Archive for 30 enero 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 4

enero 30, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 3

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   -¡No! No soy un fenómeno de feria. –jadea, tragando en seco cuando ella saca de uno de los bolsillos de su traje una pequeña lente que dirige a su rostro, y nota sus ojos barridos por un pequeño laser rojo. Tan pendiente de eso está que no repara en la aflicción momentánea en la cara del castaño ante la palabra fenómeno. Era aquel aparatico un verificador. En cuanto un humano mejorado demostraba habilidades, era reportado, numerado. Su iris era etiquetado. No hacerlo era un delito grave, y peligroso. Y él no estaba registrado.

   -Claro que eres un mejorado. –jadea Jared, perdonando a su Jensen, por la fea palabra.- Sabes mi nombre. –la sonrisa regresa y casi le parte la cara en dos.

   -Aléjense de mí, maldita sea. –brama el rubio, asustado, ¡iban a descubrirle y detenerle! Intenta retroceder pero Jared da un paso al frente, atrapándole los brazos con sus manos grandes de dedos largos. Con posesividad, calor y… casi ternura.

   -Oh, vamos, Jensen, nacimos para este momento. Eres para mí. –exclama todo sonrisas, y dicha, casi parpadeando por la oleadas de emociones poderosas que lo recorren con sólo aferrarle así, e imagina hacerlo sin todas esas ropas puestas, sus manos sobre la cálida piel, recorriendo con la punta de sus dedos desde los bíceps del rubio, subiendo, acariciando, erizándole, tomándole los pecosos hombros, porque debían ser pecosos, acariciándole las clavículas con los pulgares. La idea casi le hace jadear, el cerebro ocupado con escenas locas donde corre por una playa, dentro del agua, de la mano del rubio; o que, desnudos, besa esos hombros, que muerde una clavícula y es recompensado por un gemido del otro.

   -¡Suéltame! –grazna un Jensen casi asustado. Debatiéndose, Jared no lo hace.

   -¿No lo sientes en verdad?, ¿esto que nos une? –insiste, mirándole con adoración y necesidad, pero también posesivamente. Por Dios, ¿qué le pasaba? Debía notar que ese hilo existía y los enlazaba. De alguna manera sabe que era necesario que el pecoso lo comprendiera y aceptara.

   -Jared… -interviene, ceñuda, Sandy, mirando el pequeño lector que hace un cruce mundial de nombres, con registros, pero comprendiendo un poquito más que su alto compañero. Si, Jensen era un humano nuevo, lo sabe por la intensidad de la reacción de su compañero, porque el rubio pudo haber adivinar su nombre (¿una habilidad síquica?), y no era que pudiera haberlo escucharlo de pasada, no cuando no se decía desde antes que doblara esa esquina. Pero su reticencia… La joven sospecha algo que podría ser un problema.

   -Es él, Sandy. Lo que salí a buscar de la base, eso que me empujaba a dejar las instalaciones –la mira, hablando con confianza, los dedos cerrados sobre Jensen, a quien mira ahora.- Eras a quien buscaba. Tú me llamabas.

   -No, no; te lo repito, no soy uno de los fenómenos con los que tratas. –Jensen enrojece de furor, y alarma, intentando soltarse del agarre de Jared, pero parecían faltarle las fuerzas al notar la mirada dolida del otro.

   -No somos fenómenos, Jensen, somos seres humanos mejorados. Nuestras destrezas…

   -¡No soy como tú! Soy normal.

   -Eres…

   -¿Eres un beta? –la pregunta sale disparada de la boca de Sandy, todavía mirando el lector, congelando de pánico al rubio, cuyo corazón late con fuerza.- Si es así, debes venir con nosotros; es obvio que no tienes ningún tipo de enlace con otra persona o Jared lo notaría. Estás obligado por ley a obedecer.

   Es tanto el temor que eso infunde al rubio, que Jared lo percibe, tensándose, molesto con su amiga por afectarle así, comprendiendo la profundidad del lazo que estaba por establecerse: por Jensen haría cualquier cosa. También comprende el prejuicio, muchas voces se habían alzado, en el pasado, y aún ahora, en baja voz (era penado por el estado), en contra del sistema de castas, alfas y betas, considerándose una categorización animal, donde un beta era prácticamente un invitado forzado a la mesa del sistema, el cual quedaba encadenado a un alfa si este le requería. Cosa que nunca entendió del todo, hasta ahora. Si, Jensen era un beta, lo supo en canto le olió, le vio y ahora tocándole. Era su beta, lo que hasta hace unos minutos faltaba en su vida, pero no dejaría que eso le estigmatizara. Ni asustara.

   -¡No soy un animal de granja!, ni iré a ninguna parte con ustedes. –ladra Jensen, voz cundida de pánico y furor, comprobándole a Jared el alcance de su prejuicio.- Soy un individuo libre, no le pertenezco al estado, a los militares ni a ti. –casi le escupe en la cara, haciéndole parpadea dolido.

   -Por favor, cálmate, no lo tomes así, esto… -el castaño se confunde, afligido por la reticencia del otro, ¿cómo era posible que no percibiera la maravilla del encuentro? Tal vez necesitaba tiempo para asimilarlo, se lo daría y terminaría reconociéndolo. Juntos superarían esto, acoplados, se dice con confianza, soltándole un hombro y enmarcándole una mejilla, la cual se tiñe aún más de rojo, reacción que le hace arder por dentro. Tan es así que ya no piensa, echa el rostro hacia adelante y le cubre los labios con los suyos cuando el impactado rubio se disponía a quejarse de sus manos. El beso le silencia y todo pierde sentido para el castaño, ¡eran labios tan suaves! ¿Y lo imagina acaso?, se pregunta cerrando los ojos; ¿la piel del rubio bajo sus manos arde todavía más?, ¿este se echa hacia adelante?, ¿sus labios se separan un poco para recibirle?, no está seguro, pero sabe que si muriera en ese momento, lo haría como un hombre feliz. Separa sus labios con una sonrisa, ha sido una caricia de segundos.- Ven conmigo. Sabes que es lo correcto.

   -¡Maldito hijo de puta! –es la respuesta que le estalla en la cara, llegándole con el aliento agitado del rubio, el cual responde con fuerza.

   Por un segundo Jensen se había quedado congelado, de sorpresa y pavor, ser detenido era una realidad que se cernía por segundos, aquella soldado no parecía de las fáciles de convencer. Debía escapar y hacerlo ya. Sumándose eso a la ira que siente por las palabras del castaño, por el beso, le alcanza en el mentón con su puño izquierdo, sorprendiéndole, empujándole hacia la mujer, ambos trastabillando, aunque ella intenta atraparle con una mano como zarpa. Y, retrocediendo en su camino, corre como diablo ante la cruz…

   -Ahhh… -Jared, desconcertado por el golpe cuando todavía saboreaba la miel del beso, la dicha del futuro juntos, ese mundo rosa donde todo eran besos en la base, se paraliza. Era un soldado, pero el otro era también un humano nuevo, no era un simple chico pecoso y lindo.- ¡Jensen!

   A pesar del puñetazo, del rechazo, del evidente disgusto del otro, al castaño el corazón se le cae a los pies mientras le ve alejarse a la carrera, con bastante prisa, por cierto, doblando la esquina y desapareciendo de su vista. Gritando su nombre como un desesperado, le sigue, sin escuchar a Sandy, que le llama. Tan sólo sabe que tiene que correr, buscarle, encontrarle, detenerle… y hacerle entender que tienen que estar juntos. Dobla y en la estrecha calle en la que cae, corta, no hay rastros del rubio, y esa realidad le hace gritar entre dientes. ¿Por qué corres, Jensen?, ¿por qué te alejas de mí, bonito? Es lo único que se repite en su cabeza, angustiado. Respira hondo y cierra los ojos, olfateando, percibiendo el olor a caramelos, echando a correr otra vez, dobla en una entrada a media calle, enfilando los ojos hacia la salida de unas residencias pequeñas y oscuras, a cuyas puertas un hombre pelirrojo, mayor, despliega un puesto de comida ambulante.

   Jensen había tomado por ahí, se dice, corriendo sin detenerse. Y le encontraría.

……

   Sandy, después de llamarle infructuosamente, se detuvo al doblar la esquina y no verle. Lleva una mano a su oído derecho y presiona el comunicador.

   -¿Control?, McCoy; encontramos a un mejorado no registrado, Jensen Ackles. -alza el gafete que le quitara.- Es un conserje en la primaria Palin. Hay que encontrarlo y detenerlo, es un infractor. Quiero su dirección. Comiencen a buscar a su familia y llévenselos a todos. –ordena tajante.

CONTINÚA … 5

Julio César (no es mía).

EL PEPAZO… 47

enero 29, 2017

EL PEPAZO                         … 46

De K.

el-chico-lindo

   Tan vistoso, tan deseado…

……

   No estaba totalmente consciente de sí cuando, de espaldas, abriéndose con el índice y el pulgar el ardiente culo, pidió aquello. Pero en cuanto el otro, saltando como empujado por un resorte y gruñendo como si se muriera, montó una rodilla en el mueble, tensando el cuerpo, guiando la verga tiesa, que goteaba jugos y su propia saliva, metiéndole el ardiente nabo de la punta, sintiendo el roce, la frotada, para irse enterrándosele lenta y fácilmente, Jacinto ya no pudo pensar en nada más, tan sólo en esa vaina caliente y pulsante que se le clavaba centímetro a centímetro, restregándose contra las paredes de su recto que parece sufrir un poderoso espasmo erótico, casi un orgasmo propio, y la cabeza parece darle justo allí, en esa pepa, ese botón que le ponía en “modo puta caliente”.

   Efraín casi bizquea, la boca tan abierta que algo de baba le rueda por el labio inferior, al sentir su verga exigida, tan apretada y halada, los músculos sedosos de ese canal sobándole, mientras le succionaba. Casi sentía que la verga se le derretía de calenturas y ganas. Lo mete y lo mete, viéndole tensarse, enrojecer, los ojos oscurecérsele de lujuria, los labios rojos húmedos, por la mamada que acababa de darle, dejando escapar los maullidos y gemidos más intensos de placer que ha escuchado alguna vez en su vida. Se la mete toda, hasta el fondo, pegándole los pelos del saco que forman en el otro las bolas envueltas en el rosa material de aquella tanga tan putona, sus propias bolas peludas apoyadas en el muchacho. Se miran, sus pechos subiendo y bajando, el del carajo ese mostrando esos globos que tiene por pectorales, esos pezones grandes, erectos, urgidos de una boca, pensó, estremeciéndose ante idea tan extraña… Como lo era cogerse a un hombre, meter su tolete en un culo masculino, después de todo.

