Archive for the ‘RELATOS GAY DE MALDITOS…’ Category

SISSYBOY… 13

junio 20, 2017

SISSYBOY                         … 12

Titulo: Todd’s Bitch

Autor: Victoria <missvictoria6969@yahoo.com>

Traducción: K

   Un sissyboy disfruta atendiendo a su señor…

……

   El joven rubio, cachetes muy rojos, podía sentir la verga de su amigo empujando contra su cuerpo; endureciéndose más, caliente, pulsando, como estimulada por su culo, mientras continuaba sentado sobre su regazo como un niño pequeño, la cabeza apoyada en su hombro.

   -¿Qué quieres de mí, Todd? –el apretón le indica que debe rectificar.- ¿Qué quiere de mí, señor?

   -He estado muy solito y necesitado de alivio, nena; tengo la sangre caliente y ganas de joder a todas horas, y ya estoy cansado de cascármela yo mismo. Las pajas no divierten tanto. Así que, de ahora en adelante, vas a ocuparte de eso por mí, Brianna. Cada vez que la tenga dura y babeante, le darás amor. En su mayor parte espero muchas mamadas, pero que muchas mamadas a mi verga, a toda hora; y que me la exprimas con tu sedoso coño de sissyboy.

   -Pero…

   -Vamos, no te resistas. Es lo que quieres, Brianna. Naciste para hacerlo. Sabes que no eres un verdadero chico, ¿verdad? –Brian no puede responder, tan sólo alzar los ojos y mirarle.- ¡Responde! –trona, sobresaltándole.

   -No, Todd… No, señor, no soy un hombre como tú, supongo…

   -No, no lo eres. No eres ningún chico como los que conocemos, al menos; pero eres muy parecido a… mi hermana. Una chica. Una bastante puta, debo agregar; una que realmente disfruta de estar en los brazos de un chico. –le sonríe suavemente, como aclarándole el asunto, notando aún la duda en las azuladas pupilas de su otrora amigo.- ¿Alguna pregunta?

   -No, yo… yo… no…

   -Bien, ahora quiero que hagas esto, sube al cuarto de baño, aféitate y toma una buena ducha. Y cuando digo que quiero que te afeites, me refiero a todo tu cuerpo, de la nuca para abajo. Tu cara, las axilas, los brazos, el culo. Todo. Un chico como tú no puede tener ningún pelo en su cuerpo, eso es para los hombres. Cuando termines, ponte un poco de labial fresco, un color mono, y toma algo bonito del armario de Mía, algo sexy, y nos encontramos luego en la habitación de mis padres. Si te ves lo suficientemente bonita, te daré una buena dosis de verga, como tanto te gusta. Vas a lloriquear de placer cuando te trabaje el culo… Es decir, tu coño, mi pequeña sissyboy. Si no te ves bien, bueno, te subiré a mi regazo, de panza, y te daré una buena tunda. No seré suave esta vez, porque ya estás advertida. Y luego te joderé igual. Así que haz como mejor te convenga. Recuerda las fotos, además, no quisiera exponerte como un pequeño puto, pero si me obligas… Vamos, date prisa, las bolas ya me comienzan a doler de todas las ganas que tengo.

   Agarrando su verga erecta, sonriendo malicioso y excitado, Todd la aprisiona entre los muslos de Brian, cerrándolos firmemente alrededor de esta, agitándole un poco, sobándose con el chico blanco. Uno que se estremece y cuya mirada se pierde sobre la oscura mole. Esa barra estaba caliente, muy caliente. Y dura. Y pulsante. Sus miradas se encuentran pasado unos segundos, lo que le tomó al rubio dejar de mirarla.

   -Todd…

   -Mira lo que las perras nos hacen a los hombres. –le informa este.- Eres afortunada, Brianna, te gustan las vergas y tienes todo esto para ti. No importa dónde estemos o haciendo qué, sabes que siempre puedes contar con ella para tragarla o montarte y cabalgarla como una princesa amazona. Y mira que tienes mi negra mole toda emocionada. Ahora ve y prepárate para mí. Ponte linda.

   Brian trastabilla cuando Todd le empuja fuera de su regazo, sintiéndose apesadumbrado, y no por las amenazas. Si, las cosas ahora eran diferentes, muy diferentes. Había sido realmente un idiota al descuidarse la noche anterior y dejar que el gato escapara de la bolsa. Lo que ahora Todd sabía de él, le colocaba bajo su control. Aunque… bien, sabía que le obedecería, que haría lo que le ordenaba, que probablemente lo habría hecho aún sin la amenaza de las malditas fotos; pero, por otro lado, se había jodido a sí mismo. Ahora era una perra; a Todd se le había metido la idea entre ceja y ceja y no veía manera de revertirlo.

   -Una cosa más, nena… -la voz del adolecente negro le trae al presente.- Aparta las manos de ese lamentable gusanito blanco que tienes por pene, tu clítoris en verdad. Ahora sólo podrás correrte cuando yo te lo permita, ¿queda claro? En serio, las cosas van a cambiar, y aunque creo que serás dichosa recibiendo mi verga por todos lados, llenando tu boca golosa y tu coño apretadito y tan hambriento de una herramienta como la mía, me perteneces, así que tu deber, y tu único placer derivará de servirme y ocuparte de mis necesidades sexuales. Nada de perder el tiempo jugando con tus tetas o tu cosita, incluso meterte cosas en el coño por tu cuenta. Si lo haces… -lo deja así.

   ¿Acaso Todd había enloquecido?, se pregunta Brian, aunque asiente con la cabeza baja, saliendo de la cocina. ¿Dejar de masturbarse? ¿Pedirle permiso para hacerlo? ¿A su edad? Estremeciéndose piensa en la ducha. Si, tomar un baño sonaba muy bien, eso podría ayudarle a despejar la mente. Aunque sabe que el otro no esperará mucho, sino que le obedezca con prontitud y… Bien, un paso a la vez. Tal vez… tal vez si se colocaba algo lo suficientemente extraño y confuso, Todd se sentiría incómodo y daría por finalizado todo ese juego.

   Eso le anima un poco mientras sube las escaleras… ignorando lo equivocado que está.

CONTINÚA…

Julio César (no es mía).

NOTA: Para llegar al original intenten con: http://m.nifty.org/nifty/transgender/by_authors/Miss_Victoria/todds-bitch/1

EL PEPAZO… 71

junio 17, 2017

EL PEPAZO                         … 70

De K.

   Ya no quiere escucharlo más…

……

   -Chicos, ¿qué… qué hacen? –balbucea Jacinto, ojos algo idos, pero muy abiertos, no puede apartarlos de esas tres pares de manos.

   Los carajos le ven, cruzan miradas entre ellos y sonríen. Los cierres bajan, las manos entran en las braguetas abiertas y luchan, obviamente era difícil sacar las trancas cuando estaban tan duras y erectas. Pero lo logran. Y Jacinto traga en seco, dando medio paso hacia atrás. La de Taylor, a pesar de la penumbra, parecía pálida, rojiza azulada por los vasos, pecosa. La de Smith era larga, algo curvada hacia arriba, y cabezona, el glande liso en forma de hongo casi brilla. Y la de White era oscura, gruesa, nervuda, los vasos destacaban increíblemente; y el muchacho se sofoca, balbuceando sin voz. Su culo sufre un violento espasmo al verlas, pero la de White se lo moja. Imagina esas paredes venosas, ardientes y rugosas, refregando las sensibles paredes de su recto…

   -Yeah, big… -sonríe socarrón el negro, atrapándosela en la base, agitándola, reconociendo en la mirada del forzudo joven la sorpresa total, algo que ocurría con muchos otros chicos cuando miraban su verga por primera vez. Pero había más, sabe cuándo gusta, y al chico le gustaba. Sabe lo que la visión de su tranca titánica produce en su ánimo, y esa certeza casi se la hace palpitar, soltando algo de líquidos pre eyaculares.

   -Very big… grande, ¿eh? –ronronea Smith, sonriendo, mientras White se deja caer sentado en uno de los bancos, piernas muy abiertas, la blanca franelilla casi saltando de su cuerpo.- Acércate… Look… -le ofrece.

   Pero Jacinto no puede. Quiere, Dios; arde de ganas por ir, darle la espalda a ese semental y sentarse sobre esa barra, quiere sentirla abriéndole el anillo del culo, metiéndosele forzándole, rozándole las entrañas. Es perfectamente consciente de cómo su agujero late de excitación, de ganas… de hambre. Pero no podía, ¿verdad? No estaba bien. Es un hombre, un machito heterosexual. No debía estar sintiendo eso. Pero se le hacía difícil pensar, no con la visión de esas tres vergas duras y babeantes que se notaban deseosas de tocarle, rozarle, tal vez azotarle y penetrarle hasta tenerle gritando y gimiendo. Idea que le hace dar otro medio paso atrás. Sin embargo, no duran mucho sus dudas: por una parte porque no se aleja, no puede, por el otro…

   Smith y Taylor, después de cruzar una mirada entre ellos, ninguno de los dos necesita ver el tolete ajeno para saber cómo está, se dirigen hacia él, casi coreográficamente. Bordeándole, a derecha e izquierda, el forzudo joven viendo de uno al otro, mirada nublada, perdida, algo ebria, aunque también temerosa, casi como si les suplicara que no le hicieran nada.

   Pero no estaban esos carajos como para pensar en algo que no fueran sus vergas. Montándole una mano en el torso, atrapando con la callosa y ardiente palma el abultado y duro pectoral izquierdo, Smith baja la cara y oculta el rostro en su cuello, rozándole con barbilla, labios y mejillas, olisqueándole, pegándole la cadera, con la verga afuera, de un costado. La otra mano cae nuevamente a ese hueco en el pantalón, acariciándole el trasero. Procediendo exactamente igual, en el costado contrario, Taylor también olisquea, con roncos hummm, en su cuello. Jacinto deja escapar el aire y un jadeo, sintiéndose tocado, apretado, esos resuellos quemándole, esos labios abriéndose y soltando besitos rudos. Sus tetillas son apretadas, acariciadas, haladas, en su trasero dos manos grandes se turnan con ganas en su raja interglútea, y esas vergas duras y calientes estaban a centímetros de sus manos, a los costados, el calor llegándole.

   -Very hot… -escucha a White, enfocándole sentado frente a ellos, mirando el erótico cuadro de sus compañeros de arma atacando los flancos del chico, buscando rendirle a sus deseos.

   A Jacinto, la visión del hombre negro sobándose la barra, mirándole siendo manoseado, le parece el colmo de lo excitante. Su culo se estremece, asediado por los dedos de dos manos distintas, que soban, frotan, recorren, halan; también se le abre bajo la tirita del hilo dental, uno que es apartado un poco por Taylor, cayendo sobre él las yemas de los dedos de Smith, halándole los pliegues, abriéndoselo, golpeando con la punta de uno de ellos directamente sobre su hueco. Produciéndole un estremecimiento general.

   -Chicos… chicos… -intenta imponerse, pero siente como su culo se moja totalmente y se calienta, se abre, y sin darse cuenta mueve las manos y atrapa esos falos duros que se frotan de sus costados, mientras los dos hombres lo besan chupado bajo su cuello, ronroneando palabritas en inglés que le parece haber escuchado en películas porno. Los soba, a los dos. No puede pensar sino gemir; debía detenerlos, en eso está claro mientras cierra los dedos alrededor de los dos toletes y comienza masturbarlos, encontrándolos duros y calientes. Sentirlos, tocarlos, tenerlos así provoca un espasmo violento en su culo.

   -Very hot… -Smith le susurra casi en el rostro, sonriendo, ojos brillantes de lujuria y maldad erótica.- Voy a follar…

   -Amigo, no… ¡Aggg! -gimotea. Pero Smith le silencia cubriéndole la boca con la suya, rudamente. Y al tiempo que le mete la lengua, de manera voraz, también le clava un dedo por el culo, hundiéndole los pliegues, el redondo anillo abriéndose ávido, aceptándolo suavecito.

   Y ese dedo en su culo es su perdición. Gimotea ahogadamente por la lengua del marine en su boca cuando nota, a pesar del manto de ebriedad, cómo su agujero anida ese dedo con ansiedad, aceptándolo, apretándolo, halándolo, provocando la risita del marine, contra su boca al terminar el beso. Es cuando siente un dedo de Taylor, que también lucha y entra en su agujero, junto al de Smith; y esos dos dedos comienzan un mete y saca acompasado que le hace gritar roncamente.

CONTINÚA…

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

AMA DE CASA… 10

junio 15, 2017

AMA DE CASA                         … 9

Por Leroy G.

   Cuando un machito seguro de sí comienza dudar…

……

   Aparta el cartón, jadeando, casi temiendo las sensaciones que lo recorren, no queriendo experimentarlas más. Pero en seguida le alcanza la desazón, la angustia. Tiene que terminarse el cartoncito de leche, bebiéndola con gula, relamiéndose en su acre saborcito… un tanto a yogurt. Un delgado hilo escapa de la comisura de su boca, chorreándole barbilla abajo, golpeándole el torso, estremeciéndole el frío contacto. Al terminar con el cartón, baja la mano y recoge lo que encuentra del hilillo y lo lame. No puede controlarse o pensar cabalmente al respecto.

   Tan sólo sabe que al terminarla, se agita. Necesita más. Toma otro cartón y bebe. Y otro, el tolete goteándole copiosamente a estas alturas. Finalmente cierra la puerta de la nevera, la verga imposiblemente dura dentro de su bóxer. Le arde, palpita y babea bastante… ¡Dios, tiene tantas ganas de correrse!, pero  algo le decía que no lo lograría. Jadeando sale y cae sentado en su sala casi desprovista de todo mobiliario, preguntándose a quién llamar para… contarle, consultarle, preguntarle algo. Había escuchado que eso podía ser un problema, priapismo, que no pudiera bajarse. Cuántas veces no se había reído con el cuento de tíos que tomaban el viagra y luego terminaban en un puesto de urgencias con la verga como pata de perro envenenado. Era gracioso… cuando les pasaba a otros.

   Cierra los ojos e intenta pensar en cosas desagradables, degradantes, incluso en sus familiares discutiendo, alejándose de allí cuando la imagen de su propio hermano, Roger, le medio alteró el tolete. No, no era seguro seguir ese camino. Ni le ayudaba, cinco minutos se volvieron diez, luego veinte, media hora… y seguía duro. Abriendo los ojos, bufa con frustración y rabia. No podía salir asía las calles. Toma el teléfono y llama al taller, preparándose para escuchar gritos y reclamos cuando anunciara que no podía ir, por razones de salud. Aunque era cierto, joder.

   -Okay, muchacho, cuídate y mejórate. –fue la respuesta del viejo maricón, una que le hace parpadear.- Intenta… sobrellevarlo. –aconseja, crípticamente.

   -Bien, gracias, señor. –cortó la llamada, sintiéndose aliviado. No tenía nada qué temer por ese lado. Sin embargo, al bajar la mirada a su entrepiernas, donde la vega erecta levanta la tela del bóxer holgado, y lo moja, esta sigue gritándole que aún persiste esa contrariedad.

   Echándose en el viejo e incómodo sofá, cierra los ojos otra vez e intenta dormir, perderse en el sueño y despertar aliviado. No hay caso. Se pone de pie y piensa en regresar a su cuarto, tan cómodo y acogedor, pero se detiene, mirando hacia la nevera. Dominado por algo más fuerte que él mismo, regresa allí, la abre, toma otro cartón de leche y lo bebe, lentamente, saboreando cada gota de ese líquido cremoso, mucho, casi espeso, un poco ácido y un tanto salino, una mezcla deliciosa. Su cuerpo se eriza, los pezones se le ponen duros y el aire frío del refrigerador parece acariciarle de manera excitante y agradable. Su verga pulsa visiblemente bajo la tela del bóxer. Pero era su paladar, la fiesta era en su lengua; cierra los ojos y ronronea mientras sigue bebiendo de aquella leche. Beber leche, mucha leche; no había nada mejor que la leche. Le gustaba beber leche. Esas ideas llenan su mente, agitándole más, su pecho sube y baja con esfuerzo. Esa leche era deliciosa, seguro que si fuera fresca, calentita, sabría aún mucho mejor.

