Archive for the ‘RELATOS GAY DE MALDITOS…’ Category

EL CAMBIO… 23

octubre 17, 2017

EL CAMBIO                         … 22

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Arcilla a moldear en manos del hombre que sabe…

……

   -Descansa. Toma una ducha y aprovecha bien el tiempo en tu cama después de la cena, disfrútalo mucho. –le guiña un ojo con picardía y sale.

   Jeffrey no quiere pensar en la sensación de abatimiento que le alcanza, ¿había querido que se quedara un rato? No era eso, ¿cierto? Toma una larga ducha con agua tibia para relajar sus músculos, frotándoselos con jabón, sintiéndolo delicioso a nivel físico. Notaba sus músculos grandes, duros, sensibles. Sus tetillas se llevan  un buen rato de enjabonadas, provocando un cosquilleo automático en las pelotas. Sus genitales también, le encanta el tamaño de sus bolas, el de su pene, aunque… Si, ahora que piensa en ello, lleva rato sin tener una buena erección. Pero lo olvida cuando enjabona su trasero y vuelve a experimentar todas esas sensaciones incrementadas un mil por ciento. Le pica la entrada del agujero, le arde más adentro. La frente contra las baldosas, bajo la lluvia de agua fría ahora, las gruesas piernas separadas, se lo tantea lentamente, recordando lo que le hiciera a Larry y que este tanto disfrutara. Aunque si, ya lo sabía, él mismo lo había experimentado y…

   Se resiste a continuar por esa ruta. Aún lucha, así que lo deja de ese tamaño. Sale de la regadera, húmedo, mirándose al espejo mientras se seca. ¡Se veía genial! Sonriendo abre el botiquín médico, otro bikini lo espera allí, azul claro. Entra en él, disfrutando la presión contra su piel. Este parece de talle más bajo, la parte trasera más corta. No puede evitar sonreír vanidoso mirándose el trasero apenas cubierto. Sus nalgas eran duras masas redondas. A cualquiera le gustaría…

   Tragando en seco ante la idea vuelve a la pieza, congelándose. Sobre la mesa está la cena, con las pastillas, el coctel y un tubo de crema en ungüento. Sobre la cama… Un rojo y lustroso consolador. Era grande, mayor que su verga cuando Larry le masturbara, y más que la forma de una, parecía un tubo de goma de base gruesa que va adelgazando hacia la punta, con tres abultamientos tipo pelotas regularmente esparcidas. Esas bolas, esos globos, especialmente el último… era imposible que pasaran por un esfínter, ¿verdad?

   Por un segundo no puede procesar lo que ve. ¿Uno de esos juguetes sexuales para metérselo por el culo?, ¿una de esas vainas que usaban los maricones? ¿Quién coño…? ¡Larry O’Donnell, por supuesto! Pero, ¿por qué se lo dejaba? ¿Pensaría que…?

   -Aprovecha bien el tiempo en tu cama después de la cena, disfrútalo mucho. –con un estremecimiento poderoso, Jeffrey recuerda lo que le dijera.

   Arruga la frente joven. No, ¡no haría eso! ¡No era un maricón! Lo botaría. No, lo guardaría en una gaveta donde no ofendiera su vista y mañana se lo haría tragar al médico de pacotillas. Realmente indignado se tiende, sintiendo la presión del ajustado bikini sobre sus genitales y la curva de sus nalgas, tomándolo. Y en cuanto lo tiene en su mano se paraliza, recordando vívidamente el dedo en su culo, también los gemidos de placer de Larry cuando lo penetrara con dos de los suyos. Su culo, la entrada, sufre un violento espasmo, su interior se llena de un ardor increíble. Tiembla con el juguete sexual en la palma, mirándolo fijamente, tragando en seco. Era tan diferente a una verga real, aunque imagina que serviría perfectamente a sus propicitos, “consolar” un agujero necesitado. Y lucha por no imaginar un culo subiendo y bajando sobre él mientras un tío gritaba.

   Tras el cristal, Larry O’Donnell sonríe, brazos cruzados sobre su pecho. El acondicionamiento, en dos vías, estaba a punto de probarse si funcionaba o no. A la orden implantada subliminalmente durante el sueño, afectando su mente y comportamiento, la acompañaban las modificaciones físicas que el “enema” debía estar produciendo en el joven marine.

   El ardor parecía ir incrementándosele, no lo nota conscientemente pero Jeffrey medio bailotea sus recias piernas; las nalgas redondas y firmes moliéndose entre ellas bajo el bikini azul claro, la verga creciéndole un poco más, morcillona, pero no dura todavía. Ese juguete… Lo atrapa con las dos manos, fascinados; tan consistentes, la cabecita tan chica y roma, tan abultado más abajo. Seguro que forzaría bastante los labios de un culo. Se sorprende apretándolo, acariciándolo con una mano de arriba abajo, el pecho subiéndole y bajándole con esfuerzo, la boca seca, su esfínter bien irritado y necesitado de un dedo que alivie la comezón. Mira hacia la mesa, la cena, el ungüento… Se acerca sin soltar el juguete. Era un lubricante, reconoce sin sorpresa pero estremeciéndose. Lo toma, no tiene ninguna marca comercial, tan sólo dice eso, lubricante.

   No tiene ninguna idea clara cuando deja el dildo en la mesa, destapa el tubo y deja fluir un corto chorro de una gélida sustancia cristalina, untándola en sus dedos índice y medio. Y traga aún más en seco, luchando consigo mismo;  no, no debería hacer eso, pero tomando otra vez el consolador, apretándolo en puño, lleva la mano a su espalda, la mete dentro del bikini, erizándose por el roce, separando las piernas, junto a la mesa donde reposan sus alimentos, y unta la entrada de su rasurado culo con esa sustancia, recorriéndolo de arriba y abajo.

   -Hummm… -deja escapar un gemido ronco de alivio, el picor sede un poco.- Ohhh… -tensa las piernas cuando medio dobla el índice y mete la primera falange, su esfínter abriéndose, dándole la bienvenida.- ¡Ahhh! –grita cuando siente un ramalazo de placer que parece más bien avivarle un fuego interno, el esfínter cerrándose violentamente sobre su dedo cundo lo mete todo. No, no, debía parar aquello, detenerse, se grita.- Oh, Dios, si… -chilla lloriqueante cuando comienza un  lento pero decidido saca y mete de su dedo, boca muy abierta. Dentro del bikini la mano agitándose, el dedo saliendo casi hasta la uña y enterrándose otra vez en sus ardientes interioridades, empujándole los pliegues del ano.- Hummm… -chilla en la gloria.

   Los ojos nublados fijos en el juguete sexual.

CONTINÚA…

Julio César.

EL CAMBIO… 22

octubre 16, 2017

EL CAMBIO                         … 21

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Arcilla a moldear en manos del hombre que sabe…

……

   Pero era mejor no pensar, se dice sonriendo a pesar de tener la boca llena; su picardía de un momento, ese pecadillo, no transcendería, no traería consecuencias, así que lo mejor era aplicarse y… si, disfrutar el momento, la experiencia, así que empleándose a fondo cubre una y otra vez la pulsante pieza con sus labios, lamiendo, chupando, apretando, masajeando, dejándola brillante de saliva. Sentirla contra su garganta, ahogándole un poco, era excitante, pero nada a lo que experimenta cuando las manos de Larry le atrapan la nuca y le guían con firmeza masculina, adelante y atrás, aumentando el ritmo de las chupadas.

   -Oh, sí, así, chúpala, marine, chúpala así… como un buen come vergas, como putita hambrienta. -se le escapa a Larry, voz ronca preñada de lujuria, y el tono y palabras (que él jamás emplearía en la cama, la intimidad y menos con su chica), le hicieron arder aún más.

   Cinco minutos, diez, y aún continuaba chupándosela, de rodillas, torso ancho y fornido, liso y dorado, las tetillas rojizas marrones bien hinchadas y destacadas sobre su piel bronceada por el sol del desierto. Estaba tragándosela toda, luego le atrapa el glande y lo lengüeteaba; se la sacaba de la boca y como poseído la recorría, de base a punta, con su lengua ávida de vivir esas sensaciones. Goteaba y él quería tragarse cada gota de aquello que se la estimulaba con fuerza.

   -Oh, Dios… -bramó Larry, temblando ante la boca que iba y venía otra vez sobre su pieza.- Espera, espera… -le dice alejándose, casi costándole ya que Jeffrey parecía no querer dejarla escapar de su boca. Se baja el mono y el bóxer, saliendo de ellos, montando un pie en la silla del escritorio.- Sigue… -le ofrece la verga rojiza y mojada, y a Jeffrey le parece un cuadro erótico, hermoso, no tardando en cubrirla otra vez con su boca golosa. Quería esa barra sobre su lengua, mojándosela.- Méteme un dedo por el culo. –oye al médico y parpadea confuso, con el tolete totalmente en su boca, mirándole desde sus rodillas.- Vamos, eso me gusta; es tan rico…

   Y tan caliente está Jeffrey que lo hace después de dudar un segundo, mojárselo de saliva y metiendo la mano entre las bolas algo peludas, no mucho, del otro, tanteándole la entrada, velludida pero como rasurada, sintiéndose sucio y caliente al hacerlo. Se traga ese tolete otra vez mientras tantea y lentamente le clava el índice a ese sujeto joven y guapo por el culo.

   -Hummm… -le oye ronronear mientras le empuja el dedo, lentamente, centímetro a centímetro, perforándole la retaguardia, notando que el tolete tiembla en su boca, de lujuria y placer. Se lo mete todo.- Oh, Dios… -lloriquea rojo de cachetes, boca muy abierta, siendo mamado por el joven marine, mientras este comienza también un saca y mete de ese dedo en su culo.

   Cerrando los ojos, perdiéndose en las nuevas experiencias, Jeffrey come verga y penetra aquel culo con su dedo. Entraba facilito, bien puto debía ser el médico, ¡y cómo apretaba ese esfínter contra sus falanges!, reconoce oyéndole gemir, sintiéndole estremecerse y responder con increíble erotismo. Al médico le gustaba mucho aquello, piensa, ¿o lo escucha?

   -Oh, sí, méteme el dedo, ábremelo bien, flexiónalo. Oh, Dios, es tan rico cuando se juega con el culo… Méteme otro. -le dice, o informa, o…

   No tiene tiempo de más, en cuanto le empuja un segundo dedo lo ve estremecerse todo, tensarse, atraparle la nuca con las manos, fijándole a su pubis, la verga quemándole, literalmente.

   -Me corro… Tómala, tomate toda mi leche. –le oye casi gritar.

   No sabe qué iba a hacer, ¿mamar y tragar? Era la idea, pero… Siente el trallazo caliente golpeándole la garganta, bajando, llenándole el estómago. Un segundo llegando en seguida. Cuando viene el tercero, Larry le aleja un poco y lo recibe de lleno sobre la lengua. Y lo imagina, su boca, dientes, encías y lenguas cubiertos, empegostados de la blanco espesa esperma de otro hombre. ¡Tragó semen! Pero los estallidos de sabor acallan toda consideración moral; todo el placer que eso le produce no se lo esperaba. ¡Esa leche sabía deliciosa!, reconoce sorprendido, ojos muy abiertos, tragándola muy lentamente, succionando ávidamente por más.

   -Te falta experimentar algo todavía, veremos si alcanza… -jadea Larry, muy rojo de cara, jadeante, robándole fuerzas al increíble placer que experimenta por su corrida, sacándole el tolete de la boca y agitándoselo con el puño, disparándole una chorreadita de leche caliente sobre la nariz, debajo del ojo derecho.

   Jeffrey tiembla, mucho, de rodillas, mirándole maravilladlo, eso chorreándole, alzando una mano y tomando la lefa, llevándola a su boca, la lengua cubierta por la blanca nata anterior, tragándola, lamiéndola de sus dedos, ronroneando sin saber que lo hace, disfrutándolo.

   -Te gusta la esperma, ¿eh? Y a quién no. Tranquilo, los hombres siempre tenemos más. –ríe entrecortado el otro.- Aunque tienes que ganártela.

……

   El asunto de la mamada, y tragada de esperma, fue extraño, se dice después, mientras se ejercita duramente en la sala gimnasio, vistiendo todavía su ajustado shorts sobre el bikini que lleva desde esa mañana. La lisa piel que cubre sus fuertes y desarrollados músculos brillan con algo de transpiración, no mucha porque no parece poder agotarse o exigirse demasiado, aunque en cuatro hora ha realizado más rutinas y repeticiones de flexiones, pesas y bicicleta que en dos meses normales. Se ejercita y le gusta, porque los calambrazos se repiten seguidos de esa maravillosa sensación de bienestar. Lo siente, que ya llena aún más el bikini y el shorts, y no puede dejar de sonreír ante la idea, una tangencial, lateral. Cuatro cosas no podía quitarse de la mente, aunque le costaba un poco llevar la cuenta, que dio aquella mamada y le había gustado; que el roce de esa pieza masculina sobre su lengua, en su boca, no había sido desagradable, al contrario, le había gustado mucho; el sabor de la esperma también, tal vez demasiado… y que no tenía apetito. Desde el día anterior devoraba sus alimentos con ganas, porque andaba como falto de calorías, pero desde que tragara el semen de Larry, su estómago parecía lleno. Saciado. Una idea tonta casi le hace reír, ¿sería una de las mejoras para enfrentar largos periodos separados de la unidad o de toda civilización en un desierto, una tundra helad o una selva, que un trago de esperma caliente baste para alimentar a un marine por un rato? La Naval no haría algo tan… extraño, ¿verdad?

