CORRERÍAS EN BOSTON… 24

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 23

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   Tan sólo que no le parecía una aventura; mientras hablaba con Leslie, la fría y hermosa Leslie, tan solo podía pensar en el rubio cazador, recodando sus ojos brillantes, sus manos fuertes, rudas, acariciándole, esos labios de pecado tomando los suyos, le lengua entrando y explorando sin vergüenza mientras los sólidos y firmes cuerpos se restregaban uno contra el otro sobre esa cama, necesitados de ello. Su boca, esa lengua recorriéndole el cuello, el torso, mordiendo sus pezones, los dientes marcando sutilmente su piel. Dean reclamándole. En cuanto terminó aquella llamada, citándose con la otra para verse esa tarde, ya Nick estaba duro y extrañando al rubio. Le costó mucho no volver a esa habitación y caer sobre él.

   Se quedó a desayunar, fingiendo no notar las miradas de su abuela, que iban de él a Dean, el cual todo sonreído, y chulo, caminando muy lentamente y envarado (y más después de lo de la noche pasada, pensó Nick con un nudo de excitación en la garganta), se reunió alegremente con ellos en el comedor. Se miraron, el rubio como retándole a ser desagradable como siempre, pero no podía. Tan sólo frunció el ceño al verle tragar a dos carrillos, no comer y saborear, el desayuno. Y sentado a esa mesa, Nick se enfrentó a otro demonio, los celos. Se sabía competitivo, egoísta, lo suyo era suyo, no le gustaba perder. O compartir. En nombre de la civilización lo hacía, a regaña dientes, pero la intensidad del malestar que experimentó ante el coqueteo del personal domestico de su abuela para con el cazador, y las miradas-sonrisas, y comentarios chulos que este les lanzaba, siguiéndolas con los ojos para mirar sus traseros, le sentó como un golpe en el estómago.

   Obviamente si algo ocurría entre el joven gañan y alguna de las no tan jóvenes doncellas, ya había pasado, antes de la noche compartida, pero… Desde ese punto le fue difícil ocultar su ceño, su mal talante al responder cualquier cosa. Algo que hizo sonreír al pecoso, como si estuviera confirmando algo que ya sabía. También pareció divertir a su abuela.

   No le fue fácil abandonar la casona, llegar a la suya, ducharse y cambiarse para volver a la Fiscalía. No, no pensando en el rubio en aquella casa, sin nada mejor que hacer como no fuera holgazanear, rodeado de mujeres de mediana edad, aunque de buen ver, que le miraban con adoración y reían tontamente a su paso. En ese momento, consumido por la tensión, la preocupación, debió saber que más allá de su temperamento posesivo, aquello era inseguridad. Celos. Que Dean Winchester estaba convirtiéndosele en algo más profundo.

……

   Si, a Nicholas Stanton le costó, esa primera mañana, después de la aventura, abandonar la mansión, alejarse de Dean, temiendo lo que este pudiera estar haciendo para divertirse.

   Y algo de cierto había, el rubio cazador había disfrutado su mala cara. Al principio imaginó que se reprochaba, al fin, lo ocurrido entre ambos, luego que intentaba disimular frente a su abuela. Finalmente, notando su ceño cada vez que alguna de las doncellas le atendía con preferencia, entendió, con un sentimiento nuevo, de calor, sorpresa y agrado, que el otro temía dejarle porque le preocupaba lo que hiciera. Estaba celoso, pues. Eso le apreció absurdo, divertido, pero también excitante. De una forma extraña. Todavía no se conocía tan bien como Nicholas Stanton estaba haciéndolo. No sabía, o no quería ver, que le gustaba despertar afectos.

