Archive for 31 diciembre 2016

FELIZ Y VENTUROSO AÑO NUEVO 2017

diciembre 31, 2016

PREPARANDONOS PARA LO QUE VIENE

   La gaita, la reina indiscutible de la temporada…

   Aunque será un atípico fin de año en “la casa”, comeremos, beberemos, reiremos y escucharemos música, sin ánimos para bailar, claros. Será algo privado, vecinos, amigos y conocidos los saben; siempre con un ojo en el reloj esperando la medía noche, cuando el año 2016 se acabe y comience el nuevo, no sólo con sus esperanzas, sino como confirmación de que termina este annus horribilis. Que el siguiente sea mejor, o peor, para el país ya lo resolveremos, posiblemente con ayuda de amigos, pero en lo personal cada quien tendrá que ver qué hace para alcanzar su pedacito de paraíso bajo este sol tropical. Exactamente como tendrá, y procura, la gran mayoría de los habitantes de este viejo, basto y disímil mundo. En el fondo, todos queremos pasarla lo  mejor posible. Cuesta entender por qué nos resulta tan difícil.

   Tengo un hermano que ama la música, como que canta y todo, y se encargará de que esta noche escuchemos de todo, porque todo le gusta; pero en especial se sentirá esto, parrandas y gaitas, música muy estacionaria, que después de Año Nuevo ya no se escucha tango como en estos momentos.

   Por tradición seguíamos un especial de Fin de Año de una estación de radio local, cerrada por el Gobierno cuando arremetió de frente contra la libertad de expresión e información acallando toda voz discordante, Radio Bonita; hemos buscado algún sustituto pero ninguna es tan buena como era aquella, aunque, a través de la radio, media hora antes de la media noche, contaremos los minutos que faltan, momento cuando no faltará la Billo´s…

   Y la que ya señala la llegada del Año Nuevo, la tradicional…

   Y después del himno nacional, todavía entre abrazos, escucharemos…

   Para cuando terminé esa canción, y hayamos abrazado y besado a todo el mundo presente (extrañando horriblemente el “Feliz Año, mi muchacho”, de papá), y en tiempos pasados nos habríamos deleitado viendo los fuegos artificiales iluminando los cielos de Guatire, La Rosa y Araria, como no ocurre ahora, ya estaremos viviendo los primeros minutos del 2017.

   Sin embargo, después de todas esas emociones, cada uno una copa en la mano, como familia, sin tantos amigos esta vez, por la ocasión, brindaremos por estar aún reunidos allí, y pediremos por salud y un tiempo mejor. Un brindis por el año que se fue, con sus cosas malas, pero también las buenas, un brindis por lo que el futuro nos traiga, a todos. Un brindis por toda la gente que amamos, esperando que lazos de paz y unión con sus familias los haga felices.

   Un brindis por todos.

   Feliz y prospero año nuevo 2017 para todos nosotros. Estemos donde estemos, hagamos lo que hagamos, que sea para sentirnos bien, dichosos. A parrandear, a reír, a gritar y cantar, a regalar abrazos, que esos no se acaban y a todo el mundo les gustan. A amar. Un abrazo, desde Caracas, a todos.

5 DE FEBRERO, UN DÍA FELIZ

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 43

diciembre 30, 2016

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 42

hot-black-man

   -Sé lo que quieres, princesito; ven, tómalo…

……

   Aunque la tiene dura dentro de la pantaleta (no puede negarlo), y que la boca se le seca y luego se llena de saliva recordando lo vivido en aquella tarde de locura cuando mamó güevo y se dejó encular, casi rogando por ello, Quintín Requena vacila, de pie cerca de la puerta, resistiéndose a la mirada demandante de aquel carajo al que lleva tres años conociendo, un socio de trabajo, otro taxista de la línea, como él, que ahora le demandaba atenciones sexuales, mostrándole ese increíblemente largo y grueso tolete oscuro, cabezón, surcado de venas que parece latir en espera de que se acerque y lo toque. O lo trague. O que se lo meta por el culo, llenándoselo todo. Se resiste por… principios. Sí, eso era. Está bien, lo había hecho. Mamó güevo y dejó que se lo metiera por el culo virgen y peludo, gustándole tanto que, cuan puta, le suplicó sobre aquella capota, al lado del marica aquel vestido de mujer, que lo cogiera otra vez, pero… Joder, no era ningún marica. Aquello había sido una locura del momento. Si cedía…

   -Vamos, cabrón, mi güevo te espera. Mueve ese culo urgido de macho. –trona, impaciente, Yamal Cova, mirándole, tasándole. ¿Adivinando su lucha interna? ¿Le costaría entregar su hombría, o lo que le quedaba después de que lo cogiera tan duro aquella tarde? ¿Se aferraría a lo que ya no era mientras estaba duro dentro de una pantaletica de puta, la telita casi toda metida entre sus nalgas redondas y peludas?

   -Yamal… -comienza, erizándose, suplicándole con el tono, los ojos sobre el güevo, uno que el otro agita. ¡Era tan grande como el mismo taxista, por Dios! Y este era tan viril, tan masculino.

   -Deja de atormentarte y ven aquí, princesa. –Yamal sonríe socarrón.- No me hagas ir o te montaré sobre mis piernas y azotaré tu trasero tan fuerte que tus gritos atraerán a los bomberos, a la policía y a la guardia nacional. Y entonces sí que tendrás trabajo. -¿juega, amenaza?

   Rojo como un tomate, Quintín se acerca al otro, con la respiración muy pesada, la piel ardiéndole de vergüenza, humillación… y un poco de excitación.

   -Yo no…

   -Oh, vamos, déjate de mariconerías. –gruñe el otro, atrapándole una mano, obligándole a volverse, y halándole, haciéndole caer sentado, dándole la espalda, sobre su regazo, cuidándose de no aporrearse la verga, la cual, tiesa, dura y caliente queda casi pisada entre las nalgas abiertas y la parte baja de la espalda del otro. Y el contacto con toda esa fuerza primitiva y viril, hace gemir a Quintín contra su voluntad, sentado allí, ambos echados hacia atrás sobre el mueble, por lo tantos sus pies apenas tocan el piso, sólo estirando los dedos.

   -Yamal, alguien podría… -gimotea asustado, vulnerable, indefenso.

   Y eso excita de una manera increíble al coloso negro. Eso y tenerle sentado así, sobre sus recias piernas, con el culo casi sobre su tolete, a no ser por la telita de la pantaleta. Quintín era un hombre erecto dentro de una pantaleta, y si, su reina interna estaba luchando por salir. Él le ayudaría a hacerlo, a liberarse. A realizarse.

   -Silencio, bebé. –le susurra, firme, ronco y bajo, los gruesos labios muy cerca de un oído, cerrando el torso sobre su espalda, quemándole con él, una mano grande, de dedos abiertos, recorriéndole el abdomen y pecho, pellizcándole los pezones rodeados de pelos, los cuales se erectan.- Mira, bebé, como se ponen de duras tus tetas maravillosas cuando un hombre las toca y acaricia. –usa el tono que pone a delirar a Bartolomé, sonriendo internamente al ver al otro estremecerse, su respiración haciéndose más ligera, su cuerpo quemando  más.- Tu clítoris está tan inflamado… -es deliberadamente burlón, recorriéndole, por un segundo, la verga erecta sobre la pantaleta, sabiendo lo que ese roce, una caricia sobre esas prendas, provocaba en esas “princesas”. Esos chicos que amaban sentir las pantis contra sus pieles.

