Archive for 28 febrero 2018

PLANES DEL CHICO MALO

febrero 28, 2018

LABIA

   -Deja de preguntar cuándo terminaré, zorra; no lo haré hasta que te preñes. ¿No vivías pidiéndome esto?, entonces asúmelo: quiero ser padre.

BATALLA PERDIDA

Julio César.

COTIDIANIDAD

febrero 28, 2018

EL AZUCAR DE LA FIESTA

   Tiene algo que provoca mingonearle…

   Abrí la puerta y sonreí, realmente no muy sorprendido de encontrarle allí, en el balcón del patio, así. La caída de la tarde, clara aún, hermosa y cálida, parecía el marco perfecto para ese hijo de perra, el cual me mira sin ningún sobresalto, incomodidad o vergüenza. Aunque, con esa apariencia, era difícil no ser algo vanidoso.

   -Hola, cuñado, ¿mucho calor? –irónico le pregunto. Sin retirarme.

   -Bastante. Tomé una ducha pero sigo caliente. -responde como si tal.- Estuve jugando al futbol e hice un movimiento brusco, o tal vez debo estar haciéndome viejo… -¿bromeaba?, me pregunté.- Me duele un poco la espalda y la cintura. –deja flotar sus palabras.- Creo que necesito un masajito, pero, como cada martes, tu hermana y la suegra ya se fueron para el bingo y se tardarán su rato, ¿no quieres dármelo? Tienes unas manos maravillosas.

   -Yo… sí, claro. –¿qué otra cosa podía responderle a ese carajo?

   ¿Un movimiento nuevo?, tal vez lo que hizo, y quiere probar de nuevo, es uno RAPIDITO.

DINAMICA

Julio César.

INFIERNO EN LA TORRE

febrero 28, 2018

EL PROFESOR ACTOR PORNO

   Ganándose la vida con los ajustado del bañador…

   ¿Imaginan vivir de verse “bonitos”, luciendo sensuales? ¿Viajando a hermosos lugares y competir orgullosamente con aquel, de tal nacionalidad, y aquel otro de tal continente, luciéndose en bonitas prendas? ¿O escasas? Suena maravilloso, idílico. Y simplista. Seguramente vivir de la fachada, siendo modelo, es mucho más difícil y complicado de lo que parece. Para comenzar, hay que nacer no pareciendo un troll, al menos en detalles que la cirugía plástica, por ejemplo, pueda “remediar”. Ya eso me dejaba fuera. Por no hablar de la estricta disciplina para los ejercicios y todo eso, que no la tengo. ¿Qué tanto es el atractivo de la familia? Mis hermanas odiaban cuando le respondía a alguien, que me preguntaba cómo eran ellas, que me imaginaran a mí con una fea peluca. También les decía a estas hermanas que era una suerte que a ninguna le diera por empeñarse en ser una Miss Venezuela, porque vaya complejo con el que terminarían. Eran vainas de muchachos, esa edad cuando casi es placentero ser cruel. Ellas me replicaban igual. Pero si, no debe ser tan simple el ser un modelo, o ganarse la vida así, con ese trabajo tan… extraño.

   Aunque el mío también es extraño, hacer listas. Y lo odio. Odio mi trabajo, pero más odio a quienes me preguntan, cuando lo digo, ¿y por qué no te vas? Así, de malas maneras, como si fuera yo un idiota que simplemente se queja por quejarse. Lo de idiota se discute, pero que sea una simple queja infructuosa no lo es. En estos tiempos, si me voy de la oficina, ¿qué hago? Mirándoles feo, cuando me preguntan eso, les replico con un ojalá pudiera, pero con esta revolución de marras que destruyó toda oportunidad de trabajo, eso de irse de aquí y comenzar allá, como antes, se acabó; fuera de que esta gente terminó con todo el valor del trabajo (mucha gente renuncia a esto o aquello, porque los salarios no sirven para cubrir nada, ni siquiera el pasaje para llegar a la fuente de trabajo), hasta acabaron con la buhonería como opción. Sólo va quedando delinquir abiertamente pistola en manos (y seguro me doy un tiro), traficar con drogas (pero hacen falta contactos), o escapar por las fronteras (alegando persecución política). Y ninguna de esas posibilidades me atrae. Perder este trabajo infame, sería perder la poca seguridad social que me queda.

   Pero, en países donde no ocurre una hecatombe socialista irresponsable e incompetente, mucha gente siente que necesita cambiar de empleo por muchas otras razones que más tienen que ver con la insatisfacción propia. Lo que llaman buscar una “realización”. “Aquí me va bien, hay estabilidad, pero quiero probar algo nuevo. Arriesgarme y cruzar la mar”. Y es muy válido. En una sociedad que garantiza estabilidad, las personas que no tienen que preocuparse de morir en una calle como una casi certeza a causa de la inseguridad descontrolada, o de hambre, o por enfermedades fácilmente tratables porque están a la mano los medicamentos e implementos médicos, pueden dedicarse a pensar en ellos mismos, en lo que son; en lo que esperaban y aspiraban en un momento de su vida, y puede darse ese cambio de roles. En el fondo es la eterna búsqueda de un sentido, un propósito personal, llegar a “ese lugar bajo el sol”. La satisfacción personal. La felicidad.

   Dos cosas sobre la felicidad. Primero, es un estado mental, ese donde nos rodeamos de cosas materiales pero también espirituales, por decirlo así, que ofrecen como un cómodo colchón donde todo flota en interminable paz. Como vivir en una casa a la orilla del mar sin tener que preocuparse de lo que el otro día traerá, sin afanes monetarios, sanitarios o afectivos. Una sucesión de días de sol, brisa cálida y no hacer absolutamente nada como no sea recrearse en los sentidos, comer, beber, dormitar, amar (adivinen de quién podría ser ese ideal de paraíso). Pero, la felicidad, también presenta variadas fachadas, no es igual para todos. La inacción en unos es intolerable en otros que requieren de esfuerzo. Para estos puede ser el reto, el desafío, dejar atrás la estabilidad y la comodidad para luchar con uñas y dientes por alcanzar una meta, aún contra una gran cantidad de obstáculos, independientemente del resultado, porque lo importantes es dar la batalla. Tengo unos conocidos ya ancianos, que me sorprendieron divorciándose después de casi cincuenta años juntos, viéndoles yo siempre muy unidos y amistosos. Hablándolo con él, me contó que ella siempre quiso retirarse al lugar de donde salieron, la región de Caucagua, y a él le gustaba allí, su casa, su taller. Que un día ella vino y le dijo que los hijos ya habían crecido, encontrado su rumbo y dejado el nido, que los nietos estaban bien, que ellos estaban saludables y que aunque lo quería se iba para Río Chico, a vivir cerca de sus hermanas. Y se fue, así, tan pancha. Era lo que tanto había soñado. Su meca.

