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DEAN EL MAGNO… 10

diciembre 6, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 9

   Ya lo imaginábamos…

   Nada más lejos de la mente del pecoso cazador que la maldición de la bruja mientras la boca del Hombre de Letras inglés sube y baja sobre su verga. Dean, sonriendo torvamente, cerrando los ojos para perderse en las ricas sensaciones de esas mejillas y lengua caliente apretándosela y sobándosela, esa garganta sorbiéndosela con fuerza, gozándolo como lo goza todo hombre cuando se la chupan, y más en esos momentos cuando se siente sucio y perverso porque se lo hace otro hombre, vive un muy buen momento. Le parece que el mundo es perfecto al tiempo que oye los atragantados uggg, seguido de las chupadas ruidosas que Mick lanza, tenso entre sus piernas abiertas, alimentándose del pene erecto. Maravilloso, así era el mundo, de hecho. Aunque… podría estar mejor, ¿no? Y sospecha que al otro, en el humor que parecía estar en esos momentos, le gustaría ser tratado como una putilla viciosa y caliente.

   -Traga, maricón, trágatela toda como el chupa vergas que eres. –le ruge con esa voz baja y ronca tan cargada de sexualidad, al tiempo que le atrapa la nuca y le empuja contra su inmensa mole de carne rígida y venosa, ahogándole, casi provocándole náuseas… Y el inglés lucha por cubrirla toda, ahuecando y relajando su garganta, necesitado, efectivamente, de ella.

   -Oh, Dios, está como más grande… -gimotea entre lloriqueos, el Hombre de Letras, poco después, montado nuevamente a hojarascas sobre el cazador, que sigue sentado contra el respaldo de la cama, sonriéndole con burla, oyéndole aquello mientras ve, nota y siente como baja el culo sobre su barra, el anillo estirado al máximo, buscando tomarla, pero apenas lleva la mitad.

   -Si vas a decirme que no la quieres, no hay problema, puedes irte y…

   -¡No! –chilla Mick, muy rojo de cara, sus rostros muy cercanos, aferrándose con fuerza al cabezal de la cama.- Puedo… Yo puedo…

   -Claro, porque eres un chico grande. –se burla el pecoso.- Déjame ayudarte… -y despegando el culo de la cama, eleva sus cadera, también la gruesa verga blanco rojiza, y mientras Mick echaba el rostro hacia atrás, lanzando un profundo y ronco alarido, se la va metiendo toda por ese agujero que arde y pulsa de manera alarmante, ahora totalmente lleno con su masculinidad.

   Chilla tanto Mick, mientras sube y baja su verga, que Dean le cubre la boca con una mano. Y así sigue, metiéndosela y sacándosela del culo con movimientos lentos pero contundentes, que aumentan en ritmo, y más cuando el inglés, finalmente, comienza un vaivén que le hace chillar aún más contra esa mano, todo enrojecido, brillante de transpiración y resplandeciente de dicha. La verga que llenaba sus entrañas, le prestaba. Le hacía verse sexy y bien, fuera de estarle provocando cortocircuitos mentales por tanto placer.

   Si hubo un momento cuando Mick creyó no poder tomar aquella pieza, ya este había pasado, ahora salta sobre el regazo del cazador como un atleta, aullando como una perra, sus algo flacas y velludas nalgas subiendo cerrándose, bajando y abriéndose, temblando cuando choca del pubis del cazador, el grueso tolete de este apareciendo y desapareciendo en su interior con ansiedad compartida. Parecía imposible que tamaña verga cupiera, pero lo hacía. Chillando, lloriqueando, casi retorciéndose, el flaco sujeto sube y baja sobre el enorme falo casi cilíndrico triangular, surcado de mil venas hinchadas que frotaban y quemaban sus entrañas, llenándolas de ganas. Grita echando el rostro hacia atrás cuando la punta de esa vaina parecía golpearle el estómago… y todavía quería más. El redondo y peludo anillo abrazaba con la membrana esa mole cuando subía, y hasta los pelos desaparecían cuando bajaba, abarcándola, tragándola, sintiéndola pulsar en su interior… allí, donde siempre la querría.

……

   Rato más tarde, bastante rato más tarde, y casi con malas caras, un Dean desnudo bajo una bata casera, por fin logra sacar a Michael Davis, importante Hombre de Letras inglés, del búnker. Este parecía un cachorrito abandonado en la carretera por un cruel dueño que solía jugar con él y hora le botaba. Le costó al rubio prometerle, rodando los ojos, que le llamaría. Era evidente para el mayor de los Winchester, que el otro ya estaba “extrañando” su verga, algo que le hizo sonreír… y que se le pusiera algo morcillona bajo la bata. Y sonrió con una mueca mientras le vio subir las escaleras, caminando algo graciosamente; bien, tenía sus razones, se dijo con pecaminosa vanidad. Casi lanzó un jadeo de alivio cuando finalmente desapareció.

   -Hey, ¿acaba de irse alguien? –oye a sus espaldas y lanza un gemido de esos que a veces le salen y que luego le avergüenzan.

   -Coño, Sam, has ruido cuando merodees por el búnker. Y no, no salía nadie. Iba por… ¿y esa cara? –se tensa ya que el menor arruga un poco la nariz.

   -Hueles a… Joder, toma una ducha. ¿Qué estabas haciendo? –apestaba a puro semen, pero también a… ¿sexo? Cuando Dean sonríe torvamente, casi le grita.- ¿Sabes qué?, mejor no me digas nada. Pero ve por una ducha. Dejé algo de cenar.

   -Gracias, muero de hambre. –sonríe dichoso, notando algo de incomodidad en el menor.- ¿Y ahora qué, Sam?

   -Eh, yo… Por favor, dime que no estás desnudo bajo la bata. Dean, ya lo hemos hablado, no es agradable ver tu culo por accidente cuando parces olvidar que también vivo aquí y… -comienza una de esas arengas que provocan cierta exasperación al mayor, por lo que se aleja dejándole con la palabra en la boca.

……

   Dean pasa una noche… extraña, soñando con personas, lugares y situaciones que parecían terminar todas de la misma manera: con él, desnudo, sonriendo pomposo sentado en un trono de piedra, sobre su cabeza llevando aquella corona que un día Charlie le colocara en aquel mundo de juegos virtuales, la verga totalmente erecta, enorme, y una multitud un poco más abajo que se retorcía y le llamaba deseando tocarle. Y vaya que se dejaba. Toda la noche había sido una cacofonía de lujuria, una que… parecía no poder satisfacer del todo. En esos momentos baja nuevamente de su trono y es rodeado por todas esas sombras que ansiosamente le tocan y acarician, le soban, todas esas manos y dedos que recorren su tolete tieso, labios que rozaban, lenguas que…

   -Dean… Dean… -oye una voz que le hace sonreír; mierda, hasta Sam había asistido a la orgia. Bien, si el menor quería…- ¡Dean!

   El cazador despierta sobresaltado sobre su cama, desnudo y muy erecto, y así le encuentra el menor cuando abre la puerta, preocupado.

   -¡Sam!

   -Oh, por Dios, ¡cúbrete! –este enrojece. La preocupación por el silencio de su hermano, muta en disgusto a la vista de su desnudez, especialmente de la larga pieza erótica. Joder, si que era larga, reconoce con algo de inquietud.

   -¿Qué diablos te pasa? Deja dormir. –gruñe Dean, sin cubrirse, tapándose los ojos con un brazo. Sam evita mirarle.

   -Son casi las once de la mañana, ¿qué tienes? Nunca duermes tanto. El hambre nunca te deja. También creo que encontré un caso, un chico desaparecido cuando acampaba en una fogata… ¡Y tenemos que hablar de la dichosa maldición!

CONTINÚA…

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 14

diciembre 2, 2017

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 13

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -¡¿Qué?! –Jared abre mucho los ojos, parpadeando confuso y sorprendido.

   -Oye, no, Tom no dijo que lo odiara. Ni creo que sea homófobo. –ataja Mike a Chad, algo mortificado por la manera de este de dar la noticia. Pero mira con seriedad a Jared.- Eso sí, se puso raro, garoso, cuando supo que… tal vez estabas con Jensen, y no leyendo la Biblia, precisamente. No todo el mundo es tan liberal como Chad, a la hora de aceptar el amor anal.

   -No tengo nada contra el amor anal, lo intento con cada novia, pero si cuando hay demasiados bigotes y bolas involucrados. –se queja este, ceñudo; por qué seguían hablando de aquello, era algo que nunca entendería. Como no entiende, del todo, que Jared, su amigazo del alma, el terror de las chicas de la ciudad, ahora anduviera tras el culo de Ackles. Joder, ¡volvió a pensar en culos peludos!

   -Cuando es anal siempre hay bolas en la ecuación, Chad; las tuyas y la pepa del culo de ella, por lo menos. –le reta Mike, desvariándose del tema como suelen hacer, saltando de una cosa a la otra, cuando discuten cualquier asunto. El rubio va a replicarle cuando la carcajada de Jared les sorprende.

   El castaño no puede parar, ríe y ríe. Aunque lo intentó al notar sus ceños fruncidos, no pudo; no imaginando a su viejo y bonito amigo, Tom, como un homófobo censurador.

   -Oye, ¿de qué diablos te ríes? Me parece que no sabes lo… delicado de la situación –a muchos niveles, piensa Mike, de pronto muy preocupado otra vez por este amigo algo díscolo, aunque muy joven. Su madre, algo liberal, siempre daba como respuesta, a su padre, cuando este se molestaba por alguna locura suya, que los muchachos siempre serían muchachos y que mientras estiraban sus brazos y piernas conociendo el mundo que les tocaba, se equivocarían, explorarían y experimentarían hasta encontrar su lugar. Era lógico que Jared, si sentía cierta curiosidad sexual, se abocara a saciarla con ese voluntarismo tan propio de él, pero eso podría traerle consecuencias desagradables en ese mundo dorado y exitoso que ya se vislumbraba en su futuro. El papá de Tom, siempre celoso del primer lugar que ocupaba el castaño, en relación a su hijo, podría comenzar campañas feas de comentarios, que no tardarían en llegar a cierta prensa y a los reclutadores. Jared no debía tomárselo tan a broma, especialmente si Tom no entendía la situación. Era… desagradable pensar que el buen Tom pudiera ser tan intransigente.

   -Joder, deja de reír. –el gruñido de Chad le regresa a la realidad, y era cierto, lo que había comenzado con una risita, se había transformado en carcajadas histéricas de Jared, quien enrojece muy feo, los ojos le lloran y se medio dobla como si buscara aire, o como si algo le doliera.

   Al castaño le lleva todavía un rato dejar de reír, teniendo que recostarse de una pared para sostenerse. Y le dolía el pecho, joder. Los mira, riendo aún, más calmado, respirando agitado. ¡Necesitaba oxígeno!

   -Tom no me odia, ni es homófobo. –se humedece los labios, cavilando.- Voy a contarles algo y espero que no lo repitan nunca. –les advierte, notándose que era, después de todo, un chico tonto que confiaba demasiado en los amigos a los que quiere. Nadie en su sano juicio le contaría jamás algo, bajo el sello de secreto, a Chad Murray, y menos a Mike Rosenbaum.- Hace tiempo, en mi cuarto, Tom y yo veíamos una película sobre un banda de rock, estábamos sentados de culo en mi cama, la trama era un vacilón, mucho alcohol, drogas, rock, mujeres, gritos… y en una escena, un fan del cantante logra llegar hasta este y se miran, el cantante lo toca, el tipo se veía en la gloria, y aunque no era gay no hizo nada cuando el cantante le cayó encima y lo besó en la boca. Cómo chillamos al verlos, Tom gemía un no, amigo, eso no. –abre mucho los ojos.- Joder, ese fue un beso en toda la regla, con lamida, chasquidos, lenguas y mucha saliva. Porque el fan respondió. Fue tan sorpresivo que Tom y yo nos congelamos cuando se pusieron intensos. Y… -duda un segundo.- No les mentiré, fue algo caliente. Sentí un escalofrío y las bolas me hormiguearon, no quería ver, daba repeluco, pero… Y a Tom le pasó igual. Lo sé porque por un segundo no hablamos, no hicimos nada, pero nos miramos. Rojos de caras, y… ¿han notado los labios de Tom?, tan rojitos…

   -¿Qué? –chilla Chad, ojos muy abiertos, la frente muy arrugada. Dios, ¡el virus marica como que llevaba rato rondándolos!

   -¿Cómo? –estalla Mike, por su parte, parpadeando.

   -Eso, que compartimos… -sonriendo algo avergonzado ahora sí, elevando los hombros, Jared continúa.- …Compartimos un momento. Creo que algo pudo haber pasado en esos momentos. En verdad. Si alguno de los dos hubiera dado un paso, o acercado un poco más el rostro, nos habríamos besado.

   -¿Tú… y Tom? –por la cara, parecía que Chad se imaginaba lamiendo unos sapos particularmente berrugones.

   -Oye, ¡Tom es guapo! –ríe Jared, algo incómodo por primera vez; mirando ceñudo de uno al otro.- Hey, chicos, no pasó nada…

   -¡Dices tú! –jadea Mike, muy ceñudo.

   -¡No pasó nada! –enfatiza.- No tuvimos las bolas de cruzar ese espacio, muy poco, físicamente hablando. Pero, por eso, sé que Tom no es homófobo. Fue quien se alejó primero, riendo, reímos los dos, todo nerviosos, y dejamos esa maldita película así, donde todavía se daban sus buenos latazos esos dos.

   -Joder, amigo, creí que lo que te pasaba con el Ackles era esa vaina que llaman curiosidad, en las películas, que es como lo explican los universitarios maricones cuando comparten cama con los compañeros de cuarto durante años y años y luego se casan con hijas de senadores, pero parece que ya ibas en ese camino. –Chad parece confuso, e inconforme, pero esas palabras parecen calar en Jared, quien endereza los hombros a la defensiva y aspira con fuerza.

   -Si, tal vez. –concede, frunciendo un poco más aquella frente tan lisa. Medita- Si, tal vez sea eso, porque Jensen me gusta de una manera que…

   -Si, si, ya lo entendimos. –Mike le corta, irritado. Cosa que hace que Jared y Chad se miren con extrañeza.

   -¿Te ocurre algo? –Jared pregunta. Chad también mira a Mike.

   -Si, pareces cabreado desde que escuchaste lo del casi beso de Jared y Tom.

   -¡No! –jadea este, a la defensiva, tomando aire también, cerrando los ojos como concentrándose.- Miren… aunque suene increíble, creo que Chad puede tener razón. Aunque sea a media. Y si, tal posibilidad asusta, lo sé, pero…

   -Idiota. –gruñe este. Mike no le oye, mientras sigue mirando a Jared.

   -Tal vez si hay algo como bi, en ti, porque te he visto con suficiente chicas como para saber que te gustan, no así con chicos, pero estuvo ese… “momento” con Tom, que puede no significar nada, como no sea curiosidad… -y aquí mira a Chad.- Que sí puede ocurrir, cara de culo. Y no, no contaré nada. –silencia al rubio que pensaba preguntar algo, con cara de diversión. Vuelve la mirada a Jared.- Pero, como sea, mi amigo, te mueves arriesgadamente, especialmente si es algo más que curiosidad. –tenso, Jared cruza los brazos sobre su pecho.

   -¿Por qué me gusta Jensen?

   -No, no te cabrees ni hagas como que te juzgo. –le ataja Mike.- Eres mi amigo y me agradas, por eso me preocupas. Jared, posees un talento deportivo que Chad ni yo tenemos, jugamos bien, tal ve podríamos aplicar para una beca, pero no vamos a llegar a nada como profesionales de futbol. A diferencia de ti, y del mismo Tom. Becas, contratos, fama, un mundo se abre frente a tus ojos, ya te lo dije, no puedes arriesgarlo todo, apenas comenzando tu vida de adulto, anunciando un romance gay. El mundo ha cambiado, ha avanzado, pero deberás enfrentar a mil chicos que querrán tu lugar, que usarán lo que sea para que seas menos aceptable para equipos, televisoras y prensa. Gente que puede hacerte la vida de cuadritos. Tu padre, y seguro tu madre, y Jeff tienen sus sueños puestos en ti, el profesor Beaver también, ¿cómo crees que reaccionarán a todo esto?

   -Mike, mi vida… -Jared se siente mortificado; aunque entiende el punto, aquello no le gusta.- Si lo que siento por Jensen es algo que cuenta, que pesa y vale, creo que tendría que contárselo a todos. No digo que lo sea, pero si lo fuera, tendría que ser honesto con todos, comenzando con mi familia. Porque si quiero estar con él, salir con él, tomarle de la mano o darle un beso en uno de esos momentos cuando ríe y se ve increíblemente guapo, no deseo…

   -Ah, eres un  idiota decente. –jadea Chad, quien comprende el punto de vista de Mike.- No te gusta la idea de hacerle ver a todos que eres una cosa, siendo otra; un gran amante de coños, cuando en verdad te gustan las vergas. Pero, amigo, el mundo no tiene que saberlo todo, ¿no? Guárdate algo, por Dios.

