Archive for the ‘RELATOS GAY DE MALDITOS…’ Category

EL PEPAZO… 45

enero 20, 2017

EL PEPAZO                         … 44

De K.

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   -Dámelo, papi…

……

   Y es lo que piensa el forzudo joven, erizado de lo que mentalmente podría ser repulsa, pero recorriendo ese liso y ahora húmedo glande, besando, aprisionándolo entre los labios, sacando la punta de la lengua y casi escuchando el sonido de agua cayendo sobre metal ardiente al rozarlo. Su cuerpo responde y traga esa cabeza, aprisionándola con los labios y pegándole la lengua, chupando, llenándosela con su sabor. Y gime ahogado aunque su cerebro le grita que se detenga.

   -Oh, sí, así, muchachote adorador de güevos… -grazna el otro, sintiéndose increíblemente caliente, también erizado, como lo estaba todo carajo cuyo miembro era adorado de esa manera.

   Jacinto no quiere escucharle, era tan degradante para un “hombre como él”, pero cerrando los ojos traga más del pulsante tolete, pegando las mejillas de él, de una manera automática, dejándole la lengua contra la gran vena de la cara inferior, notando el calor y latido de la sangre, comenzando un tímido sube y baja, tragando casi medio tolete, succionándolo, bañándose la lengua con esos jugos, mientras lo masajea con labios y mejillas, provocándole un gemido a Efraín, un tensar de su cuerpo, el echar la cabeza hacia atrás. Y dos ideas le obsesionan. Mamar esa verga, atraparla subiendo y bajando, se sentía como lo que su culo hacía con los toletes masculinos, los dos que ya ha probado, el del médico y el del abogado, trabajándolos, chupándolos, ordeñándolos para sentirlos bien adentro. Así era esto, se dice con un ahogado gemido, los pómulos muy rojos, mientras ahueca las mejillas al comerse ese tolete.

   La otra idea… ¡Le gustaba cómo se sentía esa verga en su boca! Y no sólo eso, sabe por la manera como el otro se tensa y gime, muy abierto de piernas y la cabeza echada hacia atrás sobre el respaldo del sofá, mientras le atrapa medio tolete con una mano, masturbándolo, chupando escandalosamente el resto, que podría muy bien convertirse en un carajo hambriento de güevos, por lo bien que se sentía y lo natural que todo aquello le resultaba; el subir su boca, los labios adheridos a la pulsante pieza que va dejando brillante de saliva, chupando en todo momento, dejando dentro únicamente la cabecita, la cual chupa y lengüetea antes de bajar otra vez. Si, le salía bien el mamar a un hombre…

   -Eso es, mamagüevo, así, chúpamelo bien. Hummm, pero que bien lo haces, maricón. –jadea casi desfallecido de gusto, Efraín, caliente que jode, tal vez por estar recibiendo una mamada, algo a lo que su mujer no es muy amante, y en su apartamento mientras la perra estaba afuera. O tal vez era por esa boca golosa que… Baja la vista y enfoca el cabello sedoso, de hebras brillantes, ir y venir, y monta una mano en él, empujándole, oyéndolos los ahogados “uggg”, sintiendo el aliento de Jacinto quemándole, y la saliva que chorrea en su verga, rumbo a los pelos y bolas mientras esa boca lo va cubriendo todo. Y le deja allí. El joven boquea, se ahoga, pero…

   El control de ese hombre sobre él, “obligándole” a tragarse su palpitante instrumento de joder, llenándole la garganta con su calor y jugos… le encanta a Jacinto; y sigue ordeñándoselo, sin pensar en las concesiones que hace, a su hombría, con la frente fruncida y cara totalmente roja mientras su manzana de Adán sube y baja, ordeñando aquel güevo.

   -Hummm, si, así, putico… -ronronea el hombre, reteniéndole allí, sintiendo su respiración quemándole, la lengua agitándose contra su barra, esa garganta chupando.- Trágatela toda, a los hombres nos gusta cuando los maricones nos la comen… ¡Ahhh! –le deja alzarse y un nuevo buche caliente de baba sale de la boca de Jacinto, quien sorbe con ganas.

   Maricón, eso le dice, sintiéndose bien al hacerlo, no entendiendo exactamente el por qué; aunque imagina que tiene mucho que ver con ese joven y fuerte corpachón que se agita, arriba y abajo, mientras le come la verga. Un tío tragándose su tolete, la idea era… Pero no quiere pensar mucho en eso, en las cosas que hace un marica, no cuando le guía con una mano en la nuca, y la otra, como movida con vida propia, le acaricia un recio hombro, estremeciéndose ante lo íntimo de la caricia que le hacía a otro carajo. Esa mano baja y baja, sabiendo a dónde va. También el joven fortachón, que tensa la recia musculatura. La palma sube sobre las redondas masas de los glúteos, duras, hincando los dedos. Y tal vez no era totalmente consciente de lo que hacía, o pretendía, pero la mano se mete entre esas nalgas, recorriendo la tirita de la tanga color rosa, la punta de los dedos tocando la entrada del culo, apenas cubierta. Uno que titila, se agita y abre, maravillando al sujeto, que parpadea, entre jadeos, porque la mamada que recibe…

  Claro que Jacinto tenía sus propios problemas, con la piel enrojecida y erizada ante el roce de la mano, los dedos de esta jugando sobre la tela del hilo dental con su huequito loco, el cual parecía ansioso, desesperado. Esos roces parecían mejorar más y más el sabor del güevo en su boca, al tiempo que mece, sin notarlo, el trasero, buscando esos dedos. Cuando uno de ellos comienza a enterrársele, ojos cerrados, el joven maúlla de gusto, cubriendo por su cuenta todo ese pulsante tolete con sus labios, pegando los labios del pubis y succionando con ansiedad.

   -Ahhh… -grazna Efraín, boca abierta, gozando esa mamada, si, pero… El dedo se desliza fácilmente por ese esfínter suave, sedoso, caliente, que se lo aprieta de una manera viciosa. Era como si tuviera un chupón, como si ese culo fuera otra boca golosa y necesitada. Un culo necesitado de un hombre, de un güevo que lo abra, lo llene, lo roce y forcé, que lo haga delirar, gimotear, lloriquear y pedir por más. Todas esas ideas le inundan el cerebro, obligándole a subir y bajar sus caderas, cogiéndole la boca, al tiempo que saca y mete el dedo de ese culo mojado.

   Y, sin embargo, quien la llevaba peor en ese momento en su mente, desde el punto de vista hétero, es Jacinto; con ese dedo penetrando su culo, el güevo se sentía mejor en su boca. Le sabía sabroso. Le gustaba succionarlo, masajearlo. La idea le llegó: debió mamar güevos mucho antes…

CONTINÚA…

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 5

enero 18, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 4

Por Sergio.

Esta historia toma como base una serie de relatos eróticos llamada “Pagando Deudas”, publicada por el usuario carlosmanuel en http://www.todorelatos.com/ desde 2007. De dicha historia, se retoman al protagonista y al diseño de su núcleo familiar; pero la historia, a pesar de tener un inicio similar, toma rápidamente una dirección distinta que es de mi invención.

“DE HOMOFÓBICO A PUTO”

aprendiendo-su-lugar

Siendo ya horas nocturnas, la Universidad se encuentra prácticamente desierta, salvo algunos empleados que aún terminan sus labores. En el caso del Edificio de la Facultad de Ingeniería, pocas personas trabajan aún en algunas aisladas oficinas, entre ellos, Rodrigo… aunque lo que hace ahora no es precisamente trabajar. En su calidad de superior, Saúl le había dado a Rodrigo llaves para poder trabajar en su oficina estuviera o no él.

Sin embargo, ahora otro hombre había ingresado la oficina ¡y no es Saúl! Más importante aún: el misterioso hombre no pierde detalle de cómo Rodrigo está desnudo en el sillón, dedeándose y ajeno a la presencia del visitante. El intruso no puede evitar asombrarse de que el bello joven aún no lo haya detectado, pero esto se debe a que Rodrigo está experimentando un intenso placer al sentir como sus dedos entran y salen de su ano, mientras periódicamente también acaricia todo su armónico cuerpo; y todo esto mientras mantiene sus ojos cerrados; y sus pensamientos, en rumbo desconocido.

El intruso se mantiene observando a Rodrigo unos momentos más hasta que finalmente decide irse tan sigilosamente como entró. ¿Con qué objeto habrá entrado en primer lugar? Poco después, Rodrigo alcanza el clímax, liberándose de la ansiedad sexual acumulada. Se viste mientras piensa en que ahora sí podrá ir tranquilamente a divertirse a la fiesta de Víctor… y quizá probar la potencia de sus nuevas erecciones con alguna de las bellas asistentes.

Con esos pensamientos en mente, Rodrigo termina de alistar sus cosas y de dejar ordenada la oficina antes de salir de ella y cerrarla con llave. Mientras camina a por los corredores del edificio, cuyas luces ya están apagadas, Rodrigo se siente muy relajado tras haber disfrutado de su tiempo a solas. Por eso, al abandonar el edificio, no nota que una silueta parece haberlo estado esperando y que, de hecho, la misteriosa silueta lo está siguiendo. Con la obvia intención de salir del enorme campus universitario, Rodrigo atraviesa una zona de parqueo que ya está casi completamente deshabitada.

Al llegar al punto ciego más oscuro y menos vigilado del trayecto de Rodrigo, la silueta abruptamente se le lanza encima, de manera similar a como lo haría un luchador profesional. Dicha silueta corresponde al misterioso hombre que anteriormente estuvo en la oficina de Saúl observando a Rodrigo dedearse. Ahora, como es de esperarse, iba a hacer mucho más que observar.

Tras haber derribado a Rodrigo, el hombre continúa utilizando movimientos de lucha libre para contenerlo, pero Rodrigo se levanta ágilmente y mentalizado para pelear, como lo hacía en sus años de adolescencia si la ocasión lo ameritaba. Al tener finalmente la oportunidad de observar con mediana claridad a su contrincante, Rodrigo, a pesar de la oscuridad detecta que el hombre porta una máscara negra, similar a la que utilizan los asaltantes de bancos. La situación le parece, de pronto, muy extraña; pero, a la vez, la subestima al asumir que no se trata de algo diferente a eso: un simple atraco. Si el chico supiera…

Rodrigo: -Pierdes tu tiempo conmigo. No ando nada de valor: sólo cuadernos y un libro.

Enmascarado: -Para nada pierdo mi tiempo. Tú tienes algo que quiero.

Rodrigo: -¿Qué quieres de mí? –pregunta ya desconcertado.

Enmascarado: -Tu culo –responde desafiante.

Rodrigo: -¡Te vas a quedar con las ganas, maricón de mierda! –exclama furioso inmediatamente después de darle un puñetazo en la cara.

Enmascarado: -Ya verás que no –responde mientras se incorpora y rápidamente le devuelve el golpe a Rodrigo.

Ambos hombres pelean dando su máximo desempeño y sin piedad; pues ambos son fuertes, jóvenes y atléticos. Asimismo, ambos tienen una personalidad de luchar para obtener lo que quieren, sin importar lo que cueste. Lo que el enmascarado quiere es violar a Rodrigo y, pasando completamente desapercibido, lo ha estado vigilándolo sistemáticamente desde hace semanas, logrando incluso la oportunidad de ver a Rodrigo dedeándose y eso es algo que definitivamente revitaliza su oscuro deseo. Lo que Rodrigo quiere es obviamente salvarse de la violación que el atacante descaradamente admitió quererle hacer.

Rodrigo se sabe muy atractivo y, por consiguiente, sabe que puede gustarle tanto a mujeres como a hombres. No obstante, hasta esta noche, jamás había considerado la posibilidad de ser objetivo de un ataque sexual; por lo que, por primera vez, empieza a sentir auténtico miedo de ser vencido en la batalla y perder su “honor”. Sin embargo, continúa luchando intentando ocultar su angustia ante el hecho de que hay un equilibrio de fuerzas entre ambos hombres.

Con un movimiento astuto, el enmascarado vuelve a derribar a Rodrigo, pero antes de que caiga, se pone a la par suya y es hasta entonces que revela el as bajo su manga: ¡tiene un revolver! El enmascarado sujeta a Rodrigo y lo obliga a caminar su derecha, de manera que, vistos desde lejos, pudieran parecer amigos que caminan abrazados, pero ha ubicado el revólver bajo la camisa de Rodrigo, apuntando hacia su cuerpo y tocando su piel desnuda.

Enmascarado: -Bueno, ya viste que es inútil huir. Así que nos vamos a dejar de pendejadas si no quieres salir herido.

Rodrigo: -Esto es una broma, ¿verdad? ¡Ya fue suficiente! –racionaliza.

Enmascarado: -Jajajaja No te confundas si me río: Me río de tu inocencia; no, porque sea una broma… porque esto de broma no tiene nada. –dice secamente.

Rodrigo: -¡Eres un hijo de puta, maricón, puñal…! –reacciona con furia e impotencia.

Enmascarado: -Bájale volumen a tus gritos, putito, o en lugar de meterte mi pene, te voy a meter siete balas en tu lindo culito… y garantizo que te va a doler mucho más que mi linda verga. –amenaza mientras mueve rápidamente el revólver para dejarlo apuntando sobre el ano de Rodrigo.

Rodrigo, ahora ya en pánico, reconoce que sería estúpido intentar huir ahora porque, además de que es obvio que el atacante quedó menos herido y menos agotado que él por la pelea, está armado y, por la seguridad con la que actúa, probablemente tenga mucha experiencia en raptar gente. Así que Rodrigo finge rendirse para que el enmascarado baje la guardia y después pueda aprovechar un descuido de éste para escapar.

Enmascarado: Por si lo estás pensando, huir es una idea pendeja: soy experto en tiro y tú, con las heridas que tienes, no podrías correr mucho; y aún si pudieras, lograría darte con las siete balas de mi amado revolver.

Rodrigo: -Sí, ya lo entendí. –dice intentando disimular sus emociones para simular sumisión.

Enmascarado: ¡Muy bien, me gusta esa actitud!

Rodrigo: -¿Podrías al menos decirme hacia dónde nos dirigimos? –pregunta para anticiparse a la situación y diseñar un plan para escapar.

Enmascarado: Vamos a que jugar un juego.

Rodrigo esperaba como respuesta un lugar físico y piensa seguir preguntando, pero justo antes de hacerlo, se sorprende cuando el enmascarado se pone atrás de él y le esposa las manos hacia atrás.

Rodrigo: -¿¡Por qué me esposas!? ¡Estoy colaborando contigo! –pregunta al percibir cómo sus posibilidades de escapar cada vez se reducen más.

Enmascarado: -Jajajaja Parece que aún crees que soy pendejo.

Rodrigo: -¡Pero estoy colaborando, maldita sea! ¡Y me has puesto estas mierdas como si me hubiera detenido la policía, pero quien me ha detenido es un enmascarado! ¿¡Acaso no tengo motivos para temer por mi vida!? –pregunta ya desesperado.

Enmascarado: -Jajajaja Tranquilo, galán, yo no quiero matarte ni descuartizarte. Ahora sube.

Manteniendo el revólver apuntando hacia el culo de Rodrigo, el enmascarado lo obliga a subir a la parte trasera de una furgoneta. Rodrigo, sin opciones, pero con la esperanza de que algo lo salve más adelante, lo hace. El enmascarado sube tras Rodrigo, cerrando la puerta y haciéndolo sentar en una silla, cuya presencia no tiene nada de casual: la silla, más que servir para que su ocupante esté cómodamente sentado, tiene la utilidad de inmovilizar una persona mediante un práctico sistema de seguridad de cuerdas que el enmascarado ajusta a ambas piernas, tórax y pecho de Rodrigo, similares a los de la silla eléctrica.

Enmascarado: -Bueno, puto, es hora de estrenarte.

Rodrigo: -¿¡Qué!? –temiendo al ver que el enmascarado empieza a desabrocharse la bragueta de su jeans deteriorado.

Enmascarado: -Ya sabes…

Rodrigo: -¿¡Es muy fácil someter a alguien de una forma tan cobarde cuando ni siquiera muestras tu cara, no!? – le grita enfurecido, frustrado, pero sobre todo, angustiado.

Enmascarado: -Míralo así: hicimos una apuesta y perdiste. Ahora te toca pagar. Jeje

Rodrigo: -¡Yo no he perdido! ¡Te di pelea y como no pudiste ganarme, me has traído acá a punta de pistola!

Enmascarado: -Jajajaja ¿Y crees tú que me importa? Eso no cambia las cosas: te tengo bajo mi poder y te voy a disfrutar. Jaja

Rodrigo: -¡Sos un mierda, hijo de puta…! – le grita ya incapaz de contenerse.

Enmascarado: -Mejor guarda tus energías porque las vas a necesitar. Jeje Y tus insultos me valen verga… ¡y hablando de verga! Jaja –diciendo esto último con doble sentido mientras sostiene su verga de 19 cms.

Rodrigo, a pesar de su desesperación y enojo, considera inútil decir algo más e intenta nuevamente pensar cómo escapar, pero sabe que, al menos por ahora, es imposible: ni siquiera puede levantarse de la silla en la que está postrado… además la gruesa verga del enmascarado “accidentalmente” lo está distrayendo. El enmascarado tiene su verga totalmente erecta fuera de su pantalón y está jugando descaradamente con ella, balanceándola sin tapujos.

Enmascarado: -Te gusta la verga, ¿verdad?

Rodrigo: -¿¡Qué!? ¡Claro que no!

Enmascarado: -¿Y por qué no dejas de vérmela?

Rodrigo se queda sin palabras al darse cuenta que el enmascarado tiene razón, pero lo toma como una provocación más y decide no responder. El enmascarado infiere que Rodrigo, a pesar de lo crítica que puede parecerle la situación de que atraviesa, no está verdaderamente asqueado de su verga, lo cual le da una idea.

Enmascarado: -Para que veas que no soy tan malo te voy a dar a escoger.

Rodrigo: -¡Te escucho! –exclama esperanzado en que todo fuera un acto de bondad inesperado o una broma pesada.

Enmascarado: -Mi pene va a entrar en uno de tus agujeros en los próximos minutos. ¿Cuál quieres que sea: tu culo o tu boca?

Rodrigo: -¡Tendrás que replantear la pregunta!

Enmascarado: -Jajaja Si quieres, también pueden ser candidatos tus ojos, tu nariz o tus oídos, pero te garantizo que te dolerá más.

Rodrigo: -¿¡Qué demonios!?

Enmascarado: -A ver, estudiante modelo, esto es un examen de opción múltiple: sólo puedes escoger una de las opciones dadas.

Rodrigo: -¡Yo no voy a escoger nada!

Enmascarado: ¡Mira, gran pendejo, estoy siendo amable en darte a escoger; pero si no te apuras, te voy a meter siete balas en el culo y en la boca! ¡A ver qué te duele más! – grita encolerizado levantando el revólver.

El enmascarado empieza a impacientarse y a amenazar a Rodrigo, quien se mantiene molesto, atemorizado y sin decir nada para finalmente darse cuenta que antes de poder irse, en algo tendrá que ceder si no quiere salir peor librado de esto.

Rodrigo: -Por la boca…-escoge finalmente con vergüenza.

Enmascarado: ¡Pues acuérdese del dentista y “abra grande”! Jeje –se burla mientras acerca su erecto pene a la boca de Rodrigo.

Rodrigo, ya frustrado, abre su boca deseando poder abrirla tanto que sus partes se separaran y ese desconocido miembro no pudiera profanar su boca de macho heterosexual. Finalmente, había elegido mamarle la verga porque, entre dos horribles y detestables alternativas, ésa le parecía la mejor… la opción menos peor… la opción menos gay. El enmascarado aprovecha la apertura de la cavidad bocal de Rodrigo para introducirle la barra completa de 19 cms. Y, una vez dentro, se queda detenido unos minutos para que Rodrigo se acostumbre al tamaño de su verga… y al hecho mismo de tener una verga rozando su garganta.

Enmascarado: Mmmm ¡Has hecho una excelente elección: tu boca está deliciosa! –dice mientras su verga empieza a lanzar líquido preseminal.

Rodrigo: ¡Mhmsingm! –intenta protestar sintiéndose asqueado, pero obviamente no puede hablar.

Enmascarado: ¡Cuidado con esos dientitos porque si me muerdes, sea accidente o no, cumplo todas mis amenazas y además te castro!… Mmmm… ¡qué rico te la comes!

El enmascarado le ordena a Rodrigo recorrer el glande con su lengua, sacar y meter la verga succionándola su boca mientras empuja la cabeza de Rodrigo. Luego, empieza a moverse metiendo y sacando él mismo su verga dentro de la boca de Rodrigo, aumentando progresivamente de intensidad y de velocidad.

Rodrigo se siente ya verdaderamente violado y para asimilar la humíllate situación, la asocia a la experiencia de dolor físico más fuerte que ha tenido, la cual, curiosamente, tiene que ver con procedimientos dentales: la extracción de sus cordales cuando tenía 17 años. En aquella ocasión, tuvo que abrir mucho la boca durante un periodo de tiempo que percibió interminable, como ahora mismo; tuvo que aguantar que un hombre manipulara su boca a su antojo, como ahora mismo; sintió uno de esos pocos dolores que creyó demasiado insoportables para aguantar, como ahora mismo. La diferencia es que en aquel momento, el dolor era físico, mientras que ahora es psicológico; pero aún así, le parecen experiencias igualmente insufribles y, por lo tanto, comparables entre sí.

