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CITAS EN NINGUNA PARTE… 3

septiembre 26, 2015

CITAS EN NINGUNA PARTE                         … 2

PADACKLES ES AMOR

   -¿Le damos un poco más?

……

   -Jensen… -totalmente envarado, boca muy abierta, Jared se estremece mientras esos labios de terciopelo van devorando su pulsante miembro, aprisionándolo con sus mejillas, estimulándole con su lengua caliente.- Oh, Dios… -exclama cuando el aliento del rubio le quema el muslo sobre el pantalón, de alguna manera ese hijo de perras ha logrado atrapar toda su verga, toda, sin problemas, ordeñándosela con la móvil lengua y garganta.

   Con manos temblorosas intenta controlar el volante, ¡realmente era peligroso recibir una mamada mientras se conducía!, luchando contra el deseo de cerrar los ojos y dejarse llevar disfrutando de esa boca que sube, chupando, y baja apretando. Los labios cerrados se frotan de la nervuda pieza masculina, la lengua aletea en la punta, sin sacarla, y baja chupando, llenándose la lengua con sus jugos. Las manos del rubio, una en su panza plana, la otra en su muslo, acariciándole, le tienen al borde. Y mientras intenta conducir sin estrellarse de algo, y la rubia nuca sube y baja sobre su regazo, dándole indudablemente una mamada como podría adivinar cualquiera que les cruzara, Jared no puede dejar de admirar la técnica, aunque algo incómodo. El rubio debió haber mamado muchas vergas, antes, se dice celoso, para ser tan bueno. Pero otra idea se apodera de él, calentándole, erizándole de pies a cabeza, mientras le atrapa con una mano los finos cabellos amarillos, acariciándole mientras este iba y venía… ¡Seguramente su culo…! tiembla más, casi mareado, lucecitas estallando frente a sus ojos, al imaginarse teniéndole a su merced, apuntando la cabeza de su endurecida verga contra la entrada del pecoso, abriéndole, penetrándole centímetro a centímetro, esas entrañas quemándole, amasándole, apretándole y…

   -Ahhh… -casi estallando, tiene que frenar. Y el rubio se aparta, labios rojos, mejillas ensalivadas, ojos brillantes como los de un gato. Con el cerebro paralizado, va a reclamarle, pero…

   -Oh, no; no tan rápido, amiguito de cheetos.

……

   ¿Es buena la zona donde vive Jared?, ¿es imponente el edificio con sus ascensores desde el sótano a su propiedad en particular?, ¿es bonito el piso? A casi nada de eso podría responder Jensen. No de la manera que llegaron, Jared casi estrellándose contra un portón, estacionando de cualquier manera, volviéndose y atrapándole la boca en un beso sucio, lengüeteado y succionado, sin importarle encontrar su propio sabor. Y el rubio respondiéndole de esa manera que le ponía tan mal.

   Se besaron y refregaron mientras el ascensor subía, cada uno necesitado de tomar más, sintiendo que todo les cosquilleaba. Ya para cuando salen del mismo están halándose las ropas, el castaño siente que ha esperado demasiado, y a la vista del dorado torso del pecoso nota como la verga le moja bajo las ropas. Lo toca, recorre casi reverentes sus clavículas, le acaricia. Le besa el cuello, le muerde la oreja, le encanta escucharle reír bajito, y gemir, cuando lame de su piel, cuando besa o muerde. Al mismo tiempo este le abre la camisa, una vez libre de la chaqueta. Las pieles se tocan y parecen estallar en llamas.

   -Vamos a mi cuarto. –gruñe Jared contra sus labios, y ríe cuando Jensen salta, rodeándole la cintura con sus piernas, ambas vergas ardiendo, y así, sosteniéndole con las manos bajo el firme trasero, van al dormitorio.

……

   Tendido sobre ese Jensen gloriosamente desnudo, y que está de espaldas sobre su cama, Jared le penetra una y otra vez mientras se traga sus gemidos, sus lloriqueos eróticos, sus casi ronroneos, así como su lengua y saliva con besos ruidosos.

   Lo coge a conciencia, duro, adentro y afuera, la gruesa tranca cruzada de venas pulsantes que quemaban al castaño entraba y salía, golpeándole con sus bolas, chupándole de la lengua ruidosamente, recorriéndole los costados con sus manos, la verga del rubio aprisionada, latiendo y mojando entre sus vientres, y aún así cree que no tiene suficiente. Desea todo el pecoso, poseerle totalmente. Mientras lo llena con su miembro, abriéndole mucho, modestamente sabe que lo tiene grande, el castaño sufre pensando que terminará, que se correrá y no continuará disfrutando de los halones, atrapada y chupadas que esas entrañas daban a su tranca. El sedoso, apretado y latiente agujero le estaba matando de gusto.

   -Ahhh… -el gemido que escapa de esos labios de pecado le erizan los vellos de la nuca, cuando el rubio alza el rostro y él le muerde suavemente en el cuello, únicamente alzando y bajando sus nalgas, embistiéndole a profundidad. Mierda, nunca antes se había sentido tan caliente, excitado y frenético como en ese momento.

   -Mírame, Jensen. –le pide suave, quiere verse reflejado en sus ojos verdes, empañados de lujuria como están ahora mientras le enfocan. Su sonrisa le cautiva, reconoce cuando alza mucho su culo, sacándole casi todo el tolete de las entrañas, y volviendo a clavárselo, agitando la cama. Quiere decirle cosas, pedirle otras. Joder, quería que cenaran al otro día, y aún él no entiende cómo lo piensa cuando sentía que el calor de esas entrañas estaba derritiéndole, robándole la vida de puro placer.

   -¿Deseas algo, chico grande? –la mirada y el tono chulo le excitan más, especialmente cuando le da una dura embestida y le mira abrir los labios en una mueca de placer.

   -Todo. –confiesa más de lo que pretendía, sabiendo, por la risa divertida de Jensen, que el rubio no lo entiende. Mejor así.

   -Hazme gritar, chico rudo… -ríe el rubio rojo de lujuria, alzando los brazos, tomándole el rostro, halándole y besándole.

   Una oleada de calor recorre al castaño cuando separa, con todo el dolor del mundo, su cuerpo del de Jensen, arrodillándose entre sus piernas, tomándole las rodillas, separándoselas y comenzando un impresionante saca y mete contra ese culo de ensueño, su verga gruesa, brillante por el lubricante sobre el condón, entra y sale con fuerza, de un lado a otro, clavándosele y todavía continuando sus empujes, sonriendo al verle estremecerse, arquear la espalda y oírle gemir como si muriera de placer. Jensen le trastornaba, pero la cosa era de dos vías, y eso le produce una felicidad indescriptible.

   -¿Te gusta así, duro y rudo, chico malo? –le pregunta, caliente, clavándosela de un golpe, dejándola allí, las bolas del rubio sobre sus pelos púbicos, y verle echar la cabeza hacia atrás es suficiente respuesta. Casi.- ¿Te gusta, Jensen, te gusta que te trate así?

   -Oh, Dios, sí, ¡cógeme así! –el pecoso grita, pide, ordena y casi suplica.

   -Bien, rubio calentorro, hay más de donde viene esto. –siempre era  excitante escucharles rogar por más, pero tratándose del rubio, la cosa era todavía más caliente.

   -¿Más verga? Me parece que alardeas falsamente. –ríe Jensen, casi jadeando, embargado de sensaciones.

   -Idiota. -Jared también ríe.

   Y apretando los dientes, le cepilla con fuerza el culo, sacándosela y metiéndosela a toda velocidad, pero disfrutando cada apretada, ladeándose de aquí para allá y golpeándole una y otra vez donde contaba. Lo sabía porque Jensen estaba delirando, la espalda separada de la cama, su boca muy abierta dejaba escapar largos gemidos, las manos cerradas en puño, su rojizo y también pecoso miembro goteando de manera alarmante sobre su propia panza.

……

   Una suave música se deja escuchar mientras un sonreído y satisfecho Jensen, vistiendo la camisa de Jared, algo larga, y su bóxer, abre las puertas del oscuro balcón y sale a una noche que ya no le queda mucho. Congelándose ante la vista. Están tan alto que media ciudad es visible, le parece. Y el cielo, estrellado aunque algo oscuro, parece más cercano. Una suave brisa calma los ardores de su piel, no así los de su mente. Jared, en bóxer, la verga en reposo pero morcillona, le mira, la camisa cubriéndole pero no tanto que no se vea el final del bóxer y el nacimiento de los muslos, y le parece que no hay una visión mejor. Ver a Jensen con su camisa le hace arder. Ya está algo duro cuando sale y le rodea la cintura, estrechándole.

   -¿Viendo algo que te guste? –le pregunta, ronco, ocultando el rostro en el rubio cabello oscuro. Le siente reír más que oírle.

   -Vives en la cima del mundo, ¿mucho trabajo o un regalo de papi? –le oye, y a Jared, por alguna razón, no le gusta.- Lo vale, es una hermosa vista.

   -Lo conseguí a punta de trabajo. –le contradice, rodeándole con más fuerza.- Y es sólo un apartamento, una cosa. Tú sí que eres hermoso. –le besa la nuca, sintiéndose algo tonto cuando Jensen ríe, se revuelve y le encara.

   -¿Romántico después del sexo?

   -Siempre lo soy, pero no me diste oportunidad de demostrarlo. Saltaste sobre mí como un agresor sexual cualquiera.

   -Ah, ¿una queja? Nunca había recibido una. –finge un puchero, y Jared sonríe, pero hace una mueca al final.

   -¿Nunca, ni una sola? ¿Qué, hablamos de muchos? Mejor no pienso en eso. –le sorprende.

  -Jared, no… -incómodo, piensa en cómo responder. No es que fuera un tío promiscuo; bueno, no promiscuo promiscuo, ¿verdad?

   El castaño baja el rostro, lentamente, bañándole con el aliento, atrapando su labio inferior entre los suyos, halando y tocando con la lengua, y el calor regresa a la piel del rubio, que entreabre la boca y le recibe. Ha besado muchas veces, esa parte si era real, pero no recuerda haber recibido uno como este… No, no puede recordar otro así, uno que le haga desear más, que tenga cada célula de su cuerpo erizada, todas sus hormonas respondiendo. No al menos en ese momento. Enreda los dedos en el cabello del castaño, nuevamente, algo que ha deseado desde que le vio en la barra de la disco.

   -Vamos a mi cuarto… -Jared jadea contra sus labios.

   -¿Sólo lo haces en la cama? –es pícaro. La risa del otro es ronca, vibrante.

   -Tengo vecinos terribles, todos usan binoculares para buscar el pecado.

   -Ohhh… -finge lujuria y Jared le alza en brazos, aunque se revuelve, exigiéndole le baje.

   Pero juegan.

……

   Casi amanece, la claridad de la madrugada llega desde los ventanales de cortinas no corridas, destacando los cuerpos de los dos hombres jóvenes dormidos sobre la ancha cama, desnudos, atados en una maraña de brazos y piernas. Jared casi cubre a Jensen. Los dos roncan suavemente. Y es el rubio quien primero abre los ojos, confuso, bizqueando. Por un segundo no sabe dónde está, o con quién, y se alarma. Nota a Jared y se calma un poco, luego mira hacia las ventanas y maldiciendo quedo, sale, muy lentamente, de debajo del otro, quien dormido gruñe y gimotea, intentando aferrarle. Sin detenerse, sintiéndose increíblemente expuesto (como debe ser, estaba totalmente desnudo en la cama de un desconocido), no puede evitar algo de ternura al observarle.

   Ágil recoge su bóxer y pantalones, entrando en ellos a toda prisa, sin hacer ruido, pero cuando se calza las botas, el castaño, que tiene rato gimoteando, deslizando una mano sobre el colchón, como buscándole, abre los ojos, mirándose adorable con el cabello en todas direcciones, casi todo sobre los ojos.

   -Hey… -le sonríe atontado todavía, más dormido que despierto.

   -Hey. –es la réplica un tanto más seca de Jensen, quien toma su franela y se mete en ella. Por fin Jared entiende lo que hace.

   -¿Te vas? Es temprano, podríamos dormir un par de horas más. –ofrece con cara de cachorrito.

   -Yo… prefiero despertar en mi cama. Es una regla. –le sonríe con un encogimiento de hombros. Uno que desconcierta al otro, que toma asiento, cubriéndose con la manta.

   -Entiendo, también yo, pero… no sé, podríamos…

   -No, Jared, debo irme. –es algo tajante, y por primera vez desde que abre los ojos, Jared le enfoca algo ceñudo.

   -¿Ocurre algo malo, Jensen?

   -Nada, es sólo que… -hay un silencio incómodo, el rubio no le mira y Jared traga, afectado.

   -Dios, ibas a marcharte sin que me diera cuenta, escapándote, pero desperté y lo hago incómodo, ¿no? –acusa, sintiéndose herido de repente, la habitación se enfría rápidamente.

CONTINÚA … 4

Julio César.

FINAL DE LA DECIMA TEMPORADA DE SUPERNATURAL, PURA OSCURIDAD

septiembre 25, 2015

DEAN, VAYA CHICO…

SAM Y DEAN ENCUENTRAN A CHARLIE MUERTA

   ¿Los villanos?

CHARLIE, EL ADIOS

   Ah, el amargo final se acerca, y lo primero que puedo decir del episodio 10×21 – DARK DYNASTY, es que estoy increíblemente molesto con los productores de Supernatural, y con Charlie como personaje. Verla en esa bañera de cuarto de hotel fue desagradable, horriblemente triste, irritante. Especialmente porque el capítulo terminó justo ahí, y no pudimos ver la mirada que Dean pudiera haberle lanzado, o no, a Sam.

ELDON STYNE

   Todo comienza con una bonita chica que asiste a un consultorio en un edificio que parecía abandonado, y después de erizarse por un posible manoseo de tipo joven que la atendía para un dizque estudio clínico con universitarios (y hubo manoseo, no fue que se lo imaginó), este la asesina y le saca los ojos con el método de los recolectores de órganos. Un conserje oye gorgoteos, abre la puerta, la ve muerta, sin ojos, y al tipo en la ventana, arrojándose, en una larga caída en una toma que quedó genial. Es el caso que comentarán los hermanos en la baticueva, donde Dean espera a Sam, quien está saliendo mucho, no duerme, habla con alguien a escondidas y anda de lo más misterioso. Tanto que el mayor le pregunta si tiene una chica por ahí. Para pasar el rato irán a investigar el caso de la joven asesinada. Por cierto, esos estudios clínicos se ven tan raros; recuerdo que Homero Simpson y Barney Gómez se sometieron a algunos, y miren el resultado…

   Investigando, los hermanos descubren que el asesino es uno de los Styne, y a Dean le alegra, al ver sus poderes sobrehumanos, que hayan destruido el Libro de los Malditos, cosa que hace tragar en seco a Sam (y tragó muchas veces en este episodio). Por su lado, el sujeto que saltó por la ventana, Eldon Styne, encara al patriarca de la familia, Monroe Styne, quien le reclama el que haya dejado un rastro tras él, al cosechar los ojos, cosa que les ponía en peligro, y que salga a reparar su desastre. Lo hace, debiendo enfrentar de paso las intriga de otro primo, a quien el patriarca reclama el que no hayan encontrado a la pelirroja (Charlie), el Libro o a los Winchester para vengar la muerte de Jacob.

LOS CONJURADOS POR DEAN

   Sam escucha de labios de Rowena que el libro de la bruja, que utilizarían como códice para descifrar el Libro de los Malditos, también está codificado. Buscando ayuda para descifrarlo llama a Charlie, quien le reclama que le oculte cosas a Dean. Lo mismo que dirá Castiel cuando Sam le explique que le ha callado todo eso al mayor de los Winchester. Charlie y el ángel están seguros de que todo saldrá mal, pero Sam les llora aquello de que Dean se rindió y deben salvarle, y eso, salvarle, es lo único que logra unirles en aquella tarea que sospechan que terminará en desgracia, como efectivamente ocurrirá.

   ¿Lo vale Dean?, como espectador que le adora (Dios, cómo quisiera tener su facha y llevar su vida, sin los LA TORRE OSCURA DOSmonstruos o la maldición, claro), me parece que sí, ¿pero vale el riesgo para otros? ¿Hay quienes inspiran esa devoción? Hace años, en una lectura de Stephen King, La Torre Oscura Dos, La Invocación, leí algo al respecto; Rolando, el pistolero, debía conjurar para su tarea al prisionero, a la dama de las sombras y a la muerte. El prisionero era un joven adicto a la heroína, quien en una pelea, estando totalmente desnudo, lucha a su lado y se expone para atrae el fuego creyéndole sin balas. Rolando se preguntaba qué crimen había cometido contra los dioses para despertar semejante devoción en otros, recordando a todos los que habían muerto ayudándole. Algo así pasa con este personaje.

LOS PRISIONEROS DE DEAN

   Como sea, Rowena y Charlie no se llevan bien, a Castiel le molesta la bruja y el trabajo no avanza. Y mientras va por pizzas, Dean es seguido, acorralado y atacado por los Styne, lucha de manera increíble y apresa a uno.

DEAN AND ELDON

FRANKENSTEIN   Lo amenaza con torturarlo en la mazmorra de la baticueva; el joven asesino se burla creyéndose superior, distinto a otros, Dean alega saber cómo tratarlos. Como sea, cuando Sam abandona el calabozo porque Castiel le llama ya que Rowena y Charlie se pelean, el Styne confiesa que vienen de Europa, que motivan, controlan y administran el caos para sacar beneficios, son los antiguos Frankenstein, pueden repararse, son fuertes y duran mucho tiempo. Y quieren el Libro. Es cuando Dean, por boca del asesino, sabe que tal texto no puede ser destruido. Cuando va a interrogar a Sam, un ruido les distrae, el asesino escapó cortándose el brazo.

   Por su parte, Charlie abandona el calabazo protegido, va a un motel y allí descubre el código, aunque ha sido seguida por los Styne, que golpean a su puerta. Ella llama a los hermanos, Dean quiere que entregue lo que tenga, ella se niega, envía algo por correo y destruye la computadora, sonido que atrae al hombre que se cercenó el brazo. Fue intensa la discusión entre Dean y Sam, por mentirle, por ocultarle cosas, por inmiscuir a Charlie y Castiel en eso, a sus espaldas. Sam, que tiene un punto, se atrinchera en que debía salvarle porque no puede perderle; todavía se aferra a que Dean se rinde y no presenta otra alternativa. La llamada de Charlie les moviliza, llegan y la encuentran asesinada en la bañera.

   A Charlie la amo desde que apareció en la séptima temporada, en la guerra contra los leviatanes; alocada, valiente, tímida, pero decidida a todo por lo que considera justo, más tarde por todo lo que sostuvieran los Winchester (su fe en ellos, como le dijo Rowena, fue su perdición). ¿Por qué la matan? Al programa les gusta hacernos sufrir, eso tenemos que admitirlo, que son unos hijos de perra, con todo ese drama llevado al extremo, y su asesinato se sabía que nos dolería (y de qué manera). Cuando Ellen y Jo mueren, en la quinta temporada, no sólo caen una al lado de la otra, madre e hija, sino que incluso nos tocó (y a Ellen), ver morir primero a Jo. Una madre que sufre la muerte de su hija. Al programa se le acusa de misógino, y algo de ello hay, pero lo de Charlie fue demasiado (algo que siempre se teme cuando un personaje secundario aparece; cuando Crowley hechizó a la comisario Jody, estuve convencido de que la matarían tan sólo para hacernos sufrir). La muerte de Charlie se entiende mejor, como motivo, para lo que luego viene, la transformación de Dean, pero antes, me molesté con ella. Carajo, ¿la seguía los Styne y sale del refugio rumbo a un motel? ¿En qué estaba pensando? Pero es Sam quien carga con la mayor responsabilidad, cosa que se plantea más abiertamente en el siguiente capítulo.

DEAN Y EL PATRIARCA STYNE

   El episodio 10X22 – THE PRISONER, fue la venganza, el implacable y muy justo desquite de Dean Winchester contra la gente que mató a Charlie, y disfruté cada minuto, aunque me parece que pasó muy rápido, y que pudo ser más feroz. Amaba, y amo aún, a Charlie, me dolió su asesinato. Por cierto, en este episodio hubo trazas de la tercera y cuarta temporada.

EL FUNERAL DE CHARLIE

   Pero vamos por pasos, mientras recuerdan a Charlie, Sam y Dean le dan un funeral de cazador (ella lo era), y las escenas fueron hermosas y dolorosas (ella diciéndole a Dean que lo ama y él respondiendo que lo sabía, me recordó a la princesa Leia Organa declarándole eso a Han Solo, que le respondía exactamente igual, antes de que lo hundieran en carbonita). Sam inicia unas hermosas palabras y Dean le hace callar, que hizo que la mataran y no tiene derecho a hablar.

   Y aquí caemos en un punto interesante, muchas de mis amigas se sintieron heridas por ese Dean malvado con Sam (y más tarde en el episodio), pero así quería verle, el Dean demonio desatado, aunque este aún no me lo parecía tanto. Cuando le acusa de provocar su muerte, a Sam le dolió bastante, pero se defendió con aquello de que era lo que tenía que hacer, quería salvarle. Dean le recuerda que no quería nada, no con ese Libro del que nada bueno puede salir. Cuando Sam lo pone en tres y dos, ¿qué hago entonces?, ¿te dejo ir?, fue salvaje Dean recordándole que con lo que hizo sólo logró que mataran a Charlie. Sam comienza con aquello de que no crea que no lo sabe, o que se perdonará aquello. Fue aún más cruel Dean con aquello de que en esa pira debería estar él y no Charlie. La verdad fue duro, Sam se vio encogido (Jared Padalecki estuvo genial), pero lo notable, para mí, fue que Dean colocó a Charlie a la misma altura de sus afectos que a Sam, cosa que amé. Le exige que pare todo antes de que alguien más muera. ¿Qué harás tú?, le pregunta Sam. Dean responde que hará pagar a los asesinos de Charlie. Sam quiere saber quién habla, él o la Marca, y la verdad es que creo que el menor no tenía por qué preguntarlo.

   ¿Hizo mal Sam en hacer todo eso? Desde el punto de vista del programa, salvar a Dean, no quedaba otra alternativa, como no la tuvo Dean cuando se alió con Benny para salir del Purgatorio, ni cuando pactó con el falso Ezequiel para que poseyera el cuerpo enfermo del menor; pero el mayor nunca llamó a otros para que se pusieran en la línea de tiro. Pactó su alma, pactó con un ángel dispuesto a soportar luego el desprecio de Sam. Cuando creía poder detener el Apocalipsis, aunque todos le decían que sólo Dean podía, Sam sostenía que lo hacía para protegerle, aunque todos le advertían sobre tomar sangre de demonios. Igual cuando pacta con aquel cazador loco para ir contra Benny, luego dejándole solo en plena cacería. Ahora esto, llama a Charlie, quien sale del anonimato porque la llama, y esta perece, aunque no fue, estrictamente hablando, su culpa. Fue ella la que peor jugó. Repito, sabía que la buscaban y aún así salió del refugio.

LOS BRUTALES STYNE

   Bien, por su lado, queriendo encontrar algo contra su madre, Crowley sabe de alguien que le importa a la mujer. Y en un pueblito conocemos a un muchacho que es acosado por un abusador, quien luego es atacado y detenido por los Styne. Es a él a quien le cortarán un brazo para reparar al que dejó el suyo en el calabozo de los Winchester. Le toca a ese chico hacerlo, cortarlo aunque no quería, notándose que no comparte el parecer de la familia. Y la mirada del atado, y la suya resistiéndose pero temiendo a su familia, quedaron geniales. Esa gente se repara con partes humanas, el cuento del monstruo de Frankenstein, pero también se parece mucho al inmortal al que Sam cazaba en la tercera temporada para usar su secreto e impedir que Dean muriera y terminara en el Infierno. Una vez reparado, ese sujeto, Eldon, el asesino de Charlie, irá a destruir el refugio de los Winchester.

LA VENGANZA DE DEAN 2

   ¿Dean llegando al pueblo de los Styne, detenido por la policía, atacando a uno en el suelo y golpeando a otro por información? Me encantó, ¿qué les puedo decir? Llegando de noche a esa casona, matando gente, fue catártico después de lo de Charlie.

DEAN RAZONABLE

   Le detienen, lo atan, lo cortarán, y esa escena fue genial, diciéndole a uno de ellos que si muere regresará como un demonio y cazará a todos, que como humano tal vez alguno escape (se vio increíblemente bien en la toma por encima de su rostro; a Jensen Ackles, definitivamente, tiene que dolerle esa cara).

LA VENGANZA DE DEAN

   Su lucha fue increíble, me gustó, aunque fue demasiado rápido, con el tipo joven y la enfermera (que no habló ni una vez; ah, esta serie y las mujeres). El patriarca golpeado, gateando hacia la salida, me hizo reír con ganas de salvajadas. Dean atrapándole, cobrándole por algo valioso que le quitó, estuvo insuperable. Aunque también murió demasiado rápido, aún así alcanzó s decirle que iban tras su casa.

CROWLEY, REY DEL INFIERNO

   Sam piensa en cancelar todo, sintiéndose mal por Charlie, hasta que encuentra su correo. Él verá eso, Castiel debe ir por Dean y asegurarse de que no se descontrole. Ahora Rowena saca las garras, o le cumple matando a Crowley o no hay contra hechizo; la mujer, aparentemente, sabía el cuento aquel de quien vendió al contado y quien lo hizo a crédito. O, lo que es igual, música paga no suena. Cuando Crowley come algo en una cafetería, y uno imagina que busca a quien le señalaron en relación a su madre, recibe una llamada de auxilio de Dean (quien en esos momentos está preso de los Styne), y sale. Como siempre. Sam le ataca, le hiere, le retiene, le dice que Rowena le quiere muerto. Sentí emociones ambivalentes, Crowley es un demonio, pero su personalidad (el actor), y su interacción con Dean le hace notable. Él mismo le señala a Sam que ha cambiado, pero nada de eso distrae al menor, y aquí hay que hacer diferenciaciones, fuera de que el demonio mató a Sarah (y al chico wendigo), por lo que el menor puede tenerle inquina especial al demonio, uno no puede dejar de notar que hay más lealtad en Dean para con otros, aunque sus instintos siempre le hagan desconfiar. La única lealtad que Sam parece sentir es hacía Dean. Su plan falla, ojos rojos, Crowley se levanta, agradeciéndole recordarle quién es, el Rey del Infierno. No le mata porque, bueno, no hay explicación lógica, como no sea que no puede matar al protagonista (o no quería a Dean cabreado), aunque amenaza a Rowena. Ahora Crowley volvía a ser malo, y eso me entristeció un poco, me gustaba su buena química con el pecoso.

EL JOVEN E INOCENTE STYNE

   Cuando Castiel llega a casa de los Styne, es tarde, y ahora saben que Dean vuelve a casa. ¿Esa escena en la baticueva?, genial. Dean llega y mata a uno de los tres, Eldon, el asesino de Charlie, todavía se jacta de eso, hasta que Dean le dice que mató a su padre, a todos, y que ahora va por él. No me gustó tanto esa muerte, fue demasiado rápida. ¿Y lo del chico que lloró y era inocente?, fue duro. La escena fue brutal, pero ese Dean ya no podía controlarse. Llega Castiel, quien se defiende de la acusación de actuar a sus espaldas con aquello de que tenían que salvarle, ya que cambiaba, que el verdadero Dean jamás habría matado a ese chico. Que tal vez puede aguantar, una vida, un siglo o dos, pero que al final, como Caín, caerá, y será a él a quien le toque enfrentarle. Castiel usa un argumento parecido al de Sam, pero más claro (y más subtexto), no soportaría tener que ser él quien le mate.

DEAN VS CASTIEL, EL DIQUE ROTO

   Dean quiere irse, no se queda ni cuando el ángel le dice que pueden curar la maldición, y pelean. ¿Saben qué me recordó?, la cuarta temporada, cuando se rompió el dique y Sam golpeó feo a su hermano. ¿Dean con la espada en la mano sobre Castiel?, ni por un segundo creí que matara al ángel. Esa pelea causó cierto revuelo, ¿desde cuándo es tan fácil vencer al Castiel invencible de la cuarta temporada? Es obvio que nunca han visto Dragon Ball Z, donde cada villano es más y más poderoso que el anterior, aunque pareciera imposible. Caín intimidaba a Castiel, y a Caín le temía hasta Abaddon. Por la maldición. Así como Dean pudo matar a la diablesa, y liquidó a Caín, bien creo que podía vencer a Castiel. Allí queda, Sam hacia la baticueva, Castiel caído.