   Cierra la mente a tal idea porque le recuerda cosas que ha soñado, incluso algunas que casi está seguro que soñó (probar su propio semen, ¿lo soñó o no?). Termina el cartón, notando el espacio vacío de los que ha tomado hasta ahora, casi alarmándose. Se le acababan, aunque había al menos otros ocho potes. Se niega a contarlos. Sale de la cocina rumbo a su cuarto y nada más en la entrada de este, se detiene sonriendo leve.

   Dios, ama esa pieza, su temperatura perfecta, la iluminación apropiada. Sin mosquitos o zancudos. Había un cierto olor a frutas, algo que se sentía bien, aunque… frunciendo el ceño vuelve a su colchón inflable, cayendo de culo, el bóxer holgado adhiriéndose a su verga, halándola sabrosito; sentía un cierto olorcillo… a amonio. Algo muy leve, sutil, pero que está allí. O lo estaba, rectifica aspirando ruidosamente, la fragancia frutal inundando sus fosas nasales, sus pulmones, casi corriendo por sus venas ahora. El olor desagradable se había ido. O nunca estuvo. Como fuera, bostezó con una sonrisa. Era divertido echarse a media mañana, cuando se suponía que debía estar trabajando. Se estira, su armonioso y viril cuerpo tensándose mientras bosteza otra vez. Que rico sería vivir sin tener que trabajar, se dice dejándose caer hacia atrás, el colchón inflable y la almohada adaptándose de manera perfecta a su cuerpo, invitándole a dormir, a descansar.

   Y sueña. Sueña que despierta en otra cama, otro cuarto en otra casa, y unos hombres están allí, en las penumbras, dos carajos masturbándose con gruñidos roncos, sus vergas gruesas e hinchadas, color cobrizos, agitadas de adelante atrás en sus puños. No ve sus rostros, están en lo oscuro; tan sólo sus caderas, vergas y manos, son visibles. Así como la mesita donde un pequeño vaso corto descansa esperando que caiga algo. Quiere gritarles que paren, que se vayan, pero no puede, ni apartar los ojos de esos toletes titánicos, nervudos, unos que llenarían totalmente un culito masculino, siendo agitados, apretados en medio de gruñidos… Ordeñados.

   Los oye rugir, tensarse más, y uno de ellos, apuntando al vaso corto con la punta de su instrumento, se corre. Dos, tres trallazos blancos que chocan de las paredes de cristal, y ruedan hacia el fondo; una sustancia espesa, blanquecina y muy olorosa. La cual se incrementa, mucho más de lo que parecería normal, cuando el otro también se corre. El semen sale disparado, abundante también, todo el cuarto lleno con ese olor tan masculino e intenso. Y a Gregorio la garganta se le cierra, no puede apartarlos ojos del vaso, de la blanca sustancia que ensucia las cortas paredes y resbala, creando un charquito. Las risitas siniestras y baja de los sujetos, le erizan.

   -Vamos, perrita, acércate; una cachorrita en crecimiento como tú necesita de su lechita. –dice uno de ellos, riendo con el vozarrón ronco que llega después del clímax, tomando el vaso, ofreciéndoselo. Incluso agitándolo un poco, el espeso líquido deslizándose de un lado a otro.

   Horrorizado, pero con la boca muy seca, Gregorio sabe que se mueve, sentándose en la manta sobre el piso donde estaba, y en cuatro patas se dirige hacia el tipo, que le mira, no puede verle la cara pero sabe que sonríe burlón, como hace un hombre de verdad, un macho, ante un sumiso y desesperado marica que anhela su esperma. La idea le eriza de pies a cabeza, pero no puede hacer nada para detenerse. Sabe que está desnudo, que nuevamente es delgado, que sus tetillas son aún más sensibles, que su verga parece un dedo índice, aunque está erecto. Y que su culo…

   Llega junto al sujeto, mirando el vaso que le es acercado, separa los labios y los posa en la fría superficie de vidrio; el olor a esperma le llega, intenso; luego le impacta y moja los labios. Espesa, viscosa, caliente aún, esa leche cubre su lengua. Y sus papilas gustativas estallan en éxtasis. Su manzana de Adán sube y baja con vehemencia, mientras bebe lo que le parecen litros de esperma, cada vez más excitado. Se acaba y todavía sorbe buscando lo que quede, la ansiedad atormentándole, la frustración también. ¡Quiere más! Bien, si así sabía la ordeñada en un vaso…

   Sabe que no debe, no quiere, su mente grita de espanto una y otra vez, pero lo hace. Con un jadeo, los labios húmedos y brillantes con la esperma recogida con su lengua al pasársela, cae sobre uno de los toletes recién exprimidos, atrapándolo casi hasta la mitad, y chupándolo. Unas gotitas de semen nuevo caen en su lengua y ronronea, lleno de calor y cachondez, mientras esos sujetos ríen y ríen del pobre marica necesitado de semen…

   -Si, así, amigo, ya has probado las de todos, ahora toma las nuestras; chúpalas y exprímelas. –oye esa voz grosera, burlona, estremeciéndole mientras mama. Otra risa le llega, igual de implacable.

   -Mierda, pero qué marica; ya se me pone dura otra vez. Qué ganas tengo que bañarle la cara con mi carga…

   -Seguro llora al no poder tragarla. –sentencia el primero, embistiéndole la boca, llevándole el tolete más y más adentro. Y a Gregorio no le importa, no con sus ojos cerrados mientras agita la lengua y aprieta con los labios y mejillas, becerreándolo.

……

   Sobresaltado, aterrorizado y ofendido en su más profunda heterosexualidad, el hombre joven despierta y se sienta, casi cayendo del colchón inflable, su corazón latiendo con fuerza. ¡Ese maldito sueño…! Cierra los ojos y traga aire, y sin embargo, aún ahora, le parecía sentir un saborcito extraño en su lengua. Es cuando repara en un fuerte impacto, seguido del insistente sonar del timbre de la puerta de su apartamento.

   Alguien llamaba al timbre y al mismo tiempo golpeaba la puerta. De manera demandante. Abotargado mentalmente, se pone de pie, la verga increíblemente dura bajo el bóxer holgado, totalmente mojado. ¡La calentura le seguía! Y parecía haberse incrementado con el sueño. No, con es pesadilla. Y tal idea, excitarse por lo “visto y hecho” era intolerable. Un nuevo llamado a la puerta le pone en movimiento. Y tan agitado se encuentra, que así como está, desnudo a excepción del bóxer holgado, sin zapatos y erecto, abre. Allí estaba el vecino mariquita, con cara de preocupación, con el pequeño puño alzado, dispuesto a golpear otra vez. Es hasta ahora cuando repara en su situación, enrojeciendo furiosamente.

   -¿Si? –intenta fingir normalidad, medio escondiéndose tras la puerta, pero lo deja así. Ya le había visto y era idiota esconderse de un marica que seguramente ovularía ante la visión. Y no se equivoca, el joven sonríe un poco.

   -Hola, vecino, te escuché gritar, horrible, dos o tres veces; ¿te encuentra bien? –las palabras, la información y la preocupación del otro, alteran al rudo joven.

   -Si, yo… -frunce el ceño.- ¿Grité?

   -Hu hug, y feo. –informa el amanerado chico de parpados ligeramente pintados en rabitos, el cabello leonino, vistiendo una franela ajustada color morado, llevando otra, de un lila suave, sobre esta, de mangas muy abiertas; completa el atuendo con unos tenis sin medias, blanco y rosa, y un shortcito corto y ajustado. Gregorio, ofendido por el detalle, repara en sus muslos lampiños.

   Mirando y mirando, en esos momentos no parecía tener ese paquete que exhibía en sus sueños, ese que tocaba, chupaba y…

CONTINÚA…

Julio César.

SISSYBOY… 12

junio 15, 2017

SISSYBOY                         … 11

Titulo: Todd’s Bitch

Autor: Victoria <missvictoria6969@yahoo.com>

Traducción: K

   Un sissyboy disfruta atendiendo a su señor…

……

   Tarde, el confuso Brian entiende que respondió algo que no debía, dada la visión de Todd acercándosele con determinación, su verga rebotando de manera agitada y una mirada dura en los ojos. Tan inquietante era que, boca muy abierta, rueda la silla hacia atrás, un tanto temeroso, protegiéndose. Llegando a su lado, el chico negro le atrapa una muñeca y le levanta, medio empujándole hacia adelante, obligándole a apoyarse de la mesa. Y con la mano libre, Todd le azota el terso trasero dos o tres veces.

   -¡Todd! –grita el rubio, abrumado, alarmado. Y adolorido. Mucho. El otro, después de mirarle, le dio otros dos azotones.

   En este punto, Brian intenta alejar su trasero de esa mano, meneándose, tensándolo cuando la palma cae, rogándole que se detenga. El otro, con la verga más dura, cae sentado en la silla y le arrastra, para que caiga sentado sobre su regazo desnudo. El rubio no puede pensar con claridad, realmente se siente estúpido siendo tratado como un niño travieso al que tienen que disciplinar. Era denigrante, ofensivo, humillante, pero no encontraba fuerzas para detenerle o defenderse. Sin embargo, una vez sentado en el regazo del joven hombre, presionando con la cadera la negra verga contra el abdomen marcado de su amigo, que lo abraza y acuna, se siente caliente de nuevo; algo grato le envuelve. Se siente… seguro.

   -Pon tu cabeza en mi hombro, Brianna, descansa un poco, quédate quieta; y escucha. Voy a explicarte lo que pasa, lo que ocurrirá de ahora en adelante. La forma en la cual serán las cosas.

   El tono firme, autoritario, sumado a lo extrañamente confuso del momento vivido, toda su desvalidez, obligan al chico a apoyarse contra el hombro de su amigo. Y eso fue como un bálsamo. El olor del joven le llegó directamente y le gustó estar allí, así, contra su cuerpo, sobre su regazo, mientras le escuchaba.

   -Primero, deja de temer por lo que viene; nadie sabe que te siento en mi regazo, o lo que ocurre entre nosotros. Y creo que lo mejor que puedes hacer es no contárselo a nadie, para que no te sientas tan… extraña. Es más seguro para ti, nena. Pero no puedes ni debes oponerte a nada de lo que te pido u ordeno, soy tu dueño. –es tajante, tanto que, ceñudo, Brian levanta la mirada, sus ojos se encuentran.- Fotos, nena. Tengo fotos de ti con mi verga en tu boca, con ella en tu culo. Tengo fotos de tu cara mostrando los labios llenos de esperma; tú sonriendo como una zorrita mientras te los lames. ¡Tengo fotos de ti en pantaletas, luciéndolas! –le aclara, sonriendo torvo.- Soy tu dueño, Brian… Brianna… ¿lo entiendes ahora?

   -Pero, Todd… -gimotea, poco viril, le parece a él mismo. El agarre se incrementa notoriamente.- Pero, señor… -rectifica.

   -¡Eres mía! –enfatiza nuevamente.- Eres una maricona que buscaba salir de su closet, queriendo nacer, vivir y sentir, y te encontré. Yo te hice florear. Por eso me perteneces, Brianna.

   -Okay, okay… -tartamudea Brian, atrapado ante la inmensidad de lo dicho. ¿Fotos suyas comportándose como un cabrón chupa vergas? ¿Y… todo lo demás? Siente que se ahoga.

   -No temas, pequeña, nadie las verá. Compórtate como debes y todo irá bien. –le sonríe Todd, casi amoroso. Y el joven no entiende el calor de alivio que se extiende por su cuerpo cuando apoya nuevamente la cabeza en el hombro del chico negro.

   -Si, señor…

   -Bien, ahora escucha con mucho cuidado, me gustas, pero las cosas van a ser diferentes de ahora en adelante. Siempre noté en ti algo débil, delicado. Creí que era cobardía, pero no, era más que eso; eres una nena en el cuerpo de un chico. Ni siquiera eres un chico gay, eres un sissyboy. Un chico que tiene un coño y necesita satisfacerlo siendo follado. Voy a follarte, mucho. Anoche no podía creer la forma en que tomabas mi verga, completamente, y aún ahora no puedo olvidarlo. De hecho no quiero que te reprimas. La verdad es que planeo usarte todo el tiempo, muchachita.

   -Todd… -otro apretón.- Pero, señor, yo…

   -No, no discutas. Eres una zorrita caliente que necesita y quiere un macho. Y me elegiste. Nunca te vi más vivo que mientras cabalgabas sobre mi verga, gritando, jadeando, sollozando. Cuando la atrapaste toda con tu boca, Jesús, creí morir de la impresión y del gusto. Tenías la cara roja, los ojos llorosos por la asfixias, pero brillabas de satisfacción y orgullo al tomarla completa. Como un buen mariquita me decías “papi, cógeme duro, papi”… -medio ríe, acunándole al sentirle estremecerse.- Cuánta falta te ha hecho tu papá, ¿eh? Y cuando te la clavé, la primera vez, yo mismo creyendo que era imposible que tu pequeño y apretado culo lograra abrirse tanto, gemías como una putita… -finge una voz amanerada.- “Oh, sí, papi, métemela; me encanta sentir tu verga estirando mi coño de chico. Quiero que me lo estires, que me lo llenes, que me lo aflojes”. Te lo repito, Brianna, lloriqueabas, reías y te movías como una princesa. O como una verdadera putica.

   Las palabras dejan estupefacto al muchacho, cuyo corazón bombea con fuerza en su pecho… Con el pequeño pene muy erecto dentro de la pantaletica. Erizado de excitación y vergüenza debió enfrentar la mirada burlona de Todd, su sonrisa. El chico de color se había dado cuenta de su excitación, del poder que tenía sobre él.

   -Eres tan putita, Brianna… -le repite, acariciándole la blanca barbilla con un negro dedo; cuando le recorre el gordito labio inferior, Brian separa los labios de manera automática.- Tan putita… tan necesitada de esto…

CONTINÚA … 13

Julio César (no es mía).

NOTA: Para llegar al original intenten con: http://m.nifty.org/nifty/transgender/by_authors/Miss_Victoria/todds-bitch/1

EL PEPAZO… 70

junio 12, 2017

EL PEPAZO                         … 69

De K.

   El regreso de un duro.

……

   -Well, well… -sonríe este, dejando el dorso de su dedo justo sobre el pulsante agujero del chico forzudo, sintiéndolo titilar salvajemente a su contacto. Invitándole.

   -Yo… yo… chicos… -totalmente alarmado, rojo de cara y con los ojos un tanto idos por el fuerte licor de Kentucky, Jacinto intenta poner orden, llevando sus manos atrás, apartando las ajenas, empujando, incluso la de White, el marine negro que sonríe y vuelve a las andadas. Entre risitas, mientras el chico intenta librarse del manoseo, estos siguen tocándole, en un juego como de provocación, a qué si lo hacemos; también como de desgaste. Agotarle- ¡Chicos, por favor!

   -Calm… Calma tú. Es… juego. –le sonríe Smith, con sus ojos ahora más brillantes, voz más roca, más cerca del joven, si eso era posible, recorriéndole la espalda sobre la súper pegada y delgada camisetilla, una mano de hombre fuerte, sin apartar la mirada de la del muchacho.- Admiramos… great body… cuerpo. –le aclara, y Jacinto tendría que ser idiota para creer que simplemente estaban admirados, como heterosexuales, con su pinta. Más cuando esa mano baja y baja, lentamente, regresando a su trasero, palpando de un glúteo al otro como quien comprueba la textura de unos melones que pensara llevarse a su casa y disfrutarlos… Y algo de eso había.- Skin… tu piel nice… -apuntala, mientras el forzudo chico, más rojo y tenso, siente como esa mano de palma abierta rueda de su nalga izquierda a la raja medio cubierta, recorriéndola.- Nice… -repite con voz pesada, jadeante. Los otros sonríen. Jacinto lo nota, asustado. Un dedo del marine busca ese camino que muchas veces ha recorrido en otros chicos, en sus culos, antes de tomarlos.

