Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

SAM, DEAN Y LA PESADILLA AMERICANA; 04×12

noviembre 11, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Acaban con el encanto.

   Me encantó una barbaridad este cuarto episodio de la doceava temporada de Supernatural, donde el “enemigo” no era algo desconocido, pero que fue gratamente novedoso. Cosa que nos lleva a las intro; está bien cuando enlazan cosas que les pasan a los hermanos, entre ellos y con otros, como con Mary dejando la baticueva, pero no es tan bueno cuando aparece un fantasma soltando ectoplasma dominando a alguien, como ocurrió la semana pasada, o se habla de los síquicos, como en esta. Toda la sorpresa que quieren montar se acaba porque ya se sabe de qué va el problema. Fue este, uno de esos capítulos que comienza como una cosa y terminó como otra, siempre con ese torcido giro de la trama. Una idea romántica, esa de escapar a un modo de vida más sencilla que termina en una verdadera pesadilla.

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   La mujer caminado en medio de una vacía iglesia (una velada llamada de atención a la fe de tantos), demostrándose lo poco motivados que están los católicos en tantas partes de asistir al templo, cae de manera ruidosa, bajo la acción de látigos que nadie ve, sangrando mucho, por manos y pies, la espalda lacerada y la frente donde se marcaron unos puntos. Los estigmas, una de las manifestaciones más inquietantes de la religiosidad (no me importaría ver el agua convertida en vino, pero esto…). Quedó muy bien, después de venir de dos entradas poco satisfactorias. Lo que más me gustó fue el enfrentamiento final entre los implicados, en el cual los hermanos poco tuvieron que ver, también dos ligeros comentarios de Dean a Sam, que fueron bien graciosos.

   Sam y Dean, padeciendo ambos por la tensión que la marcha de Mary causó, no pueden hablarlo porque el mayor se tranza en no pasa nada y si ella no los quiere, él no la buscará. Así parten a investigar el caso, notándose el malhumor de Dean en lo referente a todos, desde el cura al forense. Buscando en el trabajo de la mujer encuentran a una colega que hereda su oficina y su cargo, tachándola Dean inmediatamente de ser la responsable, por bujería, aunque no hay evidencia de bolsas de maleficios. Cuando cae otra víctima, un joven, Sam cree que se trata de otra cosa, y disputan. Y aquí hay que intercalar algo, en pasadas temporadas, antes de que alguien muriera, le construían una historia y si el personaje era grato uno casi lamentaba su muerte, o le gustaba. Siempre recuerdo el inicio de la quinta temporada cuando ataca Hambre, el Jinete, y está esa agradable pareja que salía por primera vez el día de los enamorados asesinándose a besos y mordiscos, casi lo lamenté. Como disfruté cuando el chico con la máscara de conejo mataba al sujeto ese en aquella sala, qué tipo. Aquí no, aparece el joven, siente algo y muere. No sabemos quién era, qué hacía, no significó nada. Debieron trabajarlo, presentar algún detalle que nos obligara a pensar, ah, caramba, lo van a matar, qué malo. Están como demasiado rasantes, pasan muy por encimita en muchas cosas. Por suerte, el nudo central, lo trataron mejor.

   Buscando entre los casos de la primera mujer que cae, encuentran que existió una tragedia en uno de ellos, una familia que se aplica al cristianismo basado en el Viejo Testamento, tan a pie de la letra que no llevaron a la hija a un hospital cuando enferma, dejando que se cumpliera “la voluntad de Dios”, y murió.

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   Estando allí, los hermanos se disfrazan por tercera vez, algo que extrañábamos del programa, ahora casi siempre son agentes del FBI. En este aparecen primero como sacerdotes…

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   …Y ahora como trabajadores sociales. Es cuando ese motorizado cruza y sabemos que los Hombres de Letras ingleses andan por ahí.

   Dean conversa con el padre y el hermano de la muerta, quien le habla de un mundo que les roba el tiempo y la felicidad de estar con la familia. Lo dijo de manera grata y uno casi podía simpatizar con ellos, como hizo Dean mientras les ayudaba a colocar una rueda en una carreta (y ya los personajes estaban bien construidos e importaban). Hablando la madre, usando un lenguaje parecido, retratando a una familia horrible donde el padre bebía mucho y al que no veían, la hija se encerraba en su mundo, el hijo igual, y la madre era la peor de todos, adicta a calmantes, y que encontrándose mal escuchó una voz que los guió hacia esa vida, Sam, sin embargo, supo ver en ella fanatismo y locura, tanto que la enfrenta al hecho de que su hija murió no por la voluntad de Dios, sino por ella. Acusación que los arroja fuera de la granja.

   Así salen, discutiendo sobre la elección de vida de esa gente, Dean convencido de que la compañera de trabajo de la difunta es una bruja y que se encargará de ella, Sam convencido de que hay un fantasma furioso en esa propiedad. Se separan cada uno para ver qué hacen. Dean encara a la mujer que trabaja hasta tarde, y que le confiesa que odia ese cargo, que nadie lo quiere, es sólo más trabajo por muy poco dinero extra. Y me recordó lo que digo siempre en la oficina, que sólo un loco querría ser coordinador de gente como la que allí trabaja, que cada quien actúa como le da la gana, odian se reprendidos y lo hacen todo tan mal. Oyéndola, Dean, con cara de chasco, guarda el arma que pensaba usar contra ella.

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   En cuanto los hermanos salen, y desde que la mujer, la madre, sabe de una segunda víctima, algo sospechábamos (y sabíamos, en la intro arruinaron la sorpresa), tiene a la hija encerrada porque manifiesta poderes síquicos, prácticamente encadenada, auto flagelándose por creer que algo diabólico la posee. Es esa vieja mirada a la religión, la que a veces la convierte en algo horrible, las flagelaciones, el castigo corporal, sacar al demonio con dolor, creerse obrar por un bien mayor aunque se estén cometiendo locuras y maldades. Es lo tocante al Viejo Testamento. Generalmente los intolerantes religiosos, tratándose del cristianismo en cualquiera de sus ramas, se afincan en esa parte, obviando el Nuevo Testamento y las enseñanzas de tolerancia, paz y amor de Jesús. Nadie se vuelve loco queriendo ser más bueno que todos los demás (aunque los hay, siendo bueno que existan). Claro, ser bueno, perdonar y tolerar no es tan divertido como sacar confesiones a gritos, o soñar con ver a los demás quemarse en lagos de fuego, me imagino.

   Bien, no sería Supernatural si a Sam no le atrapan y le atan. La mujer le dice al marido que otros irán, que deben partir (y me sorprendió lo que planeaba), mientras el menor entiende cómo la joven mató a los otros, intentando llegar a ellos para que la ayudaran, e intenta explicarle que no es un fenómeno, no es un monstruo, que tiene un poder que debe aprender a controlar.

   Llega el gran drama de la cena, el padre de familia muere envenenado, es la salida que la mujer encuentra para escapar de quienes irán por ellos, partir al otro mundo como familia, casi obligando al hijo a suicidarse (en este caso sería asesinato), y ocurre esa magnífica escena.

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   La mujer es detenida como homicida y se va gritando que la muchacha está poseída. Sam le aconseja que olvide y siga, que vaya con otros familiares y aprenda a controlar lo que sabe puede hacer. Fue un gran episodio para Jared Padalecki. ¿No fue divertida la cara de Sam cuando Dean le dice a la joven que lo mejor para las familias a veces era apartarse un poco, darse espacio? Viéndola tan dulcita, casi mimosa con Sam, una idea cruzo mi mente: Lucifer va a poseerla. ¡Lucifer será mujer! Era una síquica, como lo era Sam, ¿acaso ella fue otra de las niñas tocadas por Azazel? No parecía el caso, pero… Y aunque no lo fuera, era poderosa. Ya imaginaba a Lucifer dentro de ella, enfrentando otra vez a Sam…

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   Pero no, es asesinada por el despreciable sicópata de los Hombres de Letras ingleses, el cual dice que ha solucionado otro de los problemas que los Winchester habían dejado. Personalmente me molestó mucho. Odio a esos malditos, y eso que la temporada pasada quería que me agradara la tal Toni. Y todavía no le vemos la cara al sujeto, ¿se acercará ladinamente uno de los hermanos, o a Mary? Podría ser.

   Bien, fuera del detalle tonto de Dean cruzando a duras penas una valla siendo un cazador intrépido como es, y Sam pasando a un lado, quedó bien todo el episodio, me reí una barbaridad con el mayor gritándole a Sam que no tenía la culpa de su vejiga pequeña. Me agradó también el comentario de este a Sam después de hablar con Castiel, quien nada ha escuchado en radio ángel, descartando que el Cielo tenga algo que ver con los estigmas, hablándole de que está con Crowley cazando a Lucifer: “Un ángel y un demonio, juntos combatiendo el crimen”. Esa imagen es tan absurdamente buena esta semana como lo fue la anterior. Lo otro es cuando la trabajadora social de la cual Dean sospechaba, le llama para decirle algo, y luego le cuenta a Sam que lo buscó para darle su número, pero ya lo imaginábamos, ¿verdad? Se vio tan gracioso eso de que pensaba dispararle y ahora ella quiere una cita. Por otro lado, está demostrado que en Supernatural los monstruos más peligrosos y perturbados son las personas, la gente normal (bueno, no normal), desde aquella familia que cazaba gente para divertirse, al hombre que tenía a los hijos encerrados tras los muros de su casucha. Esta mujer estaba realmente enferma, y asustaba.

   Bien, ¿y ahora?

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

Julio César.

ACABADO… EL ASUNTO DE LAS MAMAS; 03×12

noviembre 2, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Mamis al ataque…

   Por fin se ha despejado la gran incógnita, ¿qué había sido de Mary Winchester después de su muerte? Estaba en el Cielo, aunque Ash no pudo encontrarla, como le dijo a los hermanos en la quinta temporada; y es a partir de esa revelación, casi finalizando el episodio, cuando las cosas ganan sentido y un tanto en emoción en el tercer episodio de esta doceava temporada de Supernatural. Y antes de seguir, viendo la intro, me queda una duda, esas escenas del nuevo Lucifer con una hermana, ¿ocurrieron? Vi dos veces el capítulo pasado no lo encuentro nada de eso.

   Bien, ha sido este otro episodio increíblemente lento, superficial y poco satisfactorio, y miren que me cuesta decirlo. Sam y Dean volvieron a pasados esquema, que son muy ellos, para encarar un problema, y eso siempre gusta, pero lo volvieron la tónica de todo el programa. Siempre hay una cuestión entre ellos, que se plantea al inicio, ocupa una escena a la mitad y cuenta con una resolución al final; el programa fue todo sobre ese planteamiento y no hubo dinamismo. Tanto es así que la única notable, fuera de Mary contando su verdad, es Rowena cuando encara a Lucifer y vuelve a ser ella, la criatura traidora de toda la vida.

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   El enemigo es un fantasma parecido al que investigaba Bobby siendo fantasma, y la escena comenzó bien con la joven que entra en una fea y destartalada casa de donde parte el llanto de un niño. La escena de la fea muñeca en la cuna fue inquietante pero pudo ser peor (o mejor, desde un punto de vista de suspenso), lamentablemente al retirar la escena escuchándose únicamente los gritos de ella y su pareja (para preservar la sorpresa sobre el tipo de caso que es, aunque ya sabíamos por la intro que iba de fantasmas), le restó impacto. Me gustan esas escenas crudas y sanguinarias que nos presentan a veces. Y el tema en general era bueno, daba para mucho drama, y miedo, pero las escenas fueron tocadas por encimita, las tomas parecían decorados de telenovela, donde mueven los platos de aquí para allá. Y los cortes de las escenas de acción fueron desesperantes. Fuera de eso, desperdiciaron a los niños fantasmas atrapados.

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   Como sea, Sam quiere hablar con Dean sobre el problema que hay con Mary, y Dean no ve problemas, no hay nada qué hablar, sólo debe ajustarse. Los viejos patrones. Y eso era irritante, ese disgusto, el no estar cómodos entre ellos, ¿qué les pasaba a estos con ella y a está con los hijos? Parecía un drama tonto (sólo lo parecía), planteándose aquello de que no está lista para cazar, y que la sobreprotegen. Me gusto el corte de cabello de Mary, su gusto por el tocino, y su cara de chasco cuando no la dejan ir a cazar sola, o cuando ve cómo se hacen ahora las investigaciones sin preguntarle a la gente implicada (un error de nuestra era). Su encuentro con el niño fue esencial, ella sintió que este no quería hacerle daño, por lo tanto era una víctima; podía estar engañándose o confundida, pero que Sam y Dean la creyeran totalmente equivocada, como si no supiera lo que hace siendo que cazaba con su padre muchos antes de que ellos nacieran (y hay que recordar que Mary no lleva treinta años dormida, despertó en el segundo siguiente después de su muerte, con todos sus recuerdos y facultades), era irritante.

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   Mientras Sam y Dean queman cadáveres, algo de lo que jamás nos cansamos, Mary vuelve a la casa, sabe que algo retiene a los niños, un verdadero fantasma adulto, que la atrapa. Los chicos llegan, Dean lucha, Sam encuentra el buffy-la-cazavampiroscadáver tras la pared y lo quema, el fantasma desaparece y los niños parten al Cielo. Fue el único punto interesante del caso, como el por qué ese sujeto llegó a eso, un fantasma celoso y furioso de la dicha de otros, y lo desperdiciaron en tres minutos. Llegamos a la confesión de Mary, de cuál es el problema: extraña a John y a sus hijos. Hasta que despertó en ese paraje, traída por Amara como un regalo a Dean, ella estaba en el Cielo con el hombre al que amaba, con su pequeño Dean de cuatro años y Sam, su bebé. Y la sacaron de allí, donde vivía una burbuja eterna de felicidad, que creía real, y ahora está sola, John muerto y de sus bebés no quedan sino esos dos hombres a los que poco conoce. Me recordó esa escena de Buffy, la caza vampiros, cuando muere al final de una temporada, sacrificándose por la hermana que le apareció de manera mágica, y Willow la regresa a la vida, y allí andaba, todos dándole la bienvenida, y ella confiándole al vampiro de pelo blanco que estaba en un sitio de luz y calidez, cobijada, feliz y en paz, sin luchar ni preocuparse, y ahora está allí, y que quiere regresar a ese lugar de donde la arrebataron. Fue un gran momento de la caza vampiros, como lo fue este de Mary.

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   Así esta Mary, se siente triste, de duelo por lo perdido. Los ama pero no puede compaginar tan fácilmente las dos realidades. Según como son, cuando ella expresa el deseo de apartarse por un rato, Sam entiende aunque está triste y corresponde a su abrazo, Dean no, casi se aparta, lastimándola. Son los viejos caracteres, el Dean que siempre quiso reunir a la familia costara lo que costara, y aunque los demonios usaran esa necesidad para lastimarle. Mary abandona la baticueva, y era bueno, por un lado. Viendo los primeros veinticinco minutos del episodio, temí que se volviera tan fastidiosa como Rowena cuando estaba con Crowley e intentaba influirle (capítulos letárgicos). Por otro lado… bien, esperaba verlos sentados en un bar, Dean coqueteando con una chica, que ella llegara y la otra se apartara; o las caras de sorpresa cuando ella le reclamara algo y este respondiera “si, mamá”, rodando los ojos; incluso que ella, como parte del subtexto, se interesara en sus vidas románticas, preguntando por Castiel. Hubo muchas cosas ligeras que pudieron hacerse, pero los escritores no han parecido poder con la trama. Pero, en fin, hay tiempo… Mary Winchester está viva y anda por ahí.

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   ¿Crowley formando pareja con Castiel para buscar a Lucifer, como unos Sam y Dean cualquiera? Era ridículo, pero también divertido, me gustó; hay química entre ellos. La cara de Crowley cuando Castiel cuestiona que busca a Lucifer no por temor a su Reino sino para rescatara Rowena, no tuvo precio. Pero es esta la que se roba el show.

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   La poderosa bruja vive bajo el temor de ser asesinada y que esta vez sí se quede muerta, y para evitarlo le ofrece a Lucifer endurecer el recipiente que usa y que ya se cuartea. Lo hace, pero es una maldición para terminar de destruir ese cuerpo y enviarlo lejos. La mujer corrió peligro, y mucho, pero fue más lista y al final logró burlar al demonio mayor.

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   No imaginan cuánto me gusto esa escena, Lucifer furioso, gritando impotente, derrotado. Era la Rowena de siempre, la misma que engañó a Crowley, a Sam, Dean, Castiel, y ahora a Lucifer (y no entiendo, siendo un ángel ¿no se le puede alejar con el símbolo ese?). Ella fue, sin dudar, lo mejor del episodio.

   Bien, también ella se separa de Crowley, no formará parte de la patrulla ángel-demonio para buscar a Lucifer, pero si lo encuentran ella regresará a ayudar, ya que también está en la picota. Las madres se apartan (y que Rowena todavía viva es casi increíble). Y esto abre muchas preguntas, ¿continuarían Crowley y Castiel juntos? ¿Qué dirá Dean al respecto (los novios juntándosele)? Pero lo interesante es Lucifer, sigue por allí, sin su recipiente, reaparecerá, lo sabemos, ¿idearán una gran trama al respecto o le desperdiciaran como hicieron con aquellas facciones de ángeles que luchaban al caer del Cielo, o los leviatanes, o los nazi nigromantes, o la familia de Frankenstein que mataron a Charlie? ¿Ya no puede reiniciar el Apocalipsis o algo que se le parezca? ¿Qué nuevo recipiente tomará? Esperemos que sea un actor tan carismático como Mark Pellegrino. ¿Imaginan un Lucifer mujer? Hubo una serie, la vi en AXN, sobre un reaper así, que antes de que se venciera el tiempo de la gente que hizo pactos con el Diablo, intentaba que se arrepintieran y se salvarán (casi nunca lo logró), y en una escena decembrina va por una calle y una bonita patinadora viene, sonriéndole, le abraza y besa. El sonríe hasta que los ojos se le ponen rojos a la chica y sabe que es el Diablo. Dios, cómo me reí de la cara que puso y el grito que pegó. También ahí jugaban con cierto bromance.

   Bien, veamos qué pasa ahora con nuestros chicos…

SAM, DEAN Y LA PESADILLA AMERICANA; 04×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 22

noviembre 1, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 21

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Debemos…

   -Okay, okay. Irnos. Recogeré todo. –exclama furioso, saliendo del cuarto.

   Dean no quiere pensar, no desea alterar a Sam, molestarle, no puede enfrentar eso ahora, cuando justo en esos momentos miraba de cara a los demonios que han torturado buena parte de su vida, la vieja maldición: amar demasiado a Sam. Una vez, en ese cuarto, pensó que podría dejarlo todo atrás, junto a Nicholas Stanton, pero…

   El silencio se hace ominoso, Sam debía… Llevado por ese viejo instinto que le obligaba a buscarle y consolarle, sale del dormitorio principal… para encontrarle caído cuan largo en el suelo alfombrado.

   -¡Sam! –jadea.

   -Vaya, vaya, parece que será fácil devorarte, amigo. –informa un sujeto que aparece frente a sus ojos, piel cobriza oscura, rasgos latinos y negros, de largo cabello en crinejas, llevando en las manos un arma.

   A Dean se le hiela la sangre al verle arrojarla a un lado y lanzar un bramido entre humano y animal, comenzando a transformar sus facciones. Da un paso atrás y otro rugido le hace pegar un bote, en la entrada de la cocina, donde tal vez le buscaban, está otro de los sujetos. Le tenían entre dos aguas… y Sam estaba caído.

   Eso era lo más preocupante e inquietante. Podía luchar y tratar de saltar sobre alguna de aquellas criaturas, ¿pero dejando a Sam? La idea sencillamente ni se le ocurre. Al contrario, una que le alivia un tanto era que, estando como estaba, el castaño no se daría cuenta de nada si le destripaban.

   -Ya quiero clavarte mis dientes. –ruge uno de esos tipos, el de crinejas, su rostro casi transformado, la boca sobresaliendo en hocico, uno por donde pasa su lengua con voracidad, para aterrorizar al rubio pecoso que viste únicamente un bóxer tipo bermudas holgado.

   -No te lo aconsejo. Estoy algo amargo hoy. –le sonríe con chulería, mirada fría, lanzando un ojo a uno y otro. Se sentían seguros, después de todo eran poderosas bestias peludas, enormes, hombres con caras de perros, manos como zarpas terminados en garras, un cambio tan violento que contaban con cuatro dedos únicamente.

