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CORRERÍAS EN BOSTON… 28

agosto 10, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 27

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

……

   Nunca podría olvidar ese día, su boda, y no por las razones tradicionales, se dijo el apuesto hombre cerrando la puerta de aquel dormitorio en casa de su abuela, donde conoció carnalmente, por primera vez, a un rubio pecoso e irritante que se le convirtió en algo muy importante.

   Había pasado esa mañana tenso, aprensivo. Si fuera de los que se dejaba llevar por la imaginación para acomodar su mundo, habría dicho después que ya presentía algo de lo que ocurriría. Pero no lo creyó antes, ni ahora. Había estado impaciente porque iba a casarse con una mujer que le agradaba pero la que no le significaba nada mayormente. No como cierto Dean Winchester, un sujeto que quién sabía qué estaría haciendo en esos momentos (no respondió a dos mensajes enviados), desde perseguir, a solas, una feroz manada de hombres lobo, a coquetear con cuanta camarera (o botones) hubiera de allí a Washington. Le extrañaba, horriblemente, y le inquietaba no saber qué hacía. La inseguridad y los celos eran una cosa terrible. Con la llegada de la tarde, le tocó recibir a amigos del trabajo, del colegio, de años, gente de la fiscalía, a los herederos de las casas amigas de su familia, todos deseándole felicidades o endosándole, con cierta maldad mal disimulada, aquello de que ahora “si sabría lo que era bueno y pagaría toda lasque había hecho”. Y la ceremonia.

   La iglesia estaba impresionante, llena, todo el que era alguien estaba presente. Las flores, la iluminación, todo parecía de cuento de hadas. Pero él, esperando por Leslie, no podía borrar aquella leve arruga en su frente… revisando sí tenía alguna llamada. Contrariándose aunque no quería al no halla nada; había intentado hablar dos veces con el rubio. Dos veces le llamó y cayó directamente en el buzón. ¡Ese pequeño…!, no pudo evitar irritarse. Aún en ese momento no llegaba una respuesta. Alzando la vista encontró la dura mirada de su abuela, quien con leve inflexiones parecía indicarle que se comportara y se concentrara en lo que hacía. ¿Cuánto imaginaba o sabría, de hecho, la mujer?, lo ignoraba, pero intentó relajarse, sonreír. Borrar el ceño, especialmente cuando una etérea y hermosa Leslie entró acompañada de su padre y se escucharon las notas del avemaría. Ella, sonriendo, le miraba fijamente, como extrañada de algo. ¿Notando su desazón? Le sonrió lo más honestamente que pudo, lo que no le era difícil; era la sonrisa que siempre componía, y con la cual engañaba, en los tribunales. Dios, ¿estaría cometiendo un error que le resultaría costoso luego? No, con Leslie estaría a un paso más cerca de coronar sus ambiciones políticas.

   La ceremonia comenzó, solemne emocionante de cierta manera, tuvo que reconocer. Las palabras, los votos, el beso, los presente sonriendo. Eran marido y mujer. Abrazados, sonriendo, se volvieron hacia las familias y amistades, admitiendo que se sentía bien hacer aquello. Allí estaban todos los que le importaban, sus compañeros del trabajo, la abuela, sus padres. Padrinos y madrinas se acercaban a felicitarles en alegre montón. Hasta Dean aplaudía, lenta y deliberadamente, con una mirada intensa en sus ojos verdes que parecían lanzarle destellos que…

   ¡Dean!

   El joven cazador estaba al final del amplio salón, cerca de una de las entradas laterales, prácticamente apoyado de espaldas de una de las altas columnas, vistiendo lo que seguramente era su mejor traje para hacerse pasar por agente federal (“Dios, odio disfrazarme de agente del FBI”, le había contado una vez, luchando con el nudo de la corbata), de pie como todos, aplaudiendo ominosamente. Mirándole, los ojos revelando tantas emociones a un tiempo que le fue difícil entender que era realmente él, Dean, mostrando enfado, dolor, decepción, y algo más, un sentimiento que no podía identificar pero que le provocó un dolor atroz en el pecho, el mismo que pareció congelársele impidiéndole respirar. Debía estar mortalmente pálido, lo supuso por lo frío que se sintió. No podía apartar la mirada del pecoso, que aplaudía y le prometía, sin palabras, toda la furia del infierno. Le había descubierto, y debió imaginarlo. Su matrimonio era la gran noticia del mes; el cazador no gustaba de leer la prensa rosa, sino sobre deportes, muertes extrañas y algo sobre la vida de cantantes. Nada más. Pero la boda había sido bien promocionada.

   Lo supo y ahora estaba allí, diciéndole algo que no quería entender, que no podía aceptar porque, aunque sonara idiota, sabe que si este partiera se llevaría demasiado de sí. No temió ni por un segundo un escándalo, que este gritara algo, que lo pusiera en evidencia. No, lo que le estaba diciendo era mucho peor que todo eso. Le ve dejar de aplaudir, siente su mirada, elocuente. Reclamándole su traición.

   -¿Nick? –la voz de Leslie le regresó en sí, al tiempo que esta le agarró por un brazo, ¿deteniéndole cuando se disponía a bajar del altar? Mirándola, entendió que el tiempo se había dilatado para él, como tantas veces leyera y escuchara que les ocurría a otros, haciéndole sonreír siempre con desdén. Hasta ese instante.- ¿Te sientes bien?

   -Sí, yo… yo… -no puede reaccionar, y volviendo nuevamente la mirada encontró lo que esperaba y temía. Dean ya no estaba.

   ¡Dios!

   Nunca en toda su vida, el hombre había conocido una impaciencia, frustración e impotencia tal como la vivida mientras recibía mil felicitaciones, posaba para las cámaras fotográficas y se reunía con los suyos, rumbo a la casona de la familia de Leslie donde se llevaría a cabo una recepción  “íntima”, con media ciudad presente. Y en todo momento lo único que Nicholas Stanton deseaba era salir corriendo rumbo a su apartamento, seguro como la muerte al final del camino de la vida que no encontraría a Dean Winchester; al que no había parado de llamar a la menor oportunidad, sin recibir alguna contestación. Pero él sabía un poquito más que eso…

   Con gestos y miradas hacia su chofer-guardaespaldas, cuadró la escapada de la reunión, aprovechando que los salones y jardines de la impresionante propiedad estaban atestados de personas felices y sonrientes. ¡Estaba escapándose de su propia fiesta de bodas! Sabía las consecuencias que eso le acarrearía, no era un buen comienzo con su mujer, pero no podía esperar. Tenía que llegar junto a Dean, mirarle, atraparle de alguna manera entre sus brazos y hacerle entender que procedió así porque fue el único camino que vio. Debía casarse, pero no quería perderle. Aun a él le sonaba egoísta, ruin, los motivos y los métodos, pero era real. Con Leslie alcanzaría la fiscalía, el puesto en el senado, el futuro; ella le daría hermosos hijos. Lo que tenía con Dean… No, no quiere perderle. No puede.

   El trayecto al apartamento se le hizo insoportable, dolorosamente largo, mientras imaginaba cómo sería vivir con un vacío en el pecho. La gran parte de sí que había sido ocupada, hasta ese momento, por el pecoso, atrevido y desvergonzado cazador de monstruos y criaturas sobrenaturales. Tenía que hacerle entender que… que… “No te vayas Dean, aún no. Espérame. Yo te haré comprender, ya verás. Pero espérame”. Era lo único que deseaba, una oportunidad.

   -Sígueme. –ordenó, impaciente, al chofer.

   Tarde. Era tarde. La idea le atormentó al salir casi de un salto del vehículo cuando el otro lo detuvo, conteniéndose a duras penas para no echarse correr hacia los ascensores del estacionamiento. Seguido por la confusa mirada de su auxiliar, quien no le entendía. Ni le juzgaba. Pero dejar su boda así… Apresurándose a ir tras él.

   A Nicholas le dolió el pecho mientras llegaban al piso y se dirigía hacia la puerta, gruñéndole al otro que espera allí… y que no dejara salir a nadie sin su autorización. Tarde, demasiado tarde, la frase le torturaba mientras abría la puerta, respirando pesadamente, tensando el cuerpo aprestándose para la discusión y argumentación de su vida que tendría que dar. Si el cazador aún estaba allí. Sobre la mesita vio el enorme morral de viaje, abierto, conteniendo muchas cosas arrojadas de cualquier manera, armas, revistas, ropas, las camisas de franela. Todo lo que era de Dean al llegar. Sabía que este no se iría sin confrontarle una última vez. Que tendría la oportunidad de encontrarle, de verle. Pero ese morral abierto le había dejado sin habla. Se iba. ¡Dean pensaba dejarle! Oyó sus pasos, resueltos, pesados por las botas, que llegaban del dormitorio donde tantas cosas y tantos momentos compartieron. Y abrumado no pudo despegar la mirada del bolso de viaje. No le miró, pero supo que el cazador se detuvo, tenso, al encontrarle.

   -¿No deberías estar en tu fiesta de boda? –la pregunta fue directa, altanera, agresiva. Dolida.

   -Sabía que me esperabas. –replicó, izando por fin la mirada, toda la tortura de su alma ardiendo en sus pupilas.- Dean… no quería que lo supieras así… -no puede hablar ahora. Estremeciéndose al notarle tensar aún más la mandíbula, viéndose sencillamente fantástico con su cabello bien cepillado, la leve sombra de barba en sus mejillas, la chaqueta negra de cuero.

   -Si, supongo que no querías que te descubriera en tus engaños. -gruñó arrojando unos calcetines en la bolsa.- Ni qué me presentara en tu momento de triunfo, lo siento, ¿okay?, pero necesitaba ver si el Nicholas Stanton, miembro de la fiscalía de Boston, que se casaba, eras tú, ya que me habías dicho que partías a una reunión familiar. –le lazó una sonrisa torva.- Ah, no, era cierto, estas allí reunido con mucha familia. –se golpeó la frente.- Tonto de mí que nunca entiendo.

   -Dean, no… -se atragantó. No pudo continuar con todas las razones que pensaba exponerle para sus acciones, tan sólo se quedó mirándole, inquietándose por segundo al notar que se cabreaba más y más.- Joder, ¿para qué fuiste? ¿Por qué no aceptaste que tenía compromisos y ya? Estábamos bien. –gruñó, frustrado.

   Supo, en cuanto abrió la boca, que había comenzado mal. Ver al cazador entrecerrar los ojos, dar un paso rápido y lanzarle un puñetazo al rostro, fue una sola cosa. Aunque era un sujeto alto, duro, desagradable muchas veces con demasiada gente, por lo tanto sabiendo que muchos le odiaban, Nicholas no estaba acostumbrado a las agresiones físicas, y le dolió recibir ese puñetazo sobre la boca, dando dos pasos atrás, saboreando su propia sangre.

   -¡Me golpeaste! –jadeó, parpadeando.

   -Y estoy seguro que volveré  hacerlo antes de salir por esa puerta, hijo de perra. –le rugió el otro, mirándole todo enojado, herido.

   -¡No! Eso no, por favor; yo… -se vio abrumado.

   -¡Habla, Nick! Si tienes algo que decir, dilo ahora, y pronto, porque estoy a punto de largarme al quinto coño en Wyoming para cortar cabezas de vampiros, y posiblemente nunca más volveremos a cruzarnos en esta vida. –sentenció con voz clara, implacable, haciendo temblar al hombre un poco más alto.- Comienza a mentir, a tratarme como un perfecto imbécil antes de que se acabe tu tiempo. –exigió.

CONTINÚA…

Julio César.

SUPERNATURAL SIGUE TAN VIGENTE

agosto 10, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   El premio de quienes importan…

   Sí, señor. Mientras se espera que comience la temporada trece, escuchando gente farfullando que ya ha durado demasiado y que el programa aburre, lo que no sería tan extraño después de más de una década al aire, Supernatural fue nuevamente premiado; en este caso con el People’s Choice Awards 2017, en enero de este año, como “Programa favorito de ciencia ficción / Fantasía en una cadena de TV”. Y la importancia de este detalle no debe perderse, porque a pesar de lo que mucha gente opine sobre la longevidad del programa, o sus tramas, la gente que premia lo que le gusta, la que mira televisión, se decidió por ellos. Del hecho se enteraron los actores estando en Rusia, dicen; me pregunto haciendo qué.

   Y, como no podía ser de otra manera, Jensen Ackles estuvo nominado como “Actor favorito en programa de TV ciencia ficción / Fantasía”; aunque quienes hemos visto su trabajo, esa no guapa sino bonita cara tan expresiva, él podría hacer lo que fuera, desde comedia a romance, de drama a maloso, y lo encarnaría perfectamente. Pero esta vez, ay, fue derrotado por un inglés, Sam Heughan, de un programa del cual nada sé. Una lástima, pero su nominación, que es casi consecuente (parece no haber año cuando no esté designado), sigue demostrando su vigencia y calidad dentro del público, su gusto por él.

   Sé que se siente extraño, pero me cuesta imaginar una realidad donde, en algún momento del año, no regresen Sam, Dean, Castiel y el mismísimo Crowley. Por suerte, este año, al menos, volverá a pasar.

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 23

julio 12, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 22

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   A Jensen le estaba resultado contrastantemente emocionante esa visita a esa casa, aceptar la invitación casi suplicada de Jared para que le acompañara, y tomar ese suculento desayuno gratis. Si, comió bien. Si, le agradó compartir con el castaño. Si, la casa era sencillamente hermosa, como esos jardines con todo y las aves gorgojando alegremente bajo la, ahora, inesperadamente soleada mañana. Todo eso estaba muy bien, incluso recibir el aparente interés de Megan en él, ¿a qué hombre no le gusta saber que gusta? Pero… la relación del castaño con su familia era demasiado tensa, casi tan complicada como era la suya con su gente. Y para dramas familiares ya tenía bastante con los suyos. Lo que en verdad le irritó fue entender que el guapo muchacho (y enrojece al pensarlo), intentó usarle para incomodar a su padre, imponiéndole su presencia. Dijera lo que dijera el muy hijo de perra. Se tensa, joder, seguramente esa mujer, Sherri Padalecki, sabría que tuvo esa idea, que la llamó así en su mente. Parecía ese tipo de persona.

   En cuanto a Megan… La chica, con una sonrisa todo dientes y hoyuelos que le recordaba alarmantemente a su hermano, se le había colgado del brazo y no parecía dispuesta a soltarle ni de llegar al tema que le interesa. Parloteaba de una manera incansable sobre mil cosas; hecho que también le recuerda uno poco al castaño.

   -Fue una lástima que no pudiéramos almorzar tranquilos ayer, por culpa de Jared y su mal humor. A veces se pone imposible, créeme. Sabía que vendría, papá le citó, y el pobre se veía tan infeliz por ello, y me retrasé a propósito, para no encontrármelo. Todavía recuerdo lo de ayer. Cuando papá, Jeff y mamá se reúnen, con ese aire de directorio general, Jared suele ser increíblemente desagradable. Un poquito más que de costumbre. Imagino que como su amigo, ya lo sabes. –le sonríe sin darle tiempo a responder. Parecía no necesitar tomar aire.- Si fuera mujer, en uno de esos estallidos, uno pensaría que sufre la menstruación. Y créeme, sé de mujeres y dolores menstruales. –afirma con intensión como si el rubio, que enrojece por el tema, lo hubiera puesto en duda.- Una vez mamá me inscribió en un internado en Suiza, para algo de los modales, creo que quería que los aprendiera… -ríe divertida por algo.- Y compartí cuarto con dos chicas más, que padecían sus ciclos una después de la otra. Dios, quería escapar caminando sobre la nieve. Fue suficiente, de por vida, para curarme de esos humores. –ahora le sonríe, pestañeando.- Pero me alegra que estés aquí. Sabía que me buscarías. –¿juega otra vez?

   -Eh, sí, claro, para discutir lo de la fiesta. –más rojo de cara, el pecoso intenta desalentarla, haciéndola reír y colgarse más en él, apoyando la frente en su hombro.

   -Lo sé. ¡Eres tan lindo cuando te azoras!

   ¿Joder todos esos Padalecki eran así? Aprovechando el momento, intentando despegarse un tanto (aunque ella no le suelta el brazo, más bien es un momento embarazoso cuando le hala para que no se aleje), comienza a contarle la idea que tiene: buscar viejas fotos y videos de los diferentes momentos de su vida donde aparezcan este o aquella, preparando una pequeña cinta sobre “amigos par amigos”, y usarla como una invitación digital, alegando que todos son parte de su corazón y quiere celebrar con ellos su cumpleaños. Mientras habla, animándose él porque a ella le fascina la idea, siguen caminando y sonriendo, intercambiando ocurrencias. Al rubio le cuesta seguirle el paso, la joven parecía estar dispuesta a gastar el presupuesto de una pequeña nación para tal ocasión; su natural frugalidad (su pobreza extrema, dicho con todas sus letras), le obliga a intentar hacerla desistir de los excesos, que entienda que algo pequeño, discreto y de buen gusto serviría mejor como invitación que una campaña publicitaria por radio, prensa y televisión.

   Todavía hablan cuando una imagen congela al rubio, dejándole literalmente con la boca abierta. Cuatro altos pilares, que parece de templos griegos, ¿realmente serían de mármol blanco?, se elevan, sosteniendo un toldo tipo lona, blanca, que ondea un tanto sobre una larga piscina de aguas muy azules, rodeada esta por un suelo de granito gris claro. Algunas sillas largas, de jardín, ocupan los bordes, así como una alta mesita tipo pedestal, ¿también de mármol? El conjunto era extrañamente exótico, clásico y hermoso. Aunque no como…

   -Mierda, olvide que estaba aquí. –oye el gruñido chasqueado de Megan, a su lado, pero no la escucha muy bien. Ni la ve. Su boca cae más, sus ojos se abren bastante.

   Una figura, que evidentemente sube lentamente por unos escalones que se pierden en la alberca, va emergiendo a su vista. Es una mujer exóticamente oriental, como de odalisca de película, de cabello muy negro y brillante, que esta enjuaga y deja caer sobre un hombro. Su piel es pálida pero no enteramente blanca, sus ojos son negros e intensos, sus pestañas largas, unas que brillan con gotas de agua, misma que corre por su rostro ovalado. Los labios son rojizos. La figura… Bien, la mujer tiene sus curvas, cada una justo donde debería estar y de una manera increíblemente armoniosa. Un bañador enterizo, negro, sin hombros, es todo lo que lleva. Y al reparar en la pareja, se detiene. No sobresaltada, tan sólo serena. Dueña siempre de sí.

   -Hola, Nadina. –saluda Megan, con retintín, mirando divertida y exasperada a Jensen.

   -Buenos días, Megan. –la voz es armoniosa, la mirada enfoca al desconocido mientras toma una bata de baño, larga, de una silla.- ¿Y el caballero es…? –el suave reproche es inconfundible.

   -Oh, yo… lo siento. –Jensen enrojece hasta la raíz del cabello, apartando la azorada mirada.- Discúlpeme, señora, soy Jensen Ackles, empleado de Jared y… y… -le cuesta hilvanar ideas. No sólo porque la hermosa mujer le mira, con curiosidad, sino por intuir que para esta no pasó desapercibido que la recorría con la vista y le clavó los ojos en los senos; senos que parece obligada (por un extraño mirón) a cubrir con la bata.

   -Mucho gusto, señor Ackles. –es la educada respuesta.

   -Yo… lamento si interrumpí su baño, pero… pero…

   Oh, por Dios, pensó Megan, con una divertida mueca, girando los ojos. ¡Era tan injusto el poder de Nadina sobre los hombres!

   ¡Oh, por Dios!, piensa Jared, llegando tras ellos en esos momentos, nada contento del azoro y enrojecimiento del rubio… quien parecía luchar para no mirar a la mujer, sin mucho éxito.

   -No se preocupe, señor Ackles, era hora de salir. –la mujer le resta importancia, mirando sobre su hombro a un muy ceñudo Jared, cosa que la hace sonreír levemente al tiempo que alza una ceja con un gesto enigmático, uno que al pecoso le parece sencillamente arrebatador.- Fue un placer, espero volver a verle. Si me disculpa… -y se aleja. Con paso altivo de reina de cuento de Las Mil y una Noche, piensa Jensen con cierta ofuscación, volviéndose y sobresaltándose cuando encuentra la mirada muy severa del castaño. Ojos clavados en él y no en la hermosa mujer que pasa a su lado.- Jared… -saluda esta, y sigue.

   -Nadina…-responde, frío, el castaño. Molesto. Con Jensen, y más cuando este aparta los verdosos ojos de los suyos, para, por un segundo, seguir el paso de la mujer.

   -Tierra a Jensen. –las palabras de Megan, en tono de exasperada burla, sobresaltan a este, que enrojece todavía más, y que a Jared irritan en igual medida.- Creo que te entró una chica en el ojo.

   -¡No!, yo… -ahora el rubio se ve culpable, especialmente con Jared, quien oprime los labios.

   -Megan, mamá te llama. Parece urgente.

   -La veré luego, creo que…

   -La tía Claire llamó, quiere planificar tu fiesta de cumpleaños y quiere una respuesta ya.

   -¿Qué? ¿Esa vieja momia? La última fiesta que planeó fue la de los judíos en el desierto cuando adoraron al becerro de oro, y mira en lo que terminó. –se alarma, realmente, la joven, balbuceándole algo a Jensen y escapando a la carrera.

   Una vez a solas, los dos hombres se sienten cortados. Uno molesto por alguna razón que no entiende, que quiere imaginar no es por encontrar a su rubio amigo devorando con los ojos a una hermosa mujer. El otro se siente como atrapado en falsa falta, como el chico del que dicen que se asomaba bajo el vestido de la maestra.

