Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 2

enero 21, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   -Hey, Jensen, muchacho… -la voz le sobresalta y mira a Jim Beaver, el rollizo vendedor de cafés y perros calientes, que ya está instalándose a la salida de las residencias.- Hijo, debes llevar algo de sol. Te ves fatal. –se oye preocupado. El rubio sonríe levemente, algo que no llega a sus ojos.

   -Gracias, Jim, en cuanto sea rico me retiraré a Hawaii. –es la respuesta mecánica, la de todos los días, mientras sigue su camino.

   Aunque siente cierto calor por la preocupación del otro hombre. Llevaba tiempo alejado de todo el mundo. Sabe que se ve desaliñado, el cabello algo largo, su rostro cubierto por una pelambre rojiza. La palidez de su piel, que acentúa las pecas, también lo hace con las bolsas bajo sus ojos; aunque dormía bastante, mucho (el mundo de los sueños, la no conciencia, era un escape grato). Sus ropas se ven ajadas y holgadas en su cuerpo. Es perfectamente consciente de que no se ve bien, en el colegio se lo habían señalado, con cierta precaución para no ofender, pero allí estaba. Sus hombros caídos, parecen pesarle más mientras eleva la verdosa mirada, hacia ese cielo azul claro, casi cruel. O tal vez era hermoso, pero a él no se lo parecía. Sabe que no es cierto, o eso espera, pero le parece que la gente con quien se cruza, le mira, intrigada, o levemente preocupada. ¿Temerían les atacara? Las miradas ajenas… Se sube la capucha del suéter y baja la vista, no concentrándose en nada ni nadie. Llegaría al colegio, haría su trabajo e iría a su cubil. Allí se encerraría y…

   No se da cuenta de que lentamente va deteniéndose. Hasta que finalmente lo hace. Se queda quieto, bajo el sol. Parpadeando. Siente los vellos de su nuca alzados, la piel de sus brazos erizados. Mira al frente, se vuelve. No hay nadie, pero… Traga en seco ante la poderosa sensación que le envuelve. Algo estaba por pasar, se dice, ceñudo e inquieto. El deseo de regresarse es intenso, pero no podía perder su empleo. No otra vez. Tragando nuevamente, mira al frente, tan sólo debía doblar, llegar al boulevard y tomar el tranvía, como todos los días. No era mucho trabajo, ¿verdad? Pero continuar… Se resiste, aunque otra parte de él, curiosa por primera vez en días, le insta a continuar. Mete las manos en los bolsillos del suéter y lo hace.

……

   -Me preocupo por ti. –insiste Sandy, reanudando la marcha al lado del alto joven. Ambos visten los uniformes oscuros, grises y negros, de faena. Se ven esbeltos, saludables, fuertes, poderosos. Hermosos. Ella con su cabello castaño recogido en moño; Jared con el suyo algo largo, el rostro barbudo, pelo algo lustroso y suave que le sienta bien aunque en el cuerpo de elite no estimularan dicha moda.

   -No debes, Sandy. –intenta ser paciente, porque la estima y sabe que su preocupación es sincera.

   -Estás muy solo, ¿por qué no intentas una relación? Con alguien que te guste; chica o… -le aconseja como rogándole, mirándole con afecto.- Te gusta la gente, reír, hablar, divertirte, incluso abrazar. Eres como un enorme cachorro feliz. Y te gusta en sexo, ¿por qué no unes todo eso?

   -La gente me gusta por un rato, en la cama, a menos que sea amistad. Nadie me gusta durante mucho tiempo como para comprometerme. –se oye opaco.

   -¿Ni yo? –le reta ella. Él sonríe tipo mueca.

   -¿Me reclamas cuando fuiste tú quien se decidió por Joe? –la ve rodar los ojos y sonríe un poco más.- No, está bien. Me gusta cómo te ves junto a él, feliz.

   -Eso quiero para ti, algo que te emocione y que no sea únicamente correr con un rile de asalto en las manos hacia el peligro. Algo que te haga desear regresar a la base después de cada misión.

   -Lo sé, pero… Joder, es cierto, son esos momentos los únicos que logran darle sentido a toda esta insatisfacción a veces. –ella rueda los ojos otra vez.

   -Claro, el vacío…

   -Oye, ¿qué quieres que te diga? ¿Qué todo está bien en cuanto a mi ánimo? Bien, puedo hacerlo, si con ello dejamos de hablar de esto y me dejas en paz; hablar de mí es como lijarme un tatuaje. –farfulla, no como un desaire, es un comentario normal entre amigos como ellos.

   -Idiota. –sonríe la mujer, mirando al frente, no notando que es ahora él quien se detiene un paso más atrás. Hasta que repara en ello y le mira.- ¿Ocurre algo?

   Los instintos del guerrero se alertan, algo le grita a Jared que tiene que estar muy pendiente… pero no presiente el menor peligro. Lo sabe, no está seguro cómo, pero así es. Mira hacia adelante, esforzando sus pupilas, de precisión casi de mira telescópica. Nada. Del otro lado de la calle, tampoco. Ni detrás de ellos. Se ve agitado ahora, su pecho sube y baja con esfuerzo.

   -¿Jared?

   La oye, siente el toque de su mano, pero no responde, relegándolo todo, concentrándose, la calle perdiendo consistencia como no sea lo más cercano, la oscuridad rodeando el resto. Y cierra los ojos, alzando el rostro, la perfilada nariz agitándose levemente, aspirando. Se estremece poderosamente, cada parte de él, cada célula de su cuerpo. Era un olor fuerte, claro, grato. A vainilla, a caramelo, ¿acaso naranjas? No lo sabe, pero olfatearlo le provoca tanto escalofríos como ganas de lamer de aquello que semejaba un manjar a sus sentidos.

   -¿Lo sientes? –pregunta con voz ronca, oscura, abriendo los ojos, mirando al frente, sabiendo que se acerca y que por allí aparecería.

   -¿Qué? –ella se extraña más; al verle aspirar otra vez, intenta olfatear por su parte, pero fuera de los olores normales de la calle, nada percibe.

   Si, estaba más cerca, se dice con un loco correr de su corazón, apartándose de ella, dando pasos inseguros al frente, allí donde la calle termina en una esquina. Y le parece que un rayo le fulmina, una descarga eléctrica lo recorre de pies a cabeza. Mira al hombre joven que aparece, cabizbajo, deteniéndose también, y alzando el rostro. Le mira y todo pierde sentido para el comandante de las fuerzas de choque Jared Padalecki. El telón del fondo se disuelve, sus ojos mejorados detallan ese cabello castaño cobrizo que cae desordenadamente en la frente, las cejas claras, las largas, muy largas pestañas, los enormes ojos verdes con iridiscencias de oro, las adorables pecas cubriéndolo todo. Esa boca, esos labios…

   Y mientras traga, sonriendo desconcertado, dos poderosas emociones le envuelven. Quiere llegar al lado de ese hombre joven y abrazarle, acunarle contra su cuerpo hasta que la tensión que doblaba los hombros del rubio despareciera. Quiere acunarle hasta que se relaje y descanse, borrando las huellas de agotamiento, eliminar su palidez, su delgadez. Quiere abrazarle y protegerlo del mundo. Lo otro… No sabe exactamente que es.

   Pero ya no está ahí, se encuentra en una habitación pequeña, con ese joven sobre una cama más estrecha aún, ambos totalmente desnudos, abrazados, los jóvenes cuerpos frotándose uno contra el otro, el calor envolviéndoles, las manos recorriéndose. El rubio de espaldas, él metido entre los brazos y piernas de este, que se cierran en su baja espalda, mientras le penetra con fuertes embestidas, sacando y metiendo su hinchada verga de ese culo sedoso, abriéndolo, llenándolo, sintiéndose atrapado, halado, excitado, mientras hunde su lengua en aquella boca de pecado, tomando su aliento, su saliva, para luego olerle tras una oreja, disfrutando sus maullidos de placer mientras lo encula una y otra vez, contra la cama. Al tiempo que le muerde una oreja y lame su piel, ese chico ronronea algo que le eriza y congela:

   -Te amo, Jared…

CONTINÚA … 3

Julio César (no es mía).

CORRERÍAS EN BOSTON… 24

enero 20, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 23

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   Tan sólo que no le parecía una aventura; mientras hablaba con Leslie, la fría y hermosa Leslie, tan solo podía pensar en el rubio cazador, recodando sus ojos brillantes, sus manos fuertes, rudas, acariciándole, esos labios de pecado tomando los suyos, le lengua entrando y explorando sin vergüenza mientras los sólidos y firmes cuerpos se restregaban uno contra el otro sobre esa cama, necesitados de ello. Su boca, esa lengua recorriéndole el cuello, el torso, mordiendo sus pezones, los dientes marcando sutilmente su piel. Dean reclamándole. En cuanto terminó aquella llamada, citándose con la otra para verse esa tarde, ya Nick estaba duro y extrañando al rubio. Le costó mucho no volver a esa habitación y caer sobre él.

   Se quedó a desayunar, fingiendo no notar las miradas de su abuela, que iban de él a Dean, el cual todo sonreído, y chulo, caminando muy lentamente y envarado (y más después de lo de la noche pasada, pensó Nick con un nudo de excitación en la garganta), se reunió alegremente con ellos en el comedor. Se miraron, el rubio como retándole a ser desagradable como siempre, pero no podía. Tan sólo frunció el ceño al verle tragar a dos carrillos, no comer y saborear, el desayuno. Y sentado a esa mesa, Nick se enfrentó a otro demonio, los celos. Se sabía competitivo, egoísta, lo suyo era suyo, no le gustaba perder. O compartir. En nombre de la civilización lo hacía, a regaña dientes, pero la intensidad del malestar que experimentó ante el coqueteo del personal domestico de su abuela para con el cazador, y las miradas-sonrisas, y comentarios chulos que este les lanzaba, siguiéndolas con los ojos para mirar sus traseros, le sentó como un golpe en el estómago.

   Obviamente si algo ocurría entre el joven gañan y alguna de las no tan jóvenes doncellas, ya había pasado, antes de la noche compartida, pero… Desde ese punto le fue difícil ocultar su ceño, su mal talante al responder cualquier cosa. Algo que hizo sonreír al pecoso, como si estuviera confirmando algo que ya sabía. También pareció divertir a su abuela.

   No le fue fácil abandonar la casona, llegar a la suya, ducharse y cambiarse para volver a la Fiscalía. No, no pensando en el rubio en aquella casa, sin nada mejor que hacer como no fuera holgazanear, rodeado de mujeres de mediana edad, aunque de buen ver, que le miraban con adoración y reían tontamente a su paso. En ese momento, consumido por la tensión, la preocupación, debió saber que más allá de su temperamento posesivo, aquello era inseguridad. Celos. Que Dean Winchester estaba convirtiéndosele en algo más profundo.

……

   Si, a Nicholas Stanton le costó, esa primera mañana, después de la aventura, abandonar la mansión, alejarse de Dean, temiendo lo que este pudiera estar haciendo para divertirse.

   Y algo de cierto había, el rubio cazador había disfrutado su mala cara. Al principio imaginó que se reprochaba, al fin, lo ocurrido entre ambos, luego que intentaba disimular frente a su abuela. Finalmente, notando su ceño cada vez que alguna de las doncellas le atendía con preferencia, entendió, con un sentimiento nuevo, de calor, sorpresa y agrado, que el otro temía dejarle porque le preocupaba lo que hiciera. Estaba celoso, pues. Eso le apreció absurdo, divertido, pero también excitante. De una forma extraña. Todavía no se conocía tan bien como Nicholas Stanton estaba haciéndolo. No sabía, o no quería ver, que le gustaba despertar afectos.

