MISION

OBLIGACIONES

la-cara-del-pecado

   La satisfacción del trabajo realizado.

   Como consejero del curso prematrimonial de la parroquia, el guapo sacerdote sabía de las tentaciones y peligros que corrían los jóvenes y briosos chicos, así que, para salvar la honra de la noche de bodas y la virtud de las vaginales novias, se ofrecía a ayudarles a combatir el demonio de la carne, despojándoles de cada gota de ardiente y espesa diablura que les obligaría a intentar acercamientos pecaminosos con las damitas. Y a ese esfuerzo, con cada joven al que le ofrecía asistencia, no negándose ninguno, se aplicaba con una dedicación digna de reconocimientos.

   -Ahhh… ahhh… Gracias, padre, lo necesitaba. – gemía uno.

   -Si, padre, gracias… -jadeaba el otro.

   -De nada, hijos míos; manténganse buenos. Y ya saben, estoy dispuesto… siempre que lo necesiten.

   Y muchos de esos calenturientos gañanes lo necesitaban hasta dos veces al día. Por ello debía tratar, en ocasiones, a dos o tres de ellos a un tiempo.

RECONOCIMIENTO

Julio César.

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