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AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 11

junio 10, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 10

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -Creo que podría funcionar. Ya lo… probamos, sabemos cómo será. No estaríamos tan nerviosos. –le dice a su mejor amigo Colin Morgan, sentados a la mesa de los maricas en el cafetín. Este silba bajo.

   -No lo sé, Jensen. La verdad es que fuimos fatales, la raya del fracaso la tuve pegada al trasero como cola durante días. Dos veces tropecé con ella. –recuerda este, aunque a decir verdad había sido uno de los menos malos en opinión de muchos.

   -Lo sé, pero… -el rubio se agita, balbucea y calla. ¿Cómo expresar que eran sus sueños los que eran pisoteados?

   Colin va a responderle algo, seguramente que sabía lo que pensaba, cuando una risa divertida le distrae, su mirada, como la de Jensen, va a la entrada del local, donde aparece Jared Padalecki, rodeado de los tres chiflados que tiene por amigos, riendo, con uno de sus largos brazos sobre los hombros de una bonita rubia que le mira radiante de felicidad por las atenciones que el guapo capitán del equipo de futbol de la escuela le estaba brindando.

   -¿Entonces, me llevará a la fiesta de Jessica Alba? Ella ni me mira, creo que no existo en su realidad. –todavía cuestiona ella.

   -Claro que te llevaré, Kaley. –le asegura él, soltándole, guiñándole un ojo y continuando con sus amigos hacia otra mesa. Ella queda casi flotando. El castaño ni una vez ha mirado a Jensen.

   -Okay. –se recuerda de respirar la joven, corriendo con una gran sonrisa hacia otra mesa donde la esperan sus amigas.

   El pecoso, en su asiento, traga con dificultad. Vaya, parecía que muchas chicas caían por accidente en el regazo de Jared, ¿todas conseguirían citas? Parece que todas tenían su oportunidad. Aunque, viéndolo bien, también ellos habían tenido una. La cara le enrojece. No, no le agrada eso, ese Jared realengo, pero tampoco podía reclamarle nada, no eran novios ni nada por el estilo. Pero, la verdad es que… ¡El muy puto! Es cuando repara en la mirada de Colin, e intenta una sonrisa.

   -¿Qué?

   -¿Tú y Jared Padalecki? ¿Cuándo ocurrió esto?

   -¿Jared y…? –se ahoga, enrojece y finge una sonrisa.- ¿De qué hablas?

   -Les vi salir de cierto gabinete de aseo. Y noté la poca gracia que te hizo verle con Kaley Cuoco. Parecías… celoso. Celoso de Jared y ella. ¿Tanto así te gusta?

   -No, Jared y… -comienza y se desinfla. Parece que mentir después de salir del armario, tras el otro, era tonto.- No es nada, Colin. Es un juego…

   -¿Juego? Padalecki me está perforando la nuca con esos rayos de odio que salen de sus ojos. –comenta sorprendido e irónico el otro. Jensen lanza un leve vistazo a Jared, quien efectivamente parece molesto. Tal vez era uno de esos niños que no gustaban que tocaran sus juguetes. Lo pensó, pero sin maldad, más bien divertido.

   -No es nada serio, créeme. Tan sólo es pasar el rato.

   -¿Con Jared, el hermoso? Juegas con fuego. –le advierte, sonriendo suave, ojos torturados.

   -Lo sé. Pero está bajo control. –le asegura, sonriéndole con agrado, tomándole una mano y palmeándola, un gesto de confianza. Uno que no le agrada mucho a cierto guapo jugador de futbol unas sillas más allá.- ¿Entonces? ¿Me ayudarás con los chicos? –vuelve a mirarle todo implorante, sonriendo con ansiedad. Sabe jugar sus cartas.

   -Jensen, sé lo que la actuación significa para ti. –comienza Colin.- Pero tal vez…

   -Joder, no puedo olvidar todos mis sueños e ilusiones por el fracaso de una noche. Tal vez sólo fue eso, una mala noche, las estrellas mal alienadas, los astros jugándome una pasada. –se agita, mirándole intenso, sin soltarle.- Sé que todos están deprimidos por los resultados, pero si tú dices algo, todos podrían interesarse de nuevo. –le mira suplicante.- Necesito esto, amigo. –y es más de lo que Colin puede resistir.

   -Está bien, déjame hablar con los muchachos. –Jensen lanza un grito de guerra, todos le miran, incluido Jared, y, por supuesto, en medio de un silencio momentáneo se oye claramente lo que dice a continuación.

   -Dios, podría besarte aquí mismo. –exclama el rubio, antes de enrojecer cuando comienzan las risas y pitas de las mesas cercanas y se oye un: “Por favor, no aquí, Ackles”.

   Jared Padalecki, orejas muy rojas, cierra las manos en puños, luchando ya por pararse de la mesa y dar el show de su vida en la cafetería de la secundaría, en su último año escolar. ¡Y por causa de un chico!

   -¡Ni se te ocurra, coño! –ladra Chad, entre dientes, atrapándole con fuerza un faldón de la chaqueta y halándole hacia abajo, para que se siente.

   -Chad…

   -¿Estás loco? –interviene Mike.- Cabeza de chorlito, tiene razón; siéntate y quita esa cara de burro mascando hierbas amargas.

   -Oh, vaya, gracias por lo de cabeza de… –Chad divide su atención contra él, también.

   -Son unos entrometidos. –gruñe Jared, ojos clavados, ceño fruncido, en cierto rubio atractivo y su acompañante, un mareno guapillo de rostro dulce.

   -Que dejes de mirarles. –ladra Mike, cubriéndose la boca con una mano.

   -No es tan fácil, ¿okay? –le gruñe, ganándose dos miradas desconcertadas, con bocas abiertas, de Chad y Mike. Tom parece confuso.

   -Oh, por Dios, te dio duro la mariconería. –farfulla Chad, casi enojado. No por el hecho en sí, sino por lo insólito e intenso de la situación, una que puede arrastrara su amigo al ridículo. ¡Y después decían que el demente era él!

   -Mírenlos, están dando un espectáculo. –gruñe, voz ronca, olvidando que estuvo a punto de dar uno mayor.

   -Hacen lo que siempre hacen desde que estamos en esta secundaria, y lo hace, como siempre, en la mesa de los maricas de la escuela. –le aclara Mike, mirándole a los ojos.- ¿Qué ha cambiado? Fuera de Ackles, que parece otro desde que se cortó el cabello y dejó sus feas gafas de montura, sólo tú.

   -¿Se puede saber de qué coño hablan? –Tom parece molestarse al fin, mirando a Jared, volviéndose sobre un hombro y enfocando a Jensen. No entiende. Se vuelve hacia Chad, que calla, igual Mike. Finalmente enfoca, de nuevo, a Jared.

   -Cuéntenle. –dice este, más abatido que molesto, aunque muy ceñudo, levantándose y alejándose. Sin haber almorzado, cosa que todos notaron con las bocas abiertas. Y no sólo en esa mesa.

   -¿Qué le pasa? –Tom estudia a sus amigos con desconfianza.

   -¿Recuerdas aquella vez que quisiste volverte mormón porque escuchaste que podían tener varias esposas? A Jared le gusta Jensen, y cree que puede ser marica. –explica Chad, ganándose una mirada molesta de Mike.

   -Qué tino para las expresiones. Deberíamos enviarte a arreglar los problemas entre palestinos e israelíes. –reprende, pero Tom no escucha, boca muy abierta, una tormenta cubriendo su rostro.

   -¿Jared marica? –brama, bajando la voz, furioso.

   -Bueno, ni él mismo sabe. –Mike intenta restarle importancia al asunto.

   -¡Ese hijo de puta! –ruge Tom, realmente molesto, levantándose y casi volviendo la mesa, alejándose de mala manera, sorprendiéndoles.

   -¿Acaso…? –comienza Mike, mirando a Chad.

   -Mierda, no creí que Tom tuviera problemas con los gay. De nosotros, parecía el más normal.

   -Tal vez por eso, sabes cómo es su papá. Son tan conservadores esos republicanos hijos de perra… –le defiende Mike. Chad mira a Jensen.

   -Ese Ackles va a causarnos muchos problemas, ya verás.

……

   Jensen Ackles nunca estaría seguro de qué medios, de qué palabras se valió Colin Morgan para convocar a todos dentro del grupo de teatro a una reunión-ensayo. En teoría, después del estreno, las funciones continuarían como parte de la tarea. Del aprendizaje. Los desastrosos resultados lograron que buena parte se replanteara el asunto, ¿querían o servían para eso? Claro, algo de nervios e improvisación privó, evidentemente, porque, individualmente, había personalidades interesantes, que destacaban en sus monólogos, Colin incluido, pero no resultaron lo suficientemente buenos durante el estreno. Así que el muchacho debió usar bastante labia, de la buena, para convencer a los chicos a tan sólo pensarlo otra vez.

   Se discutió durante bastante rato si valía la pena o no reintentarlo. Como un reto colectivo, pero Colin estuvo genial cuando lo planteó en términos de lo personal; cada quien debía evaluar, y probar, si deseaba continuar. Todos esos chicos se habían reunido alrededor de un sueño, uno que terminó en pesadilla, pero la esencia se mantenía. Todos, en mayor o menor medida, soñaron con triunfar en las tablas, tanto que debieran salir y buscar nuevos y más grandes escenarios. Retos mayores. Y un día ser famoso. Jensen era uno, aunque él lo veía casi como una necesidad, la única puerta que le llevaría lejos de sus primos, de la ciudad y de su propia historia. También él habló, elocuente, pero a diferencia de Colin, más bien radicalizó posiciones, muchos se dedicaron a acusar a otros, de falta de talento para comenzar, de ser completamente imbéciles en los momentos más álgidos. Fue cuando la profesora de arte, Kim Johnston, tomó la palabra.

   -Okay, okay, entiendo que estamos frustrados y molestos, pero no nos desviemos del tema. –desde el escenario se dirigió a los chicos, dentro y fuera de este. Sonrió con calidez.- No les negaré que me sorprendió un poco el resultado, los ensayos habían estado bien. Imagino que sí, que hay malas noches. También falta el talento, o la preparación. Pero eso puede conseguirse, cultivarse. Con disciplina y compromiso. –les mira.- El compromiso de cada uno de ustedes con su propia persona, sin apoyarse en los otros para intentar diluir una realidad. Deben probarse si aquello que una vez soñaron, es real. –mira a Jensen.- Pero no lo tomen como un asunto de vida o muerte… -el rubio traga saliva, incómodo. Ella les sonríe.- Véanlo como una aventura, otra que practicaron unas cálidas noches cercanas al verano cuando terminaban la secundaria, que contarán un día en medio de risas, asegurándoles a quienes oigan que sí, que eran buenos, que había talento, pero… otras cosas se presentaron. Será algo más que probaron, que intentaron, y que enriquecerá sus vidas. Los conozco, muchos tienen una veta a explotar. El resto puede mejorar. Pero cada uno debe intentarlo y probarse a sí mismo.

   Después de eso, se forman pequeños grupos que discuten, que se plantean la conveniencia o no de repetir. Propuesta que gana.

   -Jensen. –Kim, sonriendo, llama al joven, quien se veía que no cabía en sí de dicha.

   -Gracias por sus palabras. Los convenció.

   -Di forma a algo que ya se formaba. –resta ella importancia, mirando a Colin.- Él, por otro lado, tiene pico de oro. Si le da por la política… -se vuelve a mirarle.- Cariño, sé que estás muy feliz por probarte nuevamente, pero… -el rostro del rubio se ensombrece.

   -No soy bueno, ¿verdad? –plantearlo en palabras era como encararlo, hacerlo real, un miedo que tomaba forma. Le dio frío y se abrazó a sí mismo.

   -No es eso, todavía es muy pronto para saberlo. ¿Cuánto llevas en el club? ¿Seis o siete meses? Dime, ¿despertaste una mañana mirándote al espejo y diciéndote que si actuaba bien eso podría llevarte lejos? Lejos de aquí, quiero decir. –le ve enrojecer feamente.- Cariño, sé sensato. No es fácil destacar. Hay que ser bueno, tener talento. O prepararte, buscar un método que te sirva. Aplicarte.

   -Lo sé, y quiero hacerlo. Necesito hacerlo. –jadea vehemente.

   La mujer duda en pronunciar las siguientes palabras, porque en verdad, y aunque prometió ayudar a su amigo el entrenador Beaver, no sabe si le hará bien o no al joven frente a ella. Podía ver a través de la bonita cara, porque vaya que había resultado guapo (lo que a veces ayudaba, otras condenaba), que al muchacho le empujaban otros demonios.

   -Yo… tengo amigos. Dentro del teatro. Hay una academia que podría ayudarte, si les llamo. –ofrece, pero incómoda. Jensen enrojece, abre mucho los ojos y balbucea sin pronunciar palabras; y le duele verle las esperanzas, las ganas tan a flor de piel. Esa gratitud increíble brillando en sus ojos.

   -¿Lo haría, profesora? ¿Llamaría para hablar bien de mí? –pregunta, y por un momento parece tan sólo un niño.

……

   Saliendo del colegio, por la puerta trasera, hacia las gradas, Jared se siente molesto consigo mismo. Inconforme. Infeliz, él, que nunca ha experimentado tales sinsabores. Se sentía inseguro y celoso. Muy celoso. De Colin Morgan, un chico que, y sin querer parecer odioso, siempre le aprecio poquita cosa. Pero ahora le detesta porque le teme. El hijo de puta de Colin parecía un chico sensible y amable. Cosa, que de pronto, le parece sumamente amenazante. Y no se reconoce, no comprende en esos momentos, no esas ganas de llegarse y golpearle, cosa que sería increíblemente fácil. Debería hacerlo, por tocarle (bien, Jensen le tocó, pero…). Nunca ha sido celoso, ni de sus padres, chicas o amigos. Pero ahora siente que la sangre le hierve. Y cree entender un poco, por debajo. Lo que provocaba su inseguridad. Le gusta Jensen, de una manera inmensa, desconcertante, casi intimidante… pero a Jensen le parece que sirve tan sólo para pasar el rato. Ir, cuando quiere o se siente agrumado, por unos cuantos besos. Sube a la cancha, ve las gradas vacías, la grama verde.

   -Jared Padalecki con cara de tormenta, ya me parecía que eras tú. –oye una dulce voz de chica a sus espaldas. Se vuelve sonriendo, no del todo aliviado, pero algo.- ¿Todo bien?

   -Alexis Bledel… -le sonríe, enfocando a la menuda morenita de ojos grandes y cintura casi inexistente. Habían tenido algo en el pasado.- Todo bien. –responde, manos en los bolsillos de la chaqueta, mirando nuevamente hacia las gradas vacías.

   -No lo pareces, ¿es por tu rompimiento con Taylor? Vaya, no te creí tan apegado a ella. –comenta la joven, logrando que frunza el ceño.

   -La quería mucho. Aún lo hago.

   -Como seguro me quieres a mí, todavía, un poquito en lo profundo de tu largo cuerpo. –medio ríe ella.- Pero creo que ya sabes de qué hablo.

   -Si, no es por ella. –baja la mirada a la grama, extraviado.- ¿Alguna vez te ha gustado mucho alguien, que está contigo, pero…? -la enfoca.- ¿…que sientes que no te quiere tanto como tú lo haces?

   -Amar demasiado es cosa de chicas, Padalecki. –se burla, luego ríe de su cara.- Te entiendo. Y sí… tú me gustabas todavía cuando… todo se acabó. –le desconcierta.

   -¿Quieres decir…? –se lleva las manos a los cabellos. Alexis le había gustado mucho, fue divertido, luego ya no tanto y siguieron cada uno por su lado. Pensó que había sido algo mutuo, pero ¿quería ella eso? ¿Lo quería Taylor cuando se lo planteó? Había resultado bien para él, pero no parecía igual para todos.- Lo siento.

   -Oye, no te sientas tan mal. Teníamos trece años, no podía ser amor real, ¿verdad? -se encoge de hombros.- Entonces… ¿alguien ha movido tu mundo? –el joven sonríe con una mueca, indeciso.

   -¿La verdad?, no lo sé. Me gusta alguien. Mucho. Realmente mucho. –vuelve la mirada a los conocidos y queridos edificios donde transcurrieron sus años de secundaría, molestos a veces, divertidos muchos otros. El escenario de sus triunfos sociales, deportivos, escolares e incluso amorosos.- ¡Es tan molesto sentirse así! –gruñe.- Saber que mientras sólo piensas en sus ojos, en un roce de sus labios, de ti ni se acuerdan hasta que te vuelven a ver.

   -¡Wow! Te dio fuerte. –gime ella, sonriendo asombrada, deslumbrada por algo, atrapándole un bíceps con las dos manitas.- ¿Y quién es ella? ¿La feroz y distante pero hermosa reina del hielo? No puedo creer que alguien no quiera vivir metida dentro de tus pantalones si a ti te gusta.

   -¡Alexis! –enrojece, sonriendo divertido y halagado, hasta ver que Jensen sale del colegio por la puerta del patio, evidentemente buscándole. Encontrándole con la mirada. Con Alexis. Ella tocándole. Claro.

   -Debo volver a clases. –dice ella, alzándose en puntilla de pies y besándole una mejilla, congelándole.- Si necesitas hablar…

   -Okay. –responde, tenso otra vez, viendo a Jensen acercarse. Les observa al cruzarse, cada uno alzar la mirada en reconocimiento, sus mundos no colisionando, apartándose. Por alguna razón, el corazón le late con fuerza. Con pesadez. Y no era algo grato.

   -Lo juro, campeón, ¡nunca he visto a un tío como tú! ¿También con Bledel? –Jensen sonríe socarrón, aunque no parece contento.- ¿No habías salido con ella hace tiempo? Dios, no me digas: saliste con todas y ahora vas a comenzar la segunda vuelta. –a pesar de no ser su intención, se oye bastante venenoso.

   -Por lo menos busco lugares discretos para dar mis espectáculos. –se le escapa a Jared, acusando, aunque tampoco pensaba decirlo.

