Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

¿QUIEN ES MAS PACIENTE, SAM O DEAN?

junio 7, 2018

SAM, DEAN Y LA FAMILIA PERDIDA

   Regresos, reapariciones, la tónica de la temporada…

   Por la intro, sabíamos que al programa, en el tercer episodio de la treceava temporada, regresaba una vieja amiga. Y, en buena medida, esta temporada de Supernatural estuvo marcada por eso, los regresos. Incluido el de Lucifer, de quien pensé que el programa, para sacarse el problema de encima de tener al Diablo corriendo por los rincones sin saber qué hacer con él, lo enviaban a la dimensión desconocida para dejarle en el baúl. Como cuando a uno lo mandaban con la abuela para que no estorbara cuando recibían visitas sensibles en casa.

   En este caso se trataba de Missouri Moseley, la síquico que apareció en la primera temporada en el emotivo episodio llamado Hogar, cuando Sam parece escuchar por primera vez que fue Dean, un niño de seis años, quien le sacó de una casa que se quemaba. Y no es que Missouri fuera una gran síquico, no vio algo que Sam si no notó aquella vez. Ella, que no volvió a aparecer en más de una década, ni siquiera después de la muerte de John, la de Dean, o durante el Apocalipsis, regresa ahora… para que se cumpla la maldición del programa. Que la maten.

   Comenzó bien el episodio, que no fue de los más apasionantes, hay que reconocer. Pero si, inició casi rabiosamente, porque una bonita y angelical síquico atiende a un tipo que parece agradable, pero ella “ve” que es un monstruo. Es uno de esos espectros a quienes les sale como un estilete por allí por donde Peter Parker arroja su telaraña, y lo clava en la base del cerebro de sus víctimas, alimentándose con parte del cerebro. Una de las cosas que atacó a los hermanos en aquel manicomio. Un villano viejo, un monstruo ya visto, pero presentado de manera diferente, este sólo mata síquicos por sus fluidos cerebrales especiales, alimentarse de ellos le daba un subidón como sentían Sam con la sangre de demonio, Crowley con la de humanos y Lucifer con la gracia de los ángeles. Este espectro en especial era una mugre, y la asesina feo y cruel.

   La chica era amiga de Missouri, nuestra vieja amiga la síquico, la cual se comunica con los hermanos para que la ayuden pues ella ya ha visto lo que viene. Y es malo para ella… porque lo maneja terriblemente mal. O eso me pareció a mí.

   Por su lado los hermanos se separan para la caza, y algo anímicamente. Ya vienen discutiendo desde el primer episodio. Sam tiene la esperanza de usar a Jack para regresar a Mary, pero también le agrada al chico, porque se identifica con él, en su tiempo todo esperaban que hiciera cosas terribles porque algo oscuro vivía dentro de él; Dean está cerrado a esas ideas, que el chico sea bueno o que Mary siga viva. Para  él Lucifer ya la asesinó y Jack es un peligro. A la gente le fastidia esto, incluso que se separen para trabajar, yo podría vivir viéndoles discutir en todo momento en la serie. Como sea, aunque Sam recibió el pedido de ayuda de Missouri, envía a Jodi Mills, nuestra comisario preferida, a encargarse del caso, para no dejar solo a Jack. Dean les manda al carajo y parte a cazar.

   Es Jodi otra de las que regresa esta temporada, y siempre es grato verla. Hemos terminado amándola, y ella lo merece porque es una extraordinaria actriz, ¿que por qué lo digo, sonando casi exagerado? Porque amo a Jodi, y sin embargo, cuando la dama que la interpreta, Kim Rhodes, apareció en Criminal Minds, la odié intensamente. Me gustó el encuentro de Jodi, Missouri y Dean, en casa de la síquico. Allí la mujer “ve” algo y envía a Dean a una cacería especial, a proteger a su hijo y su nieta. Familiares de los que está separada por un asunto realmente menor pero que en los programas de televisión los elevan a nivel de muro fronterizo.

   Como sea, la nieta de Missouri, que da título al episodio, Patience, sufre alucinaciones que no entiende, son premoniciones, pero su padre no quiere escuchar hablar de eso. Ese monstruo va tras ella, es lo que vio Missouri. Pero fue raro, si ella vio todo, incluida su muerte, dónde y cuándo, ¿por qué no le dijo a Dean y a Jodi, y le tendieron una trama, tú en la puerta, tu bajo la mesa, y acaban con eso? Habría sido fácil, me parece. Cosas de la televisión. Como sea, Missouri Moseley, de quien se ha escrito tanto en tantos fics, muere de una manera tonta. Aparece, después de tantos años, por segunda vez en el programa para ser asesinada. Y sin reconciliarse con su familia. Fue tan… si, tonto.

   El bicho ese era listo, casi la atrapa en la escuela y la llegada de los cazadores la salva, aunque nunca entenderé por qué Dean no le disparó a la cabeza. Este escapa, mas tarde se la lleva y logra matar a Jodi y a Dean… así lo “ve” Patience. Incluso presagia la caída de su padre, cosa que no nos habría sorprendido. Debieron luchar bastante con ese espectro para vencerlo. Casi acaba con los tres, y con la chica. Fue otro gran momento de pelea para el cazador. Cosa rara, los hemos visto luchar contra vampiros, ángeles y demonios, todos en cambote, y salen bien librados, pero cuando el episodio va de un solo monstruo casi siempre caen y se salvan por un pelo.

   Vemos un leve enfrentamiento entre Patience y su padre al saber que le ocultó tanto sobre su abuela, lo que explicaría sus dones. Otro asunto recurrente en las tramas gringas. Este la conseja que olvide todo y se esfuerce por ser normal, ella no está muy segura, pero Dean le repite el consejo, desalentado y desalentador. Que se aparte de lo sobrenatural, que es mejor (será más feliz y podría llegar a vieja), ante una Jodi desconcertada, que la alcanza y le dice que decida su destino, retroceder a lo seguro o avanzar hacia lo nuevo descubriendo su potencial (cuando la verdad es que tiene suerte de que hayan muerto Los Hombres de Letra ingleses), y pone su hogar a disposición de la joven. Eso me hizo sonreír, la casa de Jodi se va a volver una fraternidad de mujeres.

   Durante todo el caso, incluida la caída de Missouri, Sam ha estado intentando ejercitar los poderes de Jack, pero este, aunque ha hecho cosas muy buenas e increíbles en el pasado, parece no poder mover ni un lápiz si lo intenta (de hecho la trama se sintió como un retroceso). No controla su poder, lo que le frustra e irrita porque se cree malo y sólo haciendo algo bien, bueno, se justificaría. Especialmente a los ojos de Dean.

   Hay un nuevo intercambio de palabras entre los hermanos (como comentaban las chicas del episodio 200, ¿lo recuerdan?, aunque esto también es recurrente de los programas del Norte), muy amargo. De parte y parte hay razones, aunque deanista, esta vez Sam me parecía más atinado. Este enfrenta a Dean con la realidad de que hubo un tiempo cuando a él también se le consideraba un ser diabólico, desde Azazel, cuando el mismo John le pide que lo salve o lo mate, a cuando bebía sangre de demonios y liberó a Lucifer, sin olvidar cuando andaba por ahí sin alma. Recordándole a Dean que jamás perdió la esperanza de salvarlo. Lo que responde el mayor, eso de que Jack es distinto, es una tontería. El chico no tiene que ser malo de por sí, Dios creó a Lucifer, lo hizo bueno, noble y perfecto, este se hizo malo. Jack podría decidir lo contrario.

   Como sea, Dean debe tener la última palabra y le grita a Sam eso de que no lo engañe, que está usando al chico, que no finja que le importa. Y que no lo cree bueno, no cuando ya ha costado vidas, como la de Castiel, a quién engañó prometiéndole un Paraíso nuevo. Me gustó una barbaridad toda la intensidad de la perdida de Dean al no tener a Castiel cerca, en el equipo (el Bucky del Capitán América, así lo pensé). La muerte del ángel le pegó tanto como la de Mary. Y, bueno, si, aún la de Crowley (ese personaje y actor se lo ganaron). Son esas cosas las cosas que Jack escucha. ¿La necesidad de reconocimiento de parte de Dean le hace invocar a Castiel, o lo hace para tener a alguien de su lado? No se sabe, la cosa es ¿por qué no revive a su madre?

   Cuando el ángel despierta en un lugar totalmente extraño, levantó ronchas en muchos, Alicia, una amiga mía fiel seguidora del programa, puso tal bemba que le llegó al piso. A mí me hizo reír. ¡Castiel regresaba, oficialmente!

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 18

junio 5, 2018

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 17

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   El rubio baja la mirada, rojo como un ladrillo. Y Jared se altera, cosa que no pasa desapercibida para el hombre mayor y mal encarado. Incómodo y molesto ante la situación. Siempre era desagradable encontrar a los chicos en esas cosas, y él, como entrenador, le había tocado su parte a lo largo de los años, pero este caso era especial. Jared Padalecki tenía talento, el pequeño hijo de perra podía llegar lejos, alto, a la fama y la fortuna… llevándoles a todos ellos con él. Y ahora el pequeño marica de Ackles, tan malo en los deportes como para todo lo demás en la vida, lo ponía todo en peligro. ¡Joder!

   -Basta, señor Davies. Ya está como fuerte, ¿no? –interviene el pelicastaño.

   -¿Te parece? ¿No crees que esta sería una gran noticia para comentar en cada casa de esta ciudad? Imaginas si no llego, ¿qué tendrían fuera de los pantalones ya, y a la vista de cualquiera que pasara? ¿No lo crees tú, chico, que sería la noticia del año? –insiste con Jensen.- Qué digo del año, de la década. O la del siglo que acaba. –el hombre no deja de lanzarle la pelota al rubio, quien se ve terriblemente mortificado.

   -Señor Davies… -el castaño, furioso, insiste.

   -No, Jared, el entrenador tiene razón. –el rubio le mira, casi suplicante.- Este es un muy mal negocio para ti. –abre la portezuela; Jim, apartándose un poco, casi con asco, le deja pasar.

   -¡Jensen, no te vayas! –Jared jadea, desesperado. Baja también, va a seguirle, pero el entrenador le corta el paso.

   -¿En serio irás tras él? –este parece asombrado y furioso.- ¿En qué diablos estás pensando arriesgando todo tu futuro por andar en cochinadas con ese muchacho? –eso impacta feo al alto muchacho, tanto que cierra los puños, aunque le cuesta, porque respeta, admira y siente afecto por ese sujeto.

   -No se meta, entrenador. Mi vida privada es mi vida privada. Lo que haga con ella no es asunto de discusión.

   -¿Vida privada manosearte en un parque?

   -Yo… yo… -el joven mira a Jensen alejarse más y más, con paso rígido, como le viera salir de su propia casa minutos antes.- Lo siento, entrenador, pero no tengo tiempo para esto. Entiendo lo que dice y lamento que viera esto, pero… -le mira decidido, pero como pidiendo comprensión.- Él me gusta, señor. –y echa casi a correr.- ¡Jensen!

   Oh, mierda, piensa el hombre, asombrado, viendo en peligro el fabuloso contrato profesional con el cual soñaba, su comisión, casi le parecía ver las bolsas de dinero volando lejos, con alas y todo. ¿Quién contrataría al chico gay que todavía no se sabe si triunfará o no, si pasará del primer año o no? Traga saliva, una que le sabe increíblemente amarga. Cierra los ojos y evoca el rostro apesadumbrado de Jensen. Si, era de él de quien debía deshacerse.

   Mierda, mierda, se dice Jared mientras gana terreno, ¿es que todo lo que puede salir mal, tiene que hacerlo? Era increíble la manera en la cual una tarde que soñara entre arcoíris (por lo bonito de la imagen, estar junto al rubio, no el significado gay, piensa de manera irónica, imaginando lo que dirían Chad o Mike de saberlo), terminaba en esto. También era curiosa la ventaja que Jensen le había sacado aunque caminaba como si llevara un palo de escoba metido por el culo. Oh, oh, imaginen incorrecta en esos momentos.

   -Jen, espera… -atrapa al chico por un brazo. El rubio, pálido, ceñudo, se vuelve.

   -Jared, por favor, tan sólo… vete. Déjame… pensar. Tranquilizarme. Entre mi prima y su hijo, tú exponiéndote al ir a casa, y ahora esto…

   -No, no, deja de agobiarte, de pensar tanto. –el castaño puntualiza.- Joder, no tienes que cargar con todo el peso del mundo, no te sientas tan… importante; no todo tiene que ver contigo o es tu culpa. Tu responsabilidad. –el rubio le mira entrecerrar los ojos. Seguro pensaba que hablaba de otras cosas, ¿cómo su hermano Josh?, no le importa.- Hoy, ahora, aquí… bajo este bonito cielo de una tarde que comienza a acabarse, estando juntos después de todo el increíble sexo en ese motel, ¿no podemos tan sólo… hablar de eso? ¿De lo excitante que fue? ¿De lo mucho que  os gustó? ¿De cómo lloriqueabas por más de mí? No tenemos que resolver el resto de nuestras vidas en este momento. –casi ruega.

   Y Jensen quiere escuchar, cerrar los ojos, oídos y la mente a todo lo demás. A todas las amarguras e insultos. Tragando en seco mira sobre el hombro de Jared, el entrenador ya se ha ido. Vuelve la mirada en todas direcciones y se cerciora de que no haya nadie por ahí, e intempestivamente atrapa el rostro del castaño, hala de él y le cubre la boca con la suya. Jared gruñe ronco, sorprendido, pero respondiendo. Sus labios rozan, sus lenguas chocan, tantean y lamen, se encuentran y es sencillamente genial. El contacto los eriza y calienta, todo pierde importancia, gravedad, y lo que comienza como una simple caricia se vuelve algo profundo, necesario. Jensen gimotea cuando los dientes de Jared rastrillan su lengua una y otra vez, mientras se la mete en la boca.

   -¡Váyanse para un motel, par de maricas! –aparece, salida quien sabe de dónde, una camioneta en la cual viajan dos chicos con caras gañanescas que toman cervezas. Alejándose rápidamente, pero provocando el corte del beso.

   Se separan casi sobresaltados, o lo hace Jensen. El rubio se echa atrás, al tiempo que el castaño le seguía, no queriendo dejarle ir.

   -Joder, es que no se puede. –gruñe Jensen, rojo tomate otra vez.

   -No es que no dejan, es que molestan. –rectifica Jared, sonriendo a pesar de todo. El sabor de los labios del pecoso era uno de los mejores del mundo; si pudiera envolverse y venderse…

   -Ay, Jay, no sé qué hacemos… No sé ni lo que quiero.

   -¿Besarnos? –arruga la joven y tersa frente. Se miran, jadeantes. El pecoso tiene mejor cara a pesar de todo. Le prestaba verse excitado, piensa con un hormigueo en sus pelotas, la verga respondiéndole otra vez. Vaya, por lo visto, todo en Jensen le provocaba lujuria. El corrientazo es enorme cuando este le atrapa una mano y le lleva hacia el auto.

   -Vamos, conozco un lugar. Y, por cierto, yo no lloriqueaba.

   Parecía decidido a estar con el otro. Cosa extraña, piensa el castaño; tan preocupado que estaba momentos antes por su buen nombre, tan desolado por la llegada del entrenador. Y ahora…

   La camioneta descansa, solitaria aunque viva, bajo las sombras de unas acacias, por entre cuyas ramas uno que otro rayo de sol ilumina el parabrisas. La portezuela del conductor está abierta y I’ll Be Here In The Morning se deja escuchar en el apartado lugar. El mirador, un elevado punto boscoso donde todos los chicos van buscando un poco de intimidad. Jared conoce el lugar, tan bien que siempre carga una manta bajo el asiento. Como también hace Jeff, su hermano. ¿Sabría su madre que bajo el asiento del suyo también había una manta? El asunto no podía importarle menos teniendo a Jensen Ackles de espaldas sobre el paño mientras le come la dulce boca.

   El pecoso ronronea contra la suya al tiempo que sus lenguas se encuentran, sus alientos y salivas se mezclan, mientras le rodea el cuello con las manos, acariciándole con los dedos el suave cabello castaño. Y cada roce de esos dedos le produce tantos calambres como esa boca sobre la que se inclina.

   Jared le besa mientras mete una mano y le recorre el torso sobre la franela, alzándola un poco, sabiendo que más abajo el rubio debía tener la misma erección que él mostraba, y que apoyaba, caliente y palpitante, contra una cadera del más bajo, pero por ahora se recrea en recorrerle el abdomen plano, directamente sobre su piel, jugando con un dedo en ese ombligo, subiendo y bajando, perfectamente consciente de la piel de gallina del otro muchacho.

   Desde que llegaron, sin hablar, se han estado besando, y frotando. Jensen parecía haberlo olvidado todo. Y era cierto. Nada había mejorado en su vida o su situación, ni un poquito. Lo sabía. Tarde o temprano debería regresar a la casa, a enfrentar a la familia horrible que había  invadido la vivienda, que lo hacía sentirse indeseable, un estorbo bajo su propio techo. Y su primo querría saber quién era el chico que fue por él. Lo del teatro no se concretaba, cada vez se sentía mas desesperado por un futuro de adulto que se le arrojaba encima… pero al menos estaba Jared. Entre sus brazos, y con sus besos, todo parecía mejor.

   Ronronea y ríe, ojos cerrados, alzando un poco la cara, cuando Jared le cubre con el cuerpo, pesado, caliente, vital, ocultando el rostro en su cuello, lamiéndole, besándole, recorriéndole una pequeña porción de piel con su lengua; las sensaciones eran sencillamente maravillosas… y terribles. Sentía que no podía tener la verga más dura, una que (el mañoso ese sabía lo que hacía), rozaba de la de Jared. Dos toletes retroalimentándose en lujuria.

   -Eres bueno para algo, Padalecki. –se le escapa, y parpadea, porque Jared se detiene y alza un poco el rostro, mirándole intensamente.

   -Soy bueno para muchas cosas, cabrón. –le aclara con afecto, pero también algo picado. No puede olvidar conversaciones pasada con el rubio, quien buscaba esos momentos como una evasión, sin esperar nada más. Y mirándole, se eriza sobrecogido por un nuevo sentimiento; casi se muerde la lengua para no hablar de más, pero con el pecoso rostro enrojecido, los labios hinchados y húmedos, los ojos brillantes, con un pequeño punto de luz solar bailando sobre su frente, iluminando su rubio cabello, Jensen le parece sobrenaturalmente hermoso. Pero había algo más… deseaba besarle, tocarle, pero también acunarle. Cuidarle.- Pregunta por ahí y te contarán. –se ve obligado a continuar.

   -Muchas palabras y poca acción. –sonríe el otro, sin imaginar lo que pasa por la cabeza del popular, parrandero y seductor castaño al que cree ligero, algo frívolo, yendo siempre de una conquista a la otra, seguro de sí, de su futuro y destino.

   Como sea, se las ingenia para empujarle y hacerle rodear de lado, dejándole de espaldas, riendo, subiéndosele ágilmente sobre las caderas, sentado a hojarascas, apoyando el trasero sobre su verga erecta, mirándole con una sonrisa pícara (sencillamente insoportable en su sensualidad, le parece al castaño), y comienza un refregado lento, deliberado, de adelante atrás, un poco hacia arriba y abajo.

   -Esto lo vi en una película. –informa al tiempo que se tiende hacia adelante, después de mirar alrededor. Era un lugar apartado donde todos sabían a qué iban, por lo tanto nadie fisgoneaba, pero con la suerte que habían tenido ese día tan sólo faltaría que les cayera alguna comisión policial y religiosa, la brigada de la moral, si tal cosa todavía exista. Que, por el puro gusto de molestarles, era posible que se formara rápidamente. Allí mismo. ¿Todavía apelaban a los gay en Texas?

