Archive for the ‘RELATOS GAY DE MALDITOS…’ Category

EL PEPAZO… 52

febrero 19, 2017

EL PEPAZO                         … 51

De K.tio-caliente-en-tanga-atigrada

   Y ahora, ¿qué viene?

……

   Como un poseso se la saca del culo, aunque el otro parece alarmado, y como puede medio gatea sobre su cuerpo, rugiendo al escupir su verga otro chorro espeso, baboso, blanco, oloroso y caliente de leche, cruzándole la cara de la barbilla a la ceja derecha. Y si, coño, se veía del carajo.

   -Abre la boca, puto, ¡vas a probar mis espermatozoides! –le grita, rugiendo de calenturas, atrapando su pene y apuntando.

   -Yo… yo…

   -¡Ábrela, zorra! –grita con fuerza.

……

   Lissete, con un vaso de agua en sus manos, regresa de la cocina de Corina, la cual le parece magnifica (odiando un poquito más a Efraín, quien no le dejó hacer unas remodelaciones parecidas, alegando altos costos, siendo que pagaría ella ya que el vago ese nunca tenía nada), cuando la ve ceñuda, mirando hacia una pared. Le tiende el vaso.

   -¿Ocurre algo? –¿habría regresado Andrades?

   -No lo sé, mana, pero creo que escuché un grito, fuerte. Que vino de tu apartamento.

……

   Aquello… aquello era… Todo lo que Jacinto pudiera estar pensando sobre recibir esperma recién ordeñada en su boca, queda anulado por el intenso frenesí sexual que está padeciendo, que tiene cada célula de su cuerpo agitada y vibrante de excitación, ganas y gozo. Así que jadeando, obedece, abriendo grande, su boca de labios rojizos y húmedos es una gran o, y hacia ella enfila Efraín la cabeza de ese tolete que vomita una tercera y cuarta carga de leche, que le baña nuevamente el mentón, los labios, parte de la nariz y la lengua, que también ha salido, expectante.

   Esa cara ansiosa, ya cubierta previamente de semen, encanta y emociona a Efraín cuando dispara sus cargas finales. Oh, Dios, ver su propia leche bañando y cubriendo la rojiza lengua del otro hombre era… era hermoso. La cara de otro sujeto bañada con su néctar. Siente que su verga sufre nuevos espasmos. Quiere más. Quiere enterrársela en la boca para sentir la caricia de los labios, mejillas y la lengua cubierta de su propia esperma. Quiere… cogerlo otra vez. Desea sentir nuevamente la sensación del apretado y sedoso culo goloso de ese forzudo carajo, el cual le mira con ojos brillantes mientras degusta el espeso líquido blanquecino.

   No, no, esto no estaba bien, gritaba una parte de la mente de Jacinto cuando se erizó al recibir sobre su lengua el chorro de espeso y caliente semen, que hizo estallar cada una de sus papilas gustativas. La calentura que le da es tanta que degusta lentamente, paladeándola, tragándola. Sintiéndola sabrosa, muy… Su pecho sube y baja, pesadamente, con esfuerzo, calentándose todo él: ¡era delicioso! Tiembla violentamente, reconociéndolo, ¡el semen sabía rico! Y chasquea con la lengua, lamiéndose los labios, buscando más. Y sonríe, porque eso hace brillar los ojos del otro, dándole un aire de cazador.

   -Dios, eres tan puto… -le acusa y hace algo que es horrible desde su propio punto de vista, pero no soporta la visión del hermoso y musculoso joven bañado con su esperma, baja y une sus labios con este, aunque cada parte de sí se resiste a ello. Vacilación que sólo dura un segundo, porque en cuanto su boca hace contacto con la del otro, y las lenguas se encuentran, luchan y atan, chasqueando, compartiendo alientos, salivas y rastros de semen, al hombre se le vuelan los tapones y se revuelve sobre él, besándole con todo. Se oyen chupadas y succiones mientras los dos cuerpos se refriegan sobre el elegante sofá de Lissete Osuna. Necesitados de oxígeno dejan de besarse, mirándose a los ojos, respiraciones espesas, pupilas oscuras, y mientras va cayendo otra vez, Efraín sabe que saca la lengua, y cuando los dientes de Jacinto rastrillan en ella, se agita y gime, uniéndose nuevamente en un beso mordelón y chupado. Apasionado. El beso de un amante.

   Efraín siente el calor del otro cuerpo duro, el olor a sudor del chico, también el sabor de su propio semen, y gime ronco, dentro de la boca del otro, clavándole la lengua hasta las amígdalas cuando las manos de Jacinto caen en su baja espalda, calientes y grandes, fuertes, acariciándole. Se tensa y… disfruta, cuando esas manos recorren y acarician sus peludas nalgas, cuando esos dedos se clavan. Tener a otro sujeto tocándole el trasero era… Los gemidos y jadeos, así como las frotadas se intensifican. Y Efraín siente como su verga, que se frota de la del otro, oculta bajo la tanga empapada en leche, endurece otra vez. ¡Quiere más culo!

……

   Ceñuda, Lissete abandona el apartamento de Corina, prometiéndole pasar más tarde. La verdad era que la mujer estaba pasando por algo bastante difícil, y necesitaba de compañía. Pero la razón de su frente fruncida se debía a lo dicho por esta, lo de los gritos que creyó escuchar y que parecían salir de su apartamento. ¿Estaría Efraín jugándole alguna mala pasada mientras ella iba a trabajar? Lo ocurrido a Corina era un alerta (aunque su marido sí que nunca haría algo así, si de algo estaba segura –y orgullosa- era de la sexualidad del vago ese); aunque bien podría estar metiendo putas bajo tu techo mientras ella trabajaba para mantenerle. Con sigilo se detiene frente a la puerta y escucha, oye voces bajas.

   Con cuidado abre la puerta y se asoma; el disgusto le llega a niveles históricos y de histeria.

   -Efraín, ¿qué carajo estás haciendo? ¡En mi sofá! –ruge.

CONTINÚA…

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 8

febrero 14, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 7

Por Sergio.

el-medico-cura

Son las 4 A.M. del sábado cuando Rodrigo despierta. Paradójicamente, es el primero de los tres hombres en hacerlo a pesar de haber vivido una inesperada noche llena de sensaciones, pensamientos y cosas que jamás imaginó experimentar… y ha sido, en todos los sentidos, agotador. Rodrigo, ahora completamente consciente, sabe que le ocurrió algo irreversible. Él, un macho alfa, atractivo y conquistador fue atraído hacia una trampa, atrapado y “conquistado”.

Rodrigo siente muchas emociones esa madrugada: enojo, desamparo, tristeza, temor; pero hay una más, una más de la que desconoce, por ahora. Por el momento, aún sumergido en el malestar por la situación, no puede evitar encontrar cierto humor negro ante la ironía: en el hipotético (¡e imposible!) caso de “verse obligado “ a tener sexo gay, imaginaba que sólo podría ocurrir ante la imposibilidad de conseguir una colaboradora mujer, una excitación acumulada que demandase ser descargada con urgencia y algún entusiasta puto disponible que le coqueteara en privado, pero con descaro hasta suplicarle que se la metiera en su boca y su culo.

Rodrigo ahora cae en la cuenta ahora de que su belleza, su infalible arma para conquistar mujeres, ha resultado tener doble filo: dos hombres se propusieron “cortejarlo”, pero a diferencia de con sus conquistas mujeres, fue a él a quien le tocó aportar los agujeros anteriormente mencionados. En otras palabras, el papel de ese hipotético puto que jamás imaginó necesitar acaba de ser interpretado el mismo. A pesar de no haberse buscado lo que le ocurrió, no puede evitar sentir cierta culpabilidad.

No puede evitar sentirse culpable porque empieza a recordarse penetrado, mamando, gimiendo, ¿disfrutando?… En esos momentos, también aparecen los recuerdos de las otras vergas que chupó y que su ano succionó en sus ¿sueños? ¿Fantasías? La lógica le posibilita a Rodrigo sentir cierto alivio al lograr deducir que no se dejó coger por su mejor amigo Víctor, por los otros diez integrantes del equipo de fútbol que lideraba, por su hermano Roberto ni por Claudio.

Ni el propio Rodrigo se explica a qué se deben exactamente esas visiones, pero son todas ellas bastante claras. De hecho, las recuerda más claramente que todos los eventos ocurridos en la realidad de esa noche tan reciente. Sabe que no son recuerdos reales, pero lo cierto es que le parece recordar con asombrosa precisión las supuestas embestidas de los ¿doce? hombres anteriormente mencionados. Y hay algo que llama su atención y le intriga poderosamente: ésta es la segunda vez que tiene una visión de este tipo con Claudio, aunque Rodrigo no es capaz de detectar que esa conversación que tuvo con él a medio coito sí fue real.

Rodrigo: -¿Qué demonios le está pasando a mi vida? –pregunta en forma retórica, abrumado por los acontecimientos.

Como se ha dicho anteriormente, el sistema de correas impide que Rodrigo pueda levantarse de la cama, pero sí le permite moverse dentro de la misma con libertad. Aprovechando esta circunstancia, decide analizar el estado de su ano introduciendo un dedo en éste. Lo siente un tanto “más abierto” y no puede evitar asombrarse al notar que no siente ardor ni dolor, sino solamente una pequeña molestia, como si su ano hubiera diseñado para alojar varias vergas.

En aproximadamente cuarenta y cinco segundos, Rodrigo ha agotado los dedos de su mano derecha al haber introducido los cinco en su recién estrenada entrada. No pretende masturbarse, pero accidentalmente empieza a excitarse; por lo que saca sus dedos de forma inmediata al desear no alimentar más sus deseos homosexuales. Se sabe violado, pero le mortifica descubrir que, aunque ahora esté lamentando lo que le hicieron, su excitación le revela que ayer lo disfrutó.

El cerebro de Rodrigo le ordena no distraerse y dirigir sus pensamientos hacia preguntas tan enigmáticas y, al mismo tiempo, cruciales como ¿será posible escapar?, ¿qué más le harán antes de lograrlo, si lo logra?, ¿quién está detrás de todo esto? y finalmente… ¿le gustará lo que le harán? Rodrigo presiente que no su vida no corre peligro y que tampoco van a torturarlo (exceptuando las violaciones) porque todo lo que quieren de él es sexo. Su cuerpo sigue cansado por tanto sexo, la pelea y el impacto psicológico que la experiencia trae consigo; por lo que vuelve conciliar el sueño involuntariamente, muy a pesar de sus intentos por mantenerse alerta de literalmente todo lo que pueda ocurrir a su alrededor y a su cuerpo.

Más temprano que tarde, el día empieza para Amadeo, quien fue vencido por el sueño anoche, pero ahora está tan despierto, activo y desnudo como su pene. Lo primero que hace, tras levantarse de su cama, es ponerse únicamente otra máscara que sólo muestra sus llamativos ojos y labios. Decide empezar el día con lo que dejó pendiente y se dirige a la habitación donde está Rodrigo con rapidez. Lo encuentra durmiendo y se acerca para empezar a jugar con él.

Amadeo: -¿Ya está despierto el bello durmiente? -exclama mientras un beso en los labios despierta al otro.

Rodrigo, sin decir nada y de forma impulsiva, dirige un fuerte golpe hacia la cara de Amadeo. Éste consigue apartarse a tiempo, de manera que el golpe apenas lo toca y no logra lastimarlo. Rodrigo considera que, de todas formas, lo que podía perder ya lo perdió: su virginidad anal y, por consiguiente, su “honor de hombre”. Así que la rabia que siente lo ha envalentonado para demostrarle a su captor que, aunque lo haya desflorado, no le dará el gusto a su de verlo sumiso ni humillado.

Rodrigo se siente listo para una nueva batalla y abiertamente reta a Amadeo a pelear, como lo hicieron anoche justo antes de su rapto. Rodrigo piensa que intentar negociar con un secuestrador es una situación absurda, pero sabe que en la guerra todo se vale cuando algo importante está en juego… y su culo está en juego. Rodrigo piensa en que tiene todo el derecho de luchar una guerra para impedir otra invasión a su ano y espera de corazón que Amadeo acepte el desafío porque sabe que, gane o pierda, podría aparecer la circunstancial y ansiada oportunidad para escapar de ese maldito lugar.

Amadeo se queda perplejo al observar tanta determinación por parte de alguien condenado a una situación indeseable y sin ninguna posibilidad de salir intacto de ella. Así que mira directamente a los ojos de Rodrigo durante medio minuto, mientras éste espera con ansiedad una respuesta, para finalmente soltar una sonora carcajada. Tras un breve silencio, Amadeo reacciona ignorando descaradamente la propuesta de Rodrigo y se dirige a él con sorpresiva calma.

Amadeo: -Te lo voy a dejar pasar porque el día está empezando…

Rodrigo: ¡Maldito, hijo de puta! -rompe con furia.

Amadeo: -¿Y por qué tanta hostilidad? Jejeje Conmigo no tienes que fingir. Yo sé muy bien que a ti te gusta la verga, putito.

Rodrigo: -¡Te voy a matar! ¡En primer lugar, tú no sabes quién soy…!

Amadeo: -Te equivocas. Yo sé perfectamente quién eres, a qué te dedicas y cómo te diviertes. -dice mientras recuerda la imagen de Rodrigo dedeándose en la oficina.

Rodrigo refunfuña, pero no sabe qué decir. No solamente se siente intimidado, sino también amenazado por el misterioso enmascarado, a quien cree su violador y su desvirgador.

Amadeo: -Te has quedado muy callado y eso es porque sabes que tengo razón.

Rodrigo: -¡Fue violación! ¡Yo JAMÁS habría permitido que me hicieran esto! –reclama.

Amadeo: -Pues a la fuerza tampoco estabas. Jajajaja Yo te escuché gemir, muy a gusto.

Rodrigo: -¡Maldito, tú me hiciste esto!

Amadeo: -Las circunstancias no importan. Los hechos son los hechos. –dice mientras acerca su verga a la boca de Rodrigo, ordenándole tácitamente que se la chupe.

Rodrigo: -¿¡Por qué haces esto!? –pregunta esperando retrasar otro inminente encuentro sexual forzado.

Amadeo aprovecha que Rodrigo abre su boca para verbalizar esas palabras e introduce su pene en ella con una velocidad impresionante antes de que Rodrigo la cerrara. Una vez dentro, Rodrigo protesta, pero Amadeo no le permite sacarse su verga de la boca.

Amadeo: -Ya sabes lo que dicen, muchacho: “en boca cerrada, no entran moscas”. –Ríe.

Rodrigo: -¡Mhjnhmkh!

Amadeo: -Y ya sabes: ¡cuidadito con morder! –amenaza.

Es la tercera vez que Rodrigo tiene una verga entre sus labios y siente dolor, pues prácticamente llega hasta su garganta. Intenta pedir clemencia, pero Amadeo es sádico y, en un segundo, empieza a darle una follada de boca brutal. La eyaculación de Amadeo es inminente hasta para Rodrigo, quien recuerda entonces la paliza que le dio por haber escupido su semen.

Rodrigo deduce por fin que es inútil pretender que mostrarse hostil con un tipo tan inmisericorde le ayudará a salir de ese infierno. Y no solamente no ganará nada si intenta hacerlo de nuevo, sino que lograría enojarlo y que las cosas se pongan peor para él. Así que decide tragarse el semen de Amadeo, quien gime de placer, mientras Rodrigo conserva la esperanza de que pierda la excitación sexual momentánea tras la buena descarga de semen que acaba de arrojar en su boca, garganta y estómago.

Amadeo: -¿Ves que podemos llevarnos muy bien? Jejeje Yo sabía que sí.

Rodrigo se contiene para no decir nada y ganar tiempo, a la vez que intenta olvidar el sabor del semen mientras maldice haberse quedado calificando exámenes anoche.

Amadeo: -Debes sentirte muy orgulloso. Eres un estudiante modelo ¡y también eres guapo como un modelo!: muy musculoso y fuerte… pero lo mejor que tienes es esa vagina entre tus piernas.

Rodrigo: -¿¡De qué carajo me estás hablando!? -pregunta incapaz ya de contener su rabia.

Amadeo: -¡No seas modesto! ¡Seguramente muchos chicos ya han disfrutado de esa delicia!

Rodrigo: -¡Yo no presto el culo! ¡A mí me gustan las mujeres! ¡Yo soy un hombre!

Amadeo: -No vale la pena que te enojes. Jeje Tienes que aceptar que solamente la tercera de esas oraciones es verdad: eres un hombre; pero como todo en la vida, hay clasificaciones. Hay 2 clases de hombres: hombres con verga y hombres con vagina…

Rodrigo: -¿¡Quién demonios te has creído!? –interrumpe harto.

Amadeo: -Soy tu ginecólogo. -sentencia mientras extrae del armario una estructura de soportes metálicos.

Rodrigo: -¿¡Y eso qué es!?

Amadeo: -Es para que apoyes tus piernitas mientras te hago la revisión vaginal.

Rodrigo intenta, sin éxito, impedir que Amadeo ponga sus piernas sobre los soportes metálicos y éstas quedan alzadas; y su culo, totalmente expuesto.

Rodrigo: -Por favor, déjame ir. Tienes razón, hay distintas clases de hombres, pero te equivocas conmigo. -intenta negociar utilizando su lógica.

Amadeo: n-Jeje No tema, señorito. Usted está tratando con un profesional en hoyitos y… créame… el suyo está en buenas manos. -dice mientras inserta de golpe su dedo medio en el ano de Rodrigo.

Rodrigo: -¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh! -no puede evitar gritar ante el dolor ¿o el placer?

Amadeo: -¿Lo ve? Jajaja -ríe mientras empieza a enterrar un segundo dedo y a acariciar con lujuria las nalgas de Rodrigo, quien se esfuerza por reprimir gemidos.

Amadeo: -Como le decía, yo he visto muchos hoyitos como el suyo… y me temo que no puedo aceptar su petición de dejarlo ir.

Rodrigo: ¿¡Y por qué no!? -pregunta temiendo que el secuestro nunca termine.