   -Chad tiene un punto, y lo entiendo, es loable que quieran ser sincero y abierto sobre tus sentimientos, si es que esto con Jensen llega a más; pero, creo que por la edad y tú misma personalidad impulsiva, directa, franca y voluntariosa no mides cabalmente el riesgo de tus pasos. Siempre te ha ido bien en la vida, JT, por eso no puedes imaginar que… la gente te rechace y te cierre puertas en las narices, por la razón que sea. Pero puede ocurrir, amigo. Tu sueño ha sido ser un campeón deportivo, tienes los medios, la capacidad, la habilidad, pero no basta. No… te vuelvas loco, ¿okay? Está bien, Tom no es homófobo, ¿pero y el resto de la escuela, tu barriadas y las ligas de futbol universitario? –alza una mano silenciándole cuando va a replicar.- No, no digas que es tu vida y haces lo que quieres con ella y el resto debe aceptarlo, no es tan fácil, ni tan simple. Joder, Jared, la cabeza está para algo más que tener una melena como la tuya, úsala. –se le acerca, tenso.- ¿En verdad vas a decirme que no sabes que tu padre cuenta contigo para acceder a un futuro mejor, tal vez un retiro cómodo y cobijado contra todo problema de índole financiera? ¿No lo sabes?

   -Eso es cierto, gilipollas; pero no pienses sólo en tu pobre papá que te ha criado y mantenido, que ha puesto sus esperanzas en ti y al que vas a defraudar por andar oliendo bolas, piensa en todo el dinero que ganarás, tú, como Jared. En la libertad que eso significará, en todo lo que comprarás para ti… y uno que otro amigo fiel como este, tu servidor. Piensa en la fama, en los admiradores que besarán el suelo que pisarás. En todas las mujeres que entrarán en tu cama deseando sacarle brillo al pequeño Jared entre tus piernas… O en todos los chicos culones y labios de chupa vergas, si es lo que quieres. No lo jodas todo antes de comenzar. –Chad es más directo. Jared, algo frustrado, bota aire y se alisa el cabello con las manos.- Joder, vas a ser rico, famoso, amado por todos, ¡no lo eches todo a la basura porque te pican las pelotas por un chico al cual no sabes si verás una vez nos graduemos! Espera firmar un contrato de millones y entonces has como todos los famosos, vuélvete idiota y arruínalo. No antes.

CONTINÚA…

Julio César.

NOTA: La primera que sale del baúl, una amiga quiere saber qué pasa, aunque le envié las páginas mal traducidas.

DEAN EL MAGNO… 9

noviembre 21, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 8

  Ya lo imaginábamos…

   Sam se prepara una ensalada, todavía ceñudo. Tenía hambre, así que imagina que el estómago de Dean debía estar en llamas, dado lo tragón que era. Seguramente se había quedado dormido, se dice, mordiendo un pedazo de lechuga, intentando alejar la repulsiva idea de que, este, no podía continuar sacándole brillo al arma entre las piernas, ¿verdad? Aunque… ¡era tan cerdo!

……

   Después de una conversación que no recuerda del todo, Mick le grita y jura, una y otra vez que no, que no se llevará la Colt, pero que no se detenga, disfrutando el contacto del cuerpo del mayor de los Winchester sobre su espalda, si, su peso, pero necesitando de la follada, del saca y mete rítmico, así que se compromete a lo que sea. Y sonriendo, Dean le complació.

   Todavía reteniéndole con un brazo bajo el cuello, y con una mano alzándole la frente, para que sus miradas se encontraran en el espejo, continúa cogiéndole. Elevando su redondo trasero una y otra vez, sacándole el tolete cilíndrico triangular del agujero, halándole los pliegues del culo, casi hasta el nabo que tenía por cabeza, para enterrárselo de nuevo, abriéndole, llenándole, cayéndole encima con todo su peso, logrando que comience a gritar de nuevo, entregado, loco de lujuria, gozando de ser bien empalado. Al pecoso le excita saber que es él quien le hace eso, metiéndosela y sacándosela del culo.

   El cazador, apretando los dientes, se siente poderoso, casi malvado mientras sube y baja su trasero, pistoneándole duro el agujero con su barra, la cual siente atrapada, halada y chupada cuando la mete toda, golpeándole con las bolas, refregándosela bien adentro, retirándola luego, notando esos pliegues, esas entrañas “agarrándole”, como deseando no dejarla salir.

   -¿Te gusta, Mick?, ¿te gusta ser mi perra inglesa? –le brama caliente, travieso y malvado, medio ladeándole el rostro, metiéndole la lengua por un oído, casi provocándole un cortocircuito mental al otro, que grita y se estremece.

   -Si, si, no te detengas, rómpeme el culo… -se ve impulsado a gritar, porque no puede controlarse, contenerse. Frente a sus ojos parecen estallar pequeñas luces blanco plateadas, sintiéndose medio mareado, su culo provocándole oleadas que parecían congestionar su cerebro de sensaciones poderosas, igual que el resto de su cuerpo, especialmente sus bolas y verga, la cual, en el vaivén contra la cama, sin tocarse de otra manera, ya ha estallado otra vez.¡ Y seguía caliente!

   -Joder, tu culo no se cansa de mi verga, ¿eh? –el cazador le sonríe en el espejo, apartando la lengua de su oído, la saliva chorreándole mejilla abajo.- ¿La quieres toda? –y se miran.

   -Si, Dean. La quiero toda. ¡Ahhh! –chilla.

   El cazador, sonriendo chulo, reteniéndole como le tiene, se impulsa hacia la derecha, halándole, volviéndose, quedando de espaldas sobre la cama, el Hombre de Letras terminando sobre él, totalmente enchufado sobre su verga, la cual está clavada prácticamente hasta los castaños pelos claros, quedando un centímetro de ese grueso y rojizo cuerpo fuera, por los pliegues de las nalgas, mientras el inglés grita desfallecidamente, sintiéndola llenándole, latiéndole, quemándole. Y grita aún más cuando Dean le atrapa las pequeñas tetillas erectas, pellizcándolas, y comienza, de alguna manera, un sube y baja de culo sobre el colchón, impulsándole hacia arriba y abajo sobre la gruesa verga, sobre la cual salta como muñeco roto, mientras gritas y grita.

   -Silencio. –Dean, mirando hacia la puerta, le cubre la boca con una mano, tan sólo para reír al sentirle el aliento bañarlo, la lengua lamerlo.

   No quiere que Sam escuche… pero le divierte de una manera total verle tan entregado a lo que le hace, que sigue impulsándose, subiéndole y bajándole unos pocos centímetros sobre su barra, dejándole caer, que se clave, que se empale, dándole donde toca, haciéndole delirar con aquello. No le extraña cuando el flaco sujeto se corre una tercera vez, apretando su culo con fuerza alrededor de la verga que lo llena, provocándole una corrida salvaje al cazador, quien le llena las entrañas con tal cantidad de esperma, teniendo un clímax el doble de largo, que ambos gimotean entregados. Todavía mareado de su propia corrida, Dean le aparta, no muy amablemente, la verdad sea dicha, y cuan muñeco roto, Mick cae de lado.

   El cazador jadea, sintiéndose satisfecho, poderoso, sonriendo extrañado, vaya maldición de la bruja aquella. ¿Será que quería sobornarle para que la dejara escapar? Bien, tenía hambre y…

   -Amigo, hora de irte. –acota aletargado. Un ronquido le desconcierta, y robándole fuerzas al sopor que siente, despega la nuca y le mira. ¡Mick se había quedad dormido! Y sonreía, con su culo manando una buena cantidad de leche espesa y todavía caliente.- Joder. –se medio ríe, cerrando los ojos.

……

   Chasqueando la lengua de manera poco glamorosa, Dean Winchester despiertas, sintiéndose bien… y caliente. Está de espaldas sobre su cama, totalmente desnudo, lo sabe; también empalmado a pesar de la buena tanda de sexo vivida, que no la recuerda de entrada, su mente adormilada aún, pero que su cuerpo sí. Y alguien estaba a su lado… recostado de panza sobre su costado derecho. Alza la nuca y casi bizquea para encontrar a Mick Davies, el Hombre de Letras inglés, también desnudo, dormido sobre él, todo sonreído y medio abrazándole. Como dulces amantes que comparten el momento.

   -Joder. –gruñe, apartándole, sintiéndose pegajoso y acalorado.- Hey, hey, amigo, despierta. –lo medio zarandea, logrando que abra los ojos, le vea medio confuso y que tensándose se aleje, recordando de pronto dónde está, con quién…  y qué habían hecho.- Debes irte. –agrega modificando su acostumbrado debo irme, en mil situaciones parecidas. Con mujeres.

   -Yo… si, me quedé dormido. –el inglés parece confuso.- ¿Qué hora será?

   -Siento que hemos dormido horas. Debe ser tarde ya. –informa el cazador, sentándose, de culo pelado sobre la cama, estirándose.- Muero de hambre. E imagino que tú también. –se siente condescendiente. Esperando que se vaya. Es cuando repara en los ojos brillantes del otro. Mirando su titánica verga erecta.

   -Sí, tengo hambre. Mucha hambre…

   -Oye, no. –gruñe, y alza las manos como para alejarle, pero ya el inglés, de rodillas sobre la cama, se tiende y le atrapa la verga con una mano, apretándosela, provocándole un gemido de lujuria.

   -Dios, es tan grande, tan dura. tan hermosa… -Mick parece en trance, un segundo antes de bajar el rostro, boca abierta y tragar un pedazo, sorbiendo hambrientamente, gimiendo cuando, casi en seguida, los jugos le mojan la lengua. Sube y baja los delgados y resecos labios mientras Dean, encogiéndose de hombros, deja caer la espalda contra el respaldo.

   Ignorando que la maldición estaba actuando… Que el culo de Mick estaba en llamas… Y que era tan sólo el principio.

CONTINÚA … 10

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 8

noviembre 2, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 7

   Ya lo imaginábamos…

   Lo curioso es que si Dean parece dominado por la lujuria, las ganas de enterrarle la verga por el culo, duro, Mick no anda tan lejos de aquello. Nunca ha hecho algo como eso, ni le atrajo antes la idea, a pesar de las historias que corrían sobre colegios ingleses semi internados; esa tranca era inmensa, pero la quiere. Su culo titila con una extraña compulsión. Y vestido, tan sólo su velludo culo afuera, baja las caderas, la raja descendiendo hacia el miembro rígido del cazador, el cual lo sostiene por la base como una lanza de carne.

   Dean traga cuando los vellitos chocan de su liso glande, luego la piel. Y allí los dos se estremecen, con anticipación y cachondez. Mick alza el rostro y baja más su trasero, la punta del tolete presionando contra su raja, buscándole la entrada del cerrado agujero, donde pega, se frota y empuja sin penetrar.

   -Hummm… -se le escapa al Hombre de Letras, totalmente caliente para ese entonces. Dean sonríe todo chulo.

   -Oh, sí, lo quieres mucho, ¿eh? Date gusto, chico inglés.

   Obedeciéndole, la mente en torbellino, Mick baja más sus caderas, la punta de la verga presionando decididamente contra su agujero, empujando, abriéndolo, metiéndosele. Cuando la gruesa circunferencia del nabo va enterrándose, se tensa, cuerpo muy erguido y rígido, conteniendo un jadeo, quemándose con aquello. Baja más, luchando, y lanza un gritico cuando logra metérselo, el anillo ardiéndole y chillándole, los pliegues cerrándose salvajemente sobre la cabeza, Dean apretando los dientes con morbo.

   -Vamos, chico inglés, toma tu cetro.

   ¿Es por el reto?, Dean no lo sabe. Tal vez Mick tampoco, pero el hombre se tensa, oprime los labios y prácticamente se deja caer, sentado sobre el regazo del cazador, empalándose de la gruesa, larga y venosa mole que lo taladra y toma su virginidad anal. Tanto uno como el otro cierran los puños y jadean, tal vez Mick más fuerte que el pecoso, pero este también se siente casi lastimado por el asalto. Le dolió, de lo gruesa que la tiene; por sentirla tan apretada por ese estrecho agujero. Respirando agitado, ojos muy abierto, como si fuera el primer sorprendido al hacer aquello, el inglés le mira, tembloroso, quieto sobre el hombre, su culo sufriendo una agonía terrible… hasta que su entrañas parece ir acostumbrándose, adecuándose a la masiva invasión; las paredes de su recto sintiendo los latidos y calor del tolete, algo casi confortante. Extraño y excitante.

   Todavía inquieto, apoyando las rodillas en la cama, alzando su trasero, sube dejando escapar de tu culo dos, tres, cinco centímetros del cilíndrico tolete de carne, las venas y rugosidades frotándole, y cae otra vez, con todo, lanzando un gemido ronco. Sube un poquito y vuelve a baja.

   -Es… Es tan grande. –jadea, voz sibilante, quieto, empalado, como agotado.

   -Eres un bebé llorón. –se burla Dean.- Vamos, bájate, quítate toda esa mierda de ropas para que pueda follarte hasta hacerte gritar que no pare, y llenarte de leche y preñarte, chico inglés. –le indica torvo, dominado por un morbo que no entiende del todo.

   Como no entiende el deseo de ver el delgado cuerpo desnudo para tomarlo. Aunque, siendo totalmente honestos, una o dos veces ha sido mamado por algún tío, en momentos de calenturas, no gustaba de ir con estos. Tal vez en un trío, que los ha tenido, donde una mano se suelta, o una boca lo cubre (siempre querían chupárselo, se dice con chulería), pero fuera de eso, esto que sentía ahora era totalmente nuevo. Si, quería cogerlo duro, bien, con todo, hacerle gritar y gozar (por alguna razón eso le parecía importante), y la verga le dolía de las ganas que tiene. Y si no lo lograba, temía que ese dolorcito no pasara. El inglés, casi desmayado, subió su culo, dejando escapar, palmo a palmo la dura barra, los arrugados y velludos labios de su agujero casi abrasando el glande al dejarlo salir. Totalmente dispuesto a obedecerle, se desnudará para él.

……

   Era bueno que el bunker fuera espacioso, o Sam hubiera escuchado el grito que pagara el Hombre de Letras al empalarse. Pero el menor de los hermanos, muy serio y ceñudo, revisa un voluminoso libro con aire de vetusto en la inmensa biblioteca. Toma un te algo frío, viejo habito de sus días con alguna novia pasada. ¿Amelia, Jessica, Sarah?, no está seguro. Preocupado, y algo cabreado, revisa sobre hechizos que tengan que ver con el sexo. Los había para lograr la impotencia, la frigidez, la cachondez, pero no encontraba uno que, específicamente, hiciera crecer el tamaño de la verga. Dios, sólo a Dean…

   Había algo muy mortificante en buscar hechizos que afecten, específicamente, esa parte de la anatomía del gilipollas de su hermano. Aunque no tanto como el recordarle, no dejando caer la toalla, sino lo feliz que se veía con tal cosa. ¿Acaso ese idiota pensaba que algo bueno podía salir realmente de una enemiga a la que estaba por matar y le maldijo? Aparentemente Dean lo creía. Estaba dichoso con lo ocurrido. Arruga más la frente, disgustado, alejando la imagen del rubio masturbándose, como cree que hace, jugando con su nuevo instrumento. Le dejaría en paz por un rato, luego hablarían de las cuestiones prácticas del problema. Si no encontraba nada allí tendrían que llamar a otros, incluso a Mary y a los Hombres de Letras, aparte de Mick, ¡pero no sería él quien lo hiciera para tratar el asunto del aumento de tamaño de la verga de su hermano!

   Dios, todo este asunto podría hacer aullar a cualquiera, piensa.

……

   Y Michael Davies lo estaba, aullando literalmente, boca muy abierta, ojos igual, mientras su culo era duramente arado con la gruesa estaca de aquel macho.

   Ambos hombree están desnudos, completamente, sobre la cama del cazador, Mick, de panza, muy abierto de piernas, el culo alzado al tener las caderas sobre una almohada; su cuerpo es arropado por el pecoso, que sonríe mientras le tiene las piernas enredadas con las suyas, un brazo rodeándole el cuello, la mano del otro reteniéndole por la frente, manteniéndole el rostro alzado en dirección a un pequeño espejo de pared, mientras sube y baja su trasero, empujándole la verga hondo y rudo por el culo, con rítmicas embestidas que hacían gemir la cama.