   -¿De qué hablas?

   -Sé que Morgan es… tu amiguito, ¿pero tienes que derramar tanta miel en una mesa de la cafetería? Trabajas ahí, por Dios, deberías ser más profesional.

   -¿Qué derramo…? –se ve confuso.- ¿De qué coño hablas? –y si no hubiera tenido la mente tan ocupada con tantas cosas, tal vez, en ese momento, durante ese estallido de celos, el rubio hubiera sabido a lo que se enfrentaba, sobre todo después de que Colin dijo algo al respecto, sobre la profundidad de los sentimientos que se estaban formando en el corazón de Jared. Pero no supo verlo y la historia comenzaría de manera dolorosa.

   -Oh, por favor. Las miradas bobas, las sonrisas babosas, los tonitos de voces. ¡Querer besarle como gritaste! –enumera.

   -Estaba agradeciéndole su ayuda porque… -se detiene.- Repito, ¿qué coño tienes?

   -¡Nada! –cruza los brazos, con un mohín.

   -¿Tienes hambre acaso? Te estás comportando muy extraño.

   -Dije que estoy bien. –da un paso adelante, encarándole y remarcándole cada silaba al rostro. Se miran a los ojos, llameantes.- ¿Y qué haces aquí? ¿Buscas a Morgan?

   -No, te buscaba a ti, Colin prefiere la biblioteca; pero si estás tan ocupado siendo un culo… -va a dar la vuelta.

   -Ya estás aquí, ¿no? ¿Qué querías? –le atrapa un hombro, deteniéndole.

   Nuevamente se miran a los ojos, tirantes, molestos, hay frustración y casi ira latiendo de manera tácita. Jensen toma aire, los labios le tiemblan y a Jared las rodillas se le aflojan un poco.

   -Quería… -comienza el rubio, rodeándole el cuello, halándole, luchando contra su leve resistencia, venciéndole, acercándole y besándole.

   Jared responde automáticamente, sus brazos rodean la cintura del rubio como dotados de vida propia, con ganas, casi aprisionándole de manera posesiva mientras sus lenguas se encuentran. Las puntas rozándose, tocándose, luchando, producen estallidos eléctricos en cada punto de sus cuerpos. Sus miembros responden con calor. Jensen separa sus labios, a duras penas porque Jared no desea permitírselo.

   -Quiero que vayamos a algún sitio donde estemos solos… y que lo hagamos. Quiero verte desnudo, Jared Padalecki. Quiero tenerte y que me tengas. Que seas mío por un rato. Y ser tuyo.

CONTINÚA … 12

Julio César.

DEAN, EL SOLITARIO REGRESO DEL GUERRERO… 3

junio 7, 2015

EL REGRESO DEL GUERRERO                         … 2

DESTIEL, SENTIMIENTO

   Si el ganador lo toma todo, ¿qué queda para el perdedor?

……

   Riendo para sus adentros, claro, Dean se pregunta cómo nadie ha venido a reclamar por todo el escándalo cuando él, por dos gritos locos que lanza en medio de sus pesadillas regulares, despertaba e irritaba a todos en un motel. Porque vaya qué gritaba aquella joven desnuda, de espalda arqueada sobre la cama, con dos tíos, desnudos también, a sus lados, que lamían y mordían sus pezones imposiblemente duros, estimulándolos con dientes y lenguas, succionando como lactantes que compiten entre sí, mientras también juegan con su coño, las manos de dos tíos recorriéndolo externamente, los dedos entrando en la cálida y húmeda cavidad, jugando, tocando, estimulando. Es más de lo que la pobre chica puede soportar. Y más cuando se mira en el espejo del techo, eso que el cazador se cuidó mucho de que estuviera. Verse a sí misma, perdida de calenturas, parecía excitarla aún más. Estaba prácticamente delirando entre los dos sujetos, de sus bocas que mordían y chupaban, de las manos que recorrían su abdomen, los dedos que jugaban con su coño, un dedo de cada tipo penetrándola adentro y afuera.

   El chico también se miró al espejo cuando, sentado en la cama, la vio, en cuatro patas, tragándose su verga, de punta a base, succionándola también, gimiendo mientras lo hacía, porque ese tipo estaba detrás de ella, arrodillado, metiéndole la lengua en el húmedo y tibio coño, lengüeteándole ruidosamente el clítoris, teniéndola delirando de excitación, mientras le clavaba dos dedos por el culo. Preparándola para el sándwich de vergas que le darían. Todo eso lo veía el chico en el espejo, incluso su propio rostro.

   Como también se vio y a ella, más tarde, la joven de espaldas sobre la cama, besándose con el rubio pecoso de manera hambrienta, después de haberle mamado, seguramente con algo de su sabor compartiéndolo con ese sujeto, mientras este continuaba jugando con su coño, metiéndole dos dedos largos que iban y venían, como ganchos, haciéndola delirar. Y él… bien, de medio lado entre las piernas de ese sujeto… le lamía y mordía la verga blanco rojiza, dura. Sus labios, húmedos, se abrían y cerraban sobre el glande de ese otro carajo, sorbiendo, chupándolo todo, algo que nunca antes había hecho. Cuando lo lame de lado, como saboreando una paleta, su boca subiendo y bajando, ese sujeto alarga una mano firme sobre su cabello, casi como una caricia, y le sorprendió lo bien que se sentía. No pudo evitar elevar la mirada y verse, mamándole el tolete al sujeto rubio y pecoso de ojos verdes. Algo que lo excitaba horriblemente. Dejando de lado todo pensamiento racional sobre lo que hacía, medio elevó el rostro, de frente a esa pelvis, y lo tragó totalmente, como su chica hizo poco antes con el suyo, llenándose la boca con la pieza masculina, esta latiendo sobre su lengua.

   -Oh, mierda, si… -escuchó que el tipo gimió, de gusto mientras le mamaba la verga con fuerza, sus labios subiendo y bajando dejándolo brillante de saliva y jugos.- Trágatelo todo, te ves bien chupándolo, tío. A tu nena le gusta. –el tono chulo ni le incomoda, no mientras lo atrapa todo, casi ahogándose, y la oye medio reír excitada.

   Dean también ríe, bajito, ronco y sexy contra los labios de la chica, medio volviendo sus ojos, viéndoles en el espejo. Esos dos servirían para ahuyentar las pesadillas hasta por la mañana.

……

   Hubo un tiempo cuando Castiel entraba, sin pedir permiso porque creía tener derechos sobre su humano, a los sueños de Dean Winchester; lo hacía atormentado por todo ese dolor que percibía en el otro. Se presentaba para calmarle las pesadillas. Ahora no se atreve. Fuera del motel, aguarda. Sabe que el cazador está inquieto, lo percibe. Mucho. Era cuestión de tiempo.

……

   La noche avanzaba, y entre dos cuerpos tibios, dormidos, ellos mismos no sabiendo por qué se quedaron, Dean está fuera del mundo. Pero no descansa. Sus parpados se agitan, se revuelve en la cama. Está corriendo otra vez por el Purgatorio, escapando de leviatanes que se levantan aquí y allá, rápidos en sus carreras, sus bocas desmesuradamente abiertas, los alaridos de rabia escapando de sus bocas contra uno de los culpables del fracaso del gran plan. No era miedo lo que le dominaba, era desesperación, corría por su vida y no podía detenerse ni un segundo. No había descanso, reposo, tan sólo tensión, adrenalina y rabia. Saltaba sobre árboles caídos, las ramas le rozaban y herían. Cae y rueda, feo. Se levanta. Frente a él se encuentra una mujer que le mira con odio, y su boca se abre de manera terrible, lanzándosele encima.

   Helado, Dean Winchester se sienta en la cama, perdido, no sabiendo dónde está, desconcertado por la mujer y ese tipo a ambos lados de su cuerpo. ¡No está en el Purgatorio! Esa leviatán no le amenazaba ya. ¡Estaba a salvo!, mentalmente se lo grita una y otra vez, pero tiembla sin poder contenerse. Sam… Castiel…

   Los nombres, pensar en ellos de manera desolada, el auxilio que esperó a cada segundo en aquel lugar, le hería, porque eran ayudas que nunca llegaron. Ni llegarían porque no le buscaban. Eso le ahoga. No puede quedarse, necesita moverse. Tiene que ponerse a trabajar para ver si logreaba acallar los temores, las rabias por todo lo que tuvo que hacer. Con cuidado sale del lecho, se medio viste, recoge sus cosas y sale, mirando por última vez a la pareja dormida. Pensó que alcanzarían para alejar las pesadillas, pero no. No le extraña, la reunió con Sam le había dejado profundamente afectado.

   La noche tibia, oscura, el viento agitando los arboles, le inquieta. Traga en seco, a buen paso dirigiéndose hacia el auto estacionado al final del lugar. Se detiene bruscamente. Lo siente. Alguien o algo está allí (Castiel). Sus ojos brillan como los de un gato, alertas. El temor y la inquietud idos. Morral al hombro, con una mano sostiene su arma, con la otra un largo cuchillo de plata. No ve a nadie, pero…

   Castiel no se materializa para él, le mira, parado no muy lejos, pero no osando dar el paso. Qué diferente se veía el cazador. Su rostro estaba más marcado, más delgado y algo macilento, y sin embargo parecía más fiero. Más decidido a todo. Tiene que…

   -¡Hey! –alguien aparece frente al cazador, que se agita. Este sonríe y alza las manos.- Tranquilo, hermano, recibí tu llamada.

   -¡Benny! –gruñe el cazador, de pronto tembloroso de alivio.- Amigo, no te esperaba hasta… -y calla. Se miran.

   -¿Todo bien, Dean? ¿Encontraste a tu hermano? ¿Sabes de tu amigo Castiel? ¿Encontraste lo que ansiabas en el Purgatorio?

   -No… -confiesa este, dejando caer las manos.- Nada está bien, amigo. Nada es como lo imaginé. O como creí que era.

   -Te entiendo. Todo se ve muy diferente ahora, ¿verdad? El Purgatorio parecía más estable. Y confiable.

   El ángel les mira y escucha, incómodo. Confundido. Sabe que ese tal Benny es un ser sobrenatural. Un vampiro. Le sorprende un poco verle al lado de Dean, el duro cazador enemigo de toda criatura maligna. Pero no es eso, precisamente, lo que le causa esa desazón extraña. Es la mirada atormentada del cazador, algo suplicante. Necesitaba un hombro y parecía querer encontrarlo en esa abominación.

   -No sé qué hacer ahora, Benny. Me dejaron atrás. La vida, mi hermano… -calla, y Castiel se pregunta si pensaba en él. Idea muy molesta.

   -¿Todavía te atormenta lo del Purgatorio?

   -Las cosas que hice…

   -Las cosas que hicimos. Y no eras tú, hermano. Fue ese lugar. Te cambia. Te afecta. Es como una droga. –es solícito, alzando una mano que seguramente era fría, muerta, piensa Castiel, atrapando un hombro del cazador, apretándole. Con intimidad. Pero lo más sorpresivo para el ángel es ver a rubio sonreír levemente, agradecido. ¿Qué estaba ocurriendo allí que…?

   -¡Dean! –se presenta, sobresaltando al cazador y al vampiro, que muestra sus dientes puntiagudos. Ángel y el vampiro se miran, tensos, como calibrando qué ocurriría en una batalla.

   El cazador se queda helado, confuso, los ojos clavados sobre el Castiel de siempre, con su gabardina y su corbata floja, su mirada abierta y clara. Franca. Una trampa de la vida, piensa el pecoso hombre, molestándose. Una vez creyó en esa franqueza. Con una mano sobre el torso, detiene a Benny.

   -Tranquilo. Le conozco. O eso creí. –le informa. Sin quitarle los ojos de encima, sintiéndose atrapado, enterrado en pantano.

……

   En su cama, Sam Winchester tampoco puede dormir. Regresó molesto con Dean por marcharse y dejarle de esa manera. Le parecía increíble que no pudiera entender que, de verdad, ya no tenía fuerzas para continuar, no con un trabajo que le había costado todo. Su madre, su padre, Jessica, Bobby, y finalmente Dean. ¿Cómo continuar? ¿Cómo preocuparse de otros cuando había quedado tan roto y solo? Dean no lo veía así. Tragando en seco, sin moverse para no despertar a Amelia, quien no se había sentido muy bien últimamente (y que no le preguntó a dónde fue o qué hizo, algo que debió indicarle que la cosa era mucho peor de lo que imaginaba), siente también rabia. Disgusto porque Dean había sido certeramente duro: le había dejado atrás, abandonándole a su suerte. ¿Le creyó en el Cielo, que sabía se lo había ganado ya que Dios mismo había dado la garantía? Si, lo creyó. O lo supuso. O quiso imaginarlo.

   Un año en el Purgatorio, arrastrándose por un campo de guerra, todos los horrores que habían combatido a lo largo de los años, siguiéndole. Cazándole. Dean se había convertido en la presa. ¿Cómo salió? No, ¿cómo sobrevivió todo un año a ese horror? Había sido lanzando, en cuerpo y alma, a ese lugar, podían destrozarle, matarle. Imaginar que… No, no podía engañarse. No le buscó. Por una vez no hizo nada. Tan sólo continuó su camino. Dejó atrás al guardián de su infancia.

   -¡Quiero helado, Dean! –oye sus propio gimoteos de niño, un enorme puchero con sus ojos llenos de lágrimas.

   -No tengo dinero, Sammy. Lo que papá dejó ya se agotó. –respondía exasperado, y desesperado, aquel pecoso niño de ocho años.

   -Helado, Dean… -gimoteaba. Y así continuaba hasta que el muchacho salía.

   Para regresar siempre agitado, con un bote helado. Una vez un arañazo en su cara sangró un poco. Lo supo luego, dos años después, una tarde que le siguió. Dean entraba a un supermercado, mirando en todas direcciones y tomaba algún paquete de helado con el cual escapaba a toda carrera. Nunca más le pidió nada por el estilo. Esos recuerdos eran demasiado molestos en ese momento, piensa el menor de los Winchester en la cama que comparte con Amelia; prefería recordarle cuando, contando con ocho años, le dejaba en esas horribles salas de fiestas, con payasos, donde alguien cumplía años y se colaba en la celebración. Le dejaba allí, aunque lo odiaba, para ir a coquetear con alguna chica. Regresaba, intentando alegrarle con zalamerías, llevándole luego al cine, a ver algo de ficción, para contentarle.

   Mirando hacia el techo, Sam toma aire. Hasta en sus momentos de idiota, Dean pensaba en él. Aunque, claro, había otras facetas, las que nunca hablaron. Aún a los diez años notaba como las chicas, algunos chicos y uno que otro adulto, miraban a su hermano de manera especial. Había algo en Dean que destacaba, su aire chulo, desafiante, de sabelotodo, arriesgado y osado. Recuerda esa tarde en el cine cuando un chico miraba y miraba a Dean, el cual venía molesto porque su cita le había fallado (no quiso dejarle meter mano). Era evidente que al chico le atraía su hermano. Sam pudo haberle advertido, que mantuviera los ojos apartados, pero no se atrevió. Dean notó la mirada, y ceñudo alzo la barbilla, desafiante. Al rato se levantó, abandonando la sala diciendo que iba al baño. Y el otro chico le imitó. Presintiendo algo terrible, Sam salió luego, viendo desaparecer al jovencito, tal vez de dieciséis años, entrar en los sanitarios. Con cuidado se acercó y les pilló.

   Dean, de pie, la chaqueta de su padre quedándole enorme, con la joven y rojiza verga erecta afuera, miraba al otro, que estaba de rodillas.

   -Entonces… -Dean quiso saber. Era como un reto, Sam lo supo.

   -¿Me dejas chupártela? –suplicó el muchacho, haciendo sonreír a su hermano y estremecer a Sam, quien no podía creerlo. ¿Dean sacándose la polla frente a otro chico?

   -Hazlo. –le oyó y le vio metérsela en la boca, atraparle el cabello, embistiéndole, preguntándole si le gustaba mucho mamar.

   Esa tarde comprendió que Dean era notablemente sexual, salía con una chica para tener relaciones, si no resultaba buscaba lo que fuera para aliviarse, y no con una paja. Y se le daba. Alguien siempre aparecía, con los años fue notándolo, dispuesto a satisfacerle. Por eso su hermano creció tan chulo, tan creído de sus atributos y encantos. Aunque, a decir verdad, mirándolo en frío, Dean siempre fue el más guapo de la familia. Y desde esa tarde, para el chico, aunque más tranquilo, rigió la misma regla de calenturas. A veces le molestaba la actitud del otro porque era confusamente sensual y excitante. Con los años, pareció que ya ninguna rechazaba a su hermano, cosa que también era molesta.

   Amelia, a su lado, jadea y toma asiento en la cama, alarmada.

   -¿Estás bien? –rápidamente se sentó también y le rodeó los hombros con un brazo, notando como la joven se tensaba tomada por sorpresa.

   -Sam… -gimotea, como si le sorprendiera y aliviara encontrarle allí.

   -¿Qué tienes? ¿Una pesadilla? –pregunta; últimamente tienes muchas, lo piensa pero no lo dice.

   -Si, una tontería. -intenta una sonrisa.

   -¿Quieres contarme…? -comienza, pero ella se aleja, tensa otra vez.

   -No. No es nada, yo… Necesito agua. –sale de la cama, casi como si huyera.

   El menor de los Winchester parece confuso. Y preocupado.

   La mujer toma agua en la diminuta cocina y se dirige al cuarto de baño, el del pasillo. Se mira al espejo. Se ve desencajada, pálida. Ojerosa. ¿Cuánto tardaría Sam en notar que algo le ocurría? Pero… jadea desmayada, a su imagen reflejada en el espejo, se suma otra, la de un hombre joven vestido de militar, piel apergaminada, descompuesta, una mueca de ira en la boca, ojos desencajados.

   -¡Ayúdame! –le ruge, contenido, bajo y burbujeante, como si hablara con la boca llena de agua.

