Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

SUPERNATURAL, VIENE LA DECIMA TEMPORADA

julio 6, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

   …Aunque parecía que la Muerte llegaría antes.

TRIO SUPERNATURAL

   Cómo me gusta esta canción. Cuando vi ese episodio de la quinta temporada, por la red, traducían la letra. Lamentablemente en el DVD oficial, no. Siempre me lo he preguntado, ¿la compusieron para esta escena en particular, o ya existía la tonada? Una escena que quedó perfecta. La letra, el aire funesto de peligro sobre Chicago, el majestuoso y pálido señor de la Muerte, el hombre que le tropieza calendo luego. El programa nos tiene acostumbrado a eso. Y ahora, después de su novena y más errática temporada (a través, y por culpa, del Canal Warner), se anuncia la decima, la que puede ser la última. Casi con toda seguridad. Y aunque mucha gente cree que va siendo hora, soy de los fans que sufriré cuando ya no esté, no sólo por la serie en sí, también por Sam y Dean, los reales. Muchos buenos actores han desaparecido así, Peta Wilson, Lucy Lawless, Sarah Michelle Gellar, Gillian Anderson, los amigos de Friends, y no quisiera eso para Jared Padalecki, Jensen Ackles y Misha Collins.

   No he terminado de ver la novena temporada, el portal donde lo seguía enloqueció y la verdad es que no he tenido tiempo ni paciencia para buscar otro, uno donde no tenga que descargar algo, cosa que nunca hago. He sufrido muchos ataques virales ya. Y después de la falta de respeto de la Warner de darle un vil mateo a la octava temporada, colocan la novena casi a la una de la madrugada, hora de Venezuela. Soy fan, pero ni yo hago eso, trabajo en las mañanas. Y grabarla no lo hago, siempre pasa algo y no puedo verlo. De la novena temporada, el último que vi fue sobre las criaturas aquellas que se alimentaban de grasa corporal, desde entonces evitaba a todos los amigos que si la seguían. Pero no pude evitar escuchar tres cosas: la reacción de Sam al final cuando Dean corre peligro (lo sospechábamos, ¿no?, pero no quiero hablar de ello aún), que saldrá una serie hermana con criaturas sobrenaturales… y que Dean ahora es un demonio. ¡Cómo me habría gustado verlo! No sé todavía cómo pasó porque no dejo que me lo cuenten, pero qué giro para el final.

   Dicen que para esta décima temporada, tanto Castiel como Crowley serán regulares, es de imaginar que aparecerán en los créditos. Bien, me han prestado una copia infame de la temporada, la veré y estaremos pendientes.

JENSEN ACKLES, DEAN EN DARK ANGEL

Julio César.

NOTA: Me gustan muchos estos videos de Youtube, pero ni idea de cuánto espacio ocupan.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 6

junio 30, 2014

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 5

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   Jared despierta en su cama casi con brusquedad, sentándose de golpe, su pecho subiendo y bajando rápidamente, aún con los calcetines de lana puestos, así como su holgado bóxer de cuadritos… el cual muestra su erección. No era raro que despertara con una, le ocurría así casi diariamente desde los quince años, pero ahora…

   Se deja caer de espaldas llevándose las manos al cabello. Jensen. lo recuerdos vuelven y realmente ceñudo mira el techo cómo si pudiera encontrar una respuesta a toda esa situación tan confusa. ¡Le había besado la noche anterior! Él había besado a otro chico… y le había gustado. No, le había encantado. No sabe qué le llevó a ello, pero sentir el cuerpo del rubio, rozar sus labios, probar su saliva, su aliento… Gime ruidosamente, cerrando los ojos, casi sintiéndose culpable de tenerla ahora más dura. No podía engañarse, tener a Jensen así había sido embriagador, extraño y excitante. Trabar sus lenguas fue casi tan caliente como cuando cayó sobre él, y sus erecciones se frotaron (y el recuerdo le hace palpitar), pero él no besaba tíos. No le gustaban. No de esa manera. No era gay, ¿verdad? Una vez alejado el rubio, se sintió extraño, algo culpable y preocupado. Había actuado mal. Pero con el pasar de las horas de la noche…

   Y el sueño. Cierra los ojos, respirando con rapidez, superficialmente, estaban besándose otra vez, Jensen sobre la grama, sus rojos labios abiertos y él cubriéndolos totalmente, metiendo con ansiedad su lengua que recorría las interioridades del otro, sorbiendo, chupándolo todo, atrapándole la lengua y halándosela hasta llevarla a su boca, rayándola con sus dientes. Y durante todo ese rato, el rubio luchaba por meter una mano, atrapando sobre el jeans su miembro erecto, caliente y palpitante, casi haciéndole gemir. Ese puño apretaba y apretaba, se sentía increíblemente bien cuando iba y venía sobre él. El sueño había sido…

   El toque a la puerta va seguido de la entrada algo aparatosa a su cuarto de Chad, por lo que apenas tiene tiempo de sacar la mano de su bóxer y cubrirse la evidente erección.

   -¡Oh mierda! –graznan los dos a un tiempo. Como suele hacerse en situaciones parecidas.

   -Joder, ¿ya no te mides? ¿Una paja en la mañana sabiendo que pasaría por ti? Ya estoy cansado de verte haciendo tus cochinadas. –gruñe Chad, mientras Jared toma más de la sábana, cubriéndose mejor.

   -¿Por qué coño entras así en mi cuarto? ¡Tuviste suerte de no encontrarme rascándome el culo! Y no hables de las pajas mañaneras, puedo recordarte las tres veces que…

   -¡Es historia vieja! La puerta de mi cuarto no tiene seguro. Mamá no me deja. Teme que me drogue.  –le silencia, mirándole molesto. Realmente molesto.-  ¿Fue por eso? ¿Es mi culpa?

   -¿Qué? –no le entiende, pero le mira mientras se rueda sobre el colchón y queda sentado, un joven y bronceado dios desnudo.

   -¿Te volviste marica por haberme pillado masturbándome esas veces? Coño, sé que la tengo bonita, pero…

   -¡Chad! –tras él, en el pasillo, Sherri Padalecki le mira impresionada.- ¿De qué estás hablando?

   ¡Joder!, pensaron a un tiempo los dos chicos.

    -Eh, yo… nada, señora P. –enrojece hasta la raíz del cabello.

   -No es nada, mamá. Chad siempre habla así, como si tuviera daño cerebral; tiene la boca conectada a su cu… -Jared calla bruscamente cuando su madre le mira más alarmada.

   -¡Jared Tristan, qué lenguaje! Y también tú, Chad. ¿Es lo que aprendes en tu casa? Voy a tener que hablar con tu madre, siempre la encuentro en la iglesia. –amenaza y le complace ver que el amigo de su hijo se encoge.- Y eso no explica por qué le decías a Jared…

   -Son las drogas, mamá. Su madre le tiene prohibido cerrar la puerta de su cuarto.

   -¡Es mentira! –se acalora y defiende el rubio, ante el desconcierto de la buena mujer. Jared, cubriéndose con la manta, la mira.

   -Pregúntale a su mamá, en la iglesia.

   -¡Fue un mal entendido!

   -Bien, está bien, no creo que tú… -la mujer comienza, incómoda, retirándose.- Los dejo; Jared, el desayuno espera. ¡No vayan a cerrar la puerta! Y el detector de humo está conectado.

   -¡Mierda, ahora tu mamá me cree un mariguanero! –se queja Chad, realmente molesto, cerrando la puerta a sus espalda de una patada.

   -Te lo mereces por bocón. –sentencia Jared, y por un momento los dos quedan silenciosos, sin mirarse; el enorme elefante rosa rodando los ojos, alzando la trompa, lanzando alaridos y ellos sin querer encararle. Finalmente el castaño toma aire.- ¿Y entonces?

   -¿Entonces? ¿Qué, ahora eres marica? –Chad se detiene, parece dominado por una ira, un resentimiento interno que no sabe cómo procesar.- ¿Qué coño pasa, Jared? Me aparto un segundo y te encuentro besándote con el marica ese, revocándote como si los dos fueran… una pareja de maricas. ¿Tú, con ese marica?

   -Ya, deja la palabrita, ¿no?

   -¿Acaso te molesta la chapita?

   -No me gusta que seas tan despectivo para con Jensen. Eso de… “el marica ese”, es ofensivo. El marica ese tiene nombre, Chad, es Jensen… -le mira, sin enfrentamiento, alzando el torso y tomando aire.- …Y me agrada. Mucho.

   Por un segundo Chad no puede procesarlo, ¿qué coño pasaba allí? ¡Drogas! Joder, Jared debía estar consumiéndolas y…

   -¿Que pasa contigo, amigo? Tú no… Joder, te acuestas con chicas. Te gustan. Te vuelven loco. Taylor te hacía hacer cosas idiotas como ir a clubes de lectura, ¡y lo hacías por la promesa de meterte en sus bragas!

   -Chad…

   -Te conozco bien, Jared. Eres mi amigo de siempre, mi compinche del alma. Y así como nos conocemos, nos hemos contado todo. Siempre. Desde el jardín de infancia. Nos hemos contado cosas que luego pretendemos no recordar, miedos, pesadillas, incordios… -como una pequeña etapa de comer mocos de uno de ellos, el otro chuparse el dedo hasta cierta edad, o mojar una cama una noche de pesadillas.- No teníamos secretos, vivíamos de caras al viento… ¿y ahora me sales con esto? ¡No puedes decirme ahora que te gustan las bolas! ¿Quién eres tú, en este momento? –termina, acalorado, y se miran a los ojos, uno demandando y alarmado, el otro sorprendido y algo dolido.

   -Hola, me llamo Jared… Jared Padalecki… -le tiende una mano el castaño, una que Chad no toma ni entiende por qué la extiende.- Soy el mismo tipo de ayer, el de antier, el de hace un año. El de hace doce o trece años atrás. Soy Jared, amigo de Chad desde el jardín de infancia, cuando nos encantaba escuchar a la señorita Geller leernos cuantos como La Isla del Tesoro, morder los lápices de colores para ver nuestros dientes manchados, subir al manzano frente a la dirección, más por subir y asustar a todos que por las manzanas. Soy el Jared que te escuchaba con desconfianza y atención cuando me explicabas lo que tu hermano te dijo de la masturbación, el que peleó contigo por aquella revista de Jeff, la de chicas en pantaletas. –se pone de pie, mano todavía alzada, presintiendo que se jugaba algo muy importante, pero tenía que hacerlo, despejar la menor duda sobre lo que les unía, saber sí era algo tan valioso como siempre lo creyó, y sospechaba todavía.- Soy tu amigo de siempre, más que eso, eres mi hermano; te quiero creo que más que a Jeff. – su voz baja mucho.- Chad, sigo siendo yo. ¿Qué, ya no me consideras como tal?

   -Coño, claro que eres mi amigo, pero… -no sabe cómo explicarse, cómo pedir explicaciones, pero le aprieta la mano, una que queda unida unos segundos. Sin embargo no todo está claro. No sabe por qué, pero se siente estafado de alguna manera; dividido entre continuar molesto y temeroso de que sus sentimientos sean puestos en duda.- No entiendo, no entiendo qué pasa contigo…

   -Bienvenido al club. Me gustan las chicas, eso lo sabes, y yo también lo sé. ¿Me han atraído alguna vez los chicos? Debo confesarte que una vez me dejé tocar… por alguien. –admite con una mueca.

   -Monroe, el hijo de la profesora de Bilogía, tocó a todos al menos una vez, en gimnasia, sobre las colchonetas cuando todos los demás habían salido. Creo que a Mike le agarró seis veces. Eso pasa. –Chad rueda los ojos.- Y no significa nada.

   -Lo sé. Lo creí también, pero… -se pasea por el cuarto, rascándose la cabeza.- Cuando conocí a Jensen, me pareció una persona tan patética que me conmovió. Tú sabes, toda esa horrible historia familiar, sus fachas, sus juntas con “los maricas de la escuela”… -rota los ojos.- …Lo de la obra fallida. Todo eso me parecía como demasiado, ¿cómo a un chico le pasaban tantas cosas malas? No era justo. Quise… ser amable, un amigo. Deseaba… -baja la mirada.- …Evitarle malos ratos. Protegerle. No sé por qué, o por qué era tan importante, pero así es, Chad. Anoche… para varias, la pasaba mal. Interviene y le vi desinflarse. Se veía tan derrotado que al principio sólo quise abrazarle, acunarle para consolarle… -la mirada se le pierde.- Luego… y sé que te alterará, pero allí, tan cerca, quise probar sus labios. ¿Los has visto? Son rojos como cerezas, gorditos. Y eran dulces, Chad. Había estado llorando y sin embargo sus labios eran dulces. Suaves y dulces. Nunca había pensado eso de unos labios, o durante un beso. Y sentí que todo yo… -abre los brazos.- …Me puse duro y como perro maluco en cuestión de segundos. Quise tocarle, sentirle. Cuando él respondió, fue como, ¡wow!, mil luces estallando y sólo quería…

   -Estabas cachondo, gran cosa. Habías bebido, Taylor y tú estaban mal y…

   -No, Chad. He estado caliente antes. Esto era… como si mil manos recorrieran al mismo tiempo cada parte de mi cuerpo, todo, sin dejar de tocar nada; era como… cuando uno se rasca las bolas con las uñas, que eriza y… Pero era mil veces mejor, Chad. En ese momento quise tocarle la panza, meter mis manos dentro de su pantalón y acariciar sus nalgas, deseaba morder sus tetillas, atrapar su… -se detiene ante la mirada aterrada del otro.- Cuando nuestros miembros chocaron, y él estaba tan duro como yo…

   -No, coño, hasta ahí, ¡no quiero saber más! –estalla Chad, rojo de furor, pero no contra Jared.- ¡Y tápate otra vez! –traga, cierra los ojos y los abre de manera severa.- JT, creo que pensar con la verga no te está conduciendo por el mejor camino, y mira que yo sé de esas cosas. Te calienta el ma… Jensen, y te arrojas, pero no estás viendo todo el panoramas. Sí te enrollas con el marica ese… -le ve la mueca.- ¡Coño, está bien! Con Ackles, la gente lo sabrá. ¡Y no serán tan amables y comprensivos como yo!

   -No puedo pensar en eso ahora, Chad. No lo entiendes y no puedo explicártelo… pero estas ganas… Mierda, pasé toda la noche soñando con Jensen, en cosas que hacíamos que ahora hasta me alarman, pero que me tenían duro y caliente. Y necesito saber… -se turba, no encontrando las palabras. Chad va a su encuentro.

   -Se te puso dura con ese rubio pecoso; algo en él te hizo hervir la sangre, seguramente esos labios de los que hablas que hay que reconocer que parecen muy a propicito para chupar vergas; parada te dolió sabrosito de lo caliente que estabas, y mientras se tocaban, tu verga pensaba en lo grato que sería estar en la mano de Jensen, apretada; o en su boca, toda succionada; o, Dios me libre, entrándole con trabajo en el culo. Y todavía lo tienes en la cabeza. Esa duda, esa imagen, esa necesidad física de saber.

   -Dios, eres tan… -mortificado no sabe si es eso o no. O simplemente eso. Las palabras le hicieron imaginar mil cosas que realmente le atraían y repelían.

   -Okay, no hagamos un drama épico de esto, tú y otro chico… Y esto te lo recomiendo como tu amigo: búscalo, que te la chupe y sácatelo del sistema.

   -¡Chad! –callan, el ambiente es tenso.

     -¿Qué, soy muy crudo? ¿Acaso quieres llevarle al cine y comprarle rosas para luego traerlo y presentárselo a tu papá y tu mamá como tu novio? –demanda saber, luego se detiene, sonriendo.- Oye, si lo haces avísame antes y así llego de casualidad…

   -Idiota. –gruñe, claro que no pensaba hacer todas esas cosas, ¿verdad? Jensen no era una chica…

   -Le dijo el asno al burro. –parece molesto.

   Mucho, y a Jared le parece divertido ver el ceño fruncido del rubio, un chico displicente y algo irresponsable, ahora tan tenso. Por él. Por su vida. Sonríe, y Chad se enfurruña, y ahora no puede dejar de reír, ojos llenos de lágrimas, cayendo sentado sobre la cama. El otro confuso, y algo ofendido.

   -¿Se puede saber qué coño es tan gracioso? Aquí todo me parece raro, pero no divertido.

   -Si pudieras ver tu cara. Anoche en el maizal, hace poco cuando entraste. Ahora. Imagina la que pondrá, y lo que dirá Mike cuando lo sepa.

   -¿Piensas contárselo a la gente? Por Dios, ¿para qué? ¿Acaso te volviste loco? ¡Nadie tiene que saberlo! ¡Yo no quería saberlo! –suena horrorizado, y alarmado.- Guárdatelo para ti, como un sucio secreto, como si fuera una pantaleta que encontraras en el patio y te la llevas a tu cuarto y luego descubrieras que tu madre la perdió. ¡Algo que te llevas a la tumba! –Jared le mira con la boca abierta.

   -Joder, ¿eso te pasó?

   -¡No! –enrojece a muerte.- Pero digo, no tienes que contarlo, ¿verdad? No tienes que andar por ahí hablando de tus sentimientos, eso es horrible y a nadie le gusta. ¿Que eres, una nena? ¿Ya te convertiste en una?

   -Okay… -Jared no responde en concreto, lo medita, casi ve el sentido, que lo tiene, en sus palabras. Pero, insistía una vocecita molesta en su cabeza, si lo de Jensen no se pasaba con una mamada… Mike y Tom debían saberlo también.

   -Intenta resolver tu crisis sexual rápidamente, con el menor daño colateral posible. Que no se entere ni tu cura. Haz… la prueba, la mamada. Digo, no puede ser tan traumarte, ¿no? Una mamada es una mamada. –se encoge de hombros, convencido.- Después puedes olvidarte de todo este asunto.

