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SIGUE EL DILEMA… 12

abril 27, 2017

SIGUE EL DILEMA                         … 11

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

   ¿Imaginan el horrible destino de servirle?

……

   Las palabras parecen llegarle a Luis, de repente, desde muy lejos, su mente parece ir embotándose, perdiendo conexión con la realidad.

   -Huélelas, aún tienen algo de su olor… -le ordena el cruel hombre. Y aunque quiere resistirse, le obedece, llevando la pequeña prenda a su rostro y olfateándola. Hay un cierto aroma ácido.- Es el olor de tu mujer, de hembra… Uno que te repugnará, ahora que serás tú misma una hembra. Mi hembra. Vamos, huélelas bien… Aspira profundo, llenante con ella.

   Le obedece; no sabe por qué, pero lo hace, cerrando los ojos y oliéndolas más, con todo girando a su alrededor. Parece extraviarse en su mente, donde todas las alarmas parecen sonar amortiguadas por alguna razón. Y en ese estado es incapaz de notar como brilla en los ojos del entrenador de su hijo el insano deseo de someterle, de poseerle otra vez. Olfatea y todo deja de tener sentido, importancia, mientras a sus espaldas Franco se agarra la voluminosa erección bajo su pantalón con una mano, y con la otra coloca una pequeña cámara filmadora sobre un esquinero, enfocando al hombre maduro que permanece quieto, olfateando una y otra vez aquella prenda bañada de escopolamina, la llamada Droga del Diablo, que bloqueaba la voluntad. Sonríe perverso, Luis estaba perdido desde el momento que la tocó, intoxicándose por la piel, y poco a poco fue perdiendo la voluntad. Lo necesitaba así, cooperador, se dice estremeciéndose de lujuria, para poder cogerle de nuevo, pero también para asegurarse el camino hacia Daniel. El pequeño hijo de puta pronto perdería toda voluntad de pelear, de resistírsele. Ah, las cosas que le haría cuando fueran a Los Ángeles. El muchacho no iba a escapársele.

   -Suéltala. Arrójala del otro lado del mueble. –le ordena, sonriendo al notar que el otro obedece inmediatamente. De una gaveta saca un gel bactericida.- Límpiate las manos con esto. Si, ahora la cara… -le ordena mirándole a los ojos, deseando que, en alguna pequeña parte de su conciencia, el otro supiera que estaba dominándole, tomando el control de su vida. Que supiera, aunque no pudiera defenderse o evitarlo, que volvería a poseer su cuerpo de macho.- Te gusta obedecerme, ¿verdad? –le pregunta al rostro, acercándosele.

   -Si… -responde este, después de una leve vacilación; no podía oponerse.

   -Desnúdate. –le ordena, apartándose nuevamente. Dejándole solo dentro de la toma de la filmadora. Disfruta con una sonrisa mientras su antiguo rival deportivo va despojándose de la chaqueta, camisa, camiseta, zapatos y pantalón, frunciendo el ceño con disgusto a la vista del largo bóxer holgado.- Hay que hacer algo con eso… No te queda bien, puta. –de ahora en adelante su esclavo sólo usaría pequeños y ajustado bóxer, todos blancos, hasta que llegara el momento de usarlos color rosa, luego de cuero, abiertos atrás.- Quítate todo. –el otro obedece después de una vacilación mínima. Si, aún se resistía, eso le hace feliz.- Te excita que te vea, ¿no es cierto? Saber que exhibes tu cuerpo a los hombres, eso te pone caliente. –le sugestiona.

   -Sí, me gusta… -responde como autómata, su verga, que parecía especialmente chica en esa pelvis rasurada, se agita un tanto, ganando consistencia.

   -Vamos, pruébate esto. –dice intencionadamente, sacando algo, nuevamente, de la gaveta.

   Luis atrapa aquello al vuelo, a pesar de sus sentidos embotados. Mirándolo. Es una prenda íntima de mujer, una pantaleta, nada muy chica pero si corta, de bordados y raso.

   -Póntela. –el tono era más acervo, disfrutando ya del momento que se acerca.

   ¿Qué piensa o siente Luis?, es imposible decirlo por su mirada ausente, sus movimientos mecánicos, entrando en la prenda que se enrolla en sus piernas depiladas. La acomoda sobre sus caderas y Franco traga, cómo le gustaba eso. Ver a Luis, su rival, obedeciéndole, colocándose la coqueta pantaleta que había comprado especialmente para él. Qué tonto había sido al tomar la de su mujer de aquella manera, llenándose las manos con la escopolamina, olfateándola luego. Su voluntad estaba totalmente anulada. Ver al sólido hombre luciendo la atractiva y claramente femenina prenda, puesta, le excita de una manera salvaje.

   -Mece tus caderas, lúcela. –le ordena, tomando la pequeña filmadora y enfocándole, viéndole bailar un poco la pelvis.- Lleva tus manos a las caderas. –contiene una sonrisa y un suspiro al verle.- Sonríe como puta contenta. –él mismo lo hace cuando el otro obedece.- Camina hacia allá, un pie delante del otro… – le sigue, la cámara enfocada en aquellas nalgas no cubiertas del todo. No era una tanga, era una pieza enteriza que parecía terminar a medio camino sobre el trasero, perdiéndose luego entre las nalgas, las cuales muelen la tela.- Vuelve el rostro. Sonríe sobre tu hombro. –y se asegura de tomar muy bien la escena.- Regresa al sofá, sube de rodillas dándome la espalda. –Luis obedece automáticamente, la recia espalda agitándose al moverse, quedando fijo, mirada al frente, manos en el respaldo del mueble, las nalgas alzadas, separadas, la suave tela enmarcando parte de sus nalgas, luego mostrando la tira entre ellas, el saco de las bolas. El tatuaje. El entrenador se las apaña para que se vea muy bien.- Mírame… -no quiere que existan dudas en las personas que miraran aquello, desea que sepan que se trataba de Luis Saldívar luciendo pantaletas, sonriendo mientras lo hace.- Echa tu trasero más atrás, si, así, apoya el mentón en el respaldo y recorre tus nalgas con las manos. –la imagen es erótica.- Juega con tu culo… -y la verga le sufre un espasmo dentro del pantalón al verle meter los dedos de una de sus manos dentro de la pantaleta, acariciándose la raja depilada.- Dime que te gusta jugar con tu coño de vieja puta. –exige con claridad. Mirándole, rostro ladeado, tocándose, ¿acaso duda Luis?

   -Me gusta jugar con mi coño de vieja puta. –repite, los dedos subiendo y bajando recorriendo la raja entre las nalgas, bajo la tela.

   -Dime cuánto necesita tu coño mojado de un hombre. Dilo y clávate un dedo.

   -Mi coño… necesita de un hombre. –y uno de los dedos empuja, moviéndose bajo la tela, metiéndose un poco. Y Franco se asegura de que se note en todos los detalles. Sonriendo. Era todo lo que necesitaba…

   Baja la filmadora sonriendo soez, acariciándose con procacidad sobre el pantalón viendo aquel manjar expuesto, al alcance de sus dedos, boca… y güevo. Juega con la grabación y la envía a su móvil, editando, reproduciéndola. Era justo lo que necesitaba, se dice con una mueca rapaz. Eso ya estaba listo. Ahora… Alza la mirada. Tan sólo le buscó para aquello, la grabación, movido por la rabia del enfrentamiento con Daniel; pero ahora que le tenía allí…

   -Dime que estás caliente… -se le acerca, mientras Luis continúa con lo que hace, el dedo entrando y saliendo de su culo, aunque tan sólo una falange.

   -Estoy muy caliente. –responde automáticamente cuando una de las firmes manos del otro cae sobre sus nalgas, apretándolas con codicia, inclinándose sobre él, casi hablándole al oído.

   -Tranquila, puta, voy a encargarme de ti. Te haré gozar tanto que te correrás una y otra vez, sin tocarte. Ahora yo me ocupo de ti, de tus necesidades; no tienes que pensar en nada, ni preocuparte, tan sólo obedecerme. Eres la parte pasiva, la sumisa en esta relación que tenemos, Luis. Eres mi juguete, mi perra. Mi esclavo. –le informa apartándole la mano del trasero, siendo sus dedos los que ahora recorren, con demanda, esa raja caliente y lisa sobre la telita de la pantaleta comprada para comprometerle.- Conozco tu sucio secretito, que amas las vergas, ser controlado por un macho. Luchas contra la idea, contra lo que quieres, pero conmigo estás a salvo, voy a satisfacer todas tus urgencias y calenturas de marica. –mete la mano dentro de la suave pantaleta, desde la baja espalda, regresando en vivo y en directo a la piel sobre la raja, sobre el culo depilado. Se le acerca más al oído.- Esto te gusta, mucho, mucho; que nunca se te olvide. -habla firme y claramente, sugerente, conociendo muy bien de lo que era capaz la droga. Aumenta la intensidad de los roces que le da.