   A Dean, mirando al otro en el espejo, le excita escucharle los roncos chillidos de gozo y lujuria mientras le saca y mete el tolete con fuerza, la blanco rojiza pieza saliendo casi hasta el glande antes de abrirse camino en el agujero del inglés, perforándole y llenándole. Lleva cinco minutos en eso, metiéndosela y sacándosela, acostado sobre él, aplastándole las nalgas con su pelvis, desde que se le subiera y comenzara a follarlo y el otro, habiendo perdido la flema británica, comenzara a gemir y chillar pidiendo más, que se la metiera más duro, más hondo, empujando su trasero hacia atrás, atrapándole la barra con el esfínter y apretándoselo. Todo eso puso al cazador más caliente y vicioso.

   -Mírate, Mick, mira lo cachondo que te ves, lo feliz que te hago. Esto lo hago por ti, amiguito, para que sientas algo de placer sexual en tu frígida vida de británico reprimido. –le ruge al oído, alzando y bajando sus caderas, la pieza cilíndrica deslizándose adentro y afuera de aquellas entrañas, dándole donde era. La clava toda y se detiene.- Bien, ahora quiero hablarte de algo, de la Colt…

CONTINÚA … 9

Julio César.

MARY, LA GUERRA Y EL HIJO DE LUCIFER; 21×12 – 22×12 – 23×12

octubre 31, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   La vieja tradición de hacernos sufrir…

   Si alteró ver la muerte de las mujeres Banes, Tasha y Alicia, en el episodio anterior, lo del siguiente fue mucho, pero que mucho peor, la muerte de Eileen Leahy, la cuasi novia que ya soñábamos para Sam. Otra fémina que perece en este programa de hombres. Y que capítulo fue este, Algo sobre Mary, el vigésimo primero; sus últimos minutos parecían el final de temporada de series menos intensas, pero es que el programa nos tiene acostumbrados a esto. Ver a Dean morir destrozado y torturado luego en el Infierno, y a Lucifer alzándose en una cripta con los hermanos atrapados, es lo usual. Y este casi parecía un final. Sam y Dean condenados a una muerte lenta pero segura (en lugar de pegarles un tiro en las frentes, ¿a quién se le ocurre?), Mary entregada a los Hombres de Letras británicos, Crowley muerto, Lucifer libre contemplando un mundo al que sueña destruir. Fue intenso, intenso, abreboca perfecto para lo que sería el final real.

   Comienza y vemos a Eileen, de noche, corriendo por una zona boscosa perseguida y alcanzada por algo que no se ve, un Perro del Infierno, cayendo. Ketch aparece y controla al animal, ella está caída, y pensé que la estaban capturando para algo, alguna trampa rara contra Sam y Dean. Pero no, la matan. A la cuasi novia, la chica dulce por un lado, dura por el otro, que hizo latir el corazón del menor de los Winchester. Se veían tan bien juntos, había química, no como cuando Amelia. ¿Por qué tenían que hacernos esto? Se diría que es como en Juego de Tronos, pero Supernatural comenzó antes, y la muerte de buenos personajes en la épica serie de HBO no pegan tanto (excepto lo de la boda roja, eso fue terrible). Sentí tanta rabia. Pero quedaba el hecho, ¿Ketch con un Perro del Infierno? ¿A que jugaba Crowley?

   Vamos por parte porque pasa de todo, las caretas caen y de qué forma. Sam y Dean buscan a Mary después del extraño mensaje dejado por esta. No la encuentran y Ketch dice no haberla visto en días, cosa que les hace saber que miente pues en un mensaje anterior la misma Mary decía estar con él. Es cuando Jodi Mills llama a Sam y le cuenta de Eileen. Fue doloroso verle. Hablan de otros cazadores que han caído en pocas semanas a manos de monstruos, ¿una conjura? Olvidé comentar esto la vez pasada, me molesta cuando matan a los cazadores así, aunque algunos sean insoportables; me pasa desde la cuarta temporada cuando se alzaron los testigos de lo sobrenatural por orden de Lilith. La posibilidad de que Mary sea otra baja los pone frenético, pero hay pocas palabras que describan todo el dolor que Jared Padalecki transmitió, como Sam, ante el cadáver de Eileen, la joven cazadora sordomuda que tanto había tenido que pelear en su joven vida. Dean (siente ese pesar, compartiéndolo, qué gran actor es Jensen Ackles), nota que las heridas señalan a un Perro del Infierno.

   Llaman a Crowley pero este niega saber algo. A Dean le llega una carta de Eileen, la cual les dice que se siente perseguida y vigilada, y les pedía asilo por un tiempo en el bunker. Cuánto debió lastimar eso a Sam, no saberlo antes, que ella no lograra llegar y ponerse a salvo. Es cuando deducen que tal vez tras su muerte están los Hombres de Letras británicos, y revisan de pies a cabeza la baticueva encontrando un micrófono estúpidamente colocado al lado del arma de uno de ellos, bajo el mesón. La rabia que reflejaban con gestos fue increíble, mientras montan una trampa para quién esté escuchando. Dejándolo aquí, por un momento, hay que viajar junto al Rey del Infierno…

   Debo confesar que odio a la señora Hess, pero me resulta un personaje de lo más atractivo, peligroso y malvado, con cara de envenenadora y todo. Ver a Crowley reclamándole una operación que ella creía él ignoraba, no fue sorpresa después de lo del Perro del Infierno. Al Rey no le importa lo que hagan mientras tengan el mismo acuerdo que en Inglaterra, mueren los monstruos pero no tocan a los demonios, cosa con la que está de acuerdo la mujer. Por un segundo pensé qué zorra hipócrita, pactando con el mal, como todos, pero ella misma lo aclara con una sencillez abrumadora: si alguien es tan idiota como para vender su alama, sabiendo lo que ocurrirá, merece sufrir. Mas cierto, y justo, no pudo ser. Es honesta, a su manera. No es lo mismo ser asechado y asesinado por una criatura nocturna que llamar y pactar sabiendo lo que se hace. Creo que me enamoré un poco del personaje y de ella. Ahora Crowley…

   Qué mañoso es el Rey del Infierno, desde el tiempo que pactaba con los Winchester contra Lucifer, luego con Castiel por el control de las almas del Purgatorio, en contra de Rafael, más tarde lo intentó con Dick, jefe de los leviatanes, Abaddon no quiso nada con él, conoció a Naomi y ahora a la señora Hess. Es notable. Aunque no le gusta que esta le amenace por su relación con los Winchester. Eso le lleva a intentar un acercamiento con Lucifer, usarle como arma contra cierta inglesa, pero ya Lucifer anda en lo suyo. Aunque eso no le impide, al Rey, negar toda relación con la muerte de Eileen cuando Sam le llama.

   La señora Hess es increíblemente manipuladora, usa el concepto empleado en el libro 1984, para manejar y controlar a su gente. Pone a Ketch contra lady Toni, y a esta contra este, prometiéndole a ambos la sucursal norteamericana una vez muertos los cazadores locales. Así se asegura que compitan entre ellos, que den lo mejor de sí y que no confabulen contra ella. Y hay que reconocer, por el lavado cerebral que lograron con Mary, que aunque Ketch es bueno en lo que hace, lady Toni es mejor, un activo más valioso, y este debió verlo así hacia el final cuando la traiciona para sacarla de la competencia.

   Fue intensa la escena de Mary con Ketch, cuando esta quiere que paren el lavado de cerebro, temerosa de lo que ha hecho a otros; y por primera vez este mostró algo (el personaje, a lo mejor el actor es bueno pero eso es lo que le tocó), lo de “no me conoces ni te gustaría hacerlo”, no dicho con soberbia sino con pesar, estuvo bien; se notaba frustrado porque no puede hacer nada por ella, dolido al verla sí, prometiéndole que todo pasará. Su angustia cuando ve que ella intensa suicidarse para no poner en peligro a los que ama, fue notable. Y en esto se nota que Mary es toda un Winchester aunque no naciera como tal. John no dudó en hacer un pacto cuando Dean moría, este cuando Sam fue asesinado, ni las cosas que Sam ha hecho por él (olvidando el tiempo aquel del Purgatorio). Ella prefiere morir a herir a otros. Ketch no la deja, y la verdad es que la escena tuvo su pega.

   De Lucifer en el Infierno, atado, lo bueno eran los intercambios de ingenios con Crowley, pero en sí fue tedioso hasta el momento cuando el diablo ese escapa y el Rey sufre una y otra vez en sus manos, hasta que es asesinado. Aunque creo que no hubo fan, viéndole mirar a la rata, que no supiera lo que planeaba el mañoso demonio de los cruces de camino. Pero ahora Lucifer está libre, y uno todavía se pregunta en qué coño estaba pensando Crowley cuando no dejo le encerraran en la jaula. Por cierto, ¿me pareció sólo a mí o en efecto Lucifer parecía algo coqueto con los demonios?

   Con la trampa del micrófono los Winchester capturan a lady Toni, y dentro del impala se enteran de todo lo que han hecho los Hombres de Letras ingleses, incluyendo que Jodi Mills y Claire Novak están en la lista para desaparecer; pero fue particularmente venenosa con los comentarios sobre Mary y Ketch. No me gustan esas escenas, pero casi esperaba que Dean le lanzara uno directo al hocico. Planean usarla para atrapar a Ketch, pero este ya está en la baticueva, y vemos una gran escena donde Sam y Dean trabajan al unísono y le desarman, pero llega Mary, Mary.2, y no pueden luchar contra eso. Son capturados y condenados a morir en el bunker, el cual se sellará. Aún nos tocó ver a Ketch condenando a muerte  ladi Toni con ellos, y nadie lo merecía más que ella.

   La escena quedaba servida para ese gran final de capítulo que más bien parecía de temporada. De todo esto hay un punto que me molesta todavía, y que en estas alturas ya era insalvable. Cuando ladi Toni aparece al final de la temporada pasada, capturando a Sam, pensé que representaba a un grupo serio que venía a meterlos en cintura, pero que conociéndolos y cazando con ellos, cambiaría de opinión (bien, esperaba que se volviera loquita con Dean, ¿okay?, como Amara), pero ha resultado un personaje totalmente desaprovechado. Ruby, Bela, aún  Meg, todas ellas fueron geniales, increíbles, uno las amaba y las odiaba por igual, y cada una de ellas llegó muy cerca de los cazadores, pero esta no. Bonita, elegante, poderosa, con una vida familiar propia (un hijo), parecía tener futuro o estaba destinada a algo mejor. Pero no.

   Bien Lucifer ve el mundo al que tanto odia, en una muy bonita escena, por cierto; ¿qué pasará ahora?

   Llegaba, por fin, lo que esperábamos, el enfrentamiento contra los Hombres de Letras ingleses, el vigésimo segundo episodio, Lo que Somos, o son los cazadores, o los Winchester.

   Mary ha continuado asesinando cazadores, recibiendo tres nuevos nombres, siendo el último de ellos el de Jodi Mills. Y me encantó. Regresaban al programa dos a quienes esperé por mucho tiempo, pero que luego todo resultó pólvora mojada, los cazadores que, intentando parar el Apocalipsis, en la quinta temporada, matan a Sam y Dean enviándolos a la cara oculta de la luna. Cómo espere ese reencuentro, pero aquí aparecen como aliados.

   Bien, mientras Mary anda matando cazadores a las órdenes de los británicos, Sam y Dean intentan escapar del bunker, falla un hechizo y fue cómico que los parara la sangre de alguien virgen, y se van por lo clásico, un túnel hecho a pico para llegar a un drenaje y subir, como en Sueño de Fuga. En un momento dado se dan cuenta de lo inútil que es y Sam confiesa que se dejó impresionar por los juguetes de los Hombres de Letras británico y el ideario de una organización estructurada que buscaba un mundo sin monstruos; que era más fácil seguirles que pensar por él mismo, responsabilizándose de sus hechos. Teniendo que ser el capitán de su vida. Y esto ha pasado y pasa siempre en todas partes, hay gente que dirige, otra que sigue órdenes, y es buena en eso, pero cuando no actúan los filtros éticos, cuando no priva la ley moral, distinguir lo bueno de lo malo, llega el nazismo y toda esa locura monstruosa y sólo queda como defensa, el “yo solo seguía órdenes”, como si eso justificara algo. Me gustó que Dean expresara que por un momento tuvieron una familia, ellos dos, Mary y Castiel, ahora todos idos. Cuando Sam le pregunta a Dean si pensaba que así sería el final, este le responde “sabes que no”, pensaba irse con una gran explosión, y es cuando se le ocurre la idea…

   Por fin puede usar su lanza granada, cómo se divirtió haciéndolo, y cómo se agitó lady Toni. Por cierto, ¿cuántas veces no los hemos visto cortar esas manos para un hechizo?, y ni una cicatriz.

   Salen y le avisan a todo el mundo que los persiguen; Dean llama a Garth y me gustó saber que el cazador, y hombre lobo, sigue vivo con su chica. Es cuando Sam gruñe un “es Jodi”. Si, se podía esperar lo peor, pero conocemos a la mujer, y me encantó una barbaridad que fuera ella quien derrotara a la mortal Mary, ayudada por Alex, que me gustó que apareciera también y que esa familia continúe, no todo tiene que ser drama. Por cierto, ella también debía aparecer en la lista de objetivos, como testigo y cómplice pasada de lo sobrenatural. Pero, ¿saben?, me habría gustad ver la pelea entre ambas, aunque eso habría matado el suspenso, ¿llegarían los hermanos y encontrarían muerta a la comisario? Mary es odiosa en esa escena y lady Toni confiesa que no puede revertir lo que hizo, la verdadera Mary está muy oculta en su mente y no quiere ni saldrá de allí. Recordó mucho el lugar feliz a donde va Castiel cuando Lucifer lo posee, y los muros tras los cuales se ocultaban los recuerdos de Sam del Infierno. La mujer les dice que no pueden escapar de los británicos, que lo mejor es esconderse, eso o morir. Sam agrega que hay otro camino, enfrentarles.

   Llaman a otros cazadores para ir contra los hombres de letras, y Sam da un discurso realmente bueno, emotivo, inspirador, reconociendo que él si se dejó engañar por esos sujetos, no como los otros que supieron ver el peligro y dijeron no a esa alianza.

   Atacarán el cuartel, Dean se queda, herido y porque va por Mary, para traerla de regreso. Me gustó que Sam dijera que prefería a su lado en batalla a un Dean Winchester herido a diez de otros cazadores; me gustó la respuesta de Dean, que le sabe maduro y listo para la tarea de dirigir, que le escuchó y sabe que lo hará bien. Fue otro momento Winchester, ese abrazo prometiéndose regresar, Sam no dudando que Dean recuperaría a Mary. Y quiero hablar de los cazadores, me gusta cuando aparecen otros, había una dama entre ellos, fuera de Jodi, y conociendo el programa temí por ella. Al final no vi si había sobrevivido. Verlos acudiendo a un llamado y trabajando juntos me recordó un Destiel escrito durante la cuarta temporada, antes de la llegada de la quinta, donde Castiel va caminando por un gigantesco campo de batalla en pleno Apocalipsis, alterado viendo a Dean peleando con el mismísimo Lucifer, y hacerlo de manera confiada y arrogante; en el relato decían que en ambos bandos habían ángeles, demonios y humanos, pero que los cazadores estaban unidos contra Lucifer.

   Curiosamente, en el enfrentamiento armado final entre cazadores y Hombres de Letras, faltaron los más beligerante, Dean regresa con Mary y Toni a la baticueva para que ella le meta en la mente de su madre, y Ketch va tras ellos siguiendo la señal del móvil de la cazadora. Detalle deplorable que todos debieron prever, han sido muchos a los que Sam y Dean han localizado así. Me gustó la charla entre Dean y lady Toni, ella sabe que no la perdonará, no lo espera, tan sólo que le dé ventaja para escapar porque quiere volver a ver a su hijo. La actriz estuvo impecable, emotiva, y eso era lo que yo quería ver en el segundo o tercer episodio de esta temporada, y que ella gravitara hacia los Winchester (hacia Dean), pero no se pudo. Lástima.

   Lo del ataque a los ingleses fue intenso y brutal, y creo que todos los disfrutamos, especialmente cuando atrapan como rata a la señora Hess, la cual todavía trata de manipular a Sam hablándole de una alianza ante lo que viene, le muestra evidencias de Lucifer caminando por la Tierra buscando a su hijo por culpa de Crowley que está muerto. Sam la rechaza, y sonreí, la vieja intenta un último truco y Jodi la acaba, todo fue perfecto, tal vez faltándole más miedo por su vida a la vieja malvada, pero nunca nos dan eso. Sam debió recordarle en ese momento la muerte de Eileen.

   Dean, dentro de la burbuja de fantasía donde se refugia Mary en su mente, que se niega escucharle cuidando al bebé Sam y el niño Dean, fue emotivo como siempre. Soltando otra lágrima solitaria y perfecta. Entendiendo que para llegar a la mujer debe rasgar las capas de cuidado que han tenido para no herirse, le confiesa el odio que siente por ella por lo que les hizo, el pacto con Azazel que acabó con todos, incluido Sam, quien fue poseído por Lucifer y torturado en el Infierno, perdiendo su alama, y algo sobre lo que he escrito mil veces, como  él, Dean, tuvo que dejar de ser niño y convertirse en soldadito en la guerra de John, y terminar como padre y madre de Sam, habiéndosele despojado de su inocencia. De ello la responsabiliza, y es cierto, aunque de no haber sido así ellos jamás habrían nacido, al haber muerto John a manos de Ojos Amarillos. Decirle todo eso la alteró, más cuando le confiesa que la ama y nunca dejará de hacerlo.

