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SÉ MI AMIGO, JEN… 9

septiembre 10, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 8

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Cuando decías que necesitabas salir a flote de tu mala hora financiera, parece que lo decías en serio. –exclama casi entre dientes, no puede evitar el tono corrosivo. Siente un placer malvado al verle parpadeare confuso, luego enrojecer indignado. ¿O pillado?

   -¿De qué diablos hablas? Sólo hacía lo que me ordenaste.

   -Hace horas. Y con evidente éxito. –hay un tonillo irritante en su voz, mientras elocuente mira a su hermana que habla con la otra chica.

   -Hijo de… -Jensen se siente furioso, no entendiendo para nada toda aquella ira de parte del castaño. Abre la boca pero el otro ya no quiere escuchar.

   -Termina con esta reunioncita de té y galletas y vuelve al trabajo, busca mis trajes y envíale más flores a Genevieve, ya que por estar ocupado de todo de verdad, cosa que yo si hago, la dejé embarcada otra vez. –ordena duro, volviéndose y marchándose, aunque el estómago le gruñe de hambre.

   El pecoso sólo puede mirarle alejarse, con la boca abierta y los ojos lanzando brillantes rayos verdes de ira. Se siente furioso, si, pero también herido. Jared no fue claro; no lo llamó perro pero le pisó la cola. Da un paso decidido a seguirle para aclara toda esa mierda pero Megan aparece frente a él, cortándole el paso.

   -¿A dónde vas? ¿Y Jared? Pensé que almorzaría con nosotros. Vamos y te presento a mi amiga. –sonríe todo dientes, emocionada. Su amiga se moriría de envidia al verle.

   -Yo… Jared debió subir, algo importante se presentó. Lo siento, Megan, no puedo quedarme. Discúlpame y almuerza con tu amiga. –intenta una sonrisa, pero le cuesta.

   -Ay, Jensen, Jared te pidió que me ayudaras. –la joven intenta un mohín.

   -También quiere que recoja sus trajes. Mira, te llamó y hablamos de la reunión, ¿si? Déjame ocuparme de esto.

   -No te metí en problemas, ¿verdad? Si es así déjame hablar con Jared y… -se ve mortificada.

   -¡No! –sonríe.- Yo lo resuelvo, ¿okay? –le tiende la mano, ahora si viéndose genuino.- Fue todo un placer y una experiencia, Megan Padalecki. –la joven estalla en una risa feliz y algo tonta, correspondiéndole.

   -Digo igual, Jensen Ackles.

……

   Jared, furioso pero no notándosele más allá del ceño fruncido, sale del ascensor. Pero basta para que todos sepan que el alegre millonario y jefe de la mañana ya no está ahí. Con grandes zancadas regresa a su oficina, tomando el móvil en la mano lo mira, el timbre de la llamada le indica que Jensen le telefoneaba. De nuevo. Y nuevamente le ignora. Está molesto con el rubio, mucho, y lo peor es que no entiende exactamente por qué. Mirando la pantalla no lo apaga, ve el nombre, “Jensen llamando, Jensen llamando”, y no se anima a cortarlo, deja que termine.

   -No estoy para nadie. –ruge entrando en la oficina de Alexis, la cual alza una ceja.

   -¿Ni para Jensen? Acaba de llamarme preguntándome si estabas aquí y…

   -Especialmente para él. No le digas que estoy aquí. –se le escapa con pasión, arrepintiéndose al ver la sonrisa de la joven.- ¿Sabes lo que hacía ese idiota…? -calla la explicación que iba a darle, ¿qué podía contarle?, ¿que el otro estaba con su hermana porque lo mandó con ella, y a ella le agradó demasiado?- Olvídalo, no estoy.

   -Ah, ¿la primera pelea entre ambos?, que mal. –se burla la joven.- Se veían tan felices juntos.

   -No comiences, Alex. –ruge, y no le gusta la mirada femenina.

   -¿Es por Megan? Nunca te ha gustado prestar tus juguetes.

   -Alex. –ladra.

   -Okay, si viene me arrojaré a sus piernas para detenerlo. Por cierto, tu madre llamó.

   -Gracias. –gruñe, más ceñido, no gustándole la imagen de la diminuta y hermosa joven arrojándose sobre Jensen. Va hacia su escritorio pero se desvía al refrigerador empotrado. Saca una botella de jugo, muy dulce, y bebe. Lo necesita. Y comer. Va y cae tras su escritorio. Hay dos llamadas más de Jensen. Y un mensaje.

   “¿Qué diablos hice para que te molestaras tanto?”, rezaba. Sintiéndose mortificado deja el aparato a un lado y toma el teléfono fijo. Espera.

   -¿Jared?

   -Hey, Ma. –saluda con su mejor acento texano. Hay un silencio que le extraña.- ¿Estás ahí?

   -Sí, pero… ¿está todo bien? Hay algo en tu tono. –la oye mientras gira los ojos. La mujer parecía saberlo todo sobre sus hijos.- Imaginé que andarías feliz, realizando aún la danza de la victoria. Jeff llamó a tu padre para comentarle que todo se había resuelto con Ron Howard. Están citados para negociar. Imagino que algo tuviste que ver.

   -¿En serio? ¿Lo viste en tu bola de cristal? –se burla. Era cierto, debería estar feliz por eso, ¿entonces por qué se sentía tan miserable? El móvil timbra. Otro mensaje de Jensen.

   -Me dijeron que almorzaron juntos. O no lo hicieron. Almorzar. Hablar sí.

   -Vaya, Ma, eres peor que la CIA. –algo de su buen humor regresa.

   -¿Seguro que todo está bien? Hay algo en tu voz…

   -Lo estoy, Ma. –hay otro silencio del otro lado de la línea.

   -¿No quieres venir a cenar? Sería bueno que hablara de todo lo ocurrido con tu padre. Y Jeff. –invita la mujer y a Jared el estómago le gruñe feo.- Megan me llamó hace rato hablando de su maravilloso hermanito que tanto la ayuda con su reunión. Parecía algo… alocada. ¿Estuvo tomando? –se preocupa, Jared ríe, algo amargo.

   -No, no es eso.

   -Ah, un chico guapo. –Sherri Padalecki suspira.- Esta niña. Pero en fin, gracias también por eso. ¿Vendrás, amor?

……

   Mientras Jensen sube y baja buscando los dichosos trajes de Jared, le envía mensajes. Mensajes que no reciben respuestas. En su oficina, el castaño mira el móvil, fascinado de manera absurda, desea ignorarle pero no puede. No deja de mirar la pantalla. Nuevas notas le llegan.

   “Necesitamos hablar”. Rezaba uno. No contestó.

   “Qué ocurre, por Dios!!!”, reclamaba en otro. Igual lo borró.

   “Hijo de puta”, llegó poco después, picándole en la piel. No aguanta y se pone de pie, saliendo de la oficina.

   -Me voy. –anuncia a Alex, sorprendiéndola.

   -¿A estas horas? ¿Vas para casa de tus padres? Tu asistente desea hablar contigo, me llamó, de nuevo, le dije que estabas ocupado aunque parecía que revisabas tu nariz. ¿Quieres esperarlo? –interroga, saltando de la silla al verle ir con paso vivo hacia la puerta y salir.- ¡Jared! –queda desconcertada. Le ve alejarse, ceñuda. Le sabía voluntarioso, decidido, a veces arrollador, pero siempre respondiendo a los cuestionamientos.

   La verdad es que no le sorprende cuando poco después aparece Jensen, viéndose increíble en su traje y con el nuevo corte de cabello, reconoce acomodándose coquetamente un rizo oscuro en su cabeza. El rubio carga en elegantes envoltorios, tres enormes trajes de Jared.

   -¿Está en su oficina? –pregunta, casi masticando las palabras, dirigiéndose a la entrada del otro despacho.

   -Se fue. –le sorprende. Jensen parpadea y recorre la vacía oficina del otro.

   -Necesitaba… -la mira, casi reclamándole.

   -Le dije que querías verle, pero… -se encoge de hombros, no gustándole el papel que Jared le hacía desempeñar, pero también curiosa, intrigada por la dinámica entre los dos hombres. Le fascina ver como al desconcierto, la ira se refleja en los ojos del pecoso y atractivo hombre, pero también algo más. Dolor. Parecía herido.

   -No lo entiendo, ¿actué mal? –Jensen parece hablar contra su voluntad, volviéndose y mirándola.- Hice lo que me pidió, que me encargara de ayudar a su hermana. Y esta tiene mil ideas, todas queriendo expresarlas al mismo tiempo y por separado. No pude silenciarla o apurarla. Megan es… -parece buscar las palabras.- Adorable, no es fácil resistir sus pucheros o sus hoyuelos cuando espera algo. Sé que demoré demasiado en el encargo, ¡pero es su hermana! –se defiende.

   -No sé qué decirte. Jared es confuso a veces. -¿así que efectivamente por eso el castaño estaba tan alterado?, tampoco ella lo entiende. No totalmente.

   -Es un… -comienza resentido, dolido, dedicándole una mueca antes de entrar a la solitaria oficina.

   Se dirige al largo closet y guarda los trajes, entre los otros, considerando, de paso, que en ese lugar el castaño tenía más ropa que él en su apartamento. Los acomoda con todo y fundas, deteniéndose un segundo. Aspira suavemente. Le gusta el olor de esa colonia. Era una fragancia fuerte, dinámica, poderosa, pero grata, seductora. Dedicándole una mirada a Alex, quien parece estar dando por terminado su día también, revisa en las gavetas y encuentra un frasco de Acqua di Gio, una Giorgio Armani. Huele desde más cerca. Es una gran fragancia, y tenía que serlo por lo que sospechaba que valía, pero… No, no era exactamente eso. Resopla y cierra, deteniéndose un segundo.

   ¿Sería eso todo?

……

   Estaba molesto. Y hambriento. Jared, despojándose del saco mira el teléfono, debía ordenar algo de comer. Tal vez eso le ayudaría a mejorar su carácter, o a pensar con más claridad. Si, seguro que tenía una baja de azúcar y por eso se había comportado como un verdadero cretino. Con Jensen. Pensar en el rubio le hace exhalar aire ruidosamente y caer sentado en un sillón, agotado totalmente por primera vez en su vida. ¿Por qué estaba tan enojado con él, y consigo mismo? Lo sabe aunque le cuesta entenderlo o procesarlo cabalmente. La idea era casi hiriente e intimidante: le había disgustado que Megan le mirara como una gatita a punto de lanzarse sobre un apetitoso platillo de leche tibia. Y esa comparación, por alguna razón, le eriza los pelos de la nuca. Celos, sintió celos. Unos celos intensos y terribles.

   Tenso, y molesto, se pone de pie. Conoce los celos, Alexis tenía razón, le gustaban sus cosas, defender sus logros. Amaba sus propiedades. Pero Jensen no lo era, no una cosa. Era una persona. Y ese tipo de celos si era verdad que nunca los había experimentado. Su padre, por ejemplo, quería a Jeff de una manera especial; lo aceptaba como un hecho, así como que el cielo era azul, eso nunca le llenó de ira o resentimientos. Sabía que Jeff, en el fondo, fuera de lo gilipollas, amaba complacerle, en ser el hijo perfecto para él. Estaba bien que entonces le quisiera en correspondencia. Su madre los amaba a todos por igual, aunque, secretamente, creía que él, Jared, era su preferido. Sonríe al pensarlo, saliendo al balcón. Era natural sentir algo de molestia cuando un amigo dejaba de prestar atención por la llegada de alguien nuevo, pero al final todo volvía a su cauce. Esto de ahora, sin embargo…

   Se reclina contra la baranda mirando la bella ciudad cubierta de sombras (el estómago le reclamaba que cenara), recordando a Megan tomar la mano de Jensen al tenderse hacia él para contarle algo que hizo estallar en carcajadas al pecoso rubio, enrojeciendo sus pómulos. Jared cierra las manos sobre la baranda. Celos. Ardió en la amarga hoguera de los celos porque Megan le hacía reír, le divertía. Lo tocaba. Casi asustado, parpadea, intentando luchar contra una idea enorme, terrible, y a la vez maravillosa porque llenaba su naturaleza voluntariosa y a veces egoísta: Jensen es suyo. La idea le provoca tal estremecimiento que teme el corazón se le detenga en el pecho, comenzando ya a explicarse, a disimularse. Le quería como amigo; era su amigo. Eso era todo.

   Lanzando un frustrado gruñido de “¿en qué mierda estoy metiéndome?”, baja el rostro y apoya la frente en la fría baranda, algo que le brinda cierto alivio. Cierta paz. Estaba divagando, evidentemente, el hambre le estaba afectando más de la cuenta. Era eso, se dice e intenta aferrarse a esa convicción. Ordenaría algo, se vuelve y entra a la sala, mucha carne, papa y pastas y… Mira el teléfono, recordando la llamada de la noche anterior. Enfureciéndose, ¡Jensen no tenía ningún derecho a hacerle eso! No, no podía quedarse. Necesitaba algo… y estaba solo, Genevieve había preferido sus compromisos a verlo, no era su culpa. No totalmente. Se quita la corbata casi a manotazos, sonriendo torvamente.

……

   El hermoso vehículo recorre la sórdida cuadra estrecha, con sus fachadas mal iluminadas, los muchos callejones donde mujeres jóvenes, y no tanto, así como algunos muchachos de rostros afilados y ademanes amanerados, le lanzan codiciosas miradas. Les mira con cierta fascinación, como el hombre de ciudad que va al campo y comprueba que la fauna del país es más extensa de lo imaginado. Se detiene y mira el ruinoso lugar, las damas de la noche, no muy agraciadas la verdad sea dicha, esperan junto a un sujeto que se acerca a los vehículos que se detienen y le dicen algo. Este saca algo de su sobretodo, lo entrega y la mano regresa con dinero. ¡Todo tan discreto!, sonríe para sí el castaño. Putas y traficantes, ese era el lado salvaje de la ciudad. Mira hacia el inmueble, justo lo que necesita, se dice con sarcasmo mientras sale, asegura el auto y cruza entre las ofrecidas damas, que aunque están allí por negocios, saben valorar a un hombre atractivo y resuelto con aires de tener dinero.

   El castaño no se detiene, entra y nota el ascensor dañado. Sube las escaleras. Sabe a dónde va. Hay un aire de abandono, de decadencia en esos escalones ennegrecidos, manchados (no quiere pensar de qué), y mal iluminados. Llegas al tercer piso, sin alteraciones respiratorias, mirando en todas direcciones se detiene furtivamente frente a una puerta y pega la oreja. Nada. Toma aire y llama a golpes.

   -¡Hijo de perra! –llega el bramido iracundo mientras la puerta se abre.

   Y se congela, aunque no tanto como Jensen al encontrarle en el marco de su puerta.

   -Jared, ¿qué diablos…? –el castaño eleva las manos.

   -Necesitaba verte, pecoso. Vengo en son de paz, a disculparme.

CONTINÚA … 10

Julio César.

SUPERNATURAL, EL REGRESO NUMERO DOCE

septiembre 6, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Largo, emocionante y duro ha sido el camino…

   Según el portal Supernatural Foro (con muy buenos relatos referente a la serie), nuestro programa favorito regresa el día jueves 13 de octubre. Es decir, todavía falta más de un mes. Y el tiempo se hace largo. Con esta serie, a pesar de su longevidad, me ocurre algo distinto que con otras a las cuales sigo y quiero, incluida la increíble NCIS o Criminal Minds (la cual arrancará con mal pie), estoy impaciente. Las dos anteriores me gustan, las sigo, pero los personajes en sí parecen algo agotados en sus reflejos, procesos mentales y afectivos, aunque Criminal Minds intentó darles vigor a los suyos en el último episodio de la pasada temporada. Eso no ocurre con Sam y Dean Winchester, han sido once largas temporadas, más de doce años conociendo sus aventuras, y aquí seguimos esperando a ver qué les ocurre. O si ocurre algo de lo mucho que hemos imaginado que podría ocurrir (no el Wincests, por favor); no en balde dicen que estamos un poco locos los fans de este show.

   Del final de la onceava temporada, Sam enfrentando a una misteriosa Mujer de Letras, que parece considerarle peligroso y que debe responder por algún crimen (no sé, desatar el Apocalipsis o liberar a la Oscuridad), lo más llamativo sigue siendo el descarado y chulo Dean, quien se encuentra con su madre, levantada de entre los muertos por Amara. Y quedó genial, como cuando apareció Henry Winchester, el abuelo al que nunca conoció, más joven que ellos mismos.

DESTIEL

   Fuera de lo que vayan a inventarle, me pregunto cómo enfrentará Dean a su madre cuando esta vea su forma de vida, sus muchos placeres y su soledad (ojalá le pregunte por los nietos). Incluso la existencia de Castiel es interesante en este punto. ¿Pensará ella algo “malo” al verles, al saber que es el único a quien Dean carga en su vida? ¿Imaginan si fuera el Castiel de la cuarta temporada que aparecía casi a su sombra?

   La misma Mary despierta interés de por sí; es la matriarca de los Winchester, y aunque se olvide por ratos, ella misma es una cazadora. Lo era ya cuando John ni sabía qué era eso. ¿Peleará al lado de sus hijos? Me pregunto qué opinará de la madre del Rey del Infierno, porque todo hace suponer que Rowena continuará. La cosa es saber por cuánto tiempo, el programa parece hecho sólo para hombres. Y hay otro punto, ya tenemos a Mary, ¿regresará también John? ¿Le buscará ella?

   Portales que se dedican a informar sobre el espectáculo, y los llevados por fans, insinúan que los hermanos deberán enfrentar a Los Hombres de Letras, comenzando por la hermosa fémina que encaraba, pistola en mano, al menor de los hermanos. La mujer, Elizabeth Blackmore, que encarna a la Lady inglesa, ¿o será por su título dentro del grupo secreto?, se ve dura, fría, valiente. Se parece a muchas mujeres de las que hemos visto en la serie. Esta parece destinada a aparecer en varios episodios, y cuenta con un hijo, me pregunto ¿cómo influirá eso? Lo sé, sueno temático, pero no puedo dejar de imaginar que ese carisma de Jensen Ackles (Dean), con los niños, puede lograr cierto acercamiento con la mujer. Pero igual se puede decir de Sam, quien siempre ha querido una familia, y los gringos tienen la tendencia de criar como suyos a los hijos de otros, viéndolo como algo normal, ahí está la comisario Mills. Vamos para la temporada doce, algo debe ir resolviéndose ya, de manera afectiva para al menos un hermano, especialmente si la matriarca, Mary Winchester, aparece.

   Lo que me gustaría saber es, ¿reaparecerá Amara? Cónchale, era la hermana de Dios, tan o más poderosa que él y estaba interesada en Dean, ¿cómo dejar pasar eso? ¿La imaginan celosa del cazador junto a otra? Desde el final de la temporada siento que desperdiciaron esa trama como echaron en saco roto todo el Apocalipsis, o el súper plan de los leviatanes o la caída de los ángeles. Me gustaría verlo… pero el programa suele dejarse esas cosas en el tintero, como los leviatanes mismos, nunca más vimos a uno. O la amazona con la cual Dean tuvo una hija y al alfa de los vampiros.

LA PANDILLA SOBRENATURAL

   Como sea, y contra todo pronóstico según lo planeado, Supernatural vuelve para la temporada número doce, estando a punto de alcanza a ER, pero sin desvirtuarse como aquella hacia el final. Regresan Jared Padalecki, Jensen Ackles, Misha Collins y Mark Sheppard. Continúan todos, cosa que me gusta.

¡AMARA AMABA TANTO A DEAN!

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 8

agosto 17, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 7

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   -No soy un niño, no puedes asustarme. –ruge, pero baja la mirada a la mesa. A las imágenes.

   -Todavía no decido qué pensar exactamente de ti, Ron. -con un dedo golpea las fotos.- ¿Eres un idiota sentimental o un pillo consumado?, como sea, pierdes. A cada una de estas mujeres le diste lotes accionarios cuando saliste de ellas; constan como accionistas de tus empresas. –se tiende sobre la mesa.- No voy a ir contando chismes de cama, llamaré a tu esposa y a tu otro hijo, denunciando tu costumbre de pagar con el patrimonio de todos tus aventuras, las no se sabe cuántas amantes que has tenido, y a quienes has mantenido contentas y calladas con el dinero de la familia. Tu mujer, al menos, investigará y encontrara los nombres de estas damas en la plantilla accionaria, y el escándalo será horrible, porque la obligaré a ir contra ti. ¿Sabes cómo?, porque entenderá que si no te saca las entrañas en una disputa patrimonial, toda la ciudad, sus amistades, sus enemigos y conocidos sabrán lo idiota que ha sido durante años y años, no sólo ignorando tus engaños, tal vez en su propia cama, sino el que pagabas tus infidelidades comprometiendo la herencia de tus hijos.

   El otro hombre se ve pálido, tembloroso, rabioso… e inquieto.

   -¿Crees que barrerás con toda mi vida familiar por un sucio chisme?

   -Los nombres de esas mujeres están allí. Pagaste… prostitutas con la chequera familiar. Qué disparate.

   -No cederé a tus… -ruge con los ojos lanzando rayos. Pero calla cuando el otro saca su móvil.

   -¿El número de tu mujer sigue siendo…?

   -¡Basta! –grazna con acritud y temor, sus ojos son brasas de odio.- Eres una persona despreciable.

   -Y tú un dechado de virtudes, y ninguna como tu mujer para corroborarlo. –se siente levemente ofendido, aunque sabe que no debe. Son negocios.

   -¿Qué quieres de mí? ¿Qué te entregue los pozos así como así?

   -De ti, nada. Son negocios. Deseo, si, que regreses esos pozos… al precio que Jeff había pactado. La familia no tiene la culpa de tus delirios y desaciertos. Lo que pagaste para inflarlos precios lo compensas tú. –el otro hombre traga en seco. Debía ser difícil no atragantarse con el ego.

   -Eres un desgraciado cruel y manipulador. –le acusa.

   -Ron, no hay necesidad que caer en los insultos. Intenté llevar la fiesta en paz, quise que entendieras que…

   -Llamaré a Jeff y lo arreglaremos todo –le corta, poniéndose de pie, digno, ofendido. Le mira mientras se cierra el saco.- No actúas bien, y esto va a pesarte. No por mí, la vida pasa facturas, Jared. Espero no volver a verte en mi vida.

   -También es mi deseo. –contesta automáticamente, luchando contra una leve sonrisa, de haber usado ese criterio antes no habrían llegado a eso. Lo piensa, no lo dice.

   Mientras le ve alejarse, el alivio que siente es inmenso. Tiene apetito, mucho… pero Jensen debía estar encerrado con Megan. Iría a liberarle. Y contarle. Siente una cálida sensación recorriéndole al imaginar la mirada de abierta sorpresa que el rubio le lanzará al saber que resolvió eso, de admiración por la manera de terminar con la crisis. Bien, no la manera, algo le decía que al otro no le gustaría saber del chantaje, algo que, en verdad, no le enorgullece mucho. Tan sólo había sido necesario. Claro que Jensen no necesitaba saberlo.

……

   Cuando se vio obligado a contratar a Dave Franco, por insistencia de Alexis (y todavía se pregunta el por qué; no puede, ni quiere imaginar que a la hermosa y talentosa joven le gustara el retrasado mental ese), le asignó un cubil bien alejado de su oficina, con el espacio suficiente para un escritorio mediano y dos incómodas sillas que ni siquiera hacían juego. No esperaba que durara tanto como lo hizo, o que él le soportara. Ahora era la oficina de Jensen, cosa en la que no había pensado hasta que llega frente a la puerta, imaginándole casi encogido sobre su asiento, atendiendo a Megan. Tal vez debería…

   -Felicítenme, acabo de… -da un toque a la puerta, abre sonriendo y se congela. Intrigado. El lugar está vacío.- Oh, mierda… -¿la habría llevado a su oficina?, era probable. Seguro que a Megan no le gustó esa cueva. Sonríe, molesto, odia que usen así su espacio pero si Jensen… Y lo deja así, encaminándose a su despacho. Aunque no tan sonriente como en la mañana, corresponde con educación a los saludos y gestos de quienes se cruzan en su camino. Abre y le sonríe, con sinceridad, a Alexis.

   -Felicítame, vencí. –es todo dientes y hoyuelos. La joven salta de su silla, encarándole.

   -Jared, ¿qué hiciste? Hace poco llamó Jeff, exultante. Ron Howard regresó los pozos agotados. Quería contártelo, estaba que no cabía en la piel, parecía que había matado un dragón con sus propias manos. –el castaño rueda los ojos.

   -Déjalo disfrutar el momento. Al pobre le llegan tan pocos. –es indolente.- Que te baste con saber que el viejo Ron invocó poderes antiguos y terribles para combatirme, pero la razón y la justicia estaban de mi lado. –sonríe de su gesto de sospecha.

   -Oh, Dios, todo eso suena a cuento chino. ¿Tuvo algo que ver con la lista de accionistas minoritarios en las empresas Howard? –Jared, sonriendo como el gato que se comió al canario, le toca la punta de la nariz con un dedo.

   -De eso no hablaremos nunca; ni con papá, Jeff, la policía… ni Jensen, ¿okay? –rueda los ojos mentalmente al ver un brillo astuto en las pupilas femeninas.

   -¿Ni la policía ni Jensen? ¿Por qué será que me parece que el segundo es más importante que lo primero? Ahora resulta, después de todo, que el atractivo rubio de grandes ojos verdes y dulces pecas si era tu gran amigo aunque decías no recordarle.

   -Basta, Alex, ¿están aquí él y Megan? –sonriendo mira hacia el cristal que separa las oficinas.

   -No. –eso le desconcierta.- Megan se puso furiosa cuando le di tu recado y fue a hablar con él, en ese gabinete de pared que le diste a Dave como oficina, y de la que no dudo pronto sacarás al rubio pecoso. Iba a agradecerle pero a rechazar su ayuda. Estaba muy molesta contigo… Y no ha regresado. Deben estar allá.

   -No, no lo están. –ceñudo saca su móvil. No hay nuevos mensajes del rubio pecoso, ¿Megan le habría hecho la vida de cuadritos realmente?- Trata de… -calla algo confuso, ¿qué?, ¿qué busque a Jensen?, no, ¿verdad?- Estaré en mi oficina. Imagino que mamá debe estar por llamarme.

   -¿Si Jensen llama o viene le digo que no estás? -pregunta ella, para picarle, burlarse.