   -Se siente tan bien… -Luis responde.

   -Estoy seguro de que así es; que así lo sientes, puta. –sonríe de manera cruel, disfrutando el control total que tiene sobre el otro hombre. Debía darle un adelanto de las emociones por venir, se dijo, echando sus caderas hacia adelante, pegando su pelvis, con la verga endurecida, de esas nalgas abiertas, frotándola de ellas, tendiéndose sobre uno de sus hombros.-Te gusta esto, ¿verdad?

   -Me gusta esto. –es la réplica fácil de Luis. Y gime, respondiendo a la sugerencia fuertemente implantada con ese alucinógeno, cuando las manos del hombre atrapan sus tetillas y aprietan, una y otra, como si ordeñara las ubres de una vaca, al tiempo que sigue frotándole la dura tranca del culo.

   -¿Quieres sentir mi verga, puta? –le ronronea mordiéndole la oreja.

   -Quiero sentir tu verga… -concede Luis.

   -Lo sé. –responde Franco retirando sus caderas, soltándole las tetillas y abriéndose el pantalón, la gruesa mole de carne oscurecida por la sangre, emerge, golpeando una de las nalgas, mitad sobre la pantaleta, mitad sobre la piel expuesta.- ¿La quieres?

   -La quiero…

   -¿Mucho? Esto te gusta, lo sabes, ¿verdad? –el tono es controlador, y sonríe cuando Luis agita sus nalgas un poco hacia arriba, de adelante atrás. Buscándole.

   -La quiero.

   -Eres tan puta. –es la complacida réplica; le separa las nalgas, disfrutando la visión de la pantaleta, metiendo su tranca allí, a lo largo, sintiendo la presión de aquellas mejillas al soltarlas, comenzado un sube y baja firme. La piel ardiente y pulsante recorriendo aquella raja masculina.

   -Hummm… -escapa de los labios del otro.

   Sugestión o no, Franco era perfectamente consciente de la respuesta de ese otro cuerpo bajo el suyo. Alzándose, enderezándose, abandona esa espalda. Con una mano se aferra la base del pene y lleva la punta a la raja, recorriéndola, de arriba abajo, como una brocha, disfrutando hacerlo, como le ocurre a cualquiera que le hiciera eso a otro tío, más si lleva pantaletas. Aumentando todo cuando el “excitado” Luis lanza un gemido. Retira la pantaleta, por debajo de sus bolas, los ojos maravillados por el tatuaje, la raja lisa, el culo expuesto. Y apuñala la entrada con la cabeza de su tranca, empujando, rozando, gozándolo. Imagina que, a un nivel físico, Luis lo sentía y respondía, pidiendo ese güevo dentro de él, dado la sugestión. Y la idea le gusta, aunque lo estaría disfrutando un poco más sí este gruñera y se resistiera, porque podría tomarle, controlarle. Cogiéndole quisiera o no. Sin embargo, y lo sabe muy bien, lo disfrutará mucho más cuando le tenga totalmente controlado, esperando siempre por su verga y exigencias.

   Presiona un poco más, mirando como los labios de aquel “coño” se separan, abriéndosele; labios que entran cuando empuja el nabo de su tolete, metiéndolo, medio glande, sintiendo la presión de ese anillo masculino… Y Luis, tenso, echa su culo un poco más atrás, invitándole. Sería tan fácil clavársela hasta los pelos… Pero no, no quería cogerle aún, se tomaría su tiempo con su puta.

……

   Sintiéndose totalmente desconectado de todo, Daniel despiertas de una siesta, sin estar muy seguro de por qué. Ni por qué la tomó en primer lugar. No era su costumbre, no en un chico joven, voluntarioso y atlético. Pero entre la llamada de Franco, la intromisión de su madre en problemas que no entendía, y la presión de la federación para dar una respuesta rápida, y afirmativa, sobre el viaje a Los Ángeles (por no hablar de dos chicos que sabían lo que le había ocurrido a manos de Franco), todo parecía agobiarle.

   Ceñudo e impaciente recorre la habitación con la mirada. ¿Por qué despertó? Mira la hora en el reloj de pared y casi maldice, debía estar más afectado de lo que había imaginado, era tarde. Repara en el teléfono. Le llegó un mensaje. Eso fue lo que le despertó. Bostezando lo toma, no reconoce el número, pero su corazón se contrae. Casi adivina de quién se trata. ¡Ese hijo de puta! Va a ignorarlo. No, a eliminarlo… Pero… Le teme. Sabía a Franco capaz de las peores ruindades, y eso siempre era inquietante. Con disgusto se pregunta si alguna ver se librará de su amenazas, de su presencia. Casi royendo los dientes, abre el mensaje. Es un archivo de video. Lo reproduce.

   Por un segundo, boca muy abierta, no puede entender lo que ve, no puede procesarlo, creerlo. Eran tan insólito, tan imposible que ocurriera. Tan enfermo que… Traga en seco sentándose en la cama, todo dándole vueltas alrededor. Era su padre, paseándose en pantaleta para alguien que lo filmaba. Le ve caer de rodillas en aquel sofá que reconoce, y jugar con sus nalgas. Metiéndose un dedo…

   Cierra los ojos, incapaz de soportar el continuar mirando; escuchándole, sin embargo, decir que es una puta vieja. Su corazón bombea con demasiada fuerza, tanta que la sangre le deja sordo. Le duele el pecho, respirar, tragar. Termina el video y casi más asustado abre los ojos, la visión se le dificulta al tener los ojos húmedos. Parpadea y por fin lee el mensaje en caracteres que apareció sobre la imagen quieta de su padre ofreciéndole la espalda y el culo a la cámara.

   “Hey, chicos, ¿no quieren venir a la fiesta y gozar del coño de este viejo puto? Está muy caliente y lo necesita, no le dirá que no a ninguno”.

CONTINÚA … 13

Julio César.

EEN EN DERTIGSTE

abril 27, 2017

DERTIGSTE

   Sabe dar a entender muy bien lo que ofrece a quien lo lleve.

   Lo que más desea es hacer un millón de amigos que lo quieran.

   Los mocetones, al llegar lo miran y ya saben lo que necesita.

   ¿Todos odian la playa en tiempo de asuetos?; él no, ama esos momentos.

TWEE EN DERTIGSTE

Julio César.

NOTA: Me parece que ya he usado algunas de las imágenes… pero ¿a quién le importa, no?

DESPERTANDO

abril 27, 2017

AYUDENME A AYUDAR

 Por otro lado, en boca cerrada no entran moscas…

   Si se mira bien, cada mañana es un milagro. El tiempo para cada persona no es infinito, no podemos recomenzar cada vez de tarde en tarde, eventualmente nos daremos cuenta que nunca hicimos nada; tan sólo tenemos una cierta cantidad de inicios antes de quedarnos sin logros. Pero si, cada amanecer es una promesa a una nueva oportunidad, lo que no es poca cosa aunque tan sólo conste de la diaria salida del sol y el abrir los ojos. Despertamos y el día comienza generalmente en cero para cada uno de nosotros… Y, allí, desperezándonos, podemos decidirnos por ser mejores o peores. Resolvernos a corregir aquello que no nos gusta en nuestras vidas; y comenzar a trabajar para variar en otros, o en el entorno, aquello que nos incomoda. Podemos elegir ser buenos o malos, nobles o ruines, cada uno de nosotros conociendo la diferencia, sabiendo bien lo que hacemos, sin engañarnos, asumiendo lo que somos. ¿Continuar con un rencor, una discusión, una separación que nos lastima, ignorando a quien se disculpa y muere porque volvamos a verle como pareja, familia o amigo?, ¿para qué gastarnos así si presentimos o sospechamos que no vale la pena o que perdemos mucho más de lo que ganamos con una momentánea y ruin satisfacción porque, tal vez, lastimamos a esa otra persona? ¿Para qué empeñarse, sabiendo que se hace, en conductas que sabemos causan dolor a otros, uno del que somos responsables y un día tal vez debamos responder ante la vida por ello? Eso es demasiado trabajo.