   -¿Le mentiste, verdad? –pregunta finalmente Jensen, bajo la sombra de las lonas.

   -Mamá siempre la busca por algo. –le resta importancia, metiendo las manos en los bolsillos del traje. El silencio es realmente incómodo, y no pueden terminarlo. Jared por no saber el motivo exacto de su disgusto, Jensen por ni siquiera poder imaginárselo.

   -Esa mujer… -el rubio comienza, calla y traga, intuyendo que la cosa viene por ahí, confirmándose al verle tensar los hombros.- Es realmente hermosa.

   -No podría dar una opinión. –es frío, y baja la mirada, así como los hombros, sintiéndose cansado de repente. Disgustado. Abatido.

   -Oh, vamos, la viste. Es… es…

   -Es la mujer de Jeff, mi hermano, por lo tanto intento no fijarme tanto en ella. –le corta, haciéndole enrojecer.

   -¡Oh! Lo siento, no quise parecer grosero o atrevido. –enrojece avergonzado. Jared no le mira.

   -Imagino que eso no le afectó; Nadina está acostumbrada a que todos graviten bajo su influjo. –no puede evitar cierta reclamo en el tono, en verdad que no. Y eso que lo intentó.

   -Hey, amigo, no sabía que era tu cuñada, imagino que también me molestaría si alguien dijera o mirara de cierta manera a la esposa de mi hermano, pero no significa nada. No pretendí…

   -Oye, lo entiendo, ¿si? Es hermosa, muy hermosa, no me gusta verla mucho, por ello, y por ser mi cuñada, pero entiendo que no pudieras… -hay como una dolida acusación, un ¿por qué la mirabas así?, que no quiere admitir.

   -No, no quise… Tan sólo me tomó de sorpresa.

   -Claro. –gruñe parco y oprime los labios, sin mirarlo, sin reparar en que el rubio se le acerca.

   -Por Dios, ¿qué quieres que te diga? Es una mujer impresionante. –exclama alterado al tener que explicar una reacción de hombre, utilizando la peor expresión.- Verla de repente saliendo de las aguas fue como una visión. Era como ver a una más exótica Carmen Electra, en Baywatch, toda húmeda, con ese bañador… -calla bruscamente cuando Jared alza la barbilla, labios oprimidos, ojos centelleantes que se apartan de él. Eso le congela.- Jared… ¿qué tienes? –da otro paso al frente, boca abierta, parpadeando.- ¿Qué te pasa? –duda, sus labios se mueven sin pronunciar palabras, le costaba articular lo que pensaba.- ¿Acaso estás celoso? ¡¿Me estás celando?!

CONTINÚA…

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 22

junio 25, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 21

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -¿Me quieres a mí?

   La declaración desconcierta a Gerri y molesta al resto, comenzando por Jensen, quien nota el tonillo petulante del castaño. Estaba haciendo un punto de aquello, parecía un abogado preparándose para pelear por cada centímetro de una plaza legal en un divorcio particularmente tortuoso. Usándole, piensa el rubio, muy ceñudo.

   -Jared… -comienza Sherri, y sí una voz suave fue alguna vez inflexible, Jensen jamás había escuchado otra, pero el castaño ni la mira. No aparta los ojos de su padre.

   -Joder, eres tan caprichoso. –gruñe Jeff, arrojando una servilleta a la mesa.

   -Hijo, no necesitas a tu asistente para…

   -También es un amigo, papá, creí que había quedado claro, quiero… -inicia el castaño, la vieja tensión en el tono y la postura alcanzándole, una que Gerri conocía y que le afectaba. Antes de molestarle mucho. Para el hombre era evidente, lamentablemente, que terminarían discutiendo. La ayuda le llega, imprevistamente, de un frente insospechado.

   -¿Sabes qué… amigo? –comienza Jensen, con una sonrisa que no llega a sus ojos, eso lo sabe Jared cuando se vuelve a mirarle al sentir la mano de este caer en su hombro y sus miradas se encuentran.- Creo que comí demasiado. Es lo que suele pasar con la comida gratis. –le sonríe de manera deslumbrante a Sherri, quien frunce un poco el ceño, aunque contiene una sonrisa.- Tal vez deba dar un paseo por este hermoso jardín mientras escuchas lo que quiere decirte tu padre. ¡Y escucha! –esto último lo dice al rostro del castaño, mientras se pone de pie. Por un segundo los dos hombres entablan una lucha de voluntades, es lo que piensa, intrigado, Gerri, notando de paso que en cuanto ese chico rubio le tocó, Jared pareció relajarse.

   -Está bien. –le sonríe el castaño, con algo pícaro brillándole en los ojos, cosa que parece inquietar a Jensen, que le suelta como si le quemara y se aparta.

   -Con permiso. –el rubio sonríe a todos, alejándose un poco, saliendo del techo al no muy cálido sol de esa mañana en Nueva York.

   -Tal vez debería acompañarle. –dice Sherri, y Jared casi sufre un latigazo en el cuello al mirarla.

   -Déjalo así, mamá.

   -¡Jensen! –el grito sobresalta a todos, y las personas alrededor de la mesa, incluido Jim Beaver, ven al chico rubio detenerse, desconcertado, volviéndose a tiempo que recibe un abrazo fuerte.

   -¡Megan! –jadea este, como tomado por sorpresa, boca muy abierta (joder, viéndose hermoso, le parece a un ceñudo Jared, que nuevamente tensa los hombros, gesto que no escapa a la mirada de su madre).

   -¿Viniste a verme? Oh, Dios, estoy tan emocionada. –Megan pregunta con algo de coquetería, riendo de su evidente azoro.- Lo digo por lo de la fiesta.

   -Si, sí, yo… claro. –este balbucea, mirando hacia Jared, como preguntándole qué hago.- No sabía que estabas en la casa.

   -Desperté tarde. ¿Desayunaste con la familia? Oh, lástima que no estuve. ¿A dónde vas?

   -Pensaba bajar el desayuno con una caminata. Si vas a tomar algo… -señala la mesa intentando evadirla, el castaño lo entiende.

   -Oh, no, no, déjame mostrarte todo. –se ofrece ella, toda sonrisa, colgándosele de un brazo y llevándole lejos.- Hay un lugar junto a los azahares que es precioso, íntimo ¡y tan romántico!

   Ah, no, eso sí que no; piensa, irracionalmente, Jared, volviéndose a mirarles alejarse, disponiéndose a ir tras ellos.

   -Jared, por Dios, terminemos nuestros negocios y después ocúpate de la fiesta de cumpleaños de Megan. –gruñe, algo impaciente, Gerri, ganándose una seca mirada del joven.

   -Okay, ¿qué sucede, papá?, ¿qué es eso tan importante que tienes que citarme así? –no puede evitar sentirse irritado, y seguramente todos imaginan que era por la reunión en sí (no Sherri, no Jim Beaver), pero no. Megan junto a Jensen…

   -Es por tu suegro y el fulano negocio de la fusión hotelera. –tercia con cierta dureza, Jeff. Desconcertándole, luego enfrentando su mirada dura.

   -¿Estás cuestionando la manera en la que llevo el conjunto hotelero? ¿Tú, Jeff, tienes algo que objetar? -el desdén es evidente y este aprieta los puños.

   -Hijos… -intervine Sherri, ladeando un tanto el rostro, en dirección a Jim, quien se disculpa y con un leve gesto de mano se lleva a la doncella con él.- Intentemos ser civilizados.

   -Lo intento, pero cuesta. –Jared sabe que exuda frustración, pero no era el momento más indicado para analizar, exactamente, el por qué.- No entiendo, ¿qué ocurre? ¿Por qué Jeff…?

   -¿Estás seguros de las intensiones de Thomas Cortese, hijo? –Gerri decide tomar el toro por los cuernos.- Es tu futuro suegro, pero…

   -Es un hombre de negocios cabal y honesto. –le sabe mal hablar de la familia de Genevieve, y tampoco quiere analizarlo.- Por nuestra cuenta somos fuertes, sólidos, pero juntos lograríamos extender la cadena, especialmente en el exterior. Ya lo hemos hablado. –casi parece fastidiado.

   -¿Te comentó que pondría al frente de las negociaciones, como contra cara de Chad, a Sophia Bush, una verdadera tiburona en tratos hostiles? –pregunta el hombre, asombrándole.

   El castaño parpadea, ceñudo. ¿Sophia? La sola mención del nombre le hace mirar a Chad, ex esposo de la voluntariosa mujer, agresiva e implacable, jefa legal del grupo Cortese.

   -No, no lo sabía. –muerde las palabras, joder, ¿tramaba algo el viejo Cortese?- ¿Estás seguro?

   -Recibí una llamada, de Londres, donde estaba la señorita Bush. –informa, sin identificare a uno de sus muchos amigos.- Cerró su casa allá, viene a negociar en serio.

   -Jared, no hay problema, ya se lo dije a tu padre. Puedo encargarme de esto. –tercia rápidamente Chad, el hombre puesto al frente de las negociaciones por el grupo Padalecki.

   -Por Dios, Chad, no puedes con Sophia, cuando te dejó, tras el divorcio, te quitó hasta los perros y las joyas de tu abuela. Poco más y te quita el apellido. Y ella te odia. –sentencia Jeff, preocupado.

   -Puedo tratar con ella. –ruge el rubio.

   -¿Qué temes? –Jared les ignora, volviéndose hacia Gerri, quien parece sorprenderse por la deferencia y el tono. Esperaba impaciencia y abierta hostilidad. Pero no, Jared… escuchaba.

   -No saber de las intensiones secretas. Sé que ese hombre será tu suegro, y es un cabal hombre de negocios, pero la cadena hotelera… -se le nota la inquietud, era una parte amada de sus negocios, una de la que le dolió separarse cuando ya no pudo, físicamente, continuar al frente de todo. El castaño, ceñudo, asiente. A él tampoco le hace gracia la noticia.

   -Tranquilo, papá, me encargaré directamente de esto. –la determinación, asumir el asunto descartando a los demás, provoca que Chad estalle.

   -Puedo encargarme de Sophia… de las negociaciones. –rectifica. No baja la mirada, de hecho se molesta más, cuando Jared le mira fríamente.

   -¿Tú, tratando con tu ex? ¿Con una mujer? Vamos, Chad.

   -Puedo… -inicia rojo de furor. Jared alza una ceja.

   -¿Debo recordarte el asunto con Bryce Howard?

   -¡Jared! –el hombre parece realmente herido, y furioso al notar las miradas de todos los presentes.- Creo que… que… si me disculpan. Gracias por un maravilloso desayuno. –farfulla con manos temblorosas de furor, rojo como un ladrillo, levantándose de la mesa, muy lentamente. Esperando que Jared le detenga. Nadie dice nada y se aleja, rígido de hombros. Y no era un hombre tan grande como para no admitir para sí que siente un nudo de llanto en la garganta. ¡Jared no confiaba en él!; el problema que había comenzado por su cita con Bryce, parecía que lanzaría sombras sobre el resto de su vida profesional.

   -Lo siento, hijo. Parece que Chad…

   -Ya me ocuparé también de él, papá. –le corta este, sintiéndose desasosegado; molesto tanto por los pasos dados por Thomas sin tener la delicadeza de avisarle, como por la rabia que últimamente sentía contra su mejor amigo.

   -Primero Bryce y el disgusto con los pozos, ahora Genevieve y su familia con los hoteles. Es insólito como los asuntos de tus mujeres… -comienza Jeff, alterado, mirando duro a Jared, siendo silenciado por la mirada de este.

   -Oh, por favor, no vengas a decirme nada sobre los hoteles, no tú, ¿okay? Suerte tuvimos de no vernos involucrados en una investigación criminal después de la manera tan disparatada y tonta como dirigiste la cadena. ¿Seguro que todo está en orden con la petrolera? ¿No vamos a llegar y encontrarnos que hiciste negocios con grupos extremistas del Oriente Medio? –es duro.

   -¡Jared! –jadea Sherri, pero este no varía su ceño, ni siquiera cuando Jeff se pone de pie y se aleja, después de lanzarle una mirada a Gerri, como esperando que su padre dijera algo. Una vez a solas, la mujer bota aire.- Bien, bien, ¿no ha sido un desayuno agradable? Si me disculpan… -se aleja también, siguiendo a Jeff.

   -Hijo… -comienza Gerri, tocando el asunto con pinzas. Siente que debe llamarle la atención pero no quiere molestarle. Y menos cuando Jeff planteó el asunto como un problema con mujeres.

   -Lo sé, papá, siento haberme portado así con Jeff, pero… -con una mano se frota la cara y la sube a su cabello. Dios, ¿por qué no podía sentirse cómodo, a sus anchas, con su familia? Era tan fácil estar con Jensen… por ejemplo.

   -Entiendo, no creas que no. Amo a mi hijo, pero a veces desea abarcar cimas que no alcanza. –Jared parpadea, era una confidencia que no esperaba. ¡Hacía tanto que no hablaba de nada real con su padre!- Pero… hijo, cuida tus palabras, Nadina anda por aquí y no es bueno que a un hombre se le trate así frente a su esposa.

   -¿Nadina está aquí? –un repentino ramalazo de alarma alcanza al castaño, si conocía bien a esa hermosa y despampanante mujer…

   -Si, ya sabes cómo es, no desayuna nada más sustancioso que un te; creo que anda por la piscina… Hey, ¿qué pasa? –se asombra cuando el joven se pone de pie bruscamente, tenso, mirando hacia los jardines.

   -Yo… yo…

   Oh, no, no, señor; ¿acaso era un día de pruebas? No quería que su madre hablara con Jensen; mucho menos que este estuviera paseando por los jardines con Megan, quien le miraba como a una deliciosa tarta de chocolate; pero lo que en verdad no desea, por encima de cualquier otra cosa, es que el rubio se encontrara, de repente, con una mujer como Nadina saliendo de una piscina.

   -¡Jared, hijo! –brama Gerri al verle alejarse a toda prisa.

CONTINÚA … 23

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 21

junio 8, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 20

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Y eso no iba a permitirlo. Ha esperado mucho a que Jared estuviera listo. Jeff y Nadina parecían tener problemas de fertilidad; nunca lo han hablado, no se planteaba a la hora de la cena, pero por la mirada torturada que ambos a veces compartían, se notaba que el asunto de los hijos no era fácil para ellos. Concebirlos o aceptar que no llegaban. Ella misma tenía un hermano que jamás engendró hijos, ¿Jeff había heredado aquello? ¿O era Nadina? No lo sabe, pero si lo mucho que Jeff amaba a esa mujer, sabía que continuarían juntos así los hijos no llegaran (sus preciosos nietos). Con Megan tenía miedo de un mal paso. Aunque un nieto sería bien recibido como fuera. Sin embargo, la joven parecía tomárselo con una exasperante falta de interés. Jared, por su lado…

   Jared y Genevieve eran perfectos juntos. Sanos, jóvenes, hermosos… Los hijos de ambos serían el mayor de los tesoros para una abuela que ya quería cargarlos, mimarlos y echarlos a perder ahora que ha llegado a ese tiempo de su vida. Ha sido un largo camino desde que ella y Gerri se fugaran y vivieran prácticamente al lado de un “agotado” pozo petrolero en San Antonio, uno donde el hombre invirtió todos sus sueños y esperanzas, viéndose recompensado con un rico hallazgo. Eventualmente. Fueron tiempos duros, de lucha, ella al lado de su marido, aún cuando los hijos comenzaron a llegar, y el dinero, y la pequeña casa fue reemplazada por otra más grande y más alejada del campo, luego por otra mejor. Y otra y otra, hasta terminar en todo ese rancho con caballerías, pista para el helicóptero y las dos piscinas. Casa grande y hermosa donde, a veces, se sentía sola ahora que los muchachos habían crecido y ya no se aferraban a su falda. Cómo extrañaba eso. Por ello convenció a Gerri, quien para ese entonces ya había incursionado en otros negocios, de trasladarse a la Gran Manzana, para estar cerca de Jeff, recién casado (vino tras los hipotéticos nietos), y Megan, que prefería la gran ciudad al campo. Jared se quedó atrás, feliz de la vida al lado de los pozos. Todo estaba bien, pero los niños no llegaron del lado de su hijo mayor y Megan no daba señales de sensatez, hubo problemas con los hoteles, negocio que encantaba a Gerri, y Jared debió presentarse… sugerido por ella. Ahora tenía a sus tres hijos no muy lejos, Jared trajo a casa a Genevieve y parecieron encajar. Al presentarla y mirarla con dulzura, casi sintió ganas de llorar, casi pudo escuchar las campanas de boda y el llanto de un bebé… uno que pedía por su abuelita. Varios, a decir verdad. Esos niños ya casi estaban allí. ¿Entonces?

   Medio vuelve la mirada, Jared ríe de algo que el rubio parece haber dicho, en tono bajo y con tono censurador. Su hijo parecía divertido de burlase de alguna objeción que el otro hacía. Y sonreía completamente, los ojos de brillaban de malicia… y felicidad. Y era esa risa, esa cercanía con el otro, lo que la inquietaba. Había un algo que no podía precisar en la manera como Jared le miraba, o se miraban, porque parecían compartir un chiste, una broma, o un desacuerdo según la cara pecosa del rubio, algo que era sólo de ellos y que así les gustaba. El corazón de la mujer late con esfuerzo; no era que pensara que su Jared fuera gay, pero… No, no le agrada Jensen. Intuía que el joven podía ser un problema para el futuro que soñaba, una hermosa boda, todos comentándolo, y, eventualmente, la noticia de una barriga, el nacimiento de un nuevo Padalecki. El heredero… El primero de varios.

   Debía averiguar quién era ese chico… y alejarle de Jared.

   -¿Qué? ¿No te gustó lo que hice? Di la cara por ti. –Jared, voz baja, le pregunta al rubio, preocupándose por un segundo, más cuando este le mira, muy serio.

   -¿De verdad crees en tu mente trastornada que hubo algo que disfrutara en verte cruzar lanzas con tu madre, aunque fuera por mí? –sólo plantearlo le caliéntalas mejillas, notando lo tonto que suena. Le desconcierta, en medio de su malestar con el castaño, la mirada confusa del este.

   -No dejé que te ninguneara, ¿verdad? Yo…

   -¡Fue desagradable! –ruge entre dientes, impaciente, ¿cómo es que no lo notaba?- Para ella y para mí. Y no creo que se vaya a poner mejor cuando vea al resto de tu familia. ¿Fue la idea cuando me invitaste a venir? ¿Molestar a todos? Si lo fue, déjame decirte que… -es duro, no puede contenerse.

   -Oye, oye, no; no te expondría a esto por el “placer” de molestar a mi familia, ¿okay? Nunca te haría eso. –aclara con calor, ojos brillantes de sinceridad.- Quiero que eso te quede muy claro, Jen… me agradas. -enrojece un poco.- La verdad es que no quería venir, sé que papá debe tener algo serio que decirme, plantearme o regañarme, y te entiendo, es mi padre y tiene ese derecho, especialmente si hice algo, pero eso no quiere decir que me guste. Venir contigo… -se turba.- …Lo hacía menos malo. Por eso te invité, para escuchar tus comentarios tontos sobre mi vida. Eso me divierte. No quise retar a nadie, ni desafiar. Tan sólo quería que me acompañaras, ¿está bien? Siento lo de mamá, aunque no me sorprende, e imagino que te resultó desagradable, pero aún así… -baja la mirada.- Me alegra no haber venido solo, que estés aquí, que hallas aceptado… -lo cachetes le arden por lo que tiene que decir y por el brillo en esos hermosos ojos de gato. Se hace un silencio extraño.

   -Eres un idiota. –replica el rubio, mejillas rojas también, extrañándose de la suave ola cálida en sus entrañas. Es tanta su confusión que teme el otro la note y vuelve la mirada al frente sonriendo de manera azorada. Casi pega un bote cuando Jared vuelve a acercársele, bañándole el rostro con el aliento.

   -Pero te gusto así, admítelo, rubio pecoso. –afirma de manera retadora, jugadora y un tanto exigente. Estremeciéndole. El rubio calla, porque le parece que la mujer que camina frente a ellos, cierra las manos en puños y camina con pasos muy rígidos.

   Así salen a una terraza posterior que deja al rubio sin aliento. Aquello parecía un jardín idílico, con setos, flores, un enorme arce noruego dando sombra al sol de la mañana. El castaño lo nota, sonriendo de manera tonta, no entendiendo por qué le agrada que a Jensen le guste el lugar. La casa de su familia… fuera de Texas. Ya imagina la cara que pondrá cuando vea aquella; la idea le paraliza. ¿Llevarle?, ¿y cómo haría eso?

   -Jared llegó al fin. –la voz de Sherri, falsamente animosa, le regresa al presente.- Y vino acompañado, ¿no es maravilloso? –agrega, sin volverse, dirigiéndose a la amplia mesa bajo el pórtico, tomando asiento el medio de los hombres que se ponen de pie.

   Dios, piensa Jensen, ruborizándose intensamente cuando los ojos de las personas presentes se dirigen, y clavan, sobre él. Sentados ahora a la mesa están un hombre maduro, algo delgado de rostro, de mirar directo aunque en ese momento algo ceñudo, como de desconcierto más que de desagrado, que el rubio imagina es Gerald Padalecki. Ve a Chad Murray, quien le observa con franco disgusto, así mismo un hombre joven de rostro cuadrado y cabello muy oscuro, de mirar algo agresivo, que imagina es Jeff, el hermano de Jared. Una mujer joven y muy delgada, está encargada de servir cafés, de pie, cerca de Gerald. Y como si se tratara de una vieja representación de Los de Arriba y los de Abajo, se encuentra Jim Beaver, manos a las espaldas, sonriendo con cierta sorna.