LA OSCURIDAD EN SUPERNATURAL

   Y caemos en el último episodio de la temporada, 10X23 – MY BROTHER’S KEEPER (un parafraseo de lo que respondió Caín a Dios cuando este preguntó por Abel); la llegada de La Oscuridad. Y en menos de tres semanas vemos la muerte de otro personaje popular y querido.

   La verdad es que ha sido uno de los finales menos activos y menos emocionantes, la duda era ¿se curaría Dean?, o ¿qué ocurriría si no pasaba? Era lo único (bueno, ¿y qué haría Rowena?). El enfrentamiento fue entre los Winchester, una batalla que ya hemos visto y que en verdad no me produjo ninguna angustia. Y que me perdonen los productores, pero no creo que nadie pensara que entre los hermanos eso pudiera terminar con un muerto, aunque en el episodio del exorcismo, Dean parecía dispuesto a trinchar con un cuchillo a Sam. Repito, fue uno de los finales menos intensos o buenos para mí, y creo que para muchos, porque quedaron flotando tres cosas que la gente no tragó del todo, el control de una bruja sobre un ángel y el Rey del Infierno, Dean matando a un invitado sin razón aparente, y el sacrificio de toda la humanidad por un amor filial que ya parece obsesión caprichosa. Y lo sostengo, yo, que amo el programa y ya espero con impaciencia la temporada que sigue, la onceaba…

DEAN AND RUDY

   Mientras Dean intenta hacer su vida por su cuenta, cazando, conocemos al tal Rudy que han mencionado varias veces como facilitador de información (un Bobby visto de lejos), con quien el pecoso es grosero. Cazan vampiros, Dean le aconseja que se mantenga lejos, el otro no lo hace. Cuando Dean, machete en mano va contra los vampiros, uno retiene al tal Rudy, quiere hacer un trato con el cazador, y ese Dean que siempre baja el arma cuando un inocente es amenazado, no lo hace esta vez. Matan a Rudy y la chica retenida cree que el cazador es culpable de esa muerte. ¿Lo es? El héroe se detiene ante la posibilidad de la muerte de otros, eso es innegable, pero no este Dean que actúa como un Sam sin alma, fuera de ¿qué tanto se puede ser responsable de la manera en la cual otros se mueven por la vida? Como sea, Sam sabe de eso, exige a Rowena el hechizo, pero ahora ella desea nuevos alicientes, quedarse con el Libro de los Malditos. Castiel no cree deban hacerlo pero Sam accede, porque parece que ya nada más le importa, ni siquiera dejar suelto ese mal, la peligrosa bruja con tan terrible texto. Sólo importa Dean, el mundo puede ser sacrificado.

DEAN GUAPO Y FURIOSO

   Después de la muerte de Rudy, Dean se aleja, presa de un ratón moral, de rabia contra sí mismo (golpea cosas y todavía se ve bien), y llama a Muerte, quiere que le destruya de una vez. Y Muerte, ese genial personaje, le dice que no puede hacerlo, Dean le recuerda que dijo que podía cosechar a cualquiera, incluso a Dios; es cuando el Jinete le revela que la Marca va con el portador, destruyéndosele rompe la Marca, o que si se rompe la maldición, un mal aún mayor se hará presente, la Oscuridad. Antes del mundo, hubo algo terrible que fue combatido y encerrado por Dios, y la Marca es la cerradura, de allí su poder y maldad. Si rompen la maldición, esa Oscuridad regresará. Por lo tanto Muerte le propone enviarle a un lugar lejos, fuera de este universo, donde no dañe a nadie; pero hay un problema, Sam no se detendrá, ni de buscarle ni de intentar regresarle, así como de “curar la Marca”. Es cuando Dean decide que su hermano, por un bien mayor, debe morir también. Obviamente es la Marca, porque aunque no dudo que el mayor de los Winchester podría lanzarse de panza al Infierno si hiciera falta, ya lo hizo, matar a Sam jamás lo contemplaría. Ni que muriera y menos asesinarle él. Por eso vendió su alma, por ello desobedeció por primera vez a John, su idolatrado padre, cuando este le dijo que lo salvara o lo matara.

SAM, DEAN AND DEATH

   Sam recibe su llamada, pero antes tiene que buscar los ingredientes para el hechizo, dos los encuentra Crowley, a quien descaradamente piden ayuda, siendo el tercer hechizo el sacrificio de un amor de quien convoca, que creo que fue lo que le convenció, buscar a alguien que si le doliera a su odiada madre. Y mientras Sam y Dean se enfrentan, uno exigiéndole que no se rinda, el otro alegando que es lo mejor, aunque también debe acabar con él para que no intente regresarle, se van minutos del programa. Y aquí el punto era: ¿poner en peligro a toda la humanidad con algo peor que el Apocalipsis mismo tan sólo por retener a su hermano? Esa es la cuestión que ha levantado tantas ronchas. Cuando las cosas se ponen intensas, y como suele ocurrir (en punto de quiebra, en la cuarta temporada, o Dean dispuesto a golpearlo cuando decidió entregarse a San Miguel, o con el centavo embrujado al regreso del Purgatorio), se lían a golpes.

RECUERDOS WINCHESTER

   Dean le vence, como tiene que ser si ya antes había vapuleado a Castiel, y Sam se entrega, que sí, que le mate si es lo que cree que debe hacer, reiterándole su afecto, jugando sucio dejando caer las fotos de la familia. Bueno, hasta dice que le ama, y eso fue algo chocante, al menos para mí.

DEAN MATA A MUERTE

   Dean duda, Muerte le urge, entregándole la guadaña, y Dean le mata a él. Y fue lo que me molestó. Si no pensaba cumplir, ¿para qué le llamó? ¿Por qué paró su propio martirio, ir a un exilio en la nada, y el sacrificio de Sam? Se entendería antes, ahora resulta curioso; se podría decir que fue la Marca, porque Sam pudo controlar a Lucifer al final de la quinta temporada, llamado por sus sentimientos, pero aquella vez había la esperanza de detener algo terrible, aquí la promesa es que algo muchísimo peor se acerca si no actúan correctamente. ¡Y mataron a Muerte, joder!

   A este personaje elegante, carismático y terriblemente poderoso era un placer verlo en pantalla, desde su aparición en la quinta temporada, cuando estaba por asolar Chicago; casi siempre comiendo alimentos chatarra, compartiendo el gusto con Dean, y otras combatiéndole por insolente (como cuando le ataron), pero sin terminar de destruirle (generalmente todos sienten debilidad por el insolente cazador). Ahora le destruyen, y así, tan fácil. Esto causó ciertas controversias entre mis amigos, ¿se podía matar a la Muerte? Crowley parecía creerlo, en la quinta temporada, cuando le dio aquella oz a Dean, ya que el rumor era que mataba de todo, incluido al Jinete. Veremos qué pasa, pero esto se suma al disgusto por la muerte de Charlie.

ROWENA MATA A OSKAR

   Por el lado del hechizo contra la Marca, las cosas llegan a un punto interesante, ante Rowena se presenta Crowley con su drama de que ella nunca le amó; la mujer sostiene que jamás amó a nadie, que no estaba en su naturaleza, pero el demonio sabe que no es así. Lleva al mesero aquel, Oskar, un antiguo niño que le dio acogida en su casa, casi trescientos años atrás, cuando moría de hambre y ella, luego, le curó y dio inmortalidad. La bruja le quiere, y él debe ser el tercer ingrediente del conjuro, uno que Castiel no detiene ni cuando ella mata al joven y toma su sangre (apartó la mirada, fue todo lo que hizo el ángel, Dean estaba en la balanza, ¿qué importaba lo demás?). Y aquí se presenta el nudo dramático, ¿por qué lo hizo Rowena? ¿Tan increíblemente maravilloso es Dean Winchester que todos desean ayudarle sacrificando lo que sea? Me parece una tontería, la respuesta está en la naturaleza de los personajes involucrados.

   Crowley accede a ayudar, aún después de la traición de Sam, porque quiere causarle dolor a Rowena, obligándola a enfrentar la idea de matar a la única persona que ha querido, lográndolo; Rowena lo hace, lo mata y conjura la magia para borrar la Marca, porque es una villana que al final se demuestra sensacional. Quería al muchacho, pero más desea el poder (cuarta temporada, Ruby ama a Sam, pero tiene un trabajo que hacer); para hacer el hechizo debían dejarla libre de ataduras, y dentro de un hechizo hace otro. Si, Dean se cura, pero ella retiene a Crowley y controla a Castiel, ordenándole que le mate, escapando con el Libro de los Malditos. Y sólo le costó la vida de Oskar. ¿No fue sensacional? Así es que tiene que ser un villano.

CASTIEL HECHIZADO

   ¿Qué una bruja controla a un ángel y al Rey del Infierno? Del Libro de los Malditos se dijo que contenía los conjuros más terribles. Terminó gustándome, al final, esta Rowena malvada que ahora escapa con el libro, sumándose a Metatron que anda por ahí con la tabla de los demonios. Ah, y Castiel fallando en una nueva misión. Al menos es adorable.

DESAPARECE LA MARCA DE CAIN

   Sam y Dean, sin la Marca, tantean el mundo, algo cae del cielo, una cosa oscura sale de la tierra y se reúne, una masa oscura, intentan escapar, Sam se pregunta si será grave, Dean ruge que es la Oscuridad, que nada bueno puede ser, y son envueltos por ella.

   Y así termina la décima temporada, una que me encantó aún más que la novena. Desde que Dean aparece compartiendo cuarto con Crowley y cantando karaoke, hasta su brutal venganza contra los asesinos de Charlie; aquí no, en este episodio no parecía él. No fue el héroe al que nos habíamos acostumbrado, no sacrificando a la humanidad. No se vio como un Capitán América llamando a la lucha contra Hydra, ofreciéndose a combatir y morir solo si hace falta, aunque sospecha que no lo estará; no es el Hombre Araña entregándose al doctor loco de brazos metálicos para proteger a la gente que le cubre y está dispuesta a caer antes de dejar que le tomen. No fue el héroe. Al contrario, se podría decir que sí, que los malos de esta temporada fueron Sam, por elección, y Dean, por la Marca. Pero como soy fanático y amo esta serie, veré la temporada que viene, todas las que falten, y seguiré disfrutándolo.

ANTIGUOS Y TERRIBLES DIOSES

   Ahora bien la Oscuridad, ¿qué será? No lo sé, eso de que existía al principio, que fue encerrada y alejada de la humanidad pero que lucha por volver, todo eso me sonó a los antiguos y diabólicos dioses del mundo lovecraftiano, con Cthulhu en primer lugar. Esos relatos son maravillosos. Ya veremos…

LA ONCEAVA TEMPORADA DE SUPERNATURAL

Julio César.

CITAS EN NINGUNA PARTE… 2

septiembre 18, 2015

CITAS EN NINGUNA PARTE

PADACKLES ES AMOR

   -¿Le damos un poco más?

……

   Jensen Ackles podía ser la tentación hecha hombre, todo una deidad de la sensualidad, pero un sonriente Jared Padalecki sabe que no se queda atrás, no cuando le oye gemir, pegarse a él, entregarse y arder mientras le come literalmente la boca, al tiempo que le alza la franela y recorre con sus manos grandes la baja espalda del rubio. La siente erizarse bajo su roce lento y deliberado, cosa que ponía un extra de sabor en su lengua. Las manos del rubio se meten en su cabello, que parece fascinarle, y lo revuelve. Están de pie, uno contra el otro, en una trastienda llena de cajas, la música llegando intensa, las penumbras maravillosas, el calor agobiante. Jared muerde el gordito labio inferior y lo extiende, pasándole luego la lengua, parecía no cansarse de degustarle. Llegaron de la barra y se besaron, no hablaron, no preguntaron nada uno al otro, no fingieron no sentir urgencias.

   -Besas bien… -oye gruñir al rubio, ronco, en un tono que le envía toques eléctricos por la columna.

   -Ni te imaginas las cosas que hago bien. –ríe casi contra su barbilla, la sombra de la barba raspándole, cosa que le encanta. También la risa del otro en respuesta.

   -Más acción y menos charlas, roba cheetos.

   Y el pecoso gime, haciendo feliz al castaño, cuando los labios y dientes de este le recorren la línea del mentón. Jared muerde un poco, y besa y succiona de la piel ardiente del otro, respirándole encima, rumbo a su oreja, atrapando entre los dientes su lóbulo y lamiendo. Sabe que Jensen debe ser una tensa cuerda de sensaciones. Le tenía en sus manos…

   -Eres bueno, hijo de perra… -le oye.

   Va a regañarle cuando el rubio mete una pierna entre las suyas, moviéndola de arriba abajo, contra la erección que hace rato tiene, desde que Jensen le hizo señas para que se apartaran. Sentirlo, el frote, el frote dado por el hermosos y pecoso rubio contra su verga le tiene al borde del infarto, y se miran. En los verdes ojos del otro ve el hambre, la necesidad, las ganas, en su boca entreabierta, con una media sonrisa chula, encuentra una invitación que no puede desatender. Y le besa otra vez. Sus lenguas se encuentran, los brazos del rubio le aprisionan por el cuello, los del castaño en su baja espalda, mientras este, con el muslo entre los suyos lo sube y baja. Ahora es consciente de la erección del pecoso, dura, palpitante y caliente, y cree que ahora si se muere.

   -¡Jensen, trae tu culo aquí! –oyen el grito desde la barra, al otro lado de la puerta entreabierta. Y el rubio se congela.

   -No, no… -gimotea Jared desesperado, contra su boca, ambos juegos de labios rojizos, húmedos e hinchados, hilillos de saliva dejándose ver de tanto en tanto.- No puedes llevarte tu culo de aquí.

   -¡Oh, qué príncipe tan encantador! Lo siento, tengo que hacerlo, no puedo dejarle todo el trabajo a Danni. –se disculpa el rubio, bajito contra su boca, y el castaño ve en sus ojos toda la frustración por dejarle.

   -Jensen… -la ansiedad se nota en su tono. Quiere decirle algo importante, ¿tal vez que le recordó muchas veces a lo largo de los años?, ¿o simplemente pedirle que se quedara?

   -Nos vemos luego, ¿si? Mi turno termina en una hora. -ofrece como una promesa, una que arranca una radiante sonrisa al castaño aunque pretende disimularlo.

   -Bien, intentaré no morir de un grave caso de bolas azules. –y la risa de Jensen, mientras le besa fugazmente en los labios y se aleja, le parece maravillosa.

   Dios, si, quiere… Quiere mucho.

……

   -¿Dónde estabas? –le pregunta Chad cuando llega a la esquina de la discoteca, donde de pie, alrededor de una alta mesita, el grupo habla y toma, mientras bailotea.

   -Reanudando viejas amistades. –Jared sonríe todo dientes, de una manera que llama la atención de todos, porque se ve simple y llanamente feliz.

   -¡Olvidaste las cervezas! –le acusa Alexis, mirándole con ojos entrecerrados.- Y tienes los labios hinchados… Oh, Jared, viejo perro…

   Todos ríen y le palmean la espalda, felicitándole. Jared lo acepta y reconoce como lo que es, la “suerte” del ligue de una noche con promesas de pasión. Todos sabían de eso (especialmente Chad), pero, por alguna razón, le parecía algo molesto pensar en Jensen en esos términos. Le recuerda chico, increíblemente pecoso, los ojos tan verdes y grandes, ofreciéndole de sus cheetos al desconocido niño con el gran puchero porque no encontró nada en una máquina de golosinas. Un Ackles… Bien, tampoco quiere pensar en eso.

   -Entonces me debes un trago. –Chad le saca de sus pensamientos.- Bastante me costó traerte hoy. Y mira, ya tienes un flechazo.

   -Si, Chad, te lo debo. –ríe Jared, sincero, abrazándole. Riendo más al notar la tensión del otro, cosa que le divierte enormemente.

   -Ay, coño, suéltame… ¡la tienes dura! –hay risas mientras el otro le aleja.

……

   -Cuanta prisa. –comenta Danni, la única damita tras la barra, sonriéndole al rubio que guarda sus cosas.- ¿Tuviste suerte con el chico alto? No sueles irte con gente del bar.

   -Es un conocido. –finge indiferencia, elevando los hombros, sabiendo que la deja intrigada.

   -Nunca lo has mencionado. Ni lo he visto por aquí.

   -No sabes todo de mí, Danneel Harris.

   -Se ve lindo, y hasta dulce, pero ten cuidado, ¿si? Un desconocido en un bar… -finge seriedad en el tono, aunque hay sinceridad en el mensaje.

   -¡Si, mamá! –se burla, la besa en una sien y se dispone a salir, justo a tiempo para ver a Jared llegar, quien mira de la chica a él, notándosele momentáneamente menos feliz.- Es una amiga, ¿okay? –le aclara, divertido, saliendo de la barra.

   -¡No dije nada! –se defiende el castaño, azorado al ser tan transparente.

   -Podemos… -comenzando su propuesta para la noche, Jensen llega a su lado, hermoso y sexy, casi felino, le parece a Jared.

   -Hey, mis amigos van para otra fiesta, habrá alcohol, comida, música… -le guiña un ojo, sonriendo.- …Y habitaciones, conozco el lugar. –se congela en seguida.- No es que vaya siempre y me encierre con… -calla y sonríe como un niño cuando el rubio ríe.- Vamos con ellos, quiero que los conozcas, son unos locos divertidos. –sonríe aún más, hasta que nota como el gesto del pecoso parece congelarse, sus ojos evitando el contacto, los hombros tensos.

   -Suena genial pero… creo que esta noche no, ¿okay? –mira su reloj.- La verdad es que estoy algo cansado y…

   -Pero habíamos quedado en vernos después de tu hora de salida. –Jared se ve desconcertado, y alarmado. No quiere perderle de vista.- Vamos con mis amigos y luego…

   -No, si, bien… -el rubio sonríe negando levemente con la cabeza.- No estoy de humor, ¿si? Trato con demasiada gente, me agota. Pero, oye, diviértete con ellos. Pásala bien y luego me cuentas. –toma una chaqueta que cuelga de una pared y señala la barra.- Siempre estoy aquí. –el otro le mira desconcertado, casi serio.

   -¿No quieres venir conmigo y mis amigos? –Jared plantea el asunto, sintiéndose molesto de pronto.- Es gente agradable, Jensen. Te caerían bien si les conocieras, créeme.

   -Yo…

   -Será un momento. Te los presento y…

   -No. –se le escapa algo fuerte.- Mira, no hagamos de esto un caso federal, ¿si? Ve a la fiesta, pásala en grande y luego nos vemos. –intenta sonar razonable, por un segundo se le encima, como si fuera a besarle, retrocediendo incómodo, tal vez por la mirada dolida del otro, tendiéndole una mano que Jared oprime patoso.- Ya nos vemos. –y se aleja rumbo a la salida.

   Jared se siente frustrado, molesto. Insatisfecho.

……

   Jensen se aleja del bar a paso lento, envuelto dentro de la chaqueta negra y con las manos en los bolsillos. Meditaba. Habría sido genial salir con Jared, la manera en la que habían conectado parecía casi mágica. Aunque, a decir verdad, debía reconocer que había sido así también en el pasado. Cuando el bonito auto se detiene a su lado en verdad no le sorprende mucho, mira a un Jared menos alegre, algo más serio.

    -Eres un idiota, ¿lo sabías? –le lanza. Jensen no puede evitar sentirse feliz, ¡había ido por él!, pero finge molestarse.

   -¿Así conquistas chicos decente, en la calle, de madrugada y a la salida de un bar de mala muerte? Seguro todavía eres virgen.

   -¿No ronroneabas como gato cuando te…? –entrecierra los ojos. Y Jensen ríe, cortando la tensión, pero ahora sintiéndose culpable.

   -Jared, en verdad, no había problema si te ibas con tus amigos… -se miran.

   -Los adoro, me gusta estar con ellos, pero tú… -se humedece la lengua.- ¿Y si desaparecías otra vez? No podía arriesgarme. –sus ojos están atados.- Sube… vamos a mi apartamento. –el rubio no duda, rodea el auto y entra.

   -¿No estás enojado?

   -Un poco. Pero es una tontería dejar perder la magia del momento. Nos volvemos a encontrar después de tantos años… y nos gusta. –el castaño le sonríe mientras conduce.- Espero que me lo compenses… -y grita al tiempo que el vehículo trastabilla cuando una mano del rubio cae en su entrepiernas, abarcando, cubriendo, apretando.

   -Ni te imaginas. –sonríe con ese tono sensual que le eriza, amasando, sacándole gemiditos de risas al tiempo que su miembro responde y endurece bajo la palma, el pulgar frotando de manera circular.

   -Jensen, ¿qué…? No… -gimotea sin fuerzas cuando este se tiende hacía él, sonriéndole como un tiburón, abriéndole la cremallera, metiendo la mano, palpándole con mano caliente sobre el bóxer, tocando, frotándoselo, sintiéndose increíble.

   -¿Quieres que te suelte? –le pregunta con aire de niño inocente y confundido, los dedos cerrados sobre el tronco, frotándole como si le masturbara.

   -¡No! –confiesa, y es todo lo que el rubio necesita escuchar, liberándoselo de la tela y sacándolo, una verga blanco rojiza, dura.

   -Bonita pieza… -gruñe el rubio, ojos brillantes, mirándola, rodeándola con su mano, sintiéndola palpitar y quemar contra su palma. El castaño está muy bien dotado y parecía suficientemente interesado. El puño sube y baja, firme, duro, el pulgar frotando el ojete, y el joven casi boquea, tenso.

   -¿En serio? ¿Una paja mientras conduzco? ¿Sabes lo peligroso que es?

   -Mojigato, vive la vida y el momento… -le sonríe Jensen, bajando el rostro contra su entrepiernas, Jared mirando la rubia nuca con la boca abierta, todo su cuerpo muy tenso; este  posa los rojos y carnosos labios sobre el glande descubierto, comenzando con unos enloquecedores besitos.

CONTINÚA … 3

Julio César.

HACIA EL GRAN FINAL DE LA DECIMA TEMPORADA

septiembre 18, 2015

DEAN, VAYA CHICO…

CHARLIE Y CASTIEL

   Charlie, Castiel, el gran momento…

   Por Warner vi la semana pasada el episodio correspondiente de Supernatural, 10X18 – BOOK OF THE DAMNED, que me gustó mucho (así inicio cada comentario, ¿eh?), y justo al finalizar una amiga me habló de una página web donde podía ver el resto. Me resistí, había decidido disfrutar la temporada episodio a episodio, pero de la manera como terminó el de esta semana se me hizo imposible aguantarme, ¡estaba tan molesto con Sam!, aunque entiendo bien su proceder.

JACOB, UN VILLANO DE SIEMPRE

   De entrada aparece un joven y bien trajeado villano que persigue a la dulce Charlie, y en cuanto vi a ese tipo sentí ESCUPIRE SOBRE TU TUMBAalgo raro. Era bien parecido, se veía bien en cámara, tenía ese aire ideal para el subtexto de la serie en general (ligero coqueteo entre tíos)… pero le odié intensamente. Le veía y no lo entendía, me molestaba inconscientemente, hasta que caí en cuenta: había sido uno de los cuatro malditos en aquella película sobre la chica que va a una zona boscosa y es atacada y violada por esos sujetos, que intentaron matarle y de los cuales se venga de una manera maravillosa, aquí la titularon “Escupiré sobre tu tumba”, pero dudo que fuera el nombre original. Dios, cómo odie a esos carajos. Él era uno de los peores, el mecánico (Jeff Branson).

   Ahora vamos con este capítulo. Charle, la maravillosa Charlie que se ha convertido en toda una cazadora (carga hasta una espada, lo que debe ser incómodo), llama a los hermanos en la baticueva porque alguien le persigue, ella ha encontrado el Libro de los Malditos y una gente desea quitárselo. ¿Dónde quedó la chica tímida para la batalla, aunque valiente de corazón?, luchó muy bien contra dos, pero sale herida. Los hermanos van por ella, a una de las mil cabañas de Bobby, y les muestra el libro, hecho de piel y escrito con sangre de una monja que enloqueció. Un texto totalmente incomprensible, pero que llama a Dean, quien lo toma sin notarlo, la Marca lo quiere. Y eso me recordó la llamada Biblia del Diablo, el Manuscrito Voynich, un supuesto libro medieval escrito en un idioma extraño que, según, contenía conocimientos prohibidos, aunque ahora se sostiene que era un fraude, aunque muy bien elaborado, lo que de por sí es todo un logro.

SAM, DEAN Y EL LIBRO DE LOS MALDITOS

   Entienden que el libro fue escrito para curar maldiciones, o lanzar otras, algo terrible y Dean no quiere que lo preserven, que es perverso y oculta algo peor, que la Marca desea que lo tome, que le monte las manos y sabe que no será para bien. Quiere que Sam lo destruya. Este no puede, cree que deben intentarlo, para salvarle, lo que sea para que no se transforme, para que no muera; le dice que no soporta la idea de seguir sin él, que no podría. Creo que es la declaración de amor fraternal de Sam más clara que ha hecho. Muchas veces oímos a Dean decirlo, o sentíamos que lo pensaba. Que haría cualquier cosa, y las soportaría, para que Sam continuara a su lado. Ahora es el menor quien muestra una desesperada decisión de lucha y es Dean quien le recuerda que poco antes dijo que no lo haría, evitar un sacrificio destinado a un bien superior (cuando pensaba cerrar las puertas a los demonios, muriendo en el acto). Pero Dean se impone, no caerá en otra trampa sobrenatural, destruirán el libro. Como suele ocurrir, en eso llega aquella gente, los elegantes, que se presentan como la familia Styne, quienes se declaran dueños de esas páginas. Son duros de matar, más allá de lo normal para ser hombres. Dean le ordena a Sam que destruya el libro, este lo arroja al fuego. El villano le llama tonto y se le va encima, pero finalmente le matan.

METATRON DISFRUTA EL MOMENTO

   También en este episodio estuvieron Castiel y Metatron, y el ángel demuestra aquello de que es bueno para él ser adorable, ya que vuelve a meter la pata. Metatron intenta fingirse su amigo, ya que ambos entienden y pueden saborear (como lo hace con las tortas) la vida, especialmente ahora que es humano; pero Castiel no le cree nada, ni siquiera cuando le ayuda a matar a otros enemigos. Llegan a una biblioteca donde el escriba envió a un amigo a ocultar la gracia de Castiel. Mediante dos claves en dos libros que deben analizar, encuentran lo que buscan, después de que el escriba traiciona al ángel derribándole con un hechizo.

LA GRACIA DE CASTIEL

   Castiel encuentra su gracia, Metatron la tabla sobre los demonios y escapa. Tiene la tabla, es libre, pero sigue siendo humano. ¿Qué hará con esa tabla? De entrada imaginamos que reaparecerá, ¿buscará a Crowley? ¿Disputará el poder del Infierno? Hace falta, ese lugar ha perdido todo su encanto, Crowley es un rey faltón.

   Será en la baticueva donde Charlie conocerá por fin a Castiel, a quien imaginaba más alto, y fue grato ver las risas, el aire de familia reunida, la pizza y las bebidas, la banda lista para hacer frente a cualquier cosa. Un momento feliz que termina en cuanto vemos la cara de Sam, cerrada, oscura.

CONFIA EN MI, DIJO LA ARAÑA AL CAZADORE

   Ya se sabía que no había destruido el Libro de los Malditos; lo ocultó y va en busca de la única que puede leerlo, una poderosa bruja, Rowena, quien quiere que hablen del precio. Otra vez actúa a espaldas de Dean, nuevamente con buenas intenciones, como cuando conspiraba con Ruby para detener a Lilith, y con aquel cazador loco para “proteger a Dean” del malvado vampiro que le engañaba (Benny). Se le entiende, quiere salvar a Dean… pero si nos detenemos a pensar en ello, en el costo de las equivocaciones (demasiada gente murió en el Apocalipsis), parece que se pasan.