   No soy feliz haciendo lo que hago. Ya no le encuentro sentido. Antes elaboraba mapas de problemas epidemiológicos, cruzaba cifras, enviaba alertas, llevábamos estadísticas. Ahora nada. Y si uno se va de la lengua sobre algo, sobre fiebres que estén atacando aquí o allá, hasta puedes meterte en un problema por “incitar alarma”. Le pasó a un sujeto del sindicato del sistema eléctrico. Allí no se ha invertido en nada, no se ha reparado nada, se robaron el presupuesto de los mantenimientos, pero si falla la red eléctrica o fue una iguana traviesa, una rama de bambú que cayó sobre algo, o son los gringos que nos odian. Que ese sujeto dijera que era falta de mantenimiento y personal clasificado porque muchos han renunciado, le valió lo encarcelaran. ¿Cómo se vive, se trabaja, así?

   En la oficina el ambiente de trabajo no es placentero, muchos amigos y conocidos, gente a la que estimaba, se han ido. Unos cambiando de sector, otros fuera del país. Los que quedan son los que viven quejándose a toda hora del salario, y aunque yo mismo lo hago, eso me obstina. Irrita esa cantaleta como única nota de la rocola. Pero, donde noto que ya no aguanto, es por lo mal que me siento los domingos por las tardes, sabiendo que al otro día debo volver a la torre. Y al otro y al otro. La idea se me hace insoportable, angustiosa, deprimente. Es una tortura despertar cada mañana y saber que tengo que asistir. A veces noto que vivo pensando en excusas para no hacerlo, que me siento mal, que algo pasó en el apartamento, que viajé fuer de la ciudad y no encontré transporte (ojo, si alguien del trabajo lee esto, cuando he dicho estas cosas es porque ha ocurrido, ¿okay?). Y cuando eso pasa, cuando uno quisiera estar en cualquier otro lugar y no en “la mina de sal”, es que no se quiere volver. Es hora de marcharse.

   Tal vez la culpa es mía. Debí prestar más atención a los orientadores en el bachillerato que me decían que pensara bien en lo que quería hacer de mi vida. Varios de mis profesores señalaban que tenía la dedicación y sentía el interés suficiente en otros como para ser médico o profesor. Me gradué, celebré durante días (hasta que mamá preguntó hasta cuándo), y un día me vi obligado a decidir qué hacer, frente a un formulario universitario. No sabía e inscribí tres proposiciones y en esto quedé. Lo estudié… y aquí estoy. Es esto, como pudo ser cualquier otra opción. Me la jugué a un volado, y con los años, he comprobado que no me va bien en los juegos de azar. La suerte nunca está de mi lado, como en la película aquella. Cuando me preguntan, ¿qué otra cosa habrías querido hacer (creo que imaginan que planee esto)?, o “¿qué harías distinto?”, siempre riendo respondo que no estudiaría inspección sanitaria ni en un millón de años, y que, tal vez, habría intentado continuar con aquel viejo anhelo, escribir cuentos.

   Bien, mejor lo dejo así. Esto me hizo pensar que mañana vuelvo a la oficina y ya perdí toda alegría.

DE VIDEOS Y HEREDEROS

Julio César.

DICHA

febrero 27, 2018

LABIA

   El paraíso del calentorro: regresar del juego lleno de ganas y sudor, y que le espere su compañero de cuarto, siempre tan glotón.

PLANES DEL CHICO MALO

Julio César.

LOS CONTROLADORES… 49

febrero 27, 2018

LOS CONTROLADORES                         … 48

   En las calles de ciudad pecado…

……

   -No, no, por favor, eso no… -gimotea, porque es lo que quiere Tony, que recupere algo de su anterior rebeldía. Y estaba haciéndolo, pareciéndole despertar, alarmado, de un raro sueño.

   -Oh, sí, lo haré. ¡Boca abajo, puta! –le ordena disfrutando al verle obedecer, mostrarle su nuca, sus hombros anchos, el culito respingón y firme.- Y probar tu primera tranca en el culo, el primer güevo abriéndote y tomando tu virginidad y hombría no será lo único que te pasará. –temblando con una lujuria mala, se le encima y le dice al oído, con voz ronca, cargada de deseos y maldad, disfrutando de verle asustarse.- Puedo hacerte mucho más, Rubén. Tomar totalmente tu masculinidad, eso que te hace sentir hombre; puedo hacer que te crezcan las tetas y las sientas rico, que tu güevo se ponga chiquitico y que nunca se te pare otra vez, pero que te corras entre chillidos y saltos de gozo cuando un güevo te llene el agujero. Puedo hacer que las nalgas te crezcan y que ese culo lo tengas siempre caliente por un tolete. Todo eso puedo hacerlo… y te lo haré, hijo de perra.

   -Moncada… -jadea el otro muchacho, ojos muy abiertos, aterrado al entender cabalmente lo que le dicen, el horror que le promete, sin poder responder físicamente contra aquello. Resistiéndose mentalmente, sintiéndose aprisionado por el peso cálido del otro muchacho, la terrible verdad le alcanza y llena de furia y miedo: un marica quería cogérselo.- Hummm… -se le escapa aunque no quiere, porque no quiere aquello, pero el calor del otro hacia responder su piel. Hace pocos segundos si se habría sentido feliz de someterse, lo habría hecho gustoso de la vida, cuando Tony le controlaba en cuerpo y mente, pero al soltar un tanto el agarre sobre su cerebro, puede articular ideas que su cuerpo no secundan y con las cuales no parecen estar de acuerdo. Lo sabe porque se agita sobre la cama buscando el frote mientras separa las piernas.

   -Serás un chico-niña, un marica amanerado, tetón y coqueto. –le susurra al oído el otro joven.

   En ese momento, sospechando él mismo que está siendo controlado por algo o alguien más, Tony se deleitaba en atormentar al compañerito de clases. Estaba disfrutando una bola y parte de la otra el tenerle así, bajo su cuerpo, frotarse contra él, su verga tiesa subiendo y bajando sobre la raja entre las nalgas. Escucha sus propias palabras y eso le gusta. Pero no es tonto, sabe que es un controlador, aquel sujeto se lo había dicho, pero también podía transformar, y ese conocimiento le había llegado por su cuenta, aunque “algo” se lo señalaba abiertamente ahora. De alguna manera era consciente de ello, como lo fue cuando atacó al negrito Nóbregas en el colegio, ese bocón malintencionado. Por un instante se inquieta, no puede hacer nada por corregirlo, o impedirlo, pero la certeza de estar siendo manipulado por otra voluntad iba ganando terreno. Una voluntad poderosa, grande, muy superior a la suya, que en esos momentos casi parecía conectado a él, a su cerebro. Una sensación fría, viscosa y muy desagradable le alcanzaba a ese nivel.

