SIGUE EL DILEMA… 7

SIGUE EL DILEMA                         … 6

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

macho-velludo-y-caliente

   -Vamos, papi quiere a su perra…

……

   El enrome tolete continuaba imbatible, trabajándole con medida, adentro y afuera, profundo, lentamente, rozándole totalmente las paredes del recto, buscándole la pepa del placer y masajeándosela. Salía casi hasta el glande, halando aquellos rasurados labios de culo masculino, y se enterraba otra vez, todo el grueso y nervudo palo, hasta los pelos púbicos momentos cuando francos agitaba sus propias caderas de lado a lado. Y en todo momento, Luis, muy rojo de cara y alterado, le gritaba que se detuviera, que no le hiciera eso…

   Gritos que no engañaban a aquel sujeto sádico que había planeado ya no tomar su virilidad, cogiéndole, follándoselo como a una puta cualquiera, sino que quería despojarle de todo rastro de masculinidad. Atrapándole las caderas, clavándole los dedos para que sienta su control, va arreciando poco a poco las embestidas, las frotadas que le daba, los golpes que le lanzaba sobre la próstata. Las cepilladas a su culo. Y sabe que va triunfando.

   -Oh, sí, así, presióname la verga con tu culo. –le ruge, sonriendo, torturándole. Clavándosela toda y dejándola allí.- Si, ordéñamela, puto cabrón.

   -¡NOOOOO! –grita Luis, dientes apretados, a punto de sufrir una convulsión de llantos. ¡Estaba presionando su culo contra ese güevo!, lo sabe. Estaba halándolo… si, ordeñándoselo.- ¡SACAMELO! –grita, imprudentemente para la filmadora, porque su tono no parecía de dolor sino lujuria.

   -Si, así, puto. Gózalo, jejejejeje… -clavándole más los dedos, mirando al odiado rival deportivo sometido, las nalgas agitándose cuando las golpea con su pelvis, el redondo orificio abriéndose y cerrándose al paso de su verga, siente que está en la gloria; era perfectamente consciente de aquel agujero buscando la barra que lo penetra. Si, estaba destruyéndole completamente. Pronto no sería sino “un viejo marica”.

   Era evidente, para ambos (uno salvajemente contento, el otro angustiado y lanzando gritos desesperados), que aquel enorme tolete ahora entraba y salía con toda facilidad de aquella boca abierta y ansiosa que era ese culo que lo esperaba. La velocidad e intensidad de las cogidas se incrementan, las bolas del entrenador le golpean ahora con fuerza y Luis jadea a cada azote de esas metras, porque la punta del tolete le daba bien adentro. Y esos roces, esos golpes contra la próstata tenían al hombre sometido, tenso, luchando para controlar las ganas de cerrar su agujero y las paredes de su recto, no para impedirle la entrada sino para experimentar más de la fricción, de manera automática, por mucho que su cerebro gritara de horror, traicionado por su cuerpo. Ese tolete estaba derrotando su cuerpo.

   -Ah, si toma, toma, puto, toma mi verga, ordéñala, sácale la leche que quieres. –le gruñe el sujeto, para atacar su mente como hacía con su cuerpo, sacándole y metiéndose nuevamente la verga, apuntando hacia arriba, abajo, hacia los lados, haciéndole gritar nuevamente, de manera ronca, erótica.- Si, entrégate a lo que quieres, puto, sentir la verga de un hombre en tus entrañas.

   -Aggg, no, sácala, ¡sácala! –grita de manera confusa, luchando contra las oleadas cálidas e intensa que lo recorren, ignorando que de manera automática, rostro contra la almohadas, espalda tensa, alza un poco sus nalgas, fijándolas, apuntalando su agujero para enfrentar el fuerte macheteo de aquella verga.

   -Sí, claro. –se burla Franco, retirándole centímetro a centímetro el nervudo tolete de las entrañas, notando la presión del anillo depilado del agujero, que atrapa su glande como si no deseara dejarle salir.- Jejejejeje, cómo la quieres. –y vuelve a clavársela cayendo de golpe, aplastándole contra la cama.

   -Ahhh… -grita Luis, aún más rojo de cara, ojos muy abierto, su culo recibiendo aquella barra con mayor facilidad, acunándola, experimentado, lo quisiera o no, las sensaciones que despierta mientras le atraviesa. El vaivén se reinicia.- No, no… -tan sólo gimotea, indefenso, parpadeando.