   Seguros de la pelea, los dos seres se acercan lentamente hacia el rubio que retrocede, alejándose del caído Sam,  a quien evidentemente sorprendieron y golpearon por detrás. Mierda, debimos salir hace rato, se reprocha, pero pronto aleja el pensamiento, no le servía en esos momentos. Sólo le quedaba una oportunidad y la aprovecharía; esas criaturas de forma claramente perrunas se moviera con lenta y deliberada crueldad, disfrutando por anticipado del sujeto semi desnudo e indefenso. ¡Ignoraban que enfrentaban a un cazador!

   La criatura que llegaba por sus espaldas, lanzando un feroz gruñido se le lanza encima…

……

   -Querido, que curioso, tú por aquí, no te esperaba. –se extraña un tanto la aristocrática Rebecca Stanton, levantándose del sillón donde tomaba una manzanilla, costumbre nocturna. Sus ojos escrutan al atractivo y altivo fiscal.

   -¿Necesito una invitación o una ocasión especial para venir, Nana? –le sonríe de medio lado, besándole una mejilla.

   -No, aunque ya no vienes tanto como antes… Como cuando Dean estuvo aquí. –apunta, mirándole a los ojos y tomando asiento nuevamente.

   -Abuela… -bufa bajando los hombros, manos en los bolsillos del pantalón. No quiere sostenerle la mirada.

   -Ay, cariño, soy vieja pero no tonta o pacata. Sabía y sé muy bien todo lo que ocurrió entre tú y ese lindo chico; todo lo que significó para ti. Lo que te costó sentir tanto. Eres un hombre frío y ambicioso, trazaste metas altas e implacablemente te moviste para alcanzar el éxito, sueños grandes, y para ello te comprometiste y casaste con Leslie; en un mundo donde todo estuviera bien, sin que fantasmas atacaran a una anciana en una enorme y lúgubre casona, habría sido perfecto. Pero entonces llega un chico chulo, pecoso y rubio, con sus enormes ojos verdes y te roba la paz, el sosiego… el corazón.

   -Abuela… -bufa otra vez, ceñudo, rojo de mejillas.

   -¿Quieres que te recuerde esa noche que te vi… llorando cuando descubrió tu engaño y se fue? ¿Toda tu rabia en esos días, las órdenes que impartiste a las autoridades para que le encontraran… y te lo trajeran?

   -¡Él se fue! –se defiende ronco, erizado, no queriendo recordar todo ese tiempo.

   -Te dolió tanto, te molestó así, porque era fuerte lo que sentías. Y no se fue, cariño, tan sólo no entendió que sintieras algo por él pero te entregaras a otra persona, relegándole al rato furtivo, a la escapada a media tarde. La persona con la cual violabas votos sagrados. Dean no era, ni es así, y creo que en el fondo lo sabías. –bebe de su brebaje.- Pensé que lo habías superado, pero ahora veo que no es el caso. –se ve intrigada.- ¿Qué harás, Nicholas Stanton? ¿El corazón o tu ambición? –suspirando frustrado, el hombre se deja caer en un butacón.

   -Creo que es tarde, abuela. Hay… alguien más. Una persona que siempre estuvo allí, que se apartó por un tiempo, pero ha regresado. –lo dice con amargura, mirando la mesita y sus complicados adornos de plata, cerámicas y cristal.- Mi momento fue aquel, Dean era mío y… -confiesa, atragantándose con disgusto y frustración.

   -Pero ya has hecho tu vida, amor. La que deseabas. No te quejes. –intenta confortarle, pero el hombre la mira, desconfiado, sonriendo.

   -Te entiendo, abuelita, la jodí y ahora debo atenerme a ello, pero… -echa la cabeza hacia atrás. Y una idea le llega de manera insidiosa… si tan sólo Sam no estuviera. Se pone de pie.- Necesito ir al baño. –anuncia y sale. La mujer bebe de su tasa.

   -Toda una vida de indicaciones y jamás aprendiste que a nadie le interesa saber sobre esas cosas. –sonríe con algo de tristeza. Sabe que no va al baño, y que sufre. El drama de su nieto fue jamás entregarse, gritar que amaba, exigir su amor, pelear abierta y francamente por lo que sentía. Pensó resolverlo todo con trucos, engaños, fingimientos. Ahora padecía el infierno de los tibios de corazón. Y lo sentía por él.

   Abriendo la puerta de aquel dormitorio donde Dean Winchester convaleció, a Nicholas le alcanza el hecho real de que en un tiempo tuvo al rubio pecoso en su vida, entre sus brazos, en el lecho. Ahora se siente más frustrado mientras camina hacia la cama hecha y se deja caer sentado. Cierra los ojos con fuerza y le parece estar allí, otra vez, de espaldas sobre esa cama, totalmente desnudo, con la abuela no muy lejos igual que sus doncellas, preguntándose en esos instantes, de manera casi perversa, si imaginaban lo que allí ocurría. Y era posible dado los gruñidos del pecoso. Dean sobre él, desnudo y a hojarascas sobre su regazo, rubio y dorado, guapo, atrapándole los costados con las rodillas, las manos tras su cabeza, el joven y armonioso cuerpo totalmente envarado se agitaba, casi de adelante atrás, con el culo totalmente lleno con su verga casi rojiza, apretándosela, halándosela con las ardientes paredes de su sedoso recto. Aún ahora, en ese cuarto, años después, le parece verlo, sentirle, cuan vaquero sobre un potro, gimiendo, gruñendo al sentir el roce de su verga contra sus entrañas, el muy pillo asegurándose, una y otra vez, que la punta de su tranca le golpee en la próstata. A Dean le volvía loco aquello, tener su agujero caliente y vicioso totalmente cerrado alrededor de su falo, subiendo y bajando, agitándose de adelante atrás hasta que alzando la cabeza, con un grito ronco y la cara muy roja…

   Dean… el pensamiento llega fácil, pero se siente extraño, todo comienza a dar vueltas a su alrededor mientras siente que le falta el aire. Alarmado quiere ponerse de pie, aflojarse la corbata y llamar a alguien, pero no puede. Se ahoga, le parece que se desploma en una espiral de oscuridad. Tan sólo una idea le domina: Dean, Dean, Dean…

   Cae hacia atrás, sobre el colchón, muy rígido, ojos abiertos y llenos de humedad, tembloroso. ¿Qué diablos le pasaba?, se pregunta alarmado, porque a pesar de sus parpados separados, todo va oscureciéndose. Dean…

……

   La criatura se le arroja con la arrogancia y malevolencia del ser poderoso que aterroriza y matará a otro ser, uno indefenso. Pero, se dice Dean con una leve mueca, no contaban con los cazadores. Retrocede casi hacia la puerta de la entrada del dormitorio, la cadera chocándole con uno de los mil porta floreros del apartamento, metiendo la mano tras un florero vacio, tomando un brillante cuchillo de hoja afilada, lazándole un tajo al ser cuando alargaba su zarpa de garras abiertas. Le hiere en el dorso de la mano, y un aullido aterrador de dolor escapa de aquella boca ya inhumana. Si, no conocían la plata, eso concordaba con cierta idea que se había estado formando en su mente dese que comenzó a sospechar de Leslie, la mujer de Nick.

   El ser, totalmente asombrado, sangrando, adolorido y furioso, da un salto atrás. Nunca nadie se había resistido, peleado. Nunca les habían herido en aquella forma. El otro, no comprendiendo se lanza también, recibiendo un tajo en el brazo, la sangre y el grito de sorpresa es parecido al del primero. Los monstruos, dedos crispados, los afilados dientes mostrados en una mueca de odio y rabia, miran a cazador, que sonríe chulo, moviendo la brillante hoja ahora algo oscurecida, de uno al otro, aunque sabe lo precario de su situación.

   -Plata. Desde nuestro encuentro de la tarde imaginábamos que algo tenían que ver con la familia de los licántropos, o los caninos. Hombres lobo o chihuahuas, todos ustedes odian esto. –les insulta, bailando el afilado cuchillo ensangrentado para que lo vean.

   No le agrada nada la mirada astuta y cruel del segundo herido, el ser de las crinejas largas, que destacaban grotescamente en aquella criatura. Intercambian una mirada y el cazador siente un nudo en el estómago, uno se lanzará contra Sam, esperando su reacción, que se sostenga en su punto o alargue el brazo para proteger al caído, exponiendo su propio cuello. Lo que ocurrirá, casi con toda seguridad si no es certero y rápido.

  Cuando el primero se lanza hacia Sam, cayendo dramáticamente de rodillas, Dean, semi inclinado, lanza un tajo, alcanzándole superficialmente pues este lo esperaba. Por el rabillo del ojo nota que el otro ya viene, se vuelve, pero no lo suficientemente rápido. Lanza un grito cuando un manotón de aquella zarpa le alcanza de lleno en el codo, electrificándole el brazo… obligándole a soltar el cuchillo a sus pies. Lo mira, que tonto fue, debió imaginar que crispaturas sádicas como estas intentarían no desgarrarle acercándose a su cuello, sino desarmarle para divertirse un rato, pero…

   El aullido de triunfo le llega, bañándole la cara, el pecoso rostro se vuelve a tiempo de verle alzar una de las zarpas, rumbo a su cuello, para retenerle. Tenían órdenes, lo sabe, debía sufrir un buen rato en sus manos. Alguien deseaba cobrarle algo. Esa mujer. Y Sam… Le mira, rápido, todo ocurre en segundos.

   No despiertes, Sam, ¡no lo hagas! Pero este ya se agita sobre el piso.

CONTINÚA … 23

Julio César.

MAMÁ WINCHESTER; 02×12

octubre 27, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Los insoportables ingleses…

   Como siempre les digo, Supernatural es un programa que no tiene malos episodios, tan sólo algunos no son tan increíbles como otros, y uno sólo los miraría una o dos veces de nuevo. No más. Y este segundo episodio de la doceava temporada, “Mamma Mía”, fue uno de los no tan geniales, cosa que se nota bastante después de un gran inicio de temporada. El primero fue intenso, este, en una frase, se quedó colgado. Quedó por debajo de las expectativas muchas veces.

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   ¿Lo rescatable?, mamá Winchester pateándole el culo a la inglesa que torturaba a sus hijos. Se dividió la historia en dos puntos, Dean, Castiel y Mary buscando a Sam, el cual sigue siendo sondeado por la inglesa Toni, y Crowley persiguiendo a Lucifer, reclutando a Rowena para la pelea. Y realmente me gustó un poco más esta trama, ese par se las traen. Viéndolo bien, si, fue un episodio de mamás.

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   ¿Sam y Toni en la cama?, no necesitábamos saber que era parte de algún hechizo, aunque hubo más picante y salero que cuando hacía escenas de cama con Amelia, llevando una franela. Esa trama sí que era insulsa.

   De verdad no tengo mucho que agregar, Dean se confía a Castiel que siente que no todo es normal con Mary, porque no se comunican, han estado separados mucho tiempo, para uno ha pasado toda una vida, la otra regresa después de tanto tiempo al punto donde estaba, cuando tenía un niño de cuatro años y un bebé a quien puso en peligro en un pacto con un demonio para recuperar al marido muerto. Y se entiende esa lejanía, así como la inquietud de la mujer a su encuentro con Sam. Logran ubicarlos, el lugar está protegido contra ángeles, Dean no permite que Mary le acompañe, y comienza lo bufo.

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   Este cae en una trampa y es capturado. Toni, que se deja de hechizos y ahora tortura en serio a Sam, preguntándole por su relación con Ruby, le amenaza ahora con un Dean atado. Qué tontería, pensé. Aparentemente lo de ser los mejores cazadores se debe, como sostiene la mujer, a que tienen más suerte que habilidad. Ese detalle me molestó. Ella le tortura y le pregunta por Benny, punto este me agradó, las veces que se han unido a esos seres sobrenaturales, aunque fue raro que no le preguntara sobre su romance de verano con Crowley.

   Llega mamá Winchester y hay una pelea que si me gustó mucho, la mujer le patea el rabo a la otra, quien tiene que recurrir a un hechizo para pararla (y cómo molestó ese detalle), pero ya Dean se libera y la salva. Quieren acabar con Toni pero llega otro inglés, un jefe, quien les dice que si quieren interactuar con ellos para salvar a Estados Unidos como lo hicieron con Inglaterra, pero no como lo hizo Toni, y exige llevársela, aunque pueden terminar siendo aliados. Y aquí hago un alto. Dean dejándose atrapar así, tan fácil, fue insatisfactorio, el reencuentro con Sam quedó muy por debajo de las expectativas, le creía muerto, carajo, y el otro parece notablemente tranquilo al verle tan lastimado; que ella les increpara cosas y Dean callara, me molestó, él que es chulo y respondón aún con Lucifer, Muerte o Alastair. Toni hechiza a Mary, y Dean no le dispara para que no le pase nada a su madre, y luego la golpea para desconcentrarla, ¿no habría sido igual con un balazo en la frente?

   No me agradan estos personajes, especialmente Toni. Amé a Bela en cuanto apareció en la tercera temporada cuando cazaban la pata de conejo; amé a Ruby, las dos versiones, aunque con Genevieve Cortese me llevó más tiempo porque me había encantado la primera; me gustó Anna, y Gabriel, hasta el hijo de perra de Zacarías; me agradó Crowley desde el principio. Con Megan, cuando apareció en la primera temporada, en el episodio del espantapájaros, la odié, luego la amé intensamente. Pero con Toni me pasa como con Amelia, no me cae bien. Para nada. Bueno, por ahora.

dean-come-pastel

   Todos regresan a la baticueva, cada uno por su lado después de una escena tibia donde lo único bueno fue ver a Dean comer pastel.

sam-and-mary

   Me gustó el reencuentro de Sam con Mary, pero en líneas generales parecía que cada quien vivía una realidad distinta, que todavía no son familia. Para ellos, fuera de rescatar Sam, las aventuras fueron bastante sosas.

lucifer-crowley-and-rowena

   Rowena anda buscando un marido rico, pero Crowley la amenaza con sabotearla si no la ayuda a detener a Lucifer, quien ha encarnado en un viejo roquero, de los clichés, con todo y trauma provocado por su vida disipada que llevó al suicidio a su esposa. Cuya imagen usa para lograr que diga que sí. Me agradó ese personaje. Ver su enfrentamiento, ya como Lucifer, con Crowley, y este proponiéndole un trato para gobernar uno el Cielo, el otro el Infierno, fue rechazado pero interesante. Rowena y él le tienden una trampa para encerrarle en la jaula que casi funciona, la escena del ácido fue genial, pero Lucifer resulta muy fuerte y Crowley escapa dejando atrás a Rowena. La cara de esta fue un poema. El Diablo mayor se propone conservarla como prisionera, por ser una bruja poderosa, aunque antes quería romperle el cuello y que se quedara roto.

   Esta trama fue mejorcita. Aunque… ¿para qué coquetea Rowena con nadie, no le basta con hechizarlo? Y Lucifer dándole vueltas al roquero se pareció mucho a la del primer episodio de la quinta temporada. Es una apuesta grande dejarle libre. Fueron muchos de estos detalles los que me dejaron insatisfecho, lo confieso.

   El final nos muestra un nuevo enemigo que se acerca, traído por el sujeto que supuestamente pactaría con los Winchester, aunque parecen que tanto él, como lady Antonia consideran que deben acabarlos. Es interesante lo de este “sicópata”, como le llamara Toni el episodio pasado, desde Alastair el terrible, no hemos tenido a otro buen personaje de este tipo.

   Veremos qué ocurre. Nos deben algo fuera de serie…

ACABADO… EL ASUNTO DE LAS MAMAS; 03×12

Julio Cesar.

SÉ MI AMIGO, JEN… 11

octubre 22, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 10

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Mira, sé que fui un idiota, pero acabo de disculparme, no sólo como no suelo hacer, sino de corazón. De verdad no quiero que nos distanciemos o… nos separemos disgustados. –se le escapa, revelando demasiado, se dice acalorado. Por suerte Jensen parece tener sus propios problemas para hilvanar ideas. O hablar.

   -Lo sé, te escuché y… lo agradezco, que vengas a mi puerta y… -sonríe entre divertido y apesadumbrado. Le mira a los ojos y en las verdes pupilas el castaño encuentra una intensidad que le abruma por un segundo.- No quiero que me tomes por idiota o malagradecido, Jay… -lo dice con una sencillez y facilidad que provoca un parpadeo al otro, y un aceleramiento del ritmo cardiaco.- Pero no quiero otro día como este. Nunca más. He pasado por malos ratos, créeme. Y no sólo cuando todos mis planes saltaron hechos añicos por las cucarachas esas, o cuando debí enfrentar a mis padres, conocidos y… a la joven con la cual salía en esos momentos para decirles que había perdido todo. Fueron momentos horribles, duros, unos que no deseo volver a vivir ni en mil años. Me quedé sin nada, lo perdí todo, pero no quise sentirme expuesto a la lastima o las criticas; por eso… acepté un trabajo inmundo y vivir aquí, donde sé que ni las cucarachas vendrán… -intenta una broma.- Para no tener que encarar a ninguna de esas personas, no tener que responder un “¿todo bien de dinero?”, como con ganas de alargarme unos cuantos dólares. No quiero deber, no deseo depender, no busco comprensión… o piedad en los ojos de nadie, ni siquiera de mi familia.

   -Pero me buscaste a mí. –Jared escucha, sintiéndose mal por el rubio.

   -Porque tú no me conocías bien, no sabías de esa historia patética de fracasos. Vi que te vas a casar y pensé… debe ser muy feliz, tal vez recuerde a un tipo que conoció una vez y quiera darle una oportunidad, ¿por qué no tocar esa puerta? –encoge un hombro.- Llegarme y pedirte que me dieras un trabajo en alguna de las cocinas de tus hoteles. Fui y toqué, no sabiendo qué esperar. Y recibí más de lo que pude suponer. No imaginas el alivio, la paz que sentí desde que me contrataste. Pero hoy… -baja la mirada, sus hombros caen.- Por Dios, creo que prefiero volver a soportar la mirada de papá cuando le dije que perdí sus ahorros a tratar con tu desprecio. Sí que lo sabes hacer, Jay, lacerar. Herir.

   -Jensen… -casi brama dando un taconazo contra el piso alfombrado, exasperado y dolido, ¿no se había disculpado ya por haber actuado como un idiota?

   -No quiero vivir… -comienza alzando las manos. Enrojecido, parece no poder darse a entender, tal vez porque ni él mismo lo entiende cabalmente. El rechazo de Jared, su disgusto le había lastimado de una manera extrañamente punzante, superando la rabia. La desazón, el malestar, ese dolorcito latente había sido… insoportable.

   -Te juro que nunca más te haré sentir mal. No te gritaré ni… -comienza atropelladamente, no deseando escucharle decir que no volverá al trabajo. La risita del otro le silencia.

   -No creo que puedas, en verdad, controlar esa parte.

   -Por favor, créeme, quiero arreglar esto. –nuevamente siente que habla de más, agitando una mano entre los dos.- No quiero perderte, Jen. –el diminutivo sale fácilmente, casi ni repara en ello, aunque si en el parpadeo del rubio.- Tú… me ayudas.

   -¿En qué? –le reta, cruzando los brazos.

   -Hablando contigo esta mañana se me ocurrió algo que me sirvió para resolver el problema con el viejo Howard, te lo dije. –confiesa con una sonrisa, aunque no piensa contarle más. Le agrada verle sorprendido.

   -Si, ya lo habías mencionado, pero, ¿en serio? No recuerdo haber dicho nada…

   -Hablaste de un hombre que amaba a su familia, apelé a eso. –ya, eso será todo lo que aclarará sobre el chantaje, se jura.- Y no importa que entiendas, funcionó.

   -Guao, entonces merezco un aumento, ¿no? –se burla, sonriendo leve, notándose que quiere hacer las paces, quedarse. Y a eso se aferra Jared, con la adrenalina corriéndole por las venas.

   -Si demuestras ser capaz de mascar chicle y caminar al mismo tiempo, hablamos. Pero para eso… debes quedarte conmigo. –se oculta en bromas. Y espera.

   -Okay, Jared… -el corazón le late con fuerza cuando el rubio le tiende una mano, correspondiéndole, atrapándola y pensando que le habría agradado más si le hubiera dicho “Jay”.- Te debo mucho, y quiero el trabajo. Y… -rueda los ojos, algo rojo de mejillas.- …No eres un ser humano totalmente desagradable como te imagina uno por los reportajes. Me gustaría seguir trabajando para tu compañía, pero… debes prometerme, que en la medida de lo posible, harás todo lo que puedas para controlar tu genio; no tratarme, o tratar a otros frente a mí, con esa deliberada crueldad que mostraste hoy.

   -¡Hey! –se alarma. El rubio no temía llamar las cosas por su nombre.

   -¿Es un trato? –le estudia, sonriendo, sus manos unidas todavía, aunque tal vez el asunto ya estaba tardando demasiado. Se sobresalta un poco cuando Jared le hala acercándole a él y llevando las manos unidas a su pecho. Siente el latir de su corazón y eso le parece abrumadoramente íntimo.