   A lo lejos se oye una risa femenina y Jacinto salta, apartándose de Smith, mirando hacia la entrada de la casona, donde una pareja, tomada de la mano, sale y se pierde en dirección contraria. Los marines les miran también, atentos como si esperaran entrar en batalla, pero sin alarmarse de lo que hacían. El forzudo joven si, su corpachón sube y baja con esfuerzo, dándoles el frente, las tetillas erectas y graníticas contra la suave tela.

   -Hey, hey, no problema… -sisea Taylor, el más joven de los tres, al verle tan tenso.

   -No creo que… -a Jacinto le cuesta pensar con claridad.

   -Sorry… si incomodé. –le dice Smith, serio, voz ronca.- But… pero hay problema. No sé cómo pero… -parece costarle encontrar palabras, y tomando aire da un paso al frente, acercándosele otra vez.- Tú hot… mi hard… Sorry… -parece disculparse por sentir algo, pero queriendo aclararle el punto, le atrapa una mano al forzudo joven, venciendo una brevísima resistencia, llevándola a su entrepierna, montándole la palma sobre la silueta de la muy erecta verga caliente bajo la suave tela del pantalón. Verga que pulsa contra la joven mano masculina.

   Y nuevamente el cerebro de Jacinto se desconecta, alcanzado por impulsos primarios que no conoce en toda su extensión. Se queda quieto, allí y así, en lugar de retirar la mano como si hubiera tocado un carbón en brasa. La deja y sus dedos la cepillan sutilmente, el honor mínimo que se brinda a un instrumento así, sorprendiéndose de lo grande que se sentía. No nota la sonrisa de Smith, quien contiene un suspiro al tener esa otra mano sobre su verga, mano que se queda cuando la suelta, mano de dedos que demarcan y frotan suavemente le silueta viril. Taylor y White cruzan una mirada lobuna, de cazadores, estaban a punto de arrojarse sobre ese rico manjar que no esperaban encontrar en semejante reunión, ¡y tenían unas ganas!

   -Fuck… -gruñe Taylor, sonriendo con ese mueca rapaz de ratón.- Parece gustar… -y Jacinto se vuelve a mirarle, entreabriendo los labios mecánicamente cuando el marine le acerca el licor de la botella, haciéndole beber mientras sigue tocando a Smith. Su mano, como su culo, parecía tener vid apropia.- Mía… -susurra el joven retirando la botella, atrapándole la otra mano y llevándola a su entrepiernas.

   Jacinto, tragando en seco el sabor acre del licor en su lengua, y la repentina sequedad en su garganta, se deja guiar. Lleva la mano a ese otro entrepiernas y encuentra la mole del más joven, dura también, y con índice y pulgar comienza a demarcarla, oprimirla, probarla, logrando que este ría de manera aguda y excitada. Casi temblando, sobando dos trancas bajo las suaves telas de los uniformes de dos marines, eleva la mirada, hacia White, de pie frente a él, brazos cruzados sobre su recio pecho, sonriendo leve, ojos oscuros de lujuria, con una impresionante barra casi rasgando la tela del pantalón. Y el forzudo chico se estremece más, su culo palpita, abriéndosele y cerrándosele bajo la tira del hilo dental, imaginándola afuera… Seguro que sería tan grande como supone que es la de…

   Los marines cruzan una mirada; sonriendo con muecas, Taylor baila sus cejas. Oh, sí, tendrían fiesta con el bonito, forzudo y calentorro venezolano culón. Él, especialmente, sueña con apartarle ese hilo dental del culo, usando los dientes y luego cogerlo haciéndole gritar de emoción.

   -Veo banca… -gruñe Smith, mirando hacia la derecha; bajo unas acacias que producen una penumbra particular, dos bancas metálicas, ornamentadas, descansan bajo las sombras de día. Le atrapa la mano a Jacinto, doliéndole que suelte su verga, y le lleva hacia allá. Seguido de los otros, que sonríen y clavan los ojos en el culo de Jacinto, expuesto otra vez.

   Bajo las acacias, deteniéndose y encarando al joven, soltándole como dándole tiempo a escapar (que en verdad no lo esperan ni saben si le dejarían), Smith se dirige a sus compañeros.

   -Dick… ¡Penes out! –ordena militarmente.

   Y temblando, Jacinto les ve llevar las manos a sus braguetas…

CONTINÚA … 71

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 12

junio 10, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 11

Por Sergio.

Claudio ha escuchado recién dichas las palabras de Rodrigo, pero contrariamente a detenerse y hablar, empieza a deslizar su verga suave y sensualmente cada vez más dentro del recto de Rodrigo, quien vuelve a sorprenderse por las novedosas sensaciones de placer. Aún así, insiste en desistir, pero Claudio lo tiene cada vez más ensartado… y cada vez más excitado.

– ¡Te estoy hablando! – se rebela Rodrigo.

– Perdón, ¿dijiste algo? – finge Claudio.

– ¡He dicho que me la saques!

Claudio se queda sin palabras y sin saber qué hacer. Una cosa es segura: no va a abandonar el culo del muchacho sin llenárselo de leche y sin hacerlo expulsar la suya propia. Estaba determinado en hacer de Rodrigo su amante y, aunque innegable que ha cruzado un largo trayecto del camino, aún parece haber dificultades.

– ¿¡Por qué no me la has sacado!? – se impacienta Rodrigo.

Es un momento de crisis. Haber tomado a Rodrigo contra su voluntad había sido fácil. Él sólo podía resignarse y ni siquiera sabía quién lo había secuestrado y sometido; pero tenerlo estando él totalmente consciente requería derribar barreras psicológicas, muy arraigadas en su sistema de creencias, que nada más había suavizado marginalmente con el asunto del “tratamiento” de la disfunción eréctil y, ahora, la revisión médica. Sin duda alguna, la limitada formación en el terreno de la Psicología que incluía su carrera universitaria había ayudado mucho a dicho propósito, pero ahora estaba en una encrucijada para la cual no estaba preparado y en la cual cualquier movimiento en falso podía costarle toda la relación con Rodrigo y su familia e, incluso, su reputación como médico.

– Perdóname, Rodrigo… sinceramente no sé qué nos pasó… – intenta conmoverlo.

Ahora es Rodrigo quien no sabe qué decir, pero es visible cómo su desesperación ha disminuido. Mientras tanto, Claudio, sin tocarse y sin sacar su pene, hace que éste varíe sus niveles de  erección, sintiendo Rodrigo cómo se mueve y toca su ano, lo cual vuelve a excitarlo. Su propia verga, cuya erección se había apagado en el momento en que “recobró la conciencia”, estaba nuevamente intensificando su erección.

– Mira, esto es nuevo para mí… – continúa Claudio – nunca se me ha cruzado por la cabeza siquiera la idea de tener sexo con otro hombre, pero hoy… ¿cómo decirlo?… tú me encendiste.

– Esto no está bien… no sólo eres un hombre, eres el novio de mi mamá. – dice finalmente Rodrigo tras un silencio de medio minuto.

– ¿Pero te ha gustado? – cuestiona Claudio.

– ¿¡Qué!? – pregunta con indignación.

– Que si te ha gustado… –responde con firmeza y cinismo.

– Te escuché perfectamente. Eso es algo que no te voy a responder.

– ¿Por qué no?

– ¡Porque eso no importa!

– Entonces sí te gustó.

– ¿¡QUÉ DEMONIOS TE PASA, CLAUDIO!? –le grita.

– ¿¡QUÉ DEMONIOS TE PASA A TI!? –Le devuelve la airada pregunta– ¡ME PIDES QUE VENGA PARA CALENTARME Y, AHORA QUE ESTAMOS EN EL ACTO, TE ARREPIENTES!

– ¿¡DE QUÉ ESTÁS HABLANDO!? ¿¡Querer calentarte yo a ti, de qué estás hablando!? ¡Yo no soy gay, soy un macho!

– No eres gay, pero me llamas y me recibes desnudo. Me muestras que uno de tus juguetes se te ha quedado atorado en el ano y me pides que te lo saque para que después te meta otra cosa…

– ¡ASÍ NO PASARON LAS COSAS!

– ¡TÚ ME BESASTE Y ME LA CHUPASTE SIN QUE YO TE LO PIDIERA! ¡YO NO TE OBLIGUÉ!

Tras decir esto, Claudio calla proporcionando un incómodo silencio en la conversación que Rodrigo tendrá que romper; y al romperlo, su opinión, probablemente novedosa tras los fortísimos eventos recientes en su vida, saldría a relucir con honestidad. Rodrigo está desarmado de argumentos: no puede negar que fue él quien lo besó, quien lo llamó y quien se desnudó. No puede acusar a Claudio de haber propiciado los acontecimientos si fue él quien dio el primer paso. No puede negar que le gusta sentir su polla en el culo… Bueno, eso sí puede (y debe) negarlo, pero él es el primero en saber que es una mentira.

– Sácamela, por favor. – dice Rodrigo queriendo evadir la situación.

– ¿Estás seguro que es lo que quieres?

– ¡CLARO QUE ESTOY SEGURO!

– Tú dices eso; pero tu cuerpo, otra cosa.

– ¡Estoy empezando a pensar que eres tú quiere que sigamos con esto! – cuestiona.

– No voy a mentirte, Rodrigo. Cuando este día empezó, jamás esperé vivir esto, pero ¡me encanta lo que estoy sintiendo! – revela mientras empieza a realizar un movimiento de meter y sacar su verga dentro de las entrañas de Rodrigo.

– ¡NO TE MUEVAS ASÍ DENTRO DE MÍ!

– A mí no me engañas, Rodrigo. ¡Yo sé que a ti te encanta esto! – dice sin interrumpir sus movimientos.

– ¿¡De qué estás hablando!? ¡Tú estás mal!

– Yo soy el médico aquí. ¿Recuerdas? El cuerpo no miente y el tuyo me dice que tú ya has tenido a otros hombres así como me tienes a mí en este momento…

– ¡CÁLLATE! – exclama mientras intenta levantarse, pero Claudio lo detiene sin necesitar ejercer mucha fuerza.

Rodrigo, por alguna razón, no se esfuerza lo suficiente para interrumpir lo que está sucediendo. Claudio no se está cogiendo a alguien indefenso o débil, sino a un hombre fuerte, sano y joven que podría perfectamente ponerse de pie, golpearlo y salir corriendo. De hecho, eso es exactamente lo que Rodrigo habría hecho si la situación de no estar inmovilizado se hubiera presentado durante su cautiverio. Ahora, por alguna razón, las cosas habían cambiado y Claudio, que alegremente lo notaba, continúa empeñándose en convencer a Rodrigo sobre su nueva sexualidad.

– La verdad es que no puedo culparte ni a ti ni a ellos. Tú, un hombrecito tan fuerte, tan joven, tan guapo y con este culito que es una tentación para cualquier hombre, mujer, ser humano en general. – dice mientras manosea sensualmente las voluptuosas nalgas del musculoso joven.

Rodrigo ya no dice nada. Simplemente se queda observando los ojos de Claudio, quien sin soltarlo, empieza también a besarlo lenta y tiernamente. Rodrigo, una vez más, se deja llevar y las manos de Claudio alternan entre las nalgas y la espalda del muchacho. Había sido un gran acierto apelar a uno de los principales talones de Aquiles de Rodrigo: su vanidad.

Claudio también observa al hermoso joven al que finalmente tenía atravesado sin tener que forzarlo. Gentilmente, volvía a moverse dentro de Rodrigo, quien simplemente disfrutaba las cada vez mayores embestidas. La verga de Claudio golpeaba la próstata de Rodrigo una y otra vez, cada vez más fuerte que la anterior.

Claudio penetraba fuerte y rápidamente a Rodrigo, cada uno disfrutando ya sin inhibiciones, gimiendo e intercambiando besos. Mientras ambos hombres se fundían en de esos besos,  Claudio le dice a Rodrigo “estas nalgas nacieron para ser penetradas” mientras lo mira muy fijamente, penetrando estas palabras de forma hipnótica en la mente de Rodrigo, tal como el pene de Claudio penetraba su anillo, que pronto se ve inundado de semen.

Casi el mismo tiempo, el abdomen de Claudio también se llena del semen. Ambos hombres continúan besándose, sin Rodrigo entender muy bien porqué. Inesperadamente para Claudio, Rodrigo lo empuja con fuerza, haciendo que su verga saliera automáticamente de su ano. Claudio, impactado por el cambio de actitud tan inmediato, se queda callado al desconocer por qué Rodrigo actúa así.

– ¡LARGO! – exige Rodrigo.

– ¿¡Pero qué te pasa!? – exclama con genuina angustia.

– ¡LARGO DE MI CASA! – ignora su pregunta.

Claudio intenta acercarse a Rodrigo una última vez hasta que éste amenaza con golpearlo y se ve obligado a salir corriendo de la casa. Rodrigo cierra la puerta con llave y corre al baño para darse una segunda ducha. En 48 horas, había conocido la esclavitud sexual, de la cual ahora es libre, pero su vida había cambiado para siempre. Se sentía sucio e indigno, pero no podía ignorar que físicamente se sentía mejor al ya no sentir ardor en su culo y poder caminar con normalidad.

Un relajante baño de más de media hora le permite a Rodrigo relajarse. Antes de salir, busca una toalla para secarse y, al hacerlo, su mirada vuelve a fijarse en el espejo. Sin proponérselo, volvía a disfrutar de ver su reflejo, guapo y triunfador. Entonces tiene la sensación de que en realidad nada tiene porqué cambiar. Sus secretos serían sus secretos y él seguiría siendo el mismo ganador de siempre porque, a pesar de lo ocurrido, Rodrigo sabe que nadie puede arrebatarle la persona, el hombre que es.

La curiosidad lo hizo preguntarse cómo su agujero sentiría sus propios dedos después de todas las cogidas que había recibido en las últimas 48 horas. Es el primer pensamiento con humor que ha tenido desde el rapto. Sintiéndose un poco atrevido al estar solo en su intimidad, Rodrigo empieza a enterrarse el dedo.

Antes del rapto, disfrutaba mucho dedearse, claro, sin nunca olvidar que había llegado a aquello por la sugerencia médica de Claudio. A pesar de su no buscada incursión en el sexo anal, su ano se cerraba entre sus dedos de la forma acostumbrada. “No es nada de putos si soy yo quien se toca” razona Rodrigo y el autoexamen anal para el recuento de daños se convierte en un uno de sus masajes prostáticos a los que ya se estaba acostumbrando.

A pesar de que la manipulación de su ano podría recordarle directamente las horribles experiencias que tuvo en el cautiverio, le seguía resultando muy agradable masturbarse analmente. Le alivia saber que, a largo plazo, no iba a ser un problema para él si no lograba olvidar para siempre estas vivencias. Todo estaría bien, mientras su secreto se mantenga secreto… y mientras sus excaptores no regresaran. Entonces es cuando Rodrigo piensa “tengo que descubrir quiénes son mis violadores”.

Claudio no podía entender por qué Rodrigo lo había tratado de forma tan agresiva inmediatamente después de haber copulado y haberse besado, pero distinguía cuatro posibilidades: 1.Por su natural resistencia a la homosexualidad, 2.Por haber deducido que todo el asunto del tratamiento a su disfunción eréctil había sido una trampa, 3.Rodrigo lo había reconocido como uno de sus captores  y 4.Todas las anteriores. La opción más aterradora era, por lejos, la número 3. Sea cual sea la opción verdadera, sabe que el próximo encuentro con Rodrigo será muy incómodo.

No obstante, la verdadera opción que motivó que Rodrigo empujara a Claudio es una que éste jamás consideró: cuando estaban dándose el beso final, Rodrigo creyó ver la puerta de la sala abrirse y que alguien había entrado. No obstante, al volver a ver la puerta tras haber empujado a Claudio, ésta estaba cerrada y no parecía que nadie se hubiese siquiera asomado ahí. Rodrigo atribuye esta visión a la casi paranoica preocupación que tiene alguien, antes o después de estar realizando algo prohibido, sobre ser descubierto.

