SÉ MI AMIGO, JEN… 12

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 11

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Por un segundo de confusión todo parece congelarse, sólo están allí, prácticamente abrazados, las manso de Jensen en el torso der Jared, una de ellas sobre su corazón, que bombea con fuerza, la mano de este en la baja espalda del pecoso, caliente y grande. Sus cuerpo muy unidos…

   -¿Qué diablos haces? –pregunta este, rojo de cara, sonriendo, intentando disimular su turbación.- No hice una invitación a cenar con promesa de postre. Y menos ante de la cena misma. –bromea. Pero hay cierta intensidad en los ojos de Jared que le roba el aliento.

   -Deberías agradecer mis manos agiles, ibas a quemarte el culo. –y como para remarcar el asunto, con la mano en la baja espalda, le hala un poco, sus cuerpos uniéndose más.- ¿Seguro que eres apto para trabajar cerca del fuego? –quiere disimular también, pero no le suelta. No puede, las manos de Jensen sobre su torso le tienen como idiotizado.

   -Me alegra ver que mi culo te preocupa. –dice a la ligera, porque en verdad no puede pensar con claridad. Mira que Jared era alto, y fuerte; y con esa maldita colonia que embriagaba, era peligroso.- Digo… -enrojece feo. Jared le suelta, muy reaciamente.

   -Todo me preocupa, Jen, ya deberías saberlo, por eso soy un príncipe de Manhattan. –da un paso atrás.- Lamento haberte sobresaltado con mis preguntas, pero en serio, casi te quemas.

   -Porque estabas muy cerca de… -comienza, acalorado, pero deja salir el aire y sonríe medio chulo.- Gracias por impedir que se me quemara el culo, Jared. Eres un príncipe.

   -Eso está mejor. –sonríe el otro, muy rojo, silenciado un “seguro ya lo tienes ardiente”, esa broma podría parecer…

   -Mira, no hay espacio aquí, tal vez deberías esperarme viendo el juego. –toma la cerveza de su mano, y bebe como si le hiciera falta.

   -¿Y dejarte sólo a merced de los terrible peligros que corres cerca de las hornillas? No lo creo. –despeja uno de los muros de división, sentándose allí, todo pancho.- Cocina, muero de hambre.

   -Eres un idiota. –Jensen no sabe cómo preparará lo que hace con Jared allí, mirándole con ese extraño brillo en los ojos multicolores. A sus espaldas. Voltea todo sobre la plancha, consiente del otro, casi dejando caer una de las tortillas de carne, las cuales le tienen salivando lo mismo que al castaño por el increíble aroma. Todos esos condimentos que sus vecinos, en Texas, le recomendaban le habían dado un sello distintivo a su cocina.

   -¿Quién es Michael? –pregunta Jared, bebiendo y mirándole. Le ve tensarse, pero no sorprenderse.

   -Michael Weatherly es… un amigo; un conocido. Me había asociado con él en lo de los restoranes y cuando el desastre llegó… –le informa, mirándole, encogiéndose de hombros.- …Se molestó. Mucho. Quiere su dinero. –es todo lo que dirá, no relatará las dos peleas a golpes cuando el otro le exigió que le regresara su dinero, acusándole de engañarlo, estafarlo. De robarlo. De ser un ladrón inútil. La verdad es que Michael había sido un sujeto agradable al que conoció en su trabajo anterior, con algo de capital y sueños de independizarse, arriesgándose a lo del restorán, aunque, y era cierto, se había opuesto desde el principio al lugar que le parecía “marginal”. De cierta manera, casi entendía su rabia. Le estaba demandando. Pero las ruedas de la ley le parecía giraban demasiado lentas y quería sacarle la plata de una herida en la cabeza.

   -¿Es todo? ¿Discutieron y ya? Cuando abriste la puerta sin saber que era yo, casi parecías dispuesto a matar a alguien. –duda, no quiere presionar, pero quiere saber.

   -Bien, para serte sincero, no te esperaba pero estaba pensando en ti, por eso mi cara homicida. –sonríe intentando aligerar el ambiente, pero esta vacila ante la mirada intensa del otro.

   -Es difícil que le cuestes a alguien lo que sientes, piensas o temes, ¿eh?

   -Jared… -se incomoda. El otro hace una mueca.

   -Está bien, señor discreto y silencioso.

   -Hey, no pasa nada. –se defiende y vuelve a lo que hace, separa panes, clocándolos cerca de la plancha, sacando huevos de la nevera (inclinándose y atrayendo la mirada de Jared, a ese trasero y la franja de piel que cada vez le parecía más… qué, ¿erótica?).- Desavenencias entre la gente, no es difícil de entender. Te peleas con un multimillonario por engañar a su hija; por centavos en un mal negocio me enfrento a un viejo conocido.

   -Oye, no engañé a ninguna mujer. –se pica, y entrecierra los ojos cuando Jensen vuelve el rostro sobre un hombro, sonriendo pícaro.

   -Ni yo estafé a un conocido, y mira dónde estamos. –vuelve la vista a la plancha, los huevos chisporrean, el tocino y el queso sobre la carne en seguida llenan, no la cocina, todo el apartamento del apetitoso aroma.- Somos víctimas de las circunstancia. Al menos yo. –le aclara, quitándose el reloj y colocándolo en un mesón, comenzando a llenar las hamburguesas, el olor es todavía mejor. A Jared le gruñe ruidosamente la panza, seguramente el otro no lo notaba porque le sonaba igual, pero sus ojos están clavados en ese reloj.