   Mientras más le cepilla el culo, sacando y metiendo la gruesa, tiesa y cálida verga en sus entrañas, más sentía Luis las corrientes que recorrían todo su cuerpo, dominándole; todas, absolutamente todas esas oleadas parecían dirigirse a su propia verga, calentándola, agitándola, endureciéndola por la excitación y el placer. Y su mente es un grito de agonía, uno que han padecido muchos hombres que se han visto, en momentos horribles, en semejante predicamento: odiar lo que les hacen y sentir que su cuerpo lo disfruta, lo espera y anhela. Como esperaba ahora el roce indetenible de la mole de carne masculina cuando sale casi hasta el glande y entraba golpeándole con las bolas. Si, la tiene dura contra la cama, frotándola de esta mientras el otro le embiste, agitando la cama toda.

   -Toma, toma, puto, toma lo que quieres. –le ruge Franco, tendiéndose un poco sobre él, metiendo una mano, con esfuerzo, y atrapándole una tetilla, que acaricia y frota deliberadamente lento, buscando provocar reacciones reflejas. Y lo consigue, sonríe cuando Luis gime agónicamente ante la caricia, que parece potenciarse por todo lo que estaba ocurriendo en su culo.- Si, si, gózalo así, deja salir lo perra que eres, pronto estarás corriéndote por tener una verga clavada en tu culo, jejejejeje…

   -¡NO! ¡NO! ¡NO! –gritas nuevamente el otro, como para intentar justificarse, explicarse; que no hacía eso porque quería, sin embargo su cuerpo es una masa de sensaciones, y su culo, lo sabe, sube y baja casi imperceptiblemente para buscar ese tolete que se le clava. No puede, al menos su cuerpo no, no asociar el placer que siente en su verga ahora erecta, pulsante contra la cama, con las embestidas dadas a sus entrañas. ¡Gozaba porque un hombre estaba cogiéndole!, es la idea de la cual no puede escapar. De que estaba a punto de correrse porque era cabalgado por otro carajo.

   Franco sonríe de manera casi maniática, cruel, sabiendo exactamente por lo que estaba pasando su odiado rival. Aunque disfrutaba lastimando, rompiendo cerrados culos de sujetos que se creían machos hasta que se cruzaba en sus vidas, también goza de lo que le hace a Luis. No sólo de la poderosa sensación que le recorre, el profundo placer sexual que experimenta al sacar y meter su verga de aquel culo masculino, las apretadas y exprimidas que este le daba; saber que el otro está descubriendo, notando que está participando en aquello, era aún mejor. Disfruta ejercer su poder, físico y mental, sobre ese hombre.

   -Si, puto, exprímemela, sácame la leche que tanto quieres, jejejejeje…

   -No, no… -lloriquea Luis, jadeante, presa de emociones conflictivas que van destruyendo su resistencia, su mente… mientras aprieta con fuerza esa verga que entra una y otra vez en sus entrañas. Los segundos parecen interminables “padeciendo” aquel horror, pero estos se vuelven minutos eternos de ese tolete entrándole y saliéndole, golpeándole intensamente, refregándole todo. Pierde la noción del tiempo, de lo que hace, en un momento dado se descubre gimiendo unos “¡ahhh, ahhh!”, que no parecían de suplicio.

   -Eso, gimotea como la zorra cachonda que eres. –le señala Franco, voz ronca, cayéndole sobre la espalda, enchufando totalmente con él, aunque aún tiene las manos atadas a la espalda.- Grita cuánto te gusta, perra.

   Oyéndole, Luis intenta oponerse, lanzarle fuera de su espalda, pero no puede. Como no puede impedir los pujidos ahogados, casi eróticos, que salen de sus labios cuando Franco eleva sus peludas nalgas, sacándole casi todo el tolete del culo y luego vuelve a penetrarle, una y otra vez. La cama se agita, el colchón se queja, y el hombre sometido cierra los ojos, todo dándole vueltas; lo único real era el peso del macho que lo había dominado, sometiéndole para su placer, lo otro era  la sensación de esa dura verga nervuda que le refregaba todo por dentro. Y todavía gime más cuando Franco se las ingenia para meter otra vez sus manos, atrapando entre índices y pulgares sus tetillas, apretándolas con fuerza al compas del vaivén en sus entrañas.

   -Hummm… -se le escapa un ruidoso gemido.

   -Estás tan caliente, perra; jejejejeje. –le oye gruñirle al oído.

   Y todavía le toca un suplicio mayor, soltándole una tetillas, aprovechando que tiene el culo semi alzado, no deseando pensar que lo tiene así para recibir más de aquel güevo, la mano libre del entrenador de su hijo Daniel se apodera de su verga erecta, caliente y babeante, cerrando al puño a su alrededor, presión que le hace casi perder el sentido. Mientras le coge, Franco no le masturba, tan solo le aprieta el tolete, pero los movimientos de las embestidas hacen el trabajo.

