Archive for 31 mayo 2017

SIGUE EL DILEMA… 13

mayo 31, 2017

SIGUE EL DILEMA                         … 12

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

   -Vamos, sabes que lo quieres todo…

……

   “Hey, chicos, ¿no quieren venir a la fiesta y gozar del coño de este viejo puto? Está muy caliente y lo necesita, no le dirá que no a ninguno”. Y aparece la dirección del complejo de piscinas. Como para que no quedaran dudas en la mente del muchacho.

   Y el video comienza de nuevo.

   Arrojando el móvil sobre la cama, rebotando este y cayendo, Daniel tiene que correr y salir de su dormitorio al cuarto de baño al final del pasillo, luchando contra las nauseas, vomitando al entrar y arrojarse de rodillas al lado del retrete. Cierra los ojos y casi se ahoga con el buche caliente y horriblemente amargo que llena su boca. Lo escupe y lágrimas escapan de sus ojos, salobres, que no sabe si son por el esfuerzo o por todo lo visto… Cierra los ojos otra vez, más lagrimas chorreando por su cara, un nuevo buche de vomito le llena y…

   Dios, ¿qué ha pasado? Con el estómago vacio, y aún así sintiendo arcadas, cae de culo sobre la alfombra mullida, chocando la espalda de las frías baldosas, sintiendo un leve alivio que no tiene ninguna razón aparente. ¿Qué le había hecho ese hombre a su padre? Tiembla y quiere gritar, la piel erizada totalmente. La ira, una terrible y homicida, era superada únicamente por una frustración y tristeza abrumadora; Franco le había hecho a su padre lo mismo que le hizo a él, lo sometió, de alguna manera, quebrándolo. Tomando su hombría, la de su padre, un hombre bueno y decente. ¡Su padre, su héroe, su ejemplo!

   Tiene que luchar contra los sollozos; ¡sí su madre supiera el por qué del alejamiento de su papá! La sola idea, que la mujer lo supiera, encarar a su progenitor dejando todo al descubierto, le produce tal dolor en el pecho que teme va morir. Pero, ¿cómo…? El entendimiento llega de la mano de una culpa aterradora, claro, fue cuando Franco fingió sorprenderle ebrio, amenazando con sacarle del equipo antes del viaje a las olimpiadas. Su padre había ido a hablar con él, a interceder y… Tiembla, los labios le tiemblan cuando lleva las manos, inseguras a sus ojos, presionándolos. Le había chantajeado, como hizo con él. Y su padre había cedido para que no perdiera su lugar en la competencia. Esa medalla de oro les había salido infinitamente cara.

   Franco le rompió, lo grabó y ahora lo usaba nuevamente. Contra él. Sabía exactamente lo que el otro tramaba. La amenaza no había podido ser más clara, más directa. Deberían encontrarse, hablar. Le encararía, pero sabe cómo terminará todo, como bien lo había planeado ese monstruo. Lleno de autocompasión, y de rabia, se deja caer de lado sobre la alfombra que pica contra su piel, rodeando las rodillas con sus brazos. ¡Estaba atrapado! Su padre, ese tonto… Pero no, no puede tomar ese camino, culparle. Ambos chicos Sáldivar habían tenido la infinita mala suerte de encontrarse con ese sujeto en un recodo del camino de sus vidas. Y ahora les tenía a los dos.

   Debe reincorporarse rápidamente, casi cayendo dentro de la ya apestosa boca del inodoro, lanzando lo poco que tiene, una hiel amarga que sabía a derrota.

……

   En verdad no era aquello lo que buscaba cuando citó a Luis, se dice Franco, sonriendo de manera soez, respiración pesada, viendo al hombre arrodillado en su sofá, el culo echado hacia atrás, jugando con este, metiéndose dedos. Quería el video para enviárselo a la mierdita del hijo, para que este viera que tenía al viejo puto de su padre donde lo quería, y que todos sabrían que estaba allí a menos que se sometiera. Sonríe aún más, acercándose al sofá. Para esos instantes ya Daniel debía haber recibido el video, y entendería. Y le buscaría. Oh, sí, le enfrentaría, gritaría, diría alguna tontería, pero iría a “arreglarlo”, y sólo habría una manera para ello. Y le iba a costar, y doler, contentarle esta vez. No le sería fácil después de retarle y gritarle las cosas que le gritó. Oh, sí, irían esas dos semanas a Los Ángeles y sería su puta cada noche, cada mañana, le cogería de tantas maneras y tanto que no podría ni caminar. La mano, esa misma que extiende para tocar las nalgas de Luis, su antiguo rival deportivo, se la metería por el culo, tan sólo para que fuera aprendiendo.

   No, no pensaba coger a Luis así, drogado, inconsciente de lo que le ocurre, respondiendo al estimulo de los alucinógenos, le gustaba cuando los tipos sabían lo que les ocurría y sus mentes y cuerpos se resistían, pero al pensar en todo lo que le haría a Daniel, y verle allí, jugando con su culo metiéndose dedos, no puede evitar aprovecharse del momento.

   -Eres tan puta. –le gruñe. Sonriendo al escuchar la respuesta.

   -Soy tan puta.

   -Esto es lo que te gusta, y lo vas a gozar, puta. Tu coño lo va a disfrutar, recuérdalo. –le dice. U ordena.

   Dejándose caer de rodillas, aparta la mano de Luis, sonriendo con morbo y placer, el que viene de saber que puede hacerle eso a ese hombre tan macho unos días antes. Uno al que había destrozado, de tantas maneras. Tocar las nalgas lisas, mirar el enrojecido y lampiño ojete expuesto, leer el tatuaje le hace inmensamente feliz. Pega nariz, labios y mejillas de esa raja, de ese culo, sabiendo que le pincha con la barba. Había algo en el agujero de un hombre al que se coge que tenía un sabor… Reparte besos chupados y ruidosos alrededor de ese hueco, da mordisquitos a la piel mientras nalguea un poco alrededor. Empuja la cálida, reptante y mojada lengua contra el tembloroso orificio.

   ¿Era por la droga sugestiva, las órdenes o algo más?, no se sabe, pero Luis se estremece, arquea la espalda, lleva ese trasero de adelante atrás, refregándolo de la cara que le raspa con la barba, mientras gimotea, su agujero abriéndose más a aquella boca. Sus hombros enrojecen y se tensan cuando lo siente en esos momentos de inconsciencia sexual, el cálido aliento bañándole, la lengua húmeda tocando y lamiendo los labios de su “coño”. Grita, se revuelve y lloriquea bajo la acción de la experta lengua del hombre, de ese depredador sexual que sabía utilizar muy bien sus recursos, logrando a lo largo de los años tomar lo que ha querido de tíos y muchachos que en su momento se cruzaron en su camino, retándole. Le lamía y le perforaba el agujero con vicio e intensidad, de manera escandalosa, la espesa saliva chorreando bolas abajo. Aferrando el respaldo del mueble con fuerza, Luis, en una nube extraña de sensaciones, no entendiendo por qué le gusta tanto eso, por qué disfruta lo que le hace Franco a su “coño”, relaja su esfínter. Y se tensa y grita cuando la lengua entra, penetrándole, cogiéndole. Este latiendo de ganas… por más.

   Y Franco lo nota, sonriendo mientras le mete la lengua y le nalguea suavemente. Retira el rostro, el bigote brillante de saliva, y sigue azotando esos enrojecidos glúteos, viéndole estremecerse, tensarlos, oyéndole jadear.

   -Estás tan caliente, puta. –le dice, sonriendo con morbosidad, mirando el lampiño y arrugado capullo brillante de saliva, estimulado. Un coño masculino húmedo y brillante de saliva, el lubricante natural para las perras.

   Sin detenerse a pensarlo mucho, apunta con el dedo índice y lentamente se lo entierra, disfrutando de ver como los pliegues del culo de ese otro hombre van cediendo, entrando, dejándole penetrar. Le ve arquear la espalda y le oye gemir más, maravillado. ¡Había entrado tan fácilmente! ¿Lo habría imaginado alguna vez ese hijo de puta, que un día otro carajo le metería un dedo por el culo y que eso le haría gemir? No, seguro que no. Ríe, mientras mete y saca su dedo, arqueando la punta un tanto hacia abajo, buscándole y encontrándole, después de unos segundos, la próstata, siendo recompensado por los gemidos intensificados de la puta. ¿No sería maravilloso que Daniel llegara en esos momentos y le escuchara y le viera así?

   Cogiéndole ahora con dos dedos, se imagina al muchacho llegando, encontrándoles así, él diciéndole que tenían que calmar a la vieja puta, Daniel sacándose la verga, apoyando la lisa cabeza de ese capullo y empujando, metiéndole los labios de la vagina” a su viejo, gritando mientras se la va clavando y Luis se la apretaba y halaba con sus entrañas, como hacía con sus dedos. El joven metiéndosela toda, gritándole tómala puta, tómala toda, viejo marica, comenzando un enérgico saca y mete. Él mirándoles, sus juguetes sexuales, sus esclavos, llegando tras el chico y enculándole a su vez, todos en el trencito de amor, recorriendo con las manos el joven y maravilloso cuerpo del muchacho, apretando sus tetillas, mientras le saca y mete el tolete de lo más profundo de las entrañas, al tiemplo que este, mientras gime, sigue cogiendo a Luis. Un chico penetrando con ganas y morbo el culo de su padre lloroso.

