SÉ MI AMIGO, JEN… 14

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 13

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   -¡Jensen! –escucha, sumado al golpe contra la puerta.

   Pero no es ese golpe, o el llamado de su nombre, lo que sobresalta al pecoso, dentro de su apartamento, cuando ya había dado dos pasos alejándose de la entrada rumbo a su cama, que se veía desde allí. ¡Había besado a Jared! En cuanto cerró la puerta, la idea le golpeó espantando el sueño y el sopor de las cervezas y la cena tardía. Oh, mierda, ¿qué hizo?, se recrimina, volviéndose cuando el otro, nuevamente, golpea la puerta, llamándole sin alzar la voz, controlándose. Seguramente no queriendo llamar la atención de los vecinos. El corazón de Jensen palpita con fuerza en su pecho, dolorosamente consciente de que hizo algo inadecuado. Y extraño. ¿Por qué le besó?

   No, no sabe por qué lo hizo. O eso se dice, frunciendo la frente, siendo todo un caos emocional. Uno para el cual no tenía respuesta. Otra llamada a la puerta y se agita. No, no le abrirá.

   -Vamos, sé que estás allí, pecoso, acabo de salir del apartamento, ¡por Dios, abre! –escucha y cierra los ojos. No, Jared no se marcharía.

……

   No, no se marcharía hasta que le viera, con la sonrisa que ahora tenía, y se burlara ruidosamente. Sin embargo, Jared no puede evitar que el corazón y el estómago se le encojan un poco cuando la puerta se abre y un muy rojo Jensen aparece, hombros caídos, mirada velada de vergüenza y mortificación, mordiéndose medio labio inferior (una imagen bastante…). Joder, ya se sentía mal por lo hecho, rápidamente se da cuenta el castaño; si decía algo, incrementaría su malestar, tal vez robándole el sueño, torturándole mentalmente. La sola idea le resulta odiosa. Algo se afloja en su pecho, sintiéndose de pronto protector, acercándosele, ladeando el rostro.

   -Jared… -comienza al pecoso, voz baja, igual que su mirada ahora.- No quería…

   -Hey, amigo, parece que esas cuatro cervecitas te embriagaron, ¿eh? –ríe, como si de una inocentada se hubiera tratado.- No te pongas a manejar utensilios peligroso en estos momentos, no tan perdido como estás. Descansa y haz todo mañana. –la escusa a lo ocurrido esta allí. Se la ofrece. Y no puede evitar sentirse orgulloso de sus reflejos cuando ve al otro alzar la mirada, agradecido, aliviado, levantando también los hombros.

   -Si, esas cervezas… -se aferra a la idea, sonriendo todavía nervioso. Y a Jared le parece sencillamente lindo.- Buenas noches, Jared… -repite después de unos cuantos segundos de miradas atadas.

   Este, sonriendo amistoso, asiente y le da la espalda, notando la puerta cerrándose detrás. Y miren que le costó al más alto no exclamar un: “¿eh, sin besito esta vez?”. No, no le haría eso al rubio, que durmiera y descansara tranquilo. ¡Creyendo que escapó del resbalón! Mañana habría tiempo pare recordárselo y restregárselo por la pecosa y hermosa cara. Eso se dice, con una gran sonrisa… hasta que se congela. Cayendo en cuenta que llevó un dedo a sus labios, recorriéndolos. Recordando la fantasmal caricia… Se siente idiota, sabe que es algo idiota, pero por tres segundos cierra los ojos… Recordando su beso con Jensen.

……

   Apagando las luces que aún funcionan, eludiendo la ducha, y después de tomar un vaso de agua, dejándolo todo exactamente donde cayó, Jensen, sintiéndose muy cansado de repente (ya lo estaba, pero el “susto” con Jared, del cual sale bien libreado, parece haberle agotado aún más), se encamina hacia la cama. Sabe que le costará agarrar el sueño, pero quedarse de pie no le ayudaría tampoco. Se quita la franela y el pantalón, quedándose en bóxer (una concesión a la falta de baño). Separa los gruesos y viejos cobertores y entra, arropándose con dos juegos de esas mantas. Se enrolla casi ocultando el rostro. Hace frío en todo el apartamento, la calefacción funcionaba a media marcha y luego se iba apagando. Como más o menos a esas horas. Por lo menos duró mientras Jared estuvo allí, agradece al cielo, ojos cerrados, encogiéndose más. El agua de la ducha era aún más fría.

