DE HOMÓFOBO A PUTO… 12

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 11

Por Sergio.

Claudio ha escuchado recién dichas las palabras de Rodrigo, pero contrariamente a detenerse y hablar, empieza a deslizar su verga suave y sensualmente cada vez más dentro del recto de Rodrigo, quien vuelve a sorprenderse por las novedosas sensaciones de placer. Aún así, insiste en desistir, pero Claudio lo tiene cada vez más ensartado… y cada vez más excitado.

– ¡Te estoy hablando! – se rebela Rodrigo.

– Perdón, ¿dijiste algo? – finge Claudio.

– ¡He dicho que me la saques!

Claudio se queda sin palabras y sin saber qué hacer. Una cosa es segura: no va a abandonar el culo del muchacho sin llenárselo de leche y sin hacerlo expulsar la suya propia. Estaba determinado en hacer de Rodrigo su amante y, aunque innegable que ha cruzado un largo trayecto del camino, aún parece haber dificultades.

– ¿¡Por qué no me la has sacado!? – se impacienta Rodrigo.

Es un momento de crisis. Haber tomado a Rodrigo contra su voluntad había sido fácil. Él sólo podía resignarse y ni siquiera sabía quién lo había secuestrado y sometido; pero tenerlo estando él totalmente consciente requería derribar barreras psicológicas, muy arraigadas en su sistema de creencias, que nada más había suavizado marginalmente con el asunto del “tratamiento” de la disfunción eréctil y, ahora, la revisión médica. Sin duda alguna, la limitada formación en el terreno de la Psicología que incluía su carrera universitaria había ayudado mucho a dicho propósito, pero ahora estaba en una encrucijada para la cual no estaba preparado y en la cual cualquier movimiento en falso podía costarle toda la relación con Rodrigo y su familia e, incluso, su reputación como médico.

– Perdóname, Rodrigo… sinceramente no sé qué nos pasó… – intenta conmoverlo.

Ahora es Rodrigo quien no sabe qué decir, pero es visible cómo su desesperación ha disminuido. Mientras tanto, Claudio, sin tocarse y sin sacar su pene, hace que éste varíe sus niveles de  erección, sintiendo Rodrigo cómo se mueve y toca su ano, lo cual vuelve a excitarlo. Su propia verga, cuya erección se había apagado en el momento en que “recobró la conciencia”, estaba nuevamente intensificando su erección.

– Mira, esto es nuevo para mí… – continúa Claudio – nunca se me ha cruzado por la cabeza siquiera la idea de tener sexo con otro hombre, pero hoy… ¿cómo decirlo?… tú me encendiste.

– Esto no está bien… no sólo eres un hombre, eres el novio de mi mamá. – dice finalmente Rodrigo tras un silencio de medio minuto.

– ¿Pero te ha gustado? – cuestiona Claudio.

– ¿¡Qué!? – pregunta con indignación.

– Que si te ha gustado… –responde con firmeza y cinismo.

– Te escuché perfectamente. Eso es algo que no te voy a responder.

– ¿Por qué no?

– ¡Porque eso no importa!

– Entonces sí te gustó.

– ¿¡QUÉ DEMONIOS TE PASA, CLAUDIO!? –le grita.

– ¿¡QUÉ DEMONIOS TE PASA A TI!? –Le devuelve la airada pregunta– ¡ME PIDES QUE VENGA PARA CALENTARME Y, AHORA QUE ESTAMOS EN EL ACTO, TE ARREPIENTES!

– ¿¡DE QUÉ ESTÁS HABLANDO!? ¿¡Querer calentarte yo a ti, de qué estás hablando!? ¡Yo no soy gay, soy un macho!

– No eres gay, pero me llamas y me recibes desnudo. Me muestras que uno de tus juguetes se te ha quedado atorado en el ano y me pides que te lo saque para que después te meta otra cosa…

– ¡ASÍ NO PASARON LAS COSAS!

