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SIGUE EL DILEMA… 21

diciembre 14, 2017

SIGUE EL DILEMA                         … 20

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

   -¿Qué use un qué?

……

   Desesperado, casi maldiciéndose al no poder zafar sus brazos atados, o no poder gritar una negativa tajante por aquella mordaza, incluso ver qué era lo que el otro tramaba al estar cegado con aquel antifaz, Daniel siente que va adormilándose, cayendo y cayendo, que cada vez le cuesta más resistir. Intenta apartar el bonito rostro masculino del pañuelo y de aquellos dedos que lo sujetan con fuerza sobre su nariz, oyendo en todo momento la desagradable risa de Franco, de burla, de quien sabe que lo tiene donde quiere, que lo ha vencido otra vez. Intentó no respirar, pero…

   -Jejejejeje… -burlándose el hombre le mira, respirando pensadamente de lo excitado que está al tenerle tan indefenso, al verle semi anestesiado. Aparta el pañuelo y con un velludo dedo le roza la nariz, para verle agitarse un tanto, escucharle quejarse, babeándose la mandíbula y el cuello por la bola en su boca.- Jejejejeje… -¡eso le divertía tanto! Cada vez que hace aquello, y Daniel responde aunque sea muy quedamente (y cada vez es más quedo), vuelve aplicarle el pañuelo en la perfilada nariz, hasta que se queda totalmente quieto.- Bien, bien… -jadea ronco, todo emocionado.

   Deja caer el pañuelo en la mesita y su mirada obscena se recrea en el muchacho maniatado, amordazado y cegado, desnudo, hermoso, tan a su merced. Tan a punto para que haga con él lo que mejor le parezca. Casi estremeciéndose de anticipación posa las manos grandes, velludas y callosas sobre los tersos hombros anchos, recorriéndolos, acariciándolos, recreándose en la belleza de su juguete sexual. La idea le hace la boca agua, una que traga sonriendo mientras acaricia los costados, subiendo los dedos, rozando y acariciando hacia los pectorales expuestos, hacia esas tetillas rojizas e inflamadas por el uso de los ganchos; las atrapa y hala un poco, con el corazón latiéndole de sucia emoción. Aun anestesiado, Daniel frunce un poco la frente y gruñe. Aprieta más, halando sostenidamente, disfrutándolo completamente.

   -Pronto te gustará que te haga esto… -baja el rostro y atrapa unas de las aureolas con su boca, chupándola escandalosamente, cerrando los ojos y disfrutando de su esclavo. La deja, un hilo de espesa saliva se deja ver, y repite la operación en la otra. Luego baja, ladeando un poco el rostro, respirando pesadamente de la emoción, lamiendo y marcando un brillante camino desde los pectorales al ombligo; lento, dejando una capa de saliva, deteniéndose aquí y allá, agitándola sobre un punto, repartiendo besitos y lametones en otros.

   Suspirando emocionado, aparta el rostro y toma la bolsa. Saca algunos objetos con los cuales procede a trabajar. Con una enorme sonrisa aplica un gel a los genitales del muchacho, cuya verga se redujo de manera impresionante después del clímax, por el ataque recibido. Lo que era perfecto. Luego, con maquinillas de afeitar desechables, procede a pelarlo. Afeita cada vello de la zona púbica, la base de la verga y las bolas. Separándole las piernas, afeita el camino que va a la raja del culo y el culo mismo, divirtiéndose en el proceso al montar una pesada pierna del chico en su hombro mientras lo trabaja. Una vez hecho, toma otra loción y untándose las manos, la aplica a la zona rasurada. Se toma su tiempo, manipulándole, especialmente sobre la raja entre las nalgas y la entrada del culo, donde, juguetonamente, clava un meñique.

   -Jejejejeje… -se le escapa, sintiendo la verga bien dura, cuando le ve estremecerse y gemir quedamente mientras le saca y mete el dedo chiquito.

   Las manos le tiemblan un poco, de emoción, al tomar de la mesita el pequeño juguete de plástico traslucido, aunque de color algo rosa. Oh, sí, chico grande, capitán del equipo de clavados, para ti han acabado las erecciones y las corridas a voluntad, se dice con maldad. Desarticula el “juguete”, manipulando el pene y las bolas del muchacho, colocando el ajustado anillo en su base, tras el escroto. Mirándole al rostro, sonríe cruel, muy cruel, agarrándole nuevamente el flácido y suave pene, encerrándolo en aquel pequeño tubo plástico de acrílico, que tan sólo muestra una abertura al final del arco anterior, empujando hacia abajo, abarcando con la base en arco del “juguete”, los testículos, pisándolos, encerrándolos. Casi babea mientras lo hace. Tanto que tiene que detenerse un segundo de lo mucho que está disfrutando aquello.

   Era imposible, una vez fijado, que el chico lograra una erección, incluso ponerse medio morcillón. E iba a fijarlo. Asegurándose de tener el pene y los testículos cubiertos, procede a fijar el “juguete”; el pequeño candado en la parte más baja y posterior, tan diminuto que le sería prácticamente imposible alcanzarlo por cuenta propia, pero tan firme que tendría que usar la fuerza para romperlo, lastimándose en el proceso. Los genitales quedan atrapados. Los mira y siente la leche tan cerca que no puede evitar tocarse la verga con ganas de correrse de una vez. Y mientras se toca, roza con los dedos el material sintético y suave al tacto que cubre al muchacho. En cuanto el marica de Luis tuviera el suyo, ambos se encontrarían, sus juguetes. Dos maricas para él. Traga, bordeando el “juguete” con los dedos, pensando en lo bien que se verá Daniel cuando lleve uno permanente, en brillante, pesado e indestructible acero.

   -Jejejejeje… -ríe, ronco, mientras le desata las manos, teniéndole medio abrazado, disfrutando de su peso y calidez. De su olor a joven saludable. Y le deja de espaldas sobre el mueble. Que duerma, ya tendría bastantes emociones.

……

   Lentamente, sintiéndose algo mareado, descompuesto y con el estómago revuelto, Daniel Saldívar vuelve en sí. Totalmente perdido, trata de tragar y chasquear la lengua pero la encuentra ocupada por la bola; sigue cegado por el antifaz. Hay… hay algo más, pero lo primero es que… Las manos bajo su cuerpo le hicieron temer continuar maniatado. Pero no, tan sólo están bajo su cuerpo. Las saca; no escuchando nada, no sabiendo dónde está Franco (o haciendo qué), se sienta, notando una incomodidad, una presión que…

   No le importa. No por ahora. Se quita la máscara y la primera imagen que nota de sí, (oficiosamente el entrenador había acercado un espejo de cuerpo entero transportable), es una donde continúa desnudo con aquella bola en la boca, sentado allí, en la indefensión total. Con manos febriles retira el gag ball, la muy mordida y mojada mordaza. Mira alrededor encontrándose a solas y deja escapar un jadeo de alivio. Con paso algo inseguro se pone de pie… y se congela.

