Archive for the ‘FORCE’ Category

CRECIMIENTO PERSONAL

noviembre 13, 2018

PIGMALION

   Vainas que pasan…

   -¿Qué coño ocurre aquí? –atraído por los gritos ahogados, de pánico, me acerqué al sótano del edificio donde vivo y me encuentro con aquella escena, el malandroso marido de la conserje sometiendo a sus desmanes a un pana mío, casado y completamente heterosexual (lo sé), teniéndole amarrado, amordazado, los ojos cubiertos, mientras le metía duro, bueno, no un dedo sino…

   Mi llegada y voz provocaron que este amigo se retorciera, presa de pánico esperanzado, queriendo llamar mi atención, pero la mirada que me lanza ese sujeto…

   -Lárguese, amigo; este es un asunto entre el señor y yo; no me gusta la forma en la que trata a mi esposa porque no coletea como él quiere frente a su puerta. –gruñe el tipo con gesto torcido.- Conozco bien su tipo arrogante y prepotente por falta de frenos del resto. Yo voy a ponérselos. Voy a educarlo, soy bueno en eso. Primero le enseño modales; si, parece que sufre, que abuso, pero dentro de un rato lo escuchará lloriquear al borde de un intenso orgasmo como si el mundo se le fuera a acabar. Lo va a desear y tal vez le deje llegar, si ruega bastante, aún no lo decido. Claro, después de esta lección ya su vecino no será el mismo, pero los verdaderos hombres del edificio no nos quejaremos si hay una putita nueva por ahí, ¿verdad? -todavía me guiña un ojo, todo gañan.- ¿Se queda a mirar?, ¿quiere probarlo después?, ¿o desea que lo eduque también?

Julio César.

ACOSTUMBRAMIENTO

noviembre 6, 2018

PIGMALION

   A veces un hombre debe tomar el control.

   Cansado de la actitud del capitán del equipo, que les costaba vitorias al no escuchar indicaciones y vivir peleándose con el resto del equipo, el nuevo entrenador tomó cartas en el asunto. Después de otra derrota le llevó a su oficina, la cual este no pisaba desde que era el nuevo director, sorprendiéndole encontrar allí un camastro con barandales metálicos. El hombre le gritó que era un imbécil, eso le molestó y replicó; era un gallito de pelea tan talentoso que no necesitaba ni de ese equipo de porquería ni de un entrenador de mierda. Eso le escupió, creído y confiado hasta que el tonificado oso se le lanzó encima, abofeteándole, rodeándole el cuello con un brazo, alzándole en peso contra su cuerpo, como si fuera tan sólo un muñeco de trapo, ahogándole.

   Primero furioso, luego alarmado y finalmente asustado mientras el mundo se iba desvaneciendo en la inconsciencia, el atleta peleó bastante, pero fue derrotado por un macho más grande; eso le dijo el otro a un oído, riéndose. Y despertó para esto, para verse atado al camastro y sobre su rostro sucediéndose uno tras otro los húmedos, calientes y muy apestosos protectores de cada uno de los tipos del equipo, y era obligado a oler de ellos.

   -Maldito imbécil, esto lo pagarás. ¡Lo pagarás! –le gritó, ahogado tras el protector que olía bastante, mirándole sonreír divertido, revisando en una cesta grande sobre su escritorio, tomando otro como estudiándolo.

   -Dentro de dos días no podrás ni respirar sin tener uno de estos encima de tu nariz. Ese olor se te hará más necesario que el aire que respiras. El olor de los entrepiernas de tus compañeros será para ti como el más dulce perfume, uno que amarás y necesitarás. Y que buscarás siempre en los vestuarios.

   Eso le había dicho ayer y, estremeciéndose, luchando con las ataduras, se desespera… porque se eriza y se agita olfateando larga y profundamente, esperando con ansias el cambio por uno “nuevo”, todo fragante. El otro hombre, de pie, le mira y sonríe como adivinándole.

   -Rico, ¿verdad? Falta poco para que ames a los hombres de tu equipo; por ahora es el aroma, pronto el sabor a macho te dejará desmayado. Y les harás muy felices olfateando entre sus piernas, y usando tu boca y tu lengua para complacerlos después de una práctica o un juego. Especialmente a mí. –se tendió para verle.- Verás, por cada dos de esos protectores que hueles, disfruta de uno usado por mí. –le aclara, quitándole el que le cubre la cara, tomándole de la nuca y acercándole a su entrepiernas.- ¿Lo sientes? ¿Notas como te erizas?