   No puede evitar que su corazón lata un poquito más rápido cada vez que Larry aparece; una con sus alimentos, sus píldoras, sus cocteles (que, sobre la lengua, le recordaban vagamente el sabor del semen, calentándole algo por dentro); dos veces más para variarle las rutinas de ejercicios. No hablan de sexo, pero no puede evitar mirarle, una o dos veces, el entrepiernas, alcanzado por una idea tan ajena a él, que casi le hizo reír: ¡quién podría imaginar que los hombres guardaran allí algo que podía ser tan útil y grato para otros hombres!

   Más tarde regresa a su pieza seguido de Larry; inquieto, expectante. Esperando…

CONTINÚA … 23

Julio César.

SIGUE EL DILEMA… 18

octubre 15, 2017

SIGUE EL DILEMA                        … 17

Basado en caracteres creados por capricornio1967

   -Ah, muchacho, si supieras lo que tengo para ti…

……

   -No, maestro, no. Esto no me gusta, señor. –todavía se atreve a responder. Podía estar humillándole, rompiendo su alma, pero no le daría el placer de reconocer lo que no era cierto.

   -¿En serio, muchacho? –el sujeto se acerca, todo velludo, alto y fuerte, la verga mojándole más y más el pantalón.- ¿Recuerdas lo que sentiste cuando chupé tus tetas de chica calentorra?, jejejejeje… -ríe de su vergüenza, de su rabia impotente mientras le acerca el rostro.- Puedo hacer que te corras y grites mientras lo haces, sin penetrarte.

   -¡No! –se atreve a gemir, más como amurallándose tras sus creencias.

   Franco no responde, no le reprende de entrada mientras se alza en todo su tamaño. Luego alza un manota y vuelve a atraparle el cabello húmedo de sudor, halándoselo con fuerza, haciéndole gritar.

   -Maestro, siempre debes llamarme maestro, muchacho; aún cuando intentes una inútil negativa. –le aclara, halándole así, guiándole hacia el sofá donde le empuja por el pecho, derribándole de espaldas, confuso, casi desnudo dentro del corto bañador.- Creo que necesitas una dura lección, jejejejeje. –se le acerca, torvamente, sentándose a su lado, en la mesita. Busca algo en la bolsa, esa bolsa que el chico ya teme, sacando un antifaz negro, sin aberturas, para privación de la vista. Daniel tiembla.- No temas, muchacho, sólo voy a mostrarte algo. –sostiene ese antifaz con las dos manos, y temblando sabiendo lo que se espera de él, el joven despega la sudada cabeza del sofá, su vista siendo cegada.

   El hombre sonríe con satisfacción, pensaba divertirse con el hermoso muchacho, sabiendo que este aún se resistía. Así sería más divertido controlarle, demostrarle que no era nada. Haría que se confundiera, que se perdiera en su mente, excitado, caliente; eso le llevaría a la culpa. Sentimiento que, junto al saber qué puede sentir placer de aquella manera, derribará sus defensas mentales. Él mismo se cuestionaría ser un macho.

   Daniel, cegado, no podía sentirse más tenso, asustado y furiosamente impotente. No tiene ninguna duda de que algo horrible, y doloroso, está por ocurrirle. Comenzando por el sexo oral o la utilización de pinzas sobre partes más sensibles. Dentro del bañador le parece que su verga se disminuye aún más. Se tensa y deja escapar un  jadeo cuando la callosa mano de Franco cae a un lado de su rostro, acariciándole, recorriéndoselo. Y el aliento de este le baña, así como su calor.  Lo tenía inclinado sobre él, muy cerca.

   -¿Estás listo para experimentar la calentura más intensa de tu vida, muchacho? –le pregunta, rozándole la oreja con los crueles labios; pero, de alguna manera, Daniel sabe que no espera una respuesta. Y sigue temblando bajo el roce de sus dedos, que cubren su frente, nariz, labios, pómulos y mentón.- ¿Sabes cuándo me fijé realmente en ti? Hace unos mese, en aquellas competencias en el Centro Acuático Olímpico, cuando estabas con aquella chica en el gimnasio. –le sorprende y confunde. Siente alivio cuando la mano se aleja, pero muere pronto cuando siente la palma abierta, caliente y pesada caer sobre sus genitales, cubriéndolos sobre el bañador.

   Si, la recordaba, una güerita hermosa, tetona, que sonreí mucho, que le miraba toda emocionada, imaginándole un buen trozo de delicioso chocolate, abiertamente invitadora. Todo él respondió a la joven. Y aun ahora le parecía verla, sentirla, con ese olorcito suave a champú, a talcos y colonia, a hembra. Sus tetas olían rico cuando las mordió, su sexo perfumado…

   Y, dentro del bañador, su tolete se agita un poco. Bajo aquella mano.

   -Jejejejeje… -oye la risa muy cerca, bañándole.- Recuerdo lo caliente que la putica estaba cuando te la sacaste y se la mostraste, ¿lo recuerdas tú? ¿Lo maravillada que se veía ante tu verga? –le ronronea con mala intensión, sus dedos apretando y aflojando la silueta bajo el traje de baño, la cual se agita y endurece un poco porque el chico lo recuerda, lo excitado que estaba ante ella, pero no sólo por la perspectiva del sexo, sino por notar que tan sólo mirarle la ponía cachonda. Saber que él le provocaba aquello era estimulante.

   -Entrenador… -gimotea confuso, frustrado, caliente y molesto, odiándose por responder como el otro quiere (la base de la dominación); casi imposibilitado de quedarse quieto mientras es mano sigue tocándole, estimulándole, endureciéndole la verga, lo sabe, ayudándose con esas imágenes que conjura.

   -¿Recuerdas cómo chillaba cuando con tu glande acariciaste y recorriste los labios de su vagina que pareció abrirse en flor para ti, cachonda como estaba? –le susurra, acariciándole el tolete más y más grueso, pero también una mejilla con el dorso de un velludo dedo, muy cerca de sus labios sensuales.- La vi casi sufrir una convulsión de lo caliente que estaba mientras la torturabas; oh, sí, lo hacías y lo sabes, frotándole con la cabecita de tu verga, medio metiéndosela, sacándosela, ella estremeciéndose. ¿La recuerdas chillándote que se la metieras porque tenía el coño bien mojado? –bien, eso no había ocurrido exactamente así, pero sabe que al chico no le importara, y no lo hace. En su estado actual, Daniel casi lo recrea en su mente y eso dispara un ramalazo de lujuria a su verga que abulta y llena el chico y ajustado bañador, el puño del hombre cerrándose sobre ella, apretando y aflojando, provocándole un gemido, uno que acaba cuando ese dedo entra en su boca.

   Y tan confuso, manipulado y excitado está, que el muchacho no grita, no lo rechaza o muerde con idea de amputarlo, tan sólo deja que entre y cierra los labios. No puede hacer más mientras recuerda a aquella chica y su verga está siendo masturbada sobre la tela del bañador; el puño del hombre, que puede imaginar es la vagina de la chica, subiendo y bajando sobre su mole.

   -Si, así, recuerda lo putilla que se veía mientras la taladrabas una y otra vez con tu verga, clavándosela toda, haciéndola tuya, tu perra sumisa y caliente en esos momentos. –le dice el hombre, sonriendo mórbido al comenzar un leve saca y mete de su dedo en esos labios, notando la tensión erótica y sensual del muchacho.- ¿Quieres recordar qué tan rico era sentirla sobre su polla? –le pregunta, soltándole la barra, metiendo la mano dentro del bañador y atrapándosela en vivo, la enorme manos masculina rodeando el tieso tolete blanco rojizo del muchacho, masturbándole otra vez.

   Daniel lanza un gemido, todo tenso como cuerda de violín, mientras alza las caderas, deseando ser atrapado por esa mano que lo masturbaba sabroso. No notando que cierra los labios sobre el velludo dedo, chupándolo. Franco sonríe, lo estaba logrando, confundirle, obligándole a participar, aceptar, a someterle. El dedo se ve enorme, mojado de saliva cuando sale de los labios enrojecidos, al tiempo que sube y baja la mano sobre la verga del muchacho. Sí, que sintiera placer, que lo disfrutara, que tuviera un buena corrida antes de…

   La callosa palma, caliente como el infierno, aprieta lo justo, y sube y baja con fuerza, masturbándole sabroso, tiene que admitir Daniel, gimiendo cuando el mañoso sujeto lleva el pulgar a su glande y oprime contra su ojete, del cual manan líquidos. Se sentía tan bien que… Se congela, es cuando nota, por fin, el dedo en su boca, uno que suelta ladeando decididamente el rostro.

   -Jejejejeje… -la risita divertida del otro le humilla.

   El chico tenía carácter, se dice Franco, aparentemente más que el puto de Luis. Tenía que controlarle otra vez. Esa mano vuelve a su torso, tensándole, incrementa el ritmo de la paja, distrayéndole, y con la punta de los dedos recorre los pectorales firmes, los pezones que se alzan y que responden, especialmente después de la pasada manipulación.

   -Te vi… -le dice ronco, casi bañándole el rostro con su aliento, los pelos del bigote rozándole la barbilla.- Le chupabas las tetas y ella se revolvía de lujuria, caliente como nunca. ¿Lo recuerdas? –lanza la sugestión, y si, Daniel lo recuerda (joder, ¡ese pervertido parecía haberlo visto todo!), y gime cuando los labios del hombre caen sobre una de sus tetillas, succionando, la lengua tocándole, la chupada estimulándole, los dientes rastrillándole.

   -Ahhh… -se le escapa, arqueándose en el mueble, aunque había intentado controlarse. No sentir. No ceder.- Hummm… -gruñe cuando esa boca caliente y mojada deja su pezón, atrapando el otro, bañándole de saliva, chupándolo también, mientras ese puño subía y bajaba rico sobre su tolete.

   Franco se toma su tiempo, mirándole tensarse, oyéndole gemir contenido, saboreando de uno al otro esos pezones, mordisqueándolos, estimulándolos. Con el trabajo apropiado el chico sentiría calambres de excitación con sólo rozárselos en la ducha. Y mientras le masturba y mama las tetas, toma de la mesita uno de los ganchos para pezones, abriéndolo. Y al tiempo que le clava los dientes en la tetilla izquierda, atrapa la derecha con la pinza.

   -No, no… AHHH… -Daniel se tensa y chilla cuando el gancho se cierra aprisionando su pezón erecto y mojado de saliva. La apretada es intensa, pero mientras es masturbado, su otro pezón lamido y los dedos de ese sujeto recorren y acarician los límites del gancho sobre su piel, se siente… distinto. Doloroso, pero no del todo. Era… alto más.

   Cuando la boca se separa de su torso, sabe lo que viene, aún en ese mundo oscuro, privado de luz y visión.

   -Nohhh… -su otra tetilla también es aprisionada por esa pinza en forma se semi platillo.

   -Shhh… -siente el siseo del otro sobre su rostro.- Pronto dejará de molestar y los efectos… Bien, no los creerás, muchacho.

   -Entrenador… -jadea desmayadamente, él mismo odiando el tono mendicante.

   -Maestro, soy tu maestro. –le recuerda, tono suave, oprimiendo con la mano uno de los ganchos, provocándole un chispazo de dolor caliente y lacerante.

   -Ahhh, no, no… -pero aprieta un poco más.- Lo… Lo siento, maestro. –lloriquea y lentamente, demasiado lentamente, esa mano suelta su agarre. Eso sí, no ha dejado de masturbarle, aunque ahora se toma su tiempo, como si supiera que le llevaba al borde mismo del orgasmo y luego lo alejara.

   -Abre la boca. –le ordena.

CONTINÚA…

Julio César.

EL CAMBIO… 21

octubre 15, 2017

EL CAMBIO                         … 20

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Arcilla a moldear en manos del hombre que sabe…

……

   -¿Jeff…?

   Abre los ojos al escuchar su nombre, viéndole despojarse lentamente de la camiseta, mostrando un torso no tan desarrollado como el suyo ahora, y clava la mirada en uno de los pectorales levemente velludos. El médico era un marica, claramente marica, pero esos vellos se veían tan… Y hacerlo, verlo, pensarlo, es igual a ir hacia él, atraparle los hombros con las manos y bajar el rostro, cerrando la boca, hambrientamente, sobre el velludito pezón y comenzar a chuparlo.

