Archive for the ‘FANTASIAS GAY’ Category

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 12

julio 2, 2017

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 11

   El rudo ex sargento se estremece esperando cuando oye la puerta abrirse, sabiendo que ha llegado aquel subordinado de sus tiempos de uniformado. Allí, le gritaba, como al resto de la compañía, mañana, tarde y noche, para que se ejercitaran, cumplieran con las rutinas y para que “fueran machos”. Eso les exigía, rudo y ofensivo, masculino y fiero… Un sujeto a quien una novia le había llevado a experimentar la sutileza de las suaves telas pequeñas que atrapaban sus caderas y que acariciaban su raja. Usar esas prendas bajo el uniforme de faena, mientras acosaba a los soldados, le tenía siempre caliente. Pero se descuidó una noche y ese carajito le vio. Riendo, burlándose, controlándole por miedo. Y desde ese entonces, este quería vérselas puestas y le preguntaba “¿usas una ahorita?”. Y una parte de él se emocionaba por la mirada brillante del muchacho, la curiosidad erótica. Era raro… como raro fue esa noche cuando se cambiaba, llevando una bien diminuta, camuflageada, y oyéndole reír se volvió a mirarle, encontrándole la bragueta abierta y su amiguito asomándose firme para saludarle. “Mira como me tienes metido en esas pantaleticas”. Y tocó, sintiéndose sucio y excitante. Y agachándose, muy abierto, la caricia de firme entre sus redondas mejillas, saboreó el cálido platillo nuevo. “Estoy en casa, sargento”, le oye y tiembla; “traje a unos amigos, de los tiempos de servicio. Ya los conoce”. Eso le congeló de sorpresa, con la boca abierta… goteándole por delante y mojándole la pantaleta.

   Habiendo olvidado su suspensorio para el juego, el entrenador, su amigo y compadre, burlón le había lanzado una de aquellas vainitas. La risa le duró a este hasta que se la puso y se la lució, con los genitales empujando la telita de una manera casi alarmante. Por mala suerte el resto de los chicos entraron, y para evitar una desgracia (burlas que le hicieran perder su mejor bate, o que golpeara a alguien hasta matarle), convenció a los otros que era “una prenda de buena suerte”. Y ese día ganaron feo, todos celebrando luego, dándole palmadas en las nalgas, y más de uno, con ojitos brillantes, tocó por un poco más del tiempo prudente, por delante. Ahora siempre llevaba una y las lucía para todos, como conjuro para la suerte. En un juego importante, el entrenador, su amigo y compadre, le metió mano y le sobó las pelotas sobre la tela, “por el éxito”, siendo rápidamente imitado por el resto, poniéndole rojo mientras separaba más las piernas. Y se volvió rutina. ¿Se dejaba tocar por cábala o por buen amigo? ¿O porque le gustaba? El entrenador, su amigo y compadre, no lo sabe, pero ya estaban llegando a la ronda final, cada juego contaría, ahora comenzaría a meterle un  dedo buscando más fortuna, y si se dejaba, y le gustaba, para la final iba a necesitar preservativos y vaselina. Ya había decidido que lo usaría, como un macho toma lo que le provoca, pero si este se dejaba sería más fácil la cosa. Ah, esos hilitos tenían su magia.

CONTINÚA…

Julio César.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 11

marzo 2, 2017

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 10

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   Sonriendo, el hombre mira al vecinito, esperándole expectante en su cuarto, en la posición sumisa que tanto les encanta a ambos. Todavía recordaba cuando este, todo rojo de cara, bajó desde el piso superior a decirle que una de sus prendas interior había quedado colgando en la reja del balcón; fue por ella, era un suave bikini rojo, el cual se lo llevó, alzándolo como bandera, rozándolo con los dedos, mirándole a la cara, diciéndole que seguramente se veía bien rico y sucio con eso puesto. Balbuceando, el chico le pidió que se la regresara, a lo que se negó. Sonrió al verle enrojecer y casi llorar ante la posible pérdida de algo muy preciado pero por lo cual no podía luchar, no contra un hombre de verdad. Si, era un muchacho sumiso, se dijo, aunque tal vez no lo supiera. Bien, era su trabajo demostrárselo. “Aquí tengo un hilo dental putísimo, lo dejó una de mis perras, y es mucho mejor que esto; pasa para ver cómo te queda”, y la oferta, el tono, fue su condena. Porque, aunque balbuceaba que arriba le esperaba su novia, cuando le ordenó con fuerza que pasara y se la pusiera, este obedeció, entrando en ella, aprisionándose, la tirita en la raja. Nada más sentirla le vio resplandecer, ojos brillantes. Ahora, de rodillas, con su hilo, se complacía en servirle y obedecerle. Tocarle, clavarle los dedos, a veces nalguearle era el preámbulo del amor. Si, mañana le regalaría otra, aún más pequeña y elástica, con ese pequeño juguete para que lo lleve clavado debajo de sus ropas. Ese muchacho ya nunca podría escapar de la excitación de usar una de esas cosas.