   Como fuera, atrapa los faldones de la camisa de Jared, alzándosela, descubriendo su abdomen y torso, delgado, esbelto, y mientras baja el rostro, ya el castaño jadea, contiene al liento y la piel de su abdomen se tensa cuando los labios lo rozan, besando, lamiendo, mordiendo suavemente. El rubio baja en sus largas piernas, la boca también. Y lanzándole una oscura mirada de lujuria, lo que de por sí era increíblemente erótico, le clava los dientes. Cuando los blancos dientes caen sobre la cabeza de su verga, sobre el jeans, y rastrilla, Jared, lanzando un jadeo, sabe que no aguantará mucho.

…..

   Esa noche, durante la cena, Sherri Padalecki no puede dejar de notar el aire entre ausentes y ensimismado de Jared, quien come con apetito pero está menos locuaz que de costumbre. Era notable su capacidad para hablar, a veces en dos idiomas, con la boca llena (con tanto que se lo he peleado siempre); esta noche sólo sonríe a medias ante cualquier señalamiento, y si abría la boca era para soltar un lacónico “pásame otra chuleta, por favor”. La mujer sonríe, se pregunta si ese aire de soñar con cosas bonitas, y luego ese leve ceño de ¿por qué no me llama?, se bebería a una chica. Esa personita de interés que su hijo le comentara poco antes. La verdad es que nunca le había visto tan reflexivo. Recorriendo con la mirada al resto de sus hijos, y su marido, entiende que estos no notan nada. Hablan y comen a dos carrillos. Como siempre.

   Y si, Jared está en otro mundo, aunque mecánicamente esté cenando y sienta el placer de hacerlo. Se siente un poco caliente y acalorado a clavarle los dientes a la chuleta de cerdo frita, recordando los dientes de Jensen rastrillándole la verga sobre el jeans, la presión, la sensación. Lo excitado y tembloroso que estaba. El jadeo que soltó cuando el rubio, mirándole con ojos oscuros de lujuria, cerró los labios sobre la silueta del falo, sobre el glande, y comenzó a chupar mojándole la tela. Poca cosa a lo experimentando cuando le abrió el pantalón, atrapándole la verga dentro del puño, sobre el bóxer, apretándola y sacándosela. La tibia brisa le hizo temblar de emoción, así como el aliento del rubio cuando, sin dejar de mirarle mientras se acercaba a la cabeza de su barra, le dio leves besitos con esos labios tersos y sedosos.

   Justo en esos momentos al muchacho le cuesta un poco tragar el pedazo de carne con papas, sintiendo el calor envolverle… animándole el miembro bajo el largo y holgado bermudas que usa para la cena. ¡Se estaba empalmando en la mesa, durante la cena, con su familia presente! Pero cómo no ponerse así recordando los rojizos labios de Jensen recorrieron todo su glande descubierto, dejándolo brillante de saliva, pulsando con fuerza mientras lo atrapaba en su puño, el cual subía y bajaba un poco, masturbándole. Esa boca cubriéndole el ojete, besando y chupando, le obligó a lloriquear que se la mamara. La risa del rubio, contra su barra, le hizo estremecer. Y cuando se la tragó…

   Con un ronco ronroneo, los labios se abrieron y cubrieron su glande, la lengua pegó de él, quemándole, y fue bajando, tragando centímetro a centímetro la dura barra, casi hasta la mitad, acunándola con las mejillas, apretándosela. Tuvo que cerrar los ojos por un momento, respirando pesada y ruidosamente, intentando asimilar tantas sensaciones. No, no había imaginado lo hábil que era el rubio, cosa que no dejaba de encelarle un poco (aunque le sabía virgen hasta hace poco, cuando fueran al motel). Esos labios subieron lentamente, apretando, succionando, antes de bajar, chocando con sus propios dedos, mientras le frotaba con el pulgar. Le estimulaba de tal manera que…

   -Aggg… -se atraganta con el pedazo de chuleta y comienza a toser de manera alarmante, poniéndose todo rojo. Jeff, a su lado, divertido, le golpea la espalda.

   -¿Te ahogaste? -es Sherri quien pregunta lo obvio, mientras Megan sirve un vaso de agua.

   -Eso te pasa por comer como un salvaje.-le regaña ella, con la barbilla manchada de salsa, medio masticando también. Poco elegantemente, por cierto.

   Jared ni les oye, tan sólo se ocupa de respirar y de alejar los peligrosos recuerdos. No puede evitar la sonrisa ante la ironía de pensar en lo extraño que sería si se supiera que murió asfixiado a la mesa, con un pedazo de chuleta atravesada en la garganta, mientras pensaba en el chico que se tragaba su verga.

   -Estoy bien, estoy bien. Ya pasó. –dice para cortar el cotilleo sobre lo que le ocurriera, todos referidos a su manera de comer.

   Ahora se ve más ceñudo mientras termina el vaso de agua. Recordando el resto… había sido genial, Jensen le trabajó con ganas, hasta hacerle estallar, dejándole débil, lloroso, casi soñoliento en la cálida pero fresca tarde bajo las ramas de la acacia que se mecía con la fuerza de la brisa de aquel verano que ya llegaba. El de su último año de secundaria.

   -Debo irme. –la voz de Jensen le regresó a la realidad.

   -¿Ya? ¿Tan pronto? ¿Y así? –le sonrió con picardía, sentándose, mirándole duro bajo el pantalón.- Déjame darte una mano. –y rio, complacido de su ingenio.

   -Tengo prisa. –Jensen sonrió, por puro compromiso, pero mirándose algo apenado. Seguro si quería una mano. Las palabras le mosquearon.

   -¿Mucha prisa? ¿Alguna cita?

   -Si, voy a encontrarme con Colin. –anuncia, sacando un pañuelo y asedándose.

   A Jared le sienta de las patadas la noticia.

CONTINÚA…

Julio César.

BOSS HOGG CONTRA LOS WINCHESTER

mayo 4, 2018

SAM, DEAN Y LA FAMILIA PERDIDA

   ¿A cuántos e habrán cargado ya en lo que va de programa?

   Con el nuevo parón del internet, he revivido los primeros episodios de esta treceava temporada de Supernatural, cuando esta ya casi está por terminar (¿oyeron los rumores?), y reviviendo el segundo, no pude dejar de notar el parecido entre el nuevo comisario que llega al pueblo del Infierno (esa fea y barata covacha donde vivía Crowley, a la que llamaba trono y de la cual Dean se burlaba), con el enemigo de los primos Duke, en la vieja serie, Los Dukes de Hazzard. Aquí en Venezuela le decía Los Duques del Peligro (las película que han hecho han sido fatales, malas a límites insólitos, y ninguna de esas Daisy le llega ni por los talones a Katherine Bach, primer interés sensual de los muchachos de los ochenta).

   El personaje, Asmodeus, pinta bien; es poderoso y aunque dice que quiere buscar a Lucifer y regresarle al trono, se nota que le guarda resentimientos por el trato recibido. Su historia, el haber sido castigado por dejar libre unas criaturas tan terribles que ni Lucifer las quería sueltas, fue interesante y habla de un grave peligro por llegar. Aunque lo mismo se decía de los leviatanes, de los Caballeros del Infierno y de los mismos Príncipes, de los cuales es el último. Siempre hay algo peor, esto se va poniendo como Dragon Ball.

   La cosa es que ese príncipe y los demonios también buscan a Jack, al chico lo quieren ángeles y demonios, pero también Sam, que desea “usarle” para regresar a Mary de esa fea realidad paralela. Dean es el único que parece apático, todo negativo, sospechando que tendrán que matarle a la larga, cuando todo se les devuelva como suele ocurrir. El mayor de los Winchester carga con su propia nube negra de negatividad. Fue gracioso que Jack quisiera imitarle (comparten el gusto por Scooby Doo), siendo feamente rechazado. Dean está decidido a que no le guste. Me agradó la llegada del más anodino profeta que ha tenido el Cielo, Donatello, de quien muchos creían que estaba muerto por su encuentro con Amara (no me canso de recordar que es la hermana de Dios, más poderosa que este, y que amaba a Dean), aunque la mujer sólo devoraba almas. El hombre sintió la presencia del chico y creía que era Dios.

   Esto provoca esa escena donde se discute sobre si el chico es peligroso o no y este desaparece, encontrándole Sam, momento cuando se puntualizan dos cosas: el dolor del chico porque Dean, a quien intentaba impresionar, no le quiere (nuevamente el hijo buscando la aprobación del padre, el Dean de la primera temporada tras John); y Sam explicando que cuando Dean se asusta se vuelve agresivo y violento, y que el mayor temor de este es no poder salvar a todos. Cosa muy cierta.

   Del episodio me encantó la pelea coreografiada en el motel cuando descubren que Asmodeus, haciéndose pasar por Donatello, se llevó a Jack, quien deseando hacer algo bien cree que debe abrir una Puerta del Infierno y liberar esas criaturas malvadas. Siempre es grato verles luchar; a Dean haciendo algo sensacional y soltando el comentario que hace al final. Como me gustó el que hizo cuando buscan a Jack y Donatello dice que está junto a algo peor: ¿Es que nunca das buenas noticias? Y la verdad es que ese hueco, las llamas, los brazos manchados y esas garras asomándose daban algo de impresión. Por cierto, ¿no les extraña que Asmodeus no matara a Sam cuando se hacía pasar por Donatello o envenenara a Dean cuando imitaba a la camarera? ¿Qué mejor oportunidad había para librarse de ellos? Cada vez que pasa algo así, recuerdo el libro de Agatha Christie, El Hombre del Traje Color Castaño, donde la protagonista vivía en un pueblo aburrido y su única emoción era ir al cine a ver los peligros de Pamela, que no era muy lista pero vencía porque la mente maestra del hampa en lugar de desnucarla de un solo golpe siempre ideaba un plan complicado para liquidarla, como un cuarto que iba llenándose de agua, dándole tiempo al galán de salvarla.

   Me gustó la interacción entre Lucifer y Mary en ese mundo apocalíptico, no la matará, se ayudarán para salir de allí y buscarán a sus muchachos. Eso dice él. Ella, sabiamente, no le cree, claro, pero él no la mata porque en la serie siempre pasa esto. En un punto aparte, cuando ella escapa, en ese mundo solitario, se encuentra con un tipo que quiere un poquito de amor a la brava. Qué suerte. Lo de que nadie muere, lo vemos nuevamente cuando aparece el San Miguel Arcángel de ese mundo, el cual lucha con Lucifer, le vence, este espera que le mate pero el otro tiene planes. Y se salva, otra vez, Lucifer. Siempre pasa igual. Cómo reí cuando ese Miguel dice que apesta a infierno y Lucifer señala a Mary y dice que debe ser ella. Me agradó este arcángel, todo luz, poder y alas, pero había algo extraño. Su fenotipo, el mundo apocalíptico, su vestimenta y actitud me hicieron recordar a Rolando, el pistolero de La Torre Oscura (recientemente una porquería de película, y en algún momento hablaré sobre eso). De hecho Lucifer lo llama vaquero. Intrigaba saber para qué le quería. O a Mary.

   Me gustó mucho este episodio.

¿QUIEN ES MAS PACIENTE, SAM O DEAN?

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 17

mayo 2, 2018

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 16

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   La aparición de Jared, sus palabras beligerantes y su aire agresivamente protector mientras se acerca, desconcierta al trío, pero especialmente a Jensen, quien abre exageradamente los ojos mientras las pálidas mejillas se ponen de un rojo intenso, destacando la mancha en su piel. La mirada le brilla como un laser especialmente mortífero. La mujer parece desconcertada, el gordito tras ella se ve extrañado, como si luchara contra un difícil problema de Química Orgánica.

   -¿Quién diablos…? –comienza la mujer, ofuscada por haber sido interrumpida cuando había pensado cosas muy buenas que soltarle a ese primo-sobrino tan díscolo, viéndose interrumpida por el chico alto de cabello bonito.

   -No hablo con usted, señora. –la frena este, llegando junto al rubio, quien todavía sigue mirándole con la boca abierta, incapaz de articular palabras.

   -¿Es tu novio, Jensen? –las palabras del chico obeso son vitriólicas, y su madre arruga la cara.

   -Si andas buscando uno para ti, paso. –Jared lo fulmina con la mirada.

   -Oye… -brama este, todo cabreado.

   -Jensen, responde, ¿estás bien? –el tono de alarma e indignación le sube un cien por ciento cuando alza una mano y roza el enrojecimiento en la mejilla. Eso le duele de una manera nueva, extraña, aunque no tanto como el gesto del rubio al apartarse del toque.- ¿Esa señora te golpeó, o fue el gordo ese? –demanda saber.

   -Oye, ¡no estoy gordo! ¡Estoy creciendo!

   -Un momento, jovencito, ¿cómo te atreves a venir a mi casa a hablarle a mi hijo de esa manera? –la mujer interrumpe a todos.

   -¿Su casa? ¿Y no es que están invadiéndola? –el castaño, olvidando a Jensen por un segundo, va acalorándose, sin notar el parpadeo de alarma del rubio.

   -Jovencito atrevido, ¿cómo te atreves…? –a la mujer le cuesta coordinar palabras, expuesta brutalmente de frente con un hecho que no puede rebatir directamente. Cuando va a agregar algo más, seguramente algún detalle grotesco, Jensen interviene al fin. Le ha llevado lo suyo recuperarse.

   -¡Vámonos! –le ruge a Jared. Molesto. Y es la primera vez que Jared lo nota, su enojo, parpadeando confuso.- ¡Ahora!

   -Pero Jen…

   -Oh, “Jen”… -se burla el gordito, y Jared aprieta los dientes. Oh, sí, le dará…

   -¡Nos vamos! –ruge el rubio, atrapándole de un brazo y halándole hacia el auto.

   -¿Muy caliente, Jensen?, ¿apenas puedes esperar? –el gordito todavía agrega.

   Y Jared quiere frenarse, soltarse gentilmente del rubio e ir y reventarle la boca de un golpe, y el culo de una patada. Oh, Dios, tendrían que llamar especialistas para sacarle el zapato del alma. Con suerte caería sobre la vieja bruja y…

   -¡Basta! ¿Qué lenguaje es ese? –la ayuda llega de un punto inesperado. La mujer, escandalizada por las implicaciones, que aquellas palabras salieran de la boca de su hijito, se vuelve hacia este y comienzan a discutir algo, casi farfullando entre dientes. El castaño no les escucha.

   Ni puede hacer más que dejar que el rubio le lleve hasta el auto, donde le suelta y mira el piso, rígido, las manos en los bolsillos del pantalón, el torso subiendo y bajando con esfuerzo bajo la franela visible por entre la camisa abierta. La mancha en el pómulo atrapa la mirada del castaño.

   -Jen… -Jared siente que el corazón le duele de tanto querer borrarle todo ese malestar. Saber que está herido, que esos dos le lastimaron emocionalmente, casi le obliga a regresar y liarse a gritos con esa mujer fea y su hijo barrigón.

   -¿Qué diablos haces aquí, Jared?

   La dura pregunta le congela tanto como la iracunda mirada del pecoso, cuando este alza el rostro. Parecía culparle de algo. Pero, encarado de frente con el hecho, no sabe qué responder. Ni cómo comportarse. Toda la situación, ese Jensen herido, le descontrolaba, así que toma aire y se decide por una vía franca.

   -Estaba en mi casa y sólo podía pensar en ti. En todo lo que pasó… En…cuando te extrañaba. –enrojece ahora, como un chicuelo, pero felicitándose, era lo correcto. Nota como la rigidez de Jensen desaparece un poco.

   Parece que va a decir algo cuando la mujer le llama.

   -¡Jensen Ross Ackles, vuelve aquí, aún tenemos que hablar!

   Y Jared, con los nervios de punta, tan sólo quiere gritarle que se vaya al quinto coño en Nebraska de donde todos dicen que salió.

   -Vámonos. –Jensen repite, subiendo al vehículo.

   Eso le alivia un poco, imitándole y alejándose, pasando frente a la señora que suelta sapos y culebras por esa boca, tanto que algunos vecinos se asoman a ver qué ocurre. Jensen, mirada al frente, la ignora. Pero al costo de mucho esfuerzo, eso lo sabe un iracundo Jared. Ruedan un rato en medio de un tenso silencio, dañado el buen humor que el castaño disfrutara poco antes. Finalmente, cerca del parque, notando la cúpula de la iglesia sobre la rama de unas acacias mecidas al viento, se detiene.

   -Jen…

   -¿En qué diablos estabas pensando al aparecerte así, Jared? ¿Acaso estabas pensando?–estalla este, enrojeciendo de furor, el golpe en la mejilla casi oscuro de lo rojo. Desconcertándole.

   -Te lo dije. –se oye a la defensivas. La sonrisa dura del peco, le hiere.

   -Sí, me extrañabas, querías verme, ¿acaso eso te vuelve idiota? –es tan duro que Jared siente que el corazón le duele, y con un puchero lleva ambas manos al volante.- ¿Eres consciente del problema que puedes haber creado?

   -Lamento si tu tía, prima o lo que sea, “intuye” que eres gay y que estás conmigo. Pero, ¿por qué te importa lo que piense de ti esa mujer y su…?

   -¿De qué hablas? –Jensen parpadea sorprendido, molesto pero confuso, alzando ambas manos como si quisiera abarcar una idea tan obvia que no debería ni comentársela.- Mi primo estudia en la secundaria de este pueblo de mierda, contigo y conmigo. Tal vez no te reconoció porque nunca se han topado sus caminos, eres un triunfador, él fuma con unos sujetos que lo aceptan porque lleva dinero para cervezas, pero eres el capitán del equipo de futbol, ¿quieres que ese idiota esté contando por ahí que andas saliendo conmigo?, ¿qué diga que eres gay? –la pregunta le deja sin habla por un segundo.

   -¿Te molesta que haya ido por ti porque temes que hablen de mí?

   -Es poco lo que puede salvarse de mi reputación, créeme. –sonríe con una mueca dolida.- Pero tú… Joder, está por comenzar tu vida, una de éxitos y triunfos, no puedes iniciarla con la coletilla del futbolista de secundaria gay que sueña con meterse con los profesionales en los vestuarios de los equipos. ¿No entiendes que eso puede dañarte?

   Joder, ¿es que todos pensaban igual?, refunfuña para sí Jared, con la frente fruncida. Molesto ahora.

   -¿Qué?, ¿ahora todo en mi vida se desarrollará según cómo la vean otros? ¿No podre decidir nada por mí…ni para mí? –el desconcertado ahora es Jensen.

   -Imagino que sí, cuando tu vida llegue a un punto importante, sin que nada lo enturbie o lo ponga en peligro. A menos que sea algo realmente serio; no por esto, por unos acostones que podamos tener mientras termina la secundaria y cada cual decide su camino. –las palabras parecen golpear al castaño, que parpadea y le mira como un cachorrito.

   -¿Es todo lo que soy, unos acostones? –hay un sorprendido silencio del rubio.

   -¿No es lo que has estado haciendo desde los trece años? ¿Acostándote por ratos con la chica de turno?  Oh, sí, no pongas cara de sorpresa, lo sé como lo saben casi todos. Joder, Jared, eres la leyenda viviente de la secundaria, el chico que todos quieren ser, el que lleva a todas a la intimidad. No creo que todas ellas… hayan sido grandes amores de fin de siglo para ti, ¿verdad?

   -No, pero… -se siente desinflado, ceñudo, mirando al volante.

   -Jay… -la tonalidad suave en el tono le eriza, le agrada, pero también le lastima. Le mira y nota la intensidad en las pupilas del rubio.- Me gustas, me gustas mucho, Jared Padalecki. –las vehementes palabras son un bálsamo para su corazón.- Pero no quiero que esto que compartimos, en este momento, pueda hacerte daño. No me lo perdonaría.

   -¿Y yo no tengo nada qué decir al respecto?