Para Rodrigo, esto ha sido lo más infame que ha realizado en toda su vida por ser un acto así de prohibido, para un machito como él, y por haberlo ejecutado con el novio de su madre, lo cual lo volvía más condenable todavía. No es extraño tampoco que la visión que tuvo le recuerde al sueño en el que estaba cogiendo con Claudio en su clínica y eran sorprendidos por muchos conocidos. En ambas ocasiones, se sintió muy real el sonido de la puerta abriéndose, al igual que el sentido de la vergüenza y la humillación.

Mientras conduce su automóvil Claudio en dirección hacia el cine, su celular sonando muestra “¡5 llamadas perdidas!” mientras suena la sexta, todas procedentes de Lucía. Mira la hora y se da cuenta que la película debe ir por la mitad en ese momento y que Lucía debía estar muy molesta. Decide no contestar y sorprenderla con un fino arreglo de flores que pasará comprando en una tienda cercana. Definitivamente, no es ése el problema que le preocupa.

– ¡HASTA QUE POR FIN LLEGAS! – saluda Lucía a su apenado novio.

– Perdona, mi amor, pero tuve problemas en la clínica y tuve que quedarme más tiempo. – exclama con genuina angustia.

– ¡Dos horas! Pero bueno, así es la vida con los médicos… – se calma.

– Perdóname, no quise hacerte esperar.

– Si yo te perdono, pero me tienes que compensar. Jeje

– Es el precio de tener un trabajo tan sacrificado…

– Y de ser un doctor tan cotizado. Jeje Pero no te preocupes que yo no soy como tu exesposa que no supo entenderlo.

– Pero tuvo su lado bueno el divorcio fíjate: sin él, no estaría ahora contigo y a ti te amo más de lo que la amé ella. Jeje

– Awww, ¡qué lindo y qué malo eres! Jeje

Después de la película, la pareja iría a cenar, a bailar y seguramente terminarían la fiesta a puerta cerrada. A pesar de genuinamente disfrutar de la compañía de Lucía, Claudio no podía relajarse, pues el pensamiento acerca de las posibilidades insistía en torturarlo. Por su parte, habiendo caído la noche en un día tan anormal, Rodrigo, ya sintiéndose mejor, decide volver a dormir y reiniciar su vida mañana. Seguramente no lo haría tan tranquilo de haber sabido que en realidad ese sonido de puerta abriéndose o la percepción de alguien entrando y viéndolos no fueron alucinaciones visuales ni tampoco su imaginación.

CONTINUARÁ…

Julio César (no es mío).

NOTA: ¿El tío sorprendido en su cama?, no, la imagen no la envió Sergio. Por alguna razón no me llegó la que suele enviar, muy acorde con la historia. Lo siento, amigo.

LA NENA DE PAPA… 28

junio 8, 2017

LA NENA DE PAPA                         … 27

De Arthur, no el seductor.

   Para su papi…

……

   Cole se da cuenta de cómo Brandon se afloja, como responde de manera automática; teniéndole de panza sobre la cama, las piernas separadas, la pantaleta algo apartada, sigue cogiéndole con fuerza, sacándosela casi hasta el glande y enterrándosela con todo, adentro y afuera, agitando la cama de sábanas satinadas. Dios, ese chico era tan bonito y femenino, reconoce el hombre casi con sorpresa y maravilla, erizado de lo mucho que eso le gusta. La idea le pone más caliente todavía, mirándole así, los brazos inmovilizados en su baja espalda por la corbata, las manos en puños, el rostro maquillado andróginamente bello, ladeado, ojos cerrados, lentas lágrimas que no podían tomarse por dolor escapando de sus ojos corriéndole el maquillaje, la boca levemente entreabierta de donde escapan gemidos cortos, como chillidos. No, no sufre, al menos no físicamente, lo sabe por la manera en la cual ese agujero vicioso y hambriento se la atrapa, halándosela, chupándosela, y porque, flexionando las rodillas, alzó sus pies entaconados.

   Sonríe mórbido, ¡estaba cogiéndose a un muchacho vestido de chica, con pantaletica y todo!… Un muchacho que era el novio de su hija. Y la idea le hace gruñir y sonreír, echando el rostro hacia arriba, ojos cerrados, incrementando las embestidas de su verga. Ese culo estaba ordeñándosela de una manera decididamente sexual, lo quisiera Brandon o no. Su cuerpo respondía al sexo. Ese agujerito sedoso, caliente y apretado parecía disfrutar de su verga, demasiado. Lo sabe porque es consciente de las caderas del chico agitándose, del cómo buscaba su tolete.

   -Oh, si Brenda, así, tómala toda. Toma toda mi verga, pequeña zorra caliente. –le gruñe, abriendo los ojos, tendiendo los brazos hacia adelante, apoyando las manos en la cama, a los lados, y cepillándole con más fuerza y abandono el agujero, dejándose caer con todo su peso.

   -Hummm… Hummm… -es todo lo que sale de la boca del chico, quien intenta desesperadamente controlarse, no dejarse abrasar por ese fuego que le quiere dominar. Pero sabe que tiene el güevito bien parado, frotándose de una manera enloquecedora contra la suave pantaletica y la cama, mientras es plenamente consciente del roce de la nervuda y gruesa barra, caliente de sangre, que lo abre y llena estimulándole las paredes del recto, dándole en ese punto que no dejaba de dispararle corrientazos de placer y lujuria, lo quisiera o no. Un nuevo largo y alto chillido escapa de sus labios, haciendo sonreír a Cole, quien baja un tanto su cuerpo.

   -Sigue gimiendo así, nena, y me correré de sólo escucharte. ¡Cómo te gusta el sexo, Brenda!

   Las palabras, el tratamiento, obligan al chico a parpadear, confuso. Asustado. ¿Le gustaba eso, sentirle sobre él, dominante y poderoso, llenándole el coño…? No, el culo, se corrige, caliente, mareado. El sexo anal… si, lo siente, que se tensa y arquea. Sube su culo buscándole, quiere atrapársela y halársela, ¿acaso sí era una putita marica como ese hombre le decía?

   -Oh, Dios, mi verga se desliza tan suavemente en tu coño estimulado y mojado…

   El joven frunce el ceño, ojos cerrados, ante sus palabras, mientras se estremece, liberado al fin de toda esa tensión sexual que llevaba días padeciendo, la cual se agravó con el ataque de Avery y la charla con Mark. Mark… Intenta alejarse del chico, de no recordarle, no evocar su nombre, su rostro, su sonrisa, no mientras es perfectamente consciente de la verga de Cole trabajándole el culo, participando entusiasta. La mole dura de carne se retira de su coño… culo, refregándole, halándole el esfínter el cual parece abrazarla, para luego regresar, con fuerza, abriéndole todo, llenándole, estimulándole las paredes del recto, algo que jamás en su vida imaginó pudiera sentirse así, golpeándole la próstata, obligándole a gemir, a tensarse, a desear atraparla para sentirla igual una y otra vez, al tiempo que… Mierda, si, es consciente del peso del hombre, de su olor profundamente masculino, del roce de su cuerpo velludo. Todo eso le pone mal, como la tranca misma, que va y viene, sin detenerse, haciendo crujir la cama, saliendo casi hasta el glande, el cual separa los labios de su coño… de su culo, los cuales se tensan atrapándole, para luego entrar, aplastándole contra el colchón, cerrando la pelvis contra sus nalgas redondas, golpeándole con sus bolas. Las palmadas se oyen, los gruñidos de Cole también, sus gemidos igual.

   -¿Te gusta esto, verdad, Brenda? ¿Te gusta sentir la verga de papá llenando tu dulce y joven coño caliente? –le pregunta, casi rugiéndole sobre una oreja, bañándole con su aliento.- Si, te gusta, nena; te gusta mucho. Lo sé por la forma en que me la atrapas y halas, deseándola. –casi ríe, y el chico agita el rostro, boca muy abierta, gimiendo ante esas palabras que lo erizan.

   -Hummm… Ahhh… -escapan de su boca indetenibles, ruidosamente, perdida toda noción de en dónde está o qué hace. No, siendo estimulado como es.

   -Eso es, pequeña zorra sexy, debes entender el potencial de su sensualidad, tu naturaleza. Abre los ojos. ¡Abre los ojos! –le ordena, y Brandon obedece, rostro ladeado, encontrando con su mirada vidriosa y desenfocada el espejo, su propia imagen, delgado, pecho sobre el colchón, su culo un poco más arriba, alzado, un macho grande y velludo cogiéndole; él, todo andrógino, una chica linda, con el maquillaje algo corrido, labios muy rojos y abiertos, gimiendo como una putita.- Mírate y reconócete, Brenda… Tú eres Brenda. –le enfatiza, acercando nuevamente la boca a su orejita, lastimándole un tanto las manos atadas, haciéndole gemir por ello (y aun a él le parece que de una manera maricona).- Eres toda una nena. Mi nena.

   Y todavía estaba gruñéndoselo, cuando el joven se tensó totalmente bajo su peso, arqueando la espalda, lanzando un profundo gemido. ¿Sería por el roce contra el colchón, por lo apretado de la sedosa pantaletica, por la manipulación a su próstata?, no lo sabe pero se corre, con fuerza, liberando toda esa tensión acumulada de días y días de frustración sexual. Grita y se corre mojando la pantaletica, la cama, y su agujero se cierra salvajemente sobre la gruesa mole que todavía le penetra, adentro y afuera, incrementando su clímax. Y es tal la apretada que da, la chupada que parece brindar, que Cole, rugiendo, mordiéndole un hombro, se tensa, su verga se pone imposiblemente dura y se corre también. Los golpes de semen, en lo más profundo de sus entrañas, le golpean con fuerza. Y calor. Aquello parece fuego líquido.

   Brandon lo siente y grita todavía más, eso era tan… tan… Y agita, sin notarlo su trasero, uno que alza y pega totalmente de la pelvis de ese hombre, disfrutando no sólo de su orgasmo, sino de la sensación que le producía el alcanzado por Cole en su interior. Estremecido al imaginar su coño…

   Jadean y caen, aunque por las manos atadas, es incómodo para Brandon. Sus respiraciones se mezclan. Apartándose a un lado, de costado, Cole le desata, sentándose en la cama. Brandon no lo piensa, también se sienta, sintiéndose pequeño, débil y frágil frente al poderoso macho, y cae en los brazos que este abre, sonriendo de verle tan necesitado aún. Y mientras le aprieta contra su torso velludo, le besa y Brandon responde con gemidos entre cortados, necesitado de la ternura de su papi, de sus manos, de sus besos, mientras la pantaletica ha regresado a su raja interglútea, mojándose aún más, por su corrida y con la esperma que sale de su culo.

……

   El joven arruga la cara y no es por el desorden en la pieza, con mil cosas arrojadas aquí o allá, comenzando por camisas sobre una silla o pantalones en un rincón, ni por el persistente olor a pies sudados y a bolas. Después de todo, su propio cuarto no se diferenciaba tanto de ese (aunque su amigo se pasaba). Lo que tiene al fornido y atractivo Oleg McGwire congelado es lo que acaba de escuchar, algo que lo impulsa a ponerse de pie de la cama donde estaba sentado, escuchando. ¡La cama de ese grandísimo…!

   -¿Te dejaste tocar por un marica? –ruge desconcertado y censurador. Avery, quien le había contado su “encuentro” con Brandon en la pieza de lavado, se congela, molesto.

   -¡No me tocó un marica!

   -Te la mamó, ¿no? ¿Cómo lo hizo sin tocarte? –ruge el otro, perdiendo la compostura, mirándole como traicionado.- Joder, ¿cómo pudiste? Somos amigos, compartimos mil vainas, ¿tú y un marica? –es lo que le atormenta, ni por un segundo pone en duda lo escuchado sobre Brandon.

   -Estaba caliente, coño, la tenía dura y ese marica… -se defiende el otro, mortificado, enrojecido de cara, deteniéndose y encarándole.- Quería, no, necesitaba esa mamada y no me importó quien carajo me la diera. Podría haber sido mi novia, la tuya, o Flint. –le asegura, mencionado a otro compañero del equipo de lucha, heterosexual como pocos. Y algo en sus palabras parece calar.

   -Lo entiendo, cuando hay ganas, hay ganas, ¿pero dejar que un marica…?

   -Fue una buena mamada, ¿okay? Una gran mamada, eso se lo reconozco al maricón ese. –exclama, abriendo los brazos, como zanjando el asunto. El otro parpadea.

   -¿Y para qué lo cuentas? Mierda, yo no lo haría. Ni siquiera quería escucharlo.

   -Es que… -duda, ahora si incómodo. Le había gustado la felación que el marica ese le había dado. Mucho. Claro, en ese momento, después de soltarle la esperma garganta abajo, había pensado contárselo a todos, correrlo de la pensión al cercarlo como el sucio marica que era, pero luego… Recordar la mamada, su sumisión, le alteraba. Le excitaba. Le costó reconocerlo o admitirlo, pero quería que le diera otra. El puto ese estaba allí, bajo el mismo techo… ¿sería una locura convertirle en su chupa verga particular? ¿El mamagüevo de la pensión? Tal vez, tal vez hacerlo cambiara algo, aunque, técnicamente un hombre podría dejar que cualquiera se la chupara (mientras se la mamara y se tragara su esperma) sin perder su masculinidad; pero las ganas que sentía…

   -¿Qué? Habla. ¿Qué te tiene como envenado?

   -Dime la verdad, Oleg, ¿no te intriga? ¿No te preguntas cómo sería que el maricón ese te rodeara la verga con la boca y te la chupara, aquí, en la pensión, en su pieza, y que te la trabajara hasta que te corrieras hinchándole los cachetes con tu leche? –plantea el asunto.

   Quiere un cómplice para ir tras Brandon Moses y someterle a sus demandas sexuales. No quiere hacerlo sólo para no sentirse… raro. Pero, si entre varios, o todos en esa pensión, le usaban de tragona, cada noche, todo estaría bien.

CONTINÚA…

Julio César (no es mía la historia).

SISSYBOY… 11

junio 6, 2017

SISSYBOY                         … 10

Titulo: Todd’s Bitch

Autor: Victoria <missvictoria6969@yahoo.com>

Traducción: K

   Un sissyboy disfruta atendiendo a su señor…

……

   Brian, parpadeando, no puede responder, ni comer… casi ni pensar, ¿qué diablos le pasaba a su amigo?

   -Bien, fuiste al cuarto de Mía donde te pintaste los labios de color de rosa, al volver me encontraste sentado al borde de la cama de mis padres, con las piernas extendidas y mi verga dura. Todavía la tenía tiesa por tu baile inicial, Brianna, estaba grande y venosa y no podías dejar de mirarla… y relamerte. –le cuenta, sonriendo algo vanidoso.- Desde la entrada del cuarto te acercaste con unos saltitos alegres de sissy, tus téticas saltaban, poniéndome todavía más caliente. Dios, cómo quería que hubiera una chica allí para chupármela; pensé que se me reventaría de ganas. Te lo dije, y con coquetería me dijiste que la única chica aquí eras tú, y que querías usar tu boca para darme placer. Lo dijiste y lo querías, ¿lo recuerdas, nena?

   Rojo de vergüenza, el rubio asiente, mirando su plato.

   -Y vaya que te las ingeniaste para usar tu boquita rosa, la abriste y tragaste mejor que esta mañana, había algo tan sucio en verte tragar mi negra mole de carne que casi me corro en dos segundos. Y por un rato pensé que seguramente te la pasabas mamando vergas en las duchas sin que yo lo hubiera notado. –sonríe divertido, del recuerdo, la idea y del aún más enrojecido rostro del chico.- Me la dejaste bañada de saliva, limpiecito y… lubricado. Lo que servía, porque estaba tan caliente que no podía terminar. Quería más. Quería un dulce coño donde enterrarla toda.

   Con el corazón latiéndole locamente en el pecho, de temor y una emoción poderosa que lo embarga y controla, Brian alza la mirada, encontrándose con la de Todd, quien sonríe todo chulo.