   -Yo no… no tengo… -se queja mareado de calenturas que le avergüenzan, intentando luchar por recuperar lo que tenía antes de que Yamal tomara su hombría. Y que le rogara porque volviera a tomarla. El sólo recuerdo le hace desear morir, (también que su corazón lata con fuerza).- Esto está mal, pana, tu mujer, la mía… -le mira sobre un hombro, sintiendo las mecidas que el otro le da, para rozarle contra su torso y su pelvis, contra la dura tranca que le quema, casi empujándole la pantaleta dentro de la raja entre las nalgas.

   -Estoy con una de mis mujeres. –le aclara, burlón.- Una putica de lo más excitada por su macho.

   -Por favor… -exasperado, frustrado, lujurioso. Todo eso se nota en la frase.

   -Mira cómo te mojas… -le aclara Yamal, deseando tomarlo de una vez, pero también dándose tiempo. Fue por andar furioso, como había salido de su pelea con Bartolomé Santoro, y porque Marjorie le usara como lo hizo, y porque su mujer le despreciara cuando intentaba follar, que llamó y amenazó a Quintín, deseando humillarle. Deseando descargar en él parte de su rabia. Y su leche. Pero ahora… Un nuevo deseo se gesta en su interior. No lo entiende, aunque tal vez sí, pero no del todo. Es un macho alfa, un cazador, le gusta acosar y tomar. Y ahora, con este carajo, se le abría una puerta nueva. Tomarle aunque su mente se resistiera. Hank y su gente le habrían comprendido fácilmente, aunque le despreciaran por su color.- Estás tan mojada… -repite al tiempo que lleva dos dedos a la pantaleta, presionándolos contra la tela, a la altura del glande, que, efectivamente, humedece.

   -No, eso… -avergonzado, estremeciéndose por la caricia, respondiendo inconscientemente al poder masculino del macho, Quintín inicia una negativa.

   -Es tu jugo, el jugo de la hembra caliente; vamos, saboréalo. –le lleva los dedos a la boca. Probándole, presionando. El otro resistiéndose pero sin desviar el rostro.- Vamos, princesa…

   Empuja y empuja, y los labios de Quintín se separan un poco. Empuja más y choca de los dientes, que se apartan. Y con un gulp, ahogado, el hombre se encuentra con esos dos dedotes que, efectivamente, mojan su lengua, untándola con sus “jugos de hembra”. La idea es tan sucia que se estremece “toda”, así lo reconoce, erizándose más. Esos dedos negros, largos y nudosos, velludos en las falanges, salen y entran de los tersos labios mientras Quintín comienza a apretarlos. Y chuparlos. Eso sorprende, felizmente, a Yamal, quien escenifica el acto sexual de la felación con sus dedos.

   -Me pregunto qué más tienes bien mojado… -le susurra al oído, quemándole con su aliento, medio ladeándole sobre sus piernas, presionándole más de su torso, abdomen y güevo caliente, acariciándole una nalga, metiendo la mano dentro de la pantaleta, sobándole en vivo y en directo. Y Quintín cierra los ojos, que estaban algo vidriosos, lanzando un ahogado gemido contra esos dedos que salen y entran muy lentamente de su boca, y a los cuales chupa y lame, recorriéndolos con su lengua. Un dedo en su raja peluda le tensa, cuando la punta llega a su culo, este titila salvajemente. Y cuando se hunde…

   -Hummm… -se le escapa, abriendo los ojos, casi mareado, babeando esos dedos, la saliva rodando por su barbilla.

   -Oh, sí, a toda nena le gusta que un hombre juegue con su crica… -le asegura, casi mordiéndole una oreja, clavándole el dedo a fondo. Haciéndole gemir y arquearse.- Oh, Dios, si, tienes la concha tan mojada, bebé…

   -Ahhh… -sale de esos labios, Quintín rojo como un tomate a pesar del color cobrizo, ese dedote negro entrando y saliendo de su culo.- Hummm… -puja cuando dos dedos más se le unen, sin preámbulos. Tres dedos luchan por enterrársele por el esfínter, consiguiéndolo, abriéndole. Penetrándole- Ohhh… -babea sobre los dedos, tenso, frente fruncida.

   -Ah, sí, lo siento, como los halas y chupas, y hablo de estos. –ríe Yamal, aclarándole el punto al empujarle más los dedos por el tenso culo.- Vamos, hazlo –lo reta.

   Y Quintín Requena quiere gritar de frustración, pero sabe que de nada valdría, no cuando se las ingenia, presionando sus muslos, para subir y bajar su culo peludo sobre esos dedos que lo penetran, atrapándolos y soltándolos, escuchando la risa del otro, notando los tijerazos en sus entrañas cuando los mueve. Y tan sólo cierra los ojos, lamiendo los dedos en su boca, apoyando la nuca en un hombro de Yamal, alzando y bajando su culo hecho una sopa caliente. Sabiendo que… estaba pidiendo güevo.

   -¿Quieres que te penetre, Quintín? ¿Qué te llene la concha con mi pene negro? –le pregunta, respirando pesadamente junto a su oído, agitando sus dedos.- Vamos, Quintín, responde. ¿O debo llamarte Carla? ¿Te gusta Carla? ¿Serás Carla para mí? Carla, la putica, ¿no te gusta cómo suena? –deja caer la bomba, sacando y metiendo sus dedos con rapidez, estimulándole, desesperándole.

   Yamal Cova quiere a otro Bartolomé Santoro.

……

   El sibilante sonido del correazo se escucha, también el suave, pero picoso impacto contra la piel de unas nalgas negras, redondas, plenas. Alarmantemente enrojecida con marcas de cuerazos.

   -Nueve… gracias por corregirme, señor, quiero ser un negrito bueno y obediente. –responde Roberto, ronco, dientes apretados. Mareado, preguntándose hasta cuándo duraría eso. Pero ha cambiado, sabe que no puede resistirse, porque aquello iba en serio, y que si se sometía a toda esa humillación, y corrección, el castigo sería menos severo.

   Tan cambiado está que el sujeto calvo, el Ruso, se le acerca sin temor, recorriéndole la herida piel con el cuero de la correa, como una caricia, pasándole una ancha mano, caliente como si tuviera fiebre, sobre la enrojecida piel oscura.

   -¿En serio te gusta lo que te hago, negro? –cuestiona el Ruso, a su lado, atrapándole la barbilla con una mano, sus miradas encontrándose. Retándole a rebelarse o invitándole a someterse.- Entonces deberías agradecérmelo, ¿no?

CONTINÚA … 44

Julio César.

ORGULLOSAMENTE SUMISA

diciembre 30, 2016

LA PRACTICA HACE AL MAESTRO…

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   Ya no recordaba otra vida…

   -Ahhh… Hummm… -es todo lo que Gabriela puede exclamar mientras salta literalmente sobre la cadera de su macho, gimiendo como la puta feliz que es.

   -Si, mami, abre ese hermoso coñito caliente para que tu hombre pueda penetrar más y más profundamente en tu corazón. –le gruñe el tipo, tocándola, acariciándola, dominándola con su fuerza, atenciones y personalidad. Pellizcando sus tetas nuevas y recorriéndole el largo clítoris erecto, piensa que hay que comenzar a reducírselo. No lo necesitaba, ni siquiera que se erectara tanto, distrayéndola del único goce que debía sentir en su vida: su crica bien atendida con una pulsante verga.

   Y esas palabras le hacían gemir y entrecerrar los ojos, aumentando los sube y baja de sus caderas, abriendo su concha caliente para que el hombre la llene. Ya Gabriel no recuerda cuando era un carajo con novia, prometido a ella, conociendo a ese tipo en una fiesta, que le miraba fijamente, burlón, obligándole a encararlo para saber qué coño quería.