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   Se la pone y se abre, grande, velludo y masculino, temblando todo emocionado. Llevándola, chica, aprisionándole, estimulándole la raja se sentía ocioso y sexy. Como le dijo que ocurriría el nuevo novio de su hermana, un carajito blanco y pequeño al que creyó maricón, quien, para su cumpleaños le sorprendió dándole un regalo, que no esperaba de un carajo al que ni conocía. Al abrirlo encontró uno de aquellos hilos. Al verlo, boca abierta, pensó que era una equivocación, o un juego, pero a solas no pudo resistirse a probársela. Cuando se cerró sobre su retaguardia ya estaba caliente y duro. Moverse, caminar, sentarse, sentirla rozante, era en lo único en lo que podía concentrarse. Y esa tarde el carajito ese vino de visita, y al mirarle lo supo. Que la estaba usando y que le encantaba. Entonces, lo jodió, de manera completa cuando acercándosele furtivo le dijo: “Me muero por vértelo puesto”. Tembló como nunca, duro bajo las ropas como pocas veces en su vida. No podía pensar ni concentrarse, no tuvo vida hasta que sobre la cama, se abrió de piernas, dejándole ver, que tocara, que le dijera lo puto caliente que parecía. Hundiéndole un dedo mientras tan sólo gemía. No, nunca podría explicarlo, ni entenderlo, lo cachondo y feliz que le hacía cuando lo tocaba, cuando jugaba con su hasta hace poco secreta y virgen entrada. Debía ser por… “¡Te traje algo!”, le dijo a los días, en su cuarto, cuando estando boca abajo, y el trasero alzado, le esperaba. Abriendo sus gavetas, tomando todos su bóxers y calzoncillos, arrojándolos a la basura, ese carajo dejó sobre la cama un paquete de nueve nuevas tangas hilos dentales, algunas estampadas y de lacitos que lo pusieron más y más caliente. El chico sabía lo que hacía, unos días más de usarlas y podría invitar a sus amigos a conocerle.

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Julio César.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 10

febrero 15, 2017

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 9

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   El entrenador se había ofrecido a darle ayuda extra, atacando de entrada dos de sus problemas, el perpetuo calor con el cual vivía y que le agotaba en las prácticas, y el paquete que le saltaba en la ropa interior. Por eso le ordenó, firme y sin derecho al pataleo, que para esas sesiones privadas usara diminutas tangas tipo hilo dentales… sin nada encima cono no fuera la franela con su nombre. Era incómodo al principio, mostrarse así, correr, agacharse, hacer flexiones, el entrenador siempre detrás, mirándole “para corregirle”, tocándole para señalarle algo, siempre los dedos rozándole las nalgas. La mirada hambrienta del hombre, que le sonreía dominante, así como la sujeción sobre sus partes, suave pero firme, y la tirita contra su raja, oprimiéndole, le afectaba. Le avergonzaba saber que, mientras le escuchaba decir que ahora si corría rápido gracias a sus pantaletas, se excitaba… Aunque era raro, porque no se le levantaba el ánimo de siempre, sino el calor en su retaguardia. Por la tirita presionándose y apretando. No sabía exactamente qué le ocurría, pero no podía apartar la mirada de los ojos de ese hombre que le decía que así se hacía, como una sexy nena grande. Eso le llevaba a alzar el trasero, exhibirlo, aunque no entendiera el por qué. Algo le pasaba, lo supo claramente cuando el otro, de pie frente a él, sonriendo torvo, abriéndose la bragueta, le dijo: “Sé lo que sientes, ese calorcito traidor que te recorre, ese deseo extraño que tienes de que  pase mis dedos sobre la tirita de tu tanga. Y lo haré, pero primero ponte de rodillas y abre la boca”. Sonrió más al verle con ojos deslumbrados, como asustado, pero vehemente, cayendo y separando los labios. Sabía que pasaría, se complace comprobándolo el entrenador: había tíos que cuando sentían la caricia de la tela se abrían a una nueva vida.

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   Los dos sujetos, amigos de toda la vida, habían caído víctimas de un chico, todo amanerado, recién llegado a la fábrica, que vendía, por encargo, ropa íntima de fantasía para que usaran con sus chicas. Rieron y se burlaron, pero ver esas tangas que les enrojecía y avergonzaban un poco cuando las tocaban, les obsesionaba. “Pónganselas para ver”, dijo el chico amanerado, estremeciéndose estos por lo osado del paso, descargando sus temores machistas en burlas sobre el carajito, diciéndole que seguramente quería verlos así. Y como si le desafiaran las usaron. Y quedaron sin alientos, mirándose al espejo, fascinados por lo suave, elástico y apretado, por la manera como les quedaban. Y el chico entre ellos, cobró el precio de la mercancía, flaco y bajito, diciéndoles que se veían ricos, acariciándoles las espaldas, bajando y bajando, recorriendo sus nalgas, unas que echaron hacia atrás, de manera inconsciente y natural, para recibir las caricia del nuevo macho alfa, el cual metió los dedos… por todas partes y les hizo consientes de nuevos y secretos placeres, que esos dos comparten ahora, sus pequeños y putones momentos, deseando que otros machos los miraran llevando eso.

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Julio César.

GENESIS

noviembre 1, 2016

¿QUE POR QUÉ UN HILO?

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   Azota y azota, oyéndole gemir ahogado por la pastilla de jabón y no puede creer lo bien que se siente aleccionar y educar al rebelde hijo de la vecina. Alzando la mano abierta y estrellándola contra las duras, redondas y jóvenes nalgas, sentía que hacía lo correcto… por el muchacho.