   La sola idea le hace babear la verga con ganas. Si, quiere degradarles, humillarles. Enviciarles. Quiere a Luis, no bajo los efectos de un fármaco sino de su control de macho alfa, llegando a un oscuro y maloliente baño de hombres, ofreciéndoles mamadas, rogando por esperma, cayendo de rodillas frente a los que entraran, quienes clavarían sus vergas en esa boca golosa mientras le insultan. Sabiendo que tiene que tomarlas, mamarlas todas porque su amo se lo ordena, como entrenamiento y para su propio placer, comprobando que su esclavo sabía obedecer. Vergas y vergas palmeándole la cara, arrodillado, vestido de ejecutivo, hilos espesos de esperma chorreándole el cabello, frente, nariz, labios, mejillas, mientras traga litros de leche caliente, y litros de orina amarillenta y olorosa, meados que le lavarían el semen del rostro. Todos deseando usarle, degradarle, castigarle con sus vergas por marica.

   El tolete le tiembla con fuerza, casi corriéndose ya, notando el tensar de esas nalgas, el incremento de los gemidos de Luis, donde había también una nota de molestia sexual, mientras forza tres largos, velludos y gruesos dedos dentro de ese orificio ahora ovalado, al tiempo que los agita dentro de su culo, metiéndole los pliegues cuando se los clava, halándoselos cuando los retira. ¡Y era tan caliente hacerle eso a otro hombre!, reconoce con morbo. Sonriendo cruel imaginando a Luis, nuevamente vestido de ejecutivo, en otro sórdido baño, uno donde ya saben que iría y le esperan diez o doce carajo, pero esta vez, de rodillas, está al lado de Daniel, su muchacho, en un jeans, sus zapatos tenis y la chamarra escolar. Ambos tragando vergas, chupando de una a otra, las risas e insultos humillantes llenando el ambiente. La pareja mamando todas las que pueden, con entrega y hambre de vicio, sus rostros bañados de esperma. Padre e hijo, perdiendo el sentido, se darían sucios besos chupados, intercambiando azotes de lenguas y salivas, cada uno degustando el semen de esos sujetos en la otra boca.

   La imagen le enloquece, “ver” a padre e hijos cayendo al piso de ese baño en un sucio beso de esperma, todos riendo, apuntando con sus aún  tiesos toletes, meando sobre la pareja, que gemiría suciamente y continuarían besándose. La imagen es tal que se pone de pie, flexionando las rodillas, y lleva la punta de su erecta y pulsante tranca, que gotea espesamente, hacia ese coño suave y brillante de saliva. Contiene un jadeo, como siempre, en ese momento mágico cuando el glande hace contracto con el cerrado capullo de otro sujeto, compartiendo el calor, luego empujando, abriéndole; y de golpe, porque así de desgraciado es, se la clava toda, haciendo gritar levemente a Luis, de sorpresa a pesar de las drogas alucinógenas. Y metérsela, pegarle los pelos de las nalgas, sintiéndose apretado y halado, provocó en Franco un rugido terrible de placer.

   -Tómala, puta, es tuya; ordéñamela con tu coño. –le ruge atrapándole los hombros con las manos, retirándosela centímetro a centímetro, la gruesa barra nervuda halando los labios de aquel culo.

   Y vuelve a clavársela con dureza. La saca lento, gozando haladas y apretadas, se la mete de golpe, para hacerle consiente de la cogida (y molestarle un tanto, era un sádico). Lo encula con fuerza y rapidez, las palmadas de la pelvis contra la nalgas llenan la sala, así como lo gruñidos del hombre y los jadeos de su víctima. Lo coge sin detenerse, sonriendo con una mueca, cerrando los ojos, echando el rostro hacia atrás, la boca abierta mientras medio ladea la cintura, cogiéndole a derecha e izquierda, arriba y abajo, dándole en la próstata ahora que ese agujero se abre, lo acepta y le ordeña. Soñando en que hace eso, ahí mismo, que lo coge, Luis totalmente consciente de que lo hace, que está en cuatro patas sobre su alfombra, hombros y nuca un tanto bajos, un collar alrededor de su cuello, su espalda arqueada, sus nalgas más arriba, abiertas, su culo siendo macheteado una y otra vez mientras le ruge que es una vieja puta de coño caliente, que siempre fue eso, que el hijo que tuvo lo cagó por el culo cuando lo preñaron. Y mientras lo penetra, duro, haciéndole gemir, alza la vista y le sonríe a Daniel, quien desnudo, usando un collar alrededor de su cuello parecido al de su padre, se masturba fascinando viendo la dura cogida que le daban a su progenitor, una que le tenía delirando de placer.

   Mientras le coge, tenso de lujuria, Franco abre los ojos, sonriendo, imaginando cómo dejaría ese culo lleno de leche, retirando la verga, quedando abierto, enrojecido, hinchado, manando semen, uno que, dejando de masturbase, casi saltando de su silla y cayendo de rodillas tras ese agujero, Daniel se apresuraría a tomarlo con la lengua, lamiéndolo, metiendo la punta y recogiéndolo del culo de su papá, y tragándolo. Un joven y guapo chico saboreando y devorando el semen que otro hombre ha depositado en el culo de su papá. Oh, sí, a eso les reduciría, los cercaría, los dejaría sin opciones, y depravación tras depravación irán rodando hacia su final, servirle sexualmente, no deteniéndose ante nada. Y lo primero pasaba porque Daniel supiera de su padre. Joder, ojala estuviera allí, viendo como lo cogía…

……

   -¿A dónde vas, cariño?

   La pregunta le detiene, tenso, vistiendo un bermudas a media pierna, sus zapatos deportivos y una franela larga y holgada.

   -Tengo que ver a alguien… -le responde Daniel a su madre, casi entre dientes. Y sale. Decidido a confrontar al entrenador.

CONTINÚA … 14

Julio César.

EL TRABAJO DEL ESPARRING

mayo 31, 2017

UN SIMPLE TIO EN MANOS DE UNO DE LOS AMOS

   Fuera de entrenarle, debía proteger al campeón de toda maledicencia, que no saliera y se metiera en problemas; y a ello se aplicaba, diariamente, con pasión, porque todo hombre, desde el lugar que ocupe, sabe que tiene que cumplir con su DEBER

Julio César.

ENTUSIASTA

mayo 31, 2017

EL MOMENTO ESPERADO CADA TARDE

   El profesor que hacía falta…

   -No, no, nada de eso, muchachos. Siempre me ruegan que salgamos a explorar la naturaleza y luego se quieren sentar… o arrodillar. –sonríe pícaro.- Vamos, caminemos un poco más, hasta ese lugarcito discreto junto al río, y después de un rico chapuzón podrán tomar todo lo que quieran. –les guiña un ojo.- Incluso dejaré que penetren, todos, en esas dos cuevas que tanto les gustan, ¿eh?

BUENA VISTA

Julio César.

BIENVENIDOS A RIO GRANDE… 20

mayo 31, 2017

BIENVENIDOS A RÍO GRANDE                          … 19

   Al amparo de la oscuridad…

   -Le rogaré que no lo haga, y si eso no funciona le diré que piense en su madre y en sus hermanos. Y si no funciona le gritaré y le amenazaré, me lo llevaré a la fuerza. Y si eso no funciona le diré que tengo cáncer, que aún estoy bien pero que no será así por mucho tiempo, que tendrá que velar por su familia. Y cuando descubra la verdad, me odiará, a lo mejor me lo dice, y sólo imaginarlo, la idea de ver el rencor en sus ojos, me enferma, pero lo soportaré, Mayra. Podré vivir con eso. Será el precio que pague por él. Tanto así es el amor que le tengo. –fue enfático, claro, y las lágrimas rodaron por las mejillas de la joven. Tanto que el hombre alzó una mano como para confortarla, bajándola, apenado, cuando ella se tensó y apartó.- Mira, no quiero herirte, yo…

   -¿Qué? ¿Va a pedirme que le diga que no quiero que se vaya conmigo? ¿Qué le resuelva el mal rato, que cargue yo con esa culpa?

   -No, pequeña, porque eso no lo disuadirá. No te escuchará, se irá detrás de ti aunque le jures que lo odias, él verá que no es cierto. Lo que necesito es que… no te encuentre aquí. Que piense que te fuiste o que no llegaste. –pidió, enrojeciendo de vergüenza, pero decidido. Ella sólo pudo mirarle desconcertada, llena de resentimiento. Mucho.

