LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 4

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 3

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   -¡No! No soy un fenómeno de feria. –jadea, tragando en seco cuando ella saca de uno de los bolsillos de su traje una pequeña lente que dirige a su rostro, y nota sus ojos barridos por un pequeño laser rojo. Tan pendiente de eso está que no repara en la aflicción momentánea en la cara del castaño ante la palabra fenómeno. Era aquel aparatico un verificador. En cuanto un humano mejorado demostraba habilidades, era reportado, numerado. Su iris era etiquetado. No hacerlo era un delito grave, y peligroso. Y él no estaba registrado.

   -Claro que eres un mejorado. –jadea Jared, perdonando a su Jensen, por la fea palabra.- Sabes mi nombre. –la sonrisa regresa y casi le parte la cara en dos.

   -Aléjense de mí, maldita sea. –brama el rubio, asustado, ¡iban a descubrirle y detenerle! Intenta retroceder pero Jared da un paso al frente, atrapándole los brazos con sus manos grandes de dedos largos. Con posesividad, calor y… casi ternura.

   -Oh, vamos, Jensen, nacimos para este momento. Eres para mí. –exclama todo sonrisas, y dicha, casi parpadeando por la oleadas de emociones poderosas que lo recorren con sólo aferrarle así, e imagina hacerlo sin todas esas ropas puestas, sus manos sobre la cálida piel, recorriendo con la punta de sus dedos desde los bíceps del rubio, subiendo, acariciando, erizándole, tomándole los pecosos hombros, porque debían ser pecosos, acariciándole las clavículas con los pulgares. La idea casi le hace jadear, el cerebro ocupado con escenas locas donde corre por una playa, dentro del agua, de la mano del rubio; o que, desnudos, besa esos hombros, que muerde una clavícula y es recompensado por un gemido del otro.

   -¡Suéltame! –grazna un Jensen casi asustado. Debatiéndose, Jared no lo hace.

   -¿No lo sientes en verdad?, ¿esto que nos une? –insiste, mirándole con adoración y necesidad, pero también posesivamente. Por Dios, ¿qué le pasaba? Debía notar que ese hilo existía y los enlazaba. De alguna manera sabe que era necesario que el pecoso lo comprendiera y aceptara.

   -Jared… -interviene, ceñuda, Sandy, mirando el pequeño lector que hace un cruce mundial de nombres, con registros, pero comprendiendo un poquito más que su alto compañero. Si, Jensen era un humano nuevo, lo sabe por la intensidad de la reacción de su compañero, porque el rubio pudo haber adivinar su nombre (¿una habilidad síquica?), y no era que pudiera haberlo escucharlo de pasada, no cuando no se decía desde antes que doblara esa esquina. Pero su reticencia… La joven sospecha algo que podría ser un problema.

   -Es él, Sandy. Lo que salí a buscar de la base, eso que me empujaba a dejar las instalaciones –la mira, hablando con confianza, los dedos cerrados sobre Jensen, a quien mira ahora.- Eras a quien buscaba. Tú me llamabas.

   -No, no; te lo repito, no soy uno de los fenómenos con los que tratas. –Jensen enrojece de furor, y alarma, intentando soltarse del agarre de Jared, pero parecían faltarle las fuerzas al notar la mirada dolida del otro.

   -No somos fenómenos, Jensen, somos seres humanos mejorados. Nuestras destrezas…

   -¡No soy como tú! Soy normal.

   -Eres…

   -¿Eres un beta? –la pregunta sale disparada de la boca de Sandy, todavía mirando el lector, congelando de pánico al rubio, cuyo corazón late con fuerza.- Si es así, debes venir con nosotros; es obvio que no tienes ningún tipo de enlace con otra persona o Jared lo notaría. Estás obligado por ley a obedecer.

   Es tanto el temor que eso infunde al rubio, que Jared lo percibe, tensándose, molesto con su amiga por afectarle así, comprendiendo la profundidad del lazo que estaba por establecerse: por Jensen haría cualquier cosa. También comprende el prejuicio, muchas voces se habían alzado, en el pasado, y aún ahora, en baja voz (era penado por el estado), en contra del sistema de castas, alfas y betas, considerándose una categorización animal, donde un beta era prácticamente un invitado forzado a la mesa del sistema, el cual quedaba encadenado a un alfa si este le requería. Cosa que nunca entendió del todo, hasta ahora. Si, Jensen era un beta, lo supo en canto le olió, le vio y ahora tocándole. Era su beta, lo que hasta hace unos minutos faltaba en su vida, pero no dejaría que eso le estigmatizara. Ni asustara.