Amadeo: -Porque está claro que usted es efectivamente un hombre con vagina. Acabo de encontrar una señal inconfundible: restos de semen.

Rodrigo: -¿¡Y cómo no voy a tener semen en el ano si me violaste anoche!? ¡Es tu semen! -pierde la paciencia.

Amadeo: -Este semen no es mío, señor, pero no se preocupe que recibirá ahora mismo lo recibirá una dotación. Es su medicina.

Rodrigo: -¡No, por favor!

Mientras Amadeo continúa dedeando a Rodrigo durante esa incómoda conversación, Rodrigo al fin sospecha de que se trata al menos de dos captores en lugar de uno. Amadeo se pone de pie para empezar a penetrar a Rodrigo, quien, adivinando sus intenciones, intenta bajar sus piernas de los soportes, pero no puede porque Amadeo las ha asegurado con las ataduras. Rodrigo tiene el presentimiento de que suplicar clemencia será tan inútil como mostrarse desafiante.

Así que finalmente deja de mostrar resistencia, odiándose por ello, aunque consciente de que eso no hubiera evitado que Amadeo se ubicara entre sus piernas, como está en este momento; o que sus muslos, de temperatura fría, empezaran a sentir la caliente temperatura del pene erecto de Amadeo… o su textura… o su grosor. Rodrigo observa cómo su propio miembro empieza a tener una inesperada erección. Amadeo no tarda en notarlo y le hace un comentario sarcástico.

Rodrigo se mortifica por su erección, pero pronto su pensamiento se ve distraído al empezar a sentir su culo siendo bombardeado por la gigantesca verga de Amadeo. Rodrigo esperaba la delicadeza que tuvo su otro captor, pero a Amadeo no le importa que él disfrute o no. Sus fuertes embestidas hacen que Rodrigo quiera gritar de dolor, pero no lo hace. Si no puede evitar la tortura, al menos no reflejará debilidad y aguantará, como debe aguantar un hombre.

Amadeo disfruta cómo el apretado ano de Rodrigo abraza su verga y también lo mira a él: tan suculento, con sus gruesas piernas levantadas, su musculoso cuerpo postrado a la cama y su bonita cara con una expresión que no sabe si refleja dolor o placer; pero definitivamente cree que Rodrigo está sintiendo algo intenso. Y así era: su erección, cada vez más voluminosa lo confirmaba. Rodrigo intenta esconder su erección cubriéndola con sus manos, pero Amadeo las aparta y empieza a masturbarlo.

El movimiento de la mano de Amadeo sobre el pene de Rodrigo parece estar sincronizado con el movimiento del pene de Amadeo entrando y saliendo del ano de Rodrigo, como si de una elaborada coreografía se tratara. Amadeo es una máquina sexual que gusta del sexo duro y rápido, tal como se lo estaba haciendo sentir a Rodrigo, quien involuntariamente está dejando de prestar atención al dolor al empezar a sentir una nueva oleada de placer cada vez más fuerte a medida que Amadeo entra y sale de sus entrañas.

CONTINUARÁ…

Julio César (no es mío).

NOTA: No me llegó la imagen que deseaba el autor, la suplí con otra. La pornografía es amplia y extensa, pero cuando se busca algo especifico, no aparece.

LA NENA DE PAPA… 24

febrero 14, 2017

LA NENA DE PAPA                         … 23

De Arthur, no el seductor.

sexy-chico-en-hilo-dental-rojo

   Muchos se perdían en su… mirada.

……

   -Nada de espera, ¿se puede saber qué coño…? –inicia, parpadeando, abriendo la boca, recorriéndolo todo con la mirada. Incluido a él, con aquella tanga diminuta, bordada, femenina. La quijada casi le pega del piso mientras abre aún mucho más los ojos, enrojeciendo increíblemente mientras le detalla.- Santa mierda, Moses… tú… tú… -no puede articular palabras.

   -Mark, no es… no es… -Brandon tiembla, avergonzado. No, era más que eso, era miedo. Estaba aún más asustado que cuando fue pillado y tomado por el capitán del equipo de lucha del colegio, el odios Avery London, porque a este chico le conoce, le agrada y…

   -¿No es lo que…? –comienza a repetir, turbado, frunciendo el ceño.- ¿Qué, no te estoy viendo usando pantaletas? Mierda, ¿son de Nelly, tu chica? ¿Es algún juego de roles? –comienza a buscar una explicación, no entendiendo la razón de su alarma, o el por qué le mira como sabe que le está mirando. La sorpresa de encontrarle así no le deja reaccionar como no sea con sorpresa, desconcierto, algo de enojo y curiosidad.- Pero no es eso, ¿verdad? –él mismo se responde, recorriendo la pieza con la mirada, las alfombras, los cuadros, los libros, la cama nueva.- ¿Acaso ahora eres marica? ¿Es eso?

   Sintiéndose terriblemente expuesto, la mente en blanco, su estómago llenándose de ácido (acidez que no le abandonaba en tiempos de exámenes y competencia, pero que ahora aparecía con regularidad desde que Cole Hanson, el papá de su novia, el hombre que le trataba como a una putilla, apareció en su vida), Brandon cruza los brazos sobre su cuerpo, para protegerse, o cubrirse. ¿Qué decirle? ¿Qué puede contarle que explique eso? ¿Cómo hablar de su debilidad, el haber sido tomado una y otra vez por un sujeto que no respetaba sus decisiones o su pretendida heterosexualidad, reduciéndole al estado de nena? No, no puede, porque le parecía aún peor.

   -No lo sé, siento… -inventa.- Era… Sentía curiosidad. –responde, mientras le bordea, rojo de cachetes y cierra cuidadosamente la puerta. Consciente de la mirada del amigo, de ese con quien soñara que lo embestía y le hacía delirar entre sus brazos, apena la noche anterior.

   -¿Una fase de experimentación y cambiaste toda tu pieza? –hay duda en el tono, aunque podría ser verdad, se dijo, intentando no mirarle las musculosas piernas, la pantaletica despareciendo entre sus nalgas, aunque Brandon intenta no darle la espalda.- ¿Y Nelly? ¿Lo sabe ella?

   -Lo hemos hablado. -miente, sintiéndose mal, pero urgido.

   -Vaya novia. –suena confuso, recorriéndolo todo con la mirada, otra vez.- Entiendo por qué ahora no le abres la puerta a nadie. Viendo esto… todos te tomarían por marica. La chapita, burlas y agresiones serían molestas, ¿eh? –se acerca al estante, curioso, notando las revistas, mirando los cuadros, sabiendo que Brandon tiene los ojos clavados en él.

   -Y tú, ¿qué opinas? –de pronto le parece increíblemente importante saberlo. Se miran cuando el otro vuelve la mirada, recorriéndole, especialmente la tanga.

   -Estoy… bien. Es tu vida, ¿no? No negaré que me sorprendió, mucho. –lanza un nervioso bufido.- Pero, en fin, este… Bien, tú siempre has tenido algo de delicado. De… -se encoge de hombros.- No comprendo totalmente lo de… -le señala con una mano y boquea sin palabras.- Lo de tu ropa. Entiendo la decoración gay, pero eso… ¿Son pantaletas de chicas, verdad? Y ese olorcito a perfume es de chicas. Lo sé, Alice usa uno parecido. –frunce el ceño al hacer la relación entre su novia y Brandon. Ahora los había visto a ambos en tangas.

   -Es… es…

   -Está bien. No te angusties, ¿okay? Seguimos siendo amigos, ¿no? Me agradas, y eso es… todo. Lo que sientas, lo que necesites saber, es cosa tuya. –medio ríe, regresando la mirada a los muros, a los guapos hombres posando.- Vaya, cuando te lanzas a un experimento, te lanzas de cabeza.

   -Gracias. –le sale bajito, y era cierto, el alivio que siente es inversamente proporcional a su acidez, pero no le importa. Su amigo no había escapado gritándole “marica, marica”. Y este parece entenderlo, ceñudo.

   -Realmente necesitas saberlo, ¿eh? Despejar esa duda sexual. Porque parece que ni feliz te hace vestir así, pero lo haces. –toma aire enderezando los hombros.- Esta tarde salgo con Alice, al cine… -rueda los ojos.- ¿Qué tal si voy por dos cervezas, te… cambias un poco, vemos el juego y hablamos como en los viejos tiempos? –le ofrece estabilidad, normalidad.

   -Eso sería genial. –acepta, más peso quitándosele de encima, volviéndose hacia la puerta, abriéndola un poco, olvidando la tela entre sus nalga, sintiendo dardos calientes cayendo sobre ellas, enrojeciendo. Se vuelve y allí está Mark, mirándole efectivamente. Pegando un respingo al verse sorprendido, enrojeciendo ligeramente de pómulos, apresurándose a salir.

   -Nos vemos en un rato.

……

   Nada más verse a solas, un agitado Brandon corrió al closet, sacando lo… menos extraño que Cole le había dejado para vestir. Un pantalón de látex, de ejercicios, aunque de colores fucsia. Se adhería como un guante a su piel, demarcando un poco las líneas de la tanga. Una franela algo larga, llegando por debajo de sus nalgas, le ayudan. Intenta recoger cosas, como revistas, la laptop color rosa, pero aquella pieza gritaba mariconería con fuerza. Mientras pasan los segundos, y enciende la enorme pantalla plana, va llenándose de más y más ansiedad. Y de hambre. Busca en la gaveta de la mesita de noche una caja de antiácidos, algo con lo que carga desde los quince años cuando las competencias, en lugar de llenarle de endorfinas, le creaban un profundo nerviosismo la noche antes del evento. Lo toma, sin agua, y espera por su magia. Sabía particularmente amargo, debía comer algo.

   Del pequeño refrigerador saca un bol de comida china, que cree recordar es de dos días antes, y lo calienta en el microondas. Era raro que Cole no hubiera cambiado todo eso. Tal vez no necesitaba que fueran nuevos para sus sueños de control. El aroma, algo seco, llena el ambiente, coincidiendo con la llamada a su puerta. Y los nervios vuelven a atacarle, ¿y si no fuera Mark?

   -Hey, soy yo. –escucha. Lo era.

   Abre y el otro joven, algo rojo de cara, y evidentemente nervioso aunque decidido a continuar con la amistad como si nada, levanta un sestercio de cervezas en lata.

   -De las baratas, pero son cervezas. –anuncia y entra, percibiendo el olor.

   -¿Desde cuándo no tomamos de las baratas? –cuestiona Brandon, luchando contra la ansiedad, deseando que todo fuera “normal” entre los dos.

   -¿Es olor a comida china? –sonríe Mark.- Si eres como yo… en eso, debe llevar días en la nevera.

   -Está bien. –se defiende, sonriendo, aunque la vacilación del otro, al compararse, no le pasó desapercibida.

   -¿Ya sintonizaste el juego? –pregunta dirigiéndose hacia el pantalla plana, silbando y mirándole.- ¿Cómo coño pagaste por todos estos cambios? –e iba a hacerle una broma sobre si encontró a una vieja rica, aunque lo cambiaría por un viejo, pero enrojece y lo deja así. Le ve tragar, turbado.

   -Mark, esto es incómodo, y lo entiendo. Pero no podemos caminar uno alrededor del otro como si pisáramos sobre cáscaras de huevos, si quieres decir o preguntar algo, hazlo sin medirte, como siempre. Veré si respondo o no. –le encara, valiente aunque temiendo una retirada del amigo. Le desconcierta la sonrisa enorme en su cara.

   -Seguro que ahora piensas únicamente en “huevos”. –bromea, cayendo sentado de un salto sobre la cama, como otras veces cuando miraban algo en la antigua y pequeña televisión.- Buen colchón, ¿es para experimentar más, por curiosidad? -Brandon sonríe, sintiéndose bien, ligero por primera vez ese día.

   -Idiota. –y va por el bol de comida china, tomando dos tenedores de una gaveta.

……

   Los dos jóvenes miran un juego, comen y beben, gritan y discuten amigablemente entre ellos por la necedad de los managers. Intentan que sea como siempre. Y, como siempre, dos cervezas cada uno encima, el tono se vuelve más personal e íntimo, como ahora que, echados uno al lado del otro sobre la cama, las cabezas en las almohadas y cojines, Mark habla con voz lenta.

   -Me encanta Alice… -dice, sonriendo, voz ronca.- Es la primera chica a la que conozco a la que no tengo que marear para que me de una buena mamada. Sabes lo difícil que es lograr llevarlas a ese punto, cuando no se les conoce historia de zorras, y con Alice no tenía ninguna referencia. –la voz se oye más alegre y pastosa mientras mira la televisión.- Estábamos en su cuarto, estudiando, muy cerca, olía rico. La mamá se asomó a la puerta a ofrecernos algo de picar, y aunque yo habría agradecido un emparedado, ella dijo que no, que no tenía hambre. Cuando la señora salió le dije que yo sí, y riéndose me confesó que ella también. Cuando le pregunte entonces por qué dijiste que no, llevó una de sus manitas a mi entrepiernas, diciendo que lo que quería comer lo tenía yo ahí. Y cómo apretaba, Moses, con palma y dedos, con las uñas me arañaba sobre el jeans. Y se me puso dura en segundos, por el toque, por las palabras, por la manera en que la zorrita se lamía los labios, saboreándome ya. Y cayó ahí, Moses… -lanza una risa todavía asombrada y feliz, mirándole, los rostros ladeados, Brandon un tanto pálido, con los labios entreabiertos.- Se metió entre mis piernas, me acarició los muslos sobre el pantalón y llevó esa carita pecosa y bonita a mi entrepiernas, y olfateaba como una perra, olisqueándolo todo, rozándomela con la nariz y la boca. Eso me tenía mal, loco, ¡quería tanto esa mamada de güevo…! -jadea mirando al techo.- Dios, ¡cómo me gusta que me la mamen! –grita y ríe como si confesara el mayor secreto del universo, como si no reparara en lo extraño del momento, del lugar y del cuento.

   A su lado, tembloroso, sorprendido por el intenso calor que lo abrasa por dentro, Brandon respira por los labios entreabiertos… recordando las mamadas que le ha dado a Cole, y la de Avery. Sus ojos, traicioneramente, bajan por el cuerpo de Mark, no sorprendiéndose de encontrarle medio duro contra el jeans ajustado que usa. Una joven verga, siempre llena de ganas, perfilándose bajo la gruesa tela, esperando salir y ser atendida por una putilla hambrienta.

CONTINÚA…

Julio César (no es mía la historia).

EL PEPAZO… 51

febrero 14, 2017

EL PEPAZO                         … 50

De K.

tio-caliente-en-tanga-atigrada

   Y ahora, ¿qué viene?

……

   La sola idea de mirarle con la cara chorreada con su esperma, como un escupitajo cruzándola, verle mover la lengua dentro de la boca, degustándola y tragándola, le provoca espasmos terribles en las bolas, calentándole más y más. Se la saca del ardiente y apretado culo, sorprendiéndole; la mirada que el forzudo joven le lanza, sobre un hombro, es confusa, dolida, frustrada.

   -Tranquilo, maricón, hay más güevo para ti, pero ponte de espaldas otra vez. Quiero verte a los ojos cuando te llene con mi leche. –le dice.

……

   Mientras Corina de Andrades, derrumbada en un lado del sofá, se cubre el rostro con las manos y llora desconsoladamente, ya no de rabia sino de propio dolor (siente que su vida ha sido una estafa, un engaño), Lissete la mira con la boca abierta, realmente sorprendida. Cuando la otra comenzó, entre hipos y moqueos, a contar que había sorprendido a su marido en su cama, pensó que le había pillado con alguna puta. La cruz de las mujeres, algo nada sorpresivo. Cuando le relata que fue con un tipo joven, bonito y culón, que andaba en pantaletas color rosa, la sorpresa (y secreta fascinación mórbida por escuchar detalles), dieron paso al horror y la rabia.

   -¡Ese hijo de puta! –ruge realmente indignada, sintiendo la rabia fluir por sus venas junto a la sangre.- Manita, si a mí un hombre me hace eso, ¡lo mato! Te juro que lo mato. –es categórica.- Les corto las bolas a los dos y los mato después. –enfatiza, parpadeando arrepentida al verla bajar más los hombros, lanzando un largo gemido.

   -¿Qué hago, Lissete? Estoy con él desde los diecisiete años, lo he querido todos estos años, toda mi vida de adulta. Mi matrimonio, mi casa, mis hijos… -y llora otra vez.

   Y la otra entiende, la tragedia había abatido a su vecina, conocida y amiga, pero ya contemplaba las alternativa, el fracaso público de su vida. Dejar de ser la señora dé.

   -No estarás pensando perdonarle, ¿verdad? ¿Aparentar que nada pasó? Esto es serio, manita. Ninguna mujer puede perdonar una cosa así. –nuevamente es sentenciosa, aunque sospecha que no simpática. Pero era la verdad. Un hombre que engañara a ese extremo a una pobre mujer merecía que le cortaran el pájaro y se lo metieran en la boca, para que se ahogara con él.

……

   Teniendo al forzudo, joven, guapo y putísimo chico de espaldas nuevamente sobre el sofá, clavándole la nuca contra el respaldo del mueble cada vez que le embestía el culo con su verga, duro y a fondo, oyéndole gemir, viéndole estremecerse, el poderoso cuerpo arqueándose, tensándose, de la tanguita manando un mar de jugos de lo excitado que está mientras su agujero recibe palo, Efraín sonríe con maldad, con masculinidad. Desea cogerlo, le gusta lo que ese culo le hace a su tolete, la manera en la cual, sedosa y apretadamente lo hala, aprieta y succiona, pero también quiere correrse. La idea de llenarle el agujero con su semen casi le hace botarla. Aunque lo que desea en verdad es cubrir ese bonito rostro con un lechazo, verterle un buen chorro dentro de los labios, verla sobre su lengua, verle saborearla y tragarla. Una oscura fantasía masculina, sucia y prohibida: hacer que otro hombre beba de su esperma.

