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COSAS DE FAMILIAS SOBRENATURALES; 13×12 Y 14×12

marzo 9, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   ¿Jugando con Lucifer?

   El doceavo episodio inició no gustándome mucho, por las conversaciones de Crowley con Lucifer (no por este, que siempre está en su punto, especialmente cuando le interpreta Mark Pellegrino), y por Mary con el señor Ketch, ocultándole cosas a Sam y Dean. Y sin embargo, comenzando por el caso, y a pesar de que enfrentaban un enemigo mil veces aparecido a lo largo de la trama, un fantasma furioso, la cosa estuvo muy buena.

   Mary se nos descubre aquí como una mujer sabia; Rowena como una gran villana; y Gavin, el hijo de Crowley, fue, sin lugar a dudas, un entrañable personaje. Curiosamente las dos inconsistencias algo escandalosas que encontré llegaron de parte de los hermanos Winchester, primero al tratan el asunto de revertir lo que el fantasma ha hecho, colocando toda la responsabilidad en Gavin, y cuando hablan con Mary, aunque esto también tiene su pega. Vamos por parte…

   Algo está matando profesores, y es un fantasma, lo sabemos, por el hombre que ve cómo se congela el agua que sale de un grifo.

   Buscando puntos de encuentro entre las víctimas, y después de comentar entre ellos que Mary anda rara, Sam creyéndole que descansa, Dean sospechando que en algo inquietante está metida (sus instintos siempre son buenos), los hermanas descubren que los fallecidos, todos profesores de escuela, pasaron todos por un tour.

   Visitándolo encuentran los restos de un naufragio, recientemente sacado del océano, el barco donde Gavin, hijo de Crowley, debió cruzar el océano desde Europa, zozobrando y muriendo. Esto no ocurre porque cuando Abaddon le secuestra, para forzar a Crowley a obedecerla, y ella cae a manos de Dean (como han pasado cosas), el Rey del Infierno se lo lleva para ponerle a salvo, no regresarle a su tiempo ni a ese accidente. Para ese entonces ya Crowley daba suficiente muestras de humanidad. Los hermanos discuten con él porque eso altera todo, el futuro, y lo hizo.

   Buscando información del barco, quieren hablar con Gavin, primero llaman a Crowley, que no les atiende al saber que aún no acaban con el hijo de Lucifer, luego buscan a Rowena, la cual les ayuda, y parece algo mimosa con el muchacho cuando le conoce. En este punto la muy diabla me engañó completamente, eso es parte de lo que la hace tan magnífica. Gavin cuenta lo que sabe del viaje a los hermanos, y revisando catálogos ve un medallón que iba a regalarle a una novia, la noche que partía se verían y ella insistía en acompañarle, al no llegar tal ve pensó que se fue sin ella, subió y murió, convirtiéndose en un fantasma. La invoca, y la verdad es que el muchacho era sangrino y agradable. Ella no supo qué pasó con él, subió al barco, la descubrieron y abusaron terriblemente de ella, estando una profesora que la conocía y que no la ayudó por su manera de actuar. Al naufragar, y morir, de ese rencor nació su odio contra los maestros que fingen interés en sus alumnos y luego les abandonan. Se veía rabiosa, y Gavin entiende que eso ocurrió porque no se encontraron. No pudiendo quemar sus restos, estando en el océano, y que aunque destruyeran el medallón eso no garantizaba detenerla, los hermanos proponen volverle a ese instante, no queda claro si al barco o la época, y que mueran juntos, salvándola de convertirse en una figura terrible. Es la única manera de resolverlo y cambiar lo que el fantasma hizo, matar a esos profesores (y es la primera gran inconsistencia). Plan al que Gavin accede, con gran nobleza

   Llega ese gran encuentro, cuando Crowley quiere impedir que le regresen, que muera (sea por el naufragio, sea porque no subieron, vivieron juntos y finalmente fallecieron en el pasado, pero sospechamos que fue lo primero), pero Rowena le congela para que no intervenga, diciendo algo que fue una gran verdad, a medias, como suele ser ella: Gavin no es como ella o Crowley, hay algo decente y bueno que le salva. Sam repite el hechizo con el cual Henry Winchester escapó una vez de Abaddon y el joven desaparece, reapareciendo como fantasmas y machándose con la novia. Este fue el caso en sí, y me gustó mucho; las interacciones de los hermanos con Gavin, y de este con Rowena. Lástima que con Crowley no fue más intenso. Lo demás fue inconsistencia.

   Por una parte tenemos a una mujer que huye porque va a tener un hijo por el cual teme, el hijo del Diablo, y ella sabe bien este detalle. Su cara cuando la camarera le dice que siempre es preocupante tener un bebé pero que cuando el pequeño diablillo nazca le amará, fue un poema. Pero la mujer es un ángel que intenta matarla, en compañía de otro. Aparece Dagon, una de los Príncipes del Infierno, y acaba con ellos. Se ve poderosa, pero el personaje es tan anodino como la mayoría. ¿Un ser todo poder que vive en las sombras y con pinta de andar necesitando una moneda para un café? Me hizo gracia eso de que si quiere vivir que vaya con ella. Ese discurso de “qué es el bien, qué es el mal”, dada la forma de actuar de los ángeles, es cansón. Pero bien, apareció Dagon, y el niño está por nacer. Me decepcionaría, mucho, saber que no es una villana súper villana.

   Luego tenemos a Mary ejercitándose junto al señor Ketch, el sicópata de los Hombres de Letras ingleses, que nota que ella le oculta a los hijos lo que hace, y me pregunté si el programa repetiría con estos dos la trama aburrida de Rowena intentando sonsacar a Crowley para manipularle en el Infierno. Ketch utilizó palabras muy parecidas con ella, casi retándola con aquello de que era mucho mejor, y más mortífera de lo que quería mostrar. Sin embargo, contrario a la costumbre del programa cuando los secretos son de Dean para Sam, o de este para aquel, la mujer se presenta frente a sus hijos y les habla de su relación con los Hombres de Letras ingleses, a pesar de las reservas que estos guardan por el ataque al que fueron sometidos por Toni.

   Y aquí hubo una segunda incongruencia, no era tan descabellado que la mujer buscara a los otros, habían aportado el arma con la cual se atrapó a Lucifer y ayudaron a encontrar a los hermanos cuando andaban escapando por aquel bosque. La idea de detener a todos los seres sobrenaturales antes de que hagan daño es un bien mayor, y eso no debe perderse de vista. Ante esa meta, el rencor de los hermanos es casi insignificante. Además, hay que recordar que Sam usaba su mente para expulsar demonios y lo justificaba con aquello de las vidas que salvaba, luego en que era necesario beber sangre de demonio para detener el Apocalipsis. El mismo Dean soñó con cerrar el Infierno. Aunque muchos les decían que era mala idea, persistían. Ahora le toca a Mary. Y ella, por lo menos, les dijo, demostrando que es más sabía.

   Lo de Crowley interceptando el hechizo para tener a Lucifer encadenado para humillarle y vengarse por las cosas que le hizo, es completamente absurdo. No desde el punto de vista argumental, este Lucifer es grandioso, pero si en lo tocante a la lógica. De hecho uno de los mejores momentos es cuando, todo sarcasmo, el Diablo le pide consejos sobre paternidad. Ya uno imagina la cara de todos cuando lo sepan, comenzando por Rowena. Siendo sinceros, me agrada saber que está ahí, a unas cadenas de ser libre, con el cuerpo que ocupa, mejorado para que no se destruya, gracias a Crowley, con su hijo gestándose y sabiendo de Dagon, una de sus Príncipes, anda por ahí.

   Lo que me pareció más extraño, de todo el programa, fue la lección que Sam y Dean intentaron impartirle a Gavin, casi forzándole a regresar. Es sabido que este debía morir, siglos atrás en ese naufragio, pero fue sacado de su tiempo, cambiando muchas cosas cuando Crowley impidió le regresaran. Una joven muerta se convierte en un fantasma furioso, y cuando Gavin muestra pesar alegando que es una pena que no se puedan evitar esas muertes, es cuando los hermanos le dicen que ya conoce la solución, y su deber, regresar y morir junto a ella para restituir la línea del tiempo. Y a mí todo eso me sonó a fariseísmo. Al menos en dos ocasiones, muy claras, Dean trató de cambiar el pasado, cuando Mary y John eran jóvenes, y luego cuando regresa junto a Sam para impedir que Anna los asesine. Dos veces, a sabiendas, quisieron cambiar el pasado, sabiendo que eso alteraría la línea de vida de la gente a la que debieron salvar, como cazadores, y que no ocurriría si no habían nacido o no mataban monstruos. Me pareció, viéndoles, que consideraban que había actuaciones permitidas para ellos, pero no para otros. Y ese discurso siempre me molesta, en todas las cosas. O algo es malo, o no lo es. Claro, podría decirse que han aprendido la lección, que ahora saben… y uno recuerda cuando desataron la Oscuridad, sabiendo a lo que se arriesgaban. No, no me gustó el discurso. Y Gavin era un buen personaje.

   Sin embargo, quien se lleva la palma de oro es Rowena, ¡qué capítulo para ella! Qué actuación. Regresa llamada por los hermanos para que encuentre a su nieto, para saber por este, detalles de ese barco que parece estar relacionad con el fantasma rencoroso, y ella ayuda, y le agrada el joven. Cuando se plantea el asunto de que regrese y afronte su destino, impidiendo que la ex novia muerta se convierta en esa cosa, ella intenta hacerle desistir, pero cuando Crowley aparece dispuesto a impedirlo, llevándoselo, ella le congela, diciéndole aquello de que el chico era mejor que ellos dos. Me gustó la despedida de Gavin, aunque faltó algo de sentimiento cuando le dijo adiós a  Crowley. Más tarde, cuando este busca a la bruja, le dice que la conoce y que sabe que había algo más tras aquella actuación. Es cuando Rowena se nos revela como la vieja bruja malvada que es. Cosa que uno casi olvida por su anterior aparición con el Dean que iba olvidando cosas.

   Hizo lo que hizo para causarle a Crowley un dolor parecido al que este le causó cuando la obligó a matar a ese chico que ella amaba como un hijo, Oscar. Hay que recordar que lo hizo, lo amaba pero lo mató ya que su sangre era necesaria para el hechizo, no por Dean, para salvarle de la Marca, como pensaron algunos alumbrados, ella tenía la vista clavada en el poder del Libro de los Condenados, y para tener la oportunidad de llevárselo sacrificaba a ese hijo putativo (qué villana, así es como tienen que ser). Pero no lo olvidó, que Crowley lo hizo para lastimarla, para castigarla por no amarle, y ahora le regresaba la pelota. A ese Crowley de quien sabe que, a su retorcida manera, quería a Gavin. Personalmente amé a la bruja en ese momento. Me recordó mucho a Ruby y a Meg.

   Veríamos qué ocurría ahora… ¿nacería el hijo de Satán? ¿Estaría muy lejos el encuentro entre los Winchester y el señor Ketch? No sería tal, como vemos en el siguiente episodio.

   El programa se centra en los Hombres de Letras ingleses tentando a los hermanos para que formen parte del grupo y así atraer a otros cazadores. Y aquí vemos una idea, y un organigrama que recordó mucho esa temporada de Buffy cuando esta descubre que hay un grupo paramilitar haciendo la tarea de luchar contra los monstruos. Algo que temí pasara, cuando a los hermanos se los llevaba el servicio secreto después de lo del presidente, y que ahora se presenta. No sé si me agrada la idea, no les resultó en el programa de la cazavampiros.

   El catorceavo episodio comienza donde termina el otro, Mary enfrentando, y explicándose ante unos hijos que la reciben fríamente. Ella les ocultó, durante semanas, su alianza con los Hombres de Letras ingleses, algo que a Dean parece ofenderle en lo más íntimo, arrastrando a Sam en ello. la mujer les habla de luchar por una causa mayor, acabar con todos los monstruos para que ellos no deban continuar en la cacería, lo cual siempre fue su plan cuando, de joven, se quería escapar con John para alejarse de los cazadores, no deseando eso para sus hijos.

   Dean sólo ve traición, Sam le secunda, y el mayor de los Winchester, llamándola Mary, le pide que se vaya. Y esto fue… extraño. Está bien, los ingleses los atraparon y torturaron, pero otros han sido peores, como Crowley o Castiel, cuando le da por actuar por su cuenta, y esos si que han sido malos; los Hombres de Letras ingleses, en comparación, parecen hasta tontos. Especialmente por todo lo que ofrecen, acabar con los monstruos. El que ella lo ocultara, parecen tomarlo como una traición fea, y recuerdo nuevamente todas las veces que no sólo se mintieron entre ellos, sino que buscaron de hacer algo que creían era bueno, aunque les decían que no, y perseveraron, terminado con la llegada del Apocalipsis, la de los leviatanes y, más recientemente, la Oscuridad. No sería Mary la primera en equivocarse creyendo actuar bien, y eso deberían entenderlo estos dos. Las razones de Dean son puramente internas, humanas, quería a su mamita, esa que perdió a los cuatro años, cuando perdió su niñez para convertirse en un soldadito en la guerra de John. La verdad sus motivos fueron algo halados por los cabellos, obviamente el programa quería presentarnos el drama de la separación.

   ¿Qué me gustó?, esa actitud, el desdén de Dean contra Mary, esta llamándole y padeciendo su alejamiento, este ignorándola y castigándola de esa manera. Porque son los elementos de los fics, algo que, personalmente había esperado mucho, pero no como lo presentan en este caso. No contra Mary, no ha sido ella la primera ni la mayor equivocada en esta serie. Esto es lo que esperaba ver cuando Dean pilla a Sam exorcizando demonios con la mente en la cuarta temporada, cuando este le espera toda una noche temiendo que el mayor le hubiera abandonado. Fue un gran episodio, Metamorfosis, creo que se llamó, pero se quedaron por encimita y al final Dean terminó siendo responsabilizado de algo que no entendí muy bien. Lo esperaba después del ataque de la sirena, que fue intenso, y quedó en nada; Sam sufrió cinco minutos. Debió llegar después del Apocalipsis, nunca me pareció normal que pudieran continuar juntos, como si nada hubiera pasado, después de eso, cuando todo ese problema fue provocado por la insensatez de Sam, a quien todo el mundo advirtió que no continuara por ese camino. Esperaba que durara en la quinta temporada, ese adiós, cuando Sam le pide que cada uno vaya por su lado; esperaba que Sam padeciera un poco más por ese alejamiento del mayor. O cuando Dean mata a Amy, al reiniciar esta, por necesidad, el asesinato de personas. O después de lo del falso Ezequiel que posee a Sam para curarle. Era lo que esperaba ver, las mismas palabras y el “vete”, cuando Dean regresa del Purgatorio y Sam le confiesa que ni le buscó; que se separaran y que el menor debiera ganarse su afecto. Igual con Castiel, después de traicionarles en la sexta temporada y luego cuando mata a Billie, aunque aquí estoy de acuerdo con el ángel, era necesario.

   Todas esas palabras, gestos, el dar la espalda todo indignado, era lo que esperaba en esos momentos. Aquí llegan, pero por un motivo algo fútil, y no dura sino un capítulo, en esa maña norteamericana de reducirlo todo a una hora (con propagandas) ¿Qué me gustó también?, Dean diciéndole a Sam que fije posición, que está cansado de su ambigüedad, primero con lo que hizo Castiel (lo de Billie), y ahora con la “traición” de Mary. También me agradó que cuando enfrentaba a Mary con las consecuencias de sus actos, el episodio pasado, le recordara y reclamara que Cass casi muere. Viva el Destiel.

   Unos “ancianos” quieren a los Winchester de su lado, es decir los Hombres de Letras ingleses, y Mary lleva a Sam al cuartel temporal, desde donde guiarán la batalla contra los últimos vampiros en el centro del país, impresionando al menor con los recursos, la tarea y los fines, aunque todavía intenta mantenerse fiel a Dean, tomando su causa.

   Este tiene un encuentro con ketch, y aunque fue cordial, hay algo en ese actor que es desagradable.

   Sin embargo, supo ganarse la atención del mayor de los hermanos, dadas sus semejanzas, unas que Dean comprueba, aceptando acompañarle a un  nido donde se ocultan unos vampiros, para pasar el rato destruyendo monstruos.

   Es allí donde se notan las diferencias, cuando Ketch golpea a aquella vampira.

   No hay nadie, porque todos fueron a cazar a los cazadores, cercarán el lugar donde está Mary (y Sam, aunque Dean no lo sabe). Guiados por el gran líder, ese villano que llevamos varias temporadas esperando, desde los leviatanes. Y la idea me gustó, aunque la ejecución fue algo pobre.

   Estos son atacados, y los Hombres de Letras ingleses entienden lo poco preparados que están para una batalla real.

   Hubo las traiciones de siempre, con un cazador en la nómina de los monstros, las muertes de los secundarios, traídos para eso, y el villano desplegando su poder, el alfa vampiro al que ya veníamos odiando, y admirando, desde la sexta temporada, cuando se le escapa al abuelo Campbell.

   Con la Colt en la mano, que Mary le ha confesado fue lo que le robó al Príncipe de Infierno (y no entraron en el detalle de que ella lo silenció, casi provocando la muerte de todos por ello), Sam finge pactar para preparar el arma, matándole finalmente. De una manera tonta e insatisfactoria. Era un gran personaje, pero en la serie suelen hacer esto; la terrible Eva muere dando una mordida, sin zarandear gente; Dick cae igual, también Abaddon. Caín si presentó más batalla.

   Llegan Dean y Ketch, pero ya todo está hecho. Me gustó la conversación entre Ketch y Mick, quien le reclama no haber estado ahí, cuando este le replica que casi había logrado convencer a Dean de ser reclutado. Este, Sam y Mary tienen ese momento tonto de series norteamericanas de los últimos cinco minutos, cuando todos los problemas acaban con un “si, te entiendo, tienes razón, perdóname”, y todo eso. Allí terminó el argumento tipo fic.

   Me gustó mucho el momento cuando Ketch se lleva al traidor para hacerle pagar y Mary y Dean dicen “bien”. se parecen mucho.

   Pero ahora Sam si toma partido, utilizará la organización y los recursos de los Hombres de Letras ingleses, así se lo dice a Mick, y espera atraer a Dean a la causa. Y la idea no termina de gustarme, repito, aquella temporada de Buffy no fue buena; mejor sería que eso les enfrentara y se separaran un tiempo, cada uno por su lado, cada uno sintiéndose resentido. Aunque no lo harán. El programa no gusta de experimentar más allá de un episodio o dos de disgusto y que luego Dean se disculpe con Sam. Y porque la idea espanta a muchos fans, cosa que no entiendo, nada más intenso e increíble que cuando Sam y Dean se enfrentan. Me habría gustado que ocurriera un poco más entre Dean y Castiel.

