LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN

DEAN Y CASTIEL… PECADO

   Mejorados. Una mugre de título, lo sé, pero a la autora no se le ocurrió ninguno mejor y a mí tampoco. Presento el trabajo de una querida amiga, con quien trabajé mucho tiempo y sigo en contacto. Fue ella una de quienes me sumergió en el mundo virtual de Brokeback Mountain, yo le presenté la serie Supernatural y terminó más fanática que yo. Hace tiempo quería escribir algo y me pidió presentarlo, para que la ayudara a limar detalles. La historia me gustó porque plantea ese ángulo que tanto me gustan de estas historias; Jared y Jensen se conocen y se aman, claro, pero antes hay toda una serie de dificultades, malos entendidos, discusiones… y odio. La siguiente trama, que no es mía y por eso la presento, no tengo que ocuparme yo de escribirla (no totalmente), se sitúa en un universo alterno al programa y los actores, con personajes extraordinarios en un mundo donde los nazis ganaron la guerra en Europa y a mediados de los setenta, la guerra germano-soviético provocó que el mundo fuera totalmente diferente a lo que ahora es. Suena extraño, pero la amiga logra darle claridad… casi siempre. Habrá escenas subidas de tono, y es allí donde más meto cuchara (a Sonia le gusta lo que escribo, o eso dice, y como siempre es incómodo saber que mis amigas saben de estas páginas, entran y leen). Espero que les guste, a mí me atrapó. Por cierto, ella puso condiciones… ya verán. Y se molestarán (río mientras escribo)

   Les presento a consideración el inicio…

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   Jared Padalecki era un héroe, y no porque formara parte de las tropas especiales, de los altamente preparados, destacándose incluso dentro de grupos que realizaban proezas francamente  sobrehumanas, siendo el primero en correr hacia el peligro con una sonrisa en los labios, el último en retirarse; no retrocediendo jamás si alguien de su grupo, un civil e incluso un rival desarmado, quedaba mal situado en un momento dado. Lo era porque, en cuanto tuvo conciencia de no ser como el resto, lo informó a sus padres, maestros y al Estado. Que terminara en alguna fuerza militar de elite, era lo lógico. Una vez dentro del ejército se sabría si servía para algo más. Aunque una vez allí, pocos deseaban irse o buscar alguna otra especialidad.

   No era extraño que fuera arrojado, o fuerte, la mutación que alteraba la miostatina en su cuerpo, era alta, como en otros “nuevos humanos”; pero aún entre otros de parecida constitución, él representaba un caso especial. Valiente, leal, atento, astuto, de reflejos que iban a la par de sus mejoras físicas, era poseedor de un temperamento ligero, alegre, nada rencoroso. Pero también sabía imponerse, su resistencia bajo presión, aún entre los suyos, era notable. Sumemos a eso que no era un chico egoísta, ni ambicioso más allá de probar todo los nuevos juguetes de primero, escuchar que lo hizo bien y saber que cumplió. No era extraño que a pesar de contar apenas con veintiséis años, ya ocupara un cargo de liderazgo dentro de la patrulla aural. Y, sin embargo…

   Sabe el joven, perfectamente, como el resto del equipo, los coroneles que organizaron la operación y la doctora Douglas (esa inquietante mujer), que buena parte de su proceder de ese día se debía a un exceso, posiblemente peligroso, de su naturaleza genética. Algo en ellos les arrojaba al peligro, a la exposición abierta, a las situaciones extremas; pero correr, solo, dentro de una guarida enemiga, un deposito que ardía por los cuatro costados, en busca de información, disparando contra todo el que intentó matarle, en medio del tiroteo, el acre humo y las explosiones que derribaron pedazos del edificio, era demasiado. Sabía que se arriesgaba casi insensatamente en esos momentos, así como sabía que exponía al equipo. Lo único que en verdad le afectaba. Su vida era suya, el Estado había invertido mucho en él, pero en últimas instancias no era sino otro individuo, uno mejorado, pero tan sólo Jared. Podía disponer de sí. Ahora que arriesgar a Sandy, a Elisha, a Jon, a Chad, a Bo, eso era otra cosa. Y no lo pensó sino hasta después.

   Tal vez por eso, una vez regresados del desierto de Mojave, había sentido esa urgente necesidad de alejarse, de salir de la base. Era algo que le empujaba de manera intensa, ¿apartarse de todos para no explicar su conducta? ¿Buscando paz? No lo sabía. Ni lo logró. Oh, sí, salió, cojeando visiblemente (ya estaría bien al día siguiente), una mano vendada (se regeneraría rápido, para eso estaban los adelantos médicos de guerra), un ojo negro y un corte en un pómulo, pero una Sandy McCoy, que también cojeaba y mostraba magulladuras en su rostro, le seguía y reñía incansablemente.

   -Fuiste un idiota corriendo así hacia el fuego enemigo, ¿es que ya no piensas? –le grita, caminando a su lado, una de las pocas que se atreve, dada la historia entre ambos.

   -Es difícil para un pistolero encarara un sujeto que corre en línea recta disparándole. –le aclara, exasperado, cada vez mas ceñudo e impaciente, aunque no quiere molestarse con ella.

   -¿Y si son dos o tres pistoleros? ¡Cómo lo eran!

   -¿No disparaban ustedes también? Mira, Sandy, entiendo que estén molestos porque el piso cayera bajos sus pies cuando entraron tras de mí, pero no di orden de seguirme. Era búsqueda de información, un hombre bastaba contra esos palurdos que saben de matar gente de rodillas y desarmada, no a un soldado. –se impacienta, deteniéndose cuando nota que la joven lo hizo antes.- ¿Qué? -gruñe, sintiéndose más incómodo por la mirada dolida de la joven.