   -Buenos días, lamento la demora. –sonríe Jared, todo dientes, dirigiéndose a la mesa, posando una mano en la baja espalda de Jensen y empujándole, costándole pues este parece paralizado.- Espero que no se hallan enfriado los frijoles o las salchichas. –bromea.

   -Eh, no… -Gerri parece desconcertado, por el rubio y las palabras de su hijo. Por motivos que Jensen descubriría luego, el hombre siempre se sentía tenso frente a Jared, era cuidadoso con él, como si caminara sobre hielo fino para no provocar una catástrofe.- ¿Y tu amigo es?

   -Es el nuevo asistente. –tercia Chad, con un poco de veneno, cruzando una mirada con Jared.

   -Y un buen amigo. –aclara este, como para herir al otro, haciendo parpadear al pecoso y tensar al resto de los presentes.- Es Jensen, papá.

   -Eh, bien, un placer, Jensen… -el hombre tiende una mano, franco y directo, y al rubio le agrada. Disculpa la extrañeza, hijo, no es común  que Jared venga acompañado a estos desayunos… -llamadas de atención de la familia, es lo que se entiende.

   -Nunca has traído a Alexis… -señala en esos momentos Jeff, ceñudo, reparando, como todos, en el brazo extendido de su hermano, que evidentemente continuaba tocando al otro en la baja espalda.- Espero que no te comportes así con las damas en la oficina o te expones a una demanda por acoso sexual. –fue lo primero que pensó y lo dijo, casi divertido, helándose nada más al escucharse a sí mismo y notar el frío brillo en los ojos del joven y su padre, que bajo los suyos.

   -Nadie querría eso, ¿verdad? –el tono del castaño es intencionado mientras separa una silla y como si no notara lo que hace, casi obliga a Jensen a caer, tomando otra, a su lado. Por alguna razón quedan muy cerca.

   -Bien, desayunemos primero, vamos con atraso esperándote, querido. –Sherri zanja el molesto momento.

   -Se me vuelve costumbre. –sonríe, irreflexivo, Jared, mirando a Jensen.- Anoche cenamos tardísimo.

   -¿Cenaron? –pregunta Chad, alzando una ceja.

   -Si, Chad, cenar, esa comida que se hace por las noches. Jensen preparó algo. –le mira algo frío. Olvidándole en seguida, ocupándose de servirse del carrito que la delgada joven acerca, aconsejándole a Jensen qué probar, casi tomando los platos para este, consistentes en mucho jamón, huevos, tostadas y algunas frituras. Había algo… íntimo en su manera de actuar, de ocuparse del rubio, como deseando procurarse que estuviera muy bien. O impresionarle. Sin reparar en las miradas que recibe.

   A Jensen, que si las nota, el rubor no se le quita, plenamente consiente que todos alrededor de la mesa parecen, en mayor o menor medida, incómodos con su presencia. Tal vez excepto la doncella, que le mira con claras ganas de preguntar algo, Jim Beaver que parecía contener a duras penas una sonrisa socarrona, y el mismísimo Gerri Padalecki, que le sigue mirando tan sólo con curiosidad. Le cuesta probar bocado al principio, pero si, tenía apetito, las hamburguesas de la noche anterior llenaban, pero por un rato. Y ya estaba avanzada la mañana. Todo sabía delicioso, aunque de haberlo preparado él… Y, Dios, esa mermelada estaba perfecta sobre aquella tarta de manzana que el castaño casi le obligó a probar. Dos porciones, después de todo ese tocino. Le parece, carrillos llenos, evitando ronronear ante el sabor, que Jared y él han comido como náufragos recién encontrados. Y la mirada de Sherri se lo indicaba de manera molesta. Baja la mirada, al plato, la tarta perdiendo todo su sabor.

   Con los cafés, se daba por finalizado, el desayuno, terminando ese forzado aire de informalidad. Jensen nota que Jared se tensa imperceptiblemente, esperando lo que viene, mirando a su padre, que se veía claramente incómodo, otra vez.

   -Jared, ¿podríamos hablar un momento en privado, si a tu amigo no le importa? –pregunta tanteando, como si temiera que el joven explotara.

   -A mí me importaría. –es la respuesta directa del joven, mirándole a los ojos.- Lo quiero aquí.

CONTINÚA … 22

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 20

mayo 16, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                          … 19

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -¿Me quieres a mí?

   -No estoy intentando molestarte, Jared, no después de lo de ayer. –Jensen responde, como no notando la agitación interna del castaño. Tal vez porque su propio desasosiego le domina. Y lo empeora todo, alzando también las manos y atrapando al castaño bajo los codos.- Pero debo decirte que te comportas como un perfecto idiota.

   -Menos mal que no quieres molestarme, imagínate si lo intentaras. O te aplicaras. No sabes cómo es tratar con mi padre… –es la réplica algo ronca, y eso que al más alto le cuesta pensar, las manos del rubio le queman a través del traje, y sin proponérselo afinca el agarre de sus dedos sobre los firmes bíceps del pecoso, estremeciéndose ante una imagen mental: él cerrando los dedos sobre esa piel dorada sin ropas estorbando, seguramente se sentiría firme pero suave. Y lucha, titánicamente, contra las ganas de frotarle con los pulgares sobre las mangas del traje.

   -¿Qué padre no reprende a sus hijos aún siendo viejos? Se supone que toda la vida se preocupan por nosotros, y parte de esa preocupación pasa por “desaprobar” lo que creen que nos dañará. –como le miraba a los ojos, unos que se empañan, Jared lo nota; así como la palidez de sus mejillas, la manera en la que traga, en seco.- Me parece que, dejando todo lo demás a un lado, tu papá siempre está de tu parte. No parece ser una voz contraria a ti, antagonista. No creo que vaya por ahí contándole a todo el mundo cuánto le has decepcionado… y engañado. Cómo te aprovechaste de su buena fe. Repitiendo a todos cómo lo arruinaste y… -se tensa, soltándose de Jared, dando un paso atrás. Había hablado más de lo que deseaba. Palidece de vergüenza.

   El castaño entiende un poco más. Al rubio, con el asunto del restaurant, no sólo amigos y conocidos le habían caído encima cuando todo fracasó. Su padre también. ¿Quién más? ¿Su madre? ¿Los hermanos? Sabe que tiene dos. Sus manos aún extrañan el tocarle, la sensación fantasma de los dedos del rubio en sus codos, le llena de añoranzas. Pero todo eso pasa al olvido al notar la tristeza y rabia en las verdes pupilas. Pesar por lo que seguramente ocurrió entre su padre y él; mortificación por haberlo dejado saber. El rubio era orgulloso… aunque se estuviera hundiendo, sintiéndose abandonado, no lo proclamaría. Debió costarle mucho llamarle esa primera vez, por una cita. Parpadea, él mismo sorprendido por la poderosa oleada protectora que lo recorre. Quiere atraparle en un fuerte abrazo, apretarle, acunarle y borrarle esa mirada. Da un paso al frente, cerrando los dedos sobre uno de sus hombros, luchando por controlarse.

   -¿Ahora quién es el bebé llorón?

   Por un segundo el rubio se ve desconcertado, moviendo sus labios sin emitir sonidos, al igual que Sherri Padalecki en las escaleras. Jared mira al pecoso y este termina echando la cabeza hacia atrás y riendo, de manera fuerte, aunque intenta sofocar el sonido con una mano. Pero ríe y ríe, dejando salir toda la presión del momento emotivo. El castaño tan sólo sonríe, de manera intensa, total, orgulloso de haberlo logrado, de ayudarle, de aliviar su pena… oprimiéndole el hombro.

   -Vaya, ¿quién ríe de manera tan… peculiar? –tan ordinaria, o vulgar.

   Es lo que Jensen comprende cuando una mujer, señorial como dama de alguna corte sureña de antes de la guerra, aparece frente a ellos. Con una sonrisa helada que no le engaña ni un poco. Aquella era la señora del balcón, la madre de Jared. Notándose de entrada que ya le detestaba. Y eso que aun no había tenido tiempo ni de saludarla. Alarmado nota la mirada de esta en la mano que Jared tiene sobre su hombro. Y se aparta.

   -Hey, ma. –saluda este, con un leve fruncir de cejas, mirando de ella a Jensen, mientras da un paso al frente besándola en una mejilla.

   -Cariño… -le corresponde, pero desaviando rápidamente la mirada hacia el rubio. De cerca le parece más guapo, joder.- Soy Sharon, Sharon Padalecki… -le tiende una mano.

   -Jensen, Jensen Ackles. –el rubio casi croa, como si hubiera olvidado de repente cómo elaborar frases. La mujer tiene un apretón firme.

   -Así que trabajas para mi hijo… -le estudia, sonriendo.- Con lo exigente que es, y algo maniático, imagino que tus títulos universitarios deben ser impresionantes. Aunque, debo señalar que es curioso que te halla traído. –por el parpadeo del rubio, agrega una aclaratoria.- No le gusta mucho venir por aquí. Por eso es extraño que lo haga con un empleado.

   Dios, qué mujer, piensa Jensen, balbuceando. ¿Sus títulos universitarios? Joder, ¿por qué dejó que Jared le convenciera de ir allí? Sabía que esto ocurriría. Nota que tiene la cara roja porque le arde bajo la escrutadora y atenta mirada de la mujer, que espera una respuesta. Se inquieta cuando Jared vuelve a su lado, muy cerca, alzando un poco los hombros.

   -Jensen no es sólo un empleado, ma; es un viejo amigo de mis tiempos estudiantiles. –aclara mirando a su madre algo ceñudo. Aunque sonríe cuando ella rueda los ojos.

   -Oh, Dios, ¿otro amigo de esa época? Me alegra ver que no usaste todo tu tiempo bebiendo licor y acostándote con cuanta chica cruzaba frente a ti.

   -Oh, no, también hice una que otra cosita. Como la yerba…

   -Se que juegas. O eso espero. Pero volviendo al tema, nunca has traído a Alexis cuando tu padre te llama, y sabes que no es para desayunar que lo hizo. Ni has traído al otro chico, tu otro asistente, aquel que… -balbucea, apenada de lo que casi dice.

   -¿El medio retrasado mental? Jamás te haría eso; sé cómo te incomoda tratar con gente especial, ma. No, no te avergüences, no es tu culpa tener un corazón frío e insensible. Alégrate, a Jensen no le pasa eso. –no puede evitar el sarcasmo, logrando que sea ella, ahora, quien alce la barbilla.

   -¡Jared! –el rubio se agita. La conversación entre madre e hijo le parecía bastante extraña, dura. Que disputaban alguna cosa sobre su presencia en esa casa. Si no estuviera allí, tal vez no se hablarían así. Mierda, ¿por qué se dejó convencer de ir?

   -Eres tan divertido, cariño. Pero el asunto es que…

   -Si,  sé que papá no me llama para saludarme, y menos estando Jeff, y eso que no sabía de Chad. Pero si papá y Jeff ya eran lo suficientemente aterradores como para que trajera ayuda y apoyo moral de mi mejor amigo del alma, imagínate con Chad presente. –termina todo pancho, sonriendo, escrutando a su madre, rodeándole los hombros al rubio con un brazo y halándole. Alarmándole dicho gesto casi tanto como el entrecerrar de los ojos de la doñita.

   -¿Tu mejor amigo del alma?

   -Prácticamente uña y mugre. Adivina cuál soy yo.

   -No, no lo somos, señora; Jared juega. Llevábamos años sin vernos. –aclara Jensen a toda carrera, soltándose del agarre. Pero ni Jared ni Sherri lo notan, no estudiándose como están.

   -¿Qué hizo Chad, para ya no merecer ese honor? –le interroga ella.

   -Algo que Jensen no habría hecho. –es la réplica criptica, pero intencionada. Y el rubio quiere chirriar los dientes. Ahora se siente usado. El castaño parecía haberle llevado para usarle como arma arrojadiza contra su gente en algún extraño juego de amor y odio. Definitivamente los ricos eran diferentes… y no de una manera agradable.

   -Ya veo, cariño- Tal vez debamos llegarnos de una vez a la terraza. Tu padre lleva rato esperando.

   -Te imaginaba allí, regentando la junta, alzando una ceja, censuradora, cada cinco minutos.

   -Subí por mis gafas de lectura. –Sherri alza unos anteojos de vieja montura de carey, evidentemente sus preferidos. Luego mira al rubio.- Vamos con él, aunque no sé cómo tomará el que… tu amigo esté aquí. Creo que quiere hablarte de algo delicado. –y Jensen debe luchar contra las ganas de rodar los ojos. O de despedirse y marcharse. O, sencillamente, escapar a la carrera.

   -Tal vez pueda esperar en el au…

   -Es mi asistente. Y mi amigo, ma. Lo quiero a mi lado. –Jared da por zanjado el asunto, silenciando también al rubio, indicándole el camino con una mano a la mujer.- Te seguimos.

   Esta duda, pero suspirando, y componiendo buena cara, echa a andar. Jensen no puede moverse, y mira con disgusto a Jared cuando este le atrapa nuevamente por el brazo, impeliéndole a caminar.

   -Jared, no creo…

   -Desayuno, gratis y abundante, piensa en eso. No sé tú, pero yo muero de hambre. –le susurra, caminando tras su madre, casi halándole.

   -¿Crees que podré tragar algo con el nudo que tu mamá puso en mi garganta? –estalla frustrado, bajito y ojos brillantes de furor.- ¿Por qué no me dijiste que fuera una mujer tan… tan…?

   -¿Tan tipo suegra? –completa, bajito también, halándole tras la mujer que les ha sacado cierta ventaja.- Te lo dije, pero no me creíste.

   -Si sabías que incomodaría con mi presencia, ¿para qué me traes? ¡Eres un hijo de perra! –y se congela porque le parece que la mujer tensa los hombros.- Dios, ¿me escucharía?

   -Tal vez. Muchos de sus poderes me son desconocidos aún a mí. –no falta cariño en el tono.

   -Eres un sujeto completamente odioso e insensible; mi presencia la incómoda, tal vez incomode a tu familia, por lo que sea que quieren hablar, y aún así insistes en imponerme. –reclama bajito, todavía aferrado por un brazo, sus hombros rozándose al caminar, sus rostros cercanos; detalles que no escapan a la mirada periférica de una cada vez más cañuda Sherri Padalecki.

   -No me gusta que me impongan agendas. Ni siquiera en las amistades.

   -Eres caprichoso y tonto. Todo ese intercambio de… lances, fue desagradable. –refuta el rubio. Se miran fijamente, rostros ladeados. La sonrisa socarrona de Jared le intranquiliza, y acelera el pulso, reconoce el rubio, cuando se tiende hacia él para compartir un secreto.

   -Dime la verdad, ¿no te agradó ni un poco que te impusiera? –pregunta casi juguetón, riendo al ver el enrojecimiento del pecoso, que rueda los ojos y mira al frente, ignorándole.- Oh, finge todo lo que quieras, rubio tonto, pero te gustó. Mamá fue desagradable, quiso hacerte sentir mal y la puse en su sitio. A mi madre… por ti. –esa frase la dice más baja aún, casi rozándole la oreja con los labios. Aspirando, sutilmente, el olor del rubio.

   -Estás enfermo. –croa este, no volviendo el rostro, si lo hace sus labios podrían…

   La mujer no sabe de qué hablan, tan sólo escucha leves susurros, pero si es consciente del… diablos, si, del coqueteo de Jared y ese sujeto. Tal vez a otra persona podría parecerle un pensamiento exagerado el de la doñita, pero no era Sherri Padalecki dada a la exageración, histeria o malas interpretaciones. Tenía olfato y ojo, podía ver los problemas a la distancia; y conocía a sus hijos. La eterna necesidad de Jeff de demostrar que como mayor era el más capaz y digno de la confianza de Gerri. Megan, siempre ilusionándose con caras bonitas de chicos que generalmente no servían para nada útil. Y Jared, voluntarioso, alegre, lleno de ganas de vivir. Le conoce, sabe que le gusta su existencia de don Juan, seducir chicas, correr autos, vivir de prisa. Le gustaba Nueva York, Madrid, París, Tokio… por ratos, pero que muy bien podría ser feliz alejándose largos tiempos de todo el mundo, a una cabaña rustica. Como cuando estaba en San Antonio con el equipo de exploración en busca de nuevos pozos, siempre bañado de petróleo y oloroso a kerosén.

   Le gustaban las mujeres, mucho, reconoce algo mortificada, pero nunca se ató lo suficiente a ninguna como para sentar cabeza. Tener familia. Y tanto él como Jeff ya habían pasado de los treinta, y ella aún no tenía nietos a quienes malcriar, cargar, acunar, besar. Quería los hijos que Jared y Genevieve podrían engendrar, bebés grandes, hermosos, saludables. Pero algo en el rostro de su muchacho, en sus ojos al mirarle, le gritaba que ese chico, Jensen, amenazaba esos sueños.

CONTINÚA … 21

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 27

mayo 14, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 26

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

……

   Así que no fue extraño que le aguardara esa tarde, ni que le recibiera con un beso, que respondiera cuando el otro, en su serio traje, le estrechara contra su cuerpo, bebiendo de su boca como un sediento. Las manos de Nicholas, recorriéndole, metiéndose bajo su franela, le excitó, y sonriendo contraatacó, ocultando el rostro en su cuello, olisqueándole con fuerza, sonriendo al notarle temblar, para luego lamer y medio morder, lengua que hizo delirar al abogado. Cayeron en la cama aún antes de cenar. Más tarde, todavía mareados por la experiencia, se sentaron a la mesa, aunque ninguno de los dos recordara cabalmente que devoraron, sólo que era carne, mucha. Y volvieron a hacerlo. Nicholas parecía no cansarse de tocarle, besarle, lamerle, ni él de montarse sobre su verga, literalmente, subiendo y bajando su culo con fuerza y ganas, hasta ordeñarla, momento cuando ambos se corría ruidosamente, para caer uno en brazos del otro y dormir por ratos, envueltos en el olor a esperma. Parecía… una luna de miel.

   La vida parecía idílica… hasta que Nick mostró ciertas costuras. Una de ellas eran aquellas llamadas que mantenía como en secreto (con Leslie, su prometida), aunque las atribuía al trabajo, alejándose para responder, fuera del alcance del oído del cazador, alegando que no era cosa de comentar sobre los asuntos de la fiscalía, o que le contara a los colegas del amante secreto. Dean, le creyó, no le interesaban esos menesteres. Pero luego el asunto tomó otro cariz, revisando la prensa le pareció encontrar un caso de fantasmas, saliendo para investigar. Se sentía mejor y fue grato cazar, pero al llegar le encontró frenético, caminando de un lado a otro, gritándole porque había dejado el teléfono, que qué hacía cazando. Eso le sorprendió, y una llama de rebeldía ardió en su pecho.

   -Es lo que hago, Nick, es lo que soy. Lo sabes. –fue la seca respuesta. Y notó que el otro se congelaba, no contento pero controlándose a duras penas.

   -Sí, pero… Joder, llegué y no estabas, y no pude comunicarme contigo. Y pensé… Imaginé mil escenarios. Tú, caído al pie de las escaleras de un sótano, sin poder levantarte, sangrando. Tu boca llenándose de sangre y… -jadeó, retrocediendo, apoyando el trasero del respaldo del mueble, mostrando tal horror ante la idea que Dean se sintió culpable. Y si, la preocupación había sido real, y odió ese sentimiento, pero también le manipulaba.

   -Lo siento. –rodó los ojos, sintiéndose un cabrón.- Te avisaré cuando vaya a salir. –concedió, notando que eso no le hacía totalmente feliz.- ¡Debo cazar! Alguien debe detener a los monstruos. –se defendió argumentando, notando que el otro seguía tenso, pero asintiendo.

   -Lo sé, lo entiendo, racionalmente lo hago, pero… Lo que haces es tan peligroso, me mata imaginar… Pero es importante. –le miró con adoración.- Eres un maldito héroe. –fue a su encuentro, ligero, sabiendo que llegarían los besos.- Un maldito héroe pecoso y sexy. –le abrazó y se besaron, Dean respondiéndole, olvidando sus reclamos.

   Pero, desde ese momento comenzó a reportarse… Cosa que al otro hizo feliz, prometiéndose que luego le llevaría a dejar la cacería. Le ofrecería algo mucho mejor, algo por lo cual vivir y a lo cual aferrarse, lejos de los cazadores, la familia disfuncional y su necesidad de revalidar su vida mediante un asunto tan peligroso. Nick le quería bien, y feliz, para él.

   Y, tal vez, pudo haber triunfado, pero no jugó bien una carta, una sola, que terminó cayendo de su manga. No fue por falta de maniobras.

   Nick intentó de todo por retener a Dean, satisfaciendo todos sus caprichos, muchos de ellos extremadamente simples, como trabajar en motores de autos clásicos que representaban para este un desafío, y conocía dónde los había, dejándole allí, perdiéndose el cazador en el reto; tomar cervezas, comer pizzas o hamburguesas, era fácil. Y el sexo. Era una locura todo lo que podían hacer en casi cualquier lugar. Había una necesidad física básica en Dean en esos momentos, de ser tocado, lamido, mordido, a veces tratado con rudeza, como descubrió una tarde cuando, estando ambos en bóxer, sobre la cama, discutían por el control remoto del equipo de video y Dean cayó sobre él, intentando arrebatárselo, ofreciéndole la visión de su magnífico trasero redondo bajo la suave tela del bóxer (uno suyo, parecía reacio a los regalos de tipo más directos), y le dio un manotón, sintiéndose increíblemente caliente, especialmente cuando el rubio soltó un jadeo, meneándose sobre su regazo, mientras una brillante luz de sus ojos le cegó y la sonrisa era mórbidamente erótica.