   Todo eso le provoca nuevos bríos y, echándose un tanto hacia adelante para alzarle más las caderas, mira fascinado como los labios de ese culo goloso devoran una y otra vez su nervudo tolete. Algo, algún instinto de auto conservación, le advertía que aquello era peligroso, que debía detenerse, o dejar de gritar los “toma, toma, marica del coño; tómalo todo con tu culo de puto”, porque sabe que lleva rato gruñéndoselo, con cada empujada que le daba, sintiéndose reconfortado, extrañamente orgulloso de hacerlo. De hacerle todo a ese tipo que gemía y se estremecía notándose que gozaba realmente de una buena follada. De la follada que él le daba.

   -¿Te gusta, puto; te gusta así, duro y rápido? –le gruñe, tragando saliva, sudando a mares, el bermudas casi enrollado en sus tobillos, sobre el sofá que Lissete, su mujer, había comprado sin consultarle. Mueble que la mujer amaba y donde ahora se disponía a “preñar” a ese carajo.

   -Si, si, reviéntame el culo. Dámelo, oh, sí. –gimotea Jacinto, más allá del bien y del mal, casi chocando los dientes por la fuerza de las embestidas de ese carajo.

   Lo sentía en todo detalle, como el largo y grueso tolete, nervudo a fuerza de venas llenas de sangre, se retiraba de su sensible conducto, y sus entrañas se apretaban solas, halándole, para luego recibirle, con un golpe seco, una dura refregada que le hacía delirar, sintiendo la bofetada de la pelvis del otro, el golpe de las bolas, las cuales pegan de sus nalgas cuando se queda allí, dejándosela bien metida, para que la ordeñara. Y lo hace hasta que grita, roncamente, arqueando totalmente la espalda, la tanga mostrando como las bolas se le contraen, la verga pulsa y estalla en leche. Nuevamente se corría sin tocarse, y era un clímax poderoso, intenso, uno que le eleva a nuevas cumbres de placer sexual, ese que solo su culo siendo usado podía provocarle. Ríe mientras la leche escapa de la tela, empapándola toda, llenando el espacio con sus olores poderosos. Estimulantes para ambos. Su ancho pecho sube y baja con el esfuerzo post coito.

   -Oh, mierda, mierda… -brama Efraín, estrangulado, cuello hinchado, cara convulsa, cuando siente la leche salirle de las bolas, correrle por la verga, encontrando en los ojos del otro el reconocimiento. Sabe que va a corrérsele en el culo, uno que le dio la apretada de su vida cuando el forzudo chico alcanzó el orgasmo. Dios, ¡qué apretada le dio! Le dispara un chorro caliente en las entrañas, gritando, siendo coreado por el otro al sentir todos esos espermatozoides.

   Pero no, lo que quiere… Lo que necesita verle tragar su leche espesa y caliente…

CONTINÚA … 52

Julio César.

EL PEPAZO… 50

febrero 11, 2017

EL PEPAZO                         … 49

De K

macho-caliente-en-hilo-dental-rosa

   ¿No provoca verlo cogido… en la trampa?

……

   Y decirlo, chillarlo en voz alta, reconocerlo o admitirlo despierta tal calentura en el forzudo joven que grita nuevamente, a todo pulmón, mientras el macho sobre él, pesado, levemente peludo de pecho, sigue cogiéndole, empujándole la gruesa verga adentro y más adentro, dándole justo allí, en ese punto que le hace perder toda cordura y control sobre sí mismo.

   Por su parte, no es que Efraín esté mejor; atraparle los recios hombros al joven con sus manos, morderle uno, y el cuello, olisquearle como perro maluco el cabello, mientras sube y baja sus peluda nalgas al penetrarle, le tiene delirando hace rato. No cree recordar haber tenido la verga tan dura en su vida, tan caliente y botando tantos líquidos como ahora que le extiende al máximo el hueco del culo a ese carajote, metiéndosela toda, golpeándole con las bolas, deseando todavía tener más tranca para empujársela y escucharle gemir otra vez con ese tono tan erótico, sentirle revolverse contra él, subiendo y bajando ese agujero caliente. Debía estar haciéndoselo bien, porque los chillidos de Jacinto son un prologando gemido de placer intenso, el que sólo encuentra un hombre que ama de tirar cuando otro le está follando. Su mente es una mezcla de placer, con algo de vergüenza; no de comportarse así, ya eso no tenía discusión en esos momentos, sino de responder con tantas ganas. Los labios, entreabiertos, dejando escapar jadeos prolongados y roncos, tiemblan cuando la siente. La gruesa mole dura retirándose de sus entrañas, refregándolas con las hinchadas venas, para luego regresar, duro, dándole con la punta sobre la próstata, teniéndole casi llorando de placer.

   -Oh Dios, tú culo es… -brama Efraín, casi con una mueca rapaz en una de sus orejas, mientras sube las nalgas, retirando centímetro a centímetro el venoso tolete, sintiendo las apretadas que esas entrañas y labios del esfínter le daban, para luego caer con todo su peso sobre las rojizas y transpiradas nalgas duras del otro. Mierda, coger así a otro carajo, metérsela toda, era tan… Estaba tan caliente que lentamente, muy lentamente, halando nuevamente de los labios de ese culo, retira su blanco rojizo güevo, siendo apretado en todo momento, sacándole la cabecita, cuya forma de hongo deforma por un segundo el esfínter. Quedando fuera, el tolete pulsando, aquel culo titilando, hambriento, cerrándose dulcemente sus labios, para llevarlo otra vez, el glande, presionarlo y penetrarlo con fuerza. Y lo hizo sin mirar, sabiendo donde estaba su tranca, y cómo y dónde ese agujero.

   El movimiento provoca un chillido de Jacinto, quien cierra los ojos y abre la boca en una mueca como si algo le doliera, pero era evidente que no. El tolete volvió a salir, totalmente, y a entrar. Sale todo y entra hasta los pelos; sale y entra con velocidad, con ganas, y el forzudo joven tan sólo jadea y ríe, en la gloria de las putas en fiesta de muchachos calientes. Grita y arquea la espalda mientras el macho sobre él lo usa, pero también lo llena, lo nutre y satisface sus entrañas, donde todo le arde y necesita de la intrusión. Una idea le envuelve y marea: ¿siempre necesitaría de eso, de un buen tolete masculino, para sentirse así de excitado?

……

   -¡Hey! –ladra Lissete Osuna, nada más salir del elevador y casi ser arrollada por Alejandro Andrades, el abogado coño’e madre (como le decía el inútil de Efraín), el cual en mangas de camisa, parecía muy afectado, mirando hacia su apartamento de puertas abiertas.

   -Corina, por Dios, tenemos que hablar, resolver esto. Tenemos una vida juntos. ¡Hijos! –exclama, intentando ser razonable.

   -Vete a la mierda, maldito degenerado. –fue el grito lloroso de la mujer.

   -Pero, ¿qué pasa? –se alarma Lissete por el escándalo y las palabras. Sabe que la pareja gustaba de guardar las apariencias de gente de bien. La mirada del hombre es extraña, casi implorante.

   -Está loca, Lissete; no sabe lo que dice. Habla con ella.

   -¡Vete! –ruge Corina, y el abogado entra en el ascensor, justo cuando su mujer se derrumba en llanto, en la puerta, mirando como buscando a alguien más, alarmando a la otra.

   -Mana, ¿qué tienes? Te ves terribles. –le toma un hombro, luego endurece el rostro.- ¿Qué te hizo ese perro? –todos los hombres lo eran, lo sabía muy bien.

   -Ay, manita, si te contara… -lloriquea, haciéndose a un lado para que entre.

   Lissete lo hace aunque pensaba regresar inmediatamente a la oficina, entra para ayudar a una vecina con la cual se lleva bien. Y para enterarse de qué coño pasaba en su edificio. Así escucharía de cierto joven puto que ponía en peligro la santidad de los hogares.

……

   Mientras sigue culeando a Jacinto con fuerza sobre el sofá, teniéndole aún aplastado de panza contra el mueble, Efraín respira por la boca, viendo como cuelga la cabeza del fornido joven fuera del mueble, escuchando los gemidos casi griticos de gozos que emitía mientras le pistoneaba con su verga afuera y adentro, y la idea iba ganando terreno en su cabeza. Notándole la sonrisa de extraviado gozo, de voluptuosidad mientras le golpeaba internamente con la cabeza de su tolete, casi arqueándose con abandono, el otro sabe lo que quiere: ¡Desea cruzarle la cara con su leche caliente! Quiere verterla en su boca y verle tragarla después de saborearla como un bebito goloso.

   Si, hará que ese fornido carajo se trague su esperma fresca. Beber semen, esa debía ser la recompensa de todo tío que amara las vergas. Y se la daría, se la había ganado con ese culo tan bueno. Jacinto probaría por primera vez del néctar producido en las bolas de los hombres.

CONTINÚA … 51

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 7

febrero 6, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 6

Por Sergio.

futbol-y-culones

No está claro si debido a la presión del momento, no está claro si se debe a las drogas suministradas; pero el hecho es que Rodrigo está succionando su segunda verga ahora mismo, aunque es la primera que mama “voluntariamente”. Indiscutiblemente, la mente de Rodrigo ha sido un caos desde que tuvo el sueño erótico con Claudio, desde que empezó a presentar problemas de disfunción eréctil, desde que sus padres se separaron… ¡pero es hasta ahora que empieza a perder el control! Por supuesto, un secuestro es una situación capaz de minar gravemente la salud mental de cualquier persona, incluso la de Rodrigo, quien históricamente siempre se ha esforzado por dominar sus emociones e instintos para lograr sus metas en la vida.

Rodrigo no está pensando como lo haría normalmente, simplemente se está dejando llevar como si fuera un niño, al tener que dar una respuesta estando expuesto a una situación de la cual no puede escapar. Mientras mama su segunda verga, reforzado por la excitante imagen de su hermano masturbándose, tiene oportunidad de apreciar el auténtico sabor de un pene, su textura, su consistencia, su tamaño… De forma inconsciente, Rodrigo sabe que no le desagrada el nuevo manjar que está saboreando.

Claudio aprovecha esto para empujar delicadamente la cabeza de Rodrigo más y más hacia su entrepierna, enterrando más su verga en la sensual boca de Rodrigo, quien consecuentemente siente el vello púbico de Claudio rozar sus labios, nariz y boca. Sorprendentemente, aunque no le encanta, no se siente precisamente asqueado al momento de tener que olerlos ni de lamerlos. Claudio, que no ha vuelto a pronunciar una palabra, se da el lujo de gemir abiertamente.

Claudio: ¡Así me gusta, putito, que disfrutes tu salchicha! -piensa para sí ignorando que Amadeo ya había puesto a mamar a Rodrigo.

Los gemidos de Claudio, aunque sí sobresaltan a Rodrigo, tampoco le resultan desagradables. Las manos de Claudio reemplazan su acción de dar gentiles (pero firmes) empujones a la cabeza de Rodrigo para encaminarla hacia la otra cabeza de Claudio por la acción de acariciar el hermoso, a pesar de haber sido golpeado horas antes, rostro de Rodrigo, quien mantiene sus ojos cerrados. Las yemas de sus dedos acarician su frente, sus pómulos, sus párpados… para finalmente, introducir sus dedos en los oídos de Rodrigo de forma atrevida, como un simbólico preámbulo de los que le espera más adelante.

Claudio siente que está cerca de acabar y, sin previo aviso, lanza su leche hacia la garganta de Rodrigo, quien sólo traga un poco y escupe el resto porque ha “recuperado la cordura”, sintiéndose abruptamente asqueado por lo que acaba de hacer y procede a reclamar e insultar a su captor enmascarado. En lugar de obligar a Rodrigo a callarse y a tragarse su semen como lo hizo Amadeo, Claudio lo besa sorpresivamente, cosa que desconcierta a Rodrigo, pues aún en su confusión, no se lo esperaba. Claudio lo besa apasionadamente, mientras que Rodrigo intenta alejarlo cada vez con menor esfuerzo, pues en realidad está empezando a disfrutar ser besado por su captor.

Y no sólo está siendo besado… Claudio aprovecha el sistema de ataduras para manipular el cuerpo de Rodrigo a su antojo, pero intentando, en la medida de lo posible, hacerlo sentir “cómodo”. Rodrigo no está sólo siendo besado, sino que Claudio también lo abraza alternando entre lo cariñoso y lo sensual, desviando eventualmente sus manos hacia sus nalgas. Sin soltarlas, vuelve a separar las piernas de Rodrigo para adentrarse nuevamente a su ano.

Curiosamente, la resistencia que muestra Rodrigo se ha vuelto mucho más pasiva, dejando de insultar y sólo intentando resistirse por momentos, pero finalmente cediendo con facilidad a las cosas que Claudio le hace, y en este caso, a las cosas que Claudio le mete: empieza con su lengua, que rápidamente se adentra al rosado y lampiño agujero del cual sale para volver a entrar; continúa con sus dedos, expertos en masturbar próstatas… primero, uno; luego, otro ¡hasta que ya tiene cuatro dedos dentro!: el mínimo necesario que Claudio  sabe que necesita para que su polla entre sin problemas. Eso sumado al hecho de que Rodrigo está gimiendo ya sin inhibiciones le da la pauta para determinar que ha llegado la hora de desvirgarlo.

Claudio: ¿Con que te está gustando? Pues aún no has visto nada… -piensa para sí.

Claudio no se equivoca: Rodrigo está irremediablemente excitado y caliente. ¡El “tratamiento” en verdad está dando resultados! Sin ninguna objeción de Rodrigo, Claudio posiciona las piernas de éste sobre sus hombros, acercando cada vez más su verga al culo de Rodrigo… hasta que ese acercamiento se convierte en penetración. Rodrigo siente algo de dolor al sentir la presión de esa desconocida verga entrando en su ano; sin embargo, gracias al maravilloso “tratamiento” que Claudio le recetó, empezaría a sentir un placer “inexplicable” sin volver a protestar.

Claudio: Con lo parada que la tienes, no te puedes quejar de tu tratamiento para la disfunción eréctil. ¡Funciona! Jajaja -piensa para sí, mórbidamente divertido.

Claudio se siente en la gloria desflorando a Rodrigo, algo con lo que había fantaseado desde la primera vez que lo vio hace años, cuando Rodrigo era un estudiante de bachillerato. Recuerda con lujo de detalles ese día: había un evento deportivo en el colegio de su hija al cual tenía pereza de asistir; pero, al repartirse los compromisos referentes a su hija con su ya para entonces exmujer, estaba obligado por ser su turno. A pesar del divorcio, la relación entre Claudio y su hija siempre fue buena; ella confiaba mucho en él, por lo que no era extraño que le contara sobre sus amores platónicos… ni que ese día le presentara a su “crush” más reciente: Rodrigo Barahona.

Claudio vio entonces a un joven guapo, atlético y simpático haciendo ejercicios de calentamiento previos a un esperado partido de fútbol. Junto a él, obviamente también estaban los otros participantes del torneo, quienes aunque también fueran poseedores de esas características, simplemente no resultaban tan atractivo como Rodrigo; quien obviamente recibía muchas miradas, entre ellas, la de la hija de Claudio. Lo que ella no sabía es que su padre también estaba viendo a Rodrigo con deseo. Después de todo, la verdadera razón que lo había motivado a decidir separarse de su esposa era que ya se había aburrido de tener que estar con una mujer para encubrir su homosexualidad… y quería cogerse a hombres apuestos sin límite de tiempo ni de horario ni tener que rendir cuentas a nadie.

Claudio pensó “¡qué buen gusto tiene mi hija!” y esperaba que ella le presentara a Rodrigo después del emocionante partido, el cual, por cierto, fue ganado gracias a que Rodrigo había anotado el último gol. Así que la chica, tímida y bastante menos agraciada que sus otras compañeras, no quiso hacerlo porque, para empezar, nunca había hablado con él y le puso como excusa a Claudio que iba a estar ocupado con toda la gente felicitándolo. Aún así, para Claudio fue una experiencia memorable y, aunque aquella tarde jamás pensó ni planeó que se cogería a Rodrigo, nunca olvidó a ese chico… y ahora, tres años después, estaba metiendo incontables goles en la portería de ese chico, quien gemía sin control y gritaba con la misma euforia que cuando jugó ese partido.

Curiosamente, la mente de Rodrigo también explora ese mismo día. Mientras es bombeado por Claudio, se imagina que después de anotar el gol ganador y de ser cargado por sus entusiasmados compañeros de equipo tras la victoria, es sorpresivamente arrojado en la cancha. Mira cómo sus diez compañeros lo rodean y nota cómo empiezan a sacar al aire sus vergas. De pronto, Víctor, que también formaba parte de su equipo, es el primero en romper el hielo.

Víctor: ¡Vamos, campeón, aquí está tu trofeo! –dice mientras manipula su larga y oscura verga.

El resto de jugadores hacen comentarios similares mientras Rodrigo mama la verga de su mejor amigo… y la de los demás, encantados por premiar al imparable goleador. De manera más temprano que tarde, los compañeros de equipo de Rodrigo lo despojan de su ropa deportiva para manosearlo con lujuria hasta que uno de ellos (no logra identificar quién) empieza a penetrarlo, mientras Rodrigo tiene varias vergas en su boca.

Rodrigo: Mmmhhhh…

Víctor: Creo que Rodrigo quiere decirnos algo.

Jugador #1: Que quiere más carne seguramente –dice mientras agrega su pene a los que Rodrigo tiene ya en su boca.

El tiempo pasa y los diez lo han penetrado en variadas posiciones cuando repentinamente la mente de Rodrigo lo regresa al momento en que encontró a Roberto masturbándose. En esta ocasión, el propio Roberto lo invita a probar su verga y afirma que siempre supo que era puto. Rodrigo se imagina chupándosela hasta que Roberto lo pone de perrito y se la empieza a meter, justo como Claudio se la estaba metiendo en la vida real.

