VENEZUELA CONVULSA

REPRESION DEL GOBIERNO, UN MAL REMEDIO

   El pasado fin de semana, en este país, fue rico en acontecimientos; fuimos de lo bueno a lo malo, pasamos de lo puramente ilusorio a lo real, de lo irritante y frustrante al frío consuelo del que odia tanto.

   Después de montar la cómica que sacar de sus casas a Antonio Ledezma y a Leopoldo López, el Gobierno tuvo que regresarlos, aún sabiendo que sus familias no callarán y que seguirán luchando. La arbitraria e ilegal medida de secuestrarles, fuera de irritar a los venezolanos y angustiar a sus familias, puso aún más por el piso la imagen del régimen (militares deteniendo gente enviada a sus casas por jueces civiles, ¿qué tal?), potenció el mensaje que Ledezma enviaba al país, y fortaleció a Leopoldo, a quien tantos habla paja habían señalado de “pactar” con sus perseguidores. Para que se vea que no todos los necios están de un bando, dato a tomar en cuenta, siempre, para cualquier ecuación.

   Esa fue una buena noticia, causó algo de alivio por la suerte de ellos, como aún se teme por tantos y tantos detenidos. La policía y la guardia nacional arrestan a decenas y decenas de venezolanos en cada manifestación, pero jamás a uno de los asesinos; a esos no los detienen ni por error, ni los presentan frente al país, por televisión, corroborados por las miles de grabaciones que se tiene de cada muerte. Qué raro, ¿verdad? Bien, recuerdo que al llamar a mamá, y comentárselo, para tranquilizarla por todas las bolas que corrían el domingo, lo de Leopoldo, ella exclamó que gracias a Dios, porque “ya bastante ha sufrido ese muchacho”. Y con todo el tiempo y el dinero que el régimen ha gastado e intentar presentarlo frente al país como un monstruo. Para eso sirvieron las necedades de unos gorilas uniformados que imaginan pueden intimidar a todo un país para escapar del castigo a sus delitos, para quedar como imbéciles y potenciar a los perseguidos.

   Lo malo, irritante e ilusorio fue la toma del Palacio Legislativo para instalar una Asamblea Nacional Constituyente (mejor conocida en la calle como la Prostituyente) que fue rechazada por el ochenta y ocho por ciento del país, que aunque deja bien mal parado al régimen, apartándolo de toda legalidad (e imposibilitándole todo ñemeo económico en la manera de acuerdos), les era necesario para modificar la Constitución vigente por mecanismos ajenos a ella, inventarse leyes y legalizar la represión. Si el estado de derecho, si la ley estorba, entonces se cambia el marco de convivencia nacional, aunque eso signifique dar un golpe de estado y romper el hilo democrático, punto. Claro, el ochenta y ocho por ciento sabe que eso no pondrá un sólo plato de granos en la mesa de nadie (la harina rusa que vienen anunciando hace casi un año nunca aparece), porque el régimen no tiene ni puta idea de cómo revertir el daño que hizo en dieciocho años de corrupción e incompetencia, esta ruina que está matando de hambre al país, empujándolo a una rabia irracional que terminará estallando contra sus creadores. Pero ellos imaginan que algo están ganando, que con “instituciones” que nadie reconoce, están “resolviendo” algo. Fantasías de dementes o alucinaciones de adictos.

   Lo real era que mientras perdían el tiempo en esa paja, con cuatro locos gritando consignas sin mostrar tomas abiertas por televisión, se declaraba un alerta por las lluvias en Ciudad Bolívar, por el nivel del agua en la represa del Guri, construida en la era democrática, y menos mal, porque con lo hábiles que resultaron los socialista, de haberles tocado, ni la electricidad la conoceríamos. Sobre este peligro de desborde, los expertos lo alertaron hace rato, pero nada se hizo, como nunca se hace nada que no sea robar plata o hablar paja. Esa represa, como los puentes, las autopistas, las hidrológicas, lleva años sin recibir mantenimiento por el robo sistemático de los presupuestos y por poner al frente de esas obras a revolucionarios con credenciales: es decir, ser inútiles funcionales.