   Cada despertar puede traer consigo un sueño, una esperanza, une meta a alcanzar y que nos satisfaga: aprender un idioma nuevo, a instalar una llave de agua, a preparar un  pasticho u hornear suspiros. Buscar y conseguir un buen libro, llamar a un amigo. Decir “hoy no seré tan odioso ni rencoroso; seré paciente y amable aún con aquellos que parecen nunca entenderme”. Cada uno de nosotros es dueño de su vida, de su destino, heredero de lo que cosecha por acciones, obras u omisiones. Somos los hados de nuestro hoy, ese que disfrutamos o padecemos, y del mañana que nos aguarda como promesa o maldición. El problema llega cuando no lo entendemos, cuando terminamos convenciéndonos de que la culpa de la infelicidad, la insatisfacción y la amargura está en manos de otros. Quien no se conoce a sí mismo es un necio; quien no toma sobre sí la responsabilidad de su existencia, un pobre idiota. Aquel que sabe quién es, puede cambiar su realidad si no le gusta; si no le basta para ser feliz. Si sueña que nació para algo mejor, no sólo para ocupar un espacio y un día desaparecer como si nunca hubiera importado.

Julio César.

OBLIGACION

abril 27, 2017

EMBARAZOSO

   A veces es trabajo para un suegro, un tío, un profesor, un amigo de la familia, un vecino mayor… Y todos, por su bien, lo hacían.

MONTADO EN LA OLLA

Julio César.

TIPOS

abril 27, 2017

SABIONDO

¿UN GUSTO COMPARTIDO?

Julio César.

DENTRO DEL EQUIPO

abril 27, 2017

LA PRACTICA HACE AL MAESTRO…

   Todos tienen su chance… SI ÉL LO PIDE.

   A diferencia de los viejos clichés de Hollywood, los rudos integrantes del equipo de futbol universitario no odiaban ni perseguían a los chicos que formaban parte del equipo de animadores, con todo y sus salticos, gritos y aplausos mientras agitan sus pompones. De hecho, cosa que no sabía Bert la primera vez que los vio en las duchas, fue a ellos, hace tiempo, a quienes se les ocurrió la idea de que los chicos animadores también usaran cortos y ajustados shortcitos y que compartieran los vestuarios con ellos. Bert se había unido al grupo para molestar a su padre, consejo que le dio uno de sus mejores amigos, uno de los aleros, para acercarse a las chicas, animar al equipo y todo eso. Nada más. O eso se decía, porque entre gritos, agitadas de pompones y los cortos shortcitos que se le subían y subían (más de uno de los futbolista tuvo que bajándoselo un poco para acomodárselo, con manoseadas intencionadas incluidas), todo había cambiado un poco.

   Como tenía que ser, con él y los otros dos chicos animadores, que como llevaban más tiempo en eso eran más reilones y complacientes con los jugadores. Bert quiso hacerse útil al equipo y colaboraba en las duchas recogiendo para ellos los suspensorios sudados, llevándolos a su rostro y olfateando cuando alguno le preguntaba, preocupado, si no estaba oliendo demasiado. Y mientras aspiraba, con los ojos cerrados, mareado de nuevas emociones, llenaba sus pulmones con el olor a genitales transpirados.

   Un olor que…

   -Oye, ¿no quieres probar a olerlo aquí? –le retó, riendo, uno de ellos, una tarde. Y cayó de rodillas en trance.

   Riendo, como si supieran que eso pasaría, aunque ni el mismo lo sospechara, le rodearon para que se los tragara; su rostro, su boca, pasando de uno a otro, todos cercándole, agitándolos en su cara, jugos espesos y su propia saliva mojándole, hasta que tragó, literalmente litros de esperma de la buena. La primera vez que le ocurriera, se sintió después algo mortificado, hasta que Greg, ese amigo que le llevó con las animadoras, le ayudó a levantarse.

   -Hey, no, no, quita esa cara, no tienes nada de que avergonzarte. Eres un mamagüevo, eso es lo tuyo, siéntete orgulloso de que lo haces tan bien y de todo el placer que nos brindaste. –le guiñó un ojo.- Y el que nos brindarás, ¿nos reunimos esta noche en tu cuarto para estudiar? Si me ayudas con las ecuaciones te dejo mamar.

   Claro, lo que no le dicen es que luego parecerá un zombi de vergas y esperma, siempre necesitado, casi cayendo sobre los chicos en las calles. Pero ya se enteraría y, de alguna manera, continuaría feliz con el resto de su vida… aunque fuera sobre sus rodillas.

CORONACION

Julio César.

DOMINGÜIRE… LA REVISTA QUE HACE FALTA

abril 27, 2017

EL MUNDIAL DE BEISBOL 2017

   Ah, los divertidos momentos que pasaríamos…

   Con todo lo que está ocurriéndonos, y los problemas con el internet, que es más del mismo mal, a veces las cosas se nos pasan, como estas entradas anteriores de El Chigüire Bipolar, sitio web que simula ser un portal de noticias, el cual finge “publicar” una revista semanal. Esta, de Semana Santa, me encantó por el detalle de Judas, que fue tan hilarante. Como el artículo donde sostienen que si la mujer se cambia el corte de cabello, es señal de que nos cortará las patas. Esa “portada” fue tan buena como esta, al oficializarse la ruptura de los cantantes Chino y Nacho. ¡Cómo ha traído de comentarios este hecho!; lo normal es que la gente que se cansa de la compañía se separa, cada uno imaginando que le irá mejor por su lado. Punto. Aquí han querido ver que como uno apoyaba con todo a la Oposición y el otro guabineaba en sus declaraciones, eso causó un disgusto. ¿Y la de Hilda Abrahamz?, los muy pasados. Yo la amo. ¿Y la portada con la Chica Chigüire y su crítica social? Esa no tiene desperdicio.

EL PAPA FRANCISCO EN EGIPTO

Julio César.

NOTA: Hay que fijarse bien en los detalles de las imágenes.

NOTA 2: El internet en el país es una porquería. Llevo casi hora y media en esto. Anoche no quiso funcionar. Definitivamente socialismo es sinónimo de incompetencia. Qué gente para inútil.

ENTRADA

abril 23, 2017

EMBARAZOSO

   Organizó cuidadosamente la fiesta en la piscina para el jefe y sus socios, esta vez sí que se ganaría ese acenso…

OBLIGACION

Julio César.

CANCELANDO

abril 23, 2017

SABIONDO

TIPOS

Julio César.

IMPRESION

abril 23, 2017

EXASPERACION

   ¿Al caminar no has sentido que todos te clavan la vista? Él si…

¿INCONSCIENTE?

Julio César.

LA NOCHE DE FREDDY BERNAL

abril 23, 2017

NICOLAS MADURO Y LA VIEJA RESPUESTA FASCISTA

   Ya ni saben lo que pasa en Venezuela…

   A la tarde y noche de perros que se vivió antier en la populosa parroquia de El Valle, en Caracas, con cuentos y rumores de todo tipo, que si saqueos, que si enfrentamientos de manifestantes con policías, que si círculos de la muerte (perdón, colectivo sociales armados por el Gobierno) disparando contra edificios donde sonaban las cacerolas y estos respondiéndoles el fuego dejando varios muertos en las calles, a que se habían suspendido las garantías constitucionales, que si Nicolás Maduro Moros y su séquito habían escapado en medio de la noche (otra vez), e incluso que estaba en marcha un pronunciamiento militar para desconocer al régimen, habladurías imposibles de comprobar o desmentir por no existir la libertad de expresión e información dentro del país, el señor Freddy Bernal debió dirigirse al pueblo, de madrugada, para aclarar que no estaba pasando nada. Lo que hemos vivido desde hace casi tres semanas para acá es lo normal.

   Lo curioso no es que estas violentas protestas ocurrieran en El Valle (el hambre nos empuja a todos por igual), el Gobierno vive hablando paja del este capitalino como zona de ricos, zona de la Oposición, y del oeste como su feudo… aunque en diciembre de 2015, en las elecciones parlamentarias, de veintidós parroquias caraqueñas, el Gobierno perdió, y feo, en veinte de ellas, a Jorge Rodríguez se le desprecia demasiado. Lo extraño fue que el señor Bernal tuviera que dirigirse al país a través de las redes sociales teniendo el estado a las televisoras encadenadas, a VTV, TVES, VIVE TV a entera disposición gubernamental; toda una plataforma televisiva a la que no pudo recurrir porque de cada cien personas de este país, tan sólo seis, en sus buenos momentos, sintoniza uno de esos canales de marras. Si el señor Bernal hubiera intentado avisarle algo al país, a través de ellos, ni su señora madre, si la tiene viva y con el perdón de la señora (eso de que la culpa de todo lo tienen los padres no es enteramente cierto), le habría visto o escuchado. Y él, que ha contribuido como pocos a que nadie crea lo que se dice en esos canales, se vio obligado a buscar otras alternativas, caído en su propia trampa. De ese tamaño es el estruendoso fracaso de esas cloacas a las que nadie sintoniza.

