Archive for 29 junio 2018

SIGUE EL DILEMA… 28

junio 29, 2018

SIGUE EL DILEMA                         … 27

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

   Te espera…

……

   -No, no es una chorrada, ¿quieres dejar de…? –con los nervios a flor de piel, Daniel siente que está a punto de estallar cuando cruzaba frente a él, deteniéndose, ambos mirándose y produciéndose un momento incómodo. Otro de los muchos que estaban por llegar, teme.

   -Okay, pasa. –Román parece impaciente.

   En el tiempo que llevaban de tratarse, generalmente en la pileta mientras ejercitaban, practicaban y se preparaban para competir, muy poca cosa a nivel social, Daniel Saldívar jamás había estado en la casa del joven, algo más reducida en dimensiones que la suya (su padre había logrado mucho éxito… hasta el encuentro con Franco); esta era más modesta, pero cómoda, acogedora. Hogareña. Lo reconoce porque eso si lo camparte con la suya, su madre había sabido levantar un hogar para todos ellos (¡y Franco lo amenazaba todo!). No puede evitar mirar los cuadros, las fotografías, los cortinales en las ventanas. Los muebles de pino.

   -¿Entonces? –la pregunta a sus espaldas, de Román, le regresa a la realidad. A lo difícil de su situación. Rojo de cara se vuelve y le encara, encontrándole con los brazos cruzados sobre el pecho. Algo debía notársele en el rostro porque el otro joven parece inquietarse.

   Y, por supuesto, enfrentado en ese instante con la necesidad de hablar, sobre la ayuda que requiere de él para escapar de las garras del entrenador, la lengua de Daniel no duerme en su boca, parece morir. De muerte súbita, además.

   -Amigo, estoy esperando… -Román, algo más tenso, le señala con una mano hacia uno de los dos sofás con los que se adorna la sala, formando una gran ele.

   Tragando grueso, Daniel asiente. A ir al mueble, y a hablar. Se deja caer, tenso, envarado. La mirada baja, alarmantemente pálido para pasar luego a un rojo furioso. Abre la boca…

   -¿Quién era, Román? –la voz de una mujer que aparece, seguramente desde la cocina, les interrumpe. Debía ser su madre, piensa Daniel viendo a una señora algo baja de estatura, rolliza, de cabellos negros y rostro franco. Esta se paraliza mirándole, mientras él salta de la silla, poniéndose de pie, notándose que algo malo le ocurría. Volvía a estar muy pálido.

   -Es un… compañero del equipo de natación y clavados, mamá. –informa el otro, notándose algo impaciente. Y a Daniel no se le escapa que no le presenta como un amigo, dificultándole más las cosas.- Es…

   -Daniel Saldívar, campeón olímpico y medalla de oro en plataforma de diez metros. –reconoce la mujer con una gran sonrisa.- Vi las competencias, ¡estaba tan emocionada! –la buena mujer sonríe completamente embelesada.- Los ojos se me llenaron de lágrimas al verte subir al podio, al escuchar nuestro himno y ondear nuestra bandera. –expresa todas esas emociones con una sencillez desarmadora. Sonrojado, ahora con algo de modesta vergüenza, Daniel asiente.

   -Gracias…

   -Tus padres deben estar tan orgullosos. –sigue ella, ignorando que eso se clava como una espina de rosa en el corazón del joven. ¿Acaso Román si lo nota?

   -¿Qué?, ¿acaso no estás orgullosa de mí? ¡No me caí de la plataforma! Al menos. –bromea un poco el joven, distrayendo a su madre.

   -Lo hiciste bien, querido; séptimo entre todos los mejores del mundo…

   -¡Sexto! Fui sexto y lo sabes. –le aclara algo impaciente, sabiendo que ella bromea con eso. Pero escocía. La risa de la señora es enmarcada por una genuina sonrisa de diversión de Daniel. La primera en un buen rato.

   -Si, si, lo siento, después del cuarto… -todavía bromea la mujer, luego mira a Daniel.- ¿Y a qué debemos este honor? –y este, nuevamente, se congela.

   -Saldívar parece que tiene algo delicado de lo cual hablarme. –indica Román, cruzando nuevamente los brazos sobre el pecho, compartiendo una mirada con su madre, la cual se vuelve luego hacia el otro joven. Tomando asiento.

   -¿En serio? ¿Algún problema? Vamos, hijo, siéntate. Cuéntanos…

   Y Daniel quiere que la tierra se abra y se lo trague en esos momentos.

……

   -Ahhh, si, toma, toma, perra. –le ruge Franco a Luis mientras lo posee en su propia cama, la matrimonial, teniéndole de espaldas sobre la misma, atrapándole los tobillos con las manos, alzándole y separándole las piernas, para mirarle al tiempo que lo hace suyo, que le entierra con fuerza, rapidez y rudeza su hombría en lo más profundo, mientras yace ahí, tenso, estremecido, apretando y aflojando espasmódicamente su agujero ante el ataque, con su miembro atrapado dentro de la jaula de castidad de leve color rosa, usando aún una pantaleta de Adriana, algo apartada para que aquel tolete lo penetre.-¡MIRAME, PUTO!

   Luis, quien efectivamente había cerrado los ojos, los abre de repente, casi incapaz de soportar tanta humillación, vergüenza y derrota. Incapaz de soportar el brillo de cachondeo y satisfacción intensa que destilan los ojos del hombre que lo cabalgaba como si fuera efectivamente una perra. Franco disfrutaba completamente de convertirle en la sumisa víctima de su lujuria, de su deseo carnal, de las metidas y sacadas de su grueso y venoso miembro que le refregaba las entrañas. Convirtiéndole, embestida tras embestidas, casi hundiéndole contra el colchón, en un dócil recipiente para su esperma.

   Sintiéndose alzado, forzado, penetrado, Luis tan sólo se aferra a las mantas de la cama, mirando al hombre sonreír, el bigote brillándole con gotas de sudor, mismo que corre por una de sus sienes, mientras, de pie entre sus piernas, sigue sacándole y metiéndole el grueso tolete de las entrañas. Clavándoselo todo, quedándose allí, sonriéndole, y empujando más y más, el colchón medio rebotando, para luego sacárselo, casi hasta la punta, y nuevamente volver a caer, más duro. Más rápido. El cepillado de sus entrañas es doloroso, mortificante, y también ocurría algo que no entiende, que lo llena de culpas, de más vergüenza, interpretándolo como una falta suya, de su virilidad. Le parece inconcebible que su recto, las paredes de sus entrañas, pudieran… sentir algo con todo ese refregar. La sola idea era aterradora.

   Se muérdelos labios, los ojos llenos de un llanto de rabia e impotencia; Franco le tenía en sus manos. Tuvo que cubrir el cupo de Daniel en las olimpiadas con sexo, y ahora estaba pagándolo. Como cualquier prestamista sinvergüenza, el otro cobraba y cobrara, hundiéndole más en la deuda. El temor a que todo aquello se supiera. Y, sumado a la humillación de ser poseído, sus bolas y pene están presionados por la jaula de castidad, el símbolo visible de su sumisión, por si faltara alguna cosa además de la pantaleta.

   -Joder, puta… -gruñe entre dientes Franco, mirándole con una mueca.- La presión que tu concha ejerce sobre mi verga se siente increíble; tan apretadita, como deseándola bien clavada. –le insulta.- Tu coño parece haber sido hecho para esto, esto y esto. –tendiéndose hacia adelante, alzándole más las piernas, le da sus buenas embestidas, con velocidad, rudeza y ritmo. Adentro y afuera, golpeándole las nalgas.- ¿Te gusta así, perra? –comienza para obligarle a responder, para degradarle.- ¿Te lo estoy haciendo como te gusta? ¿Te excita verme disfrutar de tu ávido agujero? ¿Es así como quieres que te trate, como una perra, como un agujero hambriento de verga, de semen, de sexo? RESPONDE, PERRA, NO SEAS TÍMIDA; VAMOS, ¡QUE TE ESCUCHE TU MUJER! QUE ESCUCHE QUE ERES LA MÍA.