   Y el atleta casi quiere gritar, cuando horrorizado, nota que toma una sonora olfateada, mareándose de voluptuosidad. Antes de tener la cara cubierta por otro sacado de la canasta. Más húmedo de sudor, más oloroso. Más excitante.

   Iba bien, pero todavía le faltaba, se dice el entrenador con una risita; y había que creerle porque, de esas cosas, sí que sabía.

CRECIMIENTO PERSONAL

Julio César.

NOTA: Me quedó largo, pero es que la imagen animada ofrecía mucho material.

PASION POR EL CUERO

octubre 20, 2018

PIGMALION

   Probar fue el problema…

   Gimotea apagadamente, con cachondez vergonzosa, con voluptuosidad que no entiende cuando lame y chupa de ese dedo, como el compadre le ordenara con una risita ronca, ofensiva, y un “hazlo, perra”. Casado, con un trabajo respetable, con hijos grandes y hasta un nieto, le dijo que le gustaría probar el cuero, a ese amigo de siempre, que vivía en moto perdiéndose en carreteras ignoradas, con una chica detrás, a veces con un bello muchacho. Había hablado de las ropas, viéndole cambiarse, mejillas algo rojas ante las tiras que cruzaban el velludo pecho del otro. Y este dijo que podía enseñarle; “Aprovechemos que la comadre está fuera con los muchachos. La verdad es que hace rato me parece que anda falto de un duro cuero”. Que le desnudara y vistiera con esas prendas fetichistas no era lo que esperaba, o eso se decía, caliente y cachondo, el otro ordenándole caer de rodillas y abrir la boca, o ponerse en cuatro sobre la cama. Y mientras le tomaba, le decía que así era como un hombre de la carretera trataba a los amigos maricones de armarios, que se preguntaban cosas sin atreverse a probarlo, asegurándole que sí, que eso quería, que eso era en su cabeza, una sucia perra. El olor a cuero y a macho sudado sería lo que siempre recordaría este amigo de esa salvaje tarde con su compadre, algo que, decidido, aunque le doliera, ya no se repetiría o podría terminar mal. Así que la sorpresa fue grande cuando el otro, al terminar, le arrojó otras prendas de cuero, unos pantalones que dejaban el culo afuera: “Vamos, vístete, vamos a un bar cercano donde los chicos siempre nos las compartimos a ustedes, las nuevas nenas. Estoy seguro de que te encantará la faena”.

ACOSTUMBRAMIENTO

Julio César.

INCOMODO ENCUENTRO

octubre 9, 2018

PIGMALION

   ¿No odian cuando pasa?

   -¡Es él! -gime la mujer.

   -No, no puede ser. –niega un hombre con fiereza, mientras el joven alza la mirada del piso (donde debe posarla siempre según su amo) hacia la puerta abierta del apartamento.

   Ya no recuerda mucho. De noche, cuando sueña, cree recordar una vida que parece la de otro, un chico universitario alegre con varias novias, con muchos amigos y siempre de parranda, hasta que se accidentara frente a ese edificio, el viejo motor jodido, y aquel hombre le dijera que subiera a su apartamento para que llamara una grúa, encontrando el lugar lleno de jaulas para perros, de látigos, correas, collares y mucho cuero. Olor que le mareó, aunque no tanto como el trapo empapado con algo que cree aplicó el otro a su nariz. Todo era difuso, no sabía si pasaron días, semanas o meses de ser atado, azotado, de no poder dormir escuchando la voz del amo. Días y días de ser tomado de todas las maneras en todas las posiciones, siendo educado, acondicionado, reducido a su nuevo papel de cachorro. Ahora, por fin, su dueño sale a exhibirle en la cuadra… y se encuentran con esa pareja madura.

   ¿Acaso sus padres?

   -Vamos, perro. –el hombre ordenó y, orgulloso, meneando su cola, le siguió.

PASION POR EL CUERO

Julio César.