   -Eso, tu coño. Veo en ti a una hermosa hembra necesitada de un carajo bien plantado para ayudarla a renacer. –le respondió.

   Y después de una discusión, la curiosidad pudo más, y desde ese entonces sólo ha crecido y cambiado para ser, para siempre, una hembra lujuriosa y realizada deseando a los hombres satisfacer.

GUSTOS PARECIDOS

Julio César.

ESOS INTERCAMBIOS SECRETOS

diciembre 30, 2016

COMPARTIENDO EL MOMENTO

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   La cara de los que comparten cuarto esa noche.

   -¡Mira esta vaina! –grita emocionado y riente, aunque no tan sorprendido como su primo.

   -¿Es el regalo de mi papá? ¿Te dio eso? –no puede creerlo, el otro ríe más.

   -El tío Leo me conoce, no hemos hablado de eso, pero lo sabe. Y a lo mejor lo tuyo también. –explica mientras lo sostiene y calibra apretándolo, emocionado al tener uno por fin. Luego mira al otro chico, pícaro.- ¿Lo probamos?

EXCESO EN LA COMPETENCIA

Julio César.

INOCUO DIAS DE LOS INOCENTES

diciembre 30, 2016

EN DICIEMBRE SE NOTA MAS

   Vale, la pregunta, ¿qué te pasa?, sigue lloviendo…

   Cómo se llegó a esta celebración tan festiva a veces, tan desagradables otras, partiendo de la matanza decretada por el rey Herodes contra los recién nacidos, nunca lo entenderé. Pero las bromas del Día de los Inocentes son un problema que obligan a estar pilas. Como muchos, me agrada fastidiar gente, pero no me gusta mucho cuando el fastidiado soy yo. Y siempre hay gente que me la dedica, como la vez que me contaron que una querida amiga había muerto y lloré; o ese jefe que nos tuvo todo el día engañados, anunciando que la oficina cerraría la semana que iba después del dos de enero. Cómo se rió ese desgraciado. Ayer andaba mosca, pero no, nada de bromas. La fecha pasó bajo la mesa, como tantas otras cosas en esta hora amarga de la república cuando la gente anda ocupada con la sobrevivencia del día a día mientras un demente abre la boca casi tarde para decir disparates. Y está loco, o se droga. No hay otra opción, según las cosas que anuncia. Pero en fin, le queda poco al año, fuego al cañón…

…Y MAÑANA

Julio César.

NOTA: Tengo un amigo, que no gusta de los niños, que en cuanto se ve rodeados de ellos saca una bolsa de golosinas que tiene guardada para tales ocasiones, y les dice: Si no molestan al tío Herodes, y se van para allá, les regalo caramelos.

EL PEPAZO… 41

diciembre 29, 2016

EL PEPAZO                         … 40

De K.

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   A todos se les antoja un buen pedazo…

……

   Y el hombre, que se sonrojaba segundos antes pensando en lo mucho que deseaba explayarse en esa cama, abrazando al otro, gozándose en sentirle. El orgasmo había sido intenso, increíble, estaba agotado… pero caliente aún. Su verga, mojada con su semen, estaba dura aún. Queriendo más de ese forzudo muchacho. Ahora, vueltas de la vida, se congela con una expresión de sorpresa y horror al mirar hacia la puerta del cuarto, donde su mujer le ve, boca abierta, ojos lanzando chispas, hay asombro, pero especialmente de dolor y furia al enfocar a su amado marido en aquella cama junto a un joven y musculoso putico que está chorreando semen de su culo. ¡Su Alejandro estaba en la cama con otra persona! ¡Se había cogido a un hombre! ¡En su cama!

   -Co… Corina, ¿qué haces aquí? –el recio hombre se medio sienta, tomando una sábana, desenrollándola y cubriéndose a duras penas, casi mirándola con malestar.- ¿No estabas en…?

   -¡Estabas tirando con otro hombre en mi cama! –ladra ella, incapaz de soportar más la tensión. Y menos calarse los intentos del astuto abogado para darle la vuelta al asunto.- ¡Estás en mi cama con otro hombre! –ruge alzando el tono más y más.- Maldito pervertido… -chilla aguda dirigiéndose a la cama y comenzando a golpearle mientras le grita de maricón a ocioso, intercalando preguntas cómo “¿siempre haces esto cuando salgo, eh, degenerado?”.

   Jacinto, quien padecía un  poderoso y satisfactorio post coito, despierta con alarma. ¡Les habían pillado! ¡Ahora alguien sabía que le habían cogido! Que su culo chorreaba semen ajeno, mientras el propio le bañaba algo la panza… en esa cama. Se retrepa sobre el lecho, separándose de la pareja que pelea a su lado. Ella insultando feo, roja de cara, profundamente lastimada y humillada; el hombre pidiéndole que se calamara, que se lo explicaría todo. El joven, agitado, pálido, se pregunta cómo pensaba hacer eso. Es cuando la mujer, llorosa, crispada, finalmente le mira.

   -Maldito y sucio puto, ¿qué le hiciste a mi marido? –grita y acusa, casi saltando sobre el otro, comenzando a darle manotazos mientras le dice de todo.

   Dios, iban a escucharla en la casona, jadea el joven, mientras le pide que se calme, e intenta salir de la cama. Sabe que sus gritos, tan específicos, sacarán a todos de sus apartamentos para ver qué ocurría, le verían salir, y la expresión “el paseo de la vergüenza” sería todavía peor que en su propio edificio. Lo señalarían. ¡Le dirían marica! Alterado por esas ideas, por lo hecho en ese piso (¡admitió ser marica!), y ahora esa mujer, a quien debe aferrarle las muñecas para que no le saque los ojos, el joven también le grita. Que se calme, que no hizo nada, que fue su marido.

   Alejandro Andrades también le grita a la mujer que se detenga, atrapándola por el torso, halándola, cosa que incrementa horriblemente los gritos de esta, unos que seguramente atraerían a la policía temiéndose una agresión domestica, piensa el abogado, también Jacinto, quien salta de esa cama con piernas temblorosas, por el orgasmo y ahora el miedo. Y la mirada de la mujer sobre su figura imponente, toda enlechada, incrementa su rabia y odio. Gritándole al marido que la suelte, dándole un codazo en las bolas, hiriéndole y haciendo que la suelte, Corina, sin quitarle los ojos de encima a Jacinto, insultándole y gritándole qué tan sucio es, toma un largo y pesado adorno de cristal de la mesita. Parece un cisne de cuello increíblemente largo, y aferrándolo por la cabeza lo blande como un garrote contra la frente del bonito joven.

   Este ya no piensa, tan sólo quiere escapar de allí. Necesita alejarse del lugar de su vergüenza, que pronto, imagina, se haría pública. Corre desmañadamente hacia la sala, no está acostumbrado a huir así; su recia espalda se agita, sus nalgas, firmes, se ven alzadas. Ni siquiera una línea en el lugar donde nacen los muslos. Eso nota la mujer mientras le sigue e insulta, sabiendo que ella misma tiene el trasero un poco caído. Jacinto llega a la sala, se agacha y recoge la tanga rosa (masculina, pero rosa), del respaldo del sofá, dejando salir un poco más de semen del hueco de su culo. Se va a inclinar por todo lo demás, zapatos, medias, pantalón, franela, camisa, corbata y saco, pero el grito de “te voy a matar, marico rompe hogares”, le altera más.