   -¿Te gusta esto, maricón, tener una buena verga enterrada en tu culo? –le pregunta, casi agresivo, excitado, feliz, dichoso de ser un macho de las cavernas que domina a su presa.

   -Yo… -Jacinto balbucea, más rojo de cara, liberando una lucha interna entre una parte de su mente que no entiende aquello, ya que es un macho como todos, y otra parte, que confabula con su cuerpo para dar otra respuesta.- Si, si, cógeme. ¡Cógeme duro! –casi le grita, estremeciéndose coquetamente de la risita del otro, de la mirada hambrienta en sus ojos. ¡Él le provocaba eso!

   -Te lo daré todo, mariconcito rico… -gruñe Efraín, otra vez, sintiéndose travieso, atrapándole los tobillos con las manos, alzándolos, abriéndole, sacándole medio tolete del redondo anillo sin pelos, para volvérselo a clavar, hondo y duro, los dos cuerpos masculinos chocando; abriendo, llenando y barriendo con su venoso tronco ese culo que ahora sabía vicioso y hambriento de machos. Con razón el abogado coño’e madre había caído con ese tipo.

……

   El Corsa azul, bonito, aunque no nuevo como podría decir cualquier buen observador, se detiene en el estacionamiento, y Lisset Osuna lamenta, suspirando frustrada como cada vez que llega, de día o noche, que no le tocara un puesto techado. Se volcó un café en la falda y debía cambiarse, y no tenía una muda de ropas en la oficina. Se dice que debe aceptar lo del estacionamiento, y la falda, como uno de esos hechos de la vida, la mala suerte. Como tener a un marido tan inútil como Efraín, quien seguramente aún dormía. O ya se habría largado a parrandear con los vagos que tenía por amigos. O a buscarse una puta con la que pasaría un buen rato, dejándole a ella los amargos. Mortificada, y predispuesta un poco más contra ese hombre, baja del vehículo.

……

   Pero si Efraín Serrano, marido de Lisset Osuna, pensaba que dominaba totalmente la situación mientras se mordía la lengua, engreído, sosteniendo y abriendo a aquel carajo por los tobillos, viendo como entraba y salía su endurecida e hinchada verga de aquel culito sedoso y exigente, se equivocaba. Y comenzó a sospecharlo cuando, sonriendo algo infantil, ese carajo comienza a apretar y aflojar el agarre de su esfínter, cerrando las entrañas sobre su barra, y al comenzar un leve sube y baja, buscándole, moviendo su culo definitivamente goloso.

   -Hummm… -es todo lo que escapa de la boca de Jacinto cuando el otro, tendiéndose más, responde al desafío aumentando los ritmos de sus embestidas, sus mete y saca parecen duplicarse en velocidad, refregándole toda vaina por dentro, golpeándole una y otra vez la pepa del culo.

   Y es todo lo que parecía necesitar Efraín para tenerse más sobre él, alzándole las caderas del mueble, sus ronroneos de putita dichosa, la manera en que arqueaba la espalda echando la cabeza hacia atrás cuando le frotaba internamente con su venosa barra llena de sangre, pulsaciones y durezas. Embistiéndole más duro, empujándosela más y más, ya perdido en ese punto como la mayoría de los hombres cuando descubren, o disfrutan nuevamente, de cabalgar el culo de un hombre que goza con ello y les pide que se lo metan más duro y más rápido.

   -Tómala toda, mariconcito, toma toda mi verga. –le gruñe poseído por una fiebre rara, soltándole un robillo que cae en su hombro, dándole una sonora palmeada a la redonda y dura nalga del muchacho, quien aprieta los dientes y sisea lujurioso, al tiempo que su, en respuesta, cálido y húmedo agujero aprieta y chupa mas de aquella mole que va y viene en sus recorrido.

   -Hummm, hummm, hummm, si, si, cógeme. Cógeme duro. –se oye suplicar, en voz alta, perdida toda cordura, el control de su cuerpo, deseando de una manera agobiante aquella barra de carne de hombre que lo penetra, somete… y sacia; preguntándose muy de refilón qué le pasaba. Había estado igual momentos antes, con otro sujeto, y ahora… Si, estaba perdido de puto.

……

   Eso podría decirlo, por ejemplo, Lisset Osuna, de verle, mientras suben al ascensor, tarareando una canción que escuchara temprano en la oficina: Tropecé de nuevo con la misma piedra.

CONTINÚA … 48

Julio César.

EL TIO QUE…

enero 29, 2017

LIDERAZGO EVIDENTE

macho-hot

   …Trota y sabe que pronto llegarán los vecinitos a lamerle el sudor del shorts.

musculoso-desnudo-y-detenido

   …Aunque molesto, entiende la “necesidad” de revisarle de aquel policía de manos inquietas.

RESULTADOS

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 17

enero 29, 2017

RELATOS CONEXOS                         … 16

DENTRO  Y  FUERA… 2

mutantes-y-erecciones

   Tiempos de poderes…

   Pero no lo sabe. Sólo tiene el ahora. Y en este instante su vida era una mierda, encerrado con Sombrío y Silver. No tenía nada qué hacer, ni nadie con quien hablar. Para colmo, el dueño de la casa, el mismísimo don Sombrío, le miraba como si él, Richard, fuera una cucaracha saliendo del desagüe del baño. Por su parte, Silver sólo estaba pendiente del otro, siguiéndole siempre con la mirada como un perrito faldero. ¡Qué idiota era!, perdiendo su tiempo en adivinar qué quería o deseaba Sombrío; el maldito ese también le despreciaba. De hecho parecía no querer a nadie, ni tener paciencia con nada, como no fuera con Sibila, la bruja vidente, o la puta de Gea, la extraña mujer de mirar indolente a veces, burlón otras.

   El joven se queda quieto por un momento, con el balón en las manos, sudando a mares, viéndose increíblemente atractivo y viril, midiendo la distancia al aro, pensando en Sibila y Silver. La mujer era un enigma, y se mantenía alejada de él, por eso no había podido averiguar qué tanto hacían ella y Sombrío, encerrados hasta la madrugada, llenando gráficos y tablas con datos; pero algo le decía que la clave de los planes del otro carajo estaban en esas tablas con cifras y números. ¿Qué calculaban? En cuanto a Silver… hubo un tiempo cuando se burlaba de él, cruelmente, en la universidad. Y ahora el joven lo evitaba. Estuvo tentado a atraerlo, a diferencia de Sombrío, el otro no parecía inmune, pero temía caer bajo su poder, ya que Silver también tenía un don. De hecho… a veces parecía que Sombrío le temía, cosa muy extraña.

   Y es, precisamente, Silver quien aparece en la entrada de la cocina, viéndolo con interés, y algo de fea envidia. Era lo normal. Otros carajos lo miraban, admirando su atractivo y envidiando, en el fondo, no ser él.

   -¿Qué quieres, Bartolomé? -le pregunta con voz de barítono, lanzando el balón, sin verlo.

   -Alguien te llama por teléfono en la sala. -responde el otro, recorriéndole de nuca a pies, con disimulo.

   El recién llegado era tan distinto a Richard, que el contraste era casi obsceno. Silver era delgado, aunque esbelto también, de cabello castaño, desarreglado, algo largo, dándole un aire de pasado de moda. Lo otro que podía decirse de él era que usaba lentes, unos muy finos de montura. No había nada llamativo en ese joven de mirada ardiente y huidiza, de ojos oscuros y apasionados, de labios carnosos, propios para besar y enloquecer, aunque nadie lo sospechara. Bartolomé era un tipo introvertido, tímido (tenía razones para encerrarse dentro de sí) y era imposible que alguien le lanzara una segunda mirada, lo notara, o se fijara sí estaba o no. Se movía como una sombra, y como una sombra parecía no existir realmente.

   -¿Juegas conmigo? –le pregunta Richard, coqueto como siempre, mirándolo fijamente, sonriendo invitador, lanzándole el balón; que, sorprendentemente, no llega al chico de anteojos, sino que parece chocar de un vidrio frente a él, con un sonido casi metálico, un vidrio que no está, y regresa al catire, en el rebote. Silver lo detuvo con su mente.

   -Estoy ocupado, Brillo. Y ya te dije que te llaman. -rechaza, pareciendo que se aleja. El catire se molesta.

   -Mi nombre es Richard. No Brillo. Tú eres Bartolomé, no Silver. Y, dime, ¿no te cansas de olerle los peos a Sombrío? Sal y lleva sol, pareces enfermo. -lo reprende, agitando la cabeza y lanzando gotas de sudor, quitándose finalmente la camiseta y secándose con ella la cara y la nuca. Su torso es lampiño y sus tetillas, rosáceas marrones, estaban erguidas, como desafiando a alguien a que las tocara o mordiera, pensó con un estremecimiento, Silver. Sabía que el otro lo hacía a propósito.- Ven, vamos a jugar. -invita otra vez, amistoso, como pidiéndoselo.

   -Quien te llama no va a esperar toda la vida. -graznó casi sin voz, sacando fuerza de flaquezas. Le gustaría quedarse un rato y jugar básquet, para estar con el otro, y verlo. Porque era llamativo, vital y saludable. Algo que él no era. Además, Brillo lo incitaba con su don. Era a lo que temía. Por eso casi se escurre. Como una silente sombra.

   Furioso, y frustrado (coño, quería acción y con esos capados no se podía), Richard lanzó el balón hacia el aro, sin ver, y éste entró, perfectamente, como, al parecer, era todo en él. Arrojándose la sudada camiseta al hombro, entra en la casa. Atraviesa el largo pasillo que lo lleva a cruzar frente a la amplia cocina, un pequeño baño, un dormitorio cerrado, lleno de cachivaches de lo más diversos (seguramente cosas sobre las que pesaban antiguas maldiciones o algo así, ya que nunca las tocaban o sacaban a la luz); pasó frente al comedor para ocho personas (¿para qué lo compró tan grande si nadie venía nunca?, ¿lo encontrarían botado en algún monte y se lo llevó?), entrando finalmente en la amplia sala, decorada con muebles viejos, de tela, muchos de ellos cubiertos con sábanas, como si la casa estuviera desocupada y ellos la hubieran invadido, y no desearan dejar muchas huellas.

