiene a la hija encerrada porque manifiesta poderes síquicos, prácticamente encadenada, auto flagelándose por creer que algo diabólico la posee. Es esa vieja mirada a la religión, la que a veces la convierte en algo horrible, las flagelaciones, el castigo corporal, sacar al demonio con dolor, creerse obrar por un bien mayor aunque se estén cometiendo locuras y maldades. Es lo tocante al Viejo Testamento. Generalmente los intolerantes religiosos, tratándose del cristianismo en cualquiera de sus ramas, se afincan en esa parte, obviando el Nuevo Testamento y las enseñanzas de tolerancia, paz y amor de Jesús. Nadie se vuelve loco queriendo ser más bueno que todos los demás (aunque los hay, siendo bueno que existan). Claro, ser bueno, perdonar y tolerar no es tan divertido como sacar confesiones a gritos, o soñar con ver a los demás quemarse en lagos de fuego, me imagino.

   Bien, no sería Supernatural si a Sam no le atrapan y le atan. La mujer le dice al marido que otros irán, que deben partir (y me sorprendió lo que planeaba), mientras el menor entiende cómo la joven mató a los otros, intentando llegar a ellos para que la ayudaran, e intenta explicarle que no es un fenómeno, no es un monstruo, que tiene un poder que debe aprender a controlar.

   Llega el gran drama de la cena, el padre de familia muere envenenado, es la salida que la mujer encuentra para escapar de quienes irán por ellos, partir al otro mundo como familia, casi obligando al hijo a suicidarse (en este caso sería asesinato), y ocurre esa magnífica escena.

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   La mujer es detenida como homicida y se va gritando que la muchacha está poseída. Sam le aconseja que olvide y siga, que vaya con otros familiares y aprenda a controlar lo que sabe puede hacer. Fue un gran episodio para Jared Padalecki. ¿No fue divertida la cara de Sam cuando Dean le dice a la joven que lo mejor para las familias a veces era apartarse un poco, darse espacio? Viéndola tan dulcita, casi mimosa con Sam, una idea cruzo mi mente: Lucifer va a poseerla. ¡Lucifer será mujer! Era una síquica, como lo era Sam, ¿acaso ella fue otra de las niñas tocadas por Azazel? No parecía el caso, pero… Y aunque no lo fuera, era poderosa. Ya imaginaba a Lucifer dentro de ella, enfrentando otra vez a Sam…

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   Pero no, es asesinada por el despreciable sicópata de los Hombres de Letras ingleses, el cual dice que ha solucionado otro de los problemas que los Winchester habían dejado. Personalmente me molestó mucho. Odio a esos malditos, y eso que la temporada pasada quería que me agradara la tal Toni. Y todavía no le vemos la cara al sujeto, ¿se acercará ladinamente uno de los hermanos, o a Mary? Podría ser.

   Bien, fuera del detalle tonto de Dean cruzando a duras penas una valla siendo un cazador intrépido como es, y Sam pasando a un lado, quedó bien todo el episodio, me reí una barbaridad con el mayor gritándole a Sam que no tenía la culpa de su vejiga pequeña. Me agradó también el comentario de este a Sam después de hablar con Castiel, quien nada ha escuchado en radio ángel, descartando que el Cielo tenga algo que ver con los estigmas, hablándole de que está con Crowley cazando a Lucifer: “Un ángel y un demonio, juntos combatiendo el crimen”. Esa imagen es tan absurdamente buena esta semana como lo fue la anterior. Lo otro es cuando la trabajadora social de la cual Dean sospechaba, le llama para decirle algo, y luego le cuenta a Sam que lo buscó para darle su número, pero ya lo imaginábamos, ¿verdad? Se vio tan gracioso eso de que pensaba dispararle y ahora ella quiere una cita. Por otro lado, está demostrado que en Supernatural los monstruos más peligrosos y perturbados son las personas, la gente normal (bueno, no normal), desde aquella familia que cazaba gente para divertirse, al hombre que tenía a los hijos encerrados tras los muros de su casucha. Esta mujer estaba realmente enferma, y asustaba.

   Bien, ¿y ahora?

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

Julio César.

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