Archive for the ‘BAD BOYS’ Category

PARA QUE RESPETE AL AMIGO

octubre 31, 2017

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

   -Toma, toma, por zorra…

  La mujer grita y se estremece, humillada, asaltada por ese hombre que le hacia esas cosas en la calle, frente al bar donde tomaba un trago con un amigo, un sujeto amable que la escuchaba, que la llamaba hermosa, que decía que ella valía mucho, no como hacía el bruto de su marido, que vivía en parrandas con sus amigos, o de putas, paseándoselas por la cara, sin atenderla en la cama, a ella, la legal. Y ahora llegaba ese sujeto, el mejor amigo de su marido, que corrió al “amigo de ella” y la sacó del bar arrastrándola por el cabello y un brazo, llamándola puta en todo momento. Abrumada, notando que todos los hombres se volvían a mirar qué estaba ocurriendo, por un segundo no supo responder. ¿Quién se creía ese tipo?, no podía tratarla así. Pero lo hizo, la arrastró frente a todos, exhibiéndola en la calle, gritando que era una perdida que engañaba a su marido, y los hombres presentes la miraron con desprecio, llamándola zorra.

   -Déjame en paz, carajo, ¡no te meta en mis asuntos! –le gritó desesperada,  sintiéndose atrapada en una pesadilla.

   -¿Qué, tus asuntos son buscar maridos en la calle? ¿Tanto te pica el coño? –fue la respuesta soez y brutal, y arrancándole las ropas la expuso a todas esas miradas.

   La mujer se revolvía aterrada, deseando escapar antes de que todo escapar de control, antes de verse… Gritó feo cuando ese tipo la obligó a darle la espalda, para que todos vieran el justo castigo que recibía la mujer en falta, clavándosela por la vagina.

   -Ahhh… -chilló, llorando completamente humillada, sus tetas duras, los ronroneos escapando de sus labios mientras el sujeto le daba y le daba, sabiendo que tenía el coño caliente y mojado por todo el tiempo que no había sido tocada, todo sazonado por el sonido del choque de sus nalgas contra esa pelvis cuando buscaba más de esa dura barra que se abría camino, cálida y pulsante, en su alma de dama algo solitaria y mal amada.

   -Tan puta. –le gruñe el buen amigo de su marido al oído.- Pero voy a curarte esas ganas, así tenga que pedirle ayuda a uno a dos de estos sujetos.

   Aúlla cuando un mar de jugos bañaban su vulva, mareada de ganas, sus tetas apretadas, su culo ocupado ahora, mientras le daban duro, oyendo a esos tipos decir que sí, que quieren ayudar a curar a la malvada, mientras ansiosos dedos juegan con su concha antes de que estalle en el primero de los intensos orgasmos que alcanzará aquella tarde en la calle.

Julio César.

NOTA: Es sólo un cuento, ¿okay?

DE PAREJAS COMPLICADAS

febrero 21, 2017

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

una-mujer-entregada-a-su-hombre

   Toda chica sueña con su príncipe particular…

   -Tu hermano, que es mi mejor amigo, me dijo que eras tremenda puta, ¿es eso cierto? –le preguntó la primera vez que le conoció, delante de sus amigas y sus prometidos, en un viaje a la playa, alto y sonriente dentro de un bermudas holgado.- Espero que lo seas, y de las bien sucias, porque necesito de tu boquita en estos momentos. –agregó, sobándose sobre el moteado traje de baño.

   A Silvia, las palabras, la dejaron en shock, todos riendo, ella molesta, agitada y alterada por tanta grosería. Qué tipo tan insolente. Pero la verdad es que no la sorprendió mucho cuando ese gañan, poco después, mientras iba por agua fresca, la atrapó por una muñeca halándola al baño de hombres, oscuro y maloliente a meados, pegándole la cara de una pared, frotándosele desde la espalda, recordándole que no le había respondido la vez pasada, “¿eres tremenda puta como piensa tu hermano?”, y las rudas palabra, en ese sitio horrible, las refregadas de algo duro y caliente contra su trasero, sobre el bikini, la puso mal. No pudo responder, admitirlo o negarlo, de su boquita sólo salían jadeos cuando las manos de este se metieron dentro del sostén de su traje, atrapándole los pezones, momento cuando, sin darse cuenta comenzó a refregar sus nalgas de ese carajo, siendo pillada así cuando otros dos sujetos entraron, riendo asombrados del cuadro. Terriblemente avergonzada quiso escapar, pedirle que parara, pero para ese entonces ese sucio ya le tenía las duras tetas al aire y dos dedos metidos dentro del bikini, jugando con su coño caliente y mojado. Verse descubierta la hizo gritar más, las risas, esas miradas, que la tacharan de puta, que esos sujetos llamaran a sus amigos para que la vieran, al grito de “vengan a ver a esta puta”, que entraran incluso dos de los tíos que eran novios de sus amigas, fue demasiado. En ese momento tuvo el primer gran orgasmo de su vida.