QUEBRADOS

agosto 28, 2018

PIGMALION

   Los juegos previos siempre divierten…

   Los dos jóvenes gañanes se estremecen de rabia y pánico, luchando por libertarse, recordando las risas del sujeto al que vieron cuando se les pasó la inconsciencia de aquellos tragos brindados después del juego. Bebidos imprudentemente. “Esperen aquí, cuando regrese con los chicos comenzaran los entrenamientos para sus nuevas vidas, de servidumbre y esclavitud sexual a los pies de los hombres que los compren. Sujetos que esperan ciertas… suciedades y degradaciones de su parte. Tranquilos…”, agregó al verlos agitarse más; “ya les enseñaremos como satisfacer a sus amos, no teman por eso. Esperen aquí”, agregó saliendo y riendo. Atados, amordazados, sin saber dónde están, quién los tiene o si alguien notó que se los llevaban, se revuelven contra sus ataduras. Para escapar de ese horrible destino de chicos domados que satisfacen caprichos que les prometen, pero, claro, no pueden. No, no van para ningún lado, tan sólo a donde, al final, digan sus amos. Para siempre.

INCOMODO ENCUENTRO

Julio César.

UN OSO PARA LA ESCENA

agosto 14, 2018

PIGMALION

   El truco era domarles, enseñarles…

   El hombre se estremece, de rabia y pánico, viendo a ese chico flaco y cruel, casi un adolecente, con aquellas jeringas. “Lo siento, pero los hombres calientes como yo, a mi edad, necesitamos tener a mano a quien nos de alivio usando su boca… o cualquier otra entrada”, dice y ríe, indiferente a sus gruñidos de ira y súplica, inyectándole una tetilla y luego la otra, cosa que le hace gritar. “Ya, ya pasará. Luego hasta la brisa o el roce de tus camisas de sedas te volverán loco, deseando tocártelas, pellizcarlas y halarlas; quedarás necesitado de dientes que muerdan. Esta…”, enseña otra, llena de un liquido claro, “duele un poquito más, lo siento, y su empleo es más delicado, así que te dormiré nuevamente, como cuando te quité el pantalón y tu bóxer y te puse eso, y los ganchos y la mordaza… Debo inyectártelo justo en las paredes del recto. Por eso el suspensorio, también se te pondrá tan sensible que no soportará nada, como no sea vivir metiendo dedos, juguetes u hombres para calmártelo”. Eso le hace gritar más y más, luchando con las ataduras.

   “Tal vez te parezca cruel, especialmente porque los cambios serán permanentes y aunque me odies no soportarás que te medio pellizque una teta o te toque con un dedo para que me supliques cariño, eso te mojará y derrotará; pero entiéndeme, a mi edad necesito no un compañero, ni novia siquiera, sino alguien disponible siempre y que ame mi cuerpo, que quiera chupar y lamerlo, que siempre quiera lo que mis bolas producen, que lo tenga caliente y mojado cuando se lo enchufe. Y que siempre quiera más. Por eso lo hago, tío. Y gracias por aceptar que viviera en tu casa después de que papá me echara, por científico loco, de su apartamento”. Le sonríe, como si fuera un niño bueno, aterrorizándole más. “¿Comenzamos ya con los cambios perpetuos”, y acerca la mascarilla de gas a su velludo y tembloroso cuerpo…

QUEBRADOS

Julio César.

PIGMALION

febrero 15, 2018

PROBAR

   Luchaban… ya no tan machamente.

   -¡Jajajaja! -rie el cruel Abdullah viendo a los recios tíos luchando por soltarse de las no tan ajustadas cuerdas, con las cuales ya no podían, porque aunque más grandes, acuerpados y poderosos, tenían la fuerza de dos gráciles nenas.

   La risa desespera a los dos ex guerreros que batallan aún más para liberarse, frotándose, tocándose… excitándose a pesar de todo. Así como no pueden dejar de mirar al hombre sentado en su trono, que les observa con burla, maldad y codicia, evidentemente bien duro bajo su bata, se dicen que lo hacen para vigilarle, aunque la verdad es que no pueden apartar los ojos de esa protuberancia, ni dejar de sentir esos calorones que los recorren. No pueden desentenderse del hombre se los había dicho desde el principio, el primer día que fueron capturados en el desierto por las tropas reales por invadir territorio santo: los dos decadentes marines serían castigados y llevados a la obediencia del buen Abdullah; se les transformaría en sujetos aún más musculosos y culones, sus penes disminuirían y ya jamás se erectarían otra vez, y que terminarían deseando servir a todos los machos de las tribus del desierto. Que jamás escaparían de ese lugar, y que aunque lo lograran ya los cambios serían irreversibles. Que su destino estaba en lucir ajustadas, chicas y sensuales prendas de seda, y diademas y collares en sus cuellos, en el harén del príncipe, quien los compartiría con sus amigos.

