Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

DEAN, TODO UN DIABLILLO

mayo 9, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA

DEAN. TODO UN DEMONIO SEXY

   Tuvo su gancho…

   Aunque ya todo esto ha sido muy visto por los fans del programa, que si lo son, fans, deben haberlo sintonizado aunque estuvieran molestos con esta o aquella trama, dada mi naturaleza maniática y obsesiva debo agregar algo, ahora que por fin esa mugre del Canal Warner ha decidido transmitir, regularmente cada semana y a un horario decente, la décima temporada de SUPERNATURAL, después de haber malbaratado las dos anteriores. Por lo general no he visto nada de esta temporada por el mal funcionamiento de la página que usaba. Anoche sintonicé: 10×01 – BLACK. Y me gustó de entrada. Bueno, casi todo. Me gustó que aparecieran esos dos nombres en los protagónicos, justo a Jared y Jensen: Misha Collins y Mark Sheppard. Cosa rara, aunque las tomas del intro estuvieron muy buenas, la canción no me agradó como la de otros años.

DEAN, ES SEXY

   La trama fue dispersa, Dean se divierte con Crowley, siguiendo exactamente donde terminó la novena temporada, cuando el Rey del Infierno le dice que salgan a aullarle a la luna; Sam buscándole; y Castiel con su drama de los ángeles caídos todavía, que fue, como suele ser, la parte más aburrida de todo. Y desaprovechada, que el programa no supiera qué hacer con la idea de los ángeles en la Tierra fue vergonzoso.

   ¿No era adorable ese Dean sinvergüenza, que cantaba karaoke?, ese tema de lo sexy que es, fue genial (tema que todos chulean, hasta en Casado con Hijos), bebiendo y teniendo sexo, todo desaforado. Un Dean más Dean. Aunque era extraño saber que compartía cuarto con Crowley, como hacía con Sam, incluso el intercambio de puyas que se lanzan cuando el Rey del Infierno le encuentra teniendo sexo en su cama y luego se pone de pie, hablando, sin pantalones. Era tan Dean, y sin embargo, era un demonio, uno bajo control porque le dejaba salir de tarde en tarde usando la espada de Caín.

SAM BUSCA

   Sam buscándole, torturando demonios, fue inquietante. Verle llegar y ver el video del tipo mirando porno que es atacado y que asesina salvajemente al otro, quedó bien. Notando en una de las tomas que Dean tenía los ojos negros. Foto de video que llegó a ese tipo que se ejercitaba como preparándose para una misión de guerra, perseguir a un sujeto peligroso; tan obsesionado con ello que cuando la esposa le pregunta si es quien busca, medio llora y sale. Lo que habla del tormento que debe haber sido para su vida de casada esa obsesión de su marido.

TRAVIS AARON WADE (COLE)

   Había algo en ese sujeto, Cole (Travis Aaron Wade), no sé, de espartano. Parece otro de esos tipos carismático que, en esta serie de hombres y de homo contexto no declarado aún, tanto gustan. Cuando golpea y atrapa a un Sam que tiene un brazo lastimado (la trama dice que fue por una cacería mal montada con Castiel, ¿qué le habrá pasado a Jared Padalecki en la vida real?, se accidenta mucho), le dice que sabe quién es y que conoce a Dean, que le sabe un monstruo y que ahora le está cazando. ¿Quién es y de dónde sale? Tocaba esperar. Pero me agradó, otro enemigo a tener en cuenta.

CASTIEL AGOTADO

   Castiel anda débil, su gracia robada se agota pero ha decidido no tomar la de nadie más, y así le encuentra Hannah, la mujer que luchó a su lado contra Metatron. Ella necesita que le ayude porque aunque casi todos los ángeles han regresado al Cielo, algunos se niegan, hay una pareja que incluso mató al ángel que fue a buscarle. No me gustó esta trama porque los ángeles son aburridos, exceptuando a Anna, Baltasar y Naomi. Castiel es adorable pero sólo brilla con Sam, con Crowley  en mayor medida, con Dean se le nota genial; pero la verdad es que no se vio nada bien en este asunto en particular.

CASTIEL Y HANNAH DE CACERIA

  Hannah, como representante del Cielo, actuaba con igual intransigencia que Rafael y Naomi, obligando a los otros a seguir una línea de conducta. Ese ángel que deseaba quedarse era racional, y Castiel debió simpatizar con su causa; mataron al que fue a imponerles una conducta porque no aceptó una negativa ni ellos se fiaban de la justicia del Cielo (nuevamente Rafael y Naomi). Que Castiel debiera matarle para salvar a Hannah, fue lo peor. Se ve que nuestro ángel está lleno de dudas, y también de debilidad, ¿morirá? Parece dispuesto.

DEAN Y LA MESERA EN LA CARRETERA

   Así como me gustó el Dean del principio, verle sacar después el cobre y la piedra falsa de bisutería barata fue desagradable. Se notaba que algo le pasaba cuando golpeaba terriblemente al tipo que le reclamaba algo a la mujer con quien se acostaba. A esta la trató feo, diciéndole que era tan sólo un tío que se acostaba con rameras a lo largo de la autopista, lo dijo cuando ella le insinuó que era un canalla al que quiso verle algo bueno. Lo que ella respondió a lo de “ramera”, que así de mal debe estar cuando siente que merecía esas palabras, fue grande. ¿Por qué las mujeres, y a veces algunos hombres, soportan tanto abuso de gente que piensan cambiarán o que creen en el fondo no son tan malos? Jamás lo entenderé, como no entendí a la chica lobo en aquel episodio donde los tres amigos se transforman, cuando ve evidencias de que el chico mató y devoró a alguien y se molestaba con el otro porque pretendía detenerle… protegiendo a la bestia. Por suerte las mujeres que conozco, en líneas generales, y las que me importan, no presentan esta debilidad de carácter.

CROWLEY Y DEAN, VAYA DEMONIOS

   No me gustó tampoco la manera en la que trató a Crowley, sin respeto, cuando supo que este era quien enviaba a los seguidores de Abaddon a perseguirle. Pero lo hacía para que dejara salir a la bestia y no terminara irremediablemente como demonio. Es obvio que el Rey del Infierno siente más aprecio por el cazador, con todo y ser el demonio jefe, que este nuevo diablo por él. Y la verdad es que el subtexto de homo relación estuvo presente en todo momento, desde la chica diciéndoles que se buscaran un cuarto de hotel, a Crowley urgiéndole a que hablan de su futuro, o cuando le echa en cara a Sam que lo que odia es que Dean ahora era suyo. El episodio pasó rápido sobre todo eso, pero vaya…

COLE ATRAPA A SAM

   Finalmente no me gustó ese Dean que enfrenta telefónicamente al sujeto que tiene cautivo a Sam, que lo intercambiará por él, y Dean se desentiende porque terminó con su hermano (y es cierto, jugó limpio, ahora es un demonio). No porque la trama fuera descabellada, sino por lo diferente que es (qué gran actor). Sabíamos que sería malo, un Dean oscuro, pero fue realmente una imagen odiosa. Para ser un primer episodio de temporada, ocurrieron pocas cosas, fue más como presentar un amplio abanico de subtramas, pero la verdad es que me gustó.

   Pero, después de todo, soy un fan, siempre me gustará.

DEAN WINCHESTER, ESE DEMONIO TRAVIESO

Julio César.

REGRESO A CLASES… 13

mayo 2, 2015

REGRESO A CLASES                         … 12

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Hasta un segundo antes de que todo se jodiera, Jared y Jensen disfrutaron de un buen momento, íntimo y grato, a pesar de las confesiones entre amigos. La culpa del disgusto, como siempre, la tuvo el dinero.

   Jensen guió a Jared hacia el Centro, a un restorán vaquero donde los filetes parecían rodajas de arboles. A la barbacoa, a los dos les gustaba algo tierna, no muy cocida. Y mucha. Eran texanos después de todo.

   -¡No soy famoso! –se defiende Jared, algo avergonzado de sentir orgullo por sus logros.- Me lee… gente mayor. Chad les llama viejos. Y viejas, para ser más exactos. Mi amigo es un poeta de las palabras.

   -Gracias por la parte que me toca. –contraataca Jensen, sonriendo, todo sexy con algo de salsa en su mentón, devorando con agrado su carne.

   A Jared nunca le ha parecido tan guapo como en ese momento, ni la mano le ardió tanto por las ganas de tocar y limpiar a alguien. Algo de cierto había en las palabras del rubio, le miraba con ojos de ayer, en ese momento no notaba sus mejillas redondas, su papada o algo de aquella panza.

   -¿De verdad has leído algo mío? –le ve enrojecer.

   -Algo… -hay un cómodo silencio mientras se miran por turnos.- Siempre… -se humedece los labios, recogiendo algo de salsa con la lengua, y a Jared se le eriza la piel aunque no quiere pensar en él de esa manera.- Siempre me pregunté qué había sido de ti cuando partiste al Este. Se fueron todos. –pincha con su tenedor.- ¿Chad y tú…? –le mira, Jared frunce el ceño, no comprendiendo.- Tú y él, solos, por allá…

   -¿Qué? ¡No! Chad es un amigo. –se acalora.- ¿Por qué preguntas?

   -Por nada. –se encoge de hombros, pero como el otro le mira, gruñe.- Como está con esa chica bonita, me pregunté si algo no había salido bien. Entre ustedes. –enrojece bajo la mirada del castaño.

   -¿Lo que quieres saber es sí tengo novio? –le divierte verle mortificado.- Dios, esto es tan sorpresivo. –le ve rodar los ojos y sonríe más.- No, estoy solterito y sin compromisos. –hay un silencio largo y en seguida se maldice por ser tan directo.- ¿Y tú? –le ve arrugar la cara.

   -No, el olor a fracaso no es agradable, y cubre mucho terreno. Las damas lo huelen a kilómetros.

   -Jensen…

   -No, no, está bien. No estoy auto compadeciéndome, aunque todo el mundo parece creerlo. –calla un segundo, mirando lo que queda de su corte.- No sé bien en qué momento todo se jodió, pero ocurrió. Y fue por mi culpa. –eleva la mirada, ceñudo.- ¿Sabes?, creo que eso era lo que el entrenador intentaba decirme en aquel entonces. Advertirme. Pero, claro, era idiota y no le entendí. A los diecisiete pensaba que sabía más que todo el mundo. –callan por un segundo, luego sonríe con toda la cara, algo forzado, luchando contra la depresión, Jared lo sabe.- Pero no pensemos en tonterías. Cuéntame y mátame de envidia, ¿tienes mansión, autos de lujo, una avioneta chica y un yate grande? –entona una ceja.- ¿Guapos jardineros que viven sin camisas aunque no tiene ni una flor en tus extensos patios? –el otro ríe. Ojos brillantes.

   -Ojalá, no lo de los jardineros, eso es muy cliché, en todo caso serian impía piscinas en apretados bañadores. –medio ríen.- No, mi… fama todavía no da más que momentos embarazosos con doñitas en mercados buscando presentarme a una nieta o sobrina soltera. –Jensen estalla en carcajadas.

   -Pregunta por sobrinos o nietos.

   -Ha habido casos. –reconoce mortificado, el rubio ríe aún más.

   Carcajadas que duran hasta que se acerca la bonita mesera, viéndose toda acalorada al recorrer con los ojos al pecoso y atractivo rubio. Jared lo nota, como no lo hace Jensen, convencido como estaba que todo había terminado para él.

   -Hummm, lo siento, señor Ackles… su tarjeta de crédito no pasó. –la joven se oye apenada.

   Jensen, quien todavía reía, se congela, enrojeciendo de vergüenza, mirándola y balbuceando sin palabras, tenso, mirando de soslayo al otro, que disimula.

   -¿Está segura? Tal vez…

   -Lo intenté. Dos veces. No pasa.

   Es cuando Jared comete El Gran Error.

   -Jensen, puedo… -comienza Jared. El otro le sonríe alzando una mano, tenso, olvidado todo el momento relajado.

   -Está bien, tengo algo de efectivo… -saca la cartera nuevamente del bolsillo posterior de su pantalón, mira otra vez la cuenta y Jared casi puede jurar que transpira mientras cuenta algunos billetes.

   -Amigo, puedo pagar y…

   -Yo invité. –va tensándose más, ¿por qué Jared tenía que ser tan necio?

   -Está bien, no pasa nada, esta vez resuelvo yo. Tú la próxima. –intenta una sonrisa, odiando verle en el aprieto. Deseando que la joven camarera se retirara un momento.

   -¿Una próxima cita? –le mira feo.- No como está resultando esta. ¿Y quieres dejar de distraerme mientras resuelvo esto?

   -No hay problema, amigo… -decidido lleva la mano al bolsillo del saco, por la cartera, intentando tomar la cuenta. Jensen la aparta, molesto. La camarera, presintiendo la tormenta, se aleja dos pasos.

   -¡Puedo pagar dos malditos bistecs, ¿okay?! No estoy tan mal. –casi le lanza, resentido. Sorprendiéndole totalmente. Algunas personas se vuelven a mirarles aunque hablan prácticamente entre dientes.

   -No quise ofenderte, tan sólo…

   -Pues deja de hacerlo, maldita sea. –le gruñe, rojo de cara, luchando contra las ganas de gritar, las manos temblándole ligeramente de enojo y, ¿preocupación?, mientras cuenta unos cuantos billetes. No era un indigente, no había llegado a eso todavía.

   Jared, ceñudo, comienza a molestarse también. No estaba acostumbrado a tratar a la gente con tantas pinzas y delicadeces. Sandy y Chad eran personas a quienes podía decirles cualquier cosa.

   -¡Lo siento! –el rin tintín es grande. Un incómodo silencio se hace presente.- No entiendo por qué te altera tanto que…

   -¡Me molesta que me trates como un idiota! –ruge, cortándole.

   -Te comportas como uno.

   -¿Qué haces aquí entonces? –demanda.

   -Me invitaste a cenar, ¿se te olvidó? –le ve enrojecer, molesto.- No sabía que habría indigestión incluida en la sentada a la mesa. –no puede evitar el comentario incisivo.

   -Lamento que te resulte tan terrible. –se ahoga, no queriendo acrecentar el problema, pero también imposibilitado de detenerse.- Tal vez deberías estar con tus amigos.

   -Creo que habría sido mejor. –le ataca, no queriendo hacerlo, pero igual de molesto.

   -Yo… ¿desean algo más? –le incómoda mesera les trae al presente. Ambos la miran, mortificados, luego cruzan una mirada entre ellos, hostiles.

   -No creo que “podamos” con nada más. –suelta Jared, quien, como escritor, tenía una mente ágil. Sabe que se pasó cuando Jensen palidece, abriendo mucho los ojos y labios, herido.

   -Es todo. –le sonríe a la joven, colocando el dinero sobre la bandeja.

   La mesera escapa, literalmente, y el silencio sobre la mesa es grande. Jensen siente ganas de correr, de escapar hacía su apartamento y meterse bajo su cama, no sobre ella, debajo, con una botella en manos. Jared siente la lengua amarga. Nota los hombros tensos del rubio, el “no podemos con nada más”, repitiéndose en su mente, mortificándole.

   -Lamento… -quiere disculparse por eso.

   -Estoy bien, Jared. Estoy perfectamente, no voy a romperme. Si quieres puedes irte con tus amigos, seguramente alcanzarás la hora feliz en el bar de tu hotel. Esperaré la nota. –suena amargo y Jared se molesta otra vez.

   -¡Estas tan lleno de mierda! –le gruñe entre dientes.- Estás tan decidido a parecer un infeliz perdedor que…

   -Espera tú la nota. –se pone de pie, conteniendo a duras penas las ganas de derrumbarse, arrojando una servilleta y alejándose.

   Jared boquea, molesto, casi se puso de pie para seguirle. Pero mirando a la gente a su alrededor, se desplomó. Furioso. ¡Qué se vaya al infierno el pecoso rubio hijo de perra! Total, poco le faltaba ya.

……

   Aún en el homenaje al entrenador, Chad Murray, junto a la mesa de bocadillos, siente deseos de marcharse. Después de las palabras de Jensen Ackles, la reunión había decaído, lo importante ya se había hecho. Por cierto, qué lindas las palabras del rubio. Siempre ha odiado a Jensen, porque de muchacho era guapo y popular, y porque hizo sufrir a Jared, y porque ahora, con todo y lo fracasado que era, podía salir con unas palabras como esas. Y, si lo deseara, podría tener aún a quien quisiera. Como a Jared. ¡La vida era tan injusta a veces! Toma una pequeña salchicha que sumerge en pastas y la lleva a su boca.

   -Ah, siempre te ha gustado eso. –le comenta a sus espaldas, con ligereza, Paul Telfer. Y Chad enrojeció hasta la raíz del cabello, cabreándose además.

   -¿Quieres callarte, hijo de puta? –le ruge bajito, molestándose al encontrarle, como siempre.- ¿Qué quieres?

   -Chad, debemos hablar.

   -¿Otra vez? Ya lo hicimos anoche. –le recuerda, el otro rueda los ojos.

   -No hablamos, tan sólo te conformaste con insultarme como siempre.

   -Joder, ¿qué quieres? –se ve alterado.- No lo entiendo, en verdad le doy vueltas en mi cabeza y no sé qué pretendes. –le ve enrojecer un poco.

   -¿Acaso no viniste esta vez a la reunión para que habláramos?

   -Hablamos… -traga en seco.- ¿Qué esperas conseguir de mí?

   -Ya te lo dije, arreglarlo todo. Resolver mi pasado… eres algo que quedó inconcluso. Sé que… bueno, no me comporte como debía. Y que… -no encuentra las palabras para culparse.- …Tal vez no jugué limpio. Pero era un muchacho, no se esperaba que lo supiera todo.

  -¿Acaso yo no lo era también? –se pone rojo de rabia.- Hay que ver que tienes desfachatez. –se va alejar pero una mano sobre su brazo lo retiene.- ¡Suéltame!

   -Hablemos.

   -¿De qué? –entrecierra los ojos.- ¿Qué pasa, Paul? ¿Acaso tu vida de triunfador no es tan maravillosa en todos los momentos como lo pretendes? ¿Acaso hay algo que te faltó… probar? –le reta, con mala fe, sorprendiéndose al verle enrojecer más.- Desgraciado, ¿acaso crees que después de todos estos años…?