   Entrecerrando los ojos, el castaño la ignora y entra a su oficina. Inquieto. ¿Qué estarían haciendo? Seguro que Megan estaba contándole su vida, desde que nació hasta la cagada con la pelea con Ron Howard. Y, por alguna razón, eso no le atraía, que Jensen escuchara cuentos sobre él, de otra persona.

   Cae en su asiento y marca el número del rubio, cae la contestadora. Corta, se enfurruña y espera unos segundos, tamborileando con los dedos en el escritorio. Ni loco llamaría a Megan, su hermanita tenía un extraño olfato para notar… cosas. Llama nuevamente y nada, deja un: “Contesta, maldita sea”, cuando le anuncian el buzón de voz. Deja el aparato a un lado e intenta concentrarse en un informe enviado por Thomas Cortese, sobre la situación generalizada de sus hoteles. No confía mucho en ello, ¿qué empresario daría a conocer sus problemas o debilidades? Las cifras y nombres de inmuebles se detallan, pero no se concentra. Toma el móvil y llama otra vez, la contestadora. Repite el mensaje, algo más seco, y envía un mensaje: “¿Dónde estás? Responde, coño”. Espera mirando el teléfono, sintiéndose tonto. Y furioso. El toque del mensaje le llega y a él mismo le sorprende la ansiedad.

   “¿Ahora si quieres hablar, eh? Estoy con tu hermana, a quien no le gustó mi oficina, como no me gusta a mí, ni a las cucarachas. Salimos al mirador. Estamos bajando al restorán. Muero de hambre”, es la contesta.

   ¡Mierda! Pasarían aún más rato junto. ¡En el restorán! ¿Y si Jensen comentaba que deseaba trabajar allí pero no pudo por “las condiciones” del chef jefe? Megan le sacaría de su error en segundos. ¡Joder!, exclama mentalmente mientras se pone de pie.

   -Ya vuelvo.

   -Acabas de llegar, ¿recuerdas que ibas a hablar con la señora Ferris de…?

   -Atrásalo. Muero de hambre. El viejo Howard me arruinó el almuerzo. –y no piensa en Genevieve a quien dejara embarcada, sino en Jensen, a quien pensaba contarle como venció al maligno gnomo mientras se llenaban las barrigas con algo.

   -Jared… -todavía insiste ella en llamarle a la cordura, pero el castaño se aleja. A paso vivo.

……

   Cuando entra en el amplio salón del restorán, con los grandes ventanales ligeramente opacados en tonalidades ocre, derramando una luz algo ambarina sobre las mesas, iluminando de manera destacada el pulido piso y el techo laminado, Jared se detiene un momento a mirar. Agradado. Le gusta lo que se hizo allí. Rápidamente es saludado por empleados y uno que otro comensal, que le conocen más por tragón que por dueño. Sonríe de manera parca, agradable, hasta que se congela, con la boca ligeramente abierta. Apartados, en una de las mesas más chicas, se encuentra la pareja. Y tres cosas le impactan. Lo bien que se ve Jensen después del corte, con el cabello alzado en cepillo y el rostro mostrando un ligerísimo rastrojo rojo sobre su labio superior, que cree distinguir desde allí. Lo segundo es lo mucho que parece estar disfrutando del momento, está riendo con todo el cuerpo y la cara, casi volcado sobre la mesa, hacia Megan, quien le corresponde mientras le cuenta algo… montando una mano sobre la del hombre. Lo otro era eso, la mirada de Megan… la joven parece totalmente fascinada por el sujeto frente a ella. ¡Y él conocía muy bien esa manera de mirar! A la más joven de los Padalecki le había gustado mucho su asistente.

   -¿Interrumpo? –pregunta sereno, con una leve sonrisa en los labios. Una que no llega a sus ojos. Su aparición provoca que la pareja se vuelva a mirarle. Y que Jensen aparte su mano.

   -¡JT! –gime Megan, saltando del asiento y abrazándole, riendo todavía.- Qué bueno que llegaste. Estaba hablando de ti y Jensen no quiere creer en mis historias. –si, era lo que temía, se dice abrazándola.

   -Dios, las cosas que tu hermana sabe de ti… -Jensen ríe, con la cara roja y los ojos ligeramente húmedos. Radiante, y eso molesta al castaño.

   -Me alegra ver que al menos uno de los dos se divierte, fuera del trabajo. Estás en esto desde media mañana y mira la hora. –es la respuesta, inocua, ligera, pero Jensen parpadea.

   -¿Por qué no te nos unes? Estábamos por almorzar. Tarde. Nos entretuvimos hablando. Mucho. –comenta Megan, mirando al rubio.- Con Jensen es fácil hacerlo. –y todas las alarmas retumban en la cabeza de Jared.

   -Es bueno haciéndose notar. –es la réplica, y ahora sí que Jensen le mira amoscado.

   -¿Ocurre algo?

   -Nada. –es la rápida respuesta, y a Jensen le parece escuchar las alarmas ahora.

   Y no lo entiende, toda la mañana ha sido algo irreal. Jared con la insistencia sobre su corte de cabello, e inconscientemente se pasa la mano, teniendo que concordar que le gustaba mas así, por lo que había valido la pena soportar el acoso de la gente del salón, todos queriendo saber de dónde conocía al castaño. Quien, por cierto, le soltó luego a su hermana casi como para quitársela de encima. O quitársela a Alexis, y ahora se molestaba. Cierto era que había pasado un buen rato con la enérgica, voluntariosa, agradable y bonita muchacha, pero no para enfurruñarse así; la mira, algo avergonzado al pensar que tiene un aire a Jared. ¿Sería Jared del tipo hermano celoso? Podría ser, siendo una familia con dinero debían estar siempre pendientes de quién se acercaba  a quien y con cuál intensión.

   -¡Meg! –llama una voz a la joven, y esta, y los dos hombres enfocan con la mirada a unas dos mesas más allá a una muy delgada y alta joven, con falda y botas, que chilla cuando Megan lo hace.

   -Permiso. –jadea esta, alejándose de su hermano, pero mirando a Jensen, corriendo hacia la otra, fundiéndose ambas en un abrazo.

   -¿Se puede saber qué te ocurre? –nada más estar la joven fuera de alcance auditivo, Jensen le pregunta a Jared.

   -¿Qué diablos es todo esto de pasar horas con Megan para una tontería que debiste despachar en media hora? Seguro que mis trajes siguen en la tintorería, ¿verdad? Se supone que debías recogerlos antes del medio día.

   -Me mandaste a atenderla bien. –se defiende, poniéndose de pie.- Insististe en ello, y a tu hermana no es fácil decirle que no cuando…

   -Y menos si la impresionaste, debe ser agradable saber que una joven como Megan te encuentra interesante, ¿verdad? Eres bueno haciendo eso, acercándote y agradando. Y a mi hermana siempre le han gustado los tíos bonitos. –casi escupe haciéndole parpadear.

   -¿Me estás acusando de algo? –el rubio traga, ojos resplandecientes de ira, también de pesar. Jared se pierde en sus pupilas, en ese brillo intenso, pero sigue rabioso.

   -Cuando decías que necesitabas salir a flote de tu mala hora financiera, parece que lo decías en serio.

CONTINÚA … 9

Julio César.

 

SÉ MI AMIGO, JEN… 7

agosto 11, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 6

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   No ha salido del ascensor cuando comienza a recibir llamadas de Jensen. Sonriendo las ignora. Cae un mensaje:

   “Hijo de perra, no puedes dejarme entre esta gente. Quieren delinear mis cejas!!!”.

   La sonrisa se le ensancha mientras responde: “No quería decir nada al respecto, pero…”. Envía y espera.

   “Eres tan cretino! Y no puedo ocuparme de tu hermana. No la conozco, pero por la manera de dejármela entiendo que es muy joven y problemática. No estoy capacitado para tratar con adolecentes, en su presencia comienzo a gritar e intento escapar por la primera ventana que encuentro”.

   “Nadie está listo nunca para las adolecentes”, responde. “Y deja de quejarte, es trabajo, querías hacer algo, ¿no? No voy a pagarte un gran salario sólo por tus gruesas cejas”.

   “Ja ja ja!”.

   No puede contener la risa al responder, “soy tu jefe, trátame con respeto y admiración, como anoche. Y recuerda que Megan es mi hermanita, sé bueno con ella”.

   “¿Cómo es?”.

   “Imagíname con falda y una pañoleta en la cabeza”.

   “Susto!”.

   “Deja que las chicas terminen su trabajo arreglándote la cara, si pueden, ocúpate de Megan y luego hablamos. Y ahórrate el idiota, o el cretino que ardes en ganas de enviar”.

   Sonríe más al ver la respuesta en forma de una carita confusa. Si, ya iba conociéndole. Marca un número del discado rápido.

   -¿Si?

   -Me debes un beso y un abrazo, Alexis, ni te imaginas de la que te salvé. Megan pronto aparecerá por ahí, dile que…

……

   Divirtiéndose como siempre que escapa de la oficina, Jared conduce su auto hasta el Centro, era hora de los negocios. Tenía que ocuparse de Ron Howard, y para ello nadie mejor que su buen amigo, un sujeto de cuidado que se dedicaba a la protección y la vigilancia privada. Llega, la admisión al moderno edificio de oficinas no presenta ningún problema para él. Le conocían bien. Ni entrar a la oficina de su amigo, siendo atendido por una rubia despampanante en ajustada falda. Seguramente no sabía ni escribir su nombre, pero era decididamente vistosa. Mike nunca cambiaba. Este le recibe y se atan en un fuerte abrazo de osos, felices como siempre cuando se encuentran.

   -Tiffany… -le indica a la asistente.- Un café negro y amargo para mí, y una bebida de nenazas para mi amigo, un chocolate dulce estará bien.

   -¿Te recuerdo tus días de tomar margaritas porque te gustaban las sombrillitas? –corresponde el castaño, ganándose una sonrisa de la joven. Ambos miran su trasero mientras sale.

   -¿A dónde fuiste la otra noche cuando estábamos en la barra? Fui a mear y al volver… -comienza Mike, dentro de su elegante traje, viéndose cómodo, ágil, vehemente; se detiene y sonríe.- Ah, ¿la morena de tetas grandes? –Jared ríe cayendo en el sillón opuesto.

   -Era linda.

   -Sí que lo era. ¿Y Genevieve? –alza una ceja con maldad, le divertían aspectos crueles de las vidas ajenas, eso lo sabía bien el castaño.

   -No, no creo que ella sepa lo bonita que era esta chica. –aclara con serenidad, dispuesto a regresarle la pelota.- Amigo, ¿son ideas mías o pierdes más cabellos? Pronto tendrás una calva a lo Charles Xavier. –sabe que eso incomoda a su amigo.

   -Eres tan cretino, JT. –es todo lo que responde este, venciendo las ganas de tocarse la cabeza.- ¿Y a qué debo el muy dudoso placer de tu visita?

   -Ron Howard. –hace una mueca al responder.

   -Meterte con las hijas de mucha gente tiene el efecto de crear problemas.

   -Oh, Dios, no intentarás sermonearme, ¿verdad? No tú, que has corrompido religiosas en tiertras santificadas. –ríe, luego  toma aire.- Necesito tun ayuda, que me muestres “aquello” que tenías contra Howard.

   -Vaya, ¿tan mal están las cosas? No creí que pidieras eso; creo recordar que dijiste que nunca te rebajarías a esos niveles de guerra sucia, como hacía yo. ¿Recuerdas que lo dijiste? –pregunta malvado, permisando la entrada a alguien que toca la puerta. Es la asistente con las bebidas, que cada uno acepta con una sonrisa, ambos pares de ojos siguiendo su trasero al marcharse.

   -El hombre viene con todo contra la familia. –reinicia Jared el asunto, tomando del brebaje. Su teléfono timbra con un mensaje. Mira la pantalla pero ya sonreía, sabiendo que era Jensen.

   -Lo imagino, ¡y quieres tanto a tu familia! –Mike se permite la burla, dudando del punto.- A ti lo que te jode es que los ataquen por tu culpa, ¿verdad? –Jared alza la mirada de la pantalla y sonríe torvo.

   -Si fueras mujer me enredaría contigo. Me conoces muy bien.

   -Si fuera mujer, tendría grandes tetas y no necesitaría de un hombre. –le aclara, levantándose y volviéndose hacia un enorme archivero que ocupa dos de las cuatros paredes de la amplia oficina, cosa que no desentonaba con los arreglos del opulento despacho.

   Mientras busca, y dice algo, Jared lee: “joder, no creo poder con tu hermana, ven ya o esto será desagradable”.

   Responde un: “Deja de llorar, estoy ocupado. ¿No puedes encargarte de una chica?”.

   “Tu hermana es una vorágine. Ven o no respondo”. Sonriendo más, le envía una carita sacando la lengua.

   -Vaya sonrisa, es raro verte tan relajado cuando discutes estrategias de batalla. –la voz de Mike le hace volver bruscamente a la realidad.- ¿Se trata de Genevieve? Te dio fuerte, amigo, y es desagradable verte tan enamorado. –toma asiento y le tiende un sobre manila tamaño oficio.

   -No, se trata de… -calla confundido. No, no le contaría a Mike de Jensen.- ¿Es lo que tienes de Ron?

   -Así es, pero no creo que puedas chantajearle. Hoy en día las fotografías no significan nada, no desde el photoshop, ¿no has visto rodar por ahí unas de nuestro amigo Tom Welling vestido de mujer? –Jared arquea una ceja.

   -Si, ¿son falsas?

   -Eso dice él. –y ríen levemente, Jared se siente extrañamente contento. Claro que no quiere asociarlo a los mensajes de Jensen.

   -No te preocupes, les daré buen uso a esto. Te debo una. –se pone de pie, el otro igual.

   -Cuando veas mi tarifa no estarás tan contento.

……

   Una vez en su auto, Jared llama nuevamente a Alexis.

   -Hey, necesito que revises algo por mí. Y que me cites para almorzar con Ron Howard, no en el hotel, en un lugar neutral. Llama también a Genevieve y dile que no podre hacerlo con ella.

   -¿No se supone que tienes un asistente privado para esas cosas personales? –le llega la respuesta.- ¿Dónde está, por cierto? –el castaño sonríe, no puede evitarlo.

   -Poniéndose bonito para mí. –y ríe mientras cuelga.

   En su escritorio, Alexis mira su móvil, extrañada.

……

   Algo impaciente espera ya, después de un Martini para despertar el apetito. Ron Howard se tardaba. Siente el timbrazo en el móvil y lee un nuevo mensaje de Jensen.

   “Jared, ven, tu hermana me asusta”.

   “Joder, ¿no puedes entretener a una chica?, eres más inútil de lo que daba a entender tu cabello rubio”, responde.

   “Idiota”. Es la simple respuesta, y frunce el ceño. De alguna manera intuye que el otro se había cansado del juego y estaba algo molesto. En fin, ya le compensaría luego. Y la idea le hace sonreír, tensándose al caer en cuenta que no le ha enviado una nota a Genevieve para explicar la cancelación del almuerzo.

   “Lo siento, nena. Algo se presento”, envía.

   “Lo imaginé, ¿trabajo o placer?”.

   “Me lastimas al dudar”.

   “¿En serio?”, sonríe ante su respuesta.

   “¿Nos vemos esta noche para la cena?”.

   “Lo siento, me ata un compromiso de trabajo. Debo ir, dejarme ver bella, sonreír como tonta y sobrevivir”.

   Arruga la frente: “Qué mal, ¿y más tarde?”.

   “Cariño, sé que sonará extraño, pero estoy agotada”.

   “Lo imagino, fui muy fogoso anoche”, juega, sabiendo que habla del viaje.

   “Ja ja ja”, le llega. Y se estremece. ¡Le recordó tanto a Jensen! “Te llamo antes de ir a la cama”, continúa la joven.

   “¿Sexo telefónico?, me parece aceptable”, sonríe y termina, como si se le ocurriera a última hora con un: “Te amo”.

   La joven responde, haciéndole parpadear: “Eres tan dulce. Hablamos luego”.

   Vaya, pensó, guardando el aparato y viendo acercarse a su rival en los negocios, con su cara de gato, el amarillento cabello escaseando bastante en un rostro amarillo. Nadie se parecía tanto a un Simpson como Ron Howard. Se pone de pie.

   -Ron…

   -Padalecki. –es la seca réplica, indicándole que no entrará en amabilidades, llegando a la grosería de no estrechar su mano y tomar asiento. Gilipollas, piensa el castaño, imitándole.- Me extrañó tu llamada, pensé que ya no había ningún asunto qué tratar. ¿Qué deseas? Si es para hablar de la compra de esos pozos…

   -No los quieres, no los necesitas, pero si hay planes en PadaleckiOil que podrían afectarse si…

   -Basta, Jared. –le interrumpe, olvidando que no le tutearía.- No cederé, lo sabes, ¿para qué me citas? –y se miden con las miradas.

   -Necesito resolver esto, Ron, por mi familia. Les perjudicas por algo que crees que hice. Y eso es inaceptable.

   -¿Algo que creo que…? –comienza, enrojeciendo como tomate.- ¡No voy a discutir nuevamente sobre eso, hijo de puta! –ruge conteniéndose a duras penas para no llamar la atención. Razón por la cual Jared le citó allí, en primer lugar. Este se ve muy serio.

   -Entiendo, y tampoco yo quiero hablar sobre algo en lo que parece nunca nos pondremos de acuerdo. Te aferras a tus ideas y ya no sales de ellas. –toma la carpeta y saca unas imágenes magnificadas, tres.- Pero debo resolver lo de mi familia. –se las alarga. Una idea incómoda le atormenta, seguro que Jensen se molestaría al saber que hacía eso.

   Howard las mira inquieto, como si el otro le estuviera ofreciendo escorpiones. Toma las fotografías y palidece, tragando en seco, furioso. Son imágenes de él mismo, saliendo con tres diferentes mujeres, en diferentes momentos de su vida. La rabia le hace apretar los dientes, soltando las fotografías con disgusto. Dispuesto a luchar contra ese vulgar chantajista que era Jared Padalecki.

   -Veo que llevas años espiándome.

   -Un amigo ha recolectado tus pasadas indiscreciones, reunidas estas por otras personas. –le aclara, sereno, manos unidas sobre la mesa.- Y ahora…

   -¿Crees que puedes chantajearme como si fuera un insignificante politiquillo? Gente mejor lo ha intentado, Padalecki. ¡No me asustan tus argucias! –ruge, pero se controla cuando la gente les mira.- Así que me expondrás, ¿ante quién? ¿Mi familia? Eres tan despreciable y vulgar como siempre te imaginé.

   -Me obligas a hacer esto.

   -Hazlo y verás cómo te va. Lo negaré todo y…

   -¿Sabes?, hace poco alguien a quien aprecio… -nada más decirlo, hablar así de Jensen, le confunde, y distrae, pero se rehace.- …Me dijo que era lindo que protegieras a tu familia con lotes accionarios en cada fecha importante de su vida. Lo dijo con admiración, cosa que me molestó un poco, no te creas, porque, personalmente, creo que fuiste un verdadero idiota. Y ese error te saldrá bien caro. –sonríe torvo.- Entiéndelo, Ron, tratas conmigo, no con un vulgar chantajista barato. Vas a dejarme el pellejo en las manos. –promete cruel.

CONTINÚA … 8

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 6

julio 26, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 5

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Casi se alarma por dejarse embargar así por la curiosa idea, una que aleja casi con disgusto, agitando la cabeza, como negándose todo. El movimiento parece atraer finalmente la atención del rubio, quien le mira y enrojece, ojos parpadeantes. Y una venita maligna de Jared se desata, por lo que sonríe de manera socarrona.

   -Buenos días, Jensen, tu maravilloso jefe ya está presente. –pasa y deja que la puerta se cierre, perdiéndose la curiosa mirada de Alexis al escucharle. No habría podido, no viendo al otro, notando el cómo enrojece más mientras rueda los ojos elocuentemente.

   -Sabía que saldrías con esa.

   -Oh, ¿no te gusta que recuerde tu tierno momento de sensibilidad, anoche, después de la cena y seguramente tomar un baño reparador, echado en tu cama, en bata y sin nada debajo, llamándome para decirme que soy increíble, lo mejor de la creación? –se burla abiertamente.

   -¡No dije eso!

   -¿Te cito textualmente?

   -Dios, deja de joder. –Jensen echa la cabeza hacia atrás, fingiendo cansancio.- Sólo quise ser amable. –la risita de Jared, divertida y burlona, no le ayuda.- No has dicho nada de mi cambio de imagen. –intenta desviar la atención, sonriendo y poniéndose de pie. Separando los brazos, teatral.- ¡ta taaaa!

   Joder, si, se veía muy bien. Aunque podría estar mejor, se dice el castaño, sonriendo leve. El traje era decididamente corto.

   -Curioso saco, ¿lo conseguiste en una funeraria? Parece lo que llevaría alguien en su último viaje.

   -Idiota… -ríe Jensen, demasiado, le parece al otro.- Me lo prestó un amigo… que trabaja en una funeraria. –se congela al decirlo; joder, ¿acaso Chris…?

   -Oh, Jensen, ¿un traje prestado? ¿No sabes que quien de ajeno se viste en la calle lo desvisten? –toma de su café y va hacia el escritorio.

   -Tranquilo, llevo un buen par de bóxers. –le resta intensidad al comentario del castaño, tomando la carpeta del sofá y dirigiéndose a la otra silla. O cree que le bajó, Jared debe luchar por un momento contra la idea de alguien desnudándole a zarpazos, dejándole sólo con una bonita ropa interior. Que podría, o no, ser suya.

   -Así que tu amigo trabaja en una funeraria y te prestó un traje. Negocio interesante.

   -No seas cretino, Chris no haría algo como robar a los muertos; es un artista, ¿sabes? Un cantante. –lo dice con abierta admiración y afecto por su amigo, alguien a quien Jared no conoce… y que le disgusta un poco. No sabe bien por qué.

   -¿Te reúnes con chicos de preescolar? ¿Tiene una banda en el garaje de su mamá?

   -Tiene mi edad.

   -Y en lugar de andar de giras promocionando sus discos trabaja en la funeraria. –comenta.- Estoy confundido, ¿es un exitoso artista de noche que de día arregla muertos por hobbie o…?

   -¡Deja de ser tan cretino! –le detiene.- Es un buen amigo y un gran tipo. –si, a Jared no le agrada Chris.- Y me prestó el traje, ¿bien? Y no has dicho nada de mi afeitada.

   -Oh, Jensen, la higiene personal no es para celebrarse; deberías, todos los días practicarla y…

   -Oh, Dios, realmente estás siendo un idiota de marca mayor hoy. –le corta, frunciendo un tanto el ceño.- Si no fuera por tu maravillosa actuación de ayer, te odiaría. –Jared no quiere alterarle, en verdad, pero no podía controlarse.

   -¿Te enteraste de eso? Si, estuve bien en la cama, Genevieve gritaba, ¿pero cómo supiste?

   -Voy por tus trajes a la tintorería. -le gruñe poniéndose de pie.

   -Hey, hey, calma, rubio. –le tranquiliza.- Estoy siendo horrible para evitarnos la incomodidad por la melcochosa escena de anoche. –le ve enrojecer mientras se sienta nuevamente.

   -Ay, qué alivio, saber que eres un cretino por buenas razones.

   -Dios, hoy no me tratas con la admiración y fascinación de anoche. Que mal. –le evalúa mientras termina su café.- Tu cabello se ve horrible, no te presta llevarlo tan largo. ¿No es inconveniente llevarlo así siendo cocinero?

   -Chef, soy un chef. –le aclara, pasándose inconscientemente una mano por la cabeza, los dedos dentro del cabello. Jared se pregunta si sería tan suave como parecía.- No tuve tiempo para todo lo que tenía que resolver, ¿okay? Para serte sincero, Chris no quería prestarme el traje. Debí rogarle mucho. Eso sí, no hubo mamadas involucradas en el intercambio.

   -Me alegro. Y resuelve lo de tu cabello. No me gusta. –se le escapa, rodando los ojos al ver una sonrisa bailar en los carnosos labios.

   -Es bueno saberlo.

   -Llegaste temprano, estabas en mi oficina y leías algo. Sin olvidar el traje, aunque no el corte de cabello. ¿Qué tramas? ¿Intentas quedar bien con el jefe? He oído que no le agradan los lamebotas y que…

   -Yo escuché que era un idiota. –le interrumpe Jensen con una sonrisa torcida, mirando la capeta sobre el escritorio.- Bien… -deja escapar una risita.- Tal vez esto si suene un tanto lamebotas pero… -desvía la mirada, cosa que apena a Jared, le fascina verle los verdes ojos.- Aparecí frente a tu puerta después de tanto tiempo buscando ayuda y correspondiste. Y a pesar de eso te cuestioné cuando ese chico la pasaba mal y tú explicabas tus razones para no echarte el peso del mundo encima. Y era cierto, y sin embargo… le ayudaste y… -se pone cada vez más rojo y tartajea. Jared sonríe.

   -¿Lo ves? Me encuentras maravilloso. –ríe al verle la mueca y el rodar de ojos.- Entiendo lo que quieres decir, y está bien, dejémoslo así. De manera que llegaste temprano a revisar el archivo Howard, ¿encontraste algo? –recuerda que el otro era contable.

   -Nada. –reconoce con desaliento.- Ese sujeto parece ser un empresario cabal y consiente. Aporta a muchas buenas obras sociales. También es amoroso con su familia. Se ha preocupado de proteger accionariamente a todos a quienes quiere. Muchos no piensan en esas cosas y luego tienen problemas cuando ocurren los imprevistos. En aniversarios y cumpleaños regala lotes accionarios a los suyos. Y algo más a la caridad. –dice casi con admiración.

   -He oído que es bastante putero e infiel a sus votos matrimoniales.

   -Muchos lo son, pero ha ido repartiendo su fortuna entre su mujer y sus dos hijos. Me parece bonito. –comenta con sorna, levantándose e inclinándose sobre el mesón, tocándole bajo la barbilla.- ¿No preguntó tu amada supermodelo por ese moretoncito curioso mientras la hacías gritar en la cama? ¿O gritó por eso?

   Por un segundo el castaño se congela, sintiendo un hormigueo en toda su cara, que parte del dedo del otro. Como espantando mosca, con elocuencia, le aleja. Necesita hacerlo.

   -Maquillaje. –responde, diciéndose que fue una suerte que Genevieve estuviera algo agotada y no se dedicara a sus usuales juegos de besar y lamer, o la lengua le habría cambiado de color.- Y no soy putero e infiel a mis votos. Bien, putero tal vez, pero Genevieve y yo aún no nos casamos. Estoy sacando todo esto de mi organismo antes de comenzar con la monogamia. –arruga la cara y finge estremecerse ante la palabra. Jensen ríe bajito.

