Archive for 16 abril 2018

ESE TIPO ESPECIAL

abril 16, 2018

SUEÑOS DE UNA MAÑANA DE VERANO

   ¿Quién no ama a un huele braguetas?

  Nada hay más caliente que el tipo que, riendo, te dice, de repente, que quiere mamar; sorprendiéndote, alarmándote un poco, descolocándote, haciéndote reír… y provocando que la sangre te corra a millón por las venas. Aún más si ese esplendido cabrón resulta ser un buen amigo, un vecino, un compañero de trabajo, un primo o el novio o marido de una amiga. O que quiera contigo que eres el novio o marido de su mejor amiga.

   Dicen, los energúmenos, que no es necesario conocer la identidad de esos becerros, tan sólo que les quepa en las bocas, que las cubran toda con labios y lengua, y que chillen como perras desesperadas, además, cuando les llenen también la retaguardia. Pero eso no es del todo exacto. Siempre es más excitante cuando hay una conexión previa.

   La realidad es que una de las mejores cosas que pueden pasarle a un tipo hétero, joven y saludable, siempre caliente por cositas que a las nenas no les atrae tanto, o no en todo momento, es conocer y tener a mano a un compañero que le gusten los machos. Que le gusten tantos que no se contengan y dejen salir toda esa putez que todo hombre, en secreto, ama.

……

   Queda poco por decir, es otro trabajo de esa buena productora MEN.com. Casi es lo único que se necesita saber. Pero este video tiene un morbo especial, según lo promocionaban era un carajo que veía un juego con el hermano de la mujer, es decir su cuñado, y este le sorprende de pronto prometiéndole algunas guarradas, a las que parece resistirse un momento, pero ante la perspectiva de pasarla bien por un rato, cede. Los actores lo hacen bien, especialmente el que quiere ponerle las manos al coroto del otro; expresa unas ganas que resultan calientes. La gestualidad, los chillos, las mordidas al cojín le quedan geniales. Si no la han visto, vayan a: PROBANDO QUÉ TAL.

BOCADO

Julio César.

NOTA: Otra vez la computadora se portó mal. Es el problema con el internet. Al parecer está dañado el conector… y por ahora no pueden repararlo definitivamente. Es un perol viejo.

LOS CONTROLADORES… 50

abril 16, 2018

LOS CONTROLADORES                         … 49

   En las calles de ciudad pecado…

……

   -No, ¡no, coño! –ruge Rubén, su culo abriéndose para dejar entrar otro poco más la dura barra.

   -¿Seguro? –hay burla en el tono.

   -Por favor, Moncada, no hagas… -suplica y calla después de un corto jadeo.

   Tony empuja su güevo otro poco, deslizándolo entre sus pliegues que parecen extrañamente sensibles y delirantes al paso de la tranca venosa. Clava unos cinco centímetros, victorioso, caliente, retirándose dos o tres de esos centímetros, y regresando la misma cantidad de güevo. Y ese roce, ese mete y saca tensan y excitan al otro joven, quien cierra los ojos y lucha contra la ola de lujuria que lo recorre. ¡Ese chico estaba metiéndole el güevo!, grita internamente aterrado, furioso, pero reconociendo lo mucho que eso le gusta. Lucha, se resiste, pero el tolete sigue y sigue, entrando y saliendo, poco, cepillándole la entrada, lo poco que abarca, dejándolo todo en llamas. Deteniéndose finalmente. Y Rubén aprieta los labios, con fuerza, con ganas, concentrándose. El tolete allí, tres centímetros metidos en su culo, irradiando calor, tensión.

   -¡Maldita sea! -ruge casi llorando de rabia… empujando su trasero hacia arriba, metiéndose lo que quedaba de la tranca del muchacho, atrapándola toda.- ¡Ahhh! 

   Horrorizado como está, en su mente, no puede entender cómo empuja sus caderas de adelante atrás, buscándole, sintiéndole la verga penetrándole fácilmente, casi con apetito por parte de sus entrañas. Quiere gritar de rabia, pero se le escapa un gemido cuando el glande de ese tolete le golpea una y otra vez en un punto que le provoca escalofríos, temblores y calenturas. Siente, sabe que ocurre, como sus entrañas se mojan más con cada golpe, porque ahora Tony estaba subiendo y bajando sus caderas con ganas, dándole la follada que nunca imaginó otro hombre pudiera darle. Y con cada golpe estaba más y más caliente. Al menos su cuerpo. Los ojos se le desenfocan un poco, de llanto, pero su respiración en profunda, febril, necesitada de oxígeno.

   -¡Oh, Dios! ¡Oh Dios! –chilla, intentando volver el rostro para decirle algo, pero ¿qué?, si subía y bajaba sus nalgas, y cuando quedaba aprisionado contra la cama, todavía relajaba y apretaba el agujero para seguir ordeñándolo.

   -¿Dios? No tanto, sólo soy tu macho. Aunque te entiendo; tu estrecho agujero reconoce la dicha que mi verga le da, por eso te confundes, pequeño puto. –se burla Tony, respirándole pesadamente casi sobre una oreja.- Joder, tu coño de chico se siente tan rico…

   Un nuevo grito escapa de la boca de Rubén ante las frases humillantes, ofensivas, mientras su culo no deja de apretar y ordeñar. Y la lujuria de su cuerpo parecía encontrar eco en el otro chico, quien lo coge casi rotando sus caderas, dándole desde diferentes ángulos. Con ganas.

   -Oh, sí, lo necesitas tanto, ¿verdad? Sentir tu pequeño coño lleno de güevo, la cosa que más te gusta en el mundo. -le oye, cuando cae sobre él, sacándole el aire, clavándosela casi hasta los pelos, y sin embargo metiendo las manos y atrapándole los pectorales, atrapándole las tetillas entre los dedos índices y pulgares, frotándolas.- Toda nena ama que los hombres de verdad deseen su cuerpo, su coño. Ustedes no se sienten felices hasta que están llenos de vergas babeantes y duras que las trabajaban y frotan y estimulan. –le dice, como en cantaleta, y Rubén grita, ojos cerrados, porque aquellas palabras envuelven su cuerpo en tibias oleadas de un placer intenso, como un reconocimiento a la verdad en lo que dice. Y sus pezones ardían, cada frotada y apretada era una chispa de placer. Escuchar que un chico como él tiene no un culo sino un dulce coño que quiere placer, le resulta sucio, ofensivo… y muy estimulante. Por ello pierde la batalla del control, y gime y chilla. Cada retirada de la joven verga blanco rojiza, con su consiguiente metida a fondo, es acompañada de cortos gemidos que no puede evitar.- Amo tu coño, mucho, mucho; me gusta y es mío. –le ruge besándole un cachete.

   -Oh, Dios… -gimotea caliente como nunca, confuso y aterrorizado por las reacciones de su cuerpo. Casi doblándose ante los dedos que jalan sus pezones sensibles.

   -Eres mi perrita, mi putica. Amas sentir mi verga llenándote, abriéndote y estimulando tu coño. –le ruge.- Otros hombres pueden llegar a tu vida, y los desearás, querrás abrirte de piernas con la concha toda mojada ante un macho, pero nunca olvidarás que fui tu hombre. El primero.

   Se la saca, con brusquedad, apartándose de él, y Rubén lanza un gemido largo, de frustración. Debió ser de alivio, pero su cuerpo tiembla presa de pánico, como el adicto que ha perdido la dosis que necesitaba cuando estaba a punto de obtenerla. Le mira sobre un hombro.