Rodrigo se percibe de pronto dentro de la situación real: siendo cogido por un desconocido enmascarado, pero es incapaz de distinguir si la situación es real u otra fantasía. En cualquier caso, está disfrutando sentir cómo esa insaciable verga entra y sale de su deseoso culo, golpeando con fuerza su próstata. Y la situación actual lo traslada a la ocasión en la que Claudio le hizo el examen de próstata y al sueño erótico que tuvo con éste, por lo que Rodrigo, entre gemidos, ¡exclama su nombre!

Rodrigo: -Ohhh, Claudio, ohh –exclama ante la sorpresa de Claudio.

Claudio se alarma al pensar que Rodrigo ha descubierto que él es quien lo está cogiendo, pero pronto infiere que no es así; sino que tal vez a Rodrigo, al menos a nivel  inconsciente, se siente atraído por su padrastro en potencia. Esto aumenta la potencia de las embestidas de Claudio, quien se siente absurdamente orgulloso de gustarle y se emociona tanto que se atreve a hablarle.

Claudio: -¿Te gusta, nene?

Rodrigo: -¡Mmmmm, sí, mmm!

Sorprendido ante la respuesta de Rodrigo, decide continuar.

Claudio: -¿Sabes quién soy?

Rodrigo: -Eres Claudio…

Claudio: -Correcto… Y también soy tu papi. ¿Te gusta la verga de tu papi?

Rodrigo: -¡Ahhhhhh, sí…!

Claudio: -Pues tienes un culito muy rico y te lo voy a llenar de verga. ¿Quieres?

Rodrigo: -¡Ooohh, sí, sí!

La situación es surrealista hasta para Claudio, quien se siente tentado a quitarse la máscara, pero finalmente decide no arriesgarse tanto. ¿Quién sabe cuánto dure el hechizo? Durante las siguientes dos horas, los cuerpos de ambos hombres se mueven cada vez con mayor velocidad, hasta que Claudio eyacula en el interior de Rodrigo, quien también acaba poco después y parte de su semen cae en el pecho de Claudio.

Después de esto, Rodrigo, vencido por el cansancio de un día repleto de emociones, cae profundamente dormido. Claudio decide dejarlo descansar y lo besa en los labios. Se prepara para discutir con Amadeo, quien seguramente estará ansioso por cogérselo ya; no obstante, al salir de la habitación, encuentra todas las puertas cerradas y las luces apagadas, por lo que asume que se aburrió de esperar y decidió dormir.

Durante la tarde de ese día, Claudio había llamado a Lucía para informarle que saldría de la ciudad para atender una emergencia fuera en su pueblo y que no sabía cuánto tiempo le tomaría. Después de la deliciosa sesión de sexo, Claudio decide irse a dormir también, pero no sin antes tomar el celular de Rodrigo para escribir un mensaje de texto dirigido también a Lucía con la frase “Hola, ma. Iré a una fiesta con mis amigos de la U y volveré el domingo en la mañana”.

CONTINUARÁ … 8

Julio César (no es mío).

EL PEPAZO… 49

febrero 6, 2017

EL PEPAZO                         … 48

De K.

macho-caliente-en-hilo-dental-rosa

   ¿No provoca verlo cogido… en la trampa?

……

   Claro, no imagina nada hasta que sale del ascensor y casi se ve arrollada por la realidad.

   -¡Lárgate de mi casa, maldito hijo de puta! –el grito de la mujer llena todo el pasillo.

……

   Ignorante del peligro que se acercaba, Efraín tenía a Jacinto de a perrito sobre el sofá. Este, sonriendo de la manera extraviada de quien estaba gozando una bola y parte de la otra, como era en efecto, tiene las rodillas sobre el mueble, las piernas y nalgas separadas, y con las manos se agarra al porta brazo, mientras su casi lampiño culo es embestido una y otra vez por el otro, quien le atrapa las caderas, los pulgares sobre la tirita sedosa del hilo dental rosa, teniendo este una rodilla en el sofá y el otro pie en el piso alfombrado, con el bermudas enrollado bajo sus muslos, mostrando su propio culo, este peludo.

   -¡Toma, toma toda mi verga, puta del coño! –estaba farfullando, loco de lujuria, sintiéndose poderoso al penetrar a un carajo, por su culo, siendo este más musculoso que él. Cierra los ojos, sonriendo como el gimiente joven, cuando se la va sacando del suave y ardiente agujero, los labios de ese “coño” abrazándosela, reteniéndola como para no perderla, para luego volver a enterrársela, golpeándole duramente con la pelvis sobre las redondas y duras nalgas, levemente enrojecidas por uno que otro azotón, y la emoción. Se la clava toda, hasta los pelos, dándole con las bolas, y todavía tiene que restregarse de él, agitándola, moviéndola en sus entrañas, sabiendo que su tolete venoso y caliente era el responsable de los gemidos todos maricones de intenso placer que salían de la boca del otro hombre. Algo que, de por sí, era excitante.

   Estaba loco de calenturas, mirar su propio tolete entrando y saliendo de ese carajo, le ponía a mil. Así como esas nalgotas abiertas, la tirita rosa a un lado, el hueco caliente y hambriento por donde aparecía y desaparecía su verga venosa e hinchada, siendo atrapada, halada, chupada. Había algo sucio y prohibido en eso, en lo sabroso que era cogerse a ese carajo, embestirlo duro, mecerlo con sus golpes, las palmadas de piel contra piel cuando lo clavaba todo. Y la manera en la que esas entrañas apretadas y suaves, calientes y mojadas estaban dándole semejantes succionadas y masajeadas. No, no aguantará mucho, siente la leche hirviéndole en las bolas… pero tampoco quiere que acabe. Le clava los dedos con fuerza y sigue embistiéndolo, duro, los gemidos de gozo, de los dos, se suman al sonido de piel contra piel en esa la danza de machos amándose.

   Totalmente perdido, gozando de las increíbles sensaciones y emociones que su culo penetrado estaba proporcionándole, Jacinto medio ríe y chilla, casi sollozante, pero era de puro y primitivo placer animal. Su pecho sube y baja con esfuerzo, sus tetillass duelen, de su tanga rosa escapa un espeso chorrito de líquidos que mojan ese sofá. Está tan caliente que…

   -Oh, Dios, ¡qué puto eres! –ruge Efraín cuando Jacinto, elevando la cabeza, mirándole sobre un hombro, sonríe totalmente perversito y comienza a echar de adelante atrás sus nalgas, con fuerza, buscándole el güevo con el culo, apretándoselo a la entrada y a la salida, estimulándole cada venoso centímetro de dura piel.- Ahhh… -se le escapa, en éxtasis.

   Eso, saber que le tiene así de delirante, pero a la vez totalmente sobrepasado, bañado por esa ola de lujuria que parte de las paredes de su recto, de su próstata, de esa cosa que parecía ir y venir en su interior, golpeándole más, obliga a Jacinto a bajar el rostro, rojo y sudoroso, apenas conteniéndose para no correrse otra vez sin tocarse, casi encajando la cabeza contra el respaldo, como buscando apoyo para agitar mejor, de adelante atrás, y de arriba abajo, sus nalgas contra la pelvis de ese macho, siendo recompensado por nuevos gemidos del otro, por otra nalgada, seca, dura, lenta y acariciante, que hizo cerrar su esfínter con un espasmo, disfrutando del paso del falo por él. Y las nuevas enculadas, Efraín estaba lanzándoselas hondo, duro, decidido a llenarle muy bien su caliente “coño”.

   -Puta… puta… -comienza a jadear Efraín, su pecho subiendo y bajando con esfuerzo, arrojándosele en peso, derribándole sobre el mueble, alzando y bajando su peludo culo para no dejar de penetrar ni un segundo el redondo agujero casi lampiño por donde entra y sale su grueso falo cilíndrico triangular, siendo amasado, apretado, halado. Donde alimentaba las entrañas de ese carajo que tanto parecía disfrutarlo.

   La idea la resulta extraña, perversa, un carajo que gozaba así de tener su culo invadido por el duro güevo de otro hombre. Y todavía se sorprende, que firme y musculoso era ese joven cuerpo masculino bajo él; que rico se sentía pegar el abdomen y el pecho de él, cubriéndolo como si fuera su perra, gruñéndole de manera animal sobre el hombro, al lado de una oreja, escuchándole gemir y medio reír; porque Jacinto estaba haciéndolo, perdido de puta bajo el peso de su macho, recordando de manera sucia a Gabriel, el médico que desfloró su cereza virgen… al menos de hombres reales, ya que se había metido dedos, aquel pote de desodorante y las ayudas caceras vendidas por Fuckuyama (el consolador y el tapón anal). Y el abogado, el doctor Andrades, lamiéndole el culo, abriéndoselo con su lengua. Y ahora…

   -Ahhh… -cierra los ojos y sonríe, putonamente, alzando como puede su culo en busca de aquel tolete que no se detiene en abrirle y llenarle las entrañas de carne dura y nervuda, cuando Efraín mete las manos y atrapa con las palmas abiertas sus pectorales grandes, y pulgares e índices atrapan sus erectas tetillas, frotándolas como quien mueve el botón de una vieja radio, sintonizando emisoras, haciéndole delirar de placer. Todo su cuerpo era eso, una sola cosa para generarle todo ese goce… en manos de un hombre. Se tensa y maúlla cuando la boca de Efraín cae en su nuca, al final de cabello, bañándole con su cálido aliento.- Hummm… Hummm…

   -¿Quién es tu hombree? –demanda saber, como si fuera muy importante escucharlo.

   -Tú, papi; tú eres mi hombre… -gime abriendo unos ojos que parecen extraviados. El cuadro perfecto del hombre y su marica que toda mujer teme descubrir en la sala de su casa.

CONTINÚA … 50

Julio César.

SIGUE EL DILEMA… 9

febrero 4, 2017

SIGUE EL DILEMA                         … 8

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

macho-en-suspensorio

   -¿Seguro que no amas a tu entrenador, putico?

……

   Las palabras, las imágenes conjuradas eran horribles, y Luis aprieta los dientes con furia interna, moral, pero su cuerpo respondiendo traicioneramente todas esas estimulaciones. No, no quiere pensar ni de juego en su muchacho ocupando el lugar de Franco, riendo, cogiéndole, penetrándole duramente mientras le llamaba puto maricón. Era muy enfermo todo aquello, y eso era lo que hacía tan desagradable y terrible el estremecimiento poderoso que recorre su cuerpo bajo el peso y calor de aquel sujeto peludo que le resuella en el cuello, que sube y baja muy poco las nalgas, lo suficiente para seguir manipulando la verga en el interior de su culo abierto, uno que aprieta con fuerza ese tolete venoso y cilíndrico triangular.

   Casi ruge como un animal, deseando contener los temblores pre orgásmicos que lo sacuden, mientras el otro, perfectamente consciente de lo que le ocurre, ríe en voz baja, sin dejar de medio alzar y bajar su peludo culo, apuñaleando una y otra vez el agujero sedoso y apretado.

   -Si, imagínatelo, el dulce tolete joven de tu muchacho, así, así, dándote así, tú estremeciéndote todo de emoción, por ser le puta de tu hijo. Este llenándote, duro, con rugidos de machito cabrío, como sabes que un hombrecito de verdad hace con una vieja puta caliente que ama sentir su verga bien profundo en sus entrañas.

   -No… no… -gimotea, escondiendo el rostro contra el colchón, luchando contra las imágenes conjuradas, contra el sentir de su cuerpo.- Ahhh… -ruge de sorpresa y dolor cuando el otro le atrapa el cabello, halándole fuerte, obligándole a alzar el rostro.

   -¡Mira hacia la cámara! -le grita, controlándole, cayendo nuevamente sobre el otro, meciendo su trasero, su nalga derecha sube, la otra baja, luego a la inversa, metiéndole el tolete, provocándole un gemido que intenta controlar.- Que todos vean tu cara de puta, lo mucho que gozas mientras un hombre te llena el culo con su verga, al tiempo que imaginas lo mucho que gozarías si tu propio hijo, Daniel, estuviera aquí cogiéndote así, así… -sube y baja las caderas, sacándole medio tolete grueso del ano, metiéndoselo otra vez.

   -¡Ahhh…! -exclama Luis, mareado como está en las cercanías del éxtasis sexual, a pesar de lo que piense.

   -¿Te gusta, te gusta esto, puto? –le ruge casi al oído, alzando el culo, dejando el tolete quieto, y Luis casi grita de rabia al subir sus nalgas, buscando esa tranca rígida, necesitado, aunque odiándolo, de ese orgasmo que terminará con toda esa perversa escena.- Jejejejeje… si, puto, sáciate. –le  coge, lo atormenta, le ruge al oído las palabras que le confunden, chocan y controlan.- Imagina todo lo que gozarás cuando seas mi sumiso esclavo, mi juguete sexual. Todas las vergas que estarán deseosas de llenarte, cogerte, degradarte así, así…-sigue y sigue, y Luis tan sólo puede gritar, ya incapaz de hasta pensar en lo que siente.

   Para el hombre penetrado todo era un infierno, no sólo todo eso a lo que era sometido, las imágenes e ideas que el otro derramaba sobre él (como una viscosidad sucia y enferma), sino al saber que su culo, efectivamente, busca esa verga y la acepta, abriéndose para ella, halándola, apretándola, que si no luchara con cada gramo de voluntad, en su estado actual, estaría gritando y retorciéndose contra ese sujeto, buscando su sexo. No, necesita correrse para terminar con esa pesadilla de excitación. Y la idea de ese carajo llenándole las entrañas, otra vez, con su esperma caliente y espesa era tan enferma, tan horrible que… Casi siente ganas de llorar, pero de sus labios solo escapa uno que otro pujido.

   -Jejejejeje… qué ganas de sufrir, resistiéndote a lo que sientes en estos momentos. –se burla Franco.- Voy a ayudarte a alcanzar lo que quieres.

   Alzando su peludo culo, el entrenador retira casi toda su verga de aquel culo, cuyo labios depilados parecen abrazarla, llevándola casi al glande, bajando con un golpe seco de caderas, clavándosela hasta el fondo, haciéndole gritar, pero los dos saben que no es de dolor. El tolete va y viene, y esas entrañas lo sentían, apretaban y halaban. Luis era perfectamente consiente de las pulsadas que daba en su interior. De lo hinchado y calientes que estaban las venas que lo cubrían. El vaivén gana en intensidad, y apretando los dientes, Franco se deja llevar, sin importarle que el otro lo estuviera disfrutando o no, aunque sabe que es necesario para sus planes, pero en ese momento, teniendo a su odiado rival de juventud a su merced, haciéndole eso, cogiéndole así, era suficiente para él.

   Pero no, Luis debía sentirlo, que disfrutaba siendo degradado, tomado en contra de su voluntad por un hombre superior que le trata como su puta, su sumiso, su juguete sexual, así que se lo clava toda otra vez, dejándole bien abiertas las entrañas con su hinchada verga, y comienza nuevamente a mecer de lado sus caderas, de manera pendular, de derecha a izquierda, rozándole, refregándole todas las paredes del recto, estimulándole todas las terminaciones nerviosas.

   -Ahhh… -toda esa manipulación le tiene enfermo, agotado, aunque excitado; casi a punto de corrida ya.

   Franco, que de esas cosas si sabe, sonríe, continuando sus embestidas, sale y entra, se deja caer, le muele las nalgas con su pelvis, llevando otra vez las manos a los pezones erectos, pellizcándolos y halándolos, fuerte, duro, pero Luis tan sólo lanza nuevos gemidos, los ojos desenfocados con tanto placer enfermo. Los cierra y eso lo hace mas consiente de aquel tolete masculino que entra y sale, llenando cada rincón de su cuerpo, notando como parece dilatarse más, anunciando que el entrenador también se acercaba al orgasmo.

   -Ahhh… no, Franco, no… -gimotea en rechazo, pero más bien parece pedir más sexo, aún él mismo lo nota.

   -Jejejejeje… vas a gozar de cada gota de mi espera en tu culo, el cual se convertirá en un coño. Porque un culo que recibe hombres, que les saca la leche, es eso, un coño. Y tu coño es mío. –le ruge al oído.- Tómala toda, puta del carajo.

   Y clavándosela nuevamente hasta los pelos, el tolete se estremeció, aumentando alarmantemente su calor, algo hirviente recorriéndolo, Luis lo notaba contra las estimuladas paredes de su recto.

   -No, no, en mi culo no…

   -Si, si, en tu coño si, tómala… -le contradice entre jadeos, mordiéndole un hombro, haciéndole gritar de dolor.

   Y ese tolete comienza a vomitar violentamente su carga. Luis es totalmente consciente del contacto, de la sensación, uno, dos, tres disparos hirvientes de lo que parecían litros y litros de semen, las hinchadas venas aún más caliente, moviéndose un poco, por los espasmos, contra su recto. Franco ruge de éxtasis, mordiéndole más, dejándole una marca, mientras a Luis le parecía que su colon se llenaba totalmente de leche, que esta rebosaba, inundando, mojándolo todo, cubriéndole. Temblaba, no podía evitarlo, no cuando le parecía que esa cosa le quemaba por dentro de una manera extraña. Le parecía que escurría, fuera de su culo, a pesar del grueso tolete, todavía pulsante, que lo taponaba.

   Todo era… Todo era… Grita sofocándose, muy rojo de cara, su cuerpo tensándose, su culo apretándose fuertemente contra el tolete aún metido, escuchando la risita de Franco, mientras estalla en su también violento e intenso orgasmo, su verga pisada entre la cama y su abdomen. Se corría con fuerza, a borbotones, dejándole mareado.

   -Jejejejeje, cómo te gustó, ¿eh? –jadea Franco contra su oído.

   Pudo haberle impedido correrse, negarle aún más ese placer, o no dárselo (como haría en algún momento del futuro, negarle el orgasmo), pero ahora era necesario. Después de todo lo vivido, la mente de Luis debía quedar confusa, afectada, sabiendo que se corrió con tal fuerza que todavía le amasaba la verga con sus entrañas. Que se corrió sin tocarse, si, eso le convertiría más rápido en su puto, en un maricón.