CONTINÚA … 29

Julio César.

EL PROBLEMATICO

junio 29, 2018

TRABAJO

   -Chicos… -dice ya listo para la playa aunque aún no han encendido el atestado carro.- ¿Sobre las piernas de quién iré? –iniciando, entre panas, la pelea. 

LA SANCION DEL ENTRENADOR

Julio César.

¿UNA GALLETA DISCRIMINATORIA?

junio 29, 2018

DESPEDIDA DE SOLTERO QUE TERMINA EN DIVORCIO

   ¿Cómo decía la canción?: menéalo, un poquito; menéalo…

   No sé si se enteraron de que la genial comediante de mediados de los noventa, Roseanne Barr, había regresado con su programa, como lo hicieron Los Expedientes Secretos X y Will & Grace, cosechando éxitos y que fue sacada del aire por unos comentarios que hizo comparando a una dama con una mona musulmana, palabras más, palabras menos. Bien, se lo tenía merecido, porque el tono fue deliberadamente ofensivo, discriminatorio y hasta cruel. Y eso que cuando se piensa en el bullying se cree que se habla de muchachos en edad escolar (aunque sobre lo de Roseanne, tengo otra cosa qué decir también, pero no aquí; me encanta esa mujer y su seco, sarcástico y vitriólico humor).

   La cuestión es que me parece que, a veces, nos limitamos demasiado (sobre esto ya había escrito hace tiempo), pisando un terreno donde casi se teme hablar. En este mundo existe el innegable y deliberado intento de dañar, pero también están los comentarios cotidianos que no deben verse más allá de “atacar” humorísticamente a un conocido, destacando un rasgo, una postura y señalar una situación. Hay palabras que son realmente expresivas, que indican claramente lo que se quiere decir, pero que ahora pueden ser mal vista. Algo como: “Venezuela está como está porque está regida por mongólicos”. Aunque la intensión es clara, señalar un punto concreto buscando una explicación al desastre, el comentario en sí podría ser de mal gusto. Porque no es “decente” usar la palabra para hacer pensar en cierto tipo de personas que ahora son “especiales”. Y no se me mal entienda, me parece bien, que se respete a toda persona, que no se le ofenda para herirla, pero eso es cuando la intensión es contra una persona especifica, en este caso, que sufriera del Síndrome de Down, no a un idiota cualquiera que comete idioteces.

   En el pasado, y para el pasado según parece, quedaron expresiones escolares como épale negro, muchacho retrasado mental, chino lalón, huele a portu y (que me perdonen de entrada) “bruto como un gallego”. Todo eso, ahora, es mal visto. Es, repito, ofensivo. Por eso me reí y sorprendí tanto cuando, por pura casualidad caí y vi el video de este señor Cazwell, con esa musiquita oriental tan pegajosa, las danzas, las imágenes del desierto y sus habitantes mientras esos tipos meneaban sus caderas en ropas escasas. Como me gustó, busqué datos sobre el video, y el trabajo se llamaba, en español, algo como La Galleta.

   Como se nota por detalles, encontramos en él el encasillamiento, el estereotipo, la intensión casi discriminante (desierto-musulmanes-bombas) contra un colectivo, convirtiéndose en un trabajo controversial. Y puede ser, pero que queda bien, divierte y gusta. Mientras los chicos bailan, la letra parece indicar que hay que mover muy bien la galleta, agitándola en la cara del artista.

   ¿Se molestaría alguna persona? Seguro, no dudo que alguien viera mala intensión en el mensaje; hay gente que vive pendiente de todo, pero, la verdad, es que el video tiene ese encanto indefinible que atrae las miradas; ¿será la música, la tonada, la voz o los sujetos bailando? Imagino que es la mezcla de todo, ¿no? Creo que antes de tacharlo todo de ofensivo, injurioso o discriminatorio lo mejor es mirar, preguntarse si algo incita realmente al odio, la violencia o el menosprecio, y si no es así, dejar de juzgar tanto por una palabra, un gesto o una imagen. Se vuelve cansón vivir con miedo, o viendo en todas partes una agresión. Creo que a esa gente se le llama paranoicos, aunque emplearla también puede ser ofensivo.

   Pasó con una comediante en Perú, qué no se dijo de ella por unos chistes que hizo sobre la situación de los venezolanos que llegan allá, y para serles totalmente franco, me reí de lo que expresó, fue oscuramente gracioso, cruelmente divertido, pero las comedias son así, lo que ocurre es que ahora todo el mundo tiene la piel demasiado delicada. Quería hablar sobre eso, pero lo olvidé, pasan tantas cosas que es imposible estar al día con todo.

   ¿Es bueno o no el video del señor Cazwell?

LA RESPUESTA CIVILIZADA

Julio César.

SOBREENTENDIDOS

junio 29, 2018

DIETA

   “Hey, hey, cuñado, tu hermana me volvió a botar del cuarto”. El otro hombre, mirándole, entiende y cae de panza. “Okay, súbete y desahógate”.

PROMESA

Julio César.

METAMORFOSIS… 7

junio 29, 2018

METAMORFOSIS                         … 6

   Relato maldito no muy largo, versionado de una idea QUE NO ES MÍA. Es divertido y erótico, nada complicado.

   Guapo y ansiosos chico quiere experimentar…

   Stan va a contestarle cuando se mira en el espejo de su cómoda… Notando ciertos cambios en su persona… Frunce el ceño. Parecía más delgado. No era tan musculoso como Colt, o Greg Savage, para el caso, o incluso como el empollón de Clark Kent, pero se defendía bastante bien. Tenía lo suyos. Ahora… Distraídamente se toca un bíceps que parece particularmente liso y suave.

   -Oye, ¿vamos al gimnasio del colegio o no? –le apura Colt, mirándose también al espejo, a sí mismo, sonriendo orgulloso y complacido de lo que ve.

   -Yo… sí, claro. –responde distraído. Se pone de pie y se mira con mayor atención. Si, parecía más delgado. No era que hubiera perdido sus músculos, no en realidad, pero… No, no sabía qué era.

   -Vamos, mueve el culo. –le urge Colt, propinándole una dura nalgada.

   -¡Hey! –se queja.- Debo tomar una ducha antes.

   -¿Para qué? ¡Vas para el gimnasio! –Colt rueda los ojos, oliendo fuerte, pero no… desagradable.

   -¿No te limpias el culo cada vez que vas al baño aunque regresas una y otra vez? –no puede evitar la réplica. El otro vuelve a rodarlos ojos.

   -Está bien, princesa. Toma tu baño de belleza. –dice cayendo sentado de culo en la cama, sonriendo.- Si necesitas algo de beber en la ducha…

   -Amigo, contrólate. –jadea algo exasperado.

……

   Momentos más tarde, deteniéndose únicamente para comer un emparedado (Colt devora dos), sin mucho apetito a pesar de haber dormido todo el tiempo que decía el otro, Stan sale tras este, rumbo al colegio. No repara en eso, que va tras el chico fijándose en su nuca, los anchos hombros, la espalda recia y desnuda en la calle (parecía no inquietarle mostrarse tan ligero de ropas a la vista de todos). Iba así para mirarle. Alejando esos pensamientos apuró el paso, emparejándosele. Pero dentro de la escuela, en el gimnasio donde los integrantes del equipo de futbol contaban con toda las parafernalias físicas, mientras camina en la trotadora fija, no puede apartar los ojos Colt, quien sentado, con las piernas muy abiertas, flexiona un bíceps que parece un globo abultado, al realizar una rutina con la pesa de veinticinco kilos.

   Joder, piensa con algo de angustia el pecoso muchacho. No podía apartar los ojos del entrepiernas del amigo, recordando en todo momento lo excitante que fue mirar su verga tiesa, lo bien que se sentía contra sus labios, sobre su lengua, lo delicioso que era el jugo que derramaba en ella. Negando con la cabeza, desviando la mirada, intenta distraerse pensando en otras cosas, pero era difícil. Ceñudo, como intrigado, vuelve a mirarle. Joder ahora que lo notaba, ¡Colt parecía algo cambiado también!