   Por un segundo no puede entender aquello, comprenderlo, asimilarlo. Lo primero es que está completamente lampiño allí, en sus genitales. Es lo primero que se le ocurre porque lo otro… la jaula de castidad, translucida, sus genitales amarrados, sencillamente no puede procesarlo.

   -¿QUE MIERDA ES ESTA? –grita pasados unos segundos de tener la boca y los ojos muy abiertos, llevándose las manos a esa cosa chica, fría y lisa, halándola, y como no puede despegarla lo repite con mayor fuerza.- ¡NO! ¡NO! ¡NO! –ruge cuando hala y hala, lastimándose, sin poder aflojarla ni retirarla.

   El corazón parece que va a detenérsele en el pecho, la rabia es inmensa, pero no tanta como la humillación que siente, y esta quedaba en pañales frente a la frustración que le arropa. Y el miedo. Uno real. Que ese hombre le haya enjaulado para siempre. Es lo que se le ocurre, que como está en manos de un depravado enfermo mental, este decida dejarle eso eternamente, como marca de su control. De propiedad. Eso lo piensa de manera febril, su mente girando de manera vertiginosa mientras se le dificulta respirar. Halando de aquella vainita en todo momento, hiriéndose en el proceso, pero incapaz de contenerse.

   -¡NO, NO, NO, COÑO! -ruge a su propia imagen en el espejo, odiándose intensamente. ¿Cómo se dejó atrapar así, otra vez, por un sujeto al que ya conocía? Si, en esos momentos el joven se odia, se desprecia, casi cree que… que merece eso que le pasa. Que se lo buscó.- ¡ARRRGGG! -aprieta los dientes, rojo de cara, desesperado, halando y halando, decidido a no parar hasta que…

   -Cuidado y te lo arrancas; me refiero al pene, jejejejeje… -la risita burlona de Franco a sus espaldas le hace pegar un bote y dejar escapar una exclamación de sorpresa. Se vuelve y le mira, jadeante, rojo, ojos llenos de desesperación y odio, cubriéndose la jaula de castidad entre sus piernas. El otro le recorre con la mirada, burlón.- Joder, ni te imaginas lo caliente y puto que te ves así, depilado y con tu jaula de castidad… Todo chico debería vivir así para su hombre.

   -¡HIJO DE PUTA, ¿QUÉ ME HIZO?! –le grita casi histérico, sin importarle que el otro le mire feamente.

   -¿Son maneras de hablarle a tu maestro, esclavo? –Franco es duro, y Daniel no puede negar que se estremece de inquietud, casi de temor, ganándole esta a la rabia por un segundo. Si, iba camino a la sumisión.

   -¡TIENE QUE QUITARME ESTO! –ruge, exigente, pero también suplicante.

   -No, no se va a poder, esclavo.

   -Mire… -da un paso en su dirección, odiando la sensación de la jaula sobre sus genitales, el suave peso.- No puede…

   -Si, si puedo, muchacho. No quieres entender que eres mi juguete, mi esclavo, pero eso es lo que eres. Y un esclavo no es dueño ni de sus genitales.

   -Dijo que esta sería la última vez que… Que si yo… -chilla furioso y frustrado. La risita del otro es como ácido en sus oídos.

   -Sabías que mentía, esclavo. Lo sabías. Dije lo que querías escuchar, aunque evitaste escuchar que eres mío. –le ruge esa parte.- Tu cuerpo, tu vida, todo me pertenece. Igual tus genitales. No volverás a tener una erección, no volverás a correrte con una buena paja, o en la boca, la concha o el culo de una chica. Eso terminó para ti. Tu verdad es la sumisión, Saldívar; tu trabajo es servirme. ¿Tu sexo?, tu culo. Y es mío para que lo use como yo quiera. Para que te lo folle, lo  lama, lo penetre con algo. O para que no te haga nada. O para que te preste.

   -Maldito enfermo… -jadea el joven, lívido, cubriéndose aún con las manos, mirándole con odio.- No dejaré que me haga esto.

   -Ya te lo hice, jejejejeje…

   -¡VOY A QUITARMELO! –desafía, bañándolo todo de saliva.

   -Lo intentarás, querrás decir; pero no podrás, está asegurado y tengo la llave. Tendrías que ir a pedir ayuda; ¿a quién?, ¿dónde? ¿Un hospital, la policía? ¿Al marica de tu padre? Esa será la manera más directa para que mundo sepa lo nuestro, de nuestros juegos sexuales, puto. Alguien tomará una fotografía y…

   Daniel ya no escucha, apartando las manos de sus genitales, lanzando un alarido, se arroja contra Franco; alzando un puño, dispuesto a aplastarle la nariz. Para comenzar.

   Pero, el otro ya le espera…

CONTINÚA … 22

Julio César.

NOTA: Me tomé algunas libertades con la descripción de la jaula de castidad. Debe verse difícil salir de ella. También me tomé tiempo en su implementación, generalmente escribo “se quedó dormido y despertó encerrado”, pero no es el estilo de Capricornio, y siendo los caracteres creaciones suyas hay que respetarlo en lo posible.

DERTIGSTE OKTAAF

diciembre 14, 2017

DERTIGSTE

   -Oh, sí, chicos, ¡todo esto es para ustedes! –les ruge emocionado.

   Preparado, espera que su chocolate sea llenado de crema…

   Sonríe algo apenado, aunque orgulloso; los chicos ovulaban al verle.

   En parrilladas, con amigos, siempre consigue el mejor trozo de carne…

Julio César.

PRIMERO DESNUDA QUE…

diciembre 14, 2017

PRIMERO DE DICIEMBRE

   Prefiere andar desnuda que vestir pieles.

   Qué la famosa actriz mexicana Kate del Castillo se desnudara en una campaña de moda en Nueva York, como parte de una estrategia contra el uso de pieles de animales en la industria, me sorprendió menos que saberla libre y sin compromisos por estos mundos de Dios, después del affaire con el Chapo Guzmán, donde se insinuó que ella y el Sean Penn tenían las manos metidas en el negocio. La creí de bajo perfil por ello. Aparentemente no, o ya todo aquello se aclaró. Cuando se vio inmersa en todo aquel lío, me pregunte si, después de haber protagonizado aquella novela, no le habría ocurrido lo que a muchos que terminaron confundiendo sus vidas con la ficción. J.J. Benítez se perdió en sus propios relatos; de tanto personificar a un miembro de una familia de mafiosos el joven que interpretaba al hijo de Tony Soprano agredió a otras personas. Pasa. Por cierto, la contribución de Kate del Castillo contra el uso de pieles, no es algo nuevo, lleva años en ello, algo muy loable. ¡Y qué bien que se ve!

