Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

SOBRE DEAN; 11×12

febrero 17, 2017

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   ¿Otra vez, Dean?

   Del episodio once de esta temporada de Supernatural, se puede decir que va de lo que aparentemente será ligero, tonto y divertido, a lo dramático. Y miren que lo fue, más por las caras y gestos de los Winchester, que por la trama en sí, que era algo… loca. Estuvieron en su punto Jared Padalecki, transmitiendo mucho; también Ruth Connell, Rowena, con sus eternos complejos, temores e inseguridades, mostrando mucha química en sus escenas íntimas con Dean. Y Jensen Ackles estuvo genial, la gesticulación frente al espejo, cuando va olvidando pero al mismo tiempo dándose cuenta de que olvida, fue impresionante.

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   ¿El caso?, el regreso de los brujos, enemigos de poderes que ya han enfrentado. Los hermanos persiguen al o asesinos de un hombre cuyo estómago aparece lleno de dinero. Encuentran una bolsa de hechizos y van tras los implicados. Dean pilla a uno, le hiere, le sigue y este lo hechiza.

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   Cuando Sam le encuentra al otro día, todo extraviado, ambos piensan que andaba de parranda, una épica, pero el mayor no recuerda nada, ni siquiera a la bonita chica que le abofetea. Cuando reanudan el caso, y saben que enfrentan brujería, y que los olvidos que va padeciendo el pecoso pueden deberse a un hechizo, van tras sus pasos. Lo último que recuerda Dean es que fue a cenar hamburguesas, y así llegan a ese bar donde está la chica.

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   Hasta ese punto, con lo de ir recorriendo los pasos del cazador, pensé en la película “Y qué pasó ayer?”. Con aquello de que fue drogado y la chica disculpándose. Tuvieron un acostón y a ella le molestó que la olvidada. Sus palabras, que Dean montó al toro mecánico de manera magistral, y que estuvo bien en la cama, alegran al pecoso. ¡Y la cara de Sam! Me hizo reír Dean, exasperado, gruñendo que genial, que por fin se acostaba con una chica después de tanto tiempo y la olvida. Dean y las camareras, ¿no fue algo grato?

   Fuera del bar siguen el rastro de sangre, encuentran el cuerpo, y a Sam le sienta raro tener que explicarle a ese Dean, que va olvidando y olvidando, qué es lo que hacen. El rugido de somos héroes, del mayor, me encantó. Sam detalla el hechizo trazado en un árbol, no lo conocen y no entienden por qué el hechicero no le mató o por qué usó ese hechizo en particular. Obviamente el brujo quería proteger a su familia, si no escapaba, ni mataba al cazador, al menos que le olvidara y que no fuera tras los otros. Fue casi abnegado. Familia que le encuentra, sabe que fueron los cazadores, y mientras uno quiere que escapen, culpando a su compañera por atraer la atención con la muerte del hombre con el dinero en el estómago, la mujer desea revivir a su hermano y vengarse de sus asesinos.

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   Como hay brujería implicada y no encuentra como revertir lo que le ocurre a su hermano, Sam llama a Rowena, la cual le pregunta si ahora le tiene en su marcado de contactos. La mujer está usando la magia para hacer trampas en juegos de cartas. Y esto siempre me había extrañado, que una bruja con su poder tuviera que hacer eso, o intentar enganchar a un marido rico, para solucionarse la vida. En este episodio se le entiende mejor. Aunque temí, desde la intro, que este fuera el capitulo donde finalmente la matan para sacarla de la trama. Supernatural tiene ese mañana. Ella, después de un gracioso intercambio con Dean…

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   …Reconoce el hechizo, es brujería de la vieja tierra, de una familia poderosa que, como algunos, escapó a la persecución de los Hombres de Letras ingleses, y que contaba con un gran libro de hechizos (se notaba que el recuerdo le dolía, era gente de su propio pasado), y es quien da la medida de lo grave del embrujo que ataca al feliz Dean: olvidará a todos y todo, su nombre, cómo sentir, hasta cómo respirar. Sam se lo explica a su hermano y es cuando viene la escena de Dean frente al espejo. ¿No fue lindo que mencionara a Castiel? Repito, su gestualidad, desespero y vulnerabilidad fueron intensos. Qué falta le hacía su ángel de la guarda en esos momentos. Sam, que no confía en ella va solo por los brujos para obligarles a darle el conjuro exacto para curar a Dean. Es aquí cuando se da una buena charla entre Dean y Rowena, que vino a explicar muchas cosas sobre su nueva actitud. Cuando se les hace evidente que capturan al menor, la bruja parte con Dean a la batalla.

   Aquí viene una escena extraña, se supone que el poder de Rowena es inmenso dado el Libro de los Condenados, además fue ella quien abrió la jaula de Lucifer, la que pudo escapar de él una vez, y eso que a Lucifer sólo Amara le había presentado cara (dioses antiguos, Gabriel, ángeles y demonios variados, nadie le aguantó una pelea directa), y que ayudó para detenerle finalmente, pero aquí cae fácilmente frente a esa mujer que la menosprecia como la poca cosa que siempre fue. Claro, llega un despistado Dean, quien no ha olvidado aún el significado de las palabras, y salva la situación de carambolas. El resto es la despedida, ella intentando llevarse el nuevo libro de hechizos, Sam quitándoselo y agradeciéndole la ayuda, es lo de siempre; la mujer volviendo a su papel, Sam al suyo. Me gustó Dean no recordando nada de lo que hablaron y aclarando que si la paz pasa por olvidarlo todo, aún lo que se ama, no vale la pena. Y me pregunto, ¿olvidó toda la charla con la bruja realmente?

  Pero todavía el programa nos regaló una hermosa canción country, que como muchas de ellas hablaba de sentimientos medio melancólicos; en esta se aúpa a un niño feliz a jugar y gozar de ser un vaquerito, a disfrutar del momento porque luego crecerá y la vida le aplastará. El country tiene lo suyo… si se entiende la letra. Me gustó que lo tradujeran, esto no se ve cando transmiten el programa por la Warner. Fue un capítulo intenso en cuanto a lo interno de los hermanos, ver la angustia de Sam por un destino tan cruel para su hermano; y constatar la vulnerabilidad de Dean, como le ocurre cada vez que le hechizan, que aunque parece algo divertido se transforma pronto en un asunto terrible, como cuando sufrió la fiebre fantasma que le causaba temor, o cuando la diosa de la verdad obligaba a la gente a su alrededor a decir lo que en verdad pensaba. Los wincentistas gritaron cuando un Dean que parecía haberlo olvidado todo, cuando oye a Sam gritar, ruge su nombre. Ni el hechizo pudo con eso.

   Ahora bien, Rowena. Esta supuestamente poderosa bruja que hace trampas en las cartas y busca un marido rico, se ve tan chapucera y tracalera, de las baratas, como el mismo Crowley, a quien el título de Rey del Infierno a veces le queda grande. Pareciera que intentan aparentar ser más de lo que son. Pero la razón de esto, tal vez, lo explica el programa, con lo de sus problemas del pasado, ella embarazada y rechazada por todos, pasando hambre y ocultándose de los cazadores, teniendo que adular y arrimarse a la caridad de quienes la despreciaban. El mismo Crowley abandonado de todos, entregando su alma por una tontería que alimentaba su ego pueril. No extraña que sean tan ramplones. Lo otro notable es el cambio de la bruja, ayudando a los hermanos, me preguntaba el por qué. Uno imaginaba que era una trampa del programa para dejarla allí después de todo lo que hizo, pero la bruja lo explica al estar con Dean, a quien señala que es un asesino pero que las cosas que hizo fue por ayudar a otros, que ella sólo quería el poder para sí, esperando siempre que eso le brindara satisfacción… hasta que vio a Dios y a su hermana, los seres más poderosos del universo, trancados en una amarga pelea de resentimientos. Eso le dio una perspectiva nueva. Ahora quedan los hombres de Letras Ingleses, a los cuales ya ha conocido en su larga vida… ¿Saldrá la bruja pelirroja del programa así? ¿Se enfrentará a Toni, Mick y Ketch y le asesinarán? El programa suele hacernos cosas así, y a Rowena ya no se le odia. Bien, nunca lo hice, me parecieron fastidiosas sus tramas con Crowley en el Infierno, pero no ella. Con esta bruja me pasa casi como con Ruby, a quien la amaba aunque sabía que separaba a los hermanos, y llevaba a Sam a hacer lo malo.

   Me pregunto, ¿qué vendrá ahora?

SAM, DEAN Y EL PRINCIPE MALDITO; 12×12

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 7

febrero 15, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 6

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   -¡Vete a la mierda, soldado! -ruge y corta la llamada.

   -No, no, Jen… -brama angustiado. ¡Algo malo le ocurría al rubio!, la certeza le abruma, alarma y frustra. Mira que huir, ¡mira que cortarle la llamada! Ojala se lo encontrara para darle un par de tortazos y luego llevarle por ayuda. Lo piensa mientras envía por mensaje posibles coordenadas del rubio, el cual le parecía había salido a la zona boscosa tras ese conjunto de edificios. Los helicópteros ractores podrían buscarle si perdían la señal del móvil.

   -La jodiste, ¿verdad? –Sandy, a sus espaldas, mira burlona la puerta caída.

   -Está mal. Algo le pasa a mi… -se atraganta, afligido.- A Jensen… Algo muy malo. No sé qué es, pero me asusta. –sonríe ácido.- Y sabes que nada me asusta.

   -Llamarle fue un error. Cualquiera sabe que debe deshacerse de un teléfono del cual saben el número si se está huyendo. –recrimina ella, brazos cruzados, algo exasperada, llegando a su lado.

   -Lo sé, y lo siento, ¿okay? Pero no pude contenerme. No pienso con claridad cuando se trata de él. Debía llamarle. Pedirle que volviera. –lo justifica callando que necesitaba escucharle, comprobar si la conexión entre los dos había sido real o algo que imaginó.- Algo le pasa. –repite.

   -Es miedo. Su familia, y él mismo han cometido una grave infracción, sabe que habrá consecuencias. Y no quiere pagarlas.

   -Si ocultó lo que era cuando comenzó a manifestarse no es su culpa, era un niño. Sus padres…

   -Lo sé. El problema con los no presentados es de vieja data, pero eso no elimina las reglas, ni las sanciones. Lo sabes. No les irá bien a los Ackles cuando los detengan. Ni a tu… Jensen. Y eso también lo sabes. –le observa con fijeza. El hombre le sostiene la mirada.

   -No, porque no dejaré que ocurra. Jensen no es un mejorado sin presentar como otros. Es distinto. –frunce el ceño.

   -¿Por qué te gusta? Dios, estás insoportable de tonto. Eso no hará ninguna diferencia.

   -Ya lo veremos. –suena tozudo, callando ante su amiga el pulsante dolor, ardiente y desagradable que parece estar instalándose en la parte delantera de su cerebro. Algo nuevo.

   Recorre todo con la mirada y ella le imita. El lugar era pequeño llegando a lo opresivo. Y feo. opaco, oscuro, sombrío. No había detalles de color o vida. El rubio debía existir en una realidad interna, una que no era muy alegre tampoco, por cierto. La cama, las sillas, la mesa en la diminuta área de la cocina, todo es pequeño o estrecho. Sandy mira unos libros sobre una repisa, física y química avanzada. Jared se detiene frente a una pizarra llena de ecuaciones, no es un experto pero le parecen estudios destinados a controlar la intensidad de las emisiones en radioisótopos comunes. Cierto orgullo estalla en su pecho, su chico era listo. Aunque, por otro lado…

   -¿Un material radiactivo puede dejar de serlo bruscamente?

   -No lo sé. –responde ella, revisando las mesas de noche.- Pero sería genial, ¿no? Recuperaríamos las zonas calientes del noroeste del país.

   -Sí, pero… -frunce el ceño. Radiaciones y mutaciones, todo iba de la mano. ¿Revertir o controlar el detonante para terminar con el producto? ¿Acaso era posible? ¿Era lo que deseaba Jensen?

   -Jared… -le inquieta el tono en la voz de Sandy. Se vuelve y la ve al lado de la cama, revisando una gaveta, mostrando unos frascos de píldoras. Un nudo se le forma en la garganta.

   -¿Bloqueadores? –va a su lado.

   -Sí, pero sin prescripciones, advertencias o posología. Deben ser del mercado negro. –le informa mirándole a los ojos. La gravedad de ello no necesita comentarse.

   Todos ellos los necesitaban, neurorreguladores. Algo en sus naturalezas recargaba sus cerebros de transmisores adrenérgicos, eso les hacia fuertes físicamente, competitivos; a veces pendencieros. Pero también agresivos, violentos y autodestructivos. No lo controlaban de manera natural, no estaba en ellos. Para controlarlo estaban los bloqueadores. Necesitaban esas píldoras.

   -Si no son los correctos, como suelen ser esas porquerías, casi estafas del mercado ilegal… -Jared, parpadeando, se deja caer en la cama, pensando, de pasada, que allí el rubio se acurrucaba de noche y dormía como un hermoso bebé grande, tal vez pasaba las frías mañanas bien cubierto. Se masturbaba. Pero meneando la cabeza, aleja esas ideas e imágenes. Algo difícil con el olor del rubio embotándole los sentidos. Casi percibía un rastro de calor sobre las mantas.

   -Si no son los correctos puede estar sufriendo episodios de neurosis y sicosis, de paranoia, depresión y agresividad. –termina ella, ceñuda.- Y si no carga nada con él, y en su trabajo encontramos otra dotación, puede que se quede sin nada. Estas cosas no deben ser fáciles de conseguir en una ciudad como está, barrida por el ejército para evitar este comercio ilegal. Y si no encuentra nada…

   Jared, pálido, traga en seco. Conocía los casos, por razones que jamás entendió, hubo quienes prefirieron vivir fuera del control médico, convirtiéndose en verdaderos sicópatas unos, en dementes otros. En uno y otro caso, la muerte había terminado con sus sufrimientos. La auto destrucción. La sobrecarga sensorial y emocional, el descontrol hormonal los empujaba a la locura, dejando en sus mentes confusas sólo una salida. Vuelve la mirada a su móvil ante una leve señal.

   -Llegaron a la escuela, nadie sabe mucho de él; obviamente ignoran que es un humano nuevo. Los nuestros encontraron los bloqueadores. –la mira.- No le queda nada, Sandy. –su expresión preocupada y horrorizada es sustituida por una de dureza. Envía las órdenes con pocas letras en su móvil: Detengan a toda la familia. ¡Ahora! La mujer revisa su móvil, preocupada.

   -Jared, no puedes movilizar personal sin comunicarte con…

   -¡Tengo que encontrarle, Sandy! –ruge poniéndose de pie, una sensación de urgencia, de peligro, le alcanza.- No está bien. Corre peligro. Debo encontrarle. –repite afligido. La mujer intenta tocarle pero la evade.- Necesito…  -y se aleja, rumbo a la puerta, dispuesto a correr hasta captar el olor del rubio otra vez. Pero se detiene.- Encárgate de enviarlo todo a la sede. Que se busque a quienes fabricaron esos bloqueadores. Debemos detener a toda la red.

……

   No le encuentra. Es decir, no sabe por dónde tomó y no puede calcular a dónde fue, admite recorriendo la plaza tras el feo bloque de edificios, mirando la zona boscosa. Percibe su rastro, sabe que estuvo allí, un aroma sutil, pero no le sirve de guía. Fuera de un móvil destrozado, que recoge y guarda, no da con otra pista. Y eso le frustra de manera intensa. Quiere gritar mientras se va llenando de más y más ansiedad, como la de aquel que aguarda en una sala de espera a que un cirujano salga e informe sobre la intervención de un ser querido, deseando que todo salga bien, temiendo que las noticias sean terribles. Le molesta que el otro esté escapando, aunque tal vez se debía a la sicosis por los bloqueadores inadecuados. También le añora. ¿Eran sus ojos tan verdes como cree recordar? ¿Era su cabello castaño claro tan suave como parecía? ¿Su voz…?

   El teléfono timbra. Es Sandy.

   -Jared, vuelve, la doctora Douglas quiere hablar contigo, y no parece nada feliz. –informa, seca.- Y tenemos a uno de los Ackles.

CONTINÚA … 8

Julio César (no es mía).

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 6

febrero 11, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 5

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   Conoce de la ira, en su trabajo, de la adrenalina, de la competencia entre socios, de las risas, las tristezas normales, de los desencantos por un fracaso ocasional. De pasión satisfecha, pero lo que las palabras del rubio le hace sentir nunca lo había experimentado. Era desazón, devastación. Un vacio terrible.

   -No soy un fenómeno de circo, Jensen; no somos fenómenos. Tú no lo eres. Eres una persona especial. Mejor. –es lo primero que dice, abriendo unos ojos que no sabía que había cerrado.

   -Lo son. Rarezas. Y no soy como ustedes. –es la azarosa respuesta.

   -Lo eres. –es tajante por primera vez, caminando de un lado a otro dentro de la pequeña pieza.- Lo sabes. Debes haberlo sabido siempre, porque somos diferentes. Te guste o no, lo somos. Especiales.

   -Extraños. Raros. –hay derrota en el tono, rabia y frustración. Señal de lo mucho que odiaba su naturaleza. Y todo lastima al joven y apuesto soldado.

   -Nuevos, distintos. Lo que somos aún está por saberse, Jen… -se le escapan las palabras, el diminutivo que le sabe tan bien en la lengua, que debe contenerse para no repetirlo una y otra vez. Ya habría tiempo, cuando estuvieran juntos.- ¿Y si somos el futuro? ¿El hombre evolucionado? ¿Lo que dentro de cien o doscientos años será lo normal? Tal vez es una nueva historia que comienza, y la tuya, la mía, hacen falta para que se escriba. –invita. Hay un silencio pesado.

   -No soy como tú, Jared. –se defiende, desesperado. Y al castaño el corazón le late con fuerza, el sonido de su nombre, en la voz del rubio, era extrañamente excitante, casi una caricia a pesar de la entonación. Quería sonreír como un tonto y repetirlo en su mente. Podría vivir toda una vida escuchándolo, se dijo con inquietud ante la profundidad de la idea.

   -Lo eres, lo sabes. –la reiteración es suave, sugerente. Hay un nuevo silencio.- Por favor, vuelve; verás cómo todo tiene sentido., cómo todo estará bien cuando estemos juntos. Estoy…

   -En mi apartamento. –le interrumpe, desconcertándole, aunque sonríe.