   Sus músculos se veían más abultados y definidos, como más firmes, más desarrollados. Y ahora sonreía mucho más, con displicencia, de manera relajada, como si estuviera fumando porro tras porro de marihuana. Hasta hace unos días era hosco, seco, ahora parecía francamente jovial.

   En términos físicos, aunque no mostraba el porte de su amigo, Colt y él eran bastante parecidos, aficionados a las rutinas físicas desde el primero año, como regulares del equipo de futbol desde hace tres temporadas. Pero ahora… Colt levantaba esa pesa sin incomodarse ni un poco, sin detenerse ni para resollar o descansar el codo, mientras a él le faltaba algo el aliento mientras caminaba, desde hace rato, en la trotadora. ¿Realmente estaría enfermo? ¿Acaso esos meteoritos que cayeron en la granja Kent…?

   Pasaron un buen par de horas allí, Colt no deteniéndose casi nunca, él sí, recuperando el aliento. Y mirándole. Uno que otro de los chicos del equipo, también sin camisas, se acercaron y saludaron. Stan notaba que se palmeaban rudamente con Colt, como toros machos corneándose, mientras a él le lanzaban miradas extrañadas, como si de repente le notaran algo distinto. Un detalle que antes no estaba allí. Y exhalaban mucho calor, Stan lo notaba cuando estaban cerca, todos de pies unos alrededor de los otros. Oliendo fuerte, a transpiración, pero no a uno ordinario…

   Como fuera, cuando finalmente salieron de allí, el pecoso joven se sentía agotado, física y anímicamente. Por un lado la rutina le cansó más de lo que querría admitir, y… Joder, no podía dejar de bajar la mirada al entrepiernas de Colt, donde la verga morcillona abultaba delatora, empujando la tela de manera tentadora, mojándola un poco. ¿Sudor o jugos? La duda, la vista, todo le tenía mal, tenso. Porque, y no quería pensar en ello, en lo que significaba, realmente deseaba caer de rodillas frente a él, y pegar el rostro de ese tolete, aspirando sus aromas, sacándolo y atrapándolo con su boca. Seguramente lo encontraría algo mojado ya, y chuparía buscando más de ese rico néctar que sabía el otro producía en sus bolas. Lo necesitaba de una manera desesperante, ahora. Era como si le faltara… una dosis de droga.

   Como su casa era la primera de las dos, llegando desde el colegio, se detuvieron un momento, Colt acompañándole al porche como para cuidar que entrara, y sus nervios y ansiedad aumentaron. Pronto el otro se despediría y continuaría su camino, rumbo a su casa. A darse mano sobre la verga, desperdiciando todo ese semen rico. O, peor, llamando al hermano de Greg Savage, tipo al que ya odiaba. Si quería algo de todo eso…

   -Amigo… -comienza, todo vacilante, deteniéndose abrumado por la vergüenza.

   -¿Ocurre algo, Stanley? –pregunta el otro, sonriéndole de manera franca.

   -Yo… yo… ¿Tienes algún plan para la tarde? –grazna. Colt sonríe aún más, con picardía, aferrándose el tolete sobre las ropas con una mano.

   -Tomar una larga ducha… meneándomela.

   -¡Hey! –se abruma y enrojece de vergüenza.

   -¿Tenías algo en mente? –le invita a hablar.

   -Bien, eh… Dijiste que si… Que podía decirte si necesitaba o quería… -le mira implorante, para no tener que continuar, pero Colt parece confuso.

   -¿Que dije qué sobre qué? –parece que realmente no entiende.

   -Ya sabes… -baja la voz, ansioso.- Decirte si quería otro “vaso” de… esperma. –la voz fallándole al tener que pedirlo con todas sus letras.

   -¡Por supuesto, amigo! Si quieres chuparme la verga y llenarte la boca con mi leche, estoy a la orden. –casi ríe y grita Colt, de pura dicha, avergonzando aún más a Stan, quien mira en los alrededores, nervioso. Este, por el contrario, parece no notarlo.- Siempre estoy listo y muy dispuesto para ayudar a un amigo en un apuro como el tuyo.

   Y, sin más, baja la parte delantera de su pantaloneta, sacándose la verga en el porche de la casa de Stan. Esta alzándose, endureciéndose… goteando ya.

CONTINÚA … 8

Julio César.

EL AMOR… ¿PASADO DE PACIENTE?

junio 29, 2018

EL PASAPORTE DE YOANI SANCHEZ

   ¿Mil veces defraudado? ¿Mil?

   La frase es hermosa, porque habla de esperanza. O debería, porque a mí, personalmente, me suena… terrible. El amor te condena a seguir esperando, aguantando, manteniendo la fe contando con que, tal vez, aterrices en un mañana mejor. Digo, son cosas mías. Es bonito saber que se te espera, que se te perdonará y se te seguirá queriendo así te equivoques; aún si en un momento dado, llevado por la rabia, hieres los sentimientos. Pero que se te ama tanto que todo queda en el pasado. Bonito, sí, y sin embargo, repito, no puedo dejar de pensar en esa frase que dio nombre a una canción en los noventa, El ganador se lo lleva todo, del grupo ABBA. Y si es así, ¿qué queda para el perdedor? ¿Nada? ¿Ni siquiera la esperanza? ¿El que ama se agarrará aún a la ramita más débil confiando en otro resultado?

   Claro, nunca he amado tanto. Debe ser por eso que me cuesta entender. Amigos religiosos, gente buena, siempre me dicen que así es el amor de las madres y el amor de Dios, que espera y espera, confiando que en algún momento se regrese a la buena senda. Será.

Julio César.

AMENIDAD DIETETICA

junio 28, 2018

JUSTO… PERO CONCIENZUDO

   Hay lenguas que convencen…

   Tensándose, gimiendo contenidos para mantener alguna ilusión de masculinidad, estos dos panas se estremecen todo mientras el amigo recién llegado de Siria, o más allá, les come las papayas. En cuanto llegó y le preguntaron qué vio, que bebió, que comió, sonriendo con picardía les dijo que se había aficionado a un platillo nuevo que hacía delirar. Quisieron probarlo y al hacerlo se jodieron, se dice el carajote, sonriendo, apuñalando con la lengua enrollada, metiendo un dedo. O, bien, quedarían bien, pero que bien jodidos dentro de un ratico.

……

   Entre gustos y sabores, lo mejor es disfrutar acompañados de esos MOMENTOS

TENTACION

Julio César.

LA SORPRESA

junio 28, 2018

DIETA

   Lo insólito no fue que a la despedida de solteros llegara un bailarín hombre, o que este intentara que el novio mamara, sino que este lo hiciera con ganas…

SOBREENTENDIDOS

Julio César.

METAMORFOSIS… 6

junio 28, 2018

METAMORFOSIS                         … 5

   Relato maldito no muy largo, versionado de una idea QUE NO ES MÍA. Es divertido y erótico, nada complicado.

   Guapo y ansiosos chico quiere experimentar…

   La boca del joven se cierra alrededor de la dura y pulsante verga de Colt, buscando esa sustancia lechosa de sabor increíble, la cual comenzó a filtrarse en seguida sobre su lengua. Y mientras la chupaba ruidosamente, obteniendo más de aquel líquido caliente, la mente de Stan no terminaba de aceptar que aquello realmente fuera líquido pre seminal, o que estuviera tragándose el semen de su mejor amigo. Se producía en demasiada cantidad y sabía demasiado bien. No se suponía que fuera así, se sintiera o que supiera de aquella manera. Y eso le hizo descender totalmente sobre la barra, tragándola toda, pegando los labios del pubis del otro, sorbiendo todavía más, retrocediendo, sus labios adhiriéndose a la mole de carne joven, dejándola brillante de saliva y jugos, buscando más de aquello para “descifrar” el misterio. ¿Acaso sabía así la semilla de un chico alfa?