   -Prometido. –concede, sonriendo bonito, como un niño. Había querido sorprenderle con el gesto, jugando, pero aún él nota como se incrementan los fulanos latidos, así que le suelta.

   Algo rojos de caras, se miran, no sabiendo qué otra cosa decir. Jared, metiendo las manos en los bolsillos, sonríe chulo.

   -Entonces, ¿terminó este momento de chicas? ¿Puedo olvidar que dijiste que soy tan importante en tu vida que mi opinión te trastorna mucho? –puya. Le encanta ver como Jensen alza los hombros desafiante, notando el brillo en sus hermosos ojos (mierda, si, eran hermosos), sonriendo igual.

   -Y yo olvidaré que estabas celoso de que otra persona me hablara, incluso tu hermana.

   -¡Touché! –estalla en una risa, rojo de orejas. Es cuando… Olfatea casi asombrado.- ¿Qué coño es ese aroma glorioso?

   -¡Oh, diablos! –exclama Jensen, bordado el muro y llegándose al rincón que ocupa, según él, la cocina. Jared le sigue y sobre una plancha grande, divisa dos enormes pedazos de carne para hamburguesas humeando. De allí partía ese olor enloquecedoramente bueno a comida.

   -¿Qué haces? –pregunta, prácticamente detrás del rubio, el espacio era estrecho y habían muchos trastos para cocinar. Este se vuelve, mirándole con ironía, haciéndole rodar los ojos… aunque le gustaba ese gesto del pecoso.

   -Hamburguesas, ¿no lo ves? Dios, debes ser realmente rico para no reconocer…

   -Córtala ya, rubio tonto, lo pregunto porque me parece extraño que un cocinero… -se burla, viéndole tomar una paleta metálica y volver la carne sobre la plancha.

   -Soy, chef, maldita sea, y aún yo amo las hamburguesas. –se defiende, y se miran.- Me muero de hambre, no he comida nada prácticamente desde el desayuno. Arruinaste mi almuerzo con tus reclamos.

   -Tampoco yo almorcé… o cené, y en mi caso es prácticamente un signo apocalíptico; ya debe haber gente en el Vaticano revisando alguna tabla, si esto se supo. –contesta. El olor era increíble, pero…- Deja eso, apaga y vamos a cenar. Yo invito.

   -Ya preparé la carne, bastante a decir verdad, cuando estoy… pensativo, eso me relaja; y casi terminé la ensalada, una de mis preferidas cuando… -le encara, mejillas algo rojas, y no termina lo que decía.- Si quieres quedarte y acompañarme… -invita, azorado, mas por la mirada fija de Jared, que por otras cosa.

   -Me encantaría, pero… ¿ensaladas? Soy texano y… -comienza con fingidos reparos, Jensen ríe.

   -Lo sé, Jared, he leído tu biografía, una historia de abigeato y desvergüenza, ¿recuerdas? –va a la estrecha nevera, abriendo y buscando algo, la corta franela se despega del borde del pantalón y los ojos del castaño se clavan en esa porción de piel expuesta, en el borde del bóxer azul pálido, sacudido por emociones y sensaciones que no entiende.

   -Eso asusta, suena a acoso. –dice algo, para disimular, apartando la mirada, caliente de cara, pero deseando echar otra ojeada.

   -Ya quisieras tú que te acosara. –se burla Jensen, más ligero, sacando dos botellines de cerveza, tendiéndole una.- Soy bueno en eso.

   -¿En serio? Fuera de mí, ¿a quién otro has asechado? -destapa la botella y bebe, con dificultad, porque Jensen, destapando la suya, eleva el cuello y toma también. ¿Por qué coño era tan difícil dejar de mirar su manzana de Adán moviéndose, ese largo y recio cuello? Seguro que, en el sexo, cuando usaba la lengua… Más acalorado, casi se termina la fría bebida. El hambre le tenía delirando, definitivamente, se dice como excusa.

   -Bueno, no es algo que cuente… -responde con una sonrisa divertida, dejando la botella en el mesón, volviendo a la nevera, inclinándose, mostrando piel, espalda recia, borde del bóxer… y el trasero redondo. Y el castaño no aparta la vista. Algo rebusca.- Pero Stan Lee pidió una orden en mi contra. –Jared no puede contener la risa.

   -¿Eres un nerd del comics? Dios, ahora me siento menos especial.

   -Oh, no, eso nunca, Jared; estoy seguro que eres una persona muy especial, el chiquitín especial de tu mamá. –se burla, sacando un tazón con algunos vegetales, frascos de cosas, y más carne lista para ser aplastada en la plancha.

   -Idiota. –es la réplica ligera, automática.

   -Cuando lo dices tú, no tiene el mismo impacto. –le mira y sonríe chulo. Destapa un frasco de mayonesa, vierte buena parte en el bol y revuelve, también sal, pimienta y lo que parece una infinidad de otros aderezos como aceites y vinagre, con esos rociadores de especias que Jared regala a la gente cuando se queda sin ideas. No sabía que se usaran en verdad, como no fuera en las cocinas de hoteles y restaurantes.- Prueba… -el rubio le ofrece, con la cuchara, aquella mezcla muy verde.

   -Si me intoxico…

   -Come o lárgate.

   Todavía no muy convencido, acercando la boca, atrapa pedazos de la ensalada, todo aderezado con la mayonesa. Y siente una explosión de sabor.

   -Hummm… -se ve sorprendido.

   -Te lo dije. –sonríe Jensen, satisfecho.- Mi ensalada de aguacate es muy buena. No como para comercializarla, pero si para las amistades. –deja el bol sobre un mesón estrecho y coloca más carne en la plancha.

   -¿Puedo ayudar? –se termina la cerveza, mirándole, por alguna razón le gustaba hacerlo, ver la nuca amarillenta oscura, los anchos hombros bajo la franela, espalda y brazos tensándose al aplastar carne con una mano mientras bebe con la otra.

   -¿Qué tal si sacas el pan de ese estante y otras dos botellas? Pero, te lo advierto, no quedan muchas. Michael… -comienza y se detienen, tensándose, Jared lo nota, incomodándose también. Por alguna razón le disgusta ese nombre y la idea de ese sujeto, el tal Michael.

   -¿Un amigo? –pregunta como de pasada, dándole la espalda, sacando los botellines y destapándolas después de sacar una bolsa de pan de hamburguesa del estante señalado. Se acerca para entregarle su cerveza.

   -Más o  menos. –es evasivo, a propósito.

   -¿Es la persona a quién pensabas gritarle cuando abriste la puerta y te encontraste conmigo? –interroga, con una precisión tal, lo entiende, que le sobresalta; se ubica muy de cerca del rubio. Estaba, lo sabe, en su espacio personal.

   -No quiero hablar de eso, no ahora… -Jensen, tomado por sorpresa por las palabras, se vuelve, agitado al verle de pie, tan cerca, más alto al estar descalzo, chocando de él, retrocediendo por impulso, el trasero contra la cocina y la plancha.

   -¡Cuidado! –alarmado, con un brazo le rodea la  cintura, halándole, separándole de la plancha caliente, estrellándole contra su cuerpo, las manos de Jensen, que suben, cayendo sobre su torso. Chocan, muy juntos, la enorme mano libre de Jared abierta, la palma contra su espalda sobre la franela, y se miran.

   Y el castaño sabe que está en problemas, en muchos problemas… no quiere soltarle.

CONTINÚA … 12

Julio César.

NOTA: Pensaba subirlo anoche y se me pasó. Por suerte no lo borré.

SAM, DEAN Y MARY WINCHESTER EN LA CARRETERA, 01×12

octubre 18, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   El camino todavía nos ilusiona, y lo que queda por ver.

   La espera para el inicio de la nueva temporada se me hizo realmente larga, y no lo entiendo, ¿ya no debería estar un poquitín cansado después de más de once años de Supernatural, visto todo lo que ha ocurrido? Pues, no. Tuve que esperar que uno de los portales menos desconfiables subiera el episodio subtitulado para poder disfrutarlo; fue pesado, tanto que me pareció  mejor descargarlo, pero lo vale, la calidad de las escenas fue maravillosa. Comienza la doceava temporada de las tan esperadas aventuras y desventuras de nuestros héroes, Sam y Dean, acompañados por el angelito de Dean, Castiel, y ese diablo que quiere meterse y a veces se gana su espacio, Crowley… pero esta vez aparece una de las míticas, Mary Winchester. Y el resultado me encantó, pero supongo que eso ya lo imaginan quienes saben cuánto amo este programa (ah, ¿quién no querría ser Dean Winchester?, sin la maldición, claro).

   La historia puede dividirse en tres toletes, Dean reuniéndose con Mary y Castiel, sabiendo que Sam fue secuestrado, lanzándose en su búsqueda; el menor en manos, y siendo feamente torturado, de La Mujer de Letras británica, Toni, de la cual no quedan muy claras muchas cosas (aunque la entiendo un poquito, cosa que no me ha ganado simpatías); y Crowley persiguiendo una sombra, un rumor, que Lucifer busca un recipiente para regresar a la pelea, deseando aplastarle antes de que ocurra (¿imaginan su encuentro con Mary Winchester?, Dios, ya quiero verlo). Cinco cosas me encantaron de este episodio, hubo una que odié y me dejó gruñendo entre dientes.

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   De las que más me gustaron, de menos a más, fue el camionero con cara de buena gente en la carretera que ve algo que viene cayendo del cielo, estrellándose, y un hombre apareciendo preguntando dónde está; la respuesta “¿en la Tierra?, fue genial, creo que temía fuera Superman. Y Castiel lo duerme y lo deja en la carretera, ¿y si le pasa por encima una carreta amish? Eso no lo pensó.

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   Lo otro fue ver la cara de Mary Winchester cuando ve el impala, notándose que comparte ese amor desmedido de Dean por la belleza; su expresión, y todo lo expresado sin palabras cuando mira los asientos, obviamente pensando en John, y pillándola Dean, fue todo un poema. Por la cara que pone este (y pocas caras como la de Jensen Ackles para dar a entender tanto sin hablar), sabemos que entiende perfectamente el qué recuerda la mujer, comprendiendo que fue allí donde le concibieron.

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   Me gustó el reencuentro de madre e hijo, justo allí donde todo quedó la temporada pasada, con Mary derrotando e inmovilizando a este Dean confuso (también le había presentado buena batalla cuando esta era joven y la seguía cuando ella cenaba con John); la charla, las explicaciones, ella recordando el incendio, su muerte, la manera en que todo encaja y ese abrazo que se dan. Hay mucho para asimilar, y a la mujer le cuesta, pero lo hace con la facilidad de quien ha vivido entre cazadores y ya ha oído, como lo expresó, de gente que ha regresado de la muerte. Me gusta que esté porque para Dean el recuerdo de esa familia que perdió siempre ha sido importante. Por ello amaba a Ellen, y a Bobby, que fue más padre que John.

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   Me gustó ese Sam desafiante que enfrenta a las británicas que quieren sacarle información para “guiarlos” en la lucha contra lo sobrenatural, el nombre de otros cazadores norteamericanos y dónde encontrarlos, para ayudarles a que funcionen como ellos en el Reino Unido, y este respondiéndole algo increíble: “O para que terminen encadenados y torturados”. Y es cierto.

   Pero lo que más me gustó fue la cara de Mary cuando Castiel se arroja sobre Dean, dándole ese abrazo que demuestra que nuestro ángel si tiene sentimientos (cosa que ya sabíamos, especialmente para con el mayor de los Winchester); es parte de lo que espero en esta temporada, ella indagando, preocupándose y hasta censurando sus vidas íntimas, sin esposas e hijos (nietos), y entendiendo que sólo el ángel esta allí para el mayor.

   ¿Qué odié?, que Sam continúe en manos de esos perros ingleses. Cuando noté que faltaba poco para terminar el episodio, y seguí allí, ah, qué rabia.

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   Fuera de la adaptación de Mary a este tiempo, de Dean a tenerla cerca y comenzar con ella, y Castiel, la búsqueda de Sam, ignorando a quiénes enfrentan, buena parte de la acción se trasladaba al menor, siendo torturado por una Mujer de Letras que le detesta y le culpa de haber colocado al mundo cuatro veces en peligro, que ella sepa (y es cuando digo que algo de razón no le falta, especialmente con lo del Apocalipsis y la llegada de la Oscuridad), Sam les cuestiona por no ayudar en esos momentos. Se notó por la respuesta, que aunque se sometió al criterio de los “ancianos mayores” de no intervenir, la mujer no estuvo de acuerdo con esa actitud. Ancianos que uno imagina como el Consejo de los Amos del Tiempo, en Leyendas del Futuro, o Los Hombres de Letras de los cuales formaba parte Henry Winchester, que se conformaban únicamente con mirar y llevar registros.

   A pesar de que pueda parecer lógico o hasta deseable lo que dice y hasta lo que parece pensar cuando le asegura al castaño que sus métodos de batalla son mejores para combatir lo sobrenatural y que desean compartirlo con los cazadores norteamericanos, para lo cual quieren los nombres que él pueda darles, hay que concordar con la desconfianza de Sam. No se pueden esperar grandes fines cuando los métodos son ruines, eso ha sido cierto durante toda la historia de la humanidad, la pasada, la que se escribe actualmente, la que llegará después. La respuesta de este, mirándola retador, fue de lo más inteligente: ¿Confiar en sus palabras para que todos los que nombre terminen encadenados? Igualmente fue hilarante su desafío, ¿qué puede hacerle ella a un hombre que fue torturado por el Diablo en el Infierno? Por cierto, es la segunda temporada que el castaño comienza encadenado y torturado para sacarle información, hay que recordar a Cole Trenton, cuando cazaba a Dean, en la décima temporada.

   Como sea, le tortura, y feo, pero calla, y la asistente habla de llamar a otro sujeto, el cual parece más sádico, tanto que disgusta a la misma Toni; esto me recordó un poco una trama de la telenovela brasileña Xica da Silva, cuando la inquisición llegó al pueblo, toda esa brutalidad en nombre de Dios, en aquel caso, para un bien mayor en este. Dean sigue la pista, encuentran a la gente que ayudó a la mujer a llevarse a Sam, y me disgustó que no los apalearan. Ahora Toni sabe que Dean vive (Sam no, el pobre está soportando todo aquello “sufriendo la muerte de su hermano”, sin esperar recibir ayuda).

gracias-mama

   ¿La otra mujer encarando a Dean y Castiel, y apaleándoles?, me gustó una barbaridad, siempre son emocionantes esas escenas, aunque deseaba que Dean se fajara con ella como hacía con Abaddon. Cuando estaban caídos, Jensen Ackles todavía ingeniándoselas para verse bien, Mary interviene y la mata. Aunque… no sé, esperaba una pelea de gatas. Una Mary pensativa por lo que hizo, por saber que sus hijos están en aquella violenta vida, que John está muerto, se ve desalentada, pero Dean la consuela, dándole nombre al episodio, mantén la calma y sigamos adelante, en este caso porque Sam los espera y necesita.

   Este, torturado sicológicamente por algo que le inyectan finge su muerte y casi escapa, pero no mató a la mujer, por lo que esta se recupera y le encierra, quedando atrapado a merced de sus torturadores… ignorando que Dean vive, que le busca y que viene acompañado de un ángel furioso, y lo mejor, su madre. Ah, ya quiero ver ese encuentro también.

   Por cierto, Lucifer anda buscando recipientes, quemándolos, Crowley le sigue los pasos pero llega tarde; el policía diciéndole al otro que vieron a un loco consumido que se hacía llamar Lucifer, no tuvo desperdicio. Pobre Rey del Infierno, los demonios no le siguen, no le respetan, y el Ángel Caído amenaza, con su simple existencia, el trono que cree merecer. No será el Rey hasta que Lucifer desaparezca, y eventualmente los Winchester también deberán volver sobre este asunto… a menos que Lucifer también termine, como en algunos fics, como personaje regular. Y en la baticueva. Son capaces.

   Mientras suspiro me pregunto, ¿veremos en esta temporada que re cien inicia a Amara, la todopoderosa hermana de Dios, la única digna del amor del cazador… sacando a Castiel? ¿O a la amazona con quien tuvo un hijo? ¿Y los nazis nigromantes, algún leviatán rezagado o el alfa vampiro? Cole y Jodi siguen vivos, las “hijas” de esta también, igualmente Donna, así como la ya no tan niña cazadora…

MAMÁ WINCHESTER; 02×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 21

octubre 7, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 20

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Déjame en paz. –es la réplica furiosa, hervía de indignación por todo lo que sentía. Y Dean no ayudaba para nada.

   -La frustración sexual hace de Sam un niño gruñón. –canturrea, divertido todavía, al menos tenía algo que hacer ahora que su cita, una que se la había medio levantado toda la noche, le había fallado.

    No se esperaba lo que ocurrió. Viéndolo todo rojo, Sam salta de su cama, empujándole, haciéndole caer de espaldas sobre su propia cama.

   -¡Cierra la boca! –estalla el menor.

   -¿Qué diablos…? –brama Dean, al verse caer de espaldas, con el menor sobre él, furioso, intentando fijarle con el cuerpo y las manos, como ha aprendido de la lucha. Ah, pero él es Dean Winchester. Casi sonríe cuando enlaza los dedos con los del otro, desconcertándole por un instante. Qué tonto, piensa por un segundo, girando con fuerza el cuerpo hacia la derecha, derribándole, intercambiando la situación, ahora está sobre Sam, fijándole contra la cama, riendo de su frustración.

   -¡Suéltame!

   -Creí que querías jugar a ser el más grande. –todavía se ríe, sentado sobre su regazo, en bóxer, aún húmedo de la ducha, el tolete presionando contra la tela, bajando y tocándole al estar echado hacia adelante para sostenerle las manos. ¡Joder, la verga de Dean le tocaba!

   -¡Bájate! –Sam enrojecía alarmantemente, su tono era de pánico.

   -No aguantas una broma pero te gusta moles… -comienza Dean, sorprendiéndose, parpadeando, mirando sobre su hombro, hacia abajo.- ¡Sam, niño travieso! Es evidente que estás muy, muy, contento de verme. Y ya no pareces tan chico…

   -Dean… -la ira, vergüenza y timidez luchan por dominarle. Quería morirse… y en todo ese tiempo su verga iba endureciéndose, llenándose de sangre, sus carnes hinchándose, alzándose contra la tela… contra la hendidura del culo del rubio como buscando su camino. Y la idea, su verga en aquel culo, casi le hizo jadear.

   -¿Caliente, Sam? ¿Hasta el aire te la para? –le pregunta, labios torcidos, ojos brillantes como los de un gato.- ¿Te habría pasado hasta con el tío Bobby encima? –le reta. Y Sam quiere morirse, y teme que ocurrirá, realmente, al estallar en llamas, cuando el hijo de perra comienza a mecerse sobre su pelvis, adelante y atrás, rozándose contra su miembro, arrancándole un gemido.

   -No, Dean, deja de… ¡Ahhh! –el hijo de perra, era un hijo de perra, soltándole las manos, como retándole a bajarle, había enderezado su cuerpo, las rodillas contra sus costados, totalmente sentado sobre su regazo, sobre la joven, dura, caliente y pulsante tranca.

   -¿Quiere que baje, Sam? –pregunta untuoso, retador, sonriendo chulo, meciendo nuevamente su culo de adelante atrás, frotándose de su tolete que respondía con espasmos.

   -¡Hijo de perra! –brama con voz rota, jadeando, su delgado torso subiendo y bajando con esfuerzo. Ahora no sólo se rozaba de su piel, quemándole, sino que su verga también había endurecido dentro del ajustado bóxer gris, alzando la tela visiblemente, y el hijo de perra, porque lo era, se las ingeniaba para que fuera muy consciente del roce de sus bolas y su tranca dentro del calzoncillo.

   Era más de lo que Sam podía procesar, su mente se apaga y el instinto toma el control. Sus manos se alzaron hacia las caderas del pecoso, encontrando la suave y lisa piel algo húmeda, cálida y vital. Le ve tensarse cuando le agarra, erizándose bajo el contacto. ¡A Dean también le afectaba!

   Las jóvenes manos van a la baja espalda del otro, los dedos apuntando hacia abajo, metiéndose dentro del bóxer; respirando con dificultad, tragando en seco, los multicolores ojos totalmente brillantes, clavados en los de Dean… quien nuevamente se echa hacia adelante, permitiéndole tocar sus nalgas con mayor facilidad. Glúteos duros y turgentes donde sus dedos se clavaron mientras deja escapar un prolongado gemido.