   A Dean Winchester le divertía el sexo, había sido así desde que lo descubriera a solas, masturbándose, hasta que una revelación le golpeó feamente, que con otras personas eran aún mejor. Con lindas chicas de turgentes senos y traseros duros que tocar; ellas tomando su verga, apretándola y exprimiéndosela con sus coños calientes. Más tarde entendió que otros chicos le miraban de manera interesada en la secundaria, ¿por su aire chulo y resuelto?, ¿por su agresividad innata, tan masculina? ¿Por su (y aún él rodaba los ojos) carita bonita? Como fuera, otros chicos respondían a su presencia, y la mano de un muchacho sobre su verga era mejor que cuando él mismo se la tomaba; sus mamadas no desmerecían en nada a las de las chicas, o tal vez en que estos parecían más dispuestos, ardiendo de jóvenes calenturas, de rodillas en el sanitario del colegio. Y, joder, un apretado y sedoso culo, clavándola en el de uno de ellos, era una locura. No se detuvo a pensar en si estaba bien o mal, si era normal o no, no cuando a los quince ya cazaba hombres lobo. Hacía tiempo que sabía que la suya no era una vida de esas, de regresar a estudiar, hacer tareas, cenar con la familia e ir a la cama, con mamá y papá follando en la habitación del fondo; no desde que algo entró en su casa, matando a su madre y lanzándoles a todos a la caza de criaturas horribles. No desde que Sam, su hermanito, había pasado a convertirse originalmente en su protegido, “su niño, para terminar como centro de un sentimiento más inquietante.

   Le gustaba el sexo, el placer físico que brindaba, la gloria del orgasmo, pero también la oportunidad que le ofrecía para conectar con otro ser humano, algo que jamás reconocería, mucho menos admitiría frente a alguien. Pero, en esos momentos, olvidaba lo extraño de su vida, su misión, que Sam se había ido, escapando de lo que le había hecho (culpa), y de su padre, que le dejara porque le parecía menos capacitado que su hermano (inadecuado, una decepción). Como fuera, a Dean le gustaba sentir, aunque no lo considerara así, que existían aquellos a quienes agradaba, lo deseaban… y lo amaban. Sabía, siempre estuvo muy consciente, de que era algo momentáneo, un engaño en sí, entrar en un sanitario de cine después de guiñarle un ojo al chico de las entradas, o las camareras en las fondas de la carretera. Vio en sus ojos deseo y lo aprovechó. Igual ocurrió cuando conoció al abogado idiota, prepotente y engreído que parecía disgustarle y censurar todo sobre él… pero notando que Nicholas no parecía poder dejar de mirarle. En verdad que cayeran la noche anterior en la cama, no le fue tan extraño. Ya había encontrado mujeres fuerte, y tíos decididos, que le discutían y reprobaban, pero que en verdad deseaban tenerle en sus camas. Imaginó que sería otro cuerpo, otro grato y placentero momento de entrega, de evasión emocional, siendo arrojado de aquella casa al otro día, o que al menos despertaría para encontrar que el otro había escapado durante la noche, disgustado con lo hecho; pero Nick había dicho cosas que sacudieron su mundo. Había mostrado una preocupación, un afecto que…

   Todavía estremeciéndose, discutiendo por no dejar, que tenía que marcharse, dejándose convencer por la abuela del hombre le ley, para quedarse y que descansara (¿y acaso había visto brillar algo irónico en sus pupilas?, parecía una anciana muy de estos tiempos, pensó), se quedó para ser mimado por aquellas mujeres que le preparaban todo lo que deseaba, incluyendo hamburguesas a la orilla de una piscina a donde no entró por en vendeja que tuvo que colocarse después de lo de la noche anterior, oculto bajo la delgada franela, pero si mostrando piernas. Sentado allí, ojos cerrados cuando no comía o tomaba algo (no pudo convencerlas de traerle una cerveza, no pasando las fiebres como estaba, bajo medicamento), se contentó con no pensar en nada, no tener apuro, echado sobre aquella tumbona bajo los pálidos aunque gratos rayos del sol, las notas de Metálica dejándose escuchar en su reproductor.

   -Llevas mucho tiempo aquí. –escuchó una divertida voz, y levantando un parpado, sonriendo todo chulo, enfoco a Rose, una de las mucamas ocupadas de las habitaciones (¿qué tanto dinero había que poseer para mantener semejantes ayudas?), aunque en esos momentos cargaba un pequeño platillo cubierto. Era de las jóvenes, fácilmente por debajo de los treinta. Al cazador le divirtió el rubor de sus mejillas mientras le metía ojo pretendiendo que no lo hacía. Bien, era una chica con buen gustó, pensó, y, pícaro, se estiró todo, el esbelto cuerpo mostrándose.

   -El sol me gusta. ¿No te parece que me queda bien el color en la cara? –coqueteó, porque era Dean Winchester. Hubo un leve silencio intencionado de parte de la otra.

   -Tal vez al señor Nicholas no le agrade que… -comenzó, atrevida, desinflándose a medio camino, más por la mirada desafiante del rubio.

   -Tranquila, creo saber que le gusta. –respondió tan pancho, haciéndola sonrojar escandalizadamente divertida. Pero el hombre no se concentraba en eso, casi relamiéndose los labios, sospechando alguna golosina en el platillo.- ¿Es para mí? ¡Dios, me amas! –la mortificó, ella rodó los ojos pero conteniendo una risita, levantando la cubierta, dejándole ver un buen pedazo melcochoso de tarta de chocolate con frutas, casi mordiéndose el labio para no reír abiertamente al ver ese brillo felino en los verdes ojos, el cómo todo Dean respondía al dulce.

   -De parte de la señora Martha… -la cocinera.- Tiene malas intensiones para contigo. –se lo tendió y este tomó el platillo con una sonrisa.

   -Esa mujer cocina tan bien que puede tomarse todas las libertades que quiera conmigo. –respondió alegremente. Con el pequeño tenedor (de plata, por Dios), tomó un trozo, llevándolo lentamente a su boca, donde los labios se abrieron con voluptuosidad, burlándose de la mujer que le miraba como hipnotizada.- Hummm… -dejó escapar un gemido maullido de placer, uno real, pero intencionado. Y Rose enrojeció aún más.- ¿La probaste? –le preguntó, todavía paladeándolo, separando otro trozo y alzando la mano.- ¿Quieres…? –la retó, porque era Dean Winchester, dejándola impactada, como no sabiendo cómo responder.

   -Ella debe volver a su trabajo, el cual descuida aunque se le paga para ello, y no entretenerse con los invitados de la casa. –la fría voz, censuradora, les sobresaltó. La mucama hasta se llevó una mano al pecho. Dean tan sólo alzó una ceja. Allí, de pie, atildado en su costoso y hermoso traje marrón, Nicholas Stanton les miraba. Especialmente a Rose, y no parecía nada contento.

   -Yo… yo… -balbuceó ella. No le gustó para nada la lapidaria mirada que el hombre le lanzaba.

   -No la quemes en la hoguera, abogado; me traía algo que pedí. –intercedió Dean, alzando el platillo y casi bailándolo.- Gracias, Rose. –le dijo con una de sus sonrisas matadoras, avergonzando a la mujer, que temía mirar al nieto de su patrona; sonrisa que a este pareció molestarle más.

   -Bien, ya lo trajo, ¿no? –fue cortante y la mucama casi huyó a la carrera, sintiendo un peso entre sus hombros. No tenía que volverse para saber que el señor continuaba mirándola. Como era en efecto. Nicholas pensó, muy seriamente, en correrla de la propiedad, que buscara empleo en algún prostíbulo barato y…

   -Déjala en paz, sólo me mima como el resto. –Dean cortó sus pensamientos, sonriendo cuando este se volvió y le vio, todo censurador.- Y cambia esa mirada o la gente comenzará a hablar de nosotros, señor Stanton. –se burló, guiñándole un ojo, llevando el trozo de tarta a su boca, cerrando los carnosos labios sobre el tenedor, maullando de gusto, un sonido casi erótico que debía, forzosamente, enviar toques eléctricos a la columna vertebral de cualquiera que le observara y escuchara, retirándolos lentamente del cubierto. Todo ello seguido por la mirada hipnotizada del hombre, a quien todavía le tocó ver esa lengua recorrer lentamente el cubierto, dejándolo brillante.- ¿No quieres? –le reta, sonriendo chulo, tomando otro pedazo con el tenedor lamido, ofreciéndoselo, recorriéndose el labio inferior con la lengua.- Tal vez haya suerte y nadie esté viendo para acá, abogado. –un puchero travieso se pintó en su boca.- ¿O temes a mis gérmenes?

CONTINÚA … 25

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN

enero 14, 2017

DEAN Y CASTIEL… PECADO

   Mejorados. Una mugre de título, lo sé, pero a la autora no se le ocurrió ninguno mejor y a mí tampoco. Presento el trabajo de una querida amiga, con quien trabajé mucho tiempo y sigo en contacto. Fue ella una de quienes me sumergió en el mundo virtual de Brokeback Mountain, yo le presenté la serie Supernatural y terminó más fanática que yo. Hace tiempo quería escribir algo y me pidió presentarlo, para que la ayudara a limar detalles. La historia me gustó porque plantea ese ángulo que tanto me gustan de estas historias; Jared y Jensen se conocen y se aman, claro, pero antes hay toda una serie de dificultades, malos entendidos, discusiones… y odio. La siguiente trama, que no es mía y por eso la presento, no tengo que ocuparme yo de escribirla (no totalmente), se sitúa en un universo alterno al programa y los actores, con personajes extraordinarios en un mundo donde los nazis ganaron la guerra en Europa y a mediados de los setenta, la guerra germano-soviético provocó que el mundo fuera totalmente diferente a lo que ahora es. Suena extraño, pero la amiga logra darle claridad… casi siempre. Habrá escenas subidas de tono, y es allí donde más meto cuchara (a Sonia le gusta lo que escribo, o eso dice, y como siempre es incómodo saber que mis amigas saben de estas páginas, entran y leen). Espero que les guste, a mí me atrapó. Por cierto, ella puso condiciones… ya verán. Y se molestarán (río mientras escribo)

   Les presento a consideración el inicio…

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   Jared Padalecki era un héroe, y no porque formara parte de las tropas especiales, de los altamente preparados, destacándose incluso dentro de grupos que realizaban proezas francamente  sobrehumanas, siendo el primero en correr hacia el peligro con una sonrisa en los labios, el último en retirarse; no retrocediendo jamás si alguien de su grupo, un civil e incluso un rival desarmado, quedaba mal situado en un momento dado. Lo era porque, en cuanto tuvo conciencia de no ser como el resto, lo informó a sus padres, maestros y al Estado. Que terminara en alguna fuerza militar de elite, era lo lógico. Una vez dentro del ejército se sabría si servía para algo más. Aunque una vez allí, pocos deseaban irse o buscar alguna otra especialidad.