   -Detente… -el jadeo ronco, de Rubén, le distrae, le confunde. La idea de apartarse de esa otra voluntad pierde importancia, y el pasar el rato ahí, en el ahora, controlando al chico, se hace más imperativo. Más cuando este se agita y baja la frente, extendiendo la nuca y el cuello cuando le roza con los labios. Decía que no, pero su cuerpo…

   Casi apretando los dientes con rabia, Tony recorre ese cuello, desde el final del cabello a donde nace la espalda, besando las espinas dorsales, lamiendo y mordisqueando. Se odia por hacerlo, por querer… adorarlo. Por desear, aún ahora, que eso fuera real. Que Rubén estuviera allí por su voluntad. Odia la idea porque le parece que le hace débil, era él quien se sometía al joven gañan que detestaba e insultaba a los homosexuales. No, no debía ceder, debía castigarle. ¡Y lo haría!

   -Todos te dirán Rubencita… -le dice mientras lame lentamente su cuello.- Te dirán nena; cuando vean tus pantaleticas en los vestuarios te llamarán putica… -apuntala mientras agita su cuerpo, frotándole el güevo sobre las nalgas.- Dígame cuando comiencen a crecer tus senos, grandes, redondos, llenos… -le susurra al oído, malvado, mordisqueándole el lóbulo de la oreja, metiendo las manos bajo su cuerpo y atrapando con las palmas abiertas los jóvenes pectorales, los cuales, Rubén no sabe si es sicológico, parecen hormiguear y arder de adentro hacia afuera, hacia los pezones, de una manera alarmante, ominosa.

   -No, no… -lloriquea con ojos cerrados, temblando de excitación por un lado, realmente asustado por el otro. Las visiones que Tony conjuraba le aterrorizaban, él no quería ser eso, y sin embargo…

   Alzando el culo, la tranca totalmente tiesa y rojiza, apuntando hacia abajo, hacia esas nalgas que se abrieron, Tony respira pesadamente, bajando; el glande rozando la raza, recorriéndola con ella, incrementando los temblores de Rubén, sus gemidos involuntarios, aunque también sus “no, no”. Ya no piensa. La cabecita de su güevo choca de aquel culito cerrado, velludo (algo que debía corregir), y va empujando.

   -No, no, Moncada, eso no… -lloriquea Rubén.

   -Si, lo quieres. Eres un marica reprimido que molestaba a otros, a todos, por eso; porque estás frustrado, porque no has conocido la liberadora y total satisfacción sexual al tomar, apretar y ordeñar con tu coño un buen güevo caliente y duro. El primero te abrirá los ojos, te dará tanto placer que ya no pensarás en nada como no sea en hombres y güevos. –se burla, empujando lentamente su barra, para torturarlo.

   -¡No lo soy! ¡No soy un marica! –es categórico, ojos cerrados, mejillas muy rojas, el trasero tenso.- Es lo que quieres pensar porque es lo que se dicen todos ustedes, los sucios maricones, cuando otros no comparten sus pendejadas. –tiene la desfachatez de argumentar, algo que sorprende, y molesta, a Tony.

   -¿En serio? ¿Te has sentido agredido? ¿Alguien te gritaba cosas feas y degradantes cuando te decías hétero y andabas con una chica en cada brazo? ¿Te perseguía alguien, hijo de la grandísima puta? ¿Te golpeaba por ser diferente? ¿O eras tú, pila de mierda, la que buscabas hacer daño? –ruge al demandar saber, porque en verdad le molesta el punto. Pensó en clavárselo todo de manera dura, rasgarle la virginidad anal en lugar de tomarla, pero no, no quiere eso, desea que lo disfrute, que su mente le grite en todo momento “no” mientras todo él tiemble de emoción mientras otro chico lo cabalga con su güevo (en parte, una pequeña voz le dice que todavía no se anima a herirle en serio, pero no quiere escuchar eso), y va abriéndole, metiéndose.

   -¡Para, para!-le oye gritar, hombros muy rojos, pero alzando más el culo, dentro del cual van desapareciendo los pliegues y pelos, así como la mole cilíndrica del otro muchacho.

   -Lo vas a gozar, llorarás de placer y te preguntarás cómo es que nunca antes había probado tanto placer. –responde entre dientes, ominoso, torturándole.

   -No… -replica, pero siente que eso late y calienta de una manera que le confunde, aunque estaba forzándole para abrirse camino en su interior. ¡Por Dios, iba a cogerlo!

   -Te encantará sentir el güevo de un hombre en tu culo. –se burla casi en su oído.

   -No, nunca… -gimotea, rostro muy contraído, mientras el tolete va entrando y entrando, centímetro a centímetro, un tercio de él clavado, deteniéndose, latiéndole en las entrañas, retirándose un poquito, volviendo a entrar hasta ese límite, frotándole.- ¡Ahhh! –se le escapa, aunque quiso morderse los labios para contenerlo. La risita de Tony es cruel.

   -Si, te gusta. Te ha encantado el cachito de güevo que te metí; imagina lo que sentirás cuando esté todo, hasta los pelos; cuando te haya llenado totalmente con mi hombría.

   -No, no, no lo hagas… -ruge entre dientes. Rubén no entiende qué pasa, no cabalmente. Su mente, liberada del control de Tony, o de lo que fuera que lo controlaba, está viviendo un infierno.

   A Tony le ha ocurrido algo, algo que odia. cuando “atacó” al otro lo hizo con idea de humillarle, de romperle, pero fue necesitando algo más, un acercamiento. Parecía querer que Rubén y él fueran algo más. Rubén no. Él, su mente liberada del control, odia eso. No es gay y desprecia intensamente al otro por lo que le hace. Pero, sin embargo, su cuerpo le traiciona. odia aquello, está horrorizado, pero sentir el calor, peso y tacto del cuerpo de Tony le tienen… cachondo. Horrorizado sabe que su culo, aunque no puede verlo, titilaba, se agitaba y se abrió al roce de ese liso glande que ahora lo penetra, quemándole de una manera que (y grita mentalmente) le parecía increíble. Aprieta los dientes, furioso, cara más roja, al entender que espera por el resto del tolete.