CUANDO LLUEVE…

Julio César.

EL CAMBIO… 47

diciembre 14, 2017

EL CAMBIO                         … 46

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Armado y peligroso…

……

   -Oye, ¿por quién me tomas? –ronronea una sonreída respuesta, en verdad esponjado contra el otro sujeto, más bajo, cuyas manos están ahora sobre sus pectorales, apretando, acariciándole, los dedos cruzando y rozando sobre sus tetillas enormes y erectas; cosa que le hacen estremecer.- Hummm… -se le escapa cuando los dedos aprietan sus pezones.

   -¿Acaso no eres un calentorro? –le pregunta Pelham, como si jugaran, extrañándose él mismo de qué tanto ha cambiado su interés sexual cuando apoya la boca de aquel hombro (la diferencia de alturas era notable), y mordisquea.

   -Idiota. –ríe Jeffrey, ya olvidadas esas cartas que el mismo cabo entregara mientras estaba ejercitándose. Una de ellas de su novia que quería saber de él; correo que le dejó indiferente.

   Nada ocupa su mente mientras se vuelve y sonriendo cae de rodillas, sumisa y entusiastamente, viéndose increíble al ser tan alto y musculosos, el rostro casi quedándole a la altura de los pectorales del cabo, sobando aquella verga que erecta bajo el uniforme. Una que roza, amasa, alrededor de la cual clava los dedos provocándole gemidos al otro. Una que libra, rojiza venosa, erecta, cuyo glande lame con ávidos y sinceros “hummm”, aunque él mismo lo ignora. Una que traga, de punta a base, apretándola, recorriéndola con la lengua, la cual agita bajo la pulsante y cálida superficie, sorbiendo mientras va y viene, ladeando el rostro, sobándola con las mejillas.

   Va y viene con ganas, casi bizqueando mientras saborea esos jugos que calientan su estómago, estimulado para ciertos sabores, unos que parece condicionado a buscar, anhelar, extrañar. Aún no era plenamente consiente de cuánto le gustaba el semen, pero terminaría descubriéndolo, todo lo que disfrutaba, le excitaba y le satisfacía sentirlo cubriendo su lengua, resbalando lenta y espesamente por su garganta, llenando su ansioso estómago. Los ruidos de sorbidas y chupadas son obscenas, algo que provoca que al joven hombre que era mamado, casi se le debiliten las rodillas de emoción; era rico ser chupado así, pero era también excitando ver a ese carajote forrado de musculoso, haciéndolo. Notar en su rostro guapo todo el deleite que encontraba en tener la verga de otro hombre llenándole la boca. Toda la estancia se llena con esos chasquidos, esas tragadas ruidosas, y los gemidos de Pelham, quien cerrando los ojos, mece sus caderas de adelante atrás, cogiéndole la boca. Down, que seguía con la frente fruncida y la oreja pegada a la puerta, no pierde ni un susurro, un gruñido, viéndose alarmado, asqueado, molesto y fascinado.

   -Joder, si, el capitán te lo trabajó, ¿eh? –le gruñe Pelham, minutos después, ronco y excitado, teniendo al riente Jeffrey de rodillas sobre su camastro, muy abierto de piernas y nalgas, totalmente desnudo (ya no le importa verle el equipo), mientras le saca y mete dos dedos de ese agujero lampiño, rojizo, pulsante… Y muy untado de esperma, la del capitán, que le cubría un tanto las falanges, poniéndole más cachondo en lugar de provocarle repulsas.

   -Vamos, cabo, deme lo que ya me dio el capitán. –le pide mirándole sobre un hombro; travieso, realizado, excitado. Meciendo su firme trasero de adelante atrás, cogiéndose con aquellos dedos.

   -¡Puto! –ruge el joven hombre más bajito, caliente ante la idea de follarle, de sentir su verga apretada, halada, chupada, y más si se lo hacía ese carajo enrome y musculoso. Febrilmente se pone de pie, y el otro tiene que flexionar aun más sus piernas para bajar el tembloroso agujero a la altura, y lo penetra de un certero golpe, cayéndole encima, contra esas nalgas duras.- ¡Ahhh!

   -¡Hummm! -chilla entre dientes, sonreído, con cara de morbo, Jeffrey McCall, mirándole.- Ohhh… -pone la boca como un piquito y sisea cuando el otro comienza un frenético saca y mete. La rojiza verga sale y entra, macheteándole con fuerza, agitándole sobre el camastro a pesar del tamaño, abriéndole el redondo anillo en su ir y venir mientras le azota con sus bolas.- Si, si, mi cabo, deme duro… -lloriquea alcanzado por la lujuria de esa punta de verga dándole donde es, sobre la próstata y más arriba. Donde la necesita. Y cada roce, cada golpe es un estallido de éxtasis. Su redondo trasero va y viene, frenético, buscándole. Un culo hambriento urgido de sexo.

   Fuera de aquella pieza, en el pasillo del complejo médico, o experimental, Joseph Down traga en seco, la oreja pegada a la puerta, oyendo el crujir de los muelles de una cama, una que parece alzarse y caer por la fuerza de buenas embestidas. Oye los “hummm, hummm”, de Jeffrey, roncos de puro placer, y una que otra carcajada del musculoso marine. Obviamente que se lo follaran le hacía increíblemente feliz. Y escucha los roncos y bajos “tómala toda”, “eres una perra caliente”, “apriétamela, chúpamela con tu culo”, “sácame la leche”, que gruñe el cabo Stanley Pelham. Tiene que cerrar los ojos, sintiéndose como mareado; la cama chilla más, Jeffrey igual, pidiendo que se la meta toda, hasta lo profundo, más duro, más duro, “¡más duro, carajo!”. Oye los “puta, puta”, que lanza el otro, las bofetadas de pelvis contra nalgas. E imagina un tolete metiéndose en un agujero.

   Y se siente enfermo de lo dura que la tiene, latiéndole bajo del uniforme. Haber escapado unos días parecía no haber servido de nada. Quiere irse, alejarse de aquel lugar, pero no puede. Jeffrey gimotea agónico, como si algo le doliera, pero era el lamento más cachondo que Down había escuchado en toda su vida. Y oírle con ese tono de voz pedirle al otro que le entierre duro la verga, que le cepille las entrañas, que le dé en la pepa, lo pone mal, muy mal.