   No era extraño que fuera arrojado, o fuerte, la mutación que alteraba la miostatina en su cuerpo, era alta, como en otros “nuevos humanos”; pero aún entre otros de parecida constitución, él representaba un caso especial. Valiente, leal, atento, astuto, de reflejos que iban a la par de sus mejoras físicas, era poseedor de un temperamento ligero, alegre, nada rencoroso. Pero también sabía imponerse, su resistencia bajo presión, aún entre los suyos, era notable. Sumemos a eso que no era un chico egoísta, ni ambicioso más allá de probar todo los nuevos juguetes de primero, escuchar que lo hizo bien y saber que cumplió. No era extraño que a pesar de contar apenas con veintiséis años, ya ocupara un cargo de liderazgo dentro de la patrulla aural. Y, sin embargo…

   Sabe el joven, perfectamente, como el resto del equipo, los coroneles que organizaron la operación y la doctora Douglas (esa inquietante mujer), que buena parte de su proceder de ese día se debía a un exceso, posiblemente peligroso, de su naturaleza genética. Algo en ellos les arrojaba al peligro, a la exposición abierta, a las situaciones extremas; pero correr, solo, dentro de una guarida enemiga, un deposito que ardía por los cuatro costados, en busca de información, disparando contra todo el que intentó matarle, en medio del tiroteo, el acre humo y las explosiones que derribaron pedazos del edificio, era demasiado. Sabía que se arriesgaba casi insensatamente en esos momentos, así como sabía que exponía al equipo. Lo único que en verdad le afectaba. Su vida era suya, el Estado había invertido mucho en él, pero en últimas instancias no era sino otro individuo, uno mejorado, pero tan sólo Jared. Podía disponer de sí. Ahora que arriesgar a Sandy, a Elisha, a Jon, a Chad, a Bo, eso era otra cosa. Y no lo pensó sino hasta después.

   Tal vez por eso, una vez regresados del desierto de Mojave, había sentido esa urgente necesidad de alejarse, de salir de la base. Era algo que le empujaba de manera intensa, ¿apartarse de todos para no explicar su conducta? ¿Buscando paz? No lo sabía. Ni lo logró. Oh, sí, salió, cojeando visiblemente (ya estaría bien al día siguiente), una mano vendada (se regeneraría rápido, para eso estaban los adelantos médicos de guerra), un ojo negro y un corte en un pómulo, pero una Sandy McCoy, que también cojeaba y mostraba magulladuras en su rostro, le seguía y reñía incansablemente.

   -Fuiste un idiota corriendo así hacia el fuego enemigo, ¿es que ya no piensas? –le grita, caminando a su lado, una de las pocas que se atreve, dada la historia entre ambos.

   -Es difícil para un pistolero encarara un sujeto que corre en línea recta disparándole. –le aclara, exasperado, cada vez mas ceñudo e impaciente, aunque no quiere molestarse con ella.

   -¿Y si son dos o tres pistoleros? ¡Cómo lo eran!

   -¿No disparaban ustedes también? Mira, Sandy, entiendo que estén molestos porque el piso cayera bajos sus pies cuando entraron tras de mí, pero no di orden de seguirme. Era búsqueda de información, un hombre bastaba contra esos palurdos que saben de matar gente de rodillas y desarmada, no a un soldado. –se impacienta, deteniéndose cuando nota que la joven lo hizo antes.- ¿Qué? -gruñe, sintiéndose más incómodo por la mirada dolida de la joven.

   -¿Crees que estoy trinando de rabia y casi histérica porque me obligaste a seguirte bajo fuego? –su voz es baja, dura, y el más alto se agita.- ¡Me preocupo por ti, grandísimo idiota! ¡Estás perdiendo el control de tus nervios! –brama, luego calla y toma aire.- ¿Qué te pasa? ¿Estás en un ciclo neural? –a veces les ocurría. Sus cerebros se veían bañados de manera intensa de neuro trasmisores que les hacía irracionalmente imprudentes. O irreflexivos. El otro desvía la mirada, ceñudo, apretando los labios.- Si es eso, si necesitas… -ofrece. Jared sabe qué.

   -No, gracias, no es eso, Sandy; en serio. –se encoge de hombros.- No sé qué tengo, pero me siento frustrado, rabioso… infeliz. –suelta el aire y sus hombros bajan.- Sabes cuánto me gusta esto que hacemos, la misión, los logros. Ustedes. Mi vida. Pero últimamente… no me siento bien conmigo mismo. Quiero gritar, correr… No sé qué quiero, en verdad, pero me hace falta. Mucho. Tanto que… casi duele. -sonríe desviando la mirada, ceñudo, triste, molesto.- Deseo aullarle a la luna. –la desconcierta, y lo entiende, él mismo no entiende qué le ocurre. Se siente vacío, como si la nada le rodeara robándole su propósito; haciéndole cuestionarse todo, ¿para qué despertar, o dejar su cama, o ejercitarse, o estudiar, o comer? O amar. O tener sexo, para ser más exactos. Amor, lo que se llama amor, lo más cercano que ha estado es con Sandy, y no sentía nada al verla con Joe Flanigan. Por eso andaba algo barbudo, el cabello demasiado largo, descuidado. Como su celda en la base. Y, ahora, la estaba preocupando, lo nota en su mirada alterada.- Estoy bien.

   -Cariño, ¿sientes que algo… falla dentro de ti? ¿Tu cerebro?

   -No, y eso es lo peor; siento que, física y mentalmente, todo está bien. Al contrario, parezco más capaz de hacer cosas. Lamentablemente no hay una píldora para esta… sinrazón.

   -¿Depresión? –frunce el ceño. Él ríe, sin humor.

   -¿Depresión? ¿Qué es eso? Sabes que no es natural en nosotros. –responde con cierto orgullo, frunciendo el ceño nuevamente.- Una descripción más exacta sería… Sí, esa, estoy vacío. Sin metas. Rabioso. –oprime los dientes.- No quiero sentirme así, Sandy, pero no puedo evitarlo. Aunque no creo que sea asunto de morir.

   -Espero… -ella le soba un brazo, contacto que sabe ayuda entre ellos.

   -No te preocupes, por favor, estaré bien. Debo estar un una pequeña fase maniaca, a todos nos da. –se encoge de hombros restándole importancia.

   Si, sufrían de esos lapsos de inestabilidad, que en gente como ellos era algo delicado y hasta peligroso. No se sabía exactamente por qué. Pero si sabían, ella y él, que al castaño le ocurría con más frecuencia, y de manera más intensa. En esos momentos parecía indiferente a la idea de morir si podía completar la misión. Más bien parecía, y Sandy se inquieta, que Jared lo buscaba. Lo deseaba. La emoción de desaparecer en una explosión gloriosa. Sentir.

……

   Bien, así como Jared Padalecki era un héroe iracundo e insatisfecho, Jensen Ackles era un infractor, un sujeto al que alguien como el castaño podría llamar un “delincuente”, un “traidor”, y hasta cobarde. Pero nada de eso podría importarle menos al rubio pecoso que ha logrado juntar fuerzas suficientes para salir de su cama, tomar una ducha e intentar desayunar. No pudo, y debió luchar contra unas ganas casi físicas de regresar a su estrecha cama, ladearse en posición fetal, cerrar los ojos y tan sólo dejar que las horas, y posiblemente los días, pasaran. La vida misma. Era, el hombre joven, y un grave infractor deprimido totalmente. Lo sabe, era su fase, una que le llegaba cada vez más seguido. A deferencia del hombre joven al que no conoce, él si sabe qué tiene, aunque está perfectamente consciente de que nada se puede hacer. Sabe que terminará, más tarde o más temprano, encerrado en alguna institución, incapaz de moverse, hablar o reaccionar, atrapado en ese oscuro mundo de autocompasión, de pesar. De saber que nada existe para él.

   Pensarlo le provoca un nudo en el estómago mientras sale a la calle, un paso tremendo dado su estado anímico. Debía llegar al trabajo o perderían la paciencia con él, y necesitaba de esos pocos centavos a la semana para continuar su vida gris y miserable dentro de aquellas cuatro paredes asfixiantes. Ignora, al cerrar la puerta a sus espaldas, que todo lo que había sido su vida hasta ese momento, y que no le gustaba, cambiaría de una forma tan súbita que la odiaría intensa y profundamente… Y al chico castaño y alto al que estaba a punto de conocer.

CONTINÚA … 2

Julio César (no es mía).

NOTA. Por cierto, pienso seguir con Correrías en Boston y Se mi amigo, Jen, hasta terminarlas; lo llevo con retraso porque ando de salidas, de novio, y eso es tan agotador. Hay que dedicarle tanto tiempo y esfuerzo… Ni siquiera estoy muy seguro de cómo ocurrió.

SÉ MI AMIGO, JEN… 14

enero 4, 2017

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 13

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   -¡Jensen! –escucha, sumado al golpe contra la puerta.

   Pero no es ese golpe, o el llamado de su nombre, lo que sobresalta al pecoso, dentro de su apartamento, cuando ya había dado dos pasos alejándose de la entrada rumbo a su cama, que se veía desde allí. ¡Había besado a Jared! En cuanto cerró la puerta, la idea le golpeó espantando el sueño y el sopor de las cervezas y la cena tardía. Oh, mierda, ¿qué hizo?, se recrimina, volviéndose cuando el otro, nuevamente, golpea la puerta, llamándole sin alzar la voz, controlándose. Seguramente no queriendo llamar la atención de los vecinos. El corazón de Jensen palpita con fuerza en su pecho, dolorosamente consciente de que hizo algo inadecuado. Y extraño. ¿Por qué le besó?

   No, no sabe por qué lo hizo. O eso se dice, frunciendo la frente, siendo todo un caos emocional. Uno para el cual no tenía respuesta. Otra llamada a la puerta y se agita. No, no le abrirá.

   -Vamos, sé que estás allí, pecoso, acabo de salir del apartamento, ¡por Dios, abre! –escucha y cierra los ojos. No, Jared no se marcharía.

……

   No, no se marcharía hasta que le viera, con la sonrisa que ahora tenía, y se burlara ruidosamente. Sin embargo, Jared no puede evitar que el corazón y el estómago se le encojan un poco cuando la puerta se abre y un muy rojo Jensen aparece, hombros caídos, mirada velada de vergüenza y mortificación, mordiéndose medio labio inferior (una imagen bastante…). Joder, ya se sentía mal por lo hecho, rápidamente se da cuenta el castaño; si decía algo, incrementaría su malestar, tal vez robándole el sueño, torturándole mentalmente. La sola idea le resulta odiosa. Algo se afloja en su pecho, sintiéndose de pronto protector, acercándosele, ladeando el rostro.

   -Jared… -comienza al pecoso, voz baja, igual que su mirada ahora.- No quería…

   -Hey, amigo, parece que esas cuatro cervecitas te embriagaron, ¿eh? –ríe, como si de una inocentada se hubiera tratado.- No te pongas a manejar utensilios peligroso en estos momentos, no tan perdido como estás. Descansa y haz todo mañana. –la escusa a lo ocurrido esta allí. Se la ofrece. Y no puede evitar sentirse orgulloso de sus reflejos cuando ve al otro alzar la mirada, agradecido, aliviado, levantando también los hombros.

   -Si, esas cervezas… -se aferra a la idea, sonriendo todavía nervioso. Y a Jared le parece sencillamente lindo.- Buenas noches, Jared… -repite después de unos cuantos segundos de miradas atadas.

   Este, sonriendo amistoso, asiente y le da la espalda, notando la puerta cerrándose detrás. Y miren que le costó al más alto no exclamar un: “¿eh, sin besito esta vez?”. No, no le haría eso al rubio, que durmiera y descansara tranquilo. ¡Creyendo que escapó del resbalón! Mañana habría tiempo pare recordárselo y restregárselo por la pecosa y hermosa cara. Eso se dice, con una gran sonrisa… hasta que se congela. Cayendo en cuenta que llevó un dedo a sus labios, recorriéndolos. Recordando la fantasmal caricia… Se siente idiota, sabe que es algo idiota, pero por tres segundos cierra los ojos… Recordando su beso con Jensen.