   Un detalle, en la intro, cuando Dean tiene por primera vez la Colt en sus manos, se ve tan joven, luego, aquí, cuando discute con Mary, reclamándole, vemos el paso del tiempo… ¡y ese sujeto sigue viéndose increíble! Es tan injusto para el resto de nosotros.

SIEMPRE ENTRE CIELO E INFIERNO; 15×12

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 9

marzo 5, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 8

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   -¿Acaso estás oliéndome? –le oye preguntar, y no necesita mirarle para saber que tiene el ceño levemente fruncido, y los ojos cerrados también. Aliviando su propio malestar.- Es descortés ir olfateando a la gente. -¿acaso Jensen intentaba una broma?, no lo sabe, pero le abraza con más fuerza mientras ríe bajito.

   -Me declaro culpable. –responde muy suave, sintiéndose increíblemente bien por un instante. Guardan silencio y siguen así, uno en brazos del otro, en paz, sus manos cubriendo las del rubio, que no las aleja, ni siquiera cuando comienza a recorrerle el índice derecho con el suyo, una caricia sutil, pequeña, pero poderosa. Se pregunta, nuevamente, ¿era real aquello? ¿Está Jensen allí, dónde sea que estén? ¿Podría sacarle, como en esa película donde un loco persigue chicas en sueños y una de ellas le quitó una gorra?

   -¿Qué quieres de mi Jared? –oye la absurda pregunta.

   Y por toda respuesta deposita un beso en su cráneo, sintiendo el corazón latir con fuerza en su pecho. Dejar los labios sobre la nuca cubierta, ardiente, termina con sus dolores, e imagina que también con los de Jensen.

   -Por favor, déjame ayudarte. Estás sufriendo. Dime dónde estás exactamente, y espérame. Llegaré y lo solucionaremos, juntos. –le susurra junto a la pecosa oreja, con el corazón en el tono, notándose lo increíblemente importante que era aquello.

   -¿Por qué querrías…? –le siente estremecerse, ¿por su voz, las palabras, el aliento en la oreja?

   -Porque te amo. –le confiesa, sorprendiéndose él mismo de aquellas palabras. Sabiendo, de una manera alarmada, que era cierto.

  -Qué locura, no puedes estar hablando en serio.

   -Muy en serio, Jen.

   -Jared, yo…

   -Jared… ¡Jared, joder, despierta! ¿Acaso estás drogado en la base? –el grito le sobresalta sobre su camastro, en la sede de la tropa Gascón. Abre los ojos y parpadea, confuso, rojo de cara. Lejos de Jensen, se dice furioso.

   -Sandy, ¿por qué…? –no puede hablar, no encuentra las palabreas para comenzar a reclamarle, recordándole mucho a su madre, por “despertarle” así. Jensen iba a decirle dónde estaba. Balbucea sin palabras, los ojos llenándose de furor. Pero su amiga no se impresionad, de pie frente a él, algo tendida para zarandearle como lo hizo, sigue mirándole.

   -Termina con tu mirada de perra, nadie me gana en eso. Llamé a tu puerta y no respondiste. Entré y no podía despertarte. ¿Dormías o…? –le mira extrañada, bajando los ojos y sonriendo leve.- Parece que era un muy buen sueño, bandido.

   -¡No es lo que crees! –se defiende, algo avergonzado de la erección bajo su uniforme, cruzando las piernas. Bota aire frustrado.- Me pasó algo extraño, muy extraño.

   -Esa clase de sueños no son tan extraños, hace días, yo…

   -No se trata de eso. ¡Era sobre Jensen!

   -Ah, ¿qué, algo más que todo lo que va de tarde? –se nota preocupación tras sus ironías.

   -Aún más. –le aclara, acomodándose en la cama.- Necesito hablar con la doctora Douglas.

   -Bien, tu deseo se hará realidad, cariño. Quiere que vayas a Operaciones. Y se veía molesta. Claro que no tanto como el hijo de perra del coronel Herrmann, quien parece ha estado reclamándole algo. ¿Tal vez el actuar de un soldado bajo su mando? Así que baja la calentura de tu verga y prepárate a dar explicaciones. –mortificada por todos los líos en los que se metía el otro, se vuelve a mirarle desde la entrada cuando salía.- Tenemos al familiar de tu rubio dorado. –informa y sale.

   Confuso hasta ese momento, por la experiencia vivida, y lo mal terminado de todo (y por la noticia sobre el coronel Mierda), el joven se alerta al fin ante la última noticia. El modo cazador de su naturaleza entra en acción. Ahora tenía algo (alguien), para llegarle al rubio.

……

   Lejos de allí, Jensen Ackles, quien se había detenido un segundo para tomar aire y pensar (para asimilar, de alguna manera, la taladrante sensación de dolor que parecía estar partiendo en dos su cerebro, y no a lo largo sino transversalmente), se sobresalta, sorprendiéndose de encontrarse todavía en aquella calle ciega, solitaria y maloliente. Sentado de culo en el piso. Alarmado mira en todas direcciones, parpadeando en seguida al caer en su error. La luz quema sus ojos y el dolor regresa con fuerza a su cabeza. Uno que parecía haber mitigado mientras… ¿soñaba con el soldado alto? Enrojece, preocupado. ¿Un sueño? No, no lo cree.

   Tragando en seco, se levanta, aunque le cuesta, cada articulación parecía reacia a ponerse en funcionamiento, pero lo consigue finalmente, el mundo girando levemente. El dolor de cabeza era intenso. Se lleva una mano a la nuca cubierta, transpirada bajo la capucha y siente un momentáneo cosquilleo. Allí le había besado Jared. En su… ¿sueño? Y la idea le molesta. Mucho. ¿Qué derecho tenía ese cretino? Se aleja, rápidamente.

……

   Dentro de Operaciones, la hermosa doctora Douglas, aprovechando la ausencia del coronel Herrmann, repasa nuevamente los menores detalles de la misión en Mojave, buscando algún indicativo capaz de explicar el actuar actual de Jared Padalecki. Este se había comportado con ese imprudente accionar bajo fuego enemigo del cual ya había hecho gala, aunque en ese momento le entendía. Le empujaba esa rabia que acompañaba sus momentos maniáticos (no temía usar esos términos en su mente e informes, no con la gente del complejo científico militar).

   Retrepada en su sillón, puede seguir las acciones en los tres enormes monitores. A Jared, por triplicado y desde diferentes ángulos, corriendo hacia el fuego y el peligro, Jon Abrahams llamándole furioso, entre otros, este desoyéndoles, creyéndose invulnerable. Buscando sentir algo. Alguna cosa. Lo que fuera. El encanto del bonito rostro moreno, de piel de porcelana, de una mujer que se aparta, aunque muy bien, de los cuarenta queda un tanto roto por su aire astuto, su mirar altanero. Un rostro que ahora se veía contraído de preocupación por el joven alto y moreno. Tenía un interés especial en este. Era importante en sus investigaciones, aunque no había podido avanzar como deseaba. Debía calmársele, con fármacos, hipnoterapia o enviándole a nuevos reclutas a su cuarto esa noche, chicas o chicos, según le apeteciera. El sexo, entre los mejorados, parecía una urgencia demandante. Pero estaba segura que no funcionaría. No con él.

   Botando aire, se pregunta si el joven se haría asesinar antes de poder probar sus puntos de vista. Sus sospechas sobre la nueva evolución que se abría frente a la humanidad. O se haría arrestar por un idiota como Herrmann, por tomarse atribuciones como la operación montada con elementos y equipos militares sin estar autorizado. Cómo deseaba poder sondear su mente, entenderle, saber qué le impulsaba en estos momentos. Mira la hora en un reloj, con disgusto. Ya estaba retrasado… como siempre. Parecía creerse por encima de las reglas y órdenes.

   Bien, tal  vez una temporada en una celda, a pan y agua, él que era tan tragón…

sarah-douglas

   Ah, Sarah Douglas, villana de villanas. Desde Superman dos a Falcon Crest. Casi imagino por qué Sonia la usa como taimada doctora entre militares; hace tiempo le presté una colección de DVDs sobre zombis, y en una aparece ella como científica loca y mala. Siempre hizo de diablesa y era adorable. ¿Qué habrá sido de su vida?

CONTINÚA … 10

Julio César (no es mía).

SÉ MI AMIGO, JEN… 17

marzo 2, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 16

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -¿Quieres que conozca a tus padres? –balbucea, cayendo en los juegos.- ¿Sin haberme llevado a una cita antes? ¿Les has hablado de mí, siquiera? –se le escapa, enrojeciendo otra vez, temiendo haberse excedido. Pero el otro tan sólo sonríe, bajando la voz, siguiéndole la corriente.

   -Están acostumbrados a que lleve esperpentos a casa. Debiste ver mis citas de la secundaria.

   -Oh, Dios, me haces sentir tan especial. –el rubio rueda los ojos, con una sonrisa fácil.- Aunque te lo advierto, no me llevo bien con los suegros. Hay algo en mí que les molesta…

   -¿Tu aire vulgar y barato? –Jared sonríe, incapaz de contenerse, mirándole enrojecer y reír, pequeñas arrugas rodeando sus ojos. Y era curioso que tal cosa, hacerle feliz, le alegrara.

   -Tal vez. –admite, ojos algo empañados, realmente se divertía en esos momentos. Aunque sabía, como debía notarlo Jared, que una corriente fácil de intimidad se había instalado entre ellos. Lo que no dejaba de ser raro.- Pero… no sé, Alexis es tu asistente, ¿y si tienes que discutir negocios?

   -Te quiero allí. No quiero que te pierdas y no pueda regresarte lo que me diste. –insiste, suave, como jugando, pero inflexible, notando que cierta tensión vuelve al rubio. Maldita sea, Jensen parecía cerrado a la conversación, como, en sana lógica era obvio esperar; pero, de alguna manera le sentaba mal que no quisiera hablar del beso. O de la propuesta de regresárselo, ¿había hablado en serio? Ni él mismo lo sabe. Ni Jensen, cuyos pómulos enrojecen otra vez, destacando sus pecas adorables, medio moviendo los labios, indecisos, labios gorditos y llenos que atrapan su mirada. Dios, si, ¡había querido besarle de nuevo! La revelación le toma por sorpresa, y parpadea.

   -¿Ocurre algo? –el otro lo nota.

   -No, es que recordé… -intenta disimular, no sabiendo qué decir. Pocas veces se quedaba sin palabras.- Vamos, acompáñame y dejaré de molestarte con lo del beso. Además, tienes que hablar con Megan, y prefiero que lo hagas en un ambiente controlado, aún no estoy seguro de que no seas un vulgar caza fortunas. Tienes el tipo. –bromea.

   -Jared, tu familia… -era totalmente reacio a la idea.

   -Les caerás bien. –sonríe todo dientes y hoyuelos, sincero. ¿Cómo no le encontrarían adorable?, se pregunta pero calla.- Además, no quiero llegar solo. No creo que sea una cita para desayunar, para verme porque me aman, sino para… informarme de algo serio. –afirma, aunque la frase “discutirme como energúmenos irascibles”, era la que rodaba en su mente.- Si voy con un extraño de cara pecosa y ojos grande, a lo Tom Sawyer, tal vez se contengan y se comporten como la gente. –Jensen sonríe, enrojeciendo más.

   -¿Entonces, te estoy haciendo un favor? Es trabajo, ¿recibiré viáticos por este viaje?

   -Eres un mercenario. –las palabras son suaves, íntimas, y contiene la respiración cuando el otro acerca un poco su rostro, con una mueca pícara.

   -Descubrirás que no soy tan barato como piensas… -Jared ríe al escucharle, ensanchando la sonrisa ligera de Jensen.

   -¿Sólo vulgar? –reta.

   -Ni te imaginas. –agita las cejas con cierta intensión, y ríen nuevamente.

   Y justo cuando lo hacen, estando así de cerca, Alexis regresa a su despacho, deteniéndose al mirarles. Sorprendida. Había intimidad en aquella escena, pero también algo más. Un no sabía explicar qué, que… Abre los ojos, más confusa. ¿Jared estaba coqueteando con Jensen Ackles? ¡Oh-por-Dios!

   Dentro de la oficina, la risa termina, y tan sólo se quedan allí, mirándose, sintiéndose algo tontos.

   -¿Me acompañas entonces?

   -Jared… -todavía duda, no por ir allá, o por conocer a esa gente. Era por el castaño, de repente era consciente de que si Jared le miraba así, y le pedía cosas con ese tono, se le hacía muy difícil resistirse, lo que era una sensación nueva, poderosa y casi embriagante, pero intimidante. Siempre ha sido muy dueño de su persona, pero ahora… Retiene la respiración cuando Jared, todavía con ojitos de cachorro, le atrapa una mano, con suavidad.

   -¿Por favor, por favor? –Alexis, que se acercaba a su escritorio, al ver aquello, trastabilla en la alfombra y casi cae de boca. Su cara es la viva imagen de la sorpresa.

   -Eres un idiota. Está bien, vamos. –rueda los ojos Jensen, aceptando. Sintiéndose ligeramente emocionado cuando ve la mueca de felicidad total en la cual se transforma el rostro de Jared, quien sonríe, satisfecho, pero también aliviado y alegre, soltándole.

   -Genial, tú te encargarás de mamá, si intenta un movimiento ninja, la golpeas; pero debes ser certero, es formidable en peleas a corta distancia. Suele ir a la yugular, te lo advierto. –anuncia, alegremente, poniéndose de pie, tomándole de la manga del saco y arrastrándole a la puerta mientras Jensen abre mucho los ojos, preguntándose en el acto si no habría cometido un error impulsado por la maldita mirada de Jared.

……

   Si debían contarse los hechos con total justicia, Jensen fue arrastrado por Jared todo el camino que iba de su oficina a su deportivo descapotable, y casi introducido en él, con el castaño abriéndole la portezuela, casi guiándole con una mano en la baja espalda, y cerrando. Fue tan rápido, y natural, que al rubio ni tiempo le dio de reparar en lo curioso de su actuar. ¡No era una chica llevada a una cita! Ahora iban rumbo al oeste, saliendo de Manhattan, la brisa meciendo sus cabello y el sol acariciándoles las caras. Al pecoso no le alcanzan los ojos, ni las manos, para tocar la tapicería y los asientos.

   -Joder, deja de hacer eso, te ves obsceno. –le gruñe Jared, sonriendo, viéndose guapo con sus lentes oscuros, controlando el volante y el potente vehículo con una mano.

   -Creo que amo este auto. –admite el rubio, sonriendo.- Pero… ¿un descapotable? ¿En serio?

   -Es un bonito día despejado y de sol, ¿no? –se encoge de hombros, mirándole, sonriéndole.- ¿No te recuerda un poco a Texas? –el otro le indica con una mano que vuelva la vista a la vía.

   -Supongo. –calla, pensando en tantas y tantas cosas ocurridas desde sus días de escolapio.- ¿Has vuelto, recientemente? Llevo años que no voy.

   -Regreso al terruño cada vez que puedo. –le estudia, sintiendo su pena.- No deberías cortar todos los lazos con la granja, rubio. Visita tu estado.

   -No lo hago porque quiera, siempre… hay algo que hacer. –y vuelve a pasar la mano por la suave tapicería de cuero. Joder, olía a nuevo. Y a caro.

   -Déjalo ya, por Dios, es… -la risa del rubio le divierte.

   -No puedo controlarme. Esto si es un auto, Jared, no como mi… -y calla porque había dicho demasiado. No, no quiere que el otro sepa de cada sórdido detalle de su vida. O que, en esos momentos, y de manera muy comprensible, se dice, le envidia. Un poquito. O, bien, no tan poco.- Mi auto es una ruina, y casi causa la mía. –termina cuando el otro le clava la vista, imprudentemente, dando a entender que esperaba una aclaración, una que él se encuentra dando, a medias, pero de manera natural. Joder, vaya que ese castaño ganaba ascendencia sobre la gente. Seguramente eran los hoyuelos o la mirada de cachorrito.

   -¿Qué, la vieja chatarra heredada de tu padre murió de lógica ancianidad? –intenta aligerar el ambiente.

   -Más o menos, se le reventó algo hace siete meses y… -lo deja así, mirando hacia su derecha. Si, el día era hermoso. Sabe que Jared imagina la respuesta, se quedó sin dinero y no pudo ocuparse de las reparaciones.

   -Joder, ¿hubo algo que no perdieras cuando esas cucarachas entraron a la inauguración de tu fonda? –bromea, pero le molesta el asunto. Sonríe cuando el otro, ceñudo, le lanza un manotazo al hombro.

   -Era un restorán, idiota. Y no, no lo perdí todo, aún tengo las benditas pecas. –responde como si fueran un problema. Y Jared casi se muerde la lengua para no decir que se alegraba de eso, que esas pecas eran adorables.

   -¿Qué le pasó? Al auto.

   -No estoy seguro, llevaba a Leslie al cine… -comienza a contar, mirando al frente, no reparando en los nudillos de la mano sobre el volante, tensándose fugazmente.- Cuando comenzó a toser como un anciano asmático, perdiendo empuje. Por suerte me dio tiempo de encunetarme, el viejo cacharro esperó llegar a una zona segura para morir; era fiel, ahora que lo pienso, aunque en ese momento lo maldije y a sus armadores en Alemania. Creo que era de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Viéndonos accidentados, una agente de tránsito se acercó, justo cuando estalló todo en un humo, uno negro, acre, que parecía gas lacrimógeno. Lo cierto es que la mujer sufrió un desmayo y sus colegas, gritándome, con las manos en sus armas, casi me detuvieron por intento criminal o algo así. –el relato es tan grafico, y desastroso, que Jared, luego de luchar contra ello, estalla en carcajadas, unas que ganan en intensidad cuando el rubio le mira con disgusto.- Me reconforta ver que mi dolor al menos sirve para hacerte reír.

   -Lo siento, yo… -intenta controlarse, pero le imagina, todo ojos, cando una mujer se tambalea en medio de una nube negra de humo, que… Ríe, otra vez. Y mucho.

   -Ya verás qué dices cuando tus padres me cuenten anécdotas vergonzosas de ti.

   -Ah, que inocente eres, mi dulce Jensen… -las palabras salen cuando ya enfila hacia una reja que se abre. Y le mira.- Mis padres no comparten con nadie. –hay orgullo, amor y exasperación en el tono.- Aunque no pararán hasta saber todo sobre tu vida, para archivar los datos por si un día necesitan algo de ti.

   -Dios, los haces sonar terribles. –sonríe, como si pensara que el otro bromea. Cando Jared le mira, alzando las cejas elocuente, piensa, otra vez, que seguramente esa visita era un error.