-Enmascarado: ¡Ahhhh! ¡Qué rico! –exclama repetidamente y cada vez con gemidos más ruidosos.

Habiendo tenido vida sexual con muchas mujeres, Rodrigo adivina que el enmascarado está cerca de acabar y supone que, así como él mismo no solía avisarle a las chicas que se la chupaban cuando ya estaba cerca de eyacular, el enmascarado tampoco le hará ese favor a él ¡eyaculando dentro de su boca y eso no puede permitirlo! Por consiguiente, intenta sacarse de la verga de su boca, pero el enmascarado, adivinando también las intenciones de Rodrigo, le retiene la cabeza fuertemente y pronto empieza disparar una cantidad abundante de semen dentro de su boca.

Rodrigo involuntariamente traga gran parte del semen de su captor, pero cuando éste reduce la fuerza con la que sostenía su cabeza, logra escupir el semen que aún no había llegado a su garganta. El enmascarado se enfurece por esto y le da otro puñetazo en la cara de Rodrigo.

-Enmascarado: ¡Mi semen no se bota, puto!

-Rodrigo: ¿¡Y qué esperabas, imbécil!? ¡Tú eres el puto aquí; yo, no! –grita mientras tose.

-Enmascarado: Pues ya vas a ver que sí vas a ser puto… ¡MI puto! –sentencia mientras le pone a Rodrigo una especie de máscara que cubre su nariz vertiendo un extraño vapor.

-Rodrigo: ¿¡Y ahora qué putas estás haciendo!?

-Enmascarado: Vamos a jugar un juego.

-Rodrigo: ¡No jodas! ¡Ya te la chupé! ¡Déjame ir!

-Enmascarado: Te dije que vamos a jugar un juego y eso es lo que haremos.

-Rodrigo: ¡Ya te la chupé! ¡Déjame ir! ¡Hicimos un trato!

-Enmascarado: ¿Y cuándo dije yo que te iba a dejar irte tan pronto?

-Rodrigo: ¡Me diste a escoger dónde me la ibas a meter! ¡Y yo escogí por la boca!

-Enmascarado: Corrección: te di a escoger el ORDEN.

-Rodrigo: ¡AYUDA, AUXILIO! –grita aterrorizado hasta que el enmascarado enrolla un trapo en su boca para silenciarlo.

De manera similar en que las sondas son utilizadas para transmitir alimento o medicina a pacientes hospitalizados, la máscara que el enmascarado le ha colocado a Rodrigo vierte cloroformo que éste estará aspirando mientras la tenga puesta. Rodrigo acierta al pensar que la intención es hacerlo dormir y se mueve desesperado, intentando liberarse cuando ni siquiera puede levantarse de la silla ni quitarse la máscara o el trapo.

El enmascarado sale de la parte trasera de la furgoneta y se quita la máscara, revelando el rostro de un guapo y barbudo joven que ahora se dispone a conducir el vehículo en paradero desconocido, pero antes de hacerlo, recibe una llamada en su celular a la cual responde verbalizando únicamente seis contundentes palabras.

-Enmascarado: Misión cumplida, ya vamos para allá.

CONTINUARÁ…

Julio César (no es mío).

EL PEPAZO… 44

enero 14, 2017

EL PEPAZO

De K.

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   Todo el mundo ama un estuche de monerías…

……

   No puede contenerse, no viendo salir y entrar su propio dedo del culo de ese carajote, uno cuyos labios parecen halarle cuando lo retira, buscándolo, deseándolo. Con la mente en rojo, Efraín junta dos dedos y los va clavando. Y esos labios se abren, temblorosos de anticipación y lujuria mientras penetra. Las sedosas paredes del recto se cierran sobre ellos, halándoles. Y si alguna vez había pensado en un culo masculino, había sido con asco, en mierda, pero en aquel momento…

   -Ahhh… No, espera… -escapa de Jacinto, mirándole sobre un hombro, con los abiertos labios tan rojos y húmedos, cuando comienza un enérgico saca y mete de los dedos en sus entrañas, cogiéndole, tijereando con ellos en su interior.

   -Te gusta esto, ¿verdad? Que meta mis dedos en tu agujero. Eres uno de esos chicos que gozan cuando los hombres juegan con sus culitos calientes, ¿eh? Pues, me la tienes dura y caliente… -le grazna, perdido el control, sabiendo él mismo a lo que se expone. Estaba en su apartamento, donde vivía con su mujer, y estaba, no sólo metiéndole los dedos por el culo a otro tío, sino erecto bajo el bermudas. Como tal vez le pasó al abogado coño’e madre al que la mujer sorprendió en mariconerías. La verga le late contra la suave tela, demarcándose, alzándose como un mástil, tanto, que no quiere pensar en eso. No, no puede concentrarse en nada como no sea…

   -Por favor, no sigas… -lloriquea Jacinto, rojo de cara y hombros, suplicándole que le ayudara. Que parara solo, ya que él no podía detenerse. Sentía el culo mojado, recorrido por algo que le subía y bajaba, fuera de esos dedos (la pepa esa), disparando cada terminación nerviosa de su recto, despertándole para el placer de ser recorrido, tocado, sobado. Para ser penetrado, cabalgado, cogido. Sus nalgas, redondas, duras, casi ya como las de Jennifer López, reconoce avergonzado pero también con algo de orgullo, se agitan… van y vienen contra esos dedos.

   -No, no quieres que pare. Te gusta que un hombre juegue con tu culo bonito y travieso. –le aclara Efraín, respirando pesadamente, mirándole los labios, tendiéndose hacia adelante, sin dejar de sacarle y meterle los dedos, alzando la otra mano y rozándole los carnosos y rojos labios, que se separan naturalmente, como tiene que ser en la presencia de alguna exigencia masculina. Ninguno de los dos lo piensa así, pero así es. Y ese índice entra, como otros ya han metido sus dedos también, y mientras gime ahogadamente, Jacinto cierra los labios, lo atrapa, lo recorre con la lengua y lo chupa en sus entradas y salidas también.- Joder, eres tan puto, maricón… -grazna de lujuria, olvidado también de toda precaución. O, piensa tangencialmente (costándole mucho), que un carajote como ese estaba destinado a causarles problemas a los hombres. Quisiera o no.

   -No, no… -gimotea Jacinto, pasándose la lengua por los labios, y por ese dedo, mirándole, meciendo su culo sobre esos dedos, apretándolos. No negaba las palabras del otro, ¿para qué si nadie quería creerle que no era marica mientras le metían algo por el culo?; intentaba alejarse de lo que le pasaba. No debía hacerlo, acababa de dejarse penetrar por un sujeto a una puerta de distancia, corriéndose él mismo mientras le llenaban las entrañas de esperma; no podía estar rindiéndose, ya, al mismo deseo. Especialmente después de lo ocurrido con la mujer del otro. Y por el retrato que veía en aquella pared, este tipo también tenía una. Era un riesgo, esta podía estar en la China milenaria, pero con su suerte, se materializaría en esa misma sala si hacía algo. Pero ese carajote sin camisa, con esa carpa alzada entre sus piernas… Chupa el dedo, que sale.

   -Vamos, culito caliente, ven para acá para ver si todo lo tienes igual de ardiente. –gruñe Efraín, hirviendo como no recordaba haber estado en mucho tiempo, bajando la parte delantera del bermudas. El tolete, cobrizo rojizo, se deja ver, todo venoso, duro, esperando ser atendido por un putico hambriento.- Ven acá, siéntate a mi lado y hablemos… -invita, sacándole los dedos, aunque le costó. Le gustaba mucho la manera en que ese esfínter le apretaba.

   Con pasos algo tambaleantes, lamentando la perdida de aquellos dedos más de lo que el otro pudiera imaginar, Jacinto se vuelve.

   -Yo… -duda, su ancho y recio pecho subiendo y bajando.

   -Ven, vamos a gozar. –le llama de nuevo, sentado en el sofá, abierto de piernas, sonriéndole.- Ponte eso que tienes ahí, es una tanga, ¿verdad? Ah, un macho en tangas… -ríe ronco.

   -Pero… -traga en seco, la lengua casi amarga, mirando ese tolete venoso que sale de la tela moteada, descansando sobre el bajo vientre algo velludo del otro. Con movimientos rápidos, entra en la diminuta prenda, que se estira, luego le cubre y abraza, despertando una llamarada en los ojos de Efraín ante el espectáculo de ese carajote en aquella mariconería sexy, de color rosa, con el tolete abultando escandalosamente.

   -Ven… -le llama otra vez, palmeando el asiento a su lado. Cuando Jacinto, rojo de cara, cae a su lado, las pieles se rozan, todo era caliente y voluptuoso.- Mira, esta es mi tranca, te la presentó. No es tímida y le gusta jugar, mucho, mucho. –dice jovial, atrapándole el recio cuello al forzudo joven, halándole, llevándole la cara hacia la pulsante pieza.

   Jacinto la mira todo ojos, estremeciéndose ante el fuerte agarre en el cuello, cediendo a la determinación del otro de llevarle ahí; nota el calor que emana de aquel tolete tieso, el olorcillo a sexo que exhala. Y siente la boca más seca al imaginársela ocupada con aquella mole de carne masculina de joder. Pero su mente ruge, colérica: No, no; no soy un mamagüevo. Claro que no…

   Lo piensa, decidido a enderezarse, ponerse de pie, y salir de allí… justo cuando sus labios, abriéndose golosamente, se posan sobre el liso, cálido y esponjoso glande, medio cerrándolos, dándole un besito a un hombre, en su güevo, por primera vez en su vida. Era el primero…

CONTINÚA … 45

Julio César.

EL PEPAZO… 43

enero 11, 2017

EL PEPAZO                         … 42

De K.

un-chico-y-su-tanga-sexy

   Todo el mundo ama un estuche de monerías…

……

   Rojo de cara, mortalmente avergonzado, se vuelve a mirarle, viéndose desvalido.

   -No puedo irme así… -abre los musculosos brazos, la verga todavía alzada, oliendo a esperma. El trapito rosa en la mano.- Esto es… es un… -traga incapaz de continuar.

   -Hey, hey, calmas; todo se arreglará. No hay problema. –el tío desconocido no entiende por qué se siente protector, acercándosele y alzando una mano, rozándole una mejilla, los dedos cerrándose en la barbilla lampiña, acariciándole con el pulgar. No, no entiende por qué coño lo hace, pero lo hace.- Buscaré algo que te sirva. Y, por cierto, me llamo Efraín.

   -Jacinto… -barbuta el otro, mirándole con agradecimiento, ojos brillantes, alegre de que aquel hombre lo ayude. Aunque todo fuera de lo más extraño, como cuando, antes de retirarse al interior del apartamento, ese pulgar rozara su labio inferior… uno que se separa del superior. Habría sido tan fácil meterlo entre ellos…

   Eso lo piensa ese sujeto, inquieto, con algo caliente derramándose por sus entrañas. También lo piensa Jacinto, sintiéndose más débil. No debía quedarse, era peligroso que…

   -Aquí tienes. –regresa Efraín, en un minuto, cargando unas ropas, un mono deportivo, pantalón y chaqueta, bonito, gris y negro.- Puedo prestártelo… si prometes regresármelo.

   -Claro. –sonríe por primera vez en un rato, sintiéndose aliviado. Se vestiría, regresaría a su apartamento y… No lo sabe, tal vez se encerraría de por vida para no meterse más en vainas.

   -Pero no puedes vestirte así, todo chorreado de leche. Ya debe estar secándose y ser incómodo. Toma. –en la otra mano muestra un porta toallitas de las húmedas. Deja la ropa en un mueble y le tiende las cajas, que Jacinto intentas tomar pero no le deja.

   El joven, confuso, arranca varias de las toallitas y se frota el vientre, los extrañamente ralos pelos púbicos (como recortados), castaños, algunas hebras brillando. El tolete y bajo sus bolas. Tomando otras, se medio inclina, rojo de cara, para limpiar su culo.

   -No, no quedarás bien. –dice el otro, quitándole de las manos las toallas, cayendo sentado en un mueble.- Vuélvete…

   -¿Qué? No, yo… -el chico se ve mortificado.

   -Oh vamos, todo estará bien. Te ayudo y te marchas. –le conforta el otro, tomándole una mano y obligándole a volverse, ofrecerle la ancha, recia y musculosa espalda, las turgente, redondas y sonrojadas nalgas. Lisas, plenas… salpicadas de leche.

   No entiende qué hace, o por qué, pero costándole apartar los ojos de esa raja interglútea, se eriza pensando una y otra vez en un joven, masculino, redondo y seguramente poco peludo culo siendo abierto, trabajado, macheteado sin piedad por una nervuda verga erecta y gruesa, mientras el dueño de tan increíble estuche sedoso gime. Con mano decidida recorre la baja espalda, las tersas nalgas, retirando aquella esperma. Y el tacto afecta a Jacinto, quien parpadea, muy rojo de cara, ojos brillantes, boca ligeramente abierta.

   -Vamos, inclínate un poco… -oye tras él, el aliento bañándole, afectándole. Haciéndole preguntarse por qué carajo ahora todo lo que tenía que ver con su trasero se sentía tan intenso. Y lo hace. De una manera que debería ser increíblemente vergonzosa para un chico que todavía se aferra a que era heterosexual, separa las musculosas piernas y proyecta el trasero hacia atrás, con las redondas nalgas abiertas un poco.

   Efraín se queda sin aliento. ¡Qué culo!, piensa, la mano hormigueándole por tocar. El calor de la joven piel le envuelve. El casi lampiño agujero… La mano le tiembla un poco al alzarla y meter la toallita entre los glúteos duros, frotando, limpiando, jurándose que siente ese agujero titilando bajo su roce.

   -Joder, amigo, no quiero disculpar al vecino por lo que le hizo a su mujer, en su apartamento y en su cama, pero enfrentado con un culo así… -grazna ido, como hipnotizado, pasando una y otra vez, muy lentamente, la arrugada toallita, rozando la cálida y joven piel con la punta de sus dedos.

   -Yo no… -temblando, y no de temor o aflicción ahora, Jacinto intenta contar su versión de los hechos, otra vez. Y nuevamente calla, sabiendo que es inútil. Cuando va a preguntar cuánto más estará pasándole la toallita, se congela, sintiendo el roce de la yema de un dedo recorriéndole la raja, firme, caliente, cayendo sobre la entrada de su culo, tanteando, rozando, medio halando.

   -Tu culo… -le oye gruñir frustrado, bañándole el trasero con su aliento. Cuando va a preguntar qué pasa, abre más los ojos, parpadeando, dejando caer su mandíbula.

   Ese carajo le hunde un dedo, el medio, en el culo…

   -No, espera, ¿qué hac…? ¡Ahhh! –la alarmada queja se interrumpe con un gemido cuando ese dedo comienza a entrar y salir, lentamente, profundo, arqueándose un tanto hacia abajo, cogiéndole, rotando en sus entrañas. Y lo aprieta, lo hala, casi lo chupa con su recto.

   -Mierda, qué culo… Dios, necesito… Necesito hacer esto.

   -¡Ahhh!

CONTINÚA … 44

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 4

enero 10, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 3

Por Sergio.

Esta historia toma como base una serie de relatos eróticos llamada “Pagando Deudas”, publicada por el usuario carlosmanuel en http://www.todorelatos.com/ desde 2007. De dicha historia, se retoman al protagonista y al diseño de su núcleo familiar; pero la historia, a pesar de tener un inicio similar, toma rápidamente una dirección distinta que es de mi invención.

“DE HOMOFÓBICO A PUTO”

chico-lindo

Rodrigo se detuvo en un punto muerto en el cual rápidamente deduce que la visión periférica de Roberto sólo lo vería si su hiciera un pequeño esfuerzo, pero parece que toda su atención continúa concentrada en la película pornográfica lésbica, pues continúa masturbándose con fuerza sin apartar su mirada de la televisión. Rodrigo nunca había tenido el placer, digo, la ocasión de observar el enorme ejemplar de pene que tiene su propio hermano entre sus piernas y, justo ahora, entre sus manos. No obstante, Rodrigo volvía aliviado de auto aplicado el “tratamiento” para apagar su “fuego interno” solamente para volverse a encontrar otra chispa que podría volver a encender la llama…

Rodrigo observa como su cabezón glande brilla y resalta rebotando entre las manos de Roberto y, de pronto, se imagina a sí mismo de rodillas ante él, devorando ese hongo de forma más suelta y descarada que cuando devoró el de Claudio hacía aproximadamente 24 horas… en su sueño. Ambos hermanos intercambian firmes miradas, pero sin decir una palabra: Roberto, porque lo está disfrutando mucho; y Rodrigo, porque decir algo implicaría sacar ese suculento pedazo de carne de su boca y no quiere… hasta que Roberto empieza a gemir en su fantasía… y en la vida real.

Rodrigo sale súbitamente de su fantasía y observa cómo Roberto ha cerrado sus ojos, por lo que supone que ya está llegando al clímax. Al volver a detectar el brillo verdoso de su vistosa mirada, decide escabullirse y avanzar sigilosamente hacia su habitación. Una vez ahí, Rodrigo se cuestiona sobre la imagen que tuvo de estar haciéndole sexo oral a su hermano, pero la conversación que tuvo con Claudio y el hecho de que el tratamiento funcionara tuvieron un efecto muy positivo en él, por lo que termina atribuyendo todas esas imágenes homosexuales a su falta de sexo, cuya causa se origina en su problema de impotencia, el cual concibe como un problema que está a punto de terminar.

Rodrigo: -En cuanto a lo de Roberto, pues… ¡nunca pensé que la tuviera tan grande! Además, ¿por qué tendría yo que pensar qué tamaño tiene la verga de mi hermano, en primer lugar? –racionaliza de forma retórica.

Con estos razonamientos, Rodrigo dejar de otorgarle importancia a sus preocupaciones y logra dormir muy plácidamente. A las 5:00 a.m., la alarma despierta nuevamente a Rodrigo para otra vez ir al gimnasio, desayunar, bañarse e irse para la Universidad en ese orden. Rodrigo se levanta, se pone su ropa deportiva, toma el enorme bolsón donde guarda todas sus pertenencias y empieza a trotar. Esta vez no hubo sueño perturbador ni accidente perturbador, por lo cual Rodrigo siente que su día ha empezado excelente.

Rodrigo asiste llega al gimnasio y, al igual que el día anterior, realiza sus rutinas de ejercicios, desayuna y se ducha en el gimnasio; pero a diferencia del día anterior, sintiéndose muy entusiasmado. Este día, decide llegar más formal a la universidad, por lo que se viste con una camisa manga larga azul con delgadas rayas blances verticales y un ajustado pantalón negro. Se dirige a la Universidad donde recibe sus clases y, a las 2: 00 p.m., asiste puntualmente a la oficina del Ing. Saúl.

Saúl: -¡Qué puntual, así me gusta!

Rodrigo: -Gracias, profe. Jeje

Saúl: -Nada de gracias, mejor toma asiento. Te explicaré tus funciones.

Tal como Rodrigo imaginaba, sus tareas constituyen en brindar asesorías a los estudiantes, calificar trabajos, responder dudadas, buscar bibliografía y explicar materiales. Una vez aclarado esto, empiezan a conversar animadamente sobre distintos temas de la carrera, la universidad y otros más irrelevantes. Aunque ambos siguen hablando, Rodrigo se pone de pie porque, al tener más cosas que hacer, el fin de la conversación es inminente. Saúl lo sabe y también se levanta de su asiento para estar más cerca de Rodrigo.

Saúl: -Y por eso, si haces este trabajo bien, se te pueden abrir otras oportunidades en el trabajo.

Rodrigo: -Pues eso me gustaría. Jeje

Saúl: -Te conozco y no dudo que lo harás bien.

Rodrigo: -Creo que me va a gustar esto de ser el maestro de segunda categoría… Pero ojalá me pongan atención. Jejeje

Saúl: -Jajaja ¿bromeas? Te pondrán más atención de la que me ponen a mí. Jeje

Rodrigo: -Pero si usted en clase intimida mucho, quiero decir, impone mucho respeto. Jejeje

Saúl: -Claro, pero eso es coacción. Jeje No me ven porque quieran, a diferencia de como pasará contigo. Jeje

Rodrigo: -¿Perdón?

Saúl: -No te hagas el tonto, Rodrigo. Eres guapo y joven. Atraerás TODAS las miradas. –dice con determinación.

Rodrigo: -Bueno, gracias jeje Bueno, ya me retiro. –dice un poco nervioso. Saúl: -Pasa feliz tarde.

Rodrigo: -Igualmente –se despide abandonando la oficina de Saúl.

Al salir de la oficina, Saúl aprovecha para disfrutar mirando la espalda y nalgas de Rodrigo con lujuria, mientras que éste se encuentra inmediatamente con Víctor, quien lo estaba esperando y casualmente ha escuchado la parte final de la conversación. Víctor empieza a bromear al respecto, sin imaginar que sus burlas en realidad corresponden a las ocultas intenciones de Saúl hacia Rodrigo.