   -Hummm… -un jadeo que no sabe exhala, contenido por la boca cerrada, se le escapa ante el saborcillo salobre de aquella piel firme, la sensación de los pelitos, lo eléctrico que es tocar con su lengua aquel pezón. Chupa y succiona ruidosamente. Escucha la risa de Larry, el cual se medio tambalea ante el ímpetu del “ataque”.

   -Con calma, campeón, con calma.

   Y quiere hacerlo, pero no puede; dejando libre el pezón enrojecido, hinchado y mojado, recorre con sus labios, nariz y pómulos ese torso masculino, olfateando, lamiendo, dando chupaditas, excitado ante el olor y el sabor, deseando recorrer cada paquete de músculos con su lengua. Lame y traga, encontrándolo intoxicarte y caliente. Le humedece buena parte del torso, y baja por su abdomen, recorriendo la hilera de pelos, cayendo de rodillas. En ese punto no sabe si sueña o es real, pero tampoco le interesa, no con la mente en rojo-calenturas como la tiene. Mira sobre el mono camuflajeado la mole que la alza, y la toca, conteniendo un jadeo al hacerlo, apretándola sobre la tela, oyendo al otro gemir y reír bajito, sonidos que le enloquecen. Quiere ver pelos, oler sudor y bolas, a hombre. Quiere… Baja el mono y el ajustado bóxer, o short, y la pieza del médico se alza frente a sus ojos, menos gruesa o larga que la suya ahora, pero dura, enrojecida de ganas.

   -Te presento mi polla. –le oye decir, burlón pero amistoso, y desde sus rodillas le mira, estremeciéndose cuando le atrapa la nuca.- Conócela. –y le guía, empujándole el rostro contra la cara inferior de la mole, pegándole media cara de ella.

   El calor le quema, nota Jeffrey caliente, sonriendo maravillado, ojos brillantes, meneando un poco el rostro, frotándose de la carne dura, cerrando los ojos y recorriéndola con su nariz, olfateándola, bajando a la base y olisqueando aún más entre esta y las bolas. El olor fuerte le tiene totalmente tembloroso de calenturas. La lengua emerge aunque una chispa de duda parece querer incendiarse en su cabeza, ¿eso no era de maricas? ¿Dios no lo castigaba? Pero en cuanto la punta de su lengua, rostro ladeado, pega de la base del tolete todo se le borra de la mente.

   Lo siguiente que sabe, aunque no cómo ocurrió, es que su frente y nariz pegan del pubis velludo del tipo, aunque recortado, al tener la boca completamente llena con esa verga, una cuya cabecita parece taponarle la garganta y quemarle intensamente la mengua y las mejillas. Y estaba succionándosela de una manera que ni él mismo entendía, con la garganta, su manzana de Adán subiendo y bajando frenéticamente mientras la succiona.

   -Oh, Dios, si, es delicioso, ¿verdad?, chupar vergas… -oye a Larry por encima de su cabeza, pero no puede responderle.

   No con la boca llena, recorriéndola de arriba abajo con sus labios, masajeándosela con las mejillas. Tan sólo mirarle desde sus rodillas, ojos muy abiertos, el rostro adelantándose y retrocediendo mientras prieta y sorbe de ese tolete que suelta jugos que hacen estallar su lengua en sensaciones. ¡Era como caramelo!, uno que sabía mejor y mejor, y que al bajar por su garganta con la saliva, hacia su estómago, parecía… nutrirle, brindarle energías. Alimentarle.

   Eso era de maricas, su padre… piensa por un segundo, pero lo deja ir porque es mortificante, es mejor perderse en las increíbles sensaciones que el tieso tolete en su boca provoca, en lo excitado que está mientras el venoso, pulsante y ardiente instrumento cruza sobre su lengua, que no pierde tiempo en lamerlo de manera ansiosa. ¡A su lengua le gustaba aquello! La blanco rojiza mole entra y sale de sus labios rojizos y brillantes de humedad, de saliva y jugos, adentro y afuera, la perfilada nariz pegando del velludo pubis donde todavía olisquea, buscando y necesitando de los aromas del macho (dicho de alguna manera sobre ese marica), quemándole con su aliento.

   -Joder, Jeff, es una buena boca la que tienes ahí; ¡cómo aprieta y chupa! -ronronea el hombre, meciendo sus caderas de adelante atrás, cogiéndosela, y el marine se siente feliz al escucharle, al ser su boca usada de esa manera.- No voy a aguantar mucho, prepárate, marine, voy a llenártela con toda mi leche caliente. -le gruñe… paralizándole.

   ¿Descargar en su boca? ¿Semen? ¿Eso no le volvería… marica? La duda le atormenta por un segundo. Larry, mirándole sin moverse, espera por él, a que tome su decisión. Esta llega cuando gotas espesas de jugo caen sobre su lengua, ahora que sólo aferra con los labios ese glande, estimulándosela. Si así se sentían esos líquidos medio lubricantes… ¿cómo sabría la esperma? La idea le hace estremecer. Bien, si había llegado tan lejos, ¿por qué no hacerlo?, se pregunta, atragantándose de verga otra vez, chupándola y masajeándola con su boca. Podía hacerlo, por una vez, probarlo y dejarlo así, ¿no?, se plantea, sus rojos labios abarcando toda la dura barra, chupándola con la garganta, estos extendiéndose sobre la húmeda piel de la mole de carne cuando retrocede, succionándola. Joder, le gustaba mucho, pero sólo sería esa vez. Una sola mamada en su vida y continuaría como si nada, ¿okay? Probaría y…

   Ignora, o prefiere olvidar porque lo escuchó, que los cambios serían permanentes.

CONTINÚA … 22

Julio César.

EL CAMBIO… 20

octubre 12, 2017

EL CAMBIO                         … 19

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Los quieren bien armados…

……

   -Lo imagino… -responde Jeffrey con una sonrisa incierta, no entendiendo el comentario.

   -Vamos, el día será de ejercicios, no podemos flojear como ayer. –casi canturrea el oficial, arrojándole algo que lleva colgando de un brazo. Una malla de una sola pieza de las utilizadas en la lucha grecorromana,  verde clara. Jeffrey parece confuso. Larry le guiña otra vez un ojo.- Recuerda lo que te dije ayer, ahora tienes mucho más qué mostrar. Debemos dejar la incógnita para llamar la atención, ¿eh?  A todos les gusta imaginarse, y fantasear, con lo qué hay debajo de las capas.

   -Okay… -el joven marine asiente, diciéndose que trataba con gente muy extraña.

   Metiendo las piernas dentro del elástico traje de látex, que se adhiere  sus músculos, tiene que luchar con él para que suba. Una vez hecho, sonríen mirándose en uno de los espejos. Parece una segunda piel, los cuadros de su abdomen pueden contarse, sus pectorales son masas duras, las tetillas se perfilan desafiantes bajo la tela. Todo él destaca de manera impresionante. Sintiéndose muy bien salen de la pieza, y comentando con Larry sobre rutinas y dietas, no repara en el solitario pasillo. Una vez en el cuarto de pesado se desviste, rodando los ojos, qué gente tan extraña, piensa de nuevo. Es medido, pesado y observado cuidadosamente. Toma sus píldoras, sin cuestionar nada; se desnuda con facilidad, y de panza en el mesón, es sometido al enema, que se siente tibio y de una manera estimulantemente irritante.

   -Veo que te depilaste. –le sonríe Larry, sabiendo bien que el otro respondía a la orden implantada sugestivamente en el iphone.- Aunque te faltó.

   -Si, pensé que… me vería mejor, pero hubo partes a las que no pude llegar. –responde, cara muy roja mientras retiene ese líquido claro que calienta su abdomen.

   -¿Me dejarías ayudarte? –se ofrece y se miran. Eso se escuchaba como una mala idea por tantas razones que el más sorprendido por la respuesta, es Jeffrey mismo.

   -Claro.

   Y mientras espera por los veinte minutos del enema, observa fascinado como ese sujeto saca un tarro de afeitado de una gaveta (¿qué carajo no habría allí?), y con una brocha, suavemente, enjabona sus nalgas, rasurándolas luego, tomándose su tiempo. Sus redondos glúteos enrojecen, se estremecen y tensan ante el acariciante roce, sensación que se intensifica por una toalla húmeda que los limpia después; por aquellas manos que lo acarician.

   -Vuélvete…

   No, debería fijar un límite. Debía… Lo hace, con esfuerzo por el enema, evitando mirarle, cerrando los ojos y estremeciéndose cuando con las manos, sin guantes, Larry le atrapa las bolas y le acaricia el tolete, más grueso y largo. Finalmente enjabonándole, rasurándole todo, excepto un pequeño y coqueto rectángulo sobre su pene, que recorta. Al terminar el enema…

   -Falta un punto.

   Y gimió cuando, de espaldas, muy rojo, una pierna alzada, su culo y la raja, fueron rasurados también, luego sobados por la toalla húmeda y esas manos. Y el roce de los dedos en su entrada le tenía casi arqueado sobre el mesón. Dios del cielo, ¿cómo era posible que se sintiera tan eléctricamente bien?, se preguntó, afectado, morcillón, pero no duro del todo.

   -Perfecto. Vamos con las fotografías.

   Metiéndose dentro de la trusa blanca, que le queda demasiado chica, abultada a los extremos por sus genitales, por detrás parece aún más forzada por el enorme trasero firme que ahora muestra. Sonríe mientras posa, de espaldas, exhibiéndoselo al otro que toma fotografía tras fotografía. Sintiéndose feliz de hacerlo, de saber que al otro le gustaba lo que veía. Y mientras posa, repara en las imágenes de los otros sujetos, forrados de músculos, y ya no le parecen aterradores, deformes, tan sólo poderos y calientes, machos llenos de testosteronas. Hombres capaces de todo. Y cree recordar algo, imágenes, sonidos, ¿tipos jóvenes y calentorros tocándole?

   Más morcillón dentro de la trusa, se vuelve y mira a Larry, cuya mirada se oscurece viéndole, bajando los ojos a la breve tela. Si, no era tan grande como esos sujetos, pero el médico de la naval se veía bien. Muy bien, en realidad. Sexy. Masculino. ¿Por qué no se rasuraría para mostrar más los músculos?, se pregunta, aunque recordar la leve pelambre lisa que cubre las aureolas del otro, y que se encuentran en el centro de su torso, bajando en hilera a su ombligo, le excita. Le agrada no tener pelos, pero se veían bien en otros. Sensual.

   -Ahhh… -un jadeo se les escapa cuando su cuerpo es recorrido por una descarga mayor de calambres; ráfagas y ráfagas de disparos calientes tensan su cuerpo, sus músculos, y cerrando los ojos sabe que está aumentando su masa. Se vuelve más fuerte, más alto, más pesado y sólido, capaz de derribar a cualquiera de una bofetada. Lo sabe. Es mejor. Y sin embargo, con los ojos cerrados sólo puede mirarse en medio de hombres que lo tocan y lo soban con rudas y demandantes caricias, que encuentran su cuerpo excitante y quiere tomarlo, hacerlo suyo. No sabe cuántos tipos son, tan sólo que son muchos, velludos, de fuertes olores almizclados, que le dicen que se ve bien, que está todo rico y caliente. En su mente cae de rodillas y varias vergas tiesas luchan por tocar su rostro, por frotarse de él, por golpearle. Siente su propia verga calentándose en la trusa, y su culo… Su culo que pica y arde…

CONTINÚA … 21

Julio César.

EL CAMBIO… 19

octubre 8, 2017

EL CAMBIO                         … 18

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Los quieren bien armados…

……

   Oh, mierda, ¡le picaba tanto!, se dice, conteniendo el jadeo, alzando y bajando las caderas, con disimulo para que no se note si alguien mira (y no es cómo que alguien estuviera todo el día en eso, ¿no?); tan maravillado como extrañado por, primero, lo útil que es el dedo para aliviar el picor, y segundo, lo… estimulante que era. ¿Acaso lo tenía así de sensible cuando Larry le metiera el suyo apenas el día anterior? No lo recuerda bien, aunque no lo cree. Como sea….

   Sube y baja sus caderas con ritmo creciente, más consciente de lo que hace, casi luchando para no gemir y cerrar los ojos en éxtasis. Cae sobre la cama, medio ladeado, y  sigue sacándose y metiéndose el dedo índice del culo. Joder, ¡estaba tan caliente!, admite algo avergonzado. ¿Sería un efecto del enema?, se pregunta todavía, difícil como le resultaba ahora asociar ciertas ideas. Pero en esos momentos, más morcillón de verga, aunque no tiesa, sigue dándose dedo. Después de todo nadie sabía que lo hacía, ¿no? Que estaba allí, en medio de un estudio clínico de la Naval clavándose un dedo en el culo… como un marica.