   Agitado, casi presa de fiebres, lleva una mano al picaporte. Necesita entrar y gritarles algo para que se detengan. Eso se dice, aunque sabe que lo que quiere es culo. Ese culo ya ocupado de verga, y que según Pelham ya estaba todo chorreado con el semen del capitán O’Donnell. Quiere tanto, tanto, cogerle, que siente que se muere…

   Larry O’Donnell, desde el lugar de monitoreo, observa en una segunda pantalla su titánica lucha interna, la heterosexualidad del sujeto gritándole que se detenga. Sonríe sabiendo que era una guerra perdida. La verga mandaba, la testosterona reinaba siempre.

CONTINÚA … 48

Julio César.

SARGENTO CASTIGO

diciembre 14, 2017

PROBAR

   El hombre disfrutaba de su noble tarea…

   El joven sujeto grita, insulta, amenaza y lloriquea, incapaz de creer que aquello en verdad le esté sucediendo; que un enorme uniformado, un policía rudo aunque guapo, haya entrado a su casa y ahora le esté azotándole el trasero mientras le grita que cada vez que se porte mal volverá y lo castigará. No, aquello no podía estar pasando, se decían, llorando a lágrima viva, todos los jóvenes infractores, humillados, siendo nalgueados frente a sus madres, o padres, o las suegras o las esposas. El sargento Vergatti, de casa en casa, impresionante con su uniforme y porte, habló con padres, parejas y representantes, ofreciendo aquella “ayuda” para mantener por el buen camino a los chicos, desde liceístas y universitarios a todo tipo de carajos, aún profesionales. Muchos padres (y tipos con hijas pocos sensatas a la hora de elegir novios), recibieron dicha propuesta como un cielo abierto. Así que le permiten la entrada a las viviendas y que les azote. Todo por el bien de los muchachos. La primera vez serán azotainas en la intimidad de sus cuartos, con el pantalón en sus tobillos; si hay necesidad de una segunda será frente a sus padres, o la pareja, sentados alrededor, mirándole ser nalgueado mientras grita y llora… Si hay una tercera, bien, sería en el porche de las casas, a la vista de quien pase. Nadie llegaba a la tercera, aunque, siendo sinceros, más de uno de aquellos chicos, rojos de vergüenza y con las miradas bajas, le pedían azotes en la privacidad del auto policial estacionado en algún lugar baldío. Para poder continuar “siendo buenos”.

……

   Llevar a los muchachos por el buen camino es un trabajo de toda la vida, casi un apostolado, como bien sabe uno que otro MAESTRO.

PIGMALION

Julio César.

DISPLICENTE

diciembre 14, 2017

PREGUNTAS

   -Hey, primo, ¿llegaste? –bebe paseándose cómodamente, como siempre.- ¿Te traigo un café como te gusta, con bastante de mi leche?

CREIDO EN LA PLAYA

Julio César.

PALABRAS MAS CIERTAS…

diciembre 14, 2017

ATRAPADO!!!

   Jamás se han sintetizado tanto, ni fueron tan exactas.

   El problema no son los borrachos, es el tipo de borrachos; desde los que pelean con todo el mundo, arruinando toda reunión (llegan a ser lo más memorable en algunos matrimonios, y hasta velorios), a los que ofenden feamente a todo el mundo, o los que se creen Meteroro. Esa es la cuestión con el licor… Pero fuera de familiares, a los que uno no puede elegir aunque si ir apartando, quien sostenga entre sus conocidos y amistades a sujetos de este tipo (también las hay mujeres), merece todo lo que le pese en esta vida. Con borrachos impertinentes ni a la esquina.

   Con la bebida (CURIOSA TRADICION NAVIDEÑA), tengo un problema: en Venezuela, la caña no es que esté escasa, sino bien cara.

¿QUIEN NO TIENE UNO DE ESOS?

Julio César.

FUEGO

diciembre 12, 2017

PREGUNTAS

   -No sean tímidos, señores, nada hacer arder tanto como un bombero. –dice a los sorprendidos amigos del novio.- Vamos, sóbenme duro la manguera, como es obvio que anhelan.

Julio César.

POR LA BOCA MUERE EL PEZ…

diciembre 12, 2017

SIEMPRE LAS HERMANASTRAS

   Y otras entradas, según las gruesas carnadas.

   Se ríen, le llaman zorra, que mira como se estremece, aprieta y chilla, todo eso mientras lo nalguean; y era cierto, se dice el joven, totalmente avergonzado, destrozado. Los “sonríe a la cámara”, tan sólo le hicieron muy consciente de que ha quedado expuesto frente a familiares, amigos y conocidos, y cualquiera que mire. ¡El mundo entero! Cansadas de escucharle bromear, desagradablemente, sobre mujeres machorras (comenzando por su jefa, en venganza, una tía dura y seca que tan sólo lo regañaba por perezoso), una de aquellas tías lo invitó a su apartamento, donde aguardaban las otras. Emocionado, imaginando que comería almejas para toda la vida, terminó descubriendo el real significado de la frase “mujeres con bolas”; y eran duras, no pudo con ellas.

   Desnudado, arrojado al piso, insultado, obligado a colocarse en posición, a abrir la boca y relajar toda otra entrada, perdió su inocencia masculina. Lo que no habría sido tan malo si antes le hubieran advertido de la grabación, no después de que chillara y pidiera, cuando una de ellas se le retiraba, que otra se lo llenara, mientras por cuenta propia alzaba y separaba mucho sus piernas… Lo que todos vieron. Era terrible escuchar las risas de ella mientras leen en voz alta los comentarios de esos tipos que comentan, algunos de ellos conocidos; casi todos enviando un “llénenlo de leche, preñen a ese maricón reprimido”.

   -Tranquilo, bebé. –le dice una de ellas, sonriéndole con una extraña ternura en el tono.- Ahora será más feliz como puta.

Julio César.

INOCENTADAS

diciembre 12, 2017

INVITACION

   Cuando les propone a los chicos trotar, ninguno se niega, todos detrás, pendientes de qué tanto le verán.

   -¿Qué? No, no sé frente a la bragueta de quién estará tu hermanito, en este momento, arrodillado.

EN LA EDAD

Julio César.

EL CAMBIO… 46

diciembre 12, 2017

EL CAMBIO                         … 45

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Armado y peligroso…

……

   -¿Problemas con Jeffrey? –tomado por sorpresa, el hombre joven alza la vista para mirar al socio y colega. El cual, que andaba algo ceñudo, lo frunce aún más.

   -¿Jeffrey? ¿Así le dices? –se amosca por alguna razón.