   Cuando en cabeza de Mary parece que ella va a responder, todo acaba y Dean despierta sobresaltado y molestó porque tal vez perdió lo que había ganado, abre los ojos para encontrarse con el cadáver de ladi Toni, y con Ketch. Se supone que la escena era para sorprender al espectador, el cazador despierta y ella está muerta, para que nos preguntáramos por un segundo qué pasó, que ya sabíamos, pero a mí me habría gustado ver la llegada del sicópata, una pelea entre ambos británicos y a ella caer. Se lo había ganado.

   La pelea a puñetazos entre Dean y Ketch estuvo genial, y aunque nuestro chico estaba herido, se defendió con uñas y garras, tanto que el inglés tuvo que apuntarle con un arma. Mary le abate. Que fuera ella pareció afectarle. Era un sujeto desagradable, y su relación con Mary erizaba el pellejo, pero parecía que si sentía algo por la mujer (lástima que no jugaron al “soy tu nuevo papá, Dean”). Me gustó que en esos últimos segundos reconociera que los dos son buenos asesinos; a su manera era casi un halago a Dean, a quien tanto menospreciaba.

   Con la baticueva llena de sangre y cadáveres, llega el final del episodio, Mary y Dean hablan, ella se mantenía lejos porque le costaba ver lo que había sido de su vida y la de Sam por las cosas que ella hizo. Dean acepta que no fue fácil, pero que el pacto y todo lo demás los moldeó en lo que son, guerreros en una batalla en la que otros no durarían y que había que dar. Aunque esto… no es totalmente cierto. Claro, se emplea como razón para el drama, para terminar de compaginar un personaje difícil, la madre de los Winchester de vuelta, pero no es tan culpa de ellos como imaginan o confiesan. Si nos atenemos a la mitología del programa, al evangelio Winchester, ninguno de ellos tenía ningún chance de que todo ocurriera de otra manera. Era un plan del Cielo, que en la Tierra se repitiera la batalla entre los hermanos que ya se había dado al principio; así fueron guiados a eso, incluso el que Mary y John se enamoraran, como confesara aquel Cupido en la quinta temporada. Pacto de Mary o no, eso habría ocurrido. Los planes de los ángeles siempre son tortuosos, en este programa.

   Bien, todo termina con Sam llegando y una bonita toma de los tres abrazándose. Todo estaba servido para el gran final de temporada. Aunque todavía me pregunté, sabiendo que ahora también los Hombres de Letras británico son sus enemigos, ¿quién vendrá por ellos? ¿Los nazis nigromantes, las amazonas, los restos de aquella familia que descendía de los Frankenstein, lo que venía rodando por ahí por incumplirle y matar a Billie?

   Ah, el episodio vigésimo tercero, el gran final, fue mayoritariamente tedioso. Es lamentable decirlo, pero aunque algo más adorables, Kelly y Castiel daban sueño. Ni siquiera supieron imprimirle tensión al momento del nacimiento del hijo de Lucifer, con algunas señales extrañas que nos hicieran pensar que a pesar de lo que esperaban, aquello si era algo realmente malo. Repito, tipo La Profecía. ¿Por qué no hubo un sacerdote demente que leyera señales sobre tal cosa? El programa se dejó tragar con esta trama.

   Y todo continuó medio aburrido hasta que reaparece Crowley y Lucifer continúa su gran campaña para asegurarse de que nadie le retenga nuevamente en el Infierno, mientras busca a su hijo. Bueno de los primeros minutos, fue esa bonita toma de naturaleza. Curiosamente armonizaba con aquella donde quedaba Lucifer, libre de hacer lo que le viniera en ganas.

   Nada más saber que Lucifer está libre, Sam, Dean y Mary llaman a Rowena, pero ya ese diablo está allí, con la poderosa bruja madre del Rey del Infierno. Y me molestó que la mataran así, fuera de cuadro. La actriz se había ganado su espacio, el personaje también, al menos debieron darle la dignidad de abrir una puerta con un ademán brusco y encontrarse con el bicho ese. Pero no, ya está muerta. Nada extraño en un programa donde fuera de algunos tipos, no suelen contar con muchos personajes, y donde las mujeres mueren con pasmosa regularidad (todavía me altera de lo Eileen y el desperdicio que fue ladi Toni). Pero hay que reconocer que como personaje, y villano, el Lucifer de Mark Pellegrino es muy sangrino. Casi agradable. Sus gestos, estremeciéndose con grima, cuando cuenta cómo la mató, “pelirrojas”, fue genial.

   Buena estuvo la llegada de Crowley a la baticueva, cuando Dean le golpea en automático, y no lo mata porque Sam dice que lo necesitan. Fue gracioso ver a Mary y Dean preguntar al mismo tiempo ¿qué?, cuando el menor dice que no lo pueden asesinar. Lo necesitarán para regresar a Lucifer a la jaula ahora que Rowena no está. No me gustó la reacción de Crowley a la noticia de la muerta de la bruja, habían compartido mucho, aunque lo ultimo fuera la “muerte” de su hijo por consejos de la bruja para que esta se vengara así por el chico al que quería y él prácticamente la obligó a sacrificar en el hechizo para borrar la Marca en Dean. Sin embargo, iban allí, allí, ¿no? Aquí viene la explicación de por qué Crowley interfirió con el hechizo para encadenar a Lucifer a un cuerpo y tenerle fuera, lo que debió ser la idea más idiota en toda la historia de la humanidad. Lo quería como mascota para mostrar, y como arma a utilizar contra quienes reclamaran el trono del Infierno y los que aún no le aceptaban como Rey. Crowsley no era una figura demoniaca a la altura de Lucifer y otros podían verlo así. Y se entiende, si estos dos fueran figuras a buscar en la historia, mientras Lucifer es un monstruo equiparable a Hitler, salvando las distancias, Crowley era un payaso como Mussolini, peligroso, pero más fanfarrón y fantoche que malvado.

   Dice que se cansó de eso, de pelear el título, de los demonios lloricas, de las almas que gritan y los trámites burocráticos, que les ayudará a vencer a Lucifer y luego cerrará definitivamente las puertas del Infierno, quedando fuera él como único demonio. Lo que los hermanos buscaban aquella vez, que terminó con otra jugada fuera de cuadro, cuando Metatron cerró el Cielo y los ángeles cayeron. Era una gran promesa esa de Crowley, allí debimos imaginar lo que ocurriría, pero estamos tan acostumbrados a que estos personajes mueren y regresan que ya no nos preocupamos como antes. Encuentran una señal de dónde pueden estar Kelly y Castiel y parten, antes Dean le clava a la mesa para imposibilitarle seguirles.

   Mientras se acerca el momento del nacimiento ocurren sucesos raros, y no tan raros en las series. En un exceso de energías se produce una abertura a un universo paralelo, algo tan normal de aceptar como esa gente en las películas cuando oyen que la población se volvió violenta y ataca a todos, que enseguida gritan zombis, porque como eso pasa a cada rato es lo lógico. Así está esto. Otro universo. Es un lugar gris y plomizo parecido al Purgatorio pero sin la selva, este era un desierto tipo Irak. Y cómo no recordar la serie Ángel en este momento. Me pregunté ¿será que osarán copiar la trama de enviar al niño a través de esa puerta y que este regrese en algún momento como un adolecente buscando sus raíces? Cruzando, Castiel encontrará allí a alguien que le ayuda y que le sorprende.

   Cuando regrese luego, con Sam y Dean, este se revelará como el Bobby de ese otro mundo paralelo. Y Dios, cómo fue grato verle, tan mal hablado y todo. Me habría encantado que los llamara idiotas. No reconociéndolos porque en ese mundo jamás nacieron, nunca impidieron el Apocalipsis y el Cielo y en Infierno se enfrentan en una batalla sin fin, y la humanidad casi diezmada padece en el fuego cruzado, John había muerto muchos años antes y lo que sabía de él era por los cuentos de una tal Mary Campbell, cuando se embriagaban y a ella le daba por hablar. La cual también había muerto.

   Pero antes, siguiendo señales dejadas por ese portal, los Winchester, Mary incluida, le caen a Castiel en aquel refugio. Y fue de una pobreza argumental ese encuentro que mejor lo dejamos así; lo único notable es el ángel pronuncia de primero el nombre que tanto le importa. Lo importantes es moverse, ocultar a la madre y el hijo, dejando para después el qué hacer con el niño. Dean está muy claro, dejarle sin poder, Castiel también, debe quedar tal cual. Me habría gustado ver un poco más de esa tensión entre los dos, Castiel se las hizo tres veces, desde robar la Colt hasta desmayarles para llevarse a la mujer, pero imagino que con todo el tiempo perdido con las escenas entre él y Kelly, no quedaba más.

   Sienten que Lucifer ya llega, trazan a toda prisa un plan, con ayuda de Crowley que regresa, parece ser encerrarle en la otra realidad (arrojar la basura al patio ajeno). Llega el invitado, haciendo buenos comentarios y pateando culos, Castiel, que está como en la cuarta temporada cuando no ganaba una pelea, es el primero en besar el piso. Fue gracioso escucharle decir “muy maduro”, cuando Sam y Dean se alejaron a la carrera. Les sigue a esa dimensión paralela, gustándole lo que ve. Dean le enfrenta con un arma cargada de balas mata ángeles, dada por el Bobby de allí, mientras Sam y Crowley preparan un hechizo para encerrarle. No entendí bien si fue que no funcionó, pero cuando Crowley dice que se necesita un sacrificio, una vida para cerrar aquello, me pregunté si para eso habían traído de vuelta a Bobby. Pero no, el Rey del Infierno se mata para encerrar a Lucifer, y esta vez su cara si estalló en luz. Crowley cae muerto… y uno pensaba, bien, ha pasado antes, ¿verdad? Porque, siendo sinceros, me agradaba ese personaje aunque ya fuera imposible tomarle en serio como villano. Pero Mark Sheppard se ha encargado de despejar la duda: Crowley está muerto y no regresará, ya no pertenece al staff de Supernatural.

   La cosa es que el portal no sólo no se cierra después del hechizo sino que Castiel llega como un loco mientras los hermanos salen, esa ranura sigue allí, el ángel reaparece frente a los hermanos tan sólo para que le mate Lucifer. Y si, Castiel ha muerto tantas veces que ya ni gracioso es, pero después de saber lo de Mark Sheppard, ¿cómo saber si el programa no ha decidido limpiar el tablero y comenzar raso? ¿Misha Collins regresará? No es lo mismo perder a Crowley, por malo que eso sea, y por acostumbrados que estemos a sus comentarios y desplantes desde la cuarta temporada, a perder al ángel de la guardia de Dean. Aparentemente en una convención, a Jared Padalecki se le escapó que en un episodio estarán con Castiel, pero no basta con eso. Y me perdonarán los que objetan al ángel, pero yo si espero que regrese.

   Por otro lado, nace el niño de Kelly con ese gran estallido de poder y todo pasa muy rápido. Lucifer está ahí, los hermanos van a pelear sin chances, aparece Mary que intenta arrojarlo a la brecha y lo logra pero este se la lleva cuando se cierra el portal. Y la cara de Lucifer en esa otra realidad, cuando la brecha se cierra, es todo un poema. Los hermanos están devastados, Dean se queda junto a Castiel, Sam va a la casa a ver qué ocurre. Encuentra el cadáver de Kelly (y fue lo mejor, no habríamos soportado a otra “madre”, no es como quiero féminas en la serie). Y siguiendo unas huellas encuentra al joven de ojos luminosos, el hijo de Lucifer, el llamado, en la vieja tradición católica, el Anticristo. El ser más temido, el hijo del Diablo en nuestro mundo.

   Fue un buen final, pero no tanto como otros. Incluso la llegada de la Oscuridad estuvo mejor. Aunque este si fue más intenso que ese donde Sam es secuestrado por ladi Toni y Dean encuentra a Mary. Pero no mucho mejor. Sin embargo, cuando terminé de ver de golpe los últimos cinco episodios de esta doceava temporada, tarde porque una amiga tardó en enviármelos, quedé como siempre con ganas de ver más. De saber qué ocurrirá ahora… y como saben, ya comenzó la temporada trece. El primer episodio fue intenso, mucho más de lo que esperaba… Y ya estoy enganchado otra vez.

Julio César.

NOTA: Anoche quedé el shock, cerrando el fin de semana disfrutando el tercer episodio de la nueva temporada; he esperado años, literalmente años, por la reaparición de este personaje, Missouri Moseley; aparece y entonces… ¡No es justo!

 

DEAN EL MAGNO… 7

octubre 20, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 6

   Ya lo imaginábamos…

   Alarmado por un segundo, el cazador rubio mira hacia la puerta, pero la cerró. ¡Gracias a Chuck!, se dice con sorna aún en esos momentos. Mirando al Hombre de Letras sentado en su cama, cara muy roja, ojos muy abiertos, con casi tres cuartos de su tolete tragado y abultándole las afiladas mejillas, se lleva un dedo a los labios y le sisea indicándole que no haga ruido. El menor no tomaría  aquello a risa, bien sabe el pecoso. Y sin embargo… Una espinita perversa le obliga a mecer sus caderas lentamente, un poco, metiéndoselo y sacándoselo de la boca, cogiéndosela, sintiendo la rica presión de aquellos labios secos, mejillas y lengua, las silentes succionadas que el británico no podía evitar darle para disfrutar del delicioso instrumento sexual que saborea.

   -¡Dean! –brama Sam del otro lado de la puerta, golpeando con el puño, algo ceñudo, tomando el picaporte e intentando abrirla. ¿Qué hacía el gilipollas de su hermano?, se pregunta pegando la oreja al frío metal.- ¿Estás ahí?

   -No, Sam, salí. –le responded finalmente, rodando los ojos, sabiendo que no se iría si no le hablaba, empujando las caderas y clavando palmo a palmo cada trozo de su tranca en aquella boca, enrojeciéndole  más la cara al otro.

   -¿Por qué aseguraste la puerta? –toda la sospecha del mundo se nota en el tono.- ¿Qué haces encerrado?

   -Pensaba cascármela, Sam, y necesitaba tranquilidad para eso. No quería que estuvieras entrando y entrando fingiendo buscar algo para verme. –se burla.

   -Idiota.

   Oye y sonríe ante la seca respuesta del menor, mientras mira al británico con maldad, atrapándole un hombro y halándole, obligándole a caer de rodillas frente a su barra, quedándose quieto, dejando que fuera el otro, Mick, quien fuera y viniera sobre ella, abarcándola y chupándola, dejando sus labios adheridos a la piel de lo gruesa que era esta.

   -¿Qué quieres, Sam? –gruñe con voz ahogada, preñada de lujuria.

   -¿En serio Mick se fue? ¿Sin la Colt? Es extraño.

   -Es un británico, quién puede saber cómo piensan, si es que lo hacen. –se burla, cruzando la mirada con el otro.

   -¿Dónde está la Colt? –el castaño, más ceñudo y desconfiado ante el tono de voz de su hermano, pega aún más la oreja de la puerta.- No está en la bóveda.

   -La tengo a buen resguardo.

   -Está bajo tu almohada, ¿verdad? –recrimina exasperado.

   -Hummm… -se le escapa a Dean cuando comienza un impresionante mete y saca de su tranca, que quema y moja la lengua del inglés, el cual tiene que luchar para no gemir de placer, totalmente seducido por el sabor de aquella barra de joder. Si nunca había mamado una verga, parecía querer recuperar el tiempo.

   -¿Y ese tono? ¿Qué haces?

   -Oh, por Dios, Sam, ¡ya comencé a cascármela! –le ruge, burlón.- Y por tu culpa ahora estás apareciendo en la fantasía. Llevas bragas y…

   -Idiota. –repite el menor. ¿Cómo podía tener un hermano tan idiota?, rumia mientras se aleja, todavía escuchando la risita del pecoso.

   El rubio se vuelve hacia Mick, quien sigue mamándosela, como imposibilitado de detenerse, succionando hambrientamente, la mente calenturienta gritándole que debió mamar güevos hace mucho tiempo atrás.

   -Joder, amigo, es bien caliente verte así, de rodillas, tragándomela con esas ganas, sometiéndote física y mentalmente a mi sexualidad. –le dice, hirviendo con una lujuria oscura en esos momentos, atrapándole la nuca con una mano y sacándole la tranca de la boca, atrapándosela con la otra mano y pegándosela en la cara, bañándosela de jugo y saliva. Dios, si, era tan erótico hacer aquello, recorrerle la frente, nariz y mejillas, mojándole, alzar su barra y medio golpeándole el rostro con ella.- ¿Te gusta mi verga? –le urge a hablar.