Víctor: -“No te hagas pendejo, Rodrigo. Eres joven y guapo. Atraerás TODAS las miradas” –dice haciendo ademanes burlescos y finalmente tocándose el paquete.

Rodrigo: -Jajajajaja El pobre hombre sólo quería hacerme un halago…

Víctor: -Yo me preocuparía más de que quiera hacerte otras cosas…

Rodrigo: -¡Cállate, man, te va a oir!- se alarma, aunque en realidad no puede contener su risa.

Víctor: -No me importa, ya pasé su materia… ¡y no voy a ser su secretario personal, como otros! Jajaja

Rodrigo: -¡Soy asesor; no, secretario! Jeje

Víctor: -Da igual: terminarás realizando una función que las secretarias de la empresa de mi papá tienen con sus jefes. Jajaja

Rodrigo: -Jajajajaja

Víctor: -¿Pero qué se podría esperar? Si te han contratado más por tu físico que por tu talento. Jajaja

Rodrigo: -Jajajajaja ¿Andás con ganas de joder, verdad? Jaja

Víctor: -Yo sólo te digo una cosa: ¡Te va a doleeer! –entonando la popular canción de salsa.

Rodrigo: -Jajajajaja ¡A mí todo esto me suena a envidia!

Víctor: -¿Envidia de gustarle a un señor que podría ser mi papá? ¡No, gracias; te lo regalo y que lo disfrutes! Jaja

Rodrigo: -Jajajajaja

Ambos amigos se alejan riéndose mientras continúan bromeando sin darle verdadera importancia al asunto. Transcurren algunas semanas. En público, Rodrigo se desempeña muy bien como asesor universitario, como estudiante, socialmente y en sus pasatiempos personales. Sin embargo, hay un nuevo pasatiempo que no sólo no puede ser público, sino que solamente se atreve a realizar en la privacidad de su habitación: explorarse analmente.

Tras la desmitificación que Claudio hizo del “tratamiento”, Rodrigo se sintió aliviado de no tener que hacer una actividad que fomentara la homosexualidad; tan aliviado que eventualmente empezó genuinamente a disfrutar las sensaciones de introducir sus dedos en su virginal agujero. Por supuesto, esto se debe en gran parte a la manipulación de Cluadio, pero gracias al irrefutable hecho de haber tenido maravillosas erecciones desde que empezó el tratamiento, Rodrigo no tiene motivos para sospechar; incluso a pesar de que sorprendentemente no ha vuelto a tener ganas de cogerse a ninguna guapa chica de la Universidad.

Lo cierto es que, sin saberlo, la droga lo ha estimulado para que cada vez tenga mayor necesidad de dedearse y mayor placer al hacerlo, por lo que ha sustituido el hábito de masturbarse su verga (y el interés en coger) por el de masturbar su ano. Y sucede que, al ser un pasatiempo privado, Rodrigo cada vez tenía menos tiempo para realizarlo entre la universidad, el gimnasio y su vida social. Consecuentemente, cada vez que lo hacía, lo disfrutaba más y ya sin utilizar la droga.

Víctor y Rodrigo conversan en la cafetería de la Universidad una tarde de viernes. Había sido una semana verdaderamente ocupada por actividades académicas, por lo que Víctor le cuenta que ha planificado una fiesta para ese día y el fin de semana en su casa de playa.

Víctor: -¿Irás, bro?

Rodrigo: -No sé, man… Estos exámenes tienen que quedar calificados lo más pronto posible para que el Ing. Saúl pueda devolverlos el lunes.

Víctor: -Parece que al final no es tan buen negocio eso de ser asesor. Jaja

Rodrigo: -No, si me encanta… Es sólo que tanta cosa que hay que revisar. Jejeje

Víctor: -Bueno, pero entonces no irás, ¿verdad?

Rodrigo: -¿Dices que la fiesta durará hasta el domingo, verdad? Pues iré en cuanto termine de calificar.

Víctor: -Ok, man, ¡porque no te la podés perder!: van a ir todas las que te gustan a ti y todas las que me gustan a mí. Jeje

Rodrigo: -¡Claro que sí! –dice, aunque honestamente siente más ansiedad por dedearse que por ir a la dichosa fiesta.

Después de esa conversación, Rodrigo se dirige a la oficina de Saúl, quien está ausente, para calificar los exámenes. La tarde avanza con rapidez mientras Rodrigo está concentrado realizando su labor, con la esperanza de terminar temprano e ir a la fiesta de Víctor. Entre más pasa el tiempo, Rodrigo empieza a sentir que su culo se abre debido a que casi no ha podido dedearse en toda la semana y la ansiedad por hacerlo aumenta. Sin embargo, decide ignorarla y continuar en su tarea.

Ha caído ya la noche cuando Rodrigo ha terminado ya de calificar los exámenes. Se levanta para estirarse y se da cuenta que el pasillo tiene las luces apagadas y supone que está solo en el edificio. Decide verificarlo saliendo de la oficina para caminar por el pasillo hasta convencerse que está completamente solo en el edificio. Tras hacer lo anterior, vuelve a encerrarse en la oficina y asegurando la puerta con llave. Esta serie de precauciones que Rodrigo está tomando se deben al plan que está decidido a ejecutar a continuación: masturbar su ano en la oficina de su jefe.

Además de la excitación sexual, Rodrigo no puede evitar sentirse entusiasmado por el hecho de “profanar” un lugar universitario. Empieza por despojarse de su camisa, continúa con su pantalón y, finalmente, con sus boxers; pausando para observar su escultural cuerpo cada vez con menos ropa hasta hacerse evidente su poderosa erección. Rodrigo es muy vanidoso y está muy orgulloso de su cuerpo. No obstante, tras esas pausas, prosigue adelante con el plan original.

Rodrigo acaricia suave y detenidamente sus pezones, sus piernas y otras partes corporales hasta finalmente concentrarse en acariciar sus nalgas. Se acuesta en un cómodo sillón para dos personas, cuyo diseño resulta curiosamente conveniente para la actividad que está por realizar. Rodrigo apoya sus piernas en la pared mientras su espalda se mantiene acostada en el sillón y queda un espacio libre para mover fluidamente su mano entre la pared y el sillón.

Rodrigo se sumerge en el auténtico goce anal al dedearse, un mundo de sensaciones que nunca antes había imaginado que existiera y que procedía de una actividad que solía considerar repulsiva, pero a la cual finalmente se estaba volviendo adicto, casi de la misma manera en que era adicto a masturbarse cuando era adolescente. Y es así como él concibe actividad que está realizando: masturbación… anal, pero masturbación. Él sigue considerándose un hombre “hecho y derecho” y, por lo tanto, 100% heterosexual.

Sin embargo, sabe que su razonamiento sería “fácilmente malinterpretado” por otras personas y es consciente que no todo ese que si alguien lo llegara a atrapar en ese preciso instante, lo tildarían de gay, puto y vicioso; pero estaba tan ansioso por tener “su momento a solas” después de una larga semana de trabajo, que simplemente no pudo esperar más y, con el debilitado razonamiento que tenía debido a la espera, decidió que sería menos arriesgado dedearse en la oficina que hacerlo en la casa de playa de Víctor.

Por la distribución física de los muebles, si alguien entrara a la oficina del Ing. Saúl Martínez en ese preciso momento, lo que vería sería a un alto y fornido joven con sus musculosas piernas levantadas en la pared y el resto de su cuerpo acostado en el sillón, con sus ojos cerrados al estar sumergido en un hipnótico estado de placer producido por… ¿introducir dedos en su ano? Eso es exactamente lo que está observando un misterioso espectador que ha entrado sigilosamente a la oficina.

CONTINUARÁ … 5

Julio César (no es mío).

SIGUE EL DILEMA… 8

enero 10, 2017

SIGUE EL DILEMA                         … 7

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

maduro-velludo-y-maloso

   Aunque lo nieguen, sabe que quieren sentir los pelos…

……

   La presencia del joven sobresalta a los otros dos, quienes le miran con aprensión uno, con disgusto el otro.

   -Saldívar… -comienza Román.

   -Joder, realmente te sientes el centro del mundo desde que ganaste esa medalla, ¿no? –el resentimiento de Genaro, claramente manifestado en sus palabras, no le resultaba extraño a Daniel; era lo que había recibido veladamente de otros contendores en las instalaciones. No de los nuevos, de aquellos que tenían tiempo allí, esos que sentían que estas olimpíadas “eran su oportunidad”, no alegrándose en verdad del triunfo de otro.

   -No lo sé, Tellerías, ¿acaso celabas a alguien más de las atenciones de la pila de mierda que es el entrenador? –Daniel no está de ánimos para jugar con aquel chico malhumorado, que enrojece feamente.

   -Te crees tan… -da dos paso hacia él, puños cerrados.

   -Vamos, ven, no soy tan paciente como tu amigo Mendoza… -le responde tensando el cuerpo y cerrando también los puños, con la agresividad y rebeldía de su masculinidad anterior, cuando no había sido mancillada por el tortuoso sujeto.

   Se hace un tenso silencio. Genaro jadea, ojos llameantes de rabia. Sabe que el otro muy bien podría darle una tunda. Pero la rabia que siente, le ciega.

   -No vales la pena, crea todo el mundo lo que crea. –es despectivo, lanzándole una mirada a Román.- ¿Vienes?

   Este no responde de inmediato, rojo de mejillas, profundamente mortificado por todo el asunto.

   -Creo que me quedo… debo hablar con Saldívar. –niega finalmente. Y Genaro oprime más los labios, sintiéndose abandonado.

   -Como quieras. –y toda una gama de despecho se oye en la frase. Una vez que sale, el silencio es opresivo.

   -Disculpa a Genaro, a veces… -comienza Román. Daniel le interrumpe entrando en el lugar.

   -No me interesa lo que le ocurra, o el que esté celoso. Es cosa de ustedes. –por alguna razón, frustrado, siente que debe ser cruel. Y nota que ofende cuando el otro entrecierra los ojos.- ¿Hablaban de mí?

   -Mira, entiendo que la estés pasando mal, Saldívar; comprendo que puedas sentir que tu mayor logro y éxito, tu mejor momento, cuando todos en la piscina, el país y el continente deberían estar celebrando tu triunfo, como seguramente hacen aunque no lo creas, te resulte vacío, pero… -le reclama. Y Daniel traga, rojo como un tomate, profundamente erizado y humillado.

   -Tú lo sabías. –lo dice al fin, sintiéndose rabioso, expuesto a las miradas, desprotegido. Lastimado. El silencio del otro, casi de simpatía, le hiere en la carne, en el corazón. ¿Acaso ese idiota le tenía lástima?

   -Lo siento. –eso le hace estallar.

   -¡Lo sientes! ¡¿Lo sientes?! Sabías lo que ese monstruo podría… -ruge, gritando, rojo de coraje. El otro sabía de las mañas del entrenador y no le advirtió, a él, que nunca notó nada, que jamás imaginó que aquel sujeto escondiera dentro de sí tal grado de degradación y maldad.- ¿Lo sabías y…?

   -¿Me habrías escuchado si te decía algo sobre el interés del entrenador en ti? ¿O pensarías que estaba celoso de la atención que prestaba a su mejor competidor? –le interrumpe, seco, acercándosele resueltamente.- ¿Tú, el chico dorado del equipo, el seguro participante de las olimpiadas con verdaderas oportunidades de ganar? ¿Decirte algo cuando no notabas que ese sujeto te odiaba por alguna razón oscura? ¿A ti, que no notaste nada durante todo el tiempo que ese tipo ha estado aquí?

   -¿Cómo podía imaginar que…? -grita a la defensiva, desinflándose. Le mira, pareciendo más herido que molesto.- ¿Es fácil señalarme cosas, ahora, después de lo ocurrido? ¿Te es menos molesto?, ¿puedes procesarlo mejor? ¿Dejar que todo esto me…? -se atraganta.- ¿…Qué todo pasara porque era un idiota que no me fijaba en nada? Debe ser grandioso no sentirse responsable, culpable. –le suelta con voz baja, cargada de resentimiento y emociones, notando que lo logra, que lo altera, que lo lastima.- Vete a la mierda, “amigo”. –se vuelve y se aleja.

   Si, las palabras habían afectado al otro chico. Él quiso hablar, prevenirle, pero… Sale a la entrada, llamándole. Daniel no le oye, sigue, con pasos tensos, furiosos y frustrados.

   -¿Crees que eres el único que pasó por ese infierno? –brama, Román, al fin, con rabia también. Dejando saber más de lo que deseaba.

   Esas palabras impactan al joven nadador, que por un segundo se detiene, parpadeando, procesándolo. ¡Hubo otras víctimas del entrenador! ¿Acaso Román Mendoza? Pero no puede quedarse, no quiere escuchar. Saber…

   Se aleja y el otro joven bota aire ruidosamente. Frustrado.

   -Sabía que así actuarías, no valía la pena advertirte. No quieres escuchar; como muchos, que tampoco quieren saber. No te culpo, yo tampoco querría. –susurra más para sí que para el joven campeón olímpico de clavados. Tal vez Genaro tenía razón sobre él. Entra en el gimnasio sintiéndose extrañamente vacío. Solo. Víctima, nuevamente.

……

   Desnudo, las manos atadas a la espalda, boca abajo sobre aquella detestable cama, una pequeña cámara enfocándole, las piernas abiertas y entre ellas ese sujeto que le alzó un poco el trasero, Luis Saldívar jadea, parpadeando, la boca muy abierta. La verga soltándole chorros de líquidos preseminales por la estimulación anal. Mientras Franco le penetraba, el frote contra las paredes de su recto, los golpes contra la próstata, le habían excitado lo quisiera o no, y la terrible urgencia de correrse, de terminar de una vez con toda esa calentura, era algo desgarrador: necesitaba alcanzar el orgasmo, joder. Pero…

   -Vamos, puto, sabes que lo quieres, jejejejeje… -la risa ronca, profunda de aquel sujeto, le atormenta. Le tiene clavada sólo la punta de la verga en el culo.

   Luis no puede, no quiere afrontar el nuevo hecho: sabiendo lo que le ocurre, Franco había detenido sus embestidas, esperando que se auto empalara. ¡Que se cogiera contras su verga!

   -Maldito enfermo… -ruge entre dientes, casi lloriqueando, atormentado por las ganas que siente de terminar; que ese tolete venoso, caliente y pulsante siga estimulándole y que todo termine de una vez.

   -Estás mojando la cama con todos los jugos que sueltas, puto; así de caliente estás. –le oye sabiendo que lo dice para la grabación, pero… no puede esconderse el hecho de que es cierto. Aquella era una maldita y total pesadilla.

   -¡AGGGHHH! –grita, casi llorando de rabia e impotencia, echando su culo hacia atrás, el agujero rasurado cubriendo cada centímetro del cilíndrico tolete, apretándolo, cerrando las paredes de su recto sobre él, sintiendo el frote, las rozadas, golpeándole la pelvis con las nalgas, teniendo toda aquella verga bien clavada, la punta golpeándole adentro.- ¡AHHH! –ruge nuevamente al sentirla, ¿placer, rabia, humillación?, era difícil decirlo cuando comienza a retirarse de la tranca, la cual emerge victoriosa de su culo.

   -Jejejejeje… -la risa ronca le atormenta, tanto como la nalgada que le impacta, mano abierta.

   Eso provoca un nuevo gemido de Luis, quien echa nuevamente su culo hacía atrás, atrapando aquel tolete que le degradaba, humillaba, rebajaba… y controlaba sexualmente. Estaba empalándose, de adelante atrás, apretando sus entrañas, exprimiéndolo, sintiendo el latido de cada vena hinchada de sangre contra las sensibles y suave paredes de su recto. Va y viene, cerrando los ojos para evitarse las humillaciones, pero abriendo la boca, notando los temblores tan próximos al clímax de su verga, la cual estaba empapando aquella cama mientras golpeaba y refregaba su trasero contra la pelvis de aquel sujeto.

   -Hummm… -no puede evitar soltar, por más que oprime sus labios ahora.

   -Eso es, puto, sáciate con mi verga. Llena tu culo de puto, de maricona ansiosa con mi verga dura. Esto era lo que necesitabas, ¿no es así? Vamos, dilo para la cámara, sabes cuánto gozas grabándote siendo tan sucio y puto, jejejejeje…

   Quiere exigirle que se calle, que deje de hablar, aclarar que era una víctima en todo eso, pero es cuando el sujeto, atrapándole nuevamente las caderas con las manos, clavándole los recios dedos, reinicia sus mete y saca, violentos, duros, azotándole ahora con las caderas, llenando la habitación con los crujidos de la cama y las bofetadas de las embestidas… aunque también de sus jadeos y gemidos. De su boca, Luis sabe que escapan lamentos roncos y bajos, que tan bien podían ser de rabia, como de lujuria.

   Aquel sujeto estaba aprovechándose de su angustia, de su impotencia para rechazarle o defenderse, de su agotamiento para sumergirle más y más en la degradación. No le dejaba un minuto para recuperarse y tomar nuevamente el control de su cuerpo, mente y vida. Con cada embestida que aquella verga le daba en el culo, abriéndoselo, llenándoselo, aquella desagradable y repugnante calentura de su propio cuerpo se incrementaba. Su cuerpo, utilizado y manipulado, se entregaba a su torturador, quien con el recurso de clavársela y sacársela duro, golpeándole con las bolas, se aseguraba de mantenerle caliente… y no sólo apretando y soltando su agarre interno, las haladas que le daba al recorrerle el recto. No, también lo buscaba, porque Luis no había dejado de agitar su culo de adelante atrás por mucho que quería hacerlo, atormentándose al saber que lo hace y no puede detenerse. Lo mejor era, reconoce horrorizado, vencido, dejarse llevar y terminar.

   -Ahhh… ahhh… Hummm… -escapan de sus labios, al tiempo que se oye la repulsiva risa de Franco, mientras es cogido duramente, a fondo, adentro y afuera, su culo cepillado.

   -Eres toda una zorra… Hummm, me lo estás ordeñando sabroso, Luis. Jejejejeje, si Adriana y tu hijo te vieran. –exclama con crueldad, provocándole un gemido de impotencia, o de gozo, ya era difícil saberlo. Más cuando, soltándole las caderas, cayéndole encima, pero no aplastándole con el peso para que continuara meciendo el culo de adelante atrás, el hombre se las ingenia para meter las manos y atraparle nuevamente las tetillas ya manipuladas, pellizcándolas con gran fuerza.

   -¡AGGGHHH! –el dolor en medio del repugnante placer sexual al que se ve sometido, confunden aún más la mente de Luis.

   -Si, así, puto, sigue moviendo tu culo, sigue ordeñándomela. ¿Sabes cuál será tu recompensa, jejejejeje?

   La idea, algo apartada, ocupado como estaba en alcanzar de una vez su maldito orgasmo, golpea a Luis como una ola: muy pronto su culo quedaría lleno con el semen de ese hombre. Su leche caliente le inundaría, otra vez.

   -Hummm… hummm… No, no…

   -Oh, sí, sabes que la quieres, puto. Mi cremosa esperma llenando gloriosamente tu agujero hecho para ser usado por los hombres. –le aplasta los hombros contra la cama al hablarle al oído, pellizcándole aún más los pezones, halándoselos, sin detener los saca y mete de su verga, los golpes que le da con las bolas.- Oh, sí, puto, para esto naciste, para estar atado boca abajo en una cama, desnudo, con dos almohadas bajo las caderas, con tu culo rasurado totalmente abierto, tu tatuaje de puto pidiendo machos, y mis amigos haciendo filas para llenarlo, para usarlo, para correrse, uno y otro y otro dentro de él, mientras te nalguean, escupen e insultan por ser un pobre marica al servicio sexual de los verdaderos hombres. –se le encima y susurra aún más firme.- Es lo que quiero para ti, puto mío.

   -No, no… por Dios… -jadea Luis, sintiendo que todo le da vueltas, casi viéndose allí, así, gimiendo contra otra cama, un hombre y otro subiéndosele, usándole, esas vergas duras, calientes y pulsantes llenando su agujero que se abría para uno y otro y otro, apretándolas todas, ordeñándolas, el semen chorreándole bolas abajo, como un río espeso, tibio, baboso y blanco.

   -Tal vez… Tal vez invite a Daniel, a tu muchacho, y a sus compañeros a una fiesta, una donde tú serás la atracción. –le ronronea al oído, cruel, perverso, malvado.- Imagina la verga de tu muchacho llenando tu culo ya bañado en siete leches, clavándose centímetro a centímetros, él gruñéndote “puto, maldito puto poco hombre”, el semen goteando… -especifica lentamente, palabra tras palabra, retorciéndole los pezones, cogiéndole en todo momento, perfectamente consciente de que el otro no ha dejado de impulsar su culo de adelante atrás.

   -¡AGGGHHH! –es todo lo que Luis puede exclamar, entre dientes, ojos muy cerrados, nuevas lágrimas escapando de ellos. Y más cuando el otro cae totalmente sobre él, aplastándole otra vez contra la cama, impidiéndole moverse, su tolete, totalmente goteante, pisado y caliente contra su abdomen. La verga de ese hombre totalmente clavada, y aún así, abriendo y cerrando su propio peludo culo, Franco parecía continuar cogiéndole.