   A la joven, las siguientes tres horas le parecieron un infierno, uno donde lloró sintiendo que el corazón se le rompía a pedazos. Aunque furiosa con ese hombre que había aparecido de la nada exigiéndole un sacrificio doble, no pudo soportar la amenaza, la responsabilidad de lo que ocurriera si Vicente se iba con ella. Era, en el fondo, tan sólo una niña. Por eso le escuchó y se ocultó en el solitario baño, mirando desde una puerta entornada a un joven alto y delgado, sonriente, que miraba frecuentemente en todas direcciones. Vicente, morral al hombro. Le vio mirar la hora en su reloj, ceño algo fruncido después de cuarenta minutos, viendo partir autobús tras autobús, rumbo a Caracas. Le vio caminar de aquí para allá, asomándose frecuentemente a la salida del terminal. Pudo notar toda una gama de emociones cruzando su joven y atractiva cara de muchacho abierto de sentimientos. Nervios, inquietud, enojo, miedo. Esperó tres horas encerrada en ese baño porque él esperó tres horas a que apareciera. Tres horas al filo de la angustia, tres horas al final de las cuales le vio bajar los hombros y frotarse los ojos con los dedos, su pecho congelado hasta que algo sospechosamente parecido a un jadeo escapó de su garganta. Tres horas y le vio tomar el morral del suelo, con determinación, rígido, saliendo del terminar y de repente echando a correr, alejándose a toda prisa. Escapando del lugar donde tantos sueños y fantasías de muchacho se habían hecho pedazos.

   El silencio se hace en el dormitorio, Mayra mirado al frente, rostro neutro, sobre su cabeza, Reyna y Andrea intercambian una mirada. Imaginando todo lo demás, el llanto que debió acompañarla desde su salida de Río Grande a Caracas, y durante días. O semanas.

   -Qué malo, manita. –comenta Andrea.- Pero ese hombre no tenía derecho a inmiscuirse así.

   -Era… Es su padre.

   -¿Nunca lo contactaste, a Vicente, para contarle…? –comienza Reyna. No le extraña verle negar.

   -¿Para qué? ¿Para qué se disgustara con su padre? ¿Separarles, hacer que se odiaran? El señor Braulio hizo lo que, en conciencia, pensaba que era mejor para él. Aunque le costara tanto.

   -Me parece que quien pagó, y caro, fuiste tú. Y ese rorro de  Vicente. Y, en últimas, no era la decisión de ese señor decir qué ocurriría o qué debían hacer, nadie aprende en cabeza ajena. A ustedes pudo irles bien, juntos. Eso no podía predecirlo nadie. –tercia, alterada, Andrea.

   -Los ejemplos frecuentes en casos parecidos parecen darle la razón al hombre. –tercia Reyna, mirando a la de anteojos.- ¿No fue lo que le pasó a tu hermana? ¿No se fue tras su gran amor, a “hacer su vida” porque nadie la entendía en su casa y regresó con un bebé y un marido que tus padres tuvieron que terminar de criar? ¿No le pasó a tu prima, Irene? ¿No le pasó a la mía?

   -Sí, pero… -la chica de anteojos es terca. No, no cree que nadie tenga derecho a meterse a opinar en la vida de otros, aunque ella, en ese momento, lo hacía.

   -No pude decirle nada a Vicente, ¿okay? Puesto así, como lo dijo, el señor Zabala me hizo sentir… culpable. Me convenció de que iba a destruirle la vida porque era egoísta y tonta; no quería estar sola, me asustaba estar sola, y para no estarlo era capaz de joderle la existencia a él. –interviene, mortificada, Mayra, mirando de una a la otra.- Pero, creo, ahora, en frío, que fue lo mejor aunque en ese instante me dolió, horrible; y todavía lo hace. Es por eso que ahora él me odia y saberlo es como si ese dolor fuera nuevo otra vez…  –mira al frente, analizándose.- ¿Lo peor, amigas?, es que no sé si en verdad quería que me acompañara porque era mi chico, el mío… o sólo porque tenía miedo de estar sola. Miedo, también, por él…

   -¿Miedo? –se intriga Reyna por la palabra. Su amiga era profunda en sus pensamientos y sentimientos, era algo que había aprendido. Y respetaba. En cierta medida, claro.

   -No quería irme sola, como ya dije y admití, pero también me torturaba pensando que, tal vez… fuera mejor que Vicente saliera de este pueblo antes de que algo malo le pasara. Pero eso nunca habría podido exponerlo en palabras como para que su papá me entendiera. Me fui asustada por él, que se quedaba en este pedazo de mierda en los llanos orientales.

   -¿Miedo de este pueblo? ¡Eres tan dramática! -bufa Andrea.- E irracional. Este lugar es hermoso. –las palabras parecen que van a desatar una tempestad entre las amigas, pero una llamada a la puerta las silencia, tres pares de ojos ven como esta se abre y aparece Elena, notándose algo tensa a pesar de su sonrisa.

   -¿Cómo están, muchachas? –entra, viéndolas sentarse.- Tengo entendido que estuvieron paseando por el pueblo, ¿les gustó?

   -Mucho. –es enfática Andrea, quien frunce el ceño al verla dar un leve respingo. Vaya, otra a la que no le gustaba su ciudad.

   -El cielo azul, el sol brillante, pero no achicharrador, la grama verde, las casitas bien pintadas… Parece postal. –interviene Reyna, mirando algo burlona a Mayra, quien rueda los ojos.

   -Me alegro, me alegro. –Elena se frota las manos, evidentemente inquieta.- La cena ya va a estar a punto, aunque el chocolate caliente está listo. Es delicioso con pan… -ofrece con esa sonrisa que no llega a sus ojos, gesto muy evidente para Mayra. La señal es evidente.

   -Claro, señora, gracias. –entiende Reyna, lanzándole una mirada a Andrea. Ambas salen.

   Mayra las sigue con la mirada, sonriéndoles, gesto que mueren en cuanto queda a solas con su madre, la cual se le acerca, recorriendo la habitación con la mirada.

   -¿Estás bien, mamá? -pregunta finalmente. Elena se vuelve a mirarla, sonriendo con esa mueca.

   -No, no realmente, cariño. Ha sido un día duro. –toma asiento en la cama, a su lado.- ¿Y tú?

   -Ha sido extraño. –baja la mirada.- Regresar, la noticia del niño extraviado me hizo… recordar… todo aquello. –la mira directamente a los ojos.- También me encontré con Vicente.

   -Oh, debió ser… incómodo. –se le nota tensa de nuevo.

   -Ni te imaginas. –sonríe de manera parecida a la de su madre, apesadumbrada.- ¿Han… sabido algo del niño? –hay un corto y significativo silencio tenso, mientras se miran, una al lado de la otra, sentadas en la cama.

   -Nada. –no agrega que parecía que la tierra se hubiera tragado a ese niño, Antonio Liscano. No, fue lo que se dijo cuando Leonardo…

   -¡Este maldito pueblo! –brama Mayra, incapaz de contenerse.

   -No maldigas. –reprende la otra, pero con tono neutro.- Cariño, he estado dándole muchas vueltas en la cabeza a una idea… -le toma las manos y le sonríe.- Mañana iré al banco, firmaré lo que haya que firmar y haré que te giren un cheque a la agencia que desees. Tendrás el dinero que te dejó tu abuelo, ya no pondré más reparos. La cena está casi lista, será buena, me quedó rica… -aclara algo pomposa, agitando sus manos unidas, haciéndola sonreír desconcertada.- …Coman bien, tú y tus amigos, bastante, preparé más que suficiente. Luego reposen un rato y, si pueden… váyanse esta misma noche de Río Grande. Sin detenerse por nada. Sin esperar o mirar atrás.

   -¡Mamá! –la joven se impresiona y alarma más que suficiente, por todo lo que la mujer expresa tras aquellas palabras. También ella intuía, o conocía del peligro.- ¿Qué…? ¿Qué sabes? ¿Qué temes? –ahora es ella quien le oprime las manos y demanda saber, comprobar que nunca fue que imaginó cosas, que no estaba desequilibrada. Que había algo realmente mal en Río Grande…

   -No lo sé. –la mujer arruga la frente, agitada.- Pero, si, temo, temo que algo grande se acerca. Lo siento aquí… -libra una de sus manos y la lleva al pecho.- Es algo que espero desde hace rato, un segundo zapato cayendo, y me asusta. Seguramente son tonterías mías, como siempre dice tu padre. –aclara algo resentida.- Y seguramente lo es, ¿qué otra cosa podría ocurrirnos? –algo peor que la desaparición de Leonardo, se entiende.- Pero no quiero… no quiero… -se miran a los ojos, incapaz de encontrar las palabras.

   -No quieres correr riesgos, no con tu hija. –termina Mayra, algo resentida. ¿Cómo podía su madre suponer que se marcharía tan alégrenme después de contarle eso, de reconocer aquello? ¿Dejarla sola en ese pueblo, con papá que parecía empeñado en no percibir nada? Tal vez algo de todo eso se nota en su rostro, porque Elena la abraza, suave y confortablemente.

   -Estaré bien, querida. Lo sé. No tienes que temer por mí; no por mí. Ya nada puede hacerme daño. –le susurra, reteniéndola cuando la muchacha quiere apartarse para discutirle. Acerca los labios a su oreja derecha.- Cuando te vayas, llévate tu hermano. ¡No te vayas a ir sin Tristán!

CONTINÚA … 21

Julio César.