– ¡TÚ ME BESASTE Y ME LA CHUPASTE SIN QUE YO TE LO PIDIERA! ¡YO NO TE OBLIGUÉ!

Tras decir esto, Claudio calla proporcionando un incómodo silencio en la conversación que Rodrigo tendrá que romper; y al romperlo, su opinión, probablemente novedosa tras los fortísimos eventos recientes en su vida, saldría a relucir con honestidad. Rodrigo está desarmado de argumentos: no puede negar que fue él quien lo besó, quien lo llamó y quien se desnudó. No puede acusar a Claudio de haber propiciado los acontecimientos si fue él quien dio el primer paso. No puede negar que le gusta sentir su polla en el culo… Bueno, eso sí puede (y debe) negarlo, pero él es el primero en saber que es una mentira.

– Sácamela, por favor. – dice Rodrigo queriendo evadir la situación.

– ¿Estás seguro que es lo que quieres?

– ¡CLARO QUE ESTOY SEGURO!

– Tú dices eso; pero tu cuerpo, otra cosa.

– ¡Estoy empezando a pensar que eres tú quiere que sigamos con esto! – cuestiona.

– No voy a mentirte, Rodrigo. Cuando este día empezó, jamás esperé vivir esto, pero ¡me encanta lo que estoy sintiendo! – revela mientras empieza a realizar un movimiento de meter y sacar su verga dentro de las entrañas de Rodrigo.

– ¡NO TE MUEVAS ASÍ DENTRO DE MÍ!

– A mí no me engañas, Rodrigo. ¡Yo sé que a ti te encanta esto! – dice sin interrumpir sus movimientos.

– ¿¡De qué estás hablando!? ¡Tú estás mal!

– Yo soy el médico aquí. ¿Recuerdas? El cuerpo no miente y el tuyo me dice que tú ya has tenido a otros hombres así como me tienes a mí en este momento…

– ¡CÁLLATE! – exclama mientras intenta levantarse, pero Claudio lo detiene sin necesitar ejercer mucha fuerza.

Rodrigo, por alguna razón, no se esfuerza lo suficiente para interrumpir lo que está sucediendo. Claudio no se está cogiendo a alguien indefenso o débil, sino a un hombre fuerte, sano y joven que podría perfectamente ponerse de pie, golpearlo y salir corriendo. De hecho, eso es exactamente lo que Rodrigo habría hecho si la situación de no estar inmovilizado se hubiera presentado durante su cautiverio. Ahora, por alguna razón, las cosas habían cambiado y Claudio, que alegremente lo notaba, continúa empeñándose en convencer a Rodrigo sobre su nueva sexualidad.

– La verdad es que no puedo culparte ni a ti ni a ellos. Tú, un hombrecito tan fuerte, tan joven, tan guapo y con este culito que es una tentación para cualquier hombre, mujer, ser humano en general. – dice mientras manosea sensualmente las voluptuosas nalgas del musculoso joven.

Rodrigo ya no dice nada. Simplemente se queda observando los ojos de Claudio, quien sin soltarlo, empieza también a besarlo lenta y tiernamente. Rodrigo, una vez más, se deja llevar y las manos de Claudio alternan entre las nalgas y la espalda del muchacho. Había sido un gran acierto apelar a uno de los principales talones de Aquiles de Rodrigo: su vanidad.

Claudio también observa al hermoso joven al que finalmente tenía atravesado sin tener que forzarlo. Gentilmente, volvía a moverse dentro de Rodrigo, quien simplemente disfrutaba las cada vez mayores embestidas. La verga de Claudio golpeaba la próstata de Rodrigo una y otra vez, cada vez más fuerte que la anterior.

Claudio penetraba fuerte y rápidamente a Rodrigo, cada uno disfrutando ya sin inhibiciones, gimiendo e intercambiando besos. Mientras ambos hombres se fundían en de esos besos,  Claudio le dice a Rodrigo “estas nalgas nacieron para ser penetradas” mientras lo mira muy fijamente, penetrando estas palabras de forma hipnótica en la mente de Rodrigo, tal como el pene de Claudio penetraba su anillo, que pronto se ve inundado de semen.