   -No, porque eres impulsivo y directo. Puedes creer que es… noble dar una batalla contra un prejuicio como este, por ejemplo, ser un gay declarado en el futbol profesional por un chico al que llevas a lo sumo unas dos semanas tratando. Es tu vida y puedes hacerlo que quieras, pero yo no quiero esa responsabilidad en mi nombre. No quiero ser responsable nunca más de nadie. Ni de nada. No quiero que alguien haga algo por lo que dije, sentí o pensé… -mira al frente, con amargura.

   Oh, mierda, allí estaba. El problema con Josh.

   -Jen, no va a pasar nada. –dice con suavidad, alzando una mano y atrapando el suave cabello del otro, cerca del cuello. Le ve luchar entre resistir o ablandarse.

   -No puedes asegurarlo, Jay. Nadie puede.

   -¿Y qué? ¿Vivir tras una burbuja? ¿No hacer, no decir, no sentir porque nos da miedo lo que pueda pasar? –el planteamiento parece sorprender al rubio, así que alza la mirada y sus ojos quedan atrapados.

   A Jared le encantan esos ojos verdes y grandes. Al rubio le atraen sus ojos grises multicolores. Sin agregar más, cuan adolecente lleno de hormonas, el castaño se desplaza un poco en el asiento.

   -Jared… -le previene, pero no le detiene. Y el otro sabe que quiere, o lo necesita. Le cruza los hombros con un brazo.

   -Todo estará bien. –insiste, hablándole muy cerca, sonriéndole confiado… y excitado.

  Las mejillas del rubio enrojecen tanto que las pecas destacan como puntos dorados. El castaño acerca más el rostro y lo baja un tanto mientras separa los labios. Jensen contiene el aliento, pero también entreabre los suyos.

   La boca del chico más alto cubre la del otro, maravillándose de encontrar esos labios tan tersos y suaves, unos que recorre lentamente con su lengua, provocándole un estremecimiento al chico, y un gemido cuando la introduce en su boca, sellándose ambas. La lengua del rubio sale al encuentro de la suya y comienzan una lenta batalla de aleteadas. Es un beso que va profundizándose, íntimo… y ruidoso. A la primera caricia, retirándose ambos unos centímetros, con respiraciones agitadas, sigue una mirada entre ambos, para terminar dándose unos latazos de lenguas, saliva y hormonas totalmente alborotadas.

   Jared le besa, ladeando el rostro una y otra vez, mientras le retiene la cara con una mano, sintiendo como la piel de Jensen arde. Y se sobresalta. El rubio alzó una mano y la llevó a su bragueta. No sorprendiéndose él mismo cuando el otro le encuentra la verga agitada, endureciéndose y llenándose de sangre y ganas por segundos. La mano, aferrándosela sobre la áspera tela, apretándosela sobre ella, tan sólo termina de ponérsela dura, porque en cuanto le rozó los labios, ya estaba empalmándose.

   Los besos siguen, lengüeteados, Jared atrapando y rastrillando con los dientes la del otro, compartiendo salivas, cada uno dándole una buena sobada al otro. Cada mano aferrando un tolete duro en otro cuerpo, dando frotadas y haladas que los tienen bien caliente… allí, en la calle. En una camioneta cerca de un parque, por muy solitario que estuviera. Pero es que ya no piensan, no al menos con las cabezas grandes.

   Cuando los dedos del rubio luchan y abren la bragueta de Jared, este gimotea casi dolido. Las puntas de esos dedos entran, algo siempre tan excitante, piensan ambos, tanteándole la dura mole sobre el bóxer, recorriéndolo de lado a lado con dos dedos. El castaño está completamente erizado, y cuando la mano penetra en su bragueta y los dedos y la palma le atrapan la verga, teme que se correrá de pura emoción. Pero es un chico hábil, mientras es sobado, y besa, con la mano libre atrapa, bajo la franela, la tersa piel del abdomen del rubio, quemándole con su palma.

   -¡Jared! –el bramido es tal que sobresalta a la pareja, el castaño golpeándose la nuca, literalmente con el techo del vehículo.

   Este parpadea, de sorpresa y un poco de dolor, Jensen boquea, sin voz, como pez fuera del agua, retirando la mano de aquella bragueta como si tocara una flama. Bastante pálido. Mirando sobre este, por esa ventanilla, el joven más alto encuentra el congestionado rostro de su entrenador, el señor Jim Davies.

   -Entrenador… -jadea frustrado sabiendo lo que sigue, comenzando por un Jensen rojo tomate ahora, bajando la mirada y pareciendo culpable.

   -¡Por Dios, ¿qué estás haciendo?! ¡Y en la calle! – ruge el hombre, con cara de aneurisma, mirando en todas direcciones para cerciorarse de que nadie haya sido testigo de lo que hacía su jugador estrella, futura promesa de la liga profesional, sueños húmedo de las mujeres, envidia de los hombres por su virilidad, posiblemente vocero de comerciales familiares y todos esos otros asuntos que reportarían un buen dinero para todos ellos. Comenzando por ese chico tonto.- ¡Ciérrate la bragueta!

   -Señor, yo… -el joven se siente mortificado mientras lo hace, costándole.

   -Me dijiste que no era nada serio. Que… últimamente te gustaba este chico… -escupe las palabras con desprecio, hiriendo a Jensen que en un momento dado le miró, sintiéndose peor.- ¿Y te encuentro en la calle… manoseándote con él? –su furia se vuelve hacia el rubio.- Joder, debes ser bueno con las cosas que haces para tener a Jared así. –el insulto, como la acusación, es calculadamente feo.

CONTINÚA … 18

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 12

marzo 27, 2018

DEAN EL MAGNO                         … 11

   Ya lo imaginábamos…

   -¿La maldición? ¿En serio? –Sam parpadea de confusión y molestia.

   -Si, ya sabes, esa que me puso la verga de a metro, ¿ya la olvidaste? Joder, Sam, no te preocupas nada por mí. –intenta desviar la atención del menor, pero también la suya del picor que siente, de ese calor que… Santa mierda, la verga estaba llenándosele de sangre y ganas de…

   -¡Sé lo de la maldición y estoy muy consciente del peligro que encierra! –trona el menor, desinflándose en seguida; la carretera es un borrón de color. – Dean… tú… sólo intenta no descontrolarte, ¿sí? Regresemos al bunker y…

   -¿Y dejar a un chico extraviado en manos de un hombre del saco cualquiera? No, Sam, si no vamos nosotros, ¿quién se encargará de eso? ¿Y a las cuántas víctimas? Debemos ocuparnos de ello y… -mira al frente, moviendo los labios sin emitir sonidos por un segundo.- …Al mismo tiempo investigar también lo de mi maldición. –el cerebro se le llena también de calor.- Tal vez deberías llamara Mick… -y nada más decir el nombre, siente que la verga le late bajo el jeans. Si, la boquita de Mick, su culo apretado y sedoso que tan bien se la chupaba y amasaba cuando se la metía y sacaba, al tiempo que chillaba como un poseso al sentirlo tan abierto y rastrillado…

   -¿Dejarás que lo sepan Los Hombres de Letras ingleses? –la sorpresa del menor es grande, aunque, técnicamente, Mick ya sabía. Pero no puede evitar agregar.- Quieres que escuche hablar de tu… enorme verga, ¿verdad? –acusa. Dean a duras penas contiene una sonrisa.

   -Eres tan infantil, Samantha. –aumenta la velocidad, eso le gusta.

   -¿Qué tal si se entera Ketch y se ríe en tu cara? –todavía le puya.

   -Me encargaría de ajustarle cuentas. –asegura, frunciendo el ceño otra vez. Joder, la imagen del detestable tío, en cuatro patas sobre la mesa del búnker, el pantalón en los tobillos, chillando mientras le ara el culo con su miembro titánico, le pasma aún a él mismo. Intentando pensar en otra cosa, mira el indicador.- Necesitamos combustible.

……

   La estación era la típica parada de mierda de mil carreteras secundarias de Norteamérica mientras se viaja hacia el medio oeste. Sobre un terreno muy horizontal y algo solitario, aunque frecuentado; la infraestructura, entre nueva (la tienda de comestibles y las bombas con tarjetas) y vieja, se alzaba algo descolorida. No descuidada, era como si el sol y lo agreste de la tierra un tanto arenosa le estuviera “comiendo” algo. El impala, negro, hermoso, brilla todo su encanto bajo ese sol, con Dean ocupándose de llenar el tanque mientras Sam fue por algo de almorzar. El cazador, ojos un tanto entrecerrados, mira la vía por donde se desplaza en esos momentos un largo camión tanquero, de gas licuado, que se aleja. Lo mira y no lo mira, pensando en la maldición…

   Más específicamente en el agradable pero demandante ardor que siente en su verga, el hormigueo de sus pelotas. Quería… quería algo y lo quería ya. Es la certeza que siente, indicándole que si, efectivamente la maldición lanzada por esa bruja antes de morir estaba afectándole. Pero trataba sobre el tamaño de su verga, sobre las ganas de sexo, aunque le llevar a “interesarse” también en los hombres (o sólo en hombres hasta ese punto), por lo que el cazador no puede verlo totalmente como un problema. No en serio. Le gustaba el sexo y si obviaba algunos detalles sexuales…

   Lo siente más que lo oye o ve. Recostado de culo contra el impala mientras llena el tanque, la sensación le embarga con certeza: le vigilan.

   Todos sus intentos de cazador se activan y con brusca cautela se vuelve, sorprendiendo, mirándole efectivamente, a alguien. El chico que lo atendió al llegar, quien seguramente se ocupaba de llenar los tanques de quienes no querían hacerlo por sí mismos. Es muy joven y delgado, de cabello amarillo como el trigo, rostro alargado y armónico, muy rojo y pecoso, la verdad sea dicha. Usa una descolorida braga azul. Seguramente uno de esos chicos que respondían al nombre de Bobby Lee, o alguna otra mierda parecida, piensa el pecoso, como extrañado de notarle. Hasta que… si, el chico, realmente rojo de cara, le miraba la silueta de la verga que le serpenteaba pelvis abajo, casi hacia un pierna derecha. Y que al verse pillado mirando, se sobresaltó, pero parecía no poder dejar de mirar. Joder, la maldición…

   Eso lo piensa el cazador, y la verga se le llena aún más, ganando consistencia y dureza bajo la gruesa tela jeans, provocando un mudo jadeo de sorpresa y admiración en el joven. El corazón del pecoso martilla con fuerza, la boca se le seca y el tolete le pulsa (se nota bajo la tela, logrando que el chico abra aún más esos inocentes y grandes ojos de un azul bebé).

   Okay… piensa el cazador, cortando el combustible al quedar el tanque lleno. Cambiando de posición, asegurando la boquilla de la manguera y cerrando la tapa del impala, es consciente del chico a sus espaldas, observándole aún (ahora el trasero, que sabe que también lo tiene bonito). Mira hacia la tienda de comestible, ni señales de Sam para qué le saque del atolladero. Se vuelve hacia la larga y solitaria carretera (aunque se cruzaron con bastante tráfico mientras llegaban, ahora no había nadie), y tomando aire encara al chico. Sonriéndole creído, torciendo el gesto. Señalando una dirección con un gesto de cabeza:

   Los sanitarios.

   Y hacia allí se dirige con pasos resueltos, las piernas algo arqueadas.

   El joven traga en seco, más rojo, mirado en todas direcciones también. Carajo, no entendía qué le pasó. Ese tipo, ¿por qué coño le miraba? ¡No es gay! ¿Y ahora el sujeto ese le indicaba que le siguiera al baño? ¡Ni de vaina!

   Frente al largo urinario de pared, en el algo umbrío sanitario, Dean termina de mear, reflexionando en cuánto ha bajado la temperatura desde que saliera del sol y entrara allí. Espera, no sabe si en vano, pero…

   -No soy gay, señor. -grazna el joven cuando entra, a sus espaldas. El cazador le mira sobre un hombro, sonriendo todo chulo.

   -Y sin embargo, aquí estás.

   -Es para aclararle…

   Pero calla, bruscamente, pelando los ojos, cuando Dean se vuelve con la verga fuera de la bragueta, larga, gruesa, blanco rojiza, surcada de venas. Una pieza impresionante que, un chico como él, no ha visto otra nunca; ni siquiera en las películas sucias que su hermano bajaba de internet y de las cuales él fingía no saber nada. Aquella era… ¡inmensa!, se dice atragantando, fascinado, sin poder apartar la mirada, acercándose sin darse cuenta de que lo hace, como necesitado de verla más de cerca y comprobar que efectivamente tanta maravilla era posible. Tan sólo como una curiosidad humana, ¿okay?, no porque fuera…

   -Vamos, chico, tócala…-le ordena Dean, sonriendo, las manos en la cintura, la verga, tiesa como una barra de hierro medio agitándose horizontalizada. Esperando por las atenciones que merecía una pieza semejante a manos de otros hombres.

CONTINÚA…

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 16

marzo 24, 2018

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 15

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   Y a Jared, con el estómago encogido en su abdomen, algo revuelto, todo le da vueltas. El sólo imaginar que Jensen hubiera intentado acabar con si vida era…

   Tampoco le gustaba pensar en Colin Morgan. El chico de la película.

   -¿Creen que lo hizo? –grazna la pregunta.

   -No lo sé, pero si me hubiera pasado todo eso, perder a mis papás y a mi hermanita, vivir odiándome con el hermano al que responsabilizo de eso, y que luego este también se mate… Joder, algo de cierto debe haber. Esa horrible tía, con su familia, llegó poco después, dizque a cuidarle. Tal vez Servicios Sociales los buscó. Pero parecen haberse quedado con la casa. Al pobre diablo le cayeron todas. –acota Mike.

   -Esa gente es realmente horrible. –confirma Chad, ceño fruncido. Si, era una suerte no ser Jensen. Y mirando al castaño agrega.- Esto es peor de lo que imaginaba, amigo, ¿no crees que estar con Jensen…?

   -Basta, Chad. –Jared le silencia, sintiéndose tenso, disgustado consigo mismo. Con ellos. Con todo. ¡Quería ver a Jensen!

   -¿Qué piensas hacer? –la pregunta de Mike le regresa a la realidad.

   -Tranquilo, no pienso hacer nada estúpido, aunque no me creas. No voy a hacer una declaración pública declarándome gay, ya te lo dije.

   -Aunque… sería gracioso. Con tu papá y el entrenador Beaver sentados en primera fila, este sufriendo un soponcio. –medio ríe Chad imaginando una rueda de prensa y a su amigo haciendo aquello.- Invitaría a todos las que fueron tus novias. –y ríe más. Eso tiene el efecto de distencionar el ambiente.

   -Idiota, si me declaro gay, al terminar diría: “Ven, Chad, llenante de valor y confiesa lo tuyo”. –Jared sonríe levemente. Y ríe al verlo alarmarse.

   -Eres muy capaz, hijo de perra.

   Y, así, intercambian frases ligeras, Mike sonríe, pero sigue preocupado. Conoce a Jared, sabe que así como es de voluntarioso, también es de profundo. Siente mucho las cosas. Y eso, esta vez, podía jugar en su contra. Incluso los nuevos datos sobre la trágica historia del objeto de su afecto. ¡Joder!

……

   Pensando en Jensen, un ceñudo Jared entra en su dormitorio, desnudándose con prisa, saliendo en ropa interior al pasillo, rumbo al baño.

   -Jared, por Dios…

   -Hey, ma. –responde al chillido de la mujer, entrando al cuarto de baño, silbando levemente. Bajo la ducha, piensa nuevamente en el rubio.

   La historia de todo lo que le había pasado, una de la que estaba tan al tanto como cualquiera en la secundaria, se le hace dramáticamente real de pronto. Imagina a un chico que recibe a un policía que le habla de un accidente, de la pérdida de su familia. Casi puede ver el reencuentro de dos hermanos, heridos, que se gritan cosas. Se solidariza con el dolor del rubio, que seguro lloró mucho; le es fácil suponer la tortura del otro, quien sentiría que todo era su culpa. Pero, ¿lo era? Está bien, los Ackles tuvieron que ir a buscarle porque había sido detenido por la policía, pero no sería la primera familia que tenía que salir a eso, ni Josh el primer chico díscolo, en la edad escolar. Fue… mala suerte. Una terrible cadena de hechos desafortunados. Un accidente como han ocurrido otros muchos otras miles de veces, unos donde hay heridos, sustos, otros con fallecidos. Este fue uno de los malos. No defiende a Josh, pero le parece que al otro no se le podía responsabilizar de haber provocado la muerte de su familia. Y él sabe que algunos así lo hicieron. Su propio padre, hablando con Jeff, una tarde, lo encaró con eso:

   -Está bien que salgas con tus amigos, que te diviertas, pero debes tener límites, hijo, ¿quieres terminar como Joshua Ackles? ¿Causar todo ese dolor?

   En ese entonces no le pareció importante, no el señalamiento, la responsabilidad que se lanzó sobre las espaldas de un chico tonto. Ahora le parece horrible. Si lo de sus padres fue un accidente, ¿qué tan sólo, qué tan sin salida se sintió Josh, torturado por su propia conciencia, notando en los otros la misma acusación, antes de necesitar escapar de todo? Tan terrible fue que la muerte le pareció una amiga. Aunque no debió, era el hermano mayor. Debió pensar en lo que le hacía a Jensen, aunque este estuviera disgustado con él.

   Jensen. Cierra los ojos al susurrar bajito el nombre, maravillándole notar lo bien que se sentía al instante, a pesar de los turbulentos pensamientos. Si, quiere verlo, tocarlo, escucharle… besarlo. Quiere abrazarle y cuidarle. En este punto se detiene, cierra un puño y medio golpea la pared de azulejos a la altura de su torso; joder, si, le cuidaría y mimaría. Pasó por cosas horribles, pero su existencia, la historia de un tal Jensen Ackles, hermoso rubio pecoso de ojos verdes apenas estaba comenzando. Tenía toda una vida para… ¿Qué? ¿Olvidar? No lo sabe. Tal vez sólo para continuar existiendo. Habiendo probado tanta amargura en sus primeros años, tenía que llegar lo dulce, ¿verdad?

   Esas ideas colorean con algo de vergüenza sus mejillas, casi no quiere planteárselo, pero así lo ve: hará que sea feliz. Y sabe, de alguna manera, que si lo logra, los dos lo serán. Uno junto al otro. ¿Por cuánto tiempo? Ya se vería; la vida apenas comenzaba, como no se cansaba de decir, con razón, Mike.

   Como tantas otras personas antes que él, no sospechaba el camino que comenzaba a recorrer, uno donde se confirmaría que lo suyo no era un simple enamoramiento, pero que eso, saberlo, no garantizaba automáticamente la felicidad. Y que no había rabia más intensa que aquella que se dirigía contra lo que se amaba. Pero, ¿qué se sabe a los diecisiete años sobre la vida?

   Como ignora todo eso, sonríe saliendo de la ducha y secándose, planea ir a buscarle en la noche y salir juntos. ¿En una cita? Las mejillas le arden otra vez, pero si. Quiere una cita. Y quiere bailar. Joder, lástima que en la ciudad… frunce el ceño, pensativo. Bien, decían que en la zona sur estaba el bar de Eddie, y que allí los hombres podían hacerlo. Sonríe cubriéndose la cintura con la toalla, quedándole algo baja en su cuerpo espigado y esbelto; con Chad, Mike y Tom siempre se habían burlado usando ese lugar como insulto, gritándole juguetonamente a otro “¿qué, no pudiste correr hoy de tanto bailar anoche donde Eddie?”.  Ahora él pensaba en llegarse. Ríe mirándose al espejo, agitando la cabeza como un perro, luego peinándoselo con los dedos. Se mira y asiente, basta de pensamientos tristes por hoy. Jensen y él tenían diecisiete, la secundaria estaba por terminar, el mundo y sus posibilidades eran el límite…

   Poco después sale medio bailando del cuarto de baño, la toalla agitándose peligrosamente en sus caderas.

   -¡Jared! –la voz de su madre le congela y le hace reír todo dientes y hoyuelos.