   -Hummm, sí, eso es; toma tu medicina, Stanley. –oye la ronca y excitada voz de su amigo, que se burla, que sonríe como un chico travieso, meciendo sus caderas de adelante atrás, cogiéndole la boca.

   Pronto se dio cuenta, efectivamente, que el dolor de cabeza había desaparecido, así como su malestar estomacal y la resequedad en su lengua, la cual nadaba en los abundante líquidos que el ojete de esa barra derramaba sobre ella. Cerrando los ojos, para dedicarse a entender qué significaba todo aquello, continúa sorbiendo, apretando con sus labios, mejillas y lengua. La verdad es que, de hecho, se sentía mucho mejor. Y aunque la recorría, retrocediendo sobre ella, sacándola de sus labios rojizos y húmedos, dándole besitos en la punta, recogiendo todos esos jugos, no quería admitir aún que tal vez había algo de cierto, que existía alguna relación entre mamar aquel güevo y sentirse bien. No quería pensar que era por tragar semen, claro; ni lo diría en voz alta. Porque si decía, o reconocía, que mamar vergas le ayudaba, o que tragar esperma le hacía bien, sabe que Colt no dejaría que lo olvidara nunca.

   Pero si, cuanto más bebía de los jugos de su mejor amigo, de manera muy ruidosa, mejor se sentía. Vuelve a separar sus labios, los cuales crean hilachos de espesa saliva y materia pre eyacular, y toma cada centímetro cuadrado de la verga que pulsa, se estremece, que quema y moja su lengua.

   -Hummm, si, sigue así, amigo. Busca la leche que necesitas. –le sonríe el otro, de pie, alto, vencedor, mirándole sentado a la cama, de frente, toda la verga en su boda.- ¿Te cuento un secreto? ¿Recuerdas al hermano mayor de Greg Savage? Vino anoche a casa a preguntarme qué le pasaba a su hermanito, y se la mostré. Mi verga. Y también a él le gustó. Pasó horas chupándomela, tragando rociada tras rociada de esperma. Parecía no cansarse de beber esperma, así como yo no me cansaba de producirla. ¿Crees que puedas ganarle en ganas?

   Las palabras, el reto, la intensidad de la mirada erizan a Stan, quien comienza a sacudir su cabeza más y más rápido sobre la palpitante tranca, deseando esos jugos, sintiéndose extrañamente celoso de esa historia, y a un tiempo comprendiendo al hermano de Savage. ¡Era delicioso mamar güevo!, la idea estalla como una revelación transcendental en su cabeza. Quería que su boca, que su lengua, quedaran cubiertas y llenas completamente de espermatozoides.

   -Oh, sí, se nota que la quieres. No, que la necesitas. –Colt le sonríe complacido, dueño de la situación, atrapándole la cara con sus manos, guiándole, llevándole y trayéndole, obligándole cada vez a tragarla hasta su base, dejándole allí para que aprendiera a ordeñarla aún más con la garganta.

   Y él quería hacerlo, complacerlo. Hacer cualquier cosa que Colt deseara con tal de que derramara más y más esperma en su boca. La idea de detenerse, o de detenerla, ahora que le forzaba a refregarse de su pubis con una mueca divertida de cruel travesura, no cruza por su mente en esos instantes. No controlado por el dios güevo como está. En esos momentos sólo le queda obedecer y complacerle, para disfrutar de aquello, de la excítate sensación que el joven tolete producía dentro de su boca, y la aún mayor mientras lo mamaba.

   -Oh, sí, amigo, andaba urgido de esto también. –le gruñe Colt.- Con Megan ignorándome, igual que el resto de las chicas, necesito de los chicos como el hermano de Savage y tú, que chupan vergas. Requiero de alguien que me ayude a liberar mis cargas. Hummm, casi lo tienes, Stanley, estoy a punto de llenarte la boca con mi semen caliente y espeso. –informa gritándole, reteniéndole con fuerza por el rostro.

   Temblando de pura emoción, Stan es retenido contra el pubis, su nariz aplastada contra la piel de su amigo, cuyos pelos púbicos le entran por la nariz, aspirando el embriagante olor a macho joven, notando como esa verga pulsa, parece temblar, arder literalmente y dispara un buen chorro de algo que le parece lava, abundante y espeso que resbala por su garganta, activando algunos receptores placenteros en su estómago; es lo único que puede imaginar, cuando este le chilla de gusto. Poco comparado a la fiesta nuevamente sobre su lengua cuando Colt le retira el rostro y dispara el resto de la hirviente carga sobre su lengua y contra sus mejillas, inflamándolas de tanto “jugo”, uno que bebe con ansiedad, luchando por no ronronear no vaya y fuera que escapara una sola gota.

   Y mientras tragaba toda aquella leche que, si, sabía a yogurt de ciruelas, a dulce yogurt de ciruelas, casi blanqueando los ojos, Stan tiene su propio orgasmo, vistiendo aún su bóxer, y si haberse tocado ni una vez. La humedad de su propia corrida moja su entrepiernas y resbala hacia la cama.

   -Te ves mucho mejor. –le dice Colt con una sonrisa escandalosamente alegre, respirando agitadamente, sacándosela de la boca. La verga toda rojiza, aún dura, muy humedecida.- Sabía que una buena dosis de esperma era lo que necesitabas.

   -Así parece… -Stan jadea su vago acuerdo. Su cabeza, aún experimentando el agradable aturdimiento del orgasmo, no encontró ningún problema en las aseveraciones de su mejor amigo. Y porque era cierto. Tomar toda aquella leche le había hecho sentirse realmente mucho mejor. Pero no se lo diría.

   -Parece, no, ¿tomar semen hace feliz a Stanley o no? –pregunta este, riendo.

   -Okay, si. –rodando los ojos, Stan sonríe soñolientamente.

   -Bien, estamos claros. Así que, cada vez que necesites sentirte mejor, o requieras de un poco de felicidad, sólo tienes que hacérmelo saber, ¿okay? Ya sabes que tengo lo que necesitas. –subraya agarrándose la verga y agitándola frente a su rostro, atrapando su mirada.- He estado tan excitado en estos días que estoy seguro que tengo litros y litros para regalar. A ti y al hermano de Greg. –sonríe con los ojos iluminados.- Me pregunto a quién de los dos le gustará más. ¿No quieres competir con él, hombro con hombro, por el semen de tu hombre? –propone todo burlón y creído.

   -Joder, amigo, creo que necesitas que Megan vuelva a ti. –gruñe Stan, algo amoscado ahora que el embrujo del clímax va pasando.

   -Si, aunque no sé por qué me apartó. A mí y al resto de los chicos de la escuela. También las otras nenas me han evitado. Y a los otros. –parece confuso y dolido; pero sólo por un segundo.- No lo entiendo, pero, por suerte… a ti te gusta la leche de chicos. Y a otros tíos, como…

   -Si, si, al hermano de Savage. ¿Acaso sabes su nombre? –parece mortificado.

   -¿Celoso? –se burla el otro, cubriéndose al fin la verga, esta mojando la tela.- Mueve bien tu lengua y no tendrás competencia.

   -Idiota. –le gruñe, pero sintiéndose algo… triste cuando la verga queda fuera de su vista, aunque aún recrea el sabor del semen en su lengua y mejillas.

   -Oye, te ves mejor, y llevas mucho tiempo aquí encerrado, ¿por qué no nos llegamos al liceo, nos reunimos con  el resto del equipo y nos ejercitamos un rato? –le propone.

   Stan va a contestarle cuando se mira en el espejo de su cómoda… Notando ciertos cambios en su persona…

CONTINÚA … 7

Julio César.

