Archive for the ‘FANTASÍAS’ Category

AMORES GALACTICOS

julio 22, 2015

KLARK KENT TOMA VENGANZA

SERGIO RAMOS Y CRISTIANO RONALDO

   Es cuento, ¿okay?

   La gente grita y mira la jugada de sus dos estrellas favoritas, Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo; les encanta verles felices, encontrarse y celebrar con amor fraternal de machos… Claro, otros sabían, como Iker Casillas en su arco, el cual sonríe leve. Si, amor, pero espartano; como muchos otros fantaseaban al verles en la cancha.

   Todavía recuerda cuando entró a los vestuarios el día anterior después de la dura práctica a la que se vieron sometidos, desconcertándose al encontrarles así, Sergio de pie, aún más transpirado, atrapando con sus manos los tobillos del otro, aún dentro de sus tenis; el portugués de espaldas sobre la mesa de masajes, con su camiseta CR7 y el blanco suspensorio empapado, seguro mitad sudor de bolas, la otra de jugos, mientras más abajo era abierto por las enormes ganas que tenía el español.

   Quiso irse, pero no podía, el espectáculo era demasiado intenso. Sergio, dientes apretados, lanzaba golpes duros, casi brutales, pero el otro, alzando la cabeza, bañado en sudor, le miraba y gemía mientras más se le abría. “Ah, ¿no hay problema si lo llevo más adentro? Lo sabía, no soy el primero esta tarde, seguro que Bale se me adelantó otra vez. ¡Qué puto!”. “Habla menos y empuja más”, fue la réplica entre dientes, sonreída y desafiante del crack, sabiendo que en su gruta de amor cualquiera se perdía. “Puto!”, fue la gritada respuesta, eso y el incremento de las embestidas.

   Iker, casi doliéndole y mojándole, salió. Ahora, ceñudo, piensa que debió quedarse y descubrir si lo que veía en la cara de Sergio era verdad, que casi se le derretía de ganas dentro del luso por lo bien que se sentía.

Julio César.

NOTA: Me quedó algo más explicito de lo que acostumbro en estas entradas. Lo siento. Lo otro lamentable es la idea de Iker del Real Madrid.

EL NAZI Y EL JUDIO

noviembre 13, 2014

KLARK KENT TOMA VENGANZA

THE STRAIN GAY

   Esto está tan mal, que resulta fascinante.

   Abraham lo presiente. Que viene. Los pelillos erizados en su nuca se lo indican mejor que el pesado sonido de sus pasos con aquellas botas, el cadencioso tintineo de sus medallas. Siempre venía completamente uniformado, pulcro, como si a una cena se dirigiera. También medio ebrio. Y como siempre que ocurre su llegada, incrementa las cepilladas sobre la sólida madera, cada vez más claros los macabros símbolos. Le ha dedicado tiempo, robándoselo al sueño, uno que no llega; no, sabiendo el horror que recorre la barraca de noche.

   -Siempre trabajando duro, judío, ¿quiere hacerme sentir culpa? –la voz llega cargada de sorna. ¿Por qué iba?, no necesitaba acercarse cada noche… Aunque el trabajo sobre el ataúd era importante, se dice Eichhorst, pero sabe que no es totalmente sincero. Lo sabe cuando recorre con la mirada la ancha espalda doblada, los recios brazos moviéndose de adelante atrás, el negro cabello al final de la gorra.

   -¿Puede sentir culpa? –pregunta, él mismo no sabiendo de dónde le sale el valor.

   El otro hombre piensa algo parecido, un sucio judío hablándole de esa forma, se cuestiona, pero la cálida ola de adrenalina que le recorre es más bien confortante. Y se acerca, siempre se le acerca entrando en su espacio personal, percibiendo su calor y hasta su olor.

   -Se ve algo macilento, Abraham. –cuestiona.

   -Estoy bien. –asegura, voz algo agitada, cepillando con más fuerza de la empleada hasta ese momento, tanto que uno de sus dedos queda atrapado entre la lija y la madera. Gime contenido, de dolor, tan sólo un tonto dedo rayado, pero el otro le atrapa la mano rápidamente, como si se hubiera cercenado todo, sin sus guantes.

   -¿Se hirió? –y mira su dedo, corazón golpeándole con fuerza en el pecho.

   -¿Le importaría? –cuestiona, sintiendo repulsa, pero también debilidad, no retirando la mano. Ahora se miran.

   -No ha terminado su trabajo.

   -Puedo continuar. –frustrado intenta soltarse, pero el otro cierra con fuerza los dedos, parece un cepo. No le permite alejarse. Huir.