Casi el mismo tiempo, el abdomen de Claudio también se llena del semen. Ambos hombres continúan besándose, sin Rodrigo entender muy bien porqué. Inesperadamente para Claudio, Rodrigo lo empuja con fuerza, haciendo que su verga saliera automáticamente de su ano. Claudio, impactado por el cambio de actitud tan inmediato, se queda callado al desconocer por qué Rodrigo actúa así.

– ¡LARGO! – exige Rodrigo.

– ¿¡Pero qué te pasa!? – exclama con genuina angustia.

– ¡LARGO DE MI CASA! – ignora su pregunta.

Claudio intenta acercarse a Rodrigo una última vez hasta que éste amenaza con golpearlo y se ve obligado a salir corriendo de la casa. Rodrigo cierra la puerta con llave y corre al baño para darse una segunda ducha. En 48 horas, había conocido la esclavitud sexual, de la cual ahora es libre, pero su vida había cambiado para siempre. Se sentía sucio e indigno, pero no podía ignorar que físicamente se sentía mejor al ya no sentir ardor en su culo y poder caminar con normalidad.

Un relajante baño de más de media hora le permite a Rodrigo relajarse. Antes de salir, busca una toalla para secarse y, al hacerlo, su mirada vuelve a fijarse en el espejo. Sin proponérselo, volvía a disfrutar de ver su reflejo, guapo y triunfador. Entonces tiene la sensación de que en realidad nada tiene porqué cambiar. Sus secretos serían sus secretos y él seguiría siendo el mismo ganador de siempre porque, a pesar de lo ocurrido, Rodrigo sabe que nadie puede arrebatarle la persona, el hombre que es.

La curiosidad lo hizo preguntarse cómo su agujero sentiría sus propios dedos después de todas las cogidas que había recibido en las últimas 48 horas. Es el primer pensamiento con humor que ha tenido desde el rapto. Sintiéndose un poco atrevido al estar solo en su intimidad, Rodrigo empieza a enterrarse el dedo.

Antes del rapto, disfrutaba mucho dedearse, claro, sin nunca olvidar que había llegado a aquello por la sugerencia médica de Claudio. A pesar de su no buscada incursión en el sexo anal, su ano se cerraba entre sus dedos de la forma acostumbrada. “No es nada de putos si soy yo quien se toca” razona Rodrigo y el autoexamen anal para el recuento de daños se convierte en un uno de sus masajes prostáticos a los que ya se estaba acostumbrando.

A pesar de que la manipulación de su ano podría recordarle directamente las horribles experiencias que tuvo en el cautiverio, le seguía resultando muy agradable masturbarse analmente. Le alivia saber que, a largo plazo, no iba a ser un problema para él si no lograba olvidar para siempre estas vivencias. Todo estaría bien, mientras su secreto se mantenga secreto… y mientras sus excaptores no regresaran. Entonces es cuando Rodrigo piensa “tengo que descubrir quiénes son mis violadores”.

Claudio no podía entender por qué Rodrigo lo había tratado de forma tan agresiva inmediatamente después de haber copulado y haberse besado, pero distinguía cuatro posibilidades: 1.Por su natural resistencia a la homosexualidad, 2.Por haber deducido que todo el asunto del tratamiento a su disfunción eréctil había sido una trampa, 3.Rodrigo lo había reconocido como uno de sus captores  y 4.Todas las anteriores. La opción más aterradora era, por lejos, la número 3. Sea cual sea la opción verdadera, sabe que el próximo encuentro con Rodrigo será muy incómodo.