   Más tarde se casaron, quienes no sabían lo otro la felicitaban por ese apuesto  partido, un piloto de guerra, quien la llevaba de tarde en tarde a la base y la obligaba a rebajarse, la humillaba, la excitaba y paraba, esperando por ella, hasta que llorosa y frustrada gritaba que era una gran puta, provocando las risas de los sujetos que siempre terminaban mirando. Atormentada, llorosa, obedeciéndole, sabía que no podía escapar. Ningún orgasmo era tan intenso como aquellos cuando era más exhibida, degradada y ofendida. A veces, y cierra los ojos, sabiendo que él se daría cuenta en ese momento del espasmo de su coño mojado, este dejaba que probara los jugos de uno que otro mientras le hacía, delante de los mirones, el amor.

   Confusa, Silvia no entendía cómo termino casándose con la misma clase de hombre que su mamá.

PARA QUE RESPETE AL AMIGO

Julio Cesar.

NOTA: Sin ánimos de ofender, ¿eh?, ni juzgar o dar malas ideas. Sólo es un relato de ficción.

CAZADA

diciembre 2, 2016

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

una-mujer-tomada

   Buscando algo para pasar el rato…

   Casada y aburrida de su casa a los treinta y dos años, de dos hijos quejosos y de un marido que vive trabajando, Marta comienza un trabajo llevada por una amiga, a quien antes sabía agria como vinagre y que ahora vivía sonriente y satisfecha: limpieza de casas de hombres solteros vistiendo ropas ligeras. La idea le asustó un tanto, y le emocionó mucho. Ir con trajes de doncellas francesas a casa de solteros de cierta edad y posición social. Bien, era un empleo bien remunerado, algo qué hacer, ¿qué importaba que se le vieran las pantaletas un poco cuando se inclinara? El tipo resultó un agradable profesor de sicología, de barba algo cana, gentil y galante, que hablaba de poesía. Atractivo, seductor, la hizo disfrutar del coqueteo, incluida aquella copa de vino tinto, sentados en el sofá de la sala, al final de la jornada…

   Que debió estar aliñada, porque nada más beberla se sintió algo mareada, su cuerpo ardía y quería esas manos maduras que recorrían sus muslos, metiéndose en el corto traje manoseándole duramente sus senos, atrapándole los pezones y pellizcándolos de una manera que casi era dolorosa pero que a ella la tenían gimiendo y toda mojada. No recuerda mucho más después de eso, sólo que al despertar estaba desnuda sobre una cama ajena, perdida y asustada, y en un aparato enorme de televisión se repetía una y otra vez, a todo volumen, una escena que la dejó con la boca abierta. Estaba ese hombre, sentado con ella al sofá, descubriendo sus tetas mientras le muerde el cuello, con un erecto miembro fuera del pantalón, uno que ella sobaba y masturbaba con dicha; gemidos y placer que se incrementó cuando este chupó de sus muy erectos pezones.

   Marta, parpadeando, se miraba gritando de lujuria, riendo, sin soltar ni por un segundo ese miembro. Oye un “quieres mamarlo, ¿verdad, puta?”. Su sorpresa no tuvo límites al escucharse gemir que sí, que quería tragárselo hasta los pelos. Y lo hizo, en ese sofá. Su boca cubrió con esfuerzo todo el grueso tolete, moviéndose experta y gozosa a sus propios ojos, mientras unos dedos iban a sus piernas abiertas, y apartando un tanto la pantaleta, dos dedos la trabajaban. Luego aparecía en esa cama, pecho y rostro sobre la cama, su trasero alzado, totalmente desnuda, mientras la enculaban duro y sin piedad, (eso explicaba ese dolorcito en el trasero), mientras ella sollozaba de gusto. Luego su coño fue penetrado mientras gritaba que se lo metiera todo, que le diera duro, que era una puta barata a quien su marido no satisfacía.

    Aterrada sintió que se moría de vergüenza y miedo, pero le alcanzó la vista para notar el tatuaje en su barriga, que le costaría explicarle a su marido, y para darse cuenta de que aquello estaba editado y que seguramente decía lo que ese tipo quería. Tipo que entra sonriendo, vistiendo una bata.

   -¡Me violó! –grita con rabia, asustada.

   -Suerte con eso, si quiere le doy una copia del video para que sustente la denuncia. –es la irónica respuesta.- No, perra, allí se ve que lo gozabas, que viniste a limpiar mi casa en pantaleta buscando que te reventaran el culo. Tu marido, sus hermanos, tus hermanos y amigos así lo verán. –eso la horrorizó.- Ahora, volvamos al juego.

   La mujer no pudo hacer nada más. Ese hombre quería otra vez, y desnuda en cuatro patas en su cama fue humillada y usada, un pulsante y caliente miembro recorriendo las paredes sensibles de su recto, mientras una mano jugaba con sus erectos pezones y la otra bajaba y le acariciaba y penetraba el coño con tres dedos, lo que ya le había provocado dos orgasmos.