   -Joder, mamá, ¿vives en este pasillo?

   -¡Ese lenguaje, jovencito! Pareces sentirte muy cómodo tan… desvestido.

   -Comparto vestuario y baños con una gran cantidad de gente desde los siete.

   -Bien, esta no es una cancha ni la escuela. –le reprende ella, sonreída en el fondo. Dios, cómo había crecido su muchacho. Frunce un poco el ceño.- ¿Y esa sonrisa?, ¿y ese brillo en los ojos?

   -¿Te diste cuenta?, qué lindo. –ríe él, sintiéndose algo avergonzado, encogiéndose de hombros.- No lo sé, me siento increíblemente bien de pronto.

   -Ah, ya, ¿un nuevo amor? Cada vez que te ilusionas con alguien,  te pasa igual. ¿Quiere decir eso que terminaste con…?

   Le desconcierta, joder, ¿tanto se notaba, tanto le conocía? Bien, era su madre. Aparentemente las madres sí conocían a sus hijos.

   -Algo de eso hay. Lo de Taylor y yo, ya no… -se turba un poco. Ella sonríe comprensiva.

   -Creces, el mundo te parece cada vez más grande. Terminas la secundaría, irás a la universidad, tu vida se llenará de gente nueva. Las ilusiones de la niñez, como las de la adolescencia, suelen pasar. Tranquilo. –va a seguir su camino, pero se vuelve.- ¿Y quién te gusta ahora? –y Jared quiere hablar, incluso mueve los labios.

   -Alguien muy especial. –deja escapar, alzándose desafiante, resuelto.- Tal vez… si preparas una de tus cenas especiales…

   -¿Quieres que la conozcamos? Vaya, suena importante. Ya veremos. –se vuelve antes de que él aclare el unto.- ¡Y vístete!

   Sonríe, si, va a invitar  Jensen a cenar. Quiere que conozca a su familia. No le presentará como su novio, ni nada de eso aún, tan sólo como un buen amigo, alguien muy especial…

   -Te tomo la palabra. –le grita, resuelto.- Pon el día y…

……

   Después de la ducha, Jared Padalecki pensaba comer, mucho, tenía hambre otra vez (no era glotón, ¡estaba creciendo!, su mamá lo decía), luego se recostaría un rato. Agotado física y anímicamente después del encuentro con Jensen… Cosa que duró hasta que pensó en el pecoso rubio, olvidando la fatiga y quedándose tan sólo con lo excitantemente intenso del paso dado. El rubio le había afectado profundamente desde que sus mundos finalmente colisionaran en la cafetería, aunque no estaría siendo totalmente sincero si no admitiera que toda la situación misma le asustó un poco desde ese instante, ese deseo de buscarle. Y le preocupaba, dijera lo que dijera. Sentir cosas por un chico. Pero toda duda, vacilación e incluso insatisfacción cesaba en cuanto le veía. ¿Habría algo de bisexual en su naturaleza? Nunca se lo había planteado así. Bien, si, tuvo “un momento” con Tom, pero eso no probaba nada, Tom era muy guapo y veían algo que los estimuló. Nunca le dio mayor importancia, pero ¿y sí como sostenían Chad y Mike (aterraba imaginar que esos dos pudieran tener razón en algo), había algo de bi en su naturaleza y lo de Tom se dio por ello? Piensa en ello en su cuarto, tomando un bóxer holgado y entrando en él.

   Era posible. Fuera de Tom, nunca había conocido a un chico que le gustara más que una chica, hasta la llegada de Jensen, quien volvió su mundo de pies a cabeza. Mejor dicho, lo dejó patas arribas. Y esa certeza, de que era algo real, fuerte, le eriza la piel y le provoca una sonrisa. Como fuera, no le había disgustado estar con él. No lo sentía, ahora, ya consumado el sexo entre los dos, como algo sucio o desagradable a lo que llegó por andar de ocioso. Él mismo rueda los ojos porque todo le parecía… perfecto. Que su piel había encajado perfectamente contra la del pecoso (y no pensaba en su verga llenándole el culo ni nada de eso… no totalmente). Todo se había sentido bien. Muy bien.

   Por eso abandona la idea de la siesta, como la de sentarse a estudiar algo (aún quedaban algunas clases antes del final del curso), llamando luego a los muchachos para pasar un rato aunque acababan de verse (y hablar con Tom). Se viste desmañadamente, tardando un poco más cepillando su cabello mientras lo seca y sale. Silbando alegremente excitado.

   -¿De nuevo para la calle? –la voz de Sherri le sobresalta.

   -¡Ma! Si vas a estar acechando en el pasillo voy a ponerte un cencerro. –ruge alegre, lo que intriga a la mujer que se asoma desde la cocina.

   -¡Grosero! Y sigues muy feliz.

   -La vida es buena, mamá. –rápidamente se le acerca y la besa ruidosamente en una mejilla.- Y si, voy de salida. Nos vemos. ¡Te quiero mucho!

   -Vaya, definitivamente es una personita notable esa que ha llegado a tu vida. Muero por conocerla, seguro será una agradable sorpresa. –Jared enrojece y ríe de manera algo cascada.

   -Oh, si, será toda una sorpresa, de eso que no te quepan dudas. –y se aleja, dejándola aún más extrañada.

…..

   Nada más tras el volante, conduciendo (algo que le encanta), el humor del castaño mejora todavía mucho más. Con la ventanilla baja, siente la tibia brisa de la tarde, que sabe pronto se volverá fría con la llegada de la noche texana, cosa que siempre sorprendía a los visitantes. Mira la ancha avenida no tan concurrida, las aceras bordeando las casas, de una o dos plantas, con sus vayas, sus jardines, con el auto familiar estacionado. Ve a los niños correr por la grama compartida frente a las propiedades. Todo tan bucólico y pacifico como la tonalidad de la luz mientras el día se vuelve tarde.

   Eso influye todavía más en su buena actitud. Ya quiere ver a Jensen y contarle lo que los chicos dicen (de ellos, no sobre la tragedia del otro; eso no lo hablarán todavía, pero lo harán), seguramente reirán bastante. Momento más tarde se detiene frente a la casona de los Ackles…congelándose finalmente.

   ¿Y ahora? ¿Iba y llamaba a la puerta? Esa parte no la pensó tanto…

   -Maldito malagradecido, ¿así pagas todo lo que hago por ti? –se sorprende al escuchar el grito femenino, destemplado y lleno de rabia, al tiempo que la puerta que da a la calle se abre y sale un Jensen en camiseta, colocándose a toda prisa una camisa de jeans, manga largas, seguido por una mujer pelirroja, obesa y de pecoso rostro avinagrado, furioso.

   -¡Déjame en paz! –le ruge el rubio.

   -¿A dónde vas? Regresa, ¡no he terminado contigo! –los gritos de la mujer son francamente alarmante, y Jared boquea dentro del auto, sin atinar a moverse.

   -Seguramente va a reunirse con alguno de sus amigos maricas, mamá. Para hacer cochinadas en el baño del cine. –chilla con rabia un joven alto, robusto, panzón, que aparece detrás de la mujer, cubriéndose la cara con un pañuelo.

   Las palabras, el odio que se sentía en el aire como una onda, erizan a Jared. Y le molesta bastante.

   -Es una suerte que tus padres estén muertos, así no ven la desgracia en la que te has convertido. –ruge la mujer, paralizando a Jensen, quien parece temblar de rabia, impotencia y dolor.

   Y Jared no aguanta más, sale del vehículo atrayendo las miradas de todos.

   -Jensen, ¿ocurre algo? –pregunta con firmeza, cerrando las manos en puños.

CONTINÚA … 17

Julio César.

SAM, DEAN Y LA FAMILIA ENCONTRADA Y PERDIDA

marzo 22, 2018

SOBRE DEAN; 11×12

   No me canso de esto…

   Es con todo el pesar del mundo que informo que ya no seguiré comentando como antes los episodios de Supernatural, algo que me gustaba mucho, porque la temporada 13, prácticamente está terminando y no he podido subir nada al respecto. Coincidió su inicio de temporada con el problema de la computadora, y ni podía descargarlos, ni verlos, ni publicar nada. Sincronía. Mala, en este caso. Es lamentable porque, por mis obsesiones siento que estoy fallando, y porque lo que va hasta ahora del programa me ha gustado mucho… aunque hay que hacer dos acotaciones también, no tan favorables. Una, que a veces los hermanos parecen no notarse, y dos, una trama en especial que sabe a pura locura, Lucifer en su nuevo trono, con los ángeles sirviéndole. Es como demasiado.

   Me encantó la intro del primer episodio de esta temporada, el resumen de lo ocurriendo, la tonada y la letra. Me agradó el jovencito que hace de Jack, la interacción de este con los hermanos. Así como Sam y Dean ya discutiendo amargamente en el primer episodio (no me canso de verlos así, no entiendo por qué eso molesta tanto a otros); con el mayor todo deprimido, viéndolo todo negro, perdieron a todos y ahora se quedaban con el hijo del Diablo en las manos, el menor aferrándose a la esperanza de que al menos Mary esté viva. Me gustó la oración desafío de Dean a Chuck, pidiendo por todos los que quiere, su madre, Castiel y aún Crowley, cosa que extrañó a algunos, y no entiendo por qué. Estaba clara la afinidad y la gran relación amor odio que también se tenían, y eso ya antes de ese romance de verano, como Sam llamó una vez al tiempo cuando Dean, como demonio, se la pasó con el Rey del Infierno para arriba y para abajo, compartiendo hasta cuartos. Por cierto, que el tono de la oración le habría provocado lepra a otros, en otras épocas.

   Así como me gustó Jack, adoré a la ángel de carita rara que le cuenta a Dean sobre esa amiga insoportable, Becky la mala. Qué cara tan rara, tan expresiva. Tan hermosa. Una lástima que la mataran allí mismo; vemos que los ángeles andan tras Jack para controlarle. De igual manera, no me gustó para nada el hijo de la comisario; sinceramente esperaba que le mataran, pero no, sobrevive.

   Me encantó la despedida que hacen a Castiel y a la mamá de Jack, así como las conmemorativas a los ausentes; las palabras que Sam dice fueron conmovedoras, en verdad. Honró a los muertos, a todos ellos en ese entierro de fuego. Quedó tan bien como el resto. De hecho, de este primer episodio me gustó todo, excepto la muerte de la chica ángel. Queda la duda de cómo un adolecente desnudo anda por allí y no se detiene un camionero o un sujeto en una van e intenta llevárselo.

   Aunque fue grato ver a Mary y a Lucifer en ese lugar horrible, saber que la serie seguiría presentándoles, me sorprendió un poco. Creí, cuando desaparecieron la temporada pasada en ese vórtice, que era un truco del programa para salir de dos personajes difíciles, la mamá de los Winchester y Satanás, pero no, regresaron. Mark Pellegrino hizo por Lucifer lo que Misha Collins por Castiel, lo volvió entrañable. Aunque Lucifer es un hijo de perra.

   Siempre es un placer ver a los hermanos de regreso, el inicio de una nueva temporada de aventuras, que ni me aburren, ni me pesan ni me cansan. Inquieta sí, porque ya son trece, ¿será la última? Y todavía quedaba la pequeña duda, ¿Castiel regresaría para desaparecer definitivamente? Ya sabíamos que Crowley no volvería. Por cierto, ¿no fue intenso cuando Dean acepta que Jack les acompañe, para que puedan vigilarlo hasta que encuentren la manera de matarlo? ¿Y no se comportaba Jack exactamente como el Castiel de la cuarta temporada, todo frío y acartonado en lo referente a emociones hasta que su corazoncito comenzó a latir por Dean? Por estar de su lado, se entiende… 

BOSS HOGG CONTRA LOS WINCHESTER

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 11

marzo 1, 2018

DEAN EL MAGNO                         … 10

   Ya lo imaginábamos…

   -Coño, Sam, ¿todo eso antes del medio día? –bufa, sorprendido realmente; si, nunca dormía tanto. Dios, ¡y qué hambre tenía! Por lo tanto sale de la cama. Desnudo. Todo pancho.

   -¡Dean! –ruge, censurador, el menor, enrojeciendo con disgusto. ¡Deja de mirarle la verga!, es lo que piensa, molestándose más.

   -Ah, no, nada de regaños, Samantha. No hasta después del café. –sentencia el mayor, bostezando todavía, dirigiéndose, totalmente desnudo, fuera de la habitación, mientras el menor intenta por todos los medios no hacer contacto con su cuerpo. ¡Si seguía así tendría que sacarse los ojos!

   Dean, sonriendo bajo la ducha, medio ríe recordando el apuro de vergüenza de su hermano. Joder, era tan pacato. O tal vez si estaba envidioso de su verga, se dice, sonriendo aún más. Cualquier cosa que molestara al menor, le divertía. Curiosamente no pensaba en la maldición, en los cambios físicos sufridos (¡en su enorme verga!), ni que la hubiera usado en el culo de otro carajo. ¡De un tío!

   Recordar la aventura anterior tiene la virtud de endurecérsela, de levantársela entre las piernas cuando se enjabonaba. Aparta las manos, tiene apetito, no era hora para… Pero la tiene dura. Fue cosa de segundos. Se le llenó de sangre, calor y deseos, y cuando la verga hablaba, Dean, de toda la vida, escuchaba. Era así desde los catorce años de edad, cundo una bonita y joven camarera en uno de los interminables moteles donde John les dejaba, se había enternecido más de la cuenta con el pecoso rubio de ojos verdes que cuidaba de su hermanito menor con devoción. Tomando su virtud… y enseñándole cosas.

   Cierra los ojos, bajo la ducha, y aferrándose la verga con una mano, cerrándola en puño… costándole un poco cubrirla, no es en ella o ninguna otra en quien piensa al cascársela. Recuerda la cara y los chillidos de Mick cuando se la clavó, a fondo, toda, abriéndole, llenándole el culo, haciéndole gemir de placer. Frunce un poco el ceño, ojos cerrados aún, al caer en cuenta: ¡quiere otro culo como ese!

   Mierda, ¡si que estaba maldito! Y, sin embargo, al bajar la mirada hacia su titánica pieza blanco rojiza, surcada de venas y pecas, Dean Winchester no puede sentirse realmente preocupado. O molesto. Masturbándose sabroso.

……

   -Dean, ¡se hace tarde! –ladra impaciente Sam, estudiando en su tableta algo más del folclore de la zona donde desapareciera el chico. No era el único. Ni el primero. Había ciertos intervalos de misteriosas desapariciones que se explicaban como chicos que escapaban o gente que abandonaba el pueblo.

   -Deja de gritar, joder. –replica Dean algo confuso, rojo de mejillas. Tenía un problema. Si tenía suerte, Sam no notaría que…

   -¡¿Qué coño tienes?! –no, no hubo suerte, se dice el pecosos rodando los ojos y suspirando exasperado.

   Aunque lleva la camisa de franela, a cuadros (una de sus preferidas), por fuera del pantalón, no puede ocultar el hecho de que su verga serpentea pantalón abajo, destacándose. ¡Estando flácida!

   -No es nada, hombre. A veces, cuando los que la tenemos tan grandes…

   -¡Es la maldición, hijo de perra estúpido! –Sam está perdiendo la paciencia, y muy ceñudo de frente, y molesto, aparta la mirada de esa silueta sinuosa que parecía medio agitarse un tanto.

   -Si, si, es la maldición, la que tanto te molesta, ¿okay? –el pecoso abre los brazos.- Sí ya lo aclaramos y estamos de acuerdo, ¿podemos partir? Parecías tener prisa por todo lo que gritabas. –va hacia las escaleras.- ¿Hay noticias?

   -Pues, si… -al castaño le cuesta responder, porque siguiendo al otro en su camino, repara, como si fuera la primera vez en su vida, en que su hermano realmente tenía un buen culo. La idea es tan extraña que la aleja, con algo de pánico.- El chico desaparecido, Alan Griffin, estaba con unos amigos de la secundaria que se habían reunido para reencontrarse y tomar licor.

   -Ufff, mala idea. Seguramente algunos deseaban que volvieran a formarse las parejitas y recordar tardes bajo las gradas. Otros para ver a quién no le iba bien. -sentencia con una sonrisa, recordando de pasada a ex compañeras de estudios.

   -Si. Alan se apartó, para regresar al poblado, y desapareció. A un amigo le pareció escuchar algo y cree haber visto una figura enorme, vestida de negro, que arrastraba algo en un costal.

   -¿Un costal? –Dean, ceñudo, se vuelve a mirarle mientras abre la puerta del bunker.- Qué… original.

   -Si, El Hombre del Saco. Es un cuento por allí, aunque no con ese nombre, claro. Ha habido otras tres desapariciones. En lo que va de año.

   -Joder, ¿tres? ¿Y no han despertado las alarmas?

   -No. Es un lugar remoto, con pocas fuentes de trabajo, sin muchas oportunidades para los jóvenes. Sin ninguna par nadie. Eso amarga a los padres, haciéndoles… agresivos con los hijos. Si a eso sumas buscar un destino mejor.

   -Si, no es extraño que muchos se larguen. Aún sin avisar. ¿No ocurriría eso?

   -Su madre no lo cree. –duda.- Un hermano sí. Aparentemente… el chico era, o es, gay, cosa que le dificultaba aún más las cosas en un ambiente tan cerrado. Cree que tal vez, buscando dónde ser él mismo, partió, pero…

   -Bien, vamos. No me convence del todo este asunto, aunque si la idea de salir del bunker. Me siento asfixiado. –parece decirlo para sí mismo. Sam lo estudia.

   -¿Por mamá trabajando con los Hombres de Letras ingleses, o por Castiel desaparecido? ¿O… es la maldición? –¿acaso eso estaba empujándole a algo?

   -Joder, cómo piensas, descansa la mente. Digamos que el problema es mi vida, ¿okay? –entra al impala y lo enciende, Sam ocupa su lugar y se alejan.

   -Dean, no puedes evitar… -comienza pero calla, rodando los ojos, cuando el otro enciende la radio y coloca una de sus cintas viejas que toma por clásicas.

   Pero la verdad es que el pecoso no quiere hablar. Ni de Mary trabajando con esos hijos de puta (un ramalazo de recuerdo le revive la sensación de tener su verga clavada en el culo de Mick), ni de la maldición… Menos de Castiel. Aún le escocía lo del asesinato de Billie, la parca.

   -¡¿Qué diablos haces?! –el bramido de alarma de Sam, le sorprende.

   Le mira, confuso, este baja la mirada a su entrepiernas; imitándole, Dean descubre que había estado tocándose la verga. Le escocía de una manera atormentadoramente sensual. Se suelta, rojo de cara. Joder, ¿qué hacía en verdad? Mirando a su hermano, de manera culpable, encoge los hombros.

   -Oye, no es mi culpa. Es la maldición, ¿okay? –tiene el descaro de responder.

CONTINÚA … 12

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 15

diciembre 12, 2017

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 14

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -Eso es cierto, gilipollas; pero no pienses sólo en tu pobre papá que te ha criado y mantenido, que ha puesto sus esperanzas en ti y al que vas a defraudar por andar oliendo bolas, piensa en todo el dinero que ganarás, tú, como Jared. En la libertad que eso significará, en todo lo que comprarás para ti… y uno que otro amigo fiel como este, tu servidor. Piensa en la fama, en los admiradores que besarán el suelo que pisarás. En todas las mujeres que entrarán en tu cama deseando sacarle brillo al pequeño Jared entre tus piernas… O en todos los chicos culones y labios de chupa vergas, si es lo que quieres. No lo jodas todo antes de comenzar. –Chad es más directo. Jared, algo frustrado, bota aire y se alisa el cabello con las manos.- Joder, vas a ser rico, famoso, amado por todos, ¡no lo eches todo a la basura porque te pican las pelotas por un chico al cual no sabes si verás una vez nos graduemos! Espera firmar un contrato de millones y entonces has como todos los famosos, vuélvete idiota y arruínalo. No antes. –es tajante y brutal. Muy Chad. Mike alza una ceja y Jared contiene una sonrisa.