   -Quería coño y el tuyo estaba listo para mí. Estabas bailándolo a mi alrededor, agitándolo frente a mi rostro, meciéndolo mientras me la chupabas; prácticamente implorándome que te cogiera como la puta que eras en esos momentos. –le mira con una nueva dureza, nacida de su evidente masculinidad frente al otro chico más suave y sumiso.- Imagina mi sorpresa, verte así, entender que mi mejor amigo, mi hermano, el chico al que dejaba dormir conmigo en la misma habitación, quien me ha visto tantas veces desnudo, joder, que ha compartido la ducha en la escuela, que conocía de mis sueños… no era un chico como yo. Era tan sólo un fraude… Una perrita caliente, un marica ansioso de güevos. Un sissyboy que deseaba mi verga dura en su culo caliente.

   -Oh, por Dios… -grazna Brian, ahora pálido, ¿el otro ya no quería ser su amigo? Todo ojos, mirándole implorante, intenta reparar aquello.- Lo siento, Todd, por todo lo que… pasó. No era yo anoche. Fueron las drogas. Pero ahora sí, vuelvo a ser el mismo de ayer. Nada ha cambiado, nada tiene que cambiar entre nosotros, ¿verdad? Sigo siendo tu amigo, ¿no es así? –el corazón quiere detenérsele, esperando, notando la tensa mirada del chico negro.

   -Lo siento, pero ya no eres el mismo; ni eres mi amigo Brian. Ahora eres una perra llamada Brianna. Una zorrita caliente por los chicos, por la carne negra. –le aclara, no agresivo o con animadversión, más bien parecía explicarle un hecho natural de la vida.- Anoche te convertiste en mi nena, una labios pintados chupa verga que lo quería todo… Y yo desperté y estrené tu culo, uno que debe estar extrañando tener algo duro y largo bien clavado. Y lo llené no una, sino dos veces. Te la clavé y gritabas en éxtasis, sollozaba y reías de felicidad, pidiéndome más y más. ¿No sientes mi esperma aún chorreando de tu… coño, Brianna?

   Los labios del chico temblaron pero no pudo responder. Si, lo sintió y sentía. Esa mañana, en el cuarto de baño, y aún ahora, humedeciendo la pantaleta que tomó del cuarto de Mía. Dios, ¡le chupó la verga a Todd!… ¡y dejó que le cogiera! No una, sino dos veces, corriéndosele en las entrañas. ¿Cómo pudo ser? Todo era demasiado extraño. Es decir, eventualmente ha usado las pantaletas de su madre, e incluso intentó ponerse un sostén, una vez, aunque resultó incómodo, cosa que mejoró un poco al usar sus medias pantis, pero todo al mismo tiempo lo usó una sola vez, preocupado por su sexualidad, porque todo era demasiado… raro. Si, de tarde en tarde, con alguna sexy pantaleta de su progenitora había caído en su cama, acariciándose, tocándose sobre la suave tela, deleitándose en su trasero, acariciándose la raja sobre ella, hundiéndola mientras lo subía y bajaba, de panza sobre el colchón, caliente como pocas veces, y… Pero todos los chicos hacían eso, ¿verdad?, jugar con las cosas de sus madres, se cuestiona en esos momentos.

   Pero, claro, había un gran trecho de eso a terminar mamando vergas, o siendo penetrado por otro chico, su mejor amigo, especialmente si este le trataba con ese despotismo, contándole cómo le había convertido en una zorrita, un sissyboy, un chico con… coño. Un marica del que pensaba sacar provecho, se recuerda con un nudo en la garganta.

   Perdido en sus pensamientos no repara en que Todd ha terminado de desayunar y le mira.

   -Hey, hey, Brianna… -le llama.- ¡Hey, nena!

   -¿Qué, Todd? –brama alterado, notando su ceño fruncido, algo que le hace a tragar.- ¿Sí, señor?

   -Ven aquí y siéntate en mi regazo, eso me gustó anoche. Sentir tu ligero peso de sissy…

   -¿Qué…? –parpadeando, ríe. – ¡No! –le desafía.

   -Pequeña puta desafiante, ahora verás… -rugió el otro, levantándose de un salto tan brusco que la silla cayó hacia atrás.

   Aterrorizando a un desconcertado Brian, quien, allí y en ese momento, comenzaría su verdadera formación de sissyboy.

CONTINÚA … 12

Julio César (no es mía).

EL PEPAZO… 69

junio 2, 2017

EL PEPAZO                         … 68

De K.

   El regreso de un duro.

……

   -¡Oh, por Dios! –medio grita Jacinto, de manera muy poco viril en esos momentos, volviéndose sobre un hombro y mirándoles, rojo como un tomate, llevándose una de las manos al trasero, intentando, inútilmente, unir los dos pedazos de telas que cubrían, segundos antes, y a duras penas hay que reconocerlo, su trasero. Y su vergüenza no hace sino aumentar cuando el trío, finalmente, comienza a reír; lo hacen con fuerza, enrojeciendo ellos mismos (aún White, y eso que en un negro era difícil de notar). Las carcajadas van ganando en intensidad llegando a ser algo casi grosero la verdad sea dicha, cuando el joven se vuelve a mirarles, con ojos de conejo acorralado buscando una salida. Escapar de uno de los más embarazosos momentos de su vida.

   -Sorry… sorry… -jadea entre hipos, Smith, alzando una mano como para tranquilizarle y detenerle, notando que pensaba escapar.-. Fue… fue… funny… cómico.

   -Yeah… -Taylor se frota los ojos llorosos.- I remembered… recordé me pasó.

   -A todos nos ha pasado, guy… amigo. –tercia White, su corpachón estremeciéndose al contener la risa. Los tres acercándosele un poco más.

   -Debo… debo…

   -No poder ir por allí mostrando ass… el trasero. –señala Smith, atrapándole por uno de los fuertes hombros, volviéndole nuevamente, clavando los ojos en esa pecaminosa abertura en el pantalón, sobre las tersas y redondas nalgas, las pupilas brillándole de lujuria a la vista de la tirita de color que nace en el centro de la espalda, como un triangulo invertido, una tirita suave y delgada que baja por esa raja curiosamente abierta, apenas cubriendo aquel culo sin pelos; la abertura era tal que se notaba el nacimiento de una bolsa más abajo, donde el hilo dental se abría y las cubría en saco.- Ni siquiera uno tan beautiful como este. –y le palmea, algo como al voleo, casual, un toque masculino… dentro de la abertura, sobre la firme piel joven.

   -Very nice… -jadea Taylor, acercándose también.

   -¿Qué…? –algunas alarmas intentan sonar en la cabeza de Jacinto, pero entre la vergüenza por lo ocurrido, que le congeló de sorpresa, unido al vapor esponjoso que le cubría por el whisky, estas no logran imponerse, obligándole a escapar antes de meterse en esos problemas de los cuales quería escapar… Que ya comenzaban a manifestarse al arderle y erizársele la piel que, todavía, toca el marine de ojos color desvaído bajo su quepis. Esos ojos, esa mano, parecen paralizarle.

  -Very, very, very nice ass… -gruñe, ronco, White, también.

   Y ocurre lo insólito, en los jardines de una embajada donde se desarrollaba una concurrida reunión (aunque por el momento el lugar estuviera desierto), tres hombres grandes y rudos, muy cerca unos de otros, llevan, cada uno de ellos, una mano a esa abertura, y recorren la tersa y cálida piel joven, comprobando la turgencia y dureza.

   -Hey, chicos, no; no creo… -jadea Jacinto, alarmado, su corazón latiendo con fuerza, lleno de miedo… y calor líquido corriendo por sus venas. Las manos, tres manos, ensanchan la abertura, dos de ellas halando decididamente la tela, exponiendo más, entre gruñidos bajos de lujuria. Dos de ellas clavan los dedos en su piel, la otra, de canto, se mete entre sus glúteos. Todas sobando.- Chicos, no… -intenta resistirse, sabe lo que puede ocurrir si su culo… Pero, riendo con ese particular tono de ratica, Taylor, el más joven, le lleva la botella a los labios, aprovechando que los tiene separados, obligándole a tomar un largo trago del cálido whisky de Kentucky. Bebe, cerrando los labios sobre ese pico, tres pares de ojos mirando el gesto con más calenturas aún.

   -Very hard… tenerlo duro… -gruñe White, como si conversara del clima, aunque el tono era bajo.

   -¿Lo ejercitas? –le pregunta Taylor, mirándole, como si tal cosa mientras rueda la mano sobre la lisa piel de un glúteo, bajando, cepillando las bolas del muchacho con la punta de sus dedos sobre la tanga, estremeciéndole, un poco por debajo de otra mano que le recorre la raja de arriba abajo.

   -Yo… yo… -se ahoga de calor, por el licor, por sentirse aprisionado entre esos tíos grandes, por esas manos que, una le clava los dedos, otra le frota de manera circular sobre la medio cubierta entrada de su culo, la tercera le atrapa las bolas sobre el hilo dental, masajeándoselas.

   -Nice thong… -le gruñe Smith, casi al rostro, mirándole intenso, recorriéndole la baja espalda, sobre la tira de la prenda.- Tu… tu…hilou… -le aclara.

   -Yeah, nice… -ruge White, metiendo el dedo bajo la tira que desciende, recorriéndole sobre la raja con el dorso del dedo semi flexionado, rozándole la lisa y cálida piel.

   -Yo… si, eh… mi novia me la regaló… -grazna el muchacho, rojo de vergüenza, pero también… Dios, ¡su culo estaba caliente! Lo sentía despertar, humedecerse. Latir. Emocionarse. Vivir.

   -¿Girlfriend? Si, sure… -se medio burla White.

   Cuando va a responderle, airadamente, mirándole sobre un hombro, encontrándole ancho y musculoso bajo la banca camiseta al despojarse de la camisa del uniforme, los ojos del muchacho caen en una mole que se levanta bajo el pantalón del marine, alzándolo de manera tajante.

   Y bajo el dorso de ese dedo negro, lo sabe muy bien, le late violentamente el culo, le titila y se le abre, sin disimulos, hambriento…

CONTINÚA … 70

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

SIGUE EL DILEMA… 13

mayo 31, 2017

SIGUE EL DILEMA                         … 12

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

   -Vamos, sabes que lo quieres todo…

……

   “Hey, chicos, ¿no quieren venir a la fiesta y gozar del coño de este viejo puto? Está muy caliente y lo necesita, no le dirá que no a ninguno”. Y aparece la dirección del complejo de piscinas. Como para que no quedaran dudas en la mente del muchacho.

   Y el video comienza de nuevo.

   Arrojando el móvil sobre la cama, rebotando este y cayendo, Daniel tiene que correr y salir de su dormitorio al cuarto de baño al final del pasillo, luchando contra las nauseas, vomitando al entrar y arrojarse de rodillas al lado del retrete. Cierra los ojos y casi se ahoga con el buche caliente y horriblemente amargo que llena su boca. Lo escupe y lágrimas escapan de sus ojos, salobres, que no sabe si son por el esfuerzo o por todo lo visto… Cierra los ojos otra vez, más lagrimas chorreando por su cara, un nuevo buche de vomito le llena y…

   Dios, ¿qué ha pasado? Con el estómago vacio, y aún así sintiendo arcadas, cae de culo sobre la alfombra mullida, chocando la espalda de las frías baldosas, sintiendo un leve alivio que no tiene ninguna razón aparente. ¿Qué le había hecho ese hombre a su padre? Tiembla y quiere gritar, la piel erizada totalmente. La ira, una terrible y homicida, era superada únicamente por una frustración y tristeza abrumadora; Franco le había hecho a su padre lo mismo que le hizo a él, lo sometió, de alguna manera, quebrándolo. Tomando su hombría, la de su padre, un hombre bueno y decente. ¡Su padre, su héroe, su ejemplo!

   Tiene que luchar contra los sollozos; ¡sí su madre supiera el por qué del alejamiento de su papá! La sola idea, que la mujer lo supiera, encarar a su progenitor dejando todo al descubierto, le produce tal dolor en el pecho que teme va morir. Pero, ¿cómo…? El entendimiento llega de la mano de una culpa aterradora, claro, fue cuando Franco fingió sorprenderle ebrio, amenazando con sacarle del equipo antes del viaje a las olimpiadas. Su padre había ido a hablar con él, a interceder y… Tiembla, los labios le tiemblan cuando lleva las manos, inseguras a sus ojos, presionándolos. Le había chantajeado, como hizo con él. Y su padre había cedido para que no perdiera su lugar en la competencia. Esa medalla de oro les había salido infinitamente cara.

   Franco le rompió, lo grabó y ahora lo usaba nuevamente. Contra él. Sabía exactamente lo que el otro tramaba. La amenaza no había podido ser más clara, más directa. Deberían encontrarse, hablar. Le encararía, pero sabe cómo terminará todo, como bien lo había planeado ese monstruo. Lleno de autocompasión, y de rabia, se deja caer de lado sobre la alfombra que pica contra su piel, rodeando las rodillas con sus brazos. ¡Estaba atrapado! Su padre, ese tonto… Pero no, no puede tomar ese camino, culparle. Ambos chicos Sáldivar habían tenido la infinita mala suerte de encontrarse con ese sujeto en un recodo del camino de sus vidas. Y ahora les tenía a los dos.

   Debe reincorporarse rápidamente, casi cayendo dentro de la ya apestosa boca del inodoro, lanzando lo poco que tiene, una hiel amarga que sabía a derrota.

……

   En verdad no era aquello lo que buscaba cuando citó a Luis, se dice Franco, sonriendo de manera soez, respiración pesada, viendo al hombre arrodillado en su sofá, el culo echado hacia atrás, jugando con este, metiéndose dedos. Quería el video para enviárselo a la mierdita del hijo, para que este viera que tenía al viejo puto de su padre donde lo quería, y que todos sabrían que estaba allí a menos que se sometiera. Sonríe aún más, acercándose al sofá. Para esos instantes ya Daniel debía haber recibido el video, y entendería. Y le buscaría. Oh, sí, le enfrentaría, gritaría, diría alguna tontería, pero iría a “arreglarlo”, y sólo habría una manera para ello. Y le iba a costar, y doler, contentarle esta vez. No le sería fácil después de retarle y gritarle las cosas que le gritó. Oh, sí, irían esas dos semanas a Los Ángeles y sería su puta cada noche, cada mañana, le cogería de tantas maneras y tanto que no podría ni caminar. La mano, esa misma que extiende para tocar las nalgas de Luis, su antiguo rival deportivo, se la metería por el culo, tan sólo para que fuera aprendiendo.

   No, no pensaba coger a Luis así, drogado, inconsciente de lo que le ocurre, respondiendo al estimulo de los alucinógenos, le gustaba cuando los tipos sabían lo que les ocurría y sus mentes y cuerpos se resistían, pero al pensar en todo lo que le haría a Daniel, y verle allí, jugando con su culo metiéndose dedos, no puede evitar aprovecharse del momento.

   -Eres tan puta. –le gruñe. Sonriendo al escuchar la respuesta.

   -Soy tan puta.

   -Esto es lo que te gusta, y lo vas a gozar, puta. Tu coño lo va a disfrutar, recuérdalo. –le dice. U ordena.

   Dejándose caer de rodillas, aparta la mano de Luis, sonriendo con morbo y placer, el que viene de saber que puede hacerle eso a ese hombre tan macho unos días antes. Uno al que había destrozado, de tantas maneras. Tocar las nalgas lisas, mirar el enrojecido y lampiño ojete expuesto, leer el tatuaje le hace inmensamente feliz. Pega nariz, labios y mejillas de esa raja, de ese culo, sabiendo que le pincha con la barba. Había algo en el agujero de un hombre al que se coge que tenía un sabor… Reparte besos chupados y ruidosos alrededor de ese hueco, da mordisquitos a la piel mientras nalguea un poco alrededor. Empuja la cálida, reptante y mojada lengua contra el tembloroso orificio.