   Aunque nada podía salvar al señor Freddy Bernal, del vaporón donde se metía al intentar dar la cara al terrible problema que se crearon cuando desconocieron la voluntad popular expresada en diciembre de 2015, pecado original desde el cual sólo han ido rodando cada vez más rápido cuesta abajo. Mientras la gente sale una y otra vez a la calle exigiendo elecciones para solucionar el problema, que se retome el hilo constitucional roto por el autogolpe de desconocer al Parlamento dado por el Tribunal Supremo de Justicia nombrado a dedo por televisión por Diosdado Cabello, que se libere a todos los detenidos ilegalmente por la logia militarista del Plan Cóndor, siendo respondidos estas demandas con represión y violencia, Freddy Bernal alega con su cara muy lavada, que la Oposición no quiere aceptar el juego democrático; que quieren ganar en las redes sociales, con violencia, lo que no pueden electoralmente. ¿Qué tal? Y lo dice un sujeto que peleó como pocos para que a los venezolanos se nos impidiera elegir, comicialmente, cualquier cosa, después de la pela que les dieron en diciembre de 2015 (siete de cada diez votos en contra del Gobierno). ¿Se puede escuchar, tener en cuenta o creer cualquier cosa que salga de la boca de Freddy Bernal? ¿A él, diciendo esto? ¿Es que no hay nadie que pueda medio hilar dos ideas que semi suenen sensatas dentro del Gobierno?

   A descaro, e insensatez, sólo de gana la declaración de Nicolás Maduro Moros cuando sostenía, por televisión, que once millones de venezolanos se habían ido para las playas a disfrutar del asueto de Semana Santa, como si no hubiera habido escaramuzas violentas el mismísimo Viernes Santo, y el resto del país no hubiera estado desesperado buscando qué comer para esa noche. Por no hablar de sus burlas, por televisión, al ver la extrema delgadez de uno de los manifestantes, cuando todo el país le culpa a él y a su régimen de habernos enterrado en la ruina, el hambre y la miseria; la gente arrecha por eso y no se le ocurre nada mejor que mofarse del hambre que ha provocado. No mejor le fue a la señora Delcy Rodríguez enviándole comunicados a todo el mundo acusando a las víctimas de la represión de lanzar gases lacrimógenos contra un hospital Infantil, un día después de que el mismo Nicolás Maduro Moros ordenara a sus bandas armadas que hicieran lo que fuera para sostenerle en el poder, lo quiera la gente o no. Y lo hizo por televisión, para mayor estupidez; y aún así la falaz señora pretendía que alguien, que cualquiera con dos dedos de frente, creyera sus disparates. Escuchándoles es que había que preguntarse, ¿locura o drogas? Ni siquiera dicen algo medio creíble, todo tiene que ser una chambonada idiota que despierte suspicacias y rabia. Es por tonterías como estas, que la red comunicacional del régimen exhibe como “noticias”, que nadie les ve, ni siquiera esa triste mamarrachada, TELESUR, que tanta plata nos cuesta y traga.

 

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Senadora uruguaya: Maduro y sus ministros temen ceder y acabar presos #21Abr http://bit.ly/2oxyp9F  pic.twitter.com/CEbvGvOgnZ

   La verdad, fuera de tanta paja y represión, de tantas escaramuzas y discursos vacíos que no llena las ollas, es esta. Tan simple como eso.

NICOLAS MADURO, EL GOLPE PARTE DOS

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 9

abril 21, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 8

Por Sergio.

La sensación de ser masturbado le está ayudando a Rodrigo a empezar a disfrutar su violación. Nunca le había gustado que cuando mujeres lo masturbaban pretendiendo que serían capaz de hacerlo acabar. Por cortesía, les permitía hacerlo y fingía que le gustaba mientras pensaba “¡Qué tontas! ¡Sólo un hombre sabe cómo dar placer al masturbar!”. Ahora, ese pensamiento se manifestaba nuevamente, aunque en una situación totalmente distinta.

Inesperadamente para Rodrigo, la “estimulación” en su “otra zona” estaba haciéndole experimentar un incipiente placer inexplicable. Esto pone reflexiva a la mente de Rodrigo y éste empieza a preguntarse cómo un miembro de las dimensiones de su captor puede ser alojado en un orificio tan pequeño como el suyo porque sus nalgas serán muy grandes, redondas y paradas; pero el hoyito en sí, pequeño, apretado y hermético… hasta ahora. Es entonces cuando las palabras que su captor pronunció momentos antes empiezan a cobrar sentido: ¡su culo debía sentirse como una vagina! Después de todo, una vagina es elástica, por lo que se adapta a cualquier miembro ¡y su ano no parecía tener nada que envidiarle a ninguna!

Las potentes embestidas de Amadeo sacan a Rodrigo de sus pensamientos, sintiendo cada vez mayor placer y menor dolor al recibirlas e inconscientemente abriendo más su ano, permitiendo que la verga de Amadeo entre y salga con mayor fluidez… Fluidez de facilidad, fluidez de líquido preseminal… La verga de Rodrigo también estaba cubierta de este líquido y cuando Amadeo lo nota, aleja su mano, dejando a Rodrigo excitado. “¡Qué maleducado! ¡Empieza a masturbar a su prisionero y no tiene la cortesía de dejarlo terminar!” piensa Rodrigo, pero prefiere no decirlo.

Es entonces cuando Rodrigo, mientras está siendo enculado por su captor y sigue con sus piernas inmovilizadas, se detiene a observar a su captor. Nota su abdomen marcado, su cuerpo atlético y velludo, bastante distinto al cuerpo de Claudio, que sin ser barrigón, es más viejo y menos cuidado. Al ser un deportista, Rodrigo había tenido muchas ocasiones para observar muchos cuerpos masculinos similares al desnudo: atractivos, viriles, fuertes, atléticos; pero ninguno había resultado llamativo para él, probablemente porque ninguno había estado tan… cerca como lo estaba el de Amadeo ahora mismo. Rodrigo se descubre “apreciando la belleza ajena de otro hombre”  y empieza a recriminarse en silencio cuando su captor, sin dejar de romperle el culo, rompe también el silencio.

– ¿Te gusta, puto? Ya sabía yo que te estabas haciendo el machito.

– No… –responde sonando mucho más tímido que antes.

– Yo sé que quieres gemir. Aquí puedes hacerlo. Jeje Nadie te oirá.

Rodrigo, como el macho que es, sabe que “tiene que” responder a sus provocaciones, pero no sabe qué decir y realmente prefiere no decir nada.

– ¡Vamos! – instiga Amadeo –. Te he dicho que conmigo no tienes que fingir. Yo estoy seguro que varios de tus amiguitos universitarios han gozado de este culo. – dice mientras le da una sonora nalgada a Rodrigo.

– ¡No! – responde con recobrada valentía.

– ¿Y qué tal los profesores? Jeje ¿Has usado sólo tu mente para ganar todas esas calificaciones tan altas o este culito ha tenido algo que ver? Jeje

– ¡Por supuesto que no! – se atreve a responder con el enojo de antes.

Rodrigo está volviendo a protestar cuando Amadeo abruptamente vuelve a embestirlo con fuerza. Esto causa que el sonido de las furiosas palabras que salen de la boca de Rodrigo se transforme en ambiguos gemidos que, aunque lo intenta, no puede silenciar.

– ¿Ves que también tú gozas, putito? Ya que no te diviertes con tus amigos, ¿qué te parece si traigo a los míos para que nos divirtamos todos juntos? – propone con seriedad.

– ¡No, por favor, no!

Amadeo no responde nada más. Está muy ocupado disfrutando de un culito apretado, recientemente desvirgado y está a punto de arrojar su semen dentro de él. Por su parte, Rodrigo se encuentra en un debate mente-cuerpo: mientras su mente está sumergida en la angustia y el terror; su cuerpo, en una atmósfera de placer de la que no puede escapar. El pene de Rodrigo empieza a expulsar semen instantes después de sentir cómo la verga de Amadeo arroja su néctar dentro de él. Es una sensación que parece excitarlo por su propia cuenta. Amadeo recoge el semen de Rodrigo, lo acerca a su cara y lo introduce en su boca.

– Para que no te quedes con las ganas de semen, disfruta del tuyo. Aunque seas puto, siempre es semen, ¿no?

Ya sea por excitación, sumisión o estrategia, Rodrigo no intenta oponerse y siente el sabor de su propio semen. Amadeo se “despide” no sin antes continuar con su ácido humor hacia Rodrigo.

 – Antes de retirarme, señorito, le tengo buenas noticias.

– ¿¡Buenas noticias!? – pregunta desconcertado.

– ¡Está usted oficialmente embarazado!

Rodrigo enfurece ante ese comentario, pero algo en él le impide intentar insultar, protestar o agredir. Simplemente escucha las palabras de Amadeo mientras éste libera sus piernas de los soportes metálicos y Rodrigo recupera su “cómoda” posición de prisionero.