   -¿Puedes sentirme desde lejos? –pregunta emocionado, una conexión así nunca la había experimentado con nadie.- ¿Ves lo distinto que eres de lo común? ¿Lo conectados que estam…? –le corta el gruñido del otro.

   -Déjame en paz, por favor. No me busques. No me sigas. Me gusta mi vida como es.

   -¿El vacío, la soledad? –le pregunta suave, frunciendo el ceño, le parecían palabras dictadas por su experiencia.

   -No sabes nada de mí.

   -Estoy en tu pieza, Jen, lo sabes, y es un cuarto pequeño y cerrado, frío y… solitario. No parece hecho para vivir en él, parece levantado para que nadie entre jamás, un lugar donde ocultarte, una cárcel grata de la que piensas que no quieres salir. Aislándote del mundo y de la gente. ¿Desde cuanto te ocultas? ¿De qué te escondes, Jen? –necesita saberlo para ayudarle, para sostenerle y protegerlo. A él mismo le sorprende la intensidad de tal deseo, el de acudir al lado del otro y simplemente abrazarle hasta que se calmara, siseándole, diciéndole que estaba allí.

   -Por favor, sólo vete. De allí. De mi vida. –pide nuevamente, suplicándole, un sonido que le lastima horriblemente. Tanto que tiene que cerrar los ojos.

   -Cuando te vi por primera vez, experimenté algo… -comienza, recordando el “sueño”, la ronca y sensual voz diciéndole “te amo, Jared”.- ¿No lo sentiste? –necesita saber. El silencio se prolonga.

   -No, no; yo… -comienza finalmente, pero la voz se oye herida, lastimada. Es fácil saberlo porque desde que el rubio escapara, y le buscara desesperado por encontrarle, cierto dolor desagradable se había instalado en el pecho del joven soldado, en su abdomen, una sensación física de malestar.

   -Estás sufriendo. Y es incensario. –le aclara.- Por favor, déjame ir a tu lado. Yo puedo hacer que cese. Si estamos juntos, no dolerá. La vida no tiene por qué ser un oscuro cuarto donde se espera yacer sin hacer nada que atraiga el dolor, pero sin sentir. Temeroso de ser visto, reconocido. Buscado. Y no hablo del estado, hablo de la gente, de las emociones reales. –se detiene, mirando una descolorida fotografía donde el rubio posa con una joven y bonita mujer, el parecido es enorme entre ambos. Seguramente una hermana.- Te veías cansado cuando te encontré. Imagino lo agotador que debe ser vivir sintiéndote distinto, pero deseando no serlo, escondiéndolo de otros. Vivir lleno de culpa por tener que mentirle a toda la gente que te agradaba y era amable contigo mientras ibas creciendo e interesándote en los demás. Todos abriéndote sus almas, tú ocultando la tuya. La soledad de sentir que no podías confiar plenamente en nadie, por mucho que te dijera que te estimaba… o te amaba. Lo haces desde niño, ¿verdad? Seguro un día, siendo todavía muy pequeño, tus padres te dijeron que debías mentir, callar quién eras porque era algo malo, y eso te hizo sentir un extraño, una anomalía, algo que no era correcto. Te dijeron que debías disimular, portarte como todos para que el mundo no te juzgara, no te rechazara o persiguiera… pero eso no es verdad. Nada de eso tiene que ser cierto, Jen. Ni antes ni ahora. Debiste poder gritarle al mundo que eras tú, que eras como eras y que si alguien tenía un problema con eso, que qué pena, pero que se la aguantara. –es enfático, fuerte. Dice lo que siente, pero sabe que en el caso del rubio, con su aire cansino, su palidez, aunque era hermoso, debía haber alguna otra causa. Algo debía estar fallando con sus medicamentos. Algo peligroso.- Déjame ayudarte, permítenos ayudarte.

   -¿“Dejarles ayudarme”? No quiero esa clase de auxilio. No quiero ser un animal de granja. –es la cortante respuesta a través de una respiración sibilante. Y Jared se frustra. Cierra los ojos y se concentra en esa voz.

   -Nos vi juntos, Jensen, pude sentir el calor de tu cuerpo, lo suave de tus labios, tu aliento quemó mi cuello y quería morir de gusto. –detalla, buscando conseguir una respuesta emocional. La tiene, Jensen jadea. ¿Acaso él también lo sintió, lo vio? Como sea, parece apartarse, ir a otro lugar. Ya no está en la pieza, mira el sol de la tarde bajando hacia el oeste, al oeste de ese cuarto; la grama y los arboles mecidos por el viento, una gran pared de hormigón que…

   -¡¿Qué haces?! –hay alarma en la voz del rubio. La sorpresa corta el vínculo ya que Jared abre los ojos.

   -No lo sé, nunca me había ocurrido. ¿Ves todo lo que tenemos en común? Esto es especial, Jensen. Por favor, dime dónde estás e iré por ti ahora mismo. –casi le ruega.

   -No, no, sólo… -le oye tomar aire, la voz bajar una octava, el tono es de intimidad.- Por favor, Jared, déjalo así. Sólo… déjame ir. Tengo que desaparecer. Te lo pido. No le cuentes a nadie que…

   -Lo siento, ya se reportó. Ya se busca a Jensen Ackles y a su familia, como infractores. –lo dice con facilidad, lamentando que eso afecte al rubio, pero convencido de que es necesario. El otro, finalmente lo entendería así.- Es lo mejor, créeme. Podemos ayudarte. Tendrás un propósito. -traga en seco al sentir una oleada de un fuego muy rojo, y frío, envolverle.

   -Maldito hijo de perra, no van a cazarme como un animal. Dime, Jared… -es seco.- ¿…Me buscan para castigarme por ser un infractor o para que sea tu perra en algún apareamiento hormonal gubernamental? ¿Es la ayuda que quieres darme?

   -Jensen, no, nunca consentiría… -se ve horrorizado.

   -¡Vete a la mierda, soldado!

CONTINÚA … 7

Julio César (no es mía).

LOS PESARES SOBRENATURALES DE LILY; 10×12

febrero 10, 2017

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   Qué tiempos…

   Qué de nostalgia despertó la intro del décimo episodio de esta temporada, cuando vemos a Dean reclamarle a Castiel que no es un ángel de la guarda, que no protege. La de agua que ha pasado bajo el puente desde esos días, cuando para el ángel no había ojos como no fueran para el cazador al que sacó del Infierno. Momento cuando descubrí que había subtexto en este programa. El Destiel. Y qué desagradable resultaron ser los dichosos ángeles, comenzando por Uriel, Zacarías, Rafael, Naomi y Gadreel, en medio de un largo, laaaaargo etcétera. Siempre recuerdo en esa cuarta temporada cuando Sam finalmente les conoce y está todo emocionado, hasta que oye que están ahí para acabar con todo un pueblo para matar a una bruja que está a punto de abrir uno de los sellos, comentándole a Dean que no les imaginaba así. Fue notable este cuando le recordó que llevaba tiempo diciéndole que eran unos capullos. Castiel llegaba, con su cara de lelo, su gabardina, el cabello alzando, la mirada anhelante tras Dean, y como sabemos los que seguimos el programa, estaba destinado a aparecer unos cuantos episodios antes de ser asesinado, pero estábamos tan felices de saber que al mayor de los Winchester un ángel le cuidaba las espaldas, que Misha Collins se ganó su espacio… para tortura de los wincestistas. Y sigue corriendo. Así llegamos a…

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   Una mujer, parche en un ojo, persigue, acorrala, pelea y mata ángeles, que resulta pertenecían a la antigua cuadrilla de Castiel (¿no y que era dirigida por Anna?), en el Cielo, cuando era un soldado fiel y robótico, antes de los humanos. Antes de Dean. Me dio vaina cuando esa implacable mujer mata a la morenaza, recipiente de Benjamín. La escena donde esta le avisa a los otros, o pide ayuda, incluido Castiel, fue notable.

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   Como notable es la conversación entre Sam y Dean (después de comentar que Mary anda cazando sola y que nada saben de la madre del hijo de Lucifer), cuando este le reclama la manera en la cual trata a Castiel después de que este asesinara a Billie, por ayudarles, pero el pecoso está molesto porque teme las “consecuencias cósmicas” (y la verdad es que ya me pregunto qué piensan presentarnos esta vez, seguro que será algo increíblemente doloroso para los hermanos, si nos atenemos a los antecedentes de la trama). Y esto pudo ser mucho mejor, el programa nos quitó momentos de Destiel, de ver a Dean entrar a una habitación, encontrándose a Castiel y saliendo todo ceñudo, seguido por la siempre mirada de perrito de este. Toda esa ley del hielo, todos los intentos del ángel por explicarse, congraciarse e irritándose luego. No, no lo consideraron importante. Qué falta de visión.

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   Cuando Castiel aparece disponiéndose a partir en busca de Benjamín, hubo un poquito de eso, pero casi nada relevante, como si lo sería en el impala, cuando Sam debe vivir uno de los momentos más incómodos de su vida.

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   El ángel cuenta sobre su amigo, Benjamín, el cual siempre ha sido cuidadoso (y Dean comienza con todo otra vez), y lleva años usando un recipiente fiel, del cual es amigo y nunca pondría en peligro. Sam ofrece ayuda, y Castiel casi se hace de rogar, ambos mirando a Dean cómo para ver qué dice. Es cuando viene lo del auto. Se le vio, al ángel, afectado ante su cadáver, por lo que irá a reunirse con otros de su antigua cuadrilla, con quienes hablará en privado.

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   Aquí comienzan nuevamente los señalamientos que todos los ángeles le hacen a Castiel, unos le creen un héroe, otro un traidor por complacer a los humanos. Que Castiel es el ejemplo de por qué los ángeles no deben mezclarse con humanos, no para protegerlos de ellos, sino para no terminar afectados por estos. Dean no aguanta más, entra con Sam y siguen los señalamientos. La mujer que estaba con el antiguo jefe de la cuadrilla, Ishim, sale y es asesinada, es cuando la ven y reconocen. Luchan, pero Lily es dura e hiere al hombre. Este cuenta que es una humana que se acostó con un ángel y tuvo un hijo, un nefilim, los antiguos gigantes que, según la tradición bíblica, nacieron de esa cohabitación de ángeles y mujeres humanas, por lo cual se envió el Diluvio.

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   Hay un recuerdo de época de cuando atienden ese asunto, y entendemos el comentario del hombre, que prefería el otro recipiente de Castiel, creí que hablaba de las ropas, pero no, Castiel estaba en el cuerpo de una mujer… y no sé cómo no hubo chistes sobre esto. Siempre esperé un episodio donde esto ocurriera, que Castiel, por una razón u otra, tuviera que entrar en el cuerpo de una mujer bien bonita y que Dean no lo supiera de entrada, dándose todo ese delicioso malentendido (y conociendo a Dean, que hasta pantis de chicas se ha puesto para llegar a sus objetivos, habría sido interesante). Pero no, ni el programa lo ha presentado, ni se hizo comentarios de esto. Lo dicho, el tiempo ser les va en muchas charlas, aunque en este episodio estuvieron muy ajustados.

   Como sea, esa patrulla va por la mujer y el ángel con el cual vive, le matan por ese crimen, e Ishim va por la niña, perdonando a la madre, porque esta era una mujer devota y pía que oraba a los ángeles. Y así le pagaron. Ahora esta se venga, ha vivido más de lo que le toca por algún pacto maligno, sostiene el herido Ishim.

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   Mientras Castiel cura a este, Sam y Dean buscan a la mujer para intentar arreglarlo todo. Ella cuenta su parte y es cuando comprobamos otra vez lo plasta que pueden ser los ángeles. Lily buscó a un ángel que la protegiera del otro, que se obsesiono con ella, acusándola de romperle el corazón al no quererle, matando a su niña, para romper el de ella. Y es curioso como seres tan poderosos caen por pasiones tan básicas (bueno, ocurrió en la Biblia), o tan humanas. Le pasó a Benny el vampiro y a Prometeo cuando escapaba de Zeus, no pasa esto con los demonios, ellos tienen fines muy específicos y generalmente son de extender el mal. Todo lo que hacen es por maldad y poder, excepto aquella bella demonio en la tercera temporada que tentaba Dean con un acostón para pasar el rato mientras les rescataban de un derrumbe. Y se veía que Dean quería.

   Como sea, Castiel, después de curar al otro, queda muy débil para luchar, y este casi acaba con los hermanos y la mujer cuando llegan, y aunque la pelea estuvo buena, Sam y Dean hiriéndole, faltó coreografía, más golpes, más levantadas, que la combinación de los buenos se lucieran más. A pesar del poder de la mujer, que viene de magia de ángeles, Ishim casi la mata, hasta que Castiel interviene… matándole por la espalda. Por segundo episodio consecutivo ataca a traición. Es poco digno del héroe, pero en fin. El ángel se siente mal por la muerte de inocentes, especialmente de la niña cuyo padre no era un ángel, y sabe que Lily tiene derecho a su venganza, que la esperará. Y esto ya se ha visto, desde la cinta kill Bill, Dean se lo dijo al hijo de Amy, y Cole aparece buscando esa venganza. Ahora le toca a Castiel. De entrada en esta escena, me gustó lo que Ishim le reclama a Castiel, todo lo que le envidió porque Dios se fijó en él, y que todo lo dejó perder por los humanos, y que le librará de esa debilidad, como curó la suya (que era un amor obsesivo, acabará con el objeto del afecto del ángel). Va a matar a Dean y mi destielista interno deliraba. Dean siempre ha sido la debilidad de Castiel. Como Sam lo es del pecoso, pero es porque es su hermano y su misión de toda la vida, dada por su padre, era protegerle (¿okay?).

   El episodio me gustó mucho, más de lo que esperaba al saber que era sobre ángeles, desde la cuarta y quinta temporada, no son de los mejores, pero este fue muy bueno. También ese entendimiento entre Dean y Castiel, como no, robándonos momentos buenos, como ya señalé. Castiel no se arrepiente de lo que hizo, matar a Billie, pero sabe que habrá consecuencias. Dean entiende que lo hiciera por ellos, pero que no sabe a qué arriesgó el mundo. Obviamente algo aprendieron con Amara, dos finales de temporadas atrás, cuando dejaron de ser los héroes y condenaron a todos a enfrentar algo terrible que casi acabó con la creación. Pero allí continúan, con la duda, ¿qué hacer cuando aparezca el hijo de Lucifer, después del fiasco del sacrificio de una niña inocente que nada malo había hecho? Castiel ya no está seguro. Me pregunto si será de esos seres sobrenaturales que crecen rápidamente, hace falta un buen villano, uno terrible y poderoso. Y que tenga química con los Winchester.

   ¿La verdad?, espero por Toni y Mick, los Hombres de Letras ingleses. Aunque se les odia por lo que han hecho hasta ahora, estos dos personajes tienen posibilidades al lado de los Winchester… Si, de Dean, es en quién pienso. Me pregunto si alguna vez se me pasará la fascinación con estos personajes que una vez a la semana llenan un grato momento.

SOBRE DEAN; 11×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 25

febrero 6, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 24

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   El hombre se tensó, adivinando la provocación. Meterse en la noche a su cuarto era una cosa, estar allí, en la piscina, con posibles ojos enfocándoles desde las ventanas de la vivienda, incluida su abuela, era otra cosa. Dean contaba con eso, que no se atrevería a levantar comentarios (o más comentarios), Nick le interpretó perfectamente. Pero, se dijo, ese chico tonto no sabía que jugaba con un hombre.

   -Se ve delicioso. –le respondió, cayendo con todo su peso a su lado, en la silla de piscina, separando los delgados labios y atrapando ese tenedor que los labios, dientes y lengua del rubio tocaron poco antes. Y si que la tarta era buena, se dijo; o era por saber que ese cubierto estuvo en la boca del pecoso, no lo sabe, pero en realidad sabía delicioso. Aunque, lo que más le gustó, fue notar la sorpresa del rubio, su enrojecer de mejillas, el brillo divertido de sus pupilas.

   -Está bueno, ¿verdad?

   -Así es, pero creo que puedo probarlo aún mejor. –le advirtió con voz ronca, cubriéndole una mejilla con una mano, acabando con la distancia y atrapando los labios del cazador, lamiéndolos, haciéndole gemir de sorpresa y excitación, penetrando en su boca finalmente, saboreando la tarta nuevamente. El beso se volvió intenso, Dean sostenía el platillo, la mano en su mejilla bajaba por su cuello y hombro, el cálido pulgar le recorrió la clavícula erizando cada centímetro de su piel. Necesitados de oxígenos interrumpieron la caricia, sus frentes unidas, sus alientos mezclándose.- No puedes quedarte aquí, Dean. Tienes que irte. –le soltó de sopetón, desconcertándole.

   -¿Qué? –todavía sorprendido, y agitado por el beso, no comprendió totalmente las palabras del otro, ni respondió bien al tono perentorio.

   -Tienes que irte, no puedes quedarte en casa de mi abuela. –repitió con firmeza, mirándole desde muy cerca, a los ojos, sonriendo levemente al verle brillar las pupilas peligrosamente, desafiantes otra vez.

   -¡Hijo de puta! –se revolvió el pecoso, humillado, ofendido, sintiéndose extrañamente decepcionado y usado. Le habían gustado los momentos junto a ese tipo que había sabido fingir que le importaba.- Quédate tranquilo, no pienso agotar tu hospitalidad, ni hacer una escena desagradable gritándote lo maldito que eres; te libro de mi presencia en este mismo momento. –rugió airado, intentando salir de la silla por el otro lado.- ¡Suéltame! –ladró cuando el otro le retuvo con una mano por un brazo.- ¿Acaso te ríes de mí? –casi gritó, rojo de cara, indignado, cuando Nick lanzó una divertida carcajada.

   -Dios, eres una caja de fósforos esperando la menor fricción, ¿eh? –continuó reteniéndole aunque Dean intentó zafarse.- No puedes quedarte aquí porque no confío en ti con todas esas mujeres dándote vueltas. –confesó de sopetón, desconcertándole aún más.

   -¿Cómo…? ¿Dices que me quieres fuera porque temes que…?

