Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

SUPERNATURAL NOW

octubre 17, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   ¿Durará tanta dicha?

   Aunque oficialmente la serie comenzó su décima tercera temporada el día jueves 12 de octubre, fue anoche cuando el infame Canal Warner (WC, como parece que les gusta identificarse), dio inicio a la misma. Tratándose de ellos fue casi simultáneamente, algo increíble. La manera en la cual esta gente maltrató la doceava temporada fue sencillamente atroz, después de la una de la madrugada (hora de Venezuela, se entiende, tal vez eran las ocho de la noche en algún lugar, pero seguro que, justo en ese momento, tampoco en ese lugar la trasmitían). Y pasaban dos o tres episodios de una sentada. ¡A esas horas! Bien, como sea, la iniciaron ayer domingo en la noche, la estocada perfecta para el fin de semana, echarse sobre la cama minutos antes de las once y mirarlo. Sam y Dean en lo suyo. Aparentemente ya uno de los actores protagónicos (no Ackles, no Paladecki), anunció que efectivamente su personaje no regresa, está muerto y así se quedará; otro anda en entredicho (¡y me tienen una guerra de nervios!), pero lo que queríamos ver era al “recién nacido”, y estuvo sobrado. Qué broma con este programa que siempre nos deja en ascuas y esperando ansiosamente por más, para ver cómo resuelven tantos líos. Ojalá continúen trasmitiéndola a esa misma hora, mismo día, y recordarlos el lunes, cuando uno anda de capa como de caída.

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 6

octubre 12, 2017

DEAN EL MAGNO 

   Ya lo imaginábamos…

   -¿Cómo?, ¿te vas? ¿Por qué? –el otro no entiende, despegando la mirada de una de las parejas que se besa.- Hay cervezas. Y espectáculo.

   -¿Vas a quedarte mirándoles? –se sorprende, aunque no debería. Ya le conocía, su adicción a la pornografía era legendaria. Bien, a falta de sexo real…

   -Es mejor que irme a casa y encerrare en mi cuarto un sábado por la noche, ¿no? –se defiende el otro. Era cierto, piensa Alan, ¿pero quedarse y…?

   -Diviértete. –le dice, viéndole sonreír más.- No vayas a manosearte frente a ellos. No creo que te vaya bien si lo haces. –juega un poco y se aleja, siendo seguido por una que otra mirada, notando, de paso, la de Brad, indiferente.

   Qué idiota, piensa algo dolido, recordando cómo le buscaba, le suplicaba y rogaba que ser la mamara, que andaba caliente, que no se lo contaría a nadie. Bien, Brad iba por mamadas, por su boca, y él se las daba. Era todo, ¿no? Aún así sonríe con cierta tristeza patética oyendo el susurro de las hojas que pisa por el sendero que le separa del claro donde están los autos. Le tocará caminar de regreso a casa, ya que fue Ned quien le trajo. Le gusta ese lugar apartado, donde muchas veces se ocultó por muchos motivos. No era fácil ser un chico al que se le intuía gay en un pueblo pequeño y conservador, en un colegio de toda la vida, conociéndose la historia de su padre borrachón y violento que les atizaba a todos por cualquier razón. Tocándole escuchar, con un ojo morado, que seguramente se lo buscaba por maricón, no dejándole otra opción a su padre. Si, en su corta vida tenía muchos motivos para amar un paraje solitario como ese, donde podía simplemente caer de culo contra un árbol e imaginarse vivir lejos, en un lugar donde nadie le conociera ni importara cómo fuera o lo que hiciera. Nunca se ha sentido incómodo por esos parajes… hasta ahora.

   Ceñudo nota el silencio, no se escuchan los habituales susurros del bosque. Ni el de las cigarras. Los únicos sonidos son las charlas bajas que ya no se distinguen a sus espaldas. Es cuando nota un rumor de pasos, pesados, furtivos, que cesan en cuanto se detiene. Se vuelve pero no hay nadie. Un vago malestar le recorre mientras barre todo con la vista encontrando sólo maleza y soledad.

   -¿Hola? –pregunta sintiéndose idiota. Nada. Se vuelve y sigue.

   Pero no está tranquilo, algo le grita que regrese a la fogata, o que apresure el paso. Y aunque se dice que actúa tontamente, que nada ocurre, que está solo, se vuelve dispuesto a no encontrar nada. Contiene un jadeo, dando un trastabilleo. Una figura ancha y alta, más de dos metros, está allí, fuera de la luz tenue que produce la luna, bajo las sombras de unas ramas. Quieta pero amenazante.

   -¿Si? ¿Está perdido? –intenta terminar con el ambiente opresivo, con el miedo, hablándole. Buscando una respuesta. Dios, ¿quién sería?

   Calla bruscamente, helándose, cuando la figura suelta algo que lleva en la mano, una cadena algo gruesa se desenrolla y de su extremo final cuelga una bola, no la distingue bien pero sabe que es de metal, del calibre de una pelota de beisbol. No puede evitar deja escapar un  gemido al verla; sus ojos se desorbitan al verle comenzar a girarla, apartándose del tronco, en círculos sobre su cabeza.

   -No, no… ¡No! –grita dando media vuelta, corriendo.- ¡Auxilio! –oye perfectamente el sonido de la cadena girando.

   El impacto le alcanza de lleno en centro de la espalda, bajo su cuello, provocándole un dolor intenso, derribándole de panza sobre la grama. Duele y no puede respirar. Ni gritar. Con los ojos bañados de lágrimas se vuelve a mirarle sobre un hombro; el sonido se lo indica, esa cadena gira de nuevo.

   -No, por favor… -farfulla sintiendo un terrible dolor al hablar, quién sabe qué se había fracturado.

   Intenta ponerse de pie pero solo logra quedar sobre manos y rodillas, casi impulsándose para echarse a correr, cuando un segundo golpe le acierta en el costado derecho del torso, provocándole más agonía, debilidad y falta de aire, derribándole nuevamente medio metro más allá. Le duele tanto que se quiere quedar allí. Pero sabe que si lo hace va a morir, ese ser le quiere matar. Oye la cadena girar, quiere gritar, mucho; no era justo, no Dios, pero el golpe llega con una piadosa oscuridad que le envuelve y aleja de ese lugar de sufrimientos.

……

   En la baticueva, presidiendo a Dean Winchester por un pasillo algo lóbrego, Mick Deavis, Hombre de Letras británico se pregunta qué coño hace, con el corazón bombeándole locamente en el pecho. Se detiene frente a la puerta.

   -Pasa a mi telaraña. –el pecoso ronronea desde atrás, estremeciéndole.

   -Dean…

   -Joder, no comiences otra vez. –oye la réplica seca, ve la mano que se extiende y abre la puerta.- Pasa. –le ordena como si tal, y él obedece. Es allí cuando se vuelve, resuelto a salir del refugio. Si dejaba que el cazador…

   -Debo… -comienza, mirándole erráticamente, intentando no fijarse en lo hermoso y sexy que es y se ve, así, todo desnudo, dorado y suave, brillante aún con algunas gotas de agua, con aquella toalla alzada como tienda de campaña.

   -Lo que tienes que hacer es dejar de hablar y usar esa boca en otra cosa. –sonríe el cazador, todo chulo, dejando caer la toalla, exhibiéndose en toda su gloria. Algo que siempre le ha agradado y que ahora le excita aún más.

   A la vista de esa gruesa verga blanco rojiza y sus más de doce pulgadas, totalmente horizontalizada, cubierta de venas, el glande liso y brillante, la mente del inglés hace corto circuito y cae como en trance sentado en la cama, atrapándola con la mano, estremeciéndose al sentirla en su palma, acercándola y besándole nuevamente el glande, encontrando esos jugos espesos que chupa. Las gotas sobre su lengua terminan con cualquier duda, es un estallido de lujuria y sabor, así que cubre la cabecita y la lame, sorbiéndola, cerrando los ojos, rojo de cachetes. Chupa y traga mientras la masturba mas abajo, desesperado por tomar más de ese rico licor, tragándolo como puede. Los secos y delgados labios abarcan un tercio del grueso instrumento, subiendo y bajando, masajeándolo con mejillas y lengua, estremeciéndose de dicha al escucharle gemir. La mamada que le daba le hacía feliz, y la idea era suficiente para él.

   La mano que cae tras su nuca, obligándole a tragar más y más, dominándole, exigiéndole, le eriza de placer; deseaba complacer a Dean. Sus chupadas son ruidosas, la saliva mana con ganas.

   -Eso es, Mick, abre bien esa boca, traga cuanto deseas. Demuéstrame que eres un chico inglés grande que lucha por lo que quiere, buena carne rebelde. –se burla el pecoso, con una mueca libidinosa guiándole sobre su barra.

   El Hombre de Letras gime, la boca muy llena, babeando, caliente como nunca antes, por las palabras y el trato… Deseando tragarse, en verdad, cada pulgada de aquella enorme pieza. ¡Amaba mamar aquella verga! No, necesitaba chuparla.

   -¿Dean?

   Joder, ¡Sam!

CONTINÚA…

Julio César.

NOTA: Dios, va a comenzar la décimo tercera temporada y aún no comento qué me pareció lo que me falta de la doce.

EL FUTURO DE LOS CAZADORES; 19×12 – 20×12

octubre 12, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   Se colocan las fichas para la jugada final.

   Bueno, aunque ya había adelantado que el episodio décimo noveno de esta doceava temporada, titulado algo sí como “Futuro”, me gustó, y es cierto, también me molestó. Y mucho. Trataba del tema central, pero la verdad es que la historia fue un tanto floja, como ocurre siempre que intervienen los ángeles; quienes, exceptuando a Castiel, no impresionan (Uriel y Zacarías, en la cuarta temporada, si estuvieron fuera de lote); y aquí, aún el angelito de la guardia de Dean estuvo algo tedioso como suele ser cuando le da por repetir sus fracasos. Y las charlas con la mujer a la que no sabe si intenta ayudar o condenar, no le sirvieron para levantar la cara. No quiero ni imaginarme qué dijeron los fans, en su momento, en otros portales y aún mis amigos, a quienes les exigí que no me contaran nada hasta que los viera por mí mismo. Tardé mucho.

   ¿Qué no me gustó? Dios, ¿qué no? Las tres traiciones de Castiel hacia los Winchester, específicamente contra Dean. Estuvo peor que Pedro, esa noche cuando se llevaron a Cristo y le faltaron  horas para desentenderse de él. No me gustó lo que ocurrió con los ángeles, incluido Joshua. Me gustó menos lo ocurrido con Dagon. Por no hablar del absoluto desastre que fue la destrucción de la Colt. Casi lo sentí. Fue un episodio de frustración, todos esos detalles, si le sumamos a lo mucho que se habló, le restó impacto.

   Bien, continuaba la búsqueda de la mujer que está por parir al hijo de Lucifer, custodiado esta por una princesa del Infierno que ya no le oculta sus malas intensiones. La madre, Kelly, va a morir cuando ese fruto malvado llegue, por lo tanto intenta suicidarse para evitarle problemas a otros, pero el niño no la deja y ella sonríe con esa cara de fanática religiosa que incomoda tanto, diciendo que el niño la salvó, que es bueno y que le aguarda un gran destino. Dagon se ríe y burla, y este personaje estuvo genial. Me gustó aquello de haznos un favor a ambas y toma un baño. Por otro lado, ¿cómo es que un ser tan poderosos vive en una casa tan fea viendo, y riendo, concursos por televisión?

   En la baticueva Sam sigue buscándolas y Dean intenta comunicarse con Castiel, quien finalmente aparece. Me encantó la manera fría de Dean de recibirle, que les habría servido en la batalla con Dagón. Y se plantea la cuestión ¿qué hacer cuando llegue el momento con la madre y el niño?, ¿matar a un inocente? Y si lo es, Lucifer no nació malo, se hizo. El niño, en teoría, no tendría que ser malvado más allá de toda la mitología de La Profecía y lo señalado en el Apocalipsis bíblico sobre el anticristo.

   Dean, en su cuarto, es visitado por Castiel que le lleva algo y quiere explicarse, su ramillete de viejos éxitos, todos sus fracasos (el ángel es de los que intenta remendarlos empeorándolos cada vez más, excepto cuando mató a Billie, que tocaba). Por un momento pensé que viviríamos un momento del fandom, discusiones, recriminaciones, pero Dean le abre la puerta para que entienda que aunque se equivoque todos están en el mismo bote. Desde que matara a Billie, se le escapara Kelly embarazada y pasara meses sin poder encontrarles cuando estuvieron detenidos por el gobierno, el ángel las ha pasado mal, cuestionándose su papel en el gran plan; necesita probarse, y es lo que está haciendo aquí. La cosa es que desaparece otra vez de la baticueva, Sam se pregunta  a qué fue y Dean sospecha algo, ¡se llevó la Colt! ¡El hijo de perra ese! Entró al cuarto de Dean a fingir explicarse, este le abrió su corazón, le perdonó y en todo momento la idea era robarse la Colt, ya que el cazador la tenía allí porque le gusta dormir con ella bajo su almohada. Su cara al explicarlo y Sam al escucharle, fue un poema.

   Hay un plan del Cielo para matar a la mujer, al bebé y a Dagon usando la vieja Colt, y Castiel aclara que no lo hace por el Cielo o los ángeles, que lo hace por los Winchester (por Dean, pero no lo dice así), para que no tengan que pasar la prueba del sacrificio de los inocentes. El camino al Infierno está empedrado de buenas intenciones. Pero les va terrible, como siempre; creo que nunca hemos visto un plan que les haya funcionado. Fuera de robarse la Colt llevándose sólo tres balas, no cuentan con la habilidad de la mujer que los acaba. Además, eran tres tristes gatos, ¿contra una tigra como esa? No tenían chance. Y uno se pregunta ¿por qué no enviaron un ejército? Castiel, frente a Kelly, no puede disparar y se la lleva cuando se hace evidente que Dagon pateara todos sus culos. Y llega una de esas conversaciones aburrida entre los dos, la mujer y el ángel, ella explicándole que el niño no es perverso, que su nacimiento responderá a un por qué. Como sea, Castiel decide llevarla al Cielo, donde morirá ella y el niño perderá su cuerpo.

   Fue buena la ira de Lucifer al saberlo, que su hijo estaba con el perro de los Winchester (de Dean). Por su lado, a Sam se le ocurre que si toman la gracia del niño este quedaría como un simple bebé, recordando el tiempo cuando fue poseído por el falso Ezequiel. El plan parece bueno… y me pregunté, ¿eso no se podía hacer con Lucifer? Por su lado, accidentándose, Castiel tiene que parar con Kelly en un motel, y ella le hace tocar su vientre, haciéndole consiente de la vida que se gesta en ella. Todavía anda abrumado cuando abre la puerta y se encuentra con Sam y Dean, el menor, aunque amigo, había activado el rastreador de su teléfono.