No obstante, la verdadera opción que motivó que Rodrigo empujara a Claudio es una que éste jamás consideró: cuando estaban dándose el beso final, Rodrigo creyó ver la puerta de la sala abrirse y que alguien había entrado. No obstante, al volver a ver la puerta tras haber empujado a Claudio, ésta estaba cerrada y no parecía que nadie se hubiese siquiera asomado ahí. Rodrigo atribuye esta visión a la casi paranoica preocupación que tiene alguien, antes o después de estar realizando algo prohibido, sobre ser descubierto.

Para Rodrigo, esto ha sido lo más infame que ha realizado en toda su vida por ser un acto así de prohibido, para un machito como él, y por haberlo ejecutado con el novio de su madre, lo cual lo volvía más condenable todavía. No es extraño tampoco que la visión que tuvo le recuerde al sueño en el que estaba cogiendo con Claudio en su clínica y eran sorprendidos por muchos conocidos. En ambas ocasiones, se sintió muy real el sonido de la puerta abriéndose, al igual que el sentido de la vergüenza y la humillación.

Mientras conduce su automóvil Claudio en dirección hacia el cine, su celular sonando muestra “¡5 llamadas perdidas!” mientras suena la sexta, todas procedentes de Lucía. Mira la hora y se da cuenta que la película debe ir por la mitad en ese momento y que Lucía debía estar muy molesta. Decide no contestar y sorprenderla con un fino arreglo de flores que pasará comprando en una tienda cercana. Definitivamente, no es ése el problema que le preocupa.

– ¡HASTA QUE POR FIN LLEGAS! – saluda Lucía a su apenado novio.

– Perdona, mi amor, pero tuve problemas en la clínica y tuve que quedarme más tiempo. – exclama con genuina angustia.

– ¡Dos horas! Pero bueno, así es la vida con los médicos… – se calma.

– Perdóname, no quise hacerte esperar.

– Si yo te perdono, pero me tienes que compensar. Jeje

– Es el precio de tener un trabajo tan sacrificado…

– Y de ser un doctor tan cotizado. Jeje Pero no te preocupes que yo no soy como tu exesposa que no supo entenderlo.

– Pero tuvo su lado bueno el divorcio fíjate: sin él, no estaría ahora contigo y a ti te amo más de lo que la amé ella. Jeje

– Awww, ¡qué lindo y qué malo eres! Jeje

Después de la película, la pareja iría a cenar, a bailar y seguramente terminarían la fiesta a puerta cerrada. A pesar de genuinamente disfrutar de la compañía de Lucía, Claudio no podía relajarse, pues el pensamiento acerca de las posibilidades insistía en torturarlo. Por su parte, habiendo caído la noche en un día tan anormal, Rodrigo, ya sintiéndose mejor, decide volver a dormir y reiniciar su vida mañana. Seguramente no lo haría tan tranquilo de haber sabido que en realidad ese sonido de puerta abriéndose o la percepción de alguien entrando y viéndolos no fueron alucinaciones visuales ni tampoco su imaginación.

CONTINUARÁ … 13

Julio César (no es mío).

NOTA: ¿El tío sorprendido en su cama?, no, la imagen no la envió Sergio. Por alguna razón no me llegó la que suele enviar, muy acorde con la historia. Lo siento, amigo.

4 comentarios to “DE HOMÓFOBO A PUTO… 12”

  1. Sergio Says:

    Me parece EXCELENTE esa imagen. Je

    • jcqt1213 Says:

      Gracias, andaba perdido y no había comentado. Fue toda una locura de calenturas lo que el zángano del Claudio le hace a nuestro pobre héroe, Rodrigo, quien discute… mientras lo tienen clavado. Y no sólo no se la sacan, sino que no escapa. Disfruté todo el morbo, pero debo confesar que fue la parte final, alguien moviéndose en su cuarto, lo que despierta toda mi imaginación. ¿Acaso se volverá más tormentoso el relato con el hermanito? No, no lo adelantes…

  2. Alex Says:

    Ese Rodigro termino siendo un abre facil, le entra y le sale super rápido mmm ♥

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