……

   Ignorando cuantas veces se ha dicho su nombre fuera de aquella casa que una vez perteneció a su familia y donde ahora era casi un extraño (sin contar las referencias directas, es decir los “el marica”), Jensen Ackles intenta aferrarse al sueño, luchando contra la voz que grita su nombre en el pasillo.

   -¡Despierta de una vez, maldito vago! Llegarás tarde a la escuela otra vez y luego me citarán. –el golpe a la puerta es terrible.

   El rubio abre los ojos, quedándose quieto, rodando de espaldas, llevándose una mano a la cabeza. Oye a la mujer tras la puerta quejarse de ese sobrino vago que no quiere servir para nada como no sea avergonzarles, un parasito del que tiene que hacerse cargo porque una prima ligera de cascos se acostó con ese borracho de Alan Ackles… Oyéndole alejarse recitando sobre la cruz que debe cargar, Jensen toma aire, intentando sofocar la rabia hirviente que viene de su panza. Un sabor acre llena su boca. Cuando todo ocurrió, abatido, vio llegar a la prima de su madre, la tía Melly, como se hizo llamar en ese momento, que ocupó la pequeña y vieja casa con su familia, una donde pronto fue el arrimado. Les vio consumirlo todo, venderlo todo, acabar con los ahorros de sus padres. Le despojaron de todo bien. Luego comenzó a ser el vago que se quejaba y protestaba, el sobrino al que tiene que mantener por caridad cristiana aunque no sirve para nada. Ella, sus tres hijos, el marido de esta. Todos eran desagradables y parecían encontrar divertido molestarle.

   A veces se sentía como prisionero, como un sirviente. Era el chico de los mandados, de los oficios desagradables, el que come y viste al último. Todas las mañana lo piensa, terminar con todo. Tomar sus cosas y… Pero ahora no tenía ni talento. No era ninguna maravilla en la escuela, no era bueno para los deportes. Y era una mugre como actor. Pero ¡qué importaba?, se dice poniéndose de pie vistiéndose, saliendo del pequeño refugio, la buhardilla donde antes guardaban cosas viejas. Muchos, con mucho menos, habían escapado, tomado lo que llevaban encima y lanzándose a la carretera. Algunos desaparecían para siempre, no volvían a ser vistos, tal vez disfrutando o padeciendo otra vida, pero una que intentaron alcanzar. ¿Por qué coño no lo mandaba todo al carajo y se iba? Por miedo. Lo sabía. A terminar como esa gente bajo el depósito de la municipalidad, viviendo en campamentos de marginales, sucios, hambriento. Miserables. Había visto a chicos, como él, que eran abordados por sujetos que intercambiaban favores sexuales, la joven carne por dinero. Y eso le aterraba, fracasar, terminar allí…

   El desayuno, tardío, fue poco. Debió lavar una gran cantidad de platos y sartenes, trapear el piso, botar la basura, recoger del jardín la mierda del perro que tenía malas purgas, y todavía escuchar las quejas porque el baño no lo había lavado, perdiendo el tiempo como hacía con sus “mariconerías” del teatro. Salir hacia la secundaria fue casi liberador, levaba otra vez su ropa más holgada, y vieja, pero conservaba los lentes de contacto. Le hacían verse diferente. Lo notó en la brillante y malintencionada mirada de Larry, el mayor de sus primos. Seguramente sería un problema más tarde, pero no le importaba, le había ido mal en la obra, pero se veía bonito, lo sabía, y era algo. Tanto que Jared Padalecki el capitán del equipo de futbol…

   El recuerdo le hace arder la cara, sonrojarse y sonreír tontamente. ¿Cómo podía ser tan idiota como para creer que Jared…? La camioneta se detiene a su lado y un sonreído, recién duchado y muy guapo Jared Padalecki se asoma a la ventanilla, sobresaltándole.

   -Buenos días, Jen… -le saluda, evaluándole, como cerciorándose de que la impresión del día anterior había sido cierta, cuando el rubio le había parecido realmente tan apuesto que creyó haberlo imaginado. No, definitivamente no lo imaginó.- ¿Mucho mejor esta hermosa mañana, reina del drama? Sube, te llevo…

   Su presencia le sorprendió, y mucho, no podía dejar de sonrojarse más, sonriendo tontamente, de las palabras, del tono, de la figura extrañamente adulta del otro. Y esa sonrisa provocó un vuelco en el estómago de Jared, esos labios hermosos que sabían a caramelo le ocasionaron un escalofrió por la columna… imaginarlos alrededor de su miembro, como decía Chad que seguramente era lo único que necesitaba, le hizo arder.

   -Bien, ¿por qué no? –responde al fin Jensen, pareciéndole a Jared, por un segundo, que hablaba de otra cosa, siguiéndole con la mirada mientras rodea el vehículo.

   Todo comienza. Y acaba. Más de veinte años de primaveras y otoños.

CONTINÚA…

Julio César.

EL NEGOCITO DE DEAN… 4

junio 25, 2014

EL NEGOCITO DE DEAN                         … 3

DEAN WINCHESTER HOT

   -¿Se te antoja algo, Samantha?

……

   -¡Muy bonito, Winchester! –brama una voz dura, Damon Werth.

   -¡Entrenador! –grazna Dean, palideciendo al verse pillado por el sólido sujeto.- Yo no…

   -¿No hacía lo que creí ver? Oh, vamos, Winchester, ahórreme las historias. –es seco, pero Sam, y seguramente Dean, notan que bajo su mono azul deportivo se esconde una enorme, muy enorme erección, la del sujeto treintón, alto y atlético que es. Se la agarra.- Mejor le convendría usar esa boca como mejor sabe hacerlo. –les sorprende.

   -¿Quiere chantajearme sexualmente, señor Werth? –Dean abre mucho los ojos. Mirando esa erección, sonriendo.- Vale para mí…

   Dios, lo iba a hacer, jadea Sam, mirándole acercarse y tocarla.

   Claro, ignora, como ignora Dean, que a ese hombre le gustan más los culos, de tías, generalmente, pero con la calentura que lleva… Y Dean pronto lo descubriría.

   Dios, ¡Dean se había metido en un terrible problema!, y era tan estúpido que no se daba cuenta, se dice Sam, el corazón latiéndole de alarma. Hasta que repara en la situación. Los ojos de Dean brillan intensamente  como los de un gato, fija sobre le enorme silueta que deforma el mono deportivo del solido hombre frente a él. Y el señor Werth parece saberlo, metiendo la mano y sacándose un tolete que definitivamente no era de muchacho, reconoce el joven castaño con un fuerte estremecimiento ante la solida pieza de carne larga, gruesa y algo nervuda. Le altera entender de pronto que a él, también. Le afecta verla, como ocurre evidentemente con su hermano.

   Porque si, a Dean la respiración se le espesa, las mejillas le enrojecen y la boca se le hace agua ante la vista de la pieza masculina, cabeza lisa y llena de sangre. Tal vez quiere resistirse, oponerse, a Dean Winchester nadie le controlaba o sometía como intentaba el entrenador con su chantaje, pero ese tolete que se estremece en la nada, el ojete subiendo y bajando un poco, es más de lo que puede soportar. Cayendo de rodillas, como se nota que le encanta, y alzando la brillante mirada hacia el atractivo y forzudo sujeto, lleva la punta de su lengua a ese ojete, toqueteándolo, como queriendo metérsele, logrando que el hombre gruña y se estremezca. Una lengua en el ojete de la verga siempre conseguía eso.

   El ceño de Dean se frunce mientras su lengua aletea y azota el glande del profesor de Educación Física, este le observa con una mirada perdida. Bien, ¡ya le enseñaría por chantajearle! La rojiza lengua recorre, muy lentamente, la verga por un lado, y esta se calienta más, temblorosa, a su paso. El hombre se sorprende cuando Dean se agacha más, ladeando el rostro, perdiéndose bajo sus bolas, oliéndolas ruidosamente, montándolas sobre su bonito rostro adolecente, una vista de locura; porque, oh, sí, ver a uno de sus alumnos, a ese jovencito guapo y pillo, con sus bolas en el rostro, frotando la nariz de ellas, era increíble. La boca del muchacho las recorre, la lengua lame las sudadas pelotas, las sorbe, metiéndolas en su boca, ¡las dos!, y succiona. A Sam no le extraña que el tipo se sostenga de la reja, si Dean le hiciera eso… si Dean se la mamara…

   El rudo chico abandona las bolas ensalivadas, pega la lengua de la cara posterior de la enorme pieza y sube, siguiendo la ruta de la vena, y el entrenador casi grita, ronco y bajo; esa lengua haciendo eso, era sencillamente enloquecedor. Los rojos labios suben nuevamente a su glande y, claro, recoge más líquidos. Los bebe pegando la boca y chupando, luego la abre y los jóvenes y llenos labios rodean y cubren la cabezota, succionando, bajando, tragándose esa verga casi hasta la mitad, su boca muy llena, sus cachetes muy rojos, y el señor Werth siente que casi se corre de puro gusto. Era la hora de jugar, se dice el muchacho…

   El hombre joven se sorprende con la intensidad de las mamadas, Winchester parecía tener una aspiradora en la garganta, una que se cerraba de una manera… Está gozando tanto que casi le pasa desapercibido que el muchacho le baja más el mono deportivo, y que la mano caliente de este va a su trasero, sobre el bóxer, acariciándole. La mamada ahora es total, los resuellos sobre sus pelos es tan bueno como la firme mano del muchacho acariciante, incluso cuando sube y se mete dentro del bóxer, recorriéndole las nalgas con ella en una caricia íntima y prohibida. Y tiene que admitir que se siente bien. Mierda, todo era increíblemente bueno, allí estaba uno de sus alumnos, adolecente todavía, con los pecosos cachetes rojos tragándose su verga de adulto, de entrenador, y el cual seguramente tenía un culito que… Y la idea de tener al chico así era lo mejor de todo. Era tan satisfactorio que casi cae en la trampa.

   -¡Hey, no! –ladra autoritario cuando los dedos de Dean entraron entre sus nalgas y la punta de un dedo intentó meterse en su culo.- Nada de juegos sucios, Winchester, siempre has tenido esa particularidad. Vamos, a lo tuyo, ¡a mamar güevo como el maricón de mierda que eres! –le gruñe, con un control y una autoridad que eriza a Sam, y que a Dean le enerva… y calienta.

   El hombre, con manos rudas le atrapa la nuca, metiendo los dedos dentro del sedoso cabello rubio sucio, y comenzó a guiarle sobre su verga, antes de cogerle la boca con fuerza, gruñéndole bajos “cuidado con los dientes, putito”, metiéndosela una y otra vez hasta la garganta, dejándole allí, gozando de controlarle.

   A Dean todo le da vueltas, ahogado por la verga que está cerrándole el paso del aire, así como por la lujuria. El entrenador le decía cosas terribles, le trataba con manos de hierro, le controlaba… y le gustaba. Era peligroso, no tenía el control del juego, lo mejor era terminarlo, y tragándose otra vez la verga, más rojo de cara, la aprisiona y succiona con fuerza, con lengua, mejillas y garganta. El señor Werth se estremece totalmente. La sexual trabajada del chiquillo (le gustaba pensarlo así, que Dean era el escuálido muchacho que llegó un año antes, no este gañan de ahora), era simplemente insoportable.

   -Basta… -le gruñe, ahogado, pero Dean sigue succionándosela, ruidosamente.- ¡Basta! –le atrapa el cabello con un puño y le aleja. Y con las respiraciones pesadas se miran, el hombre musculoso y alto, la verga enrojecida y manando saliva y jugos, el muchacho con la cara roja, ojos brillantes de gato, labios y mandíbula mojados de saliva.- De pie, Winchester.

   Le obliga a hacerlo, a darle la espalda, y comienza a luchar con su cinturón y pantalón; tomado por sorpresa, ¡nadie rechazaba nunca sus mamadas!, a Dean le costó entender. Y cuando gimió un “¡hey, no!”, intentando oponer resistencia, era porque ya el pantalón y su bóxer bajaban.

   -No, no… -rugió. Mierda, él no hacía eso. Él cogía. Y sólo chicas.

   -Silencio, Winchester. Eres un putito en tu negocio y te debes a la demanda. –se burla el otro, montándole una mano por la espalda y obligándole a doblarse por la cintura.

   A Sam el corazón quiere salírsele del pecho, igual que los ojos, de lo abiertos que están. ¡Ese hombre pensaba violar a su hermano!, y la idea le hizo hervir la sangre de una manera intensa, de su verga hace rato que manan grandes cantidades de líquidos, pero ahora se estremece peligrosamente cerca de una corrida espontánea.

   Dean se resiste, pero sospecha que lleva la pelea perdida. Casi se sobresalta y gime cuando algo baboso, caliente y reptante choca de su raja interglútea, recorriéndola lentamente, antes de centrarse sobre el hueco de su culo, ensalivándolo, azotándoselo, los labios del profesor cerrándose sobre él y soplando, abriéndoselo y metiéndosela. Mierda, ¿así que eso se sentía?, pensó confuso, los pases de la lengua, la manera como casi lograba metérsele, era desconcertantemente grato; con razón controlaba tan fácilmente a quienes se lo hacía. Y esa boca lo trabajó a conciencia, el profesor doblado también de cintura, azotándole, metiéndosele, chupándoselo le tuvo listo hasta que su lengua fue acompañada por un dedo, que lentamente enterró. Asustando y tensando otra vez a Dean, hasta que la mano libre del profesor tomó su verga y comenzó a frotársela. Era grande, fuerte y callosa, la mano de un hombre, no un chiquillo de esos que se morían por tocársela y lo hacían mal. Este apretaba, sobaba, halaba de buena manera, y su lengua… y su dedo que se abre camino en su culo…

   Sam tiene fiebre, tiene que ser, carajo, de otra manera no sentiría que sube y baja, que flota y se pierde. Allí estaba Dean, retorciéndose y gimiendo… ¡con dos dedos clavados en su culo!, con cara de dolor sabroso, tensándose. Casi contuvo la respiración cuando vio al entrenador, un sujeto a quien siempre había envidiado en secreto, sanamente, por su buena pinta, enderezarse detrás de su hermano doblado, la enorme  y gruesa verga erecta en la nada, la cabeza de donde pende un hilillo de algo claro dirigiéndose como con vida propia hacia el culo de su hermano. Iba a penetrarle.

   Ni siquiera fue consciente de haberlo hecho, no, en serio, está bien, tenía quince años y vivía caliente, pero jamás habría considerado… Su delgada verga le produce casi un calambrazo de dolor placentero cuando comienza a llevar su puño de arriba y abajo. Tuvo que hacerlo, no era su culpa. ¡Todo era por el puto de su hermano! Desde su punto de observación lo presencia todo, es un testigo confiable de lo puto que es su hermano y por eso puede llamarle así. El profesor le mantenía doblado de cinturas, las manos de Dean flexionadas sobre la rejilla metálica, una mano del entrenador atrapadle el sedoso cabello, sus pantalones estaban en sus tobillos, su blanco culo, desde donde está, es penetrado lentamente al principio por la enorme pieza de carne. Le vio tensarse, apretar los dientes, resistirse. Pero también vio, con calambres en su miembro, como el tolete del profesor entraba, centímetro a centímetro, indetenible, abriendo a su hermano, dientes apretados en una mueca de lujuria, metiéndosela toda. Toda. Y miren que era la verga de un hombre.

   Una vez adentro, toda, algo cambio en Dean, sus jadeos se hicieron menos dolidos, sus nalgas más rojas; cuando el tolete comenzó el vaivén, Sam estaba convencido de que esos temblores de su hermano, esa mueca de labios abiertos, esos jadeos roncos como maullidos, eran de lujuria; estaba gozando la follada que el entrenador le daba, su primer penetrada. La verga iba y venía, enorme, metiéndose muy adentro del redondo y pequeño orificio, llenándolo todo, y a Dean le gustaba. Sam podría entregarle su alma con un demonio si no era así.

   Y le gustaba. Dean, una naturaleza salvaje, ruda, viva, estaba experimentando algo nuevo y se había decidido por probar, por entender. Le había dolido, no podía negarlo, cuando la lisa cabecita logró vencer, y romper, su virgo, metiéndosele. Fue incómodo, molesto, pero con el vaivén, con las sucesivas frotadas a las paredes de su culo, algo cambió. Sus dedos se aferran más a la reja, aguantando las poderosas embestidas de ese hombre ahora, que le cogía con fuerza, a fondo, gozando las apretadas sobre su miembro durante la trayectoria, olvidado sus iniciales resquemores a lastimarle. No podía controlarse, por Dios, no sólo estaba metiéndosela a uno de sus alumnos, cosa de por sí caliente, sino que este respondía, su culo era como una fiera mano que le atrapaba y le masturbaba de una manera increíble.

   Sam, su mano subiendo y bajando frenética sobre su verga, híper excitado, conteniéndose para no gemir y llamar la atención de alguien dentro de la biblioteca, entendía muy bien. El profesor había pillado a su hermano mamando vergas, por dinero, y había querido su parte, pero también un añadido. Le bajó el pantalón, le vio el culo y se tentó con él, metiéndosela duro como tantos profesores quieren hacerles a sus alumnos, de eso estaba seguro. Dean, el puto de su hermano, en lugar de gritar por ayuda, o intentar escapar, sintió tanto placer que se dejó llevar por la nueva experiencia, disfrutando cada segundo, o cada centímetro del grueso tolete mientras le entraba, agitaba y mojada.

   Dean, babeando de gusto, lleva su culo de adelante atrás, refregándose de la pelvis de su entrenador, ordeñándosela con fuerza, succionándosela duro, logrando que el hombre gritara, se estremeciera y le llenar el culo con su esperma, una abundante chorreada de leche que coincide con la explosión del mayor de los hermanos Winchester. Y con la de Sam, quien casi se hirió los labios reteniendo el gemido de gusto.

