Archive for the ‘PERSONAJES’ Category

YORDANO, SIEMPRE POR ESTAS CALLES

septiembre 2, 2014

DORIS WELLS: NOBLEZA

YORDANO, EXITOS

   ¿Qué Canal decía tener más estrellas que el cielo?

   La vida de una persona puede medirse, si hiciera falta, por todo aquello que dejó, y deja día a día, a otros, como contribución u obsequio. Un hombre es grande cuando su sola vida es referencia de toda una era.

   A pesar de lo que los necios sostienen, Venezuela no siempre fue este precario campamento a merced de la violencia y la carestía, de tener que robarse algo, o mendigarlo detrás de un camión, para ver qué comer. Una vez éramos un país, con sus problemas (sociales, políticos, económicos), que sin embargo producía, que exportaba, que levantaba hospitales, fábricas, viviendas, escuelas y empresas privadas. Uno, con sus reales, iba a un mercado y compraba lo que le daba la gana, en la cantidad que quisiera, limitado únicamente por la cantidad de dinero. O los hospitales podían atender una fractura de un brazo, sacar un apéndice o provocar un parto, sin que fuera un drama de ruleteos o morirse en una ambulancia. Viajar se veía limitado por el patrimonio propio, se conseguían los boletos aéreos, se compraban dólares y se partía, sin necesidad de estar vigilado y controlado por nadie. Ahora todo es azaroso, transitorio, caro y prohibitivo. Y hay quienes desean hacernos creer que ese pasado nunca fue, que todo era terrible y que es ahora que todo está bien, que esto es un éxito, o que no es responsabilidad de ellos el haber llegado a este desastre. Para quienes jamás quisieron trabajar, o aprender un oficio, la cosa siempre fue difícil. Y tiene que serlo. Es una ley de la vida.

   De ese mundo que no era perfecto pero donde teníamos cosas y no sólo materiales (profesionales que atendían gentes de otras partes que venían por la calidad; recibir inmigrantes huyendo de lugares horribles; la posibilidad de trabajar y prosperar con esfuerzo), Venezuela contaba con grandes televisoras. Dos eran las principales, VENEVISION y RCTV (TELEVEN llegaría luego), que hacían nuestra delicia compitiendo entre ellos para ver quién se ganaba el favor de los espectadores, competencia donde todos la pasábamos bien. ¿No era una locura ver a Freddy Krueger a las dos de la tarde, atormentando chicos mientras en el otro canal había chicas tetonas en bikinis matando gente? Claro, había quienes lo criticaban, que si la violencia y los antivalores, pero ahora hay gente que vomita odio, groserías, que presentan niños con armas o que justifican y defienden torturas en celdas policiales, eso me parece peor. Parte de la producción de esos canales televisivos eran las telenovelas, que se hacían como chorizos, más de una en las tardes, dos en las noches, con talento nacional, presentado calidad, una que hizo de nuestro trabajo uno muy reconocido a nivel mundial, cediéndose luego el paso a las mexicanas, colombianas y brasileñas cuando la temática se estancó.

YORDANO

   Fue con una de esas novelas, Amalia (mexicana, creo), a la una de la tarde en RCTV, cuando aparece aquel hombre flaco, alto y como vestía de oscuro lo parecía más, de cabello muy negro, mirada algo desenfocada, muy pálido y voz algo enredada, presentándose a toda Venezuela con su Manantial de Corazones.

   Aquello fue una locura. Todo el mundo la cantaba, y las muchachas le veían hasta guapo. Era Giordano Di Marzo Migani, mejor conocido como Yordano. Su fama fue tal que en uno de los mejore programas humorísticos del país, Radio Rochela, que se burlaba de todo el mundo y de todos hacia guasa (eliminado por Hugo Chávez Frías al cerrar RCTV, cuando se hizo mofa de su insania mental y sus tonterías efectista en lugar de trabajar), se anunciara que tendrían como invitado especial al intérprete de Amalia. Tuvieron una semana en eso y todo el mundo andaba DON KIKO MENDIVEpendiente de ver al flaco italianón. Todos esperaban por Yordano y como reí cuando, finalmente en el programa humorístico, anunciándose con un “y con ustedes, el interprete de Amalia”, salió el señor Kiko Mendive, un genial humorista y artista completo, cantando la vieja guaracha de Amalia Batista; mis hermanas gritaron de rabia. Así de amado era ya ese hombre joven, así de buena era Radio Rochela, así de alternativas habían. A pesar de lo que los necios sostienen ahora para satanizar el pasado, que las televisoras antes callaban cosas, Radio Rochela era el espejo distorsionado por lo grotesco de las acciones presentadas, de todo lo que ocurría en este país.

   Durante años, Yordano fue sumando éxitos y reconocimientos, aunque por alguna razón jamás alcanzó la fama internacional de Ricardo Montaner, Franco De Vita o el Ilan Chester mismo, aunque este siempre vivió en un eterno semi retiro. Muestras ellos hicieron del mundo su ostra, Yordano se quedó en Venezuela. Me gustó saber, en su momento, que se había casado con Marialejandra Martín (la adoro), y me entristecióMARIALEJANDRA MARTIN saber que se habían divorciado. Recuerdo a una joven cantante, de esas que surgían como hongos al lado de una pared sombreada en esos años cuando había dinero para invertir en lo que fuera, Azabache, que en un programa deportivo se burló un poco de su gagueo al hablar y todo el mundo la criticó. Ella comenzaba, debía demostrar que tenía talento, Yordano ya era un astro. Tal vez por eso fue que su voz se requirió cuando se necesitaba de un casi himno nacional como música acorde para una novela “social” que pasó al sistema democrático de Venezuela para ese momento, carcomido por la corrupción, invadido en tribunales e instituciones por la complacencia a don dinero, por el microscopio de la denuncia: POR ESTAS CALLES.

   Los necios de siempre, ignorantes de su propio ayer, alegan complicidad de toda la sociedad con la corrupción y sus dirigentes en el pasado; los más insensatos lo repiten como si se les hubiera ocurrido o fuera cierto únicamente porque otros lo dicen, pero allí estaba aquella telenovela que denunciaba las mafias judiciales, que hablaba del contubernio entre fiscalía, jueces y abogados defensores reunidos en tribus que arreglaban GLEDYS IBARRA POR ESTAS CALLEScualquier desastre por dinero; donde se habló de médicos que robaban hospitales para cubrir sus clínicas (ah, el eterno doctor Valerio, siempre recuerdo cuando le dicen que una viejita está muriendo y él ordena que le hagan rápido dos tomografías para cobrarlas); así como la visión ciudadana irresponsable de ir haciendo como vaya viniendo, sin preparase, sin planear, sin tener en cuenta los problemas actuales para prevenir los futuros (que siempre son peores, y para muestra, la revolución); así como la dupla delincuentes y policías corruptos; se nos enfrentó al termómetro de la carga ciudadana ante la incapacidad del estado para brindar seguridad y protección, la admiración que se le tuvo dentro de la novela a un policía que tomaba la justicia en sus manos, el Hombre de la Etiqueta, que mataba a los irrecuperables (hasta una canción se le hizo usando un estribillo de la del Zorro: el Hombre de la Etiqueta al corrupto castigará). Apareció Rodilla, el niño de la calle, el huele pega, jefe de una banda de delincuentes juveniles, una realidad que no se quería ver, que se fingía desde el estado que no ocurría, tan duro, tan crudo que se le llamó la atención al Canal y debieron matarle (una realidad que no desapareció, sólo se disimula con hipocresía farisea cuando vemos los promedios de edades de la gente que comete delitos horribles hoy en día, quince años después del proceso revolucionario, pero los necios no quieren ver una relación en eso, debe ser culpa de los sionistas).

APRENDE Y NO SERAS ESCLAVO

   ¿Recuerdan esas citas al final de cada episodio? Bien, a Rodilla le aplicaron la medida de “corte”, por la misma razón por la que “matan” a Roberto Moll, quien personificaba a un poderoso capo del narcotráfico colombiano (Pablo Escobar Gaviria), que se enamora de una valiente maestra que le enfrenta en un barrio donde se oculta y el cual controla, y por ella hace cosas buenas y en nuestra inversión cultural se le comenzó a ver como un héroe casi romántico, como lo era Escobar Gaviria en Colombia para tantos, y un organismo que medio controlaba los contenidos televisivos dijo que “eso no era conveniente”. Y no lo era, un delincuente es un delincuente independientemente del nombre que se ponga. El organismo habló, RCTV escuchó y el personaje desapareció. Porque antes, aunque el gobierno de Carlos Andrés Pérez odiaba la novela y el Canal, así como los que llegaron después con quienes también se metieron, contra RCTV y su POR ESTAS CALLES, se iba por un contenido, se les multaba y se les podía sacar del aire hasta por dos días (un reportaje horrible de ALERTA, sobre un manicomio cercano a Caracas, lo logró), incluso podían usar esa excusa para intentar frenar  que se les criticara y señalara por la más espantosa corrupción a la par de una incompetencia supina, pero hasta allí. Cerrar medios de comunicación para que no denuncien los delitos y la insania mental desde el poder, la locura de un hombre, eso llegó después, con el ahora muerto, comandante Chávez Frías, quien ordenaba cerrar canales porque a él le salía del forro y esa era la única razón que necesitaba un régimen enfermo. Corregir, intentar hacerlo bien, daba trabajo, lo mejor era cerrar el canal noticioso que señalaba los errores, sobre todo, si de paso, se asustaba a los demás. Es la diferencia entre democracia y autocracia, en ambos puede haber un incompetente, un ladrón o hasta un loco que piense que puede encerrar y matar a sus oponentes (como al pobre señor Franklin Brito), pero las instituciones controlan en uno de los casos, un fiscal puede enjuiciarle por ladrón a un Presidente felón; el primitivismo de la horda fascista entrega a la sociedad a la barbarie, con el otro.

YORDANO, CANTANTE Y GLORIA VENEZOLANA

   Bien, está convaleciente el señor Yordano, del mal que parece que caerá media humanidad, una enfermedad maligna, el síndrome mielodisplásico, un tipo de cáncer que ataca la medula ósea e impide que se creen glóbulos rojos; dolencia contra la que luchará a brazo partido, y con el favor de Dios, vencerá. Se someterá a un trasplante de médula ósea. Que todo salga bien. Las oraciones de todo un país le acompañarán, como tiene que ser con un ser humano decente, bueno y honesto. Su anunció publico, a través de CNN, conmovió a todos; como tiene que ser, el cáncer asusta demasiado. Encontré gente, ese día, que casi lloraba contándomelo. Porque se le quiere, desde hace muchos y muchos años, y porque hemos perdidos a muchos y no nos da la gana de decirle adiós a otro gran venezolano.

   Por cierto, que recuerdo uno de sus últimos trabajos, un homenaje a los muchachos que luchaban contra tanquetas, fusiles y grupos violentos armados para quienes sí no hay leyes ni jueces; cosa fea y criticada en Palestina pero permitida aquí. Ya la voz no le daba, pero conmueve su entrega.

   Suerte, Yordano, estaremos siempre contigo.

Julio césar.

ADIOS A MI ADMIRADA ISA DOBLES…

agosto 4, 2014

DORIS WELLS: NOBLEZA

ISA

   Aunque mujeres como ella siempre se recuerdan.

   A Isa Dobles siempre la amé, lo primero que supe de ella, y nada más con eso me ganaba, era de su gran amistad con Alí Primera. Lo segundo es que era socialista (como lo fui también); pero de las de verdad, polémica y contestataria a todo lo establecido y que no respondía a las necesidades de las personas. Aunque familiar y afectivamente siempre estuvo muy cercana al partido Acción Democrática, a lo más notable de sus hombres y mujeres (cercana a Rómulo Betancourt, amiga de gente noble y notable como fueron los Leoni), a quienes conoció bien, sabiéndoles grandezas y flaquezas (su libro APUNTE QUE APUNTAN es muy bueno), su mente inquieta, su sentido de justicia la acercaba a quienes pedían por los “techos de cartón”. Fue una mujer valiente, agresiva en su pasión, pionera en muchos aspectos. Yo la amaba y le quiero, y no por eso dejaré de comentar, aunque ahora me moleste porque sería como empañar su memoria, que una vez se le conoció como La Novia de Fidel.

   Guardaba la mujer un cariño muy especial por el viejo y cruel dictador cubano, aunque hay que recordar que una estupidez generalizada de intelectuales y periodistas transformaron en un héroe de épica romántica las maniobras de un sujeto que tumbó a un dictador para autoproclamares tirano vitalicio. Ella también creyó en el engaño al que fue sometida generación tras generaciones de jóvenes latinoamericanos, cerrándole los ojos ante los hechos y esperando “ver” que sucedieran lo que esperaban o deseaban; lo que no dudo en señalar como responsable del retroceso social, democrático y hasta de libertades que ahora recorre tantos de nuestros países. No pudimos avanzar. Siempre nos ha parecido que un “presidente” es el dueño del país y como tal debe ser obedecido, haga lo que hiciera. Nos acostumbramos al personalismo, a sentirnos indefensos frente “al poder”. La concepción norteamericana y canadiense de que los funcionarios público sólo son eso, funcionarios temporales en un cargo que no les convierte en dueños, y que la ley está por encima de ellos y puede aplicárseles si se apartan de la línea, que es lo correcto, lo civilizado, nos suena extraño y hasta a locura. Es la herencia de los caudillismos. Y así nos va.

ISA DOBLES BELLA

   Por eso entiendo su ceguera temporal, sólo temporal porque Isa Dobles vio la luz al final del túnel. Pocas voces fueron tan claras y tan valientes enfrentando por la prensa la locura totalitarista de Hugo Chávez Frías, y el ocaso de rapiña del ahora tristemente célebre madurismo. Frente a este régimen monstruoso, Isa Dobles no sólo supo de qué lado colocarse, sino que terminó en amargos desengaños de sus ilusiones de juventud. Recuerdo sus programas, precursores de lo que fueron shows serios, de actualidad y concientización, como Venezuela Vibra, Pantalla de Plata, Operación Contacto y muchos otros, que abrieron camino a maravillas como A Puerta Cerrada, Alerta y a seriados como Archivo Criminal, denuncias tajantes sobre realidades que a veces no se querían ver, que los diferentes gobiernos debieron enfrentar, resolviéndolo o atacando a los denunciantes y paliando el problema. Algo se resolvía. Algo se hacía; tan distinto a la frivolidad de Portadas y de los noticieros actuales que gastan media hora en farándula, temerosos como están de los ataques de un poder abusador, auto censurándose.

   No fue Isa Dobles una mujer que agachara la cabeza, por eso se le cerraban puertas, se le perseguía. De ella siempre recuerdo en un programa que tuvo brevemente en Venezolana de Televisión (VTV), cuando no era una vergonzosa oficina cubana de control sobre la población, donde entrevistando al Conde del Guácharo se moría de la risa con sus cosas; fue grato verla reír así, la acompañé en ese momento de felicidad. Creo que esto ya lo señalé aquí, cuando una vez se presentó en la población de Guatire, para la celebración de un aniversario más del natalicio de Alí Primera, pensé en llegarme para que me autografiara el libro “Apuntes que Apuntan”; pero enfermé y fue mi hermana Melissa quien pasó una noche increíble reunida con esa gente que rió, cantó y contaron cosas bonitas. También la recuerdo, clara y tajante, felicitando a las mujeres de Valencia que enfrentaron el cobarde ataque del General Eructo, Luis Felipe Acosta Carles, esa miseria de ser humano que ordenó las atacaran por la espalda, en 2002, para hacérsele grato a Hugo Chávez Frías, lográndolo, llegó a ser gobernador del estado Carabobo, para luego tener que abandonar el país bajo la acusación de ladrón, sin que sea tocado o perseguido por un régimen delincuencial que encierra gente durante años sin que medie más que el deseo expreso de algún pichón de dictador en televisión. Esa vez dijo Isa Dobles que las mujeres de Valencia habían dejado su huella en la Historia de Venezuela enfrentando a la basura esa. Era su manera clara de hablar, una que hacía que la siguiéramos y esperáramos.

ISA DOBLES

   La muerte la alcanza a una edad todavía activa, complicaciones por una operación de vesícula, lo que tiñó el miércoles 30 de julio de tristeza. Supe la noticia en la oficina, estaba tomando café y al regresar, una amiga y compañera de trabajo, que sintonizaba Radio Caracas Radio, me lo contó, casi dándome el pésame por lo mucho que sabía me pegaría. Como fue. Mi pobre Isa, pero no crean, a una dama como ella no puede aplicársele ese adjetivo: ¡Qué mujer!

   Adiós, Isabel Oropesa; siempre te recordaremos, querida Isa…

YORDANO, SIEMPRE POR ESTAS CALLES

Julio César.

SIMON DIAZ, SE NOS HA IDO EL TIO QUERIDO SOBRE SU CABALLO VIEJO

febrero 20, 2014

DORIS WELLS: NOBLEZA                         …SEÑOR MANDELA

SIMON DIAZ CANTA

   Ción, tío Simón.

   ¿Existen las señales, los anuncios de cosas tristes? No lo sé, pero justamente esta mañana, antes del programa de Unai Amenábar en Unión Radio Noticias (poco de lo bueno que hay), escuché el segmento que lleva la hija de Simón Díaz, hablando de su preocupación cuando su padre, el querido tío Simón, preparaba un disco donde cantaría a dúos con otros, y este le decía que no se angustiara, que si eran venezolanos y amaban esta tierra, podrían hacerlo. Me hizo sonreír.

   En horas de media mañana me llegó un mensaje de mi hermano Eduardo, el cual es mucho más joven que yo y sabe mucho más de tecnología, ¡qué cosas no envía por correo! Su mensaje tenía un icono de una carita triste que lloraba: “se nos fue caballo viejo, se murió Simón”. Puedo imaginar su pesar porque debió ser parecido al mío. Confieso que la mirada se me nubló. Había vivido Simón Díaz tanto tiempo siendo ejemplo, referencia de buena gente, de decencia, de observador y practicante de las buenas costumbres y maneras, que ya le sospechábamos eterno. Un buen hombre, amante de su tierra y de sus costumbres, fue ese amor el que quiso y pudo compartir con todos nosotros. Fue, es y será, por siempre, un gran venezolano, un hombre que no sólo la quiso y la defendió, sino que la dejó muy en alto. Gracias a Simón Díaz, a todos se nos vio un poquito mejor en el resto del planeta de lo que estos tiempos oscuros dicen que somos.