   -Todo un príncipe encantador. ¿Estás bien? –se intriga, Jared tiene ahora el ceño fruncido.

   -Si, yo… -pensaba en lo dicho por el rubio, Ron repartía su herencia en pequeños trozos. ¿Y sí…?- Me cuesta concentrarme, me distrae tu mal corte de cabello.

   -Dios…

   -Si deseas salir y corregir este crimen estético…

   -Basta. Y no, no iré a ninguna parte. Vine a trabajar y no me apartaré de tu lado, esta vez sí, hasta que encontremos una solución a este problema.

   -Bien. –sonríe Jared, realmente divertido.

   El castaño se dedica durante casi cuarenta minutos a dictarle algunas notas que debe enviar, incluyendo flores para Genevieve, pero en todo momento parece ausente, pensativo. Se nota algo duro en la línea de su mandíbula. Y por una vez en toda la mañana ha dejado de mirar a Jensen, quien comenta mucho sobre muchas cosas.

   -Entonces estoy pensando en depilarme las piernas y el área del bikini. –el rubio, clavándole los ojos, comenta, haciéndole reaccionar.

   -¿Qué? ¿Usas bikinis? ¡Qué horror! –sonríe socarrón.

   -¡No estabas escuchando! –le reclama.- Después de lo de las flores y la bonita dedicatoria en forma de poseía que me exiges que invente y envíe a tu novia, te quedaste allí con la boca fruncida, mirándome y…

   -De pie. –se levanta, cerrando el saco.- No estoy de ánimos para estar aquí encerrado.- Vamos por helado.

   -¿Helado? ¿En horas de trabajo? ¿No estamos algo viejos para…? –Jensen se burla, pero le sigue, divertido. Salen a la oficina de Alexis, quien les mira extrañada.

   -Soy un muchacho en plenitud. –el castaño mira a su asistente, la otra.- Regreso pronto.

   -Pero Jared, Jeff espera… -se inquieta.

   -Llámale y dile que lo veo luego. Que no caiga en la histeria todavía. –informa mientras se aleja ya, volviéndose hacia Jensen, quien había tomado nuevamente la carpeta y la tenía en las manos.- Vamos.

   -No lo sé, tal vez debería comenzar con esos mensajes y llamadas.

   -Joder, ¿por qué nadie hace nunca lo que digo? ¿Acaso no les llegó el memo?, soy el jefe. –regresa, le quita la carpeta dejándola en el escritorio de Alexis, atrapa un codo del rubio y casi le hala.- ¡Regresamos pronto, Alex!

   La joven les ve caminar y hablar animadamente, Jared tardando un poco más de la cuenta en soltarle, el otro no apartándose mucho. Frunciendo el ceño antes de frotarse entre los ojos, la bonita joven se pregunta si no estará agotada por el trabajo e imagina cosas.

……

   -¿En verdad vas a ir por helados? –Jensen le pregunta mientras cruzan el pasillo rumbo a los ascensores.

   -Lo necesito, no el helado, salir de la oficina. Jeff, mi hermano, el encargado de la petrolera, me llamó para comunicarme que Howard comenzó su guerra. Debo contestarle, por desagradable que sea. Pero… -se muerde el labio inferior entrando al ascensor.- No quiero perder el buen humor con el que amanecí. Deseo pensar bien qué le diré para no discutir. Y es una gran concesión, tú no lo entenderías, pero los otros sí.

   -Evolución, así se le llama a eso, ir de maneras salvajes y primitivas a…

   -¡Ja ja ja! –finge, mirándole socarrón.- Si te va mal como cocinero siempre te quedará el circo. –salen en la planta baja.

   -Chef, soy chef. –le corrige algo exasperado, congelándose al enfocar la entrada del local comercial al que le dirigía Jared. Le mira con intensión.- ¿En serio?

   -Necesitas un corte.

   -¡Debemos trabajar! –le recuerda.- Si vamos a la práctica… si, no he hecho nada desde que me contrataste. Vas a pagarme, ¿verdad?

   -¿No te mueves si no te pagan antes?, muy listo. –se burla.

   -¡Jared!

   -Voy a encargarte de algo, en serio, pero antes debemos hacer algo con ese cabello. –le atrapa un hombro y casi le empuja para que entre, provocando cierto revuelo entre las chicas y chicos del salón de belleza. Saluda a todos con sonrisas, notando que todos miran a Jensen con curiosidad… tal vez porque aún le retenía con una mano. Le suelta, lentamente, no deseándolo del todo.

   -¿Un retoque, jefe? –le pregunta al castaño una pícara morena de aire latino, y Jensen imagina que el pillo ese algún movimiento ya ha hecho.

   -No, mi amigo necesita parecer moderno, decente y listo. Por ahora no lo consigue…

   -¡Hey! –se agita ante las miradas que recibe. Luego le dice bajito.- Íbamos a…

   -Déjame encargarme de algo. Tú ocúpate de ponerte bonito. –esas palabras hacen reír un poco a los presentes, pero no le importa; aunque si, de manera divertida, por el rubor que cubre los pecosos pómulos del rubio. Su móvil timbra y frunce el ceño al ver el nombre de su hermana, luego sonríe torvo, enviándole un mensaje.- Y ya te lo dije, te tengo un trabajo pesado… tendrá que lidiar con Megan, la cual necesita mi ayuda. Es decir, la tuya.

   -¿Tu hermana? –se confunde, parpadeando cuando la bonita morena le atrapa un brazo y le lleva a una de las sillas.

   -Si, tranquilo, te la mando. –y sale después de despedirse de todo el mundo con muchas sonrisas.

   Una que se vuelve una mueca predadora. Jensen le había dado una idea, e iba a hincarle garras y colmillos, por eso le sacaba del camino un rato. Por alguna razón que no alcanza a comprender, no desea que el rubio le vea en esa faceta.

   ¡Ni imagina el pobre, el problema que se le vendría encima!

CONTINÚA … 7

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 20

julio 12, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 19

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -¡No! –ruge Dean, molesto.- Esta no es una novela de Danielle Steel, concéntrate. Sé, porque lo sé, que Nick nunca haría algo así, por muy ambicioso que sea. Y lo es, créeme, eso nos separó cuando estuve considerando, realmente, decirle adiós a las cacerías y… a ustedes. –le sobresalta por la brutalidad de la confesión.- Pero es un tipo legal. Su mujer… -mira al frente, ceñudo, como si le costara hilvanar las ideas.- Ella no debía saber quién era yo, Sam. Ni conocer de este lugar o para qué sirvió. Pero lo sabía, y continuó con él, sin decirle nada durante todos estos años. Su ambición es parecida o mayor a la suya. Nick ignora que su mujer sabe. Y ella sabe que soy un cazador. Fuera de Nick, el resto del mundo en esta historia ignora esa denominación. No la sabe su abuela, ni sus guardaespaldas. Cuando se habló de cazadores estábamos solos. Pero esa mujer lo sabe. Sabe a qué vine. Y no creo que su marido se lo haya contado. Por eso no creo que estemos a salvo aquí.

   -Tal vez te investigó mejor de lo que imaginas. –todavía se aferra a la idea original. Por celos.

   -Podría ser, y para comprobarlo tan sólo debemos quedarnos aquí y esperar. Pronto oscurecerá. –la idea atormenta a Sam, no quiere aceptarla, pero no hacerlo era exponerse a ser atacados allí.

   -¿Quieres rehuir la batalla? –se burla, y eso si que altera al otro.

   -Hey, todavía estoy convaleciente, y tú aún confundes los extremos de un machete.

   -No, no te evadas y responde, ¿el gran Dean Winchester está admitiendo que se siente tan débil e indefenso como un gatito recién nacido? –no puede evitarlo, porque necesitaba azuzarle, también cambiar de tema.

   -Fui arrojado por los aires, caí de espaldas sobre una capota, una vértebra se me desalineó, y con todo el sexo rudo que tuvimos antes de eso… -contando con los dedos iba exponiendo los puntos, congelándose bruscamente, labios balbuceantes, alarmantemente rojo de cara. Sam se tensa inmediatamente, volviéndose a mirarle, furioso.

   -¿Lo recuerdas? ¡Lo recuerdas todo, hijo de puta! –acusa.

   ¡Oh, mierda, mierda, mierda!, se dice Dean, boca abierta, intentando pensar en algo, cuando ya el castaño está saltando de la cama, mirándole iracundo.

   -Sam… -comienza.- No sé qué crees que quise de…

   -¡Ni lo intentes hijo de perra, sabes muy bien de lo que estoy hablando! –ruge colérico.- Me hiciste creer que no recordabas nada de lo que pasó anoche entre nosotros, haciéndome sentir mal por… pensar que abusé de ti estando ebrio y…

   -Técnicamente fue lo que…

   -¡Tú lo querías también! –ruge, no iba a permitirle escapar por esa tangente. Le fulmina con la mirada mientras camina de un lado a otro frente a la cama.- ¿Sabes la tortura que he padecido?, sintiendo que… me aproveché de ti, que… -se detiene, dolido.- ¿Sabes lo horrible que fue esperar que habláramos de lo ocurrido, de lo que había pasado finalmente entre tú y yo, que lo pusiéramos en palabras, y que no recordaras nada? Nada, cuando había puesto tantas esperanzas en…

   -Mira, entiendo que… Bien, la jodí, ¿okay? te mentí, pero este no es el momento para hablar de eso.

   -Este es el momento.

   -Sam, realmente creo que debemos irnos de aquí antes de que anochezca. No estoy jugando ni intentando evadir el momento…

   -Claro, porque nunca evitas hablar de lo que te incomoda. –casi ríe, con ira.

   -Joder, no es el momento. –ruge, perdiendo la paciencia.

   -No nos iremos hasta que…

   -Basta, no quise hacerte sentir mal, pero no quería hablar de ello porque todo fue un error. –estalla Dean, levantándose también, aunque menos ágil. Las palabras fulminan al otro, que se siente herido.

   -¿Un error? –¿eso era lo que Dean pensaba realmente? El hecho estaba presente otra vez, la realidad, eran hermanos y él se excitaba al verlo. Su sangre hervía cuando estaba tan cerca que podía percibir su calor o su aroma corporal, y que eso siempre había sido así. De muchacho fue creciendo bajo su sombra, intentando no mirarle, no adorarle con los ojos. Cuántas veces no sufrió calenturas al entrar al cuarto de baño y encontrar un calzoncillo del otro, preguntándose… ¡Un error!- Dean, ¿si sentías eso por qué dejaste que yo…? –comienza, no quiere reclamarle, ni discutir, le duele demasiado el rechazo, pero necesita saberlo.

   -Porque soy un imbécil, Sam, ¿cuál es la novedad? –abre los brazos exasperado.- No debí ceder a toda esta mierda que siempre he sentido. –confiesa costándole, no mirándole, no podía.- Por mi culpa pasó todo esto, dejé que todo se retorciera entre nosotros. Eras mi hermanito y debí protegerte, y sin embargo toda esa suciedad crecía dentro de mí. Dejé que mi deseo enfermo aumentara y se interpusiera. –alza los ojos, avergonzado.- Entendí que te fueras de la casa, Sam, que nos dejarás a papá y a mí. Que pusieras distancia entre nosotros. Me dolió pero comprendí que debías irte, buscar paz, tranquilidad. No supe controlarme, esa maldita vez que… -suena agitado, totalmente alcanzado por la culpa y la vergüenza.

   El otro le mira desconcertado, ¿de qué hablaba ese idiota? ¿Se culpaba de lo ocurrido? ¿Acaso pensaba que le había pervertido o algo por el estilo?

   -¿Quieres  callarte? –estalla al fin. Se miran, retadores. La ira del castaño aumenta otra vez frente al hombre guapo frente a él, el sujeto por quien ha suspirado tantas noches, que le hacía arder la sangre, de ganas y culpas, vistiendo en esos momentos tan sólo un bóxer holgado que le hacía todavía más atractivo.- Desde que tengo uso de razón te transformaste en mi mundo, Dean, todo comenzaba y terminaba contigo. Eras el guardián de mi cuna. Luego… “mamá”, y después “papá”. Pero cuando fui creciendo, notando las maneras de papá, de John, su despotismo, su autoritarismo, la manera de tratarnos, algo en mí se reveló contra eso. Su manera de controlarnos, de hacernos pelear su guerra.

   -Lo hacíamos por mamá. –interrumpe.

   -¡Jamás la conocí! –estalla, y decirlo en voz alta suena casi ofensivo, lo nota en el tensar de las mandíbulas del rubio.- Lo siento, Dean, pero no tengo los recuerdos que tú tienes de ella, no compartimos eso. Tú recuerdas una edad de oro, a su lado, con papá amándola, pero yo no. Sólo, y porque me lo contaron, que murió cuando algo entró a mi habitación, la misma cosa que mató a Jessica. Seguí junto a ustedes porque era un niño y estaba tú. Nunca lo habría hecho por papá. Y llegó el momento cuando me molesté contigo por no enfrentarle, por verte herido cuando te sentías rechazado al intentar que te mostrara afecto. Te odie por necesitar que él sintiera afecto por ti. Pero no fue por eso que yo sabía iba sintiendo por ti, y que a veces me parecía que me correspondías. Ese nunca fue el problema. Al menos para mí. Me despedí después de esa discusión con papá esperando que me detuvieras, ¿recuerdas que te habías apartado de mí? Quería que me pidieras que me quedara, o que vinieras conmigo. –deja salir el aire, agotado.- Lejos de papá, tú y yo seriamos Sam y Dean, tíos a los que nadie conocía y que parecían compartir sentimientos, un piso y una vida de maricas, sin que nadie se metiera. Esperaba…

   Los recuerdos llenan la habitación, el momento cuando no pudieron esconderse más. Dieciséis años de inconformidad, de protestas, de resentimientos hacia un padre que les arrastraba de aquí para allá cuando comenzaba a echar raíces en un lugar, a conocer chicos con quienes podía hablar de algo que no fueran cacerías y monstruos, algunos amantes del ajedrez o la lectura, o para compartir un tranquilo juego de básquet. Chicas que parecían mirar más allá de su apariencia y le encontraban “mono”. Profesores que notaban su inteligencia, no sólo su retraimiento. Y cuando algo le interesaba, John Winchester llenaba el impala con Dean y él, obligándole a decirle adiós a todo.

   Y, claro, Dean…

   Seguían compartiendo cuartos, y con los años, aunque se mortificaba y hasta se tachaba de enfermo, la obsesión por su hermano no había hecho más que aumentar. Verle crecer era una tortura eterna; aunque no tan alto como él mismo a pesar de los años de diferencia que les separaban, sí más guapo, más desafiante y osado. Orgulloso de su cuerpo, de su sonrisa, de sus ojos y pecas, de sus chulerías para enfrentar a una chica, un casero o un monstruo debajo de la cama. Odiaba eso, admirarlo y resentirle tanto; que le irritara su promiscuidad y al mismo tiempo deseando que le mirara o hablara como a veces escuchaba que hacía con alguna, al teléfono. Que le gruñera, sonriendo torvo, “¿es esto lo que quieres, tío?”, como sabe que ha hecho con uno o dos chicos con quienes le ha visto, empujándoles contra una pared, frotándoles la pelvis de sus jóvenes culos que se refregaban ansiosamente…

   Si, de los dieciséis en adelante, Dean Winchester pareció enloquecer por el sexo. Y aunque decía una que otra palabra tierna a una chica, le invitaba una hamburguesa, no le decía no a un joven que no pudiera apartar los ojos de su impresionante físico. Y de todo sacaba provecho. Eso le molestaba, ¿cómo podía ser tan puto, tan regalado, tan…? Sobre su estrecha cama en aquel caluroso cuarto de motel donde John les dejara, el joven suda vistiendo únicamente un bóxer largo y holgado, de cuadritos, oyendo al otro silbar alegremente en el cuarto de baño después de la ducha. El joven peli castaño sabe que odia a alguien o algo, la vida, el destino o Dean, porque a él no le tocan ninguna de aquellas atenciones. Y en ese punto siempre se sentía mal, por desearlo tanto. Es cuando le parece escuchar el tono del móvil del otro.

   -Oh, mierda. –oye a Dean, mientras la puerta se abre y este sale, envuelto en un vaho de vapor, con una toalla al cuello y un bóxer gris de los cortos y ajustados, de los que usaba cuando iba de cacería. De chicas. El cual mostraba la silueta de una verga morcillona, levemente consistente y emocionada, seguramente anticipándose a la noche. Y Sam se odia por no poder apartar los ojos del joven y tonificado cuerpo que brilla con algo de humedad, de aquel bóxer.- Bien, es una pena. –responde a alguien al teléfono.- No, no, entiendo, está bien. Nos vemos luego. –corta con cara de chasco.- Joder, se me arruinó la salida. Esta nena tiene que cuidar a su padre enfermo. ¿No es mala suerte?

   -¿Tuya o de ella? –no puede evitar el tono venenoso, a veces Dean podía ser tan egoísta.

   -¡Ja ja ja! –finge burlándose.- No usarla te tiene de mal humor, Samantha, ¿no quieres que te de una mano? –es la contesta de siempre, secándose tras la nuca el rubio cabello oscurecido por el agua… ¡en bóxer!

   -Déjame en paz. –es la réplica furiosa, hervía de indignación por todo lo que sentía. Y Dean no ayudaba para nada.

   -La frustración sexual hace de Sam un niño gruñón. –canturrea, divertido todavía, al menos tenía algo que hacer ahora que su cita, una que se la había medio levantado toda la noche, le había fallado.

    No se esperaba lo que ocurrió. Viéndolo todo rojo, Sam salta de su cama, empujándole, haciéndole caer de espaldas sobre su propia cama.

   -¡Cierra la boca! –estalla el menor.

   -¿Qué diablos…? –brama Dean, al verse caer de espaldas, con el menor sobre él, furioso, intentando fijarle con el cuerpo y las manos, como ha aprendido de la lucha. Ah, pero él es Dean Winchester. Casi sonríe cuando enlaza los dedos con los del otro, desconcertándole por un instante. Qué tonto, piensa por un segundo, girando con fuerza el cuerpo hacia la derecha, derribándole, intercambiando la situación, ahora está sobre Sam, fijándole contra la cama, riendo de su frustración.

   -¡Suéltame!

   -Creí que querías jugar a ser el más grande. –todavía se ríe, sentado sobre su regazo, en bóxer, aún húmedo de la ducha, el tolete presionando contra la tela, bajando y tocándole al estar echado hacia adelante para sostenerle las manos. ¡Joder, la verga de Dean le tocaba!

   -¡Bájate! –Sam enrojecía alarmantemente, su tono era de pánico.

   -No aguantas una broma pero te gusta moles… -comienza Dean, sorprendiéndose, parpadeando, mirando sobre su hombro, hacia abajo.- ¡Sam, niño travieso! Es evidente que estás muy, muy, contento de verme. Y ya no pareces tan chico…

   -Dean… -la ira, vergüenza y timidez luchan por dominarle. Quería morirse… y en todo ese tiempo su verga iba endureciéndose, llenándose de sangre, sus carnes hinchándose, alzándose contra la tela… contra la hendidura del culo del rubio como buscando su camino. Y la idea, su verga en aquel culo, casi le hizo jadear.

   -¿Caliente, Sam? ¿Hasta el aire te la para? –le pregunta, labios torcidos, ojos brillantes como los de un gato.- ¿Te habría pasado hasta con el tío Bobby encima? –le reta. Y Sam quiere morirse, y teme que ocurrirá, realmente, al estallar en llamas, cuando el hijo de perra comienza a mecerse sobre su pelvis, adelante y atrás, rozándose contra su miembro, arrancándole un gemido.

   -No, Dean, deja de… ¡Ahhh! –el hijo de perra, era un hijo de perra, soltándole las manos, como retándole a bajarle, había enderezado su cuerpo, las rodillas contra sus costados, totalmente sentado sobre su regazo, sobre la joven, dura, caliente y pulsante tranca.

   -¿Quiere que baje, Sam? –pregunta untuoso, retador, sonriendo chulo, meciendo nuevamente su culo de adelante atrás, frotándose de su tolete que respondía con espasmos.

   -¡Hijo de perra! –brama con voz rota, jadeando, su delgado torso subiendo y bajando con esfuerzo. Ahora no sólo se rozaba de su piel, quemándole, sino que su verga también había endurecido dentro del ajustado bóxer gris, alzando la tela visiblemente, y el hijo de perra, porque lo era, se las ingeniaba para que fuera muy consciente del roce de sus bolas y su tranca dentro del calzoncillo.

   Era más de lo que Sam podía procesar, su mente se apaga y el instinto toma el control. Sus manos se alzaron hacia las caderas del pecoso, encontrando la suave y lisa piel algo húmeda, cálida y vital. Le ve tensarse cuando le agarra, erizándose bajo el contacto. ¡A Dean también le afectaba!

   Las jóvenes manos van a la baja espalda del otro, los dedos apuntando hacia abajo, metiéndose dentro del bóxer; respirando con dificultad, tragando en seco, los multicolores ojos totalmente brillantes, clavados en los de Dean… quien nuevamente se echa hacia adelante, permitiéndole tocar sus nalgas con mayor facilidad. Glúteos duros y turgentes donde sus dedos se clavaron mientras deja escapar un prolongado gemido.

CONTINÚA … 21

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 5

junio 23, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 4

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Una sensación cálida estalla en el pecho de Jared, tan abrumadora e intensa que no sabe cómo procesarla, aunque es consciente de su piel ligeramente erizada… y de un vago hormigueo en sus bolas. Lo más extraño de todo. Bien, Jensen tenía una buena voz para narrar cuentos eróticos, de eso no cabían dudas.

   -Te lo dije, soy maravilloso. Ahora hasta tú lo reconoces, y no dejaré que olvides tus palabras nunca. –responde algo sardónico, necesitado de controlarse, de aligerar el momento, aunque rodando los ojos, no quiere estropear el ánimo del rubio. La risa ronca y baja, pero real que le llega, agita todavía más su corazón.

   -Si, Padalecki, ahora si te reconozco, eres el tonto de siempre. –por alguna razón esas palabras le hacen sonreír sentado sobre su cama, todavía cubierto con la toalla.- Y es bueno saberlo. Realmente fue grandioso lo que hiciste por ese pobre chico. Eres lo máximo. Disfruta mucho de tu reunión, te lo mereces, chico grande. Buenas noches. –termina con un tono suave que le hace tragar.

   -Buenas noches, Jensen. –responde parecido, sabiendo que baja el tono, sonriendo como un tonto, esperando. No se apartará antes.

   La llamada se corta del otro lado y por fin aleja el aparato de su rostro. “Buenas noches”, la frase del otro se repite en su mente, y se avergüenza de una idea súbita y estúpida, si escuchara esas palabras regularmente siempre dormiría bien.

……

   -¡Amor mío! –exclama con una enorme sonrisa y un tono alegre que no le deja desde hace rato, en la puerta del apartamento de la conocida modelo internacional Genevieve Cortese. La chica se ve hermosa en un vestido rojo que deja al descubierto sus hombros, que cae poco más allá de sus muslos. La abraza como un oso y ella ríe.

   -Jared, a tiempo, qué sorpresa. –responde contenta pero algo desconcertada, de buena manera, al verle en semejante disposición. El beso es suave, el hombre sabe que le gusta cuidar su maquillaje, pero se siente afectuoso y algo demandante sexualmente en el movimiento corto de su lengua.- Wow, parece muy contento esta noche. Mucho para ir a una reunión. –finge mirarle con sospecha.

   -Llevo casi una semana sin ver a mi chica, muriendo de soledad, sufriendo sabiendo que todos los hombres que la rodean la desean, y sufriendo más al sospechar que algunas mujeres la quieren también y yo sin estar para ver, ¿no voy a alegrarme de verte al fin? –abre los brazos, sonriendo feliz. No podía dejar de sentirse así. Casi le parecía estar intoxicado.

   -Sí, claro. –ese juego de amistad y amor, donde finge dudar de su sinceridad (o realmente duda), les hace sonreír. Cosa que acaba cuando vuelve a besarla, rodeándole la estrecha cintura con sus brazos, las enormes manos bajando a su trasero, clavando los dedos. Riendo le responde, le gusta mucho, pero le aparta.- La reunión.

   -Oh, vamos, casi ha pasado una semana… -la mira con ojos de cachorritos.

   -No vas a enredarme con tus miradas de niño extraviado, vamos a la reunión para aprovechar tu buen ánimo; luego… seré toda tuya para lo que desees. –le aclara mientras toma su bolso y una chaqueta.

   -¿Quiere decir que probaremos con la mantequilla y…?

   -No, Jared, ¡eso no! –le para en seco y ríen mientras salen.

……

   ¿En la reunión?, un sonriente, joven, atractivo y elegante Jared Padalecki destacó, nada más cruzar la entrada, llevando del brazo a la hermosa Genevieve Cortese. Mucha gente se acercó a saludarles, siendo atendidos agradablemente por el joven, aunque este, por lo general, no se cuidaba ni de disimular que encontraba todo aquello realmente fastidioso. Era un hombre social, le encantaba bromear, reír y divertirse, pero sólo con aquellas personas a quienes estimaba realmente, sus amigos. Esta noche, sin embargo, es la viva imagen del sujeto agradable para con todos. La música, los tragos, las risas, todos parecían estar pasando un buen rato. También él.

   -¡Genevieve! –la voz de Megan, su hermana, le distrajo. La joven se veía bonita, algo achispada con una copa en la mano, siendo abrazada y besada por la otra mujer. Luego le miró a él.- Jared, es tan raro verte aquí…

   -Qué puedo decirte, pensé en pasar un rato. –contesta, afable.

   -¿No te obligó Genevieve?

   -¿Creerás que no?, al menos no mucho –aclara esta y Jared ríe, de manera franca, ligero de corazón, ganándose una mirada algo extrañada de Megan.

   -Realmente te hacía falta ver a tu novia. –comenta algo agria. Ese tono le intriga.

   -Dios, allí está Allison Mack. –jadea Genevieve, mirando a una rubia menuda que parece estar regañando a un tipo inmenso.- Un momento… -se disculpa y aleja, viéndose rodeada de hombres y mujeres que la saludan, tocan y abrazan.

   -Genevieve es tan popular. –comenta Megan, sombría.

   -¿Te ocurre algo? Pareces malhumorada. –se preocupa. Eso la desconcierta.

   -¿Notando detalles en otros?, no pareces tú. Y si, puede que me ocurra, ¿pero para qué contártelo si lo vas a creer una niñería? –su tono es aún más amargo.

