LA CREMITA COMPARTIDA

TRAUMAS

   Tranquilos, no es de ninguno de ellos…

   Dios, era tan sucio y obsceno, tan lujurioso y excitante. Todo lo que él y su compadren han hecho en esa noche de parranda, donde terminaron (y todavía no saben cómo) dándole, uno junto al otro, a la mandarria de aquel joven marinero que se les unió en el bar y que les dijo que acababa de desembarcar y andaba caliente, con ganas de follar las caras de un par de perras como ellos; no sólo no pensaron que harían aquello, o que les gustaría tanto que con labios y lenguas lucharían como machos por el tieso premio, sino que eso supiera de tal manera que ahora, mientras el chico ríe viéndoles, lidian de nuevo por relamerse la espesa y olorosa recompensa, con sus peores caras de, si, perras.

   -Calma, viejos, tengo camaradas igual de cargados que llegan al bar en un rato. No se van a quedar con las ganas de más. Aunque les advierto, algunos prefieren atacar otros agujeros. –les dice alegremente divertido.

SORPRESA

Julio César.

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