   -No así. –y el joven jadea, tiene que hacerlo cuando ese horrible hombre eleva sus manos unidas y enfila el dedo algo sangrante a su boca, los labios crueles y delgados cubriéndolo, cálidos y húmedos, succionando, la lengua lamiendo.

   -¿Qué hace? -jadea el joven.

   -No debe manchar de sangre la madera. –le explica, su pecho subiendo y bajando con fuerza, su labio inferior algo roja con la sangre del joven hombre bajo su control.

   -Ya está bien. –suena desfallecido.

   -Hay que estar seguros. –el hombre enfatiza, sonriendo vicioso y terrible, aceptando en segundos lo que ocurre, y cubre con los labios todo el dedo del joven judío, su prisionero en el campo de concentración, y succiona inequívocamente, sus labios de arriba abajo, la lengua aleteando, mirándole a los ojos, ofreciéndole lo indecible.

……

   Si no están siguiendo la serie The Strain, no lo entenderán. Pero el contexto homosexual en la relación del prisionero y su carcelero, es innegable. Por no hablar del tipo encadenado por el cuello y que únicamente viste un calzoncillo. Lo sé, la idea de los nazis en este sentido es repugnante, pero sobre esos sujetos hay muchos cuentos que hay que comentar. Ya voy a ver el doble capítulo de hoy. Es genial.

AMORES GALACTICOS

Julio César.

KEVIN RYAN Y JAVI ESPOSITO SE MIRABAN

abril 28, 2011

KLARK KENT TOMA VENGANZA

   Se tenían ganas desde el principio…

   Castle y la detective Beckett sonríen al verles pasar en una aparente discusión, y ellos pretenden no darse cuenta. O tal vez no se daban cuenta. Kevin Ryan, mientras habla con aquella novia que ya no despierta su pasión, nota el ceño fruncido de Javier Esposito (Javi), con calor en su vientre. Sus ojos azules brillan, curiosos. Y Javi a su lado, una presencia morena, latina, caliente, tan sólo le mira de forma intensa haciéndole temblar. Pero no hablan de ello. Qué el resto de los compañeros y aún Alexis, la dulce hija de Castle, hagan bromas suaves al respecto no les empuja a encarar el asunto. Pero a Esposito ya el cuentico de la novia, esa mujer que tomaba el rostro de Ryan (de su Kevin) en las manos, besándole, mordiéndole el labio, probando su lengua, ya le tenía enfermo. Así que se guardó una carta de triunfo para la próxima tanda de ejercicios de lucha cuerpo a cuerpo.

   Hubo calor, sudor y jadeaos mientras se enlazaban sobre la colchoneta; las pálidas manos de Ryan recorriendo su cuerpo, atrapando sus piernas; las morenas de Javi aferrando su cuello y mejillas, bajando por su pecho. Y las miradas veladas de algo que no se atreven a llamar lujuria, pero…

   -¿Qué es eso? –pregunta un espantado Ryan, sudoroso y agitado, desnudo y envuelto en una toalla en los vestuarios cuando Esposito retira de su cintura la suya.

   -Un piercing. ¿Te gusta? –pregunta con voz ronca, desafiante…

   Y la verdad es que Ryan no se había fijado en ese aro allí, justo allí, sino en que ese “allí” se levantaba como una lanza gruesa de carne, llena de ganas, algo húmeda; y cuando finalmente su lengua entra por el orificio del aro, supo que no sólo se sentía bien en la boca, sino como que en verdad sensibilizaba, porque Esposito cayó contra la pared, totalmente débil de piernas, logrando moverse tan sólo lo justo, echando las caderas de delante atrás, penetrando totalmente en la nueva situación.

……

   No sé sí lo hacen a postas en la serie Castle, pero mucha gente mira con interés a esta pareja secundaria de detectives. Ojala lo sepan aprovechar los productores.

EL NAZI Y EL JUDIO

Julio César.

JAMES FRANCO… OTRA NOCHE DE GRADUACIÓN

julio 20, 2008

KLARK KENT TOMA VENGANZA

   “Debo escapar antes de que vuelva con el fulano juguete…”

 

