LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 7

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 6

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   -¡Vete a la mierda, soldado! -ruge y corta la llamada.

   -No, no, Jen… -brama angustiado. ¡Algo malo le ocurría al rubio!, la certeza le abruma, alarma y frustra. Mira que huir, ¡mira que cortarle la llamada! Ojala se lo encontrara para darle un par de tortazos y luego llevarle por ayuda. Lo piensa mientras envía por mensaje posibles coordenadas del rubio, el cual le parecía había salido a la zona boscosa tras ese conjunto de edificios. Los helicópteros ractores podrían buscarle si perdían la señal del móvil.

   -La jodiste, ¿verdad? –Sandy, a sus espaldas, mira burlona la puerta caída.

   -Está mal. Algo le pasa a mi… -se atraganta, afligido.- A Jensen… Algo muy malo. No sé qué es, pero me asusta. –sonríe ácido.- Y sabes que nada me asusta.

   -Llamarle fue un error. Cualquiera sabe que debe deshacerse de un teléfono del cual saben el número si se está huyendo. –recrimina ella, brazos cruzados, algo exasperada, llegando a su lado.

   -Lo sé, y lo siento, ¿okay? Pero no pude contenerme. No pienso con claridad cuando se trata de él. Debía llamarle. Pedirle que volviera. –lo justifica callando que necesitaba escucharle, comprobar si la conexión entre los dos había sido real o algo que imaginó.- Algo le pasa. –repite.

   -Es miedo. Su familia, y él mismo han cometido una grave infracción, sabe que habrá consecuencias. Y no quiere pagarlas.

   -Si ocultó lo que era cuando comenzó a manifestarse no es su culpa, era un niño. Sus padres…

   -Lo sé. El problema con los no presentados es de vieja data, pero eso no elimina las reglas, ni las sanciones. Lo sabes. No les irá bien a los Ackles cuando los detengan. Ni a tu… Jensen. Y eso también lo sabes. –le observa con fijeza. El hombre le sostiene la mirada.

   -No, porque no dejaré que ocurra. Jensen no es un mejorado sin presentar como otros. Es distinto. –frunce el ceño.

   -¿Por qué te gusta? Dios, estás insoportable de tonto. Eso no hará ninguna diferencia.

   -Ya lo veremos. –suena tozudo, callando ante su amiga el pulsante dolor, ardiente y desagradable que parece estar instalándose en la parte delantera de su cerebro. Algo nuevo.

   Recorre todo con la mirada y ella le imita. El lugar era pequeño llegando a lo opresivo. Y feo. opaco, oscuro, sombrío. No había detalles de color o vida. El rubio debía existir en una realidad interna, una que no era muy alegre tampoco, por cierto. La cama, las sillas, la mesa en la diminuta área de la cocina, todo es pequeño o estrecho. Sandy mira unos libros sobre una repisa, física y química avanzada. Jared se detiene frente a una pizarra llena de ecuaciones, no es un experto pero le parecen estudios destinados a controlar la intensidad de las emisiones en radioisótopos comunes. Cierto orgullo estalla en su pecho, su chico era listo. Aunque, por otro lado…

   -¿Un material radiactivo puede dejar de serlo bruscamente?

   -No lo sé. –responde ella, revisando las mesas de noche.- Pero sería genial, ¿no? Recuperaríamos las zonas calientes del noroeste del país.

   -Sí, pero… -frunce el ceño. Radiaciones y mutaciones, todo iba de la mano. ¿Revertir o controlar el detonante para terminar con el producto? ¿Acaso era posible? ¿Era lo que deseaba Jensen?

   -Jared… -le inquieta el tono en la voz de Sandy. Se vuelve y la ve al lado de la cama, revisando una gaveta, mostrando unos frascos de píldoras. Un nudo se le forma en la garganta.

   -¿Bloqueadores? –va a su lado.

   -Sí, pero sin prescripciones, advertencias o posología. Deben ser del mercado negro. –le informa mirándole a los ojos. La gravedad de ello no necesita comentarse.