   -Si, lo quieres. –Tony le medio ríe en una oreja.

CONTINÚA … 50

Julio César.

RAMON ESCOVAR SALOM, LUCES Y SOMBRAS DE UN PAIS

febrero 27, 2018

DORIS WELLS: NOBLEZA

   …Que sigue condenado a ser un proyecto.

   Cómo pasa el tiempo. Este mes de septiembre se cumplen diez años desde que falleciera un venezolano por el cual siempre sentí respeto y mucho de admiración, aunque le tocó actuar en un tiempo plagado de personalidades destacadas en la batalla moral que se dio, o se inició, ya que dicha lucha no terminó de cuajar. No estábamos listo, o preparados, como sociedad para ello. Alguien ya lo sentenció: no somos suizos. También hubo mucho de infamia en quienes sostenían al sistema que caía y en quienes aún insisten en maquillar el problema. Que ha determinado nuestra historia y la manera en la cual nos ha ido. Eso de que en algún momento se toca fondo es mentira. Una persona, un país, un mundo puede caer indefinidamente, de barranco en barranco, como no prive el sentido común de sus ciudadanos para darle un punto final a las calamidades.

   Bien, del gran venezolano de quien hablo es del señor Ramón Escovar Salom, político de larga trayectoria, que fuera así mismo abogado, profesor de la Universidad Central de Venezuela, embajador en Europa, representante del país ante las Naciones Unidas, ministro de Relaciones Exteriores y Fiscal General de la República, esto último en los años noventa, cuando se dio su momento estelar. En mi humilde opinión, ya que no le conocí en otros ámbitos; tal vez era un profesor genial, un embajador capaz de embaucar a otros para que nos compraran cosas, facilitando el tránsito de los venezolanos por el mundo, abriendo mercados y asegurándonos tecnología y cultura. Claro, en los días cuando los venezolanos no apestábamos como ahora, en esos tiempos oscuros.

   Fue, como Fiscal, quien inicio, llevó y concluyó el proceso judicial que encontró culpable al entonces presidente de la república de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, por el delito de peculado en el uso indebido de un dinero a su disposición, la llamada Partida Secreta, con la cual el estado cancelaba el funcionamiento de maniobras de inteligencia o seguridad que “no era prudente” se supiera, y que se gastaron como les dio la gana. Diecisiete millones de dólares, creo recordar. Doscientos cincuenta millones de bolívares, al cambio en ese entonces; doscientos cincuenta mil de los de ahora (con lo cual no se compra ni medio cartón de huevos). Lo que precipitó su desproclamación como presidente, en 1993. Hecho que trajo muchas colas, siendo la herida mortal al bipartidismo en la era democrática, una de ellas; y señalamientos de responsabilidades a la persona del Fiscal.

   En las mentes frívolas, y las infames de antes y ahora, es culpa del Fiscal de ese entonces este desastre que padecemos actualmente, por atreverse a investigar a un presidente felón; como lo es del difunto doctor Rafael Caldera por haber indultado al comandantes golpista, Hugo Chávez Frías, como la inmensa mayoría quería en ese momento y que luego le hizo presidente y ahora no lo recuerda, tal como pasara con Carlos Andrés Pérez años antes, cuando con votos de la gente se le encumbró y luego se le repudió después del paquetazo neoliberal del 89, que ni de lejos se parece a este que el régimen nos aplica hoy, totalmente salvaje. La culpa es de este, de aquel, del de allá. Así de simplistas nos ponemos a veces.

   Y este señalamiento en lo participar contra el doctor Escovar Salom es lo que más me molesta, cuando reunido con otros, alguien lo esgrime con intencionada mala memoria. Y hasta algo de indecencia intelectual. Sí, me molestan cosas que a otros ni les importan. Escuchar estas ligerezas me alteran mientras a otros dejan indiferente y callan ante la tontería expresada, o hasta asienten, sosteniendo que todo este desastre, que la perdida de la democracia es su responsabilidad porque enjuició a Carlos Andrés Pérez, sacándole de la presidencia. Aparentemente a los dioses vivientes no se les debe tocar independientemente de lo que hagan, sentimiento muy extendido en Latinoamérica donde los presidentes no son funcionarios electos sino diosecitos cuya palabra es la ley de la república. Leyes y hasta realidades que pueden modificar a voluntad.

   Lo cierto, en dos platos, fue que Ramón Escovar Salom enjuició a Carlos Andrés Pérez por ladrón. Es una palabra fea, dura (especialmente porque el hombre ya falleció), pero esa es la palabra. Eso de corrupto, y hasta felón, suena a disimulo. Fue por robo que se le señaló. En lo cual, ya tenía fama. Ya lo había hecho en su primera presidencia (1974-1979), rodeándose de una corte de los milagros donde la irresponsabilidad y la corrupción se daban la mano, pero como el dinero rebasó las mesas del poder y vivimos en la burbuja de la Venezuela saudita (tanto dinero así se manejó), que esa ilusión de atraer y repartir riquezas, de presidente mano suelta (aun sabiéndosele ladrón), fue determinante para que buena parte de los venezolanos le hicieron presidente una segunda vez, silenciando las voces que hablaban de un sujeto megalómano e inescrupuloso (hablo de Carlos Andrés Pérez, que en paz descanse, no de Hugo Chávez Frías, mil veces peor, también muerto).

   Carlos Andrés Pérez fue elegido, por segunda vez, presidente de la república de Venezuela, voto a voto; no fue impuesto por Estados Unidos, los iluminatis o los marcianos, como a tantos les gustaría creer. Deliberadamente se le eligió, como años más tarde se elegiría a Hugo Chávez Frías, al cual, ahora, parece que nadie respaldó en las urnas por allá en 1998, al inicio de la pesadilla (ah, la memoria es tan corta, la responsabilidad tan limitada, la vida es tan cómoda así). Y miren que el presidente adeco era poderoso en ese entonces, venía de ganar bien, de una coronación fastuosa donde no faltó ni el mal gusto, donde Fidel Castro no se guardó, ni se ahorró, ningún elogio para su amigo (esa sarna… qué en paz descanse, si puede); presidente que muy pronto debió montar una mafia jurídico-policial para perseguir a la disidencia que siguió al sacudón del 89 y a las intentonas golpistas del 92. Contaba con jueces y fiscales, aunque no llegó a los niveles de aberración nazista de la revolución de marras que luego arribaría. Fue en ese clima, una figura solitaria y quijotesca, rodeado de los elementos más peligrosos de la policía política, que Ramón Escovar Salom fue recabando sus recaudos, disponiéndose a acusarle, a pedir se le investigara y que se le enjuiciara. Fueron pasos lentos, mucho protocolo, la gente no creía que resultara (¿enjuiciar a un presidente de la república en una nación latinoamericana?, qué locura, ¡esos son dioses, dueños de vidas y haciendas!). Pero lo logró.