EL PSUV Y LA GALERIA DE LOS HORRORES

mayo 31, 2017

NICOLAS MADURO Y LA VIEJA RESPUESTA FASCISTA

Y faltan…

RADICALIZACIÓN DE LA DICTADURA

Escalada represiva de Maduro asesina a un estudiante de Medicina en Ciudad Bolívar

Germán Dam V. Mayo-25-2017

Augusto Sergio Puga Velásquez, estudiante de Medicina de la Universidad de Oriente, es el primer manifestante asesinado en el estado Bolívar en medio de las protestas antigubernamentales que se registran desde hace 54 días. El joven murió en el hospital Ruiz y Páez de Ciudad Bolívar tras recibir un disparo en la cabeza por parte de policías y militares que reprimieron por tercer día consecutivo a los udistas. …

Este fue el titular de El Correo del Caroní el día jueves de la semana pasada, uno de los muchos diarios que en Venezuela tuvo que cerrar por el cerco gubernamental en esa estrategia de controlar todos los medios (hegemonía comunicacional) e intentar que la gente no se entere de lo que ocurre, muy aplaudida por UNASUR y el ALBA en su momento, cuando la revolución de marras podía pagar coimas. Esfuerzo inútil, porque a pesar del costoso e inmenso complejo de medios que el régimen tiene repitiendo propagandas e insultos las veinticuatro horas del día, nadie los sintoniza, nadie les cree. Los rostros que adornan la galería del terror se cansan de repetir que si la derecha malvada, que si la MUD asesina, pero en las calles tan sólo se siente asco por ellos. Intentar tapar el sol con un dedo es uno de esos ejercicios estériles de las autocracias. Todo el tiempo, dinero y esfuerzo que no invierten en revertir este desastre que nos tiene pasando hambre, lo gastan en hablar paja, evadir las responsabilidades (juran que nadie les vio cuando amenazaban con represión violenta a quien saliera a quejarse), e intentar convencer a un país que les desprecia que una constituyente convocada por ellos, donde sólo ellos votarán y la sancionarán, es lo que nos conviene. Es le problema con la demencia, o las drogas, la imposibilidad de traerles al terreno de la realidad.

Nadie lo expresa mejor que el señor Jesús Torrealba, quien presentó, el día domingo, sus reflexiones al país: guerra-civil-o-represion-criminal/

“Banalización de la protesta

El régimen de Maduro se ha quedado sin aliados internacionales (¡hasta Ernesto Samper está ahora exigiendo elecciones!), sin aliados internos (luego que la “relegitimación de partidos” casi asesina a sus socios del antiguo “Gran Polo Patriótico”), sin partido (pues Maduro sustituyó al PSUV por el llamado “Carnet de la Patria” como mecanismo de comunicación y control con lo que le queda de base social) y sin pueblo, pues todos los sondeos revelan ya que la tasa de desaprobación de Maduro increíblemente supera el 90%. ¿Cómo es posible entonces que un régimen en esas condiciones pretenda dar un golpe de mano, patear la Constitución y adueñarse del Estado y de la sociedad?

La respuesta es: ¡Frivolidad, voluntarismo y miedo! El miedo a las consecuencias de perder el poder hace que el régimen (sobre todo ese sector que enfrenta acusaciones por peculado masivo, violación de derechos humanos y narcotráfico) desestime eso que la jerga marxista denomina “condiciones objetivas y subjetivas” de la lucha política, cuyo análisis revela que el Diosdado-Madurismo no es sostenible porque no tiene pueblo, dinero ni liderazgo.  Ese miedo lleva al régimen al voluntarismo, a creer que basta con gritar “¡A-PRO-BA-DO!” delante de un grupito de empleados para que el empeño continuista se transforme en realidad política, y finalmente ese voluntarismo lo lleva a la frivolidad criminal, a la banalización de la violencia, a creer que la represión ejercida por la Policía Nacional Bolivariana, la Guardia Nacional y los grupos paramilitares maduristas puede hacer la diferencia, sin ver que la represión apenas puede contener (cada vez con mayor dificultad) a muchachos con escudos de madera y latón, pero no puede desmovilizar a una amplia e indignada alianza social, compuesta por los pobres de siempre y los empobrecidos de ahora, una mayoría que decidió que el tiempo histórico de la actual hegemonía se acabó, que el Diosdado-Madurismo no representa a nadie (ni siquiera al chavismo), y que recuperar sus vidas, sus familias, sus empleos, y su derecho al futuro pasa necesariamente por salir del régimen.”.

   No quedándole pueblo que les respalde, siete de cada diez personas vota contra ellos en el 2015, y eso que no había estallado la bomba del paquetazo que Nicolás Maduro Moros tuvo que aplicarnos en enero de 2016 para sacarnos de las venas los reales que se robaron de las arcas (llegando la gran hambruna), al régimen sólo le quedó robarle a la gente su derecho a decidir algo, lo que sea, mediante una consulta comicial universal, directa y secreta, decretando la muerte de la democracia representativa y protagónica, viéndose obligado a intentar cubrir tamaño desafuero, ese golpe de estado, con “sentencias judiciales interpretativas” de un Tribunal Supremo de Justicia que, oh, sorpresa, les da la razón, como si este país, y el mundo, no hubiera sido testigo de cómo esa gente fue puesta allí, a dedo, por Diosdado Cabello, en un show de televisión, cuando se creía todopoderoso y le satisfacía esa venganza, ese escupitajo y humillación propinado a un país que votó contra él, y todo lo que representa.

   Por alguna razón que escapa al sentido común, Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno pensaron que la gente lo aceptaría, lo que ellos dispusieran, entre ellos (un grupito pequeño percibido como grandes ladrones incompetentes y represivo), y cuando el país no lo hace, cuando no acepta los disparates que sostienen “es porque conspiran y quieren desestabilización”; y como salen a las calles a marchar y gritar su descontento por el golpe de estado, tienen  que ser enfrentados, no con ideas, eso se agotó hace mucho como que llegamos a la gran hambruna, a la Venezuela arruinada (después de doce años de recibir cinco veces más petrodólares que en toda su historia), y sin gente que respalde donde cuenta para disimular las cosas, en las urnas, hay que reprimir con violencia, hiriendo, deteniendo y matando… mientras se responsabiliza de ello a las víctimas. Es un delincuente todo el que no quiso calarse el golpe de estado, esos que votaron en su contra (siete a tres), y que caen bajo las balas de la represión con la cual todavía tienen la desfachatez de amenazar a ese pueblo que los repudia, por televisión.

   Por motivos que hay que buscar en la demencia o el consumo de drogas, supusieron que nadie haría la asociación, amenazas a los que salen con la violencia, esta se presenta, pero Venezuela y el mundo tienen que creerte que nada sabes de eso, que Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno nada tienen que ver, que esos muertos generados por el intento de silenciar las voces que exigen se restituya el hilo constitucional no son muertos de ellos, que esa sangre no está en sus manos.

   La respuesta al malestar ciudadano, violencia y asesinatos, encarcelamientos y señalamientos de “asesinos y terroristas”, la victimización de los homicidas, todo esto ya se vio hace muy poco en las calles de Túnez, Egipto, Libia, se ve en todo ese horror en Siria. No es nuevo. Sin embargo, en Latinoamérica, cuando las situaciones llegan a un punto de presión que no se soporta, las escaramuzas terminan generalmente con un arreglo político y elecciones. Pasó en el Perú de Fujimori, en el Honduras de Zelaya, en el Brasil de Dilma. La diferencia es que en esos países las instituciones, medianamente, funcionaban. Había una separación de poderes, una democracia. En Venezuela no, eso se erosionó y destruyó hace mucho tiempo. Joder, a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia los nombraron a dedo en un show televisivo encabezado por Diosdado Cabello, ¿qué más se necesita para entender que no existen las instituciones democráticas?

   Sin embargo, la brutal represión, los sesenta muertos en dos meses de protestas, le pesan al régimen; no basta gritar esto es culpa de fulano, de mengano, que si la Mesa de la Unidad esto, o este o aquel diputado. La gente no les cree absolutamente nada de lo que dicen, dentro o fuera de Venezuela, y miren que han intentado montar ollas con fotos y videos, que si comisiones en Europa, pero ya nadie se engaña con esa galería de peligrosos tracaleros. Ni quieren creerles, no después de dieciocho años de hablar paja sobre revolución y dignidad para el pueblo, y robar a dos manos como unos malandros comunes mientras ponen a la gente a comer basura, literalmente. Por lo tanto hay que destruir la Unidad opositora (todo pasa por allí, siempre), e intentar montar un mamotreto seudo legal que les permita eliminar la elección directa y universal de parlamentarios, gobernadores y alcaldes, sino nombrarlos a dedo por la podrida cúpula del PSUV, y que se pueda encarcelar durante décadas y décadas a quien les dé la gana sin tener que pasar por la necesidad de montar un circo como juicio (esos que sólo fingen creerlos PODEMOS, en España; de la que se salvaron por allá), así que tienen que llamar a una reforma constituyente originaria, pero no por los mecanismos que ella misma prevee, y sin que la gente la vote o sancione.