   Viene la discusión sobre qué hacer con el bebé, nada de matarlo, pero Kelly no quiere que despojen al niño de su esencia, porque este viene al mundo con un propósito. Es por ello que cuando se impone el punto de vista de los hermanos y le entregan las llaves a Castiel para que la monte en el impala, ella escapa… y Castiel no la detiene. Traicionándoles por segunda vez en el mismo episodio. Ah, la cara de chasco de Dean…

   Llegan a ese parque, aparece Joshua, y no me gustó que no fuera el mismo personaje, el anciano jardinero (aunque eso ocurrió hace tanto, en la quinta temporada, que a los mejor el actor ya ni existe), y Dagon aparece, matándole. Eso me molestó, hubo un tiempo cuando nada ni nadie era más poderoso que un ángel, ahora… La mujer hasta hizo bromas, con eso de que casi se le escapan si hubiera llegado un segundo más tarde, confesando luego que juega, llegó hace rato.

   Llegan los hermanos, viene la pelea, Dean intenta matarla y ella no sólo le quita la Colt sino decide resolver eso de una vez y la destruye. Eso me dolió tanto como a Dean.

   Con los hermanos por el piso, Castiel la enfrenta y ella casi le destruye, es cuando Kelly interviene, dándole la mano, transfiriéndole poder y acaban con Dagon. Y no me gustó tampoco, como la muerte de Joshua (en el Cielo ya no queda nadie), fueron muy simplonas.

   Viene la última discusión con los hermanos, Castiel ha visto el futuro, un gran futuro y destino, el niño debe vivir y nacer en plenas facultades. Como los hermanos se oponen, el ángel les traiciona por tercera vez, dejándoles inconscientes. ¿Cómo pudo hacerle eso a Dean?

   El niño nacerá, ¿es algo bueno o malo? Es Supernatural. Sam creía hacer lo correcto cuando pensaba que Dean no tendría fuerza para ello y abatió a Lilith, después de consumir mucha sangre de demonios, dejando libre a Lucifer. Para salvar a Dean de la Marca, evitar que se convirtiera en un demonio, desataron la Oscuridad. Viendo a Castiel protegiendo ahora a la mujer y al bebé, me pregunto si el ángel no actúa tan tontamente como Crowley con Lucifer. Si el pasado sirve de guía, esto no saldrá muy bien. El programa no está para cargar con un niño, es de suponer que pasará como en la serie Ángel, que cuando el niño del vampiro nació, fue raptado y llevado a un mundo paralelo y al regresar ya era un joven adolecente. Aquí no hace falta otra realidad, pero ¿será eso?

   Después de un episodio algo flojo, aunque perteneciente a la trama central, ¿cualquier cosa que llegara resultaría mejor?, algo de eso hay, pero el vigésimo capítulo, sobre Tasha Banes y su familia, fue muy bueno de por sí. Y muy dentro del amargo y despiadado canon de Supernatural. De hecho me gustó mucho la intro, con dos clásicos, el reencuentro de un muy joven Sam con el también muy joven Dean (y bonito, con Jensen Ackles no cabe otro mote, especialmente en ese momento que se veía muchachito), y ambos tratando con aquel demonio del cruce. Detalles que luego se explican.

   Una hermosa mujer llega a un bonito motel, de colores vivos, gran jardín, y conoce a una anciana desagradable, como suelen serlo muchas al llegar a cierta edad y sostener muy firme sus conceptos, erróneos o no, porque el entorno les ha permitido cruzar toda una vida sin enfrentarlas o corregirlas (todos conocemos a gente así); luego vemos a esa mujer salir a revisar un lugar y ser asesinada. Resulta que es la madre de los hermanos cazadores que Sam y Dean conocieron en los funerales de Asa Fox (de hecho son sus hijos), Max (brujo y abiertamente gay), y Alicia, toda bonitica. Es ella quien llama a un teléfono de Mary ya que su madre lleva una semana desaparecida y no se ha reportado. Max cree que exagera y ella termina aceptándolo, pero los hermanos irán por insistencias de Sam.

   Y aquí estuvo el primer detalle sobre la intro, cuando Dean no ve necesidad de ir, Sam le recuerda la juventud, cuando se reunieron, la madre de los chicos salió hace una semana a cazar y no hay noticias. Con eso comenzó la cruzada de los hermanos en la carretera. Fuera de eso siguen encerrados sin encontrar a Castiel, viendo la Colt destruida, el cuento de siempre, es mejor salir y hacer algo; fue grato saber que la comisario Jodi sigue ayudándoles aunque no esté presente.

   El caso es que todos se reúnen, van a investigar, encuentran a la mujer y esta es encantadora y todo se ve genial, aunque a Dean no parece convencerle eso de que sólo hay vino para tomar (y se entiende, ¿vino?).

   Mientras Sam sale por la cena (después de indicarle a Dean que beba, y este feliz lo hace tomando su vino también), Dean mira a esa familia feliz, dos hermanos y su madre. Me gustó cuando este habla con ella, que le pregunta si está algo ebrio y este replica ¿con vino? Presentar ese cuadro hermoso fue el marco perfecto para lo que ocurrió después, por duro que fuera. Por la foto de un desaparecido que vieron allí, Sam y Dean investigan y encuentran el cadáver de la mujer, también Max, quien iba a reunirse con un chico con el cual pensaba pasar su buen rato. No fue muy expresivo él, aunque lo intentó. El enfrentamiento con eso, la falsa Tasha, que no sabe que no es humana, que no es su madre, fue intenso. Como el hechizo con la cual descubre al responsable.

   La anciana desagradable, una falsa bruja que obtuvo su poder de un pacto diabólico; está por morir y quiere escapar al castigo eterno, por eso le propuso a Tasha un trato, luego se lo propone a él, así se quedará con su madre, esa figura hecha de ramitas (un detalle escalofriante que pudo ser muy bueno, pero la serie es tratada más como aventura de acción que como suspenso y terror muchas veces, dejando perder estas oportunidades).

   Hay una pelea, el chico duda, parece que va a aceptar y Dean mata a la bruja, no antes de que en otro ataque, Alicia sea herida y muera. Exigiendo quedarse solo, él toma el anillo de la bruja y crea una muñeca de su hermana, que despierta con un comentario que parece totalmente humano, que se siente como si hubiera tomado mucha tequila. Ahora hizo un pacto y sigue con su hermana, que es un ser sobrenatural, ¿volverán a encontrarse con los Winchester?

   Dentro de la historia también estaba la trama de Mary y Ketch, cuando esta lo ve como es, un ser sádico y cruel; y finalmente sabe lo que pasa, que los vigilan, que tienen planes de exterminar a los cazadores, que Mick fue asesinado y que hay un seguimiento de todos los que tienen que ver con los cazadores. Ketch le tiene ganas, siente algo por ella (por horrible que resulte la idea, es casi como ver a Danny Trejo, en Machete, besándose con Jessica Alba al final, daba escalofrío).

   Cuando se enfrentan Mary y él, después de esta enviarle un mensaje a Dean diciéndole que tenían problemas (alarmando al pecoso), fue una pelea genial. Atacándola a traición fue que pudo controlarla. Pero se nota que él no quiere matarla, ¿porque pueden usarla o porque le gusta? La duda queda, aunque vemos aparecer nuevamente a lady Toni, quien pretende hacerle algo a mamá Winchester.

   El episodio me gustó mucho, también esta malvada bruja de una clase distinta, la cual dijo algo que es muy cierto, a cierta edad se quieren las cosas de cierta manera, lo que se quiere es orden, uno que garantice que todo marchará bien, y tranquilidad en la certeza de que se comerá, dormirá, paseará, leerá o visitará a tal y cual hora. Es fácil entenderla. ¿Qué no me gustó?, lo que pasó con esa familia, los Banes. No porque estuviera mal montado el episodio, sino por los significados. Eran cazadores que habían salido muchas veces, a solas o en pareja, y habían sobrevivido hasta participar en un caso con los Winchester. Los hermanos son tan agradables como la mamá, pudieron ser aliados de Sam y Dean, pero matan a casi todos (una constante del programa), y caen justamente las dos mujeres (otra constante), aunque regresada una de ellas, convirtiéndole en un personaje más interesante.

   Disfruté una barbaridad de la trama, aunque me sigue molestando el detallito de que hay poco terror ahora. Y el que se haya salido de una mujer hermosa, poderosa y sangrina como Tasha Banes.

SUPERNATURAL NOW

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 5

octubre 4, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 4

   Ya lo imaginábamos…

   Ojos muy abiertos, de la impresión ante las imágenes que crean en su mente las demandantes y muy gráficas palabras, Mick le escucha y mira; esa verga al alcance de sus labios, el calor de esta llegándole de manera atormentadora. Y desconcertante. No entiende qué le pasa, aunque, una vez libre del influjo (cuando dejara de ver al cazador), entendería cabalmente lo ocurrido, aunque sería tarde. Abre la boca para decir algo y el cazador rueda los ojos.

   -Si vuelves a decir “Dean”… -imita un tonito arrogante y engolado, pero pensándoselo mejor, aprovecha que esos labios se han separado y echa las caderas hacia adelante.

   La punta rojiza de su verga choca de los labios delgados y algo secos del Hombre de Letras, el cual se estremece ante el tacto, sufriendo de frío y calor arrodillado en la circular estancia. Ese glande… esa verga… El cazador sonríe de lo más chulo, casi con un “si, lo sabía”, cuando sus labios se entreabren más y lo rosan, medio besándole, como tanteando. El inglés espera sentir repulsa, rechazo total a la idea, encontrar allí fuerzas para alejarse… ¡pero se siente tan bien contra sus labios! Los separa un poco más y deposita un lento beso sobre el ojete, intentando concentrarse en la orina, en lo rancio de los baños, en cualquier cosa para alejarse con asco, pero no lo encuentra. Una gota de líquido cae en su lengua y siente que arde en llamas. Calor que se le incrementa cuando percibe como la tranca se estremece y endurece, agradada por lo que hace. Y eso le hace sentirse feliz, conseguir aquello. Mirando a Dean, pareciéndole que no existían ojos verdes de hombre más hermosos que los suyos (enrojecen sus pómulos un poco al pensarlo), abre más la boca y se introduce medio tolete, cuidando de no morder, cosa difícil por el grosor, pegándole los labios, mejillas y lengua, ese ojete dejando escapar mas de esas dulces y embriagadoras gotas de líquidos que…

   -Hummm… -se le escapa de sorpresa y gula cuando estas impactan de lleno sobre su lengua, estimulando aún más cada una de sus papilas gustativas. Dios, era… era… Chupa ruidosamente buscando más.

   -Oh, sí, eso, encuéntrale el sabor, Mick; encuentra tu ritmo de chupa vergas, muchacho. –le alienta Dean, sintiéndose mas y más caliente.

   Los ojos del otro se cierran, ¿para no continuar viendo lo que hace?, no, para concentrarse en ese mundo interior donde esos jugos sabían tan bien, lo excitante que era tener la verga de Dean Winchester llenándose aún más de sangre, calor y ganas, creciendo y endureciéndose mientras él intenta abarcar más y más con su boca, sus delgados labios adhiriéndose a la mole nervuda de carne cuando va y viene, dejándola brillante de saliva, apretándola, sorbiéndola.

   Abriendo los ojos, el Hombre de Letras pierde toda cordura y le atrapa las caderas con las manos mientras chupa y succiona más y más. La verga está ahora bien dura y le cuesta abarcarla con el calibre de su boca pero, ávido, lo intenta. Dean la empuja, se le clava un poco más, amando la sensación de correrla sobre esa lengua, pero ahogándole un poco. El cazador, atrapándole la nuca con las dos manos, le retiene allí, con fuerza demandante.

   -Chúpala, vamos, cométela toda, perra. –le farfulla, y su voz ronca preñada de lujuria hace estremecer al hombre de rodillas sometido a su masculinidad.

   Mick quiere, en verdad; la idea de abarcarla toda, de sentirla en su boca latiendo y quemando, haciendo feliz a Dean de paso, le parece en ese momento el ideal de la gloria, pero no puede, es muy larga, muy gruesa, el glande le tapona la garganta. Se está ahogando, literalmente, todo rojo de cara, los ojos humedeciéndosele. Y una certeza le llega: iba a morir asfixiado a los pies de ese hombre. Asfixiado por tener un pedazo de carne atragantada en su garganta. Y era tan irónica y estrafalaria la idea que siente deseos de reír.

   Con una mueca predadora de un gozo y lujuria que a él mismo sorprende, y encanta, Dean le mira, todo rojo tomate, ojos bañados en humedad, atragantado de verga, y le parece que es la primera vez que, en verdad, le agrada el aspecto de ese sujeto creído y algo mañoso, con su boca de chupa vergas tragándosela casi toda ahora. Le suelta y Mick se retira de la tranca, que emerge blanco rojiza y brillante de saliva, apretada aún por esos labios, siendo chupada en el recorrido, hasta que la deja salir, una impresionante barra de más de doce pulgadas, gruesa y chorreante de saliva. Mick jadea, recobrando el aliento, alzando los ojos como conejo asustad hacia el sonriente cazador, hasta que vuelve a mirar el tolete, al que atrapa otra vez con su boca, necesitado de saborear esas gotas, de sentir esas pulsadas y calor, tragando y chupando a un tiempo, lameteándole, erizándose de orgullo y placer cuando escucha al pecoso gemir de placer.

   Oh, sí, Mick estaba haciéndole disfrutar mucho, como toda buena mamada de verga le hacía a un hombre. Aunque fuera otro tío quien se la diera, descubre ahora, mórbido, diciéndose que esta parecía mejor que otras que ya ha recibido, no sólo por la forma en la que Mick iba y venía, desesperado por tomarla toda, por beberse cada gota de los espesos líquidos, sino porque era un hombre quien se la mamaba. Quiere llenarle la boca de semen, quiere verlo, sentir ese placer indescriptible del clímax y todavía disfrutarlo más sabiendo que le llenaba la boca de espermatozoides al pomposo inglés que pensaba que los cazadores eran matones glorificados. Quiere abultarle las mejillas con su leche, verlo tragarla, su manzana de Adán subir y bajar, e ir por más en su tolete. Quiere escucharle gimotear porque se acabó. ¿Podría hacer que le suplicara por más? La idea le parece sucia, erótica… y deseable. Pero… viéndole de rodillas, sumiso, ansiosos de su virilidad, otra idea le asalta.

   -Espera. –ruge, voz cargada de ronco deseo, sacándosela de la boca.

   -Dean, ¿qué…? –Mick no entiende qué pasa, tan sólo que ya no la tiene sobre la lengua, e instintivamente echa el rostro hacia adelante, los rojos y húmedos labios de donde escapa algo de saliva se abren intentando atraparla otra vez.

   -No, espera. No quiero que Sam nos descubra aquí. Sería divertido que te viera bañado con mi esperma, pero… ya sabes cómo es. De alguna manera encontrará que esto es algo inapropiado. –rueda los ojos, tomando la toalla y cubriéndose, sonando lógico, aunque lo que quería era otra cosa: la santidad de su habitación para romperle el culo al inglés y hacerle gritar.- Vamos a mi cuarto.