   -Es su nombre, ¿no? Como el tuyo es Joseph… creo. –Pelham, frunciendo también el ceño, pero divertido, le mira con intensión.- ¿Te pasa algo con él?

   -¿Qué? ¡No! –jadea demasiado rápido, tratando de mostrarse sereno, pero algo de la picardía que brilla en la mirada del otro le amosca aún más.- Es que… Es tan rara esta asignación. –gruñe, dejando de mirar al otro, preguntándose, no por primera vez, si no le estarían castigando por algo.

   -¿Lo dices por eso? –pregunta a su vez, con burla en el tono, Pelham, señalando algo.

   Down alza la vista, tras el escritorio de los ordenanzas, donde el otro aún sentado, sigue anotando cosas en un cuaderno. Por el pasillo, hablando animadamente (y con mucho de amaneramientos, piensa Down), cruzan Larry O’Donnell, vistiendo el pantalón de un mono deportivo y una ajustada camiseta gris. Y a su lado… Bien, con botines de goma, un short corto y ajustadísimo que dibuja perfectamente sus redondas nalgas y hasta sus bolas, y una camiseta de anchas aberturas, ajustada como una segunda piel, va el enorme, fornido y sonreído Jeffrey McCall, con ese aire de sensual mariconería que agita el pulso del marine de pie, quien nota, de pasada, como los ojos de Pelham se clavan en esas nalgotas donde se destaca (¡por Dios!), un bikini azul oscuro. Hasta eso se nota a pesar del shorts. Y que hay cierta humedad sospechosa entre dichos glúteos. Este, mirándoles, agita unos dedos en saludo, y aunque la cara le arde, Down responde con un gesto de cabeza, Pelham medio contiene una sonrisa.

   Joder, seguro que el capitán y…

   -Qué culo, ¿verdad? Para ser hombre. –la voz de Pelham, algo distante y soñadora, le estremece.

   -¿El culo de McCall? –grazna.- ¿Te fijas en eso? –le reta, sintiéndose mal por ser tan hipócrita.

   -¿Tú no te fijas en los culos grandes? –es la respuesta algo curiosa del otro. y Down calla muchas cosas, porque no se siente con ánimos de jurungar ese avispero de retos machistas.

   -¿Tú… y él…? –necesita saber. De repente se le ocurre que sí, que seguro el otro ya había probado ese culo y… Pero lo deja así, no se atreve a formular preguntas que provoquen un “¿y tú?”; Y algo le decía que Pelham se divertiría viéndole retorcerse en ese anzuelo.- No, nada.

   -Estás muy raro, amigo. –termina Stan Pelham, arrojando el cuaderno cuando Larry sale de la pieza de Jeffrey.- Comienza tu informe, lo pidieron hace rato; ya vuelvo. –le dice apresurado, poniéndose de pie y alejándose, dejándole con la boca abierta.

   -Hey, ¿a dónde vas? –pregunta molesto. Joder, ¡estaba dirigiéndose a la pieza del culón!

   -Voy a preguntarle algo a Jeffrey… al marine McCall. –responde sonriendo de manera predadora.

   -¿Qué vasa preguntarle?

   -Ya vuelvo, carajo. ¡Deja de joder!

   Con el ceño fruncido en disgusto, separando los brazos exasperados, Down le ve alejarse, tocar y entrar en esa pieza. Estremeciéndose. ¿Acaso iba a…? Mira el escritorio, si, tenía que comenzar su informe, pero… Barre con la mirada los alrededores, nadie a la vista, y con pasos silentes, alerta, se acerca a la pieza, pegando la oreja de la puerta. Nada. Joder, esos dos podrían estar…

……

   Y si, estaban. Cuando entró en la pieza después del “adelante” de Jeffrey, Pelham iba con la sola intensión de preguntarle, burlándose, qué tanto le había “ejercitado” el médico. Ya tenían cierta confianza, pero al abrir la puerta y encontrarle de pie en el centro de la habitación, sin la camiseta, con la espaldota recia y forrada de músculos, el shortcito translúcido donde se dibujaba ese bikini azul intenso y muy chico, en ese trasero tan redondo, tan firme, tan prominente… olvidó todo. Y perdió la cordura.

   -Joder, te ves… -le gruñó, ronco, preocupándose un segundo por lo rápido que respondía, por lo urgido, por las ganas que ese cuerpo de pecado le despertaba. Le rodeó la cintura con los brazos, desde atrás, apretándole, oyéndole reír levemente, dejándose hacer mientras suelta unos sobre de correo que miraba, atrapándole con las manotas las suyas, echándose hacia atrás, pesado, fuerte, caliente. Eso era casi mareante para el cabo heterosexual y calentorro. Ese trasero, prácticamente sobre su ombligo, al ser más bajo, se la puso dura en fracciones de segundo.

   -¿No deberías estar haciendo tus reportes? –se medio burla Jeffrey, mirándole sobre un hombro, excitado, sonriendo contento de las atenciones del macho, del deseo que despertaba en el otro, así como la admiración; lo sabe cuando una de las manos de Stan, le recorren un bíceps, apretando y palpando, y la otra sube a sus pectorales y clava los dedos sobre uno, o lo intenta por lo duro, al tiempo que medio mece las caderas contra su cuerpo grande y sólido.

   -¿Y tú no deberás tener mi verga ya en tu boca? –contrarrestó, ronco de lujuria sabiendo que se estaba quemando en más de un sentido… Sin sentir ganas de detenerse.

CONTINÚA…

Julio César.

LA ABSTENCION COMO CASTIGO

diciembre 12, 2017

LA GRAN DERROTA DE LA OPOSICION VENEZOLANA

   Uno y otros intentarán que, de esto, no se hable.

   Los resultados eran previsible (EL DEPRIMENTE FUTURO MUNICIPAL), el grupo minoritario que lograra llevar más gente a las mesas, ganaría. El Gobierno competía bajo una sola figura en cada pueblo, satanizando toda disidencia; la Oposición, el electorado opositor, abandonado a su suerte por una dirigencia política irresponsable, sin la maquinaria de los partidos que medio vigilaran las mesas, se presentaron además divididos, con tres o cuatro candidatos, todos hablando de la crisis, todos culpando al régimen del desastre, todos atomizando el esfuerzo. No había que ser muy listo para saber qué ocurriría, aunque se quiera medio disimular con aquello de “la trampa”.