   -Ya, cálmate, no he dicho nada. No hables por mí. Tan sólo quiero que lo conversemos. –insiste, Chad asiente.

   -Está bien, Sophia está de viaje, con mis padres. Estaré solo en el hotel. Búscame en dos horas y entonces hablaremos. –casi amenaza, apartándose.

   Paul toma aire. La cosa pintaba difícil.

……

   -Quiero irme. –Tom le gruñe, bajito, a Genevieve, quien escuchaba algo que contaba una amiga, riendo un poco.

   -Es temprano… -se queja ella con un mohín.

   -No lo es, ni esto es fiesta, Gene. –replica seco. Ella le mira fijamente.

   -Pues yo la estoy pasando bien. Que Mike y Kristin se hayan ido… -Tom se congela, recorriendo el salón con la mirada.- …No significa que debamos seguirles. Deja de fastidiar. –le ruge contenida, al rostro, irguiéndose sobre las puntas de sus tacones.

   -Haz como quieras. –alterado se aleja, cruzando entre las persona. Imaginando, y acertando, que ella no le seguiría. Sale del edificio a esa noche que comienza, tibia todavía, tomando aire, intentando serenarse.

   Mike se había ido, con ella, y la idea era dolorosa e irritante. No, no era una buena persona. Le había dicho poco antes al otro que aceptaría su decisión, aún si esta era seguir con lo de la boda y con Kristin. Pero sabe que no puede. Mike no era como él, tomaría sus votos de manera sagrada y le abandonaría. De hecho había comenzado a dejarle desde que le anuncio que se casaría. Al otro le pesaban los años, el tiempo. La soledad de una vida en las sombras, una que llevaban años padeciendo.

   Entra a su auto y se queda sentado allí, tragando saliva, desesperado. Dividido entre las ganas de llorar y las de gritar. No, no podía decirle adiós a Mike, porque sencillamente era la única parte de su vida que sentía como cierta. Real. Aunque, irónicamente, era la que más intentaba mantener al margen. Echa la cabeza hacia atrás en el respaldo y cierra los ojos. Intenta imaginar una vida donde Mike no esté, donde no le llama para contarle tonterías por teléfono tan sólo para escuchar su voz y su risa, una donde no se citan, no se encuentran y no se entregan a la pasión que experimentaron desde los años de secundaría, cuando imaginaron que el algún momento terminaría. Nunca fue así. Lo que al principio pensó que era curiosidad, luego devaneos sexuales, encuentros íntimos excitantes por prohibidos y peligrosos porque podría arrastrar sus nombres, evolucionó a algo más.

   Toma una profunda inspiración, recordando todas esas tardes de prácticas con el equipo, luchando uno contra el otro sobre la grama, o dentro del fango cuando llovía, el resto de los compañeros riendo de sus niñerías, ignorando todos que en cuanto montaba las manos sobre Mike no podía apartarlas. Era tocarle y que este respondiera, a veces con fuerza y dureza, ambos luchando, rodando. Y terminaban en las solitarias duchas cuando, bajo las regaderas, Mike recorría todo su cuerpo con las manos, con adoración, con un brillo de admiración en sus pupilas; y él dejándose hacer, mimar, sonriendo… atrapándole en un puño la erecta verga a su mejor amigo, que pulsaba y quemaba contra su palma. Mike le tocaba, lo enjabonaba y acariciaba todo, se frotaba de él, sus bocas se encontraban, sus lenguas luchaban de manera ansiosa, necesitadas, y en ningún momento podía dejar de tocarle, su puño permanecía cerrado sobre la virilidad de Mike como si ese fuera su lugar.

   Sabía que era algo insano, obsesivo, porque en cuanto estaban juntos no podía evitar meterle una mano, estremeciéndose cuando la pieza cobraba vida contra su palma, dureza, el otro riendo, burlándose de sus ganas de tocarle. Y mientras lo hacía, le masturbaba, más tarde le mamaba recorriéndola toda con su lengua, supo que necesitaba eso, que una parte de él no podía existir sin tener al otro a su alcance. Tal vez todo habría sido distinto si no hubiera sido tan cobarde, si no hubiera pretendido malinterpretar lo que el entrenador Beaver le dijo aquella tarde…

   -La vida es muy corta, Welling, hoy tienes dieciséis años y te parece que la eternidad está a tus pies, pero una noche te acostará y despertará siendo un anciano lamentando el tiempo perdido.

   De alguna manera, mientras le acariciaba, o le mamaba, se había convertido en un adicto a Mike. A su masculinidad. Le necesitaba para continuar, sobre todo ahora que le parecía que nada valía la pena, comenzando por su matrimonio con Genevieve, el trabajo que cruzaba por malos momentos y la sospecha de que no podía engendrar hijos. Todo era demasiado, mucho como para aceptar, sin luchar, que Mike se alejara. Abre los ojos empañados de llanto no derramado. Le trató mal. Fue egoísta, cruel y cobarde cuando se casó con Genevieve, le hirió. Lo supo por la mirada que el otro puso antes de intentar disimular. Pero Mike lo había resistido, de alguna manera había conseguido continuar. Él está seguro de que no podrá. Por lo tanto, y aún siendo muy egoísta y ruin… no puede dejar que se casen.

   Mike era suyo.

……

   Muy mal encarado, Jensen Ackles cubre la distancia que le separaba del Centro hasta su cuadra. Camina despacio, intentando despejar su mente. Sabe que actuó como un cabrón con Jared, pero la verdad es que le molestó increíblemente que este creyera que no tenía ni para pagar una cena. No estaba tan mal, joder. No quiere preguntarse por qué le irrita, y lastima tanto que el otro lo piense, que es un fracasado, cuando todos los dicen, todos los días. Bien, mañana comenzaría a buscar trabajo, algo que hacer con su vida. Tal vez… intentar otra vez en la secundaria. Ya no era el mismo de una semana antes. Lo sabe. O lo espera. Se haría cargo de su vida, de la manera que fuera, luego buscaría al castaño y le invitaría una cena de verdad, con vinos y postres, hablarían amistosamente de los tiempos idos, de los años que esperaban por delante, sería encantador, gracioso y ocurrente, le diría que fue un gusto volver a verle, saber que le iba bien, le desearía lo mejor y cada uno continuaría con su vida. Tragó sintiéndose un tanto deprimido por la idea.

   Se detiene bruscamente. Allí está el auto alquilado, y sentado sobre la maleta, el castaño parece esperarle. ¡Mierda!, se dice, era demasiado pronto. Se comportó demasiado imbécil como para desdecirse en un segundo, reconoce enrojeciendo de cara. ¿Por qué le atormentaba así?

   -Jared… -casi acusa con una palabra. El otro no le deja continuar.

   -Siento haberme comportado como un imbécil, amigo. –reconoce mirándole con ojos dolidos. Y eso altera al otro.

   -¡Basta! ¡Deja de hacerme eso! –le reclama, agitado, confundiéndole.

   -Jensen, no quiero hacerte daño. No pretendo… herirte de ninguna manera. –se tensa cuando el otro se acerca, casi metiéndose entre sus piernas abiertas, una mirada airada pero también casi suplicante en los ojos verdes.

   -Deja de mirarme con pena, con lastima, y dejaré de comportarme como un gilipollas. Entonces tal vea podamos ser amigos otra vez.

……

PAUL TELFER

   Paul Telfer, no sé si es por el papel que le vi interpretando en NCIS, pero tiene la pinta de ser fuerte y al mismo tiempo vulnerable. Una combinación peligrosa. En el relato lo será para la estabilidad de Chad.

CONTINÚA … 14

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 9

abril 29, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 8

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -A veces no me provoca regresar a casa, verles, a él y a mamá, que nunca dice nada. Me siento… no solitario bajo ese techo, sino acorralado.

   -Ay, el pobre chico guapo y talentoso se siente mal. Esta debe ser la peor tragedia desde que Britney se rompió una uña en Educación Física. –se medio burla Mike, pero con afecto.

   -Tranquilo, Tom, un día, con suerte, cuando logremos alcanzar nuestro lugar podremos decir, hacer y sentir lo que nos dé la gana, sin importarnos las miradas, palabras o sentimientos de otros para juzgarnos. Viviremos nuestras vidas y no la que otros esperan que llevemos. Un día también seremos adultos. –sentencia Jared, enfrentado poco antes a la misma presión. Mike le mira fijamente.

   -Oye, tus padres no son como los del llorón este. Son agradables. –no nota la mirada herida de Tom.

   -La presión es de la vida misma, Mike. –parece alterado por un momento.- Lo que se espera que seamos, o lo que parezcamos.

   Hay un silencio tenso, Tom y Jared clavan los ojos en sus platos, casi el mismo ceño fruncido en sus caras, Mike mira de uno al otro.

   -¿Qué carajo les pasa?

   -Nada. –responden de malas manera, sin alzar las miradas.

   -¡Jared! –grita Katie Cassidy, con su vestidito de animadora, todo alegría y escándalo.- ¿Es cierto que Taylor y tú terminaron? –muchas cabezas se vuelven a mirarles.- ¡Qué horrible! –su sonrisa la desmiente.

   -Eh, si… -se incomoda.

   -Debes estar devastado, ¡tienes que llamarme! –ruge la joven, cayéndole sentada en las piernas a pesar de la corta distancia con la mesa.

   -¡Katie! –gime riendo, halagado, sintiendo un calorcillo rico en las pelotas. Era bueno que le vieran así. Mike sonríe, Tom vuelve los ojos.

   -Anda, invítame a salir y podrás contármelo todo. –le pide con mohines, refregando su trasero de manera abierta.

   -¿No eres la mejor amiga de Taylor?

   -¿Quién mejor para la transición?

   Jared va a replicar algo cuando sus ojos caen sobre le entrada del cafetín, al bebedero de agua en la pared, a donde llega Jensen mientras revisa algo en un cuaderno. Le ve detenerse, accionar la llave, el agua brotar, inclinarse y la boca de labios rojos y carnosos acercarse, mojándolos y bebiendo. Nota como toma un buche y traga, luego otro y otro, su manzana de Adán subiendo y bajando, y no puede evitar imaginarle en el sexo, tragando otras cosas.

   -¡Jared! –gime Katie, sentada en sus piernas, sintiéndole.

   El castaño, rojo de cara, se vuelve a verla pero se topa con la mirada de Mike fija en él, extrañada, antes de dirigirla hacia Jensen.

   -Creo que alguien quiere saludarte. –le dice.

   Jared se vuelve y allí esta Jensen, en la entrada, mirándole, ojos velados, boca algo abierta… Mientras Katie, todo sonreída, continúa en sus piernas.

……

   Que ha palidecido, Jensen lo sabe porque siente su rostro frío. Allí estaba Jared Padalecki, el reconocido capitán del equipo de futbol, entre sus amigos populares, con una de las porristas en sus piernas. Bien, no era algo desacostumbrado, ¿verdad? Le ha visto así cientos de veces. Bien, no tantas como su rabia dicta en esos momentos. Pero si las suficientes. Sus ojos se encuentran y detecta el azoro del castaño. Eso se siente mal. El otro no hacía nada “malo”. No debía comportarse como… una novia celosa. Jared no era eso. Era… bien, no un amigo, ni un conocido, pero sí algo más. ¿O no? Tal vez sólo era el guapo y gentil chico que se le había acercado en un mal momento.

   Sin embargo no puede evitar sentirse molesto, especialmente consigo mismo, porque sabe que no tiene ningún derecho a esperar o exigir nada del castaño, quien, hasta ese momento, se había comportado encantador. No debía hacerle sentir mal. No después de todos los buenos momentos que le proporcionó y le hicieron olvidar un poco los malos. Compone una sonrisa, una que intenta se vea genuina, le saluda con la mano y se aleja. Ya no tiene apetito.

……

   -¡Aaaaay…! -gime Katie cuando cae del regazo del castaño al ponerse este de pie.- Jared, ¿qué haces? –este se vuelve a mirarla, confuso y apenado. Ayudándola a ponerse de pie.

   -Lo siento, yo… -ni siquiera está prestándole atención; maldita sea, ¿por qué tuvo que aparecer el otro justo en ese momento? Ni con Taylor le había ocurrido algo así.- ¡Ya vengo! –anuncia atropelladamente y se aleja.

   -¡Jared! –gruñen Katie y Mike, quien le ve realmente sorprendido.

   -Ese tonto. –sentencia la chica, sobándose un poco, alejándose.

   -¿Qué le pasa a Jared? –por fin se intriga Tom.

   -No lo sé. Seguramente lo espantaste con tu humor de perros. –responde Mike, maquinalmente, todavía mirando por donde el otro desapareció, tras Ackles.

   -Eres un imbécil. –le acusa con sentimiento el otro, también poniéndose de pie y alejándose.

   Pero, ¿qué diablos…? Mike se vuelve a mirarle, tal vez debía llamarle y disculparse, el otro no la pasaba bien, pero no puede, en esos momentos, ocuparse de los dos asuntos. Tom y Jared.

   -¡Ouch! ¡Fíjate por dónde vas, coño! –oye y ve el estallido de Chad, quien se acerca con una bandeja en las manos luego de ser medio arrollado por Tom. Ceñudo toma asiento frente al otro.- ¿Qué le ocurre a Welling?

   -La regla. –es la respuesta maquinal, de siempre. Chad sonríe con una mueca.

   -Ah, su papá… ¡Cómo molesta ese señor! A Dios gracias el mío es inofensivo. ¿Y Jared? –se desconcierta cuando Mike le mira de manera agitada.

   -Si, ¿qué está pasando con el gran Jared Padalecki? –exclama y al rubio el estómago se le contrae.- No sé si me estoy volviendo loco…

   -Seguramente.

   -…Pero creo que noté cierta tensión homoerótica aquí, hace un rato. Y por una vez no tenía nada que ver contigo.

   -¿Entre tú y Tom? No me extraña tanto como debería. –intenta una sonrisa, una que se congela cuando Mike le mira con sospecha.

   -¿Qué diablos sabes tú? ¡Tienes cara de culpabilidad!

   -No sé a qué te refieres. –se acalora.

   -Es la misma cara que pusiste cuando juraste no haberte robado aquella pantaleta del bolso de Myriam, en noveno año.

   -¡No fui yo!

   -¡Te vi hacerlo! –ruge, todavía asombrado de que lo niegue.- ¿Qué sabes ahora?

   -Que Jared te lo cuente… -se desinfla, con mala cara.- Eres imposible, ¿seguro que no eres tú quien anda poniendo a todos de mal humor?

   -¿Preguntarle a Jared? –Mike todavía lo procesa.- Joder, ¿tan grave te parece? ¿Acaso a nuestro amigo le gusta Jensen Ackles… de esa manera?

   -¡Pregúntale! Y deja de hablar de eso que no quiero imaginarme nada, no mientras como. –ceñudo mira el plato.- ¿Por qué diablos sirvieron salchichas hoy?

……

   Frente a su locker, Jensen arroja de malas maneras unos libros al interior. Está molesto aunque no quiere. Y ni siquiera es eso, se siente mortificado. Y levemente decepcionado. Le irrita sentirse así. No tenía ningún derecho a juzgar a Jared. Le conocía, de años, sabía lo coqueto que era, lo fácil que se le daba el ligar, como que era guapo, popular, con una gran sonrisa y… una no mierda. Podía ser amable, sensible y… Cierra los ojos, abatido. Era lógico que mucha gente le buscara, y que él tomara lo que se le ofrecía. ¿Acaso no lo hizo él mismo?

   -Jensen, ¿verdad? –la bonita voz femenina le sorprende tanto que casi pega un bote, perdido como estaba en su amargo auto compadecerse.

   -¿Si? –se vuelve hacia Joanna Krupa, sonriente, acompañada de otras dos chicas. Igualmente felices.

  -Nunca hemos hablado, pero salí una vez con tu hermano, Josh; me llamo…

   -Sé quién eres. –la mención a Josh le descontrola.- ¿Querías algo?

   -Bien, tal vez sea meterme en cosas que no son de mi incumbencia pero… Amigo, te vimos en la obra de teatro. –informa ella, a dura penas conteniendo la risa, y el joven enrojece, deprimido y algo molesto.- ¡Fue espantoso!

   -Gracias. –responde seco.

   -No, no es eso. –la joven gime, animosa.- Bueno, si, la obra fue horrible y varias actuaciones merecían el paredón, pero tú te viste bien. –le impacta.

   -¿Qué? ¿Acaso te quedaste dormida? Se me olvidó casi todo…

   -Por los nervios. –le excusa ella.- Y, bueno, con esa gente actuando tan mal cualquiera se enreda. Y te veías muy guapo. –le sonríe.- Superados esos escollos espero verte la próxima vez. Estuviste bien, Jensen. –le sonríe todo ojos.

   -¿Tú crees?

   -De corazón.

   -Bien… gracias. –sonríe confuso, cerrando el locker y apartándose. Con otra cosa en la mente ahora.

   Las jóvenes le miran alejarse y en cuanto cruza la esquina, después de volverse y despedirse de ellas, las jóvenes comienzan a reír.

   -Joanna, eres horrible. ¡Pobre chico! –le reclama, riendo, una.

   -Dios, estuvo fatal. –ríe esta.- ¿Creen que lo intente de nuevo? Aposté con Myriam a que si lo haría a pesar del papelón.

   -Es lindo. –comenta la otra, ganándose miradas extrañadas.- ¡Lo es! Tú lo dijiste. Sin los anteojos gana mucho.

   -¡Es gay! –le aclaran las otras dos, al unísono, desinflándola.

   -Claro, siempre lo son los lindos. –acepta esta.- Pero lo de la obra, incitarlo a repetir, eso es de una crueldad que… -y comienzan a reír otra vez.

……

   ¿Actuar de nuevo?, la idea parece quemar el cerebro de Jensen mientras se detiene en mitad del pasillo solitario del tercer piso, recostándose de la baranda. ¿Acaso había considerado en algún punto abandonar la actuación? Las ideas le asustan. Una y otra. Retirarse. Intentarlo. Joanna… ¿estaría tomándole el pelo? La verdad no cree haberlo hecho bien. Aunque estaba nervioso. Y los otros tampoco ayudaron. Tal vez…

   ¡Joanna!