   Aunque sabe que es una locura, que no puede permitirse el lujo de perder toda esa ropa, sumando eso a su angustia y algo de histeria, lo abandona todo y corre hacia la puerta. Con la verga saltándole, erecta todavía, mojada, sus nalgas moliendo sobre su culo, los labios de este manando esperma todavía tibia, abre la puerta y sale, sin cerrarla, seguido por los gritos de “te voy a matar por tocar a mi marido, maricón de mierda”…

……

   El hombre joven, sin molestarse en vestirse, había salido a botar la bolsa de basura, cuyo bajante estaba al final del pasillo, uno de los pocos defectos del conjunto residencial por el cual tanto pagaron (especialmente su mujer, la ahora, “perra esa”), cuando comenzaron los gritos dentro del apartamento del abogado coño e ‘madre. Y las cosas que escucha le dejan con la boca abierta, y con una sonrisa de inaudita alegría, como suele suceder cuando algo así le pasaba a otro carajo, que la mujer le pille en una mierda rara. Ya no digamos con otro carajo en su casa. No le sorprende cuando escucha los gritos ahora atacando al maricón en cuestión, desviando la fuente del problema, el marido infiel… que se acuesta con carajos. Típico de las mujeres. Qué sucio, piensa el hombre, sonriendo, no creyéndoselo todavía. ¡Tan macho, arrecho y serio que se veía el abogado! Bien, caras serias, culo rocheleros, eso siempre se escucha, se dice quedándose allí, sonriendo, oyendo descaradamente, sabiendo que pronto otros se asomarían también.

   Es cuando la puerta se abre y una musculosa y sólida masa de hombre sale a la carrera, desnudo y erecto, asustado y acorralado, los gritos de la mujer amenazando con matarle, todavía escuchándose. Y choca violentamente contra él, con tal fuerza que casi le derriba. Pero el hombre asienta los pies, aguanta el empuje y termina con el otro en sus brazos, rodeándole la cintura para estabilizarle. Y se congela, la verga de ese tipo, húmeda, choca de su pelvis cubierta y de su abdomen desnudo. Pero lo increíble es que sus manos cayeron sobre esas nalgas redondas y lisas… Cerrando los dedos sobre ellas. Clavándolos. Eran tan duras y turgentes, tan calientes…

CONTINÚA … 42

Julio César.

CUIDADO CON SANTA

diciembre 28, 2016

VIDA FELIZ

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CONSIDERACION POLICIAL

Julio César.

EL SEÑOR GEORGE MICHAEL

diciembre 28, 2016

EN DICIEMBRE SE NOTA MAS

   Todo un talento.

   Ayer una amiga que me mandó un mensaje con una carita llorosa, el domingo 25, a la edad de 53 años, murió George Michael. Y por un momento me confundí, ¿uno de los Beatles? Pero no, era el cantante, inglés, que en los años de mi primera juventud causó revuelo con su música y su figura. Esta amiga, Matilde, lo amaba. Ella era la más bonita del salón, todos la admirábamos y ella sólo tenía ojos para el cantante. Y, de manera velada, le imitábamos en el liceo, era el guapo sujeto que cantaba bien y se veía mejor. Luego se supo de sus preferencias, por el molesto asunto aquel del policía en el parque. Reconociendo su homosexualidad, George Michael se volvió vocero del movimiento de derechos. Bien, ha muerto, en su casa. Esperemos que de causas naturales, para variar. Ha sido un año malo este 2016 para la farándula musical, partieron el también inglés David Bowie; Glenn Frey, del inmortal “Hotel California”; también Prince y el gran Juan Gabriel. Son los que recuerdo. Qué malo.

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INOCUO DIAS DE LOS INOCENTES

Julio César.

UNA DIVA

diciembre 28, 2016

UN SIMPLE TIO EN MANOS DE UNO DE LOS AMOS

   Cuando detuvo a ese hombre en el callejón cerca del Centro Cívico, los colegas, que le sabían serio y responsable, le dijeron que tuviera cuidado cuando le interrogara, porque esos tipos eran mañosos, y peligrosos, como parecía ser cierto… Si, cosas que le pasan a un buen policía.

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CONTINÚA…

GUISANDOLE EL CONEJITO AL YERNO

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 2

diciembre 27, 2016

DE HOMÓFOBO A PUTO

Por Sergio.

Esta historia toma como base una serie de relatos eróticos llamada “Pagando Deudas”, publicada por el usuario carlosmanuel en http://www.todorelatos.com/ desde 2007. De dicha historia, se retoman al protagonista y al diseño de su núcleo familiar; pero la historia, a pesar de tener un inicio similar, toma rápidamente una dirección distinta que es de mi invención.

“DE HOMOFÓBICO A PUTO”

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Rodrigo experimenta un susto de muerte que lo hace despertar abruptamente y, aunque la escena del consultorio fuese un sueño, Rodrigo no se siente menos preocupado que antes por una razón contundente: ¡una enorme erección sugería que “tal vez” le había gustado!

Rodrigo: -¿¡Qué demonios acabo de soñar!? –dice en forma retórica.

De pronto, la puerta de su cuarto se abre y es Roberto quien se acerca. Rodrigo se sorprende de verlo.

Roberto: -¿Qué pasó?

Rodrigo: -¿Qué pasó de qué?

Roberto: -Escuché que… ¿gritaste?

Rodrigo se pone nervioso y se sonroja intentando pensar si pudo haber dicho algo “revelador” que su hermano pudo haber escuchado. Después de un breve silencio, pregunta:

Rodrigo: -¿Y qué escuchaste exactamente?

Roberto: -No sé, unos sonidos algo extraños.

Rodrigo: -Es que tuve una pesadilla…

Roberto: -¿Y qué soñaste?

Rodrigo: -Pues que… ¡nos habían puesto control sorpresa en la universidad!

Roberto: -Pero si apenas mañana empiezas…

Rodrigo: -Empezamos. Jeje -desvía el tema de conversación.

Roberto: -Ni me lo recuerdes…

Rodrigo: -Te va a gustar la U, ya verás.

Roberto: -Tengo mis dudas…Creo que cuando me vuelva a dormir, voy a tener un sueño como el tuyo. Jaja

Rodrigo: -Son caprichosos los sueños. Jeje

Roberto: -Eso creo.

Rodrigo: -¿Y tú no tienes sueño?

Roberto: -Pues yo estaba dormido y los sonidos me despertaron. Jejeje

Rodrigo: -¿Y cómo eran? Es que yo no sé cómo actúo cuando duermo…

Roberto: -No sé, quizá como gritos… Pensé que a lo mejor se estaba quemando la casa. Jajaja

Rodrigo: -Bueno, ya viste que no. Jeje

Roberto: -Entonces mejor me duermo. Jaja Buenas noches

Rodrigo: -Descansa

Cuando Roberto sale, Rodrigo se siente más aliviado y por un segundo duda si su sueño pudo ser real al sentir la humedad de su semen en sus piernas. ¡No sólo se le había parado teniendo un sueño de sexo gay, sino que además se había corrido! Al revisarse, descubre que corrió abundantemente, entonces deduce que probablemente a ese momento fue que se debió el grito que Roberto escuchó. No queriendo pensar más en el asunto, decide dormir. Mañana sería otro día, el primero de su tercer año universitario, y no tendría tiempo para pensar en sus problemas de impotencia, al cual le atribuye ese perturbador sueño.