   A Dean Winchester le divertía el sexo, había sido así desde que lo descubriera a solas, masturbándose, hasta que una revelación le golpeó feamente, que con otras personas eran aún mejor. Con lindas chicas de turgentes senos y traseros duros que tocar; ellas tomando su verga, apretándola y exprimiéndosela con sus coños calientes. Más tarde entendió que otros chicos le miraban de manera interesada en la secundaria, ¿por su aire chulo y resuelto?, ¿por su agresividad innata, tan masculina? ¿Por su (y aún él rodaba los ojos) carita bonita? Como fuera, otros chicos respondían a su presencia, y la mano de un muchacho sobre su verga era mejor que cuando él mismo se la tomaba; sus mamadas no desmerecían en nada a las de las chicas, o tal vez en que estos parecían más dispuestos, ardiendo de jóvenes calenturas, de rodillas en el sanitario del colegio. Y, joder, un apretado y sedoso culo, clavándola en el de uno de ellos, era una locura. No se detuvo a pensar en si estaba bien o mal, si era normal o no, no cuando a los quince ya cazaba hombres lobo. Hacía tiempo que sabía que la suya no era una vida de esas, de regresar a estudiar, hacer tareas, cenar con la familia e ir a la cama, con mamá y papá follando en la habitación del fondo; no desde que algo entró en su casa, matando a su madre y lanzándoles a todos a la caza de criaturas horribles. No desde que Sam, su hermanito, había pasado a convertirse originalmente en su protegido, “su niño, para terminar como centro de un sentimiento más inquietante.

   Le gustaba el sexo, el placer físico que brindaba, la gloria del orgasmo, pero también la oportunidad que le ofrecía para conectar con otro ser humano, algo que jamás reconocería, mucho menos admitiría frente a alguien. Pero, en esos momentos, olvidaba lo extraño de su vida, su misión, que Sam se había ido, escapando de lo que le había hecho (culpa), y de su padre, que le dejara porque le parecía menos capacitado que su hermano (inadecuado, una decepción). Como fuera, a Dean le gustaba sentir, aunque no lo considerara así, que existían aquellos a quienes agradaba, lo deseaban… y lo amaban. Sabía, siempre estuvo muy consciente, de que era algo momentáneo, un engaño en sí, entrar en un sanitario de cine después de guiñarle un ojo al chico de las entradas, o las camareras en las fondas de la carretera. Vio en sus ojos deseo y lo aprovechó. Igual ocurrió cuando conoció al abogado idiota, prepotente y engreído que parecía disgustarle y censurar todo sobre él… pero notando que Nicholas no parecía poder dejar de mirarle. En verdad que cayeran la noche anterior en la cama, no le fue tan extraño. Ya había encontrado mujeres fuerte, y tíos decididos, que le discutían y reprobaban, pero que en verdad deseaban tenerle en sus camas. Imaginó que sería otro cuerpo, otro grato y placentero momento de entrega, de evasión emocional, siendo arrojado de aquella casa al otro día, o que al menos despertaría para encontrar que el otro había escapado durante la noche, disgustado con lo hecho; pero Nick había dicho cosas que sacudieron su mundo. Había mostrado una preocupación, un afecto que…

   Todavía estremeciéndose, discutiendo por no dejar, que tenía que marcharse, dejándose convencer por la abuela del hombre le ley, para quedarse y que descansara (¿y acaso había visto brillar algo irónico en sus pupilas?, parecía una anciana muy de estos tiempos, pensó), se quedó para ser mimado por aquellas mujeres que le preparaban todo lo que deseaba, incluyendo hamburguesas a la orilla de una piscina a donde no entró por en vendeja que tuvo que colocarse después de lo de la noche anterior, oculto bajo la delgada franela, pero si mostrando piernas. Sentado allí, ojos cerrados cuando no comía o tomaba algo (no pudo convencerlas de traerle una cerveza, no pasando las fiebres como estaba, bajo medicamento), se contentó con no pensar en nada, no tener apuro, echado sobre aquella tumbona bajo los pálidos aunque gratos rayos del sol, las notas de Metálica dejándose escuchar en su reproductor.

   -Llevas mucho tiempo aquí. –escuchó una divertida voz, y levantando un parpado, sonriendo todo chulo, enfoco a Rose, una de las mucamas ocupadas de las habitaciones (¿qué tanto dinero había que poseer para mantener semejantes ayudas?), aunque en esos momentos cargaba un pequeño platillo cubierto. Era de las jóvenes, fácilmente por debajo de los treinta. Al cazador le divirtió el rubor de sus mejillas mientras le metía ojo pretendiendo que no lo hacía. Bien, era una chica con buen gustó, pensó, y, pícaro, se estiró todo, el esbelto cuerpo mostrándose.