   -Meg, ¿qué pasa? –el tono es paciente, desconcertante para las personas que se acercan sin que repare en ellas, sus padres, Jeff, su hermano, y su mujer, Nadina.

   -Como sabes, aunque tal vez no, perdido como vives en tu burbuja ego jareliana, voy a cumplir veintiún años, una edad importante, y quería festejarla con mis ex compañeros de primaria, secundaria y la universidad, pero es tan difícil encontrar a todos y… -jadea con rostro de tragedia. Jared la sabía una alocada mariposa social incapaz de organizar nada.- Podría contratar a alguien que se encargara, pero quería ser yo quien llamara, convocara y… -se muerde los labios.

   -No hagas eso, te ves feílla. –le sonríe acercándosele, desconcertándola, también a Sherri y Nadina, la mujer de Jeff.- Ve mañana  a la oficina y Alexis te ayudará, es una genio para organizar sin que parezca que es ella quien lo hace. Ni te imagina la de felicitaciones que he recibido por cosas de las que ella se encargó. Es lo que quieres, ¿no?, que tus amigos piensen que resolviste como una chica grande. –la ve parpadear.

   -¿Lo harías? ¿Me ayudarías? –las palabras le desconciertan.

   -Claro que si, Meg, eres mi hermanita. Y veintiún años es una edad importante, efectivamente. Cuando Chad y yo la cumplimos fuimos a México y… -contaba y se corta, enfurruñándose.- ¡Ni se te vaya a ocurrir hacer algo así! –y ella ríe, de alivio y por la historia, cosa que le recuerda, no sabe por qué, a Jensen, restituyéndole completamente su buen humor.

   -¡Allí estaré temprano! –exclama, abrazándole impulsivamente, algo que ocurre pocas veces en la familia.- Gracias, hermanito.

   -De nada. –impulsivamente hace algo que lleva tiempo sin hacer, la besa en la frente, maravillándola. Un sentimiento algo doloroso le llega, ¿se habría apartando tanto de su hermana que esta recibía sus muestras de afecto con extrañeza?

   -Jared, cariño, no vi cuando llegaste. –comenta Sherri, a sus espaldas, sonriendo ante el intercambio de sus hijos. Sonrisa que se ensancha cuando Jared se vuelve y enrojece al encontrarse con todos.

   -Hijo… -intercala Gerald Padalecki.

   -Hola, mamá. –la besa.- Buenas noches, papá… Jeff, Nadina. –saluda a todos.- ¿Llegaron hace mucho?

   -No realmente. –responde el hombre joven, cabellos corto, mirada seria.- Imagino que Genevieve te arrastró a este lugar, ¿no? –es algo quisquilloso, todos lo saben, incluida su mujer. Jared le monta una mano en un hombro y oprime fraternal.

   -¿Qué es lo que no nos hacen hacer las mujeres? –hay sonrisas y comentarios al respecto.- Estás muy hermosa, Nadina. –mira a su cuñada, esa exótica dama de cabello largo y muy negro, alta pero esbelta, con un aire oriental.

   -Gracias, Jared. También Genevieve… -mira hacia la mujer.

   Jared la imita y cae en cuenta que su novia le mira con una expresión de “ven a salvarme de esta gente”, cuando tres sujetos con aires de bibliotecarios parecen decididos a acapararla.

   -El deber llama, señoras y señores. –comenta el joven, todo sonrisa y gallardía dirigiéndose hacia su chica.

   -¿Son ideas mías o Jared se ve… casi civilizado? –pregunta Megan, sonriendo al verle abordar al cuarteto, rodeándole los hombros a Genevieve dando a entender su condición de novio.

   -Se nota que le hacía falta su chica. –repite Sherri algo ya dicho por ella misma.

   -Si, eso pensé también, pero…

   -No lo sé. –es Nadina quien interviene cuando Megan calla confusa, mirando a la pareja.- Le he visto antes junto a ella, y es la primera vez que Jared es amable conmigo. –mira a los padres de su marido, que parecen súbitamente incómodos por el comentario, al igual que Jeff, porque saben que es cierto.- Sea lo que sea que le tiene tan contento, esperemos que dure.

……

   La noche resulta agradable, reconoce Jared, y está plenamente convencida Genevieve. Durante la reunión hablaron, saludaron, se reencontraron con conocidos, bailaron, bebieron un poco, comieron pasapalos. Luego salieron a tomar algo, a solas, no sin antes despedirse de la familia (Jared se vio en un trance cuando se encontró besando en una fría mejilla a una Nadina que pareció controlar a duras penas la sorpresa), volviendo al pent-house del hombre. La ducha compartida fue grata, a la mujer le gustaba hacerlo al regreso de cada salida, luego cayeron en la cama, donde conectaron… a todo nivel.

   Agotado, complacido, Jared cae de espaldas, medio acariciando a la mujer sobre él, que jadea quedamente. Llega ese grato momento de modorra después del orgasmo, las ganas de cerrar los ojos y dejarse ir, compartiendo el grato calor y cercanía.

   -Te extrañé… y veo que tú a mí, también. –comenta ella, sonriendo, besándole fugaz en los labios. Jared finge un mohín.- ¿Qué?

   -Siempre es raro cuando me besas después de tener tus labios en mi…

   -Oh, cállate… -estalla en risitas falsamente molestas.

   Él ríe con más fuerza, acunándola con sus brazos, ambos desnudos sobre las mantas. Si, se sentía bien. Feliz. Y lo merecía, recuerda con una sonrisa socarrona, cayendo en el sueño cuando ella suspira agotada, acomodándose:

   -Eres lo máximo. Disfruta mucho de tu reunión, te lo mereces, chico grande. Buenas noches. –le parece escuchar otra vez, mientras va adormilándose. La sonrisa no le cabe en la cara.

……

   Citándose todavía con Genevieve para un almuerzo tardío (ella aún no comprendía que si pasaba de la una de la tarde sin comer entraba en shock), Jared ve abrirse las puertas del ascensor que le deja en el piso donde funcionan sus oficinas. Sonríe con buen humor, por la joven, pero también porque todavía siente esa extraña intoxicación. Por un segundo se detiene, mirando el largo pasillo alfombrado, los cuadros, las puertas de cristal. Lucha contra las ganas de preguntarse el por qué de su secreta agitación, de ese sabor de anticipación que seca un poco su lengua. Realmente no lo entiende; por lo general se divertía allí haciendo negocios, aunque mayoritariamente se aburría. Otras se sentía encerrado. Pero nunca ansioso, o nervioso como ahora.

   Finalmente sale con pasos lentos, majestuoso, saludando con inclinaciones de cabeza a quienes encuentran, y que le corresponden para luego mirarle seguir su camino. Su buena disposición era muy evidente.

   -Buenos días, preciosa. –saluda a Alexis de manera elocuente, sonriendo. Todavía se sentía un poco avergonzado de su actuación el día anterior. Además, ella le había hecho quedar como un príncipe frente a Jensen… que no es que eso importara mucho, ¿verdad?

   -Vaya sonrisa, se nota que Genevieve está en la ciudad. –comenta la joven al ponerse de pie y tenderle un enorme vaso de porcelana donde el otro toma café. Y mientras este rueda los ojos y toma la taza, la joven se pregunta si eso sería todo.

   -¿Novedades? –prueba el café, fuerte y amargo. Un gusto adquirido en las exploraciones en Texas. Antes sólo tomaba chocolate, muy azucarado.

   -Jeff pasó una nota, Ron Howard realmente está ofertando en contra de la empresa. Ha contactado con proveedores de tu hermano. –casi dice como si no lo deseara. Le ve tensarse.

   -Bien, lo esperábamos. Ron no es un hombre que se detenga una vez ha decidido algo. –bebe y lo encuentra más amargo.- Cuando Jensen llegue…

   -Ya llegó. –le corta, sorprendiéndole.

   -¿En serio?, vaya, parece que quiere dar buena impresión. Llámale y… -la ve tensarse.

   -Está en tu oficina, dijo que quería ver algo y… -parece algo apurada. No tuvo corazón para detenerle cuando llegó, agradeciéndole el mensaje. Que Jared le explicara que era un capullo que odiaba que alguien entrara a su oficina sin autorización.

   -¿En mi oficina? Bien. –es todo lo que este responde, alzando la mirada, enfocándole más allá del cristal.

   -¿Qué está bien? –ella repite, extrañada.- Jared, te pones como un energúmeno cuando alguien entra sin tu autorización. Le habría detenido pero me saludó con una sonrisa tan grande que…

   -Está bien, entró y ya. –parece confuso por la charla, como si todas esas reglas no fueran cosa suya.- Quiero que me comuniques con Jeff, pero no aún. Necesito otro café para eso. –entra en su oficina, al fin. Sonreía socarronamente pensando en todas las bromas que le haría al otro por la llamada de la noche anterior, pero no puede. De hecho, por un segundo, se congela.

   Sin haber reparado en su presencia, o que la silenciosa puerta se abrió, Jensen continúa leyendo algo, sentado en el sofá. Lleva un sobrio traje gris con una corbata vino tinto, el saco parece quedarle algo estrecho en los hombros, las mangas suben un tanto. Le quedaba algo chico, pero era indudablemente bueno. Aunque lo que capta su mirada es el rasurado rostro; el… joder, si, hermoso rostro. Los pómulos altos, la barbilla partida, las pecas… Los labios. Carnosos, algo brillantes como si acabara de pasarse la lengua por ellos, rojizos, ¿los habría mordido? Y recordó un poco más de esos años nebulosos de universidad. El cuarto atestado de humo de habanos y uno que otro porro, la mesa llena de fichas, las cartas, las cervezas. Él algo ebrio, más delgado, el cabello más abundante y cayendo sobre sus ojos, sonriendo.

   -¿Si tuviera que dejar que un hombre me diera una mamada? ¿Sacándote a ti, Chad? –se volvió hacia el amigo, en medio de las risas generales.

   -Sólo podrías besarme el culo. –replicó este, borracho, ojos en sus cartas.

   -Dejemos tu culo fuera de esto, ¿okay? Joder, esa imagen me enfermará. –acotó entre risas, Tom Welling, volviéndose hacia Jared.- ¿Dejarías a un tío mamártela?

   -¡Una mamada es una mamada! –replicaron tres de los cuatro sentados a la mesa.

   -¿A que tío dejarías que te lo hiciera? –Tom se veía curioso.

   -Al chico de la copiadora, Ackles… Jensen. El pecoso… Tiene unos labios curiosos. –dijo rápidamente, entre divertido y apenado.

   -Si, lo he visto. –terció Mike Rosenbaum.- Tiene labios de chupapollas. -le miró, con ese aire perverso que siempre tenía y que solía ser peor que el de Chad.- Ah, sucio perro, ¿estás imaginándote viendo el Súper Bowl, piernas muy abiertas, Jensen de rodillas entre ellas con sus labios gorditos bajando por tu verga dura, apretándola y…?

   Sintiéndose frío, Jared parpadeó, alejando la imagen del pasado, para encontrarse con Jensen, quien ceñudo pasaba las hojas dentro de la carpeta al tiempo que lamía su labio inferior.

   ¡Oh, mierda!

CONTINÚA … 6

Julio César.

FINAL DE TEMPORADA DE SUPERNATURAL: 22×11 – 23×11

junio 1, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

DEAN AND AMARA KISS

   Me hice tantas ilusiones…

   Debo confesar que este fue el final de temporada que menos me ha gustado de todos. No quedé contento con la quinta temporada, no el final que si me gustó, cuando todos enfrentan a Lucifer y este les pega duro, sino porque desperdiciaron todo el Apocalipsis, a los Jinetes y que nunca hubo el temor de lo que ocurría; tampoco me agradó el final de temporada pasada, con Sam y Dean comportándose como los villanos a vencer, todos deseando detenerles para que no causaran un daño mayor y estos siguiendo adelante, incluso Dean acabando con Muerte. Pero este ha sido peor. Totalmente decepcionante, y eso que contaban con un argumento increíble, el enfrentamiento entre Dios y su hermana, la cual está a punto de acabar con todo, pero que al mismo tiempo siente una fijación con Dean (¡y cómo no iba a ser así!). El penúltimo episodio fue anti climático, todo ocurría en los últimos diez minutos, en el siguiente tocaron todo por encimita, y Sam y Dean no tuvieron mucho que ver, a pesar de que Sam había decidido llevar la Marca, y luego Dean pensaba estallar como un sol para acabar con la oscuridad. Y con todo, no fueron ellos los héroes de la acción.

LUCIFER EXPULSADO DE CASTIEL

   Y voy con el episodio de la semana antepasada, 11×22 – We Happy Few, que creo que dice algo como “poco felices”. La verdad es que para el villano, o problema que enfrentaban, y faltando tan poco para terminar la temporada, el capítulo estuvo flojo. Muchas cosas me gustaron, pero quedó como faltando. ¿Lo rescatable?, a Castiel ya no le posee Lucifer. ¿Lo que menos me gustó?, la indiferencia de Amara hacia Dean. Fue bueno, no se me malinterprete, pero no tanto como cabría esperar. Aunque el final de temporada pasado no fue de mis favoritos, repito, los Winchester convirtiéndose en los villanos, los capítulos precedentes fueron geniales, como la brutal venganza de Dean contra los asesinos de Charlie, ahora estos se sienten faltones. Hubo muchas conversaciones y unos cuantos minutos de intensa acción, y sin embargo no fue suficiente.

LUCIFER MANDA A VOLAR A DIOS

TENSION EN LA BATICUEVA

LUCIFER EN EL CUARTO DE SAM

   Fue un episodio de explícate, de discúlpate conmigo así no tenga la razón, entre Chuck (Dios) y Lucifer, todavía usando el pellejo de Castiel, estirándoselo. Y el Amara/Chuck. Bien, esto le chocó a mucha gente, personalmente me divirtió. Sam y Dean, que estarán jugando banca por un buen rato, quieren reunir la pandilla para ir contra Amara, pero Lucifer no quiere hablar con Chuck, y este no quiere dar su brazo a torcer, es decir, admitir que pudo equivocarse. Oír a Lucifer encerrado con la música a todo volumen, negándose a escuchar y que le dejen en paz en su cuarto, y Sam replicando que ese era su cuarto, fue graciosísimo. Pero la charla tiene que darse. Lucifer se siente traicionado, Chuck, para salvar su creación de Amara, le envió contra ella, le puso la Marca original para encerrarla, la Marca que todo lo envenenaba. Y luego quiso que se arrodillara ante la humanidad; negándose, se reveló, ¿pero hasta qué punto era obra de la Marca? Es lo que plantea Lucifer en su defensa, en su querella contra Dios.

   Esto parece tonto, algo de televisión; claro, no sabemos nada de antes de la creación, ni la ciencia sabe de dónde vino el universo, ni la religión explica quién o qué es dios, con un concepto elaborado más allá de es el que era, el que es, el que será. Eso nos habla de una cualidad, más no de una definición. Siempre me pregunté, exactamente por qué se reveló Satanás, llevándose con él a una buena parte de los ángeles. La Biblia le reconoce como el opositor a Dios y enemigo de los hombres, por ello se deduce que quería ser Dios, envidiaba el trono y la obediencia de los otros. Pero, la explicación dada por el programa fue buena, podría haber ocurrido. No digo que pasara, no soy de esas personas que termina creyendo todo lo que ve o escucha.

   Chuck se muestra implacablemente convencido de tener la razón, y esto que molestó a algunos de mis amigos que siguen el programa (y es cierto, es como religión para muchos), entra dentro de la naturaleza descrita de Dios en el Antiguo Testamento, quien exige obediencia ciega e inmediata, sin atenuantes, y que no duda en “corregir” las faltas, desde expulsar a la primera pareja al desobedecer un mandato directo, a ahogar a todo el ejército egipcio si no bajan la cabeza ante su mandato. No se andaba con medias tintas. Las actitudes mostradas por Chuck eran un reflejo de ello, uno pálido, porque al final se disculpa, por su error, por sacrificar a Lucifer en su guerra con Amara. Y era todo lo que este quería escuchar.

ROWENA ESCAPABA

SAM DETIENE A ROWENA

   Zanjado este asunto, queda completar el cuadro. La historia se mueve de aquí para allá, Sam busca a Rowena, la cual trama con otra bruja transportarse unos cuantos siglos al pasado para escapar del final. La mujer ha visto algo horrible en Amara, y así será la cosa que la asusta a ella, que ha tratado con Lucifer. Me encantó esa bruja, Clea, un gran personaje. Cuando el Winchester aparece, proponiéndole una alianza, ya que Amara no sólo acabará con ángeles, demonios y hombres, sino hasta con la magia, Clea piensa que hay que luchar, la convence el mirar el aura de protección que rodea al cazador, de un poder que nunca ha visto, y así Rowena se ve empujada. Me hizo gracia la parte cuando ella amenaza a Sam con convertirle en un alce (la palabra de Crowley), uno de verdad.

LUCIFER EN EL CIELO

   Lucifer va al Cielo y por fin pasa algo que debió ocurrir la primera vez, los ángeles, armas en mano se lanzan entre todos intentando alcanzarle. No le creen lo de la lucha contra Amara, menos lo del regreso de Dios; tendrá que aparecer Castiel quien también tiene las acciones bajas (al pobre no le quieren en ninguna parte, sólo Dean). Este los convence de unirse a la batalla.

   Crowley, después de pasar un horrible bochorno en el Infierno intentando reunir fuerzas (fue horriblemente divertido ver cómo se burlaban de sus palabras; y ya me preguntaba qué estaba haciendo y si lo había retomado vengándose de quienes se burlaron de él), los demonios le abandonan, y llega Dean. Quiere hablar de la batalla ahora que apareció Dios. El Rey está reacio, y a eso atribuye Dean que su gente no le siga, que tiene que ganarse su lugar. Pero la verdad eso se ve difícil, Crowley no parece un verdadero demonio que quiera expandir el Infierno y volverlo aún más terrible; el que uno de esos demonios le recordara sus grandes éxitos, cuando fue la perra de Dean, de Rowena, de la niña Amara y de Lucifer, le debilita. Es como si no pudiera o no quisiera ser malo de verdad. Como sea, Dean lo convence.

OH, DIOS

   Ah, cuando ven a Chuck… Rowena se pone tonta, como siempre zalamera con quien tiene el poder, a Crowley no le impresiona. Lucifer es incómodo para todos (estos seres sobrenaturales son una ladilla entre ellos).

LUCIFER Y CROWLEY

ROWENA A LUCIFER

LUCIFER A ROWENA

   Y discuten qué grupo es mejor para enfrentar a Amara. La atacarán, la debilitarán y Chuck la encerrará, no pueden matarla, ella es parte del balance, luz y sombra, bien y mal. Sam cargará la Marca. Se presentó voluntario. Viene la conversación entre los hermanos, Dean no quiere que lo haga, alega que ya la portó y puede hacerlo de nuevo. Sam lo convence, y creo que tenía razón desde un punto de vista de la expiación, él comenzó todo aquello cuando prefirió un mal mayor sobre el mundo (y más que eso), al elegir a su hermano. Fue un detalle que me molestó en su momento, casi tanto como Dean acabando con Muerte, el Jinete. Repito, en ese instante los Winchester no fueron los héroes de siempre. Aunque se justificaba para que la serie tuviera de qué hablar otra temporada y para que el mayor no enloqueciera (aunque me divertía ese Dean malo).

AMARA, MARY Y DEAN BEBE

   Mientras hablan, Rowena se escurre, y dio mala espina, ella sale y se reúne con Amara, quien anda desesperada buscándoles, como cuando golpea al nuevo profeta, a Donatello, a quien le exige respuestas y este alega que apenas lleva tres días de profeta y nada sabe. Fue tan gracioso. No el que le robara el alma. También estuvo en la baticueva, revisando las cosas de Dean, lo que más tarde demostraría su importancia. Y mientras buscaba, sintió a Rowena espiándola, así se reúnen. La mujer va a traicionar a los otros por la promesa de que la envíe lejos en el tiempo. Por un segundo lo creí, cabía dentro de su manera de ser y pensar, ¡es una bruja tan traicionera!

   Pero era parte del plan y ataca a Amara, que se ríe, que su poder nada puede hacerle, es cuando Rowena habla del poder del aquelarre. En su cabaña, Clea y otras tres inician un rito (me encanto lo del tambor, parecían wicas de la nueva era), y el ataque debilita realmente a la mujer, pero termina derribando a Rowena y asesinando a las brujas. Y odié eso, me gustaban esas mujeres, especialmente Clea. ¡Pero qué poderosa es Amara! Por cierto, todo esto ocurre en menos de cuatro minutos.

   Nada más caídas las brujas ataca el Cielo, Amara sonríe todavía con desdén, pero le dan duro. Luego llegan los demonios y fue raro escucharla gritar. Crowley sale, ve caída a Rowena y también se suma al ataque de todo ese humo negro y el suyo, rojo. La mujer está mal, entra a enfrentar a Chuck, se reencuentran. Y es allí, viéndola herida, cuando Dean da pasos hacia ella pero Sam le detiene. Chuck se ve conciliador, como si le doliera verla herida (debe ser el Dios del Nuevo Testamento), pero ella no quiere nada. Le acusa de soberbio y vanidoso, al principio eran iguales en poder y eso no le agradaba, que creó seres inferiores para rodearse de quienes tuvieran que adularle. Chuck lo acepta en parte, pero que aún ella debe admitir que hay algo en la humanidad, que llega y toca, “tú lo sabes”. Es cuando ella mira a Dean, ¡y fue tan romántico! Lo único, porque luego le ignora.

CHUCK Y AMARA

AMARA Y CHUCK

   Cuando todavía discuten, Lucifer, por la espalda, la hiere con una lanza. Dean se sobresalta. Ella espera la muerte, pero Chuck va a encerrarla. Eso sí que la horroriza, y enfurece. Parece que triunfará la conjura, Sam ya casi tiene la Marca pero ella se levanta y ataca. Es más poderosa, la Marca vuelve a ella, Chuck cae y Dean vuelta por los aires cuando intenta ayudarle (fue toda la acción que vieron en este episodio los hermanos, por eso resulta flojo para sus fans). Lucifer que intentaba lo mismo es repelido y la mujer le saca de ese cuerpo. Chuck está caído. Ella se alza poderosa. Destruirá todo y luego le matará.

   Los hermanos quedan aturdidos, Castiel inconsciente, Rowena trastabilla y se marcha, de Crowley no sabemos. ¿Y ahora?

   Fue, repito, anti climático, aunque tuvo sus puntos; fue un vacilón la escena cuando Lucifer expone que Dean no puede matar a Amara por lo que siente, y todos le miran, ¡fue tan gracioso! Él todo avergonzado, asegura que lo intentó pero no ocurrió nada. Chuck aclarándole que tal vez no la mató porque en verdad no quería, les desarma a todos. Lo mejor es cuando Lucifer comenta que la conversación se puso rara. Personalmente este personaje me agrada, pero no ahora, porque posee a Castiel. Me dejó un mal sabor de boca cuando Crowley le dice al cazador que ya nada puede ser igual entre ellos. Es una tontería, pero también una pena.

WINCESTS

   El siguiente, 11 x 23 Alfa y Omega, comenzaba con nuestros héroes tirados por el piso, Dean diciéndole a Sam que se ocupara de Chuck, él corriendo hacia Castiel, siendo increíblemente feliz cuando sabe que Lucifer ya no le controla, ¿podía haber más amor? Chuck agoniza, lentamente, cuando muera la Oscuridad dominará. Rowena entra para avisarles de algo, salen y ven extraño el sol, el cual está apagándose, cuando pase, será el fin de la Tierra. Y este detalle si me gustó, un cataclismo cósmico que alertó al mundo, que asustó a la gente que intuyó que algo grave pasaba, a diferencia de lo que pasó con el Apocalipsis o el perverso e ingenioso plan de exterminio de los leviatanes.

DEAN, LA RESPUESTA

   De regreso a la baticueva, Dean decide que el mejor plan es beber hasta que llegue el final (que no era un mal plan), Sam no se rinde, los arrea, pero no hay un plan. Me gusto esa frase de Dean, “dime qué hacer y lo haré”; aunque no es “bruto”, siempre ha sido Sam el más listo. Chuck, Rowena, Crowley, todos parecen resignados, Sam no.

   Aquí la historia hace un alto y vamos a Inglaterra, donde una flemática y bonita mujer mira el sol, y sabe que algo grave ocurre, en su oficina vemos retratos de los Winchester, y después de una llamada le informa a la mujer que cuida de su hijo que tiene que viajar. Va a Texas. De entrada me gustó, hubo algo en ella que me recordó a la inteligente, peligrosa y traicionera Bela Talbot, en la tercera temporada. Al verla pensé, como antes he señalado, en las promociones de la vieja serie de televisión Falcon Crest, con aquello de “un nuevo personaje llega, ¿amigo o enemigo?”.

   Mientras Sam piensa en un plan, Dean sale por bebidas, llevándose a Castiel. Pensé que le reñiría por dejarse poseer por Lucifer, pero no; dice entenderle, que hizo lo que pensó que debía hacer, y la verdad no parecía él. Mayor es la sorpresa cuando se abre y le dice que le quiere como a un hermano, que son familia. Imaginen lo que eso significa para quien siempre le ha seguido con fidelidad sin esperar nada a cambio, y que es despreciado en todas partes, especialmente por los suyos. Castiel ahora sabe que no es una herramienta, no es una mascota, es familia. Se tienen que regresar porque Sam tiene una idea. Y es ingeniosilla, si Chuck muere crece la Oscuridad, pero si esta cae también, habrá otro tipo de equilibrio.

LOS WINCHESTER DE CACERIA 1

LOS WINCHESTER DE CACERIA 2

LOS WINCHESTER DE CACERIA 3

   A Chuck le parece buena idea aunque lamenta tener que matar a su hermana. La luz vence las sombras, así que usarán almas como bombas atómicas, pero no consiguen las suficientes. Me gustó lo del sanatorio embrujado (esos lugares parecen estar malditos en todas partes), fue la única parte de acción que tuvieron, era ver a los Winchester como antes. Pero no alcanzan. El Cielo se cerró y no prestará nada. Crowley no saca nada del Infierno, es cuando aparece Billie, la parca, ofreciendo las que están en el velo. Esta parca ha sido totalmente desaprovechada en toda la temporada, aunque, técnicamente, era “enemiga” de los hermanos, pudiendo llegar a ser una gran adversaria, no pasó nada; aquí tiene una pequeña participación, pero poco más. A Tessa la trataron mejor. Lo divertido de esta fue el intercambio de miradas coquetas con Crowley.