   -¡No soy un animal de granja!, ni iré a ninguna parte con ustedes. –ladra Jensen, voz cundida de pánico y furor, comprobándole a Jared el alcance de su prejuicio.- Soy un individuo libre, no le pertenezco al estado, a los militares ni a ti. –casi le escupe en la cara, haciéndole parpadea dolido.

   -Por favor, cálmate, no lo tomes así, esto… -el castaño se confunde, afligido por la reticencia del otro, ¿cómo era posible que no percibiera la maravilla del encuentro? Tal vez necesitaba tiempo para asimilarlo, se lo daría y terminaría reconociéndolo. Juntos superarían esto, acoplados, se dice con confianza, soltándole un hombro y enmarcándole una mejilla, la cual se tiñe aún más de rojo, reacción que le hace arder por dentro. Tan es así que ya no piensa, echa el rostro hacia adelante y le cubre los labios con los suyos cuando el impactado rubio se disponía a quejarse de sus manos. El beso le silencia y todo pierde sentido para el castaño, ¡eran labios tan suaves! ¿Y lo imagina acaso?, se pregunta cerrando los ojos; ¿la piel del rubio bajo sus manos arde todavía más?, ¿este se echa hacia adelante?, ¿sus labios se separan un poco para recibirle?, no está seguro, pero sabe que si muriera en ese momento, lo haría como un hombre feliz. Separa sus labios con una sonrisa, ha sido una caricia de segundos.- Ven conmigo. Sabes que es lo correcto.

   -¡Maldito hijo de puta! –es la respuesta que le estalla en la cara, llegándole con el aliento agitado del rubio, el cual responde con fuerza.

   Por un segundo Jensen se había quedado congelado, de sorpresa y pavor, ser detenido era una realidad que se cernía por segundos, aquella soldado no parecía de las fáciles de convencer. Debía escapar y hacerlo ya. Sumándose eso a la ira que siente por las palabras del castaño, por el beso, le alcanza en el mentón con su puño izquierdo, sorprendiéndole, empujándole hacia la mujer, ambos trastabillando, aunque ella intenta atraparle con una mano como zarpa. Y, retrocediendo en su camino, corre como diablo ante la cruz…

   -Ahhh… -Jared, desconcertado por el golpe cuando todavía saboreaba la miel del beso, la dicha del futuro juntos, ese mundo rosa donde todo eran besos en la base, se paraliza. Era un soldado, pero el otro era también un humano nuevo, no era un simple chico pecoso y lindo.- ¡Jensen!

   A pesar del puñetazo, del rechazo, del evidente disgusto del otro, al castaño el corazón se le cae a los pies mientras le ve alejarse a la carrera, con bastante prisa, por cierto, doblando la esquina y desapareciendo de su vista. Gritando su nombre como un desesperado, le sigue, sin escuchar a Sandy, que le llama. Tan sólo sabe que tiene que correr, buscarle, encontrarle, detenerle… y hacerle entender que tienen que estar juntos. Dobla y en la estrecha calle en la que cae, corta, no hay rastros del rubio, y esa realidad le hace gritar entre dientes. ¿Por qué corres, Jensen?, ¿por qué te alejas de mí, bonito? Es lo único que se repite en su cabeza, angustiado. Respira hondo y cierra los ojos, olfateando, percibiendo el olor a caramelos, echando a correr otra vez, dobla en una entrada a media calle, enfilando los ojos hacia la salida de unas residencias pequeñas y oscuras, a cuyas puertas un hombre pelirrojo, mayor, despliega un puesto de comida ambulante.

   Jensen había tomado por ahí, se dice, corriendo sin detenerse. Y le encontraría.

……

   Sandy, después de llamarle infructuosamente, se detuvo al doblar la esquina y no verle. Lleva una mano a su oído derecho y presiona el comunicador.

   -¿Control?, McCoy; encontramos a un mejorado no registrado, Jensen Ackles. -alza el gafete que le quitara.- Es un conserje en la primaria Palin. Hay que encontrarlo y detenerlo, es un infractor. Quiero su dirección. Comiencen a buscar a su familia y llévenselos a todos. –ordena tajante.

CONTINÚA … 5

Julio César (no es mía).

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