   -Date la vuelta para que me mires cuando te transforme completamente en mi perra. –le ordena, seco, ojos brillando de intensión. Esperando su reacción.- Si lo quieres…

……

   En ese punto de control peatonal camino a la universidad Santa María, en plena autopista, semi oscura como está, Wilmer Soteldo, apoyado desmayadamente de la capota de su grúa, piernas abiertas, el pantalón en los tobillos y la pequeña pantaleta tipo tanga que usa apartada a un lado sobre sus nalgas, es follado rudamente por un joven guardia nacional que tiene su amoratada verga fuera de la bragueta del pantalón, misma que le muerde un tanto la piel. Era una locura, mientras era cogido por otro, llegaron estos, que se sorprendieron con la escena, mirándola con ojos pelados.

   Y Wilmer se estremeció, aquel debió ser un momento terrible, le habían sorprendido con un güevo en su culo, con un chico dándole y dándole mientras lo llamaba maricona, y no sólo se estremecía y medio chillaba, sino que babeaba por boca y güevo de puro gusto. Debió ser un momento de peligro y degradación, porque los recién llegados comenzaron a preguntar qué pasaba, que qué le hacía a ese sucio maricón, pero cada palabra le provocaba espasmos en el culo (no, su coño de tío), uno que abrazaba la verga que iba y venía, dándole tales templones que el chico chilló de manera sonora frente a sus camaradas de servicio.

   -Ese marica como que tiene el culo rico, ¿no? –preguntó, ojos brillantes, uno de los recién llegados después de un silencio impactado ante la escena (ver a un compañero, putañero como él sólo, follándose a otro carajo en plena autopista, ocultos tan sólo por la trompa del camión). El camarada, que tenía atrapada la cintura del sujeto, dándole duro, le corrigió.

   -Culo, no. Coño. Este carajo lo que tiene aquí es una concha, una cuca, una vagina mojada y caliente.  –aclaró entre dientes, apretándose a esas nalgas y corriéndose entre gritos, con uno, dos y tres disparos que hicieron gemir a Wilmer.- Oh, sí, tómala, tómala toda, puto. ¡Toma toda mi leche en tu conchaaaaa! –jadeó ahogadamente, muriéndose de placer con el intenso orgasmo.

   Una vez que se hubiera corrido, la verga sintiéndola poderosa, dura todavía (¿acaso más grande?, se preguntó maravilladlo el chico), la retiro; la tirita de la pantaleta casi tapó ese agujero lampiño y enrojecido. Los otros tres chicos recién llegados viéndoselo impresionados. Fue cuando ese hombre los miró, jadeante, y aún apoyado de la capota, agitó su trasero y el agujero abierto de donde manaba un delgado hilillo de esperma.

   -Mi coño quiere más. –pidió como el niño en el orfanato que solicita más comida, con humildad pero demandante.

   -¡Marica! –rugió uno de los recién llegados, dando un paso al frente, sacándoselo de los pantalones, sin detenerse a pensar en lo que hacía, en sus camaradas siendo testigos de aquello, en la leche que de allí manaba, y se lo enterró de golpe, provocándole un prolongado gemido a ese tipo. Pero  también un  chillido propio.- ¡Oh, por Dios, se siente tan rico! –rugió comenzando el vaivén, duro, profundo, estremeciéndole contra la capota. Y le dio y le dio, con fuerza.

   -¿Es muy bueno ese culo? –pregunta otro de los que llegó con él.

   -Es un coño increíble. –corrige inconsciente, respirando pesadamente, sacándosela y metiéndosela profundo, golpeándole las nalga con su pelvis, los pelos embarrándosele del semen del camarada que estaba sacándole con su estaca, las bolas dándole una y otra vez, casi estremeciendo la camioneta, porque tenía que darle duro, duro, muy duro a ese coño de tío.

   -¡Carajo, mira! –oyen un grito sorprendido, de un chico que detiene el carrito donde va con otros dos amigos, rumbo a la universidad.- ¡Ese guardia se está cogiendo a ese tipo! –y lo dijo apagando al carro, bajando, sonriendo sorprendido y fascinado.

   Controlado.

CONTINÚA … 51

Julio César.

SORPRESA

abril 16, 2018

ESTRATEGIA

   ¿Qué puede hacer o decir un hombre que duerme y despierta cuando su mejor amigo, su casi hermano, le hace eso y le mira con tanto deseo?

   Esas sorpresas se dan, la cosa es cómo reacciona cada cual. Depende del hombre en concreto, o del ENMASCARADO.

CONTACTO

Julio César.

NOTA: No sé, me parece que ya usé esta imagen, pero… Bien, ¿y qué?  

CUBANOS EN LIMA, FASCISMO DE AYER Y DE HOY

abril 16, 2018

NO, NO ES LA SAYONA

   La cabronería con la dictadura sigue cayendo…

   El que la delegación cubana enviada a La Cumbre de las Américas en Lima se halla comportado como una patota de montoneros, ensañándose y agrediendo a cualquiera que osara manifestarse en contra de la vieja dictadura en la isla o lo que ocurre en Venezuela, no debería servir ni como demostración, para el resto de Latinoamérica, de cómo es la vida en la isla, cómo se sufre bajo el abuso de estos matones. El maltrato diario a manos de una entelequia llamada Partido Comunista. El único. Eso ya se sabe. O debería saberlo cada latinoamericano, la brutal dictadura lleva más de seis décadas ya. Lo que sí ilustra es la manera fascista de estos regímenes, con igual propósito los creo Mussolini en la Italia autocrática (padre del término), también François Duvalier, los Círculos de la Muerte. Lo que hay en Cuba, y en Venezuela, es fascismo. Ni más ni menos.

EL PROBLEMA DE VENEZUELA

Julio César.

EL CAMBIO… 64

abril 16, 2018

EL CAMBIO                         … 63

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Sabe que tiene que ejercitarlo para especializarlo.

……

   Hacia ellos se dirige. Casi no le ve la necesidad a lo que hará, registrar en video cierta acción, piensa mientras, con destrezas aprendidas en las barracas, forza la puerta con unos ganchos, escuchando un incremento en los alaridos casi risas de tres sujetos que parecían estar gozando bastante, en medio de la sorpresa y la cachondez, como la del carajo que sale con un amigo y su pareja y este le propusiera, de repente, medio ebrio, que se metieran los tres en una cama.

   Abre y con mucho cuidado hace girar el picaporte, arrodillado, separando muy poco la puerta de su marco, asomando un ojo y ladeando el rostro. Sonríe maravillado. Ni él mismo habría esperado ese espectáculo. Ni el que Jeffrey McCall lo intentara siquiera.

   Los tiene casi de perfil, a los tres. Sentado sobre el sofá estaba un hombre cuarentón, guapo y elegante, con Jeffrey, totalmente desnudo, a excepción de sus botas, montando a hojarasca sobre sus muslos; el impresionante chico todo tamaño, músculos y reciedumbre estaba de frente al otro, clavado sobre la tranca del hombre. Pero tras él, de pie entre las piernas separadas del sujeto maduro, casi tembloroso, se encuentra otro joven, imagina que el asistente del tal Everett, el cual se sostiene los faldones de la camisa con una mano, con el pantalón y el bóxer en los tobillos, su culo afuera (uno bonito, piensa libidinoso el médico), metiéndosele también, por el culo, a Jeffrey.