   -¡No estás aquí! ¡No estás aquí! –jadea aterrada. Estaba enloqueciendo.

   -¡Ayúdame! –repite con un grito esa imagen y el espejo se raja como si hubiera recibido un puñetazo. Ella chilla algo histérica de miedo, aunque oye a Sam llamándola, apareciendo en la puerta.

   -Amelia, ¿qué ocurre? –la mira, desconcertado, notando el espejo.

   -Sam, creo que estoy enloqueciendo. –las lágrimas brotan de sus ojos mientras le abraza.- Estoy viendo cosas. Alucinaciones. Me parece que me persigue un fantasma, el de mi esposo muerto en Irak. Y está furioso. Quiere lastimarme.

……

   Arrojando el morral sobre a capota del viejo auto, Dean mira hacia la noche, más allá de los límites del cutre motel. A sus espaldas, Castiel parece aguardar algo. El cazador endereza los hombros y bota aire.

   -Habla, Castiel. No tengo toda la noche. –es seco cuando se vuelve y le mira. El ángel alza la mirada, sorprendido.

   -Pareces molesto, ¿fue porque interrumpí la reunión con tu amigo, el vampiro? –no puede evitar el retintín. Simplemente lo pensaba y lo dijo.

   -No tienes que decirle vampiro, tan sólo di “tu amigo”. Él lo es. –Castiel alza la mirada bruscamente.

   -¿Insinúas…? –no puede continuar. La conversación estaba resultando realmente difícil.

   -Habla, Castiel. Di lo que tengas que decir.

   -No pareces de humor. –replica algo seco.

   -Pero tiene que ser. Hablaremos ahora o ya no lo haremos después. –puntualiza, sorprendiéndole y lastimándole.

   -Estás molesto conmigo. –reconoce.

   -¿Te parece?

   -Dean… no pude hacer nada…

   -¡Estabas a mi lado cuando Dick Roman estalló! Desaparecí, succionado por el Purgatorio, pero tú no. Tú sabías dónde estaba, qué había pasado conmigo por usar esa arma de… Dios. Pero al igual que Sam, me diste por perdido. Todo un año, Castiel. Me arrastré por la porquería todo un año. Llamando a Sam, por costumbre, ¿qué podía hacer mi hermano que no estuviera intentando ya desesperadamente? Mi fe estaba puesta en ti, en el ser angelical que no fue tragado por toda esa mierda, quién fue una vez al Infierno por mí, así fuera porque seguía órdenes de otros que deseaban comenzar el Apocalipsis. Pero fuiste, esa vez. Y te esperé, Castiel. Cada tarde, cuando podía parar un momento, me preguntaba si sería el momento cuando aparecerías. Al otro día me lo preguntaba otra vez. Esperé mucho tiempo por tu ayuda. Dime, Castiel, ¿qué estabas haciendo por mí?

   -Dean, no puede hacer nada. El Cielo está devastado por la guerra entre los ángeles, por Rafael, luego por mí. El Infierno parece ser una gran amenaza, aunque no entiendo cómo ahora sí lo es y antes no. Y yo soy un leproso, por la matanza que realicé cuando… me creí un dios. Le debía muchas explicaciones a todo el mundo. Fui… obligado a ayudar en la reconstrucción. –se miran.- No podía hacer nada por ti. No se me permitía. –suena suplicante. Se estremece bajo la mirada brillante del rubio, toda la decepción y desaprobación visible en ella. Eso le hería de una manera atroz. Dean le juzgaba. Dean le encontraba culpable. Dean le castigaba. Y la verdad es que era insoportable. Por un momento pensó que habría sido preferible fallarle a toda la Creación que aquel hombre de corazón torturado.

   -Entiendo. Todo queda claro… -susurra finalmente. Rígido abre el auto, arroja sus cosas. Sin mirarle.- Cass… -el antiguo apodo le pega, le mira, suplicante aún.- Sigue con tu misión. Tengo la mía propia. No te molestaré más… Y no me busques. –finaliza, mirando sobre el techo del vehículo, a la noche.

   No nota que al ángel, a sus espaldas, parece que se le rompe el corazón.

……

DEAN AND BENNY

   Dean y su vampiro; lo dicho, demasiados hombres en una serie.

CONTINÚA … 4

Julio César.

AULLANDOLE A UNA FLOJA LUNA DE PAPEL

junio 2, 2015

DEAN, TODO UN DIABLILLO

A DEAN LE QUIEREN DE RODILLAS

   Sobre sus rodillas… Todos quieren con Dean.

   Dios, pensé que odiaba a los vampiros, en esta serie y en todos esos programas tontos donde los ponen como galanes que conquistan adolecentes tontas aunque tienen cientos de años de vida (ya lo dijo Dean Winchester, esas lectoras están cachondas), pero los hombres lobos comienzan a ser a.bu.rri.dos. No hay salvación para ellos. La trama donde Garth desaparece, quedó más o menos bien, no mucho, pero fue pasable. Cuando conocemos a Madison, aquella espectacular mujer de la que Sam se enamora, después de lo de Jessica, fue increíble, pero en general no son tan divertidos. Del trío de universitarios aquellos, la trama pudo ser mucho mejor que esa cosa tibia y tonta que dejaron al final, aunque me agradó que Kate cobrara cuentas y pudiera escapar de los cazadores prometiéndoles que nunca mataría a nadie. Y los hermanos la dejaron ir porque no estaban en esos momentos como para ponerse a juzgar el grado de monstruosidad de los demás. El cuarto episodio de esta temporada, 10X04 – PAPER MOON fue, en líneas generales, soso. Lo volvería a ver porque soy un fan, pero máximo dos veces más, luego lo olvidaría.

   A un club llega una mujer hermosa, lo sabemos porque todos los motorizados la miran, ella sale con uno y lo mata. Con las uñas le rasga el cuello. Me encantan esas escenas de las regueras de sangre (estuve reviviendo la séptima temporada estas noches por problemas con el internet, y viendo el episodio de las amazonas, con el primer cadáver en el suelo, sin manos ni pies y toda esa sangre, constato lo mucho que usan el recurso, pero se ve bien). Ya de entrada no me gustó esa escena. Está bien, las intro no suelen durar, pero si tienen a un hombre que se aparta de los demás para ir con una mujer, y esta se transforma en un monstruo, lo menos que esperas es que él intente defenderse, que ella lo hiera y que este salga corriendo por esos bosques, desesperado y que ella le dé caza. Ese es el atractivo de los monstruos, el miedo que causan, el deseo de escapar de la víctima, acosado, uno preguntándose si lo logrará o no y que luego grite cuando la bestia se le vaya encima. Esta toma fue muy mecánica, la serie debería cuidar el formato de programa de horror. No se trata de mostrar una vistosa escena de sangre, sino buscar la impresión en el espectador de estar atrapados en la pesadilla, con los viejos recursos de causar angustia. Todos aman al o la joven que corre de Jason, que grita, que cree que va a escapar y que este le salga al frente. Nadie quiere ver a una chica entrando a un cuarto y un hacha cortándole la cabeza sin más.

SAM AND DEAN

   Bien, los hermanos se la están tomando con soda, nada de cazar por un tiempo, preocuparse y cosas así. Toman cervezas cerca de un lago parecido a ese pedazo de Cielo que Dean soñó aquella vez que Castiel se le apareció para prevenirle de los planes de los ángeles en la cuarta temporada, pero a este le pica el gusanillo del trabajo. No quiere estar quieto, ¿es por su naturaleza o es la Marca? Creo que eso preocupaba a Sam.

LOS WINCHESTER UNIFORMADOS

   Y parten a investigar, aparecieron uniformados, se veían bien. En este episodio hubo de tres a cuatro charlas sobre “¿cómo te sientes?”, y “¿por qué no hablas de eso?”; nunca había ocurrido. Llegan al poblado, saben que es un hombre lobo, un testigo vio a una chica. Siguen a una joven a un granero y resulta ser Kate, la chica lobo que escapó.

KATE, UNA LOBA AGUADA

   No voy a extenderme mucho, porque de verdad que no fue interesante, tan sólo que ella se niega a delatar que tiene una hermana loba, que es quien está matando, y prefiere que Dean la asesine a contarlo, para protegerla, tal vez porque es su hermana, tal vez porque ella fue quien la convirtió. En esa escena, como en aquella cuando cuenta lo que hizo, que su hermana estaba al borde de la muerte, la convirtió para salvarla y luego la encontró devorando a alguien, como la otra, donde se da cuenta que Dean la engañó para encontrar a la hermana y matarla, ella gritando en el auto que no es su culpa, todo eso habría estado genial en alguien más expresivo, una mejor actriz, pero no dio el tono, de verdad. Se veía fría. Le costaba gesticular. Ni siquiera cuando apuñala a la hermana. En ese papel, un Jensen Ackles no habría hecho llorar durante días.

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   A mediados de la trama, después de engañar a Kate para ir por la hermana, que era toda una joyita, casi mata a los hermanos, que cayeron fácilmente en sus manos, quería su manada, sangre y poder (como tiene que ser un monstruo), los hermanos hablan en el impala. Ya antes habían tenido una medio discusión cuando Sam impidió que Dean matara a Kate, no por creerla inocente en ese punto sino por miedo a que recayera en lo de la Marca de Caín. Allí, Sam explica por qué no pudo sencillamente dejarle ir a pesar de pedírselo en una nota, que cuando recogió su cadáver y lo colocó, muerto, en aquella cama, supo que tenía que hacer lo que fuera por revivirlo. A su hermano. Como Dean en la segunda temporada cuando pacta su alma (de hecho Sam buscaba un demonio, seguramente para llegar a un acuerdo parecido). Eso me gustó porque era el Sam de siempre. Los hermanos parecían entenderse y llevarse bien. Pero ya cuando el episodio va a terminar, vuelven sobre el punto y terminan molestos. Parece difícil para los guionistas bajarles el tono,  la verdad es que es un tanto molesto. Me gustó que Kate escapara.

   Fue un episodio de relleno, que pudo ser algo mejor, emocional y dramáticamente hablando, si la joven que interpretaba a Kate hubiera sido una actriz algo más expresiva. ¿Lo bueno?, la cacería de los hermanos, el regreso al viejo negocio familiar, aunque harían estado de película enfrentando a una criatura nueva. Me gustaron las charlas entre ellos, especialmente el aire de protección que Sam asume respecto a Dean, a quien sabe que algo le falla, la Marca sigue ahí y tarde o temprano reventará. No apareció Crowley ni Castiel, ¿la verdad?, les extrañé un poco. De los cuatro episodios, me han gustado los cuatro. Veremos cómo siguen.

LOS FAN FICTION, LOS 200 DE SUPERNATURAL

Julio César.

EL EXORCISMO DE DEAN WINCHESTER

mayo 29, 2015

DEAN, TODO UN DIABLILLO

CASTIEL EL ANGEL, DEAN EL DEMONIO

   ¿Era o no aterrador?

   El tercer episodio de la décima temporada, 10X03 – SOUL SURVIVOR, fue un intenso Sam/Dean, como en los viejos tiempo aunque en nuevos términos. Sam le detuvo y va a comenzar su exorcismo, aunque Dean quiere que dude que pueda hacerlo, o que no le mate en el proceso. También aparece Crowley, de vuelta en el Infierno, y Castiel, junto a Hannah, pero todo eso parece únicamente accesorio. Y, sin embargo, el episodio fue realmente muy bueno.

SAM SALVARA A SU HERMANO

   Dean se ve impresionante como demonio, cuando intenta morder a Sam casi me hizo reír, aunque también me sobresaltó. Dicen, porque en ese detalle no me fijé, que el mismísimo Jensen Ackles dirigió el episodio, siendo así se dirigió a sí mismo de manera maravillosa. Sam comienza con aquello de que tiene que salvarle, Dean le pregunta quién es el monstruo ahora que se ha apartado tanto del camino. Lo sabe por Crowley, que fue Sam quien buscó al carajo deprimido por el engaño de su mujer (a quien Dean mató el episodio pasado y que se lo merecía, el engaño de la mujer, era un imbécil), para que hiciera un trato y atrapar al demonio que apareciera para interrogarlo, y torturarlo, por información (imagino que así piensa la CIA, que es lo mismo). Saliéndole todo mal.

SAM VS DEAN

   Sam se ve culpable, y aunque a decir verdad uno entiende por qué lo hizo, cosa que no le disculpa de ninguna manera, fue un hijo de perra, hay que reconocer que es típico de los hermanos este comportamiento, cuando parece ya no ven dónde está la línea. Cuando Sam pacta con aquel cazador desequilibrado para matar a Benny, el vampiro, porque es un monstruo, fue imperdonable cuando luego corre, dejándole sólo a pesar de saber o suponer que el vampiro era peligroso, para atender un asunto con Amelia. Ahí me molestó el menor de los hermanos, pero Dean también ha tenido estas ideas, como cuando casi mata a la mama de Kevin para alcanzar a Crowley (aunque si era para matar al Rey del Infierno, en ese momento, parecía un precio menor). Como sea, Sam lucha contra su conciencia y contra ese Dean que sabe cosas y no quiere ser exorcizado.

   Por su lado, Castiel corre en auto, al lado de Hannah, hacia la baticueva para ayudar al menor en el exorcismo. Y estuvo como cuando salía a hacer cualquier tontería con mi señora madre, siendo un niño, que nunca llegábamos porque todo el mundo la detenía para hablar. ¡Y todo ese viaje en carro! El ángel está débil y todo eso, lo sabemos, ¿pero ella no podía aparecerse con él donde quisiera? La verdad es que fueron escenas poco impactantes, como no fuera el claro y abierto interés que esa mujer ángel siente por él; la verdad, me medio gusto. A él no, porque luego trata de disuadirla, frente a la gasolinera. Me parece que Castiel se pasó de necio, ¿qué le costaba ser más amable? A ella le llevó tiempo entenderle, como le pasaba al mismo Castiel antes de Dean, pero lo captó: No te enamores de mí, sólo te complicarías la vida y no sacarás nada bueno a cambio. A Hannah, claro, no le gustó la cosa.

HANNAH ATACADA POR SU PASADO

   Había cierta química entre ellos, hay que reconocerlo, pero ¿qué se puede decir que no haya señalado ya?, Castiel es de Dean. Siempre ha sido así. Me gustó la pelea en ese lugar, la joven ángel a quien le mataron el compañero, mujer de cuya parte estaba. Hannah se portó con ella y el otro, tan odiosa como Rafael y Naomi en sus momentos. Parece que Castiel morirá bajo su puño, pero ella desea que vea morir primero a Hannah (el error clásico de la mente maestra del hampa, en lugar de dar el golpe y ya), y es cuando llega la ayuda inesperada.

   Crowley era un verdadero desastre. Está en el Infierno, lista en manos, castigando a todo aquel que ayudó a Abaddon, pero ni eso le importa. En todo momento está “recordando” sus aventuras con Dean. Creo que ni con Castiel el subtexto gay estuvo tan fuerte. Porque de que le extrañaba, le extrañaba. Tan distraído está, tan mal lleva las cosas, que uno de sus propio demonio prefiere destruirse a vivir en el Infierno que está por levantar, o donde caerán. Lo que sí estuvo genial fue el tonto ese que quería ser su amigo de parrandas, su compinche como el Winchester, casi fue dolorosamente burdo escucharle decir que sabía festejar. La verdad es que al Rey del Infierno se le pasa la mano cuando le destruye. Luego sabe que un cierto ángel Castiel anda por ahí, muy débil, y desoye sobre la oportunidad de asesinarle de una vez.

CROWLEY AYUDA A CASTIEL

   Es él quien aparece cuando Hannah está a punto de morir, mata a su atacante, le roba la gracia y se le entrega a Castiel, quien le mira con furia. La verdad todo era extraño, ¿por qué haría Crowley todo eso? ¿Amistad? Claro que no. Se podría decir que lo hace para ayudarse a sí mismo. Sabía que el ángel se dirigía a la baticueva, seguramente llamado por Sam, ¿le ayudó por eso? ¿Para qué le auxiliara con Dean? Eso crea dudas, ¿temía a ese incontrolable Dean demonio y prefería tenerle curado? ¿O deseaba recuperar al otro Dean? Como sea, este Crowley ya no pinta como el gran villano, su última oportunidad fue aquella cuando perseguía a los salvados por los Winchester, de allá para acá todo ha sido ser más gracioso y adorable, a su manera muy particular, que maligno.

DEAN EN EL RESPLANDOR

   ¿Dean escapando de su celda en la baticueva? Eso fue impresionante. ¡Qué susto se llevó Sam!, y no era para menos. Dean en su sano juicio es peligroso, DeanDemonio sería aterradoramente implacable, sobre todo si te quiere cobrar algo. Jensen Ackles estuvo genial, se vio atractivo, peligroso, irónico y loco (el cabello le creció bastante). Aunque, a decir verdad, fue un demonio muy curioso, no arrasó pueblos ni sacrificó niños, sólo bebía aguardiente, cantaba rock, se emborrachaba, se encamaba y peleaba. Era, como ya se señaló, un Dean a la décima potencia. Verle tomando cosas con las cuales filetear a Sam, o la parodia de El Resplandor, me encantó.

DEAN, TAN CHULO

   Habría estado genial esa batalla, pero de verdad. Sam impedido de matarle, él decidido a hacerlo (sí, creo que ese Dean lo habría hecho, como el Sam sin alma dejó que el vampiro le atacara, ya no eran ellos). Lamentablemente Castiel llega y le detiene.

CASTIEL QUIERE SALVAR A DEAN

   Con un abrazo de control, nada más y nada menos; ojos luminosos contra ojos negros y una mueca feroz. Fue bueno. Dean es trabajado y de repente vuelve a ser él. Me pareció que demasiado fácil, aunque aún queda pendiente lo de la Marca, que puede afectarle más adelante.