¿PELEA DE JUGUETES?

junio 28, 2018

SAM, DEAN Y LA FAMILIA PERDIDA

   Hay algo en esta imagen que…

   Jensen entre Misha y Jared, ¿ambos luchándoselo con lo que tienen para ofrecer? Parecen propuestas interesantes, veremos cuál convence al rubio. O tal vez los sorprenda diciendo que, como buen ganador, lo toma todo.

   Caramba, si son fotos publicitarias, me pregunto dónde aparecieron y exactamente qué promocionaron. Lo dicho, parece una oferta de juguetes. De ciertos juguetes, al menos. 

LA TERAPIA Y LA NADA

Julio César.

¿TRUCO?

junio 28, 2018

TRABAJO

   Sorprendido lee la nueva norma: “Comprobación de tatuajes. Un juez, usando su lengua, lamerá cada uno para ver sí…”.

EL PROBLEMATICO

Julio César.

PERIODISTAS EN VENEZUELA

junio 28, 2018

IGLESIA Y CREMACION

  El periodismo, ¿una profesión de alto riesgo?

   Un domingo, hace algunos años, cuando la tenaza de la represión aún no se había cerrado totalmente, me acerqué a mi puesto de periódicos preferidos y el muchacho que me atendido me hizo reír. La doñita que lo llevaba, abuela de este, simpatizaba con el régimen chavista, luego se desencantó (vio como el esfuerzo de su vida desaparecía, ese negocio, que terminó vendiendo terminales, cigarrillos al detal, azúcar y café en bolsitas), los nietos se tuvieron que ir del país porque sentían que aquí no había vida para ellos, y más tarde se enfermó ella misma. La tensión arterial (la falta de medicamentos) parece que terminó con la doña. Y no faltó quien preguntara con cierto rencor, ¿de qué le sirvió la foto del muerto colgada en el negocio?, pero en eso no me meto porque entonces no voy a terminar de escribir esto nunca (sólo acotaré que esta visión también sesgada de la realidad, es la que nos impide actuar con verdadera fuerza contra el régimen, pero eso nadie quiere escucharlo). Bien, ese domingo llegué, hice mi cola, porque todo el mundo compraba su prensa también, y me llevé mi lote. Primero pedí el diario El Nuevo País, luego los semanarios ZETA, QUINTO DIA, LA RAZON y un periodiquito sensacionalista que comenzó a salir también los domingos y que retrataba bien lo que pasaba en las calles aunque decían que salía de imprentas gobiernera, El Propio. En cuanto pedí, el joven, nieto de la señora, se echó a reír diciendo algo como “qué fuerte, puro veneno contra el gobierno”. Y esa era mi rutina dominguera. Aunque el semanario ZETA, mientras más pronto lo tuviera en las manos, mejor.

   Parte de la rutina, igualmente, era escuchar cada mañana a Marta Colomina, por Unión Radio Noticias (cuando no estaba, o no la sintonizaba, era como cuando no conseguía la ZETA o El Nuevo País, me sentía físicamente enfermo), cada noche a César Miguel Rondón por TELEVEN, por las tardes, no muy regularmente, al Ciudadano, Leopoldo Castillo por GLOBOVISION, y allí mismo, de madrugada, a Jesús Torrealba con los titulares de la prensa; los miércoles compraba el diario El Nacional, por Marianella Salazar, los viernes por Ibéyise Pacheco, los martes y jueves El Universal, por Nelson Bocaranda. Fuera de Marianella Salazar, todos los otros debieron abandonar sus trincheras. Los obligaron a abandonar, a veces directamente, otras ordenando autocensura. Imaginarán el duro golpe que fue para mí (ay, profesora Colomina, ¿no está hablando en alguna parte, no tiene un canal medio clandestino en la web?).

   Hoy, 27 de junio de 2018, día del periodista, estos dicen lo mismo que las enfermeras que “celebraban” su día poco antes: no hay nada que festejar. Todo el que no sufre de bipensar, convencido de que la realidad no es la realidad sino la que se le dibuja, sólo encuentra motivos de preocupación, frustración y amargura en el día a día. Y, sin embargo, como con las enfermeras, que vaya hasta todos los periodistas un saludo cordial de mi parte.

   No ha sido fácil lo que les ha tocado vivir, luchar contra un estado hegemónico y fascista que concentró en pocas manos todo el poder, incluido el judicial, con el cual cercó y persiguió a los medios de comunicación y a los periodistas. Curiosamente, típico de los fascismos, no se usó todo ese poder para levantar una utópica sociedad más justa, más sana, más feliz (fuera de decir que lo harían, también es típico de estos farsantes querer confundir las promesas con los hechos), se robó, se usufructuó todas las mieles del poder y se persiguió a todo quien lo comentara, o relacionara eso con el desastre que ya se perfilaba quince años atrás, cuando los socialistas del mundo recibían su buena tajada en sobornos por silenciar todo lo que se iba sabiendo. Para eso era el poder, así lo usó Rafael Correa contra los diarios que insinuaran algo sobre su burda corruptela en Ecuador, y los Kirchner en Argentina, por sólo mencionar a dos grupos que ya no están. La brutal mordaza sobre la realidad cubana y lo que ocurre en Venezuela, sigue allí.

   Decía Rafael Poleo en sus medios, hoy prácticamente cerrados físicamente, como no podía ser de otro modo por esa maña de investigar y contarlo todo, de manera tan clara, que ningún periodista podía ser amigo de un gobierno. Que en cuanto un régimen comenzaba, en el buen sentido, el fablistán debía apartarse de la mesa de los convidados y vigilar todo lo que este hacía. Es lo sano. Ellos, diarios, televisoras, radioemisoras están para que nos enteremos de lo que ocurre, la realidad, no para ocultarla o transmitir propagandas en lugar de hechos. Su labor es echar el cuento, tal y como fue, así nos disguste, nos incomode o prefiriéramos que no se hablara de ello cuando el asunto nos toca.

   Siempre recuerdo de los días de abril de 2002, cuando Hugo Chávez cae y regresa al poder (los que corrieron y se ocultaron están mandando, quienes le ayudaron y lo restituyeron, andan presos o perseguidos), la periodista Patricia Poleo contó los detalles del interinato del señor que se montó a la caída, Pedro Carmona Estanga, desnudando un cuadro de oportunismo que muchos consideraban no era bueno que se supiera. No, aunque fuera duro y el sabor amargo, tenía que saberse, porque si los errores no se encaran, no se admiten, nunca se superan y jamás se aprende de ellos. Siempre reincidiremos. Y de eso los venezolanos tenemos un cuento largo, aunque no somos los únicos.

   En líneas generales, la profesión de informar se ha mantenido valientemente en alto, a pesar de las presiones y las preventas, de las promesas o de la judicialización de la represión. La libertad de expresión, como ocurre en todo sistema de partido único, con un grupito a la cabeza ostentando todo el poder y deseando preservarlo, es una de las primeras víctima, y no salimos liso de esa; pero a pesar de todo, los periodistas venezolanos se han encargado de mantenerse, de informar, de destapar el cuerpo corrompido de una revolución ladrona, incompetente y brutal que en su descomposición, su pudrición, contamina a todo el país. Hubo quienes se plegaron, dejando de ser periodistas para convertirse en propaganderos activos y complacientes, bien por ellos, es lo que querían y lo obtuvieron, ya se sabe quiénes son. Otros parecen plegarse, porque bajo ocupación la gente tiene que continuar viviendo, a veces sonriendo, aguantando, aunque la procesión vaya por dentro. París bien valía una misa, para nombrar la capital de una nación ocupada por un régimen fascista parecido, que tuvo que aprender a convivir con el mal.

