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AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 7

abril 6, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 6

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   El desayuno, tardío, fue poco. Debió lavar una gran cantidad de platos y sartenes, trapear el piso, botar la basura, recoger del jardín la mierda del perro que tenía malas pulgas, y todavía escuchar las quejas porque el baño no lo había lavado, perdiendo el tiempo como hacía con sus “mariconerías” del teatro. Salir hacia la secundaria fue casi liberador, llevaba otra vez su ropa más holgada, y vieja, pero conservaba los lentes de contacto. Le hacían verse diferente. Lo notó en la brillante y malintencionada mirada de Larry, el mayor de sus primos. Seguramente sería un problema más tarde, pero no le importaba, le había ido mal en la obra, pero se veía bonito, lo sabía, y era algo. Tanto que Jared Padalecki el capitán del equipo de futbol…

   El recuerdo le hace arder la cara, sonrojarse y sonreír tontamente. ¿Cómo podía ser tan idiota como para creer que Jared…? La camioneta se detiene a su lado y un sonreído, recién duchado y muy guapo Jared Padalecki se asoma a la ventanilla, sobresaltándole.

   -Buenos días, Jen… -le saluda, evaluándole, como cerciorándose de que la impresión del día anterior había sido cierta, cuando el rubio le había parecido realmente tan apuesto que creyó haberlo imaginado. No, definitivamente no lo imaginó.- ¿Mucho mejor esta hermosa mañana, reina del drama? Sube, te llevo…

   Su presencia le sorprendió, y mucho, no podía dejar de sonrojarse más, sonriendo tontamente, de las palabras, del tono, de la figura extrañamente adulta del otro. Y esa sonrisa provocó un vuelco en el estómago de Jared, esos labios hermosos que sabían a caramelo le ocasionaron un escalofrió por la columna… imaginarlos alrededor de su miembro, como decía Chad que seguramente era lo único que necesitaba, le hizo arder.

   -Bien, ¿por qué no? –responde al fin Jensen, pareciéndole a Jared, por un segundo, que hablaba de otra cosa, siguiéndole con la mirada mientras rodea el vehículo.

   Todo comienza. Y acaba. Más de veinte años de primaveras y otoños.

   Aunque aún quedaba un retazo de este ahora. Sus primos, y el padre de estos, al frente de la casa parecen discutir sobre los lugares a ocupar en el vehículo rumbo a la escuela, una distinta a la que asistía el rubio, a quien jamás llevaban, por cierto. Mientras bordea la camioneta del castaño, es muy consciente de las miradas de estos.

   -¿Vino tu novio por ti, Jensen? –le pregunta Larry, voz cargada de ironía y burlas.- ¡No vayan a dar un espectáculo frente a nuestra casa!

   -¿Tu novio? No lo quiero aquí, visitándote. Ni que lo metas a la casa. –le gruñe el marido de su prima.

   Rojo de vergüenza, ardiendo de rabia, olvidada la anterior felicidad por ver a Jared, Jensen entra en la camioneta, sin mirarles, intentando no escucharles. Deseando que el otro, de alguna manera, no repare tampoco en ellos. Pero este, mirada confusa, les mira.

   -Son medio idiotas, ¿verdad?

   -No subestimes a la gente de las afuera, son idiota totales. –es la amarga réplica del rubio, una que hace sonreír un poco a Jared.- Mira, no quiero hacerte sentir incómodo, mejor sigo a pie y…

   -Nada de eso. –es la firme contesta, y Jensen le mira entre incómodo y agradecido, encontrando los multicolores ojos amistosos.- Ahora estás conmigo. –y parten.

   -La vida es una mierda. –gruñe todavía.

   -¿Tan temprano en la mañana? Generalmente me lo parece a las tres y media de la tarde, entre Química Dos y… -Jensen medio ríe de sus palabras, cosa que hace feliz a Jared, por razones que no entiende totalmente.

   El rubio está furioso, sin embargo. No, frustrado. Como siempre, sus mañanas habían sido un repaso sobre la mierda que había sido su vida hasta ahora, luego llega Jared, sonreído, hermoso, tolerante y triunfador (y bueno besando, le recuerda una vocecita), y todo mejoraba… Para irse al diablo al segundo siguiente. ¿Cuándo, precisamente, se jodió todo? Tal vez si sus padres no hubieran salido esa noche… O si hubiera ido con ellos y la pequeña Mac… O si Josh hubiera sido más estable, si hubiera pensado en su hermano menor… No puede evitar la ira y el dolor al recordar a Josh. Se había ido dejándole con la prima Merry y su familia. Vuelve los ojos al retrovisor antes de que crucen en la esquina, enfocando la casa que fue de su familia y ahora no lo era, una donde no tenía derecho ni a hablar. Luego estaba lo del teatro. La cara le arde al recordar toda la humillación vivida, aunque era más que eso… Lo único bueno en la semana, no, el mes, y quién sabe sí en todo lo que ha trascurrido del año ha sido Jared. Le mira con disimulo, su cabello suave, su frente alta, sus cejas cerradas sobre esos ojos que miran al frente, los labios delgados y sensuales, como sus manos, una sobre el volante, la otra sobre la palanca de cambios, irradiando control y poder. Manos que aferraban con igual firmeza un volate o un rostro para besarle…

   -Me estas mirando. Y es medio espeluznante. –se queja este, las mejillas levemente teñidas de rojo, totalmente adorable.

   -Jared… -pide.

   -Dime.

   -¿Puedo besarte? –no sabe de dónde sale la petición.

   -¿Qué…? –tomado por sorpresa, Jared casi pierde el control, pero endereza el rumbo, volviéndose a mirarle.- ¿Quieres besarme? ¿Ahora? –sonríe como tonto cuando el otro asiente, aunque un cierto temor también nace dentro de él, ¿le gustaría tanto como la noche pasada? ¿Y un beso? Eso distaba mucho de las mamadas que, según Chad, le ayudarían a entender qué le ocurre y sacárselo del sistema. Se estaciona.- Claro.

   Jensen no lo piensa un segundo, se vuelve hacia él y le cubre la boca con la suya, de labios entreabiertos, estremeciéndose por el suave roce, sintiendo el aliento de Jared bañándole. Atrapa el rostro del otro con una mano y le muerde suavemente el labio inferior, rastrillándolo sutilmente. Es todo lo que Jared Padalecki puede aguantar, erizado de pies a cabeza abre sus labios y cierra su boca sobre la de Jensen, tanteándole suavemente con la lengua.

   Ahora es Jensen quien se eriza y tensa, esa lengua recorre sus labios, sus dientes, entra y saborea todo en su boca, encuentra su propia lengua y se frota sobre ella. El beso se profundiza, las manos atrapan cabellos, las lenguas luchan, las salivas se mezclan, los jadeos son sorbidos. Las pieles arden. Y Jensen lo siente, que todo deja de importar, ya nada es horrible, que Jared está besándole porque quiere, porque le gusta y eso ocupa todos sus sentidos. Se siente en paz… por un lado, porque por el otro, todo es una vorágine.

   Jared azota hábilmente sobre su lengua, se retira y cuando la de Jensen la sigue, la atrapa con sus dientes de una manera totalmente erótica, cada rastrillada que da sobre ella le recompensa con unos gemidos de lujuria del rubio, quien se estremece bajo la caricia erótica que despierta todos sus sentidos. Lo curioso para Jared, a quien le gusta besar y sabe que no es malo haciéndolo, y que esa capacidad le abría muchas puertas, es que también está totalmente perdido. Sabe que excita  Jensen, pero él mismo se pierde en unas ganas que le roban la paz y el sentido común, que le empujan a buscar más y más, sin poder saciarse de esa boca de labios sensuales.

   Un violento cornetazo les hace pegar un bote. Jadeando se miran por un segundo, rojos de caras, ojos brillantes de lujuria, labios hinchados. Jared enfoca el auto que se aleja. Seguro que daban todo un espectáculo.

   -Vamos… -dice, ronco, voz gutural, cargada de deseos, una que provoca escalofríos en la columna del rubio.

……

   No van a la escuela sino al paraje de los enamorados, ese observador natural que existe en todas partes del mundo, algo alejado y desde donde se ve la ciudad; espacio abierto al que van todas las parejas por un momento de intimidad. La camioneta está estacionada allí, y echados sobre la capota (Jared tuvo el sentido común de colocar una manta), los dos jóvenes recostados se besan una y otra vez. Jensen de espaldas, medio recostado del parabrisas, Jared ladeado junto a él, perdido en sus labios pecaminosos, embriagado con su aliento, gemidos y saliva. Y la verdad es que ahora si daban todo un espectáculo.

   Cualquiera que llegara de pronto se habría encontrado con la escena de los dos atractivos adolecentes varones besándose apasionadamente sobre ese auto. El rubio de espaldas, prácticamente lamiendo de la boca del otro, los dedos enredados en el sedoso cabello castaño. Habría sido testigo de la manera en la cual el castaño movía su propia lengua, penetrando, invadiendo, al tiempo que los dedos de la mano de su hombro sobre la capota están enredados en el brillante cabello amarillento sucio, mientras la otra recorre, sobre la camisa a cuadros, el abdomen del joven, a quien cada toque, cada lamida y chupada parecía enloquecer más.

   Jadeando separan sus labios, delgados hilos de saliva espesa se dejan ver, sus ojos están nublados de lujuria. Jared se siente a millón, totalmente caliente, Jensen está no sólo excitado, sino, curiosamente en paz consigo mismo. Había algo en esa boca… pensaba cada uno de ellos, uniéndose otra vez mientras cierran los ojos y se dejan llevar por la magia del momento.

   Jensen se estremece y arquea cuando la cálida mano de Jared se mete bajo los faldones de su camisa y franelilla, cayendo en directo sobre su abdomen medio hundido al estar acostado. El toque es eléctrico e intenso, borrando toda noción de tiempo y espacio, y cuando los dedos abiertos y la palma ardiente le recorren, la piel se le pone de gallina bajo ellos. Y Jared lo siente, lo percibe, y su palma arde más, subiendo, bajando, girando lentamente sobre la suave piel del pecoso chico, llegándose al torso, bajando y con el pulgar frotándole el ombligo, que se hunde más. Y Jensen gime, es un gemido agudo de placer, de quien se entrega. Necesitados de oxígeno separan sus bocas, aunque se sabía mal hacerlo, piensa Jared, mirándole fijamente mientras su mano sube y sube, recorriéndole el torso otra vez, sus dedos curvados siguiendo los contornos de uno de los pectorales, Jensen gimiendo ahogado, rojo de cara, boca muy abierta, totalmente atrapado en sus sensaciones.

   Jared no puede apartar la mirada de su rostro, de esa cara de lujuria que se echa un poco hacia atrás cuando con el pulgar sube y baja, suavemente, sobre la erecta tetilla. Jensen cierra los ojos, estimulado como nunca antes. Esos dedos cerrándose sobre su pezón, pellizcando levemente, al tiempo que el rostro de Jared se oculta en su cuello, olfateando, haciéndole cosquillas con la punta de su nariz, labios tocándole en puntos que estallan en llamas, le tienen al borde del llanto.

   -¿Te gusta? –le oye preguntar, voz cargada de cabronería y pompa, sabiendo exactamente lo que estaba haciéndole, enloqueciéndole de lujuria.

   -Mucho… -le responde con los ojos cerrados, cuello extendido, esa boca recorriéndoselo, los pequeños besos depositados con labios suaves que le erizaban todavía más. Pero él también sabía cosas…

   El castaño gime y se tensa todo cuando medio ladeándose un poco, la mano del pecoso buscó, encontró y palpó su verga erecta bajo las ropas. Cuando los dedos se cerraron, apretando y sobando levemente, ya no pudo pensar en nada, totalmente mareado, cayéndole encima. Jensen apenas pudo sacar la mano o se la lastimaba, pero ríe contenido cuando es totalmente arropado por el otro, con su cuerpo joven y firme, pesado. Su miembro erecto encontrando el suyo, ambos refregándose mientras suben y bajan levemente, sus bocas encontrándose otra vez. Cada uno pensando que era insoportable la sensación del roce del miembro totalmente estimulado con el otro.

   Y, comprobándose que ya no piensan, Jensen quiere estar arriba, así que le empuja y rueda sobre él… y caen de la capota con un leve alarido de sorpresa. Chocan en el suelo, rojos de caras, de lujuria, sorpresa y algo de vergüenza por ser tan tontos. Y ríen. Jensen ríe de manera abierta, total, sus ojos llenándose de lágrimas, completamente feliz. Y Jared, que sonreía también, le ve brillar, resplandecer, hermoso. Feliz por un momento, con las nubes de tristezas y tragedias eclipsados por un momento de luz. No puede contenerse, le atrapa el rostro, y sentados de culo sobre la rala grama, le besa. Es algo suave, ligero, carente de la locura pasional de un momento antes.

   -¿Está bien? –le pregunta Jensen, ojos húmedos, sonrisa en los labios, la frente contra la de Jared.- Te caí encima.

   -Estoy bien, sólo mi dignidad salió magullada. Ya sabes, cómo la tengo en el trasero… -y sonríe feliz, orgulloso de sí mismo cuando le oye, la risa de Jensen es como un grato licor que corre por sus venas, embriagándole, elevándole a la dicha. Es cuando siente el timbrar en su bolsillo.

   Algo ceñudo se separa de Jensen, costándole un mundo apartar sus frentes o dejar de tocarle el cuello. Mira el móvil. Es el entrenador. Traga en seco. Se lo esperaba, aunque lo había olvidado temporalmente al estar con Jensen.

   -El señor Beaver quiere verme. –informa, y mirando al rubio entiende que en verdad nada era tan grave. No sí volvía a verle así, contento.

   -Entiendo. Debemos llegar al menos a algunas clases. –van a ponerse de pie, pero le detiene un segundo, mirándole intenso, ignorando que traería el futuro, conformado simplemente con ese ahora.- Gracias, campeón. –dice, sin más, y Jared cree entender.

   -Jared, Jensen… Dime Jared. O papito. –y el otro ríe, totalmente sonrojado.

……

   Llegar juntos al colegio, ambos saliendo de la camioneta, atrajo miradas. Curiosas, extrañadas. Ninguna alarmada. Con la fama de Jared Padalecki era imposible para cualquiera imaginar que poco antes estuviera comiéndose la boca de Jensen Ackles. Sólo Chad supo interpretarlo, ceñudo, un ojo titilándole alarmantemente, siguiéndoles con la mirada, algo sofocando cuando Jared elevó una mano para sacar algo del cabello de Jensen (una ramita), y este enrojeció, sonriendo de manera boba. Luego les ve separarse, cada cual a sus clases. Vaya gilipollas, pensó el rubio Murray, notando como su amigo, de manera totalmente idiota, miraba al otro alejándose, con una tenue sonrisa de añoranza. ¿Acaso ya estaba soñando con verle el culo? La idea le produce tal escalofrío que se frota las palmas de las manos.

   -¿Te pasa algo? –le pregunta Mike, acercándose, mirando a Jared alejándose.- ¿Llegó el gigante verde?

   -No, todavía está en su casa. –le réplica viene de Tom, quien esa mañana parecía molesto por alguna razón, y agresivo como sólo él podía serlo, del tipo perra de secundaria.

   -Estoy bien. –bufa Chad.

   -Tienes cara de estar oliendo a culo. –contraataca Mike, tan cercano a lo que pensaba, que Chad palidece.

   -Déjalo en paz. –Tom le reclama a Mike, alejándose también, salvando a Murray de tener que contestar al respecto.

   -¿Qué tiene Tom?

   -Está en esos días del mes. Hoy se siente más perra. –gruñe Mike. Chad medio ríe.- ¿Lo imaginé o Jared llegó con el marica de Ackles y parecía quitarle una pelusita de cama del cabello?

   Joder.

……

JARED PADALECKI YOUNG

   ¿Imaginan al joven y torturado Jensen abriendo la puerta de su casa a la caída de una noche cualquiera, encontrándose al joven Jared Padalecki sonriéndole, tomándole una mano y diciéndole vamos a dar una vuelta por el parque antes de la cena?

CONTINÚA … 8

Julio César.

REGRESO A CLASES… 10

marzo 28, 2015

REGRESO A CLASES                         … 9

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Durmió bastante, y técnicamente descansó, pero a Jensen Ackles le hizo daño pasar tanto tiempo en la cama. Pensó demasiado las cosas.

   No, no podía presentarse en los actos fúnebres, no con todos ellos ahí, sabiendo que fue despedido. No con él apestando a fracaso, y seguramente a algo de whisky para esa hora. No quiere que la bruja de Genevieve, y su grupo, se hagan una maleta con el pellejo de su cuerpo. No quiere ver a Danni. A ella menos que a nadie. Lo sentía por el señor… por Jim, pero no iría. Le rendaría homenaje a su manera, de forma privada. Recordándole con afecto, se dice.

   “Nunca huyas de tus deberes, muchacho. Por desagradables que sean. Sé siempre un hombre”. Maldita sea, ¿para qué le recordaba diciéndole aquello, a los pies de su cama de hospital cuando se recuperaba de las heridas del accidente pero no de la destrucción de su vida profesional?

   ¡Un trago!, necesita beber algo, se dice inquieto, saliendo de la cama, pies desnudos, en bermudas a medio muslo y una franela grande que sin embargo le enmarcaba un tanto el abdomen.

   Tomará uno y…

   Llaman a la puerta. ¡Joder! Seguro era…

   -¿Jensen? –oye que llama Jared y que toca nuevamente a la puerta.

   ¿Y si fingía que dormía? ¿O que había salido? ¿O que estaba muerto? “¡Jensen…!”, vaya, el delirio tremen parecía decidido a escucharse como el entrenador. Toma aire y se dirige a la puerta. Abre, cabeza baja, pero aún así nota la buena ropa deportiva de Jared, sus botas, el pantalón que le sentaba tan bien, la camisa sobre su ancho torso, el saco abierto y… Pero bueno, ¿y a qué venía fijarse en tanto detalles?, se reprende.

   -¡No estás listo! –exclama el pelicastaño.- La hora indicada es dentro de…

   -No voy a ir. No me siento muy bien. Creo que pillé un virus anoche y… -llega al colmo de la falsedad de sorberse la nariz.

   -¿El virus de la mentira? Ese es grave. –comenta Jared después de estudiarle por un rato, molesto.- ¿En serio vas a jugar a esto? ¿A esconderte?

   -¡Estoy enfermo! –ruge a la defensiva.

   -Llevas año en eso. –se le escapa, sabiendo que es cruel, pero necesitado de hacerle reaccionar.

   -¡Déjeme en paz, Pitillo! Tú… tú no puedes entenderlo. ¿Cómo, siendo un triunfador? Yo no puedo enfrentarles. No puedo verles. No quiero notar todas esas burlas, ese desprecio que…

   -Todos pasamos por eso, en un momento u otro de nuestras vidas. No puedes ocultarte de la gente, Jensen; ni siquiera de esa manada de lobos. Y no puedes faltar a la conmemoración del entrenador por miedo. Creí que le querías. Pensé que significó algo en tu vida. La verdad no te creí tan cobarde, Ackles…

   Exclama con dureza, sabiendo que toca una fibra cuando el rubio alza la barbilla y cierra las manos en puños, furioso. Bien, si así tiene que ser, que fuera, se dice Jared, preparándose para la confrontación.

   -¿Cómo te atreves a…? –el rubio se altera, siente la ira correr por sus venas, una que tiene que ver con muchas otras cosas antes que con Jared, tal vez por ello se desinfla, alzando la barbilla con cierto patetismo.- ¿Qué más da? Mi vida es una mierda, lo es desde hace años.

   -Jensen…

   -No, en serio, lo es. No supe, no pude o no quise cargar con mi vida… -se encoge de hombros.- Toda esta porquería me la tiré yo encima… -tuerce los labios con desdén.- ¿Qué importa una raya más? Soy un fracasado, un borracho… y un cobarde. –admite retador, deseando cerrarle la puerta en las narices y quedarse solo.- ¿Qué coño…? –Jared, después de mirarle con disgusto, peor, con decepción, le empujó por el pecho, hacia atrás, entrando al apartamento y cerrando la puerta a sus espaldas.

   -¡Deja de hablar tantas tonterías! –le reprende.- Hoy no es el día para que comiences con una crisis de autocompasión. No es mi día, ni el de tus… amigos, esa gente que era idiota hace años y lo sigue siendo hoy. Ni siquiera tú eres importante… Se trata del señor Beaver. –sabe que le lastima, y que es injusto manipularle así, pero no se detiene. No le estaría haciendo un favor.

   -Jared…

   -¡Óyeme bien, Jensen Ackles…! -el pelicastaño le mira feo, con tono trascendental, luego finge uno totalmente amanerado, quiebra una muñeca y lleva la otra mano a su pecho.- Vas a ir a esa reunión vestido de una manera regia, soportarás lo que haya que soportar, te burlarás de ti mismo y presentarás tus respetos al difunto. Eso sí, viéndote fa.bu.lo.so. –acompaña cada silaba con un meneo de cabeza, y tal escena desconcierta a Jensen, que frunce el ceño, pero le cuesta mantener la fachada y sonríe.

   -Eres tan idiota.

   -No, cariño, ni te imaginas quién lo parece más en estos momentos. –le reta. Hay un silencio.

   -No creo poder… -le mira algo afligido, con carita de gatito perdido, y Jared desea ceder, decirle que está bien, que se quede, que ya mañana tomará el control de la situación.

   -No te vas a escapar de esta. Toma una ducha, lávate bien esa boca que apesta a perro mojado, no te afeites… -enumera agitando un dedo de derecha a izquierda, otra vez fingiendo amaneramiento.- …Mientras busco algo medio decente en tu guardarropa. Algo que te haga ver sexy. -Jensen estalla en carcajadas, no totalmente feliz.

   -Estás loco.

   -Hace tiempo. El mundo lo sabe y aquí sigo, bebé… Tú también podrás. –esto último lo dice recobrando la compostura.

……

   No sabiendo si sentirse molesto o divertido, Jensen Ackles toma una larga ducha. Se tarda su tiempo, quien quitaba y Jared se aburría y le dejaba en paz. Mientras sale, mojándolo todo, y se seca frente al espejo, considerando si afeitarse o no a pesar de todo, admite que el castaño tiene razón. Nada importaba más en esos momentos que presentar sus respetos al fallecido entrenador. Un buen hombre. Todo lo demás, aún sus sentimientos, podían esperar. Enrollando la toalla en la cintura, sale y va hacia su dormitorio, donde Jared revisa algo en una de las gavetas del closet.

   -¿Rebuscas en mis calzoncillos?

   -No, careces de buen gusto, ¿no tienes unos lentes oscuros por ahí? –le pregunta volviendo la mirada, pero se congela, viéndole allí, casi desnudo, otra vez, piel rojiza, cabello húmedo por la ducha; y lucha por no imaginarlo bajo el agua.