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   Cuando aquella mujer, joven todavía, buena moza, viuda, le abordó, creyó que sabiéndole soltero quería una aventura, pero casi llorosa le contó que tenía un problema con su hijo, que no estudiaba, fumaba, bebía, regresaba tarde; que no podía hacer nada para corregirle. “¿Qué podría hacer yo, señora?”, preguntó confuso, no la entendía, ¿qué quería? “¿No podría… no podría ser su padre por un rato, azotándole el trasero como se merece?”.

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   Aquello sonaba a locura, pero tanto insistió, que sintiéndose presionado, pero también curioso, le buscó y le dijo que se comportara. El chico le salió con cuatro gritos tales, casi todos de marico y mama aquello, que furioso le metió aquella pastilla de jabón que la mujer, sabiamente, le había dado al entrar, en la boca y procedió a azotarle. El muchacho gritó sorprendido, se resistió altanero, pidió ayuda asustado, pero su mamá bendijo aquello. Y se sintió sabroso darle, gritarle que se comportara, ejerciendo fuerza y control. Como se resistía, debió repetir las dosis casi diariamente, sentado, con el chico en su regazo en la sala, o sentado en su cama, teniéndole desnudo y dándole hasta hacerle llorar y suplicar que no más.

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   Ahora, le avergüenza un poco, le gusta aquello, e inventa algunas faltas que el chico no ha cometido, pero que la mujer aceptaba ya que este se comportaba mejor, regresando temprano a casa… como esperando algo. Mientras le da y el chico gimotea, el hombre, excitado, sabe que algo ha cambiado. Dentro de él, le gusta el poder, dominarlo, controlarle como tal vez podría hacer con otros (en el trabajo había un tipo mal portado que…). Y repara igualmente en los cambios del chico, esperándole, silente y humilde, mirándole con furor pero también con adoración. Ahora eran un macho alfa y su sumiso, quien no dice nada cuando se colaba un dedo descuidado…

   La mujer, sonriendo ante ese cuadro de extraña belleza, se decía que era bueno que en la vida de todo joven hubiera una recia figura paterna. Que lo aleccionara y a quien amara.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 10

Julio César.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 9

julio 26, 2016

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 8

MACHO EN TANGA

   Sonríe notando la reacción del hombre joven, estaba acostumbrado a ella. Muchos lo sabían, que bajo sus ropas de acuerpado hombre de la construcción, maduro pero activo, usaba aquellas pequeñas tangas que se perdían entre sus nalgas peludas, y que quienes las miraban mientras las llevaba puestas no podían apartar los ojos. Eso era lo público, con lo que todos fantaseaban al verlo llegar; lo que no promocionaba ni los otros contaban, era que al verle el tamaño impresionante del bulto todos caían rendidos. Porque todos querían comprobar si era tan grande como parecía, pidiendo tocar sobre la suave tela, luego sacándolo. Y en cuento este se alzaba, no importa que sólo medio duro, todos deseaban probarlo… para ver si sabía tan bien como se veía. Ahora, sonriendo, el hombre se lo enseña al novio de la hija, y el chico, enrojecido, tan sólo puede mirar. “Señor, ¿puedo…?”, comienza tímidamente. “Claro, ven, tócalo si quieres. O comételo entero”.

TIO EN HILO DENTAL

   Reía, saltaba y jugaba mientras el resto de los hombres del yate, todos acuerpados y masculinos machos alfas con bermudas por debajo de sus rodillas le sonreían, le siseaban y silbaban, todo eso al tiempo que sobaban con las manos sus entrepiernas, sabiendo que más pronto que tarde terminarían en fila haciéndole gritar de emoción en el camarote del capitán. Era el regalo de cumpleaños para el puto que su macho había acordado por ser tan buen sumiso y entregado. Claro que no le fue difícil al ladino sujeto llevarle a eso, sabía que los tipos como él, algo acomplejados por el tamaño o el físico, deseaban encajar, ser aceptados así fuera respondiendo a palabras como: “te ves bonito, amigo, con pinta de putico; ponte este hilo dental y todos te amarán”. Era todo lo que necesitaba, jugar con su inseguridad, con su deseo de agradar. Y el putito se entregaba, orgulloso de sí caminaba arqueando la espalda, echando su redondo culito hacia atrás mientras pasa entre sus calentorros y algo ebrios amigos de fraternidad, volviendo la mirada, alegre al comprobar que todos los ojos se clavaban, codiciosos, en su retaguardia que se tragaba la tirita de tela dorada. Sonriendo, su macho le dice a un pana, que está a su lado: “no es difícil ponerlos así, putos y frenéticos, sólo alimenta esa necesidad que tienen de gustarle a los machos de verdad”, luego, alzando la voz, grita: “oye, haz esa danza donde meneas las caderas como Shakira, pero dándonos la espalda”. Y hay pitas, risas y aplausos cuando el otro, sonriente y con el hilo dental bien clavado, lo baila.