   -Sí, que te metas en las camas de todas esas viejas que estarían más que contentas de hacer lo que fuera necesario para que un carajo bonito les atienda las sequias emocionales… o sexuales.

   -Wow, vaya que eres directo. –se desconcertó, no sabiendo si interpretaba bien, pero frunció el ceño y sonrió chulo.- ¿Me quieres fuera para que otras no disfruten de mi cama? Debo advertirte, no por soberbia o vanidad sino como un hecho de la vida, que a donde llego…

   -Si, lo imagino, no falta quien quiera meter las manos en tus pantalones. –fue seco y directo.- Por eso te irás a mi apartamento. Allí descansarás, la cama es grande y cómoda, capaz de contener a un grupo orgiástico si hiciera falta; y la nevera está llena de hamburguesas y cervezas frías. –le hizo parpadear con la oferta.

   -¿Quieres…? –no pudo evitar la sonrisa, ni sentir un calor extraño abrasándole.- ¿…Que me vaya contigo? Wow, debo ser realmente bueno en la cama. –eso alteró al otro.

   -Y sumamente desagradable fuera de ella. –gruño, soltándole, tendiéndose y apoyando esa mano del otro lado del mueble, sobre Dean, quedando muy cerca ambos cuerpos. Cada uno notando el calor del otro, la caricia de la respiración ajena.- Dios, provoca golpearte.

   -Y aún así me quieres. –se burló el rubio, sintiéndose extrañamente excitado. Estremeciéndose con algo nuevo cuando el otro miró sus labios.

   -Y aún así te quiero… conmigo. –y hubo un nuevo beso ligero, una caricia tanteante que cambió cuando el calor entre ambos aumentó. Y atrapar con los dientes y chupar de la lengua del pecoso, lo decidió todo para el abogado.- Vámonos ahora.

   -¿Crees que sea una buena idea? –aún dudó Dean, un poco asustando por tantas implicaciones.

   -Será épica. –le tranquilizó, riendo contra sus labios, roncos, excitado también. Ya planeando cómo quedarse con todo; se casaría con Leslie y mantendría al rubio en su vida. Elevando la mano hacia la pecosa mejilla, le acarició con el pulgar, una caricia tan íntima, tan cargada de razones profundas, que Dean parpadeó.- Quiero… No, necesito tenerte cerca. Saber que estás bien, que curas, que no estás solo. –dijo lo que sabía el rubio quería escuchar y lo selló con otro beso.

……

   Para el pecoso cazador fue una divertida experiencia abandonar la casa, despidiéndose de Rebecca Stanton, mochila al hombro, con Nicholas casi a sus espaldas.

   -¿En serio tienes que marcharte? Aún tienes que recuperarte. –se quejó la anciana, porque le apreciaba, pero también para notar el tinte de sus mejillas, o el ceño de su nieto. Oh, sí, no la habían engañado ni por un segundo.

   -Estaré bien. Has sido muy amable al cobijarme bajo tu techo; no olvidaré esa cama… -se lanzó el cazador, sonrojeándose más, por las implicaciones que sabía tendría para el sujeto a sus espaldas.- Ni esos manjares. Despídame de las muchachas, ¿eh?

   -Pero, Dean…

   -Es mejor así, abuela. -terció Nick, impaciente por salir. Y cruzó espadas con su abuela, sus ojos se batieron en fiero duelo.

   -Lo imagino, querido. –contestó la anciana, confortándole ver que el abogado se sonrojabas también. Un poco.- Y eres taaaaan considerado al estar aquí para encaminarlo…

   -Es muy mono, ¿no? Y eso que uno puede imaginarle fácilmente condenando gente a la horca. –intercaló Dean, para burlarse también del otro, ignorando del duelo entre abuela y nieto.

   -Muy mono, si.

   -Abuela… Dean… -gruñó el otro. Pensando “vaya par”.

   Todavía dándole un beso al joven rubio de chamarra de cuero y jeans ajustados, la mujer les vio salir. Se parecían en sus pasos, a pesar de la distancia cultural que les separaba. Se pavoneaban al andar, seguros de sí, machos alfas que controlan sus ambientes. Nicholas había crecido en ese mundo, uno donde la familia, el apellido Stanton, tenía poder. El otro, labrándose su destino, uno que sabía duro, peligroso, pero lo encaraba con resolución y una sonrisa chula. Conformaban, pensó, una atractiva pareja. Pero no le gustaba. Para nada. Su nieto podía ser tan… desgraciado.

   Por un segundo, entre la propuesta en la piscina y el momento de salir de la casa, Dean Winchester estuvo tentado a largarse dándole esquinazo al alto y atractivo abogado de cabellos castaños. Pero le gustaba la manera en la cual este le miraba, como exasperado con sus crudezas, pero también como si le gustaran y padeciera un conflicto propio por eso. Le irritaba, pensó el pecoso, pero aún así quería tenerle cerca. La idea era fascinante. Como lo era el interés en su bienestar, la preocupación por su seguridad. Nunca había sido el objeto de tales atenciones. Bien, se dijo, estaba convaleciente y Nick era guapo, podría tolerarle unos días y luego chao el amigo.

   El apartamento fue todo lo que esperaba, y más. Le inquietó ver que los guardaespaldas le cargaban las pocas pertenencias, y que luego subían con ellos al piso, cargando bolsas de comestibles. Esos tipos, de rostros de piedra, no mostraban ninguna extrañeza de verle allí. Aunque cuando Nick le besó, esa primera vez, si dudaron. Después de mostrarle todo, absolutamente todo, deteniéndose mucho en su colección de rock clásico, las neveras bien surtidas, advirtiéndole que esperara un poco para tomar alcohol, la habitación principal, con su enorme cama y la gran pantalla plana de televisión, despidiéndose, diciéndole que volvería pronto, Nicholas le había besado fugazmente en los labios; fue cuando Dean notó cierto intercambio entre los dos gorilas, entendiendo que no, que Nicholas Stanton no acostumbraba llevar queridos a su piso. Esa información, como lo abrumado que estaba por el lugar, le dejó sin habla. Nada más estuvo solo lo probó todo, el jacuzzi de agua caliente, y olas, le hizo ronronear. No se detuvo en revisar todo lo que estaba a la vista, con una sonrisa curiosa, buscando la pornografía del tipo. Le hizo reír encontrar, y ojear, algunas revistas y cintas de sexo heterosexual, así como unas esposas gamuzadas y unas pantaletas indudablemente de mujer que encontró en una gaveta. Eso le hizo sentir aún más especial. Nicholas no llevaba a cualquier tipo a su piso, tal vez no había metido bajo ese techo a ninguno… sólo a él, a Dean Winchester.

   Si, el hábil sujeto sabía lo que tenía que hacer, decir y mostrar para encantar al joven y apuesto cazador necesitado de alguien que lo amara, cuidara y protegiera. El rubio estaba prácticamente en sus manos.

CONTINÚA … 26

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 5

febrero 4, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 4

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   Ilusamente, en cuanto corre como el viento alejándose de los otros dos, Jensen pensó en regresar a su pieza y esconderse bajo la cama. Si se quedaba lo suficientemente quieto ni las sondas de los satélites podrían detectar rastros de vida allí. A veces él mismo pensaba que ni vivo estaba. Tragando en seco, ve sobre su hombro sin detenerse un segundo hasta que lo nota, parando bruscamente. Mira su saco, ¡no lleva el gafete! Boquea, todo ojos, y casi grita de frustración, sintiéndose asfixiado, la adrenalina corriendo a mares por sus venas. Sabrían quién era, con esa información llegarían a su pieza (vuelve la mirada, tal vez ya estarían en camino), y a su trabajo. Se lleva una mano a la boca y casi se muerde, de frustración, tenía que recoger algo vital en la pieza; muchas de sus cosas tenían valor monetario (bueno, no tantas), otras afectivas, pero esas pastillas…

   No, no puede regresar. Allí le buscarían, tal vez ya estarían montándole una celada. Corre hacia la entrada de las residencias, notando la mirada confusa de Jim Beaver, quien le pregunta alguna cosa, tal vez si ocurre algo, pero no se detiene. Dentro de la oscura recepción siente algo de alivio. Ya no estaba a la vista. Pero no se detiene, en lugar de bajar un nivel, hacia su piso, desciende a saltos hacia el sótano tres. Recorriéndolo con seguridad, lo conoce bien; se detiene junto a una de las columnas más apartadas de ese estacionamiento casi desierto y levanta, con esfuerzo, la pesada reja que cubre una boca de drenaje, bajando con cuidado y asegurándose de colocar la rejilla justo en su sitio. Tenía estudiada esa ruta de escape hace años, y había elegido, por si tenía que huir a la carrera, ese drenaje en articular, que no llevaba nada, aunque olía feo, a podredumbre vieja, a descomposición. A tristeza. Sí, eso, se dijo mordiéndose el labio inferior, sintiéndose infinitamente triste, reparando en la irónica sincronía. Su vida se iba por ese drenaje. Tenía que abandonar su cuarto, su trabajo, el nombre de Jensen Ackles. Y semi doblado, se detiene bruscamente. ¡Debía avisarle a todos! Irían por ellos si lograban encontrarles. Los había puesto a todos en peligro. Otra vez. La culpa es una carga tan pesada que parece encorvarse un poco más. Saca el móvil e intenta llamar, enviar mensajes. Nada sale. ¿Sería por el techo de concreto?

   O tal vez ya interferían, le dice una parte de su cabeza, una voz fea, derrotista, burlona, su cerebro inundándose de pensamientos oscuros, llenándole de pánico. Lo atraparán y lo encerrarán, por infractor, dentro de una celda pequeña, en algún lugar apartado y solitario. Y su mente se perdería. Enloquecería. Finalmente lo perdería todo, como siempre temió su madre.

   Recuerda que tenía seis años de edad, en Iowa (donde escuchaba fascinado a su abuelo contar de la guerra que los había sacado de Texas), cuando todo comenzó. Veía luces brillantes, alegres, alrededor de arboles y flores; de los animales también, aunque en estos variaban de tonalidad, las rojizas iban emparejadas a animales peligroso. Las personas también las mostraban, a veces. Y sonriendo, las señalaba, pensando que todos las veían igual, no notando las miradas preocupadas de Donna y Alan Ackles. Todos decían que era un niño rápido, pero la verdad es que a veces le parecía que escuchaba lo que otros apenas pensaban, adelantándoseles. Pero fue en la escuela donde todo estalló, sus maestros notaron que su inteligencia era notable, especialmente en materias que no eran fáciles, ni del manejo de críos, como química, física y matemáticas.

   Jensen nunca olvidaría, porque no olvidaba casi nada, esa tarde, sentado al lado del escritorio de la señorita Alba, una mujer grande y mayor, aunque le parecía hermosa, preguntándose si había hecho algo mal, esperando la llegada de sus padres. Estos entraron con reticencias, y la maestra no tardó en ponerlo en palabras, ese dulce y pecoso niño era un humano nuevo, un mejorado. Escuchó las palabras sin comprender, pero dolido al reparar en el llanto de su madre, la angustia de su papá. Eso le lastimó; de alguna manera, por algo que hizo, sus padres sufrían. La señorita Alba, a quien su madre llamaba Jessica, roja de cara, decía lamentar comunicarles que lo había reportado al director y se le hizo una prueba, debió ser aquella donde escupió sobre una paleta, riendo avergonzado de hacer eso frente a la maestra.

   -Jensen es un mejorado… tipo beta. –informó, más incómoda, ya que se esperaba que ella los incentivara a reportar y presentar al chico frente a las autoridades para que recibiera una educación especial.- No lo he hecho aún…

   Esa misma tarde dejaron el pueblo, aunque no lo entendió, ni los gritos de su madre, que no dejaría que un gobierno fascista se llevara a su niño para criarlo como un animal de granja, como un fenómeno de feria, experimentando con él. Con el tiempo, escuchó más cosas, especialmente sobre la condición beta. Y no le gustó para nada. En ese entonces su padre le dijo, muy serio, que no podía contarle aquello a nadie, o llegarían y se lo llevarían lejos. Eso le hizo llorar de miedo, y sólo en brazos de Alan, que le acunó con fuerza, se sintió a salvo. Pero no pudo desprenderse de la sensación de que toda la paz que vivían había terminado por su culpa.

   Volviendo sobre el pasado de la familia, Alan les llevó a él, a su madre (embarazada de su hermana menor), y a Josh, su hermano mayor, a Nuevo México, a una de las partes buenas, la cual era tierra de “hombres libres”, desde la guerra a inicios de los ochenta. Ahora debía volver a escapar, como ocurrió en otras ocasiones. Por eso el drenaje, siempre tenía lista una salida en los lugares donde se asentaba.

   Respira afanosamente, asintiéndose cercado, que todo era inútil, pero más adelante el drenaje se ensancha y sube, lo que le permite enderezarse. Ve la luz al final del túnel. Escaparía. Si, se alejaría lo más posible del chico esbelto y alto, de suave cabello castaño que le miraba con un brillo de admiración y casi ternura en los ojos. Se estremece, luchando contra las simpatías que despertaba instintivamente el otro con su cara franca. Ese chico era el más acabado producto de un sistema cuartelario y controlador. Jared era peligroso, por muchos motivos. Jared… el nombre le producía… Lo aparta, decidido, móvil en mano, debía advertirles todos.

……

   Angustiado por perder de vista Jensen, por perderle justo cuando le encontraba y todo su ser respondía con fuerza y ganas a tal evento, Jared entra en el edificio oscuro. Encontrando el rastro de olor del rubio, baja las escaleras un nivel y se congela. Hay una leve fragancia en el aire, pero en el piso es aún mayor. Duda, y eso le molesta y atormenta, porque sabe, que por razones que no entiende, el hermoso y adorable rubio pecoso estaba intentando alejarse. Casi ruge frustrado entrando al piso, siguiendo su esencia. ¿Por qué lo hacía cuando ya podían estar en la base, en su cuarto, sentados ambos en su cama, costado contra costado, manos atadas, contándose sus vidas? Un pensamiento le estremece, lo increíblemente sexy que debía ser mirarse a sí mismo en las pupilas del rubio. La necesidad de alcanzarle, de verle y olerle en persona era tan grande que le cuesta controlarse. Cruza frente a las puertas, de una en especial, se detiene al dar dos pasos más allá y regresa. Traga en seco y llama, con el puño, con fuerza. Nada. Llama otra vez.

   -¡Jensen, abre! –suplica y ordena, con el corazón cabalgándole en el pecho por culpa de una sospecha.- ¡Jensen!

   Al rugido sigue la patada que prácticamente desprende la puerta de la cerradura y bisagras, arrojándola dentro. Penetra y lo primero que percibe es el olor, todo allí gritaba Jensen, cosa que le marea por un segundo. Luego se congela y oprímelos labios en un puchero. No estaba allí. El otro se había ido. Una tonada le indica que tiene una llamada y un mensaje.

   -¿Si, Sandy? –mira el mensaje mientras habla, pelando los ojos, era una ficha de trabajo de Jensen, y ver su hermoso rostro, aún en la mezquina fotografía, le emociona.

   -¿Ya estás en su pieza, verdad? Esto es lo que tengo hasta ahora, le estamos ubicando satelitalmente, bloqueamos su señal, no vayas a llamarle para que no… -la corta y llama, las torres militares eran más poderosas. Sabe que ella, esté donde está, está maldiciéndole, pero no importa. Oye los timbrazos.

   -¿Si? –es la cautelosa respuesta, y todo él se eriza y llena de calor. Dios, tiene que encontrarle y tocarle, o enloquecerá, se dice. Va a contestar, pero el otro le interrumpe.- Eres tú, ¿verdad, maldito fenómeno de circo? ¡Déjame en paz! –la amargura y el resentimiento del rubio le golpean dejándole sin aliento.

CONTINÚA … 6

Julio César (no es mía).

PRIMERA SANGRE… ALGO FLOJITA; 09×12

febrero 3, 2017

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   La separación fue tan larga…

   Ni les cuento las ganas que tenía que regresara el programa, y lo había olvidado hasta el día miércoles. Sabiendo que Lucifer volvía a la jaula, la pregunta quedaba, ¿y ahora qué? ¿Qué sería de Crowley y la relación de los otros para con este? Los hermanos habían sido encarcelados, y comenzando el episodio, en ese lugar apartado, por un momento me pregunté si esto no estaría convirtiéndose en la serie Buffy, en esa temporada donde aparece un grupo gubernamental que sabe de los monstruos y quieren usarla de guerrera. Afortunadamente no fue el caso. La intro nos decía que regresaban Mary, la gente de Asa Fox, y la imperturbable Billie, con sus eternos brazos cruzados; pero la verdad no tenía ninguna perspectiva, ¿encarcelarían a los Winchester en algún lugar como Guantánamo y deberían luchar contra guardias y reclusos? Sonaba atractivo. Pero no, nada que ver.

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   De entrada me dejó curioso el nombre de este noveno episodio, Primera Sangre. Me sonaba pero no podía ubicarlo, no hasta la fuga cuando son perseguidos y estos ofrecen luchar; era el nombre de aquel libro coleccionable que compré de muchacho, de novelas negras, “Primera Sangre”, el relato de dónde sale la película “Rambo”. Que la primera fue muy buena (las otras un desastre; aunque la última, Regreso al Infierno, tenía sus momentos), y esta quedaba muy por debajo del texto. Fue una gran lectura la de aquel antihéroe, el hombre que peleó en una guerra impopular y regresa para encontrar desprecio, persecución y odio. Un hombre, solo, contra el sistema.

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   No fue este, un episodio de monstruos, los hermanos peleaban contra humanos, que en otras ocasiones habían demostrado ser más peligrosos, y dementemente malvados, que lo sobrenatural; pero fue bueno, bastante bueno, dentro de sus límites.

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   Hay tres cuestiones, Mary anda cazando por su cuenta, no pudiendo mantenerse al margen, y Castiel la llama para contarle que perdió a los hermanos, enfrentando su enojo. Cosa absurda, el plan era de los hermanos, pocas veces se le ocurren al ángel, pero siendo el último hombre de píe, llevó. Fue bueno que le recordara que también ella les había abandonado. No fue de lo mejor, hablaron mucho, pero pasaba ahí, ahí. Notable es que el ángel se sintiera por debajo de los cazadores en competencia.