……

   Apagando las luces que aún funcionan, eludiendo la ducha, y después de tomar un vaso de agua, dejándolo todo exactamente donde cayó, Jensen, sintiéndose muy cansado de repente (ya lo estaba, pero el “susto” con Jared, del cual sale bien libreado, parece haberle agotado aún más), se encamina hacia la cama. Sabe que le costará agarrar el sueño, pero quedarse de pie no le ayudaría tampoco. Se quita la franela y el pantalón, quedándose en bóxer (una concesión a la falta de baño). Separa los gruesos y viejos cobertores y entra, arropándose con dos juegos de esas mantas. Se enrolla casi ocultando el rostro. Hace frío en todo el apartamento, la calefacción funcionaba a media marcha y luego se iba apagando. Como más o menos a esas horas. Por lo menos duró mientras Jared estuvo allí, agradece al cielo, ojos cerrados, encogiéndose más. El agua de la ducha era aún más fría.

   Jared…

   ¿Qué coño le pasó? De hecho, ¿qué le pasaba desde que se reencontraron? No podía negar que había cierta química, una chispa que cruzaba entre ambos que hacía todo fácil, cómodo entre ellos (por lo cual le había dolido tanto la manera en la cual el otro le había tratado). Pero de allí a besarle por descuido… El sólo recuerdo le calienta las mejillas, e intenta entenderlo. Racionalizarlo. Si, era fácil bromear, disputar con agudos comentarios. ¿Coquetear? ¿Era eso? Lanza un profundo suspiro, seguido de un bostezo. Llevaba mucho tiempo sin estar cerca de otra persona, a excepción de Leslie. Fuera de ella… Extrañaba que alguien que le dijera cosas amables, o retadoras, divertidas, de aprecio o reconocimiento, y no que era un perdedor que todo lo arruinaba. En las penumbras del cuarto, no total por las intermitentes luces de neón que dibujan figuras sobre las persianas, es posible ver su frente algo fruncida. Le faltaba… contacto humano. Una mano, un roce… Y Jared era inquietante. Su postura, su atractivo, los lunares de su rostro, esa boca de dientes blandos y grandes al sonreír. Sus hoyuelos. Los ojos multicolores, grises a veces, verdes otros, amarillentos. Ah, carajo, ¿y ese calor en su cuerpo? No quiere profundizar en ello, pero sonríe levemente. Y así se queda dormido. Profundamente casi en seguida. Así de fácil.

……

   Contrario a Jensen, Jared llegó a su apartamento lleno de energías. Sonriendo bajó las feas escaleras que le alejaron del piso del rubio. Sonriendo subió a su auto, espantando a la fauna local que le ofrecía placeres de la carne o los sentidos. Cosa que si menguó un poco su buen humor. Era terrible que Jensen viviera allí, en medio de toda esa gente cargada de demonios propios. De los malos, los que veces se manifestaban con violencia, ira, con ganas de conseguir satisfacción en otro dolor. Apartó la idea, porque no le gustó. Si, Jensen debía dejar ese lugar. Ese pensamiento consiguió que recobrara la sonrisa.

   Silbando regresó a su piso en el hotel, subió sin ser molestado, y entró. Parpadeando frente a las gruesas y costosas alfombras, los buenos muebles, las lámparas de araña, los dos balcones… Dios, aquel piso debía ser barato para que Jensen se quedara allí. Meneando la cabeza aparta la idea, arrojando las llaves a una mesita. Se encamina a la cocina y silbando nuevamente, se prepara un enorme sándwich, con mucho salame y queso amarillo, congelándose de pronto. Con culpa. Saca su móvil y lo encuentra apagado. Lo enciende mientras muerde del emparedado, y llegan los avisos de mensajes. Habían dos de Genevieve, preguntándole dónde estaba, casi se sentía el afecto en los textos. Igualmente tres llamadas perdidas de su padre, cosa que le hace fruncir el ceño. También dos mensajes de voz. Mordiendo con algo de agresividad, escucha primero el de Genevieve:

   -Hey, ausente, ¿qué es de tu vida? –si, el afecto teñía las palabras y el castaño siente algo extraño. Vergüenza.- Estoy taaaaan aburrida de estos eventos. Deberías venir y rescatarme. Pero quién sabe dónde estás y qué haces. Espero que estés con gente interesante y divertida y no sólo tratando asuntos de trabajo. –reprende suave, y a Jared le cuesta morder y tragar. Bien, andaba en algo de eso, ¿no? Resolver el asunto con su asistente, el que no le dejara.- Hablamos mañana. Saldré de aquí agotada. Buenas noches, amor. –oye el beso y siente aún más culpa.

   No había pensado en la mujer ni una sola vez desde que decidiera buscar a Jensen y resolver lo del día de mierda. Termina el emparedado antes de escuchar el otro mensaje. Sabe que ese le quitará el apetito. ¿Un mensaje de voz de su madre después de tres llamadas perdidas de su padre?, si, nada bueno.

   -Hola, querido, es mamá… -oye y sonríe irónico, tomando un enorme vaso de leche (no eran cuentos cuando le dijo a Jensen que estaba en crecimiento, recuerda con una sonrisita).- Tu padre ha querido hablar contigo toda la tarde. Es sobre los hoteles. Tu trato con el papá de Genevieve, ¿podrías llegarte a la casa mañana? –pide y el joven casi bailotea, gimiendo silente por la gente que tanto molesta.- Es importante. Y no hagas gestos o rabietas.

   Botando aire termina su leche, el labio superior guarda la evidencia de lo tomado, cuando mira la hora. Era tarde, no contestaría. Su madre sabría, como Genevieve, al revisa sus móviles al otro día, que había escuchado los mensajes. Y a qué hora. Bien…

   Distinto a Jensen, Jared toma una larga ducha, casi recreándose en el agua caliente corriendo sobre su cuerpo. Era tan relajante. En esos momentos no piensa en la mujer con quien va a contraer matrimonio dentro de poco. O su familia, esperando al otro día para atormentarle. No, piensa en… Sale, se frota con una toalla tan suave que parece una caricia, y con un ajustado y corto bóxer se dirige a su cama. Solo. Sonríe al recordar que pensaba quemar los últimos días de su soltería con algunas aventurillas. Había decidido que, una vez casado, le sería totalmente fiel a su hermosa prometida. Pero tampoco piensa en ella mientras entra en la ancha y cómoda cama, en medio de su espacioso y cálido dormitorio. Ni en los hijos hermosos que un día tendrían y que harían la felicidad de Sherri Padalecki. No, piensa en Jensen.

   Enciende la pantalla plana, algo exagerada como todo en aquel lugar, sintonizando a muy bajo volumen un resumen deportivo. Dejando caer la nuca sobre las almohadas, muy quieto en la suave penumbra, su pecho sube y baja cuando se lleva las yemas de dos dedos a los labios. Suavemente. Así se había sentido el beso de despedida del pecoso. Y sonríe, recorrido por una potente corriente de ganas. No de sexo, o no sólo de eso, era esa excitación que siempre sentía ante un reto, una posibilidad de vivir una gran aventura. Y ahora el rubio ojisverdes ocupaba una parte de su mente. ¿A qué jugaba con Jensen? Porque jugaba, lo sabía, desde el principio, todo ese coqueteo, todo ese soportarle cosas que… Ver su cara… Ojos cerrados, llevando las manos tras la nuca, se corrige. Si, Jensen se veía increíblemente guapo, una parte de él respondía a eso, reconociéndole como un igual entre la gene bonita. Pero era más que eso. Le había concedido una cita cuando hablaron por teléfono, cuando vagamente le recordaba… y eso después de que el rubio le colgara. Algo que muy poca gente hacía.

   ¿Tal vez porque, inconscientemente, le recordó como un asunto inconcluso? No era un pensamiento agradable, se dice tomando aire, pero Jared no era de los que se echaban para atrás ni siquiera ante sí mismo. Si, había un asunto inconcluso, que venía desde aquellos días de universidad.

   Apenas tenía trece años cuando descubrió el placer de la masturbación, de las pajas solitarias ante el estímulo de su imaginación y las protagonistas de sus programas televisivos favoritos o películas. Más tarde, con Chad y otros amigos, encontró las revistas, las cintas porno de los hermanos mayores. Y el internet. También las pajas con estos, con Chad y Mike, por ejemplo. Pero era algo totalmente heterosexual, calenturas de muchachos que, con algunos cambios, duró toda esa primera juventud. Hasta la universidad, donde el alcohol, uno que otro porro y la mentalidad abierta de las chicas del campus los dejaron casi agotados sexualmente. Y estuvo esa parte, esa curiosidad. Podía reconocer que otros carajos eran guapos, que sus rostros, y cuerpos, eran tan armoniosos que valía la pena mirarles. Tal vez fue eso lo que le llevó, junto a Tom Welling, a aquel manoseo en una tarde de porros, algo de lo que nunca habló con nadie. Incluso Tom. Siempre escuchó que esos eran los tiempos de experimentación, pero le pareció una majadería… hasta Tom.

   Pero no pasó de eso. Está bien, que la mano de otro carajo le tomará la verga, duro, subiendo y bajando su puño se sintió bien. Muy bien. Tomar la de otro, toda rojiza, dura, venosa, con ganas de ser tocada y acariciada, y hacerle lo mismo, había resultado, en el momento, increíblemente caliente, tal vez por lo extraño. Así fue con el “hermoso” Tom en aquella doble paja, entre risas y bromas. Por un segundo pensó en sorprenderle con una mano tras la nuca y empujarle el rostro contra su verga. Le había resultado divertido, pero sin consecuencias.

   Jensen, por otro lado…

……

tom-welling

   El joven Tom Welling… Ese sujeto debe haberse divertido, más que la mayoría, de sus años escolares. ¿Qué será de su vida?

CONTINÚA … 15

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 13

diciembre 16, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 12

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -¿Qué me haces, Jensen? –la pregunta es ronca, la mirada en el rubio es fija.

   -Te lo dije, tienes salsa. –sonríe el otro, como si tal cosa. Y aleja la mano, soltándose de su agarre, volviendo a lo que queda de su hamburguesa.

   Jared sigue mirándole. La mano hormigueándole. ¿Qué diablos le pasaba? Jensen le afectaba de una manera extraña. ¿Y qué hacía? ¿Limpiándole de salsa? ¿Coqueteando un poco? ¿Coqueteaban los amigos, hombres? Estremeciéndose un poco, volviendo la mirada al viejo televisor, cae en cuenta que algo de eso hay. Lo ha habido desde el principio. Cierto juego, una cierta tensión… ¿sexual? Vuelve la mirada, siguiendo el movimiento de los labios del rubio mientras mastica y traga, fascinado. Alza una mano y le toca, el rostro, ganándose una mirada extrañada del pecoso.

   -Salsa. –justifica, todavía frotándole con el pulgar, encontrando aquello extrañamente gratificante. Jensen eleva un hombro y aparta el rostro.

   -Imposible, hace años que domino el arte de comer sin ensuciarme. –bromea.

   -Ah, ¿y yo no? –se pica, sonriendo. Fácil.

   -Tenías salsa en la barbilla.  Y estoy seguro que yo no. –le sostiene la mirada. Hay cierta opacidad en sus verdes pupilas y el Cataño se pregunta si el haber consumido esas cervezas con el estómago vacío, no embriagaron un tanto al rubio. Y el intercambio de miradas continúa. Cerca como están.- Voy por… Quieres otra hamburguesa, ¿no? –se levanta del mueble, algo apurado de pronto, seguido por la mirada multicolor.

   -Hasta dos… -aclara, volviendo la mirada al frente, el corazón algo agitado, frente fruncida. ¿A qué jugaba con el rubio? ¿Jugaba este con él? Algo asustado se estremece por lo mucho que le atrae la idea. No se sentía así desde…

   -¿Seguro que podrás con dos más? Mis hamburguesas son grandes y nutritivas. –el rubio dice, algo apremiado, volviendo con otras tres en el platón y dos cervezas.