……

   La noche, despejada, permitiendo ver estrellas a millones de años luz, era inusualmente fría para la época del año, se dicen Alan Griffin, tomándose aquella fría cerveza que en verdad no quería, echado de culo alrededor de la fogata en medio del bosque cercano a  Blackwater Ridge, Oklahoma. Había asistido por la llamada de los ex condiscípulos de la secundaria Jefferson, quienes nunca fueron sus amigos pero tampoco enemigos. No mira a nadie ya que al igual que Ned Lombardi, su mejor amigo, que sonríe y disfruta de la bebida y el espectáculo, asistió solo. A un lugar donde las antiguas parejas se reencontraban y comentaban sobre cómo les iba en la nueva vida, la universitaria fuera del pueblo. Él se había quedado para ayudar a su padre con el taller. No tenían para más, ni sus notas auguraban nada bueno. Fue uno de los que no salió de aquel lugar. Nadie lo comentaba, pero notaba las sonrisas.

   Era un fracasado. Doblemente fracasado por estar allí solo, en medio de parejitas que se besaban y miraban de manera melosa. Triplemente fracasado si se contaba que le costaba no mirar a Brad Dillon, ex capitán del equipo de futbol, el chico popular de la escuela, el gran triunfador, rey de la graduación y novio de todas… A quien le daba mamadas casi todas las tardes después de las prácticas porque este le buscaba ansiosamente; de rodillas, entregándosele, se la succionaba esperando una sonrisa amistosa, una palabra amable. Nada. Y ahora ni le miraba mientras besaba y le metía la mano bajo la blusa a Sandy Lee.

   -Me voy. –se vuelve y le dice a Ned… Ignorando que estaba sellando su destino.

CONTINÚA … 6

Julio César.

LA TEMPORADA TRECE DE SUPERNATURAL

septiembre 30, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   Tan esperado, como cada año.

   Falta poco. Se tiene anunciado para el 12 de octubre, antiguamente llamado Día de La Raza, el encuentro de dos mundos (pero que ahora resulta controversial), comienza la décimo tercera temporada de Supernatural, para exasperación de algunos que se preguntan cómo ha podido durar tanto, y las sonrisas y entusiasmos de quienes aguardamos impacientes. Apenas he terminado de ver los últimos episodios de la doce, y estoy que muero de intriga. Un final nada comparable a cuando Dean muere, en la tercera; o Sam libera a Lucifer en la quinta, pero si a lo de Castiel convirtiéndose en el nuevo dios en la sexta, o la caída de los ángeles, o Dean transformado en demonio, o la llegada de la Oscuridad. Siempre son buenos finales.

   Sam y Dean Winchester regresan con un nuevo desafío, otro personaje que podría volverse regular, el hijo de Lucifer (y jamás entenderé por qué no trataron el tema con la tensión y emoción de las cintas La Profecía). Perdimos a uno de los protagónicos, en teoría a dos, pero en cuanto al segundo, casi estamos seguros que volverá, o eso espero. De verdad. El desagradable canal Warner está anunciando esta nueva etapa, eso después del desastre que montaron con la transmisión de la temporada doce. Y alguien dirá, bueno, si ya no gusta, ¿qué hacen?: Pasarla a la una de la madrugada. ¿No gusta y viene par una nueva temporada? No, es el canal el que no sirve.

   Ya hay quienes aseguran que, esta vez sí es verdad, puede ser la última, buscando completarse los trescientos episodios, que llegaría más o menos en un treceavo programa de esta etapa. El capitulo trece de la temporada trece, se oye tan en sincronía cósmica (con un episodio trece finalizaron otra buena serie, Grimm), pero para mí no es consuelo ni me ilusiona.

   Que los Winchester recorran las carreteras para siempre. Es poco más o menos lo que espero.

EL FUTURO DE LOS CAZADORES; 19×12 – 20×12

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 4

septiembre 25, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 3

   Ya lo imaginábamos…

   -¿Cómo…? –el Hombre de Letras enrojece aún más, casi parece un cervatillo asustado. Y, por alguna razón, eso le gusta más al cazador… y su verga blanco rojiza, pecosita, se alza otro poco, ganando el longitud y grosor, atrapando la mirada del pobre Mick.

   -Eso, es una verga hermosa, ¿no te parece? Creo que cualquiera querría tocármela, modestia aparte… -le sonríe chulo, como si comentara cualquier tontería, pero algo más estaba ocurriendo. Dean tenía una idea más o menos vaga, o eso suponía (Sam si habría entendido mejor), mientras Mick sabe que una cierta prueba se le hace. Una prueba con trampa.

   -Dean, yo…

   -Hey, responde, ¿no te gusta? ¿Crees que mi verga tiene algo de malo… Mick? –pregunta el otro, casi con un puchero, muy cerca, y el otro nota como la tranca ciertamente crece y crece. Las miradas se encuentran de nuevo. Para cualquiera habría sido fácil mentir, gruñir que no era hermosa, o que no le gustaba, o que no le quería tan cerca, pero el inglés no parece poder hacer nada de eso.

   -Dean, no entiendo, ¿qué…? –traga y contiene un jadeo cuando Dean acerca su rostro casi bañándole con el aliento.

   -Eso, ¿es una verga hermosa la que tengo entre mis piernas o no? ¿No crees que cualquiera querría tocarla, mimarla para ver cuánto más podría creer? –los ojos están totalmente atados.- Tal vez mamarla un poco; incluso un tipo que quiera probarse que es lo suficientemente hombre como para poder tomarla toda con la boca. –casi lo hace sonar como un reto. Y Mick no puede retroceder, ni escapar; cuando logra apartar la vista del pecoso rostro es para posarla sobre el tolete que se ensancha, los vasos llenándose, la rojiza cabeza mostrándose.

   -Dean… -vuelve a gemir y este rueda los ojos como exasperado.

   -Joder, qué reprimidos son ustedes los ingleses a la hora de hablar. –lo dice el sujeto que prefiere ser torturado en el Infierno a compartir sus sentimientos.

   Como sea, dejando caer la toalla, provocándole casi un desmayo a Mick, le atrapa una mano, la cual tiembla un poco bajo su tacto, y la guía hacia su barra. El Hombre de Letras parece resistirse, luchar… pero muy poco. El cazador le maneja, sonriendo y estremeciéndose ante el sutil roce de esos dedos sobre su tranca, y una vez allí, tragando como si se estuviera ahogando con un pedazo de carne, Mick cierra la mano sobre la verga todavía suave aunque consistente. Nunca antes, fuera de algunas travesuras en su época de crecimiento y exploración, de muchacho en el colegio donde estudió por cuenta de los Hombres de Letras, sucursal Londres, el sujeto había hecho algo así. Pero ahora lo hace, quería ver si… Aprieta y soba, suavemente, de adelante atrás. Jadeando otra vez al sentirla arder prácticamente bajo su mano, ensanchándose, alargándose, endureciéndose, coloreándose de rojo con toda esa sangre que abulta y destaca las venas. Y miren que parecía curiosamente nervudo ese pene.

   -Oh, mierda… -brama Dean, también sorprendido, temblando de lujuria; esa mano sobre su tolete, que va y viene, masturbándole (Mick lo hacía como en trance), se sentía increíblemente bien. Demasiado. Tan sólo buscaba comprometerle en un momento embarazoso para luego despacharle de allí con las manos vacía (ni muerto dejaría que se llevara la Colt), pero ahora…

   Oh, Dios; oh, Dios, piensa alarmadamente Mick, mirando su propia mano algo delgada y pálida sobre la tranca blanco rojiza que gana terreno, latiendo contra su palma de una manera extrañamente estimulante. Era tan fascinante ver el cómo se iba… Aunque sabe muy bien que no debería estar haciendo eso, especialmente con un sujeto como Dean, que no dejaría que lo olvidara ni en su lecho de muerte; fuera de ser algo que no acostumbra, pero no puede detenerse. La mano le arde, una cálida sensación de fuerza sube desde su puño que va y viene, masturbando al pecoso cazador en el recibidor del bunker. Le encantaba esa sensación, así como tenerla en su mano, y una idea domina su cerebro sobre cualquier otra cuestión: quiere verla totalmente erecta.

   No siendo tan obtuso como la gente imagina dado su hermosa cara y su aire directo y a veces brutal, Dean entiende que fuerzas extrañas juegan allí. Ni por un segundo imaginó al Hombre de Letras maricón, pero allí estaba, tocándosela con ganas, casi amorosamente por la forma en la cual sus delgados dedos la frotaban, también con… ¿hambre brillándole en los ojos?; y recuerda otra vez, cuando también estuvo maldito, por la puta diosa Veritas, y todos se veían obligados a contarle sus verdades más personales. La evocación le produce un vago malestar momentáneo, recuerda a Bobby hablando de masajes coreanos…

   -Se ve rica, ¿verdad? –el cazador prueba el terreno. Y se miran.

   -Dean… -es un pedido, un ruego de “no lo hagas”.

   -Te gusta tocarla, ¿verdad? –insiste, más sonreído y en tono más firme.

   -Si, se siente bien. –admite aunque no quería, lo dice botando aire como liberándose al admitirlo. Dean sonríe como un chiquillo enorme y travieso.

   -¿Quieres verla totalmente dura y en toda su plenitud? –la trampa se siente. Y Mick traga en seco, asintiendo con la cabeza. Ya era tonto, y tarde, para recular.- Bien, hay algo que no falla nunca para que una verga se ponga a mil.

   Y Mick se estremece cuando una mano del cazador cae sombre su hombro derecho, firme, fuerte, empujándole. La resistencia que presenta es para mantener las apariencias, ambos lo saben, para no admitir de buenas a primeras que va a hacerlo; pero sus rodillas se doblan un poco, cayendo frente al cazador y su tolete casi erecto ya, tan pecoso y rojizo visto de cerca, pequeños puntos de luz brillando en uno que otro pelo rubio en medio de la maraña púbica. La mira y traga en seco; se sabe perdido porque mientras bajaba… no la había soltado.

   -Dean, no creo… -intenta sustraerse a ese influjo sexual que le recorre las venas, aunque sabe que no está erecto bajo las ropas ni nada.

   Aquello era muy extraño a su manera de sentir, pero calla, y jadea, cuando Dean le aparta la mano y se agarra el largo tolete por la base, refregándoselo sobre la cara, la casi dura carne pulsante rozándole la frente, la nariz y los pómulos. El cazador, atrapándole la nuca con la otra mano, le ladea un tanto el rostro y apoya la verga contra sus labios, estremeciéndole todo por lo prohibido que era aquello. No puede evitar separarlos un poco, con un gemido al sentirla así, sus labios posados sobre la verga de otro carajo, de ese insolente y altanero cazador americano. Dean sonríe porque era lo que necesitaba. Meciendo sus caderas de adelante atrás, el pecoso roza el borde derecho de su tolete de esos labios, desde el nabo que forma el glande, dejándolo unos segundos bajo las fosas nasales del otro, quien aspira como si hubiera entendido, hasta su pubis, la nariz del otro perdiéndose entre los pelos castaños oscuros, donde también olfatea con intensidad.

   -Vamos, perra, así, así. Siéntela, huélela. -con una mueca lujuriosa, Dean usa el tono y las palabras de mil batallas contra lo sobrenatural.- Como invitado a mi casa quiero ofrecerte un bocado, así que trágatela. Quiero verte comiéndote mi verga, aquí y ahora… -sus ojos refulgen casi malvados; vaya sorpresa que se llevará Sam cuando regresara de buscar la Colt.- Quiero verte atragantado con ella, bajándote por la garganta…

CONTINÚA … 5

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 3

septiembre 22, 2017

DEAN EL MAGNO                         … 2

   Ya lo imaginábamos…

   La risa del pecoso cazador es casi de burla y desafío a su hermano.

   -¡Cúbrete! –insiste este, sin mirarle directamente, como si continúa haciendo un arrebolado Mick.

   -¿Estás celosa, eh, Samantha? Ahora el más grande, realmente, soy yo. –se burla Dean, quien parece verlo como un juego. A diferencia de lo que todo el mundo pensaba, Sam y él no vivían mirándoselas, tocándoselas o midiéndoselas, pero sabía, ambos lo sabían porque convivían y muchas veces se han cambiado en un baño de gasolinera o dentro del impala, bien, que Sam la tenía un poco más larga. No mucho, se decía el rubio, también que el asunto no era el tamaño sino cómo se usaba; pero era cierto. Hasta ahora.

   -Es tan… tan grande… -grazna Mick, voz entrecortada, la fascinada mirada velada por algo mientras ve esa verga.

   Sam le oye y parpadea confuso. Dean, notando que no deja de mirarle, saca pecho y sonríe, su gesto haciéndose más pícaro y… ¿desgraciado?, al menor de los Winchester no se le ocurre otra palabra para describirle cuando se pone así, a veces cruelmente bromista, otras totalmente insoportable.

   -Si, grande, pero le falta. ¿Puedes imaginar cómo se verá totalmente erecta… Mick? –le pregunta, voz ronca y lenta. Y Sam parpadea aún más. Esa táctica, que también la ha visto, el rubio sólo la utiliza contra chicas que se impresionan con él aunque intentan disimularlo. Posibles muescas en la pata de su cama.

   El Hombre de Letras inglés ríe, enrojecido, como confuso, sin responder, desviando finalmente la mirada, avergonzado de encontrarse con la de Sam. Intenta sacudirse aquella fascinación producida puramente por la curiosidad, ¿okay? No había visto, en la vida real, a un sujeto con una verga tal, que prometía crecer aún más. Era por eso que…

   -¡¡¡Dean!!! –vuelve a tronar Sam, exasperado. Y realmente incómodo. Era su hermano, le conocí, pero no quería verle el… el… ¡Su juguetito consentido!

   -Okay, Sam, Dios, eres tan pacato. –Dean finge bufar exasperado, cubriéndose, la tela alzándose un poco más, ¿acaso se había puesto un poco morcillón por la exhibición?, Sam no lo pondría en duda. El rubio se estaba divirtiendo. Eso estaba claro.- Aunque a Mick le agradaba la vista, ¿eh?

   -¡No! –estalla este, rojo ladrillo, más cuando Dean ríe.

   -Ve a vestirte. –le grita Sam.

   -Oye, primero quiero saber qué hace mi amigo inglés aquí. –finge interesarse, y al Hombre de Letras le cuesta concentrarse bajo esa mirada y sonrisa burlona.

   -Vine a saber cómo les había ido con las brujas y… por la Colt.

   -Oye, no, eso no. Nos pertenece. –gruñe Dean, ceñudo por primera vez.

   -Debo regresarla, Dean; se me cuestiona por prestárselas. –se defiende el otro, rostro afligido, como necesitado de ser entendido por el cazador.

   Sam lo nota, parpadeando. Todo era tan extraño… Y una fea idea comienza a tomar forma en su mente. ¿Se trataría de eso? Joder, sólo a Dean podría pasarle. Pero, para analizarlo en frío, debía deshacerse primero de otro.

   -Es cierto Dean, ellos la recuperaron.

   -Mamá… -va a recordarles que ellos expusieron la vida contra ese Príncipe del Infierno, con Mary llevándosela a escondidas. Ese asuntico todavía escocía… Pero calla, clavándole la verde mirada al delgado intelectual inglés, y nota como casi parece retorcerse bajo ella.- Está bien, Sam, búscala. –sorprende a todos.