   Se arroja comodote en el sofá, sintiendo la áspera tela en la espalda, cayendo en cuenta que está sudado y moja el mueble, pero pronto deja de incomodarle, todo allí era de Sombrío, ¡sería bueno dejarlo hediondo! Comodote, monta la pierna izquierda a lo largo del sofá y toma el aparato telefónico, de los viejos, tanto que tenía un discador al que había que meterle el dedo y girarlo; ¡otra vaina encontrada en la basura, seguro!

   -¿Aló?

   -Por fin, mijito. ¿Te estabas lavando el culo? -oye una voz joven, gruesa y reilona.

   ¡Salomón!, piensa Richard con una sonrisa divertida. Salomón era un carajo joven, de piel canela oscura, cabello áspero y muy negro, que a veces pintaba en mechas amarillentas, viéndose llamativo y atractivo, con su rostro delgado y esa barba tipo candadito fino que estaba cultivando. Era más alto y mucho más musculoso que Richard, porque le gustaba ejercitarse y había comenzado a levantar pesas. Ahora posaba, quitándose la camisa, en la universidad, para que todos vieran como iba progresando. Fue allí donde se conocieron. Salomón estudiaba bioanálisis (¡un laboratorista, qué bajo!, decía el catire con sorna, al molestarlo), y Richard decidió usar su don en él; ya que era hermano de la mujer que impartía Farmacología, y algo de ayuda, amistosa, era buena, ya que él se perdía con conceptos como receptores alfa, beta y gamma en el cuerpo humano. Obviamente hubiera sido más fácil influir directamente sobre la mujer… pero Salomón era más atractivo, físicamente, que su hermana gordita y mortalmente aburrida con sus estudios de bioquímica experimental. El otro chico, claro está, se fascinó con él, y se volvieron amigos. Sólo amigos. Pero ahora, sentado en el sofá, sin camisa, agitado por el juego, sudado, frustrado, Richard se siente… travieso.

   -Ni te imaginas, Salo. -dice el joven, sonriendo ocioso, con los ojos brillantes.- Tengo el culo sudaíto, ¿por qué no vienes y me lo secas con la lengua? -le ofrece, mórbido, bailoteando su pie sobre el mueble, como buscando alivio a la tensión.

   -¿Que qué? -se sorprende realmente el otro, y el joven catire lo entiende, pero nota que ríe nerviosamente, no arrecho.- Eres un maldito loco.

   -No es eso; es que estoy aquí encerrado, solito… y tengo el güevo como pata de perro envenenado, tieso y duro. -dice lentamente, lascivo.- Y no me gustan las pajas, prefiero una boca golosa trabajándomelo. Una con un bigotico puto como el tuyo. Anda… te dejo mamarme el culo primero, y después el güevo. -le ofrece.

   -¡No! -jadea el otro; pero el catire sonríe ampliamente, realmente agitado, caliente y excitado, mostrando ahora una escandalosa y granítica erección sobre la tela suave del short gris, levantándola.

   -Eres un mal amigo. Un verdadero pana le daría una mamadita a otro, en momentos de apuro. Sólo te estoy pidiendo que me lo mames, no que me mantengas. -grazna sonriendo, mórbido, sobándose con la mano el tolete sobre el short, se sentía rico cuando hablaba suciedades por teléfono.- Para ti, sería fácil, tienes esa boca grande. Sólo tendrías que abrirla y tragártelo. Y te lo juro, en cuanto lo tengas sobre la lengua, quemándotela, nunca vas a querer sacártelo o soltarlo. -oye un jadeo ahogado y una risita.- Y no me lo vas a chupar por nada; tú me lo mamas y yo te lleno la lengua y la garganta de leche. Me han dicho, los muchos que han mamado antes que tú, que sabe sabrosita. A mí me parece un trato justo. Tú mamas, yo te doy leche…

   -Eres un maricón; ¿cómo me invitas a una vaina así, y en esa casa? -lo acusa, riente, el otro.

   -Anda, vamos a vernos. Pero tienes razón, aquí sería una locura. -arruga la frente lisa.- Este lugar está lleno de malas vibraciones. Vamos a vernos en el Parque del Este, y nos encontramos por donde estuvimos trotando el lunes, ¿te acuerdas? Donde ese carajo y esa tipa estaban tirando montados en un banco de cemento. -suena convincente.- ¿Recuerda lo caliente que estabamos? Ahí, en ese momento, te iba a pedir que me lo mamaras…

   -Estás mal, gallo. -jadea ronco, Salomón, del otro lado del teléfono. Richard entiende que el otro está caliente. Sonríe al saber que va a triunfar, que basta con encontrarse con él, y lo ‘convencería’ de mamarle el güevo. El tolete le abulta como un tubo grueso dentro del bermudas, visible.- ¿Por qué no te tiras a algún carajo allí?

   -Aquí no hay nadie sabrosito. No tienen esa boca como tú. -le dice efusivo, como halagándolo.- Te gusta mamar, ¿verdad? Anda, dímelo.

   -No seas güevón, yo no hago eso. Date un baño, o habla de religión con tus amigos allí.

   -Aquí sólo hay fastidio. No hay nada interesante qué hacer.

   -¿Quiénes están?

   -El jefe macabro y Bartolomé, ya los conociste de cuando viniste a buscarme hace dos días. Y están enfrascado en no sé qué vaina, de la que nada sé, y nada me dicen. Creo que están calculando cuándo se va a terminar el mundo. -dice irreflexivamente.- Ay, aquí están convencidos de que habrá un colapso mundial, seguido de desastres ambientales y de guerras locales que…

   Interesado como está, en quejarse de Sombrío, y convencer a Salomón de que le mame el güevo (le arde y babea ya dentro del short), no repara en nada más. No nota como alguien baja las escaleras. El recién llegado es un joven delgado y alto, aunque no lo pareciera. Es un tipo de piel blanca pálida, de cabello negro lacio, que cae como un casco desde el centro de la nuca, casi sobre sus ojos. Éstos son oscuros, y fríos, cubiertos por unos lentes de cristales finos. Como con Bartolomé, no había nada en él que llamara la atención, nadie reparaba jamás en el color de sus ojos o cabellos, o en su talla. Nada en él llamaba la atención, nada le hacía destacar… porque así lo quería. Al ir por la calle se concentraba en no ser visto y la gente apartaba la mirada, era como si desapareciera. Su fuerza no era física, ni estaba en su físico. Era interna. Mental. Y era aterradora. Era un joven que había visto el otro lado… el que estaba más allá de los límites donde llegaba la luz en esta realidad. Regresando de allí enfermo, pero vivo. Convirtiéndose, efectivamente en un guardián de esa puerta.

   Porque sabe lo que ocurriría si esta se abriera a este lado… Y Brillo, el insensato, minaba las cerraduras en estos momentos.

CONTINÚA … 18

Julio César.

EPIFANIA

enero 29, 2017

LA CITA TARDIA

love-love-love

   ¿Lo peor?, que ya todos lo creían consumado.

   Joaquín y René, parte del viejo grupo de amigos que recorren la costa, reuniéndose para mantener viva esa parte de sus vidas que fue hermosa, la primera juventud en la escuela, llevan años girando uno alrededor del otro, con bromas y juegos que a veces terminan con manos tomadas. Señal de “amistad”, decían, los otros rodando los ojos, divertidos. Cada uno de ellos divorciado, con una larga lista de novias que les dejaron. Y allí, frente a la costa, con René tomándose fotos para destacar el paisaje detrás, Joaquín no pudo sino escuchar su alegría en la risa, mirar su sonrisa feliz, recorrer la ancha espalda, el jean aferrándose a la curva de sus nalgas…

   No lo pensó, pero al instante estuvo a su lado, detrás, rodeándole con los brazos la cintura, abrazándole como para compartir la imagen… sosteniéndole apretado contra su cuerpo. René volviendo la mirada, sonreída pero confusa, siente el pecho de su amigo contra su espalda, la pelvis de Joaquín contra su culo. El mismo que ahora está quieto, como esperando que se le rechace, que se aparte, pero todo lo que deja escuchar es cuando traga en seco.

   -Es una mala idea. –croa tenso, caliente, erizado entre sus brazos. Notando el asentimiento silencioso del otro, sobre su hombro, contra su mejilla, rozándole con la barba.

   -Lo sé. –pero en lugar de alejarse, se acerca más.- ¿Te suelto? –pregunta asustado, rogando; la caricia de otros dedos sobre los suyos como toda respuesta, le hace abrir los ojos que no sabía que había cerrado mientras enterraba la nariz en su cabello.- Te quiero. –confiesa con emoción en la voz ronca, temblando todo, lo que piensa será la bomba del año…

   …Tan sólo para escuchar la risa de sus amigos, que silentes, se habían acercado.

   -Al fin, joder. –exclamó una de ellos, feliz pero severa.- Ya pensábamos que nunca ocurriría, y eso que se tienen ganas desde tercer grado. Mira que bastante tiempo que han perdido por gafos.

SEÑALES CRUZADAS

Julio César.

MARISABEL Y EL SILENCIO QUE VALE ORO

enero 29, 2017

EN DICIEMBRE SE NOTA MAS

marisabel-y-el-falso-comendante

   Y de oro y riquezas sí sabe la revolución.

   Leo en un portal que la ex Primera Dama de la república, Marisabel Rodríguez, en lugar de mantener discreto silencio para que el país olvide lo que ha hecho, declaraba en las redes sociales que, si ella tuviera dinero, demandaría a la productora de televisión norteamericana SONY, por la serie “El Comandante”, donde tratarán la vida del fallecido Hugo Chávez, un hombre que tomó un país con problemas concretos y al que le entró mucho dinero por conceptos de petrodólares, y lo dejó arruinado, pasando hambre y en la mayor de las miserias, algo reconocido internacionalmente, por cierto. Confieso que me reí leyendo las declaraciones de la señora, aunque no tanto como los comentarios. Uno preguntaba: “¿si tuviera real?, ¿y todo lo que le robaron al país?”; otro alegaba que los demandaría porque no encontraron una actriz capaz de retratarla como la perfecta bicha; otro dizque porque la dibujaban como saco del boxeo al que sacaban de noche para las clínicas. Ella se lo buscó, esos comentarios, ese odio.

TAMBIEN ELLOS QUIEREN SER FAMOSOS MODELOS

Julio César.