   Y vaya que lo sería. El pecoso joven no bromeaba cuando decía que los suegros, especialmente las suegras, le odiaban. Sherri Padalecki le detestaría nada más verle.

CONTINÚA … 18

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 8

febrero 25, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 7

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   Nada más destrozar el móvil contra una pared del edificio cercano, alterado por la conversación con Jared (y que extraño era pensarle por su nombre, como si ya le conociera), y después de convencerse de lo inútil que le resultaría intentar comunicarse con alguien, Jensen sabe que debe moverse. Seguramente habían satélites y helicópteros, tropas y perros buscándole ya, por su crimen, se dice agitado, tembloroso; más asustado e impotente que rabioso. Se cubre la cabeza con la capucha del saco y baja los hombros, así como la mirada. Tenía que desaparecer, escapar o terminaría encerrado, su cerebro llenándose de imágenes y colores dolorosos. Medio ríe, agitado; si, los colores podían lastimar. Se detiene bruscamente, casi en los suburbios: su familia.

   No podía sencillamente desaparecer, cuidar únicamente de su pellejo. Jared le dijo que iría tras ellos. Y en su mente llena de pánico, las palabras del otro las recuerda ominosas, amenazantes. Él los buscaría y los encerraría, haciéndoles pagar el haberle ocultado del estado. Su pecho sube y baja, los ojos le arden: había destruido a su familia. Finalmente iba a ocurrir aquello que temía desde la tarde que les vio tan agitados, después de regresar de la reunión con la señorita Alba, en la escuela, cuando debieron dejarlo todo y huir. Cuando su padre le dijo que no le contara a nadie que era diferente… Algo tan grave que le pondría en peligro. Y a todos.

   Ahora Jared los buscaría, los cazaría y los detendría. El rostro se le crispa, casi parece a punto de llorar. Imagina a su madre siendo separada de su padre, encerrada, sola, lejos del hombre con el cual ha compartido buena parte de su vida. Y su hermana, y Josh… No nota que camina con pasos vacilantes hacia la carretera, no hasta que fija la mirada en un autobús que se acerca. Sería tan fácil hacerlo. Arrojarse a su paso, un golpe seco, fuerte, y todo habría terminado. No más angustia, ni miedo de ser descubierto, dejar de ser una causa de peligro para su gente. Pero, ¿serviría de algo? ¿Dejarían de buscar a los otros si Jared llegaba a un depósito y encontraba su cuerpo sin vida sobre una camilla? No, no puede. Sabe que si lo hiciera, sería por él, para dejar de sentir, de ser, no por ellos. El problema de los Ackles continuaría. Toda clase de ideas oscuras, asfixiantes y aterradoras le alcanzan, paralizándole. ¿Estaría necesitando de los bloqueadores?

   Se detiene bruscamente, dando media vuelta y alejándose del borde de la carretera, el autobús pasando a su lado a gran velocidad, bañándole con su brisa. Debía contactarles. A los suyos. Pero, primero, salir de allí, del área bloqueada. Es cuando se tensa, no alza la mirada, como uno que otro transeúnte, porque sabe que el sonido crepitante que se acerca es un helicóptero. Seguramente militar. Debía alejarse con cuidado, sin llamar la atención. Poner distancia del castaño alto. Jadea de dolor y se tensa, la idea, alejarse de Jared, le produce un pequeño pero taladrante dolor sobre su ceja derecha. Y pierde algo de visibilidad cuando se incrementa agudamente. Parpadea con los ojos llorosos mientras se aleja.

……

   La estación Gascón parece más una academia militar que una base operacional, dada su entrada amplia, resguardada con una simple vaya y dos enormes uniformados, que ni armas portan (aparentemente), con jardines cuidadosamente presentados, aros de básquet aquí y allá, grupos de jóvenes trotando o ejercitándose de una manera que no parece muy exigida. La mole del teatro, así como el dispensario médico es lo primero que se observa al llegar, y es tranquilizador. Más allá está el edificio sede, con sus gimnasios, armerías, comedores, dormitorios. Hacia el suyo se dirigió Jared Padalecki nada más al llegar, aunque sabía que debía presentarse ante el coronel Herrmann y la doctora Douglas. Pero no pudo hacer otra cosa, no con el lacerante dolor de cabeza que le comenzó al perder de vista a Jensen, y el cual no ha hecho otra cosa sino incrementarse.

   Con el rostro ligeramente crispado, entró, cruzando la palma sobre el sensor de la iluminación, la cual encendía automáticamente al atravesar la puerta, bajando su intensidad. En su vida abierta, alegre, voluntariosa aunque también frenética e impaciente a veces, un dolor de cabeza era extraño, así como el sentimiento generalizado de abatimiento, disgusto y melancolía. Imagina, porque no es algo que de lo que haya escuchado hablar a nadie, o experimentado, que tiene que ver con su encuentro con el rubio. Y evocarle, recordar su rostro, sus labios, el “sueño” y su posterior fuga, le irrita enormemente, aumentando su malestar físico. Se deja caer sentado en el camastro y rebusca en sus gavetas de noche, deteniéndose. No, no quiere ningún analgésico, intuye que únicamente disimularía los síntomas. Tampoco su bloqueadores, aunque mira los frascos. Le sentaba mal usarlos… sabiendo que Jensen no tenía los suyos, por irregulares o poco confiables que fueran. Se echa hacia atrás, contra la pared, respirando pesadamente, sintiéndose más inconforme al recorrer con la vista su propia pieza. No está tan ordenada como debería, y eso que cada cosa estaba en su lugar. No era tan detallista como Sandy o Jon. Dios, cómo le habría gustado quedarse con el gafete de Jensen, para mirar su imagen (evocarla le alivia por un segundo, antes de que la ira por su escape, sustituya el efecto); podría procurarse una copia con su móvil, pero no quiere complicar su situación si le monitoreaban. Imágenes, fotos. Frunce el ceño, no tenía retratos de su familia allí. Los amaba, pero…

   Cierra los ojos buscando alivio de la desagradable y pulsante cuchilla que tasajea su cerebro. Pero en cuanto lo hace, nuca contra la pared, siente una extraña sensación de laxitud, todo su cuerpo parece relajase de manera alarmante, aunque no lo pretendiera. Y… le parecía elevarse, en ese mundo de oscuridad tras sus parpados, sintiendo que sube y sube, alejándose. Cuando abre los ojos no le sorprende realmente “no encontrarse” en su habitación. No reconoce el lugar, es una calle estrecha, algo sucia y solitaria, sólo se perfila él mismo y los contornos borroso de todo lo demás, como si fuera un telón de fondo no dibujado completamente aún. Un sonido le llega de un callejón cercano, una calle ciega que termina en un muro alto, con algunos contenedores de basura. Algo le empuja en esa dirección, tal vez escuchar aquel jadeo lento. No le sorprende, no realmente, cuando se desplaza y encuentra a Jensen, cubriéndose de vistas indiscretas tras uno de los contendedores. Caído en el suelo, de culo, la capucha del saco sobre la cabeza y la frente, los ojos cerrados fuertemente, una mano sobre la parte derecha de su rostro. Parecía sufrir tanto que el corazón del joven castaño se llena de pesar y ansiedad. Quiere ayudarle, protegerle, sostenerle. Apartarle de todo ese padecimiento.

   -¿Jensen? –le sobresalta, la mirada que le lanza al alzar el rostro, ojos entrecerrados, le lastima. El rubio estaba sufriendo seguramente del mismo malestar que le atormentaba a él. Verle jadear, intentar alejarse arrastrándose un poco, le altera.

   -Déjame… -grazna ronco, llevándose unos dedos temblorosos a la sien.

   -Estás sufriendo. Mucho. Déjame ayudarte. –le pide, mirándole suplicante. Ni por un segundo se le ocurre intentar retenerle a la fuerza. Porque sabe que no funcionaría en ese plano. ¿O sí?

   -Sólo… déjame en paz. Quiero estar a solas. Volver a como era antes, esta mañana, hace hora y media; antes de conocerte. –entrecierra más los ojos, como si la luminosidad del borroso escenario le produjera más dolor en la cabeza.- ¡¿Qué haces?!

   Mierda, piensa el castaño sin responder, alzando una de sus largas piernas y casi cruzando sobre ese Jensen sentado, cayendo él mismo, de culo, tras el rubio, al que aloja entre sus extremidades extendidas, reteniéndole por las manos cuando este intenta alejarse.

   -Shhh… Tranquilo, Jen… Tranquilo. Debes saber que nunca te haría daño. –le explica, reteniéndole suavemente, atrayéndole contra su cuerpo, acunándole con él.- Pasará. Ese dolor pasará. –le asegura, cerrando los ojos, apoyando la barbilla en la ardiente nuca bajo la capucha. Todo el cuerpo del rubio tiembla.- Shhh… -intenta tranquilizarle con el sonido.

   Siente como se tensa, el cómo se resiste, pero no le importa, se queda allí, estrechándole confortablemente, las manos abiertas sobre las suyas, rodeándole con los brazos, notando su sudor frío, sus temblores, y cierra más el abrazo. Hasta que él mismo se tensa un poco y abre los ojos. El rubio parece relajarse finalmente, sus temblores disminuyen. Y echa la cabeza hacia atrás, recostándola de su hombro, algo que le deja sin aliento. Nota como la espalda misma del pecoso cae contra su pecho, y no puede evitar sonreír, ligeramente emocionado por lograr que confiara en él. Ni puede evitar volver un poco el rostro, apoyando la mejilla a un lado de la nuca cubierta. Y lucha, en serio que lo hace porque no quiere arruinar el momento, pero sabe que se está excitando bajo su pantalón, y que pronto sería muy evidente, y aspira lenta y profundamente ese olor que parece habérsele metido entre los huesos, embriagándole.

CONTINÚA … 9

Julio César (no es mía).

SAM, DEAN Y EL PRINCIPE MALDITO; 12×12

febrero 25, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   ¡Y un Winchester confía en ellos!

   Les juro que me preocupó el episodio doce de esta doceava temporada de Supernatural. Por un segundo, por un instante amargo y furioso, pensé que matarían a Castiel y que saldrían de él; que Misha Collins nos decía adiós. Por lo demás, el episodio me encantó. Pero, como saben, es algo que casi siempre digo.

   Mientras cazan a un demonio, el cual se revela terrible e implacable, el programa presenta la acción desde diferentes puntos de vistas, regresando en algunas escenas y complementando otras, lo que lo hacía algo incómodo, pero también intrigante. Por la forma de presentar la fotografía, y la música, uno sabía que aquello parecía una parodia de Tiempos Violentos, cosa que me agradó una barbaridad. Siempre me ha gustado esto, ese abierto guiño a otros trabajos, desde El Día de la Marmota, presentado en la tercera temporada, el día que no acaba sino que se repetía y repetía, cuando Dean moría una y otra vez, a Volver al Futuro, cuando este conoce a sus padres jovencitos; y la tercera de la franquicia cuando, junto a Sam, viaja al viejo Oeste por el Fénix; o la espada en la piedra cuando los dragones. Igualmente aquello que había escapado en los años treinta del Purgatorio, un saludo a los cuentos de H. P. Lovecraft. Por no hablar de la cuarta pared destruida, con los libros Supernatural, las convenciones (tema que debería ser retomado de tarde en tarde porque es divertido), los escritores de Wincests, a cuando son actores de un show tonto, unos tales Jensen, Jared y aparece un loco llamado Misha. Aunque todo es disparatado, resulta. Y este episodio, estilo Tarantino, quedó igual. Quien, por lo demás, lo merece. Tiempos Violentos y Kill Bill las veo aún de tarde en tarde.

   ¿Lo más notable del episodio?, ahora es Mary le guarda secretos a sus hijos, cosa que molestó a una amiga mía, a la que no le paro mucho. A ella, cualquiera que esté en la foto con Sam y Dean, le sobra. ¿Qué puede haber más dramático que Sam ocultándole algo a Dean, o este al otro, y ahora con Mary a los hijos? Especialmente porque sabemos cómo acabará, con el insuperable momento de los gritos, reclamos y separaciones temporales. Una y otra vez eso ha sido el motor de la acción del programa, de lo contrario sería Plaza Sésamo, y ni siquiera Jensen Ackles y Jared Padalecki pueden mantener en señal una serie donde no pasa nada. No entiendo cuál es el problema con esto de los secretos. Claro, nos molestamos con los personajes por todo el dolor que provocaban, como seguramente será malo cuando todo le estalle a Mary en la cara, pero de otra manera ¿qué vamos a ver? Y eso que tengo una crítica sobre esto, pero lo dejo para luego.

   ¿Y este Príncipe del Infierno que se sacaron de un cajón? Vaya que era poderoso, y la pregunta cabe, ¿dónde estuvo o que hacía durante el alzamiento de Lucifer, el Apocalipsis, la fuga de este y todo lo demás? La explicación de que quiere que lo dejen en paz, al igual que sus hermanos, podría entenderse. Caín también deseaba eso, que lo dejaran tranquilo, buscarle fue necesario para matar a la terrible Abaddon, pero la cosa se puso fea después. Como suele ocurrir con el programa. Y este sabe sacarse estos personajes, después de monstruos, fantasmas y demonios, Supernatural nos salió con ángeles y arcángeles, con Lucifer y los Jinetes del Apocalipsis incluidos. Cuando parecía que todo estaba dicho, ¿qué más iban a esgrimir como “terrible peligro”?, llegaba Eva, madre de todos los monstruos, con el Purgatorio a cuesta, después los leviatanes, más tarde la misma Abaddon, una de los Caballeros del Infierno, los nazis, y Caín, el primer demonio, luego Dios y la hermana. Ahora les toca en turno a estos. Y este, repito, era poderoso. Por cierto, que el nombre de la hermana, Dagon, me recordó otra vez a un personaje de Lovecraft, una deidad terrible, maligna y antigua.

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   El inicio del programa, todos en esa mesa, Sam, Dean, Mary, Castiel y ese cazador ocasional que les pide ayuda, con las risas y comentarios, me recordó cada salida con amigos a quienes tenía tiempo sin ver. Hasta las frases. Fue jocoso ver los apuros de Castiel oliendo a la camarera, que le hacía ojitos. Cómo ha pasado tiempo desde los días de Castidad, la joven aquella en la cuarta temporada con la cual Dean quería que este perdiera su inocencia. Y el pecoso allí, apoyándole como ahora, deseando que se divierta.

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   Bien, la cosa sería difícil de contar por la forma en la cual fue presentada en pantalla, pero comenzando sabíamos que algo tenía que ver con los desagradables Hombres de Letras ingleses. Iniciando por allí. Lo que fue un error, cuando se nota que Mary oculta algo, y que conspira, sabemos que es con ellos. La mujer necesita quitarle algo a un demonio y no quiere pedirles ayuda directamente a los hijos y a Castiel, para que no le hagan preguntas que no quiere contestar, así que se vale de otro cazador al que conoce. Y la pandilla acude. Van y tienden las trampas, pero el usado por Mary, muere.

   Llega ese tipo, Ramiel, y es terrible, hiriendo incluso a Castiel, con esa lanza que ya uno imaginaba era la que aparecía representada en los cuadros cuando el arcángel San Miguel lucha contra el Diablo. Mary le salva al arrollarlo con una camioneta.

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   Pero el ángel agoniza, Crowley aparece para explicarles el error que cometieron, que ese tipo es uno de los Príncipes del Infierno, una de las primeras creaciones de Lucifer. Aunque imaginábamos que entre los primeros demonios estaban Caín y Lilith, ahora sabemos que existen estos, de una casta especial a la cual también pertenecía Ojos Amarillos, Azazel, un fanático de Lucifer.

   Estos se apartaron de la batalla, tanto que cuando cae Lucifer, y Alastair y Lilith están muertos, Crowley le busca y le propone que tome el trono libre del Infierno, llevando obsequios para que no se moleste (aquello que Mary tiene que robar); este no acepta y casi le obliga a tomar el título de rey, eso sí, siempre y cuando nunca vaya nadie a molestarle de nuevo o lo pagará.

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   La tensión fue buena, Castiel sufre, Dean y Sam se niegan a abandonarle cuando este les dice que es lo mejor, que sabe que no será por falta de amor, porque saben que lo quieren como él a ellos, que ahora son su familia, pero que deben irse y continuar viviendo para pelear otro día (y justo ahí creí que le sacarían del programa). Balbuceante, mal, diciendo que lo distraerá todo el tiempo que pueda para que escapen, fue tan intenso como heroico. Digno de Dean. Pero estos persisten en la tesis Winchester, no le dejarán y lucharan porque saben que el Príncipe va por ellos. Era una tontería imaginar que se irían, especialmente Dean. Llega Ramiel, pelean con todo lo que tienen y fue una buena pelea. De las mejores que se ha visto en tiempo, todos golpeando, todos cayendo y levantándose otra vez, incluida Mary. Pero antes ocurre lo extraño del episodio, Ramiel quiere que le devuelvan lo robado, y si lo hacen tal vez les deje ir, de lo contrario les matará a todos, y Mary calla. Está a punto de acabar con todos y ella guarda silencio.

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   Fue el único punto oscuro de toda la historia, porque del resto todos pelearon, hasta Crowley. Como suele ocurrir, en un descuido al Príncipe se le cae la lanza y con ella le matan. Aunque ni tanto, todos le estaban dando, recibían pero también golpeaban, y Sam ejecutó una maniobra brillante, complementada por Mary, pudiendo acabarle al fin con la lanza.

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   Castiel agoniza, la despedida llega, estaba yo muy tenso, y Crowley salva la situación.

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   Las caras de todos mirándole, como no pudiendo creérselo, fue todo un poema. Y este, contrario a su naturaleza, no esperó alabanzas sino que desapareció. Y quedaban todos esos sobreentendidos, y preguntas.

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   Mary, sin producir sorpresas, va con Ketch, el supuesto maniático dentro de las filas de los Hombres de Letras ingleses, a llevarle lo robado, pero está furiosa por lo peligroso del ser que enfrentaron. Este se disculpa diciendo que no tenían la información completa. A ella eso no le basta, “uno” de sus chicos casi muere. Y entendemos que para la mujer ya Castiel, quien salvó a sus hijos, o a ella misma, del pacto con Billie, y ahora cuando la ayuda en recuperar eso que oculta, pasó a convertirse en familia. Otro de sus chicos. ¿Qué robó para Ketch?, la Colt. La vieja y maravillosa Colt está de vuelta. El artefacto que mata cualquier cosa, excepto cinco. Lucifer era uno, los otros cuatros imaginábamos que eran los Jinetes del Apocalipsis; que eso no podía pararse matando a estos con el arma, ¿será que van a salirnos con otro ser más poderoso para el cual necesitan el arma? Por cierto, ni ella ni su padre creían en eso, fue Dean quien les mostró que era real cuando quiso cambiar el pasado.