   Pero no estaba bien, debía detenerse y… Se muerde los labios para no gemir, su enorme y recio corpachón agitándose arriba y abajo al respirar pesadamente, un pie afincado sobre la cama, la mano entre su piel y el bóxer, o shorts, el dedo en su agujero. Adentro y afuera, doblándolo como Larry hiciera antes, refregándose por dentro, sacándolo y tocando el titilante esfínter, que parecía abrirse para él, hundiéndolo otra vez. Ha olvidado el picor, que ya no siente, tan sólo el placer.

   -Hummm… -ruge contenido, oprimiendo la boca para que no se escuche, tenso, medio arqueado, siendo todo su cuerpo recorrido por la oleada del curioso orgasmo que le alcanza.

   Su verga vomita la carga espesa de semen dentro de la ajustada y suave tela, sin tocarse, y sin estar dura del todo. ¡Tan sólo por darse dedo por el culo! Le embarga una poderosa oleada de deliciosa somnolencia, sabrosa, de relajación, de placer alcanzado y disfrutado. Cerrando los ojos, durmiéndose, sueña con playas, sol, arena, tíos guapos y musculosos jugando futbol en la playa, él con una diminuta tanga atrayendo las miradas codiciosas. Sintiéndose feliz y realizado.

……

   Al despertar el almuerzo y más medicamentos le esperan. No se ducha, ni parece molestarle estar empegostado de semen seco. Devora con apetito toda aquella comida, sintiéndose otra vez soñoliento después de los fármacos, regresando a su cama… La cual ya comenzaba a quedarle chica, sus pies, más grandes, sobresalen del colchón. Y sueña y sueña con fiestas.

……

   Encuentra la cena servida, caliente, con un gran bol de algo que toma por merengada, pero una nota de Larry le indica que la tome lentamente, que es para ayudar a la flora estomacal en la absorción de nutrientes (es decir, medicina); no le parece muy buena en un primer momento, aunque tuviera un ligero sabor a yogurt. Los siguientes tragos le saben mejor, al final se pasa la lengua por los labios, recogiendo lo que queda. Nota, de pasada, que no vio a nadie llevándole los alimentos ni retirando los utensilios de faena. Encogiéndose de hombros va por su ducha. La disfruta. Recorrerse con las grandes y fuertes manos el recio y duro cuerpo es toda una delicia en sí, como la mano metida entre sus nalgas. Dios, no debería sentirse tan bien, le alcanza para pensar por un momento, pero eso no impide que siga tocándose durante un rato.

   Sale desnudo y chorreando agua, recreándose mientras se seca, una sonrisa de satisfacción en los labios. ¡Le gustaba tanto lo que veía en el espejo! Se seca con sensual indolencia, mirando su verga blanca rojiza, larga y morcillona aunque no dura. Abre el gabinete y ríe ante el bikini. El cual toma y se prueba. Le ajustaba más, de una manera opresivamente acariciante. El tolete se le endurece un poquito cuando se mira las redondas nalgas apenas cubiertas. Va a salir de él y se detiene. Sonriendo, algo rojo de cara ante tanta frivolidad, se queda dentro del mismo, saliendo del baño. Medio ríe, le espera un refrigerio de última hora, y otro vaso de ese coctel para el estómago. Los sánguches los come vorazmente, consciente en todo momento de la cama bajo su culo; el coctel lo toma lentamente, porque le gusta, le sabe bien. Su lengua tiene fiesta mientras lo saborea, tragándolo, calentándole gratamente el estómago. Y pensar que apenas una hora antes no le gustó. Sobre la cama mira el iPod. Enciende la televisión pero va adormilándose. Toma los audífonos, se los coloca y se acuesta, sonriendo, consciente de la excitante opresión del bikini. Se duerme y sueña de nuevo, respondiendo a los mensajes subliminales; mucho, toda la noche, disfrutándolo, gozándolo, sin poder recordar nada al otro día, al menos no de manera consciente.

……

   Al otro día despierta sintiéndose algo perdido, al sentarse, quitándose los audífonos, lo sabe. Ha aumentado su masa muscular, también su altura y peso. Lo siente, es más grande y sólido. Sonríe complacido, sintiéndose bien al ser tan fuerte. Toma una ducha, notando maquinillas de afeitar sobre la jabonera. No recuerda haberlas visto antes. Eso le da una idea… ¡Si no tuviera pelos, sus músculos se verían mejor!, ríe ante esa genialidad, enjabonándose y rasurándose, lenta y concienzudamente, todo, menos los genitales y las nalgas. Se enjabona y se siente bien. Se mira al espejo y sonríe; si, su cuerpo se destaca mejor sin esos feos pelos. Así lo piensa. Frunce el ceño, ¿debería ponerse otra vez el bikini del día anterior o…? Abre el gabinete y ríe. Hay otro. Este es morado eléctrico, y entra en él, sintiéndolo más ajustado, más pegado a su verga y bolas, casi notándosele la raja que separa un tanto las nalgas al final de la espalda, al ser estas tan musculosas y redondas.

   Regresa a la pieza y ya le espera Larry, vestido con un mono deportivo, sonriéndole con un vaso del coctel en la mano, recorriéndole ávidamente con los ojos.

   -Buenas, buenas; Dios, te ves increíble. –exclama amanerado, tendiéndole el vaso, que Jeffrey toma con una sonrisa, agradeciéndole y bebiéndolo, cerrando los ojos, disfrutándolo sobre su lengua y estomago, lamiéndolo de sus labios.- Rico, ¿verdad? –le guiña un ojo.- Y su componente principal, fresco y tibio, sabe aún mejor al natural…

CONTINÚA … 20

Julio César.

EL PEPAZO… 82

octubre 6, 2017

EL PEPAZO                         … 81

De K.

   No, no retrocedía ante ningún desafío…

……

   Decir que el camarada de trabajo de Jacinto Contreras, en aquella quinta de gente con real, se veía sorprendido el encontrarle así era decir poco… comparándolo con la cara del muchacho, enorme y musculoso, sentado sobre los muy gruesos y muy oscuros muslos de un sujeto cuya verga parecía una manguera de bombero, tiesa y pegada a las nalgas del mismo; quien mira a su socio de trabajo sobre un hombro. Los tres marines parecen desconcertados, dos de ellos en vapores poscoital, el otro ligeramente alarmado, mientras los dos venezolanos se miran con caras de chasco. Tan sólo Raúl Bravo parece tranquilo, o todo lo que puede al ver a ese carajo sobre el otro, chorreándole algo que a pesar de las penumbras del jardín nota; e imagina que es… que es… Joder, leche de esos carajos. Leche que escurre del culo de Jacinto.

   -¿Qué coño estás haciendo, pana? –ruge realmente ofendido, Rigoberto Linares, vistiendo de  manera casual; no estaba de turno de trabajo cuando Raúl le enviara aquel sorprendente y totalmente imposible de creer mensaje. No lo creyó mientras tomaba el carro de la familia que se había llevado y llegaba allí; repitiéndose en todo momento que no podía ser. Pero era. Allí estaba el hijo de puta ese montado en…- ¡Bájate de ahí! –y siente la momentánea satisfacción de verle obedecer, que se aleja del marine, encarándole, mostrando esos hombros anchos, pectorales impresionantes y la tanguita destacándose en su cintura estrecha. Con las manchas que evidenciaban se habían corrido mientras… mientras le hacían todo lo que le hacían esos hombres.

   -Calm down. –Smith interviene al fin, medio vestido, el quepis algo ladeado, la rojiza verga fuera de su pantalón, algo alzada, como si la perspectiva de ver a su amigo negro abriendo ese culito cobrizo claro, hasta llenarlo totalmente como su mole de carne, le tuviera listo para más.

   -Rigoberto, yo… -balbucea Jacinto, alcanzado de pronto por la gravedad de lo ocurrido; había sido pillado por sus compañeros de trabajo en tanga, chorreando leche de su culo y montado sobre un negro enrome esperando se lo clavara. Joder, ¡estaba perdido!- No es lo que…

   -Oh, vamos, déjate de vainas, ¡estaban a punto de clavarte toda esa mierda inmensa por el culo! –ruge Rigoberto, realmente ofendido.- Vístete y…

   -¡No! –brama, alarmado, White. Le tocaba a él, joder; no iba a dejar que se le escapara el chico, así que con las oscuras manos atrapa los hombros de este, por detrás. Rigoberto le mira con abierta hostilidad.

   -Suéltale.

   -¡No! –repite, seco.- Tocar a mí. –aclara y exige.

   -¡No vas a cogerlo! –brama el otro, indignado.

   -Me arece que ya lo han hecho. –tercia Raúl, molesto con toda la escena, por todos esos toletes afuera.- Yo me voy, no joda. –y se aleja, asqueado. Que resolvieran entre ellos.

   -¡No le digas nada a la señora! –le grita Rigoberto, sin mirarle.- Aún. –amenaza, ojos clavados en Jacinto.- Tuviste suerte que el hijo de perra ese me pasara el dato a mí, primero, y que llegara justo a tiempo, estaba por hablar con la señora. Ahora vístete y…

   -¡No! –ruge, por tercera vez, White. Rigoberto le mira con rabia, cerrando los puños y acercándosele, agresivo. El marine alza la barbilla, listo para la pelea por lo que quiere.

   -Quita tus sucias manos de él o… -amenaza el venezolano, con pasión; y un fuego parece quemar las venas de Jacinto, reemplazando el temor. Rigoberto se veía tan masculino, tan fuerte y demandante… Parpadea, ¿qué coño le pasaba?

   -El no querer ir… aún. –Smith afirma, interponiéndose entre el guardaespaldas y los otros dos, volviéndose hacia Jacinto.- ¿No ser así? –y este enrojece, silente, moviendo los labios sin pronunciar palabras.- Quiere ser follado. Por eso. –guía la atención de Rigoberto hacia la negra y muy erecta verga, de cuyo ojete emana algo de jugo y de la saliva del forzudo joven.

   -Contreras… -Rigoberto, duro, mira al joven, exigiéndole decidirse.

   -Yo… yo… -este sabe que debe irse, era lo más sensato. E inventar una excusa para aquello. Pero le costaba pensar con claridad en plena nube poscoital, por el dulce licor de Kentucky y… los ardores en su culo. Si, coño, ya se había hecho a la idea de llenárselo con ese tolete.

   -¿En serio? ¿Quieres que te cojan unos gringos? –Rigoberto parece, más que molesto, herido.

   Jacinto baja la mirada, muy rojo, consciente de la fuerza de las enormes manos sobre sus hombros, de la presencia de ese macho que irradia calor, vigor y masculinidad a sus espaldas. Cuya verga ansia clavársele. Y la mezcla era demasiado, su culo estaba ardiéndole todo mojado. Quería eso; deseaba algo que entrara y se lo cepillara, calmándole todas esas calenturas de lujuria.

   -Rigoberto, yo necesito… -balbucea. Y calla, mirándole casi suplicándole que no le haga hablar.

   -¿Qué, un güevo por el culo? ¿Quieres eso? ¿Cualquier güevo llenándote y haciéndote gritar como una putica en fiesta de liceístas, bañada de esperma? Oh, sí, te escuche mientras me acercaba. –ruge y demanda saber, muy molesto. Algo quemándole muy adentro.

CONTINÚA…

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

EL CAMBIO… 18

octubre 6, 2017

EL CAMBIO                         … 17

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Los quieren bien armados…

……

   -No lo sé… supongo que sí. –admite cavilar en ello. Ganándose otra tranquilizadora y encantadora sonrisa del médico. Algo que le alivia y, si, le alegra también. La mano de este se cierra sobre la bolsa y aprieta con fuerza, ese chorrito de líquido claro y espeso, tibio, le golpea un tanto más arriba con un flujo constante.- Ahhh… -se le escapa.

   Dios, siente que va llenándose con aquella cosa que golpea el interior de sus entrañas, casi más allá de su próstata, lo sabe porque la tiene ubicada; ese punto le había dado problemas cuando el otro le metiera el dedo. Y no quiere pensar en eso, en parte porque era un tanto controversial para su machura, y por el otro porque… Bien, no había sido algo tan grave, ¿no? Cosas que pasan en momentos de locura. Pero si, lo siente, ese calor que era un tanto irritante, como una pequeña comezón. El liquido llenándole el colon, abultándole el abdomen. Costándole que no salga.

   -Es mucho. –farfulla con el rostro contraído, labios abiertos.

   -Falta poco. –es toda la respuesta de Larry, quien le da otra apretada; más de aquello chorreando pero no goleándole al estar tan lleno. Tenía poco más de media bolsa en sus entrañas cuando el médico cierra el paso.- Aguanta. –le ordena, voz militari.