   -Bien, bien, infieles, para continuar su aprendizaje es hora de que comiencen a aprender a vivir llevando estos objetos producidos por su decadente modelo de vida, enterrados en sus culos. –se los muestras, dos gruesos y largos juguetes de goma, cada uno en una mano, intensificando en los otros dos la lucha contra los amarres… y los intensos calorones de sus carnes.

UN OSO PARA LA ESCENA

Julio César.

SARGENTO CASTIGO

diciembre 14, 2017

PROBAR

   El hombre disfrutaba de su noble tarea…

   El joven sujeto grita, insulta, amenaza y lloriquea, incapaz de creer que aquello en verdad le esté sucediendo; que un enorme uniformado, un policía rudo aunque guapo, haya entrado a su casa y ahora le esté azotándole el trasero mientras le grita que cada vez que se porte mal volverá y lo castigará. No, aquello no podía estar pasando, se decían, llorando a lágrima viva, todos los jóvenes infractores, humillados, siendo nalgueados frente a sus madres, o padres, o las suegras o las esposas. El sargento Vergatti, de casa en casa, impresionante con su uniforme y porte, habló con padres, parejas y representantes, ofreciendo aquella “ayuda” para mantener por el buen camino a los chicos, desde liceístas y universitarios a todo tipo de carajos, aún profesionales. Muchos padres (y tipos con hijas pocos sensatas a la hora de elegir novios), recibieron dicha propuesta como un cielo abierto. Así que le permiten la entrada a las viviendas y que les azote. Todo por el bien de los muchachos. La primera vez serán azotainas en la intimidad de sus cuartos, con el pantalón en sus tobillos; si hay necesidad de una segunda será frente a sus padres, o la pareja, sentados alrededor, mirándole ser nalgueado mientras grita y llora… Si hay una tercera, bien, sería en el porche de las casas, a la vista de quien pase. Nadie llegaba a la tercera, aunque, siendo sinceros, más de uno de aquellos chicos, rojos de vergüenza y con las miradas bajas, le pedían azotes en la privacidad del auto policial estacionado en algún lugar baldío. Para poder continuar “siendo buenos”.

……

   Llevar a los muchachos por el buen camino es un trabajo de toda la vida, casi un apostolado, como bien sabe uno que otro MAESTRO.

PIGMALION

Julio César.

DISCIPLINA ESCOLAR

noviembre 21, 2017

PROBAR

   Era malo cuando le ocurría a uno…

   Todos guardan silencio mientras Jiménez baja su pantalón y adopta la pose. El profesor castigará con severas nalgadas el que alguien hablara en clase. Pronto Jiménez estaría doblado sobre el escritorio, su trasero alzado, y el hombre, frente a todos ellos, le azotaría hasta hacerle gemir y lloriquear, meneando el trasero como si lo alejara de aquella palma. ¿Qué era un castigo terrible?, así lo pensaba la mayoría de los chicos presentes; pobre Jiménez… que no podía, como ellos, ponerse duro viendo aquello. Porque ver las palmadas, escucharlas, así como los gemidos del compañerito sometido, siempre era caliente. Aunque el profesor sabía mejor, si, a la mayoría de los chicos les gustaba mirar, pero a Jiménez le gustaba más el recibir las nalgadas, por eso siempre admitía culpas que no era suyas. Sabía, aunque lo callaba, que a veces el joven se corría sobre su mesón cuando le bajaba el calzón después de un rato y le daba sobre las muy rojas nalgas, sabiendo que sus compañeros, bajo las mesas, se sobaban con ganas de ver que le hicieran mucho, pero que mucho más.

Julio César.