   -Yo… no, creo que los perdí. En una borrachera. –se siente confuso, por la mirada del otro, y se lleva una mano a la panza.- Si, Jared, engordé. –y el otro sonríe, desviando la mirada. Alegrándose de haber sido mal interpretado.

   -Bien, ahora hay más de ti para las chicas, ¿eh? –y ríe algo nervioso.

   -¡Hijo de puta! –brama, pero no totalmente molesto. Su panza era otra de sus batallas perdidas; ver como cambiaba, como dejaba de ser el chico esbelto, grácil, sexy fue doloroso.

   -Pensé que te agradaba mi mamá. –finge dolor mientras va hacia la puerta al tiempo que Jensen entra y se dirige hacia la cama donde le espera una muda de ropas.

   -También lo pensaba, pero luego recuerdo que te parió.

   -Písate una bola con la bragueta. –la automática respuesta sale fácil, como antes, en aquellas breves semanas cuando pensaron que podían ser amigos. Va cruzando la puerta. Algo parecido piensa Jensen, sobre esos días, frunciendo el ceño y tomando un bóxer gris de la cama.

   -¿Me elegiste un bóxer? ¿En serio?

   -Te dije que sé de ropas. Tú no. –Jared tiene la decencia de enrojecer un poco.

   -¡Pero si vestías horribles!, de rosa, y camisas estampadas. –se burla, luego mira la ropa interior y algo como la vieja picardía brilla en sus ojos, la sonrisa se extiende más por su rostro, y a Jared el corazón le palpita.- ¿Este? ¿No es muy chico?

   -No se me ocurrió; pero entiendo, en verdad que ahora hay más de ti para cubrir. –se burla, desvirtuando su juego.

   -¡Lárgate! –le ruge Jensen, estallando en carcajadas. Dios, se sentía bien reír así. También escuchar la risa del otro, al otro lado de la puerta. No puede dejar de sonreír mientras arroja la toalla sobre la cama y comienza a vestirse. Sintiéndose ligero, una grata sensación que tenía tiempo sin experimentar.

……

   La secundaria se encuentra llena de personas, no hay actividades escolares pero todos están presentes. Hay alumnos y ex. Hombres muy jóvenes y otros no tanto. Jim Beaver había sido el entrenador del equipo de futbol, manejando otras actividades, durante mucho tiempo por lo que muchos sentían que le debían algo, no como una obligación sino un nostálgico deseo. Todos visten variadamente, desde los muy elegantes a los muy deportivos; en el auditorio central hay un gran retrato del hombre, con su barba manchada de gris, su eterna gorra calada en la frente, su mirar severo pero paternal. En otras sonríe, en una está vistiendo de traje, en alguna promoción. Hay reseñas periodísticas con noticias de variados años sobre el desempeño de la secundaria a nivel educativo, especialmente el futbol.

   Mucha de la gente que asistió a la reunión la noche anterior se encuentra ya presentes. Incluidos, cercanos a una mesa de donde toman un refresco, Sandy y Chad, Sophia no quiso asistir y Mark Salling no había llegado. El director Morgan, algo inquieto, se acerca al grupo que conforman Danneel, Genevieve y otras cuatro personas. Tom no está entre ellos.

   -Harris. –saluda.

   -Director…

   -¿Y Ackles? Todo el mundo pregunta por él. Pensé que… diría algunas palabras, pero no aparece. –Genevieve ríe leve, totalmente fuera de contexto.

   -¿Cree que venga después de la borrachera que agarró anoche y de que fuera despedido en plena reunión de reencuentro? –el hombre palidece.

   -¿Cómo saben que…?

   -Todo el mundo lo sabe. Si pensó que fue discreto, se equivocó. –corta Danneel la escena, rebuscando su teléfono.- Intentaré llamarle. –el hombre asiente y se aleja, deseando poner distancia del incómodo grupo.

   -No vendrá. Ya deber estar ebrio, como el inútil que es. –sentencia Genevieve, Danneel marca un número, mirándola feo.

   La mirada de Murray se pasea por la estancia, incomodándose cuando se topa con los ojos de Sandy.

   -¿A quién buscas? Desde anoche te ves… alterado.

   -Estoy bien.

   -Claro. Por eso oprimes los labios así. Chad, comienzo a creer que este viaje no fue tan buena idea. Quería que todos vieran lo delgada y hermosa que estoy… -sonríe leve.- Pero…

   -Aún nos miran con ojos de ayer. –es la seca réplica.

   -Están aún en el ayer. Muchos de ellos. –sentencia la hermosa joven. Va a agregar algo más, pero su frente se frunce.- ¡Oh, Dios!

   El rubio se vuelve para seguir su mirada y pone cara de chasco. Jared y Jensen acaban de entrar. Que vengan juntos inquieta a sus amigos, pero la verdad es que se ven impresionantes, conforman un hermoso par de especímenes masculinos, Jared alto, ancho de hombros, rostro finamente cincelado, pómulos pronunciados, ojos multicolores, la sombra de una sonrisa que se insinúa en sus labios como parte de su persona, bien vestido, su cabello suave cayendo con libertad. Jensen se ve hasta más delgado con aquel pantalón negro y la camisa de un gris oscuro, fuera del pantalón, faldones ni muy largos ni muy cortos, mangas largas, el cabello en puntas, la sombra naranja de su barba, los bonitos lentes (que Sandy sabe son de Jared). Hay algo del viejo Jensen allí, agresivo y sexy. Lo mejor es que el pecoso rubio no parece para nada trastornado, cosa que desconcierta a Danneel y Genevieve, por distintos motivos.

   -Te llamaba… -le comenta Danneel, ligera, sonriéndole fugazmente a Jared, quien frunce el ceño, ¿tan evidente era su intervención?

   -Bien, llegué. –guardando los anteojos, el rubio sonríe, formal y amistoso, aunque se nota que se tensa cuando ella le besa en una mejilla. A Danneel no le pasa desapercibido. Ni a Jared.

   -Ay, cariño, no creímos que vinieras. No después de que te despidieran anoche de tu empleo. ¡En plena fiesta de reencuentro! El director Morgan fue… -inicia Genevieve, un panecillo en la mano, pero se corta cuando este se vuelve hacia ella, un rictus burlón en los labios llenos.

   -No deberías comer más, Gen, si sigues acumulando esa grasa… -y se toca sus propios costados.- …Te verás más redonda. Y no hay manera de librarse de ella. Créeme. –eso la altera, molestándola mucho, dejando el panecillo.

   -Ackles… -aún más incómodo que minutos antes, Jeffrey Dean Morgan le llama.

   ¿Ir hasta la mesa con las fotografías, artículos y recuerdos de ese gran hombre? ¿Pasear ante todos los presentes todos lo que fue y lo que ahora es? Por un segundo flaquea, embargado nuevamente por las ganas de escapar del fraude que es su vida. El fracaso que le pesa. Se medio vuelve y se congela, sus labios tiemblan un poco, Jared está ahí. Mirándole con un brillo de simpatía en sus ojos multicolores, diciéndole con un leve asentimiento de cabeza que sabe que puede. Allí estaba brindándole todo su apoyo, recibiéndolo casi de una manera táctil, cálida y grato. La idea era extraña, ¿cuándo fue la última vez que alguien se interesó por su suerte? ¿Desde cuándo alguien no penetraba en sus miedos, no sorprendido por sus fracasos, o interesándose por las causas, sino esperando verle levantarse? Sus padres se habían rendido. Danni también. Aunque sabe que eso también fue culpa suya.

   Toma aire, saca pecho  compone una tensa sonrisa, dirigiéndose frente a la gran mesa con sus carteleras.

   -Gracias, señor Morgan… -grazna, tendiéndole la mano al otro, quien casi se ve avergonzado por algo. Por un momento sólo puede mirar las fotografías, los concurrentes clavando los ojos en él, el dorado y hermoso muchacho lleno de habilidades que encarnó el mejor momento del equipo de futbol de la secundaria en mucho tiempo, ahora fracasado.- Es difícil hablar de un hombre como el señor Beaver, que significó tantas cosas para tanta gente. –habla dándoles la espalda.- ¿Cómo decirles que supo mirar en mi alma por mucho que la ocultara o que yo mismo la desconociera, marcándome con su afecto y su preocupación de… padre, cuando no puedo explicarles cómo soy, qué me duele, qué quiero o qué espero? Para mí, mi vida todavía es un misterio, como debe ser la de cada uno de ustedes, que atesoran cosas en sus corazones que tal vez a otros nada les digan. Y sin embargo, el señor Beaver… Jim, él supo calibrar nuestro potencial. El mío. Fue un gran hombre, grande de verdad, por todo lo que hizo, lo que levantó con sus manos, con su ejemplo y palabras para sus seres queridos, su familia y amigos… quería que el mundo fuera un poco mejor, por eso esperaba que fuéramos un poquito mejores.

   Se vuelve mientras lo dice, pero no quiere mirar a nadie; tomando aire otra vez, intentando controlándose, se descuida y choca por accidente con la mirada con Genevieve Cortese, la cual sonríe y con sus labios forma claramente la palabra “fracasado”. Siente que se rompe por dentro, ¿qué derecho tenía a hablar de un hombre como el entrenador un perdedor como é? Siente que no puede más, que tiene que salir de ahí.

……

JIM BEAVER

   Jim Beaver, aún se extraña a Bobby, ese padre putativo de los Winchester en la serie. Como extraño la serie misma. No he visto prácticamente nada de lo que va de la décima temporada. No sé sí ya terminó o no. Por cierto, que vi al señor Beaver de villano recientemente en un episodio de NCIS, y me chocó. Aunque estuvo genial, como siempre.

CONTINÚA … 11

Julio César.

REGRESO A CLASES… 9

marzo 23, 2015

REGRESO A CLASES                         … 8

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   El rubio cegatón  no sabe ni en qué momento elevó su mano, cruzando sobre el muslo del otro, atrapando contra la palma y envolviendo los dedos sobre la verga caliente y palpitante de Paul. Fue consiente cuando cerró el puño, y jadeó sorprendido de lo extrañamente bien que se sentía tenerla así, atrapada, quemándole, latiéndole en la palma, o lo erizante que fue verle cerrar un poco los ojos, abrir la boca y medio jadear. Correspondiendo subió y bajó su puño sobre el tolete ajeno, y casi le asustó lo bien que se sentía, lo normal que le pareció tener esa verga de ojete mojado en su mano. Bajó y subió apretando duro, del ojete goteó aún más de ese líquido espeso y Chad temió correrse nada más que viéndolo. No quiso pensar más…

   Con respiración pesada continuó masturbándolo, recibiendo un trato parecido, y no podía decidir que se sentía mejor. Y se miraron, piernas más abiertas ahora, con Paul alzando una y cruzándola sobre la suya, haciendo gotear también su verga. Las respiraciones eran lentas, profundas, las sienes y los labios superiores brillaban con algo de transpiración, y las manos iban y venían, firmes, dándose mutuo placer. Ver a Paul Telfer cerrar los ojos totalmente, dejando escapar un gemido de gusto, le puso los pelos de punta, diciéndose que eso no podía estar bien, aunque sabía, por cuentos de los protagonistas, que no era la primera vez que un chico masturbaba a otro en ese cuarto, sin que ello significara nada más.

   -Lo haces mejor que Pauley… -graznó, ojos cerrados Paul, y eso molestó al otro. ¿Cómo se atrevía hablar así de un chica tan…?

   Chad se medio volvió hacia él, mirando fijamente la dura pieza sexual masculina en su mano, llevando el pulgar al ojete, apretando, y casi dio un bote cuando Paul Telfer gimió, estremeciéndose todo y arqueando la espalda. Apretó, aflojó y apretó otra vez, sin despegar su pulgar y sin dejar de masturbarle, y le vio derretirse. Separando su dedo gordo vio el hilillo de espeso líquido, y regresando la yema lo frotó, untándolo, sintiéndose increíblemente caliente mientras lo hacía. En algún momento la mano de Paul dejó de tocarle, pero no le importó y siguió masturbándole. No podía detenerse. Verle y escucharle así, mientras se lo frotaba de arriba abajo, sintiendo la pulsada de cada vena contra su palma, untando ese líquido que seguramente, si llevaba el pulgar a su boca, debía saber…

……

   Jared, algo inquieto, regresa al hotel donde también se está quedando Chad con su novia. Le gustaría tanto hablar con alguien de lo pasado con Jensen que… Sonríe incómodo, preguntándose hasta cuándo pedirá cosas sabiendo que le ocurrirán.

   -Jared… ¿no es la ropa que llevabas anoche? –le pregunta Chad, en mangas de camisa, sentado en la recepción misma del hotel, tomándose un café con Sandy.- Ya veo, perro, tuviste suerte. –lo dice como si fuera una declaración ética sobre la única manera decente de vivir.- Bien por ti, la noche fue una mierda. Igual que este café.

   -No tuve surte. –se apresura a aclarar, soportando las miradas, sobre todo la de Sandy que eleva una ceja.

   -Joder, Ackles, ¿no? -gruñe Chad, echándose hacia atrás en su asiento.- Eres un idiota. –algo mortificado, el castaño cruza del lado de Sandy, entre ella y la mesita, cayendo sentado, tomando la taza de la mujer.

   -¿No fue uno de tus argumentos para arrastrarme a esta reunión el que le viera y resolviera el pasado?

   -Cómo si a Chad le importara la vida de otros. –ríe Sandy, mirándole.- ¿Todo bien? Con Jensen, quiero decir.

   -Si… No… -bebe y piensa.- Es complicado.

   -Todo es complicado. –gruñe Chad, frente fruncida, tomando también café, recordando con un escalofrío lo último de su sueño que igualmente era recuerdo, la noche anterior, su mano sobre el enrojecido, duro, ardiente, goteante y oloroso tolete de Paul. Tan cerca de su rostro que…

   -Estás muy rojo de cara. –comenta Sandy, extrañada.

   -Estoy bien.

   -¿Seguro?, tienes la mano tan tensa que la taza va a estallar y…

   -¿No estábamos hablando de Jared y su horrible vida? –la encara.- Y de Ackles… -ahora sonríe cruel.- Dios, qué mal se ve. Ha perdido todo su encanto. Pensar que era uno de los bonitos que se burlaba de nosotros, los extraños. Ahora parece…

   -No le ha ido bien, ¿okay? –se acalora Jared, no quiere molestarle, pero no desea escuchar.- La vida no le resultó como esperaba.

   -Tal vez intentó alargar demasiado la vida escolar… -comenta Sandy.

   -Cierto. –se extraña Chad, coincidiendo. Si, la vida cambiaba después de la secundaría, los dieciocho años estaban allí y cada quien debía buscar su camino, uno que no estaba muy claro, pero que tenía que, en teoría, llevar a un lugar donde llegar, estar y ser. Tal vez no todos podían, o no entendían que el viaje debía comenzarse en algún punto en algún momento.- Al menos no vive con sus padres. Pero sigue siendo un perdedor. –el tono es acervo.

   -Chad… -gruñen Sandy y Jared. Ella mira al pelicastaño.

   -¿Estuviste con él?

   -Tuve que. Debí llevarle a su apartamento. Estaba muy tomado y… -no sabe cuánto más contar. Y le molesta que Chad comience a reír.

   -¿Ebrio, atontado, vulnerable, la lluvia, tú llevándole a su apartamento, al chico que siempre te gustó? Parece guión porno.

   -Estaba mal, ¿si? Salí y le encontré haciendo angelitos bajo la lluvia, con una botella en las manos, y… -bufa cuando Chad ríe y Sandy contiene una sonrisa.- ¡No es gracioso! Le despidieron. Anoche, en plena fiesta. –bien, eso les dará en qué pensar.

   -Si, lo supe. –asiente Sandy.

   -¡¿Qué?! –se sorprende, joder, qué rápido corren los rumores. ¿Acaso jamás terminaba la pesadilla de la secundaría?

   -Sí, todos lo comentaban. Y lo buscaban para consolarle… aunque con unas caras de alegría que daban miedo… -ríe Chad, pero calla y tose cuando Jared se vuelve a mirarle con dureza, entrecerrando los ojos.- Está bien, está bien… me parece horrible lo que le pasó. ¿Y por qué fue? Dicen que tenía un harén y…

   -¡Chad! –una doble exclamación le silencia.

   -Jared… -Sandy se muerde los labios, volviéndose hacia su amigo. Quien sonríe leve y asiente.

   -Si, lo sé. Debo mantener altas mis defensas. No debo ver a Jensen Ackles como un adorable cachorrito atropellado por una bicicleta, que perdiendo una patita lloriquea de dolor y de miedo por la soledad. Necesitado de mí…

   -Dios, cómo se ve que escribes para gente vieja, qué cursi. –se queja Chad, pero pensativo. Los otros dos le miran y nada dicen. Lo intuyen.

   -¿Cómo te sientes? ¿Qué quieres hacer? –Sandy retoma la conversación con Jared, quien duda y medita, luego echa la cabeza hacia atrás y bota aire, sonriendo con sorna, burlándose de sí mismo.

   -¿Qué quiero? ¿La verdad? Tengo ganas de ir y abrazarle, fuerte, fuerte, hasta que se sienta bien. –sus palabras parecen confundirle a él mismo, Chad arruga un poco la cara.- Quisiera… -mira a Sandy, con pesar.- Quisiera decirle que todo estará bien, que no se preocupe. Que ya encontrará otro empleo, otra vida. Que aquellos que eran sus amigos ayer, los de verdad, no se divertirán hoy con sus fracasos. Y que si lo hacen es porque no valían la pena y nada pierde apartándoles. Que tiene gente que… le aprecia.

   -Jared…

   -Lo sé, Sandy. –se endereza, hombros rígidos, alerta.- No puedo caer en la trampa de la nostalgia por muy bonitos que sus ojos sean o lo pecoso de su nariz. Yo… -se ve rojo de cara, su mirada va de la una al otro, como disculpándose.- …Le amé. Mucho. No pueden imaginar cuánto porque ni yo mismo me hacía una idea en esos momentos, cuando cada segundo, cada instante era sublime y maravilloso… tan sólo sintiéndolo aquí, en el pecho, queriéndole. Mis momentos con él eran… -toma aire por la boca.- Pero nada fue lo que creí. Me hice ilusiones solito. Tejí toda una fantasía romántica sobre algo que nunca fue. A veces me gusta culpar a Jensen de romperme el corazón, pero fui yo. Él nunca me dio pie. Me hice daño por mi cuenta, como el perro tonto que salta y  salta esperando alcanzar un trozo de la Luna.

   -Aléjate de él. ¡Ahora! No vuelvas a verle. –Chad es tajante.

   -No puede… -responde Sandy, mirando al confundido rubio.

   -No puedo, Chad. –le interrumpe cuando el otro va a hablar.- No estoy intentando… una reconciliación, porque nunca hubo nada. Jensen jamás me prometió otra cosa que no fuera amistad. Y eso me dolió, y aún lo hace. Un poquito. Pero no puedo alejarle sabiéndole así. Debo verle… recuperarse. Quiero… -y medio ríe, sin sonido, todo dientes.- …Ser su amigo. Que sepa que puede contar conmigo. Tan sólo un amigo. Creo que lo necesita en estos momentos.

   Sandy y Chad intercambian una mirada. Todo sonaba increíblemente peligroso a nivel emocional. Jared era abierto en sus afectos; leal y sincero, se lanzaba sin detenerse a calcular cuando podía perder cuando defendía una de sus causas. Era como un perro grande, pero cariñoso y juguetón. Sentimental. Tal vez terminaría creyendo que necesitaba cuidar, por sobre cualquier otra consideración, “la pata rota” de Jensen; qué eso es todo, pero…

   Tal vez el regreso no había sido tan buena idea.

……

   La hermosa Kristin Kreuk sale de la habitación, es tarde pero es dormilona. Curiosa se pregunta dónde estará Mike. Le encuentra en el balcón, en bóxer largo, mirando hacia la ciudad. Pensativo. No puede evitar una sonrisa mientras va hacia él y le rodea la cintura con los brazos, estrechándole, sobresaltándole.

   -Deserté y no te encontré. –susurra ella, la mejilla sobre su espalda.

   -No tenía sueño. –es la réplica suave, amable. Y hay un ligero silencio.

   -¿Seguro que quieres asistir al servicio fúnebre? El entrenador murió hace tiempo…

   -Tengo que hacerlo, Kris. –traga Mike, sonriendo.- Fue un gran hombre y debo… presentar mis respetos. –hay otro silencio.

   -Estuviste inquieto toda la noche, mientras dormías. Soñabas… -susurra ella, labios apenas moviéndose, tocándole con ellos. Le siente tensarse.

   -No recuerdo. –se vuelve sobre un hombro, intentando una sonrisa.

   Ella asiente y no dice más, tan sólo le aprieta con más fuerza. Le recuerda, agitado, quejándose… llamándole con angustia. “Tom… Tom, ¿dónde estás, Tom?”. Se pregunta si revivía en sueños el día que todas sus ilusiones murieron. Le besa la espalda y se separa.

   -Voy a ordenar el desayuno, ¿quieres?

……

   Durmió bastante, y técnicamente descansó, pero a Jensen Ackles le hizo daño pasar tanto tiempo en la cama. Pensó demasiado las cosas.

   No, no podía presentarse en los actos fúnebres, no con todos ellos ahí, sabiendo que fue despedido. No con él apestando a fracaso, y seguramente a algo de whisky para esa hora. No quiere que la bruja de Genevieve, y su grupo, se hagan una maleta con el pellejo de su cuerpo. No quiere ver a Danni. A ella menos que a nadie. Lo sentía por el señor… por Jim, pero no iría. Le rendaría homenaje a su manera, de forma privada. Recordándole con afecto, se dice.

   “Nunca huyas de tus deberes, muchacho. Por desagradables que sean. Sé siempre un hombre”. Maldita sea, ¿para qué le recordaba diciéndole aquello, a los pies de su cama de hospital cuando se recuperaba de las heridas del accidente pero no de la destrucción de su vida profesional?

   ¡Un trago!, necesita beber algo, se dice inquieto, saliendo de la cama, pies desnudos, en bermudas a medio muslo y una franela grande que sin embargo le enmarcaba un tanto el abdomen.

   Tomará uno y…

   Llaman a la puerta. ¡Joder! Seguro era…

   -¿Jensen? –oye que llama Jared y que toca nuevamente a la puerta.

   ¿Y si fingía que dormía? ¿O que había salido? ¿O que estaba muerto? “¡Jensen…!”, vaya, el delirio tremen parecía decidido a escucharse como el entrenador. Toma aire y se dirige a la puerta. Abre, cabeza baja, pero aún así nota la buena ropa deportiva de Jared, sus botas, el pantalón que le sentaba tan bien, la camisa sobre su ancho torso, el saco abierto y… Pero bueno, ¿y a qué venía fijarse en tanto detalles?, se reprende.

   -¡No estás listo! –exclama el pelicastaño.- La hora indicada es dentro de…

   -No voy a ir. No me siento muy bien. Creo que pillé un virus anoche y… -llega al colmo de la falsedad de sorberse la nariz.