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GENESIS

Julio César.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 8

marzo 9, 2016

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 7

EJECUTIVO EN HILO DENTAL ATIGRADO

   Tiembla entrando en la oficina, la oficina desde donde dirigía su empresa, enrojeciendo al mirar a su asistente sentado en su silla. “Mucha ropa, puta”, el gruñido burlón le eriza y hace arder la piel. Era un carajo joven, atlético, seductor hasta conocer a ese sujeto en el gym, su instructor, un negro sólido y musculoso. Siempre le hacía llegar a los extremos de las rutinas, dejándole agotado. Aunque al principio se quejaba no podía enfrentarle; sin aliento casi caía en sus brazos y este le tocaba, lo palmeaba diciéndole dónde se desarrollaría, luego lo masajeaba, totalmente desnudo, con sus grandes manos haciéndole gemir en esos vestuarios donde todos le miraban y se burlaban. Le obligó a usar licras blancas ajustadas, luego hilos dentales para que se notara, según él, todo su desarrollo. Y le obedeció, no podía resistirse. Y caminar con los hilos, ejercitarse con ellos sabiendo que era mirado, le debilitaba más. Pronto el instructor era su asistente de negocios, despachando en una oficina a donde no podía esperar a llegar y despojarse de sus ropas, volverse y mostrarle su liso trasero, el hilo metido, y ser tocado, nalgueado, soñando con el momento de caer de espaldas sobre su escritorio, piernas al aire y ser atendido por su macho. Para eso eran los hilos dentales, para mantenerle siempre caliente…

TIO EN TANGA HILO DENTAL ATIGRADA

   Sonriendo con indolencia, el carajo arroja su cigarrillo y mira hacia las escaleras que llevan a los dormitorios, sabe que allí estará el dueño de la fiesta, desatendiendo a sus invitados y a su esposa, aguardándole. Hace una mueca predadora imaginándole, esperándole ya caliente, estremecido de ganas por la llegada de su macho. Sube, abre la puerta del cuarto matrimonial y encuentra a la perra con el hilo atigrado, uno que lo pone maluco, pronto se le pone dura bajo las ropas. Hubo un tiempo cuando fueron amigos de parrandas, trabajo y años; uno casándose pronto, el otro viviendo mil aventuras… que al otro gustaba de escuchar. Muchas noches, entre copas, le hacía reír caliente cuando le hablaba de sus aventuras, notando como le veía la tranca parada bajo la tela del pantalón, luego le contaba mientras se tocaba, sonriendo supo que le tenía cuando se la sacaba y cascaba recordando sus idilios, y su amigo no podía apartar la mirada. Más tarde fue llevándole las tangas que usaban las putas a quienes tomaba. Le hacía tocarlas y olerlas, se las restregaba de la cara, aún cálidas y mojadas, manchadas con su esperma. Al tiempo quiso que se las pusiera para contarle. Y una vez que las usó, le contaba mientras le llenaba. Sabía que ocurriría en cuanto sintiera la tirita contra su culo. Ahora, todos abajo celebrando el aniversario de casados de la pareja, él le daba entusiasta su regalo al marido de la casa; se lo daba todo por chico que fuera el momento mágico… Y apretado. Ya no le contaba nada de otras putas; mientras le llenaba y frotaba, le decía todo lo que le gustaría hacerle, dónde y frente a quiénes, usando alguna de aquellas pantaletas.

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Julio César.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 7

febrero 19, 2016

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 6

EL HILO DENTAL DEL VAQUERO

   De día, colocando una cerca en los campos, domando un potro, gritándole a los trabajadores por haraganes, ese carajo era el macho alfa, pero de noche, encerrado en su cuarto, el hombre dejaba salir su lado oculto, uno que descubrió de chico robando prendas de sus primas y hermanas, disfrutando la suave caricia de las pantaleticas que le atrapaban; luego robó las de la esposa, tangas mínimas y sensuales, hasta que esta se escapó más tarde con otro carajo. Usar esas tangas, esos hilos dentales le hacía estremecer, sentir. Tocarse usándolas, acariciar sus nalgas, meter un dedo… Vivir. Lo había ocultado fieramente, toda su vida, pero la urgencia de su princesa interna para darse a conocer fue demasiado. Comenzó a usarlas bajo las ropas de faenas, y así lo pillaron unos jóvenes gañanes cuando apilaban heno en los establos. Allí, viéndoles reír, sacándoselos de sus pantalones, duros de ociosidad ante el jefe en hilo dental, entendió lo otro que necesitaba. No cariño, no ternura, no amor. Una pila de chicos que le miraran, tocaran, nalguearan, que le alimentaran y llenaran, entre varios, mientras le decían cosas. Bañado de caliente esencia masculina, no se oponía a lo que le hacían y decían, o cómo lo poseían; sabía que ya era tarde para mostrarse viril, no con su tanga en el culo, uno que ardía buscando uso. Como en ese momento cuando les oye acercarse, alegres, para otra noche de lujuria en grupo con ese puto.