   Ella había salido con Josh. Traga saliva y le cuesta mucho. Como siempre le ocurre al pensar en su hermano mayor. Todavía le parece escuchar su iPod, reproduciendo alguna de sus carpetas de rock clásico. Una Escalera al Cielo se escuchaba con todo el volumen en ese momento. Le llamó, molesto por eso, sin recibir respuesta. Debió ir al baño, de donde salían las notas. Llamó, golpeó. Abrió. Y allí estaba Josh. Y no parecía en paz. Aún allí se vio tan triste que…

   Estremeciéndose se medio abraza, cerrando los ojos por un segundo y aspirando ruidosamente por la boca. Josh. Su hermano le había fallado. Le había dejado solo.

   -Jensen… -oye la tensa voz baja.

   Se vuelve, ojos sospechosamente brillantes. Jared estaba allí, en medio de la nada, mirándole con ojitos de cachorrito perdido.

……

   -¿Tú invitándome una copa en horario escolar, Beaver? El favor a pedirme debe ser grande. –comenta Kim Johnston, irónicamente sonriente al tomar asiento en la oficina del entrenador.

   -Lo es. –gruñe el hombre, abriendo su archivero, sacando una botella de whisky y dos vasos cortos.

   -¿Alguna vez lavas esos vasos?

   -¿Vas a poner reparos? –la reta, mirándola, botella en mano.

   -El alcohol esteriliza. –se encoge ella de hombros. El hombre asiente, cae en su sillón y sirve dos tragos.- A tu salud.

   -A la tuya, Kim. –chocan y beben. Él imperturbable, ella arruga un poco la frente.- Bueno, ¿eh? –la mujer le estudia.

   -Excelente, como siempre. Los padres de tus muchachos te miman. A mí me odian. Cree que vuelvo gay a sus hijos.

   -¿Arte? ¿Teatro? Mi querida profesora, esos padres tienen toda la razón. –sirve otros dos tragos y ella frunce más el ceño.- Si, el favor que pediré es grande. ¿Qué opinas de ese chico Ackles?

   -¿El actor o el suicida?

   -El suicida ya se fue. –es seco. También conoció a Josh, le agradaba.

   -Jensen, bien, quiere ser actor. –afirma elevando una ceja, eso hace sonreír al hombre.

   -Es decir, no tiene mucho talento.

   -Se esfuerza, lo quiere mucho, pero… -se encoge de hombros.- Tal vez desarrolle algún método que le haga destacar. Es guapo, aunque creo que no es consciente de eso, pero lo será. Con una oportunidad y una presentación afortunada…

   -Pero no en una pequeña y oscura secundaria del Medio Oeste.

   -¿Qué quieres, Beaver? –la mujer se acomoda en su asiento.

   -¿Por qué no ayudar a ese chico a dar otro paso en su camino al éxito?

   -¿Por qué será que no me suenas sincero? –le mira con franca desconfianza ahora.

……

   -Jensen, ¿estás bien? –Jared se alarma, en los ojos del rubio nota algo que es más que rabia o decepción, como temió encontrarle después de lo de Katie. Es un chico y se cree el centro del universo. Soporta como puede la intensa y brillante mirada.

   -Necesito un favor, campeón.

   -Claro. –exclama de prisa, deseando hacerse perdonar o escuchar.

   El rubio se le lanza encima y le cubre los labios con su boca. Se eriza todo y responde a pesar de lo delicado del lugar.

……

JOANNA KRUPA

   Joanna Krupa, hubo un tiempo cuando Jensen Ackles, ese lobo que se las sabe todas, salía con esta hermosísima modelo, creo que también deportista. Buen gusto el del niño, ¿verdad? Aunque hay que reconocer que el de ella también. Debieron conformar, indudablemente, una de las parejas más bonita de la farándula norteamericana.

CONTINÚA … 10

Julio César.

DEAN, EL SOLITARIO REGRESO DEL GUERRERO

abril 27, 2015

DEAN SABE QUE ALGO MALO LE OCURRE

   Esta historia lleva tiempo dándome vueltas, aunque imagino que no le gustará a muchos de los fans. Dean Winchester regresa del Purgatorio para encontrarse con que ni Sam, ni Castiel, le buscaron (prerrogativa del autor). Eso le llenará de rabia y mucho resentimiento. Es básicamente, un Destiel, aunque la cama del cazador estará bastante ocupada y por lo tanto tiene sus partes subidas de tono. Se lo dedicó a un amigo que comentó hace poco en otro relato que le pareció largo y eternooooo, Anónimo D, ja ja ja. Por cierto, la imagen no es de mi autoría, felicito al o la artista.

……

DESTIEL, SENTIMIENTO

   Si el ganador lo toma todo, ¿qué queda para el perdedor?

……

   Con el rostro ensangrentado, tiznado de barro y restos de maleza quemada, Dean Winchester corre sin poder parar por el sepio paisaje descendente, apartando con las manos las zarzas espinosas que arañaban sus palmas y mejillas. Siente el terrible gruñido a sus espaldas, se medio vuelve, la mente en shock, y tropieza, perdiendo el paso y rodando cuesta abajo, maldiciendo en todo momento. Cuando se prepara para el golpe contra las rocas, se medio sumerge en algo. Es un pantano marrón, maloliente a cosas muertas. Un nuevo gruñido, todavía lejano, le saca del leve mareo por los golpes que si se dio en la rodada y echa a correr dentro del pantano, notándolo no muy ancho. Sin embargo le cuesta caminar, mucho más correr cuando queda hasta la cintura en aquel fango. Luego no puede continuar.

   Apretando los dientes y repitiendo todas las maldiciones que conoce, lucha por despegar las botas del fondo. Es cuando jadea. Luego grita. Sobre el pantano, sin ninguna dificultad para movilizarse, alacranes de un rosáceo opaco, más pequeños que un meñique, de unas cataduras ponzoñosas increíbles, se dirigen hacia él, como hormigas. Un ejército de pequeños malditos. Del saco en la espalda saca la vieja daga que le arrebatara a un vampiro, y se vuelve en círculos, agitando el fango, lanzándolos lejos, pero son muchos y vienen en todas direcciones. Uno sube y clava la ponzoña en su dorso. Duele y quema como el infierno, y él sabía de lo que hablaba. Varios logran trepar por su cuerpo ahora. Uno de ellos le aguijonea en el cuello. Suben y suben más, ahora jadea feo, ciego de dolor y pánico mientras los siente por todo su cuerpo, penetrando en sus ropas, todos clavando sus aguijones; dándose manotazos para quitárselos de encima más bien parece gritar entregado a la histeria. Uno entra por su conducto auditivo derecho, atormentándole por las posibilidades, y le hiere una y otra vez mientras entra más y más. Ahora grita totalmente cegado de dolor y miedo, entregado a la desesperación.

   -¡Sam! ¡Cass! ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme! ¡Qué alguien me ayude! –grita una y otra vez, entre jadeos y gruñidos, cubierto por los diminutos pero terribles monstruitos. Lo siente, uno en su boca, le clava los dientes pero no lo suficientemente rápido y el aguijón entra a su lengua. Grita más.- ¡Castieeeeel!

   Ningún sonido o movimiento responde a sus desesperadas demandas de ayuda. Está totalmente solo. Y la idea es tan horrible que grita y grita, rodeado por las penumbras. Se sienta en la cama y todavía agita brazos y piernas, alejándolos. Pero no están allí. Y aunque ahora es plenamente consciente de que no están allí, y que ya no está en el Purgatorio, no puede dejar de gritar. La necesidad de hacerlo es más fuerte que él mismo. Unos golpes a la puerta le sobresaltan.

   -Abra, amigo. –oye el gruñido y el golpe.

   Con pasos tambaleantes, Dean Winchester deja la cama, aunque todavía dudó en bajar un pie de la cama. Las criaturas acostumbraban atacar así. Mierda, ¡deja de llorar!, se reprendió y fue a la puerta, queriendo verse mal encarado.

   -¿Si? –el encargado de la recepción, un tipo joven y macilento, muy delgado, le mira ceñudo.

   -Estaba gritando. ¡Otra vez! Tiene a la gente nerviosa, amigo. –le reclama, los cuartos vecinos en el motel le habían llamado por los escalofriantes alaridos del sujeto del 4A. De ser u lugar mejor alguien habría llamado a la policía.

   -Lo siento, yo…

   -¿Se siente bien? Se ve fatal. –le mira intrigado, aquel tipo joven, en bóxer y camiseta empapada en sudor, rostro torturado, era una contradicción. Con su apariencia él estaría de citas con tías o algún tío afortunado, mira que era caliente. Pero no, ese tipo llevaba tres días encerrado, haciendo llamadas. Y gritando en sueños.

   -Estoy bien. –es la seca respuesta.- Mañana buscaré otro lugar.

   -Lo siento, pero creo que es mejor. –se aleja unos pasos.- ¿En verdad está bien? ¿No necesita nada? –sus miradas se encuentran, y casi le parece ver miedo en esos bonitos ojos verdes.

   -Una botella. Whisky. O tequila. O vodka. –pide, el otro asiente. También eso era costumbre en ese tipo.- Y… ¿tienes algo que hacer? –intenta una chula sonrisa de invitación.- Tal vez quieras compartir un trago conmigo. –nota como el joven abre mucho los ojos.

   -Claro, amigo. –y casi se aleja a la carrera.

   Una vez a solas, Dean traga saliva, encendiendo todas las luces, queriendo alejar las sombras de su pesadilla. Cae sentado en la cama, va a esperar la botella. Y al tipo. Cuatro o cinco tragos le ayudarían. La cercanía del otro le resguardaría de algo que escapara de sus pesadillas. Le avergüenza y molesta sentirse débil, pero no podía hacer más. ¡Ese lugar había sido tan horrible! ¿Dónde demonios estaba Sam? ¿Por qué no podía contactarle? Ya llevaba dos semanas sobre la Tierra, después de un año ausente, y no le encontraba. Un año encerrado con las peores de sus pesadillas. Ni el Infierno le había parecido tan malo, y eso que lo fue.

   No quiso pensar en Castiel.

……

   -Vamos, muchacho. –sonriendo, Sam Winchester le arroja una pelota al viejo y lanudo perro, el cual parece pensárselo un momento antes de echarse a correr, lo que hace reír al menor de los Winchester. Cuando este vuelve con la pelota, se deja caer sobre la acera del complejo de moteles donde trabaja como intendente, decidiendo que ya estaba bueno ya. El apuesto hombre le rasca detrás de las orejas.- Te vuelves viejo, amigo.

   El menor de los Winchester se ve bien, repuesto. En sus ojos brilla una luz nueva, algo que no estaba allí desde la muerte de Jessica. Antes de tener que encargarse de los asuntos de la familia. Pero no quiere pensar en eso porque le lleva a pensar en él; mucho daño les hizo esa vida. Y mucho daño hizo. Le ha llevado tiempo, pero el hombre joven estaba comenzando a sanar por dentro. No olvidaba las cosas terribles que provocó, las causadas por insensatez muchas veces, así como las realizadas por su hermano. A veces le dolía encontrar alguna evidencia de ese dolor, alguien que perdió a todos cuando unos muertos atacaron su calle, o cuando una peste extraña enloqueció a sus amigos; aunque muchos no lo tomaran en serio, él sí sabía. Pero (y era lo maravilloso del alma humana, la esperanza), entendiendo que el pasado no se podía remediar o cambiar, sólo quedaba mirar hacia el futuro intentando no cometer los mismos errores. Y allí todo era incierto, pero auspicioso. Mira hacia la fachada del búngalo que comparte con Amelia Richardson. La ve, mirado a la nada por una ventana. Algo desencajada, pálida. Preocupada.

   Llevaba dos días así, aunque insistía en que no era nada. Ignorando ella lo preocupante que eran esas palabras para un hombre de su experiencia. Era obvio que algo la atormentaba, pero debía darle tiempo y espacio. Terminaría contándoselo. O eso esperaba.

   -¿Quieres ir a comer algo? –le pregunta a gritos en medio del solitario estacionamiento central.

   -No, estoy algo cansada. Creo que voy a recostarme. –le sonrió ella.

   -Amelia…

   -Estoy bien, Sam –le aseguró con una enorme sonrisa que no llegó a sus ojos, apartándose de la ventana. Dejándole realmente inquieto.

   ¿Habría llamado su padre otra vez? Ese hombre parecía no poder dejarles en paz. El móvil comienza a timbrar, ve un número desconocido y siente inquietud. Se estremece un poco, era como si una nube oscura hubiera cubierto por un momento el cielo.

   -¿Aló?

   -Vaya, hasta que doy contigo. Eres difícil de encontrar, Samantha. –oye la voz aliviada y alegre.

   Una voz que le eriza la piel obligándole a ponerse de pie de un salto. Sam Winchester siente que todo gira a su alrededor, de manera alarmante. Cierra el puño sobre el móvil, preguntándose si se engaña.

   -¿Dean? ¿Eres tú?

   -En cuerpo y alma. ¡Regresé! –informa.

   Y Sam cierra los ojos, alcanzado por una enorme ola que parece llevarse todos los logros alcanzado en los últimos meses en su vida, la isla de paz a la que se aferraba. Peor. Sabe que la sudoración de las palmas de sus manos, que el loco andar de su corazón, el pitido en sus oídos, todo respondía a otra emoción. Culpa. Ahora tendría que dar explicaciones. Muchas.

   -¿Sam?

   -Sí, aquí estoy, yo… -jadea e intenta sobreponerse, con una sonrisa todo dientes que no engañaría a nadie.- Es… la sorpresa.

   -Tenemos que hablar.

   Las palabras literalmente le provocan nauseas. Claro, tenían que hablar. Debía hacerlo. Encarar a Dean, su hermano, y todo lo que fue su vida. Recorre lo que ve del motel, mira al perro, el cual está muy quieto, observándole, enfoca la vieja camioneta estacionada. Mira la fachada del bungaló, con Amelia adentro. Su vida. La de ahora. Una que le gustaba, que le brindaba estabilidad, tranquilidad. Felicidad. Una que era incompatible con Dean Winchester y el deber de la familia, la cacería de las criaturas sobrenaturales. Pero claro que tenían que verse, debía… Dios, abrazarle. Dean estaba de vuelta. Y le quería, a veces le parecía que demasiado. Contiene un jadeo.

   -¿Dónde?

   -¿Recuerdas la vieja cabaña de caza de Bobby en…?

……

   Internarse por aquel sendero apenas señalado en el bosque, inquieta a Sam. No por el bosque, sino porque cada vez está más cerca del momento que más teme en esos instantes. El momento más difícil de toda su vida, no puede negárselo. Peor aún que aquella vez que Dean le descubriera utilizando poderes mentales para expulsar demonios, cuando estaba cegado por los engaños, y la sangre de Ruby. Se detiene frente a la muy vieja y derruida cabaña, recordando los días felices cuando Bobby les enseñaba a disparar y a cazar, aunque nunca logró que mataran nada. Rapara en un viejo Camaro estacionado, abierta la maleta, algunas cajas con libros en ella. Toma aire y va hacia la entrada.

   La habitación parece más destartalada de lo que la recuerda. Su corazón hace tal ruido que es imposible que Dean no le haya escuchado ya. ¿Y si no fuera Dean? ¿Y si un demonio o un cambiaforma…? Se congela cuando le ve aparecer, con otra caja en las manos. ¡Es Dean! lo sabe en sus entrañas. Este le sonríe medio chulo, dejando la caja junto a otras dos en la vieja mesa, mirándole, esperándole.

   -¿Y bien? –abre los brazos, sonriendo con afecto.- ¿Acaso estás sin alma otra vez?

   -Dean… -el menor sonríe, va a su encuentro y se funden en un abrazo intenso, pero renuente.

   Dios, piensa el menor de los Winchester, ¿cómo le dirá a Dean, su hermano, que no se interesó en saber qué había sido de él durante todo ese año?

CONTINÚA … 2

Julio César.

REGRESO A CLASES… 12

abril 22, 2015

REGRESO A CLASES                         … 11

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   -No está aquí, debe estar discutiendo con Genevieve sobre toallas sanitarias. –le respondió finalmente Mike, dándole la espalda, despojándose del suspensorio, culo redondo, toalla en la mano rumbo a las regaderas.

   Y, claro Chris miró, lo que le ganó más pitas e insultos recurrentes a esos momentos y a tales individuos. No se le escapó, sin embargo, que varios de ellos sacaron pecho, le mostraron entrepiernas y sonrisas socarronas. Exhibiéndose ante el chico marica que seguramente soñaría con sus cuerpos. Bien, era la hora de irse, se dijo.

   -¿Buscas al marica de Darren aquí con nosotros? Mentiroso de mierda, seguro que viniste por esto… -le insultó, especialmente duro, Max Adler, envuelto en una toalla y arrojándole con total desprecio un suspensorio que el chico atrapó al vuelo, en medio de las risas de casi todos los presentes.

   Risas que murieron siendo sustituidas por cierta alarma e incomodidad de índole íntima, cuando el joven, sonriente, desafiante (y la mirada un tanto herida enfocando a Max), llevó la transpirada pieza masculina a su rostro, olfateándola con fuerza. Eso provocó estremecimientos en más de una columna.

   -No es tu olor, Adler. –le respondió con una mueca burlona.- ¿A quién se lo quitaste y para qué, pillo? –las risas son escandalosas, por la salida, el contraataque, de burlas, y el chico fornido se molestó.

   -¡Hijo de puta! ¡Lárgate de aquí con tus mariconerías! –le rugió con ira, agresividad y hostilidad total.

   Los ojos del joven se entrecerraron, sonrió con desdén, volvió a oler el suspensorio y dejándolo caer y salió, oyéndoles comentando cosas en bajito. Derrotados. Los había vencido en sus juegos crueles. No podían lastimarle. Ni intimidarle. No cuando luego le buscaban. Por mamadas. Sin embargo, le afectó.

  Furioso, abandonó el área de los vestuarios. Salió al pasillo y a paso rápido enfiló hacia las canchas, dejándose caer en una banca solitaria, con ojos húmedos. La humillación, el insulto rápido de los chicos ante el abiertamente marica; ese había sido el signo de su vida en la escuela. Y lo metabolizó mal, no recogiendo velas, no teniendo el sentido común de no exponerse excesivamente, sino mostrando sus cañones. Su rabia le llevaba a veces por caminos autodestructivos.