   -Yo… yo… -la voz le sale entrecortada, y tiembla bajo la mirada del rubio, ardiendo ante el pulsante tacto de la dura, larga y gruesa verga contra su rostro.- Si, me gusta. –admite.

   -Si, lo sabía. –sonríe todo chulo, excitado al escucharle reconocer que quiere entregarse accediendo a todos los caprichos sexuales de otro carajo. Se aparta y se lanza de espaldas sobre la cama, la cabeza en las almohadas, mirándole todo chulo (viéndose guapo, reconoce el otro, aún de rodillas), atrapándose el grueso tolete por la base, brillante de saliva, más rojizo por las mamadas.- Vamos, Mick, súbete. Quiero verte atrapar todo esto con tu remilgado culo inglés.

   -¿Qué? –la sorpresa le paraliza.

   -Vamos, baja un poco tu pantalón, pela ese culo, súbelo y bájalo aquí.

   -Dean…

   -¿Vas a comenzar otra vez? –rueda los ojos, sonriéndole con más chulería, agitando más el tolete, como invitándole. Y la mirada de Mick parece perderse en la barra. Como si le controlara un deseo irrefrenable, se dice el rubio, sorprendido, y divertido de una manera torva al verle ponerse de pie y manipular su pantalón para abrirlo, bajándolo, estando bien erecto bajo el bóxer color mostaza que usa.- Sólo pela el culo, no quiero verte lo demás. –es burlón.

   Enrojeciendo de vergüenza, y humillación, sorprendiéndose él mismo de que eso le excitara tanto, aunque no sin algo de dudas (¡esa verga era muy grande!), sube a la cama no tan ancha y gatea montándose a hojarasca sobre las desnudas caderas del cazador, por delante de la verga pulsante. Este le mira fijamente a los ojos, divertido, burlón, excitado también. Pero había algo más… ¡El hechizo de aquella bruja!, piensa por un segundo el inglés.

   -Es muy grande… -gimotea asustado. O caliente. La sonrisa de Dean le ciega.

   -Podrás con ella, chico grande. Escúpete los dedos y mójatelo. –le indica, queriendo ver que lo haga, casi temblando de anticipación, la verga chocándole de las nalgas, ambas pieles ardiendo.

   Y sonríe de medio lado viendo al hombre hacerlo, escupirse los dedos y alzarse un poquito sobre sus caderas, llevando esa saliva a su raja velluda, untándose el agujero. Lubricándolo. Preparándolo para que un hombre tomara su virginidad.

   -Oh, sí, esto será épico. –le dice Dean, la verga pulsándole y goteando.

CONTINÚA … 8

Julio César.

SUPERNATURAL NOW

octubre 17, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   ¿Durará tanta dicha?

   Aunque oficialmente la serie comenzó su décima tercera temporada el día jueves 12 de octubre, fue anoche cuando el infame Canal Warner (WC, como parece que les gusta identificarse), dio inicio a la misma. Tratándose de ellos fue casi simultáneamente, algo increíble. La manera en la cual esta gente maltrató la doceava temporada fue sencillamente atroz, después de la una de la madrugada (hora de Venezuela, se entiende, tal vez eran las ocho de la noche en algún lugar, pero seguro que, justo en ese momento, tampoco en ese lugar la trasmitían). Y pasaban dos o tres episodios de una sentada. ¡A esas horas! Bien, como sea, la iniciaron ayer domingo en la noche, la estocada perfecta para el fin de semana, echarse sobre la cama minutos antes de las once y mirarlo. Sam y Dean en lo suyo. Aparentemente ya uno de los actores protagónicos (no Ackles, no Paladecki), anunció que efectivamente su personaje no regresa, está muerto y así se quedará; otro anda en entredicho (¡y me tienen una guerra de nervios!), pero lo que queríamos ver era al “recién nacido”, y estuvo sobrado. Qué broma con este programa que siempre nos deja en ascuas y esperando ansiosamente por más, para ver cómo resuelven tantos líos. Ojalá continúen trasmitiéndola a esa misma hora, mismo día, y recordarlos el lunes, cuando uno anda de capa como de caída.

EL HIJO DE LUCIFER; 21×12 – 22×12 – 23×12

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 6

octubre 12, 2017

DEAN EL MAGNO 

   Ya lo imaginábamos…

   -¿Cómo?, ¿te vas? ¿Por qué? –el otro no entiende, despegando la mirada de una de las parejas que se besa.- Hay cervezas. Y espectáculo.

   -¿Vas a quedarte mirándoles? –se sorprende, aunque no debería. Ya le conocía, su adicción a la pornografía era legendaria. Bien, a falta de sexo real…

   -Es mejor que irme a casa y encerrare en mi cuarto un sábado por la noche, ¿no? –se defiende el otro. Era cierto, piensa Alan, ¿pero quedarse y…?

   -Diviértete. –le dice, viéndole sonreír más.- No vayas a manosearte frente a ellos. No creo que te vaya bien si lo haces. –juega un poco y se aleja, siendo seguido por una que otra mirada, notando, de paso, la de Brad, indiferente.

   Qué idiota, piensa algo dolido, recordando cómo le buscaba, le suplicaba y rogaba que ser la mamara, que andaba caliente, que no se lo contaría a nadie. Bien, Brad iba por mamadas, por su boca, y él se las daba. Era todo, ¿no? Aún así sonríe con cierta tristeza patética oyendo el susurro de las hojas que pisa por el sendero que le separa del claro donde están los autos. Le tocará caminar de regreso a casa, ya que fue Ned quien le trajo. Le gusta ese lugar apartado, donde muchas veces se ocultó por muchos motivos. No era fácil ser un chico al que se le intuía gay en un pueblo pequeño y conservador, en un colegio de toda la vida, conociéndose la historia de su padre borrachón y violento que les atizaba a todos por cualquier razón. Tocándole escuchar, con un ojo morado, que seguramente se lo buscaba por maricón, no dejándole otra opción a su padre. Si, en su corta vida tenía muchos motivos para amar un paraje solitario como ese, donde podía simplemente caer de culo contra un árbol e imaginarse vivir lejos, en un lugar donde nadie le conociera ni importara cómo fuera o lo que hiciera. Nunca se ha sentido incómodo por esos parajes… hasta ahora.

   Ceñudo nota el silencio, no se escuchan los habituales susurros del bosque. Ni el de las cigarras. Los únicos sonidos son las charlas bajas que ya no se distinguen a sus espaldas. Es cuando nota un rumor de pasos, pesados, furtivos, que cesan en cuanto se detiene. Se vuelve pero no hay nadie. Un vago malestar le recorre mientras barre todo con la vista encontrando sólo maleza y soledad.

   -¿Hola? –pregunta sintiéndose idiota. Nada. Se vuelve y sigue.

   Pero no está tranquilo, algo le grita que regrese a la fogata, o que apresure el paso. Y aunque se dice que actúa tontamente, que nada ocurre, que está solo, se vuelve dispuesto a no encontrar nada. Contiene un jadeo, dando un trastabilleo. Una figura ancha y alta, más de dos metros, está allí, fuera de la luz tenue que produce la luna, bajo las sombras de unas ramas. Quieta pero amenazante.

   -¿Si? ¿Está perdido? –intenta terminar con el ambiente opresivo, con el miedo, hablándole. Buscando una respuesta. Dios, ¿quién sería?

   Calla bruscamente, helándose, cuando la figura suelta algo que lleva en la mano, una cadena algo gruesa se desenrolla y de su extremo final cuelga una bola, no la distingue bien pero sabe que es de metal, del calibre de una pelota de beisbol. No puede evitar deja escapar un  gemido al verla; sus ojos se desorbitan al verle comenzar a girarla, apartándose del tronco, en círculos sobre su cabeza.

   -No, no… ¡No! –grita dando media vuelta, corriendo.- ¡Auxilio! –oye perfectamente el sonido de la cadena girando.

   El impacto le alcanza de lleno en centro de la espalda, bajo su cuello, provocándole un dolor intenso, derribándole de panza sobre la grama. Duele y no puede respirar. Ni gritar. Con los ojos bañados de lágrimas se vuelve a mirarle sobre un hombro; el sonido se lo indica, esa cadena gira de nuevo.

   -No, por favor… -farfulla sintiendo un terrible dolor al hablar, quién sabe qué se había fracturado.

   Intenta ponerse de pie pero solo logra quedar sobre manos y rodillas, casi impulsándose para echarse a correr, cuando un segundo golpe le acierta en el costado derecho del torso, provocándole más agonía, debilidad y falta de aire, derribándole nuevamente medio metro más allá. Le duele tanto que se quiere quedar allí. Pero sabe que si lo hace va a morir, ese ser le quiere matar. Oye la cadena girar, quiere gritar, mucho; no era justo, no Dios, pero el golpe llega con una piadosa oscuridad que le envuelve y aleja de ese lugar de sufrimientos.

……

   En la baticueva, presidiendo a Dean Winchester por un pasillo algo lóbrego, Mick Deavis, Hombre de Letras británico se pregunta qué coño hace, con el corazón bombeándole locamente en el pecho. Se detiene frente a la puerta.

   -Pasa a mi telaraña. –el pecoso ronronea desde atrás, estremeciéndole.

   -Dean…

   -Joder, no comiences otra vez. –oye la réplica seca, ve la mano que se extiende y abre la puerta.- Pasa. –le ordena como si tal, y él obedece. Es allí cuando se vuelve, resuelto a salir del refugio. Si dejaba que el cazador…

   -Debo… -comienza, mirándole erráticamente, intentando no fijarse en lo hermoso y sexy que es y se ve, así, todo desnudo, dorado y suave, brillante aún con algunas gotas de agua, con aquella toalla alzada como tienda de campaña.

   -Lo que tienes que hacer es dejar de hablar y usar esa boca en otra cosa. –sonríe el cazador, todo chulo, dejando caer la toalla, exhibiéndose en toda su gloria. Algo que siempre le ha agradado y que ahora le excita aún más.

   A la vista de esa gruesa verga blanco rojiza y sus más de doce pulgadas, totalmente horizontalizada, cubierta de venas, el glande liso y brillante, la mente del inglés hace corto circuito y cae como en trance sentado en la cama, atrapándola con la mano, estremeciéndose al sentirla en su palma, acercándola y besándole nuevamente el glande, encontrando esos jugos espesos que chupa. Las gotas sobre su lengua terminan con cualquier duda, es un estallido de lujuria y sabor, así que cubre la cabecita y la lame, sorbiéndola, cerrando los ojos, rojo de cachetes. Chupa y traga mientras la masturba mas abajo, desesperado por tomar más de ese rico licor, tragándolo como puede. Los secos y delgados labios abarcan un tercio del grueso instrumento, subiendo y bajando, masajeándolo con mejillas y lengua, estremeciéndose de dicha al escucharle gemir. La mamada que le daba le hacía feliz, y la idea era suficiente para él.

   La mano que cae tras su nuca, obligándole a tragar más y más, dominándole, exigiéndole, le eriza de placer; deseaba complacer a Dean. Sus chupadas son ruidosas, la saliva mana con ganas.

   -Eso es, Mick, abre bien esa boca, traga cuanto deseas. Demuéstrame que eres un chico inglés grande que lucha por lo que quiere, buena carne rebelde. –se burla el pecoso, con una mueca libidinosa guiándole sobre su barra.

   El Hombre de Letras gime, la boca muy llena, babeando, caliente como nunca antes, por las palabras y el trato… Deseando tragarse, en verdad, cada pulgada de aquella enorme pieza. ¡Amaba mamar aquella verga! No, necesitaba chuparla.

   -¿Dean?

   Joder, ¡Sam!

CONTINÚA … 7

Julio César.

NOTA: Dios, va a comenzar la décimo tercera temporada y aún no comento qué me pareció lo que me falta de la doce.

EL FUTURO DE LOS CAZADORES; 19×12 – 20×12

octubre 12, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   Se colocan las fichas para la jugada final.

   Bueno, aunque ya había adelantado que el episodio décimo noveno de esta doceava temporada, titulado algo sí como “Futuro”, me gustó, y es cierto, también me molestó. Y mucho. Trataba del tema central, pero la verdad es que la historia fue un tanto floja, como ocurre siempre que intervienen los ángeles; quienes, exceptuando a Castiel, no impresionan (Uriel y Zacarías, en la cuarta temporada, si estuvieron fuera de lote); y aquí, aún el angelito de la guardia de Dean estuvo algo tedioso como suele ser cuando le da por repetir sus fracasos. Y las charlas con la mujer a la que no sabe si intenta ayudar o condenar, no le sirvieron para levantar la cara. No quiero ni imaginarme qué dijeron los fans, en su momento, en otros portales y aún mis amigos, a quienes les exigí que no me contaran nada hasta que los viera por mí mismo. Tardé mucho.

   ¿Qué no me gustó? Dios, ¿qué no? Las tres traiciones de Castiel hacia los Winchester, específicamente contra Dean. Estuvo peor que Pedro, esa noche cuando se llevaron a Cristo y le faltaron  horas para desentenderse de él. No me gustó lo que ocurrió con los ángeles, incluido Joshua. Me gustó menos lo ocurrido con Dagon. Por no hablar del absoluto desastre que fue la destrucción de la Colt. Casi lo sentí. Fue un episodio de frustración, todos esos detalles, si le sumamos a lo mucho que se habló, le restó impacto.

   Bien, continuaba la búsqueda de la mujer que está por parir al hijo de Lucifer, custodiado esta por una princesa del Infierno que ya no le oculta sus malas intensiones. La madre, Kelly, va a morir cuando ese fruto malvado llegue, por lo tanto intenta suicidarse para evitarle problemas a otros, pero el niño no la deja y ella sonríe con esa cara de fanática religiosa que incomoda tanto, diciendo que el niño la salvó, que es bueno y que le aguarda un gran destino. Dagon se ríe y burla, y este personaje estuvo genial. Me gustó aquello de haznos un favor a ambas y toma un baño. Por otro lado, ¿cómo es que un ser tan poderosos vive en una casa tan fea viendo, y riendo, concursos por televisión?

   En la baticueva Sam sigue buscándolas y Dean intenta comunicarse con Castiel, quien finalmente aparece. Me encantó la manera fría de Dean de recibirle, que les habría servido en la batalla con Dagón. Y se plantea la cuestión ¿qué hacer cuando llegue el momento con la madre y el niño?, ¿matar a un inocente? Y si lo es, Lucifer no nació malo, se hizo. El niño, en teoría, no tendría que ser malvado más allá de toda la mitología de La Profecía y lo señalado en el Apocalipsis bíblico sobre el anticristo.

   Dean, en su cuarto, es visitado por Castiel que le lleva algo y quiere explicarse, su ramillete de viejos éxitos, todos sus fracasos (el ángel es de los que intenta remendarlos empeorándolos cada vez más, excepto cuando mató a Billie, que tocaba). Por un momento pensé que viviríamos un momento del fandom, discusiones, recriminaciones, pero Dean le abre la puerta para que entienda que aunque se equivoque todos están en el mismo bote. Desde que matara a Billie, se le escapara Kelly embarazada y pasara meses sin poder encontrarles cuando estuvieron detenidos por el gobierno, el ángel las ha pasado mal, cuestionándose su papel en el gran plan; necesita probarse, y es lo que está haciendo aquí. La cosa es que desaparece otra vez de la baticueva, Sam se pregunta  a qué fue y Dean sospecha algo, ¡se llevó la Colt! ¡El hijo de perra ese! Entró al cuarto de Dean a fingir explicarse, este le abrió su corazón, le perdonó y en todo momento la idea era robarse la Colt, ya que el cazador la tenía allí porque le gusta dormir con ella bajo su almohada. Su cara al explicarlo y Sam al escucharle, fue un poema.

   Hay un plan del Cielo para matar a la mujer, al bebé y a Dagon usando la vieja Colt, y Castiel aclara que no lo hace por el Cielo o los ángeles, que lo hace por los Winchester (por Dean, pero no lo dice así), para que no tengan que pasar la prueba del sacrificio de los inocentes. El camino al Infierno está empedrado de buenas intenciones. Pero les va terrible, como siempre; creo que nunca hemos visto un plan que les haya funcionado. Fuera de robarse la Colt llevándose sólo tres balas, no cuentan con la habilidad de la mujer que los acaba. Además, eran tres tristes gatos, ¿contra una tigra como esa? No tenían chance. Y uno se pregunta ¿por qué no enviaron un ejército? Castiel, frente a Kelly, no puede disparar y se la lleva cuando se hace evidente que Dagon pateara todos sus culos. Y llega una de esas conversaciones aburrida entre los dos, la mujer y el ángel, ella explicándole que el niño no es perverso, que su nacimiento responderá a un por qué. Como sea, Castiel decide llevarla al Cielo, donde morirá ella y el niño perderá su cuerpo.