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   Mejor estuvo cuando busca a Crowley por ayuda, y este vuelve a ser ambiguo y despreocupado, emitiendo sus dos juicios geniales: es un villano y también les quería muerto, en su momento; y esos dos siempre reaparecen. ¡Compararles con el herpes fue tan gracioso!, como la cara de Castiel, al escucharlo. Como no les ayudará, lo habla con Mary, y buscan a los Hombres de Letras ingleses, en un momento cuando Dean logra comunicarse con él, dándole cierta ubicación.

   El representante de los Hombres de Letras ingleses, Mick Davies, parecía un vendedor de pócimas, un charlatán cualquiera con una propuesta casi de demonio de cruces de caminos, ofreciendo villas y castillas a quienes se asociaran con ellos. Me hizo reír ver cómo fracasaba con los cazadores, hasta que Castiel le llama por ayuda y ve su oportunidad. Fue notable cuando Castiel se opone luego a la idea, y comentan que con Crowley y Rowena habían capturado a Lucifer. Fue gracioso ver a los Hombres de Letras ingleses sorprenderse por la noticia. Ayudarán porque “quieren ser amigos”.

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   Sam y Dean, presos, son aislados, condenados a la soledad, para siempre, y la cosa como que les pegó bastante, porque aparecen muertos, inexplicablemente, y son llevados a una morgue. Donde, sabíamos, escaparían. Mi amiga Alicia me comentó que era lindo que preferían morir a vivir separados (es una seguidora del Wincests). Por supuesto que pensé en Billie, por la intro, y que ella les levantaría de entre los muertos. ¿Les necesitaba la mujer?, ¿algo peor venía por la carretera, obligándola a ello? No, lástima; pero eso se sabe después.

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   Al verles escapar, mirando el bosque, fue cuando caí, hice la relación con la situación, el nombre del libro con esa persecución, los perseguidores que se enfrentarían a ellos. Pero esto quedó muy por debajo; en el libro, y la película, la persecución con perros y trampas fue mucho mejor. Claro, siendo los buenos, no enloquecidos como estaba Rambo, no fueron particularmente desagradables con los vigilantes, ni hubo perros a los cuales herir. Los tiempos son otros, con aquello de la crueldad hacia los animales en el cine y la televisión, especialmente de mano de los buenos. Y que los hermanos son incapaces de dispararle a un venado, como señalara Bobby, hace tempo.

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   Derrotan a los otros, aclarándoles que si van por ellos, le irá peor. Sam les aclara, le crean o no, que el presidente al que supuestamente atacaron estaba poseído por el Diablo, y le salvaron. Se iban dejando esa información atrás. No debió extrañar lo que luego ocurriría…

reencuentro-del-clan-winchester

   Terminan reuniéndose todos, los cazadores con Castiel y Mary (con abrazos incluidos, se nota que el pobre ángel los necesita ahora); los Hombres de letras ingleses están allí y la desconfianza era palpable, aunque ahora les debían una. Es cuando Billie reaparece y la cosa se revela terrible, los hermanos, convencidos de que nunca saldrían, idearon aquello, con la parca, uno escaparía y el otro se iría con ella. Y Billie quiere a un Winchester, y ahora le cumplen o cosas malas pueden pasar. No me extrañó que Mary tomara la decisión de partir, aunque me parecía como duro, justo ahora que había aceptado que quería cazar, posiblemente con sus hijos.

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   Es cuando Castiel mata a Billie, un personaje atractivo pero prácticamente desperdiciado. Fue muy lineal en su postura, no evolucionó, no fue amiga, pero tampoco enemiga, era desabrida, y ahora desaparecía. La explicación de Castiel, después de llamar estúpido el arreglo que habían hecho, demuestra cuánto necesitaba hacer algo para justificar su existencia. Por un segundo pensé que dejaría el programa o algo así. Me pregunto, ¿qué consecuencias traerá esto? Ya Dean acabó con Muerte, el Jinete, ahora Castiel con Billie. Las parcas no deben andar contentos. Y esto me irrita un tanto. No fue el final de la décima temporada uno de mis preferidos, emocionalmente quiero decir, porque la Oscuridad llegando estuvo genial, sino porque los hermanos no fueron los héroes, mezquinamente desataron un mal mayor sobre el mundo para beneficiarse ellos, y los héroes nunca hacen eso. Dean buscó a Muerte, por ayuda, y luego le mata. Igual ocurre con Billie, ahora; la necesitaron, pactaron algo, y Castiel la liquida. No hay honor, y los héroes no pueden carecer de esto, por muy antihéroe que se parezca.

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   Ahora hablemos del sicópata de los hombres de letras, el señor Ketch, que no actúa sin permiso del otro; va y acaba con todos los que supieron de la participación de los Winchester en el asunto del presidente. Molesta que sea tan implacable, que toda esa gente, aún el médico, fueran asesinados. Pero esto ya lo hemos comentado, era inevitable. Como cuando los leviatanes mataron a aquel comisario y a su hija médico, al ser aniquilados los falsos Sam y Dean, o el cura que entendió que había comenzando el Apocalipsis y había visto a Guerra, el Jinete; el mundo oficial, otros comisarios, o el Vaticano, y ahora el gobierno norteamericano no podían saber que estas cosas ocurren y que los hermanos son héroes. Los Winchester están condenados a luchar solos, relativamente, siendo menospreciados y perseguidos. Aunque me habría gustado ver la cara del más joven de los perseguidores, antes de que le mataran. Pero estos Hombres de Letras ingleses se las traen…

   El sicópata es de cuidado, y será interesante ver cuando llegue el momento del enfrentamiento con los Winchester, que esperemos no lo resuelvan en los cinco minutos finales de un episodio. El otro, Mick, es más llamativo, es un intelectual sangrino que casi cae bien, recordando un poco al inglés que aparece en la serie Ángel a la ida de Gale. Este, si el programa sigue con su costumbre de tomar a tipos que se ven bien, interactuando casi en plan de enamorados de uno de los Winchester (generalmente de Dean), puede quedar fijo, o por un tiempo. Ya que podría ser casi otro Bobby, en cuanto todo lo que sabe. No se ve claramente su futuro, todavía. Pero, en líneas generales, no han resultado satisfactorios, a finales de la temporada pasada, con la mujer, Toni, despidiéndose de su hijo y partiendo en busca de los hermanos, casi imaginé a una cazadora fuerte que peleaba al lado de estos, hombro con hombro, apareciendo eventualmente el hijo e interactuando casi como una familia con uno de los Winchester (de Dean, si, lo sé, sueno maniático; aunque, repito algo de la pasada temporada, sólo la hermana de Dios era medio merecedora de él). Pero nada de eso ha pasado, y después de los dos primeros episodios de esta temporada uno todavía le tiene rabia a la catira. ¿Que irá a pasar con esta gente?

   Y por allí anda la madre del hijo de Lucifer, cargando a este en su vientre, ¿qué pasará con eso? En fin, me gustó el episodio en líneas generales, pero… Primera sangre. No sé, quedaron por debajo de la puesta en escena de la persecución dentro del bosque, con las trampas de Rambo, en el libro y la película. La serie debería esforzarse un poco más. Menos escenas de Mary hablando con Castiel, y más acción, carajo.

LOS PESARES SOBRENATURALES DE LILY; 10×12

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 4

enero 30, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 3

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   -¡No! No soy un fenómeno de feria. –jadea, tragando en seco cuando ella saca de uno de los bolsillos de su traje una pequeña lente que dirige a su rostro, y nota sus ojos barridos por un pequeño laser rojo. Tan pendiente de eso está que no repara en la aflicción momentánea en la cara del castaño ante la palabra fenómeno. Era aquel aparatico un verificador. En cuanto un humano mejorado demostraba habilidades, era reportado, numerado. Su iris era etiquetado. No hacerlo era un delito grave, y peligroso. Y él no estaba registrado.

   -Claro que eres un mejorado. –jadea Jared, perdonando a su Jensen, por la fea palabra.- Sabes mi nombre. –la sonrisa regresa y casi le parte la cara en dos.

   -Aléjense de mí, maldita sea. –brama el rubio, asustado, ¡iban a descubrirle y detenerle! Intenta retroceder pero Jared da un paso al frente, atrapándole los brazos con sus manos grandes de dedos largos. Con posesividad, calor y… casi ternura.

   -Oh, vamos, Jensen, nacimos para este momento. Eres para mí. –exclama todo sonrisas, y dicha, casi parpadeando por la oleadas de emociones poderosas que lo recorren con sólo aferrarle así, e imagina hacerlo sin todas esas ropas puestas, sus manos sobre la cálida piel, recorriendo con la punta de sus dedos desde los bíceps del rubio, subiendo, acariciando, erizándole, tomándole los pecosos hombros, porque debían ser pecosos, acariciándole las clavículas con los pulgares. La idea casi le hace jadear, el cerebro ocupado con escenas locas donde corre por una playa, dentro del agua, de la mano del rubio; o que, desnudos, besa esos hombros, que muerde una clavícula y es recompensado por un gemido del otro.

   -¡Suéltame! –grazna un Jensen casi asustado. Debatiéndose, Jared no lo hace.

   -¿No lo sientes en verdad?, ¿esto que nos une? –insiste, mirándole con adoración y necesidad, pero también posesivamente. Por Dios, ¿qué le pasaba? Debía notar que ese hilo existía y los enlazaba. De alguna manera sabe que era necesario que el pecoso lo comprendiera y aceptara.

   -Jared… -interviene, ceñuda, Sandy, mirando el pequeño lector que hace un cruce mundial de nombres, con registros, pero comprendiendo un poquito más que su alto compañero. Si, Jensen era un humano nuevo, lo sabe por la intensidad de la reacción de su compañero, porque el rubio pudo haber adivinar su nombre (¿una habilidad síquica?), y no era que pudiera haberlo escucharlo de pasada, no cuando no se decía desde antes que doblara esa esquina. Pero su reticencia… La joven sospecha algo que podría ser un problema.

   -Es él, Sandy. Lo que salí a buscar de la base, eso que me empujaba a dejar las instalaciones –la mira, hablando con confianza, los dedos cerrados sobre Jensen, a quien mira ahora.- Eras a quien buscaba. Tú me llamabas.

   -No, no; te lo repito, no soy uno de los fenómenos con los que tratas. –Jensen enrojece de furor, y alarma, intentando soltarse del agarre de Jared, pero parecían faltarle las fuerzas al notar la mirada dolida del otro.

   -No somos fenómenos, Jensen, somos seres humanos mejorados. Nuestras destrezas…

   -¡No soy como tú! Soy normal.

   -Eres…

   -¿Eres un beta? –la pregunta sale disparada de la boca de Sandy, todavía mirando el lector, congelando de pánico al rubio, cuyo corazón late con fuerza.- Si es así, debes venir con nosotros; es obvio que no tienes ningún tipo de enlace con otra persona o Jared lo notaría. Estás obligado por ley a obedecer.

   Es tanto el temor que eso infunde al rubio, que Jared lo percibe, tensándose, molesto con su amiga por afectarle así, comprendiendo la profundidad del lazo que estaba por establecerse: por Jensen haría cualquier cosa. También comprende el prejuicio, muchas voces se habían alzado, en el pasado, y aún ahora, en baja voz (era penado por el estado), en contra del sistema de castas, alfas y betas, considerándose una categorización animal, donde un beta era prácticamente un invitado forzado a la mesa del sistema, el cual quedaba encadenado a un alfa si este le requería. Cosa que nunca entendió del todo, hasta ahora. Si, Jensen era un beta, lo supo en canto le olió, le vio y ahora tocándole. Era su beta, lo que hasta hace unos minutos faltaba en su vida, pero no dejaría que eso le estigmatizara. Ni asustara.

   -¡No soy un animal de granja!, ni iré a ninguna parte con ustedes. –ladra Jensen, voz cundida de pánico y furor, comprobándole a Jared el alcance de su prejuicio.- Soy un individuo libre, no le pertenezco al estado, a los militares ni a ti. –casi le escupe en la cara, haciéndole parpadea dolido.

   -Por favor, cálmate, no lo tomes así, esto… -el castaño se confunde, afligido por la reticencia del otro, ¿cómo era posible que no percibiera la maravilla del encuentro? Tal vez necesitaba tiempo para asimilarlo, se lo daría y terminaría reconociéndolo. Juntos superarían esto, acoplados, se dice con confianza, soltándole un hombro y enmarcándole una mejilla, la cual se tiñe aún más de rojo, reacción que le hace arder por dentro. Tan es así que ya no piensa, echa el rostro hacia adelante y le cubre los labios con los suyos cuando el impactado rubio se disponía a quejarse de sus manos. El beso le silencia y todo pierde sentido para el castaño, ¡eran labios tan suaves! ¿Y lo imagina acaso?, se pregunta cerrando los ojos; ¿la piel del rubio bajo sus manos arde todavía más?, ¿este se echa hacia adelante?, ¿sus labios se separan un poco para recibirle?, no está seguro, pero sabe que si muriera en ese momento, lo haría como un hombre feliz. Separa sus labios con una sonrisa, ha sido una caricia de segundos.- Ven conmigo. Sabes que es lo correcto.

   -¡Maldito hijo de puta! –es la respuesta que le estalla en la cara, llegándole con el aliento agitado del rubio, el cual responde con fuerza.

   Por un segundo Jensen se había quedado congelado, de sorpresa y pavor, ser detenido era una realidad que se cernía por segundos, aquella soldado no parecía de las fáciles de convencer. Debía escapar y hacerlo ya. Sumándose eso a la ira que siente por las palabras del castaño, por el beso, le alcanza en el mentón con su puño izquierdo, sorprendiéndole, empujándole hacia la mujer, ambos trastabillando, aunque ella intenta atraparle con una mano como zarpa. Y, retrocediendo en su camino, corre como diablo ante la cruz…

   -Ahhh… -Jared, desconcertado por el golpe cuando todavía saboreaba la miel del beso, la dicha del futuro juntos, ese mundo rosa donde todo eran besos en la base, se paraliza. Era un soldado, pero el otro era también un humano nuevo, no era un simple chico pecoso y lindo.- ¡Jensen!

   A pesar del puñetazo, del rechazo, del evidente disgusto del otro, al castaño el corazón se le cae a los pies mientras le ve alejarse a la carrera, con bastante prisa, por cierto, doblando la esquina y desapareciendo de su vista. Gritando su nombre como un desesperado, le sigue, sin escuchar a Sandy, que le llama. Tan sólo sabe que tiene que correr, buscarle, encontrarle, detenerle… y hacerle entender que tienen que estar juntos. Dobla y en la estrecha calle en la que cae, corta, no hay rastros del rubio, y esa realidad le hace gritar entre dientes. ¿Por qué corres, Jensen?, ¿por qué te alejas de mí, bonito? Es lo único que se repite en su cabeza, angustiado. Respira hondo y cierra los ojos, olfateando, percibiendo el olor a caramelos, echando a correr otra vez, dobla en una entrada a media calle, enfilando los ojos hacia la salida de unas residencias pequeñas y oscuras, a cuyas puertas un hombre pelirrojo, mayor, despliega un puesto de comida ambulante.

   Jensen había tomado por ahí, se dice, corriendo sin detenerse. Y le encontraría.

……

   Sandy, después de llamarle infructuosamente, se detuvo al doblar la esquina y no verle. Lleva una mano a su oído derecho y presiona el comunicador.

   -¿Control?, McCoy; encontramos a un mejorado no registrado, Jensen Ackles. -alza el gafete que le quitara.- Es un conserje en la primaria Palin. Hay que encontrarlo y detenerlo, es un infractor. Quiero su dirección. Comiencen a buscar a su familia y llévenselos a todos. –ordena tajante.

CONTINÚA … 5

Julio César (no es mía).

SÉ MI AMIGO, JEN… 15

enero 27, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 14

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Aún ahora, como entonces, no entendía qué de particular tenía el chico con la cara llena de pecas, ojos verdes grandes, largas pestañas, cabello amarillento castaño, labios rojizos, carnosos y llenos, que trabajaba en lo que fuera, aparentemente, desde la cantina al multígrafo, al tiempo que “ayudaba” con las tareas que tenían algo que ver con ecuaciones y números, a quienes lo necesitaban y se mostraban generosos con una que otra moneda. Fue así como se conocieron, cuando necesitaba de esa “ayuda” con una asignatura. Algo en el chico, en su voz, su mirada, ese aire levemente servil que mostraba cuando a las claras se veía que parecía pensar que su interlocutor era un culo, le desconcertó. Le costó clasificarle, intuir qué clase de sujeto era. Y le costó dejar de mirarle los ojos y la boca. Pero no fue el único afectado (¿a qué jugaba con Jensen?, y este con él); algo en su persona hizo fruncir el ceño del rubio cuando le llamó y este se volvió, al mirarle, alzando esos ojos brillantes como los de un gato.

   Era en ese entonces (como ahora, reconoce sobre su cama), un tanto vanidoso, y no se le escapó que el otro chico le miró de pies a cabeza mientras enrojecía de mejillas. En aquel entonces parecía aún más alto, por lo delgado, con todo ese cabello cayéndole sobre los ojos, y su atractiva e inocente sonrisa de niño bueno cuando mostraba los hoyuelos. En los ojos del otro vio curiosidad, interés… ¿fascinación?

   Si, no fue totalmente su culpa que esa noche, echado en su cama, después de negarse a salir con Chad y Mike, con la verga increíblemente dura y urgida de ser tocada, se la cascara pensando en el rubio. Fue algo que llegó por sí mismo. Se imaginaba en ese mismo cuarto de la fraternidad, echado sobre su cama, las manos bajo la nuca, totalmente desnudo, con el chico ojisverdes mirándole con deseo, de rodillas, esa mano grande y fuerte con la cual le había saludado en la tarde, atrapándole el tolete, apretando, subiendo y bajando lentamente el puño, con las mejillas más roja, la respiración pesada, bañándole la verga cuando el aire escapaba por su nariz, de lo cerca que estaba. Deseando que lo tomara y se frotara el pecoso rostro con ella, sentir el roce de las pieles, mirar esos labios fruncirse y frotarle, mojarle con sus líquidos pre seminales…

   -Trágatela, Ackles, sabes que la quieres… -le dijo en su imaginación, repitiendo la frase sobre su cama mientras se la cascaba.