EL HILO DENTAL MOJADO

   Trabajar en aquellos tanques de agua, limpiándolos, era una tortura china para todos hasta la llegada del nuevo, quien pronto se hizo el preferido del jefe. Sin mayor problema todos se quitaban las ropas por el calor y la humedad, trabajando en calzoncillos, pero el nuevo era diferente. Mirar cómo lo hacía este, quitarse todo lenta y deliberadamente, mojándose de sudor en seguida por lo opresivo del ambiente cerrado, era una locura. La paga era mala, el trabajo extenuante, pero ninguno de esos tíos, duros bajo sus mojados y adheridos bóxers se quejaba. Ni cuenta se daban del tiempo. No viendo al preferido del jefe ir de aquí para allá, la tanga casi transparente por el sudor y el vapor, su cuerpo goteante, gruñéndole a uno u otro que le pasara la mano por la espalda para despejar tanta transpiración. Y las manos ansiosas complaciéndole, lentamente, de arriba abajo, a veces sobre el trasero terso. Todos con los ojos clavados en las tiritas de tela. Inocentes, ignoran que el jefe en todos los grupos que maneja, lavando tanques, tiene a su chico en hilo que les hace más tolerable las horas a sus jóvenes gañanes. Y si lo hacían rápido y bien, bueno, dejaba que alguno metiera una mano.

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Julio César.

NOTA: No sé, creo que ya usé la segunda imagen. Pero hay algo en ella que resulta atractiva.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 6

diciembre 10, 2015

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                        … 5

LISTO PARA USAR EN SU CAMA

   El tipo montó su puesto de tatuaje en aquel lugar medio peligrosón porque le gustaban los chicos ariscos, violentos, machitos llenos de testosteronas. Los tocaba, los halagaba y luego metía mano aunque estos se negaran, pero sus dedos, tocando, recorriendo, acariciando, metiéndoseles, les rendían. Pensaban, cuando se lo sacaba de los pantalones y lo usaba, que experimentarían eso y luego se marcharían. Siempre sonreía en ese punto, si, los usaba, los hacía gritar de cara contra la cama. Y luego les colocaba la tanga, el hilo dental más apretado que encontraba, amenazándoles con aquello de que si no los llevaban y no lo usaban a todas horas mostraría por ahí fotos y grabaciones. Y les repetía la donación de leche. Sabe que ese hilo no les dejaría olvidar, que los humillaría, pero también fantasearían. Un hilo dental, metido cuando se les llenaba de carne, ellos sintiendo la leche bloqueada después, les hacía delirar. Era una forma de control, esa sensación allí mientras se les usaba, luego cuando estaban en sus casas, lograba que esos otrora machitos comenzaran a pensar con sus colitas. Les llamaba una vez, y con el hilo los estimulaba al usarlos. Los llamaba otra vez. Luego venían por su cuenta. Mucho. Con ganas. Para ese entonces había que aclararles que trabajaba pero que no les dejaría desasistido, que tenía amigos a quienes les encantaría conocerles. No lo decía, ni los otrora machitos rudos, pero era claro: ya tenían un coño listo para ser llenados por los hombres.

MACHO EN TANGA SE OFRECE

   Uno de ellos decidió que era hora de hacer cambios en aquella triste residencia de divorciados, triste porque siete hombres tienen que hacer los trabajos de casa o terminan en un chiquero, y no se tenía a mano un alivio para las trancas. Su gran idea fue tomar al menos masculino de ellos, aunque fornido y musculoso, escandaloso cuando salía con mujeres, pero que no podía aportar los ojos de un torso sin camisa o un entrepiernas si un tolete medio abultaba. Lo encerró en su cuarto, desde afuera los otros les oyeron gritar, al otro rugiendo que no, que no le haría eso, una cama agitándose, luego ese tío gimiendo, chillando agónicamente lujurioso. Vieron al tipo salir jadeante, sonriendo, preguntando ¿quién quiere coño?; nadie se movió por un segundo, hasta que otro de los divorciados entró, reiniciándose los gemidos. Ahora el chico, porque ahora era “el chico”, aseaba la casa, lavaba las ropas, preparaba las cenas, tendía las camas. Y lo hacía vistiendo únicamente una de aquellas pequeñas tangas con la abertura en la raja entre sus nalgas. Su dominador le compraba los modelos más costosos y coquetos. Las miradas de todos, oscuras de lujuria, le seguían por los cuartos mientras trabajaba, con la putona prenda que cubría su inútil tolete, abierta por detrás sobre sus soberbias nalgas. Así que las labores hogareñas se le dificultaban porque a cada rato uno de los calenturientos machos le derribaba y le tomaba, duro, con fuerza, haciéndole gritar, mecer y apretar con su retaguardia. Todos notaban que, entre las tangas, cada vez más chicas porque parecía que por delante ya no se le paraba, y las lechadas, se volvía más sumiso y femenino. Como les gustaba.

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Julio César.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 5

octubre 6, 2015

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 4

SISSYBOY THONG

   Cuando comenzó estudiar en la gran ciudad, el papá de su mejor amigo se encargó de todos sus gastos, caprichos y necesidades. Las necesidades era lo que mejor le atendía, a cada rato, duro, donde fuera. Comenzó llamándole muchacho bonito, tocándole, acariciándole, dándole besitos que decía paternales, que le descontrolaban y calentaban, un afecto del cual siempre careció. Sentándole en sus piernas le contaba cosas; le llevaba al cine y a cenar. Luego a la cama. Y allí descubrió la necesidad que sólo él podía saciarle, mientras le llamaba, con pasión, su pequeña putita. Desde ese momento, el hombre le prohibió continuar la amistad con su hijo, ver a los antiguos conocidos, dejó la escuela. Quería que se depilara y sólo usara hilos dentales y tangas, que él le elegiría; siempre muy femeninos. Con juguetitos que le clavaba antes de irse para el trabajo, le tenía histérico todo el día (no debía tocarlo), y cuando llegaba, por las tardes, prácticamente se le montaba. Ahora sólo podía sentir, pensar y querer que le usara, que le complementara. Que le llenara e inundara de amor. Por eso, cada día a solas, temblándole bajo el hilo, consumiéndose de ganas, tan sólo podía esperar anhelante por su hombre.