   -Bien, eh… Ya vuelvo. –responde el castaño, mirando al pecoso con recelo.- ¡Ve y vístete, joder! –sale, seguido por una sonrisa chula del mayor.

   Una vez a solas, Dean, intrigado por saber hasta dónde puede llegar, clava nuevamente los ojos en Mick, evaluándole. No es vanidoso, pero desde los trece años ha escuchado a chicas, y uno que otro chico (y no tan chicos), hablar de lo guapo que es, cuestión que le ha abierto muchas puertas. Con las chicas. No le molesta escucharlo de boca de un hombre, pero fuera de rodar los ojos, no le provoca otra reacción. Así que sabe que es guapo, mucho, y sabe cuando interesa. Y algo le dice que Mick está teniendo problemas al verle. Curioso, muy curioso, sonríe sintiendo un calorcillo travieso por dentro, que le sorprende a él mismo, por dos cosas, porque nunca le interesó refiriéndose a tíos, y…

   Mick parpadea, ¿acaso a Dean se le estaba levantando aún más la verga bajo la toalla? Joder, si, casi parecía buscar la abertura donde los dos trozos se encontraban. Traga, muy rojo de cara, desviando la mirada otra vez.

   ¡Oh, diablos, si, le afectaba!, se dice el cazador con una ola de adrenalina recorriéndole las venas y una gran sonrisa ladeada en el rostro. Una que Sam podría reconocer y catalogar como “su cara de hijo de perra”, con el perdón de Mary; la que aparecía cuando el rubio se disponía a estirar una situación de manera casi alarmante y terrible, sólo por diversión. Y en este momento siente eso, ganas de molestar al Hombre de Letras que viene por la Colt. Parpadea alcanzado por la idea, volviendo el rostro por donde se marchara Sam. Tardaría un rato. El arma no estaba en la bóveda, la tenía en su cuarto, le gustaba tenerla bajo su almohada; pero el castaño no lo sabía. Así que tenía tiempo.

   El otro contiene un jadeo, más rojo de cara, cuando ese Dean desnudo y descalzo, cubierto por gotas de agua que corren cuerpo abajo, llevando aquella toalla donde la verga parecía levantársele más, se le acerca a paso lento.

   -No quiero alarmar a Sam, pero estoy preocupado. –comienza ladinamente, moviendo el puño sobre la toalla como aferrando el agarre, dejando ver más de los castaños y oscuros vellos púbicos, tan cerca de Mick como nunca antes había estado de otro que no fuera Sam, por toda una vida de costumbre, y Castiel, por la aparente imposibilidad del ángel gilipollas de respetar su espacio personal. Ahora lo usa como arma. Sabe que Mick intenta concentrarse, parecer profesional, pero su cara está muy roja y hace lo imposible para no mirarle de frente, especialmente caderas abajo.

   -Lo imagino. Una maldición es una maldición. –grazna sintiéndose frío y acalorado, sospechando de los motivos del cazador. Tampoco era idiota.- Especialmente una tan… extraña en sus resultados. ¿Seguro qué… qué… varió de tamaño? –intenta sonar profesional, porque eso quería ser en esos momentos, hablaban de un hechizo, pero está aún más rojo y tartajeante. Más porque Dean le mira fijamente, con algo oscuro, travieso y malvado brillando en sus verdosas pupilas, con una sonrisa chula, apartando otra vez los faldones de la toalla, los pelos púbicos brillando con el agua, las bolas colgando, le verga levantándose, ganando tamaño y consistencia, blanca rojiza, pecosa.

   -No la tenía tan grande. No me malinterpretes, era buena, por encima del promedio. –aclara rodando los ojos, exhibiéndose.- Pero no tanto. Ahora mírala. –y Mick no puede evitar hacerlo, era como si atrapara sus ojos y no pudiera apartarlos.- Aunque… es una hermosa verga, ¿verdad?

CONTINÚA … 4

Julio César.

DEAN EL MAGNO… 2

septiembre 19, 2017

                         DEAN EL MAGNO

   Ya lo imaginábamos…

   -¡Pero… ¿qué coño?! –ruge impresionado, la mano cerrada sobre el orgullo de su vida, su fiel y siempre cumplidora tranca de joder nenas en la carretera. Recuerda, de golpe, a la bruja. Y la maldición.- ¡¡¡SAM!!!

……

   Pero Sam no le oye, todavía ceñudo y todo cabreado, se dirige a la biblioteca para intentar conocer todo lo que pueda sobre brujas satanistas y sus hechizos más frecuentes. Sabía Dios qué se había buscado el cabezota de su hermano. No entendía cómo podía meterse en tantos problemas. O por que los atraía. Los dos atacaron el aquelarre, llegaron disparando, pero aquella bruja sólo se detuvo para hechizar a Dean. Había algo en el pecoso que parecía despertar los bajos instintos, y no siempre sexuales, aunque algo de eso había también. Oh, sí, lo sabía bien, de toda una vida de compartir un coche y aventuras. También que este andaba diferente.

   Había notado un sutil cambio en su hermano. Desde la oscura y total depresión sobre el futuro cuando enfrentaban a la iracunda hermana de Dios, y aún antes, cuando la Marca le atormentaba y amenazaba con convertirle en un monstruo, ya este parecía convencido que no llegaría a viejo y que lo importante era el ahora. Comía y bebía como siempre, igual se relacionaba con cuanta tía podía, pero ahora era más… ¿descuidado? Si, parecía abrazar la certeza de que un día, simplemente, dejaría de existir, y que eso estaba bien, así que lo que valía era lo que experimentaba día a día. El plan con Billie, la parca, para escapar de custodia del gobierno, había sido suyo. Pactar la muerte de uno de los dos para que el otro escapara de la promesa de una prisión de por vida dentro de cuatro paredes. No le quedaba ninguna duda que Dean entendió que sería él, Dean Winchester, quien moriría. Se pregunta cuánto tendría que ver en ello la extraña conducta de su madre. Que hubiera regresado había sido maravilloso, pero también problemático.

   Cruza el gran recibidor de forma circular cuando la puerta del refugio se abre. Toma aire, exasperado, sólo podían ser los “primos”, los Hombres de Letras ingleses. Los gilipollas esos.

   -Hey, Mick. –gruñe algo irritado. Genial, ahora tendría que posponer la investigación sobre la posible maldición que podía alcanzar al cabezota ese.

   -No te emociones tanto con mi visita, Sam, o me conmoverás. –replica este ante su falta de entusiasmo. Le agradaba el menor de los Winchester, con esas ganas de aprender. Así como temía un poco al desconfiado Dean, quien parecía intuirlo todo. La manera en la cual descubrió que había asesinado a la chica lobo había sido casi espeluznante.- Veo que regresaron vivos de la cacería de brujas. –bromea mientras baja.- Al menos tú. ¿Y tu hermano?

   -Si… -y el castaño duda en contarle sobre la maldición de Dean. No confiaba del todo en los ingleses al respecto.- Costó vencerlas; tenían un gran plan, un conjuro para atraer sobre ellas el poder de todas las brujas del mundo y enviar un golpe directo sobre la jaula del Infierno, hablando en un plano metafísico.

   -Querían igualar el golpe que recibió cuando ustedes liberaron la Oscuridad. –puntualiza y le recuerda el otro; Sam medio sonríe en forma de mueca.- Si, un plan ambicioso y arriesgado. ¿No hubo problemas?

   Sam va a responder que no, que todo estuvo bien, justo en el momento que Dean entra, todo alterado y aparentemente atacado (pensaría el menor más tarde, de incontinencia verbal.

   -¡¡¡Sam, maldita sea, ¿es que no me escuchas llamarte desde la ducha?!!! –anuncia tal incongruencia a gritos, provocando primero la sonrisa irónica de Mick, quien como muchos de los que ha estudiado la dinámica de los hermanos Winchester, sospecha que algo levemente incestuoso hay, y la sorpresa de verle.

   Dean aparece totalmente desnudo y mojado, apenas cubierto por una blanca toalla, pequeña para el trabajo que tiene, muy baja en su cintura, dejando ver los huesos de la cadera, y allí donde la sostiene con una mano está tan baja que los vellos púbicos se dejan ver. Todo ello complementado por el rostro cubierto de gotitas de agua, como todo su cuerpo, el cabello alzado en puntas. Y la toalla…

   -Hey, ¿qué coño haces? –se alarma y molesta Sam, por cuestiones prácticas (y tontas y fuera de lugar, piensa Mick, parpadeando con la boca abierta).- Estás mojando todo el piso. –luego parece notar algo más.- ¿Qué coño haces desnudo por la ahí? Y… y… -enrojece.- ¡…Todo empalmado!

   Sí, porque la tela está alzada, y no en sutil indicación, está claramente levantada. Y Mick, aguantando la risa, encuentra todo aquello de lo más peculiar.

   -Eso no importa. –responde el rubio, exaltado, como si aún no hubiera reparado en la presencia de Mick, o lo que tal cosa significaba, que tenían visita, que estaba escuchándole y que estaba viéndole.- ¡La bruja idiota cometió un error cuando me maldijo! –sonríe todo resplandeciente y muy guapo, aún Mick tuvo que reconocerlo, aunque era total y completamente heterosexual.- La bruja idiota se equivocó, Sam; y tanto qué me preocupó su hechizo. –ríe feliz.

   -¿Una de las brujas te maldijo? –por fin, Mick reacciona, volviéndose hacia Sam, aunque debe reconocer que costó dejar de mirar a Dean en esos momentos, pero era porque el hijo de perra era realmente un espectáculo para la vista con los ojos brillantes, los gorditos labios distendidos en una sonrisa muy chula, la cara y hombros todo pecosos. Y húmedos.

   -No es… nada serio. Podemos manejarlo. –Sam sonríe, tenso, volviéndose hacia Dean para fulminarle con la mirada por exponer más de lo necesario, y no pensaba únicamente en toda esa excesiva piel dorada y mojada. Aunque el asunto le interesó de inmediato, las posibles consecuencias de la maldición lanzada por la bruja aquella, realmente le tenían, también muy preocupado. Esas vainas siempre recaían sobre Dean.- ¿Cómo que se equivocó la bruja?

   Aunque ahora, finalmente, ha reparado en Mick, quien vuelve a mirarle con diversión aunque algo inquieto por la noticia (los Winchester no saben que los Hombres de Letras ingleses desaparecen raso y parejo todo lo sobrenatural, diabólico o no), el rubio no puede dejar de explayarse, sonriendo más, la expresión más chula de toda su vida dibujándose en su cara.

   -Qué se equivoco, pensó hacerme un daño y… -dudó, porque la cosa era privada, íntima, pero era tan increíble que no puede contenerse.

   -Dean, joder, ¿qué haces? –Sam se alarma, lo mismo que Mick, aunque este no tanto (no era su hermano, después de todo), cuando el cazador aferra la toalla con las dos manos, la desenrolla y separa… mostrando su verga en reposo. Nada de erecta, nada de morcillona, tan sólo en reposo, pero larga y gruesa, unas buenas siete u ocho pulgadas de carne de joder blanco rojiza. ¡En reposo!

   -Mira, ¿qué tal? –grazna Dean, extasiado.

   -¡Mierda! -brama Sam, alterado, pensando en sacarse los ojos, apartando la mirada y medio volviéndose.- Cubre tus miserias.

   Mick no aparta la vista, no puede. Ni cerrar la boca. Joder, si, era tan grande, tan gruesa, y estaba en reposo. Erecta, dura, llena de sangre y calor, marcada de venas esa verga debía ser impresionante; diez u once pulgadas, piensa estremeciéndose ligeramente imaginando ese espectáculo…

   El buen Mick (Adam Fergus), habría hecho un gran papel como otro de los incondicionales de Dean.

CONTINÚA … 3

Julio César.

DEAN EL MAGNO

septiembre 17, 2017

       

   Ya lo imaginábamos…

   -¡Brujas, hijas de puta! –ruge Dean Winchester con disgusto al caer sobre unos matorrales que está muy seguro son hiedras venenosas. Y con su suerte, de una variedad de lo más peligrosa. Se pone de pie sin soltar el rifle de cañón recortado cargado con las balas especiales.

   La mujer comete un error mientras corre, despavorida, por su vida: le grita una buena sarta de insultos y amenazas, cabreada por la muerte de su amiga y socia. Y tal vez algo más, se dice con lascivia el cazador, imaginando por un  segundo a las dos mujeres sobre una cama, en un afanado sesenta y nueve, cada una usando un juguetito curioso de las piezas que los hombres cargaban entre sus piernas pero que no necesariamente requerían tener en vivo para pasar un buen rato entre chicas. No eran muy jóvenes, aunque no creyera que fueran tan viejas como Rowena, la madre del Rey del Infierno, pero si eran de muy buen ver. Todo eso lo supone mientras sigue persiguiéndola por ese bosque solitario y oscuro, la luna oculta tras una espesa capa de nubes.

   Las mujeres, un grupo de tres, eran peligrosas. Brujas satanistas. Aunque no era tan malo como sonaba. Por alguna razón, estas intentaban sacar a Lucifer de la jaula a donde le habían regresado recientemente después de poseer, este, al mismísimo puto presidente de los Estados Unidos. No podían permitirse que alguien lo intentara, mucho menos que lo lograran. Los Hombres de Letras ingleses, los gilipollas esos, los habían puesto sobre la pista. Y miren que había costado lo suyo detener al cabrón de Lucifer. No, no había manera que dejaran pasar el que se intentara liberarle. Quien tuviera tal idea debía morder el polvo.

   El cazador prácticamente vuela sobre arbustos y árboles caídos, y le corta la retirada. La mujer, de largo cabello negro ensortijado, grita de sorpresa, rabia y miedo al verle aparecer, deteniéndose bruscamente, jadeando ambos.

   -Hasta aquí llegaste, hermana. –le dice, porque siempre tiene que decir algo, alzando el rifle.

   -¡Maldito asesino! –le acusa esta con un grito de rabia, puños cerrados.- ¡Mataste a Cibeles! –si, algo había entre esas brujas, se dice el pecoso, allí estaba, enfrentando su muerte, y se preocupaba todavía por la otra. Aunque, viéndolo bien, eso podría pensar cualquiera de Sam y él.- Nos crees monstruos, ¿verdad?

   -Así es, pero no es por eso que nos empeñamos en acabar contigo, tu amiga y la otra. Son demasiado peligrosas. –le aclara. Sam había matado a la que parecía la jefa del aquelarre y se habían separado buscando a esta, la única de las tres que escapó de la cabaña mohosa y fea.- ¿Intentar soltar a Lucifer? ¿Estás loca? Ninguna bruja que se respete intentaría algo así, ¿no sabes lo peligroso que es para todos? Por eso hasta aquí llegaron. –alza el rifle, desconcertándole la sonrisa de la mujer, una que nota ahora que la luna emerge de entre las nubes.

   -¡Dean! –se oye el inquieto llamado de Sam a la distancia; el rubio mira en esa dirección y no ve a la mujer acercándosele, ojos relucientes de odio.