   Siempre recordaré su “Caracha, negro”, con el cual incluso le parodiaban, con cariño, en tiempos más civilizados cuando la Radio Rochela se metía con todo el mundo. Su sonrisa era como su cuatro, su sombrero y su liqui-liqui, el equipaje con el cual recorrió su Venezuela y aún más allá de nuestras fronteras, dando a conocer la vida del campesino, del pescador, del andino y del llanero, del guayanés y del guaro. Le cantó a todo, y muchos cantaron con él, desde Gilberto Santa Rosa a Ednita Nazario, Danny Rivera, Franco de Vita, Mercedes Sosa, Ricardo Montaner (canción a dúo que quedó preciosa), y tantos y tantos, sería más fácil preguntarse con quién no lo hizo. ¿Quiénes no repitieron, en un momento dado, sus canciones? Por ahí dicen que pedazos de sus tonadas aparecieron hasta en esa seria juvenil musical, Glee; ¿puede creerse? Claro, era Simón Díaz.

   Pero se nos fue el tío Simón, era su tiempo como lo dictaba la vida, pero duele. Lo informó su hija Bettsimar Díaz: “Con lágrimas le anuncio al país que mi amado padre partió esta mañana, en paz”; cómo tenía que ser, como debe irse toda persona de bien, no a manos de la violencia, no con miedo, no con sufrimiento. Echarse a dormir y que el Señor apague su alma, tal vez brindándole descanso o paz, aunque no parezca así a los que quedamos atrás. Hoy, miércoles 19 de febrero, el país ha perdido una gloria, un bien nacional, un depósito moral del que podíamos, y aún podremos, extraer ejemplo.

   La vaca mariposa (Salsazar1), el animal que pare en el campo, algo tan cotidiano para el campesino; pero de la voz de Simón sabemos que es un milagro grande, la progenitora preocupada, temerosa de la suerte de su descendencia. Amor de madre.

   Alcaraván (Azrael010), el animal que asusta a todas a su paso, porque cuando canta anuncia que una mujer está embarazada, por eso se le espanta…

   Caballo viejo (Mellyjalu). ¿Tiene el hombre o la mujer de edad derecho a ilusionarse, a enamorarse otra vez? Simón decía que si, y que debía lanzarse para vivir lo que podría ser muy bien su última primavera florida, porque después de esta vida ya no había otra oportunidad.

   Dios, ¿qué será de la tonada ahora que ya no tenemos a Simón?

……

SE TE QUIERE, TIO SIMON

   Ahora comienza lo desagradable, lo triste. En estos oscuros tiempos que corren, cualquier homenaje que se le brinde, merecido mil veces, parecerá algo sesgado, partidista, mezquino. Pero no, mis compatriotas, Simón Díaz, su recuerdo, su presencia espiritual, está por encima de todo, él era, y es, Venezuela; él merece todas las distinciones, velatorios y reconocimientos. Todo nuestro amor, y por estos días, nuestro dolor, aunque no descuidemos todos lo demás.

GUSTAVO RODRIGUEZ, CHILE Y EL ODIO

ADIOS A ISA DOBLES…

Julio César.

NOTA: No debería comentarlo, no ahora cuando no quise incluir ninguna otra entrada, pero debo acotar algo. Qué orgulloso me siento de Venezuela hoy. El mismo día que perdemos a un gran señor, cuya partida duele como pocas cosas fuera del entorno familiar e íntimo lo hacen, las calles de Caracas y de toda Venezuela se llenaron con la gente que las ocupó, al grito indignado de lo ocurrido con Leopoldo López, por su vía crucis, por el abuso y la injusticia de un régimen corrupto, incompetente, fascista y violento. Por los delincuentes que lastimaron y continúan agrediendo gente, a la vista de todos, mientras se señala injustamente a un inocente. ¿Qué les llevó a suponer que creeríamos sus mentiras repetidas incansablemente durante quince años? Un hombre decente y valiente está encerrado mientras los violentos, los criminales, los agresores, continúan libre haciendo de las suyas, ¿hasta cuándo suponen que la gente lo soportará, escucharles mentir, verles en su circo grotesco mientras ese hombre padece? ¡Cómo deben estar arrepentidos de semejante idiotez!, que ahora obliga a cercar a media Venezuela con tanquetas, mientras la otra mitad está arrecha por el hampa y la escasez.

DORIS WELLS, UN RECUERDO DE TALENTO, BELLEZA Y NOBLEZA

agosto 5, 2013

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

DORIS WELLS

   Siempre bella.

   Como muchos hombres venezolanos creo que comencé a ver telenovelas por culpa de mi señora madre, eso era regresar de la escuela y encontrarla perdida en ese mundo de irrealidad, aunque se me antojaran historias extrañas. Una vez vimos (ya estaba yo en secundaria), de cabo a rabo, una mexicana, CUNA DE LOBOS, una joya, había una mujer tan mala pero tan mala que hasta un parche en un ojo tenía; bueno, si hasta la comentábamos ella y yo. Como individuo que ya pasó los cuarenta pero no mucho más, no sé nada de Zoe Ducós o de Conchita Obach, pero si reconozco dos grandes nombres dentro del mundo de las telenovelas venezolanas, en mi opinión no experta ni nada: Marina Baura y Doris Wells, la mujer catira de voz ronca y de rostro expresivo que lograba emocionar. Siempre creí que era isleña, portuguesa o algo, pero resulta que no, doña Doris Wells es venezolanita, nacida como Doris María Buonafina (algo había), en Caripito, estado Monagas. ¿Qué tal?

   Por el periodista Salomón Benshimol, supe que de su terruño se viene a estudiar actuación a Caracas, nada más y nada menos que de la mano de Juana Sujo, la mujer que por talento ha dado su nombre a tantas escuelas de actuación. Dada su belleza y chispa, ese algo de vida e inventiva que traspasaba las pantallas, se le ofreció un comercial que le abrió las puertas de la televisión, terminando en telenovelas que, por supuesto, no recuerdo, pero mamá si, que si Historias de Tres Hermanas, al lado de ídolos ya consagrados de ese momento como Raúl Amundaray, Eva Blanco y Eva Moreno. Como mala de la novela, cosa que sospecho le salía muy bien, interviene en Renzo el Gitano, Amor Salvaje y El Mulato, y mucho sospecho, por esos títulos, que son las mismas tramas que todavía se utilizan. El talento y la carita la llevan a protagonizar, y termina encabezando una novela que no vi, pero recuerdo, RAQUEL, la chica rica algo voluntariosa que se enamora de un profesor, tienen vil vicisitudes, ella queda embarazada y le quitan al bebé, se casa con el protagonista, encuentra muchos años después la pista del hijo perdido, quiere ayudarle y el protagonista termina creyendo que tiene un romance con el joven. Si, la trama de Mi Bella Beatriz y de mil novelas mexicanas.

   El señor Benshimol hace un señalamiento que acerca a nuestra bella dama a los momentos que yo más recuerdo de ella. Se convierte en una de las musas del inmortal maestro José Ignacio Cabrujas, un nombre que todavía resuena en nuestra cultura, recordándosele año a año; así interpreta Doris Wells a Pilar, la protagonista de LA SEÑORA DE CARDENAS, una novela que revoluciona el género, apartándolo de la trama rosa a temáticas más actuales, la lucha de una mujer casada y aparentemente feliz y satisfecha con su vida, que enfrenta la traición del marido y terminan separándose, algo nunca visto hasta el momento. Por su lado, y dentro de esa onda, vino con Marina Baura, NATALIA DE 8 A 9, y una que no recuerdo si fue antes o después, pero indiscutiblemente fuera de lo rosa, LA HIJA DE JUANA CRESPO, con Mayra Alejandra. De la pluma de otro maestro del género, Julio César Mármol (ese nombre me gusta), llega Doris Wells a su novela que mejor recuerdo, una que la convirtió en referencia. Toda Venezuela se encadenaba a RCTV, cada noche, para verla: LA FIERA.

DORIS WELLS Y JOSE BARDINA EN LA FIERA

   La indomable y algo salvaje pero noble mujer de campo, que por su belleza es codiciada por todos y odiaba por muchas. Padre e hijo luchan por su amor, pero ella prefiere al hijo y por él debe enfrentar un mundo de dificultades. A su lado estuvo José Bardina, el hombre alto, de buena pinta y voz grave, el ideal del galán. Mi madre suspiraba por él (sin importarle que papá estuviera ahí), como años más tarde suspiraba mi hermana Melissa por Eduardo Yánez en Marianela (sin pararle en esos momentos a quien ahora es mi cuñado). Fue una novela fuerte, dos familias que se enfrentan a muerte por un viejo odio, y en medio de eso una pareja que lucha por amarse, enfrentando como rival incluso al padre de él (años más tarde la fórmula se repetiría con LA BRUJA, por VENEVISION, protagonizada por esa otra maravilla de nuestra televisión, Flor Núñez, con igual éxito), de grandes caracterizaciones y estrellas; por encimita uno puede recordar a Mary Solani, Helianta Cruz, Lucio Bueno, Cecilia Villareal, América Barrio, Domingo del Castillo, Agustina Martín, Gustavo Rodríguez, Orlando Urdaneta, a don Tomás Henríquez y al señor Carlos Márquez, dándole vida estos dos últimos a los patriarcas de las dos familias en pugna, los Sambranos y los Meléndez, respectivamente.

   Isabel, el nombre en la novela de Doris Wells, era dulce, ingenua, pero bravía. La recuerdo con Chavelita, una niña medio salvaje que ella recoge y cuida, cazando las dos un mato con una pistola una noche, disparando y oyéndose el grito de un hombre, cómo se asustaron (esa niña, Yalitza Hernández, crecería hermosa, es una muy seria reportera de televisión). Pero, la verdad sea dicha, don Carlos Márquez, Eleazar Meléndez, también se la comía. Él no terminaba de reconocer a Daniel (José Bardina), como su hijo, y cuando se disputan el amor de Isabel la cosa se pone peor; es cuando el cura del pueblo le dice que no puede pelear con su hijo por una mujer y Eleazar replica no estar seguro de si es su hijo, a lo que el cura contraataca con un que si, que le consta, y este responde, “¿Le consta?, ¿cómo? ¿Estaba ahí?”. O cuando el hijo que envía a Caracas para hacerse abogado regresa, él soñando con el apoyo del hombre que le ayudará legalmente a acabar con los Sambranos, pero este vuelve como sacerdote. Esa escena donde le apaga la vela a un santo a quien se encomendaba cada día fue memorable, su “Voy a terminar creyendo que Dios si existe y que la tiene agarrada conmigo”, fue genial. Esta novela se versionó más tarde, y aunque fue mucho mejor que el desastre de Pasión de Gavilanes, comparada con Las Aguas Mansas, La Fiera, la original fue mucho mejor que el corrido de Sarmiento contra Paredes.

   Otro recuerdo vívido que tengo de Doris Wells fue durante el breve tiempo que moderó un programa de competición, EL CONCUROSO MILLONARIO, donde había que saber para ganar. Los participantes elegían un tema, uno de ellos se fue por genética, y las preguntas eran sumamente complejas, así como sus respuestas. Uno miraba el programa con la boca abierta, algo reverentes por esos hombres y esa mujer que llegaron a la gran final, uno donde (y para que vean el tiempo trascurrido), el premio era de medio millón de bolívares de los de antes de esta brutal devaluación. Recuerdo la noche de la gran final, dos hombre, una mujer, Doris Wells con esa voz grave iba haciendo las preguntas, falló el primero, la segunda también, uno tenía el corazón en un vilo (yo le iba a ella), y el último también erró, no supo contentar. Un lamento general se escuchó en el público, también de mi parte. Esa gente se veía desconsolada, habían pasado por tanto, respondieron de manera tan increíble a todo, y al final caían. La mujer hacía esfuerzos para no llorar. Fue cuando Doris Wells se salió del libreto, eso siempre lo creeré, con su voz grave y emocionada anunció que todos eran ganadores, que todos había triunfado y que cada uno se llevaría su medio millón de bolívares. Recuerdo que reí y se me aguaron un poco los ojos. Siempre se ha dicho, y me gusta pensarlo, que ella iba a pagar de su propio bolsillo pero el canal, RCTV, se hizo cargo de todo. Esa gente se había entregado de corazón, compitieron no con suerte o habilidad física, sino con conocimientos (lo más difícil), y al final Doris Wells no pudo sencillamente decirles la próxima será.

   Lo último que me viene a la cabeza al oír el nombre Doris Wells, fue una presentación especial para la televisión que hizo en un espacio de unitarios que tenía RCTV, el Ciclo de Oro de Rómulo Gallegos. En ese especial de una hora, la mujer, más madura y todavía más hermosa y elegante, compartió pantalla con la otra mejor de nuestra televisión (para mí, ¿okay?), en el tiempo que les tocó reinar, Marina Baura. Dios, Doris Wells y Marina Baura en un mismo programa, eso había que verlo. Se llamó LA HORA MENGUADA. Dos hermanas muy distintas entre sí, Doris Wells altiva, algo autoritaria, casada con un hombre a quien no le parió hijos, sintiéndose este algo ninguneado por la fuerte mujer, fijándose luego en la hermana, Marina Baura, más humilde y dulcita, a quien embaraza. El hombre muere, la barriga sale a flote y es una escena intensa entre ambas, Doris Wells la acusa de todo pero al final deciden conservarlo en casa y que ella lo criará como a su hijo, sin dejar que la otra olvide su falta. El hijo, más tarde, de joven será Aroldo Betancourt, por ahí sacarán el tiempo de emisión. El joven estaba en Caracas, pero a una fecha que jamás faltaba era a su cumpleaños, cuando se va a casar lleva a su prometida para presentarla. Doris Wells le ama, pero sigue siendo mandona y él prefriere a su tía dulce, no sabiendo que es su madre, y cuando se toca el tema de quién tiene derecho o no a estar en la boda, Marina Baura le grita a Doris Wells que ese hijo es de ella. Este las escucha y se va.

   La cosa fue dolorosa, porque, aparentemente, nunca volvió a visitarlas. Ellas envejecieron juntas, distanciándose en la misma casa, debatiéndose entre quererse y necesitarse para no estar solas, o la idea de apartarse. Siempre recuerdo la última escena de La Hora Menguada, las dos muy viejas, discutiendo el cómo había quedado una torta, las dos colocándola en una mesa y cantándole cumpleaños feliz a ese hijo que perdieron y que nunca regresó. Fue intenso y conmovedor, la trama era buena, pero ellas lo convirtieron en una joya. Fue muy en el estilo de Penélope, siempre esperando a un viajero que nunca llegó. Ellas lo hacían con ese hijo, tal vez esperando que ese día, en ese cumpleaños en especial, si asistiera. O celebrándoselo de todas maneras, porque tanto le querían que bastaba con desearle felicidad estuviera donde estuviera.

   Lamentablemente la vida no nos permitió ver lo que si pudo RCTV y su Ciclo de Oro, ver a una Doris Wells viejita, apareciendo de tanto en tiempo, maravillándonos con alguna película, actuada o dirigida, en una obra de teatro o algo así, como si hizo Marina Baura, a quien vi no hace tanto en Cosita Rica, por VENEVISION, dándole vida a Tentación Luján, esa mujer soberbia y centro de atención cuando aparecía. La estrella de Doris Wells se apagó demasiado pronto, no llegó a su hora menguada porque esta le salió al paso antes de tiempo. En el año 88, antes de que nacieran muchos de los que ahora se pasean en la oficina donde trabajo, fallece esta querida y maravillosa dama, esta gran actriz venezolana, con tan sólo cuarenta y seis años de edad (¡Dios!), del Síndrome de Foli, mejor conocido como Adenitis causada por el arañazo de un gato. Y todo deja un mal sabor de boca.

   Me dio gusto leer la entrada del señor Salomón Benshimol, notar ese cariño con el cual la recuerda. Así lo hago también yo, siempre la veo como la eterna atolondrada que se caía a golpes con la Chinga (Romelia Agüero, otra gran señora), porque esta la acusa de vender empanadas piches, teniendo que ser retenida por el recio hombre que la ama; o como la envejecida mujer que espera que en cualquier momento regrese ese hijo no nacido de sus entrañas, ido de mala manera, al final de cada tarde en una hora cuando el día muere, algo que en la vida real se le negó y de la que nos privaron a los demás.

   Adiós, señora Bounafina, descanse en paz; hola, por siempre, a la talentosa Doris Wells.

SIMON DIAZ SE NOS HA IDO

Julio César.

NOTA: No sé qué ocurrió, hace poco noté que la entrada había desaparecido. La repito. Por cierto, están anunciando una obra de teatro sobre La Hora Menguada, eso vale la pena, pendientes, ¿okay?

BENEDICTO XVI… ADDIO

febrero 27, 2013

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

BENEDICTO XVI

   Si buscaba causar impacto… misión cumplida.

   ¿Han escuchado de esa gente que dice saber exactamente dónde estaba cuando tal o cual hecho ocurrió? Tengo mala memoria para las fechas, puedo relacionar eventos pero no números, sin embargo tengo presentes cuatro momentos muy intensos en mi vida, casi todos de reciente data. Sé dónde estaba, con quiénes alrededor, y qué hacía. Cuando el Papa polaco murió, supe la noticia una hora más tarde, un sábado poco después del medio día, y tuve que sentarme dejando lo que hacía, abrumado por una sensación de dolor y pérdida que me sorprendió a mí mismo. Fue tan triste, el viejo Papa se había ido al fin después de tanta agonía. Era o fue Juan Pablo II, el Papa amigo, el peregrino embarcándose viejito y agotado en el último viaje para dormir el sueño eterno.

   A su muerte comenzaron los cuatro mil análisis de expertos que declaraban que el largo reinado del polaco había estancado profundas cuestiones de fe y dogmas, que los nuevos tiempos exigían un Papa moderno y más abierto a los aconteceres. Sentenciaban que un conservador sería el final y que la gente se molestaría. Recuerdo cuando dieron el extra, humo blanco saliendo del Vaticano, tenemos Papa. También a la gente gritando en las calles romanas, hombres, mujeres y niños corriendo hacia la plaza, la cual estaba llena de fieles, todos expectantes, sonrientes. No olvido a esas monjas y a esos jóvenes vestidos de seminaristas, perdida la compostura por una vez, riendo, aplaudiendo y dando saltitos. La Santa Sede ya contaba con su líder, la Iglesia tenía a su padre.

   La aparición del alemán Joseph Ratzinger, adoptando el nombre de Benedicto XVI, fue recibida con una ovación, esa plaza parecía querer venirse abajo. Y era extraño, mientras los expertos hablaban de la decepción en la elección de un hombre ultra conservador (unión de palabras que realmente asusta), en todas partes la gente era feliz, teníamos Papa. En Venezuela las iglesias no dejaron de anunciarlo un segundo al tañido de campanas. Aunque era algo mayor de edad, vieja maña que parece existir en el Vaticano (después de un reinado largo, como lo fue el de Juan Pablo II, se busca uno de transición, alguien que no dure mucho), estábamos contento. El mismo Papa, en sus primeras declaraciones, indica que es un hombre anciano y está algo trastornado de salud, en otras palabras, “no estaré mucho con ustedes, prepárense”.

