SALIDA

DECISIONES

   Le hizo caso a su mamá y ahora…

   Cansado de escuchar a sus padres criticándole porque vivía encerrado en su cuarto (viendo porno, ellos bien que lo sabían), decidió hacerle caso a su mamá y salir a dar un paseo por los alrededores del parque. Esencialmente para quitárselos de encima, para dejar de escucharles y para dar rienda suelta a su amarga inconformidad… Hasta que vio a los guapos chicos trotar en ajustadas camisetas y cortos shorts, todo bañados de sudor, jadeando al pasar a su lado. Sus traseros desafiantes eran como imanes de los que no podía apartar la mirada. Todavía recuerda al que se detuvo cerca de él, totalmente mojado, alzando un pie sobre un tocón y balanceando el peso de su cuerpo, sus miradas encontrándose. Los “hey”, intercambiados, y la pregunta que cambió su vida, “oye, ¿no te gustaría mamármelo?”. Así, de sopetón, desconcertándole, dejándole abrumado por algo tan diferente a su vida recluida y tímida de pajas solitarias sobre su cama. “¡Si!”, graznó.

   La sonrisa del otro le erizó, y de rodillas encontró su camino, frotando la cara de la sudada entrepiernas, el tolete alzado emocionándole, uno que lamió y chupó ávidamente; Dios, tan cliente y salado, tan pulsante y maravilloso. Pronto su culo estuvo perforado, entre jadeos, siendo pillados por uno o dos que pasaron. Volvió a su casa trastornado, pasando una noche de miedos y calenturas, regresando al parque al otro día, domingo por la tarde. Otro paseo, otro chico que disfruta de su boca y de su apretado agujero. Ahora, sábados y domingos, desde el medio día, los pasa en el parque, encontrándose con uno y otro que ya le conocen, y le guiñan un ojo para que les siga y luego los goza, entre profundas mamadas y con las haladas y apretadas que su culo les daba. Encontraba amigos nuevos y a veces era abordado por dos, uno conocido y otro que había oído cuentos, y en cuatro patas encontraba la gloria en medio de la comunión con la naturaleza. Les escuchaba gruñirle cosas mientras le daban duro con sus toletes, a veces insultos calientes que le hacían hervir la sangre, obligándole a moverse como un campeón.

   Y todo comenzó por dejar su zona de confort, salir de su cuarto y comenzar a conocer gente en el mundo real.

Julio César.

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