   Ahora, de tarde en tarde, prestada, debe salir a limpiarles la casa a los amigos de ese carajo, y los clientes sabían lo que querían. Eso la tiene en perenne angustia y miedo, aunque no se notaba en sus maneras satisfechas y rostro sereno, porque en cuanto ese tipo la llama el coño se le moja en reflejo, pero  al ritmo que iban las cosas, esto tenía que suceder. Grita y se estremece mientras ese hombre bajo ella, tocándola y pellizcándola, la folla duro mientras la llama puta barata, y que más tarde le bañaría las tetas y la cara con una meada.

   ¡Había llegado al apartamento secreto de su suegro!

DE PAREJAS COMPLICADAS

Julio César.

GERENCIA

febrero 8, 2016

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

UNA MUJER TOMADA

   Todo termina entre gemidos de entrega…

   Martina grita y se estremece sobre el mesón mientras el hombre, riendo y llamándola puta caliente, le cepilla una y otra vez el coño, con fuerza, frotando su clítoris, llenándola e inflamándola. Quiere luchar, resistirse como lo intentó antes, al ser empujada sobre el mesón de juntas por aquel hombre que le rugía que iba a enseñarle su lugar, el de las putas sumisas a las vergas de los hombres, metiéndosela y sacándosela, dura, caliente, palpitante, estremeciéndola. La sentía totalmente, así como su coño ardiente cerrándose sobre ella, halándola, atrapándola.

   Quiere llorar sintiéndose derrotada, incapaz ya de exigirle respeto, que se detuviera, o suplicándole que no hiciera eso; como hizo cuando la atrapó por los hombros, echándola de espalda, casi rasgándole el vestido entre risas de burla y predación. Gritó que le mataría cuando las fuertes manos masculinas atraparon sus tetas sobre el pequeño sostén, liberándolos, los dedos apretando sus pezones que endurecieron, al tiempo que esa verga grande que se sacó de los pantalones se frotaba y golpeaba sobre su pequeña pantaleta tipo tanga, una concesión que la poderosa mujer de empresas hacía a su femineidad. Se resistió pero una de esas manos se metió dentro de la tanga y de su raja, frotando con insolencia su clítoris, una y otra vez. Pellizcándole duro un pezón mientras los dedos iban y venían dentro de su raja, masturbándola; le vio sonreír de su vergüenza por el enrojecer de sus cachetes, la separación casi inconsciente que hizo de sus muslos para facilitarle el trabajo, los dedos hurgando, tocando, estimulando. Pero gritó, ultrajada, cuando la gruesa verga la penetró a pesar de sus negativas. El vaivén rudo, indetenible, con todo el vigor del joven y apuesto hombre, sumió su mente en una neblina que la no dejaba pensar. Sólo sentía.

   Martina Terán, la poderosa gerente de la cadena de tiendas, dura y fría, estaba siendo sometida sexualmente por su sensualidad y su asistente, un joven inepto, inútil, a quien reprendía a cada rato por sus tonterías, a quien contrató sólo como un favor a una amiga. Uno de esos hombres que resentían el poder de las mujeres, de quienes decía que sólo se quejaban y reclamaban por andar faltas de hombre. Y cuando le gritó en esa sala por dejar las graficas de proyección (que en verdad no había hecho), se cansó. Intercambiaron insultos, de pie, ella tachándole de hombrecito inútil, él de puta falta de macho. Cuando le despidió decidió castigarla, someterla, hacerla ver su lugar en la cadena. Y sonríe sabiendo que lo logra, viéndola estremecerse sobre la mesa, gimiendo, su coño totalmente mojado y caliente. Pero la mirada también era infeliz en esa mujer al ser tratada de aquella manera, sus lágrimas corrían, humillada; sin embargo nada de eso le enternece.

   -Dios, ¿qué has hecho? –lloriquea ella.

   -Darte lo que necesitabas, puta. Todos aquí sabíamos que lo pedías a gritos, que rogaba por güevo. Bien, ahora los tendrás. –es duro, sonriéndole, bajando y mordiéndole suavemente un pezón, succionando de manera experta, mientras sus embestidas se intensifican. Era un malvado.

   La mujer grita alcanzando un escandaloso segundo orgasmo, totalmente sacudida por el placer, oyendo la risa del resto de los subgerentes en la junta, sietes carajos que miran y ríen, la llaman de todo, gozando de la derrota de la jefa, la mujer que estaba por encima de ellos pero que ahora encaraba su lugar.

   -¿Lo ves? Eres tan sólo una puta necesitada. –le gruñe el asistente a la cara.- Todavía no lo entiendes, pero lo harás. Dos cogidas de cada uno de nosotros, todos llenando tu coño y dejándotelo rezumando semen y no pensarás en otra cosa que abrirte de piernas y servirnos, como debe ser. –sentencia.