……

   -¡No te ves bien, Sam! –Dean escucha fuera del dormitorio como su padre grita, al tiempo que la puerta se abre, entrando el menor seguido de su progenitor.- Creo que estás enfermo. –asegura, preocupado, tocando al menor de sus hijos en la frente, este totalmente enfurruñado, apartándole la mano.

   -Estoy bien, papá; no es nada, son simplemente unas calenturas… -exclama, iba a decir un resfrío, pero no podía ni pensar estando él en el cuarto; tan sólo mirar al cabrón de Dean allí le sube más el calor corporal, con su cabello oscurecido por la ducha, aplastado a su nuca, desnudo a excepción de la toalla, joven, dorado, delgado, sexy, si, maldita sea, guapo.

   -Si te sientes… -comienza. Calla cuando Sam le mira feo.- Está bien, señor gruñón. Dean, pendiente, cuida de tu hermano. –recomienda John y sale. Y a Sam todavía le toca escucharle al alejarse.- Ese muchacho, ¿por qué no será más como Dean?

   -¿Qué tienes, Samantha? –pregunta este, tomando asiento con una leve mueca, la toalla abriéndose un poco.- ¿Estás así porque te dejé en la escuela? Tuve que regresar con prisa y tomar una ducha… por… porque… me manché. De grasa. En la clase de taller.

   ¡Si, seguro que fue eso! ¡Sé bien lo que hacías, maldito puto!

CONTINÚA … 5

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 13

junio 14, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 12

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   -Ni se te ocurra contar nada, Hannigan. –rato más tarde, Allison es atrapada fieramente por una muñeca, siendo encarada por Chad Murray.- Hazlo y te vas a arrepentir el resto de tu vida.

   La joven le mira sorprendida, luego aprieta los dientes, soltándose de un brusco empujón que tiene la capacidad de alejar al otro.

   -No me amenaces, Chad Murray, ¡no soy una de tus servidoras! –le aclara.

   -No te metas en nuestro territorio y todo estará bien.

   -¿Y desde cuándo es del interés de tu raza estas mezclas raras? –contra ataca, sonriendo al verle retroceder.

   -Cuida tu lengua, Allison.

   -No voy a dejar que el gilipollas de tu amigo le haga daño al mío.

   -Si insistes en inmiscuirte…

   -¡Basta, pedazo de mierda! –le desconcierta la dureza de la joven generalmente sonriente y dulce.- No me asustas. Si quieren guerra… -amenaza, dejándolo así.- ¿Y a qué viene todo esto? –le mira con extrañeza y Chad quiere morirse cuando la ve abrir mucho los ojos.- Oh, por Dios, ¿acaso Jared…?

   No es asunto tuyo. Mantén tu distancia o vas a terminar provocando problemas muy serios, a todos.

……

   Para Jensen Ackles es una bendición cuando termina ese día escolar, largo, extraño, desconcertante (maravilloso y terrible, una mezcla que casi le marea). Le ha costado moverse de salón en salón, soportando las mitradas de todos los compañeros que cuchichean, que seguramente saben de sus tomaditas de manos con Jared Pada… Pada… (Oh, Dios, ¿ni aún ahora puede decirlo?). Por no hablar del beso aquel. Como sea, tan solo quiere alejarse, lo más aprisa posible. Y discretamente. Es decir, fuera del radar de todos. Todos. Por ello da un largo rodeo por las canchas, descendiendo un corto trecho al final de las aceras y corredores de concreto, pisando un suelo que en verano, o en la estación no totalmente glaciar-congela bolas, tal vez mostrarían algunos brotes de vida vegetal. Por ahora sólo había escarcha y hielo, por lo que no fue raro que medio resbalara. Varias veces, sosteniéndose de la también helada reja metálica. Pero atravesando la estrecha puerta hecha de reja metálica, una que da a una zona algo despoblada (en esas soledades, por Dios), queda fuera de los terrenos de la secundaria. Le llevaría un buen rato rodear el edificio y regresar a la calle principal, pero no le importa. Era grato estar solo.

   Quiere regresar a casa, con la abuela, beber algo caliente, café de ser posible, sentarse junto a la chimenea, tomar una larga ducha muy caliente, envolverse en gruesas mantas y caer sobre su cama. El día fue agotador, y venía de un fin de semana infernal, por ello casi parecía normal que deseara regresar y echarse a dormir. Mucho, enrollándose con sus viejas mantas, y no reaparecer por un tiempo. No quiere pensar en el por qué, en esos momentos, no siente toda esa angustia pasada. Lo sabe, así que ¿para qué chapalear en toda esa vaina?

   -Wow, aquí estás, arriesgándote a caer pisando tierra helada y romperte la cabeza, muriendo en soledad, todo  por salir por las canchas en lugar de exponerte a que te viera en los estacionamientos. Me siento algo… rechazado. –Jared le corta el paso, alto y delgado, ojos rasgados mirándole entre exasperado y divertido, indudablemente guapo, tanto que a Jensen le corta la respiración.

   -¡Jared! –traga.- No estoy evadien… -jadea confuso. Maldita sea, ¡y mira que le dio trabajo en verdad bajar por terraplén! El otro sonríe leve.

   -No te disculpes, rubio pecoso, ni inventes, la cara se te pone roja cuando mientes. Imagino que si padeces la mitad de las confusiones hormonales que tengo yo, hasta recordar tu nombre te costará, mucho más hilvanar un cuento medio creíble. –y Jensen le mira a los ojos, desvalido.

   -¿Que nos está pasando? –gime, casi alarmado.- Esto no es normal. Yo no…

   -¿Odias la idea de… desearme? –le estudia, preocupado, y algo en la cara del rubio le alivia y hace bajar los tensos hombros.

   -No… O si… No lo sé. ¿Qué me ocurre?

   -Tampoco lo sé; ya te lo dije, tal vez sea… -Jared comienza a mentir, pero se contiene cuando el otro desvía la mirada con una sonrisa torva.- Okay, no sé de qué se trata, ¿bien? Pero nos pasa a los dos, así que deja de ser tan egoísta. –le sorprende, y sonríe casi travieso de su cara indignada.

   -¿Egoísta? ¿De qué…?

   -Cuando desapareces, como lo haces, sufro horriblemente. –esas palabras hacen tragar al otro.

   -No pretendía eso. No sé ni qué diablos… -parece tan atormentado que el castaño no aguanta más, corta la distancia, le atrapa el rostro y ya siente que se quema, y le silencia con un suave rozar de labios.

   Todo da vueltas, todo vuelve a estar bien, piensa Jared, hasta que Jensen le rodea la cintura con sus brazos y le atrae, apretando, respondiendo al beso con lengua y lujuria. Y ahora sí que estalla en realidad, el toque de la lengua dispara luces tras sus parpados, y giran y giran mientras luchan a espadas con sus lenguas, lamiendo, mordiendo, atrapando, y cada caricia, cada roce va directamente a sus entrepiernas. Las erecciones se alzan rápido, calientes, duras, palpitantes y urgidas, como siempre ocurre a esa edad cuando se tiene algo demasiado bueno al alcance de las manos.

   -Hey, chicos, por favor… -grita alguien en una camioneta que pasa por la solitaria calle, haciéndoles pegar un bote y dar un salto atrás, separándose.

   Se miran, rojos de caras, cada uno tocando sus labios, ojos brillantes reconociendo bajo las ropas la erección del otro, y ríen, Jared lo hace con calma, feliz, a Jensen parece sonarle a alivio de nervios.

   -No quise evadirte, o… -rueda los ojos.- …Afectarte. Es que no sabía cómo afrontar esto. Todavía no lo sé.

   -No es tan complicado, joder. Me gustas, te gusto, nos encanta estar juntos, ¿para qué buscarle cinco patas al gato? –aclara el otro, ojos brillantes de picardía, atrapando con una mano su erección bajo las ropas, disfrutando la mirada avergonzada pero interesada y excitada que Jensen lanza.- Sigamos para ver a dónde llegamos. –ofrece y se miran, el destino lanzando sus dados, la vida decidiéndose en minutos, una palabra tal vez transformando toda la existencia.

   -Okay. Y suéltatelo, que seguramente vas a intentar tocarme de nuevo dentro de un rato con esa mano. –acepta ronco y bajo, enrojeciendo mas cuando Jared sonríe todo alivio y dicha, como un niño grande.

   -Perfecto, Jen. Oye, vamos por una gaseosa y…

   -No puedo, Jay. –jadea con verdadero abatimiento, cosa que debería pesarle también a Jared, pero ese “Jay” le pegó en el corazón y le hinchó de dicha.- Me espera… mi abuela. –entrójese al tener que explicarlo.

   -Bien, te acompaño.

   -¿Y tu camioneta? –interpone súbitamente alarmado. ¿Y si su abuela estaba con uno de esos humores cuando la tocaba un rayo malo de luna?

   -Está en la entrada principal. Pero no pienso ir por ella… a menos que me acompañes. –puntualiza y Jensen ríe, fingiéndose molesto.

   -Idiota. –echa a caminar, sintiéndose tontamente enorme y feliz de pronto, al tenerle al lado, siguiendo sus pasos.- Vivo lejos. –Jared casi dice que lo sabe, pero no es tan tonto como sus amigos suelen creer.

   -No importa. Me gusta caminar. –y parece cierto, se ve en su ambiente con sus botas altas y chaqueta abierta sobre el suéter, cosa que Jensen no entiende, forrado como está dentro de sus ropas, pero todavía helado.- El frío vigoriza el corazón.

   -Odio este frío. –aclara, algo lúgubre, casi dando un bote cuando Jared le mira fijamente, deteniéndose.

   -Odiar el frío, es odiar a Nome, y eso es intolerable.

   -Este pueblo en el culo del mundo no me parece…

   -¡Oye! –le ataja, encarándole.- Esto es mucho más que hielo sobre un pedazo de roca. –toma aire y sonríe, la verdad no sonó sugerente.- Tomas aire y te sientes vivo, en las mañanas cuando logra salir el sol, la luz es mágica. Cuando los árboles renacen y las aves… -se corta algo apenado, aunque Jensen tan sólo sonríe de manera amable.- Es un hogar, Jen. Mi hogar. Mis únicos recuerdos, buenos y no tan buenos, son de Nome. Después de la gran guerra en Europa, mi familia emigró a América; desde Polonia, no de Alemania, ¿okay? –le ataja y Jensen ríe, sorprendiéndole porque lo hace de una manera abierta, clara, feliz, como si ningún problema pesara en esos momentos sobre sus hombros.

   La risa del rubio viene porque estuvo a punto de decir que con razón le había notado algo de nazis, y Jared le había adivinado. Claro que, no era esa guerra, pero el castaño cree que es mejor dejarlo de ese tamaño.

   -Okay, vinieron del viejo terruño… -le insta a continuar, sintiéndose tontamente feliz, incapaz de dejar de sonreír.

   -Fue un paso importante. Mi familia abandonó su tierra, el viejo hogar donde creció y floreció, donde fueron felices y se sentían a salvo… como me siento yo aquí. –lo cuenta como tal y algo en sus palabras atrae la atención de Jensen, pero este lo deja pasar.- No fue un viaje feliz, el abuelo casi metió a la familia en sacos y los arrojó en la cubierta del barco. Otros patriarcas hicieron lo mismo con los suyos. –mete las manos en los bolsillos de la chaqueta y mira el cielo gris y frío.- El viaje fue largo, duro, incluso peligroso, pero el abuelo sabía que todo saldría bien al final.

   -¡No podía saberlo! Debió escuchar a tu abuela al menos, ¿no? –al rubio le incomoda un poco el relato. Odia a los mandones.

   -Era el patriarca, Jen, eso significa que debía tomar las medidas que considerara necesario, por el bien de todos, así no lo entendieran o lo vieran así en ese momento. –aclara algo confuso, la idea era muy clara para él.- ¿Tu abuela no te atosiga con recomendaciones y recordatorios? Pueden parecerte absurdos, molestos, incluso injustos, pero a ella la mueven buenas intenciones y algo de razón; ha vivido más que tú y comprende un poco mejor las cosas. Es igual aquí, en el fondo. La vida ya no era segura. Llegaban los rusos. Sin embargo, a la abuela no le gustó en nuevo mundo, al llegar a Nueva York, nos cuenta, lloró por días. Como venían con todo lo que traían, el abuelo dudó entre viajar el Oeste, o venirse al Norte. Se decidió por el Norte… -porque estaba apartado, lejano, estarían a salvo.- Y se asentó en la vieja ciudad, que no era más que cuatro casuchas precarias, construidas alrededor del río.

   -¿Que encontraron al llegar?

   -Oro.

   -Oro… -Jensen abre mucho los ojos ante la mágica palabra, algo que Jared conoce bien y ríe, volviendo a caminar.

   -Nos asentamos y trabajamos, trajimos lo que teníamos, nuestras costumbres y creencias… -dice, callando que también la tradición de la sangre y la guerra contra otros; también la desconfianza contra los nativos, tampoco cuenta que más tarde les usaron. No había que contarlo todo, ¿no? No al menos en la primera cita, si se quería quedar bien. Eso quedaría para la quinta, después de llegar a algo en la tercera.- Y prosperamos.

   -¿Así de fácil?

   -Es Nome, Jen, ¿crees que pudo serlo? –le sonríe con superioridad.- Pero vencimos las contingencias.

   -No pongas esa cara de suficiencia, esos desafíos solventados y éxitos eran de tus abuelos y padres, seguro que tú sólo sabes gastar la herencia. A dos manos.

   -¡Idiota! –es su turno de soltar, pero en cuanto lo hace, se congela. No quería… pero la risa de Jensen, esa extraña y ronca carcajada que parece salir de un cuarto acogedor que sin embargo no se abre mucho, le maravilla. Le mira tanto, mientras caminan, que tropieza y logra que el pecoso se avergüence aún más.

   -No me mires así…

   -No puedo evitarlo, Jen. –se le escapa.

   El rubio se pone rojo tomate. Jared traga, incapaz de dejar de sonreír, sabiendo que dio en el blanco, a pesar de estar totalmente consciente de haber dicho una bobada que seguramente Chad le reprocharía… como si no fuera a reclamarle todo lo demás. Pero también calla, perdido en su nuevo mundo, uno donde hay un sol de carita sonriente y cachetes como manzanas, y nubes de colores. Jensen sigue con paso más lento, intentando controlar todos esos calambres y calorones que las palabras, intensiones y presencia del otro le causan; olvidando donde está.

   El perro que le odia le mira acercarse, muestra los conillos y sale, pero se detiene en seco, confundido y alarmado cuando Jared se vuelve y le observa. No lo entiende, aquel humano olía a… con un leve gimoteo se aleja.

   -¿Y tú? –la pregunta sobresalta al rubio.

   -¿Perdón?

   -Los Ackles… ¿de dónde vienen? –parece realmente interesado, y más cuando le ve tensarse y confundirse.

   De algún circo de rarezas cuya puerta quedó mal cerrada, piensa. Mierda, ¿qué podía contarle? Es más, ¿quería contarle?

   -Jensen, muchacho, ¡al fin llegas! –el grito saludo de su abuela es lo primero que sale de la vieja casa de puertas abiertas, congelándole. La mujer sale poco después, deteniéndose por un segundo y frunciendo el ceño al reparar en el chico castaño y delgado, con el recelo natural de quien sabe que hay que cuidarse.- ¿Todo bien?

   -Eh, si, abuela… -el chico se ve más confuso. Casi incómodo. Jared le mira, luego a la mujer, y sonríe con todos sus dientes y hoyuelos.

   -Buenas tardes, señora. Jensen se retrasó porque veníamos hablando, ¿puede creer que no le gusta el frío ni Nome? Sorprende que con esos anteojos no sea más listo. –es abierto, agradable y sincero.

   Jensen, mirándole sorprendido, le agradece con una tenue sonrisa que parece decirle “muy listillo”; y de verdad quisiera que su abuela se comportara y le tratara bien, pero sabe que la mujer era…

   -Lo sé, no se cansó de repetírmelo durante el viaje. Y no hay problema por el retraso. Me alegra ver que mi nieto se adapta bien, finalmente y a pesar de lo que creía, a la escuela. –sonríe, con sinceridad, la mujer.- Soy Kathy…

   -Jared… -sonríe él, más abiertamente si cabe, es posible notar que aún le faltan las muelas del juicio.

   -¿Están en el mismo año? –sale un poco al helado jardín.

   -Compartimos algunas clases. –Jared, manos en los bolsillos, se le acerca también. Aunque se desconcierta cuando ella le mira intensamente, y Jensen contiene la respiración, una que exhala cuando su abuela sonríe.

   -Eres un jovencito apuesto, Jared, eso le conviene a mi nieto. Amigos nuevos y amistosos.

   -¡Gracias! –sonríe totalmente sorprendido, aunque no tanto como Jensen, cuya mandíbula cae al helado piso.

   -¿No quieres pasar y tomar un chocolate caliente con nosotros?

   Jensen abre mucho más los ojos tras los lentes, ¿su abuela invitando a un extraño a entrar a casa? Por alguna razón eso le eleva la temperatura, pero también le inquieta.

   -Abuela, imagino que Jared tiene que…

   -¿Chocolate caliente? ¡Claro que quiero! –acepta este, todo dientes, pasando al lado de ella que extiende un brazo hacia la casa. Jensen tan sólo parpadea.

   -Me agrada tu amigo. –le susurra ella cuando llega a su lado. Asiente y sigue tras Jared.

   La mujer está realmente contenta, ¡su nieto había hecho un amigo! Bien sabía que no se le daba fácilmente. No puede sentirse mejor. Claro, ignora que el chico es un Padalecki… nieto de un poderoso patriarca.

CONTINÚA … 14

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 5

junio 3, 2014

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 4

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of AutumN

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -¿Vamos a terminar, Jared? –la pregunta le hace dar un bote, elevando la mirada y encarándola.