   ¡Estaban enculándolo entre los dos!, Roger y Lester. Y la sorpresa y excitación que eso les producía, casi iba a la par de la sensación de sus toletes rodando adentro y afuera de ese agujero apretado, frotándose de manera intensa y total la verga de uno de la del otro. Una comunión tan íntima e intensa que nunca dejaba de afectar a un carajo por muy heterosexual que fuera. Al tiempo que le dan güevo por ese culo, cada uno es consciente del tolete ajeno. Y mientras lo cogen, luchando por ver quién se la metía más y mejor (los hombres siempre compiten), se frotaban estas, la cara inferior del tolete de Lester, caliente al ser recorrida por la vena hinchada de sangre, de la cara superior de la de su jefe, ambos racimos de bolas chocando en algún momento. Uno de los toletes iba, el otro salía y ese agujero parecía querer atraparlos aún más.

   -Oh, Dios… -chilla Roger, sentado, casi aplastado por el peso del carajote en sus muslos, al cual aferra por la cintura, necesitado de tocarle, de sobarle mientras empuja como puede su barra, dándole y dándole, pero también notando el peso de Lester, quien, aunque de pie, parecía ir recostándosele al enorme chico, de la espalda, para estabilizarse, mientras también se la saca y se la mete hacia lo más profundo.

   Jeffrey, sonriendo abiertamente, ojos cerrados de pura dicha y cachondez, sintiéndose totalmente abierto, lleno, refregado, grita y grita arqueando la espalda, echando la nuca hacia atrás, notando que Lester entierra el rostro en su cabello y lo olisquea, mientras mete las manos y le aprieta, soba y pellizca las enormes tetillas erectas y estimuladas, cosa que le provoca otro gemido y una poderosa apretada de su agujero, que los dos hombres también resienten y agradecen. Por su parte, nota que Roger pega los labios de su horquilla esternal y comienza a chupar de su piel dorada, dándole besitos lujuriosos y totalmente entregados al tiempo que también mete sus manos como queriéndole atrapar las turgentes nalgas, ayudándole a ir y venir sobre las dos barras. Ambos rindiéndole, sin saberlo, un digno homenaje a ese dios del sexo que los distinguía con sus atenciones.

   Larry nota en los gestos de Jeffrey que este está en el cielo, uno que ha encontrado en la Tierra, entre dos machos. Su nirvana. Por eso no le sorprende ver que alza las manos sosteniéndose del respaldo del sofá, a ambos lados del hombre maduro, afincándose, y como sus pies se apoyan en el piso, al ser más alto, comienza un enérgico vaivén contra el otro, que se vuelve igualmente un vaivén contra el que tiene a sus espaldas. Ahora no sólo esos toletes iban y venían, cogiéndolo, penetrándolo duro y a fondo, sino que los buscaba, los encontraba y los apretaba, halándolos. El médico sonríe al verlos estremecerse, al escucharles gemir, gruñir o soltar un “toma, toma”. Sabe que el coctel preparado para estimular al chico había hipersensibilizado las paredes de su recto, al igual que su próstata. Cada roce y golpe contra esta, seguramente le hacía estallar en micro clímax, provocándole respuestas físicas sobre los hombres que lo usaban en ese momento. Cosa que estos no podrían evitar amar y necesitar también. Coger un culo como aquel era encontrarse el tesoro al final del arcoíris. Y con el tolete un poco duro ante el espectáculo, con discreción, enfila la diminuta cámara, enfocándoles.

   Y mientras el tenso Jeffrey, aferrado al mueble, grita y ríe, casi orgulloso de sí, mientras va y viene contra esos toletes, sintiendo todo su cuerpo tocado, acariciando, deseado por esos dos hombres que besan su cuello uno, el otro su hombro, ellos mismos están perdidos en un cachondeo feroz. Las blancas, enormes y tersas nalgas de Jeffrey son el muro conde descansan dos pelvis, su agujero, deformado por las dos vergas, es ensartado una y otra vez por esos toletes que salen y entran, el de Roger, abajo, un poco menos móvil, pero casi alzándole al clavárselo, dejándole prácticamente sentado sobre sus bolas, el de Lester con más maniobrabilidad, dándole y dándole, golpeando a los otros dos con sus bolas. En un momento dado van y vienen conjuntamente, y Jeffrey deja caer la cabeza nuevamente hacia atrás, riendo abiertamente feliz. Sintiéndose realizado, ojos dulcemente cerrados, gimiendo y gimiendo incapaz de controlarse. Y todavía se tensa y chilla más cuando la boca de Roger atrapa una de sus tetillas, chupándola, y Lester le aprieta el pezón de la otra. Esos toletes van y vienen, dándole la doble cogida que merecía ese hermoso doble puto que se les entregaba.

   Y sintiéndola cerca, la explosión en sus bolas, Lester también medio ríe y gime, preguntándose qué dirían sus amigos del club de squash si les contara sobre aquella experiencia… que tanto le estaba gustado. Sabía de uno de ellos, o eso se decía, que era maricón. Tal vez…

   Larry, respirando pesadamente, aparta la filmadora, cierra la puerta con mucho cuidado y se pone de pie. Para salir de allí. Ya tiene lo que necesitan. Y la enorme erección bajo su pantalón le dice que más tarde irá a buscar lo que él necesita, una vez Jeffrey regrese a las instalaciones… Con el culo lleno con esas dos leches… Ya se imagina dándole una buena lamida…

CONTINÚA … 65

Julio César.

REALIDAD

abril 16, 2018

COMPRENSIVO

SE SIGUE INTENTANDO

Julio César.

OFERTA

abril 16, 2018

COMPRENSION

   Tan creído…

   -Hey, ¿eres el novio de mi hermana? Siempre le gustan así, blancos y flaquitos, qué tonta. Ella salió, ven, tengo tiempo para ti. Me parece que tienes hambre y que andas a la caza de un buen pedazo de carne. ¿Acaso no eres un cachorrito afortunado?

INSOLENTE JUVENTUD

Julio César.

EL HEREDERO

abril 16, 2018

CHICAS, QUÉ NO DECIRLES A SUS HOMBRES

   ¿No sería lindo?

   ¿Han escuchado esa expresión “iba como si fueran a recibir una herencia”, para indicar que alguna persona se movía apresuradamente hacia alguna parte? Pues, se entiende, se trata de una herencia, no es cosa tampoco de tardarse mucho en llegar, no vayan a creer otros que uno se murió, ¿no? O dar tiempo a que alguien note que el heredero no es uno sino otro parecido.

   Hace tiempo leí algo al respecto, una nota sobre un gringo, Max Melitzer, un hombre que vivía en una calle de Utah (un indigente, pues), que no sabía que era un millonario dado el legado que le había dejado un hermano al morir. Costó entregárselo porque nadie sabía dónde estaba, por lo que la familia, en la ciudad de Nueva York, contrató gente para que le buscara. Lo hicieron, lo encontraron y le entregaron su plata. Ya de entrada suena loable lo de una familia que busca a alguien que no está para entregarle un dinero, pudiendo cuestionarlo y dejar eso así (mientras menos seamos más grande la tajada, dirán los conjurados). Claro, puede haber mucho de decencia en eso, hay personas incapaces de tomar algo que sea ajeno pero, tal vez, también tenga mucho que ver la legislación, especialmente el fisco, que nunca pierde la oportunidad de meterte las manos en los bolsillos. Aparentemente en todas partes hay que pagar impuestos si alguien muere, y te cobran si algo te dejan. Esa gente es terrible. En todas partes.