   Con este hombre de rostro extraño, voz algo aguda y temperamento tan suyo, me pasaba algo curioso; con los años, dejado muy atrás mis primeras ideas sobre la vida y el mundo, es decir el socialismo a la venezolana (no esta pesadilla autoritaria y reaccionaria de ahora), me volví amante del orden, de lo funcional, de salir cada mañana y regresar cada tarde a mis cosas, a lo mío. Me volví conservador, pues; pero este Papa se pasaba en sus posturas. Era, en verdad, ultra.

   Comenzando por decir que durante casi veinte años fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición, una “secretaría” que Satanás introdujo en la Iglesia para levantar el oscurantismo religioso). Desde esa prefectura, el hombre que más tarde sería Papa, combatió toda innovación dogmática introducida por el Concilio Vaticano II. En un mundo que grita que no todo es blanco o negro, sobre todo en gente que profesa la fe y quiere sentir que Dios no les condena a ese lago de fuego eterno que prometen tantas religiones a sus seguidores si no se someten, este hombre, una vez nombrado Papa, se apresura a echarles un balde de agua fría acabando con toda esperanza de apertura. Condena de entrada el divorcio, el aborto, el matrimonio entre homosexuales, le cierra las puertas a las mujeres para el sacerdocio y a los hombres les recuerda que deben mantenerse célibes a todo trance. Es decir, contradice cosas en las que personalmente creo… parcialmente.

   El aborto, la pena de muerte y la eutanasia asistida me parece que deberían ser legales (en lugares donde funciona el estado e imperan las leyes). Echar a las mujeres de los altares es caer en el error de los países musulmanes, condenados como están a ir a la cola del mundo ya que le niegan todo derecho a la mujer a ser, desde profesoras a científicos, relegándolas a ciudadanos de segunda sin ningún tipo de derecho o defensa “contra un hombre”. Y cuando un país condena al ostracismo a la mitad de su población se vuelve débil y ligeramente maniático. Igual ocurre con la Iglesia actualmente, hay demanda de sacerdotes, muchos han abandonado los seminarios (y es lo mejor, si no tienen fe o no ven nada malo en satisfacer ciertos apetitos en quien sea); muchas mujeres, de corazón, sienten el llamado de Dios, que también habla con ellas aunque a tantos les cueste entenderlo (creyéndose los ombligos del mundo), y es la mujer quien muchas veces se interesa más en cuestiones como estabilidad emocional, el bienestar mental de niños y jóvenes; es quien primero ve los signos de peligros y problemas del “alma”, por decirlo así, en los hogares, la escuela y la comunidad. Lo del celibato ya se ha discutido mil veces, la carne es débil y Satanás lo sabe… como sabe de la cabronería que existía a la hora de silenciar tan abominables pecados.

   Pero Benedicto XVI fue aún más allá después de ese chaparrón a quienes deseaban cambios. Después de los intentos de Juan Pablo II por acercar los credos, él condenó al Islam como una fe violenta que sólo satisface a gente violenta. Va al África, tierra de SIDA, y denuncia el uso del preservativo. Todo esto levantó ronchas dentro del clero, del lado más liberal. Pero también los radicales conservadores se molestaron cuando el hombre demostró mucha mano zurda a la hora de controlar el poder de Roma. El caso español fue emblemático, el episcopado ibérico intentó canalizar poder político en su condena a los socialistas por su apoyo al matrimonio entre homosexuales, y Benedicto XVI descabezó a dicha Conferencia, destituyendo a Joaquín Navarro, portavoz español. Eso le granjeó las antipatías del otro bando, que llegaron a la histeria cuando, dándole la espalda a la política de su predecesor, se hizo eco y pidió perdón al mundo y a las víctimas de abusos sexuales a manos de sacerdotes, les condenó y conminó a confesar en nombre de Dios, asegurando que cada caso llegaría a los tribunales de cada país. La curia no ocultó su malestar por tal hecho. Aparentemente los cuadros que mandan dentro del Vaticano, la llamada curia romana, han envejecido demasiado, cuan santones iraníes ya no distinguen los peligros que les asechan aunque estos golpeen a sus puertas. No relacionan sus acciones con el descrédito de la religión y el alejamiento de los fieles, no por cuestiones de fe sino de complicidad en vicios. Curioso que un hombre tan mayor, y tan conservador, tuviera que enfrentar esta horrible afrenta cometida por diablos dentro de las iglesias contra el rebaño.

   Dicen que todo eso le fue aislado, y el que su asistente personal dejara colar cartas privadas, se interpretó por muchos como un ataque en su contra, otros le acusaron de propiciarlo para llevar la mirada a aquellos que a todo trance conspiraban para detener sus reformas. ¿Le llevó eso a tomar su histórica decisión de dimitir? Tal vez. Y miren que fue histórico, en casi 600 años ningún otro lo había hecho. Apena decir que reí, nervioso, de un comentario telefónico que me enviaron ese mismo día: ahora las hamburguesas se piden a lo Vaticano, ¿qué como es eso?, sin papa.

   Creo que nunca olvidaré lo vivido este lunes de Carnaval. Despertando tarde después de tomar mucho con hermanos y cuñados, café en mano, sintonicé las noticias y estaba la imagen del Papa; la joven narradora de GLOBOVISION parecía impactada mientras informaba. El Santo Padre dimitirá, su reinado llegará hasta este 28 de febrero y luego se retirará a un convento, a orar. ¡Dios! Yo no lo podía creer. ¿Podía el Papa renunciar? ¿Era acaso legal? ¿No le había elegido el Espíritu Santo y no era este quien le relevaría llegado el momento (con la muerte)? Me dije ya comienza la cuaresma, ¿acaso habrá Semana Santa sin Papa? Este punto en especial, puede o no renunciar, afecta a muchos clérigos católicos de fe verdadera, ¿puede el Papa abandonar una misión encomendada por el Cielo? Muchos han alegado, injustamente de parte y parte, que debió hacer como Juan Pablo II, llegar hasta el final; otro alegaban que era bueno apartarse y no brindar un espectáculo como el presentado por el polaco. Creo, de corazón, que aquí se ve cierta diferencia entre ambos Papas.

   Por su largo, muy largo mandato, Juan Pablo II se había conectado con el mundo de una manera intensa, era un hombre combativo en su fe, perseverante, como le tocó ser bajo el régimen despótico, represivo y autoritario que controlaba su Polonia natal bajo la bota soviética (como ahora sabemos los venezolanos por la bota cubana, no es sólo que nos controlan como colonia, sino que muchos connacionales parecen agradecidos de ello, ¿imaginan a un cura hablando de libertad de elección y culto enfrentado a un estado policial y a la mitad de un país entregado de corazón?). Defensor a ultranza de la vida, me parece que Juan Pablo II llevó hasta el final, con el ejemplo de su vida, el respeto que se debe tener a esta, a cargar con ella y sus dolencias, descansar sólo cuando Dios le llame a dormir. Benedicto XVI es un prelado alemán, donde dicen que a Dios se le tiene primero en la cabeza y después en el corazón, tal vez él entiende su deber de otra manera: si su presencia obstaculiza la marcha de la Iglesia, debe apartarse.

   Sobre este asunto, y como si lo hubieran tenido dentro de una nevera muy a mano y listo, GLOBOVISION llevó esa misma mañana a su programa de entrevista a un venezolano de excepción, José Visconti, un señor que del que tan sólo baste decir: es un buen hombre, un hombre de Dios. Siempre lo he visto así (si algún defecto tiene, es el mismo de otra gran venezolana, Mary Montes, que son caraquistas). José Visconti es un verdadero cristiano católico, no como esos curas que realizan misas negras en pleno Centro de Caracas, que con el cáliz en la mano llaman a adorar e idolatrar al nuevo dios, a mentir y robar, a levantar falsos testimonios y perseguir porque todas esas abominaciones están bien para el “señor” al que sirven. Él, con calor, cuando le preguntaron eso, si el Papa podía renunciar, respondió enfáticamente que sí, que cuando se le eligió el Espíritu Santo guiaba a los cardenales, Dios le había designado, y que él (José Visconti), no dudaba ni por un segundo que el Espíritu Santo debió manifestádsele otra vez al Papa, tal vez cuando oraba, diciéndole que le tenía otra tarea monumental: renunciar. Y lo decía convencido, con fe, apretando los puños, enfatizándolo, maravillándome a mí, que aunque católico no soy practicante. La emoción se le notaba, como ya antes habíamos presenciado durante las horas finales del Papa polaco y él fue a contar de las dos veces que le recibió en sus peregrinaciones, sonreía y contaba cosas bonitas pero sus ojos lloraban.

   Contra el cardenal que llegó a convertirse en Benedicto XVI, se levantaron voces terribles que le atacaron por su supuesto pasado nazi, a él, un muchacho que como parte de la población alemana de la época debió servir, le gustara o no, en las defensas antiaéreas durante la Segunda Guerra Mundial; los mimos que atacaban a Karol Wojtyla (Juan Pablo II), por haber participado en el teatro en su juventud y tener una “muy cercana amiga”. Ahora, cuando Benedicto se va, se repiten los ataques, muchos le acusan de vicios horribles supuestamente confesados en sus cartas robadas. No importa que uno les pregunte a esos comentadores de oficio:”¿Tú crees que todo el mundo, sobre todo la prensa amarillista o la que odia al Vaticano, se puso de acuerdo para silenciar esas partes de las cartas?”. Claro, no responden, o sí, te dicen que todo es una súper conspiración de todo el mundo, incluso de la prensa con simpatías islámicas, judías y evangélicas. No hay paz para los que combaten ni argumento que disuada a quien quiere creer sus propias palabras auque no tengan fundamento alguno en la realidad.

   Atacado antes y ahora por la maledicencia; cercado por la rígida curia romana, la vieja guardia que no pudo cambiar y que le hizo la vida de cuadritos a Juan Pablo II en sus últimos años; conservadores y liberales molestos; su propio cansancio físico; un mundo convulso donde lo bueno se vuelve malo y al contrario, todo eso mermó sus fuerzas. Por no hablar de tocarle enfrentar abiertamente las abominaciones sexuales de parte del clero, negándose a tender el manto de la cabronería cobarde y cómoda de la complicidad. Y uno imagina por qué no pudo. Un verdadero hombre de fe, de Dios, no puede comulgar con esas prácticas, no sólo la aberración de la carne sino justificarla y encubrirla. La pedofilia es una vaina horrible, un pecado sucio y sin perdón; la violencia sexual contra un adulto, mujer u hombre, puede crear algún tipo de reacción física, que una mujer le saque los ojos a su violador o que se planee una venganza personal más adelante, pero a los niños les destruye totalmente, porque encima les amenazan para callarles (o les corrompen, haciéndoles creer que esa violencia sexual es amor y que está bien); todo eso era silenciado nada más y nada menos que por la Iglesia, mi Iglesia, condenando a niños de otras regiones cuando no sabían qué hacer con sus pedófilos que iban rotándolos por allí. Aunque esto no ocurre únicamente en la Iglesia Católica, ni sólo en las iglesias o con los curas; médicos pediatras, profesores de primaria y secundaria, entrenadores deportivos, vecinos, todos son posibles monstruos en potencia que están ahí, al lado. Y contra ese estado de cosas alzó su voz sibilante Benedicto XVI.

   Pero en fin, después de todos esos ataques recibidos, de la depresión del momento (me refiero a la mía), el día 14 de este mes, ante cientos de párrocos y seminaristas, este hombre peculiar se despidió, sin sus anteojos dijo que no era un discurso, tan sólo una charla, clamando por una renovación, a llamar y atraer nuevamente a los fieles, entendiéndose como una convocatoria a acercar a la gente nuevamente a la idea del Dios Padre. Él, que hizo lo imposible para obstaculizar los alcances del Concilio Vaticano II, rogaba a esos hombres de fe que se luchara para conseguir que realmente se cumplieran aquellos propósitos. Extrañamente llamó al reconcilio, no sólo entre seculares y religiosos, sino dentro de las filas mismas de la Iglesia, alegando que la Iglesia no era una organización política o jurídica, sino un asunto de almas y que todos, juntos, dábamos fuerza al cuerpo de la fe en Dios. Me alegró, y conmovido, que ese público le aplaudiera en señal de admiración y respeto, y que ovacionara su nombre, de pie, durante varios minutos varias veces.

   Se va un hombre contradictorio, parece otro a aquel que fue nombrado Vicario de Cristo, tal vez el Espíritu Santo si habla con ellos de tanto en tanto, y como a Saulo camino a Damasco, les muestra el camino. La renovación en aquello que es gris, debe darse. Deben ser atendidos, escuchados y tenidos en cuenta toda esa gente buena que sufre porque teme que Dios les condena, tanto mal cubierto con el manto de la complicidad, tantas almas que quieren ayudar a llevar la antorcha y que por su género son rechazadas. Si un hombre como Joseph Ratzinger lo entendió, y de pasó se lanzó a condenar lo condenable aunque le hiciera incómodo y molesto a muchos, aún la razón de ser de credos violentos, entonces hay esperanzas.

   ¿Qué será de él ahora? Espero que encuentre un lugar sereno y lleno de luz, uno de esos sitios muy a propósito para aquellos que en verdad oran y meditan, sin hipocresías (y aunque yo no lo entienda), entregados a una vida de contemplación, a hablar con este Dios al que muchas veces le cerramos las puertas porque sus mandatos nos molestan en lo cotidiano pero luego le reclamamos sus olvidos. Mañana miércoles 27 será su última homilía. A las cuatro cuarenta y cuatro de la mañana, hora de Venezuela, se despedirá de nosotros; tal vez nos aconseje algún camino a tomar y a perseverar en ello. Es curioso, ya le extraño.

   Adiós, papa…  

DORIS WELLS, TALENTO, BELLEZA Y NOBLEZA

Julio César.

NOTA: Lo sé, no parece el mejor blog para publicar esto, pero no pienso abrir otro, ¿okay?

LUIS RAVEN, EL CUARTO BATE…

octubre 9, 2010

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

   ¿Sería este su año?

   Luís Raven es un bien conocido guaireño (natural del estado Vargas) al menos para el público venezolano amante del béisbol. Es un tipo enorme, blanco, ojos claros, de rostro como de… mala gente, lo que seguramente es una falsa impresión; participante y muchas veces protagonista del deporte rey, el que en este país despierta verdadera pasión: el béisbol profesional. Este mocetón entra con fuerza en la escena y se da a conocer cuando juega con LOS NAVEGANTES DEL MAGALLANES, la divisa con mayor número de seguidores dentro del país, duélale a quien le duela. Este equipo vive un eterno enfrentamiento con otra novena, nuestros enemigos, los odiados LEONES DEL CARACAS, la segunda en importancia; siempre así, segundona. Sin riesgo a exagerar, más del sesenta y cinco por ciento de los venezolanos está recogido dentro de estas dos divisiones. El resto se distribuye en los restantes seis equipos que representan a otras tantas zonas del país.

   Luís Raven era en esa época, en sus inicios, el cuarto bate, el hombre del poder, el que llegaba, encontraba las bases llenas y empujaba a todo el mundo con la fuerza de sus batazos… Sin embargo, no era tan constante como hubiéramos deseado, sus batacazos no salían siempre. Tenía la energía, pero algo nunca terminaba de cuajar, cosa que impidió que llegara a las Grandes Ligas, pero para los magallaneros continuaba siendo Raven, el hombre de la esperanza, ese, quien en una mala racha tal vez podía botarla y voltear un resultado negativo. Por otro lado, según mucha gente, era y es un sujeto de mal carácter, conflictivo y que demandaba demasiado de todo el mundo. Si no estaba de acuerdo con el manager, lo insultaba y gritaba. Su pasantía con el Magallanes terminó, brusca y amargamente, después de un conato de rebelión dentro de los vestuarios. A su mal talante se unió el hecho de que la divisa estuviera, por fin, terminando de pasar por su peor momento bien adentrado los noventas, y un buen día, con caras destempladas, luego de ser acusado por todo el mundo como un hombre ya quemado, que no bateaba, y hasta odiado por la afición que se había cansado de esperar que rindiera como en el pasado, Luís Raven, dicen que con lágrimas en los ojos, debió salir del equipo. Ya no había lugar para él

   De esos días recuerdo las palabras de Carlos García, otro grande ligas venezolano que ya había visto mejores tiempos, cuando indignado protestaba el trato que se le daba a Raven, dijo más o menos: cuando el Magallanes cruzó la horrible sequía de fines de los ochenta y principio de los noventa, sólo Raven bateaba, sólo Raven lograba impulsar la carrerita que salvaba la honra y la cara; que era Raven el único que se echaba el ‘barco’ de los bucaneros a la espalda y cargaba con él mientras atravesaban ese desierto de fracasos. A mí me dio vaina oírlo decir eso. Raven salió del equipo y jugó con unos y otros, siempre rindiendo, pero sin destacar como pudo hacerlo, ¿por qué? Nadie lo sabe a ciencia cierta.

   Recuerdo una anécdota contada por Mary Montes, una caraquista rajada, de voz hermosa y apasionada que maneja programas deportivos, antes también de opinión, de forma igualmente soberbia. Ella contó como Raven, llamado por el Caracas para reforzarlos en una final, no recuerdo de que año, llegó temprano y ella lo encontró en los vestuarios, mirándose al espejo usando el uniforme de los Leones, al parecer sintiéndose extraño y hasta incómodo, que al verla le dijo que estaba nervioso porque no sabía cómo sería recibido por los fanáticos caraquistas, enemigos, como ya dije, de los magallaneros. Ella le aconsejó que tuviera calma, y cuenta que cuando Raven salió a las gradas, fue recibido con una gran ovación, tanto que nuevamente, cuenta, se le aguaron los ojos. Así era Raven, tremendo, de mal carácter, pero con esa sensibilidad que llamaríamos del llorón emotivo.

   Hace tres temporadas pregunté por él, cuando al Magallanes, otra vez, le iba terriblemente mal, aunque comenzaba a dar signos de vida, sólo el saber que al Caracas le iba igual de horrible, nos conforta un poco: ¿con quién está Luís Raven en estos momentos? Nadie me supo decir, luego supe que nadie solicitó sus servicios. Eso me molestó. Poco después Robert Pérez batía el record del mayor número de jonrones en la pelota venezolana de todos los tiempos, que desde hacía una pila de años ostentaba el gran Antonio Armas. Actualmente Robert pasa de los cien jonrones. Antonio Armas, quien siempre seguirá siendo El Grande, quedó con 97; ¿y saben quién estaba en tercer lugar, con treinta y ocho años para el momento y con fuerzas todavía para continuar jugando y bateando?: Luís Raven, con 94 jonrones. Y con todo y eso nadie tuvo la visión para incluirlo en alguna novena tres años atrás.