   De corazón creo que este grupo de periodistas lo hace, medio censurándose, para intentar continuar informando algo, poco o mucho, desde sus posibilidades. Es fácil estigmatizarlos, insultarles, eso se le vuelve costumbre al venezolano mientras espera que alguien, en algún lugar, haga algo. Y están los que no se entregan, los que informan, los que son mil veces insultados, sancionados, perseguidos, pero perseveran. ¿Qué no se dijo de Nelson Bocaranda cuando anunció que Hugo Rafael Chávez Frías estaba enfermo, que era cáncer, que estaba mal y que se iba a morir, siendo secundado casi únicamente por el diario de Rafael Poleo, El Nuevo País y su semanario de análisis, ZETA? Se le dijo de todo, de todo, y resultó que él tenía razón y los otros estaban total y completamente equivocados. O simplemente intentaban mentir. Y aquí sigue Nelson Bocaranda, sorprendiendo siempre, dejándonos helados por cada nueva suciedad, maldad o demencia que saca a flote en un país que va perdiendo la capacidad de asombrarse, de molestarse (a menos que sea contra alguien más en la Oposición, entonces si les alcanza la rabia), o que se muestra “sanitariamente” indiferente. La gente siente que debe apartarse un poco de tantos desatinos, de tantas locuras y necedades de una casta ignorante pero peligrosamente rapaz, o terminarán volviéndose tan dementes como el régimen mismo.

   En su gran balance, en el “juicio” que se les pueda hacer, los periodistas en Venezuela sobresalen; han sufrido, soportado y resistido el cierre de los medios de comunicación, comenzando por el canal televisivo RCTV, de las más de doscientas emisoras de radios donde una voz incómoda, insobornable y valiente denunció desafueros y abusos, y decenas y decenas de periódicos, nacionales y regionales, bajo el acoso de los censores oficiales, de los tribunales usados como herramientas y el cerco físico del papel, la tinta o los dólares parta el pago de toda deuda. Pero todo el que sale de un medio de esos, intenta continuar, se las ingenia para seguir, porque, al parecer, informar también es un apostolado. Apóstoles que han tenido que sobrevivir a las persecuciones de grupos violentos enviados a agredir e intimidar y al de los tribunales en demandas personales; muchos han tenido que abandonar su tierra buscando un espacio desde el cual seguir informando, otros simplemente han debido escapar al exilio para no llenar aún más las cárceles de presos políticos y de conciencia (otro signo del fascismo), o han tenido que reinventarse como blogueros, montar radios por internet y canales en youtube. Porque no terminan de entregarse, no se resignan a  rendirse.

   Hoy, Día del Periodista, me tocó escuchar a Jesús “Chúo” Torrealba señalar que en Tucupita Radio Fe y Alegría lleva días fuera del aire porque la gobernadora le ordenó a CORPOELEC que les cortara la energía eléctrica para que dejaran de trasmitir, de informar, supervisado todo por el SEBIN, cuerpo de seguridad usado como brazo armada (típico del autoritarismo); que los periodistas del estado Guayana ha sido citados judicialmente por informar y denunciar la guerra del oro en el sur del país, donde se asesina a los indígenas para que abandonen la zona, todo a manos, según, del ELN, aunque otros sostienen que son bandas de paramilitares montadas por el mismo régimen. Escuché que Juan Diego Vilchez, periodista del diario El Impulso, era “requerido” a comparecer por el consejo legislativo de estado Lara, por una comisión permanente que fiscaliza las actuaciones públicas, que lo cita para que explique de dónde salió la noticia sobre la “supuesta” muerte de nueve niños contaminados por una bacteria en el Hospital Universitario de Barquisimeto, en donde fueron internados buscando salud.

   Un ente público cree que puede citar a un particular para arrinconarle, amenazarle, amedrentarle, y a través de él a los otros, porque lo que buscan es que no se sepa lo que ocurre. No es grave que los niños hayan muerto en un hospital, lo malo es que se sepa. Y lo citan a él en lugar de llamar al director del hospital o a los ministros de Salud que han pasado por ese ente, únicamente dejando un rastro de venezolanos fallecidos ante la corruptela y la incompetencia más grande que jamás se haya visto. Lo que se busca con este tribunal inquisidor, con esta parodia de caza de brujas, es que no se diga, no se hable, no se sepa. Y lo intentan una y otra vez, aunque los periodistas siguen y siguen en su labor.

   Felicidades a todos ellos. Y un gracias de todo corazón.

FUERA EL OBISPO DE CARACAS!!!

Julio César.

SABOREANDO LA VIDA

junio 26, 2018

ALIGERANDO EL VIAJE

   Amistad, chorros de bendiciones…

   Aunque riendo, como burla (cuando le llamaban para algo le decían “hey, traga leche, ven acá”), la verdad es que Darío ama pasar el rato con sus amigos después del trabajo. Sentirse acompañado. Rodeado por ellos. En la salida trasera del pueblo, la que da hacia la montaña, donde pasean disfrutando de la naturaleza, escuchan música, hablan paja vagueando sobre la capota de las camionetas, fumando, echándose un trago y le dándole de beber esperma fresca. Mucha esperma fresca. Era un placer sentirle trabajar por ella, y excitante verle beberla toda, casi con frenesí (tanto así le gustaba su sabor), por lo que la rutina de cada tarde era un vacilón. La vida de esos chicos que trabajan duro y ganan poco era así algo más buena. Mucho más grata, gracias al chico que tanto gusta de la esperma.

DIESTRO

Julio César.

EN LA GRANJA

junio 26, 2018

REALIDAD ALTERNA

   El granjero los trabaja…

   No le agradaba mucho la fulana ducha, ni los jornaleros temporales que su marido ocupaba de tarde en tarde, a la mujer del recio granjero, tío sólido, enorme y cuarentón. Aunque este dijera que no pasaba nada, que eran chicos citadinos que querían experimentar en toda su intensidad las vivencias del campo. Ella, seria y conservadora, casi admiraba la liberalidad de su esposo amado. Este, por su parte, masticando una brizna de paja, o encendiendo su pipa, se recostaba de la barda cercana a la ducha, esperando. Cuando uno de los tíos le miraba, separando un poco sus piernas y metiendo la mano (para asearse mejor), se acercaba, los llevaba al pajar y les enseñaba a ordeñar. Si los tíos, como en efecto pasaba, volvían una y otra vez, los convertía en los perfectos empleados que podía presentar, y prestar, a otros carajos de la localidad. El hombre tenía, indudablemente, buen ojo y buena mano para los becerros.

PLACERES CULPABLES

Julio César.

HEREDEROS… 6

junio 26, 2018

HEREDEROS                         … 5

   Muchos chicos soñaban con tener su papi…

……

   -No las metas en esto.

   -No soy yo quien les falla. –apuñaló.

   -Ah, mis nenas. –Ricardo bajó la mirada, sus anchos hombros más caídos.

   Fue cuando Oswaldo supo lo que tenía qué hacer. Ricardo estaba por cometer un error que le causaría pesar, no soportaría estar lejos de sus hijas, ni estas de él, así que le salvaría de su propia estupidez. No sería, tampoco, la primera vez. Esa decisión, una resolución inaplazable e implacable como él mismo era, le brindó cierta paz en esos momentos. E hizo menguar, de pie frente a la barra, el enojo contra el amigo que había planeado alejarse.

   Claro que este nada podía saber, de lo que haría por salvarle. No todo, al menos. Como no debía saberlo tampoco el joven frente a él, en su despacho, el hermano menor de su mujer, quien le estudiaba con fijeza.

   -Sé lo que hago, aunque no lo creas.

   -Te arriesgas demasiado. Ricardo, sabes el geniecito que se gasta, puede estallar literalmente en llamas si…

   -Lo sé, pero no sabrá nada. No si no se lo cuento. O tú. –la orden de silencio queda implícita y el otro sonríe y levanta las palmas de las manos.- Especialmente no le digas nada a tu hermana, ¿okay? No te pido que la engañes, tan sólo no le comentes.

   -Lo sé. –casi pareció molesto por la indicación, y sigue mirándole.

   -¿Qué?

   -Realmente debe agradarte mucho tu amigo para montar todo este teatro para retenerle en Caracas, en la radio y cerca de ti. Con razón a Roxana no le agrada.