   Aterrándola, porque su coño sigue apretando, buscando el tercer clímax, viendo a los subgerentes de pie, con sus güevos afuera, duros y pulsantes. Sabe que en cuanto su hombre (así piensa del asistente en esos momentos) se corra dejándole el coño lleno de semen, tanta que gotee, estará perdida; todos querrán metérsela, las mil leches mezclándose. Todos ellos. Y aprieta los labios, venía el tercer orgasmo.

CAZADA

Julio César.

NOTA: Es sólo ficción, ¿okay? Me retaron a escribirlo.

EL BUEN AMIGO

noviembre 27, 2015

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

UNA MUJER SOMETIDA

   Nunca entendió por qué no le denunció.

   Sarah sufre el calvario de la mujer decente, la esposa honesta que es sodomizada, con fuerza, por la enorme virilidad del mejor amigo de su marido, uno quien una tarde llegó y la encontró algo ebria, obligándola a tocarle el tolete, sobárselo, luego comérselo. Está bien, debía ser más prudente, más laboriosa en casa y menos beoda, pero él era un ser horrible y detestable que la besaba con lujuria, que apretaba sus tetas con experiencia, que pellizcaba sus pezones hasta llenarlos de sangre, calor y ganas, que le llegaba casi al estómago cuando le metía la lengua por el coño, haciéndola correrse a veces únicamente con ella. Nunca se la metía por la vagina.

   -No le haría eso a mi amigo. –le explicó, con burla, mientras se la hacía tragar hasta los pelos, casi ahogándola, para luego clavársela, toda, por la retaguardia.

   Era grande nervuda, dura y caliente. Pulsaba de una manera intensa, mientras abusaba de ella y de la amistad de su marido. Sarah lloriqueaba mientras se estremecía toda, entre chillidos, totalmente controlada, mojada y deseosa. Sintiéndose horriblemente culpable por sufrir orgasmo tras orgasmo, apretando con fuerza con su agujero sobre la buena pieza.

   -Eres horrible… -le lloriqueaba siempre en esos momentos, culpable, cuando estallaba en el placer de la gloria.

   -Y tú no te pareces en nada a tu marido. –le dijo justo en ese momento.- Cuando se la meto, grita y se moja como tú, pero ríe y me agradece cuando se corre. Como él, aprende a gozar lo puta que eres.

GERENCIA

Julio César.

LA VENGANZA DE MATILDA

febrero 4, 2015

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

UNA CHICA Y TRES VERGAS

   Lo que hacía por orgullosa.

   Mientras gime y se estremece mecida por todos esos hombres que la llenan con sus masculinidades inflamadas, su coño abierto al límite, Matilda se resiste a dejarse vencer. Sería muy fácil montarse sobre dos de esas piezas, saborear la otra y perder de vista sus metas como si fuera una simple calentorra que lo hacía por ociosa; en este caso estaba pagando el condominio, la electricidad y la cuenta del abasto. La pobre chica a veces piensa que se pierde, que ya no controla su vida. Rebelde, abandonando sus estudios, se casó con Geraldo aunque todo el mundo le dijo que ese hombre no servía para un coño, especialmente sus padres, pero eso la hizo más obstinada. Y aunque era cierto, Geraldo no valía medio de mierda, ya no podía echarse atrás porque su papá la había sentenciado: “Ya regresarás con el rabo entre las piernas”. Por eso no pudo dejarle, para no darle la satisfacción a nadie.

   -Ah… esta puta siempre tiene este coño caliente. –ruge el tío que se la empuja.

   -Y parece hambrienta. El marido como que no la atiende. –agrega otro, siendo tragado por la dulce boca.

   -Bien, para eso estamos nosotros. –ríe el tercero.- Vamos, nena, sabes que la quieres… ¡Ohhh! –esa boca era tan golosa.

   Dejada a su suerte por un marido inútil que no quería trabajar y luego se puso a estudiar Arte, donde sólo se acostaba con sus profesoras por notas, a la joven no le quedó otro remedio que atender las deudas de la casa. Para que el viejo auto funcionara, sobre el capote el mecánico se lo ajustaba todo metiéndosela por el culo. Cuando una tubería se atascaba, los dos plomeros le destapaban por ambos lados a un tiempo, ella gritando entre los dos, su culo y coño goteando. Y así. Al inútil de Geraldo le sorprendía que pudiera con la casa con su sueldo de mesera en un McDonald’s, donde conseguía sus buenas propinas en los baños y su jefe la consentía montándola sobre un lavamanos. El marido inútil, sintiéndose culpables a veces en la cama, le confesaba cuanto la amaba.