   Ayer domingo, por buenas o malas razones, el pueblo de Venezuela se desentendió de su deber de ir a votar, entregó su derecho; ¿comenzando a transitar el peligros sendero de abandonar su destino definitivamente en manos de grupitos guiados, o buscando atajos de fuerza?, no lo creo. Más bien pareció un castigo a una dirigencia que quedó muy por debajo de lo esperado, una sanción a lo que podría llamarse las María Corina Machado, los Julio Borges y los Henry Ramos Allup, y las tendencias que representan, dentro y fuera de la otrora poderos Mesa de la Unidad Democrática. Una sanción a todos, porque a un sector que, en apariencia salió totalmente vencedor, el resultado tampoco le gustó ni le pareció aceptable, maquillándolo con números salidos de la nada como suele hacer para que la cosa no se viera tan mal.

   Así como existe el voto castigo, lo de ayer pareció una abstención castigo, aunque el régimen quiso montar una tarima y mostrar un aire de fiesta que no se compagina con el drama que viven; el cual obligó al Consejo Nacional Electoral, en manos de actrices partidista del régimen que se hacen pasar por rectoras independientes, ha intentar paliarlo, disfrazado otra vez las cifras totales pero sin mostrar actas ni cuadernos de votación. Era necesario, porque así como el Gobierno, efectivamente derrotó en las elecciones municipales a una dirigencia opositora desarticulada, una coalición de partidos y figuras con aires protagónicos en ella, hecho del cual no me queda ninguna duda (merecidamente además esa derrota a esos partidos y figuras), también es cierto que la gente que esperaban asistiera, de parte de ellos (el grupo clientelar atrapado por hambre), tampoco acudió. Y el régimen necesitaba desesperadamente de ellos, aún más que de las alcaldías y gobernaciones como tal, más allá de su significado propagandístico. Necesitaban demostrarle al mundo que la revolución aún cuenta con multitudes de partidarios dentro del pueblo, que es falso que les desprecian y retiraron el favor electoral como “pareció” en las parlamentarias; lo necesitaban para restregárselo en las narices al ejercito, a cabos, tenientes y sargentos, a quienes tienen que convencer de que aún controlan las simpatías del país, que no se les ocurran pronunciamientos nacionalistas denunciando sus crímenes y vicios porque eso puede terminar con una masacre de gente humilde que saldría a defenderles (la temida división del mundo militar); y usarlo aún dentro de las filas del mismo régimen, divididos en toletes como están, como arma arrojadiza para silenciar a un grupo o para azuzar a otro. Pero los números, tercamente, siguen mostrando los mismos niveles de las parlamentarias de 2015, salvándose únicamente por el desmontaje que hicieron del electorado opositor.

   Lo cierto fue que Venezuela le dio la espalda a las municipales, a los políticos, a una dirigencia gubernamental que nos llevó a la ruina, a la miseria y el hambre, y a otra que no se ha cansado de pisar cuantos peines se les puso para asegurar la permanencia del régimen mediante fórmulas más o menos democrática. Las María Corina Machado, negándose a medirse electoralmente porque no cuentan con nadie, pero si pidiendo atajos en las calles, se ven como sectores menos democráticos que el mismo Gobierno, debilitando el apoyo y las simpatías que el mundo pudo haber sentido por la causa de un pueblo pacífico que luchaba contra un régimen abusador; el resto, los Julio Borges y los Henry Ramos Allup, se enfermaron del síndrome Juan Pablo Guanipa, quien por no quedar mal frente a los habladores de paja en la red, que ni votan, ni marchan, ni tumban gobierno, pero que si son escandalosos, entregó al estado Zulia, después del esfuerzo de los zulianos por hacerlo gobernador, dejando que eso se perdiera, como pasó ayer domingo, ladillados los votantes de estos politiquillos inútiles y superficiales. A ese terreno se les quiso llevar, se les llevó, para destruir la más formidable fortaleza de la Oposición, la Unidad de metas, y las María Corina Machado, los Julio Borges y los Henry Ramos Allup se dejaron llevar, arrastrando al país en la trampa.

   El Gobierno debe estar considerando seriamente en montar las presidenciales para principio del año que viene, sería lo más inteligente para ellos, sepultados en el descredito total como están los que antes punteaban las encuestas en las filas contrarias; y tal vez ya pensando en ello, amenaza con negar la participación en tales comicios de los grandes partidos que no acudieron a las municipales. Y casi merecen que les pase, que los dejen por fuera, por idiotas. No por no asistir a la contienda y traicionar a la gente negándole una dirección clara y coherente, como esa que nos llevó al gran triunfo del 6 de diciembre de 2015, con este mismo Consejo Nacional Electoral y este mismo Plan República, ni porque el señor Nicolás Maduro Moros tenga la potestad de hacer y deshacer como si esta fuera su hacienda y no una república, sino porque debieron imaginar, esperar y prevenir una artimaña como esta para ilegalizarlos y deshacerse de todos.

   Caramba, lo esperaba yo, que sabía cuando el señor Juan Pablo Guanipa traicionó el voto de confianza del Zulia, que el estado caería nuevamente en manos del chavismo mediante una maniobrita tonta e imbécil en la cual el pobre diablo tropezó, también esperaba algo por el estilo contra los grandes partidos. Y si lo sabía yo, ¿no lo calcularon y esperaron los Julio Borges y los Henry Ramos Allup? ¿Y se llaman dirigentes de grandes partidos? De los grupitos tipo María Corina Machado no se espera más, nadie vota por ellos, nadie les sigue, fuera de dividir y desalentar, no aportan más. Pero Primero Justicia, y la revitalizad Acción Democrática jamás debieron caer en ese cepo. Cuando se enfrenta a unos delincuentes como estos la pelea hay que darla todos los días en todos los frentes, quien no quiere, o se cansa rápido, se aparta y no estorba el desempeño de los demás.

   Mucho me temo que todo esto pesó bastante en el ánimo de los venezolanos ayer, el cansancio ante tanta necedad de unas vedette que no sirven para nada, ni siquiera para explicar por qué fracasaron (todavía se espera el plan B de los que llamaron a la abstención en octubre, aún no le dicen al país cómo es que esto va a resolverse), misma apatía que alcanzó al régimen, aunque en menor medida porque se le dijo a la gente que quien no fuera y no presentara el carnet de la patria, para controlar que efectivamente acudieran al llamado, quedaban en la mala. Lo que demostró lo ocurrido ayer es que la rabia por lo que ocurre está allí, muy viva, muy a flor de piel, esperando el momento de ser encauzada contra los hacedores de miseria, contra los que acabaron con la Unidad (repito, que el Gobierno necesitara aplastar la Unidad que le había derrotado no significaba que las María Corina Machado, los Julio Borges y los Henry Ramos Allup se adhirieran a esa estrategia), esperando ser reunidos en lo único cierto, la meta común: salir de este Gobierno de marras que destruyó a Venezuela y sepultó a su pueblo en el hambre y la miseria. Salir de ellos y dejar de lado a cualquier que diga que no, que primero él o ella tiene que aclarar si él o ella será la reina de corazones, dejando para después la pelea contra el Gobierno.