   Al segundo siguiente después de haber sido lanzado a las cumbres del placer, Luis cae con fuerza, aterrado por lo ocurrido, por lo que hizo. Había participado en su violación, en su degradación. Con su culo había buscado la verga del hombre que lo forzaba, y se había corrido, alcanzado un placer desconocido, pero intenso, sin tocarse. Lágrimas ardientes, de humillación y vergüenza salen de sus ojos, ocultando la cara contra la almohada. Y sobre él, sonriendo torvo y perverso, Franco lo sabe.

   -Ufff, qué corrida, ¿no? Parecías tener leche acumulada, seguramente al no practicar el sexo que te sirve, el de puto sumiso, no puedes alcanzar la liberación total. Mira cómo estás. Me la dejaste seca, y parece que todavía quieres más.

   -No, yo no… -gimotea contra la almohada, muy bajito, sintiéndose totalmente destruido. Franco, su antiguo rival deportivo, algo que no era nada del otro mundo, una competencia del momento en vidas que siguieron adelantes, o eso creía hasta ahora, había roto su culo, no una sino dos veces. Pero ahora le había hecho participar, le había robado su virilidad. Su masculinidad. ¿Cómo podía ir con Adriana y…?

   -Te gustó, tanto que todavía me la aprietas y halas, ¿o no notas como responde y se me medio calienta otra vez? Es porque necesitas que te encule nuevamente, y más leche. Más esperma de hombre. Eres un maricón perdido. Tienes el culo, no, tu coño, demasiado caliente. Si no te lo sacio bien, vas a intentar montártele a tu hijo sobre las caderas, cuando duerma. –se burla cruelmente.- Y puedes hacerlo, o intentarlo. Imagino el susto de Daniel, jejejejeje. Pero recuerda, que aunque él te penetre, la primera leche que roció tus entrañas, la primera que estuvo ahí cuando alcanzaste tu primer orgasmo de puta, fue la mía. Eso te hace mi esclavo, Luis, y eso nunca cambiará. Ahora eres mío. –le asegura, retirando su verga mojada de leche. Como mío también es tu hijo, aunque ninguno de los dos lo sepa todavía. Ah, pero ya se encontrarán, se promete.

   Penetrado por otro hombre, todavía sintiendo el semen de este en sus entrañas, acostado sobre su propio charco al correrse, con las manos atadas a la espalda, Luis se queda muy quieto, de vergüenza y humillación, luchando contra las ganas de llorar como una chica.

   -Dios, qué visión tan hermosa, jejejejeje… -la risita de Franco le afecta.- Tu culo, no, tu dulce coño dejando salir mi esperma. Es tan… perfecto. –luego se estira y bosteza.- Cabrón, me dejaste seco. Eso distingue a las buenas putas.

   Cada palabra es como un cuchillo enterrándose en el pecho de Luis. Y las ideas vuelven a acosarle. Matarle. Tenía que matarle. O matarse.

   -Bien, necesito descansar, comer y dormir un rato, no todo puede ser sexo, ¿verdad? –le dice como si lo discutieran, dándole una nalgada.- Déjame decirte cómo será todo entre nosotros, esclavo mío…

……

    Casi trinando de rabia aún, y de preocupación, Daniel Saldívar regresa a su casa, de donde no debió salir en primer lugar. Nunca. La palabra víctima llega a su mente y todo su temperamento se opone a ella. Entra a la sala y la voz de su madre le llega desde la cocina.

   -Daniel, hijo. –le llama, y aunque no se sentía con ánimos para hablar con ella, no con el humor de perro que carga, va, encontrándola sentada a la pequeña mesa del desayuno, tomando una taza de algo. Por el aroma debía ser te.

   -Hey, ma… -va y la besa en una sien, ella le sonríe leve.

   -¿Cómo estuvo tu viaje a las piscinas? ¿Todos te recibieron a cuerpo de rey?

   -Si… más o menos. –no quiere mentirle.- ¿Y papá? –la ve ensombrecerse.

   -No lo sé, recibió una llamada que le alteró y salió. Hace bastante rato. Estoy… -sonríe mordiéndose el labio, no preocupada en lo tocante a la seguridad, su inquietud era otra, más humana.- Lleva días actuando… algo distante.

   -¿Papá? –se sorprende, sentándose. Sabe del cuento de amor de sus padres, algo que a veces era incómodo.

   -Si, debe ser… por sus negocios. Ya sabes, algún problema con el cierre de mes. –le resta importancia, aunque la inquietud se le nota y Daniel lo resiente. La ama tanto que querría evitarle toda pena a su viejita.- Bien, hace cinco minutos recibiste una llamada. Te la perdiste por poco.

   -¿De quién? –¿serían ya los benditos anunciantes?

   -De tu entrenador, Franco. Quiere que lo llames en cuanto llegues. Parece que tiene algo muy sorprendente que contarte. Y que tiene que ser ya.

CONTINÚA…

Julio César.

AMA DE CASA… 7

febrero 3, 2017

AMA DE CASA                         … 6

Por Leroy G.

el-chico-muneco

   Un sueño… raro, que quiere vivir.

……

   Era una terrible pesadilla demasiado realista, piensa al gemir internamente de dolor, la aguja penetrando el orificio mismo de su pezón, algo como fuego líquido inyectándose, picando, doliendo. Los ojos se le llenan nuevamente de lágrimas y miedo cuando esa aguja-dedo se retira, y otro se alza frente a sus ojos, como en el gesto de “enseñar el dedo”, acercándose y penetrándole el otro pezón con torturante lentitud. No podía defenderse, ni siquiera gritar pidiendo ayuda, exigiendo le dejaran en paz o… por piedad. Cierra los ojos, esa vaina arde terriblemente en su pectoral. Intenta respirar con profundidad, para calmarse, pero tiene que abrirlos porque todo gira demasiado rápido, de manera desagradable. Es cuanto pela los ojos, le parece que las dos figuras, los monstruos, ríen, burlándose… y ya no está en su pieza, hace rato que lo notaba, pero ahora es más claro; de alguna manera está en su antigua habitación en casa de sus padres.

   El ser de dos dedos en punta como inyectadoras, le atrapa bajo las rodillas, flexionándoselas y alzándoselas, levantándole las caderas. De la figura informe del otro, de la panza, parece emerger una serpiente oscura, congelándole de terror. Y la punta de eso, roma, busca y se hunde en su culo, y duele, tanto que casi grita, aunque no puede. Y entra y entra, haciéndole sudar. Y algo deja salir, escupe o vomita. Es un chorro tibio, que mana y mana, llenándole, abultándole la panza, lastimándole. Está lleno, mucho, y le duele. Quiere gritar, exigir ser liberado, lloriquear, botar eso, pero no puede. Sólo apretar dientes y ojos a pesar del vértigo. Eso quema más y más en sus entrañas. Algo cubre su cara. Alarmado abre los ojos, el ser que le sostiene acercó su deforme rostro y una trompa achatada pareció extenderse, cubriéndole boca y nariz. Siente que se ahoga, y se revuelve, pero no puede hacer nada. Pierde las fuerzas, el cuerpo se le ablanda, los parpados le pesan.

   Todo gira y gira en su mente, a pesar de los ojos cerrados. Y ahora sonríe, sintiéndose libre, feliz. No sabe cómo pero le parece que ya no está atrapado por los monstruos que le hacen cosas a su cuerpo. Abre los ojos y no le cuesta mucho reconocer el sanitario del taller mecánico donde trabaja, estando desnudo y de rodillas en medio del cuarto, rojo de cachetes, ojos brillantes, masturbándose. Y se sentía tan bien, recorrer su dura barra blanco rojiza con el puño le producía un placer tal que ronroneaba. Y uno a uno van entrando seis de los maricones esos con quienes trabaja, riendo y diciendo miren lo que tenemos aquí, oh, sí, que rico. Todos desnudos y empalmados, rodeándole, todos agitando sus vergas duras y goteantes, calientes y olorosas a masculinidad, que le golpean suavemente el rostro, que entran en su cabello como caricias, que recorren su frente, nariz, labios, mejillas, mentón, mientras cierra los ojos, dichoso. Seis güevos rozándole, y él gimiendo.

   -Quieres chupar güevo, ¿verdad? –escucha una voz, riente.- Si, para eso estás, para tener la boca llena de güevo, buscando leche, esa que tanto te gusta. Como te gusta tener tus tetas así, ¿eh?

   Desconcertado, abre los ojos, y al frente sólo encuentra la cabeza de un tolete cobrizo, el ojete mojado. Baja la mirada y ve sus tetillas pisadas fuertemente con vulgares ganchos de ropa. Y el corrientazo de dolor parece penetrar su mente, mientras jadea con una sonrisa, porque lo siente increíble. Su propio tolete pulsa en respuesta. Las risas se oyen.

   -Le gusta… -dice uno, apartando al que está al frente, ofreciéndole su propia verga. Y Gregorio separa los labios, rodeando ese nabo, la gota salina y caliente cayendo sobre su lengua, y lanza un jadeo de placer.- Si, te gusta, puto. Pero todos sabemos que lo que más te gusta es saborear la leche, ¿verdad? Sentir una regada de esperma caliente sobre tu lengua… ¿Qué tal seis leches?

   -Oye, qué tetas tan hermosas. –dice una tercera voz, y dejando de chupar ese glande, exprimiéndole los jugos, Gregorio vuelve a mirarse.

   Ya no tiene esos ganchos, pero si unas buenas tetas de mujer, redondas como puños, firmes, de largos pezones color café rosa, y a cada lado de su cuerpo, una mano parte y las atrapan, con palmas y dedos abiertos, y la sensación es tan intensa que gime, su voz algo amanerada, aguda, sintiéndolo, su culo pulsando intensamente. La verga vuelve a su rostro y sabe que, ya que deja mancas sobre el tolete, que tiene pintada la boca, de rosa. Chupa mientras dos hombres a los que no ve, juegan, amasan y aprietan sus senos sensibles, estimulándole más y más con las manoseadas. Cuando, entre risas, esos hombres pellizcan sus pezones, debe dejar salir la verga en su boca, a la cual había atrapado hasta un tercio, sintiéndola pulsar contra sus labios, mejillas y lenguas. Y, echando la cabeza hacia atrás, gime con puto abandono cuando esos dedos frotan y halan las puntas de sus tetas. Eso provoca más risas.

   -Vamos, puta, entendemos que goces de ser tocada por los hombres, pero también tienes que comer güevo, tienes que llenar tu vientre de esperma caliente, para eso estás aquí, ¿no?, porque te gusta demasiado la leche.

   Y gimiendo, subiendo y bajando su torso para sentir mejor esas manos, Gregorio mira el nuevo tolete frente a él, separando sus labios pintados de rosa, cubriéndolo y succionándolo. Cierra los ojos, subiendo y bajando, mientras las risas se suceden, mientras otros toletes calientes se frotan de su cara, mientras sus pezones son apretados ahora, cada uno, por dos juegos de manos que desean manosear a una puta tan buena como ella. La idea le hizo abrir los ojos, soltando el tolete que mamaba, parpadeando, preguntándose qué le ocurría, él no era…

   Pero una mano firme, de hombre, cae sobre su nuca, controlándole como un macho tiene derecho sobre un maricón como él; la idea le inundó, desconcertándole, por lo placentero que le resultaba. Si, un macho podía dominarle, era el derecho de los hombres de verdad.

   -Deja de jugar y mama güevo, perra; la leche que amas no se ordeñará sola. –y las palabras le derriten, y cae entusiasta, tragando con pasión de aquel falo, entre gemidos ansiosos. Las risas, y las frotadas a su cara y halones a sus pezones se continúan.

   -Qué puta.

   -Ya me lo imaginaba, con su cara siempre de dolor de culo, esto era lo que necesitaba.

   -Seguro que tiene el coño bien mojado dentro de esa vainita.

   Esas nuevas palabras tienen la virtud de despejar su mente otra vez, retirándose, centímetro a centímetro del poderoso tolete masculino que tanto placer le brindaba mientras lo succionaba y chupaba por sus jugos. Se mira, esas manos, cuatro o cinto, jugando con su torso… y más abajo su verga está dura, bien dura, dentro de una pantaletica de encajes, definitivamente femenina, de color azul metálico; una vaina putona, que sabe termina por detrás en un hilo dental. Lo sabe porque es ahora consiente del roce y presión de esa tirita entre sus nalgas, contra su culo, uno que sabe no queda totalmente cubierto y que sufre espasmos contra esa vainita. Y grita, lo hace, cuando una mano callosa baja por su hombro y espalda, metiéndose entre sus nalgas abiertas, apartando la tirita y rozándole la entrada del ano, clavándole medio dedo, mientras el tipo ríe.

   -Si, lo tiene caliente, mojado y bien afeitado. Y se nota hambriento. –y el dedo entra, penetrándole, haciéndole muy consciente del desplazamiento dentro de su agujero, una zona virgen e inexplorada.

   -Ahhh… -jadea ronco, mareado, despertando, solo, sobre su colchón inflable, aunque no sabe dónde está. No es su apartamento, ni la casa de sus padres. No hay paredes, tan sólo luces que estallan frente a sus ojos, y círculos girando de adentro hacia afuera, y espirales que atrapan su mirada. Le parece escuchar sonidos pero no está seguro. Y las risitas oscuras y malvadas. Cierra los ojos otra vez, incapaz de mantenerlos abiertos. Y aún así, a pesar de los parpados apretados, nota los estallidos intensos de esas luces blancas, le parecía ver  sombras girando, de esos círculos y espirales. Y que las risitas siniestras, malvadas, se incrementaban un poco.

   Como sea, se ve despierto, jadeando, en el pasillo del edificio, la puerta de su apartamento abierta, llamándole, invitándole a la seguridad tras esas paredes. Sabe que si entra estará a salvo de… de… Las risas le impactan y horrorizan, su corazón late con fuerza, su cara totalmente roja, deseando morirse, desaparecer, ocultarse de todas esas miradas. Si un segundo antes parecía que disfrutaba cierta fantasía, ahora es muy consciente del horror de su posición.

   -Pero mira qué puta. –grita un carajo al lado de su mujer, la cual casi lloraba de risas.

   -Ya sabía que era tremenda loca. –terciaba otro, casi doblado al carcajearse tanto.

   -Tiene una pantaleta como la mía. –grita, y le señala, una mujer rolliza.

   Y era cierto, aquello tenía que ser la más espantosa pesadilla de humillación y vergüenza que hubiera vivido jamás, se dice Gregorio, agitando las manos como para cubrirse. No necesita mirarse para saber que tiene los parpados pintarrajeados, así como los labios, que aquella franelilla ajustada, toda maricona que usa, destaca un cuerpo delgado, lampiño, femenino… como las medias negras de seda, los tacones a juego y la diminuta pantaletica de fantasía, metida en su culo como el hilo dental que es, tan bajo de talle que se nota el coqueto bigotillo de pelos rasurados que se dejó. Prenda que le contiene un tolete que no parece suyo, pequeño, blando. Todo eso provoca su vergüenza, el calor de sus mejillas, las ganas de escapar y ocultarse, mientras es expuesto a las miradas de unas veinte personas que viven en ese piso, que le conocen, que le han visto tantas y tantas veces, a él, todo desdeñoso, como joven y guapo machito que es. O era. Ahora…

   -Yo…yo… -intenta escapar, correr hacia la seguridad de su apartamento, pero el vecino maricón de al lado, con quien ya había soñado una vez, le corta el paso. Viéndose serio, masculino. Atrapándole un brazo.

   -¿Para dónde vas, princesa? Creí que habías salido por eso. –le retiene, dominante, con mano de acero, sonrisa mórbida, llevándose la otra mano a su abultado entrepiernas, donde algo grande alza la tela de su jeans.- ¿No buscabas güevo, princesa? Ahora voy a dártelo, aquí, frente a los vecinos y amigos, para que todos vean lo putica que eres. –le amenaza con la promesa, horrorizándole.

   ¡Quería cogerle en ese pasillo! ¡Frente a todos!

CONTINÚA…

Julio César.

EL PEPAZO… 48

febrero 3, 2017

EL PEPAZO                         … 47

De K.

el-chico-lindo

   Tan vistoso, tan deseado…

……

   Eso podría decirlo, por ejemplo, Lisset Osuna, de verle, mientras suben al ascensor, tarareando una canción que escuchara temprano en la oficina: Tropecé de nuevo con la misma piedra. Sin saber por qué, frunce el ceño. Seguramente por tener que encontrarse con ese carajo tan vago, su marido. Si es que estaba allí y no con una puta perdida. ¡Debió escuchar a su mamá!

……

   -¡Toma, toma, puto! –ruge Efraín, alzando la voz, sonriendo con maldad, con una mueca de control y dominio que le tiene delirando; la adrenalina corre alegremente por sus venas como la testosterona hacia sus receptores de placer sexual, mientras embiste una y otra vez aquel culito sedoso, ardientes, que le halaba y chupaba la verga de una manera intensa. Al tiempo que, igualmente, le soltaba una que otra sonora nalgada, algo que hacía gemir a ese tipo todo esponjado, de rostro y torso enrojecidos, la propia tranca totalmente erecta dentro de la diminuta tanga color rosa, que la contiene a pesar de todo, toda mojada de jugos sexuales. Dios, verle arquearse, oírle gemir roncamente, era casi tan bueno como las apretadas que ese agujero daba a su tolete. Se la saca casi toda, viendo los labios de ese culo abrazarla, metiéndosela de golpe.

   -Hummm… -lanza el jadeo Jacinto, arqueando aún más la espalda. La sonrisa de su rostro evidencia que nada en un plácido mar de hormonas de placer erótico. Ser cogido, penetrado, enculado, su agujero abierto y llenado por la venosa verga pulsante era lo mejor del mundo en esos momentos. Si, quiere que ese macho lo folle, duro, muy duro.

   Soltándole el otro tobillo, Efraín lleva las dos piernas a un mismo hombro, cerrándole los gruesos muslos, y un poco las nalgas, aumentando lo apretado de esas entrañas, tomándole con las manos libres las caderas, agitándole de adelante atrás para incrementar las mecidas que el forzudo joven ya hacía, sumándolo a la velocidad de sus embestidas, deseando llevarle el bate más y más adentro, cogiendo bien aquel coño rico que ese carajote guapo tenía por ano. La unión güevo-culo era una sopa caliente que obliga a Jacinto a gemir ruidosamente, casi a gritos, perdido el control sobre su cuerpo, su voluntad y su vida. Y se miran a los ojos.