NOTA: La dichosa serie comenzará a transmitirse, para Latinoamérica, a partir del 31 de este mes, por el canal colombiano RCN, TNT y TELEVISA. Ni de vaina pienso verlo, le detesto demasiado como para soportar cualquier disculpa o excusa; cosa que seguramente le hará feliz esté donde esté pagando las que hizo, bastante trabajó para dividirnos y enfrentarnos por odio, aunque ahora su propia gente pretenda haberlo olvidado.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 6

enero 27, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 5

Por Sergio.

un-tipo-con-una-lengua-en-el-culo

Amadeo Morán es, sin lugar a dudas, un hombre inteligente. A sus treinta y dos años, ha construido vertiginosamente una exitosa carrera como detective privado, en gran parte gracias a su astucia, su preparación académica y su audacia para trabajar en todos los casos que se le han presentado hasta el momento: falsificación de identidad, búsqueda de personas desaparecidas, competencia desleal, infidelidad conyugal, investigación de homicidios, accidentes, atentados y fraude son apenas algunas de las áreas más importantes de su experiencia laboral. Como cualquier profesionista, Amadeo piensa que un trabajo como el suyo, a veces tan extenuante, a veces tan aburrido, merece un justo descanso… y entretenidos pasatiempos.

Si existe un experto en crimen, ése es él y eso es bien sabido por colegas, clientes y las muchas personas que lo han conocido. Lo que la mayoría desconoces es que Amadeo no utiliza su pericia profesional solamente para trabajar; sino también, para divertirse. Amadeo Morán es, sin lugar a dudas, un hombre inteligente; tan  inteligente como peligroso.

En su muy irregular tiempo libre, se las ingenia para raptar y violar hombres jóvenes, apuestos, varoniles, musculosos y heterosexuales. La razón de ser de esta última característica en el perfil  es simple: le encanta desvirgarlos y, más trascendental aún, sentir que tiene el poder de “cambiarles la vida”. Es una auténtica parafilia psicopática que Amadeo adora ejercer, convirtiéndolo en un criminal más, como los que él mismo pone al descubierto, pero ¿quién podría atraparlo a él?

Previsiblemente, Amadeo ya no está solo en esto. Forma parte, junto con otros profesionales, de una red oculta y clandestina, pero muy bien organizada de fetichistas que comparten su afición por estos perversos placeres. Esta red indudablemente representa un buen ejemplo de “trabajo en equipo” al estar conformada por un grupo multidisciplinario donde todos sus miembros pertenecen a distintas profesiones y comparten sus diversos conocimientos para los “objetivos mutuos”… y también “proponen candidatos”.

Amadeo, como buen referente de su profesión, disfruta “hacer el trabajo sucio” vigilando, observando, investigando y, finalmente, raptando.  De hecho, acaba de hacerlo y está listo para “cobrar su premio”. Esta noche, mientras conduce la furgoneta en la que va aprisionado un joven llamado Rodrigo Barahona, el último candidato propuesto hasta ahora, está pensando en lo mucho que va a divertirse, aunque ha empezado a poner en duda que sea heterosexual por el hecho de haberlo encontrado dedeándose mientras lo espiaba.

Amadeo: -¡Ya casi llegamos! –dice para sí mismo al observar una acogedora casa en las afueras de la ciudad que es bien conocida por los miembros de La Red.

Mediante un control remoto o mando a distancia, Amadeo abre el amplio garaje donde estaciona el vehículo. Ya en la privacidad que brinda la casa, pero con precaución, revisa la parte trasera de la furgoneta, donde yace Rodrigo, profundamente dormido gracias a la acción continua del cloroformo y a pesar de la resistencia que intentó poner. Tras verificar eso, vuelve a asegurar la puerta y entra a la sala de estar para saludar a los “socios”, pero solamente encuentra a uno: el hombre que propuso que Rodrigo fuera candidato: Claudio.

Amadeo: -¡Hola, ya llegué! ¿Dónde están todos?

Claudio: -Ha habido un cambio de planes…

Amadeo: -¿De qué hablas?

Claudio: -Este premio sólo será para mí. Acá está el dinero por tus servicios. –dice mientras le entrega un sobre.

Amadeo: -Eso no va a poder ser. –responde con firmeza, rechazando el sobre.

Claudio: -Mira, yo quiero este chavo sólo para mí. Perdón si te sentiste engañado, pero no puedo permitirte…

Amadeo: -¿Permitirme? –interrumpe- ¡Si eres tú quien está violando las reglas del Club!

Claudio: -Jajajaja ¿¡Violo los principios éticos de mi profesión y voy a respetar los de esta mierda!? Jajajajaja –se carcajea.

Amadeo: -Bueno, a mí eso no me importa. Yo también quiero mi parte del este pastel.

Claudio: -Te recuerdo que existen muchos muchachos guapos como éste. Tú y yo lo sabemos muy bien, pero no quiero compartir a éste con nadie. –dice visiblemente impaciente.

Amadeo: -Me parece que no me estás entendiendo. Si no aceptas compartirlo conmigo, te voy a destruir.

Claudio: -¿Les vas a decir a los demás que conseguí candidato a espaldas de ellos para que me echen? ¡Hazlo, no soy el primero en hacerlo!

Amadeo: -Jajajaja Eso sería infantil. Te voy a delatar ante la Junta de Vigilancia Médica ¡y con Lucía!

Claudio palidece, pues siempre había tenido el cuidado de mantener sus relaciones importantes al margen de “sujetos peligrosos”, como Amadeo, precisamente para resguardar su seguridad.

Claudio: -¿Quién es Lucía? –intenta despistar.

Amadeo: -Jajajaja Te olvidas a qué me dedico, Claudio. Jajaja Yo no sólo sé de ti, ¡también tengo pruebas!

Claudio: -¿Pruebas de qué le vas a enseñar? ¡Si yo todavía no me he cogido a Rodrigo!

Amadeo: -¿Crees que si le muestro evidencia de ti cogiendo a chavos como Rodrigo, va a dudar que también quieres hacérselo a su hijo? Jejeje

Claudio: -¡Hijo de puta! –exclama ya enojado.

Amadeo: -Es risible el cuadro si te pones a pensarlo: Una mujer que se separó del padre de sus hijos por homosexualidad ¿ahora tiene un novio que quiere cogerse a su hijo? Jajaja ¿Infidelidad? ¿Homosexualidad? ¿Incesto? ¿Cuántos pecados van ya? Jajajaja

Claudio: -¡Tú ganas! –grita.

Amadeo: -Es un placer hacer negocios contigo. –responde deliberadamente cínico.

Claudio: -¡Voy a ceder en que compartamos a Rodrigo, pero seré yo quien lo desvirgue! ¿¡Te queda claro!?

Amadeo: -Está bien, de todos modos me da la impresión que lo que le vamos a hacer ya se lo han hecho antes.

Claudio: -¿Por qué lo dices?

Amadeo: -Haciendo el trabajo de campo, hoy lo descubrí metiéndose el dedito.

Claudio: -¿En serio? –finge sorpresa mientras el enojo que tenía se transforma en excitación al escuchar esto.

Amadeo: -Haciendo el trabajo de campo, hoy lo descubrí metiéndose el dedito.

Claudio: -¿En serio? –finge sorpresa mientras el enojo por tener que compartir a Rodrigo es reemplazado por excitación al saber que está realizando los “ejercicios” que le recetó.

Amadeo: -Sí, lo raro es que cuando lo confronté y le dije que quería cogérmelo; y no, asesinarlo; lejos de tratar de negociar, se defendió con más fuerza. 

Claudio: -¡Tal vez le dolió mucho la última vez! Jejeje –chista.

Amadeo: -¡Sí! Jajaja ¿entonces seremos aliados? –estrecha su mano.

Claudio: Aliados –dice mientras corresponde el gesto, aunque no convencido de hacerlo.

Amadeo: -Bueno, ¡basta de charla y vamos a la acción!

Amadeo y Claudio cargan la silla que contiene a Rodrigo y la llevan a  una habitación de la casa. Rodrigo continúa dormido, por lo que Amadeo y Claudio discuten en qué momento despertarlo y, más importante aún, en qué momento empezar a jugar con él.

Claudio: -¡Qué pesa este cabrón!

Amadeo: -Entre más pesado, más rico, jeje

Claudio: -Está muy bueno, ¿no?

Amadeo: -La verdad, sí… No me digas que ya te enamoraste. Jaja

Claudio: -Bueno, creo que empezaré ya con él. Déjame estar a solas con él y, cuando termine, te aviso para que entres.

Amadeo: -Ok, los dejo solos para su noche de bodas. Jaja

Claudio: -Pero antes de que te vayas… préstame tu máscara.

Amadeo le arroja la máscara y sale de la habitación. Claudio se pone la máscara y libera a Rodrigo de la silla para acostarlo en una cama matrimonial. Con la dosis de cloroformo suministrada, Claudio estima que Rodrigo estará durmiendo profundamente al menos por una hora más, por lo que procede a desnudarlo.

Claudio empieza retirarle la camisa a Rodrigo mientras lo besa y acaricia su cara, su pecho, su espalda y sus brazos. En contraste, se quita la propia muy rápidamente para no perder tiempo que usará para explorar al objeto de su deseo. Claudio despoja al mismo tiempo a Rodrigo de sus pantalones y sus bóxers, admirando su bien formado cuerpo desnudo y tocarlo ya sin reservas.

Después de besar, acariciar y lamer distintas partes del cuerpo de Rodrigo a su antojo, Claudio procede a volver a inmovilizarlo; esta vez, utilizando ataduras flexibles para que pueda mover sus brazos y piernas, pero que no le permitirán salir de la cama una vez que despierte.

Claudio se ubica en medio de las piernas de Rodrigo y, aunque su pene no le despierta una sola pizca de excitación, empieza a mamársela porque sabe que será algo que lo excitará… y lo quiere bien excitado porque, a diferencia de Amadeo, Claudio quiere que Rodrigo  disfrute de su primera verga. Claudio empieza a abarcar los testículos de Rodrigo, por lo que el sexo oral se intensifica tanto que, a pesar de que Rodrigo esté inconsciente, su verga empieza a “despertar”. En ese punto, Claudio calcula que ha sido suficiente y libera las piernas de Rodrigo de las correas para poder moverlas a su gusto.

-Claudio: Ahora vas a entrar a un mundo del que no vas a querer salir. –dice para sí.