   Sin embargo, me parece que desperdiciaron a este Dean malvado. Habría sido bueno verle unos cuantos capítulos más, no matando gente, sólo siendo desconcertantemente malo (contrario al Dean que de todo se culpa), enfrentando a otros cazadores y esas cosas. O malo malo, como en aquella novela brasileña, Vampi, cuando la protagonista mayor, madre de muchos hijos, la más sensata y buena de la trama, se vuelve vampira y termina siendo la más mala y rockera de todos. Me pasa con esto lo mismo que con el Castiel cuando se vuelve Dios. Pensé que le sacarían el jugo y no duró sino un capítulo. Le desperdiciaron totalmente, debió haber dos o tres enfrentamiento más con los hermanos y que medio matara a Dean para luego arrepentirse. Algo parecido me ocurre con esto.

   ¿Sam salvando a su hermano, queriéndole de vuelta? ¿Revisando su cuarto, temiendo perderle, revisando las viejas fotos donde la familia era lo más importante? ¿Saliendo a buscarle colesterol? ¿Prometiendo que luego se emborrachará? Bravo por él, ¡Sam está de vuelta! El Sam de las primeras temporadas.

   Con Crowley casi fuera del juego, la verdad es que ya no resulta una figura amenazante, ver ese hotel y aquella mujer leyendo un libro mientras oye buena música y toma vino, con gente claveteada en el techo, me habría hecho gritar de emoción, una gran villana ha llegado, otra Lilith, una nueva Eve, cuando menos una astuta y peligrosa Ruby, pero no. Vi, por la red, un episodio donde esa señora aparece junto a su “hijo”, y la verdad es que ya no puedo engañarme. Es aburrida. Sin embargo, si no hubiera sabido eso, me habría emocionado verla en ese momento.

   ¡Otro villano a enfrentar! Pero no, qué chasco.

AULLANDOLE A UNA FLOJA LUNA DE PAPEL

Julio César.

NOTA: Pensaba escribirlo antes, pero tengo problemas con internet. Vi el cuarto episodio… Dios, cómo odio a los hombres lobos.

REGRESO A CLASES… 14

mayo 23, 2015

REGRESO A CLASES                         … 13

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Muy mal encarado, Jensen Ackles cubre la distancia que le separaba del Centro hasta su cuadra. Camina despacio, intentando despejar su mente. Sabe que actuó como un cabrón con Jared, pero la verdad es que le molestó increíblemente que este creyera que no tenía ni para pagar una cena. No estaba tan mal, joder. No quiere preguntarse por qué le irrita, y lastima tanto que el otro lo piense, que es un fracasado, cuando todos los dicen, todos los días. Bien, mañana comenzaría a buscar trabajo, algo que hacer con su vida. Tal vez… intentar otra vez en la secundaria. Ya no era el mismo de una semana antes. Lo sabe. O lo espera. Se haría cargo de su vida, de la manera que fuera, luego buscaría al castaño y le invitaría una cena de verdad, con vinos y postres, hablarían amistosamente de los tiempos idos, de los años que esperaban por delante, sería encantador, gracioso y ocurrente, le diría que fue un gusto volver a verle, saber que le iba bien, le desearía lo mejor y cada uno continuaría con su vida. Tragó sintiéndose un tanto deprimido por la idea.

   Se detiene bruscamente. Allí está el auto alquilado, y sentado sobre la maleta, el castaño parece esperarle. ¡Mierda!, se dice, era demasiado pronto. Se comportó demasiado imbécil como para desdecirse en un segundo, reconoce enrojeciendo de cara. ¿Por qué le atormentaba así?

   -Jared… -casi acusa con una palabra. El otro no le deja continuar.

   -Siento haberme comportado como un imbécil, amigo. –reconoce mirándole con ojos dolidos. Y eso altera al otro.

   -¡Basta! ¡Deja de hacerme eso! –le reclama, agitado, confundiéndole.

   -Jensen, no quiero hacerte daño. No pretendo… herirte de ninguna manera. –se tensa cuando el otro se acerca, casi metiéndose entre sus piernas abiertas, una mirada airada pero también casi suplicante en los ojos verdes.

   -Deja de mirarme con pena, con lastima, y dejaré de comportarme como un gilipollas. Entonces tal vea podamos ser amigos otra vez.

   Hay un tenso silencio, la idea penetra lentamente en la mente del más alto, que enrojece ligeramente. Sí, se estaba comportando con el otro como un imbécil sobreprotector, como si necesitara ser salvado de algo. No podía evitarlo, le había querido mucho, mucho más que como simple amigo, pero ahora no se comportaba como tal. Le gustaba, pero también le tenía lástima. Y nadie merecía eso. Ni lo deseaba, si debía guiarse por la mala cara del rubio.

   -Lo siento.

   -Hice de mi existencia una mierda, pero no estoy cojo, no perdí la vista ni me arrastro sobre la barriga. –muestra las manos grande, fuerte, casi a los lados de su cara.- Aún puedo luchar por mi vida, Jared. Por Dios, ¡no me tengas lástima! –le exige.- No me gusta la idea de que… -traga.- …De que estás aquí, a mi lado, por eso. Porque quieres hacer algo por el pobre y patético Jensen Ackles. No quiero tu pena, sino tu… -se ve confuso, luchando con las palabras.- …Amistad. Si no puedes hacerlo, si no quieres porque sientes que en verdad no necesitas ser mi amigo, sino “ayudarme”, entonces… vete. No pensaré mal de ti; será doloroso, pero supongo que me lo merecería. Por todo lo que pasó antes.

   Las palabras del rubio abren heridas, rasgan costras. Jensen se exponía de una manera intensa, total, atroz. Directa, como siempre lo había sido, se corrige. Y dolía. El pecoso no quería que se le tuvieran consideraciones especiales, pero escuchándole le daban unas ganas enormes de abrasarle, de acunarle diciéndole que todo iría mejor. El pobre Jared debe luchar contra sus instintos, contra sus sentimientos y su sentido común, para no hacerlo.

   -Claro que quiero ser tu amigo. –si, porque era lo mejor que podía hacer por el otro ahora. Ser su amigo… ¿cómo antes? No, porque nunca fue tan simple para él, aunque Jensen pensara, o pretendiera creer, que era así.

   Se miran por un instante, y tal vez no reparan en ello, no, perdidos como están en sus pensamientos, pero algunos transeúntes al pasar miran de uno al otro, intuyendo que algo importante ocurría entre esos dos. Jared siente alivio cuando nota los hombros de Jensen relajarse, su rostro suavizándose en una sonrisa.

   -Genial. ¿Tienes tiempo? –enrojece.- La cena no fue un éxito, pero tal vez podamos tomar un trago. –le ve hacer una leve mueca.- Por Dios, bebo hace tiempo, no voy a desbaratarme con dos tragos. –se burla, algo exasperado.

   -Genial, tomar esos tragos contigo será la dicha; parece que estaré caminando sobre cáscaras de huevo toda la noche, ¿no? –le reta, el mismo tono, igual intensión. Jensen contiene una sonrisa de medio lado.

   -¿Exactamente por qué es que somos amigo?

   -También me lo preguntaba. –gruñe Jared, bajando de la capta del auto. Aunque sonríe más cuando oye la risita del pecoso. Tal vez las cosas podrían solucionarse.

……

   Después de esa paja que le hizo en el cuarto secreto del conserje, en el colegio, sintiéndose culpable y jurándose sobre un montón de cruces que no lo repetiría jamás, Chad Murray y Paul Telfer volvieron a encontrarse. La segunda vez fue la mar de incómoda. Llegó y el otro ya estaba ahí, la verga afuera, masturbándose como solían hacer los chicos ahí… si no había llegado alguien antes. O en grupo, cuando tres o cuatro, bromeando, se masturbaban en compañía, sin ver o no querer ver nada homosexual en ello. Ninguno de los dos dijo nada, Chad a su lado en el viejo mueble, también comenzó a tocarse, a masturbarse luego, sintiendo sobre su rostro, que lo sabía rojo, la mirada intensa de Paul. A quien miró finalmente, desafiante, con un “¿qué coño?”, en la postura. El otro le sonrió, extendiendo más sus musculosas piernas, uno de los muslos chocando del suyo de manera intensa. Invitándole. Dejando de tocarse él mismo, su verga llamativa por lo dura, roja, caliente, y por la edad, cayendo contra su abdomen.

   Y Chad maldijo cada segundo que tardó en inclinarse, tomarla en su mano y masturbarla por cuenta propia. Odiando sentirla tan bien, sabiéndose tan caliente al hacerlo. Por pensar en lo estimulante que era sobar en su puño, arriba y abajo, el tolete de otro chico. Pero no era sólo eso, era ver a Paul estremecerse, agitar sus caderas, buscando con el tolete su mano, gruñendo bajo, cerrando los ojos, abriendo la boca levemente, echando la cabeza hacia atrás, brillando de sudor. Entregado al placer que le brindaba. Todo eso lo lograba con su mano, con los dedos cerrados alrededor del duro y palpitante falo. Y la cabecita, con su ojete que se abría y cerraba, botando líquidos…

   -Por favor… chúpamela. –le pidió, voz ronca, urgida.

   No lo hizo, le soltó y casi huyo. Paul debió convencerle con promesas de hacerle cosas para que continuara la paja. Que hizo, apretando, sobando, su puño arriba y abajo… sus ojos atrapados en el glande liso y brillante. Se corrió, ese tolete estalló, casi salpicándoles; el cálido líquido espeso que chorreó mojándole el puño que no tuvo fuerzas para retirar, le hizo temblar, cayendo en cuenta que había estado dándose a sí mismo y también alcanzó su orgasmo. Paul no le tocó.

   Ni la siguiente vez, ni la otra. Siempre era Chad quien parecía fascinarse con tenerla en la mano, soñando de noche con ella, intentando pensar en chicas en sus fantasías, lográndolo, mirando a alguna actriz de cine de buenas tetas dándole una mamada, para luego él “aparecer” junto a ella, lamiendo a otro. A Paul. Eso le enloquecía. Y le molestaba. A veces llegaba a ese depósito y Paul le esperaba, medio recostado, sonriéndole, la dura erección latiéndole bajo sus pantalones. Otra llegaba, ojeaba revistas pero no podía hacer nada, no hasta que Paul llegaba, le miraba, de pie, frente a él, abriéndose el pantalón, sacándose con dificultad, por lo crecida y dura, la verga, que quedaba tendida de la nada, cerca de su rostro. Sus miradas atrapadas. Hasta que caía a su lado y comenzaban con las falsas auto masturbadas, para que Chad terminara aferrando el joven güevo del compañero de pajas.

   Y cada vez, la mano de Paul aferraba su cuello, halándole, llevándole muy cerca, quemándole con el vaho que escapaba de su miembro, siempre gimiéndole un quedo “por favor, por favor”, sin pedirlo claramente. Hasta esa tarde que bajó demasiado y sus labios rozaron la lisa y húmeda cabecita, sobre el ojete. Y Paul se arqueó y tembló como dominado por el más intenso placer. No lo pensó, no se detuvo en reparos o repulsas, quería saber. Abrió de manera automática los labios, dejándola entrar, tanteándola, cercándola y apretándola. Chupando. Y podría decir después lo que quisiera, y lo hizo, a Paul, a él mismo, pero la verdad fue que perdió la cabeza. Su boca bajó y bajó sobre ella, apretándola con labios y mejillas, tanteándola con la lengua, ambos ardiendo, chupando. Y sentirla le gustó, el sabor, las pulsadas, los estremecimientos de Paul, a quien prácticamente tenía delirando de gusto. Fue su primera mamada. Seguida de muchas otras. No lo hablaban, no decían nada. Comenzaban con las pajas y al segundo siguiente Chad estaba tragando verga como si viniera muerto de hambre.

   La primera vez que tomó su semen, enfermó. Vomitó y todo. Y furioso le arrojó un golpe a Paul, quien no le dejó apartarse como otras veces; puñetazo que el atleta esquivó fácilmente. Pero ahí fue donde el rubio cegatón fijó la raya en el piso, decidió terminarlo todo allí. No quería volver a caer, pero era angustioso estar en el colegio y verle, añorarle. ¿Su consuelo?, que a Paul no le iba mucho mejor. Los ojos de este le seguían a cada paso, tanto que algunos lo notaron. ¿Y si hablaba? Para Chad todo era tortura. Dos veces quiso hablar con Jared, pero este parecía vivir una burbuja de felicidad tan rara e intensa (sus citas de estudios con Jensen), que no quiso tocar el tema. ¡Y todavía había quienes le llamaban insensible!

   Un día, con todos fuera de casa, alguien llamó a la puerta de su casa. Era Paul, un Paul tenso, pálido.

   -¿Podemos hablar? –preguntó, en una fórmula que luego descubriría que utilizaba mucho.

   Al rubio todo se le cayó. Le dejó entrar, subieron a su cuarto, a hablar, se decía. Y terminaron en la cosa más extraña que pudiera alguien imaginarse, de pie, cara a cara, cada uno con la mano montada en la erección del otro. Y se masturbaron sobre su cama. A Chad le gustó, pero…

   Le hizo gemir cuando se tendió y se la atrapó con la boca, chupándosela. Al rubio le avergonzaría siempre pensar en la manera hambrienta que bajó, el placer indescriptible que sintió mientras tragaba cada centímetro de aquel cilindro de carne joven y dura. Pudo ser por la separación y las calenturas, pero no se detuvo hasta que el duro pene disparó su carga, llenándole la lengua, abultándole las mejillas… tragándolo todo. No dijeron nada, pero volvieron a las citas, Chad con los anteojos nadándole en la punta de la nariz, transpirado, rojo de mejillas, subiendo su boca sobre ese falo joven que a veces le abultaba un cachete, bebiéndose su semen. Ya no ponía reparos, aunque no deseaba analizarlo tampoco. Sentir el cálido y viscoso líquido cubrir su lengua, estimulando cada una de sus papilas gustativas, era un placer culpable, sucio y maravilloso. Y mientras tragaba, su manzana de Adán subiendo y bajado, su mirada se encontraba con la de Paul, que adoraba eso, verle mientras tragaba su esperma. A Chad le avergonzaba, camino a su casa, chasquear la lengua, recordando, o saboreando aún, esas cargas de semen.

   Era cuando los demonios aparecían, y era desagradables. Las dudas estaban allí, ¿era marica? No lo sabía, no quería pensar en ello. Lo que le hacía a Paul no era de heterosexual, pero la verdad es que nunca antes había sentido nada por otro chico. Tal vez era sólo ese hijo de perra. Lo otro… era una atormentante duda que Paul Telfer conocía bien y que le calmaba con un:

   -La próxima vez te la chupo yo.

   Próxima vez que no llegaba. Chad mamaba, Paul lo disfrutaba, gemía, se corría, pero no correspondía. ¿Por qué?, se preguntaba el cegatón. ¿Acaso el otro si no era un marica… como él? Eso terminaría convirtiéndose en un problema real entre los dos, y obligó a Chad a rechazar invitaciones, y a Paul a recibir menos mamadas. Hasta que una tarde, saliendo del colegio, acompañado de Jared y Sandy, Paul se detuvo frente a ellos en su camioneta.

   -Murray, ¿tienes un tiempo? –le miró después de saludar a los otros, que se veían algo desconcertados. Chad, para ese entonces, estaba más que disgustado con el incumplido galán.

   -Voy para la cafetería.

   -Quería… -se le vio muy nervios.- …Que habláramos. Ya sabes… -ese hijo de perra, pensó Chad, imaginando que quería una mamada.- Debo cumplir mi palabra en un asunto. –terminó atropelladamente. Oh Dios, gimió luego el otro.

   Chad no recuerda qué les dijo a sus amigos, pero se despidió y subió a toda carrera al vehículo, duro ya bajo el pantalón, imaginando el atractivo y masculino rostro de Paul siendo tocado por su verga. Pero las sorpresas comenzaron cuando le llevó a unos sanitarios públicos tras un depósito más allá de una gasolinera.

   -¿Qué hacemos aquí? –se inquietó.

   -Los baños… los baños cuentan con agujeros. –respondió el otro, muy agitado.- Chad, no puedo… la primera vez no puedo verte y…

   -Okay. –concedió, a pesar de no estar para nada contento. Aunque recordó vagamente lo mal que estuvo después de hacerlo la primera vez, ceder a eso que para los hombres estaba tan prohibido: tener la verga de otro carajo en la boca.

   Entraron al oscuro, feo y maloliente lugar, estaba todo solitario a excepción de un tipo joven, con pinta de camionero, que les miró a través del espejo, con una sonrisa que indicaba que sabía a qué iban y que ojala tuviera tiempo de tomar parte también. Ignorándole, se detuvieron frente a dos privados. Se miraron, Chad entró a uno y escuchó la puerta del otro. Con algo de nervios sacó su verga, medio morcillona para esos momentos, no era lo que esperaba y había perdido dureza de acero. La introdujo por el orificio y casi gritó. Algo ardiente, húmedo y reptante le atrapó, cerrándose sobre ella como una cálida celda de sensaciones. Le chuparon, una lengua le trabajó y comenzó a endurecérsele. Jadeó, cerrando los ojos, imaginando a Paul del otro lado y… Miró hacia el orificio y la vista de un bigote gris, le horrorizó.

   -¿Qué mierda…? –gritó, alejándose, temblando de pies a cabeza, de rabia, de sorpresa. De traición. Se acomodó como pudo, abrió la puerta y golpeó la otra. Allí estaba Paul, rojo de cara, en una esquina, y de rodillas aún continuaba un sesentón regordete, de cara blanda, relamiéndose los labios. Los dos jóvenes se miraron por un momento.

   -¿Qué coño fue todo eso?

   -Lo siento, Chad, pero no pude…

   -¿No pudiste? Eso te dije la primera vez que… -se atragantó de rabia.

   -Pero lo hiciste. Y te gustó. Te gusta… chupármela, ¿por qué no podemos seguir así? Estabas recibiendo una mamada, ¿no es lo que querías probar? –tuvo la desfachatez de defenderse, como si fuera la cosa más lógica del mundo. En ese momento el golpe si que le alcanzó, por lo sorpresivo. Y lo merecía.