   -Dime, Luis, ¿no te gustaría eso? ¿Ser la reina puta de una fiesta de hombres caliente con sus vergas babeantes, tal vez con tu muchacho presente, todos apuntándolas hacia este agujerito vicioso y hambriento que tienes? –alza el culo, se la retira casi toda y vuelve a caer. Haciéndole gemir, ¿dolor, vergüenza, placer?- ¿No quieres ser mi perra, mi juguete… mi esclavo sexual?

CONTINÚA…

Julio César.

EL PEPAZO… 42

enero 6, 2017

EL PEPAZO                         … 41

De K.

el-musculoso-chico-en-hilo-dental

   A todos se les antoja un buen pedazo…

……

   Por un segundo, los dos jóvenes hombres quedan paralizados. El desconocido sin camisa y en bermudas, pegado a ese otro, totalmente desnudo, mientras le atrapa las nalgas, cada una con una mano. Y este, que jadea, venía escapado, entre la inquietud por la mujer que le perseguía para cobrarle el haberse metido en su cama matrimonial con su marido (aunque fuera este quien comenzó), y la intensa angustia de tener que escapar, desnudo, enfrentado a los vecinos de la pareja… mientras del culo todavía le correa leche. ¡Y ahora choca con este carajo!… cuyas manos se sienten caliente y grandes sobre su terso y sensible trasero (¿desde cuándo la piel se le erizaba tan inmediatamente o respondía tan fácil al tacto de lo que fuera?).

   Si, están paralizados, sus rostros casi nivelados, el desconocido un tanto más alto, sus torsos rozándose, especialmente cuando toman aire, las manos de Jacinto aferrándole los desnudos hombros para estabilizarse… las pelvis de ambos totalmente pegadas, la punta del tolete de forzudo, mojado de su semen, verticalizado entre los dos, chocando de la piel caliente que emerge del borde del shorts del otro… que no se retira. Ni le suelta, y sus dedos parecen hincarse más en su trasero, de una manera…

   -¡Hijo de puta, te voy a matar por meterte en la cama con mi marido! –ruge, atronadora, la voz de aquella mujer enloquecida que, cisne de cristal en mano, viene a atizarle, escuchándose claramente a través de la puerta abierta.

   La pareja, todavía abrazada, se vuelve a mirarla. El desconocido con una leve sonrisa, Jacinto aterrado, escuchando que otras puertas comienzan a descorrer cerrojos, para ver, carajo, qué coño estaba pasando. Iban a encontrarle allí, evadiendo a una mujer ultrajada en su dignidad, en su matrimonio. Y tiembla, Jacinto tiembla, palideciendo; el otro mirándole.

   -Ven, vamos, pana… -le dice el desconocido, soltándole y atrapándole una mano, halando hacia su puerta al fornido y guapo joven, desnudo, chorreado de esperma, que lleva un trapito color rosa en la mano.

   -¡Marico! ¡Marico! –grita Corina desaforada, casi saliendo del apartamento cuando el abogado, medio envuelto en una sabana la alcanza, gritándole que se detenga y no agrave el escándalo; que todos iban a hablar de ellos, rodeándole, desde atrás, la cintura, casi alzándola por un lado de su cuerpo, mientras ella se revuelve, furiosa, deseando soltarse y agredir a Jacinto. Pero, todavía, se las ingenia Alejandro Andrades, con disgusto, para ver al vecino, joven, halando de su chico, metiéndole en el apartamento.

   -¡Hijo de puta! –le ruge Corina, regresándole al presente, teniendo que olvidar ese asunto, por ahora, para intentar arreglar este desastre. Comenzando por hacerla callar o al menos baja la voz.

   -Corina, por Dios, contrólate. Todos te van a escuchar…

   -Qué me escuchen, que lo sepan todos. ¡Me casé con un faltón! –cada palabra la dice más y más alto, mientras este sigue reteniéndola para que no salga.- ¡Estabas con un marico en nuestra cama! –parecía, como debe ser, que no podía pasar de ese punto.

   -Baja la voz, coño; mira, no sé qué me pasó. Te juro que nunca… -comienza a explicar el hombre, mientras llegan a la puerta y la cierra de una patada.

   Al tiempo que también cierra la suya, el joven desconocido, aún llevando a Jacinto de la mano, sonriendo escuchando al abogado. Suerte con eso, amigo; le lanza mentalmente. La iba a necesitar para salir de ese carro de mierda donde se había metido. Y la idea le hace pensar en culos. En el culo del chico… Si, tal vez no sería tan difícil de entender qué le pasó al abogado coño’e madre ese, que cayera en algo de un momento, estando solo y encontrándose de pronto con un mariconcito como ese, con ese cuerpo, esos pectorales que exhibían pezones erectos. ¡Y ese culo!, la idea vuelve una y otra vez. Había algo en ese carajo culón que… ¿Sería verle manchado de esperma? El culo de un tío joven y fornido, como él mismo, lleno de la leche de otro sujeto. La imagen era…

   Jacinto, como en trance, tembloroso, sintiéndose débil, casi desvalido, no entiende por qué le sigue, entrando allí. Lo mira todo, consiente, de pronto, que ese sujeto aún le tiene la mano atrapada. Se suelta, agitado, dando un paso atrás. Se ve tan afectado, que el otro, alzando las manos en un gesto de paz, le sonríe.

   -Hey, hey, calma, no soy amigo de esa gente, no tengo partido en todo lo que pasó. –y ríe, no puede evitarlo.- ¿Tú y el abogado sorprendidos por la mujer en su cama? Dios, ¿eso pasa de verdad? ¿Te ha ocurrido antes con otro carajo?

   -¡No! –estalla, rojo de cara, casi suplicándole ser escuchado.- Nunca… -se muerde los labios.

   -Oye, no tengo problemas con que te gusten los tíos.

   -¡No me…! –comienza a gritar, pero sus hombros caen, ¿para qué continuar con algo que no le creerán? Se aleja dos pasos, dándole la espalda.- Esto tiene que ser una pesadilla. –cierra los ojos.- Dios, ¿qué hago?

   -Tal vez comenzar por vestirte, con el culo al aire… -comienza el otro, y sus ojos caen en esas nalgas tersas, lisas, suavemente enrojecidas, que parecían pedir un par de manos grandes de macho para recorrerlas y acariciarlas… Lo piensa y las bolas le hormiguean.

CONTINÚA … 43

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 3

enero 4, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 2

Por Sergio.

Esta historia toma como base una serie de relatos eróticos llamada “Pagando Deudas”, publicada por el usuario carlosmanuel en http://www.todorelatos.com/ desde 2007. De dicha historia, se retoman al protagonista y al diseño de su núcleo familiar; pero la historia, a pesar de tener un inicio similar, toma rápidamente una dirección distinta que es de mi invención.

“DE HOMOFÓBICO A PUTO”

entrada-secreta

Rodrigo se sobresalta al eyacular, lanzando un gemido final aún más intenso, el cual lanza a su mente el recuerdo de sueño, cuando Claudio se lo estaba cogiendo. Sin embargo, después de correrse, Rodrigo cae de golpe en la realidad: ¡le había encantado el dedito (o más bien, dedote) de Claudio! No obstante, estando aún dicho dedo en su interior, Rodrigo se atreve a cuestionar.

Rodrigo: -CLAUDIO… ¿¡Estás seguro que esto es normal!?

Claudio: -Claro que sí, Rodrigo… Digamos que todos los hombres tenemos ahí un “botoncito” de placer. Ahora, si quieres, dejo de tocártelo. Jeje –dice divertido.

Rodrigo: -No le veo la gracia.

Claudio: -Disculpa. Como te he dicho antes, es el humor médico… ¿entonces te lo saco, verdad?

Rodrigo: -Sí ahhh –no puede evitar al sentir el deliberadamente travieso movimiento que hace Claudio al momento de sacárselo.

Claudio: -Bueno, ya hemos terminado. Ya puedes vestirte.

En realidad Rodrigo ya había empezado a vestirse desde antes que Claudio pronunciara esa frase.

Rodrigo: -Claudio, por favor, sin bromas, ¿es verdad lo que decías del botón de placer? –dice mientras se pone la camisa en su musculoso cuerpo.

Claudo: -Claro que sí. Te sorprendería saber la cantidad de hombres que lo practican con sus parejas…

Rodrigo: -Hombres cuyas parejas son otros hombres, ¿no? -responde sarcástico.

Claudo: -No, con mujeres quise decir… De hecho, a muchas de ellas les excita.

Claudo: -Claro, el mundo está lleno de enfermos. –afirma aún más tosco.

Rodrigo termina de vestirse mientras se dirige a la puerta del consultorio sin despedirse siquiera de Claudio, quien continúa hablándole intentando argumentar algo a favor. Rodrigo decide ignorarlo y seguir caminando, mientras que Claudio tampoco piensa rebajarse porque piensa “a éste ya le empezó a gustar” mientras se acaricia la verga por encima de su pantalón.

Después de un día bastante ambivalente para Rodrigo por todos los sucesos ocurridos las últimas 24 horas, llega la hora de cenar. Lucía ha preparado un bistec encebollado, uno de los platos favoritos de Rodrigo, quien aprovecha la ocasión para comentarles a su madre y su hermano acerca de su nuevo logro en la Universidad. Lucía se alegra mucho, abraza y felicita a Rodrigo, mientras que Roberto se limita a felicitarlo de forma más simple.

De repente, tocan el timbre y es Claudio quien visita. Lucía lo invita a cenar “en familia” y Claudio se acerca a saludar a los muchachos.

Claudio: -¡Buenas noches, Roberto! –dice mientras le da un apretón de manos.

Roberto: -Buenas noches –dice mientras corresponde el gesto por formalidad.

Claudio: -¡Buenas noches, Rodrigo! -dice mientras le da un apretón de manos más fuerte y prologado.

Rodrigo: -Buenas noches –dice secamente.

Lucía: -¡Llegas a buena hora, mi amor! ¡Rodrigo nos estaba contando que lo nombraron asesor en la universidad!

Claudio: -¿En serio? ¡Felicidades, campeón! -dice mientras le da unas palmadas en su espalda.

Rodrigo: -Gracias… bueno, pero tengo que ir a hacer unas tareas. –dice secamente.

Lucía: -¡Pero si no has terminado de cenar!

Rodrigo: -Luego me lo termino, ma, gracias. –dice mientras camina hacia su habitación.

Claudio cena y conversa con Lucía y Roberto durante unas dos horas más hasta que anuncia que ya debe irse, por lo que le dice a Lucía ir a despedirse de Rodrigo a su habitación. Claudio toca la puerta y Rodrigo le abre.

Claudio: -Hola, ¿puedo hablar contigo?

Rodrigo: -¿De qué?

Claudio: -Bueno, yo quería disculparme contigo… sólo quería ayudarte. –dice intentando dar pena.

Rodrigo: -Bueno, no te preocupes… ¿por qué no entras y hablamos mejor acá? –dice ya más ablandado y queriendo evitar que su familia escuche.

Ambos hombres entran, cierran la puerta y se sientan en la cama de Rodrigo, uno frente al otro.

Rodrigo: -Disculpa por como reaccioné. La situación era muy extraña para mí.

Claudio: -No te preocupes. Yo entiendo.

Rodrigo: – Es que… por un momento sentí que querías violarme o algo así. Jeje

Claudio: -¿Cómo crees? Jeje Así es como se hace ese examen… Supongo que tal vez, además de lo incómodo, te dolió; pero no es mi culpa que Dios pusiera Dios la próstata ahí. Jajaja

Rodrigo: -Jajaja… Es que no me fue incómodo ni doloroso en realidad. –dice desconocedor de que estas palabras que le pararían la verga a Claudio.

Claudio: -¿Y qué fue lo que te molestó entonces?

Rodrigo: -Lo que sucede es que me pareció algo muy gay y… la verdad es que le tengo odio a los gays porque mi papá era así y por eso fue que se divorció de mi mamá y se olvidó de nosotros… y desde entonces hasta ahora, todo fue un caos aquí.

Claudio: -¡Wow! Pues no lo sabía y lo lamento mucho.

Rodrigo: -No sé si ella ya te lo había contado a ti y en realidad ella no sabe que yo sé, pero sí sé y te lo confío porque no quiero que vuelva a sufrir y porque… bueno, creo que si te dejé hacerme el examen, puedo confiarte esto. Jajajaja

Claudio: -Jejeje pues muchas gracias por tu confianza. Créeme que más que tu padrastro,  quiero ser tu amigo. ¿Entonces ahora sí me crees todo lo que te dije sobre los exámenes y los tratamientos?

Rodrigo: -Sí porque, de no ser así, no podrías tener una clínica tan lujosa. Jajaja

Claudio: -Jajaja me agrada que use la lógica, muchacho. Jajaja

Rodrigo: -Jajaja

Claudio: -Bueno, pero ya que tomamos el tema de nuevo, déjame decirte que lo de la práctica de tocarte el ano no es una práctica homosexual. O sea, ellos lo hacen; pero no significa que por eso sea exclusivo de ellos. Así como te tocas el pelo, el pelo, igual puedes tocarte el… ano y no por ello ser gay.

Rodrigo: -Bueno, nunca me había puesto a pensar en eso.

Claudio: -Y como te decía, muchas parejas heterosexuales lo usan como juego previo antes de la penetración. Sin embargo, también está el uso netamente médico que incluye el diagnóstico… y el tratamiento.

Rodrigo: -¿Y en qué consiste el famoso tratamiento?

Claudio: -De nuevo, aplica la lógica. ¿Por qué crees que las parejas de las que te hablo lo hacen como juego previo? ¡Porque mejora las erecciones!

Rodrigo: -Ahh… ya veo. –dice verdaderamente sorprendido

Claudio: -Entonces… no, mejor, no…

Rodrigo: -¿Mejor no qué?

Claudio: -Es que te traía una propuesta de tratamiento, pero supongo que después de todo lo que ha sucedido, no vas a querer. –dice fingiendo desinterés.

Rodrigo: -Bueno, es que antes no quería porque había un malentendido, pero ahora que me lo has explicado… pues sí me interesa. –admite finalmente.

Claudio: -Siendo así, aquí te hago entrega de un instructivo de ejercicios para estimular la erección mediante la manipulación de la próstata.

Rodrigo da una hojeada rápida al material, que es en realidad un instructivo sobre cómo estimular el ano para tener sensaciones placenteras a partir de las numerosas terminaciones nerviosas que tiene. Claudio ha “disfrazado” el material para que Rodrigo sienta eventualmente curiosidad por el sexo anal.

Rodrigo: -¿O sea que esto es como lo del examen? –pregunta ingenuamente.

Claudio: -Sí y no: La idea es hacer los movimientos propuestos ahí porque ésa es la manera efectiva de intervenir el problema. Los movimientos del examen, aunque eran en el mismo lugar, eran mucho menos intensos que los del tratamiento.

Rodrigo: -¿Y éstos… también tendrías que hacérmelos tú? –pregunta ingenuamente.

Claudio: -Hombre, sólo si tú quieres. Jeje –intenta sonar bromista.

Rodrigo: -Jajaja

Claudio: -La idea es de darte el prospecto es que puedas hacerlo tú mismo para que no tengas la incomodidad de que un médico te toque; aunque si finalmente quieres una demostración, no tengo ningún problema en hacerla.

Rodrigo: -Mejor retomo tu sugerencia. Jejeje –ríe tímidamente.

Claudio: -Bueno, como ves, en el folleto aparecen todos los ejercicios muy bien explicados e ilustrados; pero además de eso, te tengo algo extra.

Rodrigo: -¿Qué?

Claudio: -Son unas pastillas…

Rodrigo: -¿Viagra?

Claudio: -No, el viagra sólo te sirve un par de horas y no elimina el problema. Estas pastillas lo que hacen es potenciar el tratamiento. Favorecen los procesos biológicos que permiten la erección, pero éstos sólo si activan al hacer el tratamiento físico.

Rodrigo: -¿Entonces las pastillas son una opción a largo plazo? –pregunta esperanzado.

Claudio: -No, el tratamiento lo es. Lo que las pastillas hacen es facilitar y mejorar la acción del tratamiento.

Rodrigo: -¿Y cada cuánto debo tomarme las pastillas… y hacerme el tratamiento? –pregunta genuinamente interesado.

Claudio: -La idea es que te tomes una pastilla una hora antes de hacerte el tratamiento porque hacerlo es como cargar tu celular. Siempre querrás tenerlo cargado.

Rodrigo: -Ok, ¿y el tratamiento?

Claudio: -Eso depende: entre más rápido y mejor quieras avanzar, más veces debes hacerlo. Esto es como el fútbol. ¿Tú juegas fútbol?

Rodrigo: -Sí, aunque jugaba más en el colegio porque ahora soy más de pesas.

Claudio: -Bueno, pero entiendes a qué me refiero. Un futbolista requiere muchísima práctica para ser medianamente bueno…

Rodrigo: -Ya entendí…

Claudio: -Pues así como llegas a sentir que tu cuerpo te va pidiendo el fútbol, así mismo sentirás que tu cuerpo te pide que… te hagas el tratamiento. Y debes darle al cuerpo lo que pide.

Rodrigo: -Ohh… entiendo.

Claudio: -Bueno, yo ya me voy, pero me alegra haber podido aclarar las cosas contigo.

Rodrigo: -Igualmente, gracias por todo

Claudio: -No, gracias a ti

Los dos hombres se dan un breve abrazo y unas palmadas en la espalda. Claudio se va contento, convencido de que cambiar de estrategia fue lo mejor que pudo hacer: aprovecharse de la necesidad y la ignorancia de Rodrigo para que descubra por sí mismo los placeres que puede darle su ano y que sea él mismo quien acabe pidiendo verga… su verga. Al salir Claudio de la habitación de Rodrigo, Roberto nota como ambos se despiden amistosamente; pero a él, siendo igualmente hijo de su novia, apenas le dirigió la palabra durante la cena y, por supuesto, no se acercó a buscarlo para despedirse.

Uno de los secretos mejor guardados de Roberto es que envidia profundamente a Rodrigo. Siempre se ha sentido un “plato de segunda mesa” al compararse con su hermano en cualquier aspecto. Heredó los lindos ojos celestes de Lucía, pero es a Rodrigo a quien siempre le han dicho “¡qué lindos ojos!”; y no, a él. Roberto es tan alto como su hermano, pero su muy delgado cuerpo refleja su desinterés y su nulo talento en los deportes. No obstante, sus duras facciones también le dan cierto encanto: Sus labios delgados, sus afilados dientes y la malicia que reflejan sus ojos le dan un aire de tipo rudo.

Desde que eran niños, las diferencias entre ambos hermanos eran notables: Rodrigo era el estudioso y destacado que aprendía fácilmente cualquier tema difícil, mientras que Roberto era reportado por problemas conductuales en esa misma escuela y sus limitados logros académicos eran ignorados. Sin embargo, siempre se quisieron y apoyaron mucho hasta que Roberto atravesaba la adolescencia y más de una novia confesó romper con él porque “se había enamorado de su hermano de repente”. Los muchos amigos de Rodrigo eran ampliamente bienvenidos en su casa, mientras que los pocos amigos que Roberto se animaba a invitar a su casa (de los pocos que ya de por sí tenía) no podían evitar sentir cierta hostilidad por parte de Lucía. Y muchas otras situaciones así, ante las cuales la falta de interés de su padrastro en potencia es sólo un diminuto ejemplo.

Sin embargo, hay algo en lo que Roberto supera a su hermano indiscutiblemente, aunque ninguno de ellos lo sepa aún: su descomunal verga de 20 centímetros, gruesa y venuda; cuando la de Rodrigo apenas llega a los 12 centímetros en estado de máxima erección. Más tarde esa misma noche, Roberto tenía ganas de jugar con su pene viendo pornografía lésbica, pero se contiene: está realizando las primeras tareas que le dejaron en la Universidad. De hecho, la razón por la cual decidió estudiar la misma carrera que Rodrigo es porque está mentalizado a superar sus promedios que éste logró en cada materia. De pronto, su celular suena y es su nuevo amigo y compañero Samuel quien llama.

Roberto: -¿Samuel?

Samuel: -Hola, ¿cómo estás?

Roberto: -Bien… ¿y eso que llamas a esta hora?

Samuel: -¡Es que ya me enteré quién será nuestro asesor en “Comunicación Espacial Gráfica I”!

Roberto: -Pues creo que eso da igual, ¿no? Yo no conozco a ningún asesor aparte de mi hermano…

Samuel: -¡Es que él será el asesor de nuestro grupo! ¡Ya la hicimos! ¿No te alegra?

Roberto: -Sí, pero ya me tengo que dormir. Mañana te veo.

Samuel: -¡Nos vemos!

Roberto siente automáticamente cierta molestia al escuchar esta noticia, pues sabe que esto significa que su hermano representará una figura de autoridad directa para él y su equipo de trabajo; y además de eso, sus compañeras indudablemente van a fijarse más que Rodrigo que en él y, por lo tanto, sus oportunidades de conseguir novia se reducirán porque un mejor partido estará a la vista… Roberto, ya enfurecido, golpea su cama con el pie al sólo pensarlo.

Roberto: -¿Es que hasta en la universidad voy a tener que ser tu sombra? –pregunta de forma retórica sabiendo que nadie lo oirá.