   Sin mencionar para nada los temas que al venezolano preocupan, el hambre, la inseguridad y la parálisis que está destruyendo a Venezuela, hechura de dieciocho años de rapiña o, como también se le dice, socialismo, el mamotreto de la Asamblea Nacional Constituyente lo primero y único que hizo fue destituir a la Fiscal General de la República, señor Luisa Ortega Díaz, asegundase de que ni siquiera pudiera entrar en sus oficinas, imaginando que así acababan con lo recaudado sobre corrupción, narcotráfico y ahora violación de derechos humanos. El país cayéndose a pedazos, el ochenta  ocho por ciento de la nación arrecha por el hambre y la carestía de lo más básico (jabón de olor, desodorantes, papel de baño), y esta cantera de personajes repudiados se reúnen para esa necedad. Es lo único de lo que se ocupan, por ello no pueden permitirse el consultarle al país absolutamente nada.

   Pero mientras todavía se felicitaban por el nuevo escupitajo a Venezuela, la nueva humillación que imaginaban le infligía a alguien, el día domingo trascurrió con los rumores de militares alzados, armas desaparecidas y pronunciamientos contra la corrupción, el centralismo, la burocracia y la justicia parcializada (¿hablado frente al Samán aquel?). A eso intentó silenciársele todo lo que se pudo, y al final de la tarde volvieron con la paja que si no es disgusto militar por la corrupción o la miseria a la que se nos llevó, sino la desestabilización externa, que si los intereses económicos de la derecha (aparentemente el ochenta  ocho por ciento de Venezuela es de derecha y sigue los dictados norteamericanos, según los resultados de la Prostituyente), pero lo cierto es que fue un hecho terrible para el régimen, el cual han intentado atenuar, disimular, pero es difícil. Por una parte parece quedar en evidencia, o se sospecha, que el mundo militar también se está fracturando ante el dantesco drama humanitario que vive el país y que el régimen niega a pesar de los muertos por el hambre y la falta de medicinas básicas, por no hablar de los cientos que caen asesinados al mes por un hampa desbordada y jamás atacada; lo otro que no pudo esconderse fue que el país casi hizo fiesta, ese ochenta y ocho por ciento que los atormenta, pensando que había un golpe y que les detendrían y tal vez hasta les fusilarían, como tanto se corría por la red. Que les harían a ellos, lo que ellos pensaban hacerle a Carlos Andrés Pérez, y eso que a estos se les odia todavía más.

   No era este un escenario que yo creyera, ni esperaba, todavía estamos pagando la estafa de un militar que se pronunció contra la corrupción, el centralismo, la burocracia, la falta de justicia, la desigualdad social y la traición a la patria (en tiempos cuando la Zona en Reclamación todavía era nuestra, y no se había cedulado a cuanto bicho de uña pasara por ahí porque “van a votar por él”), pero algo ocurrió el día domingo, algo que no sabemos ni esperamos enterarnos por boca de un régimen que miente una y otra, y otra, y otra vez, descubriéndoseles los engaños al poco andar. Incluso hoy, miércoles, hay quienes sostienen que todo eso no fue más que una maniobra distraccionista del autoritarismo para que el mundo viera que sí había una conspiración. Fue un error garrafal que salieran Diosdado Cabello y el ministro Vladimir Padrino López a declarar; eso tan sólo restó credibilidad en la información, y simpatías internas al régimen; pocos como esos dos son tan señalados por sus delitos, comenzando por la vejación y violación de los derechos humanos.

   Pero si esa era la idea, engatusar bobos o darle argumento a los infelices de la izquierda en la euro cámara, que juegan al mismo triste papel desde los tiempos cuando perseguían y satanizaban a la gente que escapaba como podía de la Unión Soviética y China (para ello estaban en nóminas, y no aprenden, no avanzan), la cosa les quedó bien mal. Como todo lo que hacen. Primero, nadie se solidarizó con la banda en Caracas, ningún gobierno llamó pidiendo información, o apoyándoles (¡ni Cuba!), exceptuando a Evo Morales. Segundo, dieron pie a que se diga en las calles que es mentira de la banda aquello de que la Fuerza Armada Nacional está incondicionalmente con ellos, que lo que está ocurriendo dentro de los cuarteles no se sabe, pero que si lo del domingo fue una muestra, entonces la procesión va por dentro. Si fue un truco para perseguir militares e implicar opositores, a la larga les resultará contraproducente. Y les estallaba en las caras cuando todavía se “felicitaban” por la instalación de la Gran Asamblea Nacional Constituyente Fascista.

   Paja, humo, delirios y drogas. Y, mientras tanto, nadie gobierna, nadie intenta atajar la caída en este abismo al que nos arrojaron.

LA GRAN DERROTA DE LA OPOSICION VENEZOLANA

Julio César.

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