   -Taylor…

   -Oh, por Dios, ¡así es! –jadea, sonriendo pero mirándolo turbada.- Lo intuía, notaba que me mirabas con… Oh, Jared… -no quiere expresar nada, no desea dar un espectáculo, pero le afecta.- ¿Qué pasó? ¿Qué nos pasó?

   -No lo sé, Ty… -se ve realmente afectado.- Yo… -no encuentra las palabras, pero ella asiente y sonríe, llorosa, con algo de enojo pero también pena.

   -No quieres lastimarme porque me quieres, pero no me quieres así y no sabes cómo decirlo sin herirme. –al joven le maravillan las palabras, el conocimiento que la muchacha tiene de él.- ¡Eres un estúpido, Jared Padalecki! No se tiene culpa cuando ya no se quiere… -va a alejarse, como buena adolecente, llorosa y con una leve carrera, pero él la retine como poco antes hizo con Jensen, y no sabe porqué se acuerda de él en esos momentos.

   -No, Ty, no me odies. –suplica, porque eso era importante. Ella le mira y sonríe leve, apoyando la manita sobre la suya y soltándose.

   -Lo siento, amor, no siempre se tiene lo que se quiere. Voy a odiarte… hasta mañana. –impulsiva, porque era un adiós para ella también, se afinca en la punta de sus zapatos, le alcanza y besa fugaz en los labios. Alejándose luego, hacia sus amigas, quienes le miran sobre sus hombros, molestas, y le acogen.

   Jared las mira. La mira. Por un segundo quiere detenerla, decirle que lo pensó mejor, que todavía la quiere, porque es cierto; pero la parte suya que ya madura, o que es jovenmente egoísta, sabe que así es mejor, por duro que fuera el momento. Que todo había acabado, y mejor de lo que esperaba. Que dolía, pero dejaría de hacerlo en algún momento, y que siempre podía llegar a la puerta de Taylor y pedir su amistad, una que le era importante.

   Sin embargo, ya no estaba de ánimos, ni siquiera le distrajo escuchar y ver el estallido de risas que provoca en el grupo un muy ebrio Tom cuando intenta ponerse de pie, yéndose hacia adelante y casi derribando a dos, luego hacia atrás, de culo sobre la portezuela abierta de la camioneta, resbalando y cayendo en la tierra. Riendo, Mike se tiende y le ayuda a ponerse de pie, casi luchando con su peso, Tom con cara de puchero, sentándole realmente sobre la portezuela. El rostro ebrio de Tom Welling era ciertamente gracioso.

   Pero ni eso le divierte ahora. No mientras sigue influido por la sensación de leve pesar, por Taylor. Así que se aparta, cerveza en mano, y se detiene frente a la hilera del maíz, ensanchando su tórax tomando aire, y mirando hacia la noche, se dice que estará bien. Es cuando oye un leve, violento y ronco gruñido.

   -¡Vamos, maricón! Abre tu boca de chupapollas, sé que te gusta… -acusa uno, exigiendo con vehemencia, seguido de lo que claramente se oye como una bofetada.

   -¡Déjame en paz, hijo de perra! –hay un lloriqueo de ira y Jared se congela.

   ¡Jensen!

   Una mezcla de curiosidad y algo de preocupación, obligan al delgado chico castaño a internarse entre las cortantes hojas del maíz, apresurando el paso cuando las voces se hacen más acuciantes y el forcejeo también. Aparta unas ramas y llega a un claro, reconociendo la espalda del chico de pie, enorme y fornido, Max Adler, quien atrapa la nuca de Jensen, el cual está caído sobre la tierra. Max parece intentar llevarle el rostro a su bragueta.

   -¡Déjame en paz, hijo de puta! –grazna Jensen, manoteando.

   -Vamos, marica. Sé que te gusta, se la comes a todos y ahora vas a chupármela a mí. –le gruñe bajito y decidido, como cuando se quiere que la toquen.

   -¡Adler! –estalla Jared, totalmente impresionado, ganándose una mirada sorprendida y precavida del chico del equipo de lucha.- Suéltale. –le ordena.

   -No te metas en esto, Padalecki. Tienes a tu porrista, mi novia no está y quiero una mamada, así que este marica…

   No puede agregar más, como no sea jadear cuando cae hacia atrás dado el violento empujón que Jared le da sobre el pecho, aterrizando de culo sobre la grama algo reseca, a un lado del sorprendido Jensen, el cual se ve de un alarmante color rojo tomate.

   -Una palabra más, Adler, y te partiré la boca, el culo y el alma. –advierte Jared, señalándole con un dedo, voz baja, pecho agitándose. Espera la reacción violenta del otro, le conoce. Tal vez deba pelear y…

   -¡Vete a la mierda, Padalecki! –gruñe Max.- Si quieres metérsela por la boca, es todo tuyo, aunque podrías compartir, ¿no? –lanza con desprecio, poniéndose de pie, sacudiéndose los fundillos del pantalón. Luego señala, feroz, al rubio.- Él sabía a lo que venía cuando me siguió. –casi escupa la acusación y se aleja a la carrera cuando Jared endurece la mirada y da otro paso hacia él.

   Jensen se estremece, sentándose, recogiendo sus rodillas y rodeándolas con los brazos, evitando la mirada de ese sorprendido y desconcertado Jared. El silencio se prolonga, y el malestar de Jared, que fue sumándose desde su llegada a pesar de los buenos pronósticos que hacía antes, le limita.

   -Tú… -comienza porque es muy importante saber. Se congela cuando Jensen alza la mirada verdosa, nublada, algo ebria, rebelde.

   -Si, vine con él, tenía una botella de tequila y… -se encoge de hombros, arrugando la frente.- En ese momento pareció una buena idea, no me preguntes ahora por qué. –se miran a los ojos y nota la lucha interna de Jared.- ¿Vine por el licor o la mamada? ¿O a dar la mamada por el tequila? –vuelve a encogerse de hombros.- Lo he hecho antes. Las tres cosas. –aclara de manera directa y brutal.

   Jared se ahoga, molesto por alguna razón que no entiende. Jensen era realmente un idiota, uno muy dañado. Debería alejarse de él y… Pero nota bajo toda esa desafiante, y hasta patética declaración y mirada, un dolor profundo. Un: “Soy esto, Jared, una basura, no te engañes conmigo. No sirvo”. Era la declaración tácita, y más de lo que podía soportar. No se aleja, no le reclama, sabiendo que tampoco tiene derecho, va a su encuentro y cae sentado a su lado, calculando mal, cayendo muy cerca, sus brazos, rodillas y caderas rozando.

   -¿Y en este caso? ¿Por qué viniste? –es la suave e importante pregusta. No sabe por qué, pero lo es. Jensen traga y sonríe, sintiéndose terriblemente mal, como si no aguantara estar dentro de su propia piel.

   -¿La verdad?, por el licor. Necesito… -aspira ruidosamente.- Quiero dejar de sentir, de pensar, de recordar. ¿Cómo se hace, campeón? Te he visto, ¿cómo pierdes un juego importante y continúas, sonriendo, feliz? ¿Conoces algún secreto para que las cosas dejen de doler? –interroga, roto, bajando la mirada.

   El castaño calla, desconcertado otra vez. Es tan sólo un muchacho, las cosas si le dolía y le parecían terrible, devastadoras a veces y muchas veces lo había gritado así, pero su madre, y en buena medida su padre, le decían que dejara los berrinches, que el mundo no se acababa y que más tarde se sentiría mejor. Pero eso no le brindaba sabiduría. No, no consigue las palabras que el rubio parece necesitar, así que le rodea los hombros con un brazo, atrayéndole y abrazándole, acunándole levemente, enfrentando su tensar, su temor, sus deseos de alejarse. Sorprendiéndose ambos por el gesto.

   -Oye, apenas sé qué ponerme por las mañanas. –confiesa al fin, intentando aligerar el momento, sin reparar siquiera que baja el mentón, apoyándolo en la nuca algo transpirada, y muy caliente, del rubio de cabellos finos. Y no sabe si alegrarse o no cuando le oye reír, entrecortado, tosiendo un tanto, cubriéndose con una mano la cara. Es una risa con sabor a llanto la lanzada por el pecoso, quien intenta, otra vez y ahora si lográndolo apenas, salir del abrazo.

   -Debo… -sin mirarle, Jensen intenta ponerse de pie, pero todo le da vueltas, no tiene fuerzas, además, Jared le atrapa por una muñeca reteniéndole en su lugar. Por un segundo se enfrentan, pero el rubio termina cediendo, quedándose donde está.- Campeón…

   -Jared. –le corrige, soltándole la muñeca y atrapándole la barbilla, luchando con él nuevamente y obligándole a mirarle a los ojos.- Soy Jared. Y tú eres Jensen, ¿verdad? Mucho gusto. –tiembla, no sabe por qué le era tan importante calmarle, ni por qué le afectaba tanto la cercanía o por qué le parecía tan atractivo ese rostro enrojecido y pecoso, anguloso y de brillantes ojos verdes cubiertos un tanto de llanto.

   -Eres un idiota. Y eso que te creía perfecto. –se le escapa en medio de la amarga burla y enrojece otro tanto.

   -¿Crees que soy perfecto? Qué honor. Oye, ¿piensas mucho en mí?

   -Oh, Dios… -gruñe bajito y mortificado. Hay otro silencio.

   -¿Qué tienes, Jensen? Esto no puede ser por la obra de teatro, ¿verdad?

   -Claro que no… O no totalmente… -se tensa.- Es por todo, Jared. –traga y mira al piso, preguntándose dónde está la botella, ¿Adler se la habría llevado?- La vida es una mierda. –termina al fin, y lo que podría ser una declaración desagradable o amarga, expresada por alguien que ha tenido un mal día, en la voz del rubio parece sentenciar toda una manera de ver el mundo.- Mi vida es una mierda. –aclara aún más.

   Jared le mira intensamente, deseando penetrar en su mente, en sus secretos. Su alma. Están muy cerca, así que detalla su perfil al estar el otro mirando a la noche. Levemente afectado ahora, el castaño no quiere dejarse llevar por la depresión del otro. No le entiende, no puede, sabe que le han pasado cosas terribles, pero… Su mirada va también a la noche, fijándose en ese cielo inmenso de Texas, uno que se extiende aparentemente por todo el mundo, que parece abarcarlo todo. Bajo él, así como es, era fácil creer que en todas partes existía ese aire de libertad y oportunidad para todos. Todos cabían. Todos tenían su espacio y su chance.

   Aunque algo oscuro, el firmamento está tachonado de brillantes estrellas, racimos de curiosos detalles, y Jared recuerda que las veía de noche, de niño, tirado en la grama de su jardín, perdiéndose en su inmensidad. Cuando soñaba con ser un astronauta lanzándose hacia lo desconocido, o hacia la Casa de Dios, como le corregía su madre. Era esa misma bóveda celeste, una conocida, que había cobijado su niñez alegre, su vida de joven que comenzaba a vivir, lleno de promesas de cosas aún mejores por llegar. Antes, echado de espaldas en su infancia, no podía saberlo pero intuía la gran aventura que podía haber más allá para él, como ahora lo sabe, con expectativas e inseguridades, porque tan sólo es un muchacho, esperando lo bueno, temiendo que pudiera no llegar por alguna razón, sentimiento que pronto era olvidado; eso sí, muy ansioso por comenzar. Por eso no puede entender al abatido chico a su lado, su pesimismo, su “ya todo acabó para mí”.

   El viento templado y perfumado se siente, sobre sus caras y manos, meciendo el maizal que canturrea monocorde, y a Jared Padalecki le parece todo tan hermoso, tan armónico, tan puesto allí a propósito para que lo aproveche un grupo de jóvenes alocados que quieren vivir una juerga esa noche, todavía de escuela, una que acaba, que no le cuesta entender a su madre quien asegura ver en todas partes las pruebas del amor de Dios. Y la idea le agrada, porque destraba algo dentro de su pecho que está así desde que encontró a Jensen siendo agredido. No era justo que ese muchacho sufriera y llorara, por nada, no bajo ese cielo inmenso, bajo esas estrellas hermosas, esa noche mágica. No a su edad. No un joven que comenzaba a vivir.

   -A mí me gusta, Jensen. La noche, este lugar. La vida. –extiende sus piernas, echándose un poco hacia atrás, su codo totalmente en el cálido costado del rubio, sintiéndose increíblemente bien.- Me gustar aquí, ahora…

   -¿Por qué? –el pecoso se vuelve a mirarle, exasperado y confuso. Muy curioso.

   -Porque estoy… contigo. Y eso me gusta. –lo dice como lo siente, dejándose llevar, sin meditarlo. El corazón le salta en el pecho cuando le ve parpadear, sus labios entreabiertos, agitándose sin voz, deseando preguntar algo pero no atreviéndose.

   Se miran y se miran, gargantas cerradas, bocas secas, ojos brillantes. ¡A la mierda!, se dice Jared, enderezándose, tendiéndose hacia el rubio, pero todavía preguntándose qué hacía cuando roza los labios rojos del pecoso con los suyos. Una caricia etérea, sus labios separándose apenas unos centímetros, sus respiraciones pesadas bañando al otro. Jensen tragando, en seco, y Jared regresando, acallando su mente, únicamente dejándose llevar. Sintiendo. Viviendo. Y lo siente, abrir un poco su boca y atrapar el gordito labio inferior de Jensen, tembloroso, le erizó la piel de pies a cabeza, cuando tantea con la punta de la lengua sobre él, sintiendo la respiración más pesada del rubio, el corazón le estalla en fuertes latidos, cuando el rubio abre un poco más la boca y puede tantear ahora sobre sus dientes, entrando un poco más, encontrando su lengua, Jared ya no pieza, algo caliente y fuerte estalla por sus venas, mareándole y nublando su juicio, tan solo consciente de esa lengua que toca. Esta tenso y caliente, bajo su pantalón le endurece rápidamente el miembro, y cuando sus lenguas chocan y se frotan decididamente, paladeando el tequila en su boca, Jared pierde totalmente los tapones.

   Medio agachándose sobre la rojiza tierra bajo la seca grama, Jared se tiende hacía él, imposibilitado de alejar su boca, detener su lengua o de succionar ahora. Le atrapa la lengua a Jensen y chupa de ella, halándola, mientras sus manos se mueven con vida propia, una de ellas, su palma abierta cayendo sobre la plana panza del rubio, hormigueándole bajo el toque, tan cálido como está.

   -Campeón, ¿qué…? –jadea Jensen, todo ojos, cuando sus bocas se separan un momento, húmedos de saliva.

   Pero Jared no quiere pensar, detenerse o preguntarse qué hace, qué es eso que siente o por qué le gusta tanto. No puede enfrentar tampoco las dudas del rubio, no cuando no puede con las propias, y atrapándole una mano la lleva a su pecho, y cuando la palma abierta del otro cae sobre su corazón, el castaño cree que se le detiene por un momento, para luego saltar aún más desbocado. Se miran, ojos nublados y húmedos, los dedos de Jensen medio flexionándose sobre la joven piel de Jared Padalecki, por encima de la franela, el capitán del equipo de futbol del colegio. Y ese toque logra que la sangre no corra sino que fluya como lava por las venas de Jared, quien se tiende sobre él, derribándole, atrapándole la quijada con una mano, comiéndole la boca, mientras cuela una pierna entre las del joven. Sintiéndolo las manos de Jensen sobre su espalda baja, metiéndose bajo la chaqueta y la franelilla, tocándole y quemándole sobre la piel… y sus miembros totalmente erectos. Frotarlo de Jensen, mientras el de Jensen se frota de su piel bajo las ropas, le parece el colmo de lo caliente. Se besan, Jensen le araña la espalda, desbocado también, mientras se posicionan y sus erecciones están ahora una contra la otra, y se agitan, se frotan, van y vienen y cada pasada les hace delirar…

   -¡Jared! ¡Jared, hijo de perra! –se oye el grito lejano, que pronto parece estar al lado cuando el maizal se desplaza por acción de una mano y aparece Chad Murray, quien se detiene en seco.

   Nada más escuchar los gritos, Jensen se congeló bajo Jared, más despierto para ciertos asuntos, o más consciente de que “hace algo malo”, como no se cansan de decirle en casa; como sea, es de los que no tiene tiempo que perder espabilándose. Pone sus manos bajo Jared y le empuja fuera, sentándose, casi al mismo tiempo que lo hace el castaño, rápido como él mismo, pero mirándole confuso. Más bien parecía que iba a discutir con el rubio, hasta que repara, cabalmente, en Chad, allí, mirándoles con la más viva sorpresa.

   -¿Pasa algo? –le pregunta, voz fallándole, pasándose las manos por el castaño cabello.

   -¡No lo sé! –grita Chad, quien parece estar pensando en varias cosas, enredándose.- Creí… -otra figura aparece casi inmediatamente junto a él, por lo que compone cara de normalidad.- ¡Te busca el entrenador Beaver!

   -Padalecki. –gruñe el viejo pelirrojo, ojos severos, rascándose la rala barba mirando de su jugador estrella al rubio que evita las miradas de ambos.

   -¿Si, entrenador? –pregunta este, mirando a Chad, preguntándole sin palabras cómo lo lleva así, y Chad, ceñudo, sólo se encoge de hombros. Parece molesto.

   -Muchacho, necesito hablar contigo. Algo importante… y grande. –anuncia el severo hombre.- Podemos ir a…

   -Señor, estoy con mis amigos y… -Jared mira de reojo a Jensen, que se pone de pie, algo inseguro.

   -Esto es importante. –puntualiza un poco impaciente, Jim Beaver.- Imagino que tus amigos pueden entenderlo.

   -Yo sí. –gruñe Chad, finge un saludo militar y se aleja.

   -Yo… también. Adiós, campeón. –Jensen gruñe y se aleja, sin mirarle, y Jared se agita y quiere seguirle.