   Será “originaria”, pero el poder originario, el de la gente, el soberano, cada venezolano un voto, no puede manifestarse. El grupito decidirá quién vota y quien no, y eso, en las trastornadas mentes de Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno es “legal” y tiene que ser aceptado y obedecido porque a ellos les dé la gana, a pesar del país en contra (repito, antes de la gran hambruna, en el 2015, ya se votaba siete a tres en contra de esta galería de fracasados).

   Es la realidad de un país que se debate en una crisis dura, pero, como ocurrió en Túnez, en Egipto, en Libia y ahora en Siria, la gente no quiere abandonar las calles. A eso nos empujó el desconocer un Parlamento electo con siete de cada diez votos, darle un golpe de estado a la Constitución, violentando las competencias de las instituciones, la brutal y descarada represión ejercida contra el país, anunciada con desparpajo (y locura, o los efectos de algún sicotrópico) por televisión, y el hambre literal, ese que corroe las entrañas de más de treinta millones de venezolanos, hambre que quema, duele y atormenta. Que mata. Igual que las balas. Males todos proveniente de la misma fuente, un régimen corrupto como jamás se ha visto otro en toda nuestra historia, incompetente a niveles alarmantes como no sea para robar, y brutalmente represivo.

   En tal caso, el camino a seguir es uno y está muy claro:

   No dejar la presión de las calles, el grito de queremos elecciones, la restitución de la Constitución, que se respete la voluntad popular expresada en la elección soberana del Parlamento en 2015. Nada de lo que se grita y se exige es descabellado, un abuso, o una conspiración, toda esa paja que no se cansan de repetir dentro y fuera de Venezuela los hacedores de miseria, como si la realidad no fuera que se ha conculcado todo proceso electoral por falta de pueblo que les secunde. En las calles tan sólo se exige que se restituya el estado democrático de la República de Venezuela.

   Si el Gobierno sigue con la maroma de llamar a una constituyente donde sólo la gente designada por Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno tiene derecho a votar, decidiendo nuestro destino un grupito, tan rechazado por la inmensa mayoría del país, habrá que salir a preguntarle a Venezuela si acepta eso o no. Que al millón, o dos millones de personas que vayan a esa payasada, contados desde las puertas de los centro de votación, se les contraste con los ocho o nueve millones de venezolanos diciéndoles que no, para que no le quepan dudas a alguien que todavía quiera albergarlas, sobre lo que en verdad está pasando en Venezuela. Al circo responderle con la gente aclarándoles el asunto. Si hoy llaman a esa payasada, que mañana SUMATE organice el referéndum consultivo a Venezuela, y que las cifras, que las cantidades, que el soberano expresando su voz de manera protagónica y participativa diga lo que es ley y lo que no.

   Acompañar a diputados, alcaldes y gobernadores que están bajo los ataques de una seudo legalidad en la que nadie cree, desde un Contralor puesto allí para cubrir la rapiña de los compañeritos de partido (toda esa gente muerta por falta de alimentos, insumos médicos o bajo la mano de un hampa que también sale a buscar comida, es su responsabilidad directa por el robo del erario nacional para cubrir gastos y compromisos), a perseguir a todo aquel que sale bien en las preferencias populares. La campaña contra los jóvenes diputados que han encabezado las marchas, las protestas, salen desde todas partes intentando fracturar la unidad, desmotivando y desmoralizando a la gente en las calles. Es la vieja maña, nacida al inicio de la Europa comunista, de infiltrar gente que grita que es de oposición, separándoles, cerceándoles, anulándole y entregándolos mientras le allana el camino a la maquinaria fascista.

   Mismo grupo este que grita contra este o aquel del antiguo chavismo que manifiesta abiertamente su condena a lo que Nicolás Maduro Moroso, Diosdado Cabello, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno pretenden a espaldas del país. Quien quiera irse de ese barco, denunciando a los piratas esos, perfecto. No hay peor cuña que la del mismo palo. Cualquiera que quiera denunciar y desmarcarse de esta gente a la que tachan de “traidores al sueño de Chávez”, que lo hagan. Los “traidores”, esa misma gente que sabiendo que el hombre estaba gravemente enfermo de cáncer, escondiéndoselo, no le dejaron descansar y atenderse su mal en una clínica de verdad (creyó, porque a eso le obligó su miedo y un perverso entorno íntimo, en la milagrería y superchería cubana), porque tenía que oír a una campaña electoral para que ellos continuaran mandando. Crimen en el cual lo acompañó buena parte de lo que antiguamente llamaban el pueblo chavista, que ahora se desentiende, del pasado chavista (pero no importa si no joden más), y de la parte de responsabilidad que tuvieron en la muerte del viejo y enfermo caballo al que espolearon y espolearon hasta que cayó. Ahora vuelven a traicionarle, intentando matar la Constitución chavista, y todavía gritan que lo hacen en su nombre. Eso hay que señalarlo.

   Los juristas venezolanos deben comenzar a hablar claramente al país sobre lo que llegará, explicándoles el por qué y sobre qué bases se les acusará en los tribunales nacionales e internacionales, en su momento, a Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno, por la responsabilidad que tuvieron en llevar a Venezuela a esta crisis que obligó a salir a las calles a desconocer un gobierno de facto (violación de resultados electorales, confiscación de elecciones, usurpar funciones del Parlamento e intentar cambiar la Constitución por medios no previstos en ella), y los asesinatos productos de la represión. Debe ir aclarándosele al país el por qué, que no es venganza o retaliación contra los derrotados, para que luego no hallan sorpresa en una población desinformada que pueda tomarlo como una agresión al país, porque estos vagabundos hacen lo que hacen a la vista de todo el mundo, violando la Constitución, pero cualquier voz que lo señale es una “agresión a Venezuela”.

   Que el país sepa el por qué, exactamente, es que se les condenará a pagar cárcel. Y suerte tienen que estemos en este lado del mundo y que no terminarán como Sadam Husein, Muamar el Gadafi y como pretendían hacerle a Hosni Mubara, en Egipto, quien se salvó por un pelo. Por toda esa gente a la que asesinaron a mansalva, premeditadamente, tan sólo irán a la cárcel, durante las décadas que sumados a sus otros delitos (corrupción, drogas), les harán merecedores, y saldrán ancianos, muy ancianos, para morir desprestigiados como Manuel Noriega. Tal y como está el mundo actualmente, por la manera tan chapucera como actuaron (cometiendo sus abusos, desafueros y crímenes en cadenas televisivas), con ellos se dará un ejemplo internacional en esta parte del mundo. Los Juicios de Núremberg en Latinoamérica. Eso si supo verlo Luisa Ortega Díaz, Fiscal General de la República, demostrándose que inteligente y sagaz es, oficiosa no, pero esa es otra historia.

   Honor a los caídos, esos nombres que cada día se recitan y nos llenan de rabia y dolor, de amargura y tristeza. Pero sus muertes no quedarán impunes, como no quedarán las de la represión de 2014 ni los caídos del 11 de abril, cuando desde puentes y azoteas llovió muerte en el centro de Caracas. El gran responsable ya partió, pero quedan sus cómplices. Ellos pagarán.

EL GOBIERNO Y VENEZUELA, CADA UNO POR SU LADO

Julio César.

MANIFESTANDOSE

mayo 31, 2017

EL MOMENTO ESPERADO CADA TARDE

   En unos y otros, un radar…

   El chico que le mira más atrás, imagen pequeña, delgada, quieta, se dirigía en el subterráneo a visitar a su novia, en casa de sus padres, cuando le vio, seguro de sí, joven y hermosamente agresivo en su masculinidad, quedando tan impresionado que debió quedarse en el vagón y seguirle hasta su destino final, bajando en esa estación y siguiéndole a cierta distancia, incapaz de apartar la mirada, y menos ahora que, llevado por el calor, había hecho aquello con la pecaminosamente ajustada camiseta. Sólo puede mirarle, todo a su alrededor es borroso e incierto, sólo el viril muchacho es real. Un chico voluntarioso, inmune a las miradas que le dirigen otros, admiradas unas, algo censuradoras otras, haciendo lo que quiere cuando quiere. Un macho alfa. Uno que ese chico reconoce como tal, aceptando al fin algo que sospechaba en su naturaleza, que le gustaba los ellos. Que a ese joven, él podía adorarle, amarle y servirle como fuera. Que por una sonrisa de ese Romeo, aunque leve y desdeñosa, pero de reconocimiento, sería capaz de caer de rodillas… para lo que le pidiera o deseara. Esto es algo muy común y corriente, pasa cada día, a cada hora en todas partes. Un chico sale y es golpeado por su realidad. Su verdad.

ENTUSIASTA

Julio Cesar.

SISSYBOY… 10

mayo 31, 2017

SISSYBOY                         … 9

Titulo: Todd’s Bitch

Autor: Victoria <missvictoria6969@yahoo.com>

Traducción: K

   Dulce sissyboy…

……

   -Deja de molestar que estoy cocinando. –con el rostro rojo de vergüenza, el rubio aparta la mirada, mortificándole más escuchar la risa del amigo.