EX MARINE EN HILO DENTAL

   -Vamos, muchacho… -sonríe el recio ex marine cuando el joven del mercado llega con las bolsas (o el de la tintorería, o el casi púber Testigo, o el limpia piscinas, o el joven policía, o uno de los vecinos que ya le conocían), temblando, con ojos muy abiertos, sus corazones latiendo a toda mecha.- Mi mujer salió, pero regresa pronto, así que ven y monta tus manos sobre toda esta sabrosura con la que sueñas en tu cama. Aprovecha el tiempo que tienes y acaríciame con adoración. Trae tus manos mariconas hasta aquí para que sepas cómo se siente un macho. –se burla cuando ordena, sabiendo que no había quien se resistiera.- Tócame, pega los labios, besa y chupa. ¿Quieres enterrar tu cara? –echa las caderas hacia atrás, enloqueciéndoles.- Si, sé que quieres. Anda, arrodíllate. Si veo que lo haces bien, me vuelvo y dejo que comas todo lo que puedas tomar. Vas a tragar, a chupar, y me darás las gracias a cada segundo. –le mira sobre un hombro y sonríe, el chico de ocasión temblando de lujuria y emoción.- ¿Eso te gusta? Espera a que te sientes sobre él, que te abra y te llene… tu mundo va a cambiar para siempre.

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Julio César.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 4

agosto 11, 2015

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 3

EJECUTIVO CON HILO DENTAL AZUL

   Tiembla cuando llega a la oficina de la importadora que fundó, dirige y de la cual es el dueño; sabe que él, su negro, ese maladrón enorme y grosero que le controla, le espera en su oficina para gruñirle un “llegaste, puto”, sentado tras su escritorio, como el jefe. Esperando que lo haga, que le sirva. Que baile para él quitándose el saco y saliendo de sus pantalones de ejecutivo serio. Enseñándole la tanga hilo dental que lleva ese día, las cuales le obliga a llevar desde hace semanas. Temblando de lujuria, oyéndole decir que parece la propia puta, le mirará sonreír, obligándole a sentarse sobre el escritorio al alcance de su mano, recorriendo con los negros dedos sus lisos muslos, la suave tela, de arriba abajo, lentamente, haciéndole cosquillas cuando cruce entre sus nalgas, donde se tomará su tiempo para enloquecerlo. Algo que pone caliente también a su negro. Jadeando de anticipación, lo nota duro bajo el jeans tan sólo de verlo. Seguramente vendrá una cachetadita, porque quiere que use colores rosas y algo de encaje, pero ¿cómo sale así de su casa sin que su mujer se queje? Llevar los hilos había sido una tortura, en casa, por eso, pero el negro, tomándole el rostro entre las manos, dominante, y mirándole a los ojos, severo, le dijo que era lo único que debía usar una perra, su perra, para mostrarse orgullosamente sumiso ante su macho; que mientras mas sintiera el roce de la tirita contra su coño, más querrá que se lo tocara y llenara más tarde en los almacenes. Y era cierto.

SEXY BOY THONG

   Cuando Vicente comenzó la universidad, debió compartir un cuarto con un muchacho que estudiaba mecánica en un politécnico cercano, y la primera noche este se desnudo dejándole sin habla por el tamaño de su miembro. Fue su error, o su suerte. El chico, notándolo, le dijo que sí, que la tenía grande y que adivinaba que él la tenía chica, que eso lo convertía en el macho alfa del cuarto. Que él, Vicente, era menos hombre y que por lo tanto debía servirle cuando estuviera caliente y sin tiempo de buscar chicas. El joven intentó oponerse, pero entre gritos, zarandeos, y esa cosota que le colgaba entre las piernas, dura mientras lo ofendía, le redujo al lugar de sumiso y complaciente compañero. Ahora debía esperar para cuando llegara, a veces contento, otras molesto o frustrado de sus clases, vistiendo lo que toda putita debía llevar para alegrar la vista de su hombre. Y temblaba, porque no entendía exactamente cómo había llegado a eso, pero escuchar esos pasos acercándose le hacía mecer el trasero sobre la cama de su dueño, la tirita frotándose, estimulándole, este entrando, mirándole duro, llamándole puta, la macana levantándosele instantáneamente en el entrepiernas. Si estaba contento, las dos manos le recorrían sobándole y acariciándole; si estaba molesto una de ellas le nalgueaba duro para que aprendiera s ser un machito. Terminando la cosa, siempre, con su hombre tomándole. ¿Qué más podía desear?

CONTINÚA … 5

Julio César.