   -¿El virus de la mentira? Ese es grave. –comenta Jared después de estudiarle por un rato, molesto.- ¿En serio vas a jugar a esto? ¿A esconderte?

   -¡Estoy enfermo! –ruge a la defensiva.

   -Llevas año en eso. –se le escapa, sabiendo que es cruel, pero necesitado de hacerle reaccionar.

   -¡Déjeme en paz, Pitillo! Tú… tú no puedes entenderlo. ¿Cómo, siendo un triunfador? Yo no puedo enfrentarles. No puedo verles. No quiero notar todas esas burlas, ese desprecio que…

   -Todos pasamos por eso, en un momento u otro de nuestras vidas. No puedes ocultarte de la gente, Jensen; ni siquiera de esa manada de lobos. Y no puedes faltar a la conmemoración del entrenador por miedo. Creí que le querías. Pensé que significó algo en tu vida. La verdad no te creí tan cobarde, Ackles…

   Exclama con dureza, sabiendo que toca una fibra cuando el rubio alza la barbilla y cierra las manos en puños, furioso. Bien, si así tiene que ser, que fuera, se dice Jared, preparándose para la confrontación.

CONTINÚA … 10

Julio César.

REGRESO A CLASES… 8

febrero 21, 2015

REGRESO A CLASES                        … 7

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   ¿Quién carajo jodía tan temprano en un día lluvioso?, se preguntó mal encarado, trastrabillando hacia la puerta, vistiendo bastante bajo en su cintura únicamente el pantalón holgado del pijama.

-¿Qué…? –se le congela la dura pregunta cuando le encuentra allí, ojos atormentados, despeinado, con la misma ropa de la noche anterior, toda arrugada como si hubiera dormido con ella puesta, dentro de una botella muy pequeña. Inquieto por la mirada que lanzó sobre su cuerpo casi desnudo.

   -No puedes casarte. –exclama, demandante.- No puedes dejarme, ¿qué haré sin ti? –gime, luego gruñe.- No, no puedes casarte con Kristin.

   -Tom…

   Toda protesta acaba cuando Tom se le arroja encima, rodeándole el cuello con los brazos, el saco frío y algo mojado, su boca aplastando la suya, recorriéndola, la lengua lamiendo, luchando e implorando para que le deje entrar, desesperado. Y a pesar de su sombra de barba que raspa, del olor a caña y quién sabe si hasta un leve toque a vomito, Mike Rosenbaum no puede resistirse, no viéndole así, y le recibe. Tom gime contras su boca, casi lloroso de alivio, y sus lenguas se encuentran, se atan, luchan; el chico moreno de bellos ojos azules, marido de la chica bonita de la escuela, sorbe su saliva casi como si fuera agua, o licor.

   -Vaya, querido, ¿acabas de darle la noticia y Tom se emocionó? Me alegra, pero creo que exageran esa amistad tan masculina y espartana. –la voz, ligeramente irónica les hace pegar un bote, separándose al instante.

   -Kristin… –Mike, rojo de cara la mira, bella, sensual en un salto de cama, las manos sobre el pecho.

   -Kristin… -imita Tom, desfallecido, tragando en seco, su mente afiebrada, algo confusa por la falta de sueño y la angustia vivida toda la noche. Se sobrepone y la encara dando dos pasos hacia ella.- Lamento que nos hallas visto, pero es cierto, Mike y yo… tenemos una aventura que ha durado años. Él me pertenece, Kris. Nos pertenecemos. No puede casarse contigo. –exige, sintiéndote egoísta, idiota, pero necesitado.

   -Lo tenías, Tom. Ahora es mío. –puntualiza ella.

   -¡No! Él no te quiere, se va a casar contigo por las razones equivocadas. Y se arrepentirá. –todavía es lo suficientemente tonto como para oponerse a la realidad.

   -Mike, querido, dile… -mira, ojos hermosos, al hombre en pijama.

   -Mike, dile, por favor… -Tom le imita, con una terrible suplica en los ojos: No me dejes, Mike. No me eches de tu lado, Mike. No acabes conmigo, Mike.

   -Yo… -comienza este, voz ronca y tensa.

……

   -¿Todo bien? –preguntó Sherri Padalecki, con tono ligero, calibrando a su hijo. Jensen pareció totalmente ajeno, enderezándose de donde estaba, casi sobre Jared tras el sillón, sonriendo.

   -Todo lo bien cuando se está buscando tema para un poema. Dios, qué cosa tan terrible.

   -Oye, soy profesora de Literatura. –se quejó ella, ligera. Dejando la bandeja sobre la mesa, encontrando sus ojos con Jensen y riendo.- Si, lo sé, soy de esas madres que molesta a su hijo cuando tiene visitas de amigos.

   -Mi mamá se habría quedado un rato escuchando tras la puerta para verificar si fumamos.

   -¿Fumas?

   -Cuando la presión es mucha. –sonrió Jensen, elevando las cejas, y tanto madre como hijo pensaron que se veía arrebatadoramente pícaro; también que era imposible saber sí hablaba en serio.

   -Es un mal hábito. –le reprendió.- Los dejo. –y miró a Jared.- Pórtense bien.

   -Tu mamá es un encanto. –comentó Jensen cayendo sobre la bandeja y comiendo en cuanto quedaron solos.

   -Lo es. –Jared sintió un peso en la boca del estómago. Vivía un gran momento, Jensen Ackles estaba allí buscando su ayuda, tratándole con gentileza y hasta encanto, pero estaba también su madre, ese mar de dudas que vio en sus ojos. Esa conversación que tarde o temprano se daría, era una la cual no sabía cómo afrontaría. Ninguno de los dos.

   Comen y hablan de mil cosas.

   -No creo en eso de los raptos de los platillos voladores. –sentencia Jensen, echándote en el sillón, todo cómodo, las botas sobre la mesita.- Pero de que algo pasa en El Triangulo de las Bermudas, pasa.

   -¿Entonces por qué no pueden ser extraterrestres?

   -Por las distancias cósmicas. Si esos seres hacen viajes tan largos, ¿para qué se llevarían uno que otro barquito en lugar de mostrarse y decir aquí estamos terrícolas, abandonen toda esperanza de sobrevivir?

   -No podemos ni quiera imaginar cómo funciona una mente no humana. –terció Jared.

   -Lo mismo le digo a mamá sobre Dios y entonces me grita. –rió Jensen, echándose atrás en el sillón.- Debe ser increíble, ¿verdad? Echarse en un bote largo, algo no elegante, una coraza dura de pescadores, bajo ese cielo azul claro, sobre esas aguas límpidas e inmensas, las olas, el sol sobre la piel… -cerró los ojos y a Jared se le erizó la nunca, imaginándole allí, cabello más largo, algo más aclarado por el sol, más pecoso, sin camisa, totalmente bronceado.- Anclar y lanzarse al agua, dormir bajo las estrellas…

   -Llegar al Triangulo y ver que un puto alienígena quiere atraparte el culo y tú gritando “Jared tenía razón, joder”. –rió el castaño, logrando que Jensen estallara en carcajadas, cosa que le hizo inmensamente feliz. Hasta que el teléfono del capitán del equipo de futbol timbró.

   -Es Danni… -comentó con leve pesar por terminar la reunión, porque era el final. Su chica lo esperaba.

   -Y la velada no fue exitosa. –se quejó Jared, sin poder evitarlo. Jensen, que se puso de pie, sonriendo ante el texto que leyó, le miró fijamente.

   -¿Qué no fue exitosa? Conocí a tu mamá y me encanta. Descubrí tu refugio y me muero de envidia. Y sé que crees en alienígenas como todos los nerds gilipollas.

   -¡Y están mis hoyuelos! –exclamó irreflexivo, dejándose lleva por la felicidad que sentía, de pie frente a Jensen, enrojeciendo en canto notó lo dicho. Encontrando la mirada agradable del otro.

   -Si, tus hoyuelos. –y Jared Padalecki se erizó de pies a cabeza.

   Había sido una gran primera reunión. La segunda, en aquella misma guarida, sería extrañamente estimulante.

……

   Despierta nuevamente, otra vez perdido, pero ahora más consiente. Está sobre el sofá de Jensen Ackles, dormitando con este a su lado, dándole de espalda. Ambos de lado, como cucharitas en gabinete. Pero ahora la nuca del rubio es visible, emergiendo al fin de las sábanas, y ronca muy suavemente en su sueño profundo. Aunque les separan las mantas, Jared Padalecki no puede evitar estremecerse teniéndole así, totalmente pegado a su cuerpo, la nariz prácticamente enterrada en el corto cabello amarillento oscuro. Y cerrando los ojos, aspira, llenándose las fosas nasales con su olor a sudor, gel y algo de alcohol. La verga se le pone inmediatamente dura, caliente y palpitante contra ese traserito redondo que se sentía firme contra su pelvis. Le oye botar aire, le ve encogerse más… y echar su trasero hacia atrás, hacia la nueva fuente de calor. Y Jared siente que se va a morir.

   Le habría encantado quedarse allí, teniéndole tan cerca, tocándole, oliéndole, frotando con disimulo su verga, pero no estaba en ese apartamento para eso. Jensen Ackles había sido un error, uno terrible y doloroso. Uno que le curó de aventuras sentimentales. Con sumo cuidado se pone de pie y su cuerpo hormiguea, extrañándole. La verga casi le duele. Va hacia el cuarto de baño, se lava la cara y hace gárgaras con un enjuague del rubio. Se mira al espejo, no quiere analizar sus acciones, sus sentimientos. Quiere dejarlo todo en el práctico terreno de Jensen en problemas, él recogiéndole como un amigo, o por haberle conocido en los viejos tiempos, quedándose bajo ese techo por la tormenta. Eso era todo, ¿okay?

   Va a la cocina, a pesar de lo oscuro de la mañana (continuaba lloviendo), prepara y monta la cafetera, intentando no mirar al bello durmiente. No mucho. El café comienza su colado y el fuerte olor llena el ambiente. Sonríe cuando ve a Jensen revolverse en las mantas, cubriéndose todo otra vez. La cafetera medio silba y le ve bajar el cubrecama y abrir los ojos, sentarse todo despeinado, saliendo de las mantas al ponerse de pie. A Jared el corazón se le detiene, el otro lleva unas medias gruesas de paño blanco, una franela no muy larga que abraza su vientre algo redondito y un ajustado bóxer negro que le queda del carajo, abultando por delante, muy recogido bajo sus bolas. Gruñendo algo que parecía un saludo, de mal humor, le vio desaparecer hacia el cuarto de baño. Y la visión del ajustado bóxer abrazando ese culo redondo lo recordaría durante años. Con manos temblorosa sirve dos tazas grandes de café, sopla el suyo y la medio bebe, pensativo. Expectante.

   El otro regresa y cae sobre el sofá, ojos medio cerrados, huraño. Sonriendo, Jared le acerca una taza de café, ¡se parecía tanto al gato Garfield un lunes por la mañana!

   -Gracias. –cree que gruñe este cuando toma la taza de café y casi la termina de dos golpes, saboreándolo, recobrando algo de armonía en las facciones.

   -De nada. –responde, cayendo en uno de los sillones, intentando no recorrer con la vista al hombre.- Pareciera que no va a dejar de llover nunca.

   -Si… justo hoy, para hacer más triste el servicio del señor Beaver. –parece abatido, le mira.- Gracias por todo, Jay… -el viejo apodo cala hondo en el más alto.- Me comporté como un idiota anoche. ¿Imaginas que todos fueran saliendo de la reunión y me vieran así? Dios, habrían tenido para hablar de mí toda la vida. –bebe un poco más, reteniéndolo en la boca.- ¿Sabes?, nunca supe, en la escuela, que tanta gente me detestaba. Nunca creí que tantos se alegrarían cuando… todo se me jodió.

   -A veces no eras nada simpático.

   -¿Pero era tan mierda? –casi le reta, mirándole intensamente.

   -No, Jen, no lo eras… -y siente calor cuando ve al otro congelarse y sonreír leve, susurrando sin voz un “Jen”.- No deberías hacer cosas tan locas cuando bebes. Un día terminarás casado con una foca, con tres foquitas, y…

   -¡Si, mamá! –se burla. Parece no poder mirarle.

   -¿Estás bien ahora? Debo…

   -Si, si, anda, has tus cosas. –le sonríe leve.- Me tomo otra taza de café, te quedó muy bueno, y volveré a mi cama. Estaré como nuevo por la tarde. ¿Asistirás… a la ceremonia de Jim… del señor Beaver? –parecía impórtale la respuesta.

   -Seguro. Cómo te dije, le debo cosas. –traga con afecto y pesar. Luego se inquieta.- Tú vas, ¿no?

   -Claro. –se ve mal.- Por eso deseo estar seguro de que irás. Quiero ver un rostro amigo allí, esta tarde. –toma aire.- Me despidieron, anoche.

   -¿Qué? ¿Te botaron? ¿En la fiesta? Vaya, fue un gran evento, hasta recuerditos entregaron. –intenta bromear, sintiéndose mal por él.

   -Si… lo esperaba, pero… -se endereza en el sofá y toma aire como intentando espabilarse.- Fue… incómodo. Imagino que ya todos lo saben. Y lo notaré cuando llegue y me vean. Por eso te quiero allí, Jay… Quiero encontrar un rostro amable, una mirada amiga. Alguien, una persona al menos que no se ría del pobre infeliz de Jensen Ackles.

……

   ¡Mierda! ¡Mierda!, pensó Chad tomando la cámara de manos de Paul Telfer, deseando que la tierra se abriera y le tragara. No le mira y el incómodo silencio se prolongo.

   -Bien… debo terminar asuntos que dejé interrumpidos ayer. –gruñó Paul, mirándole con una sonrisa leve y torva ¡y tomando hacia la casucha en las canchas!

   Chad Murray tembló con fuerza, aferró la cámara e inicio la retirada. El hijo de puta ese no podía pensar que él… Se detuvo, rojo de cara, tragando en seco. Y desanduvo sus pasos. También hacia la casucha. ¿A qué jugaba Paul Telfer? No lo sabía, pero ambos podían intentar molestar y a ver quién llegaba más lejos. Abrió la puerta, se asomó, entró y cerró a sus espaldas. Allí estaba el chico, cómodamente echado sobre un viejo sofá de dos puestos, donde casi nadie se sentaba porque se veía roído y todos sabían que olía a perro muerto. Más tarde Chad descubriría parte del por qué. Paul, muy abierto de piernas, ojeaba una revisa de tías pechugonas que se tocaban entre ellas, y de su bragueta abierta emergía el joven y rojizo tolete erecto. La mano del muchacho subía y bajaba lentamente sobre su pieza, y fue cuando alzó la vista y le enfocó, retador, burlón… y continuó masturbándose.

   Viéndolo todo rojo, y muy caliente de cara, Chad bajó, tomó una revista de la pila que había en esa caja (eran varias las cajas, por cierto), y cayó al lado del otro, también piernas abiertas, chocando con Paul, quien no se apartó así que tampoco lo hizo él. Comenzó a ver la revista, y fuera por eso, o porque se sentía extrañamente afiebrado por la curiosa experiencia con el otro, cuyo puño subía y bajaba amorosamente sobre su tranca, la suya despertó en segundos. Con una mano lucho por abrirse la cremallera, manipulando su muy caliente y sensible verga, la cual casi temblaba cuando la rozaba. La sacó, consiente en todo momento que Paul había dejado de mover su puño y le miraba. El entrepiernas. Curioso. ¡Él hijo de puta ese!

   Casi sonrió cuando escuchó el jadeo de sorpresa del otro. Su tolete, casi rojo de calenturas, era tan grande, si no un poco más, que el de Paul. Estaba surcado de venas y manaba una gran cantidad de calor. Cuando se la aferró, fingiendo no notar que el atleta le miraba con algo de admiración, el tolete casi le dio un tirón de lo excitado que estaba. Y allí, esa tarde cuando ya se acercaba el verano, los dos chicos sentados en el viejo sofá, sus muslos y piernas encontrándose, cada uno quemando la otra, se masturbaron, los ojos vueltos a las viejas revistas. En la escuela. Los puños subían y bajaban, y Chad creyó que no aguantaría mucho de la calentura que tenía, de lo muy prohibido, peligroso y caliente que aquello era. Todo era tan excitante como cuando de noche soñaba estar sin pantalones, espalda contra el muro al final del aula del salón de Química, donde se levantaba un pequeño muro, y Genevieve Cortese, con su trajecito de animadora, sin pantaletas, sentada sobre él dándole la espalda, le cabalgaba con fuerza, su coño caliente envolviendo, aferrando y halando de su verga de manera intensa. Ellos ahí follando, casi rugiendo con bocas cerradas para no gemir, y sus compañeros escuchando clases.

   Pero esas eran fantasías de noches calurosas, solitarias y angustiadas cuando temía quedar virgen para siempre. Lo que en ese momento vivía era… Casi pega un bote totalmente sorprendido. Paul dejó su verga, y con esa mano caliente por tocarla, algo mojada por lo mismo, atrapó la suya. Por debajo de su propia mano.

   -La tienes grande, tío flaco. –reconoció, mirándole de manera retadora. Y tragando, Chad se soltó.

   ¡No lo podía creer!, los dedos de Paul Telfer se cerraron, y contra la firme palma quedó su verga, que comenzó a ser masturbada y manipulada, de arriba abajo, una y otra vez, subiendo y bajando, siendo apretada sin pausa. ¿Qué diablos estaba haciendo ese marica que…? ¡Dios, se sentía tan bien!, pensó todo atolondrado, piernas rígidas, el brazo de Paul sobre su muslo, moviendo la muñeca, haciéndole la paja, una que era infinitamente mejor de las que había tenido hasta ahora; y aunque muy joven entendió que era porque otro se la hacía, un tío, para colmo. Tragaba saliva como a punto de un ataque, los lentes bailándole en la punta de la nariz, sus ojos atrapados por los de Paul Telfer, que sonreía quedo, como si supiera lo que hacía.

   El rubio cegatón no sabe ni en qué momento elevó su mano, cruzando sobre el muslo del otro, atrapando contra la palma y envolviendo los dedos sobre la verga caliente y palpitante de Paul. Fue consiente cuando cerró el puño, y jadeó sorprendido de lo extrañamente bien que se sentía tenerla así, atrapada, quemándole, latiéndole en la palma, o lo erizante que fue verle cerrar un poco los ojos, abrir la boca y medio jadear. Correspondiendo subió y bajó su puño sobre el tolete ajeno, y casi le asustó lo bien que se sentía, lo normal que le pareció tener esa verga de ojete mojado en su mano. Bajó y subió apretando duro, del ojete goteó aún más de ese líquido espeso y Chad temió correrse nada más que viéndolo. No quiso pensar más…

   Con respiración pesada continuó masturbándolo, recibiendo un trato parecido, y no podía decidir que se sentía mejor. Y se miraron, piernas más abiertas ahora, con Paul alzando una y cruzándola sobre la suya, haciendo gotear también su verga. Las respiraciones eran lentas, profundas, las sienes y los labios superiores brillaban con algo de transpiración, y las manos iban y venían, firmes, dándose mutuo placer. Ver a Paul Telfer cerrar los ojos totalmente, dejando escapar un gemido de gusto, le puso los pelos de punta, diciéndose que eso no podía estar bien, aunque sabía, por cuentos de los protagonistas, que no era la primera vez que un chico masturbaba a otro en ese cuarto, sin que ello significara nada más.

   -Lo haces mejor que Pauley… -graznó, ojos cerrados Paul, y eso molestó al otro. ¿Cómo se atrevía hablar así de un chica tan…?

   Chad se medio volvió hacia él, mirando fijamente la dura pieza sexual masculina en su mano, llevando el pulgar al ojete, apretando, y casi dio un bote cuando Paul Telfer gimió, estremeciéndose todo y arqueando la espalda. Apretó, aflojó y apretó otra vez, sin despegar su pulgar y sin dejar de masturbarle, y le vio derretirse. Separando su dedo gordo vio el hilillo de espeso líquido, y regresando la yema lo frotó, untándolo, sintiéndose increíblemente caliente mientras lo hacía. En algún momento la mano de Paul dejó de tocarle, pero no le importó y siguió masturbándole. No podía detenerse. Verle y escucharle así, mientras se lo frotaba de arriba abajo, sintiendo la pulsada de cada vena contra su palma, untando ese líquido que seguramente, si llevaba el pulgar a su boca, debía saber…

CONTINÚA … 9

Julio César.

LA NOVENA SUPERNATURAL

febrero 10, 2015

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

SAM, DEAN AND CASTIEL FUNNY

   Y todavía falta verles enfrentados por amor.

LOS WINCHESTER COMIENZAN LA CACERIA

   Bien, la serie, nuestra serie, ha llegado a su décima temporada (cuando comenzó, Dean Winchester tenía veinticuatro años y Sam era un muchachuelo), pero de esta nueva etapa sólo he visto dos episodios por la red, el portal que uso, donde puedo ver cualquier cosa, incluso comiquitas o series ya fuera del aire, los episodios de Supernatural no abren. Entre eso, y todo lo ajetreado del año pasado, que no me dejó mucho tiempo para nada, y mi mala costumbre de escribir demasiado, no comenté sino hasta el episodio 16 de la novena temporada (DEAN WINCHESTER, ¿UNA CUCHILLA DE COLECCIÓN?), dejándolo así. No pienso comentar nada tan largo como hacía antes, pero me gustaría terminar con esto. Soy obsesivo… y maniático.

   Confieso que la temporada que acabó, me pareció poco innovadora, hubo cosas buenas, muy buenas… y otras no tanto. La verdad es que los ángeles fueron fastidiosos, y los que no, como Baltasar o el jefe de la otra facción violenta, los desperdiciaron. Cosa que muchos ya han comentado. Personalmente me gustó, la vi, volvería a verla y la guardaré cuando la consiga en DVD, con las otras. Qué puedo decir, soy un fan. Su inicio, con los ángeles cayendo y Dean pactando con uno de ellos a espaldas de un Sam que ha aceptado la idea de morir, hasta este final oscuro, un Dean posiblemente malvado, fueron tan esperados como los inicios y finales de los años pasados.

DEAN SABE QUE ALGO MALO LE OCURRE

   Escapado Crowley con la primera espada, Sam y especialmente Dean se meten en una frenética persecución de Abaddon, para encontrarla y destruirla; es cuando llega la noticia de una gente cometiendo violentos asesinatos de manera fútil (aunque la primera escena, la mujer con ese marido idiota, casi se justifica). Por primera vez es Sam quien desea ir a investigar y Dean se queda, acompañado del mejor amigo del cazador, una botella (si, cómo bebe). Sam parte y Dean no investiga nada, algo le consume y llama para encontrarse con Crowley y hablan. Fueron divertidas las indirectas del Rey del Infierno, que si engaña a Sam con él, entonces es el amante. Pero Dean no quiso hablar, le tocó al demonio poner sobre el tapete el miedo que siente el otro a convertirse en un monstruo, como terminaría ocurriendo; sabe lo que el cazador sintió cuando usó la espada, toda la ira que dejó salir (y no es para menos, con ella se mató a Abel, el primer crimen), y lo bien que se sintió con ese poder. Fue raro, pero viendo al cazador tan afectado, el Rey del Infierno casi parecía preocupado, se ve que ha terminado tomándole cariño.