   En este caso, bien por el señor Melitzer, lo buscaron, le entregaron su dinero, se reunió con la familia, dejó las calles y uno espera que le vaya bien. Aunque quedan como puntos oscuros en el cuento, eso pensé al ver la nota. ¿Cómo habrá llegado a la indigencia, a tomar la calle, en primer lugar? Aparentemente hay una infinita cantidad de motivos, si uno ve series televisivas (en esas calles hasta veteranos de guerras, populares e impopulares, hay); con la horrible crisis que padecemos los venezolanos, no resulta tan difícil de imaginar.

   ¿No hay un algo extraño en eso de heredar un dinero del que nada se sabía ni se esperaba? En las viejas telenovelas veíamos a la muchachita recién traída del campo, llamadas generalmente María esto o aquello, brutas como ellas solas (las engañaba todo el mundo, comenzando por el galán), que terminaban pasando de ser la cachifa de la casa a ser la “señorita”, la dueña de todo, porque es hija del viejo que no la reconoció o que la abandonó dieciocho años atrás (siempre tienen dieciocho y son vírgenes). Como lo señalaron satíricamente en Los Amores de Anita Peña, una parodia de telenovelas, protagonizada por Marialejandra Martín, que llega como sirvienta a una casa donde encuentra el retrato de una mujer igualita a ella, pero bien vestida, y decía que seguro que era hija de esa señora y era rica, que eso era matemático, sirvienta que termina en una casa que le pertenece. Cómo me reí en ese momento.

   Pero debe ser bonito, ¿verdad? Esperanzador. Ilusionador. Irse a dormir una noche, tenso por todas las cuentas a pagar, condominio y servicios para comenzar, preguntándote si te alcanzará para comprar veinte gramos de café (ni para llenar un dedal), y ver qué casa visitas y robar una cucharada de azúcar, y despertar la siguiente mañana, una clara, los pájaros cantando, envolviéndote un grato airecillo tibio, tanto que uno sigue medio arropado en la cómoda cama que aún no abandona, y estirándose todo, con sueño y pereza, lanzando un suspiro y cruzando las manos bajo la cabeza te dices: ah, sí fulano se muriera hoy, heredo y me resuelvo.

   La última esperanza. Debe ser esto lo que inspira tantas maldades en novelas policiales y películas; pasó hasta en Los Aristogatos. Y vaya que ese hombre tenía razón, ¡miren que dejarle todo a los gatos esos!

DESPEDIDA DE SOLTERO QUE TERMINA EN DIVORCIO

Julio César.

HEREDEROS… 3

abril 16, 2018

HEREDEROS                         … 2

   ¿Acaso sale buscando el amor?

……

   Aunque eso no significara que le gustara lo que tenía que hacer. Una profunda arruga cruza su frente. No le atraía la idea no sólo porque supiera estarle engañando, lastimándole inocentemente (bien, lo que no supiera no le lastimaría, así lo racionaba), sino porque si este llegaba a enterarse podría armársela gorda. Era su amigo un sujeto volado, geniudo e impaciente. Le había visto volverse contra otros de manera intensa, encarándoles con palabras que si hubieran sido dirigidas a él, le habrían descompuesto el estómago.

   Mientras aparta la toalla, cierra los ojos y eleva un poco más el rostro para recibir esos primeros rayos de sol, que parecen caricias; no se cuestiona sus motivaciones, ni valora moral o éticamente su juicio. Oswaldo Simanca era un hombre básicamente decente, honesto, pero también profundamente pragmático. Lo que sentía, o pensaba que debía hacerse, se hacía. Contra viento y marea. Y en esos momentos consideraba que era lo mejor. Para sus intereses, e incluso para los de su amigo. Aunque este no lo viera de esa manera… de llegar a enterarse. Cosa de la que él se aseguraría que nunca ocurriera. No era la primera vez que se veía obligado a moverse en la zona gris del maquiavelismo.

   Sin abrir los ojos, echando las manos hacia atrás en la silla de jardín, estira el cuerpo e intenta relajarse lo más que puede. Le esperaba un día duro, y no sólo cuando saliera de la mansión, sino allí mismo. Sabía que Roxana había invitado a sus hermanos a desayunar, así que tendría que tratar con todos los Goncálvez, que estaban allí para apoyarla en la fulana idea de la fiesta. Idea que había odiado desde el primero momento, como no se cansó de señalarlo. Protesta a la que no le pararon ni media bola. Cuando a la mujer se le metía algo en la cabeza no parecía haber nada capaz de sacárselo. Tampoco le iría mejor en la empresa. Estaba lo de la entrevista con esa reportera insidiosa y peligrosa a la que se había visto obligado a concederle unos minutos. Ábrelos ojos, más ceñudo, recordando la llamada.

   -Sé que no concede entrevistas, señor Simanca, así que no me ofende el que haya ignorado contestar la invitación que le hice; por eso me gustaría saber si su primera esposa tenía familia aquí en Caracas. Dirigiré mis preguntas a ellos. Sobre su esposa. –fue lo que planteó por el teléfono, sorprendiéndole y alarmándole un poco.

   -Parece muy interesada en mi vida, señorita Ortega. –fue la seca respuesta.

   -Más interesada estoy en la vida de esa señora…

   -Bien, tal vez podamos hablar unos minutos. –se escuchó a sí mismo responder. ¿Y cómo no hacerlo? La mujer era sagaz, y no sabía qué podía encontrar si hablaba con la hermana de Elena. Esa que tanto le odiaba.

   Entre eso, y el asunto que involucraba a Ricardo Amaya, su mejor amigo de todo el mundo, el mismo al que pensaba traicionar, su humor tan sólo desmejoraba. Tenso, lleno de una energía de irritación, salpicada de algo de impaciencia, se arroja de nuevo al agua, nadando bajo la superficie, con poderosas brazadas, abarcándola de lado a lado con rapidez, volviéndose y continuando. Una y otra vez. Hasta que un sonido le detiene, en medio de la alberca. Respirando agitadamente alza la mirada.

   Una mujer bajita, rolliza, de cabello sospechosamente negro para su edad (cercana a los cincuenta, algo ajada de rostro y cuello), deposita una bandeja sobre una mesita.

   -Buenos días, señor.

   -Buenos días, Martina. –responde este, caminando lentamente hacia la orilla, el agua cubriéndole los pectorales y el abdomen.- ¿Llegaron mis cuñados?

   -Aún no, pero debe faltar poco, porque la señora quiere que le “recuerde” que van a desayunar juntos. Por eso sólo dejo un abreboca. –señala la mujer la bandeja, retirándose una vez que el hombre se lo agradece.

   Oswaldo sale de la piscina otra vez. chorreando agua, el bañador adherido a su cuerpo, viéndose muy bien. Pero molesto. Mira la cafetera, de plata, y se sirve una taza con el aromático brebaje mezclado con un poco leche, cremoso, con un toque de amargo cacao. El olor era increíble, pero el sabor lo superaba mil veces. Cerrando los ojos por un segundo, el hombre disfruta el momento. Mientras toma un sorbo, que despierta una fiesta sobre su lengua, el olfato se recrea en el bouquet. Café puro traído de Mérida, de las tierras de otro amigo. Ese sólo trago mejora su día. Luego el olor del pequeño triángulo de pan tierno, ese medio sánguche de queso amarillo derretido, atrapa su atención. Bueno para picar, no mucho como para dañar el apetito.