   -¡Maldito imbécil! –le rugió Adler, saliendo de la nada, atrapándole el cuello de la camisa, alzándole en peso y golpeándole contra la cerca metálica.- ¿Te quieres morir acaso?

   -¡Déjame en paz! –se soltó e intentó alejarse.

   -¿A dónde vas? –el más fornido pareció desconcertado.

   -Lejos de ti.

   -¿Qué? ¿Acaso no íbamos a…? -se vio molesto.- ¿No ibas a mamármela? ¿No fue a eso que entraste a los vestuarios? Vestuarios donde me dejaste en ridículo, por cierto. –tuvo la cachaza de reclamar.

   -¿Acaso no estábamos citados ahí, por pedido tuyo? –le contra reclamó el amanerado chico.

   -Sí, pero no así. Estaban todos, no podía reírme y saludarte con un eh, qué bueno que llegaste. –sostuvo con desfachatez. Y la mirada del otro se hizo más oscura.

   -¿Me buscas pero no quieres que lo sepan tus amigos? Quieres que te la chupe, te gusta, ¿pero soy sucio y despreciable? ¡Vete a la mierda, Adler! –y se dispuso a retirarse otra vez.

   -¡Nada de eso! –fue la respuesta tajante del fornido joven, quien le atrapó con fuerza un delgado bíceps.- Ahora vas a chupármela por todas esas cosas que dijiste. –le exigió, y el menudo rubio alzó la barbilla, desafiante.

   -¡No!

  -¡Si! –rugió casi batuqueándole otra vez contra la reja.- ¡Lo harás, pequeño marica! –insultó feo, lastimando, hiriendo en lo más profundo, mientras se miraban desafiantes.

   -¡Vete a la mierda! –le repitió feo, empujándole para liberarse, luchando ambos.- Suéltame o comienzo a gritar que me quieres violar. –le advirtió, congelándole en el acto.

   -¿Por qué tienes que ser tan marica?

   -¿No eres tú quien vino por mí? ¿Eso en qué te convierte? –casi le escupió, alejándose, dejándole furioso, lo que le pareció que estaba bien porque igual se sentía.

   Todos le creían un ser desfachatado, una “loquita” total al que nada afectaba, uno que ni vergüenza tenía, pero era tan sólo la máscara con la cual batallaba. Aún temblando de furia regresó bajo techo, donde se detuvo en seco y casi jadeó de sorpresa, también con algo de alarma y vergüenza. Allí estaba el entrenador Jim Beaver, mirando hacia las canchas.

   -¿Jugando en los vestuarios y en las canchas, Colfer? No creí que te gustaran tanto los deportes. Debiste inscribirte en algún equipo. –le comentó mirándole fijamente.

   -Yo no… -comenzó a la defensiva, seguramente iba a retarle por meterse con sus preciosos chicos, así que se irguió en toda su delgada estatura.- Fui preguntando por alguien. –el otro le miró.

   -¿Encontraste lo que buscabas? –la pregunta heló el corazón del muchacho, temeroso por un segundo, ¿acaso el entrenador habría sabido mirar dentro de é?

   -Fuera de clientes chicos desnudos… -comenzó con insolente desparpajo, convirtiéndolo todo en una farsa.

   -Debes tener cuidado, muchacho.

   -Puedo cuidarme de ellos, señor. Ya no pueden lastimarme. Nadie puede. –no entendiendo por qué, dejó salir.

   -Debes cuidarte de ti mismo, Colfer, y por ti mismo. No de otros, no de otros, de lo que la gente diga u opine de ti. Tu vida es tuya, muchacho, para lo grande o lo pequeño. Para triunfar o no, para ser feliz o no. Otros pueden insultarte, lastimarte con una traición, defraudarte… negarte su cariño. Pero sólo tú puedes lastimarte de verdad. No inicies batallas que nadie te ha planteado, no si en ellas debes quemar todas tus naves y que luego no puedas regresar.

   -Entrenador… -se sintió mal, herido.

   -No te destruyas queriendo gritarle al mundo que no te importa lo que dicen, sienten o piensan de ti. Quiérete, muchacho, acéptate como persona, no como un chico sexuado de manera diferente al resto que debe “demostrar” que puede con todos. Y si sigues ese camino… ten cuidado, otra vez por ti. El mundo es peligroso, hay locos, gente violenta. Sujetos que creen que pueden lastimar a otros porque son diferentes. Hay enfermedades. Vive tu vida pero para ti, no para demostrarle nada a nadie. Encuentra tu camino, hijo. O inténtalo. A veces la vida consta sólo de eso, de intentarlo.

   Chris Colfer no pudo seguir escuchándole, le dolió cada palabra porque fue arrojada directamente a su cara, la real, la desnuda, la que estaba debajo de la máscara. Eso le hirió. A paso rápido salió a los estacionamientos, alejándose del maduro hombre que le miraba severo aunque con mucha piedad brillando en sus ojos. Y eso atormentaba aún a aquel hombre todavía joven, de pie, mirando hacia las carteleras, el rostro que recordaba, casi con la misma expresión de aquella tarde.

……

   -Jensen… -el pecoso cierra los ojos tras los anteojos cuando oye el ronronear de Genevieve Cortese a sus espaldas.- Bonitas palabras. No sabía que eras tan elocuente. No entiendo cómo no convenciste al director Morgan de no despedirte. –la voz resuma miel. Se quita los lentes, se vuelve y la encara.

   -¿Siempre serás una perra, Gen? –la desconcierta por un segundo.

   -No fui yo quien te despidió. O te abandonó. –hurga en las heridas viejas y nuevas. Pero se tensa cuando Jensen se le acerca más, mucho, mirándola fijamente a los ojos. Ojos hermosos, pensó una pequeña parte traidora dentro de la mente de la mujer.

   -¿Me odiarás toda la vida por rechazarte? ¿Me odiarás hasta tu muerte porque no quise meterte mano cuando ebria fuiste esa tarde a los vestuarios buscándome, sabiendo que salía en serio con Danni? Es mucho tiempo para una piquiña de esas, ¿Tom no es lo suficientemente bueno? ¿O no lo eres tú? –mira al otro hombre, algo apartado.- No se ve precisamente feliz. ¡Qué loco, ¿cómo se casó contigo?!

   -Imbécil. –escupe ella, hirviendo de rabia.- Al menos él no desperdició toda su vida en una botella.

   -Esa cara indica que pronto comenzará. –apunta y se sostienen las miradas.

   La mujer no encuentra cómo responderle, furiosa le tuerce los ojos y se aleja. El rubio sabe que esa también se la guardará.

   -Ah, es tan lindo ver a viejos amigos reunidos. –Jared se le acerca con una sonrisa irónica.- Tú y Genevieve, los bonitos de la escuela.

   -Por Dios, no me recuerdes que hubo un tiempo cuando ella y yo teníamos algo en común.

   -Jensen… -el rubio se vuelve y le mira enrojecer y apenarse un poco.- Tus palabras fueron realmente hermosas. Y tuviste toda la razón, el señor Beaver tocó muchas vidas. Incluso la mía. Ya te contaré. –alza rápido las manos y le impide preguntar.- ¿De dónde sacaste toda esa inspiración?

   -Yo… -ahora es el turno de Jared de verle enrojecer, tomar aire y decidirse.- Creo que de Filipo Mortense… -y el castaño ríe abriendo mucho los ojos, cubriéndose la boca con una mano al recordar dónde están.

   -¿Conoces mis libros? –el más alto siente algo cálido y grato envolviéndole.

   -Conozco su obra, señor escritor. –acepta el rubio y el otro finge una reverente inclinación en respuesta, inquieto cuando los verdes ojos se llenan de calor, mirándole con verdadero afecto.- Gracias, Jared, por obligarme a venir, y a quedarme, y a continuar con mis palabras. Gracias… por salvarme anoche. Por quedarte en casa. Por… -enrojece demasiado para hablar del sofá compartido.

   -De nada. –su corazón, tonto y en contra de todas sus órdenes, cabalga con locura.- Siempre estoy presto a ayudar a guapos chicos que… -se congela, y ahora es Jensen quien contiene a duras penas una carcajada.- Lo siento.

   -No, es lindo que me mires todavía con ojos de ayer. –eso desconcierta a Jared.

   -Jensen, eres… guapo. Muy guapo. Demasiado, me parece. Es injusto para los demás. –se estremece cuando el otro le palmea un brazo.

   -Me miras con ojos de amistad, de pasado. Pero está bien. Oye… -recorre el salón.- Ya cumplimos aquí, el entrenador sabe que le llevo conmigo en el corazón, ¿qué tal si te invito una cena temprana?

   -¿Es una cita? –se burla, luego se tensa, no quiere que el otro piensa que lo acosa. Pero Jensen hace una mueca, encogiendo los hombros.

   -Sería, ¿la qué?, ¿la segunda?

   Y Jared ríe, algo tontamente, rojo de cara. ¿Acaso no era en las terceras citas cuando se llegaba a tercera base? ¿Estaría Jensen pensando en eso también, burlándose de él?

   -Okay. Cena. Déjame despedirme de Sandy y Chad.

……

   Hasta un segundo antes de que todo se jodiera, Jared y Jensen disfrutaron de un buen momento, íntimo y grato, a pesar de las confesiones entre amigos. La culpa del disgusto, como siempre, la tuvo el dinero.

   Jensen guió a Jared hacia el Centro, a un restorán vaquero donde los filetes parecían rodajas de arboles. A la barbacoa, a los dos les gustaba algo tierna, no muy cocida. Y mucha. Eran texanos después de todo.

   -¡No soy famoso! –se defiende Jared, algo avergonzado de sentir orgullo por sus logros.- Me lee… gente mayor. Chad les llama viejos. Y viejas, para ser más exactos. Mi amigo es un poeta de las palabras.

   -Gracias por la parte que me toca. –contraataca Jensen, sonriendo, todo sexy con algo de salsa en su mentón, devorando con agrado su carne.

   A Jared nunca le ha parecido tan guapo como en ese momento, ni la mano le ardió tanto por las ganas de tocar y limpiar a alguien. Algo de cierto había en las palabras del rubio, le miraba con ojos de ayer, en ese momento no notaba sus mejillas redondas, su papada o algo de aquella panza.

   -¿De verdad has leído algo mío? –le ve enrojecer.

   -Algo… -hay un cómodo silencio mientras se miran por turnos.- Siempre… -se humedece los labios, recogiendo algo de salsa con la lengua, y a Jared se le eriza la piel aunque no quiere pensar en él de esa manera.- Siempre me pregunté qué había sido de ti cuando partiste al Este. Se fueron todos. –pincha con su tenedor.- ¿Chad y tú…? –le mira, Jared frunce el ceño, no comprendiendo.- Tú y él, solos, por allá…

   -¿Qué? ¡No! Chad es un amigo. –se acalora.- ¿Por qué preguntas?

   -Por nada. –se encoge de hombros, pero como el otro le mira, gruñe.- Como está con esa chica bonita, me pregunté si algo no había salido bien. Entre ustedes. –enrojece bajo la mirada del castaño.

   -¿Lo que quieres saber es sí tengo novio? –le divierte verle mortificado.- Dios, esto es tan sorpresivo. –le ve rodar los ojos y sonríe más.- No, estoy solterito y sin compromisos. –hay un silencio largo y en seguida se maldice por ser tan directo.- ¿Y tú? –le ve arrugar la cara.

   -No, el olor a fracaso no es agradable, y cubre mucho terreno. Las damas lo huelen a kilómetros.

   -Jensen…

   -No, no, está bien. No estoy auto compadeciéndome, aunque todo el mundo parece creerlo. –calla un segundo, mirando lo que queda de su corte.- No sé bien en qué momento todo se jodió, pero ocurrió. Y fue por mi culpa. –eleva la mirada, ceñudo.- ¿Sabes?, creo que eso era lo que el entrenador intentaba decirme en aquel entonces. Advertirme. Pero, claro, era idiota y no le entendí. A los diecisiete pensaba que sabía más que todo el mundo. –callan por un segundo, luego sonríe con toda la cara, algo forzado, luchando contra la depresión, Jared lo sabe.- Pero no pensemos en tonterías. Cuéntame y mátame de envidia, ¿tienes mansión, autos de lujo, una avioneta chica y un yate grande? –entona una ceja.- ¿Guapos jardineros que viven sin camisas aunque no tiene ni una flor en tus extensos patios? –el otro ríe. Ojos brillantes.

   -Ojalá, no lo de los jardineros, eso es muy cliché, en todo caso serian impía piscinas en apretados bañadores. –medio ríen.- No, mi… fama todavía no da más que momentos embarazosos con doñitas en mercados buscando presentarme a una nieta o sobrina soltera. –Jensen estalla en carcajadas.

   -Pregunta por sobrinos o nietos.

   -Ha habido casos. –reconoce mortificado, el rubio ríe aún más.

   Carcajadas que duran hasta que se acerca la bonita mesera, viéndose toda acalorada al recorrer con los ojos al pecoso y atractivo rubio. Jared lo nota, como no lo hace Jensen, convencido como estaba que todo había terminado para él.

   -Hummm, lo siento, señor Ackles… su tarjeta de crédito no pasó. –la joven se oye apenada.

   Jensen, quien todavía reía, se congela, enrojeciendo de vergüenza, mirándola y balbuceando sin palabras, tenso, mirando de soslayo al otro, que disimula.

   -¿Está segura? Tal vez…

   -Lo intenté. Dos veces. No pasa.

   Es cuando Jared comete El Gran Error.

CONTINÚA … 13

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 8

abril 18, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 7

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   Llegar juntos al colegio, ambos saliendo de la camioneta, atrajo miradas. Curiosas, extrañadas. Ninguna alarmada. Con la fama de Jared Padalecki era imposible para cualquiera imaginar que poco antes estuviera comiéndose la boca de Jensen Ackles. Sólo Chad supo interpretarlo, ceñudo, un ojo titilándole alarmantemente, siguiéndoles con la mirada, algo sofocando cuando Jared elevó una mano para sacar algo del cabello de Jensen (una ramita), y este enrojeció, sonriendo de manera boba. Luego les ve separarse, cada cual a sus clases. Vaya gilipollas, pensó el rubio Murray, notando como su amigo, de manera totalmente idiota, miraba al otro alejándose, con una tenue sonrisa de añoranza. ¿Acaso ya estaba soñando con verle el culo? La idea le produce tal escalofrío que se frota las palmas de las manos.

   -¿Te pasa algo? –le pregunta Mike, acercándose, mirando a Jared alejándose.- ¿Llegó el gigante verde?

   -No, todavía está en su casa. –le réplica viene de Tom, quien esa mañana parecía molesto por alguna razón, y agresivo como sólo él podía serlo, del tipo perra de secundaria.

   -Estoy bien. –bufa Chad.

   -Tienes cara de estar oliendo a culo. –contraataca Mike, tan cercano a lo que pensaba, que Chad palidece.

   -Déjalo en paz. –Tom le reclama a Mike, alejándose también, salvando a Murray de tener que contestar al respecto.

   -¿Qué tiene Tom?

   -Está en esos días del mes. Hoy se siente más perra. –gruñe Mike. Chad medio ríe.- ¿Lo imaginé o Jared llegó con el marica de Ackles y parecía quitarle una pelusita de cama del cabello?

   Joder.

……

   -Señor Beaver… -saluda Jared entrando en la diminuta oficina atestada de archivos del viejo entrenador, quien tras su escritorio le miraba con disgusto.

   -Te esperaba más temprano.

   -Me retrasé. –Jared odia sonar a la defensiva.- ¿Quería verme?

   -¡Por supuesto! –exclama agresivo, poniéndose de pie.- ¿Qué diablos te está pasando, hijo? ¿Acaso te volviste loco? ¿Cómo puedes ir por ahí… revolcándote con ese chico? ¡¿Desde cuándo eres marica?! –Jared se estremece, dicho así sonaba feo.

   -Entrenador, mi vida privada…

   -No, Jared. No tienes aún algo como una vida privada. Eres un astro deportivo en ascenso, pero sólo eso. No te has ganado aún un lugar. ¿Sabes de las reservas que hay todavía en las ligas profesionales en deportes como este contra los maricas? ¿Crees que un grupo de rudos y viciosos futbolistas no resentirían, con sus problemas de carácter, egos e iras, a un marica cerca de ellos así la mitad de todos ellos sean maricas pero de armarios? No eres rico ni famoso, no eres una superestrella para gritarle al mundo que te gustan las vergas y pretender que tendrás una oportunidad justa para alcanzar esa vida profesional. –el reclamo es certero, duro, y aunque furioso, por la intromisión, por las palabras y el tono, Jared tiene la suficiente inteligencia para saber que hay mucho de cierto en ello. El hombre baja el tono.- El mundo cambia, muchacho, todo cambia pero muchas veces sólo de la boca para afuera, y tus habilidades por sí mismas no aseguran que no se te deje por fuera como un apestado. –se vuelve a sentar, mirada brillante.- No puedes verte más con ese chico. Termina con eso.

   Y a Jared la quijada le cayó hasta el piso. ¿Dejar de ver a Jensen? La sensación de disgusto, de pesar e incomodad ante la idea era extraña, por lo intenso, por lo pronto. Por lo mal que se sentía.

   -No creo poder, señor. –replica, humilde, tragando en seco. Temiendo que fuera cierto.

   -¿Qué?

   -Él… me agrada. –responde estrangulado.