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   Crowley también la busca, por alguna razón (¿contra el futuro hijo de Lucifer?), mientras en una jaula, el Lucifer encarnado por Mark Pellegrino, se burla de él, advirtiéndole que los Winchester, tarde o temprano irán por él, pasando a una toma impresionante de sus ojos en rojo. Y esto me gustó, Lucifer es un gran personaje, pero, hay que reconocerlo, cuando está encarnado por Pellegrino. ¿A santo de qué le traerán otra vez? Esperemos que no vuelva a escapar, pero estando por nacerle un hijo y contando con la obediencia de tantos demonios que aún le son fieles…

COSAS DE FAMILIAS SOBRENATURALES; 13×12 Y 14×12

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 16

febrero 19, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 15

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Tan ocupado está en disfrutar del desconcierto del pecoso, que no repara en la mirada sorprendida de Alexis, quien ve de uno al otro. Jensen se pone rojo, y se le nota confuso y aturdido, quedando seguramente con la mente en blanco para responder o analizar el comentario, pero a ella no le ocurre nada. Como no sea sufrir cierta sorpresa.

   -Yo si quiero oírlo, ¿soñaste con Jensen? –interviene, divirtiéndole, y asombrándole, que Jared la mirara desconcertado, como si hubiera olvidado totalmente que estaba allí. Y seguía tocando al rubio, también nota.

   -Si, este… -enrojece, mirándole avergonzado, adorable a todas vistas. Y a la joven no se le pasa que Jensen le observa y que parece ablandarse con ese rubor.- Buenos días, Alex. –la saluda.

   -Hasta que notas que estoy aquí, claro, como no tengo ojos verdes ni pecas… -no puede evitar el decirlo, disfrutando un mundo el intenso rubor de Jensen y la risita divertida de Jared, quien finalmente aparta la mano de la baja espalda del otro. Aunque, piensa ella, que se tarda bastante y que pareciera costarle el hacerlo.- ¿Y no estaban peleados? Ayer todo era drama y separación, ¿qué pasó? –clava los ojos en el castaño, leyéndose en ellos que no olvida lo del sueño.

   -Nos reconciliamos anoche. –suelta este, divirtiéndose ahora, pisando esa delgada línea que sabe que Alexis jamás tensará. Lo hace porque simplemente no puede contener el cálido fuego de diversión que provoca en su interior el avergonzar así a Jensen, sin malicia.

   -Oh… -entona la joven con un mohín, ojos fulgurantes.- Quiero escuchar los escabrosos detalles, ¿o sólo Dios puede y debe ser testigo de lo ocurrido? –la risa de Jared es extrañamente ronca.

   -Fue a mi apartamento, se disculpó y me rogó que no me fuera. –intercala Jensen, la cara ardiéndole de vergüenza, mortificado con el castaño. La conversación, el tono, las miradas de Alexis, la presencia de Jared, todo le había provocado un nudo en la garganta, y un erizar de piel. Maldita sea, aún podía sentir un rastro de calor allí donde Jared le tocó por encima de las ropas.

   -Hum hug, claro, claro; sólo eso. -la joven se permite expresar que lo duda, mucho, mirando a Jared.- ¿Es por eso que hoy estás bañado en colonia?

   -¿Llevo mucha? –finge sorpresa, defendiéndose así del leve rubor que le domina porque sabe que el otro entendería que lo hizo por él. Aunque no era consciente de haberlo hecho.

   -Tanto que estoy algo anestesiada. –con la cabeza hecha un lío de ideas, la joven toma su bolso.- Voy un momento a la cafetería a ordenar algo, dejé mi desayuno.

   -Y yo voy a buscar al relojero que… -comienza rápidamente Jensen, deseando escapar, carpeta en la mano, soltando aire, y tensándose, cuando la mano de Jared cae en su hombro.

   -Deja la prisa pajarito, quiero tu culo en mi oficina, ahora. –dice lo primero que le viene a la cabeza, y parpadea, enrojeciendo otra vez, aunque no tanto como Jensen, cuyos ojos le lanzan mortales rayos de verdes láseres. Eso le hace sonreír.

   -Por Dios, Jared, aquí no. –gruñe Alexis, divertida, sintiéndose de pronto mucho mejor que en lo que va de semana. Un Jared contento era un Jared que no hacia pesada ni infeliz la vida de los demás. Y Jensen parecía ponerle alegre*.

   -Pero… -intercala el pecoso al mismo tiempo, intentando soltarse y retroceder. Con el humor que el otro cargaba en esos momentos, imaginaba el infierno que padecería en la oficina.

   -A mi oficina, rubio. Te necesito. –es tajante y  no le deja opción, no cuando le suelta el hombro, le atrapa la muñeca y prácticamente la hala.

   Alexis, ojos redondos, les mira aún, con la boca ligeramente abierta. Si aquello no era coquetear, ella no era mujer.

……

   Todavía tomándole de la muñeca, Jared entra en su oficina, sonriendo de manera intensa, y malvada, del enrojecido Jensen, cuyos ojos relucen peligrosamente ahora.

   -¿Estás loco? ¿Qué fue todo eso frente a tu asistente, la de verdad? –le reclama, soltándose. El otro se vuelve, mirándole con burla, cruzando los brazos y sentándose frente sobre el escritorio.

   -No habría tenido que hacer nada de eso si no hubieras parecido tan ansiosos de escapar de la oficina para evitarme. Sólo te recordé que debíamos hablar, de lo de anoche.

   -¿Anoche? –se atraganta, toma aire y frunce el ceño.- Bien, si, hablamos, comimos…

   -…Me besaste. –le recuerda, todo burla, la sonrisa luchando por no aparecer. Disfrutando de la vergüenza del otro.

   -¿Te besé? ¿Hubo un beso? –se ve que hierve de incomodidad.- No lo sé, bebí algo y…

   -Hubo un beso, efectivamente, ¿has olvidado esa parte? Qué raro, porque yo no. No sé si estoy chapado a la antigua, pero no suelo besar, para despedirme, a mis amigos y conocidos hombres. En la boca. Con cierto abandono, un poco de lengua y…

   -¡No te besé de lengua! –ruge horrorizado, cubriéndose la boca con una mano y mirando hacia afuera, Alexis no está. Todo mortificado por la risa del castaño.

   -Ah, lo recuerdas. –ruge triunfal.

   -Okay, okay, pero déjalo ya. –ruge a la defensiva el rubio, intentando parecer molesto, pero tan sólo se veía azorado.- Fue… fue…

   -¿Un momento de debilidad? ¿Estaba soñoliento, algo ebrio, me veías allí, frente a ti, tan alto, fuerte, moreno, guapo, exudando sensualidad, y tus hormonas…

   -Deja de decir tonterías. –ruge, ojos fulgurantes, nuevamente. El rubio teme estallar en llamas en cualquier momento dado lo caliente de su cara.- No fue… nada, ¿okay? Me dejé llevar… -boquea, sin palabras.- …No lo sé, algo me sentó mal y me mareó, ¿tal vez algún ingrediente malo en las hamburguesas? Tal vez las cervezas estaban pasadas.

   -Guao, tú sí que sabes hacer sentir especial a alguien. –se burla, aunque hay un poquito de picor en el tono.- Pero te recuerdo que ingerí lo mismo que tú y… -sonríe todo chulo, parpadeando cuando el rubio le clava una mirada evaluadora.

   -Y dime, ¿no sentiste, en algún momento, deseos de besarme? –le reta, y por un segundo, Jared se congela hasta que el rubio ríe, restándole importancia.- En serio, Jared, no fue nada. No sé qué pasó, pero jamás volverá ocurrir, vive Dios que así será. –promete alzando una mano como si jurara sobre la Biblia.- ¿Qué? –le extraña el gesto serio del otro.

   -Joder, convertirte el pasado momento en algo casi ofensivo e hiriente. Y no me gusta; no me agrada que alguien me dé cosas que no desea, así que… -se pone de pie- Voy a regresarte tu beso y quedamos en paz. –los ojos de Jensen se abren desmesuradamente, alarmado.

   -¡Claro que no! –da un paso atrás cuando Jared da uno al frente.

   -Si no querías darme el beso, tampoco lo quiero, así que te lo regreso.

   -Deja de decir tonterías. –dan otro paso.

   -Ah, ¿entonces tú puedes ir por el mundo repartiendo besos alegremente, a diestra y siniestra, cuando tienes una cerveza encima pero yo no puedo?

   -Yo no… -la mente le queda en blanco, atrapado en la irrealidad y las tonterías que el castaño dice. ¿Acaso hablaba en serio sobre besarle? Erizado, no quiere sopesar las posibilidades, o lo que pudiera estar sintiendo ante la propuesta. Está pensando seriamente en salir corriendo cuando nota el brillo burlón en las pupilas multicolores.- Idiota. –la risa de Jared es abierta, franca, tanto que debe reír también. Se miran y ríen más, casi doblándose.

   -Te asusté. Y eso vuelve a ser ofensivo. ¿Sabes que mucha gente muere por besarme?

   -No puedo ni imaginar el por qué? –le reta sabiendo que cometió un error cuando le ve sonreír, al tiempo que se echa hacia atrás y vuelve a sentarse en el escritorio.

   -¿En serio? Recuérdamelo, ¿no fuiste tú quien, anoche…?

   -Oh, por Dios, ¡déjame en paz! –gimotea, acercándosele, reduciendo la distancia entre ambos, aparentemente sin ser consciente de ello, y el otro ríe de nuevo, contagiándole. Rojos de cachetes y ojos algo húmedos, se detienen pasado un rato, sin dejar de mirarse, y debería ser incómodo, extraño, pero no lo era. No tanto.- Bien, debo ocuparme de sus mandados. Estas… -alza la carpeta.- …Son algunas ideas que tengo para lo de la fiesta de tu hermana, y como sé que vas para casas de tus padres, y que ella está allí, tal vez puedas entregárselas. O la llamo yo y…

   -No, yo me ocupo. –le corta con presteza, incomodándole la idea del rubio reuniéndose con la burbujeante Megan Padalecki, la cual le encuentra muy atractivo.- O mejor… -dice llevado por una súbita idea.- Acompáñame a casa de mis padres. –casi pide, infantil, sintiéndose pequeño de pronto. Notando cuánto le ha desconcertado y sorprendido.

   -¿Quieres que conozca a tus padres? –balbucea, cayendo en los juegos.- ¿Sin haberme llevado a una cita antes? ¿Les has hablado de mí, siquiera? –se le escapa, enrojeciendo otra vez, temiendo haberse excedido.

CONTINÚA … 17

Julio César.

* NOTA: En el original aparecía la palabra gay por feliz.

SOBRE DEAN; 11×12

febrero 17, 2017

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   ¿Otra vez, Dean?

   Del episodio once de esta temporada de Supernatural, se puede decir que va de lo que aparentemente será ligero, tonto y divertido, a lo dramático. Y miren que lo fue, más por las caras y gestos de los Winchester, que por la trama en sí, que era algo… loca. Estuvieron en su punto Jared Padalecki, transmitiendo mucho; también Ruth Connell, Rowena, con sus eternos complejos, temores e inseguridades, mostrando mucha química en sus escenas íntimas con Dean. Y Jensen Ackles estuvo genial, la gesticulación frente al espejo, cuando va olvidando pero al mismo tiempo dándose cuenta de que olvida, fue impresionante.

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   ¿El caso?, el regreso de los brujos, enemigos de poderes que ya han enfrentado. Los hermanos persiguen al o asesinos de un hombre cuyo estómago aparece lleno de dinero. Encuentran una bolsa de hechizos y van tras los implicados. Dean pilla a uno, le hiere, le sigue y este lo hechiza.

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   Cuando Sam le encuentra al otro día, todo extraviado, ambos piensan que andaba de parranda, una épica, pero el mayor no recuerda nada, ni siquiera a la bonita chica que le abofetea. Cuando reanudan el caso, y saben que enfrentan brujería, y que los olvidos que va padeciendo el pecoso pueden deberse a un hechizo, van tras sus pasos. Lo último que recuerda Dean es que fue a cenar hamburguesas, y así llegan a ese bar donde está la chica.

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   Hasta ese punto, con lo de ir recorriendo los pasos del cazador, pensé en la película “Y qué pasó ayer?”. Con aquello de que fue drogado y la chica disculpándose. Tuvieron un acostón y a ella le molestó que la olvidada. Sus palabras, que Dean montó al toro mecánico de manera magistral, y que estuvo bien en la cama, alegran al pecoso. ¡Y la cara de Sam! Me hizo reír Dean, exasperado, gruñendo que genial, que por fin se acostaba con una chica después de tanto tiempo y la olvida. Dean y las camareras, ¿no fue algo grato?

   Fuera del bar siguen el rastro de sangre, encuentran el cuerpo, y a Sam le sienta raro tener que explicarle a ese Dean, que va olvidando y olvidando, qué es lo que hacen. El rugido de somos héroes, del mayor, me encantó. Sam detalla el hechizo trazado en un árbol, no lo conocen y no entienden por qué el hechicero no le mató o por qué usó ese hechizo en particular. Obviamente el brujo quería proteger a su familia, si no escapaba, ni mataba al cazador, al menos que le olvidara y que no fuera tras los otros. Fue casi abnegado. Familia que le encuentra, sabe que fueron los cazadores, y mientras uno quiere que escapen, culpando a su compañera por atraer la atención con la muerte del hombre con el dinero en el estómago, la mujer desea revivir a su hermano y vengarse de sus asesinos.

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   Como hay brujería implicada y no encuentra como revertir lo que le ocurre a su hermano, Sam llama a Rowena, la cual le pregunta si ahora le tiene en su marcado de contactos. La mujer está usando la magia para hacer trampas en juegos de cartas. Y esto siempre me había extrañado, que una bruja con su poder tuviera que hacer eso, o intentar enganchar a un marido rico, para solucionarse la vida. En este episodio se le entiende mejor. Aunque temí, desde la intro, que este fuera el capitulo donde finalmente la matan para sacarla de la trama. Supernatural tiene ese mañana. Ella, después de un gracioso intercambio con Dean…

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   …Reconoce el hechizo, es brujería de la vieja tierra, de una familia poderosa que, como algunos, escapó a la persecución de los Hombres de Letras ingleses, y que contaba con un gran libro de hechizos (se notaba que el recuerdo le dolía, era gente de su propio pasado), y es quien da la medida de lo grave del embrujo que ataca al feliz Dean: olvidará a todos y todo, su nombre, cómo sentir, hasta cómo respirar. Sam se lo explica a su hermano y es cuando viene la escena de Dean frente al espejo. ¿No fue lindo que mencionara a Castiel? Repito, su gestualidad, desespero y vulnerabilidad fueron intensos. Qué falta le hacía su ángel de la guarda en esos momentos. Sam, que no confía en ella va solo por los brujos para obligarles a darle el conjuro exacto para curar a Dean. Es aquí cuando se da una buena charla entre Dean y Rowena, que vino a explicar muchas cosas sobre su nueva actitud. Cuando se les hace evidente que capturan al menor, la bruja parte con Dean a la batalla.

   Aquí viene una escena extraña, se supone que el poder de Rowena es inmenso dado el Libro de los Condenados, además fue ella quien abrió la jaula de Lucifer, la que pudo escapar de él una vez, y eso que a Lucifer sólo Amara le había presentado cara (dioses antiguos, Gabriel, ángeles y demonios variados, nadie le aguantó una pelea directa), y que ayudó para detenerle finalmente, pero aquí cae fácilmente frente a esa mujer que la menosprecia como la poca cosa que siempre fue. Claro, llega un despistado Dean, quien no ha olvidado aún el significado de las palabras, y salva la situación de carambolas. El resto es la despedida, ella intentando llevarse el nuevo libro de hechizos, Sam quitándoselo y agradeciéndole la ayuda, es lo de siempre; la mujer volviendo a su papel, Sam al suyo. Me gustó Dean no recordando nada de lo que hablaron y aclarando que si la paz pasa por olvidarlo todo, aún lo que se ama, no vale la pena. Y me pregunto, ¿olvidó toda la charla con la bruja realmente?

  Pero todavía el programa nos regaló una hermosa canción country, que como muchas de ellas hablaba de sentimientos medio melancólicos; en esta se aúpa a un niño feliz a jugar y gozar de ser un vaquerito, a disfrutar del momento porque luego crecerá y la vida le aplastará. El country tiene lo suyo… si se entiende la letra. Me gustó que lo tradujeran, esto no se ve cando transmiten el programa por la Warner. Fue un capítulo intenso en cuanto a lo interno de los hermanos, ver la angustia de Sam por un destino tan cruel para su hermano; y constatar la vulnerabilidad de Dean, como le ocurre cada vez que le hechizan, que aunque parece algo divertido se transforma pronto en un asunto terrible, como cuando sufrió la fiebre fantasma que le causaba temor, o cuando la diosa de la verdad obligaba a la gente a su alrededor a decir lo que en verdad pensaba. Los wincentistas gritaron cuando un Dean que parecía haberlo olvidado todo, cuando oye a Sam gritar, ruge su nombre. Ni el hechizo pudo con eso.

   Ahora bien, Rowena. Esta supuestamente poderosa bruja que hace trampas en las cartas y busca un marido rico, se ve tan chapucera y tracalera, de las baratas, como el mismo Crowley, a quien el título de Rey del Infierno a veces le queda grande. Pareciera que intentan aparentar ser más de lo que son. Pero la razón de esto, tal vez, lo explica el programa, con lo de sus problemas del pasado, ella embarazada y rechazada por todos, pasando hambre y ocultándose de los cazadores, teniendo que adular y arrimarse a la caridad de quienes la despreciaban. El mismo Crowley abandonado de todos, entregando su alma por una tontería que alimentaba su ego pueril. No extraña que sean tan ramplones. Lo otro notable es el cambio de la bruja, ayudando a los hermanos, me preguntaba el por qué. Uno imaginaba que era una trampa del programa para dejarla allí después de todo lo que hizo, pero la bruja lo explica al estar con Dean, a quien señala que es un asesino pero que las cosas que hizo fue por ayudar a otros, que ella sólo quería el poder para sí, esperando siempre que eso le brindara satisfacción… hasta que vio a Dios y a su hermana, los seres más poderosos del universo, trancados en una amarga pelea de resentimientos. Eso le dio una perspectiva nueva. Ahora quedan los hombres de Letras Ingleses, a los cuales ya ha conocido en su larga vida… ¿Saldrá la bruja pelirroja del programa así? ¿Se enfrentará a Toni, Mick y Ketch y le asesinarán? El programa suele hacernos cosas así, y a Rowena ya no se le odia. Bien, nunca lo hice, me parecieron fastidiosas sus tramas con Crowley en el Infierno, pero no ella. Con esta bruja me pasa casi como con Ruby, a quien la amaba aunque sabía que separaba a los hermanos, y llevaba a Sam a hacer lo malo.