   -¿Crees que estoy trinando de rabia y casi histérica porque me obligaste a seguirte bajo fuego? –su voz es baja, dura, y el más alto se agita.- ¡Me preocupo por ti, grandísimo idiota! ¡Estás perdiendo el control de tus nervios! –brama, luego calla y toma aire.- ¿Qué te pasa? ¿Estás en un ciclo neural? –a veces les ocurría. Sus cerebros se veían bañados de manera intensa de neuro trasmisores que les hacía irracionalmente imprudentes. O irreflexivos. El otro desvía la mirada, ceñudo, apretando los labios.- Si es eso, si necesitas… -ofrece. Jared sabe qué.

   -No, gracias, no es eso, Sandy; en serio. –se encoge de hombros.- No sé qué tengo, pero me siento frustrado, rabioso… infeliz. –suelta el aire y sus hombros bajan.- Sabes cuánto me gusta esto que hacemos, la misión, los logros. Ustedes. Mi vida. Pero últimamente… no me siento bien conmigo mismo. Quiero gritar, correr… No sé qué quiero, en verdad, pero me hace falta. Mucho. Tanto que… casi duele. -sonríe desviando la mirada, ceñudo, triste, molesto.- Deseo aullarle a la luna. –la desconcierta, y lo entiende, él mismo no entiende qué le ocurre. Se siente vacío, como si la nada le rodeara robándole su propósito; haciéndole cuestionarse todo, ¿para qué despertar, o dejar su cama, o ejercitarse, o estudiar, o comer? O amar. O tener sexo, para ser más exactos. Amor, lo que se llama amor, lo más cercano que ha estado es con Sandy, y no sentía nada al verla con Joe Flanigan. Por eso andaba algo barbudo, el cabello demasiado largo, descuidado. Como su celda en la base. Y, ahora, la estaba preocupando, lo nota en su mirada alterada.- Estoy bien.

   -Cariño, ¿sientes que algo… falla dentro de ti? ¿Tu cerebro?

   -No, y eso es lo peor; siento que, física y mentalmente, todo está bien. Al contrario, parezco más capaz de hacer cosas. Lamentablemente no hay una píldora para esta… sinrazón.

   -¿Depresión? –frunce el ceño. Él ríe, sin humor.

   -¿Depresión? ¿Qué es eso? Sabes que no es natural en nosotros. –responde con cierto orgullo, frunciendo el ceño nuevamente.- Una descripción más exacta sería… Sí, esa, estoy vacío. Sin metas. Rabioso. –oprime los dientes.- No quiero sentirme así, Sandy, pero no puedo evitarlo. Aunque no creo que sea asunto de morir.

   -Espero… -ella le soba un brazo, contacto que sabe ayuda entre ellos.

   -No te preocupes, por favor, estaré bien. Debo estar un una pequeña fase maniaca, a todos nos da. –se encoge de hombros restándole importancia.

   Si, sufrían de esos lapsos de inestabilidad, que en gente como ellos era algo delicado y hasta peligroso. No se sabía exactamente por qué. Pero si sabían, ella y él, que al castaño le ocurría con más frecuencia, y de manera más intensa. En esos momentos parecía indiferente a la idea de morir si podía completar la misión. Más bien parecía, y Sandy se inquieta, que Jared lo buscaba. Lo deseaba. La emoción de desaparecer en una explosión gloriosa. Sentir.

……

   Bien, así como Jared Padalecki era un héroe iracundo e insatisfecho, Jensen Ackles era un infractor, un sujeto al que alguien como el castaño podría llamar un “delincuente”, un “traidor”, y hasta cobarde. Pero nada de eso podría importarle menos al rubio pecoso que ha logrado juntar fuerzas suficientes para salir de su cama, tomar una ducha e intentar desayunar. No pudo, y debió luchar contra unas ganas casi físicas de regresar a su estrecha cama, ladearse en posición fetal, cerrar los ojos y tan sólo dejar que las horas, y posiblemente los días, pasaran. La vida misma. Era, el hombre joven, y un grave infractor deprimido totalmente. Lo sabe, era su fase, una que le llegaba cada vez más seguido. A deferencia del hombre joven al que no conoce, él si sabe qué tiene, aunque está perfectamente consciente de que nada se puede hacer. Sabe que terminará, más tarde o más temprano, encerrado en alguna institución, incapaz de moverse, hablar o reaccionar, atrapado en ese oscuro mundo de autocompasión, de pesar. De saber que nada existe para él.

   Pensarlo le provoca un nudo en el estómago mientras sale a la calle, un paso tremendo dado su estado anímico. Debía llegar al trabajo o perderían la paciencia con él, y necesitaba de esos pocos centavos a la semana para continuar su vida gris y miserable dentro de aquellas cuatro paredes asfixiantes. Ignora, al cerrar la puerta a sus espaldas, que todo lo que había sido su vida hasta ese momento, y que no le gustaba, cambiaría de una forma tan súbita que la odiaría intensa y profundamente… Y al chico castaño y alto al que estaba a punto de conocer.

CONTINÚA … 2

Julio César (no es mía).

NOTA. Por cierto, pienso seguir con Correrías en Boston y Se mi amigo, Jen, hasta terminarlas; lo llevo con retraso porque ando de salidas, de novio, y eso es tan agotador. Hay que dedicarle tanto tiempo y esfuerzo… Ni siquiera estoy muy seguro de cómo ocurrió.

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