Completamente desconocedor de la forma de pensar de su hermano y de lo que está haciendo en ese momento, Rodrigo decide darse una ducha antes de acostarse luego del intenso día que tuvo. Al estar enjabonando su cuerpo, eventualmente pasa sus dedos por sus nalgas y la simple limpieza se transforma inesperadamente en un juego anal, el cual por primera vez no lo incomoda debido a que Claudio “desmitificó” que el hacerlo no lo haría gay. De pronto, tiene una idea: ¡tomarse la primera pastilla y empezar esa misma noche el tratamiento! Sale del baño, toma la pastilla, se pone ropa cómoda, se lava los dientes y finalmente se dirige a la sala a ver televisión, concretamente, pornografía que todos los canales de películas empiezan a poner a la medianoche, mientras espera que pase el tiempo indicado por Claudio para que la pastilla prepare a su cuerpo para “el tratamiento”.

La verdadera función de las pastillas es dilatar el ano, permitir la penetración sin lesiones y, finalmente, intensificar los orgasmos. Antes de siquiera cumplirse la hora y ante los estímulos visuales de dos bellas y esculturales mujeres tocándose, Rodrigo empieza a sentir que su ano se abre, proporcionándole una sensación agradable que lo invita a tocarlo. Esperando que todos estén dormidos, Rodrigo empieza a tocarse las nalgas por encima de su short.

Sintiendo que la urgencia va creciendo y queriendo prevenir coincidencias desafortunadas, Rodrigo se va corriendo hacia su habitación sin ocuparse siquiera de apagar la televisión. Al llegar, rápidamente se despoja del short, se tira en su cama y empieza a acariciarse sus muslos y nalgas desnudos, sintiendo su piel estremecer. También se acaricia el pecho, abdomen, piernas y se da cuenta de lo sensible que siente su piel con cada roce.

Luego de haberse desviado, empieza finalmente a introducirse primero uno y luego dos dedos en su agujero sintiendo gran placer al explorarse, pero controlándose para evitar gemir. Finalmente, se vuelve a correr abundantemente y empieza verdaderamente a confiar en el tratamiento, pues desde que la pastilla le hizo efecto, tuvo una erección muy intensa, lo cual lo alegra. Tras volver a vestirse, escucha ruidos provenientes de la sala y recuerda que dejó la televisión encendida ¡y con programación porno!, por lo que rápidamente se dirige hacia allá a apagarla. Al llegar a la sala, no obstante, se detiene inesperadamente observando que Roberto está masturbándose con la película ¡y que su verga es enorme!

CONTINUARÁ … 4

   Bien, sigue llegando gente al baile, eso siempre crea expectativas, especialmente si los presentan como lo hace Sergio, hermanos que han competido entre ellos. Si, el relato puede volverse aún más maldito.

Julio César.

NOTA: Por cierto, el auto necesita comentarios para saber si debe cambiar algo. Sólo así mejoramos, y nos incentivamos.

AMA DE CASA… 6

enero 4, 2017

AMA DE CASA                         … 5

Por Leroy G.

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   -¿Lo quieres?, tómalo…

……

   Por el agujero toscamente perforado en el metal se asoma un güevo negro, erecto, rugoso, cabezón, que se agita levemente en la nada. Esperando por una mano amiga… o una boca golosa que quisiera darla una buena mamada. Una boca que deseara saborear un buen pedazo de carne de joder, de un buche de leche caliente. La sucia idea que no sabe de dónde le viene, le seca la garganta, dificultándole respirar. Era tan complicado como apartar la mirada de la venosa pieza masculina, oscura, la cabecita lisa…

   No puede respirar, ni moverse. El rostro se le enciende de furia, ¡esos maricones!, piensa, estaban en todas partes con su suciedad. Eran unos enfermos que… traga en seco, temblando, no sabía si efectivamente de rabia o no, mirando el ojete de ese tolete, el cual sube y baja cuando la erecta pieza se agita, invitándole a tomarla, a que la sobara, que no pasaría nada malo si le daba una buena apretada; o mejor, que pegara sus labios y depositara amorosos besitos en ella, recorriéndola, cayendo sobre el glande y…

   -Vamos, maricón, sabe que la quieres. Pega tu boca mamona y comienza comértela o te juro por Dios que iré a tu lado y te la clavaré toda por el culo aunque te pongas a chillar que no te cabe. –demanda la voz, asustándole por tantas cosas que no puede ni pensar. O responder, corriendo el riesgo de que la amenaza se cumpliera se dice casi encogiéndose sobre la tapa de ese inodoro, postura y sentimiento que nunca antes había experimentado en su vida de joven gañan, fuerte, masculino, agresivo y ex militar, que respondía como un macho a todo desafío.

   -Hey, ¿con quién hablas, negro güevón? –una nueva voz, más apartada y toda amanerada.

   -¿Dónde estás? Creí que… -la voz del otro parece confusa, mientras hala de su tolete.

   Había alguien más en el sanitario, entiende Gregorio, su pecho subiendo y bajando con esfuerzo. Debía irse, salir con cuidado y…

   -Lo maricón te hace despistado. –oye nuevamente la alegre voz amanerada, de cualquiera de los otros maricas del taller, aunque la verga, se estremece imaginándolo, debía ser de Pablo Coello, un carajo alto, fornido, recio, que gustaba de tocar, sobando, culos masculinos al pasar.

   -Deja de hablar y cierra esa boca maricona sobre mi güevo. –gruñe el moreno, con ese tono acervo, que hace reír al otro.

   Y Gregorio se estremece todo al escuchar un ronroneo erótico, amanerado, la del jovencillo totalmente maricón que se encuentra con ese esplendido manjar ofrecido. Oye besitos, chupetones, y sabe que alguien estaba rindiéndole culto a otro hombre. Una leve arcada le indica que esa boca se abrió y baja sobre el falo, abarcándolo. El suspiro de placer que oye, y que sabe es de Pablo, le eriza.

   -Ahhh, si, maricona, chúpamelo así, trágatelo todo. –le oye bufar, y como las divisiones se agitan levemente, seguramente mientras agitaba sus caderas, embistiendo el agujero, cogiendo la boca del muchacho.- Hummm, si, sigue. Cométela toda, putica. –hay un tinte juguetón en su tono.— Bájate el pantalón, anda, hay tiempo. Trágate mi verga y juega con tu concha, metete un dedo. Imagina que eres virgen otra vez, cuando tenías trece, y el hijo de la vecina se comió ese dulcito. –ríe cuando le oye farfullar, boca ocupada.- Oh, sí, lo recuerdo. Te pusiste evocativo cuando te enculé esa vez, en la fiesta de Halloween. Vamos, chupa mi verga y juega con tu agujero, metete dos dedos mientras imaginas que soy yo quien rompo tu virgen culito con este tolete.

   Totalmente asqueado, pero también estremecido y fascinado, de mala manera, Gregorio sigue escuchando, la boca tan seca que necesita abrir el cartón de leche, y beber. ¡Está tan fría sobre su lengua!, y le calma, en seguida. Pero le hace recordar el sueño, la chupada. Las cosas que imaginó beber de cuando mamaba al marica del vecino, se recuerda con disgusto, pero incapaz de detenerse. Y bebe más del delicioso líquido, oyendo las ruidosas succiones y jadeos emocionados a su lado, los sonidos de un hombre que goza como debe ser, cuando otro, de boquita dulce y joven, le mamaba el güevo.

   -Oh, sí, sigue, sigue hasta que sientas mi leche en tu boca cubriéndote la lengua. Eso te gusta, ¿verdad? La leche de un hombre en tu boca. –Gregorio oye y se paraliza.

   Parecían… dirigidas a él, pero no puede evitarlos, casi ronroneando, rojos de cachetes, da una lenta tragada, tomándose su tiempo para paladear la leche de cartón, pero luchando contra la imagen, estar bebiendo de otra. La sola imagen le revuelve el estómago con disgusto. No podía seguir allí, rodeado de todos esos maricas. Debía largarse si quería recuperar la paz mental. Y reunirse con Ligia, lograr que se mudara con él y le comiera la verga cada noche antes de enterrársela por el culo, teniéndola en cuatro patas… Se tensa, no, por el coño. Si, debía hacérselo por el coño, no por…

   -Oh, sí, maricona, qué rico mamas. Anda, trágatela toda, bebé. Aliméntate. Sáciate de carne dura de macho. –oye la voz cargada de lujuria, mientras las paredes se agitan más y más. Hay una risa profunda.- Pareces un becerrito mamando por su lechita caliente. ¿te gusta sentir mi verga contra tus labios, lengua y mejillas? Todo caliente y palpitante, hummm, si, recuerdo cuando mamé el primero. Era un marinerito blanco como un papel, flaquito, pero la tenía larga, y dura, y rojiza. Temblaba cuando se la tragué en aquel baño, sus amigos afuera en el bar; podía sentir contra mis mejillas cada palpitante vena llena de sangre en ese tronco tieso. Y qué rico sabía esa cabecita lisa, con sus jugos y…

   Gregorio cierra los ojos, todo le daba vueltas… mientras bebía la leche de su cartón, encontrándola, si, deliciosa.

……

   El resto de la tarde se le fue en medio de un borrón. Estaba duro bajo la braga, mirando con desprecio, rabia y fascinación a todos esos maricones que aprovechaban cada segundo, y lugar apartado, para saciar sus sucios apetitos. Dios, los odiaba tanto, se dice, sintiendo la tela mojada de la braga y el bóxer. También una que otra mirada que iba a su entrepiernas.

   No se cambió esa tarde. No confiaba en eso. Salió rumbo a su apartamento, con malas caras, viéndose guapo a pesar de todo, con la grasienta braga, el ceño fruncido en su masculino y joven rostro, algo abultándole la entrepiernas… Llegó y subió, encerrándose en su pieza, cerrando los ojos y maldiciendo con fuerza. Olvidó comprar más leche fría y deliciosa. Disgustado por el olvido, pero también por necesitarla, se despojó de las ropas, mostrando su cuerpo firme y solido, velludo, la verga alzándole el mojado bóxer. Entra al cuarto y se siente más caliente, excitado.

   Va a la ducha, se moja completamente y se acaricia, subiendo las ganas. Cierra los ojos e intenta no pensar en nada, pero recordó las mamadas vistas y escuchadas. Y apretando los dientes, se masturbó. El puño iba y venía sobre su duro y sensible miembro, casi gimiendo de gusto a cada rozada, corriéndose con fuerza y abundancia, tanto que cae de culo, entre jadeos, la llovizna de la ducha cubriéndole. Sonríe, al fin satisfecho. Pudo desahogarse.

   Silbando sale, vistiendo un bóxer holgado que a pesar de eso no es muy largo y resalta en su atractivo cuerpo. Va a la cocina y se prepara algo, un sánguche de mayonesa, una que le parece sabrosa (y que no está muy seguro cuándo la compró), mientras fríe chuletas de cochino, grasientas, papas en la freidora que le regalaron en su último cumpleaños, y mucho café negro. Sentado a la mesita de pantri, se siente normal, como siempre, devorando toda esa grasa y su negro brebaje. Hay silencio, calma, y eso le gusta después de la noche y el día vivido. Se pregunta si llamar a Ligia o…

   No, quiere paz. Descansar. Va a su cuarto y cae sobre el colchón inflable, encendiendo el monitor y sintonizando los deportes. Se echa de espaldas sobre la improvisada cama y sus dos almohadas, sintiéndose increíblemente cómodo, confortable, relajado. Su cuerpo musculoso y fuerte pide descanso, lo sabe.  Entre la ducha, la paja, la pesada cena, el sonido del televisor, donde sintonizan uno de esos deportes raros del otro lado del mundo, canotaje, va adormilándose. Hay un aire fresco que invita a dormir, un olor a fresas, suave. Sonríe más, a los australianos esos, cuando bajan del bote, se les ven las nalgas tersas y musculosas porque los bañadores, speedos, se les han metido por el culo. Eso le parece gracioso. Bonitos cuerpos, bonitos culos…

   Se duerme. Cómodo, casi cobijado. Tan bien que sonríe con el reposo al fin… aunque sueña. Sueños inquietantes, alarmantes. Le parecía estar despierto, mareado, todo dándole vueltas, sobre su colchón inflable, paralizado. Era un sueño, pero no le gustaba. Ya no sonríe, la frente se le frunce, pero nada comparado a cuando dos sombras aparecen cortándole la visión del techo, uno a cada lado de su cabeza. Parpadea, y aún eso le cuesta. Tiene miedo. Esos seres se veían como demonios de rostros indescifrables, parecían en penumbras, pero los ojos, rasgados, protuberantes, parecían destilar una luz blanquecina. Fea. Recordándole a Tormenta, la mujer de los elementos en la película X-Men. No puede abarcar sus cuerpos, parecen bolsas negras, incluso los brazos cuando se tienden hacia él, uno de ellos tiene dedos largos, que le atrapan el rostro. El tacto es frío, adherente. Y aunque se resiste, le abre la boca. Esos dedos amorfos atrapan su lengua, halándola, sacándola de los labios. Ahora parece rebuscar en su cuerpo, ve aparecer un cartón de leche, de cuarto de litro. Llevaba tiempo sin verlos. Abriendo la boquilla, ese ser la acerca. Quiere apartar la lengua, cerrar la boca, pero no puede. Gotas espesas caen sobre ella, untándola. Quema, pica, y los ojos se le llenan de alarma, de miedo y lágrimas.

   Pero es poco a lo que siente cuando el otro ser medio ríe, de manera lejana, profunda, burlona, alzando al fin un brazo, mostrándole una mano donde no hay dedos, sino agujas hipodérmicas. Quiere resistirse, apartarse, luchar, la lengua quemándole, cuando ese ser horrible, de pesadillas, baja su mano llena de agujas, doblando cuatro de ellas, dejando una extendida. Su corazón late feo, quiere gritar, cerrar los ojos, rodar sobre la colchoneta, pero no puede hacer nada como no sea ser consciente del picar de la aguja contra su piel sensible expuesta.

   La fría aguja, de manera dolorosa, había penetrado, de frente, su pezón derecho…

CONTINÚA…

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 43

diciembre 30, 2016

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 42

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   -Sé lo que quieres, princesito; ven, tómalo…

……

   Aunque la tiene dura dentro de la pantaleta (no puede negarlo), y que la boca se le seca y luego se llena de saliva recordando lo vivido en aquella tarde de locura cuando mamó güevo y se dejó encular, casi rogando por ello, Quintín Requena vacila, de pie cerca de la puerta, resistiéndose a la mirada demandante de aquel carajo al que lleva tres años conociendo, un socio de trabajo, otro taxista de la línea, como él, que ahora le demandaba atenciones sexuales, mostrándole ese increíblemente largo y grueso tolete oscuro, cabezón, surcado de venas que parece latir en espera de que se acerque y lo toque. O lo trague. O que se lo meta por el culo, llenándoselo todo. Se resiste por… principios. Sí, eso era. Está bien, lo había hecho. Mamó güevo y dejó que se lo metiera por el culo virgen y peludo, gustándole tanto que, cuan puta, le suplicó sobre aquella capota, al lado del marica aquel vestido de mujer, que lo cogiera otra vez, pero… Joder, no era ningún marica. Aquello había sido una locura del momento. Si cedía…

   -Vamos, cabrón, mi güevo te espera. Mueve ese culo urgido de macho. –trona, impaciente, Yamal Cova, mirándole, tasándole. ¿Adivinando su lucha interna? ¿Le costaría entregar su hombría, o lo que le quedaba después de que lo cogiera tan duro aquella tarde? ¿Se aferraría a lo que ya no era mientras estaba duro dentro de una pantaletica de puta, la telita casi toda metida entre sus nalgas redondas y peludas?

   -Yamal… -comienza, erizándose, suplicándole con el tono, los ojos sobre el güevo, uno que el otro agita. ¡Era tan grande como el mismo taxista, por Dios! Y este era tan viril, tan masculino.

   -Deja de atormentarte y ven aquí, princesa. –Yamal sonríe socarrón.- No me hagas ir o te montaré sobre mis piernas y azotaré tu trasero tan fuerte que tus gritos atraerán a los bomberos, a la policía y a la guardia nacional. Y entonces sí que tendrás trabajo. -¿juega, amenaza?

   Rojo como un tomate, Quintín se acerca al otro, con la respiración muy pesada, la piel ardiéndole de vergüenza, humillación… y un poco de excitación.

   -Yo no…

   -Oh, vamos, déjate de mariconerías. –gruñe el otro, atrapándole una mano, obligándole a volverse, y halándole, haciéndole caer sentado, dándole la espalda, sobre su regazo, cuidándose de no aporrearse la verga, la cual, tiesa, dura y caliente queda casi pisada entre las nalgas abiertas y la parte baja de la espalda del otro. Y el contacto con toda esa fuerza primitiva y viril, hace gemir a Quintín contra su voluntad, sentado allí, ambos echados hacia atrás sobre el mueble, por lo tantos sus pies apenas tocan el piso, sólo estirando los dedos.

   -Yamal, alguien podría… -gimotea asustado, vulnerable, indefenso.

   Y eso excita de una manera increíble al coloso negro. Eso y tenerle sentado así, sobre sus recias piernas, con el culo casi sobre su tolete, a no ser por la telita de la pantaleta. Quintín era un hombre erecto dentro de una pantaleta, y si, su reina interna estaba luchando por salir. Él le ayudaría a hacerlo, a liberarse. A realizarse.

   -Silencio, bebé. –le susurra, firme, ronco y bajo, los gruesos labios muy cerca de un oído, cerrando el torso sobre su espalda, quemándole con él, una mano grande, de dedos abiertos, recorriéndole el abdomen y pecho, pellizcándole los pezones rodeados de pelos, los cuales se erectan.- Mira, bebé, como se ponen de duras tus tetas maravillosas cuando un hombre las toca y acaricia. –usa el tono que pone a delirar a Bartolomé, sonriendo internamente al ver al otro estremecerse, su respiración haciéndose más ligera, su cuerpo quemando  más.- Tu clítoris está tan inflamado… -es deliberadamente burlón, recorriéndole, por un segundo, la verga erecta sobre la pantaleta, sabiendo lo que ese roce, una caricia sobre esas prendas, provocaba en esas “princesas”. Esos chicos que amaban sentir las pantis contra sus pieles.

   -Yo no… no tengo… -se queja mareado de calenturas que le avergüenzan, intentando luchar por recuperar lo que tenía antes de que Yamal tomara su hombría. Y que le rogara porque volviera a tomarla. El sólo recuerdo le hace desear morir, (también que su corazón lata con fuerza).- Esto está mal, pana, tu mujer, la mía… -le mira sobre un hombro, sintiendo las mecidas que el otro le da, para rozarle contra su torso y su pelvis, contra la dura tranca que le quema, casi empujándole la pantaleta dentro de la raja entre las nalgas.

   -Estoy con una de mis mujeres. –le aclara, burlón.- Una putica de lo más excitada por su macho.

   -Por favor… -exasperado, frustrado, lujurioso. Todo eso se nota en la frase.

   -Mira cómo te mojas… -le aclara Yamal, deseando tomarlo de una vez, pero también dándose tiempo. Fue por andar furioso, como había salido de su pelea con Bartolomé Santoro, y porque Marjorie le usara como lo hizo, y porque su mujer le despreciara cuando intentaba follar, que llamó y amenazó a Quintín, deseando humillarle. Deseando descargar en él parte de su rabia. Y su leche. Pero ahora… Un nuevo deseo se gesta en su interior. No lo entiende, aunque tal vez sí, pero no del todo. Es un macho alfa, un cazador, le gusta acosar y tomar. Y ahora, con este carajo, se le abría una puerta nueva. Tomarle aunque su mente se resistiera. Hank y su gente le habrían comprendido fácilmente, aunque le despreciaran por su color.- Estás tan mojada… -repite al tiempo que lleva dos dedos a la pantaleta, presionándolos contra la tela, a la altura del glande, que, efectivamente, humedece.

   -No, eso… -avergonzado, estremeciéndose por la caricia, respondiendo inconscientemente al poder masculino del macho, Quintín inicia una negativa.

   -Es tu jugo, el jugo de la hembra caliente; vamos, saboréalo. –le lleva los dedos a la boca. Probándole, presionando. El otro resistiéndose pero sin desviar el rostro.- Vamos, princesa…

   Empuja y empuja, y los labios de Quintín se separan un poco. Empuja más y choca de los dientes, que se apartan. Y con un gulp, ahogado, el hombre se encuentra con esos dos dedotes que, efectivamente, mojan su lengua, untándola con sus “jugos de hembra”. La idea es tan sucia que se estremece “toda”, así lo reconoce, erizándose más. Esos dedos negros, largos y nudosos, velludos en las falanges, salen y entran de los tersos labios mientras Quintín comienza a apretarlos. Y chuparlos. Eso sorprende, felizmente, a Yamal, quien escenifica el acto sexual de la felación con sus dedos.