   Y Jensen…

   Aspirando profundamente, ojos cerrados, casi se siente culpable. Casi, ya que no del todo. Ahora está en su oficina, el cabello cuidadosamente peinado hacia atrás, llevando uno de sus mejores trajes, la silla lateralizada al escritorio, su frente relajada, piernas abiertas, el rubio arrodillado entre ellas, sobre la gruesa alfombra, subiendo y bajando esa boca que llamaba tanto la atención sobre su verga erecta, totalmente endurecida, rojiza de sangre, brillando de saliva cuando esos labios gorditos suben sobre ella, sorbiendo, mientras la pálida mano, un poco más abajo, le masturba. Y jadea, porque Jensen le estaba chupando la verga en su oficina, y era tan caliente, y… Era Jensen, tan guapo, tan ronroneante, como un gatito que se dispusiera a paladear un platillo de leche. Y sonríe, echando la cabeza hacia atrás en su silla ante la idea, si, iba a darle toda la leche caliente que el rubio quisiera o pudiera tomar. Dios, y cómo lamía Jensen, sabía usar esa lengua no sólo para discutir o ser sarcástico… Con la mano atrapa más fuerte, subiendo y bajando, al tiempo que el aliento le baña dentro de la bragueta cuando los rojizos y húmedos labios van y vienen, apretando, subiendo por su glande, demorándose en él, bordeándolo, succionando casi del ojete.

   -Ahhh… -escapa ruidosamente de su boca, aunque sabe que más allá de su oficina puede haber gente escuchando o mirando, cuando la boca del rubio se retira, pero no le deja tiempo de sufrir la perdida; no, Jensen, hambriento, le recorre la cabecita con la lengua, deteniéndose en su frenillo, apretando, halando, lengüeteando, y tan sólo puede tensarse y estremecerse en esa silla, indefenso ante las atenciones del pecoso, pensando por un segundo que bastante vergas debió haber chupado antes el otro, para hacerlo tan bien. Pero, cosa curiosa, aún en su propia fantasía, oscura y sucia, no le gustó la idea. No Jensen haciendo eso con otro. U otros.

   Y esa boca cubre nuevamente su glande, iniciando una nueva tragada, lentamente, centímetro a centímetro, del venoso y enrojecido tronco, que es aprisionado entre las ahuecadas mejillas pecosas y esa lengua caliente que le rozaba. Bajando, bajando, sin dejar de chupar ni por un segundo, buscando su esperma. Jensen la quería, deseaba tomársela. La suya. Y eso le hace lanzar otro gemido largo… Momento cuando se corre sobre su cama, casi saltando de ella, con la verga fuera del bóxer, temblando, estremeciéndose con el orgasmo, bañándose a sí mismo de semen. Casi ríe, sorprendido. Ni siquiera se había dado cuenta de que se hacía la paja. Jadea, ahora si cansinamente, pensando que debía levantarse y limpiarse un poco. Pero el día fue tenso, desagradable, largo, la noche intensa, la deliciosa cena con Jensen… el beso. Esa paja y el agradable sopor que le envuelve lo deciden todo. Cubre su verga, mojando más el bóxer, disponiéndose a dormir. Casi riendo, mortificado. Dios, no era un adolecente. Debía… Cierra los ojos, alegremente exasperado, tragando en seco. Lamentando no haberse corrido en la boca del rubio. En su fantasía. Ese rostro pecoso bañado de esperma… Es lo último que piensa, sintiéndose ligeramente culpable de hacer al otro la víctima de sus fantasías de sueños frustrados.

……

   No quiere despertar, joder. Por alguna razón, él, que saltaba de la cama con la primera claridad, para trotar un rato, a excepción de cuando amanecía acompañado, y a veces hasta así, hoy no quiere abrir los ojos y despertar del todo. El cabello le cubre los ojos, y volviéndose de lado, atrapa una de las almohadas y la abraza, ocultando el rostro en la funda que huele bien, no a perfume, únicamente jabón, secador y algo de suavizante. Toma una profunda bocanada y se estremece sintiéndose ligeramente idiota, porque recuerda ese olorcillo a Jensen. Pero, otra profunda inspiración, le llena de culpa, a él que nunca sentía muchas. Genevieve había compartido la cama la noche anterior. Algo de ella aún quedaba, aunque muy tenuemente. Y eso que la ropa de cama era cambiaba cada día.

   Botando aire, rueda sobre su espalda, mirando el techo. ¿Acaso sería prudente poner distancia del rubio? Parpadea; lo mal que la sola idea se sentía, le desconcierta. Pero su instinto no le está diciendo que sería prudente, se lo gritaba. Y con señas de manos.

……

   La mente era una cosa extraña, se dice un semi ruborizado Jensen Ackles mientras atraviesa a marcha rápida el pasillo que dista de su oficina, o el hueco en la pared donde Jared parece castigar a quienes trabajan como su segundo asistente, y el despacho de este. Quería llegar, dejar lo que llevaba y desaparecer antes de que cierto castaño alto se materializara. Era tempranero, lástima que el otro no era de los multimillonarios perezosos que se solazaran en sus camas por las mañanas. Y traga, alejando sus pensamientos de la cama de Jared, especialmente con este en ella. No entiende qué le pasa. Había dormido bien, sorpresivamente bien, pero al despertar, el recuerdo de lo vivido la noche anterior le alcanzó. Y alarmó. No era tonto, lo que había agradecido la noche anterior como su buena suerte para escapar del impase del beso que le diera al otro, no le parecía tal. Jared, tal vez, lo había hecho para no causar revuelo en ese momento; pero ahora…

   Si, debía entrar y salir. Mantenerse bien lejos del castaño. Toma aire con fuerza, maldita sea, pensó que la curiosa y lejana fascinación que el otro le había producido en el pasado, cuando eran muchachos, ya había pasado. Aparentemente, no. Bien, ya ocurriría. Ahora era su jefe. Un hombre comprometido en matrimonio. Parpadea, era extraño el malestar que la idea causaba.

……

    Alexis Bledel, perfecta, elegante y hermosa, comienza a llenar su despacho de vida, aunque no parece contenta. Su despertador no funcionó y salió algo tarde, por lo que no puso aplicarse su masaje facial, y olvidó su desayuno sobre la mesa. Salir unos minutos tardes le obligó a viajar con un grupo curioso, y nada grato, de gente en el acostumbrado vagón del subterráneo. Y sabe que Jared no estaría de muy buen humor, no si tenía que llegarse a casa de sus padres para hablar de la negociación con los Cortese. Sumándose a su temperamento del día anterior, imagina que llegará tenso, listo a estallar a la menor provocación. ¿Cómo era posible que un hombre tan juguetón, amable y agradable en un momento pudiera ser tan rudo e irritable al siguiente? Sonríe con una mueca, bien, eso era parte de su encanto. Generalmente recibía la parte grata, pero cuando se alteraba…

   Sentada a su escritorio, sonríe con cierta exasperación, el segundo asistente se acercaba a paso vivo, Jensen, recordándole vagamente el afanado caminar de James Franco, cuando también se veía en apuros con Jared. Las mejillas rojas del rubio le indican que no se siente cómodo.

   -Buenos días. -dice este, abriendo la puerta, sonriéndole y tendiéndole un café. Eso la sorprende y alza una ceja.

   -Buenos días, ¿es para mí?, que lindo. –lo acepta, sonriendo menos tensa, pero más desconfiada.

   -Si, eh… -le ve enrojecer más, lanzando una mirada a la otra oficina.- ¿No ha llegado Jared?

   -Aún no. Tiene una mañana ocupada fuera de aquí… -le ve relajarse un poco.- Pero antes necesita recoger unos documentos. –casi sonríe al verle tensar los hombros otra vez, alerta; saboreando aquel capuchino (¿cómo sabría que le encantaba?, le estudia no por primera vez: un tipo guapo y listo. Lástima que ese traje barato y feo no le hiciera justicia.

   -Dios… -se le escapa a Jensen, mejillas algo pálidas.

   -Hey, Jensen, tal vez tú y yo no hemos comenzado con buen pie, no es por nada, ¿okay? –no era culpa del rubio que Jared no soportara al otro asistente, o que impusiera al pecoso.- Pero no te preocupes tanto, Jared puede ser difícil, pero no le duran los disgustos para siempre. –le consuela, aunque sabe que si pueden durarle, aunque no era de suponer que el castaño estuviera cambiando de asistente cada dos días. Por lo visto ayer, seguramente Jared continuaría siendo desagradable, pero se le pasaría. Eventualmente. Está segura.

   -Lo imagino. Mira, él querría ver esto, es un trabajo referente a algo de su hermana, la dichosa reunión con amigos para su cumpleaños, pero no me animo a llamarla directamente, ¿puedes entregárselo y que él se lo haga llegar? –le tiende una carpeta.

   -¿Por qué no le esperas? Debe estar por llegar.

   -No, yo… -enrojece más. El maldito beso.- Debo apresurarme con otro asunto. Debo buscarle un reloj que dejó, para su limpieza, en… -se interrumpe y casi grita cuando una mano grande cae en su baja espalda, sobre el saco, sorprendiéndole tanto como a Alexis, quien no vio llegar a nadie, mirando al pecoso, como estaba.

   -¿Qué?, ¿piensas que puedes evitarme todo el día, rubio tonto? Oh, no, no tienes tanta suerte; debemos hablar de lo que pasó anoche. –Jared está a su lado, todo sonrisas, la picardía, travesura y maldad brillando en sus ojos multicolores. Disfrutando del enrojecimiento de Jensen, de su boca entre abierta de donde no sale una palabra cuando le mira. No puede resistirse.- ¿Quieres que te cuente qué soñé anoche? Estabas ahí. –y hay insinuación en el tono.

   Tan ocupado está en disfrutar del desconcierto del pecoso, que no repara en la mirada sorprendida de Alexis, quien mira de uno al otro.

CONTINÚA … 16

Julio César. 

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 3

enero 23, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 2

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   Y el castaño sonríe, jadeando, cabello sobre los ojos, mirando al hermoso hombre cuya voz cree escuchar declarándole sus sentimientos. Detecta en el perfecto y pecoso rostro la dicha del sentimiento que le confiesa. Y le besa, tiene que hacerlo, con pasión y entrega, sintiendo los dedos del rubio enredarse entre sus cabellos, la lengua de este tocando la suya, lamiéndole el techo de la boca, enloqueciéndole, su verga pulsando con dolorosa excitación dentro del apretado culo que el otro agita de alguna manera, halándole, apretando, deseándole…

   -Hey, hey, ¿qué diablos tienes? –la voz de Sandy, y las haladas nada convencionales que le da a la manga de su uniforme, le saca de allí. La mira y casi gimotea de pesar.

   -Yo… yo… -le cuesta hilvanar verbo con predicado, confuso, casi mareado como está, sabiendo que sus pelotas ya no sólo hormiguean sino que pican, que está endureciéndose un poco bajo el pantalón negro y gris, enfocando otra vez al hombre detenido unos pasos más adelante, el protagonista de… eso, sea lo que haya sido (¿debía hablarlo con la doctora Douglas?, se pregunta, había sido algo tan real). Ya no racionaliza, camina hacia el rubio que le mira con sospecha, viéndose incluso un poco más pálido que segundos antes, y el castaño no puede dejar de sonreír, todo ojos, dientes y hoyuelos, comprendiendo. El otro parecía sentir algo también, lo que sea que estuviera pasando entre ambos. Debía ser un humano mejorado, aunque no le conociera. Eran muchos, no podía recordar la identidad de todos. Y si lo sentía, entonces debían conocerse, y conectar. Eso acrecienta su sonrisa, sintiéndose vivo, ansioso y lleno de ganas por primera vez en días, plenamente convencido de que en cuanto ese chico y él se tocarán…

   -¿A dónde vas? –Sandy se alarma, paralizada de sorpresa.

   Pero, ¿qué diablos ocurre?, ruge la mente de Jensen, paralizado desde que doblara la esquina y se topara con la hermosa pareja de soldados de elite, especialmente en el chico alto, esbelto, musculoso y fuerte que irradiaba un encanto sin igual, a la par que un intenso atractivo sexual; aunque su sonrisa y mirada pareciera alarmantemente maniacas. Las mejillas del pecoso, después de palidecer por las implicaciones del encuentro (estaba en presencia de humanos mejorados, de soldados, por Dios), pasaron al rojo de confusión. Qué alto era ese chico, y que largos sus brazos, uno podría perderse en ellos. La idea le congela y golpea. Pero qué estaba pensando, ¡corría peligro! Era un mejorado que no estaba identificado ni documentado, era un infractor, dadas las leyes del ochenta y tres del siglo pasado, dictadas casi veinte años después de la guerra nuclear. Era un  delincuente, un hombre que podía ser despojado de todos sus derechos por ocultar aquella información al estado y a los militares. Y su familia, todos estaban en peligro. Debía correr, pero la sorpresa le tenía paralizado, nunca imagino que se pudieran sentir todas esas oleadas de emociones debilitantes, intimidatorias y fascinantes a un tiempo.  Era por él, el chico alto que…

   -Hola, es un placer conocerte al fin. –dice Jared, tan pacho, todo sonrisa, rostro ligeramente coloreado, sorprendiendo a Jensen y a Sandy a sus espaldas. Y es sincero, algo le decía que eso debía ocurrir. Las manos le arden por las ganas de tocarle; desea abrazarle, fuete, muy fuerte, enterrando el rostro en su cuello y embriagarse con su olor corporal, ese que le tenía delirando desde hace rato. Su piel debía saber deliciosa al lamerla, y, estremeciéndose, él mismo se impone autocontrol o daría un espectáculo allí mismo, mostrándose todo erecto bajo la ropa, o cayéndole encima al rubio, a Jensen Ackles, se dice al leer el gafete con su nombre y lugar de empleo. No puede dejar de mirarlo, y siente la sangre correr a toda velocidad por sus venas, calentando su piel, reavivándose el deseo de tomarle. Aspira con fuerza mientras tan sólo quiere cubrir esa boca de labios canosos, entreabiertos, porque, joder, los tiene entreabiertos. ¡Y era suyo! La idea, posesiva, poderosa, era una certeza. De alguna manera, a ese chico, Jensen (y ya amaba el nombre), estaba destinado a encontrárselo. Debían estar juntos. Y el recuerdo del beso, de la cama, las pieles tocándose en ese “sueño”, todo contribuye a robarle la razón. Alza una mano y aparta la capucha, descubriendo el cabello castaño claro, algo revuelto, sorprendiéndole con el gesto.- Por Dios, eres tan hermoso. –hay adoración rendida en el tono, casi felicitándose por alguna razón.

   Jensen esta claramente paralizado y sorprendido, seguramente mucho más que Sandy, quien presencia la escena con la boca ligeramente abierta, acercándose a la pareja. A la joven soldado todavía le toca ver como Jared se inclina, ladeando el rostro, como si deseara olisquear a ese sujeto en el cuello. Con una enorme sonrisa de cachorro feliz en su rostro mientras lo hace.

   -Hey, manos afuera, amigo. –gruñe Jensen, ojos brillantes de furor, alargando una mano como si fuera a aparatar la que fue a su capucha y extiende la otra apoyándola con fuerza en el pecho de Jared, rechazándole, haciéndole retroceder.- ¿y qué tienes? ¿Estás enfermo? Deja de olerme como si fueras un perro, no es educado. No se deber hacer eso, ¿nunca te lo enseñó tu madre?

   Las palabras, el tono duro, la apartada con la mano, desconciertan a Jared, que parpadea e intenta preguntar qué ocurre. Realmente no lo entiende, ¿por qué su Jensen le rechazaba así? ¿Acaso no había sentido la misma súbita corriente que los atraía? ¿Por qué coño estaban siquiera hablando y no abrazándose, sintiendo sus cuerpos unidos, atando sus bocas hasta quedar sin aliento? Dios sabía que él moría de ganas. Pero luego… Jensen no ha apartado la palma que tiene sobre su pecho, y ahora cae en cuenta, algo caliente se extiende desde el punto de contacto, electrizándolo todo dentro de su cuerpo. Con la cara roja, el ancho pecho subiendo y bajando con pesadez, mira ese punto, la blanca mano sobre su uniforme oscuro. Haciendo reaccionar al otro, que la aparta. Cuando da medio paso, siguiendo el contacto, extrañando horriblemente el calor de esa piel que necesita como el aire, detecta la ira en el rubio.

   -No te me acerques, demente.

   -¿Qué pasa? No lo entiendo, eres un mejorado, ¿verdad? ¿No lo sientes?, esto que corre de ti a mí. Estamos conectados. –gimotea, entre despechado y suplicante. Luego sonríe, como si el cielo se estuviera abriendo para él.- Esto es épico, Jensen, lo sé. No me preguntes cómo, pero lo sé.

   -Oye, no me llames por mi nombre. No me gustan tus confianzas. No sé quién diablos eres tú, ni a qué te refieres, pero me estás alarmando. No hay nada… -el rubio alza la voz, cortante, manoteando de Jared a él.- …Corriendo entre nosotros. Estás confundido. Loco. O tus medicamentos no están haciendo su trabajo. ¿Usas esteroides?

   -Jensen… -las palabras le hieren, y desconciertan. ¿Por qué actuaba el rubio de esa manera? Claro que debió sentir aquello, ¿por qué fingía que no? Extiende la mano otra vez. – Mira…

   -¡Aléjate de mí y no digas mi nombre! –ladra otra vez, voz algo ronca, cubriéndose el gafete con una mano.- Debo… tengo que irme. –jadea con fuerza, el corazón palpitándole feamente.

   -Pero, Jensen… -da otro paso al frente, Sandy alza una mano y le corta el camino.

   -Espera…

   -No, Sandy, él… -Jared mira a su amiga, sintiéndose confuso, frustrado.

   -Lo aclararemos. –la joven le responde con firmeza a su amigo, inquietando al rubio.

   -No sé de qué hablan, pero no quiero hablar con ustedes; especialmente contigo, Jared. –ahora grita, alzando las manos, abriendo mucho los ojos, palideciendo y enrojeciendo en un instante. Jared, Jared. ¿Cómo lo supo? Como fuera, sabe que ha cometido un grave error, porque no sólo ese tío alto y atractivo sonríe como un niño feliz, como si escuchara una hermosa sinfonía, sino que la mujer a su lado se tensa, mirándole con interés. Y ella era peligrosa para él.

   -Sabes mi nombre. -Jared sonríe, casi mirándole con adoración, la voz ronroneante.