DESTIEL ES AMOR 1

DESTIEL ES AMOR 2

   Pero es que en esta parte ni Chuck, Castiel o Crowley tuvieron algo qué hacer, estaban allí simplemente. Con la bomba de almas, Dean se despide (porque claro, será él quien se acerque a Amara, y es tu trabajo), y me gusto el abrazo que le da Castiel, quien se deja de tonterías y da el paso adelante, comprometiéndose a cuidar de Sam.

EL ABRAZO DE SAM A SU HERMANO

   También el cálido intercambio de este con Sam, llevaban tiempo sin un abrazo de esos.

AQUI YACE MARY WINCHESTER

   Nuestro Dean se muestra como siempre, valiente y gallardo, quiere que sus cenizas sean esparcidas en ese hermoso cementerio, donde yace Mary Winchester.

AMARA Y DEAN, LO QUE PUDO SER

   Amara no las ha pasado muy bien, admira unas flores que se secan a su paso, y oye el cuento de la anciana cuyo marido de casi toda una vida murió y su hijo quiere enviarla a un ancianato. Amara imagina que le odia, y ella responde que a veces, pero también le quiere, porque son familia. Será lo que Dean exponga cuando la enfrente. Este aparece frente a ella, con la historia de que si todo va a acabar quiere estar con ella, pero la mujer sabe que lleva una bomba, que si fue idea de Chuck; él le aclara que no, que él no quiere hacerle daño a su hermana, pero que deben acabarla o les matará a todos, dice mirando hacia el sol. Ella explica que no hizo eso, que es algo natural ya que la luz mengua. ¿Saben?, en ningún momento sentí temor por Dean, aún cuando ella supiera de la trampa. Y eso que pensé, por momentos, que pudiera acabar con Rowena, Crowley e incluso Lucifer. Por Dean no me preocupé.

   Sigue ese bonito discurso de Dean, de sus peleas con Sam, pero que siempre cuenta con él. Ella hace aparecer a Chuck, le cura, y la cosa no me gustó. El gran atractivo de la temporada, para mí, era la atracción que había entre los dos, me habría gustado que pasará algo más, pero Dean lo arregla con que se obsesionó con él porque no quiere estar sola. No, eso no me gustó. Bien, se arreglan las cosas entre ellos, Chuck le libra de la bomba, el sol se recupera y Sam cree que su hermano está muerto.

  Junto a Castiel, este va a la baticueva y allí está esa mujer inglesa, Toni Bevell, quien se deshace del ángel y apunta a Sam con un arma, son Hombres de Letra de Inglaterra y le llevará, ya que bastante daño han causado con lo del Apocalipsis, los leviatanes y la Oscuridad. No queda claro si es para juzgarle, aunque parece, por el arma. Ocurre una de esas escenas que no engañan, aunque ella le dice que se quede quieto, Sam, después de aclararle que Dean está muerto, va hacia ella y la mujer dispara. Aunque hay que recordar que Bela si le disparó una vez.

LUZ Y OSCURIDAD, ALFA Y OMEGA

   Chuck y Amara se difuminan y unen, ella le agradece al cazador que le diera lo que deseaba, ahora le corresponderá.

MARY WINCHESTER REGRESA

DEAN VE A SU MADRE

   Y para terminar vemos a Mary Winchester. Viva. Y me gustó. Siempre me ha agradado ella, desde el piloto, cuando corre hacia Sam al entender que el hombre que está en su cuarto no es John; me gustó cuando joven, dura y peleona cazadora. Ella me simpatiza como me desagrada el John de Jeffrey Dean Martin, prefiero al joven, Matthew Cohen, quien si cuidaba a su familia. Pero el hecho de que apareciera Mary deja la cosa extraña, ¿a qué viene?, ¿qué importancia tendrá en la historia?, ¿nos vamos a llenar de personajes secundario como en Arrow, Flash o Supergirl, donde hay una multitud de segundones que diluyen la acción? Aunque… ¿imaginan a Mary riñendo a Dean por la bebida o no haberle dado nietos?

   Okay, ¿qué no me gusto del final?, fuera de la manera de desentenderse Dean de lo que Amara y él sentían, no hubo batalla realmente. Tal vez era porque se trataba de Dios y el programa se contuvo, ya que vimos en la quinta temporada las cosas que Dean le decía a Lucifer, o más tarde a Eva y Dick, la madre de todas las cosas y el jefe de los leviatanes respectivamente. A Amara y Chuck los trataron con pinzas. Por un segundo, sólo un segundo, me pregunté si el programa se atrevería a matar a Dios. Pero no. Amara comenzó con mucha mecha, increíble; su odio contra la creación, pero no contra Dean, la hacía decididamente interesante, pero todo termina en nada. Y hubo fallos, aunque estaban todos, en el episodio anterior Amara encuentra a Crowley y no hay un intercambio después de que él la “crio”. En este, Chuck se encuentra con Castiel y ni siquiera hablan, ¿no les habría interesado escuchar a Castiel preguntarle por que una y otra vez le revivió? A mí, si. Tres veces que recuerde, el ángel murió y Dios le trajo de vuelta, en la cuarta, cuando le mata el arcángel, en la quinta, cuando Lucifer le hace estallar, en la séptima cuando los leviatanes le derriten. ¿Por qué tanta preferencia? ¿Le agradaba Castiel? ¿Quería que siguiera luchando junto a los Winchester? Pero no, ni una charla. Al contrario, cuando tiene tiempo, Castiel se va con Dean. No hubo lógica, ¿no era de esperar que el ángel deseara hablar con su padre? Y Lucifer está por ahí, ¿dónde? ¿Haciendo qué?

   En líneas generales me gustó la temporada, mucho, y cuando el idiota Canal Warner comience a trasmitirla, la veré, pero me dejó tan insatisfecho (el final) como la quinta, en general. Así como botaron el Apocalipsis (el pánico mundial cuando la gente entiende que las señales del fin de los tiempos están ahí, por ejemplo), desperdiciaron a Amara, especialmente su química con Dean. ¿No habría sido genial verla celosa al verlo hablar con otra? ¿O con el mismo Castiel? Era lo que esperaba.

   Bien, viene la doceava temporada… otros programas llegaron y se fueron, y los Winchester siguen en la cacería. Por algo será.

SUPERNATURAL, EL REGRESO NUMERO DOCE

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 4

mayo 23, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                        … 3

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Por un segundo Jared Padalecki, atrevido, osado y descarado como es, queda silenciado, sonrojándose, y ríe de manera suave. Se miran, no saben por qué, pero les cuesta apartar los ojos.

   -¿Seguro? –le pregunta al fin.- ¿Pegado a mi culo?

   -Totalmente pegado. –repite Jensen, pero desviando la mirada ahora, la broma se había vuelto algo untuosa.- ¿Qué harás ahora?

   -¿No es “qué” haremos?

   -En verdad lo decía para que te sintieras mejor. Esos millones en juego son tuyos. –replica con sorna el rubio.- Y no fui yo quien los puso en peligro.

   -Comienza a ayudarme cerrando la boca, siéntate y… -le señala el sillón frente a su escritorio.

   -¿Me darías un segundo? Necesito ir al baño. Llevo rato con ganas de mear.

   -Oye, no tienes que decírmelo todo. No tendrás la vejiga pequeña, ¿verdad? Ya tengo bastante con Alexis. –se queja.- Tendrás que salir al del pasillo. Soy… algo maniático con mi baño.

   -Hey, nunca se me ocurriría entrar allí, debe ser un lugar insalubre; siendo amigo de Chad Michael Murray quien sabe qué no comparten.

   -Oh, Dios eres tan idiota, será toda una experiencia trabajar contigo. –ríe suavemente otra vez. Le ve dirigirse a la puerta; joder, qué feo era ese traje. Le extraña cuando este se detiene con la mano en la puerta de cristal, volviéndose a mirarle.

   -¿En serio esa chica enloqueció así por ti? ¿Qué le hiciste? –se medio burla. Alexis, fuera de la oficina, les oye.

   -Soy bueno usando la lengua. –replica socarrón, imitando al cantante de Kiss, divertido al verle arrugar la cara.

   -Joder, ahora debo vomitar también.

   Jared sonríe con todos sus hoyuelos en respuesta, ganándose una mirada de su asistente, la bella Alexis. Baja los ojos, como pillado en falta, y toma la carpeta, recuperando el ceño fruncido. Pero en cuanto el rubio sale, eleva el rostro, notando cierta tensión en este cuando inclina el rostro ante Alexis, y esta, mirándole fríamente eficiente, vuelve los ojos a su monitor. Jensen sigue su camino, observándola algo extrañado, y en cuanto se pierde de vista, salta de su asiento y sale de la oficina, cohibiéndose un tanto.

   -Alex, sé que estás molesta por lo de Franco, ¿pero puedes dejar de ponerle malas caras a Jensen? No fue él quien le despidió. Ni lo despedí por él. Ese chico era… -no encuentra palabras para describirle, tan sólo eleva los brazos. La joven le mira, más extrañada aún.

   -¿Saliste a decirme que tratara bien a tu amigo? Vaya, debe ser alguien importante.

   -Es un amigo. –por alguna razón se siente incómodo bajo su escrutinio.

   -¿Cómo, si esta mañana ni le recordabas? –ataca.

   -Deja de molestarme, y de molestarle. –gruñe regresando a su lugar.

   Alexis le mira confusa. Jared era un buen chico, ella lo sabía, llevaba años tratándole; siempre alegre, cariñoso y devoto, preocupándose por sus amigos… sin dejar de ser claro, directo, a veces demasiado franco. Lo sabía, más de una vez tuvo que soportar su mal genio por algo, como cuando contrató a Dave; y Chad había llevado también lo suyo. No era rencoroso, pero parecía firmemente convencido de tener la razón, por ello sus disculpas nunca era expresadas. Nadie las esperaba realmente, porque no era una mala persona. Sin embargo, esta era la primera vez que le veía retroceder cuando se dejaba llevar por el furor, deseando disculparse, con ese tío pecoso. Ahora le pedía que no le molestara. Vaya…

……

   Silbando e intentando parecer completamente ajeno a todo, Jensen cuza el pasillo hacia los sanitarios, pretendiendo que no nota las miradas curiosas que recibe, o de extrañeza por sus ropas. Aparentemente todo el mundo en ese maldito lugar vestía como si esperaran ser entrevistados en cualquier momento por la revista Vogue.

   Tomando aire decide desentenderse. Necesita vaciarla vejiga, si, pero también alejarse un tanto de Jared. La personalidad de castaño era demasiado poderosa. Era insolentemente voluntarioso, esa era la palabra. Debía ser muy fácil dejarse arrasar por él, dejarse envolver y llevar en sus cambios de humor. La manera de agredir que mostraba, tan natural, ácido, corrosivo, era notable, como también su necesidad de retroceder, de disculparse. Eso debía meterle en muchas situaciones difíciles, algunas de las cuales seguramente no podía resolverlas tan fácilmente. Lo incomprensible para él era… El corazón le late con fuerza, ¿por qué le contrató de verdad? No fueron amigos, nada les unió, o une, y desde que se comunicaron ya le había respondido amargamente varias veces. Y el castaño lo había tolerado. Cosa de por sí curiosa. No solía dejarse llevar por su temperamento, menos cuando buscaba ayuda, sin embargo Jared le hacía responder de una manera automática, primitiva, visceral. Algo que no suele ocurrirle. Había algo en el alto y guapo hombre que… frunce el ceño.

   Si, Jared era bien parecido, si a eso se sumaba su dinero y posición, no era de extrañar que fuera uno de los solteros más codiciado de Manhattan. Pero estaba seguro que aún siendo pobre como una rata, trabajando recolectando basura, Jared podría ser igualmente arrollador y fascinante. Peligrosamente atractivo y sensual. Arruga la frente, no quiere pensar en eso, ni en lo bien que olía el arrogante hijo de puta. Abre la puerta y se queda con la boca abierta. El sanitario es largo, amplio, bien iluminado, todo cromado, metalizado en tonos oscuros. Nada más ese lugar valía más que su apartamento todo, con todas y sus pertenecías, y aún los veinte o treinta dólares que le darían por su vida sí se veía en la necesidad de ofertarla. Sonriendo al menear la cabeza va al centro del salón, a uno de la larga hilera de orinales de pared, donde silba mientras lo hace. Cierra su bragueta, volviéndose, y…

   -¡Santa mierda, ¿qué…?! –se sobresalta tanto que casi pega un bote, mientras se asegura de tener cerrada la bragueta.- ¿Qué carajo haces ahí, amigo?

   Justo frente al orinal de pared que usó, en un privado de puerta abierta, sentado sobre la tapa del inodoro, Dave Franco, con rostro de infinita tristeza y derrota, come una barra de chocolate. En esos momentos intenta una sonrisa de disculpa o explicación, mostrando los dientes algo oscuros.

   -No quise asustarte. Sólo necesitaba… -calla.

   -¿Estás comiendo en el baño de hombres? –Jensen no puede creérselo.

   -Nadie entra nunca. Creo que en este lugar no se considera elegante mear. O cagar. –el joven se ve confuso al pensarlo, mordiendo otro pedazo y luego, insólitamente, tendiéndoselo a Jensen. Este boquea, totalmente sorprendido.

   -No, gracias, sólo tomo café. –va a uno de los lavabos y enjuaga sus manos… secándoselas del pantalón.- Me parece que te he visto. ¿No estabas en la oficina de la señorita Bledel cuando llegué? ¿Qué haces aquí… comiendo chocolate en el sanitario? –le maravilla verle entristecer más, hombros muy caídos.

   -Necesitaba pensar… -lo dice con el mismo tono de quien asegura que intentará resolver los misterios del Big Bang.- Me despidieron. –le cuesta decirlo, aunque medio sonríe, y a Jensen no se le escapa el dolor.- Arruiné la mejor oportunidad de mi vida.

   -¿Pasó algo? –se interesa a pesar de sí mismo, sabiendo que Jared le espera. Ese carajo parecía un cachorro herido. Le ve dudar, rojo de cachetes.

   -Yo… a veces me confuso cuando me dicen algo. Alguien quiere ver algo y me dice que tiene derecho, otro dice que no, y ambos me gritan y… -toma aire.- Supongo que no soy el más listo del salón.

   -Lo siento, sé lo malo que es estar sin empleo. –Jensen se siente mortificado por ese chico humilde y abatido, que parecía reconocer, lateralmente, algo que le duele y que seguramente muchos le habrán gritado ya.- ¿Debes trabajar un preaviso?

   -No, tengo que largarme ya, pero… -baja la mirada, ceñudo, mirando el chocolate.- No quiero regresar aún a casa de mi tía, vivo con ella y sus hijos; allí todos me creen un imbécil perdedor, y mis primos harán fiesta cuando sepan que me despidieron. Llegar y decirles… -toma aire.- Esperaré… por aquí, hasta las cinco, así no sospecharan nada, hoy. Y… -se ve sumamente atormentado por una duda.- Cuando te despiden de un lugar, ¿lo avisan a Seguridad? –Jensen boquea.

   -¿Qué, piensa regresar cada día a este lugar y encerrarte en el baño para fingir que estás trabajando? –dicho así, aquello sonaba a locura. Una muy patética, se dice con disgusto al sentir simpatías. También él ha fingido estar haciendo algo en negros momentos.

   -Eh, si… -evade la mirada. Y el rubio entiende mejor. El chico tonto iría todos los días, o lo intentaría, en la esperanza de que alguien dentro del hotel recapacitara y le contratara de nuevo. Iba a darle a su jefe la oportunidad de rectificar. Dios, ¿se podía ser más patético aún?

   -¿Por qué… no intentan conseguir empleo en otro departamento?

   -Me votaron, y cuando te votan de una parte, todos los jefes saben que te quieren fuera. -enrojece.

   -¿Y si buscas en otro lugar? –el otro sonríe, los labios y dientes algo manchados.

   -Nunca me pagarían lo que me pagaban aquí, era un sueldo que… -la sonrisa que había comenzado al recordar el salario, mengua.- Hasta mi tía me quería cuando veía el cheque.

   ¡Oh, Dios!

……

   Cuando Alexis ve regresar al hombre pecoso, notándole algo ceñudo, siente un ramalazo de remordimientos. Molesta con Jared, había tratado mal a Jensen. Claro, Jared nunca había tratado lo suficiente con Dave para encariñarse con el muchacho, pero despedirle así… Mirándole, repite el gesto del saludo que poco antes el otro ejecutara para con ella, notando, realmente sintiéndose mal, que el rubio parece relajarse un tanto, deteniéndose. Oh, no, ahora iba a hablarle… Y no quería eso. No aún.

   -Disculpa, ese chico que estaba aquí cuando llegué, no Chad, el otro, ¿cómo se llama? –pregunta interesado, y eso la alarma, a Jared no iba gustarle eso.

   -No creo que…

   -Por favor, ¿cómo se llama?

   -Dave, Dave Franco. –se decide a responder. Curiosa le ve agradecerle con un gesto y entrar en la oficina del castaño. Sin llamar, sin esperar nada. ¡Vaya con el rubio!

……

   -Jared, acabo de tener un encuentro de lo más notable con un joven en el sanitario. –anuncia, abriendo las manos, ganándose una mirada parpadeante del otro, quien frunce el ceño, divertido.

   -¿En serio? ¿Aquí? ¿En el baño de los empleados? ¿Acaso hay… de esos agujeros que…?

   -No se trata de eso. –frunce el ceño, acercándose al escritorio y cayendo sentado frente al otro, mirándole exasperadamente irónico.- Dios, en serio tienes una obsesión anormal con las mamadas.

   -Te lo repito, no hay nada anormal en amar recibir mamadas. –le aclara, volviendo a las hojas en la carpeta.- ¿En serio quiero escuchar lo que hacías en el baño con…? –alza el rostro, prolongando la broma.- ¿Con quién te encontraste allí? ¿Le conozco? No será Chad expandiendo sus intereses, ¿verdad? –Jensen boquea, quiere molestarse con el castaño pero termina soltando una risita.

   -Que no se trata de eso. Fui a lo mío, y cuando me vuelvo, con tiempo apenas suficiente para ocultar la salchicha, le vi sentado en uno de los privados. A ese chico.

   -¿Lo viste sentado en…? -parece escandalizado.- ¿Alguien cagaba con la puerta del privado abierta? Dios, esto se pone cada vez más bizarro, y no de la manera que me gusta.

   -Eres… -se interrumpe y toma aire.- Era ese joven que estaba cuando llegué, Dave Franco. –anuncia y Jared se tensa, alerta. Inquieto. Mucho.- Pobre chico, Jared. –el jadeo de simpatías le preocupa aún más.

   -¿Todavía anda por aquí? –es todo lo que pregunta, pero queriendo saber qué hablaron. Qué le contó el chico idiota. Creía ir conociendo bien a Jensen, su orgullo, ese código que le impedía confesar algo así su futuro dependiera de ello. Como cuando arriesgó la entrevista por no decir quien le dio su número. Si sabía que se montó en ese empleo pasando por encima del caído Franco, tal vez se iría. Y no, eso no; no quiere que se vaya. No, señor.

   -Estaba allí, haciendo tiempo para no regresar antes a casa de unos parientes horribles que lo tratan mal pero que le medio toleran por el sueldo que gana aquí. –se acalora el rubio.- Todo es tan…

   -Patético. –frunce el ceño.- Dios, debe ser horrible ser él.

   -Jared… -el tonito de reprimenda le hace sonreír, aunque el susto no se le pasa del todo.

   -¿Qué te dijo? ¿De dónde lo botaron? ¿Quién? –contiene el aliento.

   -No hablamos de eso. Se veía tan triste que no quise… -tomando aire, Jensen mira a un lado. Luego vuelve los ojos hacía él, y Jared siente un escalofrío.- Tú… ¿no podrías ayudarle a recuperar su empleo? –el otro se humedece el labio inferior con la lengua. Temía eso.

   -Jensen, si le despidieron es porque su jefe… o jefa, sea quien sea, y no debemos juzgar, no estaba conforme con su trabajo.

   -Sí, pero… Dios, Jared, se veía tan triste e infeliz. –se echa hacia adelante en el asiento, esperanzado.- ¿No podrías conseguirle algo más? –por un segundo sus miradas se atan, Jared se ve genuinamente sorprendido.

   -¡No! –sentencia finalmente.- Joder, Jensen, este es un negocio, no se contrata a la gente para… No voy a emplear y mantener a un chico sólo porque no puede valerse por sí mismo. No estoy en contra de ayudar asociaciones y grupos, en tratar bien al que se pueda, pero esto no es una casa de beneficencia. No hago ese tipo de caridad. Esto es un negocio; competitividad y producción, ese es el credo del capitalismo.

   -Ah, ¿nada de caridad? ¿Y yo? –le reta, ojos brillantes de interés, quiere saber por qué le contrató realmente. Le desconcierta verle sonrojarse un poco, tomando aire, como alterado.

   -Es distinto, eres un… conocido de otra época.

   -¿En serio? ¿Por eso me ayudaste? –puya un poco más, incrédulo.- ¡No me recordabas!

   -Es distinto, ¿okay? –sentencia, ceñudo.- Joder, ¿por qué tienes que presionarme tanto por cosas que creía ya haber dejado atrás? Dame algo de espacio y tiempo para respirar. –explota un tanto; Jensen baja la mirada, rojo otra vez.

   -Lo siento, no quise… -toma aire, encarándole, pupilas intensas.- Yo he estado en su lugar, Jared, y no es bonito cuando se siente que el mundo se derrumba, que todo lo que se creía sólido, estable, fijo, se desbarata bajo tus pies. Y es horrible, no puedes ni imaginarlo. Dar las cosas por sentadas, planear un gran futuro y que todo escape de tus dedos como el agua, sin poder impedirlo. –el silencio que se hace es tenso, molesto, porque nace de temores, de pasadas malas horas. De culpas. Pero, sorpresivamente para el castaño, sonríe.- Pero te entiendo, y tienes razón, no tienes por qué cargar con todo el peso de los… -fracasados, se corta a tiempo pero la palabra queda flotando; toma aire otra vez, se aclara la garganta, fingiendo ánimos.- Bien, ¿en qué puedo ayudarte? –va a tomar las hojas del informe sobre Ron Howard, una mano de Jared cae sobre la suya, deteniéndole.

   -No, deja, ahí no hay nada. Nada útil al menos. Ha sido un día largo e imagino que aún tienes mucho qué digerir. –le dice con voz mas calmada, extrañándose por la sonrisa burlona que el otro muestra ahora, al bajar la mirada a sus manos. Aún le tenía atrapado. Le suelta pero sin prisa para no quedar como idiota.- Ve a tu casa, búscate un traje decente, en alguna funeraria o algo así; rasúrate y aféitate. Te ves terrible.

   -¿En serio? ¿Y en qué quedó el que no nos iríamos hasta encontrar una salida al problema de los pozos y Ron Howard?

   -¿Tú pegado a mi culo? No te quiero ahí si vas a amargarme el momento romántico con tus reclamos morales. Lo haremos mañana. Descansados de este día de mierda. Además, tengo la cita con Genevieve.

   -Entiendo, debes asegurarte de que estén en su lugar las pastillitas azules.

   -Oh, Dios, eres tan divertido como un grano en el culo. –le replica y Jensen ríe, algo quedo, bajito, todavía bajo el influjo de la conversación reciente. Este se pone de pie, rumbo a la salida, pero se vuelve.

   -No quise hacerte sentir incómodo, mal o culpable, ¿okay? –le explica, sonriendo.- Eres un tipo agradable. –Jared le mira agotado.

   -Y tú un fastidio, termina de irte. –el otro, sonriendo, alza una mano y sale.

   Por un rato, Jared le sigue con la mirada. Finalmente toma su maletín y guarda algunas cosas; era hora de retirarse también.

……

   Alexis también se dispone a dar por terminada su jornada cuando Jared sale de la oficina; le sonríe trémula, a ella tampoco le gustaba estar enojada con él.

   -Hasta mañana, Jared.

   -Hasta mañana, descansa y duerme bien. –le desea, tenso, deteniéndose a su lado.- Al chico, Dave, contrátalo de nuevo. –la hace elevar tan rápido la mirada que la joven teme haberse lastimado el cuello.- Búscale algo qué hacer en otro piso. No quiero verle por aquí, encárgate de transmitir claramente esa parte. El mismo salario, de eso respondo yo. –medio golpea con un puño sobre el escritorio y se aleja rumbo a la salida.

   -Jared… -ella le llama, se vuelve y casi ríe al tener que soportar el abrazo de la menuda mujer, que grita.- Gracias, gracias. Dave es un buen chico, créeme. Como tú. –le rodea el cuello y aunque él finge resistirse, le obliga a bajar el rostro y le besa una mejilla.

   -Dios, eres tan falsa. Seguramente ibas a llegar a tu apartamento a hacerme algún tipo de trabajo vudú. –finge desapego y ella ríe aún más.

……

   Sintiéndose bien consigo mismo, silbando alegremente, el castaño ordena algo en el restorán del hotel, que le sería enviado pronto. Entra en su Penthouse y arroja todo por allí, quitándose el saco y la corbata, sintiéndose él otra vez. Libre de todos esos amarres de negocios. Se sirve una copa y recibe lo pedido de cenar, algo muy ligero pues piensa terminar la fiesta a la que va, con una velada con Genevieve, regresando luego con ella a su piso. Mientras muerde unas papas rellenas de camarones, marca su número. La joven, feliz, le saluda, luego le reprende porque sabe que está comiendo. Intercambian frases tontas de cuanto se extrañan, de lo maravilloso que será verse.

   -Si te portas bien esta noche en la reunión, me portaré bien contigo en tu cama. –le promete ella.- Me siento traviesa…

   -¿Cómo para probar…? –se burla, voz baja.

   -No, Jared, eso no, ya te lo dije. Eres demasiado… hay demasiado Jared para asimilarlo. –le corta falsamente ecuánime, y ríen.