   Jared…

   ¿Qué coño le pasó? De hecho, ¿qué le pasaba desde que se reencontraron? No podía negar que había cierta química, una chispa que cruzaba entre ambos que hacía todo fácil, cómodo entre ellos (por lo cual le había dolido tanto la manera en la cual el otro le había tratado). Pero de allí a besarle por descuido… El sólo recuerdo le calienta las mejillas, e intenta entenderlo. Racionalizarlo. Si, era fácil bromear, disputar con agudos comentarios. ¿Coquetear? ¿Era eso? Lanza un profundo suspiro, seguido de un bostezo. Llevaba mucho tiempo sin estar cerca de otra persona, a excepción de Leslie. Fuera de ella… Extrañaba que alguien que le dijera cosas amables, o retadoras, divertidas, de aprecio o reconocimiento, y no que era un perdedor que todo lo arruinaba. En las penumbras del cuarto, no total por las intermitentes luces de neón que dibujan figuras sobre las persianas, es posible ver su frente algo fruncida. Le faltaba… contacto humano. Una mano, un roce… Y Jared era inquietante. Su postura, su atractivo, los lunares de su rostro, esa boca de dientes blandos y grandes al sonreír. Sus hoyuelos. Los ojos multicolores, grises a veces, verdes otros, amarillentos. Ah, carajo, ¿y ese calor en su cuerpo? No quiere profundizar en ello, pero sonríe levemente. Y así se queda dormido. Profundamente casi en seguida. Así de fácil.

……

   Contrario a Jensen, Jared llegó a su apartamento lleno de energías. Sonriendo bajó las feas escaleras que le alejaron del piso del rubio. Sonriendo subió a su auto, espantando a la fauna local que le ofrecía placeres de la carne o los sentidos. Cosa que si menguó un poco su buen humor. Era terrible que Jensen viviera allí, en medio de toda esa gente cargada de demonios propios. De los malos, los que veces se manifestaban con violencia, ira, con ganas de conseguir satisfacción en otro dolor. Apartó la idea, porque no le gustó. Si, Jensen debía dejar ese lugar. Ese pensamiento consiguió que recobrara la sonrisa.

   Silbando regresó a su piso en el hotel, subió sin ser molestado, y entró. Parpadeando frente a las gruesas y costosas alfombras, los buenos muebles, las lámparas de araña, los dos balcones… Dios, aquel piso debía ser barato para que Jensen se quedara allí. Meneando la cabeza aparta la idea, arrojando las llaves a una mesita. Se encamina a la cocina y silbando nuevamente, se prepara un enorme sándwich, con mucho salame y queso amarillo, congelándose de pronto. Con culpa. Saca su móvil y lo encuentra apagado. Lo enciende mientras muerde del emparedado, y llegan los avisos de mensajes. Habían dos de Genevieve, preguntándole dónde estaba, casi se sentía el afecto en los textos. Igualmente tres llamadas perdidas de su padre, cosa que le hace fruncir el ceño. También dos mensajes de voz. Mordiendo con algo de agresividad, escucha primero el de Genevieve:

   -Hey, ausente, ¿qué es de tu vida? –si, el afecto teñía las palabras y el castaño siente algo extraño. Vergüenza.- Estoy taaaaan aburrida de estos eventos. Deberías venir y rescatarme. Pero quién sabe dónde estás y qué haces. Espero que estés con gente interesante y divertida y no sólo tratando asuntos de trabajo. –reprende suave, y a Jared le cuesta morder y tragar. Bien, andaba en algo de eso, ¿no? Resolver el asunto con su asistente, el que no le dejara.- Hablamos mañana. Saldré de aquí agotada. Buenas noches, amor. –oye el beso y siente aún más culpa.

   No había pensado en la mujer ni una sola vez desde que decidiera buscar a Jensen y resolver lo del día de mierda. Termina el emparedado antes de escuchar el otro mensaje. Sabe que ese le quitará el apetito. ¿Un mensaje de voz de su madre después de tres llamadas perdidas de su padre?, si, nada bueno.

   -Hola, querido, es mamá… -oye y sonríe irónico, tomando un enorme vaso de leche (no eran cuentos cuando le dijo a Jensen que estaba en crecimiento, recuerda con una sonrisita).- Tu padre ha querido hablar contigo toda la tarde. Es sobre los hoteles. Tu trato con el papá de Genevieve, ¿podrías llegarte a la casa mañana? –pide y el joven casi bailotea, gimiendo silente por la gente que tanto molesta.- Es importante. Y no hagas gestos o rabietas.