   -Vete a la mierda, Paul Telfer. –e hirviendo de rabia, con ojos nublándoseles por segundos de llanto, no sabía bien de qué tipo, abandonó esos sanitarios a pesar de las llamadas del otro, quien parecía pedirle que se quedara y hablaran. Saliendo del privado le gritaba que le regresaría a su casa. Más tarde fueron palabras de rabia por lo “caprichoso” que era.

   Chad no se detuvo ni una sola vez; fuera, en la calle, se sintió aún más sucio. Era un sucio. Telfer le había convertido en… Las lágrimas afloraron tras los cristales, alejándose a toda prisa, todavía escuchándole, ahora solo repitiendo su nombre. Llegó a su casa no supo cómo, corrió a su cuarto y lloró de rabia y resentimiento, sintiéndose burlado. Traicionado. Y esa era la sensación más extraña y poderosa. La traición. Ese hijo de puta le había usado, se había servido de él, de su… debilidad; maldita sea, si, de sus mariconerías, y luego se burló de aquella manera tan cruel. ¿Qué tan imbécil le creía? Respiró pesadamente, y allí, de culo en el piso, espalda contra la puerta, se juró que eso había terminado. Eso le dio algo de paz mientras se duchaba, largamente. Pero cuando entró a su cama, lloró otra vez como un niño a quien se le había lastimado sin piedad.

   -Murray, debemos hablar. –al otro día, Paul Telfer tuvo las bolas de llegar hasta la mesa donde esperaba a sus amigos para almorzar. Se le veía agitado.- Déjame explicarte… -pero cerró la boca ante la mirada del rubio.

   -Vete a la mierda, Telfer, como te dije ayer. Y quédate ahí. Para mí. ahí estarás siempre.

   -No, espera, hablemos… -se agitó, más notando que Jared, Sandy y Misha se acercaban.- Te espero, ya sabes dónde. Tienes que ir. –le ordenó de manera algo urgida, suplicante.

   Nunca asistió, y Paul comenzó a mirarle dolido y resentido. Así supo lo jodido que estaba, que le alegraba saber que el otro extrañaba tanto las mamadas que le daba que parecía enfermo. Casi rió de rabia contra el Paul, pero especialmente contra sí mismo. Y así terminó la experimentación con chicos para Chad Michael Murray.

   Tomándose una copa, años después, Chad Murray todavía se molesta. Recordar todo aquello le hizo consiente del porqué de su rabia contra el otro. No por la “broma” en sí, sino por todo lo que implicaba, qué él no lo habría hecho, jamás habría hecho las cosas que Chad si le hizo. Pero, recordarlo, también lo puso duro. Todo volvió de repente, la intensidad de los vivido y… Y claro, llaman a la puerta justo en ese momento. Debía ser Paul, ¿quién más?

   Mandándolo todo al coño se termina la copa, intentando mostrar normalidad, no es que fuera una erección escandalosa, ¿verdad? Abre. Allí estaba un enrojecido Paul Telfer, alto, fornido. Masculino. Un suéter azul que le sienta bien le demarca un torso poderoso. Terminando sobre el jeans algo desteñido… donde también se visualiza cierto desorden sexo-hormonal. Se miran a los ojos y lanzan rápidas miradas más abajo.

   -Parece que pensábamos en lo mismo. –comienza Paul.

   -No creo que esto sea una buena idea. –exclama Chad. Dios, pensó que podría encararle, hablarle de todo aquello, lanzarle a la cara que le había usado, más o menos (tampoco fue que lo obligo), mandarle para el carajo y que todo terminaría. Pero ahora…

   -Oh, Murray, déjate de evasivas. –gruñe Paul, el hijo de puta, alargando una mano y atrapándole la verga sobre el pantalón, confirmando lo que pensaba, apretando un poco, provocándole un salto atrás a Chad, que no logra soltarse, y que medio grita mientras le endurece más bajo la palma del más alto.

   Sin soltarle, Paul entra y cierra la puerta a sus espaldas. Y tras esa puerta dos hombres van a encarar viejos fantasmas.

……

   Todavía algo incómodos por cómo había terminado la cena, Jared entra nuevamente al chico apartamento de Jensen, quien se quita la chaqueta y la arroja, sacando antes los anteojos oscuros. Encarándole.

   -Gracias.

   -De nada. –los toma y los guarda, luchando contra los deseos de decirle que los guarde. Regalárselos.

   -Toma asiento. –le invita, dirigiéndose a un gabinete, sacando una botella clara, que le hace arrugar la frente y buscar otra cosa.- ¿Un whisky no muy bueno? –ofrece agitando la botella, mirándole, viéndole la duda. Bota aire exasperado.- Joder, deja de comportarte así; ¡no voy a terminar con un coma etílico! –le aclara.

   -Lo siento. –traga saliva, se sienta y monta una falsa sonrisa, aceptando uno de los cortos vasos y bebiendo. Oh, Dios, ¡sabía a gasolina! Con la cara totalmente arrugada mira la sonrisa de Jensen cuando bebe el suyo, sentado al otro lado del mismo sofá.

   -Fuerte, ¿verdad?

   -Imagino que tiene que ser así para que los cohetes despeguen y escapen de la gravedad…  -gruñe en respuesta. Jensen ríe aliviado, sintiéndose ligero otra vez, sirviendo otras dos copas. Se miran, Jared sonríe y la toma, chocan cristales.- Si querías tomar, pude… -en cuanto lo dice, se arrepiente. Ve a Jensen tomar su copa, sereno, rostro sin expresión cuando se medio vuelve y le mira.

   -¿Entonces será así, Jared Padalecki? ¿No podrás evitar mirarme con pena a cada instante, como si fuera un caso para la caridad? –toma aire, resuelto.- Entonces no podremos ser amigos. Y me duele, pero creo que será mejor para los dos. ¿Otra para el camino? –comienza a despedirle.

CONTINÚA … 15

Julio César.

AL FINAL DE LA PRIMAVERA… 10

mayo 19, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA                         … 9

   Este relato NO ES MÍO. No entraré mucho en detalles, tan sólo que dos sujetos se conocen, conectan, y pasarán más de veinte años de sus vidas encontrándose y perdiéndose. Me gusta (no lo leí antes) porque es, argumentalmente hablando, muy completo. No es para menores de edad.

……

Título: Memories of Autumn

Autor: Damnlady62

JENSEN ANDA JARED, PADACKLES

   ¿Y si solo se nos permite un único gran amor?

……

   -Jensen, ¿estás bien? –Jared se alarma, en los ojos del rubio nota algo que es más que rabia o decepción, como temió encontrarle después de lo de Katie. Es un chico y se cree el centro del universo. Soporta como puede la intensa y brillante mirada.

   -Necesito un favor, campeón.

   -Claro. –exclama de prisa, deseando hacerse perdonar o escuchar.

   El rubio se le lanza encima y le cubre los labios con la boca. Jared se eriza todo y responde a pesar de lo delicado del lugar. Sus manos suben y le atrapan la baja espalda al pecoso, los dedos se clavan sobre las ropas en la cálida piel, y todo eso le gusta. Por su parte, Jensen tiene un extraño momento de paz, donde lo único que tiene sentido es el castaño, su aliento, su lengua que le provocaba temblores en cada rincón del cuerpo y la mente.

   Se separan, rojos de caras, agitados, frentes casi tocándose, aunque Jensen pone más distancia, saliendo de sus manos. Por el lugar donde están.

   -Jensen… -se siente rechazado de pronto.

   -Lo siento, no debí…

   -También lo quise. –le mira agitado.

   -Pero no así, no aquí; si nos ven… -lo deja de ese tamaño, alcanzando otra vez por sus incertidumbres. Pero todavía sedado, o intoxicado por el dulce beso. Nada más que por eso valía la pena correr los riesgos, reconoce torciendo el gesto.

   -¿Estás bien? –Jared teme ahora otras cosas. El haber sido pillado por el rubio con Katie Cassidy en sus piernas.

   -Más o menos. –es la escueta respuesta. Necesita guardarse algunas cosas que, irónicamente, nada tienen que ver con la porrista. Pero Jared no lo sabe.

   -Jensen, lo de Katie… -comienza finalmente, deseoso de enfrentar lo que sea que esté molestando de aquella manera al otro, y solucionarlo de una vez.

   -No tienes que explicarme nada, campeón. –le mira a los ojos, notando el otro la sinceridad en sus palabras. No le afectó.- Te he visto coquetear con todas las chicas de este colegio durante toda tu vida escolar. Sé cómo eres.

   -¿Cómo soy? Wow, me haces sonar como un muchacho puto. –se incomoda un tanto, frunciendo el ceño.- No han sido tantas. ¡En serio! –enfatiza cuando Jensen alza las cejas. La risa del otro le tranquiliza más, aunque todavía le nota la tensión.- Entonces… ¿no estás molesto por Katie? Como nos encontramos esta mañana, hubo un instante entre tú y yo, y luego… –quiere saber, también entender por qué la idea le incordia tanto.

   -No, Jared, no me molesta. –se encoge de hombros.- Somos… amigos. Sólo eso. Y los amigos se conocen. Te repito, sé cómo eres y no… me engaño.

   -Oye, eso suena feo. –se queja. Se miran a los ojos.

   -No te sientas mal porque te vi… siendo como eres. Estás en tu momento, disfrútalo. Además, no soy una chica engañada. No pienso que estés engatusándome y luego vayas a abandonarme al conseguir lo que quieres. –traga en seco, arrugando la frente, la idea del futuro era siempre inquietante.- Jared, ¿harías algo más por mí?

   -Seguro. –responde, aunque no parece muy feliz.- Pero, para que quede totalmente claro, no busqué a Katie. Ella vino a mí. Supo que terminé con…

   -Ya lo dijiste, campeón. ¡Está bien!

   -Pero es que… -se siente confuso de pronto; él, que ha sabido manejar sentimientos, emociones y reacciones desde que descubrió el fascinante mundo de las citas, se sentía perdido por esa falta de… enojo de Jensen. Tal vez se debía a que el rubio era el primer chico que le movía el piso. Y tal vez los chicos gay no eran tan celosos.- …No deseo que pienses que…

   -Jared… -se le acerca, mirándole a los ojos.- Besas bien, me encanta cómo besas, me gusta lo que siento cuando nos besamos, pero no estoy esperando una cita, o flores. Ni promesas. Si sales con chicas, si todas la porristas quieren saltar a tu regazo, no me sorprende, ya te lo dije, te he visto a lo lejos durante todos estos años.

   -Por Dios, deja de decirlo así. Me siento barato. –le mira con el ceño fruncido.- Entonces… ¿sólo te interesan mis besos? -¿era todo lo que buscaba, su cuerpo?

   -¿Te molesta? –el rubio parece desconcertado. Vaya, creyó que eso le haría feliz, encuentros furtivos sin mayores ataduras.

   -No. –bufa. Pero si le molesta a cierto nivel. La idea era extraña. Una que otra vez se había acostado con chicas que le agradaban pero que nunca significaron nada para él, sólo diversión, sexo. Pasar el rato. Era, prácticamente, lo que Jensen le ofrecía. O le pedía. O esperaba. Y no le agradaba. ¿Era tan controlado así? Pero ¿y si llegaba a verle interesado en otra persona? Tal vez una prueba…

   -Me alegro. Ahora, el favor. Vamos. –urge el rubio, tomándole de una mano y prácticamente halándole por el pasillo. Le sigue y se detienen en un pequeño callejón. Jared sonríe.

   -¿En serio?

   -¿Qué tiene?

   -¿Aquí? ¿Justo aquí?

   -Claro, seguro que nunca lo haces en la escuela. –se burla el rubio, ligero, pero eso, por alguna razón, le arde al otro.

   -De verdad que tienes una idea extraña de mí.

   Sin responderle, Jensen abre la puerta, mirando en todas direcciones antes, entrando. Jared le sigue, después de mirar también. Cerrando la puerta a sus espaldas. Y dentro del cuartico donde guardan las cosas para el aseo en ese pasillo, Jensen le mira con ojos brillantes, hermoso, pícaro, y sus bocas se unen con ansiedad de muchachos llenos de hormonas y con ganas de sentir y experimentar. Con la urgencia de quienes lo han probado, les gustó y parecen no cansarse.

   La sangre del castaño zumba nuevamente en sus oídos mientras enreda los dedos de su mano derecha en el suave, sedoso y brillante cabello rubio oscuro, y el roce sobre su palma le parece totalmente erótico, como esa boca que le recibe. Los enrojecidos y húmedos labios se separan, se miran, ojos oscuros de lujuria, las vergas palpitando otra vez bajo sus ropas. Jared ni siquiera es consciente de cuándo le pasó. Usando la mano en el cabello, le obliga, suavemente, a echar la cabeza hacia atrás y oculta su rostro en ese cuello esbelto, expuesto, olfateándole sobre la piel, erizándole cuando su nariz le roza, besa y siente como el pulso del otro se dispara, lame y cree que morirá de puras calenturas al escucharle ronronear, también por el sabor de su piel. Quiere… Quiere que Jensen aprecie eso, que le importe, que…

   -Por favor… por favor… -oye el lloriqueo del rubio, su voz totalmente erótica, y es lo que deseaba. Le atrapa nuevamente la boca y bucea en ella, con habilidad.

   Le gusta tenerle así, perdido ese frío control emocional, rindiéndose, necesitándole después de decirle que en verdad no le molestaba verle con otra porque le sabe medio puto. Pero el diablillo ese tenía trucos, reconoce con el corazón cabalgándole locamente en el pecho; el rubio echa las caderas hacia adelante, prácticamente metiendo una de sus piernas entre las suyas, sus erecciones encontrándose y contactando contra otro cuerpo, y la vaina era sencillamente imposible de tolerar. Casi sufre un infarto de pura excitación cuando el otro comienza un sube y baja frotándole con su pelvis; pero, ah, no, eso no se quedaría así. Ese rubio mañoso…

   Jensen casi grita, algo se oyó aunque Jared se lo tragó, cuando las manos del más alto se metieron por debajo de su camisa, por detrás, tocando en vivo y en directo su baja espalda, quemándole, erizándole, estremeciéndole intensamente. Esos dedos aferrándole eran…

   La pareja se besa, se frota, se toca. No pueden detenerse, y ya las manos de Jared parece que van a subirle y halarle la camisa como si de una camiseta se tratara, desnudándole parcialmente, allí, en el cuarto de aseo de la escuela, dispuesto a tomarle, cuando una lejana campaña se deja escuchar, así como la algarabía de gente que sale de los salones, toman el pasillo y hablan.

   Joder… piensan dos chicos calientes, agitados, labios rojos, frente unidas, ojos cerrados. Toman grandes bocanadas de aire intentando controlarse, pero no es fácil. La frustración es intensa.

……

   Les cuesta salir de ahí, primero lo hace Jared, alejándose lo suficiente. Después de un rato, Jensen. Quien se distancia a buen paso. Nadie notó nada… excepto un chico menudo, de cabello corto y negro, ojos claros, intensos. Quien queda con la boca muy abierta. ¿Jensen y Jared Padalecki?

……

   Tom Welling, quien abandonó también a buen paso el salón de clases, permanece distante en uno de los patios laterales del colegio. En realidad no es un lugar de paseo o esparcimiento, es una zona libre tras el área administrativa donde a veces iban a fumar profesores y secretarias. También los alumnos. El apuesto joven se deja caer en una acera algo baja, recostando la espalda de la pared, pensativo. Quiere compaginar las hojas del libro de su vida, por muy disparatado y caótico que ahora le pareciera el argumento. Lo dicho por Jared, que un día mirarían atrás y todo parecería carecer de importancia, aún de sentido, se repite. La idea debería aliviarle, imaginar que llegaría un día cuando las opiniones de su padre dejen de herirle, pero no resultaba totalmente grato. O tal vez lo sería después.

   -¿Todavía perdido en tu depre? –le pregunta Mike, llegando a su lado. No le mira.

   -Déjame solo, Rosenbaum.

   -No es buena idea, esto no aguantará mucho. –insiste el amigo, así que Tom levanta la mirada y se congela.

   -¿Me traes un helado? –al más alto se le forma una sonrisa burlona, mirando a su amigo con dos paletas, una ya abierta, la otra no, esta tendida hacia él.- Dios, qué lindo.

   -Bien, si haces un berrinche de niño, se te trata así… -se defiende el otro, acalorado, comenzando a retirar el helado. Tom ríe, por primera vez en el día, alargando una mano y arrebatándoselo.

   -Oh, no, no quieras restarle importancia a tu gesto de amor. –todavía le zarandea.

   -¡Cara de culo! –gruñe Mike, cayendo sentado a su lado, sorbiendo su helado y siendo pronto imitado por el otro.- Tom… -comienza. El otro se tensa, mirando el helado verde, todavía saboreando la primera probada en su lengua.

   -Lo sé, Mike. Fue una tontería. Lo siento. –se disculpa por haberse alejado todo molesto cuando otra cosa preocupaba a Mike, haciéndole sentir que escogía a otro amigo por encima de él.- Estoy en mi día.

   -Eso creí. Mira, te aprecio y todo eso… -lo dice mirando al frente. Tom ríe, rojo de cachetes.

   -Querrás decir me amas. Lo sé, idiota.

   -Dios, pasas de un estado de porquería a otro de pura mierda. –le reclama, algo avergonzado.- Pero sí, me caes bien. Sólo eso, ¿okay? –le aclara, volviendo los ojos cuando Tom ríe.- Sólo quiero decirte que… no te vuelvas loco, amigo. Queda poco para dejar la escuela y comenzar la vida como mayores de edad. Jared tiene razón en algunas cosas, tendremos más libertad, podremos imponer nuestro parecer; pero recuerda que tener dieciocho años no validará todo. Que algo se te ocurra no quiere decir que sea un acierto o un logro. Hay que saber mirar dónde se pisa. Y… -vuelve los ojos otra vez, mirándole, encontrándose con los ojos del otro.- …No hay nada malo en que te sientas mal por querer que tu papá fuera más amable contigo. Mierda, cómo cuesta decirlo… No hay nada funcionándote mal por desear que te quiera. Creo que lo hace, a su manera. Como cada quien es a su manera. Tú, yo, Jared, Chad… Bueno Chad no, lo suyo es sicopático. Pero no creas que porque no te dicen algo… o no crees verlo… es que no está ahí. -se ahoga. Traga del helado, para callar.