   Jim Beaver le mira totalmente desconcertado. No se esperaba aquello de su capitán, del chico más mujeriego y coqueto que había visto alguna vez bajo su dirección, tal vez sólo medio igualado por Tom Welling. No esperaba que le resultara ahora medio rana. No esperaba, en verdad, que reconociera algo de lo que hizo. Esperó que dijera que no era lo que creyó ver, que negara todo con el chico ese, pero esto…

   -Jared… tu futuro… tu familia… -y yo, no lo dice, pero tiene planes para el chico, estaba moviéndose como un peso pluma para representarle deportivamente. Joder, Jared Padalecki tenía talento, y si le aseguraba como cliente, y a Tom Welling…

   -Lo sé, señor. Y entiendo lo que dice, sus objeciones y preocupaciones… -el ceño del castaño se frunce, sus ojos están nublados.- Pero no me parece bien. No el que me quieran decir qué sentir, qué pensar o hacer. Entiendo que lo hace por mí, pero aún así no está bien. –suena confuso, era difícil explicar que dada su naturaleza voluntariosa, enérgica, acostumbrado a decidir por su cuenta, el que desearan imponerle una condicionante social era difícil de entender. O aceptar. Si le gustara Danneel Harris, seguramente nadie diría nada, se lo celebrarían, todos serían felices de verle con la pelirroja. Pero tratándose de Jensen, un chico dulce, guapo, turbulento (y que besa tan bien), entonces todo cambiaba. No le parecía justo.

   -¿Estás dispuesto a arriesgarlo todo, tu futuro incluido, ese por el que tus padres tanto se han esforzado? –le reta el hombre mayor, realmente preocupado, notando por primera vez que dentro de Jared existía una capa diamantina, dura y eterna, en sus convicciones. Algo muy peligroso.

   -Sé que… -no encuentra las palabras. No, no podía arriesgarlo todo, creía que fue Mike quien lo dijo, sus vidas habían sido trazadas no sólo por sus padres, sino por las circunstancias, por dones con los que nacieron, y en este caso sus padres estaban felices. Sabía que tenía talento, que el mundo esperaba con sus puertas abiertas para que entrara en él a lo grande, con los brazos abiertos, exigiendo lo suyo, y que triunfara, que todo le esperaba nada más dejar la escuela. ¿Lo arriesgaría por Jensen? ¿No estaba siendo temerario o egoísta para con los otros? Mira al hombre, se veía agitado, y le entiende, también el entrenador tenía sus esperanzas puestas en él, como su padre. Como todos.- No sé qué hacer…

   -Mira, hijo, no te digo que… -bota aire y cierra los ojos.- …Que dejes de verle definitivamente; si en verdad significa tanto, bueno, ¿qué se le hace?, pero debes tener cuidado con tus pasos. Jared, la mujer del César no solo debe ser decente, también tiene que parecerlo. A ojos de los demás. Intenta… -no encuentra palabras.

   -¿Disimular que me gusta un chico? –la sonrisa de Jared es amarga, sintiéndose molesto otra vez. Hipócrita. Aunque, ¿le gustaba Jensen tanto así? ¿En serio?- Bien, señor. Intentaré no verme tan marica con él.

   -Jared… -se siente atacado.

   -Lo siento, sé que lo hace por mí. –y se pregunta si la vida era eso, sentirse obligado a otros, porque te quieren, porque esperan mucho de ti, porque les quieres y les estimas y no deseas defraudar o herir sus sentimientos.

   ¡Qué mierda!

……

   El resto de la mañana fue una vorágine de ideas encontradas y confusas en la mente de Jared Padalecki, diciéndose que todo era más fácil cuando sólo le gustaba Taylor. ¿En verdad sería gay? Se lo pregunta, casi sorprendido, diciéndose que algo debía haber cuando no podía dejar de sentir ese calor traidor por todo el cuerpo cuando recordaba los besos y sobadas con Jensen. Entrando en la cafetería no le ve, debía estar en clases. Se sirve una bandeja y va hacia una mesa donde un muy mal encarado Tom ya almuerza. A solas.

   Tom era guapo, y la verdad es que lo ha pensado más de una vez. ¿Entonces si era gay? Arruga la frente, incapaz de tener alguna otra idea sobre su amigo. En cambio Jensen… Recuerda lo que le dijo Chad, se imagina con la verga dura, totalmente caliente, recorriendo con la punta el bonito y pecoso rostro, bajo uno de los intensamente verdes ojos, bajando hacia esa boca pecaminosa que parecía hecha para…

   -Joder, ¿estás medio duro? –le trae de vuelta a la realidad Mike, apareciendo a su lado.

   -¡No! –enrojece a la defensiva, intentando sostenerle la mirada al otro.- ¿Qué?

   -No lo sé, dímelo tú; miraba a Tom y se te estaba poniendo dura…

   -¡Oh, por Dios, no! –bramó casi aterrado y Mike comenzó a reír.- Eres tan imbécil.

   -¿De qué hablan? –les pregunta Tom, cara seria, cuando llegan y toman asiento.

   -A Jared no le pareces atractivo. –informa Mike. Tom parece más ceñudo.

   -¿En serio? ¿Qué tengo de malo? –parece molesto, poniendo al otro a la defensiva.

   -¡Nada! Te ves genial.

   -Entonces sí te gusta. –intercala Mike, los dos le miran y Jared boquea.

   -¡Dejen de joder! –estalla finalmente. Mira a Tom.- ¿Y tú qué tienes? Llevas toda la mañana con cara de dolor de bolas.

   -Es por… un problema con papá. –gruñe.

   -¿Te encontró viendo porno gay otra vez? Amigo, la primera vez podías decirle que era un error de la tienda de porno, pero una segunda vez…

   -Basta, Mike. –le silencia Jared.

   -Mierda, no sé qué quieren de mí. –gruñe Tom, en respuesta.- Siempre hago lo mejor que puedo, me esfuerzo y nunca es suficiente. Me quemo las maldita pestañas hasta altas horas de la noche y mis notas no le satisfacen; juego dándolo todo sobre la cancha, pero él sólo me ve como un… -enrojece mirando a Jared.- …Un aceptable segundón tuyo. Ya no debería molestarme, ya debería estar acostumbrado a escucharle que no soy lo suficientemente bueno; él ya debería haberse aburrido de sentirse decepcionado de mí. ¿Por qué sigue? ¿Por qué carajo dejo que me duela? -calla, incómodo y molesto por las miradas de los otros dos.

   -Amigo, es tu padre. Es tu cruz. –sentencia, con buen tino, Mike.

   -Tu papá quiere experimentar a través de ti su malograda vida de atleta. -sentencia Jared.

   -Y a eso quiere que dedique toda mi vida. –gruñe el atractivo chico con un puchero.- Si salgo a una fiesta es porque bebo y fumo sin pensar en mi carrera. Si llego tarde porque una chica me anima metiéndome mano, es porque quiero andar de realengo, haciendo lo que me da la gana sin pensar en nadie. Sin agradecerle todo lo que hace por mí.

   -Porque ha olvidado cómo era él mismo a tu edad. –sentencia Mike.

   -A veces no me provoca regresar a casa, verles, a él y a mamá, que nunca dice nada. Me siento… no solitario bajo ese techo, sino acorralado.

   -Ay, el pobre chico guapo y talentoso se siente mal. Esta debe ser la peor tragedia desde que Britney se rompió una uña en Educación Física. –se medio burla Mike, pero con afecto.

   -Tranquilo, Tom, un día, con suerte, cuando logremos alcanzar nuestro lugar podremos decir, hacer y sentir lo que nos dé la gana, sin importarnos las miradas, palabras o sentimientos de otros para juzgarnos. Viviremos nuestras vidas y no la que otros esperan que llevemos. Un día también seremos adultos. –sentencia Jared, enfrentado poco antes a la misma presión. Mike le mira fijamente.

   -Oye, tus padres no son como los del llorón este. Son agradables. –no nota la mirada herida de Tom.

   -La presión es de la vida misma, Mike. –parece alterado por un momento.- Lo que se espera que seamos, o lo que parezcamos.

   Hay un silencio tenso, Tom y Jared clavan los ojos en sus platos, casi el mismo ceño fruncido en sus caras, Mike mira de uno al otro.

   -¿Qué carajo les pasa?

   -Nada. –responden de malas manera, sin alzar las miradas.

   -¡Jared! –grita Katie Cassidy, con su vestidito de animadora, todo alegría y escándalo.- ¿Es cierto que Taylor y tú terminaron? –muchas cabezas se vuelven a mirarles.- ¡Qué horrible! –su sonrisa la desmiente.

   -Eh, si… -se incomoda.

   -Debes estar devastado, ¡tienes que llamarme! –ruge la joven, cayéndole sentada en las piernas a pesar de la corta distancia con la mesa.

   -¡Katie! –gime riendo, halagado, sintiendo un calorcillo rico en las pelotas. Era bueno que le vieran así. Mike sonríe, Tom vuelve los ojos.

   -Anda, invítame a salir y podrás contármelo todo. –le pide con mohines, refregando su trasero de manera abierta.

   -¿No eres la mejor amiga de Taylor?

   -¿Quién mejor para la transición?

   Jared va a replicar algo cuando sus ojos caen sobre le entrada del cafetín, al bebedero de agua en la pared, a donde llega Jensen mientras revisa algo en un cuaderno. Le ve detenerse, accionar la llave, el agua brotar, inclinarse y la boca de labios rojos y carnosos acercarse, mojándolos y bebiendo. Nota como toma un buche y traga, luego otro y otro, su manzana de Adán subiendo y bajando, y no puede evitar imaginarle en el sexo, tragando otras cosas.

   -¡Jared! –gime Katie, sentada en sus piernas, sintiéndole.

   El castaño, rojo de cara, se vuelve a verla pero se topa con la mirada de Mike fija en él, extrañada, antes de dirigirla hacia Jensen.

   -Creo que alguien quiere saludarte. –le dice.

   Jared se vuelve y allí esta Jensen, en la entrada, mirándole, ojos velados, boca algo abierta… Mientras Katie, todo sonreída, continúa en sus piernas.

CONTINÚA … 9

Julio César.

REGRESO A CLASES… 11

abril 11, 2015

REGRESO A CLASES                        … 10

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   -Te llamaba… -le comenta Danneel, ligera, sonriéndole fugazmente a Jared, quien frunce el ceño, ¿tan evidente era su intervención?

   -Bien, llegué. –guardando los anteojos, el rubio sonríe, formal y amistoso, aunque se nota que se tensa cuando ella le besa en una mejilla. A Danneel no le pasa desapercibido. Ni a Jared.

   -Ay, cariño, no creímos que vinieras. No después de que te despidieran anoche de tu empleo. ¡En plena fiesta de reencuentro! El director Morgan fue… -inicia Genevieve, un panecillo en la mano, pero se corta cuando este se vuelve hacia ella, un rictus burlón en los labios llenos.

   -No deberías comer más, Gen, si sigues acumulando esa grasa… -y se toca sus propios costados.- …Te verás más redonda. Y no hay manera de librarse de ella. Créeme. –eso la altera, molestándola mucho, dejando el panecillo.

   -Ackles… -aún más incómodo que minutos antes, Jeffrey Dean Morgan le llama.

   ¿Ir hasta la mesa con las fotografías, artículos y recuerdos de ese gran hombre? ¿Pasear ante todos los presentes todos lo que fue y lo que ahora es? Por un segundo flaquea, embargado nuevamente por las ganas de escapar del fraude que es su vida. El fracaso que le pesa. Se medio vuelve y se congela, sus labios tiemblan un poco, Jared está ahí. Mirándole con un brillo de simpatía en sus ojos multicolores, diciéndole con un leve asentimiento de cabeza que sabe que puede. Allí estaba brindándole todo su apoyo, recibiéndolo casi de una manera táctil, cálida y grato. La idea era extraña, ¿cuándo fue la última vez que alguien se interesó por su suerte? ¿Desde cuándo alguien no penetraba en sus miedos, no sorprendido por sus fracasos, o interesándose por las causas, sino esperando verle levantarse? Sus padres se habían rendido. Danni también. Aunque sabe que eso también fue culpa suya.

   Toma aire, saca pecho  compone una tensa sonrisa, dirigiéndose frente a la gran mesa con sus carteleras.

   -Gracias, señor Morgan… -grazna, tendiéndole la mano al otro, quien casi se ve avergonzado por algo. Por un momento sólo puede mirar las fotografías, los concurrentes clavando los ojos en él, el dorado y hermoso muchacho lleno de habilidades que encarnó el mejor momento del equipo de futbol de la secundaria en mucho tiempo, ahora fracasado.- Es difícil hablar de un hombre como el señor Beaver, que significó tantas cosas para tanta gente. –habla dándoles la espalda.- ¿Cómo decirles que supo mirar en mi alma por mucho que la ocultara o que yo mismo la desconociera, marcándome con su afecto y su preocupación de… padre, cuando no puedo explicarles cómo soy, qué me duele, qué quiero o qué espero? Para mí, mi vida todavía es un misterio, como debe ser la de cada uno de ustedes, que atesoran cosas en sus corazones que tal vez a otros nada les digan. Y sin embargo, el señor Beaver… Jim, él supo calibrar nuestro potencial. El mío. Fue un gran hombre, grande de verdad, por todo lo que hizo, lo que levantó con sus manos, con su ejemplo y palabras para sus seres queridos, su familia y amigos… quería que el mundo fuera un poco mejor, por eso esperaba que fuéramos un poquito mejores.

   Se vuelve mientras lo dice, pero no quiere mirar a nadie; tomando aire otra vez, intentando controlándose, se descuida y choca por accidente con la mirada con Genevieve Cortese, la cual sonríe y con sus labios forma claramente la palabra “fracasado”. Siente que se rompe por dentro, ¿qué derecho tenía a hablar de un hombre como el entrenador un perdedor como él? Siente que no puede más, que tiene que salir de ahí. Jared…

   Sus ojos encuentran a Jared, de pie, firme, sólido, fuerte, sonriéndole con algo de nostalgia también en los ojos. Diciéndole sin palabras que lo estaba haciendo bien, que continuara. Y si el castaño lo creía…

   -Nosotros fuimos, en buena medida, su obra, su creación. Nos guió sin estar obligado a ello. Algunos salieron mejores, otros no llegamos muy lejos… todavía… -y hay un conato de sentidas risas nada alegres.- Pero viéndolo así podríamos acercarnos a una primera definición de su vida: influyó en todos a quienes conoció. Tocó nuestras vidas, dijo algo que llenó un vacío o mostró un camino. Y no esperó ni quiso nada a cambio; creo que se conformaba, creo que le hacía feliz… -y tiene que detenerse, ¿por qué era tan claro en esos momentos algo que no supo ver? ¿Por qué no pudo entenderle antes? Bien, la vida no se vivía en repeticiones, sino en directo.- …Creo que le hacía feliz saber que nos iba bien. Sin egoísmos, sin rencores, sin frustraciones. En los pocos años trabajando con él, sólo le veía sonreír totalmente satisfecho cuando uno de sus ex alumnos, exitoso, triunfador, un agente de tránsito con esposa e hijos, contento con su vida, llegaba a saludarle, a contarle cómo le iba, a interesarse por su salud. Era hosco, lo recuerdan, ¿verdad? –otro conato de risas, todos habían escuchado alguna vez sus gritos de “muevan el culo, mariconcitos”, cuando parecían faltar fuerzas en una práctica.- Pero le veía, cuando su visitante ocasional se iba, los ojos brillantes, el pecho henchido de orgullo. Eso… feliz. Satisfecho porque a uno de sus muchachos le había ido bien.

   Jensen aún dice unas cuentas cosas más, pero muchos no escuchan ya con toda la atención. Hay muchas personas conmovidas, Jared Padalecki es una de ellas, otros muchos sienten algo más profundo y turbador, como Danneel Harris, Tom Welling, quien tiene la mirada baja e intenta ni respirar para no soltar un gemido (ignorando que Mike Rosenbaum no le quita los ojos de encima, adivinándole el pesar), y el propio Jensen, quien mientras habla parece enfrentar sus propios fantasmas: “Arregla tu vida, muchacho, el saco que hagas con ella tendrás que cárgalo mucho tiempo, como no para siempre. Eres bueno, una gran persona, un ser humano que vale más allá del futbol o la popularidad. Encuéntrate”. Hay otros para quienes el evento nada significa, como Genevieve. Ella odiaba al viejo entrenador, pero se consolaba sabiendo que el sentimiento era recíproco.

   Cuando el rubio termina sus palabras, hay un leve aplauso que le enrojece las mejillas y rápidamente se coloca los anteojos oscuros. Era aplausos y sonrisas emocionadas, porque es un duelo, si, pero también un homenaje y la despedida a un amigo. Jensen no quiere hablar con nadie, no lo soportaría en esos momentos embargado como está por la culpa, la tristeza y la frustración; se vuelve hacia las fotografías, manos en los bolsillos, los hombros caídos, los nervios tensos, deseando por encima de todas las cosas una copa. O correr. Escapar de la mirada del señor Beaver.

   -Eso fue hermoso. –oye a sus espaldas la voz de Jared, tensándole, molestándole.

   No, no quiere, ni siquiera puede hablar con él, no en esos momentos. Le siente alejarse, ¿adivinándole? Y casi sonríe con una mueca. No habría podido pasar por todo esto sin él, sin embargo… Mira la fotografía grande, al centro, el ceñudo rostro del entrenador con su gorra: “Hazte cargo de tu vida, muchacho”.

……

   -Tom…

   -Mike… -la voz suena rota, el más alto no mira a su amigo. Los ojos los tiene clavado en la mesa conmemorativa.

   -¿Estás bien? –la preocupación, una real y que lastima a Tom, es evidente.

   -Sí, yo… debo… -intenta alejarse pero se sobresalta cuando Mike le atrapa una muñeca. Se miran. El agarre es insoportable en esos instantes, así que con mano firme se libra del agarrón. Eso molesta al otro.

   -¿Ahora será así? ¿Me evitarás?

   -Creí que eso querías. Ya no… -se humedece los labios, mirando en todas direcciones, cerciorándose de no ser oídos.- Pensé que ya no tenía cabida en tu vida. La nueva. La que quieres iniciar.

   -¿De qué coño hablas? ¿De qué me acusas? Cuando te casaste con Genevieve no me comporté como una perra.

   -Es diferente… -jadea sin fuerzas. En realidad le dolía ver a Mike, sopesar la idea de su matrimonio, de una manera que no puede explicar. Pero no era sólo eso, también recordaba al entrenador Beaver, lo que le dijo. Eso era lo que más le dolía justo ahora.

   -¿Diferente? ¿Diferente porque eras tú quien me daba la espalda? –Mike deja salir parte de su frustración, ¿qué derecho tenía el otro a sentirse herido, o molesto? ¿Acaso él no tuvo que tolerar su relación con la odiosa mujer?