   Era cuando ella se vengaba, besándole con su boca empegostada con la esperma de otros, y le obligaba a que con su lengua le limpiara todas las entradas, cosa que, curiosamente, el inútil ese disfrutaba de manera especial. Se lo merecía por imbécil, pensaba ella, ojos cerrados, esa lengua decidida en meterse por su culo, temiendo al mismo tiempo estar convirtiéndose en una chica mala.

EL BUEN AMIGO

Julio César.

NOTA: Guao, me parece que Matilda merece una historia aparte, ¿no?; casi tanto como SISSY DE LOS MARES.

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

diciembre 10, 2014

UNA ESPOSA DEVOTA

UNA TIA FROTADA Y TOCADA

   Lo que hacía era por su esposo, un gran hombre…

   -No, no, por favor… -gimotea la pobre mujer enfrentada a ese horrible hombre joven que abusaba de la amistad de su marido, que apretaba sus tetas duras, centrando los dedos en uno de sus pezones, al tiempo que le lame el cuello y la otra mano soba y acaricia su coño sobre la diminuta pantaletica de fantasía, logrando meterlos y estimulando su clítoris.

   -Cállate, puta, que estás toda mojada ya. –fue la respuesta del muchacho.

   Deborah siente ganas de llorar mientras un gemido ronco escapa de sus labios cuando el pezón es expertamente oprimido y su vagina tomada por dos dedos que apartaron la pantaletica de fantasía, una que ese sujeto le obligó a llevar. Es una ardiente y apasionada mujer joven que se casó con un gran hombre maduro, un profesor checo escapado del telón de acero, una lumbrera en sicoanálisis y conductas sociales, un faro de luz en medio de la oscuridad moral, con reglas para llevar vidas rectas y sencillas, a quienes su alumnos, no sabe cómo, descubrieron que era impotente al haber sido castrado en una prisión ex soviética. Dos de ellos llegaron un día a su puerta, diciéndole que lo sabían todo y le expondrían como un viejo marica inútil; y ella, que sabía eso pero le idolatraba por todo el bien que hacía, se sometió a sus juegos y chantajes para mantenerles callados. Todos y cada uno de los jóvenes hombres de las clases de su marido la habían usado, habían abierto sus labios con sus vergas, llenado su culo y su coño con sus desafiantes y abusadoras hombrías, a veces en grupos; litros de semen ha tenido que tragar, soportando que a veces llevaran chicos de otras clases, e incluso jóvenes colegas de su marido. Todo por él.

   ¡Se la está metiendo por el culo!, se agita, sintiéndose muy abierta y llena mientras tres largos dedos escarban ahora en su coño. No puede evitarlo, la joven mujer gime como puta caliente, después de todo no es de roca, avergonzada por su comportamiento, por traicionar a su marido… Ignorando que este, sonrisa sádica en los labios, la mira por un circuito cerrado de video y la graba, vendiendo sus aventuras a muy buen precio. Callando que, de tarde en tarde, saboreaba en los labios de la usada mujer, la leche de algún otro carajo.

LA VENGANZA DE MATILDA

Julio César.

UNA CASADA COMPLICADA

agosto 30, 2014

UNA ESPOSA DEVOTA

MUJER SUFRIDA

   Llora por lo que le hace a su marido.

   -¡Apriétalo, puta! –es el rudo rugido, seguido de una nalgada fea. Y Elena solloza ahogado contra su mano, algo que enloquece al macho que le abre el culo, duro, con su miembro.

   La vida de la pobre mujer ha sido terrible, nacida en una pobreza infame, de joven le tocó a salir a ver cómo conseguir llevar algo de dinero a casa para comprarle aguardiente a su vieja madre, dedicándose a la prostitución, donde conoció a muchos sujetos rudos y enormes que se las metieron por todos lados. Un día, saliendo de una misa de difunto, conoció a Arcángel y se enamoró, se casaron a los dos días y ya para el segundo mes estaba preñada del primero de sus tres hijos. Era un tipo amable, decente, que apenas la tocaba o le exigía cosas extrañas en la cama, donde más bien prefería dormir abrazado a ella. Pero al conocer a su familia descubrió con horror que dos de sus hermanos habían sido sus clientes, así como varios de sus amigos, que nada le dijeron pero ella supo que lo hablaron entre ellos. Y le exigieron un pago por el silencio. Cuando Arcángel salía ellos llegaban y se las metían. Le rasgaban las ropas, pellizcaban sus pezones, uno le metía los dedos en el coño dentro de de pantaleta mientras debía mamar a otro. Y todos la cogían en la cama que compartía con su marido.

   Era horrible, porque ella quería ser una buena esposa y persona; por Dios, estaba con un buen hombre. Pero esos sujetos groseros, que rientes de sus remilgos la llamaban puta, la abofeteaban y se la enterraban, a veces uno por el culo y otro por el coño, o dos en su coño, no la dejaban. Era llegar y someterla, insultarla, derribarla y penetrarla para que ella se calentara, para que su clítoris se inflamara, para que su coño se empapara. No quería pero gemía, su culo exprimía, su coño ordeñaba, su boca succionaba. Oírles reír, decir que la sabían bien puta, le afectaba, porque no podía negarlo, no cuando estaba toda mojada de lujuria. ¿Cómo podían ser tan malos siendo hermanos y amigos de su marido?