NOTA: Coño, creo que escribí más que la vez pasada.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 3

julio 29, 2015

¿QUE POR QUÉ UN HILO?                         … 2

HILO DENTAL EN CULO GRANDE

   Cuando su hermana y el marido de esta se mudaron a su casa, este comenzó a molestarle por el tamaño de sus nalgas, que tocaba, palmeaba y acariciaba. Una noche, medio ebrio, entró a su cuarto diciéndole que necesitaba a una perra porque a la mujer (su hermana), no le gustaban de ciertas prácticas. Y le hizo tragar, rudo, por sus dos entradas. Pero ese tipo era un perturbado mental, quería reducirle a ser un culo, deseaba que usara, pensara y sintiera todo el tiempo con su hueco secreto. Que viviera siempre pendiente de eso. Por lo tanto le llevaba esos hilos dentales y le obligaba a usarlos siempre, bajo sus ropas, que mientras hiciera algo sintiera le presión de la breve tela sobre su ojete. Y funcionaba, reconoce casi avergonzado, y excitado. Mientras daba clases de Mecánica en la prisión, sentado en su silla, o cuando se levantaba o caminaba, notaba la rica apretada y frotada. Todo el tiempo. Vivía muy consciente de su culo. Eso era llegar a casa, quitarse los pantalones, montarse en la cama y esperarle con muchas ganas, soñando con el uso que ese macho, su macho, le daría a su nueva sexualidad.

EL FONTANERO DEL HILO DENTAL AZUL

   Sabiéndosele gay, y conserje de edificio, soportó algunas bromas y burlas de los vecinos, de los solteros y maridos, pero nunca se alteró. Cuando le tocaba ir a revisar algo, a reparar alguna cosa, y si no estaba la mujer, se agachaba con tranquilidad, su pantalón bajando, sus hilos dentales exhibiéndose sobre su magnifico trasero. Les oía contener el aliento a sus espaldas, podía sentir las miradas casi calientes recorriéndole; mientras más se movía buscando o haciendo algo, les escuchaba respirar más pesadamente. Y nunca se iban, se quedaban allí y hablaba de cualquier cosa, menos de sexo, sin dejar de mirárselo. Sonreído, en el caso de los casados, sabía que cuando le llamaban, por algo, siempre estaban solos, nunca las esposas. Y se quedaban y le miraban trabajar. Sabe quiénes han tomado sus hilos dentales de la ventana del baño donde los deja secando al sol, seguramente probándoselos; sabe quienes los dejan chorreados de esperma, que huele, cuando se los regresan al día o dos. Le gusta que cuando pide tardes libres, o aumentos para no marcharse, se los aprueban rapidito. Le encanta que, cuando lleva sol en la azotea, sólo en hilo, alguno se presente, como si tal cosa, y termine ofreciéndose a aplicarle bronceador. Ama que le mimen.

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Julio César.

NOTA: No hay caso, intento escribir tres o cuatro frases y la cosa gana en extensión.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 2

julio 20, 2015

¿QUE POR QUÉ UN HILO?

UN HILO DENTAL LLENO

   Siempre te parece horrible su juego, pero sabes que él lo quiere. Que llegues a ese parque donde la gente se ejercita, duerme o lleva sol, y que te tiendas boca abajo con tu tanga hilo dental, la blanca elástica. Sabes que los chicos que están cerca jugando rugby o futbolito, en caimanera, te mirarán, gritaran asombrados y escandalizados. Les verás reír y burlarse, para luego excitarse. Cuando ocurre, lo sabes, y no puedes evitar levantarte en cuatro patas, como buscando una mejor posición, pero viéndoles, rojos de caras, ojos brillantes. Todos tocándose los paquetes erectos bajo las ropas, preguntándote si quieres que te den juntos todo eso. Si, era degradante, pero no tanto como cuando él llegaba, te reñía a gritos por usar eso en la calle, dándote algunas nalgadas, esos chicos observando y casi aullando. Casi mojados cuando le ven posar la mano y meterte un dedo, mirándoles desafiante mientras lo hace. Sabes que te proclama como su propiedad. Luego te llevará a casa y te amará hasta la saciedad.

UN CHICO Y SU HILO DENTAL BLANCO

   En la vida de los chicos siempre hay alguien que nota como sus ojos se van desbocados ante las recias anatomías de los tíos cuando salen chorreando agua de alguna piscina, el cómo sus caritas enrojecen recorriendo esos torsos, brazos, muslos y bañadores ajustados. Como ocurrió con este; un amigo de su papá le notó esas miradas, también las que lanzaba a las cuerdas del lavado cuando les visitaba y veía las tangas de su mujer. ¿Cómo olvidar la cara del chico cuando en uno de sus cumpleaños, el quince o dieciséis, le regaló una tanga de encajes? La primera. Nada dijo. Nada comentaron. Pero sabía que la usaba casi a diario. Como hombre de experiencia sabía que debía ayudar al chico a encontrar su camino, a no temer tanto lo que deseaba, incluso a que se atreviera a probarlo… un buen día, un tipo afortunado, se comería ese rico dulcito apenas cubierto.

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Julio César.  

¿QUE POR QUÉ UN HILO?

julio 12, 2015

DE SEMINARIOS Y PARADIGMAS

MUSCULOSO EN TANGA

   Sabes que le gusta que la uses, que lleves la pequeña prenda que se entierra entre tus nalgas, porque eso te presenta como suyo, ya que llevas algo que te avergonzaba pero que lo haces por él. Por grande que sea tu cuerpo, por musculoso o poderoso, sabes que le emociona encontrarse contigo, entre varias personas, hablando cualquier cosas, y que sonríe como un niño travieso y contento en todo momento, porque es consciente que debajo de todas tus ropas sólo vistes una diminuta tanguita que apenas cubre y abraza su cuerpo. Y saber que eso le hace feliz, que está contento contigo, es suficiente para ti.