   No conozco personalmente al señor Raven, pero imagino la amargura que debe sentir de vez en cuando, cuando está a solas y se queda mirando uno de los juegos, quién sabe apoyando a quien en su corazón; aunque no lo diga, aunque sonría con falsa indiferencia cuando alguien se lo comenta. Era todavía un tipo joven cuando dejó de jugar, siempre he esperado que regrese y que esa sea la temporada que necesita para volver a brillar…

   Por mi parte, como magallanero medio pendejo que soy, como fanático que sufre cuando pierden y ríe cuando ganan así vayan a la cola, no puedo dejar de recordar la imagen hecha en mi mente sobre Raven en los malos tiempos, cuando era el único que bateaba salvando la honra: el rostro serio y tenso, concentrado, los brazos enredados en gruesas cuerdas, con la quilla de la nave turca sobre su espalda, halándola como un antiguo coloso, como Atlas sosteniendo el peso del mundo, haciéndola cruzar paso a paso sobre un arenal para llevarla a aguas seguras, atendiendo a aquella canción que cada año usan contra el Magallanes, del recientemente fallecido Porfi Jiménez:

Se hunde el barco, mi querido capitán, se hunde y algo usted tiene que hacer… a aguas seguras nos debe llevar…

BENEDICTO XVI… ADDIO

Julio César.

CARLOS FERNANDEZ PÉREZ, HOY LO RECORDÉ

marzo 28, 2010

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

   Confieso que también yo lo había olvidado. Han pasado tantas cosas en este pobre país que el escándalo, la arbitrariedad y el abuso del día a día eclipsan el del anterior. Recuerdo una marcha que cubrí a paso ligero cuando salimos de Los Dos Caminos, más cerca de Petare que del Centro, acompañado de unos hermanos y de Alicia, mi novia del momento. De hecho fui por ellos, quienes habían estado en la marcha anterior, la del 11 de abril de 2002. Después de aquel espantoso crimen, creo que el régimen esperaba que la gente se moderara, o temiera salir. No fue así. Recuerdo mientras nos preparábamos para marchar esa vez que había una gente joven entregando unos papelitos, cuando leí uno resultó ser una oración, según para protegernos. La imagen de los pistoleros de Puente Llaguno estaba muy viva en los recuerdos. Partimos, marchamos durante bastante tiempo, rumbo a la avenida Bolívar al lado del Nuevo Circo. Hacía calor y el sol brillaba en toda su majestad, pero había tanta gente animosa que no se notaba. Había de todo, familias enteras, viejos políticos que uno reconocía, artistas… Y un rumor había comenzado a rodar, ilusionándome.

   Sudados y asoleados, llegamos a la avenida Bolívar, en una tarima algunas personas declamaban algo que en verdad nadie escuchaba. Hasta que Carlos Correa, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, tomó la palabra. Callamos porque esperábamos el anuncio… Paro Cívico General. Detener el país, en brazos caídos, hasta que se adecentara el CNE controlado por el Gobierno, la OEA y el gobierno brasileño, y que se llamara a referéndum contra el Presidente. Eso era lo esperado, pero creo que todos sabíamos que si íbamos al Paro no lo detendríamos hasta la salida de Chávez. Grande fue el estupor cuando Carlos Correa anunció que todavía no estaban dadas las condiciones para el llamado a Paro. Yo pité.

   No podía saber yo que se intentaba, bajo cuerda y a pulso feroz, amarrar al Paro a sectores que guabineaban y coqueteaban con Hugo Chávez, esperando medrar con el esfuerzo de otros (ratas con nombre y apellidos que un día deben ser recogidos en un artículo de Rafael o Patricia Poleo). Pero acercándose el final de ese movido 2002, año revuelto que había presenciado la marcha de abril, la matanza a las puertas de Miraflores, la salida y el regreso de Chávez del poder, y la toma de la Plaza de Altamira por parte de un grupo de militares de altos rangos declarándose en desobediencia militar, el comentario era el mismo: el Paro se acercaba. ¡Lo esperaba yo con tanta ansiedad! Y una tarde, anunciado por todas las televisoras, Carlos Correa llamó al Paro Nacional. Hubo aplausos. Yo reí. Era una medida dura, pero ya para ese entonces nos sabíamos gobernados por gente incompetente, corrupta y peligrosa en su violencia, creyentes de la basura del credo de izquierda. No podíamos llamarnos a engaño sobre el triste y oscuro futuro. Este que padecemos ahora, un país arruinado alumbrándose con velas y aseándose con un tobito de agua, nadando en un mar de petróleo. ¡Qué logro tan revolucionario!

   El país fue deteniéndose poco a poco, ¿quién no recuerda las largas colas para comprar gasolina, la desaparición de la cerveza, la incomodidad de los negocitos del día a día cerrados? Buena parte del país se detuvo, pero más importante, la gente se declaró pro activista. En Valencia las mujeres enfrentaban a los militares, quienes tenían que rodearlas y atacarlas por la espalda para contenerlas, “brillante batalla” donde destacó el cobarde Acosta Carles, el General Eructo. Basta recordar a lo gallarda Gente del Petróleo, a los oficiales de la Marina Mercante paralizando sus navíos (navíos con nombres de misses en homenaje a ellas; recuerdo que Pilín León, una de nuestra Miss Mundo, estando el Londres se sorprendió al pasar junto a un puesto de revista y leer: Se detuvo el Pilín León). Las empresas, fábricas y mercados mayoristas (incluido Makro), cerraron. Cada tarde aparecía Carlos Correa por televisión, hablando de lo ocurrido ese día, ordenando movilizaciones y acciones. Recuerdo a una querida amiga, chavista, enemiga del Paro, que decía que ese carajo era asombroso, decía: “Se me van mañana desnudos a las doce del día y se acuestan en la Cota Mil… y la gente iba”. Lo sorprendente era que al lado del presidente de la CTV estaba el máximo representante de los empresarios, el presidente de FEDECAMARA, Carlos Fernández Pérez.

   A Carlos Fernández no le tocó fácil, la abrupta salida de Pedro Carmona Estanca, ido al exilio, lo catapultó a la presidencia de la cúpula empresarial, y le tocó el momento histórico de decidir entre callar y someterse, esperando hacer negocios con el Gobierno, o llamar a su sector a la lucha. Y a la lucha fueron. Era extraño verlo, parpadeando siempre, con el cabello blanco, tartajeante en su hablar. Mientras el Paro avanzaba, de tarde en tarde era él el encargado de resumir las acciones del día, y en un país donde al empresariado se le ve como el enemigo, el hombre era escuchado. Y se mantuvo firme cuando ya era obvio que el Gobierno jugaba al desgaste del país.

   A la campaña del Paro, el gobierno contraatacaba mostrando a gente trabajando, José Vicente Rangel, Vicepresidente de la época, María Cristina Iglesia, ministra del Trabajo, Mari Pili Hernández, periodista afecta al régimen y Hugo Chávez gritaban que el Paro era un fracaso, que el país continuaba moviéndose (años después, para explicar la ruina del país, Mari Pili hablaba del Paro Cívico como causante de todo… ¿no  que el paro fue un fracaso? ¿Entonces? ¿Mentía ella y los otros antes, o mentían después?). El fracaso estuvo dictado por los esquiroles. Los transportistas de pasajeros no se sumaron al Paro, porque ellos, aparentemente, eran los únicos que necesitaban comer; los empleados de El Metro continuaron laborando; y grupos de gente poco capacitada ponían en movimiento a PDVSA. Tampoco se sumaron las panaderías de los portugueses y españoles, así como el mega mercado Éxito, el cual lucraba de lo que Makro dejaba de facturar. Era claro para mí, que sin esa gente respaldándolo, el Paro fracasaría, porque a Chávez únicamente le preocupaba aferrarse al poder, por él el país podía irse al carajo mientras siguiera aferrado al esqueleto, grotesco con su boina y uniforme, como otro enloquecido Idi Amín.

   Ya en diciembre del 99 se sabía de su locura, de su desprecio por la gente que lo aclamaba (tal vez por eso, porque la golpeaba y ofendía y esta continuaba abrazada a él, y eso siempre produce algo de asco y desprecio de parte del abusador); La Guaira había sido destruida por un feo deslave, y mientras la gente lloraba a los muertos e intentaba encontrar algo qué comer o dónde cobijarse, Chávez se negó a la reconstrucción de Vargas ofrecida por Estados Unidos y a la ayuda de la Comunidad Europea. Él estaba bien, abrigado y comía, podía darse el lujo de despreciar a sus rivales… total, eran los pendejos quienes pagarían. Pero… y hay que ser sinceros, esa gente se lo merecía.

   Cuando se entendió que el Gobierno esperaba que el Paro se consumiera por sí mismo, no quedó más remedio que levantarlo, fue el momento cuando el régimen se lanzó contra la Gente del Petróleo inventándole delitos, y despidió a toda la nómina de la Marina Mercante, robándole sus ahorros y prestaciones. También fue contra Carlos Correa y Carlos Fernández. Recuerdo cuando a Carlos Fernández lo detuvieron. Lo esposaron y a la carrera lo sacaron de su casa en medio de un aparatoso procedimiento policial, para humillarlo en un país donde al malandro más ruin se le protege su identidad y no se permite sea fotografiado. Para poder condenarlo de algo se inventaron delitos que no existían en el Código Procesal Penal, sin temor, ¿quién les diría algo? ¿La OEA? ¿Brasil? ¿España?

   Y así, de capitán de empresas, Carlos Fernández Pérez pasó a paria social, con sus fábricas en la picota, su casa allanada, su familia vejada. Fue encarcelado y escarnecido desde los canales controlados por el Estado, pero nadie se atrevía a decir nada, sabíamos que vendría una represión feroz y nadie quería estar en la mira. Cuando en el 2003 se le dio un respiro legal (las acusaciones eran tan inverosímiles que no se sostenían, aún quedaba algo de recato, más tarde llegarían seres tan siniestros como Marjorie Calderón, jueces que se prestan a toda bajeza), Carlos Fernández tomó a su mujer y a sus dos hijos y escapó a Miami. Bien sabía que no lo dejarían en paz, que Chávez no se detendría hasta cobrarle a él todas las malas horas vividas. Se le sabía cobarde y rencoroso.

   En Miami le tocó contar con el apoyo de conocidos. Ya no era el hombre rico. Su señora esposa viajaba de Valencia a Miami cuidando los negocios familiares, negocios que iban siendo cercados, hasta que el vencimiento de su visa la detuvo un día de este lado de la frontera. Ahora era una prisionera detrás del muro legal y no ha podido regresar a Miami donde dejó a dos hijos de once y trece años que hoy tienen dieciséis y dieciocho. Ese ex empresario, aplaudido y querido un día por todos aquellos que seguíamos las directrices del Paro, pasa sus días dividido entre la tarea de criar solo a dos hijos y gestionar, día si, otro también, la visa para su esposa frente al estado Norteamericano. Según Patricia Poleo, estuvo a punto de conseguirlo este año, en febrero, pero en Caracas, en la embajada Americana, le niegan un triste sello que le impide a esa mujer estar con su gente. Carlos Fernández aguarda trabajando como el luchador decente que siempre ha sido, enviando a sus hijos al colegio, esperando por la pronta llegada compañera fiel, tal vez recordando cuando tenía sus empresas y el “aprecio” de tanta gente que ahora no se acuerda de él. Ese es el drama de quienes tienen que partir de sus tierras cuando estas dejan de ser libres.

   Hoy Venezuela vive la pobreza extrema, racionamiento de agua y electricidad bajo amenaza de multa y castigos si se exceden, víctima del imperio del hampa y de la corrupción rapaz y torpe de un gobierno comunista. La Guaira sigue esperando justicia, una a la que en verdad no es merecedora, bastante que acunó y le rió las gracias a quien la condenó al eterno atraso. Los transportistas, cansado de ser asesinados, robados y con deudas que ya no pueden sostener, gritan que necesitan el apoyo del país porque “esto ya no es vida”, y amenazan (oh, destino, cómo eres de irónico y cruel) con un paro nacional, al cual responde el Gobierno con aquello de que confiscará (robará) las unidades si lo hacen, a los que los choferes responden: “Esa vaina es mía y antes la quemo”; ahora viven la hora amarga, nadie estará con ellos, ellos ayudaron a la destrucción de todos los que ahora podrían darle una mano.

   Panaderías y carnicerías viven llorando porque son multados y cerrados al promover productos por encima de regulaciones que los obliga a vender a perdida; nadie se compadece de ellos, ¿qué derecho tienen? Los empleados de El Metro viven denunciando burlas contractuales, Éxito fue expropiada. Los esquiroles de PDVSA y SIDOR, que ayer aplaudían con llanto en los ojos a Chávez, hoy denuncian abusos, falta de pagos y el cierre de fuentes de trabajo… Como que sí hay un Dios que para abajo ve. Hoy, el país, está un paso más cerca del infierno del Quinto Mundo.

   Me pregunto si de tarde en tarde ese hombre de pelo blanco, diabético, de voz tartajeante, no se reprochará lo hecho. Fue uno de los que perdió todo. Como tantos. Pero no lo creo, por algo que le leí hace tiempo a Patricia Poleo (también en el exilio). Parece que cuando Carlos Fernández no está preparándole la comida a sus hijos adolescentes, vendiendo propiedades en una hora que nadie compra por la crisis económica, o soñando con pesar y esperanza en su esposa lejos, carpeta en manos se pasea por todas las redacciones de los diarios de Miami, haciendo una eterna antesala, esperando por alguien que quiera escuchar lo que tiene que decir.

   Y esa vaina da cosa. Puedo imaginarlo escudriñando la presa venezolana, tomando nota de cada nueva arbitrariedad, del nuevo perseguido, del preso político detenido esa noche, del juicio amañado por una Marjorie Calderón, de la Constitución violada una y otra vez; tomando apuntes con los que llena esa carpeta, y luego va y espera pacientemente poder denunciarlo en medio del silencio cómplice de la OEA y de la comunidad internacional. Lo veo esperando, tal vez caído de hombros, sabiendo que ya cansa, que a nadie le importa lo que ocurre en Venezuela como nunca importó lo que pasaba y pasa en Cuba… pero imposibilitado de irse porque su lucha aún no termina. Porque debe perseverar. Y esperar.

   Gracias, señor Fernández.

LUIS RAVEN, EL CUARTO BATE…

Julio César.

LINA RON

octubre 14, 2008

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

   En los comienzos de este largo y tormentoso Gobierno, dos de mis chavistas preferidas eran Lina Ron e Iris Valera, líder social una, diputada de la Asamblea Nacional la otra; pero eso no duró mucho. Uno podía admirar a la señora Ron por ser una mujer frontal, directa, que soñaba con un cambio de justicia social. Al parecer con lograr que ella llegara a los privilegios, bastó, la misión de su vida ya estaba cumplida, todo lo demás, sobraba. Esta pintoresca mujer, con estudios, preparación y cierta edad, con lo cual no puede excusarse diciendo que no sabía, proviene de una tendencia ideológica inesperada al ideal izquierdista, del Social Cristianismo. Al parecer, las mentalidades menos claras, menos sanas, salieron de allí, como prueba la larga militancia de los padres del mismo Presidente, los Chávez Frías, en el partido fundado por el viejo patriarca de la democracia venezolana, Rafael Caldera.

 

   Lógicamente no puede acusársele, rechazársele o condenársele por militar con cierta idea política o postura ante la vida, pero esta misma postura es la que debe ser combatida. Ella no ve nada de malo en que un sector de la población se arme para defenderse del otro, que no cuenta con armas, por mucho que ella diga que sí, intentando engañarse para justificar sus excesos. Considera que apalear, aplastar y destruir al enemigo, es necesario para la sobrevivencia de la revolución que traerá paz, prosperidad y felicidad… así sea sobre los muertos y la miseria de un país destruido por una gerencia voraz e incompetente. No mide que habla de personas que simplemente dicen no estar de acuerdo con cierta forma de dirigir el país, donde un Estado todopoderoso, en manos de un sólo hombre, intenta ordenar al resto qué comer, qué vestir, qué marca de harina pan usar, qué leerán los hijos, qué aprenderá y qué deberán creer o pensar; como si dueño de vidas y destinos fuera y no un simple hombre que podría estar demente o ser un psicópata peligroso. No, ese sistema de imposición, de “tú harás lo que yo te diga, carajo, o te mueres”, es maravilloso, eso es perfecto, y todo el que se oponga debe ser apaleado. Es de este punto de donde proviene cierto desprecio ante la doñita, uno no sabe a estas alturas sí defiende una idea, un proceso de cambio donde ella sinceramente ve mejoras aunque no se pueda nombrar un sólo problema que se halla resuelto o simplemente aliviado, y que no halla empeorado; o si simplemente defiende con garras y colmillos el poder que ahora saborea.

 

   Si es por el uso, disfrute y costumbre de gozar de este poder, ¿en qué se diferencia esta señora de Cecilia Matos, amante y barragana toda poderosa de Carlos Andrés Pérez, quien con su naturaleza rapiñezca hizo zozobrar su segundo gobierno; o de Blanca Ibáñez, secretaria y luego mujer de Jaime Lusinchi, quien era reverenciada, consultada y mandaba más que este, cuando gozaba manejando el poder tras bambalinas? Ninguna. Sin embargo falta la sinceridad para decir, “no lo suelto porque lo estoy gozando yo”. El problema, y lo que más arrecha, es que intentan convencer que lo hace todo por unos pobres a quienes no les asegura trabajo estable, beneficios y pensiones, en un Gobierno que va para diez años con mayoría siempre en la Asamblea y no le ha dado la gana de sancionar las leyes de seguridad social, ni vivienda, salud o educación; claro, no por culpa de ellos, como grita la señora Ron al enfrentársele con su incompetencia, sino de los otros, de los oligarcas, los escuálidos, de Bush, los marcianos o Dios.

 

   Sin ocultarlo, porque al menos eso hay que reconocérselo, la mujer plantea el uso del sistema cubano, donde cada sujeto es prisionero de su miedo, de sus carencias, temeroso de hablar con el vecino para exigir entre los dos, porque no sabe si es un sapo del régimen que lo delatará, siempre asustado que le retiren la poca comida al que un sistema brutal lo ha condenado al destruir toda fuente de producción. Temeroso del sapo llamado Comisario de la Revolución, de que no vaya a encaprichase con su rancho porque lo pintó, o de la hija que está echando tetas porque puede intentar abusar, y si es repelido puede denunciarlo ante un comité donde una mujer como ella, Lina, diría quién vive y quien muere, jamás yendo contra un camarada, no vaya a ser que el Déspota la desautorice desde Miraflores y quite el poder, uno sin el que ya no sabe cómo vivir. Ella no ve nada malo en las ciudades y poblados cercados con gente con tubos, palos y armas, conteniendo y encarcelando a todo un país, porque ella está segura de que será una de las carceleras, en su mesa no faltará jamás nada, nadie entrará en lo que es de ella para invadirlo, argumentando un derecho de uso, necesidad o pobreza, en medio de un país donde hay gente que hace lo que sea para no trabajar de sol a sol, pero que sí es muy conciente de que tiene ‘derechos’.