   -Pobre infeliz, ahora verás lo que es ser un peligro. –le ruge, y antes de que Dean pueda decir algo, esta recita unas extrañas palabras a la noche, proyectando las manos, con palmas hacia afuera, contra él.- Serás una cosa tan terrible y peligrosa, que para proteger al mundo todos tendrán que cazarte como a un perro rabioso.

   El pecoso, que ha tratado con las suficientes brujas, va a dispararle antes de que termine, pero algo le alcanza. Parece un golpe directo al abdomen que saca todo el aire de su cuerpo, dejándole débil, al tiempo que una especie de onda de choque le golpea y derriba de espaldas sobre el piso suave lleno de musgo y yerbajos. Todo gira a su alrededor, pero sabe que se acerca, que la mujer ríe y se acerca. Y tal vez le había lanzando alguna fea maldición, pero viéndole allí caído, como que piensa que la oportunidad es demasiado buena para dejarla pasar. De alguna parte de su feo vestido saca una daga curva que se ve malvada y peligrosa. La sonrisa le indica que va a trincharle con él. En los genitales. No, no, ahí no. Es lo último que piensa antes de perder el conocimiento.

   -¡Dean! –no escucha a Sam, no le ve aparecer alarmado al encontrarle caído con esa mujer a su lado. Ni le ve dispararle antes de que esta tenga tiempo de levantar la mirada, cayendo muerta con aquellas balas especialmente diseñadas para ellas.

……

   Chasque la lengua, siente la boca amarga, el cuerpo le duele y está agotado. Pero sabe que está a salvo, que ya no está en el bosque, a merced de la bruja (sonríe, sonaba tan cliché), sino sobre una superficie cómoda. Seguramente su cama. Joder, ¿pero cuánto tiempo estuvo fuera de órbita?

   -¡Estás despierto! –la cabreada voz de Sam termina con el silencio, y arrugando la frente, abre los ojos. Dios, hasta eso le duele.

   -Dime que no aprovechaste para desnudarme y meterme mano, Samantha. –bromea, consciente de las ropas y las botas sobre su cuerpo.

   -¿Cómo pudiste dejarla lanzar un hechizo? ¿Acaso eres idiota? –brama el más joven, brazos cruzados sobre el pecho, todo mala leches.

   -Era rápida con la lengua. –sonríe de manera chula, asociando lo de lengua con su otra imagen, la de las brujas en un sesenta y nueve. Hummm…

   -No, seguro quisiste charlar, decirle que ibas a liquidarla por esto y aquello, regodeándote en lo bueno que eres en tu trabajo. –le acusa.

   -Hey, hey, estoy herido, ¿okay? Y las brujas están muertas, ya no liberarán a Lucifer, así que deja de joder. –se sienta, tocándose la cabeza.- Está muerta, ¿no?

   -Sí, yo si lo hice como se debía. No intenté intercambiar datos personales con ella. –ruge y se contiene, cerrando los ojos buscando serenidad.- Dean, ¿sabes lo grave que es esto? ¡Te hechizó! La escuché y vi. ¿Sabes de qué se trata?

   -No… la verdad es que no –admite, tomando aire.- Lo siento, Sam. Me descuidé. Creí que ya estaba jodida.

   -Últimamente te arriesgas demasiado. Corres temerariamente hacia el peligro sin fijarte en dónde te metes; te tomas tu tiempo para jugar con tus presas y…

   -Hey, córtala ya, mamá. Oh, no, ni Mary molesta tanto. –replica irritado, dejando la cama y despojándose de la camisa de cuadros, halando los faldones de la franela, preguntándose dónde estaría Mary en esos momentos, y haciendo qué… con quién. Ese Ketch…

   -¿Qué haces? –grazna Sam viéndole quitarse la franela.

   -Me desvisto, voy a tomar una ducha. Y a menos que quieras comprometerte a tallarme la espalda, te aconsejo salir. Las bolas se me sudaron de lo lindo. –burlón comienza a abrir los botones del pantalón y Sam prácticamente huye a la carrera después de mirarle feo. Evidentemente aún quería gritarle muchas cosas.

   En parte tenía razón, se descuidó mucho, reconoce Dean alterado cuando el agua caliente de la ducha le moja, calmándole los dolores. Y esa mujer le maldijo, se pregunta de qué manera todo se manifestará. Toma la pastilla de jabón, la frota en sus manos y las baja hacia sus genitales; las sudadas bolas y verga, y…

   -¡Pero… ¿qué coño?! –ruge impresionado, la mano cerrada sobre el orgullo de su vida, su fiel y siempre cumplidora tranca de joder nenas en la carretera.

CONTINÚA … 2

Julio César.

SAM Y DEAN, ¿AUN NO ACABAN CON LOS DIOSES?; 18×12

septiembre 13, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   Ya deben faltarle pocos…

   No hay caso, parece que han eliminado el portal donde veía mi serie preferida de todos los tiempos, Supernatural. No es que no abre, es que aparece como  que no se encuentra la página. Lo alarmante es que ya viene la temporada trece, para octubre, y ando en la inopia. Debo buscar donde seguirla. Por lo menos pude disfrutar lo que quedaba de la doce, gracias a una amiga. Y lo disfruté, efectivamente, con episodios mejores que otros (el programa no los tiene malos), llegando a un gran final… pero eso es lo que siempre digo, ¿verdad?

   El episodio dieciocho, algo como La Memoria Permanece, o Legado, fue un capítulo indudablemente de relleno, apartado casi totalmente de la trama central: buscar a la mujer que parirá al hijo de Lucifer, Dean desesperando al no ubicar a Castiel y los Hombres de Letras ingleses molestando, ahora que se han revelado como un grupo prácticamente terrorista, quedando todavía la duda: ¿sólo les pasó a ellos esa desviación del camino, o así eran todos y era lo que Henry deseaba para John, y más tarde para sus nietos? Cuesta creerlo, especialmente recordando al abuelo en acción. Pero, en sí, fue un buen episodio. ¿De qué iba?, un viejo concepto en la forma de un enemigo distinto: un dios antiguo. Pero no cualquier dios, me parece que se le pudo sacar más punta a eso de la lujuria.

   ¿Qué me gustó?, indudablemente Dean con la camarera, el viejo Dean de siempre, pícaro y guapo, ¿cómo podía esa chica resistirse? Sam esperando que no usara el truco del café fue tan gracioso. Pero lo que en verdad me hizo reír fue cuando, atado y en manos de ese loco (y falta lo que ocurre en los fics, al menos una vez, una loca metiéndole mano al tenerle indefenso; o un loco), este le dice que tiene que seguir el negocio familiar. ¿Y Ketch diciendo que en lugar de tratar con ellos preferiría estar con su madre, y la cara de Dean?, eso fue genial. ¿Qué no me gustó? Precisamente los Hombres de Letras ingleses, y no por ellos. Conocemos a la brutal señora Hess, el maniaco de Ketch mata a Mick, esta le dice que vaya contra los Winchester y los mate, esperamos un enfrentamiento directo, algo brutal al estilo de estos dos (y Dean), y hay medio episodio de revisar la baticueva, poner micrófonos y detener la acción. No era lo que esperabas, lo reconozco.

   Siempre me han gustado los planteamientos iniciales de la trama, el peligro asechando, la cosa mala ocurriendo, los ha habido notables, y este me encantó, el bosque, la fogata, los chicos reunidos besándose, los dos perdedores sin pareja, uno marchándose, el otro quedándose a ver (y de por sí ya eso era extraño), y la cosa que asecha y atrapa.

   Fue como ver el inicio de una de las Viernes 13, pero no llegó a tanto ni era este Jason, aunque se veía bien alarmante con esa máscara de cabra. Y, debo confesar, que siempre me molesta que atrapen al perdedor (al virgen), ¿ya no tenía suficientes pesares en su vida? ¿Por qué nunca atrapan al popular y que grite y llore mientras el resto se salva?

   Como siempre, sin pistas sobre el hijo de Lucifer, los hermanos se dedican a un caso, van a averiguar sobre la desaparición del chico y conocemos a unos personajes interesantes, el comisario displicente que parece intentar disuadirlos de quedarse; el encargado de frigorífico de donde desapareció el chico, que colabora mucho pero tiene algo inquietantemente untuoso; y la camarera bonita que le sonríe a Dean, justo cuando Sam dice que posiblemente enfrentan al dios de la lujuria.

   Y en este punto no sé si haga falta comentarlo, pero en ningún momento pensé que la cosa en el bosque fuera algo sobrenatural, imaginé que era alguien disfrazado. Y supongo que a todos les pasó igual, por ello, en lo primero que pensé fue en Jasón Voorhees. La máscara era buena, pero no parecía un hombre cabra. Alguien, una persona, hizo aquello.

   Con eso en mente, conociendo al comisario indolente, un tipo atractivo que me pareció conocido de otro programa aunque no lo recuerdo, pareció sospechosa su manera de intentar restar importancia la desaparición del chico. Está la bonita mesera que responde a Dean, cosa que no sería extraño en ningún universo, pero cuando Sam sabe de la leyenda local y lo asocia al dios de la lujuria, se podía pensar ¿la chica lo atrajo con algo más? El encargado de la fábrica de carne (que me recordó, en su conjunto, un caso de Mulder y Scolly, en los Expedientes, el pueblo aquel que dependía de la granja de pollos y donde casi sacrifican a Dana). Todos tenían algo de sospechosos, cualquiera podía ser el asesino del frigorífico, pero el programa no nos dejó especular mucho sobre esto. Habría sido mejore una pelea y que le arrancaran la máscara, provocando la sorpresa del momento.

   El caso en sí fue muy sencillo, alguien o algo se lleva gente joven, por ahora; investigan y saben de una poderosa familia en el pueblo que ha prosperado con la ayuda de un dios al que alimentaban y este les concedía dinero y poder. Esto se los cuenta el comisario al que detienen. Él acabó con el círculo, esperaba que eso, el dios, muriera de hambre. Pero escapó del sótano, o eso creen.

   El tipo del frigorífico atrapa a Dean, el cual estuvo singularmente torpe en este episodio, al respecto, y lo ofrecerá como víctima, es cuando le cuenta que es de la familia del comisario pero no le tocó nada, que le dan ese frigorífico cuando todo acaba e hizo un pacto con el dios sátiro Moloc; le alimentará por ayuda, que es el negocio familiar. Me hizo reír tanto la cara de Dean. Bien, hubo poca tensión, no mostraron de frente al dios, habría sido bueno ver una pelea, pero nada.

   Sam salva el día con la Colt. El caso estuvo bien, comenzó muy prometedor pero fue decayendo un poco. Pudo quedar mucho mejor, con alguna cacería del enmascarado por un bosque, machete en mano, Dean y la chica corriendo, desarmado, eso cazándolos, incluso Moloc, algo tipo Jasón, con Sam y el comisario corriendo entre los árboles; pero, en fin…

   Los Hombres de Letras ingleses no fueron a acabar con los Winchester, entraron en la baticueva para sembrarla de micrófonos. Sabían a los chicos fuera porque Ketch envió un mensaje a nombre de Mick. Fue un parón total a lo que esperábamos. Al menos para mí. Fue divertido el comentario de este sobre que quiere saberlo todo, qué champú usa Sam para tener el cabello tan brillante y cuantas raídas camisas tiene Dean. ¡¿Por qué todos se meten con sus camisas?! También quería la Colt, la vieja y confiable Colt; por suerte el pecoso se la había llevado. Dios, cómo odio a Ketch, verle revisar las cosas de Dean, manosear la foto de Mary, fue desagradable. Y no lo digo porque matara al tonto de Mick, por la espalda, ya me caía mal desde cuando se acostó con Mary, de quien parece anda algo prendado. Por cierto, ¿Dean no tiene pornografía nueva? Siempre muestran la misma. Toda esta subtrama fue… tediosa.

   Me gustó el final del episodio, aunque parezca extraño, cuando Sam y Dean toman una cerveza y hablan sobre legados, cuál será el suyo. Dean se pregunta si alguien les recordará cuando mueran; Sam dice que si, la gente a la que salvaron, pero estos morirán también y todo se olvidará, y le parece bien, tuvieron su momento, hicieron una diferencia pero el mundo continuará con otros al frente. Me gustó este planteamiento, así como Dean tallando sus iniciales sobre la mesa, superponiéndose a las imágenes de los dos niños que vimos en el final de la quinta temporada, cuando tallaban las iniciales de sus nombres en el impala… me pregunto, ¿John no lo notó?

   ¿Y el próximo? ¿Qué puedo decir?, también me gustó.

LA TEMPORADA TRECE DE SUPERNATURAL

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 28

agosto 10, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 27

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

……

   Nunca podría olvidar ese día, su boda, y no por las razones tradicionales, se dijo el apuesto hombre cerrando la puerta de aquel dormitorio en casa de su abuela, donde conoció carnalmente, por primera vez, a un rubio pecoso e irritante que se le convirtió en algo muy importante.

   Había pasado esa mañana tenso, aprensivo. Si fuera de los que se dejaba llevar por la imaginación para acomodar su mundo, habría dicho después que ya presentía algo de lo que ocurriría. Pero no lo creyó antes, ni ahora. Había estado impaciente porque iba a casarse con una mujer que le agradaba pero la que no le significaba nada mayormente. No como cierto Dean Winchester, un sujeto que quién sabía qué estaría haciendo en esos momentos (no respondió a dos mensajes enviados), desde perseguir, a solas, una feroz manada de hombres lobo, a coquetear con cuanta camarera (o botones) hubiera de allí a Washington. Le extrañaba, horriblemente, y le inquietaba no saber qué hacía. La inseguridad y los celos eran una cosa terrible. Con la llegada de la tarde, le tocó recibir a amigos del trabajo, del colegio, de años, gente de la fiscalía, a los herederos de las casas amigas de su familia, todos deseándole felicidades o endosándole, con cierta maldad mal disimulada, aquello de que ahora “si sabría lo que era bueno y pagaría toda lasque había hecho”. Y la ceremonia.

   La iglesia estaba impresionante, llena, todo el que era alguien estaba presente. Las flores, la iluminación, todo parecía de cuento de hadas. Pero él, esperando por Leslie, no podía borrar aquella leve arruga en su frente… revisando sí tenía alguna llamada. Contrariándose aunque no quería al no halla nada; había intentado hablar dos veces con el rubio. Dos veces le llamó y cayó directamente en el buzón. ¡Ese pequeño…!, no pudo evitar irritarse. Aún en ese momento no llegaba una respuesta. Alzando la vista encontró la dura mirada de su abuela, quien con leve inflexiones parecía indicarle que se comportara y se concentrara en lo que hacía. ¿Cuánto imaginaba o sabría, de hecho, la mujer?, lo ignoraba, pero intentó relajarse, sonreír. Borrar el ceño, especialmente cuando una etérea y hermosa Leslie entró acompañada de su padre y se escucharon las notas del avemaría. Ella, sonriendo, le miraba fijamente, como extrañada de algo. ¿Notando su desazón? Le sonrió lo más honestamente que pudo, lo que no le era difícil; era la sonrisa que siempre componía, y con la cual engañaba, en los tribunales. Dios, ¿estaría cometiendo un error que le resultaría costoso luego? No, con Leslie estaría a un paso más cerca de coronar sus ambiciones políticas.