   Mientras toma un largo baño todavía sonríe, pero esta es más suave, más introspectiva. ¿Por qué contrató a Jensen? Este se lo había preguntado, pero ni él mismo estaba seguro de la respuesta. ¿Porque era un viejo conocido? Qué tontería. ¿Porque la pasaba mal? Pudo ofrecerle un trabajo en una de las cocinas, lejos de allí. ¿Porque le gustaba, divertía e intrigaba? Quieto bajo la fina llovizna de la ducha, el agua corriendo a mares por sus hombros, torso y espalda, reconoce que si, Jensen le divertía… y le gustaba. Lo deja así, por alguna razón, porque él también recuerda los agitados años de universidad, con Chad y Mike Rosenbaum, dos locos terribles. Recordaba las charlas, las fumadas de marihuana, las borracheras épicas. Y el mucho sexo practicado. Y hablado. La boca de Jensen, una que otra vez, había sido tema de conversación. Se acordaba bien, ahora, aunque fingiera que no recordaba nada. La verdad es que había olvidado al rubio en todos aquellos años desde que dejaron de verse, pero ahora…

   Secándose con una toalla, otra alrededor de su cintura, regresa a la habitación. No quiere pensar más en el rubio, era confuso. Lo que si tenía claro es que deseaba tenerle cerca… para ayudarle. Aunque jamás se le hubiera ocurrido que también “debía” ayudar al idiota de Dave Franco, por ejemplo. No, Jensen es un tema para la oficina, ahora era el tiempo de Genevieve y sus piernas torneadas, sus senos generosos y firmes, su ardiente sensualidad. Sí, eso. Timbra su móvil y hay un número no identificado con un nombre, pero que reconoce de esa misma mañana. Sonríe ante la ironía

   -¿Si? –finge no saber quién es mientras cae sentado a la cama.

   -¿Jared?, soy yo, Jensen. –oye la voz, que parece cargada de electricidad, una que le levanta los pelillos en la nuca.

   -Wow, ¿llamándome? ¿Ya me extrañas? Calma, mañana…

   -Tu asistente, la de verdad, me pasó un mensaje. –le corta con voz algo estrangulada, y el castaño se tensa y traga en seco.- Lo hiciste, lo recontrataste. –se oye agradecido, contento, casi maravillado, con él, eso lo entiende perfectamente, erizándose de pies a cabeza.- Gracias Jared, eres un tipo genial y maravilloso. Eres… increíble.

CONTINÚA … 5

Julio César.

DE VUELTA EN CASA

mayo 21, 2016

…SUPREMA ARRECHERA                  COSAS DE FAMILIAS: 21×11

UN GRUPO SOBREENATURAL

   Dios, cómo odio el Canal Warner…

   El Canal idiota hace el anuncio mientras vemos a Sam y Dean pasar por una serie de peligros y problemas, con esa voz ominosa dicen que “de alguna manera siempre se las arreglan para volver”… Y si, anuncian la onceava temporada de Supernatural, casi finalizada por la red, para junio. Era hora, claro, vaya uno a saber qué chambonada no harán, como pasarla en maratones a altas horas de la madrugada. Como sea, regresan los a veces ausentes, no mentados, pero nunca olvidados hermanos cazadores de monstruos. Que la serie gusta se evidencia en que ya está anunciada la doceava temporada. Qué tal. Las aventuras de Sam, Dean, Castiel y Crowley (y quién sabe si no de Lucifer y hasta de Amara), continuarán un buen rato más. Aunque quedan debiendo, se jugó en esta temporada con la idea de traer de vuelta a John Winchester, el mismo Jeffrey Dean Morgan lo comentó, alegado que le gustaría que fuera en un episodio dirigido por Jensen Ackles, y nada. Pero están por llegar. Y queda tanto por ver.

PICANDO ALANTE

Julio César.

CITAS EN NINGUNA PARTE… 11

mayo 21, 2016

CITAS EN NINGUNA PARTE                         … 10

PADACKLES ES AMOR

   -¿Le damos un poco más?

……

   Oh, sí, eso era lo que quería, se dice Jared mientras jadea contenido, estremeciéndose, con la camisa abierta, la corbata sobre un hombro, flojo el nudo, las manos de Jensen recorriéndole el torso, eso cuando no se frotan los dos cuerpos semi desnudos. Al menos él, quien aún conserva sus pantalones, tolete afuera igual que sus bolas, sentado al sofá, mientras a hojarascas, sobre sus piernas, desnudo a excepción de los zapatos, Jensen sube y baja el culo sobre su dura verga erecta. El rubio se mueve bien, es una hermosa y sensual visión mientras eleva y baja su cuerpo, al tiempo que sus nalgas se abren y cierran, mientras su agujero traga y deja salir el grueso tolete del castaño, quien le aferra los glúteos con las manos, necesitado de contactar aún más mientras esas entrañas le daban las apretadas y haladas de su vida. Se besan con lujuria, incapaces de controlarse después de días de extrañarse, de no tener eso, de no experimentar ese momento de conexión íntima.

   Los dedos del Cataño se clavan en las turgentes nalgas, guiándole, obligándole a rodar sobre su verga, cosa que hace gemir tanto a Jensen que abandona su boca y echa la cabeza hacia atrás. Y el castaño se las arregla para lamer de manera ávida de su cuello, saboreándole mientras deja un reguero de saliva hasta que llega a su torso y nuevamente chupa de una tetilla erecta a la otra; muerde, succiona, su lengua azota y siente al rubio literalmente temblar como un flan ante tantos estímulos. Por no hablar de la verga también erecta del rubio, frotándose arriba y abajo contra su abdomen cuando el hombre va y viene enculándose.

   -Te extrañé tanto… -le susurra, ronco de pasión y algo más en un momento que deja de lamer de aquellos pezones, rojizos, hinchados, brillantes de saliva. Y Jensen le mira, ojos como un gato.

   -También yo. –y Jared sonríe, resplandece como un árbol de navidad encendiéndose, y eso asusta a Jensen, le hace sentirse inquieto y acalorado, aunque su culo le da una feroz apretada a ese tolete clavado en sus entrañas.

   -No te alejes así otra vez… -pide, aunque no pretendía hacerlo, temiendo romper la magia, pero necesitado de hacerlo. De escuchar la garantía que necesita. Sus miradas se encuentran, quietos por un segundo.

   -Jared…

   -Por favor, por favor… -le pide, mirándole a los ojos, empujando y empujando su verga, casi alzándose del sofá, el rubio sosteniéndose de su cuello, tembloroso y gimiendo, echando la cabeza hacia atrás nuevamente, la boca del castaño mordisqueando su manzana de Adán otra vez.

   Pero el rubio no se duerme en los laureles, por mucho placer que le esté brindando en esos momentos la verga de Jared, bien clavada en sus entrañas, quiere más. Por él. Por Jared. Presintiendo el inminente orgasmo del castaño, rodeándole con más fuerza el cuello se arroja de lado, cayendo de espaldas y obligando a Jared a moverse con él. Desnudo, con las piernas muy abiertas y los ojos verdes brillantes, Jensen recibe al otro, sus embestidas que parecen llegarle a lo más profundo de su ser. El castaño ha comprendido el mensaje y le folla con renovados bríos, con una rodilla sobre el mueble, la otra pierna en el piso, bajando y besándole mientras no detiene su vaivén ni por un segundo. Le frota y refriega las sensibles paredes del recto, cosa que le hace gemir, lloriqueos que el castaño se bebe con deleite. Le da una y otra vez en la próstata, y sabe que el pecoso casi está desfallecido de placer.

   -Jeeeeenseeeeen… -gime metiéndosela toda, cayendo sobre él.

   El rubio tiene que morderse los labios para no gritar cuan puta caliente en fiesta de muchachos en aquella oficina cuando el primer chorro de espeso y caliente semen sale disparado de ese tolete, golpeándole, bañándole. Y sin embargo un gemido sale, uno que coincide con el de Jared que delira mientras se corre dentro del pecoso, y sus bocas se encuentran en un beso salivoso y ruidoso. No, parecían no poder obtener suficiente uno del otro.

   Y así, teniéndole bien clavado, corriéndose, sintiendo que alcanza el nirvana, Jared percibe los estremecimientos de Jensen, quien dispara también su carga… contra su camisa. Pero no puede importarle menos, siguen besándose, entre ronroneos desfallecidos mientras viven los estertores de sus clímax, luego sus respiraciones pesadas, casi boca contra boca. Del culo de Jensen sale la gruesa barra del castaño, y mana el semen depositado.

   -Jo… joder… -jadea Jared, casi inconsciente. La risita de Jensen le gusta y sorprende.

   -Oh, sí; y pensar que tengo que vestirme y salir de aquí. –bosteza, ojos algo soñoliento, el cansancio después del orgasmo.- Debimos hacer esto en una cama y echar un sueñito. –explica entre jadeos. Se congela un tanto cuando Jared le enfoca.

   -¿Es un plan? A mí me agrada. –espera, sabiendo que presiona, pero esperanzando cuando una mano del pecoso, algo temblorosa, le aparta el cabello de la frente.

   -Me gustaría.

……

   -Mierda, no se puede hacer nada más. –comenta Jared saliendo del baño de su oficina, con una buena mancha de agua en la camisa. Jensen ya está vestido, fue antes.

   -Lo siento.

   -¿Mancharme la camisa con tu semen?, creo que la idea me gusta a muchos niveles. –se burla. Hay un leve silencio.- Y… ¿qué has estado haciendo estos días?

   -Mismo trabajo, nueva casa. –se encoge de hombros. Le sorprende, como siempre, por lo parco y por lo mucho que dice con poco.

   -¿Te mudaste? –¿de dónde?, ¿para dónde?, pero no se atreve a preguntar.

   -Si, compartiré un piso. Los alquileres en el Centro…

   -Ah, vives con alguien. -comenta como de pasada, razonándolo con virulencia.- Con un amigo. –e imagina una constelación de jóvenes y guapos modelos de Andrew Christian, e igualmente vestidos, todos haciendo fiesta en ese lugar; la risa de Jensen, mitad diversión, mitad burla, le eriza.

   -¿Se puede ser amigo de la persona con quien se perdió la virginidad? –Jared casi balbucea al escucharle.

   -¿Qué? ¿Vives con el chico…? –sabes que no puede hacer un escándalo, reclamar; por ahora ni derecho a los celos tenía.

   -Fue con una chica. Mi primera vez fue en la secundaria, una fiesta navideña. –le responde como para calmarle. Y le sorprende aún más.

   -¿Con una chica? Ah, bueno.

   -Si, mis gustos siempre han sido otros pero en ese entonces… -sonríe evocativo.- Hubo mucho tequila y ella es realmente caliente. Jessica…

   -¿Jessica Alba? –los celos regresan con violencia nuevamente. El rubio va a su encuentro.

   -Si, ella. Y si, es caliente y sexy. Y nos acostamos una vez. Pero no me interesa de esa manera, ¿okay? Es una amiga, sólo eso.

   -Okay. –se siente perdido ahora.

   -Jared… tal vez podríamos… vernos esta tarde y… -Jensen comienza, muy rojo de cara, pero calla notando la tensión alerta del otro.- A menos que no quieras. Seguro tienes algún compromiso. Tranquilo, no hay problema.

   -¿Estás loco?, ¿sabes lo malos que han sido estos días sin verte? Una parte de tu tiempo es mejor que nada. –confiesa abiertamente sonriéndole, tomándole el rostro.- Me sorprendiste con la oferta, eso es todo. –se ve tan trémulo en ese momento que Jensen siente retorcijones en su estómago.

   -He sido medio imbécil, ¿no?

   -¡No, claro que no! Imbécil y medio. –le aclara, y hay una leve risa compartida. Y a Jared el mundo se le tiñe de rosa cuando Jensen le besa suavemente.

……

   -Joder, al fin llegas, ¿te entretuviste comprando pan? –ceñudo, e hiperquinético, Chad Murray se adelanta hacia la entrada de las oficinas, recibiendo a Megan que llega.

   -Lo siento, no soy dueña de mi vida, no viviendo en casa de mis padres. Aparentemente debo informar, cada vez que salgo, a dónde voy… y si es que pienso mudarme de una vez. ¿Siguen allí?

   -No, Jensen se fue. Sólo queda tu hermanito, y yo no le daría la mano si fuera tú; y mucho menos un beso cerca de la boca; aunque, si a ver vamos, nunca le daría uno. –informa, mientras juntos van a la oficina de Jared.- La última vez que le vi parecía algo… alicaído, cosa rara si tomamos en cuenta su estado de ánimo cuando el pecoso estuvo aquí. Resplandecía de una manera alarmantemente gay.

   -Jared es un idiota. –Megan frunce el ceño. No llaman y Adrianne tiene órdenes de no avisarle.

   -Hay cierto consenso en eso. –concede Chad. Entran sin llamar y le ven recostado en su sillón, ausente, mirando por un ventanal con rostro ahora algo apesadumbrado.

   -Un centavo por tus pensamientos. –comienza Megan, seca.- Ah, la vieja depresión poscoital por otro encuentro caliente pero frustrante con un chico que no te quiere lo suficiente. Conozco el sentimiento.

   -Megan… Chad… -Jared, al escuchar aquellas palabras se erizó, pero no tanto como al verles allí. juntos. Chad debió llamarle.- ¿Qué haces aquí, hermanita? ¿Qué hacen aquí? ¿Es esto una intervención acaso? -se queja.

   -Amigo, eres un idiota… -comienza Chad, y Jared va a discutir que lo sabe, que es un tonto cuando se trata de Jensen, que sabe que el rubio no le quiere lo suficiente, que le busca por el sexo, por compañía, para un rato, y que le duele, pero que pensar en renunciar a esas migajas es todavía más insoportable. Va a decir todo eso, pero el otro se le adelante, después de mirar a Megan.- Si tanto te gusta… conquístalo. Haz que se enamore de ti.

CONTINÚA…

Julio César.

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

mayo 18, 2016

DEAN VULNERABLE… 11×11

EL PARAISO WINCHESTER

   Un pedazo del paraíso… un lugar para enamorados.

   No voy a extenderme mucho, y esta vez pienso cumplir. Pero comienzo diciendo que el episodio de la semana pasada, Todo en Familia – 11X21, era lo que llevaba rato esperando. No por la conversación de los hermanos con Chuck (cuesta llamarle Dios), o por Castiel/Lucifer, sino por Amara y Dean. Ah, ¡amo a esa mujer! Ella sabe lo que quiere, al pecoso, y no se detendrá hasta conseguirlo; aunque todavía pide por ello, ¿lo tomará luego a las malas? Y eso que parece aterrorizar a parte del fandom, no le veo ningún problema. Acercándose el final, con la terrible mujer haciendo y deshaciendo, con todos reacomodándose, esta se toma su tiempo porque quiere, no, necesita, ver a Dean, ¿no es la cosa más romántica que se ha visto alguna vez en esta serie?, bueno, si exceptuamos los días cuando Castiel no salía de su sombra en la cuarta temporada y a inicios de la quinta, cuando claramente le dice, sin ambages, que traicionó al Cielo y a los suyos por él.

ADIOS, KEVIN

   Despedimos en este episodio a dos personajes que me agradaron mucho, uno de ellos es Kevin, quien finalmente irá al Cielo, el otro será Metatron, ya habían más de seis personajes y a los productores le entró la angustia. Confieso que me dolió.

   El episodio comienza justamente donde terminó el otro, los Winchester encarando a Dios (de ahora en adelante Chuck). Van a la baticueva, allí Kevin se despide, y Sam está que no cabe en sí de emoción, lleno de preguntas, a duras penas conteniéndose, queriendo saberlo todo, preguntárselo todo, asegurándole que le rezó. Hacía un tonto de sí hasta que Dean le dijo que balbuceaba. Cuando aclara que está emocionado de verle, Chuck hace notar que no todos parecen estarlo, lo dice por el apartado, silente y hosco Dean Winchester. Y siéndoles totalmente franco, la conversación entre Chuck y el cazador estuvo por debajo de lo que esperaba. Hemos visto al mayor de los hermanos enfrentando a ángeles y arcángeles, a Lucifer en la quinta temporada, a Dick, jefe de los leviatanes, a Eva, la madre de todas las cosas, a todos los encaró con chulería, aún a Muerte, una que ahora estaba ausente (bien, se supone que trataba con Dios).

LAS PERFECTAS LAGRIMAS DE JENSEN ACKLES

   Esperaba que fuera más incisivo. Pero se contentó con reclamarle su huida, aclarándole que fue eso, que escapó cuando el mundo más lo necesitaba porque había guerras, masacres y otras atrocidades, muchas cometidas en su nombre. Y me parece, por lo que expresé la vez pasada, que fue la manera más pobre de abordar el tema. Si Dean le hubiera reclamado por los niños enfermos de cáncer y cosas así, habría tenido más sentido. Pero querer reclamarle a Dios por guerras y atrocidades cometidas por el hombre tan sólo le da la razón a los seres, como Lucifer, que piensan que la aberración, en sí, es el hombre. Si la gente quiere hacer la guerra, ¿de quién es la culpa? Por el contrario, que se empeñaran en ir por ese camino, incluso usando el nombre de Dios o Alá para tales crímenes, más bien justifica el que un padre decepcionado se aleje. No, no fe el mejor modo de abordarlo, de donde viene lo que siempre sostengo: no tengo ningún problema con Dios (y espero no tropezármelo), porque no siento que me daba nada. Como sea, Chuck le corta algo feamente, diciéndole que parece confundirle con su padre, porque en el fondo los reclamos del mayor equiparaban las faltas de la deidad con las de John, quien le falló (John Winchester nunca ha sido santo de mi devoción). ¿Y las lágrimas?, Jensen Ackles estuvo grande.

   Bien, en un pueblo hay un nuevo ataque de la niebla, un hombre maduro con aire de profesor sale y cae. Los hermanos van a investigar mientras dejan a Chuck en paz, y encuentran al hombre, quien resulta ser un nuevo profeta, Donatello. Y allí asistimos a un deanismo en toda la regla, cuando escucha que sus padres le pusieron así en nombre al gran Donatello, el cazador pregunta: “¿por la tortuga ninja?”. Ah, la cara de Sam, le llevó un rato recuperarse. Cómo me reí. Es un sujeto sangrino y agradable, quien se declara ateo y amante de la ciencia.

DEAN Y CHUCK

   Lo llevan ante Chuck, a quien Dean encuentra revisando su portátil, cortarse cuando este dice que nunca había visto semejante colección de porno. Ah, y Chuck está sin pantalones. El nuevo profeta se puso como Sam ante su presencia. Por su parte, Metatron sintoniza una noticia sobre un pueblo atacado por la niebla y ve a los Winchester con Chuck, por lo que llama a Dean. Reuniéndose con ellos, y el profeta, el escriba suelta la bomba: Chuck no peleará con Amara, irá para que esta le destruya a cambio de dejar en paz a la humanidad y la creación. Es allí donde trazan el plan de liberar a Lucifer.

AMARA TORTURA

   Antes de esto, vemos a Amara torturando feo a Lucifer en un ambiente pos apocalíptico, tipo Escape de Nueva York, y repito, me gustó, aunque Castiel también sufriera. Y por dos veces, una en la baticueva, otra mientras investigaba, se le aparece a Dean (aparentemente puede alcanzarle en cualquier lugar), diciendo cosas que me hicieron sonreír como idiota, que llevaban tiempo sin verse, que quería encontrarle, la segunda vez casi exigiéndole un encuentro cara a cara, ya que no quiere verle así. ¿No fue increíble? Mi deanista interior estaba que bailaba en una pata. Dean acepta para distraerla para que los otros liberen a Lucifer. Y sin embargo hay otro encuentro, Dean y Chuck (siempre le toca al mayor). Chuck parece convencido de que Amara aceptará su arreglo, él por el mundo, no cree que le mate, que tan sólo le encerrará. Dean le dice que se engaña, que no entiende lo loca que está, pero no puede convencerle.

DEAN AND AMARA

   Llega el tan esperado encuentro Amara/Dean, en ese hermosos bosque, y la escena toda fue hermosa, romántica. La mujer casi le ruega que se una a ella, en una especie de fusión, que estén juntos para siempre. Ella, la hermana de Dios, con un poder tal que este le teme, está allí pidiéndole al cazador que esté con ella. Y eso fue genial, casi sonó a todos esos fics donde Dean era el prisionero de un Sam/ Lucifer, de un Castiel como el nuevo dios, aún de Crowley y hasta Abaddon. Seres poderosos que deseaban poseerle, tomarle, tenerle. Y allí, en el programa, está la hermana de Dios pidiéndole una oportunidad. Y, coño, faltó un gesto, Dean dado un paso hacia ella así fuera para decir que no, un toque suyo. Es ella la que ruega, quien le toca. Aunque al final la puerca tuerce el rabo cuando se da cuenta de que algo ha cambiado, que Dean ha encontrado a Dios (no encontrado encontrado, pero casi). Enfurecida, ella le acusa de traicionarla, y pensé que todo estallaría de esa manera tan boba.

SAM, DONATELLO Y LUCIFER

SAM AYUDANDO A LUCIFER

   Mediante el profeta, Sam y Metatron llegan donde Lucifer y cuesta liberarle. Es tan irónico que sea Sam, precisamente Sam, quien tenga que ayudar al ser que tanto dolor le causó. ¡Y qué chocante son los seres sobrenaturales! El intercambio de puyas entre ellos es artero. Le sueltan, pero Lucifer está muy débil como para transportarles, Donatello anuncia que Amara ya viene e intentan escapar mientras Metatron se queda atrás para cubrir la retirada con un hechizo. ¿Lo hizo sabiendo que moriría? No se sabe con él, tal vez pensó que lograría detenerla, pero falló y fue destruido. Eso me dolió, su cara expresiva al final; repito,  Curtis Armstrong es un gran actor.

SAM Y LA FUGA

   Sam, Lucifer y el profeta intentan escapar, el menor picando cauchos por esa carretera, pero ella está ahí, les detiene y les va amatar, pero Chuck se los lleva, aparecen con impala y todo dentro de la baticueva. Fue insatisfactorio el encuentro de Lucifer y Chuck. Donatello parte hasta otra oportunidad, y Dean le dice a Sam que Amara quiere que se unan. Y eso también me pareció increíble, aunque parecía haberse molestado, la mujer no le hizo daño. No podía. No a Dean. ¿No es una maravillosa historia de amor? Aunque por momentos parece la obsesión de una tipa que se enamora sola. ¿Imaginan a Dean víctima de una feroz asechadora como la ex novia con súper poderes de la película aquella?

   ¿Cómo la detendrán? ¿Trabajarán todos en la misma meta, Lucifer y Crowley incluidos, sin olvidar a Rowena? ¿Terminará Lucifer como otro personaje regular de la serie (el rumor es que habrá doceava temporada)? Por otro lado, están Amara y Dean. Todos parecen odiar que ella quiera “tragarse” al cazador, pero a mí, sus deseos, no dejan de parecerme amor, de ese rudo o peligroso de los seres de Supernatural. Ella quiere que se reúnan, que estén juntos en verdad; de toda la creación, a lo único que no quiere destruir es a él. Pero, ¿qué haría con Sam y Castiel? Me parece extraña esa resistencia dentro del fandom, uno donde se ha mezclado a Dean con cada personaje, incluido los fugaces Benny y Cole, la temporada pasada.

   Quedan dos episodios, qué pasará ahora.

DE VUELTA EN CASA     FINAL DE TEMPORADA: 22×11 – 23×11

Julio César.

LOS WINCHESTER, CAZADORES Y DIOSES: 19×11 – 20×11

mayo 11, 2016

DEAN VULNERABLE… 11×11

PUENTE SOBRENATURAL

   Hermanos y cazadores, así comienzan todos…

   No voy a negar que el episodio de la semana antepasada, Los Chitters – 11×19, (que me fue imposible saber qué significa), me dejó impaciente. No porque fuera malo, que la serie no tiene malos capítulos, y extrañamente cuando uno los ve una segunda vez le parecen incluso mejor, sino porque queda poco. Muy pocos episodios para que se enfrenen tantos problemas, y eso siempre conspira contra el clímax. Uno de los finales que más me gustó fue el pasado, pero personalmente habría preferido ver uno o dos capítulos más con Dean culpando a Sam por la muerte de Charlie, y que su venganza contra la familia que le asesinó, durará otro programa. Pero, en fin, el seriado es de ellos.

HERMANO Y MEJOR AMIGO, CASI WINCHESTER

   Dicho esto, repito que me gustó el episodio, me agradan los cazadores, y el collage de inicio fue muy bueno, aunque no sé, me parece que no vi a Jo. El programa se inicia veintisiete años atrás, a finales de los ochenta (que a la gente joven que trabaja con uno les parece que fue hace cien años), con dos chicos que van de pesca, uno de ellos hablando del beso que por fin, otro chico de la escuela, le dio. Con el hermano cansado de oírle hablar de él y recomendándole que tenga cuidado, que el pueblo no mirará con tolerancia su naturaleza. Esto fue notable, el programa presenta a un chico muy joven que habla de cuánto le gusta otro, y que se besaron, y el hermano es tan comprensivo que le jura que un día se largarán de ahí, buscando un lugar donde nadie se meta con ellos. Y es la segunda vez en poco tiempo que el programa trata el tema de la homosexualidad abierta, sin que Dean por ejemplo, haga comentarios al respecto (y hay que recordar sus escándalos cuando les tachaban de gay). Insisto, me parece que el mundo del espectáculo y la farándula comienzan a tomar cierta posición contra quienes sienten y piensan que a los homosexuales se les están concediendo demasiados derechos.

   Como sea el hermano es atacado por algo, el chico lo busca y esa cosa se le va encima. Pasan más de veinte años y los ataques se repiten. Los hermanos se enteran de ello y van al pueblo aunque la comisario no cree que realmente ocurra algo. Era un episodio de una hora, de los llamados de relleno, pero fue intenso. El monstruo fue nuevo, aterrador y totalmente desagradable, un parásito que anida en los cuerpos humanos para reproducirse; la criatura vive en el bosque y ataca a los confiados e inocentes paseantes. Me recordó algunos episodios de Los Expedientes Secretos X (los hombres arboles, el tipo caimán, el hombre murciélago), de esos que tantos me gustaban, los de monstruos.

LOS WINCHESTER HABLAN SOBRE ORGIAS

   Investigan y oyen que la gente que es atacada regresa, con los ojos verdes, y se vuelven maniacos sexuales que participan en orgias. Cosa que extraña y divierte a Dean. Como la mujer lanzándole miraditas a Sam, que siempre se cohíbe.

DEAN EN EL BOSQUE

   Investigan en el bosque y el pecoso es atacado en ese lugar que guarda un gran parecido con el Purgatorio, y casi es infectado, cuando aparece un sujeto recio y violento que le salva. Con Sam llega otro. Dos tipos enormes que si fuera porno se les llamaría osos. Son duros, casi demasiado (compensando, claro), que andan tras esas criaturas.