   -Lo sé, amigo. –contesta finalmente Tom, sintiéndose un poco mejor, sorbiendo también de su helado, mirándole luego.- ¿Qué sigue? ¿Quieres darme un abrazo? No pretendes un beso, ¿verdad?

   -Idiota.

……

   Durante la siguiente hora y media, mientras un ceñudo Jared, intenta fingir que presta atención en Álgebra, pero estando todavía picado por la idea de Jensen, lo rico de sus besos pero lo fríamente racional de sus encuentros, el rubio la pasa también perdido en sus pensamientos. Unos donde Jared no ha tenido cabida ni una vez. Está, sentado sin prestar atención, ni fingirlo, perdiendo totalmente el tiempo en Historia Americana. Cuestionándose sobre la actuación. ¿Acaso tendría futuro en eso después de todo?

   La duda le carcome. Desde la “función” había intentado no pensar en ello porque le deprimía, pero imaginar que todo había acabado por ese lado, le dolía todavía más. Había visto en las tablas, en la actuación, su puerta de salida. Una que parecía atrancada desde esa noche. ¿Pero y si lo intentaba otra vez?

   -Creo que podría funcionar. Ya lo… probamos, sabemos cómo será. No estaríamos tan nerviosos. –le dice a su mejor amigo Colin Morgan, sentados a la mesa de los maricas en el cafetín. Este silba bajo.

   -No lo sé, Jensen. La verdad es que fuimos fatales, la raya del fracaso la tuve pegada al trasero como cola durante días. Dos veces tropecé con ella. –recuerda este, aunque a decir verdad había sido uno de los menos malos en opinión de muchos.

   -Lo sé, pero… -el rubio se agita, balbucea y calla. ¿Cómo expresar que eran sus sueños los que eran pisoteados?

   Colin va a responderle algo, seguramente que sabía lo que pensaba, cuando una risa divertida le distrae, su mirada, como la de Jensen, va a la entrada del local, donde aparece Jared Padalecki, rodeado de los tres chiflados que tiene por amigos, riendo, con uno de sus largos brazos sobre los hombros de una bonita rubia que le mira radiante de felicidad por las atenciones que el guapo capitán del equipo de futbol de la escuela le estaba brindando.

   -¿Entonces, me llevará a la fiesta de Jessica Alba? Ella ni me mira, creo que no existo en su realidad. –todavía cuestiona ella.

   -Claro que te llevaré, Kaley. –le asegura él, soltándole, guiñándole un ojo y continuando con sus amigos hacia otra mesa. Ella queda casi flotando. El castaño ni una vez ha mirado a Jensen.

   -Okay. –se recuerda de respirar la joven, corriendo con una gran sonrisa hacia otra mesa donde la esperan sus amigas.

   El pecoso, en su asiento, traga con dificultad. Vaya, parecía que muchas chicas caían por accidente en el regazo de Jared, ¿todas conseguirían citas? Parece que todas tenían su oportunidad. Aunque, viéndolo bien, también ellos habían tenido una. La cara le enrojece. No, no le agrada eso, ese Jared realengo, pero tampoco podía reclamarle nada, no eran novios ni nada por el estilo. Pero, la verdad es que… ¡El muy puto! Es cuando repara en la mirada de Colin, e intenta una sonrisa.

   -¿Qué?

   -¿Tú y Jared Padalecki? ¿Cuándo ocurrió esto?

   -¿Jared y…? –se ahoga, enrojece y finge una sonrisa.- ¿De qué hablas?

   -Les vi salir de cierto gabinete de aseo. Y noté la poca gracia que te hizo verle con Kaley Cuoco. Parecías… celoso. Celoso de Jared y ella. ¿Tanto así te gusta?

……

COLIN MORGAN

   Colin Morgan, el adorable Merlín de su Arturo. Fue curioso como la serie se desinfló para finales de la segunda temporada. Comenzó jugando con los elementos de Supernatural, como los hermanos aquellos en Héroes, el subtexto gay. La verdad es que Merlín parecía adorar a Arturo, quien muchas veces no merecía tal fidelidad. ¿Qué será de la vida de señor Morgan?

CONTINÚA … 11

Julio César.

DEAN WINCHESTER, ESE DEMONIO TRAVIESO

mayo 18, 2015

DEAN, TODO UN DIABLILLO

DEAN WINCHESTER TODO CHULO Y MOLESTO

   -Todavía no acabo contigo, Tontín…

   Como señalé antes, no vi casi nada de esta temporada de Supernatural, y me negué a leer sobre el tema. Incluso prohibiéndole a mis conocidos que me contaran cosas, no porque no me resultara igualmente grato verla después, sino porque la serie está en ese punto donde todo parece criticársele. O señalársele, más bien. Y me veo discutiendo por cosas que ni he visto. El primer episodio, Black, lo había visto ya. Este, el 10X02 – REICHENBACH, no. Y me encantó. Fuera del filoncito de Castiel, todo fue entretenido.

   Sam, en manos de su captor donde le dejamos la semana pasada, escucha el por qué ese hombre con tintes de ex militar algo fanático, Cole, persigue a su hermano. De niño, prácticamente, vio a Dean matar a su padre y ha dedicado una buena cantidad de años preparándose para encontrarle y vengarse (tan de un cazador). Me recordó un episodio del Doctor Who, donde un joven monitoreaba por todo Londres palabras como cabina de policía, Tardis, el Doctor y cosas así, porque sabía de la existencia del increíble personaje, al que había rastreado en la historia, y quien estuvo en su casa, cuando era niño, la noche que su madre murió. Y le busca para eso, para preguntarle qué pasó. El Doctor, efectivamente estuvo, detuvo una anomalía pero lamentablemente no pudo llegar antes para salvar a la mujer y siempre lo lamentó. En la larga vida de cazadores de los Winchester, que algo de esto pase, es totalmente lógico. Si ya extrañaba que no ocurriera. Cuando Dean suplanta a Muerte por un día, no llevándose a una niña que Tessa señaló, resultando por ello que muere una enfermera, el marido deprimido se embriaga e intenta suicidarse chocando el carro, con Dean apareciendo de la nada para impedirlo, ese sujeto mirándole, viéndole desparecer luego, me parecía que lo guardaban para otro momento. Que ese hombre un día buscaría a Dean para saber qué había ocurrido, pero no pasó nada.

   El hombre quiere saber dónde está Dean y se lo va a sacar a la fuerza a Sam, quien se niega a hablar a pesar de la paliza, escapando en un aparente descuido del otro. La verdad es que no se vio muy bien el menor de los Winchester creyendo en una navaja que cae al descuido de su torturador; debió imaginar que era una trampa para seguirle hasta Dean. A menos que lo importante fuera huir de cualquier manera, aunque de ser así se habría asegurado de no ser seguido, ¿verdad? A menos que también contara con eso. De hecho, en ese bar, de no aparecer Cole, ¿qué habría pasado en el reencuentro entre los hermanos? ¿Dean habría atacado con intensiones de matar efectivamente a Sam? Nunca lo sabremos, y es una pena.

DEAN Y EL HOMBRE QUE PEDIA SER ASESINADO

   Dean anda insoportable como demonio, ingobernable, decidido a hacer lo que le venga en gana. Sabe que tiene que matar para darle alivio a la Marca de Caín o enloquecerá, y el plan de Crowley es sensato, matar a quien lo merece, según su opinión de Rey del Infierno. Pero Dean quiere matar sólo cuando le provoca y no obedece las reglas, aunque por un momento pareció que lo haría. El hombre que pacta su alma para no darle la mitad de sus bienes a una mujer adultera, retrata la imbecilidad del sujeto, una que se comprueba cuando Dean se lo plantea así. La verdad es que cuando responde a la acusación de Dean que no es igual cuando un hombre engaña a una mujer a cuando estas lo hacen, ese sujeto ya merecía morir. Fue casi catártico ver a Dean enterrándole la primera espalda.

CROWLEY DESAFIADO

   Lo que no me gustó fue la manera en la que trató a Crowley. Ese personaje es entrañable, y eso que le odiaba un poquito desde lo de Sarah y el chico del Wendigo. Pero no me gustó ese Dean tan insolente, retándole, amenazándole frente a sus servidores. Y me pregunto, sin necesidad de destruirle, ¿Crowley no podía someterle? Joder, es el Rey del Infierno, ¿de verdad no tenía un hechizo o algo? A muchos de mis conocidos le gustó esto, la humillación al demonio ese, a mí.

DEAN AND CROWLEY LOVE

   Verle pactar con Sam, para que le capture, para quedarse con la primera espalda, fue genial. Algo que se espera de él, aunque, repito, ¿no podía simplemente destruirle? Lo que no se esperaría uno tanto, fue la carita de tristeza nostálgica cuando sus asistentes le dicen que terminó el recreo, que debe ir a trabajar, a ocuparse del Infierno, y mira una fotografía donde parrandeaba con Dean. Lo dicho, le estimaba. Con todo y lo demonio que es. Y a decir verdad esto le anula un poco como el gran villano del programa. Venía mal desde el exorcismo iniciado por Sam dos temporadas atrás.

   El encuentro entre Sam y Dean fue bueno, el mayor recordándole que debió dejarle solo; cuando le dice a Sam que ha decidido continuar como está, que no es cosa de Crowley, dio pie, hace tiempo, a comentarios de amigos míos. ¿Debió Sam dejarle por su cuenta como le pedía? Creo que se repite la respuesta a cuando Sam deseaba impedirle a Dean que le regresara su alma. Se podría alegar que son sus vidas, pero el otro sabía que si le dejaba por su cuenta se convertiría en algo terrible, uno de esos monstruos sobrenaturales que habían jurado cazar para impedir que dañaran a las personas comunes y corrientes que no saben nada de ese mundo. Sam tenía que ir por Dean. Me sorprendió, eso sí, aquello de que es su hermano y tiene que llevarle a casa, expresado por Sam, porque contrastaba mucho con la octava temporada, pero en fin, será porque ahora le veía y antes podía pretender no saber dónde estaba.

DEAN, TODO UN DIABLILLO

   La pelea entre Dean y Cole fue buena, casi energizante. Las burlas del cazador eran terribles. Cuando el otro descubre que enfrenta a algo más que un hombre, eso le pareció tan sorprendente como frustrante y terrible el que el mayor de los hermanos no le matara. Su rabia no termina ahí, herido de fea manera, sale a buscar información sobre los demonios, lo que garantiza que la batalla continuara. Filón que me agrada. Este muchachón tiene toda la pinta de un duro cazador, tal vez un futuro aliado aunque no un amigo. Alicia decía que era un tonto por perseguir a un hombre sin saber qué había ocurrido. Bien, eso es porque es una fan y sabe que el programa trata sobre seres y criaturas de la noche. Es obvio que Dean debió tener una razón para matarle, pero ese hombre que recuerda tener un padre amoroso, no tiene por qué saberlo. De hecho, comprobar que Dean es un demonio tan sólo refuerza el que su padre fue asesinado por un monstruo. Y la verdad es que el contexto gay está algo fuerte ya con todos estos hombres; hace falta una cazadora dura y hermosa que pique a los dos hermanos, una tipo Annie, que se había acostado con Sam, Dean, Bobby, y quien sabe sí con John Winchester y el pastor Jim.

SAM TODO GOLPEADO

   Sam, sorprendiendo a Dean con agua bendita e inmovilizándole con esposas anti demonios, fue grato y amargo. Esperaba más luchas, sangre, peligros. Algo como Dean contra Metatron. Pero en fin, había que pararle. Sam cree que todavía hay algo bueno dentro de él, porque no mató al tipo; Dean le aclara que le castigó más feo todavía, haciéndole ver que toda su vida preparándose para enfrentar al asesino de su padre de nada sirvió y que vive porque este lo dejó. La verdad es que fue duro. Así como las cosas que le promete a Sam. Los comentarios del menor sobre lo horrible que estaba el impala, y Dean respondiéndole que sólo era un auto, demuestra lo mucho que cambió nuestro consentido. Hay quienes le querían no demonio, pero era divertido. A veces.

CASTIEL DEBILITADO

   ¿Lo de Castiel y Hannah? La verdad fue algo soso. No pasaba nada, lo importante es que Castiel está muriendo. Por cierto, algunos amigos me habían insinuado que Hannah sentía algo por Castiel, y me hablaron de la escena donde le arropa en el sofá.

HANNAH

   Que alguien quiera a Castiel no suena extraño, y Hannah tiene sus momentos en ese sentido, pero con el ángel sólo tenían ese tipo de química, Meg y Dean. A mí, viendo la escena, lo que me pareció fue que ella se alarmó. Los ángeles no duermen y Castiel caía rendido y agotado. Eso la llevó a buscarle ayuda en el lugar menos conveniente. Según Metatron (un gran personaje), no toda su gracia fue destruida, pero el ángel se niega a pactar con él, prefiriendo saberle preso por toda la eternidad a vivir. Me parece que fueron muchas escenas para tan poca sustancia.

   ¿Un exorcismo en puertas? Lo veré. Y que nadie me cuente nada para no alterarme antes de tiempo.

EL EXORCISMO DE DEAN WINCHESTER

Julio César.

DEAN, EL SOLITARIO REGRESO DEL GUERRERO… 2

mayo 12, 2015

EL REGRESO DEL GUERRERO

DESTIEL, SENTIMIENTO

   Si el ganador lo toma todo, ¿qué queda para el perdedor?

……

   Francamente asombrado, Sam, sentado a una de las viejas sillas de la mesa donde revisaba algunos de los libros y objetos en la caja que Dean recogía, mira a este cuando se le acerca con una botella de cerveza fría, bebiendo la otra. Había cosas que no cambiaban nunca, se dijo de pasada, aceptándola.

   -¿En el Purgatorio? ¿En serio? –todavía le pregunta, mirándole beber y asentir.- ¿Cómo era…?

   -Horrible. –le gruñe casi eructando.- ¿Qué esperabas? Y lo creas o no, encontré a viejos conocidos… -mira el pico de la botella.- Todo fue un paseo.

   -¿Y Castiel? Creí que…

   -No, no le encontré allá. Tal vez como ángel que es, logró escapar de la succiono o lo que sea que me atrapó cuando Dick estalló.- sonríe socarrón.- Un Dick estallando… ¿no suena genial? –luego eleva la mirada, intrigado.- ¿No se han visto? ¿En todo un año?

   -No… -grazna levemente incómodo. No le gusta el fruncir de ceño del mayor, juntando pedazos.- ¿Cómo lograste escapar?

   -Con algo de ayuda. Una poca de suerte. Y arrastrándome mucho, créeme, no fue lindo. Sam… -comienza, dejando a botella en la mesa, y el menor siente la tormenta cerniéndose sobre ellos.- Si no sabías que fui al Purgatorio… ¿dónde estuviste buscándome? –se miran y el silencio se hace. Sam alza los hombros.

   -No te busqué. –confiesa, y entiende que Dean no le comprende.- No lo hice, simplemente tomé mis cosas y… partí. Me alejé.

   -¿No me buscaste? ¿En todo un año? ¿Qué pasa contigo? –se altera.- Entiendo que estuvieras desconcertado, deprimido y todas esas mierdas que te pasan en momentos así, ¿pero no intentar nada en todo un año? ¿Para cuándo pensabas dejarlo, joder?

   -No iba a hacerlo. Decidí… continuar con mi vida. –admite, mirándole, sólo él sabiendo lo duro que fue tal decisión. Y no lo capta aún, su hermano sencillamente no puede entender lo que dice.- No te busqué porque quise continuar con mi vida donde la dejé antes de que nos reencontráramos en la universidad, cuando estaba con Jessica. La vida que llevaba hasta esa noche cuando llegaste buscando ayuda para encontrar a papá. –al decirlo en voz alta es consiente por primera vez de cómo todo el desastre que fue sus vidas, se puso en movimiento en un momento exacto. Buscar a Ojos Amarillos les llevó al pacto de Dean por su vida, a la sangre inocente derramada por un alma justa, el primer sello roto que terminó con él dejándole la puerta de la jaula abierta a Lucifer, cuando los ángeles le impidieron a Dean detenerle. Habían sido marionetas puestas en funcionamiento.

   -¿Continuar tu vida? –Dean parece entenderlo al fin, sintiéndose rabiosamente herido, traicionado.- ¿Continuar con tu vida mientras yo me arrastraba por el Purgatorio, donde cada día traía un nuevo horror, un dolor desconocido hasta ese momento y una tortura agónica? –le grita.

   -No fue fácil, Dean. –se disculpa, bajando la mirada.

   -¿No fue fá…? ¡Dímelo a mí! –estalla, furioso.- Me mordieron, Sam, me masticaron, me aguijonearon e hirieron. Mis huesos… -grita, pero se controla.- Pero tú necesitabas continuar con tu vida. Entonces, debo entenderlo. –el castaño le mira alterado, poniéndose de pie.

   -¡Me había quedado solo! No sabía qué hacer. No sabía dónde estabas. ¿Qué otra cosa podía haber hecho?

   -¿Acaso intentaste siquiera buscarme? ¿Le preguntaste a un demonio si estaba en el Infierno, a un ángel si estaba en el Cielo, o a un parasicólogo dónde estaba si no era aquí o allá? ¡Pamela nos ayudó a entender qué me había sacado del Infierno! –le recuerda señalándole con un dedo.- Podías haber hecho muchas cosas para saber de mí. Dime, Sam, ¿acaso creías de corazón que estaba en el Cielo, disfrutando de los ríos de miel y de ejércitos de chicas en látex y eso te alivio y decidiste que si me divertía tanto bien valía la pena dejarme allá? Cuando decidiste “continuar con tu vida”, ¿pensabas que yo la estaba pasando bien, o sencillamente decidiste continuarla sin importarte nada más?

