LEJOS EN TIEMPOS DE GAITAS

LLEGO AGOSTO

   ¿Qué se sentirá, qué se pensará, estando a solas y lejos?

   Una querida amiga, de años y años, deja la oficina. Otra. Se va para el exterior, buscando tranquilidad, un aire nuevo para su familia. Comida. No quería hacerlo, pero el hijo mayor se le fue a México, la mediana a Chile, el menor, el que le queda, se va con la esposa y su niña para Bucaramanga, la familia de ella es de allá. Y si la ida de los otros le pegó duro, lo de la nieta ha sido terrible. La verdad no quería hacerlo, por su mamá y sus hermanos, pero el muchacho no pensaba irse sin ella y su viejo, así que casi se vio obligada. Brindamos por ella, hubo abrazos y besos, deseos de mucha suerte, esperando todos por un pronto regreso a una tierra libre… Pero nunca deja de sentirse como un hasta “nunca, cocodrilo”; como esos amigos de la escuela que parecía eternos, de quienes pensábamos jamás nos apartaríamos y un día dejamos de verlos, y hasta de recordarlos. Adiós, amiga; fue dulce y amarga la despedida, perdona la broma de la gaita y el “ya nos recordarás el 24 en la noche”, disculpa esas lágrimas.

POR UNAS MIGAS DE PAN

Julio César.

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