   A Jeffrey le cuesta, porque está muy lleno y esa vaina quema un poco como mucho. Los segundos se arrastran a minutos y le parece que lleva horas aguantando, tenso, rostro bajo, espalda y nalgas muy rojas. Sobresaltándose, siente calambrazos por todo el cuerpo, no algo sutil bajo su piel, son agitadas casi bruscas y algo dolorosas, seguidas inmediatamente de un profundo alivio y de, si, bienestar. Parpadea mirándose la palma de la mano derecha, sintiendo otro estremecimiento; casi le parecía más grande, sus dedos más largo, ¿y más gruesos? Lleva los ojos a su bíceps, abultando todavía más, marcado sutilmente por una vena. Y sonríe, joder, si, ¡así eran más rápido los efectos! Bienvenidos todos los enemas del mundo, se dice satisfecho.

   No nota la sonrisa complacida de Larry. Una que se ensancha cuando regresa la mirada a sus redondas nalgas sonrojadas, con la cánula metida, el tubito penetrando por el orificio cerrado. Cuando cree llevar toda una vida en eso, ojos cerrados, quieto sobre el mesón, pareciéndole que ese líquido no se enfriaba, aunque sólo transcurren unos veinte minutos en verdad, el médico, con una leve palmada le llama la atención, comenzando el nada glamoroso vaciado del enema.

……

   Al finalizar, hubo un cambio. El médico, rebuscando en aquel escritorio lleno de gavetas, le tendió un pequeño bóxer, o un shorts, corto y elástico, camuflajeado, que parecía parodiado para la Naval. Lo miró confuso, aunque sintiéndose ligero por la sonrisa del otro.

   -Hay que cuidar algo del pudor, ¿no? Ahora tienes más que ofrecer, que crezca el misterio, así se valoriza más la mercancía. –comenta guiándole un ojo.

   Medio riendo, pensando que es una tontería ya que los ordenazas, y cualquiera que estuviera mirando las cámaras que supone hay, ya le ha visto totalmente desnudo y empalmado (espera que no mamado por el otro, y menos con un dedo metido por el culo), se encoge de hombros. Se viste. La tela es suave, elástica y se aferra a sus muslos musculosos, tiene que halarla para cubrirse el trasero y los genitas. Riendo bajito, rojo de cara, ¡para lo que cubría! La tela se adhiere a los contornos de su verga y bolas, demarcándolas, metiéndose totalmente entre sus nalgas. Parecí una segunda piel, camuflajeada. Y la idea, así como la sensación le hizo sentirse… travieso. Sexy.

   Regresó a su pieza, extrañándole por un segundo no ver a ninguno de los ordenazas en el puesto. Su desayuno y píldoras le esperaban. Tragó los medicamentos de manera automática, devorando con apetito y agrado un desayuno copioso, lo que, de manera vaga nota, consumirían dos marines una mañana cualquiera. Los alimentos le parecen deliciosos, especialmente una barra de chocolate energético que le dejan. Casi maúlla degustándola, recordando, como si de una tontería se tratara, lo austero que era antes con esos detalles. Al finalizar se mira al espejo, sintiéndose recorrido una y otra vez por esas oleadas que parecían trabajar sus huesos, órganos y músculos desde adentro, ejercitándolos, forzándolos a desarrollarse. Joder, sus pectorales eran tan redondos, tan duros; se los toca con las palmas, estremeciéndose ante el rico picor de sus tetillas largas y totalmente erectas. Se las pellizca suavemente, encontrándolo estimulante, casi tanto como la visión de su propia persona, tan fuerte, tan alto, tan guapo, con esos bíceps tan abultados, la verga destacándose morcillona, consistente y larga dentro del ajustado bóxer, aunque no tiesa. Cierra los ojos, sonriendo y ronroneando, frotándose y oprimiendo con los pulgares sus tetillas. Las tenía tan sensibles…

   No quiere ver programas de historia, ni leer; echándose sobre el camastro mira caricaturas y ríe como un chiquillo, sintiéndose feliz, relajado, contento consigo mismo. Así se duerme, sin notarlo. Para despertar dos horas después, sintiéndose relajado, pero sin ganas de hacer nada. Se lleva una mano a su abdomen plano, marcado en cuadros, firme y duro… sintiendo los restos fantasmales del calorcillo del enema de la mañana. Pero también… frunce el ceño y medio agita las caderas, prácticamente mordiendo y moliendo la tela del bóxer con sus nalgas. Enrojece algo avergonzado al entenderlo: le picaba un poco el culo.

   Dios, era tan vergonzosos, se dice sonriendo todo apenado, lanzándole miradas a los espejos y a los puntos donde sospechan que están las cámaras, pero la molestia era persistente, no intensa pero si constante. Y ladeándose con disimulo alza una nalga, metiendo la mano dentro del bóxer o shorts y contiene un jadeo sorprendido; carajo, qué sensible tenía la piel. Y mientras más la acerca a su raja, la sensación era mayor, y mejor. Cuando frota con un dedo su entrada, el esfínter titila. Mejor era alejar la mano y… Dios bendito, pero picaba. Lo mete y chilla agudo, boca muy abierta, ojos desorbitados por la sorpresa, alzando el trasero del camastro y bajándolo… contra su dedo.

CONTINÚA … 19

Julio César.

EL CAMBIO… 17

octubre 4, 2017

EL CAMBIO                         … 16

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Los quieren bien armados…

……

   ¿Más fácil y lógico un enema? ¿Algo por su culo en lugar de una vena?, se cuestiona, y la verdad es que le parece que se tarda en analizarlo. Claro que, con su nuevo cuerpo, cualquier marca se siente fea, especialmente de agujas. No quiere parecer uno de esos viciosos a las drogas que…

   -Si, imagino que está bien. –responde dudoso. El otro sonríe complacido, dándole una leve palmada en el hombro, cosa que le tranquiliza un poco. Ahora se confiaba en el juicio del médico.

   Y mientras va hacia ese mesón, acostándose de panza, una pierna sobre la superficie del mismo, la otra colgando un poco, separándolas, abriendo sus nalgas, sin usar guantes, Larry, luciendo una erección escandalosa bajo el traje de faena que ese día lleva (debía presentar un informa técnico más tarde), saca de una gaveta un gel lubricante. Como buen marica, piensa riendo Jeffrey, ganándose una mirada intrigada de este.

   -No, nada… No… dolerá, ¿verdad? –eso le aflige, en esos momentos, un poco más que la idea de la vía a utilizar.

   -Mi dedo no te molestó, ¿cierto? –la alegre réplica que le hace sonrojar.

   Mira como el hombre se frota el gel en los dedos de la mano derecha y traga.

   -Parece muy… confiado. El marine. –comenta el coronel Hessler, que ha reaparecido para verificar el trabajo. También él deberá presentar un informe. Un sujeto cuarentón, delgado y de rostro malhumorado, un monitoreador de la mañana, le mira.

   -Está perdiendo poco a poco capacidad cognoscitiva como respuesta a parte del coctel de fármacos. –le informa, una sonrisa burlona cruzando su rostro al volver la mirada al frente.- Se hace, para todos los efectos, más tonto. Pero no lo nota, así que no lo… lamenta.

   Dice usted, piensa el coronel un poco tenso. ¡Vaya experimento! El hombre comenzaba a albergar dudas de la validez de aquel trabajo. De hacerle eso a un marine. Lo otro, buscar la fuerza, destreza, el vigor y la capacidad para resistir y recuperarse, le parecía bien. Esto…

   Respirando pesadamente, tocando las ahora más redondas y firmes nalgas del marine, Larry las separa un poco, o lo finge. Sólo quiere tocar, sobar un poco con la punta de los dedos, sabiendo que eso debía erizar al otro por lo sensible de su piel; también lo hacía por el placer de hacerlo. Hoy el marine era casi tan musculoso como él, en apenas tres días. Mañana le habría sobrepasado. Para el fin de semana… La idea le excita tanto que sonríe aún más complacido, mientras comienza a untarle el gel en la entrada algo velluda de ese ano, los pelos brillando por el color y el espeso líquido. Roza y roza la entrada, notando como Jeffrey se tensa y se agarra con las manos al mesón, pareciendo aguantar. El pase de los dedos, arriba y abajo sobre su raja, sobre el orificio, parece no detenerse, van tres, cuatro, cinco lentos minutos y el joven lanza un gemido bajito, muy rojo de cara, hombros y nalgas, mientras las medio bailotea.

   Jeffrey fue plenamente consciente de esa mano sobre su trasero, del roce de los dedos, de las caricias a su agujero, quisiera decir lo que quisiera el médico, capitán y marica de la naval. Y la fricción le estaba volviendo literalmente loco; su piel ardía y se erizaba cada vez más y más. Y las oleadas de placer que le llegaron le obligaron a gemir mientras aspiraba aire, y a mecer un poco su trasero, casi involuntariamente, buscando esas frotadas. Fue cuando la punta de un dedo tocó su botoncito cerrado, presionando, sacándole tono a su timbre, metiéndosele la falange.

   -Hummm… -casi se muerde los labios para no gemir como puta, aunque quiere, de lo mucho que eso le gusta. Su verga, pisado contra el mesón, se agita. Más morcillona, no dura del todo.

   Ese dedo entra otro poco, flexionándose hacia abajo, haciéndole consiente del roce. Sale y vuelve a entrar, una y otra vez de entre sus nalgas, de su orificio tan sensible ahora. El marine se agarra con más fuerza, su espalda tensa, mientras trata de no bizquear y gemir de puro placer. Eso no estaba bien, joder, era cosa para maricones. Pero le costaba pensar, tan solo quería dejarse llevar y sentir. Cuando está por subir y bajar su culo para ayudar en las metidas de dedo, buscándolo, este se retira y casi farfulla de frustración y abandono, pero logra contenerse.

   Pronto algo más se frota y entra, más fácilmente al ser delgado, la cánula y la manguerita del enema. Este entra y entra, le parece que mucho, y va a comentarlo, volviendo un poco el rostro, cuando esta se detiene. Ve a Larry, que le guiña un ojo (disfrutando de la visión del hermoso, grande, viril y musculoso chico desnudo, abierto de nalgas, con la manguerita en su culo), y abre el seguro. El líquido baja con torturante lentitud, Jeffrey la siente al entrar sobrepasando su esfínter, tibia dentro de la cánula (como imagina debía sentirse el semen cuando los maricones… deja esa idea así), y le golpea internamente. Chilla un poco, sintiendo muy adentro ese liquido que parece ir calentándose más y más, saliendo con cierta presión y golpeándole el colon.

   -Ahhh… quema muy adentro. –jadea. Una mano sobre su baja espalda le retiene.

   -Calma, marine, pasará pronto. –le asegura sonriendo. Si, le había metido bastante manguera… El punto interesante de Jeffrey McCall quedaría bien adentro y para llegar a él, si quería jugar disfrutándolo, no bastaría simplemente un dedo; necesitaría de juguetes de buen tamaño. Sonríe complacido, era un añadido de su ingenio que no ha comentado ni con el coronel ni la naval. Menos con Jeffrey… Aunque en él, la pequeña modificación será permanente.- ¿Listo para más? –y aprieta la bolsa, el chorrito golpeándole aún un poco más profundo en su interior.

CONTINÚA … 18

Julio César.

RECLAMO EN LA PLAYA… 7

septiembre 30, 2017

RECLAMO EN LA PLAYA                         … 6

De EdwJc

   Y Felipe tan sólo jadea, sin poder apartarse, con ojos de cervatillo encandilado por faros en una carretera. Sus labios jóvenes, tersos y rojizos separándose… Mirando los de ese tipo, que se separan más, que dejan escapar un aliento caliente que lo quema, una risita medio burlona y que se acerca más y más.

   Cualquier cosa que pensara expresar, fuera de dejar escapar un jadeo contenido, muere cuando esa boca masculina, rodeada de una sombra de bigote y barba, cubre la suya; una lengua masculina y ajena recorriendo los suyos, tanteando y saboreándole como si fuera ese helado que pensaba disfrutar minutos antes. Labios que se cierran sobre el suyo inferior, mordiéndole levemente, arando y rastrillando con los dientes, provocándole repulsa pero también una oscura fascinación. Dios mío, otro hombre estaba besándole en un baño público, en una playa medio concurrida, tenía el culo fuera del bañador, y le estaba dejando. La idea era abrumadora e intensa. Su corazón late a mil.

   Esa lengua hábil y experta entra en su boca finalmente, recorriéndolo todo, encontrando la suya y dándole lametones y suaves azotes. Felipe se tensa y estremece, ese hombre le suelta, le obliga a encararlo y sus manos grandes y fuertes, de hombre dominante que sabía conseguir las respuestas que quería, recorren su espalda, halándole contra él mientras el beso se profundiza. Y mentiría si dijera que no movió la suya, que no fue al encuentro de ese sujeto de una manera maquinal, una reacción refleja de su cuerpo, que se aplastó contra el suyo, que se erizaba bajo el roce de las callosas palmas que ahora bajan más y más, atrapando sus duras nalgas expuestas, clavándole los dedos, casi alzándole tomando esos puntos como agarre.