La noche pasa volando y el sonido de una alarma, programada por Rodrigo a las 5:00 a.m., suena despertándolo para ir al gimnasio, desayunar, bañarse e irse para la Universidad en ese orden. Rodrigo se levanta, se pone su ropa deportiva, toma el enorme bolsón donde guarda todas sus pertenencias y empieza a trotar. Al salir de su habitación, Rodrigo mira de reojo sus pies y nota que tiene desamarradas los cordones, por lo que se detiene para anudarlas.

Al no prestar demasiada atención a su alrededor, no nota que Claudio está saliendo del baño de enfrente, por lo que terminan chocando y ambos caen al suelo. La escena resulta graciosa: El moreno y promedio cuerpo en bata semi abierta de Claudio está sobre el musculoso cuerpo de Rodrigo, vestido con una camisa sin mangas amarilla y un short negro y con las piernas aún flexionadas; pecho sobre espalda y con la particularidad de que la entrepierna desnuda (y por lo tanto, la verga) de Claudio ha quedado sobre los muslos de Rodrigo.

Claudio.- ¡Rodrigo, discúlpame, por favor! –dice, pero obviamente está disfrutando lo bien que ha empezado su día: con su verga, instantemente erecta, justo sobre la raja interglútea de Rodrigo, solamente separados por la delgada tela del short que está usando.

Rodrigo.- Está bien, pero… ¿¡podrías quitarte de encima!? –dice mientras descubre que a él también se le está parando la verga, aunque sin explicarse porqué y odiándose a sí mismo por eso.

Claudio.- Eso intento, pero me cuesta porque… bueno, no tengo tu juventud –dice fingiendo tener dificultades para levantarse debido a un inexistente dolor de espalda.

Tras un instante más y para evitar sospechas, Claudio decide levantarse, abrochándose la bata y dándole sus manos a Rodrigo para que se incorpore y queden frente a frente, aunque sabe perfectamente que un atleta como Rodrigo no necesita su ayuda física en absoluto. Una vez hecho esto y estando cara a cara, Claudio percibe a Rodrigo muy avergonzado y evitativo, aunque esto se debe más al sueño erótico que tuvo al incidente recién ocurrido. Desconociendo Claudio el sueño de Rodrigo y como su plan sigue siendo ganar su confianza, decide romper el hielo.

Claudio: -¡Qué situación más incómoda!, ¿no? Bueno, creo que más para ti. Jeje

Rodrigo.- Sí.

Claudio: -En serio, perdóname. Quizá no debí quedarme a pasar la noche…

Rodrigo.- No, no te preocupes, aunque no sabía que estabas aquí.

Claudio: -Sí, es que tu madre me invitó a quedarme y… pues… bueno, ya tú sabes –dice mientras espontáneamente apoya su mano en el lugar de la bata bajo el cual está su verga y Rodrigo no puede evitar fijar sus ojos en esa mano y… ese pene.

Rodrigo.- Está bien, no importa –dice tras una breve pausa.

Claudio: -Bueno, pero en serio perdona lo que te hice pasar por mi imprudencia. Debes haberlo pasado muy mal.

Rodrigo.-No es para tanto. Jeje

Claudio: -¿O sea que no la pasaste tan mal? Jeje

Rodrigo.- Es que… – intenta responder ante ese comentario inesperado.

Claudio: -¡Es broma! – interrumpe Claudio- Así bromeamos los médicos para mitigar el dolor… bueno, y también el sueño. Jeje

Rodrigo finge reír para evadir la situación, verdaderamente incómodo, molesto y extrañado por la situación ¡y su erección!

Rodrigo.-Bueno, yo ya me retiro…

Claudio: -¿Adónde vas? Si se puede saber… Jeje

Rodrigo.-Empezaré a ir al gimnasio a esta hora para que me encaje con los horarios de la U.

Claudio: -¡Muy bien pensado! Ingeniería Civil estudias, ¿verdad?

Rodrigo.-Sí, empieza mi tercer año; y Roberto, el primero.

Claudio: -¿Entonces ambos estudiarán lo mismo?

Rodrigo.-Sí, aunque yo siento que él escogió la carrera porque en el fondo no sabe qué estudiar.

Claudio: -Bueno, habrá que ver si le va tan bien como a ti. Jejeje

Rodrigo.-Ojalá que sí…

Claudio: -Cambiando de tema, cuando quieras vemos lo del asunto que hablamos anoche.

Rodrigo.-Ok, pero por ahora, me voy. –Dice mientras se despide del médico, pensando que de ninguna manera se haría tal examen.

Claudio: -Cuídate, nos vemos –se despide.

“Vamos avanzando a pasos agigantados. Ya estuve afuera de tu cuevita y tu verga me dice que te va a gustar la mía.”- se dice así mismo Claudio.

Mientras trota hacia el gimnasio, Rodrigo corre para inconscientemente intentar escapar de sus pensamientos, pero éstos se rehusaban a abandonar su conciencia. Entonces, entra al gimnasio que tiene poca demanda a esa hora, pero aún así alberga una docena de personas ejercitándose, de los cuales varios (hombres y mujeres) observan a Rodrigo en distintos momentos mientras realiza sus ejercicios.

Algunos de los pensamientos automáticos de Rodrigo son “¿qué putas tengo en la cabeza?”, “anoche ese sueño maricón y hoy le sentí la verga a Claudio”, “el gay de mi papá tiene la culpa” y “la falta de sexo me está afectando”. Éstos aparecen en distintos momentos durante las 2 horas de entrenamiento y, una vez termina, Rodrigo desayuna en el gimnasio y posteriormente se ducha y viste con una camisa gris con rayas verticales y un blue jeans ajustado a su cuerpo y a las tendencias actuales de moda.

Rodrigo llega a la universidad, donde se encuentra con el profesor Saúl Martínez, un exitoso ingeniero que, tras su jubilación, imparte clases más por pasatiempo que por necesidad. Saúl fue profesor de Rodrigo en primer año, pero también es encargado de materias de tercero y cuarto años.

Saúl: -¡Rodrigo, el hombre a quien estaba buscando!- dice mientras estrecha fuertemente la mano de Rodrigo, quien corresponde el gesto amablemente.

Rodrigo: -¡Hola, profe! ¿Y para qué me necesita?

Saúl: -¡Es que tengo buenas nuevas para ti!

Rodrigo: -¿Y eso?

Saúl: -¿Recuerdas a Antonio, el asesor de mi materia hace 2 años, cuando tú la cursaste?

Rodrigo: -Sí, me acuerdo de él.

Saúl: -Pues él ya no va a estar más con nosotros.

Rodrigo: -¿Y eso?

Saúl: -Pues tuvimos ciertas diferencias, pero además de eso, ya se acerca el tiempo para que egrese.

Rodrigo: -¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Saúl: -Que ahora debo encontrar otro asesor. ¿Y en quién crees que pensé?

Rodrigo: -¿En mí? ¡Pues qué gran honor!… pero yo tengo entendido que los asesores son escogidos, de entre varios estudiantes, por votación de varios profesores, aunque la materia sólo la imparta uno.

Saúl: -Así es, pero esas elecciones ya ocurrieron… y lo que puedo decirte es que mi voto fue decisivo. Claro, Sandra es el respaldo en caso de que tú no puedas o no quieras aceptar, pero no creo que tú me vayas a quedar mal. Jeje

Rodrigo: -¡No, claro que no! ¡Y muchas gracias, profe!

Saúl: -Ya tendrás tiempo de agradecérmelo, muchacho. Por lo pronto, ¿será que tienes libre mañana a las 2 p.m.?

Rodrigo: -Sí, ¿qué necesita?

Saúl: -Llega a mi oficina a esa hora mañana para organizarnos, pues los de primer año tienen su primera clase conmigo este viernes.

Rodrigo: -Entonces a esa hora llego.