   -¿Te gusta mi culo, papi? –las palabras se le escapan, vicioso, lujurioso, él mismo ignorando de dónde viene eso. O tal vez sí; de esa vaina, que no era únicamente su próstata, que el otro golpeaba y rozaba una y otra vez con la sedosa punta de su verga.

   -Si, maricón… -le responde con fuerza, ronco, y tan extraño está Jacinto, que la palabra le produce tanto placer que su torso se expande al inspirar.- Pana, tengo que metértela toda una y otra vez, necesito que tu culo me la ordeñe y me saque toda la leche. Quiero llenar tu cuerpo, en lo más profundo, con mis espermatozoides. Quiero que mi semilla te llene, te preñe, porque así… -rugía entre dientes, muy caliente, agitando su propio culo peludo de adelante atrás, medio meciéndolo, clavándosela de un lado, del otro, arriba y abajo, cada embestida, como cada nalgadita, le era recompensada con un gemido del otro. Pero calla, porque casi le dice que quiere marcar su territorio, llenarle el culo de leche hasta que se le rebose y chorree esfínter afuera, para qué supiera que era suyo. Que ese culo le pertenecía. La idea es tan extraña y confusa que tiene que guardárselo.- Tu coño caliente y hambriento va a tragarse hasta la última gota de mi esperma, ¿verdad? –casi juguetea, sonriendo, sacándole y metiéndole el nervudo tolete sin detenerse un segundo.- Tu coño de mariconcito necesita de esto, de un buen güevo de hombre, de una buena chorreada de leche para vivir, lo sé. Seguro que imaginártelo, los golpes que producirán mis disparos en tus entrañas, ya te tiene delirando.

   Y si, lo quiere. Ese tolete, esa leche. Todo Jacinto se eriza más, su piel está muy enrojecida, sus ojos brillan de hambre, de ganas, de sus labios escapan gemidos capaces de excitar a un santo. Y Efraín no lo era, su mujer tenía razón en muchas cosas sobre él, y comenzó a empujar su verga con mayor fuerza, llenando la sala con las palmadas de piel contra piel, diciéndose en todo momento que quería hacer delirar al putico trabajándole el coñito, siendo recompensado por la frente fruncida, los ojos entornados y la boca babeante de donde salen verdaderos pedidos de lujuria.

   -Hummm… hummm… ohhh… -sus gemidos tipo griticos eran demenciales.

   -¿Te gusta, putico, te gusta ser mi hembra? –tiene que preguntarle, voz cargada de deseos, también de control, tendiéndose un poco más sobre él, afincando el peso de los tobillos y piernas del otro contra su hombro, movimiento que parece cerrarle un poquito más el culo, haciéndole más consciente de las fregadas de las paredes venosas de su tolete contra esas entrañas.

   -Ahhh, si, si, cógeme duro, lléname con tu leche; soy tu puta. –grita a todo pulmón Jacinto, transportado de placer y lujuria, ojos casi desenfocados, con luces estallando frente a sus ojos.

   Gritos que coinciden con el momento cuando un ascensor llega a ese piso, la puerta se abre y una muy seria Lisset Osuna sale, nada contenta con el día que ha tenido hasta ahora. Y que no prometía mejorar…

CONTINÚA … 49

Julio César.

EL PEPAZO… 47

enero 29, 2017

EL PEPAZO                         … 46

De K.

el-chico-lindo

   Tan vistoso, tan deseado…

……

   No estaba totalmente consciente de sí cuando, de espaldas, abriéndose con el índice y el pulgar el ardiente culo, pidió aquello. Pero en cuanto el otro, saltando como empujado por un resorte y gruñendo como si se muriera, montó una rodilla en el mueble, tensando el cuerpo, guiando la verga tiesa, que goteaba jugos y su propia saliva, metiéndole el ardiente nabo de la punta, sintiendo el roce, la frotada, para irse enterrándosele lenta y fácilmente, Jacinto ya no pudo pensar en nada más, tan sólo en esa vaina caliente y pulsante que se le clavaba centímetro a centímetro, restregándose contra las paredes de su recto que parece sufrir un poderoso espasmo erótico, casi un orgasmo propio, y la cabeza parece darle justo allí, en esa pepa, ese botón que le ponía en “modo puta caliente”.

   Efraín casi bizquea, la boca tan abierta que algo de baba le rueda por el labio inferior, al sentir su verga exigida, tan apretada y halada, los músculos sedosos de ese canal sobándole, mientras le succionaba. Casi sentía que la verga se le derretía de calenturas y ganas. Lo mete y lo mete, viéndole tensarse, enrojecer, los ojos oscurecérsele de lujuria, los labios rojos húmedos, por la mamada que acababa de darle, dejando escapar los maullidos y gemidos más intensos de placer que ha escuchado alguna vez en su vida. Se la mete toda, hasta el fondo, pegándole los pelos del saco que forman en el otro las bolas envueltas en el rosa material de aquella tanga tan putona, sus propias bolas peludas apoyadas en el muchacho. Se miran, sus pechos subiendo y bajando, el del carajo ese mostrando esos globos que tiene por pectorales, esos pezones grandes, erectos, urgidos de una boca, pensó, estremeciéndose ante idea tan extraña… Como lo era cogerse a un hombre, meter su tolete en un culo masculino, después de todo.

   -¿Te gusta esto, maricón, tener una buena verga enterrada en tu culo? –le pregunta, casi agresivo, excitado, feliz, dichoso de ser un macho de las cavernas que domina a su presa.

   -Yo… -Jacinto balbucea, más rojo de cara, liberando una lucha interna entre una parte de su mente que no entiende aquello, ya que es un macho como todos, y otra parte, que confabula con su cuerpo para dar otra respuesta.- Si, si, cógeme. ¡Cógeme duro! –casi le grita, estremeciéndose coquetamente de la risita del otro, de la mirada hambrienta en sus ojos. ¡Él le provocaba eso!

   -Te lo daré todo, mariconcito rico… -gruñe Efraín, otra vez, sintiéndose travieso, atrapándole los tobillos con las manos, alzándolos, abriéndole, sacándole medio tolete del redondo anillo sin pelos, para volvérselo a clavar, hondo y duro, los dos cuerpos masculinos chocando; abriendo, llenando y barriendo con su venoso tronco ese culo que ahora sabía vicioso y hambriento de machos. Con razón el abogado coño’e madre había caído con ese tipo.

……

   El Corsa azul, bonito, aunque no nuevo como podría decir cualquier buen observador, se detiene en el estacionamiento, y Lisset Osuna lamenta, suspirando frustrada como cada vez que llega, de día o noche, que no le tocara un puesto techado. Se volcó un café en la falda y debía cambiarse, y no tenía una muda de ropas en la oficina. Se dice que debe aceptar lo del estacionamiento, y la falda, como uno de esos hechos de la vida, la mala suerte. Como tener a un marido tan inútil como Efraín, quien seguramente aún dormía. O ya se habría largado a parrandear con los vagos que tenía por amigos. O a buscarse una puta con la que pasaría un buen rato, dejándole a ella los amargos. Mortificada, y predispuesta un poco más contra ese hombre, baja del vehículo.

……

   Pero si Efraín Serrano, marido de Lisset Osuna, pensaba que dominaba totalmente la situación mientras se mordía la lengua, engreído, sosteniendo y abriendo a aquel carajo por los tobillos, viendo como entraba y salía su endurecida e hinchada verga de aquel culito sedoso y exigente, se equivocaba. Y comenzó a sospecharlo cuando, sonriendo algo infantil, ese carajo comienza a apretar y aflojar el agarre de su esfínter, cerrando las entrañas sobre su barra, y al comenzar un leve sube y baja, buscándole, moviendo su culo definitivamente goloso.

   -Hummm… -es todo lo que escapa de la boca de Jacinto cuando el otro, tendiéndose más, responde al desafío aumentando los ritmos de sus embestidas, sus mete y saca parecen duplicarse en velocidad, refregándole toda vaina por dentro, golpeándole una y otra vez la pepa del culo.

   Y es todo lo que parecía necesitar Efraín para tenerse más sobre él, alzándole las caderas del mueble, sus ronroneos de putita dichosa, la manera en que arqueaba la espalda echando la cabeza hacia atrás cuando le frotaba internamente con su venosa barra llena de sangre, pulsaciones y durezas. Embistiéndole más duro, empujándosela más y más, ya perdido en ese punto como la mayoría de los hombres cuando descubren, o disfrutan nuevamente, de cabalgar el culo de un hombre que goza con ello y les pide que se lo metan más duro y más rápido.

   -Tómala toda, mariconcito, toma toda mi verga. –le gruñe poseído por una fiebre rara, soltándole un robillo que cae en su hombro, dándole una sonora palmeada a la redonda y dura nalga del muchacho, quien aprieta los dientes y sisea lujurioso, al tiempo que su, en respuesta, cálido y húmedo agujero aprieta y chupa mas de aquella mole que va y viene en sus recorrido.

   -Hummm, hummm, hummm, si, si, cógeme. Cógeme duro. –se oye suplicar, en voz alta, perdida toda cordura, el control de su cuerpo, deseando de una manera agobiante aquella barra de carne de hombre que lo penetra, somete… y sacia; preguntándose muy de refilón qué le pasaba. Había estado igual momentos antes, con otro sujeto, y ahora… Si, estaba perdido de puto.

……

   Eso podría decirlo, por ejemplo, Lisset Osuna, de verle, mientras suben al ascensor, tarareando una canción que escuchara temprano en la oficina: Tropecé de nuevo con la misma piedra.

CONTINÚA … 48

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 6

enero 27, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 5

Por Sergio.

un-tipo-con-una-lengua-en-el-culo

Amadeo Morán es, sin lugar a dudas, un hombre inteligente. A sus treinta y dos años, ha construido vertiginosamente una exitosa carrera como detective privado, en gran parte gracias a su astucia, su preparación académica y su audacia para trabajar en todos los casos que se le han presentado hasta el momento: falsificación de identidad, búsqueda de personas desaparecidas, competencia desleal, infidelidad conyugal, investigación de homicidios, accidentes, atentados y fraude son apenas algunas de las áreas más importantes de su experiencia laboral. Como cualquier profesionista, Amadeo piensa que un trabajo como el suyo, a veces tan extenuante, a veces tan aburrido, merece un justo descanso… y entretenidos pasatiempos.

Si existe un experto en crimen, ése es él y eso es bien sabido por colegas, clientes y las muchas personas que lo han conocido. Lo que la mayoría desconoces es que Amadeo no utiliza su pericia profesional solamente para trabajar; sino también, para divertirse. Amadeo Morán es, sin lugar a dudas, un hombre inteligente; tan  inteligente como peligroso.

En su muy irregular tiempo libre, se las ingenia para raptar y violar hombres jóvenes, apuestos, varoniles, musculosos y heterosexuales. La razón de ser de esta última característica en el perfil  es simple: le encanta desvirgarlos y, más trascendental aún, sentir que tiene el poder de “cambiarles la vida”. Es una auténtica parafilia psicopática que Amadeo adora ejercer, convirtiéndolo en un criminal más, como los que él mismo pone al descubierto, pero ¿quién podría atraparlo a él?

Previsiblemente, Amadeo ya no está solo en esto. Forma parte, junto con otros profesionales, de una red oculta y clandestina, pero muy bien organizada de fetichistas que comparten su afición por estos perversos placeres. Esta red indudablemente representa un buen ejemplo de “trabajo en equipo” al estar conformada por un grupo multidisciplinario donde todos sus miembros pertenecen a distintas profesiones y comparten sus diversos conocimientos para los “objetivos mutuos”… y también “proponen candidatos”.

Amadeo, como buen referente de su profesión, disfruta “hacer el trabajo sucio” vigilando, observando, investigando y, finalmente, raptando.  De hecho, acaba de hacerlo y está listo para “cobrar su premio”. Esta noche, mientras conduce la furgoneta en la que va aprisionado un joven llamado Rodrigo Barahona, el último candidato propuesto hasta ahora, está pensando en lo mucho que va a divertirse, aunque ha empezado a poner en duda que sea heterosexual por el hecho de haberlo encontrado dedeándose mientras lo espiaba.

Amadeo: -¡Ya casi llegamos! –dice para sí mismo al observar una acogedora casa en las afueras de la ciudad que es bien conocida por los miembros de La Red.

Mediante un control remoto o mando a distancia, Amadeo abre el amplio garaje donde estaciona el vehículo. Ya en la privacidad que brinda la casa, pero con precaución, revisa la parte trasera de la furgoneta, donde yace Rodrigo, profundamente dormido gracias a la acción continua del cloroformo y a pesar de la resistencia que intentó poner. Tras verificar eso, vuelve a asegurar la puerta y entra a la sala de estar para saludar a los “socios”, pero solamente encuentra a uno: el hombre que propuso que Rodrigo fuera candidato: Claudio.

Amadeo: -¡Hola, ya llegué! ¿Dónde están todos?

Claudio: -Ha habido un cambio de planes…

Amadeo: -¿De qué hablas?

Claudio: -Este premio sólo será para mí. Acá está el dinero por tus servicios. –dice mientras le entrega un sobre.

Amadeo: -Eso no va a poder ser. –responde con firmeza, rechazando el sobre.

Claudio: -Mira, yo quiero este chavo sólo para mí. Perdón si te sentiste engañado, pero no puedo permitirte…

Amadeo: -¿Permitirme? –interrumpe- ¡Si eres tú quien está violando las reglas del Club!

Claudio: -Jajajaja ¿¡Violo los principios éticos de mi profesión y voy a respetar los de esta mierda!? Jajajajaja –se carcajea.

Amadeo: -Bueno, a mí eso no me importa. Yo también quiero mi parte del este pastel.

Claudio: -Te recuerdo que existen muchos muchachos guapos como éste. Tú y yo lo sabemos muy bien, pero no quiero compartir a éste con nadie. –dice visiblemente impaciente.

Amadeo: -Me parece que no me estás entendiendo. Si no aceptas compartirlo conmigo, te voy a destruir.

Claudio: -¿Les vas a decir a los demás que conseguí candidato a espaldas de ellos para que me echen? ¡Hazlo, no soy el primero en hacerlo!

Amadeo: -Jajajaja Eso sería infantil. Te voy a delatar ante la Junta de Vigilancia Médica ¡y con Lucía!

Claudio palidece, pues siempre había tenido el cuidado de mantener sus relaciones importantes al margen de “sujetos peligrosos”, como Amadeo, precisamente para resguardar su seguridad.

Claudio: -¿Quién es Lucía? –intenta despistar.

Amadeo: -Jajajaja Te olvidas a qué me dedico, Claudio. Jajaja Yo no sólo sé de ti, ¡también tengo pruebas!

Claudio: -¿Pruebas de qué le vas a enseñar? ¡Si yo todavía no me he cogido a Rodrigo!

Amadeo: -¿Crees que si le muestro evidencia de ti cogiendo a chavos como Rodrigo, va a dudar que también quieres hacérselo a su hijo? Jejeje

Claudio: -¡Hijo de puta! –exclama ya enojado.

Amadeo: -Es risible el cuadro si te pones a pensarlo: Una mujer que se separó del padre de sus hijos por homosexualidad ¿ahora tiene un novio que quiere cogerse a su hijo? Jajaja ¿Infidelidad? ¿Homosexualidad? ¿Incesto? ¿Cuántos pecados van ya? Jajajaja

Claudio: -¡Tú ganas! –grita.

Amadeo: -Es un placer hacer negocios contigo. –responde deliberadamente cínico.

Claudio: -¡Voy a ceder en que compartamos a Rodrigo, pero seré yo quien lo desvirgue! ¿¡Te queda claro!?

Amadeo: -Está bien, de todos modos me da la impresión que lo que le vamos a hacer ya se lo han hecho antes.

Claudio: -¿Por qué lo dices?

Amadeo: -Haciendo el trabajo de campo, hoy lo descubrí metiéndose el dedito.

Claudio: -¿En serio? –finge sorpresa mientras el enojo que tenía se transforma en excitación al escuchar esto.

Amadeo: -Haciendo el trabajo de campo, hoy lo descubrí metiéndose el dedito.

Claudio: -¿En serio? –finge sorpresa mientras el enojo por tener que compartir a Rodrigo es reemplazado por excitación al saber que está realizando los “ejercicios” que le recetó.

Amadeo: -Sí, lo raro es que cuando lo confronté y le dije que quería cogérmelo; y no, asesinarlo; lejos de tratar de negociar, se defendió con más fuerza. 

Claudio: -¡Tal vez le dolió mucho la última vez! Jejeje –chista.

Amadeo: -¡Sí! Jajaja ¿entonces seremos aliados? –estrecha su mano.

Claudio: Aliados –dice mientras corresponde el gesto, aunque no convencido de hacerlo.

Amadeo: -Bueno, ¡basta de charla y vamos a la acción!

Amadeo y Claudio cargan la silla que contiene a Rodrigo y la llevan a  una habitación de la casa. Rodrigo continúa dormido, por lo que Amadeo y Claudio discuten en qué momento despertarlo y, más importante aún, en qué momento empezar a jugar con él.

Claudio: -¡Qué pesa este cabrón!

Amadeo: -Entre más pesado, más rico, jeje

Claudio: -Está muy bueno, ¿no?

Amadeo: -La verdad, sí… No me digas que ya te enamoraste. Jaja

Claudio: -Bueno, creo que empezaré ya con él. Déjame estar a solas con él y, cuando termine, te aviso para que entres.

Amadeo: -Ok, los dejo solos para su noche de bodas. Jaja

Claudio: -Pero antes de que te vayas… préstame tu máscara.