   ¿Era por la droga sugestiva, las órdenes o algo más?, no se sabe, pero Luis se estremece, arquea la espalda, lleva ese trasero de adelante atrás, refregándolo de la cara que le raspa con la barba, mientras gimotea, su agujero abriéndose más a aquella boca. Sus hombros enrojecen y se tensan cuando lo siente en esos momentos de inconsciencia sexual, el cálido aliento bañándole, la lengua húmeda tocando y lamiendo los labios de su “coño”. Grita, se revuelve y lloriquea bajo la acción de la experta lengua del hombre, de ese depredador sexual que sabía utilizar muy bien sus recursos, logrando a lo largo de los años tomar lo que ha querido de tíos y muchachos que en su momento se cruzaron en su camino, retándole. Le lamía y le perforaba el agujero con vicio e intensidad, de manera escandalosa, la espesa saliva chorreando bolas abajo. Aferrando el respaldo del mueble con fuerza, Luis, en una nube extraña de sensaciones, no entendiendo por qué le gusta tanto eso, por qué disfruta lo que le hace Franco a su “coño”, relaja su esfínter. Y se tensa y grita cuando la lengua entra, penetrándole, cogiéndole. Este latiendo de ganas… por más.

   Y Franco lo nota, sonriendo mientras le mete la lengua y le nalguea suavemente. Retira el rostro, el bigote brillante de saliva, y sigue azotando esos enrojecidos glúteos, viéndole estremecerse, tensarlos, oyéndole jadear.

   -Estás tan caliente, puta. –le dice, sonriendo con morbosidad, mirando el lampiño y arrugado capullo brillante de saliva, estimulado. Un coño masculino húmedo y brillante de saliva, el lubricante natural para las perras.

   Sin detenerse a pensarlo mucho, apunta con el dedo índice y lentamente se lo entierra, disfrutando de ver como los pliegues del culo de ese otro hombre van cediendo, entrando, dejándole penetrar. Le ve arquear la espalda y le oye gemir más, maravillado. ¡Había entrado tan fácilmente! ¿Lo habría imaginado alguna vez ese hijo de puta, que un día otro carajo le metería un dedo por el culo y que eso le haría gemir? No, seguro que no. Ríe, mientras mete y saca su dedo, arqueando la punta un tanto hacia abajo, buscándole y encontrándole, después de unos segundos, la próstata, siendo recompensado por los gemidos intensificados de la puta. ¿No sería maravilloso que Daniel llegara en esos momentos y le escuchara y le viera así?

   Cogiéndole ahora con dos dedos, se imagina al muchacho llegando, encontrándoles así, él diciéndole que tenían que calmar a la vieja puta, Daniel sacándose la verga, apoyando la lisa cabeza de ese capullo y empujando, metiéndole los labios de la vagina” a su viejo, gritando mientras se la va clavando y Luis se la apretaba y halaba con sus entrañas, como hacía con sus dedos. El joven metiéndosela toda, gritándole tómala puta, tómala toda, viejo marica, comenzando un enérgico saca y mete. Él mirándoles, sus juguetes sexuales, sus esclavos, llegando tras el chico y enculándole a su vez, todos en el trencito de amor, recorriendo con las manos el joven y maravilloso cuerpo del muchacho, apretando sus tetillas, mientras le saca y mete el tolete de lo más profundo de las entrañas, al tiemplo que este, mientras gime, sigue cogiendo a Luis. Un chico penetrando con ganas y morbo el culo de su padre lloroso.

   La sola idea le hace babear la verga con ganas. Si, quiere degradarles, humillarles. Enviciarles. Quiere a Luis, no bajo los efectos de un fármaco sino de su control de macho alfa, llegando a un oscuro y maloliente baño de hombres, ofreciéndoles mamadas, rogando por esperma, cayendo de rodillas frente a los que entraran, quienes clavarían sus vergas en esa boca golosa mientras le insultan. Sabiendo que tiene que tomarlas, mamarlas todas porque su amo se lo ordena, como entrenamiento y para su propio placer, comprobando que su esclavo sabía obedecer. Vergas y vergas palmeándole la cara, arrodillado, vestido de ejecutivo, hilos espesos de esperma chorreándole el cabello, frente, nariz, labios, mejillas, mientras traga litros de leche caliente, y litros de orina amarillenta y olorosa, meados que le lavarían el semen del rostro. Todos deseando usarle, degradarle, castigarle con sus vergas por marica.

   El tolete le tiembla con fuerza, casi corriéndose ya, notando el tensar de esas nalgas, el incremento de los gemidos de Luis, donde había también una nota de molestia sexual, mientras forza tres largos, velludos y gruesos dedos dentro de ese orificio ahora ovalado, al tiempo que los agita dentro de su culo, metiéndole los pliegues cuando se los clava, halándoselos cuando los retira. ¡Y era tan caliente hacerle eso a otro hombre!, reconoce con morbo. Sonriendo cruel imaginando a Luis, nuevamente vestido de ejecutivo, en otro sórdido baño, uno donde ya saben que iría y le esperan diez o doce carajo, pero esta vez, de rodillas, está al lado de Daniel, su muchacho, en un jeans, sus zapatos tenis y la chamarra escolar. Ambos tragando vergas, chupando de una a otra, las risas e insultos humillantes llenando el ambiente. La pareja mamando todas las que pueden, con entrega y hambre de vicio, sus rostros bañados de esperma. Padre e hijo, perdiendo el sentido, se darían sucios besos chupados, intercambiando azotes de lenguas y salivas, cada uno degustando el semen de esos sujetos en la otra boca.

   La imagen le enloquece, “ver” a padre e hijos cayendo al piso de ese baño en un sucio beso de esperma, todos riendo, apuntando con sus aún  tiesos toletes, meando sobre la pareja, que gemiría suciamente y continuarían besándose. La imagen es tal que se pone de pie, flexionando las rodillas, y lleva la punta de su erecta y pulsante tranca, que gotea espesamente, hacia ese coño suave y brillante de saliva. Contiene un jadeo, como siempre, en ese momento mágico cuando el glande hace contracto con el cerrado capullo de otro sujeto, compartiendo el calor, luego empujando, abriéndole; y de golpe, porque así de desgraciado es, se la clava toda, haciendo gritar levemente a Luis, de sorpresa a pesar de las drogas alucinógenas. Y metérsela, pegarle los pelos de las nalgas, sintiéndose apretado y halado, provocó en Franco un rugido terrible de placer.

   -Tómala, puta, es tuya; ordéñamela con tu coño. –le ruge atrapándole los hombros con las manos, retirándosela centímetro a centímetro, la gruesa barra nervuda halando los labios de aquel culo.

   Y vuelve a clavársela con dureza. La saca lento, gozando haladas y apretadas, se la mete de golpe, para hacerle consiente de la cogida (y molestarle un tanto, era un sádico). Lo encula con fuerza y rapidez, las palmadas de la pelvis contra la nalgas llenan la sala, así como lo gruñidos del hombre y los jadeos de su víctima. Lo coge sin detenerse, sonriendo con una mueca, cerrando los ojos, echando el rostro hacia atrás, la boca abierta mientras medio ladea la cintura, cogiéndole a derecha e izquierda, arriba y abajo, dándole en la próstata ahora que ese agujero se abre, lo acepta y le ordeña. Soñando en que hace eso, ahí mismo, que lo coge, Luis totalmente consciente de que lo hace, que está en cuatro patas sobre su alfombra, hombros y nuca un tanto bajos, un collar alrededor de su cuello, su espalda arqueada, sus nalgas más arriba, abiertas, su culo siendo macheteado una y otra vez mientras le ruge que es una vieja puta de coño caliente, que siempre fue eso, que el hijo que tuvo lo cagó por el culo cuando lo preñaron. Y mientras lo penetra, duro, haciéndole gemir, alza la vista y le sonríe a Daniel, quien desnudo, usando un collar alrededor de su cuello parecido al de su padre, se masturba fascinando viendo la dura cogida que le daban a su progenitor, una que le tenía delirando de placer.

   Mientras le coge, tenso de lujuria, Franco abre los ojos, sonriendo, imaginando cómo dejaría ese culo lleno de leche, retirando la verga, quedando abierto, enrojecido, hinchado, manando semen, uno que, dejando de masturbase, casi saltando de su silla y cayendo de rodillas tras ese agujero, Daniel se apresuraría a tomarlo con la lengua, lamiéndolo, metiendo la punta y recogiéndolo del culo de su papá, y tragándolo. Un joven y guapo chico saboreando y devorando el semen que otro hombre ha depositado en el culo de su papá. Oh, sí, a eso les reduciría, los cercaría, los dejaría sin opciones, y depravación tras depravación irán rodando hacia su final, servirle sexualmente, no deteniéndose ante nada. Y lo primero pasaba porque Daniel supiera de su padre. Joder, ojala estuviera allí, viendo como lo cogía…

……

   -¿A dónde vas, cariño?

   La pregunta le detiene, tenso, vistiendo un bermudas a media pierna, sus zapatos deportivos y una franela larga y holgada.

   -Tengo que ver a alguien… -le responde Daniel a su madre, casi entre dientes. Y sale. Decidido a confrontar al entrenador.

CONTINÚA…

Julio César.

SISSYBOY… 10

mayo 31, 2017

SISSYBOY                         … 9

Titulo: Todd’s Bitch

Autor: Victoria <missvictoria6969@yahoo.com>

Traducción: K

   Dulce sissyboy…

……

   -Deja de molestar que estoy cocinando. –con el rostro rojo de vergüenza, el rubio aparta la mirada, mortificándole más escuchar la risa del amigo.

   Y era un gran amigo, lo demostró en la escuela, protegiéndole, como hizo del gilipollas de Brett y sus amigos, todos del equipo de futbol, el grupito de los atletas populares que gobernaban el instituto. A Brett le gustaba burlarse de su pecho delgado, aunque de tetillas un tanto desarrolladas. Eso le acomplejó por un tiempo hasta que Todd le asegurara que no era nada extraño, o malo. Cuando Brett comenzó a insultarle por su pequeño pene, el adolecente negro le retó a pelear, haciéndole retroceder. Desde ese momento amó al chico que le hacía sentir seguro.

   -Joder, perra, fíjate en lo que haces. Ese tocino está humeando otra vez. No quiero ni imaginar qué hiciste con los huevos. ¿Y dónde está mi café? Dámelo, sabes cómo me gusta.

   Suspirando, Brian llena una taza, añadiendo un poco de crema y una cucharita de edulcorante. Al volverse para dárselo, traga en seco. Allí estaba Todd, todo pancho, sentado a la pequeña mesa de cuatro sillas, completamente desnudo (¿no le molestaría en el trasero?), con las piernas muy abiertas. El largo pene se agitaba entre sus pelos gruesos y las bolas que colgaban, como llamándole. Y los ojos del rubio caen sobre él. Casi derrama el café, haciendo reír al otro, que comprende el poder que tenía sobre su amigo más pequeño.

   -Aquí tienes. -con pasos tensos se acercó, dejando la taza sobre la mesa. Aprovechando el momento, Todd levanta una de sus manos grandes y le acaricia una nalga sobre el bikini azul marino de su hermana, clavándole los dedos justo sobre la entrada del culo, casi metiéndole uno de ellos y la suave tela de la pantaleta.- ¡Todd! –jadeó sorprendido, pegando un bote.

   -Vuelve a tu trabajo, perra. –le respondió este, sonriendo, dándole una buena nalgada.- Después alimentaremos tu conejito. –y comenzó a beber de su café, ignorándole.

   Confuso, Brian regresó junto a la estufa. ¿Alimentarle el conejito?, ¿qué quiso decir con eso? Enrojeciendo, la garganta seca, imagina varios escenarios. Por otro lado, ¿hasta cuándo continuaría eso de “perra”? No le agradaba, aunque era difícil mantener un punto de honor mientras estaba usando una pantaleta de Mía, le preparaba el desayuno como si… como si fuera su novia y aún sentía sobre la lengua el extraño sabor de su semen. Pero tenía que saber, así que mientras llena los platos, carraspea.

   -Todd, yo… quisiera saber qué pasó anoche. En serio.

   -Termina de preparar el desayuno, ¡y date prisa, perra! –le silencia con brusquedad.

   Bajando los hombros, el joven termina, ceñudo. Todo estaba listo y se veía, y olía, muy bien; huevos, tocino, pan tostado y algo de mermelada que encontró en la nevera. Cuando se lo sirve, el joven negro sonríe.

   -Se ve bien, perra; te has ganado el derecho a comer conmigo a la mesa. –le concede con una sonrisa de suficiencia, provocándole un parpadeo de confusión.

   Sin responder, Brian va por su plato, y se sentaron allí, a desayunar; uno desnudo, con la verga erecta, el chico rubio todo flácido, su diminuto pene encogido dentro de la pantaleta de Mía. Todd había devorado, con apetito, la mitad del plato cuando comenzó a hablar, cerrándole la garganta a Brian, de puros nervios.

   -¿Recuerdas que te dije que estabas bailando, buscando excitarme con tu enorme trasero blanco? Reías y actuabas como una chica sexy deseando a su hombre; te veía y no podía creerlo. No eras tímido, ni pacato, buscabas calentarme la bragueta, y lo lograste. Ufff, todo fue de lo más caliente. Lo hiciste muy bien, ¿sabes? –calla y le mira con intensión, serio, expectante. Y Brian se confunde más.

   -Si… -es todo lo que se le ocurre decir. Inquietándose al notar la mirada dura del otro.

   -¿Si, qué?

   -¿Hummm?

   -Pregunté ¿si, qué? ¿Si, qué, SISSY? –le grita demandante y Brian se atraganta.

   -¿Si… señor? –jadea, parpadeando aún más al verle relajarse y sonreír leve.

   -Eso está mejor, Brianna. No lo olvides. Así que estabas muy drogada, y riendo, corriste a la habitación de Mía y volviste usando un labial color rosa, ¿lo recuerdas?

   -Yo… Creo que sí, que recuerdo un poco… señor. –dice mirando su plato para escapar del gesto duro que había reaparecido en el rostro de su amigo; levantando los ojos, se ve confuso y suplicante.- Todd, ¿cuándo tiempo tengo que decirte “señor”?

   -Siempre, perra. –las palabras del otro le llegan como un baldazo de agua fría, porque lo decía con certidumbre, como si tratara de explicarle algo que era evidente.- No eres un hombre como yo, Brianna, eres un mariquita, un sissyboy; no tienes pene sino clítoris, en lugar de culo tienes un coño mojado y caliente. Ese es tu lugar, y estas allí para darle placer a chicos como yo; y eso debes recordarlo siempre. –se tiende sobre la mesa y termina, con dureza.- ¡Y cállate mientras tu hombre esté hablándote!

CONTINÚA … 11

Julio César (no es mía).

NOTA: El portal asegura que el chicuelo tiene más de dieciocho, ¿okay?

EL PEPAZO… 68

mayo 29, 2017

EL PEPAZO                         … 67

De K.

   Listo para enfrentar a cuántos sean…

……

   -¿Temer no aguantar? –cuestiona el negro, fingiendo sorpresa.- Ser delicados ustedes. –sonríe bebiendo, mirándole fijamente, los otros riendo. Jacinto entendiéndolo perfectamente, picándose.

   -Dame eso. –casi la arrebata la botella, probándola y arrugando la cara, aquello parecía alcohol puro con cierto saborizante y aromatizante, y no de los mejores. Se contiene para no toser.

   -Good, good… -Taylor, el más joven, le palmea la espalda, mitad ayudándole, mitad felicitándole por osado, arrebatándole la botella y comenzando otra ronda.

   Ahora Jacinto sólo lo piensa un segundo y bebe. Nada iba a pasar en esa tonta reunión, y Bravo, su compañero, cubriría cualquier contingencia (la señora dando traspiés, ebria), especialmente si le explicaba que defendía el honor de borrachos de los venezolanos. No iban a venir unos gringos  a creer que podían tomar más que ellos. Aunque era un licor fuerte, reconoce, lamiéndose los labios, sintiendo el calorcito extendiéndose en su panza, uno distinto al sufrido antes.