   Llora porque era mala, en cuanto esos sujetos se iban, toda magullada, olorosa a machos y esperma, tomaba una toalla húmeda y se refregaba, se vestía y atendía a su familia, para una vez en la recamara, la cabeza en sus almohadas, desnuda y con las piernas muy abiertas, veía y sentía a su marido lamerle con gula el coño añejado, como antes no hacía, mordisqueándole el clítoris, metiéndole hondo la lengua y tragándolo todo. ¿Cómo podía hacerle eso? No lo entiende, sólo que sabiendo que lo hace, que Arcángel bucea con su boca donde unas horas antes se corrió uno o dos de sus hermanos, la pone cachonda, tanto que le atrapa la nuca y le obliga a quedarse allí y tragarlo todo. Aunque, al final de cuenta, él también parecía más feliz.

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

Julio César.

COMPARTIENDO EL HELADO DE MANTECADO

mayo 24, 2014

UNA ESPOSA DEVOTA

USO Y GOCE

   Era cada fin de semana.

   Marta sabe que esa noche llorará hasta el amanecer. De hecho está a punto de comenzar. La mataba la vergüenza mientras ese joven semental se la metía hasta las metras, dándole duro una y otra vez sobre el clítoris, con esa puntería que tenían los muchachos a veces. Cada viernes en la noche su marido la llevaba a uno de esos bares de carretera, cerca de alguna universidad. Temblando le veía hablar con algún chico guapo, señalándola, luego conversando con el dueño del lugar que les facilitaba un cuarto como ese. Y ella terminaba, cada semana, sobre una cama o mesa anónima, siendo ensartada una y otra vez por una joven verga dura que se le metía por todos lados. Allí lloriqueaba por primera vez, lo dicho, por vergüenza; por gritar como una zorra, gimiendo ronco, chillidos de gozo, pidiendo más y más mientras el chico de turno la llamaba puta.

   Sabe que fuera de esas paredes, la escuchan. Todos. El primero su marido, sonriendo, fumando y tomándose una copa, mientras ella solloza de vergüenza y placer al ser usada así por el chico de turno, que le daba duro hasta que se corría dejándola llena de esperma, lo que no le impedía al segundo, ni al tercero, que también se la metieran. Luego, cuando estuviera agotada, despedida y sudada, toda llena de semen por todos lados, derrotada pero saciada sexualmente, entraría su marido, quien tomaría su pantaleta y se la pondría, mojándola pronto de esperma, como la ropa toda al tenerla regada por todo el cuerpo. Y así, manchada y olorosa, mirada baja, saldría de ese cuarto, llorosa al escuchar las risitas y burlas, momentos cuando su marido la alzaría en peso, amoroso  protector, llevándola a casa y dándole un buen baño… aunque antes la haría gemir y correrse otra vez al meterle dos dedos por su coño todo lleno de leche. Y en los estertores del último y agotador clímax de la noche, ella y su marido comerían de esos dedos.

UNA CASADA COMPLICADA

Julio César.

UNA TARDE EN LA VIDA DE CARLA

febrero 18, 2014

UNA ESPOSA DEVOTA

   La siguiente es una historia corta desarrollada de una idea de un amigo de la casa, bluespeedo; le diría que la disfrute pero no sé si haya logrado “plasmar” lo que esperaba. Siempre es difícil igualar, aunque sea de cerca, lo soñado por otro. Espero haber cumplido, amigo…

UNA NENA PUTONA

   La nena quedará satisfecha.

   Ese caluroso día de mayo, a solas mientras se dispone a cerrar el taller ya que el resto de los empleados, los mecánicos y su padre, se han ido a almorzar, Carla se dice que regresará antes para terminar unas copias que su padre le ordenó enviar. Ayer. La menuda joven, apenas de dieciocho añitos, viste un ajustado jeans cintura baja, que se amolda increíblemente a su cuerpo delgado pero torneado, completando el atuendo una holgada franela gris, sin mangas, que apenas cubre, por lo corta, sus senos pequeños y redondos, jóvenes y duros, que se dibujan contra la tela al andar sin sostén. Cuando se dispone a bajar la santamaría un auto toca la bocina y entra. De la furgoneta bajan tres tíos altos, con pinta de gitanos, alegando el mayor que habían quedado con su padre en buscar entre la chatarra. Confusa, mordiéndose los jóvenes labios, Carla permisa la operación, al tiempo que el mayor de los gitanos la devora con los ojos. Considerándola una presa fácil, el hombre les indica a los más jóvenes que revisen el lugar. Algo ofuscada, por el calor y la presencia de ese enorme sujeto, Carla toma asiento y su pantalón baja, dejando al descubierto el hilo dental que se pierde entre sus nalgas.