  – Jared… -llama, pero le detiene Jim.

   -Espérame y te llevo. –ofrece Jared, pero sabe que no lo hará cuando el rubio se vuelve, se despide con la mano y se aleja. ¡Maldita sea!

   -Muchacho, ¿se puede saber qué coño estás haciendo? –Jensen siente un frío de miedo al escuchar la molesta voz que reclama a sus espaldas, seguramente el viejo les había visto y…- ¿Tequila? –mierda, ¡la botella que creyó perdida!

   -Es una fiesta, entrenador. –oye la defensa de Jared, sin inculparle, y eso le llena de un calorcillo tan grato como intimidante.

   -Esto puede costarte mucho, ¿no lo entiendes? Muchacho, el mundo está por abrirse para ti, de manera total y maravillosa. No imaginas qué tanto. A veces, tratando con tantos durante tantos años, uno detecta quienes están destinados a triunfar, y tú eres uno de ellos, Padalecki. No lo arruines todo con tonterías. No eches a perder tu vida por un error idiota. –escucha Jensen, todavía alejándose, así como el sonido de una botella cayendo, y lo resiente.

   El entrenador parecía estar hablando de él.

   Hacerle daño a Jared… No, tal cosa era impensable, se dice, con un profundo pesar.

……

   Jared despierta en su cama casi con brusquedad, sentándose de golpe, su pecho subiendo y bajando rápidamente, aún con los calcetines de lana puestos, así como su holgado bóxer de cuadritos… el cual muestra su erección. No era raro que despertara con una, le ocurría así casi diariamente desde los quince años, pero ahora…

   Se deja caer de espaldas llevándose las manos al cabello. Jensen. lo recuerdos vuelven y realmente ceñudo mira el techo cómo si pudiera encontrar una respuesta a toda esa situación tan confusa. ¡Le había besado la noche anterior! Él había besado a otro chico… y le había gustado. No, le había encantado. No sabe qué le llevó a ello, pero sentir el cuerpo del rubio, rozar sus labios, probar su saliva, su aliento… Gime ruidosamente, cerrando los ojos, casi sintiéndose culpable de tenerla ahora más dura. No podía engañarse, tener a Jensen así había sido embriagador, extraño y excitante. Trabar sus lenguas fue casi tan caliente como cuando cayó sobre él, y sus erecciones se frotaron (y el recuerdo le hace palpitar), pero él no besaba tíos. No le gustaban. No de esa manera. No era gay, ¿verdad? Una vez alejado el rubio, se sintió extraño, algo culpable y preocupado. Había actuado mal. Pero con el pasar de las horas de la noche…

   Y el sueño. Cierra los ojos, respirando con rapidez, superficialmente, estaban besándose otra vez, Jensen sobre la grama, sus rojos labios abiertos y él cubriéndolos totalmente, metiendo con ansiedad su lengua que recorría las interioridades del otro, sorbiendo, chupándolo todo, atrapándole la lengua y halándosela hasta llevarla a su boca, rayándola con sus dientes. Y durante todo ese rato, el rubio luchaba por meter una mano, atrapando sobre el jeans su miembro erecto, caliente y palpitante, casi haciéndole gemir. Ese puño apretaba y apretaba, se sentía increíblemente bien cuando iba y venía sobre él. El sueño había sido…

   El toque a la puerta va seguido de la entrada algo aparatosa a su cuarto de Chad, por lo que apenas tiene tiempo de sacar la mano de su bóxer y cubrirse la evidente erección.

   -¡Oh mierda! –graznan los dos a un tiempo. Como suele hacerse en situaciones parecidas.

   -Joder, ¿ya no te mides? ¿Una paja en la mañana sabiendo que pasaría por ti? Ya estoy cansado de verte haciendo tus cochinadas. –gruñe Chad, mientras Jared toma más de la sábana, cubriéndose mejor.

   -¿Por qué coño entras así en mi cuarto? ¡Tuviste suerte de no encontrarme rascándome el culo! Y no hables de las pajas mañaneras, puedo recordarte las tres veces que…

   -¡Es historia vieja! La puerta de mi cuarto no tiene seguro. Mamá no me deja. Teme que me drogue.  –le silencia, mirándole molesto. Realmente molesto.-  ¿Fue por eso? ¿Es mi culpa?

   -¿Qué? –no le entiende, pero le mira mientras se rueda sobre el colchón y queda sentado, un joven y bronceado dios desnudo.

   -¿Te volviste marica por haberme pillado masturbándome esas veces? Coño, sé que la tengo bonita, pero…

   -¡Chad! –tras él, en el pasillo, Sherri Padalecki le mira impresionada.- ¿De qué estás hablando?

   ¡Joder!, pensaron a un tiempo los dos chicos.

……

MAX ADLER

   Max Adler… lo único que sé de él es que tiene pinta de matoncito, y no se le ve mal. La verdad no recuerdo haberlo visto antes.

CONTINÚA … 6

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 4

mayo 12, 2014

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 3

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -Hijo, ¡de lo que te perdiste! –ríe Chad, golpeándole en el pecho, siendo coreado por Mike y en buena medida Tom.- ¡A tu amigo Ackles en su gran debut teatral!

   Jared siente que el piso se hunde bajo sus pies. Maldita sea, ¡la presentación de Jensen! ¡Era hoy! Lo había olvidado totalmente. La cara de arde de vergüenza y malestar. Joder, tanto que el rubio se lo había recordado y… Bueno, esa chica, Emmanuelle Vaugier, estaba bien buena. ¡Y era teatro! ¿A quién le gusta el teatro? Pero, claro, le había prometido… ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

   -Dios, lo olvidé… ¿cómo le fue?

   -¡Ho.rri.ble! No, horrible no lo describe. Fue algo espantoso, yo sentí pena por todos esos pobres desgraciados. –informa, pero con una sonrisa de oreja a oreja que le desmiente.

   -Oye, no creo que haya sido…

   -¡Ho.rri.ble! –interviene ahora Mike.- Dicen que vieron a Shaskespeare en el patio, colgándose de una rama… -una sonrisa aún mayor que la de Chad, y el castaño se ve sorprendido y molesto.

   -¿De verdad fue tan malo?

   -Bueno, no sólo Jensen Ackles, todos eran terribles. Hacía algo de calor, la iluminación apestaba. Y las cotufas que llevamos tampoco estaban muy buenas, creo que tengo una concha… -y abre la boca hurgando con un dedo entre sus dientes.

   -Cállate, Mike. –gruñe.- Pobre Jensen, estaba tan ilusionado; imagino que se fue todo abatido y…

   -Ah, no, el pobre infeliz no tuvo tanta suerte; le tocó cubrir un turno. –informa Chad, recorriendo el lleno salón con la mirada.- No entiendo cómo se quedó. Después de lo que hizo yo me habría arrojado a un pozo.

   -Y yo te habría ayudado. –interviene Tom, tomándole el gusto a la broma.

   -¡No sean idiotas! –intenta frenarles Jared, no creyéndoles del todo, era imposible que…

   -Que te lo cuente él. –zanja Mike la cuestión, llevándose teatral una mano al rostro para usarla de bocina, mirando hacia los compañeros que hablan, ríen y planean afanosamente.- Oh, sir Jensen… sir Jensen Ackles, por gracia de Dios, preséntese ante el rey. –y el trío ríe.

   -¿Quieren dejar de joder? –brama Jared, encarándoles.

   -¿Desean algo? –oye a sus espaldas la voz algo tensa, baja y ronca.

   -No, Jensen, no les hagas caso; estos gilipollas… -se vuelve y se queda sin palabras, la boca ligeramente abierta.

   Frente a él se encuentra un ser totalmente distinto al de todos los días, con un corte de cabello que le favorece, algo alzado en puntas, unos mechones sobre la frente, brillante en amarillo trigo y hebras castañas, sin las gafas, mostrando un rostro desnudo como no fuera por unas largas pestañas, unos enormes ojos de un verde con iridiscencias de oro, las visibles y adorables pecas que bañan todo, los carnosos labios de un tono rojizo, todo él enfundado en un pantalón oscuro y una franela azul oscura, adherida a su cuerpo, la parte delantera frenada por la hebilla del cinturón. Jensen Ackles se veía… se veía… si, hermoso, pensó Jared, con un fruncir de cejas y un vacio en el estomago.

   -Veo que llegaste, campeón. –no había notado que el rubio le miraba intensamente, pero ahora capta, con facilidad, el leve tono de reproche.

   La había jodido.

   Sintiéndose confuso, no tanto por el reproche sino por el aire en general de Jensen, quien parece luchar con la depresión aunque mostrándose valiente (idea que le parece intolerablemente desagradable), Jared debe lidiar también con sus amigos. ¡Y cómo daban trabajo estos!

   -¿No íbamos a la farmacia? –pregunta Chad, con cierta urgencia.

   -¿Se te acabaron los antibióticos? ¿Todavía no se te cura? –pregunta Mike.

   -No, imbécil, tu mamá estaba bien jodida. –es la réplica, dura y acostumbrada, que causa cierto revuelo normal de malestar, aunque Jared no escucha, pendiente como está de ese Jensen que parece si escucharles, ceñudo, como peguntándose cómo podían tratarse así y ser amigos, o sí tal comportamiento sería un privilegio de las amistades.

   -Idiota, no hables de mi señora madre, que de todos los que mete en su cama, tú ni cerca estás. –se acalora el chico calvo.

   -Basta, señoritas, Chad tiene razón, ¿no íbamos a comprar más condones? Sólo me quedan dos en la cartera. –tercia Tom, realmente preocupado por la cuestión. A Jared le hace gracia la cara de Jensen.

   -Esperan tener mucha suerte esta noche, ya sabes, muchas chicas se embriagarán más allá de lo prudente y actuaran tontamente. –le informa al rubio, volviendo luego a sus amigos.- Vayan saliendo, ya los alcanzo.

   -Okay. Hay unos que quiero probar…

   -Ah, no, no compraremos esa mierda de sabores, que son tan caros, y tú nunca tienes para el importe, Tom.

   -A las chicas les gusta… -se defiende este.

   -Si, les encanta el sabor a fresas mientras te la maman, pero sólo les dan mamadas a ti y a Jared, ¿por qué debo poner más en el pote entonces?

   -¿Cómo sabes que les dan mamadas a Tom y Jared? –se intriga Mike mientras se alejan.

   -¿No le has visto a la cara a Tom cuando…?

   -Son unos idiotas. –mortificado por alguna razón, Jared explica a sus amigos.

   -Y te esperan. Para ir por condones… por si tienen suerte. Aunque creo que siempre la tienes, ¿no? Las mamadas… –le recuerda Jensen y sonríe, pero es más bien una desvaída mueca.- Imagino que compras por cajas. -¿le reprocha?

   -Jensen, yo… -casi comienza un desmentido, pero no es lo que quiere expresar en esos momentos.- Lo lamento. Siento no haber llegado y estar aquí cuando te presentaste sobre las tablas, pero se me presentó algo y…

   -Imagino qué. Pero cuídate, he visto a Taylor toda la tarde por aquí, así que la reunión no fue con ella. –le desconcierta, y más cuando este eleva una mano y le toca un punto en su propio cuello.- Tienes un bonito chupetón… Que ella no lo vea, campeón. –aconseja y se aleja, volviendo tras el mostrador.

   Y Jared se quiere morir de vergüenza, sin saber muy bien por qué, ¿por haberle fallado con su no presencia?, ¿por ser descubierto en una mentira?, ¿por ser señalado de posible traidor a su novia?… ¿por el desencanto que vio en los ojos de ese chico, ojos por cierto, muy bonitos?

……

   No es Jared Padalecki alguien que se detenga en dudas, qué se aparte de los momentos incómodos simplemente porque lo son. Su papá le había enseñado desde muy niño que las cosas debían afrontarse. Eso le empuja a cruzar la barra y llegarse nuevamente a ese depósito donde una tarde encontrara a Jensen tocando la guitarra. Y fumando, no debía olvidar eso.

   El rubio está ahí, semi inclinado, acomodando unas cajas, y el castaño se detiene a observarle, porque realmente se ve tan diferente con ese pantalón oscuro menos anchos, que demarcaba las líneas de su trasero y muslos, así como la suave franelilla se amoldaba a su espalda, una que de repente le parecía a la de cualquiera del equipo de futbol, y como era corta, una corta franja pálida de piel queda al descubierto entre ella y la cintura del pantalón, parte del bóxer gris se deja ver también y por alguna razón no puede dejar de sentir escalofríos. Le cuesta apartar la mirada, o entender por qué le parecía tan fascinante. Pero bien, no estaba allí para…

   -Lo lamento, Jensen… -repite, suave, notando como su espalda se congela, rígida.

   -¿Por qué, Jared? No tienes nada que…

   -Por todo. Por lo que dijeron los chicos de la obra, por los… aparentes resultados de la representación… -baja la voz.- Por no haber llegado. Quería estar. Debí estar, como te dije que haría y… -su voz va muriendo cuando el otro se vuelve, sonriendo duro, pero no de una manera agresiva, parecía estar molesto consigo mismo.

   -No es cierto, campeón, y lo entiendo. Debí ser menos… -rueda los ojos, mejillas algo rojas.- Casi estaba obligándote a asistir. Sé que a pocos les interesa el teatro, debí imaginarlo. Tal vez si Taylor estuviera en una obra te habrías sentido obligado a asistir y apoyarla, pero por eso, porque era ella, no porque te guste. A mí no me debes esas atenciones. Y tus amigos tienen razón… -se estremece y la sonrisa es dura, una mueca de burla.- Todo fue horrible. Todos estuvimos fatales, hasta Kevin, quien sólo debía subir y bajar el telón, casi había que decírselo en medio de la representación; en un momento dado, de alguna manera, había enredado el cordel alrededor de su cuello y casi muere. –toma aire.- Me puse… terriblemente nervioso cuando vi el auditorio medio lleno, todos mirándome y sonriendo como esperando que metiera la pata… -ríe mal.- Creo que no les decepcioné. Debe ser la primera vez que tal cosa ocurre. Joder, tanto ensayar, tanto desearlo y… -baja la mirada, un mundo de cuestionamientos cruzando su mente, ¿le mentía hace años aquel sujeto que le seguía a casa cuando salía del colegio, deseando tomarle fotos, diciéndole que era bonito y que con su cara y bocas podría ser una estrella y ganar millones y tenerlo todo? Era posible.- Cruz debe haberse colgado. Oh, Dios… -se da en la frente, con macabro humor.- …Pensé en pasar a revisar en su camerino. Lo olvidé… como mis líneas.

   -¡Basta! –no puede soportar escuchar el tono lacerante, la postura rígida de quien sufre, se castiga y a un tiempo quiere protegerse.- No exageres, pecoso, el mundo no se acabó. Mañana despertarás en tu cama y sabrás que todo se ve diferente. Todo será diferente. La próxima vez tomarás un tilo y te calmarás y podrás sacar adelante tu papel. Fue sólo una mala tarde. Es todo.

   -Ha sido un mal día, en un mal mes, de un año malo en medio de una vida… -habla con rapidez, febril, moviéndose de un lado a otro.

   -¿Lo ves?, cuando te aplicas te sale la vena dramática. –Jared quiere callarle. Jensen se detiene, le mira y ríe, suavemente, no es de felicidad, pero sí de recuperación.

   -Eres un idiota, campeón; no vayas a visitar a suicidas potenciales ni nada de eso, ¿okay? Debo… -toma una pequeña caja y va a salir, pero Jared le atrapa por la muñeca con mano de hierro, sorprendiéndose de lo calentita que era la piel del pecoso, quien baja la mirada, rojo de cara.

   -Lo lamento, Jensen; realmente siento haberte fallado… y que las cosas no salieran como esperabas. –le ve tragar en seco, aflojándose.

   -No hay problema, Jared. Como sabiamente dijiste, no es el fin del mundo, ¿verdad? –le sonríe, sin humor, porque él sabe que es cierto lo que dice el otro, y que siempre las cosas pueden ponerse peor.- Debo llevar estas servilletas o…

   -Oye, ven a la fiesta de Joanna. Todo estaremos allá. –le suelta cuando el otro vuelve a intentar alejarse.

   -No creo…

   -La pasarás bien. Olvidarás por un rato todo esto…

   -¿Con tus amigos recordándomelo?

   -No les hagas caso. Si te molestan, te contaré cosas de ellos y podrás chantajearles al final. –ofrece con una sonrisa grande, esperanzada. Quiere que el otro deje esa mala cara.

   -No lo sé…

   -Estamos a punto de dejar toda esta vaina atrás, de tomar cada quien su rumbo; la secundaría terminará y… -por alguna razón le cuesta decirlo, si, dejará de ver a Jensen, como sucederá con muchos, ¿entonces por qué era tan incómodo si lo asociaba a ese chico que tenía apenas días tratando?- Un tiempo acaba. Otro comienza. Pero este todavía está, así que comencemos a despedirnos con la fiesta de nuestras vidas.

   -Estoy rogando que todo esto acabe, tener dieciocho y… -Jensen calla, sosteniéndole la mirada, notando que Jared quiere saber. Preguntar. Luego le tendrá lastima, o le parecerá un chico complicado y se alejará. Y la idea no le gusta.- Bien, tal vez nos veamos allá.

   -Me gustaría mucho. –no puede evitar decir aunque a él mismo le suena algo tonto.

……

   La noche llega, cálida y perfumada, anunciando el verano, el final de las clases, también de una etapa en la vida de los vistosos, alegres y bulliciosos muchachos que se desparraman cerca del granero de los Krupa, la familia de Joanna, a las afueras de la ciudad. Alguien, por alguna razón, levanta una fogata y desde allí, usando las partes posteriores de varias camionetas, vehículos de adultos que trabajan en el área, en manos de sus hijos, los muchachos destapan cavas, chocan cervezas y brindan, mientras ruidosa música se deja escuchar.