NOTA: Vaya, cómo gustan los cuentos de nalgadas…

CONOCIENDOSE

septiembre 25, 2017

PROBAR

   Era tan vergonzoso e indignante…

   Chilla y muerde la bola de goma, ardiendo de vergonzosa lujuria, la saliva escapando de su boca como los jugos de su agujero. Joder, era un marine (de momento de descanso), había sido campeón en el futbol universitario, macho entre machos, y allí estaba ese hombre dándole duro, rugiéndole que la apretara y halara como un buen puto. A solas en el gym, esa noche, retrasando un poco el momento de llegar a casa con su esposa y las niñas descubrió a ese tipo mirándole fijamente; creyéndole un viejo marica, y tal vez esperando una propuesta o una pedida para que se dejara chupar en ese sitio, sonrió. No esperó un “tienes cara de puto caliente muy mal atendido”. No supo qué ni cómo pasó, pero fue tocado, su trasero manoseado, volteando en esa máquina, su pantaloneta bajada y tomado, con fuerza y rudeza, entre gruñidos de “sé lo que necesitas, princesa”. Cuando por fin comenzó a protestar, su virgo ya perdido, esa bola cubrió su boca, junto al “silencio puta, sólo disfruta”, y ya no supo más de sí, como no fuera entregarse y dejarle hacerle lo que quisiera, caliente como nunca antes en su vida aunque ni él mismo lo entendiera. Gruñe, se estremece, muerde la bola de goma y lo aprieta con ganas, hasta que oye risas y aplausos y se encuentra, ojos  vidriosos, con que varios tipos han llegado y les miran. “Oye, ¿te molestaría compartir a ese marica?”, le pregunta uno a ese sujeto. “No, y creo que él lo necesita”. ¿No iba a estallar con fuerza dentro del suspensorio, la primera de las muchas de esa noche, sin tocarse siquiera?

DISCIPLINA ESCOLAR

Julio César.

ENCUBIERTO

agosto 10, 2017

PROBAR

   Algo siempre los delata…

   Los dos hombres miran mientras el muchacho farfulla, ojos llenos de ira, forzando sus amarres al tiempo que les exige, con gestos, que le liberen o se arrepentirán por algo que no saben. El sujeto al que abordó en la cantina de motorizados, con la chaqueta de cuero, tatuajes y feo bigote, se le cerca.

   -Quieto, cachorrito, sé que eres importante. ¿Acaso crees que no sabía en cuanto entraste que eras un agente de la DEA que deseaba infiltrarnos? –se burla, congelándole.- Si, lo sabía; en el orden natural te habríamos dado un golpiza o cortado las bolas, pero le debemos dinero a este sujeto… -señala al tipo dos pasos más atrás, muy pálido, de cara muerta.- Y tienes algo que sabemos le gusta: un dulce territorio virgen a ser explorado. Dos, contando tu boquita bonita. –y ríe de su angustia.- Oh, no te asustes, ya te dije que tenías lo justo. En cuanto hablamos, mientras intentabas hacerte un duro, supe que eras un marica sumiso latente, aunque tú mismo no lo sabía. –el muchacho se revuelve, furioso.- Oh, sí, lo eres, no lo sabes, pero lo eres. Con este amigo encontrarás tu lugar en la vida, ser un desnudo, degradado y sometido juguete sexual; pronto conocerás la alegría del amor anal que sólo un hombre puede proporcionarte. Prepárate, esta noche parten juntos, y su casa está muy lejos y muy apartada en una fría montaña. No es bueno estar tan solo en esos largos días de invierno. Nadie sabrá dónde terminaste, o dónde buscarte. Nunca volveremos a vernos, así que adiós, muchacho; disfruta tu nueva vida, ya no tendrás que ocultar tu mariconeidad. –riendo se aleja mientras el chico se revuelve más, congelándose, casi reptando en la cama, alejándose, cuando el otro se le acerca.

   -Bienvenido a tu nueva vida, pequeño marica. No será fácil, te lo advierto, pero al final te gustará todo lo que te haga, y olvidarás lo demás, hasta tu nombre. Seremos tan felices… –alza algo en sus manos.- ¿Alguna vez habías visto un tapón anal? Es algo grueso, pero…

CONOCIENDOSE

Julio Cesar.

NOTA: Sólo son cuentos, ¿eh?

COMPENSACION

febrero 21, 2017

PROBAR

atrapado-por-los-hombres-malos

   Trabajo social…

   Mientras ríen y le dicen que grite como una nena, los hombres, después de atarle y desnudarle, pellizcan, dan manotazos y meten dedos, dominados por la lógica de la horda, había llegado el momento de gozar con la venganza, y eso los tenía duros, la idea de ser varios tomándola. El tipo gritaba que los mataría, que llamaría a la policía, que lo pagarían, pero la desesperación, y el miedo en el tono de su voz y la mirada, era toda la droga que necesitaban para descontrolarse más. Harían justicia, ese carajo se había acostado con las novias y esposas de varios de ellos dentro del edificio, y no contento con eso, que lo habrían entendido aunque molestara, se vanagloriaba de ello contándoselo a todo el mundo. Por ello, cuando regresaba de madrugada de otra escapada mancillando la virtud de otro matrimonio, le atraparon y arrastraron al sótano. No se habían puesto de acuerdo en qué le harían, hasta que uno de ellos alegó que si había usado a sus mujeres, que le usaran y fuera la perra de todos.

