TARDE Y TEMPRANO

LA CITA TARDIA

kiss-boy

   No podían reír y aplaudir más.

   Después de verles todo un año discutir, pelear y competir entre ellos, los chicos gritan y aplauden cuando ocurre en aquella fiesta de fin de año escolar. La tensión la habían sentido durante meses, irritándoles, desesperándoles, los dos tontos discutiendo acerbamente cuando tan sólo se miraban con añoranza cuando cada uno pensaba que el otro no estaba pendiente. De buscarse con los ojos a cada llegada, de enrojecer cuando alguno, sin camisa, caminaba por las canchas. Hasta ahora, cuando uno de los dos bobos se acerca, a paso vivo, en medio del grupo, tocándole el rostro al otro, mirándole a los ojos, la mano de este viajando rápidamente a su cintura, tocándole, los labios encontrándose. Sí, hay risas, hay aplausos, pero también melancolía. Los padres estaban por llegar al apartado club para llevárselos, y al otro día uno de ellos partiría al exterior, y allí se quedaría estudiando. Separándose ahora que se habían encontrado. No se les podía criticar demasiado, eran chicos; personas más viejas tampoco habían sabido reconocer sus momentos, ese cuando otro ser pasaba de ser un extraño a convertirse en alguien necesario. Bien, aún quedan minutos para el final de la fiesta, para bailar bajo las luces uno en brazos del otro, rostros cercanos, corazones al unísono. Para pretender que la noche durará eternamente y no habrá un mañana.

Julio César.

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