   Y era un gran amigo, lo demostró en la escuela, protegiéndole, como hizo del gilipollas de Brett y sus amigos, todos del equipo de futbol, el grupito de los atletas populares que gobernaban el instituto. A Brett le gustaba burlarse de su pecho delgado, aunque de tetillas un tanto desarrolladas. Eso le acomplejó por un tiempo hasta que Todd le asegurara que no era nada extraño, o malo. Cuando Brett comenzó a insultarle por su pequeño pene, el adolecente negro le retó a pelear, haciéndole retroceder. Desde ese momento amó al chico que le hacía sentir seguro.

   -Joder, perra, fíjate en lo que haces. Ese tocino está humeando otra vez. No quiero ni imaginar qué hiciste con los huevos. ¿Y dónde está mi café? Dámelo, sabes cómo me gusta.

   Suspirando, Brian llena una taza, añadiendo un poco de crema y una cucharita de edulcorante. Al volverse para dárselo, traga en seco. Allí estaba Todd, todo pancho, sentado a la pequeña mesa de cuatro sillas, completamente desnudo (¿no le molestaría en el trasero?), con las piernas muy abiertas. El largo pene se agitaba entre sus pelos gruesos y las bolas que colgaban, como llamándole. Y los ojos del rubio caen sobre él. Casi derrama el café, haciendo reír al otro, que comprende el poder que tenía sobre su amigo más pequeño.

   -Aquí tienes. -con pasos tensos se acercó, dejando la taza sobre la mesa. Aprovechando el momento, Todd levanta una de sus manos grandes y le acaricia una nalga sobre el bikini azul marino de su hermana, clavándole los dedos justo sobre la entrada del culo, casi metiéndole uno de ellos y la suave tela de la pantaleta.- ¡Todd! –jadeó sorprendido, pegando un bote.

   -Vuelve a tu trabajo, perra. –le respondió este, sonriendo, dándole una buena nalgada.- Después alimentaremos tu conejito. –y comenzó a beber de su café, ignorándole.

   Confuso, Brian regresó junto a la estufa. ¿Alimentarle el conejito?, ¿qué quiso decir con eso? Enrojeciendo, la garganta seca, imagina varios escenarios. Por otro lado, ¿hasta cuándo continuaría eso de “perra”? No le agradaba, aunque era difícil mantener un punto de honor mientras estaba usando una pantaleta de Mía, le preparaba el desayuno como si… como si fuera su novia y aún sentía sobre la lengua el extraño sabor de su semen. Pero tenía que saber, así que mientras llena los platos, carraspea.

   -Todd, yo… quisiera saber qué pasó anoche. En serio.

   -Termina de preparar el desayuno, ¡y date prisa, perra! –le silencia con brusquedad.

   Bajando los hombros, el joven termina, ceñudo. Todo estaba listo y se veía, y olía, muy bien; huevos, tocino, pan tostado y algo de mermelada que encontró en la nevera. Cuando se lo sirve, el joven negro sonríe.

   -Se ve bien, perra; te has ganado el derecho a comer conmigo a la mesa. –le concede con una sonrisa de suficiencia, provocándole un parpadeo de confusión.

   Sin responder, Brian va por su plato, y se sentaron allí, a desayunar; uno desnudo, con la verga erecta, el chico rubio todo flácido, su diminuto pene encogido dentro de la pantaleta de Mía. Todd había devorado, con apetito, la mitad del plato cuando comenzó a hablar, cerrándole la garganta a Brian, de puros nervios.

   -¿Recuerdas que te dije que estabas bailando, buscando excitarme con tu enorme trasero blanco? Reías y actuabas como una chica sexy deseando a su hombre; te veía y no podía creerlo. No eras tímido, ni pacato, buscabas calentarme la bragueta, y lo lograste. Ufff, todo fue de lo más caliente. Lo hiciste muy bien, ¿sabes? –calla y le mira con intensión, serio, expectante. Y Brian se confunde más.

   -Si… -es todo lo que se le ocurre decir. Inquietándose al notar la mirada dura del otro.

   -¿Si, qué?

   -¿Hummm?

   -Pregunté ¿si, qué? ¿Si, qué, SISSY? –le grita demandante y Brian se atraganta.

   -¿Si… señor? –jadea, parpadeando aún más al verle relajarse y sonreír leve.

   -Eso está mejor, Brianna. No lo olvides. Así que estabas muy drogada, y riendo, corriste a la habitación de Mía y volviste usando un labial color rosa, ¿lo recuerdas?

   -Yo… Creo que sí, que recuerdo un poco… señor. –dice mirando su plato para escapar del gesto duro que había reaparecido en el rostro de su amigo; levantando los ojos, se ve confuso y suplicante.- Todd, ¿cuándo tiempo tengo que decirte “señor”?

   -Siempre, perra. –las palabras del otro le llegan como un baldazo de agua fría, porque lo decía con certidumbre, como si tratara de explicarle algo que era evidente.- No eres un hombre como yo, Brianna, eres un mariquita, un sissyboy; no tienes pene sino clítoris, en lugar de culo tienes un coño mojado y caliente. Ese es tu lugar, y estas allí para darle placer a chicos como yo; y eso debes recordarlo siempre. –se tiende sobre la mesa y termina, con dureza.- ¡Y cállate mientras tu hombre esté hablándote!

CONTINÚA … 11

Julio César (no es mía).

NOTA: El portal asegura que el chicuelo tiene más de dieciocho, ¿okay?

CONOCE SU GANADO… O A LOS MUY BECERROS

mayo 31, 2017

EMBARAZOSO

   -¡Hey, perras! -saluda entrando al vestuario de la fábrica, sabiendo que pronto la mano de un compañero estará sobándolo, y otro, de rodilla, besándoselo.

VISITAS DE CASA

Julio Cesar.

VIAJE DE TRAGALDABAS

mayo 31, 2017

¿TALENTO OCULTO?

   Hummm, clavar el diente…

   Estoy enganchado con un programa que ya tiene su tiempo, Hawaii 5-0, y esas imágenes, esos paisajes, las cosas que pueden disfrutarse allí son una maravilla para los sentidos. Excepto por los turistas que siempre son atacados por el hampa (en la serie). Hablando de lo bueno que sería pasarse unos días allí me mostraron un boletín informativo advirtiendo sobre el peligro para la salud que era ir al Norte, porque todo el que acampa dos semanas por allá, regresa a su país con un promedio de casi cuatro kilos de más. ¡Uno engorda, ¿qué tal?! Eso me llamó la atención, leí y vi que es por la forma de comer en la tierra de las hamburguesas, esa voluminosa comida chatarra que tanto llena y tan rica que es (ah, queso y tocino). Las enormes porciones de pizzas, los tamaños grandes de malteadas y helados, los bufes tipo “todo lo que pueda comer” (¡camarones!), enloquece a todo el que sabe que tragar es un verdadero placer culpable. Creo, que en estos momentos, los venezolanos podríamos a aceptar ese reto.

EL FRIO EN LA MONTAÑA NUBLADA

Julio César.

UNIFORME

mayo 31, 2017

MENSAJES DE VIERNES POR LA NOCHE

   O lo usan… o los nalguea frente a los otros.

   En tiempos difíciles se trabaja en lo que se puede. Como en ese depósito donde el viejo jefe es particularmente estrafalario sobre lo que deben llevar para atender a los proveedores, a quienes les encantan pasarse por allí, a cada rato, a tomar muchas fotos. Al principio todos creen poder usar eso, pero después de un rato se quejan e intentan irse o cubrirse, era cuando ocurría lo extraño, los otros sujetos le retenían y se lo llevaban al jefe para que lo disciplinara azotándole sobre su regazo. Y después de dos o tres veces, ya no sólo no importaba sino que, riendo, ayudaban a retener al que llegaba nuevo.

BANAS ILUSIONES

Julio César.

¿TODO POR MIRAR?

mayo 31, 2017

   A quién se le ocurre un cuento…

   Un tipo de gran cuerpo, y guapo, se masturba alégreme y despreocupadamente como corresponde a un sujeto así, estallando en esperma, soltándola sobre la mesita del cuarto sin notar que dos tipos miran, ríen y se ocultan mientras sale. Acercándose uno, lame con ganas ese semen, saboreándolo, lo que obviamente les calienta y son pilados en latazos cuando el otro regresa…

   ¿Qué imaginas que pasaba, o qué puede ocurrir a partir de ahí?

UN RUDO MERODEADOR

Julio César.

PREPARADO

mayo 31, 2017

EXASPERACION

   -¿Qué quiere ver mi arma, señor? –ríe pícaro.- ¿Por qué no se sienta y se pone a la altura para evaluarla, tocarla y…?

APRECIO

Julio César.

DEJANDO LA ZONA DE CONFORT

mayo 31, 2017

TIEMPO

   Para amigos y parejas, siempre se buscó la paridad de edad, por experiencias, sarcasmos e ideas, gente que sabía a qué iba. Sin compromisos ni sentimientos de chiquillería a proteger… De pronto llega una linda cara nueva, una dulce boca que sabe a chicle de menta. ¿Alejarse? ¿Exponerse a vivir la ilusión del instante?, creo que vale la pena cerrar los ojos a los egoísmos propios de siempre.