Saúl: -Perfecto, muchachón, sé que no me decepcionarás. –se despide estrechando nuevamente la mano de Rodrigo.

Rodrigo: -¡Nos vemos!

Rodrigo sabe que es una gran oportunidad. Antes de que sus padres se separaran, su padre era el único en poner el dinero en el hogar. Luego del divorcio, el padre desapareció por completo de sus vidas y le tocó a Lucía conseguir trabajos de vendedora, mesera y nadie sabe de qué más para poder mantener a sus hijos, aunque sabe que actualmente Claudio le ayuda con los gastos.

Rodrigo sabe que tendrá un salario un poco mayor al mínimo por realizar tareas relativamente sencillas, como brindar asesorías a los estudiantes, calificar trabajos, buscar y explicar materiales, etc.; las cuales para él, un destacado estudiante, no representarán más obstáculo que tener más organización y más tiempo.

Tras ese momento de alegría y triunfo, Rodrigo se dirige a recibir sus clases y se encuentra con compañeros que no lo han visto en tres meses, pues a sus amigos sí los ha visto durante vacaciones; excepto a Víctor, su mejor amigo a quien conoció al estudiar en el mismo colegio y en la universidad estudian lo mismo. Víctor es un tipo guapo, muy moreno y atlético, aunque menos musculoso que Rodrigo. Es hijo de padres millonarios y la razón por la cual no se vieron durante las vacaciones es porque viajó con su familia a Holanda.

Víctor: -¿Soy yo o estás más musculoso desde la última vez que te vi? Jeje

Rodrigo: -Sí, pero sólo un poco más Jeje

Víctor: -¿Cómo estás, man?

Rodrigo: -Estoy muy contento. Jeje Saúl me ofreció ser asesor. Jejeje

Víctor: -¡Yo pensé que sólo las cosas pícaras te podían alegrar! Jeje – dice bromeando- ¡Te felicito, bro!

Rodrigo: -¡Gracias, man! ¿Y tú qué tal por Holanda?

Víctor: -Ya te mostraré las fotos. Fue toda una aventura. Además, hay unas holandesas… Debiste haber ido. Jajajaja

Rodrigo: -Lo sé y te agradezco por invitarme, pero sabes que no podía ir por no descuidar a mi mamá y mi hermano.

Víctor: -Sí, ¿y aún anda con el tal Claudio?

Rodrigo: -Sí, pero he cambiado radicalmente mi opinión sobre él. No es como los otros novios de mi mamá.

Víctor: -¿Y eso?

Rodrigo: -Pues quiere formalizar con ella y ayuda en la casa…-dice cuando inesperadamente vuelve a recordar cuando Claudio le cayó encima esa misma mañana y le sintió la verga.

Víctor invita a Rodrigo a almorzar y les presenta a unas chicas nuevas muy guapas que recién conoció. Rodrigo fanfarronea un poco con el hecho de que será asesor de una de las materias que cursarán. Finalmente, Víctor propone que vayan a celebrar el nombramiento de Rodrigo yendo a una casa de su familia que utilizan para hacer fiestas, aunque Rodrigo sabe que cuando van a esa casa con mujeres, es porque irán a coger. Víctor y Rodrigo se reparten a las chicas. Víctor hace gozar a la chica que le tocó, pero Rodrigo, aunque estaba emocionado por las noticias del día y le gustaba la chica que tenía a su merced, nuevamente tuvo problemas de erección; por lo que fingió que su familia lo llamó de emergencia para escapar de la vergonzosa situación. Víctor se ofrece a llevarlo, pero Rodrigo argumenta que ya pidió un taxi para evitar que su amigo descubra el hecho.

Mientras viaja en el transporte colectivo verdaderamente furioso, Rodrigo decide ir hacia otro lugar en vez de a su casa: ¡la Clínica de Claudio! Nunca la ha visitado, pero sabe cómo llegar gracias a Lucía. Al llegar, no puede evitar notar un enorme parecido de la recepción de la Clínica real con la de su sueño. ¡Incluyendo a la propia secretaria Margarita! Rodrigo está abrumado viendo todos estos detalles, que no se percata cuando Claudio sale de su oficina, observa a Rodrigo y, al igual que en el sueño, le pide a Margarita que lo haga pasar, cancele las citas de la siguiente hora y que no interrumpa.

Rodrigo, desesperado, le comenta sus problemas de impotencia a Claudio, quien sonríe por dentro al darse cuenta que su plan se está cumpliendo sin mayor esfuerzo de su parte, así que decide no dejar pasar esta oportunidad.

Claudio: -Mira, antes que nada, necesito que confíes en mí. Sé que probablemente la idea del examen te parezca desagradable, pero ¿a cuántas mujeres has oído hablar de cuando van al ginecólogo? ¿A cuántos hombres has oído que se hagan esto de la próstata? A ninguno, porque a nadie le gusta hablar de esos temas, pero todos se lo hacen porque es necesario por salud.

Rodrigo: -Pero entonces, si me hago el examen. ¿Ya no seré impotente?

Claudio: -Bueno, el examen sirve para establecer el diagnóstico y, dependiendo de esto, se te asignará un tratamiento que corregirá la disfunción.

Rodrigo: -Bueno, a mal paso, darle prisa.

Claudio le indica a Rodrigo que se levante y, con el pretexto de que debe pesarse, lo pide quede solamente en bóxers, cosa que Rodrigo hace. Posteriormente, lo hace echarse en la camilla de costado con las rodillas hacia arriba. En esa misma posición, le retira suavemente el bóxer a Rodrigo, ejerciendo una caricia indirecta, cosa que lo hace sobresaltarse.

Claudio: – Esto es como ir al dentista. Todo es por tu bien, pero necesito que hagas todo lo que te digo y que no te muevas. Sin embargo, como te dije antes, necesito que estés lo más relajado posible. Puedes cerrar tus ojos y pensar en cosas agradables.

Rodrigo cierra sus ojos intentando relajarse. Al abrirlos, ve que Claudio está encendiendo una barra de incienso.

Rodrigo: -¿¡Qué estás haciendo!?

Claudio: – Es para la relajación. A pacientes primerizos, como tú, suele ponerlos más tranquilos… porque entre más relajado estés, menos tiempo durará. –Argumenta.

Rodrigo: -¿Y cuánto es lo más que puede durar?

Claudio: – Digamos que lo menos que puede durar son 10 minutos, pero por todo ello es que necesito que me hagas caso con las cosas que te digo. Y bueno, podría ser peor: por ejemplo, los partos tardan al menos cinco horas.

Rodrigo se resigna y finalmente decide hacer un esfuerzo por relajarse, mientras Claudio se prepara para hacerle un masaje de próstata erótico para que Rodrigo empiece a conocer el placer anal. Con la veloz agilidad, Claudio se pone los guantes y empieza a acariciar las nalgas de Rodrigo desde afuera hasta que se pone lubricante en el dedo índice, el cual empieza a introducir suavemente en el ano de Rodrigo, quien se sobresalta nuevamente, por lo que Claudio empieza a hacer movimientos circulares suaves en su ano mientras piensa “por ahora, disfruta sólo mi dedo”.

Claudio aprovecha la ocasión para acariciar sus piernas, de forma que pareciese casual, pero rozándolas en puntos estratégicos de nervios. Durante aproximadamente media hora, Rodrigo pasa de tener los nervios de punta a relajarse hasta que esas sensaciones derivan en un punto de auténtico goce sexual, pues Claudio está masturbándole apasionadamente la próstata, lo cual causa que Rodrigo gima inesperadamente…y que eyacule abundantemente, ¡como en su sueño!