   -¿Eres un humano nuevo? –interroga Sandy, seca, llena de sospechas.- Identifícate ahora mismo.

CONTINÚA … 4

Julio César (no es mía).

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 2

enero 21, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   -Hey, Jensen, muchacho… -la voz le sobresalta y mira a Jim Beaver, el rollizo vendedor de cafés y perros calientes, que ya está instalándose a la salida de las residencias.- Hijo, debes llevar algo de sol. Te ves fatal. –se oye preocupado. El rubio sonríe levemente, algo que no llega a sus ojos.

   -Gracias, Jim, en cuanto sea rico me retiraré a Hawaii. –es la respuesta mecánica, la de todos los días, mientras sigue su camino.

   Aunque siente cierto calor por la preocupación del otro hombre. Llevaba tiempo alejado de todo el mundo. Sabe que se ve desaliñado, el cabello algo largo, su rostro cubierto por una pelambre rojiza. La palidez de su piel, que acentúa las pecas, también lo hace con las bolsas bajo sus ojos; aunque dormía bastante, mucho (el mundo de los sueños, la no conciencia, era un escape grato). Sus ropas se ven ajadas y holgadas en su cuerpo. Es perfectamente consciente de que no se ve bien, en el colegio se lo habían señalado, con cierta precaución para no ofender, pero allí estaba. Sus hombros caídos, parecen pesarle más mientras eleva la verdosa mirada, hacia ese cielo azul claro, casi cruel. O tal vez era hermoso, pero a él no se lo parecía. Sabe que no es cierto, o eso espera, pero le parece que la gente con quien se cruza, le mira, intrigada, o levemente preocupada. ¿Temerían les atacara? Las miradas ajenas… Se sube la capucha del suéter y baja la vista, no concentrándose en nada ni nadie. Llegaría al colegio, haría su trabajo e iría a su cubil. Allí se encerraría y…

   No se da cuenta de que lentamente va deteniéndose. Hasta que finalmente lo hace. Se queda quieto, bajo el sol. Parpadeando. Siente los vellos de su nuca alzados, la piel de sus brazos erizados. Mira al frente, se vuelve. No hay nadie, pero… Traga en seco ante la poderosa sensación que le envuelve. Algo estaba por pasar, se dice, ceñudo e inquieto. El deseo de regresarse es intenso, pero no podía perder su empleo. No otra vez. Tragando nuevamente, mira al frente, tan sólo debía doblar, llegar al boulevard y tomar el tranvía, como todos los días. No era mucho trabajo, ¿verdad? Pero continuar… Se resiste, aunque otra parte de él, curiosa por primera vez en días, le insta a continuar. Mete las manos en los bolsillos del suéter y lo hace.

……

   -Me preocupo por ti. –insiste Sandy, reanudando la marcha al lado del alto joven. Ambos visten los uniformes oscuros, grises y negros, de faena. Se ven esbeltos, saludables, fuertes, poderosos. Hermosos. Ella con su cabello castaño recogido en moño; Jared con el suyo algo largo, el rostro barbudo, pelo algo lustroso y suave que le sienta bien aunque en el cuerpo de elite no estimularan dicha moda.

   -No debes, Sandy. –intenta ser paciente, porque la estima y sabe que su preocupación es sincera.

   -Estás muy solo, ¿por qué no intentas una relación? Con alguien que te guste; chica o… -le aconseja como rogándole, mirándole con afecto.- Te gusta la gente, reír, hablar, divertirte, incluso abrazar. Eres como un enorme cachorro feliz. Y te gusta en sexo, ¿por qué no unes todo eso?

   -La gente me gusta por un rato, en la cama, a menos que sea amistad. Nadie me gusta durante mucho tiempo como para comprometerme. –se oye opaco.

   -¿Ni yo? –le reta ella. Él sonríe tipo mueca.

   -¿Me reclamas cuando fuiste tú quien se decidió por Joe? –la ve rodar los ojos y sonríe un poco más.- No, está bien. Me gusta cómo te ves junto a él, feliz.

   -Eso quiero para ti, algo que te emocione y que no sea únicamente correr con un rile de asalto en las manos hacia el peligro. Algo que te haga desear regresar a la base después de cada misión.

   -Lo sé, pero… Joder, es cierto, son esos momentos los únicos que logran darle sentido a toda esta insatisfacción a veces. –ella rueda los ojos otra vez.

   -Claro, el vacío…

   -Oye, ¿qué quieres que te diga? ¿Qué todo está bien en cuanto a mi ánimo? Bien, puedo hacerlo, si con ello dejamos de hablar de esto y me dejas en paz; hablar de mí es como lijarme un tatuaje. –farfulla, no como un desaire, es un comentario normal entre amigos como ellos.

   -Idiota. –sonríe la mujer, mirando al frente, no notando que es ahora él quien se detiene un paso más atrás. Hasta que repara en ello y le mira.- ¿Ocurre algo?

   Los instintos del guerrero se alertan, algo le grita a Jared que tiene que estar muy pendiente… pero no presiente el menor peligro. Lo sabe, no está seguro cómo, pero así es. Mira hacia adelante, esforzando sus pupilas, de precisión casi de mira telescópica. Nada. Del otro lado de la calle, tampoco. Ni detrás de ellos. Se ve agitado ahora, su pecho sube y baja con esfuerzo.

   -¿Jared?

   La oye, siente el toque de su mano, pero no responde, relegándolo todo, concentrándose, la calle perdiendo consistencia como no sea lo más cercano, la oscuridad rodeando el resto. Y cierra los ojos, alzando el rostro, la perfilada nariz agitándose levemente, aspirando. Se estremece poderosamente, cada parte de él, cada célula de su cuerpo. Era un olor fuerte, claro, grato. A vainilla, a caramelo, ¿acaso naranjas? No lo sabe, pero olfatearlo le provoca tanto escalofríos como ganas de lamer de aquello que semejaba un manjar a sus sentidos.

   -¿Lo sientes? –pregunta con voz ronca, oscura, abriendo los ojos, mirando al frente, sabiendo que se acerca y que por allí aparecería.

   -¿Qué? –ella se extraña más; al verle aspirar otra vez, intenta olfatear por su parte, pero fuera de los olores normales de la calle, nada percibe.

   Si, estaba más cerca, se dice con un loco correr de su corazón, apartándose de ella, dando pasos inseguros al frente, allí donde la calle termina en una esquina. Y le parece que un rayo le fulmina, una descarga eléctrica lo recorre de pies a cabeza. Mira al hombre joven que aparece, cabizbajo, deteniéndose también, y alzando el rostro. Le mira y todo pierde sentido para el comandante de las fuerzas de choque Jared Padalecki. El telón del fondo se disuelve, sus ojos mejorados detallan ese cabello castaño cobrizo que cae desordenadamente en la frente, las cejas claras, las largas, muy largas pestañas, los enormes ojos verdes con iridiscencias de oro, las adorables pecas cubriéndolo todo. Esa boca, esos labios…

   Y mientras traga, sonriendo desconcertado, dos poderosas emociones le envuelven. Quiere llegar al lado de ese hombre joven y abrazarle, acunarle contra su cuerpo hasta que la tensión que doblaba los hombros del rubio despareciera. Quiere acunarle hasta que se relaje y descanse, borrando las huellas de agotamiento, eliminar su palidez, su delgadez. Quiere abrazarle y protegerlo del mundo. Lo otro… No sabe exactamente que es.

   Pero ya no está ahí, se encuentra en una habitación pequeña, con ese joven sobre una cama más estrecha aún, ambos totalmente desnudos, abrazados, los jóvenes cuerpos frotándose uno contra el otro, el calor envolviéndoles, las manos recorriéndose. El rubio de espaldas, él metido entre los brazos y piernas de este, que se cierran en su baja espalda, mientras le penetra con fuertes embestidas, sacando y metiendo su hinchada verga de ese culo sedoso, abriéndolo, llenándolo, sintiéndose atrapado, halado, excitado, mientras hunde su lengua en aquella boca de pecado, tomando su aliento, su saliva, para luego olerle tras una oreja, disfrutando sus maullidos de placer mientras lo encula una y otra vez, contra la cama. Al tiempo que le muerde una oreja y lame su piel, ese chico ronronea algo que le eriza y congela:

   -Te amo, Jared…

CONTINÚA … 3

Julio César (no es mía).

CORRERÍAS EN BOSTON… 24

enero 20, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 23

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   Tan sólo que no le parecía una aventura; mientras hablaba con Leslie, la fría y hermosa Leslie, tan solo podía pensar en el rubio cazador, recodando sus ojos brillantes, sus manos fuertes, rudas, acariciándole, esos labios de pecado tomando los suyos, le lengua entrando y explorando sin vergüenza mientras los sólidos y firmes cuerpos se restregaban uno contra el otro sobre esa cama, necesitados de ello. Su boca, esa lengua recorriéndole el cuello, el torso, mordiendo sus pezones, los dientes marcando sutilmente su piel. Dean reclamándole. En cuanto terminó aquella llamada, citándose con la otra para verse esa tarde, ya Nick estaba duro y extrañando al rubio. Le costó mucho no volver a esa habitación y caer sobre él.

   Se quedó a desayunar, fingiendo no notar las miradas de su abuela, que iban de él a Dean, el cual todo sonreído, y chulo, caminando muy lentamente y envarado (y más después de lo de la noche pasada, pensó Nick con un nudo de excitación en la garganta), se reunió alegremente con ellos en el comedor. Se miraron, el rubio como retándole a ser desagradable como siempre, pero no podía. Tan sólo frunció el ceño al verle tragar a dos carrillos, no comer y saborear, el desayuno. Y sentado a esa mesa, Nick se enfrentó a otro demonio, los celos. Se sabía competitivo, egoísta, lo suyo era suyo, no le gustaba perder. O compartir. En nombre de la civilización lo hacía, a regaña dientes, pero la intensidad del malestar que experimentó ante el coqueteo del personal domestico de su abuela para con el cazador, y las miradas-sonrisas, y comentarios chulos que este les lanzaba, siguiéndolas con los ojos para mirar sus traseros, le sentó como un golpe en el estómago.

   Obviamente si algo ocurría entre el joven gañan y alguna de las no tan jóvenes doncellas, ya había pasado, antes de la noche compartida, pero… Desde ese punto le fue difícil ocultar su ceño, su mal talante al responder cualquier cosa. Algo que hizo sonreír al pecoso, como si estuviera confirmando algo que ya sabía. También pareció divertir a su abuela.

   No le fue fácil abandonar la casona, llegar a la suya, ducharse y cambiarse para volver a la Fiscalía. No, no pensando en el rubio en aquella casa, sin nada mejor que hacer como no fuera holgazanear, rodeado de mujeres de mediana edad, aunque de buen ver, que le miraban con adoración y reían tontamente a su paso. En ese momento, consumido por la tensión, la preocupación, debió saber que más allá de su temperamento posesivo, aquello era inseguridad. Celos. Que Dean Winchester estaba convirtiéndosele en algo más profundo.

……

   Si, a Nicholas Stanton le costó, esa primera mañana, después de la aventura, abandonar la mansión, alejarse de Dean, temiendo lo que este pudiera estar haciendo para divertirse.

   Y algo de cierto había, el rubio cazador había disfrutado su mala cara. Al principio imaginó que se reprochaba, al fin, lo ocurrido entre ambos, luego que intentaba disimular frente a su abuela. Finalmente, notando su ceño cada vez que alguna de las doncellas le atendía con preferencia, entendió, con un sentimiento nuevo, de calor, sorpresa y agrado, que el otro temía dejarle porque le preocupaba lo que hiciera. Estaba celoso, pues. Eso le apreció absurdo, divertido, pero también excitante. De una forma extraña. Todavía no se conocía tan bien como Nicholas Stanton estaba haciéndolo. No sabía, o no quería ver, que le gustaba despertar afectos.

   A Dean Winchester le divertía el sexo, había sido así desde que lo descubriera a solas, masturbándose, hasta que una revelación le golpeó feamente, que con otras personas eran aún mejor. Con lindas chicas de turgentes senos y traseros duros que tocar; ellas tomando su verga, apretándola y exprimiéndosela con sus coños calientes. Más tarde entendió que otros chicos le miraban de manera interesada en la secundaria, ¿por su aire chulo y resuelto?, ¿por su agresividad innata, tan masculina? ¿Por su (y aún él rodaba los ojos) carita bonita? Como fuera, otros chicos respondían a su presencia, y la mano de un muchacho sobre su verga era mejor que cuando él mismo se la tomaba; sus mamadas no desmerecían en nada a las de las chicas, o tal vez en que estos parecían más dispuestos, ardiendo de jóvenes calenturas, de rodillas en el sanitario del colegio. Y, joder, un apretado y sedoso culo, clavándola en el de uno de ellos, era una locura. No se detuvo a pensar en si estaba bien o mal, si era normal o no, no cuando a los quince ya cazaba hombres lobo. Hacía tiempo que sabía que la suya no era una vida de esas, de regresar a estudiar, hacer tareas, cenar con la familia e ir a la cama, con mamá y papá follando en la habitación del fondo; no desde que algo entró en su casa, matando a su madre y lanzándoles a todos a la caza de criaturas horribles. No desde que Sam, su hermanito, había pasado a convertirse originalmente en su protegido, “su niño, para terminar como centro de un sentimiento más inquietante.

   Le gustaba el sexo, el placer físico que brindaba, la gloria del orgasmo, pero también la oportunidad que le ofrecía para conectar con otro ser humano, algo que jamás reconocería, mucho menos admitiría frente a alguien. Pero, en esos momentos, olvidaba lo extraño de su vida, su misión, que Sam se había ido, escapando de lo que le había hecho (culpa), y de su padre, que le dejara porque le parecía menos capacitado que su hermano (inadecuado, una decepción). Como fuera, a Dean le gustaba sentir, aunque no lo considerara así, que existían aquellos a quienes agradaba, lo deseaban… y lo amaban. Sabía, siempre estuvo muy consciente, de que era algo momentáneo, un engaño en sí, entrar en un sanitario de cine después de guiñarle un ojo al chico de las entradas, o las camareras en las fondas de la carretera. Vio en sus ojos deseo y lo aprovechó. Igual ocurrió cuando conoció al abogado idiota, prepotente y engreído que parecía disgustarle y censurar todo sobre él… pero notando que Nicholas no parecía poder dejar de mirarle. En verdad que cayeran la noche anterior en la cama, no le fue tan extraño. Ya había encontrado mujeres fuerte, y tíos decididos, que le discutían y reprobaban, pero que en verdad deseaban tenerle en sus camas. Imaginó que sería otro cuerpo, otro grato y placentero momento de entrega, de evasión emocional, siendo arrojado de aquella casa al otro día, o que al menos despertaría para encontrar que el otro había escapado durante la noche, disgustado con lo hecho; pero Nick había dicho cosas que sacudieron su mundo. Había mostrado una preocupación, un afecto que…

   Todavía estremeciéndose, discutiendo por no dejar, que tenía que marcharse, dejándose convencer por la abuela del hombre le ley, para quedarse y que descansara (¿y acaso había visto brillar algo irónico en sus pupilas?, parecía una anciana muy de estos tiempos, pensó), se quedó para ser mimado por aquellas mujeres que le preparaban todo lo que deseaba, incluyendo hamburguesas a la orilla de una piscina a donde no entró por en vendeja que tuvo que colocarse después de lo de la noche anterior, oculto bajo la delgada franela, pero si mostrando piernas. Sentado allí, ojos cerrados cuando no comía o tomaba algo (no pudo convencerlas de traerle una cerveza, no pasando las fiebres como estaba, bajo medicamento), se contentó con no pensar en nada, no tener apuro, echado sobre aquella tumbona bajo los pálidos aunque gratos rayos del sol, las notas de Metálica dejándose escuchar en su reproductor.

   -Llevas mucho tiempo aquí. –escuchó una divertida voz, y levantando un parpado, sonriendo todo chulo, enfoco a Rose, una de las mucamas ocupadas de las habitaciones (¿qué tanto dinero había que poseer para mantener semejantes ayudas?), aunque en esos momentos cargaba un pequeño platillo cubierto. Era de las jóvenes, fácilmente por debajo de los treinta. Al cazador le divirtió el rubor de sus mejillas mientras le metía ojo pretendiendo que no lo hacía. Bien, era una chica con buen gustó, pensó, y, pícaro, se estiró todo, el esbelto cuerpo mostrándose.

   -El sol me gusta. ¿No te parece que me queda bien el color en la cara? –coqueteó, porque era Dean Winchester. Hubo un leve silencio intencionado de parte de la otra.

   -Tal vez al señor Nicholas no le agrade que… -comenzó, atrevida, desinflándose a medio camino, más por la mirada desafiante del rubio.

   -Tranquila, creo saber que le gusta. –respondió tan pancho, haciéndola sonrojar escandalizadamente divertida. Pero el hombre no se concentraba en eso, casi relamiéndose los labios, sospechando alguna golosina en el platillo.- ¿Es para mí? ¡Dios, me amas! –la mortificó, ella rodó los ojos pero conteniendo una risita, levantando la cubierta, dejándole ver un buen pedazo melcochoso de tarta de chocolate con frutas, casi mordiéndose el labio para no reír abiertamente al ver ese brillo felino en los verdes ojos, el cómo todo Dean respondía al dulce.

   -De parte de la señora Martha… -la cocinera.- Tiene malas intensiones para contigo. –se lo tendió y este tomó el platillo con una sonrisa.

   -Esa mujer cocina tan bien que puede tomarse todas las libertades que quiera conmigo. –respondió alegremente. Con el pequeño tenedor (de plata, por Dios), tomó un trozo, llevándolo lentamente a su boca, donde los labios se abrieron con voluptuosidad, burlándose de la mujer que le miraba como hipnotizada.- Hummm… -dejó escapar un gemido maullido de placer, uno real, pero intencionado. Y Rose enrojeció aún más.- ¿La probaste? –le preguntó, todavía paladeándolo, separando otro trozo y alzando la mano.- ¿Quieres…? –la retó, porque era Dean Winchester, dejándola impactada, como no sabiendo cómo responder.

   -Ella debe volver a su trabajo, el cual descuida aunque se le paga para ello, y no entretenerse con los invitados de la casa. –la fría voz, censuradora, les sobresaltó. La mucama hasta se llevó una mano al pecho. Dean tan sólo alzó una ceja. Allí, de pie, atildado en su costoso y hermoso traje marrón, Nicholas Stanton les miraba. Especialmente a Rose, y no parecía nada contento.