 

   Secuestros y asesinatos se suceden a lo largo y ancho de esta pobre república de quinta, siendo los ‘pobres’ los más amenazados, pero eso no impresiona a esta luchadora social, ya que jueces, fiscales y policías deben estar para detener a los ‘conspiradores’ que intentan acabar con una revolución maravillosa declarando en televisión. Que no aparezcan el aceite, leche o azúcar, que deba comerse lo poco que son capaces de traer o presentar después de casi diez años, cuando hasta el peor gobierno de la llamada cuarta república podía cubrir esas necesidades, no le quitan el sueño a esta doña quijota. Todo se debe a ‘ellos’, la culpa es de ‘los otros’, personalmente ella no tiene culpa ni responsabilidad en nada. Ella está muy ocupada, pregonando las bondades de un régimen que le asegura a ella una buena cuota de beneficios personales.

 

   Esta defensora de la nación, de su soberanía y su gente, no siente que deba explicar, tal vez ni ante ella misma, cómo es que el Gobierno tiene que regular las clínicas privadas para que los pobres no mueran por falta de atención, si Venezuela lleva nueve años mandándole chorros y chorros de dólares a ese viejo vividor, Fidel Castro, porque este iba a enviar médicos y cada dispensario iba a convertirse e una mini clínica donde no faltaría nada. Seguramente cuando oye que no hay azúcar, se arrecha y grita que es por culpa de los productores, sin sentirse obligada a responder cómo si hace seis años se invadieron tierras productivas y los cubanos llevan seis años manejando centrales azucareras. No, seguramente no se cuestiona, no se pregunta nada a sí misma, porque es incómodo, es mejor gritar y repetir lo que el Déspota anuncia como excusas a todas sus necedades. Pero también porque no se puede, no es prudente pensar con cabeza propia si se quiere vivir de la teta del Estado, fingir que se es orate es preferible.

 

   Hace tiempo, en unas elecciones pasadas, un grupo apoyado por ella, los TUPAMAROS, un grupo patético de gente que vive en sus mentes, o finge creerlo, cambios que no se dan en ningún lado, o por lo menos ninguno que se pueda decir: sí, esto estaba mal, pero mira, mejoró, pero que manejan armas e intimidación, denunciaron un fraude en esas elecciones. Gritaron que protestarían y exigirían y que se cuidaran de ellos, y esto y aquello, pero cuando el Déspota habló, temblaron, estafados quedaron, y no les quedó más remedio que decir que ellos no habían amenazado nada, sino que eran inventos de los medios. Ese día se tuvo el cuadro completo de quiénes eran los TUPAMAROS y la señora Lina Ron, puros habladores de paja; lo que ahora viven, es sólo el tiempo que el dinero de todos los venezolanos que miran impotentes como se despilfarra, les compra.

 

   Hubo un día cuando Lina Ron pareció una mujer clara, diáfana, honesta; muy pronto se le vieron las costuras… Hay quienes todavía sostienen, como Rafael Poleo, una voz autorizada en este país, (él sabrá por qué lo dice), que Lina es una mujer honesta; de ser así, los crímenes, excesos y sangre que ha debido asumir como un deber para con el proceso, serán su castigo. Es posible que una mujer semejante se vea sometida a raros ataques de conciencia; y es muy posible que espere que realmente, no exista algo como un Dios. Y no es poca cosa semejante carga, pero fue una que ella montó, complacientemente, sobre sus hombros: ver morir cada día más y más gente de la clase social que juraba defender. La medida de su fracaso es tan grande que eso debería bastar para que pague sus culpas, pero la sangre también debe ser cobrada ante las leyes.

 

CARLOS FERNANDEZ PÉREZ, HOY LO RECORDÉ 

 

Julio César.

LA NOCHE DE SOBELLA

junio 24, 2008

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

   El día quince de agosto de dos mil cinco, el país se había ilusionado con la esperanza de salir del desastroso gobierno de Hugo Chávez. La gente ya estaba cansada de años de prédica estéril, de decir una cosa, atacando, descalificando, crítico y duro, mientras se hacía otra totalmente distinta, de forma completamente descarada. La entrega del país por pedazos; la deliberada destrucción de la mayor empresa, la única que sostiene a todos, PDVSA, pensándose en un remate final al mejor postor; las persecuciones políticas; los juicios amañados; los asesinatos; las agresiones; el maltrato de conciudadanos a manos de cubanos; el odio mondo y lirondo que el Líder exhalaba y sus complejos de inferioridad, habían rebasado el plato. La gente quería salir pacíficamente de ese problema.

 

   El resultado es conocido ya de todo el mundo, de forma sorpresiva, que nadie creyó, el presidente Hugo Chávez fue declarado vencedor de la prueba electoral por un Consejo Nacional Electoral nombrado para eso, con un trío de curiosos personajes que debían representar a las mayorías ciudadanas, donde uno de ellos, Oscar Battaglini, se declaraba chavista de uña en rabo de propia voz; otro, Francisco Carrasquero, se llamaba imparcial y poco después era nombrado magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, por el Gobierno; y el otro, Jorge Rodríguez, terminó como Vicepresidente de la República. Y aunque este trío, que conformaba la mayoría y desidia todo lo que se hacía o no dentro del organismo, y controlaba todo lo relacionado con el referéndum, fueron denunciados, ni el Centro Carter, la OEA o el llamado Grupo de Amigos de Chávez, los objetó jamás. Ni siquiera después de que consiguieron sus nuevos cargos, algún miembro de estas organizaciones hizo un señalamiento.

 

   De ese día infausto, recuerdo claramente el valor de dos mujeres singulares. En un país de mujeres corajudas (cuando se escriba la historia de estos tiempos las féminas alcanzarán alturas épicas), dos dieron la tonada del triste día dieciséis: Marta Colomina y Sobella Mejías. Cada una, dentro de su campo, libró la gran batalla de resistencia, fueron oídas por muy pocos. Pocos intentaron hacer algo. La mayoría guardó silencio y las dejó a su suerte.

 

   El Gobierno intentó por todos los medios evitar el referéndum. Lo primero que hizo fue desestimar y desconocer el primer intento realizado para recolectar las firmas para hacer la petitoria. No habiendo separación de poderes, la ciudadanía no tuvo a quién ocurrir ante tal pretensión. Se hizo una segunda recolección de rúbricas, pero entonces salieron con el cuento de que la gente no había escrito por sí misma en los cuadernos donde se tomaban los datos, dándose a la recolección, el mismo día del hecho, la denominación de mega fraude. Así lo llamó el Presidente en persona, y el resto de los acólitos repitió como loro. Se dijo de las firmas planas que eran inaceptables. Y al cometer un magistrado del Tribunal Supremo de Justina, de la Sala Electoral, Alberto Martini Urdaneta, honesto y valiente, el delito de decir que esas firmas sí eran validas para pedir un revocatorio, la jauría se le lanzó encima. Se le desobedeció y se le separó del cargo, sin que las fuerzas de oposición hicieran un amago siquiera de apoyarlo; mientras Brasil, Argentina, la OEA y España gritaban a coro: así, así, así es que se gobierna.

 

   Lo curioso fue que para varios de los llamados diputados de la oposición, cuando se recolectaron firmas para sacarlos de la Asamblea Nacional, se notó que estas eran ‘planas’; sin embargo esto sí ya no era un problema ni era una irregularidad en este caso, como Carlos Escarrá no se cansaba de repetir, el otrora hombre de leyes, envilecido ahora por las mieles del poder. No, las firmas planas sólo eran ilegales cuando estaban en contra del Gobierno. Nuevamente Brasil, Chile y Argentina admiraron el tino democrático y legalista del Régimen: lo bueno para mí, lo malo para ti.

 

   Cuando al Gobierno no le quedó más remedio que aceptar que se recolectaron las firmas, rebajando el número de ellas para hacer creer al tonto, imagina uno que en España o en la redacción del The New York Tames que no era tanta la gente que odiaba al Líder, se blindó el tinglado del Consejo Nacional Electoral. De los cinco rectores que debían dirigir y controlar los comicios, que se suponía debían ser elegidos por la sociedad civil, y aunque la gente gritó que todo quedaba en manos de una mayoría gubernamental (Carrasquero, Battaglini y Rodríguez), dejando a sólo dos para la ‘oposición’ (Ezequiel Zamora y Sobella Mejías), estos últimos quedaron completamente alejados de toda dirección de control. El Centro Carter, César Gaviria, Brasil, Argentina y Estados Unidos se aprestaron a avalar tal situación.

 

   Comenzaron las denuncias de que se cedulaban dos y tres veces a las mismas personas, que se nacionalizaba a gente sin los requisitos, y que el fiscal de cedulación, que siempre era representante de la oposición para equilibrar a la dirección de identificación, en este caso pertenecía al partido de Gobierno. Se dijo que los equipos traídos para el voto computarizado eran poco fiable, primero porque sólo el Gobierno tenía acceso a los programas y al control de las máquinas; segundo, porque había sido demostrado que era posible saber por quién votó cada persona en pruebas en vivo; y por último que los resultados podían ser modificados con tan sólo iniciar un programa oculto. Eso se gritó en muchos programas de televisión, en la radio y en la prensa. Marta Colomina, Patricia Poleo, Nelson Bocaranda y otros lo manejaron casi como tribuna abierta y diaria, con expertos que alertaban del problema, aunque los llamados líderes de la oposición daban toda clase de garantías de que era imposible hacer trampas con el sistema, y que las elecciones estaban blindadas contra el fraude. Fue más la acción de esta gente, que la propaganda electoral, la que hizo creer a la ciudadanía que de esta forma se podía salir del problema en el que se metió Venezuela botando por un hombre que juró convertir a su país en otra cárcel como Cuba.

 

   Con estos políticos llamados de la oposición pasaba algo muy extraño, mientras todo el mundo veía peligros y sombras de fraude, incluida la excelente gente del grupo SÚMATE (odiados por Gobierno y oposición, por eficientes), ellos auguraban un final feliz, con un presidente Chávez reconociendo su derrota y marchándose dignamente (ja), como si del viejo Raúl Leoni, el gran demócrata que dijo que si perdían por un sólo voto entregaban el coroto, se tratara. Por mucho tiempo estos señores gritaron que este era un Gobierno autoritario, tramposo y delictivo con tendencia dictatorial, pero en el fondo no lo creían. El peligro que el hombre y la mujer común percibían en cada acto del Régimen, era algo desconocido para ellos, demostrando que eran una generación de políticos incapaces de enfrentar, dirigir u organizar nada. Ya no digamos de ‘cobrar’ un resultado electoral; el problema estuvo en que hicieron creer que si podían. Estafa, creo que le llaman a eso.

 

   Los grupos de vigilancia ciudadana denunciaban que se cedulaba muchas veces a los mismos grupos pregobierno, que se negaban las auditorias al registro electoral, y mucho menos se permitía su publicación (¿cómo explicar tantos inscritos sin dirección fija?), que se procedía al negoción de las máquinas, que tampoco fueron auditadas, a no ser por aquellas que escogieron los rectores electorales puestos ahí por el Gobierno. Sin embargo, el Centro Carter, la OEA y los observadores internacionales no vieron en ello ninguna irregularidad. Según ellos, eso siempre se hacía así, aunque meses después se asistió a la escena más dantesca en los últimos tiempos, cuando Jimmy Carter, mostrándose como el cínico sin escrúpulos que es, denunciaba y se oponía tajantemente al uso de máquinas electorales en Estados Unidos, ya que eran susceptibles de ser alteradas y sus resultados eran poco confiables. ¿Alguien le preguntó por qué se negaba allá a lo que aquí favoreció? No, las respuestas podrían ser muy bochornosas para el gran país que un día lo hizo presidente.

 

   ¿Hace falta hablar de ese día quince de agosto? Fue soleado, las colas fueron largas y con muy poca movilidad, parecía algo hecho a propósito para desanimar a los votantes, pero la gente aguantaba. Cosas curiosas se sucedieron sin parar, la gente, frente a la Guardia Nacional, hablaba de forma clara y alta que ya era hora de buscar un cambio y dejar la peleadora. Cuando alguien miraba a un conocido dentro de la cola le gritaba: ¿vas a votar? Este respondía: claro que ‘sí’, en clara alusión a su preferencia. Algo extraño, ya que el venezolano siempre había mantenido cierto respeto a la no propaganda en esas colas. Mientras caía la tarde comenzaron a llegar los resultados a pie de urna, tanto de los partidos políticos como de los observadores internacionales, también los que dejaban filtrar los testigos de mesa. Todos los esperaban con ansiedad.

 

   La Casa del Partido del Gobierno lucía solitaria en horas de la tarde; y una alocución del Vicepresidente de la época, José Vicente Rangel, más bien sonaba a despedida. Un aire triunfalista comenzó a manifestarse dentro de la oposición. Pero el Consejo Nacional Electoral nada soltaba, dejando correr las horas, negándose a cerrar las mesas de votación aún pasada las ocho de la noche. Las horas pasaban y pasaban y los benditos primeros resultados nada que se anunciaban. La gente, pasada las doce de la noche, se retiró a dormir, sintiéndose aliviado no sólo del resultado que veladamente ya manejaban las televisoras, los comandos de campaña de los partidos y aún la prensa internacional, sino que parecía que todo transcurriría con tranquilidad, sin necesidad de llegarse a una guerra interna.

 

   Sin embargo una voz de alarma estalló con toda crudeza a tempranas horas de la madrugada, cuando dos de los rectores principales, aquellos asociados a la oposición, aparecieron frente a las cámaras de televisión. Quienes aún se mantenían pendientes de las noticias, se inquietaron ante la vista de esos dos, que se notaban agotados, furiosos e impotentes. Eran ellos un Ezequiel Zamora de mirada mortecina, cansado, como hastiado de tratar con este país; y a su lado, Sobella Mejías, esa mujer de porte sencillo, de doñita de casa de clase media alta. Fue ella quien llevó la voz cantante, la que estaba ahí y la destinada en ese momento para dar el grito de alerta. Con rostro desencajado, ojos muy abiertos, asustada, mirando hacia los rincones como si temiera que en cualquier momento  apareciera la Policía Política, la DISIP, que la arrastraría fuera de foco hacia un calabozo, habló. La mujer con voz tartajeante, de miedo, de verse de pronto impulsada a un papel protagónico que tal vez no había deseado, pero sintiendo eso que llaman la voz de la conciencia y la llamada de la historia, denunció lo increíble.

 

   Mientras los cómputos iban llegando a la sede principal de CNE, un grupo de técnicos relacionados todos con el Gobierno, con otro grupo de técnicos cubanos, se habían encerrado en la Sala de Totalización, de donde ella, a pesar de ser una rectora principal, fue sacada con malas caras y tratos por la Guardia Nacional, y se le impidió la entrada al otro rector cuando éste quiso protestar por esa arbitrariedad. Los llamados observadores del Centro Carter, de la OEA, y de países cómplices como Argentina, España y Brasil, también fueron retirados y no se les permitió la entrada nuevamente. Todo eso fue denunciado por esa mujer que abría desmesuradamente los ojos: que las actas electrónicas, los resultados, estaban llegando y se hacían manipulaciones a espaldas del país y de los observadores, de las que ellos (ella y Ezequiel) nada sabían. Ella llamaba al pueblo de Venezuela para alertarlos, no sabía qué estaba pasando con las actas y los resultados computarizados, ni lo que podría ocurrir con ellos en esa encerrona. No lo dijo con todas las letras, pero estaba implícito: ¡los habían sacado de allí para invertir los resultados! ¡Para hacer trampa! Un fraude mondo y lirondo, donde ellos sacaban sus propias cuentas y, oh, sorpresa, les daban como querían. Pero ella no pensaba permitírselos. Lo gritó, lo denunció, lo otro sería la salida a las calles de la población, capitaneados por los políticos. Que se armara la ucraniana, pensó la mujer para sus adentros, y que Dios cuidara de todo el mundo, pero eso no podía quedarse así. Seguramente también contaba con la colaboración de los llamaos observadores, que habían constatado en vivo las irregularidades (¡qué inocencia!).

 

   Menos de dos horas después, con su cara muy lavada, el señor Carrasquero repetía unos resultados que en horas de la tarde ya los canales estatales habían repartido en varios medios de comunicación a nivel mundial, coincidiendo a la maravilla los números, cosa de pitonisos. Lo que vino después fue la estupefacción. El país quedó silencioso, en shock. La oposición no entendía qué había pasado, los seguidores del Gobierno tampoco salieron a celebrar esa madrugada del dieciséis, así como todo ese día. Nadie podía creerlo. Y en medio de ese silencio de depresión, de engaño, de muchas lágrimas de frustración, una voz se levantó con furia, con amargura, decidida, resuelta y valiente, doña Marta Colomina, quien desde su programa mañanero en ese que otrora fue un canal libre, TELEVEN, llamó fraude al fraude, mientras otros intentaban recular o suavizar los términos. Lo dijo con rabia, con voz dura, tanto que muchos de sus invitados parecían algo temerosos. Ella y el fallecido Jorge Olavarría, un hombre que había defendido y encumbrado a Chávez, repudiándolo al saberlo un demente peligroso para la salud de la patria, hablaron con toda la hiel del desencanto esa mañana.

 

   De ese infausto dieciséis de agosto, se levantaron voces discretas como la de Mari Pili Hernández, una periodista radial defensora del Régimen, quien pidió ponderación en los comentarios y que dejara de hablarse de fraude, ya que eso dividiría más al país y creaba un caldo peligroso para la paz. José Vicente Rangel, Vicepresidente para el momento, llamaba a la calma, que la vida republicana continuaría. Del resto, los políticos brillaron por su ausencia, tanto los del Gobierno como los de la mal llamada oposición, gerentes para tiendas, pero no para administrar tiempos duros y de batalla. Y comenzaron los relatos de leyendas. Unos decía que César Gaviria, Secretario General de la OEA para el momento, furioso, amenazaba con irse del país sin reconocer los resultados ante la evidencia del secreteo en la Sala de Totalización, donde sólo el Gobierno estuvo presente para sumar los cómputos.