   Fue buena la ira de Lucifer al saberlo, que su hijo estaba con el perro de los Winchester (de Dean). Por su lado, a Sam se le ocurre que si toman la gracia del niño este quedaría como un simple bebé, recordando el tiempo cuando fue poseído por el falso Ezequiel. El plan parece bueno… y me pregunté, ¿eso no se podía hacer con Lucifer? Por su lado, accidentándose, Castiel tiene que parar con Kelly en un motel, y ella le hace tocar su vientre, haciéndole consiente de la vida que se gesta en ella. Todavía anda abrumado cuando abre la puerta y se encuentra con Sam y Dean, el menor, aunque amigo, había activado el rastreador de su teléfono.

   Viene la discusión sobre qué hacer con el bebé, nada de matarlo, pero Kelly no quiere que despojen al niño de su esencia, porque este viene al mundo con un propósito. Es por ello que cuando se impone el punto de vista de los hermanos y le entregan las llaves a Castiel para que la monte en el impala, ella escapa… y Castiel no la detiene. Traicionándoles por segunda vez en el mismo episodio. Ah, la cara de chasco de Dean…

   Llegan a ese parque, aparece Joshua, y no me gustó que no fuera el mismo personaje, el anciano jardinero (aunque eso ocurrió hace tanto, en la quinta temporada, que a los mejor el actor ya ni existe), y Dagon aparece, matándole. Eso me molestó, hubo un tiempo cuando nada ni nadie era más poderoso que un ángel, ahora… La mujer hasta hizo bromas, con eso de que casi se le escapan si hubiera llegado un segundo más tarde, confesando luego que juega, llegó hace rato.

   Llegan los hermanos, viene la pelea, Dean intenta matarla y ella no sólo le quita la Colt sino decide resolver eso de una vez y la destruye. Eso me dolió tanto como a Dean.

   Con los hermanos por el piso, Castiel la enfrenta y ella casi le destruye, es cuando Kelly interviene, dándole la mano, transfiriéndole poder y acaban con Dagon. Y no me gustó tampoco, como la muerte de Joshua (en el Cielo ya no queda nadie), fueron muy simplonas.

   Viene la última discusión con los hermanos, Castiel ha visto el futuro, un gran futuro y destino, el niño debe vivir y nacer en plenas facultades. Como los hermanos se oponen, el ángel les traiciona por tercera vez, dejándoles inconscientes. ¿Cómo pudo hacerle eso a Dean?

   El niño nacerá, ¿es algo bueno o malo? Es Supernatural. Sam creía hacer lo correcto cuando pensaba que Dean no tendría fuerza para ello y abatió a Lilith, después de consumir mucha sangre de demonios, dejando libre a Lucifer. Para salvar a Dean de la Marca, evitar que se convirtiera en un demonio, desataron la Oscuridad. Viendo a Castiel protegiendo ahora a la mujer y al bebé, me pregunto si el ángel no actúa tan tontamente como Crowley con Lucifer. Si el pasado sirve de guía, esto no saldrá muy bien. El programa no está para cargar con un niño, es de suponer que pasará como en la serie Ángel, que cuando el niño del vampiro nació, fue raptado y llevado a un mundo paralelo y al regresar ya era un joven adolecente. Aquí no hace falta otra realidad, pero ¿será eso?

   Después de un episodio algo flojo, aunque perteneciente a la trama central, ¿cualquier cosa que llegara resultaría mejor?, algo de eso hay, pero el vigésimo capítulo, sobre Tasha Banes y su familia, fue muy bueno de por sí. Y muy dentro del amargo y despiadado canon de Supernatural. De hecho me gustó mucho la intro, con dos clásicos, el reencuentro de un muy joven Sam con el también muy joven Dean (y bonito, con Jensen Ackles no cabe otro mote, especialmente en ese momento que se veía muchachito), y ambos tratando con aquel demonio del cruce. Detalles que luego se explican.

   Una hermosa mujer llega a un bonito motel, de colores vivos, gran jardín, y conoce a una anciana desagradable, como suelen serlo muchas al llegar a cierta edad y sostener muy firme sus conceptos, erróneos o no, porque el entorno les ha permitido cruzar toda una vida sin enfrentarlas o corregirlas (todos conocemos a gente así); luego vemos a esa mujer salir a revisar un lugar y ser asesinada. Resulta que es la madre de los hermanos cazadores que Sam y Dean conocieron en los funerales de Asa Fox (de hecho son sus hijos), Max (brujo y abiertamente gay), y Alicia, toda bonitica. Es ella quien llama a un teléfono de Mary ya que su madre lleva una semana desaparecida y no se ha reportado. Max cree que exagera y ella termina aceptándolo, pero los hermanos irán por insistencias de Sam.

   Y aquí estuvo el primer detalle sobre la intro, cuando Dean no ve necesidad de ir, Sam le recuerda la juventud, cuando se reunieron, la madre de los chicos salió hace una semana a cazar y no hay noticias. Con eso comenzó la cruzada de los hermanos en la carretera. Fuera de eso siguen encerrados sin encontrar a Castiel, viendo la Colt destruida, el cuento de siempre, es mejor salir y hacer algo; fue grato saber que la comisario Jodi sigue ayudándoles aunque no esté presente.

   El caso es que todos se reúnen, van a investigar, encuentran a la mujer y esta es encantadora y todo se ve genial, aunque a Dean no parece convencerle eso de que sólo hay vino para tomar (y se entiende, ¿vino?).

   Mientras Sam sale por la cena (después de indicarle a Dean que beba, y este feliz lo hace tomando su vino también), Dean mira a esa familia feliz, dos hermanos y su madre. Me gustó cuando este habla con ella, que le pregunta si está algo ebrio y este replica ¿con vino? Presentar ese cuadro hermoso fue el marco perfecto para lo que ocurrió después, por duro que fuera. Por la foto de un desaparecido que vieron allí, Sam y Dean investigan y encuentran el cadáver de la mujer, también Max, quien iba a reunirse con un chico con el cual pensaba pasar su buen rato. No fue muy expresivo él, aunque lo intentó. El enfrentamiento con eso, la falsa Tasha, que no sabe que no es humana, que no es su madre, fue intenso. Como el hechizo con la cual descubre al responsable.

   La anciana desagradable, una falsa bruja que obtuvo su poder de un pacto diabólico; está por morir y quiere escapar al castigo eterno, por eso le propuso a Tasha un trato, luego se lo propone a él, así se quedará con su madre, esa figura hecha de ramitas (un detalle escalofriante que pudo ser muy bueno, pero la serie es tratada más como aventura de acción que como suspenso y terror muchas veces, dejando perder estas oportunidades).

   Hay una pelea, el chico duda, parece que va a aceptar y Dean mata a la bruja, no antes de que en otro ataque, Alicia sea herida y muera. Exigiendo quedarse solo, él toma el anillo de la bruja y crea una muñeca de su hermana, que despierta con un comentario que parece totalmente humano, que se siente como si hubiera tomado mucha tequila. Ahora hizo un pacto y sigue con su hermana, que es un ser sobrenatural, ¿volverán a encontrarse con los Winchester?

   Dentro de la historia también estaba la trama de Mary y Ketch, cuando esta lo ve como es, un ser sádico y cruel; y finalmente sabe lo que pasa, que los vigilan, que tienen planes de exterminar a los cazadores, que Mick fue asesinado y que hay un seguimiento de todos los que tienen que ver con los cazadores. Ketch le tiene ganas, siente algo por ella (por horrible que resulte la idea, es casi como ver a Danny Trejo, en Machete, besándose con Jessica Alba al final, daba escalofrío).

   Cuando se enfrentan Mary y él, después de esta enviarle un mensaje a Dean diciéndole que tenían problemas (alarmando al pecoso), fue una pelea genial. Atacándola a traición fue que pudo controlarla. Pero se nota que él no quiere matarla, ¿porque pueden usarla o porque le gusta? La duda queda, aunque vemos aparecer nuevamente a lady Toni, quien pretende hacerle algo a mamá Winchester.

   El episodio me gustó mucho, también esta malvada bruja de una clase distinta, la cual dijo algo que es muy cierto, a cierta edad se quieren las cosas de cierta manera, lo que se quiere es orden, uno que garantice que todo marchará bien, y tranquilidad en la certeza de que se comerá, dormirá, paseará, leerá o visitará a tal y cual hora. Es fácil entenderla. ¿Qué no me gustó?, lo que pasó con esa familia, los Banes. No porque estuviera mal montado el episodio, sino por los significados. Eran cazadores que habían salido muchas veces, a solas o en pareja, y habían sobrevivido hasta participar en un caso con los Winchester. Los hermanos son tan agradables como la mamá, pudieron ser aliados de Sam y Dean, pero matan a casi todos (una constante del programa), y caen justamente las dos mujeres (otra constante), aunque regresada una de ellas, convirtiéndole en un personaje más interesante.

   Disfruté una barbaridad de la trama, aunque me sigue molestando el detallito de que hay poco terror ahora. Y el que se haya salido de una mujer hermosa, poderosa y sangrina como Tasha Banes.

SUPERNATURAL NOW    EL HIJO DE LUCIFER; 21×12 – 22×12 – 23×12

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 5

octubre 4, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 4

   Ya lo imaginábamos…

   Ojos muy abiertos, de la impresión ante las imágenes que crean en su mente las demandantes y muy gráficas palabras, Mick le escucha y mira; esa verga al alcance de sus labios, el calor de esta llegándole de manera atormentadora. Y desconcertante. No entiende qué le pasa, aunque, una vez libre del influjo (cuando dejara de ver al cazador), entendería cabalmente lo ocurrido, aunque sería tarde. Abre la boca para decir algo y el cazador rueda los ojos.

   -Si vuelves a decir “Dean”… -imita un tonito arrogante y engolado, pero pensándoselo mejor, aprovecha que esos labios se han separado y echa las caderas hacia adelante.

   La punta rojiza de su verga choca de los labios delgados y algo secos del Hombre de Letras, el cual se estremece ante el tacto, sufriendo de frío y calor arrodillado en la circular estancia. Ese glande… esa verga… El cazador sonríe de lo más chulo, casi con un “si, lo sabía”, cuando sus labios se entreabren más y lo rosan, medio besándole, como tanteando. El inglés espera sentir repulsa, rechazo total a la idea, encontrar allí fuerzas para alejarse… ¡pero se siente tan bien contra sus labios! Los separa un poco más y deposita un lento beso sobre el ojete, intentando concentrarse en la orina, en lo rancio de los baños, en cualquier cosa para alejarse con asco, pero no lo encuentra. Una gota de líquido cae en su lengua y siente que arde en llamas. Calor que se le incrementa cuando percibe como la tranca se estremece y endurece, agradada por lo que hace. Y eso le hace sentirse feliz, conseguir aquello. Mirando a Dean, pareciéndole que no existían ojos verdes de hombre más hermosos que los suyos (enrojecen sus pómulos un poco al pensarlo), abre más la boca y se introduce medio tolete, cuidando de no morder, cosa difícil por el grosor, pegándole los labios, mejillas y lengua, ese ojete dejando escapar mas de esas dulces y embriagadoras gotas de líquidos que…

   -Hummm… -se le escapa de sorpresa y gula cuando estas impactan de lleno sobre su lengua, estimulando aún más cada una de sus papilas gustativas. Dios, era… era… Chupa ruidosamente buscando más.

   -Oh, sí, eso, encuéntrale el sabor, Mick; encuentra tu ritmo de chupa vergas, muchacho. –le alienta Dean, sintiéndose mas y más caliente.

   Los ojos del otro se cierran, ¿para no continuar viendo lo que hace?, no, para concentrarse en ese mundo interior donde esos jugos sabían tan bien, lo excitante que era tener la verga de Dean Winchester llenándose aún más de sangre, calor y ganas, creciendo y endureciéndose mientras él intenta abarcar más y más con su boca, sus delgados labios adhiriéndose a la mole nervuda de carne cuando va y viene, dejándola brillante de saliva, apretándola, sorbiéndola.

   Abriendo los ojos, el Hombre de Letras pierde toda cordura y le atrapa las caderas con las manos mientras chupa y succiona más y más. La verga está ahora bien dura y le cuesta abarcarla con el calibre de su boca pero, ávido, lo intenta. Dean la empuja, se le clava un poco más, amando la sensación de correrla sobre esa lengua, pero ahogándole un poco. El cazador, atrapándole la nuca con las dos manos, le retiene allí, con fuerza demandante.

   -Chúpala, vamos, cométela toda, perra. –le farfulla, y su voz ronca preñada de lujuria hace estremecer al hombre de rodillas sometido a su masculinidad.

   Mick quiere, en verdad; la idea de abarcarla toda, de sentirla en su boca latiendo y quemando, haciendo feliz a Dean de paso, le parece en ese momento el ideal de la gloria, pero no puede, es muy larga, muy gruesa, el glande le tapona la garganta. Se está ahogando, literalmente, todo rojo de cara, los ojos humedeciéndosele. Y una certeza le llega: iba a morir asfixiado a los pies de ese hombre. Asfixiado por tener un pedazo de carne atragantada en su garganta. Y era tan irónica y estrafalaria la idea que siente deseos de reír.

   Con una mueca predadora de un gozo y lujuria que a él mismo sorprende, y encanta, Dean le mira, todo rojo tomate, ojos bañados en humedad, atragantado de verga, y le parece que es la primera vez que, en verdad, le agrada el aspecto de ese sujeto creído y algo mañoso, con su boca de chupa vergas tragándosela casi toda ahora. Le suelta y Mick se retira de la tranca, que emerge blanco rojiza y brillante de saliva, apretada aún por esos labios, siendo chupada en el recorrido, hasta que la deja salir, una impresionante barra de más de doce pulgadas, gruesa y chorreante de saliva. Mick jadea, recobrando el aliento, alzando los ojos como conejo asustad hacia el sonriente cazador, hasta que vuelve a mirar el tolete, al que atrapa otra vez con su boca, necesitado de saborear esas gotas, de sentir esas pulsadas y calor, tragando y chupando a un tiempo, lameteándole, erizándose de orgullo y placer cuando escucha al pecoso gemir de placer.

   Oh, sí, Mick estaba haciéndole disfrutar mucho, como toda buena mamada de verga le hacía a un hombre. Aunque fuera otro tío quien se la diera, descubre ahora, mórbido, diciéndose que esta parecía mejor que otras que ya ha recibido, no sólo por la forma en la que Mick iba y venía, desesperado por tomarla toda, por beberse cada gota de los espesos líquidos, sino porque era un hombre quien se la mamaba. Quiere llenarle la boca de semen, quiere verlo, sentir ese placer indescriptible del clímax y todavía disfrutarlo más sabiendo que le llenaba la boca de espermatozoides al pomposo inglés que pensaba que los cazadores eran matones glorificados. Quiere abultarle las mejillas con su leche, verlo tragarla, su manzana de Adán subir y bajar, e ir por más en su tolete. Quiere escucharle gimotear porque se acabó. ¿Podría hacer que le suplicara por más? La idea le parece sucia, erótica… y deseable. Pero… viéndole de rodillas, sumiso, ansiosos de su virilidad, otra idea le asalta.

   -Espera. –ruge, voz cargada de ronco deseo, sacándosela de la boca.

   -Dean, ¿qué…? –Mick no entiende qué pasa, tan sólo que ya no la tiene sobre la lengua, e instintivamente echa el rostro hacia adelante, los rojos y húmedos labios de donde escapa algo de saliva se abren intentando atraparla otra vez.

   -No, espera. No quiero que Sam nos descubra aquí. Sería divertido que te viera bañado con mi esperma, pero… ya sabes cómo es. De alguna manera encontrará que esto es algo inapropiado. –rueda los ojos, tomando la toalla y cubriéndose, sonando lógico, aunque lo que quería era otra cosa: la santidad de su habitación para romperle el culo al inglés y hacerle gritar.- Vamos a mi cuarto.

……

   La noche, despejada, permitiendo ver estrellas a millones de años luz, era inusualmente fría para la época del año, se dicen Alan Griffin, tomándose aquella fría cerveza que en verdad no quería, echado de culo alrededor de la fogata en medio del bosque cercano a  Blackwater Ridge, Oklahoma. Había asistido por la llamada de los ex condiscípulos de la secundaria Jefferson, quienes nunca fueron sus amigos pero tampoco enemigos. No mira a nadie ya que al igual que Ned Lombardi, su mejor amigo, que sonríe y disfruta de la bebida y el espectáculo, asistió solo. A un lugar donde las antiguas parejas se reencontraban y comentaban sobre cómo les iba en la nueva vida, la universitaria fuera del pueblo. Él se había quedado para ayudar a su padre con el taller. No tenían para más, ni sus notas auguraban nada bueno. Fue uno de los que no salió de aquel lugar. Nadie lo comentaba, pero notaba las sonrisas.