   -Yo… yo… -balbuceó ella. No le gustó para nada la lapidaria mirada que el hombre le lanzaba.

   -No la quemes en la hoguera, abogado; me traía algo que pedí. –intercedió Dean, alzando el platillo y casi bailándolo.- Gracias, Rose. –le dijo con una de sus sonrisas matadoras, avergonzando a la mujer, que temía mirar al nieto de su patrona; sonrisa que a este pareció molestarle más.

   -Bien, ya lo trajo, ¿no? –fue cortante y la mucama casi huyó a la carrera, sintiendo un peso entre sus hombros. No tenía que volverse para saber que el señor continuaba mirándola. Como era en efecto. Nicholas pensó, muy seriamente, en correrla de la propiedad, que buscara empleo en algún prostíbulo barato y…

   -Déjala en paz, sólo me mima como el resto. –Dean cortó sus pensamientos, sonriendo cuando este se volvió y le vio, todo censurador.- Y cambia esa mirada o la gente comenzará a hablar de nosotros, señor Stanton. –se burló, guiñándole un ojo, llevando el trozo de tarta a su boca, cerrando los carnosos labios sobre el tenedor, maullando de gusto, un sonido casi erótico que debía, forzosamente, enviar toques eléctricos a la columna vertebral de cualquiera que le observara y escuchara, retirándolos lentamente del cubierto. Todo ello seguido por la mirada hipnotizada del hombre, a quien todavía le tocó ver esa lengua recorrer lentamente el cubierto, dejándolo brillante.- ¿No quieres? –le reta, sonriendo chulo, tomando otro pedazo con el tenedor lamido, ofreciéndoselo, recorriéndose el labio inferior con la lengua.- Tal vez haya suerte y nadie esté viendo para acá, abogado. –un puchero travieso se pintó en su boca.- ¿O temes a mis gérmenes?

CONTINÚA … 25

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN

enero 14, 2017

DEAN Y CASTIEL… PECADO

   Mejorados. Una mugre de título, lo sé, pero a la autora no se le ocurrió ninguno mejor y a mí tampoco. Presento el trabajo de una querida amiga, con quien trabajé mucho tiempo y sigo en contacto. Fue ella una de quienes me sumergió en el mundo virtual de Brokeback Mountain, yo le presenté la serie Supernatural y terminó más fanática que yo. Hace tiempo quería escribir algo y me pidió presentarlo, para que la ayudara a limar detalles. La historia me gustó porque plantea ese ángulo que tanto me gustan de estas historias; Jared y Jensen se conocen y se aman, claro, pero antes hay toda una serie de dificultades, malos entendidos, discusiones… y odio. La siguiente trama, que no es mía y por eso la presento, no tengo que ocuparme yo de escribirla (no totalmente), se sitúa en un universo alterno al programa y los actores, con personajes extraordinarios en un mundo donde los nazis ganaron la guerra en Europa y a mediados de los setenta, la guerra germano-soviético provocó que el mundo fuera totalmente diferente a lo que ahora es. Suena extraño, pero la amiga logra darle claridad… casi siempre. Habrá escenas subidas de tono, y es allí donde más meto cuchara (a Sonia le gusta lo que escribo, o eso dice, y como siempre es incómodo saber que mis amigas saben de estas páginas, entran y leen). Espero que les guste, a mí me atrapó. Por cierto, ella puso condiciones… ya verán. Y se molestarán (río mientras escribo)

   Les presento a consideración el inicio…

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   Jared Padalecki era un héroe, y no porque formara parte de las tropas especiales, de los altamente preparados, destacándose incluso dentro de grupos que realizaban proezas francamente  sobrehumanas, siendo el primero en correr hacia el peligro con una sonrisa en los labios, el último en retirarse; no retrocediendo jamás si alguien de su grupo, un civil e incluso un rival desarmado, quedaba mal situado en un momento dado. Lo era porque, en cuanto tuvo conciencia de no ser como el resto, lo informó a sus padres, maestros y al Estado. Que terminara en alguna fuerza militar de elite, era lo lógico. Una vez dentro del ejército se sabría si servía para algo más. Aunque una vez allí, pocos deseaban irse o buscar alguna otra especialidad.

   No era extraño que fuera arrojado, o fuerte, la mutación que alteraba la miostatina en su cuerpo, era alta, como en otros “nuevos humanos”; pero aún entre otros de parecida constitución, él representaba un caso especial. Valiente, leal, atento, astuto, de reflejos que iban a la par de sus mejoras físicas, era poseedor de un temperamento ligero, alegre, nada rencoroso. Pero también sabía imponerse, su resistencia bajo presión, aún entre los suyos, era notable. Sumemos a eso que no era un chico egoísta, ni ambicioso más allá de probar todo los nuevos juguetes de primero, escuchar que lo hizo bien y saber que cumplió. No era extraño que a pesar de contar apenas con veintiséis años, ya ocupara un cargo de liderazgo dentro de la patrulla aural. Y, sin embargo…

   Sabe el joven, perfectamente, como el resto del equipo, los coroneles que organizaron la operación y la doctora Douglas (esa inquietante mujer), que buena parte de su proceder de ese día se debía a un exceso, posiblemente peligroso, de su naturaleza genética. Algo en ellos les arrojaba al peligro, a la exposición abierta, a las situaciones extremas; pero correr, solo, dentro de una guarida enemiga, un deposito que ardía por los cuatro costados, en busca de información, disparando contra todo el que intentó matarle, en medio del tiroteo, el acre humo y las explosiones que derribaron pedazos del edificio, era demasiado. Sabía que se arriesgaba casi insensatamente en esos momentos, así como sabía que exponía al equipo. Lo único que en verdad le afectaba. Su vida era suya, el Estado había invertido mucho en él, pero en últimas instancias no era sino otro individuo, uno mejorado, pero tan sólo Jared. Podía disponer de sí. Ahora que arriesgar a Sandy, a Elisha, a Jon, a Chad, a Bo, eso era otra cosa. Y no lo pensó sino hasta después.

   Tal vez por eso, una vez regresados del desierto de Mojave, había sentido esa urgente necesidad de alejarse, de salir de la base. Era algo que le empujaba de manera intensa, ¿apartarse de todos para no explicar su conducta? ¿Buscando paz? No lo sabía. Ni lo logró. Oh, sí, salió, cojeando visiblemente (ya estaría bien al día siguiente), una mano vendada (se regeneraría rápido, para eso estaban los adelantos médicos de guerra), un ojo negro y un corte en un pómulo, pero una Sandy McCoy, que también cojeaba y mostraba magulladuras en su rostro, le seguía y reñía incansablemente.

   -Fuiste un idiota corriendo así hacia el fuego enemigo, ¿es que ya no piensas? –le grita, caminando a su lado, una de las pocas que se atreve, dada la historia entre ambos.

   -Es difícil para un pistolero encarara un sujeto que corre en línea recta disparándole. –le aclara, exasperado, cada vez mas ceñudo e impaciente, aunque no quiere molestarse con ella.

   -¿Y si son dos o tres pistoleros? ¡Cómo lo eran!

   -¿No disparaban ustedes también? Mira, Sandy, entiendo que estén molestos porque el piso cayera bajos sus pies cuando entraron tras de mí, pero no di orden de seguirme. Era búsqueda de información, un hombre bastaba contra esos palurdos que saben de matar gente de rodillas y desarmada, no a un soldado. –se impacienta, deteniéndose cuando nota que la joven lo hizo antes.- ¿Qué? -gruñe, sintiéndose más incómodo por la mirada dolida de la joven.

   -¿Crees que estoy trinando de rabia y casi histérica porque me obligaste a seguirte bajo fuego? –su voz es baja, dura, y el más alto se agita.- ¡Me preocupo por ti, grandísimo idiota! ¡Estás perdiendo el control de tus nervios! –brama, luego calla y toma aire.- ¿Qué te pasa? ¿Estás en un ciclo neural? –a veces les ocurría. Sus cerebros se veían bañados de manera intensa de neuro trasmisores que les hacía irracionalmente imprudentes. O irreflexivos. El otro desvía la mirada, ceñudo, apretando los labios.- Si es eso, si necesitas… -ofrece. Jared sabe qué.

   -No, gracias, no es eso, Sandy; en serio. –se encoge de hombros.- No sé qué tengo, pero me siento frustrado, rabioso… infeliz. –suelta el aire y sus hombros bajan.- Sabes cuánto me gusta esto que hacemos, la misión, los logros. Ustedes. Mi vida. Pero últimamente… no me siento bien conmigo mismo. Quiero gritar, correr… No sé qué quiero, en verdad, pero me hace falta. Mucho. Tanto que… casi duele. -sonríe desviando la mirada, ceñudo, triste, molesto.- Deseo aullarle a la luna. –la desconcierta, y lo entiende, él mismo no entiende qué le ocurre. Se siente vacío, como si la nada le rodeara robándole su propósito; haciéndole cuestionarse todo, ¿para qué despertar, o dejar su cama, o ejercitarse, o estudiar, o comer? O amar. O tener sexo, para ser más exactos. Amor, lo que se llama amor, lo más cercano que ha estado es con Sandy, y no sentía nada al verla con Joe Flanigan. Por eso andaba algo barbudo, el cabello demasiado largo, descuidado. Como su celda en la base. Y, ahora, la estaba preocupando, lo nota en su mirada alterada.- Estoy bien.

   -Cariño, ¿sientes que algo… falla dentro de ti? ¿Tu cerebro?

   -No, y eso es lo peor; siento que, física y mentalmente, todo está bien. Al contrario, parezco más capaz de hacer cosas. Lamentablemente no hay una píldora para esta… sinrazón.

   -¿Depresión? –frunce el ceño. Él ríe, sin humor.

   -¿Depresión? ¿Qué es eso? Sabes que no es natural en nosotros. –responde con cierto orgullo, frunciendo el ceño nuevamente.- Una descripción más exacta sería… Sí, esa, estoy vacío. Sin metas. Rabioso. –oprime los dientes.- No quiero sentirme así, Sandy, pero no puedo evitarlo. Aunque no creo que sea asunto de morir.

   -Espero… -ella le soba un brazo, contacto que sabe ayuda entre ellos.

   -No te preocupes, por favor, estaré bien. Debo estar un una pequeña fase maniaca, a todos nos da. –se encoge de hombros restándole importancia.

   Si, sufrían de esos lapsos de inestabilidad, que en gente como ellos era algo delicado y hasta peligroso. No se sabía exactamente por qué. Pero si sabían, ella y él, que al castaño le ocurría con más frecuencia, y de manera más intensa. En esos momentos parecía indiferente a la idea de morir si podía completar la misión. Más bien parecía, y Sandy se inquieta, que Jared lo buscaba. Lo deseaba. La emoción de desaparecer en una explosión gloriosa. Sentir.

……

   Bien, así como Jared Padalecki era un héroe iracundo e insatisfecho, Jensen Ackles era un infractor, un sujeto al que alguien como el castaño podría llamar un “delincuente”, un “traidor”, y hasta cobarde. Pero nada de eso podría importarle menos al rubio pecoso que ha logrado juntar fuerzas suficientes para salir de su cama, tomar una ducha e intentar desayunar. No pudo, y debió luchar contra unas ganas casi físicas de regresar a su estrecha cama, ladearse en posición fetal, cerrar los ojos y tan sólo dejar que las horas, y posiblemente los días, pasaran. La vida misma. Era, el hombre joven, y un grave infractor deprimido totalmente. Lo sabe, era su fase, una que le llegaba cada vez más seguido. A deferencia del hombre joven al que no conoce, él si sabe qué tiene, aunque está perfectamente consciente de que nada se puede hacer. Sabe que terminará, más tarde o más temprano, encerrado en alguna institución, incapaz de moverse, hablar o reaccionar, atrapado en ese oscuro mundo de autocompasión, de pesar. De saber que nada existe para él.

   Pensarlo le provoca un nudo en el estómago mientras sale a la calle, un paso tremendo dado su estado anímico. Debía llegar al trabajo o perderían la paciencia con él, y necesitaba de esos pocos centavos a la semana para continuar su vida gris y miserable dentro de aquellas cuatro paredes asfixiantes. Ignora, al cerrar la puerta a sus espaldas, que todo lo que había sido su vida hasta ese momento, y que no le gustaba, cambiaría de una forma tan súbita que la odiaría intensa y profundamente… Y al chico castaño y alto al que estaba a punto de conocer.

CONTINÚA … 2

Julio César (no es mía).

NOTA. Por cierto, pienso seguir con Correrías en Boston y Se mi amigo, Jen, hasta terminarlas; lo llevo con retraso porque ando de salidas, de novio, y eso es tan agotador. Hay que dedicarle tanto tiempo y esfuerzo… Ni siquiera estoy muy seguro de cómo ocurrió.

SÉ MI AMIGO, JEN… 14

enero 4, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 13

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   -¡Jensen! –escucha, sumado al golpe contra la puerta.

   Pero no es ese golpe, o el llamado de su nombre, lo que sobresalta al pecoso, dentro de su apartamento, cuando ya había dado dos pasos alejándose de la entrada rumbo a su cama, que se veía desde allí. ¡Había besado a Jared! En cuanto cerró la puerta, la idea le golpeó espantando el sueño y el sopor de las cervezas y la cena tardía. Oh, mierda, ¿qué hizo?, se recrimina, volviéndose cuando el otro, nuevamente, golpea la puerta, llamándole sin alzar la voz, controlándose. Seguramente no queriendo llamar la atención de los vecinos. El corazón de Jensen palpita con fuerza en su pecho, dolorosamente consciente de que hizo algo inadecuado. Y extraño. ¿Por qué le besó?

   No, no sabe por qué lo hizo. O eso se dice, frunciendo la frente, siendo todo un caos emocional. Uno para el cual no tenía respuesta. Otra llamada a la puerta y se agita. No, no le abrirá.

   -Vamos, sé que estás allí, pecoso, acabo de salir del apartamento, ¡por Dios, abre! –escucha y cierra los ojos. No, Jared no se marcharía.

……

   No, no se marcharía hasta que le viera, con la sonrisa que ahora tenía, y se burlara ruidosamente. Sin embargo, Jared no puede evitar que el corazón y el estómago se le encojan un poco cuando la puerta se abre y un muy rojo Jensen aparece, hombros caídos, mirada velada de vergüenza y mortificación, mordiéndose medio labio inferior (una imagen bastante…). Joder, ya se sentía mal por lo hecho, rápidamente se da cuenta el castaño; si decía algo, incrementaría su malestar, tal vez robándole el sueño, torturándole mentalmente. La sola idea le resulta odiosa. Algo se afloja en su pecho, sintiéndose de pronto protector, acercándosele, ladeando el rostro.

   -Jared… -comienza al pecoso, voz baja, igual que su mirada ahora.- No quería…

   -Hey, amigo, parece que esas cuatro cervecitas te embriagaron, ¿eh? –ríe, como si de una inocentada se hubiera tratado.- No te pongas a manejar utensilios peligroso en estos momentos, no tan perdido como estás. Descansa y haz todo mañana. –la escusa a lo ocurrido esta allí. Se la ofrece. Y no puede evitar sentirse orgulloso de sus reflejos cuando ve al otro alzar la mirada, agradecido, aliviado, levantando también los hombros.

   -Si, esas cervezas… -se aferra a la idea, sonriendo todavía nervioso. Y a Jared le parece sencillamente lindo.- Buenas noches, Jared… -repite después de unos cuantos segundos de miradas atadas.

   Este, sonriendo amistoso, asiente y le da la espalda, notando la puerta cerrándose detrás. Y miren que le costó al más alto no exclamar un: “¿eh, sin besito esta vez?”. No, no le haría eso al rubio, que durmiera y descansara tranquilo. ¡Creyendo que escapó del resbalón! Mañana habría tiempo pare recordárselo y restregárselo por la pecosa y hermosa cara. Eso se dice, con una gran sonrisa… hasta que se congela. Cayendo en cuenta que llevó un dedo a sus labios, recorriéndolos. Recordando la fantasmal caricia… Se siente idiota, sabe que es algo idiota, pero por tres segundos cierra los ojos… Recordando su beso con Jensen.

……

   Apagando las luces que aún funcionan, eludiendo la ducha, y después de tomar un vaso de agua, dejándolo todo exactamente donde cayó, Jensen, sintiéndose muy cansado de repente (ya lo estaba, pero el “susto” con Jared, del cual sale bien libreado, parece haberle agotado aún más), se encamina hacia la cama. Sabe que le costará agarrar el sueño, pero quedarse de pie no le ayudaría tampoco. Se quita la franela y el pantalón, quedándose en bóxer (una concesión a la falta de baño). Separa los gruesos y viejos cobertores y entra, arropándose con dos juegos de esas mantas. Se enrolla casi ocultando el rostro. Hace frío en todo el apartamento, la calefacción funcionaba a media marcha y luego se iba apagando. Como más o menos a esas horas. Por lo menos duró mientras Jared estuvo allí, agradece al cielo, ojos cerrados, encogiéndose más. El agua de la ducha era aún más fría.

   Jared…

   ¿Qué coño le pasó? De hecho, ¿qué le pasaba desde que se reencontraron? No podía negar que había cierta química, una chispa que cruzaba entre ambos que hacía todo fácil, cómodo entre ellos (por lo cual le había dolido tanto la manera en la cual el otro le había tratado). Pero de allí a besarle por descuido… El sólo recuerdo le calienta las mejillas, e intenta entenderlo. Racionalizarlo. Si, era fácil bromear, disputar con agudos comentarios. ¿Coquetear? ¿Era eso? Lanza un profundo suspiro, seguido de un bostezo. Llevaba mucho tiempo sin estar cerca de otra persona, a excepción de Leslie. Fuera de ella… Extrañaba que alguien que le dijera cosas amables, o retadoras, divertidas, de aprecio o reconocimiento, y no que era un perdedor que todo lo arruinaba. En las penumbras del cuarto, no total por las intermitentes luces de neón que dibujan figuras sobre las persianas, es posible ver su frente algo fruncida. Le faltaba… contacto humano. Una mano, un roce… Y Jared era inquietante. Su postura, su atractivo, los lunares de su rostro, esa boca de dientes blandos y grandes al sonreír. Sus hoyuelos. Los ojos multicolores, grises a veces, verdes otros, amarillentos. Ah, carajo, ¿y ese calor en su cuerpo? No quiere profundizar en ello, pero sonríe levemente. Y así se queda dormido. Profundamente casi en seguida. Así de fácil.