   -Eres un chico malo, Dean. –se dejó llevar, azotándole suavemente otra vez, con la mano abierta, encontrándolo increíblemente erótico.

   -Si, lo soy… Hummm… -le respondió este, con cachondez. Y la mano subió y bajó, suave pero firme sobre esas turgentes nalgas, mientras Dean, muy enrojecido, se refregaba de él, riendo.

   Esos detalles de la vida juntos en ese apartamento, eran buenos. Gratos. Otros no tanto. Como discutir porque quería salir a cazar, también como una necesidad, víctima de un exceso de energías que ni el sexo agotaba. Eso les enfrentaba aún. También el que llamara o buscara a cualquiera de su pasado, gente que parecía especialmente desabrida afectivamente. Siempre querían algo, que hiciera esto o aquello ya que estaba en la zona. Nada más. Pero eso era bueno, a la larga; cuando una de esas charlas terminaba, generalmente el joven preguntando por el paradero de su padre, volvía a él, a sus brazos, inconscientemente buscando calor y consuelo. Y él se lo ofrecía, con abrazos fuertes, sin mimos o palabras, que terminaban cuando se miraban, ojos oscuros de lujuria y se besaban para reiniciar el sexo.

   Nicholas Stanton vivía en el cielo, con ocasionales caídas en el infierno. Verle, o saberle de cacería a pesar de las disputas, siempre agregaba un elemento desagradable. ¿Y cuándo coqueteaba? Para el abogado era sencillamente una tortura china cuando salían a comer algo, o tomar en una tasca para dejar por un rato el apartamento, cuando le miraba guiñarle el ojo a una camarera, o seguir con los ojos el trasero de alguna fulana, y ocasionalmente algún chico, quien se veía todo rojo y emocionado. Para ser totalmente honestos, parecía que Dean no debía hacer mucho como no fuera llegar a un lugar, dejarse ver, o sonreír, o alzando una ceja para que todos alrededor desearan lanzarle los tejos. Y estaba esa pasión, esa persona que fue tan importante en su vida, cuyo abandono le destrozó. El rubio nunca hablaba de esa persona, a la cual el abogado odiaba intensamente, no tanto porque le lastimara, que algo de eso había, sino porque era obvio que el pecoso no le había olvidado. No del todo, al menos. O todavía. El tal Sam.

   Lo sabía ilógico, pero deseaba absorber y ocupar cada segundo de la vida de ese joven hermoso, sensual y voluntarioso, pero este no se lo permitía. No completamente. Dean se dejaba querer, o le buscaba cuando le necesitaba, y no podía negarse a nada de ello. El rubio era capaz, estando solos, mientras preparaba dos bebidas, únicamente en bóxer, llegar a sus espaldas y saltar a ellas, rodeándole el cuello con los brazos, las caderas con sus piernas, riendo como un chico. Y su peso, el calor, su cuerpo, saberle también sólo en bóxer, era suficiente para que las bebidas se olvidaran y cayeran en la zona plana más cercanas, porque tenía que besarle, acariciarle, saberle bajo su cuerpo, estremeciéndose. Y, luego de tan maravillosos momentos, desaparecía una tarde, un día, o dos. Y las discusiones eran grandes, aunque el cazador bajaba la mirada y parecía apenado por haberle preocupado, prometiéndole, siempre, que tendría cuidado, que le llamará. Que siempre regresaría. Nicholas no era tonto, sabía que enfrentaba una voluntad demasiado dejada a sus maneras, cambiarle le llevaría tiempo, pero contaba con los recursos y los días. Porque, para ese entonces, cada segundo libre de su trabajo y de la apretada agenda social dictada por sus planes futuros, los quemaba con el rubio, a veces tan sólo sentados viendo un juego de beisbol, sus piernas enlazadas, haciendo ambos todo tipo de comentarios estrafalarios para molestarse.

   Claro que, aunque juraba que balanceaba muy bien su agenda, todos notaron cierto cambio, sus ausencias, las horas perdidas sabía Dios en dónde. O con quién. Comenzando en la oficina, donde parecía extrañamente impaciente cuando algo le retenía después de horas.

   -Hace días que no te veo. –le comentó en una ocasión Rebecca, con un brillo irónico en sus ojos.

   -¿Ocurre algo, cariño?, habíamos quedado en que pasarías por mí para ir juntos a la cena con los Setton. –le telefoneó una tarde Leslie, cuando estaba en el apartamento con Dean, en bóxer, disponiéndose a ver un juego y devorar una obscena cantidad de palomitas de maíz.

   -Yo… Yo… ¿Era hoy? No sé si… -Dios, no, no quería salir. Y temía que Dean le mirara en esos momentos y preguntara algo. Le molestaba el que…

   -Es hoy. Y es importante. Nos vemos allá. –fue la réplica de Leslie, esa vez, cortando la llamada.

   Maldiciendo interiormente debió despedirse del rubio, quien le miró con un puchero inmenso, aunque luego no lo reconocería como tal. A Nicholas le costó mucho, mucho, dejarle. Fue cuando entendió que el pecoso cazador se le había convertido en algo mucho más importante de lo que había imaginado que llegaría a ser. O le permitiría llegar. En ese entonces sintió que prefería quedarse allí, en ese apartamento, los dos en el sofá, con el gran bol de palomitas de maíz, mirando el juego uno prácticamente sobre el otro, a asistir a esa cita que era, en verdad, un asunto de negocios, un ladrillo más en su camino a dirigir la fiscalía de Boston. Si, le costó irse, habría preferido quedarse y ser… feliz en ese momento con Dean; pero lo hizo. A tratar con Leslie y los Setton, que podían apoyarle en una campaña. Escogió y no supo valorar en toda su extensión lo que ya tenía en ese entonces, y que dejaba atrás en aras de algo que esperaba fuera mejor. Aunque la cosa, mientras salía, fue aún peor que todo eso, por un segundo infinitesimal consideró la prudencia de acabar la relación con el rubio, al menos hasta después de la boda y la elección del fiscal. Sin embargo, la sola idea le provocó tal angustia y desazón, un dolor tan nuevo en su vida satisfecha de hombre que siempre ha tenido lo que desea que no pudo tolerarlo.

   No, Leslie y Dean continuarían en su vida, los necesitaba, o quería, a ambos en su vida, era la única manera. Como muchos hombres antes que él, en la misma posición, creyó poder asar dos conejos a la vez. Y, como suele ocurrir, uno se le quemaría…

CONTINÚA … 28

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 19

mayo 3, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 18

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Oh, Dios, piensa un mortalmente rojo de cara Jensen, deseando con toda su alma que la señora no haya escuchado nada de lo que hablaban. Inquieto, y muy ceñudo, repara en la sonrisa alegremente indiferente de Jared, quien no parecía notar los profundos cañones que se habían formado en la frente de su madre, mientras le evaluaba. Bien sabe que no pasa el examen.

   -Tenemos hambre, ma. Larga historia. –continúa diciendo el castaño, todo sonreído, y ese mismo aire despreocupado sigue alterando a la mujer.

   -Entren, pues. –ojos clavados en Jensen, los cañones aún más profundos.

   -Jared, no creo que esta sea una buena idea. Tal vez debería irme y… -sisea Jensen en voz baja, frenética, pero el castaño le atrapa por un codo y le hala hacia la puerta que se abre.

   -Deja de hacerte el difícil, anoche no lo eras tanto. –es la típica burla entre amigos, pero con lo del beso… Se produce un leve rubor en ambos, aunque Jensen traga y Jared sonríe.

   Por ello no reparan, en un principio, en el hombre maduro, no muy alto, de ralo cabello rojizo y barba bien cuidada que les observa en la entrada, un sujeto bien trajeado. El hombre, que escucha el comentario y observa los rubores, frunce el ceño y observa de uno al otro. Nota que estos siguen mirándose entre ellos… como atrapados en un momento. Con toda intensión lleva una mano a su rostro y carraspea, sobresaltándoles. Divirtiéndose mucho con ello.

   -Señorito Jared, qué placer. –dice el hombre, sonriendo contenido y algo socarrón.

   -Jim, viejo desagradable, ¿aún te tienen abriendo la puerta? Dios, llevas como cien años trabajando para mis padres y todavía te obligan a estas cosas. –comenta, pero sin calor, sin maldad, era como un saludo. Se vuelve hacia Jensen.- Te presento a Jim Beaver, lo puedas creer o no, el mayordomo de la casa, ¿no es algo horrible? El cargo. Y el hombre. Hummm, un claro ejemplo de que si uno no se preocupa por aprender un oficio decente…

   -Ja, ja, ja… -este finge una risa nada sincera.- El señorito siempre tan ocurrente, el sol de toda vida. -y rueda los ojos dando a entender que le considera un imbécil.

   Por un segundo, Jensen se siente atrapado en la irrealidad, mirando del hombre a Jared.

   -¿Un mayordomo, Padalecki?, ¿en serio?

   -Oh, vamos, no comiences de nuevo. –Jared, rojo de cachetes, suspira exasperado.- Termina de entrar y vamos con la jauría. Siento la casa algo tensa, seguro ya te olfatearon y están deseosos de clavarte los dientes. –se burla, sonriéndole, con algo extraño brillando en sus pupilas cuando el pecoso parece inquietarse, los hombros tensándose.- Hey, tranquilo, estoy jugando; todos ellos te amaran, como… todo el mundo. –se atraganta un poco al final.

   Okay, ¿qué es esto?, se pregunta el hombre mayor; su rostro debería ser imperturbable, pero no era inglés y un fruncir de cejas de diversión e intriga se dibuja claramente en su cara.

   -Joder, este viaje para aprovechar un buen desayuno gratis se está volviendo cada vez más incómodo. –Jensen farfulla, tomando aire y sacando pecho, pasando a un lado de Jim, deteniéndose nada más cruzar la entrada y enfocar el salón. Parpadeando varias veces. Sí, hay una gran escalera que sube, algo realmente artístico, pero…

   Cuando Jared va a seguirle, Jim se tiene un poco, demostrándose la confianza que se tienen.

   -Ay, Jared, ¿en qué te estás metiendo? Nunca te ha ido bien con rubias cabecitas…

   -¿De qué diablos…? -se ahoga, enrojeciendo, pero sin terminar la frase.- Contén tu lengua, viejo. –finge amenazar aunque sonríe exasperado, entrando, extrañándose y estremeciéndose un tanto por la idea que le ahora: qué bien se veía Jensen en esa enorme y espaciosa sala llena de cosas buenas. Dios, ¿qué le pasaba? No se le escapa la mirada confusa del rubio al recorrer el salón.

   Sí, hay buenos cuadros, alfombras, lámparas de lágrimas, muebles de un estilo clásico, sólidos, resistentes aunque elegantes de una manera que dan la impresión de fragilidad, de sutileza; reunidos en conjuntos o juegos que armonizan… Pero también extrañas cortinas atadas en lazos, esquineros con adornos de cerámicas o cristal que parecían cosas hechas por niños, o recuerdos de bautizos o matrimonios, igualmente un piano grande que desentona con el cuadro general, lo mismo que los dos butacón que lo rodean. A él se dirige Jensen…

   -Mamá siempre quiso que aprendiéramos a tocar el piano, al menos uno de nosotros; le gusta, aunque ella misma no sea muy talentosa. –informa Jared, algo avergonzado, acercándosele, casi entrando en su espacio personal, sabiendo que el rubio mira los cuadros sobre el mismo, los alegres y jóvenes rostros de los Padalecki.- Megan lo hace decentemente. –continúa, reparando en cierta sonrisita burlona y ¿enternecida?, del pecoso al enfocar un retrato suyo, donde se ve muy delgado y el cabello enmarañado, con su uniforme de futbol, celebrando un triunfo escolar. Mierda, ¿por qué estaba tan consciente de lo que hace el pecoso ojisverdes?

   Y tan ensimismado en ello está, efectivamente, que no repara en su madre bajando las impresionantes escaleras de la casona, deteniéndose al mirarles. Tan cerca uno del otro.

   -¿Mirando algo que te guste? –Jared no puede contenerse, aunque enrojece más. Riendo, Jensen aparta la mirada del retrato.

   -Joder, es increíble ver que hubo un tiempo cuando tu cabello se veía peor.

   -Oh, Dios, Jensen, déjalo así, no te hagas daño; la envidia no te queda. Claro, como ya te escasea un poco arriba… -y no puede evitar sonreír esponjándose cuando el otro frunce el ceño, llevándose una mano a la cabeza.

   -Hey, no juegues con los temores de un hombre. Mira que hay calvos en mi familia. También hipertensos, y algunos cuatreros, así como republicanos. –informa y medio ríen, jugando, lanzándose puntas; parecen no poder contenerse, piensa una mortificada Sherri Padalecki. Igualmente Jim Beaver, de quien también parecen haberse olvidado.

   -¿Qué te parece la casa?

   -Es… un estilo interesante. –se sofoca un poco el rubio. Había una extraña mezcla de contrastes. Aquella podía ser la típica, aunque rica y opulenta mansión de una familia con dinero, clase y tradición, pero había detalles caseros que desentonaban un poco.

   -Son cosas de mamá. La casa familiar debe ser y sentirse como una casa familiar; ¿ves ese cenicero de cerámica, el todo chueco y de color bilioso?, lo hice en primaria, para un Día de las Madres, aunque ella nunca ha fumado. –responde el castaño, volviendo la mirada a los retratos familiares, botando aire con cansancio.- Ni te imaginas cuánto luché para que no colocara esas fotografías en la sala, pero está tan apegadas a ellas que no he tenido corazón para ir desapareciéndolas una a una, comenzando por las mías. –se detiene al captar el brillo malévolo en los ojos verdes, reparando ahora que está muy cerca del otro, sin saber a ciencia cierta por qué o cómo era que siempre terminaban aproximándose tanto. Algo que… se estremece aunque no lo deja notar, le encantaba.- ¿Qué tienes? Pareces un gato malamañoso que se comerá un canario.

   -Algo me dice que tu mamá es de las que gusta de contar anécdotas de sus hijos, de cuando eran pequeños y jugaban con la bacinica familiar.

   -¡Yo nunca jugué con mi bacinica! –brama Jared, riendo. El otro abre mucho más los ojos.

   -Oh, por Dios, estás mintiéndome como político en campaña, claro que hubo una bacinica. ¡Ah! –abre mucho los ojos.- ¿La usabas de sombrero? Por Dios, dime qué hay una fotografía de eso.

   -Ni confirmo ni niego; eso sí, mamá nunca te las mostraría… de existir. Las guardaría para una mejor ocasión, como mi boda o algo así. –deja salir con ligereza, sabiéndole mal en seguida. Se miran turbados. Algo no se sintió bien, ni cómodo, al mencionar el matrimonio. Un carraspeo masculino les hace pegar un bote casi culpable. El castaño mira a Jim, del cual se había olvidado.

   -Tal vez deberían terminar de llegar, señorito, a la terraza. Todos están esperando allí.

   -¿Todos? –se amosca.

   -Su padre, Jeff, Chad… -enumera, y Sherri, que detuvo la bajada, escucha aprovechando que no reparan en ella. Jared se ve molesto.

   -Claro. Gracias, Jim. –este sale, Jensen mira a Jared, intrigado.

   -¿Algún problema?

   -Te dije que no sería un desayuno fácil, ¿verdad? Pero no creí que fuera tan desagradable. Papá me llama y ha preparado un jurado. Dios, quisiera que me dejara en paz; parece vivir probándome, aunque una y otra vez he respondido a lo que me lanza. –bufa molesto, tono que incomoda a Sherri.- ¡¿Qué?! –brama al notar la mirada socarrona del rubio; la noticia dada por Jim había acabado con su buena disposición, y ni siquiera el adorable Jensen podía revertirlo. Un segundo… ¿adorable?

   -¿Te he contado que he seguido, de lejos y sin mucho interés, tu vida? Aunque la prensa no lo dijo con todas sus letras, entre líneas entendí que te llamó a dejar los campos petroleros en Texas cuando hubo un problema con los hoteles, para que te encargaras y lo resolvieras. Te deja libre las manos para que encares el ataque de un rival comercial al otro negocio de la familia, aunque sintiera que era responsabilidad tuya, confiando en que lo lograrás. El hombre parece dar por sentado que arreglarás cualquier situación por difícil que sea. Que encontrarás la manera de hacerlo. Dios, tanta confianza en tus habilidades, ese hombre es un monstruo. Se nota que es un desconsiderado que te cree capaz. ¡Qué malvado! –el sarcasmo chorrea, alterado a Jared.

   -Hey, no sabes de lo que hablas; aunque se entiende porque eres un rubio, un tonto. Es agotador tener que probarse una y otra vez, y papá no deja de hacerlo.

   -Pobre bebé llorón, su papi es tan malo con él; aunque siempre le llama en momentos difíciles sabiendo que le responderá a la familia. Pareciera que confía mucho en ti, en tu buen juicio. –aparta la mirada, fingiendo meditara en algo muy difícil, llevándose un dedo a un pómulo.- Si, tienes razón, bebé llorón, es un papá malo.

   -¡Deja de decirme así! –se ve mortificado, aún incómodo por la cita con la familia, y más por la gente que ya está presente, pero no puede evitar notar la veracidad en las palabras de Jensen.

   -¿Si no lo hago te pondrás a llorar aún más, bebé? –agrega condescendiente, sacando un pañuelo de su saco y fingiendo secarle los ojos.- ¿Estás muy bravo con tu papi porque confía en ti?

   -Jensen, te lo advierto, deja de fastidiar. –por un segundo, manoteando para alejar el pañuelo de su rostro, pierde el control, dividido entre el estar molesto y por captar la extensión del ridículo. Pero Jensen sigue llamándole bebé llorón e intenta “secarle las lágrimas”, riendo. Forcejean, uno exigiéndole que calle y aleja la mano, el otro con la cantaleta de “bebé llorón”.- ¡Basta! –ruge de pronto, con fuerza, atrapándole los bíceps al rubio, con manos firmes, mirándole a los ojos, compartiendo el espacio, la cercanía, casi los alientos.- Basta, Jensen… -repite ronco, sintiéndose frío y caliente de pronto, el corazón muy agitado, ¿de rabia?, no, no lo cree, reconoce bajando la mirada hacia esos labios gorditos y húmedos, recordando el beso.- Basta… o haré que te calles.

CONTINÚA … 20

Julio César.

BEBIDAS E INVASIONES SOBRENATURALES; 16×12 Y 17×12

abril 18, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   En esta serie todo regresa, tarde o temprano…

   Cuando la intro de este décimo sexto episodio se mostraba, suspiré cansinamente. Hombres lobo. Odio a estos seres, y no sólo en este programa. De las criaturas sobrenaturales que han combatido los Winchester, los vampiros son odiosos y los hombres lobo aburridos. Y lo han sido siempre, desde los tres jóvenes grabándose con cámaras (la trillada trama de un chico celoso del mejor amigo, novedoso habría sido que ella fuera la celosa, o algo así; pero es que estas tramas no dan para mucho), quedando esa chica por ahí, a Garth y su nueva familia. Sólo se salvó el capítulo de Madison, en la segunda temporada, como todos sabemos. Allí vimos que ni matando al que muerde rompe la maldición; y todo ese derroche de dolor de Sam cuando tiene que matarla. Fuera de ese, los otros no han sido tan buenos.

   Por cierto, en estos días en el trabajo (andaba sin internet en casa), veía un espacio donde un sujeto explicaba por qué debería terminar ya la serie Supernatural. Casi me ahogué en saliva y bilis. Alegaba el tipo cosas que, siendo sinceros, tiene mucho de cierto, pero ni aún así lo acepto. Bien, en ese resumen mostraban como los hermanos dudaban, al principio, en matar a un poseído, cuando ahora cortan cabezas a troche y moche sin pensar en la persona poseída; fuera de lo difícil que era lidiar con los demonios, acabar con ellos, siendo que ahora hay espadas angelicales por todas partes. Decía el analista que ya costaba emocionarse o conmoverse con los personajes. Cosa que tampoco comparto del todo, Jensen Ackles puede hacer que Dean muestre tal gama de emociones que es difícil coincidir en este punto en particular.

   Pero algo hay, en aquel episodio, cuando Sam entra pistola en mano para acabar con la chica por la cual ha sentido algo por primera vez desde la muerte de Jessica, y queda Dean solo, oyéndose el disparo, soltando este aquella lágrima, la cosa no pudo ser más intensa. Era la escena de Sam, de Jared Padalecki, pero Jensen se la comió con esa lágrima y el leve respingo al escucharse la detonación, el sufrimiento de un hombre por ese hermano al que tanto quiere y del cual ha sido su guardián toda la vida. Ahora cuesta mucho más lograr un momento como ese. Aunque los hay.