   Toma café y muerde del tibio pan levemente tostado, la mantequilla derretida, dejándose caer otra vez en la silla. Sonríe. Al glotón del Ricardo le encetaba el café que Martina preparaba especialmente para él (la mujer le tenía “mucho” afecto). Y su cocina. Bien, al bicho ese le gustaba comer, se dice con un afecto de siempre, pero también siempre nuevo, que le sorprendía a veces porque… Bastaba que pensara en ese loco de mal genio, impulsivo y directo para que los pesares fueran menos agobiantes. Aunque él mismo se había convertido en uno de los disgustos de su vida diaria; ¿quién desparecía entre semana para irse de pesca a un punto olvidado del estado Miranda? Muerde otro pedazo de pan, menos sabroso ahora. Lo nota. ¿Con quién estaría el bicho ese? Pensar en Ricardo, pescando con un “amigo”, le obliga a recordar la película de los vaqueros maricones que viera hace algunos años, por insistencia de Elena, una mujer sensible y romántica, que había llorado bastante durante la proyección.

   Elena. Su recuerdo le devuelve algo de sabor al sánguche, que estaba tan bueno como el café. Y piensa también en Martina, quien a veces le mingoneaba de esa manera, acercándole ese café con leche, oscuro, a tiempo, y un sanguchito o un cachito de jamón. Sabiendo que le gustaba pero se negaba a comer mucho cuidándose de una panza (sus hermanas estaban gordísimas). Repara en que ese día, por ejemplo, lo atendió como antes. Aunque ya no estuviera tan contenta con él, como si lo estaba antes. No desde que se casara con Roxana y la llevara a la casona… No mucho después de la muerte de Elena. La buena Martina le había sido totalmente fiel a la difunta Elena. No debió serle fácil tragar a Roxana, lo piensa de pasada, sin detenerse mucho en ello.

   Termina el sánguche, se sirve más café y se recuesta de la silla, todo comodote, saboreándolo, intentando alejar ese sentimiento de inconformidad que siente desde que abriera los ojos esa mañana. Mira el patio, la grama, los arboles y flores, la piscina, la casona… Todo eso le pertenecía. Todo era suyo. Una casa grande rodeada de todas esas bellezas. Todo tan distinto a lo que tuvo, o de lo que careció, cuando era niño en medio de la pobreza, allá en su Maracay natal. Estrechez, hambre… y la ayuda de gente desconocida, aún en la escuela, de la iglesia. Manos generosas que se alzaban para entregarle algo, alimentos, una camisa… sembrando en su ánimo un sentimiento de impotencia y rebeldía. Ahora, lo admite tragando un poco del maravillosos café que le sabe más amargo, que hubo mucho de orgullo en todo aquello, de resentimiento ante los que le auxiliaban. Porque ellos sabían. O le parecía que lo pensaban. Que había que ayudar al hijo, y a toda la familia, de ese carajo que un buen día desapareció, dejando atrás a una mujer sola con cuatro muchachos, siendo el menor de ellos un chico que ni oficio tenía por la edad.

   Se termina el café de un trago, luchando contra los recuerdos. Contra la vieja rabia. No necesitaba más combustible para sentirse mal. Martina tenía razón, pronto llegarían sus cuñados y debía estar listo para recibirles con una sonrisa confiada y hospitalaria… para que nadie notara lo que pensaba. La máscara de civilidad. Además, le agradaban, en cierta medida, tiene que reconocer. Anthony, el hermano menor de Roxana, era un joven inteligente, osado y atrevido, capaz de decir cualquier cosa que pensara con una sonrisa en los labios. Le recordaba mucho a Ricardo, quien también era directo, franco, pero muchas veces brutal y pesimista. Arturo, el mayor de los tres hermanos, era una especie de viejo amigo de otros tiempos, de cuando juntos hicieron un curso medio chimbo de administración, hacía como cien años, le parecía, en La Victoria. Era un sujeto agradable, aunque algo fanfarrón y pomposo. También proveniente de una familia pobre, no pareció importarle compartir copias, cuadernos y libros con el chico de Maracay. Algo que era ofrecido, tendido, sin ser llamado préstamo o regalo; actitud que selló la unión entre los dos, aunque siempre se sintiera un tanto tirante frente a él (¿recordaría Arturo, ahora, que era técnicamente su jefe, toda esa ayuda que le prestó cuando no eran nadie?). No le gustaba pensar eso, pero…

   -Eres un pobre infeliz de alma. Siempre sientes que tiene que pagar hasta el último favor que alguien te hizo alguna vez; para no deberle nada a nadie y poder sentirte libre de ser amigo de esa persona. -le había rugido, una vez, Ricardo. Molestándole, porque era cierto, como generalmente pasaba cada vez que el otro abría la boca y decía algo sobre él.

   Aleja el pensamiento, sirviéndose otro café, el tercero, lo necesitaba (sería un día de mierda), pensando nuevamente en Arturo, el compañero de estudios que era amigable, y con quien se llevaba bien, pero… En fin, le agradaba más Anthony que Arturo, era así de simple.

   -Claro que te agrada más Anthony, como que fue Arturo quien te presentó a Roxana y esta, en cuanto te vio, no paró hasta que logró cazarte, y casarte. –le respondió Ricardo, una noche de copas, al comentárselo confidencialmente. Siempre molestamente certero como era.

   Y si, había algo de cierto en ello. cierra los ojos, cabeza recostada, saboreando el café, y parece el rey de su mundo, como pensara poco antes el viejo que se encargaba del jardín. Pero pocas cosas estaban más lejos de la verdad. No quería desayunar con la familia de Roxana, pero tendría que hacerlo y comportarse amable. No desea llegarse a su oficina y encarar a esa maldita reportera, pero debe hacerlo o el tiro podría salir por sabía Dios qué culata. No quiere una fiesta de cumpleaños por todo lo alto, con medio país invitado, una semi coronación como fuera la segunda llegada al poder del difunto ex presidente Carlos Andrés Jerez, y lo expresó con voz molesta, pero esta se haría a pesar de todo. Para ser un hombre que controlaba todos los hilos de su vida, se sentía amarrado y llevado por el hocico de un lugar a otro.

   Sonríe con cierta amargura, imaginando lo que diría Ricardo si le contara aquello. Y eso le recuerda su malestar anterior. ¿Dónde estaría ese hijo de perra exactamente? ¿Y haciendo qué?  Abre los ojos, frunciendo levemente el ceño. Se sabe voluntarioso, exigente, demandante… y celoso de sus cosas. Era parte de su personalidad, lo sabía, lo asumía y a veces intentaba controlarlo, pero siempre le inquietaba, un poquito, el ramalazo de disgusto interno que sentía cuando imaginaba a su mejor amigo hablando, riendo y pasándola bien con otras personas. Sólo debe ser feliz conmigo, gritaba una vocecita egoísta de su cabeza, la cual silenciaba cada vez que podía cuando se ponía en ese plan sobre cualquier cosa.