– Supongo que desconoce quién será el padre, pero ¡no se preocupe! Seguramente su hijo saldrá tan guapo como usted. Es más: si se parece tanto a usted, ¡seguramente también heredará una vagina tan bonita, apretada y profunda como la suya!

– ¡Déjame en paz! – grita descontrolado.

Amadeo se retira de la habitación y Rodrigo empieza a llorar de rabia, de rabia y de miedo. Momentos después, Claudio, también enmascarado y desnudo, aparece frente a él. Al notar su presencia, Rodrigo disimula sus lágrimas e intenta reflejar que su dignidad seguía intacta, una absurda, pero significativa pretensión para él. Retomando su papel de machito valiente, fuerte y osado, decide confrontar al segundo captor, a quien francamente había olvidado durante las pasadas dos horas porque el primero de ellos lo había estado cogiendo durante todo ese tiempo.

– ¿¡Tú de nuevo!? Si son tan machos, ¿por qué no se quitan las máscaras por lo menos?– se atreve a desafiar.

Claudio se mantiene callado y empieza a sentirse mal por lo que le están haciendo a Rodrigo porque, muy a su manera, lo quiere y sabe que sufre; sabe que se está haciendo el fuerte, pero que quiere llorar. De hecho, lo detecta en los quiebres de su voz. Por esta razón, Claudio se queda parado en el mismo lugar, sin saber qué hacer.

– ¿¡Porque temen que después los encuentre y les rompa la madre, verdad!? – continúa Rodrigo ante el silencio de su captor.– ¿¡Y que, no vas a decir nada!? – continúa tras el inmutable silencio de Claudio.– ¿Sabes? ¡Eres peor que el otro, tú ni siquiera te mueves! ¡Da la cara, cabrón!

Rodrigo llora el silencio y Claudio se acerca. Aprovecha para acostarse junto a él y lo ¿abraza? Rodrigo intenta soltarse y cada vez está más desconcertado de la situación. Claudio insiste en abrazarlo y Rodrigo, al estar inmovilizado, no puede evitarle que lo haga. Tras media hora, la indefensión que Rodrigo siente al estar secuestrado, hace que, al necesitar sentir cariño y apoyo, empiece a disfrutar el abrazo aunque proviniera de su propio secuestrador.

Ha pasado una hora y Claudio continúa abrazando a Rodrigo, a quien le parece totalmente insólito que un secuestrador pueda querer, amar o apreciar a sus víctimas. Como en todo ese tiempo el secuestrador no ha hecho más que abrazarlo, a Rodrigo se le ocurre que tal vez pueda utilizar eso a su favor y poder escapar finalmente. Aunque Claudio se mantiene callado, Rodrigo vuelve a hablarle, intentando sonar amable. “¿Cómo ser amable con tu violador?” pensaba, pero se esforzaba en lograrlo.

– ¿Recuerdas lo que dije hace rato, de que eras peor que el otro? Pues no era cierto. Tú eres mucho más amable. Él fue muy brusco conmigo y tú… lo hiciste mejor… me lo hiciste mejor.

Rodrigo intenta hacer pensar a Claudio que disfrutó mucho ser cogido por él y proponerle crear una alianza. Claudio escucha con atención y se siente excitado ante la posibilidad de cogerse a Rodrigo con su consentimiento e, incluso, revelarle su identidad.

– La verdad es que yo… siempre he visto de menos a los gays porque no los entendía, pero ahora que ya probé lo que es estar con otro hombre, he descubierto que me gusta… que me gustan los hombres y que me cojan. – afirma Rodrigo con timidez, pero también con naturalidad.

Al pronunciar esas palabras, Rodrigo siente tan mal como se sentiría si le dieran una noticia trágica; pero después de todo lo que había tenido que soportar hasta ahora, eso era nada. Al contrario: ésta sería su oportunidad de escapar. Mientras tanto, Claudio, además de abrazarlo, acariciaba suavemente su espalda.

– Pero la verdad es que no me gusta cualquier hombre, sino sólo aquellos que saben tratarme bien… a mí, otro hombre… Me encanta estar contigo, creo que deberías darle algún pretexto a tu socio para que no tengas que compartirme con él.

Rodrigo sabe que acaba de lanzar un cohete al decir lo anterior y que lo que pase será decisivo. Está decidido en que él no será el putito personal de ningún sujeto, pero será más fácil deshacerse de un tipo; que, de dos… o de más. La verga de Claudio estalla de felicidad ante la propuesta de Rodrigo, quien corresponde al gesto del abrazo, como lo haría con un amigo; y no, con su violador. Rodrigo finge que las ataduras flexibles le impiden darle un abrazo sin torpeza y sin esfuerzo. Claudio empieza a sentirse conmovido por Rodrigo, incluso pensando en liberarlo cuando éste dice:

– Creo que si me liberaras de los brazos, podría darte un mejor abrazo.

Entonces, Claudio detecta sus intenciones de escaparse y, por más ilógico que parezca, se siente traicionado al sentir que Rodrigo intentó mentirle y, más importante aún, que no le gustó ser cogido por él. Decide seguirle el juego fingiendo aceptar, pero es obvio que no le dará oportunidad de escapar. Claudio se pone de pie y le hace una señal para indicarle que lo espere y sale de la habitación.

Dos minutos después, Rodrigo se pregunta “¿por qué tardará tanto?” y se al voltear su mirada, encuentra a su captor frente a él, sujetando su propia verga para indicarle que quiere que se la mame. Rodrigo piensa que el plan va por buen camino, pero había olvidado que probablemente el tipo querría “comer por adelantado”. Rodrigo se dice a sí mismo “esto ya te tocó hacerlo antes y sobreviviste” y empieza a mamársela, con toda la inspiración que logra fingir. Comprueba entonces que chupar penes no es tan desagradable como él pensaba, pero prefiere forzarse a creer que es asqueroso, pensamiento que es reforzado cuando Claudio, por venganza, no le permite apartarse cuando eyacula y a Rodrigo le toca tragarse su semen.

Claudio le indica a Rodrigo que se ponga en cuatro y empieza a abrir sus nalgas, buscando su ano, que aún conserva el semen de Amadeo. Procede a lamerlo, lo cual hace que Rodrigo gima abiertamente, pues aunque le gusta, quiere que su captor no tenga menor duda al respecto. Entonces, introduce el primer dedo y, con fingiendo una voz diferente a la que Rodrigo conoce, le habla por primera vez.

– ¿Qué sientes?

– ¡Siento muy rico! –responde con asombro al escucharlo hablar.

– ¿Entonces te gustan que jueguen con tu culito?

– ¡Me encanta!

– ¿Quieres otro dedo en tu culito o prefieres mi vergota?

 – Quiero los dos.

Para Rodrigo es evidente que las diferencias entre sus captores no son solamente físicas. Mientras el  primer captor era descarado y ofensivo, éste parece amable e interesado en que disfrutara. Cuando ya había introducido cuatro dedos en el ano de Rodrigo, Claudio vuelve a dirigirse a él.

– ¿Estás listo para recibir tu ración de verga?

– ¡Sí!

– Entonces pídemela como el putito que eres.

Rodrigo se siente humillado de tener que hacer aquello, pero al parecer, a este tipo no solamente le excitaba hablar durante el sexo, como muchas de las mujeres con las que había estado, sino solamente hablaba para eso. Rodrigo repite la frase tal cual se la dijo una de las últimas chicas con las que se acostó antes de sus problemas de erección.

– Dame tu verga, papi.

– ¿Para qué la quieres?

– Porque quiero que me la entierres.

Claudio no se hace esperar y empieza a penetrar a Rodrigo, mientras acaricia sus hombros, espalda, cintura y nalgas. Rodrigo finalmente es consciente de la emoción desconocida con la que empezó el día: vergüenza. Por absurdo que suene, Rodrigo experimenta auténtica vergüenza con su violador… con sus violadores: vergüenza por estar desnudo, vergüenza porque los penes de esos hombre (y su semen) han estado en contacto con su ano y su boca, vergüenza porque él no conoce siquiera sus caras y aún así está literalmente abierto a los oscuros deseos de esos dos misteriosos hombres que ahora lo estaban conociendo muy a fondo.

Durante ese muy largo sábado, ambos hombres alternan a Rodrigo. Se lo cogen en distintas posiciones muchísimas veces. Rodrigo tiene tiempo parar nota el patrón de conducta de sus captores: Amadeo lo coge con dureza, violencia y pasión, sin importarle que le duela; mientras que Claudio siempre empieza suave, casi tierno, pero también logra hacerlo gozar. De hecho, parece esforzarse en que hacerlo disfrute y por eso no entiende por qué no funcionó su plan con este captor.