   Me pregunto, ¿qué vendrá ahora?

SAM, DEAN Y EL PRINCIPE MALDITO; 12×12

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 7

febrero 15, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 6

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   -¡Vete a la mierda, soldado! -ruge y corta la llamada.

   -No, no, Jen… -brama angustiado. ¡Algo malo le ocurría al rubio!, la certeza le abruma, alarma y frustra. Mira que huir, ¡mira que cortarle la llamada! Ojala se lo encontrara para darle un par de tortazos y luego llevarle por ayuda. Lo piensa mientras envía por mensaje posibles coordenadas del rubio, el cual le parecía había salido a la zona boscosa tras ese conjunto de edificios. Los helicópteros ractores podrían buscarle si perdían la señal del móvil.

   -La jodiste, ¿verdad? –Sandy, a sus espaldas, mira burlona la puerta caída.

   -Está mal. Algo le pasa a mi… -se atraganta, afligido.- A Jensen… Algo muy malo. No sé qué es, pero me asusta. –sonríe ácido.- Y sabes que nada me asusta.

   -Llamarle fue un error. Cualquiera sabe que debe deshacerse de un teléfono del cual saben el número si se está huyendo. –recrimina ella, brazos cruzados, algo exasperada, llegando a su lado.

   -Lo sé, y lo siento, ¿okay? Pero no pude contenerme. No pienso con claridad cuando se trata de él. Debía llamarle. Pedirle que volviera. –lo justifica callando que necesitaba escucharle, comprobar si la conexión entre los dos había sido real o algo que imaginó.- Algo le pasa. –repite.

   -Es miedo. Su familia, y él mismo han cometido una grave infracción, sabe que habrá consecuencias. Y no quiere pagarlas.

   -Si ocultó lo que era cuando comenzó a manifestarse no es su culpa, era un niño. Sus padres…

   -Lo sé. El problema con los no presentados es de vieja data, pero eso no elimina las reglas, ni las sanciones. Lo sabes. No les irá bien a los Ackles cuando los detengan. Ni a tu… Jensen. Y eso también lo sabes. –le observa con fijeza. El hombre le sostiene la mirada.

   -No, porque no dejaré que ocurra. Jensen no es un mejorado sin presentar como otros. Es distinto. –frunce el ceño.

   -¿Por qué te gusta? Dios, estás insoportable de tonto. Eso no hará ninguna diferencia.

   -Ya lo veremos. –suena tozudo, callando ante su amiga el pulsante dolor, ardiente y desagradable que parece estar instalándose en la parte delantera de su cerebro. Algo nuevo.

   Recorre todo con la mirada y ella le imita. El lugar era pequeño llegando a lo opresivo. Y feo. opaco, oscuro, sombrío. No había detalles de color o vida. El rubio debía existir en una realidad interna, una que no era muy alegre tampoco, por cierto. La cama, las sillas, la mesa en la diminuta área de la cocina, todo es pequeño o estrecho. Sandy mira unos libros sobre una repisa, física y química avanzada. Jared se detiene frente a una pizarra llena de ecuaciones, no es un experto pero le parecen estudios destinados a controlar la intensidad de las emisiones en radioisótopos comunes. Cierto orgullo estalla en su pecho, su chico era listo. Aunque, por otro lado…

   -¿Un material radiactivo puede dejar de serlo bruscamente?

   -No lo sé. –responde ella, revisando las mesas de noche.- Pero sería genial, ¿no? Recuperaríamos las zonas calientes del noroeste del país.

   -Sí, pero… -frunce el ceño. Radiaciones y mutaciones, todo iba de la mano. ¿Revertir o controlar el detonante para terminar con el producto? ¿Acaso era posible? ¿Era lo que deseaba Jensen?

   -Jared… -le inquieta el tono en la voz de Sandy. Se vuelve y la ve al lado de la cama, revisando una gaveta, mostrando unos frascos de píldoras. Un nudo se le forma en la garganta.

   -¿Bloqueadores? –va a su lado.

   -Sí, pero sin prescripciones, advertencias o posología. Deben ser del mercado negro. –le informa mirándole a los ojos. La gravedad de ello no necesita comentarse.

   Todos ellos los necesitaban, neurorreguladores. Algo en sus naturalezas recargaba sus cerebros de transmisores adrenérgicos, eso les hacia fuertes físicamente, competitivos; a veces pendencieros. Pero también agresivos, violentos y autodestructivos. No lo controlaban de manera natural, no estaba en ellos. Para controlarlo estaban los bloqueadores. Necesitaban esas píldoras.

   -Si no son los correctos, como suelen ser esas porquerías, casi estafas del mercado ilegal… -Jared, parpadeando, se deja caer en la cama, pensando, de pasada, que allí el rubio se acurrucaba de noche y dormía como un hermoso bebé grande, tal vez pasaba las frías mañanas bien cubierto. Se masturbaba. Pero meneando la cabeza, aleja esas ideas e imágenes. Algo difícil con el olor del rubio embotándole los sentidos. Casi percibía un rastro de calor sobre las mantas.

   -Si no son los correctos puede estar sufriendo episodios de neurosis y sicosis, de paranoia, depresión y agresividad. –termina ella, ceñuda.- Y si no carga nada con él, y en su trabajo encontramos otra dotación, puede que se quede sin nada. Estas cosas no deben ser fáciles de conseguir en una ciudad como está, barrida por el ejército para evitar este comercio ilegal. Y si no encuentra nada…

   Jared, pálido, traga en seco. Conocía los casos, por razones que jamás entendió, hubo quienes prefirieron vivir fuera del control médico, convirtiéndose en verdaderos sicópatas unos, en dementes otros. En uno y otro caso, la muerte había terminado con sus sufrimientos. La auto destrucción. La sobrecarga sensorial y emocional, el descontrol hormonal los empujaba a la locura, dejando en sus mentes confusas sólo una salida. Vuelve la mirada a su móvil ante una leve señal.

   -Llegaron a la escuela, nadie sabe mucho de él; obviamente ignoran que es un humano nuevo. Los nuestros encontraron los bloqueadores. –la mira.- No le queda nada, Sandy. –su expresión preocupada y horrorizada es sustituida por una de dureza. Envía las órdenes con pocas letras en su móvil: Detengan a toda la familia. ¡Ahora! La mujer revisa su móvil, preocupada.

   -Jared, no puedes movilizar personal sin comunicarte con…

   -¡Tengo que encontrarle, Sandy! –ruge poniéndose de pie, una sensación de urgencia, de peligro, le alcanza.- No está bien. Corre peligro. Debo encontrarle. –repite afligido. La mujer intenta tocarle pero la evade.- Necesito…  -y se aleja, rumbo a la puerta, dispuesto a correr hasta captar el olor del rubio otra vez. Pero se detiene.- Encárgate de enviarlo todo a la sede. Que se busque a quienes fabricaron esos bloqueadores. Debemos detener a toda la red.

……

   No le encuentra. Es decir, no sabe por dónde tomó y no puede calcular a dónde fue, admite recorriendo la plaza tras el feo bloque de edificios, mirando la zona boscosa. Percibe su rastro, sabe que estuvo allí, un aroma sutil, pero no le sirve de guía. Fuera de un móvil destrozado, que recoge y guarda, no da con otra pista. Y eso le frustra de manera intensa. Quiere gritar mientras se va llenando de más y más ansiedad, como la de aquel que aguarda en una sala de espera a que un cirujano salga e informe sobre la intervención de un ser querido, deseando que todo salga bien, temiendo que las noticias sean terribles. Le molesta que el otro esté escapando, aunque tal vez se debía a la sicosis por los bloqueadores inadecuados. También le añora. ¿Eran sus ojos tan verdes como cree recordar? ¿Era su cabello castaño claro tan suave como parecía? ¿Su voz…?

   El teléfono timbra. Es Sandy.

   -Jared, vuelve, la doctora Douglas quiere hablar contigo, y no parece nada feliz. –informa, seca.- Y tenemos a uno de los Ackles.

CONTINÚA … 8

Julio César (no es mía).

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 6

febrero 11, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 5

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   Conoce de la ira, en su trabajo, de la adrenalina, de la competencia entre socios, de las risas, las tristezas normales, de los desencantos por un fracaso ocasional. De pasión satisfecha, pero lo que las palabras del rubio le hace sentir nunca lo había experimentado. Era desazón, devastación. Un vacio terrible.

   -No soy un fenómeno de circo, Jensen; no somos fenómenos. Tú no lo eres. Eres una persona especial. Mejor. –es lo primero que dice, abriendo unos ojos que no sabía que había cerrado.

   -Lo son. Rarezas. Y no soy como ustedes. –es la azarosa respuesta.

   -Lo eres. –es tajante por primera vez, caminando de un lado a otro dentro de la pequeña pieza.- Lo sabes. Debes haberlo sabido siempre, porque somos diferentes. Te guste o no, lo somos. Especiales.

   -Extraños. Raros. –hay derrota en el tono, rabia y frustración. Señal de lo mucho que odiaba su naturaleza. Y todo lastima al joven y apuesto soldado.

   -Nuevos, distintos. Lo que somos aún está por saberse, Jen… -se le escapan las palabras, el diminutivo que le sabe tan bien en la lengua, que debe contenerse para no repetirlo una y otra vez. Ya habría tiempo, cuando estuvieran juntos.- ¿Y si somos el futuro? ¿El hombre evolucionado? ¿Lo que dentro de cien o doscientos años será lo normal? Tal vez es una nueva historia que comienza, y la tuya, la mía, hacen falta para que se escriba. –invita. Hay un silencio pesado.

   -No soy como tú, Jared. –se defiende, desesperado. Y al castaño el corazón le late con fuerza, el sonido de su nombre, en la voz del rubio, era extrañamente excitante, casi una caricia a pesar de la entonación. Quería sonreír como un tonto y repetirlo en su mente. Podría vivir toda una vida escuchándolo, se dijo con inquietud ante la profundidad de la idea.

   -Lo eres, lo sabes. –la reiteración es suave, sugerente. Hay un nuevo silencio.- Por favor, vuelve; verás cómo todo tiene sentido., cómo todo estará bien cuando estemos juntos. Estoy…

   -En mi apartamento. –le interrumpe, desconcertándole, aunque sonríe.

   -¿Puedes sentirme desde lejos? –pregunta emocionado, una conexión así nunca la había experimentado con nadie.- ¿Ves lo distinto que eres de lo común? ¿Lo conectados que estam…? –le corta el gruñido del otro.

   -Déjame en paz, por favor. No me busques. No me sigas. Me gusta mi vida como es.

   -¿El vacío, la soledad? –le pregunta suave, frunciendo el ceño, le parecían palabras dictadas por su experiencia.

   -No sabes nada de mí.

   -Estoy en tu pieza, Jen, lo sabes, y es un cuarto pequeño y cerrado, frío y… solitario. No parece hecho para vivir en él, parece levantado para que nadie entre jamás, un lugar donde ocultarte, una cárcel grata de la que piensas que no quieres salir. Aislándote del mundo y de la gente. ¿Desde cuanto te ocultas? ¿De qué te escondes, Jen? –necesita saberlo para ayudarle, para sostenerle y protegerlo. A él mismo le sorprende la intensidad de tal deseo, el de acudir al lado del otro y simplemente abrazarle hasta que se calmara, siseándole, diciéndole que estaba allí.

   -Por favor, sólo vete. De allí. De mi vida. –pide nuevamente, suplicándole, un sonido que le lastima horriblemente. Tanto que tiene que cerrar los ojos.

   -Cuando te vi por primera vez, experimenté algo… -comienza, recordando el “sueño”, la ronca y sensual voz diciéndole “te amo, Jared”.- ¿No lo sentiste? –necesita saber. El silencio se prolonga.

   -No, no; yo… -comienza finalmente, pero la voz se oye herida, lastimada. Es fácil saberlo porque desde que el rubio escapara, y le buscara desesperado por encontrarle, cierto dolor desagradable se había instalado en el pecho del joven soldado, en su abdomen, una sensación física de malestar.

   -Estás sufriendo. Y es incensario. –le aclara.- Por favor, déjame ir a tu lado. Yo puedo hacer que cese. Si estamos juntos, no dolerá. La vida no tiene por qué ser un oscuro cuarto donde se espera yacer sin hacer nada que atraiga el dolor, pero sin sentir. Temeroso de ser visto, reconocido. Buscado. Y no hablo del estado, hablo de la gente, de las emociones reales. –se detiene, mirando una descolorida fotografía donde el rubio posa con una joven y bonita mujer, el parecido es enorme entre ambos. Seguramente una hermana.- Te veías cansado cuando te encontré. Imagino lo agotador que debe ser vivir sintiéndote distinto, pero deseando no serlo, escondiéndolo de otros. Vivir lleno de culpa por tener que mentirle a toda la gente que te agradaba y era amable contigo mientras ibas creciendo e interesándote en los demás. Todos abriéndote sus almas, tú ocultando la tuya. La soledad de sentir que no podías confiar plenamente en nadie, por mucho que te dijera que te estimaba… o te amaba. Lo haces desde niño, ¿verdad? Seguro un día, siendo todavía muy pequeño, tus padres te dijeron que debías mentir, callar quién eras porque era algo malo, y eso te hizo sentir un extraño, una anomalía, algo que no era correcto. Te dijeron que debías disimular, portarte como todos para que el mundo no te juzgara, no te rechazara o persiguiera… pero eso no es verdad. Nada de eso tiene que ser cierto, Jen. Ni antes ni ahora. Debiste poder gritarle al mundo que eras tú, que eras como eras y que si alguien tenía un problema con eso, que qué pena, pero que se la aguantara. –es enfático, fuerte. Dice lo que siente, pero sabe que en el caso del rubio, con su aire cansino, su palidez, aunque era hermoso, debía haber alguna otra causa. Algo debía estar fallando con sus medicamentos. Algo peligroso.- Déjame ayudarte, permítenos ayudarte.

   -¿“Dejarles ayudarme”? No quiero esa clase de auxilio. No quiero ser un animal de granja. –es la cortante respuesta a través de una respiración sibilante. Y Jared se frustra. Cierra los ojos y se concentra en esa voz.

   -Nos vi juntos, Jensen, pude sentir el calor de tu cuerpo, lo suave de tus labios, tu aliento quemó mi cuello y quería morir de gusto. –detalla, buscando conseguir una respuesta emocional. La tiene, Jensen jadea. ¿Acaso él también lo sintió, lo vio? Como sea, parece apartarse, ir a otro lugar. Ya no está en la pieza, mira el sol de la tarde bajando hacia el oeste, al oeste de ese cuarto; la grama y los arboles mecidos por el viento, una gran pared de hormigón que…

   -¡¿Qué haces?! –hay alarma en la voz del rubio. La sorpresa corta el vínculo ya que Jared abre los ojos.

   -No lo sé, nunca me había ocurrido. ¿Ves todo lo que tenemos en común? Esto es especial, Jensen. Por favor, dime dónde estás e iré por ti ahora mismo. –casi le ruega.

   -No, no, sólo… -le oye tomar aire, la voz bajar una octava, el tono es de intimidad.- Por favor, Jared, déjalo así. Sólo… déjame ir. Tengo que desaparecer. Te lo pido. No le cuentes a nadie que…

   -Lo siento, ya se reportó. Ya se busca a Jensen Ackles y a su familia, como infractores. –lo dice con facilidad, lamentando que eso afecte al rubio, pero convencido de que es necesario. El otro, finalmente lo entendería así.- Es lo mejor, créeme. Podemos ayudarte. Tendrás un propósito. -traga en seco al sentir una oleada de un fuego muy rojo, y frío, envolverle.

   -Maldito hijo de perra, no van a cazarme como un animal. Dime, Jared… -es seco.- ¿…Me buscan para castigarme por ser un infractor o para que sea tu perra en algún apareamiento hormonal gubernamental? ¿Es la ayuda que quieres darme?

   -Jensen, no, nunca consentiría… -se ve horrorizado.

   -¡Vete a la mierda, soldado!

CONTINÚA … 7

Julio César (no es mía).

LOS PESARES SOBRENATURALES DE LILY; 10×12

febrero 10, 2017

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   Qué tiempos…

   Qué de nostalgia despertó la intro del décimo episodio de esta temporada, cuando vemos a Dean reclamarle a Castiel que no es un ángel de la guarda, que no protege. La de agua que ha pasado bajo el puente desde esos días, cuando para el ángel no había ojos como no fueran para el cazador al que sacó del Infierno. Momento cuando descubrí que había subtexto en este programa. El Destiel. Y qué desagradable resultaron ser los dichosos ángeles, comenzando por Uriel, Zacarías, Rafael, Naomi y Gadreel, en medio de un largo, laaaaargo etcétera. Siempre recuerdo en esa cuarta temporada cuando Sam finalmente les conoce y está todo emocionado, hasta que oye que están ahí para acabar con todo un pueblo para matar a una bruja que está a punto de abrir uno de los sellos, comentándole a Dean que no les imaginaba así. Fue notable este cuando le recordó que llevaba tiempo diciéndole que eran unos capullos. Castiel llegaba, con su cara de lelo, su gabardina, el cabello alzando, la mirada anhelante tras Dean, y como sabemos los que seguimos el programa, estaba destinado a aparecer unos cuantos episodios antes de ser asesinado, pero estábamos tan felices de saber que al mayor de los Winchester un ángel le cuidaba las espaldas, que Misha Collins se ganó su espacio… para tortura de los wincestistas. Y sigue corriendo. Así llegamos a…

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   Una mujer, parche en un ojo, persigue, acorrala, pelea y mata ángeles, que resulta pertenecían a la antigua cuadrilla de Castiel (¿no y que era dirigida por Anna?), en el Cielo, cuando era un soldado fiel y robótico, antes de los humanos. Antes de Dean. Me dio vaina cuando esa implacable mujer mata a la morenaza, recipiente de Benjamín. La escena donde esta le avisa a los otros, o pide ayuda, incluido Castiel, fue notable.

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   Como notable es la conversación entre Sam y Dean (después de comentar que Mary anda cazando sola y que nada saben de la madre del hijo de Lucifer), cuando este le reclama la manera en la cual trata a Castiel después de que este asesinara a Billie, por ayudarles, pero el pecoso está molesto porque teme las “consecuencias cósmicas” (y la verdad es que ya me pregunto qué piensan presentarnos esta vez, seguro que será algo increíblemente doloroso para los hermanos, si nos atenemos a los antecedentes de la trama). Y esto pudo ser mucho mejor, el programa nos quitó momentos de Destiel, de ver a Dean entrar a una habitación, encontrándose a Castiel y saliendo todo ceñudo, seguido por la siempre mirada de perrito de este. Toda esa ley del hielo, todos los intentos del ángel por explicarse, congraciarse e irritándose luego. No, no lo consideraron importante. Qué falta de visión.