 

   Era mentira, tal dignidad y resolución jamás existió. Para esos momentos Estados Unidos, embarcados en otro atolladero bélico en el Golfo, necesitaba lo que aún creía el suministro confiable de combustible desde Venezuela, y lo que menos deseaba era una guerra civil, como si esa fuera desición suya. Pero podían permitirse tal altanería, ya que es como dice el periodista Rafael Poleo, el imperio sí existe y es bien maluco. Otra leyenda hablaba de un joven técnico que salió corriendo de la Sala de Totalización y le dijo a un grupo de observadores que estaban invirtiendo el resultado del referéndum, siendo detenido inmediatamente por la Policía Política. La especie jamás pudo ser verificada. Lo cierto es que las cifras finales fueron, pero de orden contrario, las que todos los resultados a pie de urna daban en horas de la tarde el día anterior, dando como triunfador al “sí, si queremos salir del Presidente”.

 

   Un grupo de espontáneos, llenos de rabia y desesperación, de impotencia, se reunió rápidamente en la plaza Altamira, a protestar contra el fraude. Es de justicia reconocer el valor de algunos políticos, casi todos del Comando de la Resistencia, al que pertenecen Antonio Ledesma, Oscar Pérez, y hasta el momento de su huida forzada del país, Patricia Poleo. Allí, respondiendo a la máxima de que muerto el perro se acaba la rabia, frente a las cámaras de televisión, un hombre bajó de una motocicleta y disparó contra los manifestantes, matando a la señora Ron (no Lina Ron). El Gobierno, más tarde, hizo lo imposible por decir que la culpa era de los reunidos, que había que enjuiciar al Comando de la Resistencia, como fue culpa de los marchantes del once de abril del dos mil dos, el morir por marchar. Por el asesino se hizo de todo para salvarlo, y ese juicio aún no termina. Sabe el Gobierno que cuenta con sus ‘documentalistas’ que luego saldrían a contar la ‘verdad’ en universidades idiotas y países creyentes de pendejadas, pero sobretodo con la complicidad de los que sí fueron informados de forma concreta y veraz, como el señor Lula da Silva, Ernesto Kirchner, la señora Bachelet y Rodríguez Zapatero.

 

   De ese desastre electoral, del hecho de la totalización de los resultados en forma muy privada, presente únicamente los afectos al Régimen, y que luego uno de los rectores saliera para el Tribunal Supremo y otro a la Vicepresidencia de la República, nadie ha dado explicaciones. Ni Brasil o Argentina, ni Chile o España; se conformaron con hacer pensar que creían en aquella payasada, aliviados de que solamente mataran a una o dos personas en todo el territorio y ya. Para Lula y Kirchner, ahí radicaba el éxito. A Marta Colomina se la cobraron y salió de TELEVEN, casi condenándolo con su ida. A Sobella Mejías se le trató mejor, incluso se dijo que se le propuso, al salir dos de los rectores, el que fuera presidenta del CNE. Ella continuó allí, preparándose para las siguientes elecciones, las de gobernadores y alcaldes, que la oposición corrió a aceptar cuando Chávez lo ordenó. Él quería elecciones y había que complacerlo, aunque los resultados ya se sabían y que Marta Colomina se halaba los cabellos intentando explicárselos a la oposición. Era obvio que la maquinaria del fraude no iba a detenerse después de los buenos resultados obtenidos, la clara cobardía e incompetencia de la oposición y la carbronería internacional. Todos sabían que se perderían estados en manos de la oposición, como Miranda, Lara y Carabobo. Sólo Enrique Mendoza, Eduardo Lapi y Salas Feo, sus gobernadores para el momento, lo ignoraban.

 

   Mientras se preparaban estas contiendas, mucha gente, incluido mi apreciado señor Rafael Poleo, criticó a Sobella Mejías por no hacer más para detener a esta gente. Todos la notaban tibia y callada. Pero para ese momento ya Ezequiel Zamora se había retirado y la correlación de fuerzas era de cuatro oficialista contra ella… Y seamos sinceros, ¿qué ganas de hacer nada podía tener esa señora? Esta mujer, una rectora principal, había sido agredida por la Guardia Nacional el ocho de febrero del 2005, siendo vapuleada e insultada, conociendo en propia carne de los atropellos, abusos y violencia del Régimen. Se dijo que se investigaría el hecho pero nada se hizo. Y sin embargo, esa madrugada del día siguiente al fraude, logró sacar fuerzas de flaquezas, y a pesar del temor, con alarma pero resuelta, dio la voz de alerta: hacen trampa, no me dejan ver qué hacen con los resultados, hay que pararlos, salgan todos a la calle. Eso dijo con tartajeos, sabiendo que el Régimen ahora podría ser aún más violento; pero con ese valor curioso de las mujeres, que no piensan en el poder inmediato, como los hombres, sino que sacan rápidas cuentas sobre la vida y bienestar de hijos, sobrinos, ahijados y nietos. Pero nadie salió, los políticos de oposición se mimetizaron con sus camas, escondiéndose. Ella debió verlo, con rabia, seguramente con algo de llanto en sus ojos, esa mañana del día dieciséis, y debió pensar: ah, ¿no harán nada?, jódanse. Ella hizo su parte, el país falló.

 

   Sobella Mejías está ahora jubilada, alejada de los abatares públicos. Posiblemente dedica más tiempo a su carrera, es abogado y Magíster en Ciencias Políticas, de larga y honorable trayectoria en las faenas electorales. Tal vez se dedica más al cuidado de su casa, de un jardín, o al cepillado de una perra. Ella merece estar bien, en paz, pero seguramente no lo está, porque es una mujer realista, cabal e inteligente, y debe temer por el futuro de Venezuela bajo la suela del dictador cubano, el sombrío anciano líder de un sanguinario régimen que sólo ha sembrado muerte, dolor y miseria por donde ha pasado. Pero Sobella Mejías debe tener claro en todo momento que ella cumplió con todo lo que pudo para impedir tal descalabro. Tal vez antes o después de eso no realizó nada digno de unas líneas en cualquier reseña, pero esa noche, la noche del fraude, del robo, del engaño en complicidad con gobiernos pro dictatoriales, hizo lo que pudo por salvar a su país, puso en juego todo aquello de los que tantos hombres adolecieron en ese momento, bolas, incluido el valor de hacer lo correcto, lo necesario, así eso significara ser agredida, arrestada y vejada en un calabozo de la tenebrosa DISIP.

 

   Esta mujer de rostro ancho y anodino, se convirtió esa noche, la noche de su vida, la noche de Sobella, en otra de esas féminas cuyo retrato cuelga en una larga galería de valor, determinación y coraje. Su conciencia está tranquila, los demonios del arrepentimiento y la culpa no la perseguirán jamás. Ella puede mirar de frente a quien quiera, explicando sus acciones o no, estos hablan por ella. Hizo lo que debía y eso debería bastarle para brindarle tranquilidad hasta el final de sus días, pero casi estoy seguro de que no es así. Venezuela continúa en la oscurana, esa de la que habló un día Alí Primera: en mi tierra los hombres han tomado partido, unos por la vida, otros en contra de ellos mismos…

 

LINA RON

 

Julio César.

GENERAL MANUEL ROSENDO

abril 18, 2008

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

   A los venezolanos generalmente nos han visto con una lente un poco dura el resto de los países latinoamericanos. Siempre he pensado que se debe al petróleo y las posibilidades económicas que eso siempre nos brindó, aunque nos las ingeniamos para regarla y dejar la cosa peor. Jamás aprendimos qué hacer con los reales del petróleo. Se dice que somos flojos y superficiales. Es posible, pero debe entenderse que a cada venezolano desde que nace se le dice que pisa una tierra rica en petróleo y que el petróleo es de todos. Así que todos esperamos nuestros barriles, nuestra parte, de la que creemos tener derecho. ¿Para qué trabajar o esforzarse si se tiene real? El problema es que los reales no llegan, y ahora menos, que nos viven los gobiernos ‘amigos’ y nos chulean los cubanos, Evo Morales y Daniel Ortega. ¿Realmente seremos tan superficiales, tan simples, tan elementales? Veamos.

 

   Durante los años 1999, 2000 y 2001 el país asistió al enfrentamiento de un grupo de valientes reporteros y periodistas de medios independientes (había que serlo para encarar a un Gobierno abusador y represivo, aplaudido por tanta gente fuera de sus fronteras), que habían denunciado la terrible corrupción que arropaba el ámbito militar con la operación que se llamó PLAN BOLÍVAR 2000, donde generales y oficiales manejaron de forma personal y a discreción, sin intermediarios o controles, colosales cantidades de dineros destinados a obras sociales directas, saltando sobre las autoridades civiles. Muchas voces se alzaron para prevenir al Gobierno sobre lo que vendría, la escandalosa corrupción del componente militar, la desaparición de esos dineros y las pocas obras o soluciones reales alcanzadas. Todos los dijeron, todos advirtieron, pero un Gobierno inepto, corrupto y corruptor permitió que el festín continuara. El Presidente se encontraba urgido de corromper con plata a los militares para que estos rompieran totalmente con la llamada institucionalidad, y le debieran a él hasta el modo de caminar, mientras se archivaban casos contados de excesos para futuras amenazas. Toda denuncia era tachada de subversiva, desestabilizadora y emanada de la CIA. Era algo grotesco de lo que muchos medios de comunicación fuera del país se hicieron eco.

  

    De esos años, un hombre que estuvo en la picota aunque no se le acusara personalmente de nada, fue el general de división ejercito, ahora retirado, Manuel Rosendo, un voluminoso hombre con fama de serio, cabal e institucionalita hasta esos momentos. Pero las denuncias de corrupción de militares hechos por el señor Roche Lander, ex Contralor General, y aún del nuevo contralor, Clodosvaldo Russian, o Rufián como también se le conoce, amparados luego por el poder, acabaron con esa fama y estima. Los militares habían comenzado a resbalar por la pendiente por la que rodaban los políticos, los de antes y los que llegaban ahora. La gota que derramó el vaso contra el General fue con ocasión de un desfile militar, cuando todavía el Presidente se atrevía a hacerlos sin rodearse de incondicionales y cubanos, cuando la gente lo quería en verdad e iba a verlo y aplaudirlo. En ese desfile el general Rosendo, vestido de verde, metido en un tanque dijo unas palabras que sonaron algo más que adulancia al poder. Era halamecatismo puro. Haló mecate con fuerza, pero sin tensarlo, fue un trabajo experto, firme y sostenido.

 

   Ah, ¡las cosas que se dijeron de Rosendo en todo el país! Gordo halabolas fue lo de menos. La gente decía que parecía un tapón metido en el tanque y otros añadieron que habían tenido que embaunarlo de grasa para que entrara y seguramente habían tenido que desarmar el tanque para sacarlo. La vida de la República continuó, los excesos, crímenes y vicios de una clase crapulenta se hizo demasiado evidente para todo un país, sus desmanes habían acabado con la paciencia de la gente, que poco a poco salió a protestar nuevamente. Los primeros que alzaron la voz fueron los padres, maestros y representantes cuando el Gobierno amenazó la patria potestad, diciendo que Cuba era la única que debía encargarse de la crianza de los muchachos y de su formación ideológica y política (ya se imaginarán). Luego protestaron los médicos, gerentes varios, políticos, religiosos, y finalmente la gente de los medios de comunicación y el ciudadano común. La tapa del frasco llegó cuando un grupo de militares de alta graduación se declararon el rebeldía cívica pacifica. Realmente el régimen no supo que hacer con ellos.

 

   El año 2002 fue álgido y terrible para Venezuela, con una situación que fue desmejorando día a día, hasta culminar en la gran marcha del día 11 de marzo de 2002. Inicialmente la marcha debía partir desde Los Dos Caminos, en el Este capitalino, cerca de Petare, hasta la plaza Altamira donde pernotaban esos militares en rebeldía. Pero la marcha fue desbordada por su propio éxito, uno que ni lo organizadores esperaban. Asistió demasiada gente, y no se detuvieron en Altamira. La marcha continuó. El grito era: hacia Miraflores, hacia Miraflores. Y ¿qué mal había en ello? Eran personas marchando, gente que deseaba darse esa larga caminata y llegar al Palacio de Gobierno y gritar a una voz: vete ya. ¿Qué iban a tumbar el gobierno? ¿Sin aviones, sin tanques, sin armas? Muchos desean creer que si, que así se dan golpes de estados, no con tanquetas, avionetas lanzando bombas o con FAL o metrallas asesinando gente desde puentes y azoteas. Hay quienes deben creerlo, repetírselo y llegar a convencerse con el tiempo, porque la duda, la sospecha de que no fuera así, sería algo demasiado monstruoso.

 

   En Miraflores un hombrecillo ridículo y patético cayó en pánico y ordenó se implementara el Plan Ávila: que el ejército saliera y cargara contra todo el mundo. El Alto Mando se negó, pero desde puentes y azoteas de edificios públicos controlados por la Guardia Nacional al estar en el perímetro de seguridad del Palacio de Gobierno, se disparó contra la gente. ¿Quiénes eran o como llegaron allí cuando nadie que no fuera del Gobierno era revolcado a palos o alejado con bombas lacrimógenas de los uniformados si se acercaba? Nadie lo explicó jamás. El Alto Mando, en vista de los horrores, muertos y crímenes cometidos, le solicitó la renuncia al Presidente de la República, el responsable de la masacre. Renuncia que este aceptó, dicho por boca de un chavista conspicuo, el general en jefe, trisoleado, Lucas Rincón, un hombre tan ‘honesto y cabal’ que ni por decir aquello fue investigado después. Cuarenta y ocho horas después, el hombre volvía al poder y comenzó la persecución cabal contra todo el mundo. El país vivía una guerra sorda, soterrada y desesperada a pesar de los esfuerzos de Brasil, Argentina y la OEA por ocultarlo, hasta que en diciembre de ese año estalló el llamado PARO CÍVICO.

 

   Para este momento, Manuel Rosendo, hombre que se había negado a lanzar el ejercito contra la gente, y a que salieran las tanquetas y tropas armadas para contener mediante el asesinato de civiles a la población, había sido dado de baja, y se le llamaba traidor e investigaba por si era agente de la CIA; lo real era que ahora colaboraba decididamente con la oposición, porque la cosa ya estaba clara, un régimen con tintes totalitario y continuista pretendía el poder total, jineteado desde Cuba, aunque muchos preferían no verlo así, por desear ver lo que querían ver, o por intereses económicos que amarraron al carretón autoritario a tantos gobiernos latinoamericanos. El régimen gastaba cantidades increíbles de dinero para comprar y atar conciencias. Durante el Paro Cívico, varios altos militares fueron detenidos para infundir temor. Una tarde, llegando a la urbanización donde vivía, Manuel Rosendo era seguido por la DISIP, la siniestra policía política, que intentó detenerlo y llevárselo por la fuerza, sin que mediaran órdenes de captura o se encontrara presente un fiscal del Ministerio Público. Pero no pudieron. Los vecinos y gente que pasaba por ahí, dándose cuenta de lo que pretendían, reaccionaron con determinación y rodearon a los policías al grito de: Rosendo no sale de aquí. Alguien llamó a la prensa y en seguida GLOBOVISION (por eso la odian tanto) llegó al lugar.

 

   Fue extraño ver a ese hombre grande, con cara de luna, con aire como confuso, parecía aturdido, rodeado de gente que lo empujaron hacia un estacionamiento y cerraron una reja para protegerlo, y que no permitían que se lo llevaran entre gritos de apoyo y cacerolazos que perseguían y alejaban a la DISIP. En ese momento, la cosa había cambiado, de forma evidente, y tal vez por eso nos llaman frívolos. El general Manuel Rosendo había pasado de ser un villano odiado, ese gordito estrafalario y halamecate, ridículo y protector de corruptelas, a paladín en la lucha por la libertad. Ahora la gente lo encontraba sobrio, elegante, decente; era mesurado e inteligente, un estadista pues. Dicen que hasta algunas féminas lo llamaban gordito lindo.

 

   La situación degeneró más, el Gobierno dio un golpe de mano con un referéndum presidencial mega fraudulento, avalado por medio mundo, y lo que quedaban de voces opositoras que gritaban no pude ser que un solo hombre nos embarque en negocios absurdos con satrapías mundiales, fueron silenciadas. Al ser encarcelado el general Francisco Usón por explicar en televisión cómo funcionaba un lanza llamas (a cinco años de cárcel, ah, pero en Venezuela todo está bien, según Inzulsa, Lula da Silva y Kirchner), el general retirado Manuel Rosendo hizo mutis, uno muy discreto. Se asegura que está fuera del país. Que le vaya bien, porque indistintamente de todo lo que pueda haber hecho durante toda su vida, cuando el momento de la verdad llegó y se le exigió el asesinato a mansalva de cientos y cientos para satisfacer los apetitos pedestres de poder de un enfermo manejado por el viejo dictador cubano, se negó de plano, como un hombre, como un militar de carrera de verdad, que sabe dónde y quiénes son los enemigos reales de Venezuela.

 

   Sus manos no se mancharon de sangre inocente como hicieron y hacen otros con tanta facilidad. Dijo no; y no, fue no. Con hombría. Esté donde esté, repito, que le vaya bien; un día, cuando sea un anciano (mejore sus hábitos alimenticios, General) plagado de dolores y achaques, tal vez amargado por tantas limitaciones y malestares, podrá quedarse quieto y sonreír por un momento en algún sillón mirando a la nada, y recordar que ese día, muchos años atrás, salvó la vida de muchos, de personas que siguieron viviendo sin saber lo cerca que estuvieron esa tarde, un 11 de abril, de morir. Salud, General, una conciencia tranquila será lo único que lo acompañe, Dios quiera, dentro de muchos años, cuando la vida esté llegando a su final. Ese día no tendrá que mirar con espanto, rodeando su cama, los rostros de los que debieron ser sus víctimas esa tarde. No se crea, no es poco lo que ganó…

 

LA NOCHE DE SOBELLA 

 

Julio César.

PHIL REGAN, EL BUITRE…

febrero 7, 2008

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

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   Continuando una vieja tradición, los Navegantes del Magallanes, mi equipo favorito de béisbol, se quedó en navidad, eliminado en la ronda regular. Los caraquistas siempre dicen eso, que somos como el pan de jamón, hasta diciembre llegamos. Si, nos liquidaron, pero con lo mal que estaba el equipo, fue lo mejor. Para estar guindando mejor es caer. Por suerte los caraquistas murieron con nosotros. Así el dolor es más tolerable. A pesar de la doble matanza, no faltó el caraquista que quisieron echar bromas sobre la eliminación del Magallanes, de donde salió aquello de que el buque de Los Navegantes del Magallanes se fue a pique sin saber que Los Leones del Caracas iban ocultos en su sótano a ver si llegaban a algo, y también perecieron, ahogados.   

