LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 2

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   -Hey, Jensen, muchacho… -la voz le sobresalta y mira a Jim Beaver, el rollizo vendedor de cafés y perros calientes, que ya está instalándose a la salida de las residencias.- Hijo, debes llevar algo de sol. Te ves fatal. –se oye preocupado. El rubio sonríe levemente, algo que no llega a sus ojos.

   -Gracias, Jim, en cuanto sea rico me retiraré a Hawaii. –es la respuesta mecánica, la de todos los días, mientras sigue su camino.

   Aunque siente cierto calor por la preocupación del otro hombre. Llevaba tiempo alejado de todo el mundo. Sabe que se ve desaliñado, el cabello algo largo, su rostro cubierto por una pelambre rojiza. La palidez de su piel, que acentúa las pecas, también lo hace con las bolsas bajo sus ojos; aunque dormía bastante, mucho (el mundo de los sueños, la no conciencia, era un escape grato). Sus ropas se ven ajadas y holgadas en su cuerpo. Es perfectamente consciente de que no se ve bien, en el colegio se lo habían señalado, con cierta precaución para no ofender, pero allí estaba. Sus hombros caídos, parecen pesarle más mientras eleva la verdosa mirada, hacia ese cielo azul claro, casi cruel. O tal vez era hermoso, pero a él no se lo parecía. Sabe que no es cierto, o eso espera, pero le parece que la gente con quien se cruza, le mira, intrigada, o levemente preocupada. ¿Temerían les atacara? Las miradas ajenas… Se sube la capucha del suéter y baja la vista, no concentrándose en nada ni nadie. Llegaría al colegio, haría su trabajo e iría a su cubil. Allí se encerraría y…

   No se da cuenta de que lentamente va deteniéndose. Hasta que finalmente lo hace. Se queda quieto, bajo el sol. Parpadeando. Siente los vellos de su nuca alzados, la piel de sus brazos erizados. Mira al frente, se vuelve. No hay nadie, pero… Traga en seco ante la poderosa sensación que le envuelve. Algo estaba por pasar, se dice, ceñudo e inquieto. El deseo de regresarse es intenso, pero no podía perder su empleo. No otra vez. Tragando nuevamente, mira al frente, tan sólo debía doblar, llegar al boulevard y tomar el tranvía, como todos los días. No era mucho trabajo, ¿verdad? Pero continuar… Se resiste, aunque otra parte de él, curiosa por primera vez en días, le insta a continuar. Mete las manos en los bolsillos del suéter y lo hace.

……

   -Me preocupo por ti. –insiste Sandy, reanudando la marcha al lado del alto joven. Ambos visten los uniformes oscuros, grises y negros, de faena. Se ven esbeltos, saludables, fuertes, poderosos. Hermosos. Ella con su cabello castaño recogido en moño; Jared con el suyo algo largo, el rostro barbudo, pelo algo lustroso y suave que le sienta bien aunque en el cuerpo de elite no estimularan dicha moda.

   -No debes, Sandy. –intenta ser paciente, porque la estima y sabe que su preocupación es sincera.

   -Estás muy solo, ¿por qué no intentas una relación? Con alguien que te guste; chica o… -le aconseja como rogándole, mirándole con afecto.- Te gusta la gente, reír, hablar, divertirte, incluso abrazar. Eres como un enorme cachorro feliz. Y te gusta en sexo, ¿por qué no unes todo eso?

   -La gente me gusta por un rato, en la cama, a menos que sea amistad. Nadie me gusta durante mucho tiempo como para comprometerme. –se oye opaco.

   -¿Ni yo? –le reta ella. Él sonríe tipo mueca.

   -¿Me reclamas cuando fuiste tú quien se decidió por Joe? –la ve rodar los ojos y sonríe un poco más.- No, está bien. Me gusta cómo te ves junto a él, feliz.

   -Eso quiero para ti, algo que te emocione y que no sea únicamente correr con un rile de asalto en las manos hacia el peligro. Algo que te haga desear regresar a la base después de cada misión.

   -Lo sé, pero… Joder, es cierto, son esos momentos los únicos que logran darle sentido a toda esta insatisfacción a veces. –ella rueda los ojos otra vez.