   -¡Dean! –aprieta las manos en puños. El mayor sonríe, chulo, torcido.

   -Entiendo, no te importó saber. –la enormidad de lo revelado le sobrepasa, se siente casi desollado vivo.- ¡Wow!

   -Entiendo que estés furioso, pero debes entenderlo, necesitaba recomenzar, dejar toda esa mierda de vida atrás, las pérdidas, las partidas. Los dolores. Mamá, papá, Jessica, Bobby… tú. No podía soportarlo más. Ni desconocer todo el mal y daño que podía seguir causando, aún sin saberlo, como cuando liberé a Lucifer. Grítame sí quieres, pero…

   -No, Sam, no lo entiendes. No estoy furioso porque me dieras la espalda cuando me arrastraba desesperado, esperanzando en que tú estabas haciendo algo por ayudarme. Saber que no te importó lo que me ocurría es lo que… -abre los brazos y lanza una risotada amarga.- Bien, ¿pero cuál es el drama, verdad? Sólo era una eternidad de condena, tampoco era tanto tiempo. Te entiendo.

   -¡Deja de sermonearme! –se altera también.- Sabes que todo lo malo que nos ha ocurrido es por trasgredir las reglas. Nunca debiste ir al Infierno en primer lugar para revivirme. Cuando Castiel te sacó de allí, siguiendo ese plan que tenían los ángeles de comenzar el Apocalipsis, tampoco nos fue bien. Lo muerto, muerto debe quedarse. –es tajante.- Quise apartarme, continuar con mi vida, encontrar a alguien, como te pedí que hicieras tú cuando fui a la jaula con Miguel y Lucifer.

   -¡Yo no me di por vencido! Buscaba una manera de traerte porque eres mi hermano y te quiero.

   -Yo no te lo pedí. No esperaba que lo hicieras. Y cuando volví tampoco fue para mejor, ¿no? Volví sin alma e hice cosas terribles.

   -No sabíamos que… -grita aún más, ofuscado por la manera que el menor no parecía entender que jamás habría podido soportar el peso de su muerte, no después de haber perdido a toda su familia; o más tarde sabiéndole condenado a una eternidad de castigo. Pero no tiene las palabras para exlicarse, el otro no lo consideraba de la misma manera. Las cosas que eran tan valiosas para él, no lo eran para Sam.- ¿Sabes qué? Esto es inútil. Discutirlo. Hablarlo. Lo hecho, hecho está. No se puede obligar a nadie a sentir o querer. –el insulto es certero, lo sabe por la manera que brillan los ojos de Sam, herido y molesto, así como el tic en su mandíbula.- ¿Que fue de Crowley? ¿Dónde está Kevin? ¿Qué pasó con Meg?

   -No lo sé… -confiesa avergonzado, desconcertándole otra vez.

   -¿No buscaste tampoco a Kevin, el profeta que se metió en todos estos problemas por nosotros? ¡Vaya!

   -¡Quería dejarlo todo atrás! –grita, y para cuando termina de decirlo, Dean también lo hace, imitándole como burla.

   -Entiendo. –toma una de las cajas.- Bien, se hace tarde, seguro tienes cosas que hacer, cosas muy importantes; yo tengo camino por delante. –va saliendo de la vivienda.

   -¿A dónde vas?

   -A encargarme de los asuntos familiares. –Sam mira la otra caja.

   -Te ayudo. –se ofrece.

   -¿Tu ayuda? ¿Ahora para qué? –le oye mientras sale, lastimándole de una manera tan intensa que a Sam se le nubla la vista.

   El castaño cae sobre la silla, los asuntos familiares. Kevin. Dean iría por Kevin. La vergüenza y la culpa le alcanzan ahora. Debía ofrecerse a…

   Una tos mecánica y el rugido de un motor le hacen pegar un bote en la silla. Ladrando un “¡Dean!”, sale de la vivienda a toda prisa, justo a tiempo para verle arrancar y alejarse por el casi inexistente camino. Le llama con fuerza e incluso da tres o cuatro zancadas. El corazón le late con furia, se iba. Solo. Sin pensarlo corre hacia su camioneta… para encontrar un caucho caído. La marca certera de una navaja le aclara que su hermano no quiere que le siga. Eso, por alguna razón le dolió. Y le molestó.

……

   De manera temeraria, Dean se aleja por ese camino de tierra, todavía alcanzando a ver por el retrovisor a Sam. Sus nudillos se ponen blancos por la manera en la que oprime el volante. Siente un dolor nuevo, terrible, y se pregunta si todavía no estará atrapado en el Purgatorio y esta no es más que otra de sus trampas. Durante todo el calvario vivido allí, cada vez que se detenía un segundo, a pensar, a descansar, se confortaba con dos ideas. Que le buscaban. Que Sam y Castiel debían estar desesperados moviendo cielo y tierra para ayudarle, haciendo lo imposible por liberarle. Lo otro era regresar y encontrarles, verles, lo que supuso sería un gran día. Medio lanza una risotada llorosa. Si por ellos era, bien pudo quedarse allí para siempre.

   ¿Cómo pudo Sam dejarle así, pretender que podía continuar, desentendiéndose de su dolor? Tal vez porque era el hermano menor se podía permitir ser tan egoísta. Nunca fue su trabajo velar el sueño de un Dean niño, el alejar las sombras de su cama, de revisar, temblando de miedo, linterna en mano, bajo las camas. A él no le tocó la responsabilidad de no fracasar. Nada de eso. Todo lo dio por sentado.

   El viejo Camaro es tan sólo un manchón de colores en la carretera, alejándose a toda velocidad de un lugar donde dejó su vida de antes en el pasado. Dolía, entristecía, pero suponía que un día se sentiría mejor. Sam estaba vivo, bien de salud, había encontrado a alguien, ningún peligro le asechaba ya. Ahora podía darle por muerto y continuar la cacería. Podía seguir su camino, solo. Pero antes…

…….

   El bar es de lo más cutre, con algunas cabezas de alces en las paredes, aunque en esa zona ni cacería había. Pero a los pocos parroquianos y motorizados que se detenían no parecía importarles. Sólo era un lugar apartado en una carretera de segunda, muy a propósito para apostar a las cartas, dardos o al billar; comer algo muy grasiento y beber. Conocer gente era, como todo lo demás, opcional.  Se intentaba siempre. O se buscaba pelea.

   Inclinándose en una de las mesas de billar, calculando su tiro, un Dean Winchester sin la chaqueta, sonríe socarrón, siente sobre su espalda y su trasero la mirada de la joven de cabellos muy negros, vestida de cuero, que bebe algo sentada a la barra. Se exhibe. Para ella. Importándole poco que llegara con un joven de barba y bigote descuidado, también de cuero. Se toma su tiempo, sabiendo de la franja de piel que se le ve entre la franela y el pantalón, donde también se nota algo del bóxer, la cual atraía miradas. Y no sólo de la chica. El tiro es impecable, ríe todo chulo, tomando su cerveza, y su contrincante gruñe algo feo, arrojando unos billetes en el verde tapete, alejándose. Es cuando levanta la mirada a la mujer, que sonríe toda esponjada. Muy interesada. Va hacia ella.

   -Bien jugado. –reconoce ella, coqueteando a pesar de haber llegado con otro.

   -Soy bueno con las manos y para los juegos. –el muy imbécil dice y ella ríe bajo.- ¿Quiere una cerveza, bella dama? –antes de que pueda contestar, aparece a su lado el tipo de barba castaña, bastante joven, colérico e inseguro ante la apariencia del cazador.

   -La dama no está sola. –gruñe, desconcertándose cuando el otro eleva una ceja y los hombros.

   -Bien, mientras más, mejor. –y se vuelve hacia la barra.- ¡Tres, bien frías! –ordenando, desconcertándoles por un segundo. Mira a la mujer.- Díganme, chicos, ¿han estado en un trío?

   -¿Qué? -estalla él, perdido en la charla. La mujer ríe, algo ronca.

   -No se ha dado. –contesta ella.

   -¿No? Me parece difícil de creer. –replica socarrón, repartiendo las cervezas cuando llegan.-  No saben de lo que se han perdido. –bebe, cerrando los ojos, pero mirándoles por una rendija, notando como intercambian una mirada y ella sonríe interesada.

   -Mira, amigo, no creo que… -comienza el joven, que se altera al verle sonreír.- ¿Qué? –demanda saber.

   -Nada. –se encoge de hombros, indolente, atractivo, bebiendo más de su cerveza.- Pensaba que sería una pena perderse la oportunidad. Una noche cualquiera en una vida que vuela, en un bar de mala muerte, nada mejor qué hacer, un extraño al que no volverán a ver… -enumera y lo deja así, pensando, muy divertido, que será de lo más gracioso cuando le vea al chico de la barba la boca ocupada con su verga. Oh, sí, porque se la meterá hasta la garganta.

   -Cariño… -ella mira al chico.- Quiero… ver… qué pasa. –sonríe luego, volviendo los ojos hacia Dean, quien sonríe aún más, preguntándose cuál de los dos se la mamaría primero.

……

   Si el bar era de lo más cutre, la pequeña habitación que encuentran no lo es menos. Y la verdad es que no importaba, si a eso vamos. Era tan sólo un lugar para encontrarse, estar y “amarse”. Hay un detallito que Dean, con esa venilla perversa que en todo pone, indagó con la encargada de la recepción, la cual les miró agitada al ver a los tres juntos. Ella le confirmó algo y subieron unas escaleras, la chica excitada y nerviosa, el joven de bigote algo tenso, como todavía preguntándose cómo terminaría eso. Dean, cerrando el paso, reconociendo que ambos tenían buenos culos. Oh, sí, se divertiría y no pasaría la noche solo. Las pesadillas del Purgatorio no le alcanzarían. Esta vez. Después de lo de… Sam, se lo merecía.

   Ignoraba el rubio cazador que alguien le buscaba. Afuera, frente al motel, una solitaria figura parece esperar. Sin querer entrar, sin atreverse a ver qué ocurriría en ese cuarto cutre, pero imaginándolo.

   Castiel.

CONTINÚA … 3

Julio César.

DEAN, TODO UN DIABLILLO

mayo 9, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA

DEAN. TODO UN DEMONIO SEXY

   Tuvo su gancho…

   Aunque ya todo esto ha sido muy visto por los fans del programa, que si lo son, fans, deben haberlo sintonizado aunque estuvieran molestos con esta o aquella trama, dada mi naturaleza maniática y obsesiva debo agregar algo, ahora que por fin esa mugre del Canal Warner ha decidido transmitir, regularmente cada semana y a un horario decente, la décima temporada de SUPERNATURAL, después de haber malbaratado las dos anteriores. Por lo general no he visto nada de esta temporada por el mal funcionamiento de la página que usaba. Anoche sintonicé: 10×01 – BLACK. Y me gustó de entrada. Bueno, casi todo. Me gustó que aparecieran esos dos nombres en los protagónicos, justo a Jared y Jensen: Misha Collins y Mark Sheppard. Cosa rara, aunque las tomas del intro estuvieron muy buenas, la canción no me agradó como la de otros años.

DEAN, ES SEXY

   La trama fue dispersa, Dean se divierte con Crowley, siguiendo exactamente donde terminó la novena temporada, cuando el Rey del Infierno le dice que salgan a aullarle a la luna; Sam buscándole; y Castiel con su drama de los ángeles caídos todavía, que fue, como suele ser, la parte más aburrida de todo. Y desaprovechada, que el programa no supiera qué hacer con la idea de los ángeles en la Tierra fue vergonzoso.

   ¿No era adorable ese Dean sinvergüenza, que cantaba karaoke?, ese tema de lo sexy que es, fue genial (tema que todos chulean, hasta en Casado con Hijos), bebiendo y teniendo sexo, todo desaforado. Un Dean más Dean. Aunque era extraño saber que compartía cuarto con Crowley, como hacía con Sam, incluso el intercambio de puyas que se lanzan cuando el Rey del Infierno le encuentra teniendo sexo en su cama y luego se pone de pie, hablando, sin pantalones. Era tan Dean, y sin embargo, era un demonio, uno bajo control porque le dejaba salir de tarde en tarde usando la espada de Caín.

SAM BUSCA

   Sam buscándole, torturando demonios, fue inquietante. Verle llegar y ver el video del tipo mirando porno que es atacado y que asesina salvajemente al otro, quedó bien. Notando en una de las tomas que Dean tenía los ojos negros. Foto de video que llegó a ese tipo que se ejercitaba como preparándose para una misión de guerra, perseguir a un sujeto peligroso; tan obsesionado con ello que cuando la esposa le pregunta si es quien busca, medio llora y sale. Lo que habla del tormento que debe haber sido para su vida de casada esa obsesión de su marido.

TRAVIS AARON WADE (COLE)

   Había algo en ese sujeto, Cole (Travis Aaron Wade), no sé, de espartano. Parece otro de esos tipos carismático que, en esta serie de hombres y de homo contexto no declarado aún, tanto gustan. Cuando golpea y atrapa a un Sam que tiene un brazo lastimado (la trama dice que fue por una cacería mal montada con Castiel, ¿qué le habrá pasado a Jared Padalecki en la vida real?, se accidenta mucho), le dice que sabe quién es y que conoce a Dean, que le sabe un monstruo y que ahora le está cazando. ¿Quién es y de dónde sale? Tocaba esperar. Pero me agradó, otro enemigo a tener en cuenta.

CASTIEL AGOTADO

   Castiel anda débil, su gracia robada se agota pero ha decidido no tomar la de nadie más, y así le encuentra Hannah, la mujer que luchó a su lado contra Metatron. Ella necesita que le ayude porque aunque casi todos los ángeles han regresado al Cielo, algunos se niegan, hay una pareja que incluso mató al ángel que fue a buscarle. No me gustó esta trama porque los ángeles son aburridos, exceptuando a Anna, Baltasar y Naomi. Castiel es adorable pero sólo brilla con Sam, con Crowley  en mayor medida, con Dean se le nota genial; pero la verdad es que no se vio nada bien en este asunto en particular.

CASTIEL Y HANNAH DE CACERIA

  Hannah, como representante del Cielo, actuaba con igual intransigencia que Rafael y Naomi, obligando a los otros a seguir una línea de conducta. Ese ángel que deseaba quedarse era racional, y Castiel debió simpatizar con su causa; mataron al que fue a imponerles una conducta porque no aceptó una negativa ni ellos se fiaban de la justicia del Cielo (nuevamente Rafael y Naomi). Que Castiel debiera matarle para salvar a Hannah, fue lo peor. Se ve que nuestro ángel está lleno de dudas, y también de debilidad, ¿morirá? Parece dispuesto.

DEAN Y LA MESERA EN LA CARRETERA

   Así como me gustó el Dean del principio, verle sacar después el cobre y la piedra falsa de bisutería barata fue desagradable. Se notaba que algo le pasaba cuando golpeaba terriblemente al tipo que le reclamaba algo a la mujer con quien se acostaba. A esta la trató feo, diciéndole que era tan sólo un tío que se acostaba con rameras a lo largo de la autopista, lo dijo cuando ella le insinuó que era un canalla al que quiso verle algo bueno. Lo que ella respondió a lo de “ramera”, que así de mal debe estar cuando siente que merecía esas palabras, fue grande. ¿Por qué las mujeres, y a veces algunos hombres, soportan tanto abuso de gente que piensan cambiarán o que creen en el fondo no son tan malos? Jamás lo entenderé, como no entendí a la chica lobo en aquel episodio donde los tres amigos se transforman, cuando ve evidencias de que el chico mató y devoró a alguien y se molestaba con el otro porque pretendía detenerle… protegiendo a la bestia. Por suerte las mujeres que conozco, en líneas generales, y las que me importan, no presentan esta debilidad de carácter.

CROWLEY Y DEAN, VAYA DEMONIOS

   No me gustó tampoco la manera en la que trató a Crowley, sin respeto, cuando supo que este era quien enviaba a los seguidores de Abaddon a perseguirle. Pero lo hacía para que dejara salir a la bestia y no terminara irremediablemente como demonio. Es obvio que el Rey del Infierno siente más aprecio por el cazador, con todo y ser el demonio jefe, que este nuevo diablo por él. Y la verdad es que el subtexto de homo relación estuvo presente en todo momento, desde la chica diciéndoles que se buscaran un cuarto de hotel, a Crowley urgiéndole a que hablan de su futuro, o cuando le echa en cara a Sam que lo que odia es que Dean ahora era suyo. El episodio pasó rápido sobre todo eso, pero vaya…

COLE ATRAPA A SAM

   Finalmente no me gustó ese Dean que enfrenta telefónicamente al sujeto que tiene cautivo a Sam, que lo intercambiará por él, y Dean se desentiende porque terminó con su hermano (y es cierto, jugó limpio, ahora es un demonio). No porque la trama fuera descabellada, sino por lo diferente que es (qué gran actor). Sabíamos que sería malo, un Dean oscuro, pero fue realmente una imagen odiosa. Para ser un primer episodio de temporada, ocurrieron pocas cosas, fue más como presentar un amplio abanico de subtramas, pero la verdad es que me gustó.

   Pero, después de todo, soy un fan, siempre me gustará.

DEAN WINCHESTER, ESE DEMONIO TRAVIESO

Julio César.

REGRESO A CLASES… 13

mayo 2, 2015

REGRESO A CLASES                         … 12

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Hasta un segundo antes de que todo se jodiera, Jared y Jensen disfrutaron de un buen momento, íntimo y grato, a pesar de las confesiones entre amigos. La culpa del disgusto, como siempre, la tuvo el dinero.

   Jensen guió a Jared hacia el Centro, a un restorán vaquero donde los filetes parecían rodajas de arboles. A la barbacoa, a los dos les gustaba algo tierna, no muy cocida. Y mucha. Eran texanos después de todo.