Amadeo le arroja la máscara y sale de la habitación. Claudio se pone la máscara y libera a Rodrigo de la silla para acostarlo en una cama matrimonial. Con la dosis de cloroformo suministrada, Claudio estima que Rodrigo estará durmiendo profundamente al menos por una hora más, por lo que procede a desnudarlo.

Claudio empieza retirarle la camisa a Rodrigo mientras lo besa y acaricia su cara, su pecho, su espalda y sus brazos. En contraste, se quita la propia muy rápidamente para no perder tiempo que usará para explorar al objeto de su deseo. Claudio despoja al mismo tiempo a Rodrigo de sus pantalones y sus bóxers, admirando su bien formado cuerpo desnudo y tocarlo ya sin reservas.

Después de besar, acariciar y lamer distintas partes del cuerpo de Rodrigo a su antojo, Claudio procede a volver a inmovilizarlo; esta vez, utilizando ataduras flexibles para que pueda mover sus brazos y piernas, pero que no le permitirán salir de la cama una vez que despierte.

Claudio se ubica en medio de las piernas de Rodrigo y, aunque su pene no le despierta una sola pizca de excitación, empieza a mamársela porque sabe que será algo que lo excitará… y lo quiere bien excitado porque, a diferencia de Amadeo, Claudio quiere que Rodrigo  disfrute de su primera verga. Claudio empieza a abarcar los testículos de Rodrigo, por lo que el sexo oral se intensifica tanto que, a pesar de que Rodrigo esté inconsciente, su verga empieza a “despertar”. En ese punto, Claudio calcula que ha sido suficiente y libera las piernas de Rodrigo de las correas para poder moverlas a su gusto.

-Claudio: Ahora vas a entrar a un mundo del que no vas a querer salir. –dice para sí.

Claudio lame detenidamente los pies, los tobillos, las rodillas, los muslos y, más detenidamente aún, las redondas nalgas de Rodrigo. Acompaña las lamidas con masajes que hacen que Rodrigo “despierte” todavía más, pues además de la erección, su cara empieza a reflejar muecas de placer. Claudio continúa masajeando las nalgas de Rodrigo, hasta que finalmente las abre de par en par. Claudio tiene, por fin, frente a sí el ansiado premio por el cual tanto esperó. Aunque no es la primera vez que lo mira ni la primera vez que lo toca, le excita mucho ver “el premio” porque lo que pasó antes no se acerca ni por asomo a lo que ocurrirá esta noche… ésta es la noche en la que piensa reclamar su premio.

Sin perder más tiempo, Claudio introduce la  punta de su lengua en el ansiado agujero, lo cual casi inmediatamente causa que Rodrigo emita un gemido inesperado. Claudio empieza a lamer el ano cada vez con mayor avidez, a la vez que intercala esto con dedeadas, como las del “masaje prostático”, pero más intensas y eficientes aún. A medida que los minutos transcurren, Claudio continúa lamiendo, dilatando y masajeando el ano de Rodrigo, cuyas caras de placer y gemidos se hacen más constantes, cosa que alegra a Claudio… y a su pene.

-Claudio: Fue dura la espera, pero ¡vaya que valió la pena!

La verbalización de estas palabras parecen tener un efecto indeseado: ¡despertar a Rodrigo! Sus profundos ojos se abren y no puede creer lo que ven: ¡un hombre enmascarado está entre sus piernas chupándole el culo!

-Rodrigo: ¿¡Qué estás haciendo, pervertido!? ¡Degenerado! ¡Maricón! –exclama tan furioso como aterrado.

Claudio, aunque no se esperaba que Rodrigo despertara todavía, tiene la situación totalmente bajo control. Mientras Rodrigo grita insultos y empieza a dar patadas de futbolista para agredirlo, Claudio hace un enorme esfuerzo por contener sus piernas y enterrar su cara en su culo para seguirlo lamiendo. Rodrigo, a pesar de la rabia y el miedo, no puede evitar sentirse excitado también ante tan lasciva y húmeda caricia.

-Rodrigo: ¡Aaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! –no puede evitar gemir.

La abrupta situación ha desbordado a Rodrigo, quien no sabe realmente qué hacer. Gracias a las mamadas de culo que le está dando Claudio, ha disminuido la instintiva resistencia que no sólo él, sino cualquier persona ejecuta cuando es víctima un ataque. Rodrigo comprende que está atrapado, que es prisionero de este tipo y que éste va a violarlo si él no hace pronto algo para evitarlo.

Rodrigo: -Si no puedo escapar, ¡al menos mataré a este hijo de puta! –razona.

Rodrigo decide concentrar sus energías en rodear el cuello de su atacante con sus piernas y apretarlas hasta ahorcarlo. Sin embargo, además de que porque lograr dicha maniobra es físicamente imposible, tiene un efecto contraproducente porque le permite a Claudio hundir su lengua más y más profundo en el ano de Rodrigo, cuyo cuerpo realmente está disfrutando lo que le están haciendo.

-Rodrigo: ¡Ahhhh! ¡Suéltame, puto de mier… ahhh! –intercala involuntariamente insultos con gemidos.

Un enorme debate se desata en la mente de Rodrigo, al cuestionarse a sí mismo por qué le está gustando lo que está sintiendo, pues “él es un hombre y eso no está bien”; distrayéndose parcialmente de su objetivo de escapar, el cual de pronto recuerda y por el cual vuelve a pensar qué puede hacer…Claudio nota que Rodrigo está bajando la guardia por momentos y aprovecha la situación para volver a inmovilizar sus piernas con las ataduras. Cada vez más aterrorizado, Rodrigo descubre ya no puede levantar sus piernas y, aunque sí se puede mover, no puede levantarse de la cama debido a las ataduras.

-Rodrigo: ¡Eres un cobarde! ¡Maricón tenías que ser! ¡Como no pudiste vencerme peleando, quieres violarme!… ¡Pues no vas a poder, pedazo de mierda!…

Claudio prefiere no responder nada, ya que Rodrigo podría reconocer su voz. Además, diga lo que diga, no van a cambiar las cosas: se lo va a cojer sí o sí. Mientras Rodrigo sigue insultado para no llorar, Claudio se despoja rápidamente de su pantalón y su ropa interior, dejando al descubierto su larga y completamente erecta verga. Sorpresivamente, esta imagen envía un recuerdo a la mente de Rodrigo: Roberto, su hermano, masturbándose mientras veía porno en la televisión… con esa larga verga.

Mientras el video de estos recuerdos se reproduce en la memoria de Rodrigo, Claudio camina hacia él, quedando su verga a la altura de su cara. Tras haber visto el pene de su hermano en sus recuerdos, Rodrigo se sobresalta al ver  el muy pene real pene de su captor frente a él. Su mente está sobrecargada, tiene demasiadas cosas que pensar, por lo que resuelve hacer lo que le dicta el primer pensamiento inmediato que cruza su mente en ese momento: ¡metérsela en la boca!

CONTINUARÁ … 7

Julio César (no es mío).

DE AMOS Y ESCLAVOS… 44

enero 27, 2017

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 43

tipo-culon-en-hilo-dental

   Lo quiere y lo necesita tanto…

……

   Tembloroso, de pavor, pero también de algo más, Roberto le mira, bañado de brillante sudor su musculoso y recio cuerpo negro.

   -Gracias, señor. –se cuida de las formas, soltando el aire y casi sonriendo de alivio, en correspondencia, cuando el otro parece complacido.

   -Bien, vas bien. –dice y le suelta otro azote, menos fuerte, las oscuras nalgas marcadas, contrayéndose.

   -Diez… gracias por corregirme, señor, quiero ser un negrito bueno y obediente. –jadea.

   -Bien, lo has hecho muy bien. –le gruñe el otro, doblando la correa y acariciándole las lastimadas nalgas con el cuero.- Por la forma en que sudas, seguro que te refriego de la pared y me la manchas de tizne. –ríe de sus propias palabras, mientras Roberto parpadea, confuso.- ¿Qué, no te gustan los chistes de negros? –es burlón, mirándole al rostro, y Roberto compone una sonrisa que más parece una mueca.- Bien, basta de jugar, ahora el paso dos. Y espero que hayas entendido el costo de la desobediencia y que no haya que recomenzar a disciplinarte.

   Le suelta, y aunque quiere resistir, Roberto siente el cuerpo flojo, la piernas se le doblan y cae de rodillas, ante la sonrisa del otro.

   -Veo que aprendes rápido tu lugar frente a un hombre de verdad. –y aunque ha pasado por mucho, y sabe que puede costarle, Roberto le lanza una mirada acerva, lo que provoca la risa del otro.- Si, entiendo; engañado como has vivido, creyéndote un hombre como los demás, no puedes aceptar que sólo deseas la mano fuerte de un hombre blanco para darle sentido a tu vida de negro sumiso. Pero terminarás aprendiendo que es lo normal. Para ti. –se le medio tiende, mirándole retador a los ojos.- ¿No te estremecías en tu cama, antes de llegar aquí, soñando con la verga blanca de Hank? Sincérate contigo mismo, ¿no te excitaba escucharle hablándote fuerte, ordenándote, obligándote a caer de rodillas?, ¿no adoras comer de su verga, no se ponía tu negro culo caliente soñando con una buena penetrada? –es difícil entenderle, por el acento, pero el otro escucha, con la garganta cerrada, con la sangre pitando en sus oídos.- Te parece feo lo que digo, la manera en que Hank te trata, algo bruto, una ofensa… pero te gusta. Ser tratado así, como basura sin valor. –se le tiende más, con el doblez de la correa bajo el mentón le obliga a alzar el rostro, sus ojos atados.- ¿No eras feliz escuchándole gruñir de gusto mientras llenaba tu boca de simio con su verga? ¿No te parecía hermosa, comparada con la tuya? –se le acerca más.- Dime, negrito, ¿no soñabas con montarla, apartando tu cola, y llenar tu culo con ella y ordeñarla? –Roberto, respiración pesadamente, entre humillado, molesto y caliente, no puede negárselo, escucha, con una batalla notándose en su mirada.- Aún no estás listo para decirlo, pero lo harás. Para eso estoy aquí. Para eso te dejó tu amo, negrito, para que te enseñe a ser un monito servicial. Y, créeme, serás feliz, increíblemente feliz una vez que aceptes que tu lugar en un mundo de hombres blancos es satisfaciendo sus necesidades y caprichos sexuales. Que cada verga blanca que te sea ofrecida, es un regalo al que debes tratar con la debida atención y gratitud. –y calla, esperando una respuesta, cosa que ahoga a Roberto, el cual debe tragar varias veces, totalmente erizado, de rodillas, transpirado, sus nalgas adoloridas… su verga hormigueando.

   -Sí, señor.

   -Como dije, has sido un buen negrito… -se endereza, abriéndose el pantalón y dejando salir su tolete blanco rojizo, medianamente erecto.- Mereces una recompensa, pequeño simio. Come tu banana. Lo haces bien, pero aún debes aprender para llegar a ser un buen… ¿cómo le dicen ustedes, con esa palabra tan sonora?, ah, sí, un buen mamagüevo.

   Era tan displicente, tan arrogante y ofensivo, que todo Roberto se estremece, cuando abre la boca de labios gruesos y la dirige a la barra del otro hombre, del macho que acaba de azotarle y humillarle. Su propio tolete, que desde que le escuchara hablar iba creciendo, se estremece y mana un delgado hilillo de jugo pre seminal. Algo que el tipo calvo, sonriendo para sus adentros. Ese negro era grande, y arrogante, como la mayoría de la gente de color de un país donde el racismo es tan sólo una cosa de pocos (o una tara, como lo consideraban allí), contaba con una buena tranca entre sus piernas, lo que le hacía sentir orgulloso. Que la disfrutara, sus erecciones desafiantes y vistosas. Cuando terminaran con él, no tendría otra dureza jamás. Tan sólo su culo sería lo real. Por suerte, ese negro tenía un buen par de nalgas, su culo sería muy solicitado por los hombres. Casi ríe ante la idea.

   -Vamos, negrito, aliméntate… Toma mi dura verga con tu hocico de perra caliente. –le gruñe con tono ronroneante.- Chupar bien debe ser una de tus obligaciones para con los hombres, lo sabes, ¿verdad? –insiste, mirándole a los ojos, cruzando los brazos sobre el recio torso.

   Qué tan complicada podía ser la mente humana, se pregunta Roberto cuando le mira, odiándole intensamente, pero estremeciéndose al bajar los ojos hacia la emocionada verga; seguramente aquel hombre había disfrutado, mucho, de azotar su trasero, también de su rendición. Le odia, pero esa verga… Se resiste a pensar en nada, menos en que era una perra caliente a punto de caer sobre la presa que deseaba.

   -Acerca el rostro, conócela, aprende a adorarla. –la voz le llega por encima de su cabeza.

   Sus ojos no dejan de notar cómo crece un poco más, alzándose, erectandose totalmente, gruesa, las venas que la recorrían estaban hinchadas, llenas de sangre, una pequeña gota de humedad brillaba en el ojete del glande, las bolas, algo peludas, colgaban, pesadas. Y Roberto sabe la razón, ya acumulaban más semen caliente y espeso. Leche de hombre.

   -Tócala… -le oye, y tragando en seco, el musculoso y recio hombre negro lleva su oscura mano al blanco tolete, cabiéndolo con la palma y los dedos, casi hipnotizado, apretando un poco, la gota de aquello evidenciándose más. Una gota salina de néctar masculino.- Siéntete contento, negrito de mierda, por saber que tenerte me excita así. Acerca tu rostro de mico y recoge esa gota con tu lengua, te la has ganado. Y sabes que la quieres.

   Sin poder contenerse, el hombre lo hace, separando sus gruesos labios, rodeados de sudor, y emerge la lengua, que tantea sobre la lisa cabecita, el olor almizclado del macho llegándole con fuerza. Y con la punta, bajo el ojete, recoge esa gota espesa y clara, la cual llena su lengua.

   -Te sabe deliciosa, ¿verdad, negrito maricón? –oye la burla del hombre que ríe quedo, mientras la paladea.- Para ti es como miel, aunque sale de mi verga, por el orificio por donde orino. Mírame. –le ordena mientras le aclara el punto, sus ojos encontrándose.- Si, negrito, terminarás adorando sentir la verga de un hombre blanco llenando tu hocico, mojándote la lengua con sus jugos, recibir su esperma. Aprenderás a amar cuando el semen cubra tu cara, blanqueándote por un momento. –se burla y señala, grabándole aquellas vainas en la mente.- ¿No ter gusta la idea, ser blanco a fuerza de esperma? -ríe desdeñoso.

   De rodillas, abierto de culo, todavía aferrando con una mano ese tolete, Roberto cierra los gruesos labios casi sobre el ojete de aquel güevo, succionando, recibiendo más de aquellas gotas sobre su lengua, sin apartar los ojos del otro hombre.

   -Si, te gusta… -sonríe lentamente el otro, con desprecio y desdén, como comprobando que tenía razón, que era un ser superior a aquel que se inclinaba frente a él. Su idea de la sensualidad y sexualidad era el control.- Vamos, puta, traga. Si, porque eso eres, negrito; cuando enloqueces por la verga pálida de un hombre blanco, dispuesto a aceptar lo que sea con tal de disfrutar de una, de gozar sirviéndole, eres una puta. Bien, puta, comienza a chupármela como el maldito maricón hambriento que eres.

   Profundamente humillado, y algo más que no entiende cabalmente, aunque se niega totalmente a aceptar aquellas palabras, que era un negro maricón adorador de güevos blancos, que deseaba someterse a esos hombres, Roberto pasa la lengua por la punta lisa de aquel tolete, encontrándolo salobre. Estremeciéndose nuevamente. Y sabe que ese carajo que sonríe siniestramente, lo sabe.

   -Eres patético, negrito maricón, negándote a reconocer que adoras ser tratado como una cosa al servicio de los hombres blancos, cuando te niegas a soltarte. Pasar la lengua por mi glande te erizó, ese saborcito te gusta, paladear la masculinidad. Respondes a ello como el maricón que eres. Ya te lo dije, eres, por naturaleza, un mamagüevo. Vamos, cubre la cabeza con tus labios gruesos… Ahhh, si, así, muévelos como si besaras, eso se siente bien para el hombre al que atiendes. Ladea la cara teniéndola atrapada con tus labios, si, así; ahora recórrela con la lengua mientras succionas un poco. Si, muy bien, negrito… -se ve que lo goza, pero que también está ocupado en enseñarle su lugar. Y cómo hacerlo bien.- Aleja tus labios de monos y agárramela más fuerte con tu mano, saca la lengua y recórrela del puño a la punta, por todos lados. Déjame sentir tu lengua viciosa, muéstrame tus ganas. Lámela como si fuera un delicioso helado, el único caramelo que quieres chupar de ahora en adelante. Déjamela llena de saliva y baba. Hummm, si, así, recórrela lento, que se note en tus ojos que adoras hacerlo, que me agradeces que te deje. Eso calienta a cualquier macho. –le sonríe, burlón.- Ah, si pudieras verte, cada vez que jadeo, brillas de orgullo, te gusta que suponga que eres buenos mamando mi verga; vamos, desátate… Trágatela toda como si tu vida dependiera de ello. Y quien sabe, tal vez así sea… -ríe bajito, amenazante.

   Y cerrando los ojos, entregado, Roberto aparta la mano y cubre toda aquella mole caliente con su boca, dispuesto a demostrarlo que era un negrito bueno.

……

   Pero no era Roberto Garantón, el único negro que descubría una epifanía esa noche cerrada sobre la ciudad. Gregory Landaeta también lo hacía, en su apartamento, allí donde un tío blanco y bajito, con sonrisa de gatito satisfecho (aunque en ese momento su rostro estaba parcialmente cubierto), lo enculaba con ganas, haciéndole gemir sobre un sofá que ha sido movilizado para tal cosa… Preparativos que, aunque inquietaban un tanto a Esteban, este sabía que el otro necesitaba. Mientras le penetraba, cerca del balcón abierto, quien mirara desde otros apartamentos, al frente, podría ver lo que hacían. Y si, había gente mirando como el tipo más bajo y flaco, blanco, se cogía a un negro alto, fuerte, musculoso, que gemía en la gloria mientras sus entrañas eran llenadas con la erecta masculinidad de otro, un espectáculo hermoso.