   Samuel Winchester deja de pensar al sentir sobre sí el peso del joven, compacto y firme cuerpo de Dean, sobre su pelvis, sobre su miembro duro como una tabla, de donde el otro se frota en un ir y venir de caderas enloquecedor, aunque no tanto como le trastornaba tenerle atrapado así, con los dedos clavados en las duras nalgas.

   Dean tampoco piensa, tan sólo sonríe embriagado con esa sensualidad propia que iba descubriendo y que le hacía agresivo a veces. Sensualidad que repartía, o lo intentaba, generosamente entre las chicas que conocía, o los muchachos que no resistían sus chulerías, sus ojos verdes y pecas, que terminaban gritando contra una pared cualquiera cuando los enculaba en un apartado lugar. O las mamadas que se ha dejado dar por algún señor, una o dos veces (casi dos docenas), en los baños de alguna cafetería, gasolinera e incluso en la recepción de alguno de los mil hoteles por donde han pasado mientras su padre les arrastra en su venganza. Todas desde que cumplió los quince años y sus hormonas parecieron no sólo estallar, exigiéndole desenfreno, sino que exhalaban algo que afectaba a otros carajos. Sonriendo sobre Sam, experimentando la sensación de esa verga bajo su cuerpo, restregándose de ella, frotando la suya, lo sentía tan caliente como las delgadas manos del menor recorriéndole con ansiedad el trasero. Sonríe, ojos cerrados. Controlando la situación.

   Y Sam lo entiende así, resentido como siempre con el control que su padre y Dean tenían sobre su joven vida. Es eso lo que le lleva a actuar, ¿okay?, nada más, en ese momento, se dice aunque ni él mismo logra engañarse. Sin querer considerarlo más, que al sobrepasarse Dean le propine un tortazo desde su posición, o que se aparte (y no sabe cual opción de dolería más, en ese momento cuando siente que si no usa la polla le reventará de manera nada grata), lleva una de sus manos a la raja entre las dos turgentes nalgas, recorriéndola de arriba abajo y al contrario, con fuerza y desmaña de juventud, estremeciéndose cuando el rubio lanza uno de esos maullidos guturales de placer, sonido que toda su vida asociaría con el sexo especialmente satisfactorio en cuanto a excitación. Sus dedos, presionando contra la piel, suben y bajan, y Dean se agita sobre su cuerpo, echando la cabeza hacia atrás. Apoya uno de la entrada del poco peludo agujero y…

   -Sam, ¿qué haces? No creo que… ¡Ahhh! –la protesta del pecoso, al sentir el dedo del menor allí, se interrumpe cuando este penetra su esfínter, es un dedo delgado pero largo, tocándole de maneras que nunca imaginó se pudiera, o permitiera. Ese dedo palpa, roza y acaricia despertándole una desesperante lujuria, unas ganas enormes de exigirle que lo agitara más para quitarle la comezón que le comenzaba.- Hummm… -jadea largamente cuando ese dedo se medio retira y comienza a mete y saca desmañado.

   Y la visión de tenerle así, Dean cayendo decididamente sentado sobre su regazo y tolete, escucharle gemir de esa manera, la emoción de estarle metiendo y sacándole el dedo del culo a su chulo hermano mayor, y sentir cómo este se lo atrapaba y halaba, enloquece al muchacho. Quiere eso, tenerle así… Desea poseer el culo de Dean. Así que debe asegurarlo, piensa. Es un niño que gusta de leer, mucho, y el porno era parte de eso.

   -Sammmmm… -jadea agónicamente Dean cuando el chico agita su dedo, refregándolo de sus entrañas, empujándolo intencionadamente hacia la parte baja de su pelvis, buscando tras el pene de su hermano, tocando algo que espera esté ahí.- ¡Oh, mierda! –ruge el pecoso erguido, echando el rostro hacia atrás, dominado por el disparo de excitación que el toque del menor le produce.

   Pero este quiere más, mientras le ve estremecerse y le oye prácticamente maullar como un bonito gato, Sam no deja de babear bajo Dean mientras saca y mete su dedo de ese culo virgen de toda intrusión hasta ese instante, llevando la otra mano a la pelvis del rubio y atrapándole sobre el bóxer la silueta erecta del pene.

   -Ahhh… -el jadeo que lanza Dean eriza a Sam de pies a cabeza, pareciéndole en ese instante, y en el futuro, el sonido más erótico jamás escuchado.

   No, no, debía serenarse, piensa Dean, temblando, brillando de transpiración a pesar de la reciente ducha, rojo de cachetes y nalgas mientras Sam le saca y mete el dedo del culo, provocándole verdaderas oleadas de lujuria, sólo comparables a las producidas por esa mano delgada y algo huesuda que ahora le atrapa la verga dentro del bóxer, apretándole como si el menor lo necesitara, tenerla en las manos, palparla, sentirla, halarla. Y cada manipulación le robaba las fuerzas al mayor. ¿Acaso Sam lo preparaba para cogérselo?, la idea penetra con sorpresa, algo de alarma… y mucho de cachondeo. Vaya con el enano, pero era el mayor, no debía…

   Aprovechando que está nadando en hormonas, endorfinas y calenturas, Sam gira sobre un costado y derriba a Dean, quien cae de espaldas sobre la cama, cayéndole encima, necesitado de moverse de prisa.

   -Sam, espera, no creo que… -algo de lucidez intenta penetrar la mente del rubio, como sospecha que el otro quiere hacer con su culo, pero le costaba. Y es silenciado.

   La boca de Sam cae sobre la suya, aprovechando que la tenía algo abierta, metiéndole la lengua. Y cuando la siente contra sus labios, dientes, encías y sobre su propia lengua, de la boca ocupada del pecoso escapa un maullido der lujuria intensa, pura. Los dos jóvenes cuerpos, casi desnudos, muy erectos y calientes, erizados, se refriegan. Dean abajo, Sam arriba, besándole sin dejarle tiempo para pensar.

   Atrapar la lengua del rubio, halarla con sus dientes, rastrillando en ella cuando este responde, tiene a Sam al borde del orgasmo. Si, lo besaba, pero cuando Dean respondía era… joder, con razón ese hijo de perra, que lo era, podía enloquecer a tantas chicas, y chicos. Siente celos, imaginar otras manos ansiosas, otras bocas deseosas queriendo posarse en su hermano, le roban la calma. Lo besa demandante, enérgico, para que Dean entendiera que era suyo. Pero gime, se tensa y congela cuando las manos del rubio caen en su espalda, acariciándole, recorriéndole con habilidad, haciéndole gemir contra su boca.

   Ahora son las manos de Dean las que tocan sus glúteos sobre el holgado bóxer, las que entran recorriéndole un trasero que era la promesa de lo que luego llegaría a ser. Y ese roce, esas caricias provocan cortos circuitos en la mente del castaño, quien entiende, temblando de ganas, sabiendo que su verga babea contra la de Dean, la cual se notaba tan dura y caliente contra la suya, que el otro intentaban voltear el juego. Poseerle. Ilusión vana, piensa sonriendo, ronroneando y refregándose ávidamente contra su cuerpo mientras hacen todo aquello. Él conocía el punto exacto…

   -Ohhh, Sammmmm… -gimotea Dean cuando el menor se ladea, llevando nuevamente la delgada y larga mano a su trasero, clavando los dedos en la dura y rojiza piel, buscándole el culo, el cual hala desde afuera.- Sammmmm… -chilla nuevamente, pero el menor no piensa dejarle ninguna salida, y vuelve a besarle, metiéndole la lengua al tiempo que el dedo penetra su esfínter, respirando tan dificultosamente como el pecoso, sus jóvenes cuerpos ardiendo.

   Ese nuevo beso detona finalmente alarmas en la cabeza del rubio, estaba besándose con Sam. ¡Con su hermanito!, pero no puede controlarse, la sola idea es tan sucia como erótica y… Estaba mal, lo reconoce. Lo que siempre ha sentido por el menor era…

   -Dean, no, no me rechaces. –Sam le pide, voz sibilante, casi contra su boca, el ruego en los ojos de cachorrito, la mano entre sus nalgas. Sabe cuánto afecta eso al otro. Le ve dudar, no queriendo rechazarle, y eso debería avergonzarle, manipularle así. Pero no puede pensar, no en ese momento, no con ese chico que de alguna manera ha terminado influyendo en su vida, sueños y deseos.

   El rubio traga, encontrando en las pupilas del otro un deseo que le marea. Rueda y queda de espaldas, quieto, mirándole. Sam tiembla, ¿sería posible? Con manos febriles le toma la cintura del bóxer, deformado por la erección del pecoso, halándolo, descubriendo sus pelos castaños oscuros, su verga rojiza, dura y algo húmeda en la punta. Y la visión deja a Sam sin palabras. Su corazón late con demasiada fuerza. Sus manos delgadas de muchacho calentorro recorren ese torso, ese abdomen, esa cintura, ese tolete que aferra y aprieta.

   -Hummm… -se le escapa al pecoso, sus ojos brillando ahora de pura lujuria.

   -Dean, déjame… -pide nuevamente, arrodillándose en la cama, separándole las piernas al rubio y entrando, atrapándole los tobillos.

   -Sam… -duda, pero no puede decirle que no, nunca ha podido. Puede mentirle, ocultarle cosas, por su bien, pero no negarle algo directamente. Y asiente, sonriendo chulo al mirar el estallido de felicidad del muchacho, que alza sus tobillo llevándolos a los hombros, echándose hacia adelante, levantándole y exponiéndole el culo ya tocado, hacia donde se dirige, en esos momento, el largo aunque todavía delgado miembro, duro y caliente, goteante y pulsante.

   El menor siente que se va a morir de anticipación; Dean…

   -¡Sam! ¡Dean! –trona la voz de John Winchester.

   -Debemos irnos, Sam. –la voz cargada de preocupación de Dean le parece llegar de lejos.

   Recordando ese momento, enfrentando ahora a su hermano, Sam entiende que parte del problema comenzó allí, cuando lo había tenido a tiro de pichón y John regresó intempestivamente. Todavía le parece ver a Dean palideciendo, muerto de temor. De que su padre le descubriera fallándole de tal manera. Porque eso era lo que realmente el otro sentía, que había fracasado, como hijo y hermano. El menor lo entendió en ese entonces, y ese sentimiento pareció nunca abandonar al rubio, a pesar de todo lo que luego ocurrió entre ellos. Recordar la primera vez…

   -Dean…

   -Debemos irnos. En serio. Siento en los huesos que estamos en peligro –Dean, rostro enrojecido, evita mirarle, recordándole la misión. Ve por la abierta ventana que ya es de noche.

   -Entiendes lo que digo, ¿verdad? Errado, equivocado, estando mal, si es que lo está, no hiciste nada para… aprovecharte de mí. Siempre te quise Dean, y sé que te vas a reír o te incomodarás, pero así es. Siempre fuiste lo más importante en mi vida, por mal que hiciera las cosas buscando una palabra tuya reconociendo aquello. –confiesa abriendo los brazos, y Dean rueda los ojos, sin mirarle, ardiendo de vergüenza.

   -Sam…

   -Tienes que entenderlo, aceptarlo, porque lo que hemos vivido no puedo ni quiero olvidarlo, ni dejaré que lo hagas tú. Para mí fue muy importante. No me obligaste a nada, no me corrompiste o algo así. Desde que tuve conciencia de quién era o dónde estaba, deseaba… lo que pasó entre nosotros. Antes y hace pocas horas. ¿Está mal? –se encoge de hombros.- ¿No está mal todo lo que nos pasó? ¿Y a esos hombres a quienes un fantasma atacó en una carretera, o a esos chicos tan jóvenes que desaparecían en la maleza para servir de alimento a un wendigo, o toda esa gente, hombres, mujeres, niños y ancianos que murieron en esos aviones derribados por un demonio viajero? ¿No está mal un mundo donde eso puede ocurrir? ¿Y acaso no lo enfrentamos? ¿No hicimos lo que debíamos en esta vida extraña? Ah, ¿pero sólo nosotros estamos mal? –demanda desesperado por hacerse entender, sintiéndose frustrado, dolido y desolado al verle mirar el piso, silencioso. No, el muy terco no quería entender que lo que existía entre ellos transcendía las reglas, por lo tato así sería y eso lo haría  correcto.

   -Debemos…

   -Okay, okay. Irnos. Recogeré todo. –exclama furioso, saliendo del cuarto.

   Dean no quiere pensar, no desea alterar a Sam, molestarle, no puede enfrentar eso ahora, cuando justo en esos momentos miraba de cara a los demonios que han torturado buena parte de su vida, la vieja maldición: amar demasiado a Sam. Una vez, en ese cuarto, pensó que podría dejarlo todo atrás, junto a Nicholas Stanton, pero…

   El silencio se hace ominoso, Sam debía… Llevado por ese viejo instinto que le obligaba a buscarle y consolarle, sale del dormitorio principal… para encontrarle caído cuan largo en el suelo alfombrado.

   -¡Sam! –jadea.

   -Vaya, vaya, parece que será fácil devorarte, amigo. –informa un sujeto que aparece frente a sus ojos, piel cobriza oscura, rasgos latinos y negros, de largo cabello en crinejas, llevando en las manos un arma.

   A Dean se le hiela la sangre al verle arrojarla a un lado y lanzar un bramido entre humano y animal, comenzando a transformar sus facciones. Da un paso atrás y otro rugido le hace pegar un bote, en la entrada de la cocina, donde tal vez le buscaban, está otro de los sujetos. Le tenían entre dos aguas… y Sam estaba caído.

CONTINÚA … 22

Julio César.

¡AMARA AMABA TANTO A DEAN!

septiembre 28, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

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   Pura pasión.

   Está a punto de finalizar la onceava temporada de Supernatural por Warner, esperemos que el apuro de dos episodios por semana sea para comenzar simultáneamente la doceava (lo sé, es pedir demasiado a esta gente). Debo decir que la he disfrutado como cuando la seguía semana a semana en el estreno. A pesar de las voces en español de este Dean que no suena como Jensen Ackles (dígame Castiel, esa voz ni se le acerca), y la de Amara, la toda poderosa que se oye como si fuera una niñita, he disfrutado cada entrega de la pareja. Lo repito, desperdiciaron este filón de la pasión entre los dos, especialmente de ella hacía él. Hay algo intenso en Amara cuando llama a Dean y le pide que se encuentren, que quiere verlo cara a cara y no a través de un sueño. Cada entrega de ambos fue de ella buscándole, y para una mujer que no le aguantaba una a nadie (me dio vaina que matara a ese ángel traicionero, y casi saca del mapa al mismísimo Sam, por no hablar de Chuck), con Dean todo era paciencia y comprensión. Era como la Gata Loca, buscándolo y él sacándole el cuerpo.

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   Era fantásticamente argumentativa la idea de la mujer más poderosa del universo, a la par de Dios (aparentemente superior), amando incondicional y entregadamente a nuestro cazador tan lastimado y aporreado. ¿Imaginan a una Amara celosa, con su rival o con Dean?, ¿o en plan de seductora? No, no me resigno a la idea de que todo pasara como si nada. Había tanto qué explotar. Supongan un episodio donde Dean se encuentre con lisa, Lydia la amazona y alguna otra que le interese (como la Mujer de Letras, tiene un hijo, tal vez lleguen a eso), y aparezca Amara reclamando lo suyo. ¿Mary de suegra de la hermana de Dios? O mejor, ¿de Castiel, si a ver vamos? El final de la onceava temporada nos quedó debiendo, ¡quiero a amara? Y qué bien se veían ella y Dean en sus escenas.

SAM, DEAN Y MARY WINCHESTER EN LA CARRETERA, 01×12

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 10

septiembre 25, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 9

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Nada más terminar de decirlo se llena de incertidumbres. Porque no sabe si Jensen reaccionará como espera… Y porque de verdad lo siente, lo desea; vino a hacer las paces, a disculparse, algo que nunca expresa verbalmente aunque lo demuestra, con un abrazo generalmente. Pero con el rubio no quiere malos entendidos. No nuevos malos entendidos. Debía moverse con cuidado, sin embargo le cuesta concentrarse, todavía no recupera el aliento. Jensen se ve…

   El otro hombre lleva una franela azul oscura, no muy larga, un jeans desteñido y viejo, cómodo, que bajaba bastante en su cintura. Está descalzo, y el hermoso cabello en cepillo. El pecoso rostro, también mostrando sorpresa, presenta un leve rastrojo color castaño rojizo. Parecía molesto al abrir, ¿acaso con él? No lo cree, no cuando le ve sorprenderse al encontrarle.

   -¿Vienes a disculparte? ¿Qué, entonces si actuaste mal? –le ve agitarse un tanto, cruzando los brazos sobre el pecho, mirada petulante, y algo le duele al castaño, con aquel gesto le parecía que el rubio quería cubrirse, protegerse de una agresión particularmente dolorosa.

   -Jensen… -susurra suavemente, y en el nombre expresaba todo lo que deseaba ser disculpado y perdonado.

   El rubio se muerde el labio inferior, ignorando, piensa el otro, el efecto que tal cosa debía tener sobre mucha gente. Dios, era tan atractivo… para ser hombre. Le ve volver la mirada hacía dentro del piso. ¿Estaría con alguien? Una desagradable sensación lo recorre. ¿Y por qué, o con quién estaba tan molesto cuando abrió si no le esperaba?

   -Pasa, no quiero que discutamos en la puerta. –le dice, echándose a un lado.- Y voy a grietarte mucho.

   -¿Seguro que puedo pasar? –le cuesta contener la sonrisa, no quiere parecer muy contento o aliviado, Jensen podría no verlo bien. ¡Y claro que entraría!

   -Entra ya, no me fio de los vecinos. –casi mastica entre dientes.

   Aunque le invita, algo reacio, Jensen no sabía si quería que entrara. El día había sido largo, extraño e insatisfactorio, y buena parte de la culpa de ello la tenía ese hombre castaño, alto y guapo. Mierda, si, le había sorprendido Jared en su puerta, seguro como estaba de que este no volvería a hablarle. Y no sólo estaba allí para disculparse, lo que era una sorpresa, (¿cómo sabía de su dirección?), lo realmente extraño fue abrir la puerta y encontrarle. Con su jeans oscuro, una franela de las buenas, mangas largas, el cabello sin gel, la hermosa sonrisa de niño que pide le perdonen el haberse comido todo el tarro de galletas. Con razón salía con tantas mujeres, no puede dejar de pensar con malestar. Una vez que cierra la puerta, tenso por lo incómodo, se vuelve y no le sorprende encontrarle mirando todo. El apartamento es prácticamente una sola gran habitación, y lo de “gran” era una generosa y alegre exageración. Cuenta con un sofá y un viejo sillón, frente a una vieja televisión que sintonizaba un juego de los Dodge, una cocina con una mesa para cuatro, con sólo dos sillas y la cama en una esquina, todo dividido por muros empotrados levantados por algún inquilino anterior. El lugar está limpio pero algo desarreglado. Comenzando por la cama revuelta. Hay gran cantidad de cajas apiladas, muchas de ellas con imágenes de utensilios de cocina. Tragando en seco, sabe que el otro estudia, cataloga y seguramente reprueba. Bien, no todos podían alquilar un Penthouse, ¿no?

   -Pintoresco vecindario. –le oye mientras mira un cuadro feo, parece una acuarela de infante de escuela.

   -Es una manera de decirlo. –suelta el aire.- ¿Cómo sabes mi…? -¿quiere saberlo realmente? Todo era tan curioso. El otro eleva su móvil.

   -Hay aplicaciones para todo, aún para conseguir una ficha en Recursos Humanos. Interesante lugar. –es el comentario contenido del castaño, la sonrisa bailando en el tono y los labios cuando le mira.

   -Vete al carajo, Jared Padalecki. –es la respuesta automática, y frunce el ceño por mostrarse tan sensible a lo feo e inconveniente de la pieza. Lo que le descontrola es la sonrisa amplia del otro.

   -Por fin una respuesta honesta de Jensen Ackles. –se vuelve, encarándole, manos en los bolsillos del pantalón, tan incómodo como el rubio, pero con mejor disposición, el otro continua con los brazos cruzados y ahora entrecierra los ojos.

   -¿Honestidad, Padalecki? –reta.- ¿Quieres honestidad?

   -Me gustaría. –la réplica es suave, pero inflexible. Sabe que el pecoso tiene que hablar. Le ve tensarse y alzar la barbilla, desafiante (y magnifico).

   -¿Se puede saber qué coño te pasaba esta tarde? –ruge, no colérico, más bien parece frustrado y confuso.- Sé que… -une sus palmas como en oración y las lleva al rostro.- Lo sé, tardé demasiado tiempo en escuchar a tu hermana planear una fiesta, pero no podía interrumpirla, Jared; Megan no me dejaba hacerlo. Tenía mil ideas y… Bueno, tú la conoces mejor, ¡es tu hermana! –suena duro.- Una hermana a la que me ordenaste escuchar y ayudar. –le recuerda.- Y no… -desvía la mirada, tenso, rígido.