   Y entre risas, jadeos de gozo y rabia, calientes como nunca, lo tomaron, por turnos y en grupo, y no parecían quitárseles las ganas, porque en cuanto uno acababa, viendo a los otros, se emocionaba de nuevo. Todos estaban sorprendidos de lo rico que aquello era, especialmente cuando el tío comenzó a gemir y apretar y tragar golosamente con sus agujeros, comprobando algo que imaginaba el de la idea, que ese tipo se preocupaba mucho por su pinta de terror de las mujeres. Compensando que seguramente era un gran marica de armario, como tantos atormentados carajos que por ahí andaban, torturados por la inconsciente falta de machos. Posiblemente habían muchos por ahí, en ese momento, deseando encontrarse en el lugar de este carajo. Bien, ahora sería la putita de los chicos de la cuadra, se dijo, sonriendo, atrapándole la cintura y ocupando, por tercera vez, su lugar, imaginando la próxima “cita”, cuando entre risitas y silbidos le quiten alguna bonita pantaletica.

ENCUBIERTO

Julio César.

TRIBULACIONES DE UN CHICO SUMISO

enero 20, 2017

PROBAR

el-chico-en-la-tanga

   Qué mal que el jefe sea un tío tan dominante…

   Que las cosas terminarían mal, lo presintió el muchacho cuando entró de pasante en aquella fábrica y el jefe, un cuarentón recio, de vozarrón fuerte, y de pecho y brazos velludos se rió de su cuerpo enclenque, de su culo grande, de su falta de vello facial y voz suave. Él era un machito como todos, tenía su novia y todo, pero el jefe, en la oficina, le tocaba y le sobaba la nalgas, se lo sentaba en las piernas, burlándose de su falta de hombría. A veces le obligaba a hacer su trabajo de oficinista, sentado en su regazo, a la vista de quien llegara, alegando que era un “mariconcito” que tenía para que le hiciera un trabajito, riéndose, agitando su entrepiernas en ese momento, arriba y abajo. El chico quería renunciar pero no podía por el contrato de estudios, ni se atrevía alegar acoso porque tendría que poner una denuncia y sus padres, hermanos y amigos lo sabrían, y verían, ya algunos le tomaban foto cuando el jefe lo abrazaba, o lo empujaba contra una pared y fingía que copulaban. Todo se puso peor con los regalos: vales para que se diera obligatorios masajes y depilados; ropa ajustada de telas que clareaban; las tangas oscuras que se adivinaban bajo el pantalón. Tenía que usarlas o, gritado al rostro, el jefe le decía que le obligaría en los vestuarios a cambiarse, delante de todos, que una nena no debía usar sino pantaletas. Joven, tímido, confundido y cohibido ante el macho alfa, cedía, debiendo trabajar ahora, temblando, sobre su regazo, sólo en tangas, sintiéndole como duro bajo su culo. La jaula amarilla de castidad para que no jugara con su cosita… aquello había sido, recuerda casi llorando, demasiado; pensó que era lo peor. Pero no, era esto de ahora, en el maldito viaje a la playa del grupo, cuando camina con la tanga y la jaula frente el resto de los compañeros, que le miran usando esas vainas, entre sorprendidos y divertidos, algo calientes, y el sujeto, algo ebrio, rugió con su vozarrón, pegándosele de la espalda:

   -Bien, amigos, terminó el paseo, hora de regresar a casa. Lolito, mejor dicho Lolita y yo nos quedamos esta noche en una de las cabañas, ya es hora de que mi linda chica sepa cómo es que un hombre de verdad, ama.

COMPENSACION

Julio César.

TERAPIA DE CHOQUE

octubre 7, 2016

PROBAR

un-negro-nalgueado

   Mano dura y ternura.

   -Deja de lloriquear y quédate quieto. –le reprende.- Claro que te duele y te arde, te nalguea un hombre. Pero sé cómo calmártelo luego, puta, chorreándote con mi cremita especial que tanto te gusta. –se burla.