   -¡No soy famoso! –se defiende Jared, algo avergonzado de sentir orgullo por sus logros.- Me lee… gente mayor. Chad les llama viejos. Y viejas, para ser más exactos. Mi amigo es un poeta de las palabras.

   -Gracias por la parte que me toca. –contraataca Jensen, sonriendo, todo sexy con algo de salsa en su mentón, devorando con agrado su carne.

   A Jared nunca le ha parecido tan guapo como en ese momento, ni la mano le ardió tanto por las ganas de tocar y limpiar a alguien. Algo de cierto había en las palabras del rubio, le miraba con ojos de ayer, en ese momento no notaba sus mejillas redondas, su papada o algo de aquella panza.

   -¿De verdad has leído algo mío? –le ve enrojecer.

   -Algo… -hay un cómodo silencio mientras se miran por turnos.- Siempre… -se humedece los labios, recogiendo algo de salsa con la lengua, y a Jared se le eriza la piel aunque no quiere pensar en él de esa manera.- Siempre me pregunté qué había sido de ti cuando partiste al Este. Se fueron todos. –pincha con su tenedor.- ¿Chad y tú…? –le mira, Jared frunce el ceño, no comprendiendo.- Tú y él, solos, por allá…

   -¿Qué? ¡No! Chad es un amigo. –se acalora.- ¿Por qué preguntas?

   -Por nada. –se encoge de hombros, pero como el otro le mira, gruñe.- Como está con esa chica bonita, me pregunté si algo no había salido bien. Entre ustedes. –enrojece bajo la mirada del castaño.

   -¿Lo que quieres saber es sí tengo novio? –le divierte verle mortificado.- Dios, esto es tan sorpresivo. –le ve rodar los ojos y sonríe más.- No, estoy solterito y sin compromisos. –hay un silencio largo y en seguida se maldice por ser tan directo.- ¿Y tú? –le ve arrugar la cara.

   -No, el olor a fracaso no es agradable, y cubre mucho terreno. Las damas lo huelen a kilómetros.

   -Jensen…

   -No, no, está bien. No estoy auto compadeciéndome, aunque todo el mundo parece creerlo. –calla un segundo, mirando lo que queda de su corte.- No sé bien en qué momento todo se jodió, pero ocurrió. Y fue por mi culpa. –eleva la mirada, ceñudo.- ¿Sabes?, creo que eso era lo que el entrenador intentaba decirme en aquel entonces. Advertirme. Pero, claro, era idiota y no le entendí. A los diecisiete pensaba que sabía más que todo el mundo. –callan por un segundo, luego sonríe con toda la cara, algo forzado, luchando contra la depresión, Jared lo sabe.- Pero no pensemos en tonterías. Cuéntame y mátame de envidia, ¿tienes mansión, autos de lujo, una avioneta chica y un yate grande? –entona una ceja.- ¿Guapos jardineros que viven sin camisas aunque no tiene ni una flor en tus extensos patios? –el otro ríe. Ojos brillantes.

   -Ojalá, no lo de los jardineros, eso es muy cliché, en todo caso serian impía piscinas en apretados bañadores. –medio ríen.- No, mi… fama todavía no da más que momentos embarazosos con doñitas en mercados buscando presentarme a una nieta o sobrina soltera. –Jensen estalla en carcajadas.

   -Pregunta por sobrinos o nietos.

   -Ha habido casos. –reconoce mortificado, el rubio ríe aún más.

   Carcajadas que duran hasta que se acerca la bonita mesera, viéndose toda acalorada al recorrer con los ojos al pecoso y atractivo rubio. Jared lo nota, como no lo hace Jensen, convencido como estaba que todo había terminado para él.

   -Hummm, lo siento, señor Ackles… su tarjeta de crédito no pasó. –la joven se oye apenada.

   Jensen, quien todavía reía, se congela, enrojeciendo de vergüenza, mirándola y balbuceando sin palabras, tenso, mirando de soslayo al otro, que disimula.

   -¿Está segura? Tal vez…

   -Lo intenté. Dos veces. No pasa.

   Es cuando Jared comete El Gran Error.

   -Jensen, puedo… -comienza Jared. El otro le sonríe alzando una mano, tenso, olvidado todo el momento relajado.

   -Está bien, tengo algo de efectivo… -saca la cartera nuevamente del bolsillo posterior de su pantalón, mira otra vez la cuenta y Jared casi puede jurar que transpira mientras cuenta algunos billetes.

   -Amigo, puedo pagar y…

   -Yo invité. –va tensándose más, ¿por qué Jared tenía que ser tan necio?

   -Está bien, no pasa nada, esta vez resuelvo yo. Tú la próxima. –intenta una sonrisa, odiando verle en el aprieto. Deseando que la joven camarera se retirara un momento.

   -¿Una próxima cita? –le mira feo.- No como está resultando esta. ¿Y quieres dejar de distraerme mientras resuelvo esto?

   -No hay problema, amigo… -decidido lleva la mano al bolsillo del saco, por la cartera, intentando tomar la cuenta. Jensen la aparta, molesto. La camarera, presintiendo la tormenta, se aleja dos pasos.

   -¡Puedo pagar dos malditos bistecs, ¿okay?! No estoy tan mal. –casi le lanza, resentido. Sorprendiéndole totalmente. Algunas personas se vuelven a mirarles aunque hablan prácticamente entre dientes.

   -No quise ofenderte, tan sólo…

   -Pues deja de hacerlo, maldita sea. –le gruñe, rojo de cara, luchando contra las ganas de gritar, las manos temblándole ligeramente de enojo y, ¿preocupación?, mientras cuenta unos cuantos billetes. No era un indigente, no había llegado a eso todavía.

   Jared, ceñudo, comienza a molestarse también. No estaba acostumbrado a tratar a la gente con tantas pinzas y delicadeces. Sandy y Chad eran personas a quienes podía decirles cualquier cosa.

   -¡Lo siento! –el rin tintín es grande. Un incómodo silencio se hace presente.- No entiendo por qué te altera tanto que…

   -¡Me molesta que me trates como un idiota! –ruge, cortándole.

   -Te comportas como uno.

   -¿Qué haces aquí entonces? –demanda.

   -Me invitaste a cenar, ¿se te olvidó? –le ve enrojecer, molesto.- No sabía que habría indigestión incluida en la sentada a la mesa. –no puede evitar el comentario incisivo.

   -Lamento que te resulte tan terrible. –se ahoga, no queriendo acrecentar el problema, pero también imposibilitado de detenerse.- Tal vez deberías estar con tus amigos.

   -Creo que habría sido mejor. –le ataca, no queriendo hacerlo, pero igual de molesto.

   -Yo… ¿desean algo más? –le incómoda mesera les trae al presente. Ambos la miran, mortificados, luego cruzan una mirada entre ellos, hostiles.

   -No creo que “podamos” con nada más. –suelta Jared, quien, como escritor, tenía una mente ágil. Sabe que se pasó cuando Jensen palidece, abriendo mucho los ojos y labios, herido.

   -Es todo. –le sonríe a la joven, colocando el dinero sobre la bandeja.

   La mesera escapa, literalmente, y el silencio sobre la mesa es grande. Jensen siente ganas de correr, de escapar hacía su apartamento y meterse bajo su cama, no sobre ella, debajo, con una botella en manos. Jared siente la lengua amarga. Nota los hombros tensos del rubio, el “no podemos con nada más”, repitiéndose en su mente, mortificándole.

   -Lamento… -quiere disculparse por eso.

   -Estoy bien, Jared. Estoy perfectamente, no voy a romperme. Si quieres puedes irte con tus amigos, seguramente alcanzarás la hora feliz en el bar de tu hotel. Esperaré la nota. –suena amargo y Jared se molesta otra vez.

   -¡Estas tan lleno de mierda! –le gruñe entre dientes.- Estás tan decidido a parecer un infeliz perdedor que…

   -Espera tú la nota. –se pone de pie, conteniendo a duras penas las ganas de derrumbarse, arrojando una servilleta y alejándose.

   Jared boquea, molesto, casi se puso de pie para seguirle. Pero mirando a la gente a su alrededor, se desplomó. Furioso. ¡Qué se vaya al infierno el pecoso rubio hijo de perra! Total, poco le faltaba ya.

……

   Aún en el homenaje al entrenador, Chad Murray, junto a la mesa de bocadillos, siente deseos de marcharse. Después de las palabras de Jensen Ackles, la reunión había decaído, lo importante ya se había hecho. Por cierto, qué lindas las palabras del rubio. Siempre ha odiado a Jensen, porque de muchacho era guapo y popular, y porque hizo sufrir a Jared, y porque ahora, con todo y lo fracasado que era, podía salir con unas palabras como esas. Y, si lo deseara, podría tener aún a quien quisiera. Como a Jared. ¡La vida era tan injusta a veces! Toma una pequeña salchicha que sumerge en pastas y la lleva a su boca.

   -Ah, siempre te ha gustado eso. –le comenta a sus espaldas, con ligereza, Paul Telfer. Y Chad enrojeció hasta la raíz del cabello, cabreándose además.

   -¿Quieres callarte, hijo de puta? –le ruge bajito, molestándose al encontrarle, como siempre.- ¿Qué quieres?

   -Chad, debemos hablar.

   -¿Otra vez? Ya lo hicimos anoche. –le recuerda, el otro rueda los ojos.

   -No hablamos, tan sólo te conformaste con insultarme como siempre.

   -Joder, ¿qué quieres? –se ve alterado.- No lo entiendo, en verdad le doy vueltas en mi cabeza y no sé qué pretendes. –le ve enrojecer un poco.

   -¿Acaso no viniste esta vez a la reunión para que habláramos?

   -Hablamos… -traga en seco.- ¿Qué esperas conseguir de mí?

   -Ya te lo dije, arreglarlo todo. Resolver mi pasado… eres algo que quedó inconcluso. Sé que… bueno, no me comporte como debía. Y que… -no encuentra las palabras para culparse.- …Tal vez no jugué limpio. Pero era un muchacho, no se esperaba que lo supiera todo.

  -¿Acaso yo no lo era también? –se pone rojo de rabia.- Hay que ver que tienes desfachatez. –se va alejar pero una mano sobre su brazo lo retiene.- ¡Suéltame!

   -Hablemos.

   -¿De qué? –entrecierra los ojos.- ¿Qué pasa, Paul? ¿Acaso tu vida de triunfador no es tan maravillosa en todos los momentos como lo pretendes? ¿Acaso hay algo que te faltó… probar? –le reta, con mala fe, sorprendiéndose al verle enrojecer más.- Desgraciado, ¿acaso crees que después de todos estos años…?

   -Ya, cálmate, no he dicho nada. No hables por mí. Tan sólo quiero que lo conversemos. –insiste, Chad asiente.

   -Está bien, Sophia está de viaje, con mis padres. Estaré solo en el hotel. Búscame en dos horas y entonces hablaremos. –casi amenaza, apartándose.

   Paul toma aire. La cosa pintaba difícil.

……

   -Quiero irme. –Tom le gruñe, bajito, a Genevieve, quien escuchaba algo que contaba una amiga, riendo un poco.

   -Es temprano… -se queja ella con un mohín.

   -No lo es, ni esto es fiesta, Gene. –replica seco. Ella le mira fijamente.

   -Pues yo la estoy pasando bien. Que Mike y Kristin se hayan ido… -Tom se congela, recorriendo el salón con la mirada.- …No significa que debamos seguirles. Deja de fastidiar. –le ruge contenida, al rostro, irguiéndose sobre las puntas de sus tacones.

   -Haz como quieras. –alterado se aleja, cruzando entre las persona. Imaginando, y acertando, que ella no le seguiría. Sale del edificio a esa noche que comienza, tibia todavía, tomando aire, intentando serenarse.

   Mike se había ido, con ella, y la idea era dolorosa e irritante. No, no era una buena persona. Le había dicho poco antes al otro que aceptaría su decisión, aún si esta era seguir con lo de la boda y con Kristin. Pero sabe que no puede. Mike no era como él, tomaría sus votos de manera sagrada y le abandonaría. De hecho había comenzado a dejarle desde que le anuncio que se casaría. Al otro le pesaban los años, el tiempo. La soledad de una vida en las sombras, una que llevaban años padeciendo.

   Entra a su auto y se queda sentado allí, tragando saliva, desesperado. Dividido entre las ganas de llorar y las de gritar. No, no podía decirle adiós a Mike, porque sencillamente era la única parte de su vida que sentía como cierta. Real. Aunque, irónicamente, era la que más intentaba mantener al margen. Echa la cabeza hacia atrás en el respaldo y cierra los ojos. Intenta imaginar una vida donde Mike no esté, donde no le llama para contarle tonterías por teléfono tan sólo para escuchar su voz y su risa, una donde no se citan, no se encuentran y no se entregan a la pasión que experimentaron desde los años de secundaría, cuando imaginaron que el algún momento terminaría. Nunca fue así. Lo que al principio pensó que era curiosidad, luego devaneos sexuales, encuentros íntimos excitantes por prohibidos y peligrosos porque podría arrastrar sus nombres, evolucionó a algo más.

   Toma una profunda inspiración, recordando todas esas tardes de prácticas con el equipo, luchando uno contra el otro sobre la grama, o dentro del fango cuando llovía, el resto de los compañeros riendo de sus niñerías, ignorando todos que en cuanto montaba las manos sobre Mike no podía apartarlas. Era tocarle y que este respondiera, a veces con fuerza y dureza, ambos luchando, rodando. Y terminaban en las solitarias duchas cuando, bajo las regaderas, Mike recorría todo su cuerpo con las manos, con adoración, con un brillo de admiración en sus pupilas; y él dejándose hacer, mimar, sonriendo… atrapándole en un puño la erecta verga a su mejor amigo, que pulsaba y quemaba contra su palma. Mike le tocaba, lo enjabonaba y acariciaba todo, se frotaba de él, sus bocas se encontraban, sus lenguas luchaban de manera ansiosa, necesitadas, y en ningún momento podía dejar de tocarle, su puño permanecía cerrado sobre la virilidad de Mike como si ese fuera su lugar.

   Sabía que era algo insano, obsesivo, porque en cuanto estaban juntos no podía evitar meterle una mano, estremeciéndose cuando la pieza cobraba vida contra su palma, dureza, el otro riendo, burlándose de sus ganas de tocarle. Y mientras lo hacía, le masturbaba, más tarde le mamaba recorriéndola toda con su lengua, supo que necesitaba eso, que una parte de él no podía existir sin tener al otro a su alcance. Tal vez todo habría sido distinto si no hubiera sido tan cobarde, si no hubiera pretendido malinterpretar lo que el entrenador Beaver le dijo aquella tarde…

   -La vida es muy corta, Welling, hoy tienes dieciséis años y te parece que la eternidad está a tus pies, pero una noche te acostará y despertará siendo un anciano lamentando el tiempo perdido.

   De alguna manera, mientras le acariciaba, o le mamaba, se había convertido en un adicto a Mike. A su masculinidad. Le necesitaba para continuar, sobre todo ahora que le parecía que nada valía la pena, comenzando por su matrimonio con Genevieve, el trabajo que cruzaba por malos momentos y la sospecha de que no podía engendrar hijos. Todo era demasiado, mucho como para aceptar, sin luchar, que Mike se alejara. Abre los ojos empañados de llanto no derramado. Le trató mal. Fue egoísta, cruel y cobarde cuando se casó con Genevieve, le hirió. Lo supo por la mirada que el otro puso antes de intentar disimular. Pero Mike lo había resistido, de alguna manera había conseguido continuar. Él está seguro de que no podrá. Por lo tanto, y aún siendo muy egoísta y ruin… no puede dejar que se casen.

   Mike era suyo.

……

   Muy mal encarado, Jensen Ackles cubre la distancia que le separaba del Centro hasta su cuadra. Camina despacio, intentando despejar su mente. Sabe que actuó como un cabrón con Jared, pero la verdad es que le molestó increíblemente que este creyera que no tenía ni para pagar una cena. No estaba tan mal, joder. No quiere preguntarse por qué le irrita, y lastima tanto que el otro lo piense, que es un fracasado, cuando todos los dicen, todos los días. Bien, mañana comenzaría a buscar trabajo, algo que hacer con su vida. Tal vez… intentar otra vez en la secundaria. Ya no era el mismo de una semana antes. Lo sabe. O lo espera. Se haría cargo de su vida, de la manera que fuera, luego buscaría al castaño y le invitaría una cena de verdad, con vinos y postres, hablarían amistosamente de los tiempos idos, de los años que esperaban por delante, sería encantador, gracioso y ocurrente, le diría que fue un gusto volver a verle, saber que le iba bien, le desearía lo mejor y cada uno continuaría con su vida. Tragó sintiéndose un tanto deprimido por la idea.

   Se detiene bruscamente. Allí está el auto alquilado, y sentado sobre la maleta, el castaño parece esperarle. ¡Mierda!, se dice, era demasiado pronto. Se comportó demasiado imbécil como para desdecirse en un segundo, reconoce enrojeciendo de cara. ¿Por qué le atormentaba así?

   -Jared… -casi acusa con una palabra. El otro no le deja continuar.

   -Siento haberme comportado como un imbécil, amigo. –reconoce mirándole con ojos dolidos. Y eso altera al otro.

   -¡Basta! ¡Deja de hacerme eso! –le reclama, agitado, confundiéndole.

   -Jensen, no quiero hacerte daño. No pretendo… herirte de ninguna manera. –se tensa cuando el otro se acerca, casi metiéndose entre sus piernas abiertas, una mirada airada pero también casi suplicante en los ojos verdes.

   -Deja de mirarme con pena, con lastima, y dejaré de comportarme como un gilipollas. Entonces tal vea podamos ser amigos otra vez.

……

PAUL TELFER

   Paul Telfer, no sé si es por el papel que le vi interpretando en NCIS, pero tiene la pinta de ser fuerte y al mismo tiempo vulnerable. Una combinación peligrosa. En el relato lo será para la estabilidad de Chad.

CONTINÚA … 14

Julio César.


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