CHICO EN HILO DENTAL ROJO

   Le gusta cuando le sorprendes con una nueva, chica y chillona. Diminuta y putona. Sabes que si por él fuera, no llevarías calzoncillos bajo tus ropas, porque cuando llega te quiere ya sin nada, sin que algo le impida extender uno mano y meter dos dedos en la entrada que ama. Pero te deja llevar de esas tangas porque le gusta cómo te quedan, le agrada mirar cuando te inclinas o abres las piernas, pegándose detrás, su pelvis contra tus nalgas, susurrando: “nada es más lindo que tu coño caliente en un hilo dental atrevido”. Si, lo haces por él. Para su placer.

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Julio César.

DE SEMINARIOS Y PARADIGMAS… 3

junio 20, 2015

DE SEMINARIOS Y PARADIGMAS                         … 2

SEXY EN SUSPENSORIO, ATADO Y SOMETIDO 5

   Para Jiménez es increíble; entre gemidos, babeadas sobre la mordaza y estremecimientos, recibe a unos y otros, a todo el que destaca en algún ejercicio o prueba durante el seminario. ¡Y todos querían ganar! Ganarlo. Tenerlo. Eso le mareaba, le excitaba; duro, se corría una y otra vez. Era una locura sentir las manos, los roces de los calientes falos. Su entrada se encuentra en todo momento invadida por dedos, miembros o juguetes que lo mantienen ocupado y abierto. Mareado de gozo, preguntándose cómo nunca antes lo probó, no el sexo sino estar al servicio de los hombres, reconoce que el instructor tiene razón: todos dan lo mejor de sí para disfrutar la recompensa. Y la da, ansioso. O la recibe en la pose que sea.

SEXY EN SUSPENSORIO, ATADO Y SOMETIDO 6

   Avergonzado, terminado el seminario, de pie no mira a nadie. “Tranquilo, Jiménez”, le dice el instructor, “no imagina lo importante que es para el grupo. Es el tragón, el agujero que alivia. Todos le amarán. Su papel es importante para la empresa. Su jefe está contento con los resultados. Sabe que aumentará la producción y la dedicación”. Eso le sorprende, como recibir las miradas cómplices aunque levemente burlonas de sus colegas, así como muchos pulgares arriba. “¿No habrá problemas porque soy…?”, todavía duda, inquieto. “Claro que no, ahora conocen su valor”, le sonrió con picardía, “si se decide por ser oficialmente la putita de la oficina, vamos a mi despacho. Hay algunos juguetes que puede usar frente a ellos, así como tangas e hilos dentales que le ayudarán a tenerlos interesados. En verdad, si decide aceptar, tendrá poder sobre ellos. ¿Lo hará?”. Jiménez duda y tiembla, pensando en su mujer, en su familia; “si, seré la putita de la oficina”, jadea caliente. Lo sabía, piensa el otro. Aunque no lo dice.

¿QUE POR QUÉ UN HILO?

Julio César.

DE SEMINARIOS Y PARADIGMAS… 2

junio 7, 2015

DE SEMINARIOS Y PARADIGMAS

SEXY EN SUSPENSORIO, ATADO Y SOMETIDO 3

   Sobre la colchoneta, Jiménez se agita, está inmovilizado, todos sus compañeros de trabajo trotan a su alrededor, todos los ojos clavados sobre su masculina figura atada y amordazada. ¡Esto no podía estar pasando!, se decía, luchando por soltar sus manos y piernas. Él era un hombre casado, padre de familia, amigo de muchos de esos carajos que ahora las tenían duras, y algo mojadas, mirando sus nalgas, deseándole. Corren y sudan, y es Pablo Correa, su asistente en el departamento de embotellado, un chiquillo flojo, quien sigue trotando un poco más, después de que los otros se agotan. “Bien, Correa”, Jiménez oye al instructor, “cómo ganador tiene el derecho de estrenar a la perra”. Y aterrorizado, viéndole la mole bajo el suspensorio alzado, Jiménez ve la sonrisa de codicia y orgullo de su asistente inútil.

SEXY EN SUSPENSORIO, ATADO Y SOMETIDO 4

   Se revolvió al sentir sus manos calientes y mojadas tocando y metiéndose, tanteando. “Tiene un olor raro”, le oyó decir, frunciendo el ceño, ¿olería a culo sin lavar?, se preguntó Jiménez. El instructor responde: “es el olor de un coño en celo”, esas palabras provocan risitas en el grupo que mira, y un jadeo de Correa. “¿Sientes cómo te tiembla y se te pone más caliente mientras lo aspiras?”, oye la pregunta del tipo. “Coño, si, sé que no debo, pero casi me parece que podría meter la lengua, así de bueno huele”. “Cierto, es el olor de un calienta braguetas, todos podemos sentirlo. Los hombres, me refiero. Te apuesto que por dentro está todo mojado, caliente y desesperado”, oye al instructor, y sabe que son sus manos, firmes, las que separa sus nalgas. Hay un tenso silencio. Y su frente se frunce alarmado. Algo liso, esponjoso y tibio se pega de su tensa e inocente piel virgen.

CONTINÚA … 3

Julio César.