CONTINUARÁ … 3

   Ah, el dedo en el hueco… Eso siempre termina con un pussyboy y su única forma de masturbarse Excelente continuación.

Julio César.

SOBREVIVIENDO LAS NAVIDADES

diciembre 27, 2016

PREPARANDONOS PARA LO QUE VIENE

YO

   Ay de mí…

   Bien, pasó la Navidad, la sobrevivimos, pero aún queda el 31. Ese seguro que acaba conmigo. Ya como que no metabolizo el alcohol como antes, y eso que prácticamente sólo tomé cervezas, no estaba de ánimos como para nada más atrevido o alegremente intoxicante. Este año alcanzaron porque dos de mis hermanos tomaron whisky, del barato, por la gripe, y otro sólo ron porque “estoy triste”, dijo. Pegó mucho la falta del viejo. Y no ayudó el clima, llovió el 23 en la noche, casi todo el 24, reinició temprano el 25 en la mañana y hoy 26. El calor en la fecha, las ganas de no rendirse la puso la gente atareada a última hora, intentando reunir pálidos reflejos de todo aquello que en otros años se compraba para que no faltaran en las mesas las hallacas, el pan de jamón, los refrescos y cervezas. El ponche crema brilló por su ausencia. El silencio de los fuegos artificiales si que fue ruidoso.

   Y hoy me tocó llegarme a la oficina, para no hacer nada como no fuera sacar a pasear el dolor de cabeza, y el ratón. Por lo menos el aire acondicionado me dejó pegar un sueñito. Eso si, la ciudad estaba tranquila, cómoda, aún con la gente haciendo las colas para ver si se consigue algo de alimentos. Eso hay que resolverlo.

FELIZ Y VENTUROSO AÑO NUEVO 2017

Julio César.

ENVOLTORIO

diciembre 27, 2016

LA OFERTA LABORAL

el-muchacho-quiere-hueso

   Si, por fin el vecino como que entiende qué quiere que le regale… y se lo dará.

MOMENTOS PELIGROSOS

Julio César.

OBSEQUIOS

diciembre 27, 2016

EGOISTA

santa-hunk

   Santa aún tiene mucho en su bolsa para ti… Y sabes que lo quieres.

LABORIOSO

Julio César.

FELIZ NAVIDAD 2016

diciembre 24, 2016

PREPARANDONOS PARA LO QUE VIENE

   Alguien siempre nos espera…

   Cuando la tarde caiga y la emoción esté aumentando, y la gente, familia y amigos, llegando, y la noche finalmente nos congregue, estando en tu casa, con la pareja, padres, hermanos, hijos y sobrinos, o en una fiesta alucinantes con tus amistades del alma, personas a las que quieres como a los tuyos, saltando, bailando, bebiendo y hasta coqueteando como si no hubiera mañana, o rodeado de vecinos y conocidos, o desconocidos, en una calle animada viendo brillar los fuegos artificiales, recuerda en todo momento que el mejor regalo que puedes dar a quienes te aman es la gracia de tu presencia, dejar escuchar tu risa, tus palabras alegres. Dejar sentir tu afecto y aprecio. En una noche tan llena de emociones, hay quienes te esperan y anhelan verte, cuando ese abrazo tiene un sabor y un significado especial.

   Hombres y mujeres de buena voluntad, aceptemos en regalo de la armonía, los sueños y las esperanzas de un tiempo mejor; lo ofrecido hace siglos cuando la Divinidad se hizo Niño en un humilde pesebre: la paz. La del espíritu, la familiar, entre los amigos y vecinos.

   Un guiño a todos los que me han acompañado durante tanto tiempo, los que le han dado sentido a tantas cosas. Un abrazo a todos.

   Feliz Navidad a todos, apreciados amigos.

SOBREVIVIENDO LAS NAVIDADES

Julio César.

NOTA: Esa canción es hermosa en todas sus versiones. Llegué a tener este disco, de Parchis. ¡Qué tiempos!

LA NENA DE PAPA… 22

diciembre 23, 2016

LA NENA DE PAPA                         … 21

De Arthur, no el seductor.

vamos-acercate-al-sabor

   -Ven, sírvete todo lo que puedas tragar…

……

   Dado el grado de tensión que padece desde que conoce a Cole Hanson, y todo lo que ha vivido, al escuchar la voz, Brandon deja escapar un grito de sobresalto, llevándose una mano al pecho, volviéndose y retrocediendo al mismo tiempo, chocando de las lavadoras. Las palabras, por otro lado, congelan su alma, con un frío intenso y desagradable.

   Frente a él, transpirado después de trotar por la calle, de manera muy evidente, la respiración agitada por el esfuerzo, con una sonrisa cruel deformando sus labios, y un cierto aire de repudio, se encuentra Avery London, capitán del equipo de lucha del colegio, otro de los huéspedes de la pensión, y a quien días atrás vio hablando con otro de sus socios, señalándole. Su visión, notar la mueca predadora, provoca que el corazón de Brandon palpite con fuerza. Le había repetido las palabras que, imprudentemente, había exclamado la noche anterior mientras se metía aquel vibrador por el culo.

   -¿De… de…? ¿De qué hablas, Avery? –grazna, intentando rehacerse, presintiendo a un peligroso personaje. El otro chico fácilmente podía cascarle varios puñetazos por tan sólo creerle diferente.

   -“¿De… de…? ¿De qué hablas, Avery?” –repite, burlándose, su pecho subiendo y bajando más, por la carrera, pero también por la adrenalina corriendo por sus venas.- Te escuché anoche, a través de la pared. Algo hacías… -sonríe aún más cruel.- …Algo que implicaba sexo, por el tono, y le pedías al maricón de tu amigo que te la metiera. –ríe.- Sé que no estabas con él porque lo vi salir con la novia casi media hora antes. Así que era una fantasía tuya. ¿Cuál era?

   -No sé de qué… hablas. –grazna nuevamente. Congelándose por la mirada brutal del otro, quien cruza el espacio que los separa, rápidamente, atrapándole el sedoso y algo largo cabello con una mano, halándoselo sin miramientos. Rugiéndole al rostro.

   -¡Sabes de qué hablo, pila de mierda! –le ruge, todo agresividad, testosteronas, virilidad. Apretando el puño alrededor del cabello, lastimándole.- ¿En qué pensabas, y qué hacías cuando le pedías eso? –demanda saber con ojos llameantes, bañándole con el aliento. Todo brutal. Asustándole. Tal vez era por todo lo que estaba ocurriéndole últimamente, pero Brandon se quiebra, medio protegiéndose, disminuyéndose ante la cercanía del otro.

   -Yo… yo… ¡Ayyyyy! –grita cuando ese puño le zarandea.- ¡Estaba metiéndome un consolador por el culo y…! -las palabras escapan a borbotones de su boca. Congelando al otro, a su lado, notando la sorpresa en sus ojos claros.

   -¿Metiéndote un…? –el asco, la repulsa, la agresividad parece competir con la burla en su cara.- ¿Te gustan esas vainas, Moses? ¿Meterte cosas por el culo? Creí que tú y esa nena…

   -Yo… fue… -intenta explicarse, mirándole con súplica. Necesita aclara aquello.