   Taylor, mirando a Jared, quien toma algo hablando con Chad, medio baila acompañada de sus amigas. Algunos otros se apartan agrupados, gente que se conoce más o que tiene intereses afines; algunos de ellos, en parejas, tomados de las manos, metiéndose entre los maizales, cada quien buscando un momento de soledad para ponerse en contacto con las ganas de vivir y sentir.

   Cada vez, mientras más oscura es la noche a pesar del cielo tachonado de estrellas, llegan más jóvenes, saludando y chocando manos, o besando. Frente a una de las camionetas se escenifica una competencia alentada por Mike, ver quién bebe más, y en esos momentos se prueba Tom Welling, quien arrodillado en la tierra rojiza, con una corta manguera entrando bastante en su boca, traga con desesperación la amarillenta y fría cerveza que varios, entre risas de aliento, depositan en el embudo donde comienza la manguera. Tom se ahoga tose y tiene que apartar la manguera, acompañado de risas y pitas, bañándose. Mike casi cae con las carcajadas cuando le ve toser y botar del líquido hasta por la nariz.

  Un poco apartado, también tomado ya, Jared les observa, divertido y mortificado. Sabe que es una noche para celebrar, para dejar salir al adolecente que llevan dentro, pero sabe que Tom tendrá problemas con su padre, quien no aprobaba ciertas conductas del muchacho. Y Mike lo sabía, no debería…

   -Estas muy callado. Y apartado. –se sobresalta cuando Taylor llega a su lado.

   -Estoy bien. –es la sosa respuesta, sintiéndose mal. Le gusta Taylor, es hermosa y sexy, sabe moverse en todos los sentidos, su piel es suave y eléctrica. La ha querido durante mucho tiempo, primero como compañerita de estudios en la primaria, más tarde como novia. Le dolía no sentir algo más; la quiere, pero no lo suficiente, y no saber cómo enfrentarse al hecho de que…

   -¿Vamos a terminar, Jared? –la pregunta le hace dar un bote, elevando la mirada y encarándola.

   -Taylor…

   -Oh, por Dios, ¡así es! –jadea, sonriendo pero mirándolo turbada.- Lo intuía, notaba que me mirabas con… Oh, Jared… -no quiere expresar nada, no desea dar un espectáculo, pero le afecta.- ¿Qué pasó? ¿Qué nos pasó?

   -No lo sé, Ty… -se ve realmente afectado.- Yo… -no encuentra las palabras, pero ella asiente y sonríe, llorosa, con algo de enojo pero también pena.

   -No quieres lastimarme porque me quieres, pero no me quieres así y no sabes cómo decirlo sin herirme. –al joven le maravillan las palabras, el conocimiento que la muchacha tiene de él.- ¡Eres un estúpido, Jared Padalecki! No se tiene culpa cuando ya no se quiere… -va a alejarse, como buena adolecente, llorosa y con una leve carrera, pero él la retine como poco antes hizo con Jensen, y no sabe porqué se acuerda de él en esos momentos.

   -No, Ty, no me odies. –suplica, porque eso era importante. Ella le mira y sonríe leve, apoyando la manita sobre la suya y soltándose.

   -Lo siento, amor, no siempre se tiene lo que se quiere. Voy a odiarte… hasta mañana. –impulsiva, porque era un adiós para ella también, se afinca en la punta de sus zapatos, le alcanza y besa fugaz en los labios. Alejándose luego, hacia sus amigas, quienes le miran sobre sus hombros, molestas, y le acogen.

   Jared las mira. La mira. Por un segundo quiere detenerla, decirle que lo pensó mejor, que todavía la quiere, porque es cierto; pero la parte suya que ya madura, o que es jovenmente egoísta, sabe que así es mejor, por duro que fuera el momento. Que todo había acabado, y mejor de lo que esperaba. Que dolía, pero dejaría de hacerlo en algún momento, y que siempre podía llegar a la puerta de Taylor y pedir su amistad, una que le era importante.

   Sin embargo, ya no estaba de ánimos, ni siquiera le distrajo escuchar y ver el estallido de risas que provoca en el grupo un muy ebrio Tom cuando intenta ponerse de pie, yéndose hacia adelante y casi derribando a dos, luego hacia atrás, de culo sobre la portezuela abierta de la camioneta, resbalando y cayendo en la tierra. Riendo, Mike se tiende y le ayuda a ponerse de pie, casi luchando con su peso, Tom con cara de puchero, sentándole realmente sobre la portezuela. El rostro ebrio de Tom Welling era ciertamente gracioso.

   Pero ni eso le divierte ahora. No mientras sigue influido por la sensación de leve pesar, por Taylor. Así que se aparta, cerveza en mano, y se detiene frente a la hilera del maíz, ensanchando su tórax tomando aire, y mirando hacia la noche, se dice que estará bien. Es cuando oye un leve, violento y ronco gruñido.

   -¡Vamos, maricón! Abre tu boca de chupapollas, sé que te gusta… -acusa uno, exigiendo con vehemencia, seguido de lo que claramente se oye como una bofetada.

   -¡Déjame en paz, hijo de perra! –hay un lloriqueo de ira y Jared se congela.

   ¡Jensen!

CONTINÚA … 5

Julio César.

NOTA: Y comienza una historia de años de encuentros y despedidas.

EL NEGOCITO DE DEAN… 3

mayo 4, 2014

EL NEGOCITO DE DEAN                         … 2

DEAN WINCHESTER HOT

   -¿Se te antoja algo, Samantha?

……

   -Sam, ¿tienes algo? –pregunta al fin John.

   -Estoy bien. No tengo… mucho apetito. –responde con un puchero, intentado no sonar a la defensiva o amargado, es decir, como un adolecente malcriado cualquiera.

   -No has probado casi nada. ¿No te gusta? –pregunta Laura, preocupada.- Me gusta guisar salchichas y creí…

   -Están deliciosas. –interviene Dean, sonriendo, y Sam le lanza dos rayos mortales con sus ojos al verle sostener un grueso pedazo de salchicha junto a sus labios rojizos y húmedos, abriéndolos y atrapándolo, cubriéndolo lentamente, le parece.

   -Antes te gustaba. –se queja John, pero sin querer entrar en una discusión, así que se vuelve hacia Laura.- No entiendo a este chico. Creo que terminará como vegetariano. –sonríe orgulloso mirando al otro.- No es como Dean, mira cómo disfruta comer sus salchichas…

   Y Sam casi siente que se desmaya, atrapado en la irrealidad, mordiéndose la lengua para no aclararle a su padre qué tanto adora Dean tener una buena salchicha en su boca. Baja la mirada y respira pesadamente.

   Se va a morir. Si, seguro se muere… aunque no sabe exactamente de qué será.

   ¡Y todavía tiene que compartir, esa noche, el dormitorio con ese hijo de puta!

……

   -¡Hijo de puta!, ¿cómo puedes ser tan… tan… puta? –estalla Sam, ahogándose de indignación al encontrar a Dean en aquel salón de clases, de rodillas, el culo afuera por tener los pantalones en las rodillas, tragándose la dura y roja verga de Damon Salvatore, ¡un chico de su propia clase!

   -¡Sam! –jadea este, volviéndose, mirada nublada de lujuria, labios rojos, húmedos e hinchados.- Es tan rico, Sam… -y azota su boca con la punta del glande del chico mal encarado por la interrupción, el cual casi está sentado sobre el escritorio del profesor, agarrándose con las dos manos al mueble.- Esto me nutre. –le confiesa y sin quitarle los ojos de encima acerca los labios, los abre mórbidamente y va tragándose el tolete, centímetro a centímetro, cerrando las mejillas sobre el cilíndrico tronco, comenzando una leve succión, una que obliga a Salvatore a agarrarse con más fuerza.

   Con un alarido el joven despierta en su cama, el corazón palpitándole feamente en el pecho, la boca muy seca, levemente bañado en transpiración. La joven verga latiéndole con desesperación y urgencia bajo su bóxer, urgidita de ser tocada, acariciada y mimada, enviándole corrientazos de incitación, prometiéndole el cielo de los orgasmos si se la frotaba justo ahora. ¡Y él era tan sólo un chico de quince años!, así que está temblando casi de fiebre, cayendo nuevamente de espaldas sobre su cama, cerrando los ojos, llevándose una mano a su pelvis, gritándose que está mal, que es horrible, una abominación masturbarse pensando en su hermano, el chupa vergas ese que…

   Congelándose se detiene y medio cubre cuando la puerta del dormitorio se abre y en la penumbra ve entrar a Dean, sonriendo cansino, despojándose de su chaqueta. Finge dormir, aunque sabe que su reparación no engañaría al otro si le dedicaba tiempo. Tenía Dean cierto instinto para captar cosas que recordaban los relatos del abuelo Henry sobre cazadores. Simula moverse dormido, dándole la espalda, oyéndole canturrear bajo, seguramente con una o dos cervezas encima. Su padre debería vigilarle, se dice con algo de inquietud. Aparentemente, como casi nunca les daba dinero ya, John no imaginaba que su hijo mayor tomaba, ¿con qué iba a comprar el licor? Le oye desvestirse, y algo que siempre le incomodó y molestó, porque comparten cuarto, ahora suena diferente. Le llega el olor. ¡Ese cerdo!

   Después de la sesión de tortura mental y fisca a la que llamaron cena en familia, con Laura, su ex profesora incluida, Dean se había despedido. Sus ojos brillaban y Sam sospechó que John intuía a qué iba. Seguramente a recoger alguna de sus putillas en la camioneta, brindarle una grasienta hamburguesa e ir a un cine donde le habría apretado las tetas hasta hacérselas crecer un poco más, antes de meterle mano y terminar tirando en la camioneta. Para eso tenía dinero, uno ganado con el sudor de su frente… o la succión de su garganta. Mierda, tiraba en la donde debía viajar a la escuela todos los días. Ese pensamiento que antes le habría llenado de disgusto, ahora le estremecía. Si, Dean había salido con una de sus nenas, como decía. El olor a sexo con chicas era inconfundible para el menor, quien tenía prácticamente dos o tres años notándolo de noche en noche.

   Le oye caer en su cama, suspirando cansino, satisfecho. Espera un poco y se vuelve. A la suave luz de la penumbra que entra por la ventana, le ve sobre la cama, de espaldas, una pierna extendida, la otra medio flexionada, las manos bajo su nuca, una sonrisa en los labios… llevando incamente uno de sus nuevos, y muy costosos, bóxers cortos que destacaba sobre su cuerpo atlético y flexible, aunque no muy musculoso. Era alto, pero todos decían que él terminaría sobrepasándole. Su hermano tenía un cuerpo suave, armonioso y hermoso, y la idea le produjo un escalofrió por la columna.

   Con furia cierra los ojos y se vuelve en la cama, tembloroso y caliente. No podía continuar pensando en eso. O terminaría quemándose en el Infierno.

……

   Si, terminará ardiendo en el Infierno, ahora estaba convencido. Pero entre torturado y excitando, tal cosa que le angustiaba por momentos, en otros ni le interesaba… Como ahora, cuando con la verga dura contra el pantalón, tragándose los jadeos, espía a su hermano en su trabajito extracurricular. Ahora lo hacía a todas horas, era quedarse a solas, recordar algo de su hermano y terminar con una verdadera angustia y urgencia por masturbarse. A duras penas resistía y teme que un día estallará.

   Recordemos, que ya de antes, Sam vivía caliente, ahora había que sumarle que estaba obsesionado con Dean. Con seguirle y espiarle.

   Este le llevaba a la escuela como todos los días, chuleaba de aquí para allá, fumando en los estacionamiento, piropeando a las porrista que reían como tontas al verle, entrar a una que otra clase donde era, sin embargo, un estudiante más que regular, para luego desaparecer… Sam sabía a dónde y a qué. Y aunque se juraba, al principio, no ir, siempre volvía y miraba.

   Dean mamaba vergas a todas horas tras la biblioteca. O era parte de lo que hacía, de rodillas sobre una veja alfombra que no había notado la primera vez, pero luego sí. Allí esperaba, recostado de la reja, un tacón contra la misma, fumando, hasta que uno de esos chicos llegaba, todo caliente y levemente temeroso. Una mezcla que otro no entendería, iba para que un maricón le comiera la verga, pero era que Dean se pasaba. Sonriendo les arrojaba contra la cerca, caía de rodillas y a veces los tocaba sobre los jeans, o mordía las figuras de esos erectos toletes de muchachos calientes, antes de abrir las braguetas y botones, y tragarlas, su rubia cabeza de adelante atrás, frenética, llenándose la boca con ellas.

   Sam había aprendido a captar las señales, la manera en las que las mejillas de Dean se sonrojaban, como su respiración se afilaba y sus pupilas verdosas se dilataban a la vista de los rojizos toletes jóvenes, tiesos. Dios, le gustaba eso, le excitaba la antelación, verlas, olerlas como a veces hacía, bañándolas con su aliento, antes de tragarlas de golpe, o recorrerlas con su lengua de abajo arriba, o de jugar azotándoles los glandes con la punta. Tenía muchas entradas, pero dos o tres cosas eran cierta: le gustaba ver esas vergas duras por él, amaba tragarlas y saborearlas sobre su lengua antes de succionarlas en busca de la esperma… y controlar. A todos les tocaba en zonas prohibidas, a un tipo rubio, jugador de básquet, Lucas algo, se la tragaba hasta los pelos, resollándole allí, mientras le metía de lleno dos dedos por el culo, notándose que los agitaba allí. ¡Dos dedos al joven atleta ese!

   Pero eso no era lo único que trastornaba a Sam en su escondite del segundo piso, corazón loco, tembloroso, totalmente avergonzado y caliente mientras se la soba un poco sobre las ropas viendo a su hermano guarro haciendo todo aquello, era que a ese chico, al que Dean miraba a los ojos de manera intensa mientras sus gordos labios rojos dejaban salir la verga nervuda y roja, le preguntaba, mórbido, metiéndole y sacándole los dos dedos del culo, cogiéndole…

   -¿Le gustan mis dedos en su culo, señor Lucas Scott?

   Y preguntaba y preguntaba, sin mamar, hasta que ese chico, torciéndose sobre su mano, los dedos bien metidos, el tolete temblándole feo y babeando, gemía que sí, que amaba sentir sus dedos en el culo, que le metiera otro, momento cuando Dean volvía a tragarle, ahuecando sus mejillas, seguramente llevándole al cielo. Sam estaba convencido de ello, que le boca de Dean sobre tu verga debía ser la mejor cosa de este mundo.

   Los días transcurrían así, a Sam a veces se le olvidaba dónde estaba o qué debía estar haciendo, pendiente de Dean y su negocio, uno con el que le había regalado, dos días antes, un bonito reloj de muñeca. Era caro, pero ganaba bien. O era bien recompensado porque era bueno. Eran chicos y chicos que venían buscándole, algunos debían estar robando a sus padres para pagarle, porque cada día por en medio les veía regresar. Aparentemente Dean era adictivo. Y siempre había algo nuevo…

   Una tarde mamó las vergas de Clark Kent, que parecía un asiduo, junto a un amigo de este, ese chico calvo llamado Lex Luthor. Ya el menor les había visto por separados (percatándose de lo alarmante que era el asunto, conocía las vergas de buena parte de los chicos del colegio, y a veces, cruzándoselos en el pasillo, reparaba en ello, mortificándole que se excitara, porque en seguida recordaba al guarro de su hermano). Dean bromeó con ellos y cayó entre los dos, sobándoles las evidentes erecciones sobre los pantalones, cosa normal, porque si la perspectiva de una mamada era buena, hacerlo al lado de otro sujeto, un colega y amigo del colegio, también caliente, era aún más estimulante. Y Sam le veía trabajar, las manos ahuecándose sobre esas vergas, apretando, esos chicos gimiendo como tiene que hacer todo al que se la tocan así.

   Le vio sacar primero la de Clark, rojiza y larga, recorriéndola con la lengua y recogiendo el líquido que ya mojaba su punta, llenándosela con ese sabor antes de librar y tragar con gemidos de gusto y esfuerzo, la de Lex, más gruesa de base. Mamaba de uno al otro, con gemidos y succiones. Tragaba la de Lex, ordeñándola con su garganta donde la manzana de Adán subía y bajaba locamente, mientras masturbaba la más hinchada y mojada verga de Clark, antes de ir a su encuentro, un espeso hilo de saliva colgando de sus labios, y tragarla. Iba de una a la otra y a Sam le dolía todo, casi incapaz de contenerse ante el deseo de masturbarse; estaba quemándose de lujuria, como ocurre a esa edad. Ver a su hermano, sonriendo gañán, mejillas rojas, labios hinchados, cara mojada de espesa saliva y jugos de chicos, ir de una verga a la otra, era insólitamente espectacular. Y luego…

   Sam traga y casi gatea para asomarse más, su tolete mojándole el pantalón. Dean halaba de esas vergas, acercándolas, obligando a los chicos a estar muy juntos, y estos los hacían, muy rojos de caras, por la lujuria pero también por esa cercanía que Dean les imponía. Las vergas chocan, se pegan, y bajando más el rostro, mirándoles vicioso y travieso, Dean lengüetea bajo las dos cabecitas que parecen temblar y vomitar sus líquidos, unos que la roja lengua recoge, paladea y traga. Dios, el muy sucio intenta tragarlas las dos, abriendo mucho esa boca que es capaz de morder hamburguesas triples. Y lo logra. Succiona los dos glandes, mirándoles perversos, sabiendo que esos chicos estaban disfrutando de una dulce agonía de sexo; las frota con sus manos y les obliga a pegar los ojetes de sus glandes, dos chicos totalmente trastornados de lujuria dándose un besito de hueco a hueco, imagen que los dos recordarían por el resto de sus vidas más allá de la secundaría.