DEAN AND CROWLEY

   A su manera, claro, si le hace falta lo destriparía. Fue grato ver a Dean deteniendo a un joven que iba a atacar a Crowley, sabiéndose luego que era una prueba al cazador. Por su parte, Sam descubre que no hay posesiones demoniacas, fantasmales ni maldiciones, esa gente actúa sin almas, alguien se las roba. Y todos sabemos lo terrible que eso es, si Sam, siendo Sam, le disparó a una mujer para acabar con un demonio tras ella, que dejó que a su hermano le infectara un vampiro, que aunque lo lamentaba, de palabras, iba a sacrificar a Bobby, ese padre putativo, para alcanzar un fin. ¿Se imaginan todo un mundo así, sin frenos morales, éticos o humanos?

SAM AND JULIA

   Y aquí entra esa anciana temática que lo denuncia, que los demonios están de vuelta, Julia (Jenny O’Hara, una actriz totalmente adorable, cuando es buena gente o mala como el demonio). Su historia fue apasionante, ella conoció a Henry Winchester y a Abaddon antes de que fuera Abaddon, Josie, siendo novicia en un convento donde robaban almas para transformarlas en demonios. Esa “célula dormida” despierta y le toca al castaño enfrentarla, llamando a Dean sin recibir respuesta, regresando victorioso pero lastimado al lado de su hermano, escuchando todavía a la falsa monja diciendo que esa misma operación se hace en muchos lugares (¿por qué serán tan escalofriantes las monjas demoniacas?). Ahora está decidido a encontrar a la peligrosa Señora del Infierno y acabarla. No mostraron cómo robaban las almas, pero que se pueden transformar en demonios se sabe que ocurre, Ruby fue la primera en decirlo, que recordaba que una vez fue humana pero se retorció tanto en el Inferno que cambió.

HENRY AND JOSIE

   Siempre he lamentado que hubiera que matar a Henry Winchester, era un gran personaje, carismático y casi tierno, que habría contrastado mucho con aquellos nietos rudos (¿los imaginan a los tres en el impala enfrentando peligros?), pero no podía ser, no sabiendo un secreto para viajar por el tiempo. En su momento me pregunté de dónde salía una joven poseída tan poderosa que acaba con todos esos Hombres de Letras, la historia de Josie-Abaddon, fue muy buena. Por cierto, que estuviera loquita por Henry se notaba de lejos, fue cruel Abaddon burlándose de ella.

LA DUCHA DE DEAN

   ¿Lo que todo el mundo dice fue mejor del episodio 18, donde Metatron autoproclama su plan de escribir una nueva Biblia, una donde tenga una batalla increíble contra Castiel y los ángeles rebeldes, y termine como el único dios del Cielo?: Dean tomando una ducha. Fue corto, una escena, y fue de lo único que se habló.

LA DUCHA DOS

   Y eso que ya se le notaba preocupado, ¿acaso porque sentía que algo no iba bien con la Marca de Caín?

FANFICTION METATRON

   Como sea, a los amigos no les gustó mucho porque estuvo centrado en Metatron queriendo crear un ejército real de opositores para batallar contra ellos, eligiendo como al general rebelde a Castiel, el guapo y carismático ángel a quien otros seguirían. Se fabricaba un enemigo a la medida, como dicen que hacen los gobiernos en problemas. Y para convencer al ángel de la guarda de Dean de que su lucha era necesaria, había que darla y derrotar a Metatron, reaparecía Gabriel, el arcángel.

CASTIEL Y EL FALSO GABRIEL

   Por un segundo se habría podido creer que era él, no nos gustó su muerte en la quinta temporada a manos de Lucifer, pero en cuanto se ofreció como sacrificio para que Castiel huyera y formara un ejército, sabíamos que no era el viejo Truquero. Al descubrir el fraude, Metatron se lleva al angelito, es cuando se traza un plan entre Sam y Dean, detener a Gadreel e intercambiarles.

DEAN Y GADREEL

   Me pareció algo frío el enfrentamiento de Sam con este, quien le provocaba para que le matara, pero el intercambio se hace, y aunque algo soso, las dudas sobre la estabilidad de Dean quedan, Castiel decide ponerse al frente de los rebeldes ya que sabe que Metatron desea matarles, y este sigue creyendo que triunfará. ¿La verdad?, me gustó, pero no fue uno de los mejores capítulos.

DEAN EL MATA VAMPIROS

   Esta temporada que ha sido de “finales”, algunos que no parecen tan totales, Charlie en Oz, Garth con los lobos, la señora Tran alejada de la pelea con las cosas de su hijo, incluido su fantasma, o como Kevin, muerto, faltaba la sheriff Mills, Jodi. Una rebelde joven es detenida, una gente llega y se la quieren llevar, matan salvajemente y Jodi llama a los hermanos, se sabe que son vampiros. La verdad es que de la serie, fuera de los Cazafantasmas aquellos, los que me aburren una barbaridad son los hombres lobos, los vampiros tienen sus momentos, pero este no fue uno de ellos. Era una variante del alfa vampiro, que criaba chicos para tenerlos por allí (y faltó ese enfrentamiento).

LA SHERIFF JODI

   Una vampira madura tiene su nido, y una “hija”, una chica con problemas que topa con la sheriff, una mujer sola en la vida, cuyo marido fue asesinado y debió casi ver la muerte de su hijo zombi, a la cual se le despierta el instinto maternal y quiere protegerla. La chica es una víctima de esos seres, que la usaban para atraer tipos que luego desangraban. La cosa es que la sheriff y la mamá vampiro sufrían de lo mismo, pérdidas, y necesitaban de alguien que llenara ese vacío. No se vio muy hábil Sam, siendo atrapado con un rifle por la espalda, Dean si divirtió matando vampiros, aunque eso apreció preocupar a su hermano. El asunto termina con Jodi ofreciéndole un hogar a la chica, un final para ella, apartándose de la serie conservando su vida y con una hija. La verdad no fue un gran episodio, pero si lleva luz a un detalle que no sé si es muy norteamericano: una sociedad que adopta muchachos, grandes o chico, y no con intensiones innobles.

JIMMY PALMER, NCIS

   En NCIS, Jimmy Palmer, el gremlin de la morgue, como le dice DiNozzo, piensa en adoptar antes de tener hijos propios, “porque hay muchos niños que necesitan a alguien”. Tengo unos amigos sin hijos y cuando les pregunté por qué no adoptaban, él me respondió que ni loco, que con su suerte terminaba criando a Damien Thorn, el hijo del Diablo, y que ese riesgo no lo correría.

HEROES SOBRENATURALES

   Luego llegó un episodio extraño, para mí que sigo la serie pero no leo noticias sobre ella. Un joven le pide matrimonio a una bella chica y un extraño ser que ya había atacado un local lleno de criaturas sobrenaturales, la mata como daño colateral cuando liquida a un cambia formas, David, quien envía un mensaje pidiéndole disculpas a su hermano.

LA NUEVA SERIE SUPERNATURAL

   No podía imaginar que comenzaba un nuevo programa, una serie hermana donde la ciudad de Chicago está controlada en los bajos fondos por varias familias de monstruos, donde un joven cambia forma está enamorado e intentó escapar con una mujer lobo, el típico amor imposible de adolecentes tío vampiros idiotas como Crepúsculo. Lo llamativo era el joven a quien matan a la novia, que busca venganza, y en el mejor estilo del programa, se transforma en cazador.

EL CAMBIAFORMA Y LA CHICA LOBO

   Hay quienes desean una lucha entre monstruos que de por sí ya se odian, desde afuera de ese mundo, y que se maten entre ellos, por otro lado encontramos ese amor imposible y al joven cazador que les detesta a todos. Los elementos no son malos, pero ya se han visto mucho, y la idea de esos seres horribles que matan personas, saliéndoles todo bien, es difícil de digerir. Me recordó una serie muy buena que se llamaba El Honor de la Familia, dos grupos enfrentados, uno siempre daba policías, el otro mafioso; y una chica uniformada se enamoraba de un joven abogado sin saberlo parte de la familia enemiga de la suya.

LOS WINCHESTER EN CHICAGO

   Dos cosas resaltan y molestan de este semi piloto, ¿Chicago en manos de monstruos y nadie sabía? Esas criaturas, hijos de la oscuridad, ¿no saben quiénes son los Winchester aunque estos detuvieron a Lucifer y a Eve, la madre de todos los monstruos? De paso, en los primeros tres minutos del episodio, matan al personaje más interesante del programa, David. No me molestó mucho que los hermanos tuvieran poca participación, cuando veía CSI por SONY, disfruté el capítulo de enlace para que comenzara CSI: Miami, que si me gustaba más, y se entiende que hagan esto, pero la idea tendrán que reforzarla. Veré si ya hay capítulos por ahí.

CAZADOR Y CAMBIAFORMA

   Personalmente me pareció que hubo química entre el cambia forma y la chica lobo, y entre el cambia formas y el nuevo joven cazador; que no hayan quedado como “amigos”, abre todo un mundo de posibilidades. Sin embargo a muchos no les gustó, pero creo que es porque hay molestia con el programa base; no fue muy bien pensada esta temporada. Fuera de Oz, el hombre de letras malo, el mismo Caín, ha faltado garra con los contrincantes y las tramas.

DEAN-CAIN

   Hubo un episodio que todos esperábamos con ansiedad, el enfrentamiento de la última de los Caballeros del Infierno y el hombre con la Marca de Caín, Abaddon y Dean Winchester, cara a cara y quijada de burro de por medio. Comienza con un joven que es secuestrado por la mujer, y sabemos que se trata del hijo de Crowley, quien pensaba atravesar el océano hacia el Nuevo Mundo en el barco donde fallecería en un naufragio.

AMOS DEL INFIERNO

   La diablesa busca al Rey del Infierno, con asterisco sobre el título porque todavía no se sabe, y desea canjear la espada y al hombre con la Marca por su hijo. Y fue realmente lo mejor del episodio, el enfrentamiento de los grandes, Abaddon y Crowley se las traían. ¿La verdad?, me agradó ver la reacción del diablo ese cuando ella tortura a ese hijo al que parecía despreciar, y que siendo demonio ahora, no podía importarle menos. Pero si le importa. ¿Por qué ahora sí y no cuando Bobby le utilizó para canjear su alma en la sexta temporada? Porque Sam Winchester le había practicado un exorcismo que por poco le vuelve humano. Este Crowley no es el mismo de la cuarta, quinta y sexta temporada, aunque siempre, y eso hay que reconocerlo, ha sido un personaje genial, a la par de Castiel. Hasta cuando le odié, matando al chico Wendigo y a Sarah, había que reconocerle que era de los mejores personajes. Por ese hijo, atrapado dentro de su cuerpo por una bala con marcas anti demonios, el Rey llama a Dean, pero advirtiéndole de la trampa.

ABADDON DESPERDICIADA

   ¿La batalla entre Dean y Abaddon?, totalmente decepcionante. Cuando lucharon en aquel pueblo tóxico fue mejor.

LA MUERTE DE ABADDON

   A una mujer de su poder, y peligrosidad, amén de carisma, la desperdiciaron con una manita levantada (buenos, más o menos como mataron a Lilith); fue bueno ver qué tan diferente era Dean con esa arma, la cual le otorgó ciertos poderes, y su rostro se vio terrible.

CROWLEY Y SU HIJO

   Aunque no pareció dispuesto con acabar con Crowley, quien no se quedó a esperar, partiendo con ese hijo a quien le dice que se aparte de los peligros y siga su vida. Hubo poderes, pero el episodio no pareció de Supernatural, más bien era algo tipo drama de novela.

DEAN DETENIDO

   El siguiente episodio fue como un canto a las teorías de la conspiración donde la gente acusa a Estados Unidos de provocar ataques terroristas para justificar sus acciones. Es también un episodio molesto donde perdemos a una querida amiga y a un personaje que prometía. Hay ángeles que están estallando, en misiones suicida para matar a seguidores de Metatron en nombre de Castiel. Eso empastela la reputación de este, y casi justifica las acciones del otro. Cuando Castiel pide ayuda a los hermanos, y Dean toma la espada de Caín por si acaso, sabemos que todo está por precipitarse.

DEAN Y TESSA, VIEJA HISTORIA

   Los ángeles que siguen a Castiel le tienen inquina a los Winchester; estos capturan a un ser sobrenatural que está dirigiendo los ataques suicidas y resulta ser Tessa, la recolectora de la Muerte que conocemos desde la segunda temporada y que ha tenido muy buena química con Dean. Y a ese personaje entrañable la traen para esta bobería lamentable. La transforman en una fanática, tal como a Anna, el ángel caído de la cuarta temporada, ex amante de Dean, que luego es una loca homicida en la quinta.

LA MUERTE DE TESSA

   La muerte de Tessa fue lamentable, el papel jugado también. Tras esos ataques está Metatron, quien quiere poner a todos a pelear, y enlodar a Castiel de paso. Eso va cansando a Gadreel. Dominado por la espada, delante de los seguidores de Castiel, Dean mata y es detenido. Cuando se le va a castigar, y se le exige a Castiel que cumpla con su deber, el ángel abandona a sus seguidores, escogiendo al humano. Fuera de que sea por sus sentimientos hacia el cazador (y hay que ver que Dean se comportó como un perfecto imbécil), que siempre hemos considerado que tiene, fue el colmo de la irresponsabilidad de parte del ángel dejar colgando de las brochas a sus seguidores en tal guerra, sobre todo porque sabe muy bien que algo está destruyendo a Dean.

EL TRISTE GADREEL

   La muerte de Gadreel, intentado probar su punto, buscando redención, fue flojo, dejó un mal sabor de boca, igual a cuando no supieron que hacer con un personaje como Benny, que prometía tanto en la octava temporada. Los dos actores eran carismáticos. En esta fastidiosa pelea entre ángeles, lo único bueno es Metatron, porque hasta Castiel está cansón. Dean, perdiendo el control ha estado impresionante.

DEAN OSCURO

   Así llegamos al final de otra temporada, esperando mucho, temiendo el desencanto, aunque ninguna de las temporadas ha terminado mal jamás.

METATRON, EL NUEVO DIOS

   El gran plan de Metatron es convertirse en el nuevo dios, y para ello parte por esos mundos a hacer milagros y autoproclamarse, hasta llegar a ese campamento de gente de la calle donde predica y hace curaciones, siendo descubierto por otro ángel al que ordena asesinar. Los hermanos le siguen la pista de cerca, Sam está angustiado por lo que le ocurre a Dean, esos cambios, la fría aceptación de que morirá en batalla, y Dean le regresa sus palabras, preocupado por qué, sabe que seguirá su camino. Ahora Sam debe tragarse esas palabras que expresó cuando supo del pacto de Dean con el falso Ezequiel para salvarle. Y ya lo imaginábamos, aunque esto daba más consistencia y sentido a ese inicio de temporada cuando le revela a Dean que no le buscó ni quiso averiguar si estaba en el Cielo o el Infierno. Su idea de que lo muerto, muerto debe quedar, era aceptable, ya lo había expresado en aquel episodio de la segunda temporada, los chicos no deben jugar con cosas muertas; pero estas palabras lo desdicen totalmente.

METATRON MATA A DEAN

   Así llegamos al enfrentamiento Dean Metatron (habiéndose deshecho el primero de Sam), Caín contra el nuevo dios. Esa sí que fue una pelea en toda la regla, golpes, insultos, gritos, agresiones. Sangre. Metatron fue un digno adversario de Dean Winchester, quien le enfrentó de tú a tú. Fue lo que faltó en la batalla contra Eve, la madre de todos los monstruos, contra Dick, el gran leviatán, y contra la mismísima Abaddon, una señora del Infierno. Cae Dean, dios fue más poderoso, y en su agonía todavía le da tiempo de despedirse de Sam.

SAM PIERDE A SU HERMANO

   Qué bien estuvo Jared Padalecki demostrando dolor (¿cuántas veces ha muerto Dean ya?). Es de suponer que se fue amargado por no matar a Metatron y convencido de que esta si sería la última vez ya que Sam no hará nada por traerle. La manera en la cual es detenido Metatron fue ingenioso pero indigno, sabiendo que todo su poder reside en la Tabla de los Ángeles, Castiel la destruye; pero Metatron con su ejército, su poder, sin Dean y la espada, está seguro todavía de vencer con todos esos ángeles idiotas que le siguen y creen cada una de sus mentiras y trampas.

METATRON EL MANIPULADOR

   Que Castiel hubiera dejado abierto los micrófonos de la radio angelical, que estos entraran y detuvieran a Metatron fue divertido, pero no tanto cómo debió ser. Y muy poco digno. ¿Qué ocurre? Metatron será encarcelado por toda la eternidad pero trata de negociar un escape, usando la carta de un Castiel que está muriendo. Sam deja el cadáver de Dean en una cama y sale a invocar a Crowley, o a cualquier demonio para pactar el regreso de su hermano, y entre todo lo horrible y patético que venían siendo sus relaciones decadentes desde prácticamente la segunda temporada, cuando Dean le revive pactando su alma, fue conmovedor ver al gigante hacer eso. El Rey del Infierno no le oye, se acerca a la cama donde yace el mayor de los Winchester, algo ya sospechaba. Le llama y Dean despierta con ojos de demonio, ¿atenderá la invitación de Crowley de partir y aullarle a la Luna? Les juro que me impresionó y no me lo esperaba.

CROWLEY SABE LO QUE OCURRE

   La temporada fue algo irregular, hubo muy buenos episodios y otros no tanto. La trama de los ángeles fue totalmente floja, ya lo señalaba cuando muerte Baltasar, el único de ellos que valía la pena pero no supieron qué hacer con su personaje. La trama demoniaca estuvo mejor, pero… faltó suspenso, misterio, faltó horror. No hubo criaturas nuevas, no hubo espanto espanto. Cosas puntuales como la chica que se fotografía y revisando ve tras ella a esa cosa horrible sin forma, fue bueno (irónicamente no era nada sobrenatural), pero escasearon estos momentos. Las tres tramas simultáneas aflojaron el producto, fue algo más novelado. La contingencia de Sam fue desperdiciada también, se le pudo sacar más jugo cuando estaba en poder de Gadreel; Castiel es un buen personaje, pero es todavía mejor cuando interactúa con Dean o Crowley, quien últimamente se ve mejor, y eso que no deja de escalar en el gusto desde la cuarta temporada. Ese rostro a los pies de la cama de Dean, entre traicionero, silenciando cosas, pero casi lamentándolo por el mayor de los Winchester, animándole a regresar y continuar las aventuras, fue casi tierno.

EL NUEVO DEAN

   Eso me dejó con ganas de ver la premiare de temporada, que como comenté, vi y me gustó. Ese Dean demonio, tan cruel que ni a Crowley respetaba (y eso me molestó no sé bien por qué), pero no he podido sintonizar ningún otro episodio. Me parece que mucha gente ya está cansada del programa, o desilusionada, yo no. Como ya he señalado, espero cada semana ver sus aventuras, como me pasaba con Los Expedientes X, aún cuando ya no estaba Fox Mulder y ya no eran los mismos Expedientes; o Stargate, cuando ya se hacía larga y cansona, pero la seguí hasta la salida de Richard Dean Anderson. Un Dean demonio, con un enemigo del pasado persiguiéndole para cazarle, Sam buscándole, ¿acaso no prometía? Y eso aunque… lamentablemente, como que no vamos a deshacernos de los ángeles tan fácilmente.

   Esperaré hasta que el Canal Warner le dé la gana, cuando le salga del forro, de transmitirla por televisión. Tocará.

Julio César.

REGRESO A CLASES… 7

enero 17, 2015

REGRESO A CLASES                         … 6

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Al principio no sabe por qué despierta, luego recorre ese techo extraño con la mirada, totalmente perdido y desconcertado, sabiendo que su última idea era un sueño sobre un viejo recuerdo, Jensen Ackles revisando el motor de la camioneta de su madre y… Un gruñido-gemido patético se oye y se sienta en el sofá, recordando dónde está. Acostumbrado a la penumbra, y gracias a uno que otro relámpago, descubre en la zona de la cocina la figura del rubio, ojos casi cerrados, envuelto en una gruesa manta como su fuera un monje galáctico. Se veía aún algo borracho.

   -Jensen, ¿ocurre algo?

   -Frío… -tirita salvajemente, reparando Jared ahora en sus temblores.- ¡La calefacción no funciona! -le oye gemir con un enorme puchero.

   Casi siente ganas de reír, pero el otro se ve tan afligido que no puede, después de todo había pasado un buen rato bajo la fría lluvia. Va hacia él.

   -¿No tienes más mantas?

   -No… muchas. –confiesa, temblando y acercándosele mucho.- Joder, ¡botas vapor! –le mira con ojitos algo nublados. Ahora Jared si que ríe.

   -Bien, vamos, siéntate, parece que vas a caerte de sueño o borrachera. –le lleva hacia el sofá, que realmente está caliente, verle subir las piernas y casi enroscarse sobre sí en uno de los extremos, casi ronroneando, le hizo parecer un enorme gato, también verse más adorable.- Tío, vaya que eres friolento.

   -Es Texas, no hay derecho a padecer frío. –respondió cerrando los ojos, medio rodándose sobre el mueble. Jared sonríe más, hasta que recuerda una cosa.

   -Oye, ¿no estás…? Es decir, llevas algo debajo de la manta, ¿no?

   -Claro. –gruñe frunciendo la frente.- Suelo dormir desnudo, y hasta sin arroparme, pero en cuanto desperté hasta calcetines me puse. Pero el frío… -va tendiéndose más, como buscando el calor que todavía subyace en el mueble.- Joder, se siente mejor aquí que en mi cama. Y eso que amo mi cama. –todavía se ve tembloroso, revolviendo las manos bajo las mantas. El frío parecía cortarle la piel; ¡a la mierda!, piensa y mandándolo todo al diablo se mueve.

   Jared, tomado por sorpresa, sentado del otro lado del sofá, sintiendo frío pero no tanto como el otro, le mira sonriendo de su desparpajo y descaro. Con un puchero de obstinación como para que no le digan nada, Jensen se acuesta, de lado, semi fetal, montando las piernas sobre el regazo de Jared, quien se siente inmediatamente recorrido de poderosas sensaciones.

   -Jensen… -grazna bajito. El otro no abre los ojos.

   -Es tarde, hace frío y llueve… Vamos, Jay… -el viejo apodo.- … Duerme conmigo.

   -Okay… -accede, preguntándose mientras se derrumba en el sofá, todo envarado, contrario a Jensen, ¿qué estaba haciendo?