   -El sol me gusta. ¿No te parece que me queda bien el color en la cara? –coqueteó, porque era Dean Winchester. Hubo un leve silencio intencionado de parte de la otra.

   -Tal vez al señor Nicholas no le agrade que… -comenzó, atrevida, desinflándose a medio camino, más por la mirada desafiante del rubio.

   -Tranquila, creo saber que le gusta. –respondió tan pancho, haciéndola sonrojar escandalizadamente divertida. Pero el hombre no se concentraba en eso, casi relamiéndose los labios, sospechando alguna golosina en el platillo.- ¿Es para mí? ¡Dios, me amas! –la mortificó, ella rodó los ojos pero conteniendo una risita, levantando la cubierta, dejándole ver un buen pedazo melcochoso de tarta de chocolate con frutas, casi mordiéndose el labio para no reír abiertamente al ver ese brillo felino en los verdes ojos, el cómo todo Dean respondía al dulce.

   -De parte de la señora Martha… -la cocinera.- Tiene malas intensiones para contigo. –se lo tendió y este tomó el platillo con una sonrisa.

   -Esa mujer cocina tan bien que puede tomarse todas las libertades que quiera conmigo. –respondió alegremente. Con el pequeño tenedor (de plata, por Dios), tomó un trozo, llevándolo lentamente a su boca, donde los labios se abrieron con voluptuosidad, burlándose de la mujer que le miraba como hipnotizada.- Hummm… -dejó escapar un gemido maullido de placer, uno real, pero intencionado. Y Rose enrojeció aún más.- ¿La probaste? –le preguntó, todavía paladeándolo, separando otro trozo y alzando la mano.- ¿Quieres…? –la retó, porque era Dean Winchester, dejándola impactada, como no sabiendo cómo responder.

   -Ella debe volver a su trabajo, el cual descuida aunque se le paga para ello, y no entretenerse con los invitados de la casa. –la fría voz, censuradora, les sobresaltó. La mucama hasta se llevó una mano al pecho. Dean tan sólo alzó una ceja. Allí, de pie, atildado en su costoso y hermoso traje marrón, Nicholas Stanton les miraba. Especialmente a Rose, y no parecía nada contento.

   -Yo… yo… -balbuceó ella. No le gustó para nada la lapidaria mirada que el hombre le lanzaba.

   -No la quemes en la hoguera, abogado; me traía algo que pedí. –intercedió Dean, alzando el platillo y casi bailándolo.- Gracias, Rose. –le dijo con una de sus sonrisas matadoras, avergonzando a la mujer, que temía mirar al nieto de su patrona; sonrisa que a este pareció molestarle más.

   -Bien, ya lo trajo, ¿no? –fue cortante y la mucama casi huyó a la carrera, sintiendo un peso entre sus hombros. No tenía que volverse para saber que el señor continuaba mirándola. Como era en efecto. Nicholas pensó, muy seriamente, en correrla de la propiedad, que buscara empleo en algún prostíbulo barato y…

   -Déjala en paz, sólo me mima como el resto. –Dean cortó sus pensamientos, sonriendo cuando este se volvió y le vio, todo censurador.- Y cambia esa mirada o la gente comenzará a hablar de nosotros, señor Stanton. –se burló, guiñándole un ojo, llevando el trozo de tarta a su boca, cerrando los carnosos labios sobre el tenedor, maullando de gusto, un sonido casi erótico que debía, forzosamente, enviar toques eléctricos a la columna vertebral de cualquiera que le observara y escuchara, retirándolos lentamente del cubierto. Todo ello seguido por la mirada hipnotizada del hombre, a quien todavía le tocó ver esa lengua recorrer lentamente el cubierto, dejándolo brillante.- ¿No quieres? –le reta, sonriendo chulo, tomando otro pedazo con el tenedor lamido, ofreciéndoselo, recorriéndose el labio inferior con la lengua.- Tal vez haya suerte y nadie esté viendo para acá, abogado. –un puchero travieso se pintó en su boca.- ¿O temes a mis gérmenes?

CONTINÚA … 25

Julio César.

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