   Pero no, no podía dejar de disgustarle imaginar a Ricardo con otra persona, mirándola con ojos brillantes de interés, de deseos. Especialmente si era otro carajo, como a veces pasaba (o suponía, no era que Ricardo estuviera contándole nada), siendo que era bisexual. Había algo en su temperamental amigo que llamaba la atención, que le hacía atractivo a otras personas (a quienes no le odiaban de entrada, al menos), aunque este pareciera no notarlo, y como estaba decidido a no volver a casarse nunca, ni nunca más enamorarse, sólo tenía aventurillas… y dada su ambigüedad sexual, eso lo lograba más fácilmente con hombres que buscaran igualmente tan sólo pasar un buen rato sin mayores complicaciones. Con las mujeres era más complicado, siempre terminaban sintiendo y esperando algo más.

   Se pone de pie, ceñudo otra vez. debía ir, tomar una ducha, vestirse y… Imagina la boca de su amigo Ricardo, la que nunca se cerraba cuando discutía o tan sólo comentaba sobre algo, lo que fuera, cubierta con otra, de labios delgados pero firmes, rodeados de la rasurada sombra de una barba, compartiendo un beso íntimo, profundo, apasionado, con lenguas y chasquidos.

   Deja la taza y se arroja por tercera vez al agua, nadando con rapidez, decidido a agotarse y así, tal vez, dejar de pensar. O sentir. Si, ya era oficial. Sería un día de mierda. Y apenas comenzaba.

……

   Dentro del cuartucho de motel, a pesar de la temprana hora de la mañana, dos sujetos se dedican a las artes del amor, de manera bastante ruidosa, uno con sus gruñidos y gritos, el otro con sus jadeos y gemidos.

   -¿Te gusta?, ¿te gusta sentir mi güevo en lo más profundo de tu cuca, mi amor? –ruge Fabián Omaña, arrodillado sobre la cama, teniendo al delgado muchacho atrapado por la cintura, obligándole a ir y venir, de adelante atrás, al tiempo que lo embiste con su pelvis, metiéndole y sacándole de lo más profundo la cabeza de su verga, dándole donde la interesa, una y otra vez, con sonoros paff, paff, buscando controlar al muchacho por la libido.

   -Ahhh, ahhh, si, si… cógeme así… -grita Eddie (Edith en ese momento), con mórbida voz de hembra, apoyado en rodillas y codos sobre la misma cama, todo su delgado cuerpo canela agitándose de adelante atrás, pero también arqueándose. Esa barra venosa y pulsante le estimulaba de una manera que llevaba tiempo sin experimentar; la punta le daba bien, y no podía ni pensar, tan sólo gemir, lloriquear y mojar el colchón con los jugos de su corta verga erguida.

   Cerrando los ojos con placer, escuchando las duras palmadas de piel contra piel, de sus caderas golpeando esas jóvenes y tersas nalgas, Fabián se lo saca casi todo, dejando el glande atrapado entre los arrugados pliegues de ese ano, que parecen halarlo, retenerlo, metiéndoselos cuando le clava la barra otra vez, y otra y otra, con golpes fuertes, duros. embestidas que llenaban requisitos en su mente, y aparentemente en la del chico también, que chilla y chilla más. Abriendo los ojos puede verle la cara, de perfil, en el espejo del escaparate (¿qué guardarían allí en un cuarto de hotel?, se pregunta de pasada), este teniendo los ojos cerrados y la boca muy abierta, con cara de gozo. Seguramente los hombres con los que se iba no sabían hacérselo. Tan sólo llegaban, dejaban que los mamaran, se lo clavaban y ya. Joder, había tanta gente que no sabía coger.

   -¿Te gusta, verdad, mi amor?, sentir a un macho grandote llenándote, ¿no es así, princesa? Te sientes linda, bella, amada, deseada mientras tu hombre te lo trabaja. Así, así… -le ruge con un vozarrón, y casi ríe al verle alzar el rostro, dulcemente torturado, estremeciéndose de cachondez.

   -Ahhh… ahhh… -es todo lo que escapa de sus labios.

   Y es todo lo que le interesa escuchar a Fabián en esos momentos. tan sólo ocupándose de una cosa. La gruesa mole, cruzada en toda su cara inferior por una gruesa vena, sale de ese agujerito lampiño halándole los labios del culo, casi hasta el glande, para luego volver a enterrárselo, todo, de golpe, las bolas golpeándole. Lo saca y lo mete, macheteándolo con rapidez de izquierda a derecha, de arriba abajo. Y se lo hace sonriendo en todo momento, clavándole los dedos en la delgada cintura.

   Porque esa perrita (así lo piensa, de manera casi afectuosa), le gustaba mucho. Ese culito sí que sabía apretar, amasar; lo hacía de manera entusiasta, natural, gozando mientras trabajaba güevos. Se notaba en sus gemidos. El chico era una mina de oro en bruto, aunque se dedicara a repartir culo para vivir (idea que va gustándole cada vez menos desde que despertara). Él sabía de eso, de esas habilidades propias con las cuales la naturaleza había dotado a ciertos carajos. Había tratado con muchos sujetos que lo escondían. No sólo lo de ser maricones, que las gargantas se les cerraran frente a un macho que se quitara la camisa, sino lo mucho que vivían cuando se escondían y chupaban un güevo como si hicieran algo malo. Pero, en sus manos, sobre su tolete, se convertían en orgullosas y apasionadas putas que se mojaban por todos lados cuando les daba lo suyo. Gritaban como chillaba el chico en estos momentos, y entendían que eso era lo que en verdad querían. Podían negárselo por disimular ante la vida, pero lo anhelaban en secreto, volver a sentirse vivos sobre la verga de un tío.

   -Toma, toma, pequeña… -le gruñe mientras sigue embistiéndole, y manejándole, guiándole con las manos a ir más rápido de adelante atrás, obligando un choque de cuerpos intensos, con profundas metidas y refregadas.

   Apretando los dientes en una mueca, el hombre alza el rostro y sonríe, ojos cerrados. Satisfecho. Lo siente, como las entrañas del chico laten, arden, respondiendo a su hombría. Si, era un gran día. el chico no lo sabía, pero sería su hembra por un buen tiempo. Tan sólo debía “obligarle” a pedirlo a gritos.

   -¿Te gusta?, ¿te gusta esto, mi amor? –comienza un frenético saca y mete, haciendo medio saltar la cama que cruje, esperando una respuesta.

CONTINÚA … 4

Julio César.

INTERIORIDADES

abril 16, 2018

INTROSPECCION

   -Si, medias y tanga de seda; me gusta sentirse lindo y sexy bajo mis sobrios trajes cuando entro a una junta o voy en el subterráneo.

MOMENTOS

Julio César.

CUANDO EMBISTEN LOS MACHOS

abril 16, 2018

JUGUETONES BAJO EL SOL

   Se embriagan y…

   El chico tiene la boca seca, los ojos muy abiertos y las piernas cruzadas sentado sobre la arena, mirando al marido de su hermana, borracho, discutiendo con otro carajo. Con gritos, insultos y medios empujones, los dos bien calientes… de rabia. Notándoseles bajo los bañadores. El muchacho sabe que debe apartar la mirada, o alejarse de allí, no porque sus padres noten algo, sino porque esos carajos terminarán percibiendo el olor que exhala, el del jovencito que sueña con grandes y duras barras. Este tipo de machos cabríos parecían siempre notarlo. Pero no podía hacerlo. Rojo de cara nota que el cuñado, discutiendo con el otro, pecho con pecho, ya le mira y parece alegrársele la vida. Como que vivían bajo el mismo techo, a un cuarto de distancia.