   -Honestidad, Jensen. –las palabras casi parecen una bofetada para el rubio, quien le mira con el rostro rojo, los ojos brillante de ira o dolor.

   -¿De verdad piensas que intentaba “seducir” a tu hermanita para ver si resolvía mi vida? –escupe, encomillando la palabrea, viéndose lastimado.- Entiendo que estuvieras celoso… -las palabras tensan al castaño.- …Es tu hermana, y siempre nos ponemos sobreprotectores con ellas, pero de allí a imaginar que soy un canalla capaz de metérmele por los ojos para llegar al dinero Padalecki… -va perdiendo empuje; Dios, todo sonaba tan idiota, ¿cómo podía Jared creer eso?, era la parte que le alteraba tanto.- ¿Es lo que piensas de mí? ¿Que soy una especie de vividor, material para gigoló? –le clava los ojos, desconcertado, herido.- ¿Piensas que le haría algo así precisamente a tu hermana? –reclama saber, pareciéndole muy importante.

   Por un segundo Jared parpadea. ¿Era eso lo que Jensen imaginaba, que estaba celoso de verle rondando a su hermana, que le creía prácticamente un delincuente? Casi sonríe por lo absurdo de la idea, una que le hace enrojecer ligeramente. El rubio no podía estar más equivocado, pero sólo esa idea, esa aceptación íntima, una de la que nunca hablaría, le asustaba… e intrigaba. Lo otro que entiende, y logra que la sonrisa aflore aunque Jensen entrecierre más sus hermosos ojos al notarlo, es saber que toda esa molestia en el otro procedía de lo que pudiera pensar de él.

   -Por Dios, Jensen, no es eso.

   -¡Lo es! –alza la voz señalándole con un dedo.- Te vi, Jared, te escuché. Sentí la intensidad de tu… desaprobación, de tu rabia. Me encontraste hablando con Megan y me condenaste; y casi lo entiendo, en serio. No nos conocemos en realidad, una vez, en un tiempo, por un periodo muy corto, nos tratamos, pero nunca fui tu amigo, nadie a quien realmente conocieras. Y aunque me tendiste la mano generosamente, supongo que el bienestar de tu hermana es primero, pero aún así, que me creas un aventurero desalmado que… -se atropella con las palabras, enrojeciendo, viéndose increíblemente herido.

   -¡No es eso! –enfatiza, temiendo que el resentimiento del otro sea mayor de lo que esperaba.

   -Si lo es. Me creíste… -ruge perdiendo el control. Había pasado horas increíblemente desagradables desde que le viera en el restorán, malhumorado, molesto, reclamándole. Jared había sido muy claro en sus ideas; desaprobándole, le había hecho sentir casi sucio.- Las cosas que dijiste las expresaste con toda la intensión de que te entendiera. Querías… -le cuesta, pero lo dirá.- …Querías ofender, lastimar, hacerme sentir mal y lo lograste. Eres muy bueno en eso, te lo reconozco. Lo que no entiendo es por qué. ¿Qué hice a tus ojos para merecer ese trato? ¿Coqueteaba en verdad con ella, deseaba imponérmele? ¿Acaso fui…?

   -No eres tú, ¿okay? no hiciste nada, el idiota fui yo. –le corta, no quiere escuchar nada más.- Lo siento, Jensen, de verdad. No quise hacerte sentir mal, yo… -pero era parte del problema. Oh, sí, claro que quiso herirle en esos momentos. Era su mecanismo de defensa. Algo le alteró, molestó y asustó cuando vio a Megan coqueteándole, y quiso que el otro experimentara también ese malestar. Era cruel, egoísta, lo sabía, pero era como era.

   -Jared, vi en tus ojos el enojo, y era conmigo. Por tu hermana. Te lo repito, lo entiendo, también soy sobreprotector a veces con la mía, y…

   -Oh, por Dios, tan sólo cállate y deja de decir tonterías, no estaba molesto contigo, lo estaba conmigo y cuando estoy así soy una perra, como dice Chad. –exclama exasperado, abriendo sus brazos.- Por cuestiones totalmente personales te hice víctima de mi enojo, ¿acaso no has notado eso de mí en dos días? –repara en cómo el otro se molesta, alzando la barbilla desafiante.

   -Oh, vaya, tú sí que tienes valor. Vienes a mi apartamento a gritarme que me calle cuando…

   No pensaba hacerlo, aunque en verdad lo deseaba a algún nivel primitivo donde no alcanzaba el análisis. El castaño da dos pasos, acaba con la distancia entre ambos y le abraza con fuerza, al estilo oso, un brazo alrededor de sus hombros y el otro por un costado. El rostro perplejo del rubio queda prácticamente encajado a su hombro. Y siente como este se congela, tomado por sorpresa, y aunque lo que deseaba era el contacto físico sorpresivo para silenciarle y hacerse escuchar, la verdad es que pierde el hilo. ¡Qué bien se sentía tener a Jensen así!, era cómodo, fácil, natural. Excitante de alguna manera. El cuerpo del pecoso parecía encajar con el suyo de una manera que tocaba puntos muy interesantes. Era como la primera vez que una chica le dejó tenerla así, desnudos ambos. La revelación le hace estremecerse.

   -No quiero discutir más, el día se me volvió un infierno sabiendo que estabas molesto conmigo, por mi culpa, no sabiendo cómo retractarme. –le dice, suave, ladeando un tanto el rostro, sin soltarle, buscando una de las orejas del pecoso. Luchando contra las ganas casi físicas de alzarle en peso para incrementar el contacto.

   -Jared… -le oye botar el aliento, relajándose, estremeciéndose también.- Está bien, ¿si? Yo…

   Jensen intenta alejarse, terminar el abrazo, pero Jared no quiere, o no puede. Y cree que morirá cuando los brazos del otro, finalmente, le rodean los costados. El rubio no sabe qué hacen, qué pasa, pero por un segundo todo pierde sentido. Jared estaba tan cerca, su cuerpo guardaba tal fuerza física, tal calor… Dios, ese aroma. A su pecoso rostro llega el calor del otro rostro, el aroma en su cuello. Si, era la colonia, pero también Jared. La idea, embriagante, le eriza de una manera que no quiere entender.

   -¿Me disculpas? –la suave pregunta parece llegarle de lejos.

   -¿Piensas que puedes tratarme como a un bicho que asecha a tu hermana y luego…? -todavía se resiste, luchando contra las ganas de apoyar el rostro sobre la otra piel, ¿para desconcertarle, sorprenderle, jugarle una broma, o…?

   -Jensen, no estaba celoso de ella, era de ti. –la revelación tensa al rubio, y sabiendo que nada en aguas peligrosas, el castaño patalea.- Soy egoísta, eres mi amigo, me diviertes, y siempre me pongo así cuando entiendo que en toda otra vida hay más personas. –repara la capota.

   -Okay… -esas palabras le brindan alivio al pecoso.- Pero, que conste, que jamás olvidaré que dijiste que a tu hermana le gustaban los hombres bonitos, y que estabas celoso de perderme. –hay burla e ironía. Y Jared, cerrando los ojos, la mejilla contra ese cabello tan suave, ríe, pero cascadamente, dominado por demasiadas emociones que no entiende cabalmente. Hasta qué…

   -¿Estás oliéndome, Ackles? –le pregunta. El rostro de Jensen se deslizó un poco, acercándose a su piel, olfateando sutilmente. Casi ríe, sabe que el pecoso debía estar rojo como un tomate. Y lucha cuando las manos de este van a sus costados, casi sobre los huesos iliacos (erizándole hasta el carnet de conducir), empujándole, terminando el abrazo.- No te avergüence, mucha gente lo hace. Y hasta me lamen. Si te provoca…

   -Idiota, esa colonia huele bien, ¿okay? Una Armani, ¿verdad? –se defiende algo nervioso, sonriendo con ojos brillantes y pómulos rojos.

   -Un conocedor, qué bien. –se miran y el silencio se impone otra vez.- ¿Me disculpas? –le ve desviar la mirada, nuevamente cruzando los brazos, esos brazos musculosos y cubiertos de amarillentos vellitos.

   -Jared… -toma aire, ceñudo.- No sé cómo explicártelo, pero…

   Oh, Dios, Jensen iba a mandarle para el carajo, piensa el castaño, con pánico, preparándose, pareciéndole, de pronto, que todo se hundía bajo sus pies.

CONTINÚA…

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 9

septiembre 10, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 8

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Cuando decías que necesitabas salir a flote de tu mala hora financiera, parece que lo decías en serio. –exclama casi entre dientes, no puede evitar el tono corrosivo. Siente un placer malvado al verle parpadeare confuso, luego enrojecer indignado. ¿O pillado?

   -¿De qué diablos hablas? Sólo hacía lo que me ordenaste.

   -Hace horas. Y con evidente éxito. –hay un tonillo irritante en su voz, mientras elocuente mira a su hermana que habla con la otra chica.

   -Hijo de… -Jensen se siente furioso, no entendiendo para nada toda aquella ira de parte del castaño. Abre la boca pero el otro ya no quiere escuchar.

   -Termina con esta reunioncita de té y galletas y vuelve al trabajo, busca mis trajes y envíale más flores a Genevieve, ya que por estar ocupado de todo de verdad, cosa que yo si hago, la dejé embarcada otra vez. –ordena duro, volviéndose y marchándose, aunque el estómago le gruñe de hambre.

   El pecoso sólo puede mirarle alejarse, con la boca abierta y los ojos lanzando brillantes rayos verdes de ira. Se siente furioso, si, pero también herido. Jared no fue claro; no lo llamó perro pero le pisó la cola. Da un paso decidido a seguirle para aclara toda esa mierda pero Megan aparece frente a él, cortándole el paso.

   -¿A dónde vas? ¿Y Jared? Pensé que almorzaría con nosotros. Vamos y te presento a mi amiga. –sonríe todo dientes, emocionada. Su amiga se moriría de envidia al verle.

   -Yo… Jared debió subir, algo importante se presentó. Lo siento, Megan, no puedo quedarme. Discúlpame y almuerza con tu amiga. –intenta una sonrisa, pero le cuesta.

   -Ay, Jensen, Jared te pidió que me ayudaras. –la joven intenta un mohín.

   -También quiere que recoja sus trajes. Mira, te llamó y hablamos de la reunión, ¿si? Déjame ocuparme de esto.

   -No te metí en problemas, ¿verdad? Si es así déjame hablar con Jared y… -se ve mortificada.

   -¡No! –sonríe.- Yo lo resuelvo, ¿okay? –le tiende la mano, ahora si viéndose genuino.- Fue todo un placer y una experiencia, Megan Padalecki. –la joven estalla en una risa feliz y algo tonta, correspondiéndole.

   -Digo igual, Jensen Ackles.

……

   Jared, furioso pero no notándosele más allá del ceño fruncido, sale del ascensor. Pero basta para que todos sepan que el alegre millonario y jefe de la mañana ya no está ahí. Con grandes zancadas regresa a su oficina, tomando el móvil en la mano lo mira, el timbre de la llamada le indica que Jensen le telefoneaba. De nuevo. Y nuevamente le ignora. Está molesto con el rubio, mucho, y lo peor es que no entiende exactamente por qué. Mirando la pantalla no lo apaga, ve el nombre, “Jensen llamando, Jensen llamando”, y no se anima a cortarlo, deja que termine.

   -No estoy para nadie. –ruge entrando en la oficina de Alexis, la cual alza una ceja.

   -¿Ni para Jensen? Acaba de llamarme preguntándome si estabas aquí y…

   -Especialmente para él. No le digas que estoy aquí. –se le escapa con pasión, arrepintiéndose al ver la sonrisa de la joven.- ¿Sabes lo que hacía ese idiota…? -calla la explicación que iba a darle, ¿qué podía contarle?, ¿que el otro estaba con su hermana porque lo mandó con ella, y a ella le agradó demasiado?- Olvídalo, no estoy.

   -Ah, ¿la primera pelea entre ambos?, que mal. –se burla la joven.- Se veían tan felices juntos.

   -No comiences, Alex. –ruge, y no le gusta la mirada femenina.

   -¿Es por Megan? Nunca te ha gustado prestar tus juguetes.

   -Alex. –ladra.

   -Okay, si viene me arrojaré a sus piernas para detenerlo. Por cierto, tu madre llamó.

   -Gracias. –gruñe, más ceñido, no gustándole la imagen de la diminuta y hermosa joven arrojándose sobre Jensen. Va hacia su escritorio pero se desvía al refrigerador empotrado. Saca una botella de jugo, muy dulce, y bebe. Lo necesita. Y comer. Va y cae tras su escritorio. Hay dos llamadas más de Jensen. Y un mensaje.

   “¿Qué diablos hice para que te molestaras tanto?”, rezaba. Sintiéndose mortificado deja el aparato a un lado y toma el teléfono fijo. Espera.

   -¿Jared?

   -Hey, Ma. –saluda con su mejor acento texano. Hay un silencio que le extraña.- ¿Estás ahí?

   -Sí, pero… ¿está todo bien? Hay algo en tu tono. –la oye mientras gira los ojos. La mujer parecía saberlo todo sobre sus hijos.- Imaginé que andarías feliz, realizando aún la danza de la victoria. Jeff llamó a tu padre para comentarle que todo se había resuelto con Ron Howard. Están citados para negociar. Imagino que algo tuviste que ver.

   -¿En serio? ¿Lo viste en tu bola de cristal? –se burla. Era cierto, debería estar feliz por eso, ¿entonces por qué se sentía tan miserable? El móvil timbra. Otro mensaje de Jensen.

   -Me dijeron que almorzaron juntos. O no lo hicieron. Almorzar. Hablar sí.

   -Vaya, Ma, eres peor que la CIA. –algo de su buen humor regresa.

   -¿Seguro que todo está bien? Hay algo en tu voz…

   -Lo estoy, Ma. –hay otro silencio del otro lado de la línea.

   -¿No quieres venir a cenar? Sería bueno que hablara de todo lo ocurrido con tu padre. Y Jeff. –invita la mujer y a Jared el estómago le gruñe feo.- Megan me llamó hace rato hablando de su maravilloso hermanito que tanto la ayuda con su reunión. Parecía algo… alocada. ¿Estuvo tomando? –se preocupa, Jared ríe, algo amargo.

   -No, no es eso.

   -Ah, un chico guapo. –Sherri Padalecki suspira.- Esta niña. Pero en fin, gracias también por eso. ¿Vendrás, amor?

……

   Mientras Jensen sube y baja buscando los dichosos trajes de Jared, le envía mensajes. Mensajes que no reciben respuestas. En su oficina, el castaño mira el móvil, fascinado de manera absurda, desea ignorarle pero no puede. No deja de mirar la pantalla. Nuevas notas le llegan.

   “Necesitamos hablar”. Rezaba uno. No contestó.

   “Qué ocurre, por Dios!!!”, reclamaba en otro. Igual lo borró.

   “Hijo de puta”, llegó poco después, picándole en la piel. No aguanta y se pone de pie, saliendo de la oficina.

   -Me voy. –anuncia a Alex, sorprendiéndola.

   -¿A estas horas? ¿Vas para casa de tus padres? Tu asistente desea hablar contigo, me llamó, de nuevo, le dije que estabas ocupado aunque parecía que revisabas tu nariz. ¿Quieres esperarlo? –interroga, saltando de la silla al verle ir con paso vivo hacia la puerta y salir.- ¡Jared! –queda desconcertada. Le ve alejarse, ceñuda. Le sabía voluntarioso, decidido, a veces arrollador, pero siempre respondiendo a los cuestionamientos.

   La verdad es que no le sorprende cuando poco después aparece Jensen, viéndose increíble en su traje y con el nuevo corte de cabello, reconoce acomodándose coquetamente un rizo oscuro en su cabeza. El rubio carga en elegantes envoltorios, tres enormes trajes de Jared.

   -¿Está en su oficina? –pregunta, casi masticando las palabras, dirigiéndose a la entrada del otro despacho.

   -Se fue. –le sorprende. Jensen parpadea y recorre la vacía oficina del otro.

   -Necesitaba… -la mira, casi reclamándole.

   -Le dije que querías verle, pero… -se encoge de hombros, no gustándole el papel que Jared le hacía desempeñar, pero también curiosa, intrigada por la dinámica entre los dos hombres. Le fascina ver como al desconcierto, la ira se refleja en los ojos del pecoso y atractivo hombre, pero también algo más. Dolor. Parecía herido.

   -No lo entiendo, ¿actué mal? –Jensen parece hablar contra su voluntad, volviéndose y mirándola.- Hice lo que me pidió, que me encargara de ayudar a su hermana. Y esta tiene mil ideas, todas queriendo expresarlas al mismo tiempo y por separado. No pude silenciarla o apurarla. Megan es… -parece buscar las palabras.- Adorable, no es fácil resistir sus pucheros o sus hoyuelos cuando espera algo. Sé que demoré demasiado en el encargo, ¡pero es su hermana! –se defiende.

   -No sé qué decirte. Jared es confuso a veces. -¿así que efectivamente por eso el castaño estaba tan alterado?, tampoco ella lo entiende. No totalmente.

   -Es un… -comienza resentido, dolido, dedicándole una mueca antes de entrar a la solitaria oficina.

   Se dirige al largo closet y guarda los trajes, entre los otros, considerando, de paso, que en ese lugar el castaño tenía más ropa que él en su apartamento. Los acomoda con todo y fundas, deteniéndose un segundo. Aspira suavemente. Le gusta el olor de esa colonia. Era una fragancia fuerte, dinámica, poderosa, pero grata, seductora. Dedicándole una mirada a Alex, quien parece estar dando por terminado su día también, revisa en las gavetas y encuentra un frasco de Acqua di Gio, una Giorgio Armani. Huele desde más cerca. Es una gran fragancia, y tenía que serlo por lo que sospechaba que valía, pero… No, no era exactamente eso. Resopla y cierra, deteniéndose un segundo.

   ¿Sería eso todo?

……

   Estaba molesto. Y hambriento. Jared, despojándose del saco mira el teléfono, debía ordenar algo de comer. Tal vez eso le ayudaría a mejorar su carácter, o a pensar con más claridad. Si, seguro que tenía una baja de azúcar y por eso se había comportado como un verdadero cretino. Con Jensen. Pensar en el rubio le hace exhalar aire ruidosamente y caer sentado en un sillón, agotado totalmente por primera vez en su vida. ¿Por qué estaba tan enojado con él, y consigo mismo? Lo sabe aunque le cuesta entenderlo o procesarlo cabalmente. La idea era casi hiriente e intimidante: le había disgustado que Megan le mirara como una gatita a punto de lanzarse sobre un apetitoso platillo de leche tibia. Y esa comparación, por alguna razón, le eriza los pelos de la nuca. Celos, sintió celos. Unos celos intensos y terribles.

   Tenso, y molesto, se pone de pie. Conoce los celos, Alexis tenía razón, le gustaban sus cosas, defender sus logros. Amaba sus propiedades. Pero Jensen no lo era, no una cosa. Era una persona. Y ese tipo de celos si era verdad que nunca los había experimentado. Su padre, por ejemplo, quería a Jeff de una manera especial; lo aceptaba como un hecho, así como que el cielo era azul, eso nunca le llenó de ira o resentimientos. Sabía que Jeff, en el fondo, fuera de lo gilipollas, amaba complacerle, en ser el hijo perfecto para él. Estaba bien que entonces le quisiera en correspondencia. Su madre los amaba a todos por igual, aunque, secretamente, creía que él, Jared, era su preferido. Sonríe al pensarlo, saliendo al balcón. Era natural sentir algo de molestia cuando un amigo dejaba de prestar atención por la llegada de alguien nuevo, pero al final todo volvía a su cauce. Esto de ahora, sin embargo…

   Se reclina contra la baranda mirando la bella ciudad cubierta de sombras (el estómago le reclamaba que cenara), recordando a Megan tomar la mano de Jensen al tenderse hacia él para contarle algo que hizo estallar en carcajadas al pecoso rubio, enrojeciendo sus pómulos. Jared cierra las manos sobre la baranda. Celos. Ardió en la amarga hoguera de los celos porque Megan le hacía reír, le divertía. Lo tocaba. Casi asustado, parpadea, intentando luchar contra una idea enorme, terrible, y a la vez maravillosa porque llenaba su naturaleza voluntariosa y a veces egoísta: Jensen es suyo. La idea le provoca tal estremecimiento que teme el corazón se le detenga en el pecho, comenzando ya a explicarse, a disimularse. Le quería como amigo; era su amigo. Eso era todo.