   Y es cuando el muchacho cierra los ojos, una lágrima escapando de su ojo derecho, cuando esa boca bucea en la suya, cuando su lengua parece ser halada, emergiendo un poco y es atrapada por unos dientes que la rastrillan suave y eróticamente, provocándole estremecimientos y jadeos. Otra lágrima escapa, porque sabe que está respondiendo a la rudeza y masculinidad de ese sujeto abusador que le hacía víctima de sus bajos instintos, y que no sólo no le detenía, es que sentía que no tenía fuerzas para hacerlo. Y hora su propio cuerpo le traicionaba. El hombre besa, chupa y lame de su boca, se traga su aliento y su saliva como si fuera un dulce jugo, al tiempo que los cuerpos se rozan y frotan, todo esos vellos provocándole estremecimientos, mientras esos dedos estaban más y más cerca de su raja interglútea. Hasta que uno baja más, recorriéndole la raja algo peluda, nuevamente frotándole el ojete del culo, uno que titila salvajemente bajo su roce, lo sabe. Lo siente, al tiempo que incrementa algo que no había notado que hacía: el agarre de sus brazos en el cuello de ese hombre malvado y hermoso.

   El beso termina, las respiraciones agitadas, los alientos bañándoles, uno mirando como un cazador a su presa, el otro todo atormentado pero febril, las manos del macho en el culo juvenil, las dos verga pulsando, una contra la otra, aunque la de Felipe aún va cubierta.

   -¿Rico, verdad? Así siente una princesa cuando es besada por primera vez por un hombre de verdad. Excitada, anhelante, intuyendo que algo despierta en ella… En su coño. –le dice para mortificarle, o porque quiere convencerle de eso.

   O tal vez porque era verdad y se lo aclaraba, grita algo en la confundida mente del muchacho, quien no tiene tiempo para pensar en nada porque esa boca vuelve a cubrir la suya, en un beso más lento y explorador, más exigente, mientras todo le da vueltas alrededor, como si el baño perdiera consistencia, siendo lo único real ese cuerpo fornido que le sostenía. El gemido que suelta, y que ese carajo se traga, el estremecimiento que lo recorre cuando un dedo penetra nuevamente en su culito, no puede ocultárselo a sí mismo. Ni al otro.

    -Estás caliente, ¿verdad? -le reta, labios casi sobre los suyos, las manos tomando con aún más propiedad la joven carne del muchacho, notando la dureza de la verga contra la suya. Sonríe, le mira y piensa que sería una pena perderle la pista, con tiempo y paciencia podría hacer que ya nunca se le levantara, no la necesitaría para tener relaciones y orgasmos de intensa plenitud sexual. Pero primero lo primero… hacerle ver qué le excitaba, fuera de someterse. Lo tiene claro desde el momento en el cual se dejó meter mano en la orilla de la playa. Era peligroso, pero quien no arriesga no cruza la mar.

   Felipe, con la respiración jadeante por el intenso beso que compartiera, ni se molesta en responder, terriblemente avergonzado y humillado de sentirse así, tan caliente en los brazos de ese hombre que toma lo que quiere sin pedir permiso, sin disculparse o tener en cuenta sus deseos, sus gustos. No era gay, coño. Y sin embargo, con el culo al aire, estaba duro; algo en ese trato le tenía el güevo bien parado, y todo era muy confuso. Atemorizado, y rojo de calenturas que no quiere responder, nota la sonrisa del hombre.

   -Ahora quiero que uses esa boquita en mi güevo.

   -¿Qué? –estalla, en shock.

   -¡Me escuchaste, puto! –le ruge alzando el tono, alarmándole otra vez, atándole, maniatándole mentalmente.- ¡Arrodíllate, abre la boca y chúpalo!

   Todavía el eco de los gritos no se pierde cuando, mortalmente pálido, mirando hacia la entrada, Felipe cae sobre sus rodillas, mirándole asustado, suplicante, rogándole que no le hiciera aquello, pero encontrando sólo burla en la sonrisa de ese sujeto. Baja la mirada y queda impresionado. Era tan gordo ese tolete…

   -Comienza oliéndolo. –le indica este, atrapándole la nuca y acercándole el rostro, pegándoselo contra su bajo vientre, contra el tolete horizontalizado, la fina nariz del chico restregándose de él, que pulsa y quema, metiéndole la cara entre los pelos para que huela.- Siente lo duro que está por ti. –le dice, tomándose la base y azotándole el joven rostro con el venoso palo de carne, estremeciendo a Felipe, de repulsa y algo más que no entiende porque esa vaina no le gusta. Horrible sensación que se intensifica cuando la punta lisa, suave y tibia de ese nabo se frota contra sus virginales labios, recorriéndoselos.- Quiero verte la lengua. –le ordena, mirándole duro.

   -Señor Cortez… -le mira y gimotea, ojos brillantes con algo de llanto.

   -¡¡¡Abre la puta boca, maricón!!! –el grito es atronador.

   Dios, seguro que lo escucharon en Caracas, en el banco; el chico tiembla de frío… pero también de calor. Su respiración se vuelve superficial, afanada, sus ojos se cubren de un velo oscuro. Y separa los labios, abre mucho la boca, expectante. Sometiéndose. Entregándose a ese hombre de personalidad más fuerte que la suya, que podía ordenarle hacer cualquier cosa y él solamente podía obedecerle. Y esas ideas le erizan mientras le mira, nuevamente como un cervatillo asustado, pero también… ¿caliente?

   -Puto, puto, tan puto… -le gruñe excitado el hombre, tomándose la verga con una mano y azotándole la frente, recorriéndole el puente de la nariz, viéndole estremecerse, de repulsa pero también de algo más. Le roza los labios jóvenes, rojizo, carnosos. De chico que nunca ha mamado un güevo, ni pensaba hacerlo.

   Y estos se cierran, automáticamente, sobre su glande, sobre el ojete. El hombre espera y llega; tal vez sin saber lo que hace, Felipe sorbe, ruidoso, la primera verga de su vida. La primera de muchas que aparecerán en ese sanitario.

CONTINÚA…

Julio César.

NOTA: ¿Se imaginan eso, entrando inocentemente y terminar MIRANDO EN EL BAÑO?

EL CAMBIO… 16

septiembre 30, 2017

EL CAMBIO                         … 15

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Los quieren bien armados…

……

   -Si, en cuanto a eso, capitán… -el hombre se ve preocupado por un segundo.- ¿Es acaso posible?

   -Casi con toda seguridad, señor. Aunque, claro, hay un margen para el error. McCall será el primer ensayo. –rueda los ojos con alegre despreocupación.- Pero estoy seguro que funcionará. –el otro militar le mira fijamente.

   -¿Y es ético?

   -Oh, ética… Ya habíamos hablado… Bien, es una persona compleja ahora, coronel. Mejorará. –no hay dudas en el tono alegre del científico, que es lo que O’Donnell era, en el fondo.

   -En su juicio no tiene nada que ver su actitud… homófoba previa, ¿no es así?

   -¿Y lo pregunta hasta ahora, coronel? –es la réplica irreverente, casi bordeando la falta de disciplina. Pero ya el hombre se vuelve hacia una de las monitoreadoras.- Comience la fase dos del sueño, que vaya a uno más profundo.

   Y Jeffrey sigue soñando, excitado, realizado, sintiéndose feliz. Ya no está con esos sujetos, a los que olvidará en su memoria consiente, no así el “momento vivido”. Ahora está dentro de las olas, arrojándose sobre ellas, grande y saludable, guapo y vital, musculoso, mojado, en tanguita. Y le gusta el sol, las olas, la tanguita. Su yo. Sale y sonríe con donaire, muy erguido, notando que hombres jóvenes y maduros, en la arena, acompañados de bellas mujeres, le clavan los ojos con codicia y lujuria, sus bañadores abultando de ganas a su paso. Y eso le agrada. Así, aunque duerme profundamente y despertará totalmente relajado y descansado, toda su noche es una aventura onírica, una oda a la frivolidad y vanidad de un chico guapo que disfruta serlo y notar que todos comparten su buena opinión. Excitado de saber que calienta a otros con su porte.

……

   Despierta sintiéndose relajado, satisfecho. Medio morcillón dentro del bóxer, no duro del todo. Y mojado por sueños húmedos. Siente que “vivió” buenas aventuras, algo excitante y grato, pero no puede recordarlo del todo. Se ducha lentamente, acariciando ese cuerpo que nota más sólido, duro, musculoso. Canturreó un poco y aún su tono de voz parecía más ronco, profundo. Y sus nalgas… Joder, si que habían crecido. Y enjabonándoselas… le parecía que esa sensación de caricias era estimulante. Pero no tanto como meter la mano de canto entre ellas y enjabonarse la raja, rozar su agujero y… Cuando lanza un leve jadeo, que le sorprende, deja de hacerlo. Se seca y se mira en uno de los espejo, su rostro parece más pétreo, masculino. Sus pómulos pronunciados, mejillas tersas y delgadas, el rastrojo amarillento notándose. ¿Debía rasurarse?, era una costumbre militar pero sentía pereza, y le parece que se ve bien así. Abre el gabinete y ríe.

   El infaltable bikini. Brillante. Suave al tacto cuando lo toma. Y lo mira; enrojeciendo, se lo prueba. Mete sus gruesas piernas y lo sube, este se enrolla sobre sus muslos, casi tiene que halarlo para que cubra sus genitales y trasero. Oprime, no era un bikincito ni nada, pero se adhería de manera indecente, y excitante por lo bien que le quedaba a su cuerpo. Se mira al espejo de la pared y tensa los hombros, torso y brazos, como un culturista, y posa. Se veía increíble, reconoce con una sonrisa satisfecha y algo tonta.

   Avergonzado se quita la pieza y la deja en ese lugar. Si el marica de Larry quería tomarlo y masturbarse oliéndolo, enterrando la nariz donde estuvieron sus bolas, que lo hiciera. La imagen casi le hace reír, también nota un fuego recorrer sus venas. Si el tío quería otra cosa, como darle otra mamada…

   Este llega, y a la sonrisa tonta que esboza, él responde con otra igual. Siguen las mediciones, las pastillas. No ha inyección esta vez, cosa que le intriga, pero lo olvida al poco rato cuando el otro, en tono animoso, admira sus progresos. Desnudo y descalzo sale del cuarto, los ordenanzas, cambiando de turno, les miran y algo comentan bajito. Seguro envidiándole la facha, se dice con algo de vanidad y frivolidad, alzando una mano y agitando los dedos en un saludo burlón.

   Llegan las nuevas mediciones, notando de pasada un paral con una bolsa para suero en una esquina; pero lo olvida y gime, sorprendido, al notar que ha aumentado cinco centímetros a su altura, y ganado otros nueve kilos de peso, de pura masa muscular. La fotografía dentro de la trusa blanca es un momento caliente, la tela le apretaba de manera clara y evidente; su verga eras más larga, sus bolas eran también algo mas grandes (lo notó también en la ducha), destacando ahora obscenamente contra la tela clara. Eso le hizo reír feliz, respondiendo a la risa de Larry.

   -Genial, estás divino. –chilló, en tono abiertamente amanerado, el capitán y médico.

   -¿Verdad? –admite el chico, también riendo. Cosa que termina al verle un poco más serio.

   -Bien, Jeff, de ahora en adelante ya no habrán inyecciones. No queremos marcas de aguja, por eso no te tomamos un vía desde el principio. Ya no lo necesitamos tampoco. Para esta nueva fase la vía de absorción será diferente. –el marine le mira sin comprender, ni siquiera cuando se acerca al paral, del que cuelga esa bolsa preparada con un líquido translucido, semejante al agua aunque más espejo.- Será un enema.

   -¿Qué? ¿Un enema por el… trasero? –eso acaba con su felicidad. ¿Meter una cánula por su culo? No le agradaba ni siquiera la idea de los supositorios. Aunque aquel dedo…

   -Claro, ¿no lo ves?, es una vía más rápida y eficiente de absorción, sin necesidad de dejar marcas sobre esa hermosa piel. No queremos marcarla con rastros de agujas, ¿no? –tiende la trampa.

CONTINÚA … 17

Julio César.

EL CAMBIO… 15

septiembre 28, 2017

EL CAMBIO                         … 14

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Es que cuando arde, arde…

……

   La idea debería ser aterradora, y lo era a cierto nivel, aún sabía quién era; pero no tanto. Era un sueño, ¿no? Nada significaba. Era tan sólo… un reflejo de su mente por los sucesos del día.