   Todos ellos los necesitaban, neurorreguladores. Algo en sus naturalezas recargaba sus cerebros de transmisores adrenérgicos, eso les hacia fuertes físicamente, competitivos; a veces pendencieros. Pero también agresivos, violentos y autodestructivos. No lo controlaban de manera natural, no estaba en ellos. Para controlarlo estaban los bloqueadores. Necesitaban esas píldoras.

   -Si no son los correctos, como suelen ser esas porquerías, casi estafas del mercado ilegal… -Jared, parpadeando, se deja caer en la cama, pensando, de pasada, que allí el rubio se acurrucaba de noche y dormía como un hermoso bebé grande, tal vez pasaba las frías mañanas bien cubierto. Se masturbaba. Pero meneando la cabeza, aleja esas ideas e imágenes. Algo difícil con el olor del rubio embotándole los sentidos. Casi percibía un rastro de calor sobre las mantas.

   -Si no son los correctos puede estar sufriendo episodios de neurosis y sicosis, de paranoia, depresión y agresividad. –termina ella, ceñuda.- Y si no carga nada con él, y en su trabajo encontramos otra dotación, puede que se quede sin nada. Estas cosas no deben ser fáciles de conseguir en una ciudad como está, barrida por el ejército para evitar este comercio ilegal. Y si no encuentra nada…

   Jared, pálido, traga en seco. Conocía los casos, por razones que jamás entendió, hubo quienes prefirieron vivir fuera del control médico, convirtiéndose en verdaderos sicópatas unos, en dementes otros. En uno y otro caso, la muerte había terminado con sus sufrimientos. La auto destrucción. La sobrecarga sensorial y emocional, el descontrol hormonal los empujaba a la locura, dejando en sus mentes confusas sólo una salida. Vuelve la mirada a su móvil ante una leve señal.

   -Llegaron a la escuela, nadie sabe mucho de él; obviamente ignoran que es un humano nuevo. Los nuestros encontraron los bloqueadores. –la mira.- No le queda nada, Sandy. –su expresión preocupada y horrorizada es sustituida por una de dureza. Envía las órdenes con pocas letras en su móvil: Detengan a toda la familia. ¡Ahora! La mujer revisa su móvil, preocupada.

   -Jared, no puedes movilizar personal sin comunicarte con…

   -¡Tengo que encontrarle, Sandy! –ruge poniéndose de pie, una sensación de urgencia, de peligro, le alcanza.- No está bien. Corre peligro. Debo encontrarle. –repite afligido. La mujer intenta tocarle pero la evade.- Necesito…  -y se aleja, rumbo a la puerta, dispuesto a correr hasta captar el olor del rubio otra vez. Pero se detiene.- Encárgate de enviarlo todo a la sede. Que se busque a quienes fabricaron esos bloqueadores. Debemos detener a toda la red.

……

   No le encuentra. Es decir, no sabe por dónde tomó y no puede calcular a dónde fue, admite recorriendo la plaza tras el feo bloque de edificios, mirando la zona boscosa. Percibe su rastro, sabe que estuvo allí, un aroma sutil, pero no le sirve de guía. Fuera de un móvil destrozado, que recoge y guarda, no da con otra pista. Y eso le frustra de manera intensa. Quiere gritar mientras se va llenando de más y más ansiedad, como la de aquel que aguarda en una sala de espera a que un cirujano salga e informe sobre la intervención de un ser querido, deseando que todo salga bien, temiendo que las noticias sean terribles. Le molesta que el otro esté escapando, aunque tal vez se debía a la sicosis por los bloqueadores inadecuados. También le añora. ¿Eran sus ojos tan verdes como cree recordar? ¿Era su cabello castaño claro tan suave como parecía? ¿Su voz…?

   El teléfono timbra. Es Sandy.

   -Jared, vuelve, la doctora Douglas quiere hablar contigo, y no parece nada feliz. –informa, seca.- Y tenemos a uno de los Ackles.

CONTINÚA … 8

Julio César (no es mía).

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