A las 6 A.M. del domingo, bien bañado, bien vestido, pero inconsciente, Rodrigo es abandonado en la puerta de su casa, como si fuera un ebrio al que sus amigos hacen el favor de trasladar hasta su hogar. Transcurrirá una hora y media más antes de que despierte y cuando lo hace, se sorprende al verse libre, con ropa conocida, pero distinta a la que vestía el día de su rapto. También se asombra al notar que en su mochila y en sus bolsillos están todas sus pertenencias: un libro, cuadernos, los exámenes que calificó el viernes, celular, un poco de dinero, su carné de estudiante universitario y las llaves de su casa.

No puede negar que el hecho de poder presentarse así a su casa le permitirá inventar una explicación decente a su familia, que debe estar angustiada al no haber sabido nada de él en un día y medio, pero a la que de ninguna manera revelará dónde estuvo en verdad durante todo ese tiempo. Al entrar a su casa, se encuentra precisamente a su madre, quien aparentemente también acaba de despertar. Luce descansada, demasiado para ser madre de un hijo desaparecido en Latinoamérica.

– ¡Hola, ma!

– ¡Hola, hijo! ¿Cómo te fue? – pregunta tranquilamente.

– ¿No me vas a preguntar dónde estuve?

– Me dijiste que ibas a una fiesta con Víctor. ¿Era mentira?

– No, claro que sí, pero es que entre tanta cosa de la U, no recuerdo exactamente cuándo te lo dije. Jeje  – disimula.

– Es que no me lo dijiste. Me enviaste un mensaje para “informarme” porque los hijos ya no piden permiso para salir… – dice mientras le muestra el mensaje de texto que Claudio escribió y envió desde su celular.

Lucía continúa hablando mientras Rodrigo no puede evitar alarmarse al procesar que sus secuestradores definitivamente tienen que ser personas que conocen muy bien sus pasos, que saben dónde encontrarlo y que seguramente ¡volverán por más!

CONTINUARÁ … 10

Julio César (no es mío).

FAMA BIEN GANADA

abril 21, 2017

OBLIGACIONES

   No le creyó y ahora…

   Mientras ronronea y se estremece, el muchacho no puede ni recordar cómo fue que se metió en tan insólita situación, cuando visitando la casa de un amigo encontró al hermano de este, solo y aburrido. Por hacer conversación, y por curiosidad real, le preguntó cómo era que hacía para tener tantas chicas. “Soy bueno moviéndola; cuando la sienten no quieren bajarse o que se las saque”. No le creyó, pero entre juegos, risas y empujones uno retó a que lo demostrara, y el otro a que probara. Y ahora gime y se estremece sabiendo que no quiere que se la saque o que aquello termine. El otro sonríe, satisfecho y con bellaquería, ya lo sabía, si una muchacha, o un chico muy joven no tenían defensas contra una bien movida, sobre ellas se morían.

FOTOS DE CAMPAMENTOS

Julio César.

EL PEPAZO… 64

abril 21, 2017

EL PEPAZO                         … 63

De K.

   Tan caliente…

……

   La idea le hace chirriar los dientes. Era una locura. Peor que eso, un riesgo; nada bueno había salido de sus anteriores interacciones con la misteriosa, e hija de perra, compañía. Pero necesitaba ayuda. Rojo de cachetes, mirada al piso, recuerda todo el intenso orgasmo vivido sobre la verga dura y caliente de aquel sujeto (Gabriel, su mente se empeñaba en humanizarle aunque quería considerarle casi un sádico), y toda la emoción previa. Ese, aparentemente, inacabable clímax anterior. No podía seguir así, no cuando aún ahora, molesto por dejarse llevar por las bajas pasiones que le apartaban de lo que era, un macho de pelo en pecho (aunque ya no tenía ni uno, constata tocándose el torso, apartando rápidamente la mano cuando la piel se le eriza y la tetilla cercana arde un poco), debía ponerle fin a toda esa urgencia animal. Una que… maldita sea, lo que más quería en el mundo, en esos momentos, era meterse dos o tres dedos por el culo, o el ayudante casero (vendido por Fuckuyama), para aliviárselo. Pero sabía que era una trampa, no se le calmaría un carajo, sino que aumentaría la urgencia obligándole a… A Dios sabía qué, con quiénes y con cuántos. Debía resistir, como un hombre. No era un marica, no podía andar por ahí…

   Frustrado camina de un lugar a otro, intentando no reparar en la presión de la suave pantaletica contra sus genitales, que parecía una etérea caricia, o el roce más intenso atrás, como de suaves dedos recorriéndole la raja éntrelas nalgas, estimulando su agujero. ¡Maldita pantaletica para hombres!, gruñe, pero no quiere quitársela… por estrategia. Tocarse, así fuera para aquello, podía traerle consecuencias (y cierra los ojos, respirando profundamente para alejar ideas sobre su agujero, dedos, ayudantes caseros o los toletes de tres hombres que…). Si, precisaba de ayuda para su culo, pero no para que otro carajo llegara y se lo pegara. Necesitaba de… consejos, una guía. De un médico, pero después de lo de Gabriel… No tenía a nadie a quien confiarse. Primero muerto antes que contarle a una mujer, aún a su hermana, mucho menos a su ex esposa. Tampoco a un amigo. Contaba con varios panas, de parrandas, pero ya imaginaba lo que dirían si les contaba algo. La raya, la burla le perseguiría hasta la tumba. Necesitaba…

   Casi gruñendo enciende su laptop, y parpadea, ¿qué carajo…?, el fondo de pantalla ya no era Natalie Dormer en pantaletas, ahora estaba un carajo guapo, catirón y velludo de torso, de un aire arrogante y masculino, desnudo, con una verga erecta que emergía de un mar de pelos dorados. En su sonrisa y mirada parecía leerse un: “¿Te gusta lo que ves, verdad zorra? Ven y tómalo”. ¿Cómo…? ¿Cómo coño…? Le cuesta apartar la mirada, y con mano temblorosa va a sus carpetas y busca otra imagen, jadeando; están allí, pero también muchas de tíos sexy, de unos que tenían a sus pies a un chico sumiso de mirar agradecido mientras los mamaban. ¡Un virus!, debía estar sufriendo de… Cambia de fondo, va al buscador y se abren ventanas emergentes de tíos frente a cámaras prometiendo charlas, juegos, shows. Siente unos deseos grandes de gritar. En el buscador de Google, el gran tirano informático, escribe algunas cosas: culo agitado, orgasmos anales ininterrumpidos, libido exacerbada. Una serie de entradas médicas, sicológicas y porno aparecen, entra en una y cae en la página de Fuckuyama. Ceñudo cierra e intenta con otra. Quería dejarles como última opción. Ocurre igual. E igual. Molesto se rinde y entra, a la sección “médicas”.

   Aparece el busto y rostro de un joven y atractivo hombre de rasgos orientales, vestido muy serio, de saco y corbata, mirando a la cámara.

   -Bienvenido, cliente de Fuckuyama. La compañía, que se desvive por oflecer una valiada gama de altelnativas para el disflute de una vida sexual más honesta y sana, tiene el honol de selvirle nuevamente de guía. Los palámetros de su búsqueda nos han llevado a diagnostical que tiene un problema sexual un tanto inconveniente, ¿veldad? Es de imaginal que disflutar de la intensidad orgásmica dulante minutos en lugal de segundos, es algo que se agladecería, pero no tanto cuando conlleva un apagado total de la palte lacional del celebro, obligando al sujeto a actual de manera… desacostumblada a su manera de sel. No es tan bueno cuando la libido domina totalmente, ¿cielto? Y domina cuando la plóstata ploduce muchas testostelonas y el miemblo está que late solo. –mira a la pantalla, con seriedad, y un enrojecido Jacinto entiende el punto, esperanzado.- Es un hipel aplemio calacterizado por la necesidad de estimulación a la plóstata por el camino más corto, es decir el lecto; llegal mediante la intloducción de objetos o cosas por el ano. No le pasa a todos los hombles, y no sólo a los gay, pero es leal. Si es uno de los pocos que lo padece, no debe desesperal aún. Fuckuyama, siemple pleocupada por la vida sexual de sus clientes, ha inveltido tiempo y dinelo a la investigación de este problema, que pol extraño es obviado por otlos centlos de investigación, y hemos llegado a cieltas conclusiones. –dramáticamente, se nota que está sentado, se echa hacia atrás y la cámara le muestra de la cintura para abajo, sin pantalones, dejando ver unos muslos lisos, musculosos, que enmarcan una pequeña prenda interior de color naranja, la cual demarca de manera total su miembro. Era como si a una media, un calcetín, colocada sobre su verga le hubieran colocado tirantes para rodearle las caderas. Nada más.- Lo plimero es contlolal, en la medida de lo posible, el tamaño e intensidad de las elecciones. Cuando el miemblo habla todo calla, por lo tanto hay que hacerle más coopeladol… Y esta plenda puede ayudarle. Está elgonómicamente elabolada pala sostenel el pene, de manera cómoda, fácil, casi amolosa, pelo al mismo tiempo aplieta en las paltes justas para impedil un endulecimiento total. Contlolando esto, contlolará el deseo sexual de estimulación anal. –anuncia con una sonrisa y Jacinto parpadea.- Además, este medicamento, a base de floles asiáticas, contlola la ansiedad que pueda estal sintiendo por todos estos ploblemas, dándole claridad de pensamientos. –muestra un pequeño frasco oscuro, del tamaño de un colirio.- Al tomarlo, totalmente olgánico y natulal como es, sentilá descendel los niveles de ansiedad. Pol último… y sabemos que esto puede palecer algo contloversial para nuestlos clientes hetelosexuales, tenemos este ploducto, que se ha complobado que ayuda con el problema… -en su mano muestra un nuevo modelo de consolador, de color negro reluciente, y Jacinto traga en seco al verlo, su culo pulsando.- Es un vibladol con base fija, puede colocarlo en su sala, sofá o cama… calmándole la legión anal en esos momentos de máximas calentulas mientlas el medicamento y la plenda elgonómica hacen su magia. Nadie necesita sabel qué le ocule, o qué es lo que hace en su santidad y soledad de su casa. Es un asunto médico que necesita tlatar. -se vuelve más serio.- Pelo, le adveltimos, honorable y estimado cliente, que hay un problema: estas cosas son costosas, nada balatas….