   Pero no va de esto el episodio, si, había hombres lobo, otra vez, pero, como siempre se las ingeniaron para mostrarnos algo nuevo. Otro ángulo, que incluyó a los Hombres de Letras ingleses y a Claire, personaje que amo. Y que, como con la comisario Jodi, cuando aparece sufro imaginando que esta puede ser la última vez antes de que le pase algo horrible. Para ser totalmente sinceros, no fue un gran episodio, pero sí estuvo muy por encima de lo que esperaba con esos monstruos,  tuvo sus buenos momentos. Una chica tonta hace que su hermano tenga que ir por ella y algo le mata, por eso, por su culpa, quedando ella herida. Algo que a todos los hermanos mayores nos ha tocado hacer una que otra vez, ir por una hermana cometiendo tonterías. Como al muerto le sacan el corazón, cuando la noticia llega a los cazadores, se presume que tratan con un hombre lobo. Hasta allí, nada del otro mundo, como no sea que Sam y un exaspero Dean esperan una reunión con Mick, el Hombre de Letras ingleses, y ya comienzan los choques de personalidades entre el mayor y el británico. Irán a investigar ese caso y Mick les acompañará para ver cómo trabajan para agarrar algo de experiencia, pues ahora sabe que no por muchos conocimientos teóricos o libros raros que lea le salvarán si un monstruo decidido a matarle le salta al cuello. Eso se ve en todo, desde cocinar al sexo; es buena la teoría, pero…

   Comienzan a investigar, y me reí mucho con el viaje en el impala y lo del hotel tres estrellas…

   Con Dean todo chapucero tomando caramelos de la recepción, dándose buena vida pero negándolo frente a Mick.

   Y ocurren dos cosas, encuentran a Claire, la hija de Jimmy Novak, el hombre cuyo cuerpo fue poseído por Castiel (quien siente tiene responsabilidades para con ella, me extrañó que no apareciera); y Mick, haciéndose pasar por médico revisa a la chica herida y encuentra que fue mordida, detalle que oculta a los cazadores.

   Mientras investigan el lugar de donde salió la joven antes del ataque, Mick regresa al hospital con la expresa idea de matar a la chica, el cabo suelto, pues es la filosofía de los Hombres de Letras ingleses, matar todo lo sobrenatural, sin matices como que podría ser un hombre lobo que se niega a matar humanos o un vampiro a beber sangre de personas. Para ellos todos son malos y deben morir. Cuando va a inyectar algo a la joven, esta se transforma y le ataca, hiriéndole en un hombro, pero finalmente la mata (no lo sentí tanto por ella, soy un hermano mayor, eso todavía me molestaba). Y se notó en la escena que verla morir le afectó, la carita que esta puso sobre el piso.

   ¿No fue genial cómo Dean le descubrió en seguida, mientras interrogaban a otro sospechoso? Esos instintos nunca fallan, por eso sabía que el abuelo Campbell era peligroso y Benny bueno.

   Cada uno expone su punto de vista, y me encantó que fuera Sam quien le dijera que la cooperación había terminado. Tal vez fue porque él sabía de un tratamiento ingeniado por los Hombres de Letras ingleses que tal vez podía revertir la transformación, como ocurriera en el caso de Dean cuando se volvió vampiro en la sexta temporada, pero no lo intentó con la chica prefiriendo matarla. Como sea, Claire es atacada y mordida, y no fue ciertamente una sorpresa ver quién era el atacante real. Por el tamaño se sacaba. Pero su explicación me gustó: con los suyos vivía en paz hasta que llegaron unos tipos ingleses con armas nuevas y acabaron con todos, y no quiere estar solo, necesita de una manada. Me recordó aquella película Tierra de Muertos Vivientes, cuando después de asolar la ciudad amurallada, los zombis continúan su camino, y el  jefe de estos cruza una mirada con quien lideraba a los humanos; este, respondiéndole a una amiga sobre si les disparan o no, dice que no, que también ellos, los muertos vivientes, estaban buscando un lugar en el mundo.

   Por cierto, que el hombre lobo los pateó a todos, y es Mick quien le desmaya, salvando a Dean.

   Esto plantea el dilema. Claire no quiere ser un monstruo, sería un peligro para Jodi y Alex, para cualquiera, se conoce y sabe que no tiene control. Pero los hermanos no la dejarán morir, es cuando se plantea lo de la cura, que puede ser peligrosa. Dean no quiere que lo haga, Sam cree que es su decisión y ella quiere intentarlo, o se cura o se muere. Claro que resulta, hay un respiro en el programa y llegan las despedidas. Ella sigue su camino pero llama a Jodi para contarle lo que está haciendo, no buscando universidad, sino cazando, sola, porque la mujer la tutela demasiado, pero promete cuidarse y regresar, aclarando que no quiere que Alex toque sus cosas.

   Y es curiosa la naturaleza de Claire, ese algo que la mueve, que la motiva. Tal vez sea por el asunto del ataque de los ángeles en la cuarta temporada, y luego lo de su mamá, más tarde el ataque a Jodi, pero en ella existe esa furia justificada que la empuja a la cacería, como en Krissy Chambers, la joven cazadora. Algo las obliga a la pelea, como ocurre con el mismísimo Dean. Los personajes, Krissy y Claire, son creíbles, uno puede entenderlos y hasta simpatizar con sus sentimientos. Ella necesita cazar, esperando que en algún momento pueda dejar de sentir esa urgencia y volver, eventualmente, con Jodi. Vana esperanza, tratándose de cazadores.

   Mick ha comenzado a cambiar, especialmente después de ver la cara de la chica muerta, justo como esperaba que ocurriera (bien, el programa es así, es hombre, se ve bien, tiene química con los Winchester y terminará en algún tipo de enamoramiento viril con Dean; como siempre ocurre). Cuando se despiden y cree que los otros dos no le aceptan ya, se veía deprimido, alegrándose cuando escucha que estos le darán otra oportunidad, pero sólo otra. Y eso que oculta que ya han intervenido para “cubrir” el rastro dejado por los hermanos. Fuera de toda la parafernalia de los Hombres de Letras, este personaje hasta podría servir como otro Bobby, el que sabe de toda leyenda, como Gale, en Buffy, la caza vampiros. Como, por un momento, pensé que podría ocurrir con Kevin cuando lo llevaron a la baticueva. La cosa es saber si el programa puede con otro personaje regular, especialmente un show que los va matando de manera inmisericorde (excepto cuando parecen sentimentalmente interesados en un Winchester, al único que sacaron fue a Benny). Y otro hombre, para colmo. Uno imagina el fandom, Dean con Sam (del cual no soy tan afecto), Dean con Castiel, Dean con Crowley, con Benny, con Cole, ahora Mick. Claro, no hay que olvidar a Tessa, Anna, Lisa, Abaddon y la sensacional Amara. ¿Llegará Mick a traicionar a su gente por ellos? ¿Por los cazadores? ¿Por Dean? Eso podría ser interesante, me decía todo esperanzado.

   Regresando al fulano análisis de por qué la serie ya deberían dejarla descansar, el sujeto que hacía el señalamiento alegaba que el programa se sostenía más en los personajes y el carisma de los actores, que en la línea argumental realmente, aunque admitía que hubo muy buenos momentos a lo largo de las doce temporada. Y es cierto, pero, personalmente, no creo estar listo aún para un mundo donde el programa ya no aparezca. Cuando alguien me lo dice le respondo de malas maneras: A mí me gusta, ve a ver otra cosa. Y Punto.

   Volviendo a lo de Mick y su interacción con los Winchester, saber qué ocurriría, no tuve que esperar mucho para desengañarme del asunto de los Hombres de Letras ingleses; esto estalla en el siguiente capítulo, con la fulana invasión británica, el décimo séptimo episodio.

   Okay, esta presentación, ¿qué decir?… como he sostenido muchas veces, no hay malos programas de Supernatural, tan sólo que unos no son tan buenos como otros. Y este no lo fue, pero no por las razones, en lo tocante a mí, que disgustaron a otros, como a mi hermana y mi amiga Alicia, sino por dos escenas que me fueron francamente chocantes, tanto que no pude terminar de verlas, adelantando el video. No pude, físicamente no pude, era como estar al lado de un muchacho que pasara los dedos sobre un globo, produciendo ese chirrido escalofriante que eriza hasta el esmalte de los dientes.

   Fueron, precisamente, esos dos puntos lo que menos me gustó: Mary con Ketch (guácala), y Crowley con Lucifer, en esa relación sadomaso que no aporta absolutamente nada. Es tiempo perdido, y peor, contraproducente. El programa ha tenido, en otros momentos, escenas graciosas, ligeras, aún de venganza como era este caso, pero esto resultó más bien grotesco. Ver a Mark Pellegrino lamiendo algo del piso, o con esa falsa humildad frente a los demonios, reconociendo a Crowley como Rey, fue… Bien, no hay palabras.

   El caso en sí era un caso de nada, hubo una introducción sumamente extraña y un enfrentamiento con Dagon que aportaron muy poco, aunque no fueron malas. Eso sí, sirvieron a un propósito. Reseñar el pasado de Mick, su llegada a la baticueva embriagándose con los hermanos (y despertando en cama ajena, ¿no habría sido genial que fuera la de Dean?), siendo reconocidos por estos como un gran bebedor, con todo eso se le quiso dar profundidad, presentar como un personaje con sustancia, que pensáramos que podía ser importante… No imaginé lo que le harían aquí mismo. Dos cosas destacan evidentemente, que el programa se hace algo lento, novelado, y que le metieron de frente a la trama de Buffy con el grupo paramilitar que cazaba monstruos; allá había una vieja científico que jugaba a ser Dios, ahora aquí aparece una seca, desagradable y perfecta villana que representa el poder dentro de los Hombres de Letras ingleses, la doctora Hess. Y, cosa extraña, me agradó, aunque no estuvo libre de contradicciones.

   Lo único bueno, realmente genial del episodio, fue la reaparición de Eileen, la cazadora sordomuda que interactuó con los hermanos la temporada pasada, cuando la banshee mataba gente en aquella casa de retiro. Desde ese momento, ya se notaba que había algo entre ella y Sam, una buena química (a diferencia de la que el menor tuvo con aquella mujer, Amelia), que en este episodio se desborda, quedando muy bien. Provocaba sonrisas. Tanto fue así que la chica es cariñosa hasta con Dean, y este le responde, más aún, sin hacerle comentarios sarcásticos a Sam por el evidente interés de este. Las escenas donde el castaño la conforta después de que accidentalmente ella matara a un no monstruo, fue buena. Ya le salía al más alto un romance en serio.

   Pero entremos en el episodio donde no pasó nada relevante pero si significativo en el corto plazo. En un sueño dos chicos de un feo colegio inglés, llevados por una tutora carona y avinagrada, la doctora Hess, deben luchar a muerte entre ellos para ver cuál de los dos ocupará un lugar dentro de una santa y noble institución que garantiza la paz de la gente común. Y lo que en Batman, el caballero de la noche, quedó bien, cuando el Guasón hace “audiciones” para tomar un ayudante dentro de la gente de un líder mafioso al que mató, aquí no resultó. Aunque se entiende que Mick obedeciera, y que se acostumbrara a hacerlo, fuera cual fuera la orden. Es perfectamente lógico que un chico huérfano, falto de todo, especialmente de una figura de fuerza que parezca paterna, o materna en este caso, que se ocupa de él, termine sintiendo que le debe todo (todo lavado de cerebro, todo idiota que cae en una secta, subordinando su personalidad a la de otros, responde a este principio); y sin embargo había algo de irreal en todo ese cuento. Una gente que vive para una misión sagrada, ¿obligando a niños a pelear a muerte? Esa aberración ya convertía a ese instituto, a la fulana doctora Hess y a los Hombres de Letras ingleses en monstruos, en parte de lo que un cazador debe combatir. Pero aún más, ¿esa desviación era únicamente de la rama inglesa o todos respondían a los mismos postulados? ¿Era lo que Henry Winchester quería para su hijo, un fanatismo homicida? ¿Debía llevar John, más tarde, a Sam y Dean a esto? ¿Ese era el legado?

   En una escena totalmente carente de sentido, como que no fuera para que los hermanos dijeran no saber nada de Mary ni de Castiel o de la mujer que lleva en sus entrañas al hijo de Lucifer, Mick, aún bajo el peso del sueño y la culpa, va con ellos llevando licor. Fue tan graciosa su cara cuando entiende que los hermanos ya sabían del nephilim pero que no le habían contado. Más tarde, ebrio este sueña en cómo mató al amigo y Dean, con resaca, admira lo mucho que el otro bebe. En este punto debí entender que lo posicionaban, que lo convertían en alguien para luego matarle, y que los fanáticos lo sintiéramos un poco. Jo, Bobby, Ellen, Rufus, aún Ruby, Megan y Kevin, todos ellos ganaron un espacio dentro del programa, y con los fans, dado buenos argumentos y tramas, lamentablemente eso ha fallado con estos Hombres de Letras ingleses, que han calado menos que aquellas facciones de ángeles peleando después de la caída. A Mick lo ha llamado, desde Inglaterra, la doctora Hess exigiéndole que doblegue a los cazadores o que acabe con ellos, comenzando por los Winchester, y para asegurarse de que cumpla envía a un sujeto que de lejos se ve antipático e idiota (aparece con una taza de té en el mano, ¿de dónde la sacó?).

   La mujer que lleva en sí al hijo de Lucifer anda preocupada por unos dolores y le exige a Dagon ver a un médico, esta lo controla todo, y más tarde mata al profesional para no dejar rastros; pero sabiendo de la visita, los hermanos le tienden una trampa, llamándola para hablar de unos resultados médicos. Para encararla van Sam, Dean, Eileen, Mick y el enviado de la doctora Hess, ese sujeto detestable. Los hermanos quieren detener el fruto de esa gestación, pero no lastimarla; ella (y me pareció francamente absurda), aboga por la vida de ese niño. Tanto disparate finalmente obliga a los Hombres de Letras ingleses a intervenir.

   Llega Dagon, los patea a todos, y Eileen le dispara, pero esta desaparece y la joven mata al recién llegado del viejo continente. Mick le apunta, la ley y la tradición dictan que quien mate a un hombre de letras, así sea accidentalmente, debe morir. Sigue otra charla moralista, de lo correcto contra las reglas, que fue algo cansona.

   Eileen sale mal, sintiéndose una asesina, por suerte allí está Sam, para ella. Hay una tácita promesa, en el programa, de nuevos encuentros.

   Y Mick enfrenta a Ketch y a la doctora Hess, que ha venido a ponerle reparo a la situación y le reprocha no haber acabado con la asesina del Hombre de Letras y dejar escapar a la madre del hijo de Lucifer. Aquí Mick tiene su epifanía, se revela, repite aquello de lo que está bien… Y lo decía dándole la espalda Ketch, que le mata. Fue tan idiota, tan absurdo, que le diera la espalda a ese sociópata como el que le asesinaran; era un personaje que prometía al menos buenos momentos para el fandom, ya imaginaba escenas donde Castiel, todo ceñudo, le veía al lado de Dean. Y todo fue desperdiciado. La mujer le ordena a Ketch acabar con todos los cazadores, Winchester y Eileen incluidos, y este asiente.

   Pero ya antes había pasado esa escena floja, aburrida, de él coqueteando con Mary (y la piel se me erizó cuando la alababa y brindaba una copa), para terminar en la cama, donde ella le dice que no debe tomarlo como algo más. Fuera de que la escena era chocante (la mamá de los Winchester con ese tipo), este pareció como afectado de que ella no deseara algo más serio, sólo un polvo. Y aquí no critico que Mary se acostara con un sujeto, el sexo es bueno y grato, siempre, y si uno tiene la posibilidad de conseguirlo, perfecto, y luego se sigue con una sonrisa. Para la mentalidad anglosajona, una mujer puede sentir deseo sexual sin que medien otros aspectos; una piquiña que puede rascarse y seguir como si tal (es un poco más difícil de aceptar en los países donde el machismo es cultura y las mismas mujeres ponen peros a la sexualidad); no fue eso lo que me incomodó, que ella tuviera ganas, había un tiempo en su agenda, el tipo estaba ahí, la cama también, y lo hizo; no, es que fue con ese sujeto detestable que me resulta desagradable como personaje y como actor.

   Y lo del Infierno no fue mucho mejor, ¿es que acaso Crowley no hace nada como rey, como no sea sostener ese tortuoso romance sadomasoquista con Lucifer? ¿Hasta cuándo? Fue idiota. Se entiende que necesita reafirmar su poder, y que enviarle a la jaula dejaría siempre dudas en la mente de sus subordinados (si Lucifer estuviera aquí, esto no pasaría), pero el tiempo en pantalla fue demasiado. Lo rescatable, Mark Pellegrino como Lucifer, aceptando ante la corte que obedece a Crowley, pero recordándoles a los demonios, ojos rojos amenazantes, quien es el verdadero jefe; por no hablar de ese extraño momento cuasi erótico con el demonio que le revisa para ver si pueden quitarle el sello que le condena a ese cuerpo y a obedecer a Crowley. Demonio tonto, ¿quién puede hacer tratos con él? Fue intenso, divertido… y extraño; así como se sintió de incómodo el demonio con su cercanía, y la sobadera, me sentí yo en mi casa. Esa fue la gran escena del programa.

   Por lo menos las cargas quedan claras, las mujer que lleva dentro al hijo de Lucifer (y no termino de aprenderme el nombre, debe ser por su manera tan absurda de actuar que me hace no apreciarla), sabe que no sobrevivirá al nacimiento del niño. Ya se acaba esa tontería, que entienda que metió la pata y puede costarle caro ser tan… Dios, es que no tengo frases para describirla. Puede ser que el mismo niño la controle y la haga portarse así asegurándose su nacimiento, porque de otra manera tanta necedad en una mujer que llegó a ser asistente, y amante, del presidente de los Estados Unidos, no se entiende. Caso que me recordó, como he señalado antes, lo que pasó con aquel suplemento mexicano, Posesión Diabólica, cuando un día nos cambiaron la señal y ya no era el Diablo quien amenazaba a la humanidad sino una organización de tipos con poderes síquicos que deseaban controlarlo todo, y el viejo jefe preña a una joven que pare, y cuando el niño nace, la mata a ella y al papá. El problema es que ya no hay un personaje superior que cause verdadero miedo, o un escalofrío, como cuando Lucifer se alza en el primer episodio de la quinta temporada y uno pensaba, impresionado, “joder, se levantó Lucifer”. Ahora Lucifer actúa como payaso. Ya no asusta.

   Lo otro a esperar será el encuentro de Ketch con los Winchester, y con Mary. ¿Cuánto les llevará saber que Mick está muerto y que han comenzado a matar cazadores? Me desagrada Ketch, igual la doctora Hess, pero también me gusta ella. Es una buena villana, espero que tenga un final digno, uno que nos satisfaga, que grite, se arrastre y suplique antes de morir, como merece; algo que estos programas no parecen entender. Recuerdo cuando en la última temporada de Prision Break (o la que creímos la última), mataban a la mamá de Michael, la vieja taimada, y sólo mostraron una pistola de donde salía un fogonazo, ¿pudo ser algo más idiota? Esperemos que con esta señora el programa se ponga creativo.

   Y que regrese Eileen, para Sam. Y Castiel… ¿para Dean?

SUPERNATURAL SIGUE TAN VIGENTE

Julio César.

NOTA: Por problemas con el internet (dicen las malas lenguas que para controlar el flujo de información por la red), es ahora que voy a ver el décimo octavo.

SÉ MI AMIGO, JEN… 18

abril 6, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 17

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -¿Me quieres a mí?

   Al cruzar la verja se abre ante los ojos del rubio una vereda que asciende hacia una vivienda impresionante, que le hace recordar viejas series televisivas, como la mansión de los Carrington en Dinastía. El terreno es plano una vez frente a la casona, rodeada de jardines y árboles frondosos que brindaban sombras aún a esas horas tempranas. Y a Jensen no le cuesta imaginarlo en invierno, el blanco manto cubriéndolo todo, incluidas las ramas sin hojas. La casa en sí es alta, y era de imaginar elegantes escaleras, de amplios ventanales con balcones. Por una de las paredes semi laterales se extendía una frondosa muy verde enredadera.

   -Cierra la boca o mojarás el tablero. –se burla Jared, a su lado, sin poder evitar sonreír con orgullo, deteniéndose frente a la entrada. Este, fingiendo disgusto, le mira.

   -Dios, esto es…. –impresionado vuelve la mirada a la casona. Sabía que el castaño tenía dinero, pero aquello… No repara en la rápida mirada que el otro le lanza, algo incómodo.

   -Es de mi familia. El orgullo de mamá. A mí no me agrada tanta… opulencia. En el fondo sigo siendo el mismo sencillo chico texano. -no le agrada el bufido de Jensen, burlándose.

   -Claro, claro… -aparta la mirada de la casona, enfocándole.- ¿Sabes?, en este momento siento que te odio un poquito más. –dice mostrando una mano donde el índice y el pulgar están separados por unos dos o tres centímetros.

   -No es cierto, sabes que me amas. –sale tan natural, tan a propósito del momento que no parecen registrarlo.- Vamos… -le dice abriendo la portezuela y dejando al auto encendido, un joven, materializándose prácticamente de la nada, todo sonreído al saludar a Jared, sube y se lo lleva. Jensen lo mira todo con una ceja alzada.

   -Tanta sencillez…

   -Hey, no es para tanto. –Jared, de repente, se siente algo tímido.- Es bueno darle trabajo a muchos, ¿no? Bernard estudia en las noches, con esto se ayuda.

   -No puede discutir con esa lógica, me ayudaste a mí, ¿no? –concuerda el rubio, volviendo los ojos a los setos cercanos a la casa, al enorme jardín de rosas de variados colores componiendo un mosaico bello.- Es tan hermoso. –reconoce inclinándose un poco, acercando el rostro a unas rosas que parecen cubiertas de gotas de cristal, el rocío que brillan al sol de la mañana. El aroma es grato y el pecoso cierra los ojos, olfateando, ensimismado. Feliz como cualquier alma sensible al encontrarse con un bonito paisaje. Y Jared le mira con la boca ligeramente abierta, sintiendo un extraño nudo en su garganta. Abrumado de repente por lo hermoso que el otro se ve en esos momentos con una media sonrisa, las mejillas algo rojas, los ojos cerrados, la leve sombra de barba sobre sus labios y en su recia mandíbula, brillante como puntos dorados.