   Gregory estaba siendo exhibido mientras lo cogían, y no cabía en sí de excitación y dicha.

CONTINÚA…

Julio César.

LA NENA DE PAPA… 23

enero 22, 2017

LA NENA DE PAPA                         … 22

De Arthur, no el seductor.

un-chico-en-hilo-dental-espera-aventuras

   Una nueva vida frente a él… llegará y le tomará.

……

   Implacable le ladea el rostro y le lleva bajo el saco, separando más las piernas. Y Brandon, pensando en quién sabe qué, separa los labios, saca su lengua y la coloca bajo el saco que forman la tela y las pelotas. Dando lengüeteadas. Lamiendo. La risita del otro le regresa a la realidad, a lo que hace.

   -Así, puto. Lo haces bien, lávame la bolsas sudadas con tu lengua… -le gruñe, ronco de excitación, insultante, aferrándole con más fuerza, refregándole ahora del áspero material, contra su tolete que erecta, pulsante y caliente.- Se nota que te encantan las vergas…

   -No, Avery, yo… -retira el rostro, arrodillado, mirándole desvalido, recibiendo una leve bofetada.

   -¡Sigue lamiendo, puto! –le demanda, rudo, respirando pesadamente, notándose que comenzaba a encontrarle el gusto a aquello, a tenerle así, indefenso ante él, obligándole a obedecerle.- ¡Usa esa boca maricona y chupa! –le ruge nuevamente, empujándole la cara otra vez contra la barra que se alza tras la tela, frotándole allí; abriendo él mismo más la boca, jadeando de placer. La sensación del rostro del maricón ese, contra su verga, era increíble. Seguramente por eso, porque se trataba de otro chico, uno al que obligaba aquello.- Vamos, aspira, llénate los pulmones con mi olor a macho. Te gusta, ¿verdad? –le retiene el rostro contra su pulsante miembro.

   Algo dentro de Brandon parece quebrarse, tal vez era por estar siendo manipulado así, a pesar de sus deseos, como le hacía Cole; o lo parecido que era aquello con lo que el hombre exigía, aunque menos ásperamente, tener su rostro contra la verga. Como fuera, aspira; efectivamente encontrando aquel olor fuerte, almizclado, poderoso.

   -Vamos, sácala… -le ordena, sonriendo con  maldad y lujuria. Sus miradas encontrándose por un segundo.- Sabes que quieres, maricona. Todos ustedes sólo quiere vivir entre las braguetas de los atletas, ¿eh? Imagino que por eso compites en pista y campo, para estar cerca de los deportistas sudados, de sus suspensorios… ¡Que lo saques! –trona, autoritario.

   Y tragando saliva, sabiendo lo que viene, Brandon le mira y baja la parte delantera del suspensorio, bajando los ojos para ver los castaños pelos púbicos brillantes, el lanco rojizo tolete que medio salta, largo y grueso, cabezón, todavía no totalmente duro, pero faltándole muy poco. Y siente la boca seca ante su vista.

   -Vamos, deja de fingir y llévala dentro de tu boca como te mueres por hacer. –demanda, con una sonrisa torva.- Dale el primer besito…

   -Avery, alguien podría… -todavía jadea, mirándole otra vez, consciente de que el tolete crece y crece.

   -Alguien vendrá, eventualmente, todos duermen aún, pero terminarán bajando mientras más tarde sea, puto, así que comienza para que salgas de eso. –razona.

   Temblando, no sabe si de rabia, miedo, repulsa o… algo más, el joven mira el blanco rojizo tronco y acerca la punta de su lengua a la cabecita, tanteándola, tocándola, estremeciéndose al escucharle aspirar ruidosamente, al verle tensarse de gusto por lo que le hacía. Y eso le afectó de alguna manera. Le hizo sentirse… bien. Tener ese poder sobre el chico autoritario y chantajista. Su lengua, lentamente, recorre el liso glande, llegándole con toda fuerza el recuerdo de la verga de Cole, grande, dura, jugosa. Parece no darse cuenta de lo que hace cuando separa mas sus labios y va tragándola, centímetro a centímetro, cubriendo el venoso instrumento de joder del chico que le trataba como basura. Fue abarcándola, apretándola con sus mejillas, lamiéndola de adelante atrás con su lengua.

   -Oh, Dios, sí; pero que rico lo haces, puto. –gruñe Avery, todo erizado, sonriendo casi con simpatía.- Se ve que eres tremendo tragón.

   ¿Acaso se sentía complacido, orgulloso de esas palabras?, el confundido joven no lo sabe, teniéndole medio güevo en la boca, mirándole desde sus rodillas, con las mejillas ahuecadas, sintiendo que cada una de sus papilas gustativas parecía explotar.

   -Vamos, comienza a chuparla, cabrón; mama mi gran verga con tu boca maricona. –le exige.

   Las palabras eran horribles, el tono, el trato, pero aún antes de darse cuenta de lo que hace, Brandon ya retira sus sedosos labios de ese tolete, manteniéndolo preso con las majillas, chupándolo, dejándolo brillante con la saliva de su boca. Y vuelve a tragarlo, palmo a palmo, sintiendo cada vena latir contra sus majillas y lenguas, succionando, cubriendo más y más en sucesivas idas y venidas.

   -Oh, sí, así, maricona, trágatela toda. Mi verga es para ti, puto. Vamos, come… come… -le medio ruge, alzando la ronca voz preñada de lujuria al sentir cómo su tolete era apretado, halado, chupado por la boca del compañero de piso que se lo mamaba. Pero quiere más, y le rodea la cabeza con sus manos, los dedos aprisionando el fino y largo cabello, reteniéndole en su lugar, sacándole la verga, agitando las caderas y azotándole el rostro con él, ¡y se sentía tan bien hacerlo!, metiéndosela otra vez.- Toma, toma, maricona, trágate mi verga…-le gruñe mientras va y viene, meciendo sus caderas, cogiéndole la boca al otro muchacho.

   Brandon tiembla de lujuria, lo sabe. Aunque no entiende el por qué, sabe que tiene las tetillas duras, tal vez porque recuerda que Cole se las apretabas cuando le usaba. Su propia verga está erecta, aunque prácticamente no se nota bajo sus ropas. Pero era su culo el que… Algo dentro de él respondía a las cogidas que Avery le daba a su boca, sacándole y enterrándole, rumbo a la garganta, el totalmente erecto tolete blanco rojizo, nervudo. Lo peor era que le acompañaba, se mecía de adelante atrás, ahuecaba su garganta para recibirlo mejor, y cuando este, jadeando, como necesitad de tomar aliento, se lo dejaba bien clavado, lo ordeñaba con su cuello, la manzana de Adán subiendo y bajando ansiosamente.

   Los minutos pasaban, en el cuarto de lavado tan sólo se escuchaban ruñidos de lujuria de uno, de succiones desesperadas del otro, los “trágatela, maricón, trágatela toda como la puta que eres”. Y a Brandon todo le daba vueltas mientras iba y venía contra ese tolete, muy poco porque Avery parecía necesitar sentir que le controlaba y le aferraba la nuca. Pero plenamente consciente de ese venoso y duro tronco que pulsaba contra sus mejillas y lengua, que le dejaba esta, llena de muchos jugos en su ir y venir. Su rostro joven y delgado está muy rojo, y una fina capa de sudor perla su frente, mirando a Avery, notando su corpachón subir y bajar, oyendo su respiración más espesa, viéndole cerrar los ojos y lanzar gemidos entre sus labios abiertos.

   Y abre mucho los ojos, lo siente, como el tolete se endurece más y algo caliente va recorriéndolo, quemándole la lengua a su paso por el canal seminal.

   -Ahhh, si, tómatela toda, maldito maricón, trágate toda mi leche caliente. Es para ti… -ruge el chico, casi a gritos, reteniéndole otra vez, apretándole contra su pubis, disparando uno y dos trallazos de leche en su garganta, retirándose luego un poco y llenándole la lengua con el viscoso y caliente néctar, todavía sacándosela de la boca, mojada de saliva, roja, goteante, tomándosela con una mano, cascándosela.- Si, tómala toda, puto, te la ganaste. –y un último trallazo de leche, poca en realidad, cae en la frente de Brandon, quemándole, resbalándole lentamente por el puente de la nariz, mareándole con su olor fuerte a masculinidad.

   Brandon, caliente hasta un segundo antes, se enfría de repente al comprende lo que hizo, aún con la verga palpitándole bajo las ropas, mirando al otro dar un paso atrás, jadeando, lanzando un ruidito de lucha, feliz, la verga tiesa, cubriéndosela con el suspensorio y la pantaloneta.

   -Ufff, que mamada, maricón. –le gruñe, con desprecio.- Eres bueno en eso, no quiero ni imaginar cuántas has mamado para lograrlo.

   -Avery… -comienza, pero este, acercándosele, le atrapa el cabello otra vez.

   -Cállate, maricón, no quiero escucharte. Das asco. –le ruge, y tragando, intimidado, aún de rodillas, Brandon se va a llevar una mano a la frente.- No, no te limpies; un maricón debe quedarse con la cara llena de esperma mientras el hombre está presente. –entrecierra los ojos.- Si le cuentas a alguien esto… -amenaza, soltándole y marchándose a paso lento, de conquistador normando, como si de verdad existiera la posibilidad de que contara aquello, piensa el asustado joven de rodillas.

   Por fin se limpió, con los ojos bañados en lágrimas, lleno de auto reproches y compasión. Termina lo que hacía y corrió a ducharse, después de asegurarse de estar a solas. Escapando a su pieza. Allí se metió a su cama, desnudo, lejos de tangas y pantaletas, cerrando los ojos para no ver esas revistas y afiches de tíos, e intenta dormir. Pero no podía, no así, y casi mecánicamente extendió una mano tomando algo de ropa interior. Dios, ¿que había hecho? Ahora Avery sabía, y este no era su amigo. ¡Le contaría a todos! Todos le llamarían marica y…

   No sabe cuánto tiempo duerme, pero es bastante. Lo extraño es que no siente alivio, le parece que no descansó nada. Unos golpes a su puerta, impacientes, fue lo que le despertó, inquietándole. ¿Sería Avery? Su corazón late con doloroso esfuerzo. Se pone de pie, cubriéndose con una sábana color lila, acercándose a la puerta.

   -Moses, abre, joder. –¡era Mark! la sorpresa y el alivio le inundan de tal manera que abre la puerta, sin pensar. Y este, con rostro cabreado, le encara.- ¿Se puede saber qué pasa contigo? ¡Llevas todo el día encerrado aquí! ¿Qué tienes? –demanda saber.

   -Nada, yo…

   -Y una mierda, algo te ocurre y ya estoy molesto de que no quieras contarlo. –le corta, montándole una mano por el pecho, empujándole dentro de la habitación y entrando.

   -No, espera… -grazna Brandon, intentando frenarle, la sábana cayendo, pero el otro ya está más acá del marco.

   -Nada de espera, ¿se puede saber qué coño…? –inicia, parpadeando, abriendo la boca, recorriéndolo todo con la mirada. Incluido a él, con aquella tanga diminuta, bordada, femenina.

CONTINÚA … 24

Julio César (no es mía la historia).

EL PEPAZO… 46

enero 22, 2017

EL PEPAZO                          … 45

De K.

el-chico-en-tanga

   -Dámelo, papi…

……

   La idea casi le golpeó físicamente, por lo extraño, por lo muy distinto de su manera de ser y pensar. Pero al imaginarlo, comiendo vergas antes, en su antiguo liceo, cabeceando en las braguetas de los chicos, tal vez en la de alguno de sus profesores, provoca que sus tetillas ardan, que su propia verga pulse bañando la tanga, que su culo… Bien, su culo sufre espasmos violentos, amasando el dedo que lo penetra, abrasando ese dedo que entra y sale, excitándole cada vez más. Deseoso… Joder, su culo quiere ser llenado otra vez. Ser abierto por una buena pieza rugosa, llena de calor y pulsaciones, que lo refregara. ¡Su culo quería güevo!

   -Dios, este agujero se siente tan apretado y suave a un tiempo. Tan caliente y mojado; tan mojado, ¿qué mierda es esta? Creo que podría meterte el puño facilito… -ronronea Efraín, jadeando, tan excitado por la mamada que aquella boca le daba, la mamada dada por otro tío (algo siempre caliente), como por lo bien que se sentía sacar y meter su dedo de ese culo titilante.

   Esas palabras, la manipulación a su agujero, el cual enviaba deliciosa oleadas de lujuria a todo su ser, tienen al forzudo joven delirando, y siendo osado. Retirando, ronroneante y golosamente, sus labios de aquel tolete, aferrándolo ahora por la parte inferior con su mano, disfrutando su dureza contra la palma al tiempo que lo masturba, ladeando el rostro lo mordisquea mientras agita la lengua contra este, provocándole gemidos al otro hombre. Sacando y metiendo rápidamente la lengua, lo recorre subiendo, subiendo y azotando el mojado glande.

   -Oh, mierda… -gimotea el otro, casi indefenso, pero retirando su dedo de aquel orificio, curiosamente la tirita del hilo dental color rosa no cubre la raja, así que ese culo hinchado, titilante, está descubierto cuando son dos dedos los que ahora le acosan, las puntas cayendo sobre él, frotando circularmente, sin penetrar. Pero aquello era suficiente para despertar un infierno de ganas que queman al musculoso guardaespaldas.

   Gimiendo, los labios de Jacinto bajan y cubren nuevamente esa mole de carne dura, llevándola a su garganta, pegando los labios del pubis, entre los pelos, aspirando ruidosamente los enloquecedores aromas del macho que le excita con su masculinidad. Estaba decidido a darle la mamada de su vida, se dice como retándose. Una mejor que la que le daría cualquier tía; así piensa, aunque la idea debería resultarle extraña. Casi ahogado, rostro enrojecido, continúa succionando, la lengua pegada a esa mole, como sus mejillas y labios. Lentamente sube, sorbiendo, y se estremece con una sensualidad poderosa. Sentir aquella verga rozándose contra su lengua, latiendo, quemándola, era una de las mejores cosas que había experimentado en su vida… ¿O era que se lo parecía porque esos dos dedos han penetrado su culo, hurgando en él, frotándole, llegando hasta el puño? No lo sabe, tan sólo ronronea incapaz de contenerse, demostrando lo caliente, excitado, hambriento y necesitado de macho que está. Lo sabe, y se estremece de vergüenza y jubilo. La idea, por alguna razón, le hacía feliz… Como el sube y baja de aquella cosita en sus entrañas, que parecía ser golpeada e impulsada por aquellos dedos al entrar y salir. Y lo que le hacía los gemidos roncos, profundos, de gozo de su macho…

   Por ello, y aunque no lo pone en esos términos porque aún cree que puede haber otra explicación a lo que siente, cubre nuevamente ese tolete tieso con su boca, chupándolo entre gemidos, subiendo apretándolo, comenzando a darle una mamada de antología, como la puta feliz que se sentía en esos momentos. E incluso pensarlo así, que era una puta feliz mientras va y viene alimentándose de güevo, le excita. Si, si, le gustaba mamar, y sentirse puta; aquella aceptación casi le provoca una torsión de gusto y un incendio en sus entrañas, tan grande que sabe que necesitaba ser combatido y apagado con mucha, mucha esperma.

   Llegar a esa conclusión casi parece enloquecerle, sube y baja con mayor facilidad, con más ganas. Cubre el falo de cabeza a base, reteniéndolo allí, sus mejillas rodeándolo, subiendo, dejándolo más brillante de saliva y jugos espesos, y más rojo. Va y viene, y por la tensión de aquellas piernas velludas, los gemidos de Efraín, sabe que este no tardará mucho en correrse. Y quería experimentarlo. Comérsela, trabajársela hasta sentir que el semen caliente le llenaba la verga, recorriéndola para salir disparada, cubriéndole la lengua. Casi se corre él mismo al imaginarlo, lo bien que seguramente sabría toda esa esperma caliente, esa que ya casi nota que viene.

   -Ahhh… Hummm… -los roncos gemidos de Efraín alertan del asunto; estaba a punto de alcanzar un intenso, poderoso y caliente orgasmo, uno muy fuerte porque está alimentado por la noción de saber que era otro tío, un carajo forzudo y guapo, el que le mamaba el güevo.- ¡Pero, ¿qué coño…?! –ruge frustrado, colérico.- ¿Qué haces? –demanda saber cuando Jacinto, dándole la apretada de su vida con lengua y mejillas, se retira de su tolete, dejando de mamarle justo cuando estaba cerca, cerquita de acabar, con la leche ya casi en la punta. Moviéndose además en ese sofá, quedando semi sentado, sacándose de paso los dedos que le tenía metidos en el culo.

   -No, así no… -jadea el joven, muy rojo de cara.

   -Déjate de mariqueras, estabas mamándome la verga con ganas, nunca había visto a alguien que le gustara tanto tener un tolete masculino en la boca. ¡Vuelve y termina el trabajo! –exige.

   -¡No! –exclama decidido, sin apartar su mirada de la del otro, echándose de espaldas en el sofá, apoyándose en el respaldo, alzando una pierna sobre el espaldar, su pecho subiendo y bajando, los cuadros de su abdomen marcándose, los muslos muy llenos, los bíceps como globos, alzando su culo.- Quiero tu leche aquí… -pide ahora, rojo como un tomate, abriéndoselo con los dedos.

   Y Efraín tal vez tendría algo que decir, posiblemente que una mamada era una mamada, pero meter su verga por el culo de un carajo… Pero ese agujero visible, al continuar la tela del hilo dental extrañamente apartada, pulsando, rojo, hinchado, abierto con dos dedos era más de lo que un hombre con sangre en las venas, y especialmente en la verga, podría aguantar.

   -Ahhh… Si, si, métemela, papi. –escapa de la boca del forzudo joven cuando lo ensarta.

CONTINÚA … 47

Julio César.