CONTINÚA … 65

Julio César.

BIENVENIDOS A RIO GRANDE… 19

abril 21, 2017

BIENVENIDOS A RÍO GRANDE                          … 18

   Al amparo de la oscuridad…

   -No lo sé, amiga; mira, entiendo, si hubiera salido yo, la desaparecida… la difunta, sería yo. –comienza, desviando la mirada.- Entonces se me ocurre que no; que si el monstruo que asechaba fuera de la casa sólo iba tras niños varones, yo habría cruzado frente a él y Leonardo no habría… -aspira ruidosamente.- Pero no, armé aquel todo aquel escándalo, él tuvo que ser el hermano mayor y salió, desapareciendo. Tal vez si yo…

   -Tal vez, tal vez, podrían haber un millón de tal vez. –se impacienta Andrea, levantando los anteojos sobre su nariz.- Lo cierto es que cabe la pequeña posibilidad de que tal vez, ese día, no le hubiera pasado nada. Pero el monstruo, como dices, ya asechaba. Tu hermano habría desaparecido al otro día al salir para el colegio, o esa misma tarde si iba a reunirse con sus amigos, o camino a la laguna, a pescar como dices que le gustaba tanto. No fue su culpa lo que pasó, ni tuya… el monstruo es el responsable. Él era quien estaba allí. –el tono impaciente no resta el bálsamo que las palabras resultan para Mayra, quien, sin embargo, calla un: “al otro día no habría sido mi culpa”.

   -Entiendo lo que dicen, una parte de mi cabeza, la racional, lo comprende y asimila, pero… en ese entonces era tan sólo una niña. Una que sólo podía pensar que era su culpa todo lo ocurrido a su hermano. Llegué a creer que… que mamá me culpaba, que todos pensaban que… -bota aire, abatida, apoyando el mentón en las manos cruzadas.- No imaginan el infierno que fue todo aquello, la rabia, el llanto, el recriminarme con rabia, pensar que le había fallado, que por mi pataleta… Por eso, en cuanto tuve la edad, entendí que tenía que irme. Alejarme de todo esto, de los recuerdos, de las lágrimas de mamá, de las mías; de pensar que me miraban extraño. Mamá y papá no lo entendían, que deseara irme, aún sin ellos, con parientes, lejos. Ella estaba atrapada en su pesadilla y creo que no entendía la mía. –el miedo, la real y cierta impresión de que algo terrible asechaba en los lugares solitarios del pueblo, y no sólo gente mala.- Quise, me empeñé y logré marcharme a Caracas, con una tía de mamá. Eso les sentó mal, pero peor estaba yo. Allá… por fin respiré tranquila, pero extrañaba a mi familia, aquí, a Leonardo… y a Vicente. Nunca pude dejar de pensar en él, de soñarlo de noche, reviviendo un millón de veces aquel beso. Volví después de mis quince años, le encontré y me reprochó, suavemente, eso sí, pero reproche al fin, no estar aquí “ese día tan importante”. Así lo llamó, quería bailar conmigo ese vals, ambos desplazándonos por la pistas, manos enlazadas, mirándonos, sonriendo. Felices como debería estarlo toda chica celebrando sus quince, especialmente al lado de su chico. Y lo hicimos, nos miramos, hacía calor, la noche era perfecta y…

   -Por Dios, dime que no lo hicieron en un pajar. –gruñe Andrea.

   -O en la parte trasera de un carro pequeño. Ah, si esos asientos hablaran… –acuña Reyna. Y Mayra ríe, algo vacilante, con tono agudo, pero ligeramente aliviada.

   -Entrépitas. –suspira, tensándose nuevamente.- Fue después… Yacíamos ahí, toda yo estremecida por lo vivido… -confiesa trémula.- …Cuando él me preguntó si me quedaría. Dios, y me molestó tanto, ¿por qué arruinaba así el momento más increíble que había vivido hasta ese instante?

   -Guao, debió moverse bien. Tiene buen trasero, debe saber agitar las caderas. –intercala Reyna, y después de tres segundos, las jóvenes ríen. Hasta que Mayra deja de hacerlo, suspirando.

   -Tuve que decirle que no, y creo que le herí bastante; tal vez pensó que no le quería, ya que no parecía bastar que estuviera aquí para que yo me quedara con él. Y por un segundo, acostada a su lado… Pero no, no podía. Fue cuando me sorprendió con lo que dijo, mirando al techo; que llevaba tiempo pensándolo, terminado el bachillerato, que quería viajar, ver mundo, que por qué no se iba conmigo, por un tiempo, para ver cómo le iba. –sonríe evocativa.

   -Muchas palabras para no decir que te seguiría donde fueras como un perro faldero. -completa Andrea. Reyna asiente.

   -Era una locura, ¿dejarlo todo así e irse conmigo? No teníamos edad para… Pero no quise pensarlo. Le grite que si, le caí encima, lo besé como loca porque me estaba dando el segundo mejor momento y…

   -Otro polvo. –sonríe Reyna, y Mayra estalla en carcajadas, roja como un tomate.

   -¿No vas a saberlo tú? Si, lo hicimos, otra vez. Y no me importó saber, en el fondo, que a lo mejor Vicente no quería realmente eso, irse así, pero que lo hacía para que estuviéramos juntos. En Caracas lo resolveríamos, de alguna manera, me decía; en algún lugar, estaríamos juntos y todo estaría bien. Nos citamos, adelanté mi marcha en un día, le recomendé mil veces que no le contara a nadie, para que nada se interpusiera. Me despedí de mamá y papá como siempre, y le esperé, toda ilusionada y emocionada en la terminal. Llegué casi una hora antes porque no aguantaba la ansiedad, en casa, mamá se habría dado cuenta de que algo ocurría. Y estaba segura que no le parecería una buena idea. –calla, tragando en seco, tristona.

   -¿Y qué pasó? ¿Cómo se jodió todo? –se impacienta Andrea.

   -Su papá llegó primero que él, encontrándome allí. Él sabía que escaparíamos. –sonríe trémula.

   Allí, rígida en una banca, una impaciente Mayra esperaba a su novio con dos morrales, mirando frecuentemente la hora en su reloj. Algo asustada. Sus quince años se habían celebrado en Caracas, con su familia y amigos de allá, sus padres y Tristán habían viajado para la ocasión, siendo algo grato… E incómodo, como siempre. Porque ella estaba allá y se negaba a regresar. Y porque, al bailar el vals… pensó en su hermano mayor, que debió estar allí, danzando con ella, el segundo después de su papá, pero que no estaba. Y Vicente. El chico con quien debió bailar hasta el amanecer. El joven que había sido el centro romántico de su vida desde que tenía conciencia de sí. Volver, encontrarle, recibir aquella caja de música que le había comprado y guardado, esperando el momento del encuentro, fue más de lo que pudo resistir. No mucho, porque lo quería, verle fue… sentir arder su sangre, su piel, la mente le quedó en blanco y sólo podía pensar “quiero, quiero, quiero”, cuando este la besó, con voracidad, desesperadamente, las manos recorriéndole la espalda y erizándola toda. Sintiendo la dureza y calor de la joven erección contra su vientre, despertando su propio fuego. Fue en las cumbres post coito, uno al lado de la otra, ambos mirando el cielo estrellado por un ventanal de aquel pajar, donde lo hablaron. No, no se quedaría en Río Grande, pero le quería, nunca debía dudar de eso. El silencio que se hizo fue doloroso, hasta que le escuchó: “¿Qué te parece si… me voy contigo?”.