   Aún, no con tanta frecuencia como antes, Hollywood sigue produciendo película juveniles y ‘ligeras’ sobre chicos que únicamente quieren sexo. Cosa que no está mal, pero los argumentos dejan mucho que desear. Una de ellas fue CUESTE LO QUE CUESTE, con el acierto de los protagonistas jóvenes, las chicas Marla Sokoloff (la bella y deseada) y Jodi Lyn O’Keefe, y los galancitos de ese momento Shane West (realmente muy bien en La Liga Extraordinaria) y James Franco, quien tenía (y tiene aún, como el Harry Osborn en El Hombre Araña) una carita increíblemente bella. No es un carajo atractivo, no, es bonito. En la cinta era el pillín capaz de entregar a la prima a un sujeto que la tenía por bella y en un ideal de la elegida, y la ‘cambiará’ por una vecinita seria que siempre lo ha amado. A Shane (ni idea de cómo se llamaban en el film) no le gustaba ella, pero a James sí, y pactó con el otro un engaño para que cada uno sedujera a la otra, siendo ruin, manipulador y cruel. James engañó por un tiempo a Jodi, pero la joven lo descubrió jurándose darle una lección. La noche de graduación, cuando alquilan el cuarto para ‘pasarla bien’, él sonríe, creyéndose triunfador, y llega esa escena memorable (se vio tan bien) donde James se baja el pantalón mostrándole a ella su trasero, aparentemente usaba un hilo dental. Ella abre mucho los ojos. La cosa fue que ella lo sujetó a la cama, con su bikinicito mínimo, de esos que llaman thong en los Miami, y se veía realmente llamativo atado, amordazado, esbelto, lisito y en tanga.

 

   Es aquí donde cambia todo, Shane, busca a su vecinita, a la que ahora sabe que ama, después de ‘probar’ también Marla, y anda molesto con James por usarlo. Es ahí cuando entra en esa habitación, encontrándolo atado. James  gime tras la mordaza, pidiéndole que lo suelte, pero el otro sonríe, lo llama idiota, que lo manipuló y debería darle una lección. Lo dice mientras se sienta en la cama y comienza a pellizcarle duramente esas rosadas tetillas, lastimándolo. El otro se cimbra y gime en esa cama. Esos dedos lo atormentan, pero también le gusta. Sus atadura lo retienen, se sienta furioso por la situación, no puede gritar y el otro, atrapando de una a otra, torciéndolas, viéndolo burlón, lo abusa. “¿Qué es esto?”, le pregunta entre acusador, divertido y sorprendido al notar bajo la tanguita cierta dureza que amenaza con escapar. “Ah, ¿te gusta sentir la mano ruda de la autoridad?”, se burla medio ladeándolo, exponiendo una de esas nalgas turgentes, tocándola procáz, para que el otro sepa que puede hacerlo. James gime entre rabioso y avergonzado, no entiende, pero le gusta.

 

   Y viene la primera nalgada, dura, le pica, le arde. Sus brazos y piernas se estremecen, quiere soltarse, gritar, pero no puede. Y Shane, con el rostro rojo, mirando de la nalga rojiza a la tanguita, vuelve a azotarlo una y otra vez, intentándolo no pensar en su propia dureza bajo el traje de etiqueta a propósito para la graduación. Azota y azota, y su mano recorre la piel caliente. Con voz ronca le gruñe que se quede quieto o llama a todos para que lo vean así, amarrado, en pantaleta y excitado. El otro jadea, vencido. Shane desata sus piernas y lo obliga a dar la vuelta, atándolo nuevamente, exponiendo su espalda y nalgas rojas de vergüenza una y de nalgadas la otra. La telita se mete entre ellas. Inclinándose sobre esa cama, a su lado, las manos del catire lo recorren, palpándolo, sobándolo, pellizcándolo, halándolo y descubriendo los cachetitos, admirando la telita que baja entre ellas. Nalguea una y otra vez, duro, seco, le pica la mano, pero James, con ojos cerrados, jadea, se agita ante el dolor, pero mece sus nalgas, alzándolas. Le da y le da, y para cuando Shane meta la mano apartando la tirita, y meter nuevas cosas en… la situación, ya el otro lo espera con ansiedad, con la mordaza llena de saliva y bajas.

 

KEVIN RYAN Y JAVI ESPOSITO SE MIRABAN

 

Julio César.

ANACONDA DOS

enero 13, 2008

KLARK KENT TOMA VENGANZA

johnny-messner.jpg

matthew-marsden.jpg 

   Anaconda fue una película regular tirando a mala. La dos, Las Orquídeas de Sangre, sin tantos aspavientos, fue mejor, y en ella había personajes muy atractivos. Uno de ellos era Johnny Messner, Bill Jonson, el capitán del bote, quien se vio magnifico en su lucha con el cocodrilo, saliendo con la franela pegada al cuerpo y chorreando agua. Otro era el joven villano, el doctor Jack (¡herejía de nombre!) Byron, interpretado por Matthew Marsden. Es imposible no verlos e imaginar más jueguitos en la calurosa y lujuriosa selva, en medio del río y de la noche. Algo como: el capitán Johnson mira divertidamente fastidiado al grupo de ‘científicos’ que discutían si continuar o no después del ataque de la gigantesca anaconda. Adivina en esos ojos codicia. Desean el descubrimiento científico, pero también dinero, fama, reconocimiento y poder.   