   -Tú sabías que yo no la quería. –termina Tom, desarmándole, estremeciéndole.

   -¿No la amas? ¡¿No la amabas?! –se desconcierta. Y molesta mucho.

   -¿No lo sabías?

   -¿Cómo coño iba a saberlo? ¿Acaso me lo dijiste? –la furia casi le hace alzar la voz y lucha por controlarse.- Creí que tú y ella… tenían algo, que la necesitabas para conseguir una vida… realizada. Feliz. Como la de tus padres y hermanos. Qué con ella ganarías algo que no podrías… lograr conmigo. Como llevar a alguien de la mano a la cena de Acción de Gracia donde tus padres, o sentarte en la sala de su casa, con tus hermanos y sus parejas. O tener hijos. –hay reclamos en el tono, también dolor. ¿Acaso ese idiota les condenó a todos a la infelicidad por nada?

   -Debí… hacer muchas cosas, ¿verdad? Dime, ¿en serio quieres a Kristin? –le mira, enormes ojos azules en los cuales sería fácil perderse. Mike lo sabe.

   -Si. –y podría decir muchas cosas más, pero no lo hace. No le da tiempo porque le sorprende ver la sonrisa tensa, el rictus de amargura en el bonito rostro del otro.

   -Entonces… es todo lo que importa, ¿no? Que seas feliz. Y lo digo en serio, Mike, no soy tan hijo de perra como crees. Felicidades. –le palmea un hombro con mano temblorosa y se aleja a buen paso.

   -Tom, espera… -le llama, pero el otro se aleja, deteniéndose junto a Genevieve, quien reía contando algo a unos amigos, totalmente fuera de lugar en ese ambiente.

   Mike siente rabia, una grande y oscura. Contra ella, por ver el gesto cansado de Tom a su lado, de resignación. Sabe que ella quería esa boda, ¿pero para qué? ¿Acaso era feliz con él? ¿No notaba que algo le pasaba? También está furioso con él, por su cobardía. Si no la amaba, ¿por que se casó con ella? ¿Qué coño parecía estarle consumiendo en esos momentos?

   -Mike… -la suave voz de Kristin le aparta, con un esfuerzo casi físico, de esos pensamientos. Sus miradas se encuentran después de que la joven enfoca al otro hombre.- Amar es una lotería riesgosa, ¿verdad?

   -Mucho. –y es lo más cerca que ha estado de confesarse tantas cosas.

   Bien, la gente es idiota en todas partes.

……

   Algo alejado de todos los grupos, Chris Colfer toma un pastelillo y lo come, mirando hacia la mesa y las carteleras con la imagen del entrenador. También él había conocido al hombre… y toda la vida sintió ambivalencia, aunque sabía que el otro había intentado ayudarle.

   Lo recuerda muy bien…

   Sonriendo, todo amanerado, el joven Chris iba meneando sus caderas de un lado a otro por los pasillos del colegio, alocado e imprudentemente entró en los vestuarios. Las prácticas habían terminado dos horas antes y supuso que ya todos se habrían ido. Pero no. Abrió mucho los ojos al encontrar a casi todos los chicos allí, mientras se cambiaban después de la fulana práctica de futbol. Le pareció notar que Jensen no estaba, Tom tampoco, lo que, viéndolo bien, más tarde, siempre le pareció una desgracia.

   -¡¿Qué diablos…?! –comenzó uno de los chicos, tomando una toalla y cubriéndose a toda prisa como una virgen pudorosa ante la mirada de un sátiro.

   -Oh, lo siento, ¿no han visto a Darren? Me invitó a ver su nuevo telescopio y… –sonrió recorriéndoles con la mirada.

   Todos reaccionaron de manera escandalosa, entre gritos, pitas y desafíos de muchachos. Todos se encontraban en variados estados de desnudez, el cuarto lleno de vapor, calor y olores a sudor de chicos, axilas, pies y ropas interiores. Algunos se cubrieron y le reclamaron, otros rieron y le preguntaron si fue a ver vergas. En verdad, y Chris lo sabía, no hubo un ataque desmedido o agresivo, ya había “conocido” a varis de ellos, detrás de las canchas. Y suponía que cada uno imaginaba que los otros también debían saber de ese lugar donde les daban mamadas. Así que no era conveniente armar un escándalo.

   -No está aquí, debe estar discutiendo con Genevieve sobre toallas sanitarias. –le respondió finalmente Mike, dándole la espalda, despojándose del suspensorio, culo redondo, toalla en la mano rumbo a las regaderas.

   Y, claro Chris miró, lo que le ganó más pitas e insultos recurrentes a esos momentos y a tales individuos. No se le escapó, sin embargo, que varios de ellos sacaron pecho, le mostraron entrepiernas y sonrisas socarronas. Exhibiéndose ante el chico marica que seguramente soñaría con sus cuerpos. Bien, era la hora de irse, se dijo.

   -¿Buscas al marica de Darren aquí con nosotros? Mentiroso de mierda, seguro que viniste por esto… -le insultó, especialmente duro, Max Adler, envuelto en una toalla y arrojándole con total desprecio un suspensorio que el chico atrapó al vuelo, en medio de las risas de casi todos los presentes.

   Risas que murieron siendo sustituidas por cierta alarma e incomodidad de índole íntima, cuando el joven, sonriente, desafiante (y la mirada un tanto herida enfocando a Max), llevó la transpirada pieza masculina a su rostro, olfateándola con fuerza. Eso provocó estremecimientos en más de una columna.

   -No es tu olor, Adler. –le respondió con una mueca burlona.- ¿A quién se lo quitaste y para qué, pillo? –las risas son escandalosas, por la salida, el contraataque, de burlas, y el chico fornido se molestó.

   -¡Hijo de puta! ¡Lárgate de aquí con tus mariconerías! –le rugió con ira, agresividad y hostilidad total.

   Los ojos del joven se entrecerraron, sonrió con desdén, volvió a oler el suspensorio y dejándolo caer y salió, oyéndoles comentando cosas en bajito. Derrotados. Los había vencido en sus juegos crueles. No podían lastimarle. Ni intimidarle. No cuando luego le buscaban. Por mamadas. Sin embargo, le afectó.

  Furioso, abandonó el área de los vestuarios. Salió al pasillo y a paso rápido enfiló hacia las canchas, dejándose caer en una banca solitaria, con ojos húmedos. La humillación, el insulto rápido de los chicos ante el abiertamente marica; ese había sido el signo de su vida en la escuela. Y lo metabolizó mal, no recogiendo velas, no teniendo el sentido común de no exponerse excesivamente, sino mostrando sus cañones. Su rabia le llevaba a veces por caminos autodestructivos.

   -¡Maldito imbécil! –le rugió Adler, saliendo de la nada, atrapándole el cuello de la camisa, alzándole en peso y golpeándole contra la cerca metálica.- ¿Te quieres morir acaso?

……

CHRIS COLFER HOT

   Chris Colfer. ¿Cómo sería su vida escolar? ¿Sería una tortura o le fue bien, con muchos amigos y amigas alrededor, y también algo de diversión? Aquí toma todo como un desquite. ¿La pasa bien? ¿Sufre? Es difícil saberlo. Pero también oculta algo que causará un mini terremoto más tarde. Conocí a chicos así, el Jerry Arteaga, de mi Luchas Internas, está basado en un joven de quien no fui condiscípulo, estaba en otra sección, pero si le veía en el liceo.

CONTINÚA … 12

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 7

abril 6, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 6

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   El desayuno, tardío, fue poco. Debió lavar una gran cantidad de platos y sartenes, trapear el piso, botar la basura, recoger del jardín la mierda del perro que tenía malas pulgas, y todavía escuchar las quejas porque el baño no lo había lavado, perdiendo el tiempo como hacía con sus “mariconerías” del teatro. Salir hacia la secundaria fue casi liberador, llevaba otra vez su ropa más holgada, y vieja, pero conservaba los lentes de contacto. Le hacían verse diferente. Lo notó en la brillante y malintencionada mirada de Larry, el mayor de sus primos. Seguramente sería un problema más tarde, pero no le importaba, le había ido mal en la obra, pero se veía bonito, lo sabía, y era algo. Tanto que Jared Padalecki el capitán del equipo de futbol…

   El recuerdo le hace arder la cara, sonrojarse y sonreír tontamente. ¿Cómo podía ser tan idiota como para creer que Jared…? La camioneta se detiene a su lado y un sonreído, recién duchado y muy guapo Jared Padalecki se asoma a la ventanilla, sobresaltándole.

   -Buenos días, Jen… -le saluda, evaluándole, como cerciorándose de que la impresión del día anterior había sido cierta, cuando el rubio le había parecido realmente tan apuesto que creyó haberlo imaginado. No, definitivamente no lo imaginó.- ¿Mucho mejor esta hermosa mañana, reina del drama? Sube, te llevo…

   Su presencia le sorprendió, y mucho, no podía dejar de sonrojarse más, sonriendo tontamente, de las palabras, del tono, de la figura extrañamente adulta del otro. Y esa sonrisa provocó un vuelco en el estómago de Jared, esos labios hermosos que sabían a caramelo le ocasionaron un escalofrió por la columna… imaginarlos alrededor de su miembro, como decía Chad que seguramente era lo único que necesitaba, le hizo arder.

   -Bien, ¿por qué no? –responde al fin Jensen, pareciéndole a Jared, por un segundo, que hablaba de otra cosa, siguiéndole con la mirada mientras rodea el vehículo.

   Todo comienza. Y acaba. Más de veinte años de primaveras y otoños.

   Aunque aún quedaba un retazo de este ahora. Sus primos, y el padre de estos, al frente de la casa parecen discutir sobre los lugares a ocupar en el vehículo rumbo a la escuela, una distinta a la que asistía el rubio, a quien jamás llevaban, por cierto. Mientras bordea la camioneta del castaño, es muy consciente de las miradas de estos.

   -¿Vino tu novio por ti, Jensen? –le pregunta Larry, voz cargada de ironía y burlas.- ¡No vayan a dar un espectáculo frente a nuestra casa!

   -¿Tu novio? No lo quiero aquí, visitándote. Ni que lo metas a la casa. –le gruñe el marido de su prima.

   Rojo de vergüenza, ardiendo de rabia, olvidada la anterior felicidad por ver a Jared, Jensen entra en la camioneta, sin mirarles, intentando no escucharles. Deseando que el otro, de alguna manera, no repare tampoco en ellos. Pero este, mirada confusa, les mira.

   -Son medio idiotas, ¿verdad?

   -No subestimes a la gente de las afuera, son idiota totales. –es la amarga réplica del rubio, una que hace sonreír un poco a Jared.- Mira, no quiero hacerte sentir incómodo, mejor sigo a pie y…

   -Nada de eso. –es la firme contesta, y Jensen le mira entre incómodo y agradecido, encontrando los multicolores ojos amistosos.- Ahora estás conmigo. –y parten.

   -La vida es una mierda. –gruñe todavía.

   -¿Tan temprano en la mañana? Generalmente me lo parece a las tres y media de la tarde, entre Química Dos y… -Jensen medio ríe de sus palabras, cosa que hace feliz a Jared, por razones que no entiende totalmente.

   El rubio está furioso, sin embargo. No, frustrado. Como siempre, sus mañanas habían sido un repaso sobre la mierda que había sido su vida hasta ahora, luego llega Jared, sonreído, hermoso, tolerante y triunfador (y bueno besando, le recuerda una vocecita), y todo mejoraba… Para irse al diablo al segundo siguiente. ¿Cuándo, precisamente, se jodió todo? Tal vez si sus padres no hubieran salido esa noche… O si hubiera ido con ellos y la pequeña Mac… O si Josh hubiera sido más estable, si hubiera pensado en su hermano menor… No puede evitar la ira y el dolor al recordar a Josh. Se había ido dejándole con la prima Merry y su familia. Vuelve los ojos al retrovisor antes de que crucen en la esquina, enfocando la casa que fue de su familia y ahora no lo era, una donde no tenía derecho ni a hablar. Luego estaba lo del teatro. La cara le arde al recordar toda la humillación vivida, aunque era más que eso… Lo único bueno en la semana, no, el mes, y quién sabe sí en todo lo que ha trascurrido del año ha sido Jared. Le mira con disimulo, su cabello suave, su frente alta, sus cejas cerradas sobre esos ojos que miran al frente, los labios delgados y sensuales, como sus manos, una sobre el volante, la otra sobre la palanca de cambios, irradiando control y poder. Manos que aferraban con igual firmeza un volate o un rostro para besarle…

   -Me estas mirando. Y es medio espeluznante. –se queja este, las mejillas levemente teñidas de rojo, totalmente adorable.

   -Jared… -pide.

   -Dime.

   -¿Puedo besarte? –no sabe de dónde sale la petición.

   -¿Qué…? –tomado por sorpresa, Jared casi pierde el control, pero endereza el rumbo, volviéndose a mirarle.- ¿Quieres besarme? ¿Ahora? –sonríe como tonto cuando el otro asiente, aunque un cierto temor también nace dentro de él, ¿le gustaría tanto como la noche pasada? ¿Y un beso? Eso distaba mucho de las mamadas que, según Chad, le ayudarían a entender qué le ocurre y sacárselo del sistema. Se estaciona.- Claro.

   Jensen no lo piensa un segundo, se vuelve hacia él y le cubre la boca con la suya, de labios entreabiertos, estremeciéndose por el suave roce, sintiendo el aliento de Jared bañándole. Atrapa el rostro del otro con una mano y le muerde suavemente el labio inferior, rastrillándolo sutilmente. Es todo lo que Jared Padalecki puede aguantar, erizado de pies a cabeza abre sus labios y cierra su boca sobre la de Jensen, tanteándole suavemente con la lengua.

   Ahora es Jensen quien se eriza y tensa, esa lengua recorre sus labios, sus dientes, entra y saborea todo en su boca, encuentra su propia lengua y se frota sobre ella. El beso se profundiza, las manos atrapan cabellos, las lenguas luchan, las salivas se mezclan, los jadeos son sorbidos. Las pieles arden. Y Jensen lo siente, que todo deja de importar, ya nada es horrible, que Jared está besándole porque quiere, porque le gusta y eso ocupa todos sus sentidos. Se siente en paz… por un lado, porque por el otro, todo es una vorágine.

   Jared azota hábilmente sobre su lengua, se retira y cuando la de Jensen la sigue, la atrapa con sus dientes de una manera totalmente erótica, cada rastrillada que da sobre ella le recompensa con unos gemidos de lujuria del rubio, quien se estremece bajo la caricia erótica que despierta todos sus sentidos. Lo curioso para Jared, a quien le gusta besar y sabe que no es malo haciéndolo, y que esa capacidad le abría muchas puertas, es que también está totalmente perdido. Sabe que excita  Jensen, pero él mismo se pierde en unas ganas que le roban la paz y el sentido común, que le empujan a buscar más y más, sin poder saciarse de esa boca de labios sensuales.

   Un violento cornetazo les hace pegar un bote. Jadeando se miran por un segundo, rojos de caras, ojos brillantes de lujuria, labios hinchados. Jared enfoca el auto que se aleja. Seguro que daban todo un espectáculo.

   -Vamos… -dice, ronco, voz gutural, cargada de deseos, una que provoca escalofríos en la columna del rubio.

……

   No van a la escuela sino al paraje de los enamorados, ese observador natural que existe en todas partes del mundo, algo alejado y desde donde se ve la ciudad; espacio abierto al que van todas las parejas por un momento de intimidad. La camioneta está estacionada allí, y echados sobre la capota (Jared tuvo el sentido común de colocar una manta), los dos jóvenes recostados se besan una y otra vez. Jensen de espaldas, medio recostado del parabrisas, Jared ladeado junto a él, perdido en sus labios pecaminosos, embriagado con su aliento, gemidos y saliva. Y la verdad es que ahora si daban todo un espectáculo.

   Cualquiera que llegara de pronto se habría encontrado con la escena de los dos atractivos adolecentes varones besándose apasionadamente sobre ese auto. El rubio de espaldas, prácticamente lamiendo de la boca del otro, los dedos enredados en el sedoso cabello castaño. Habría sido testigo de la manera en la cual el castaño movía su propia lengua, penetrando, invadiendo, al tiempo que los dedos de la mano de su hombro sobre la capota están enredados en el brillante cabello amarillento sucio, mientras la otra recorre, sobre la camisa a cuadros, el abdomen del joven, a quien cada toque, cada lamida y chupada parecía enloquecer más.

   Jadeando separan sus labios, delgados hilos de saliva espesa se dejan ver, sus ojos están nublados de lujuria. Jared se siente a millón, totalmente caliente, Jensen está no sólo excitado, sino, curiosamente en paz consigo mismo. Había algo en esa boca… pensaba cada uno de ellos, uniéndose otra vez mientras cierran los ojos y se dejan llevar por la magia del momento.

   Jensen se estremece y arquea cuando la cálida mano de Jared se mete bajo los faldones de su camisa y franelilla, cayendo en directo sobre su abdomen medio hundido al estar acostado. El toque es eléctrico e intenso, borrando toda noción de tiempo y espacio, y cuando los dedos abiertos y la palma ardiente le recorren, la piel se le pone de gallina bajo ellos. Y Jared lo siente, lo percibe, y su palma arde más, subiendo, bajando, girando lentamente sobre la suave piel del pecoso chico, llegándose al torso, bajando y con el pulgar frotándole el ombligo, que se hunde más. Y Jensen gime, es un gemido agudo de placer, de quien se entrega. Necesitados de oxígeno separan sus bocas, aunque se sabía mal hacerlo, piensa Jared, mirándole fijamente mientras su mano sube y sube, recorriéndole el torso otra vez, sus dedos curvados siguiendo los contornos de uno de los pectorales, Jensen gimiendo ahogado, rojo de cara, boca muy abierta, totalmente atrapado en sus sensaciones.

   Jared no puede apartar la mirada de su rostro, de esa cara de lujuria que se echa un poco hacia atrás cuando con el pulgar sube y baja, suavemente, sobre la erecta tetilla. Jensen cierra los ojos, estimulado como nunca antes. Esos dedos cerrándose sobre su pezón, pellizcando levemente, al tiempo que el rostro de Jared se oculta en su cuello, olfateando, haciéndole cosquillas con la punta de su nariz, labios tocándole en puntos que estallan en llamas, le tienen al borde del llanto.