   Eran unos chiquillos idiotas que imaginaban que la vida era así de simple, de fácil, tan sin consecuencias. Pero la verdad es que no quiso pensarlo demasiado, si lo hacía tal vez se asustaría y preguntaría algo estúpido como “¿estás seguro?, ¿lo has pensado bien?”. Quería a Vicente en su vida, a su lado, él la hacía inmensamente feliz, como no lo era desde antes de que Leonardo…  Si él quería irse con ella, que así fuera. Por eso le esperaba en esa terminal, toda llena de nervios, impaciente. Esperanzada. Fue cuando una sombra la cubrió, al detenerse alguien a su lado. Sonriendo alzó el rostro con ojos llenos de ilusión.

   -Hola, Mayra… -la voz fue cautelosa, pausada, firme pero amistosa.- ¿Esperando por mi hijo? Lo siento, pequeña, pero no puedo dejar que se vayan juntos. –sentenció Braulio Zabala. El vecino de la casa de al lado, amigo de la familia, el hombre que más tarde sería jefe policial del pueblo.

   Por un segundo de miedo, el corazón de la chiquilla quedó paralizado, pero enrojeciendo de cara, regresó a la vida.

   -¿Lo mandó él para…? –el dolor y la decepción se dejaron sentir en la pregunta.

   -No, Vicente no sabe qué sé que pensaban escaparse, ni que estoy aquí. Ni que he venido para disuadirte de hacerle cometer esa locura.

   -No le obligo a…

   -Él te ama desde hace tanto tiempo que ya eres dueña de su cabeza. Hará lo que tú quieras. Y lo sabes, con eso cuentas. –no acusó, tan sólo señaló.- Lo siento, pero no puedo permitirlo. No ustedes dos.

   -Es mi… Son nuestras vidas. Es nuestra decisión. –intentó presentar batalla.

   -Apenas tienes dieciséis, él dieciocho, va a comenzar la universidad y todavía no sabe si quiere ser agrónomo, periodista o médico. Te quiere a ti, es su única certeza; e imagina que todo lo demás, su futuro, lo que será de él el resto de su vida, de alguna manera se solucionará por su cuenta. Vicente no sabe de cuentas a pagar, cosas por comprar, obligaciones, de asegurar un techo, cancelar hipotecas o recibos. Cree, como tú misma, que con arrumacos se arregla todo. Que eso bastará. –su tono se hizo opaco, su mirada triste.- La vida no es justa, pequeña, y es dura, y a veces decepciona hasta las lágrimas. A veces se burla cruelmente de ti, en tu cara, de tus sueños, de tus anhelos más caros; la ilusión llega cuando ya todo acabó dejando sólo amargura y arrepentimientos. De eso no saben nada, pero irán aprendiéndolo, lamentablemente pasará, es la vida. Pero no quiero que la de Vicente comience ya con cargas y errores. No mi hijo.

   -Señor Braulio… -jadeó, furiosa, pero también sobrepasada.

   -Sé de tu vida; de las causas que te obligaron a salir de aquí como lo hiciste, expatriándote, alejándote de tus afectos; partiendo sola siendo tan sólo una niña. Creo… que yo no te habría dejado ir así. O que te fueras sola, pero no era mi potestad ni mi decisión. Fue tuya, y la tomaste aunque no estabas preparada para ello. Tal vez era la única salida que había para que continuaras viviendo, no lo sé, pero como padre… no lo habría tolerado. Te repito, yo te habría retenido, cuidado, protegido aún de ti misma. O me habría llevado a todos de este pueblo. Pero también entiendo a tus padres… A tu madre, aguardando por noticias, sabiendo que no podía marcharse por si algo llegaba, la noticia de un cuerpo encontrado, alguien que pasara, un viajero casual, que viendo una vieja fotografía dijera que tres pueblos más allá, o dos países más arriba o más abajo en el mapa, había visto a un chico parecido a Leonardo; o que volviera por su cuenta una tarde cualquiera, sin que se supiera nunca del todo qué pasó, pero sin importar ya. Eso lo entiendo, que una madre no pudiera renunciar a la esperanza porque nunca hubo un cierre, un cuerpo qué sepultar, una fosa a donde ir a llorar y dejar flores. Como sea, fue algo triste, amargo y que los marcó a todos. Lo veo en tu cara de niña, en el de tu madre; las mil preguntas sobre lo que hicieron, y que seguramente aún se hacen, sí todo pudo ser de otra manera. No quiero esa incertidumbre para Vicente. No todavía. Aún no le toca.

   -¿No cree que le dolerá saber lo que nos hace? –casi amenazó. El hombre alzó el rostro.

   -Si le cuentas, me lastimarás, y tal vez lo merezca, pero estarías sembrando discordia y rencor entre un hijo y su padre. Sabes qué clase de hijo cariñoso y respetoso es Vicente. ¿Le harías eso? ¿Es esa la manera en la cual le quieres? –con un nudo en la garganta, los ojos ardiéndole, la joven bajó la mirada, conteniendo un puchero cuando el hombre cayó sentado a su lado.- Él tiene mucho que vivir, experimentar, aprender; equivocarse y de eso obtener cicatrices y durezas, sabiduría, nostalgias y amarguras propias de su existencia… ¿Qué será de ustedes si parten y una tía les dejara, de alguna manera, compartir un cuarto… y te preñas? Estarán en un lugar aparte, lejos de todo lo conocido, ¿qué harían?, ¿cómo se sostendrían? ¿Irías con una barriga y un marido de casa en casa de parientes para ver si alguien les deja arrimarse? –eso la alteró y le miró con disgusto.

   -No sabe nada de mí, no pretenda saberlo. Qué haré o cómo actuaré.

   -No es complicado, pequeña. ¿Amas a…? –tragó, costándole decirlo.- ¿Amas a mi hijo? Tal vez. Tal vez tu creas que sí. O puede que sí. Pero lo que sí sé es que necesitas seguir huyendo, de ti, de este pueblo, de los recuerdos, y que no deseas hacerlo sola. Es humano, lo entiendo, como entiendo que, en estos momentos, movida por lo que necesitas no pienses en nadie más que en tu persona. No te juzgó, no te culpó de nada, pero en este momento piensas únicamente en lo que quieres para ti y si para obtenerlo debes arriesgar a Vicente, bien, lo harás. No porque seas una mala persona, sino porque no quieres estar sola. Crees, o quieres pensar que crees, que sabes que todo estará bien, pero sólo te engañas para no sentirte culpable. O responsable de… destruir la vida de mi muchacho en tu aventura. Porque, al final, será eso: se la destruirás. –acotó.

   -Yo no… -no pudo evitar el pujido, el puchero. Ni las ganas de encogerse y llorar cuando ese hombre la miró con infinita piedad, casi como si le doliera decirle aquellas cosas.

   -Lo sé, no quieres hacerle daño porque lo quieres. Pero andas huyendo, pequeña, escapas con el circo para alejarte del sufrimiento en tu casa. De los recuerdos en tu cabeza. Necesitas poner distancia de lo que sientes, y en el proceso te lastimaste de alguna manera, y a tu madre. Huyes del dolor. Mi hijo lo hará por afecto a ti, pero también terminará lastimado, como su madre y yo. Y eso no puedo aceptarlo. Soy su padre, responsable de lo que le ocurra hasta el final de sus días, desde que era un bebé y quería jugar con fósforos, hasta el día que tenga cien años y me diga que quiere hacer acrobacias con una moto sin usar un casco. Llegará un momento en su vida cuando ya no me escuchará, cuando piense que lo que digo no tiene valor, o que me equivoco, es la vida, los hijos dejarán a sus padres atrás para continuar sus propias historias, y no sólo físicamente, pero ni aún entonces dejará de preocuparme, ni dejare de procurar lo mejor para él. Y lo mejor no es escapar en medio de la noche con una mochila al hombro sin saber a dónde llegar; sin saber qué hacer, contigo o con su vida. –los rostros se volvieron, uno hacia la otra, retadores.

   -¿Y si nos encuentra aquí, nos oye y todavía quiere venir conmigo, a pesar de todo? –hubo un tenso silencio. Miradas atadas en un mudo desafío.

CONTINÚA … 20

Julio César.