EL PEPAZO… 31

EL PEPAZO                         … 30

De K.

sexy-man

   Nacido para ser adorado…

……

   La pieza de carne cobriza, algo oscura, se levanta contra le peluda pelvis, endurece, crece, el glande se va despejado, más abajo colgaban dos bolas grandes, peludas. Esa era una verga que quería… algo. No puede apartar los ojos, en serio, aunque lo intenta. No desea que le tomen por un marica, pero… La garganta se le seca. Finalmente alza los ojos, muy abiertos, brillantes como estrellas, pómulos rojizos de vergüenza, mirando al macho que le estudia con calma.

   -Amigo, creo que debería… -intenta alejarse, mentalmente, porque parece como clavado a ese lugar, intensamente pegado al costado de ese hombre caliente. Su echo sube y baja con esfuerzo. Y jadea, sin fuerzas, cuando ese carajo alza un dedo bronceado, posándolo en sus labios, silenciándole, siseándole al rostro para que calle, bañándole con su aliento.

   -Calma… y dime doctor… -puntualiza, y el título le hace recordar intensamente a Gabriel, el urólogo. Y sabe que tiene el culo mojado, que esa cosa caliente y oleosa le baja mientras su esfínter sufre espasmos al tiempo que lleva nuevamente la mirada a esa barra que engorda, se llena, las venas hinchándose con esa sangre caliente que parece quemar los culos cuando se mete en ellos. Ese dedo le recorre los labios.

   -Doctor, no creo… que… -tembloroso, aferrándose a su masculinidad, o lo que queda de ella, le suplica con la mirada que se aleje, que no lo toque, que no lo provoque porque no puede escapar. Pero no sería ese hombre un hombre de verdad si no lo entendiera… y no lo aprovechara.

   -Hey, no hay culpa; no hay mal en dejar salir las ganas de vez en cuando.

   -No soy gay. –lloriquea, casi rogándole que le creyera.

   -Técnicamente, yo tampoco. Me gusta mi mujer, y las mujeres; pensar en un coñito apretado bajo unas pantaleticas… -menea la cabeza, frotándole los labios, el güevo totalmente erecto, potente, latiendo, atrayendo la mirada fascinada del muchacho.- Dime, ¿te gusta la ropa interior atrevida? Dios, imaginar a un chico lindo con tu cuerpo con una tanga pequeña… Y tu boca…

   Presiona el dedo y separa esos labios. Jacinto tiembla más, apartando los ojos de ese tolete duro, largo, nervudo, grueso; recordando su culo, con espasmos, lo vivido cuando Gabriel le folló en su consulta médica. Se  miran a los ojos, el joven fornido parpadeando, ese dedo dentro de su boca, que cierra, los labios sobre él, la lengua sale a su encuentro, reconociendo el placer en los ojos del otro, mojándosele más el culo al saber que excita de tal manera al otro macho.

   -No pienses tanto, sólo deja… -encoge un hombro, metiendo y sacándole el dedo de la boca.- …Que todo tome su curso. Al cuerpo lo que te pida.

   Ojos muy abiertos, Jacinto se dice que era fácil para el otro decirlo, aunque… tal vez habría resultado más convincente si no cerrara los labios como hacía, ahuecando las mejillas, chupando del dedo. Con la otra, el sujeto recorre, con los largos dedos bronceados, el dorso de su mano, provocándole escalofríos; dos de esos dedos se cierran sobre el índice suyo, alzándole, llevándole hacia la pulsante pieza que late contra el velludo y plano abdomen. Quiere resistirse… pero no puede. Y las puntas de sus dedos rozan la mole de carne del macho, aquella que clavaba en orificios hasta que hacía gritar a la gente bajo su sacadas y metidas… como podría serlo su culo.

   -Tócala… -no es rudo, pero ordena, casi rozándole los labios con los suyos.

   Y la mano más blanca del forzudo joven se abre; palma y dedos caen sobre la mole apretándola, quemándole, estremeciéndole. ¡Estaba agarrándole el güevo a otro hombre!, y eso le provoca tales escalofríos y calorones que siente que se ahoga. Aprieta fuerte, notando la dureza, el calor, también los latidos contra su puño. Y sube y baja, lentamente, vacilante al meterse por caminos nuevos… y culebreros. Los rojizos labios le tiemblan de emoción cuando aparta los ojos de la mirada casi hipnótica del otro, para ver su mano sobre ese tolete duro. Dios, qué bien se sentía hacerle la paja a ese carajo, reconoce casi corriéndose dentro de los pantalones.

   -Hummm, si, así… -le ronronea el otro, voz ronca, baja, preñada de placer, como tiene que ser al ser manoseado por un carajo joven y bonito que se declaraba no gay, explayándose más, abriendo las piernas, rozándole.

   Jacinto, respirando pesadamente, mejillas rojo ladrillo, ojos brillantes y extraviados, sólo puede mirar ese güevo que masturba, su puño arriba y abajo, mucha mole escapando por arriba y por abajo. Era un tolete perfecto para llenar un ansioso agujero, llegando hasta la próstata, pensaba medio lelo, luchando contras las imágenes que ya dominaban su mente. La mano tras su nuca le sorprende y mira al sujeto cuando este le hala y le cubre la boca con la suya, de manera autoritaria, firme, deseando besarle y haciéndolo. Gime contra esa boca cuando la reptante lengua le penetra, tanteándole, lamiéndole. Era la segunda vez que besaba a un carajo y tiene que reconocer que sentir esa lengua contra la suya, el cómo intenta atrapársela y halársela, le tienen temblando, babeando contra sus ropas. Son besos chupados, salivosos, casi obscenos, y a Jacinto le parece que no puede obtener suficiente, mientras siente como la mano se le moja por los jugos que escapan de aquella verga caliente. Es cuando siente la presión… Las boca se separan, los labios están entre abiertos, los de ambos, rojos y húmedos, mientras el abogado le empuja y empuja.

   -¿Qué… qué hace? –jadea, cohibido.

   -Tómalo… aliméntate de él. –le dice, empujándole, obligándole a doblar el cuerpo, dirigiéndole implacablemente contra la mole atrapada en su mano. ¡Quería que le mamara el güevo!

CONTINÚA … 32

Julio César.

4 comentarios to “EL PEPAZO… 31”

  1. jrvaquero00 Says:

    Segunda verga q va a entrar en el culo del hetero … 😨

  2. Alejandro Says:

    Uuuyy, esta cogida que le van a dar a al tonto Jacinto va a estar de antología, y aún le falta Linares, ese lo va a dejar renco jejeje

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