   -¿Te gusta? –le oye preguntar, voz cargada de cabronería y pompa, sabiendo exactamente lo que estaba haciéndole, enloqueciéndole de lujuria.

   -Mucho… -le responde con los ojos cerrados, cuello extendido, esa boca recorriéndoselo, los pequeños besos depositados con labios suaves que le erizaban todavía más. Pero él también sabía cosas…

   El castaño gime y se tensa todo cuando medio ladeándose un poco, la mano del pecoso buscó, encontró y palpó su verga erecta bajo las ropas. Cuando los dedos se cerraron, apretando y sobando levemente, ya no pudo pensar en nada, totalmente mareado, cayéndole encima. Jensen apenas pudo sacar la mano o se la lastimaba, pero ríe contenido cuando es totalmente arropado por el otro, con su cuerpo joven y firme, pesado. Su miembro erecto encontrando el suyo, ambos refregándose mientras suben y bajan levemente, sus bocas encontrándose otra vez. Cada uno pensando que era insoportable la sensación del roce del miembro totalmente estimulado con el otro.

   Y, comprobándose que ya no piensan, Jensen quiere estar arriba, así que le empuja y rueda sobre él… y caen de la capota con un leve alarido de sorpresa. Chocan en el suelo, rojos de caras, de lujuria, sorpresa y algo de vergüenza por ser tan tontos. Y ríen. Jensen ríe de manera abierta, total, sus ojos llenándose de lágrimas, completamente feliz. Y Jared, que sonreía también, le ve brillar, resplandecer, hermoso. Feliz por un momento, con las nubes de tristezas y tragedias eclipsados por un momento de luz. No puede contenerse, le atrapa el rostro, y sentados de culo sobre la rala grama, le besa. Es algo suave, ligero, carente de la locura pasional de un momento antes.

   -¿Está bien? –le pregunta Jensen, ojos húmedos, sonrisa en los labios, la frente contra la de Jared.- Te caí encima.

   -Estoy bien, sólo mi dignidad salió magullada. Ya sabes, cómo la tengo en el trasero… -y sonríe feliz, orgulloso de sí mismo cuando le oye, la risa de Jensen es como un grato licor que corre por sus venas, embriagándole, elevándole a la dicha. Es cuando siente el timbrar en su bolsillo.

   Algo ceñudo se separa de Jensen, costándole un mundo apartar sus frentes o dejar de tocarle el cuello. Mira el móvil. Es el entrenador. Traga en seco. Se lo esperaba, aunque lo había olvidado temporalmente al estar con Jensen.

   -El señor Beaver quiere verme. –informa, y mirando al rubio entiende que en verdad nada era tan grave. No sí volvía a verle así, contento.

   -Entiendo. Debemos llegar al menos a algunas clases. –van a ponerse de pie, pero le detiene un segundo, mirándole intenso, ignorando que traería el futuro, conformado simplemente con ese ahora.- Gracias, campeón. –dice, sin más, y Jared cree entender.

   -Jared, Jensen… Dime Jared. O papito. –y el otro ríe, totalmente sonrojado.

……

   Llegar juntos al colegio, ambos saliendo de la camioneta, atrajo miradas. Curiosas, extrañadas. Ninguna alarmada. Con la fama de Jared Padalecki era imposible para cualquiera imaginar que poco antes estuviera comiéndose la boca de Jensen Ackles. Sólo Chad supo interpretarlo, ceñudo, un ojo titilándole alarmantemente, siguiéndoles con la mirada, algo sofocando cuando Jared elevó una mano para sacar algo del cabello de Jensen (una ramita), y este enrojeció, sonriendo de manera boba. Luego les ve separarse, cada cual a sus clases. Vaya gilipollas, pensó el rubio Murray, notando como su amigo, de manera totalmente idiota, miraba al otro alejándose, con una tenue sonrisa de añoranza. ¿Acaso ya estaba soñando con verle el culo? La idea le produce tal escalofrío que se frota las palmas de las manos.

   -¿Te pasa algo? –le pregunta Mike, acercándose, mirando a Jared alejándose.- ¿Llegó el gigante verde?

   -No, todavía está en su casa. –le réplica viene de Tom, quien esa mañana parecía molesto por alguna razón, y agresivo como sólo él podía serlo, del tipo perra de secundaria.

   -Estoy bien. –bufa Chad.

   -Tienes cara de estar oliendo a culo. –contraataca Mike, tan cercano a lo que pensaba, que Chad palidece.

   -Déjalo en paz. –Tom le reclama a Mike, alejándose también, salvando a Murray de tener que contestar al respecto.

   -¿Qué tiene Tom?

   -Está en esos días del mes. Hoy se siente más perra. –gruñe Mike. Chad medio ríe.- ¿Lo imaginé o Jared llegó con el marica de Ackles y parecía quitarle una pelusita de cama del cabello?

   Joder.

……

JARED PADALECKI YOUNG

   ¿Imaginan al joven y torturado Jensen abriendo la puerta de su casa a la caída de una noche cualquiera, encontrándose al joven Jared Padalecki sonriéndole, tomándole una mano y diciéndole vamos a dar una vuelta por el parque antes de la cena?

CONTINÚA … 8

Julio César.

REGRESO A CLASES… 10

marzo 28, 2015

REGRESO A CLASES                         … 9

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Durmió bastante, y técnicamente descansó, pero a Jensen Ackles le hizo daño pasar tanto tiempo en la cama. Pensó demasiado las cosas.

   No, no podía presentarse en los actos fúnebres, no con todos ellos ahí, sabiendo que fue despedido. No con él apestando a fracaso, y seguramente a algo de whisky para esa hora. No quiere que la bruja de Genevieve, y su grupo, se hagan una maleta con el pellejo de su cuerpo. No quiere ver a Danni. A ella menos que a nadie. Lo sentía por el señor… por Jim, pero no iría. Le rendaría homenaje a su manera, de forma privada. Recordándole con afecto, se dice.

   “Nunca huyas de tus deberes, muchacho. Por desagradables que sean. Sé siempre un hombre”. Maldita sea, ¿para qué le recordaba diciéndole aquello, a los pies de su cama de hospital cuando se recuperaba de las heridas del accidente pero no de la destrucción de su vida profesional?

   ¡Un trago!, necesita beber algo, se dice inquieto, saliendo de la cama, pies desnudos, en bermudas a medio muslo y una franela grande que sin embargo le enmarcaba un tanto el abdomen.

   Tomará uno y…

   Llaman a la puerta. ¡Joder! Seguro era…

   -¿Jensen? –oye que llama Jared y que toca nuevamente a la puerta.

   ¿Y si fingía que dormía? ¿O que había salido? ¿O que estaba muerto? “¡Jensen…!”, vaya, el delirio tremen parecía decidido a escucharse como el entrenador. Toma aire y se dirige a la puerta. Abre, cabeza baja, pero aún así nota la buena ropa deportiva de Jared, sus botas, el pantalón que le sentaba tan bien, la camisa sobre su ancho torso, el saco abierto y… Pero bueno, ¿y a qué venía fijarse en tanto detalles?, se reprende.

   -¡No estás listo! –exclama el pelicastaño.- La hora indicada es dentro de…

   -No voy a ir. No me siento muy bien. Creo que pillé un virus anoche y… -llega al colmo de la falsedad de sorberse la nariz.

   -¿El virus de la mentira? Ese es grave. –comenta Jared después de estudiarle por un rato, molesto.- ¿En serio vas a jugar a esto? ¿A esconderte?

   -¡Estoy enfermo! –ruge a la defensiva.

   -Llevas año en eso. –se le escapa, sabiendo que es cruel, pero necesitado de hacerle reaccionar.

   -¡Déjeme en paz, Pitillo! Tú… tú no puedes entenderlo. ¿Cómo, siendo un triunfador? Yo no puedo enfrentarles. No puedo verles. No quiero notar todas esas burlas, ese desprecio que…

   -Todos pasamos por eso, en un momento u otro de nuestras vidas. No puedes ocultarte de la gente, Jensen; ni siquiera de esa manada de lobos. Y no puedes faltar a la conmemoración del entrenador por miedo. Creí que le querías. Pensé que significó algo en tu vida. La verdad no te creí tan cobarde, Ackles…

   Exclama con dureza, sabiendo que toca una fibra cuando el rubio alza la barbilla y cierra las manos en puños, furioso. Bien, si así tiene que ser, que fuera, se dice Jared, preparándose para la confrontación.

   -¿Cómo te atreves a…? –el rubio se altera, siente la ira correr por sus venas, una que tiene que ver con muchas otras cosas antes que con Jared, tal vez por ello se desinfla, alzando la barbilla con cierto patetismo.- ¿Qué más da? Mi vida es una mierda, lo es desde hace años.

   -Jensen…

   -No, en serio, lo es. No supe, no pude o no quise cargar con mi vida… -se encoge de hombros.- Toda esta porquería me la tiré yo encima… -tuerce los labios con desdén.- ¿Qué importa una raya más? Soy un fracasado, un borracho… y un cobarde. –admite retador, deseando cerrarle la puerta en las narices y quedarse solo.- ¿Qué coño…? –Jared, después de mirarle con disgusto, peor, con decepción, le empujó por el pecho, hacia atrás, entrando al apartamento y cerrando la puerta a sus espaldas.

   -¡Deja de hablar tantas tonterías! –le reprende.- Hoy no es el día para que comiences con una crisis de autocompasión. No es mi día, ni el de tus… amigos, esa gente que era idiota hace años y lo sigue siendo hoy. Ni siquiera tú eres importante… Se trata del señor Beaver. –sabe que le lastima, y que es injusto manipularle así, pero no se detiene. No le estaría haciendo un favor.

   -Jared…

   -¡Óyeme bien, Jensen Ackles…! -el pelicastaño le mira feo, con tono trascendental, luego finge uno totalmente amanerado, quiebra una muñeca y lleva la otra mano a su pecho.- Vas a ir a esa reunión vestido de una manera regia, soportarás lo que haya que soportar, te burlarás de ti mismo y presentarás tus respetos al difunto. Eso sí, viéndote fa.bu.lo.so. –acompaña cada silaba con un meneo de cabeza, y tal escena desconcierta a Jensen, que frunce el ceño, pero le cuesta mantener la fachada y sonríe.

   -Eres tan idiota.

   -No, cariño, ni te imaginas quién lo parece más en estos momentos. –le reta. Hay un silencio.

   -No creo poder… -le mira algo afligido, con carita de gatito perdido, y Jared desea ceder, decirle que está bien, que se quede, que ya mañana tomará el control de la situación.

   -No te vas a escapar de esta. Toma una ducha, lávate bien esa boca que apesta a perro mojado, no te afeites… -enumera agitando un dedo de derecha a izquierda, otra vez fingiendo amaneramiento.- …Mientras busco algo medio decente en tu guardarropa. Algo que te haga ver sexy. -Jensen estalla en carcajadas, no totalmente feliz.

   -Estás loco.

   -Hace tiempo. El mundo lo sabe y aquí sigo, bebé… Tú también podrás. –esto último lo dice recobrando la compostura.

……

   No sabiendo si sentirse molesto o divertido, Jensen Ackles toma una larga ducha. Se tarda su tiempo, quien quitaba y Jared se aburría y le dejaba en paz. Mientras sale, mojándolo todo, y se seca frente al espejo, considerando si afeitarse o no a pesar de todo, admite que el castaño tiene razón. Nada importaba más en esos momentos que presentar sus respetos al fallecido entrenador. Un buen hombre. Todo lo demás, aún sus sentimientos, podían esperar. Enrollando la toalla en la cintura, sale y va hacia su dormitorio, donde Jared revisa algo en una de las gavetas del closet.

   -¿Rebuscas en mis calzoncillos?

   -No, careces de buen gusto, ¿no tienes unos lentes oscuros por ahí? –le pregunta volviendo la mirada, pero se congela, viéndole allí, casi desnudo, otra vez, piel rojiza, cabello húmedo por la ducha; y lucha por no imaginarlo bajo el agua.

   -Yo… no, creo que los perdí. En una borrachera. –se siente confuso, por la mirada del otro, y se lleva una mano a la panza.- Si, Jared, engordé. –y el otro sonríe, desviando la mirada. Alegrándose de haber sido mal interpretado.

   -Bien, ahora hay más de ti para las chicas, ¿eh? –y ríe algo nervioso.

   -¡Hijo de puta! –brama, pero no totalmente molesto. Su panza era otra de sus batallas perdidas; ver como cambiaba, como dejaba de ser el chico esbelto, grácil, sexy fue doloroso.

   -Pensé que te agradaba mi mamá. –finge dolor mientras va hacia la puerta al tiempo que Jensen entra y se dirige hacia la cama donde le espera una muda de ropas.

   -También lo pensaba, pero luego recuerdo que te parió.

   -Písate una bola con la bragueta. –la automática respuesta sale fácil, como antes, en aquellas breves semanas cuando pensaron que podían ser amigos. Va cruzando la puerta. Algo parecido piensa Jensen, sobre esos días, frunciendo el ceño y tomando un bóxer gris de la cama.

   -¿Me elegiste un bóxer? ¿En serio?

   -Te dije que sé de ropas. Tú no. –Jared tiene la decencia de enrojecer un poco.

   -¡Pero si vestías horribles!, de rosa, y camisas estampadas. –se burla, luego mira la ropa interior y algo como la vieja picardía brilla en sus ojos, la sonrisa se extiende más por su rostro, y a Jared el corazón le palpita.- ¿Este? ¿No es muy chico?

   -No se me ocurrió; pero entiendo, en verdad que ahora hay más de ti para cubrir. –se burla, desvirtuando su juego.

   -¡Lárgate! –le ruge Jensen, estallando en carcajadas. Dios, se sentía bien reír así. También escuchar la risa del otro, al otro lado de la puerta. No puede dejar de sonreír mientras arroja la toalla sobre la cama y comienza a vestirse. Sintiéndose ligero, una grata sensación que tenía tiempo sin experimentar.

……

   La secundaria se encuentra llena de personas, no hay actividades escolares pero todos están presentes. Hay alumnos y ex. Hombres muy jóvenes y otros no tanto. Jim Beaver había sido el entrenador del equipo de futbol, manejando otras actividades, durante mucho tiempo por lo que muchos sentían que le debían algo, no como una obligación sino un nostálgico deseo. Todos visten variadamente, desde los muy elegantes a los muy deportivos; en el auditorio central hay un gran retrato del hombre, con su barba manchada de gris, su eterna gorra calada en la frente, su mirar severo pero paternal. En otras sonríe, en una está vistiendo de traje, en alguna promoción. Hay reseñas periodísticas con noticias de variados años sobre el desempeño de la secundaria a nivel educativo, especialmente el futbol.

   Mucha de la gente que asistió a la reunión la noche anterior se encuentra ya presentes. Incluidos, cercanos a una mesa de donde toman un refresco, Sandy y Chad, Sophia no quiso asistir y Mark Salling no había llegado. El director Morgan, algo inquieto, se acerca al grupo que conforman Danneel, Genevieve y otras cuatro personas. Tom no está entre ellos.

   -Harris. –saluda.

   -Director…

   -¿Y Ackles? Todo el mundo pregunta por él. Pensé que… diría algunas palabras, pero no aparece. –Genevieve ríe leve, totalmente fuera de contexto.

   -¿Cree que venga después de la borrachera que agarró anoche y de que fuera despedido en plena reunión de reencuentro? –el hombre palidece.

   -¿Cómo saben que…?

   -Todo el mundo lo sabe. Si pensó que fue discreto, se equivocó. –corta Danneel la escena, rebuscando su teléfono.- Intentaré llamarle. –el hombre asiente y se aleja, deseando poner distancia del incómodo grupo.

   -No vendrá. Ya deber estar ebrio, como el inútil que es. –sentencia Genevieve, Danneel marca un número, mirándola feo.

   La mirada de Murray se pasea por la estancia, incomodándose cuando se topa con los ojos de Sandy.

   -¿A quién buscas? Desde anoche te ves… alterado.

   -Estoy bien.

   -Claro. Por eso oprimes los labios así. Chad, comienzo a creer que este viaje no fue tan buena idea. Quería que todos vieran lo delgada y hermosa que estoy… -sonríe leve.- Pero…

   -Aún nos miran con ojos de ayer. –es la seca réplica.

   -Están aún en el ayer. Muchos de ellos. –sentencia la hermosa joven. Va a agregar algo más, pero su frente se frunce.- ¡Oh, Dios!

   El rubio se vuelve para seguir su mirada y pone cara de chasco. Jared y Jensen acaban de entrar. Que vengan juntos inquieta a sus amigos, pero la verdad es que se ven impresionantes, conforman un hermoso par de especímenes masculinos, Jared alto, ancho de hombros, rostro finamente cincelado, pómulos pronunciados, ojos multicolores, la sombra de una sonrisa que se insinúa en sus labios como parte de su persona, bien vestido, su cabello suave cayendo con libertad. Jensen se ve hasta más delgado con aquel pantalón negro y la camisa de un gris oscuro, fuera del pantalón, faldones ni muy largos ni muy cortos, mangas largas, el cabello en puntas, la sombra naranja de su barba, los bonitos lentes (que Sandy sabe son de Jared). Hay algo del viejo Jensen allí, agresivo y sexy. Lo mejor es que el pecoso rubio no parece para nada trastornado, cosa que desconcierta a Danneel y Genevieve, por distintos motivos.

   -Te llamaba… -le comenta Danneel, ligera, sonriéndole fugazmente a Jared, quien frunce el ceño, ¿tan evidente era su intervención?

   -Bien, llegué. –guardando los anteojos, el rubio sonríe, formal y amistoso, aunque se nota que se tensa cuando ella le besa en una mejilla. A Danneel no le pasa desapercibido. Ni a Jared.

   -Ay, cariño, no creímos que vinieras. No después de que te despidieran anoche de tu empleo. ¡En plena fiesta de reencuentro! El director Morgan fue… -inicia Genevieve, un panecillo en la mano, pero se corta cuando este se vuelve hacia ella, un rictus burlón en los labios llenos.