CULPA DE LA COSTUMBRE Y LA RUTINA

Julio César.

EL PEPAZO… 68

mayo 29, 2017

EL PEPAZO                         … 67

De K.

   Listo para enfrentar a cuántos sean…

……

   -¿Temer no aguantar? –cuestiona el negro, fingiendo sorpresa.- Ser delicados ustedes. –sonríe bebiendo, mirándole fijamente, los otros riendo. Jacinto entendiéndolo perfectamente, picándose.

   -Dame eso. –casi la arrebata la botella, probándola y arrugando la cara, aquello parecía alcohol puro con cierto saborizante y aromatizante, y no de los mejores. Se contiene para no toser.

   -Good, good… -Taylor, el más joven, le palmea la espalda, mitad ayudándole, mitad felicitándole por osado, arrebatándole la botella y comenzando otra ronda.

   Ahora Jacinto sólo lo piensa un segundo y bebe. Nada iba a pasar en esa tonta reunión, y Bravo, su compañero, cubriría cualquier contingencia (la señora dando traspiés, ebria), especialmente si le explicaba que defendía el honor de borrachos de los venezolanos. No iban a venir unos gringos  a creer que podían tomar más que ellos. Aunque era un licor fuerte, reconoce, lamiéndose los labios, sintiendo el calorcito extendiéndose en su panza, uno distinto al sufrido antes.

   Como suele ocurrir, el compartir tragos relaja el ambiente, y el forzudo joven se siente menos tenso entre los marines, que inician relatos sobre licores y celebres borracheras, entre carcajadas. Jacinto, dos tragos más tarde, demasiado rápido para su sistema (sobre todo con esa gasolina que los otros llamaban dulce licor de Kentucky), comparte también sus experiencias. Con cierta sonrisa tonta piensa que, bajo las capas, todos son más o menos lo mismo en todas partes. Pasan a hablar de algunas misiones, allí no puede competir; como escolta privado, no puede ni imaginar las experiencias que han vivido esos militares, así que oye, sonriendo en silencio. Pero, después…

   Hablan de ejercicios y rutinas, notando que esos sujetos le dedican su tiempo al cuidado de sus cuerpos, a las rutinas en gimnasios, que bien podría ser por una profesión que les obligaba a responder físicamente en cualquier momento, pero también se sentía algo de vanidad en el tono. Fue cuando los tres se volvieron a mirarle fijamente, le pareció, algo turulato por el dulce licor de Kentucky (así lo pensó), encontrando reconocimiento y admiración en esos ojos fijos sobre su cuerpo. Quieren saber qué rutinas lleva, el tipo de alimentación, si usa suplementos. Y compiten…

   White, el sujeto de color, sonriendo pomposo, flexiona un brazo, ladeando su cuerpo, el bíceps es una montaña de venosos músculos negros, cuyo globo parece que hará estallar la manga de la camisa manga cortas que lleva. Smith (tendiéndole la botella a Jacinto, sin tomar), y Taylor silban ante esa demostración física, retando al criollo. Este, después de beber, mejillas rojas, sintiéndose algo embotado y oyendo la música como a lo lejos, imita el gesto, la pose y la flexión, y aún bajo el saco, la vaina se le ve impresionante. Lo sabe, disfrutándolo, por los gestos de sorpresa de los tres, y por las miradas que cruzan entre ellos.

   -No seguro, no seguro… -gruñe Taylor, dudando de la evidencia visual, la botella en la mano, sin beber.- Suit… -se atraganta con el idioma.- Traje fuera…

   Picado, y obviamente medio inconsciente de lo que hace, un ceñudo aunque arrogante Jacinto abre el saco y con toda la dificultad del mundo lo retira de ese cuerpo que parecía ir creciéndole día a día, endureciendo, marcándosele. Bajo la tela de la camisa, músculos poderosos se agitan y reconoce la real admiración de los sujetos, gustándole eso. Flexiona un brazo, mirándose el bíceps, sintiendo la gran tensión de la tela sobre su cuerpo, así como el pantalón; sonríe leve, seguro como está que demostró tener mejor bíceps que el marine negro. Ignorando que sí, que aunque le miran el brazo, son los pectorales de graníticas tetillas que empujan la tela, los muslos donde la tela gris parece una segunda piel, y el trasero, redondo, alzado, donde caen esas miradas codiciosas de sujetos que cazan en manada, algo que siempre excita a los hombres.

   -Cuidado, shirt… camisa. –advierte White, después de una leve indicación de Smith, quien recorre los iluminados jardines, solitarios. Seguramente ya había comenzado la charla literaria y todos estarían escuchando, fascinados unos, fingiéndolo otros. El marine entiende, y desabotona la blanca camisa, quedándose con una camisetica que parecía imposible que hubiera logrado abrirse lo suficiente para abarcar ese recio torso de anchos hombros, hay un tatuaje en uno de sus bíceps, la plateada cadena con las chapas de identificación destaca en su cuello.- Look… -reta a Jacinto, sonriendo al encontrar la mirada algo nublada del chico, quien toma otro trago (como si no notara que hace), cuando Taylor, riendo con cierto tono de ratica, le tiende la botella. Y flexiona los brazos, dándole la espalda. Esta, los hombros y bíceps abultan de manera visible, una montaña oscura de músculos destacándose mientras los dos colegas aplauden, como si pensaran que habían demostrado el punto, el marine se veía mejor.

   Todavía chasqueando en su lengua los restos del licor, picado y mareado, Jacinto desabotona su camisa, tres pares de ojos ávidos caen sobre lo que va descubriendo; quedándose con una camiseta azul que apenas le contiene, comenzando por los pectorales redondos, duros como rocas, muy bien esculpidos y que parecían esperar manos que tocaran, acariciaran y adoraran.

   -Vean y sufran, perras. –farfulla, la lengua algo enredada, dándoles las espalda, tensando los muslos bajo el pantalón, flexionando los brazos, dedos abiertos señalando hacia su nuca, la posición clásica del culturista, y es realmente un gran espectáculo, pero no tanto como cuando…

   ¡Crash!, el sonido es confuso, apagado, desconcertante por un momento, nadie sabiendo exactamente qué fue… Hasta que la costura central del pantalón de Jacinto se separa, prácticamente de arriba abajo empujada por las nalgas. Y mientras el forzudo joven enrojece a morir, entendiendo qué pasó, tres pares de ojos, sorprendidos y ávidos, se clavan como dardos en esa tela que se separa dejando ver unas nalgas redondas, plenas, lisas, extrañamente abiertas… y un pequeño y sedoso triangulo de tela, un hilo dental, que naciendo un poco más arriba se pierde entre ellas, apenas cubriendo el ojete de labios firmes de ese apetitoso culo masculino.

CONTINÚA … 69

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

LOS CONTROLADORES… 42

mayo 27, 2017

LOS CONTROLADORES                         … 41

   Y llegan con las bolsas llenas.

……

   -Lo tienes caliente, ¿verdad, putico? Este culo huele a necesitado… -le gruñe el hombre con un vozarrón, realmente excitado. Le gustaban los chicos, lo sabía de siempre, aunque pocos de sus conocidos estuvieran enterados de eso, menos su familia  o su mujer, pero salir y recoger á uno en una vía, tener un culito como ese en sus manos…

   Matías no responde, no puede, la ruda caricia le roba la calma, la capacidad de pensar; la nalgada le hace gemir de gusto. Cuando la mano alza el látex y entra, la palma callosa y caliente recorriéndole sobre el bikini, jadea más. Era tan rico que un hombre le manoseara así que… Sus gemidos, largos, intensos, putos, son interrumpido por la mano que cae sobre sus labios, el dedo que apunta y… lo cubre, tragándolo ansioso, chupándolo, lamiéndolo, oyendo reír al hombre a sus espaladas, cuyos otros dedos estaban hundiéndose entre sus nalgas, metiéndole la tela del bikini. El roce sobre su raja le tenía…

   -Se los dije, amigos, está caliente como puta universitaria. –el sujeto ruge hacia la entrada.- Quiere güevo, muchos güevos, y hay que dárselos…

   Y aún chupando de aquel dedo, de manera entregada y mórbida que excitaría aún a su propio padre en esa situación, volviendo el rostro, Matías ve en la entrada a otros dos carajos, muy parecido al primero… El culo le late con fuerza, le arde, siente que se le moja y casi desea menearlo, refregárselo con algo. Y ese sujeto, riendo, lo nota, apartando un poco el bikini, gestos visibles de sus dedos contra el látex, metiéndole uno por el apretado agujero, que el joven recibe tensándose y con un gemido de gloria. Si, quería güevos…

……

   Se propaga, aumenta, transforma…

   ¡No, no… no! La mente de Tony Moncada se resiste, lucha contra algo que sabe no está bien, o que no era lo que perseguía o deseaba, que le controlaba, pero no podía detenerlo. La rabia contra Rubén Santana, por los celos sufridos al verlo con la novia, la ira al entender que buscaba algo que sabía no podía ser (que el otro le quisiera porque lo deseara, no porque le controlaba, ¿se podía ser más patético?), le habían hecho descartar más de una línea de actuación, pero ahora… En su mente sólo hay una idea, y sólo una, poderosa, intensa. Terrible: destrúyelo. Conviértelo en basura despreciable a sus propios ojos. Para siempre. Que no tenga oportunidad de escapar de lo que vas a hacerle… convertirle en una puta siempre necesitada de hombres… De manera irreversible.