DE CAZADORES

   Ante una mesa hablan, y cuando discuten entre ellos, Dean bromea que parecen hermanos, Sam sonríe, y uno aclara que es más como un matrimonio. Una pareja de cazadores osos y gay. Uno de ellos es el niño cuyo hermano fe atacado, a quienes nadie escuchó y que debió irse porque ni sus padres le tuvieron paciencia; en ese ataque había perdido todo lo que amaba y le era importante (hay paralelismo con las vidas de Dean y su padre, así nacen los cazadores). Habla de que son parásitos que usan los cuerpos para poner sus huevos (guácala). Me gustaría mucho, más adelante, esa escena cuando le cuenta a Sam que su hermano era el mejor hermano del mundo, tolerante y cariñoso, que todo lo entendía. Y serán cosas de la serie, pero en algunos puntos todo parecía hablar de la relación que llevan los Winchester. Pero, en una toma más abierta de la vida, es notable; un chico que le promete a su hermano que partirán juntos para alejarse del pueblo donde al otro no le ven bien por sus preferencias. Imagino que mucha gente, chicos y chicas, durante un tiempo viven esa pesadilla, justo al ir creciendo, cuando más inseguros y a la defensiva están, al tener que admitir lo que sienten. Sería bueno que siempre contaran con un buen hermano o una hermana en esos momentos a veces oscuros.

DERROTADO POR LA CULPA

   Se separan, Sam va con uno a buscar al antiguo comisario que renunció al terminar la crisis pasada. Este se niega a hablar, los vio cuando agonizaban, pero no contó nada a pesar de la angustia del muchacho, porque su propia hija era un monstruo. Pensó que todos estaban muertos, dice como excusa para callar, pero a Sam le parece que no lo contó porque no quiso admitir que su hija era una de esos seres y que él tuvo que matarla.

LA MINA MALDITA

   Les da la dirección del nido. Uno que Dean y el otro ya han encontrado. Fue grotesco y siniestro, ver a las mujeres perdidas, están embarazadas a pesar de estar muertas.

UN HOMBRE ENCUENTRA A SU HERMANITO

   Hay unas escaramuzas y terminan quemándolo todo, pero no el cuerpo del hermanito perdido hace tanto, para él fue uno al estilo de los cazadores. Y ese final fue patéticamente pobre. Debo confesarlo. ¿Cómo es eso que lanzan fuego y ya? ¿En qué serie o película las cosas son así? ¿No es cuando se cree que todo terminó cuando se levanta el gran monstruo? ¿No pasó el Alíen dos, después de que la teniente Ripley quema su nido y hace volarla base? Allí fallaron.

FUNERAL VIKINGO DE CAZADORES

   Me gustó la pareja de cazadores, prometía, y pensé que volverían, de hecho Sam y Dean se lo plantean, que los ayuden con Amara, pero estos habían hecho una promesa, al resolver el caso volvería a un rancho en la nada donde podrían vivir sus vidas sin que nadie interfiriera o les molestara. Y si entramos en la historia y nos imaginamos que todo eso fue cierto, que ese tipo, de chico perdió a la persona más importante de su vida, que nadie le creyó, que debió partir sin que alguien le extrañara a iniciar una cacería solitaria hasta que otro aparece en su vida, comprometiéndose a ayudarle, es mucho lo que se debe curar. Por eso Dean descarta que necesiten ayuda para algo.

DEAN RECUPERA EL OBSEQUIO DE SAM

   Así llegó el nuevo episodio, No me llames Shurley – 11×20, que sencillamente me encantó… y eso que a muchos les pareció flojo y decepcionante. No entendí por qué. Eso sí, no estuvo Amara, ni Lucifer. Grave fallo. Por un lado reaparece Dios, uno muy particular aunque ya lo sabíamos, y los hermanos enfrentarán un ataque de Amara contra la creación de su hermano, ocurriendo uno de los momentos más románticos en lo que va de esta serie que ya lleva once temporadas; en medio del caos, de la muerte, Amara le manda a decir a Dean que nada le ocurrirá. A él. Sólo a él. Creo que hasta suspiré. ¿Y lo del amuleto que reaparece?

METATRON, EL UNICO AMIGO DE LA HUMANIDAD

   Comienza el episodio con un personaje que me agrada a pesar de lo traicionero y dañino que es, Metatron, el escriba de Dios. Cómo ha rodado cuesta abajo en su caída, un día fue el otro dios y ahora comía basura. Literalmente. La escena donde le arroja algo a un perro y luego rebusca dentro del contenedor, no hallando nada, fue catártica y graciosa, casi tanto como cuando Sam le disparó en la pierna. Su grito de frustración, evidentemente lanzado a Dios, fue genial. Y eso se debe a que el personaje es sólido, pero también a que Curtis Armstrong  es un gran actor. Ya desde los días de La venganza de los Nerds. Tiene ese tipo de cara de dolor de barriga que sirve, sin embargo, a la comedia. En el fondo siempre tuvo algo de payaso su Metatron, aún en sus peores momentos de bajezas y maldad. Bien, en un estallido de luz aparece en un bar, junto al perro, y allí está Chuck, el profeta al que cataloga de no muy buen escritor.

CHUCK, SOBRENATURAL

   Y hay que estar claro, ya se nos había dicho al final de la quinta temporada que Chuck era Dios, pero aún y así no sabíamos qué esperar de esta reunión, de que buscara a Metatron. La reacción cuando este le reconoce fue tan cómica como la de Chuck explicándole lo que ha estado haciendo desde que dejó el Cielo, tocando guitarra y todo eso. Y parecían escenas insustanciales, algo vacías para la gravedad del momento que se vivía, pero sólo lo parecía.

METATRON, ESCRIBA DE DIOS

   Dios quiere escribir su biografía y desea que alguien la lea, cuando Metatron lo hace, y no le gusta, comienzan las verdaderas conversaciones, y aquí si se tocaron puntos importantes. Por cosas que habíamos escuchado, imaginábamos que de alguna manera alevosa y ruin, Dios había traicionado a su familia, a su hermana, Amara, para crear un universo a su manera; ahora sabemos que al principio ambos existían, pero que mientras uno buscaba el orden y la armonía de lo hecho, la otra amaba la destrucción y el caos, que la batalla entre los dos llevaba tiempo, que él hacía y ella deshacía hasta que la desterró. Es cuando le confiesa a Metatron que creó a la humanidad y todo lo demás, para que ella entendiera la belleza de lo hecho; que lo hizo por ella.

   Entendemos por la conversación que sabe lo que Amara intenta, y que no la enfrentará (la cara de Metatron en este punto fue un poema), se quedará en ese bar refugio hasta que ella termine con todo. Y su explicación me pareció muy de los dioses antiguos, Zeus y Hades. Él, Dios, tuvo su oportunidad, su momento, y no quedó satisfecho con lo creado. Ahora le tocaba a ella. Para seres inmortales y poderosos como ellos, tal aceptación tiene hasta su lógica. Lo perecedero, como la humanidad, si puede tener inconvenientes con eso, como los tienen Sam y Dean; pero no es así para los dioses (y me cuesta usar la palabra). Luego viene una parte de la conversación que sé causó ronchas en amigos míos, cuando Chuck declara sentirse desilusionado, decepcionado de la humanidad. A muchos les pareció algo infantil e irresponsable; no sé si será por mi manera de ver a Dios, que tal idea no me extraña. Jamás me pregunto dónde estaba Dios cuando en un incendio murieron unos cieguitos, o cuando un loco militar mata a un gentío en un antro, o por qué deja que mueran de feas enfermedades las mejores personas del mundo. No siento que Dios me deba nada, ni siquiera una explicación. Esa se dio hace mucho tiempo, lo que no se quiere es aceptar.

   Siempre, si partimos de la idea de que Dios existe realmente, y lo que se nos enseñó sobre él es cierto, tuvimos la oportunidad de un pacto que nos convenía, pero dijimos que no, que nos bastábamos por nuestra cuenta y que correríamos con las consecuencias de ello. Pasó antes, ocurre cada día cuando hacemos nuestras elecciones frente a las reglas, desde mentir a codiciar, a cosas realmente terribles. ¿Y quién no?, atiendo público en un ente gubernamental, mentir es casi natural ya; sé, sabemos, que está mal y aún así lo hacemos. Si no seguimos sus reglas, si le decimos que no le necesitamos, ni antes ni ahora, no tenemos derecho de reclamarle o exigirle nada. Si unos padres le dicen a una muchacha que el tipo con quien se quiere casar golpea a sus novias, las humillas, abusa de ellas, pero esta les grita que sabe lo que hace y que no se metan en su vida, y luego es golpeada y regresa pidiendo refugio pero vuelve a irse cuando este la llama a pesar de todo el dolor que ha pasado, y así pasa y pasa, exigiendo sin comprometerse a responsabilizarse por lo que hizo (incluso hay quienes ponen en peligro a sus hijos), ¿qué se puede hacerse si no es envenenarla con un cafecito para librarla de tanta miseria auto infringida? Creo que se trata de un poeta chileno de quien leí algo parecido, y lo cito de memoria: Padre nuestro que deberías estar en los cielos, no te angusties más por nosotros que no lo merecemos. Lo tengo por ahí, en una vieja revista ZETA, lo voy a buscar.

   Curiosamente es Metatron quien intenta hacerle ver que no debe darse por vencido, que la humidad tiene sus fallas pero también virtudes, incluso mencionando a los Winchester. Pero hasta de ellos está decepcionado, lo de que el mundo habría sobrevivido a un Dean demonio, con la Marca, pero que Sam la rompiera por egoísmo, fue lapidario sobre el final de la temporada pasada. La actitud de Metatron fue notable, las ha pasado malas, incluso ha perdido su gracia (y me reí cuando Chuck le dijo que no la recuperaría), un castigo del karma por todo lo que hizo, pero ahora se aflige por lo que pueda ocurrir. En religión creo que a eso le llaman redención. Dicen que pasa.

   Ahora los hermanos… llegan a otra de esas ciudades pequeñas a investigar el caso de unos crímenes inexplicables, sin motivos, así como suicidios. Piensan en Amara, en gente que ha perdido sus almas. A Dean le enferma pensar en lo que la mujer le hace a Castiel para castigar a Lucifer. Los casos son desconcertantes, para la policía, porque no hay motivos y fueron perpetrados por buenas personas; ellos encuentran en los cadáveres las marcas oscuras. Cuando los hermanos preguntan por señales extrañas, no les entienden hasta que la segunda del comisario avisa de la niebla y es atacada por ella. Al buscarla encuentran al esposo muerto, ella anda armada y desaparecida. Ante un aviso de niebla que se acerca, los hermanos intentan alertar a todos que se oculten en sus casas, que se alejen de puertas y ventanas, que lo sellen todo. Eso ataca allí, pero saben que ocurre igual en muchas partes, parece un gran ataque de Amara. Es cuando llegamos a esa escena…

   Mientras Sam le grita a la gente que vuelvan a sus casas, la niebla acercándose, aparece, infectada, la segunda del comisario, arma en manos, diciéndole que Amara le tiene un mensaje (personalizado porque incluso dice su nombre), pero su jefe le dispara. Por un segundo la duda quedó, ¿le enviaba a matarle? ¿La mujer reconocía en él una debilidad? Dean, cayendo a su lado, escucha el mensaje, que ese es el final para todos, menos para él. ¡Joder, y eso sonó genial! La hermana sicótica de Dios ha decidido acabar con toda la creación… excepto con nuestro cazador.

DEAN VA TRAS SAM

   Por su lado, Sam tiene un gran momento salvando a una hermosa bebe, llevando todos adentro, a la comisaria, incluso dudando, Dean y él, en salir cuando ven gente corriendo, siendo alcanzada y cayendo. Como en las buenas películas de horror, con zombis, un grupo llega y comienza a golpear furiosamente contra las puertas, la niebla penetra y Sam se enferma. Otra vez. Dean envía a todos a otra habitación, pero viendo a Sam tan mal, tan pronto, se niega a acompañarles. Se queda allí. Pareció que viéndolo todo perdido para el menor, también él aspiró esa niebla, a propósito… pero nada le ocurrió. Es cuando, furioso, pero en verdad asustando de impotencia, le grita a Amara que pare todo. Y esto me recordó mucho el primer ataque de Croatoan, cuando Sam resultaba inmune.

EL COLGANTE SUPERNATURAL

   Y pasa. Los golpes cesan, la niebla se va, Sam parece despertar. Algo brilla en uno de sus bolsillos y Dean encuentra ese amuleto que echó a la basura al regresar del lado oculto de la Luna, en la quinta temporada, cuando entendieron que Dios no intervendría en el apocalipsis. Cosa que debió costarle, porque era algo que su hermano le había regalado una Navidad, o un día del padre, cuando eran niños y el hermano estaba allí, como siempre, y no John. No imaginan cuanto me alegró la vuelta del colgante. Pero el brillo…

ENCONTRANDO A DIOS

LOS WINCHESTER Y CHUCK

   Salen y todos se recuperan, aún la segunda del comisario, a quien viene abrazarla el marido a quien ella había asesinado. Todo se había revertido. Aparece Chuck y el amuleto brilla más. Y fue un intenso final de capítulo… ¿Pueden imaginar lo que viene? ¿Cómo se desarrollará esa conversación entre los Winchester y Dios, especialmente con Dean tan furioso con él desde la quinta temporada? Es de presumir que fue Chuck quien acabó con todo ese peligro, lo que demostraría que ni aunque Dean se lo rogara, Amara detendrá el final, aunque a él le salve (y lo repito, ¡cuánto amor!). La batalla final será intensa, aunque espero que antes de que todo acabe, ella y Dean todavía intercambien miradas y uno que otro besito.

LA BEBA LLORO DE VERDAD

   Por cierto, leí por ahí que Jared Padalecki se había irritado bastante con las tomas de la niña a la que saca del auto cuando la niebla ataca. Parece ser que la pequeña, realmente, se asustó bastante y no podía dejar de llorar. Y el llanto de un bebé es prácticamente imposible de soportar. Cuentan que la cargó durante un rato hasta que se calmó; pero eso no le agradó. Bien por él.

   Bien, Dios, o Chuck, porque suena extraño decirle así. Esta representación que se mostró fue muy a la griega, Zeus bajando para pasar un buen rato con una pastorcita; la tradición judeocristiana sostiene que Dios no posee cuerpo ni se humaniza, y que una de la razones para El Diluvio fue acabar con una raza que había nacido de la unión de ángeles e hijas de los hombres, cosa a la que era contrario. Aquí baja, come, bebe y fornica, como se dice. Y llegamos al punto, cuando le cuenta a Metatron lo que ha estado haciendo, viajando, comiendo, bebiendo, escribiendo, tocando la guitarra y acostándose con mujeres… y hombres. Eso causó cierto escozor en gente que conozco, y la verdad es que está bastante apartado a la imagen tradicional, pero hay que recordar que el programa nunca ha sido generoso con la representación que hacen del Cielo. Sin embargo… ¿se acostaba con hombres?

   No puedo dejar de preguntarme, ¿nos prepara el programa para un final inesperado, tal vez un Dean/Castiel? Sinceramente, yo lo haría, para que la gente quedara hablando de ese final por décadas. Todavía no puedo dejar de recordar el final de Hannibal sin sentirme nostálgico y feliz, desconcertado y complacido. Fue maravilloso, de una manera espeluznante. Aquí, bastante que ha sufrido Castiel por Dean, por seguirle a él, dándole la espalda a todo lo demás. Incluso cando le traicionaba lo importante era el pecoso. A menos que termine con la hermana de Dios, la otra apenas digna de él.

   Pero no, no quiero que el programa acabe aún. Veremos cómo será la conversación entre Chuck y los hermanos; ¿imaginan la de Chuck con Crowley? Ah, uno ya puede esperar por los gritos de Dean.

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 3

mayo 9, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 2

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -¿Y el señor Padalecki? –pregunta Dave Franco, sorprendiéndoles un tanto al entrar, llevando una carpeta en una mano, con un patético gesto de ansiedad en su rostro, piensa Chad; viéndose adorablemente intimidado, se dice Alexis, algo maternal.- Tengo el archivo reunido por el departamento de investigación sobre el señor Ron Howard. –hace un puchero.- Me repitieron varias veces que no fuera a perderlo. Parecen creerme idiota.

   -No son gente de creer cosas, sino de certezas. –apunta Chad, Alexis le mira feo, Dave se ve confundido. Pero el rubio no le presta atención, sigue mirando, no sin preocupación, a Jared junto al tipo de la barba

……

   -¿Son ideas mías o la gente se apresura a apartarse de tu camino y evita mirarte a los ojos? –pregunta Jensen, caminando al lado de Jared por el pasillo.

   -Son ideas tuyas.

   -¿Seguro?, aquella mujer palideció y se agachó como buscando algo en una gaveta, pero parece estarse ocultando. ¿No tiembla un poco el escritorio? –curioso se vuelve hacia Jared, este sonríe contenido, sosteniéndole la mirada.- ¿Hay algo sobre ti que debería saber? Fuera de que pareces tener cierta fijación anormal por las mamadas.

   -Nada; soy un tipo adorable, ya te lo dije. La prensa del corazón me ama. Y no sufro una fijación anormal por las mamadas, ¿acaso no te gustan? Recibirlas, aclaro, no quiero sonar como un acosador. Cosa que, por cierto, respetamos mucho en esta oficina. –Jensen lanza una risilla ronca, los bordes de sus ojos se arrugan un poco y el castaño vuelve a sentir esa tonta complacencia por provocarle eso. Llegan y abre la puerta de cristal para permitirle el paso, notando, de refilón, que tal gesto provoca un leve fruncir de cejas en Alexis y Chad.

   -Buenas… otra vez. –Jensen, cohibido, sintiéndose tonto ahora, saluda a la joven, quien se pone de pie, bella, menuda, elegante.

   -Alexis, este es Jensen. Jensen, Alexis, mi asistente principal, no sé qué me haría sin ella. –presenta Jared, divertido por el gesto de sorpresa de la joven cuando se da la mano con el rubio.

   -Un placer. –dice este.

   -Igual.

   -Este es Chad, no sé si le recuerdas de la universidad. Mi mejor amigo, aunque a veces no lo pareciera. –presenta, algo duro, todavía notándose su enojo.

   -Chad Murray, ¿verdad? Si, te recuerdo. –Jensen le tiende la mano. Este se ve molesto por las palabras de Jared.

  -Yo no te recuerdo de nada, lo siento. –desconcierta a Jensen, pero se dan un apretón de manos.- Si me disculpan… -rígidamente sale de la oficina.

   -Y este es… Dave. –presenta al joven que sonríe algo nerviosamente.

   -Aquí tengo el informe sobre el señor Howard. –se apresura a presentar este.

   -¿Y te lo dieron a ti? Voy a llamar a esa gente irresponsable. –casi se lo arrebata de las manos.- Jensen, ¿por qué no me esperas en mi oficina? –señala la puerta.

   -Okay… -el rubio, ceñudo por el cambio de humor del otro, y lo tenso de la situación, los mira y va hacia la otra puerta.

   -¿Lo dejas entrar así como así en tu oficina? –se burla, curiosa, Alexis.

   -Es mi nuevo asistente personal. -anuncia Jared; palideciendo, Dave boquea.

   -Pero yo soy…

   -Estás despedido. –le corta, frío, rostro severo, impactándole.

   -Pero señor Padalecki… -jadea.

   -Jared… -comienza Alexis. Este la mira.

  -Asegúrate de que le paguen bien y que se vaya. –sentencia, dirigiéndose a su oficina, componiendo una sonrisa antes de entrar.

……

   Con la boca abierta, el rubio recorre el amplio y bien iluminado despacho; mira los cuadros, los libros de la biblioteca, de rica encuadernación. El escritorio, los muebles, la licorera, todo denota buen gusto. Y dinero. Un amplio ventanal permite ver un cuadro hermoso y sereno de Central Park. Un lugar así debía costar una fortuna, mucho más de lo que podía ganar en meses. Un ramalazo de abatimiento le llega, era difícil intentar sobrevivir con un triste pago quincenal, una cantidad de dinero tal que se volvía nada a las pocas horas. Seguramente a Jared no le preocupaba que llegara el fin de mes y las cuentas se juntaran, o sentir un malestar y pensarlo mucho antes de ir a una clínica. O privarse de algo sabroso a la hora de comer. A sus espaldas este entra y le mira.

   -Jensen, ¿todo bien? Pareces tenso. –le ve volverse, sonriendo confuso.

   -Es una vista impresionante. Toda tu oficina lo es.

   -Es parte de mi fachada de trabajo. Como el estetoscopio del médico. –aclara, sorprendiéndole al adivinarle el humor obligándole a sonrojarse.

   -No, Jared, no quise… -y ríe.- Lo siento, todo es tan… formidable. -abre los brazos.- Creo que estoy abrumado.

   -Ya te recuperarás, económica y laboralmente, tranquilo. –le asegura, caminando a su escritorio y sentándose sobre el mesón.- Esto no será un problema, ¿verdad? –el rubio se vuelve, sonriéndole.

   -¿Que odie y envidie que te vaya tan bien? Es mi problema, ¿no?

   -Jensen… -ladea el rostro.

   -Por Dios, Jared, no eres responsable de todo, no de mí o lo que sienta, ¿okay? –va a su lado, manos en los bolsillos.- No aspiro ni espero que te cuides de lo que dices o piensas, o de utilizar o mostrar lo que tienes. Sería una tontería. –Jared le mira ceñudo.

   -Cuando dices que esperas que muestre lo que tengo, ¿hablas de mi bragueta abierta y…? –inicia la picardía y Jensen ríe, notándose más relajado.

   -Eres tan imbécil. Y si no tienes cuidado haré mucho dinero demandándote por acoso. As lo mejor termino con este hotel.

   -Me parece que eres capaz. –entrecerrando los ojos, con falsa desconfianza, comenta. La risa de Jensen le hace feliz por alguna razón.- Entonces, ¿estamos bien?

   -Estamos bien. –responde sereno, y por alguna razón siguen mirándose, uno frente al otro, cada uno notando detalles en las pupilas del otro. Tragando, evadiéndose, carraspea.- Bien, ¿cuáles serán mis obligaciones?

   -Okay… -levantándose y cayendo sobre su sillón, con Jensen a un lado, abre agendas, electrónicas y físicas, y enumera una larga lista de cosas que espera de él.

   Aparentemente era cierto lo del lleva y trae, estaba allí para ocuparse de las obligaciones de un valet y mensajero. Todo ello divierte a Jensen, pero no lo deja notar. Además, estaba algo distraído. Joder, ¡qué bien olía Jared! Debía ser alguna de sus colonias costosas, tal vez de diseñador. Era un aroma que le hacía evocar un día de sol, playa, a agresivas ganas de vivir. Le recordó el tiempo que pasó en California y le dio por usar una tabla de surf. No puede evitar una leve sonrisa, aspirando otra vez. Hasta que Jared alza esos ojos multicolores, ¿le oyó hacerlo?, y vuelve los ojos a las apretadas agendas que parecían casi todas citas para cenas, bailes y comilonas variadas. La buena vida.

   -¿Y quiénes son todas estas mujeres? –pregunta revisando una agenda de cumpleaños, disfrutando de verle enrojecer.

   -Amigas. Damitas a las que aprecio en verdad. –le mira, encarando el brillo pícaro de sus ojos.- Por Dios, Jensen, no es un harén, son amigas. Muchas de ellas casadas, con hijos… es gente a la que aprecio. –le resultaba difícil apartar los ojos de esas verdes pupilas que todavía brillan aún más.

   -¿Y cómo comenzó todo ese amor fraternal? ¿En iglesias y bibliotecas? No, seguramente frente a un puesto de verduras en un mercado. –Jared balbucea sin voz por un segundo. Si, muchas habían sido amantes ocasionales, o citas, mujeres exitosas que valió la pena conservar, así fuera porque eran inteligentes o afectuosas.

   -Deja de joder.

   -Hummm, ¿no es así como haces amigas? –Jared queda con la boca abierta y ríe.

   -Basta. –unos golpes a la puerta le distraen y acaban con la risa, y por alguna razón enrojece, mientras Jensen se endereza. Allí estaba Alexis, ceñuda (cabreada, lo sabía, y también el por qué), pero también extrañada, mirando de uno al otro.

   -Genevieve te llama por la dos. –y sale, airada. Jared se siente incómodo otra vez.

   -Parece molesta, es raro, se veía tranquila hace un minuto. –comenta mirando hacia la puerta.

   -Estoy rodeado de gente poco congeniada. –responde el castaño con cierto desaliento, no le gusta cuando Alexis se molesta con él. Toma el teléfono.- Hey, nena. –saluda alegre. Jensen cruza los brazos, mirándole, luego la agenda de nombres, sonriendo.- Si, estoy trabajando, ¿dónde si no? –responde a la mujer, ceñudo ante el rubio, indicándole con un gesto que se apartara, pero Jensen finge no entenderle, ceñudo también, gesticulando como preguntándole qué. Sonriendo un silente idiota, vuelve la atención al teléfono.- Si, estoy loco por verte. –se congela.- ¿Qué? ¿Una fiesta? ¿Esta noche? ¿Acaso no regresas al país esta tarde? –escucha, parpadeando.- ¿No has bajado del avión y ya estás invitada a una fiesta? Wow. Mira, tengo algunas complicaciones y… -calla y se echa hacia atrás en el sillón.- Cómo corren los rumores. Si, los Howard están molestando. –oye.- Gen… -suena a puchero, ciérralos ojos y bota aire.- Está bien, nos veremos esta tarde e iremos a la reunión. Si, si, juro que me divertiré. –a Jensen, que lleva rato sonriendo, le parece escuchar un gritito feliz del otro lado de la línea. Pero no le divierte tanto como la mirada que Jared le lanza antes de gruñir un apenado.- También te amo. -colgando.

   -Oh, Dios, eso tiene que ser lo más romántico que he escuchado nunca. –se burla el rubio mientras Alexis vuelve a llamar a la puerta y entra.- ¿Entonces vas a una fiesta esta noche?

   -Si, joder. –se ve mortificado.

   -Ay, pobre del niño rico que tiene que ir a una bonita fiesta, con una hermosa modelo internacional de su brazo, a ser agasajado y mimado por todos. Qué triste, eso debe estar a la par del drama de los refugiados en Europa.

   -Cara de culo. –le lanza Jared, sonriendo algo mortificado, pero divertido. Y tal intercambio extraña aún más a Alexis.- ¿Si?

   -Te llama Ron Howard. –anuncia, Jared lanza una bocanada de aire.

   -Gracias, Alex. –mientras toma el teléfono, la mujer mira a Jensen, poco amistosamente, dejándole ceñudo, y sale.- Escucha como son mis días antes de pensar que todo son fiestas con modelos. –le acota al rubio y pone el alta voz.- Hey, Ron, gracias por contestar mi llamada. ¿cómo estás tú y…? –inicia, pero es cortado.