   Ante las pruebas que presentó, el antiguo Congreso de la República, asiento de la representación de todos los espectros políticos y sociales del país, hasta de las minorías, encontró méritos para enjuiciarle, y la Corte Suprema de Justicia, de la cual se decía estaba bajo el ala de Carlos Andrés Pérez, debía decidir si era culpable o no. Fueron momentos intensos, unos vivía pendiente de la presa, cada vez que Marta Colomina tocaba el tema ahí estaba yo escuchando, salía de madrugada para conseguir El Nuevo País y la revista ZETA antes de que se agotaran. Eso parecía una novela de suspenso: ¿lo harían?, ¿negociarían los magistrados?, ¿recibirían órdenes de los partidos? Recuerdo esa tarde, YVKE Mundial, la emisora radial más antigobiernera del momento lanzó un extra, extra, con esa fanfarria escandalosísima que tenían (cuando la usaron en la segunda visita de Juan Pablo II, para anunciar que su avión había entrado a nuestro espacio aéreo, la gente se asustó, pensaron que el aparato se había caído), y se anunció que si, que se le enjuiciaría, comenzando por sacársele de la presidencia. Años después, YVKE se convertiría en símbolo de vergüenza, reproduciendo y encubriendo todos los vicios y crímenes que en ese entonces denunciaba. Por su parte, la Corte Suprema de Justicia enjuició a Carlos Andrés Pérez; claro, no eran magistrados nombrados a dedo en un programa de televisión para restregarle al país la vagabundería de un degenerado y decadente grupo fascistoide. Eso llegaría después.

   El problema, en ese entonces, fue que Ramón Escovar Salom le había retirado la cobija al sistema, dejándole desnudo, un sistema que era corrupto y que no intentaba no siquiera corregirse o cambiar, sino hasta disimularlo. Un sistema bipartidista que defraudó a los venezolanos que hasta el inicio de ese periodo aún esperaban algo de ellos. Como sabían, o debieron saber, quienes manejaban el sistema, que todo terminaría como terminó si continuaban sosteniendo una corrupción galopante, el grosero enriquecimiento de una casta política y sus amigos plutócratas, mientras a la gente querían sacarle los reales de las venas, al tiempo que lo tenían acorralado con impuestos e inflación. Ellos, como políticos y dirigente debieron saber que el país defraudado no por palabras sino por lo que veía, se lanzaría en brazos del primer José Tomás Boves que pasara por allí prometiendo cortar cabezas de ladrones y repartir el botín del saqueo. Debieron estar conscientes de eso, porque eso, efectivamente, ya había pasado en nuestra historia. Y quien no lo sepa no debería pretender pontificar sobre nada en Venezuela.

   Que eso terminara pasando, que la gente se cansara de la palabra democracia en boca de los dirigentes indecentes (como era evidente para todos fuera del bipartidismo y su gente), ah, no, eso no era culpa de nadie más como no fuera de Escovar Salom (y Rafael Caldera, y el ministro Fernando Ochoa Antich). No lo era de quienes votaron por el ladrón que ya había demostrado de lo que era capaz en una primera presidencia, ni un sistema que no supo o no quiso ver que el piso de abría bajo sus pies, engolosinados como estaban con las manos llenas de billetes verdes y la costumbre de un estilo de vida semi aristocrático por ser “políticos”. Tal como ahora con la revolución de marras, pero esta es aún más culpable al condenar a millones de venezolanos a una lenta muerte por física hambre, la que antes padecían únicamente los que no querían trabajar en algo.

   En esa lógica infame y perversa que se esgrimió en su momento, y aún ahora, se dijo que, “está bien, Carlos Andrés Pérez era un ladrón, el sistema no funcionaba, no daba respuesta, no intentaba corregirse y si alguien pedía explicaciones era perseguido judicialmente, la gente quería que los gobernara su ladrón pero después se arrechó, todo eso era verdad, pero a ese ladrón no se le debía tocar porque podría suceder algo peor”. Es decir: “no sirvo para nada, abuso de mis atribuciones, pero se la tienen que calar, es su deber calársela o no se sabe si lo que llegue sea peor y será responsabilidad de ustedes, no mía”. Si usamos es lógica enferma, entonces tampoco se debe hacer nada contra la revolución de marras y simplemente debemos perecer de inanición o escapar con cuatros trapos en un bolso a otra nación, dejando la que no se supo o no se quiso defender. Pero si, Carlos Andrés Pérez y el bipartidismo eran malos, especialmente el primero, pero no se le podía tocar. Como se le enjuició, como el sistema quedó al desnudo (como años más tarde quedaría el ideal de la “revolución cubana” y la de los gobiernos socialistas), incapaz de dar respuestas porque ni entendía qué pasaba en el país con la gente, la culpa se encarna en el hombre que llevó a cabo las diligencias para responsabilizar y sancionar penal, social y éticamente al líder que traicionó sus votos.

   Cuando se trata de miseria y sicariato intelectual, al venezolano si le alcanza un poquito más la memoria. Es capaz de hacer las asociaciones más malabaristas que se pueda encontrar para explicar un hecho, lo que llaman hacer pasar la gimnasia por magnesia. Así, en cuanto comenzó a verse que la acusación de Escovar Salom contra Carlos Andrés Pérez iba en serio, y que no pensaba dejar las cosas así sino que pretendía llegar hasta las últimas consecuencias, no faltó quien recordara y dijera que era una venganza del hombrecito, ya que fue Carlos Andrés Pérez quien le destituyera de su cargo de ministro de Relaciones Exteriores, en el año 1977; guardándole la factura para cobrársela en 1993. Repito, no se trataba, en mentes insensatas, de un proceso emprendido contra un sujeto que se llevó una plata que no era suya, no, era una venganza política. Que fuera Escovar Salom un hombre probo, gran jurista y educador, en quien la labor pública no reñía con el sentido común y la inteligencia, que el gobierno malandroso de Carlos Andrés Pérez no pudiera encontrar con qué señalarle, no significaba nada. Cuando fallece, se le quiso recordar, en estos tiempos frívolos de necedad, como uno de los enterradores de la democracia, quien para vengarse de un sujeto que le sacó de un cargo, dedicó todo su esfuerzo para encarcelarlo.