BENNY AND DEAN LOVE

   Habiendo visto esto, tuve que sintonizar la fulana página y ver la continuación, 10X19 – THE WERTHER PROJECT, que no decepcionó para nada, es más, puso las cosas peores en intensidad. Se busca una manera de traducir el Libro de los Malditos, Sam lo hace aunque sin decirle a Dean. Del episodio me gustó este Dean que le dice a la imagen de Benny, en el Purgatorio, que sabe que no es su amigo porque Benny nunca le haría daño. Reconocimiento de algo que se notaba claramente durante la temporada que el vampiro estuvo sobre la tierra a su salida de ese lugar al lado del cazador.

UNA CHICA DE LOS SETENTA

   Comienza el capítulo con esa familia viviendo en aquella casa en los setenta, donde las mujeres jóvenes debían ocuparse de todo porque los varones tenían pase libre (justo como se les presenta todavía en muchos relatos del fandom, una manera lamentable de ver a las mujeres). La joven de la familia debe ir a lavar la ropa mientras su hermano escucha música, y en una escena que no entendí bien, porque ni ruido de ratones ni nada hubo, ella golpea una pared, encuentra una caja de caudales con unos símbolos raros, la toca y una fuerza tipo nube verdosa escapa y la desmaya. Cuando despierta y sube encuentra a su padre muerto, se voló los sesos, su hermano se cuelga en la sala, su madre se abre el cuello con un cuchillo y ella queda gritando. El horror volvía a Amityville.

   Sam está tratando con Rowena, quiere que en el Libro de los Malditos encuentre una cura para la maldición de la Marca; pero ella no puede leerlo porque fue codificado; sabía de una bruja que podría, pero que fue cazada y sus conocimientos robados por los Hombres de Letras en forma de manuscrito (esa referencia a ser exterminada, habla de la relación de los inútiles Hombres de Letras con cazadores, porque de propia mano poco hacían).

MAGNUS EXPULSADO DE LOS HOMBRES DE LETRAS

   Sam busca en la baticueva, ocultándole todo a Dean, y sabe del proceso que se le hizo a Cultbert Sinclair, Magnus, el notable ex Hombre de Letras que quería coleccionar a Dean (porque la eternidad era como mucho tiempo y solitaria), en una de las escenas de propuestas indecentes más descaradas que ha habido (claro, era Dean, también hay que entenderlo). El hombre ocultaba esos terribles conocimientos en una caja cubierta por una maldición que acabó con dos Hombres de Letras, uno de ellos casi sobre la caja. Expulsan a Magnus, a quien se le notaba arrogante y prepotente, muy creído, un nuevo Lucifer. La caja sería custodiada por los Hombres de Letras, pero al morir estos a manos de Abaddon quedó así y años más tarde aquella familia tomaría la casa ocurriendo el desastre. Rowena, después de ser despertada de su sueño reparador, que necesita con trescientos años encima, le indica a Sam algunos hechizos que podría inutilizar la maldición sobre la caja; quiere ir con él, pero este no la deja.

   El menor de los Winchester va por su cuenta, una escopeta le hace huir y encuentra a Dean en la calle, con quien ya había discutido porque este se había ido por su cuenta a matar vampiros, divirtiéndose de lo lindo como siempre en el hecho, pero ahora siempre queda la duda, ¿es por la Marca?, y ¿no fue algo irresponsable y casi suicida? Dean, ahora, está allí, disculpándose por eso, pidiéndole que le deje participar de su caso. Llama a la puerta mientras el menor entra por detrás. Engatusa un poco a la dama mayor, hasta que Sam encuentra la caja, intenta el hechizo, falla y algo sale, derribándole. La mujer se pone histérica, ha vivido vigilando ese mal que ella soltó una vez y ahora ellos lo complican todo. Pobre mujer, con los Winchester topó. Mientras Dean busca a Sam, pero perdiéndose en una alucinación del Purgatorio donde es atacado por un leviatán del cual le salva Benny, la vieja dama vive algo horrible (pistola en mano), su familia levantada otra vez, acusándola de haberles hecho todo eso, lo que técnicamente es cierto. Sam la oye, entra al escuchar el disparo, ella se mató. Es el hechizo, la culpa obliga al suicidio (¿no les recuerda un poco a la cuarta temporada cuando los testigos se levantan?). Sam enfrenta a esa mujer, su víctima, quien le tiende el arma para que acabe con todo, Rowena aparece, le salva y ayudará.

DEAN, BENNY REENCUENTRO EN EL PURGATORIO

   Van por Dean y le atan para que no haga algo drástico. Me gustó Rowena comentando lo divertido de atar al tonto guapo. Dean y Benny discurren por el Purgatorio, siempre regresando al mismo lugar, discutiendo sobre el cazador temiendo estar afuera, lo que viene, en lo que puede terminar convirtiéndose. Benny recordándole que allí se sentía bien, libre, puro, el terreno de batalla ideal para el guerrero. Que se quede mediante suicidio. Así, el cazador se desata, toma una botella y la convierte en un arma que puede usar contra sí mismo. Casi casi lo convence, pero Dean no quiere escapar así, luchará, seguirá viviendo hasta el final, y mata a ese Benny, el cual sabe que no es su Benny. ¿Cómo escapa del hechizo? Hay quienes lo atribuyen a su experiencia, otros a la Marca que no le deja morir, personalmente creo que intuía que había gato encerrado, que su amigo Benny, aquel en quien tanto confiaba, nunca le llevaría a eso. Me agrada esa idea.

SAM Y ROWENA

   Sam, con Rowena, en divertidas interacciones, descubre que la sangre de los herederos rompe el hechizo y abre la caja, Sam entiende que es su sangre y está drenándose de manera exagerada.

DEAN-SAM FOREVER

   Dean le encuentra así, y  no ve a la bruja. Ahora entendemos que esa es su visión de muerte, algo más elaborado que la anciana y su pistola, que llevaba al menor al suicidio por desangramiento. La sangre de ambos se mezcla y encuentran los papeles, que Sam finge no saber qué era. Con ello va con Rowena, quien quiere, como pago, que mate a Crowley, y Sam está de acuerdo. ¿Mentía?, no lo creo, de los hermanos, Sam siempre ha visto al Rey del Infierno como una amenaza ¿a su relación con Dean (filial)? Tal vez, era el mismo asunto con Benny. Pero Sam no es tan tonto como para darle el Libro de los Malditos y los códigos para traducirlo así como así, ata a la bruja con cadenas de metal para impedirle hacer magia. ¿Bastaba para contener a un ser como ella? Y claro, si vi eso, seguí a pesar de la hora.

JIMMY Y AMELIA EN EL CIELO

   En el siguiente, el 10X20 – ANGEL HEART, reaparece la familia de Jimmy Novak, por lo que podría decirse que es de relleno, pero estuvo bien. Amelia Novak vive una y otra vez la llegada de su marido, Jimmy, quien le dice que Castiel se ha ido, pero en verdad está atada a una cama y alguien se alimenta de ella, y por la luz blanquecina que sale de su cuerpo sabernos que se trata de su alma. De este episodio me gustó esa visión final del Cielo, Jimmy recibiéndola en casa, habiéndola estado esperando durante mucho tiempo. Ahora les espera una eternidad juntos, como querían, aunque de haberla recibido a la luz del sol, sentado en un porche, a la sombra de un enorme árbol y frente a un bonito jardín, habría quedado mejor que esa idea de cajita de fósforos que hace tan desagradable esta idea del Cielo.

   Comienza la acción con Claire buscando una pista sobre su madre, siéndole negada una copa aunque dice que está por cumplir dieciocho años. Busca a la última persona que Amelia dijo vería antes de desaparecer, pero este la evade. Vas tras él a la calle, este la empuja, ella se golpea, cae y él llama al 911, por lo menos. Será en ese hospital donde la encontrarán Castiel, Sam y Dean, quien no quiere estar allí. Lo que el ángel dice, que como gente con niñeces horribles la entenderán, siempre me hace reír.

LOS CAZADORES Y LA ENFERMITA

   Las malas caras de ella son geniales, con Castiel y Dean. Me gustó que la trataran secamente, ¿qué hacía a las afueras de un bar? Ella busca a su madre para gritarle en la cara su desprecio, o eso dice. Se siente abandonada. Amelia sencillamente desapareció de la tierra, buscando a un milagrero. En un descuido, la chica escapa del hospital, Sam va a buscarla al hotel, Dean y Castiel van por el tipo, a quien zarandean hasta que confiesa que era ciego, ese tipo lo curó pero quería le llevara chicas que nadie extrañaría, que vio a una atada y escapó. Ellos le buscarán y el tipo hace dos llamadas que le costarán, primero la vista, como castigo, luego la vida.

SAM Y CLAIRE

   Me gustó esta Claire que interactúa con los Winchester. Le sorprende encontrare a Sam en el cuarto, este desconcierta aconsejándole que si huye no use su nombre (un consejo horrible, pero para una cazadora vale la pena), luego el cómo intervenir teléfonos e incluso le enseñaría cómo falsificar credenciales, las cosas que debe manejar un cazador. Llegan los otros dos y saben de la muerte del tipo, con un arma que no entienden. Fue gracioso ver a Dean explicarle al policía local la presencia de la chica. Entienden que el sujeto llamó a su antiguo empleador y este le mató, por el nombre encuentran una propiedad y se dividen. No porque Dean quiera sino porque Sam y Castiel, especialmente el primero, se lo imponen. No le quieren suelto con la Marca. A Claire tampoco la dejan ir y Dean tendrá que servirle de niñera, lo que sonaría especialmente extraño dado el odio que la chica debería tenerle. Pero esto debe ser ponderado, Caire es una chica inteligente, debe imaginar que si bien lo que Dean hizo con toda esa gente en aquella casa donde el segundo papá la vendía fue una exageración, no podía estar tan engañada con el tipo.

DEAN, CLAIRE Y EL GOLFITO

   Es así como terminan jugando al golfito, después de que Dean le da a probar algo de alcohol ya que cumplió años. Esa interacción con el cazador fue genial, también la disculpa que este hace de Castiel y de Jimmy, quien no murió en balde sino tomando parte en la salvación del mundo. Y este punto es polémico ya que Castiel siempre mete la mata (se parece a Sam), pero hay que recordar que cuando Dean descubre que los ángeles, por sus propias razones, le hacen el juego a Lucifer para desatar el apocalipsis, Castiel se rebela contra el Cielo y le libera para que detenga a su hermano antes de romper el último sello. No se pudo, Sam creyendo que hacía bien mató a Lilith, Lucifer se alza, pero Dios, quien hasta ese momento había dejado que pasara lo que pasara, les saca de allí y todavía revive Castiel, quien fue asesinado por un arcángel, ¿intervino al ver la resolución del trío? Sin olvidar todo lo molesto que andaba Castiel con ese Dean que pensaba entregarse al arcángel San Miguel en la quinta temporada, o cuando en plena pelea con Lucifer, el ángel ataca y aleja a Miguel dándole la oportunidad a Dean de actuar. Eso no lo dice, pero a Claire le agrada saber que no todo fue inútil. También es Dean quien le insiste que en una nota donde su madre jura que buscará a Jimmy y se reunirán, no parece un abandono.

CUANDO LOS ANGELES SON MALOS

   Por algo que ella comenta, Dean se pone tras la pista del arma utilizada y saben que enfrentan a un ángel del tipo tropas especiales, que desobedecieron antes del Apocalipsis (y hay que ver lo peligroso que son los seres angelicales estos). Sabe que Sam y Castiel corren peligro y va a ayudarles, llevando a una Claire que no se quedará atrás y a quien da un arma, ¿la preparaban Sam y él para la cacería? Eso parecía.

CASTIEL Y AMELIA

   Sam y Castiel llegan a ese lugar, uno investiga una casa, el otro el granero y Castiel encuentra a una Amelia que está tan mal que no puede curarla. Sam enfrenta a ese ser.

AMELIA Y CLAIRE

   Dean llega con Caire, y fue conmovedor ver a la muchacha abrazándose con Amelia, todo olvidado, todo perdonado, una chiquilla que vuelve a brazos de su mamá.

CLAIRE LA CAZADORA

   Ese ser aparece, Claire responde pero los batuquea a todos, y cuando va a matar a Dean alguien acaba con él. Claire, no antes de que Amelia, para protegerla, reciba una herida mortal.

MUERE AMELIA NOVAK

   Fue doloroso verlo, sentir el pesar de la chica, pero Amelia reuniéndose con Jimmy en el Cielo, quedó bien (aunque fuera un Cielo muy limitado).

CASTIEL Y CLAIRE

   Las despedidas finales quedaron bien, especialmente de Claire con Dean y Castiel, por quien parece sentir algo especial, y este por ella (cómo ha cambiado este ángel). La chica se irá con Jodi, la comisario, la cual estará en la gloria con dos adolecentes en plena edad para molestar, una ex vampira y una ex receptora de ángeles. Sólo faltaría que llegaran a su puerta Krissy y sus amigos. Serían  Jodi y los Gatimelódicos.

   Fue un buen episodio, me gustó, pero el lomito estaba por ser servido, los tres últimos episodios, incluida la especulación por lo que viene, la Oscuridad…

FINAL DE LA DECIMA TEMPORADA, OSCURIDAD

Julio César.

DEAN Y CROWLEY, LA MIRADA INTERIOR

septiembre 10, 2015

DEAN, VAYA CHICO…

LA PESADILLA DE DEAN

   ¿Se puede saber dónde estaba su ángel de la guarda?

EL GRAN BOBBY EN EL CIELO

   Decir que me encantó el episodio de la semana pasada de Supernatural, 10×17 – INSIDE MAN, sería repetir lo de siempre, pero así fue. Temí que sería aburrido al ver a Rowena, pero nada que ver, hasta me gustó que apareciera como lo hizo. Hubo obsequios. La primera sorpresa fue la intro, Bobby, el gran Bobby estaba de regreso, y ya sólo eso valía la pena. Fue un capitulo dual, Sam y Dean viven aventuras por separados, curiosamente las dos se tocan emotivamente, aunque no podían ser más diferentes. Y están todos, Sam, Dean, Castiel, Crowley, la infame Rowena, el detestable Metatron y Bobby (pocas nenas, ¿eh?), ¿cómo pude pensar que no sería bueno?

   Bien, hay dos historias, Sam quiere algo del Cielo y se busca a Castiel, quien por primera vez le sigue en una aventura a espaldas de Dean (el pobre angelito anda tan mal por este), y Dean, que pensaba pasar el rato, encara a los demonios, no los suyos (podría decirse que eran los de Crowley). Por cierto, hoy si que no me extenderé mucho. Como no sea una acotación inicial, el saber que la marca ya está arrastrando a Dean fue inquietante; sus gritos de noche, Sam, arma en mano corriendo hacia su cuarto, al otro día el pecoso fingiendo que durmió bien, o los ojos negros que se ve por un segundo en el billar, fueron espeluznantes.

   Sin casos, el inframundo parece de paro, y sin otros trabajos pendientes (jamás arreglan closets, aparentemente), Dean le pregunta a Sam qué hacer para divertirse, y este sale con que quiere ir a ver una película francesa, con subtítulos, donde el personaje principal parece ser una cucaracha. ¿Pensó Dean en acompañarle?, claro que no, y era con lo que contaba el menor para escapar con Castiel. Debe hacerlo así porque el mayor le tiene terminantemente prohibido continuar buscando referencias sobre la Marca de Caín, tema que me encanta (lo repito, Dean fue demonio demasiado poco).

LLAMADA AL CIELO

   Bien, a Sam y Castiel les niegan la entrada al Cielo, a donde quieren llegar para encontrarse con Metatron, desesperados como están por falta de pistas; la mismísima Hannah, en otro cuerpo, le dice a Castiel que no se puede, no le dejarán pactar con este y que quede libre. Y le someterán así sea por la fuerza si intenta pasar la entrada (era curiosa la gesticulaciones del hombre que la contenía al mirar al ángel de Dean). Sam, previendo esto, busca a un síquico que trabajó con los Hombres de Letras, y el sujeto era bueno, leía la mente de Sam como un libro abierto (cosa que le obligó a retirarse del mundo), no así la de Castiel, de quien se negaba a creer que fuera un ángel ya que es ateo. El hombre, y repito, que sabía lo que hacía, se conecta con alguien en el Cielo, con Bobby. Quieren que abra una puerta del otro lado y que Castiel entre. El gran Bobby ayuda, aunque no le gusta saber que Sam hace todo aquello a escondidas de Dean. El viejo cazador cumple, Castiel llega, Metatron todo chulo, creyendo tenerles por las pelotas, dice saber que le buscarían y parten de allí. Se supone que a Bobby se le castigará por lo que hizo, y de este lado la cosa no es mejor.

SAM Y CASTIEL, CHICOS MALOS

   Metatron, que es uno de mis personajes favoritos (y el actor), se pone duro, chulo, chantajista, parecía que jugaría con ellos al imponer sus condiciones al tener la sartén por el mango. Sentí rabia al ver que dominaba la situación. Lo que no esperaba el escriba, y sinceramente yo tampoco, es que Sam y Castiel fueran a jugar aún más duro. Castiel le corta bajo el cuello y toma su gracia, Sam le dispara en una pierna, y le duele ahora que es humano. Le amenazan feo y el pobre Metatron termina confesando que nada sabe sobre la Marca, que cuando Dean le golpeaba invento lo primero que le vino a la cabeza. Es decir, no tienen nada. Sam parecía que iba a matarle, pero el mañoso ángel negocia con lo que queda de la gracia de Castiel, quien parte con él, no sin antes entregarle una carta a Sam. Y verle humillado, derrotado, fue catártico.

DEAN Y LA COMIDA CHATARRA

   Dean, quien tenía terminantemente prohibido entrar al cuarto de Sam, por indicaciones de este, entra y hace desastres. Lo del cepillo dental contra su axila fue demasiado, aunque me hizo gracia. Luego se va a un bar a comer basura pero oye a unos universitarios apostando al billar y los estafa. Allí le encuentra Rowena. Antes, la mujer, en el Infierno se pintaba unos tatuajes raros por el cuerpo, siendo vista por Crowley, que se incomoda como todo hijo que pilla así a su madre, y más cuando ella le dice que tiene una cita porque una mujer tiene necesidades.

PELEAS EN BILLARES

   Va tras Dean, quien ya ha tenido una fea visión de sí mismo, y hechiza a los muchachos a quienes estafó pero el cazador los vence, y fue notable ver como Jensen Ackles personificó la batalla entre el Dean de siempre y el semi demonio que porta la Marca de Caín. La mujer le enfrenta, le odia porque debilita a su hijo, al Rey del Infierno, lo tiene comiendo de su mano (lo dicho, puro Deawley), quiere matarle con un hechizo, exactamente como Lilith intentó acabar con Sam en la tercera temporada, con los mismos resultados. La cara de Rowena al fracasar fue notable, aunque juega a que no la matará porque es un héroe y quiere que los chicos hechizados vivan.

DEAN Y CROWLEY, EL HOMBRE INTERIOR

   Frustrada, la bruja regresa al Infierno y se autogolpea, así se presenta frente a Crowley, quien le pregunta si tuvo una cita difícil. ¿No fue genial?, lo disfruté. Cuando ella culpa a Dean, este la responsabiliza a ella por ser tan tonta como para ir a enfrentarle, que quienes portan la Marca están protegidos por ella. La mujer dice que la Marca es tan sólo un hechizo que puede revertirse, y quienes vieron el episodio y notaron la cara de Crowley y el interés en saber si ella podía, ¿no pensaron que deseaba ayudar a Dean?, ¿en llegarse frente a este con una cura? Dean sigue en aquel bar y llega Crowley, la verdad fue algo que me desconcertó, gustándome una barbaridad. No pelean, están bebiendo juntos, Dean le cuenta su versión y Crowley la acepta, aunque la disculpa porque ella quiere protegerle al creer que le han cambiado. Dean le dice que sí, que lo ha hecho, que ambos han cambiado, que en lugar de pelear a muerte, deseando uno acabar con el otro, están tomando y hablando. Dean entiende lo de la familia, que a veces molestan e irritan, pero están ahí para lo que salga, ¿Rowena es ese tipo de madre, de familia?

CROLEY ECHA A ROWENA DEL INFIERNO

   Y la mejor escena con Rowena es cuando Crowley finalmente la encara y la echa del Infierno. Su sorpresa, negándose a creerlo, diciéndole que no podía hacerlo, no por un cazador, sentir casi su dolor, su rabia y despecho me gustó. Como me gustó que la palabra de Dean pesara en el ánimo del Rey. Este lo hizo muy humano, sabe que ella no le quiere, que nunca le importó, que si no fuera el Rey ni le miraría (tanto así ha cambiado Crowley).

   Sam regresa a la baticueva, Dean y él se mienten sobre lo que hicieron y Sam lee la carta de Bobby, la cual está llena de afecto paterno, de añoranza, pero también de guía, el mensaje es que por difícil que esté todo, confíe en su hermano y le cuente lo que hace. Mientras Sam lee y escuchamos la voz de Bobby, vemos la soledad preocupada de Dean, la abatida de Sam, la pensativa y solitaria de Crowley, a Castiel con Metatron, a Rowena, que se vio impresionante en esa escena en la calle desierta, elegante, cargando sus maletas, el rostro golpeado, fracasada, rechazada, despechada. ¿Saben qué me habría gustado para terminar el episodio?, que después de leer, Sam hubiera ido con Dean, así no le contara nada, pero que fuera con él.

   A mucha gente le pareció un capitulo flojo, carente de sentido, a mí me gustó todo. Sam ingenioso, Castiel a su lado luchando por Dean, la reaparición de Bobby en el papel de siempre, el ingenioso hombre que todo lo puede, aún abrir las puertas del Cielo (por cierto, que el Cielo es una mugre, con razón Anna se escapó), Dean siendo el héroe de siempre, Rowena derrotada (frustrada y rabiosa le llevará la cuenta a los Winchester, especialmente a Dean), Metatron siendo finalmente acorralado (aunque de ese siempre hay que desconfiar), Crowley solitario en su trono (¿hasta cuándo será el Rey?). Sí, todo me encantó, llevaba tiempo esperando ver esto, especialmente a esos dos morder el polvo. Pero lo inquietante es que uno tras otro los caminos que toman para buscarle salida a lo de la Marca les llevan a callejones cerrados, Caín y Metatron eran las fichas fuertes a jugar, y fallaron, ¿qué queda?

HACIA EL GRAN FINAL DE LA DECIMA TEMPORADA

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 13

septiembre 8, 2015

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 12

   La siguiente historia, QUE NO ES MÍA, es un Wincests enviado por una amiga. Que me perdone la autora, pero era una mala traducción del inglés y tuve que llenar algunos espacios. Me agradó mucho. Me gusta cuando Dean sorprende a Sam, y cuando Sam anda perdido de celoso (¡ha hecho sufrir tanto a Dean!). Disfrútenlo.

……

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -¡Toda esta mierda es tu culpa, Nicholas!, si no me hubieras fallado como lo hiciste, mi vida sería ahora otra muy distinta. –el otro traga, resintiendo el golpe, parpadeando.

   -¿Crees que no lo sé? Eso es lo que más me atormenta, haberlo jodido todo contigo. Pero no podía hacer otra cosa, Dean; tú llegaste tarde a mi vida, cuando ya había hecho planes y adquirido compromisos, ¿por qué nunca has podido entenderlo? Nunca quise lastimarte. La verdad es que no pude hacer nada más. Ni siquiera ser sincero contigo. No podía contarte todo porque sabía que me dejarías, y no podía soportar la idea. –casi le grita a la cara, los dos muy cerca.

   -¿Acaso no terminó todo?

   -¿Acaso fue porque yo quise?

   -¿Acaso fue mi culpa? –le contraataca, irritado a límites imposibles. Nunca podían hablarlo, dejarlo en claro; Nicholas parecía incapaz de comprenderle.- Nunca quisiste entender que jamás habría podido aceptar ese juego sucio, tu propuesta.

   -Si me hubieras querido como yo te quería, lo habrás hecho. –acusa, contenido, voz dolida. Desconcertándole y molestándole más.

   -Hijo de perra, ¿todavía me responsabilizas después de lo que hiciste? Me mentiste, pretendías engañar a esa mujer, a todos, y querías que yo… -no puede seguir. Le desconcierta la sonrisa triste del otro.

   -Qué fácil es para ti juzgarme, condenarme. Cómo te fue fácil dejarme.

   -No fue fácil. –replica alzando la barbilla.- Nada fácil. Eras mi puerta de salida, mi libertad. Pero era un camino minado, lleno de falsas promesas.

   -Ni aún ahora puedes entender el miedo que sentía a que todo se supiera. No podía soportar la idea de verte partir, y cuando lo hiciste, y el cómo lo hiciste, lo comprobé. Fue un dolor casi físico que me rasgó el pecho.

   -Por favor… -intenta restarle intensidad, incómodo dentro de su piel.- ¿Por qué hablamos de esto, Nicholas? El pasado es pasado, lo que pudo ser… -se encoge de hombros.- …Se acabó. Estoy aquí en un trabajo, tú estás siguiendo la vida que elegiste, la que deseabas, eso tiene que hacerte feliz. –le mira en verdad desconcertado, la frente algo arrugada. La risita ronca y astillada del otro le eriza la piel.

   -Ah, Dean Winchester, qué poco sabes de nada, como poco sabía yo… La vida que llevo fue la que elegí, pero cuando lo hice, la planeaba, jamás pensé que… apareciera alguien como tú y… -no puede seguir, no tiene las palabras, no está acostumbrado a explicarse a ese nivel.

   -Bien, supéralo. –intenta ser ligero, alzando un hombro, ganándose una mirada violenta, casi jadeando, tensándose para la lucha cuando Nicholas se echa hacia adelante, atrapándole los hombros con las enormes manos, zarandeándole mientras le acerca.

   -Cierra tu maldita boca y deja de soltar basura. –le ruge, ojos centelleantes.- Nunca imaginarás el dolor que sentí al entender que te habías ido, ni imaginas cuánto me dolió cuando entendí que ya no te vería, te escucharía y hasta te olería otra vez. –le acerca más, con rabia y desesperación.- No puedo explicarte cuánto quise gritar, y llorar, y dejarme caer y gritar tu nombre para ver si de alguna manera me escuchabas y regresabas. Te maldije, Dean, te odié, y sin embargo esperaba cada día que regresarás, cazador idiota, o que en algún momento dejara de dolerme tanto.

   Decir que las palabras impresionan, confunden e impactan a Dean, sería decir poco. Tal vez por ello no reaccionó con la suficiente rapidez cuando el hombre le cubrió la boca con la suya, de una manera dura, vehemente, demandante, casi exigiéndole que le diera algo de paz. Claro, eso no explicaría por qué Dean  elevó las manos, le atrapó el rostro y correspondió al beso.

   -¡¡¡Dean!!! –estalla a sus espaldas, Sam.

   El rubio se tensa y pega un bote, escapando del beso y las manos de Nicholas, ojos muy abiertos y mejillas muy rojas, volviéndose y encontrando a un Sam de ojos llameantes, boca muy apretada y ceño totalmente fruncido, que desvía la mirada de él a Nicholas, apretando las manos en puños. Dios, lo que le faltaba a esa mañana post coito infernal…

   -Sam… -jadea el rubio, la mente nublada. Ver a su hermano así, cabello mojado, en jeans y franela, descalzo, quien le vio besándose con el otro, le sabe mal.- Nicholas vino para… para…

   Calla porque sabe que es ignorado. Sam y Nick se miran de manera retadora, el rubio abogado también furioso, sus manos también en puños, totalmente a la defensiva.

   ¡Maldita sea!, se dice Sam, ese hombre afectaba a su hermano más de lo que imaginaba después de todo el tiempo transcurrido; no sabía exactamente qué había ocurrido entre ellos, el por qué se separaron, pero todavía tenía poder sobre él.

   ¡Maldito mocoso!, piensa Nicholas, mascando piedras también. ¡Había estado tan cerca!, Dean había respondido como en el pasado, tal vez le había tomado por sorpresa o algo así, pero lo hizo. Y Sam aparecía arruinándolo todo.

   -Me parece que es muy evidente a qué vino. –el pecoso fulmina momentáneamente al pecoso cazador.

   -No, no lo sabes. –se molesta este, le irritaba sentirse a la defensiva.