   -Miren, lo entiendo. Los entiendo, en serio, y… -el castaño sonríe como un chiquillo.- …Me alegra que se preocupen por mí, amigos…

   -Oh, Dios. –gruñe Chad, ante tanta emotividad manifestada.

   -En serio te vuelves una chica. –sonríe Mike.

   -…Pero Jensen… -sigue, como si no les hubiera escuchado. Los ojos le brillan y las mejillas le enrojecen mientras medita un segundo.- No sé cómo explicárselos, qué decir para que me entiendan; pensar en ese pecoso me hace sentir ganas de gritar, de reír, de hacer algo idiota como atrapar una almohada y estrujarla mientras entierro la cara en ella pensando que es su cuello. No lo sé, me hace feliz pensar en él. Querer verlo, escucharlo. –confiesa de sopetón, dejándoles con las bocas abiertas.- Incluso, nada más evocarlo… me la pone un poco dura.

   -Oh, por favor. –chilla Chad.

   -Joder. –gruñe Mike, verdaderamente sorprendido.

   -Me gusta, amigos, me gusta mucho. No… voy a llamar a la prensa para declararme gay, ni le pediré que bailemos bajo el gran arco del auditorio en la graduación… -sonríe.- Aunque creo que me agradaría; pero tampoco voy a deshacerme de él. Ni negarlo. No quiero… dejar de sentir lo que siento cuando estoy con él. Creo… creo que lo… quiero un poquito.

   La declaración les deja sin palabras. Chad cierra los ojos y se golpea la frente con una mano, muy elocuente. Mike alza nuevamente una ceja.

   -Vaya, amigo, explicamos, exactamente, ¿qué fue lo que pasó contigo? –quiere saber Mike, enfrentando la mirada de Jared, alarmándose ligeramente por los cachetes sonrojados de su migo.

   -No lo sé. Nunca había sentido esto… por un chico. Hasta el incidente con Tom, el único vistazo que le había dado al equipo de otro carajo era en una película o una revista porno, y eso de pasada. Luego vi a Jensen, es decir, le he visto muchas veces, en la cantina, en el pasillo de la secundaria, pero no le vi hasta ese día que tropezamos cundo “iba a la mesa de los maricas”. –contiene una sonrisa recordando lo idiota que se sintió en ese momento.- Noté…ese fuego, ese furor en sus ojos. Y me extrañó porque siempre era tan callado, tan la mirada baja, tan invisible. Era como… una sombra en los pasillos de nuestra existencia aquí. En ese momento… Bien, luego le vi dolido, intenso. Y sentí simpatía, quise… ayudarle, confortarle. –desvía la mirada, ceñudo, como buscando una respuesta.- Creí que era pena lo que sentía por él, pero era algo más, Mike; quería hacerle la vida menos mierda, pero también quería verle más. Acercarme. Cuando le vi después de aquella presentación… -sonríe aún más.- Tan cambiado, todo se me erizó por dentro. Se veía tan guapo. Y entendí que no sólo sentía pena, o que me agradaba… viéndole pensé nuevamente en besar a un chico. Y si con Tom fue un momento, algo que jamás he sentido ganas de repetir, y hasta me avergüenza un poco, con Jensen era un fuego intenso. Una llamarada donde quería quemarme. Acabamos de estar juntos y muero de ganas por verle otra vez. Sin detenerme a pensar en lo que hice en ese hotelucho, sin cuestionarme qué hice con él, qué sentí, en qué me convierte esto. –declara. Y hay un silencio desconcertado en la habitación.

   -Joder, no lo entiendo. –ladra Chad, rojo de furor.

   -Tampoco yo, pero es así. –Jared es algo asertivo en el tono en ese momento, duro. Y dolido. El rechazo de Chad…

   -No, no, no te estoy censurando o criticando, son tu culo y tus bolas; entiendo que puedas sentir… curiosidad… o hasta algo más. –arruga la cara.- ¡Hay tantos maricas en la escuela!

   -Chad…

   -Ya va, Mike, déjame explicarme; el punto que no entiendo, mi querido JT, es que si quieres explorar el lado marica del sexo, ¿por qué buscas a Ackles? ¿No podías intentarlo con otro? –el rubio le mira confuso, desconcertando al moreno.

   -¿El problema no es lo que siento sino con quién? ¿Y con quién habría sido menos… desaprobable? –entrecierra los ojos.- ¿Crees que debí fijarme en ti? –hay burla amistosa de años en el tono. Mike sonríe. Chad no lo hace.

   -No digo eso, pero aclaro que soy más guapo que ese Ackles.

   -Chad, no; no me interesas de esa manera… -se acalora Jared.

   -¡Ni tú a mí! –este se defiende.- Joder, estoy todo enredado. ¡Dejen de hablar! –brama cuando Mike abre la boca. Vuelve su atención hacia el castaño.- Lo que me pregunto es por qué eliges a un sujeto tan complicado como Ackles para sentir algo. ¿No podías fijarte en alguien menos cargado de problemas?

   -Chad… -ahora es Jared quien gruñe, no le gusta escuchar aquello.

   -No, no, el rubio insensible tiene un punto. –apuntala Mike, soportando ahora la ceñuda mirada del castaño.- Y no te cabrees sin escuchar. Bien, quieres vivir algo, o lo sientes, no lo sé, es cosa tuya. Imagino que un bisexual comienza en algún momento…

   -También un marica…

   -¡Chad! –dos voces le silencian.

   -…Pero, como dice Chad, ¿con Jensen Ackles? ¿En serio? Mira, no tengo nada contra el chico, en realidad en todos estos años no he cruzado un comentario con él, pero tú sabes… -se hace un tenso e incómodo silencio como siempre que se habla de “eso”. Del horror vivido por el muchacho. En el fondo todos intentaban no pensar mucho en ello, como no fuera para decirse que era bueno no ser Jensen Ackles.- Una noche sus padres tienen que salir porque Josh, el hermano mayor de Jensen, es detenido por la policía saliendo ebrio de una fiesta; y fueron por él, llevándose a la niña, Mackenzie, creo que se llamaba, y se matan todos al patinar el auto y volcarse. Se quemaron, como para que todo fuera peor. Y quedan Jensen y Josh, solos, de repente sin familias. El rubio encerrándose dentro de sí, atormentado quien sabe por cuántos demonios dentro de esa casa, y encima, seguramente peleados entre ellos. Josh era amigo de mi hermano, y era un idiota débil al que le gustaba demasiado el alcohol. A todos nos gusta, en cierta medida, pero en él era un problema. Y sus padres y su hermana se matan cuando iban por él. –se humedece los labios, era duro pensar en ello, en todas las recriminaciones entre los hermanos, solos en la casa donde antes convivía la familia que se acabó una noche en un fortuito incidente de muerte; las culpas, los gritos de dos hermanos que iban distanciándose en medio del dolor.- Y luego Josh se corta las venas, en su propia casa. Y es Jensen quien lo descubre, en la tina del baño del cuarto de los padres. Imagino que ya no soportaba el peso de su propia culpa, o ver recriminación en los ojos de los demás, la acusación en la mirada de Jensen, y lo hizo buscando una salida. Pero matarse y dejarlo solo, y hacerlo de esa manera… No, tu Jensen no la tuvo fácil, y esa pesada carga la lleva consigo a donde va. Eso, tarde o temprano va a estallar de alguna manera. Si no lo hizo ya.

   -Debió ser horrible, lo de Josh; escuché que todo era sangre. –gruñe Chad, ceñudo, por un segundo viéndose serio.- No puedo ni imaginar cómo Ackles continuó viviendo allí, con tantos fantasmas. Y estuvo como cinco meses completamente solo, después de lo que Josh. –el tono grave es tan no Chad que Mike y Jared intercambian una mirada.

   -Si, lo sé, lo sé, también yo escuché todas las historias. –balbucea el castaño, y si, también a él le había parecido todo muy terrible. Sintió pena por el chico de anteojos y mal encarado que nunca miraba de frente a nadie. Mucha. Pero mucho más alivio de no ser Jensen, la verdad fuera dicha. Cosa que ahora le hace sentirse un poco mal.

   -¿Crees que las escuchaste todas? –Mike le encara, y hay tal seriedad en su semblante que le inquieta.

   -Joder, ¿hay más? –pregunta Chad.

   -Si, no sé si ocurriría en verdad, aunque no me hubiera extraño para nada. –Mike toma aire por un segundo mirando a su amigo.- Dicen que Jensen se tomó unas cosas… -el castaño siente escalofríos.- Unos sedantes. Y que debió ser sacado a la carrera a un hospital. Juran que también intentó matarse.

   -¡Carajo! -grazna Chad, parpadeando. La sola idea de acabar con la propia vida era…

   -No, no escuché nada al respecto. –Jared respira con dificultad, frío de repente. Una imagen llena su mente, ese hermoso Jensen Ackles desnudo, su cuerpo contra el suyo, sus rostros muy cercanos, intercambiando frases tontas y besos en aquella cama, y superponiéndose a ella, la imagen del chico, frío, inerte. muerto.- ¿Crees que…?

   -Sólo él sabrá, de cierto. Pero aseguran quienes hablan, que lo encontró un amigo que fue a visitarle, y que llamó a los paramédicos, salvándole la vida. Creo que fue ese chico que practica teatro con él, Morgan, Colin Morgan.

   Y a Jared, con el estómago encogido en su abdomen, algo revuelto, todo le da vueltas.

CONTINÚA … 16

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 10

diciembre 6, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 9

   Ya lo imaginábamos…

   Nada más lejos de la mente del pecoso cazador que la maldición de la bruja mientras la boca del Hombre de Letras inglés sube y baja sobre su verga. Dean, sonriendo torvamente, cerrando los ojos para perderse en las ricas sensaciones de esas mejillas y lengua caliente apretándosela y sobándosela, esa garganta sorbiéndosela con fuerza, gozándolo como lo goza todo hombre cuando se la chupan, y más en esos momentos cuando se siente sucio y perverso porque se lo hace otro hombre, vive un muy buen momento. Le parece que el mundo es perfecto al tiempo que oye los atragantados uggg, seguido de las chupadas ruidosas que Mick lanza, tenso entre sus piernas abiertas, alimentándose del pene erecto. Maravilloso, así era el mundo, de hecho. Aunque… podría estar mejor, ¿no? Y sospecha que al otro, en el humor que parecía estar en esos momentos, le gustaría ser tratado como una putilla viciosa y caliente.

   -Traga, maricón, trágatela toda como el chupa vergas que eres. –le ruge con esa voz baja y ronca tan cargada de sexualidad, al tiempo que le atrapa la nuca y le empuja contra su inmensa mole de carne rígida y venosa, ahogándole, casi provocándole náuseas… Y el inglés lucha por cubrirla toda, ahuecando y relajando su garganta, necesitado, efectivamente, de ella.

   -Oh, Dios, está como más grande… -gimotea entre lloriqueos, el Hombre de Letras, poco después, montado nuevamente a hojarascas sobre el cazador, que sigue sentado contra el respaldo de la cama, sonriéndole con burla, oyéndole aquello mientras ve, nota y siente como baja el culo sobre su barra, el anillo estirado al máximo, buscando tomarla, pero apenas lleva la mitad.

   -Si vas a decirme que no la quieres, no hay problema, puedes irte y…

   -¡No! –chilla Mick, muy rojo de cara, sus rostros muy cercanos, aferrándose con fuerza al cabezal de la cama.- Puedo… Yo puedo…

   -Claro, porque eres un chico grande. –se burla el pecoso.- Déjame ayudarte… -y despegando el culo de la cama, eleva sus cadera, también la gruesa verga blanco rojiza, y mientras Mick echaba el rostro hacia atrás, lanzando un profundo y ronco alarido, se la va metiendo toda por ese agujero que arde y pulsa de manera alarmante, ahora totalmente lleno con su masculinidad.

   Chilla tanto Mick, mientras sube y baja su verga, que Dean le cubre la boca con una mano. Y así sigue, metiéndosela y sacándosela del culo con movimientos lentos pero contundentes, que aumentan en ritmo, y más cuando el inglés, finalmente, comienza un vaivén que le hace chillar aún más contra esa mano, todo enrojecido, brillante de transpiración y resplandeciente de dicha. La verga que llenaba sus entrañas, le prestaba. Le hacía verse sexy y bien, fuera de estarle provocando cortocircuitos mentales por tanto placer.

   Si hubo un momento cuando Mick creyó no poder tomar aquella pieza, ya este había pasado, ahora salta sobre el regazo del cazador como un atleta, aullando como una perra, sus algo flacas y velludas nalgas subiendo cerrándose, bajando y abriéndose, temblando cuando choca del pubis del cazador, el grueso tolete de este apareciendo y desapareciendo en su interior con ansiedad compartida. Parecía imposible que tamaña verga cupiera, pero lo hacía. Chillando, lloriqueando, casi retorciéndose, el flaco sujeto sube y baja sobre el enorme falo casi cilíndrico triangular, surcado de mil venas hinchadas que frotaban y quemaban sus entrañas, llenándolas de ganas. Grita echando el rostro hacia atrás cuando la punta de esa vaina parecía golpearle el estómago… y todavía quería más. El redondo y peludo anillo abrazaba con la membrana esa mole cuando subía, y hasta los pelos desaparecían cuando bajaba, abarcándola, tragándola, sintiéndola pulsar en su interior… allí, donde siempre la querría.

……

   Rato más tarde, bastante rato más tarde, y casi con malas caras, un Dean desnudo bajo una bata casera, por fin logra sacar a Michael Davis, importante Hombre de Letras inglés, del búnker. Este parecía un cachorrito abandonado en la carretera por un cruel dueño que solía jugar con él y hora le botaba. Le costó al rubio prometerle, rodando los ojos, que le llamaría. Era evidente para el mayor de los Winchester, que el otro ya estaba “extrañando” su verga, algo que le hizo sonreír… y que se le pusiera algo morcillona bajo la bata. Y sonrió con una mueca mientras le vio subir las escaleras, caminando algo graciosamente; bien, tenía sus razones, se dijo con pecaminosa vanidad. Casi lanzó un jadeo de alivio cuando finalmente desapareció.

   -Hey, ¿acaba de irse alguien? –oye a sus espaldas y lanza un gemido de esos que a veces le salen y que luego le avergüenzan.

   -Coño, Sam, has ruido cuando merodees por el búnker. Y no, no salía nadie. Iba por… ¿y esa cara? –se tensa ya que el menor arruga un poco la nariz.

   -Hueles a… Joder, toma una ducha. ¿Qué estabas haciendo? –apestaba a puro semen, pero también a… ¿sexo? Cuando Dean sonríe torvamente, casi le grita.- ¿Sabes qué?, mejor no me digas nada. Pero ve por una ducha. Dejé algo de cenar.

   -Gracias, muero de hambre. –sonríe dichoso, notando algo de incomodidad en el menor.- ¿Y ahora qué, Sam?

   -Eh, yo… Por favor, dime que no estás desnudo bajo la bata. Dean, ya lo hemos hablado, no es agradable ver tu culo por accidente cuando parces olvidar que también vivo aquí y… -comienza una de esas arengas que provocan cierta exasperación al mayor, por lo que se aleja dejándole con la palabra en la boca.

……

   Dean pasa una noche… extraña, soñando con personas, lugares y situaciones que parecían terminar todas de la misma manera: con él, desnudo, sonriendo pomposo sentado en un trono de piedra, sobre su cabeza llevando aquella corona que un día Charlie le colocara en aquel mundo de juegos virtuales, la verga totalmente erecta, enorme, y una multitud un poco más abajo que se retorcía y le llamaba deseando tocarle. Y vaya que se dejaba. Toda la noche había sido una cacofonía de lujuria, una que… parecía no poder satisfacer del todo. En esos momentos baja nuevamente de su trono y es rodeado por todas esas sombras que ansiosamente le tocan y acarician, le soban, todas esas manos y dedos que recorren su tolete tieso, labios que rozaban, lenguas que…

   -Dean… Dean… -oye una voz que le hace sonreír; mierda, hasta Sam había asistido a la orgia. Bien, si el menor quería…- ¡Dean!

   El cazador despierta sobresaltado sobre su cama, desnudo y muy erecto, y así le encuentra el menor cuando abre la puerta, preocupado.

   -¡Sam!

   -Oh, por Dios, ¡cúbrete! –este enrojece. La preocupación por el silencio de su hermano, muta en disgusto a la vista de su desnudez, especialmente de la larga pieza erótica. Joder, si que era larga, reconoce con algo de inquietud.

   -¿Qué diablos te pasa? Deja dormir. –gruñe Dean, sin cubrirse, tapándose los ojos con un brazo. Sam evita mirarle.

   -Son casi las once de la mañana, ¿qué tienes? Nunca duermes tanto. El hambre nunca te deja. También creo que encontré un caso, un chico desaparecido cuando acampaba en una fogata… ¡Y tenemos que hablar de la dichosa maldición!

CONTINÚA … 11

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 14

diciembre 2, 2017

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 13

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -¡¿Qué?! –Jared abre mucho los ojos, parpadeando confuso y sorprendido.

   -Oye, no, Tom no dijo que lo odiara. Ni creo que sea homófobo. –ataja Mike a Chad, algo mortificado por la manera de este de dar la noticia. Pero mira con seriedad a Jared.- Eso sí, se puso raro, garoso, cuando supo que… tal vez estabas con Jensen, y no leyendo la Biblia, precisamente. No todo el mundo es tan liberal como Chad, a la hora de aceptar el amor anal.

   -No tengo nada contra el amor anal, lo intento con cada novia, pero si cuando hay demasiados bigotes y bolas involucrados. –se queja este, ceñudo; por qué seguían hablando de aquello, era algo que nunca entendería. Como no entiende, del todo, que Jared, su amigazo del alma, el terror de las chicas de la ciudad, ahora anduviera tras el culo de Ackles. Joder, ¡volvió a pensar en culos peludos!

   -Cuando es anal siempre hay bolas en la ecuación, Chad; las tuyas y la pepa del culo de ella, por lo menos. –le reta Mike, desvariándose del tema como suelen hacer, saltando de una cosa a la otra, cuando discuten cualquier asunto. El rubio va a replicarle cuando la carcajada de Jared les sorprende.

   El castaño no puede parar, ríe y ríe. Aunque lo intentó al notar sus ceños fruncidos, no pudo; no imaginando a su viejo y bonito amigo, Tom, como un homófobo censurador.

   -Oye, ¿de qué diablos te ríes? Me parece que no sabes lo… delicado de la situación –a muchos niveles, piensa Mike, de pronto muy preocupado otra vez por este amigo algo díscolo, aunque muy joven. Su madre, algo liberal, siempre daba como respuesta, a su padre, cuando este se molestaba por alguna locura suya, que los muchachos siempre serían muchachos y que mientras estiraban sus brazos y piernas conociendo el mundo que les tocaba, se equivocarían, explorarían y experimentarían hasta encontrar su lugar. Era lógico que Jared, si sentía cierta curiosidad sexual, se abocara a saciarla con ese voluntarismo tan propio de él, pero eso podría traerle consecuencias desagradables en ese mundo dorado y exitoso que ya se vislumbraba en su futuro. El papá de Tom, siempre celoso del primer lugar que ocupaba el castaño, en relación a su hijo, podría comenzar campañas feas de comentarios, que no tardarían en llegar a cierta prensa y a los reclutadores. Jared no debía tomárselo tan a broma, especialmente si Tom no entendía la situación. Era… desagradable pensar que el buen Tom pudiera ser tan intransigente.

   -Joder, deja de reír. –el gruñido de Chad le regresa a la realidad, y era cierto, lo que había comenzado con una risita, se había transformado en carcajadas histéricas de Jared, quien enrojece muy feo, los ojos le lloran y se medio dobla como si buscara aire, o como si algo le doliera.