   -A mamá le gustará escucharlo. Ella se ocupa del jardín, es su manía. Otro de sus orgullos. –explica, pareciéndole a él mismo que su voz se oye extraña.

   -Un orgullo merecido. Es todo tan… tan… -el rubio abre los ojos, sonriendo ante la variedad, el brillo, la fragancia.

   Y lo está. A medias. Desde una ventana del segundo piso, Sherri Padalecki se había asomado al escuchar un vehículo acercándose, esperando que fuera Jared. Que lo era, en efecto. Algo tarde, eso sí, pero al menos había llegado como se le pidió. Pero no solo. A la mujer le extrañó verle tan sonreído, despreocupado… tan… No ceñudo o fastidiado al visitarles, como era su costumbre, que se intrigó. Más al reparar en la camarería fácil que mostraba con ese hombre joven. Un hombre singularmente guapo, casi bonito, pensó con una chispa de extraña incertidumbre. Le gustó escucharle decir lo que dijo de su jardín, pero… ¿Quién sería? ¿Uno de sus muchísimos amigos? Tenía tantos; así como podía ser directamente brutal en sus enfoques, excesivamente franco a veces, Jared era leal, divertido, juguetón y amistoso. Con aquellos que superaban ciertas barreras con el tiempo y que terminaban siendo amigos de por vida.

   Contaba su hijo con muchas amistades, incluidas mujeres con las que había mantenido relaciones amorosas (sexuales, de una noche, sabía que muchas eran sólo eso, pero no le gustaba la connotación). Pero no, a ese chico rubio no le creía uno de esos con quien intimara en el pasado, en algún club, en un viaje al exterior o haciendo negocios. Aquel joven no era de su clase social, podía decirlo a pesar de la distancia, por el traje, los zapatos y ese algo anaranjado y vulgar que destacaba en su muñeca. Se siente mortificada de repente. No era porque apareciera con extraños sabiendo que su padre le llamaba para algo delicado. Era por la mirada que su hijo había lazando al bonito rubio cuando este se inclinó a oler sus rosas, con el debido respeto y admiración que merecían. Eso no le gustó, la mirada de Jared a ese joven. Porque le pareció, por un segundo, que Jared había quedado abrumado de emoción. Que también había reparado en lo hermoso que el joven se veía en esos momentos. Y eso era… anormal. Su hijo no solía fijarse en esas cosas, referidas a otros hombres. Lo sabía; y, sin embargo…

   -¿Sabes?, es incómodo ver a un tío grande oliendo flores. -comenta Jared, voz algo sardónica pero con un marcado tinte afectuoso, algo que él mismo nota, como Jensen… y su madre, más arriba. Más ceñuda.

   -Imagino que para ti ver este hermoso jardín nada te dice, acostumbrado como estás a encontrar belleza sólo al mascar tabaco, con tu sombrero calado hasta los ojos mientras ríes excitado viendo salir de la tierra un chorro de petróleo hasta el cielo, soñando con cuánto más rico serás… -el rubio le mira, replicándole con un tono exactamente igual, para diversión de Jared… y un ceño todavía más fruncido de Sherri Padalecki.- Pero esto es… maravilloso. Esta grama, el prado, los árboles, este jardín. ¡Leslie sería tan feliz aquí! –suelta con una sonrisa luminosa de afecto, volviendo los verdes ojos a las rosas, no captando el semblante cambiante de Jared, que parece alterarse con disgusto. Uno que no escapa a Sherri, quien ahora parece alarmada.

   Sin embargo, el castaño no tiene tiempo de decir nada, no cuando Jensen abre mucho los ojos lanzando un grito de sorpresa, y miedo, aunque este lo negaría con furia en el futuro, cosa que no impediría que Jared riera contándolo y burlándose, cuando estando todavía medio inclinado mirando las rosas, sonriendo como idiota (pensando en Leslie, remachaba una vocecita en la cabeza del más alto), dos enormes perro salieron de entre los arbustos de esta variedad casi sin espinas, y se arrojan ladrando sobre el rubio, derribándole de culo. Sorprendido, Jensen se creyó en peligro e intentó alejarles, furioso por la risa de Jared, quien a su lado prácticamente se agarraba la barriga mientras lanzaba ruidosas carcajadas, para consternación de Sherri. Su hijo parecía un chiquillo jugando con sus perros… y su amiguito. No tarda el rubio en captar que no está en peligro, cuando uno de los chuchos olisquean su cuello, dándole con el frío morro, y el otro lame su cara, cosa que le espanta y le obliga a apresarle la cabeza al animal para contenerle.

   -Joder, ¡ayúdame! –exclama airado, pero no sintiéndose especialmente molesto. Tal vez por el alivio de saber que no estaba bajo ataque.

   -Sadie, Harley… -Jared llama, palmeándose los muslos, y los perros van a él, que sigue riendo, pero ahora acaricia las cabezas de los animales. Riendo y riendo, mirando a un ceñudo Jensen que le lanza mortales y brillantes rayos verdes con los ojos al ponerse de pie.

   -Oh, qué divertido, ¿verdad?; vengo de visita y me atacan en la puerta de tu casa.

   -Sólo jugaban, ¿no te agrada saber que les caíste bien? Son buenos jueces de carácter. A Chad lo odian. –le reta todo sonrisa, cara algo roja y ojos húmedos, los perros olisqueándole con amor.

   -Claro, el aliento de perritos es taaaaan lindo. –replica, pero sin acritud.

   -¿No te agradan los perros? –finge sorpresa.- ¿Qué clase de monstruos odiaría a unos cachorritos tan lindos y amistosos como estos?

   -No es que los odie, ni siquiera a estos caballos pequeños que tienes por perros, pero creo que soy más un hombre de gatos… -informa y sonríe cuando Jared muestra una falsa cara de horror y cubre las orejas externa de los canes mientras pega las cabezas de su pecho.

   -¡No digas locuras! Oh, pequeños míos, no escuchen a este tonto; es un rubio, ¿qué se puede esperar de un rubio?

   -Idiota. –medio ríe Jensen, pañuelo en mano, limpiándose la cara.- Dios, debería estar encargándome de mi trabajo, me obligas a venir aquí para que vea tu palacete, con bastante falta de clase, debo agregar, y me atacan unos animales enorme. Sabía que terminarías siendo un dolor en mi culo. –agrega con ojos cerrados, limpiándose, congelándose y enrojeciendo de pronto. La risita de Jared le llega y sabe que el otro no lo desaprovecharía.

   -Así que has estado pensando en… -responde con una mirada maligna y una sonrisa socarrona que a leguas se nota es para afectar al otro, lográndolo… aunque no tanto como a Sherri.

   -Cállate, Jared, ¡estamos en tu casa! –jadea algo alarmado, recorriéndolo todo con la mirada.- Tienes una manera de jugar que es muy deplorable. Ahora dudo de la educación en Suiza y en los caros internados. Y vas a desayunar con tus padres, por Dios, deja de manosear a esos perros; que, por cierto, ya se ven algo incómodos. El acoso sexual siempre es feo. –intenta contraatacar.

   -Eres lindo intentando devolverme la pelota, pero fallas miserablemente; Sadie y Harley son míos desde hace tanto que saben que lo nuestro es filial. Son mis hijos. Lo de tu dolor en el culo…

   Okay, ya basta, se dice Sherri, abriendo aquella ventana, escuchándose el leve chirriar, que alerta a los hombres que alzan las miradas.

   -Jared, cariño… ¿eres tú? Me pareció escuchar tu auto. –delata su presencia para acabar con ese extraño intercambio de frases, miradas y sonrisas. De afectos que no entiende.

   Jared y Jensen intercambian una mirada, el castaño tranquilo, Jensen alarmado se incómodo, ¿habría escuchado algo la mujer?

   -¡Ma! –grita el castaño, sin dejar de mirar a Jensen.- Echa más agua en el café, ¡traje a un amigo especial! –agrega disfrutando de manera un tanto sádica del enrojecimiento de Jensen. Dios, eso le gustaba tanto.

   Ignora, que un poco más arriba. Sherri odia todo aquello. Mucho.

   -Qué bien, querido. Seguro que me agradará mucho conocerlo. –responde, también en voz alta. Nada sincera. Y Jensen, que la mira, frunce el ceño.

CONTINÚA … 19

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 11

marzo 26, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 10

De Sonia.

   ¡Ni me mires!

   -¡Es eso lo que pretendes, maldito sucio! –le acusa.- Lo quieres para ti, porque eres un alfa, él un beta. Y como eres el niño mimado del sistema, lo que quieres…

   -¡No! –es tajante, a la defensiva, y odia verse llevado a ese terreno. Se supone que no debe perder el control.- Jamás forzaría a Jensen a hacer nada contra su voluntad.

   -Sin embargo le buscas, y amenazas con detenerle porque no quiere presentarse.

   -Eso es distinto. Lo que yo quiera, o sienta, nada tiene que ver. Lo otro si, mentirle al estado es un delito; y lo es desde hace treinta años, todo el mundo lo sabe, incluidos tus padres, Jensen y tú.

   -Eres bueno para darle la vuelta a todo, ¿eh? Imagino que es parte de tu formación, perteneces a una clase privilegiada y mimada por el sistema, por lo tanto lo defiendes.

   -Okay, basta de prédicas sesenteras, eso no nos lleva a nada. La ley es la ley, y una nación rodeada de peligros, debe atenerse ella y esperar que sus ciudadanos lo entiendan y colaboren.

   -¿Entenderse con la maquinaria de…? –cruzando los brazos, Mackenzie comienza la réplica, pero calla, con brusquedad y un sobresalto, cuando Jared se tiende hacia adelante y golpea la mesa metálica con los puños. Alterado.

   -¡Jensen está mal! No cuenta con sus medicamentos, los cuales no era de los mejores, por lo que su deterioro será rápido, y seguramente muy peligroso. Puede perder la razón… o morir. –y le cuesta imaginarlo, decirlo. Planteárselo. La piel se le eriza al imaginar al rubio sin vida.

   -Mientes. –la joven se ve afectada, llena de incertidumbres aunque ella misma ha notado lo variable del humor de su hermano, sus depresiones, su… ir apagándose poco a poco.

   -Es verdad. Está en peligro y creo que lo sabes, porque le has visto decaer. –la mira a los ojos.- ¿Cómo era de niño?, ¿hermoso y feliz? ¿Mejillas color de rosas, todo saludable, corriendo tras los perros y trepando árboles? ¿Es el mismo ahora? –Mackenzie baja la mirada.

   -Nunca fue totalmente feliz –reconoce, ignorando que el rubio siempre se culpó de los sobresaltos de la familia, por su condición.- Pero era un hermano grandioso, siempre con tiempo para mí. Curioso, intrépido. Queriendo saber, conocer… Luego… -no puede hablar. ¿Jensen, morir?

   -No es su culpa. No lo es de nadie como no sea lo que somos. Él y yo. Eso que nos define como individuos nuevos. Su… química, su cerebro, necesita regularse. Él necesita nuestra ayuda, Mackenzie, ahora. –la joven alza la mirada, llena de una cólera preocupada.

   -Puede que digas la verdad, no lo sé, pero no tengo idea de dónde está mi hermano. Sin embargo, si le conozco bien, soldado, él preferiría correr hacia el sol, sabiendo que se quemará, a vivir encerrado en una jaula, siendo estudiado como un animal.

   -No es eso lo que… -comienza, gritando, perdiendo el control, deteniéndose al verla sobrecogerse, impresionada.- Él puede estar pensando eso, o puede que sea su mente ordenándole destruirse, ¿pero y tú? ¿Le dejarás morir, conscientemente? –la joven traga en seco.

   -No sé donde está. –responde bajito.

   -Pero puedes imaginarlo, suponer a dónde irá o con quién. Tal vez una manera de comunicarte. –pierde el control ante su silencio.- ¿Por qué no quieres ayudarlo? –sus miradas se encuentran.

   -No sé donde está. –repite.

   El castaño va a gritar, a zarandearla, pero se endereza, llevando las manos a su espalda.

   -Bien, será cómo quieras. –ella le mira con desafío.

   -¿Iré a prisión el resto de mi vida mientras me torturan por información? –se burla, con temor.

   -Tomaste tu decisión, ahora tomaré la mía. –es todo lo que señala el castaño, dando dos pasos atrás, la puerta abriéndose como respondiendo a una señal y dos jóvenes hombres uniformados, con cascos, entran.- Llévensela.

   -¡Maldito idiota! –ruge la joven, colérica, resentida y asustada, mientras es puesta de pie con pocas ceremonias.

……

   Camina con prisa por el pasillo, rumbo a Comunicaciones. Su paso es el mismo que tiene cuando va a la batalla. Tras él, saliendo de una puerta cualquiera, Sandy le mira y le sigue.

   -Jared, hijo de perra, ¡te están buscando! No puedes seguir ignorando al Coronel y a la doctora Douglas. Van a encerrarte. –le advierte, colérica.

   -Luego, Sandy. Ahora sé lo que tengo que hacer. Ya responderé ante esos dos.

……

   Jensen Ackles entra con pasos vacilantes en la amplia tienda de comestibles. La iluminación era algo opaca, el sitio estaba frío y poco concurrido. Es inmensa la sensación de alivio que le recorre. De poder, se echaría en una esquina o un rincón, y cerraría los ojos por un rato. La oscuridad, el aire frío le ayudarían con la jaqueca. Pero no puede. Buscando el sus bolsillos consigue algo de efectivo; como todo el mundo, sabe que no puede usar el dinero electrónico o le ubicarán en un abrir y cerrar de ojos. Igual, que tiene que evitar los scanner de retinas o los reconocedores faciales. Necesita algo en el estómago, aunque no siente hambre. Toma una bolsa enrome de papas fritas. Un café, negro y caliente le ayudaría bastante.

   Se encamina a la caja, notando sin tener que mirar que el hombre tras la barra se siente algo inquieto. Debía verse muy extraño, pálido y algo transpirado cubriéndose con la capucha del saco. Es cuando una noticia, un reporte especial, transmitido con especial volumen, se deja escucharen una vieja televisión.

   -Siguen las incógnitas sobre lo ocurrido en la universidad, cuando esta joven fue abordada por las autoridades… -y abriendo mucho los ojos, moviendo los labios sin pronunciar palabras, Jensen mira en un corto video a su hermana Mackenzie, sonriente.- …Resultando gravemente herida, temiéndose por su vida, siendo trasladada a las instituciones médicas de la base Gascón. –el rubio siente la bilis, amarga y horrible, revolver su estómago y subir a su garganta. ¡Esos malditos!- No se sabe quién es, o por qué se le abordó de esta manera, pero se teme por el desenlace.

   A Jensen le falta el aire, el televisor, la barra y el otro hombre parecen ir difuminándose mientras luces blancas parpadean frente a sus ojos.

……

   -¿Si? –pregunta el joven y acuerpado vigilante de la entrada principal, enderezando los hombres y preparándose frente al hombre rubio y pálido que viene hacia él, con el ceño fruncido y un brillo algo maniaco en los ojos, el cual caminaba con pasos determinados y parecía embargado de una rabia homicida.

   Jensen apenas lo registra, dado su trastornado estado anímico, mientras clava la mirada en las instalaciones de la base Gascón. Allí tenían a Mackenzie, herida, mal; tal vez muerta. Y estaba ese sujeto, su asesino: Jared.

CONTINÚA…

Julio César (no es mía).

SIEMPRE ENTRE CIELO E INFIERNO; 15×12

marzo 21, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   Siempre en medio del candelero…

   ¿Qué se puede decir del décimo quinto episodio de esta temporada de Supernatural?; que fue un buen episodio, que me gustó el caso, así como la chica que aparece y sus motivaciones para actuar, la relación entre los hermanos (bueno, a medias, me habría gustado ver algo más de discusiones al final), que estaban todos, incluidos Crowley y Castiel, ahora con Mark Pellegrino como protagónico, y la interacción entre los personajes. Un gran episodio… que, irónicamente, comenzó inusualmente aguado. Me refiero a la charla entre Crowley y Lucifer. Viendo las amenazas del Rey, diciendo que está varios pasos por delante, y las burlas del Caído, me pareció todo una tontería. Lucifer es demasiado peligroso, Crowley jugaba con fuego y se quemaría. Estaba convencido de eso, y esas primeras escenas me parecieron fastidiosas. Qué equivocación…

   Una joven pareja está acampando (lo que parece resultar terriblemente peligroso en los Estados Unidos, cuando no hay un wendigo esta algo como esa cosa transformada por los leviatanes, o History alertándonos de Pie Grande, o los gigantes; y ahora esto), ella se marcha a estudiar lejos, él se queda en el pueblo, pero va a proponerle matrimonio cuando algo feo los ataca. Sabíamos que era un Perro del Infierno por la intro (lástima; por cierto me agradan esos animalitos juguetones desde la primera temporada, la primera demonio de cruces de camino que conocimos; no cuando fueron por Dean, esa vez les odié); ella logra herirle con un hacha y corre. Como es típico en los buenos programas de miedo, donde la cosa mata a todos, que sólo gritan y retroceden hasta chocar con una pared, cuando no se caen, y luego una mujer hasta le patea las pelotas al malo o al monstruo. Me pareció una pena que tan bonita pareja terminara así, pero luego vemos que era algo tipo Destino Fatal 3, con la chica que le confiesa a la amiga que terminará con el novio, y luego de que esta muere, el novio le dice a esa misma amiga que iba a proponérsele y que se casarían y habrían sido felices. Esto era algo de ese tipo. Esta joven me agradó mucho, especialmente su última escena con Crowley.

   Bien, en la baticueva, el Wincests tuvo su momento con Sam reclamándole a Dean su falta de higiene, que olía a perro muerto y llevaba días sin cambiarse de calzoncillos, comentando el mayor lo perturbador que era que supiera esas cosas. Y me recordó a tanta gente, sí las mujeres supieran… o tal vez sí, pero se hacen las tontas. Han tenido mucho trabajo porque Sam se comunica con los Hombres de Letras ingleses, pero se lo oculta a Dean, diciéndole que tiene avisos de una aplicación del móvil (y si, aparentemente, hay una para cada cosa, efectivamente). Me gustó la escena cuando llegan al lugar del nuevo caso, Sam hablando con Mary, Dean con Castiel, quien investiga una muerte de ángeles (y la verdad es que su trama no fue de las mejores).

   Los hermanos intuyen que tratan con un Perro del Infierno, que seguramente el chico había hecho un pacto; al convencerse de que ella nada sabía, entendidos como están que los dichosos perros no atacan sino a quien toca, intentan convencerla de que nada la persigue, ¿para qué atormentarla más de la cuenta con el conocimiento de un mundo donde tales seres existen?; pero esta es dura y no les cree. No se han terminado de ir, corridos por ella, cuando esa cosa la ataca de nuevo. Puesto que no ha hecho un pacto, tienen a un Perro del Infierno que anda haciendo travesuras. Dean, por supuesto, llama a Crowley.

   Este les cuenta del primer Perro del Infierno, creado por Dios, como los leviatanes y el Purgatorio, y seguramente Eva, la madre de todos los monstruos (vaya que estuvo ocupado, ¿no?), que era voluntarioso y caprichoso, tanto que a Lucifer le ordenaron matarle y no lo hizo. Ahora escapó, persiguiendo a la chica por pura rabia cuando esta le hirió con el hacha. Así que se ofrece a ayudarles ya que un Perro del Infierno fuera de control es malo para el negocio. Aunque suena a excusa tonta, ya antes había hecho cosas así, como con aquel demonio que firmaba tratos y luego mataba a los clientes a los días. Esa vez también ayudó, y dejó en paz, a los hermanos.

   Dean no le cree del todo, pero sin embargo tenemos esa gran escena entre los dos, con el cazador usando esos lentes que le quedan realmente bien. Casi parecían coquetear Dean y Crowley. Y aquí hay un punto interesante, ya es difícil ver a Crowley como un villano, villano; uno puede suponer que algo feo trama, pero cuesta creerlo; sin embargo, no se puede olvidar que es el Rey del Infierno, un demonio manipulador y traicionero; después de todo esto es Supernatural, ¿no? Esperar otra cosa es ver las chicas Gilmore. Eso sí, ha cambiado mucho desde que está con los Winchester, especialmente con Dean, basta recordar lo triste que estaba cuando el pecoso terminó aquella relación en la décima temporada (el romance de verano que tenían, como decía Sam). Pero, ellos, también han cambiado, ahora recurren de manera reiterada y natural a Crowley, desde hace rato, y a Rowena, la reina bruja. Algo que en las primeras temporadas habría sido impensable. Y no puedo evitar preguntarme, ¿qué pasará entre ellos cuando los Winchester sepan que Crowley tiene a Lucifer?, ¿o cuándo los Hombres de Letras ingleses, medio  maniáticos para estas cosas, sepan de estas alianzas?

   Me gustó mucho que, tanto Dean como Sam, terminaran dándole las gracias. Ese demonio ayudó a quitarle la Marca a Dean, aunque en ello no ganaba nada; ayudó contra la Oscuridad, y el Apocalipsis, porque le convenía; también contra los leviatanes, después de haber sido rechazada su oferta de paz a Dick. Cuando le conviene, que es justo el momento cuando le conviene a los Winchester, ayuda. Y cumple, aunque intente sacar partido. Repito, olvidar que es Crowley, es una tontería, es su personaje dentro de la trama desde que apareció en la cuarta temporada. Y salvó a Castiel, en dos oportunidades que recuerde, no sacando ningún beneficio en ello (no cuando se aliaron por las almas del Purgatorio); cuando perdía su gracia, en aquella pelea que hubo tras la caída de los ángeles, y luego al ser atravesado con la lanza de San Miguel.