   -Me parece que… que… -Sam se atraganta, ni siquiera puede decirlo. ¿Cómo podía Dean besarse con ese sujeto después de lo ocurrido apenas la anoche pasada? Era una pesadilla; hasta que cae en cuenta que Dean no recuerda nada, o dice que no recuerda, lo que empeora mucho más las cosas.

   -Calma, Sam. Sé que eres el hermano de Dean y puede que esto te haya sorprendido, saber que… bueno, un hombre puede sentir algo por tu hermano; pero somos adultos y debes entender que entre él y yo hubo historia. Una de naturaleza… personal e íntima. –comienza Nick, ganándose una mirada furiosa de Sam y una alarmada de Dean.

   -¡Nicholas! –le previene este último.

   -No, Dean, es bueno que lo sepa. Lo siento si lo has mantenido oculto para él, pero no es sano, debes poder confiar en tu hermano. –el manipulador abogado se vuelve hacia el castaño.- Mantuvimos hace tiempo una relación. Una carnal. Entiendo que te afecte saber eso de tu hermano, pero era cariño, Sam. Había algo entre nosotros muy distinto a lo que compartes con él, la sangre. Lo nuestro fue… pasión, sexo, entrega.

   -¡Basta! –estalla Dean, rojo como un ladrillo.

   -Imagino entonces que su esposa debe estar muerta de contento con la llegada de Dean, ¿verdad? –lanza Sam, para ponerle en su sitio, y a sus ojos no escapa la tensión furiosa del abogado y el respingo de su hermano. Vaya, había sido eso. La esposa de Nicholas Stanton. ¡Eso les separó en el pasado!

   ¡Maldito mocoso!, piensa nuevamente mientras traga para sus adentros Nick, cerrando nuevamente los puños, dando un paso al frente. Sam alza el mentón, casi tan alto como él, pero menos acuerpado. Y Dean, quien miraba de uno al otro, muy ceñudamente a Sam, por cierto, se interpone y alza sus manos, tocándoles, estremeciéndose, por lo tanto, incapaz de notar que a los otros dos, al sentir el roce de sus dedos en los torsos, les ocurre exactamente igual.

   -Esto es privado, Sam. Es entre tu hermano y yo. –ataca, dando otro paso al frente, pegando del cuerpo de Dean.

   -Y ella, ¿no? Porque recuerda que está casado, ¿no es así? ¿Lo recuerdas tú, Dean? –se defiende, dando otro paso, y el pecoso rubio casi queda ensartado entre ambos.

   -¡Basta! –ladra este. Y mira a Sam.- Lo que viste… bien, Nick está aquí por una nueva información. Sobre el caso. Una nueva víctima anoche. –habla lentamente, del trabajo, ordenándole que se concentre. Es cuando nota que todavía les toca, las palmas abiertas sobre sus pechos que suben y bajan, agitados, y aleja sus dedos. Eso parece despertar a los otros dos.- Y un paso atrás, por favor.

   -¿Y para contarte eso tenía que besarte? –Sam retrocede.

   -Madura, chico, que me guste tu hermano y yo a él no es para que te vuelvas loco. Es el siglo XXI… -contraataca Nick, en el único punto que sabe el otro no puede defender abiertamente.

   -¡Paren, coño! –estalla Dean.

   -Eso debiste decirle cuando comenzó a besarte.

   -Déjalo ya, Sam, maldita sea. –Dean va encolerizándose.

   El menor cierra la boca aunque aún tiene muchas cosas para expresar. ¿Fue a contarles de la nueva víctima?, ¡patrañas!, buscada a Dean. Pero baja sus hombros, aunque su mirada sigue siendo tormentosa. Por su lado, Nick está muy desagradablemente sorprendido. Conocía algo de la extraña fascinación de Dean por su hermano, pero lo achacaba a la realidad oscura que le tocó vivir, ser el responsable del chico, pero ahora notaba que aquella “pasión” podía ser correspondida. Algo que no le gustaba para nada.

   -¿Qué ocurrió? –pregunta Sam mientras toma su laptop de la mesita de noche, deseando concentrarse en el trabajo.

   -Fue asesinada mi asistente, la señorita Murray, Annia Murray. –informa Nick, ganándose una rápida mirada del menor, llena de recelo y sospechas.- Es imposible negar ahora que estoy mezclado en este asunto.

   -¿Miedo por su buen nombre? –se burla Sam, conectándose. Dean rueda los ojos.

   -No, responsabilidad. Alguien, para atacarme, les hizo daño a todas esas personas. –es firme, claro. Y está furioso. Sam le mira ceñudo, y más cuando nota que Dean sonríe un poco, con aprobación por sus palabras.

   Llaman discretamente a la puerta. Nick atiende, es su gorila. Intercambian unas palabras mientras un muy ceñudo Sam sigue buscando en la red. Dean observa el disgusto del abogado, quien asiente y se vuelve a mirarle.

   -Me llaman de la Fiscalía, ya debe ser del dominio público lo de Annia. Debo…

   -Entiendo. –es sencillo es la respuesta, pero se miran, y Nick no parece encontrar las fuerzas para irse, nota Sam mortificado, fingiendo que no les vigila tras el cabello que cae sobre sus ojos.

   -Dean, necesitamos hablar. –pide, como lo hace todo, con firmeza. Sam alza la cabeza como movido por un resorte.

   -Nick…

   -Es necesario. –insiste el abogado, manos en los bolsillos, acercándose, algo ladeado de un hombro, mirándole a los ojos.

   -¿Por el caso? –Dean se burla; Sam también se preguntaba si usaría esa excusa.

   -No. Necesito… quiero que hablemos. –hay todo un mundo implícito en la frase.- Tal vez podríamos reunirnos esta tarde en alguna parte, si quieres en una habitación de este hotel, no en esta, claro, abrir una botella de whisky y…

   -¡No! –Sam estalla, agitado, recibiendo sus miradas.- Este caso es delicado y debemos concentrarnos en el trabajo.

   -Puedo trabajar y beber. –le recuerda Dean, estremeciéndose un poco, seguramente recordando que por beber se metió en la cama con el menor la noche anterior. Por su lado, Sam debía estar sacando las mismas cuentas, jurándose que nunca dejaría al rubio encerrarse con el otro en un cuarto con una cama y una botella de licor.

   -Si,  lo manejas divinamente. –le replica. Nada de eso le agrada a Nick.

   -Llámame luego. –alzando los hombros al mirar a su hermano, Dean acepta. No por testarudo o maldad. Por Sam. Tal vez eso ayudaría a repara un poco el error cometido con su hermano.

   Poco después, el abogado sale y Sam se pone de pie, estallando.

   -¿Estás loco? ¡No puedes salir con él! –le encara, y quiere mentirse, decir que es por el caso, no por la ola de celos que lo cubre y le ahoga de rabia y desesperación. La idea de que era tarde, de que le había perdido, le atormenta.

   -Puedo manejarlo. –le replica ceñudo.

   -Oh, eso lo noté cuando salí del baño. –reta, poniéndose de pie. Y Dean le encara, barbilla alzada y mirándole a los ojos.

   -Basta, Sam, me viste besándole, ¿es eso lo que tanto te molesta? Te creí más liberal. ¡Ya te dije que hubo algo entre nosotros! –y en cuanto lo dice se arrepiente, mierda. Sam abre mucho los ojos y la boca.

   -¿Lo recuerdas todo? –es una pregunta vital, siente que todo zumba por los rincones del cuarto.

   -Claro que lo recuerdo. –el rubio lucha ferozmente contra su mente, intentando serenarse.- Te dije que le conocí cuando estabas en la universidad y cazaba solo. Que era un conocido, pero tú insinuaste que había algo más. Y es cierto. –enrojece al admitirlo sin el alcohol.- Hay historia, pero ya la imaginabas.

   -¿Eso es…? –Sam le mira con desconfianza supina. ¿Era todo lo que recordaba? ¿Era de lo que hablaba? Maldita sea, ¿Dean recordaba todo lo ocurrido la noche anterior o no?- Nunca creí verte besar a alguien así. –suelta algo que le quema.

   -Lo sé, el sexo es una cosa, las caricias emotivas otra. Con un tío o una tía. Con ellas es fácil explayarse en ternuras y caricias que con un tío resultan imposibles; pero Nick…

   -Fue realmente importante. –acepta la evidencia, casi acusándole.

   -Estaba solo, Sam. En un momento cuando creí y sentí que todos me abandonaban. –grita porque tiene que hacerlo. Porque está cansado de ser llevado, fiscalizado, censurado. También él tuvo sus momentos malos, ¿por qué nadie preguntaba nunca por ellos? Sam lo entiende y se encoge dentro de su piel, aceptando el reproche. Pero necesita saber.

   -¿Qué tanto significo? ¿Por qué terminaron? ¿Por qué nunca deseaste regresar a Boston? –le ve tensarse. Sabe que tiene que ver con algo que el otro hizo, Stanton, algo que tenía que ver con la esposa.

   -La gente se gusta, luego ya no. Y Nick es fiscal, siempre me pareció temerario reencontrarme con él. -se encoge de hombros escapándose por la tangente. De repente se siente agotado.- ¿Podemos dejarlo así, Sam? Me duele la cabeza, no he tomado café y me estás fastidiando. Enfoquémonos en el caso y salgamos a desayunar.

   -Esto tiene mucho que ver. –le señala la consola, cayendo sentado sobre la cama. Dean, después de dudarlo, cae también; con ese mal tino siempre entre ellos, quedan muy juntos y sus muslos chocan. Los dos son consientes de ello. Sam le mira, él, enrojeciendo, evita sus ojos.

   -Muéstrame lo que guardas, Sam. –y maldijo que sonara así.

   -Tu amigo nos ha ocultado muchas cosas. –comienza y el pecoso se tensa inmediatamente. En la pantalla aparece una noticia de un hombre desaparecido en las afuera de la ciudad, una zona de depósitos y almacenaje.- No nos habló de esto. Martin Hammer, un hombre de cincuenta años que laboraba como vigilante en estos depósitos, desapareció. Se le buscó y nada, pero se sospechó juego sucio por la cantidad de sangre que encontraron en el lugar. –mira a Dean, quien se ve ceñudo.

   -¿Y?

   -Esas propiedades, en específico, pertenecen a la familia Stanton. –informa y Dean se tensa más.- El hombre, Hammer, denunció la presencia de extraños en la zona, alegando que incluso allanaron unos de los depósitos y robaron algo. No sabía qué. En realidad se hizo poco, la familia no lo tomó en serio pero el hombre vigilaba con más atención. Y desapareció. No fue sustituido por nadie.

   -Sam, esto… ¿seguro que tiene que ver con el caso?

   -Bruce McCoy, no era tan incondicional de tu Nick como este quiere hacernos ver, estaba investigando ese asunto, si, pero algunos sostienen que para el Procurador del estado. La propiedad ha sido asociada a ciertos transportes recibidos desde California. –termina triunfal.- Y la ahora difunta señorita Murray tiene un interesante record telefónico. –le muestra la pantalla.

   -¿Ya lo miraste? –se sorprende.

   -Sabía qué buscar. También ella mantenía conversaciones con la oficina del Procurador. Creo que se investigaba a tu Nick y este… se aseguro de que no llegaran a nada.

   -¡Sam! –estalla poniéndose de pie, ceñudo.- No… no puede ser.

   -Dean, tu amigo tiene razón, todo lleva a él, pero no de la forma que imaginábamos. No creo que nadie le persiga. Alguien le sirve.

   -¡No! –es tajante. Sam se pone de pie, furioso.

   -¿No porque te gusta? –reta, fascinándole ver como la cara le enrojece y las pecas destacan sobre su nariz, el cómo sus ojos se cubren de una brillante capa luminosa.

   -Nicholas Stanton, fuera de su vida muy personal, es un hombre de leyes, Sam. Nunca haría esto.

   -¿Estás seguro? ¿No será su ambición personal mayor que sus escrúpulos?

   Y Dean se congela. Sus intentos siempre le han servido, pero le habían fallado una vez, con Nicholas. Algo en él le aseguró que era de fiar, leal, sincero, y se había equivocado; pero de allí a pensar que el otro estuviera tras unos monstruos horribles que destripaban personas que le estorbaran…

   -Le conozco, Sam, no puede ser que…

   -¡Dejas que tus sentimientos por él nublen tu juicio! –acusa con despecho. Dios, cómo odia a ese sujeto, y a Dean por tonto.

   -¿No será que tus prejuicios te llevan a acusarle? Supones que es un maldito imbécil porque no puede creer que alguien decente pudo encontrar en mí algo digno de quererse. Papá y tú siempre han creído que no valgo nada. Ni siquiera para que continuara tras ustedes, por eso te desconcierta que a Nick pudiera gustarle tanto como para pedirme que… –contraataca igual de molesto. Pero calla cuando nota que le hiere. Mucho. El castaño retrocede un paso, vacilante.

   -Vaya, al fin lo dices. Debes haber esperado mucho por ello. –la voz sale ronca, dolida.

   -Sam… -traga, intentando remendar el capote. ¿Cómo podía herir tanto aquello que se ama? Tal vez porque estaba mal. Lo que sentía por Sam. Tal vez a Sam no le quedó otra alternativa como no fuera marcharse para terminar con toda esa anormalidad.- No quise…

   -Oh, sí, quisiste. Y entiendo. –al menor le cuesta asimilar el golpe, sabiendo, a cierto nivel, que lo merece.- Pero no te estoy engañando con esto, Dean. No te miento. Nunca lo haría sólo para herirte. Todo ocurre alrededor de tu… -traga saliva.- …De Nicholas Stanton. Sé que no quieres creerlo porque te importa, pero… -le ve alzar los hombros, retador.

   -Vamos. A ese depósito. Ahora. –desafía. Y el menor le sostiene la mirada, sintiéndose todavía afectado, profundamente dolido.

   -Okay, Dean. Es lo que hacemos, el negocio familiar, ¿no?

   -Si… hermano. –es lapidario.

CONTINÚA … 14

Julio César.

CITAS EN NINGUNA PARTE

septiembre 8, 2015

JARED HACE CAER A JENSEN

   Aunque pensaba llevar, por ahora, únicamente Correrías en Boston, algunas amigas me han comentado lo poco que les interesa la historia. Aparentemente no comparten mi fascinación por los celos de Sam. Sin embargo, voy a terminarla; pero para compensar, y siendo que este blog es sobre sexo (en una buena medida), subo otra historia, una ligera, sin tantas complicaciones, nada oscuro o terrible, y que no pasará de ocho entradas, máximo. Lo juro. Irá con Correrías en Boston.

PADACKLES ES AMOR

   -¿Le damos un poco más?

……

   Cuando escucharon que Jeremías Ackles le había partido la boca a Nataniel Padalecki, comenzando la vieja disputa entre las dos familias por la mina de cobre que Jeremías gritaba el otro le había robado, la tercera generación rodaba los ojos, pensando en lo inútil que era preocuparse por peleas que ocurrieron en mil ochocientos y algo, aunque la verdad es que aquello hubiera acontecido unos cuarenta años antes. Sin embargo, muchos de ellos sí recordarían lo que hacían cuando escucharon que Alan Ackles le partió la boca a Gerald Padalecki cuando un tribunal, al que el primero acusó de vendido, le dio la razón a “los polacos esos”, como se refería a ellos, en el largo juicio por la mina. Así se zanjaba legalmente el asunto. A no ser porque Gerald Padalecki había caído hacia atrás y se había golpeado la cabeza, quedando medio inconsciente, por lo que su mejor amigo, Rex Murray, había golpeado a Alan, tomándole por sorpresa (alarmado, se quedó congelado cuando Gerald quedó tendido en el piso), cayendo también.

   Así, aquel delgado y pecoso chico terminó en un hospital en ese comienzo de la noche, frente a una casi totalmente vacía máquina expendedora de bolsas de frituras chatarras, hambriento, esperando noticias sobre su padre. Su ceño fruncido era adorable mientras sacaba la última bolsa de cheetos y caía sentado en una silla de aquel solitario pasillo, dispuesto a disfrutarla. Fue cuando vio al otro chico, delgado también, cabello enmarañado, castaño, cayéndole casi sobre los ojos. Debía tener más o menos su edad, unos seis años. Le vio dirigirle una mirada curiosa mientras abría la bolsa y tomaba uno de los muy amarillos cheetos, disfrutándolo mientras también le seguía con los ojos. No sabía por qué, pero el delgado chico le fascinaba por alguna razón. Y otro tanto parecía ocurrirle al castaño, quien únicamente apartó la vista para mirar la ahora si vacía máquina, con un enorme puchero y aire de desaliento.

   El pecoso, que se había quedado allí para que su hermano no le quitara las golosinas que esperaba encontrar, le sostuvo la mirada cuando el otro, muy afligido, le enfocó. Y alzó la mano con la bolsa, ofreciéndole. Le maravilló ver esos ojitos rasgados y multicolores brillar. La manera en que todo él resplandeció, cayendo patosamente a su lado, muy cerca, llenándole de su calor y olor a sudor joven y jabón.

   -Gracias. –le agradeció, como todo chico bien criado y comenzó a comer de la bolsa. Ambos muy pensativos.- ¿Qué haces aquí? Yo estoy esperando a mi papá. Tuvo una pelea y le derribaron; debieron atacarle entre varios, aunque no me han contado. Mi papa es muy fuerte, ¿sabes? –contó para cortar el silencio, notándose que era abierto, amigable y conversador.

   -Seguramente.

   -¿Y tú?

   -También espero a mi papá. –informó el rubio pecoso, sin notar la mirada exasperada sobre él. El castaño esperaba más detalles.

   -Me encantan los cheetos, a mamá le molesta que coma tanta… chatarra, ¿por qué le dirán así?, pero me gusta. –hizo una detallada relación de las chucherías de su preferencia, y el pecoso, sonriendo levemente animador, le escuchaba. Encontraba algo sedante en ello. Pero de pronto notó que el otro había dejado de hablar, se volvió y le pilló mirándole muy fijamente, con los ojitos brillando y la boca abierta. Enfocándole la cara. Se tensó.

   -¿Qué?, ¿nunca habías visto a alguien con pecas antes? –se le notó incómodo y molesto. Odiaba sus pecas. Su hermano no tenía tantas. Ni sus padres. Seguramente una vieja gitana malvada…

   -Miraba tus ojos. –respondió enrojeciendo.- Son muy bonitos. –acotó y los dos se agitaron, desviando las miradas, ambos muy rojos de caras, y para colmo, cuando intentaron volver a la normalidad, es decir tomar otros cheetos, sus dedos de niños chocaron en la entrada de la bolsa… y no los apartaron. No se miraban, pero no pudieron, ni quisieron apartar los dedos. Años más tarde, riendo, el castaño le contaría a todo el que quisiera escuchar que le gustaron los chicos desde ese momento.

   -¡Jensen Ross Ackles, ¿qué haces con ese niño?! –una voz alterada de mujer les hizo pegar un bote. Y el castaño quedó en shock, mirando al rubio, que enrojeció mucho.

   ¿Ackles? ¿Acaso el pecoso…? Cuando, en la escuela, leyera Romeo y Julieta, aquello sobre el único gran amor nacido de su mayor odio, le parecería demasiado personal. El chico pertenecía a esa familia de dementes que odiaban a su papi, el mejor papá de todo el mundo.

   -Mamá, yo… -Jensen pareció compungido, más cuando la mujer en evidente estado de gravidez, le atrapó la mano cuyos dedos aún rozaban de los de Jared, halándole, dejando la bolsa en manos del otro, quien maniobró para que no cayera al piso.

   -No tomes nada que venga de ese horrible chico Paladecki. –sentenció la mujer, agitada.

   -¿Padalecki? –Jensen bramó, boca y ojos muy abiertos, mirando al castaño. Uno de ellos. De la gente que tanto daño le había hecho a su familia.

   -Soy Jared… -el niño intentó una sonrisa, deseando en esos momentos como nunca quiso otra cosa, no ser rechazado por razón alguna. No por… Jensen.

   -Yo… -el rubio comenzó a decir pero ya la mujer le halaba.

   -Nos vamos. Dieron de alta a tu papá.

……

   Las azuladas y rojizas luces estroboscópicas barrían la pista y un tanto sus ocurso rincones, mientras la música prácticamente obligaba a bailar. Jared, enfundado en su buen traje deportivo, ríe a mandíbulas batientes con una cerveza en las manos, escuchando de boca de su menuda amiga Alexis, como es que siempre se lleva un chasco por buscar hombres grandes que luego defraudaban en la cama. El grupo, seis o siete jóvenes profesionales exitosos, la pasa bien. Era un viernes por la noche de una semana larga de trabajo. Y a los veintiocho, como rondaban casi todos, la sangre pedía a gritos una escapada, para reír y gritar con los amigos, para beber y bailar hasta que el cuerpo aguantara, o los movimientos se convirtieran en preámbulos de sexo, clavando los ojos sobre un cuerpo también joven y deseoso de vivir, una mirada que prometiera un buen rato sin preocupaciones o consecuencias.

   Jared lo necesitaba, su padre le tenía verde con sus consejos y vigilancia sobre la manera de llevar el negocio de la familia, del cual sólo era asesor, ocupado como estaba con sus propias ideas. Su padre, y en buena parte su medre, le deseaban de lleno en las empresas. Y que sentara cabeza; que si no iba a casarse con una linda chica, que estabilizara su vida sentimental, que encontrara a alguien y se enseriara. Y saber que les atormentaba el que no lo hiciera, le robaba algo de paz. Era un joven empresario que deseaba conquistar el mundo por su cuenta, luchar a brazo partido por ello, o llevar su existencia a paso lento a veces, disfrutando de cada rama mecida por el viento, cada grato rayo de sol en la cara, cada trinar de pájaros. Cada chico guapo con quien se cruzara, así sólo intercambiaran una sonrisa, una mirada. Pero…

   -Necesito otro trago, ¿alguien más? –pregunta y todos aplauden aprobadores.

   No puede evitar sonreír mientras cruza la pista, los cuerpos contorsionándose, chica y chicos que le miran en aparentes invitaciones, como los cuerpos que le rozan o las manos que le tocan hasta que se aleja. Ve a su mejor amigo del mundo, Chad, bailando con una joven en mini falda. Aunque decir que bailan es una exageración; el rubio está besándola de una manera ya sexual, mientras le tiene una mano metida bajo la falda, tocándola. El muy cerdo, sonríe con aprobación. Agitado de respiración, algo transpirado, el cabello un tanto húmedo, llega frente a la barra.

   -Hey… -llama, feliz como siempre, pero su mirada se congela cuando un cuerpo corta la visión de la chica pelirroja a quien se dirigía. El hombre más guapo, sexy y caliente que pueda imaginar está allí, enfundado en una franela negra, ajustada de una manera obscena sobre sus hombros, bíceps y pectorales, y un jeans oscuro que parecía pintado sobre su cuerpo. Nota las manos grandes que se secan de un pañito que lanza bajo la barra.

   -¿Deseas algo, grandote? –le pregunta con una voz cantarina, profunda, que despierta ecos en todo el cuerpo de Jared, y un calor intenso en su pecho y bajo vientre.

   Por un instante que le sabe a eternidad, el castaño no puede responder, perdido como está en los ojos verdes, las largas pestañas amarillas, el cabello rubio sucio alzado en puntas, la nariz algo desviada, totalmente adorable, y sus pómulos cubiertos por un millón de maravillosas pecas. Y sus labios, carnosos, rojos, los cuales se humedecen cuando pasa la lengua sobre ellos, de manera refleja. Y Jared quiere esa boca contra la suya, esos labios contra su piel, sobre su verga, rodeándola y masajeándola en su ir y venir. Quiere que esa lengua…

   -Hey, ¿deseas algo? –la maravillosa aparición trona los dedos frente a sus ojos, sonriendo todo chulo, como sabiendo el efecto que causó en él.

   -Yo… si, eh, claro… -sonríe tragando saliva.- Necesito tú número telefónico y tu dirección. Eres soltero, ¿verdad? Tienes que serlo o me muero. –el otro le mira desconcertado por un segundo y luego ríe, mostrando sus dientes blancos, parejos.

   -Eres un avión, Padalecki. –le desconcierta que sepa su apellido. Y más por la mirada oscura, traviesa y perversa que adivina en sus pupilas. Le mira y le mira, pero no cree haberle visto antes. Joder, si le hubiera conocido jamás le habría olvidado… O quitado las manos de encima. Debía…

   -¿Ackles? –brama finalmente, aún más desconcertado, sintiendo que todo da vueltas a su alrededor.- ¿Jensen Ross?

   -¿Lo recuerdas todavía? Dios, eso fue hace muchos años, más de veinte. –se maravilla el rubio, el otro sonríe, algo confuso ahora.

   -Nunca olvidaría al niño por el cual supe que era gay. –confiesa abiertamente, ganándose miradas de otros consumidores y de la chica pelirroja tras la barra. Pero no repara en ellos, tampoco Jensen.

   -Tu familia me debe algo, Padalecki. Mucho, a decir verdad. –el rubio se tiende sobre la barra, mirada intensa, y Jared siente que se ahoga, que se hunde, que quiere sumergirse, desnudo, en esas piscinas de aguas verdosas y brillantes. Pero también inquietud por lo que el otro dice.- Tú, personalmente, me debes algo.

   -Jensen… -oh, Dios, la antigua pelea entre Ackles y Padalecki. No era posible que esa tontería le costara llegar a conocer al hermoso dios sensual que tenía en frente. No puede evitar agitarse y echar su cuerpo hacia adelante, en respuesta automática, cuando el rubio se tiende más.

   -Me debes una bolsa de cheetos… y haré que me la pagues. –suelta con una mirada oscura, un tono de voz bajo y profundo que promete tocadas, lamidas, mamadas, penetradas; y tal vez azotes y esposas, y súplicas para que no se detuviera nunca.

   -¡Cuando quieras! –replica agitado, su voz también baja, duro bajo las ropas. Se miran por lo que parecen horas.

   -Vuelvo pronto. –anuncia Jensen, sin mirar a nadie, señalándole con un gesto hacia el final de la barra.

   Y Jared siente que todo le da vueltas. Mierda, ¡esto estaba ocurriendo! ¡Iba a pasar! Caliente como está, no puede ni imaginar el precio que terminará pagando.

CONTINÚA … 2

Julio César.

DEAN, SAM, COLE, MONJAS Y ROWENA

septiembre 3, 2015

DEAN, VAYA CHICO…

DEAN Y COLE

   ¿Al padre y al hijo?

   Siendo tan obsesivo como soy (maniático dicen mis amigos), estuve a punto de dejar estos atrasados comentarios sobre la décima temporada de Supernatural, porque no pude ver el episodio hace dos jueves ya que a unos amigos les nació una nieta, ¡una nieta! Esos liceos son tan peligrosos como antes, aunque en el pasado había como más malicia en los ahora padres. Una barriga a los dieciséis años es francamente… y mejor lo dejo así (y ella sabe lo que pienso); parece que no ven novelas, que no saben de dónde salen los niños. O tal vez creen que de verdad vienen de Paris en picos de cigüeñas. Fuera de ese detalle, la pasamos bien. Los bebés siempre alegran la vista. Bien, no habiendo sintonizado el fulano episodio, perdía todo el hilo. Afortunadamente lo encontré por la red.

DEAN AND COLE

   Y ese episodio, el 10X15 – THE THINGS THEY CARRIED, me dejó curiosamente insatisfecho. Era de relleno, evidentemente, como que sólo estaban Sam y Dean, pero no sé, cómo que esperaba mucho más cuando regresaba un personaje aparecido en esta décima temporada, Cole, el ex marine que perseguía a Dean para vengar la muerte de su padre. Eso sí, en cuanto la intro anunció que aparecería, temí lo peor: Cole regresaba para morir, o algo terrible le había pasado a su familia. Porque esa es la tónica de nuestra serie favorita. También reaparecía un viejo enemigo, una cosa creada por Eve y que ni nombre tenía. Aunque era como una variación de aquello.