   Al castaño le lleva todavía un rato dejar de reír, teniendo que recostarse de una pared para sostenerse. Y le dolía el pecho, joder. Los mira, riendo aún, más calmado, respirando agitado. ¡Necesitaba oxígeno!

   -Tom no me odia, ni es homófobo. –se humedece los labios, cavilando.- Voy a contarles algo y espero que no lo repitan nunca. –les advierte, notándose que era, después de todo, un chico tonto que confiaba demasiado en los amigos a los que quiere. Nadie en su sano juicio le contaría jamás algo, bajo el sello de secreto, a Chad Murray, y menos a Mike Rosenbaum.- Hace tiempo, en mi cuarto, Tom y yo veíamos una película sobre un banda de rock, estábamos sentados de culo en mi cama, la trama era un vacilón, mucho alcohol, drogas, rock, mujeres, gritos… y en una escena, un fan del cantante logra llegar hasta este y se miran, el cantante lo toca, el tipo se veía en la gloria, y aunque no era gay no hizo nada cuando el cantante le cayó encima y lo besó en la boca. Cómo chillamos al verlos, Tom gemía un no, amigo, eso no. –abre mucho los ojos.- Joder, ese fue un beso en toda la regla, con lamida, chasquidos, lenguas y mucha saliva. Porque el fan respondió. Fue tan sorpresivo que Tom y yo nos congelamos cuando se pusieron intensos. Y… -duda un segundo.- No les mentiré, fue algo caliente. Sentí un escalofrío y las bolas me hormiguearon, no quería ver, daba repeluco, pero… Y a Tom le pasó igual. Lo sé porque por un segundo no hablamos, no hicimos nada, pero nos miramos. Rojos de caras, y… ¿han notado los labios de Tom?, tan rojitos…

   -¿Qué? –chilla Chad, ojos muy abiertos, la frente muy arrugada. Dios, ¡el virus marica como que llevaba rato rondándolos!

   -¿Cómo? –estalla Mike, por su parte, parpadeando.

   -Eso, que compartimos… -sonriendo algo avergonzado ahora sí, elevando los hombros, Jared continúa.- …Compartimos un momento. Creo que algo pudo haber pasado en esos momentos. En verdad. Si alguno de los dos hubiera dado un paso, o acercado un poco más el rostro, nos habríamos besado.

   -¿Tú… y Tom? –por la cara, parecía que Chad se imaginaba lamiendo unos sapos particularmente berrugones.

   -Oye, ¡Tom es guapo! –ríe Jared, algo incómodo por primera vez; mirando ceñudo de uno al otro.- Hey, chicos, no pasó nada…

   -¡Dices tú! –jadea Mike, muy ceñudo.

   -¡No pasó nada! –enfatiza.- No tuvimos las bolas de cruzar ese espacio, muy poco, físicamente hablando. Pero, por eso, sé que Tom no es homófobo. Fue quien se alejó primero, riendo, reímos los dos, todo nerviosos, y dejamos esa maldita película así, donde todavía se daban sus buenos latazos esos dos.

   -Joder, amigo, creí que lo que te pasaba con el Ackles era esa vaina que llaman curiosidad, en las películas, que es como lo explican los universitarios maricones cuando comparten cama con los compañeros de cuarto durante años y años y luego se casan con hijas de senadores, pero parece que ya ibas en ese camino. –Chad parece confuso, e inconforme, pero esas palabras parecen calar en Jared, quien endereza los hombros a la defensiva y aspira con fuerza.

   -Si, tal vez. –concede, frunciendo un poco más aquella frente tan lisa. Medita- Si, tal vez sea eso, porque Jensen me gusta de una manera que…

   -Si, si, ya lo entendimos. –Mike le corta, irritado. Cosa que hace que Jared y Chad se miren con extrañeza.

   -¿Te ocurre algo? –Jared pregunta. Chad también mira a Mike.

   -Si, pareces cabreado desde que escuchaste lo del casi beso de Jared y Tom.

   -¡No! –jadea este, a la defensiva, tomando aire también, cerrando los ojos como concentrándose.- Miren… aunque suene increíble, creo que Chad puede tener razón. Aunque sea a media. Y si, tal posibilidad asusta, lo sé, pero…

   -Idiota. –gruñe este. Mike no le oye, mientras sigue mirando a Jared.

   -Tal vez si hay algo como bi, en ti, porque te he visto con suficiente chicas como para saber que te gustan, no así con chicos, pero estuvo ese… “momento” con Tom, que puede no significar nada, como no sea curiosidad… -y aquí mira a Chad.- Que sí puede ocurrir, cara de culo. Y no, no contaré nada. –silencia al rubio que pensaba preguntar algo, con cara de diversión. Vuelve la mirada a Jared.- Pero, como sea, mi amigo, te mueves arriesgadamente, especialmente si es algo más que curiosidad. –tenso, Jared cruza los brazos sobre su pecho.

   -¿Por qué me gusta Jensen?

   -No, no te cabrees ni hagas como que te juzgo. –le ataja Mike.- Eres mi amigo y me agradas, por eso me preocupas. Jared, posees un talento deportivo que Chad ni yo tenemos, jugamos bien, tal ve podríamos aplicar para una beca, pero no vamos a llegar a nada como profesionales de futbol. A diferencia de ti, y del mismo Tom. Becas, contratos, fama, un mundo se abre frente a tus ojos, ya te lo dije, no puedes arriesgarlo todo, apenas comenzando tu vida de adulto, anunciando un romance gay. El mundo ha cambiado, ha avanzado, pero deberás enfrentar a mil chicos que querrán tu lugar, que usarán lo que sea para que seas menos aceptable para equipos, televisoras y prensa. Gente que puede hacerte la vida de cuadritos. Tu padre, y seguro tu madre, y Jeff tienen sus sueños puestos en ti, el profesor Beaver también, ¿cómo crees que reaccionarán a todo esto?

   -Mike, mi vida… -Jared se siente mortificado; aunque entiende el punto, aquello no le gusta.- Si lo que siento por Jensen es algo que cuenta, que pesa y vale, creo que tendría que contárselo a todos. No digo que lo sea, pero si lo fuera, tendría que ser honesto con todos, comenzando con mi familia. Porque si quiero estar con él, salir con él, tomarle de la mano o darle un beso en uno de esos momentos cuando ríe y se ve increíblemente guapo, no deseo…

   -Ah, eres un  idiota decente. –jadea Chad, quien comprende el punto de vista de Mike.- No te gusta la idea de hacerle ver a todos que eres una cosa, siendo otra; un gran amante de coños, cuando en verdad te gustan las vergas. Pero, amigo, el mundo no tiene que saberlo todo, ¿no? Guárdate algo, por Dios.

   -Chad tiene un punto, y lo entiendo, es loable que quieran ser sincero y abierto sobre tus sentimientos, si es que esto con Jensen llega a más; pero, creo que por la edad y tú misma personalidad impulsiva, directa, franca y voluntariosa no mides cabalmente el riesgo de tus pasos. Siempre te ha ido bien en la vida, JT, por eso no puedes imaginar que… la gente te rechace y te cierre puertas en las narices, por la razón que sea. Pero puede ocurrir, amigo. Tu sueño ha sido ser un campeón deportivo, tienes los medios, la capacidad, la habilidad, pero no basta. No… te vuelvas loco, ¿okay? Está bien, Tom no es homófobo, ¿pero y el resto de la escuela, tu barriadas y las ligas de futbol universitario? –alza una mano silenciándole cuando va a replicar.- No, no digas que es tu vida y haces lo que quieres con ella y el resto debe aceptarlo, no es tan fácil, ni tan simple. Joder, Jared, la cabeza está para algo más que tener una melena como la tuya, úsala. –se le acerca, tenso.- ¿En verdad vas a decirme que no sabes que tu padre cuenta contigo para acceder a un futuro mejor, tal vez un retiro cómodo y cobijado contra todo problema de índole financiera? ¿No lo sabes?

   -Eso es cierto, gilipollas; pero no pienses sólo en tu pobre papá que te ha criado y mantenido, que ha puesto sus esperanzas en ti y al que vas a defraudar por andar oliendo bolas, piensa en todo el dinero que ganarás, tú, como Jared. En la libertad que eso significará, en todo lo que comprarás para ti… y uno que otro amigo fiel como este, tu servidor. Piensa en la fama, en los admiradores que besarán el suelo que pisarás. En todas las mujeres que entrarán en tu cama deseando sacarle brillo al pequeño Jared entre tus piernas… O en todos los chicos culones y labios de chupa vergas, si es lo que quieres. No lo jodas todo antes de comenzar. –Chad es más directo. Jared, algo frustrado, bota aire y se alisa el cabello con las manos.- Joder, vas a ser rico, famoso, amado por todos, ¡no lo eches todo a la basura porque te pican las pelotas por un chico al cual no sabes si verás una vez nos graduemos! Espera firmar un contrato de millones y entonces has como todos los famosos, vuélvete idiota y arruínalo. No antes.

CONTINÚA … 15

Julio César.

NOTA: La primera que sale del baúl, una amiga quiere saber qué pasa, aunque le envié las páginas mal traducidas.

DEAN EL MAGNO… 9

noviembre 21, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 8

  Ya lo imaginábamos…

   Sam se prepara una ensalada, todavía ceñudo. Tenía hambre, así que imagina que el estómago de Dean debía estar en llamas, dado lo tragón que era. Seguramente se había quedado dormido, se dice, mordiendo un pedazo de lechuga, intentando alejar la repulsiva idea de que, este, no podía continuar sacándole brillo al arma entre las piernas, ¿verdad? Aunque… ¡era tan cerdo!

……

   Después de una conversación que no recuerda del todo, Mick le grita y jura, una y otra vez que no, que no se llevará la Colt, pero que no se detenga, disfrutando el contacto del cuerpo del mayor de los Winchester sobre su espalda, si, su peso, pero necesitando de la follada, del saca y mete rítmico, así que se compromete a lo que sea. Y sonriendo, Dean le complació.

   Todavía reteniéndole con un brazo bajo el cuello, y con una mano alzándole la frente, para que sus miradas se encontraran en el espejo, continúa cogiéndole. Elevando su redondo trasero una y otra vez, sacándole el tolete cilíndrico triangular del agujero, halándole los pliegues del culo, casi hasta el nabo que tenía por cabeza, para enterrárselo de nuevo, abriéndole, llenándole, cayéndole encima con todo su peso, logrando que comience a gritar de nuevo, entregado, loco de lujuria, gozando de ser bien empalado. Al pecoso le excita saber que es él quien le hace eso, metiéndosela y sacándosela del culo.

   El cazador, apretando los dientes, se siente poderoso, casi malvado mientras sube y baja su trasero, pistoneándole duro el agujero con su barra, la cual siente atrapada, halada y chupada cuando la mete toda, golpeándole con las bolas, refregándosela bien adentro, retirándola luego, notando esos pliegues, esas entrañas “agarrándole”, como deseando no dejarla salir.

   -¿Te gusta, Mick?, ¿te gusta ser mi perra inglesa? –le brama caliente, travieso y malvado, medio ladeándole el rostro, metiéndole la lengua por un oído, casi provocándole un cortocircuito mental al otro, que grita y se estremece.

   -Si, si, no te detengas, rómpeme el culo… -se ve impulsado a gritar, porque no puede controlarse, contenerse. Frente a sus ojos parecen estallar pequeñas luces blanco plateadas, sintiéndose medio mareado, su culo provocándole oleadas que parecían congestionar su cerebro de sensaciones poderosas, igual que el resto de su cuerpo, especialmente sus bolas y verga, la cual, en el vaivén contra la cama, sin tocarse de otra manera, ya ha estallado otra vez.¡ Y seguía caliente!

   -Joder, tu culo no se cansa de mi verga, ¿eh? –el cazador le sonríe en el espejo, apartando la lengua de su oído, la saliva chorreándole mejilla abajo.- ¿La quieres toda? –y se miran.

   -Si, Dean. La quiero toda. ¡Ahhh! –chilla.

   El cazador, sonriendo chulo, reteniéndole como le tiene, se impulsa hacia la derecha, halándole, volviéndose, quedando de espaldas sobre la cama, el Hombre de Letras terminando sobre él, totalmente enchufado sobre su verga, la cual está clavada prácticamente hasta los castaños pelos claros, quedando un centímetro de ese grueso y rojizo cuerpo fuera, por los pliegues de las nalgas, mientras el inglés grita desfallecidamente, sintiéndola llenándole, latiéndole, quemándole. Y grita aún más cuando Dean le atrapa las pequeñas tetillas erectas, pellizcándolas, y comienza, de alguna manera, un sube y baja de culo sobre el colchón, impulsándole hacia arriba y abajo sobre la gruesa verga, sobre la cual salta como muñeco roto, mientras gritas y grita.

   -Silencio. –Dean, mirando hacia la puerta, le cubre la boca con una mano, tan sólo para reír al sentirle el aliento bañarlo, la lengua lamerlo.

   No quiere que Sam escuche… pero le divierte de una manera total verle tan entregado a lo que le hace, que sigue impulsándose, subiéndole y bajándole unos pocos centímetros sobre su barra, dejándole caer, que se clave, que se empale, dándole donde toca, haciéndole delirar con aquello. No le extraña cuando el flaco sujeto se corre una tercera vez, apretando su culo con fuerza alrededor de la verga que lo llena, provocándole una corrida salvaje al cazador, quien le llena las entrañas con tal cantidad de esperma, teniendo un clímax el doble de largo, que ambos gimotean entregados. Todavía mareado de su propia corrida, Dean le aparta, no muy amablemente, la verdad sea dicha, y cuan muñeco roto, Mick cae de lado.

   El cazador jadea, sintiéndose satisfecho, poderoso, sonriendo extrañado, vaya maldición de la bruja aquella. ¿Será que quería sobornarle para que la dejara escapar? Bien, tenía hambre y…

   -Amigo, hora de irte. –acota aletargado. Un ronquido le desconcierta, y robándole fuerzas al sopor que siente, despega la nuca y le mira. ¡Mick se había quedad dormido! Y sonreía, con su culo manando una buena cantidad de leche espesa y todavía caliente.- Joder. –se medio ríe, cerrando los ojos.

……

   Chasqueando la lengua de manera poco glamorosa, Dean Winchester despiertas, sintiéndose bien… y caliente. Está de espaldas sobre su cama, totalmente desnudo, lo sabe; también empalmado a pesar de la buena tanda de sexo vivida, que no la recuerda de entrada, su mente adormilada aún, pero que su cuerpo sí. Y alguien estaba a su lado… recostado de panza sobre su costado derecho. Alza la nuca y casi bizquea para encontrar a Mick Davies, el Hombre de Letras inglés, también desnudo, dormido sobre él, todo sonreído y medio abrazándole. Como dulces amantes que comparten el momento.

   -Joder. –gruñe, apartándole, sintiéndose pegajoso y acalorado.- Hey, hey, amigo, despierta. –lo medio zarandea, logrando que abra los ojos, le vea medio confuso y que tensándose se aleje, recordando de pronto dónde está, con quién…  y qué habían hecho.- Debes irte. –agrega modificando su acostumbrado debo irme, en mil situaciones parecidas. Con mujeres.

   -Yo… si, me quedé dormido. –el inglés parece confuso.- ¿Qué hora será?

   -Siento que hemos dormido horas. Debe ser tarde ya. –informa el cazador, sentándose, de culo pelado sobre la cama, estirándose.- Muero de hambre. E imagino que tú también. –se siente condescendiente. Esperando que se vaya. Es cuando repara en los ojos brillantes del otro. Mirando su titánica verga erecta.

   -Sí, tengo hambre. Mucha hambre…

   -Oye, no. –gruñe, y alza las manos como para alejarle, pero ya el inglés, de rodillas sobre la cama, se tiende y le atrapa la verga con una mano, apretándosela, provocándole un gemido de lujuria.

   -Dios, es tan grande, tan dura. tan hermosa… -Mick parece en trance, un segundo antes de bajar el rostro, boca abierta y tragar un pedazo, sorbiendo hambrientamente, gimiendo cuando, casi en seguida, los jugos le mojan la lengua. Sube y baja los delgados y resecos labios mientras Dean, encogiéndose de hombros, deja caer la espalda contra el respaldo.

   Ignorando que la maldición estaba actuando… Que el culo de Mick estaba en llamas… Y que era tan sólo el principio.

CONTINÚA … 10

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 8

noviembre 2, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 7

   Ya lo imaginábamos…

   Lo curioso es que si Dean parece dominado por la lujuria, las ganas de enterrarle la verga por el culo, duro, Mick no anda tan lejos de aquello. Nunca ha hecho algo como eso, ni le atrajo antes la idea, a pesar de las historias que corrían sobre colegios ingleses semi internados; esa tranca era inmensa, pero la quiere. Su culo titila con una extraña compulsión. Y vestido, tan sólo su velludo culo afuera, baja las caderas, la raja descendiendo hacia el miembro rígido del cazador, el cual lo sostiene por la base como una lanza de carne.

   Dean traga cuando los vellitos chocan de su liso glande, luego la piel. Y allí los dos se estremecen, con anticipación y cachondez. Mick alza el rostro y baja más su trasero, la punta del tolete presionando contra su raja, buscándole la entrada del cerrado agujero, donde pega, se frota y empuja sin penetrar.

   -Hummm… -se le escapa al Hombre de Letras, totalmente caliente para ese entonces. Dean sonríe todo chulo.

   -Oh, sí, lo quieres mucho, ¿eh? Date gusto, chico inglés.

   Obedeciéndole, la mente en torbellino, Mick baja más sus caderas, la punta de la verga presionando decididamente contra su agujero, empujando, abriéndolo, metiéndosele. Cuando la gruesa circunferencia del nabo va enterrándose, se tensa, cuerpo muy erguido y rígido, conteniendo un jadeo, quemándose con aquello. Baja más, luchando, y lanza un gritico cuando logra metérselo, el anillo ardiéndole y chillándole, los pliegues cerrándose salvajemente sobre la cabeza, Dean apretando los dientes con morbo.

   -Vamos, chico inglés, toma tu cetro.

   ¿Es por el reto?, Dean no lo sabe. Tal vez Mick tampoco, pero el hombre se tensa, oprime los labios y prácticamente se deja caer, sentado sobre el regazo del cazador, empalándose de la gruesa, larga y venosa mole que lo taladra y toma su virginidad anal. Tanto uno como el otro cierran los puños y jadean, tal vez Mick más fuerte que el pecoso, pero este también se siente casi lastimado por el asalto. Le dolió, de lo gruesa que la tiene; por sentirla tan apretada por ese estrecho agujero. Respirando agitado, ojos muy abierto, como si fuera el primer sorprendido al hacer aquello, el inglés le mira, tembloroso, quieto sobre el hombre, su culo sufriendo una agonía terrible… hasta que su entrañas parece ir acostumbrándose, adecuándose a la masiva invasión; las paredes de su recto sintiendo los latidos y calor del tolete, algo casi confortante. Extraño y excitante.

   Todavía inquieto, apoyando las rodillas en la cama, alzando su trasero, sube dejando escapar de tu culo dos, tres, cinco centímetros del cilíndrico tolete de carne, las venas y rugosidades frotándole, y cae otra vez, con todo, lanzando un gemido ronco. Sube un poquito y vuelve a baja.

   -Es… Es tan grande. –jadea, voz sibilante, quieto, empalado, como agotado.

   -Eres un bebé llorón. –se burla Dean.- Vamos, bájate, quítate toda esa mierda de ropas para que pueda follarte hasta hacerte gritar que no pare, y llenarte de leche y preñarte, chico inglés. –le indica torvo, dominado por un morbo que no entiende del todo.