   -¿Qué quieres, Padalecki? ¿Para qué me llamas? Sabes que no tenemos nada que tratar entre nosotros. No después del daño que le hiciste a mi familia.

   -¡No les hice nada! –ladra, perdiendo temporalmente la compostura aunque se había prometido manejar la situación con mucha mano zurda.- Mira, sé que nunca podremos ponernos de acuerdo en esa cuestión, quieres escuchar únicamente lo que deseas creer, y así no hay manera. Pero otra cosa es llevar al terreno de los negocios estos… malos entendidos. Perjudicas a mi familia ofertando por pozos que no quieres ni necesitas.

   -También estamos en el ramo petrolero.

   -¡Pero ese negocio en particular jamás les ha interesado! ¿O estás diciéndome que esto no tiene nada que ver con la inquina que ahora sienten en tu casa por mí?

   -Cree lo que quieras. –es tajante, y Jared se frota entre los ojos.

   -Joder, tienes que ser razonable. Una guerra de precios no le conviene a ninguna de las empresas. Sería costoso y problemático, obligaría a ciertas agencias y pequeños proveedores a tomar partido por unos u otros. El dinero que perderíamos…

   -¿Piensas que eso me preocupa más que la profunda depresión que le causaste a mi hija saliendo con ella, enredándola, enamorándola, prometiéndole matrimonio, dejando que le contara a la gente y luego abandonándola con un palmo de narices? –ruge, y Jensen parpadea, boca abierta, mirándole de manera censuradora.- ¿Sabes lo que es tratar con una chica sensible, hermosa y delicada como una flor tan profundamente deprimida? ¿Y crees que me preocuparé de que a los negocios de tu familia les vaya mal? ¡No!

   -Nunca le prometí nada, ni siquiera deseaba salir con ella, ¡pero insistió e insistió! –ruge colérico, Jensen boquea otra vez y sonríe, pero alzando un dedo en advertencia, el castaño le indica que calle y el rubio sonríe alzando las manos en gesto de paz.- Bryce se lo inventó todo, desde que le dije que la amaba a la propuesta matrimonial. O la ruptura. ¿No ves lo desequilibrada que está? ¿No salió con uno de mis mejores amigos después de la “separación”? ¡Con Chad Michael Murray, por Dios! ¿Qué mujer sale con Chad, prácticamente un pozo de enfermedades sexuales?

   -Maldito hijo de puta, vas a arrepentirte de cada maldita palabra que has pronunciado. –la respuesta es un grito que sobresalta a Alexis fuera de la oficina.- Y voy a atacarte en lo único que te duele, el dinero. Tal vez ganen en la puja, pero les haré todo el daño que pueda, les costará un ojo de la cara.

   -¡Ron! –ruge cuando la conversación se corta. Jensen, boca ligeramente abierta, da un paso atrás.- Ese desgraciado… -ruge arrojando con rabia la carpeta que el ex asistente le dio poco antes.- Está tan demente como la loca de su hija que… -y comienza a soltar tacos texanos.

   -Oye, cálmate. –le pide Jensen, agachándose para recoger las hojas que volaron del informe.

   -¿Qué me calme? Qué bueno que te tengo aquí para que me ayudes con comentarios cargados de sabiduría. Pero sobre todo útiles. –le mira con ira, la cara roja. Eso desconcierta a Jensen, que se congela por un segundo, agachado y hojas en manos.

   -Gritando y arrojando cosas si vas a resolverlo, ¿verdad, idiota? –le replica con igual tono, todas las hojas en manos, levantándose, desconcertando a Jared por un segundo. También a Alexis, quien escuchó los gritos y se volvió a mirar.

   -Jensen Ackles… -Jared, entre dientes, muerde el nombre mientras se pone de pie.

   -¿Dime, Jared Padalecki?

   -No opines sobre esto. No sabes lo qué pasa aquí, ni esos papeles son una receta para tortillas. Ese viejo desgraciado está atacando a la familia para desquitarse de mí, por cosas que no hice. Pero mi gente sólo ve el problema, las cosas que “Jared hace”. Mierda, siento ganas de salir y golpear a alguien.

   -Pero no puedes hacerlo. Si agredes a alguien deberás pagarlo. Y gritando no ganarás nada tampoco, tan sólo enfermarte de la tensión arterial.

   -¿Entonces qué?, ¿sonrío y tomo gotas de Bach? ¿Acaso eres idiota? –ruge, y Alexis se agita en su asiento, escuchándoles. Ese mal genio de Jared un día le metería en problemas.

   -Esto… -Jensen, pálido, traga ofendido.- Esto no lo tengo claro, ¿soportar tus gritos es parte de mi empleo? Si es así la paga no es tan buena como decías.

   -¡Si no te parece te puedes largar! –ruge colérico, luego tragando en seco, arrepintiéndose de maneras que le desconciertan en cuanto expresa las palabras. Conteniendo el aliento espera la reacción del otro. Jensen alza la barbilla, ojos brillantes.

   -Jared, sé que estás haciéndome un favor, pero si de verdad sientes que mi presencia te molesta, que no es lo que esperas que sea, siéntete libre para salir de mí. Me iré y nada habrá pasado, ¿okay? –las palabras desarman al otro.

   -No, yo… no quiero que te vayas. –admite después de un tenso silencio, rodando los ojos, costándole decirlo. Admitirlo.

   -Qué bien, porque necesito el trabajo. Y el cheque de paga. –mira la carpeta.- Lamento si me extralimité en…

   -No, no, no eres tú. Soy yo. Es Ron Howard y la loca de su hija. – sale de detrás del escritorio y sirve dos vasos de licor, tendiéndole uno.- Es mi amigo, el puto Chad, que sale con cualquier cosa con piernas. Es mi padre y mi hermano que…

   -Oh, basta, deja de ahogarte en un vaso de agua. O de whisky en este caso. Resuélvelo. –insiste Jensen, arrojando sobre la mesa el archivo y probando ese licor que activa cada papila gustativa de su lengua.

   -Qué fácil, ¿verdad? –todavía le replica con resentimiento, pero controlando el tono y el volumen.

   -Siempre encuentras un modo cuando te aplicas a ello, y es una de tus facetas que encuentro más fascinantes. ¿Acaso no eres el mismo que deseaba aquel hotel en Las Vegas, que pertenecía a un sujeto que te odiaba y públicamente lo expresó, que jamás su hotel sería tuyo? ¿No lo retaste a jugar a las cartas y comenzaron una juerga de sexo, alcohol y apuestas de tres días? Perdiste, pero te lo vendió. Creo haber leído por ahí que ahora es uno de tus mejores amigos. –razona, apuñaleándole en el pecho con un dedo.- Piensa en frío y también resolverás esto antes de que comience en serio. –reprende y Jared le escucha con un adorable puchero, olvidado totalmente su actitud de hace unos segundos.

   -Deja de pincharme. Y te aclaro que la juega de sexo no fue con él. Aunque… creo que quería. –inventa encogiéndose de hombros y bebiendo, mirándole.- ¿Cómo sabes eso? ¿Del hotel en Las Vega? –le maravilla ver como se pone rojo y desvía un tanto la mirada.- Anda, cuéntame… -agrega, para asegurarse de que las verdes pupilas vuelvan a enfocarle.

   -Te lo dije, he seguido tu carrera.

   -Ya veo. Me halaga. –bromea con intimidad, bajando mucho el tono.- No es acoso, ¿verdad?

   -Hey, eres el tío a quien conocí un día y que anda triunfando por allí, venciendo dificultades y consolidándose como un príncipe heredero. –Jared termina la bebida escuchándole, desea otra, pero no se mueve. No quiere apartarse.

   -¿Me ves como un príncipe? ¿De cuento de hadas? –reta burlón, le gusta ver el enrojecimiento de aquellas mejillas, escuchar la risa ronca del rubio; deseaba que olvidara todo el incidente.

   -Nada tan romántico, Padalecki. Eras el tipo de quien hablaba cuando lavaba inodoros en alguna cadena de comida rápida, con una bomba en la mano en un inmundo baño; a veces contaba que te había ayudado en alguna materia. –frunce el ceño.- Curiosamente muy poca gente me creyó. –Jared ríe, turbado pero sintiéndose mejor. Alexis, desde su silla, les mira extrañada.

   -Tal vez la bomba dentro del inodoro se chupaba tu credibilidad.

   -Es posible. –sonríe lejano por un segundo. Si, era una tontería, pero siempre sintió cierta satisfacción de contar que una vez había compartido clases con aquel tipo exitoso.

   -Jensen… -al rubio le extraña verle dudar y poner ojitos de cachorritos.- ¿Estamos bien? Lamento…

   -Tranquilo. Hey, peleas por millones de dólares, yo he luchado con caimanes para sacar una moneda de una alcantarilla. –por alguna razón al castaño no le gusta aquella broma; el rubio deja el vaso en la mesa.- Ahora ocúpate de lo tuyo. Resuelve lo de tu cuasi suegro ahora enojado.

   -Por Dios, ni siquiera bromees con eso. –se queja, volviendo a su sillón después de servirse otro trago y preguntarle con la mirada si deseaba otro.

   -No, gracias. Me quemó la lengua. Necesito agua.

   -Qué comentario tan infeliz para hablar de una bebida tan buena. –toma la carpeta.- Realmente no sé qué hacer con esto. Podemos ir a una lucha de ofertas con Ron Howard, pero perderemos millones. Y me responsabilizarán por eso. Mi familia.

   -Bien, vamos a revisar que hay ahí, tal vez juntos podamos encontrar una solución. –el tono amistoso y esperanzado del otro, eriza la piel del castaño, por ello sonríe con chulería y bromea.

   -¿No te apartarás un segundo de mi lado hasta que lo consigamos? –reta al mirarle a los ojos, estremeciéndose por el leve rubor de Jensen, quien, sin embargo, tiene los ojos brillantes de burla y diversión.

   -Me quedaré pegado a tu culo todo el tiempo que haga falta.

CONTINÚA … 4

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 19

mayo 6, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 18

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Hola, cariño, ¿un mal día? –Leslie Stanton, sonriendo, entra a la oficina de su marido en la Fiscalía. Este avinagra el gesto.

   -Terrible. –bufa, pensando en Dean Winchester. Herido. Otra vez.

   -Y se te pondrá peor, creo. –anuncia ella, frente a su escritorio, sin acercarse para el frío beso de siempre, piensa él.- Conocí a tu amiguito, Dean Winchester. El tercero en nuestro matrimonio. –dice con sequedad y rencor, sorprendiéndole.- ¿Cómo ser te ocurrió traerlo otra vez a nuestras vidas? ¿Qué esperabas? ¿Qué esta vez si quisiera quedarse a tu lado?

   Por un segundo el hombre se queda paralizado, con la boca ligeramente abierta, mirándola confuso. Pero disgustado. Había sido un día de mierda con la muerte de su asistente, y por la manera de la misma, toda destripada. Le había tocado enfrentar a la prensa y las llamadas del Departamento de Justicia, así como de la Gobernación. Todos le exigían, prácticamente, que explicara lo ocurrido. Al igual que los Winchester (que Sam, está seguro que es cosa de Sam, aunque Dean también era listo), muchos notaban ciertas conexiones de su persona con esas muertes. Pero lo peor de su día había sido saber que Dean estaba herido. Eso le enfureció y asustó de una manera que creía, realmente, haber superado hace tiempo. Pero escuchar de sus lesiones, verle como le vio, bastó para que los años de separación se fueran al caño. Estaba furioso con el pecoso por hacer aún esas cosas, pero lo que en realidad le turbaba era la impotencia. No podía impedírselo ni podía estar a su lado como la vez anterior.

   Ahora llegaba Leslie…

   -¿De qué diablos hablas? –ruge al fin, saliendo del asiento.

   -Lo sabes muy bien; por Dios, Nick, ¿realmente me crees tan idiota? Es insultante. –reclama, perdiendo esa fría serenidad habitual.- Nuestro compromiso venía rodando de años, tal vez no nos amábamos como adolecentes en el asiento trasero de un coche cuando nos casamos, pero algo existía. Sin embargo, mientras el tiempo de la boda llegaba noté cómo te evadías, cómo parecías rehuirme. Creí que… estabas teniendo alguna aventurilla, alguna pasante de tu oficina, una putica de esas que siempre se cuelan en las campañas; pensé que mientras se acercaba la boda te asustabas por el cambio que daría tu vida, podía entenderlo. Pero era más que eso, ¿verdad? Ese chico guapo y pecoso… Dean…

   -Yo… no sé qué piensas que sabes, pero… -se siente atrapado, confrontado por primera vez en su vida por esa mujer que hace años compartía su cama, sus ambiciones, su vida.- ¿Qué te dijo? –croa, porque, de repente, eso le parecía importante. De alguna manera le duele verla sonreír con una mueca.

   -¿Ni siquiera tendrás la decencia de negarlo hasta el final? –desvía la mirada y lanza una corta risa.- Él no me dio nada, insiste en que son amigos. Que está aquí por una investigación, pero yo sé un poquito más que eso. –acusa y se miran.

   -Leslie, no te vuelvas loca, no…

   -Va tras cosas horribles, ¿verdad? Como sea eso que anda matando gente que se cruza en tu camino… -se le acerca.- Sé… -toma aire, notándose que le cuesta.- …Sé cuánto le has extrañado. Las veces que has ido a ese apartamento, solo, a beber. ¿A recordarle, Nick? ¿En serio? –casi se burla.- Wow, ese chico debe ser increíble en la cama, y fuera de ella.

   -No es lo que imaginas… Yo… nunca quise herirte, en verdad. Te quiero, Leslie, hemos compartido mucho. Nunca he querido lastimarte.

   -Pero lo haces. ¡Y de qué manera! –sonríe con una mueca.- No sólo supe que había alguien más mientras me jurabas amor frente a un altar, sino que resultó ser un chico, uno al que aparentemente siempre estuviste esperando que regresara. Dios, ¿qué hace a Dean Winchester tan especial? ¿Qué te enloqueció tanto de él? Quiero escuchar que lo digas.

   -Yo… no lo sé. –suelta aire, conciliador, pero eso parece más bien molestarla.

   -¿En serio no sabes lo qué te ocurrió? Ante tus ojos esnobistas aparece un chico guapo y agresivo, altanero y soberbio que ofendía tus creencias y tu manera de ver la vida y catalogar a otros, y ese chico guapo y exasperante cae herido un día, ayudándote… ¿cómo no ibas a sentir que la sangre te hervía en su presencia? Así eres. Seguro le imaginabas un sucio aventurero, un charlatán que engatusaba ancianas como tu abuela, pero mientras lo tratabas sólo querías tener tus manos sobre él. Y cuando se fue, abandonándote, no pudiste aceptarlo. Que te dejara. A ti nadie te deja, ¿verdad? ¿Por eso le llamaste? Te valiste del caso para…

   -No le llamé. –se defiende, rojo de cara. Leslie le conocía bien. Y, justo ahora, no le gusta su concentración.

   -No, no le llamaste, pero como cosas extrañas ocurrían, seguramente te aseguraste que alguien le contara a otros sobre tal hecho, en la esperanza de que el rumor llegara a él. Sabes, y te encanta, manipular a la gente. Por eso eres tan bueno en tu trabajo. –horrorizada, de pronto, se lleva una mano a la boca.- Por Dios, Nick… No provocaste todo esto para hacerle regresar a Boston, ¿verdad?

   -¿Estás loca? ¡Claro que no! Joder, Leslie, he hecho cosas malas, ¿pero llegar a eso? ¿Cómo puedes imaginarlo?

   -No te conozco tan bien como creí, cariño. Aquí estás, a un paso de la Fiscalía, y luego de la Gobernación, con un  futuro que te llevará al Congreso… y todo lo pones en peligro al traer a tu amiguito, a tu antiguo amante, de regreso. –traga y su rostro se vuelve duro.- No voy a dejar que destruyas todo por lo que hemos trabajado, querido. Ni tú, ni él, van a quitarme lo único que me queda, lo que planeamos juntos… La Casa Blanca un buen día. –casi amenaza.- Deja de verlo o…

  -¿O qué? –la calla, con brusquedad, incapaz de continuar escuchándola.

……

   Sam había salido del apartamento todavía preocupado por su hermano, tal vez por ello no notó una camioneta tipo Van que parecía acechar. De regreso, con sus compras, venía de mejor humor, por eso tampoco la notó. Al entrar en el piso deja las bolsas sobre la mesa del comedor y va a echarle un ojo a Dean, quien ronca suavemente a través de sus labios entre abiertos, todavía boca abajo y abrazando aquella almohada. En paz. La expresión de dolor se había ido. Al menos por ahora. Libre a sus anchas, el menor ahora recorre el apartamento, la cocina aséptica, la biblioteca. El escritorio…

   Se deja caer tras él, resintiéndose por un segundo, pero venciendo su reticencia, diciéndose que lo hacía por el caso (Dean podía creer lo que deseara, tener sus motivos para confiar en Stanton, pero él no); abre las gavetas y revisa. Nada. Únicamente papeles sin importancia. Sin embargo hay una cerrada. Sacando su navaja, lucha con la cerradura cinco o diez segundos, abriéndola. Parpadea, encuentra una fotografía de Dean… junto a Stanton. No sabía de dónde, o qué hacían, como no fuera que era en el exterior; era capaz de ver un pedazo de cielo nocturno y brillantes farolas. Su hermano, el cabello más alto, alzado, sonreía con toda la cara, mirando algo, con toda la picardía del mundo capturada en sus pupilas. A su lado, Stanton, con un informal suéter, sonreía levemente, contento pero no exuberante… mirando a Dean.

   Tragando en seco, casi con disgusto, la deja. Debajo encuentra una carpeta, la toma y abre; hay un montón de telegramas, guardados por orden cronológico, del más nuevo al más antiguo, de una casa detectivesca. Todos decían, en distintos puntos del país, que nada se sabía aún del señor Dean Winchester. Algunas veces aseguraban casi haberle alcanzado, pero… Cerrando la carpeta y dejándose caer hacia atrás en el sillón, entiende que ese hombre buscó al pecoso. Durante mucho tiempo. Eso le lastima, el corazón le late de manera dolorosa. Ese carajo había querido mucho a su hermano. De verdad. Y estuvo allí, para Dean, cuando este pasaba por uno de los peores momentos de su vida. Cuando perdió a su hermano y su padre le dejó solo. A Dean, para quien la familia era casi una necesidad. Cierra la gaveta y echa la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. ¡La había jodido tanto!

……

   -Dean… Dean… -este oye, desde muy lejos, pero no quiere despertar, se siente cómodo como está; lanza un gruñido mientras se revuelve contra el colchón, atrapando aún más de la almohada entre los brazos, y Sam, que es quien le llama, debe hacer de tripas corazón para no quedársele viendo con la boca abierta, algo salivoso.- ¡Joder, deja de menear el culo y despierta!

   -¿Hummm? ¿Sam? –abre por fin los ojos, confuso. Y cabreado.- Déjame dormir… ¡estoy herido, por Dios! –cierra los ojos otra vez, pero algo le llega a la nariz, un olorcito que le hace despegar el rostro de la almohada.

   -¿Muy dolido como para esto? –le pregunta Sam, sonriendo, cargando una enorme y grasosa bolsa de donde emana aquel olor, uno que hace rugir ruidosamente el estómago del rubio pecoso, quien ahora sonríe.- Va a enfriarse, por eso te desperté.

   -Sam, te amo. –dice irreflexivamente, por suerte el menor está claro, que habla por la comida. Girándose sobre la cama, hace una mueca, ceñudo.- Bien, ya no me duele tanto. –informa, sentándose de culo, echándose hacia atrás, alzando las manos y agitando los dedos, esperando la bolsa.- Vamos, muero de hambre.

   -Me alegra que ya no te duela tanto. –Sam sonríe, abriendo la bolsa y sacando dos hamburguesas.

   -Dios, si. –prácticamente salivando, y sonriendo como un niño, Dean las toma, olfatea y suspira.- Dios, huele a colesterol del malo. –y la sonrisa se le ensancha más mientras deja una sobre la mesita y desenvuelve la otra. El grueso emparedado de carne, tocino, queso y jamón parece ancho, pero se las ingenia para separar las mandíbulas y dar una buena mordida.  Lanza uno de esos gemidos de placer que erizan tanto la piel de quienes le escuchan.

   -Disfrútalo. –se tensa Sam, entregándole una malteada. Dean, masticando, le mira ceñudo otra vez.- Nada de cervezas si tomas analgésicos. ¿Qué pasaría si Ojos Amarillos se presentara y estuvieras drogado?

   -Sabelotodo. –le oye gruñir entre bocados. Sonríe exasperado y sale. Todavía le oye lanzar otro gemido de placer.

   En la sala, tomando una enorme bandeja de ensalada, el menor intenta no pensar en ese “Sam, te amo”. Pero le cuesta. Había sonado tan bien…

……

   Rato más tarde regresa a la habitación, extrañándose de no encontrar al rubio en la cama.

   -¿Dean?

   -¡Voy! –le responde saliendo del cuarto de baño, con una toallita secándose la boca y manos. Lleva una de sus franelas más viejas- Joder, Sam, eso estuvo delicioso. A veces me alegra viajar contigo. A veces. –le extraña verle tan serio.- ¿Ocurre algo?

   -No, sólo que entré y…

   -¿Qué? ¿Pensaste que salí escalando por una ventana en un penthouse? –se burla regresando a la cama, con un andar menos felino que de costumbre.- Siéntate, tenemos que hablar. –le indica.

   Sam contiene una sonrisa ante lo extraño de la invitación; quitándose los zapatos sube a la cama, sentándose como el mismo Dean, quien no parecía sentir ningún reparo en montar su culo sobre la almohada de alguien. Enciende la televisión y hay un leve silencio entre ambos. El pecoso parece muy concentrado.

   -¿Querías decirme algo? –el menor no aguanta la curiosidad.

   -No… si… -sonríe malicioso.- Pensaba en lo extraño que debía ser para ti estar en esta cama. Sentado allí. –Sam se congela, aunque no debió.

   Conocía bien lo gilipollas que era su hermano. Sus palabras lanzadas con sarcasmos no tomaban en cuenta que entre los dos había cierta historia, o que pudiera estar celoso de lo que representaba ese apartamento o esa cama donde seguramente el cazador y el abogado se revolcaron muchas veces. No, sabía que Dean bromeaba con la idea de que él, Sam, estuviera en la cama donde una pareja folló. Pero viéndole enrojecer el cuello, hombros y cachetes, sabe que en la mente del tonto la idea ha penetrado al fin.

   -No vas a hacer alardes de tus días aquí, ¿verdad? No conozco a ese tipo, así que no sé si ha lavado estas sábanas. –intenta una broma, aunque la idea casi le aterra. Debió cambiarlas, ¿no es así?

   -Sam, debemos irnos antes del anochecer. –de todo lo que Dean pudiera haber respondido en ese momento, no esperaba aquello.

   -¿Por vergüenza al haber sido confrontado por la legítima esposa de Nicholas Stanton? Wow, no te creí tan decente.

   -No seas idiota. –gruñe, ceñudo, pero notándosele algo afectado.- Creo que tenías razón, sobre estos ataques y la relación de Nick en ellos. –la sorpresa deja sin palabras a Sam, quien balbucea sin sonidos.

   -¿Cómo? ¿Acaso dices que tu amiguito…? –Dean se vuelve a mirarle, están muy cerca, era algo que el castaño tenía rato notando, las piernas y muslos de rubio mostrándose.

   -Es obvio como el Infierno; se trata del viejo plan de ambiciones y poderes, alguien labrándose un camino hacia una meta, usando recursos sobrenaturales. Pero no me parece que sea Nick. Creo que tras todo esto está su mujer, Leslie. –la sorpresa de Sam, y algo de enojo, se eleva a niveles insólitos.

   -Ah, ¿la esposa? ¿Es lo que sospechas o lo que deseas? Sacarla de la ecuación.

   -¿De qué coño hablas? –se extraña el rubio.

   -No lo sé, Dean; que todas las pruebas circunstanciales llevan a los Stanton es evidente, pero tal vez no quieras ver a tu amigo implicado y te sea más fácil involucrar a la esposa.

   -¡No! –ruge Dean, molesto.- Esta no es una novela de Danielle Steel, concéntrate. Sé, porque lo sé, que Nick nunca haría algo así, por muy ambicioso que sea. Y lo es, créeme, eso nos separó cuando estuve considerando, realmente, decirle adiós a las cacerías y… a ustedes. –le sobresalta por la brutalidad de la confesión.- Pero es un tipo legal. Su mujer… -mira al frente, ceñudo, como si le costara hilvanar las ideas.- Ella no debía saber quién era yo, Sam. Ni conocer de este lugar o para qué sirvió. Pero lo sabía, y continuó con él, sin decirle nada durante todos estos años. Su ambición es parecida o mayor a la suya. Nick ignora que su mujer sabe. Y ella sabe que soy un cazador. Fuera de Nick, el resto del mundo en esta historia ignora esa denominación. No la sabe su abuela, ni sus guardaespaldas. Cuando se habló de cazadores estábamos solos. Pero esa mujer lo sabe. Sabe a qué vine. Y no creo que su marido se lo haya contado. Por eso no creo que estemos a salvo aquí.

   -Tal vez te investigó mejor de lo que imaginas. –todavía se aferra a la idea original. Por celos.

   -Podría ser, y para comprobarlo tan sólo debemos quedarnos aquí y esperar. Pronto oscurecerá. –la idea atormenta a Sam, no quiere aceptarla, pero no hacerlo era exponerse a ser atacados allí.

   -¿Quieres rehuir la batalla? –se burla, y eso si que altera al otro.

   -Hey, todavía estoy convaleciente, y tú aún confundes los extremos de un machete.

   -No, no te evadas y responde, ¿el gran Dean Winchester está admitiendo que se siente tan débil e indefenso como un gatito recién nacido? –no puede evitarlo, porque necesitaba azuzarle, también cambiar de tema.

   -Fui arrojado por los aires, caí de espaldas sobre una capota, una vértebra se me desalineó, y con todo el sexo rudo que tuvimos antes de eso… -contando con los dedos iba exponiendo los puntos, congelándose bruscamente, labios balbuceantes, alarmantemente rojo de cara. Sam se tensa inmediatamente, volviéndose a mirarle, furioso.

   -¿Lo recuerdas? ¡Lo recuerdas todo, hijo de puta! –acusa.

CONTINÚA … 20

Julio César.