DEGOLLADA EN SANGRE SUPERNATURAL

   Vemos a una mujer militar que cuelga cabeza abajo, que se debate contra alguien que se acerca, que la degolla y bebe de su sangre. Algo horrible como siempre. Y de allí pasamos a Sam en la baticueva buscando referencias sobre la Marca de Caín, haciéndolo a escondidas porque Dean no quiere que lo haga ni escuchar nada más sobre eso. De hecho cuando este aparece súbitamente, Sam cierra de golpe la computadora, lo que hace que Dean, todo chulo, le pregunte si veía porno. Fue divertido, como cuando le dice que no tiene nada de malo pero que no lo haga en la mesa donde comen. ¡Miren quién habla! Saben de la degollada e irán a investigar. La policía les dice que ya tienen al culpable, el cual se suicidó. Van con la esposa de este, era un militar que en casa no mataba ni a una araña y que de repente enloqueció, que comenzó con una gran sed, a desvariar y desapareció. Como último dato curioso, les da el nombre de otra esposa de militar cuyo marido también actúa extraño.

   Van con ella, quien no quiere ver anormalidad, pero está tensa, su marido anda desparecido, tiene esa sed insaciable y andaba errático antes de eso. Cuando salen encuentran a Cole, quien fue llamado por la mujer, su amiga, porque también es amigo del marine que buscan. Irá con ellos para no dejarles hacer algo drástico, convenciéndolos con buscar información del Pentágono de la última misión de los otros dos.

   Bien, para hacer el cuento corto: el marine anda mal, tiene sed, en una tienda toma mucha agua, ataca a un dependiente, le degolla y bebe de su sangre. Y con la cara que tenía no sé cómo alguien se le acercó. Cole consigue un video, una misión en Irak sobre un rehén al que iban buscando, este ataca a los dos marines ahora enfermos, ellos se defienden y le matan. Todo se ocultó. Cole, quien ya no confía en que los Winchester salven a su amigo, calla un dato cuando estos le preguntan qué hará si llega el momento de acabarlo. Finge despedirse de los hermanos, pero sale en busca del amigo; los Winchester, que algo se olían (como Dean debió sospechar de la Charlie mala unos episodios atrás), le siguen. En una cabaña, Cole encuentra al sujeto, que le ataca y le transfiere uno de esos feos gusanos bucales (que son sencillamente repugnantes, tanto que imposibilitan cualquier interés del subtexto). Los hermanos llegan, Dean mata a uno de esos bichos que se arrastra por el piso, Sam corre tras el otro militar y deben encarar el hecho de que Cole está infectado.

   Intentan salvarle como hicieron con Bobby, pero no resulta. Mientras Dean propone ocuparse de él, Sam va tras el fugitivo, quien seguro irá a casa de la esposa. Y aquí ocurre una de esas cosas extrañas: Cole teme que no se salvará, Dean le pelea para que luche y resista, que no pierda la esperanza, mientras él mismo las ha perdido. Hubo muy buena química entre los dos, como siempre ocurre con Jensen Ackles y todo al que le ponen al lado. Aquí se nota cuando Cole teme terminar siendo un monstruo como su padre, y que como él, ser destruido. Me gustó mucho esa charla con Dean, reconociendo lo que los Winchester hacen, en las sombras, sin que nadie se los agradezca nunca (cosa que se vio no sólo en el Apocalipsis, sino cuando lograron vencer el terrible plan de los leviatanes). Usando la lógica, las cosas que el parasito necesita, intentarán deshidratarle para que le abandone, y la cabaña se transforma en un baño turco.

SAM PROTEGE

   El marine enfermo casi mata a la mujer, quien se comportó de una manera algo tonta, porque ya sabía lo que había hecho en aquella tienda. Casi la infecta pero Sam llega y lo retiene. Quiere salvarle. Sam está decidido a ello, a salvar a ese hombre, y la transferencia de sus ideas no podía ser más clara.

COLE Y SU PARASITO

   Sudando la gota fría, Cole va siendo influenciado por el parasito, escapa en un momento dado y casi hiere a Dean, pero el parasito finalmente sale en una escena sencillamente asquerosa, de vaina no le cae a Dean en la cara. Cuando llama a Sam para darle la buena notica, para que puedan ayudar al marine, saben que este escapó de las ataduras del menor, le atacó y casi mató a la esposa. A Sam no le quedó otra alternativa que liquidarle. Y hay que comentar que fue notable la química de Sam con esa mujer. Cole entiende que no pudieran salvar al amigo, su mujer le contó todo, tanto es así que ella le dirá a la policía que el hombre la atacó por alguna locura momentánea y debió matarle en defensa propia, todo para cubrir el rastro de los hermanos Winchester. Cuando parte reconoce que hacen un gran trabajo pero que espera nunca volver a verles. Y es aquí lo insatisfactorio, aunque fue un buen episodio, uno de relleno pero intenso, no lo sé, me parece que Cole estuvo desperdiciado. Lo veía más como otro Dean, frío y mortal, al lado de estos en una lucha necesaria pero sin terminar de ser amigo de Dean (le mató al papá, carajo). Pero eliminaron eso cuando le quitaron toda la animosidad hacia el pecoso. No sería malo volverle a ver, eso sí, siempre que se nos asegure que no morirá.

LIBRANOS DEL MAL

   Ahora Sam, su depresión porque quería salvar al marine, de verdad quería pero no pudo. Dean lo entiende, pero que hay que aceptar que a veces se hace todo, como debe ser, y el resultado es una porquería. Obviamente hablaban de él, de la Marca. Sam vuelve a estar como en la tercera temporada, angustiado, casi en lo obsesionado, por la suerte de Dean. Desconcierta que este parezca aceptarlo todo tan fácilmente. Cuestión aparte, ¿no les recordó toda la trama al guion de la película Líbranos del Mal, con Eric Bana como un policía obsesionado con los crímenes contra niños, y nuestro Edgar Ramírez, un cura casi apátrida que practica exorcismos? Una buena cinta, a mi manera de ver, pero es que me gusta lo oscuro. Unos militares encuentran en el desierto un lugar horrible lleno de calaveras, de sacrificios, y algo los toca y los condena. Aquí ocurre igual, pero es uno de esos gusanos de la ira.

LA CONFESION DE DEAN

   Me gusto una barbaridad del episodio pasado, 10X16 – PAINT IT BLACK, la interacción de Sam y Dean con la Iglesia Católica, confesión incluida, pero no pude dejar de notar que sigue siendo de relleno, conteniendo la trama central. La vieja costumbre de dejar todo para el último episodio, como el gran plan de los leviatanes, que era realmente bueno, toda la humanidad sirviendo de ganado; o el de Metatron y su guerra contra el Cielo, que también fue una gran maldad. En el capítulo hay hombres que se confiesan y algo los sigue al salir del confesionario; unos se suicidan, lo que llamará la atención de los hermanos, a otros los asesinan seres amados que les acusan de traición. Alguien o algo mata a hombres infieles, la eterna persecución. Lógicamente un fantasma vengativo. Sumado a esto hay una trama en el Infierno que es totalmente aburrida. Rowena y su historia están haciendo que Crowley se parezca a Castiel y sus ángeles necios.

   Repito, me gustó, por los hermanos, por este Sam angustiado por su hermano, por Dean viéndose tan afligido, lo demás… relleno.

CROWLEY Y SU MADRE

   Crowley sigue con los dramas con su madre, intentando buscar su aprobación, algo típicamente norteamericano y que pensé era únicamente en los programas con judíos, como decía la niñera (The Nanny, que por cierto, parece el único programa con el que cuenta ese canal de comedias en el cable); para alegrarla y congraciarse atrapa a una bruja, su peor enemiga, Olivette. Rowena la tortura y todo eso, quiere que la restituyan como gran bruja del aquelarre y ahora es que se entera que el aquelarre y sus secretos fueron perseguidos, disminuidos y robados por Los Hombres de Letras, que tienen todos sus secretos encerrados en bunkers (como la baticueva). Todos han muerto aunque en Norteamérica hay una base en manos de unos cazadores, Sam y Dean Winchester. Me gustó la reacción de Rowena, fue lo único bueno de ella. Otra vez los Winchester, por quienes ha discutido con su hijo, y que le restan poder e influencia a ella, es así como lo siente. Bien, castiga a la otra y quiere que Crowley haga algo contra los Winchester, pero este se niega alegando que ya tiene planes para ellos. Eso, a grandes rasgos, fue todo. Sobraron escenas, diálogos y discusiones.

OLIVETTE

   Sin embargo, la bruja que representaba a Olivette era interesante, como la que convertía a los adultos en niños para comérselos. Aparentemente el aquelarre contaba con buenos elementos, excepto Rowena. Ahora la mujer identifica totalmente a los hermanos como sus enemigos, eso es bueno, tal vez por fin será la gran villana que la imaginé cuando apareció. Ahora Crowley… Es increíble lo disminuido que se ve. Lo bobo. El Infierno ni parece amenazador. Pero ya este demonio nos ha sorprendido antes, ¿está realmente tramando algo terrible contra los Winchester? ¿No sería genial que raptara a Dean con ideas de torturarle, aunque sin llegar a hacerlo? ¿El Deawley? Ese enfrentamiento entre ambos ha sido largo, que comenzaron como enemigos aliados en la cuarta temporada, con todo lo que pasó, incluida la muerte de Sarah y el chico wendigo, hasta el momento en que compartían cuarto y tal vez toallas. Han intercambiado mucho. ¿Torturaría de propia mano Crowley a Dean? ¿Permitiría que otro lo hiciera? Sé que esta temporada ya terminó, e ignoro cómo, pero me habría gustado ver esto.

DEAN EL CHULO Y LA MONJA QUE OYE

   Bien, los hermanos tras lo que mata penitentes. Hacen la relación de que todos eran católicos y se habían confesado con el mismo sacerdote, ¿habrá algo sucio allí? Lo probaran con una confesión, fue graciosa la cara de Sam cuando Dean le pregunta cuándo fue la última vez que se confesó, respondiéndole que nunca. También encontramos a dos monjas jóvenes hablando de por qué tomaron los hábitos, y la verdad es que las razones fueron bastante deprimentes, y egoístas, pero es de suponer que la gente ya no siente “la llamada” como cuando la religión estaba más fresca. Una de ellas habla del amor que sentía por un famoso pintor al que le entregó su alma, literalmente, sabemos luego. Ella le confesó su amor, él no la quería sino como musa, se puso tan mal de salud y desequilibrada emocionalmente que la metieron en un convento. Ya para ese instante sonaba raro. Cuando la que le escucha encara a los falsos policías, las chipas entre ella y Dean, quien luego la llamaría la monja sexy, para consternación de Sam, eran evidentes. Coqueteaban de lado y lado. Ah, es que se trata de Dean Winchester.

   Probando las cosas, Dean se confiesa, comienza como una farsa, exponiéndose como un ser mil veces infiel y mujeriego, pero luego se queda atrapado en sus sentimientos. Siempre supo que terminaría mal, pero ahora que ese tiempo tiene límites, se siente vacio y no quiere morir. Eso me gustó. Mirando hacia atrás piensa que debió sentir y vivir, que hubo cosas que nunca dijo o se permitió experimentar o exteriorizar. Y si no estaba hablando de sentimientos no sé de qué podría ser. Esto hizo sonar muchos radares. ¿Hablaba de reconciliarse con Sam? Ya lo habían hecho, totalmente olvidado lo del Purgatorio y lo del falso Ezequiel poseyendo al menor. ¿Hablaba de Lisa y una familia? ¿De Castiel, su ángel de la guarda? Cuando el sacerdote le pregunta si cree en Dios, respondiendo que sabe que existe pero que ya no se preocupa por él, por nadie, fue una mejora. Ya no hablaba con ira; parecía aceptar que si la gente toma sus decisiones, él, Sam, Castiel, aún Crowley y el mundo mismo, ¿qué puede hacer Dios? ¿Hipnotizar a todos para que funciones como automáticas sin voluntad propia? ¿Abrirles las cabezas para meter sentido común?

   Toda la escena, exceptuando Dean dejando ver su sentir (o lo poco que puede mostrar que nunca es mucho), fue algo superficial, aunque al final el sacerdote dice algo que es cierto; cuando comenzamos a orar, por lo que sea, lanzamos una mirada a nuestro interior, iniciamos un examen de conciencia donde aceptamos que algo puede que no vaya del todo bien, que necesitamos llenar algo que no entendemos o que no podemos con las fuerzas del universo y pedimos ayuda. Claro,  para los que como yo, que sólo lo hacen en momentos de grandes crisis, como hace la mayoría, es más como un desahogo esperando una solución mágica más allá de nosotros.

DEAN Y LA MONJA

   El fantasma va tras el cura que le da la absolución a Dean. La monja encuentra en el diario de la otra que enloquecida mató al amante infiel que se acostaba con otra modelo; corre y se lo cuenta a los hermanos, ella no asoció la llegada del fantasma, con sus cosas de un convento en Italia, con las muertes. Dean y la monja sexy van a buscarla a la capilla, y Sam, que debía quemar el diario, en cambio lo lee. Dean encuentra al cura muerto, la monja le ataca, estaba poseída.

EL CUADRO FANTASMA

   El diario no era lo que retenía a la otra, era el cuadro, donde con la pintura mezcló parte de sí, sangre y huesos. Una porquería, ¿cómo pensó que ese hombre se enamoraría de ella ante semejante acto? Está como esas mujeres que amenazan a un hombre que si no se casan con ellas se matarán, ¿quién carajo se va a echar ese muerto encima? Que puede ser literal. Es mejor dar tiempo y ver qué pasa. Bien, Sam quema el cuadro, el fantasma abandona a la monja y todavía tiene la cachaza de pedir su ayuda.

SAM AND DEAN

   Fuera de una pregunta de Sam a Dean, no formulada con todas sus letras, sobre lo mucho que tardó en el confesionario, el aire de pesimismo, de la tormenta que llega, sigue dejándose sentir. Da gusto ver que el menor no ceja en su empeño. De esa monja pensé varias cosas. Primero, que si, parecía gustarle un poco Dean; segundo, ¿las monjas ven y hablan con fantasmas normalmente, a tal grado que no lo ven irregular? Debía ser síquica, ojalá regresara, como un pastor Jim. Y tres, ¿saben qué habría sido realmente bueno?, que al final ella misma resultara ser un fantasma, como en la película el Sexto Sentido. Habría sido novedoso. Ya había pasado que los hermanos ayudaron a una mujer que era perseguida y ella misma no sabía que estaba muerta, pero ellos sí. Habría quedado bien que al final la monja sexy les sorprendiera siendo otro fantasma.

DEAN Y CROWLEY, LA MIRADA INTERIOR

Julio César.

EL PROYECTO SIN NOMBRE DE JARED PADALECKI

agosto 30, 2015

DEAN, VAYA CHICO…

JARED AND JENSEN LOVE

   ¿Imaginan que ocurriera en la vida real?

   Contrario a lo que mucha gente cree, pasé mucho tiempo sin saber algo del llamado fandom, ese mundo de relatos de ficción sobre personajes de libros, cine y televisión. Ni siquiera cuando leía blogs con hermosas historias sobre Brokeback Mountain, de las cosas que nos habría gustado que ocurrieran entre Ennis y Jack. Fue con la cuarta temporada de Supernatural, cuando aparece Castiel, el angelito de ojos azules que siempre sigue a Dean con la mirada anhelante, que quise saber más y busqué por la red: ¿acaso había una trama gay en Supernatural? Allí encontré un relato al respecto, de cómo Castiel, de noche, velaba el sueño de un Dean con pesadillas sobre el Infierno, y con un beso, claro, le alejaba de esos malos sueños mientras contaba las pecas de su nariz.

   Leí muchos, había una cantidad enorme de Wincests, pero la verdad es que la idea siempre me resulta un poco espeluznante, aunque he leído cuentos muy buenos al respecto. También encontré los Padackles, y esos me fascinaron. De todos los que leí, caí por pura casualidad en una página donde la autora traducía un relato, El proyecto sin nombre de Jared Padalecki. Y quedé enganchado. Encontrábamos a un Jensen Ackles desengañado, cuya carrera ha ido mal mientras la de Jared Padalecki ha sido un éxito tras otro, después de que se separaron en malos términos, acabando prematuramente con la serie.

   Pasé años, años de años, esperando por el final del relato; la autora se tomó su tiempo (lo comenzó en el 2008 y lo terminó este año). Claro, lo busqué en inglés, pero no era exactamente igual. No entiendo ese idioma y el traductor es fatal, es más lo que se debe adivinar o interpretar que lo que se sabe. Un amigo de la casa, Eduardo, me envió por correo la última parte, y estuvo bien, aunque cortó detallitos. Siete años después, por fin, la autora de aquella página termina de subirlo.

   El relato, diez capítulos, está completo, y sigue siendo uno de los mejores cuentos que he leído. Ese, otro donde a Jensen le disparan protegiendo a Jared, también ambientado en la filmación de la serie, y un relato de un universo alterno donde Jared es una joven promesa de las películas de adulto y encuentra a Jensen, quien está consagrado y ya parece en retirada aunque teme al futuro, dándose en encontronazo entre ambos, son los mejores que he leído alguna vez.

   He pensado escribirle a la autora de la página, ronnachu, para ver si me permite usar su trabajo, adaptándolo un poco a mi manera, es decir, quedando más largo, y subirlo aquí. Ya veré.

   Pero, si no lo han leído, tienen que ir a: The Jared Padalecki Untitled Project (1/10)

   Lo disfrutarán.

DEAN, SAM, COLE, MONJAS Y ROWENA

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 12

agosto 26, 2015

CORRERÍAS EN BOSTON                        … 11

   La siguiente historia, QUE NO ES MÍA, es un Wincests enviado por una amiga. Que me perdone la autora, pero era una mala traducción del inglés y tuve que llenar algunos espacios. Me agradó mucho. Me gusta cuando Dean sorprende a Sam, y cuando Sam anda perdido de celoso (¡ha hecho sufrir tanto a Dean!). Disfrútenlo.

……

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCEST HOT

   Claro, de muchas de estas cosas Sam no se entera, en parte porque Dean no conocía todas las motivaciones de Nick, de la manera en que acostumbraba a moverse por la vida, controlando su entorno para conseguir todo lo que deseaba. Actitud normal en su persona, aún cuando estuviera haciendo algo bueno. Tampoco Dean lo conto todo. El sexo, el “romance”, la manera en la cual el otro le hacía sentiré seguro, importante, protegido. No vio conveniente que se supiera de todas las grietas en su armadura. Y ni siquiera el estar muy ebrio sobre la cama de su Sammy, después del sexo con este, alteraría eso.

   Lo único que Sam escucha es que hacía un trabajo para esa gente rica e importante, que fue herido y convaleciente enfrentó al necio y arrogante abogado. Que la cercanía, y no tener nada mejor qué hacer, les llevaron a la cama. Que fue grato y…

   -¿Qué pasó? ¿Cómo terminaron? ¿Por qué te fuiste y nunca quisiste volver a Boston? –le pregunta Sam, sospechando que tras toda esa historia había mucho más, y él estaba realmente interesado en saber, aunque dominado por dos emociones contradictorias como está. Dean, desnudo, recién follado, abriéndose a los años que estuvieron separados, medio descansa sobre su pecho. Eso le hace feliz. Poder estar así con el otro le excita la carne y los sentimientos. Pero también siente celos, inseguridad. Rabia. No le gustaba para nada Nicholas Stanton.

   Dean farfulla algo, inteligible, bañándole con su aliento, erizándole gratamente la piel bajo el cuello. Más dormido que despierto.

   -Vamos, Dean, ¿qué pasó entre ustedes? –demanda.- ¡Joder! –gruñe cuando le oye soltar casi un ronquido. Forzando como puede la vista, nota que el otro va sucumbido al agotamiento, al licor y el sexo (seguramente también a la apertura emocional, pero sabe que si lo dijera, el mayor intentará cortarle las bolas).- Dean… -todavía suplica y exige, agitándole un tanto. Cosa que luego lamentaría.

   -Me hizo daño… -apenas le entiende por los bostezos, pero esas palabras, por feas que eran, hacen latir de esperanzas el corazón del menor, cosa que no dura.- Lo quise mucho, Sam; tanto que por él hasta pensé dejar la cacería…

   -¿Qué…? –Samuel Winchester queda totalmente en shock, boca abierta, escuchando aquellas palabras imposibles de procesar. ¿Dean estuvo dispuesto a dejarlo todo por ese sujeto?

   Pero ¿qué diablos había estado a punto de suceder? Para su hermano el deber siempre fue uno y claro (sacando el protegerle siempre): seguir a su padre en toda cruzada que emprendiera. Luchar contra lo sobrenatural. En sus momentos de máxima rabia contra ese pecoso hermano que callaba cuando esperaba que dijera algo para defenderse del gran John Winchester, a quien le parecía que no se comprometía lo suficiente (¡Dean!), le había acusado de hacerlo, de bajar el lomo, únicamente buscando la aprobación de ese padre lejano que les había apartado de sus afectos. Aunque sospechaba, muy en el fondo, que en buena parte lo que movía a Dean en la batalla era combatir a las fuerzas oscuras que le arrebataron a su madre, una amorosa que cuidaba de él, y de la cual Sam no tiene memoria. Para el mayor era un apostolado. Y ahora se entera que estuvo a punto de dejarlo. Por un tío.

   -¡Dean! –le llama, necesita saber qué quería decir exactamente, qué pensaba ahora. Qué sintió realmente por ese sujeto. Eso le tortura, ¿acaso en el corazón del pecoso…? Pero un suave ronquido de este le indica que ya estaba más allá de toda averiguación. Y lo sabía porque aún le llamó un poco más, zarandeándole no muy delicadamente, sin conseguir que volviera en sí.

   Tragándose la bilis y el disgusto (el miedo), bota aire mirando hacia el feo techo del motel, casi sonriendo con una mueca por la ironía. Tenía que ocurrir así, saber que amó a otra persona justo ahora. Por fin le tenía, estaba entre sus brazos, aquello que siempre faltó en su vida ahora se cumplía; al menos físicamente, Dean y él habían dejado de mentirse, de engañarse. Lo que existía entre ellos era demasiado poderoso para continuar evadiéndolo. Sabe, de una manera egoísta, que siempre lo fue todo para el otro, la misión y razón de su vida desde que su madre murió, por eso nunca le llamó al irse a la universidad. Para castigarle. Sabía que sería lo que más lastimaría a Dean y en esos momentos deseaba hacerlo. Traga sintiéndose culpable. La noche que discutió con su padre, decidido a hacer su vida, este corriéndole, esperaba que Dean dijera algo. Sabía que no lo haría sobre la discusión, jamás se metería entre él y John, pero lo otro… El silencio de Dean vino de otra discusión, cuando le acusó de…

   Durante mucho tiempo, cuando dejaron de ser niños, sintió la fuerte atracción por Dean, le idolatraba, le celaba, le odiaba un poquito por gustarle a tanta gente. Y aún eso le gritaba lo extraño, lo distinto que era a todas las otras personas. Un fenómeno que amaba a su hermano. Por eso no pudo seguir con aquellos escarceos que habían comenzado. Y Dean se había apartado de su vida la noche que le acusó de querer obligarle a sentir cosas. Eso le hizo mucho daño al rubio y le mantuvo apartado. Pero ni eso era suficiente para el menor, atormentado por mil demonios, sintiendo que algo terrible ofuscaba su mente y corría por sus venas cuando pensaba en el pecoso. Poco antes de la gran discusión con John, le encaró, quiso que le dijera qué sentía por él, haciéndolo sonar como algo enfermo. Y Dean guardó silencio, encerrándose dentro de sí. Eso, y la discusión con John, le hicieron marcharse como lo hizo, cortado definitivamente con la familia. Consciente de lo que eso le haría a Dean.

   Los años separados fueron horribles, extrañándole, odiándole, deseando que jamás apareciera, aunque soñando con escuchar su voz. Pero Dean respetó sus deseos y se mantuvo alejado. Ahora entiende que fue muy lejos. Por cuentas que saca, sabe que Dean, poco después de la discusión, de su partida a la universidad, la noche que también John tomó carretera sin despedirse, fue llamado a ese trabajo en Boston. Dolido, abandonado, vacio. Directo a los brazos de Nicholas Stanton. El sólo nombre le hace hervir la sangre de rabia, de inseguridad y posesividad; con los brazos atrapa con más fuerza a ese Dean de boca abierta que medio le ronca sobre una tetilla (seguro al otro día amanecía algo babeado). ¡Odiaba a Nicholas Stanton! Ese hombre algo había hecho, de alguna manera se había metido en la vida de su hermano de una forma que resultaba increíble. No puede ni imaginar un escenario donde, como resultado, Dean decidiera abandonarlo todo. Aún a John… y a él.

   La idea es tan desagradable que se estremece y oprime los delgados labiosos repitiendo el nombre de Nicholas Stanton. Algo hizo para controlarle, seguramente malas artes. Era la única explicación. Pero ahora Dean era suyo, se dice con determinación, aunque inquieto. Todo había cambiado, la relación entre ellos… Se estremece al pensarlo así, alargando los brazos y rodeándole aún más, casi sacándole el aliento y un gemido, deseando, no, necesitando tenerle todavía más cerca. Siente el peso, el calor, le respiración, el abandono al sueño relajado del rubio sobre su cuerpo y una profunda emoción le embarga. Por fin, Dean, se dice. Fueron años de negar muchas cosas, de sufrir alejados, de envenenarse a sí mismo por no admitir la realidad: amaba al hombre joven en sus brazos.

   Tendrían que hablarlo, poner en frases muchos sentimientos, e intuye que no le será fácil al otro. Era evidente que una parte del pecoso continuaba atrapada en aquella discusión donde le acusó de casi pervertirle, sintiéndose culpable de lo que hizo, tratándole desde entonces como si fuera un inocente virgen a quien debía proteger de su propia perversidad. Reconoce, con pesar, que todo era su culpa. Moviéndose levemente, como puede, despega la nuca de la almohada y besa la coronilla de Dean, cerrando los ojos, recreándose en su aroma fuerte, característico, uno que ha amado toda su vida. Así olía el afecto, la preocupación, la ternura. El amor del guardián de su cuna.

   -Lo solucionaremos, Dean. Te quiero y nunca te dejaré ir. Ningún Nicholas Stanton podrá separarnos jamás.

……

   La claridad de la mañana entra por la ventana, tan molesta como es eso siempre, y Sam despierta, ceñudo, sintiéndose incómodo. Mueve los brazos y… ¡Dean no está! Abre los ojos con alarma y recorre la habitación, en la otra cama, la del rubio, la almohada caída y la sábana corrida le indican que en algún momento de la noche el otro despertó, seguramente para ir al baño, y en automático regresó a su propia cama. Le oye gemir ahogadamente en el cuarto de baño y sonríe con cierta malignidad. Ah, la resaca. La puerta se abre y aparece su hermano, descalzo, con un jeans desteñido y viejo bastante bajo en su cintura, su torso dorado y liso al descubierto, el colgante al cuello como único adorno, pasándose una toalla por el cabello mojado. Y a Sam le hormiguean las pelotas viéndole, fantaseando con recoger con la lengua alguna gotita de agua, de preferencia si corría hacia su vientre.

   -Dios, Sam, ¿cómo dejas que beba tanto? –le reclama ojos todavía nublados, ceñudo.- ¿Y qué coño tomé? No recuerdo una resaca así desde los quince, cuando salí de juerga con mi amigo José Cuervo. –el recuerdo del tequila parece producirle nauseas y el castaño sonríe.- No seas gilipollas, me duele todo.

   -Anoche parecías disfrutar bastante en ese bar. –y fuera de él, pero calla.

   -Espero que sí, de lo contrario este dolor de cabeza sería por nada. Mierda, ¿qué tomé?, ¿cómo llegue aquí? ¿Qué hice anoche? –enumera, ceñudo, mortificado consigo mismo, y Sam siente un frio horrible que le recorre, tensándole automáticamente y haciéndole ponerse de pie, llevando sólo el bóxer.

   -Espera, ¿qué? ¿De qué hablas? ¿Que qué hiciste anoche? –grazna, ¿acaso Dean estaba diciéndole…?

   -Deja los gritos, Samantha. –el rubio se lleva una mano a la sien. Se dirige a su cama, cayendo sentado.- Ni que fuera la primera vez que me ves así. –va a agacharse a buscar sus botas pero se endereza, bizqueando, todo dándole vueltas.- Mierda. – Sam se le acerca, el bóxer bastante bajo, su mente es un caos donde sólo se repite un “no, no, no, no”.

   -¿Estás diciéndome que no recuerdas nada de anoche? –demanda, su pecho subiendo y bajando con esfuerzo, desesperado, su mirada encontrándose con la confusa del otro.