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   Cuando Castiel aparece disponiéndose a partir en busca de Benjamín, hubo un poquito de eso, pero casi nada relevante, como si lo sería en el impala, cuando Sam debe vivir uno de los momentos más incómodos de su vida.

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   El ángel cuenta sobre su amigo, Benjamín, el cual siempre ha sido cuidadoso (y Dean comienza con todo otra vez), y lleva años usando un recipiente fiel, del cual es amigo y nunca pondría en peligro. Sam ofrece ayuda, y Castiel casi se hace de rogar, ambos mirando a Dean cómo para ver qué dice. Es cuando viene lo del auto. Se le vio, al ángel, afectado ante su cadáver, por lo que irá a reunirse con otros de su antigua cuadrilla, con quienes hablará en privado.

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   Aquí comienzan nuevamente los señalamientos que todos los ángeles le hacen a Castiel, unos le creen un héroe, otro un traidor por complacer a los humanos. Que Castiel es el ejemplo de por qué los ángeles no deben mezclarse con humanos, no para protegerlos de ellos, sino para no terminar afectados por estos. Dean no aguanta más, entra con Sam y siguen los señalamientos. La mujer que estaba con el antiguo jefe de la cuadrilla, Ishim, sale y es asesinada, es cuando la ven y reconocen. Luchan, pero Lily es dura e hiere al hombre. Este cuenta que es una humana que se acostó con un ángel y tuvo un hijo, un nefilim, los antiguos gigantes que, según la tradición bíblica, nacieron de esa cohabitación de ángeles y mujeres humanas, por lo cual se envió el Diluvio.

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   Hay un recuerdo de época de cuando atienden ese asunto, y entendemos el comentario del hombre, que prefería el otro recipiente de Castiel, creí que hablaba de las ropas, pero no, Castiel estaba en el cuerpo de una mujer… y no sé cómo no hubo chistes sobre esto. Siempre esperé un episodio donde esto ocurriera, que Castiel, por una razón u otra, tuviera que entrar en el cuerpo de una mujer bien bonita y que Dean no lo supiera de entrada, dándose todo ese delicioso malentendido (y conociendo a Dean, que hasta pantis de chicas se ha puesto para llegar a sus objetivos, habría sido interesante). Pero no, ni el programa lo ha presentado, ni se hizo comentarios de esto. Lo dicho, el tiempo ser les va en muchas charlas, aunque en este episodio estuvieron muy ajustados.

   Como sea, esa patrulla va por la mujer y el ángel con el cual vive, le matan por ese crimen, e Ishim va por la niña, perdonando a la madre, porque esta era una mujer devota y pía que oraba a los ángeles. Y así le pagaron. Ahora esta se venga, ha vivido más de lo que le toca por algún pacto maligno, sostiene el herido Ishim.

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isham-otro-angel-maldito

   Mientras Castiel cura a este, Sam y Dean buscan a la mujer para intentar arreglarlo todo. Ella cuenta su parte y es cuando comprobamos otra vez lo plasta que pueden ser los ángeles. Lily buscó a un ángel que la protegiera del otro, que se obsesiono con ella, acusándola de romperle el corazón al no quererle, matando a su niña, para romper el de ella. Y es curioso como seres tan poderosos caen por pasiones tan básicas (bueno, ocurrió en la Biblia), o tan humanas. Le pasó a Benny el vampiro y a Prometeo cuando escapaba de Zeus, no pasa esto con los demonios, ellos tienen fines muy específicos y generalmente son de extender el mal. Todo lo que hacen es por maldad y poder, excepto aquella bella demonio en la tercera temporada que tentaba Dean con un acostón para pasar el rato mientras les rescataban de un derrumbe. Y se veía que Dean quería.

   Como sea, Castiel, después de curar al otro, queda muy débil para luchar, y este casi acaba con los hermanos y la mujer cuando llegan, y aunque la pelea estuvo buena, Sam y Dean hiriéndole, faltó coreografía, más golpes, más levantadas, que la combinación de los buenos se lucieran más. A pesar del poder de la mujer, que viene de magia de ángeles, Ishim casi la mata, hasta que Castiel interviene… matándole por la espalda. Por segundo episodio consecutivo ataca a traición. Es poco digno del héroe, pero en fin. El ángel se siente mal por la muerte de inocentes, especialmente de la niña cuyo padre no era un ángel, y sabe que Lily tiene derecho a su venganza, que la esperará. Y esto ya se ha visto, desde la cinta kill Bill, Dean se lo dijo al hijo de Amy, y Cole aparece buscando esa venganza. Ahora le toca a Castiel. De entrada en esta escena, me gustó lo que Ishim le reclama a Castiel, todo lo que le envidió porque Dios se fijó en él, y que todo lo dejó perder por los humanos, y que le librará de esa debilidad, como curó la suya (que era un amor obsesivo, acabará con el objeto del afecto del ángel). Va a matar a Dean y mi destielista interno deliraba. Dean siempre ha sido la debilidad de Castiel. Como Sam lo es del pecoso, pero es porque es su hermano y su misión de toda la vida, dada por su padre, era protegerle (¿okay?).

   El episodio me gustó mucho, más de lo que esperaba al saber que era sobre ángeles, desde la cuarta y quinta temporada, no son de los mejores, pero este fue muy bueno. También ese entendimiento entre Dean y Castiel, como no, robándonos momentos buenos, como ya señalé. Castiel no se arrepiente de lo que hizo, matar a Billie, pero sabe que habrá consecuencias. Dean entiende que lo hiciera por ellos, pero que no sabe a qué arriesgó el mundo. Obviamente algo aprendieron con Amara, dos finales de temporadas atrás, cuando dejaron de ser los héroes y condenaron a todos a enfrentar algo terrible que casi acabó con la creación. Pero allí continúan, con la duda, ¿qué hacer cuando aparezca el hijo de Lucifer, después del fiasco del sacrificio de una niña inocente que nada malo había hecho? Castiel ya no está seguro. Me pregunto si será de esos seres sobrenaturales que crecen rápidamente, hace falta un buen villano, uno terrible y poderoso. Y que tenga química con los Winchester.

   ¿La verdad?, espero por Toni y Mick, los Hombres de Letras ingleses. Aunque se les odia por lo que han hecho hasta ahora, estos dos personajes tienen posibilidades al lado de los Winchester… Si, de Dean, es en quién pienso. Me pregunto si alguna vez se me pasará la fascinación con estos personajes que una vez a la semana llenan un grato momento.

SOBRE DEAN; 11×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 25

febrero 6, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 24

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   El hombre se tensó, adivinando la provocación. Meterse en la noche a su cuarto era una cosa, estar allí, en la piscina, con posibles ojos enfocándoles desde las ventanas de la vivienda, incluida su abuela, era otra cosa. Dean contaba con eso, que no se atrevería a levantar comentarios (o más comentarios), Nick le interpretó perfectamente. Pero, se dijo, ese chico tonto no sabía que jugaba con un hombre.

   -Se ve delicioso. –le respondió, cayendo con todo su peso a su lado, en la silla de piscina, separando los delgados labios y atrapando ese tenedor que los labios, dientes y lengua del rubio tocaron poco antes. Y si que la tarta era buena, se dijo; o era por saber que ese cubierto estuvo en la boca del pecoso, no lo sabe, pero en realidad sabía delicioso. Aunque, lo que más le gustó, fue notar la sorpresa del rubio, su enrojecer de mejillas, el brillo divertido de sus pupilas.

   -Está bueno, ¿verdad?

   -Así es, pero creo que puedo probarlo aún mejor. –le advirtió con voz ronca, cubriéndole una mejilla con una mano, acabando con la distancia y atrapando los labios del cazador, lamiéndolos, haciéndole gemir de sorpresa y excitación, penetrando en su boca finalmente, saboreando la tarta nuevamente. El beso se volvió intenso, Dean sostenía el platillo, la mano en su mejilla bajaba por su cuello y hombro, el cálido pulgar le recorrió la clavícula erizando cada centímetro de su piel. Necesitados de oxígenos interrumpieron la caricia, sus frentes unidas, sus alientos mezclándose.- No puedes quedarte aquí, Dean. Tienes que irte. –le soltó de sopetón, desconcertándole.

   -¿Qué? –todavía sorprendido, y agitado por el beso, no comprendió totalmente las palabras del otro, ni respondió bien al tono perentorio.

   -Tienes que irte, no puedes quedarte en casa de mi abuela. –repitió con firmeza, mirándole desde muy cerca, a los ojos, sonriendo levemente al verle brillar las pupilas peligrosamente, desafiantes otra vez.

   -¡Hijo de puta! –se revolvió el pecoso, humillado, ofendido, sintiéndose extrañamente decepcionado y usado. Le habían gustado los momentos junto a ese tipo que había sabido fingir que le importaba.- Quédate tranquilo, no pienso agotar tu hospitalidad, ni hacer una escena desagradable gritándote lo maldito que eres; te libro de mi presencia en este mismo momento. –rugió airado, intentando salir de la silla por el otro lado.- ¡Suéltame! –ladró cuando el otro le retuvo con una mano por un brazo.- ¿Acaso te ríes de mí? –casi gritó, rojo de cara, indignado, cuando Nick lanzó una divertida carcajada.

   -Dios, eres una caja de fósforos esperando la menor fricción, ¿eh? –continuó reteniéndole aunque Dean intentó zafarse.- No puedes quedarte aquí porque no confío en ti con todas esas mujeres dándote vueltas. –confesó de sopetón, desconcertándole aún más.

   -¿Cómo…? ¿Dices que me quieres fuera porque temes que…?

   -Sí, que te metas en las camas de todas esas viejas que estarían más que contentas de hacer lo que fuera necesario para que un carajo bonito les atienda las sequias emocionales… o sexuales.

   -Wow, vaya que eres directo. –se desconcertó, no sabiendo si interpretaba bien, pero frunció el ceño y sonrió chulo.- ¿Me quieres fuera para que otras no disfruten de mi cama? Debo advertirte, no por soberbia o vanidad sino como un hecho de la vida, que a donde llego…

   -Si, lo imagino, no falta quien quiera meter las manos en tus pantalones. –fue seco y directo.- Por eso te irás a mi apartamento. Allí descansarás, la cama es grande y cómoda, capaz de contener a un grupo orgiástico si hiciera falta; y la nevera está llena de hamburguesas y cervezas frías. –le hizo parpadear con la oferta.

   -¿Quieres…? –no pudo evitar la sonrisa, ni sentir un calor extraño abrasándole.- ¿…Que me vaya contigo? Wow, debo ser realmente bueno en la cama. –eso alteró al otro.

   -Y sumamente desagradable fuera de ella. –gruño, soltándole, tendiéndose y apoyando esa mano del otro lado del mueble, sobre Dean, quedando muy cerca ambos cuerpos. Cada uno notando el calor del otro, la caricia de la respiración ajena.- Dios, provoca golpearte.

   -Y aún así me quieres. –se burló el rubio, sintiéndose extrañamente excitado. Estremeciéndose con algo nuevo cuando el otro miró sus labios.

   -Y aún así te quiero… conmigo. –y hubo un nuevo beso ligero, una caricia tanteante que cambió cuando el calor entre ambos aumentó. Y atrapar con los dientes y chupar de la lengua del pecoso, lo decidió todo para el abogado.- Vámonos ahora.

   -¿Crees que sea una buena idea? –aún dudó Dean, un poco asustando por tantas implicaciones.

   -Será épica. –le tranquilizó, riendo contra sus labios, roncos, excitado también. Ya planeando cómo quedarse con todo; se casaría con Leslie y mantendría al rubio en su vida. Elevando la mano hacia la pecosa mejilla, le acarició con el pulgar, una caricia tan íntima, tan cargada de razones profundas, que Dean parpadeó.- Quiero… No, necesito tenerte cerca. Saber que estás bien, que curas, que no estás solo. –dijo lo que sabía el rubio quería escuchar y lo selló con otro beso.

……

   Para el pecoso cazador fue una divertida experiencia abandonar la casa, despidiéndose de Rebecca Stanton, mochila al hombro, con Nicholas casi a sus espaldas.

   -¿En serio tienes que marcharte? Aún tienes que recuperarte. –se quejó la anciana, porque le apreciaba, pero también para notar el tinte de sus mejillas, o el ceño de su nieto. Oh, sí, no la habían engañado ni por un segundo.

   -Estaré bien. Has sido muy amable al cobijarme bajo tu techo; no olvidaré esa cama… -se lanzó el cazador, sonrojeándose más, por las implicaciones que sabía tendría para el sujeto a sus espaldas.- Ni esos manjares. Despídame de las muchachas, ¿eh?

   -Pero, Dean…

   -Es mejor así, abuela. -terció Nick, impaciente por salir. Y cruzó espadas con su abuela, sus ojos se batieron en fiero duelo.

   -Lo imagino, querido. –contestó la anciana, confortándole ver que el abogado se sonrojabas también. Un poco.- Y eres taaaaan considerado al estar aquí para encaminarlo…

   -Es muy mono, ¿no? Y eso que uno puede imaginarle fácilmente condenando gente a la horca. –intercaló Dean, para burlarse también del otro, ignorando del duelo entre abuela y nieto.

   -Muy mono, si.

   -Abuela… Dean… -gruñó el otro. Pensando “vaya par”.

   Todavía dándole un beso al joven rubio de chamarra de cuero y jeans ajustados, la mujer les vio salir. Se parecían en sus pasos, a pesar de la distancia cultural que les separaba. Se pavoneaban al andar, seguros de sí, machos alfas que controlan sus ambientes. Nicholas había crecido en ese mundo, uno donde la familia, el apellido Stanton, tenía poder. El otro, labrándose su destino, uno que sabía duro, peligroso, pero lo encaraba con resolución y una sonrisa chula. Conformaban, pensó, una atractiva pareja. Pero no le gustaba. Para nada. Su nieto podía ser tan… desgraciado.

   Por un segundo, entre la propuesta en la piscina y el momento de salir de la casa, Dean Winchester estuvo tentado a largarse dándole esquinazo al alto y atractivo abogado de cabellos castaños. Pero le gustaba la manera en la cual este le miraba, como exasperado con sus crudezas, pero también como si le gustaran y padeciera un conflicto propio por eso. Le irritaba, pensó el pecoso, pero aún así quería tenerle cerca. La idea era fascinante. Como lo era el interés en su bienestar, la preocupación por su seguridad. Nunca había sido el objeto de tales atenciones. Bien, se dijo, estaba convaleciente y Nick era guapo, podría tolerarle unos días y luego chao el amigo.

   El apartamento fue todo lo que esperaba, y más. Le inquietó ver que los guardaespaldas le cargaban las pocas pertenencias, y que luego subían con ellos al piso, cargando bolsas de comestibles. Esos tipos, de rostros de piedra, no mostraban ninguna extrañeza de verle allí. Aunque cuando Nick le besó, esa primera vez, si dudaron. Después de mostrarle todo, absolutamente todo, deteniéndose mucho en su colección de rock clásico, las neveras bien surtidas, advirtiéndole que esperara un poco para tomar alcohol, la habitación principal, con su enorme cama y la gran pantalla plana de televisión, despidiéndose, diciéndole que volvería pronto, Nicholas le había besado fugazmente en los labios; fue cuando Dean notó cierto intercambio entre los dos gorilas, entendiendo que no, que Nicholas Stanton no acostumbraba llevar queridos a su piso. Esa información, como lo abrumado que estaba por el lugar, le dejó sin habla. Nada más estuvo solo lo probó todo, el jacuzzi de agua caliente, y olas, le hizo ronronear. No se detuvo en revisar todo lo que estaba a la vista, con una sonrisa curiosa, buscando la pornografía del tipo. Le hizo reír encontrar, y ojear, algunas revistas y cintas de sexo heterosexual, así como unas esposas gamuzadas y unas pantaletas indudablemente de mujer que encontró en una gaveta. Eso le hizo sentir aún más especial. Nicholas no llevaba a cualquier tipo a su piso, tal vez no había metido bajo ese techo a ninguno… sólo a él, a Dean Winchester.

   Si, el hábil sujeto sabía lo que tenía que hacer, decir y mostrar para encantar al joven y apuesto cazador necesitado de alguien que lo amara, cuidara y protegiera. El rubio estaba prácticamente en sus manos.

CONTINÚA … 26

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 5

febrero 4, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 4

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   Ilusamente, en cuanto corre como el viento alejándose de los otros dos, Jensen pensó en regresar a su pieza y esconderse bajo la cama. Si se quedaba lo suficientemente quieto ni las sondas de los satélites podrían detectar rastros de vida allí. A veces él mismo pensaba que ni vivo estaba. Tragando en seco, ve sobre su hombro sin detenerse un segundo hasta que lo nota, parando bruscamente. Mira su saco, ¡no lleva el gafete! Boquea, todo ojos, y casi grita de frustración, sintiéndose asfixiado, la adrenalina corriendo a mares por sus venas. Sabrían quién era, con esa información llegarían a su pieza (vuelve la mirada, tal vez ya estarían en camino), y a su trabajo. Se lleva una mano a la boca y casi se muerde, de frustración, tenía que recoger algo vital en la pieza; muchas de sus cosas tenían valor monetario (bueno, no tantas), otras afectivas, pero esas pastillas…

   No, no puede regresar. Allí le buscarían, tal vez ya estarían montándole una celada. Corre hacia la entrada de las residencias, notando la mirada confusa de Jim Beaver, quien le pregunta alguna cosa, tal vez si ocurre algo, pero no se detiene. Dentro de la oscura recepción siente algo de alivio. Ya no estaba a la vista. Pero no se detiene, en lugar de bajar un nivel, hacia su piso, desciende a saltos hacia el sótano tres. Recorriéndolo con seguridad, lo conoce bien; se detiene junto a una de las columnas más apartadas de ese estacionamiento casi desierto y levanta, con esfuerzo, la pesada reja que cubre una boca de drenaje, bajando con cuidado y asegurándose de colocar la rejilla justo en su sitio. Tenía estudiada esa ruta de escape hace años, y había elegido, por si tenía que huir a la carrera, ese drenaje en articular, que no llevaba nada, aunque olía feo, a podredumbre vieja, a descomposición. A tristeza. Sí, eso, se dijo mordiéndose el labio inferior, sintiéndose infinitamente triste, reparando en la irónica sincronía. Su vida se iba por ese drenaje. Tenía que abandonar su cuarto, su trabajo, el nombre de Jensen Ackles. Y semi doblado, se detiene bruscamente. ¡Debía avisarle a todos! Irían por ellos si lograban encontrarles. Los había puesto a todos en peligro. Otra vez. La culpa es una carga tan pesada que parece encorvarse un poco más. Saca el móvil e intenta llamar, enviar mensajes. Nada sale. ¿Sería por el techo de concreto?