   Como suele ocurrir, el compartir tragos relaja el ambiente, y el forzudo joven se siente menos tenso entre los marines, que inician relatos sobre licores y celebres borracheras, entre carcajadas. Jacinto, dos tragos más tarde, demasiado rápido para su sistema (sobre todo con esa gasolina que los otros llamaban dulce licor de Kentucky), comparte también sus experiencias. Con cierta sonrisa tonta piensa que, bajo las capas, todos son más o menos lo mismo en todas partes. Pasan a hablar de algunas misiones, allí no puede competir; como escolta privado, no puede ni imaginar las experiencias que han vivido esos militares, así que oye, sonriendo en silencio. Pero, después…

   Hablan de ejercicios y rutinas, notando que esos sujetos le dedican su tiempo al cuidado de sus cuerpos, a las rutinas en gimnasios, que bien podría ser por una profesión que les obligaba a responder físicamente en cualquier momento, pero también se sentía algo de vanidad en el tono. Fue cuando los tres se volvieron a mirarle fijamente, le pareció, algo turulato por el dulce licor de Kentucky (así lo pensó), encontrando reconocimiento y admiración en esos ojos fijos sobre su cuerpo. Quieren saber qué rutinas lleva, el tipo de alimentación, si usa suplementos. Y compiten…

   White, el sujeto de color, sonriendo pomposo, flexiona un brazo, ladeando su cuerpo, el bíceps es una montaña de venosos músculos negros, cuyo globo parece que hará estallar la manga de la camisa manga cortas que lleva. Smith (tendiéndole la botella a Jacinto, sin tomar), y Taylor silban ante esa demostración física, retando al criollo. Este, después de beber, mejillas rojas, sintiéndose algo embotado y oyendo la música como a lo lejos, imita el gesto, la pose y la flexión, y aún bajo el saco, la vaina se le ve impresionante. Lo sabe, disfrutándolo, por los gestos de sorpresa de los tres, y por las miradas que cruzan entre ellos.

   -No seguro, no seguro… -gruñe Taylor, dudando de la evidencia visual, la botella en la mano, sin beber.- Suit… -se atraganta con el idioma.- Traje fuera…

   Picado, y obviamente medio inconsciente de lo que hace, un ceñudo aunque arrogante Jacinto abre el saco y con toda la dificultad del mundo lo retira de ese cuerpo que parecía ir creciéndole día a día, endureciendo, marcándosele. Bajo la tela de la camisa, músculos poderosos se agitan y reconoce la real admiración de los sujetos, gustándole eso. Flexiona un brazo, mirándose el bíceps, sintiendo la gran tensión de la tela sobre su cuerpo, así como el pantalón; sonríe leve, seguro como está que demostró tener mejor bíceps que el marine negro. Ignorando que sí, que aunque le miran el brazo, son los pectorales de graníticas tetillas que empujan la tela, los muslos donde la tela gris parece una segunda piel, y el trasero, redondo, alzado, donde caen esas miradas codiciosas de sujetos que cazan en manada, algo que siempre excita a los hombres.

   -Cuidado, shirt… camisa. –advierte White, después de una leve indicación de Smith, quien recorre los iluminados jardines, solitarios. Seguramente ya había comenzado la charla literaria y todos estarían escuchando, fascinados unos, fingiéndolo otros. El marine entiende, y desabotona la blanca camisa, quedándose con una camisetica que parecía imposible que hubiera logrado abrirse lo suficiente para abarcar ese recio torso de anchos hombros, hay un tatuaje en uno de sus bíceps, la plateada cadena con las chapas de identificación destaca en su cuello.- Look… -reta a Jacinto, sonriendo al encontrar la mirada algo nublada del chico, quien toma otro trago (como si no notara que hace), cuando Taylor, riendo con cierto tono de ratica, le tiende la botella. Y flexiona los brazos, dándole la espalda. Esta, los hombros y bíceps abultan de manera visible, una montaña oscura de músculos destacándose mientras los dos colegas aplauden, como si pensaran que habían demostrado el punto, el marine se veía mejor.

   Todavía chasqueando en su lengua los restos del licor, picado y mareado, Jacinto desabotona su camisa, tres pares de ojos ávidos caen sobre lo que va descubriendo; quedándose con una camiseta azul que apenas le contiene, comenzando por los pectorales redondos, duros como rocas, muy bien esculpidos y que parecían esperar manos que tocaran, acariciaran y adoraran.

   -Vean y sufran, perras. –farfulla, la lengua algo enredada, dándoles las espalda, tensando los muslos bajo el pantalón, flexionando los brazos, dedos abiertos señalando hacia su nuca, la posición clásica del culturista, y es realmente un gran espectáculo, pero no tanto como cuando…

   ¡Crash!, el sonido es confuso, apagado, desconcertante por un momento, nadie sabiendo exactamente qué fue… Hasta que la costura central del pantalón de Jacinto se separa, prácticamente de arriba abajo empujada por las nalgas. Y mientras el forzudo joven enrojece a morir, entendiendo qué pasó, tres pares de ojos, sorprendidos y ávidos, se clavan como dardos en esa tela que se separa dejando ver unas nalgas redondas, plenas, lisas, extrañamente abiertas… y un pequeño y sedoso triangulo de tela, un hilo dental, que naciendo un poco más arriba se pierde entre ellas, apenas cubriendo el ojete de labios firmes de ese apetitoso culo masculino.

CONTINÚA … 69

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

SISSYBOY… 9

mayo 27, 2017

SISSYBOY                         … 8

Titulo: Todd’s Bitch

Autor: Victoria <missvictoria6969@yahoo.com>

Traducción: K

   Dulce sissyboy…

……

   Sin poder creer realmente que lo está haciendo, un desnudo Brian entra en el curto de Mía, ese mismo al cual les había advertido la chica que se mantuvieran alejados. Todd se lo ordenó, específicamente que buscara un nuevo par de pantaletas, de las sexy, y se las pusiera antes de pasar a la cocina y prepara café y el desayuno para los dos. Cuando intentó recordarle lo dicho por Mía, lo único que consiguió fue:

   -¡Cierra la boca y hazlo! –categórico, con un tono nuevo de control.

   Eso bastó para que se movilizara y obedeciera, preguntándose qué estaría pensando el otro chico. Dijo que tenía grandes planes para él, por lo que se cuestiona, ¿a qué se refería, específicamente con eso? Y qué implicaba eso de “ser su perra”. Realmente no le importaba preparar el desayuno, después de todo habían sido amigos durante cierto tiempo, y cada vez que se quedaba, hacía esas cosas para él. Pero esta vez había sido terminante, mirándole a los ojos le “ordenó” que lo hiciera, y él había salido a obedecerle sin dudarlo más. Justo como cuando chupó su verga y se tragó su semen fresco y caliente. Enrojeciendo de cara y pecho, el joven todavía no puede creer que lo hizo, que se sometió así a su amigo, dejando de pensar, de temer, simplemente obedeciéndole. Y, este, todavía no le contaba exactamente qué había ocurrido la noche anterior… Pero está bastante seguro de que su culo fue bien jodido.

   Se le hizo extraño entrar al cuarto de Mía, ya que contrario a las burlas de los hermanos, nunca lo había hecho, y rebuscar en su cómoda, abriendo la gaveta de sus pantaletas. Estas eran un gran lío de suaves prendas enrolladas y arrojadas de cualquier manera. Y parpadea, mirándolas, las había de todos los tipos y colores. Era… abrumador. ¿Cuál debería tomar? Rebuscando, con intensión, pensó en elegir las que le hicieran verse menos ridículo… y marica, pero, obviamente, a Todd le gustaban las pequeñas y atrevidas… Y el rubio y flaco chico debió reconocer, muy para sus adentros, que él también. Su diminuto pene ya estaba medio duro al alzar un bikini azul marino, algo grande atrás para cubrir sensualmente las nalgas; y al entrar en ella ya estaba totalmente erecto, abultando levemente la prenda, la cual sentía… deliciosamente apretada y muy sedosa. Traga en seco y jadea, sintiéndose caliente, tocándose sobre la maravillosa tela de aquella pantaletica de chicas.

   -Brianna… ¡no huelo el café! –oye un rugido a la distancia y casi pega un bote, despertando de la ensoñación que le producía sentirse atrapado dentro de la delicada y sensual prenda.

   Apresurándose se desplaza a la cocina, consiente del agarre de la pantaleta de Mía, y comienza a preparar el café, freír huevos y tostar pan; encontrando un poco de tocino en la nevera, monta un nuevo sartén. Escucha detrás de sí un ruido, el olor de Todd le llega, a jabón y agua, debió tomar una ducha, pero aún así olía a él. Fuerte. El adolecente negro llega tras él, le rodea la cintura con los brazos y lo estrella contra su cuerpo algo frío por la ducha, empujando la pelvis contra su trasero. Estaba desnudo y medio empalmado. Brian lo sintió perfectamente contra su cuerpo.

   -Hey, deja de joder, estoy preparando el desayuno.

   -No puedo evitarlo, Brianna, este culo… -y frota con fuerza la pelvis de su trasero, la verga creciéndole aún más.- …Está demasiado caliente como para ignorarlo. Lo veo y me pone mal. –le gruñe casi al oído, notando que el chico rubio se estremece como el marica que es.- ¿Sientes cómo se para, se pone dura y caliente mi barra contra tu rico coño, perra?

   -Déjalo ya, Todd. Mi nombre es Brian, no Brianna, ni perra, ¿recuerdas? ¡Ay! –tomado por sorpresa pega un bote. El joven negro se había echado hacia atrás y le dio una fuerte nalgada.

   -Nunca me digas qué hacer o decir, ¿okay, Brianna? Cuando el hombre habla, así es, ¿entiendes?

   -Lo que sea. –gruñe algo cabreado el joven, pero sometiéndose. Lo que calma al otro.

   Abandonando el tema por el momento, Todd da unos pasos atrás, permitiéndole seguir con lo del desayuno. Dejando caer cuatro rodajas de tocino en la sartén, estas comienzan a chirporrear pronto, es cuando el rubio nalgón se permite lanzarle una ojeada al joven negro, quien de pie, recostando un hombro de la nevera, brazos cruzados sobre el pecho, le observa, sonriendo como sabiendo que miraría. La boca se le seca a Brian mirando la longitud y firmeza de la enorme pieza de color, alzada. Sorprendiéndose todavía, y asustándose un poco. Joder, era grande, mucho más grande que la de los muchachos blancos que había visto, de tarde en tarde, en los vestuarios de la escuela. A veces alguno se tardaba en cambiarse, o en ir a las duchas, y les había lanzado una mirada, más curiosa que otra cosa, comparándose en secreto con ellos. Nada extraño, ¿cierto?, un chico comprobando su equipo cotejándolo con el de otros. Pero todos eran más grandes que el suyo, y todos ellos eran más velludos y desarrollados.

   Eso fue lo que le acercó a Todd en primer lugar, la manera en la cual este daba la cara por el rubio bajito, delgado, lampiño y de poca verga, detalles que le hicieron objeto de burlas de esos chicos crueles, hasta la llegada de su amigo negro. Hubo uno especialmente cruel, el capitán del equipo de futbol, Brett… El horrible Brett…

   -Hey, cuidado con la flama. –le advierte Todd, regresándole a la realidad.- Si quemas el tocino, lo único que tragarás será este jamón, aunque creo que esto te gustaría más, ¿eh? –burlón señala su verga, esa que Brian no podía dejar de mirar.- ¿Otra mamada, esta rapidita, para despertarte del todo, Brianna? Sé que eres una putica caliente; si la quieres…

CONTINÚA … 10

Julio César (no es mía).

NOTA: El portal asegura que el chicuelo tiene más de dieciocho, ¿okay?

DE HOMÓFOBO A PUTO… 11

mayo 23, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 10

Por Sergio.

– Creo que me expresé mal. Lo que quise decir es que no sé qué te pasa, pero te escucho muy alterado. – improvisa Claudio.

– Perdóname por cómo te hablé… ¡es que si supieras!

– ¿Y por qué no me cuentas?

– Tú me dijiste una vez que podía contar contigo. ¿De verdad puedo confiar en ti?

– Claro, Rodrigo, tú sabes que sí.

– Bueno, te contaré, pero en persona… ¡Pero necesito que me hagas un favor!

– Dime y yo me encargo.

– Necesito que mi mamá y mi hermano no estén aquí.

– ¿Quieres que salgamos todos de paseo?

– No, necesito que ellos se vayan y que tú vengas a verme mientras ellos no están.

– ¿Cómo así? No termino de entender.

– Es que… lo que te voy a pedir es muy, muy delicado y necesito que ellos no estén… Es absolutamente indispensable que vengas cuando ellos no estén en casa.

– Bueno, me encargaré de eso y te confirmo.

– Gracias, Claudio – se despide tímidamente.

El tono inseguro en la voz de Rodrigo casi conmueve a Claudio al percibirlo como un niño indefenso al que debe proteger; y no, como al fuerte y valiente hombre joven que muy bien ha conocido. Una cosa es segura: en ambas facetas le gusta. No está seguro de qué será lo que Rodrigo le pedirá, pero tiene una fuerte erección al pensar en que ésta será una buena oportunidad para “estrechar lazos”.

Rodrigo intenta sin éxito extraer el tampón, pero su ano le arde aún más al simplemente tocarlo. Así que deja de tratar y, en su lugar, busca una camisa roja para limpiar la sangre y ponérsela sobre las nalgas para evitar seguir manchando su cama. Mientras tanto, piensa los pro y contra de explicarle la situación real a Claudio, quien está llamando a su madre en ese momento.

– ¡Hola, mi amor! – contesta Lucía.

– ¡Hola, linda! ¿Tienes algún plan para hoy?

– No, ninguno… ¿me vas a compensar tu ausencia del fin de semana? – pregunta de forma coqueta.

– Sí, la verdad me gustaría que fuéramos al cine todos juntos, como familia.

– ¿Tú dices que lleve a los niños? – pregunta extrañada.

– Así es, mujer. Nunca hemos salido con ellos y creo que sería bueno para mí mantener más relación con ellos.

– Habrá que ver si quieren. A los jóvenes sólo les gusta salir con jóvenes…

– Bueno, tú pregúntales y me avisas. ¿Te parece? – pregunta esperando que Roberto acepte la invitación.

– ¿Y tú pasarías a recogernos a casa como siempre?

– Me encantaría, pero tengo que atender un problema aquí en la clínica y la película que querías ver empieza en una hora. Creo que sería mejor si nos vemos allá y, de regreso, yo los llevo a casa… y tal vez me quedo. Jejeje   

– Ya me convenciste. Jejejeje

– ¿Entonces me llamas cuando estés en el cine?

– Sí, amor, así quedamos.

– Perfecto, nos vemos allá.

– Un beso, lindo

Lucía tenía sus propias necesidades y deseos. Amaba a sus hijos, pero esta tarde no se sentía como una madre de dos adultos jóvenes, sino como una mujer que seguía muy atractiva a pesar de sus ya cuarenta y cinco años, a pesar de la pobreza y de los problemas. Ella apreciaba que Claudio quisiera acercarse a sus hijos porque le parecía un indicador de que él está tácitamente comprometido a largo plazo con ella, aunque ahora que ambos lo habían aceptado, no sentía la urgencia de que ellos adoptaran a Claudio como nuevo padre.

Más que una salida en familia, Lucía quería una cita de enamorados como Dios manda: romance, pasión, sexo y besos. Así que, mientras maquillaba su lindo rostro, pensaba sobre si debería llevar a sus hijos a su cita con su Claudio o decirle falsamente a éste que ellos no quisieron asistir. Una vez vestida para la ocasión, empezó a sentirse un poco mal de tener que mentir, especialmente teniendo Claudio tan “buenas intenciones”.