   El tratamiento les hace tensarse, y abriendo mucho la boca, Dean recoge la corrida de Lex, luego la de Clark, trallazos que cruzan su cara, bañan su frente, caen dentro de su boca y lengua afuera; los chicos de pie, ambos desfallecientes, caen sobre la reja buscando apoyo, tal vez inconscientes del hecho que Clark rodea con un brazo los hombros de lex y este su cintura. Dean, jadeando, lamiéndose los gruesos labios recogiendo lo que queda de ambas lechadas, (Dios, si, le gusta, Sam tiene que admitirlo por su rostro). Pero no es todo. Se trata de Dean. Este se pone de pie y le echa los brazos al cuello a Clark, que parece querer disimular porque Lex está ahí, pero cuando la boca del rubio pecoso cubre la suya, pierde la cordura y le responde, besándole, mordiéndole, chupando de su lengua los retos de la leche recién ordeñada. Terminada la caricia y Dean les mira burlón.

   -¿No tiene un saborcito rico la esperma de Lex? –le pregunta a Clark, para mortificarle, luego dice al chico calvo.- Le encanta…

   Hay negaciones, risas, medios empujones, el dinero cambia de manos y se alejan. Dean con el dorso de la mano se limpia un tanto la cara.

   -¡Muy bonito, Winchester! –brama una voz dura, Damon Werth.

   -¡Entrenador! –grazna Dean, palideciendo al verse pillado por el sólido sujeto.- Yo no…

   -¿No hacía lo que creí ver? Oh, vamos, Winchester, ahórreme las historias. –es seco, pero Sam, y seguramente Dean, notan que bajo su mono azul deportivo se esconde una enorme, muy enorme erección, la del sujeto treintón, alto y atlético que es. Se la agarra.- Mejor le convendría usar esa boca como mejor sabe hacerlo. –les sorprende.

   -¿Quiere chantajearme sexualmente, señor Werth? –Dean abre mucho los ojos. Mirando esa erección, sonriendo.- Vale para mí…

   Dios, lo iba a hacer, jadea Sam, mirándole acercarse y tocarla.

   Claro, ignora, como ignora Dean, que a ese hombre le gustan más los culos, de tías, generalmente, pero con la calentura que lleva… Y Dean pronto lo descubriría.

CONTINÚA … 4

Julio César.

SUPERNATURAL POR WARNER, ¡ESOS HIJOS DE…!

abril 22, 2014

LOS WINCHESTER Y LA CARRETERA

DEAN WINCHESTER, EL CAZADOR

   -Es que provoca tener una pistola y…

   No lo entiendo, ¿acaso el Canal Warner ya no quieren el programa? ¡Entréguelo a otra cadena, coño! AXN podría ser una alternativa, su programación machacona da buenos resultados. A pesar de los años, uno no termina de cansarse de las repeticiones de todas las CSI, Criminal Minds, y ahora NCIS. Un programa como SUPERNATURAL, a las ocho de la noche, o a las nueve, se apoderaría de la sintonía. Sin embargo continúa por la Warner, o al menos así lo veo yo por DIREC-TV, caso Venezuela. Primero no transmiten la octava temporada, ni un solo episodio durante todo el año pasado, para anunciar la novela y rematar la anterior en un forzado maratón de fin de semana. Soy un fan de los fieles, pero ni yo pude seguirlo, terminaba tarde y, peor, comenzando bien temprano, ¿quién está en su casa a las siete de la noche un viernes? Okay, le dieron un grosero y desconsiderado remate con el fulano maratón, pero al menos quedaba la ilusión de que transmitirían la novena temporada. ¡Y con qué basura salieron!

   De entrada preocupaba que fuera los lunes, cuando, particularmente, si estoy temprano, veo Criminal Minds o Grimm (una serie realmente amena), y ahora reina ese monstruo, porque es un monstruo en todos los sentidos, Hannibal. Aunque había comenzado a verla por la red, la cual también me ha decepcionado (el portal quiere que descargue no sé que cosa), me dije que la vería. ¡Es SUPERNATURAL, carajo!… y la dejan los lunes, si, para después de la media noche. La verdad es que el término era contradictorio, si es lunes, después de la media noche, debería ser terminando el domingo, al segundo siguiente después de la media noche; pero no, es realmente después del lunes, para el martes, ¡a la una de la noche!, una vaina que no es ni medianoche ni es de madrugada. ¿Quién carajo lo verá a esa hora? Desocupados e insomnes, los demás tenemos ciertos límites, y para mí, caer en mi cama antes de la una, es uno.

   Claro, se podría grabar, pero es mentira eso de que uno luego ve un programa así, jamás hay tiempo. ¿Por qué tratan al programa de esta manera? Pareciera que lo hicieran para sabotearla, para que no sea sintonizada y tal vez salir de ella. Si es la razón, insisto, véndanla a otro Canal. Desde que “transmiten” la novena temporada, a esas horas, no he visto un solo episodio.

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 12

abril 8, 2014

CORAZON DE PLATA                         … 11

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   A diferencia de su visión, el tiempo en el exterior del colegio no es nada claro, y fuera del poblado, una mujer mayor, delgada y enjuta, con pañoleta en sus cabeza, medio saca algo de nieve de la calzada que da a la entrada de la sólida vivienda de madera, con techos bajos, de tejas rojas, ahora casi toda cubierta de nieve acumulada. Algo de humo, uno oscuro, sale por la boca de la chimenea.

   La mujer se ve preocupada mientras trabaja. Espera. Lleva días aguardando y la verdad es que ya estaba molestándose. Lanza desmañadamente un palazo de nieve lejos y se endereza, llevándose una mano a la espalda baja, justo donde dolía.

   -¿Sólo hará eso? ¿Mirarme trabajar? ¿Acaso espera que muera de un infarto? –jadea por el esfuerzo de palear, voz levemente cantarina con un acento eslavo. Cargada de ironía.

   -No sería una mala solución, esperar que cayera y buscar lo que deseo. –responde Kathy Bates, apareciendo por un costado de la vivienda, a sus espaldas. La mano dentro del enorme bolso abierto. La mujer se vuelve y la encara.

   -Pero no ha ocurrido. Tendrá que hacer su trabajo. –reta, mejillas arrugadas y hundidas, boca de labios delgados y rapaces, ojillos llenos de malicia.

   -Qué así sea, Soraya. –responde Kathy, y resuelta se encamina hacia su enemiga.

   El arrugado rostro de la mujer se aja más cuando medio ríe, cascada, soltando la pala.

   -¿Por qué mejor no tomamos antes un te? –aguarda y alza las manos.- Prometo no envenenarle… a menos que se descuide.

   Kathy duda, entre el disgusto que siente por esa mujer (intentando engañarse un poco, la verdad es que la odia), y la necesidad de saber.

   -No le daré la oportunidad. –retira la mano del bolso, pero lo deja abierto, alzando una ceja en respuesta a la mirada de la otra.- ¿Qué? No le haré daño… a menos que baje la guardia. -eso parece bastar para la otra, que emprende la marcha.

   -Me preguntaba cuándo aparecería por aquí. –señala sin volverse, abriendo la puerta.

   -Me costó encontrarle. Hizo un buen trabajo ocultándose en este fin de mundo. –Kathy penetra en la pequeña, atiborrada y algo oscura salita comedor, más allá un muro divide la zona de la cocina.

   -Evidentemente no muy bueno. Aquí está. –aclara ella, tomando una tetera, volcándola para que se vea que no hay nada, llenándola del grifo y montándola sobre el fuego.

   -A menos que fuera su intensión. –la afirmación la hace volverse.- Oh, sí, el señor Smith agitó una zanahoria atractiva frente a mis ojos, para traerme a Nome, pero no puedo evitar preguntándome sí él mismo no estaría siendo manipulado. ¿Puedo? –señala una silla junto a la vieja mesa llena de libros, revistas y recetas de comidas.

   -Por supuesto, disculpe mis modales. –parece algo concentrada en lo dicho por la otra.- Creo que me perdí, no entiendo lo del señor Smith…

   -Qué se me hiciera venir con la promesa de aclararme algo, cuando en realidad se buscaba otra cosa… Tal vez hacerme venir al lugar donde me querían. Es una bruja, ¿verdad? –es tajante, la otra pega un respingo.

   -Una wicca…

   -La rosa es una rosa, aún con otro nombre. La mierda también. –no puede evitar la ira. La otra entrecierra los ojos.

   -Palabras duras… viniendo de la madre de una maga blanca. –es Kathy quien lo reciente ahora.

   -Esa maldición selló su destino, y el de su familia. Aún antes de nacer. –hay dolor y enojo en sus palabras. Se hace un denso silencio y la tetera comienza a gorgojar.- ¿Por qué…? ¿Por qué asesinaron a mi niña y a sus hijos?

   -¿Aún no lo sabe? Lleva años… -se sorprende, luego sonríe, burlona.- Entiendo… ha encontrado y matado infinidad de seres mágicos, pero ninguno ha hablado. –le da la espalda y retira la tetera del fuego, dirigiéndose luego a la mesa.- ¿Se le ocurrió alguna vez que, tal vez, nada sabían?

   -Más de una vez… pero de nada valió cuando se arrojaron con garras y conillos en mi contra. –la otra sirve dos tazas y toma asiento también.

   -Hace muchos años, el patriarca de un poderoso clan necesitaba el corazón de una maga blanca, nacida de la casa opuesta de la noche, para restituir los poderes que había perdido. Debían capturarla, a su hija, pero en su escape, perdió la vida. Y su familia.

   -¡La asesinaron! ¡No fue un accidente! –es tajante, la otra sonríe y eso le molesta más.

   -Bien, se puede decir que sí. De haberle echado guante, la habrían matado, indudablemente. ¿Lo sabía?

   -Sabía que la asesinaron, no el por qué… O quién, exactamente…

   -El nombre exacto del patriarca, lo ignoro, pero… -su mente saca apresuradas cuentas.

   -…Algo nos hizo venir a estas latitudes, a mi nieto y a mí. Pudo ser para una emboscada en el fin del mundo y librarse de todos en mi casa, o…

   -…Alguien aspira a que su nieto pueda ser más importante de lo que aparenta. –la enormidad de la revelación deja a la mujer sin habla.

   -Si se atreven a tocar a mi nieto…

   -No tengo ningún interés en ello.

   -¿Para quién trabaja el señor Smith?

   -Lo ignoro.

   -Le curó. –acusa.

   -Reparé lo que pude. Sus heridas eran serias, le lastimó bastante. Es mi trabajo, soy una curandera. Nada más. Sólo puedo decirle que tenía sangre de licántropos…

   -Lo sé, y eso hace que me pregunte…

   -Y no se equivocaría. La ciudad está controlada por ellos, los lobos; llegaron un día, se asentaron y prosperaron, mimetizándose, cubriendo sus rastros, como oculta usted el suyo. Son todos, los importantes en Nome, los Welling, los Murray, los Harris, los McCoy… y una de las familias más prominentes… los Padalecki.

   -¿Welling? ¿Cómo el comisario de intensos ojos azules?

   -El mismo adorable y sexy hijo de perra… -y sonríe arrugando más la cara.- Y en este caso es casi literal.

   -¿Y dice que en una de esas casas…?

   -…Puede encontrarse el patriarca sin poderes. Su enemigo. El mortal enemigo de su nieto.

……

   -Suéltame, Jared… -totalmente enrojecido, avergonzado de pies a cabeza, Jensen le pide al otro, quien le sostiene todavía.

   -¿Qué? –Jared parece encogerse, apretando un poquito más la mano del otro, tan necesitado de sentirle.- ¿No quieres que te toque?

   -No es eso… -casi se desmaya de bochorno cuando el otro sonríe intensamente.- Es que nos miran…

   -¿Y qué importa? –parece confuso, resistiéndose cuando Jensen manotea, soltándole al fin, algo que le cuesta mucho. El rubio frunce el ceño, seguramente sintiéndolo también.

   -¡No puedo pensar cuando me tocas! –y enrojece feamente cuando una chica que pasaba se vuelve, le mira y ríe.- Esto no es… normal. Que todo lo olvide, que todo sea menos… -no encuentra cómo decir que se siente bien, feliz, casi eufórico cuando el más alto está presente y le toca. Este baja un poco el rostro acercándolo al suyo.

   -A mí me pasa igual. A tu lado todo es mejor. –confiesa, simple.

   -¿No te parece raro?

   -¿Y si es… amor? –lo dice al fin, alzando los hombros. La cuestión es puesta brutalmente sobre la mesa. Necesita hacerlo porque entiende muy bien el paso que dio.

   -¿Qué? ¿Amor? –enrojece y se escandaliza.- Oh, por Dios, no vayas a decirme que me ves rodeado de corazoncitos rosas y… -calla su intento de burla y jadea cuando un dedo del otro va a sus labios, silenciándole, afectándole tanto como a Jared, lo nota por el oscurecer de su mirada. Tiembla con unas ganas horribles de mover sus labios y besar ese dedo de manera procaz.

   -Así te veo… -confiesa, separándose un paso, alzándose, enderezando la espalda y cruzando los brazos.- Jen…

   -Jensen… -corrige.

   -…Me gustas, me gusta mucho. Casi podría decir que me gustas demasiado, como nunca antes me había interesado, atraído y maravillado otra persona. –confiesa, en ese pasillo, mientras todavía hay muchachos cruzando de aquí para allá, y sus palabras estremecen al rubio.- Dios, desde que te conocí no he podido dejar de pensar en ti. Sólo quiero verte, escucharte, mirarte… Cuando no estoy junto a ti, como en este fin de semana, todo me parece terrible. Y tendría que estar asustado, nadie debería tener tanto poder sobre tu persona; tu felicidad o bienestar no debería estar en manos de otro, porque… ¿y si no me correspondes? ¿Y si no aspiras, esperas o anhelas lo mismos que yo? Pero… no lo sé… -abre los brazos, como exponiéndose.- No me importa nada, Jensen Ackles, porque ninguno de esos riegos o temores son suficiente para opacar lo increíble que es estar a tu lado. –sonríe, enrojeciendo como un chiquillo.- ¿Sabes…? Cuando venía esta mañana para la escuela, corriendo como un loco para llegar y verte… pensaba en palabras que rimaran con tu nombre, con tus ojos y tus pecas… y quería ponerles música y gritarlo… y eso nunca me había pasado. Y era una sensación que me ahogaba, enorme, terrible y maravillosa.

   -Jared, cállate… -jadea Jensen, desbordado, la piel erizada. Pero el otro se acerca un poco, haciéndole retener el aire.

   -Vine… vine hoy… -traga, la voz fallándole por la emoción y la inmensidad de lo que dirá.- No sé bien esperando qué… -ríe, indefenso y angustiado.- Necesito que me resuelvas, que me digas qué soy para ti, qué eres para mí, dónde estamos o podemos llegar…

   -¿Qué!? –el color escapa de su rostro de manera alarmante, ¿acaso Jared estaba pidiéndole… salir? Y el muy gilipollas ríe.

   -Creo que lo captas. Quiero que me digas sí o no, si está bien o mal. Quiero tener tu permiso, el derecho de llamarte, de visitarte… -enumera mientras calla que quiere tomarle de la mano por el pasillo o la calle, y caminar uno al lado del otro hablando de mil tonterías, que desea mostrarle hasta el último rincón del pueblo y sus alrededores, sus lugares amados, los peligrosos pero excitantes, los simplemente hermosos que robaban el aliento. Quiere llevarle a su lugar secreto, tomarle el rostro entre las manos, sumergiéndose en sus ojos y besarle hasta que tema morir por falta de aliento. Todo eso quiere, pero lo calla por ahora. En ese instante se conforma con tener la potestad de llamarle, esa noche, muy tarde, y que su voz sea lo último que escuche mientras vaya durmiéndose, y la sola idea le hace estremecer de emoción. Lo sabe, se dice con un agitado respirar, que es tonto, empalagoso, cursi; todas esas cosas que se supone los novios desean y que siempre le parecieron tonterías, pero ahora… ¡Quiere a Jensen!

   -Jared, no sé qué pretendes, pero esto…

   -Quiero que no me temas, que no te angusties por lo que nos ocurre ni lo veas como un peligro; que no luches contra esto, ¿para qué? ¿No te parece increíble a ti también? Vamos a ver a dónde nos lleva, Jen…

   -Jensen… -le corrige automáticamente, confuso, deseando con todas sus fuerzas decirle que sí, que quiere saber qué significa toda esa alegre intoxicación que padece, todas esas ganas de mirar el mudo por sus ojos, comprobar si lo que nota en las pupilas rasgadas y multicolores del otro chico es cierto, que le encuentra sencillamente fascinante, a él, que siempre se ha sentido tan inconveniente. Bien, ¿por qué coño no hacerlo?

   Abre la boca, Jared presiente la respuesta y su espalda se endereza, sonriendo anticipadamente, si decía que si…

   -Jensen, Jared, ¿qué hacen? ¿Ensayan una obra teatral? –una alarmada voz de mujer les sobresalta, y Jensen enrojece feamente, al tiempo que Jared quiere golpearse la cabeza de una pared.

   -Allison, no es asunto tuyo…

   -Es asunto de toda la escuela. Todos te están viendo. –interviene otra voz, a sus espaldas, y los dos chicos se vuelven para encontrar a la mal encarada Alexis.

   Las palabras de la chica obligan a Jensen a reparar nuevamente en ello, que se expone, que atrae la atención de todos, y sintiéndose estallar en llamas sólo piensa en alejarse, evadirse, ocultarse, la conducta de siempre. Y mientras lo hace, esquiva una mano de Jared que, automáticamente, se elevó para retenerle. Allison, rostro vacío de expresión, mira de manera fría al castaño y a la menuda joven, dando media vuelta y alejándose también, tras el rubio.