   Y la verdad es que no parece una meta ni tan difícil. El aire de hoy, ni siquiera es de rabia o desencanto, sino de fría satisfacción, ese “que se jodan, carajo”, es algo que no le conviene ni al régimen ni a la gente con la cual logró infiltrar y minar la Unidad. Regresando al fin común, lo primero, lo verdaderamente urgente (salir de los hacedores de miseria, esos ladrones inútiles y violentos), lo otro es ir decantando a quienes, dentro de la Oposición, le hicieron, y hacen, el juego al régimen, distrayendo y enredando las metas. Repito, mucho ayuda quien no estorba. Y no son ni tan difíciles de identificar, mientras gritan por un lado que dejen al régimen ganar lo que quiera, que no se les enfrente electoralmente, ni se le exija frente al mundo que regresen a un camino democrático real, porque así se caen (dicen ellos), por el otro no pueden ver a un preso político ser liberado o alzarse una voz claramente combativa sin caerle encima y acosarla de manera escabrosa. Dependerá de la gente pensar, de aquí al año que viene, qué clase de país quiere para el futuro si es que no puede, ni quiere irse.

VENEZUELA, ¿SER O NO SER?, HE AHÍ EL DILEMA

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 15

diciembre 12, 2017

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 14

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -Eso es cierto, gilipollas; pero no pienses sólo en tu pobre papá que te ha criado y mantenido, que ha puesto sus esperanzas en ti y al que vas a defraudar por andar oliendo bolas, piensa en todo el dinero que ganarás, tú, como Jared. En la libertad que eso significará, en todo lo que comprarás para ti… y uno que otro amigo fiel como este, tu servidor. Piensa en la fama, en los admiradores que besarán el suelo que pisarás. En todas las mujeres que entrarán en tu cama deseando sacarle brillo al pequeño Jared entre tus piernas… O en todos los chicos culones y labios de chupa vergas, si es lo que quieres. No lo jodas todo antes de comenzar. –Chad es más directo. Jared, algo frustrado, bota aire y se alisa el cabello con las manos.- Joder, vas a ser rico, famoso, amado por todos, ¡no lo eches todo a la basura porque te pican las pelotas por un chico al cual no sabes si verás una vez nos graduemos! Espera firmar un contrato de millones y entonces has como todos los famosos, vuélvete idiota y arruínalo. No antes. –es tajante y brutal. Muy Chad. Mike alza una ceja y Jared contiene una sonrisa.

   -Miren, lo entiendo. Los entiendo, en serio, y… -el castaño sonríe como un chiquillo.- …Me alegra que se preocupen por mí, amigos…

   -Oh, Dios. –gruñe Chad, ante tanta emotividad manifestada.

   -En serio te vuelves una chica. –sonríe Mike.

   -…Pero Jensen… -sigue, como si no les hubiera escuchado. Los ojos le brillan y las mejillas le enrojecen mientras medita un segundo.- No sé cómo explicárselos, qué decir para que me entiendan; pensar en ese pecoso me hace sentir ganas de gritar, de reír, de hacer algo idiota como atrapar una almohada y estrujarla mientras entierro la cara en ella pensando que es su cuello. No lo sé, me hace feliz pensar en él. Querer verlo, escucharlo. –confiesa de sopetón, dejándoles con las bocas abiertas.- Incluso, nada más evocarlo… me la pone un poco dura.

   -Oh, por favor. –chilla Chad.

   -Joder. –gruñe Mike, verdaderamente sorprendido.

   -Me gusta, amigos, me gusta mucho. No… voy a llamar a la prensa para declararme gay, ni le pediré que bailemos bajo el gran arco del auditorio en la graduación… -sonríe.- Aunque creo que me agradaría; pero tampoco voy a deshacerme de él. Ni negarlo. No quiero… dejar de sentir lo que siento cuando estoy con él. Creo… creo que lo… quiero un poquito.

   La declaración les deja sin palabras. Chad cierra los ojos y se golpea la frente con una mano, muy elocuente. Mike alza nuevamente una ceja.

   -Vaya, amigo, explicamos, exactamente, ¿qué fue lo que pasó contigo? –quiere saber Mike, enfrentando la mirada de Jared, alarmándose ligeramente por los cachetes sonrojados de su migo.

   -No lo sé. Nunca había sentido esto… por un chico. Hasta el incidente con Tom, el único vistazo que le había dado al equipo de otro carajo era en una película o una revista porno, y eso de pasada. Luego vi a Jensen, es decir, le he visto muchas veces, en la cantina, en el pasillo de la secundaria, pero no le vi hasta ese día que tropezamos cundo “iba a la mesa de los maricas”. –contiene una sonrisa recordando lo idiota que se sintió en ese momento.- Noté…ese fuego, ese furor en sus ojos. Y me extrañó porque siempre era tan callado, tan la mirada baja, tan invisible. Era como… una sombra en los pasillos de nuestra existencia aquí. En ese momento… Bien, luego le vi dolido, intenso. Y sentí simpatía, quise… ayudarle, confortarle. –desvía la mirada, ceñudo, como buscando una respuesta.- Creí que era pena lo que sentía por él, pero era algo más, Mike; quería hacerle la vida menos mierda, pero también quería verle más. Acercarme. Cuando le vi después de aquella presentación… -sonríe aún más.- Tan cambiado, todo se me erizó por dentro. Se veía tan guapo. Y entendí que no sólo sentía pena, o que me agradaba… viéndole pensé nuevamente en besar a un chico. Y si con Tom fue un momento, algo que jamás he sentido ganas de repetir, y hasta me avergüenza un poco, con Jensen era un fuego intenso. Una llamarada donde quería quemarme. Acabamos de estar juntos y muero de ganas por verle otra vez. Sin detenerme a pensar en lo que hice en ese hotelucho, sin cuestionarme qué hice con él, qué sentí, en qué me convierte esto. –declara. Y hay un silencio desconcertado en la habitación.

   -Joder, no lo entiendo. –ladra Chad, rojo de furor.

   -Tampoco yo, pero es así. –Jared es algo asertivo en el tono en ese momento, duro. Y dolido. El rechazo de Chad…

   -No, no, no te estoy censurando o criticando, son tu culo y tus bolas; entiendo que puedas sentir… curiosidad… o hasta algo más. –arruga la cara.- ¡Hay tantos maricas en la escuela!