   De los que pasaron a la semi final, los más sorpresivos fueron Los Tiburones de la Guaira, de la mano de Carlos Subero (botado feamente por el Caracas hace tiempo) ya que nadie daba medio por ellos, y Los Bravos de Margarita. Este equipo cuenta actualmente con la dirección de un viejo veterano en las lidias del béisbol venezolano, Phil Reagan, el buitre. Dicen que lo llaman así por su mirada atenta, fija, casi hipnótica, que intimida, aunque suena bastante mal, ¿no había otra ave rapaz para describirlo? El caso es que este viejo de mirada seca, rostro severo, con pinta de envenenador profesional (uno lo imagina de villano en una cinta negra), aunque quienes lo conocen dicen que es amable y agradable (pero realmente lo disimula bien), ha sido manager de casi todos los equipos en este país. Estuvo muchos años con Los Leones del Caracas, en buenos y malos momentos, hasta que acabó la relación no en muy buenos términos (un chiste que corrió mucho a finales de este diciembre era que Reagan y Subero habían hundido al Caracas mientras reían a dúo), y allí comenzó a recorrer toda la liga. Siempre destacando, siempre luchando.   

   El viejo Reagan está lleno de trucos y mañas, sabe cuando sacar a un designado, cuando darle un voto de crianza a un picher y cuando ordenar el toque de bolas y cosas así. De él, Mary Montes, la gran narradora de noticias deportivas, dijo algo muy meritorio, que lo describe bien aunque uno no lo captara en todo su sentido en el momento. Estando ella hablando de la situación del Caracas, que en verdad trajo un tronco de equipo pero sólo para dar la cómica, ella defendió al manager, al que conoce de amistad, Carlos Hernández. Fue cuando dijo que Carlos era muy conservador, muy apegado al librito: “le falta algo, la maña, la picardía. No juega Caribe, como sí lo hace Phil Reagan, que sabe lo que tiene qué hacer y cómo hacerlo”. Y es verdad. El viejo Reagan, como le dice todo el mundo en este país, ya es una figura más de los estadium, un componente más de cada temporada, como lo era hasta hace poco Musulungo Herrera, el árbitro, un hombre de ojo severo a quien se le escapaban pocas cosas y no admitía rebeldías ni faltas de respeto. La verdad que sería extraño una temporada en la que no estuviera presente Phil Reagan.   

   Ahí está nuevamente, con su conducción Los Bravos de Margarita, en su primer año como divisa, pasó a las semifinales, y si sabe moverse, llegará lejos… aunque ahí están los cuartos bates como Cardenales y Tigres. De manera personal, siempre he admirado y estimado a este señor, en verdad no se le tiene el cariño que se le tuvo a jugadores que sin ser estrellas se le quiso, como Clemente Hernández, el eterno cachet del Magallanes, Dimas Gutiérrez, un carajo que no era una maravilla pero siempre respondía con el bate y sus jugadas, o Luís Raven, quien durante temporadas completas, cuando el Magallanes pasaba por su peor momento, sólo él bateaba y cargaba con el peso de todo el buque manteniéndolo a flote. La personalidad de el Buitre no es así como muy dada a considerarlo un ‘compinche’. Sin embargo, se le respeta. Hubo un año, no recuerdo bien cuál ni con quién, espero no fuera el Magallanes, que dicho equipo andaba mal, y en un viaje que el viejo hizo a su casa en el Norte, lo llamaron para decirle que no regresara. Eso me molestó. Fue una falta grande de respeto para con este caballero, de quien todos dicen que donde se para habla maravillas del béisbol venezolano, del calor de la gente que va a sus estadium, de la pasión que sentimos por este deporte, y de Venezuela en general. Es tan raro ese aprecio de una personalidad aparentemente tan severa, más en estos días en los cuales el nombre de Venezuela va asociado a la locura, al ridículo y a la necedad.   

   Suerte, señor Reagan, y esperamos seguir viéndolo por aquí durante mucho, mucho tiempo más. Llegará el momento en que se diga, como se decía hace tiempo por lo reincidente y cotidiano, una temporada de béisbol sin Phil Reagan, es como unas elecciones presidenciales sin Rafael caldera. Good-bye, por ahora, mister Reagan… 

GENERAL MANUEL ROSENDO

Julio César.

ÁLVARO URIBE VELEZ EN EL HURACÁN

enero 23, 2008

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

   Esto lo escribí en mi otro blog el 28 de agosto de 2007, por un fuerte rumor que corrió en Venezuela sobre una maniobra de la guerrilla que incluía a la señora Ingrid Betancourt.

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   El presidente electo de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, es un hombre que en un primer momento parece odioso, pero conociéndosele más a fondo, resulta realmente antipático, medido por los cánones que generalmente usamos en América Latina. El hombre no grita como gorila bajando de un árbol, no llama esto o aquello (con menciones a las madres) a sus rivales políticos, y tiene ese repelente aire de eficiencia, inteligencia y suficiencia que gente menos dotada tiene que odiar. Este hombre, ligado a las capas más conservadoras de Colombia, fue electo porque prometió mano dura con los flagelos que no han permitido a ese país el convertirse en una Canadá hispana, las drogas con sus carteles, escuadrones de muerte y horror, y la guerrilla terrorista que lleva más de cuarenta años bañando de sangre inocente el suelo granadino. Esa fue su promesa, lo que dijo: mano dura, y mientras lo hacemos, ganaremos plata y figuración en la región. Eso convenció a su electorado, ¡dos veces!, en un país donde no hay maquinitas que puedan arrojar los resultados deseados del manejador, o un colegio electoral que reciba órdenes del presidente de la republica en ejercicio. Es decir, su triunfo sí no puede discutírsele, como el de tantos otros.   

   ¿Por qué resulta tan insoportable este sujeto para tantos? Primero, porque parece no necesitar limosnas, ni crear un cartel de tiranillos que avalen sus actuaciones autoritarias para mantenerse en el poder. Sabe que cuando deje de ser útil, o de tener el favor del electorado, tendrá que irse sin derecho a pataleo, como tuvieron que retirarse muchos otros antes que él, sin escándalos, sin yeyos, sin desmayos, idea que martiriza a tantos, el verse separados de un poder con el que no hacen nada útil como no sea satisfacer caprichos personales. Pero no puede ser todo, debe haber más. Puede ser su alianza con una potencia como Estados Unidos, una nación próspera donde la prensa vuelve picadillo al presidente Bush por sus errores, y sin embargo el ingreso bruto de un estado como California es mayor al de cualquier nación latinoamericana. ¿Cómo se le ocurre a Uribe Vélez una alianza tan antinatural?, ¿por qué asociarse con gente eficiente, por qué no con Fidel Castro quien se ha mantenido cuarenta años sobre la miseria de su pueblo, disminuyéndolos a la condición de cosas, de no seres humanos, de carne para el burdel mientras él y la banda de delincuentes llamados militares, cancilleres, deportistas y artistas se dan la gran vida? Obviamente Uribe Vélez está loco y confundido al no seguir y adorar cada pelo de la barba de semejante santón. Y sin embargo esto no alcanza para explicar el disgusto por este señor. En el fondo creo que todo el resentimiento contra este sujeto se debe a que es un conservador duro que no teme decirlo, que anda por el mundo sin complejos, sin traumas siendo lo que es, aunque no sea popular.    

   En el fondo no le perdonamos que sea eso, un conservador, un hombre que lucha por el status quo, por mantener ciertos valores y defender un estilo de vida que para él, es muy claro, simple y evidentemente beneficioso. Para muchas almas atormentadas, y no todas en América Latina, los conservadores son una pesadilla, seres detestables y crueles. Representan al padre de familia odioso que le reclama al hijos por el aro en la nariz y no entiende cuando este le chilla que él es moderno, sino que ve a una pobre muchacho torturado que se martiriza para intentar verse distinto, deseando ser ‘especial’. Es quien le grita a la hija que llora que ella no va para esa fiesta con ese tipo que es un malandro que seda, viola y preña muchachas de las que luego nada quiere saber y éstas terminan cuidando solas al muchacho; y lo dice duramente, cerrando la puerta de la calle con su cuerpo mientras la hija grita que ella ama a ese carajo (Dios). Es quien le grita a esa hija: te vas a tu cuarto, y la arrastra y la lleva, y hasta la encierra, porque le parece que es mejor que crezca, estudie, se prepare y luego, con armas en la mano, haga la vida que le de la gana, le vaya bien o mal, pero que no fracase antes de salir. Prefiere ser temido, poco querido, a permitir un desastre antes de tiempo (amén).   

   Actitud tan distinta a la que se presenta generalmente del liberal, el padre que entiende que la muchacha ama, y que ese amor es lo único que importa, que no hay nada más importante, que es su vida y aunque no tenga preparación, un trabajo, una entrada de dinero para un pote de leche o pañales, ni casa, tiene derechos; que salga con el malandrito y que Dios la cuide (pobre Dios), y luego se sorprende cuando ella llora y le dice que está preñada y el tipo le saca el cuerpo. Y él, molesto, torturado por dentro, le dice que está bien, que fue un error, cosa de jóvenes, que la ayudarán. Y la muchacha, que ve que no hay consecuencias para sus actos, mientras hipa y sonríe diciéndole que lo ama, le pregunta si puede irse con unas amigas a la playa porque hay otras fiestas y quiere distraerse. ¡Qué sabroso, ¿verdad?! Son las dos concepciones entre las que se mueven las sociedades, también están los socialistas que sonríen bobos, dicen que todo será de todos, que no habrá amos ni sirvientes, que habrá felicidad comunal, mientras controlan el dinero, las armas del ejercito y planean como culpar a otro del desastre creado. Este es sólo un grupo marginal, como una enfermedad que sale en algunos extremos, ni siquiera son una tendencia, sólo un accidente.   

   La derecha (Álvaro Uribe Vélez), debe ser dura porque intenta sobrevivir en un mundo en caos, manteniendo estabilidad, reglas claras, un modo de vida medio vivible. Los liberales se pierden en la idea de todas las libertades y ninguna de las obligaciones, o que estas no son tan importantes al final. Del otro lado, está la izquierda, irresponsable e idiota que repite una y otra vez el mismo discurso (y sin embargo les funciona), prometiendo villas y castillas, pero terminando en un sembradío de miseria, caos y con las leyes crueles que rigen en la jungla. Cuando esto ocurre y los países terminan devastados en déficit inflación, carestía e inseguridad, es común ver a la derecha tomar el control, imponiendo trabajo, reglas duras, hasta que el caos es superado, por voluntades enérgicas, claras e instruidas (como lo fueron en Venezuela Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera, hombres de decencia, para quienes lo correcto, lo legal, lo decente, siempre fue un punto claro, sin matices o áreas grises). Lo extraño es que cuando las naciones comienzan a prosperar, alejándose de los tiempos oscuros, nuevas recuas de histéricos hablan otra vez de soluciones mágicas, de vamos a repartir todo, de abajo los viejos, las reglas y la autoridad. Es como el vaivén de un péndulo gigante, vamos de extremo a extremo, y generalmente no hay paz en el ínterin. Ahora comienzo a temer que si fuera norteamericano, sería republicano (¡qué deprimente!).    

   Para muchos venezolanos, las carantoñas hechas por presidentes como los de España, Chile, Argentina y Brasil (por Dios, ¡Brasil!), ante la grotesca figura de un atorrante como el títere del macabro proyecto fidelista, la distancia y clase impuestas por Uribe Vélez son de admirar. Y sin embargo, su accionar flojo, poco firme con Venezuela desde el inicio, esa política de dejar hacer, dejar pasar que algo bueno puede quedarnos, fue un error. Uno que los venezolanos, que esperábamos una actitud más firme contra la pérdida de libertades y democracia en una nación cercana, no perdonamos al hombre fuerte del vecino país, quien en teorías era nuestro ‘hermano’; sin embargo no les importó a ninguno de ellos, como a los antes nombrados, lo que aquí ocurría con cientos y cientos de perseguidos. Eso produce en muchos de nosotros una ambivalente sensación ante lo que ahora ocurre. Contra el estado colombiano, y contra Colombia toda como nación, se ha desatado, desde hace tiempo una campaña brutal para destruir ese sistema de vida que es más o menos funcional, donde ley, orden e institucionalidad aún significan algo, garantías para cualquier pata’e en suelo de que puede enfrentar poderes mayores que él, y el Estado lo respaldará si tiene la razón. Y esa campaña, para países sumergidos en el desastre, causa alivio. Cualquier venezolano con sangre en las venas piensa: que bueno, que también ellos se jodan.   

   Desde hace mucho tiempo voces autorizadas de militares, hacendados de la zona y valiente reporteras venezolanas, mujeres como la Poleo, Salazar, Pacheco y la Colomina (cuatro periodistas a quienes el régimen tiene sobrados motivos para odiar y perseguir) denunciaron la conchupancia entre sectores del ejercito venezolano y las narcoguerrillas ¡con videos y todo! Todos alertaban de la peligrosa convivencia del gobierno venezolano con células irregulares de la narcoguerrilla. Que nuestro territorio era usado de aliviadero, que armas venezolanas estaban en manos de los irregulares, o de que estos escapaban a Venezuela donde las fuerzas colombianas eran contenidas, o que ya controlaban bastos sectores de la frontera. Todo esto se ha repetido hasta la saciedad, pero nadie ha querido darse por enterado. Se gritaba que era peligroso permitir el unir el dinero de las drogas con los del petróleo y el brazo armado de la guerrilla criminal, bajo la figura de un líder delirante, peligro e ignorante pero carismático. Toda Latinoamérica se hizo la loca, no fuera a ser que el presidente orate les gritara o insultara (les daba tanto meyo, poechitos), o por perder los reales que andaba regalando, o por dáselas de chévere con un líder que es aceptado por muchos en sus propios países. Jugaron a usar sus reales, a vivirlo y dejarlo hacer. Colombia, no en una medida tan grande o de tanta responsabilidad como Brasil, también permitió todo eso. Ahora estamos en esta encrucijada cuando se comienza a hablar de ‘conflictos’ y hasta de ‘alertas fronterizas’; les pasó como en el viejo cuento del mono, quien mete la mano en un hueco para sacar algo, y lo atrapan porque aunque ve venir a sus captores, no suelta su presa por codicia. Aunque esta conducta es propia de politiquillos baratos, los estadistas rara vez caen en estas ingenuidades peligrosas.   

   Convencidos de que por las armas jamás alcanzaran el, poder, la guerrilla ha tenido que prestar oídos al anciano degenerado que aún gobierna Cuba, y a través de él, al presidente venezolano. Estos grupos jamás alcanzarán el poder porque el colombiano común, con tres dedos de frente, los sabe peligrosos homicidas que matan por poder personal y por dinero, y entiende que de ese grupo de criminales no saldrá nada bueno, que no pueden construir esa sociedad más justa. ¿Justicia?, ¿decencia? ¿De ellos? Agotado el modelo de la violencia, sostenido únicamente para matar y secuestrar aquí y allá, sabiendo que no sirve para nada, pero como causar dolor nada les cuesta, las maniobras se dirigieron, como bien pudo decírselos el presidente Chávez, a destruir el sistema desde adentro, contando con grupos venales e irresponsables dentro del propio status quo. Uribe Vélez llega al poder porque es duro y promete mano dura contra narcos y guerrilleros, entonces hay que contraatacar, y allí entran en juego las cifras millonarias y fabulosas de las drogas, unidas ahora a los petrodólares. Estos grupos gastan millones y millones de dólares en costosos lobbys en Estados Unidos y Europa, en campañas contra Uribe Vélez, mostrándolo como un delincuente extremista, como un monstruo incapaz de condolerse del dolor ajeno. Esos lobbys mueven medios de comunicaciones y grupos de jóvenes que jamás han pensado por sí mismos, y los lanzan a servir a estos delincuentes que sienten deben limitar y destruir a quien juró enfrentarlos.   

   La campaña es de una elementalidad, de una simpleza tal, que realmente no deja mucho a la imaginación, pero es llevada acabo con la osadía de quienes nada tienen que perder y desarrollada por vividores y parásitos que no ven nada malo en la explotación, abuso, secuestro, tortura y muerte de otros, mientras sus cheques sigan llegando, claro está. La narcoguerrilla utiliza sus propios secuestros, a sus victimas, para atacar a Uribe Vélez, moviendo en campaña a los intelectuales venales que ya antes tapareaban los delitos del Bloque Soviéticos mientras millones eran ejecutados, y los nuevos acólitos, los que a fuerza de intentar mostrarse distintos o singulares, caen en la defensa de barbaridades. Ahora Uribe Vélez es un déspota, un monstruo que tiene la osadía de proteger a grupos enemigos de esos pobres angelitos de Dios, que sólo rezan y piden la ayuda divina para mantenerse vivos mientras huelen flores y toman rocío mañanero, así lo publican en la prensa francesa e italiana, y se grita en tantos simposios en universidades norteamericanas. Ahora Uribe Vélez es el responsable de que los secuestrados no sean liberados por una pobre y sufrida narcoguerrilla que los mantiene cautivos en contra de su voluntad, ya que ellos sólo desean soltarlos y que todos sean felices y se amen como hermanos; pero no pueden liberarlos (poechitos esos angelitos, Dios, mío), porque Uribe Vélez, el monstruo, no quiere.   

   Con los colosales ingresos de Venezuela, puestos a las órdenes de Fidel Castro y su círculo de vividores y malandrines, Cuba está a punto de lograr en Colombia lo que no pudo a la muerte de Gaitán. En desvergonzada procesión (hay demasiados reales de por medio), senadores, medios de comunicaciones y los llamados grupos humanitarios, mantenidos siempre por el dinero del narcotráfico y el terrorismo (desde los tiempos de Libia),  como las tristemente celebres Madres de la Plaza de Mayo, grupo vociferante que adora la plata y los regimenes de tinte militaristas autoritarios, se lanzan como perros con rabia contra Uribe Vélez, lo que no es muy difícil con lo repelente que es. Le gritan monstruo maldito, maligno ser lleno de crueldad, lo acusan de no querer ayudar a los rehenes de la narcoguerrilla, chillan: pobres rehenes, pobre guerrilla que no los puede soltar. Al unísono todos gritan: Álvaro Uribe Vélez debe salir, porque Uribe Vélez es malo. Su gente debe ser investigada, sus crímenes sí no deben ser pasados por alto como en ocasiones anteriores de narcoayudas para campañas electorales.   

   Uribe Vélez no puede pisar Norteamérica, o Europa, porque lo siguen, le gritan y lo pitan; la ofensiva propagandística ha sido realmente efectiva. Y mientras tiene que mantener a flote la imagen, debe estar mirando con precaución (cosa que no hace Lula da Silva, por ejemplo, en Brasil) como sectores de la vida colombiana, desde senadores a dueños de medio de comunicación, se unen a los grupos irregulares, aceptando la plata y la ingerencia externa, ofreciendo rematar Colombia, sujetando a su gente a caprichos de ancianos vetustos, deteniendo el progreso y su más o menos prolongada situación de estabilidad, con tal de alcanzar, al fin, el poder, uno que no han obtenido en más de cuarenta años de matar campesinos y policiítas de pueblo, robar niños para embrutecerlos, montarle collares bombas a doñitas secas y serias que han trabajado toda su vida como Dios manda, y proteger a los narcos.   