   -Me pregunto qué más tienes bien mojado… -le susurra al oído, quemándole con su aliento, medio ladeándole sobre sus piernas, presionándole más de su torso, abdomen y güevo caliente, acariciándole una nalga, metiendo la mano dentro de la pantaleta, sobándole en vivo y en directo. Y Quintín cierra los ojos, que estaban algo vidriosos, lanzando un ahogado gemido contra esos dedos que salen y entran muy lentamente de su boca, y a los cuales chupa y lame, recorriéndolos con su lengua. Un dedo en su raja peluda le tensa, cuando la punta llega a su culo, este titila salvajemente. Y cuando se hunde…

   -Hummm… -se le escapa, abriendo los ojos, casi mareado, babeando esos dedos, la saliva rodando por su barbilla.

   -Oh, sí, a toda nena le gusta que un hombre juegue con su crica… -le asegura, casi mordiéndole una oreja, clavándole el dedo a fondo. Haciéndole gemir y arquearse.- Oh, Dios, si, tienes la concha tan mojada, bebé…

   -Ahhh… -sale de esos labios, Quintín rojo como un tomate a pesar del color cobrizo, ese dedote negro entrando y saliendo de su culo.- Hummm… -puja cuando dos dedos más se le unen, sin preámbulos. Tres dedos luchan por enterrársele por el esfínter, consiguiéndolo, abriéndole. Penetrándole- Ohhh… -babea sobre los dedos, tenso, frente fruncida.

   -Ah, sí, lo siento, como los halas y chupas, y hablo de estos. –ríe Yamal, aclarándole el punto al empujarle más los dedos por el tenso culo.- Vamos, hazlo –lo reta.

   Y Quintín Requena quiere gritar de frustración, pero sabe que de nada valdría, no cuando se las ingenia, presionando sus muslos, para subir y bajar su culo peludo sobre esos dedos que lo penetran, atrapándolos y soltándolos, escuchando la risa del otro, notando los tijerazos en sus entrañas cuando los mueve. Y tan sólo cierra los ojos, lamiendo los dedos en su boca, apoyando la nuca en un hombro de Yamal, alzando y bajando su culo hecho una sopa caliente. Sabiendo que… estaba pidiendo güevo.

   -¿Quieres que te penetre, Quintín? ¿Qué te llene la concha con mi pene negro? –le pregunta, respirando pesadamente junto a su oído, agitando sus dedos.- Vamos, Quintín, responde. ¿O debo llamarte Carla? ¿Te gusta Carla? ¿Serás Carla para mí? Carla, la putica, ¿no te gusta cómo suena? –deja caer la bomba, sacando y metiendo sus dedos con rapidez, estimulándole, desesperándole.

   Yamal Cova quiere a otro Bartolomé Santoro.

……

   El sibilante sonido del correazo se escucha, también el suave, pero picoso impacto contra la piel de unas nalgas negras, redondas, plenas. Alarmantemente enrojecida con marcas de cuerazos.

   -Nueve… gracias por corregirme, señor, quiero ser un negrito bueno y obediente. –responde Roberto, ronco, dientes apretados. Mareado, preguntándose hasta cuándo duraría eso. Pero ha cambiado, sabe que no puede resistirse, porque aquello iba en serio, y que si se sometía a toda esa humillación, y corrección, el castigo sería menos severo.

   Tan cambiado está que el sujeto calvo, el Ruso, se le acerca sin temor, recorriéndole la herida piel con el cuero de la correa, como una caricia, pasándole una ancha mano, caliente como si tuviera fiebre, sobre la enrojecida piel oscura.

   -¿En serio te gusta lo que te hago, negro? –cuestiona el Ruso, a su lado, atrapándole la barbilla con una mano, sus miradas encontrándose. Retándole a rebelarse o invitándole a someterse.- Entonces deberías agradecérmelo, ¿no?

CONTINÚA…

Julio César.

EL PEPAZO… 41

diciembre 29, 2016

EL PEPAZO                         … 40

De K.

el-musculoso-chico-en-hilo-dental

   A todos se les antoja un buen pedazo…

……

   Y el hombre, que se sonrojaba segundos antes pensando en lo mucho que deseaba explayarse en esa cama, abrazando al otro, gozándose en sentirle. El orgasmo había sido intenso, increíble, estaba agotado… pero caliente aún. Su verga, mojada con su semen, estaba dura aún. Queriendo más de ese forzudo muchacho. Ahora, vueltas de la vida, se congela con una expresión de sorpresa y horror al mirar hacia la puerta del cuarto, donde su mujer le ve, boca abierta, ojos lanzando chispas, hay asombro, pero especialmente de dolor y furia al enfocar a su amado marido en aquella cama junto a un joven y musculoso putico que está chorreando semen de su culo. ¡Su Alejandro estaba en la cama con otra persona! ¡Se había cogido a un hombre! ¡En su cama!

   -Co… Corina, ¿qué haces aquí? –el recio hombre se medio sienta, tomando una sábana, desenrollándola y cubriéndose a duras penas, casi mirándola con malestar.- ¿No estabas en…?

   -¡Estabas tirando con otro hombre en mi cama! –ladra ella, incapaz de soportar más la tensión. Y menos calarse los intentos del astuto abogado para darle la vuelta al asunto.- ¡Estás en mi cama con otro hombre! –ruge alzando el tono más y más.- Maldito pervertido… -chilla aguda dirigiéndose a la cama y comenzando a golpearle mientras le grita de maricón a ocioso, intercalando preguntas cómo “¿siempre haces esto cuando salgo, eh, degenerado?”.

   Jacinto, quien padecía un  poderoso y satisfactorio post coito, despierta con alarma. ¡Les habían pillado! ¡Ahora alguien sabía que le habían cogido! Que su culo chorreaba semen ajeno, mientras el propio le bañaba algo la panza… en esa cama. Se retrepa sobre el lecho, separándose de la pareja que pelea a su lado. Ella insultando feo, roja de cara, profundamente lastimada y humillada; el hombre pidiéndole que se calamara, que se lo explicaría todo. El joven, agitado, pálido, se pregunta cómo pensaba hacer eso. Es cuando la mujer, llorosa, crispada, finalmente le mira.

   -Maldito y sucio puto, ¿qué le hiciste a mi marido? –grita y acusa, casi saltando sobre el otro, comenzando a darle manotazos mientras le dice de todo.

   Dios, iban a escucharla en la casona, jadea el joven, mientras le pide que se calme, e intenta salir de la cama. Sabe que sus gritos, tan específicos, sacarán a todos de sus apartamentos para ver qué ocurría, le verían salir, y la expresión “el paseo de la vergüenza” sería todavía peor que en su propio edificio. Lo señalarían. ¡Le dirían marica! Alterado por esas ideas, por lo hecho en ese piso (¡admitió ser marica!), y ahora esa mujer, a quien debe aferrarle las muñecas para que no le saque los ojos, el joven también le grita. Que se calme, que no hizo nada, que fue su marido.

   Alejandro Andrades también le grita a la mujer que se detenga, atrapándola por el torso, halándola, cosa que incrementa horriblemente los gritos de esta, unos que seguramente atraerían a la policía temiéndose una agresión domestica, piensa el abogado, también Jacinto, quien salta de esa cama con piernas temblorosas, por el orgasmo y ahora el miedo. Y la mirada de la mujer sobre su figura imponente, toda enlechada, incrementa su rabia y odio. Gritándole al marido que la suelte, dándole un codazo en las bolas, hiriéndole y haciendo que la suelte, Corina, sin quitarle los ojos de encima a Jacinto, insultándole y gritándole qué tan sucio es, toma un largo y pesado adorno de cristal de la mesita. Parece un cisne de cuello increíblemente largo, y aferrándolo por la cabeza lo blande como un garrote contra la frente del bonito joven.

   Este ya no piensa, tan sólo quiere escapar de allí. Necesita alejarse del lugar de su vergüenza, que pronto, imagina, se haría pública. Corre desmañadamente hacia la sala, no está acostumbrado a huir así; su recia espalda se agita, sus nalgas, firmes, se ven alzadas. Ni siquiera una línea en el lugar donde nacen los muslos. Eso nota la mujer mientras le sigue e insulta, sabiendo que ella misma tiene el trasero un poco caído. Jacinto llega a la sala, se agacha y recoge la tanga rosa (masculina, pero rosa), del respaldo del sofá, dejando salir un poco más de semen del hueco de su culo. Se va a inclinar por todo lo demás, zapatos, medias, pantalón, franela, camisa, corbata y saco, pero el grito de “te voy a matar, marico rompe hogares”, le altera más.

   Aunque sabe que es una locura, que no puede permitirse el lujo de perder toda esa ropa, sumando eso a su angustia y algo de histeria, lo abandona todo y corre hacia la puerta. Con la verga saltándole, erecta todavía, mojada, sus nalgas moliendo sobre su culo, los labios de este manando esperma todavía tibia, abre la puerta y sale, sin cerrarla, seguido por los gritos de “te voy a matar por tocar a mi marido, maricón de mierda”…

……

   El hombre joven, sin molestarse en vestirse, había salido a botar la bolsa de basura, cuyo bajante estaba al final del pasillo, uno de los pocos defectos del conjunto residencial por el cual tanto pagaron (especialmente su mujer, la ahora, “perra esa”), cuando comenzaron los gritos dentro del apartamento del abogado coño e ‘madre. Y las cosas que escucha le dejan con la boca abierta, y con una sonrisa de inaudita alegría, como suele suceder cuando algo así le pasaba a otro carajo, que la mujer le pille en una mierda rara. Ya no digamos con otro carajo en su casa. No le sorprende cuando escucha los gritos ahora atacando al maricón en cuestión, desviando la fuente del problema, el marido infiel… que se acuesta con carajos. Típico de las mujeres. Qué sucio, piensa el hombre, sonriendo, no creyéndoselo todavía. ¡Tan macho, arrecho y serio que se veía el abogado! Bien, caras serias, culo rocheleros, eso siempre se escucha, se dice quedándose allí, sonriendo, oyendo descaradamente, sabiendo que pronto otros se asomarían también.

   Es cuando la puerta se abre y una musculosa y sólida masa de hombre sale a la carrera, desnudo y erecto, asustado y acorralado, los gritos de la mujer amenazando con matarle, todavía escuchándose. Y choca violentamente contra él, con tal fuerza que casi le derriba. Pero el hombre asienta los pies, aguanta el empuje y termina con el otro en sus brazos, rodeándole la cintura para estabilizarle. Y se congela, la verga de ese tipo, húmeda, choca de su pelvis cubierta y de su abdomen desnudo. Pero lo increíble es que sus manos cayeron sobre esas nalgas redondas y lisas… Cerrando los dedos sobre ellas. Clavándolos. Eran tan duras y turgentes, tan calientes…

CONTINÚA … 42

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 2

diciembre 27, 2016

DE HOMÓFOBO A PUTO

Por Sergio.

Esta historia toma como base una serie de relatos eróticos llamada “Pagando Deudas”, publicada por el usuario carlosmanuel en http://www.todorelatos.com/ desde 2007. De dicha historia, se retoman al protagonista y al diseño de su núcleo familiar; pero la historia, a pesar de tener un inicio similar, toma rápidamente una dirección distinta que es de mi invención.

“DE HOMOFÓBICO A PUTO”

el-doctor-cura

Rodrigo experimenta un susto de muerte que lo hace despertar abruptamente y, aunque la escena del consultorio fuese un sueño, Rodrigo no se siente menos preocupado que antes por una razón contundente: ¡una enorme erección sugería que “tal vez” le había gustado!

Rodrigo: -¿¡Qué demonios acabo de soñar!? –dice en forma retórica.

De pronto, la puerta de su cuarto se abre y es Roberto quien se acerca. Rodrigo se sorprende de verlo.

Roberto: -¿Qué pasó?

Rodrigo: -¿Qué pasó de qué?

Roberto: -Escuché que… ¿gritaste?

Rodrigo se pone nervioso y se sonroja intentando pensar si pudo haber dicho algo “revelador” que su hermano pudo haber escuchado. Después de un breve silencio, pregunta:

Rodrigo: -¿Y qué escuchaste exactamente?

Roberto: -No sé, unos sonidos algo extraños.

Rodrigo: -Es que tuve una pesadilla…

Roberto: -¿Y qué soñaste?

Rodrigo: -Pues que… ¡nos habían puesto control sorpresa en la universidad!

Roberto: -Pero si apenas mañana empiezas…

Rodrigo: -Empezamos. Jeje -desvía el tema de conversación.

Roberto: -Ni me lo recuerdes…

Rodrigo: -Te va a gustar la U, ya verás.

Roberto: -Tengo mis dudas…Creo que cuando me vuelva a dormir, voy a tener un sueño como el tuyo. Jaja

Rodrigo: -Son caprichosos los sueños. Jeje

Roberto: -Eso creo.

Rodrigo: -¿Y tú no tienes sueño?

Roberto: -Pues yo estaba dormido y los sonidos me despertaron. Jejeje

Rodrigo: -¿Y cómo eran? Es que yo no sé cómo actúo cuando duermo…

Roberto: -No sé, quizá como gritos… Pensé que a lo mejor se estaba quemando la casa. Jajaja

Rodrigo: -Bueno, ya viste que no. Jeje

Roberto: -Entonces mejor me duermo. Jaja Buenas noches

Rodrigo: -Descansa

Cuando Roberto sale, Rodrigo se siente más aliviado y por un segundo duda si su sueño pudo ser real al sentir la humedad de su semen en sus piernas. ¡No sólo se le había parado teniendo un sueño de sexo gay, sino que además se había corrido! Al revisarse, descubre que corrió abundantemente, entonces deduce que probablemente a ese momento fue que se debió el grito que Roberto escuchó. No queriendo pensar más en el asunto, decide dormir. Mañana sería otro día, el primero de su tercer año universitario, y no tendría tiempo para pensar en sus problemas de impotencia, al cual le atribuye ese perturbador sueño.

La noche pasa volando y el sonido de una alarma, programada por Rodrigo a las 5:00 a.m., suena despertándolo para ir al gimnasio, desayunar, bañarse e irse para la Universidad en ese orden. Rodrigo se levanta, se pone su ropa deportiva, toma el enorme bolsón donde guarda todas sus pertenencias y empieza a trotar. Al salir de su habitación, Rodrigo mira de reojo sus pies y nota que tiene desamarradas los cordones, por lo que se detiene para anudarlas.

Al no prestar demasiada atención a su alrededor, no nota que Claudio está saliendo del baño de enfrente, por lo que terminan chocando y ambos caen al suelo. La escena resulta graciosa: El moreno y promedio cuerpo en bata semi abierta de Claudio está sobre el musculoso cuerpo de Rodrigo, vestido con una camisa sin mangas amarilla y un short negro y con las piernas aún flexionadas; pecho sobre espalda y con la particularidad de que la entrepierna desnuda (y por lo tanto, la verga) de Claudio ha quedado sobre los muslos de Rodrigo.

Claudio.- ¡Rodrigo, discúlpame, por favor! –dice, pero obviamente está disfrutando lo bien que ha empezado su día: con su verga, instantemente erecta, justo sobre la raja interglútea de Rodrigo, solamente separados por la delgada tela del short que está usando.

Rodrigo.- Está bien, pero… ¿¡podrías quitarte de encima!? –dice mientras descubre que a él también se le está parando la verga, aunque sin explicarse porqué y odiándose a sí mismo por eso.

Claudio.- Eso intento, pero me cuesta porque… bueno, no tengo tu juventud –dice fingiendo tener dificultades para levantarse debido a un inexistente dolor de espalda.

Tras un instante más y para evitar sospechas, Claudio decide levantarse, abrochándose la bata y dándole sus manos a Rodrigo para que se incorpore y queden frente a frente, aunque sabe perfectamente que un atleta como Rodrigo no necesita su ayuda física en absoluto. Una vez hecho esto y estando cara a cara, Claudio percibe a Rodrigo muy avergonzado y evitativo, aunque esto se debe más al sueño erótico que tuvo al incidente recién ocurrido. Desconociendo Claudio el sueño de Rodrigo y como su plan sigue siendo ganar su confianza, decide romper el hielo.

Claudio: -¡Qué situación más incómoda!, ¿no? Bueno, creo que más para ti. Jeje

Rodrigo.- Sí.

Claudio: -En serio, perdóname. Quizá no debí quedarme a pasar la noche…

Rodrigo.- No, no te preocupes, aunque no sabía que estabas aquí.

Claudio: -Sí, es que tu madre me invitó a quedarme y… pues… bueno, ya tú sabes –dice mientras espontáneamente apoya su mano en el lugar de la bata bajo el cual está su verga y Rodrigo no puede evitar fijar sus ojos en esa mano y… ese pene.

Rodrigo.- Está bien, no importa –dice tras una breve pausa.

Claudio: -Bueno, pero en serio perdona lo que te hice pasar por mi imprudencia. Debes haberlo pasado muy mal.

Rodrigo.-No es para tanto. Jeje

Claudio: -¿O sea que no la pasaste tan mal? Jeje

Rodrigo.- Es que… – intenta responder ante ese comentario inesperado.

Claudio: -¡Es broma! – interrumpe Claudio- Así bromeamos los médicos para mitigar el dolor… bueno, y también el sueño. Jeje

Rodrigo finge reír para evadir la situación, verdaderamente incómodo, molesto y extrañado por la situación ¡y su erección!

Rodrigo.-Bueno, yo ya me retiro…

Claudio: -¿Adónde vas? Si se puede saber… Jeje

Rodrigo.-Empezaré a ir al gimnasio a esta hora para que me encaje con los horarios de la U.

Claudio: -¡Muy bien pensado! Ingeniería Civil estudias, ¿verdad?

Rodrigo.-Sí, empieza mi tercer año; y Roberto, el primero.

Claudio: -¿Entonces ambos estudiarán lo mismo?

Rodrigo.-Sí, aunque yo siento que él escogió la carrera porque en el fondo no sabe qué estudiar.

Claudio: -Bueno, habrá que ver si le va tan bien como a ti. Jejeje

Rodrigo.-Ojalá que sí…

Claudio: -Cambiando de tema, cuando quieras vemos lo del asunto que hablamos anoche.

Rodrigo.-Ok, pero por ahora, me voy. –Dice mientras se despide del médico, pensando que de ninguna manera se haría tal examen.

Claudio: -Cuídate, nos vemos –se despide.

“Vamos avanzando a pasos agigantados. Ya estuve afuera de tu cuevita y tu verga me dice que te va a gustar la mía.”- se dice así mismo Claudio.

Mientras trota hacia el gimnasio, Rodrigo corre para inconscientemente intentar escapar de sus pensamientos, pero éstos se rehusaban a abandonar su conciencia. Entonces, entra al gimnasio que tiene poca demanda a esa hora, pero aún así alberga una docena de personas ejercitándose, de los cuales varios (hombres y mujeres) observan a Rodrigo en distintos momentos mientras realiza sus ejercicios.

Algunos de los pensamientos automáticos de Rodrigo son “¿qué putas tengo en la cabeza?”, “anoche ese sueño maricón y hoy le sentí la verga a Claudio”, “el gay de mi papá tiene la culpa” y “la falta de sexo me está afectando”. Éstos aparecen en distintos momentos durante las 2 horas de entrenamiento y, una vez termina, Rodrigo desayuna en el gimnasio y posteriormente se ducha y viste con una camisa gris con rayas verticales y un blue jeans ajustado a su cuerpo y a las tendencias actuales de moda.

Rodrigo llega a la universidad, donde se encuentra con el profesor Saúl Martínez, un exitoso ingeniero que, tras su jubilación, imparte clases más por pasatiempo que por necesidad. Saúl fue profesor de Rodrigo en primer año, pero también es encargado de materias de tercero y cuarto años.

Saúl: -¡Rodrigo, el hombre a quien estaba buscando!- dice mientras estrecha fuertemente la mano de Rodrigo, quien corresponde el gesto amablemente.

Rodrigo: -¡Hola, profe! ¿Y para qué me necesita?

Saúl: -¡Es que tengo buenas nuevas para ti!

Rodrigo: -¿Y eso?

Saúl: -¿Recuerdas a Antonio, el asesor de mi materia hace 2 años, cuando tú la cursaste?

Rodrigo: -Sí, me acuerdo de él.

Saúl: -Pues él ya no va a estar más con nosotros.

Rodrigo: -¿Y eso?

Saúl: -Pues tuvimos ciertas diferencias, pero además de eso, ya se acerca el tiempo para que egrese.

Rodrigo: -¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Saúl: -Que ahora debo encontrar otro asesor. ¿Y en quién crees que pensé?

Rodrigo: -¿En mí? ¡Pues qué gran honor!… pero yo tengo entendido que los asesores son escogidos, de entre varios estudiantes, por votación de varios profesores, aunque la materia sólo la imparta uno.

Saúl: -Así es, pero esas elecciones ya ocurrieron… y lo que puedo decirte es que mi voto fue decisivo. Claro, Sandra es el respaldo en caso de que tú no puedas o no quieras aceptar, pero no creo que tú me vayas a quedar mal. Jeje

Rodrigo: -¡No, claro que no! ¡Y muchas gracias, profe!

Saúl: -Ya tendrás tiempo de agradecérmelo, muchacho. Por lo pronto, ¿será que tienes libre mañana a las 2 p.m.?

Rodrigo: -Sí, ¿qué necesita?

Saúl: -Llega a mi oficina a esa hora mañana para organizarnos, pues los de primer año tienen su primera clase conmigo este viernes.