   La ceremonia comenzó, solemne emocionante de cierta manera, tuvo que reconocer. Las palabras, los votos, el beso, los presente sonriendo. Eran marido y mujer. Abrazados, sonriendo, se volvieron hacia las familias y amistades, admitiendo que se sentía bien hacer aquello. Allí estaban todos los que le importaban, sus compañeros del trabajo, la abuela, sus padres. Padrinos y madrinas se acercaban a felicitarles en alegre montón. Hasta Dean aplaudía, lenta y deliberadamente, con una mirada intensa en sus ojos verdes que parecían lanzarle destellos que…

   ¡Dean!

   El joven cazador estaba al final del amplio salón, cerca de una de las entradas laterales, prácticamente apoyado de espaldas de una de las altas columnas, vistiendo lo que seguramente era su mejor traje para hacerse pasar por agente federal (“Dios, odio disfrazarme de agente del FBI”, le había contado una vez, luchando con el nudo de la corbata), de pie como todos, aplaudiendo ominosamente. Mirándole, los ojos revelando tantas emociones a un tiempo que le fue difícil entender que era realmente él, Dean, mostrando enfado, dolor, decepción, y algo más, un sentimiento que no podía identificar pero que le provocó un dolor atroz en el pecho, el mismo que pareció congelársele impidiéndole respirar. Debía estar mortalmente pálido, lo supuso por lo frío que se sintió. No podía apartar la mirada del pecoso, que aplaudía y le prometía, sin palabras, toda la furia del infierno. Le había descubierto, y debió imaginarlo. Su matrimonio era la gran noticia del mes; el cazador no gustaba de leer la prensa rosa, sino sobre deportes, muertes extrañas y algo sobre la vida de cantantes. Nada más. Pero la boda había sido bien promocionada.

   Lo supo y ahora estaba allí, diciéndole algo que no quería entender, que no podía aceptar porque, aunque sonara idiota, sabe que si este partiera se llevaría demasiado de sí. No temió ni por un segundo un escándalo, que este gritara algo, que lo pusiera en evidencia. No, lo que le estaba diciendo era mucho peor que todo eso. Le ve dejar de aplaudir, siente su mirada, elocuente. Reclamándole su traición.

   -¿Nick? –la voz de Leslie le regresó en sí, al tiempo que esta le agarró por un brazo, ¿deteniéndole cuando se disponía a bajar del altar? Mirándola, entendió que el tiempo se había dilatado para él, como tantas veces leyera y escuchara que les ocurría a otros, haciéndole sonreír siempre con desdén. Hasta ese instante.- ¿Te sientes bien?

   -Sí, yo… yo… -no puede reaccionar, y volviendo nuevamente la mirada encontró lo que esperaba y temía. Dean ya no estaba.

   ¡Dios!

   Nunca en toda su vida, el hombre había conocido una impaciencia, frustración e impotencia tal como la vivida mientras recibía mil felicitaciones, posaba para las cámaras fotográficas y se reunía con los suyos, rumbo a la casona de la familia de Leslie donde se llevaría a cabo una recepción  “íntima”, con media ciudad presente. Y en todo momento lo único que Nicholas Stanton deseaba era salir corriendo rumbo a su apartamento, seguro como la muerte al final del camino de la vida que no encontraría a Dean Winchester; al que no había parado de llamar a la menor oportunidad, sin recibir alguna contestación. Pero él sabía un poquito más que eso…

   Con gestos y miradas hacia su chofer-guardaespaldas, cuadró la escapada de la reunión, aprovechando que los salones y jardines de la impresionante propiedad estaban atestados de personas felices y sonrientes. ¡Estaba escapándose de su propia fiesta de bodas! Sabía las consecuencias que eso le acarrearía, no era un buen comienzo con su mujer, pero no podía esperar. Tenía que llegar junto a Dean, mirarle, atraparle de alguna manera entre sus brazos y hacerle entender que procedió así porque fue el único camino que vio. Debía casarse, pero no quería perderle. Aun a él le sonaba egoísta, ruin, los motivos y los métodos, pero era real. Con Leslie alcanzaría la fiscalía, el puesto en el senado, el futuro; ella le daría hermosos hijos. Lo que tenía con Dean… No, no quiere perderle. No puede.

   El trayecto al apartamento se le hizo insoportable, dolorosamente largo, mientras imaginaba cómo sería vivir con un vacío en el pecho. La gran parte de sí que había sido ocupada, hasta ese momento, por el pecoso, atrevido y desvergonzado cazador de monstruos y criaturas sobrenaturales. Tenía que hacerle entender que… que… “No te vayas Dean, aún no. Espérame. Yo te haré comprender, ya verás. Pero espérame”. Era lo único que deseaba, una oportunidad.

   -Sígueme. –ordenó, impaciente, al chofer.

   Tarde. Era tarde. La idea le atormentó al salir casi de un salto del vehículo cuando el otro lo detuvo, conteniéndose a duras penas para no echarse correr hacia los ascensores del estacionamiento. Seguido por la confusa mirada de su auxiliar, quien no le entendía. Ni le juzgaba. Pero dejar su boda así… Apresurándose a ir tras él.

   A Nicholas le dolió el pecho mientras llegaban al piso y se dirigía hacia la puerta, gruñéndole al otro que espera allí… y que no dejara salir a nadie sin su autorización. Tarde, demasiado tarde, la frase le torturaba mientras abría la puerta, respirando pesadamente, tensando el cuerpo aprestándose para la discusión y argumentación de su vida que tendría que dar. Si el cazador aún estaba allí. Sobre la mesita vio el enorme morral de viaje, abierto, conteniendo muchas cosas arrojadas de cualquier manera, armas, revistas, ropas, las camisas de franela. Todo lo que era de Dean al llegar. Sabía que este no se iría sin confrontarle una última vez. Que tendría la oportunidad de encontrarle, de verle. Pero ese morral abierto le había dejado sin habla. Se iba. ¡Dean pensaba dejarle! Oyó sus pasos, resueltos, pesados por las botas, que llegaban del dormitorio donde tantas cosas y tantos momentos compartieron. Y abrumado no pudo despegar la mirada del bolso de viaje. No le miró, pero supo que el cazador se detuvo, tenso, al encontrarle.

   -¿No deberías estar en tu fiesta de boda? –la pregunta fue directa, altanera, agresiva. Dolida.

   -Sabía que me esperabas. –replicó, izando por fin la mirada, toda la tortura de su alma ardiendo en sus pupilas.- Dean… no quería que lo supieras así… -no puede hablar ahora. Estremeciéndose al notarle tensar aún más la mandíbula, viéndose sencillamente fantástico con su cabello bien cepillado, la leve sombra de barba en sus mejillas, la chaqueta negra de cuero.

   -Si, supongo que no querías que te descubriera en tus engaños. -gruñó arrojando unos calcetines en la bolsa.- Ni qué me presentara en tu momento de triunfo, lo siento, ¿okay?, pero necesitaba ver si el Nicholas Stanton, miembro de la fiscalía de Boston, que se casaba, eras tú, ya que me habías dicho que partías a una reunión familiar. –le lazó una sonrisa torva.- Ah, no, era cierto, estas allí reunido con mucha familia. –se golpeó la frente.- Tonto de mí que nunca entiendo.

   -Dean, no… -se atragantó. No pudo continuar con todas las razones que pensaba exponerle para sus acciones, tan sólo se quedó mirándole, inquietándose por segundo al notar que se cabreaba más y más.- Joder, ¿para qué fuiste? ¿Por qué no aceptaste que tenía compromisos y ya? Estábamos bien. –gruñó, frustrado.

   Supo, en cuanto abrió la boca, que había comenzado mal. Ver al cazador entrecerrar los ojos, dar un paso rápido y lanzarle un puñetazo al rostro, fue una sola cosa. Aunque era un sujeto alto, duro, desagradable muchas veces con demasiada gente, por lo tanto sabiendo que muchos le odiaban, Nicholas no estaba acostumbrado a las agresiones físicas, y le dolió recibir ese puñetazo sobre la boca, dando dos pasos atrás, saboreando su propia sangre.

   -¡Me golpeaste! –jadeó, parpadeando.

   -Y estoy seguro que volveré  hacerlo antes de salir por esa puerta, hijo de perra. –le rugió el otro, mirándole todo enojado, herido.

   -¡No! Eso no, por favor; yo… -se vio abrumado.

   -¡Habla, Nick! Si tienes algo que decir, dilo ahora, y pronto, porque estoy a punto de largarme al quinto coño en Wyoming para cortar cabezas de vampiros, y posiblemente nunca más volveremos a cruzarnos en esta vida. –sentenció con voz clara, implacable, haciendo temblar al hombre un poco más alto.- Comienza a mentir, a tratarme como un perfecto imbécil antes de que se acabe tu tiempo. –exigió.

CONTINÚA…

Julio César.

SUPERNATURAL SIGUE TAN VIGENTE

agosto 10, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   El premio de quienes importan…

   Sí, señor. Mientras se espera que comience la temporada trece, escuchando gente farfullando que ya ha durado demasiado y que el programa aburre, lo que no sería tan extraño después de más de una década al aire, Supernatural fue nuevamente premiado; en este caso con el People’s Choice Awards 2017, en enero de este año, como “Programa favorito de ciencia ficción / Fantasía en una cadena de TV”. Y la importancia de este detalle no debe perderse, porque a pesar de lo que mucha gente opine sobre la longevidad del programa, o sus tramas, la gente que premia lo que le gusta, la que mira televisión, se decidió por ellos. Del hecho se enteraron los actores estando en Rusia, dicen; me pregunto haciendo qué.

   Y, como no podía ser de otra manera, Jensen Ackles estuvo nominado como “Actor favorito en programa de TV ciencia ficción / Fantasía”; aunque quienes hemos visto su trabajo, esa no guapa sino bonita cara tan expresiva, él podría hacer lo que fuera, desde comedia a romance, de drama a maloso, y lo encarnaría perfectamente. Pero esta vez, ay, fue derrotado por un inglés, Sam Heughan, de un programa del cual nada sé. Una lástima, pero su nominación, que es casi consecuente (parece no haber año cuando no esté designado), sigue demostrando su vigencia y calidad dentro del público, su gusto por él.

   Sé que se siente extraño, pero me cuesta imaginar una realidad donde, en algún momento del año, no regresen Sam, Dean, Castiel y el mismísimo Crowley. Por suerte, este año, al menos, volverá a pasar.

SAM Y DEAN, CON LOS DIOSES; 18×12

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 23

julio 12, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 22

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   A Jensen le estaba resultado contrastantemente emocionante esa visita a esa casa, aceptar la invitación casi suplicada de Jared para que le acompañara, y tomar ese suculento desayuno gratis. Si, comió bien. Si, le agradó compartir con el castaño. Si, la casa era sencillamente hermosa, como esos jardines con todo y las aves gorgojando alegremente bajo la, ahora, inesperadamente soleada mañana. Todo eso estaba muy bien, incluso recibir el aparente interés de Megan en él, ¿a qué hombre no le gusta saber que gusta? Pero… la relación del castaño con su familia era demasiado tensa, casi tan complicada como era la suya con su gente. Y para dramas familiares ya tenía bastante con los suyos. Lo que en verdad le irritó fue entender que el guapo muchacho (y enrojece al pensarlo), intentó usarle para incomodar a su padre, imponiéndole su presencia. Dijera lo que dijera el muy hijo de perra. Se tensa, joder, seguramente esa mujer, Sherri Padalecki, sabría que tuvo esa idea, que la llamó así en su mente. Parecía ese tipo de persona.

   En cuanto a Megan… La chica, con una sonrisa todo dientes y hoyuelos que le recordaba alarmantemente a su hermano, se le había colgado del brazo y no parecía dispuesta a soltarle ni de llegar al tema que le interesa. Parloteaba de una manera incansable sobre mil cosas; hecho que también le recuerda uno poco al castaño.

   -Fue una lástima que no pudiéramos almorzar tranquilos ayer, por culpa de Jared y su mal humor. A veces se pone imposible, créeme. Sabía que vendría, papá le citó, y el pobre se veía tan infeliz por ello, y me retrasé a propósito, para no encontrármelo. Todavía recuerdo lo de ayer. Cuando papá, Jeff y mamá se reúnen, con ese aire de directorio general, Jared suele ser increíblemente desagradable. Un poquito más que de costumbre. Imagino que como su amigo, ya lo sabes. –le sonríe sin darle tiempo a responder. Parecía no necesitar tomar aire.- Si fuera mujer, en uno de esos estallidos, uno pensaría que sufre la menstruación. Y créeme, sé de mujeres y dolores menstruales. –afirma con intensión como si el rubio, que enrojece por el tema, lo hubiera puesto en duda.- Una vez mamá me inscribió en un internado en Suiza, para algo de los modales, creo que quería que los aprendiera… -ríe divertida por algo.- Y compartí cuarto con dos chicas más, que padecían sus ciclos una después de la otra. Dios, quería escapar caminando sobre la nieve. Fue suficiente, de por vida, para curarme de esos humores. –ahora le sonríe, pestañeando.- Pero me alegra que estés aquí. Sabía que me buscarías. –¿juega otra vez?

   -Eh, sí, claro, para discutir lo de la fiesta. –más rojo de cara, el pecoso intenta desalentarla, haciéndola reír y colgarse más en él, apoyando la frente en su hombro.

   -Lo sé. ¡Eres tan lindo cuando te azoras!

   ¿Joder todos esos Padalecki eran así? Aprovechando el momento, intentando despegarse un tanto (aunque ella no le suelta el brazo, más bien es un momento embarazoso cuando le hala para que no se aleje), comienza a contarle la idea que tiene: buscar viejas fotos y videos de los diferentes momentos de su vida donde aparezcan este o aquella, preparando una pequeña cinta sobre “amigos par amigos”, y usarla como una invitación digital, alegando que todos son parte de su corazón y quiere celebrar con ellos su cumpleaños. Mientras habla, animándose él porque a ella le fascina la idea, siguen caminando y sonriendo, intercambiando ocurrencias. Al rubio le cuesta seguirle el paso, la joven parecía estar dispuesta a gastar el presupuesto de una pequeña nación para tal ocasión; su natural frugalidad (su pobreza extrema, dicho con todas sus letras), le obliga a intentar hacerla desistir de los excesos, que entienda que algo pequeño, discreto y de buen gusto serviría mejor como invitación que una campaña publicitaria por radio, prensa y televisión.

   Todavía hablan cuando una imagen congela al rubio, dejándole literalmente con la boca abierta. Cuatro altos pilares, que parece de templos griegos, ¿realmente serían de mármol blanco?, se elevan, sosteniendo un toldo tipo lona, blanca, que ondea un tanto sobre una larga piscina de aguas muy azules, rodeada esta por un suelo de granito gris claro. Algunas sillas largas, de jardín, ocupan los bordes, así como una alta mesita tipo pedestal, ¿también de mármol? El conjunto era extrañamente exótico, clásico y hermoso. Aunque no como…

   -Mierda, olvide que estaba aquí. –oye el gruñido chasqueado de Megan, a su lado, pero no la escucha muy bien. Ni la ve. Su boca cae más, sus ojos se abren bastante.