   Luis, horrorizado y excitado sabe que no aguantará mucho, lo quiera o no. Un poderoso orgasmo se incuba nuevamente dentro de su cuerpo inmovilizado y utilizado por Franco. Pronto los chorros de esperma escaparían de su tolete, mientras era tomado por el otro, su culo abierto y lleno con aquella verga. Se correría, y aunque se odiara parecía gritarlo, desearlo, por lo que ese sujeto le hacía. Pero, como hizo poco antes, cuando le masturbaba, Franco le suelta la tetilla, no así el tolete, al cual no masajea sino que aprieta, y se alza sobre sus rodillas, entre sus piernas. Y se queda quieto, teniéndole medio tolete adentro, medio tolete afuera.

   -¿Quieres correrte? ¿Lo necesitas mucho, mucho? Pues tienes que ganártelo.

   Todo girando a su alrededor, casi mareado por todo lo vivido, y caliente, si, y excitado, Luis le mira sobre un hombro.

   -Franco, ¿de qué hablas…? –y grazna cuando la presión sobre su verga sube un poco, de manera atormentadoramente sabrosa. Quiere, no, ¡necesita correrse! Y más rojo, avergonzado a límites imposibles, entiende lo que el otro pretende.

   Que eche su culo de adelante hacia atrás sobre el grueso palo caliente metido en su culo. Que se empale. Que se penetre a sí mismo.

……

   Sintiendo que ya había tenido bastante, poniéndose cada vez más molesto al no encontrar a nadie que le aclarara lo del viaje con Franco a Los Ángeles, que no pensaba hacer ni en un millón de años, Daniel Saldívar se dirige a la salida de las oficinas del complejo. Sus preguntas airadas, su negativa a tal posible presentación, parecía no haber calado bien en los demás. Les parecía algo caprichoso. Pero, claro, ¡qué sabía esa gente de todo el infierno que ese hombre le hizo pasar!

   ¿Le acarrearía algún problema, en su carrera, negarse a tal cita en los Estados Unidos? La posibilidad era inquietante, porque… enrojece feamente, avergonzado, humillado, había pasado por todo ese suplicio, someterse a ese hombre que le usó como su juguete sexual, su puta, por ir a las olimpiadas, para no defraudar a sus padres… para demostrar que era un campeón. ¿Podía perder algo de todo ello, a pesar de lo vivido, negándose?

   -¡Sabes lo que pasó! Tiene todo el derecho del mundo de comportarse como un imbécil. –la airada voz le sobresalta.

   -Ganó, ¿no es así? Tal vez eso era lo que quería y no le importe nada más. –otra voz replica, caústica.

   Se detiene en seco, mirando hacia la entrada del gimnasio. Reconoce las voces, y casi cree adivinar sobre qué, de quién hablan. Reticente pero curioso, se acerca, asomándose a la entrada, descubriendo a Román Mendoza, de pie, rostro molesto, todavía en el bañador de la práctica, con una toalla alrededor de su cuello, enfrentando a Genaro Tellerías, quien lleva un mono deportivo, y tiene los brazos cruzados sobre el pecho.

   -¿Cómo puedes imaginar que… lo hiciera para ganar?

   -Era el consentido del entrenador, lo sabes. –replica Genaro, y Daniel siente la rabia bullendo en sus entrañas.

   -¡No es verdad! Ese hijo de puta le odiaba desde que llegó aquí, ¿no lo recuerdas? Pero aún así tuvo que dejarle formar parte de la delegación olímpica, porque es el mejor desde el trampolín. -estalla Román, apuntándole con un dedo.- No dejes que tu rivalidad en la piscina, con él, enturbie tu mente. Y de eso se aprovechó ese degenerado. Vimos cuando le tendía la trampa, las cosas que siempre hace.

   Daniel siente la rabia alcanzando límites insoportables, ¿acaso esos dos sabían  del martirio por el cual pasó y no le advirtieron o dijeron algo? La pregunta vuelve a torturarle.

   -Parecía emocionado por sus atenciones. –agrega Genaro, molesto ahora por la mirada censuradora de su amigo.

   -¿Qué diablos te pasa? ¿Acaso estás celoso?

   -Hijo de… -alterado, Genaro descruza los brazos y parece que se le irá encima.

   Daniel ya ha tenido suficiente.

   -¿De qué carajo están hablando? –trona, rojo de mejillas, ojos brillante de ira.- ¿Hablan de mí?

CONTINÚA…

Julio César.

7 comentarios to “SIGUE EL DILEMA… 7”

  1. Sergio Says:

    ¡Impactante! Actualiza pronto, por favor. Jeje

  2. Mauricio Says:

    Me pregunto que pasara con Daniel ahora… al fin sabe que alguien conoce su pequeño y suicio secreto….

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