   Comenzó viéndose corriendo por una playa de arenas muy blancas, bajo un cielo intensamente azul, sintiéndose bien. Rubio y alto, fuerte, musculoso, cada paquete marcándosele definidamente en el cuerpo. Mirando sus muslos sonreía extasiado, así como sus pectorales y brazos. Era como uno de esos tipos de las imágenes en el cuarto de pesado, y ya no le parecen desagradables. No, de hecho le gusta. Corre sintiéndose libre, en paz, la tibia brisa rozándole, las cálidas caricias del sol sobre toda esa piel bronceada expuesta. Usa una diminuta tanga de color indeterminada, imagina que es algún morado desvaído. Que le queda bien, cubriendo parte de la circunferencia de sus nalgas redondas y paradas, las tiritas a los lados presionándole, los huesos de la cadera fuera, su verga abultando llamativamente dentro del pequeño triángulo invertido de tela. Le parece escuchar la voz de Larry O’Donnell, capitán de la naval, médico y marica, diciéndole que se ve hermoso, grande, forrado de músculos. Y sabe que es cierto cuando, sonriendo, cruza con ese trío de carajos recios y masculinos, bronceados, en largos bañadores a media piernas, que se le quedan mirando con bocas abiertas, recorriéndole con miradas evaluadoras, admiradas, deseosas.

   -Te quieren. Te desean. –le parecía escuchar la voz de Larry, mientras se detiene frente a ellos, dándoles la espalda, mirando al mar. Exhibiéndose. Sabiendo que los trastornaría a todos. ¿O eso decía Larry?- Todos esos tipos quieren tocar tu cuerpo, acariciar tus músculos. Adorarte.

   Y cerró los ojos cuando llegaron, los tres, rodeándole los costados, comentando lo increíble que se veía, tan fuerte y musculoso, tan guapo; tres pares de manos acariciándole por hombros, espalda, brazos, pectorales, rozándole las tetillas, bajando y bajando. No podía pensar, ni responder como no fuera sonriendo complacido, sintiéndose realizado. Esos dedos apretándole aquí y allá, sus nalgas sobadas, manos metiéndose en la tanguita, su verga larga y gruesa, pero no dura, siendo atrapada por una mano grande. Y en todo momento escuchando…

   -Los hombres son tan bellos. Amas a los hombres. Los hombres pueden hacerte sentir vivo. Feliz.

   Era un bucle que se repetía mientras le tocaban, y sintió algo en sus tetillas, abriendo los ojos encontró a dos de los sujetos, que se parecían vagamente a camaradas con los que estuvo en Afganistán hace poco (pero no puede recordarlos, no en esos momentos), que chupan de sus tetillas; mordisquean y le dicen que tiene las tetas grandes. Y era cierto, sus pectorales eran tan redondos y pronunciados, sus pezones tan largos y cuando eran mordidos, o una lengua se enrollaba en ellos, chupando, se sentía increíble. No pasó mucho tiempo antes de que sus manos fueran atrapadas y llevadas dentro de las pantalonetas, atrapando por primera vez (un sueño, sólo era un sueño), dos vergas erectas. De hombres. Duras, palpitantes, calientes.

   -Se siente tan bien tocar vergas así, ¿verdad? Sabiendo que están tiesas, mojadas, con ganas de ti, de tu cuerpo hermoso… -esa voz se repetía, poniéndole frenético.

   Y todavía acariciaba esas dos vergas, una de color cobriza clara, la otra más oscura, cuando es obligado a caer sobre sus rodillas en la arena suave y tibia. Estremeciéndose porque sabe lo que viene, mirando hacia arriba al joven guapo de sonrisa pícara de pie frente a él, cabello cortado al rape, con una cadena de la que cuelgan las chapas identificadoras… Con una tranca blanco rojiza erecta fuera de la pantaloneta.

   -Chupar vergas es tan rico… -decía esa voz en su cabeza mientras la mirada se le humedecía, la respiración se le agitaba más y la boca se le secaba.

   Y pegó los labios de aquel glande, escuchando risas de aprobación, sintiéndose feliz por ello, y la tragó como viera a Larry hacerlo con la suya; ronroneando al ir cubriéndola con sus labios, pegándole la lengua, notando como temblaba al contacto. Chupó y algo cayó sobre su lengua…

   -Oh, Dios, sabe tan rico… Los jugos del hombre… -la voz le azuzó.

   Mientras masturbaba a esos dos tipos, comenzó un vaivén sobre esa verga dura, chupándola, lamiéndola, como si supiera lo que hacía, logrando que el hombre rugiera y se estremeciera, que le atrapa la nuca con las dos manos, demandante, viril, empujándole sobre ella.

   -Chúpala toda, cabrón, trágate mi verga como el putito caliente que eres. –le decía, y le gustaba, escucharle, saber que le afectaba así y al mismo tiempo le controlaba.

   Los carajos se agitan, la verga sale de su boca, húmeda, chorreando saliva, una que también baña su mentón. No sabe qué ocurre hasta que otra ocupa su lugar, y sin pensarlo, hambriento, como el chico que ha encontrado de pronto el más rico manjar del mundo, fue y la tomó. Y la otra. Y se repitieron, iba de uno al otro, succionando como los buenos. Mamaba y mamaba güevos hasta que uno a uno fueron estallando en leche sobre su lengua, llenándole la boca, la cara; y tragó lo más que pudo. El olor a semen era intenso, embriagante y el sabor increíble. Continuó buscando, su rostro entre esas entrepiernas, los toletes frotándole la cara, entre risas masculinas.

   -Es una respuesta… intensa. –dice el coronel Hessler; desde la sala de monitoreo, mira al joven dormir, muy erecto, gimiendo excitado, estremeciéndose, agitando brazos y piernas, su pecho bajando y subiendo. Larry, sonriendo a su lado, asiente.

   -Si, las drogas le han hecho sumamente susceptible a la sugestión subliminal de la grabación. Pronto no distinguirá entre lo que en realidad siente y aquello que le señalemos. –le sonríe con esa mueca feliz que siempre inquieta.- Eso asegurará las modificaciones. Y con lo de mañana…

CONTINÚA … 16

Julio César.

EL CAMBIO… 14

septiembre 26, 2017

EL CAMBIO                         … 13

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Es que cuando arde, arde…

……

   -Ahhh… -se le escapa, torturado a muchos niveles, cuando la punta del dedo le penetra. Se tensa, mucho, por el sorpresivo ataque a su retaguardia, pero…

   Esa boca golosa y húmeda sube sobre su verga, recorriendo lentamente el nervudo tronco, dejándolo brillante de saliva, cubriendo sólo el glande, succionando hambrientamente de él, mientras le dejaba el dedo bien clavado en el agujero, abriéndole los algo velludos pliegues. La cabecita, lisa, roja y húmeda, recibe un besito de esos labios masculinos, y otro y otro; la lengua parece querer clavársele en el ojete, le recorre el rugoso cuello, y Jeffrey tan sólo puede dejarse caer en el mesón, la cabeza colgándole, desfallecido de pura lujuria como está. Esa lengua rosada azota una y otra vez contra el ojete, la saliva espesa y los jugos forman hilos, y cada golpe daba placer, pero no tanto como esos labios atrapando el tronco cuando el médico ladea el rostro, entre sus piernas, medio clavándole los dientes, y masturbándole así, arriba y abajo… al tiempo que ese dedo sale lentamente y se le mete igual, la punta agitándose… buscando en su interior.

   El ávido médico, ante el manjar ofrecido, vuelve a tragarse el tolete, lentamente, succionándole, apretándole, dejándole los labios pegados al pubis, resollándole en los pelos. Y comienza un frenético ir y venir, apretándole con labios, lengua y mejillas, masturbándole mientras le succiona. Es tan caliente que Jeffrey eleva el rostro, ojos nublados de lujuria, mejillas rojas, y le ve ir y venir, frenético, ansioso. Tragándole el güevo con todo su cuerpo, posa la vista en un espejo y mira como los hombros, espalda y nalgas del medico también van y vienen, todo él deseando mamar güevo. Y ese culo bajo el shorts, o bóxer, le atrapa la mirada. Se veía tan firme, tan turgente y duro…

   El dedo se flexiona un poco, disparándose hacia arriba, y le toca o golpea algo, un punto dado, se dice todo trastornado, porque lanzan un gruñido casi maullido, recorrido por mil oleadas de placer. Y Larry sonrió… Ya le tenía.

   Mientras sigue mamándole, el médico saca y mete el dedo del aún apretado y virginal culo del joven marine, la punta disparándose siempre hacia un mismo punto, haciendo que el chico se tense, se arquee, gima y se estremezca en el mesón, dominado por una calentura que no puede controlar. Y al hombre le encanta, porque esa verga que chupa, sobre la que va y viene, quemándole la lengua en su recorrido, soltaba ahora una gran cantidad de jugos viriles, y él podía tragar de eso todo lo que pudiera, todo el día. Vuelve a abarcar el tolete con su boca, olisqueando con ansiedad en esos pelos, y su manzana de Adán, arriba y abajo convulsa, delata que sigue ordeñándole con la garganta, al tiempo que continúa cogiéndole con un dedo.

   Tensándose, medio arqueándose sobre el mesón, gimiendo y quemándose prácticamente de manera literal, Jeffrey se pregunta si ese era realmente él, tan excitado y lujurioso como no recordaba otro momento en su vida, su cuerpo convertido en una enorme terminación nerviosa estimulada. Jadea sin poder contenerse, ojos idos, mientras ese hombre joven y guapo le mama el güevo como si la vida le fuera en ello, apretándoselo con las ahuecadas mejillas, refregándoselo así en sus idas y venidas, mientras le metía ese dedo en su lugar más privado, secreto y prohibido de hombre. Y no le importaba. Cayendo sobre el mesón, nuevamente la cabeza colgando fuera, sonríe de una manera algo desequilibrada: ¡si su papá le viera en esos momentos! Y la idea provoca reacciones extrañas en su cuerpo, unas que Larry nota claramente, lo muy dura que se le pone la tranca, lo mucho que palpita y la súbita marea de calor que la recorre. El primer estallido de esperma le hace gritar, tensando los muslos, corriéndose abundantemente en la garganta del otro, quien farfulla y ronronea mientras traga la espesa y tibia carga. Retirándose un poco, dispuesto a sacarle el jugo al momento, Larry logra que el siguiente trallazo estalle sobre su lengua, y el otro y el otro. Mientras gimotea y ríe en una nube de placer intensa, a Jeffrey le parece que sus bolas produjeron leche en exceso, una que ese sujeto traga y bebe casi ronroneando como un gatito satisfecho. Y el sonido de un hombre tragándose la esperma de otro sujeto era salgo realmente erótico.

……

   Regresar a la pieza fue extraño, e incómodo. Pasada la calentura, todavía viendo al médico lamerse los labios y tragar, este le dio otras píldoras a tomar.

   -Lleva esto, por si no ves televisión; te hará descansar mejor. –le entrega un iPod con audífonos. Le mira algo serio.- Mañana… las pruebas serán un poco distintas, ¿okay? Nada de qué preocuparse. Ve y descansa. –cuando responde afirmativamente con la cabeza, sin mirarle, todavía dice.- Hey, Jeff, no pasa nada. Tenías un problema y te ayudé. Fue otro ejercicio, ¿bien?

   Y volvió a asentir, aunque no lo sentía como tal en esos momentos. Nada más regresar se duchó, lentamente, quedándose un buen rato bajo la regadera. ¿Consternado por lo ocurrido?, un tanto, si, pero mayormente porque… no le inquietaba nada. Se dejó tocar y chupar la verga… Ese sujeto le metió un dedo por el culo… Está bien, ¿y qué? Lo necesitaba en esos momentos. Punto.

   Intenta mirar programas sobre historia, pero se aburre y sintoniza una vieja película de Schwarzenegger, Comando, disfrutándola, notando la recia musculatura de esos machos y el tinte homoerótico de la cinta. Toma un libro pero lo abandona, la Biblia ni la mira. Cena y toma un nuevo coctel de píldoras, de variada coloración. Se coloca los audífonos y enciende el iPod, parece escucharse el chocar de olas en una playa, y le gusta. Se acuesta y cierra los ojos recordando a Larry mamándole el tolete, lo bien que se sentía… Mientras va durmiéndose no le extraña que la verga se le esté endureciendo. Lo que si le sorprende un poco, antes de entender que era un sueño y que podía disfrutarlo porque en realidad no pasaba nada, era que él, Jeffrey McCall, de rodillas, estaba atrapando unas vergas erectas con sus manos, a derecha e izquierda de su cuerpo, mientras mamaba otra que le era ofrecida al frente… Y que le encantaba.

CONTINÚA … 15

Julio César.

EL PEPAZO… 81

septiembre 25, 2017

EL PEPAZO                         … 80

De K.

   Indeciso, sufre, ¿puede quedarse con todos?

……

   -Yeah, yeah, tocar a mí. –ruge White, sentado sobre la cara del muchacho, ojos brillantes de lujuria, la gruesa tranca botando un mar de líquidos que mojan el pecho de Jacinto. En esos menesteres siempre era el último. Su verga… abría demasiado. Todo eso lo piensa con una traviesa y malvada sonrisa mientras se alza, abandonando con algo de pena esa boca golosa que tan rico le chupaba el agujero. A Taylor le encantaba comer culos, de chicas o chicos, y parecía servirle por la manera en la que estos se ponían frenéticos y le pedían que los penetrara, pero a él le encantaba era una lengua metiéndosele. Y no es que nunca lo hayan hablado entre ellos, a pesar de la oferta y la demanda que rige el mundo capitalista.