   Impías senadoras se mueven con habilidad y total desparpajo, para mostrarse como los grandes liberadores, los que llaman a Chávez como último recurso para que los ayude, para que liberen a esas pobres personas cautivas. A esta gente no le importa lo que venga después en su Colombia natal, quieren su pedazo ya, así sea de un cadáver. Gritan que Chávez mediará, ayudará porque es tan bueno, tan noble, un estadista maravilloso e iluminado que lleva paz, amor y progreso por donde pasa… tan distinto a Uribe Vélez, matriz que comenzará muy pronto a dejarse caer por toda la región y mucho más allá. Claro, a nadie se le ocurre preguntarle al presidente Chávez por qué no media y ayuda a los rehenes venezolanos en manos de estas lacras; tal interrogante no cabe en sus cabecitas… o la respuesta podría ser embarazosa.   

   El plan para liberar, mediante la intervención de Chávez, a la señora Ingrid Betancourt, rogatorio echo por la señora Cecilia Zarkozy, esposa del premier francés, Nicolás Zarkozy, estaba en marcha, y ojalá se diera y esa pobre mujer pudiera recuperar su libertad, ¡libertad!, algo tan valioso y maravilloso, aunque para tantos no signifique nada. Ojalá la liberen, como a todos los otros, y sus captores, esos perros rabiosos del hampa, sean encarcelados. Se dijo que todo había sido palabreado ya, que el presidente Chávez iría a Colombia, hablando de ayudar, cosa que le será agradecido por mucha gente, y la guerrilla la liberaría, de ser posible en territorio venezolano, donde la mujer sería embarcada, o entregada a la señora Zarkozy, en presencia de cierta senadora colombiana, impía ella, dejando a Uribe Vélez fuera del juego. La jugada mostraría a Chávez como el gran líder, el gran hombre. Uribe Vélez sería el hombre malo que no quiere el bien para esta gente. Él, y su grupo político serían los villanos. La impía senadora y su grupo quedarían como héroes junto al presidente venezolano, a quien le urge lavar la fachada ante el mundo después de bestialidades como el cierre, por odio personal y saltándose toda legalidad, del canal de televisión RCTV, o el descuido al dejar que se atrapara a un colaborador con una maleta llena de dólares para los sobornos y coimas que apuntalan a los Kirchner en Argentina, o su pretensión de gobernar mientras el cuerpo aguante o mientras el mal exista. Por su parte, la guerrilla quedaría como un grupo de idealistas que quieren paz y un entendimiento, pero que no se puede con alguien como Uribe Vélez en el poder (ni de otros que vengan y sean como él).   

   No era una mala idea, sería un buen libreto para un cuento, pero algo se atravesó. Hace algunos días, la periodista Patricia Poleo los echó al pajón con el plan, como decimos en Venezuela. Esta valiente mujer, que tuvo que huir de Venezuela cuando fue alertada de su captura a manos de los cubanos en Venezuela, involucrándosele en un feo crimen donde su único acusador era un tipo considerado un mitómano en Colombia, que dijo estar con ella el día que se planeó el asesinato, y luego se le supo en esa fecha preso en Colombia, ahora parece saber más de lo que pasa aquí que antes. Qué arrepentidos deben estar de haber montado aquella mamarrachada contra ella, ya que teniéndola en el país sería más fácil controlarla. A la mujer, por gente que sabía del guiso (por ello el Gobierno no pega una, todos se les filtra), le llegó la historia y la soltó de sopetón. Con tan mala suerte para el régimen que a quien le tocó desmentirla fue el mismo hombre al que se enfrentó en el recordado caso de Vladimiro Montesinos, cuando ella aseguraba que el hombre sí estaba oculto en Venezuela y ese señor, Pedro Carreño, decía que no. Y la razón la tuvo ella y él quedó como un mentiroso. El alerta paró todo, y el Presidente, desaforado, en uno de sus viajes soltó la perla de que el gran mal de toda la era eran los medios de comunicación.   

   En fin, el futuro de Colombia no es tan estable y seguro como parecía apenas unos años atrás, a pesar de la mano firme del señor Álvaro Uribe Vélez. Todo dependerá finalmente de la sangre fría y cabeza clara que mantengan sus habitantes en el futuro, sin dejarse engatusar por los cantos de sirenas. Como todo país latinoamericano, el granadino también cuenta con su buena carga de problemas, como lo son la inseguridad, la pobreza y los desequilibrios económicos y sociales; aunque estos sólo son problemitas comparados con el horror de los carteles de las drogas y la violencia sistemática de la guerrilla terrorista. Su oligarquía, sensata y responsable, tenida así por muchos, debe entender que la prosperidad debe pernear también hacia abajo, fuera de lo macro y lo mega bueno. Al país granadino lo acechan muchos problemas internos y externos. El cerco montado desde Cuba, maniatando con sutileza, como se observa en Brasil dado el torpe manejo de la gente de Lula da Silva, contra toda la región se cobrará en sufrimiento y lamentablemente en sangre hasta que halla un nuevo despertar y esta pesadilla seudo izquierdista quede atrás definitivamente, o al menos hasta que la región prospere, sólida y segura, y aparezcan nuevamente los que griten porque quieren desorden. No, no es muy prometedor el futuro inmediato para América Latina, no hay muchos políticos serios y estables en ejercicio, parecen abundar los inestables y maniacos, por lo que es de suponer que Estados Unidos y la misma Europa, ya deben estar preparándose para recibir a los que escapan del caos, la violencia y la esclavitud. Por lo menos cargarán con parte de sus culpas en todo esto. 

PHIL REGAN, EL BUITRE…

Julio César.

ISAÍAS RODRÍGUEZ… CARA DE PAYASO

enero 10, 2008

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   Hay gente que es patética (aunque uno no quiera usar esa palabrita), y hay otros que llevan las cosas al extremo (uno gime: Dios mío, ¡no puede ser!). Uno de esos personajes es este señor, imagino que ya ex fiscal, Isaías Rodríguez. Intentando ser justos, o hasta decentes (se los juro, lo intenté), hay que concluir que hay personas que no tienen salvación. Van de torta en torta, y ya ni se quitan el traje fiestero con el que fueron al anterior. El Fiscal General de la República Bolivariana de Venezuela, Isaías Rodríguez (es decir, el fiscal de la república de quinta, ya estamos por detrás de Cuba y Zimbawe), es uno de esos especimenes muy… Dios, para hablar de él hay que inventar palabras, ninguna lo describe en nuestra lengua y yo no me sé la de los elfos, pero digamos que es: insólito. Para comenzar es un hombre que se autoproclama de la izquierda socialista (pobre socialistas, ya hasta pena dan). Es, por lo tanto, un sujeto que criticó toda la historia de los cuarenta años de la democracia representativa como un periodo cuando no se luchó contra la corrupción del poder, el clientelismo del Estado y las brutales desigualdades sociales. Claro, olvida convenientemente según su psicosis, que un Fiscal General de la República, Ramón Escobar Salom, solicitó y logró que se enjuiciara a Carlos Andrés Pérez por ladrón al embolsillarse 17 millones de dólares que intentó hacernos creer que fue para defender las democracias latinoamericanas (y el muy cínico esperaba que se lo creyéramos). Hugo Chávez, su entorno íntimo y su familia se patearon de lo lindo, en una sentada, dos mil millones de bolívares del FONDEN, sin que les temblara el pulso (no sé cuánto es en devaluados bolívares fuertes), pero ahí sí no había nada que investigar, ni siquiera una sospecha. Así lo dijo ese enemigo de la corrupción y del clientelismo, ese ‘justo hombre de la izquierda’.   

   Aunque hay que entenderlo, en una considerable medida, este hombre se desfasa mentalmente cuando matan al Fiscal Accidental Danilo Anderson, el gran gurú de la fiscalía, quien llevaba todos los casos políticos, desde el golpe del 11 de abril de 2002, con un ojo sobre la oposición, pero el otro montado en Lucas Rincón, general trisoleado que esa madrugada anunció que Chávez había renunciado al poder, así como el juicio contra el alcalde de Baruta, Enrique Capriles Radonsky. Según las malas lenguas de mujeres malévolas como la periodista Patricia Poleo, el fiscal Isaías Rodríguez solía encerrarse largas horas en su oficina con Anderson, para penetrar… en el pensamiento marxista (así lo dejó flotar esta fémina, se los aseguro). Él la acusó de difamadora (y de bruja, me imagino), pero en verdad, cuando a Danilo Anderson lo matan en aquel atentado, Isaías apareció llorando y desencajado en televisión, gimiendo que esa muerte si le había dolido en verdad, no como la de su mamá que le dolió menos (pobre señora). Bueno, bueno, tampoco fue así, estoy haciendo una interpretación libre, lo que dijo fue: “esta muerte me dolió más que la de mi madre”. Y desde ese momento, y como ya se la tenía jurada a Patricia Poleo, el fiscal encaminó una investigación judicial destinada a lograr que un grupo de venezolanos dignos se vieran involucrados en el asesinato del Fiscal Accidental. Una doble venganza, y hay quienes lo tienen por idota…   

   Policía o funcionario que dijera que las cosas no iban por ese lado, era separado de la investigación, suspendido y hasta pasado a tribunales para que respondiera por esto o aquello (nunca se había visto tanta democracia y legalidad; o como dicen Kirchner, Zapatero y Lula: así, así, así es que se gobierna), y todo culminó con una acusación formal contra Patricia Poleo, acuciosa e implacable periodista enemiga del régimen, como lo fue de los anteriores gobiernos, siempre crítica, ácida y dura; contra el abogado Salvador Romaní, hijo de un opositor a Fidel Castro de toda la vida, vinculado a un activo grupito de venezolanos que ayuda a escapar a médicos y entrenadores cubanos que vienen a las misiones; se acusó al general Jaime Escalante, chavista pero hombre decente, acantonado en el Occidente del país donde denuncia, y es enemigo jurado, los campamentos de la narcoguerrilla colombiana asentados en territorio nacional a quienes ahora no se podía tocar ni con un mal pensamiento, y denunciante del tráfico de drogas en el Oriente, de la gente del llamado Cartel del Sol; y finalmente, pero no menos importante o significativo, Nelson Mezerhanne, un accionista de GLOBOVISIÓN, con quien desearon dar un escarmiento a la planta televisiva.    

   Y por supuesto, como antes hizo Carlos Andrés Pérez, el fiscal pretendía que le creyéramos todo ese cuento mal elaborado. Recuerdo, con asombro, lo dicho por Isaías Rodríguez en esos días, que esos eran todos por el momento, pero que podía haber más involucrados y que todos serían montados en “el autobús de a justicia”, imagino que camino al salón de la justicia. Más tarde quiso involucrarse al cardenal Rosalio Castillo Lara, que en paz descanse, y a Oscar Pérez, líder del Grupo de la Resistencia, así como a militares retirados del Frente Militar Institucional. Siendo como somos, en seguida se dijo: coño, ¿y dónde conspiraba toda esa gente, en una sala de conciertos? Pero esa era la naturaleza de este sujeto, la de un hombre sin inteligencia o probidad, condenado a arrastrarse a pantanales indecibles para poder mantener un cargo público, un muy buen cargo, gana muy bien. O ganaba.   

   Pero Isaías Rodríguez no actuaba tan alocadamente como uno podría imaginarse hasta este momento: ¡tenía un testigo!, el testigo estrella, un hombre al que jamás se le careó con los involucrados o la prensa que no estuviera controlada por el Estado. Nadie que no fuera del Gobierno pudo hacerle una pregunta jamás. La única entrevista que dio fue con la gente de VENEZOLANA DE TELEVISIÓN, donde la todopoderosa fiscal Luisa Ortega, iba dictándole qué decir. Era terrible, ni siquiera intentaron que se aprendiera el guión, por eso les va como les va. Lamentablemente, para Isaías Rodríguez y Hugo Chávez, la prensa investigó y se supo que el carrizo era colombiano y que tenía un expediente criminal voluminoso levantado allá por… mitómano y estafador. Investigado nada más y nada menos que por mentiroso. Ay, Dios mío, ahora cabe preguntarse: ¿es justo que un régimen tan inescrupuloso pero con tantos recursos no pudiera encontrar a alguien mejor para echar el cuento? El caso fue que el sujeto, Giovanni Vásquez, dijo que él y esas cuatro personas estuvieron creo que en una selva de Nicaragua o Panamá, planeando esa muerte el día tal. Y el fiscal Isaías Rodríguez se lo creyó porque, confesado por él mismo a un periodista de VENEZOLANA DE TELEVISIÓN de apellido Villegas, había visto la sinceridad brillar en la mirada de Giovanni Vásquez cuando le contaba todo; argumentación que hizo revolver en su silla al entrevistador como si estuviera sentado, de pronto, sobre un hormiguero.   

   Que esas cuatro personas estuvieran en el país para la fecha en cuestión, según Inmigración y testigos oculares, o que sus pasaportes no registraran tal viaje, no lo disuadió. ¡Él tenía un testigo, caramba!, un hombre de mirada sincera y brillante, donde se adivinaba la tortura de un alma que confiesa cosas terribles (ah, no les he contado: el fiscal pretende ser poeta, creo que hasta libros ha escrito). No, este hombre magistralmente ofuscado (¡Danilo había muerto! Dios, ¡Danilo se había ido!) Salió con una nueva teoría, una que lo cubría, explicaba y unificaba todo (todavía no entiendo cómo no lo han llamado de la NASA para que teoricé sobre los campos unificados que tienen a los pobres físicos de cabeza). Todos los indiciados habían escapado por los caminos verdes, porque él sostiene que como nadie custodia las fronteras en este país de quinta (no te digo, atacaba a Chávez), todos salieron por donde entran los irregulares de las FARC; y  remató diciendo que la gente que se vio por aquí, vistos por familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo eran… (ta ta ta tannn) ‘dobles’.   

   Si, si, sé que suena absurdo y da risa, yo mismo no puedo evitar sonreír aunque la cosa es realmente deprimente, alarmante y doloroso, recuerden que ese señor es el Fiscal General de la República, el que halla llegado ahí por ser sumiso a Chávez no le quita gravedad al asunto. Claro, ante la nueva teoría, todos esperábamos ver a los dobles identificados, desfilando esposados con las cabezas gachas, echando el cuento de cuándo descubrieron que se parecían tanto a fulanito o menganita. Pero por alguna extraña razón, nadie los buscó, ni la fiscalía ni la policía. Ni se dijo cómo hicieron los conjurados para verse fuera de Venezuela. Esos eran detalles nimios, sin importancia. Según Isaías Rodríguez, dicho por él, eran detallitos sin interés levantados como cortinas de humo por los medios de comunicación para salvarle el pellejo a los homicidas. ¡Él tenía un testigo presencial, carajo! Pero el golpe más devastador, uno que ni Kirchner, Zapatero, la Bachelet o Lula supieron como explicar o encubrir de aquel socio que tan generoso era, llegó cuando una reportera de GLOBOVISIÓN presentó una boleta de excarcelación donde constaba que Giovanni Vásquez estaba preso en Colombia el día en que aseguraba haberse reunido con los Cuatro Grandes, las mayores mentes criminales de nuestra era, en la selva. Y aquí, no queda más remedio, uno se lleva las manos a la cabeza y pela los ojos.   

   ¿No es insólito? ¿Acaso creyeron que nadie investigaría, qué nadie se enteraría? ¿Qué les costaba elegir otro día, uno cualquiera, pero que el testigo estrella estuviera en libertad? ¿De dónde salió ese testigo? ¿Lo envió la CIA? ¿Bush? ¿El Diablo? A esta alturas pensaran que con eso terminaba el proceso contra esa gente, pues no; se inventaron una figura legal donde ni eran culpables ni eran inocentes, sí, es verdad, no hay pruebas, pero el proceso no se cierra y en cualquier momento, si aparece alguien más, así sea una imagen en una piedra, se les vuelve a encarcelar. Patricia poleo, quien en cuanto comenzó el zaperoco se fue al exilio, aún no puede regresar a Venezuela, porque no hay garantías de que no la encierren y que en una celda le hagan lo que los cubanos acostumbran a hacerle a sus víctimas en Cuba para destruirlas, esas cosas que gente como Sean Penn, el que fue marido de Madonna (su único logro real en la vida) nunca ve mientras se cree un chico terrible al hacerle la barba a Fidel o a Chávez.   

   Después de años de verlo desvariar y revolcarse públicamente en la inmundicia, la propia y la ajena, siempre con una sonrisita que daba escalofríos (algo realmente desagradable, créanme), Isaías Rodríguez deja el cargo, rogándole a Dios todos los días, desde ahora hasta su muerte, que el Gobierno nunca cambie y que Chávez pueda mandar hasta que se muera de viejo como Fidel así sea sosteniéndose sobre las armas y la represión, o sus crímenes, los que cometió, los que ayudó a encubrir desde la fiscalía, las persecuciones que personalmente desató contra gente decente que cometió el delito de alzar su voz de protesta ante tantos desmanes, lo alcanzarán. Como finalmente lo alcanzarán ya que es de todos sabidos, y consuelo da, que lo que en esta vida se hace, en esta vida se paga.   

   Ah, ya imagino al tragadólares (el avión a todo lujo donde el humilde Hugo Chávez sale a vivir la buena vida, a todo trapo, por esos mundos de Dios, alejándose de Caracas que está tan sucita y fea), escapando a toda prisa por La Carlota, seguido de una multitud que grita y que, como los valientes bolivianos hace poco, llevan palos y piedras que le arrojan. Con lo intrépido que es el Presidente (oculto en el Museo Militar el 4 de febrero mientras otros echaban plomo parejo en su intentona de golpe, y bajo la sotana de los curas el 11 de abril, para que ‘no lo mataran esos muchachos’, como confesó al regresar al poder, pero que luego, convenientemente, olvidó mientras echaba el cuento una y otra vez), gritándole al piloto: más rápido, más rápido, métele chola. Y entre el avión y la multitud que grita, Isaías Rodríguez, corriendo torpemente, gordo y fofo por una vida de vicios y excesos, cargando con las pesadas maletas llenas de dólares, gritando que no lo dejen, que no lo dejen o lo joden, para luego, y cómo no, tropezar y caer, como Clim, aquel mapachito que corría tras el tren cuando se iba Candy Candy.   

   Ah, hay tanto que contar todavía del fiscal que creo que continuaré después… 

ÁLVARO URIBE VELEZ EN EL HURACÁN

Julio César.