   Lanzando un frustrado gruñido de “¿en qué mierda estoy metiéndome?”, baja el rostro y apoya la frente en la fría baranda, algo que le brinda cierto alivio. Cierta paz. Estaba divagando, evidentemente, el hambre le estaba afectando más de la cuenta. Era eso, se dice e intenta aferrarse a esa convicción. Ordenaría algo, se vuelve y entra a la sala, mucha carne, papa y pastas y… Mira el teléfono, recordando la llamada de la noche anterior. Enfureciéndose, ¡Jensen no tenía ningún derecho a hacerle eso! No, no podía quedarse. Necesitaba algo… y estaba solo, Genevieve había preferido sus compromisos a verlo, no era su culpa. No totalmente. Se quita la corbata casi a manotazos, sonriendo torvamente.

……

   El hermoso vehículo recorre la sórdida cuadra estrecha, con sus fachadas mal iluminadas, los muchos callejones donde mujeres jóvenes, y no tanto, así como algunos muchachos de rostros afilados y ademanes amanerados, le lanzan codiciosas miradas. Les mira con cierta fascinación, como el hombre de ciudad que va al campo y comprueba que la fauna del país es más extensa de lo imaginado. Se detiene y mira el ruinoso lugar, las damas de la noche, no muy agraciadas la verdad sea dicha, esperan junto a un sujeto que se acerca a los vehículos que se detienen y le dicen algo. Este saca algo de su sobretodo, lo entrega y la mano regresa con dinero. ¡Todo tan discreto!, sonríe para sí el castaño. Putas y traficantes, ese era el lado salvaje de la ciudad. Mira hacia el inmueble, justo lo que necesita, se dice con sarcasmo mientras sale, asegura el auto y cruza entre las ofrecidas damas, que aunque están allí por negocios, saben valorar a un hombre atractivo y resuelto con aires de tener dinero.

   El castaño no se detiene, entra y nota el ascensor dañado. Sube las escaleras. Sabe a dónde va. Hay un aire de abandono, de decadencia en esos escalones ennegrecidos, manchados (no quiere pensar de qué), y mal iluminados. Llegas al tercer piso, sin alteraciones respiratorias, mirando en todas direcciones se detiene furtivamente frente a una puerta y pega la oreja. Nada. Toma aire y llama a golpes.

   -¡Hijo de perra! –llega el bramido iracundo mientras la puerta se abre.

   Y se congela, aunque no tanto como Jensen al encontrarle en el marco de su puerta.

   -Jared, ¿qué diablos…? –el castaño eleva las manos.

   -Necesitaba verte, pecoso. Vengo en son de paz, a disculparme.

CONTINÚA … 10

Julio César.

SUPERNATURAL, EL REGRESO NUMERO DOCE

septiembre 6, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Largo, emocionante y duro ha sido el camino…

   Según el portal Supernatural Foro (con muy buenos relatos referente a la serie), nuestro programa favorito regresa el día jueves 13 de octubre. Es decir, todavía falta más de un mes. Y el tiempo se hace largo. Con esta serie, a pesar de su longevidad, me ocurre algo distinto que con otras a las cuales sigo y quiero, incluida la increíble NCIS o Criminal Minds (la cual arrancará con mal pie), estoy impaciente. Las dos anteriores me gustan, las sigo, pero los personajes en sí parecen algo agotados en sus reflejos, procesos mentales y afectivos, aunque Criminal Minds intentó darles vigor a los suyos en el último episodio de la pasada temporada. Eso no ocurre con Sam y Dean Winchester, han sido once largas temporadas, más de doce años conociendo sus aventuras, y aquí seguimos esperando a ver qué les ocurre. O si ocurre algo de lo mucho que hemos imaginado que podría ocurrir (no el Wincests, por favor); no en balde dicen que estamos un poco locos los fans de este show.

   Del final de la onceava temporada, Sam enfrentando a una misteriosa Mujer de Letras, que parece considerarle peligroso y que debe responder por algún crimen (no sé, desatar el Apocalipsis o liberar a la Oscuridad), lo más llamativo sigue siendo el descarado y chulo Dean, quien se encuentra con su madre, levantada de entre los muertos por Amara. Y quedó genial, como cuando apareció Henry Winchester, el abuelo al que nunca conoció, más joven que ellos mismos.

DESTIEL

   Fuera de lo que vayan a inventarle, me pregunto cómo enfrentará Dean a su madre cuando esta vea su forma de vida, sus muchos placeres y su soledad (ojalá le pregunte por los nietos). Incluso la existencia de Castiel es interesante en este punto. ¿Pensará ella algo “malo” al verles, al saber que es el único a quien Dean carga en su vida? ¿Imaginan si fuera el Castiel de la cuarta temporada que aparecía casi a su sombra?

   La misma Mary despierta interés de por sí; es la matriarca de los Winchester, y aunque se olvide por ratos, ella misma es una cazadora. Lo era ya cuando John ni sabía qué era eso. ¿Peleará al lado de sus hijos? Me pregunto qué opinará de la madre del Rey del Infierno, porque todo hace suponer que Rowena continuará. La cosa es saber por cuánto tiempo, el programa parece hecho sólo para hombres. Y hay otro punto, ya tenemos a Mary, ¿regresará también John? ¿Le buscará ella?

   Portales que se dedican a informar sobre el espectáculo, y los llevados por fans, insinúan que los hermanos deberán enfrentar a Los Hombres de Letras, comenzando por la hermosa fémina que encaraba, pistola en mano, al menor de los hermanos. La mujer, Elizabeth Blackmore, que encarna a la Lady inglesa, ¿o será por su título dentro del grupo secreto?, se ve dura, fría, valiente. Se parece a muchas mujeres de las que hemos visto en la serie. Esta parece destinada a aparecer en varios episodios, y cuenta con un hijo, me pregunto ¿cómo influirá eso? Lo sé, sueno temático, pero no puedo dejar de imaginar que ese carisma de Jensen Ackles (Dean), con los niños, puede lograr cierto acercamiento con la mujer. Pero igual se puede decir de Sam, quien siempre ha querido una familia, y los gringos tienen la tendencia de criar como suyos a los hijos de otros, viéndolo como algo normal, ahí está la comisario Mills. Vamos para la temporada doce, algo debe ir resolviéndose ya, de manera afectiva para al menos un hermano, especialmente si la matriarca, Mary Winchester, aparece.

   Lo que me gustaría saber es, ¿reaparecerá Amara? Cónchale, era la hermana de Dios, tan o más poderosa que él y estaba interesada en Dean, ¿cómo dejar pasar eso? ¿La imaginan celosa del cazador junto a otra? Desde el final de la temporada siento que desperdiciaron esa trama como echaron en saco roto todo el Apocalipsis, o el súper plan de los leviatanes o la caída de los ángeles. Me gustaría verlo… pero el programa suele dejarse esas cosas en el tintero, como los leviatanes mismos, nunca más vimos a uno. O la amazona con la cual Dean tuvo una hija y al alfa de los vampiros.

LA PANDILLA SOBRENATURAL

   Como sea, y contra todo pronóstico según lo planeado, Supernatural vuelve para la temporada número doce, estando a punto de alcanza a ER, pero sin desvirtuarse como aquella hacia el final. Regresan Jared Padalecki, Jensen Ackles, Misha Collins y Mark Sheppard. Continúan todos, cosa que me gusta.

¡AMARA AMABA TANTO A DEAN!

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 8

agosto 17, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 7

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   -No soy un niño, no puedes asustarme. –ruge, pero baja la mirada a la mesa. A las imágenes.

   -Todavía no decido qué pensar exactamente de ti, Ron. -con un dedo golpea las fotos.- ¿Eres un idiota sentimental o un pillo consumado?, como sea, pierdes. A cada una de estas mujeres le diste lotes accionarios cuando saliste de ellas; constan como accionistas de tus empresas. –se tiende sobre la mesa.- No voy a ir contando chismes de cama, llamaré a tu esposa y a tu otro hijo, denunciando tu costumbre de pagar con el patrimonio de todos tus aventuras, las no se sabe cuántas amantes que has tenido, y a quienes has mantenido contentas y calladas con el dinero de la familia. Tu mujer, al menos, investigará y encontrara los nombres de estas damas en la plantilla accionaria, y el escándalo será horrible, porque la obligaré a ir contra ti. ¿Sabes cómo?, porque entenderá que si no te saca las entrañas en una disputa patrimonial, toda la ciudad, sus amistades, sus enemigos y conocidos sabrán lo idiota que ha sido durante años y años, no sólo ignorando tus engaños, tal vez en su propia cama, sino el que pagabas tus infidelidades comprometiendo la herencia de tus hijos.

   El otro hombre se ve pálido, tembloroso, rabioso… e inquieto.

   -¿Crees que barrerás con toda mi vida familiar por un sucio chisme?

   -Los nombres de esas mujeres están allí. Pagaste… prostitutas con la chequera familiar. Qué disparate.

   -No cederé a tus… -ruge con los ojos lanzando rayos. Pero calla cuando el otro saca su móvil.

   -¿El número de tu mujer sigue siendo…?

   -¡Basta! –grazna con acritud y temor, sus ojos son brasas de odio.- Eres una persona despreciable.

   -Y tú un dechado de virtudes, y ninguna como tu mujer para corroborarlo. –se siente levemente ofendido, aunque sabe que no debe. Son negocios.

   -¿Qué quieres de mí? ¿Qué te entregue los pozos así como así?

   -De ti, nada. Son negocios. Deseo, si, que regreses esos pozos… al precio que Jeff había pactado. La familia no tiene la culpa de tus delirios y desaciertos. Lo que pagaste para inflarlos precios lo compensas tú. –el otro hombre traga en seco. Debía ser difícil no atragantarse con el ego.

   -Eres un desgraciado cruel y manipulador. –le acusa.

   -Ron, no hay necesidad que caer en los insultos. Intenté llevar la fiesta en paz, quise que entendieras que…

   -Llamaré a Jeff y lo arreglaremos todo –le corta, poniéndose de pie, digno, ofendido. Le mira mientras se cierra el saco.- No actúas bien, y esto va a pesarte. No por mí, la vida pasa facturas, Jared. Espero no volver a verte en mi vida.

   -También es mi deseo. –contesta automáticamente, luchando contra una leve sonrisa, de haber usado ese criterio antes no habrían llegado a eso. Lo piensa, no lo dice.

   Mientras le ve alejarse, el alivio que siente es inmenso. Tiene apetito, mucho… pero Jensen debía estar encerrado con Megan. Iría a liberarle. Y contarle. Siente una cálida sensación recorriéndole al imaginar la mirada de abierta sorpresa que el rubio le lanzará al saber que resolvió eso, de admiración por la manera de terminar con la crisis. Bien, no la manera, algo le decía que al otro no le gustaría saber del chantaje, algo que, en verdad, no le enorgullece mucho. Tan sólo había sido necesario. Claro que Jensen no necesitaba saberlo.

……

   Cuando se vio obligado a contratar a Dave Franco, por insistencia de Alexis (y todavía se pregunta el por qué; no puede, ni quiere imaginar que a la hermosa y talentosa joven le gustara el retrasado mental ese), le asignó un cubil bien alejado de su oficina, con el espacio suficiente para un escritorio mediano y dos incómodas sillas que ni siquiera hacían juego. No esperaba que durara tanto como lo hizo, o que él le soportara. Ahora era la oficina de Jensen, cosa en la que no había pensado hasta que llega frente a la puerta, imaginándole casi encogido sobre su asiento, atendiendo a Megan. Tal vez debería…

   -Felicítenme, acabo de… -da un toque a la puerta, abre sonriendo y se congela. Intrigado. El lugar está vacío.- Oh, mierda… -¿la habría llevado a su oficina?, era probable. Seguro que a Megan no le gustó esa cueva. Sonríe, molesto, odia que usen así su espacio pero si Jensen… Y lo deja así, encaminándose a su despacho. Aunque no tan sonriente como en la mañana, corresponde con educación a los saludos y gestos de quienes se cruzan en su camino. Abre y le sonríe, con sinceridad, a Alexis.

   -Felicítame, vencí. –es todo dientes y hoyuelos. La joven salta de su silla, encarándole.

   -Jared, ¿qué hiciste? Hace poco llamó Jeff, exultante. Ron Howard regresó los pozos agotados. Quería contártelo, estaba que no cabía en la piel, parecía que había matado un dragón con sus propias manos. –el castaño rueda los ojos.

   -Déjalo disfrutar el momento. Al pobre le llegan tan pocos. –es indolente.- Que te baste con saber que el viejo Ron invocó poderes antiguos y terribles para combatirme, pero la razón y la justicia estaban de mi lado. –sonríe de su gesto de sospecha.

   -Oh, Dios, todo eso suena a cuento chino. ¿Tuvo algo que ver con la lista de accionistas minoritarios en las empresas Howard? –Jared, sonriendo como el gato que se comió al canario, le toca la punta de la nariz con un dedo.

   -De eso no hablaremos nunca; ni con papá, Jeff, la policía… ni Jensen, ¿okay? –rueda los ojos mentalmente al ver un brillo astuto en las pupilas femeninas.

   -¿Ni la policía ni Jensen? ¿Por qué será que me parece que el segundo es más importante que lo primero? Ahora resulta, después de todo, que el atractivo rubio de grandes ojos verdes y dulces pecas si era tu gran amigo aunque decías no recordarle.

   -Basta, Alex, ¿están aquí él y Megan? –sonriendo mira hacia el cristal que separa las oficinas.

   -No. –eso le desconcierta.- Megan se puso furiosa cuando le di tu recado y fue a hablar con él, en ese gabinete de pared que le diste a Dave como oficina, y de la que no dudo pronto sacarás al rubio pecoso. Iba a agradecerle pero a rechazar su ayuda. Estaba muy molesta contigo… Y no ha regresado. Deben estar allá.

   -No, no lo están. –ceñudo saca su móvil. No hay nuevos mensajes del rubio pecoso, ¿Megan le habría hecho la vida de cuadritos realmente?- Trata de… -calla algo confuso, ¿qué?, ¿qué busque a Jensen?, no, ¿verdad?- Estaré en mi oficina. Imagino que mamá debe estar por llamarme.

   -¿Si Jensen llama o viene le digo que no estás? -pregunta ella, para picarle, burlarse.

   Entrecerrando los ojos, el castaño la ignora y entra a su oficina. Inquieto. ¿Qué estarían haciendo? Seguro que Megan estaba contándole su vida, desde que nació hasta la cagada con la pelea con Ron Howard. Y, por alguna razón, eso no le atraía, que Jensen escuchara cuentos sobre él, de otra persona.

   Cae en su asiento y marca el número del rubio, cae la contestadora. Corta, se enfurruña y espera unos segundos, tamborileando con los dedos en el escritorio. Ni loco llamaría a Megan, su hermanita tenía un extraño olfato para notar… cosas. Llama nuevamente y nada, deja un: “Contesta, maldita sea”, cuando le anuncian el buzón de voz. Deja el aparato a un lado e intenta concentrarse en un informe enviado por Thomas Cortese, sobre la situación generalizada de sus hoteles. No confía mucho en ello, ¿qué empresario daría a conocer sus problemas o debilidades? Las cifras y nombres de inmuebles se detallan, pero no se concentra. Toma el móvil y llama otra vez, la contestadora. Repite el mensaje, algo más seco, y envía un mensaje: “¿Dónde estás? Responde, coño”. Espera mirando el teléfono, sintiéndose tonto. Y furioso. El toque del mensaje le llega y a él mismo le sorprende la ansiedad.

   “¿Ahora si quieres hablar, eh? Estoy con tu hermana, a quien no le gustó mi oficina, como no me gusta a mí, ni a las cucarachas. Salimos al mirador. Estamos bajando al restorán. Muero de hambre”, es la contesta.

   ¡Mierda! Pasarían aún más rato junto. ¡En el restorán! ¿Y si Jensen comentaba que deseaba trabajar allí pero no pudo por “las condiciones” del chef jefe? Megan le sacaría de su error en segundos. ¡Joder!, exclama mentalmente mientras se pone de pie.

   -Ya vuelvo.

   -Acabas de llegar, ¿recuerdas que ibas a hablar con la señora Ferris de…?

   -Atrásalo. Muero de hambre. El viejo Howard me arruinó el almuerzo. –y no piensa en Genevieve a quien dejara embarcada, sino en Jensen, a quien pensaba contarle como venció al maligno gnomo mientras se llenaban las barrigas con algo.

   -Jared… -todavía insiste ella en llamarle a la cordura, pero el castaño se aleja. A paso vivo.

……

   Cuando entra en el amplio salón del restorán, con los grandes ventanales ligeramente opacados en tonalidades ocre, derramando una luz algo ambarina sobre las mesas, iluminando de manera destacada el pulido piso y el techo laminado, Jared se detiene un momento a mirar. Agradado. Le gusta lo que se hizo allí. Rápidamente es saludado por empleados y uno que otro comensal, que le conocen más por tragón que por dueño. Sonríe de manera parca, agradable, hasta que se congela, con la boca ligeramente abierta. Apartados, en una de las mesas más chicas, se encuentra la pareja. Y tres cosas le impactan. Lo bien que se ve Jensen después del corte, con el cabello alzado en cepillo y el rostro mostrando un ligerísimo rastrojo rojo sobre su labio superior, que cree distinguir desde allí. Lo segundo es lo mucho que parece estar disfrutando del momento, está riendo con todo el cuerpo y la cara, casi volcado sobre la mesa, hacia Megan, quien le corresponde mientras le cuenta algo… montando una mano sobre la del hombre. Lo otro era eso, la mirada de Megan… la joven parece totalmente fascinada por el sujeto frente a ella. ¡Y él conocía muy bien esa manera de mirar! A la más joven de los Padalecki le había gustado mucho su asistente.

   -¿Interrumpo? –pregunta sereno, con una leve sonrisa en los labios. Una que no llega a sus ojos. Su aparición provoca que la pareja se vuelva a mirarle. Y que Jensen aparte su mano.

   -¡JT! –gime Megan, saltando del asiento y abrazándole, riendo todavía.- Qué bueno que llegaste. Estaba hablando de ti y Jensen no quiere creer en mis historias. –si, era lo que temía, se dice abrazándola.

   -Dios, las cosas que tu hermana sabe de ti… -Jensen ríe, con la cara roja y los ojos ligeramente húmedos. Radiante, y eso molesta al castaño.

   -Me alegra ver que al menos uno de los dos se divierte, fuera del trabajo. Estás en esto desde media mañana y mira la hora. –es la respuesta, inocua, ligera, pero Jensen parpadea.

   -¿Por qué no te nos unes? Estábamos por almorzar. Tarde. Nos entretuvimos hablando. Mucho. –comenta Megan, mirando al rubio.- Con Jensen es fácil hacerlo. –y todas las alarmas retumban en la cabeza de Jared.

   -Es bueno haciéndose notar. –es la réplica, y ahora sí que Jensen le mira amoscado.

   -¿Ocurre algo?

   -Nada. –es la rápida respuesta, y a Jensen le parece escuchar las alarmas ahora.

   Y no lo entiende, toda la mañana ha sido algo irreal. Jared con la insistencia sobre su corte de cabello, e inconscientemente se pasa la mano, teniendo que concordar que le gustaba mas así, por lo que había valido la pena soportar el acoso de la gente del salón, todos queriendo saber de dónde conocía al castaño. Quien, por cierto, le soltó luego a su hermana casi como para quitársela de encima. O quitársela a Alexis, y ahora se molestaba. Cierto era que había pasado un buen rato con la enérgica, voluntariosa, agradable y bonita muchacha, pero no para enfurruñarse así; la mira, algo avergonzado al pensar que tiene un aire a Jared. ¿Sería Jared del tipo hermano celoso? Podría ser, siendo una familia con dinero debían estar siempre pendientes de quién se acercaba  a quien y con cuál intensión.

   -¡Meg! –llama una voz a la joven, y esta, y los dos hombres enfocan con la mirada a unas dos mesas más allá a una muy delgada y alta joven, con falda y botas, que chilla cuando Megan lo hace.

   -Permiso. –jadea esta, alejándose de su hermano, pero mirando a Jensen, corriendo hacia la otra, fundiéndose ambas en un abrazo.

   -¿Se puede saber qué te ocurre? –nada más estar la joven fuera de alcance auditivo, Jensen le pregunta a Jared.

   -¿Qué diablos es todo esto de pasar horas con Megan para una tontería que debiste despachar en media hora? Seguro que mis trajes siguen en la tintorería, ¿verdad? Se supone que debías recogerlos antes del medio día.

   -Me mandaste a atenderla bien. –se defiende, poniéndose de pie.- Insististe en ello, y a tu hermana no es fácil decirle que no cuando…

   -Y menos si la impresionaste, debe ser agradable saber que una joven como Megan te encuentra interesante, ¿verdad? Eres bueno haciendo eso, acercándote y agradando. Y a mi hermana siempre le han gustado los tíos bonitos. –casi escupe haciéndole parpadear.