   Una figura, que evidentemente sube lentamente por unos escalones que se pierden en la alberca, va emergiendo a su vista. Es una mujer exóticamente oriental, como de odalisca de película, de cabello muy negro y brillante, que esta enjuaga y deja caer sobre un hombro. Su piel es pálida pero no enteramente blanca, sus ojos son negros e intensos, sus pestañas largas, unas que brillan con gotas de agua, misma que corre por su rostro ovalado. Los labios son rojizos. La figura… Bien, la mujer tiene sus curvas, cada una justo donde debería estar y de una manera increíblemente armoniosa. Un bañador enterizo, negro, sin hombros, es todo lo que lleva. Y al reparar en la pareja, se detiene. No sobresaltada, tan sólo serena. Dueña siempre de sí.

   -Hola, Nadina. –saluda Megan, con retintín, mirando divertida y exasperada a Jensen.

   -Buenos días, Megan. –la voz es armoniosa, la mirada enfoca al desconocido mientras toma una bata de baño, larga, de una silla.- ¿Y el caballero es…? –el suave reproche es inconfundible.

   -Oh, yo… lo siento. –Jensen enrojece hasta la raíz del cabello, apartando la azorada mirada.- Discúlpeme, señora, soy Jensen Ackles, empleado de Jared y… y… -le cuesta hilvanar ideas. No sólo porque la hermosa mujer le mira, con curiosidad, sino por intuir que para esta no pasó desapercibido que la recorría con la vista y le clavó los ojos en los senos; senos que parece obligada (por un extraño mirón) a cubrir con la bata.

   -Mucho gusto, señor Ackles. –es la educada respuesta.

   -Yo… lamento si interrumpí su baño, pero… pero…

   Oh, por Dios, pensó Megan, con una divertida mueca, girando los ojos. ¡Era tan injusto el poder de Nadina sobre los hombres!

   ¡Oh, por Dios!, piensa Jared, llegando tras ellos en esos momentos, nada contento del azoro y enrojecimiento del rubio… quien parecía luchar para no mirar a la mujer, sin mucho éxito.

   -No se preocupe, señor Ackles, era hora de salir. –la mujer le resta importancia, mirando sobre su hombro a un muy ceñudo Jared, cosa que la hace sonreír levemente al tiempo que alza una ceja con un gesto enigmático, uno que al pecoso le parece sencillamente arrebatador.- Fue un placer, espero volver a verle. Si me disculpa… -y se aleja. Con paso altivo de reina de cuento de Las Mil y una Noche, piensa Jensen con cierta ofuscación, volviéndose y sobresaltándose cuando encuentra la mirada muy severa del castaño. Ojos clavados en él y no en la hermosa mujer que pasa a su lado.- Jared… -saluda esta, y sigue.

   -Nadina…-responde, frío, el castaño. Molesto. Con Jensen, y más cuando este aparta los verdosos ojos de los suyos, para, por un segundo, seguir el paso de la mujer.

   -Tierra a Jensen. –las palabras de Megan, en tono de exasperada burla, sobresaltan a este, que enrojece todavía más, y que a Jared irritan en igual medida.- Creo que te entró una chica en el ojo.

   -¡No!, yo… -ahora el rubio se ve culpable, especialmente con Jared, quien oprime los labios.

   -Megan, mamá te llama. Parece urgente.

   -La veré luego, creo que…

   -La tía Claire llamó, quiere planificar tu fiesta de cumpleaños y quiere una respuesta ya.

   -¿Qué? ¿Esa vieja momia? La última fiesta que planeó fue la de los judíos en el desierto cuando adoraron al becerro de oro, y mira en lo que terminó. –se alarma, realmente, la joven, balbuceándole algo a Jensen y escapando a la carrera.

   Una vez a solas, los dos hombres se sienten cortados. Uno molesto por alguna razón que no entiende, que quiere imaginar no es por encontrar a su rubio amigo devorando con los ojos a una hermosa mujer. El otro se siente como atrapado en falsa falta, como el chico del que dicen que se asomaba bajo el vestido de la maestra.

   -¿Le mentiste, verdad? –pregunta finalmente Jensen, bajo la sombra de las lonas.

   -Mamá siempre la busca por algo. –le resta importancia, metiendo las manos en los bolsillos del traje. El silencio es realmente incómodo, y no pueden terminarlo. Jared por no saber el motivo exacto de su disgusto, Jensen por ni siquiera poder imaginárselo.

   -Esa mujer… -el rubio comienza, calla y traga, intuyendo que la cosa viene por ahí, confirmándose al verle tensar los hombros.- Es realmente hermosa.

   -No podría dar una opinión. –es frío, y baja la mirada, así como los hombros, sintiéndose cansado de repente. Disgustado. Abatido.

   -Oh, vamos, la viste. Es… es…

   -Es la mujer de Jeff, mi hermano, por lo tanto intento no fijarme tanto en ella. –le corta, haciéndole enrojecer.

   -¡Oh! Lo siento, no quise parecer grosero o atrevido. –enrojece avergonzado. Jared no le mira.

   -Imagino que eso no le afectó; Nadina está acostumbrada a que todos graviten bajo su influjo. –no puede evitar cierta reclamo en el tono, en verdad que no. Y eso que lo intentó.

   -Hey, amigo, no sabía que era tu cuñada, imagino que también me molestaría si alguien dijera o mirara de cierta manera a la esposa de mi hermano, pero no significa nada. No pretendí…

   -Oye, lo entiendo, ¿si? Es hermosa, muy hermosa, no me gusta verla mucho, por ello, y por ser mi cuñada, pero entiendo que no pudieras… -hay como una dolida acusación, un ¿por qué la mirabas así?, que no quiere admitir.

   -No, no quise… Tan sólo me tomó de sorpresa.

   -Claro. –gruñe parco y oprime los labios, sin mirarlo, sin reparar en que el rubio se le acerca.

   -Por Dios, ¿qué quieres que te diga? Es una mujer impresionante. –exclama alterado al tener que explicar una reacción de hombre, utilizando la peor expresión.- Verla de repente saliendo de las aguas fue como una visión. Era como ver a una más exótica Carmen Electra, en Baywatch, toda húmeda, con ese bañador… -calla bruscamente cuando Jared alza la barbilla, labios oprimidos, ojos centelleantes que se apartan de él. Eso le congela.- Jared… ¿qué tienes? –da otro paso al frente, boca abierta, parpadeando.- ¿Qué te pasa? –duda, sus labios se mueven sin pronunciar palabras, le costaba articular lo que pensaba.- ¿Acaso estás celoso? ¡¿Me estás celando?!

CONTINÚA…

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 22

junio 25, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 21

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -¿Me quieres a mí?

   La declaración desconcierta a Gerri y molesta al resto, comenzando por Jensen, quien nota el tonillo petulante del castaño. Estaba haciendo un punto de aquello, parecía un abogado preparándose para pelear por cada centímetro de una plaza legal en un divorcio particularmente tortuoso. Usándole, piensa el rubio, muy ceñudo.

   -Jared… -comienza Sherri, y sí una voz suave fue alguna vez inflexible, Jensen jamás había escuchado otra, pero el castaño ni la mira. No aparta los ojos de su padre.

   -Joder, eres tan caprichoso. –gruñe Jeff, arrojando una servilleta a la mesa.

   -Hijo, no necesitas a tu asistente para…

   -También es un amigo, papá, creí que había quedado claro, quiero… -inicia el castaño, la vieja tensión en el tono y la postura alcanzándole, una que Gerri conocía y que le afectaba. Antes de molestarle mucho. Para el hombre era evidente, lamentablemente, que terminarían discutiendo. La ayuda le llega, imprevistamente, de un frente insospechado.

   -¿Sabes qué… amigo? –comienza Jensen, con una sonrisa que no llega a sus ojos, eso lo sabe Jared cuando se vuelve a mirarle al sentir la mano de este caer en su hombro y sus miradas se encuentran.- Creo que comí demasiado. Es lo que suele pasar con la comida gratis. –le sonríe de manera deslumbrante a Sherri, quien frunce un poco el ceño, aunque contiene una sonrisa.- Tal vez deba dar un paseo por este hermoso jardín mientras escuchas lo que quiere decirte tu padre. ¡Y escucha! –esto último lo dice al rostro del castaño, mientras se pone de pie. Por un segundo los dos hombres entablan una lucha de voluntades, es lo que piensa, intrigado, Gerri, notando de paso que en cuanto ese chico rubio le tocó, Jared pareció relajarse.

   -Está bien. –le sonríe el castaño, con algo pícaro brillándole en los ojos, cosa que parece inquietar a Jensen, que le suelta como si le quemara y se aparta.

   -Con permiso. –el rubio sonríe a todos, alejándose un poco, saliendo del techo al no muy cálido sol de esa mañana en Nueva York.

   -Tal vez debería acompañarle. –dice Sherri, y Jared casi sufre un latigazo en el cuello al mirarla.

   -Déjalo así, mamá.

   -¡Jensen! –el grito sobresalta a todos, y las personas alrededor de la mesa, incluido Jim Beaver, ven al chico rubio detenerse, desconcertado, volviéndose a tiempo que recibe un abrazo fuerte.

   -¡Megan! –jadea este, como tomado por sorpresa, boca muy abierta (joder, viéndose hermoso, le parece a un ceñudo Jared, que nuevamente tensa los hombros, gesto que no escapa a la mirada de su madre).

   -¿Viniste a verme? Oh, Dios, estoy tan emocionada. –Megan pregunta con algo de coquetería, riendo de su evidente azoro.- Lo digo por lo de la fiesta.

   -Si, sí, yo… claro. –este balbucea, mirando hacia Jared, como preguntándole qué hago.- No sabía que estabas en la casa.

   -Desperté tarde. ¿Desayunaste con la familia? Oh, lástima que no estuve. ¿A dónde vas?

   -Pensaba bajar el desayuno con una caminata. Si vas a tomar algo… -señala la mesa intentando evadirla, el castaño lo entiende.

   -Oh, no, no, déjame mostrarte todo. –se ofrece ella, toda sonrisa, colgándosele de un brazo y llevándole lejos.- Hay un lugar junto a los azahares que es precioso, íntimo ¡y tan romántico!

   Ah, no, eso sí que no; piensa, irracionalmente, Jared, volviéndose a mirarles alejarse, disponiéndose a ir tras ellos.

   -Jared, por Dios, terminemos nuestros negocios y después ocúpate de la fiesta de cumpleaños de Megan. –gruñe, algo impaciente, Gerri, ganándose una seca mirada del joven.

   -Okay, ¿qué sucede, papá?, ¿qué es eso tan importante que tienes que citarme así? –no puede evitar sentirse irritado, y seguramente todos imaginan que era por la reunión en sí (no Sherri, no Jim Beaver), pero no. Megan junto a Jensen…

   -Es por tu suegro y el fulano negocio de la fusión hotelera. –tercia con cierta dureza, Jeff. Desconcertándole, luego enfrentando su mirada dura.

   -¿Estás cuestionando la manera en la que llevo el conjunto hotelero? ¿Tú, Jeff, tienes algo que objetar? -el desdén es evidente y este aprieta los puños.

   -Hijos… -intervine Sherri, ladeando un tanto el rostro, en dirección a Jim, quien se disculpa y con un leve gesto de mano se lleva a la doncella con él.- Intentemos ser civilizados.

   -Lo intento, pero cuesta. –Jared sabe que exuda frustración, pero no era el momento más indicado para analizar, exactamente, el por qué.- No entiendo, ¿qué ocurre? ¿Por qué Jeff…?

   -¿Estás seguros de las intensiones de Thomas Cortese, hijo? –Gerri decide tomar el toro por los cuernos.- Es tu futuro suegro, pero…

   -Es un hombre de negocios cabal y honesto. –le sabe mal hablar de la familia de Genevieve, y tampoco quiere analizarlo.- Por nuestra cuenta somos fuertes, sólidos, pero juntos lograríamos extender la cadena, especialmente en el exterior. Ya lo hemos hablado. –casi parece fastidiado.

   -¿Te comentó que pondría al frente de las negociaciones, como contra cara de Chad, a Sophia Bush, una verdadera tiburona en tratos hostiles? –pregunta el hombre, asombrándole.

   El castaño parpadea, ceñudo. ¿Sophia? La sola mención del nombre le hace mirar a Chad, ex esposo de la voluntariosa mujer, agresiva e implacable, jefa legal del grupo Cortese.

   -No, no lo sabía. –muerde las palabras, joder, ¿tramaba algo el viejo Cortese?- ¿Estás seguro?

   -Recibí una llamada, de Londres, donde estaba la señorita Bush. –informa, sin identificare a uno de sus muchos amigos.- Cerró su casa allá, viene a negociar en serio.

   -Jared, no hay problema, ya se lo dije a tu padre. Puedo encargarme de esto. –tercia rápidamente Chad, el hombre puesto al frente de las negociaciones por el grupo Padalecki.

   -Por Dios, Chad, no puedes con Sophia, cuando te dejó, tras el divorcio, te quitó hasta los perros y las joyas de tu abuela. Poco más y te quita el apellido. Y ella te odia. –sentencia Jeff, preocupado.

   -Puedo tratar con ella. –ruge el rubio.

   -¿Qué temes? –Jared les ignora, volviéndose hacia Gerri, quien parece sorprenderse por la deferencia y el tono. Esperaba impaciencia y abierta hostilidad. Pero no, Jared… escuchaba.

   -No saber de las intensiones secretas. Sé que ese hombre será tu suegro, y es un cabal hombre de negocios, pero la cadena hotelera… -se le nota la inquietud, era una parte amada de sus negocios, una de la que le dolió separarse cuando ya no pudo, físicamente, continuar al frente de todo. El castaño, ceñudo, asiente. A él tampoco le hace gracia la noticia.

   -Tranquilo, papá, me encargaré directamente de esto. –la determinación, asumir el asunto descartando a los demás, provoca que Chad estalle.

   -Puedo encargarme de Sophia… de las negociaciones. –rectifica. No baja la mirada, de hecho se molesta más, cuando Jared le mira fríamente.

   -¿Tú, tratando con tu ex? ¿Con una mujer? Vamos, Chad.

   -Puedo… -inicia rojo de furor. Jared alza una ceja.

   -¿Debo recordarte el asunto con Bryce Howard?

   -¡Jared! –el hombre parece realmente herido, y furioso al notar las miradas de todos los presentes.- Creo que… que… si me disculpan. Gracias por un maravilloso desayuno. –farfulla con manos temblorosas de furor, rojo como un ladrillo, levantándose de la mesa, muy lentamente. Esperando que Jared le detenga. Nadie dice nada y se aleja, rígido de hombros. Y no era un hombre tan grande como para no admitir para sí que siente un nudo de llanto en la garganta. ¡Jared no confiaba en él!; el problema que había comenzado por su cita con Bryce, parecía que lanzaría sombras sobre el resto de su vida profesional.