Claudio lame detenidamente los pies, los tobillos, las rodillas, los muslos y, más detenidamente aún, las redondas nalgas de Rodrigo. Acompaña las lamidas con masajes que hacen que Rodrigo “despierte” todavía más, pues además de la erección, su cara empieza a reflejar muecas de placer. Claudio continúa masajeando las nalgas de Rodrigo, hasta que finalmente las abre de par en par. Claudio tiene, por fin, frente a sí el ansiado premio por el cual tanto esperó. Aunque no es la primera vez que lo mira ni la primera vez que lo toca, le excita mucho ver “el premio” porque lo que pasó antes no se acerca ni por asomo a lo que ocurrirá esta noche… ésta es la noche en la que piensa reclamar su premio.

Sin perder más tiempo, Claudio introduce la  punta de su lengua en el ansiado agujero, lo cual casi inmediatamente causa que Rodrigo emita un gemido inesperado. Claudio empieza a lamer el ano cada vez con mayor avidez, a la vez que intercala esto con dedeadas, como las del “masaje prostático”, pero más intensas y eficientes aún. A medida que los minutos transcurren, Claudio continúa lamiendo, dilatando y masajeando el ano de Rodrigo, cuyas caras de placer y gemidos se hacen más constantes, cosa que alegra a Claudio… y a su pene.

-Claudio: Fue dura la espera, pero ¡vaya que valió la pena!

La verbalización de estas palabras parecen tener un efecto indeseado: ¡despertar a Rodrigo! Sus profundos ojos se abren y no puede creer lo que ven: ¡un hombre enmascarado está entre sus piernas chupándole el culo!

-Rodrigo: ¿¡Qué estás haciendo, pervertido!? ¡Degenerado! ¡Maricón! –exclama tan furioso como aterrado.

Claudio, aunque no se esperaba que Rodrigo despertara todavía, tiene la situación totalmente bajo control. Mientras Rodrigo grita insultos y empieza a dar patadas de futbolista para agredirlo, Claudio hace un enorme esfuerzo por contener sus piernas y enterrar su cara en su culo para seguirlo lamiendo. Rodrigo, a pesar de la rabia y el miedo, no puede evitar sentirse excitado también ante tan lasciva y húmeda caricia.

-Rodrigo: ¡Aaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! –no puede evitar gemir.

La abrupta situación ha desbordado a Rodrigo, quien no sabe realmente qué hacer. Gracias a las mamadas de culo que le está dando Claudio, ha disminuido la instintiva resistencia que no sólo él, sino cualquier persona ejecuta cuando es víctima un ataque. Rodrigo comprende que está atrapado, que es prisionero de este tipo y que éste va a violarlo si él no hace pronto algo para evitarlo.

Rodrigo: -Si no puedo escapar, ¡al menos mataré a este hijo de puta! –razona.

Rodrigo decide concentrar sus energías en rodear el cuello de su atacante con sus piernas y apretarlas hasta ahorcarlo. Sin embargo, además de que porque lograr dicha maniobra es físicamente imposible, tiene un efecto contraproducente porque le permite a Claudio hundir su lengua más y más profundo en el ano de Rodrigo, cuyo cuerpo realmente está disfrutando lo que le están haciendo.

-Rodrigo: ¡Ahhhh! ¡Suéltame, puto de mier… ahhh! –intercala involuntariamente insultos con gemidos.

Un enorme debate se desata en la mente de Rodrigo, al cuestionarse a sí mismo por qué le está gustando lo que está sintiendo, pues “él es un hombre y eso no está bien”; distrayéndose parcialmente de su objetivo de escapar, el cual de pronto recuerda y por el cual vuelve a pensar qué puede hacer…Claudio nota que Rodrigo está bajando la guardia por momentos y aprovecha la situación para volver a inmovilizar sus piernas con las ataduras. Cada vez más aterrorizado, Rodrigo descubre ya no puede levantar sus piernas y, aunque sí se puede mover, no puede levantarse de la cama debido a las ataduras.

-Rodrigo: ¡Eres un cobarde! ¡Maricón tenías que ser! ¡Como no pudiste vencerme peleando, quieres violarme!… ¡Pues no vas a poder, pedazo de mierda!…

Claudio prefiere no responder nada, ya que Rodrigo podría reconocer su voz. Además, diga lo que diga, no van a cambiar las cosas: se lo va a cojer sí o sí. Mientras Rodrigo sigue insultado para no llorar, Claudio se despoja rápidamente de su pantalón y su ropa interior, dejando al descubierto su larga y completamente erecta verga. Sorpresivamente, esta imagen envía un recuerdo a la mente de Rodrigo: Roberto, su hermano, masturbándose mientras veía porno en la televisión… con esa larga verga.

Mientras el video de estos recuerdos se reproduce en la memoria de Rodrigo, Claudio camina hacia él, quedando su verga a la altura de su cara. Tras haber visto el pene de su hermano en sus recuerdos, Rodrigo se sobresalta al ver  el muy pene real pene de su captor frente a él. Su mente está sobrecargada, tiene demasiadas cosas que pensar, por lo que resuelve hacer lo que le dicta el primer pensamiento inmediato que cruza su mente en ese momento: ¡metérsela en la boca!

CONTINUARÁ … 7

Julio César (no es mío).

SES EN TWINTIG

enero 27, 2017

TWINTIGSTE

todos-aman-dar-un-masaje-a-un-forzudo

   Al hijastro no le molesta darle los masajes.

el-tipo-con-el-hilo-dental-azul

   Todavía no se acuesta, y se abre, y ya vienen los chicos a mirar.

musculoso-en-tanga-chica

  Los flacos que le conocen saben que atrás se abre más…

esperando-nalgadas

   Dar de nalgadas en una fraternidad de atletas, para mantener el orden, era un trabajo duro pero necesario, y grato.

XXVIIIE

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 44

enero 27, 2017

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 43

tipo-culon-en-hilo-dental

   Lo quiere y lo necesita tanto…

……

   Tembloroso, de pavor, pero también de algo más, Roberto le mira, bañado de brillante sudor su musculoso y recio cuerpo negro.

   -Gracias, señor. –se cuida de las formas, soltando el aire y casi sonriendo de alivio, en correspondencia, cuando el otro parece complacido.

   -Bien, vas bien. –dice y le suelta otro azote, menos fuerte, las oscuras nalgas marcadas, contrayéndose.

   -Diez… gracias por corregirme, señor, quiero ser un negrito bueno y obediente. –jadea.

   -Bien, lo has hecho muy bien. –le gruñe el otro, doblando la correa y acariciándole las lastimadas nalgas con el cuero.- Por la forma en que sudas, seguro que te refriego de la pared y me la manchas de tizne. –ríe de sus propias palabras, mientras Roberto parpadea, confuso.- ¿Qué, no te gustan los chistes de negros? –es burlón, mirándole al rostro, y Roberto compone una sonrisa que más parece una mueca.- Bien, basta de jugar, ahora el paso dos. Y espero que hayas entendido el costo de la desobediencia y que no haya que recomenzar a disciplinarte.

   Le suelta, y aunque quiere resistir, Roberto siente el cuerpo flojo, la piernas se le doblan y cae de rodillas, ante la sonrisa del otro.

   -Veo que aprendes rápido tu lugar frente a un hombre de verdad. –y aunque ha pasado por mucho, y sabe que puede costarle, Roberto le lanza una mirada acerva, lo que provoca la risa del otro.- Si, entiendo; engañado como has vivido, creyéndote un hombre como los demás, no puedes aceptar que sólo deseas la mano fuerte de un hombre blanco para darle sentido a tu vida de negro sumiso. Pero terminarás aprendiendo que es lo normal. Para ti. –se le medio tiende, mirándole retador a los ojos.- ¿No te estremecías en tu cama, antes de llegar aquí, soñando con la verga blanca de Hank? Sincérate contigo mismo, ¿no te excitaba escucharle hablándote fuerte, ordenándote, obligándote a caer de rodillas?, ¿no adoras comer de su verga, no se ponía tu negro culo caliente soñando con una buena penetrada? –es difícil entenderle, por el acento, pero el otro escucha, con la garganta cerrada, con la sangre pitando en sus oídos.- Te parece feo lo que digo, la manera en que Hank te trata, algo bruto, una ofensa… pero te gusta. Ser tratado así, como basura sin valor. –se le tiende más, con el doblez de la correa bajo el mentón le obliga a alzar el rostro, sus ojos atados.- ¿No eras feliz escuchándole gruñir de gusto mientras llenaba tu boca de simio con su verga? ¿No te parecía hermosa, comparada con la tuya? –se le acerca más.- Dime, negrito, ¿no soñabas con montarla, apartando tu cola, y llenar tu culo con ella y ordeñarla? –Roberto, respiración pesadamente, entre humillado, molesto y caliente, no puede negárselo, escucha, con una batalla notándose en su mirada.- Aún no estás listo para decirlo, pero lo harás. Para eso estoy aquí. Para eso te dejó tu amo, negrito, para que te enseñe a ser un monito servicial. Y, créeme, serás feliz, increíblemente feliz una vez que aceptes que tu lugar en un mundo de hombres blancos es satisfaciendo sus necesidades y caprichos sexuales. Que cada verga blanca que te sea ofrecida, es un regalo al que debes tratar con la debida atención y gratitud. –y calla, esperando una respuesta, cosa que ahoga a Roberto, el cual debe tragar varias veces, totalmente erizado, de rodillas, transpirado, sus nalgas adoloridas… su verga hormigueando.

   -Sí, señor.

   -Como dije, has sido un buen negrito… -se endereza, abriéndose el pantalón y dejando salir su tolete blanco rojizo, medianamente erecto.- Mereces una recompensa, pequeño simio. Come tu banana. Lo haces bien, pero aún debes aprender para llegar a ser un buen… ¿cómo le dicen ustedes, con esa palabra tan sonora?, ah, sí, un buen mamagüevo.

   Era tan displicente, tan arrogante y ofensivo, que todo Roberto se estremece, cuando abre la boca de labios gruesos y la dirige a la barra del otro hombre, del macho que acaba de azotarle y humillarle. Su propio tolete, que desde que le escuchara hablar iba creciendo, se estremece y mana un delgado hilillo de jugo pre seminal. Algo que el tipo calvo, sonriendo para sus adentros. Ese negro era grande, y arrogante, como la mayoría de la gente de color de un país donde el racismo es tan sólo una cosa de pocos (o una tara, como lo consideraban allí), contaba con una buena tranca entre sus piernas, lo que le hacía sentir orgulloso. Que la disfrutara, sus erecciones desafiantes y vistosas. Cuando terminaran con él, no tendría otra dureza jamás. Tan sólo su culo sería lo real. Por suerte, ese negro tenía un buen par de nalgas, su culo sería muy solicitado por los hombres. Casi ríe ante la idea.