   -A tu hermana, como a muchas mujeres, no le gustan los amigos de su marido. Eso es casi bíblico. Búscalo. Y no lo hago sólo por amistad… -duda, frente fruncida, una tormenta en sus ojos.- En otro escenario, Ricardo me será útil… muy pronto.

   -Bien, como sea, ya todo está en marcha. Me imagino que Atamaica, su jefa en la radio, debe andar como loca llamándole. Seguro que eso le arruinará el viaje de pesca… con su amigo. –esa parte siempre le divierte. Imaginar a alguien con un carácter tan marcado como Ricardo, siendo… ¿tierno? Al menos civilizado.

  Oswaldo parpadea, desviando la mirada. No pensando en eso; no exactamente. Sí, todo estaba en marcha, de modos que Anthony ni imaginaba. Era un riesgo, otro que tomaba en su vida, pero bien valía la pena. El mundo pertenecía a los osados que alargaban la mano tomando lo que necesitaban, o deseaban. Eso lo había aprendido muchos años atrás.

……

   Con la cara lavada de todo maquillaje, el algo ensortijado y largo cabello recogido en un moño descuidado, Eddie no podía sentirse más incómodo y extrañamente halago como en esos momentos, sentado a una buena mesa en el boulevard de Sabana Grande, frente a una arepera, devorando con buen apetito (uno que hablaba de hambre atrasada) arepas con queso amarillo, cortesía del hombre con quien compartiera la noche y buena parte de la mañana. No puede evitar sentirse mirado, calibrado en lo que es, totalmente juzgado con su blusa andrógina acomodada lo mejor que puede, el shorts jean no muy largo, sin las medias que llevara la noche anterior, con unos mocasines bajos que no parecían de hombres. Se veía, o lo imaginaba, como lo que era, un semi transformista de La Libertador, recogido (en muchos sentidos) por un cliente que le invitaba un tardío desayuno. Tal vez en agradecimiento de todo lo que hizo. Y aunque algunos clientes del lugar, y el camarero que les atendía, parecían reprobarle tácitamente, la soltura, el donaire de ese sujeto grande y masculino que le imponía en el lugar, le encantaba. Se sentía… respetado. Representado.

   Masticando un buen pedazo de la arepa con el queso casi derretido, delicioso, no puede evitar el sofoco al recordar lo que el tipo le dijera poco antes, en aquel feo cuarto de motel, una vez acabado el sexo:

   -Oye, te invito el desayuno. -le propuso, viéndole confuso, algo dudoso.- Y puedes pedir algo para tu madre. –endulzó la oferta mientras se acomodaba la camisa manga largas dentro del pantalón. Desconcertándole aún más.

   -¿Así? –extendió los brazos para que entendiera.- Debería… -el paseo de la vergüenza le detenía. De noche reinaba, en las sombras, entre la decadencia y la basura, podría decirse así; no desentonaba. De día, con esas ropas…

   -Para mí te ves hermosa. –fue la contestación de pasada, sin mirarle, como expresando algo tan obvio que no necesita mayor explicación.

   Y eso “la” derritió. Ese hombre que podía hacerse respetar, un toro en la cama, que gustó de “ella”, la invitaba a comer, así como estaba, y el mundo no le importaba. Tan sólo les quedaba tolerarle. Esa idea pareció, y parece aún, sentado a la mesa, levantar un fuego de orgullo y algo de vanidad en sus venas, por lo que alza los hombros y la barbilla cuando el camarero regresa, mirándole nuevamente con cierta sorna, como si la considerara poca cosa, si no nada, y le indicó indolente que sí, que quería más café y que lo sirviera. Seguro que el hombre preferiría no tenerle ahí, afeando, abaratando el lugar, pero una mirada al rostro de Fabián Omaña, pareció contenerle.

   -Oye… -la voz de Fabián le hace mirarle; el hombre iba clavándole los dientes a su tercera arepa de carne mechada con queso amarillo.- Recuerda pedir algo para tu mami. Algo sabroso que sepas le va a gustar.

   -¿En… serio? –el corazón se le detiene en el pecho, abrumado. aunque no tímido, no naciendo cómo era, en el lugar que le tocó, ni por el trabajo que desempeña, no había querido insistir en ese punto y “molestar al generosos cliente”.

   -Claro, vamos. –invita el hombre con una sonrisa lobuna. Sabiendo los efectos catastróficos que causaba en las defensa de ese chico de barrio, medio marginal y pobre que además resultó marica. No gay, sino uno de los que se maquilla, usa pantaletas y se siente chica. O lo es. Que saliera de una casa donde seguramente apenas se le toleraba, que se dedicara a la vida “fácil”, con lo difícil y peligrosa que era esta, posiblemente le había condenado a una dura existencia carente de mimos, atenciones y detalles de parte de otros. Todas esas cositas que los hombres, sin ser muy atentos, prodigaban a veces a sus mujeres, sorprendiéndolas y enamorándolas. Seguro que al chico le faltó un “novio”, alguien a quien adorar más allá del sexo, de lo carnal. Mientras come, le ve y oye pedir dos papas rellenas con queso. Era tímido. Eso le hizo sonreír levemente.- Que sean cuatro, llévale dos de carne, también son ricas.

   Dios, debía gustarle mucho a ese tipo, pensaron en ese momento Eddie y el camarero (el cual debía seguir tragándose lo que pensaba o sentía atendiendo al tranfo ese); los pensamientos de Eddie son más luminosos, y pide todas esas papas rellenas. Su madre iba a delirar de gusto. Cuando Fabián estira la mano para tomar su enorme taza de café, la mirada del joven queda atrapada en sus dedos largos, velludos y fuertes. Esas manos…

   Vuelve a estar en ese cuarto de hotel, con ese hombre totalmente desnudo sentado sobre las almohadas (¿lavaría el hotel todas esas cosas de cama?), la espalda contra el respaldo, las velludas piernas muy abiertas, y él, dentro de su pantaletica, con las medias (dos buenas corridas en ellas, aunque se entendía, eran bien baratas), con la blusa de medio lado, era literalmente alzado en peso por las manos de ese tipo bajo sus rodillas, lo que le mantenía el cuerpo algo echado hacia atrás, su espalda descansando en ese torso que subía y bajaba con rapidez, y sobre la algo redonda panza, tan velluda como todo lo demás, pero también curiosamente firme, dura, evidenciando a un hombre de fortaleza aunque no de rutinas de ejercicios. Su culo, apartada un tanto la pantaleta, subía y bajaba por acción de aquella fuerza sobre el amoratado e hinchado güevo que lo abría, llenaba y calentaba con sus pulsaciones, con todo el jugo que soltaba. La poca leche que ya había derramado en su interior, manando un poco, mojando el propio tolete que la produjera mientras iba y venía.

   Chillando agónica y putamente, un chico que recién se había corrido también, volvía a estar duro y excitado dentro de la pantaleta al tiempo que la gruesa mole venosa se rozaba de sus entrañas, dándole bien, como era, como le gustaba desde los trece años cuando su primo lo desvirgara en su propia cama, enamorándole. Mirarse al espejo del escaparate tan sólo le calentó más, su rostro total de gozo, que estuviera apretando y chupando con sus entrañas, no por negocio sino porque quería. Porque deseaba al poderoso macho que se satisfacía con su cuerpo, pero que también le provocaba todo ese goce. Se escuchaban palmadas y los plos, plos, mientras su cuerpo era alzado y bajado sobre la cilíndrica mole que latía más y más, dándole con su punta en ese punto mágico, mientras el roce de la pantaleta frotaba y excitaba su pequeña verga, o su clítoris como ese tipo lo llamaba.

   -¿Te gusta, mamita?, ¿te gusta cuando papi se ocupa de tu conchita rica? –le preguntaba el Fabián, voz entrecortada, respirando agitadamente contra una de sus orejas, mirándole el rostro en el espejo.