   Hay un cómodo silencio, admite, y supone que Jensen, después de arrebujarse más bajo las mantas, pegando la espalda de sus piernas, dormía ya. Con la propia manta se cubrió y también al otro, que resolló bajo, agradecido. Cerrando los ojos se dice que nunca soñó compartir cama con el rubio. Bien, aunque no era la cama… Nunca supo cuándo se durmió, se sentía alegremente achispado de licor todavía, cómodo a pesar de tener que compartir el no muy ancho sofá con el otro, cálido, a pesar de los leves temblores de frío de Jensen. Y estaba con él.

   Un tueno lejano le hizo abrir un ojo, todavía escuchando la fina llovizna fuera del diminuto balcón. Podía verlo porque ya había amanecido, aunque el día se veía oscuro (muy a propósito para un ritual fúnebre, se dijo), pero sólo por un ojo, el otro estaba cubierto con un bulto blanco. Y se congeló. En algún momento de la noche Jensen se había movilizado, acomodándose de tal forma que su espalda quedara contra su torso, ambos de lado, como cucharitas en un estante. Bajo la frazada pudo notar que tenía un brazo cruzado sobre la cintura del rubio, sobre las mantas de este. Respiraba pesadamente, muy quieto, sin frío ya. Cerró los ojos dejándose llevar. Soñó tantas veces con estar así de cerca de Jensen, sabiendo en todo momento que nunca ocurriría. Ahora…

   Recuerda bien ese día que esperaba que el capitán del equipo de futbol llegara a su casa para estudiar juntos. Con alteración le indicó a su madre que venía un amigo y no quería que hubiera nada regado. Sorprendida, y divertida, Sherri le señaló que descuidado era él, y Chad, quien siempre iba, un marrano.

   -No viene Chad, es… otro compañero de clases. –afanado movió unos adornos sobre una mesita.- ¿Debemos tener aquí estos regalos de la abuela? No me había fijado lo feos que son.

   -¿Qué tienes? Ni que te visitara la Reina de Inglaterra. –se quejó ella, viéndole ir de aquí para allá, siguiéndole y alarmándose al encontrarle rebuscando algo en el cuarto de Jeff, su hijo mayor.- Y saca tus manos de ahí, mira que bastante te quejas cuando tu hermano entra a tu cuarto.

   -Siempre va por mis calzoncillos limpios. –le gruñó, deteniendo la búsqueda, rojo de cara, no podía seguir con ella ahí.- Mamá, ¿puedes hacer de tus sándwiches de atún? Es lo que mejor te queda.

   -¡Oye!, cocino muy bien. –ceñuda se retiró, preguntándose a santo de qué tanto afán. Ignorando que en cuanto queda a solas, su hijo mediano revisó bajo el colchón del mayor, tomando dos lustrosas revistas de chicas ligeras de ropas.

   Todavía preguntándose qué tenía, le vio entrar a la ducha, gastando mucha agua, cantando con emoción, saliendo con el cabello algo largo empapado, buscando luego su secador. Le vio salir con unas ropas para recoger unas cintas en la sala, para verle luego con otras cuando vuelve por unos libros de su biblioteca de profesora de literatura. Ceñuda notó que se llevó tomos de poesía.

   -Deja de cambiarte de ropas, luego dejas todo tirado por allí y debo lavar más. –le reprendió la tercera vez que le vio con algo distinto. Fue cuando llamaron a la puerta.- ¡Voy! –le gritó.

   -No, yo… -jadeó el muchacho, rojo de cara; pero abriendo, mirándole, ella le ganó la carrera. Y allí estaba un chico joven, guapo y sonreído.

   -Buenas tardes, señora, ¿está su hijo?

   -Está. –la mujer, algo sorprendida, divertida y un tanto preocupada, vio a su hijo, a quien pareció costarle sostenerle la mirada.- Pasa, querido.

   -Gracias. Soy Jensen, Jensen Ackles.

   -Sherri Padalecki. –le divirtió que el joven le tendiera la mano, apretándola.- ¿El Ackles capitán del equipo de futbol? –vaya, pensó.

   -Culpable. –le sonrió.- ¿No la conozco? Su nombre me suena.

   -Creo que le di clases a tu hermanita. Una niña con gran talento artístico.

   -Imagino que será leyendo, porque si es danzando… -y rió suave, siendo acompañado por ella, que casi se vio obligada a ello por su simpatía y encanto. ¡Vaya con el chico!

   -No seas malo con ella. Se aplica.

   -Si no hay talento natural…

   -Para eso estamos los maestros. –intercambian frases rápidas, amenas, y Jared pareció celoso.

   -¿Qué tal? –saludó y los otros dos le miraron.

   -Hey. –le sonrió el rubio y Jared supo que no recordaba su nombre. Dolió, pero lo pasó por alto.

   -Así que… ¿son amigos? –la extrañeza de la mujer fue evidente. Jensen no supo qué responder y le tocó a Jared.

   -Es un trabajo escolar juntos. –y enrojeció bajo la escrutadora mirada de su progenitora.

   -Ya veo.

   -Vamos, Jensen. –llamó, diciendo el nombre esa primera vez con toda naturalidad, esa noche lo recordaría en sus cama y lo saborearía, repitiéndolo una y otra vez hasta caer dormido como una patética adolecente enamorada.

   -Permiso.

   -Bien pueden. –concedió ella, preguntándose en qué se estaba embarcando su hijo. Era su madre, le conocía, le adivinaba… y se preocupaba. ¡Su niño!

   -Tu mamá es muy simpática. La mía me llama sólo para darme tareas. Y mi hermanita es una de las mayores. –señalaba Jensen mientras bajaban un tramo de escaleras entrando por la puerta que estaba camino a la cocina.

   -La mía es igual. Aunque a todos encanta. –sonrió, esa debía ser una regla universal, que todos pensaran que los papás de otros eran súper; entrando en un pequeño sótano atestado de sus tesoros, temió parecer tonto.

   Era el sótano de la casa, destinado a guardar todo lo que no servía, incluido esqueletos en armarios, pero tuvo otro destino. El joven Jared Padalecki siempre dio muestra de una gran imaginación, de una personalidad desbordante en casa… y de una muy rica vida interior. De niño le dio por coleccionar comics de aventuras, después coleccionaba cuanta cosa cayera en sus manos, desde cajas de fósforos con leyendas a barajitas de beisbol, luego le dio por leer novelitas del Oeste, más tarde, para angustia de su padre, las novelas rosas de su madre. Allí estaban los libros y revistas que hablaban de monstruos marinos, de los que asechaban en las montañas o debajo de la tierra; también tratados sobre civilizaciones perdidas y Ovnis. Igualmente pasó el chico por el tiempo del microscopio, de estudiar la ciencia, llenando todo aquello con estantes de tarros de aguas turbias; más tarde le daría por la escritura. Por ello, dada su gran cantidad de aficiones, muchas de ellas de las que producían muchos trastos y cajas, de manera tácita todos entendieron que necesitaba su espacio y el sótano terminó siendo suyo. Su lugar.

   Allí tenía una mesa con dos sillas, para escribir, un viejo sofá y un sillón de los que su madre deseó deshacerse años atrás, y soñaba aún con ello; una vieja televisión, un refrigerado que parecía de juguete y que Jeff juraba daba toques eléctricos, y un pequeño reproductor de CDs. Su refugio. En las paredes había algunos posters, variados, de atletas, chicos y chicas, de cine y carreras. Porque sí, a Jared Padalecki le gustaba la velocidad. Lo que no le gustaba tanto era el equipo que su padre le había comprado para que sentándose de espalda al mismo, tomando las manillas donde terminaban las guayas, subiera y bajara unas pesas que deberían ayudarle a desarrollar espalda, hombros y bíceps. Lo único del cuarto que no tocaba.

Y en el centro de la estancia, mirándolo todo con leve sorpresa, Jensen Ackles.

   -¡Genial! –estalló.- Mierda, ¿en serio todo este espacio es tuyo?

   -Nadie viene, excepto mamá cuando quiere asear.

   -Joder, lo que daría yo por un lugar así. –pareció levemente envidioso y a Jared las mejillas le ardieron.

   -Bien, ¿sobre qué quieres hablar? –le preguntó, indicándole el sofá.

   -¿Hablar? ¿De qué…? Ah, la tarea. Joder, amigo, no me lo recuerdes. –bufó cayendo sentado, mirando nuevamente con envidia cuando abrió la neverita sacando dos refrescos, tendiéndole uno y cayendo en el sillón de al lado.- Amigo, esto es increíble. Yo no saldría nunca de aquí. Como no fuera para buscar chicas. Y traerlas para acá. –tomó la lata y bebió.

   -Bien, no soy tan bueno como tú para eso. –ni le interesaba mucho, lo pensó. ¿Llevar a alguien para intimar de alguna manera?, la verdad es que nunca se le había ocurrido.- ¿Has pensado en algún tema para tu poema o…?

   -Dios, amigo, estoy en tu casa por primera vez, estamos hablando prácticamente por primera vez, me tienes impresionado con este nido, ¿y sólo quieres hablar de tareas? Eres tan extraño Pi… -enrojeció hasta la raíz de los cabellos, Jared le miró bajo la mata castaña de cabellos.

   -Ni siquiera sabes mi nombre, ¿verdad? –por alguna razón no le molestó, de hecho le divirtió, y más al verle enrojecer más, cosa que no creyó posible.

   -Repito, nunca hemos hablado y…

   -Jared. Me llamo Jared Padalecki, y aunque mi apellido es difícil de captar las primeras veces, me gusta mi nombre. Míster Pitillo no; me hace sentir… -se encogió de hombros, llano, directo.- No me digas así, por favor. Dime Jared, aunque sólo sea aquí. –le desconcertó, y le gustó verle sonreír y asentir aprobador.

   -Eres un hombre sabio… Jared. –y al otro nunca le pareció tan hermoso el sonido de su propio nombre. ¿Qué tenía cuando se escuchaba en otra boca, en la voz de ese sueño de amor imposible? No lo sabía, era muy joven todavía, pero esa tarde, en su refugio, lo experimentó y lo disfrutó. También el notar que Jensen Ackles no era solamente una cara increíblemente linda, sino también un chico listo. Entendió al vuelo que sabía que no intimarían en público, ni se llamarían amigos o dirían o harían algo que de alguna manera indicara cercanía. Serían “amigos” secretos, lo entendió y lo aprobó. El mundo era como era.- ¿Qué historia hay tras las pesas? –le desconcertó con el cambio de tema.

   -Cosas de papá. Quiere que… -fingió, torpemente, flexionar los brazos como alzando algo, pero se le notaron demasiado delgados bajo el suéter.- Creo que le decepciona que sea tan delgado… O se preocupa por mí. –no le era fácil explicarlo, que a veces su papá le veía como si fuera un billete con algún defecto indetectable pero visible.

   -Tranquilo, seguro cambias. ¡Nadie se queda tan flaco! Pregúntale a mamá. Vive jurándonos que era un figurín y ahora evita mirar su reflejo en los espejos. –le restó toda importancia, tendiéndose hacia él y palmeándole un hombro, ignorando el tono rojo que su cara tomó.- Ahora sí, ¿de qué puedo hablar en mi poema de marras?

   -No lo sé, yo… -desconcertado todavía por el toque amistoso, le costó concentrarse; tomó un delgado libro de la misita del televisor.- ¿De amistad? He notado que tienes muchos amigos.

   -No, mejor no; no quiero que alguien me pregunte, “¿se lo escribiste a Tom Welling?”. –se puso de pie, mirando la máquina de pesas.

   -¿De amores? ¿Frustrados, o felices, o imaginados?

   -Amigo, ¡mejor dispárame! –gruñó, riendo bajito, caminando a sus espaldas.- ¿No hay nada de odiar a muerte a un enemigo, quemar su casa y escupir sobre su tumba en poesía?

   -Debe haberlo, pero no lo tengo aquí… -graznó, tragando en seco, Jensen se había inclinado sobre su hombro, casi montándosele encima, ojeando el libro, todo su calor corporal y su olor llegándole en oleadas y ahogándole de emoción. Le había adorado, y deseado, durante tanto tiempo y en ese instante…

   -Debemos encontrar la inspiración. Y es tu deber ayudarme. –le impuso, desde atrás, cercano, apoyando las manos en sus hombros, apretando afable, y Jared Padalecki creyó que se derretiría y se escurriría del mueble.

   -Llegaron los sándwiches! –anunció con voz alegre su madre, congelándose un tanto al entrar y encontrarles así, tan cercas, ambos rostros mirándola, el de su hijo decididamente azorado y culpable.- ¿Interrumpo algo?

……

   Chad, aunque duerme esa oscura mañana, también sueña y recuerda el pasado.

   Cuando vio a Paul Telfer, con paso vivo aunque mirando alrededor, rumbo al viejo pabellón de deportes, sabía a qué iba. A lo que iba la mayoría de los chicos en momentos de tensiones. El conserje de la escuela, que requisaba todo lo indebido por indicaciones de los profesores, había llegado a recaudar una buena cantidad de revistas pornográficas… que nunca botó. Las dejó en ese depósito y de tarde en tarde las manoseaba, y estaba muy consciente de que la mayoría de los chicos del colegio lo sabían. Y que iban a lo mismo, atraídos como polillas al fuego. Nunca nadie dijo nada y las revistas continuaron allí.

   Con sigilo se acercó, deseando pillar a Paul en algo indebido, malo, algo que le hiciera tan imperfecto como a todo el mundo (como se sentía él, sin su apariencia de ganador y sin Pauley Perrette), deseaba… No estaba totalmente consciente de qué, sólo que le odiaba. Mucho. Y la pequeña cámara fotográfica en sus manos era evidencia de que iba en serio. Medio abrió la puerta, se asomó y bajó las escaleras. Todo estaba en penumbras, como correspondía a tal sitio de indecencias. Le vio, sentado sobre un viejo mueble apolillado, con una caja de cartón abierta al lado, con una revista en las manos, una catira de tetas grandes sonriendo mórbidamente desde la portada y Paul mirando el interior con avidez. Boca abierta, respiración pesada… pasándose la mano sobre el jeans. Y Chad quiso huir, no mirar, olvidándose de bromear o hacerle sentir mal. Bajo la tela se adivinaba una erección vital, granítica, la cual era sobada y mimada por la joven mano, y el chico cegatón, con los lentes casi sobre el puente de su nariz, imaginó lo bien que debía sentirse tocarse así. De hecho lo sabía muy bien. Se masturbaba tanto que ya tenía un callo en la mano. Quiso irse, pero ver al moreno tragar más saliva, llevando lo dedos a su bragueta, bajando el cierre, no se lo permitió.

   ¡Vete, Chad! ¡Vete ya!, le gritó parte de su mente. ¡No quieres ver esto!, se decía casi histérico, pero no pudo hacerlo. Vio como algo emergía de la bragueta abierta, empujando hacia arriba una tela azul clara, y como el puño del muchacho se cerró sobre ello, apretando y soltando, apretando y frotando de arriba abajo, metiendo la mano dentro de la bragueta y sobándose más. Lo hacía como lo haría él mismo, con mimos y cariño, adorando su tranca. Casi gritó, por poco, cuando Paul se la sacó al fin, una pieza de buen tamaño, dura y rojiza, y los dedos se cerraron sobre ella, el puño subiendo y bajando mientras el chico miraba las imagines. Chad no podía apartar los ojos, boca seca. La roja cabeza se cubría y descubría cuando el puño iba y venía sobre la dura mole.

   Le vio cerrar los ojos, echar la cabeza hacia atrás y supo que Paul fantaseaba, seguramente con alguien, una persona, tal vez Pauley, que se la tocaba y apretaba con su mano llena de anillos, que se lo besaba, que con la lengua afuera se lo recorría por toda la cabeza, haciéndole temblar más, que se lo tragaba todo. Le oyó tragar y jadear, seguramente cuando soñaba que se lo tragaban hasta los pelos. Y que luego lo enterraba en un apretado y mojado agujero, sacándolo y metiéndolo rítmicamente, embistiéndolo mientras gruñía ronco y bajo, rugiendo un tómala, tómala, apriétala. Una y otra vez, transpirado como cuando practica lucha, jadeando pesado. Ese culo bien lleno con su verga.

¿Culo?, alarmado abrió los ojos, ignorando él mismo que los había cerrado también, ¿por qué había pensado en un culo y no en…? ¡Mierda!

   Algún ruido debió hacer, no sabe cuál pero sabe que así fue, porque Paul bajó el rostro, abriendo los ojos y enfocándole directamente. Sus miradas se encontraron y Chad Michael Murray huyó como diablo de la cruz, a la carrera, sin detenerse.

   Esa noche vivió un infierno en su casa, temiendo lo que el nuevo día trajera. A Paul, quien le había pillado mirándole cuando se hacía la paja. En su cama, lo más molesto fue cerrar los ojos y volver a verlo, frotándose, masturbándose, gimiendo, ahora oyéndole decir, “chúpamelo, anda, trágatelo”. Tembló de frío y calor, se sintió enfermo… porque se le puso totalmente dura y deseó desahogarse, pero no lo se lo permitió.

   Al otro día, cuando el chico se le acercó, deseó escapar otra vez. Pero no podía. Debía enfrentarle… ¿Y si lo negaba todo? Podía decirle que seguramente mareado por la paja que se hacía le confundió con alguna otra persona que…

   -¡Murray! –le gruñó este.- Se te cayó esto ayer. –extendió la mano, ¡la cámara fotográfica! ¡Con su nombre!

……

   ¿Quién carajo jodía tan temprano en un día lluvioso?, se preguntó mal encarado, trastrabillando hacia la puerta, vistiendo bastante bajo en su cintura únicamente el pantalón holgado del pijama.

   -¿Qué…? –se le congela la dura pregunta cuando le encuentra allí, ojos atormentados, despeinado, con la misma ropa de la noche anterior, toda arrugada como si hubiera dormido con ella puesta, dentro de una botella muy pequeña. Inquieto por la mirada que lanzó sobre su cuerpo casi desnudo.

   -No puedes casarte. –exclama, demandante.- No puedes dejarme, ¿qué haré sin ti? –gime, luego gruñe.- No, no puedes casarte con Kristin.

   -Tom…

   Toda protesta acaba cuando Tom se le arroja encima, rodeándole el cuello con los brazos, el saco frío y algo mojado, su boca aplastando la suya, recorriéndola, la lengua lamiendo, luchando e implorando para que le deje entrar, desesperado. Y a pesar de su sombra de barba que raspa, del olor a caña y quién sabe si hasta un leve toque a vomito, Mike Rosenbaum no puede resistirse, no viéndole así, y le recibe. Tom gime contras su boca, casi lloroso de alivio, y sus lenguas se encuentran, se atan, luchan; el chico moreno de bellos ojos azules, marido de la chica bonita de la escuela, sorbe su saliva casi como si fuera agua, o licor.

   -Vaya, querido, ¿acabas de darle la noticia y Tom se emocionó? Me alegra, pero creo que exageran esa amistad tan masculina y espartana. –la voz, ligeramente irónica les hace pegar un bote, separándose al instante.

   -Kristin… –Mike, rojo de cara la mira, bella, sensual en un salto de cama, las manos sobre el pecho.

   -Kristin… -imita Tom, desfallecido, tragando en seco, su mente afiebrada, algo confusa por la falta de sueño y la angustia vivida toda la noche. Se sobrepone y la encara dando dos pasos hacia ella.- Lamento que nos hallas visto, pero es cierto, Mike y yo… tenemos una aventura que ha durado años. Él me pertenece, Kris. Nos pertenecemos. No puede casarse contigo. –exige, sintiéndote egoísta, idiota, pero necesitado.

   -Lo tenías, Tom. Ahora es mío. –puntualiza ella.

   -¡No! Él no te quiere, se va a casar contigo por las razones equivocadas. Y se arrepentirá. –todavía es lo suficientemente tonto como para oponerse a la realidad.

   -Mike, querido, dile… -mira, ojos hermosos, al hombre en pijama.

   -Mike, dile, por favor… -Tom le imita, con una terrible suplica en los ojos: No me dejes, Mike. No me eches de tu lado, Mike. No acabes conmigo, Mike.

   -Yo… -comienza este, voz ronca y tensa.

……

JENSEN ACKLES YOUNG

   ¿Imaginan sentarse día tras día a su lado en un salón de clases, si ya iban sintiendo algo por él, sabiendo que el último año escolar está por acabar y sus vidas separarse?

KRISTIN KREUK

   kristin kreuk, la Lana Lang, la chica bonita y dulce del pequeño pueblo de Texas donde crece el chico de acero, quien la ama desesperadamente. Su nombre siempre me pareció excesivamente complicado, pero es realmente hermosa, tiene una cualidad dulce pero también traviesa. Y hasta peligrosa. Dicen que la serie que hace actualmente, le ganó a Supernatural como historia de ficción y fantasía. Qué malo, sobre todo porque es aburrida. Aquí aparece como la tercera en discordia entre Tom y Mike, y no se sabe si es buena o mala.

CONTINÚA … 8

Julio César.

NOTA: Por costumbre de fics, describo a Jensen como el rubio, aunque no es una palabra que usemos por estos lados. Así que es posible que aparezca así de vez en cuando, rubio, pero también como catire. No puedo llevar esa cuenta.

SUPERNATURAL… TODAVÍA MÁS

enero 7, 2015

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

   Nos prometían el Cielo… o en Infierno en este caso.

   ¿Qué me ha pasado con la serie que no la he comentado más? No he podido sintonizar la décima temporada. Uno que otro episodio, los dos primeros fueron muy buenos, pero luego el portal no abría. He dejado de buscar, voy a esperar que al canal de porquería (es decir, la Warner), comience a transmitirla, así sea a la una de la madrugada (hora de Venezuela) como estaban haciendo los desgraciados esos, la grabaré y veré luego. Es una vergüenza que traten la serie de esta manera, una que todavía es tan seguida que nuevamente está nominada como mejor programa de ficción y fantasía a los People’s Choice Awards 2014 (designada por un público juvenil, nada más y nada menos); esa premiación que otorgan los que sí importan, los fans de la televisión.

SUPERNATURAL DECIMA TEMPORADA

   Aparece en el renglón Mejor Programa de Ficción y Fantasía, sus protagonistas también están nominados como mejores actores de tal categoría, Jensen Ackles y Jared Padalecki, competencia siempre dolorosa y no me extrañaría que llegara el momento cuando ganara finalmente Jared (hace años se entregó en Venezuela Los Premios Ronda a la Música, y hubo en las nominaciones una encerrona fea entre Ilan Chester y Franco de Vita, pero a la hora de la verdad iba ganando Franco, todos los premios para Franco, y el público comenzó a gritar cada vez que anunciaban una nueva categoría “¡Ilan, Ilan!”, porque también se le quería). Me hizo gracia que también estuvieran los chicos en el Mejor Bromance, el Sam-Dean-Castiel. Me sorprende que Beauty & the Beast esté nominada, es un programa aburrido. Y The Vampire Diaries es todavía peor (entonces recuerdo que es premiación de público joven). The Walking Dead sí que merece la pena.