   Es todo lo que el gitano necesita para bajar la mano y meterla, recorriéndola, provocando un gemido de la joven que se pone de pie para reclamarle, que ella es una chica decente, preparándose para pedir ayuda contra la agresión sexual; pero el tipo la empuja, de frente contra el archivero, moviendo su enorme mano a la parte delantera, acariciándola con fuerza sobre la suave y tenue pantaleta, sin que la muchacha, en verdad, se resista mucho en ese momento. Ni siquiera cuando uno de los dedos se abre camino y se entierra en su coño que se estremece, aunque no tanto como cuando el sujeto, con su otra mano, le acaricia el abdomen, subiendo, atrapando una de sus tetas y apretándola de forma estimulante. Cuando pellizca su pezón, Carla gime entre dientes, mejillas rojas, y ya tiene el coño empapado, como sabe el sujeto que le susurra puta, eres una putita caliente, al oído al tiempo que hunde dos dedos en el ardiente pozo. La verga increíblemente dura y larga bajo las ropas, se frota de sus nalgas jóvenes, y el contacto la enloquece.

   No pasa mucho antes de que la joven esté vestida únicamente con su hilo dental azul, la espalda contra el archivero y ese sujeto devotándole la boca, metiéndole la lengua profundo, recorriéndola con sus manos grandes, callosas y caliente, acabando con sus reparos y sus temores, enloqueciéndola como si de una putita caliente realmente se tratara. Pero nada a lo que grita, lujuriosa, cuando ese sujeto, sujetándola desde atrás, le tiene la dura, larga y gruesa verga clavada en su redondo, cerrado y virginal culo, abriéndoselo con violencia sexual. Con sus brazos ella le rodea el cuello, sus pies en el aire cuando él la aferra con un brazo por la cintura, sosteniéndola en peso, agitándola de arriba abajo sobre su verga titánica, clavándosela hasta los pelos por el sedoso y muy apretado tubo de sus entrañas, y con la otra mano le acaricia sin penetrar la entrada de su coño, sobre la pantaleta. Carla grita y grita, ojos cerrados, la pantaletica completamente húmeda con los jugos de su coño de lo emocionada que está mientras la dura barra la taladra. Sus agudos gemidos atraen a los otros dos, que ríen de lo puta que se ve, y roja de mejillas, algo avergonzada, su culo destrozado, tiene que admitir que es cierto, porque cuando ese tío se lo llena con su leche, ella también se corre, mareándose, con pies temblorosos. Cuando el gitano mayor la suelta, su culo cubierto otra vez por el azul hilo, mojándolo de esperma, a Carla le tiemblan las piernas.

   Mareada, se agarra de la mesa, y no entiende qué pasa cuando esos dos jóvenes enormes la cercan, uno adelante y el otro atrás, y la alzan en peso nuevamente, entre los dos, apartándole el hilo, y ahora su culo y coño son penetrados a un tiempo por las dos vergas jóvenes y duras. La agitan de arriba abajo y ella llosa, se retuerce, babea y grita por más, totalmente perdida en el cielo de las putas, el cual debe estar lleno de vergas semejantes. Su coño insaciable moja la joven verga con sus jugos, la otra, la que llena su culo hambriento, chorrea la esperma del gitano mayor. Y le dan y le dan.

   Media hora más tarde, cuando dos de los mecánicos llegan, quince minutos antes que el resto, la encuentran arrodillada, muy abierta de piernas, amordazada, sus manos atadas a una columna sobre su cabeza, toda manchada de esperma, por la cara y las tetas, su hilo dental empapado por incontables corridas por adelante y atrás. Y la joven, avergonzada y humillada ahora, abre mucho los ojos cuando ve a esos dos tipos conocidos reír, uno atrancando la puerta y el otro sacándose de los pantalones una verga que ya va endureciendo de manera impresionante. Su olor a puta bañada en siete leches era imposible de resistir para cualquiera.

COMPARTIENDO EL HELADO DE MANTECADO

Julio César.

NOTA: Es sólo ficción, ¿okay?

BARCOS EN LA OSCURIDAD

enero 5, 2014

UNA ESPOSA DEVOTA

UNA MAMI GOZANDOLA

   A veces los mochos se buscan… y se juntan.