   Y aunque lamenta dejar de lamer y coger ese culo (pensara White lo que pensara que era), Jacinto tiene poco tiempo para sentirlo o preocuparse por ello, temblando como está. Sentir las pulsadas de aquella verga que se hinchaba aún en su interior, disparando aquella carga de semen hirviente, le tenía tan mal que arquea la espalda sobre la grama, cerrando violentamente su agujero alrededor de ella, chupándola, halándola, deseando más y más, del tolete y de la leche (si, su culo era bien goloso), y aunque intentaba retenerlo, disfrutarlo adentro, podía sentir como un poco de aquella esperma escapaba de su vicioso agujero a pesar del cilíndrico tolete de carne dura que todavía lo llena y tapa. Dios, esos veinte minutos de follada, de refregadas, de darle una y otra vez sobre la próstata, o las dos pepas que sabe que tiene, le pusieron a delirar; estaba a punto de…

   Sonriendo complacido, ojos cerrados y sus alrededores arrugados por la fuerza con lo que los aprieta, la boca muy abierta dejando escapar jadeos y una risita por el intenso placer que ese culo le diera, halándosela y chupándosela hasta el último segundo (joder, esa apretada que le dio cuando comenzó a correrse había sido brutal), tienen aún en éxtasis a Smith. Lentamente, muy lentamente, mirando mientras lo hace, retira su verga. Había algo realmente caliente en la visión de sacar el tolete de un culo ajeno, uno cuyos labios, como hambrientos aún, parecieran querer retenerle. El semen chorrea lentamente. Y ese culo sí que estaba botando bastante, su esperma y lo que quedara aún de la de Taylor. Pero algo pasaba…

   No sabe que mientras se la sacaba, volviendo a refregarle las paredes del recto con su todavía duro tolete, el chico se arquea entre gemidos, apoyando la nuca en el suelo, tensándose al máximo, y cuando va a aferrarse la tranca totalmente erecta y babeante bajo la tanga, como para pararlo, no llega a tiempo y se corre otra vez, la segunda en menos de media hora, sin tocarse, con un orgasmo tan intenso que siente que se desmayará de puro placer. Y mientras gimotea, ladea el rostro de un lado a otro y lloriquea, la verga botando su leche a pesar de la reciente corrida, es la viva imagen del puto bien puto, el insaciable, una imagen capaz de calentar a todos los hombres.

   -So bitch… -gruñe Taylor, casi riendo maravillado.

   Si, una buena puta, se dice Smith, sonriendo fascinado también, rodillas en la grama, viéndole. Especialmente el tembloroso culo. Ahora White lo llenaría con su barra, seguro que caliente ya por hacerlo, sabiendo que ese agujero estaba lleno y bien pegajoso con la leche de sus dos camaradas de armas. Así de ociosos eran los hombres cuando cazaban putas juntos.

   -Vamos… venir… -le gruñe el negro marine, haciéndole señas con una mano, sonriendo mientras cae sentado de culo, muy abierto de piernas, sobre un banco.- Subir… subir… -le señala su pieza.

   Y Jacinto, jadeando, sonríe con los cachetes rojos. No es una sonrisa para ningún otro que no fuera él mismo; emocionado mira esa verga y una parte primitiva de su ser (que sospecha está alojada en su culo por la manera que late y se estremece mientras el semen mana), ruge que la quiere toda. Y mientras se vuelve sobre la grama, su joven y fornido cuerpo viéndose hermoso, quedando arrodillado por un segundo, la tanga deslizándose al fin y la tirita cubriéndole la raja, mojándosele de semen al cruzar, ya que no tapar del todo, el ojete. Se pone de pie y va hacia ese macho negro de tranca titánica, como un joven virgen dispuesto al sacrificio ante un dios pagano.

   -Subir, boy… -le gruñe White, los ojos relucientes cuando el apuesto latino se acerca, con el hambre de verga pintado en su cara traviesa.

……

   Mientras la pareja cruzaba hacia esa parte del jardín, todavía se escuchaba a un hombre gruñir de una manera inequívocamente sexual, también al otro, el que gimoteaba como si algo le doliera aunque nadie lo habría confundido con otra cosa que no fuera que gozaba montado sobre una buena verga. Así era el tonito. Raúl Bravo, haciéndole honor a su nombre, se veía muy molesto por tener que regresar y ver toda esa mierda, y por no ser creído cuando contara lo que narró.

   -Es un puto. Y ese que chillaba era él. –asegura, apartando las ramas de los rosales, casi arrugando la cara con disgusto ante la escena que sabía que vería.

   Jacinto Contreras muestra su nuca, la muy ancha espalda, la cintura estrecha, los muslos grandes y unas nalgas impresionantemente redondas y firmes, no cubiertas porque se ve como al final de la espalda dos tiritas que rodean su cintura se encuentran y bajan entre ellas, clavada. Pero es posible verla, la tirita sobre la raja y un culo apenas cubierto. Del cual mana algo cuando se sube al regazo de un enrome sujeto negro. Oyen el gemido del muchacho cuando se sienta, muy por encima de tolete, este parado como una oscura lanza de carne, golpeando y rozándose de esas nalgas plenas. Y todo el que ha cogido sentado sabe lo caliente que es cuando ese peso cae sobre la pelvis, cuando el tolete pega de esa piel que se desea refregar, de ese tipito al que se quiere penetrar, piensan todos los que observan fascinados la escena. Todavía toca ver al forzudo joven subir y bajar, meciéndose contra el otro, cuyas negras manos toman sus duros glúteos, apretándolos, agitándolos, separándolos más, totalmente visible el ojete chorreante de esperma.

   -¡Contreras! –brama la impresionada voz, alarmada. Este se vuelve, los ve y palidece.

   -¡¡¡Raúl!!! ¡¡¡Rigoberto!!!

CONTINÚA … 82

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

EL CAMBIO… 13

septiembre 25, 2017

EL CAMBIO                         … 12

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Es que cuando arde, arde…

……

   La cara de Jeffrey arde, mirándole casi asustado de lo mucho que desea es vaina, ser tocado por ese hombre que quiere hacerlo. La idea le pone incluso más caliente.

   -Si… tócame. –accede, sintiéndose embriagado y aliviado. La sonrisa del otro le encanta.

   Aunque no tanto como su manota cuando le atrapa la verga sobre la elástica tela, apretándola y frotándola de arriba abajo; la sensación era increíble, tanto que grazna y traga con esfuerzo. Mirándole a los ojos, sonriéndole con picardía, Larry le baja la parte delantera de la trusa, sacándole la blanco rojiza barra de joder, así como las bolas, atrapándola con su mano, mirándole al frotársela de arriba abajo. Tiene que gemir y cerrar los ojos. No era afecto a las pajas, pero era un hombre joven de sangre caliente y sabía que cuando tocaba, tocaba, y que era pecaminosamente bueno lo que se sentía al hacerlo… Pero hecho por otra mano (¡la de otro hombre!), parece despertar cada terminación nerviosa provocadora de placer que ignoraba los tenía dormido en su barra. El tacto era eléctrico, mágico, y ese puño subiendo y bajando, firme, fuerte, le provocaba gemidos y calambrazos de lujuria. Dios, otro hombre haciéndole la paja no debería sentirse tan bien, pero así era. No sabe cuando echó la cabeza hacia atrás, pero se paraliza, muy consciente de sí, de cada pedazo de su cuerpo, cuando algo cubre su glande. Abre los ojos, baja la vista y encuentra la mirada de Larry, quien con el rostro medio ladeado, le cubría con sus labios media cabecita, pegándole la lengua, cerrándolos un poco y sorbiendo de ella.

   -Ahhh… ahhh… -el joven enrojece completamente; Larry le miraba como esperando una reacción, una negativa a permitirle hacerle eso (a él tan conservador y puritano), pero no puede hacer otra cosa que baja una mano y atraparle la transpirada nuca al otro y llevarle más sobre su verga. Es todo lo que el capitán y médico de la naval necesitaba saber.

   Sonriendo, ¡el hijo de perra sonría!, se dice Jeffrey, endereza el rostro y va cubriendo, centímetro a centímetro, toda su barra caliente, dura y pulsante. Y el roce de los labios, de aquellas mejillas y especialmente esa lengua que se agita, lame y recorre la cara inferior de su tranca le tienen loco. La boca baja toda, casi cubriéndosela en su totalidad y no puede ni imaginarse cómo puede hacerlo, tomarla completa, pero no le importa, porque los ruiditos de succión, las chupadas, le tenían erizado. Y suben, los masculinos labios rodeados de una sombra de barba y bigote ascienden dejándole la verga brillante de saliva, apretando y sorbiendo mientras lo hace, y casi cree escuchar un plop de succión cuando la suelta, la dura barra golpeándole en el abdomen.

   -Joder, mamar una verga es tan rico, Jeff. No hay nada mejor. Todos esos jugos y pulsadas… –le informa el otro, mirándole con ojos brillantes, estremeciéndole con el dato sexual.

   Aún más porque, mientras le habla, le tiene la verga atrapada con una mano, agitándola, y se sentía tan bien que sabe no aguantará mucho de lo caliente que está. Y vaya cantidad de jugos que salen de su ojete y chorrean tolete abajo. A medio tronco, Larry pega deliberadamente la lengua, subiendo, recogiendo ese néctar masculino, antes de cubrir nuevamente el glande con los labios, gimoteando, tragándolo, subiendo y bajando, chupando con fuerza, masajeándolo con lengua y mejillas, apretando lo justo. Tres minutos, cinco, ocho, diez. Dejándole libre otra vez, azotándose labios y mejillas con la barra, y cada golpe era un escalofrío en la espalda del joven marine.

   -Dios, sabe tan rico… -le gruñe, como provocándole.

   Ojos cerrados, oliéndole la tranca un momento, Larry vuelve a tragársela, cubriendo primero la cabecita, los labios cerrándose sobre ella, chupando con ganas. Evidentemente el sabor era algo realmente bueno, piensa Jeffrey, maravillado y muy caliente, como todo sujeto que ve a otro dándose banquete comiendo de su verga tiesa. Y cada ida y venida de esa boca golosa le tenía más y más excitado, no parecía calmársele el calentón, al contrario. Pensó que se correría rápido, pero no. Estaba más y más agitado, urgido, así que, apoyando las manos en el mesón, comenzó a subir y bajar un poco las caderas, cogiéndole la boca al capitán marica. Quiere correrse, está quemándose, necesita… Sube y baja con más rapidez, el ajuste de esa boca húmeda y caliente era atormentadoramente delicioso, pero no terminaba. ¡No llegaba! Era tan frustrante.

   Se detiene cuando las manos de Larry caen nuevamente en sus caderas, atrapando los bordes de la trusa y la hala. Se miran, ese tipo quieto con su verga clavada entre los labios. Alza las caderas porque lo necesita y la prenda baja, rozándole sabroso. Y el otro le soba y manosea, las manos le recorren los gruesos muslos, de uno al otro, y la caricia parece una tortura extra para el marine. Peor cuando el médico, dejando de mamar, le atrapa nuevamente la verga mojada de saliva con una mano y comienza a besarle la cara interna del muslo izquierdo, depositando besitos chupados, mordelones, ruidosos; caricia eléctrica, que parecía aún más intensa por la paja que le hacía. Elevando los ojos, mirándole, Larry le masturba mientras le alza una pierna, montándole el pie sobre el mesón, abriéndole, y mete la lengua entre su ingle y muslo, lamiendo, de abajo arriba, una y otra vez, dándole luego lengüetazos a sus bolas. Y atrapa nuevamente su tolete con la boca, haciéndole gemir mientras le acaricia las pelotas con una mano, los dedos jugando con el saco.

   Y se lo traga todo, de punta a base, ahuecando las mejillas, dejando escapar ahogados gemidos de gusto, por el placer de mamar, resollándole en los rubios pelos púbicos, la saliva caliente chorreando camino a sus pelotas… al tiempo que un dedo, dejando sus bolas, baja más y le acaricia los pliegues que van a su raja interglútea, peluda, que frota y acaricia. Las alarmas suenan en la mente del muchacho, aunque le parecía que también había lucecitas estallando frente a sus ojos de la calentura que tenía. Y la punta de ese dedo le soba y hala suavemente los pliegues del culo, recorriéndolo de lado a lado de la raja, haciéndole plenamente consciente de que un hombre estaba tocándole allí, por donde pecaban los maricas. Pero esa boca, tragándole otra vez, le debilitaba para resistirse; era eso, no esas cosquillas desesperantes sobre su esfínter, se dice.

   -Ahhh… -se le escapa, torturado a muchos niveles, cuando la punta del dedo le penetra.

CONTINÚA … 14

Julio César.