   No pudo responder, y seguro que Fabián tampoco esperaba que lo hiciera, porque en ese instante comenzó a agitarle de arriba abajo con mayor rapidez, al tiempo que le deslizaba un tanto de adelante atrás sobre su regazo, haciéndole descender totalmente sobre ese tolete, viéndose tan sólo un centímetro afuera cuando sus nalgas le impedían caer más, refregándole de su panza, de su torso, besándole y mordisqueándole una oreja con vicio y sapiencia, la del carajo que se toma su tiempo para disfrutar del sexo y hacer lo mismo por su pareja.

   Eddie, mirándose al espejo, tan sólo pudo cerrar los ojos, viéndose sumergido en una vorágine de lujuria, de sexo rico, caliente y excitante, lanzando gemidos algo mórbidos por su boca muy abierta y todavía algo pintarrajada. Tal vez se había agotado un tanto, pensó mareado el muchacho, cuando el oso le rodeo, bajo la rodillas, con sus dos brazos, afincando el agarre, refregándole más y más rápido de su pelvis, el güevo agitándosele, rozándole, golpeándole y mojándole.

   O fue más claro cuando se echó de espaldas en la cama, sonriente, con una mueca de quien sabe lo que provoca, las manos bajo la nuca, y le hizo montarse a hojarascas sobre su pelvis, subiendo y bajando el ansioso culo sobre su güevote amoratado, brillante del semen previamente depositado. Y Eddie lo hizo, estremeciéndose a cada pase, su espalda y nalgas color canela moviéndose de arriba abajo, su culo tragándose la gruesa pieza, los labios de este apareciendo y desapareciendo cuando iba y venía, la cama quejándose bajo todo aquel ejercicio amatorio, sin pensar en ningún problema, sin dudar, ni recriminarse, sin cuestionarse por entregarse de esa manera; todo lejos de su mente como no fuera sentir, experimentar. Gozar de su cuerpo…

   -¿Estás bien? –la pregunta del hombre le saca de sus recuerdos de momentos antes, todo avergonzado, pero también erizado y ¿excitado otra vez? Dios, era tan poco profesional…

   -Sí, sí, yo… -la roja cara parece decirle mucho al hombre, quien sonríe complacido, avergonzándole más.

   -Vamos, nena… -le susurra un tanto bajo, tendiéndose sobre la mesita para dos.- Termina tu desayuno, necesitas reponer energías después de todas las que agotaste chillando mi nombre mientras alcanzabas tus orgasmos uno tras otro. –baja más la voz.- Desde aquí me parece olerte, con tu pantaletica mojada.

   -¡Oye! –se agita, entre avergonzado, temiendo que le escucharan, y divertido. Queriendo jugar.- No es propio de un caballero hablarle así a una dama. –el otro ríe, cubriéndose la boca con la mano.

   -Es cierto, lo siento, amor. –y sigue comiendo.

   -Jugaba. –se explica. Temeroso de molestarle. Se había portado tan bien con él…

   -Lo sé. –le mira mientras mastica.- ¿Sabes qué me provoca? –y ríe al verle tensarse, sonriendo todo expectante.- No eso. Bueno, no sólo eso, volver al hotel y terminar el asunto. –le sorprende adivinándole.- Quiero… llevarte de compras. Comprarte cositas linda, bellas, delicadas. Unas bonitas pantaletas y medias de las buenas, unas que resalten tu belleza como mereces. –dice tan pancho, ¿no notando el cataclismo emocional en el joven?, era difícil saberlo con alguien tan mañoso.

   Después de dar un leve mordisco a su segunda arepa, de la cual lleva la mitad cuando el otro prácticamente termina con la tercera (y eso que él mismo come con apetito), no puede evitar sentirse más confuso. Y curioso.

   -Yo no… -toma aire.- ¿Por qué lo haces? ¿Por qué me compras el desayuno, e invitas el de mi madre? –necesita saberlo. Eso detiene al otro.

   -Creí que había dejado claro que me gustabas. –responde con llaneza y confianza, como sabe que tiene que hacer.- Desde que te vi anoche. -sigue y luego sonríe como un lobo.- Y después de lo del hotel, tan sólo quiero asegurarme de… conocerte mejor, bella. –que el otro trague en seco, nervioso mientras intenta contener la sonrisa complacida, le indica que va por buen camino. Le gustaba mucho el joven calentorro. Le parecía que a Eddie le gustaba el sexo, pero que ni el mismo imaginaba cuánto.

   -¿Un buen polvo? –todavía le prueba, también porque necesita asegurarse. Había tratado con demasiados sapos que parecían príncipes. Se había equivocado muchas veces. Demasiadas, especialmente cuando comprometía sus sentimientos.

   -¿Sólo eso fui? –contraataca Fabián, sonriendo leve al verle bajar la mirada.

   -Me gustó mucho también… Estar contigo, pero esto… -le mira fijamente, frunciendo el ceño.- ¿Hablas en serio? ¿Volver a vernos?

   -Tan en serio como el infarto que puedo sufrir en el futuro por comer como lo hago. A pesar de la crisis. –aligera el ambiente, enderezándose en su silla.- Me gustas, te lo repito muy en serio, pero también… Desde que te vi anoche he sentido que… he tenido suerte. Aún esta mañana, cuando finalizaba un negocio. Estando contigo en el hotel se me ocurrió de repente algo que puede serme… muy redituable. –le ve la confusión.- Que puede darme ganancias. –aclara.

   -¿En tu trabajo? ¿Algo sobre la mujer de esta mañana? Era tan hermosa y elegante. –Eddie no puede reprimir la admiración y cierto pesar. Él nunca se vería como una mujer como esa.

   -Si, muy bonita, ¿verdad? Pero no tanto como tú. –vuelve a adivinarle, aunque Eddie, algo sonrojado al ser tan transparente, nota el tono burlón.- Es una clienta que necesitaba le encontrara a alguien. Y lo hice, pero no es lo que ella espera. –y comienza a hablar, como buen venezolano, de cosas muy delicadas y confidenciales. Como esos tipos que son capaces de planificar un atraco sensacional, que los hará ricos, y lo discutían a gritos, tomando cervezas cerca de unos policías; o una mujer que le envía correos al amante con el que engaña al marido mientras se lo cuenta a las amigas porque “necesita hablarlo” y cuenta con la discreción de otras mujeres.- Es una damita rica de cuna, o que viene de una familia con mucho dinero, porque creo que a ella la botaron de la lista de herederos. A su papá le pasó algo hace tiempo, algo muy malo, y como las chicas aman mucho a sus padres, ella quiere saber exactamente qué le ocurrió. También creo que imagina que lo que investigué, ese asunto sobre su padre, tiene que ver con el resto de la familia y que eso contestará sus preguntas, y que podría darle algo de poder contra sus parientes. –lo cuenta y toma su café, mirando el brebaje, ¿pensaba Sofía Nazario chantajear a su familia? ¿Exponerles? ¿Buscar “justicia”? Si era el caso, buen chasco que se llevaría.- Pero se equivoca. No es nada de lo que piensa o espera. Sin embargo, el asunto si puede ser una verdadera bomba para esa familia, puesta la información en manos de alguien que los odie. –y los ricos, sus secretos, mientras más sucios, más pagan para mantenerlos así, se recuerda.- Tan sólo debo averiguar otro detalle, y es por eso que me has visto teclear tanto en mi teléfono desde que me senté aquí. Intento contactar a un primo, que es policía, de los chivos importantes, pero el perro ese no me responde. Seguramente andan en alguna de sus misiones.

   -¿Y no deberías hablar antes con tu clienta?

   -Lo he intentado, pero ella sólo escucha lo quiere creer. –responde, aunque no es del todo cierto. Digamos que miente un poco, típico del hombre que enamora.- Pero, oye, la mala suerte de ella puede ser la buena fortuna para mí. Y la buena fortuna hay que compartirla para que dure… -le mira fijamente, comprometiéndole.- ¿Quieres salir conmigo esta tarde, ir de compras, y luego tal vez a cenar?

CONTINÚA … 7

Julio César.