   -Vamos, negrito, aliméntate… Toma mi dura verga con tu hocico de perra caliente. –le gruñe con tono ronroneante.- Chupar bien debe ser una de tus obligaciones para con los hombres, lo sabes, ¿verdad? –insiste, mirándole a los ojos, cruzando los brazos sobre el recio torso.

   Qué tan complicada podía ser la mente humana, se pregunta Roberto cuando le mira, odiándole intensamente, pero estremeciéndose al bajar los ojos hacia la emocionada verga; seguramente aquel hombre había disfrutado, mucho, de azotar su trasero, también de su rendición. Le odia, pero esa verga… Se resiste a pensar en nada, menos en que era una perra caliente a punto de caer sobre la presa que deseaba.

   -Acerca el rostro, conócela, aprende a adorarla. –la voz le llega por encima de su cabeza.

   Sus ojos no dejan de notar cómo crece un poco más, alzándose, erectandose totalmente, gruesa, las venas que la recorrían estaban hinchadas, llenas de sangre, una pequeña gota de humedad brillaba en el ojete del glande, las bolas, algo peludas, colgaban, pesadas. Y Roberto sabe la razón, ya acumulaban más semen caliente y espeso. Leche de hombre.

   -Tócala… -le oye, y tragando en seco, el musculoso y recio hombre negro lleva su oscura mano al blanco tolete, cabiéndolo con la palma y los dedos, casi hipnotizado, apretando un poco, la gota de aquello evidenciándose más. Una gota salina de néctar masculino.- Siéntete contento, negrito de mierda, por saber que tenerte me excita así. Acerca tu rostro de mico y recoge esa gota con tu lengua, te la has ganado. Y sabes que la quieres.

   Sin poder contenerse, el hombre lo hace, separando sus gruesos labios, rodeados de sudor, y emerge la lengua, que tantea sobre la lisa cabecita, el olor almizclado del macho llegándole con fuerza. Y con la punta, bajo el ojete, recoge esa gota espesa y clara, la cual llena su lengua.

   -Te sabe deliciosa, ¿verdad, negrito maricón? –oye la burla del hombre que ríe quedo, mientras la paladea.- Para ti es como miel, aunque sale de mi verga, por el orificio por donde orino. Mírame. –le ordena mientras le aclara el punto, sus ojos encontrándose.- Si, negrito, terminarás adorando sentir la verga de un hombre blanco llenando tu hocico, mojándote la lengua con sus jugos, recibir su esperma. Aprenderás a amar cuando el semen cubra tu cara, blanqueándote por un momento. –se burla y señala, grabándole aquellas vainas en la mente.- ¿No ter gusta la idea, ser blanco a fuerza de esperma? -ríe desdeñoso.

   De rodillas, abierto de culo, todavía aferrando con una mano ese tolete, Roberto cierra los gruesos labios casi sobre el ojete de aquel güevo, succionando, recibiendo más de aquellas gotas sobre su lengua, sin apartar los ojos del otro hombre.

   -Si, te gusta… -sonríe lentamente el otro, con desprecio y desdén, como comprobando que tenía razón, que era un ser superior a aquel que se inclinaba frente a él. Su idea de la sensualidad y sexualidad era el control.- Vamos, puta, traga. Si, porque eso eres, negrito; cuando enloqueces por la verga pálida de un hombre blanco, dispuesto a aceptar lo que sea con tal de disfrutar de una, de gozar sirviéndole, eres una puta. Bien, puta, comienza a chupármela como el maldito maricón hambriento que eres.

   Profundamente humillado, y algo más que no entiende cabalmente, aunque se niega totalmente a aceptar aquellas palabras, que era un negro maricón adorador de güevos blancos, que deseaba someterse a esos hombres, Roberto pasa la lengua por la punta lisa de aquel tolete, encontrándolo salobre. Estremeciéndose nuevamente. Y sabe que ese carajo que sonríe siniestramente, lo sabe.

   -Eres patético, negrito maricón, negándote a reconocer que adoras ser tratado como una cosa al servicio de los hombres blancos, cuando te niegas a soltarte. Pasar la lengua por mi glande te erizó, ese saborcito te gusta, paladear la masculinidad. Respondes a ello como el maricón que eres. Ya te lo dije, eres, por naturaleza, un mamagüevo. Vamos, cubre la cabeza con tus labios gruesos… Ahhh, si, así, muévelos como si besaras, eso se siente bien para el hombre al que atiendes. Ladea la cara teniéndola atrapada con tus labios, si, así; ahora recórrela con la lengua mientras succionas un poco. Si, muy bien, negrito… -se ve que lo goza, pero que también está ocupado en enseñarle su lugar. Y cómo hacerlo bien.- Aleja tus labios de monos y agárramela más fuerte con tu mano, saca la lengua y recórrela del puño a la punta, por todos lados. Déjame sentir tu lengua viciosa, muéstrame tus ganas. Lámela como si fuera un delicioso helado, el único caramelo que quieres chupar de ahora en adelante. Déjamela llena de saliva y baba. Hummm, si, así, recórrela lento, que se note en tus ojos que adoras hacerlo, que me agradeces que te deje. Eso calienta a cualquier macho. –le sonríe, burlón.- Ah, si pudieras verte, cada vez que jadeo, brillas de orgullo, te gusta que suponga que eres buenos mamando mi verga; vamos, desátate… Trágatela toda como si tu vida dependiera de ello. Y quien sabe, tal vez así sea… -ríe bajito, amenazante.

   Y cerrando los ojos, entregado, Roberto aparta la mano y cubre toda aquella mole caliente con su boca, dispuesto a demostrarlo que era un negrito bueno.

……

   Pero no era Roberto Garantón, el único negro que descubría una epifanía esa noche cerrada sobre la ciudad. Gregory Landaeta también lo hacía, en su apartamento, allí donde un tío blanco y bajito, con sonrisa de gatito satisfecho (aunque en ese momento su rostro estaba parcialmente cubierto), lo enculaba con ganas, haciéndole gemir sobre un sofá que ha sido movilizado para tal cosa… Preparativos que, aunque inquietaban un tanto a Esteban, este sabía que el otro necesitaba. Mientras le penetraba, cerca del balcón abierto, quien mirara desde otros apartamentos, al frente, podría ver lo que hacían. Y si, había gente mirando como el tipo más bajo y flaco, blanco, se cogía a un negro alto, fuerte, musculoso, que gemía en la gloria mientras sus entrañas eran llenadas con la erecta masculinidad de otro, un espectáculo hermoso.

   Gregory estaba siendo exhibido mientras lo cogían, y no cabía en sí de excitación y dicha.

CONTINÚA … 45

Julio César.

EL VUELO DE LAS AGUILAS

enero 27, 2017

EN DICIEMBRE SE NOTA MAS

aguilas-del-zulia-campeones-del-beisbol-venezolano

   Águilas del Zulia, campeones de Venezuela…

   Después de 17 años, las gaitas vuelven a sonar en el beisbol venezolano, Las Águilas del Zulia se han coronados como campeones de la temporada 2016-2017, al vencer a Los Cardenales de Lara, y nos representarán en la Serie del Caribe en México. Me gané una caja de cervezas apostándoles, quién sabe cuándo la cobro. Grité y me reí bastante, causando extrañeza entre mis conocidos. Explico a los foráneos, los zulianos son algo regionalistas, y eso limita a los fans en otros estados, pero esta vez no me importó. Caído Los Navegantes del Magallanes, les iba a Los Tiburones de La Guaira o a Las Águilas; liquidados los Tiburones sólo quedaban las Águilas, los cuales presentaron en la alineación a varios magallaneros. Riendo, les decíamos los magazulianos. ¿Que por qué no le iba a Los Cardenales? Porque durante los años malos del Magallanes, cuando sólo Luis García y Luis Raven daban la cara, se decía que los Leones y los Cardenales eran los nuevos rivales. Nunca lo he olvidado. Felicidades a los zulianos.

MARISABEL Y EL SILENCIO QUE VALE ORO

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 15

enero 27, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 14

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Aún ahora, como entonces, no entendía qué de particular tenía el chico con la cara llena de pecas, ojos verdes grandes, largas pestañas, cabello amarillento castaño, labios rojizos, carnosos y llenos, que trabajaba en lo que fuera, aparentemente, desde la cantina al multígrafo, al tiempo que “ayudaba” con las tareas que tenían algo que ver con ecuaciones y números, a quienes lo necesitaban y se mostraban generosos con una que otra moneda. Fue así como se conocieron, cuando necesitaba de esa “ayuda” con una asignatura. Algo en el chico, en su voz, su mirada, ese aire levemente servil que mostraba cuando a las claras se veía que parecía pensar que su interlocutor era un culo, le desconcertó. Le costó clasificarle, intuir qué clase de sujeto era. Y le costó dejar de mirarle los ojos y la boca. Pero no fue el único afectado (¿a qué jugaba con Jensen?, y este con él); algo en su persona hizo fruncir el ceño del rubio cuando le llamó y este se volvió, al mirarle, alzando esos ojos brillantes como los de un gato.

   Era en ese entonces (como ahora, reconoce sobre su cama), un tanto vanidoso, y no se le escapó que el otro chico le miró de pies a cabeza mientras enrojecía de mejillas. En aquel entonces parecía aún más alto, por lo delgado, con todo ese cabello cayéndole sobre los ojos, y su atractiva e inocente sonrisa de niño bueno cuando mostraba los hoyuelos. En los ojos del otro vio curiosidad, interés… ¿fascinación?

   Si, no fue totalmente su culpa que esa noche, echado en su cama, después de negarse a salir con Chad y Mike, con la verga increíblemente dura y urgida de ser tocada, se la cascara pensando en el rubio. Fue algo que llegó por sí mismo. Se imaginaba en ese mismo cuarto de la fraternidad, echado sobre su cama, las manos bajo la nuca, totalmente desnudo, con el chico ojisverdes mirándole con deseo, de rodillas, esa mano grande y fuerte con la cual le había saludado en la tarde, atrapándole el tolete, apretando, subiendo y bajando lentamente el puño, con las mejillas más roja, la respiración pesada, bañándole la verga cuando el aire escapaba por su nariz, de lo cerca que estaba. Deseando que lo tomara y se frotara el pecoso rostro con ella, sentir el roce de las pieles, mirar esos labios fruncirse y frotarle, mojarle con sus líquidos pre seminales…

   -Trágatela, Ackles, sabes que la quieres… -le dijo en su imaginación, repitiendo la frase sobre su cama mientras se la cascaba.