   -¿Me estás acusando de algo? –el rubio traga, ojos resplandecientes de ira, también de pesar. Jared se pierde en sus pupilas, en ese brillo intenso, pero sigue rabioso.

   -Cuando decías que necesitabas salir a flote de tu mala hora financiera, parece que lo decías en serio.

CONTINÚA … 9

Julio César.

 

SÉ MI AMIGO, JEN… 7

agosto 11, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 6

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   No ha salido del ascensor cuando comienza a recibir llamadas de Jensen. Sonriendo las ignora. Cae un mensaje:

   “Hijo de perra, no puedes dejarme entre esta gente. Quieren delinear mis cejas!!!”.

   La sonrisa se le ensancha mientras responde: “No quería decir nada al respecto, pero…”. Envía y espera.

   “Eres tan cretino! Y no puedo ocuparme de tu hermana. No la conozco, pero por la manera de dejármela entiendo que es muy joven y problemática. No estoy capacitado para tratar con adolecentes, en su presencia comienzo a gritar e intento escapar por la primera ventana que encuentro”.

   “Nadie está listo nunca para las adolecentes”, responde. “Y deja de quejarte, es trabajo, querías hacer algo, ¿no? No voy a pagarte un gran salario sólo por tus gruesas cejas”.

   “Ja ja ja!”.

   No puede contener la risa al responder, “soy tu jefe, trátame con respeto y admiración, como anoche. Y recuerda que Megan es mi hermanita, sé bueno con ella”.

   “¿Cómo es?”.

   “Imagíname con falda y una pañoleta en la cabeza”.

   “Susto!”.

   “Deja que las chicas terminen su trabajo arreglándote la cara, si pueden, ocúpate de Megan y luego hablamos. Y ahórrate el idiota, o el cretino que ardes en ganas de enviar”.

   Sonríe más al ver la respuesta en forma de una carita confusa. Si, ya iba conociéndole. Marca un número del discado rápido.

   -¿Si?

   -Me debes un beso y un abrazo, Alexis, ni te imaginas de la que te salvé. Megan pronto aparecerá por ahí, dile que…

……

   Divirtiéndose como siempre que escapa de la oficina, Jared conduce su auto hasta el Centro, era hora de los negocios. Tenía que ocuparse de Ron Howard, y para ello nadie mejor que su buen amigo, un sujeto de cuidado que se dedicaba a la protección y la vigilancia privada. Llega, la admisión al moderno edificio de oficinas no presenta ningún problema para él. Le conocían bien. Ni entrar a la oficina de su amigo, siendo atendido por una rubia despampanante en ajustada falda. Seguramente no sabía ni escribir su nombre, pero era decididamente vistosa. Mike nunca cambiaba. Este le recibe y se atan en un fuerte abrazo de osos, felices como siempre cuando se encuentran.

   -Tiffany… -le indica a la asistente.- Un café negro y amargo para mí, y una bebida de nenazas para mi amigo, un chocolate dulce estará bien.

   -¿Te recuerdo tus días de tomar margaritas porque te gustaban las sombrillitas? –corresponde el castaño, ganándose una sonrisa de la joven. Ambos miran su trasero mientras sale.

   -¿A dónde fuiste la otra noche cuando estábamos en la barra? Fui a mear y al volver… -comienza Mike, dentro de su elegante traje, viéndose cómodo, ágil, vehemente; se detiene y sonríe.- Ah, ¿la morena de tetas grandes? –Jared ríe cayendo en el sillón opuesto.

   -Era linda.

   -Sí que lo era. ¿Y Genevieve? –alza una ceja con maldad, le divertían aspectos crueles de las vidas ajenas, eso lo sabía bien el castaño.

   -No, no creo que ella sepa lo bonita que era esta chica. –aclara con serenidad, dispuesto a regresarle la pelota.- Amigo, ¿son ideas mías o pierdes más cabellos? Pronto tendrás una calva a lo Charles Xavier. –sabe que eso incomoda a su amigo.

   -Eres tan cretino, JT. –es todo lo que responde este, venciendo las ganas de tocarse la cabeza.- ¿Y a qué debo el muy dudoso placer de tu visita?

   -Ron Howard. –hace una mueca al responder.

   -Meterte con las hijas de mucha gente tiene el efecto de crear problemas.

   -Oh, Dios, no intentarás sermonearme, ¿verdad? No tú, que has corrompido religiosas en tiertras santificadas. –ríe, luego  toma aire.- Necesito tun ayuda, que me muestres “aquello” que tenías contra Howard.

   -Vaya, ¿tan mal están las cosas? No creí que pidieras eso; creo recordar que dijiste que nunca te rebajarías a esos niveles de guerra sucia, como hacía yo. ¿Recuerdas que lo dijiste? –pregunta malvado, permisando la entrada a alguien que toca la puerta. Es la asistente con las bebidas, que cada uno acepta con una sonrisa, ambos pares de ojos siguiendo su trasero al marcharse.

   -El hombre viene con todo contra la familia. –reinicia Jared el asunto, tomando del brebaje. Su teléfono timbra con un mensaje. Mira la pantalla pero ya sonreía, sabiendo que era Jensen.

   -Lo imagino, ¡y quieres tanto a tu familia! –Mike se permite la burla, dudando del punto.- A ti lo que te jode es que los ataquen por tu culpa, ¿verdad? –Jared alza la mirada de la pantalla y sonríe torvo.

   -Si fueras mujer me enredaría contigo. Me conoces muy bien.

   -Si fuera mujer, tendría grandes tetas y no necesitaría de un hombre. –le aclara, levantándose y volviéndose hacia un enorme archivero que ocupa dos de las cuatros paredes de la amplia oficina, cosa que no desentonaba con los arreglos del opulento despacho.

   Mientras busca, y dice algo, Jared lee: “joder, no creo poder con tu hermana, ven ya o esto será desagradable”.

   Responde un: “Deja de llorar, estoy ocupado. ¿No puedes encargarte de una chica?”.

   “Tu hermana es una vorágine. Ven o no respondo”. Sonriendo más, le envía una carita sacando la lengua.

   -Vaya sonrisa, es raro verte tan relajado cuando discutes estrategias de batalla. –la voz de Mike le hace volver bruscamente a la realidad.- ¿Se trata de Genevieve? Te dio fuerte, amigo, y es desagradable verte tan enamorado. –toma asiento y le tiende un sobre manila tamaño oficio.

   -No, se trata de… -calla confundido. No, no le contaría a Mike de Jensen.- ¿Es lo que tienes de Ron?

   -Así es, pero no creo que puedas chantajearle. Hoy en día las fotografías no significan nada, no desde el photoshop, ¿no has visto rodar por ahí unas de nuestro amigo Tom Welling vestido de mujer? –Jared arquea una ceja.

   -Si, ¿son falsas?

   -Eso dice él. –y ríen levemente, Jared se siente extrañamente contento. Claro que no quiere asociarlo a los mensajes de Jensen.

   -No te preocupes, les daré buen uso a esto. Te debo una. –se pone de pie, el otro igual.

   -Cuando veas mi tarifa no estarás tan contento.

……

   Una vez en su auto, Jared llama nuevamente a Alexis.

   -Hey, necesito que revises algo por mí. Y que me cites para almorzar con Ron Howard, no en el hotel, en un lugar neutral. Llama también a Genevieve y dile que no podre hacerlo con ella.

   -¿No se supone que tienes un asistente privado para esas cosas personales? –le llega la respuesta.- ¿Dónde está, por cierto? –el castaño sonríe, no puede evitarlo.

   -Poniéndose bonito para mí. –y ríe mientras cuelga.

   En su escritorio, Alexis mira su móvil, extrañada.

……

   Algo impaciente espera ya, después de un Martini para despertar el apetito. Ron Howard se tardaba. Siente el timbrazo en el móvil y lee un nuevo mensaje de Jensen.

   “Jared, ven, tu hermana me asusta”.

   “Joder, ¿no puedes entretener a una chica?, eres más inútil de lo que daba a entender tu cabello rubio”, responde.

   “Idiota”. Es la simple respuesta, y frunce el ceño. De alguna manera intuye que el otro se había cansado del juego y estaba algo molesto. En fin, ya le compensaría luego. Y la idea le hace sonreír, tensándose al caer en cuenta que no le ha enviado una nota a Genevieve para explicar la cancelación del almuerzo.

   “Lo siento, nena. Algo se presento”, envía.

   “Lo imaginé, ¿trabajo o placer?”.

   “Me lastimas al dudar”.

   “¿En serio?”, sonríe ante su respuesta.

   “¿Nos vemos esta noche para la cena?”.

   “Lo siento, me ata un compromiso de trabajo. Debo ir, dejarme ver bella, sonreír como tonta y sobrevivir”.

   Arruga la frente: “Qué mal, ¿y más tarde?”.

   “Cariño, sé que sonará extraño, pero estoy agotada”.

   “Lo imagino, fui muy fogoso anoche”, juega, sabiendo que habla del viaje.

   “Ja ja ja”, le llega. Y se estremece. ¡Le recordó tanto a Jensen! “Te llamo antes de ir a la cama”, continúa la joven.

   “¿Sexo telefónico?, me parece aceptable”, sonríe y termina, como si se le ocurriera a última hora con un: “Te amo”.

   La joven responde, haciéndole parpadear: “Eres tan dulce. Hablamos luego”.

   Vaya, pensó, guardando el aparato y viendo acercarse a su rival en los negocios, con su cara de gato, el amarillento cabello escaseando bastante en un rostro amarillo. Nadie se parecía tanto a un Simpson como Ron Howard. Se pone de pie.

   -Ron…

   -Padalecki. –es la seca réplica, indicándole que no entrará en amabilidades, llegando a la grosería de no estrechar su mano y tomar asiento. Gilipollas, piensa el castaño, imitándole.- Me extrañó tu llamada, pensé que ya no había ningún asunto qué tratar. ¿Qué deseas? Si es para hablar de la compra de esos pozos…

   -No los quieres, no los necesitas, pero si hay planes en PadaleckiOil que podrían afectarse si…

   -Basta, Jared. –le interrumpe, olvidando que no le tutearía.- No cederé, lo sabes, ¿para qué me citas? –y se miden con las miradas.

   -Necesito resolver esto, Ron, por mi familia. Les perjudicas por algo que crees que hice. Y eso es inaceptable.

   -¿Algo que creo que…? –comienza, enrojeciendo como tomate.- ¡No voy a discutir nuevamente sobre eso, hijo de puta! –ruge conteniéndose a duras penas para no llamar la atención. Razón por la cual Jared le citó allí, en primer lugar. Este se ve muy serio.

   -Entiendo, y tampoco yo quiero hablar sobre algo en lo que parece nunca nos pondremos de acuerdo. Te aferras a tus ideas y ya no sales de ellas. –toma la carpeta y saca unas imágenes magnificadas, tres.- Pero debo resolver lo de mi familia. –se las alarga. Una idea incómoda le atormenta, seguro que Jensen se molestaría al saber que hacía eso.

   Howard las mira inquieto, como si el otro le estuviera ofreciendo escorpiones. Toma las fotografías y palidece, tragando en seco, furioso. Son imágenes de él mismo, saliendo con tres diferentes mujeres, en diferentes momentos de su vida. La rabia le hace apretar los dientes, soltando las fotografías con disgusto. Dispuesto a luchar contra ese vulgar chantajista que era Jared Padalecki.

   -Veo que llevas años espiándome.

   -Un amigo ha recolectado tus pasadas indiscreciones, reunidas estas por otras personas. –le aclara, sereno, manos unidas sobre la mesa.- Y ahora…

   -¿Crees que puedes chantajearme como si fuera un insignificante politiquillo? Gente mejor lo ha intentado, Padalecki. ¡No me asustan tus argucias! –ruge, pero se controla cuando la gente les mira.- Así que me expondrás, ¿ante quién? ¿Mi familia? Eres tan despreciable y vulgar como siempre te imaginé.

   -Me obligas a hacer esto.

   -Hazlo y verás cómo te va. Lo negaré todo y…

   -¿Sabes?, hace poco alguien a quien aprecio… -nada más decirlo, hablar así de Jensen, le confunde, y distrae, pero se rehace.- …Me dijo que era lindo que protegieras a tu familia con lotes accionarios en cada fecha importante de su vida. Lo dijo con admiración, cosa que me molestó un poco, no te creas, porque, personalmente, creo que fuiste un verdadero idiota. Y ese error te saldrá bien caro. –sonríe torvo.- Entiéndelo, Ron, tratas conmigo, no con un vulgar chantajista barato. Vas a dejarme el pellejo en las manos. –promete cruel.

CONTINÚA … 8

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 6

julio 26, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 5

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Casi se alarma por dejarse embargar así por la curiosa idea, una que aleja casi con disgusto, agitando la cabeza, como negándose todo. El movimiento parece atraer finalmente la atención del rubio, quien le mira y enrojece, ojos parpadeantes. Y una venita maligna de Jared se desata, por lo que sonríe de manera socarrona.

   -Buenos días, Jensen, tu maravilloso jefe ya está presente. –pasa y deja que la puerta se cierre, perdiéndose la curiosa mirada de Alexis al escucharle. No habría podido, no viendo al otro, notando el cómo enrojece más mientras rueda los ojos elocuentemente.

   -Sabía que saldrías con esa.

   -Oh, ¿no te gusta que recuerde tu tierno momento de sensibilidad, anoche, después de la cena y seguramente tomar un baño reparador, echado en tu cama, en bata y sin nada debajo, llamándome para decirme que soy increíble, lo mejor de la creación? –se burla abiertamente.

   -¡No dije eso!

   -¿Te cito textualmente?

   -Dios, deja de joder. –Jensen echa la cabeza hacia atrás, fingiendo cansancio.- Sólo quise ser amable. –la risita de Jared, divertida y burlona, no le ayuda.- No has dicho nada de mi cambio de imagen. –intenta desviar la atención, sonriendo y poniéndose de pie. Separando los brazos, teatral.- ¡ta taaaa!

   Joder, si, se veía muy bien. Aunque podría estar mejor, se dice el castaño, sonriendo leve. El traje era decididamente corto.

   -Curioso saco, ¿lo conseguiste en una funeraria? Parece lo que llevaría alguien en su último viaje.

   -Idiota… -ríe Jensen, demasiado, le parece al otro.- Me lo prestó un amigo… que trabaja en una funeraria. –se congela al decirlo; joder, ¿acaso Chris…?

   -Oh, Jensen, ¿un traje prestado? ¿No sabes que quien de ajeno se viste en la calle lo desvisten? –toma de su café y va hacia el escritorio.

   -Tranquilo, llevo un buen par de bóxers. –le resta intensidad al comentario del castaño, tomando la carpeta del sofá y dirigiéndose a la otra silla. O cree que le bajó, Jared debe luchar por un momento contra la idea de alguien desnudándole a zarpazos, dejándole sólo con una bonita ropa interior. Que podría, o no, ser suya.

   -Así que tu amigo trabaja en una funeraria y te prestó un traje. Negocio interesante.

   -No seas cretino, Chris no haría algo como robar a los muertos; es un artista, ¿sabes? Un cantante. –lo dice con abierta admiración y afecto por su amigo, alguien a quien Jared no conoce… y que le disgusta un poco. No sabe bien por qué.

   -¿Te reúnes con chicos de preescolar? ¿Tiene una banda en el garaje de su mamá?

   -Tiene mi edad.

   -Y en lugar de andar de giras promocionando sus discos trabaja en la funeraria. –comenta.- Estoy confundido, ¿es un exitoso artista de noche que de día arregla muertos por hobbie o…?

   -¡Deja de ser tan cretino! –le detiene.- Es un buen amigo y un gran tipo. –si, a Jared no le agrada Chris.- Y me prestó el traje, ¿bien? Y no has dicho nada de mi afeitada.

   -Oh, Jensen, la higiene personal no es para celebrarse; deberías, todos los días practicarla y…

   -Oh, Dios, realmente estás siendo un idiota de marca mayor hoy. –le corta, frunciendo un tanto el ceño.- Si no fuera por tu maravillosa actuación de ayer, te odiaría. –Jared no quiere alterarle, en verdad, pero no podía controlarse.

   -¿Te enteraste de eso? Si, estuve bien en la cama, Genevieve gritaba, ¿pero cómo supiste?

   -Voy por tus trajes a la tintorería. -le gruñe poniéndose de pie.

   -Hey, hey, calma, rubio. –le tranquiliza.- Estoy siendo horrible para evitarnos la incomodidad por la melcochosa escena de anoche. –le ve enrojecer mientras se sienta nuevamente.

   -Ay, qué alivio, saber que eres un cretino por buenas razones.

   -Dios, hoy no me tratas con la admiración y fascinación de anoche. Que mal. –le evalúa mientras termina su café.- Tu cabello se ve horrible, no te presta llevarlo tan largo. ¿No es inconveniente llevarlo así siendo cocinero?

   -Chef, soy un chef. –le aclara, pasándose inconscientemente una mano por la cabeza, los dedos dentro del cabello. Jared se pregunta si sería tan suave como parecía.- No tuve tiempo para todo lo que tenía que resolver, ¿okay? Para serte sincero, Chris no quería prestarme el traje. Debí rogarle mucho. Eso sí, no hubo mamadas involucradas en el intercambio.

   -Me alegro. Y resuelve lo de tu cabello. No me gusta. –se le escapa, rodando los ojos al ver una sonrisa bailar en los carnosos labios.

   -Es bueno saberlo.

   -Llegaste temprano, estabas en mi oficina y leías algo. Sin olvidar el traje, aunque no el corte de cabello. ¿Qué tramas? ¿Intentas quedar bien con el jefe? He oído que no le agradan los lamebotas y que…

   -Yo escuché que era un idiota. –le interrumpe Jensen con una sonrisa torcida, mirando la capeta sobre el escritorio.- Bien… -deja escapar una risita.- Tal vez esto si suene un tanto lamebotas pero… -desvía la mirada, cosa que apena a Jared, le fascina verle los verdes ojos.- Aparecí frente a tu puerta después de tanto tiempo buscando ayuda y correspondiste. Y a pesar de eso te cuestioné cuando ese chico la pasaba mal y tú explicabas tus razones para no echarte el peso del mundo encima. Y era cierto, y sin embargo… le ayudaste y… -se pone cada vez más rojo y tartajea. Jared sonríe.

   -¿Lo ves? Me encuentras maravilloso. –ríe al verle la mueca y el rodar de ojos.- Entiendo lo que quieres decir, y está bien, dejémoslo así. De manera que llegaste temprano a revisar el archivo Howard, ¿encontraste algo? –recuerda que el otro era contable.

   -Nada. –reconoce con desaliento.- Ese sujeto parece ser un empresario cabal y consiente. Aporta a muchas buenas obras sociales. También es amoroso con su familia. Se ha preocupado de proteger accionariamente a todos a quienes quiere. Muchos no piensan en esas cosas y luego tienen problemas cuando ocurren los imprevistos. En aniversarios y cumpleaños regala lotes accionarios a los suyos. Y algo más a la caridad. –dice casi con admiración.

   -He oído que es bastante putero e infiel a sus votos matrimoniales.

   -Muchos lo son, pero ha ido repartiendo su fortuna entre su mujer y sus dos hijos. Me parece bonito. –comenta con sorna, levantándose e inclinándose sobre el mesón, tocándole bajo la barbilla.- ¿No preguntó tu amada supermodelo por ese moretoncito curioso mientras la hacías gritar en la cama? ¿O gritó por eso?

   Por un segundo el castaño se congela, sintiendo un hormigueo en toda su cara, que parte del dedo del otro. Como espantando mosca, con elocuencia, le aleja. Necesita hacerlo.

   -Maquillaje. –responde, diciéndose que fue una suerte que Genevieve estuviera algo agotada y no se dedicara a sus usuales juegos de besar y lamer, o la lengua le habría cambiado de color.- Y no soy putero e infiel a mis votos. Bien, putero tal vez, pero Genevieve y yo aún no nos casamos. Estoy sacando todo esto de mi organismo antes de comenzar con la monogamia. –arruga la cara y finge estremecerse ante la palabra. Jensen ríe bajito.

   -Todo un príncipe encantador. ¿Estás bien? –se intriga, Jared tiene ahora el ceño fruncido.

   -Si, yo… -pensaba en lo dicho por el rubio, Ron repartía su herencia en pequeños trozos. ¿Y sí…?- Me cuesta concentrarme, me distrae tu mal corte de cabello.

   -Dios…

   -Si deseas salir y corregir este crimen estético…

   -Basta. Y no, no iré a ninguna parte. Vine a trabajar y no me apartaré de tu lado, esta vez sí, hasta que encontremos una solución a este problema.