   Será Sam quien escuche el cuento de la joven, sobre su sentimiento de culpa… iba a terminar con el chico, y el viaje a acampar, para colmo, fue idea de ella para tener unos últimos encuentros y luego dejarle. Cuando muere, por “llevarle” allí, descubriendo el anillo de compromiso, su ratón moral debió ser grande. Fue otro de esos momentos de la serie, ella diciendo que debió haberle hablado claro, que habría dolido pero a la larga habría sido mejor (el chico no habría ido al bosque y tal vez estuviera vivo), cosa que hace pensar a Sam en lo que está haciendo, mintiéndole a Dean sobre los Hombres de de Letras ingleses para evitarse la discusión. Y, como pasó el episodio anterior, Sam será el gran guerrero, le tocará enfrentar, y matar, al Perro… aunque la batalla, para todo lo bueno que había sido el caso, y todo lo que pudo haber ocurridos (obligarlos a correr sobre el impala, por lo menos), ocurrió como demasiado rápido y con pocos nervios para nosotros los espectadores. Es que nada, Sam no cae ni le sostiene por el cuello para evitar una mordida, con la joven ayudando. Fue una escena algo fría. Y, ahora que recuerdo, también él mató al otro, cuando se disponían a cerrar las puertas del Infierno.

   Castiel investigando sobre los ángeles asesinados por Dagon, el episodio pasado, descubre una pista de la mujer que carga al hijo de Lucifer. Pero también encuentra un ángel que quiere una alianza para que les ayude a exterminar semejante simiente, y de hacerlo, será perdonado y podrá regresar al Cielo, donde, aparentemente, hay otro jefe, Joshua, y me parece recordar que era el jardinero, alguien que hablaba con Dios, y que también lo hizo con los hermanos en la quinta temporada. Pero estas tramas no son muy buenas, fuera de Zacarías, Rafael y un poquito Naomi, estos jefes angelicales se pierden en la nada. Castiel, después de avisarle a Dean sobre Dagon, no le dice que va al Cielo, veremos con que viene de allá.

   Ahora Crowley, este estuvo inmenso al final, siendo todo un demonio, como me gusta. Estaba yo muy molesto con ese idiota diciéndole a Lucifer que ahora le tenía, este prometiéndole que escaparía y se vengaría (de lo que no tenía yo ninguna duda), el Rey respondiéndole aquello de que siempre va, no dos pasos, sino treinta por delante. Todo eso sonaba a tonterías aburridas, convencidos como estamos de que pasaría, que Lucifer escaparía tarde o temprano, y casi temí que fuera en este episodio. Vemos a esos dos demonios oficinistas que buscan al Rey para escuchar reclamos, cuando Dean le llama y le avisa lo del perro, que esos dos dejaron escapar para ver qué ocultaba Crowley en la gran sala. A Lucifer. Me agradaron estos dos idiotas, uno negociando con ese encadenado Demonio mayor, el otro en plan de adoración. Casi sentí pena por este, Lucifer debió dejarle para que le sirviera. En fin, me decía: carajo, ya escapó, ¿qué tan idiota puede ser Crowley?

  Llega ese gran enfrentamiento, Lucifer golpeando primero, todo poder… y se apaga. Crowley, efectivamente, previó todo eso y el sello que le controla está dentro del cuerpo que le contiene. ¿No fue genial? Cómo me reí y emocioné. Sí, todo lo había previsto; los mil escenarios que se pondrían en marcha para que bajara la guardia y Lucifer escapara. Se dio el del Perro del Infierno, y salió a resolverlo sabiendo que a sus espaldas se fraguaba la traición. Pero la esperaba y los dejó hacer para demostrar su control. Me gustó, aunque Lucifer no mostrara más rabia e impotencia. Fuera del caso, de las escenas de Dean con él, y Dean con Sam, todavía ocurría esto. Repito, me gustó una barbaridad. Viva el Rey. Aunque, esto plantea dudas, ¿y ahora qué? Lucifer escapará, ¿cómo?, ¿qué consecuencias traerá? Por lo menos espero que. Cuando ocurra, Dean le trate como hizo con Mary el episodio pasado, ¿no sería genial Crowley llamándole y este no contestándole?

   Sam confesándole a Dean que está trabajando con los Hombres de Letras ingleses, que son quienes les han estado enviando datos de los últimos casos, fue anticlimático; lo único nuevo es que no esperó meses para contárselo. Aprendió de su mamá. No hubo una discusión, apenas unos reproches. Es obvio que el programa desea ese contubernio, por un tiempo. Me preguntó qué pasará cuando sepan de lo implacable que han sido con los cabos que han ido dejando atrás, desde la chica telequinética a la gente del servicio secreto que les apresó. Lástima que resolvieran todo así, me gusta cuando Dean se molesta con Sam, es lo que le da emoción y pone picante en el programa, y todavía me deben, a mí, esas escenas, este enviando a Sam al carajo por esto y aquello. Repito, que le escupa un poquito de lo que le dijo a Mary, o que le de ese mismo trato.

   Fuera de lo que Castiel pueda traer del Cielo, o Crowley planeando en el Infierno, o lo que estén haciendo los Hombres de Letras ingleses, lo que queda es el nacimiento del hijo de Lucifer, ¿de qué ira esta trama?

INVASIONES SOBRENATURALES; 16×12 Y 17×12

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 10

marzo 17, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 9

De Sonia.

   ¡Ni me mires!

   Atildado, peinado, el rostro lavado, viéndose aún más alto en su sobrio y casi intimidante uniforme, Jared Padalecki entra en la pequeña sala de interrogatorios, con su mesa metálica y dos sillas. No hay dudas o debilidades en su andar felino; esbelto, confiado, seguro de sí clava la vista en la rubia cabeza de cara ligeramente pecosa, que le mira desde la silla del interrogado, tragando en seco en su presencia, alzando los hombros, preparándose para encararle, aunque puede notarle el miedo. No dice nada, manos a sus espaldas, quieto, sólo observa, ceño ligeramente fruncido. No se mueve hasta verle tragar otra vez. Toca una sección de la pared aparentemente solida, gris, y una imagen parece proyectarse, apareciendo el otro rostro, sonriente, hablando con alguien en la calle. No mira el monitor, tiene los ojos clavados en la visita, quien si sigue la escena con la boca abierta.

   -Mackenzie Ackles… -dice severo.- Imagino que sabes el por qué estás aquí. Y todos los problemas que ya tienes, así como la gente a tu alrededor. –mira fugazmente hacia la pantalla.- ¿Tu prometido? –la joven se tensa y alza la barbilla.

   -La verdad es que no sé qué ocurre. Me dirigía a mis clases en la universidad cuando fui secuestrada por agentes de la maquinaria de guerra, que no me dijeron nada, no mostraron ninguna orden de captura, no dieron explicación ni había presente un representante civil de…

   -El estado tiene sus propios procedimientos cuando investiga ciertos delitos. –corta de plano el vehemente discurso de la joven, algo ceñudo, e impresionado. Estaba asustada, sabía de qué iba la acusación, que tenía pocas probabilidades de salir bien librada, pero aún así, puesta contra la pared, arremetía. La mirada desdeñosa que le lanza desde la silla, ya la esperaba.

   -El estado… procedimientos propios… ciertos delitos… El discurso del fascismo. Seguramente el mismo que usa el nazismo en Europa y el comunismo en Eurasia.

   -Jovencita… -pierde los estribos por un segundo, ¿acaso los comparabas con esos regímenes corporativos que deshumanizaban al individuo y…? Toma aire, sabiendo que ninguna de sus dudas, molestias o sorpresas se han reflejado en su rostro. Ante ella, es una máscara de calma, control.- No estamos aquí para discutir política global. Tu caso es muy concreto. –le divierte ver que se humedece los labios, ese era el punto flaco. La joven mira hacia el monitor, evitándole.

   -No sé por qué estoy aquí. Y Eliot nada tiene que ver… con lo que sea. –repite, voz átona.

   -Estás aquí porque tu familia ha ocultado, deliberadamente, a un nuevo humano del conocimiento del estado, con propósitos desconocidos. –se yergue cuan alto es.

   -Jensen no es… -se agita, enrojeciendo mortalmente, mordiéndose los labios. Jared sonríe.

   -Si, no se te dijo por qué se te detenía, ningún nombre he mencionado, pero no era necesario, tú sabes que se trata de tu hermano, Jensen, ojos verdes y grandes, pecas en la cara, largas pestañas, labios… -se contiene, más cuando esta le lanza una rápida mirada de sospecha.- Es un mejorado, y lo ocultaron, todos ustedes. Las pruebas que se te realizaron, y para las cuales estábamos en nuestro derecho, no comiences con lo del fascismo otra vez, arrojan que tú no lo eres, sin embargo, hay predisposición. Por lo tanto, tu familia es de interés. O lo sería, si no pesara la grave sospecha de que actúan en contra de Norteamérica a favor de interese foráneos.

   -¿Qué? –palidece, una acusación de traición podía terminar con prisión de por vida, en un lugar alejado y seguramente horrible. O una ejecución. Ya no se estilaban, pero…

   -¿Cómo podemos saber que no ocultaban el hecho porque servían a China, a los soviéticos o a los nazis? –sentencia. Se hace un pesado silencio, uno donde la joven cierra los ojos y toma aire por la boca, sus hombros cayendo un poco. La tenía.- No puedes alegar que no sabías de su condición, las diferencias tienden a notarse, especialmente con la edad. Pero… si colaboras conmigo, si me dices dónde puedo encontrarle, y al resto de tu familia… -en cuanto lo dice sabe que no será tan fácil. La ve tensarse, enrojecer más, oprimir las manos en pequeños puños, abriendo unos ojos que lanzan rayos mortales. Como su hermano.

   -No tengo nada más que decir. Esperaré mi proceso, y aunque sea una parodia militarista de las verdaderas leyes, no desapareceré sin gritarles lo que pienso. –botando aire, exasperado, Jared reconoce que le agrada, pero en esos momentos le estorba en el camino.

   -Necesito encontrar a tu hermano.

   -¿Le buscaron en su trabajo, su piso? –eso viene extrañándole hace rato, prácticamente desde que fue detenida, imaginando que por ahí iban los tiros.

   -Corrió en cuanto nos vio. –informa, átono, también; silenciando el dolor que eso le produjo, verle alejarse de su lado.

   -Bien, ahí tienes tu respuesta; si mi hermano no quiere verles, ni tratar con ustedes, yo no quiero que lo encuentren. Es su derecho de hombre libre y lo respeto. –le sostiene la mirada, y la frustración va ganando terreno dentro de Jared, quien se acerca a la mesa.

   -Pareces no comprender la situación en la cual se encuentran, tú, tu familia y él…

   -Oh, no, creo que si la entiendo muy bien, un estado autoritario quiere poner sus manos sobre otro humano nuevo, con habilidades, para usarle en la maquinaria de guerra. –es fría, vehemente, militante, y el castaño parpadea.- Si mi hermano no quiere formar parte de eso, voy a respetarlo.

   -Pero él no lo sabe, nunca lo supo. Todo lo que cree entender viene de tus padres. –acusa, algo molesto por primera vez. Joder, ¿sería que tampoco podría con ella? ¿Qué tenían estos Ackles?

   -Esa es tu opinión, pero me gustaría saber, señor soldado perfecto, ¿hubo, alguna vez, otra alternativa para ti que no fuera empuñar las armas? ¿La hubo para cualquiera de los nuevos humanos que conoces?

   -Por supuesto. –se exaspera- Hay científicos, empresarios, industriales…

   -Todos militares. –le frena, alzando los hombros, mortificada.- Te lo repito, si mi hermano no quiere eso para él, por mi está bien. La verdad es que no quiero que forme parte de una… granja de apareo; él es infinitamente mucho mejor que eso. –casi se siente el asco en la idea y Jared parpadea.

   -¿De qué hablas? –siente una fría cólera, más al verla echar el menudo cuerpo hacia adelante.

   -Eres un alfa, ¿verdad? Jensen es un beta, se supone que… debe responder a los requerimientos de alguien como tú. Y creo que lo sabes, porque fue a ti a quien se le escapó. -muestra los blancos dientes en una mueca.- Lo viste, rubio, pecoso, ojos grandes, y te gustó, dada esa naturaleza química que les domina y hace actuar como animales. Y si te gustó, debes tenerlo, ¿no es así? Lo quieres para ti, ¿no es verdad? ¿No es ese todo el problema? Pues no, ¡mi hermano es una persona, no una gata o una perra guardada para cuando entres en celo! –es tajante.

CONTINÚA … 11

Julio César (no es mía).

CORRERÍAS EN BOSTON… 26

marzo 16, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 25

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

……

   Así que no fue extraño que le aguardara esa tarde, ni que le recibiera con un beso, que respondiera cuando el otro, en su serio traje, le estrechara contra su cuerpo, bebiendo de su boca como un sediento. Las manos de Nicholas, recorriéndole, metiéndose bajo su franela, le excitó, y sonriendo contraatacó, ocultando el rostro en su cuello, olisqueándole con fuerza, sonriendo al notarle temblar, para luego lamer y medio morder, lengua que hizo delirar al abogado. Cayeron en la cama aún antes de cenar. Más tarde, todavía mareados por la experiencia, se sentaron a la mesa, aunque ninguno de los dos recordara cabalmente que devoraron, sólo que era carne, mucha. Y volvieron a hacerlo. Nicholas parecía no cansarse de tocarle, besarle, lamerle, ni él de montarse sobre su verga, literalmente, subiendo y bajando su culo con fuerza y ganas, hasta ordeñarla, momento cuando ambos se corría ruidosamente, para caer uno en brazos del otro y dormir por ratos, envueltos en el olor a esperma. Parecía… una luna de miel.

   La vida parecía idílica… hasta que Nick mostró ciertas costuras. Una de ellas eran aquellas llamadas que mantenía como en secreto (con Leslie, su prometida), aunque las atribuía al trabajo, alejándose para responder, fuera del alcance del oído del cazador, alegando que no era cosa de comentar sobre los asuntos de la fiscalía, o que le contara a los colegas del amante secreto. Dean, le creyó, no le interesaban esos menesteres. Pero luego el asunto tomó otro cariz, revisando la prensa le pareció encontrar un caso de fantasmas, saliendo para investigar. Se sentía mejor y fue grato cazar, pero al llegar le encontró frenético, caminando de un lado a otro, gritándole porque había dejado el teléfono, que qué hacía cazando. Eso le sorprendió, y una llama de rebeldía ardió en su pecho.

   -Es lo que hago, Nick, es lo que soy. Lo sabes. –fue la seca respuesta. Y notó que el otro se congelaba, no contento pero controlándose a duras penas.

   -Sí, pero… Joder, llegué y no estabas, y no pude comunicarme contigo. Y pensé… Imaginé mil escenarios. Tú, caído al pie de las escaleras de un sótano, sin poder levantarte, sangrando. Tu boca llenándose de sangre y… -jadeó, retrocediendo, apoyando el trasero del respaldo del mueble, mostrando tal horror ante la idea que Dean se sintió culpable. Y si, la preocupación había sido real, y odió ese sentimiento, pero también le manipulaba.

   -Lo siento. –rodó los ojos, sintiéndose un cabrón.- Te avisaré cuando vaya a salir. –concedió, notando que eso no le hacía totalmente feliz.- ¡Debo cazar! Alguien debe detener a los monstruos. –se defendió argumentando, notando que el otro seguía tenso, pero asintiendo.

   -Lo sé, lo entiendo, racionalmente lo hago, pero… Lo que haces es tan peligroso, me mata imaginar… Pero es importante. –le miró con adoración.- Eres un maldito héroe. –fue a su encuentro, ligero, sabiendo que llegarían los besos.- Un maldito héroe pecoso y sexy. –le abrazó y se besaron, Dean respondiéndole, olvidando sus reclamos.

   Pero, desde ese momento comenzó a reportarse… Cosa que al otro hizo feliz, prometiéndose que luego le llevaría a dejar la cacería. Le ofrecería algo mucho mejor, algo por lo cual vivir y a lo cual aferrarse, lejos de los cazadores, la familia disfuncional y su necesidad de revalidar su vida mediante un asunto tan peligroso. Nick le quería bien, y feliz, para él.

   Y, tal vez, pudo haber triunfado, pero no jugó bien una carta, una sola, que terminó cayendo de su manga. No fue por falta de maniobras.

   Nick intentó de todo por retener a Dean, satisfaciendo todos sus caprichos, muchos de ellos extremadamente simples, como trabajar en motores de autos clásicos que representaban para este un desafío, y conocía dónde los había, dejándole allí, perdiéndose el cazador en el reto; tomar cervezas, comer pizzas o hamburguesas, era fácil. Y el sexo. Era una locura todo lo que podían hacer en casi cualquier lugar. Había una necesidad física básica en Dean en esos momentos, de ser tocado, lamido, mordido, a veces tratado con rudeza, como descubrió una tarde cuando, estando ambos en bóxer, sobre la cama, discutían por el control remoto del equipo de video y Dean cayó sobre él, intentando arrebatárselo, ofreciéndole la visión de su magnífico trasero redondo bajo la suave tela del bóxer (uno suyo, parecía reacio a los regalos de tipo más directos), y le dio un manotón, sintiéndose increíblemente caliente, especialmente cuando el rubio soltó un jadeo, meneándose sobre su regazo, mientras una brillante luz de sus ojos le cegó y la sonrisa era mórbidamente erótica.

   -Eres un chico malo, Dean. –se dejó llevar, azotándole suavemente otra vez, con la mano abierta, encontrándolo increíblemente erótico.

   -Si, lo soy… Hummm… -le respondió este, con cachondez. Y la mano subió y bajó, suave pero firme sobre esas turgentes nalgas, mientras Dean, muy enrojecido, se refregaba de él, riendo.

   Esos detalles de la vida juntos en ese apartamento, eran buenos. Gratos. Otros no tanto. Como discutir porque quería salir a cazar, también como una necesidad, víctima de un exceso de energías que ni el sexo agotaba. Eso les enfrentaba aún. También el que llamara o buscara a cualquiera de su pasado, gente que parecía especialmente desabrida afectivamente. Siempre querían algo, que hiciera esto o aquello ya que estaba en la zona. Nada más. Pero eso era bueno, a la larga; cuando una de esas charlas terminaba, generalmente el joven preguntando por el paradero de su padre, volvía a él, a sus brazos, inconscientemente buscando calor y consuelo. Y él se lo ofrecía, con abrazos fuertes, sin mimos o palabras, que terminaban cuando se miraban, ojos oscuros de lujuria y se besaban para reiniciar el sexo.

   Nicholas Stanton vivía en el cielo, con ocasionales caídas en el infierno. Verle, o saberle de cacería a pesar de las disputas, siempre agregaba un elemento desagradable. ¿Y cuándo coqueteaba? Para el abogado era sencillamente una tortura china cuando salían a comer algo, o tomar en una tasca para dejar por un rato el apartamento, cuando le miraba guiñarle el ojo a una camarera, o seguir con los ojos el trasero de alguna fulana, y ocasionalmente algún chico, quien se veía todo rojo y emocionado. Para ser totalmente honestos, parecía que Dean no debía hacer mucho como no fuera llegar a un lugar, dejarse ver, o sonreír, o alzando una ceja para que todos alrededor desearan lanzarle los tejos. Y estaba esa pasión, esa persona que fue tan importante en su vida, cuyo abandono le destrozó. El rubio nunca hablaba de esa persona, a la cual el abogado odiaba intensamente, no tanto porque le lastimara, que algo de eso había, sino porque era obvio que el pecoso no le había olvidado. No del todo, al menos. O todavía. El tal Sam.

   Lo sabía ilógico, pero deseaba absorber y ocupar cada segundo de la vida de ese joven hermoso, sensual y voluntarioso, pero este no se lo permitía. No completamente. Dean se dejaba querer, o le buscaba cuando le necesitaba, y no podía negarse a nada de ello. El rubio era capaz, estando solos, mientras preparaba dos bebidas, únicamente en bóxer, llegar a sus espaldas y saltar a ellas, rodeándole el cuello con los brazos, las caderas con sus piernas, riendo como un chico. Y su peso, el calor, su cuerpo, saberle también sólo en bóxer, era suficiente para que las bebidas se olvidaran y cayeran en la zona plana más cercanas, porque tenía que besarle, acariciarle, saberle bajo su cuerpo, estremeciéndose. Y, luego de tan maravillosos momentos, desaparecía una tarde, un día, o dos. Y las discusiones eran grandes, aunque el cazador bajaba la mirada y parecía apenado por haberle preocupado, prometiéndole, siempre, que tendría cuidado, que le llamará. Que siempre regresaría. Nicholas no era tonto, sabía que enfrentaba una voluntad demasiado dejada a sus maneras, cambiarle le llevaría tiempo, pero contaba con los recursos y los días. Porque, para ese entonces, cada segundo libre de su trabajo y de la apretada agenda social dictada por sus planes futuros, los quemaba con el rubio, a veces tan sólo sentados viendo un juego de beisbol, sus piernas enlazadas, haciendo ambos todo tipo de comentarios estrafalarios para molestarse.

   Claro que, aunque juraba que balanceaba muy bien su agenda, todos notaron cierto cambio, sus ausencias, las horas perdidas sabía Dios en dónde. O con quién. Comenzando en la oficina, donde parecía extrañamente impaciente cuando algo le retenía después de horas.