   Y Jensen…

   Aspirando profundamente, ojos cerrados, casi se siente culpable. Casi, ya que no del todo. Ahora está en su oficina, el cabello cuidadosamente peinado hacia atrás, llevando uno de sus mejores trajes, la silla lateralizada al escritorio, su frente relajada, piernas abiertas, el rubio arrodillado entre ellas, sobre la gruesa alfombra, subiendo y bajando esa boca que llamaba tanto la atención sobre su verga erecta, totalmente endurecida, rojiza de sangre, brillando de saliva cuando esos labios gorditos suben sobre ella, sorbiendo, mientras la pálida mano, un poco más abajo, le masturba. Y jadea, porque Jensen le estaba chupando la verga en su oficina, y era tan caliente, y… Era Jensen, tan guapo, tan ronroneante, como un gatito que se dispusiera a paladear un platillo de leche. Y sonríe, echando la cabeza hacia atrás en su silla ante la idea, si, iba a darle toda la leche caliente que el rubio quisiera o pudiera tomar. Dios, y cómo lamía Jensen, sabía usar esa lengua no sólo para discutir o ser sarcástico… Con la mano atrapa más fuerte, subiendo y bajando, al tiempo que el aliento le baña dentro de la bragueta cuando los rojizos y húmedos labios van y vienen, apretando, subiendo por su glande, demorándose en él, bordeándolo, succionando casi del ojete.

   -Ahhh… -escapa ruidosamente de su boca, aunque sabe que más allá de su oficina puede haber gente escuchando o mirando, cuando la boca del rubio se retira, pero no le deja tiempo de sufrir la perdida; no, Jensen, hambriento, le recorre la cabecita con la lengua, deteniéndose en su frenillo, apretando, halando, lengüeteando, y tan sólo puede tensarse y estremecerse en esa silla, indefenso ante las atenciones del pecoso, pensando por un segundo que bastante vergas debió haber chupado antes el otro, para hacerlo tan bien. Pero, cosa curiosa, aún en su propia fantasía, oscura y sucia, no le gustó la idea. No Jensen haciendo eso con otro. U otros.

   Y esa boca cubre nuevamente su glande, iniciando una nueva tragada, lentamente, centímetro a centímetro, del venoso y enrojecido tronco, que es aprisionado entre las ahuecadas mejillas pecosas y esa lengua caliente que le rozaba. Bajando, bajando, sin dejar de chupar ni por un segundo, buscando su esperma. Jensen la quería, deseaba tomársela. La suya. Y eso le hace lanzar otro gemido largo… Momento cuando se corre sobre su cama, casi saltando de ella, con la verga fuera del bóxer, temblando, estremeciéndose con el orgasmo, bañándose a sí mismo de semen. Casi ríe, sorprendido. Ni siquiera se había dado cuenta de que se hacía la paja. Jadea, ahora si cansinamente, pensando que debía levantarse y limpiarse un poco. Pero el día fue tenso, desagradable, largo, la noche intensa, la deliciosa cena con Jensen… el beso. Esa paja y el agradable sopor que le envuelve lo deciden todo. Cubre su verga, mojando más el bóxer, disponiéndose a dormir. Casi riendo, mortificado. Dios, no era un adolecente. Debía… Cierra los ojos, alegremente exasperado, tragando en seco. Lamentando no haberse corrido en la boca del rubio. En su fantasía. Ese rostro pecoso bañado de esperma… Es lo último que piensa, sintiéndose ligeramente culpable de hacer al otro la víctima de sus fantasías de sueños frustrados.

……

   No quiere despertar, joder. Por alguna razón, él, que saltaba de la cama con la primera claridad, para trotar un rato, a excepción de cuando amanecía acompañado, y a veces hasta así, hoy no quiere abrir los ojos y despertar del todo. El cabello le cubre los ojos, y volviéndose de lado, atrapa una de las almohadas y la abraza, ocultando el rostro en la funda que huele bien, no a perfume, únicamente jabón, secador y algo de suavizante. Toma una profunda bocanada y se estremece sintiéndose ligeramente idiota, porque recuerda ese olorcillo a Jensen. Pero, otra profunda inspiración, le llena de culpa, a él que nunca sentía muchas. Genevieve había compartido la cama la noche anterior. Algo de ella aún quedaba, aunque muy tenuemente. Y eso que la ropa de cama era cambiaba cada día.

   Botando aire, rueda sobre su espalda, mirando el techo. ¿Acaso sería prudente poner distancia del rubio? Parpadea; lo mal que la sola idea se sentía, le desconcierta. Pero su instinto no le está diciendo que sería prudente, se lo gritaba. Y con señas de manos.

……

   La mente era una cosa extraña, se dice un semi ruborizado Jensen Ackles mientras atraviesa a marcha rápida el pasillo que dista de su oficina, o el hueco en la pared donde Jared parece castigar a quienes trabajan como su segundo asistente, y el despacho de este. Quería llegar, dejar lo que llevaba y desaparecer antes de que cierto castaño alto se materializara. Era tempranero, lástima que el otro no era de los multimillonarios perezosos que se solazaran en sus camas por las mañanas. Y traga, alejando sus pensamientos de la cama de Jared, especialmente con este en ella. No entiende qué le pasa. Había dormido bien, sorpresivamente bien, pero al despertar, el recuerdo de lo vivido la noche anterior le alcanzó. Y alarmó. No era tonto, lo que había agradecido la noche anterior como su buena suerte para escapar del impase del beso que le diera al otro, no le parecía tal. Jared, tal vez, lo había hecho para no causar revuelo en ese momento; pero ahora…

   Si, debía entrar y salir. Mantenerse bien lejos del castaño. Toma aire con fuerza, maldita sea, pensó que la curiosa y lejana fascinación que el otro le había producido en el pasado, cuando eran muchachos, ya había pasado. Aparentemente, no. Bien, ya ocurriría. Ahora era su jefe. Un hombre comprometido en matrimonio. Parpadea, era extraño el malestar que la idea causaba.

……

    Alexis Bledel, perfecta, elegante y hermosa, comienza a llenar su despacho de vida, aunque no parece contenta. Su despertador no funcionó y salió algo tarde, por lo que no puso aplicarse su masaje facial, y olvidó su desayuno sobre la mesa. Salir unos minutos tardes le obligó a viajar con un grupo curioso, y nada grato, de gente en el acostumbrado vagón del subterráneo. Y sabe que Jared no estaría de muy buen humor, no si tenía que llegarse a casa de sus padres para hablar de la negociación con los Cortese. Sumándose a su temperamento del día anterior, imagina que llegará tenso, listo a estallar a la menor provocación. ¿Cómo era posible que un hombre tan juguetón, amable y agradable en un momento pudiera ser tan rudo e irritable al siguiente? Sonríe con una mueca, bien, eso era parte de su encanto. Generalmente recibía la parte grata, pero cuando se alteraba…

   Sentada a su escritorio, sonríe con cierta exasperación, el segundo asistente se acercaba a paso vivo, Jensen, recordándole vagamente el afanado caminar de James Franco, cuando también se veía en apuros con Jared. Las mejillas rojas del rubio le indican que no se siente cómodo.

   -Buenos días. -dice este, abriendo la puerta, sonriéndole y tendiéndole un café. Eso la sorprende y alza una ceja.

   -Buenos días, ¿es para mí?, que lindo. –lo acepta, sonriendo menos tensa, pero más desconfiada.

   -Si, eh… -le ve enrojecer más, lanzando una mirada a la otra oficina.- ¿No ha llegado Jared?

   -Aún no. Tiene una mañana ocupada fuera de aquí… -le ve relajarse un poco.- Pero antes necesita recoger unos documentos. –casi sonríe al verle tensar los hombros otra vez, alerta; saboreando aquel capuchino (¿cómo sabría que le encantaba?, le estudia no por primera vez: un tipo guapo y listo. Lástima que ese traje barato y feo no le hiciera justicia.

   -Dios… -se le escapa a Jensen, mejillas algo pálidas.

   -Hey, Jensen, tal vez tú y yo no hemos comenzado con buen pie, no es por nada, ¿okay? –no era culpa del rubio que Jared no soportara al otro asistente, o que impusiera al pecoso.- Pero no te preocupes tanto, Jared puede ser difícil, pero no le duran los disgustos para siempre. –le consuela, aunque sabe que si pueden durarle, aunque no era de suponer que el castaño estuviera cambiando de asistente cada dos días. Por lo visto ayer, seguramente Jared continuaría siendo desagradable, pero se le pasaría. Eventualmente. Está segura.

   -Lo imagino. Mira, él querría ver esto, es un trabajo referente a algo de su hermana, la dichosa reunión con amigos para su cumpleaños, pero no me animo a llamarla directamente, ¿puedes entregárselo y que él se lo haga llegar? –le tiende una carpeta.

   -¿Por qué no le esperas? Debe estar por llegar.

   -No, yo… -enrojece más. El maldito beso.- Debo apresurarme con otro asunto. Debo buscarle un reloj que dejó, para su limpieza, en… -se interrumpe y casi grita cuando una mano grande cae en su baja espalda, sobre el saco, sorprendiéndole tanto como a Alexis, quien no vio llegar a nadie, mirando al pecoso, como estaba.

   -¿Qué?, ¿piensas que puedes evitarme todo el día, rubio tonto? Oh, no, no tienes tanta suerte; debemos hablar de lo que pasó anoche. –Jared está a su lado, todo sonrisas, la picardía, travesura y maldad brillando en sus ojos multicolores. Disfrutando del enrojecimiento de Jensen, de su boca entre abierta de donde no sale una palabra cuando le mira. No puede resistirse.- ¿Quieres que te cuente qué soñé anoche? Estabas ahí. –y hay insinuación en el tono.

   Tan ocupado está en disfrutar del desconcierto del pecoso, que no repara en la mirada sorprendida de Alexis, quien mira de uno al otro.

CONTINÚA … 16

Julio César. 