Rodrigo: -Entonces a esa hora llego.

Saúl: -Perfecto, muchachón, sé que no me decepcionarás. –se despide estrechando nuevamente la mano de Rodrigo.

Rodrigo: -¡Nos vemos!

Rodrigo sabe que es una gran oportunidad. Antes de que sus padres se separaran, su padre era el único en poner el dinero en el hogar. Luego del divorcio, el padre desapareció por completo de sus vidas y le tocó a Lucía conseguir trabajos de vendedora, mesera y nadie sabe de qué más para poder mantener a sus hijos, aunque sabe que actualmente Claudio le ayuda con los gastos.

Rodrigo sabe que tendrá un salario un poco mayor al mínimo por realizar tareas relativamente sencillas, como brindar asesorías a los estudiantes, calificar trabajos, buscar y explicar materiales, etc.; las cuales para él, un destacado estudiante, no representarán más obstáculo que tener más organización y más tiempo.

Tras ese momento de alegría y triunfo, Rodrigo se dirige a recibir sus clases y se encuentra con compañeros que no lo han visto en tres meses, pues a sus amigos sí los ha visto durante vacaciones; excepto a Víctor, su mejor amigo a quien conoció al estudiar en el mismo colegio y en la universidad estudian lo mismo. Víctor es un tipo guapo, muy moreno y atlético, aunque menos musculoso que Rodrigo. Es hijo de padres millonarios y la razón por la cual no se vieron durante las vacaciones es porque viajó con su familia a Holanda.

Víctor: -¿Soy yo o estás más musculoso desde la última vez que te vi? Jeje

Rodrigo: -Sí, pero sólo un poco más Jeje

Víctor: -¿Cómo estás, man?

Rodrigo: -Estoy muy contento. Jeje Saúl me ofreció ser asesor. Jejeje

Víctor: -¡Yo pensé que sólo las cosas pícaras te podían alegrar! Jeje – dice bromeando- ¡Te felicito, bro!

Rodrigo: -¡Gracias, man! ¿Y tú qué tal por Holanda?

Víctor: -Ya te mostraré las fotos. Fue toda una aventura. Además, hay unas holandesas… Debiste haber ido. Jajajaja

Rodrigo: -Lo sé y te agradezco por invitarme, pero sabes que no podía ir por no descuidar a mi mamá y mi hermano.

Víctor: -Sí, ¿y aún anda con el tal Claudio?

Rodrigo: -Sí, pero he cambiado radicalmente mi opinión sobre él. No es como los otros novios de mi mamá.

Víctor: -¿Y eso?

Rodrigo: -Pues quiere formalizar con ella y ayuda en la casa…-dice cuando inesperadamente vuelve a recordar cuando Claudio le cayó encima esa misma mañana y le sintió la verga.

Víctor invita a Rodrigo a almorzar y les presenta a unas chicas nuevas muy guapas que recién conoció. Rodrigo fanfarronea un poco con el hecho de que será asesor de una de las materias que cursarán. Finalmente, Víctor propone que vayan a celebrar el nombramiento de Rodrigo yendo a una casa de su familia que utilizan para hacer fiestas, aunque Rodrigo sabe que cuando van a esa casa con mujeres, es porque irán a coger. Víctor y Rodrigo se reparten a las chicas. Víctor hace gozar a la chica que le tocó, pero Rodrigo, aunque estaba emocionado por las noticias del día y le gustaba la chica que tenía a su merced, nuevamente tuvo problemas de erección; por lo que fingió que su familia lo llamó de emergencia para escapar de la vergonzosa situación. Víctor se ofrece a llevarlo, pero Rodrigo argumenta que ya pidió un taxi para evitar que su amigo descubra el hecho.

Mientras viaja en el transporte colectivo verdaderamente furioso, Rodrigo decide ir hacia otro lugar en vez de a su casa: ¡la Clínica de Claudio! Nunca la ha visitado, pero sabe cómo llegar gracias a Lucía. Al llegar, no puede evitar notar un enorme parecido de la recepción de la Clínica real con la de su sueño. ¡Incluyendo a la propia secretaria Margarita! Rodrigo está abrumado viendo todos estos detalles, que no se percata cuando Claudio sale de su oficina, observa a Rodrigo y, al igual que en el sueño, le pide a Margarita que lo haga pasar, cancele las citas de la siguiente hora y que no interrumpa.

Rodrigo, desesperado, le comenta sus problemas de impotencia a Claudio, quien sonríe por dentro al darse cuenta que su plan se está cumpliendo sin mayor esfuerzo de su parte, así que decide no dejar pasar esta oportunidad.

Claudio: -Mira, antes que nada, necesito que confíes en mí. Sé que probablemente la idea del examen te parezca desagradable, pero ¿a cuántas mujeres has oído hablar de cuando van al ginecólogo? ¿A cuántos hombres has oído que se hagan esto de la próstata? A ninguno, porque a nadie le gusta hablar de esos temas, pero todos se lo hacen porque es necesario por salud.

Rodrigo: -Pero entonces, si me hago el examen. ¿Ya no seré impotente?

Claudio: -Bueno, el examen sirve para establecer el diagnóstico y, dependiendo de esto, se te asignará un tratamiento que corregirá la disfunción.

Rodrigo: -Bueno, a mal paso, darle prisa.

Claudio le indica a Rodrigo que se levante y, con el pretexto de que debe pesarse, lo pide quede solamente en bóxers, cosa que Rodrigo hace. Posteriormente, lo hace echarse en la camilla de costado con las rodillas hacia arriba. En esa misma posición, le retira suavemente el bóxer a Rodrigo, ejerciendo una caricia indirecta, cosa que lo hace sobresaltarse.

Claudio: – Esto es como ir al dentista. Todo es por tu bien, pero necesito que hagas todo lo que te digo y que no te muevas. Sin embargo, como te dije antes, necesito que estés lo más relajado posible. Puedes cerrar tus ojos y pensar en cosas agradables.

Rodrigo cierra sus ojos intentando relajarse. Al abrirlos, ve que Claudio está encendiendo una barra de incienso.

Rodrigo: -¿¡Qué estás haciendo!?

Claudio: – Es para la relajación. A pacientes primerizos, como tú, suele ponerlos más tranquilos… porque entre más relajado estés, menos tiempo durará. –Argumenta.

Rodrigo: -¿Y cuánto es lo más que puede durar?

Claudio: – Digamos que lo menos que puede durar son 10 minutos, pero por todo ello es que necesito que me hagas caso con las cosas que te digo. Y bueno, podría ser peor: por ejemplo, los partos tardan al menos cinco horas.

Rodrigo se resigna y finalmente decide hacer un esfuerzo por relajarse, mientras Claudio se prepara para hacerle un masaje de próstata erótico para que Rodrigo empiece a conocer el placer anal. Con la veloz agilidad, Claudio se pone los guantes y empieza a acariciar las nalgas de Rodrigo desde afuera hasta que se pone lubricante en el dedo índice, el cual empieza a introducir suavemente en el ano de Rodrigo, quien se sobresalta nuevamente, por lo que Claudio empieza a hacer movimientos circulares suaves en su ano mientras piensa “por ahora, disfruta sólo mi dedo”.

Claudio aprovecha la ocasión para acariciar sus piernas, de forma que pareciese casual, pero rozándolas en puntos estratégicos de nervios. Durante aproximadamente media hora, Rodrigo pasa de tener los nervios de punta a relajarse hasta que esas sensaciones derivan en un punto de auténtico goce sexual, pues Claudio está masturbándole apasionadamente la próstata, lo cual causa que Rodrigo gima inesperadamente…y que eyacule abundantemente, ¡como en su sueño!

CONTINUARÁ … 3

   Ah, el dedo en el hueco… Eso siempre termina con un pussyboy y su única forma de masturbarse Excelente continuación.

Julio César.

LA NENA DE PAPA… 22

diciembre 23, 2016

LA NENA DE PAPA                         … 21

De Arthur, no el seductor.

vamos-acercate-al-sabor

   -Ven, sírvete todo lo que puedas tragar…

……

   Dado el grado de tensión que padece desde que conoce a Cole Hanson, y todo lo que ha vivido, al escuchar la voz, Brandon deja escapar un grito de sobresalto, llevándose una mano al pecho, volviéndose y retrocediendo al mismo tiempo, chocando de las lavadoras. Las palabras, por otro lado, congelan su alma, con un frío intenso y desagradable.

   Frente a él, transpirado después de trotar por la calle, de manera muy evidente, la respiración agitada por el esfuerzo, con una sonrisa cruel deformando sus labios, y un cierto aire de repudio, se encuentra Avery London, capitán del equipo de lucha del colegio, otro de los huéspedes de la pensión, y a quien días atrás vio hablando con otro de sus socios, señalándole. Su visión, notar la mueca predadora, provoca que el corazón de Brandon palpite con fuerza. Le había repetido las palabras que, imprudentemente, había exclamado la noche anterior mientras se metía aquel vibrador por el culo.

   -¿De… de…? ¿De qué hablas, Avery? –grazna, intentando rehacerse, presintiendo a un peligroso personaje. El otro chico fácilmente podía cascarle varios puñetazos por tan sólo creerle diferente.

   -“¿De… de…? ¿De qué hablas, Avery?” –repite, burlándose, su pecho subiendo y bajando más, por la carrera, pero también por la adrenalina corriendo por sus venas.- Te escuché anoche, a través de la pared. Algo hacías… -sonríe aún más cruel.- …Algo que implicaba sexo, por el tono, y le pedías al maricón de tu amigo que te la metiera. –ríe.- Sé que no estabas con él porque lo vi salir con la novia casi media hora antes. Así que era una fantasía tuya. ¿Cuál era?

   -No sé de qué… hablas. –grazna nuevamente. Congelándose por la mirada brutal del otro, quien cruza el espacio que los separa, rápidamente, atrapándole el sedoso y algo largo cabello con una mano, halándoselo sin miramientos. Rugiéndole al rostro.

   -¡Sabes de qué hablo, pila de mierda! –le ruge, todo agresividad, testosteronas, virilidad. Apretando el puño alrededor del cabello, lastimándole.- ¿En qué pensabas, y qué hacías cuando le pedías eso? –demanda saber con ojos llameantes, bañándole con el aliento. Todo brutal. Asustándole. Tal vez era por todo lo que estaba ocurriéndole últimamente, pero Brandon se quiebra, medio protegiéndose, disminuyéndose ante la cercanía del otro.

   -Yo… yo… ¡Ayyyyy! –grita cuando ese puño le zarandea.- ¡Estaba metiéndome un consolador por el culo y…! -las palabras escapan a borbotones de su boca. Congelando al otro, a su lado, notando la sorpresa en sus ojos claros.

   -¿Metiéndote un…? –el asco, la repulsa, la agresividad parece competir con la burla en su cara.- ¿Te gustan esas vainas, Moses? ¿Meterte cosas por el culo? Creí que tú y esa nena…

   -Yo… fue… -intenta explicarse, mirándole con súplica. Necesita aclara aquello.

   -Eres un maricón, ¿qué otra cosa queda por decir? –le ruge, a gritos, al rostro, sobresaltándole, intimidándole. Amarrándole. Porque Brandon Moses ya no era aun chico como todos, había probado la mano de un hombre dominante, duro, controlador, sometiéndosele. Ahora ese aire de inferioridad ante cualquier macho alfa se hacía presente. Fuera quien fuera. Era lo que Cole Hanson buscaba conseguir.- ¡Eres asqueroso! –le acusa, meciéndole por el cabello, el puño aferrado al suave cabello. Se le acerca, ceñudo, extrañado, olfateando, muy ruidosamente.- Mierda, hueles a putica… ¿usas perfume de chicas? ¡Jesucristo, ¿qué tan marica puedes ser?! –le grita demandante.

   Brandon se quiere morir, cosa que podía ocurrir literalmente, se dice, casi sin poder respirar de temor. No era tanto al enorme muchacho, forzudo y musculoso, agresivo, sino por enfrentar sus propios demonios. Todo era demasiado confuso, casi podría decirle que le gustaban las chicas pero que probó… otra cosa, como a veces hacían los chicos cuando se medían las vergas y una mano se resbalaba durante un rato, o se masturbaban juntos, no mirando una cinta sino el tolete del otro. Pero lo de las pantaletas, el maquillaje… el perfume. Eso también estaba en el estuche dado por Cole, y, sin darse cuenta de lo que hacía, se había aplicado un poco esa mañana antes de salir de su pieza. Explicar todo eso ya era más confuso, no sólo a Avery, digamos ya a toda la pensión. Y por la manera que el otro gritaba, y el lugar donde estaban, podrían verse rodeados pronto de muchos chicos curiosos.

   -Yo… yo…

   -“Yo… yo…”. -nuevamente canturrea en burla, pero iracundo.- Debería llamar a todos y contarles tus andanzas, maricón de mierda, aquí y en la pista. –ruge, y sus ojos brillan, su respiración se ralentiza al verle enrojecer totalmente, temblando de miedo ante la amenaza. Un calor salvaje lo abrasa por dentro, y hala más de ese cabello, acercándole a su rostro, mirándole de cerquita, notando el calor del otro, el perfume que… era de los buenos. Eso le alteraba. Desea ser malo. Muy malo.- Eres un maricón sucio.

   -No, Avery, yo… -traga y casi lloriquea.

   -¡Lo eres! ¡Un sucio maricón! Un maricón que gusta de meterse cosas por el culo, y gemir, y soñar con chicos mientras lo hace. –ruge, sonriendo al notar que la angustia del otro se incrementa por el miedo a que sus gritos atraigan a otros. Y a decir verdad…- Dilo, que eres un sucio maricón. –exige, más bajito, pero duro, bañándole con el aliento, sus bocas casi rozándose.

   -Soy… ¡Soy un sucio maricón! –Brandon casi farfulla, apresuradamente, temblando más.

   -¿Muy sucio? –se burla obligándole a decir cosas.

   -Muy sucio, muy sucio… -una ardiente lágrima escapa del ojo derecho de Brandon, sobrepasado por todo lo que ocurre.

   -¿Tan sucio como para lamer con tu lengua el sudor de mis bolas peludas? –le pregunta, halándole más, sus rostros casi pegados, los alientos mezclándose, una torva sonrisa depredadora iluminando su rostro atractivo pero salvaje. Y, ojos muy abiertos, Brandon balbucea sin voz, totalmente impactado.- ¡Responde!

   -¿Qué…?

   -Ya me escuchaste, maricón. –la respiración de Avery es más pesada, su mirada turbia.- Hace rato que no tengo acción como no sea mi mano derecha, mi chica me dejó. Quería un novio, alguien a quien presentarle a sus papás, ¿puedes creer a esa puta? Y desde entonces he necesitado de una boca golosa que recorra mis bolas y mi verga. Me encanta que me laman las bolas. Que me la ordeñen con la lengua y la garganta. Y aunque eres un sucio y pervertido maricón… bien, creo que puedo arreglármelas si cierro los ojos, ¿no?

   -No, no, yo no puedo… -aunque aterrado, se resiste. Su conversión aún no era total.

   -¡Silencio, maricón de mierda! –le ruge el otro, soltándole el cabello y dándole un bofetón.- Lo único que tienes que hacer es caer de rodillas y abrir la boca, como una buena putica. Como la putica que pedía anoche por la verga de su vecino de cuarto mientras se metía un consolador por el culo. –le recuerda a gritos, viéndose tan agresivo que Brandon se cubre el rostro, la mejilla ardiéndole, los ojos bañados en lágrimas, cayendo de rodillas. Vencido.- Eso es, perrita. Eso es.

   Esto no puede estarme ocurriendo, piensa Brandon; no puedo ser asaltado sexualmente por un compañero de piso, en el cuarto del lavado, dentro de la pensión… donde cualquiera podría llegar. Se quiere aferrar a ello, pero ya una mano de Avery le aferra la nuca, los dedos dentro del cabello, y con una risa chocante le aplasta el rostro contra su entrepiernas. Y el joven arruga la cara, está caliente, mojado de transpiración, es intenso el olor almizclado unido al de bolas sudadas. Y su nariz, labios y mejillas son frotados de allí.

   ¿Pensaba Avery en lo que hacía? Posiblemente no. En verdad no tenía ningún plan en cuanto llegó de su carrera matutina, bajando al cuarto del lavado a ver si encontraba una camiseta limpia de algunos de los chicos del equipo de lucha (las usaba y las dejaba, sin pedir permiso, era el tío grande), y se encontró con el mariconcito ese que salía con la nena bonita. Y recordó lo que escuchara la noche anterior, entre sorprendido y dubitativo. ¿Habría sido real lo que creyó escuchar u oyó mal? Pero el puto había confesado. Y algo en esa confesión, en su aire indefenso, débil, vulnerable, le puso maluco. Quiso… humillarlo, avergonzarlo. Y eso le excitó. Ahora lo tenía de rodillas, a sus pies, frotándole la cara del entrepiernas, ¿era su culpa tener una erección tal como la que ya tenía? No, no lo creía.

   -Vamos, puto, sácala… -le ordena gritando, aunque él mismo entiende el peligro que corre. Su posición es vulnerable si les pillan, no tanto como la del maricón, pero casi. Aunque sabe que el otro teme más, y con ello cuenta.

   Tembloroso, dificultándosele ver qué hace, Brandon le baja ese shorts a media piernas que usa, notando a pesar de todos los pelos que bajaban del ombligo, del color del oro viejo, como el de las piernas musculosas. Los ojos cayendo sobre un suspensorio oscuro y viejo, muy usado, abultando con una verga tras él, enmarcando más abajo dos grandes bolas.

   -Vamos, vamos, aprovéchate, puto; aquí tienes un atleta caliente para que te sirvas de comer. –le ruge, obligándole a pegar el reacio rostro de la áspera tela deportiva, jadeando cuando esa cara frota de su verga. Obligarle hacerlo era tan…

   El joven se resiste, ese olor le marea y repugna mientras su nariz olfatea, resollándole caliente sobre el tolete. Siente rabia cuando separa los labios, recorriéndolo sobre la tela. Quiere gritar de frustración cuando nota el nabo del glande, claramente demarcado contra el suspensorio, casi asiéndolo con los dientes.

   -Mierda, ¡si, has mamado güevos! –oye el rugido divertido, del otro, mirándole desde su posición de sumisión.- Vamos, usa esa boca maricona y lámeme las pelotas.

   Implacable le ladea el rostro y le lleva bajo el saco, separando más las piernas. Y Brandon, pensando en quién sabe qué, separa los labios, saca su lengua y la coloca bajo el saco que forman la tela y las pelotas. Dando lengüeteadas. Lamiendo.

CONTINÚA…

Julio César (no es mía la historia).

EL PEPAZO… 40

diciembre 23, 2016

EL PEPAZO                         … 39

De K.

lo-tiene-caliente

   -¿Qué? ¿Es lo que quieres? –ruge molesto.- ¡Tómalo!

……

   -Si, mírate cómo gozas teniendo tu culo arado por la verga de un hombre…

   -OHHH… Hummm… -Jacinto jadea sin poder contenerse, ganándose una risita satisfecha de Andrades, después de todo ese era el punto, demostrarle qué tan marica era, qué tanto disfrutaba de una verga latiéndole en las entrañas sedosas y mojadas.

   Sin embargo, a cierto nivel de su mente, una que Jacinto no puede usar en esos momentos porque así como gime, sube y baja su rostro, sonríe y babea (en la gloria de su propio cielo en esos momentos), el abogado se pregunta si no estaría actuando mal, casi “obligando” al chico a experimentar eso, a vivirlo, cuando, obviamente, aún mantenía reparos a su condición sexual. Pero apretando los dientes en una sonrisa mueca, mirándose a sí mismo en el espejo, casi sobre la imagen del chico al que coge una y otra vez, sacándole y metiéndole de las entrañas el venoso tolete tieso, se dice que no importaba que el chico dijera esto o aquello. Su cuerpo lo aclaraba todo. La manera hambrienta en la cual ese culo atrapaba su verga, halándola, chupándola, era toda la respuesta necesaria. Por un segundo, mientras cierra los ojos, y sonríe, acariciando esas nalgas turgentes y duras en cuyo centro ese chico tenía su agujerito mágico, se pregunta si un muchacho cualquiera, al que se la metieran por el culo, encontrándose de repente con que le gustaba, mucho, se convertiría en marica o no. A fuerza de güevazos. Y, sonriendo aún más, lentamente le retira el tolete notando los hinchados labios de ese culo abrazarlo, para luego volverá enterrárselo con una caída, de golpe.

   -AHHH… -y ocurre, otra vez, aunque no era como si Jacinto pudiera saberlo. Afirma sus muslos, con las rodillas sobre la cama, sus nalgas se alzan, su espalda baja, así como la línea de su cara. La posición sumisa de los puticos amantes de los güevos. Y desde ese punto, con el agujero casi derritiéndole la verga, comienza a echar nuevamente su hambriento culo de adelante atrás. Y a cada embestida del hombre, del macho dominante, el joven se adapta más y más a la postura de sumisión.