   Se pretendió, con esa necedad tan propia de quienes confunden lo que piensan con hechos, que lo que ocurriría luego, la llegada de Hugo Chávez Frías y de esta revolución de marras que tiene a Venezuela sumergida en la basura, el hambre y la miseria, fue un producto de aquello; que él “sabía” que pasaría pero no le importó. En esta visión presidencialista de Latinoamérica (donde el ciudadano no tiene ningún valor frente al cargo), esa admiración al macho, y ninguno como un presidente que grita, vergajea y ordena vainas con malos tonos, así sea de manera insensata, ilegal o arbitraria, llevó a muchos a sostener que enjuiciar a Carlos Andrés Pérez no era un señalamiento de responsabilidad a un sujeto que no dio la talla, sino al cargo, al puesto que ese hombre ocupaba dentro del sistema, por lo tanto al sistema mismo. Carlos Andrés Pérez no tenía, según esta visión, ninguna responsabilidad para con el país, menos estaba obligado a rectificar, cambiar de rumbo o a dar una explicación sobre lo que hacía; no, era el presidente, por lo tanto era su derecho el aún tomar ese dinero, y cualquier cuestionamiento a tal mandato real era un ataque a la Democracia. Si, se le atacó, y pasó esto (mediante el voto popular), entonces el culpable es uno y solo uno, el Fiscal. Se siente tan bien evadirse, individual y colectivamente, ¿verdad?

   Lo cierto, en las palabras de Escovar Salom, en sus memorias, es que: “La democracia se perdió en manos de la inacción, de la indiferencia, de la frivolidad para mirar el escenario crítico que se tenía a la vista y que fue haciéndose crecientemente presente desde 1977”. Y cuando las cosas son ciertas parecen intemporales, con esas palabras el señor Fiscal de ese entonces pareciera estar describiendo el asalto al poder, y a la bolsa pública, que se conoce como Socialismo del Siglo XXI, el cual vive la misma agonía por iguales causas.

   Lo cierto, en sana lógica, es que si el modelo democrático no se podía tocar, ni cabía a los ciudadanos esperar nada de él, no podía sostenerse. Hablar de una “conspiración” contra la democracia, efectuada ignorantemente por unos cuantos vivos que esperaban lucrar del hecho, porque terminó derribándolo todo, es condenarnos a creer que no podemos escapar del modelo felón de líderes. Estamos condenados a calárnosla en interminable sucesión. ¿Qué otros poderes se movieron para meter la mano pensando que pescarían en río revuelto? ¿No es el juego de poderes algo democrático? ¿No vigilan los demócratas a los republicanos y hasta Nixon sale con las tablas en la cabeza sin que el país caiga en el caos? ¿No asechan los conservadores a los liberales? ¿Qué, en nuestro caso, intervino una logia militarista que quería ponerles las manos al poder para forrarse de plata y privilegios, los llamados golpistas?, eso sí estuvo mal; pero más que habilidad de quienes se movían en esas sombras, lo que hubo fue incompetencia para comprender el momento que vivían de quienes de cara al sistema, usufructuando todos los privilegios (incluso de discursear aburridamente ante las cámaras de televisión), gobernaban. No supieron intuir lo que ocurría, interpretarlo o ponerle un remedio. Uno que era difícil, intentar justificarse la necesidad de su permanencia ante un electorado frívolo pero indignado que exigía un cambio, el que fuera, con tal de que salieran del hombre que llegó a encarnar, en ese entonces, todo lo que estaba mal. Como, ahora, lo encarna Nicolás Maduro Moros.

   Fue Ramón Escovar Salom un gran hombre, repito, de voz educada, siempre clara y bien modulada, parecía suave en sus maneras, pero su temperamento era de acero. Fue un señor que entendió su tiempo, su papel en la tragicomedia de nuestra historia. Su trabajo. No fue simplemente otro nombramiento en un reparto de poderes dentro de un sistema que iba perdiendo representatividad y legitimidad. Era, él, el Fiscal General de la República, y como tal, actuó. Se propuso una meta, a sus manos llegaron unas pruebas que investigó, supo que un sujeto estaba incurso en robo, y como fiscal de una nación, representante de un sistema judicial, lo procesó. Que resultara ser el presidente de la república no fue su culpa; eso es más motivo de vergüenza para nosotros, en especial del sistema que fue encumbrándole, que le tapareó las sinvergüencerías y le rodeó para intentar justificarle y salvarle.

   En esos días, hasta yo andaba impaciente, me amargaba cuando un conocido o un amigo se reía de mí por esperar ese juicio que era moral, un juicio a toda una era, a una manera indigna, indecente e irresponsable de comportarse del sistema bipartidista. Esperaba que encarcelaran al presidente felón y comenzara la sanación, la introspección de un país que entendería que una manera tan frívola e irresponsable de comportarse nos llevó a todo ese sufrimiento bajo un paquetazo que buscaba reponer en las arcas lo que el gobierno se llevaba, tal como ocurre ahora pero a límites de histeria. Y, en ese momento, Ramón Escovar Salom nos sorprendió. Fue tan extraño, el jefe de un poder público, un funcionario público que cumplía con su deber. El coraje personal, el aguante que debió mostrar, las presiones que debió soportar tan sólo queda imaginarlo, pero él pudo con la tarea. Era la que le tocó y a ello se abocó.

   En este venezolano se cumplió, en positivo, la cursi sentencia: Ni Dios, ni la república pueden acusarle de no haber cumplido con su deber. ¿Qué otra cosa mejor se puede decir de alguien? ¿Qué elogio, título o reconocimiento? Que, tal vez que, con un hombre como él, en ese cargo, Venezuela no habría llegado a lo que llegó con la horda revolucionaria de marras. Eso lo entendió nada más llegar al poder Hugo Chávez Frías, por lo que procedió a desmontar todo el estado y las instituciones. Para no topar con un Ramón Escovar Salom, el Señor Fiscal.

Julio César.

EL QUE SABE, SABE…

febrero 27, 2018

JUGUETONES BAJO EL SOL

   Cómo comportarse frente a un joven maricón…

  Cuando su mujer e hijas se quejaban de las prendas que usaba cuando iba a la playa con la familia y los invitados, el hombre sonreía con sorna, reparando en las orejas rojas del jovencito novio de turno de su hija menor (¡tenía un ojo para elegirlos!), quien quería pero no podía apartar la mirada por mucho tiempo de su tanga. Y menos cuando, dentro de agua, se le llenaba y se las frotaba por la retaguardia y el chicuelo del momento se aquietaba y recostaba, mirándole aprensivo sobre un hombro, temeroso de malinterpretar aquello, hasta que con un dedo en los labios le indicaba que callara, y sonriendo le bajaba un poco el largo bañador metiéndole manos y dedos…

ESE MOMENTO

Julio César.