ARRIESGADA EMOCION

Julio César.

PDVSA EN CUATRO PALOS

abril 16, 2018

LA GRAN DERROTA DE LA OPOSICION VENEZOLANA

   Dejando de lado la habladera de paja, sólo queda la ruina…

   En medio del desastre que vivimos los venezolanos, escuchar o leer sobre estas cosas, asombran. Todavía. Y miren que ya no deberíamos estar curados de sustos. Lo señalaba el periodista Nelson Bocaranda en su espacio Runrunes, y uno se pregunta ¿quién se lo contó? Es que tiene al régimen infiltrado. Estornudan y desde su casa les dice salud. Veamos:

ASI ESTAMOS: 

No es chiste, pero podría ser de “Aunque Usted no lo Crea” de Ripley’s.  Un individuo se presentó ante el presidente de PDVSA con su nombramiento como vicepresidente de la Corporación Venezolana de Petróleo “firmado” por el Vicepresidente de la República Tareck El-Aissami. El general Quevedo lo recibió y lo envió a su oficina respectiva para asumir el cargo. Luego en la tarde llamó a El-Aissami para manifestarle haber cumplido su orden. La sorpresa fue grande cuando éste le contestó no saber nada del caso. Descubrieron que era falsa la carta, que el individuo sufría de perturbaciones mentales y de inmediato procedieron a ponerlo preso. ¿Las órdenes se acatan de inmediato en todos los órdenes?  

   Leyendo esto, recordé mi primer empleo en la Administración Pública, llené unos formularios para ir a una oficina; pero llegado ahí, listo para comenzar (todo ilusionado), la jefa inmediata me frenó en seco porque nada sabía. Boleta en mano, y algo molesta, fue a preguntar quién era yo, cuáles mis credenciales y para qué me habían contratado. Todo porque la Subregión me había empleado sin consultar con ella. Aquí no, un sujeto se presenta en la primera industria del país, con un papel (sin una llamada o algo), y hasta oficina (y seguramente asistentes) le ponen y nadie sabe quién es, para qué está allí. O si tan sólo hace falta. Es la esencia de la revolución: halar mecate al jefe inmediato.

   Hace poco comentaba por ahí que a Venezuela, toda la vida, se le resolvió un tanto la situación interna porque nos sostenía la renta petrolera (desde tiempos de Juan Vicente Gómez, quien comenzó a construir carreteras y pagó la deuda externa que traíamos arrastrando desde los tiempos de la Independencia), manejada por una empresa que era la quinta en el mundo en operatividad, PDVSA. Orgullo y gallina de los huevos de oro de un país que se basaba esencialmente en eso. Ahora está arruinada, totalmente endeudada y se le han rebanado pedazos enteros para venderlos bajo mesa y robarse también esa plata. Y las interrogantes quedan: ¿Cómo cometieron semejante disparate cuando todo el país descansaba sobre esa industria? ¿Acaso era muy difícil ver que si la arruinaban el hambre, la escasez y la miseria llegarían? ¿De verdad era tan difícil de ver, de juntar esos puntos?

   De todos los países productores de petróleo, especialmente los de la OPEP, el único que no sólo cumple su cuota, sino que produce a la baja, es Venezuela, porque no puede competir con nadie. También es el único completamente arruinado. Cuando se buscan las razones de este deterioro después de veinte años de un mismo grupo político manejándola como le da la gana, sin tener que dar explicaciones o escuchar a nadie, la respuesta es que hay sabotajes y una conspiración que no los deja trabajar. Gritan en seguida que en el año 2002 hubo un paro petrolero, y que 16 años son insuficientes para resolver nada (contándose en tiempo de socialismos, claro). Aparentemente olvidaron que cuando el paro terminó, los empleados entregaron la empresa frente a fiscales y jueces para dejar en actas que la industria era plenamente funcional.

   Saboteo y conspiración, es la respuesta mecánica para todo; nunca es por la brutal corrupción que se lo robó absolutamente todo y la total incompetencia que llevó al cierre de refinerías y de empresas relacionas como la orimulsión. Como Estados Unidos los odia, entonces las refinerías no sólo no funcionan (y hay que comprarle gasolina a Estados Unidos), sino que estallan matando a un gentío, pero no por falta de mantenimiento, del robo de esos presupuestos de mantenimiento y de la ausencia de personal realmente capacitado; no, por Dios, son los gringos. Toneladas y toneladas de desechos tóxicos se pudren al sol contaminándolo todo, caso del coque (y siempre hablan paja sobre el ambiente y hay euro necios de izquierda que fingen creérselo), no por piratas sino porque la Oposición no deja de señalarlos con el dedo y eso los descontrola. Derrames contaminan ríos y lagos, sin que se den explicaciones, encarcelándose a cualquiera que lo señale, y más si sostiene que eso afecta el agua de beber, pero no por la brutal incompetencia de una gente que ni puta idea de lo que hace (como no sea robar), sino porque el mundo es malo y no los quiere.

   ¿Cómo podía estar PDVSA? Los rumores siempre surgen, la destruyeron para trasladar todo lo que produjo a sus cuentas personales en el acto de pillaje más colosal que se halla visto jamás (en doce años cinco veces más petrodólares que en los cuarenta años anteriores), pero también para declararla inservible, un lastre, y venderla a los socios a quienes viven prometiéndoselas, rusos y chinos, que no se atreven a dar el paso por la ilegitimidad en la que el régimen cayera después del golpe de estado de violar a la vista del mundo la constitución vigente en Venezuela, el año pasado, y haber desconocido la voluntad popular expresada mediante el voto en diciembre de 2015. Sólo el temor de firmar algo que luego se volverá humo, les impide tomar el cuero seco de PDVSA, como Guyana si tomó la Zona en Reclamación, de la cual se dice que también negociaron bajo cuerda.

   Definitivamente, un gobierno de izquierda es como al sembradío al que le cae bachaco. Al final queda uno todo jodido, sin nada, como no sea la frustración, la rabia y la tristeza ante el terreno arrasado. Esperemos que otras naciones, como México y España se vean en este espejo cuando los contadores de cuentos quieran endulzarles los oídos con los embustes de siempre.

¿VOTAR O NO VOTAR?… UNA ABSURDA CUESTION

Julio César.

ESTRATEGIA

abril 5, 2018

LABIA

   Buscando trabajo, en su currículo vitae, en empresas donde el jefe de Personal es hombre, envía su mejor foto. Esa donde más cosas promete a muchos.

   Ah, los problemas del mercado laboral; por lo general siempre hay que aceptar algunas CONDICIONES DE TRABAJO

SORPRESA

Julio César.

EL PEPAZO… 91

abril 5, 2018

EL PEPAZO                         … 90

De K.

   Sabiendo lo que le gusta, lo luce…

……

   ¡Mierda! Al escalofrío que siente recorrer salvajemente su columna, se corresponde cierto temblor en las manos con las que sostiene el alargado paquete… Cuya forma no auguraba nada bueno. Ni siquiera cubierto como estaba. Rojo de cara, y molesto con esa gente abusadora, mira en todas direcciones y sosteniéndola con precaución, como si temiera que fuera a estallarle, camina a buen paso hacia las escaleras y sube casi de tres en tres tramos. Jadeante abre la puerta de su apartamento y no se siente a salvo (temía que si alguien viera aquello en sus manos podría imaginar muy bien lo que era) hasta recostarse contra la madera, cerrándola.