   Elena tuvo mala suerte. Eso lo piensa mientras se estremece, forcejea contra sus captores y grita entre sudores y llantos. No, o no tanto porque al quedarse trabajando hasta tarde en la oficina fuera raptada por esa pandilla de jóvenes gañanes, siete u ocho, blancos y negros, que la alzaron en peso en el estacionamiento, no valiéndole de nada que pidiera ayuda y pataleara para escapar, la llevaron a ese pequeño deposito y rasgaran sus ropas, peleando con las manos calientes y fuertes que recorrían su tersa y sensible piel, que entraban en su pequeña pantaleta tipo tanga, blanca y de encajes, dos dedos en su culo, de tipos distintos, hurgando y abriéndola, uno acariciándole el coño bajo la suave tela, entrando y frotándole con fuerza el clítoris, otras manos pellizcando sus pezones, bocas mordiéndolos duramente, hasta que la ataron y comenzaron a meterle todos esos juguetes sexuales a la fuerza, ensañándose especialmente con su dulce y cerrado culo. No, su mala suerte, o no toda, no fue verse apresada así de tipos ociosos que la llamaban puta, que la trataban como cosa y la degradaban mientras la penetraban por todos lados con esos consoladores que iban y venían contra las paredes de su recto y los de su vagina empapada…

   Su mala suerte consistió en toparse con la banda del Junior, un tío negro y malvado que convencía a sus amigos de ir a jugar con alguna nena de esas reprimidas que necesitaban ser liberadas sexualmente por los hombres, cuando en verdad el sujeto solo buscaba que la tocaran, la usaran, se excitaran al tenerla así, toda abierta, gritando y gimiendo, diciéndoles “miren su vagina y culo subiendo y bajando contra los consoladores” como si a ella le gustara, y que luego debieran escapar sin penetrarla para no dejar rastros (aunque sabía que esas mujeres jamás lo contarían y que con los años se masturbarían recordando cuando fueron tomadas), momento cuando él, “como amigo”, les ayudaría pajeándoles en algún callejón oscuro. Por eso lo hacía ese chico malo. Pero eso no lo sabe Elena, mientras grita ahogada con eso en la boca y su culo es abierto al límite por otro grueso tolete de goma… soñando ya con una tranca de dura carne que la calmara.

UNA TARDE EN LA VIDA DE CARLA

Julio César.

NOTA: Es sólo ficción, ¿okay?

UNA ESPOSA DEVOTA

diciembre 31, 2013

UNA MUJER COMPLACIDA

   ¡Y en la propia sala de su casa!

   A pesar de las risas, motes e insultos amistosos de esos sujetos le prodigaban, así como de la música a todo volumen, los gritos y jadeos de Rebeca se oyen con fuerza, seguramente también fuera de la casa. No era para menos, llena de gruesos y ardientes güevos como estaba por todos sus orificios. Para pasar la tarde del domingo, su marido había invitado a todos esos sujetos para que la cogieran; previamente la ató, medio desnudó, le cubrió los ojos y ahora dejaba que todas esas vergas grandes, duras, calientes y mojadas la penetraran, la abrieran, llenaran y empaparan sin cesar. Su boca, culo o coño nunca estaban sin una ni un minuto seguido. ¡Era tan humillante!, su marido le cegaba para que nunca supiera quienes la cabalgaban como a una puta barata en esas tardes con sus amigos, condenándola a la vergüenza de preguntarse si sería ese o aquel vecino que tropezaba en las calles del barrio. Aunque sabía que debió esperárselo, piensa mientras las dos trancas, la que abre su coño y la que llena su culo, casi parecen tocarse en su interior, al tiempo que resuella sobre los vellos púbicos del otro. La noche de boda, cuando su marido trajo al padrino para que entre los dos la cogieran, debió saberlo. Se molestó, pero este le gritó, amenazó, rogó… y ella accedió a seguir con él. También la segunda, tercera y cuarta vez que la compartió.

   Mientras su culo parece partírsele y su coño chorrea mares de agua sobre el güevo que la ocupa, Rebeca reconoce que su marido sólo es feliz prestándola, viéndola tomada por mil hombres que la usan, la culean y la dejan llena y totalmente empapada de leche. Ya ha perdido la cuenta de cuántos se han corrido esa tarde en su boca, su culo o su coño, pero han sido varios, mientras más leche tiene y chorrea más parecen querer metérsela esos sujetos. Grita cuando los tres toletes se meten a un tiempo y los otros ríen, y las aprieta con su garganta, culo y coño… Avergonzada sabe que quiere esas corridas… Desea complacer a su marido, su dueño. Quiere darle lo que desea… Una vez que todos se vayan, ella, en cuatro patas, goteará leche por sus orificios… Y será cuando su marido, metiéndole dedos, sintiéndola suavecita con todo ese semen, le hará el amor como Dios manda. Y será feliz porque complacerá a su marido, de la lengua de este recorriéndole el usado coño empapado. Es ese pensamiento y no estar siendo estimulada por todas esas vergas lo que hace que grite y pida más.

BARCOS EN LA OSCURIDAD

……

NOTA: El presente es un obsequio para algunas féminas que me leen, desde el otro blog, PUTANARAS. Y también para mis amigos que no gustan tanto del sexo gay. Es una fantasía puramente masculina, ¿okay? No quiero que nadie se sienta ofendido o molesto.

Julio César.