   -Soy un niño en crecimiento. –se defiende Jared.

   -¿En crecimiento? Pues, ¿hasta donde piensas llegar? –Jensen cae a su lado… sus cuerpos rozándose nuevamente.

   -No lo sé… ¿hasta alcanzar las nueve pulgadas o más? –bromea y Jensen lanza una risotada.

   -Sueñas en grande, ¿eh? –le mira, ojos divertidos.

   -Oye, me baso en realidades. Ya no estoy tan lejos. –le aclara, alzando el nuevo botellín de cerveza y chocando la punta con la de Jensen, que le mira con la boca ligeramente abierta, antes de bajar los ojos a su entrepiernas.

   -¿Casi nueve pulgadas? ¿Me estás diciendo que…? ¡Estás tan lleno de mierda, Padalecki! –lanza finalmente. Y alza una ceja cuando Jared le mira como ofendido.

   -¿Crees que miento? ¿Me estás llamando mentiroso en mi cara? Anda, busca, busca una regla. –exige, dejando la botella y el plato sobre la mesita, alzándose un tanto los faldones de la camisa.

   -Oye, no; estoy comiendo, no necesito sufrir náuseas. –grita Jensen, alarmado, riendo. Jared, después de un rato, le imita.

   -Bien, pero te lo pierdes… saber que nunca miento, quiero decir. –aclara tomando la cerveza y el plato, comenzando a devorar nuevamente los alimentos chatarra.- ¿Qué tal es este sitio, fuera de los horriblemente obvio? ¿Te gusta vivir por aquí? –pregunta mordiendo, ganándose una mirada falsamente severa.

   -Se nota que el dinero que tus padres gastaron en tu educación se perdió. –le reclama, mientras mastica al mismo tiempo, atrapando una mirada del castaño.- Oye, no nací con cuchara de plata en la boca, puedo ser medio cerdo. –Jared ríe, sintiéndose extrañamente intoxicado (se pregunta si el rubio no habría utilizado algún condimento en mal estado).

   -¿Un cerdo? ¿En serio? –y Jensen le mira, después de un largo trago de cerveza, los labios rojos.

   -Soy un chico sucio, Jared. Muy sucio. –es parte de la broma, pero al castaño se le congela el aire en los pulmones, sintiendo ese hormigueo ahora en su miembro.

   Sigue comiendo, aunque algo más tenso ahora. Cosa que no impide que de buenas cuentas de las cuatro hamburguesas, sintiendo sobre sí la mirada sorprendida de Jensen, quien parece tener dificultades para terminar con la tercera.

   -¿Qué? ¿Otra vez con lo de mis modales? Como, no estoy tragando. Tengo modales de lo más finos. –brama, la boca llena de comida.

   -Idiota. –sonríe el rubio.

   Finalmente los platos quedan olvidados sobre la mesita, el juego continúa, la luz del televisor les ilumina, en algún punto, para mortificación del rubio, un bombillo chisporreó y se apagó, dejándoles en semi penumbras, justo después de que terminaron con las dos últimas cervezas. Ahora están recostados del mueble, aparentemente muy llenos.

   -Dios, voy a estallar, no debiste dejarme comer tanto sabiendo que había pasado tanta hambre. Eres un anfitrión terrible.  –acusa Jared, las manos sobre su barriga.

   -¿Apartar tus manos de las hamburguesas? Temía perder un dedo si lo intentaba. –sonríe Jensen, beatíficamente, recostado del mueble, pies sobre la mesita, casi tirando los platos, rostro algo abotagado.- Estoy lleno, pero es por lo que dices, fue un mal día de pasar hambre. –suspira y callan, hombro con hombro, sus piernas rozándose, ninguno de los dos queriendo darse por enterado. Jared cierra los ojos también.

   -Entonces, ¿es una zona pintoresca? –vuelve a la pasada cuestión.

   -No te recomendaría que dejaras tu palacete para vivir por aquí. Me han robado dos veces. –responde el rubio como si tal, una cierta sonrisa jugando en sus labios, ojos cerrados, aún así notando que Jared se vuelve y le mira.- La primera vez fue con una navaja, un tipo delgado y con cara de enfermo, imagino que un drogadicto. La segunda vez fue a punta de pistola, o eso creo. El sujeto tenía la mano metida en el bolsillo de su saco. ¿Sabes?, imagine que mentía, que si me le arrojaba encima…

   -Te habría disparado y asesinado. –Jared termina, sintiéndose apesadumbrado por la súbita visión de un Jensen cayendo de espaldas en un sucio y oscuro callejón, su boca escupiendo sangre, su camisa tiñéndose de rojo y… Dios, ¡qué horrible!

   -Si, también pensé en eso. –responde el rubio, voz soñolienta. Era tan grato comer cuando se tenía hambre, piensa.- Y una vez un tipo me persiguió casi una cuadra, preguntándome quién era, de dónde venía, qué si era casado, pidiéndome que le acompañara a un apartamento a reclamar un dinero. No sé qué estafa pretendía, pero fue de lo más molesto. –Jared, rostro al frente, arruga el ceño.

   -Tal vez quería una cita, ya sabes, lo usual, golpearte por atrás, dejarte inconsciente, cargarte al hombro como un saco de alimento para gatos y encadenarte a un sucio lavamanos de donde no saldrías en años. –Jensen ríe, divertido, a él no le agrada ese cuadro tampoco.- Retiro lo de pintoresco, esto es peligroso, ¿no has pensado en mudarte? –inquiere, medio agitado, sin abrir los ojos. Hay un silencio en el cual oye la respiración acompasada del otro, ¿se habría dormido? Él mismo siente ganas.

   -¿E irme al Hilton? Lo pienso cada día, pero no he tenido tiempo. Ni dinero. –es la sarcástica replica, lenta, suave. Jared sonríe a pesar de todo, sintiéndose increíblemente bien después de comer, extrañamente cómodo en ese sofá que se hunde, al lado del rubio.

   -Idiota. Sin embargo creo que podrías…

   -Oh, basta, Jared, no tengo adónde ir por ahora. Lo que si tengo son deudas. –no abre los ojos pero sabe que va a replicar.- Cuéntame algo de ti, algo que te guste recordar y que te haga feliz.

   -Creí que sabías todo de mí.

   -No todo, he leído algo, otras las supongo, cómo con cuál mano te la cascas, siendo diestro como yo. –se burla, y Jared sonríe un poco más, ¿respondería a la broma?, era mejor que no, aunque era difícil no imaginar la mano del pecoso, estando sobre su cama, totalmente desnudo…

   -Necesitas una novia. –se burla, luego recuerda a Leslie y se separa del mueble, sobresaltándole.- Creo que debo irme… -le cuesta decirlo, poniéndose de pie.

   Tiene que irse. Por alguna razón que no entiende. No sabe a dónde va con el juego, el intercambio de frases, pero intuye que ha comenzado un camino extraño, uno donde Jensen parecía esperarle en algún recodo del camino, como una recompensa. Pero no era seguro, estaba sintiendo cosas sobre las que no sentía ni tenía ninguna garantía. El pecoso tenía a su chica y…

   -¿Se acaban las cervezas y corres? Eres horrible.

   -¿Necesitas ayuda con todo esto? –señala la mesa, ignorando la mirada turbia de sueño y alcohol, confusa del rubio el cual parecía algo decepcionado por su partida. Eso acelera su corazón.

   -No, no… yo me ocupo. Mañana. –le sonríe alzando las manos, poniéndose de pie.

   -Este lugar está helado para andar descalzo. –comenta, preocupado, dirigiéndose a la puerta, lentamente, reacio. A pesar de todo le costaba terminar con la velada.

   -Si, mamá. –replica el rubio, abriendo la puerta, casi sosteniéndose de ella.

   -Parece que no aguantas el alcohol. –se burla, cruzando su lado, deteniéndose.

   -Ha pasado un tiempo. El alcohol lo dejo para celebrar, no es bueno refugiarse en él cuando las cosas te van mal. –le sonríe adormilado, y se miran.

   -Gracias por… todo. Las hamburguesas, las cervezas, la compañía… -se siente turbado.- Gracias por… perdonarme.

   -De nada. También la pasé bien. –sonríe Jensen, echándose hacia adelante, alzándose un poco sobre los dedos de sus pies, rozándole los labios con los suyos.- Buenas noches… -y cierra la puerta.

   Dejando a Jared, del otro lado, impactado, el sopor ahuyentado, el corazón bombeándole con fuerza. ¿Jensen le besó? Y con el puño golpea sobre la madera, llamándole.

CONTINÚA … 14

Julio César.

SAM, DEAN, CROWLEY, CASTIEL Y LUCIFER; 07 Y 08×12

diciembre 16, 2016

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   La patrulla lela…

    Aunque ausente por motivos personales, no dejé de mirar la mejor serie de la televisión de todos los tiempos, Supernatural, disfrutando de sus dos episodios anteriores, que muy bien podrían llamarse “Lucifer”. Me preguntaba, al desaparecer este al final de la temporada pasada, abandonando el cuerpo de Castiel (o el de Jimmy Novak), con qué nos saldría el programa. Hay que reconocer que es el villano de villanos, el señor del mal, el mayor símbolo de toda maldad de nuestra religión. ¿Retomaría el camino del Apocalipsis? ¿Habría llegado a un “acuerdo” con la idea de su Dios padre perdonándole y disculpándose con él al mismo tiempo? Debo reconocer, visto los dos capítulos, que no fue del todo satisfactoria su participación esta temporada. El programa pareció no saber qué hacer con él. Y vamos por parte…

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   Desde la intro del séptimo episodio de esta doceava temporada, me alegré, reaparecían Rizzoli e Isles, Castiel y Crowley. Igualmente Lucifer. Comenzó genial, con los muchachos idiotas invocando al Diablo (eso no es tan fácil), discutiendo y riéndose entre ellos hasta que el Príncipe de las Tinieblas aparece y pregunta si ahora todos los adoradores del Diablo son como ellos. Los mata, y confieso que en ese momento pensé que era un idiota, opinión que reforcé cuando obliga a su fan, aquella mujer tonta que lo idolatraba como cantante, a lastimarse. No entendía qué buscaba, qué ganaba con eso. Bien, Lucifer ha vuelto en la forma del viejo rockero acabado (el rock nunca muere), que quiere un relanzamiento, ser adorado como centro de un culto… algo que está muy por debajo de su papel.

   Por supuesto Crowley se entera, y los Winchester también. El tiempo, en buenas escenas, se va en cazarle. Tres personas tratan con él, uno de ellos, un colega de la banda, habla con Castiel, pero no le dirá donde será el gran lanzamiento del cantante.

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   Está la asistente, que se reúne con los hermanos que quieren conocer al rockero, haciéndose pasar ellos mismos por cantantes, pero la mujer desconfía y calla. Me hizo gracia eso de que sólo se reunió con ellos porque se veían bonitos en las fotos. Crowley trata con el representante del sujeto, alguien que le ha vendido su alma, pero este, esperando ganancias, tampoco dice nada.

   No es hasta que Lucifer le mata, en presencia de los otros dos, la asistente renunciando y alejándose, que el colega musical le avisa a Castiel del lugar. Fue una escena bien chimba, un local pequeño, mal equipado, gente un tanto inexpresiva que se supone iban a conocer una estrella a la que idolatraban. Como sea, el grupo se va a enfrentar a Lucifer en la esperanza de romper el recipiente, y lo sorpresivo es que Crowley se anota para la pelea, como uno más del equipo. Mientras este y Castiel se dan puñetazos con Lucifer, los hermanos intentan sacar a la gente del teatro, sin éxito. Repito, una escena totalmente tonta.