   -Claro, el vacío…

   -Oye, ¿qué quieres que te diga? ¿Qué todo está bien en cuanto a mi ánimo? Bien, puedo hacerlo, si con ello dejamos de hablar de esto y me dejas en paz; hablar de mí es como lijarme un tatuaje. –farfulla, no como un desaire, es un comentario normal entre amigos como ellos.

   -Idiota. –sonríe la mujer, mirando al frente, no notando que es ahora él quien se detiene un paso más atrás. Hasta que repara en ello y le mira.- ¿Ocurre algo?

   Los instintos del guerrero se alertan, algo le grita a Jared que tiene que estar muy pendiente… pero no presiente el menor peligro. Lo sabe, no está seguro cómo, pero así es. Mira hacia adelante, esforzando sus pupilas, de precisión casi de mira telescópica. Nada. Del otro lado de la calle, tampoco. Ni detrás de ellos. Se ve agitado ahora, su pecho sube y baja con esfuerzo.

   -¿Jared?

   La oye, siente el toque de su mano, pero no responde, relegándolo todo, concentrándose, la calle perdiendo consistencia como no sea lo más cercano, la oscuridad rodeando el resto. Y cierra los ojos, alzando el rostro, la perfilada nariz agitándose levemente, aspirando. Se estremece poderosamente, cada parte de él, cada célula de su cuerpo. Era un olor fuerte, claro, grato. A vainilla, a caramelo, ¿acaso naranjas? No lo sabe, pero olfatearlo le provoca tanto escalofríos como ganas de lamer de aquello que semejaba un manjar a sus sentidos.

   -¿Lo sientes? –pregunta con voz ronca, oscura, abriendo los ojos, mirando al frente, sabiendo que se acerca y que por allí aparecería.

   -¿Qué? –ella se extraña más; al verle aspirar otra vez, intenta olfatear por su parte, pero fuera de los olores normales de la calle, nada percibe.

   Si, estaba más cerca, se dice con un loco correr de su corazón, apartándose de ella, dando pasos inseguros al frente, allí donde la calle termina en una esquina. Y le parece que un rayo le fulmina, una descarga eléctrica lo recorre de pies a cabeza. Mira al hombre joven que aparece, cabizbajo, deteniéndose también, y alzando el rostro. Le mira y todo pierde sentido para el comandante de las fuerzas de choque Jared Padalecki. El telón del fondo se disuelve, sus ojos mejorados detallan ese cabello castaño cobrizo que cae desordenadamente en la frente, las cejas claras, las largas, muy largas pestañas, los enormes ojos verdes con iridiscencias de oro, las adorables pecas cubriéndolo todo. Esa boca, esos labios…

   Y mientras traga, sonriendo desconcertado, dos poderosas emociones le envuelven. Quiere llegar al lado de ese hombre joven y abrazarle, acunarle contra su cuerpo hasta que la tensión que doblaba los hombros del rubio despareciera. Quiere acunarle hasta que se relaje y descanse, borrando las huellas de agotamiento, eliminar su palidez, su delgadez. Quiere abrazarle y protegerlo del mundo. Lo otro… No sabe exactamente que es.

   Pero ya no está ahí, se encuentra en una habitación pequeña, con ese joven sobre una cama más estrecha aún, ambos totalmente desnudos, abrazados, los jóvenes cuerpos frotándose uno contra el otro, el calor envolviéndoles, las manos recorriéndose. El rubio de espaldas, él metido entre los brazos y piernas de este, que se cierran en su baja espalda, mientras le penetra con fuertes embestidas, sacando y metiendo su hinchada verga de ese culo sedoso, abriéndolo, llenándolo, sintiéndose atrapado, halado, excitado, mientras hunde su lengua en aquella boca de pecado, tomando su aliento, su saliva, para luego olerle tras una oreja, disfrutando sus maullidos de placer mientras lo encula una y otra vez, contra la cama. Al tiempo que le muerde una oreja y lame su piel, ese chico ronronea algo que le eriza y congela:

   -Te amo, Jared…

CONTINÚA … 3

Julio César (no es mía).

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