……

   Contrario a Jensen, Jared llegó a su apartamento lleno de energías. Sonriendo bajó las feas escaleras que le alejaron del piso del rubio. Sonriendo subió a su auto, espantando a la fauna local que le ofrecía placeres de la carne o los sentidos. Cosa que si menguó un poco su buen humor. Era terrible que Jensen viviera allí, en medio de toda esa gente cargada de demonios propios. De los malos, los que veces se manifestaban con violencia, ira, con ganas de conseguir satisfacción en otro dolor. Apartó la idea, porque no le gustó. Si, Jensen debía dejar ese lugar. Ese pensamiento consiguió que recobrara la sonrisa.

   Silbando regresó a su piso en el hotel, subió sin ser molestado, y entró. Parpadeando frente a las gruesas y costosas alfombras, los buenos muebles, las lámparas de araña, los dos balcones… Dios, aquel piso debía ser barato para que Jensen se quedara allí. Meneando la cabeza aparta la idea, arrojando las llaves a una mesita. Se encamina a la cocina y silbando nuevamente, se prepara un enorme sándwich, con mucho salame y queso amarillo, congelándose de pronto. Con culpa. Saca su móvil y lo encuentra apagado. Lo enciende mientras muerde del emparedado, y llegan los avisos de mensajes. Habían dos de Genevieve, preguntándole dónde estaba, casi se sentía el afecto en los textos. Igualmente tres llamadas perdidas de su padre, cosa que le hace fruncir el ceño. También dos mensajes de voz. Mordiendo con algo de agresividad, escucha primero el de Genevieve:

   -Hey, ausente, ¿qué es de tu vida? –si, el afecto teñía las palabras y el castaño siente algo extraño. Vergüenza.- Estoy taaaaan aburrida de estos eventos. Deberías venir y rescatarme. Pero quién sabe dónde estás y qué haces. Espero que estés con gente interesante y divertida y no sólo tratando asuntos de trabajo. –reprende suave, y a Jared le cuesta morder y tragar. Bien, andaba en algo de eso, ¿no? Resolver el asunto con su asistente, el que no le dejara.- Hablamos mañana. Saldré de aquí agotada. Buenas noches, amor. –oye el beso y siente aún más culpa.

   No había pensado en la mujer ni una sola vez desde que decidiera buscar a Jensen y resolver lo del día de mierda. Termina el emparedado antes de escuchar el otro mensaje. Sabe que ese le quitará el apetito. ¿Un mensaje de voz de su madre después de tres llamadas perdidas de su padre?, si, nada bueno.

   -Hola, querido, es mamá… -oye y sonríe irónico, tomando un enorme vaso de leche (no eran cuentos cuando le dijo a Jensen que estaba en crecimiento, recuerda con una sonrisita).- Tu padre ha querido hablar contigo toda la tarde. Es sobre los hoteles. Tu trato con el papá de Genevieve, ¿podrías llegarte a la casa mañana? –pide y el joven casi bailotea, gimiendo silente por la gente que tanto molesta.- Es importante. Y no hagas gestos o rabietas.

   Botando aire termina su leche, el labio superior guarda la evidencia de lo tomado, cuando mira la hora. Era tarde, no contestaría. Su madre sabría, como Genevieve, al revisa sus móviles al otro día, que había escuchado los mensajes. Y a qué hora. Bien…

   Distinto a Jensen, Jared toma una larga ducha, casi recreándose en el agua caliente corriendo sobre su cuerpo. Era tan relajante. En esos momentos no piensa en la mujer con quien va a contraer matrimonio dentro de poco. O su familia, esperando al otro día para atormentarle. No, piensa en… Sale, se frota con una toalla tan suave que parece una caricia, y con un ajustado y corto bóxer se dirige a su cama. Solo. Sonríe al recordar que pensaba quemar los últimos días de su soltería con algunas aventurillas. Había decidido que, una vez casado, le sería totalmente fiel a su hermosa prometida. Pero tampoco piensa en ella mientras entra en la ancha y cómoda cama, en medio de su espacioso y cálido dormitorio. Ni en los hijos hermosos que un día tendrían y que harían la felicidad de Sherri Padalecki. No, piensa en Jensen.

   Enciende la pantalla plana, algo exagerada como todo en aquel lugar, sintonizando a muy bajo volumen un resumen deportivo. Dejando caer la nuca sobre las almohadas, muy quieto en la suave penumbra, su pecho sube y baja cuando se lleva las yemas de dos dedos a los labios. Suavemente. Así se había sentido el beso de despedida del pecoso. Y sonríe, recorrido por una potente corriente de ganas. No de sexo, o no sólo de eso, era esa excitación que siempre sentía ante un reto, una posibilidad de vivir una gran aventura. Y ahora el rubio ojisverdes ocupaba una parte de su mente. ¿A qué jugaba con Jensen? Porque jugaba, lo sabía, desde el principio, todo ese coqueteo, todo ese soportarle cosas que… Ver su cara… Ojos cerrados, llevando las manos tras la nuca, se corrige. Si, Jensen se veía increíblemente guapo, una parte de él respondía a eso, reconociéndole como un igual entre la gene bonita. Pero era más que eso. Le había concedido una cita cuando hablaron por teléfono, cuando vagamente le recordaba… y eso después de que el rubio le colgara. Algo que muy poca gente hacía.

   ¿Tal vez porque, inconscientemente, le recordó como un asunto inconcluso? No era un pensamiento agradable, se dice tomando aire, pero Jared no era de los que se echaban para atrás ni siquiera ante sí mismo. Si, había un asunto inconcluso, que venía desde aquellos días de universidad.

   Apenas tenía trece años cuando descubrió el placer de la masturbación, de las pajas solitarias ante el estímulo de su imaginación y las protagonistas de sus programas televisivos favoritos o películas. Más tarde, con Chad y otros amigos, encontró las revistas, las cintas porno de los hermanos mayores. Y el internet. También las pajas con estos, con Chad y Mike, por ejemplo. Pero era algo totalmente heterosexual, calenturas de muchachos que, con algunos cambios, duró toda esa primera juventud. Hasta la universidad, donde el alcohol, uno que otro porro y la mentalidad abierta de las chicas del campus los dejaron casi agotados sexualmente. Y estuvo esa parte, esa curiosidad. Podía reconocer que otros carajos eran guapos, que sus rostros, y cuerpos, eran tan armoniosos que valía la pena mirarles. Tal vez fue eso lo que le llevó, junto a Tom Welling, a aquel manoseo en una tarde de porros, algo de lo que nunca habló con nadie. Incluso Tom. Siempre escuchó que esos eran los tiempos de experimentación, pero le pareció una majadería… hasta Tom.

   Pero no pasó de eso. Está bien, que la mano de otro carajo le tomará la verga, duro, subiendo y bajando su puño se sintió bien. Muy bien. Tomar la de otro, toda rojiza, dura, venosa, con ganas de ser tocada y acariciada, y hacerle lo mismo, había resultado, en el momento, increíblemente caliente, tal vez por lo extraño. Así fue con el “hermoso” Tom en aquella doble paja, entre risas y bromas. Por un segundo pensó en sorprenderle con una mano tras la nuca y empujarle el rostro contra su verga. Le había resultado divertido, pero sin consecuencias.

   Jensen, por otro lado…

……

tom-welling

   El joven Tom Welling… Ese sujeto debe haberse divertido, más que la mayoría, de sus años escolares. ¿Qué será de su vida?

CONTINÚA … 15

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 13

diciembre 16, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 12

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -¿Qué me haces, Jensen? –la pregunta es ronca, la mirada en el rubio es fija.

   -Te lo dije, tienes salsa. –sonríe el otro, como si tal cosa. Y aleja la mano, soltándose de su agarre, volviendo a lo que queda de su hamburguesa.

   Jared sigue mirándole. La mano hormigueándole. ¿Qué diablos le pasaba? Jensen le afectaba de una manera extraña. ¿Y qué hacía? ¿Limpiándole de salsa? ¿Coqueteando un poco? ¿Coqueteaban los amigos, hombres? Estremeciéndose un poco, volviendo la mirada al viejo televisor, cae en cuenta que algo de eso hay. Lo ha habido desde el principio. Cierto juego, una cierta tensión… ¿sexual? Vuelve la mirada, siguiendo el movimiento de los labios del rubio mientras mastica y traga, fascinado. Alza una mano y le toca, el rostro, ganándose una mirada extrañada del pecoso.

   -Salsa. –justifica, todavía frotándole con el pulgar, encontrando aquello extrañamente gratificante. Jensen eleva un hombro y aparta el rostro.

   -Imposible, hace años que domino el arte de comer sin ensuciarme. –bromea.

   -Ah, ¿y yo no? –se pica, sonriendo. Fácil.

   -Tenías salsa en la barbilla.  Y estoy seguro que yo no. –le sostiene la mirada. Hay cierta opacidad en sus verdes pupilas y el Cataño se pregunta si el haber consumido esas cervezas con el estómago vacío, no embriagaron un tanto al rubio. Y el intercambio de miradas continúa. Cerca como están.- Voy por… Quieres otra hamburguesa, ¿no? –se levanta del mueble, algo apurado de pronto, seguido por la mirada multicolor.

   -Hasta dos… -aclara, volviendo la mirada al frente, el corazón algo agitado, frente fruncida. ¿A qué jugaba con el rubio? ¿Jugaba este con él? Algo asustado se estremece por lo mucho que le atrae la idea. No se sentía así desde…

   -¿Seguro que podrás con dos más? Mis hamburguesas son grandes y nutritivas. –el rubio dice, algo apremiado, volviendo con otras tres en el platón y dos cervezas.

   -Soy un niño en crecimiento. –se defiende Jared.

   -¿En crecimiento? Pues, ¿hasta donde piensas llegar? –Jensen cae a su lado… sus cuerpos rozándose nuevamente.

   -No lo sé… ¿hasta alcanzar las nueve pulgadas o más? –bromea y Jensen lanza una risotada.

   -Sueñas en grande, ¿eh? –le mira, ojos divertidos.

   -Oye, me baso en realidades. Ya no estoy tan lejos. –le aclara, alzando el nuevo botellín de cerveza y chocando la punta con la de Jensen, que le mira con la boca ligeramente abierta, antes de bajar los ojos a su entrepiernas.

   -¿Casi nueve pulgadas? ¿Me estás diciendo que…? ¡Estás tan lleno de mierda, Padalecki! –lanza finalmente. Y alza una ceja cuando Jared le mira como ofendido.

   -¿Crees que miento? ¿Me estás llamando mentiroso en mi cara? Anda, busca, busca una regla. –exige, dejando la botella y el plato sobre la mesita, alzándose un tanto los faldones de la camisa.

   -Oye, no; estoy comiendo, no necesito sufrir náuseas. –grita Jensen, alarmado, riendo. Jared, después de un rato, le imita.

   -Bien, pero te lo pierdes… saber que nunca miento, quiero decir. –aclara tomando la cerveza y el plato, comenzando a devorar nuevamente los alimentos chatarra.- ¿Qué tal es este sitio, fuera de los horriblemente obvio? ¿Te gusta vivir por aquí? –pregunta mordiendo, ganándose una mirada falsamente severa.

   -Se nota que el dinero que tus padres gastaron en tu educación se perdió. –le reclama, mientras mastica al mismo tiempo, atrapando una mirada del castaño.- Oye, no nací con cuchara de plata en la boca, puedo ser medio cerdo. –Jared ríe, sintiéndose extrañamente intoxicado (se pregunta si el rubio no habría utilizado algún condimento en mal estado).

   -¿Un cerdo? ¿En serio? –y Jensen le mira, después de un largo trago de cerveza, los labios rojos.

   -Soy un chico sucio, Jared. Muy sucio. –es parte de la broma, pero al castaño se le congela el aire en los pulmones, sintiendo ese hormigueo ahora en su miembro.

   Sigue comiendo, aunque algo más tenso ahora. Cosa que no impide que de buenas cuentas de las cuatro hamburguesas, sintiendo sobre sí la mirada sorprendida de Jensen, quien parece tener dificultades para terminar con la tercera.

   -¿Qué? ¿Otra vez con lo de mis modales? Como, no estoy tragando. Tengo modales de lo más finos. –brama, la boca llena de comida.

   -Idiota. –sonríe el rubio.

   Finalmente los platos quedan olvidados sobre la mesita, el juego continúa, la luz del televisor les ilumina, en algún punto, para mortificación del rubio, un bombillo chisporreó y se apagó, dejándoles en semi penumbras, justo después de que terminaron con las dos últimas cervezas. Ahora están recostados del mueble, aparentemente muy llenos.

   -Dios, voy a estallar, no debiste dejarme comer tanto sabiendo que había pasado tanta hambre. Eres un anfitrión terrible.  –acusa Jared, las manos sobre su barriga.

   -¿Apartar tus manos de las hamburguesas? Temía perder un dedo si lo intentaba. –sonríe Jensen, beatíficamente, recostado del mueble, pies sobre la mesita, casi tirando los platos, rostro algo abotagado.- Estoy lleno, pero es por lo que dices, fue un mal día de pasar hambre. –suspira y callan, hombro con hombro, sus piernas rozándose, ninguno de los dos queriendo darse por enterado. Jared cierra los ojos también.

   -Entonces, ¿es una zona pintoresca? –vuelve a la pasada cuestión.

   -No te recomendaría que dejaras tu palacete para vivir por aquí. Me han robado dos veces. –responde el rubio como si tal, una cierta sonrisa jugando en sus labios, ojos cerrados, aún así notando que Jared se vuelve y le mira.- La primera vez fue con una navaja, un tipo delgado y con cara de enfermo, imagino que un drogadicto. La segunda vez fue a punta de pistola, o eso creo. El sujeto tenía la mano metida en el bolsillo de su saco. ¿Sabes?, imagine que mentía, que si me le arrojaba encima…

   -Te habría disparado y asesinado. –Jared termina, sintiéndose apesadumbrado por la súbita visión de un Jensen cayendo de espaldas en un sucio y oscuro callejón, su boca escupiendo sangre, su camisa tiñéndose de rojo y… Dios, ¡qué horrible!

   -Si, también pensé en eso. –responde el rubio, voz soñolienta. Era tan grato comer cuando se tenía hambre, piensa.- Y una vez un tipo me persiguió casi una cuadra, preguntándome quién era, de dónde venía, qué si era casado, pidiéndome que le acompañara a un apartamento a reclamar un dinero. No sé qué estafa pretendía, pero fue de lo más molesto. –Jared, rostro al frente, arruga el ceño.

   -Tal vez quería una cita, ya sabes, lo usual, golpearte por atrás, dejarte inconsciente, cargarte al hombro como un saco de alimento para gatos y encadenarte a un sucio lavamanos de donde no saldrías en años. –Jensen ríe, divertido, a él no le agrada ese cuadro tampoco.- Retiro lo de pintoresco, esto es peligroso, ¿no has pensado en mudarte? –inquiere, medio agitado, sin abrir los ojos. Hay un silencio en el cual oye la respiración acompasada del otro, ¿se habría dormido? Él mismo siente ganas.

   -¿E irme al Hilton? Lo pienso cada día, pero no he tenido tiempo. Ni dinero. –es la sarcástica replica, lenta, suave. Jared sonríe a pesar de todo, sintiéndose increíblemente bien después de comer, extrañamente cómodo en ese sofá que se hunde, al lado del rubio.

   -Idiota. Sin embargo creo que podrías…

   -Oh, basta, Jared, no tengo adónde ir por ahora. Lo que si tengo son deudas. –no abre los ojos pero sabe que va a replicar.- Cuéntame algo de ti, algo que te guste recordar y que te haga feliz.

   -Creí que sabías todo de mí.

   -No todo, he leído algo, otras las supongo, cómo con cuál mano te la cascas, siendo diestro como yo. –se burla, y Jared sonríe un poco más, ¿respondería a la broma?, era mejor que no, aunque era difícil no imaginar la mano del pecoso, estando sobre su cama, totalmente desnudo…

   -Necesitas una novia. –se burla, luego recuerda a Leslie y se separa del mueble, sobresaltándole.- Creo que debo irme… -le cuesta decirlo, poniéndose de pie.

   Tiene que irse. Por alguna razón que no entiende. No sabe a dónde va con el juego, el intercambio de frases, pero intuye que ha comenzado un camino extraño, uno donde Jensen parecía esperarle en algún recodo del camino, como una recompensa. Pero no era seguro, estaba sintiendo cosas sobre las que no sentía ni tenía ninguna garantía. El pecoso tenía a su chica y…

   -¿Se acaban las cervezas y corres? Eres horrible.

   -¿Necesitas ayuda con todo esto? –señala la mesa, ignorando la mirada turbia de sueño y alcohol, confusa del rubio el cual parecía algo decepcionado por su partida. Eso acelera su corazón.

   -No, no… yo me ocupo. Mañana. –le sonríe alzando las manos, poniéndose de pie.

   -Este lugar está helado para andar descalzo. –comenta, preocupado, dirigiéndose a la puerta, lentamente, reacio. A pesar de todo le costaba terminar con la velada.

   -Si, mamá. –replica el rubio, abriendo la puerta, casi sosteniéndose de ella.

   -Parece que no aguantas el alcohol. –se burla, cruzando su lado, deteniéndose.

   -Ha pasado un tiempo. El alcohol lo dejo para celebrar, no es bueno refugiarse en él cuando las cosas te van mal. –le sonríe adormilado, y se miran.

   -Gracias por… todo. Las hamburguesas, las cervezas, la compañía… -se siente turbado.- Gracias por… perdonarme.

   -De nada. También la pasé bien. –sonríe Jensen, echándose hacia adelante, alzándose un poco sobre los dedos de sus pies, rozándole los labios con los suyos.- Buenas noches… -y cierra la puerta.

   Dejando a Jared, del otro lado, impactado, el sopor ahuyentado, el corazón bombeándole con fuerza. ¿Jensen le besó? Y con el puño golpea sobre la madera, llamándole.

CONTINÚA … 14

Julio César.