   -Bien. –sonríe Jared, realmente divertido.

   El castaño se dedica durante casi cuarenta minutos a dictarle algunas notas que debe enviar, incluyendo flores para Genevieve, pero en todo momento parece ausente, pensativo. Se nota algo duro en la línea de su mandíbula. Y por una vez en toda la mañana ha dejado de mirar a Jensen, quien comenta mucho sobre muchas cosas.

   -Entonces estoy pensando en depilarme las piernas y el área del bikini. –el rubio, clavándole los ojos, comenta, haciéndole reaccionar.

   -¿Qué? ¿Usas bikinis? ¡Qué horror! –sonríe socarrón.

   -¡No estabas escuchando! –le reclama.- Después de lo de las flores y la bonita dedicatoria en forma de poseía que me exiges que invente y envíe a tu novia, te quedaste allí con la boca fruncida, mirándome y…

   -De pie. –se levanta, cerrando el saco.- No estoy de ánimos para estar aquí encerrado.- Vamos por helado.

   -¿Helado? ¿En horas de trabajo? ¿No estamos algo viejos para…? –Jensen se burla, pero le sigue, divertido. Salen a la oficina de Alexis, quien les mira extrañada.

   -Soy un muchacho en plenitud. –el castaño mira a su asistente, la otra.- Regreso pronto.

   -Pero Jared, Jeff espera… -se inquieta.

   -Llámale y dile que lo veo luego. Que no caiga en la histeria todavía. –informa mientras se aleja ya, volviéndose hacia Jensen, quien había tomado nuevamente la carpeta y la tenía en las manos.- Vamos.

   -No lo sé, tal vez debería comenzar con esos mensajes y llamadas.

   -Joder, ¿por qué nadie hace nunca lo que digo? ¿Acaso no les llegó el memo?, soy el jefe. –regresa, le quita la carpeta dejándola en el escritorio de Alexis, atrapa un codo del rubio y casi le hala.- ¡Regresamos pronto, Alex!

   La joven les ve caminar y hablar animadamente, Jared tardando un poco más de la cuenta en soltarle, el otro no apartándose mucho. Frunciendo el ceño antes de frotarse entre los ojos, la bonita joven se pregunta si no estará agotada por el trabajo e imagina cosas.

……

   -¿En verdad vas a ir por helados? –Jensen le pregunta mientras cruzan el pasillo rumbo a los ascensores.

   -Lo necesito, no el helado, salir de la oficina. Jeff, mi hermano, el encargado de la petrolera, me llamó para comunicarme que Howard comenzó su guerra. Debo contestarle, por desagradable que sea. Pero… -se muerde el labio inferior entrando al ascensor.- No quiero perder el buen humor con el que amanecí. Deseo pensar bien qué le diré para no discutir. Y es una gran concesión, tú no lo entenderías, pero los otros sí.

   -Evolución, así se le llama a eso, ir de maneras salvajes y primitivas a…

   -¡Ja ja ja! –finge, mirándole socarrón.- Si te va mal como cocinero siempre te quedará el circo. –salen en la planta baja.

   -Chef, soy chef. –le corrige algo exasperado, congelándose al enfocar la entrada del local comercial al que le dirigía Jared. Le mira con intensión.- ¿En serio?

   -Necesitas un corte.

   -¡Debemos trabajar! –le recuerda.- Si vamos a la práctica… si, no he hecho nada desde que me contrataste. Vas a pagarme, ¿verdad?

   -¿No te mueves si no te pagan antes?, muy listo. –se burla.

   -¡Jared!

   -Voy a encargarte de algo, en serio, pero antes debemos hacer algo con ese cabello. –le atrapa un hombro y casi le empuja para que entre, provocando cierto revuelo entre las chicas y chicos del salón de belleza. Saluda a todos con sonrisas, notando que todos miran a Jensen con curiosidad… tal vez porque aún le retenía con una mano. Le suelta, lentamente, no deseándolo del todo.

   -¿Un retoque, jefe? –le pregunta al castaño una pícara morena de aire latino, y Jensen imagina que el pillo ese algún movimiento ya ha hecho.

   -No, mi amigo necesita parecer moderno, decente y listo. Por ahora no lo consigue…

   -¡Hey! –se agita ante las miradas que recibe. Luego le dice bajito.- Íbamos a…

   -Déjame encargarme de algo. Tú ocúpate de ponerte bonito. –esas palabras hacen reír un poco a los presentes, pero no le importa; aunque si, de manera divertida, por el rubor que cubre los pecosos pómulos del rubio. Su móvil timbra y frunce el ceño al ver el nombre de su hermana, luego sonríe torvo, enviándole un mensaje.- Y ya te lo dije, te tengo un trabajo pesado… tendrá que lidiar con Megan, la cual necesita mi ayuda. Es decir, la tuya.

   -¿Tu hermana? –se confunde, parpadeando cuando la bonita morena le atrapa un brazo y le lleva a una de las sillas.

   -Si, tranquilo, te la mando. –y sale después de despedirse de todo el mundo con muchas sonrisas.

   Una que se vuelve una mueca predadora. Jensen le había dado una idea, e iba a hincarle garras y colmillos, por eso le sacaba del camino un rato. Por alguna razón que no alcanza a comprender, no desea que el rubio le vea en esa faceta.

   ¡Ni imagina el pobre, el problema que se le vendría encima!

CONTINÚA … 7

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 20

julio 12, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 19

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -¡No! –ruge Dean, molesto.- Esta no es una novela de Danielle Steel, concéntrate. Sé, porque lo sé, que Nick nunca haría algo así, por muy ambicioso que sea. Y lo es, créeme, eso nos separó cuando estuve considerando, realmente, decirle adiós a las cacerías y… a ustedes. –le sobresalta por la brutalidad de la confesión.- Pero es un tipo legal. Su mujer… -mira al frente, ceñudo, como si le costara hilvanar las ideas.- Ella no debía saber quién era yo, Sam. Ni conocer de este lugar o para qué sirvió. Pero lo sabía, y continuó con él, sin decirle nada durante todos estos años. Su ambición es parecida o mayor a la suya. Nick ignora que su mujer sabe. Y ella sabe que soy un cazador. Fuera de Nick, el resto del mundo en esta historia ignora esa denominación. No la sabe su abuela, ni sus guardaespaldas. Cuando se habló de cazadores estábamos solos. Pero esa mujer lo sabe. Sabe a qué vine. Y no creo que su marido se lo haya contado. Por eso no creo que estemos a salvo aquí.

   -Tal vez te investigó mejor de lo que imaginas. –todavía se aferra a la idea original. Por celos.

   -Podría ser, y para comprobarlo tan sólo debemos quedarnos aquí y esperar. Pronto oscurecerá. –la idea atormenta a Sam, no quiere aceptarla, pero no hacerlo era exponerse a ser atacados allí.

   -¿Quieres rehuir la batalla? –se burla, y eso si que altera al otro.

   -Hey, todavía estoy convaleciente, y tú aún confundes los extremos de un machete.

   -No, no te evadas y responde, ¿el gran Dean Winchester está admitiendo que se siente tan débil e indefenso como un gatito recién nacido? –no puede evitarlo, porque necesitaba azuzarle, también cambiar de tema.

   -Fui arrojado por los aires, caí de espaldas sobre una capota, una vértebra se me desalineó, y con todo el sexo rudo que tuvimos antes de eso… -contando con los dedos iba exponiendo los puntos, congelándose bruscamente, labios balbuceantes, alarmantemente rojo de cara. Sam se tensa inmediatamente, volviéndose a mirarle, furioso.

   -¿Lo recuerdas? ¡Lo recuerdas todo, hijo de puta! –acusa.

   ¡Oh, mierda, mierda, mierda!, se dice Dean, boca abierta, intentando pensar en algo, cuando ya el castaño está saltando de la cama, mirándole iracundo.

   -Sam… -comienza.- No sé qué crees que quise de…

   -¡Ni lo intentes hijo de perra, sabes muy bien de lo que estoy hablando! –ruge colérico.- Me hiciste creer que no recordabas nada de lo que pasó anoche entre nosotros, haciéndome sentir mal por… pensar que abusé de ti estando ebrio y…

   -Técnicamente fue lo que…

   -¡Tú lo querías también! –ruge, no iba a permitirle escapar por esa tangente. Le fulmina con la mirada mientras camina de un lado a otro frente a la cama.- ¿Sabes la tortura que he padecido?, sintiendo que… me aproveché de ti, que… -se detiene, dolido.- ¿Sabes lo horrible que fue esperar que habláramos de lo ocurrido, de lo que había pasado finalmente entre tú y yo, que lo pusiéramos en palabras, y que no recordaras nada? Nada, cuando había puesto tantas esperanzas en…

   -Mira, entiendo que… Bien, la jodí, ¿okay? te mentí, pero este no es el momento para hablar de eso.

   -Este es el momento.

   -Sam, realmente creo que debemos irnos de aquí antes de que anochezca. No estoy jugando ni intentando evadir el momento…

   -Claro, porque nunca evitas hablar de lo que te incomoda. –casi ríe, con ira.

   -Joder, no es el momento. –ruge, perdiendo la paciencia.

   -No nos iremos hasta que…

   -Basta, no quise hacerte sentir mal, pero no quería hablar de ello porque todo fue un error. –estalla Dean, levantándose también, aunque menos ágil. Las palabras fulminan al otro, que se siente herido.

   -¿Un error? –¿eso era lo que Dean pensaba realmente? El hecho estaba presente otra vez, la realidad, eran hermanos y él se excitaba al verlo. Su sangre hervía cuando estaba tan cerca que podía percibir su calor o su aroma corporal, y que eso siempre había sido así. De muchacho fue creciendo bajo su sombra, intentando no mirarle, no adorarle con los ojos. Cuántas veces no sufrió calenturas al entrar al cuarto de baño y encontrar un calzoncillo del otro, preguntándose… ¡Un error!- Dean, ¿si sentías eso por qué dejaste que yo…? –comienza, no quiere reclamarle, ni discutir, le duele demasiado el rechazo, pero necesita saberlo.

   -Porque soy un imbécil, Sam, ¿cuál es la novedad? –abre los brazos exasperado.- No debí ceder a toda esta mierda que siempre he sentido. –confiesa costándole, no mirándole, no podía.- Por mi culpa pasó todo esto, dejé que todo se retorciera entre nosotros. Eras mi hermanito y debí protegerte, y sin embargo toda esa suciedad crecía dentro de mí. Dejé que mi deseo enfermo aumentara y se interpusiera. –alza los ojos, avergonzado.- Entendí que te fueras de la casa, Sam, que nos dejarás a papá y a mí. Que pusieras distancia entre nosotros. Me dolió pero comprendí que debías irte, buscar paz, tranquilidad. No supe controlarme, esa maldita vez que… -suena agitado, totalmente alcanzado por la culpa y la vergüenza.

   El otro le mira desconcertado, ¿de qué hablaba ese idiota? ¿Se culpaba de lo ocurrido? ¿Acaso pensaba que le había pervertido o algo por el estilo?

   -¿Quieres  callarte? –estalla al fin. Se miran, retadores. La ira del castaño aumenta otra vez frente al hombre guapo frente a él, el sujeto por quien ha suspirado tantas noches, que le hacía arder la sangre, de ganas y culpas, vistiendo en esos momentos tan sólo un bóxer holgado que le hacía todavía más atractivo.- Desde que tengo uso de razón te transformaste en mi mundo, Dean, todo comenzaba y terminaba contigo. Eras el guardián de mi cuna. Luego… “mamá”, y después “papá”. Pero cuando fui creciendo, notando las maneras de papá, de John, su despotismo, su autoritarismo, la manera de tratarnos, algo en mí se reveló contra eso. Su manera de controlarnos, de hacernos pelear su guerra.

   -Lo hacíamos por mamá. –interrumpe.

   -¡Jamás la conocí! –estalla, y decirlo en voz alta suena casi ofensivo, lo nota en el tensar de las mandíbulas del rubio.- Lo siento, Dean, pero no tengo los recuerdos que tú tienes de ella, no compartimos eso. Tú recuerdas una edad de oro, a su lado, con papá amándola, pero yo no. Sólo, y porque me lo contaron, que murió cuando algo entró a mi habitación, la misma cosa que mató a Jessica. Seguí junto a ustedes porque era un niño y estaba tú. Nunca lo habría hecho por papá. Y llegó el momento cuando me molesté contigo por no enfrentarle, por verte herido cuando te sentías rechazado al intentar que te mostrara afecto. Te odie por necesitar que él sintiera afecto por ti. Pero no fue por eso que yo sabía iba sintiendo por ti, y que a veces me parecía que me correspondías. Ese nunca fue el problema. Al menos para mí. Me despedí después de esa discusión con papá esperando que me detuvieras, ¿recuerdas que te habías apartado de mí? Quería que me pidieras que me quedara, o que vinieras conmigo. –deja salir el aire, agotado.- Lejos de papá, tú y yo seriamos Sam y Dean, tíos a los que nadie conocía y que parecían compartir sentimientos, un piso y una vida de maricas, sin que nadie se metiera. Esperaba…

   Los recuerdos llenan la habitación, el momento cuando no pudieron esconderse más. Dieciséis años de inconformidad, de protestas, de resentimientos hacia un padre que les arrastraba de aquí para allá cuando comenzaba a echar raíces en un lugar, a conocer chicos con quienes podía hablar de algo que no fueran cacerías y monstruos, algunos amantes del ajedrez o la lectura, o para compartir un tranquilo juego de básquet. Chicas que parecían mirar más allá de su apariencia y le encontraban “mono”. Profesores que notaban su inteligencia, no sólo su retraimiento. Y cuando algo le interesaba, John Winchester llenaba el impala con Dean y él, obligándole a decirle adiós a todo.

   Y, claro, Dean…

   Seguían compartiendo cuartos, y con los años, aunque se mortificaba y hasta se tachaba de enfermo, la obsesión por su hermano no había hecho más que aumentar. Verle crecer era una tortura eterna; aunque no tan alto como él mismo a pesar de los años de diferencia que les separaban, sí más guapo, más desafiante y osado. Orgulloso de su cuerpo, de su sonrisa, de sus ojos y pecas, de sus chulerías para enfrentar a una chica, un casero o un monstruo debajo de la cama. Odiaba eso, admirarlo y resentirle tanto; que le irritara su promiscuidad y al mismo tiempo deseando que le mirara o hablara como a veces escuchaba que hacía con alguna, al teléfono. Que le gruñera, sonriendo torvo, “¿es esto lo que quieres, tío?”, como sabe que ha hecho con uno o dos chicos con quienes le ha visto, empujándoles contra una pared, frotándoles la pelvis de sus jóvenes culos que se refregaban ansiosamente…

   Si, de los dieciséis en adelante, Dean Winchester pareció enloquecer por el sexo. Y aunque decía una que otra palabra tierna a una chica, le invitaba una hamburguesa, no le decía no a un joven que no pudiera apartar los ojos de su impresionante físico. Y de todo sacaba provecho. Eso le molestaba, ¿cómo podía ser tan puto, tan regalado, tan…? Sobre su estrecha cama en aquel caluroso cuarto de motel donde John les dejara, el joven suda vistiendo únicamente un bóxer largo y holgado, de cuadritos, oyendo al otro silbar alegremente en el cuarto de baño después de la ducha. El joven peli castaño sabe que odia a alguien o algo, la vida, el destino o Dean, porque a él no le tocan ninguna de aquellas atenciones. Y en ese punto siempre se sentía mal, por desearlo tanto. Es cuando le parece escuchar el tono del móvil del otro.

   -Oh, mierda. –oye a Dean, mientras la puerta se abre y este sale, envuelto en un vaho de vapor, con una toalla al cuello y un bóxer gris de los cortos y ajustados, de los que usaba cuando iba de cacería. De chicas. El cual mostraba la silueta de una verga morcillona, levemente consistente y emocionada, seguramente anticipándose a la noche. Y Sam se odia por no poder apartar los ojos del joven y tonificado cuerpo que brilla con algo de humedad, de aquel bóxer.- Bien, es una pena. –responde a alguien al teléfono.- No, no, entiendo, está bien. Nos vemos luego. –corta con cara de chasco.- Joder, se me arruinó la salida. Esta nena tiene que cuidar a su padre enfermo. ¿No es mala suerte?

   -¿Tuya o de ella? –no puede evitar el tono venenoso, a veces Dean podía ser tan egoísta.

   -¡Ja ja ja! –finge burlándose.- No usarla te tiene de mal humor, Samantha, ¿no quieres que te de una mano? –es la contesta de siempre, secándose tras la nuca el rubio cabello oscurecido por el agua… ¡en bóxer!

   -Déjame en paz. –es la réplica furiosa, hervía de indignación por todo lo que sentía. Y Dean no ayudaba para nada.

   -La frustración sexual hace de Sam un niño gruñón. –canturrea, divertido todavía, al menos tenía algo que hacer ahora que su cita, una que se la había medio levantado toda la noche, le había fallado.

    No se esperaba lo que ocurrió. Viéndolo todo rojo, Sam salta de su cama, empujándole, haciéndole caer de espaldas sobre su propia cama.

   -¡Cierra la boca! –estalla el menor.

   -¿Qué diablos…? –brama Dean, al verse caer de espaldas, con el menor sobre él, furioso, intentando fijarle con el cuerpo y las manos, como ha aprendido de la lucha. Ah, pero él es Dean Winchester. Casi sonríe cuando enlaza los dedos con los del otro, desconcertándole por un instante. Qué tonto, piensa por un segundo, girando con fuerza el cuerpo hacia la derecha, derribándole, intercambiando la situación, ahora está sobre Sam, fijándole contra la cama, riendo de su frustración.

   -¡Suéltame!

   -Creí que querías jugar a ser el más grande. –todavía se ríe, sentado sobre su regazo, en bóxer, aún húmedo de la ducha, el tolete presionando contra la tela, bajando y tocándole al estar echado hacia adelante para sostenerle las manos. ¡Joder, la verga de Dean le tocaba!

   -¡Bájate! –Sam enrojecía alarmantemente, su tono era de pánico.

   -No aguantas una broma pero te gusta moles… -comienza Dean, sorprendiéndose, parpadeando, mirando sobre su hombro, hacia abajo.- ¡Sam, niño travieso! Es evidente que estás muy, muy, contento de verme. Y ya no pareces tan chico…

   -Dean… -la ira, vergüenza y timidez luchan por dominarle. Quería morirse… y en todo ese tiempo su verga iba endureciéndose, llenándose de sangre, sus carnes hinchándose, alzándose contra la tela… contra la hendidura del culo del rubio como buscando su camino. Y la idea, su verga en aquel culo, casi le hizo jadear.

   -¿Caliente, Sam? ¿Hasta el aire te la para? –le pregunta, labios torcidos, ojos brillantes como los de un gato.- ¿Te habría pasado hasta con el tío Bobby encima? –le reta. Y Sam quiere morirse, y teme que ocurrirá, realmente, al estallar en llamas, cuando el hijo de perra comienza a mecerse sobre su pelvis, adelante y atrás, rozándose contra su miembro, arrancándole un gemido.

   -No, Dean, deja de… ¡Ahhh! –el hijo de perra, era un hijo de perra, soltándole las manos, como retándole a bajarle, había enderezado su cuerpo, las rodillas contra sus costados, totalmente sentado sobre su regazo, sobre la joven, dura, caliente y pulsante tranca.

   -¿Quiere que baje, Sam? –pregunta untuoso, retador, sonriendo chulo, meciendo nuevamente su culo de adelante atrás, frotándose de su tolete que respondía con espasmos.

   -¡Hijo de perra! –brama con voz rota, jadeando, su delgado torso subiendo y bajando con esfuerzo. Ahora no sólo se rozaba de su piel, quemándole, sino que su verga también había endurecido dentro del ajustado bóxer gris, alzando la tela visiblemente, y el hijo de perra, porque lo era, se las ingeniaba para que fuera muy consciente del roce de sus bolas y su tranca dentro del calzoncillo.

   Era más de lo que Sam podía procesar, su mente se apaga y el instinto toma el control. Sus manos se alzaron hacia las caderas del pecoso, encontrando la suave y lisa piel algo húmeda, cálida y vital. Le ve tensarse cuando le agarra, erizándose bajo el contacto. ¡A Dean también le afectaba!

   Las jóvenes manos van a la baja espalda del otro, los dedos apuntando hacia abajo, metiéndose dentro del bóxer; respirando con dificultad, tragando en seco, los multicolores ojos totalmente brillantes, clavados en los de Dean… quien nuevamente se echa hacia adelante, permitiéndole tocar sus nalgas con mayor facilidad. Glúteos duros y turgentes donde sus dedos se clavaron mientras deja escapar un prolongado gemido.

CONTINÚA … 21

Julio César.