   Botando aire termina su leche, el labio superior guarda la evidencia de lo tomado, cuando mira la hora. Era tarde, no contestaría. Su madre sabría, como Genevieve, al revisa sus móviles al otro día, que había escuchado los mensajes. Y a qué hora. Bien…

   Distinto a Jensen, Jared toma una larga ducha, casi recreándose en el agua caliente corriendo sobre su cuerpo. Era tan relajante. En esos momentos no piensa en la mujer con quien va a contraer matrimonio dentro de poco. O su familia, esperando al otro día para atormentarle. No, piensa en… Sale, se frota con una toalla tan suave que parece una caricia, y con un ajustado y corto bóxer se dirige a su cama. Solo. Sonríe al recordar que pensaba quemar los últimos días de su soltería con algunas aventurillas. Había decidido que, una vez casado, le sería totalmente fiel a su hermosa prometida. Pero tampoco piensa en ella mientras entra en la ancha y cómoda cama, en medio de su espacioso y cálido dormitorio. Ni en los hijos hermosos que un día tendrían y que harían la felicidad de Sherri Padalecki. No, piensa en Jensen.

   Enciende la pantalla plana, algo exagerada como todo en aquel lugar, sintonizando a muy bajo volumen un resumen deportivo. Dejando caer la nuca sobre las almohadas, muy quieto en la suave penumbra, su pecho sube y baja cuando se lleva las yemas de dos dedos a los labios. Suavemente. Así se había sentido el beso de despedida del pecoso. Y sonríe, recorrido por una potente corriente de ganas. No de sexo, o no sólo de eso, era esa excitación que siempre sentía ante un reto, una posibilidad de vivir una gran aventura. Y ahora el rubio ojisverdes ocupaba una parte de su mente. ¿A qué jugaba con Jensen? Porque jugaba, lo sabía, desde el principio, todo ese coqueteo, todo ese soportarle cosas que… Ver su cara… Ojos cerrados, llevando las manos tras la nuca, se corrige. Si, Jensen se veía increíblemente guapo, una parte de él respondía a eso, reconociéndole como un igual entre la gene bonita. Pero era más que eso. Le había concedido una cita cuando hablaron por teléfono, cuando vagamente le recordaba… y eso después de que el rubio le colgara. Algo que muy poca gente hacía.

   ¿Tal vez porque, inconscientemente, le recordó como un asunto inconcluso? No era un pensamiento agradable, se dice tomando aire, pero Jared no era de los que se echaban para atrás ni siquiera ante sí mismo. Si, había un asunto inconcluso, que venía desde aquellos días de universidad.

   Apenas tenía trece años cuando descubrió el placer de la masturbación, de las pajas solitarias ante el estímulo de su imaginación y las protagonistas de sus programas televisivos favoritos o películas. Más tarde, con Chad y otros amigos, encontró las revistas, las cintas porno de los hermanos mayores. Y el internet. También las pajas con estos, con Chad y Mike, por ejemplo. Pero era algo totalmente heterosexual, calenturas de muchachos que, con algunos cambios, duró toda esa primera juventud. Hasta la universidad, donde el alcohol, uno que otro porro y la mentalidad abierta de las chicas del campus los dejaron casi agotados sexualmente. Y estuvo esa parte, esa curiosidad. Podía reconocer que otros carajos eran guapos, que sus rostros, y cuerpos, eran tan armoniosos que valía la pena mirarles. Tal vez fue eso lo que le llevó, junto a Tom Welling, a aquel manoseo en una tarde de porros, algo de lo que nunca habló con nadie. Incluso Tom. Siempre escuchó que esos eran los tiempos de experimentación, pero le pareció una majadería… hasta Tom.

   Pero no pasó de eso. Está bien, que la mano de otro carajo le tomará la verga, duro, subiendo y bajando su puño se sintió bien. Muy bien. Tomar la de otro, toda rojiza, dura, venosa, con ganas de ser tocada y acariciada, y hacerle lo mismo, había resultado, en el momento, increíblemente caliente, tal vez por lo extraño. Así fue con el “hermoso” Tom en aquella doble paja, entre risas y bromas. Por un segundo pensó en sorprenderle con una mano tras la nuca y empujarle el rostro contra su verga. Le había resultado divertido, pero sin consecuencias.

   Jensen, por otro lado…

……

tom-welling

   El joven Tom Welling… Ese sujeto debe haberse divertido, más que la mayoría, de sus años escolares. ¿Qué será de su vida?

CONTINÚA … 15

Julio César.

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