   O tal vez ya interferían, le dice una parte de su cabeza, una voz fea, derrotista, burlona, su cerebro inundándose de pensamientos oscuros, llenándole de pánico. Lo atraparán y lo encerrarán, por infractor, dentro de una celda pequeña, en algún lugar apartado y solitario. Y su mente se perdería. Enloquecería. Finalmente lo perdería todo, como siempre temió su madre.

   Recuerda que tenía seis años de edad, en Iowa (donde escuchaba fascinado a su abuelo contar de la guerra que los había sacado de Texas), cuando todo comenzó. Veía luces brillantes, alegres, alrededor de arboles y flores; de los animales también, aunque en estos variaban de tonalidad, las rojizas iban emparejadas a animales peligroso. Las personas también las mostraban, a veces. Y sonriendo, las señalaba, pensando que todos las veían igual, no notando las miradas preocupadas de Donna y Alan Ackles. Todos decían que era un niño rápido, pero la verdad es que a veces le parecía que escuchaba lo que otros apenas pensaban, adelantándoseles. Pero fue en la escuela donde todo estalló, sus maestros notaron que su inteligencia era notable, especialmente en materias que no eran fáciles, ni del manejo de críos, como química, física y matemáticas.

   Jensen nunca olvidaría, porque no olvidaba casi nada, esa tarde, sentado al lado del escritorio de la señorita Alba, una mujer grande y mayor, aunque le parecía hermosa, preguntándose si había hecho algo mal, esperando la llegada de sus padres. Estos entraron con reticencias, y la maestra no tardó en ponerlo en palabras, ese dulce y pecoso niño era un humano nuevo, un mejorado. Escuchó las palabras sin comprender, pero dolido al reparar en el llanto de su madre, la angustia de su papá. Eso le lastimó; de alguna manera, por algo que hizo, sus padres sufrían. La señorita Alba, a quien su madre llamaba Jessica, roja de cara, decía lamentar comunicarles que lo había reportado al director y se le hizo una prueba, debió ser aquella donde escupió sobre una paleta, riendo avergonzado de hacer eso frente a la maestra.

   -Jensen es un mejorado… tipo beta. –informó, más incómoda, ya que se esperaba que ella los incentivara a reportar y presentar al chico frente a las autoridades para que recibiera una educación especial.- No lo he hecho aún…

   Esa misma tarde dejaron el pueblo, aunque no lo entendió, ni los gritos de su madre, que no dejaría que un gobierno fascista se llevara a su niño para criarlo como un animal de granja, como un fenómeno de feria, experimentando con él. Con el tiempo, escuchó más cosas, especialmente sobre la condición beta. Y no le gustó para nada. En ese entonces su padre le dijo, muy serio, que no podía contarle aquello a nadie, o llegarían y se lo llevarían lejos. Eso le hizo llorar de miedo, y sólo en brazos de Alan, que le acunó con fuerza, se sintió a salvo. Pero no pudo desprenderse de la sensación de que toda la paz que vivían había terminado por su culpa.

   Volviendo sobre el pasado de la familia, Alan les llevó a él, a su madre (embarazada de su hermana menor), y a Josh, su hermano mayor, a Nuevo México, a una de las partes buenas, la cual era tierra de “hombres libres”, desde la guerra a inicios de los ochenta. Ahora debía volver a escapar, como ocurrió en otras ocasiones. Por eso el drenaje, siempre tenía lista una salida en los lugares donde se asentaba.

   Respira afanosamente, asintiéndose cercado, que todo era inútil, pero más adelante el drenaje se ensancha y sube, lo que le permite enderezarse. Ve la luz al final del túnel. Escaparía. Si, se alejaría lo más posible del chico esbelto y alto, de suave cabello castaño que le miraba con un brillo de admiración y casi ternura en los ojos. Se estremece, luchando contra las simpatías que despertaba instintivamente el otro con su cara franca. Ese chico era el más acabado producto de un sistema cuartelario y controlador. Jared era peligroso, por muchos motivos. Jared… el nombre le producía… Lo aparta, decidido, móvil en mano, debía advertirles todos.

……

   Angustiado por perder de vista Jensen, por perderle justo cuando le encontraba y todo su ser respondía con fuerza y ganas a tal evento, Jared entra en el edificio oscuro. Encontrando el rastro de olor del rubio, baja las escaleras un nivel y se congela. Hay una leve fragancia en el aire, pero en el piso es aún mayor. Duda, y eso le molesta y atormenta, porque sabe, que por razones que no entiende, el hermoso y adorable rubio pecoso estaba intentando alejarse. Casi ruge frustrado entrando al piso, siguiendo su esencia. ¿Por qué lo hacía cuando ya podían estar en la base, en su cuarto, sentados ambos en su cama, costado contra costado, manos atadas, contándose sus vidas? Un pensamiento le estremece, lo increíblemente sexy que debía ser mirarse a sí mismo en las pupilas del rubio. La necesidad de alcanzarle, de verle y olerle en persona era tan grande que le cuesta controlarse. Cruza frente a las puertas, de una en especial, se detiene al dar dos pasos más allá y regresa. Traga en seco y llama, con el puño, con fuerza. Nada. Llama otra vez.

   -¡Jensen, abre! –suplica y ordena, con el corazón cabalgándole en el pecho por culpa de una sospecha.- ¡Jensen!

   Al rugido sigue la patada que prácticamente desprende la puerta de la cerradura y bisagras, arrojándola dentro. Penetra y lo primero que percibe es el olor, todo allí gritaba Jensen, cosa que le marea por un segundo. Luego se congela y oprímelos labios en un puchero. No estaba allí. El otro se había ido. Una tonada le indica que tiene una llamada y un mensaje.

   -¿Si, Sandy? –mira el mensaje mientras habla, pelando los ojos, era una ficha de trabajo de Jensen, y ver su hermoso rostro, aún en la mezquina fotografía, le emociona.

   -¿Ya estás en su pieza, verdad? Esto es lo que tengo hasta ahora, le estamos ubicando satelitalmente, bloqueamos su señal, no vayas a llamarle para que no… -la corta y llama, las torres militares eran más poderosas. Sabe que ella, esté donde está, está maldiciéndole, pero no importa. Oye los timbrazos.

   -¿Si? –es la cautelosa respuesta, y todo él se eriza y llena de calor. Dios, tiene que encontrarle y tocarle, o enloquecerá, se dice. Va a contestar, pero el otro le interrumpe.- Eres tú, ¿verdad, maldito fenómeno de circo? ¡Déjame en paz! –la amargura y el resentimiento del rubio le golpean dejándole sin aliento.

CONTINÚA … 6

Julio César (no es mía).

PRIMERA SANGRE… ALGO FLOJITA; 09×12

febrero 3, 2017

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   La separación fue tan larga…

   Ni les cuento las ganas que tenía que regresara el programa, y lo había olvidado hasta el día miércoles. Sabiendo que Lucifer volvía a la jaula, la pregunta quedaba, ¿y ahora qué? ¿Qué sería de Crowley y la relación de los otros para con este? Los hermanos habían sido encarcelados, y comenzando el episodio, en ese lugar apartado, por un momento me pregunté si esto no estaría convirtiéndose en la serie Buffy, en esa temporada donde aparece un grupo gubernamental que sabe de los monstruos y quieren usarla de guerrera. Afortunadamente no fue el caso. La intro nos decía que regresaban Mary, la gente de Asa Fox, y la imperturbable Billie, con sus eternos brazos cruzados; pero la verdad no tenía ninguna perspectiva, ¿encarcelarían a los Winchester en algún lugar como Guantánamo y deberían luchar contra guardias y reclusos? Sonaba atractivo. Pero no, nada que ver.

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   De entrada me dejó curioso el nombre de este noveno episodio, Primera Sangre. Me sonaba pero no podía ubicarlo, no hasta la fuga cuando son perseguidos y estos ofrecen luchar; era el nombre de aquel libro coleccionable que compré de muchacho, de novelas negras, “Primera Sangre”, el relato de dónde sale la película “Rambo”. Que la primera fue muy buena (las otras un desastre; aunque la última, Regreso al Infierno, tenía sus momentos), y esta quedaba muy por debajo del texto. Fue una gran lectura la de aquel antihéroe, el hombre que peleó en una guerra impopular y regresa para encontrar desprecio, persecución y odio. Un hombre, solo, contra el sistema.

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   No fue este, un episodio de monstruos, los hermanos peleaban contra humanos, que en otras ocasiones habían demostrado ser más peligrosos, y dementemente malvados, que lo sobrenatural; pero fue bueno, bastante bueno, dentro de sus límites.

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   Hay tres cuestiones, Mary anda cazando por su cuenta, no pudiendo mantenerse al margen, y Castiel la llama para contarle que perdió a los hermanos, enfrentando su enojo. Cosa absurda, el plan era de los hermanos, pocas veces se le ocurren al ángel, pero siendo el último hombre de píe, llevó. Fue bueno que le recordara que también ella les había abandonado. No fue de lo mejor, hablaron mucho, pero pasaba ahí, ahí. Notable es que el ángel se sintiera por debajo de los cazadores en competencia.

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   Mejor estuvo cuando busca a Crowley por ayuda, y este vuelve a ser ambiguo y despreocupado, emitiendo sus dos juicios geniales: es un villano y también les quería muerto, en su momento; y esos dos siempre reaparecen. ¡Compararles con el herpes fue tan gracioso!, como la cara de Castiel, al escucharlo. Como no les ayudará, lo habla con Mary, y buscan a los Hombres de Letras ingleses, en un momento cuando Dean logra comunicarse con él, dándole cierta ubicación.

   El representante de los Hombres de Letras ingleses, Mick Davies, parecía un vendedor de pócimas, un charlatán cualquiera con una propuesta casi de demonio de cruces de caminos, ofreciendo villas y castillas a quienes se asociaran con ellos. Me hizo reír ver cómo fracasaba con los cazadores, hasta que Castiel le llama por ayuda y ve su oportunidad. Fue notable cuando Castiel se opone luego a la idea, y comentan que con Crowley y Rowena habían capturado a Lucifer. Fue gracioso ver a los Hombres de Letras ingleses sorprenderse por la noticia. Ayudarán porque “quieren ser amigos”.

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   Sam y Dean, presos, son aislados, condenados a la soledad, para siempre, y la cosa como que les pegó bastante, porque aparecen muertos, inexplicablemente, y son llevados a una morgue. Donde, sabíamos, escaparían. Mi amiga Alicia me comentó que era lindo que preferían morir a vivir separados (es una seguidora del Wincests). Por supuesto que pensé en Billie, por la intro, y que ella les levantaría de entre los muertos. ¿Les necesitaba la mujer?, ¿algo peor venía por la carretera, obligándola a ello? No, lástima; pero eso se sabe después.

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   Al verles escapar, mirando el bosque, fue cuando caí, hice la relación con la situación, el nombre del libro con esa persecución, los perseguidores que se enfrentarían a ellos. Pero esto quedó muy por debajo; en el libro, y la película, la persecución con perros y trampas fue mucho mejor. Claro, siendo los buenos, no enloquecidos como estaba Rambo, no fueron particularmente desagradables con los vigilantes, ni hubo perros a los cuales herir. Los tiempos son otros, con aquello de la crueldad hacia los animales en el cine y la televisión, especialmente de mano de los buenos. Y que los hermanos son incapaces de dispararle a un venado, como señalara Bobby, hace tempo.

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   Derrotan a los otros, aclarándoles que si van por ellos, le irá peor. Sam les aclara, le crean o no, que el presidente al que supuestamente atacaron estaba poseído por el Diablo, y le salvaron. Se iban dejando esa información atrás. No debió extrañar lo que luego ocurriría…

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   Terminan reuniéndose todos, los cazadores con Castiel y Mary (con abrazos incluidos, se nota que el pobre ángel los necesita ahora); los Hombres de letras ingleses están allí y la desconfianza era palpable, aunque ahora les debían una. Es cuando Billie reaparece y la cosa se revela terrible, los hermanos, convencidos de que nunca saldrían, idearon aquello, con la parca, uno escaparía y el otro se iría con ella. Y Billie quiere a un Winchester, y ahora le cumplen o cosas malas pueden pasar. No me extrañó que Mary tomara la decisión de partir, aunque me parecía como duro, justo ahora que había aceptado que quería cazar, posiblemente con sus hijos.

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   Es cuando Castiel mata a Billie, un personaje atractivo pero prácticamente desperdiciado. Fue muy lineal en su postura, no evolucionó, no fue amiga, pero tampoco enemiga, era desabrida, y ahora desaparecía. La explicación de Castiel, después de llamar estúpido el arreglo que habían hecho, demuestra cuánto necesitaba hacer algo para justificar su existencia. Por un segundo pensé que dejaría el programa o algo así. Me pregunto, ¿qué consecuencias traerá esto? Ya Dean acabó con Muerte, el Jinete, ahora Castiel con Billie. Las parcas no deben andar contentos. Y esto me irrita un tanto. No fue el final de la décima temporada uno de mis preferidos, emocionalmente quiero decir, porque la Oscuridad llegando estuvo genial, sino porque los hermanos no fueron los héroes, mezquinamente desataron un mal mayor sobre el mundo para beneficiarse ellos, y los héroes nunca hacen eso. Dean buscó a Muerte, por ayuda, y luego le mata. Igual ocurre con Billie, ahora; la necesitaron, pactaron algo, y Castiel la liquida. No hay honor, y los héroes no pueden carecer de esto, por muy antihéroe que se parezca.

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   Ahora hablemos del sicópata de los hombres de letras, el señor Ketch, que no actúa sin permiso del otro; va y acaba con todos los que supieron de la participación de los Winchester en el asunto del presidente. Molesta que sea tan implacable, que toda esa gente, aún el médico, fueran asesinados. Pero esto ya lo hemos comentado, era inevitable. Como cuando los leviatanes mataron a aquel comisario y a su hija médico, al ser aniquilados los falsos Sam y Dean, o el cura que entendió que había comenzando el Apocalipsis y había visto a Guerra, el Jinete; el mundo oficial, otros comisarios, o el Vaticano, y ahora el gobierno norteamericano no podían saber que estas cosas ocurren y que los hermanos son héroes. Los Winchester están condenados a luchar solos, relativamente, siendo menospreciados y perseguidos. Aunque me habría gustado ver la cara del más joven de los perseguidores, antes de que le mataran. Pero estos Hombres de Letras ingleses se las traen…

   El sicópata es de cuidado, y será interesante ver cuando llegue el momento del enfrentamiento con los Winchester, que esperemos no lo resuelvan en los cinco minutos finales de un episodio. El otro, Mick, es más llamativo, es un intelectual sangrino que casi cae bien, recordando un poco al inglés que aparece en la serie Ángel a la ida de Gale. Este, si el programa sigue con su costumbre de tomar a tipos que se ven bien, interactuando casi en plan de enamorados de uno de los Winchester (generalmente de Dean), puede quedar fijo, o por un tiempo. Ya que podría ser casi otro Bobby, en cuanto todo lo que sabe. No se ve claramente su futuro, todavía. Pero, en líneas generales, no han resultado satisfactorios, a finales de la temporada pasada, con la mujer, Toni, despidiéndose de su hijo y partiendo en busca de los hermanos, casi imaginé a una cazadora fuerte que peleaba al lado de estos, hombro con hombro, apareciendo eventualmente el hijo e interactuando casi como una familia con uno de los Winchester (de Dean, si, lo sé, sueno maniático; aunque, repito algo de la pasada temporada, sólo la hermana de Dios era medio merecedora de él). Pero nada de eso ha pasado, y después de los dos primeros episodios de esta temporada uno todavía le tiene rabia a la catira. ¿Que irá a pasar con esta gente?

   Y por allí anda la madre del hijo de Lucifer, cargando a este en su vientre, ¿qué pasará con eso? En fin, me gustó el episodio en líneas generales, pero… Primera sangre. No sé, quedaron por debajo de la puesta en escena de la persecución dentro del bosque, con las trampas de Rambo, en el libro y la película. La serie debería esforzarse un poco más. Menos escenas de Mary hablando con Castiel, y más acción, carajo.

LOS PESARES SOBRENATURALES DE LILY; 10×12

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 4

enero 30, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 3

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   -¡No! No soy un fenómeno de feria. –jadea, tragando en seco cuando ella saca de uno de los bolsillos de su traje una pequeña lente que dirige a su rostro, y nota sus ojos barridos por un pequeño laser rojo. Tan pendiente de eso está que no repara en la aflicción momentánea en la cara del castaño ante la palabra fenómeno. Era aquel aparatico un verificador. En cuanto un humano mejorado demostraba habilidades, era reportado, numerado. Su iris era etiquetado. No hacerlo era un delito grave, y peligroso. Y él no estaba registrado.

   -Claro que eres un mejorado. –jadea Jared, perdonando a su Jensen, por la fea palabra.- Sabes mi nombre. –la sonrisa regresa y casi le parte la cara en dos.

   -Aléjense de mí, maldita sea. –brama el rubio, asustado, ¡iban a descubrirle y detenerle! Intenta retroceder pero Jared da un paso al frente, atrapándole los brazos con sus manos grandes de dedos largos. Con posesividad, calor y… casi ternura.

   -Oh, vamos, Jensen, nacimos para este momento. Eres para mí. –exclama todo sonrisas, y dicha, casi parpadeando por la oleadas de emociones poderosas que lo recorren con sólo aferrarle así, e imagina hacerlo sin todas esas ropas puestas, sus manos sobre la cálida piel, recorriendo con la punta de sus dedos desde los bíceps del rubio, subiendo, acariciando, erizándole, tomándole los pecosos hombros, porque debían ser pecosos, acariciándole las clavículas con los pulgares. La idea casi le hace jadear, el cerebro ocupado con escenas locas donde corre por una playa, dentro del agua, de la mano del rubio; o que, desnudos, besa esos hombros, que muerde una clavícula y es recompensado por un gemido del otro.

   -¡Suéltame! –grazna un Jensen casi asustado. Debatiéndose, Jared no lo hace.

   -¿No lo sientes en verdad?, ¿esto que nos une? –insiste, mirándole con adoración y necesidad, pero también posesivamente. Por Dios, ¿qué le pasaba? Debía notar que ese hilo existía y los enlazaba. De alguna manera sabe que era necesario que el pecoso lo comprendiera y aceptara.