GUSTOS PARECIDOS

enero 27, 2017

LA PRACTICA HACE AL MAESTRO…

el-chico-que-ama-al-novio-de-su-mama

   Tan caliente como su mamá…

   Ah, un chico joven y guapo, saludable y calentorro que un día se tropieza con el recio y masculino nuevo novio de su mamá, el cual se la pasa exhibiendo sus musculoso bajo camisetas y bermudas, con una buena protuberancia bajo ellos, ¿quién puede culparle de tener ideas? Aunque se pasa un poco, ¿verdad? Entrando así en el dormitorio de su madre, mientras el novio toma una ducha, encontrando el coqueto bóxer de este, caliente y algo oloroso a bolas, el cual le enloquece al llevarlo a su cara, como siempre pasa con los chicos; tanto que no aguanta, temblando incontrolablemente, con el culo, su principal órgano sexual activado, todo mojado; al cual ayuda con uno de los juguetes más gruesos de su mamá. Y siendo pillado por aquel carajo, que recio y masculino, como ya se dijo, tiene la sangre bastante caliente. Y si le gusta la casa donde vive aquella bonita e interesante doña, también el muchacho que está dispuesto a satisfacer su intensa necesidad sexual, permitiéndole descargarlas en las profundidades de sus jóvenes entrañas. ¿No es una situación ideal, de ganar y ganar? Seguro lo piensa el chico, mientras estalla de emoción y es empapado cuando el otro también lo hace, sobre su torso y cara, pasando los dedos y saboreando la todavía cálida esperma que le baña.

TIEMPO DE APRENDIZAJE

Julio César.

LA ROCA QUE GOLPEA LA OLA

enero 27, 2017

JABON

sexy-caliente-y-deseado

   No, no lo era…

   Piensa si debe marcharse o no, porque aquel viaje a la playa para que la familia conociera al prometido, y futuro marido de su hermana, no había resultado como esperaba. El carrizo, un muchacho como ella, le miraba con los ojos brillantes, y la boca abierta y echa agua. Y con ese maldito bañador tipo bikini que usaba, no perdía la oportunidad, al pasarle  cerca, de restregarle el redondo y duro traserito de su entrepiernas. Y él respetaba, y aguantaba, pero todo tenía un límite, como cuando el carricito comía salchichas a la hora del desayuno y las lamía mirándole a los ojos y luego bajándolos a su bragueta. La cosa podía salirse de control, y no comprende, ¿qué había hecho para enloquecerle? No, no lo entiende.

DIVERSION DE A RATOS

Julio César.

23 DE ENERO, VENEZUELA SIN DERECHO AL VOTO

enero 27, 2017

PARA ENTENDER QUÉ PASA EN VENEZUELA

venezuela-el-23-de-enero-pidio-votar

   Nada distrae del que no hay comida, medicinas o democracia…

   Qué éxito, el día que se celebraba la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el país tiene confiscado el derecho a elegir su destino electoralmente, se cerró Caracas para que la gente no llegara y manifestara su descontento con un régimen político, y hay más presos políticos que en toda su historia como república. Gente detenida por una logia militarista de corte fascista (el Plan Cóndor que nos llega tarde), que se lleva personas, las aísla, incomunica y desaparece arbitrariamente, no buscadas por conspirar con una potencia extranjera (Cuba) para ponerle las manos a nuestros recursos y robárselos, matando venezolanos inocentes en el proceso, sino por opinar, por oponerse a un régimen autocrático e incompetente; tan así que ni la Fiscalía General de la República emite acusaciones contra las víctimas de la persecución, algo que no detiene a una cúpula podrida, obsesionada por la idea de que terminara en las cárceles del mundo, y una logia militarista que se ha mostrado profundamente incompetente para todo lo que no sea reprimir ciudadanos desarmados.

   Qué éxito, ver hundirse sola, arrastrando a la miseria a Venezuela en el proceso, a un régimen que con casi veinte años en el poder, con la mayor cantidad de divisas en dólares entradas en toda la historia del país, sin frenos de ninguna institución hasta que hace menos de dos años la gente le dijo que no, que mejor no continuaran haciendo lo que les daba la gana porque mientras eran más ricos y abusadores el país se iba por el drenaje, entregando la Asamblea Nacional a la oposición (siete de cada diez votos), para ver como dicho mandato era desconocido, convirtiéndose en un régimen de facto. Lo tuvieron todos para hacer una gestión buena, nueva, o tal vez no tan desastrosa, pero prefirieron la destrucción del país, culpar a otros de eso y reprimir con violencia para continuar en el poder. Hablan y hablan y lo único que se les nota es la rabia por la pérdida del soberano, el miedo a tener que entregar cuentas, fiscales y penales por los delitos de narcotráfico, corrupción a todo nivel y los de lesa humanidad; responsabilidad donde se hermanan una cúpula militar, generales y coroneles, con los capos dentro del sector civil.

gilbert-caro-preso-del-plan-condor-venezolano

   Escuchar al señor Tareck El Aissami, ministro para el golpe, satanizando a un diputado electo popularmente por la gente que le conoce, Gilbert Caro, endilgándole todos los epítetos que sale de una mente trastornada que no le deja ver su responsabilidad en todo este desastre (la gente que agoniza de hambre o enfermadas, o han muerto ya), termina señalando a su víctima de terrorismo, exhibiéndole como a un animal, en un país donde todos han vistos las fotos de personeros gubernamentales con los jefes de las cárceles, y estos disfrutando de piscinas, discotecas, bares y salidas para cometer delitos. De allí que nadie les crea una palabra de lo que sale de sus bocas. Aunque hará daño porque será la excusa para encarcelar a otro dirigente político apreciado por sus electores, para silenciar su voz incomoda, e intimidar a los demás. La Fiscalía General de la República nada sabe de eso, unos militares lo detienen, se lo llevan sin que medie orden judicial o fragancia, y luego se escucha que aparecieron armas y bombas, y pretenden unos sujetos que han actuado de manera arbitraria una y otra vez, que le han mentido al país una y otra vez (desde el viaducto que no se caería a que no nos alcanzaría la crisis económica porque había bastante real guardado por lo del excedente de los precios petroleros, a que Chávez no estaba enfermo, que no era cáncer, que no se iba  a morir, que no estaba muerto sino saltando la cuerda en el Hospital Militar), pretenden que alguien les crea lo que dicen, especialmente después del tipo de detención que hicieron (el secuestro a manos de militares que desaparecen gente). Pero era lógico que este momento llegara, el desastre económico, social y político, la brutalidad con la cual el régimen se aferra a un poder del cual los votantes quieren echarles, también la soberana ironía de ver marchar a un régimen autocrático, el pasado 23 de enero, el día de la democracia, cuando el modelo que montaron era la copia fiel de la última tiranía de América Latina, y de este lado del hemisferio, la brutal y dilatada dictadura de los Castro.

reclamando-los-derechos-elementales

   Mientras el país marchaba (sin poder expresarse y decidir electoralmente su futuro porque una cúpula fascista le roba el derecho al voto), para rechazar el hambre y exigiendo elecciones, el Gobierno debió montar el circo de llevar los restos de un señor al Panteón Nacional, violando otra vez la Constitución de Venezuela, tan sólo para que por la prensa se supiera de las palabras del hijo de ese señor, alegando que su padre jamás apoyaría a un régimen como este, y que de estar vivo lo estaría combatiendo. Pero todo eso se silencia, el circo debe parecer alegre aunque lo que sobren sean amenazas, debe parecer, y decirse, que es multitudinario, aunque no se atrevan a ir a unas elecciones de nada porque saben que ocho de cada diez votantes les desprecia. Esa fue la Venezuela de este pasado 23 de enero, dividida entre las urgentes necesidades de la gente, y los delirios de un grupo que se niegan a soltar las prebendas del poder, después de tanto hablar paja de adecos y copeyanos, que al menos no tenían al país agonizando de hambre. Hasta perrarina había en aquella época.

   Pero ¿qué puede hacer la gente de un país al que se le niegan los más elementales derechos democráticos?: contarlo, comentarlo, repetir hasta el cansancio que a pesar de toda la habladera de paja del señor Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez y todos los voceros del régimen, aún de los que hablan paja pareja por la radio, la verdad es que no se atreven a consultarle al país nada porque saben que el país les desprecia por ladrones, incompetentes y abusadores. Que cada vez que digan algo sobre la alimentación, como acabar con la harina pan, se les responda que es fácil hablar del hambre de los demás cuando en la mesa de la cúpula podrida no faltan, cada mañana para cada uno de ellos, las cuatro arepas con queso amarillo y salchichón que los tiene gordos y asfixiados (en su impotencia y rabia, el país famélico bromea sobre a cuál de las dos nevera de dos puertas, Nicolás Maduro Moros o Diosdado Cabello, le fallará primero el motor cayendo de bruces, así de grande es el odio que han sembrado). Qué cuando se comente el ataque a un sacerdote, como en Barquisimeto, se aclare que no fue el pueblo, que aplaude la homilía del cura, sino las bandas a las que se les paga para que agredan e intimiden a toda voz disidente, como los camisa parda en la era nazi o la gente de los Castro en Cuba. Que cuando un puente se caiga, incomunicando a medio estado, y la explicación de la cúpula irresponsable sea “saboteo”, que se le responda que miente como llevan casi veinte años mintiéndole a Venezuela, que se vaya y se le pregunte a la gente de ese estado que pasó, a ellos que llevan años denunciando las fallas que terminarían en un colapso del puente.

   Que a cada tontería que diga uno de ellos, la gente responda con la realidad. Es el trabajo del país que padece esta plaga, que lo asuma y lo entienda o continuará padeciéndola quién sabe hasta cuándo, empeorando cada vez más. Que se entienda que o se toma la responsabilidad de sus vidas o siguen en el cochinero con sus hijos y nietos. El trabajo de la dirigencia es llamarlos por sus nombres, una y otra vez, fórmula que hasta en la Biblia se dice que tiene poder. No sólo cercarlos, minarlos, sino retratarlos como lo que son, ladrones, incompetentes y represivos. Que se sustenten sus crímenes, por individuo, para cuando lleguen los juicios. Han sido demasiados venezolanos muertos por culpa de los lacayos de La Habana y la banda de atracadores que se sumó a ellos.

EL TSJ Y LA REALIDAD ALTERNA EN NARNIA

Julio César.

BIEN LEIDO

enero 27, 2017

COMPRENSIVO

conociendo-su-verdad

ACLARANDO EL PUNTO

Julio César.