   -Ya te lo dije, ¡deja los gritos! Y si, no recuerdo nada. ¿Pasó algo? ¿Hice algo malo? –se alarma.

   Y Sam Winchester cree que se va a morir. ¡Dean había olvidado lo ocurrido entre ellos! No, no era posible, debía sentirlo en los huesos, en la piel. Joder, ¡en el culo!

   -¿Estas jodiendo conmigo, acaso?

   -Sam, explícate si quieres recordarme algo, y deja de gritar o voy a… -Dean, ojos llameantes alza un dedo en advertencia.

   -¿Cómo diablos puedes olvidar todo así? –se agita, sintiéndose de pronto angustiado. ¿Debía recordarle? ¿Contarle que tuvieron sexo del bueno? ¿Acaso lo estaba bloqueando? Un frío de miedo le recorre. ¿Y si Dean quiso olvidarlo porque no podía soportarlo?

   -¿No me conoces? –se defiende el otro, rodando los ojos, haciendo una mueca y tocándose la cabeza otra vez.- Si te ofendí, o dije algo inapropiado, dímelo y ya; sabes que odio ese juego de “estoy molesto por lo que hiciste, pero si no sabes qué fue no te lo diré”. –toma su móvil de la mesita.

   Sam no puede responderle. Tiene ganas de gritárselo, que se tocaron, se besaron, se amaron. Que se dijeron cosas que necesitaban decirse. Pero no se atreve, ¿y si piensa que miente, o que enloqueció o… que se aprovechó de que estaba ebrio? La sola idea le horroriza y paraliza. Desvía la mirada, sintiéndose derrotado y frustrado cae sentado sobre su cama, su mente es un amasijo de mil ideas. Mira a Dean, quien ceñudo revisa sus mensajes y llamadas. ¿Y si estaba mintiendo? La idea es inesperada, intensa. Y debería ser ofensiva o desconsiderada para con el otro… Ah, pero él conocía bien qué tan hijo de puta podía ser el rubio pecoso. Le observa fijamente, ceñudo, buscando señales del engaño, encontrándose con su mirada cuando la alza por un segundo.

   -Joder, ¿qué? Pareces un cachorro al que le quitaron su hueso; si algo ocurre…

   -Nada, Dean; si dice que no lo recuerdas…

   -Comienzas a cabrearme, Samantha. –se pone de pie bruscamente.- Mierda, Nick viene para acá. –lee de su celular.

   -¿Qué? –la ira se enciende otra vez dentro del menor, a la par que el miedo y la frustración. ¿Ese tipo iba a visitarles? ¿Ahora?

   -Que viene para acá, ¿qué tienes esta mañana? Concéntrate. –le gruñe Dean, dejando caer el teléfono sobre la cama y metiéndose febrilmente dentro de las botas, luego, torso dorado y algo enrojecido por la ducha, se dobla y los ojos de Sam recorren ese trasero que tocó a placer; el rubio busca una camisa dentro de su bolsa de viaje. Y el menor siente deseos de gritar. Dean está escogiendo ropas, algo que nunca hace. Generalmente se encasquetaba lo primero que salía de la bolsa (muchas veces la revolvía para que no tomara siempre las mismas camisas).

   -Pareces muy afanado en recibirle. –no puede evitar el tono, desconcertándole.

   -¿De qué hablas? Siempre intento verme lindo. No imaginas la cantidad de gente cuya única alegría al día es mirarme, debo cumplirles. –comienza con sus chulerías y sonríe, pero termina con una mueca tocándose una sien.- Joder, ¿qué bebí? –repite la pregunta y le mira.- Sam, te ves fatal, tu cabello parece el nido de algún pajarraco y… -entorna con cautela una sonrisa.- …Parece que tuviste sueños húmedos, ese bóxer está todo manchado… No me digas, ¿dormí boca abajo con el culo arriba y…?

   -¡Deja de joder! –le ruge Sam, incapaz de soportar más, no si iba a comenzar con bromas sexuales después de lo ocurrido, y corre hacia el cuarto de baño, todavía perseguido por la risita de Dean.

……

   Una vez a solas en el cuarto de baño, el castaño se mira al espejo, está terriblemente ceñudo bajo el despeinado cabello que cae y se levanta por todas partes. Tiene que apretar los dientes para no gritar de frustración. Pasó toda la noche pensando, y soñando, con las cosas que se dirían para poder vivir aquello que sentían, cómo racionalizarían todo aquello para que no entrara la culpa o el remordimiento en la ecuación y que continuaran juntos. Porque lo quería, deseaba tocar a Dean aún en esos momentos, cuando se comportaba tan gilipollas. Traga, atormentado. También está celoso, se muere de rabia nada más de imaginar que el tal Stanton estaba llamando y buscando al pecoso (¿de qué hablaban?, ¿qué se decían?). Y que este le esperara…

   ¡No, no! , se dice con ira. No perdería a Dean. Lo que pasó entre ellos respondió a una necesidad largamente postergada pero vital, unos sentimientos que tenían que expresarse. Sí, pero el tal Stanton había casi logrado alejarle de su padre, de su trabajo, gruñe una parte de su mente. Recordarlo hace que su corazón duela. Bien, pero también se habían separado, apuntala… Cuando el otro estaba dispuesto a dejarlo todo por él, rectifica ese otra voz. Más ceñudo, se pregunta qué ocurriría. Tenía que saberlo, si todo fallaba, si las cosas se complicaban, bien podría recordárselo. La cara le arde al imaginarse cometiendo tal canallada, pero por Dean, lo haría. Sus hombros caen, pega la frente del espejo y cierra los ojos. No puede perderle. No otra vez. No después de lo que sintió teniéndole en sus brazos. Se tensa y alza la mirada, conmocionado.

   Samuel Winchester, grandísimo idiota, ¡aún no le has contado lo que encontraste! Su pecho sube y baja, eso ayudaría a su causa.

……

   Maldita sea, ¿qué hizo?, se recrimina Dean, ceñudo, metiéndose dentro de la franelilla azul, combinándola con la bonita camisa verde. Cosa que también le altera. Si, se arreglaba para Nicholas. Cae sentado en la cama mirando hacia el cuarto de baño, estremeciéndose de remordimientos, culpable. Recuerda bien la manera en la cual perdió en control anoche, enredando a Sam en su necesidad. Estaba ebrio pero eso no era excusa. Actuó como un hijo de perra; sabía que Sam se sentía mal por haberle dejado aquella vez, rumbo a la universidad, descuidando su trabajo, y aprovechándose de eso, de su culpa, le llevó a… ¡Metió la pata hasta lo profundo! La cara atormentada de Sam indicaba que quería hablar de ello, pero no podía. Traga con todo el esfuerzo del mundo, sintiendo un leve sabor a bilis, debía reparar todo ese daño, en la medida que se pudiera, al menos. En cuanto terminaran con este caso le dejaría. Debía dejarle libre para que encontrara su camino en un mundo normal, con un empleo, una casa y una familia, así ahora el castaño no pudiera verlo, cegado como estaba por la culpa, por Jessica y por él, el hermano patéticamente enamorado de su persona.

   Debía dejarle libre. Y hasta que eso ocurriera, “olvidaría” todo lo ocurrido la noche anterior, se jura mirando hacia la otra cama, estremeciéndose otra vez de culpa… por lo mucho que desea repetirlo, sentarse sobre sus muslos, sentir sus manos grandes recorriéndole, ser penetrado y…. Cierra los ojos, está mal, muy mal, ¿cómo podía amar a su hermano de esa manera? Y lo peor era que en su debilidad, arrastraba a Sam. Se sobresalta cuando llaman a la puerta.

   ¡Nick!, por alguna razón se cabra.

   Moviéndose con cautela va, toma el picaporte, duda y abre. Allí se encuentra el hombre, atrás, uno de sus gorilas. Nicholas se ve impecable y apuesto como siempre, dentro de su traje caro que gritaba soy fuerte, un gilipollas y te quiero a mis pies, Dean lo reconoce. El hombre lo recorre con la mirada y luego mira sobre su hombro, a la habitación.

   -¿Estás solo?

   -Mi hermano se ducha. –informa, negándose a rotar los ojos cuando le ve torcer el gesto.

   -¿No podían pedir dos habitaciones individuales? –y se miran a los ojos.

   -¿Venías por algo o tan sólo a joder? –gruñe y se arrepiente en cuando le ve cruzar los brazos y sonreír con sarcasmo.

   -¿Si digo que a joder correrás a tu hermano y…?

   -Córtala ya, ¿no? –Dean, todo salido paro lo sexual, se avergüenza un poco escuchándole decir eso frente al gorila, quien finge no ver ni escuchar, de pie a sus espaldas.

   -Ve a tomar un café, estaré bien. –sin volverse, sin quitarle los ojos de encima, Nick se deshace del guardaespaldas, entra y cierra, como si fuera su habitación. Le altera que Dean no quiera mirarle ahora.- Te estuve llamando anoche, incluso fui a la dirección que me diste. ¡Y no era el hotel!

   -Oops. Mi error. –es desagradable.

   -¿Verdad? Necesitaba verte y… -calla, a él mismo le suena idiota el que presintiera que el rubio corría peligro.- Tenía que decirte que a mi asistente… la asesinaron anoche. –es falso, de eso se enteró esa mañana, pero lo que Dean no supiera, no le molestaría.

  -¡Joder! –se impacta, la cabeza le duele un poquito más.- ¿A…?

   -Si, a la pobre la destrozaron. El mismo sistema. Fue horrible. Pronto se sabrá y se harán las conexiones conmigo. –se siente realmente apenado por ella pero preocupado por él.- ¿Han averiguado algo… o han estado muy ocupados tu hermano y tú… con sus asuntos? –no puede evitarlo, ganándose una mirada alerta y molesta, que le dice mucho.

   -Estamos trabajando en ello y no entiendo tu tono.

   -Quien no lo entiende soy yo, ¿cuándo regresó Sam a las cacerías? ¿Y la universidad? ¿Cómo se reconciliaron? –le cuesta indagar. Y Dean, rojo como un tomate, evita su mirada.

    -No es asunto tuyo, Nick.

   -Lo es, Dean, aunque no quieras escucharlo porque eres un minusválido emocional; porque hubo un tiempo cuando me usaste para alejar tu soledad. Para llenar el abandono de todos ellos. –acusa feroz, y es la gota que colma el vaso de Dean Winchester, la rabia que lleva rato conteniendo, sale a flote.

   -¡Toda esta mierda es tu culpa, Nicholas!, si no me hubieras fallado como lo hiciste, mi vida sería ahora otra muy distinta. –el otro traga, resintiendo el golpe, parpadeando.

   -¿Crees que no lo sé? Eso es lo que más me atormenta, haberlo jodido todo contigo. Pero no podía hacer otra cosa, Dean; tú llegaste tarde a mi vida, cuando ya había hecho planes y adquirido compromisos, ¿por qué nunca has podido entenderlo? Nunca quise lastimarte. La verdad es que no pude hacer nada más. Ni siquiera ser sincero contigo. No podía contarte todo porque sabía que me dejarías, y no podía soportar la idea. –casi le grita a la cara, los dos muy cerca.

   -¿Acaso no terminó todo?

   -¿Acaso fue porque yo quise?

   -¿Acaso fue mi culpa? –le contraataca, irritado a límites imposibles. Nunca podían hablarlo, dejarlo en claro; Nicholas parecía incapaz de comprenderle.- Nunca quisiste entender que jamás habría podido aceptar ese juego sucio, tu propuesta.

   -Si me hubieras querido como yo te quería, lo habrás hecho. –acusa, contenido, voz dolida. Desconcertándole y molestándole más.

   -Hijo de perra, ¿todavía me responsabilizas después de lo que hiciste? Me mentiste, pretendías engañar a esa mujer, a todos, y querías que yo… -no puede seguir. Le desconcierta la sonrisa triste del otro.

   -Qué fácil es para ti juzgarme, condenarme. Cómo te fue fácil dejarme.

   -No fue fácil. –replica alzando la barbilla.- Nada fácil. Eras mi puerta de salida, mi libertad. Pero era un camino minado, lleno de falsas promesas.

   -Ni aún ahora puedes entender el miedo que sentía a que todo se supiera. No podía soportar la idea de verte partir, y cuando lo hiciste, y el cómo lo hiciste, lo comprobé. Fue un dolor casi físico que me rasgó el pecho.

   -Por favor… -intenta restarle intensidad, incómodo dentro de su piel.- ¿Por qué hablamos de esto, Nicholas? El pasado es pasado, lo que pudo ser… -se encoge de hombros.- …Se acabó. Estoy aquí en un trabajo, tú estás siguiendo la vida que elegiste, la que deseabas, eso tiene que hacerte feliz. –le mira en verdad desconcertado, la frente algo arrugada. La risita ronca y astillada del otro le eriza la piel.

   -Ah, Dean Winchester, qué poco sabes de nada, como poco sabía yo… La vida que llevo fue la que elegí, pero cuando lo hice, la planeaba, jamás pensé que… apareciera alguien como tú y… -no puede seguir, no tiene las palabras, no está acostumbrado a explicarse a ese nivel.

   -Bien, supéralo. –intenta ser ligero, alzando un hombro, ganándose una mirada violenta, casi jadeando, tensándose para la lucha cuando Nicholas se echa hacia adelante, atrapándole los hombros con las enormes manos, zarandeándole mientras le acerca.

   -Cierra tu maldita boca y deja de soltar basura. –le ruge, ojos centelleantes.- Nunca imaginarás el dolor que sentí al entender que te habías ido, ni imaginas cuánto me dolió cuando entendí que ya no te vería, te escucharía y hasta te olería otra vez. –le acerca más, con rabia y desesperación.- No puedo explicarte cuánto quise gritar, y llorar, y dejarme caer y gritar tu nombre para ver si de alguna manera me escuchabas y regresabas. Te maldije, Dean, te odié, y sin embargo esperaba cada día que regresarás, cazador idiota, o que en algún momento dejara de dolerme tanto.

   Decir que las palabras impresionan, confunden e impactan a Dean, sería decir poco. Tal vez por ello no reaccionó con la suficiente rapidez cuando el hombre le cubrió la boca con la suya, de una manera dura, vehemente, demandante, casi exigiéndole que le diera algo de paz. Claro, eso no explicaría por qué Dean  elevó las manos, le atrapó el rostro y correspondió al beso.

   -¡¡¡Dean!!! –estalla a sus espaldas, Sam.

CONTINÚA … 13

Julio César.

LA MARCA DE DEAN

agosto 20, 2015

DEAN, VAYA CHICO…

DEAN, SAM, CASTIEL, CROWLEY, TODOS POR TEXAS

   Cuatro por Texas.

CAIN, EL PRIMER VILLANO

   El episodio pasado, 10X14 – THE EXECUTIONER’S SONG, fue sencillamente intenso, crudo, con posibilidades muy serias de empeorar totalmente al estilo Supernatural. Reapareció un gran personaje, tanto él como el actor mismo, Caín (Timothy Omundson), y se reunieron los cuatro grandes que ahora protagonizan la serie (con descaro muestran que no hay mujeres), Sam, Dean, Castiel y Crowley. La mesa estaba servida y no desilusionó. Conociendo la serie, sabíamos que Caín regresaría en algún momento, que enfrentaría a los Winchester y que de alguna manera, por alguna razón, moriría, así eso nos molestara un poco. Irritaba saber que ese ser que había existido durante tanto tiempo no sobreviviría a este encuentro (por allí pasaron Cronos, Zeus, el Barón Samedi, de vaina no murió Kali), esperaba el encuentro pero me decía que sería injusto. Pero no, a Caín había que matarle obligatoriamente.

   En una prisión de máxima seguridad un condenado a muerte, para pasar el rato, se divierte molestando a los guardias; al principio pese que algo haría algún ser perverso y que escaparía, vemos que un personaje se materializa, Caín, quien se le presenta al delincuente. ¿Por qué?, de entrada uno podría pensar que para ayudarle, o crear un ejército, pero no, Caín iba como juez, a castigarle y liberarle de sus crímenes, de unos que no todos sabían. Le mata y desaparecen. Los Winchester, todavía atrapados por la preocupación sobre la Marca y un Castiel que le anda pisando los talones a Caín, van a la cárcel y le reconocen. Saben que es hora de buscar a Crowley y la primera espada. Así la historia de los cuatro se tocan.

   Una vez que sabemos a quién se busca, la escena pasa al Infierno donde en su corte, Crowley escucha quejas de los demonios. Se ve tan aburrido como mal anda el negocio, como lo hace notar Rowena, quien casi le exige que se imponga, y eso pasa por darle una lección al quejoso. Crowley se divierte haciéndolo y se lleva bien con ella, que le pide ayuda para deshacerse de una bruja del aquelarre que lleva siglos tras sus pasos. Saben que se manipulan, es lo que hacen. Rowena hace planes y todo termina por una llamada de Dean, quien quiere la espada y le dice que deben enfrentar a Caín porque ambos están en su lista. Y me pregunto, ¿eso era suficiente para que Crowley lo dejara todo y fuera con ellos? A Rowena le molesta que salte y corra a obedecer cada vez que los Winchester, unos cazadores, se lo ordenan. Y algo de eso parece haber. Crowley ya no es el gran villano jefe del Infierno porque en verdad parece desear estar con los cazadores corriendo aventuras. O parrandeando con Dean (deberían pasar un episodio perdido de esos días, como Sam cuando andaba sin alma y enfrentaba al ser araña).

CROWLEY Y SU AMADA MADRE ROWENA

   Él cumple su parte, le da a Dean la espada, ayuda a engañar y encerrar a Caín y cuando todo termina, Dean se le acerca, espada en mano. Habla bien de Crowley que se mantuviera firme (¿llegará el momento cuando uno de los Winchester tenga que matar a Crowley?, se pensaría que es difícil, o imposible ahora que es uno de los protagónicos, pero recuerden que hablamos de Supernatural). Dean le entrega la espada a Castiel, pidiéndole que la asegure. Crowley se siente engañado, y lo dice, y Dean le aclara que no es la primera vez, que le mintió sobre su nombre en la lista. La verdad no entendí por qué lo dijo, como no fuera para hacer correr los acontecimientos, porque cuando Crowley regresa más deprimido que furioso al Infierno, Rowena, quien amenaza con irse (y supongo que no lo hace), por fin tiene una buena escena en su trama. Está molesta de verle actuar así, que como madre, aunque una disfuncional y terrible, le enorgulleció el cómo llegó a ser el Rey del Infierno, pero tan sólo verle ahora comportarse de manera indigna, como todos lo comentan en la corte, como la perra de los Winchester, la defrauda.

   Es la primera vez que me gustó la bruja, porque la verdad es que a Crowley le han rebajado bastante. Y eso que no lo quiero de enemigo de los hermanos, pero toca. Es como Sam, casi todos loes episodios está de acompañante, de hermano amoroso y protector, pero sin historia para él.

   Castiel, el leal Castiel (a Dean, generalmente), sigue la pista de Caín y llega a una mega fosa común. El primer demonio ha vuelto a las andadas, pero ahora tiene un propósito, acabará con lo peor de su descendencia, librando al mundo de todo ese mal. Pero lo está haciendo acabando con familias enteras. El ángel se alarma, queriendo saber si matará a toda la descendencia del hombre; Caín le tranquiliza, asesinará sólo a uno de cada diez habitantes sobre el planeta. Hablan de Dean, Caín comenta lo admirado que estuvo cuando supo que mató a Abbadon, e intuye que debe estar descontrolándose, que no se preocupe, que también lo tiene en su lista. Es decir, la batalla tenía que darse aunque se perdiera este gran personaje. Castiel no es adversario para Caín, como no lo era Crowley (Caín parecía al nivel de Abbadon, quien por cierto si era un demonio antiguo, considerado la segunda en maldad en una página que encontré sobre los peores demonios de toda las religiones).

   A los hermanos, Castiel les cuenta todo. Saben que el papá del sujeto sacado de la cárcel llevaba tiempo desaparecido, que seguramente está en la fosa común. Sam encuentra que el convicto tiene un hijo, y aunque duda que Caín vaya a matarle porque sólo es un niño, Dean y Castiel están absolutamente convencido (es cuando el pecoso llama a Crowley por la espada y por ayuda). Le tienden una trampa, Caín va tras el chico, con hechizos de Crowley le engañan, le retienen, temporalmente, con símbolos y Dean va a enfrentarle después de que el primer asesino derriba a todos, incluido Crowley y Castiel. Dean, espada en mano, va a una pelea solitaria, a Sam y a los otros les dice que aguarden y contengan como sea lo que salga de ese galpón. La batalla entre Dean y Caín es brutal, buena, como tiene que ser una pelea, tal vez algo rápida, como lo fue contra Abbadon o cuando mueren Lilith, Alastair, Ruby, Dick o Eve, todo en segundos.

LA BATALLA DE LOS DIOSES

   Caín va ganando, nunca estuvo en sus planes morir; matar a los secuaces de Abbadon le despertó el hambre, quiere matar, deseaba que Dean acabara con ella y casi fechó esa cita para que le regresara la espada. Sabe que Dean se contiene en la pelea y que por eso no ganará, porque no se deja llevar por el lado oscuro de la Marca, como Gokú cuando pelea con un enemigo superior en Dragon Ball. Me encantó la parte cuando Caín le dice que casi le hace un favor, que no podrá resistir, que la Marca le dominará, que matará a Crowley y se sentirá extraño, confuso, se inventará justificaciones. Luego matará a Castiel y eso le dolerá terriblemente, pero lo hará (¿no es lo más Destiel que han escuchado en mucho tiempo?), y que finalmente terminará como comenzó él, asesinando a su hermano.

   Fue ingenioso Dean, caído, con el otro sobre él, espada en mano, quien la tenga no pudiendo ser vencido, le corta el brazo, le golpea y le mata, sin ceder a la oscuridad. Me dio vaina la muerte de Caín, pero estaba como una cabra, tenía que desaparecer (pero sigue siendo una pena). La escena del corte de la mano quedó brutal; desde las primeras temporadas, la serie ha avanzado en mostrar ingeniosas y grotescas escenas de sangre, aunque siempre he creído que la más horripilante de todas es la joven pareja de enamorados que se devoran cuando Hambre, el tercer Jinete, apareció en la quinta temporada. Hasta eso tiene la serie.

DEAN Y SU MARCA

   Dean sale, entrega la espada, Sam está contento de que no haya cedido, pero el otro no se ve contento, se le nota distante. Sam le confiesa a Castiel que teme que Dean esté perdido, ¡y se vio tan angustiado! Y su desesperación es entendible. La esperanza era que Caín les dijera qué hacer para salvarse, nada sabía; o que se pudiera sobrellevar el poder de la Marca, ilusión a la que Caín puso fin sucumbiendo como lo hizo. Dean parece totalmente perdido, ¿qué pasará ahora con él? ¿Y qué camino tomará Crowley?

   Estoy tentado a buscar en la red, pero no. Como con Voces Ocultas, disfrutaré cada sorpresa.

EL PROYECTO SIN NOMBRE DE JARED PADALECKI

Julio César.

DEAN, EL SOLITARIO REGRESO DEL GUERRERO… 5

agosto 18, 2015

EL REGRESO DEL GUERRERO                         … 4

DESTIEL, SENTIMIENTO

   Si el ganador lo toma todo, ¿qué queda para el perdedor?

……

   El ángel, estremeciéndose y sintiéndose totalmente culpable, hace lo impensable, lo que nunca ocurrió. A Dean le parece que se materializa de la nada, alcanza a verle mientras aún se debate contra los animales ponzoñosos que le suben por el cuerpo y le atacan. Le observa por un segundo, confuso, ilusionado, intensamente agradecido (¡Castiel había ido al Purgatorio por él, al fin!), mirada que quema al ángel antes de atrapare la mano que el otro alza, desapareciendo ambos.

   Es un sueño pero no le importa, ha alejado al cazador de su tormento. Está de pie, con su gabardina totalmente aseada, piel de bebé en su rostro y mirada clara en aquella orilla de arenas tan blancas que lastiman las retinas. El cielo sobre su cabeza es de un azul intenso. En las aguas, claras, que sabe tibias, Dean, confuso, desnudo de la cintura para arriba, está sumergido hasta las caderas en las mismas. Dándole la espalda, mirando hacia el océano abierto.

   El cazador se ve confuso y recorre todo con la mirada, encontrándolo solitario, muy abierto. Inmenso. Apartado. Tranquilizador. Se tambalea un poco por una ola que le golpea de frente. Siente la fina arena deslizándose bajo sus pies descalzos. Se vuelve, arqueando una ceja al reconocer la figura del ángel. No puede evitar una sonrisa traviesa mientras camina hacia él.

   -¿Me dejaste los pantalones? –se burla, disfrutando el leve desconcierto y algo de rubor del otro.

   -Imaginé que no querrías estar desnudo.

   -¿No me has visto antes? –le reta todo chulo, el Dean de antes, sonriendo, sintiendo el sol sobre su cuerpo, el pantalón pesado, mojado, adherido a sus mulos, bajando un poco.- ¿Es un sueño? –arruga la frente.- Este lugar me parece conocido, pero nunca he estado… -Castiel calla, sabe que la tormenta le alcanzará pronto. Frunciendo el ceño, Dean le encara ahora, su pecho agitándose todavía por todo lo vivido en el Purgatorio y al ángel le cuesta mucho apartar la mirada de su cuello, sus clavículas, de sus pezones marrones. Era un ángel y…- Ya había estado aquí. En sueños. Me trajiste, ¿verdad?, poco después de sacarme del Infierno, cuando soñaba que Alastair me torturaba. –casi acusa.- ¿Este también es un sueño, Castiel?

   -Dean… -le cuesta responder.

   -¿Sigo en el Purgatorio? –demanda saber; lo piensa.- No, ya salí… por mi cuenta. –susurra y al otro le lastima.- Cuando Sam y tú decidieron dejarme allá. –le mira severo.- ¿Por qué estoy aquí? Soñaba, ¿verdad? Que estaba allá otra vez. ¿Por qué te metes?

   -No podía dejarte revivir esa pesadilla.

   -¡Ese sueño no era nada! –le ladra, dando un paso al frente, cerrando los puños.- Las persecuciones, la violencia, la agonía, nada de eso fue tan malo. El verdadero calvario fue enterarme que me engañaba, de que me hacía tonto esperando ayuda. Que nada hicieron por mí. ¿Por qué estás aquí, Castiel? Te dije que no quería verte más.

   -No pude aguantarme, te vi sufrir en el impala.

   -¿Por qué, si no te importó antes? –le acusa aunque sabe que es inútil, pero no puede dejar de hacerlo.- Ya no te necesito. Ya no. Eso era antes. Cuando estuve en ese mundo horrible saboree la violencia, la muerte. Un tipo de cacería que sabía me estaba enloqueciendo. Pero lo hacía, e hice cosas terribles, para mantenerme mientras llegaban por mí. Sam. O tú. ¿Sabes?, comprender que no les importó… -se muerde el labio.- Bien, el pasado es pasado. Ahora puedo aceptarlo, lo que no quiero es que sigas a mi alrededor.

   -No puedo.

   -¡Tendrás que hacerlo! –le grita con rabia. Y Castiel se pregunta si el otro comprende exactamente cuánto le lastima. Pero calla, mirando hacia las aguas.

   -Entonces, ¿recuerdas todo lo ocurrido en este lugar? –le pregunta, notándole tensarse, enrollarse dentro de sí.

   -No, me parece conocido pero…

   Castiel no aguanta más, le toca, hiriéndole verle el gesto de repulsa, el deseo de retirarse, incluso de agredirle. Pero le toca, y el calor que se extiende entre ambos es intenso y real.

   Vuelve a ese cuartucho doble de motel, donde Dean se estremece sobre una de las camas, a solas porque Sam ha salido a encontrarse furtivamente con Ruby. Está allí, al lado de la cama donde el cazador gime y se estremece entre sueños, de regreso en el Infierno, donde tortura almas para evitar ser torturado él mismo. Castiel, constastanto todo ese dolor, toda esa culpa, le tocó también en esa ocasión.