   Como no entiende el deseo de ver el delgado cuerpo desnudo para tomarlo. Aunque, siendo totalmente honestos, una o dos veces ha sido mamado por algún tío, en momentos de calenturas, no gustaba de ir con estos. Tal vez en un trío, que los ha tenido, donde una mano se suelta, o una boca lo cubre (siempre querían chupárselo, se dice con chulería), pero fuera de eso, esto que sentía ahora era totalmente nuevo. Si, quería cogerlo duro, bien, con todo, hacerle gritar y gozar (por alguna razón eso le parecía importante), y la verga le dolía de las ganas que tiene. Y si no lo lograba, temía que ese dolorcito no pasara. El inglés, casi desmayado, subió su culo, dejando escapar, palmo a palmo la dura barra, los arrugados y velludos labios de su agujero casi abrasando el glande al dejarlo salir. Totalmente dispuesto a obedecerle, se desnudará para él.

……

   Era bueno que el bunker fuera espacioso, o Sam hubiera escuchado el grito que pagara el Hombre de Letras al empalarse. Pero el menor de los hermanos, muy serio y ceñudo, revisa un voluminoso libro con aire de vetusto en la inmensa biblioteca. Toma un te algo frío, viejo habito de sus días con alguna novia pasada. ¿Amelia, Jessica, Sarah?, no está seguro. Preocupado, y algo cabreado, revisa sobre hechizos que tengan que ver con el sexo. Los había para lograr la impotencia, la frigidez, la cachondez, pero no encontraba uno que, específicamente, hiciera crecer el tamaño de la verga. Dios, sólo a Dean…

   Había algo muy mortificante en buscar hechizos que afecten, específicamente, esa parte de la anatomía del gilipollas de su hermano. Aunque no tanto como el recordarle, no dejando caer la toalla, sino lo feliz que se veía con tal cosa. ¿Acaso ese idiota pensaba que algo bueno podía salir realmente de una enemiga a la que estaba por matar y le maldijo? Aparentemente Dean lo creía. Estaba dichoso con lo ocurrido. Arruga más la frente, disgustado, alejando la imagen del rubio masturbándose, como cree que hace, jugando con su nuevo instrumento. Le dejaría en paz por un rato, luego hablarían de las cuestiones prácticas del problema. Si no encontraba nada allí tendrían que llamar a otros, incluso a Mary y a los Hombres de Letras, aparte de Mick, ¡pero no sería él quien lo hiciera para tratar el asunto del aumento de tamaño de la verga de su hermano!

   Dios, todo este asunto podría hacer aullar a cualquiera, piensa.

……

   Y Michael Davies lo estaba, aullando literalmente, boca muy abierta, ojos igual, mientras su culo era duramente arado con la gruesa estaca de aquel macho.

   Ambos hombree están desnudos, completamente, sobre la cama del cazador, Mick, de panza, muy abierto de piernas, el culo alzado al tener las caderas sobre una almohada; su cuerpo es arropado por el pecoso, que sonríe mientras le tiene las piernas enredadas con las suyas, un brazo rodeándole el cuello, la mano del otro reteniéndole por la frente, manteniéndole el rostro alzado en dirección a un pequeño espejo de pared, mientras sube y baja su trasero, empujándole la verga hondo y rudo por el culo, con rítmicas embestidas que hacían gemir la cama.

   A Dean, mirando al otro en el espejo, le excita escucharle los roncos chillidos de gozo y lujuria mientras le saca y mete el tolete con fuerza, la blanco rojiza pieza saliendo casi hasta el glande antes de abrirse camino en el agujero del inglés, perforándole y llenándole. Lleva cinco minutos en eso, metiéndosela y sacándosela, acostado sobre él, aplastándole las nalgas con su pelvis, desde que se le subiera y comenzara a follarlo y el otro, habiendo perdido la flema británica, comenzara a gemir y chillar pidiendo más, que se la metiera más duro, más hondo, empujando su trasero hacia atrás, atrapándole la barra con el esfínter y apretándoselo. Todo eso puso al cazador más caliente y vicioso.

   -Mírate, Mick, mira lo cachondo que te ves, lo feliz que te hago. Esto lo hago por ti, amiguito, para que sientas algo de placer sexual en tu frígida vida de británico reprimido. –le ruge al oído, alzando y bajando sus caderas, la pieza cilíndrica deslizándose adentro y afuera de aquellas entrañas, dándole donde era. La clava toda y se detiene.- Bien, ahora quiero hablarte de algo, de la Colt…

CONTINÚA … 9

Julio César.

MARY, LA GUERRA Y EL HIJO DE LUCIFER; 21×12 – 22×12 – 23×12

octubre 31, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   La vieja tradición de hacernos sufrir…

   Si alteró ver la muerte de las mujeres Banes, Tasha y Alicia, en el episodio anterior, lo del siguiente fue mucho, pero que mucho peor, la muerte de Eileen Leahy, la cuasi novia que ya soñábamos para Sam. Otra fémina que perece en este programa de hombres. Y que capítulo fue este, Algo sobre Mary, el vigésimo primero; sus últimos minutos parecían el final de temporada de series menos intensas, pero es que el programa nos tiene acostumbrados a esto. Ver a Dean morir destrozado y torturado luego en el Infierno, y a Lucifer alzándose en una cripta con los hermanos atrapados, es lo usual. Y este casi parecía un final. Sam y Dean condenados a una muerte lenta pero segura (en lugar de pegarles un tiro en las frentes, ¿a quién se le ocurre?), Mary entregada a los Hombres de Letras británicos, Crowley muerto, Lucifer libre contemplando un mundo al que sueña destruir. Fue intenso, intenso, abreboca perfecto para lo que sería el final real.

   Comienza y vemos a Eileen, de noche, corriendo por una zona boscosa perseguida y alcanzada por algo que no se ve, un Perro del Infierno, cayendo. Ketch aparece y controla al animal, ella está caída, y pensé que la estaban capturando para algo, alguna trampa rara contra Sam y Dean. Pero no, la matan. A la cuasi novia, la chica dulce por un lado, dura por el otro, que hizo latir el corazón del menor de los Winchester. Se veían tan bien juntos, había química, no como cuando Amelia. ¿Por qué tenían que hacernos esto? Se diría que es como en Juego de Tronos, pero Supernatural comenzó antes, y la muerte de buenos personajes en la épica serie de HBO no pegan tanto (excepto lo de la boda roja, eso fue terrible). Sentí tanta rabia. Pero quedaba el hecho, ¿Ketch con un Perro del Infierno? ¿A que jugaba Crowley?

   Vamos por parte porque pasa de todo, las caretas caen y de qué forma. Sam y Dean buscan a Mary después del extraño mensaje dejado por esta. No la encuentran y Ketch dice no haberla visto en días, cosa que les hace saber que miente pues en un mensaje anterior la misma Mary decía estar con él. Es cuando Jodi Mills llama a Sam y le cuenta de Eileen. Fue doloroso verle. Hablan de otros cazadores que han caído en pocas semanas a manos de monstruos, ¿una conjura? Olvidé comentar esto la vez pasada, me molesta cuando matan a los cazadores así, aunque algunos sean insoportables; me pasa desde la cuarta temporada cuando se alzaron los testigos de lo sobrenatural por orden de Lilith. La posibilidad de que Mary sea otra baja los pone frenético, pero hay pocas palabras que describan todo el dolor que Jared Padalecki transmitió, como Sam, ante el cadáver de Eileen, la joven cazadora sordomuda que tanto había tenido que pelear en su joven vida. Dean (siente ese pesar, compartiéndolo, qué gran actor es Jensen Ackles), nota que las heridas señalan a un Perro del Infierno.

   Llaman a Crowley pero este niega saber algo. A Dean le llega una carta de Eileen, la cual les dice que se siente perseguida y vigilada, y les pedía asilo por un tiempo en el bunker. Cuánto debió lastimar eso a Sam, no saberlo antes, que ella no lograra llegar y ponerse a salvo. Es cuando deducen que tal vez tras su muerte están los Hombres de Letras británicos, y revisan de pies a cabeza la baticueva encontrando un micrófono estúpidamente colocado al lado del arma de uno de ellos, bajo el mesón. La rabia que reflejaban con gestos fue increíble, mientras montan una trampa para quién esté escuchando. Dejándolo aquí, por un momento, hay que viajar junto al Rey del Infierno…

   Debo confesar que odio a la señora Hess, pero me resulta un personaje de lo más atractivo, peligroso y malvado, con cara de envenenadora y todo. Ver a Crowley reclamándole una operación que ella creía él ignoraba, no fue sorpresa después de lo del Perro del Infierno. Al Rey no le importa lo que hagan mientras tengan el mismo acuerdo que en Inglaterra, mueren los monstruos pero no tocan a los demonios, cosa con la que está de acuerdo la mujer. Por un segundo pensé qué zorra hipócrita, pactando con el mal, como todos, pero ella misma lo aclara con una sencillez abrumadora: si alguien es tan idiota como para vender su alama, sabiendo lo que ocurrirá, merece sufrir. Mas cierto, y justo, no pudo ser. Es honesta, a su manera. No es lo mismo ser asechado y asesinado por una criatura nocturna que llamar y pactar sabiendo lo que se hace. Creo que me enamoré un poco del personaje y de ella. Ahora Crowley…

   Qué mañoso es el Rey del Infierno, desde el tiempo que pactaba con los Winchester contra Lucifer, luego con Castiel por el control de las almas del Purgatorio, en contra de Rafael, más tarde lo intentó con Dick, jefe de los leviatanes, Abaddon no quiso nada con él, conoció a Naomi y ahora a la señora Hess. Es notable. Aunque no le gusta que esta le amenace por su relación con los Winchester. Eso le lleva a intentar un acercamiento con Lucifer, usarle como arma contra cierta inglesa, pero ya Lucifer anda en lo suyo. Aunque eso no le impide, al Rey, negar toda relación con la muerte de Eileen cuando Sam le llama.

   La señora Hess es increíblemente manipuladora, usa el concepto empleado en el libro 1984, para manejar y controlar a su gente. Pone a Ketch contra lady Toni, y a esta contra este, prometiéndole a ambos la sucursal norteamericana una vez muertos los cazadores locales. Así se asegura que compitan entre ellos, que den lo mejor de sí y que no confabulen contra ella. Y hay que reconocer, por el lavado cerebral que lograron con Mary, que aunque Ketch es bueno en lo que hace, lady Toni es mejor, un activo más valioso, y este debió verlo así hacia el final cuando la traiciona para sacarla de la competencia.

   Fue intensa la escena de Mary con Ketch, cuando esta quiere que paren el lavado de cerebro, temerosa de lo que ha hecho a otros; y por primera vez este mostró algo (el personaje, a lo mejor el actor es bueno pero eso es lo que le tocó), lo de “no me conoces ni te gustaría hacerlo”, no dicho con soberbia sino con pesar, estuvo bien; se notaba frustrado porque no puede hacer nada por ella, dolido al verla sí, prometiéndole que todo pasará. Su angustia cuando ve que ella intensa suicidarse para no poner en peligro a los que ama, fue notable. Y en esto se nota que Mary es toda un Winchester aunque no naciera como tal. John no dudó en hacer un pacto cuando Dean moría, este cuando Sam fue asesinado, ni las cosas que Sam ha hecho por él (olvidando el tiempo aquel del Purgatorio). Ella prefiere morir a herir a otros. Ketch no la deja, y la verdad es que la escena tuvo su pega.

   De Lucifer en el Infierno, atado, lo bueno eran los intercambios de ingenios con Crowley, pero en sí fue tedioso hasta el momento cuando el diablo ese escapa y el Rey sufre una y otra vez en sus manos, hasta que es asesinado. Aunque creo que no hubo fan, viéndole mirar a la rata, que no supiera lo que planeaba el mañoso demonio de los cruces de camino. Pero ahora Lucifer está libre, y uno todavía se pregunta en qué coño estaba pensando Crowley cuando no dejo le encerraran en la jaula. Por cierto, ¿me pareció sólo a mí o en efecto Lucifer parecía algo coqueto con los demonios?

   Con la trampa del micrófono los Winchester capturan a lady Toni, y dentro del impala se enteran de todo lo que han hecho los Hombres de Letras ingleses, incluyendo que Jodi Mills y Claire Novak están en la lista para desaparecer; pero fue particularmente venenosa con los comentarios sobre Mary y Ketch. No me gustan esas escenas, pero casi esperaba que Dean le lanzara uno directo al hocico. Planean usarla para atrapar a Ketch, pero este ya está en la baticueva, y vemos una gran escena donde Sam y Dean trabajan al unísono y le desarman, pero llega Mary, Mary.2, y no pueden luchar contra eso. Son capturados y condenados a morir en el bunker, el cual se sellará. Aún nos tocó ver a Ketch condenando a muerte  ladi Toni con ellos, y nadie lo merecía más que ella.

   La escena quedaba servida para ese gran final de capítulo que más bien parecía de temporada. De todo esto hay un punto que me molesta todavía, y que en estas alturas ya era insalvable. Cuando ladi Toni aparece al final de la temporada pasada, capturando a Sam, pensé que representaba a un grupo serio que venía a meterlos en cintura, pero que conociéndolos y cazando con ellos, cambiaría de opinión (bien, esperaba que se volviera loquita con Dean, ¿okay?, como Amara), pero ha resultado un personaje totalmente desaprovechado. Ruby, Bela, aún  Meg, todas ellas fueron geniales, increíbles, uno las amaba y las odiaba por igual, y cada una de ellas llegó muy cerca de los cazadores, pero esta no. Bonita, elegante, poderosa, con una vida familiar propia (un hijo), parecía tener futuro o estaba destinada a algo mejor. Pero no.

   Bien Lucifer ve el mundo al que tanto odia, en una muy bonita escena, por cierto; ¿qué pasará ahora?

   Llegaba, por fin, lo que esperábamos, el enfrentamiento contra los Hombres de Letras ingleses, el vigésimo segundo episodio, Lo que Somos, o son los cazadores, o los Winchester.

   Mary ha continuado asesinando cazadores, recibiendo tres nuevos nombres, siendo el último de ellos el de Jodi Mills. Y me encantó. Regresaban al programa dos a quienes esperé por mucho tiempo, pero que luego todo resultó pólvora mojada, los cazadores que, intentando parar el Apocalipsis, en la quinta temporada, matan a Sam y Dean enviándolos a la cara oculta de la luna. Cómo espere ese reencuentro, pero aquí aparecen como aliados.

   Bien, mientras Mary anda matando cazadores a las órdenes de los británicos, Sam y Dean intentan escapar del bunker, falla un hechizo y fue cómico que los parara la sangre de alguien virgen, y se van por lo clásico, un túnel hecho a pico para llegar a un drenaje y subir, como en Sueño de Fuga. En un momento dado se dan cuenta de lo inútil que es y Sam confiesa que se dejó impresionar por los juguetes de los Hombres de Letras británico y el ideario de una organización estructurada que buscaba un mundo sin monstruos; que era más fácil seguirles que pensar por él mismo, responsabilizándose de sus hechos. Teniendo que ser el capitán de su vida. Y esto ha pasado y pasa siempre en todas partes, hay gente que dirige, otra que sigue órdenes, y es buena en eso, pero cuando no actúan los filtros éticos, cuando no priva la ley moral, distinguir lo bueno de lo malo, llega el nazismo y toda esa locura monstruosa y sólo queda como defensa, el “yo solo seguía órdenes”, como si eso justificara algo. Me gustó que Dean expresara que por un momento tuvieron una familia, ellos dos, Mary y Castiel, ahora todos idos. Cuando Sam le pregunta a Dean si pensaba que así sería el final, este le responde “sabes que no”, pensaba irse con una gran explosión, y es cuando se le ocurre la idea…

   Por fin puede usar su lanza granada, cómo se divirtió haciéndolo, y cómo se agitó lady Toni. Por cierto, ¿cuántas veces no los hemos visto cortar esas manos para un hechizo?, y ni una cicatriz.

   Salen y le avisan a todo el mundo que los persiguen; Dean llama a Garth y me gustó saber que el cazador, y hombre lobo, sigue vivo con su chica. Es cuando Sam gruñe un “es Jodi”. Si, se podía esperar lo peor, pero conocemos a la mujer, y me encantó una barbaridad que fuera ella quien derrotara a la mortal Mary, ayudada por Alex, que me gustó que apareciera también y que esa familia continúe, no todo tiene que ser drama. Por cierto, ella también debía aparecer en la lista de objetivos, como testigo y cómplice pasada de lo sobrenatural. Pero, ¿saben?, me habría gustad ver la pelea entre ambas, aunque eso habría matado el suspenso, ¿llegarían los hermanos y encontrarían muerta a la comisario? Mary es odiosa en esa escena y lady Toni confiesa que no puede revertir lo que hizo, la verdadera Mary está muy oculta en su mente y no quiere ni saldrá de allí. Recordó mucho el lugar feliz a donde va Castiel cuando Lucifer lo posee, y los muros tras los cuales se ocultaban los recuerdos de Sam del Infierno. La mujer les dice que no pueden escapar de los británicos, que lo mejor es esconderse, eso o morir. Sam agrega que hay otro camino, enfrentarles.

   Llaman a otros cazadores para ir contra los hombres de letras, y Sam da un discurso realmente bueno, emotivo, inspirador, reconociendo que él si se dejó engañar por esos sujetos, no como los otros que supieron ver el peligro y dijeron no a esa alianza.

   Atacarán el cuartel, Dean se queda, herido y porque va por Mary, para traerla de regreso. Me gustó que Sam dijera que prefería a su lado en batalla a un Dean Winchester herido a diez de otros cazadores; me gustó la respuesta de Dean, que le sabe maduro y listo para la tarea de dirigir, que le escuchó y sabe que lo hará bien. Fue otro momento Winchester, ese abrazo prometiéndose regresar, Sam no dudando que Dean recuperaría a Mary. Y quiero hablar de los cazadores, me gusta cuando aparecen otros, había una dama entre ellos, fuera de Jodi, y conociendo el programa temí por ella. Al final no vi si había sobrevivido. Verlos acudiendo a un llamado y trabajando juntos me recordó un Destiel escrito durante la cuarta temporada, antes de la llegada de la quinta, donde Castiel va caminando por un gigantesco campo de batalla en pleno Apocalipsis, alterado viendo a Dean peleando con el mismísimo Lucifer, y hacerlo de manera confiada y arrogante; en el relato decían que en ambos bandos habían ángeles, demonios y humanos, pero que los cazadores estaban unidos contra Lucifer.

   Curiosamente, en el enfrentamiento armado final entre cazadores y Hombres de Letras, faltaron los más beligerante, Dean regresa con Mary y Toni a la baticueva para que ella le meta en la mente de su madre, y Ketch va tras ellos siguiendo la señal del móvil de la cazadora. Detalle deplorable que todos debieron prever, han sido muchos a los que Sam y Dean han localizado así. Me gustó la charla entre Dean y lady Toni, ella sabe que no la perdonará, no lo espera, tan sólo que le dé ventaja para escapar porque quiere volver a ver a su hijo. La actriz estuvo impecable, emotiva, y eso era lo que yo quería ver en el segundo o tercer episodio de esta temporada, y que ella gravitara hacia los Winchester (hacia Dean), pero no se pudo. Lástima.

   Lo del ataque a los ingleses fue intenso y brutal, y creo que todos los disfrutamos, especialmente cuando atrapan como rata a la señora Hess, la cual todavía trata de manipular a Sam hablándole de una alianza ante lo que viene, le muestra evidencias de Lucifer caminando por la Tierra buscando a su hijo por culpa de Crowley que está muerto. Sam la rechaza, y sonreí, la vieja intenta un último truco y Jodi la acaba, todo fue perfecto, tal vez faltándole más miedo por su vida a la vieja malvada, pero nunca nos dan eso. Sam debió recordarle en ese momento la muerte de Eileen.