   -No deberías comer más, Gen, si sigues acumulando esa grasa… -y se toca sus propios costados.- …Te verás más redonda. Y no hay manera de librarse de ella. Créeme. –eso la altera, molestándola mucho, dejando el panecillo.

   -Ackles… -aún más incómodo que minutos antes, Jeffrey Dean Morgan le llama.

   ¿Ir hasta la mesa con las fotografías, artículos y recuerdos de ese gran hombre? ¿Pasear ante todos los presentes todos lo que fue y lo que ahora es? Por un segundo flaquea, embargado nuevamente por las ganas de escapar del fraude que es su vida. El fracaso que le pesa. Se medio vuelve y se congela, sus labios tiemblan un poco, Jared está ahí. Mirándole con un brillo de simpatía en sus ojos multicolores, diciéndole con un leve asentimiento de cabeza que sabe que puede. Allí estaba brindándole todo su apoyo, recibiéndolo casi de una manera táctil, cálida y grato. La idea era extraña, ¿cuándo fue la última vez que alguien se interesó por su suerte? ¿Desde cuándo alguien no penetraba en sus miedos, no sorprendido por sus fracasos, o interesándose por las causas, sino esperando verle levantarse? Sus padres se habían rendido. Danni también. Aunque sabe que eso también fue culpa suya.

   Toma aire, saca pecho  compone una tensa sonrisa, dirigiéndose frente a la gran mesa con sus carteleras.

   -Gracias, señor Morgan… -grazna, tendiéndole la mano al otro, quien casi se ve avergonzado por algo. Por un momento sólo puede mirar las fotografías, los concurrentes clavando los ojos en él, el dorado y hermoso muchacho lleno de habilidades que encarnó el mejor momento del equipo de futbol de la secundaria en mucho tiempo, ahora fracasado.- Es difícil hablar de un hombre como el señor Beaver, que significó tantas cosas para tanta gente. –habla dándoles la espalda.- ¿Cómo decirles que supo mirar en mi alma por mucho que la ocultara o que yo mismo la desconociera, marcándome con su afecto y su preocupación de… padre, cuando no puedo explicarles cómo soy, qué me duele, qué quiero o qué espero? Para mí, mi vida todavía es un misterio, como debe ser la de cada uno de ustedes, que atesoran cosas en sus corazones que tal vez a otros nada les digan. Y sin embargo, el señor Beaver… Jim, él supo calibrar nuestro potencial. El mío. Fue un gran hombre, grande de verdad, por todo lo que hizo, lo que levantó con sus manos, con su ejemplo y palabras para sus seres queridos, su familia y amigos… quería que el mundo fuera un poco mejor, por eso esperaba que fuéramos un poquito mejores.

   Se vuelve mientras lo dice, pero no quiere mirar a nadie; tomando aire otra vez, intentando controlándose, se descuida y choca por accidente con la mirada con Genevieve Cortese, la cual sonríe y con sus labios forma claramente la palabra “fracasado”. Siente que se rompe por dentro, ¿qué derecho tenía a hablar de un hombre como el entrenador un perdedor como é? Siente que no puede más, que tiene que salir de ahí.

……

JIM BEAVER

   Jim Beaver, aún se extraña a Bobby, ese padre putativo de los Winchester en la serie. Como extraño la serie misma. No he visto prácticamente nada de lo que va de la décima temporada. No sé sí ya terminó o no. Por cierto, que vi al señor Beaver de villano recientemente en un episodio de NCIS, y me chocó. Aunque estuvo genial, como siempre.

CONTINÚA … 11

Julio César.

REGRESO A CLASES… 9

marzo 23, 2015

REGRESO A CLASES                         … 8

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   El rubio cegatón  no sabe ni en qué momento elevó su mano, cruzando sobre el muslo del otro, atrapando contra la palma y envolviendo los dedos sobre la verga caliente y palpitante de Paul. Fue consiente cuando cerró el puño, y jadeó sorprendido de lo extrañamente bien que se sentía tenerla así, atrapada, quemándole, latiéndole en la palma, o lo erizante que fue verle cerrar un poco los ojos, abrir la boca y medio jadear. Correspondiendo subió y bajó su puño sobre el tolete ajeno, y casi le asustó lo bien que se sentía, lo normal que le pareció tener esa verga de ojete mojado en su mano. Bajó y subió apretando duro, del ojete goteó aún más de ese líquido espeso y Chad temió correrse nada más que viéndolo. No quiso pensar más…

   Con respiración pesada continuó masturbándolo, recibiendo un trato parecido, y no podía decidir que se sentía mejor. Y se miraron, piernas más abiertas ahora, con Paul alzando una y cruzándola sobre la suya, haciendo gotear también su verga. Las respiraciones eran lentas, profundas, las sienes y los labios superiores brillaban con algo de transpiración, y las manos iban y venían, firmes, dándose mutuo placer. Ver a Paul Telfer cerrar los ojos totalmente, dejando escapar un gemido de gusto, le puso los pelos de punta, diciéndose que eso no podía estar bien, aunque sabía, por cuentos de los protagonistas, que no era la primera vez que un chico masturbaba a otro en ese cuarto, sin que ello significara nada más.

   -Lo haces mejor que Pauley… -graznó, ojos cerrados Paul, y eso molestó al otro. ¿Cómo se atrevía hablar así de un chica tan…?

   Chad se medio volvió hacia él, mirando fijamente la dura pieza sexual masculina en su mano, llevando el pulgar al ojete, apretando, y casi dio un bote cuando Paul Telfer gimió, estremeciéndose todo y arqueando la espalda. Apretó, aflojó y apretó otra vez, sin despegar su pulgar y sin dejar de masturbarle, y le vio derretirse. Separando su dedo gordo vio el hilillo de espeso líquido, y regresando la yema lo frotó, untándolo, sintiéndose increíblemente caliente mientras lo hacía. En algún momento la mano de Paul dejó de tocarle, pero no le importó y siguió masturbándole. No podía detenerse. Verle y escucharle así, mientras se lo frotaba de arriba abajo, sintiendo la pulsada de cada vena contra su palma, untando ese líquido que seguramente, si llevaba el pulgar a su boca, debía saber…

……

   Jared, algo inquieto, regresa al hotel donde también se está quedando Chad con su novia. Le gustaría tanto hablar con alguien de lo pasado con Jensen que… Sonríe incómodo, preguntándose hasta cuándo pedirá cosas sabiendo que le ocurrirán.

   -Jared… ¿no es la ropa que llevabas anoche? –le pregunta Chad, en mangas de camisa, sentado en la recepción misma del hotel, tomándose un café con Sandy.- Ya veo, perro, tuviste suerte. –lo dice como si fuera una declaración ética sobre la única manera decente de vivir.- Bien por ti, la noche fue una mierda. Igual que este café.

   -No tuve surte. –se apresura a aclarar, soportando las miradas, sobre todo la de Sandy que eleva una ceja.

   -Joder, Ackles, ¿no? -gruñe Chad, echándose hacia atrás en su asiento.- Eres un idiota. –algo mortificado, el castaño cruza del lado de Sandy, entre ella y la mesita, cayendo sentado, tomando la taza de la mujer.

   -¿No fue uno de tus argumentos para arrastrarme a esta reunión el que le viera y resolviera el pasado?

   -Cómo si a Chad le importara la vida de otros. –ríe Sandy, mirándole.- ¿Todo bien? Con Jensen, quiero decir.

   -Si… No… -bebe y piensa.- Es complicado.

   -Todo es complicado. –gruñe Chad, frente fruncida, tomando también café, recordando con un escalofrío lo último de su sueño que igualmente era recuerdo, la noche anterior, su mano sobre el enrojecido, duro, ardiente, goteante y oloroso tolete de Paul. Tan cerca de su rostro que…

   -Estás muy rojo de cara. –comenta Sandy, extrañada.

   -Estoy bien.

   -¿Seguro?, tienes la mano tan tensa que la taza va a estallar y…

   -¿No estábamos hablando de Jared y su horrible vida? –la encara.- Y de Ackles… -ahora sonríe cruel.- Dios, qué mal se ve. Ha perdido todo su encanto. Pensar que era uno de los bonitos que se burlaba de nosotros, los extraños. Ahora parece…

   -No le ha ido bien, ¿okay? –se acalora Jared, no quiere molestarle, pero no desea escuchar.- La vida no le resultó como esperaba.

   -Tal vez intentó alargar demasiado la vida escolar… -comenta Sandy.

   -Cierto. –se extraña Chad, coincidiendo. Si, la vida cambiaba después de la secundaría, los dieciocho años estaban allí y cada quien debía buscar su camino, uno que no estaba muy claro, pero que tenía que, en teoría, llevar a un lugar donde llegar, estar y ser. Tal vez no todos podían, o no entendían que el viaje debía comenzarse en algún punto en algún momento.- Al menos no vive con sus padres. Pero sigue siendo un perdedor. –el tono es acervo.

   -Chad… -gruñen Sandy y Jared. Ella mira al pelicastaño.

   -¿Estuviste con él?

   -Tuve que. Debí llevarle a su apartamento. Estaba muy tomado y… -no sabe cuánto más contar. Y le molesta que Chad comience a reír.

   -¿Ebrio, atontado, vulnerable, la lluvia, tú llevándole a su apartamento, al chico que siempre te gustó? Parece guión porno.

   -Estaba mal, ¿si? Salí y le encontré haciendo angelitos bajo la lluvia, con una botella en las manos, y… -bufa cuando Chad ríe y Sandy contiene una sonrisa.- ¡No es gracioso! Le despidieron. Anoche, en plena fiesta. –bien, eso les dará en qué pensar.

   -Si, lo supe. –asiente Sandy.

   -¡¿Qué?! –se sorprende, joder, qué rápido corren los rumores. ¿Acaso jamás terminaba la pesadilla de la secundaría?

   -Sí, todos lo comentaban. Y lo buscaban para consolarle… aunque con unas caras de alegría que daban miedo… -ríe Chad, pero calla y tose cuando Jared se vuelve a mirarle con dureza, entrecerrando los ojos.- Está bien, está bien… me parece horrible lo que le pasó. ¿Y por qué fue? Dicen que tenía un harén y…

   -¡Chad! –una doble exclamación le silencia.

   -Jared… -Sandy se muerde los labios, volviéndose hacia su amigo. Quien sonríe leve y asiente.

   -Si, lo sé. Debo mantener altas mis defensas. No debo ver a Jensen Ackles como un adorable cachorrito atropellado por una bicicleta, que perdiendo una patita lloriquea de dolor y de miedo por la soledad. Necesitado de mí…

   -Dios, cómo se ve que escribes para gente vieja, qué cursi. –se queja Chad, pero pensativo. Los otros dos le miran y nada dicen. Lo intuyen.

   -¿Cómo te sientes? ¿Qué quieres hacer? –Sandy retoma la conversación con Jared, quien duda y medita, luego echa la cabeza hacia atrás y bota aire, sonriendo con sorna, burlándose de sí mismo.

   -¿Qué quiero? ¿La verdad? Tengo ganas de ir y abrazarle, fuerte, fuerte, hasta que se sienta bien. –sus palabras parecen confundirle a él mismo, Chad arruga un poco la cara.- Quisiera… -mira a Sandy, con pesar.- Quisiera decirle que todo estará bien, que no se preocupe. Que ya encontrará otro empleo, otra vida. Que aquellos que eran sus amigos ayer, los de verdad, no se divertirán hoy con sus fracasos. Y que si lo hacen es porque no valían la pena y nada pierde apartándoles. Que tiene gente que… le aprecia.

   -Jared…

   -Lo sé, Sandy. –se endereza, hombros rígidos, alerta.- No puedo caer en la trampa de la nostalgia por muy bonitos que sus ojos sean o lo pecoso de su nariz. Yo… -se ve rojo de cara, su mirada va de la una al otro, como disculpándose.- …Le amé. Mucho. No pueden imaginar cuánto porque ni yo mismo me hacía una idea en esos momentos, cuando cada segundo, cada instante era sublime y maravilloso… tan sólo sintiéndolo aquí, en el pecho, queriéndole. Mis momentos con él eran… -toma aire por la boca.- Pero nada fue lo que creí. Me hice ilusiones solito. Tejí toda una fantasía romántica sobre algo que nunca fue. A veces me gusta culpar a Jensen de romperme el corazón, pero fui yo. Él nunca me dio pie. Me hice daño por mi cuenta, como el perro tonto que salta y  salta esperando alcanzar un trozo de la Luna.

   -Aléjate de él. ¡Ahora! No vuelvas a verle. –Chad es tajante.

   -No puede… -responde Sandy, mirando al confundido rubio.

   -No puedo, Chad. –le interrumpe cuando el otro va a hablar.- No estoy intentando… una reconciliación, porque nunca hubo nada. Jensen jamás me prometió otra cosa que no fuera amistad. Y eso me dolió, y aún lo hace. Un poquito. Pero no puedo alejarle sabiéndole así. Debo verle… recuperarse. Quiero… -y medio ríe, sin sonido, todo dientes.- …Ser su amigo. Que sepa que puede contar conmigo. Tan sólo un amigo. Creo que lo necesita en estos momentos.

   Sandy y Chad intercambian una mirada. Todo sonaba increíblemente peligroso a nivel emocional. Jared era abierto en sus afectos; leal y sincero, se lanzaba sin detenerse a calcular cuando podía perder cuando defendía una de sus causas. Era como un perro grande, pero cariñoso y juguetón. Sentimental. Tal vez terminaría creyendo que necesitaba cuidar, por sobre cualquier otra consideración, “la pata rota” de Jensen; qué eso es todo, pero…

   Tal vez el regreso no había sido tan buena idea.

……

   La hermosa Kristin Kreuk sale de la habitación, es tarde pero es dormilona. Curiosa se pregunta dónde estará Mike. Le encuentra en el balcón, en bóxer largo, mirando hacia la ciudad. Pensativo. No puede evitar una sonrisa mientras va hacia él y le rodea la cintura con los brazos, estrechándole, sobresaltándole.

   -Deserté y no te encontré. –susurra ella, la mejilla sobre su espalda.

   -No tenía sueño. –es la réplica suave, amable. Y hay un ligero silencio.

   -¿Seguro que quieres asistir al servicio fúnebre? El entrenador murió hace tiempo…

   -Tengo que hacerlo, Kris. –traga Mike, sonriendo.- Fue un gran hombre y debo… presentar mis respetos. –hay otro silencio.

   -Estuviste inquieto toda la noche, mientras dormías. Soñabas… -susurra ella, labios apenas moviéndose, tocándole con ellos. Le siente tensarse.

   -No recuerdo. –se vuelve sobre un hombro, intentando una sonrisa.

   Ella asiente y no dice más, tan sólo le aprieta con más fuerza. Le recuerda, agitado, quejándose… llamándole con angustia. “Tom… Tom, ¿dónde estás, Tom?”. Se pregunta si revivía en sueños el día que todas sus ilusiones murieron. Le besa la espalda y se separa.

   -Voy a ordenar el desayuno, ¿quieres?

……

   Durmió bastante, y técnicamente descansó, pero a Jensen Ackles le hizo daño pasar tanto tiempo en la cama. Pensó demasiado las cosas.

   No, no podía presentarse en los actos fúnebres, no con todos ellos ahí, sabiendo que fue despedido. No con él apestando a fracaso, y seguramente a algo de whisky para esa hora. No quiere que la bruja de Genevieve, y su grupo, se hagan una maleta con el pellejo de su cuerpo. No quiere ver a Danni. A ella menos que a nadie. Lo sentía por el señor… por Jim, pero no iría. Le rendaría homenaje a su manera, de forma privada. Recordándole con afecto, se dice.

   “Nunca huyas de tus deberes, muchacho. Por desagradables que sean. Sé siempre un hombre”. Maldita sea, ¿para qué le recordaba diciéndole aquello, a los pies de su cama de hospital cuando se recuperaba de las heridas del accidente pero no de la destrucción de su vida profesional?

   ¡Un trago!, necesita beber algo, se dice inquieto, saliendo de la cama, pies desnudos, en bermudas a medio muslo y una franela grande que sin embargo le enmarcaba un tanto el abdomen.

   Tomará uno y…

   Llaman a la puerta. ¡Joder! Seguro era…

   -¿Jensen? –oye que llama Jared y que toca nuevamente a la puerta.

   ¿Y si fingía que dormía? ¿O que había salido? ¿O que estaba muerto? “¡Jensen…!”, vaya, el delirio tremen parecía decidido a escucharse como el entrenador. Toma aire y se dirige a la puerta. Abre, cabeza baja, pero aún así nota la buena ropa deportiva de Jared, sus botas, el pantalón que le sentaba tan bien, la camisa sobre su ancho torso, el saco abierto y… Pero bueno, ¿y a qué venía fijarse en tanto detalles?, se reprende.

   -¡No estás listo! –exclama el pelicastaño.- La hora indicada es dentro de…

   -No voy a ir. No me siento muy bien. Creo que pillé un virus anoche y… -llega al colmo de la falsedad de sorberse la nariz.

   -¿El virus de la mentira? Ese es grave. –comenta Jared después de estudiarle por un rato, molesto.- ¿En serio vas a jugar a esto? ¿A esconderte?

   -¡Estoy enfermo! –ruge a la defensiva.

   -Llevas año en eso. –se le escapa, sabiendo que es cruel, pero necesitado de hacerle reaccionar.

   -¡Déjeme en paz, Pitillo! Tú… tú no puedes entenderlo. ¿Cómo, siendo un triunfador? Yo no puedo enfrentarles. No puedo verles. No quiero notar todas esas burlas, ese desprecio que…

   -Todos pasamos por eso, en un momento u otro de nuestras vidas. No puedes ocultarte de la gente, Jensen; ni siquiera de esa manada de lobos. Y no puedes faltar a la conmemoración del entrenador por miedo. Creí que le querías. Pensé que significó algo en tu vida. La verdad no te creí tan cobarde, Ackles…

   Exclama con dureza, sabiendo que toca una fibra cuando el rubio alza la barbilla y cierra las manos en puños, furioso. Bien, si así tiene que ser, que fuera, se dice Jared, preparándose para la confrontación.

CONTINÚA … 10

Julio César.


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