   En cuanto su hermana llevó a ese tipo a la casa, supo que era un faltón, un sumiso reprimido. La primera vez que tomaron cervezas, en la piscina, él junto a sus otros hermanos, unos rolos de hombres, el tipo pareció babear. Mientras más tomaba, más princesa se volvía, y entonces sí que tragó una buena carga espesa y caliente, con el bañador en las rodillas y un dedo bien metido, en un rincón apartado del jardín. Claro, mareado como estaba, de cervezas y esperma, no vio la cámara hasta que a los días le presentó las fotografías. Se quiso poner correoso, pero conociéndole ya, sabía que podía tomarle y le dio los primeros azotes para calmarle.

   Ahora, cuando estaba en casa, con su hermana, le enviaba una imagen de recordatorio, exigiéndole que se presentara en su cuarto llevando alguna tanga de la muchacha. Cuando tardaba, o debía llamarle dos veces, o no le gustaba la pantaleta que usaba, primero le azotaba y luego le amaba, con ternura entre sus piernas. La verdad era que siempre buscaba una excusa para darle… en todos los sentidos. Así lo controlaba.

TRIBULACIONES DE UN CHICO SUMISO

Julio César.

LA DURA MANO DEL MENTOR

marzo 30, 2016

PROBAR

EL TRASERO AZOTADO POR EL JEFE

   -¡No, no puedes coquetear con las secretarias!

   Nada de lo aprendido en la escuela preparó a Joe Santana para la vida laboral real. Joven, atlético, guapo y bien preparado académicamente pensó que todo sería coser y cantar, como lo era consiguiendo amigos y chicas que abrían las piernas para él, hasta comenzar a trabajar con aquel conocido de su papá, donde pensó que todo sería fácil. Pero el hombre tenía sus… métodos de dirección. Pálido le ve al final del pasillo que lleva a su despacho, quieto, severo, haciéndole un gesto con un dedo para que se acercara. Tiembla todo mientras  se encamina, intentando ignorar la mirada burlona de su asistente. Recuerda la primera vez que le llamó para “discutir” su tercera llegada tarde. Todavía sonriendo, bullendo en escusas entró a la amplia oficina, para gritar al segundo siguiente cuando el hombre le atrapó el cabello engominado, halándoselo, guiándole hacia su escritorio. Exigió que le soltara, peleó con él, pero el puño en su cabello y la mano de hierro que atrapó su muñeca no le dejaron escape. Su hermoso, joven y vigoroso cuerpo no le ayudó en esos momentos. Aplastándole contra la mesa el hombre le explicó, en tono mesurado pero autoritario que había reglas a cumplir, pautas de comportamiento que esperaba de él, y lo decía nalgueándole, duro con su mano fuerte, que subió y bajó rítmicamente. Joe gritó más, se revolvió, lo llamó loco aunque el hombre le advertía que callara o lo lamentaría; no dejó de pelear pero no pudo despegarse de ese mesón mientras era azotado.

   Todavía gritó más cuando el hombre cayó en su sillón y le haló, obligándole a caer de pansa en su regazo. Y allí continuó palmeándole, cada vez más duro. Joe, que ignoraba cuando comenzó a sollozar, con lagrimas bañándole la cara, sentía que las nalgas le ardían y dolían, mucho… mientras su miembro estaba increíblemente duro bajo sus ropas, latiendo inequívocamente contra el regazo del hombre. No quiso aceptarlo, por ello luchó cuando este, con mañas y sapiencia, le bajó el pantalón y el largo bóxer, recibiendo en directo duras nalgadas y firmes sobadas, combinación que le hizo correrse sobre su jefe. Mareado, no sabiendo que pasó, salió de allí, deseando escapar y olvidar. Se quedó; dos afrentas más le ganaron otras duras tandas. Ahora, mientras entra le ve en su sillón, un hombre que tiene un gran parecido con su enérgico padre, apuesto, dominante, piernas abiertas, y que le espera. Espera sus inútiles escusas, que prometa que no sucederá de nuevo, que suba y su trasero sea expuesto. Y sabe que es lo que quiere, ¿o por qué si no habría cambiado su ropa interior por bikinis y tangas atigradas que hacían brillar los ojos de su jefe? La escuela de negocios no le dijo que en las firmes manos de un buen mentor podría convertirse en un asociado sumiso y caliente, siempre esperando “directrices”. La primera, la más esperada, es la que más duele y la que más le endurece.

TERAPIA DE CHOQUE

Julio César.