   Por un segundo imaginé que Lucifer, y Supernatural como programa, haría ahí, lo que Cabeza de Púas en Puerta al Infierno tres, con cadenas desgarrando gente, los jóvenes gritando, intentando escapar, sangrando y muriendo…

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   Pero no, siguen la pelea y Lucifer se explica cuando Dean le enfrenta al hecho de que ya había hecho las paces con Dios. Las razones de Lucifer son increíblemente tontas (para la Majestad Infernal, quiero decir), era nuevamente el niño caprichoso a quien su padre no quería. No, Chuck le usó para pelear y le dijo lo que quería escuchar para que le ayudara y luego se fue con la tía Amara. Que se quedó sin propósito y ahora sólo quiere que el mundo sufra. Cuando logran destruir el recipiente, Sam se ve afligido, un Lucifer sin propósito parece más aterrador. Esta justificación casi se entendería, casi es válida, pero no para un personaje como Lucifer.

   Como he dicho, la serie no tiene malos episodios, pero este no fue satisfactorio. Lo mejor, Dean vestido de cuero. Sam también, pero… carajo, a Jensen Ackles tiene que dolerle esa cara. Los años que han tocado a sujetos como Tom Welling y Michael Weatherly, han pasado también por él, pero se ve genial. ¿Cuándo lo llamará Hollywood para protagonizar novelas románticas de horror? Dada su increíble capacidad de empatía con otros personajes masculinos, podrían contar historias algo más complejas que las típicas comedias bobas. A ese actor se le desperdicia. Bueno, no, porque es nuestro Dean.

   Bien, Lucifer anda por ahí, sin una meta fija como no sea volver una y otra vez a causar problemas, deprimiendo a los Winchester, a Crowley y Castiel (desperdiciado, en mi opinión), pero no hubo que esperar sino una semana para saber qué le ocurriría.

   La intro del octavo episodio de esta temporada nos traía de vuelta a los Hombres de Letras británicos y a la maravillosa Rowena (y la vieja inquietud, ¿sería su última aparición?, hay que recordar que esta serie, cuando cuenta con más de cuatro personajes, les entra el pánico y matan a muchos). No fue un gran episodio de desarrollo porque lo sobrenatural, Lucifer, andaba por un lado mientras el grupo iba por otro. Fue algo… flojo.

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   Lucifer ha estado cambiando de cuerpos, quemándolos, y el escuadrón le sigue la pista. Lo del arzobispo fue genial, como lo fue la llegada de los hermanos encontrando a todos esos jóvenes, sacerdotes y monjas, que murieron intentando exorcizar en silencio al Príncipe de las Tinieblas. El ángel caído termina hablando con un sujeto extraño que parecía creer que el otro deseaba llevar a la humanidad un destino mejor, y sin que la toma se abriera uno ya sabía que hablaban del presidente de los Estados Unidos. Si, Lucifer toma como vestuario al mandatario de la nación más poderosa del mundo, el poder político y militar quedaba bajo sus manos para desatar todos los nudos, comenzar todos los conflictos. Y algo del afán de poder del Caído quedaba cubierto en eso, en esa figura, pero no puedo dejar de preguntarme si ya esto estaba planificado hace mucho tiempo o fue una introducción de última hora, como un guiño feo a Donald Trump en la presidencia norteamericana.

   Como sea, una asesora presidencial llama a Crowley y le cuenta (obviamente mucha gente rica y famosa le debe favores al Diablo, o en este caso al nuevo Rey). Ah, las caras de todos al saber dónde está fue tan increíble como ver aparecer a Crowley en la baticueva después de que Dean ha retirado las protecciones. A Castiel y a Sam no le parece que se le deba dejar vía libre, pero el mayor de los hermanos siempre ha confiado en Crowley, de cierta manera.

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   Deben ir por Lucifer, destruir su recipiente y capturarle, para ello necesitan de Rowena. Fue tan gracioso saber que el hombre que pensaba la sacaría de la pobreza, era tan estafador como ella. Y aquí insisto, ¿qué tenía que hacer ella pasando por todo ese trabajo si con hechizos, es la bruja más poderosa de todas, puede conseguir lo que desee? Como sea, ver a Crowley matando al sujeto, y la mujer emocionada porque es lo mejor que ha hecho por ella, fue extraño. Fue un asesinato cometido por el Rey del Infierno, quien no ve nada malo en ello, demostrando que este es un  héroe del tipo anti.

   ¿Lucifer como presidente de los Estados Unidos?, ufff, todo fue aburrido, todo, especialmente las encamadas con la asistente a la cual embaraza para buscar un objetivo mayor. Que fue lo único rescatable de todas esas escenas. Sabiendo como sabe sobre los cazadores, envía al Servicio Secreto a acabar con los Winchester.

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   Estos los detienen en una carretera, por donde viajan con Castiel, y la verdad es que esperaba más de nuestros chicos. Claro, para crear tensión se les detiene y encañona, pero siendo los Winchester uno espera que los desarmen. Y estando con Castiel uno espera que este haga algo increíble, desde el punto de vista sobrenatural. Pero no, los tienen, y si no llega el maniático de los Hombres de Letras británicos, se los habrían llevado. ¿Dean, babeando frente al lanza granadas y Sam diciéndole que no, que no tendrá uno?, fue genial.

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   Bien, ese tipo, el Hombre de Letras, de entrada odio al personaje por matar a la chica síquica, pero el tipo es agradable, hubo química con el grupo, cosa no difícil, aparentemente, para actores como Jensen Ackles, Jared Padalecki y Misha Collins. El sujeto sigue con el engaño de que buscan una alianza, y cuando Sam telefoneó, colgando, sabían que los necesitaban. Es curioso que esta gente no sepa del Rey del Infierno cazando con Castiel, ni de Lucifer en la Tierra. Como sea, por radio ángel, Castiel sabe lo que ocurre, Lucifer ha engendrado un hijo, algo que asusta al Cielo (y algo así se esperaba, el Anticristo, aunque ya una versión edulcorada se presentó en la quinta temporada, con aquel niño).

   Bien, armando el equipo, y usando las armas que les dio el Hombre de Letras británico, Crowley va por al asistente del presidente, la convencen sobre lo de Lucifer, y aunque no lo cree, a pesar de haber sido tele transportada o quemar una Biblia al tocarla (por eso que lleva en su seno), ella llama al hombre a una cita casi clandestina para sacarle de su protección. Lucifer llega y casi la ahorca cuando ella le dice que no tendrá al bebé. Es lo que este quiere, su legado, el heredero. Sam ataca, el resto interviene y ocurre lo increíble, le contienen.

   La frase “tenemos a Lucifer”, fue grandiosa. Los Winchester, y sus aliados, han logrado combatir, contener y retirar del mundo a su peor enemigo. Pero quedan allí con el cuerpo caído del presidente y son detenidos por el Servicio Secreto. Crowley ya se había ido, sin olvidar, esta vez, a Rowena, y Castiel se aleja con la asistente embarazada, cuyo hijo es otro problema, pero esta escapa de él, llevándose a su muchacho, y uno imagina que, o es trama de programa de televisión y la mujer siente que debe proteger eso, por irracional que sea, o eso ya la controla y la obliga a cuidarle, porque hablamos del Hijo del Diablo.

   Como señalé, fue otro episodio poco movido, lo sobrenatural ataca al final, pero fue bueno, y hay consideraciones. Okay, Lucifer fue desalojado, es de imaginar que ha vuelto a la jaula, ¿no? ¿Y ahora? ¿Qué sucederá con Crowley? ¿Regresará a reinar en el Infierno o continuará, tangencialmente, de cacería con los Winchester y Castiel? Rowena estuvo genial, y con ella ocurre como con su hijo, ya es otra aliada, aunque peligrosa y traicionera, de los hermanos, ¿qué será de ella? No puedo dejar de preguntarme, ¿los perseguirán los Hombres de Letra británicos? Ese encuentro aún está por producirse, el maniático contra los hermanos, mejor dicho ese enfrentamiento. ¿Y es Toni definitivamente una enemiga?

posesion-diabolica

   Lo del hijo de Lucifer, ¿en qué acabará? ¿Un ser terrible como nos relatan las viejas crónicas bíblicas, o será como el chico aquel de la quinta temporada, al que debía dársele el beneficio de la duda? Recuerdo que en Xena, cuando a Gabrielle le nació aquella hija malvada, esta hizo cosas terribles, comenzando por matar al único hijo de la Princesa Guerrera. No sabiendo qué hacer con Lucifer dentro de la trama, con lo del anticristo si se puede recuperar un tanto la vieja mitológica bíblica (algo así como en la película Constantine, cuando con el Anticristo se alzaba el Infierno otra vez); aunque esto me recuerda mucho al chasco que me llevé, iniciando el bachillerato, con un suplemento que seguía, Posesión Diabólica, donde, después de cierto número, nos dijeron que aquello nada tenía que ver con el Diablo sino con una secta mística donde el malvado jefe embarazaba una chica que pare en horas y el bebé la mata al nacer, crece en segundos y también mata al padre (hasta allí compré ese suplemento idiota). ¿El programa tiene planes para ese hijo?

sam-y-dean-detenidos

   Los hermanos fueron detenidos en una escena tonta, ¿por qué no escaparon con Castiel? ¿Qué harán con eso? ¿Los juzgarán y encarcelarán? No sería malo verlos en una cárcel menos fantasmal que aquella de la primera temporada. ¿Crowley llegará para llevárselos? Lo curioso aquí es que en los dos últimos episodios los finales han quedado claramente abiertos y necesitados de una inmediata continuación, tipo telenovela. Y este también. ¿Qué pasa ahora? Muero por saberlo.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN

PRIMERA SANGRE… ALGO FLOJITA; 09×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 23

diciembre 12, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 22

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Plata. Desde nuestro encuentro de la tarde imaginábamos que algo tenían que ver con la familia de los licántropos, o los caninos. Hombres lobo o chihuahuas, todos ustedes odian esto. –les insulta, bailando el afilado cuchillo ensangrentado para que lo vean.

   No le agrada nada la mirada astuta y cruel del segundo herido, el ser de las crinejas largas, que destacaban grotescamente en aquella criatura. Intercambian una mirada y el cazador siente un nudo en el estómago, uno se lanzará contra Sam, esperando su reacción, que se sostenga en su punto o alargue el brazo para proteger al caído, exponiendo su propio cuello. Lo que ocurrirá, casi con toda seguridad si no es certero y rápido.

  Cuando el primero se lanza hacia Sam, cayendo dramáticamente de rodillas, Dean, semi inclinado, lanza un tajo, alcanzándole superficialmente pues este lo esperaba. Por el rabillo del ojo nota que el otro ya viene, se vuelve, pero no lo suficientemente rápido. Lanza un grito cuando un manotón de aquella zarpa le alcanza de lleno en el codo, electrificándole el brazo… obligándole a soltar el cuchillo a sus pies. Lo mira, que tonto fue, debió imaginar que crispaturas sádicas como estas intentarían no desgarrarle acercándose a su cuello, sino desarmarle para divertirse un rato, pero…

   El aullido de triunfo le llega, bañándole la cara, el pecoso rostro se vuelve a tiempo de verle alzar una de las zarpas, rumbo a su cuello, para retenerle. Tenían órdenes, lo sabe, debía sufrir un buen rato en sus manos. Alguien deseaba cobrarle algo. Esa mujer. Y Sam… Le mira, rápido, todo ocurre en segundos.

   No despiertes, Sam, ¡no lo hagas! Pero este ya se agita sobre el piso.