   -Eres un maricón, ¿qué otra cosa queda por decir? –le ruge, a gritos, al rostro, sobresaltándole, intimidándole. Amarrándole. Porque Brandon Moses ya no era aun chico como todos, había probado la mano de un hombre dominante, duro, controlador, sometiéndosele. Ahora ese aire de inferioridad ante cualquier macho alfa se hacía presente. Fuera quien fuera. Era lo que Cole Hanson buscaba conseguir.- ¡Eres asqueroso! –le acusa, meciéndole por el cabello, el puño aferrado al suave cabello. Se le acerca, ceñudo, extrañado, olfateando, muy ruidosamente.- Mierda, hueles a putica… ¿usas perfume de chicas? ¡Jesucristo, ¿qué tan marica puedes ser?! –le grita demandante.

   Brandon se quiere morir, cosa que podía ocurrir literalmente, se dice, casi sin poder respirar de temor. No era tanto al enorme muchacho, forzudo y musculoso, agresivo, sino por enfrentar sus propios demonios. Todo era demasiado confuso, casi podría decirle que le gustaban las chicas pero que probó… otra cosa, como a veces hacían los chicos cuando se medían las vergas y una mano se resbalaba durante un rato, o se masturbaban juntos, no mirando una cinta sino el tolete del otro. Pero lo de las pantaletas, el maquillaje… el perfume. Eso también estaba en el estuche dado por Cole, y, sin darse cuenta de lo que hacía, se había aplicado un poco esa mañana antes de salir de su pieza. Explicar todo eso ya era más confuso, no sólo a Avery, digamos ya a toda la pensión. Y por la manera que el otro gritaba, y el lugar donde estaban, podrían verse rodeados pronto de muchos chicos curiosos.

   -Yo… yo…

   -“Yo… yo…”. -nuevamente canturrea en burla, pero iracundo.- Debería llamar a todos y contarles tus andanzas, maricón de mierda, aquí y en la pista. –ruge, y sus ojos brillan, su respiración se ralentiza al verle enrojecer totalmente, temblando de miedo ante la amenaza. Un calor salvaje lo abrasa por dentro, y hala más de ese cabello, acercándole a su rostro, mirándole de cerquita, notando el calor del otro, el perfume que… era de los buenos. Eso le alteraba. Desea ser malo. Muy malo.- Eres un maricón sucio.

   -No, Avery, yo… -traga y casi lloriquea.

   -¡Lo eres! ¡Un sucio maricón! Un maricón que gusta de meterse cosas por el culo, y gemir, y soñar con chicos mientras lo hace. –ruge, sonriendo al notar que la angustia del otro se incrementa por el miedo a que sus gritos atraigan a otros. Y a decir verdad…- Dilo, que eres un sucio maricón. –exige, más bajito, pero duro, bañándole con el aliento, sus bocas casi rozándose.

   -Soy… ¡Soy un sucio maricón! –Brandon casi farfulla, apresuradamente, temblando más.

   -¿Muy sucio? –se burla obligándole a decir cosas.

   -Muy sucio, muy sucio… -una ardiente lágrima escapa del ojo derecho de Brandon, sobrepasado por todo lo que ocurre.

   -¿Tan sucio como para lamer con tu lengua el sudor de mis bolas peludas? –le pregunta, halándole más, sus rostros casi pegados, los alientos mezclándose, una torva sonrisa depredadora iluminando su rostro atractivo pero salvaje. Y, ojos muy abiertos, Brandon balbucea sin voz, totalmente impactado.- ¡Responde!

   -¿Qué…?

   -Ya me escuchaste, maricón. –la respiración de Avery es más pesada, su mirada turbia.- Hace rato que no tengo acción como no sea mi mano derecha, mi chica me dejó. Quería un novio, alguien a quien presentarle a sus papás, ¿puedes creer a esa puta? Y desde entonces he necesitado de una boca golosa que recorra mis bolas y mi verga. Me encanta que me laman las bolas. Que me la ordeñen con la lengua y la garganta. Y aunque eres un sucio y pervertido maricón… bien, creo que puedo arreglármelas si cierro los ojos, ¿no?

   -No, no, yo no puedo… -aunque aterrado, se resiste. Su conversión aún no era total.

   -¡Silencio, maricón de mierda! –le ruge el otro, soltándole el cabello y dándole un bofetón.- Lo único que tienes que hacer es caer de rodillas y abrir la boca, como una buena putica. Como la putica que pedía anoche por la verga de su vecino de cuarto mientras se metía un consolador por el culo. –le recuerda a gritos, viéndose tan agresivo que Brandon se cubre el rostro, la mejilla ardiéndole, los ojos bañados en lágrimas, cayendo de rodillas. Vencido.- Eso es, perrita. Eso es.

   Esto no puede estarme ocurriendo, piensa Brandon; no puedo ser asaltado sexualmente por un compañero de piso, en el cuarto del lavado, dentro de la pensión… donde cualquiera podría llegar. Se quiere aferrar a ello, pero ya una mano de Avery le aferra la nuca, los dedos dentro del cabello, y con una risa chocante le aplasta el rostro contra su entrepiernas. Y el joven arruga la cara, está caliente, mojado de transpiración, es intenso el olor almizclado unido al de bolas sudadas. Y su nariz, labios y mejillas son frotados de allí.

   ¿Pensaba Avery en lo que hacía? Posiblemente no. En verdad no tenía ningún plan en cuanto llegó de su carrera matutina, bajando al cuarto del lavado a ver si encontraba una camiseta limpia de algunos de los chicos del equipo de lucha (las usaba y las dejaba, sin pedir permiso, era el tío grande), y se encontró con el mariconcito ese que salía con la nena bonita. Y recordó lo que escuchara la noche anterior, entre sorprendido y dubitativo. ¿Habría sido real lo que creyó escuchar u oyó mal? Pero el puto había confesado. Y algo en esa confesión, en su aire indefenso, débil, vulnerable, le puso maluco. Quiso… humillarlo, avergonzarlo. Y eso le excitó. Ahora lo tenía de rodillas, a sus pies, frotándole la cara del entrepiernas, ¿era su culpa tener una erección tal como la que ya tenía? No, no lo creía.

   -Vamos, puto, sácala… -le ordena gritando, aunque él mismo entiende el peligro que corre. Su posición es vulnerable si les pillan, no tanto como la del maricón, pero casi. Aunque sabe que el otro teme más, y con ello cuenta.

   Tembloroso, dificultándosele ver qué hace, Brandon le baja ese shorts a media piernas que usa, notando a pesar de todos los pelos que bajaban del ombligo, del color del oro viejo, como el de las piernas musculosas. Los ojos cayendo sobre un suspensorio oscuro y viejo, muy usado, abultando con una verga tras él, enmarcando más abajo dos grandes bolas.

   -Vamos, vamos, aprovéchate, puto; aquí tienes un atleta caliente para que te sirvas de comer. –le ruge, obligándole a pegar el reacio rostro de la áspera tela deportiva, jadeando cuando esa cara frota de su verga. Obligarle hacerlo era tan…

   El joven se resiste, ese olor le marea y repugna mientras su nariz olfatea, resollándole caliente sobre el tolete. Siente rabia cuando separa los labios, recorriéndolo sobre la tela. Quiere gritar de frustración cuando nota el nabo del glande, claramente demarcado contra el suspensorio, casi asiéndolo con los dientes.

   -Mierda, ¡si, has mamado güevos! –oye el rugido divertido, del otro, mirándole desde su posición de sumisión.- Vamos, usa esa boca maricona y lámeme las pelotas.

   Implacable le ladea el rostro y le lleva bajo el saco, separando más las piernas. Y Brandon, pensando en quién sabe qué, separa los labios, saca su lengua y la coloca bajo el saco que forman la tela y las pelotas. Dando lengüeteadas. Lamiendo.

CONTINÚA … 23

Julio César (no es mía la historia).