   -Hace días que no te veo. –le comentó en una ocasión Rebecca, con un brillo irónico en sus ojos.

   -¿Ocurre algo, cariño?, habíamos quedado en que pasarías por mí para ir juntos a la cena con los Setton. –le telefoneó una tarde Leslie, cuando estaba en el apartamento con Dean, en bóxer, disponiéndose a ver un juego y devorar una obscena cantidad de palomitas de maíz.

   -Yo… Yo… ¿Era hoy? No sé si… -Dios, no, no quería salir. Y temía que Dean le mirara en esos momentos y preguntara algo. Le molestaba el que…

   -Es hoy. Y es importante. Nos vemos allá. –fue la réplica de Leslie, esa vez, cortando la llamada.

   Maldiciendo interiormente debió despedirse del rubio, quien le miró con un puchero inmenso, aunque luego no lo reconocería como tal. A Nicholas le costó mucho, mucho, dejarle. Fue cuando entendió que el pecoso cazador se le había convertido en algo mucho más importante de lo que había imaginado que llegaría a ser. O le permitiría llegar. En ese entonces sintió que prefería quedarse allí, en ese apartamento, los dos en el sofá, con el gran bol de palomitas de maíz, mirando el juego uno prácticamente sobre el otro, a asistir a esa cita que era, en verdad, un asunto de negocios, un ladrillo más en su camino a dirigir la fiscalía de Boston. Si, le costó irse, habría preferido quedarse y ser… feliz en ese momento con Dean; pero lo hizo. A tratar con Leslie y los Setton, que podían apoyarle en una campaña. Escogió y no supo valorar en toda su extensión lo que ya tenía en ese entonces, y que dejaba atrás en aras de algo que esperaba fuera mejor. Aunque la cosa, mientras salía, fue aún peor que todo eso, por un segundo infinitesimal consideró la prudencia de acabar la relación con el rubio, al menos hasta después de la boda y la elección del fiscal. Sin embargo, la sola idea le provocó tal angustia y desazón, un dolor tan nuevo en su vida satisfecha de hombre que siempre ha tenido lo que desea que no pudo tolerarlo.

   No, Leslie y Dean continuarían en su vida, los necesitaba, o quería, a ambos en su vida, era la única manera. Como muchos hombres antes que él, en la misma posición, creyó poder asar dos conejos a la vez. Y, como suele ocurrir, uno se le quemaría…

CONTINÚA … 27

Julio César.

COSAS DE FAMILIAS SOBRENATURALES; 13×12 Y 14×12

marzo 9, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   ¿Jugando con Lucifer?

   El doceavo episodio inició no gustándome mucho, por las conversaciones de Crowley con Lucifer (no por este, que siempre está en su punto, especialmente cuando le interpreta Mark Pellegrino), y por Mary con el señor Ketch, ocultándole cosas a Sam y Dean. Y sin embargo, comenzando por el caso, y a pesar de que enfrentaban un enemigo mil veces aparecido a lo largo de la trama, un fantasma furioso, la cosa estuvo muy buena.

   Mary se nos descubre aquí como una mujer sabia; Rowena como una gran villana; y Gavin, el hijo de Crowley, fue, sin lugar a dudas, un entrañable personaje. Curiosamente las dos inconsistencias algo escandalosas que encontré llegaron de parte de los hermanos Winchester, primero al tratan el asunto de revertir lo que el fantasma ha hecho, colocando toda la responsabilidad en Gavin, y cuando hablan con Mary, aunque esto también tiene su pega. Vamos por parte…

   Algo está matando profesores, y es un fantasma, lo sabemos, por el hombre que ve cómo se congela el agua que sale de un grifo.

   Buscando puntos de encuentro entre las víctimas, y después de comentar entre ellos que Mary anda rara, Sam creyéndole que descansa, Dean sospechando que en algo inquietante está metida (sus instintos siempre son buenos), los hermanas descubren que los fallecidos, todos profesores de escuela, pasaron todos por un tour.

   Visitándolo encuentran los restos de un naufragio, recientemente sacado del océano, el barco donde Gavin, hijo de Crowley, debió cruzar el océano desde Europa, zozobrando y muriendo. Esto no ocurre porque cuando Abaddon le secuestra, para forzar a Crowley a obedecerla, y ella cae a manos de Dean (como han pasado cosas), el Rey del Infierno se lo lleva para ponerle a salvo, no regresarle a su tiempo ni a ese accidente. Para ese entonces ya Crowley daba suficiente muestras de humanidad. Los hermanos discuten con él porque eso altera todo, el futuro, y lo hizo.

   Buscando información del barco, quieren hablar con Gavin, primero llaman a Crowley, que no les atiende al saber que aún no acaban con el hijo de Lucifer, luego buscan a Rowena, la cual les ayuda, y parece algo mimosa con el muchacho cuando le conoce. En este punto la muy diabla me engañó completamente, eso es parte de lo que la hace tan magnífica. Gavin cuenta lo que sabe del viaje a los hermanos, y revisando catálogos ve un medallón que iba a regalarle a una novia, la noche que partía se verían y ella insistía en acompañarle, al no llegar tal ve pensó que se fue sin ella, subió y murió, convirtiéndose en un fantasma. La invoca, y la verdad es que el muchacho era sangrino y agradable. Ella no supo qué pasó con él, subió al barco, la descubrieron y abusaron terriblemente de ella, estando una profesora que la conocía y que no la ayudó por su manera de actuar. Al naufragar, y morir, de ese rencor nació su odio contra los maestros que fingen interés en sus alumnos y luego les abandonan. Se veía rabiosa, y Gavin entiende que eso ocurrió porque no se encontraron. No pudiendo quemar sus restos, estando en el océano, y que aunque destruyeran el medallón eso no garantizaba detenerla, los hermanos proponen volverle a ese instante, no queda claro si al barco o la época, y que mueran juntos, salvándola de convertirse en una figura terrible. Es la única manera de resolverlo y cambiar lo que el fantasma hizo, matar a esos profesores (y es la primera gran inconsistencia). Plan al que Gavin accede, con gran nobleza

   Llega ese gran encuentro, cuando Crowley quiere impedir que le regresen, que muera (sea por el naufragio, sea porque no subieron, vivieron juntos y finalmente fallecieron en el pasado, pero sospechamos que fue lo primero), pero Rowena le congela para que no intervenga, diciendo algo que fue una gran verdad, a medias, como suele ser ella: Gavin no es como ella o Crowley, hay algo decente y bueno que le salva. Sam repite el hechizo con el cual Henry Winchester escapó una vez de Abaddon y el joven desaparece, reapareciendo como fantasmas y machándose con la novia. Este fue el caso en sí, y me gustó mucho; las interacciones de los hermanos con Gavin, y de este con Rowena. Lástima que con Crowley no fue más intenso. Lo demás fue inconsistencia.

   Por una parte tenemos a una mujer que huye porque va a tener un hijo por el cual teme, el hijo del Diablo, y ella sabe bien este detalle. Su cara cuando la camarera le dice que siempre es preocupante tener un bebé pero que cuando el pequeño diablillo nazca le amará, fue un poema. Pero la mujer es un ángel que intenta matarla, en compañía de otro. Aparece Dagon, una de los Príncipes del Infierno, y acaba con ellos. Se ve poderosa, pero el personaje es tan anodino como la mayoría. ¿Un ser todo poder que vive en las sombras y con pinta de andar necesitando una moneda para un café? Me hizo gracia eso de que si quiere vivir que vaya con ella. Ese discurso de “qué es el bien, qué es el mal”, dada la forma de actuar de los ángeles, es cansón. Pero bien, apareció Dagon, y el niño está por nacer. Me decepcionaría, mucho, saber que no es una villana súper villana.

   Luego tenemos a Mary ejercitándose junto al señor Ketch, el sicópata de los Hombres de Letras ingleses, que nota que ella le oculta a los hijos lo que hace, y me pregunté si el programa repetiría con estos dos la trama aburrida de Rowena intentando sonsacar a Crowley para manipularle en el Infierno. Ketch utilizó palabras muy parecidas con ella, casi retándola con aquello de que era mucho mejor, y más mortífera de lo que quería mostrar. Sin embargo, contrario a la costumbre del programa cuando los secretos son de Dean para Sam, o de este para aquel, la mujer se presenta frente a sus hijos y les habla de su relación con los Hombres de Letras ingleses, a pesar de las reservas que estos guardan por el ataque al que fueron sometidos por Toni.

   Y aquí hubo una segunda incongruencia, no era tan descabellado que la mujer buscara a los otros, habían aportado el arma con la cual se atrapó a Lucifer y ayudaron a encontrar a los hermanos cuando andaban escapando por aquel bosque. La idea de detener a todos los seres sobrenaturales antes de que hagan daño es un bien mayor, y eso no debe perderse de vista. Ante esa meta, el rencor de los hermanos es casi insignificante. Además, hay que recordar que Sam usaba su mente para expulsar demonios y lo justificaba con aquello de las vidas que salvaba, luego en que era necesario beber sangre de demonio para detener el Apocalipsis. El mismo Dean soñó con cerrar el Infierno. Aunque muchos les decían que era mala idea, persistían. Ahora le toca a Mary. Y ella, por lo menos, les dijo, demostrando que es más sabía.

   Lo de Crowley interceptando el hechizo para tener a Lucifer encadenado para humillarle y vengarse por las cosas que le hizo, es completamente absurdo. No desde el punto de vista argumental, este Lucifer es grandioso, pero si en lo tocante a la lógica. De hecho uno de los mejores momentos es cuando, todo sarcasmo, el Diablo le pide consejos sobre paternidad. Ya uno imagina la cara de todos cuando lo sepan, comenzando por Rowena. Siendo sinceros, me agrada saber que está ahí, a unas cadenas de ser libre, con el cuerpo que ocupa, mejorado para que no se destruya, gracias a Crowley, con su hijo gestándose y sabiendo de Dagon, una de sus Príncipes, anda por ahí.

   Lo que me pareció más extraño, de todo el programa, fue la lección que Sam y Dean intentaron impartirle a Gavin, casi forzándole a regresar. Es sabido que este debía morir, siglos atrás en ese naufragio, pero fue sacado de su tiempo, cambiando muchas cosas cuando Crowley impidió le regresaran. Una joven muerta se convierte en un fantasma furioso, y cuando Gavin muestra pesar alegando que es una pena que no se puedan evitar esas muertes, es cuando los hermanos le dicen que ya conoce la solución, y su deber, regresar y morir junto a ella para restituir la línea del tiempo. Y a mí todo eso me sonó a fariseísmo. Al menos en dos ocasiones, muy claras, Dean trató de cambiar el pasado, cuando Mary y John eran jóvenes, y luego cuando regresa junto a Sam para impedir que Anna los asesine. Dos veces, a sabiendas, quisieron cambiar el pasado, sabiendo que eso alteraría la línea de vida de la gente a la que debieron salvar, como cazadores, y que no ocurriría si no habían nacido o no mataban monstruos. Me pareció, viéndoles, que consideraban que había actuaciones permitidas para ellos, pero no para otros. Y ese discurso siempre me molesta, en todas las cosas. O algo es malo, o no lo es. Claro, podría decirse que han aprendido la lección, que ahora saben… y uno recuerda cuando desataron la Oscuridad, sabiendo a lo que se arriesgaban. No, no me gustó el discurso. Y Gavin era un buen personaje.

   Sin embargo, quien se lleva la palma de oro es Rowena, ¡qué capítulo para ella! Qué actuación. Regresa llamada por los hermanos para que encuentre a su nieto, para saber por este, detalles de ese barco que parece estar relacionad con el fantasma rencoroso, y ella ayuda, y le agrada el joven. Cuando se plantea el asunto de que regrese y afronte su destino, impidiendo que la ex novia muerta se convierta en esa cosa, ella intenta hacerle desistir, pero cuando Crowley aparece dispuesto a impedirlo, llevándoselo, ella le congela, diciéndole aquello de que el chico era mejor que ellos dos. Me gustó la despedida de Gavin, aunque faltó algo de sentimiento cuando le dijo adiós a  Crowley. Más tarde, cuando este busca a la bruja, le dice que la conoce y que sabe que había algo más tras aquella actuación. Es cuando Rowena se nos revela como la vieja bruja malvada que es. Cosa que uno casi olvida por su anterior aparición con el Dean que iba olvidando cosas.

   Hizo lo que hizo para causarle a Crowley un dolor parecido al que este le causó cuando la obligó a matar a ese chico que ella amaba como un hijo, Oscar. Hay que recordar que lo hizo, lo amaba pero lo mató ya que su sangre era necesaria para el hechizo, no por Dean, para salvarle de la Marca, como pensaron algunos alumbrados, ella tenía la vista clavada en el poder del Libro de los Condenados, y para tener la oportunidad de llevárselo sacrificaba a ese hijo putativo (qué villana, así es como tienen que ser). Pero no lo olvidó, que Crowley lo hizo para lastimarla, para castigarla por no amarle, y ahora le regresaba la pelota. A ese Crowley de quien sabe que, a su retorcida manera, quería a Gavin. Personalmente amé a la bruja en ese momento. Me recordó mucho a Ruby y a Meg.

   Veríamos qué ocurría ahora… ¿nacería el hijo de Satán? ¿Estaría muy lejos el encuentro entre los Winchester y el señor Ketch? No sería tal, como vemos en el siguiente episodio.

   El programa se centra en los Hombres de Letras ingleses tentando a los hermanos para que formen parte del grupo y así atraer a otros cazadores. Y aquí vemos una idea, y un organigrama que recordó mucho esa temporada de Buffy cuando esta descubre que hay un grupo paramilitar haciendo la tarea de luchar contra los monstruos. Algo que temí pasara, cuando a los hermanos se los llevaba el servicio secreto después de lo del presidente, y que ahora se presenta. No sé si me agrada la idea, no les resultó en el programa de la cazavampiros.

   El catorceavo episodio comienza donde termina el otro, Mary enfrentando, y explicándose ante unos hijos que la reciben fríamente. Ella les ocultó, durante semanas, su alianza con los Hombres de Letras ingleses, algo que a Dean parece ofenderle en lo más íntimo, arrastrando a Sam en ello. la mujer les habla de luchar por una causa mayor, acabar con todos los monstruos para que ellos no deban continuar en la cacería, lo cual siempre fue su plan cuando, de joven, se quería escapar con John para alejarse de los cazadores, no deseando eso para sus hijos.

   Dean sólo ve traición, Sam le secunda, y el mayor de los Winchester, llamándola Mary, le pide que se vaya. Y esto fue… extraño. Está bien, los ingleses los atraparon y torturaron, pero otros han sido peores, como Crowley o Castiel, cuando le da por actuar por su cuenta, y esos si que han sido malos; los Hombres de Letras ingleses, en comparación, parecen hasta tontos. Especialmente por todo lo que ofrecen, acabar con los monstruos. El que ella lo ocultara, parecen tomarlo como una traición fea, y recuerdo nuevamente todas las veces que no sólo se mintieron entre ellos, sino que buscaron de hacer algo que creían era bueno, aunque les decían que no, y perseveraron, terminado con la llegada del Apocalipsis, la de los leviatanes y, más recientemente, la Oscuridad. No sería Mary la primera en equivocarse creyendo actuar bien, y eso deberían entenderlo estos dos. Las razones de Dean son puramente internas, humanas, quería a su mamita, esa que perdió a los cuatro años, cuando perdió su niñez para convertirse en un soldadito en la guerra de John. La verdad sus motivos fueron algo halados por los cabellos, obviamente el programa quería presentarnos el drama de la separación.

   ¿Qué me gustó?, esa actitud, el desdén de Dean contra Mary, esta llamándole y padeciendo su alejamiento, este ignorándola y castigándola de esa manera. Porque son los elementos de los fics, algo que, personalmente había esperado mucho, pero no como lo presentan en este caso. No contra Mary, no ha sido ella la primera ni la mayor equivocada en esta serie. Esto es lo que esperaba ver cuando Dean pilla a Sam exorcizando demonios con la mente en la cuarta temporada, cuando este le espera toda una noche temiendo que el mayor le hubiera abandonado. Fue un gran episodio, Metamorfosis, creo que se llamó, pero se quedaron por encimita y al final Dean terminó siendo responsabilizado de algo que no entendí muy bien. Lo esperaba después del ataque de la sirena, que fue intenso, y quedó en nada; Sam sufrió cinco minutos. Debió llegar después del Apocalipsis, nunca me pareció normal que pudieran continuar juntos, como si nada hubiera pasado, después de eso, cuando todo ese problema fue provocado por la insensatez de Sam, a quien todo el mundo advirtió que no continuara por ese camino. Esperaba que durara en la quinta temporada, ese adiós, cuando Sam le pide que cada uno vaya por su lado; esperaba que Sam padeciera un poco más por ese alejamiento del mayor. O cuando Dean mata a Amy, al reiniciar esta, por necesidad, el asesinato de personas. O después de lo del falso Ezequiel que posee a Sam para curarle. Era lo que esperaba ver, las mismas palabras y el “vete”, cuando Dean regresa del Purgatorio y Sam le confiesa que ni le buscó; que se separaran y que el menor debiera ganarse su afecto. Igual con Castiel, después de traicionarles en la sexta temporada y luego cuando mata a Billie, aunque aquí estoy de acuerdo con el ángel, era necesario.

   Todas esas palabras, gestos, el dar la espalda todo indignado, era lo que esperaba en esos momentos. Aquí llegan, pero por un motivo algo fútil, y no dura sino un capítulo, en esa maña norteamericana de reducirlo todo a una hora (con propagandas) ¿Qué me gustó también?, Dean diciéndole a Sam que fije posición, que está cansado de su ambigüedad, primero con lo que hizo Castiel (lo de Billie), y ahora con la “traición” de Mary. También me agradó que cuando enfrentaba a Mary con las consecuencias de sus actos, el episodio pasado, le recordara y reclamara que Cass casi muere. Viva el Destiel.

   Unos “ancianos” quieren a los Winchester de su lado, es decir los Hombres de Letras ingleses, y Mary lleva a Sam al cuartel temporal, desde donde guiarán la batalla contra los últimos vampiros en el centro del país, impresionando al menor con los recursos, la tarea y los fines, aunque todavía intenta mantenerse fiel a Dean, tomando su causa.

   Este tiene un encuentro con ketch, y aunque fue cordial, hay algo en ese actor que es desagradable.

   Sin embargo, supo ganarse la atención del mayor de los hermanos, dadas sus semejanzas, unas que Dean comprueba, aceptando acompañarle a un  nido donde se ocultan unos vampiros, para pasar el rato destruyendo monstruos.

   Es allí donde se notan las diferencias, cuando Ketch golpea a aquella vampira.

   No hay nadie, porque todos fueron a cazar a los cazadores, cercarán el lugar donde está Mary (y Sam, aunque Dean no lo sabe). Guiados por el gran líder, ese villano que llevamos varias temporadas esperando, desde los leviatanes. Y la idea me gustó, aunque la ejecución fue algo pobre.

   Estos son atacados, y los Hombres de Letras ingleses entienden lo poco preparados que están para una batalla real.

   Hubo las traiciones de siempre, con un cazador en la nómina de los monstros, las muertes de los secundarios, traídos para eso, y el villano desplegando su poder, el alfa vampiro al que ya veníamos odiando, y admirando, desde la sexta temporada, cuando se le escapa al abuelo Campbell.

   Con la Colt en la mano, que Mary le ha confesado fue lo que le robó al Príncipe de Infierno (y no entraron en el detalle de que ella lo silenció, casi provocando la muerte de todos por ello), Sam finge pactar para preparar el arma, matándole finalmente. De una manera tonta e insatisfactoria. Era un gran personaje, pero en la serie suelen hacer esto; la terrible Eva muere dando una mordida, sin zarandear gente; Dick cae igual, también Abaddon. Caín si presentó más batalla.

   Llegan Dean y Ketch, pero ya todo está hecho. Me gustó la conversación entre Ketch y Mick, quien le reclama no haber estado ahí, cuando este le replica que casi había logrado convencer a Dean de ser reclutado. Este, Sam y Mary tienen ese momento tonto de series norteamericanas de los últimos cinco minutos, cuando todos los problemas acaban con un “si, te entiendo, tienes razón, perdóname”, y todo eso. Allí terminó el argumento tipo fic.

   Me gustó mucho el momento cuando Ketch se lleva al traidor para hacerle pagar y Mary y Dean dicen “bien”. se parecen mucho.

   Pero ahora Sam si toma partido, utilizará la organización y los recursos de los Hombres de Letras ingleses, así se lo dice a Mick, y espera atraer a Dean a la causa. Y la idea no termina de gustarme, repito, aquella temporada de Buffy no fue buena; mejor sería que eso les enfrentara y se separaran un tiempo, cada uno por su lado, cada uno sintiéndose resentido. Aunque no lo harán. El programa no gusta de experimentar más allá de un episodio o dos de disgusto y que luego Dean se disculpe con Sam. Y porque la idea espanta a muchos fans, cosa que no entiendo, nada más intenso e increíble que cuando Sam y Dean se enfrentan. Me habría gustado que ocurriera un poco más entre Dean y Castiel.

   Un detalle, en la intro, cuando Dean tiene por primera vez la Colt en sus manos, se ve tan joven, luego, aquí, cuando discute con Mary, reclamándole, vemos el paso del tiempo… ¡y ese sujeto sigue viéndose increíble! Es tan injusto para el resto de nosotros.

SIEMPRE ENTRE CIELO E INFIERNO; 15×12

Julio César.