Lo que Lucía no sabía es que, para el momento en que salió bella y arreglada de su casa en dirección hacia el cine, Claudio ya había estacionado estratégicamente su automóvil en un ángulo muerto para lograr ver quién entraba o salía de la casa, pero sin ser fácilmente visto él. Observa cómo Lucía camina rápido e, inesperadamente, Roberto empieza a seguirla hasta que ambos se alejan mientras conversan. Claudio sonríe al pensar que podrá estar con Rodrigo a solas, como ambos querían, aunque por distintas razones, cada uno.

Rodrigo escucha el timbre y, como él también vio a Lucía y a Roberto irse, supone que es Claudio, así que decide no perder tiempo (y esfuerzo) poniéndose nuevamente el short que andaba si tendría que volver a quitárselo más temprano que tarde. Se queda solamente con la camisa negra puesta y la camisa roja también puesta (en sus muslos), con sus genitales sólo cubiertos por sus manos. Con dificultad, camina hacia la puerta, deteniéndose para preguntar “¿quién es?”, al carecer ésta de mirilla. Se alivia al escuchar la voz de Claudio identificándose y, tímidamente, procede a abrir la puerta.

– Hola, Rodrigo, ya hice lo que… – se queda sin palabras al notar la parcial desnudez de Rodrigo.

– ¡Entra!  – le ordena empujándolo hacia adentro de la casa.

– Bueno, tú dirás. – dice recobrando la normalidad.

– Mira, no es fácil de explicar, así que mejor te lo muestro.

– ¿Mostrarme qué?

– Esto. – dice poniéndose de espaldas.

Aunque en este punto, Claudio ya tiene claro para qué lo ha llamado Rodrigo, se pone perplejo al ver cómo Rodrigo apoya sus brazos y rodillas sobre un sofá mostrando sus nalgas en todo su esplendor y su ano atravesado por el tampón, que vibra por los movimientos de Rodrigo. Claudio tiene otra erección al volver a ver ese escultural cuerpo desnudo y “en cuatro”, sin haber sido obligado esta vez. Decide ser atrevido y, sin previo aviso, pone su mano derecha sobre la espalda baja de Rodrigo, quien se tensa al sentirla, pero no dice nada al respecto y es Claudio quien rompe el silencio.

– ¿Entonces éste era el asunto del que querías… hablar?  – le pregunta con tranquilidad profesional.

– Sí…

– Supongo que quieres que saque el tampón del culo, ¿verdad?

– Por favor… – responde con mucha vergüenza.

Claudio aprovecha la ocasión para tocar lenta y suavemente las nalgas de Rodrigo, mucho más de lo necesario. Finge que examina la situación y empieza a separar las protuberantes masas de carne, manteniéndolas firmemente así con su mano izquierda, mientras que con la derecha emplea un dispositivo médico especial para sostener el tampón y extraerlo del ano de Rodrigo fácilmente y sin dolor.

– Ya está afuera.

– ¿¡De verdad!? – pregunta incrédulo.

– Sí. – dice mientras le enseña el tampón recién extraído manchado de sangre.

– ¡Muchas gracias! – exclama aliviado.

Rodrigo intenta levantarse para abandonar la humillante posición, pero Claudio no se lo permite, sosteniéndolo firmemente. El cerebro de Claudio empieza a ser bombardeado por sinapsis que sádicamente lo invitan a ver qué tan lejos puede llevar esta situación.

– ¡Espera, jovencito!

– ¿¡Qué pasa!? – pregunta sobresaltado.

– Tu ano se ve lesionado.

– Fue por el tampón…

– ¿Podrías decirme por qué te metiste un tampón ahí en primer lugar?

– Eh… pues… yo creí… yo pensé que me ayudaría con mi tratamiento para mejorar las erecciones. – improvisa.

– ¿Entonces el tratamiento que te asigné no te funcionó? – pregunta sin dejar de acariciar con cierto disimulo sus perfectas nalgas.

– No, bueno, sí…

– ¿Sí o no? – cuestiona autoritario.

– Lo que pasa es que… logré a tener buenas erecciones, pero tenía miedo de que no duraran. – improvisa.

– ¿Y probaste alguna?

– ¿Perdón?

– Dices que temías que no duraran y tu madre me dijo que no estuviste viernes ni sábado en casa y hoy que volviste, te encuentro así.

– No entiendo tu punto. – responde al no saber qué decir.

– Supongo que fuiste a coger con alguna amiguita y ahí te diste cuenta que el tratamiento no funcionó como esperabas.

– No fui a hacer eso… – Empieza a decir, pero se corta.

– ¿De verdad? ¿Y qué fuiste a hacer entonces?

Esa pregunta impacta fuertemente a Rodrigo, quien empieza a recordar las cogidas de sus dos captores enmascarados, pero por primera vez desde que fue liberado, empieza a recordarse a sí mismo más disfrutando que sufriendo. Era la verdad que se negaba a interiorizar: a pesar de lo no consentido de la situación, Rodrigo sí había disfrutado al menos parcialmente cada cogida y lo sabía muy bien. Ahora, tal vez gracias a las siete reparadoras horas de descanso, era capaz de ver las cosas desde otra perspectiva: el novio de su madre está tocando y separando sus nalgas desde hace minutos, pero en lugar de continuar sintiéndose tan avergonzado, ¡se sentía cada vez más excitado!

– RODRIGO. – La voz de Claudio lo devuelve a la realidad.

– ¡Perdón! Estaba pensando en otra cosa.

– ¿Y en qué pensabas?

– Nada importante… ¿qué me estabas diciendo?

– Te preguntaba que te aplicara una crema a tu ano.

– No creo que sea buena idea.

– Como tu doctor, es mi deber insistir en que lo veo lastimado… como si el tampón que  te metiste no hubiera sido lo único que estuvo ahí.

– Está bien. Hazlo. – autoriza para prevenir las sospechas de Claudio.

Mientras Rodrigo recordaba las partes placenteras de su cautiverio, Claudio había aprovechado para poner una crema que coagula la sangre instantáneamente en la herida que Rodrigo se había hecho mientras se bañaba. Una herida en realidad pequeña, pero que le había sacado abundante sangre. Por lo demás, él sabía perfectamente que el ano de Rodrigo tendría alguna molestia por su reciente desvirgación, pero que no había nada de qué preocuparse.

Lo que Claudio estaba aplicando ahora era una crema que volvía más sensitivas las paredes anales combinada con lubricante para facilitar la penetración. Rodrigo, aún posicionado “en cuatro”, esconde su cara entre sus fuertes brazos al sentirse cada vez más y más excitado al sentir los dos dedos de Claudio explorando su orificio, en el cual, para su sorpresa, ya no sentía ninguna molestia. Claudio introduce más y más sus dedos en el agujero de Rodrigo hasta que decide introducir cuatro sin avisarle.

– Rodrigo, ¿te puedo hacer una pregunta?

– Dime. – responde casi adivinando lo que Claudio está por preguntarle.

– ¿El tampón no fue lo único en penetrar tu ano, verdad?

– ¿Acaso estás insinuando algo? – empieza a ponerse a la defensiva.

– No, no insinúo nada. Como podrás darte cuenta, mis cuatro dedos entraron como mantequilla en tu culo. Curiosamente, ésa la misma dimensión que tiene un pene de tamaño promedio en este país.

Las palabras de Claudio activan una explosión en la cabeza de Rodrigo. Sabe que Claudio sabe la parte más oscura de su secreto. Quiere gritarle que salga de su casa y amenazarlo con no volver a contactar a su familia, pero solamente es capaz de girarse y verlo a los ojos para darse cuenta que no puede hacerlo. Las palabras simplemente no logran salir de su boca y, tras el incómodo silencio, es Claudio quien retoma la conversación.

– Sólo te aconsejo que hagas lo que hagas, tengas cuidado y no lo hagas con cualquiera. Como te he dicho antes, puedes confiar en mí y puedes contar conmigo… para lo que sea.

Las palabras de Claudio activan una segunda explosión en la cabeza de Rodrigo. Sabe que Claudio sabe la parte más oscura de su secreto y que puede contar con él “para lo que sea”. La parte racional de su cerebro le dispara mil alarmas para que niegue el asunto y justifique que es un malentendido; pero la parte animal de su mente insiste en que está semidesnudo, demasiado excitado, en el sofá más cómodo de su casa, solamente en compañía del único hombre que sabe que ya ha probado la verga y que sutilmente le está ofreciendo la suya ahora mismo.

Rodrigo se acerca velozmente a Claudio y, sin intercambiar palabras, empieza a besarlo. Claudio está perplejo, pero su plan de llevar las cosas lo más lejos posible, en lugar de detenerse, solamente continúa acelerando. Ambos hombres, sin dejar de besarse, se han puesto de pie. Ahora también se acarician, recorriendo ambos con sus manos la espalda del otro; y Claudio, haciendo énfasis en el culo de Rodrigo, quien sólo se deja llevar. Claudio le quita la camisa a Rodrigo, dejándolo totalmente desnudo, procede a quitarse el pantalón y bóxer, invitando tácitamente al joven atleta a probar su verga, aunque en realidad ya la conozca.

Rodrigo está por metérsela a la boca cuando súbitamente se detiene observando la verga de Claudio. Definitivamente cree haberla visto antes, pero considerando lo todavía poco que sabe de penes en ese momento, no le da importancia y empieza a mamársela con ganas, mientras Claudio acaricia suavemente la cabeza de Rodrigo para no presionarlo.

Ambos disfrutan la mamada, pero lo realmente emocionante para ambos es la penetración. Rodrigo se levanta y vuelve a ponerse “en cuatro” en el mismo sofá mientras Claudio termina de quitarse su camisa. Se pone de rodillas frente a las redondas nalgas de Rodrigo y éste empieza a gemir ya sin inhibiciones al sentir el aliento de Claudio en esa zona. Su lengua empieza a devorar sus muslos para concentrarse finalmente en su ano.

– ¿Te gusta? – pregunta Claudio.

– ¡Sí!, ¿y a ti?

– ¡Me encanta! – dice y le da una nalgada antes de volverle a enterrar su lengua.

Claudio se pone de pie, separa las piernas de Rodrigo y las pone sobre sus hombros. Ambos intercambian una mirada, pero Claudio no desea perder más tiempo y con suavidad, pero con tan determinación, empieza a penetrar a Rodrigo, quien empieza a recobrar algo de cordura mientras siente la gruesa herramienta de Claudio entrar en él.

– ¡Espera! ¿¡Qué estamos haciendo!?

CONTINUARÁ … 12

Julio César (no es mío).

NOTA: Esto estaba programado para subir anoche, pero es que el Internet es un desastre aquí.

EL PEPAZO… 67

mayo 23, 2017

EL PEPAZO                         … 66

De K.

   Listo para enfrentar a cuántos sean…

……

   Demasiado, le parece al desconcertado joven. Nota que los otros dos, sonriendo levemente, intercambian entre ellos una mirada como felicitándose por algo y se acercan. Pasos decididos, portes erguidos. O eso le parece al joven forzudo que siente su corazón palpitante de repente, así como la boca muy seca. Toma otro buche de fría cerveza.

   -Hi. –agrega uno, el más alto de los tres, rostro curtido, negro oscuro, con pequeñas líneas alrededor de sus ojos que aclaran su edad y cierta tendencia a reír mucho. Le tiende una mano que es inmensa, de fuerte apretón mientras se presenta.- White… -y le mira a los ojos con sus pupilas marrones, los oscuros dedos cerrados sobre su mano, ¿haciéndole consciente de su fuerza y vigor de hombre grande?

   -Colmenares… -corresponde al saludo algo agitado, pensando como siempre, en estos casos, en la gran cantidad de norteamericanos de color que parecen llevar dicho apellido.

   -Hi, Taylor. –trona el otro, ancho de pecho, sonrisa jovial que le da un aire de pícaro muchacho, casi obligándole a dar la vuelta al estar en su otro costado, su apretón es igualmente fuerte.

   -Smith… -nuevamente gira, ya que a sus espaldas se presenta el primero, voz ronca y cargada de unas entonaciones que le provocan un ligero cosquilleo en la nuca y escalofríos por la columna. Se vuelve y le oprime la mano, ojos atrapados en las pupilas azuladas aguadas.

   -Un placer. –croa, tensándose al notar que el firme apretón de manos dura demasiado, de hecho sólo la tiene atrapada entre la zarpa del marine, que sigue mirándole. Tira con cierta fuerza para soltarse, captando, de reojo, la mirada evaluativa que White, el negro, a un costado, le lanza recorriéndole la espalda y el culo… sus ojos quedándose allí, entre sorprendido y agradado. Parecía gustarle mucho lo que ve. Y Jacinto, nuestro joven e intrépido héroe, machito heterosexual de sangre caliente (así se presenta), nota como la piel se le eriza toda.

   -I know… Yo… conocerte. -farfulla con dificultad el negro, White, sonriendo levemente.- De la embassy Chile… -alza una mano cuando Jacinto frunce el ceño.- Sorry, era work… trabajo.

   -Si, lo sé. –acepta, sintiéndose más acalorado por momentos, esos hombres rodeaban tres de sus costados, atentos, notando que al hablar con el negro, los otros dos intercambian una mirada y el más joven sonríe, sonríe feliz mientras asiente a una seña del sujeto que se acercó primero, Smith. Por alguna razón recordó la escena de caza de los vecilorraptores de Parque Jurásico.

   Y, cavilando sobre eso, mirando a Taylor, con su rostro aniñado y pícaro aunque grande, se pierde la mirada que Smith y White cruzan ahora, sonriéndose depredadores. Los tres han estado sirviendo en muchas partes del mundo, de las cuales no tenían libertad de hablar, haciendo muchas cosas, y en todas y cada una de esas locaciones se habían coordinado en reuniones, fiestas y burdeles, por el olfato de Smith para detectar puticas, las más calientes y atrevidas… Chicas, chicos, hasta una yegua una vez… Y ahora ese joven chico forzudo había alertado todas sus alarmas con ese cuerpo compacto, fuerte, y ese culo que casi retenía la caída del saco por detrás. Un culo del cual no pudo apartar la mirada desde que entrara con aquella señora. Por eso, con gestos, llamó a los otros dos. La noche se presentaba aburrida, otra noche de mierda, ahora…

   -¿Qué pasóu en embassy, Bob? –pregunta Smith, y el moreno, cuenta con pocas palabras lo ocurrido entre los guardaespaldas y los marines, en rápido inglés. Hay risitas y Jacinto se molesta.

   -Creo que debo… -intenta alejarse, pero el más joven le corta la retirada, sonriendo.

   -No, no… aburridos. –casi escupe las palabras, costándole el idioma.- We have… esperar. Mucho. Hablemos. Beber… whiskey… Kentucky.

   -No sé sí…

   -Yo remember… -continúa el negro, mirándole.- …Eras… acuerpado. But now… -y le recorre abiertamente con la mirada.- Cambiado. Tú big… grande.

   -Sí, yo… eh, he estado ejercitándome. –disimula el enrojecimiento.

   -Valió pena. –tercia Smith, cruzando los brazos sobre el pecho, clavándola la clara mirada bajo el quepis.- Tú very good… Tú bien.

   -¡Very, very bien! –agrega el más joven, recorriéndole también.

   -Gracias. –a Jacinto la garganta se le cierra, necesita otra cerveza y  va a tomarla. La mano de White le retiene.

   -No, no… agua floja. –explica mostrando una botella chata de amarillento brebaje que saca de alguna parte, destapándola y llenando el ambiente de un fuerte olor a aguardiente, bebiendo directamente de la botella, pasándosela al más joven, Taylor, que le imita.- Para machous…

   -No debería… Estoy trabajando y…

   -Oh, vamos… -sonríe Taylor, acercándosele un poco,  viéndose casi tan macizo como él.- Bueno licor, bueno to party… fiesta. –le monta una pesada mano en un hombro, mirándole a los ojos, con sinceridad e intensidad.- ¿No querer fiesta? ¿Con nosotros three?

   A Jacinto le cuesta articular palabras, la mirada atrapada en los ojos del chico de cejas rojizas, cara pícara, mano pesada que parecía retenerle. Presintiendo el peligro. Debía alejarse, pero ya, porque… tenía el culo ardiéndole.

CONTINÚA … 68

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.