   -Chad…

   -Ya va, Mike, déjame explicarme; el punto que no entiendo, mi querido JT, es que si quieres explorar el lado marica del sexo, ¿por qué buscas a Ackles? ¿No podías intentarlo con otro? –el rubio le mira confuso, desconcertando al moreno.

   -¿El problema no es lo que siento sino con quién? ¿Y con quién habría sido menos… desaprobable? –entrecierra los ojos.- ¿Crees que debí fijarme en ti? –hay burla amistosa de años en el tono. Mike sonríe. Chad no lo hace.

   -No digo eso, pero aclaro que soy más guapo que ese Ackles.

   -Chad, no; no me interesas de esa manera… -se acalora Jared.

   -¡Ni tú a mí! –este se defiende.- Joder, estoy todo enredado. ¡Dejen de hablar! –brama cuando Mike abre la boca. Vuelve su atención hacia el castaño.- Lo que me pregunto es por qué eliges a un sujeto tan complicado como Ackles para sentir algo. ¿No podías fijarte en alguien menos cargado de problemas?

   -Chad… -ahora es Jared quien gruñe, no le gusta escuchar aquello.

   -No, no, el rubio insensible tiene un punto. –apuntala Mike, soportando ahora la ceñuda mirada del castaño.- Y no te cabrees sin escuchar. Bien, quieres vivir algo, o lo sientes, no lo sé, es cosa tuya. Imagino que un bisexual comienza en algún momento…

   -También un marica…

   -¡Chad! –dos voces le silencian.

   -…Pero, como dice Chad, ¿con Jensen Ackles? ¿En serio? Mira, no tengo nada contra el chico, en realidad en todos estos años no he cruzado un comentario con él, pero tú sabes… -se hace un tenso e incómodo silencio como siempre que se habla de “eso”. Del horror vivido por el muchacho. En el fondo todos intentaban no pensar mucho en ello, como no fuera para decirse que era bueno no ser Jensen Ackles.- Una noche sus padres tienen que salir porque Josh, el hermano mayor de Jensen, es detenido por la policía saliendo ebrio de una fiesta; y fueron por él, llevándose a la niña, Mackenzie, creo que se llamaba, y se matan todos al patinar el auto y volcarse. Se quemaron, como para que todo fuera peor. Y quedan Jensen y Josh, solos, de repente sin familias. El rubio encerrándose dentro de sí, atormentado quien sabe por cuántos demonios dentro de esa casa, y encima, seguramente peleados entre ellos. Josh era amigo de mi hermano, y era un idiota débil al que le gustaba demasiado el alcohol. A todos nos gusta, en cierta medida, pero en él era un problema. Y sus padres y su hermana se matan cuando iban por él. –se humedece los labios, era duro pensar en ello, en todas las recriminaciones entre los hermanos, solos en la casa donde antes convivía la familia que se acabó una noche en un fortuito incidente de muerte; las culpas, los gritos de dos hermanos que iban distanciándose en medio del dolor.- Y luego Josh se corta las venas, en su propia casa. Y es Jensen quien lo descubre, en la tina del baño del cuarto de los padres. Imagino que ya no soportaba el peso de su propia culpa, o ver recriminación en los ojos de los demás, la acusación en la mirada de Jensen, y lo hizo buscando una salida. Pero matarse y dejarlo solo, y hacerlo de esa manera… No, tu Jensen no la tuvo fácil, y esa pesada carga la lleva consigo a donde va. Eso, tarde o temprano va a estallar de alguna manera. Si no lo hizo ya.

   -Debió ser horrible, lo de Josh; escuché que todo era sangre. –gruñe Chad, ceñudo, por un segundo viéndose serio.- No puedo ni imaginar cómo Ackles continuó viviendo allí, con tantos fantasmas. Y estuvo como cinco meses completamente solo, después de lo que Josh. –el tono grave es tan no Chad que Mike y Jared intercambian una mirada.

   -Si, lo sé, lo sé, también yo escuché todas las historias. –balbucea el castaño, y si, también a él le había parecido todo muy terrible. Sintió pena por el chico de anteojos y mal encarado que nunca miraba de frente a nadie. Mucha. Pero mucho más alivio de no ser Jensen, la verdad fuera dicha. Cosa que ahora le hace sentirse un poco mal.

   -¿Crees que las escuchaste todas? –Mike le encara, y hay tal seriedad en su semblante que le inquieta.

   -Joder, ¿hay más? –pregunta Chad.

   -Si, no sé si ocurriría en verdad, aunque no me hubiera extraño para nada. –Mike toma aire por un segundo mirando a su amigo.- Dicen que Jensen se tomó unas cosas… -el castaño siente escalofríos.- Unos sedantes. Y que debió ser sacado a la carrera a un hospital. Juran que también intentó matarse.

   -¡Carajo! -grazna Chad, parpadeando. La sola idea de acabar con la propia vida era…

   -No, no escuché nada al respecto. –Jared respira con dificultad, frío de repente. Una imagen llena su mente, ese hermoso Jensen Ackles desnudo, su cuerpo contra el suyo, sus rostros muy cercanos, intercambiando frases tontas y besos en aquella cama, y superponiéndose a ella, la imagen del chico, frío, inerte. muerto.- ¿Crees que…?

   -Sólo él sabrá, de cierto. Pero aseguran quienes hablan, que lo encontró un amigo que fue a visitarle, y que llamó a los paramédicos, salvándole la vida. Creo que fue ese chico que practica teatro con él, Morgan, Colin Morgan.

   Y a Jared, con el estómago encogido en su abdomen, algo revuelto, todo le da vueltas.

CONTINÚA … 16

Julio César.

EXASPERACION

diciembre 12, 2017

NOCHES DE HALLOWEEN

   -Ah, carajo, deja de hablar de tu esposa y de tu novia, maricón; sabes que te encanta el olor y el sabor. Comienza que yo también lo tengo bien mojado…

LO NECESARIO

Julio César.

RATOS DE OCIO…

diciembre 12, 2017

DE FIESTA

   …Entre chicos calentorros.

   Una tarde aburrida sin un buen juego que ver en televisión, la novia de uno lejos, la esposa del otro visitando a la suegra, fue bueno que a uno de ellos se le ocurriera cómo pasar el rato saboreando algo nuevo. ¿Leves dudas al principio por el género, risitas nerviosas de burlas o medios insultos, temer un poco antes de dar un paso que complique o termine con la amistad?, si, pero al final, como suele ser a esa edad, se entregan sin restricciones a esos otros juegos entre ellos, que llevan años conociéndose, viéndose, acusándose uno al otro de maricón pero amando los momentos juntos en cada ocasión. Asuntos de ellos que a nadie conciernen fuera de aquella habitación.

NO TODO ES SEXO

Julio César.