   Era un fracasado. Doblemente fracasado por estar allí solo, en medio de parejitas que se besaban y miraban de manera melosa. Triplemente fracasado si se contaba que le costaba no mirar a Brad Dillon, ex capitán del equipo de futbol, el chico popular de la escuela, el gran triunfador, rey de la graduación y novio de todas… A quien le daba mamadas casi todas las tardes después de las prácticas porque este le buscaba ansiosamente; de rodillas, entregándosele, se la succionaba esperando una sonrisa amistosa, una palabra amable. Nada. Y ahora ni le miraba mientras besaba y le metía la mano bajo la blusa a Sandy Lee.

   -Me voy. –se vuelve y le dice a Ned… Ignorando que estaba sellando su destino.

CONTINÚA … 6

Julio César.

LA TEMPORADA TRECE DE SUPERNATURAL

septiembre 30, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   Tan esperado, como cada año.

   Falta poco. Se tiene anunciado para el 12 de octubre, antiguamente llamado Día de La Raza, el encuentro de dos mundos (pero que ahora resulta controversial), comienza la décimo tercera temporada de Supernatural, para exasperación de algunos que se preguntan cómo ha podido durar tanto, y las sonrisas y entusiasmos de quienes aguardamos impacientes. Apenas he terminado de ver los últimos episodios de la doce, y estoy que muero de intriga. Un final nada comparable a cuando Dean muere, en la tercera; o Sam libera a Lucifer en la quinta, pero si a lo de Castiel convirtiéndose en el nuevo dios en la sexta, o la caída de los ángeles, o Dean transformado en demonio, o la llegada de la Oscuridad. Siempre son buenos finales.

   Sam y Dean Winchester regresan con un nuevo desafío, otro personaje que podría volverse regular, el hijo de Lucifer (y jamás entenderé por qué no trataron el tema con la tensión y emoción de las cintas La Profecía). Perdimos a uno de los protagónicos, en teoría a dos, pero en cuanto al segundo, casi estamos seguros que volverá, o eso espero. De verdad. El desagradable canal Warner está anunciando esta nueva etapa, eso después del desastre que montaron con la transmisión de la temporada doce. Y alguien dirá, bueno, si ya no gusta, ¿qué hacen?: Pasarla a la una de la madrugada. ¿No gusta y viene par una nueva temporada? No, es el canal el que no sirve.

   Ya hay quienes aseguran que, esta vez sí es verdad, puede ser la última, buscando completarse los trescientos episodios, que llegaría más o menos en un treceavo programa de esta etapa. El capitulo trece de la temporada trece, se oye tan en sincronía cósmica (con un episodio trece finalizaron otra buena serie, Grimm), pero para mí no es consuelo ni me ilusiona.

   Que los Winchester recorran las carreteras para siempre. Es poco más o menos lo que espero.

EL FUTURO DE LOS CAZADORES; 19×12 – 20×12

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 4

septiembre 25, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 3

   Ya lo imaginábamos…

   -¿Cómo…? –el Hombre de Letras enrojece aún más, casi parece un cervatillo asustado. Y, por alguna razón, eso le gusta más al cazador… y su verga blanco rojiza, pecosita, se alza otro poco, ganando el longitud y grosor, atrapando la mirada del pobre Mick.

   -Eso, es una verga hermosa, ¿no te parece? Creo que cualquiera querría tocármela, modestia aparte… -le sonríe chulo, como si comentara cualquier tontería, pero algo más estaba ocurriendo. Dean tenía una idea más o menos vaga, o eso suponía (Sam si habría entendido mejor), mientras Mick sabe que una cierta prueba se le hace. Una prueba con trampa.

   -Dean, yo…

   -Hey, responde, ¿no te gusta? ¿Crees que mi verga tiene algo de malo… Mick? –pregunta el otro, casi con un puchero, muy cerca, y el otro nota como la tranca ciertamente crece y crece. Las miradas se encuentran de nuevo. Para cualquiera habría sido fácil mentir, gruñir que no era hermosa, o que no le gustaba, o que no le quería tan cerca, pero el inglés no parece poder hacer nada de eso.

   -Dean, no entiendo, ¿qué…? –traga y contiene un jadeo cuando Dean acerca su rostro casi bañándole con el aliento.

   -Eso, ¿es una verga hermosa la que tengo entre mis piernas o no? ¿No crees que cualquiera querría tocarla, mimarla para ver cuánto más podría creer? –los ojos están totalmente atados.- Tal vez mamarla un poco; incluso un tipo que quiera probarse que es lo suficientemente hombre como para poder tomarla toda con la boca. –casi lo hace sonar como un reto. Y Mick no puede retroceder, ni escapar; cuando logra apartar la vista del pecoso rostro es para posarla sobre el tolete que se ensancha, los vasos llenándose, la rojiza cabeza mostrándose.

   -Dean… -vuelve a gemir y este rueda los ojos como exasperado.

   -Joder, qué reprimidos son ustedes los ingleses a la hora de hablar. –lo dice el sujeto que prefiere ser torturado en el Infierno a compartir sus sentimientos.

   Como sea, dejando caer la toalla, provocándole casi un desmayo a Mick, le atrapa una mano, la cual tiembla un poco bajo su tacto, y la guía hacia su barra. El Hombre de Letras parece resistirse, luchar… pero muy poco. El cazador le maneja, sonriendo y estremeciéndose ante el sutil roce de esos dedos sobre su tranca, y una vez allí, tragando como si se estuviera ahogando con un pedazo de carne, Mick cierra la mano sobre la verga todavía suave aunque consistente. Nunca antes, fuera de algunas travesuras en su época de crecimiento y exploración, de muchacho en el colegio donde estudió por cuenta de los Hombres de Letras, sucursal Londres, el sujeto había hecho algo así. Pero ahora lo hace, quería ver si… Aprieta y soba, suavemente, de adelante atrás. Jadeando otra vez al sentirla arder prácticamente bajo su mano, ensanchándose, alargándose, endureciéndose, coloreándose de rojo con toda esa sangre que abulta y destaca las venas. Y miren que parecía curiosamente nervudo ese pene.

   -Oh, mierda… -brama Dean, también sorprendido, temblando de lujuria; esa mano sobre su tolete, que va y viene, masturbándole (Mick lo hacía como en trance), se sentía increíblemente bien. Demasiado. Tan sólo buscaba comprometerle en un momento embarazoso para luego despacharle de allí con las manos vacía (ni muerto dejaría que se llevara la Colt), pero ahora…

   Oh, Dios; oh, Dios, piensa alarmadamente Mick, mirando su propia mano algo delgada y pálida sobre la tranca blanco rojiza que gana terreno, latiendo contra su palma de una manera extrañamente estimulante. Era tan fascinante ver el cómo se iba… Aunque sabe muy bien que no debería estar haciendo eso, especialmente con un sujeto como Dean, que no dejaría que lo olvidara ni en su lecho de muerte; fuera de ser algo que no acostumbra, pero no puede detenerse. La mano le arde, una cálida sensación de fuerza sube desde su puño que va y viene, masturbando al pecoso cazador en el recibidor del bunker. Le encantaba esa sensación, así como tenerla en su mano, y una idea domina su cerebro sobre cualquier otra cuestión: quiere verla totalmente erecta.

   No siendo tan obtuso como la gente imagina dado su hermosa cara y su aire directo y a veces brutal, Dean entiende que fuerzas extrañas juegan allí. Ni por un segundo imaginó al Hombre de Letras maricón, pero allí estaba, tocándosela con ganas, casi amorosamente por la forma en la cual sus delgados dedos la frotaban, también con… ¿hambre brillándole en los ojos?; y recuerda otra vez, cuando también estuvo maldito, por la puta diosa Veritas, y todos se veían obligados a contarle sus verdades más personales. La evocación le produce un vago malestar momentáneo, recuerda a Bobby hablando de masajes coreanos…

   -Se ve rica, ¿verdad? –el cazador prueba el terreno. Y se miran.

   -Dean… -es un pedido, un ruego de “no lo hagas”.

   -Te gusta tocarla, ¿verdad? –insiste, más sonreído y en tono más firme.

   -Si, se siente bien. –admite aunque no quería, lo dice botando aire como liberándose al admitirlo. Dean sonríe como un chiquillo enorme y travieso.

   -¿Quieres verla totalmente dura y en toda su plenitud? –la trampa se siente. Y Mick traga en seco, asintiendo con la cabeza. Ya era tonto, y tarde, para recular.- Bien, hay algo que no falla nunca para que una verga se ponga a mil.

   Y Mick se estremece cuando una mano del cazador cae sombre su hombro derecho, firme, fuerte, empujándole. La resistencia que presenta es para mantener las apariencias, ambos lo saben, para no admitir de buenas a primeras que va a hacerlo; pero sus rodillas se doblan un poco, cayendo frente al cazador y su tolete casi erecto ya, tan pecoso y rojizo visto de cerca, pequeños puntos de luz brillando en uno que otro pelo rubio en medio de la maraña púbica. La mira y traga en seco; se sabe perdido porque mientras bajaba… no la había soltado.

   -Dean, no creo… -intenta sustraerse a ese influjo sexual que le recorre las venas, aunque sabe que no está erecto bajo las ropas ni nada.

   Aquello era muy extraño a su manera de sentir, pero calla, y jadea, cuando Dean le aparta la mano y se agarra el largo tolete por la base, refregándoselo sobre la cara, la casi dura carne pulsante rozándole la frente, la nariz y los pómulos. El cazador, atrapándole la nuca con la otra mano, le ladea un tanto el rostro y apoya la verga contra sus labios, estremeciéndole todo por lo prohibido que era aquello. No puede evitar separarlos un poco, con un gemido al sentirla así, sus labios posados sobre la verga de otro carajo, de ese insolente y altanero cazador americano. Dean sonríe porque era lo que necesitaba. Meciendo sus caderas de adelante atrás, el pecoso roza el borde derecho de su tolete de esos labios, desde el nabo que forma el glande, dejándolo unos segundos bajo las fosas nasales del otro, quien aspira como si hubiera entendido, hasta su pubis, la nariz del otro perdiéndose entre los pelos castaños oscuros, donde también olfatea con intensidad.

   -Vamos, perra, así, así. Siéntela, huélela. -con una mueca lujuriosa, Dean usa el tono y las palabras de mil batallas contra lo sobrenatural.- Como invitado a mi casa quiero ofrecerte un bocado, así que trágatela. Quiero verte comiéndote mi verga, aquí y ahora… -sus ojos refulgen casi malvados; vaya sorpresa que se llevará Sam cuando regresara de buscar la Colt.- Quiero verte atragantado con ella, bajándote por la garganta…

CONTINÚA … 5

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 3

septiembre 22, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 2

   Ya lo imaginábamos…

   La risa del pecoso cazador es casi de burla y desafío a su hermano.

   -¡Cúbrete! –insiste este, sin mirarle directamente, como si continúa haciendo un arrebolado Mick.

   -¿Estás celosa, eh, Samantha? Ahora el más grande, realmente, soy yo. –se burla Dean, quien parece verlo como un juego. A diferencia de lo que todo el mundo pensaba, Sam y él no vivían mirándoselas, tocándoselas o midiéndoselas, pero sabía, ambos lo sabían porque convivían y muchas veces se han cambiado en un baño de gasolinera o dentro del impala, bien, que Sam la tenía un poco más larga. No mucho, se decía el rubio, también que el asunto no era el tamaño sino cómo se usaba; pero era cierto. Hasta ahora.

   -Es tan… tan grande… -grazna Mick, voz entrecortada, la fascinada mirada velada por algo mientras ve esa verga.

   Sam le oye y parpadea confuso. Dean, notando que no deja de mirarle, saca pecho y sonríe, su gesto haciéndose más pícaro y… ¿desgraciado?, al menor de los Winchester no se le ocurre otra palabra para describirle cuando se pone así, a veces cruelmente bromista, otras totalmente insoportable.

   -Si, grande, pero le falta. ¿Puedes imaginar cómo se verá totalmente erecta… Mick? –le pregunta, voz ronca y lenta. Y Sam parpadea aún más. Esa táctica, que también la ha visto, el rubio sólo la utiliza contra chicas que se impresionan con él aunque intentan disimularlo. Posibles muescas en la pata de su cama.

   El Hombre de Letras inglés ríe, enrojecido, como confuso, sin responder, desviando finalmente la mirada, avergonzado de encontrarse con la de Sam. Intenta sacudirse aquella fascinación producida puramente por la curiosidad, ¿okay? No había visto, en la vida real, a un sujeto con una verga tal, que prometía crecer aún más. Era por eso que…

   -¡¡¡Dean!!! –vuelve a tronar Sam, exasperado. Y realmente incómodo. Era su hermano, le conocí, pero no quería verle el… el… ¡Su juguetito consentido!

   -Okay, Sam, Dios, eres tan pacato. –Dean finge bufar exasperado, cubriéndose, la tela alzándose un poco más, ¿acaso se había puesto un poco morcillón por la exhibición?, Sam no lo pondría en duda. El rubio se estaba divirtiendo. Eso estaba claro.- Aunque a Mick le agradaba la vista, ¿eh?

   -¡No! –estalla este, rojo ladrillo, más cuando Dean ríe.

   -Ve a vestirte. –le grita Sam.

   -Oye, primero quiero saber qué hace mi amigo inglés aquí. –finge interesarse, y al Hombre de Letras le cuesta concentrarse bajo esa mirada y sonrisa burlona.

   -Vine a saber cómo les había ido con las brujas y… por la Colt.

   -Oye, no, eso no. Nos pertenece. –gruñe Dean, ceñudo por primera vez.

   -Debo regresarla, Dean; se me cuestiona por prestárselas. –se defiende el otro, rostro afligido, como necesitado de ser entendido por el cazador.

   Sam lo nota, parpadeando. Todo era tan extraño… Y una fea idea comienza a tomar forma en su mente. ¿Se trataría de eso? Joder, sólo a Dean podría pasarle. Pero, para analizarlo en frío, debía deshacerse primero de otro.

   -Es cierto Dean, ellos la recuperaron.

   -Mamá… -va a recordarles que ellos expusieron la vida contra ese Príncipe del Infierno, con Mary llevándosela a escondidas. Ese asuntico todavía escocía… Pero calla, clavándole la verde mirada al delgado intelectual inglés, y nota como casi parece retorcerse bajo ella.- Está bien, Sam, búscala. –sorprende a todos.

   -Bien, eh… Ya vuelvo. –responde el castaño, mirando al pecoso con recelo.- ¡Ve y vístete, joder! –sale, seguido por una sonrisa chula del mayor.

   Una vez a solas, Dean, intrigado por saber hasta dónde puede llegar, clava nuevamente los ojos en Mick, evaluándole. No es vanidoso, pero desde los trece años ha escuchado a chicas, y uno que otro chico (y no tan chicos), hablar de lo guapo que es, cuestión que le ha abierto muchas puertas. Con las chicas. No le molesta escucharlo de boca de un hombre, pero fuera de rodar los ojos, no le provoca otra reacción. Así que sabe que es guapo, mucho, y sabe cuando interesa. Y algo le dice que Mick está teniendo problemas al verle. Curioso, muy curioso, sonríe sintiendo un calorcillo travieso por dentro, que le sorprende a él mismo, por dos cosas, porque nunca le interesó refiriéndose a tíos, y…

   Mick parpadea, ¿acaso a Dean se le estaba levantando aún más la verga bajo la toalla? Joder, si, casi parecía buscar la abertura donde los dos trozos se encontraban. Traga, muy rojo de cara, desviando la mirada otra vez.

   ¡Oh, diablos, si, le afectaba!, se dice el cazador con una ola de adrenalina recorriéndole las venas y una gran sonrisa ladeada en el rostro. Una que Sam podría reconocer y catalogar como “su cara de hijo de perra”, con el perdón de Mary; la que aparecía cuando el rubio se disponía a estirar una situación de manera casi alarmante y terrible, sólo por diversión. Y en este momento siente eso, ganas de molestar al Hombre de Letras que viene por la Colt. Parpadea alcanzado por la idea, volviendo el rostro por donde se marchara Sam. Tardaría un rato. El arma no estaba en la bóveda, la tenía en su cuarto, le gustaba tenerla bajo su almohada; pero el castaño no lo sabía. Así que tenía tiempo.

   El otro contiene un jadeo, más rojo de cara, cuando ese Dean desnudo y descalzo, cubierto por gotas de agua que corren cuerpo abajo, llevando aquella toalla donde la verga parecía levantársele más, se le acerca a paso lento.

   -No quiero alarmar a Sam, pero estoy preocupado. –comienza ladinamente, moviendo el puño sobre la toalla como aferrando el agarre, dejando ver más de los castaños y oscuros vellos púbicos, tan cerca de Mick como nunca antes había estado de otro que no fuera Sam, por toda una vida de costumbre, y Castiel, por la aparente imposibilidad del ángel gilipollas de respetar su espacio personal. Ahora lo usa como arma. Sabe que Mick intenta concentrarse, parecer profesional, pero su cara está muy roja y hace lo imposible para no mirarle de frente, especialmente caderas abajo.