   Disgusto mira el paquete, justo por el nombre de la compañía y lo arroja con desdén sobre un sofá. No quería pensar en él, en la empresa, en lo que le había ocurrido esa noche ni en… Bueno, en nada desde el maldito supositorio aquel. Con manotazos enciende el equipo de sonido, buena música de perreo se deja escuchar mientras allí mismo comienza a despojarse de las ropas, camino al cuarto (la corbata la lleva en un bolsillo del pantalón). Una vez en la habitación, en tanga y medias, se mira al espejo, todo avergonzado. Pero no de lo hecho sino de… lo fogoso que estuvo. La diminuta prenda estaba toda manchada de esperma, viéndose sucia… y erótica. Como sus pelos púbicos, sus nalgas y muslos. Era mucha leche de machos.

   No, no pensará en eso o… Así como está, casi desnudo, regresa a la cocina, de pasada aumenta el volumen del equipo de sonido, y rebusca en la nevera varios envases, calentando muchos en el microondas. Sentía un hambre salvaje. Y rojo de cara se pregunta si fue por el licor de Kentucky (cuando se embriagaba le daba hambre), pero lo duda. Le parecía que se debía a todo ese maratón de sexo. Colocando los envases sobre la mesa, sacando de la nevera medio botellón de dos litros de refresco sabor Colita, se deja caer en una silla, con una mueca.

   Bien, estaba casi desnudo… y empegostado de semen (de mucho semen) y le molestaba un poco el agujero, la verdad fuera dicha. Come sumergiéndose con glotonería en las viandas y la botella de la que toma del pico, algo ansioso también, como si quisiera alejar todos los recuerdos de la noche, la doble enculada, la lengua en su orificio, esos machotes que… Devora todo con apetito y lo deja en el lavaplatos, dirigiéndose al cuarto de baño, donde toma una larga y muy quieta ducha, con agua tibia, no queriendo distraerse con nada, como con enjabonar su raja interglútea.

   Sale lo más pronto posible, para alejar tentaciones, y vuelve al dormitorio, poniéndose otro de esos hilos dentales que le comprara a Fuckuyama, y que ahora parecía de lo poco que le quedaba bien. Toma una camiseta ancha, aún para él, de gran abertura en su cuello, casi dejando ver el nacimiento de sus pectorales, pero corta, terminando un poco por debajo de estos. Ceñudo se mira al espejo. Se ve putón, pero no va a cambiarse. Con una mano se recorre el vientre firme, marcado de músculos, entendiendo por qué los hombres enloquecían con él. Molesto cierra los ojos. No, no pensará en eso. Pero en la súbita oscuridad su mente se llena de vergas erectas, tres, o cuatro, venosas, goteantes, que se agitan y azotan sus nalgas duras y firmes. Jadea mortificado.

   Recoge la ropa sucia, incluidos los zapatos en la sala, evitando mirar el sofá. Allí donde reposa el paquete de Fuckuyama. Después de disponer de la vestimenta usada y apagar la música, regresa a su cuarto y se arroja sobre la cama, disponiéndose a dormir, todo joven y musculoso dentro de las sexy prendas. Cosa que parece afectarle. Siente deseos de tocarse, de mecer el trasero contra las sábanas, de recorrerse sobre la tanga la silueta emocionada de su verga. Pero no, ¡no! Quiere distraerse con la televisión, pero le habían cortado el cable (falta de pago) y la programación restante era sencillamente infame. Aburrido, sin poder dormirse, se levanta y regresa a la sala, a la computadora, y la enciende. Evitando el sofá. Todavía lucha contra el impulso de mirar, de abrir el paquete, cuando la pantalla se enciende y súbitamente se encuentra con un chico que grita, desnudo, dorado, con los pies sobre los muslos de un tío, mientras sube y baja su culo sobre una barra impresionante, nervuda, larga y gruesa que se notaba estaba dándole el mayor de los placeres al enrojecido chico, que gimoteaba mientras el otro reía, diciéndole (en español), que se gozara su güevo, que lo tomara todo, que se realizara como la nena hambrienta de pollas que era. Y este chillando que sí, que es mariconcito, que amaba ser un mariconcito para los hombres.

   Con la sangre corriéndole a millón por las venas, un jadeante Jacinto lo apaga de golpe, respirando pesadamente, con la boca seca. La verga estimulada ligeramente… su culo quemándole, pulsándole. Picándole. Necesitado de… Mira el paquete, con la boca abierta. La forma de la caja… Chilla entre dientes y corre hacia el cuarto, alejándose de las tentaciones. Se mete en la cama y se arropa, intentado desconectar la mente. Pero la piel le arde, la tiene sensible. Las ganas de… ¿Y si se hacía una paja para poder dormir? No, no, sabe que sería un error.

   Pasa una noche terrible en un duermevela que le sienta mal. Molesto, cansado por primera vez en mucho tiempo, se levanta con el nuevo día. No siente ganas de ejercitarse. Hambre si, y come bastante. La ducha es fría. Es cuando se viste, para ir a la quinta (la suave tela del pantalón le eriza las piernas, muslos y glúteos, estos tragando, aunque dejando ver, la tira del hilo dental que los cruza), que se inquieta otra vez por algo que no tenga que ver con… el ardor en sus entrañas.

   Dios, ¿qué le esperaría en la quinta? Encontrarse con Linares era… Y si este no logró encubrir bien las cosas, la situación podría ser sencillamente horrorosa. Raúl Bravo era un sujeto calmo, lento, taimado, que sabía y podía ser muy cruel y certero. Se encamina hacia la puerta y retrocede. Dos veces más lo hace, da un paso y lo desanda como si luchara con una fuerza mayor a las suyas.

   -¡Maldita sea! –ruge rojo de cara, con una vena destacándose en su joven y lisa frente. Furioso se inclina y toma el paquete enviado por Fuckuyama, cubriéndolo con la solapa del saco. Y respirando pesadamente, sale por la puerta.

   Rumbo a la quinta. Cargando con esa vaina.

CONTINÚA … 92

Julio César.

JOVENES E INSENSATOS

abril 5, 2018

DE FIESTA

   Hay cada gente que…

   Cada vez que otro amigo, o conocido, se acerca y le pregunta “¿qué haces?, ¿te volviste loco?, ¿por qué dejas que tu amigo Martín te manosee así?”. Riendo, el chico reaccionaba: “¿Qué?, ¿quieres que le apartarle la mano cuando toca, soba y casca tan sabroso? ¿Que no lo deje hacer lo que tanto le gusta, y que me gusta cómo lo hace? ¿En serio? ¿Y preguntas si el loco soy yo? Además, no tengo corazón para negárselo, ni te imaginas la de tiempo que me llevó entenderle que en verdad amaría tocármelo cada vez que quisiera”.

   Además, ¿no es la mejor manera de pasar un rato cualquiera en un hermoso lugar de las afuera de tu ciudad, con tu carnal del alma? Ah, la brisa, el sonido del campo, los autos a lo lejos, el olor, calor y voz de ese amigo de siempre. Todo se presta para que se dé un momento de estos.

DUDA EXISTENCIAL

Julio César.