   Dean, dentro de la burbuja de fantasía donde se refugia Mary en su mente, que se niega escucharle cuidando al bebé Sam y el niño Dean, fue emotivo como siempre. Soltando otra lágrima solitaria y perfecta. Entendiendo que para llegar a la mujer debe rasgar las capas de cuidado que han tenido para no herirse, le confiesa el odio que siente por ella por lo que les hizo, el pacto con Azazel que acabó con todos, incluido Sam, quien fue poseído por Lucifer y torturado en el Infierno, perdiendo su alama, y algo sobre lo que he escrito mil veces, como  él, Dean, tuvo que dejar de ser niño y convertirse en soldadito en la guerra de John, y terminar como padre y madre de Sam, habiéndosele despojado de su inocencia. De ello la responsabiliza, y es cierto, aunque de no haber sido así ellos jamás habrían nacido, al haber muerto John a manos de Ojos Amarillos. Decirle todo eso la alteró, más cuando le confiesa que la ama y nunca dejará de hacerlo.

   Cuando en cabeza de Mary parece que ella va a responder, todo acaba y Dean despierta sobresaltado y molestó porque tal vez perdió lo que había ganado, abre los ojos para encontrarse con el cadáver de ladi Toni, y con Ketch. Se supone que la escena era para sorprender al espectador, el cazador despierta y ella está muerta, para que nos preguntáramos por un segundo qué pasó, que ya sabíamos, pero a mí me habría gustado ver la llegada del sicópata, una pelea entre ambos británicos y a ella caer. Se lo había ganado.

   La pelea a puñetazos entre Dean y Ketch estuvo genial, y aunque nuestro chico estaba herido, se defendió con uñas y garras, tanto que el inglés tuvo que apuntarle con un arma. Mary le abate. Que fuera ella pareció afectarle. Era un sujeto desagradable, y su relación con Mary erizaba el pellejo, pero parecía que si sentía algo por la mujer (lástima que no jugaron al “soy tu nuevo papá, Dean”). Me gustó que en esos últimos segundos reconociera que los dos son buenos asesinos; a su manera era casi un halago a Dean, a quien tanto menospreciaba.

   Con la baticueva llena de sangre y cadáveres, llega el final del episodio, Mary y Dean hablan, ella se mantenía lejos porque le costaba ver lo que había sido de su vida y la de Sam por las cosas que ella hizo. Dean acepta que no fue fácil, pero que el pacto y todo lo demás los moldeó en lo que son, guerreros en una batalla en la que otros no durarían y que había que dar. Aunque esto… no es totalmente cierto. Claro, se emplea como razón para el drama, para terminar de compaginar un personaje difícil, la madre de los Winchester de vuelta, pero no es tan culpa de ellos como imaginan o confiesan. Si nos atenemos a la mitología del programa, al evangelio Winchester, ninguno de ellos tenía ningún chance de que todo ocurriera de otra manera. Era un plan del Cielo, que en la Tierra se repitiera la batalla entre los hermanos que ya se había dado al principio; así fueron guiados a eso, incluso el que Mary y John se enamoraran, como confesara aquel Cupido en la quinta temporada. Pacto de Mary o no, eso habría ocurrido. Los planes de los ángeles siempre son tortuosos, en este programa.

   Bien, todo termina con Sam llegando y una bonita toma de los tres abrazándose. Todo estaba servido para el gran final de temporada. Aunque todavía me pregunté, sabiendo que ahora también los Hombres de Letras británico son sus enemigos, ¿quién vendrá por ellos? ¿Los nazis nigromantes, las amazonas, los restos de aquella familia que descendía de los Frankenstein, lo que venía rodando por ahí por incumplirle y matar a Billie?

   Ah, el episodio vigésimo tercero, el gran final, fue mayoritariamente tedioso. Es lamentable decirlo, pero aunque algo más adorables, Kelly y Castiel daban sueño. Ni siquiera supieron imprimirle tensión al momento del nacimiento del hijo de Lucifer, con algunas señales extrañas que nos hicieran pensar que a pesar de lo que esperaban, aquello si era algo realmente malo. Repito, tipo La Profecía. ¿Por qué no hubo un sacerdote demente que leyera señales sobre tal cosa? El programa se dejó tragar con esta trama.

   Y todo continuó medio aburrido hasta que reaparece Crowley y Lucifer continúa su gran campaña para asegurarse de que nadie le retenga nuevamente en el Infierno, mientras busca a su hijo. Bueno de los primeros minutos, fue esa bonita toma de naturaleza. Curiosamente armonizaba con aquella donde quedaba Lucifer, libre de hacer lo que le viniera en ganas.

   Nada más saber que Lucifer está libre, Sam, Dean y Mary llaman a Rowena, pero ya ese diablo está allí, con la poderosa bruja madre del Rey del Infierno. Y me molestó que la mataran así, fuera de cuadro. La actriz se había ganado su espacio, el personaje también, al menos debieron darle la dignidad de abrir una puerta con un ademán brusco y encontrarse con el bicho ese. Pero no, ya está muerta. Nada extraño en un programa donde fuera de algunos tipos, no suelen contar con muchos personajes, y donde las mujeres mueren con pasmosa regularidad (todavía me altera de lo Eileen y el desperdicio que fue ladi Toni). Pero hay que reconocer que como personaje, y villano, el Lucifer de Mark Pellegrino es muy sangrino. Casi agradable. Sus gestos, estremeciéndose con grima, cuando cuenta cómo la mató, “pelirrojas”, fue genial.

   Buena estuvo la llegada de Crowley a la baticueva, cuando Dean le golpea en automático, y no lo mata porque Sam dice que lo necesitan. Fue gracioso ver a Mary y Dean preguntar al mismo tiempo ¿qué?, cuando el menor dice que no lo pueden asesinar. Lo necesitarán para regresar a Lucifer a la jaula ahora que Rowena no está. No me gustó la reacción de Crowley a la noticia de la muerta de la bruja, habían compartido mucho, aunque lo ultimo fuera la “muerte” de su hijo por consejos de la bruja para que esta se vengara así por el chico al que quería y él prácticamente la obligó a sacrificar en el hechizo para borrar la Marca en Dean. Sin embargo, iban allí, allí, ¿no? Aquí viene la explicación de por qué Crowley interfirió con el hechizo para encadenar a Lucifer a un cuerpo y tenerle fuera, lo que debió ser la idea más idiota en toda la historia de la humanidad. Lo quería como mascota para mostrar, y como arma a utilizar contra quienes reclamaran el trono del Infierno y los que aún no le aceptaban como Rey. Crowsley no era una figura demoniaca a la altura de Lucifer y otros podían verlo así. Y se entiende, si estos dos fueran figuras a buscar en la historia, mientras Lucifer es un monstruo equiparable a Hitler, salvando las distancias, Crowley era un payaso como Mussolini, peligroso, pero más fanfarrón y fantoche que malvado.

   Dice que se cansó de eso, de pelear el título, de los demonios lloricas, de las almas que gritan y los trámites burocráticos, que les ayudará a vencer a Lucifer y luego cerrará definitivamente las puertas del Infierno, quedando fuera él como único demonio. Lo que los hermanos buscaban aquella vez, que terminó con otra jugada fuera de cuadro, cuando Metatron cerró el Cielo y los ángeles cayeron. Era una gran promesa esa de Crowley, allí debimos imaginar lo que ocurriría, pero estamos tan acostumbrados a que estos personajes mueren y regresan que ya no nos preocupamos como antes. Encuentran una señal de dónde pueden estar Kelly y Castiel y parten, antes Dean le clava a la mesa para imposibilitarle seguirles.

   Mientras se acerca el momento del nacimiento ocurren sucesos raros, y no tan raros en las series. En un exceso de energías se produce una abertura a un universo paralelo, algo tan normal de aceptar como esa gente en las películas cuando oyen que la población se volvió violenta y ataca a todos, que enseguida gritan zombis, porque como eso pasa a cada rato es lo lógico. Así está esto. Otro universo. Es un lugar gris y plomizo parecido al Purgatorio pero sin la selva, este era un desierto tipo Irak. Y cómo no recordar la serie Ángel en este momento. Me pregunté ¿será que osarán copiar la trama de enviar al niño a través de esa puerta y que este regrese en algún momento como un adolecente buscando sus raíces? Cruzando, Castiel encontrará allí a alguien que le ayuda y que le sorprende.

   Cuando regrese luego, con Sam y Dean, este se revelará como el Bobby de ese otro mundo paralelo. Y Dios, cómo fue grato verle, tan mal hablado y todo. Me habría encantado que los llamara idiotas. No reconociéndolos porque en ese mundo jamás nacieron, nunca impidieron el Apocalipsis y el Cielo y en Infierno se enfrentan en una batalla sin fin, y la humanidad casi diezmada padece en el fuego cruzado, John había muerto muchos años antes y lo que sabía de él era por los cuentos de una tal Mary Campbell, cuando se embriagaban y a ella le daba por hablar. La cual también había muerto.

   Pero antes, siguiendo señales dejadas por ese portal, los Winchester, Mary incluida, le caen a Castiel en aquel refugio. Y fue de una pobreza argumental ese encuentro que mejor lo dejamos así; lo único notable es el ángel pronuncia de primero el nombre que tanto le importa. Lo importantes es moverse, ocultar a la madre y el hijo, dejando para después el qué hacer con el niño. Dean está muy claro, dejarle sin poder, Castiel también, debe quedar tal cual. Me habría gustado ver un poco más de esa tensión entre los dos, Castiel se las hizo tres veces, desde robar la Colt hasta desmayarles para llevarse a la mujer, pero imagino que con todo el tiempo perdido con las escenas entre él y Kelly, no quedaba más.

   Sienten que Lucifer ya llega, trazan a toda prisa un plan, con ayuda de Crowley que regresa, parece ser encerrarle en la otra realidad (arrojar la basura al patio ajeno). Llega el invitado, haciendo buenos comentarios y pateando culos, Castiel, que está como en la cuarta temporada cuando no ganaba una pelea, es el primero en besar el piso. Fue gracioso escucharle decir “muy maduro”, cuando Sam y Dean se alejaron a la carrera. Les sigue a esa dimensión paralela, gustándole lo que ve. Dean le enfrenta con un arma cargada de balas mata ángeles, dada por el Bobby de allí, mientras Sam y Crowley preparan un hechizo para encerrarle. No entendí bien si fue que no funcionó, pero cuando Crowley dice que se necesita un sacrificio, una vida para cerrar aquello, me pregunté si para eso habían traído de vuelta a Bobby. Pero no, el Rey del Infierno se mata para encerrar a Lucifer, y esta vez su cara si estalló en luz. Crowley cae muerto… y uno pensaba, bien, ha pasado antes, ¿verdad? Porque, siendo sinceros, me agradaba ese personaje aunque ya fuera imposible tomarle en serio como villano. Pero Mark Sheppard se ha encargado de despejar la duda: Crowley está muerto y no regresará, ya no pertenece al staff de Supernatural.

   La cosa es que el portal no sólo no se cierra después del hechizo sino que Castiel llega como un loco mientras los hermanos salen, esa ranura sigue allí, el ángel reaparece frente a los hermanos tan sólo para que le mate Lucifer. Y si, Castiel ha muerto tantas veces que ya ni gracioso es, pero después de saber lo de Mark Sheppard, ¿cómo saber si el programa no ha decidido limpiar el tablero y comenzar raso? ¿Misha Collins regresará? No es lo mismo perder a Crowley, por malo que eso sea, y por acostumbrados que estemos a sus comentarios y desplantes desde la cuarta temporada, a perder al ángel de la guardia de Dean. Aparentemente en una convención, a Jared Padalecki se le escapó que en un episodio estarán con Castiel, pero no basta con eso. Y me perdonarán los que objetan al ángel, pero yo si espero que regrese.

   Por otro lado, nace el niño de Kelly con ese gran estallido de poder y todo pasa muy rápido. Lucifer está ahí, los hermanos van a pelear sin chances, aparece Mary que intenta arrojarlo a la brecha y lo logra pero este se la lleva cuando se cierra el portal. Y la cara de Lucifer en esa otra realidad, cuando la brecha se cierra, es todo un poema. Los hermanos están devastados, Dean se queda junto a Castiel, Sam va a la casa a ver qué ocurre. Encuentra el cadáver de Kelly (y fue lo mejor, no habríamos soportado a otra “madre”, no es como quiero féminas en la serie). Y siguiendo unas huellas encuentra al joven de ojos luminosos, el hijo de Lucifer, el llamado, en la vieja tradición católica, el Anticristo. El ser más temido, el hijo del Diablo en nuestro mundo.

   Fue un buen final, pero no tanto como otros. Incluso la llegada de la Oscuridad estuvo mejor. Aunque este si fue más intenso que ese donde Sam es secuestrado por ladi Toni y Dean encuentra a Mary. Pero no mucho mejor. Sin embargo, cuando terminé de ver de golpe los últimos cinco episodios de esta doceava temporada, tarde porque una amiga tardó en enviármelos, quedé como siempre con ganas de ver más. De saber qué ocurrirá ahora… y como saben, ya comenzó la temporada trece. El primer episodio fue intenso, mucho más de lo que esperaba… Y ya estoy enganchado otra vez.

SAM, DEAN Y LA FAMILIA ENCONTRADA Y PERDIDA

Julio César.

NOTA: Anoche quedé el shock, cerrando el fin de semana disfrutando el tercer episodio de la nueva temporada; he esperado años, literalmente años, por la reaparición de este personaje, Missouri Moseley; aparece y entonces… ¡No es justo!

 

DEAN EL MAGNO… 7

octubre 20, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 6

   Ya lo imaginábamos…

   Alarmado por un segundo, el cazador rubio mira hacia la puerta, pero la cerró. ¡Gracias a Chuck!, se dice con sorna aún en esos momentos. Mirando al Hombre de Letras sentado en su cama, cara muy roja, ojos muy abiertos, con casi tres cuartos de su tolete tragado y abultándole las afiladas mejillas, se lleva un dedo a los labios y le sisea indicándole que no haga ruido. El menor no tomaría  aquello a risa, bien sabe el pecoso. Y sin embargo… Una espinita perversa le obliga a mecer sus caderas lentamente, un poco, metiéndoselo y sacándoselo de la boca, cogiéndosela, sintiendo la rica presión de aquellos labios secos, mejillas y lengua, las silentes succionadas que el británico no podía evitar darle para disfrutar del delicioso instrumento sexual que saborea.

   -¡Dean! –brama Sam del otro lado de la puerta, golpeando con el puño, algo ceñudo, tomando el picaporte e intentando abrirla. ¿Qué hacía el gilipollas de su hermano?, se pregunta pegando la oreja al frío metal.- ¿Estás ahí?

   -No, Sam, salí. –le responded finalmente, rodando los ojos, sabiendo que no se iría si no le hablaba, empujando las caderas y clavando palmo a palmo cada trozo de su tranca en aquella boca, enrojeciéndole  más la cara al otro.

   -¿Por qué aseguraste la puerta? –toda la sospecha del mundo se nota en el tono.- ¿Qué haces encerrado?

   -Pensaba cascármela, Sam, y necesitaba tranquilidad para eso. No quería que estuvieras entrando y entrando fingiendo buscar algo para verme. –se burla.

   -Idiota.

   Oye y sonríe ante la seca respuesta del menor, mientras mira al británico con maldad, atrapándole un hombro y halándole, obligándole a caer de rodillas frente a su barra, quedándose quieto, dejando que fuera el otro, Mick, quien fuera y viniera sobre ella, abarcándola y chupándola, dejando sus labios adheridos a la piel de lo gruesa que era esta.

   -¿Qué quieres, Sam? –gruñe con voz ahogada, preñada de lujuria.

   -¿En serio Mick se fue? ¿Sin la Colt? Es extraño.

   -Es un británico, quién puede saber cómo piensan, si es que lo hacen. –se burla, cruzando la mirada con el otro.

   -¿Dónde está la Colt? –el castaño, más ceñudo y desconfiado ante el tono de voz de su hermano, pega aún más la oreja de la puerta.- No está en la bóveda.

   -La tengo a buen resguardo.

   -Está bajo tu almohada, ¿verdad? –recrimina exasperado.

   -Hummm… -se le escapa a Dean cuando comienza un impresionante mete y saca de su tranca, que quema y moja la lengua del inglés, el cual tiene que luchar para no gemir de placer, totalmente seducido por el sabor de aquella barra de joder. Si nunca había mamado una verga, parecía querer recuperar el tiempo.

   -¿Y ese tono? ¿Qué haces?

   -Oh, por Dios, Sam, ¡ya comencé a cascármela! –le ruge, burlón.- Y por tu culpa ahora estás apareciendo en la fantasía. Llevas bragas y…

   -Idiota. –repite el menor. ¿Cómo podía tener un hermano tan idiota?, rumia mientras se aleja, todavía escuchando la risita del pecoso.

   El rubio se vuelve hacia Mick, quien sigue mamándosela, como imposibilitado de detenerse, succionando hambrientamente, la mente calenturienta gritándole que debió mamar güevos hace mucho tiempo atrás.

   -Joder, amigo, es bien caliente verte así, de rodillas, tragándomela con esas ganas, sometiéndote física y mentalmente a mi sexualidad. –le dice, hirviendo con una lujuria oscura en esos momentos, atrapándole la nuca con una mano y sacándole la tranca de la boca, atrapándosela con la otra mano y pegándosela en la cara, bañándosela de jugo y saliva. Dios, si, era tan erótico hacer aquello, recorrerle la frente, nariz y mejillas, mojándole, alzar su barra y medio golpeándole el rostro con ella.- ¿Te gusta mi verga? –le urge a hablar.

   -Yo… yo… -la voz le sale entrecortada, y tiembla bajo la mirada del rubio, ardiendo ante el pulsante tacto de la dura, larga y gruesa verga contra su rostro.- Si, me gusta. –admite.

   -Si, lo sabía. –sonríe todo chulo, excitado al escucharle reconocer que quiere entregarse accediendo a todos los caprichos sexuales de otro carajo. Se aparta y se lanza de espaldas sobre la cama, la cabeza en las almohadas, mirándole todo chulo (viéndose guapo, reconoce el otro, aún de rodillas), atrapándose el grueso tolete por la base, brillante de saliva, más rojizo por las mamadas.- Vamos, Mick, súbete. Quiero verte atrapar todo esto con tu remilgado culo inglés.

   -¿Qué? –la sorpresa le paraliza.

   -Vamos, baja un poco tu pantalón, pela ese culo, súbelo y bájalo aquí.

   -Dean…

   -¿Vas a comenzar otra vez? –rueda los ojos, sonriéndole con más chulería, agitando más el tolete, como invitándole. Y la mirada de Mick parece perderse en la barra. Como si le controlara un deseo irrefrenable, se dice el rubio, sorprendido, y divertido de una manera torva al verle ponerse de pie y manipular su pantalón para abrirlo, bajándolo, estando bien erecto bajo el bóxer color mostaza que usa.- Sólo pela el culo, no quiero verte lo demás. –es burlón.

   Enrojeciendo de vergüenza, y humillación, sorprendiéndose él mismo de que eso le excitara tanto, aunque no sin algo de dudas (¡esa verga era muy grande!), sube a la cama no tan ancha y gatea montándose a hojarasca sobre las desnudas caderas del cazador, por delante de la verga pulsante. Este le mira fijamente a los ojos, divertido, burlón, excitado también. Pero había algo más… ¡El hechizo de aquella bruja!, piensa por un segundo el inglés.

   -Es muy grande… -gimotea asustado. O caliente. La sonrisa de Dean le ciega.

   -Podrás con ella, chico grande. Escúpete los dedos y mójatelo. –le indica, queriendo ver que lo haga, casi temblando de anticipación, la verga chocándole de las nalgas, ambas pieles ardiendo.

   Y sonríe de medio lado viendo al hombre hacerlo, escupirse los dedos y alzarse un poquito sobre sus caderas, llevando esa saliva a su raja velluda, untándose el agujero. Lubricándolo. Preparándolo para que un hombre tomara su virginidad.

   -Oh, sí, esto será épico. –le dice Dean, la verga pulsándole y goteando.

CONTINÚA … 8

Julio César.