EL CAMBIO… 51

febrero 27, 2018

EL CAMBIO                         … 50

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Juegos de machos.

……

   Y Jeffrey, rostro al frente, totalmente sonreído, dichoso, ojos cerrados, abriendo mucho la boca y echando la cabeza hacia atrás, tiene una epifanía, una idea que le llena de calor y felicidad: para eso había nacido. Para que le dieran duro y sabroso por el culo. Si, si, para gozar así, recibiendo güevo. Lo sabe. O lo recuerda. O le parece que lo escucha en su cabeza como un recuerdo. No importa, no mientras lanza un ronco y profundo bramido, sonriendo, al tiempo que aprieta y floja su hambriento agujero alrededor de la dura y pulsante barra de carne.

   Down la mete y saca sintiéndose masajeado, succionado, y grita, ojos cerrados también. Ese agujero padecía espasmos, temblores, ardía de manera intensa, y su tolete lo quería; más y más de ese sujeto. Y así está, dándole machete duro al culo del musculoso marine, tal vez ignorando que él mismo chilla, ronco, acompañando a Jeffrey, quien medio ríe, ojos cerrados aún y sosteniéndose del archivero, echando su culo de adelante atrás. Los dos en la dicha del sexo.

   Su entrega al gozo, su putez mientras le apuñala el chiquito con la tranca, pone más frenético a Down, quien quiere cogerlo todavía más. A pesar del uniforme, es posible escuchar las palmadas cuando le choca la pelvis de las duras y redondas nalgas, unas nalgas que lo enloquecían, tiene que reconocer. Y que ocultaban, en medio, ese agujero que apretaba, halaba y chupaba su verga como ningún otro que recordara. Y si, él le había dado por el culo a más de una chica alegre y aventurera (no a su mujer, pero…).

   Y pensarlo le ponía peor, tenía que enterrársela más y más adentro, para sentirla más apretada. Pero también para cogerlo. La idea de hacerlo, de estar haciéndoselo a otro hombre, dándole duro por ese culo, era suciamente excitante. Afinca el agarre sobre la cintura estrecha, hacia arriba se ven los recios hombros formando una ve, y destacando abajo el trasero redondo y turgente. La blanco rojiza barra va y viene, abriéndole, metiéndole y sacándole los pliegues en su movimiento. Esta aparece y desaparece en ese lampiño orificio rítmicamente. Allí golpea una y otra vez, de lado a lado, de arriba hacia abajo, provocándole más gemidos y gritos de gozo al muy puto. Verle arquear más la espalda, bajar la cabeza, el recio cuello hinchado y rojo, todo eso le tenía mal.

   Sonriendo fascinado, con un nudo en la garganta por las ganas de estar allí, participando, Larry O’Donnell continúa “fiscalizando” su prueba. Echándote en la silla, los pies dentro de las negras botas apoyadas sobre un escritorio, mira y se soba sobre el pantalón. Bien, piensa, o el cabo quiere jugar… o se le cansaron las piernas (no era tan fácil follar de pies por mucho tiempo), cuando este cae sentado tras el estrecho escritorio de monitoreo del pasillo en esas instalaciones.

   Efectivamente, jadeante, muy excitado, el marine cae sobre la baja silla, con las piernas muy abiertas, la verga emergiendo como una lanza de su bragueta. Su pecho sube y baja mientras ve como Jeffrey sale de ese shorts, o bóxer que lleva, el culote afuera aunque ocultándose (por su petición) la verga con el bikini. Sin embargo, Down no puede dejar de notar el tamaño de ese tolete erecto bajo la breve prenda. Si no fuera tan maricón, y pasivo en sus prácticas, esa pieza causaría impacto, se dice sin ningún tipo de interés en particular en ese punto. ¡Sólo quiere culo!

   -Vamos, marine, desmonte mi arma. –le gruñe, sintiéndose tonto y caliente, cachondo y retozón, disfrutando del brillo travieso del enrome y joven sujeto.

   -No me diga que ya va a disparársele, mi cabo. –juega.

   Y sin más, el hombrezote cruza sobre los muslos del otro, a hojarasca, de frente a él, como retándole a decir que no, pero Down no puede, no con las urgencias que padece por enterrársela otra vez. Ese enorme y musculoso cuerpo, al alcance de sus manos y lo que quiera hacerle, le tenía muy mal. Y maluco. Atrapándole la cintura fue bajándole, guiándole, disfrutando de verle sonreír. Al flexionar las rodillas y bajar, la espaldota recta, las nalgas del joven se separan y abren aún más, el lampiño y rojo culo se expone; baja más y choca del glande, y jadean contenidos, miradas atadas en todo momento. Los dedos de Down tantean esas nalgas duras, rodando hacia la raja, tanteándola también, acariciándole allí, palpándole, provocándole otra sonrisa. Y si los dedos de su mano derecha rozan los pliegues del culo del marine, con los de la otra mano tantean su propia verga, la punta, guiándola más, medio empujándosela y clavándosela, así como metiendo los labios de ese agujero que sabe ávido. Los pliegues titilan sobre la lisa cabeza, dándole la bienvenida, abrazándola antes de aceptarla, al tiempo que el cuerpo del enorme marine se tensa más, arqueándose un poco hacia atrás mientras la barra va penetrándole. Si, su culo quería eso, y baja tragándola centímetro a centímetro… Gimiendo en todo momento.

   Down le mira fascinado, alzándose sobre él por su altura, sentado en su regazo, totalmente clavado, aunque las mismas nalgas no permiten que se siente del todo y un centímetro de cilíndrico tolete queda afuera. Ver el torso enorme, musculoso, los pectorales que parecían globos de acero, la respiración levemente agitada (qué aguante y control tenía, se dice sorprendido), la cadena con las chapas identificadoras, toda esa visión le tiene maravillado, aunque no tanto como… Santo Dios, si, ese culo, aún quieto, estaba amasándole, halándole, chupándole la verga de manera intensa. Se tensa, de puro cachondeo, cuando sus hombros son atrapados por las manotas de Jeffrey (reparando de paso en su fuerza física de tipo bélico; sería un rival formidable en un pelea), y espera, con una sonrisa, imaginando bien lo que viene, lo que el marine hará.