   Un Dean, tal vez más joven, emerge sacando la cabeza nuevamente de aquellas aguas cristalinas, saladas y cálidas, vistiendo únicamente el jeans con el cual se acostó, lo que ahora hacía vestido, como temiendo tener que salir corriendo en cualquier momento. Parpadeando confuso, mirando en todas direcciones. Con miedo y desconfianza. Plenamente consciente de que nada de aquello es real, ¿acaso otra pesadilla, una distinta, del Infierno?, no lo sabe. De lo que si estaba consiente en ese momento era del rugido del Averno debajo de todo eso. Su única verdad. Vuelve la mirada hacia la arena, allí estaba Castiel, ese ángel que le confesó que le sacó de la perdición por encargo de Dios. Y su figura le hace estremecer de necesidad, de gratitud. Verle es tan distinto a estar en el Infierno, frente a Alastair, que no puede comenzar ni a procesarlo. Ni se molesta. Se pone de pie y va a su encuentro con premura. Necesita escapar del miedo, de los temblores, de la inseguridad, de la certeza de que todo es una ilusión y que despertará recluido en su celda de torturas infernales. En contraste, el ángel era un remanso de paz, de seguridad.

   -Dean… -exclama el otro, mirándole inseguro, con su estúpida gabardina y su corbata, piensa en cazador.

   -Cass… -casi lloriquea, sintiéndose furioso por experimentar debilidad, pero a un tiempo necesitado de hacerlo, con las piernas flojas prácticamente temblando bajo el mojado jeans. Cuando llega a su lado le fallan las rodillas, hincando una de ellas.

   Castiel ya no piensa, no desde que le oyó decirle Cass con ese tono; tan sólo reacciona, hincándose a su lado, sosteniéndole envaradamente entre sus brazos, profundamente motivado por la responsabilidad que siente por el otro, el hombre al que sacó del sufrimiento eterno para que cumpliera un destino grande, y terrible, la persona en quien más ha confiado, aún desdeñando al Cielo por él, y al cual le ha fallado en al menos dos ocasiones. O eso se dice, que esos son sus motivos al sentirle temblar violentamente, piel cálida bajo el agua, teniendo que cerrar los ojos, recordando también él esa primera vez que lo hizo, cuando sacó a Dean de esa pesadilla y le acunó así, pero en aquella ocasión el cazador gritaba y lloraba. Ahora se controlaba mejor. El sufrimiento, las pruebas habían endurecido aún más al joven hombre a su lado, y a un tiempo parecía hacerle más vulnerable.

   Cuando el rubio cae de culo sobre la arena, rodillas flexionadas, no lo piensa y le imita, rodeándole con sus piernas, acunándole abiertamente. No se cuestiona, tan sólo se deja llevar y le abraza, deseando, de pronto, no llevar la gabardina y sentirle entre sus brazos, contra su pecho, como lo tiene ahora, Dean buscando refugio contra la pesadilla, aunque no sabe cuál de ellas, escapando hacia un sueño.

   -¿Estoy… estoy soñando? –le pregunta, aquella vez no lo hizo.

   -Si, Dean. –le cuesta decir, no le gusta mentirle, aunque ha aprendido a hacerlo, él, que nació para ser perfecto. Pero tenía que hacerlo, porque ahora, con el cazador entre sus brazos, agitado, tembloroso, vulnerable, sabe que necesita ser fuerte por una razón totalmente egoísta. Si, quiere acunarle para consolarle, pero por otra parte no quiere perder la oportunidad de sostenerle, de sentirle contra su cuerpo. Apoya la barbilla sobre la rubia nuca, sintiéndole estremecerse más, por una risa ronca, baja, gastada.

   -¿Me amas, Cass? –es la pregunta chula, una que estremece profundamente al ángel.

   Cuando Dios creó a hombres y mujeres, convirtiéndoles en el centro de sus afectos, les ordenó en el Cielo que les amaran, Castiel obedeció. Porque su Padre lo exigía. Durante siglos y siglos les vio alzarse sobre sus pies y caer. Les vio ser mezquinos, violentos, terribles. También amorosos, esperanzados, decididos a seguir un camino de rectitud que brindara seguridad y felicidad a los suyos, siguiendo, intuitivamente, el camino trazado por Dios al principio, antes de Lucifer y el pecado original. Le daban curiosidad, a veces le exasperaban, otras le entristecieron, pero continuó siendo un ángel leal al Cielo, que les cuidaba y protegía porque era su deber. Todo cambió cuando le ordenaron ir a la perdición y arrancar a ese hombre de las cadenas (y todavía se pregunta por qué a él, si hasta en el Cielo se reconoce ahora que no era el mejor para la tarea ya que cuestionaba para sus adentro las cosas). En aquella ocasión, mirar su dolor, su rabia, el profundo e intenso odio que sentía contra sí mismo fue doloroso. Nadie debía estar tan herido, tan roto.

   Verle luchar cuando quiso liberarle, sentir más tarde su rechazo, el cuestionamiento al por qué se le sacó a él, como si fuera indigno de salvación, o de la piedad del Cielo, le turbó. Era extraña la electricidad que sentía en su presencia, el deseo de querer protegerle, cuidarle de los peligros que ignoraba. Cómo le dolió, una y otra vez, sentir su rechazo, sus acusaciones (la muerte de la vidente ciega, Pamela, fue una herida más en el corazón del cazador, también un clavo que enterró en el suyo). Quería seguirle, cuidar sus pasos; le costaba apartar los ojos de él. Necesitaba explicarse cuando el otro se revelaba contra una orden, cuando en el Paraíso le exigían que tan sólo le hiciera obedecer. Pero no podía gritarle, amenazarle, imponérsele, quería que el cazador le entendiera; deseaba… Necesitaba que Dean no se molestara con él, que no le acusara con sus ojos, que nunca le diera la espalda o se sintiera decepcionado, como cuando Uriel y él cazaban a Anna. Todos lo notaron, sus reacciones, sus miradas; todos decían que era el ángel de Dean, Sam y Bobby especialmente; en el Cielo le echaban en cara que les diera la espalda por el humano; los demonios le creían su perra. Todos lo notaban, antes y ahora… excepto Dean. como no fuera para exasperarse, eso sí, cuando alguien como Meg le reclamaba que hablara con él porque fue su novio primero.

   Dean era un hombre duro que nunca podía permitirse el mostrar debilidad, lo sabía. Tan sólo en sus sueños, cuando pensaba que nadie podía mirar o saber. Así fue aquella vez, una de las primeras, cando le arrastró de sus pesadillas del Infierno a esa playa. Cuando se dejó caer tembloroso, con el frío del miedo royéndole los huesos y las entrañas. Y ahora, allí, todavía temblando por un nuevo miedo, los pecosos pómulos y nariz enrojecida, los anchos hombros desnudos cubiertos por uno de sus brazos, le miraba con una sonrisa torcida, cuestionando sus razones para ayudarle.

   -Si, Dean, te amo. –se escuchó confesándole. Admitiéndolo al fin.

   Como un ser sobrenatural, eterno, conocedor de la Creación, el ángel lo ha visto todo, los muchos mundos, las muchas vidas y propósitos. Y aún así se les escapaba el alcance de su Padre, lo infinito del principio, lo incierto del final. De  la humanidad ha admirado la tenacidad, la constancia de millones. El deseo de vivir. Pero aún él, que aceptó la orden de rendirse ante ella, a la cual debían proteger, jamás entendió la fascinación que el Padre sentía por esos seres y sus primitivas pasiones. ¿Qué podía haber de maravilloso en la humanidad? Y ahora, mientras es llevado por el momento, por tenerle así, entre sus brazos, sabiendo que le necesita aunque este no quisiera aceptarlo, conociéndole en sus grandezas y miserias, no pudo resistirse más y le confiesa lo que lleva años quemándole por dentro. Durante mucho tiempo pensó que admiraba su valor, su dedicación, si indomable espíritu para alcanzar lo que creía justo; pero fue entendiendo que había más, mucho más. Dean se le había metido en la sangre de ese cuerpo, en los huesos de Jimmy Novak que cargaba. En su mente angelical.

   Ahora entendía lo que había de notable en los humanos, sus sentimientos. Buenos y malos, altos y bajos. Ruines o maravillosos. Confesándole que le ama, porque le ama (aceptarlo aún le cuesta mientras se estremece), de alguna le hace sentirse todopoderoso, libre, nuevo; sentirlo, decirlo le parecía que barría todos sus errores, sus culpas, sus temores e inseguridades. De alguna manera se sintió limpio, bueno, en paz. Puro. Confesando lo que siente se permite soñar con la dicha, creerse merecedor de algo que nunca se había atrevido ni siquiera a imaginar, un amor correspondido. Diciéndolo se permite soñar con el amor del cazador. Reconocer que le ama le hace sentirse capaz de todo; y sabe que es cierta toda esa magia divina porque todo lo haría, en esos momentos, por el objeto de sus afectos. Por Dean desobedecería otra vez al Cielo, lo comenzaría todo de nuevo, tal vez no cometiendo los mismos errores, subestimándole, creyéndole menos para una batalla contra Rafael o los leviatanes.

   Mirando la sorpresa y la confusión en los ojos verdes, reparando en el mayor rubor que cubre esa nariz y pómulos, destacando ese millón de pecas que le recuerdan una lejana galaxia de belleza indescriptible que una vez en su larga existencia vio, Castiel es inmensamente feliz y a un tiempo no entiende del todo. Debería sentir el temor de dejar saber lo que siente porque le pueden rechazar, odiar. Lastimar. En ese momento podría perder a Dean de una manera tal que no conoció ni cuando este fue el Purgatorio. Y, sin embargo, ni eso logra asustarle en esos momentos, ni le detendrían de decirlo otra vez, no después de experimentar todo ese poder (te amo), no ahora que se atrevió a expresar sus sentimientos en voz alta, como un poderoso hechizo conjurado que por un momento le protegía de todo mal. La idea de ser rechazado, que ahora penetraba en su mente, incluso pareció perder fuerza.

   ¿Qué importaba si había tenido el valor de confesarle sus sentimientos? Nada de lo que ocurriera podría despojarle ya de ese momento de comunión con el universo y la Creación. Ahora entendía por qué tantos se arriesgaban, por qué tanto hacían al tonto confesando locuras, por qué algunos corrían presa de llantos y caían, doblados por un dolor tan intenso que pensaban jamás pasaría, siendo alcanzados más tarde por la paz de la magia conjurada. Entendía por qué había quienes gritaban, saltando como dementes, creyéndose enloquecer cuando sus sentimientos eran correspondido. Y la verdad es que ahora, enfrentado al hecho, le parecía demasiado.

   -Dean… -no soporta más su mirada sorprendida, sus labios entreabiertos en una casi cómica mueca.

   -¿Me amas? ¿Amar de amor? ¿Cómo…? ¿Cuándo…? ¿Por qué…? –el corazón del ángel sufre por un segundo, aún ahora el cazador parecía creer que aquello no podía ser posible porque no era merecedor de nada.

   -No lo sé, Dean, sólo sé que cuando te toqué en la perdición y sentí el grito de tu alma, no sólo tú quedaste marcado. También yo. –le cuesta mantener la voz, era demasiado, ¿cómo podían los humanos reunir el valor para desmenuzar sus vidas de esa manera, y lo hacían cada día? El corazón, o lo que sea que Jimmy Novak tiene en su pecho, se detiene cuando Dean se libera de sus brazos, pero no apartándose, quedando rodillas en la arena, frente a él, mirándole ahora un poco desde arriba.

   -Ella tenía razón. –le oye decir turbado, confuso.- Tu amiga, aquella vez, con Kevin y la Palabra de Dios. Todo lo que te ocurrió fue por mi culpa. Cuando me tocaste te perdiste. Te hice caer, Cass. Dios también me cobrará esa, tú podrás decir que fue mi culpa. –esta le ahoga. La culpa. También algo más. ¿Qué ángel?, ¿cuál Kevin?, ¿la Palabra de Dios? No entendía, estaba en el Infierno, Alastair le torturaba de la manera más atroz, obligándole a lastimar a otros que gritaban y suplicaban por piedad, y el ángel le había sacado, del Infierno, de esa pesadilla, pero lo otro…

   Por su parte, Castiel está en shock. No precisamente por las palabras de Dean, por sus gestos. ¡No se apartó, no le rechazó! Ni siquiera dijo algo contra su declaración, su única objeción era que no lo merecía, que no era digno de ser amado, que su sola presencia era malvada, tóxica. Sin moverse, mirándole hacia arriba sentado en la arena, sus cuerpos muy cercanos, el calor del rubio llegándole, se siente aún más poderoso, más limpio todavía. No sabiendo él mismo de dónde le sale el valor, la iniciativa o la resolución, alza las manos y atrapa la cintura desnuda del cazador, estremeciéndose ambos por algo físico que los recorre. Sus miradas están atadas y el ángel sabe que lo siguiente que dirá es una verdad eterna, y que, en este caso, podría funcionar a su favor.

   -Contrario a lo que la humanidad cree, Dean: Dios es amor. Y te quiere, a pesar de todo lo que has hecho o lo que ha ocurrido. Te espera, como a todos los demás. Aún cuando les permitió elegir qué bando servir y optaron por el contrario; o tan sólo decidir si querían un Padre que les guiara o no, rechazándole; aún cuando le gritan e insultan por los hechos frutos de las decisiones que tomaron como niños que se fingen ahora engañados. A pesar de que se halla alejado de tanta insensatez, de que le hayamos defraudado y de que le culpemos por todo lo que hemos hecho, en Cielo y Tierra, aún me quiere, lo sé; aún te ama. Y nos perdona. Nos hace dignos de él. Dignos de ser amados, y perdonados, y comprendidos, y aceptados, y…

   Castiel aún tiene muchas otras cosas que decir, podría hablar durante toda la eternidad si pudiera continuar al lado de él, frente a él, mirándole hacia arriba, con las manos abiertas y sus dedos casi acariciándole la cintura y costados, pero Dean parece tener otros planes. O urgencias. Tal vez Sam le acusaría de cachondo, no lo sabe, pero no le importa, no teniendo al ángel frente a él. Y cede a sus impulsos, cansado de luchar contra el prohibido deseo de tocarle y seducirle. Que es lo que quiere. Sentir a un ángel, a ese ángel del Señor. Lleva las manos al rostro del otro, acariciándole con los pulgares, erizándole, los dedos al suave cabello, y baja el suyo, lentamente, mirándole, dándole tiempo a negarse, a rechazarle. Creyendo que el otro podría no querer aquello.

   El ángel no puede ni respirar, tan sólo espera lo que nunca ha recibido ni esperó llegar alcanzar. Los labios del cazador cubren los suyos, abiertos, suaves, cerrándose sobre el inferior, apretando, frotándolo con la punta de su lengua. Y arde, Castiel siente que se ahoga, que se quema, que se muere, él, que es eterno y poderoso. Temblando, él, que casi todo lo puede, entreabre los labios, y cuando la lengua de Dean se asoma, gimiendo, le deja entrar. El cazador besa con intensidad, su lengua agitándose lentamente, subiendo y bajando, lamiendo y tanteando, recorriéndole los labios, dientes, encías. Su lengua. El choque provoca que el ángel se envare todo, rodeando con fuerza y posesión el cuerpo del rubio, quien le corresponde rodeándole el cuello. Y responde, su lengua sale al encuentro de la de Dean, quien rastrilla sobre ella con los dientes, provocándole gemidos, jadeos, latidos en su entrepiernas.

   Sintiendo la verga de Dean quemarle contra la piel a pesar de las ropas, una imagen nada santa le llena la mente, alejando toda otra idea o creencia. Si, ha mirado a veces a Dean desde la distancia, y quiere hacerle algo que vio una vez, a una mujer que le tragaba el miembro de una manera procaz, haciéndole gemir. Él desea hacerle gimotear así. Desea saborearle.

   Y quiere que Dean sea suyo. Únicamente suyo. Para siempre.

CONTINÚA…

Julio César.

CAZADORES EN LA RED

agosto 13, 2015

DEAN, VAYA CHICO…

LOS WINCHESTER CONTRA LOS FANTASMAS

   Contra los fantasmas, como en los viejos tiempos.

SAM PREOCUPADO

   Una vez comenté, en oposición de quienes decían que el formato se había agotado, que en Supernatural aún faltaban muchas cosas por ver y enfrentar, varias veces de ser posible, a un Jason Woorhees (los dos en un campamento con chicas, corriendo por la maleza), a Freddy Krueger, al mismísimo Depredador o a los Aliens (los monstruos, claro, con otros nombres), y que faltaban episodios tipo Sé lo que hicieron el verano pasado. El nombre se usó, cuando Sam le relataba a Dean qué hizo en aquellos mese cuando el otro estaba en el Infierno, y sufría mucho teniendo sexo con Ruby en la cuarta temporada, pero no como tal. El episodio de la semana pasada, 10X13 – HALT & CATCH FIRE, era eso. Sé lo que hicieron el verano pasado. Generalmente las intro de Supernatural, en cada episodio, gustan mucho, pero a veces acaban con el factor sorpresa. Así ya sabíamos que enfrentarían a un fantasma; pero viendo escenas de la primera y segunda temporada fue curioso el contraste de lo mucho que han cambiado en estas diez temporadas, los hermanos, especialmente Sam, ya no es el chiquillo delgado con el cabello en los ojos. Aunque se ve muy bien.

   Como ya me han señalado amigos, y contrario a lo que sostuve cuando comencé a comentar, tarde, la décima temporada, intentaré no extenderme tanto. ¿De qué iba el episodio de esa semana? Por un lado está la desesperación que va apoderándose de Dean mientras van fallado pista tras pista para saber cómo deshacerse de la Marca de Caín. Sam, quien también desespera, tiene sus esperanzas puestas en que Castiel encuentre a Caín (tanto el ángel, como Crowley, llevan varios episodios perdidos; cosa que hace felices a muchos, lo de Castiel, pero le extraño dando vueltas alrededor de Dean). Por el otro lado, un grupo de jóvenes universitarios bastante curiosos (es una mirada ya hecha en otros programas pero que aquí fue como más ácida), va siendo asesinado por sus equipos electrónicos. El auto tomando el control, insultando al chofer, exigiéndole a una chica que va a su lado que baje, después de perderles por un feo camino que les llevó ante un puente caído, ella siendo casi expulsada de la camioneta y esta rodando al precipicio, con los gritos del muchacho atrapado y los de ella en la entrada del puente, quedó genial. Hubo angustia, el muchacho luchó por detener la camioneta o salir, pero nada resultó; distinto a esos zarpazos inesperados donde la víctima ni tiempo tiene de asustarse.

DEAN Y LA COMIDA CHATARRA

   Cuando los hermanos entrevistan a la chica sobreviviente (Dean disfruta de su estancia en la universidad), hay un curioso intercambio entre Dean y ella, la brecha generacional se ve grande, él no entiende lo que ella dice y ella no comprende su referencia sobre Christine, el auto que cobra vida y mata a sus enemigos (también yo me sentí viejo, todos mis amigos amigos, conocen referencias de Los Picapiedra, los muchachos no). Y aquí la cosa es un poco rara, se entiende que Dean no sepa mucho de redes sociales, pero él ha participado en páginas de cita, y tampoco es tan ignorante en cuanto a computadoras, de su alianza con Frank algo aprendió (una vez sorprendió a Sam), con Charlie mucho más. Pero está bien, siempre se le retrata como el más tosco. La cosa es que ella estaba tan borracha que se puso en tela de juicio lo que decía y es uno de los puntos descarnados sobre estos jóvenes a los que me refiero, que son iguales en todas partes del mundo, pero señalarlo de esta manera fue curioso: universitarios ebrios en días de exámenes, y conduciendo irresponsablemente una camioneta que podría convertirse un arma mortal en un encuentro directo (sobre todo después de que nos enteramos de qué va la cosa, ¿ese muchacho conducía otra vez bajo el efecto del alcohol?).

   Dos chicas hablan en una habitación de residencias universitarias, una irá a la biblioteca porque tiene un examen y la otra no le presta atención porque se acuesta con alguien que la ayudará y saldrá a beber. El intercambio de frases insultante entre amigas, quedó bien. También el ataque de la computadora a la joven. Logró ser macabro, con la indicación de que saben lo que hizo, apareciendo aquel número. La conciencia de lo hecho, y de que alguien lo sabía, fue lo peor para ella. Su muerte fue algo floja, pero se deja colar. Así caía la chica que se haría profesional universitaria acostándose con tíos (y sonrío porque recuerdo a una conocida con quien estudié que llegó a jefa de un departamento en un hospital grande de Caracas). La amiga les llora a los hermanos, no entiende qué pasa. Sam descubre que el número es de una calle, van y encuentran uno de esos montículos en honor a un difunto (parece que eso también es igual en todas partes del mundo, igualmente una prueba de que los muertos no salen un carajo, porque la gente toma caña y deja las botellas y latas dentro de las capillitas), un joven profesor que fue embestido por un auto que se dio a la fuga; allí ven a una mujer deshaciéndose de las flores que dejan. Es la esposa, quien extraña a su marido. Los hermanos saben ahora que se enfrentan a un fantasma vengativo, ¿pero cómo lo hace? ¿Cómo viaja, cómo se desplaza? Mirando una cámara notan que una de las que deja flores es la chica cuya amiga murió recientemente.

   Por su lado, esta intenta convencer a otro de sus amigos de que algo raro pasa, que debe tener que ver con lo que hicieron. Este se niega a escucharla y la amenaza para que calle. Bien, ese chico muere de una manera extraña, el sonido le licuó el cerebro. Pero ya la chica no puede ocultarse y les confiesa a los Winchester lo que hicieron. Y vemos la escena del accidente donde muere el profesor. Parecido al accidente de Sé lo que hicieron el verano pasado. Y la verdad es que cuesta entender a esta gente, y no sólo en la ficción. ¿De verdad el primer instinto es escapar de un accidente donde se dejó a un herido? Todavía un muerto, con todo y lo malo que es, de una manera retorcida puede comprenderse, sabes que ya acabó, que no se puede remediar lo hecho, ¿pero dejar a alguien que todavía vive? Es de suponer que se hace el balance de toda una vida en un segundo y todo condena, sobre todo si se conduce bajo los influjos del alcohol y ya se tienen varias reprimendas previas.

   En este punto soy algo intransigente, si alguien, estando ebrio, arrolla y mata a cualquiera tiene que ser tratado como un homicida, hasta con agravantes, que salió con intensión de cometer un homicidio. Hay millones de borrachos que están condiciendo en estos momentos, por variadas razones, sin que nada ocurra, pero eso no justifica un solo accidente, una sola muerte. Porque cuando estando borracho se toma asiento tras el volante, ya se sabe que los reflejos no son los de siempre. Hasta Rubén Blades lo canta en Decisiones. Y eso se sabe. Otra cosa, por qué si alguien tiene un accidente bajo los efectos del alcohol, y otro, ¿cómo es que no le quitan la licencia y le prohíben conducir el resto de su vida? Me refiero a quienes tienen accidentes, porque que a uno lo paren en un registro puede acarrear una multa, pero accidentes, choques, arrollamientos, dormirse e irse contra un poste o un árbol, ya no es lo mismo, es un incidente mortal que anda buscando dónde ocurrir.

EL FANTASMA DE LA RED

   Bien, Dean cuida de ella mientras Sam regresa al lugar del accidente, y descubre que el hombre se electrocutó con un cable de la red, entrando al wifi (¿no fue ingenioso?, Sam y el caso), el fantasma en la red. Dean intenta alejarse de todo lo que tenga señal (como en El Pulso, la primera, una película totalmente aterradora). Sam habla nuevamente con la viuda, ella sabía que el espíritu de su marido vagaba por la casa, y le quería allí pero sospechaba que él hacía algo más; que al saber de los chicos muertos se lo imaginó.

EL FANTASMA

   El fantasma está a punto de matar a la joven, Dean le enseña su móvil, la esposa le habla, le pide que se vaya y todo acaba.

DEAN Y LA CHICA

   Dean le aconseja a la chica que enfrente la verdad, que confiese su crimen por terribles que sean las consecuencias o eso la perseguirá y alcanzará de otra manera. Esa escena frente a la casa de la viuda, la muchacha llamando a la puerta de la mujer a quien ayudó, indirectamente, a dejar sola, robándole al hombre que amaba, y esta dejándole pasar, fue algo edulcorado. Sin embargo, fiel al estilo como señalaban las chicas fans en el quinto episodio, viene la conversación entre hombres en el impala, y aquí Dean dice que continuará luchando mientras pueda, que no se rendirá pero que debe aceptar que no escapara de esa maldición. Y aquí me recordó al Dean de la tercera temporada, sabiendo que no escaparía de su cita con el Infierno, con un Sam, consumido por la culpa y la perspectiva de perder a su hermano. Dean, el gran cazador, parece que dejará su destino en manos de la suerte, de su propia fortaleza. ¿Lo aceptará su hermano?

DEAN Y LAS CHICAS BONITAS

   ¿Fueron ideas mías o Dean parecía perro maluco viendo a todas esas chicas en la universidad? También ha regresado a la comida chatarra, bravo por él; chicas y hamburguesas, nos preparaba para ese final donde decide no medirse, no esconderse, no esperar un golpe de suerte. Vuelve a ser el de siempre, por lúgubre que sea la perspectiva.

LA MARCA DE DEAN

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 11

agosto 12, 2015

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 10

   La siguiente historia, QUE NO ES MÍA, es un Wincests enviado por una amiga. Que me perdone la autora, pero era una mala traducción del inglés y tuve que llenar algunos espacios. Me agradó mucho. Me gusta cuando Dean sorprende a Sam, y cuando Sam anda perdido de celoso (¡ha hecho sufrir tanto a Dean!). Disfrútenlo.

……

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCEST HOT

……

   Sentados al gran comedor mientras cenan en silencio y comodidad, Nick y Rebecca oyen unas suaves polkas, de Strauss; la mujer le agradece a una de sus domesticas, Martha, mientras esta le repone el vino en la copa. No mira a su nieto pero a él se dirige.

   -Es una pena que Dean no quisiera acompañarnos a cenar.

   -Dice que se sentía agotado. –responde él, no muy convencido.

   -Entonces, querido, ¿te quedarás esta noche también? –no hace falta verle para saber que se tensa.

   -¿Te molesta, abuela?

   -Claro que no, pero ya llevas días… los que lleva Dean indispuesto. –la suave inflexión le hace alzar la mirada al hombre, que oprime los labios al reparar en la sonrisa contenida de la mucama. Al notarlo, esta se congela.- Déjanos a solas, por favor, Martha. –esta sale, y se ven menos formales.- Tu… interés en mi casa es motivo de especulaciones. Y no solo de ellas.

   -Que se metan en sus asuntos. También tú –es seco al arrojar la servilleta a la mesa.- ¿No se te ocurre que puedo estar preocupado por si alguna de esas… cosas sobrenaturales regresa?

   -Claro que sí; una noche. O dos. ¿Pero tres? –le mira fijamente.- Cariño, me agrada Dean, mucho. Es arrogante, bello, voluntarioso, sexy…

   -Nana… -se le nota incómodo hablando de eso con su abuela.

   -Pero no es para ti. –es algo seca.- Es un gran chico y no quiero que le lastimes. Y bien sabe Dios que no pareces poder querer a alguien sin… -lo impacta.

   -¿Qué? ¡No! ¿Querer a alguien? –se atraganta y señala con un dedo sobre su hombro.- ¿Crees que ese pequeño y ordinario patán…?

   -Desde que le conociste los ojos te brillaron, amor. Y se bien lo que significa. Te irritó su independencia, su orgullo, su soberbia. Y es lindo, ya lo dije, ¿verdad? Creo que ambos nos hemos fijados en ese trasero redondito. ¿Qué?, estoy vieja, no muerta, y no me cansaré de repetírtelo. –replica a su expresión.- Así que no intentes engañarme con racionamientos intelectuales. Lo que sientes cuando lo ves…

   -Nana… -previene, tenso.

   -Lo que digo es que… -por primera vez parece abrumada.- Dios, no debería hablar de esto contigo, de chicos compartiendo tu cama, ¡a tu padre le disgustaría tanto! Pero lo que quiero decir es que si… te interesa tanto, está bien, pero no intentes… controlarlo, cambiarlo. No le hagas daño, Nicholas. –advierte nuevamente. –el hombre va a replicar feo.

   -¡Señor! ¡Señora! –alarmada, perdidas sus buenas maneras, Martha, la domestica, regresa. Agitada.

   -¿Qué ocurre, querida? –el tono majestuoso de Rebecca la controla. La mujer mira de la anciana al hombre.