   Jared teme eso. Lo que Alison pueda hacer o decir, sabe que podría hacerle daño si lo deseara. Y le tiene ganas desde hace tiempo. Va a seguirles pero la menuda, delgada y bajita Alexis le corta el paso y por alguna razón se detiene en seco. Ella le mira todo ojos, como si de pronto creyera que no era el Jared de siempre, como si no le reconociera.

   -¿Acaso te has vuelto completamente loco? ¿Propiciaste el apareamiento?

   -No tuve que hacerlo. Es él, Alexis. Es Jensen. –se defiende cruzando los brazos sobre su pecho.- Lo supe cuando le sentí en la cancha, a su llegada.

   -Podías… -casi grita, más alarmada que molesta, pero el otro la silencia.

   -No quise hacer nada. No intenté siquiera detener el apareamiento o detenerme. –traga y mira por donde Jensen se marchó.- No puedes entenderlo, amiga, te ha gustado gente, has creído amar, también yo. La emoción de la cercanía, del coqueteo, de tocar esa otra piel, de besarla. Lo he hecho y mi corazón se llenaba de alegrías y ganas, mi piel se excitaba… Pero todo eso ni siquiera se acerca a lo que esto significa. Lo que significa Jensen para mí. –la mira, ojos soñadores.- Le deseo, le necesito, le quiero… -cierra los ojos.- Pienso en Jensen, aquí y ahora mientras estás tan molesta, llena de dudas y malos agüeros… y sé que todo estará bien, que todo es perfecto en el mundo.

   -Jared, tú madre… –le recuerda, logrando borrarle algo de esa felicidad que tanto la asusta.- Ella es una mujer conservadora, no tolerará esto.

   -¿Qué me haya apareado así… o que fuera de un chico? –reta, preguntándoselo él también. La ve boquear.

   -No lo sé. Es tu madre, tú la conocerás mejor. –se defiende.- Pero has sido irresponsable, mucho; nos has puesto a todos en peligro. No sabes quién es él, por Dios, no sabes por qué está aquí.

   -Jensen nunca me haría daño. Nunca nos lastimaría. –lo dice con convicción.

   -¡No lo sabes! Estás esperando que no haga nada, que no nos dañe, pero no puedes estar seguro. –se exaspera y casi grita de frustración cuando le ve cerrar los ojos otra vez, pensando en el rubio, sonriendo y tocándose sobre el corazón.

   -Lo sé. Lo siento aquí… -y se palmea.- Todo estará bien, Alexis, ya lo verás. –asegura y se aleja, dejándola con la boca abierta.

   -Pero Jared… ¡Jared! -todavía le sigue.

   No notan que de un salón de clases, vacío, sale Tom Welling, sonriendo de manera cruel. Vaya con el castaño, estaba cavando su tumba. Y la de ese rubio pecoso también.

……

   Allison, hablando de manera nerviosa hasta por los codos, sigue a un Jensen que intenta alejarse a buen pie.

   -¿Con Jared? ¿Te gusta Jared? Pensé que me había dicho que no te simpatizaba, qué…

   -Por favor, no quiero hablar de eso ahora, ¿está bien? Es… confuso. Para mí más que para cualquiera. Ni siquiera entiendo bien por qué… -me gusta tanto, pero no lo dice.

   -Pero Jensen, ¿Jared? Te dije que debías… -la joven se detiene y le detiene atrapándole un brazo.- ¡Esto no está bien!

   -¿Por qué somos chicos? –la reta, aunque sabe que no se trata de eso.

   -¡No! ¿Qué carajo me importa si tú y Jared Padalecki caminan de culo sobre un camino lleno de erectas…?

   -¡Allison! –enrojece violentamente notando miradas de otros.

   -Él no es… -parece alterada.- Jensen, en condiciones ordinarias esta noticia me haría delirar de gusto, saber que el necio de Padalecki anda sorbiéndose los vientos por un chico, deseando enterrar su nariz en el suspensorio que usas en tus practicas de volibol, sobre todo después de tener tantas novias y sabiendo que eso pondrá de cama a la necia de Sandy, pero… tú me agradas. Y ahora estás en medio de todo esto.

   -Por Dios, Alison, ¿qué dices? Pareces querer advertirme contra un trato con el demonio. –intenta una sonrisa, atacado por sus dudas. ¿Estaría equivocándose al dejarse llevar así? No sería la primera vez que mete la pata por mal juicio.

   -Debes tener cuidado. Con Jared y su gente, con su familia y sus amigos. Ellos no son como… todos los demás.

   -¿De qué hablas? –la reta y la joven abre la boca, decidida a hablar, pero tras el rubio aparece Chad Murray, mirándola de manera terrible con sus ojos de un tenue amarillento que va intensificándose.

   -Nada. De nada. Debes tener cuidado. –lanza con rapidez.- Debo ir… a… A otra parte. –y se marcha, dejándole confuso pero amoscado.

   Jensen se vuelve con rapidez, pero no hay nadie detrás de él, aunque habría jurado que notó una presencia; además, la cara de Alison al mirar sobre su hombro…

……

   -Ni se te ocurra contar nada, Hannigan. –rato más tarde, Allison es atrapada fieramente por una muñeca, siendo encarada por Chad Murray.- Hazlo y te vas a arrepentir el resto de tu vida.

CONTINÚA … 13

Julio César.

EL NEGOCITO DE DEAN… 2

abril 4, 2014

EL NEGOCITO DE DEAN

   Presento a consideración esta historia, totalmente sin moraleja ni muchos puntos de contacto con la historia real, es pornografía, simple y ramplona, ¿okay? Aquí encontramos a un torturado Sam Winchester que está en esos años difíciles de la adolescencia (¿recuerdan cómo eran?), y descubre algo sobre su hermano mayor. Para que la idea funcione, entre ambos sólo existe una diferencia de edad de dos años. Es para adultos, como casi todo en estas páginas. Ya me dirán qué opinan.

……

DEAN WINCHESTER HOT

   -¿Se te antoja algo, Samantha?

……

   -Por favor, Dean, por favor… -jadea Clark, ronco, urgido.

   El mayor de los chicos Winchester le sonríe, mirándole a los ojos cuando su puño atrapa la palpitante verga, llena de sangre, por la base, subiéndolo y bajándolo, haciéndole gemir débil y obligándole a caer de nuevo contra la pared. Le dominaba, Sam lo sabe. Aunque es tan joven puede captarlo todo, Dean podía estar de rodillas frente a ese chico un poco más alto que él, más fornido, teniendo la verga en su mano, y sin embargo controlaba la situación.

   Pero nada más ocupa su mente, con la boca y los ojillos rasgados incremente abiertos, ve cuando Dean acerca sus labios rojos y húmedos a la cabeza lisa, como caen cerrándose sobre el ojete, besándolo y succionando, y a Sam no le cuesta un carajo entender la tensión del otro chico, que se alza prácticamente sobre la punta de los dedos de sus pies. Una boca allí, una chupada así debía ser…

   Dean deja que esas pocas gotas de líquidos caigan dentro de su boca, llenándola con su sabor, uno que le gusta, como le gusta todo lo que hace. Con su cara más chula y perversa mira a los ojos al chico de cabellos negros y pupilas azules mientras saca la lengua y con la rojiza punta recorre la lisa cabeza, se quiere meter por el ojete, empujando, haciéndole gemir, lo azota con dureza, cae por debajo del hongo que forma el glande y lo recorre todo, cada rugosidad, antes de bajar, atrapándola con una facilidad que le provoca escalofríos a Sam, hasta la mitad, sus mejillas cerrándose sobre ella, la lengua pegada a la cara inferior y frotándola con ella.

   Sam sabe que está mal quedándose, mirando, pero ver a Dean así, de rodillas, con su chamarra negra, la mano de un chico tras su nuca, la boca abierta y atravesada por media verga, mientras ese tío, Clark Kent, cierra los ojos gimiendo largamente, como el desesperado desahogo de alguien que necesitaba mear pero no podía y al fin lo hace, le tiene temblando, no pensando… No lo hace mientras atrapa, con mano febril, su propio tolete erecto bajo su pantalón gris, apretándolo suavemente, una y otra vez, al tiempo que Dean comienza a ir y venir sobre la joven tranca del otro, mamándosela con evidente placer por lo que nota en su rostro, cubriéndola cada vez más, dejándola mojada y brillante cuando sus labios carnosos retroceden apretando sobre ella.

   Dios… ¡a su hermano le gustaba chupar pollas!

   Jadea cuando le ve retirarse, la rojiza verga hinchada saliendo de sus hinchados labios, goteando al quedar temblando en la nada, y el tal Clark con mirada de “trágatela otra vez, por favor”, mientras el guarro de Dean se la atrapa con una mano, clavándole los verdes ojos al chico de ojos azules y azotándose los pómulos y mejillas con ella, ¡con la dura verga de otro chico! Y verlo golpear y rozar sus labios con ella, con la punta que deja caer sus gotas que este bebe, tienen al menor al borde de un ataque. Se odia por ello, pero no puede evitar que su puño vaya y venga sobre la silueta escandalosa de su propia verga erecta bajo sus ropas. Pero se resiste, no, no debía hacerlo. Estaba mal. No iba a sacársela y masturbarse viendo a su hermano…

   Dean la traga nuevamente, casi ronroneando sobre cada centímetro cúbica de ella, mientras mete una mano entre los muslos de Clark, atrapándole las bolas y halándoselas. Le cubre todo el tolete con los carnosos y rojos labios y todavía sigue sorbiendo, y Sam no puede apartar los ojos de su garganta que sube y baja, mientras la mano se abre camino y el chico de pelo negro abre las piernas. Dios… a Sam la barbilla le pega del piso cuando su boca se abre a todo lo que da.

   No puede verlo ni estar totalmente seguro, pero le parece que mientras le mama la verga con escandalosos sonidos de succiones, también de ahogados y roncos gemidos de placer, gozando el paso de la palpitante verga sobre su lengua, Dean… Dean le estaba tocando, o acariciando, o metiéndole un dedo al tal Clark por el culo. Puede ver el puño ir y venir como lo hace su rubia cabeza. Y el tal Clark parece punto de un infarto, de gozo y gemidos, mordiéndose los labios para no chillar mientras Dean intensifica las mamadas y lo que sea que le hace con el dedo.

   ¡Y se lo tiene metido por el culo! Es algo que Dean hizo la segunda o tercera vez que se la mamó. Algo con lo que Clark no estuvo muy de acuerdo al principio, pero cuando esos labios sedosos le atraparon la verga, esas mejillas se cerraron sobre ella, la cálida y húmeda lengua se pegó de la cara posterior de su miembro y ese chico pecoso hizo lo que hizo con su garganta, aprisionándosela de manera maravillosa, ya no pudo resistirse. Ni pensar. Le habían dado una que otra mamada, cosas torpes, chicas que parecían querer salir de eso rápido, pero Dean Winchester… Oh, Dios, la boca de Dean Winchester estaba hecha para chupar pollas, y lo disfrutaba (idea que era igual de electrizante). Por eso volvió después de… Bien, el pecoso le había recorrido la raja del culo con un dedo, le acarició la entrada y le medio metió la punta. Quiso alejarse, escapar, pero en ese momento este le resollaba en los pelos, mamándole como nunca se lo habían hecho y no pudo ni quiso apartarse. Ahora, cuando le mamaba, se lo metía, sin ambages, no eran toques, le clavaba un dedo en el hueco del culo y lo movía, lo flexionaba… Lo penetraba.

   -Ahhh… -gritando escandalosamente, Clark se tensa, le retiene la nuca al rubio y se corre; buche tras buche, su tranca dispara la abundante leche que todo joven adolecente guarda en sus reservas, siempre queriendo servirlas a sus conocidos. Y mientras se corre, mareado de gusto, siendo chupado todavía por Dean que traga una, otra y otra sus cargas de cálida esperma, el dedo no deja de moverse en su interior.

   Sam está casi desfallecido también. Ve a Dean dejar la verga, que todavía se ve dura, con una gota de esperma blanca todavía colgando, atrapándola con su lengua y poniéndose de pie. Las sorpresas para el menor no terminan, no cuando ve a Clark Kent, gimiendo como un posero, rodear con sus brazos el cuello de su hermano y fundirse en un beso profundo, mordelón y chupado, donde las lenguas se succionan de tal manera que los chasquidos tienen que escucharse en toda la escuela y tienen al muchacho casi al borde del clímax también, oculto desde donde está.

   Dean ríe para sus adentros cuando lucha con Clark, cuya lengua parece decidida a recuperar su esperma. Se pregunta qué piensa el otro en esos momentos. ¿Qué el beso es una caricia de gratitud, de lujuria… o que quiere saborear su propia esperma? No lo sabe, pero le divierte. Le gusta controlar, algo que pocos notaban… ya que, oficialmente, era un traga vergas.

   Sam frunce el ceño y se impacta cuando ve al jadeante Clark guardar su verga, con esfuerzo, rojo de cara, sacando un billete de diez dólares de su bolsillo y entregándoselo a Dean.

   -Oh, Dios, Dean, eso fue…

   -Lo sé. Vuelve pronto. –se despide agitando el billete. El otro duda pero se aleja.

   ¡Santa mierda!, ¿Dean cobraba por mamársela a un chico en el patio de la escuela? No puede creerlo. Le ve inclinarse sobre un grifo y lavarse las manos, oliéndolas, ¿acaso sí le metió el dedo por el culo?, Sam está en shock.

   -Dean… -oye otra voz baja, ronca, preñada de lujuria. Intentando no ser visto se alza y descubre al chico que hace cine dentro del colegio, Dawson Leery.- Vi que Clark Kent… -y calla cuando Dean sonríe con una mueca procaz.

   -Se corrió justo aquí, me la dejó toda llena con su esperma… -informa y saca la lengua.

   A Sam los pelos sele ponen de punta cando Dawson gime, rojo de cara, se arroja sobre el rubio y le besa mórbido, atrapándole la lengua y chupándosela de manera escandalosa. Buscando él también saborear las pasadas emociones del pecoso chupa vergas.

   Verle ser arrojado por Dean contra la reja, con la dura erección ya bajo la ropa, por la perspectiva de la mamada o por haber sobrado en la lengua de Dean el resto de la esperma de Clark, no impresiona al menor de los Winchester, ni ver como su hermano caía nuevamente, apretándola sobre la tela del pantalón, sacándola, besándola y tragándosela, lo que le sorprendió fue verle darle la vuelta, dejar a Dawson de cara contra la reja, bajándole a duras penas la verga y chupándosela por debajo de las bolas y entre los muslos, subiendo y bajando su rostro entre ellos, atrapándola y con su garganta ordeñándosela, metiéndole además, no uno, sino dos dedos por el culo al muchacho que cierra los ojos y gime, temblando de lujuria mientas el mayor de los Winchester le daba una mamada de antología al tiempo que le penetraba con dos dedos que iban y venían profundo. Cuando la boca subía atrapando y los dos dedos se hundían lentamente dentro del redondo anillo del muchacho, este gemía agónicamente, siendo recorrido como era por todas esas sensaciones estimulantes.

   Verle pagar, después, todavía le pareció increíble al menor. ¡Dean les cobraba a todos por dar mamadas!

……

   Sabe que le observan. Sentado a la mesa, intentando comer, Sam Winchester siente frío y calor. Regresó de la escuela caliente y enfermo, con unas ganas locas de tocarse, erectándose a cada instante, y sin poder hacer nada. No podía hacerse una paja porque sabe que en cuento se toque y cierre los ojos, pensará en su hermano. La idea le hace estremecerse, de repulsa y excitación, y debe dejar el tenedor sobre el plato cuando la mano le tiembla. Intenta no fijarse en John y Laura, su bonita ex maestra que ahora cenaba regularmente con ellos, como ahora que casi parecían una gran familia. Aunque conversaban entre ellos, de manera totalmente artificial, sabe que están pendientes de él.

   Ceñudo mira a Dean en una esquina, el celebrado desgraciado que llegó con una botella de vino que John aplaudió (sin preguntarse de donde salía el dinero). El hijo de perra parece no captar nada, simplemente come a dos carrillos. Con una sonrisa en su cara… con su boca de chupa vergas. Nuevamente se estremece. No quiere verle, intenta no hacerlo, pero cada dos por tres vuelve a él, viéndole llevar el tenedor lleno de alimentos a su boca, cubriendo con los carnosos labios el tenedor, de manera lenta y sensual, disfrutando la grasosa comida. Todavía le toca oírle ronronear, y traga en seco, tomando el vaso de agua, derramando un poco. Dean disfrutaba el comer como el tragar… cierra los ojos mientras bebe.

   -Sam, ¿tienes algo? –pregunta al fin John.

   -Estoy bien. No tengo… mucho apetito. –responde con un puchero, intentado no sonar a la defensiva o amargado, es decir, como un adolecente malcriado cualquiera.

   -No has probado casi nada. ¿No te gusta? –pregunta Laura, preocupada.- Me gusta guisar salchichas y creí…

   -Están deliciosas. –interviene Dean, sonriendo, y Sam le lanza dos rayos mortales con sus ojos al verle sostener un grueso pedazo de salchicha junto a sus labios rojizos y húmedos, abriéndolos y atrapándolo, cubriéndolo lentamente, le parece.

   -Antes te gustaba. –se queja John, pero sin querer entrar en una discusión, así que se vuelve hacia Laura.- No entiendo a este chico. Creo que terminará como vegetariano. –sonríe orgulloso mirando al otro.- No es como Dean, mira cómo disfruta comer sus salchichas…

   Y Sam casi siente que se desmaya, atrapado en la irrealidad, mordiéndose la lengua para no aclararle a su padre qué tanto adora Dean tener una buena salchicha en su boca. Baja la mirada y respira pesadamente.

   Se va a morir. Si, seguro se muere… aunque no sabe exactamente de qué será.

   ¡Y todavía tiene que compartir, esa noche, el dormitorio con ese hijo de puta!

CONTINÚA … 3

Julio César.


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