   -Lo imagino. Una maldición es una maldición. –grazna sintiéndose frío y acalorado, sospechando de los motivos del cazador. Tampoco era idiota.- Especialmente una tan… extraña en sus resultados. ¿Seguro qué… qué… varió de tamaño? –intenta sonar profesional, porque eso quería ser en esos momentos, hablaban de un hechizo, pero está aún más rojo y tartajeante. Más porque Dean le mira fijamente, con algo oscuro, travieso y malvado brillando en sus verdosas pupilas, con una sonrisa chula, apartando otra vez los faldones de la toalla, los pelos púbicos brillando con el agua, las bolas colgando, le verga levantándose, ganando tamaño y consistencia, blanca rojiza, pecosa.

   -No la tenía tan grande. No me malinterpretes, era buena, por encima del promedio. –aclara rodando los ojos, exhibiéndose.- Pero no tanto. Ahora mírala. –y Mick no puede evitar hacerlo, era como si atrapara sus ojos y no pudiera apartarlos.- Aunque… es una hermosa verga, ¿verdad?

CONTINÚA … 4

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 2

septiembre 19, 2017

                         DEAN EL MAGNO

   Ya lo imaginábamos…

   -¡Pero… ¿qué coño?! –ruge impresionado, la mano cerrada sobre el orgullo de su vida, su fiel y siempre cumplidora tranca de joder nenas en la carretera. Recuerda, de golpe, a la bruja. Y la maldición.- ¡¡¡SAM!!!

……

   Pero Sam no le oye, todavía ceñudo y todo cabreado, se dirige a la biblioteca para intentar conocer todo lo que pueda sobre brujas satanistas y sus hechizos más frecuentes. Sabía Dios qué se había buscado el cabezota de su hermano. No entendía cómo podía meterse en tantos problemas. O por que los atraía. Los dos atacaron el aquelarre, llegaron disparando, pero aquella bruja sólo se detuvo para hechizar a Dean. Había algo en el pecoso que parecía despertar los bajos instintos, y no siempre sexuales, aunque algo de eso había también. Oh, sí, lo sabía bien, de toda una vida de compartir un coche y aventuras. También que este andaba diferente.

   Había notado un sutil cambio en su hermano. Desde la oscura y total depresión sobre el futuro cuando enfrentaban a la iracunda hermana de Dios, y aún antes, cuando la Marca le atormentaba y amenazaba con convertirle en un monstruo, ya este parecía convencido que no llegaría a viejo y que lo importante era el ahora. Comía y bebía como siempre, igual se relacionaba con cuanta tía podía, pero ahora era más… ¿descuidado? Si, parecía abrazar la certeza de que un día, simplemente, dejaría de existir, y que eso estaba bien, así que lo que valía era lo que experimentaba día a día. El plan con Billie, la parca, para escapar de custodia del gobierno, había sido suyo. Pactar la muerte de uno de los dos para que el otro escapara de la promesa de una prisión de por vida dentro de cuatro paredes. No le quedaba ninguna duda que Dean entendió que sería él, Dean Winchester, quien moriría. Se pregunta cuánto tendría que ver en ello la extraña conducta de su madre. Que hubiera regresado había sido maravilloso, pero también problemático.

   Cruza el gran recibidor de forma circular cuando la puerta del refugio se abre. Toma aire, exasperado, sólo podían ser los “primos”, los Hombres de Letras ingleses. Los gilipollas esos.

   -Hey, Mick. –gruñe algo irritado. Genial, ahora tendría que posponer la investigación sobre la posible maldición que podía alcanzar al cabezota ese.

   -No te emociones tanto con mi visita, Sam, o me conmoverás. –replica este ante su falta de entusiasmo. Le agradaba el menor de los Winchester, con esas ganas de aprender. Así como temía un poco al desconfiado Dean, quien parecía intuirlo todo. La manera en la cual descubrió que había asesinado a la chica lobo había sido casi espeluznante.- Veo que regresaron vivos de la cacería de brujas. –bromea mientras baja.- Al menos tú. ¿Y tu hermano?

   -Si… -y el castaño duda en contarle sobre la maldición de Dean. No confiaba del todo en los ingleses al respecto.- Costó vencerlas; tenían un gran plan, un conjuro para atraer sobre ellas el poder de todas las brujas del mundo y enviar un golpe directo sobre la jaula del Infierno, hablando en un plano metafísico.

   -Querían igualar el golpe que recibió cuando ustedes liberaron la Oscuridad. –puntualiza y le recuerda el otro; Sam medio sonríe en forma de mueca.- Si, un plan ambicioso y arriesgado. ¿No hubo problemas?

   Sam va a responder que no, que todo estuvo bien, justo en el momento que Dean entra, todo alterado y aparentemente atacado (pensaría el menor más tarde, de incontinencia verbal.

   -¡¡¡Sam, maldita sea, ¿es que no me escuchas llamarte desde la ducha?!!! –anuncia tal incongruencia a gritos, provocando primero la sonrisa irónica de Mick, quien como muchos de los que ha estudiado la dinámica de los hermanos Winchester, sospecha que algo levemente incestuoso hay, y la sorpresa de verle.

   Dean aparece totalmente desnudo y mojado, apenas cubierto por una blanca toalla, pequeña para el trabajo que tiene, muy baja en su cintura, dejando ver los huesos de la cadera, y allí donde la sostiene con una mano está tan baja que los vellos púbicos se dejan ver. Todo ello complementado por el rostro cubierto de gotitas de agua, como todo su cuerpo, el cabello alzado en puntas. Y la toalla…

   -Hey, ¿qué coño haces? –se alarma y molesta Sam, por cuestiones prácticas (y tontas y fuera de lugar, piensa Mick, parpadeando con la boca abierta).- Estás mojando todo el piso. –luego parece notar algo más.- ¿Qué coño haces desnudo por la ahí? Y… y… -enrojece.- ¡…Todo empalmado!

   Sí, porque la tela está alzada, y no en sutil indicación, está claramente levantada. Y Mick, aguantando la risa, encuentra todo aquello de lo más peculiar.

   -Eso no importa. –responde el rubio, exaltado, como si aún no hubiera reparado en la presencia de Mick, o lo que tal cosa significaba, que tenían visita, que estaba escuchándole y que estaba viéndole.- ¡La bruja idiota cometió un error cuando me maldijo! –sonríe todo resplandeciente y muy guapo, aún Mick tuvo que reconocerlo, aunque era total y completamente heterosexual.- La bruja idiota se equivocó, Sam; y tanto qué me preocupó su hechizo. –ríe feliz.

   -¿Una de las brujas te maldijo? –por fin, Mick reacciona, volviéndose hacia Sam, aunque debe reconocer que costó dejar de mirar a Dean en esos momentos, pero era porque el hijo de perra era realmente un espectáculo para la vista con los ojos brillantes, los gorditos labios distendidos en una sonrisa muy chula, la cara y hombros todo pecosos. Y húmedos.

   -No es… nada serio. Podemos manejarlo. –Sam sonríe, tenso, volviéndose hacia Dean para fulminarle con la mirada por exponer más de lo necesario, y no pensaba únicamente en toda esa excesiva piel dorada y mojada. Aunque el asunto le interesó de inmediato, las posibles consecuencias de la maldición lanzada por la bruja aquella, realmente le tenían, también muy preocupado. Esas vainas siempre recaían sobre Dean.- ¿Cómo que se equivocó la bruja?

   Aunque ahora, finalmente, ha reparado en Mick, quien vuelve a mirarle con diversión aunque algo inquieto por la noticia (los Winchester no saben que los Hombres de Letras ingleses desaparecen raso y parejo todo lo sobrenatural, diabólico o no), el rubio no puede dejar de explayarse, sonriendo más, la expresión más chula de toda su vida dibujándose en su cara.

   -Qué se equivoco, pensó hacerme un daño y… -dudó, porque la cosa era privada, íntima, pero era tan increíble que no puede contenerse.

   -Dean, joder, ¿qué haces? –Sam se alarma, lo mismo que Mick, aunque este no tanto (no era su hermano, después de todo), cuando el cazador aferra la toalla con las dos manos, la desenrolla y separa… mostrando su verga en reposo. Nada de erecta, nada de morcillona, tan sólo en reposo, pero larga y gruesa, unas buenas siete u ocho pulgadas de carne de joder blanco rojiza. ¡En reposo!

   -Mira, ¿qué tal? –grazna Dean, extasiado.

   -¡Mierda! -brama Sam, alterado, pensando en sacarse los ojos, apartando la mirada y medio volviéndose.- Cubre tus miserias.

   Mick no aparta la vista, no puede. Ni cerrar la boca. Joder, si, era tan grande, tan gruesa, y estaba en reposo. Erecta, dura, llena de sangre y calor, marcada de venas esa verga debía ser impresionante; diez u once pulgadas, piensa estremeciéndose ligeramente imaginando ese espectáculo…

   El buen Mick (Adam Fergus), habría hecho un gran papel como otro de los incondicionales de Dean.

CONTINÚA … 3

Julio César.

DEAN EL MAGNO

septiembre 17, 2017

       

   Ya lo imaginábamos…

   -¡Brujas, hijas de puta! –ruge Dean Winchester con disgusto al caer sobre unos matorrales que está muy seguro son hiedras venenosas. Y con su suerte, de una variedad de lo más peligrosa. Se pone de pie sin soltar el rifle de cañón recortado cargado con las balas especiales.

   La mujer comete un error mientras corre, despavorida, por su vida: le grita una buena sarta de insultos y amenazas, cabreada por la muerte de su amiga y socia. Y tal vez algo más, se dice con lascivia el cazador, imaginando por un  segundo a las dos mujeres sobre una cama, en un afanado sesenta y nueve, cada una usando un juguetito curioso de las piezas que los hombres cargaban entre sus piernas pero que no necesariamente requerían tener en vivo para pasar un buen rato entre chicas. No eran muy jóvenes, aunque no creyera que fueran tan viejas como Rowena, la madre del Rey del Infierno, pero si eran de muy buen ver. Todo eso lo supone mientras sigue persiguiéndola por ese bosque solitario y oscuro, la luna oculta tras una espesa capa de nubes.

   Las mujeres, un grupo de tres, eran peligrosas. Brujas satanistas. Aunque no era tan malo como sonaba. Por alguna razón, estas intentaban sacar a Lucifer de la jaula a donde le habían regresado recientemente después de poseer, este, al mismísimo puto presidente de los Estados Unidos. No podían permitirse que alguien lo intentara, mucho menos que lo lograran. Los Hombres de Letras ingleses, los gilipollas esos, los habían puesto sobre la pista. Y miren que había costado lo suyo detener al cabrón de Lucifer. No, no había manera que dejaran pasar el que se intentara liberarle. Quien tuviera tal idea debía morder el polvo.

   El cazador prácticamente vuela sobre arbustos y árboles caídos, y le corta la retirada. La mujer, de largo cabello negro ensortijado, grita de sorpresa, rabia y miedo al verle aparecer, deteniéndose bruscamente, jadeando ambos.

   -Hasta aquí llegaste, hermana. –le dice, porque siempre tiene que decir algo, alzando el rifle.

   -¡Maldito asesino! –le acusa esta con un grito de rabia, puños cerrados.- ¡Mataste a Cibeles! –si, algo había entre esas brujas, se dice el pecoso, allí estaba, enfrentando su muerte, y se preocupaba todavía por la otra. Aunque, viéndolo bien, eso podría pensar cualquiera de Sam y él.- Nos crees monstruos, ¿verdad?

   -Así es, pero no es por eso que nos empeñamos en acabar contigo, tu amiga y la otra. Son demasiado peligrosas. –le aclara. Sam había matado a la que parecía la jefa del aquelarre y se habían separado buscando a esta, la única de las tres que escapó de la cabaña mohosa y fea.- ¿Intentar soltar a Lucifer? ¿Estás loca? Ninguna bruja que se respete intentaría algo así, ¿no sabes lo peligroso que es para todos? Por eso hasta aquí llegaron. –alza el rifle, desconcertándole la sonrisa de la mujer, una que nota ahora que la luna emerge de entre las nubes.

   -¡Dean! –se oye el inquieto llamado de Sam a la distancia; el rubio mira en esa dirección y no ve a la mujer acercándosele, ojos relucientes de odio.

   -Pobre infeliz, ahora verás lo que es ser un peligro. –le ruge, y antes de que Dean pueda decir algo, esta recita unas extrañas palabras a la noche, proyectando las manos, con palmas hacia afuera, contra él.- Serás una cosa tan terrible y peligrosa, que para proteger al mundo todos tendrán que cazarte como a un perro rabioso.

   El pecoso, que ha tratado con las suficientes brujas, va a dispararle antes de que termine, pero algo le alcanza. Parece un golpe directo al abdomen que saca todo el aire de su cuerpo, dejándole débil, al tiempo que una especie de onda de choque le golpea y derriba de espaldas sobre el piso suave lleno de musgo y yerbajos. Todo gira a su alrededor, pero sabe que se acerca, que la mujer ríe y se acerca. Y tal vez le había lanzando alguna fea maldición, pero viéndole allí caído, como que piensa que la oportunidad es demasiado buena para dejarla pasar. De alguna parte de su feo vestido saca una daga curva que se ve malvada y peligrosa. La sonrisa le indica que va a trincharle con él. En los genitales. No, no, ahí no. Es lo último que piensa antes de perder el conocimiento.

   -¡Dean! –no escucha a Sam, no le ve aparecer alarmado al encontrarle caído con esa mujer a su lado. Ni le ve dispararle antes de que esta tenga tiempo de levantar la mirada, cayendo muerta con aquellas balas especialmente diseñadas para ellas.

……

   Chasque la lengua, siente la boca amarga, el cuerpo le duele y está agotado. Pero sabe que está a salvo, que ya no está en el bosque, a merced de la bruja (sonríe, sonaba tan cliché), sino sobre una superficie cómoda. Seguramente su cama. Joder, ¿pero cuánto tiempo estuvo fuera de órbita?

   -¡Estás despierto! –la cabreada voz de Sam termina con el silencio, y arrugando la frente, abre los ojos. Dios, hasta eso le duele.

   -Dime que no aprovechaste para desnudarme y meterme mano, Samantha. –bromea, consciente de las ropas y las botas sobre su cuerpo.

   -¿Cómo pudiste dejarla lanzar un hechizo? ¿Acaso eres idiota? –brama el más joven, brazos cruzados sobre el pecho, todo mala leches.

   -Era rápida con la lengua. –sonríe de manera chula, asociando lo de lengua con su otra imagen, la de las brujas en un sesenta y nueve. Hummm…

   -No, seguro quisiste charlar, decirle que ibas a liquidarla por esto y aquello, regodeándote en lo bueno que eres en tu trabajo. –le acusa.

   -Hey, hey, estoy herido, ¿okay? Y las brujas están muertas, ya no liberarán a Lucifer, así que deja de joder. –se sienta, tocándose la cabeza.- Está muerta, ¿no?

   -Sí, yo si lo hice como se debía. No intenté intercambiar datos personales con ella. –ruge y se contiene, cerrando los ojos buscando serenidad.- Dean, ¿sabes lo grave que es esto? ¡Te hechizó! La escuché y vi. ¿Sabes de qué se trata?

   -No… la verdad es que no –admite, tomando aire.- Lo siento, Sam. Me descuidé. Creí que ya estaba jodida.

   -Últimamente te arriesgas demasiado. Corres temerariamente hacia el peligro sin fijarte en dónde te metes; te tomas tu tiempo para jugar con tus presas y…

   -Hey, córtala ya, mamá. Oh, no, ni Mary molesta tanto. –replica irritado, dejando la cama y despojándose de la camisa de cuadros, halando los faldones de la franela, preguntándose dónde estaría Mary en esos momentos, y haciendo qué… con quién. Ese Ketch…

   -¿Qué haces? –grazna Sam viéndole quitarse la franela.

   -Me desvisto, voy a tomar una ducha. Y a menos que quieras comprometerte a tallarme la espalda, te aconsejo salir. Las bolas se me sudaron de lo lindo. –burlón comienza a abrir los botones del pantalón y Sam prácticamente huye a la carrera después de mirarle feo. Evidentemente aún quería gritarle muchas cosas.

   En parte tenía razón, se descuidó mucho, reconoce Dean alterado cuando el agua caliente de la ducha le moja, calmándole los dolores. Y esa mujer le maldijo, se pregunta de qué manera todo se manifestará. Toma la pastilla de jabón, la frota en sus manos y las baja hacia sus genitales; las sudadas bolas y verga, y…

   -¡Pero… ¿qué coño?! –ruge impresionado, la mano cerrada sobre el orgullo de su vida, su fiel y siempre cumplidora tranca de joder nenas en la carretera.

CONTINÚA … 2

Julio César.