   -¿Y Leslie? –pregunta al fin, extrañándole cuánto le cuesta pronunciar el nombre. O le disgusta. Le ve bajar la mirada un segundo.

   -No estamos juntos por ahora. –parece no desear hablar. Y Jared se muerde la lengua para no preguntar si también ella salió corriendo cuando todo se derrumbó a su alrededor, pero intuye que al otro no le gustaría escucharlo.- No quise… arrastrarla a esto.

   -Si en verdad te quiere… -y nuevamente le cuesta. Y molesta. Imagina al rubio, todo sonreído vistiendo un jeans viejo, una franela, como está ahora, caminando por una calle soleada, tomado de la mano de una bonita rubia de tetas grandes, con cara de hija de granjeros. Ambos mirándose como idiotas, él deseando besarla en todo  momento. Dios, siento nauseas, se dice con sorpresa.

   -Me quiere, por eso me costó dejarla fuera de este lugar. No estaría tranquilo al salir y dejarla aquí. –responde el rubio algo a la defensiva. Luego toma una gran bandeja, sirviendo dos platos grandes, con sendas hamburguesas, dos en cada uno, humeantes.- La cena está lista, querido. –le sonríe con chulería y va hacia el sofá.

   -Era hora, amor, debes alimentar a tu hombre a su tiempo. –replica este, bajando del muro.

   Mirando la cerveza semi vacía en sus manos, Jared se pregunta por qué le gusta tanto ese juego idiota de intercambiar palabras. La termina y saca otras dos de la nevera. Quedaban apenas cuatro. Seguro era todo el alcohol presente en el apartamento. ¡Qué manera de vivir tan horrible la de Jensen! Va con ellas hacia la salita, o ese mueble frente al televisor donde sigue sintonizado el juego. Le ve dejarlo todo en la mesita.

   -¿Y la quieres mucho?

   -¿A quién? –Jensen pregunta distraído, ¿habría olvidado la pimienta en la salsa?

   -¡A Michael! –rueda los ojos con exasperación.- Hablo de Leslie, tonto. –y en cuanto lo dice, notando como desaparece la confusión en el bonito rostro (joder, si, Jensen era bonito), y aparece una sonrisa dulce, el brillo en la mirada, la bilis le sube a la garganta.

   -Claro que la quiero mucho. Mira… siéntate en el sofá, es estrecho y de dos plazas, pero no confío en esos sillones. Están algo viejos. Y se ven peligrosos.

   -Y como manchados. Parece semen y otros fluidos. –gruñe el castaño, algo ceñudo, hasta caer en el mueble que se hunde alarmantemente bajo su peso, pero llegándole nuevamente el olor de la comida que lo compensa.- ¿Los trajiste de tu otra casa o ya estaban aquí?

   -Ja ja ja, Dios, eres tan gracioso como una mancha en una radiografía de pulmón. Sírvete. –y parte por la ensalada.

   Jared le espera, dejando una cerveza frente a cada plato sobre la vieja mesita, lanzándole una mirada inquieta al bol de ensalada que el otro trae; y en cuanto Jensen cae a su lado, hundiendo más el mueble, se pregunta si realmente podrá comer teniéndole tan cerca. El firme muslo musculoso, que dilata la tela del jeans, muy cerca del suyo. Este se estira hacia adelante, toma un plato, también ensalada, dejándolo en sus piernas y atacando la primera hamburguesa. Imitándole, no aún con la ensalada, el castaño toma el caliente emparedado, clavándole los dientes, cortando pan, carne, tocino, huevos, tomates, cebollas, lechuga y papas, y lo mezcla contra su lengua; después de más de medio día de pasar hambre, le parece la cosa más sabrosa del mundo. O tal vez Jensen si era bueno cocinando. Mastica y se le escapa un gemido de gusto, uno que es respondido por otro de Jensen, a su lado.

   Devoran con igual apetito las cuatro hamburguesas, mientras toman cervezas, miran el juego y el rubio también traga ensalada. Y, aunque rueda los ojos, masticando, Jared acepta que su plato lleve ensalada, una que atrapa con el tenedor, encontrándola deliciosa contra su lengua ya estimulada por la carne caliente.

   -Está buea… -farfulla mordiendo, provocando una risita de Jensen, quien ríe.- ¿Ué?

   -Te chorreaste, pareces un niño. –ríe, con unas arruguitas en los ojos que el otro no había notado. Estirándose, toma una servilleta y le limpia un lado del mentón. Es tan natural y espontaneo, que por un instante parecen no notarlo. Hasta que Jared, ojos oscuros, le atrapa la mano.

   -¿Qué me haces, Jensen?

……

michael-weatherly

   Michael Weatherly, el gran Tony DiNozzo, se le extrañará horrores en NCIS, dicen que ya tiene un nuevo programa, ojalá le vaya bien. Era tan increíble en este personaje que uno casi perdona los rumores de que trató a Jensen Ackles horrible en aquella serie que mereció mejor suerte, Dark Angel. Era lógico que se sintiera un tanto amenazado en su Logan, por el Alec del pecoso.

CONTINÚA…

Julio César.

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