   -Jared… -interviene, ceñuda, Sandy, mirando el pequeño lector que hace un cruce mundial de nombres, con registros, pero comprendiendo un poquito más que su alto compañero. Si, Jensen era un humano nuevo, lo sabe por la intensidad de la reacción de su compañero, porque el rubio pudo haber adivinar su nombre (¿una habilidad síquica?), y no era que pudiera haberlo escucharlo de pasada, no cuando no se decía desde antes que doblara esa esquina. Pero su reticencia… La joven sospecha algo que podría ser un problema.

   -Es él, Sandy. Lo que salí a buscar de la base, eso que me empujaba a dejar las instalaciones –la mira, hablando con confianza, los dedos cerrados sobre Jensen, a quien mira ahora.- Eras a quien buscaba. Tú me llamabas.

   -No, no; te lo repito, no soy uno de los fenómenos con los que tratas. –Jensen enrojece de furor, y alarma, intentando soltarse del agarre de Jared, pero parecían faltarle las fuerzas al notar la mirada dolida del otro.

   -No somos fenómenos, Jensen, somos seres humanos mejorados. Nuestras destrezas…

   -¡No soy como tú! Soy normal.

   -Eres…

   -¿Eres un beta? –la pregunta sale disparada de la boca de Sandy, todavía mirando el lector, congelando de pánico al rubio, cuyo corazón late con fuerza.- Si es así, debes venir con nosotros; es obvio que no tienes ningún tipo de enlace con otra persona o Jared lo notaría. Estás obligado por ley a obedecer.

   Es tanto el temor que eso infunde al rubio, que Jared lo percibe, tensándose, molesto con su amiga por afectarle así, comprendiendo la profundidad del lazo que estaba por establecerse: por Jensen haría cualquier cosa. También comprende el prejuicio, muchas voces se habían alzado, en el pasado, y aún ahora, en baja voz (era penado por el estado), en contra del sistema de castas, alfas y betas, considerándose una categorización animal, donde un beta era prácticamente un invitado forzado a la mesa del sistema, el cual quedaba encadenado a un alfa si este le requería. Cosa que nunca entendió del todo, hasta ahora. Si, Jensen era un beta, lo supo en canto le olió, le vio y ahora tocándole. Era su beta, lo que hasta hace unos minutos faltaba en su vida, pero no dejaría que eso le estigmatizara. Ni asustara.

   -¡No soy un animal de granja!, ni iré a ninguna parte con ustedes. –ladra Jensen, voz cundida de pánico y furor, comprobándole a Jared el alcance de su prejuicio.- Soy un individuo libre, no le pertenezco al estado, a los militares ni a ti. –casi le escupe en la cara, haciéndole parpadea dolido.

   -Por favor, cálmate, no lo tomes así, esto… -el castaño se confunde, afligido por la reticencia del otro, ¿cómo era posible que no percibiera la maravilla del encuentro? Tal vez necesitaba tiempo para asimilarlo, se lo daría y terminaría reconociéndolo. Juntos superarían esto, acoplados, se dice con confianza, soltándole un hombro y enmarcándole una mejilla, la cual se tiñe aún más de rojo, reacción que le hace arder por dentro. Tan es así que ya no piensa, echa el rostro hacia adelante y le cubre los labios con los suyos cuando el impactado rubio se disponía a quejarse de sus manos. El beso le silencia y todo pierde sentido para el castaño, ¡eran labios tan suaves! ¿Y lo imagina acaso?, se pregunta cerrando los ojos; ¿la piel del rubio bajo sus manos arde todavía más?, ¿este se echa hacia adelante?, ¿sus labios se separan un poco para recibirle?, no está seguro, pero sabe que si muriera en ese momento, lo haría como un hombre feliz. Separa sus labios con una sonrisa, ha sido una caricia de segundos.- Ven conmigo. Sabes que es lo correcto.

   -¡Maldito hijo de puta! –es la respuesta que le estalla en la cara, llegándole con el aliento agitado del rubio, el cual responde con fuerza.

   Por un segundo Jensen se había quedado congelado, de sorpresa y pavor, ser detenido era una realidad que se cernía por segundos, aquella soldado no parecía de las fáciles de convencer. Debía escapar y hacerlo ya. Sumándose eso a la ira que siente por las palabras del castaño, por el beso, le alcanza en el mentón con su puño izquierdo, sorprendiéndole, empujándole hacia la mujer, ambos trastabillando, aunque ella intenta atraparle con una mano como zarpa. Y, retrocediendo en su camino, corre como diablo ante la cruz…

   -Ahhh… -Jared, desconcertado por el golpe cuando todavía saboreaba la miel del beso, la dicha del futuro juntos, ese mundo rosa donde todo eran besos en la base, se paraliza. Era un soldado, pero el otro era también un humano nuevo, no era un simple chico pecoso y lindo.- ¡Jensen!

   A pesar del puñetazo, del rechazo, del evidente disgusto del otro, al castaño el corazón se le cae a los pies mientras le ve alejarse a la carrera, con bastante prisa, por cierto, doblando la esquina y desapareciendo de su vista. Gritando su nombre como un desesperado, le sigue, sin escuchar a Sandy, que le llama. Tan sólo sabe que tiene que correr, buscarle, encontrarle, detenerle… y hacerle entender que tienen que estar juntos. Dobla y en la estrecha calle en la que cae, corta, no hay rastros del rubio, y esa realidad le hace gritar entre dientes. ¿Por qué corres, Jensen?, ¿por qué te alejas de mí, bonito? Es lo único que se repite en su cabeza, angustiado. Respira hondo y cierra los ojos, olfateando, percibiendo el olor a caramelos, echando a correr otra vez, dobla en una entrada a media calle, enfilando los ojos hacia la salida de unas residencias pequeñas y oscuras, a cuyas puertas un hombre pelirrojo, mayor, despliega un puesto de comida ambulante.

   Jensen había tomado por ahí, se dice, corriendo sin detenerse. Y le encontraría.

……

   Sandy, después de llamarle infructuosamente, se detuvo al doblar la esquina y no verle. Lleva una mano a su oído derecho y presiona el comunicador.

   -¿Control?, McCoy; encontramos a un mejorado no registrado, Jensen Ackles. -alza el gafete que le quitara.- Es un conserje en la primaria Palin. Hay que encontrarlo y detenerlo, es un infractor. Quiero su dirección. Comiencen a buscar a su familia y llévenselos a todos. –ordena tajante.

CONTINÚA … 5

Julio César (no es mía).

SÉ MI AMIGO, JEN… 15

enero 27, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 14

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Aún ahora, como entonces, no entendía qué de particular tenía el chico con la cara llena de pecas, ojos verdes grandes, largas pestañas, cabello amarillento castaño, labios rojizos, carnosos y llenos, que trabajaba en lo que fuera, aparentemente, desde la cantina al multígrafo, al tiempo que “ayudaba” con las tareas que tenían algo que ver con ecuaciones y números, a quienes lo necesitaban y se mostraban generosos con una que otra moneda. Fue así como se conocieron, cuando necesitaba de esa “ayuda” con una asignatura. Algo en el chico, en su voz, su mirada, ese aire levemente servil que mostraba cuando a las claras se veía que parecía pensar que su interlocutor era un culo, le desconcertó. Le costó clasificarle, intuir qué clase de sujeto era. Y le costó dejar de mirarle los ojos y la boca. Pero no fue el único afectado (¿a qué jugaba con Jensen?, y este con él); algo en su persona hizo fruncir el ceño del rubio cuando le llamó y este se volvió, al mirarle, alzando esos ojos brillantes como los de un gato.

   Era en ese entonces (como ahora, reconoce sobre su cama), un tanto vanidoso, y no se le escapó que el otro chico le miró de pies a cabeza mientras enrojecía de mejillas. En aquel entonces parecía aún más alto, por lo delgado, con todo ese cabello cayéndole sobre los ojos, y su atractiva e inocente sonrisa de niño bueno cuando mostraba los hoyuelos. En los ojos del otro vio curiosidad, interés… ¿fascinación?

   Si, no fue totalmente su culpa que esa noche, echado en su cama, después de negarse a salir con Chad y Mike, con la verga increíblemente dura y urgida de ser tocada, se la cascara pensando en el rubio. Fue algo que llegó por sí mismo. Se imaginaba en ese mismo cuarto de la fraternidad, echado sobre su cama, las manos bajo la nuca, totalmente desnudo, con el chico ojisverdes mirándole con deseo, de rodillas, esa mano grande y fuerte con la cual le había saludado en la tarde, atrapándole el tolete, apretando, subiendo y bajando lentamente el puño, con las mejillas más roja, la respiración pesada, bañándole la verga cuando el aire escapaba por su nariz, de lo cerca que estaba. Deseando que lo tomara y se frotara el pecoso rostro con ella, sentir el roce de las pieles, mirar esos labios fruncirse y frotarle, mojarle con sus líquidos pre seminales…

   -Trágatela, Ackles, sabes que la quieres… -le dijo en su imaginación, repitiendo la frase sobre su cama mientras se la cascaba.

   Y Jensen…

   Aspirando profundamente, ojos cerrados, casi se siente culpable. Casi, ya que no del todo. Ahora está en su oficina, el cabello cuidadosamente peinado hacia atrás, llevando uno de sus mejores trajes, la silla lateralizada al escritorio, su frente relajada, piernas abiertas, el rubio arrodillado entre ellas, sobre la gruesa alfombra, subiendo y bajando esa boca que llamaba tanto la atención sobre su verga erecta, totalmente endurecida, rojiza de sangre, brillando de saliva cuando esos labios gorditos suben sobre ella, sorbiendo, mientras la pálida mano, un poco más abajo, le masturba. Y jadea, porque Jensen le estaba chupando la verga en su oficina, y era tan caliente, y… Era Jensen, tan guapo, tan ronroneante, como un gatito que se dispusiera a paladear un platillo de leche. Y sonríe, echando la cabeza hacia atrás en su silla ante la idea, si, iba a darle toda la leche caliente que el rubio quisiera o pudiera tomar. Dios, y cómo lamía Jensen, sabía usar esa lengua no sólo para discutir o ser sarcástico… Con la mano atrapa más fuerte, subiendo y bajando, al tiempo que el aliento le baña dentro de la bragueta cuando los rojizos y húmedos labios van y vienen, apretando, subiendo por su glande, demorándose en él, bordeándolo, succionando casi del ojete.

   -Ahhh… -escapa ruidosamente de su boca, aunque sabe que más allá de su oficina puede haber gente escuchando o mirando, cuando la boca del rubio se retira, pero no le deja tiempo de sufrir la perdida; no, Jensen, hambriento, le recorre la cabecita con la lengua, deteniéndose en su frenillo, apretando, halando, lengüeteando, y tan sólo puede tensarse y estremecerse en esa silla, indefenso ante las atenciones del pecoso, pensando por un segundo que bastante vergas debió haber chupado antes el otro, para hacerlo tan bien. Pero, cosa curiosa, aún en su propia fantasía, oscura y sucia, no le gustó la idea. No Jensen haciendo eso con otro. U otros.

   Y esa boca cubre nuevamente su glande, iniciando una nueva tragada, lentamente, centímetro a centímetro, del venoso y enrojecido tronco, que es aprisionado entre las ahuecadas mejillas pecosas y esa lengua caliente que le rozaba. Bajando, bajando, sin dejar de chupar ni por un segundo, buscando su esperma. Jensen la quería, deseaba tomársela. La suya. Y eso le hace lanzar otro gemido largo… Momento cuando se corre sobre su cama, casi saltando de ella, con la verga fuera del bóxer, temblando, estremeciéndose con el orgasmo, bañándose a sí mismo de semen. Casi ríe, sorprendido. Ni siquiera se había dado cuenta de que se hacía la paja. Jadea, ahora si cansinamente, pensando que debía levantarse y limpiarse un poco. Pero el día fue tenso, desagradable, largo, la noche intensa, la deliciosa cena con Jensen… el beso. Esa paja y el agradable sopor que le envuelve lo deciden todo. Cubre su verga, mojando más el bóxer, disponiéndose a dormir. Casi riendo, mortificado. Dios, no era un adolecente. Debía… Cierra los ojos, alegremente exasperado, tragando en seco. Lamentando no haberse corrido en la boca del rubio. En su fantasía. Ese rostro pecoso bañado de esperma… Es lo último que piensa, sintiéndose ligeramente culpable de hacer al otro la víctima de sus fantasías de sueños frustrados.

……

   No quiere despertar, joder. Por alguna razón, él, que saltaba de la cama con la primera claridad, para trotar un rato, a excepción de cuando amanecía acompañado, y a veces hasta así, hoy no quiere abrir los ojos y despertar del todo. El cabello le cubre los ojos, y volviéndose de lado, atrapa una de las almohadas y la abraza, ocultando el rostro en la funda que huele bien, no a perfume, únicamente jabón, secador y algo de suavizante. Toma una profunda bocanada y se estremece sintiéndose ligeramente idiota, porque recuerda ese olorcillo a Jensen. Pero, otra profunda inspiración, le llena de culpa, a él que nunca sentía muchas. Genevieve había compartido la cama la noche anterior. Algo de ella aún quedaba, aunque muy tenuemente. Y eso que la ropa de cama era cambiaba cada día.

   Botando aire, rueda sobre su espalda, mirando el techo. ¿Acaso sería prudente poner distancia del rubio? Parpadea; lo mal que la sola idea se sentía, le desconcierta. Pero su instinto no le está diciendo que sería prudente, se lo gritaba. Y con señas de manos.

……

   La mente era una cosa extraña, se dice un semi ruborizado Jensen Ackles mientras atraviesa a marcha rápida el pasillo que dista de su oficina, o el hueco en la pared donde Jared parece castigar a quienes trabajan como su segundo asistente, y el despacho de este. Quería llegar, dejar lo que llevaba y desaparecer antes de que cierto castaño alto se materializara. Era tempranero, lástima que el otro no era de los multimillonarios perezosos que se solazaran en sus camas por las mañanas. Y traga, alejando sus pensamientos de la cama de Jared, especialmente con este en ella. No entiende qué le pasa. Había dormido bien, sorpresivamente bien, pero al despertar, el recuerdo de lo vivido la noche anterior le alcanzó. Y alarmó. No era tonto, lo que había agradecido la noche anterior como su buena suerte para escapar del impase del beso que le diera al otro, no le parecía tal. Jared, tal vez, lo había hecho para no causar revuelo en ese momento; pero ahora…

   Si, debía entrar y salir. Mantenerse bien lejos del castaño. Toma aire con fuerza, maldita sea, pensó que la curiosa y lejana fascinación que el otro le había producido en el pasado, cuando eran muchachos, ya había pasado. Aparentemente, no. Bien, ya ocurriría. Ahora era su jefe. Un hombre comprometido en matrimonio. Parpadea, era extraño el malestar que la idea causaba.

……

    Alexis Bledel, perfecta, elegante y hermosa, comienza a llenar su despacho de vida, aunque no parece contenta. Su despertador no funcionó y salió algo tarde, por lo que no puso aplicarse su masaje facial, y olvidó su desayuno sobre la mesa. Salir unos minutos tardes le obligó a viajar con un grupo curioso, y nada grato, de gente en el acostumbrado vagón del subterráneo. Y sabe que Jared no estaría de muy buen humor, no si tenía que llegarse a casa de sus padres para hablar de la negociación con los Cortese. Sumándose a su temperamento del día anterior, imagina que llegará tenso, listo a estallar a la menor provocación. ¿Cómo era posible que un hombre tan juguetón, amable y agradable en un momento pudiera ser tan rudo e irritable al siguiente? Sonríe con una mueca, bien, eso era parte de su encanto. Generalmente recibía la parte grata, pero cuando se alteraba…

   Sentada a su escritorio, sonríe con cierta exasperación, el segundo asistente se acercaba a paso vivo, Jensen, recordándole vagamente el afanado caminar de James Franco, cuando también se veía en apuros con Jared. Las mejillas rojas del rubio le indican que no se siente cómodo.

   -Buenos días. -dice este, abriendo la puerta, sonriéndole y tendiéndole un café. Eso la sorprende y alza una ceja.

   -Buenos días, ¿es para mí?, que lindo. –lo acepta, sonriendo menos tensa, pero más desconfiada.

   -Si, eh… -le ve enrojecer más, lanzando una mirada a la otra oficina.- ¿No ha llegado Jared?

   -Aún no. Tiene una mañana ocupada fuera de aquí… -le ve relajarse un poco.- Pero antes necesita recoger unos documentos. –casi sonríe al verle tensar los hombros otra vez, alerta; saboreando aquel capuchino (¿cómo sabría que le encantaba?, le estudia no por primera vez: un tipo guapo y listo. Lástima que ese traje barato y feo no le hiciera justicia.

   -Dios… -se le escapa a Jensen, mejillas algo pálidas.

   -Hey, Jensen, tal vez tú y yo no hemos comenzado con buen pie, no es por nada, ¿okay? –no era culpa del rubio que Jared no soportara al otro asistente, o que impusiera al pecoso.- Pero no te preocupes tanto, Jared puede ser difícil, pero no le duran los disgustos para siempre. –le consuela, aunque sabe que si pueden durarle, aunque no era de suponer que el castaño estuviera cambiando de asistente cada dos días. Por lo visto ayer, seguramente Jared continuaría siendo desagradable, pero se le pasaría. Eventualmente. Está segura.

   -Lo imagino. Mira, él querría ver esto, es un trabajo referente a algo de su hermana, la dichosa reunión con amigos para su cumpleaños, pero no me animo a llamarla directamente, ¿puedes entregárselo y que él se lo haga llegar? –le tiende una carpeta.

   -¿Por qué no le esperas? Debe estar por llegar.

   -No, yo… -enrojece más. El maldito beso.- Debo apresurarme con otro asunto. Debo buscarle un reloj que dejó, para su limpieza, en… -se interrumpe y casi grita cuando una mano grande cae en su baja espalda, sobre el saco, sorprendiéndole tanto como a Alexis, quien no vio llegar a nadie, mirando al pecoso, como estaba.

   -¿Qué?, ¿piensas que puedes evitarme todo el día, rubio tonto? Oh, no, no tienes tanta suerte; debemos hablar de lo que pasó anoche. –Jared está a su lado, todo sonrisas, la picardía, travesura y maldad brillando en sus ojos multicolores. Disfrutando del enrojecimiento de Jensen, de su boca entre abierta de donde no sale una palabra cuando le mira. No puede resistirse.- ¿Quieres que te cuente qué soñé anoche? Estabas ahí. –y hay insinuación en el tono.

   Tan ocupado está en disfrutar del desconcierto del pecoso, que no repara en la mirada sorprendida de Alexis, quien mira de uno al otro.

CONTINÚA … 16

Julio César.