JARED PADALECKI AND JENSEN ACKLES - PEOPLE'S CHOICE AWARDS 2014

   La cosa es mañana 7 de Enero. Qué tengan suerte y que ganen los mejores, es decir ellos. Lástima que los dos compitan en un mismo renglón.

THE STRAIN

   Me pregunto, ¿qué programas estarán nominados el año que viene? Resurrection, The Strain y Z Nation pintan realmente muy bien; especialmente el show de los feos vampiros esos (qué sí son vampiros que asustan como debe ser, no como los idiotas de The Vampire Diaries). Por no hablar de Agents of SHIELD, otra buena serie. Imagino que mientras siga dependiendo de los fans, nuestros héroes continuaran teniendo su espacio. ¿Será esta su última temporada? La idea resulta odiosa.

Julio César.

REGRESO A CLASES… 6

enero 3, 2015

REGRESO A CLASES                         … 5

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Definitivamente la vida era dura en ese secundaria, y no era que Jared Padalecki lo imaginara. El joven, con las ropas nadándole en el flaco cuerpo, alto y anguloso, se ocultaba tras sus cabellos para fingir que no reparaba en los otros, que en cuanto pasaba acercaban sus rostros y decían algo de él, riendo. Dios, ¿y si sufriera de pronto un caso grave de acné como su hermano Jeff? ¡Tendría que arrojarse a un pozo! A uno sin fondo, de ser posible. Se estremeció. Si, era buena idea su mata de cabellos, le permitía continuar como si nada notara, como si no se fijara en nadie. Especialmente en los populares y crueles, y los populares e increíblemente guapos como Jensen Ackles, capitán y estrella del equipo de futbol. Ah, sí, porque fuera de ser alto y terriblemente flaco, también era gay. Nunca había hablado de ello, no abiertamente, ni siquiera con sus amigos, pero sospechaba que ya algunos lo sabían o sospechaban. Y no hablaba sólo de sus amigos.

Sus amigos…

   Amaba a Sandy McCoy con un doloroso sentimiento donde a veces imaginaba que no era gay y un día se casaría con ella, para que no se quedara solterona esa redonda jovencita alegre, inteligente, reilona, de mente despierta. Pero obesa, hecho que la convirtió muchas veces en blanco de la desagradable Genevieve o la reina de la maldad, Danneel Harris. Estaba Chad Murray, el cegatón a quien arrebataban sus anteojos para usarlos como lupa, o verle dar traspiés. Y Misha Collins, el alegre demente que se subía a la tarima en el centro del patio y leía sus trabajos de redacción, declamándolos. Oh, sí, porque Misha era un juglar que gustaba de la “obra literaria” de Jared Padalecki. También estaba el independiente y realmente arriesgado Chris Colfer, quien todo plumas y ademanes se iba a las piscinas a mirar a los chicos practicando nado, siendo recibido con rechiflas y burlas, pero desapareciendo siempre tras los vestuarios, con alguno de ellos que miraba en todas direcciones, temeroso de ser visto pero ya caliente imaginando lo que el amanerado rubio le haría con esa boca siempre golosa que atrapaba sus miembros sobre los bañadores, casi enloqueciéndoles, para luego sorberles la vida en vivo y en directo. Pocos, fuera de los trabajados de punta a pelos, sabían aquello. Jared sí, más de una vez le vio salir acariciándose las mandíbulas adoloridas por todo el trabajo realizado, notando como se escabullían, a sus espaldas, uno o dos chicos, porque así de loco era Chris. Quien, por cierto, si le sabía gay.

   ¿Cómo fue que la vida de Jared Padalecki daría tal viraje que parecería haber caído en una dimensión paralela? Se pondría decir que todo comenzó, la colisión de los mundos, cuando Misha le arrebató un ensayo sobre la ex Unión Soviética, y montándose sobre un asiento en la cafetería comenzó a declamar llamando la atención de muchos.

   -¿Quién envenenó a Kírov? Pareció que toda Rusia se implicó. ¡Cómo mataron gente por cuenta de Kírov! ¿Cayeron cientos o miles?, por las purgas secretas se me hace imposible decirles. Eso sí, cayeron a la izquierda y a la derecha, todos, en la Unión Soviética. –y por ahí se fue, para vergüenza feliz de Jared, quien sonrió al escuchar los tibios aplausos sinceros al final cuando el loco moreno de ojos azules terminaba, inclinándose y saludando a la “multitud”.

   Fue cuando reparó en Jensen, quien había escuchado todo, pintada en su rostro una leve mueca de sorpresa y fascinación. ¿Podría alguien culparle de enrojecer hasta la raíz del cabello, sintiéndose dulcemente alterado? Sabía que su reacción era idiota; que sólo un chico tonto, un gran perdedor, podría enamorarse del joven más guapo de la escuela, quien tenía a todas a su alcance. Pero si, él era ese perdedor. Recuperando su cuaderno de manos de Misha, se alejó.

   -¡Oye! ¡Espera! –le pareció escuchar a sus espaldas pero continuó. Iba tarde a la clase de Física.- ¡Palillo! –escuchar el odiado apodo le detuvo en seco, molesto, volviéndose para replicar pero quedando congelado. Era Jensen.

   -No me llames así. –fue la débil frase que pudo hilvanar.

   -Lo siento, tu apellido es… -sonrió sin parecer para nada apenado, tan sólo se veía más sexy, enrojeciendo en ese momento, viéndose algo acalorado.- Oye, tengo que presentar una composición para recuperar notas en Literatura, pero soy fatal para eso, a diferencia de ti no tengo ningún talento para la narrativa… -sonrió más, lanzándole todo su devastador encanto.- ¿Podrías ayudarme?

 

   Por un momento quedó en shock. ¿Jensen Ackles, el maravilloso y hermoso Jensen Ackles estaba hablándole, pidiéndole ayuda con ese carita dulce? No supo responder y eso pareció terminar un poco con la sonrisa del otro.

   -Si no tienes tiempo… -comenzó con un claro “si no quieres, no hay problema”.

   -¡No! –estalló. Viéndole encogerse más. Mierda, había días cuando todo sonaba al revés.- No, me refiero a que si, no hay problema. Puedo ayudarte. ¿Qué necesitas? –preguntó atropelladamente, prometiéndose que haría lo que fuera, hasta un riñón le daría si se lo pedía. Le vio enrojecer y rodar los ojos, adorable, totalmente adorable.

   -Poesía. Debo componer un verso y leerlo en clase. La profesora Ferris me odia. –exclamó frustrado, ¡cómo si alguien pudiera odiarle! Aunque la idea del enérgico joven componiendo poesía era divertida. Le vio sonreír altivo.- ¿También a ti te hace gracia? Mamá se muere de la risa.

   -Lo siento. –sonrió sin poder evitarlo, extrañándose de la mirada que el otro le lanzó.- Bien, te ayudaré.

   -Genial, ¿cuándo podemos reunirnos? No quiero presionarte pero eso era para ayer.

   Y comenzó un largo debate de lugares y horas que eran incompatibles, que si prácticas de futbol, que si ajedrez, que si una cita (algo doloroso para uno de ellos), que si sesiones de lectura en un club (que le ganó una mirada de extrañeza del otro), que si debía llevar a una hermana a sus lecciones de baile aunque esta tenía la gracia de un pato agonizante (y nuevamente rodaron esos ojos verdes), que si debía ir de compras con su madre ya que en su casa se comía demasiado (expresado a toda carrera para arrepentirse al segundo siguiente). Como sea, quedan así:

   -Entonces, ¿en tu casa? –Jensen pareció dudar.- Oye, no quiero incomodar.

   -No hay problema, tengo mi espacio. –nuevamente habló antes de pensar y se avergonzó. La mirada pícara del otro le desconcertó.

   -¿Tu escondite lleno de porno? ¡Genial! –y rió al verle azorado.- ¿A las siete?

   -A las siete. –concedió, sintiéndose totalmente alucinado.

   -Es una cita. –dejó salir el otro, sonriendo increíblemente, palmeándole un hombro y alejándose. Y todavía Jared no se reponía de los de la cita, el toque o que ese chico le hubiera hablado, cuando el otro se vuelve.- Gracias, amigo, me estás salvando la vida. Eres realmente talentoso. Y deberías sonreír más, los hoyuelos se te ven bien. –terminó tan pancho, alejándose a buen paso, dándole por la cabeza a Mike Rosenbaum, quien hablaba con una chica.

   Si, Jared Padalecki pudo haber caído muerto en ese instante, su corazón totalmente enloquecido, su mente gritándole que se detuviera, que Jensen Ackles no le había propuesto que fueran novios, pero todo su ser resistiéndose a escuchar mientras le mira alejarse. Qué bien le quedaba esa remera del colegio… y sus jeans desteñidos y ajustados que abrazaban su trasero respingón como él desearía hacer con las palmas de sus manos. Con el rostro acalorado y enrojecido se volvió, tampoco era cosa que comenzar a salivar o terminar con una erección en el pasillo, para congelarse otra vez. En esa ocasión fue de alerta, de inquietud. La bella joven frente a él, le miraba de manera perversa.

   -Vaya, Padalecki, ¿fuera de fenómeno de circo también eres marica? Todo un estuche de monerías, ¿eh? –y rió cruel.

   Danneel Harris era una puta total.

……

   Por el resto de ese día, y a pesar de su encuentro con Danneel Harris, la Reina de los Infiernos, Jared Padalecki la pasó en las nubes, con una perenne sonrisa que puso los nervios de punta a todos sus amigos a la hora del almuerzo. Casi tanto como su extraña paciencia para con las necedades de Misha (quería raparse la cabeza como un hare krisna y quería que todos le imitaran, como protesta por no haber chuletas de cerdo en el almuerzo). No podían saber que en la mente del chico, el poeta de ojos azules era el responsable de que Jensen Ackles se le acercara. En ese momento le quería.

   Dios, llevaba tanto tiempo soñado con él que parecía un sentimiento que adornaba el decorado de su vida, desde que le vio por primera vez ya en tercer año de preparatoria. Se sabía o sospechaba desde antes de eso que era gay, había sentido atracción y en sus fantasías masturbatorias eran chicos quienes aparecían. Al comenzar la secundaria era Tom Welling quien ocupaba a veces esos sueños eróticos. Pero cuando vio a Jensen Ackles lo supo. Era gay… y se había enamorado. Era su primer amor secreto, grande, poderoso, el centro de todo su ser… y patético, porque el rubio pecoso jamás se fijó en él, ¿cómo, siendo tan hermoso y popular? Al conocerle le siguió con la mirada de una manera que supo triste cuando Chris, riendo todo marica, se lo hizo notar aunque no con burla. Pero no podía evitarlo, se veía tan bien, delgado, esbelto, con bíceps y muslos como debían, con ese trasero respingón. Verle con sus franelas era olvidar a veces hasta cómo respirar. Era sociable, llegaba y en seguida era el centro de atención. Era amigo de todos, parecía haberse besuqueado con todas (hasta caer en las redes de Danneel Harris, la Bruja del Desierto).

   Y verle en su uniforme de futbol, bromeando y riendo con Tom Welling, para el castaño fue la locura de las calenturas. Le parecían los dos chicos más guapos de todo el mundo. Y de noche, sobre su cama, se imaginaba llegando a los vestuarios de la escuela y sorprender a Jensen y Tom con sus medias de paño, sus pómulos ennegrecidos, sus cuerpos dorados totalmente transpirados, vistiendo los dos únicamente sus suspensorios, sentados sobre un largo pero angosto banco, a hojarasca, uno frente al otro, Jensen, algo menos alto, con los muslos sobre los de Tom, y se tocaban, se acariciaban, sus bocas se buscaban, se unían, sus lenguas chasqueaban, se ataban y chupaban ruidosamente, ambos muy erectos bajo las ásperas telas; esos carnosos labios rojos bajando y atrapando una tetilla de Tom, succionando, este gimiendo, moviendo una mano y metiéndola en el suspensorio del rubio. Allí estallaba en semen sobre su cama, bañándose todo aunque siempre se decía que lo evitaría (su mare le miraba fijamente cuando recogía la ropa sucia). Con el correr de las semanas, bien, ya no le gustaba imaginarle con el moreno bello. Sentía celos. Jensen merecía algo mejor.

   Una tarde, saliendo, le vio inclinado sobre el motor de la camioneta de su madre, y entre el borde de la remera y el pantalón quedó un punto abierto. Su espalda era blanca bronceada, el borde de su bóxer era gris y aunque no era nada del otro mundo, y aunque lo intentó, aunque quiso, de verdad, no pudo despegar la mirada de esa franja de piel, sobre ese trozo de tela íntima, imaginándola abrazando estrechamente los redondos glúteos. Verle cerrar el capote y alejarse le dejó casi con ganas de llorar. Le había parecido la cosa más intensa, hermosa y perfecta que había visto en su vida, y Jensen se había ido sin siquiera saber que estaba muriéndose de frustración y soledad. Era horrible ladrarle a la luna.

   Pero allí, esa tarde, sonriendo como tonto, indiferente a los gritos de sus amigos que discutían por alguna tontería, y aunque sabía que era una solemne idiotez, Jared se permitía con soñar que tenía una cita con Jensen.

   Esa misma noche. joder, ¿Chad tendría a mano algunas revistas pornográficas? Bueno, debía tenerlas, la cosa es que las soltara.

……

   No es únicamente Jared Padalecki quien sueña y recuerda el pasado en aquella lluviosa y extrañamente fría noche texana. Chad Murray también lo hace en su cuarto de hotel, uno bueno donde Sophia Bush y él pasan la estadía. No quiso quedarse con la familia. Mirándola dormir apaciblemente, de medio lado sobre la cama, volviéndose hacia donde debería estar él, bebe de una copa en un sillón, un tueno ilumina brevemente el cuarto y observa caer la lluvia por el balcón.

   ¡Ese maldito de Paul Telfer! Le cuesta tragar el whisky. Se estremece todo. ¿Cómo podía ser tan descarado ese hijo de puta? Recuerda que lo supo cuando todo comenzaba, que lo que ocurrió se lo merecía porque lo supo en cuanto sus mundos chocaron. Que le traería problemas. Y se lo permitió, reconoce con amargura…

   En medio de las risas masculinas y una que otra femenina (¿a quién engañaba?, era la perra de Genevieve Cortese), Chad Murray luchaba como un niño de jardín de infancia contra unos chicos de primer año que le habían robado su lonchera y se la arrojaban unos a otros. En ese caso, el delgado rubio luchaba por sus anteojos, arrojándose sobre alguien, tal vez Tom Welling, por intuir más que ver, que sus anteojos volaban en otra dirección. Ríen. Y se lo tenía merecido.

   Chad era un chico que vivía luchando contra su fama de fracasado, de perdedor, de cegatón, de míster Magoo. Intentaba ser como todos, competir, coquetear con chicas, vivir sin temer, pero los populares no le dejaban. No era bueno en los deportes, y si a eso sumábamos su ceguera, y su insistencia para que el entrenador Beaver lo incluyera en los equipos de la escuela, donde no podían negarle la entrada (costándoles juegos a veces), le hacían impopular. Por eso debió sospechar cuando Genevieve le alcanzó casi llegando a los vestuarios al regreso de la cancha de básquet (¡y básquet!), donde falló de todas todas, caminó y tardaba casi diez segundos en hacer una jugada. Le costó el juego a uno de los equipos de los populares.

   Los empujones y burlas no se hicieron esperar y le habían alterado, era una agresión de rechazo, de degradación, y dolía y molestaba.

   -¿Estás bien? –le sorprendió Genevieve, vestida de porrista, apareciendo frente a él, dejándole sin aliento y sin poder pensar.

   -Si. –croó.- ¿Ocurre algo? –la chica nunca le miraba.

   -No me gustó lo que Tom te hizo. Es tan tonto. Y no le gusta perder.

   -A nadie le gusta. –gruñó con amargura, todo transpirado.

   -No ves nada, ¿verdad? Y los cristales se empañan con el sudor. –comentó ella mirándole.- Joder, se ven tan gruesos. Parecen realmente culos de botellas. –eso debió alterarle, pero la joven se acercaba, olorosa a talcos, a suave y sexy.- Imagino que sin ellos te ves… -le tomó los anteojos quitándoselos, algo que jamás permitía, no de buenas ganas, pero ella le tenía tonto.- No, eres igual de horrible. –terminó con una cruel carcajada, y en su mundo sin definición la vio alejarse y un grupo de chicos rodearle, todos empujando al topo, iniciando el juego de adivina quién fue.

   Con rabia se arrojó sobre unos y otros, exigiendo sus lentes, furioso por haberse dejado engañar así.

   -Búscalos si los quieres, Magoo. –gruñó alguien, creía que Adler, arrojándolos dentro de los vestuarios, alejándose el grupo riendo.

   Ciego de ira, y literalmente, entró, tropezando con alguien alto y sólido que casi le hizo caer de culo. Paul Telfer, recién regresado de sus prácticas de lucha, con ese indecente traje con el cual tanto le gustaba exhibirse. Los anteojos en una mano, ofreciéndoselos.

   -¿Otra vez caíste en sus tretas, Murray? –se los tendió.- ¿Genevieve coqueteándote? ¿A ti? No entiendo tu gusto por ser el payaso de la escuela. –Chad los tomó temblando de ira.

   -Hijo de puta, al menos yo no me ando sobando el culo con otro carajo en una colchoneta. –acusó, colocándose sus lentes, hirviendo de rabia, notando con algo de alarma que el otro se molestó. Era alto y fuerte, y él jamás supo elegir a sus contendores.

   -Creo que intentaste entrar al equipo, ¿no? Pero también fallaste, ¿no es así? Y ahora te patearon el culo en básquet, ¿verdad? ¿Acaso sirves para algo, Magoo?

   Y fue cuando Chad dejó de ver algo, a pesar de los anteojos puestos, arrojándose sobre Paul, quien al principio no le esperaba y fue arrojado hacia atrás, casi cayendo, pero se sostuvo afincando las piernas, colando una por entre las de Chad, quien presintiendo algo le rodeó la cintura con los brazos, pero fue inútil; recobrándose, echando el cuerpo hacia adelante, palanqueando la pierna entre las de Chad, tras una, usándola de apoyo, Paul le derriba. Y Chad cayó con alarma, de espalda… arrastrando en su caída al otro, quien le aplastó, dejándole sin aire. Dios, vencido otra vez, ¿acaso no servía realmente…?, se cuestionó hasta que reparó en la mirada del otro, ceño levemente fruncido, más alto, más pesado y firme, cubriéndole, sus piernas desnudas haciendo contacto.

   -¡No! –gimió sin poder evitarlo, sintiéndose torpe de repente cuando Paul elevó una mano tomando una pata de sus anteojos, quitándoselos. El peso sobre sí era extraño, poderoso, inquietante. Podía sentir, con toda claridad, la consistencia del tolete del otro totalmente pegado de su cadera, donde este debía sentir el suyo. Pero no podía hacer nada, no sólo porque Telfer estaba sobre él, sino por lo extraño de la situación. ¿Por qué no se apartaba? ¿Por qué le miraba así?

   -Deberías pensar en una cirugía correctiva de la vista, Murray. –le oyó, voz ronca, bañándole con su aliento cálido, uno que olía a menta, ese tipo venía de una práctica, todo transpirado, su peste debería ser horrible, pero no se lo pareció.- Sin anteojos te ves bastante bien. –y la frase le obligó a tragar, no pudo evitarlo, desviando la difusa vista. Sus pechos subiendo y bajando, sus corazones algo acelerados.

   -Bájate. –pidió, ¿acaso la verga de Paul estaba más consistente? ¿Acaso la suya estaba hormigueando?

   Paul, mirándole, todavía se tomó un segundo o dos, apartándose, ¿refregándose más de la cuenta? Chad pone la mente en blanco y no acepta la mano que este le tendió para ayudarle.

   -Eres un tonto, Murray. –le acusó, tomando una toalla y dirigiéndose a las duchas. Unas a donde Chad Murray no iría en un buen rato.

   No entendió nada de lo ocurrido, sólo que estaba increíblemente furioso otra vez. O que nunca se le pasó desde el ataque capitaneado por Genevieve. Pero en ese momento era por sus pasos vacilantes. Sintió que sus huesos eran de goma y no le sostenían.

   -Sin lentes te ves bastante bien. –recordar la frase le revolvió el estómago por el frío y el calor que lo recorrieron.

   Horas más tarde, verle riendo feliz, guapo, triunfador, como si el mundo le perteneciera, al lado de la hermosa y maravillosa loca de Pauley Perrette, le enfermó más. En ese momento creyó odiarle. Pero como todo a esa edad, nada era lo que parecía.

   Aunque la curiosidad si mataba al gato, como comprobó esa misma tarde cuando le vio solo, rumbo al pabellón de materiales de atletismo, donde el rubio cegatón sabía a qué iban tantos chicos. Y con el corazón enloquecido, le siguió furtivamente.

   Así comenzaría realmente el problema entre los dos.

……

   Al principio no sabe por qué despierta, luego recorre ese techo extraño con la mirada, totalmente perdido y desconcertado, sabiendo que su última idea era un sueño sobre un viejo recuerdo, Jensen Ackles revisando el motor de la camioneta de su madre y… Un gruñido-gemido patético se oye y se sienta en el sofá, recordando dónde está. Acostumbrado a la penumbra, y gracias a uno que otro relámpago, descubre en la zona de la cocina la figura del rubio, ojos casi cerrados, envuelto en una gruesa manta como su fuera un monje galáctico. Se veía aún algo borracho.

   -Jensen, ¿ocurre algo?

   -Frío… -tirita salvajemente, reparando Jared ahora en sus temblores.- ¡La calefacción no funciona! -le oye gemir con un enorme puchero.

   Casi siente ganas de reír, pero el otro se ve tan afligido que no puede, después de todo había pasado un buen rato bajo la fría lluvia. Va hacia él.

   -¿No tienes más mantas?

   -No… muchas. –confiesa, temblando y acercándosele mucho.- Joder, ¡botas vapor! –le mira con ojitos algo nublados. Ahora Jared si que ríe.

   -Bien, vamos, siéntate, parece que vas a caerte de sueño o borrachera. –le lleva hacia el sofá, que realmente está caliente, verle subir las piernas y casi enroscarse sobre sí en uno de los extremos, casi ronroneando, le hizo parecer un enorme gato, también verse más adorable.- Tío, vaya que eres friolento.

   -Es Texas, no hay derecho a padecer frío. –respondió cerrando los ojos, medio rodándose sobre el mueble. Jared sonríe más, hasta que recuerda una cosa.

   -Oye, ¿no estás…? Es decir, llevas algo debajo de la manta, ¿no?