   -¡Oh, Dios! –gimoteando, totalmente contrario a todo lo que había sido su vida hasta esos momentos, usando el nombre del Señor en tal contexto, Jeffrey sonríe más, con lujuria, al abrir la boca y echar la nuca decididamente hacia atrás. Sus nalgas tensándose, su agujero latiendo al ser atravesado por la formidable barra masculina, que pulsaba y calentaba sus entrañas.

   -Vamos, niño flojo, enséñame qué tienes. –la voz ronca y excitada de Down, una que le cuesta reconocer a él mismo, le saca de aquella ensoñación. El marine le mira con voluptuosidad.

   -¿Quiere ver lo que puedo hacer, señor?

CONTINÚA … 52

Julio César.

LA PRACTICA DIARIA

febrero 27, 2018

PARTICIPACION DE PRESUPUESTOS

   Hace a los maestros en su juego…

   Jadeando, viendo el bate alzado, se le monta cuando ya le pulsa. Ni él mismo podía creer, como quienes miraban fugazmente antes de alejarse y darles algo de espacio si era lo que querían, que pudiera desear tanto aquello. Él, que siempre pensó que no era gay, hasta que chillara y gozara como nunca en su vida con la primera experiencia bajo las duchas, alcanzando la gloria dos veces, sin tocarse. Cosa que le envició rápidamente, tanto que ahora tan sólo puede pensar en ello para angustia de su esposa.

¿NO SE TE ANTOJA?

Julio César.

LO MALO DE CONTAR CON BURROS

febrero 27, 2018

LA SEXY SUPERVILLANA… QUE CAE POR UN HOMBRE

   Los muy… asnos.

   Dicen que son animales terribles, no sólo tienen fama de tercos e intentan evadirse del trabajo sino que malintencionadamente procuran derribar cargas, o morder nalgas. En la Venezuela de los padres y abuelos eran muy conocidos a la hora de cargar leña. El país dio un salto enorme, social y económicamente hablando, entre la generación de estos y la mía, por ejemplo. Y ni hablar de la mía con esta casi virtual de mis sobrinos. Bueno, donde funciona, Venezuela volvió a la leña, al trueque y el vale. También a los burros. Es decir, al socialismo.

   Pero, entrando en un tema totalmente distinto, navegando en el portal de El Chigüire Bipolar (algo que extrañaba en casa, sin computadora, sin internet, sin electricidad, la que tocara ese día), cómo me reí con esto. Tanto sarcasmo, tanta exactitud. Tanta amargura. Tanta necedad.

BREVES POLÍTICA | 22 FEBRERO 2018

Opositor radical molesto porque MUD hizo lo que él quería

Julio López, un opositor radical que pasa la mayoría de su día llamando colaboracionista a todo el mundo en Twitter, se topó con el anuncio de la MUD de que no irán a elecciones presidenciales e igual se molestó porque la oposición hizo lo que él quería.

“Coño, esos güevones cómo van a hacer lo que yo dije que quería que hicieran” fue el primer comentario que exclamó el señor Julio al leer el comunicado de la MUD. Luego de tener un lapsus de arrechera, López también agregó: “Esos coñodesumadres vendidos, cómplices de la narco corrupta tirana dictadura, siempre jodiéndonos a nosotros los que estamos del mismo lado de la oposición ahora se echaron para atrás después del fulano diálogo que no sirvió. Ahora dicen que no van a las elecciones que tanto le dijimos nosotros que no fueran y cuando digo nosotros hablo de mí y de los tuiteros que siempre hacemos 20 teorías diferentes para que cuando peguemos una digamos que teníamos razón” sentenció el señor Julio al momento que le hacía retweet a García Banchs.

   Dios, cómo me reí. A esta gente es la que llamo las María Corina. Ni una calle llenan, ni un concejal consiguen, no convocan a nadie para resolver algo de una manera u otra (están esperando que alguien intente algo… para criticarle), pero cómo pesan para mal. 

ALEJANDRO ANDRADE Y EL PESO DE LA BASURA

Julio César.

VAQUERO CONFIADO

febrero 25, 2018

PREGUNTAS

   -Tranquilo, patrón, considero que sé, y que tengo todo lo que hace falta para cabalgar a cualquiera. ¿Quiere que se lo pruebe?

   Hay hombres que lanzan sus anzuelos y reciben su RECOMPENSA

MODA

Julio César.

CONFIANZAS

febrero 25, 2018

LABIA

   Ríen todos, mientras uno lo baila y frota, y el otro le gruñe “¿qué pasa, compadre?”. Juegos de tíos heterosexuales, donde a veces hasta un lametón sale.

DICHA

Julio César.

EN LA EDAD

febrero 25, 2018

INVITACION

   ¿Pueden creen que duda en sí es guapo y sí alguien pujará por él en la subasta del colegio? En entrenador se lo demostrará…

   -Ah, no; está bien que en una anterior reunión de masturbaciones… dejará que me chorrearan, ¿pero repetir trayendo amigos? Es mucho abuso.

ANHELOS Y JUEGOS

Julio César.

JFK, ¿EL MISTERIO ACABARA ALGUN DIA?

febrero 25, 2018

PRIMERO DE DICIEMBRE

   ¿Y el de Marilyn?

   Como siempre me gustaron las películas y series de televisión estoy al tanto de la fascinación que John F. Kennedy representa para Norteamérica. Al haber sido asesinado no dio tiempo a decepcionar. Sé que hablaba en contra de la guerra en Vietnam, pero fue su gobierno el que duplicó la presencia de asesores militares en ese país, así que lo dejo de ese tamaño. En la mente del norteamericano, su muerte está al nivel del misterio conspirativo de la caída del OVNI en Roswell y de la existencia del Área 51. ¿Fue su muerte obra de un pistolero solitario de ideas comunistoides, o hubo realmente una mega conspiración tipo Poliedro, donde hasta los pingüinos participaron? Fue por esto que cuando Donald Trump dijo, alrededor del 20 de octubre del año pasado, que desclasificaría los papeles sobre su asesinato, me alegré. Cinco días más tarde sostuvo que después de una reunión con el FBI, la CIA y otras agencias de seguridad, lo mejor como que era no dar a conocer todo. ¡Chanfle! Bien, de que las brujas vuelan, vuelan. 

ROMA BAJO LA NIEVE

Julio César.

NO TODO ES SEXO

febrero 24, 2018

DE FIESTA

   O no específicamente…

   Los chicos aman eso, enfrentarse físicamente a los amigos, pero más como para jugar, tocando, empujando, mientras el resto corea, a uno y a otro, que le meta mano al colega. Son bromas que fuera del pequeño grupo no harían, pero que, entre ellos, les divierte de una manera inocentemente afectuosa.

DOS TRAGUITOS Y…

Julio César.