   -Dean… es decir, el señor Winchester, está recogiendo sus cosas. Dice que tiene que irse. Yo no le vi nada bien, ¡pero se va!

   La noticia causa sensación. La anciana se preocupa. El hombre se molesta.

   -¡Ese maldito imbécil terco! –ruge Nicholas.

   -Pero sigue débil… ¿no me dijiste que todavía está algo afiebrado? –gime la anciana poniéndose de pie. Pero es detenida.

   -Espera, abuela, yo me ocupo. –dice el hombre y su tono es terrible. Mientras va poniéndose de pie no puede dejar de pensar en lo irónico de todo, su abuela no deseaba que le cambiara, que le controlara, y justo eso iba a hacer.

   Dean comenzaría a entender que ya no era totalmente dueño de sí.

   Aunque no deseaba razonarlo de esa manera. No, lo que haría sería para protegerle. ¿Qué su suponía estaba haciendo el adorable tonto ese? ¿Acaso no sabía medir sus fuerzas? Sale a grandes zancadas del comedor, ignorando las sorprendidas miradas que su abuela y la doméstica intercambian. No tiene cabeza sino para el joven cazador, ¿le habría asustado con el beso? Algo en la conducta de Dean le indicaba que por lo general escapaba de eso, de los sentimientos, seguramente para cubrirse de alguna gran perdida. ¿Su madre en aquel extraño accidente? ¿De un padre ausente? ¿Dónde estaba el hermano, el tal Sam?

   Se detiene cuando ve al joven de pie, fuera de la puerta abierta del dormitorio que ocupaba, un bolso de lona colgando de su mano, bolso y mano que tiemblan un poco.

   -Ah, ya te fueron con el cuento. -gruñe, enrojeciendo.

   -¿A dónde diablos crees que vas?

   -Se presentó una emergencia. –no le mira, respira con dificultad, con esfuerzo.- Mi padre me llamó. Quiere que me reúna con él, en Dakota.

   -¿Sabe que estás convaleciente? –le estudia fijamente con los fuertes brazos cruzados sobre el pecho, buscando las señales.

   -Sí, pero… es urgente, ya te dije. Un caso grave. –suena como apenado.

   -Vaya, su preocupación por ti me enternece. Debe ser el padre del año. –le espuela, viéndole alzar los ojos, furioso.

   -No sabes nada de él; el gran hombre que es. Ni sabes de mí.

   -Si lo sé, de ti, que estás muy débil para salir de aquí por tus medios, mucho menos para montarte en un auto y conducir medio país. Solo. Sería un peligro para todos, y como funcionario público no puedo permitirlo.

   -No soy uno de tus gorilas, no puedes ordenarme qué hacer. Tengo que irme. -casi mordió cada palabra al llevarse el bolso de lona al hombro, dando dos pasos, y todo gira feo, el mundo pierde consistencia.

   Intenta respirar en profundidad, controlarse, esconderle al otro su debilidad, pero no puede. Lo primero que cae es el móvil que llevaba en la mano, luego el bolso se desliza de su hombro. Va cayendo él mismo. No sabe cómo o por qué, pero el mudo se agita más, y queda suspendido, alzado. Cuando enfoca la vista se encuentra mirando, hacia arriba, el rostro perfecto de ese tipo, que le observa con ansiedad y preocupación, una real, grande, casi dolorosa y maravillosa (¿estaba preocupado por él?). Está en sus brazos, como si fuera un muñeco.

   -No estás bien, Dean.

   -Debo irme. –insiste, bajito.

   -No, volverás a la cama y ahí te quedarás aunque deba retenerte con mis manos. –amenaza.

   -¡No! –tercamente se dispone a pelear. Se miran fijamente.

   -Grita o patalea y haré un escándalo tal que todos vendrán a ver qué está pasando y te encontrarán en mis brazos como una dulce damisela en apuros. Y todos me darán la razón mientras se ríen de ti, comentando lo adorable que te ves tan indefenso. Y lo maravilloso que soy yo. ¿Quiere eso, Dean? –le reta con un tono más suave, esos labios no muy lejos, los ojos clavados en los suyos.

   Mejillas rojas, ceñudo, malhumorado, pero también impotente, Dean traga y finge una sonrisa que es todo muecas.

   -Está bien, me portaré bien, pero bájame. –le pide, cuestión que también le avergüenza. Se miran y nada ocurre.- ¡Bájame!

   -Me gusta tenerte en mis brazos. –le sonríe todo chulo, empujando con la espalda de Dean, al ladearse, la puerta que había quedado entornada.

   -Suéltame ya. –se queja el cazador, y jadea cuando cae de culo sobre la cama.- Hey, que ando herido, joder.

   -Pareciste olvidarlo. –Nicholas le mirada desde arriba, brazos cruzados otra vez. La viva imagen del controlador.

   El cazador siente frustración, ese hombre no entendía la solitaria vida, y batalla, de un cazador. Que su padre le llamara significaba que la situación era realmente grave. No hablaban desde… desde que Sam se fue.

   -Debo irme, en verdad. No estoy escapando de… -hasta las orejas le enrojecen y no puede seguir. Se tensa cuando Nicholas, después de mirarle, case sentado a su lado.

   -Lo sé, Dean. No escapas del beso. No creo que escapes nunca de nada, no si existe la posibilidad de que alguien crea que te venció. Esperaba un contraataque tuyo al respecto. –le sonríe.- Eres muy cabezotas…

   -Vaya, gracias.

   -Te vas no sólo porque te aguarde un trabajo, tu deber, lo haces porque tu padre te llama, porque es tu padre y le quieres porque le eres leal por encima de todas las cosas. Vas porque no quieres fallarle. –esa última parte la dice sin mirarlo, dejándole tensarse y enrojecer sin ser visto.- Estás herido, convaleciente, tal vez se lo dijiste, pero aún así te llama para que acudas a su lado porque te necesita. Y vas, aún sintiéndote mal, porque quieres complacerle; aunque… -ahora si le mira.- …No te ha llamado ni una vez para saber cómo te ha ido, o qué ha sido de ti. Has estado herido, dos veces, y no llamaste para contarle a nadie, Dean. A nadie aunque tienes familia. ¿Qué temes? ¿Qué nadie acuda a pesar de tu pedido de auxilio? –entra con facilidad en la cabeza del rubio, tiene esa capacidad, una que siempre le ha ayudado, especialmente en su trabajo. Era muy difícil que un culpable no terminara descubriéndose ante él.

   -No es asunto tuyo. –es la réplica fría; Dean se siente desnudo, despojado de todas sus protecciones.

   -¿Temes que si no vas corriendo a su lado te creerá débil? ¿Qué se decepcionará de ti? ¿Temes que… piense que en verdad no te necesita y que no volverá a llamarte? ¿Qué ya no te querrá?

   -¡Basta! –Dean jadea, tragando en seco, con furia.

   -¿Por qué estás tan solo en un momento como este? ¿No hay nadie más, Dean? ¿Una hermana? ¿Un hermano? ¿Por qué no has pedido ayuda? ¿Por qué nadie ha venido a tocar a nuestra puerta para saber qué ha sido de ti?

   El cazador tiembla, lleno de rabia e impotencia, no puede explicarle, y no lo hará. Nick no entendería… Pero, ¿tenía una familia? Con la piel erizada y los ojos ardiéndole recuerda a Sam marchándose a la universidad, sin decir nada, después de haberle lanzado una mirada de rabia porque esperaba que se pusiera de su lado contra su padre en aquella discusión. Recuerda a su padre marchándose, sin siquiera decir que lo haría. Fue la noche en la que se quedó totalmente solo.

   -No puedo quedarme. Papá…

   -No te digo que no cumplas, que le abandones. Pero entiende que no estás listo. ¿Y si te mareas o desmayas condiciendo? ¿Y si terminas contra un árbol, o bajo tu auto volcado, en una zona desolada, sin despertar y sin nadie cerca que te ayude?

   -Son riesgos del trabajo. –se encoge de hombros, más como un reto a la preocupación del otro.

   -¿Y si cuando ocurra te enfilas contra una mujer que viene de recoger a uno de sus hijos de alguna clase y destruyes a una familia? Habrá un hombre que perderá el amor de su vida, niños a quienes les arrebataron a su madre, ¿lo has pensado? –Dean no puede responder, algo amargo y terrible le sube del estómago.- Por favor, descansa, recupérate y luego partirás. –nunca, si depende de mí; eso lo piensa pero la calla.

   -¿Por qué haces esto? –es la réplica ahogada, dolida. Al elevar la mirada, ceñudo, se encuentra con los ojos almendrados del abogado.

   -Porque, por alguna razón que ni yo mismo entiendo, has terminado importándome terco y solitario niño cazador. No quiero que nada te pase. –es parte burla, otra confesión, algo de manipulación. Dean parpadea, alguien se preocupaba, a alguien le importaba. Sabiendo que ya ha dicho demasiado, le atrapa con la mano un costado del rostro.- ¿Qué me haces, Dean Winchester? –le pregunta, acercando el rostro, lentamente. Esperando…

   Dean le mira como un cervatillo deslumbrado por los potentes faros de un auto, no se mueve, tan sólo entreabre los labios. Y es todo lo que Nicholas Stanton necesita. Cubre aquella boca que lleva días obsesionándole con la suya en una caricia consoladora, suave, de reconocimiento, regocijándose por la respuesta que llega de parte del cazador.

………

   Aunque azorado, Dean se quedó en la casona de Rebecca Stanton para recuperarse; sin entender del todo tanto interés en su persona, de parte del médico, de Nana, de las chicas de la casa, que le mimaban como si fuera un niño. Peores heridas había sufrido antes y sin embargo…

   Le agradaba. Todo ello. Como le gustaba cuando Nicholas regresaba por las tarde y hablaban. La primera noche, después de intentar marcharse, este se presentó con tres buenas hamburguesas y dos cervezas bien frías. Todo contra indicado por el médico, pero al cazador le resplandeció la cara como si fuera un chiquillo frente a una dulcería. Mientras daba buena cuenta de dos hamburguesas y una de las cervezas, hablaron de muchas cosas. Nick, comiendo también, le contaba cómo era proceder de una familia de hombres de leyes, de su período en la Fiscalía persiguiendo estafadores, y Dean, riendo, le preguntó por qué le miraba cuando lo decía.

   Al abogado no le era fácil explicarle a la gente en su vida por qué salía en las mañanas y regresaba cada noche a la casa de su abuela. Aunque esta sabía por qué, inquieta. Preocupada. Curiosamente por Dean. El servicio lo comentaba ferozmente entusiasta en la cocina, aunque dudaban que Dean… y reían como tontas cuando hablaban del apuesto cazador. Pero algo cambió definitivamente, una tarde.

   Cansado de la habitación, vistiendo un largo shorts a media pierna, y una camiseta, Dean decidió celebrar que le habían retirado el vendaje que presionaba su torso, aunque todavía le dolía un poco, algo que no le contaba a nadie, y bajó a la piscina. El sol de la tarde no lograba calentar, no en Boston, pero disfrutaría de sus últimos rayos y tal vez se daría un chapuzón. Fue cuando se detuvo.

   Dentro de las agua estaba Nicholas, desplazándose como pez bajo el agua, con rapidez, gracia, con belleza en sus movimientos y forma. La cara del cazador era un poema mientras le miraba, y aún más cuando se puso rojo tomate al emergen de repente el abogado, lanzando gotas en todas direcciones, retirando el agua de su cara con las manos, echando su cabello hacia atrás, mirándole intensamente, diciéndole que sabía que le observaba con la boca abierta. Ese sujeto era…

   El hijo de perra era bueno en lo que hacía, reconoció Dean Winchester con un estremecimiento, viéndole caminar en la piscina, saliendo chorreando más agua, su cuerpo brillando con una infinidad de gotitas, el bañador, a media piernas totalmente adherido a su piel. Observándole en todo momento. Nick le miraba con deseo, con ojos oscuros de lujuria recorriendo su figura. Den no puede apartar los ojos del otro, no puede hacer nada mientras este se acerca y le rodea la cintura con sus brazos húmedos, halándole, pegándole de su cuerpo, caliente y frío, mojado. Sin que nada importara. No a Dean que eleva la barbilla, Nick era un poco más alto, y recibe un beso de este, uno muy distinto a los anteriores, fugaces, de toques. Este es hambriento, íntimo, húmedo, con lenguas y chupadas.

   Cuando las manos de Dean le atrapan los hombros mojados, cuando su lengua sale al encuentro de la suya, Nicholas siente que todo le da vueltas, que toda la sangre de su cuerpo viaja al sur, hacia su verga que se llena de una manera rápida, total y poderosa, de una forma que a él mismo le sorprende. Mueve las manos metiéndolas bajo la camiseta del cazador, erizándole y estremeciéndole cuando le toca la cálida y seca piel de la baja espalda con sus manos frías. Y sigue besándole, con la lengua casi tocándole la campañilla mientras cubre, sobre el shorts, las nalgas del rubio, duras y firmes. Y tocarle, tenerlas así como lo había estado fantaseando (aunque en su mente esos glúteos estaban separados y su rojizo y nervudo tolete se metía dentro de cierto apretado agujero), le provoca un espasmo en la verga. Sus bocas se separan un poco…

   -Vamos al cuarto. –grazna Dean, tomando la iniciativa, como generalmente hace, en lo que al sexo se refiere, logrando que el otro sonría casi con gemidos aunque intenta bromear.

   -¿Tanto me deseas?

   -No, es que estás a punto de correrte y sería penoso que atravesaras así la casa. –es la respuesta llena de chulería.

   Y sí, suben, Dean algo cohibido por lo que el otro hace; Nick casi está halándole, llevándole de la mano, sin importarle nada, tan sólo llegar. Arrojarle sobre la cama, con cuidado, cayendo también y atrapándole entre sus brazos, fue una sola cosa. Besándole otra vez, atrapándole con sus dientes el carnoso labio inferior; luchar con su lengua hábil le tenía casi delirando de calenturas. De espaldas sobre la cama, con Dean sobre su cuerpo, se deleita en tocarle, en meter las manos dentro del shorts, recorriendo su piel. Se traga el aliento, la saliva y los gemidos del joven cazador, que provienen de lo caliente que está. Sus vergas se frotan, los dedos del abogado le recorren la raja, uno roza su culo, y eso parece debilitarle.

   Nick, con una mueca, le sumerge uno de sus meñiques, comenzado un mete y saca que agita al cazador, quien ronronea mientras se revuelve sobre su cuerpo y se besan. La poca ropa que llevaban desaparece de los cuerpos, el cazador está indefenso, a merced del hábil seductor, de espaldas sobre la cama, con el abogado a su lado mordisqueándole de un pezón al otro, al tiempo que le masturba con la mano izquierda, sin descanso, puño arriba y puño abajo, mientras dos dedos de su mano derecha, brillantes de lubricante, entran y salen del culo del rubio, quien gimotea y babea sobre esa cama. Escucharle, verle estremecerse, notar sus labios brillantes y mejillas rojas tiene al más alto enloquecido de lujuria.

   El abogado muerde tetillas, sus dientes rastrillando y halando, salivándolo todo, mientras le montaba un pulgar sobre el glande, masturbándole así, metiéndole los dedos sin descansar, estimulándole y dilatándole. Sabía que el otro no aguantaría mucho, y de sólo imaginar apoyar la cabeza de su miembro e ir metiéndolo, centímetro a centímetro dentro de las apretadas entrañas del pecoso ojisverdes, le tenía a punto de caramelo.

   -Oh, mierda… -Dean gime, alzando sus nalgas de la cama, meciendo su pelvis y verga contra esa mano, su culo contra esos dedos.

   -Dímelo, Dean… -voz ronca, totalmente dominante, Nicholas le atrapa la mirada, retándole, los dos largos dedos saliendo casi todo y volviéndolos a enterrar, hasta el puño, semi doblándolos hacia arriba, hacia la próstata del otro hombre, frotándola una y otra vez mientras esas entrañas se cerraban sobre ellos, halándolos.

   -Joder… -gime el cazador, agitando más sus caderas; esos dedos abriéndose en su interior le hacen gritar quedo, tiene la mirada perdida de ganas.

   -Dean… -le oye.

   -Cógeme, hijo de puta. Cógeme ya… -brama el cazador lo que el otro espera que diga.

   Y sin poder pensar en nada más desde ese punto, casi subiéndosele encima aunque deseaba ser cuidadoso, Nicholas le cubre con su cuerpo, sus vergas calientes, palpitantes, babeantes están frotándose una de la otra de una manera intensa, desesperante y a un tiempo muy satisfactoriamente. El beso que comparten en esos momentos es obscenamente lujurioso.

……

   Casi dos horas después, llegando a su habitación dentro de la casa, todavía sonriendo, sintiéndose extasiado, agotado y a un tiempo complacido y con ganas de más, Nicholas se acerca a la cama. La sonrisa decae mirando el móvil sobre la almohada. No lo dejó allí, seguramente su abuela… Una luz parpadea y el nombre que ve le eriza, y no agradablemente.

   Leslie Hathaway… su prometida. Su futura esposa.

……

   Claro, de muchas de estas cosas Sam no se entera, en parte porque Dean no conocía todas las motivaciones de Nick, de la manera en que acostumbraba a moverse por la vida, controlando su entorno para conseguir todo lo que deseaba. Actitud normal en su persona, aún cuando estuviera haciendo algo bueno. Tampoco Dean lo conto todo. El sexo, el “romance”, la manera en la cual el otro le hacía sentiré seguro, importante, protegido. No vio conveniente que se supiera de todas las grietas en su armadura. Y ni siquiera el estar muy ebrio sobre la cama de su Sammy, después del sexo con este, alteraría eso.

   Lo único que Sam escucha es que hacía un trabajo para esa gente rica e importante, que fue herido y convaleciente enfrentó al necio y arrogante abogado. Que la cercanía, y no tener nada mejor qué hacer, les llevaron a la cama. Que fue grato y…

   -¿Qué pasó? ¿Cómo terminaron? ¿Por qué te fuiste y nunca quisiste volver a Boston? –le pregunta Sam, sospechando que tras toda esa historia había mucho más, y él estaba realmente interesado en saber, aunque dominado por dos emociones contradictorias como está. Dean, desnudo, recién follado, abriéndose a los años que estuvieron separados, medio descansa sobre su pecho. Eso le hace feliz. Poder estar así con el otro le excita la carne y los sentimientos. Pero también siente celos, inseguridad. Rabia. No le gustaba para nada Nicholas Stanton.

   Dean farfulla algo, inteligible, bañándole con su aliento, erizándole gratamente la piel bajo el cuello. Más dormido que despierto.

   -Vamos, Dean, ¿qué pasó entre ustedes? –demanda.- ¡Joder! –gruñe cuando le oye soltar casi un ronquido. Forzando como puede la vista, nota que el otro va sucumbido al agotamiento, al licor y el sexo (seguramente también a la apertura emocional, pero sabe que si lo dijera, el mayor intentará cortarle las bolas).- Dean… -todavía suplica y exige, agitándole un tanto. Cosa que luego lamentaría.

   -Me hizo daño… -apenas le entiende por los bostezos, pero esas palabras, por feas que eran, hacen latir de esperanzas el corazón del menor, cosa que no dura.- Lo quise mucho, Sam; tanto que por él hasta pensé dejar la cacería…

CONTINÚA … 12

Julio César.

DEAN, VAYA CHICO…

agosto 6, 2015

LOS 200 DE SUPERNATURAL

DEAN-DYLAN

   ¿No es adorable?

   Me encantó el episodio de la semana pasada de Supernatural, el 10X12 – ABOUT A BOY; por el Dean muchacho y por la villana, que valía la pena. La intro fue algo engañosa, aparecía Rowena y creí que sería otra de sus telenovelas; la verdad es que no es mi personaje favorito, por muy bien que lo haga la actriz. Su historia está resultando tan aburrida como la de los ángeles. Ni Crowley puede ponerle picante a eso. Pero no, trataba de brujas y de hechizos, pero no de ella, directamente, y fue muy bueno.

   En un bar de mala muerte que bien podría decirse que es para perdedores en regla, y gente deprimida y hastiada de la vida, un hombre es echado, alguien le embosca, hay una luz y desaparece dejando atrás sólo sus ropas. Los hermanos se enteran y van a investigar. Dean se ve más sombrío que en el episodio anterior, aunque intenta mantener su promesa de controlarse, y eso pasa por no beber. Sam casi tuvo que obligarle a salir de la baticueva, de donde no quería apartarse para evitar el lastimar a otra persona como hizo con Charlie. Tanto así es su temor de perderse.

DEAN DE FARRA

   Se dividen para investigar y Dean termina en el bar, donde nadie quiere hablar, todos están sumamente ebrios, sólo sabe que el tipo era desagradable y que nadie le extraña. Una mujer le aborda y comienzan a beber, hasta ahí llegó la resolución de Dean. Ella se ve tan rota como él, e igual de ebria. Me extrañó, eso sí, que al final ella decidiera irse sola dándole casi un corte brusco al cazador. Por experiencia sabemos que hay un intento, de él hacía ellas, o ellas con el cazador. Pero no, fuera de preocuparse por si puede conducir, Dean tampoco intenta nada. Ella sale a pesar de lo borracha que anda, grita, hay una luz; Dean va, alguien le ataca y hay un nuevo estallido vistoso.

JENSEN AND DYLAN

   En este punto, la luz, la gente que desaparece, las ropas que quedan atrás, pensé que podría tratarse de un caso que tuviera que ver con el Cielo, como en la película esa, Los Dejados Atrás (la que obsesionó a Homero Simpson con el fin del mundo). Pero no, Dean despierta siendo un adolecente de catorce años otra vez, con el mismo actor juvenil, Dylan Everett, que ya le había interpretado, en aquella casa granja donde John permitió que le enviaran por jugarse, y perder, el dinero que le dio para la comida. Ese muchacho lo hace bien, realmente bien, le tiene los gestos tan aprendidos al personaje de Jensen Ackles que no cuesta verle como una versión joven del cazador, hasta se le parece físicamente; aunque es notable lo mucho que ha crecido de aquel programa a este. En fin, está encerrado, al lado está la mujer, Tina, ahora una chica, más allá el que desapareció primero, a quien el sujeto que les capturó se lleva. Por su forma de moverse, de planear su fuga, Tina reconoce, ahora, que es algo más, que le creyó simplemente otro borracho perdedor; y la verdad fue que me molestó que pensara eso de nuestro Dean, pero ese bar era de ese tipo, y ella misma tiene su historia dolorosa. Cuando les llevaron pastel, que ella rechaza y ese Dean come (me hizo reír tanto), creo que uno debió imaginar de qué iba la cosa, pero no. Dean abre una reja de la ventana, la chica entretiene al sujeto y nuestro héroe escapa para buscar ayuda.

SAM Y EL JOVEN DEAN

   Sam le sabe perdido, le busca y nada, encuentra rastros de una planta que le indica que están en presencia de hechicería. Cuando abre la puerta y ese Dean adolecente está ahí, llamándole Sammy, con la gorra calada hasta los ojos, me reí. Qué impresión para el menor. Fue gracioso cuando levanta las llaves de aquella señora y esta le dice a Sam que tiene un hijo muy educado; la cara de este era un poema. ¿Y las conversaciones en el impala, el cual Sam tuvo que conducir porque a Dean no le daban las piernas como no fuera corriendo el asiento y atormentándole? Eso de que le gusta y tararea música que antes odiaba, que se le levanta y se le baja sin motivos, y Sam no queriendo escuchar eso, fue gracioso. Es la adolescencia. Sam promete una solución pero Dean no sabe si aceptarla, en esos momentos no tiene la Marca de Caín. Se plantea el asunto, ¿dejarle así? Dean parece casi aceptarlo, Sam no (claro, ya no sería el hermano menor).

XENA AND CALLISTO

   Y lamenté que Supernatural no fuera de ese tipo de series donde las cosas pasan por días. Habría sido divertido ver a ese Dean en otro episodio con Sam, cazando. En Xena pasó una vez, no sé si Lucy Lawless (la increíble Lucy Lawless) estaba enferma o embarazada, pero pasó que en varios capítulos su personaje, Xena, era interpretado por la actriz que encarnaba a la infame Callisto, ‎Hudson Leick. Claro, todos preferimos a un Dean interpretado por Jensen Ackles, aunque Dylan es un muchacho sangrino y agradable.

SAM, HANSEL AND DEAN YOUNG

   Cuando van a entrar al lugar, por la ventana, Sam diciendo que es muy grande para que quepa, Dean riéndose preguntándole si es la primera vez que dice eso, y Sam molestándole por los calzoncillos de niño que lleva, fue de lo mas hilarante. Era Dean. Bien, ese Dean no encuentra a Tina, y no puede con el sujeto. Sam le salva. El hombre se dice una víctima de la poderosa bruja, un ser malvado que le raptó de niño, mató a su hermana y le obligó a comer de su corazón, es Hansel, la hermana era Gretel, esos Hansel y Gretel, y las bruja es esa bruja, la de la casita de azúcar que come niños (lo que explica el pastel). Los tres irán contra ella, que prepara el guiso para cocinar a Tina. Llegan todos, por ella saben que a Hansel nadie le obligó a nada, es su aliado, y les capturan. La típica trampa y captura de cada semana.

LA BRUJA DE LA CASA DE DULCE

   Me gustó esta bruja del viejo mundo, que hechiza adultos perdedores a quienes nadie extrañará para comerlos porque un niño real desaparece y todo el mundo se vuelve loco (y había lógica en su planteamiento), todos buscándole. Dean culpando a Obama quedó genial, no hay que olvidar que nació en Texas. La bruja ha venido enviada por el consejo de su aquelarre a detener a una hechicera rebelde, y se sorprende cuando ellos saben de Rowena. Me impresionó eso, lo fea, grotesca y poderosa que era esta mujer. Así tiene que ser una bruja. A su lado Rowena se ve aburrida. Viene la pelea final, Sam está en peligro, Dean no puede permitirlo y ataca, ese sujeto le golpea bastante, pero este le roba el amuleto, sangrando y sonriendo con chulería, se vuelve adulto y le mata. También encierra a la bruja en el horno. Todo muy dentro de cuento.

LOS JACK DE PUERTA A LAS ESTRELLAS

   Me gustó ese final cuando Tina decide no buscar una solución a su estado, quiere otra oportunidad, tiene tres ex marido, deudas y una vida desastrosa, ahora puede recomenzar con el caudal de todo lo que ya conoce y, en teoría, no cometer los mismos errores. ¿Imaginan poder hacer eso, regresar a los catorce, la chequera en blanco, sabiendo lo que saben y han experimentado en veinte, treinta o cuarenta años de vida? No recuerdo quien escribió que la juventud se desperdiciaba en los jóvenes, y si lo vemos de esa manera, es verdad. El episodio, y esa disyuntiva de la chica, me recordó un episodio de la serie Puerta a las Estrellas; el coronel O’Neill (el gran Richard Dean Anderson) se va a la cama y cuando despierta es un muchacho, que vive frustrado porque nadie le toma en serio; y en una escena la capitán Carter (la hermosa y maravillosa Amanda Tapping, desperdiciada en su pase por Supernatural), le miraba y miraba, exasperado él le pregunta que qué y ella le dice que se ve adorable. Quedó tan divertido como otra escena donde llegaba molesto a su casa, abría la nevera, sacaba una cerveza, la destapaba con facilidad y cuando está  a punto de beberla, ella se la quita, y él gritándole que no es un niño. Resultó ser un clon que continuaría viviendo desde ese punto, con todo el caudal de lo que ya sabía. Habría sido divertido ver un poco más de ese Dean muchacho.

   A Dean le ha regresado la Marca. Es curioso, pero después de la desastrosa temporada del regreso de Dean del Purgatorio, ha sido grato ver a este Sam que más parece un Dean. El protector, el que ama. Buscándole cuando era un demonio, arriesgándose a que le matara, todo por llevarle a casa, obligándole al exorcismo, inventándole excusas cuando mata a todos aquellos sujetos, protegiéndole cuando le ve débil bajo el poder de la Marca, y en este episodio cuando es un chiquillo. Sam actúa como el hermano mayor que cuida la cuna de su hermanito, los papeles se han invertido. ¿Qué pasará ahora? La verdad es que estoy disfrutando mucho ver la temporada por televisión.

CAZADORES EN LA RED

Julio César.


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