   -Claro. –gruñe frunciendo la frente.- Suelo dormir desnudo, y hasta sin arroparme, pero en cuanto desperté hasta calcetines me puse. Pero el frío… -va tendiéndose más, como buscando el calor que todavía subyace en el mueble.- Joder, se siente mejor aquí que en mi cama. Y eso que amo mi cama. –todavía se ve tembloroso, revolviendo las manos bajo las mantas. El frío parecía cortarle la piel; ¡a la mierda!, piensa y mandándolo todo al diablo se mueve.

   Jared, tomado por sorpresa, sentado del otro lado del sofá, sintiendo frío pero no tanto como el otro, le mira sonriendo de su desparpajo y descaro. Con un puchero de obstinación como para que no le digan nada, Jensen se acuesta, de lado, semi fetal, montando las piernas sobre el regazo de Jared, quien se siente inmediatamente recorrido de poderosas sensaciones.

   -Jensen… -grazna bajito. El otro no abre los ojos.

   -Es tarde, hace frío y llueve… Vamos, Jay… -el viejo apodo.- … Duerme conmigo.

……

TOM WELLING HOT

   Tom Welling, el joven Clark Kent de Smallville, ¿una fantasía sexual de chicos calenturientos? No tendría nada de raro. Aquí su historia sorprenderá… a su esposa, en el fic, claro. Se ve bastante diferente en esta imagen. Curiosamente le sienta bien, muy bien. Más maduro, más hombre. ¿Sabe alguien qué es de su vida después de la serie? Pasa a veces, un sujeto guapo, un gran programa, termina y sus carreras también. Les pasó a Buffy, a Xena, a Fox Mulder (bueno, después tuvo esa serie horrible que todo el mundo decía que era buena), Angel tuvo suerte y se tropezó con Bones. ¿No sería terrible que les pasara a Jared y Jensen?

CONTINÚA … 7

Julio César.

REGRESO A CLASES… 5

diciembre 8, 2014

REGRESO A CLASES                         … 4

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Nunca entenderá por qué Chad y Sandy insistieron en quedarse un poco más. O venir, en primer lugar. Ya estaba cansado de todo, y de todos. Incluido Jensen Ackles. Aunque el último dato, saber que cuando todo hacía agua en su relación con Danneel, esta intentó ayudarle después del accidente, siendo bloqueada la iniciativa por Genevieve Cortese de una manera que debió ser humillante y devastadora para el rubio, le enfermó. ¡Qué gente! Se sintió totalmente desconectado otra vez de ese mundo. Y no sentía deseos de conectar. No valía la pena.

   Llega a los estacionamientos vacios donde dejó el auto alquilado y se estremece. Era una rara noche fría de lloviznas en Texas, ¿cómo podía bajar así la temperatura en ese desierto olvidado de Dios? Se medio arropa más en la chaqueta y abre la portezuela, enciende el motor y escucha una vieja melodía de los años treinta, había dejado la radio encendida. De manera automática casi cambia la señal pero escuchar esa tonada con trompetas y voces ronca cantando que mañana puede intentarlo otra vez, el ser feliz, le hizo quedarse allí un rato. Qué coño, no es infeliz. Tal vez su paso por la secundaria no fue la grata experiencia que debió ser, ni fueron gratificantes las miradas de su padre al saberle gay (no pareció feliz aunque no le despreció por ello); pero todo lo demás ha estado bien. Ha tenido éxito en su trabajo, es reconocido, quiso decir algo y el mensaje llegó. Tal vez le faltaran más aventuras románticas (o sexo, como decía Chad), tal vez le habría gustado ser un amigo real y cercano de Jensen Ackles, pero su vida no carecía de grandes momentos. Joder, era feliz. Tal vez no totalmente pero…

   ¡Mierda!, se dice cambiando la estación donde una nueva tonada hablaba de la fiesta del sábado por la noche en el granero del tío Ed, momento cuando el chico, casi un adolecente, le dirá a ella cuánto la ama. Debía ser grato, piensa dejándose atrapar por la insatisfacción, llegar y encontrar a alguien en casa, gritar que ya estás ahí y te respondan “estoy en la cocina, ¡hay café!”, donde olería una buena chuleta de cerdo (si, es gay, pero también un carnívoro texano). O caer sentado en la cama y ser abrazado desde atrás, con cariño y ternura, una voz en tu oído diciendo “te extrañé mucho”. ¡Dios!

   La llovizna parece una tenue cortina, menuda pero persistente, por ello no podría culpársele si no le hubiera visto. Pero lo hizo y se detuvo en seco con la boca abierta una vez entendió lo que era. Bajo esa lluvia fina, visible a la luz de dos potentes reflectores que cubren toda el área, alguien corre como un quarterback zigzagueante sobre la cancha de futbol solitaria… Una botella en una mano, cayendo de lado la figura, rodando sobre sí y quedando de espaldas sobre el concreto, quieto, la mano todavía sobre el cuello corto de la botella, hasta que finalmente los dedos sueltan y esta cae. Quedando allí, tendido bajo la lluvia y ese cielo oscuro. Tan solo.

   ¡Jensen!

   -¡Jensen! ¡Jensen! ¿Qué haces, maldito borracho? –se mueve maquinalmente. Más tarde, tal vez, se avergonzaría de responder así, pero en ese momento no lo piensa siquiera.

   Apaga el auto y baja en medio de la llovizna fría rumbo a la cancha, corriendo y subiéndose el cuello de la chaqueta. Entra en la pista y se detiene, alcanzado de pronto por toda la realidad. El rubio no está inconsciente, está echado de espaldas y sonríe leve, no es una mueca alegre, mirando al cielo mientras el agua corre por todo su cuerpo.

   -Jared… -le reconoce sin mirarle.- Aquí jugamos contra los alces cuando terminaba la secundaria. –y ríe, cascado.- Dios, qué paliza estaban dándonos. Estaba lesionado, ¿lo recuerdas? Por el accidente con la moto de donde caímos Tom Welling y yo, y todo porque confié en ese idiota… -traga, alcanzado del ayer, perdido en su recuerdos, uno que seguramente ha repetido varias veces esa noche pero que ahora tiene como perfecto marco ese lugar, testigo de sus viejos e idos días de glorias.- Me dolía la pierna, Jared, pero corrí como si me persiguiera el diablo, todos gritando mi nombre, “¡Jensen! ¡Jensen!”, esperando que los guiara a la victoria; no pudieron detenerme y…

   -Lo sé, vi el juego. –informa, embargado de una ternura nostálgica que es incómoda y molesta. Como molesto es verle tirado allí, aunque ahora soporta su mirada escrutadora.- Si, al final fui a verte, aunque… -se encoge de hombros.- Había decidido no ir… Tú sabes… -le desconcierta verle sonreír más, mirando otra vez a la noche oscura sin estrella, la fina lluvia cayendo.

   -Lo siento, fui un idiota… -es la tenue respuesta, una que le cala en los huesos al más alto, su cabello pegándose al cráneo, aunque no le gusta la risotada que luego lanza.- Fui un idiota antes, y lo sigo siendo. Dicen que aún más, ¿cómo es posible? Digo, ¿la estupidez no tiene límites como el Universo?

   -No está comprobado que el Universo… -se detiene.- Jensen, vamos, párate. Volvamos adentro.

   -¡No! No quiero ver a ninguna de esas personas. –jadea con rapidez, sin mirarle, comenzando, insólitamente, a mover brazos y piernas como si hiciera angelitos en la nieve.- Estoy bien, Jared… -va quedándose quieto, todo dándole vueltas alrededor.- Estaré bien, en serio. Regresa tú… -echa la nuca un poco atrás y abre la boca, como si bebiera lluvia, pero más bien parecía ir durmiéndose.

   -¡No puedes quedarte aquí! Pescarás una pulmonía. –decidido se inclina, le toma de un brazo y le hala, despegándole del suelo aunque este gimotea en protesta.- Te llevaré a tu casa. –casi le arrastra hacia el auto, desconcertándole el oírle reír bajo.

   -Tantas citas las he terminado así, aunque eres el primer chico que me lleva… -bien, parecía el día de decir pesadeces de Jensen Ackles, pensó el otro, abriendo la portezuela y arrojándole.

   -¿Cita? Faltó todo lo bueno. –replica y siente deseos de golpearse, congelándose. No quería darle una falsa impresión a Jensen, que pudiera pensar que todavía quería algo de él. Pero este, recostándose del asiento, cerrando los ojos, borracho, parece ya lejano.

   -Siento eso, también.

   -No te duermas aún. Necesito tu dirección.

   -Sigue a las ratas en su camino.

……

   Con tres copitas de más, algo embotado sus sentidos, Tom Welling se las ingenia para escapar de su mujer, quien no se mide a la hora de mostrarle como trofeo. Bien, bastante que luchó para atraparle, ¿no? Pescarle fue todo un record que había que reconocerle. Sale a ese pasillo desierto donde han ocurrido otros tantos encuentros y oye las risitas, una mueca se dibuja en su rostro. ¡Ese Mike!

   Si, allí estaba su calvo amigo, jugueteando con una chica de vestido corto, larga y delgada, que reía cuando las manos de este, cuan pulpo, parecían recorrerle por todos lados.

   -Te vas a casar. –grazna, sobre saltándoles. La mujer, Ashley, se aparta.

   -¿Te vas a casar? –acusa al calvo, sorprendida de su canallada.

   -¿Tú no estás casada? –le recuerda Mike y ella eleve el mentón.

   -Pero eso ya tú lo sabías. Eres un mentiroso. –le remacha y se aleja.

   -Gracias, amigo, por bloquearme. –reclama el calvo, pegándose a la pared, parecía cansado de pronto.

   -Te vas a casar. –repite Tom, como si fuera lo único que tiene en mente, incomodando a Mike, que se endereza y le encara cruzando los brazos.

   -Así es. Ya tengo… mis treinta. Va siendo hora.

   -Pero, Mike… -Tom parece confundido, asustado.- No puedes.

   -Tú te casaste con Genevieve. Y la amas. Llegaste un día y me dijiste eso, “me caso; amo a Genevieve”; no me preguntaste, no sabía que salías con ella. Se casaron y yo… continué allí. –razona, pero hay acusación en su tono.- Ya no quiero seguir así, Tom. Viviendo por ratos. Por días. Por horas. Cuando tienes tiempo. –la relación se había estancado, en algún punto entre el momento que entendieron que se gustaban, se tenían ganas y lo consumaron, al ahora. Sería algo de ratos, sin consecuencias ni complicaciones. No sabían siquiera qué era, pero todo cambiaba.- Me hago viejo. –se encoge de hombros.

   -¿Y yo? –es la pregunta que lleva rato intentando hacerse a sí mismo.

   -Tienes a Genevieve. –le recuerda, intentando regresar al salón pero Tom le corta el paso, ojos llameantes y cachetes rojos.

   -No. No acepto eso. –alza un poco la voz.

   -No es el momento ni el lugar, Welling, pero sabías que la situación se presentaría. Han sido… buenos años. La hemos pasado bien. Tú y yo. –le cuesta decirlo, pero sonríe socarrón.- No los estropeemos con reclamos tontos, con exigencias absurdas, pretendiendo explicaciones. Nunca fue así. No era para que fuera así, ¿lo recuerdas? Siempre lo hablamos. –y le cuesta decirlo porque nota que cada palabra que pronuncia acentúa el pesar y la desolación en el otro rostro, uno que siempre le ha parecido terriblemente atractivo, gentil a veces, travieso también. Igualmente todo un culo.

   -¿Estás… terminándome? –la devastación se asoma, puede contenerla a duras penas, pero está ahí.

   -Tom… cuando te casaste, debimos terminar…

   -¡Tom! –se escucha un grito exigentemente vital y alegre, y Genevieve asoma la cabeza al pasillo.- Van a reeditar el título del rey y la reina del baile; Jensen se fue y nadie ha visto a Danni. ¡Ven acá!

……

   Frío. Mantente frío, se recuerda Jared Padalecki una y otra vez mientras conduce hacia los suburbios con Jensen Ackles adormilado en el asiento de al lado. Sentía frío por la llovizna recibida, pero por dentro era todo una masa de calores extraños. Le mira, ojos cerrados, boca entreabierta, el cabello alzándose ya en puntas por el agua. Tan… adorable. Si, Dios. El rubio era sencillamente adorable. En el pasado era agresivo y sexy, sin camisa dejaba a cualquiera sin aliento; ahora era aún más peligroso porque podía afectar la estabilidad mental y emocional de cualquiera que cometiera el error de dejarse arrastrar por él. No lo sabe, por supuesto, pero algo así temían ciertos padres que habían deseado que el pecoso profesor abandonara la secundaria.

   Finalmente se detienen frente a un edificio estrecho, alto, que ha visto mejores tiempos. La zona tampoco parecía muy segura. Ahí vivía Jensen. La idea era inquietantemente mortificante. Pero, en fin, la gente debía vivir en alguna parte, ¿no es así? Cada hombre y mujer buscaba su camino deseando llegar a ciertas metas, el chiste estaba en el esfuerzo, en la pelea que se daba independientemente de algún resultado momentáneo. Tal vez algunos senderos eran más largos, o uno se perdía por un rato en ellos, pero ese bien podía ser un hogar. Se vuelve hacia el rubio, quien ahora ronca levemente y eso todavía le parece más lindo.

   -Jensen… -llama. Nada.- ¡Jensen! –más fuerte. Sin respuesta.- ¡Despierta, carajo! –le atrapa un hombro y zarandea. Está helado, bajo su mano le siente tiritar, pero es que el rubio llevaba tiempo mojándose cuando le encontró. Le alivia verle parpadear, ojos perdidos, mirándole, volviendo la vista a la calle, abrazándose y temblando un poco.- Estás en casa.

   -¿En casa? –parece confuso, luego sonríe.- En casa, eso es bueno. Gracias, Pitillo. Mierda, qué frío hace, ¿verdad?

   Jared tuerce la boca ante el apodo, pero le sale tan de reflejo y su sonrisa es tan borrachamente agradable que lo deja así. Le ve abrir la portezuela… e irse con ella, cayendo cuando fardo en la calle. Claro, ¡tenía que ser!, se dice, avergonzándole el tener que acallar un gritito y una carcajada. Por suerte ha dejado de llover. Baja, rodea el auto y encuentra a Jensen como debatiéndose entre intentar ponerse de pie o quedarse allí hasta que el mundo dejara de girar en algún momento, como mañana, por la tarde, por ejemplo.

   -Ay, Jensen… aquello de rodar cuesta abajo en la caída… -no quiere decirlo, ni sentir ese alarmado pesar divertido, pero su vena de escritor le pone ideas antes de procesarlas cabalmente.- Vamos… -le ayuda.

   Tendrá que acompañarle, ¿qué queda? Cruzan la pequeña verja y suben los escalones. La puerta metálica está abierta, lo que nunca es bueno en ciertos lugares. No ve ascensores y suspirando, cargando con buena parte del peso de Jensen por la cintura, este afincándose en sus hombros, comienzan a subir las escaleras hacia el segundo piso. A pesar de la hora se topan con una que otra persona. Y le inquieta una joven muy maquillada, que no parecía prostituta sino la desobediente y rebelde hija de alguien, seguramente un pastor protestante, que sonríe y comenta: “ay, profe, qué bueno que siempre cuenta con amigos”. Vaya, las parrandas del rubio parecían muy frecuentes.

   Frente a su puerta, refunfuñado por lo bajo, ojos cerrados, este rebusca sus llaves, unas que le tiene a Jared, quien se vuelve hacia la puerta caoba, no muy buena a decir verdad. Igual a todas en el mal iluminado pasillo, el cual estaba asedado y pintado una y otra vez, intentando mantenerse presentable. Abre, a la llave le cuesta girar, y al volverse bota aire, Jensen rodó y cayó sentado de culo. No sabe si exasperarse o… Ríe por lo bajo, aunque no suena totalmente feliz. Se tiende a ayudarle.

   -Vamos, borracho de mierda. –le hala, le ayuda a estabilizarse en sus pies, entran y enciende la luz. No sabe qué esperaba encontrar, pero no eso.

   El lugar es pequeño pero limpio, acogedor, arreglado. Un viejo y mullido sofá con dos sillones, una mesa de cristal en el centro, notándose un espacio algo deslustrado, donde seguramente Jensen acostumbraba apoyar los pies mientras miraba una televisión de regular tamaño. La habitación muestra de un vistazo la cocina, todo en su sitio, ninguna taza en el lavaplatos. Hay un pañito de cuadros sobre le pequeña mesa para dos, único mobiliario comedor; sobre él, una fuente de cerámica con algunas manzanas. Recuerda que al rubio le encantaban. La verdad esperaba encontrar un nido desarreglado, cosas tiradas o amontonadas. Montones de revistas Playboy junto a muchos botellines de cervezas. Y es allí cuando Jensen regresa a la vida.

   Soltándose de su agarre va hacia un pequeño mueble gabinete, lleno de platos y tazas, abriendo una portezuela y sacando una botella de un whisky que desde lejos parecía exageradamente barato, sirviéndose dos dedos del licor en un grueso vaso que tiene allí. Jared sonríe casi chasqueado, yendo a su lado, interceptando su mano cuando subía llevando el vaso rumbo a su boca.

   -Basta por hoy, ¿no? –el otro refunfuña algo, mirando el piso, la degastada alfombra, temblando nuevamente de manera intensa.- Tienes que cambiarte o te enfermarás. –y diciéndolo lo lleva a una de dos puertas cerradas, un dormitorio pequeño, ocupado casi todo por una cama ancha. Abre la otra y encuentra un baño diminuto. Le mira.- Imagino que no quieres otra ducha. –le arrastra al dormitorio, riendo para sus adentro de lo inconveniente que era aquello.- Debes… quitarte todo eso.

   Jensen, quien parece ido nuevamente, le mira, luego manotea sobre su torso, como costándole encontrar los botones de la camisa. Tiene frío realmente. Jared bota aire y le ayuda, no se la saca, tan sólo ve su torso ancho y pecoso, su abdomen algo abultado. Le ayuda con el cinturón, le empuja un tanto para que caiga sentado de culo en la cama y le ayuda con las botas. Tiene que reír, no puede evitarlos, las medias son oscuras y una tiene un roto bajo el pulgar derecho. Bien, eso era todo, ebrio o no, no pensaba intervenir en nada más por mucho que todo aquello pareciera una escena invitando al porno.

   -Jensen, debes salir de esas ropas… -dudando un segundo va al armario y toma un holgado bermudas y una franela grande con el gastado logo del equipo de la secundaria.- Debes cambiarte, gato montés. –y abandona el dormitorio. Entra al cuarto de baño y se mira al espejo bajo la algo opaca bombilla dentro de la anodina pantalla blanca.- ¿Qué haces, Padalecki? Sabes que no debes estar aquí. –se interroga, con la mano sacude su cabello algo largo, tomando luego una toalla que cuelga de una percha, pasándola por su cabello antes de llevarla a su cara, congelándole. Olía a Jensen. La mira, tela áspera, muy lavada, limpia. Casi la lleva nuevamente a su rostro, sin saber que lo hacía, cuando se oye un feo trueno a lo lejos.

   Sale y por el chico balcón nota que llueve a cantaros, de una manera impresionante. Genial. Mira hacia el dormitorio y regresa después de dudar un segundo. La luz está encendida, oculto bajo las sábanas y un grueso cobertor, Jensen, lateralizado, parece un gusano de seda en su capullo, labios algo pálidos, el cabello también cubierto. ¿Y si se quedaba a pasar la noche? No faltaba mucho para que amaneciera, llovía como en tiempos del Diluvio y estaba cansado. Casi sonríe hasta que repara en toda las ropas en el piso. Camisa, pantalón, calcetines, un enrollado bóxer oscuro… y sobre la cama el bermudas y la franela. Dios, ¡Jensen dormía desnudo! Y con el frío que debía tener.

   Sin pensar más en ello busca en el armario otro cobertor, toma el bermudas y la franela de la cama, saliendo y cerrando bien la puerta después de apagar la luz. En la pequeña sala se cambia, dividido todavía entre quedarse o no. Llovía, si, pero tal vez podría irse. Mientras se cuestiona se echa sobre el mullido sofá, sorprendiéndose gratamente de lo cómodo que es, recostándose y cubriéndose inmediatamente con el cobertor. Mierda, qué frío. Se queda quieto y mira hacia el techo de la habitación ahora en penumbras, sabiendo que lo quisiera o no, mientras cayera en el sueño, regresaría al pasado. A esos años en la secundaría. Cierra los ojos, estremeciéndose otra vez, pero ya no por el frío. Piensa en Jensen en su dormitorio, sobre la ancha cama que parecía tan cómoda, intentando entrar en calor bajo sus mantas. Desnudo. Y recuerda cuánto amó a ese rubio estúpido cuando eran chicos…

   Y parece buena idea retroceder un poco en el tiempo.

……

   Definitivamente la vida era dura en ese secundaria, y no era que Jared Padalecki lo imaginara. El joven, con las ropas nadándole en el flaco cuerpo, alto y anguloso, se ocultaba tras sus cabellos para fingir que no reparaba en los otros, que en cuanto pasaba acercaban sus rostros y decían algo de él, riendo. Dios, ¿y si sufriera de pronto un caso grave de acné como su hermano Jeff? ¡Tendría que arrojarse a un pozo! A uno sin fondo, de ser posible. Se estremeció. Si, era buena idea su mata de cabellos, le permitía continuar como si nada notara, como si no se fijara en nadie. Especialmente en los populares y crueles, y los populares e increíblemente guapos como Jensen Ackles, capitán y estrella del equipo de futbol. Ah, sí, porque fuera de ser alto y terriblemente flaco, también era gay. Nunca había hablado de ello, no abiertamente, ni siquiera con sus amigos, pero sospechaba que ya algunos lo sabían o sospechaban. Y no hablaba sólo de sus amigos.

   Sus amigos…

   Amaba a Sandy McCoy con un doloroso sentimiento donde a veces imaginaba que no era gay y un día se casaría con ella, para que no se quedara solterona esa redonda jovencita alegre, inteligente, reilona, de mente despierta. Pero obesa, hecho que la convirtió muchas veces en blanco de la desagradable Genevieve o la reina de la maldad, Danneel Harris. Estaba Chad Murray, el cegatón a quien arrebataban sus anteojos para usarlos como lupa, o verle dar traspiés. Y Misha Collins, el alegre demente que se subía a la tarima en el centro del patio y leía sus trabajos de redacción, declamándolos. Oh, sí, porque Misha era un juglar que gustaba de la “obra literaria” de Jared Padalecki. También estaba el independiente y realmente arriesgado Chris Colfer, quien todo plumas y ademanes se iba a las piscinas a mirar a los chicos practicando nado, siendo recibido con rechiflas y burlas, pero desapareciendo siempre tras los vestuarios, con alguno de ellos que miraba en todas direcciones, temeroso de ser visto pero ya caliente imaginando lo que el amanerado rubio le haría con esa boca siempre golosa que atrapaba sus miembros sobre los bañadores, casi enloqueciéndoles, para luego sorberles la vida en vivo y en directo. Pocos, fuera de los trabajados de punta a pelos, sabían aquello. Jared sí, más de una vez le vio salir acariciándose las mandíbulas adoloridas por todo el trabajo realizado, notando como se escabullían, a sus espaldas, uno o dos chicos, porque así de loco era Chris. Quien, por cierto, si le sabía gay.