   Le había tomado de la mano en la sala, casi halándole hacia su habitación, indiferente a que su madre aún estuviera por allí (era su madre, ¿verdad?, la confusión le dominaba en esos momentos), encarándole allí, viéndole los ojos brillantes de confusión, expectativas, excitación y miedo. Parecía que también Rubén captaba que otra cosa estaba ocurriendo. Y así era. Una vez en el dormitorio le suelta, aunque queda muy cerca de él, invadiendo su espacio, sabiendo que el otro era totalmente consciente de su presencia, su calor, su olor, y que eso le llevaba a estremecerse con una lujuria que no conocía limites, ni igual, en su joven vida. Estaba alterándole totalmente, y el muchacho no puede resistirse. O no quiere. Es lo que desea imaginar, en una parte profunda de su mente, una donde ya no tenía control ni siquiera él, que era un controlador.

   Rubén acerca el rostro, ojos brillantes, labios rojos, e intenta besarle, pero, cruel, sintiéndose bien siéndolo, evade el gesto una y otra vez, frustrándole, casi haciéndole gemir.

   -Lo quieres mucho, ¿verdad? Besarme, saborearme como el maricón que eres. –casi le escupe al rostro, humillándole, recordando las muchas agresiones de las que fue víctima en el pasado a manos de ese muchacho. Nota como sus ojos se nublan de pesar, de frustración y angustia, temiendo ser rechazado. Lo tenía donde lo quería, y sin embargo…

   Llevado por una rabia que no entendía, una casi violenta, le rodea el cuello y lo besa de manera procaz, metiéndole la lengua casi hasta la garganta, ahogando sus gemidos de entrega. Y mientras le besa así, de manera total, sus lenguas encontrándose y comenzando un fuego intenso que los consume, uno que anula totalmente la voluntad del joven, baja las manos hacia sus nalgas firmes, duras, estremeciéndose de poder al hacerlo, tocar así al antiguo enemigo al que debe controlar… destruir. Amasarle el trasero provoca que Rubén lance nuevos gemidos ahogados. Y apartando lentamente la boca de la del joven, un hilillo de espesa saliva tendiéndose entre ambas bocas antes de romperse, sus lenguas aún notándose, sus respiraciones agitadas bañando de uno al otro, le mira con posesividad.

   -Eres mi puta, Rubén. –le dice ronco, burlón y categórico, sintiéndose increíblemente caliente y bien de hacerlo, de tratar así al otro, quien jadea, rojo de cachetes.- Dilo…

   -Soy tu puta. –es automático, con un parpadeo de sorpresa, sonriendo luego, como si eso fuera correcto, como si admitirlo para sí mismo estuviera bien. Claro, ¡era su puta!

   -Quiero ver tus tetas. –le ordena sin quitarle los ojos de encima, erizándose de morbo al ver un brillo de picardía, coquetería y entrega en las pupilas del antiguo acosa maricas.

   Sonriendo de una manera extraña, jadeando casi como porrista de película porno frente a tres atletas desnudos en un vestuario, Rubén le obedece, lentamente quitándose la ajustada franela, dejando ver la flexión de sus brazos, el tensar de su torso, dejando al descubierto su abdomen plano y recio, quitándosela finalmente. Exhibiéndose frente al objeto de su deseo. Tony clava los ojos en esos pectorales jóvenes, en aquellas tetillas marrones claras, erguidas, desafiantes, y lleva las manos allí, con la punta de los dedos recorre la firme piel del otro chico.

   -Hummm… -este deja escapar un gemido, intensificándose ese brillo en sus ojos, ese gesto de excitación. El joven y entusiasta güevo abultando escandalosamente contra el apretado jeans, hacia la derecha. Esas manos tocándole le parecía eléctricas, calientes y…

   -¿Te gusta que juegue con tus tetas, puta? –le pregunta, torcido, porque tiene que ser malo, y flexionando los índices, bajo las tetillas, las aprieta con los pulgares.

   -Ahhh… -el grito ronco de lujuria que lanza Rubén le eriza la piel y le pone más cachondo aún; apretándole y halándole continúa haciéndole gemir.

   -¿Te gusta?, ¿te gusta?, ¿te gusta esto? –le pregunta mientras hala y suelta, mientras aprieta y afloja, duro, siendo recibido cada manoseo con otro gemido. Clava los ojos en esos pectorales, ahora rozándolos, acariciándolos suavemente con los pulgares e índices de manera semi circular, de derecha a izquierda, luego al contario. Rubén gime, pero eso no le interesa ahora. No. Mira el cambio… Aquellos pequeños pezones masculinos, de muchacho, parecen crecer, ser un poco más largos, más gruesos, más rosáceos. Y mientras cambian, y los manipula, más chilla Rubén, como si no pudiera controlarse, como si le tocara botones que lo encendían sin poder evitarlo.

   Soltando uno de los pezones, sintiéndose perverso, terriblemente malvado, Tony medio inclina el cuerpo, su nariz baña de cálido aliento ese torso, y Rubén lo siente, sus labios se abren y cubren ese nuevo pezón, y al cerrarlos sobre él (si, era más largo), de la boca del otro escapan verdaderos griticos de puta, casi parece convulsionarse de tanta emoción. Succiona hambrientamente de aquella tetilla porque le gusta, y porque sabe que le altera; los ruidos llenan el cuarto, descontrolándole más. Luego va a la otra, y repite la dosis. Casi teniendo que rodearle con los brazos para que no caiga, por la debilidad en las rodillas que le provocaba aquella atención a “sus tetas”. Y mientras succiona, de una a otra, chupando, lengüeteando, mordiendo, las manos, palmas abiertas, vuelven a ese trasero firme. Lo quiere más grande, llamativo, que todos notaran lo culón que era… Exhibirlo, lo llevaría a la piscina del liceo, con un hilo dental, todos admirando sus tetas, su culo… con una verga algo reducida. Lo quiere culón, tetón, chillón… lo quiere feminizar. Que sea un chico-nena de manera permanente.

……

   Gabriel Rojas, ceñudo, presentía que algo serio ocurría, mucha gente dentro de la pequeña productora de porno parecía agitada. Se había dado la orden de movilizar cientos de cajas con algunas de las películas, cosa que de por sí le inquietaba, a él, cuya única moral estaba basaba en aquello que le servía o no en un momento dado. Sabe que esos videos tenían algo… peligroso. Lo otro, inquietante, era la mirada aturdida de tantos en los pasillos, parecían idos, como esperando que alguien les dijera que tenían que respirar, moverse, hablar. Parecían estar escuchando, sintiendo u oliendo algo que no podía detectar. Botando aire, se pregunta si no debería llamar a la policía y detener esos embarques que llenarían la gran Caracas con esos DVDs, y al resto del país. Pero su trabajo era encontrar a ese chico, Leonardo Pompa, el nieto de la amiga de su cliente, al que, aunque ya le había visto dos veces, no había podido acercársele. Su trabajo no era involucrar a las autoridades en nada de aquello, ¿y si el nombre del chico marica salía a relucir en algún asunto turbio? Bueno, más turbio que esos videos de mierda no se podía, o era difícil imaginarlo, pero aún así…

   Eso, un mal menor dentro de uno mayor, era calibrado según su moral, su ética utilitaria. Sentía ganas de… lanzar una bomba a esos depósitos, acabar con las películas, los sonidos, el curioso hechizo de fascinación que despertaban (aún en él), pero su deber era para con una sola persona, el resto tendría que esperar.

   -¡Hey! –pega un bote al escuchar la voz  sus espaldas, y sentir una mano firme caer sobre su hombro derecho. Con disimulo, para fisgonear, había entrado a uno de los depósitos, que también servía de set por momentos, ahora lleno de cajas y cajas con DVDs, con mucha gente trabajando en llenar las camionetas de distribución, personas a las que no reconoce, seguramente eventuales para dicha tarea. Fingía tomar café del termo que tenían allí (uno que estaba horriblemente malo), y le habían pillado. Volviéndose se encuentra con la persona que más ha evitado desde que está allí, Liam Bartok, el curiosamente guapo hombre ante quienes otros parecían derretirse como mantequilla frente a una flama. El sujeto estaba allí, cerca, viéndose increíblemente bien, oliendo sabroso, enfocándole con esos ojos como espejos de plata pulida donde sería fácil perderse, o uno se perdería de gratis.- ¿Qué diablos haces aquí? –demanda saber este, lleno de sospechas.

   Y Gabriel lo siente, una oleada fría que le llega, rodeándole, envolviéndole… peligrosa. Ese hermoso hombre era peligroso, le gritó una voz en la cabeza, alarmándole.

CONTINÚA … 43

Julio César.