   -Oh, Dios, eres tan… -Andrades casi gimotea de emoción, acariciándole aún más las duras nalgas, la cintura estrecha, la muy ancha espalda, tendiéndose sobre él. Sus ojos encontrándose en el espejo, Jacinto sonriendo extraviado, con la mueca de un gozo sin igual, totalmente entregado al macho que lo coge duro sobre esa cama. Sus bíceps hinchados cuando dobla los codos sobre el colchón, para adoptar mejor la posición del marica. Sus pectorales impresionantes que pedían ser tomados.- ¿Te gusta, bebé grande? ¿Te gusta lo que papi te hace? –le ruge, lleno de una lujuria tal que no puede contenerse, montándosele en la recia espalda, quemándose ambos ante el contacto, sus manos buscando ya esos pectorales, sus dedos atrapando esas tetillas, apretándolas y halándolas.

   -Ahhh… -escapa el grito de lujuria de boca del joven, totalmente erizado, subiendo y bajando su culo, sonriendo de manera abierta, total, todo su cuerpo envuelto en una voluptuosidad que le ahoga.- Si, si, papi, si…

   Cualquier pensamiento que le atajara momentos antes, sobre si debía “obligar” al chico a responder, muere en la cabeza del macho cuando le escucha, el tono de lujuria, de placer incontrolable (de mariquita) que sube. Los conoce porque, modestia aparte, era bueno en la cama, se tomaba su tiempo para imponerse, para buscar lo que le gustaba, pero también para que sus parejas, generalmente mujeres, gozaran del sexo con él, que quedaran añorándole, tal vez deseando regresar. Y los gemidos que escapaban de la boca de Jacinto eran parecidos, los de una hembra en llamas mientras su coño era hábilmente penetrado, su clítoris estimulado. Igual gemía ese forzudo y guapo muchacho ahora que (e ignora que el otro también ha tenido ese pensamiento, ¿coincidencia o algo los unía a niveles profundos, más allá de la verga en el culo?) el clítoris que era su ano era tan espoleado. Era cuestión de tiempo para que estallara en leche. Y cada gemido de este, cada blanqueada de ojos, cada gota de baba que escapa de su boca, el mar que chorrea de su verga erecta, todo eso le excita de manera salvaje. Dios, quiere morderle uno de los recios hombros, clavarle los dientes, marcarlo. Para que todos sepan que era suyo.

   Por su parte, sonriendo más torva y voluptuosamente, alzando el apuesto rostro, mirándose al espejo, Jacinto lo disfruta aún más que ese hombre. Su culo es una sola masa de ganas, de excitación, cada roce de esa verga caliente y nervuda, cada frote, cada golpe a la pepa en su culo, era una poderosa oleada de placer que le recorría. Si, en su mente puede verlo, un ejército de toletes erectos, todos con ganas de su culo, uno que sufre violentos espasmos que hacen gemir al abogado. Oh, sí, en esos momentos su culo era su principal órgano sexual. ¡Y le gustaba tanto!

   -Oh, sí, bebé, dilo… -le gruñe al oído, respirando pesadamente.

   -Soy tu maricona… -escapa de los tersos y jóvenes labios, mientras sonríe y se estremece, totalmente erizado por una emoción nueva al encararlo. Y gime, tensándose violentamente, corriéndose sobre la cama matrimonial, de manera abundante, escandalosa, cerrando su culo con fuerza sobre ese tolete.

   -Oh, por Dios… -grazna el abogado, casi bizqueando, su tolete increíblemente duro, recorrido por algo caliente.- Tómalo, princesa, tómalo todo… -le ruge, corriéndose. Una, dos, tres, cuatro veces, provocándole sonrisas y gemidos, casi maullidos a Jacinto. Son disparos profundos, abundantes, el semen llenando e inundando aquel joven culo goloso que sigue chupando.

   -¡Alejandro, ¿pero qué haces?! –ruge, desde la puerta del cuarto, una horrorizada Corina de Andrades.

CONTINÚA … 41

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO

diciembre 19, 2016

EL SUEGRO LO ENVICIA                         FANTASÍAS EN LA PLAYA

  Un amigo de la casa, Sergio, nos envía un regalo. Cómo se ve que es diciembre. Es un trabajo al que se está abocando, esperemos que con pasión, ya que sé lo duro que a veces se hace continuar un relato al pasar el tiempo. No es suyo, es una secuela de un trabajo que aparece en un muy conocido portal porno. Es bueno, realmente bueno… y cae dentro de la categoría de un Relato de Malditos, si lo llevara yo, que no es así. Pero conozcamos el trabajo en sus propios términos:

Esta historia toma como base una serie de relatos eróticos llamada “Pagando Deudas”, publicada por el usuario carlosmanuel en http://www.todorelatos.com desde 2007. De dicha historia, se retoman al protagonista y al diseño de su núcleo familiar; pero la historia, a pesar de tener un inicio similar, toma rápidamente una dirección distinta que es de mi invención.

                                “DE HOMOFÓBICO A PUTO”

sexy-muscle-boy

Rodrigo es un joven de 21 años muy guapo: tiene cara de niño, unos hermosos ojos miel grandes y pestañudos que le dan una mirada intensa, su piel blanca con un ligero y sexy bronceado, unos labios con un intermedio perfecto entre delgados y gruesos que lo hacen ver sexy ya sea que sonría o simplemente esté serio. Su cabello castaño claro combina con sus ojos y, esté peinado o no, siempre se le ve bien. Asimismo, su cuerpo es el arquetipo de belleza masculina: fornido, alto (1.79), espalda ancha, piernudo y nalgón; y simplemente se ha perfeccionado gracias a su afición por el fútbol, la natación y su interés deportivo más reciente: las rutinas de ejercicios en el gimnasio. Por estas razones y su personalidad encantadora, Rodrigo siempre ha sido blanco de las miradas de muchas mujeres; y, aunque él no lo sabe, de muchos hombres, también.

Rodrigo vive solamente con su mamá y su hermano menor Roberto, debido a que sus padres se divorciaron, por razones poco claras para ellos, cuando ambos eran niños. Lucía, la madre de ambos jóvenes, se conserva muy bien y se ve mucho más joven de su edad. Esto, y el hecho de que es emocionalmente inestable, hace que ella haya estado teniendo varios novios desde que se separó del papá de Rodrigo, a pesar de la molestia de Rodrigo y la indiferencia de Roberto ante esta situación.

Todas las relaciones de Lucía han terminado mal: los hombres con los que ha salido han sido infieles o simplemente no quieren formalizar, que es precisamente lo que ella busca. Con Claudio, su novio más reciente, las cosas han sido más diferentes. Es un señor de 50 años, divorciado, de cuerpo normal, pero con cierto atractivo y muy simpático. La pareja no tiene, por el momento, planes de boda, pero Lucía está convencida de que es el hombre de su vida: la ama a ella, acepta que tenga hijos, nunca lo ha descubierto siéndole infiel, no tiene vicios, etc. pero hay algo sobre él que no sabe…

Hace aproximadamente un año, Claudio conoció a Lucía en un restaurante… O eso creyó ella. En realidad, Claudio ya la conocía de vista porque su hija estudió en el mismo colegio de Rodrigo, quien ya desde ese tiempo representó una fantasía para Claudio. Así que al ver a Lucía en el restaurante, no dudó en acercarse para tejer un malévolo plan: Aprovechar la confianza y la desesperación de Lucía, hacerse amigo de sus hijos y eventualmente convertir a Rodrigo en su putito personal, sin importar lo que tenga que hacer para lograrlo. Sin embargo, con el pasar de los meses, nadie sospecharía las verdaderas intenciones de Claudio; pues éste mostraba su cara de señor amigable, buena persona, que hace comentarios graciosos y da buenos consejos. A Lucía y a Roberto se los ganó rápidamente; pero Rodrigo, más desconfiado, mantenía su distancia. En cierta ocasión, Claudio llegó con un ramo de flores a visitar a Lucía, pero solamente estaba Rodrigo en casa y estaba saliendo de la ducha cuando escuchó el timbre, por lo que sólo se pone un bóxer pegadito y se dirige a abrir la puerta.

Claudio.- Hola, Rodrigo

Rodrigo.- Ahhh… eres tú. Mi mamá no está.

Claudio.- Bueno, ¿me permites pasar?

Rodrigo.- Sí… ¿por qué no?

Claudio.- Tengo la impresión de que no te agrado mucho.

Rodrigo.- Pues tienes la impresión correcta.

Claudio.- ¿Pero por qué? Yo no te he hecho nada.

(No te he hecho nada… todavía -dice Claudio en sus pensamientos.)

Rodrigo.- Mi mamá se ha tirado a medio vecindario durante una década desde que se divorció de mi papá. Los hombres no la toman en serio, ella tampoco ayuda, pero si ellos le van a ver la cara en el futuro. ¿Por qué yo los tengo que tratar bien?

Claudio.- Si me permites decirte, tu madre la ha pasado muy mal desde entonces y cuando uno está mal, uno comete errores. Lo que puedo decirte es que mis intenciones con ella son sinceras y yo quiero hacerla muy feliz. ¿O acaso la has visto llorar desde que somos novios?

Rodrigo.- No, tengo que admitir que la veo feliz contigo porque has sido serio con ella.

Claudio.- Entonces, ¿podemos ser amigos?

Dudando un poco, Rodrigo acepta porque sabe que lo que le ha dicho Claudio es verdad. Rodrigo estrecha su mano mientras dice:

Rodrigo.- Claro que sí.

Claudio.- Verás que nos vamos a llevar muy bien. Jeje

Rodrigo.- Bueno, entonces pasa y yo iré a vestirme. Jeje

Claudio.- Pero luego regresas para que sigamos platicando. Jeje

Claudio entra, Rodrigo cierra la puerta y se dirige a su habitación para terminar de vestirse. Entonces, Claudio nota que el ajustado bóxer de Rodrigo tiene un agujero que le permite ver algo de carne de su pompa izquierda. Para este momento de la relación, Claudio obviamente sabía que Rodrigo tiene un cuerpo espectacular y unas nalgas enormes y hermosas, pero nunca las había podido ver tan de cerca como en ese momento. Sabiendo que Rodrigo no lo oirá, Claudio expresa lo siguiente mientras se toca la verga.

Claudio.- Mmmm qué culito más rico… Lástima que el hoyito de tu bóxer no me dejó ver TU hoyito… pero no importa. Ya lo conoceré personalmente.

Rodrigo se viste y regresa rápidamente a la sala para conversar con Claudio, quien repentinamente le había empezado a caer bien debido a la conversación que tuvieron. Rodrigo se viste con una camisa negra y un short beige, combinación que siempre le queda ajustada a su cuerpo, para deleite de Claudio, quien observa sus musculosas y desnudas piernas por primera vez, ya que siempre lo había visto de pantalón.

Rodrigo.- Bueno, ya vine, esta vez vestido. Jeje

Claudio.- Eso veo. Jeje

Rodrigo.- ¡Qué pena contigo! Jeje

Claudio.- ¡Para nada! Si supieras las cosas que he visto…

Rodrigo.- ¿A qué te refieres? –pregunta desconcertado.

Claudio.- Como hemos hablado tan poquito, creo que aún no sabes que soy Proctólogo. Rodrigo.- ¿Qué es eso?

Claudio.- Pues es el tipo de médico que trata las enfermedades del ano, pero somos famosos por hacer el examen de próstata. Jeje

Rodrigo.- Ahh… pues hoy viste otro culo. Jajajaja

A Claudio se le pone dura la erección ante el comentario de Rodrigo y a la vez lo considera una pauta para bromear “agresivamente” para sondear el terreno.

Claudio.- Si quieres, me lo enseñas de nuevo y te hago descuento en el examen de próstata. Jajaja

Rodrigo.- Jajajaja… pues espero no necesitarlo- responde sonrojándose un poco. Claudio.- Pues fuera de broma, es importante hacerlo para prevenir el cáncer de próstata o lo menos leve, que es la disfunción eréctil. Creo que el beneficio es mayor que el costo. Jejeje – argumenta el médico, esperando lograr venderle la idea.

Rodrigo.- ¿Entonces hay riesgo de ser impotente si uno padece ese cáncer de próstata?

Claudio.- Sí, pero en realidad el cáncer y la impotencia son ejemplos grandes. Puedes tener disfunción eréctil si tienes otra enfermedad menos grave cuya existencia sólo puede detectarse mediante el examen de próstata.

Rodrigo.-Pero supongo que ese riesgo existe sólo si uno es cuarentón. ¿Verdad?

Claudio.- ¡No te creas! Hay muchos jóvenes que inesperadamente pierden la capacidad de tener erecciones y a veces puede corregirse con el tratamiento; pero otras, es irreversible.

Al escuchar esto, Rodrigo palidece porque aunque nunca se lo ha comentado a ninguno de sus amigos, su pene ha tenido dificultades para mantenerse erecto con las últimas mujeres que estuvo, al punto que tuvo que cortar con su novia oficial para que no se diera cuenta del problema. La voz de Claudio lo saca de su estado:

Claudio.- ¿Hay algún problema, Rodrigo?

Claudio pone su mano en el hombro derecho de Rodrigo, aparentando un gesto de genuina preocupación paterna y, al saber Rodrigo que no puede confiar en nadie para este tipo de cosas, decide abrirse con ese amable extraño que parece estar dispuesto a escucharlo y posiblemente sea la única persona que pueda ayudarlo.

Rodrigo.- Yo… soy… uno… de esos chicos.- revela con dificultad.

Claudio.- Bueno, Rodrigo, te agradezco la confianza en decírmelo porque sé que debe ser un tema muy delicado para ti, pero ten completa seguridad de que no le diré esto a nadie y que te ayudaré con tu problema… si tú me lo permites, claro. Rodrigo.- Sí te lo permito, confío en ti.

Al estar a la par de Rodrigo y estar éste cabizbajo por la vergüenza que le produce la situación, Claudio sonríe sardónicamente al escuchar estas palabras y no puede evitar deslizar su mano por la sensual curvatura de la espalda de Rodrigo, pero se contiene y desvía su movimiento en un semi-abrazo.

Claudio.-No te preocupes. Todo saldrá bien, tienes todo mi apoyo para esto… y para cualquier cosa.

De repente, se abre la puerta de la casa y es Lucía quien entra, los ve y se emociona.

Lucía: -Bueno, Rodrigo, ¿ya aceptaste a Claudio como mi novio? Jeje-pregunta feliz.

Rodrigo.- Sí, ma, es un gran hombre.- dice volviendo a ver a Claudio y sonriendo levemente en señal de aprobación.

Claudio.-Gracias, Rodrigo, tú también eres un gran hombre.

Lucía: -¡Qué gusto me da que por fin se lleven bien!

Rodrigo.- Sí, pero por ahora me iré a dormir. Pasen buenas noches.

Lucía y Claudio: -¡Buenas noches, qué descanses!

Rodrigo se retira a su cuarto, se acuesta pensando en sus problemas hasta que finalmente se duerme.

Es un día soleado, cuando Claudio está atendiendo su clínica y se despide de un cliente y repentinamente su secretaria entra a su oficina.

Secretaria: Doctor, hay un joven que no tiene cita allá afuera, pero que dice que le urge hablar con usted.

Claudio se asoma y sus ojos no dan crédito a lo que mira: ¡Es Rodrigo! Con su putona ropa de gimnasio: esos shorts más cortos de lo normal completamente pegados a su gran culo y su camisa desmangada que permite apreciar sus musculosos brazos, su desarrollada espalda y sus tetones bíceps; pero su cara refleja angustia y miedo. Claudio reflexiona brevemente y le da instrucciones rápidas a su secretaria.

Claudio: Margarita, por favor, cancele todas las citas de hoy y usted tiene el día libre. Haga pasar al joven, por favor.

Margarita: ¡Pero, doctor!

Claudio: HAGA PASAR AL JOVEN, POR FAVOR.

Margarita: Bueno, está bien. Pase, joven.

Rodrigo entra rápidamente, hablando atropelladamente y reflejando muchísimo malestar.

Rodrigo.- ¡Claudio, necesito tu ayuda urgentemente!

Claudio: Claro, Rodrigo, ¿pero qué sucede?

Rodrigo.- ¡Que me estoy volviendo marica!

Claudio: ¿Qué?

Rodrigo.- ¡QUE ME ESTOY VOLVIENDO PUTO!

Claudio: Te escuché, pero no entiendo de qué me hablas.

Rodrigo.- Ya no se me para la verga estando con mujeres, pero ayer que llegaste a la casa, sí se me paró.

Claudio: Bueno, pero es que a veces las erecciones surgen inesperadamente debido a que…

Rodrigo.- ¡ESO NO ES TODO!

Claudio: ¿Y qué más pasa?

Rodrigo.- Que mi papá es puto y mi mamá lo encontró con otro hombre. Por eso es que se divorciaron… ¡Y EL MUY HIJO DE PUTA ME LO HEREDÓ!

Claudio pone cara de sorprendido durante algunos segundos.

Claudio: -Date la vuelta.

Rodrigo.- ¿Qué?

Claudio: -¡QUE TE DES LA VUELTA! Te voy a hacer el examen ahorita mismo.

Rodrigo.- No, Claudio, me vas a meter el dedo… ¡y me va a gustar!

Claudio: -De eso se trata.

Rodrigo.- ¿QUÉ?- pregunta completamente sorprendido.

Claudio: -Sólo así vamos a saber si sos puto.

Rodrigo se queda inmóvil un momento, pero finalmente se desnuda muy nervioso.

Claudio: -¿Te digo algo? Si sos puto, vas a tener mucha suerte.

Rodrigo escucha sin saber qué decir. Le perturban las palabras de Claudio y la entonación que utiliza: excitada, nada profesional… ¡Y se ha sacado la verga!

Rodrigo.- ¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO?- pregunta asustado.

Claudio: -¿QUERÉS O NO SABER SI SOS PUTO?

Rodrigo.- ¡Sí, pero…!

Claudio: -¡PERO NADA! ¿Cómo vas a saber si sos puto nunca has probado la verga?

Rodrigo sólo observa y de pronto nota que no le parece nada desagradable, pero sigue perturbado por la situación. Claudio, más calmado, se le acerca y empieza a acariciar su pecho y espalda, abrazando a Rodrigo, quien sólo se deja hacer.

Claudio: -Te decía que vas a ser un puto con suerte porque, siendo tan hermoso, siempre vas a hallar verga…

Rodrigo.- ¿Y QUIÉN DICE QUE YO QUIERO SER PUTO?- pregunta furioso.

Claudio: -Pues si no sos puto, te la vas a comer y no te va a gustar.

Rodrigo.- ¡PERO…!

Claudio: -¡Hacelo! ¿O le tenés miedo a la verdad? – pregunta burlesco mientras se toca descaradamente su pene, mientras Rodrigo ya no sabe qué hacer ni cómo sentirse.

Claudio: -¡Hacelo! ¿O es que un puto es más valiente que tú? Te cuento Rodrigo que es muchísimo peor ser cobarde que ser homosexual…

Claudio deja de hablar súbitamente porque Rodrigo se ha arrodillado ¡y se ha metido la verga en su boca de un solo bocado!

Claudio: -Mmmm… qué rico la chupas… ¿No te dije que serías un puto con suerte? Acabas de empezar y ya te ganaste tu primera verga.

Rodrigo escucha las palabras, pero ya no se siente amenazado ni ofendido por ellas, sino que realmente está disfrutando chupando su primera verga. Claudio levanta a Rodrigo y empieza a besarlo con pasión ¡y éste le corresponde! Mientras ambos se acarician.

Claudio: -Diagnóstico: sos puto. Así que ahora te voy a hacer hombre.

Dicho esto, Claudio encamina a Rodrigo hacia la camilla para los pacientes, acostándolo mientras éste está cada vez más excitado. Claudio se desnuda en tiempo record y se acomoda entre las musculosas piernas del Rodrigo, poniéndolas sobre sus hombros.

Claudio: -Prepárese, muchacho, que ahora le voy a presentar a su nuevo mejor amigo.

Dicho esto, Claudio deja ir su verga en el culo de Rodrigo, quien extrañamente no tiene dolor, sino sólo tiene un inmenso placer, que lo hace gemir ya sin inhibiciones ante las embestidas cada vez más rápidas y fuertes de Claudio.

Claudio: -Ahhh ¿Te gusta mi verga, putito? Ahhh

Rodrigo: -Ahhh ¡Sííí!

De pronto, la puerta del consultorio se abre violentamente ¡y enfrente de ellos están Lucía, Roberto, los amigos, los doctores, ex conquistas y toda la gente que conoce Rodrigo y a Claudio!

CONTINUARÁ … 2

   ¡Vaya final más climático! Plasmó todo en una sola entrega, este detalle a veces lo discuto con quienes escriben fics y cosas así, que pasan dos o tres entregas antes de que los protagonistas se encuentren. Es una locura. Ah, pobre de Rodrigo, el que es tomado; cuando una pareja es pillada es quien carga con el mayor peso… en todos los sentidos. Sensacional, ¿no? Fuera del detalle, que ya le expresé, de los diálogos tipo formato de libreto de teatro, todo lo demás me gusta. Aclaro, este relato no voy a llevarlo yo, es la presentación de Sergio. Le toca a él decirnos dónde vamos a encontrar la continuación, comprometiéndose a llevarlo a buen término.

   Esperamos por la dirección de tu espacio, amigo. Y te felicito.

Julio César.