   Eran unos tontos. Pero a él no le importaba, estaba dispuesto a hacer regresar el bote, nada valía más que su vida, o la de cualquiera de esos tontos engreídos, comenzando por el jefe de la expedición, el angelical doctor Byron, con todo y su culito altivo y vistoso, quien utilizaba su atractiva personalidad para imponerse. Sonríe con desdén, con él eso no funcionaría. El tipito le había ofrecido más dinero para que continuara navegando, pero no lo haría. Los oye gritarse, observa como todos se marchan a sus catres. Por esa noche habría paz. Fijando el rumbo y cediéndole el mando a su segundo, otro culito bueno, rebusca sobre el mesón en busca de su pipa pero no la encuentra; maldita sea, le gustaba darle unas calada antes de dormir. Al entrar a su diminuto camarote encuentra al doctor Byron, sonriente, desnudo, dorado y hermoso, de espaldas en su cama, con las piernas flexionadas, abierto, metiéndose la boquilla de la pipa en santo y secreto lugar, lentamente, hondo, agitándola un poco, mientras sonríe mórbido.   

   -Debemos hablar, Johnson, tal vea podamos llegar a algún arreglo satisfactorio para los dos… -y  bota aire retirando un poco la pipa antes de meterla.- Encontré su pipa, pero es un feo habito. Pruebe mejor un yogur antes de dormir… -señala un pote del lácteo sobre la mesita.   

   Lógicamente el capitán, sonriente, acepta la propuesta de ‘dialogo’ y va hacia él, quitándose la franela y mostrando su torso recio, pensando en que debía cambiarse para comer ricos bocados, aunque personalmente odiara el yogur. Le saca la pipa y ocupa el lugar con su boca viciosa, raspando con las mejillas, aliviando con saliva tantos ardores, sonriente al escuchar suspirar al otro. Sonrió más al oírlo gemir que la lengua estaba quemándolo. Era cierto, pero no estaba tan caliente como el buen pedazo de carne que obligaría al científico a comerse, antes de llenarlo todo con él. Sí, podía seguir el viaje si el doctorcito olvidaba los yogures, aunque podía convencerlo de tomar toda la leche que quisiera, sí se comía todas las noches su buen trozo de carne… 

JAMES FRANCO… OTRA NOCHE DE GRADUACIÓN

Julio César.

KLARK KENT TOMA VENGANZA

octubre 30, 2007

smallville.jpg

Ese morenote atendiendo a ese catirito…

   Hay series de televisión, o películas de cine o video, que aunque malas, logran atrapar la imaginación por un rato, por sus personajes o por una escena en particular. La serie SMALLVILLE, que es muy buena, es una de esas. Ya en el primer episodio, cuando el catire Whitney, celoso de la amistad de Clark con Lana, lo detiene ayudado por sus amigos, aprovechando que está débil por la cadenita con la piedra de kriptonita, lo desvisten y dejan atado en ese sembradío, había material. El catire metiéndole manos y desnudando al atlético chico debilitado que no puede defenderse de sus avances. Había algo tan homoerótico en todo ello, en los gestos y hasta belleza de la escena, que invitaba a fantasear.  

   Imaginen al sexy Clark, más tarde, molesto, buscando a Whitney, quien cruza y atraviesa un camino boscoso para llegar a su granja, y de pronto el moreno le cae encima, con su súper fuerza, derribándole. Imaginen a Clark reteniéndolo con su cuerpo contra la grama y diciéndole que ya estaba cansado de él e iba a pagárselas toda. Con su fuerza le baja los pantalones, arrojándolos al viento, así como el bóxer, y le rasga la franela. Witney patalea, pero no puede librarse, ni hacer nada cuando la boca de Clark cae sobre una de sus tetillas dándole una chupada de antología, al tiempo que con dos dedos frota y acaricia cierta entrada baja, antes de meterse con ellos, recibiendo poco antes la invitación de unas piernas que se abren más.  

   Sí, Clark lame y  mete dedos, mientras Whitney se revuelve, suda y brilla todo su cuerpo, pero ya no arrecho, sino alzando las caderas cuando comienza a disfrutar de todas esas atenciones, que no terminarían hasta que el catire, montado a hojarasca, cabalgara sobre la súper… Bueno, el desquite de Clark será de pronóstico reservado y esa tarde Whitney acabará con todas las represiones, dejando de fingir que le gustan las chicas y Lana, convirtiéndose en miembro de cierto harén donde Lana, Cloe y Loise ya están…  

   Seguro pueden pensar en otra fantasía, ¿verdad? 

ANACONDA DOS

Julio César.