   Esa breve vacilación, temiendo por Sam, le pasa factura a Dean; la zarpa de aquel ser casi cae sobre su pecoso hombro, las garras esperando clavarse en sus carnes… cuando, parpadeante, una figura alta aparece entre ambos. Es una sombra gris que lanza una mano abierta contra el voluminoso torso de esa criatura, golpeándole de lleno. Un aullido animal, adolorido, escapa de aquel hocico cuando sale disparado hacia atrás, derribando un sillón en su caída. La sombra desaparece frente a los desconcertados y parpadeantes ojos verdes del cazador.

   Pero si el desconcierto de Dean es grande, el del segundo ser, el que iba por Sam, lo es aún más. Para cuando decide intervenir, acabando con lo que tiene más cerca, alzándose furiosamente desde la posición donde amenazaba al castaño, intenta atrapar el cuello del pecoso, pero ya el rubio ha tomado el brillante cuchillo, esperándole y clavándoselo en el bajo abdomen. La sangre mana en igual intensidad que el aullido de dolor agónico que escapa del hocico de ese ser. Apretando los dientes, Dean mueve el cuchillo hacia arriba, teniéndolo bien clavado. La bestia retrocede, aullando, trastabillando hacia atrás. Cayendo sobre una de las rodillas. Era el momento para rematarle, pero…

   -¿Qué… qué ocurre? –Sam farfulla, de panza, levantándose sobre sus rodillas, aferrándose la nuca con una mano.

   -¿Estás bien? –se vuelve a mirarle, cuchillo sangrante en mano. Olvidando todo lo demás. Pendiente de lo único importante, como lo ha sido antes, es y seguramente lo será en el futuro, la condición del menor.

   -Yo… creo que sí. ¡Dean, esos seres! –brama el otro, comprendiendo al fin lo que ocurre, el peligro que corren. Si, debieron salir antes.

   -Me encargo. –dice con confianza, volviéndose hacia el herido, que cayó de lado, aullando, cambiando, comenzando a gemir como ser humano mientras intenta detener la sangre que mana. Joder, debió alcanzarle en el estómago. Pero quedaba el otro.

   Sonríe al volverse hacia este, ahora si tiene un chance, y, a pesar del rostro no humano, percibe el temor de esa horrible criatura perruna que fue rechazado por esa sombra (¿qué diablos había sido eso?).

   -¡Dean! –un bramido de Sam le alerta, volviendo la mirada, sin bajar el cuchillo.

   Pero lo olvida todo, nuevamente; Sam, de rodillas, apoyando una mano en la mesita intentaba ponerse de pie, pero la sombra gris reapareció frente a él, sorprendiéndole, alarmándole. Y esa cosa alarga una mano, atrapándole por el cuello. Alzándole en peso y zarandeándole con evidentes intensiones. El castaño lanza un alarido ahogado, manoteando como intentado alejar una mano que no está ahí.

   -¡No! –brama Dean, cuchillo en manos, olvidándose de todo y saltando hacia la figura que parece volver la silueta del rostro, atravesándole. Esta desapareciendo y Sam cae de culo.

   Eso le da tiempo a ese ser perruno de saltar hacia la puerta, seguido por la mirada del cómplice herido.

   -No, no, espera…* -brama este, ahogado, sangrando por la boca, alzando una mano como para detenerle. La mano cae cuando el otro desaparece por la puerta.

   -Sam… -Dean aparta todo aquello de su mente, hincando una rodilla sobre la alfombra junto a su caído hermano, el cual, medio rojo de cara, los ojos llorosos, tose aferrándose el cuello. Como tantas veces en su vida, desde los cuatro años de edad, el rubio se siente inundado de rabia e impotencia ante el peligro corrido por el menor. Erizado de preocupación, y con suavidad, toma su barbilla, alzándole el rostro congestionado- ¿Estás bien? –le aparta las manos, solícito, toda la preocupación del mundo brillando en sus ojos verdes. Y algo más intenso, profundo. Eterno.

   -Yo, si… -por un segundo, el castaño se queda laxo, paralizado, dejándose tocar por Dean, absorbiendo toda esa preocupación y dedicación. Todo ese amor. La idea le estremece. Acaban de vivir un gran peligro, de hecho puso a Dean en riesgo mortal por no escucharle cuando le decía que debían salir, la vivieron cerca, con esos seres y la sombra, pero en ese momento se siente dominado por dos emociones que únicamente Dean era capaz de despertar, debe reconocer si es sincero: anhelo por toda la ternura que brillaba en sus ojos, y que el pecoso intentaba ocultar siempre… y algo de excitación al tenerle allí, casi desnudo, luchando para protegerle, tocándole. Mira por encima de su hombro, abarcando el pasillo.- Dean, ¿qué era eso? La materialización. ¿Estaba con ellos? –jadea, fijando los ojos en el rubio, quien parpadea levemente.

   -No lo sé. Fue una presencia que se materializó de repente; que atacó a uno de ellos. –responde, pensativo. Y Sam sospecha que le miente. O le oculta algo. Oh, sí, Dean era el guardián de su cuna, la presencia estable y segura siempre presente en sus miedos y sueños infantiles, en sus fantasías hormonales de adolecente más tarde, la obsesión (amor) de toda su vida, pero también era un hábil mentiroso, uno que no dudaba en engañarle cuando pensaba que era prudente.

   -Ese hombre… -señala al caído. Dean se pone de pie, y el castaño casi se siente mortificado por su alejamiento.

   -Agoniza. –contesta frío, acercándose al caído, que parece alarmarse.

   -No, no… -una tos llena de sangre lo sacude, como el miedo a otra agresión, al dolor. A la muerte. Se medio arrastra, sobre la espalda, unos centímetros. No más.

   -No son divertidas las desgarraduras propias, ¿eh? –le mira desde arriba.- ¿Quién eres? ¿Cuál era tu trabajo aquí?

   -La… la… Esa mujer… -se empeña en hablar, sufre una convulsión de tos, se ahoga, ladeándose para despejarse, pero escupe mucha sangre. Estremeciéndose convulsamente, finalmente se queda quieto. Ha muerto.

   Sam y Dean cruzan una mirada.

   -Lo siendo, Dean. –la voz del menor es rasposa.- Debí escucharte. Esa mujer… -parpadea desviando la vista.- Creo que me dejé llevar por los celos; quería que tu amigo fuera el responsable de todo para… poder odiarle sin sentirme como un idiota. Y que tú le odiaras también. –la admisión de sentimientos colorea las mejillas del mayor.

   -Salgamos de aquí. –recorre la habitación con la mirada.- No sabemos cuántos de ellos son, los testigos hablan de tres, pero… Antes debemos organizar, limpiar… y salir del cuerpo. No podemos dejarlo.

   -¿Crees que hay tiempo? –se levanta lentamente cuando Dean le tiende una mano, firme. Una que mira, que reconoce de siempre, la mano del pecoso tendiéndose para recogerle al caer durante todos estos años.

   -Es necesario, Sam, este no es un oscuro cuarto de motel, es el apartamento del fiscal, un hombre que será senador y un día presidente de Estados Unidos; no podemos dejar este reguero. –hay cierta amargura en el tono. Sam sonríe, con aflicción.

   -Un hombre con sueños. –y recursos. Un hombre que podía darle a otro, al que amara, todo lo que deseara, comenzando por seguridad. ¿Fue eso lo que te ofreció, Dean?, ¿lo que viste en él?

   -¿Sueños?, no, con ambición, una tan grande que… -el mayor, también con aprensión, se frena. En los ojos multicolores del menor brilla la necesidad de saber.- Vamos, tengo cosas que contarte. –sonríe con una mueca torcida.- Y tal vez no te agrade todo. –se le acerca y con los dedos de la mano derecha le toca el cuello, con ternura.- ¿Te sientes realmente bien? –es todo lo que Sam necesita por ahora.

   -Si, Dean, resolvamos esto de una vez. Lo del apartamento, lo de esos seres y esa mujer. –agrega firme, callando un “decidir lo que hay entre nosotros”.

……

   Mientras Nicholas Stanton se recuperaba de un extraño desvanecimiento en una habitación de la casa de su abuela, en la cama donde conoció carnalmente a un hombre al que amó intensamente, Sam y Dean Winchester se alejan del edificio donde este tiene su apartamento. Y monocorde, uno cuenta, el otro recuerda, y entre los dos reconstruyen una historia de lo que fue.

   Después de esa primera vez en aquella cama, entre Dean Winchester y Nicholas Stanton, todo fue una espiral in crescendo. De manera despreocupada, dos hombres jóvenes y guapos durmieron sobre la cama donde disfrutaron de un sexo áspero, rudo, estimulante y apasionado. Durmieron abrazados. El abogado deseando hacerlo, el pecoso como no sabiendo qué era eso, pero dejándose porque también lo necesitaba. Al otro día fue extraño, e incómodo, pero Dean, todo chulo, lo resolvió con un beso, y la primera mamada que le daba, y si, esos labios de pecado sabían cumplir lo que ofrecían. Nick debió cubrirse la boca con las manos para no gritar como un poseso mientras el rubio, con esos labios de chupapollas alrededor de su dura y pulsante verga, lo trabajó arriba y abajo hasta que se corrió, bebiéndose su carga, con una mirada brillante de gato centrada en sus ojos. Y la sola visión, el clímax, oírle ronronear, casi le puso de ánimo otra vez. Para el abogado nunca nada fue tan erótico como mirar al guapo ojisverdes, labios rojos y húmedos, lengüetear para saborear su esperma. Era como una burla, una prueba. Un desafío.

   -Bien, fue bueno mientras duró, ¿no? –preguntó Dean, despreocupadamente, o pretendiéndolo, como mas tarde entendería. Era la despedida, el fin de la locura compartida.

   No desaseando entrar en detalles, o discutir sobre qué significaba todo lo vivido, dejando las cosas claras sin palabras, se alzó de la cama y le cubrió la boca con la suya, metiéndole la lengua, probando su propia esperma por primera vez en su vida, cayendo de espalda nuevamente y halando del cazador, cuidando no se lastimara otra vez. Sintiendo, o presintiendo que aquello no podía ser todo, le tomó el rostro con una mano, mirándole fijamente a los ojos.

   -No te puedes marchar hasta que te cures totalmente. No soportaría saber que algo te ocurriera y que nadie lo supiera. –le dijo, preocupado, porque quería que se quedara, verle, entenderle, comprender qué siente, pero también manipulándole. De Dean Winchester nadie se preocupaba, él lo haría y llenaría el centro de su vida. Le vio enrojecer, mirada turbada, cohibido a su manera, pero también desafiante.

   -Estaré bien, siempre he cuidado de mí. –aclaró, pero no despegó los ojos del otro. Ni se alejó.

   -No quiero que sea así. –respondió con calor.- Odio la idea de que cures a solas tus heridas en un cuarto de motel barato, sin nadie a quien llamar si necesitas algo. Lo que haces es… una locura, ¿cazar monstruos? –medio rió, en verdad exasperado y maravillado.- Pero es importante, mereces que el mundo entero te lo reconozca. Y te ame… por lo que haces. –sabía usar las palabras. Sabía qué era lo que el chico necesitaba escuchar. Y suevamente le dejo de espaldas sobre la cama, comenzando a recorrer su cuerpo con besos lentos, lamidas y pequeñas mordidas, haciéndole reír, un sonido que le parecía erótico, y que le hacía feliz. La mamada que le dio fue lenta, profunda, bien trabajada. No acostumbraba hacerlo nunca, pero quiso que el rubio estallara de placer. Lo más curioso era el goce que le producía complacerle. Cuidarse de que lo disfrutara.