   ¿Cómo fue que la vida de Jared Padalecki daría tal viraje que parecería haber caído en una dimensión paralela? Se pondría decir que todo comenzó, la colisión de los mundos, cuando Misha le arrebató un ensayo sobre la ex Unión Soviética, y montándose sobre un asiento en la cafetería comenzó a declamar llamando la atención de muchos.

   -¿Quién envenenó a Kírov? Pareció que toda Rusia se implicó. ¡Cómo mataron gente por cuenta de Kírov! ¿Cayeron cientos o miles?, por las purgas secretas se me hace imposible decirles. Eso sí, cayeron a la izquierda y a la derecha, todos, en la Unión Soviética. –y por ahí se fue, para vergüenza feliz de Jared, quien sonrió al escuchar los tibios aplausos sinceros al final cuando el loco moreno de ojos azules terminaba, inclinándose y saludando a la “multitud”.

   Fue cuando reparó en Jensen, quien había escuchado todo, pintada en su rostro una leve mueca de sorpresa y fascinación. ¿Podría alguien culparle de enrojecer hasta la raíz del cabello, sintiéndose dulcemente alterado? Sabía que su reacción era idiota; que sólo un chico tonto, un gran perdedor, podría enamorarse del joven más guapo de la escuela, quien tenía a todas a su alcance. Pero si, él era ese perdedor. Recuperando su cuaderno de manos de Misha, se alejó.

   -¡Oye! ¡Espera! –le pareció escuchar a sus espaldas pero continuó. Iba tarde a la clase de Física.- ¡Palillo! –escuchar el odiado apodo le detuvo en seco, molesto, volviéndose para replicar pero quedando congelado. Era Jensen.

-No me llames así. –fue la débil frase que pudo hilvanar.

   -Lo siento, tu apellido es… -sonrió sin parecer para nada apenado, tan sólo se veía más sexy, enrojeciendo en ese momento, viéndose algo acalorado.- Oye, tengo que presentar una composición para recuperar notas en Literatura, pero soy fatal para eso, a diferencia de ti no tengo ningún talento para la narrativa… -sonrió más, lanzándole todo su devastador encanto.- ¿Podrías ayudarme?

……

DIANA URIBE

   El señalamiento sobre Kírov, vino de una idea expresada por esa extraordinaria historiadora colombiana, Diana Uribe.

CONTINÚA … 6

Julio César.

REGRESO A CLASES… 4

noviembre 24, 2014

REGRESO A CLASES                         … 3

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Con manos temblorosas por el profundo enojo que siente, Chad Murray enciende un cigarrillo en ese pasillo solitario.

   -Es un delito federal fumar bajo techo en un colegio. –oye la voz a sus espaldas.

   -Vete a la mierda. –es la seca réplica, sin volverse. No es obedecido.- Que te vayas, no quiero verte ni hablarte, Paul. –el otro hombre se apoya contra la baranda, de espalda, mirando al rubio enojado.

   -¿No quieres verme? –hay cierta sorna en sus palabras, y luego de mirar hacia la puerta al salón, y en ambos sentidos del pasillo, baja un poco el rostro y la voz.- No era eso lo que decías cuando me buscabas para chupármela… Chad. –dice con aire ligero, como un comentario cualquiera de algo que pasó hace años, pero sabiendo que ya el elefante estaba en el pasillo.

   Ahora tendrían que hablar.

……

   -Señor Ackles… -Jeffrey Dean Morgan, rostro grave, saluda al ya algo tomado profesor.

   -Director… -es la réplica, algo estrangulada. Lleva dos días evadiéndole.

   -Tenemos que hablar.

   -¿Aquí? ¿Ahora?

   -No puedo seguir esperando a que responda mis llamadas… Vamos a cerrar el programa de voleibol femenino… Lo siento, pero la escuela prescindirá de sus servicios.

   ¡Le estaba echando!

   A Jensen todo le da vueltas y siente nauseas, unas contra las que tiene que luchar.

   -¿Me está echando de la escuela?

   -Oh, vamos, Ackles, no finja que le sorprende. Me estuvo evitando durante días por ello. Sabía que en cuanto le viera…

   -¡No puede hacerlo! No puede despedirme porque no le agrade. ¡El colegio no le pertenece! Pero, claro, muere el señor Beaver y… –grazna, alzando algo la voz, indiferente a uno que otro rostro que se vuelve con una mueca de “¡oh, Dios, Jensen otra vez!”. El director Morgan si se tensa.

   -Baje la voz y no de un espectáculo, no le conviene. –es seco, tono que le sirve a todo director de escuela.- No le estoy despidiendo yo. La junta no le quiere aquí. Algo que supongo ya sospechaba. Y si, le contratamos por el entrenador Beaver, pero eso también lo sabía ya, ¿verdad? –suena molesto. Fue una disputa con el viejo profesor, un hombre duro y seco que tomaba sus decisiones sin importarle nadie más. Demasiado institucionalizado para intentarse algo en su contra.

   -¿Qué tienen contra mí? –se ve abatido, casi con un puchero, y el profesor Morgan intuye que ese hombre podía ser peligroso para la estabilidad emocional de cualquiera… que padeciera de complejos maternales, categoría donde caían mujeres y muchos hombres también.

   -Todo esto se lo buscó usted, profesor Ackles. Y no sé si llamarle así. Nunca se sintió parte del cuerpo docente. Para nadie es un secreto que hace esto obligado por las circunstancia. Nunca le ha gustado. Y a la junta no le agrada que usted tome tanto. Sí, todos lo sabíamos. Ni… -toma aire y baja más la voz.- Sé que no es su culpa, pero a algunos padres les preocupan las fantasías que muchas de las alumnas se han hecho con usted, y que su aire de patético perdedor no hacen sino incrementar. Es como con los cachorros a los cuales les falta una pata, siempre logran…

   -¡Patético perdedor! –la ira va dominándole, pero se contiene. Estaba perdiéndolo todo. Otra vez. No, no podía permitirse el lujo de ser echado.- Profesor Morgan, por favor, si pudiera…

   -Lo siento, Jensen… -ahora es menos duro.- La decisión no ha sido mía, aunque no la veté. –le aclara.

   -¡No pueden hacerme esto! No les dejaré hacerme esto.

   -Puede hacer la lucha. Apele la decisión, si quiere. Está en su derecho. –da un paso atrás, deseando alejarse cuanto antes del guapo y fracasado hombre.- Y un consejo, cuando enfrente al consejo… intente no oler a whisky. Esas interpelaciones son delicadas. –y se aleja.

   Jensen Ackles siente que se muere. Estaba desempleado. El entrenador apenas moría y ya…

   -¿Y esa cara, Ackles, se acabó el licor? –pregunta un sujeto, medio tomado y bromista, acercándose en el peor momento. El rubio se vuelve con rostro pétreo, le atrapa las solapas del saco abierto y lo agita.- ¡Hey! –parece alarmado.

   -Mira, hijo de puta… -comienza, necesitando dejar salir toda su rabia, pero justo en esos momentos su mirada es atrapada por la de Danneel, estremeciéndose.- ¡Idiota! –le ruge al tipo, soltándole y volviéndose hacia una mesa.

   -¡Hey, no! –chilla alguien, pero el rubio toma una botella de tequila y se dirige a la salida.- ¡Esa la pagué con mi dinero!

   Desde el centro del salón, Danneel Harris lo vio todo y da pasos en su dirección. Obviamente no sabe qué ocurrió, pero conoce la cara de la derrota en aquel hombre a quien tanto quiso una vez.

   -¡Danni! –una voz aguda, falsamente jovial, estalla cerca. Y la pelirroja cierra los ojos elocuentemente, y así se ve atrapada por Genoveva Cortese, su guapo y sonriente marido, y sus amigos.

   Otro que mira salir a Jensen, es Jared, el cual no presenció lo primero. Sólo le ve botella en mano, decirle algo a una chica camino a la salida del salón y abandonarlo siendo seguido por ella. El castaño traga. Maldito idiota.

……

   Todo era tan gay, lo pensó antes y ahora aún más, al reunirse, como en chiché, en aquellos vestuarios después de la ducha de la mayoría de los chicos. Cuando todos salían era que se animaba a entrar, dejar sus gruesas gafas y tomar un rápido baño, apartado de los que tanto le molestaban. Realmente fue allí donde todo comenzó también. En ese lugar, mientras afuera se escuchaban risas, gente corriendo, compañeros de estudios que iban y venían, de rodillas, delgado y rojizo, un totalmente desnudo Chad Michael Murray buceaba con su boca entre las piernas de aquel chico un año mayor, pero que parecía aún más, por sus muslos musculosos y piernas velludas. La lluvia de la ducha les bañaba, y Paul Telfer gemía contra la pared de baldosa, gozando increíblemente de aquella mamada que el compañerito de clases le daba en la soledad de los baños. A veces una voz se escuchaba más cerca y Chad, temeroso de ser pillado en aquellas circunstancias, deseaba detenerse.

   -Alguien viene. –graznaba, mirándole desde su posición.

   -No es nadie. –siempre le respondía el otro, la verga temblándole de pura emoción y ansiedad, alto, joven y bello como todo atleta escolar, atrapándole la amarillenta nuca de cabellos aplastados contra el cráneo, obligándole a regresar, a cubrir con su boca el palpitante instrumento, e ir y venir otra vez sobre la imposiblemente dura y rojiza lanza de carne, llena de ganas.

   Y Paul cerraba los ojos, nuca contra las baldosas, el agua bañándole, entrando en su boca cuando temblaba todo de emoción erótica, los labios de Chad sobre su pubis, ordeñándole con la garganta. Era cuando enloquecía y le embestía la boca, una y otra vez, intentando llevársela más y más hondo en el esófago; no podía contenerse. Parecía nunca agotarse de aquello, nunca saciarse de las mamadas de aquel chico cegatón y torpe, que sin lentes,  sin ropas, se veía mucho mejor. O tal vez era porque se la mamaba. Casi, si, casi sentía afecto por aquel jovenzuelo que adoraba chupársela. Porque a Chad Murray le gustaba tenerla sobre su lengua. Mucho.

   -Cuando me la chupabas parecías… -continúa ahora Paul, sonriendo amistosamente, deseando derribar un muro, congelándosele la mueca cuando Chad Murray vuelve la mirada, dejando de ver hacia el estacionamiento desierto, y hacia el pasado. La apagada música de la reunión tras ellos.

   -¿De verdad quieres hablar de eso, hijo de puta? –le desconcierta. Volviéndose, Paul mira también a la noche.

   -Entonces, ¿de qué hablamos? –suena exasperado.

   -¿Quién dice que quiero hablar contigo? Del pasado. De algo. De lo que sea. –se deja sentir la rabia. Paul traga, mirándole otra vez.

   -No lo entiendo, respondiste a la invitación que te envié, ¿no era para… hablar? Creí que deseabas que… -enrojece.- …Arregláramos el pasado.

   -¿Qué coño quieres, Telfer? En verdad, dímelo. No voy a reír contigo recordando… -se atraganta, enrojece y mira en todas direcciones; no, coño, no lo dirá, no hablaran de toda la leche suya que tragó. La idea le hace arder la cara con rabia.- Lo que pasó, pasó. -se le medio vuelve.- Las mamadas repartidas en noches de verano, terminaron, como la secundaría. Punto. Vine a eso, a decírtelo. No quiero recibir otra invitación tuya para… nada.

   Paul va a responder, pero tras ellos alguien sale del salón y se aleja a paso rápido, llevando una botella en la mano.

   -Me siento mal. Siempre me sentí así, mal, por como terminó todo.

   -¿Te sentiste mal? No entiendo por qué. ¿Acaso por tratarme como basura?

   -Chad, no podía hacer otra cosa; mi papá te vio…

   -¡Lo sé! Sé lo que pasó, yo estaba ahí, ¿lo recuerdas? –y por un segundo la vergüenza del momento les alcanza otra vez.- Entiendo esa parte, pero no que luego me hicieras sentir como un sucio enfermo. ¡No era un sucio y ocioso marica degenerado persiguiendo al niñito bueno del señor Telfer! ¿Acaso no estábamos enredados en esa mierda los dos? Bien, pasó. Teníamos quince y dieciséis años, las hormonas estaban a millón, ver unas tetas o unas pantaletas a una chica mal sentada nos volvía loco. Queríamos tocarnos, y si otro nos tocaba… Curiosidad, experimentar… Todo eso ocurre y lo entiendo. Pero tú me hiciste sentir de lo peor.

   -No supe manejarlo, ¿okay? –se defiende.- Me… alterabas y… -calla bruscamente, y algo alarmado, cuando Chad se vuelve y le encara con rápidos movimientos, hundiéndole un dedo en el pecho.

   -Ah, no, amiguito, eso no. Fuiste tú quien me buscó siempre. Recuerdo bien esa tarde tras la cafetería cuando llegaste y tomándome por sorpresa…

   -Lo recuerdo. –replica rápido, para silenciarle.- Chad, lamento si te herí. Quiero que me perdones, arreglarlo todo, que seamos amigos y…

   -No me interesa qué quieras, hijo de puta. Y no es solamente por la manera de tratarme, o que tu papá llamara al mío y… -otro recuerdo que aleja, ocasión salvada por su certera y descarada forma de mentir y negar todo.- Lo que realmente me molesta, Telfer, es que nunca cumpliste con tu parte. Me estafaste, así que metete tus disculpas por el culo. –y con violencia regresa al salón de fiestas.

   -Chad… -llama pero el otro no se detiene.

   Paul siente ira, pero también desaliento. No, no se portó bien, pero ¿cómo reparas algo, resarces una ofensa, si ni siquiera te quieren oír?

   No cumplió con su parte.

……

   Jared vio regresar a Chad al salón, y notó que parecía descompuesto, como dominado por una gran furia; aunque intentó disimularla y dejarlo ir. Sophi también reparó en ello. Por otra parte, a Sandy parecían no cansarse de hacerle bromas por el gafete; lo veían, tocaban y reían. La joven componía una gran sonrisa, pero no parecía real. No la pasaba bien, aunque intentaba disimularlo. Y eso que Mark Salling, ese hombre que se decía su novio, estaba allí, a su lado, apoyándola y soltando uno que otro comentario contra los “bromistas”. La verdad es que para el castaño, la fiesta había decaído totalmente. Y eso no tenía nada que ver con la salida del necio de Jensen Ackles, se dice con terquedad. Después de todo, aunque quiso ser educado y amistoso con el pecoso rubio, no vino buscando un acercamiento.

   ¡Joder!

   Se vuelve de espaldas rápidamente, mirando por un ventanal, cuando se acerca Genevieve Cortese, una de las bellas y exóticas de la escuela. Una joven a la que detestaba de manera particular. Repara, de paso, que por alguna razón la menuda pero curvilínea morena perseguía a Danneel Harris.

   -No puedes estar molesta todavía. –apunta, exasperada, Genevieve. Oh, Dios, esa frase debía ser el estribillo de la noche, pensó el castaño sin volverse.

   -Estoy bien, ¿okay? –es la seca respuesta. La pelirroja estaba hartándose de ser paciente con la otra.

   -Lo que hice fue… sin querer.

   -Es cierto, Danni, me consta. Estuvo muy mortificada por todo ese asunto. –intercala con voz profunda, Tom Welling, el enorme y muy guapo esposo de la menuda morena. Intrigado a pesar de sí, Jared les escucha.

   -¿Te consta? Ay, Thomas, por favor. –es la réplica de la pelirroja.- Cuando tu mujercita le dijo a Jensen que ese trabajo para modelar ropa se lo consiguió “el hombre con quien se acuesta ahora Danni”, como le dijo, no fue un error. No hablaba sin querer cuando le dijo que debía agradecerme el tenerle pena. O la oportunidad que le brindaba mi “nuevo amante”. –se oye severa.

   -No fue con mala intención, ¡te lo juro! Sólo se presentó en la conversación. –Genevieve abre mucho los ojos.- Y todo lo que dije era cierto. Pero no te juzgo por liarte con ese hermoso hombre; después del accidente, Jensen se comportaba como un idiota; Eric Bana era tan encantador que no podías dejar de… Y él le ofreció el trabajo por petición tuya, ¿no? A Jensen no le gustó, pero, oye, no era yo quien salía con otro y le pedía que ayudara a mi amante anterior. –Jared se medio vuelve, sorprendido y molesto. ¿Cómo esa pequeña duende maligna podía…?

   -Eres tan… -comienza Danneel, pero un gemido feliz de Tom la silencia.

   -¡Mike, hijo de perra, al fin llegas! –el castaño se vuelve justo para presenciar el acercamiento de Michael Rosenbaum, otro del grupito de los populares, siendo rodeado de hombros por Tom, el cual le palmea con fuerza la espalda también.

   -Lo bueno se hace esperar, perras.

   -Y tú. –apunta Danneel, con ese tono de cariño sereno que reaparece, abrazándole suave.

  -Mike. –es el seco saludo de Genevieve, quien siempre ha culpado a Mike de arrastrar a escandalosas parrandas a su marido.

   -Genevieve. –este corresponde igual, y todos adivinan que siempre ha creído un error de su amigo el casarse con ella.

   -Supe la noticia. –sonríe Danneel, y como Jared lleva rato mirando con disimulo, ve el enrojecer de cara de Mike.

   -¿Cómo lo haces?

   -Tengo mis informantes… -sonríe la pelirroja.

   -¿Ocurre algo? –Tom se ve confuso, todavía rodeándole los hombros. Mike le mira un segundo.

   -Voy a casarme. –anuncia.- Este fin de semana, aprovechando que todos están aquí. Con kristin.

   -¿Con Kristin Kreuk? Creí que era lesbiana. –apunta Genevieve.

   -Tú debes saberlo. –ríe Mike, venenoso.- Ella me contó de ese juego con la botella. –hay risitas cuando la morena enrojece, visiblemente molesta.

   Pero pronto es olvidado, la noticia causa sensación en el grupo, aún a Genevieve, debe reconocer, quien espera que una vez casado, la mujer le impedirá al hombrecito venenoso parrandear tanto. Todos felicitan a Mike y preguntan mil cosas. Todos excepto Tom, quien le soltó, dio un paso atrás y le mira con la boca abierta.

   -¿Te casas? –no le había dicho nada.- ¿Este fin de semana? ¿Por qué?

   -Llevo prisa, ¿la has visto últimamente? –intenta una broma, que no cuaja por la cara desconcertada de Tom, así que se encoge de hombros.- No lo sé, venir cada dos años y verles emparejados, contando lo felices que son, y yo yendo de un lado a otro, solo, me hizo sentir… vacío. –anuncia, y Jared lo entiende, de pronto sintiéndose igual. Tampoco él tenía a alguien.

   -¿Pero así? Cuando te dije que Genevieve y yo…

   -Oh, por Dios, Tom, deja de molestar. Seguro eres el padrino. –le corta su mujer.

   -Así es… tienes cuatro días para resolverlo todo. Dentro de cuatro días tendrás que entregarme en el altar. –le dice Mike, abriendo mucho los ojos con una mueca libidinosa y sátira.- Quiero una épica despedida de solteros. Como cuando se casó Adler, que terminó desnudo con una estrella tatuada en una nalga en el loving del hotel en Las Vegas. Bueno, no quiero una estrella en el culo; aunque me han dicho que el mío vale al menos tres, o tres y media, pero, ¿la verdad?… siempre me he sentido subvalorado.

   Jared no quiere escuchar más y se aleja. No quiere saber de planes matrimoniales. Ni de gente que mira hacia el futuro. Joder, ese viajecito estaba resultando de lo más pesado.

……

   Nunca entenderá por qué Chad y Sandy insistieron en quedarse un poco más. O venir, en primer lugar. Ya estaba cansado de todo, y de todos. Incluido Jensen Ackles. Aunque el último dato, saber que cuando todo hacía agua en su relación con Danneel, esta intentó ayudarle después del accidente, siendo bloqueada la iniciativa por Genevieve Cortese de una manera que debió ser humillante y devastadora para el rubio, le enfermó. ¡Qué gente! Se sintió totalmente desconectado otra vez de ese mundo. Y no sentía deseos de conectar. No valía la pena.

   Llega a los estacionamientos vacios donde dejó el auto alquilado y se estremece. Era una rara noche fría de lloviznas en Texas, ¿cómo podía bajar así la temperatura en ese desierto olvidado de Dios? Se medio arropa más en la chaqueta y abre la portezuela, enciende el motor y escucha una vieja melodía de los años treinta, había dejado la radio encendida. De manera automática casi cambia la señal pero escuchar esa tonada con trompetas y voces ronca cantando que mañana puede intentarlo otra vez, el ser feliz, le hizo quedarse allí un rato. Qué coño, no es infeliz. Tal vez su paso por la secundaria no fue la grata experiencia que debió ser, ni fueron gratificantes las miradas de su padre al saberle gay (no pareció feliz aunque no le despreció por ello); pero todo lo demás ha estado bien. Ha tenido éxito en su trabajo, es reconocido, quiso decir algo y el mensaje llegó. Tal vez le faltaran más aventuras románticas (o sexo, como decía Chad), tal vez le habría gustado ser un amigo real y cercano de Jensen Ackles, pero su vida no carecía de grandes momentos. Joder, era feliz. Tal vez no totalmente pero…

   ¡Mierda!, se dice cambiando la estación donde una nueva tonada hablaba de la fiesta del sábado por la noche en el granero del tío Ed, momento cuando el chico, casi un adolecente, le dirá a ella cuánto la ama. Debía ser grato, piensa dejándose atrapar por la insatisfacción, llegar y encontrar a alguien en casa, gritar que ya estás ahí y te respondan “estoy en la cocina, ¡hay café!”, donde olería una buena chuleta de cerdo (si, es gay, pero también un carnívoro texano). O caer sentado en la cama y ser abrazado desde atrás, con cariño y ternura, una voz en tu oído diciendo “te extrañé mucho”. ¡Dios!

   La llovizna parece una tenue cortina, menuda pero persistente, por ello no podría culpársele si no le hubiera visto. Pero lo hizo y se detuvo en seco con la boca abierta una vez entendió lo que era. Bajo esa lluvia fina, visible a la luz de dos potentes reflectores que cubren toda el área, alguien corre como un quarterback zigzagueante sobre la cancha de futbol solitaria… Una botella en una mano, cayendo de lado la figura, rodando sobre sí y quedando de espaldas sobre el concreto, quieto, la mano todavía sobre el cuello corto de la botella, hasta que finalmente los dedos sueltan y esta cae. Quedando allí, tendido bajo la lluvia y ese cielo oscuro. Tan solo.

   ¡Jensen!

CONTINÚA … 5

Julio César.


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