   -Lo siento, hijo. Parece que Chad…

   -Ya me ocuparé también de él, papá. –le corta este, sintiéndose desasosegado; molesto tanto por los pasos dados por Thomas sin tener la delicadeza de avisarle, como por la rabia que últimamente sentía contra su mejor amigo.

   -Primero Bryce y el disgusto con los pozos, ahora Genevieve y su familia con los hoteles. Es insólito como los asuntos de tus mujeres… -comienza Jeff, alterado, mirando duro a Jared, siendo silenciado por la mirada de este.

   -Oh, por favor, no vengas a decirme nada sobre los hoteles, no tú, ¿okay? Suerte tuvimos de no vernos involucrados en una investigación criminal después de la manera tan disparatada y tonta como dirigiste la cadena. ¿Seguro que todo está en orden con la petrolera? ¿No vamos a llegar y encontrarnos que hiciste negocios con grupos extremistas del Oriente Medio? –es duro.

   -¡Jared! –jadea Sherri, pero este no varía su ceño, ni siquiera cuando Jeff se pone de pie y se aleja, después de lanzarle una mirada a Gerri, como esperando que su padre dijera algo. Una vez a solas, la mujer bota aire.- Bien, bien, ¿no ha sido un desayuno agradable? Si me disculpan… -se aleja también, siguiendo a Jeff.

   -Hijo… -comienza Gerri, tocando el asunto con pinzas. Siente que debe llamarle la atención pero no quiere molestarle. Y menos cuando Jeff planteó el asunto como un problema con mujeres.

   -Lo sé, papá, siento haberme portado así con Jeff, pero… -con una mano se frota la cara y la sube a su cabello. Dios, ¿por qué no podía sentirse cómodo, a sus anchas, con su familia? Era tan fácil estar con Jensen… por ejemplo.

   -Entiendo, no creas que no. Amo a mi hijo, pero a veces desea abarcar cimas que no alcanza. –Jared parpadea, era una confidencia que no esperaba. ¡Hacía tanto que no hablaba de nada real con su padre!- Pero… hijo, cuida tus palabras, Nadina anda por aquí y no es bueno que a un hombre se le trate así frente a su esposa.

   -¿Nadina está aquí? –un repentino ramalazo de alarma alcanza al castaño, si conocía bien a esa hermosa y despampanante mujer…

   -Si, ya sabes cómo es, no desayuna nada más sustancioso que un te; creo que anda por la piscina… Hey, ¿qué pasa? –se asombra cuando el joven se pone de pie bruscamente, tenso, mirando hacia los jardines.

   -Yo… yo…

   Oh, no, no, señor; ¿acaso era un día de pruebas? No quería que su madre hablara con Jensen; mucho menos que este estuviera paseando por los jardines con Megan, quien le miraba como a una deliciosa tarta de chocolate; pero lo que en verdad no desea, por encima de cualquier otra cosa, es que el rubio se encontrara, de repente, con una mujer como Nadina saliendo de una piscina.

   -¡Jared, hijo! –brama Gerri al verle alejarse a toda prisa.

CONTINÚA … 23

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 21

junio 8, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 20

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Y eso no iba a permitirlo. Ha esperado mucho a que Jared estuviera listo. Jeff y Nadina parecían tener problemas de fertilidad; nunca lo han hablado, no se planteaba a la hora de la cena, pero por la mirada torturada que ambos a veces compartían, se notaba que el asunto de los hijos no era fácil para ellos. Concebirlos o aceptar que no llegaban. Ella misma tenía un hermano que jamás engendró hijos, ¿Jeff había heredado aquello? ¿O era Nadina? No lo sabe, pero si lo mucho que Jeff amaba a esa mujer, sabía que continuarían juntos así los hijos no llegaran (sus preciosos nietos). Con Megan tenía miedo de un mal paso. Aunque un nieto sería bien recibido como fuera. Sin embargo, la joven parecía tomárselo con una exasperante falta de interés. Jared, por su lado…

   Jared y Genevieve eran perfectos juntos. Sanos, jóvenes, hermosos… Los hijos de ambos serían el mayor de los tesoros para una abuela que ya quería cargarlos, mimarlos y echarlos a perder ahora que ha llegado a ese tiempo de su vida. Ha sido un largo camino desde que ella y Gerri se fugaran y vivieran prácticamente al lado de un “agotado” pozo petrolero en San Antonio, uno donde el hombre invirtió todos sus sueños y esperanzas, viéndose recompensado con un rico hallazgo. Eventualmente. Fueron tiempos duros, de lucha, ella al lado de su marido, aún cuando los hijos comenzaron a llegar, y el dinero, y la pequeña casa fue reemplazada por otra más grande y más alejada del campo, luego por otra mejor. Y otra y otra, hasta terminar en todo ese rancho con caballerías, pista para el helicóptero y las dos piscinas. Casa grande y hermosa donde, a veces, se sentía sola ahora que los muchachos habían crecido y ya no se aferraban a su falda. Cómo extrañaba eso. Por ello convenció a Gerri, quien para ese entonces ya había incursionado en otros negocios, de trasladarse a la Gran Manzana, para estar cerca de Jeff, recién casado (vino tras los hipotéticos nietos), y Megan, que prefería la gran ciudad al campo. Jared se quedó atrás, feliz de la vida al lado de los pozos. Todo estaba bien, pero los niños no llegaron del lado de su hijo mayor y Megan no daba señales de sensatez, hubo problemas con los hoteles, negocio que encantaba a Gerri, y Jared debió presentarse… sugerido por ella. Ahora tenía a sus tres hijos no muy lejos, Jared trajo a casa a Genevieve y parecieron encajar. Al presentarla y mirarla con dulzura, casi sintió ganas de llorar, casi pudo escuchar las campanas de boda y el llanto de un bebé… uno que pedía por su abuelita. Varios, a decir verdad. Esos niños ya casi estaban allí. ¿Entonces?

   Medio vuelve la mirada, Jared ríe de algo que el rubio parece haber dicho, en tono bajo y con tono censurador. Su hijo parecía divertido de burlase de alguna objeción que el otro hacía. Y sonreía completamente, los ojos de brillaban de malicia… y felicidad. Y era esa risa, esa cercanía con el otro, lo que la inquietaba. Había un algo que no podía precisar en la manera como Jared le miraba, o se miraban, porque parecían compartir un chiste, una broma, o un desacuerdo según la cara pecosa del rubio, algo que era sólo de ellos y que así les gustaba. El corazón de la mujer late con esfuerzo; no era que pensara que su Jared fuera gay, pero… No, no le agrada Jensen. Intuía que el joven podía ser un problema para el futuro que soñaba, una hermosa boda, todos comentándolo, y, eventualmente, la noticia de una barriga, el nacimiento de un nuevo Padalecki. El heredero… El primero de varios.

   Debía averiguar quién era ese chico… y alejarle de Jared.

   -¿Qué? ¿No te gustó lo que hice? Di la cara por ti. –Jared, voz baja, le pregunta al rubio, preocupándose por un segundo, más cuando este le mira, muy serio.

   -¿De verdad crees en tu mente trastornada que hubo algo que disfrutara en verte cruzar lanzas con tu madre, aunque fuera por mí? –sólo plantearlo le caliéntalas mejillas, notando lo tonto que suena. Le desconcierta, en medio de su malestar con el castaño, la mirada confusa del este.

   -No dejé que te ninguneara, ¿verdad? Yo…

   -¡Fue desagradable! –ruge entre dientes, impaciente, ¿cómo es que no lo notaba?- Para ella y para mí. Y no creo que se vaya a poner mejor cuando vea al resto de tu familia. ¿Fue la idea cuando me invitaste a venir? ¿Molestar a todos? Si lo fue, déjame decirte que… -es duro, no puede contenerse.

   -Oye, oye, no; no te expondría a esto por el “placer” de molestar a mi familia, ¿okay? Nunca te haría eso. –aclara con calor, ojos brillantes de sinceridad.- Quiero que eso te quede muy claro, Jen… me agradas. -enrojece un poco.- La verdad es que no quería venir, sé que papá debe tener algo serio que decirme, plantearme o regañarme, y te entiendo, es mi padre y tiene ese derecho, especialmente si hice algo, pero eso no quiere decir que me guste. Venir contigo… -se turba.- …Lo hacía menos malo. Por eso te invité, para escuchar tus comentarios tontos sobre mi vida. Eso me divierte. No quise retar a nadie, ni desafiar. Tan sólo quería que me acompañaras, ¿está bien? Siento lo de mamá, aunque no me sorprende, e imagino que te resultó desagradable, pero aún así… -baja la mirada.- Me alegra no haber venido solo, que estés aquí, que hallas aceptado… -lo cachetes le arden por lo que tiene que decir y por el brillo en esos hermosos ojos de gato. Se hace un silencio extraño.

   -Eres un idiota. –replica el rubio, mejillas rojas también, extrañándose de la suave ola cálida en sus entrañas. Es tanta su confusión que teme el otro la note y vuelve la mirada al frente sonriendo de manera azorada. Casi pega un bote cuando Jared vuelve a acercársele, bañándole el rostro con el aliento.

   -Pero te gusto así, admítelo, rubio pecoso. –afirma de manera retadora, jugadora y un tanto exigente. Estremeciéndole. El rubio calla, porque le parece que la mujer que camina frente a ellos, cierra las manos en puños y camina con pasos muy rígidos.

   Así salen a una terraza posterior que deja al rubio sin aliento. Aquello parecía un jardín idílico, con setos, flores, un enorme arce noruego dando sombra al sol de la mañana. El castaño lo nota, sonriendo de manera tonta, no entendiendo por qué le agrada que a Jensen le guste el lugar. La casa de su familia… fuera de Texas. Ya imagina la cara que pondrá cuando vea aquella; la idea le paraliza. ¿Llevarle?, ¿y cómo haría eso?

   -Jared llegó al fin. –la voz de Sherri, falsamente animosa, le regresa al presente.- Y vino acompañado, ¿no es maravilloso? –agrega, sin volverse, dirigiéndose a la amplia mesa bajo el pórtico, tomando asiento el medio de los hombres que se ponen de pie.

   Dios, piensa Jensen, ruborizándose intensamente cuando los ojos de las personas presentes se dirigen, y clavan, sobre él. Sentados ahora a la mesa están un hombre maduro, algo delgado de rostro, de mirar directo aunque en ese momento algo ceñudo, como de desconcierto más que de desagrado, que el rubio imagina es Gerald Padalecki. Ve a Chad Murray, quien le observa con franco disgusto, así mismo un hombre joven de rostro cuadrado y cabello muy oscuro, de mirar algo agresivo, que imagina es Jeff, el hermano de Jared. Una mujer joven y muy delgada, está encargada de servir cafés, de pie, cerca de Gerald. Y como si se tratara de una vieja representación de Los de Arriba y los de Abajo, se encuentra Jim Beaver, manos a las espaldas, sonriendo con cierta sorna.

   -Buenos días, lamento la demora. –sonríe Jared, todo dientes, dirigiéndose a la mesa, posando una mano en la baja espalda de Jensen y empujándole, costándole pues este parece paralizado.- Espero que no se hallan enfriado los frijoles o las salchichas. –bromea.

   -Eh, no… -Gerri parece desconcertado, por el rubio y las palabras de su hijo. Por motivos que Jensen descubriría luego, el hombre siempre se sentía tenso frente a Jared, era cuidadoso con él, como si caminara sobre hielo fino para no provocar una catástrofe.- ¿Y tu amigo es?

   -Es el nuevo asistente. –tercia Chad, con un poco de veneno, cruzando una mirada con Jared.

   -Y un buen amigo. –aclara este, como para herir al otro, haciendo parpadear al pecoso y tensar al resto de los presentes.- Es Jensen, papá.

   -Eh, bien, un placer, Jensen… -el hombre tiende una mano, franco y directo, y al rubio le agrada. Disculpa la extrañeza, hijo, no es común  que Jared venga acompañado a estos desayunos… -llamadas de atención de la familia, es lo que se entiende.

   -Nunca has traído a Alexis… -señala en esos momentos Jeff, ceñudo, reparando, como todos, en el brazo extendido de su hermano, que evidentemente continuaba tocando al otro en la baja espalda.- Espero que no te comportes así con las damas en la oficina o te expones a una demanda por acoso sexual. –fue lo primero que pensó y lo dijo, casi divertido, helándose nada más al escucharse a sí mismo y notar el frío brillo en los ojos del joven y su padre, que bajo los suyos.

   -Nadie querría eso, ¿verdad? –el tono del castaño es intencionado mientras separa una silla y como si no notara lo que hace, casi obliga a Jensen a caer, tomando otra, a su lado. Por alguna razón quedan muy cerca.

   -Bien, desayunemos primero, vamos con atraso esperándote, querido. –Sherri zanja el molesto momento.

   -Se me vuelve costumbre. –sonríe, irreflexivo, Jared, mirando a Jensen.- Anoche cenamos tardísimo.

   -¿Cenaron? –pregunta Chad, alzando una ceja.

   -Si, Chad, cenar, esa comida que se hace por las noches. Jensen preparó algo. –le mira algo frío. Olvidándole en seguida, ocupándose de servirse del carrito que la delgada joven acerca, aconsejándole a Jensen qué probar, casi tomando los platos para este, consistentes en mucho jamón, huevos, tostadas y algunas frituras. Había algo… íntimo en su manera de actuar, de ocuparse del rubio, como deseando procurarse que estuviera muy bien. O impresionarle. Sin reparar en las miradas que recibe.

   A Jensen, que si las nota, el rubor no se le quita, plenamente consiente que todos alrededor de la mesa parecen, en mayor o menor medida, incómodos con su presencia. Tal vez excepto la doncella, que le mira con claras ganas de preguntar algo, Jim Beaver que parecía contener a duras penas una sonrisa socarrona, y el mismísimo Gerri Padalecki, que le sigue mirando tan sólo con curiosidad. Le cuesta probar bocado al principio, pero si, tenía apetito, las hamburguesas de la noche anterior llenaban, pero por un rato. Y ya estaba avanzada la mañana. Todo sabía delicioso, aunque de haberlo preparado él… Y, Dios, esa mermelada estaba perfecta sobre aquella tarta de manzana que el castaño casi le obligó a probar. Dos porciones, después de todo ese tocino. Le parece, carrillos llenos, evitando ronronear ante el sabor, que Jared y él han comido como náufragos recién encontrados. Y la mirada de Sherri se lo indicaba de manera molesta. Baja la mirada, al plato, la tarta perdiendo todo su sabor.

   Con los cafés, se daba por finalizado, el desayuno, terminando ese forzado aire de informalidad. Jensen nota que Jared se tensa imperceptiblemente, esperando lo que viene, mirando a su padre, que se veía claramente incómodo, otra vez.

   -Jared, ¿podríamos hablar un momento en privado, si a tu amigo no le importa? –pregunta tanteando, como si temiera que el joven explotara.

   -A mí me importaría. –es la respuesta directa del joven, mirándole a los ojos.- Lo quiero aquí.

CONTINÚA … 22

Julio César.