   ¿Le vieron salir del cuarto más tarde?, nunca lo supo ni le importó, al igual que al rubio. En el dormitorio que a veces utilizaba al quedarse, Nicholas Stanton decidió que ese joven y tozudo cazador le gustaba, y que por un tiempo le tendría en su cama. Por ello respondió e inventó algo sobre dónde estaba, al contestar la llamada telefónica de su novia, Leslie, quien, un día, sería su primera dama. Porque si, Nicolás sería el primero de una vieja familia de abolengos, los Stanton, gente de leyes en Boston, que llegaría a la Casa Blanca. Sería el presidente de los malditos Estados Unidos de América, y para ello requería de aquella mujer.

   No era necesario que Dean lo supiera, ¿cierto? No para una aventura de horas, tal vez apenas de días. No podía sospechar, ni por asomo, lo mucho que terminaría amándole. Lastimándole e hiriéndose a sí mismo en el proceso de intentar amarrar todos los mundos.

CONTINÚA … 24

Julio César.

LOS WINCHESTER PRESENTAN SUS RESPETOS AL MUERTO; 06X12

diciembre 2, 2016

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   Las mamis de la serie.

   El sexto episodio de esta nueva temporada de Supernatural me gustó, aunque comenzó con expectativas muy por encima de lo que luego sería el final. Enfrentaban a un enemigo ya conocido (la clase, no este sujeto en particular), un demonio de encrucijadas. ¿Qué me gustó más?, Asa Fox, ¡qué personaje habría sido! Jody Mills, siempre fantástica (y ha sobrevivido una vez más a su encuentro con los hermanos, desde la quinta temporada, toda una hazaña), también su encuentro con Mary, y esa sorpresa, que la presentaran como la mamá, era lo que esperaba (pero de forma más sorpresiva, de parte de alguien que no sepa quiénes son), y la interacción de Dean con Billie, qué mujer tan dura, se resiste más a sus encantos de lo que hicieron Tessa y el mismo Muerte.

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   ¿Y Dean diciéndole a Jody que mató a Hitler?

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   Bien, un intenso inicio, un chicuelo corre por un feo bosque (tan Caperucita Roja), algo le persogue, le acorrala, le muestra garras y colmillos, se relame viéndole indefenso, marcándole una mejilla, está a punto de merchárselo cuando alguien le revienta la cabeza. Mary Winchester. Y me confundí, ¿estaba casando sola después de dejar la baticueva?, no entendí que era un caso antiguo, en tiempo, hasta más tarde. Ella le explica al impresionado chico sobre los hombres lobo, que este era uno de sus últimos casos pendientes, que hay otros seres, que es una cazadora pero se retira. Y el chico hizo la gran pregunta que los mantiene en carrera, si ella se retira, ¿quién salvará a chicos como él de cosas como esa? La cuestión es que ese joven se obsesiona, como hicieron otros antes que él, seguramente impresionado y medio enamorado de la mujer dura que le salvó la vida, la misteriosa Mary Winchester (una Sarah Connor, pues). Y comienza a recabar información, se vuelve cazador, el tiempo iba pasando y fue cuando entendí que Mary no estaba de cacería ahora. Asa termina como un Dean cualquiera, borrachín, mujeriego, fascinante. Creí que aparecería frente a Mary, a la que vería como cuando era un chico, el objeto de su fascinación, mientras esta le miraría como a un niño, u otro hijo. Casi imaginaba las caras de Sam, y especialmente la de Dean ante ese cazador que se le parecía tanto en su proceder…

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   …Pero van y le matan. Termina colgando de un árbol. ¡Fue tan frustrante!

   La historia se desplaza a la casa de la comisario Jody, donde está recibiendo a los hermanos, que parece algo desaseados. Alex y Claire no están (y me alegré, me agrada Claire, la otra no tanto), y van a ver películas de chicas. Llega la llamada, ha muerto Asa y por la cara que pone uno ya adivinaba que Jody había tenido algo con él. Que ella supo que era un cazador en cuanto se presentó como el agente especial del FBI, Fox Mulder, eso me hizo reír. Ellos irán con ella a presentar sus respetos a otro cazador, aunque ella quiere que se bañen antes de hacer ese largo viaje… a Canadá.

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   Y conocemos a un grupo curioso de gente, cazadores, y entre ellos, Sam y Dean descubren que son legendarios. Como tiene que ser, carajo, para bien o para mal han estado mezclados en cada fin del mundo, el cual han revertido. Para estas alturas todos esos sujetos debían saber de los leviatanes, la caída de los ángeles e incluso de la llegada de Amara, que Lucifer anda por ahí, por no hablar del Apocalipsis, de lo cual si hablaron.

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   Encontramos al hablador del grupo, al fan de Sam que quiere saber de su relación con Lucifer, los gemelos ambiguos criados por una bruja (la bonita chica y el joven a quien su madre enseñó a seducir hombres), la mamá amargada por la vida que tomó su hijo, por esa gente, y la llegada de Mary Winchester.

   Me gusto que Dean fuera algo brusco al principio, carajo, el programa es de drama, ¿no? Pero me encantó la reacción de Jody al conocer a la legendaria madre de los hermanos (papel que ella misma ha representado más de una vez). Sin embargo están todas esas tensiones, especialmente de la madre de Asa hacia Mary, a quien culpa de haberle sorbido la mente, la misteriosa mujer que descubrió ante sus ojos todo ese mundo fascinante de aventuras; que no se casó, no tuvo hijos ni familia, y que termino pasándole factura. Pobre Mary.

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   Bien, aquí las cosas se ponen algo tontas, alguien es asesinado y Dean, molesto con Mary había salido de la casa cuando los que están adentro descubren la muerte. Saben que es un antiguo demonio con el cual Asa tenía una pelea cazada, e imaginan que fue él quien le asesinó. No pueden salir de la casa y esa cosa posesiona a otros, lo que resulta algo tonto, ¿acaso esos otros cazadores ignoran lo del tatuaje que puede protegerles de eso? ¡Matan al fan de Sam!, eso me molestó. Le buscarán, desconfiando unos de otros, y entre los poseídos cae Jody, a quien Mary casi mata. Mientras eso pasa, Dean encara Billie, su poco cariñosa parca, la cual viene por un alma dentro de la casa. Dean corre, no puede entrar, hay un hechizo (hechizo que el gemelo varón vio sobre la puerta, gran habilidad), y Dean la convence para que le ayude. Pero sólo porque ella quiere algo.

   Vienen esas escenas raras, intentan expulsar al demonio de unos y otros, inician las palabras del exorcismo pero no pueden terminar por golpes y caídas, y se hacen grandes revelaciones (puras bobadas, excepto el asesinato de Asa). Entre todos logran expulsarle, terminando la oración Mary. Y es tonto, ¿tantos buenos cazadores y un solo demonio les domina? Habría entendido un ataque como en la tercera temporada, en aquella comisaría donde estaba Nancy, la virgen. Pero ¿un solo demonio? ¿Para Sam y Dean, que han peleado, escapado y a veces vencido a Alastair, a Crowley, a Lucifer, a Amara, a Abaddon, a Dick? ¿Y nadie tenía la fulana oración grabada? No, todo eso quedaba muy cuesta arriba. Lo bueno es que ahora sabernos que hay otros cazadores y que tal vez reaparezcan, especialmente sabiendo que los Hombres de Letras ingleses andan tras ellos. Me agradaron los gemelos, que resultan nietos de la mamá de Asa, y el mismo bullero, el verdadero asesino del cazador al que dejan ir pero advirtiéndole que todos sabrán lo que hizo. De reencontrarlo, ¿será cómo enemigo o buscando redención?

   Fue un buen episodio, y la reunión  una verdadera celebración de la vida de Asa Fox; con un gran inicio que prometía mucho (casi imaginaba a “otro” Winchester, alguien que adorara a Mary, habría sido interesante), terminando algo bufamente. Un buen momento fue cuando Billie venía a pedir su precio, regresar a Mary al Cielo, lo que esta tanto deseaba y extrañaba; a la muerte le gusta el orden natural, pero mami seguirá con sus muchachos, y en su momento regresará a la baticueva.

   ¿Dónde carrizo estarán Crowley y Castiel? Por suerte esta semana hay estreno.

SAM, DEAN, CROWLEY, CASTIEL Y LUCIFER; 07 Y 08×12

Julio César.

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

noviembre 18, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   ¡Dean Winchester mató a Hitler!, cómo reí viendo esto.

   Me agradó mucho este quinto episodio de la doceava temporada de Supernatural, aunque en líneas generales se quedaron por debajo de las expectativas. Un viejo enemigo resurgía, de más allá de su propio tiempo, nada más y nada menos que el mismísimo Hitler, y no le dieron el tratamiento que debía esta casi majestad infernal. Sin embargo, el villano ordinario estuvo bien, la joven neurótica me hizo reír y el muchacho sangrino era aceptable; aunque el programa debió experimentar un poquito más con él. Debo reconocer que era algo chocante ver ese Hitler atolondrado y medio maniaco, se parecía al Doctor Malito, debe ser porque era tan distinto a la imagen del retraído, amargado y cercado demente furiosos que presentan en la película “La Caída”, cinta que los alemanes hicieron sobre su historia… que no le gustó a mucha gente, porque en este lado del mundo hay personas totalmente convencidas de que ellos saben más, y mejor, de lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, que los alemanes, pueblo que, en sus imaginaciones, son dos o tres aldeas atrasadas, que pastorean ovejas y desconocen la electricidad, un pobre pueblo atrasado a quien el mundo les ha obligado a aceptar la “verdad oficial”, como si Alemania no fuera un potencia y la señora Merkel vergajee en televisión al mismísimo Putin.

devorados-por-la-codicia

   Desde la intro, que como vengo sosteniendo a veces nos echa a perder un tanto la sorpresa, ya me guastaba el asunto, volvían los nazis nigromantes, malos por excelencia como son esos nazis. Me gusta por eso, es fácil odiarles. El inicio fue clásico y hasta chiché. Una mujer elegante entra en una tienda de antigüedades regentada por un tipo maduro, barbudo, algo barrigón, que le presenta un objeto, un reloj con adornos nazis, que la mujer mira con codicia pero ahora este le dice que el precio aumentó. Era el vil regateo y usura del judío de películas. Cuando estalla en llamas, la mujer grita, pero (viéndose que tiene temple, jabría sido una buena villana) toma el reloj para escapar con él, cuando cae también. Sus gritos y caras de sorpresa, miedo y dolor fueron un poema. Una siniestra figura llega y se lleva el reloj.

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   Bien, aún rumiando por Mary, los hermanos se enteran de esas muertes, combustión espontanea, e investigan entrando a la tienda. La verdad es que Dean con el barco, fue notablemente torpe, aunque cosas así me han pasado. Gracioso fue cuando pasó junto a otro y ya iba tocarlo y retiró la mano. Hasta el momento cuando abre la puerta, llamando a Sam, no caí en cuenta de lo que había ocurrido. La mujer pertenecía a esa gama de maniáticos que coleccionan objetos nazis, y el negociante movía dicho mercado. En un episodio de CSI: Nueva York, presentaron un caso parecido, muy bueno, llegándose al extremo de tener el “coleccionista”, un vaso con dientes.

sam-dean-y-los-fans-nazis

   Jamás entenderé la fascinación con esos desgraciados que llevaron al mundo a la guerra, a su nación a vivir el peor momento de su historia cuando por este y oeste venían a cobrarles lo que no todos eran responsables, y se matan unos, huyen otros (para Sudamérica, menos mal que para Venezuela jamás agarraron) y pacta el resto. A la hora de las chiquitas, cuando Alemania iba siendo reducida a escombros y cenizas, escaparon como los cobardes que la historia retrata que eran, y sin embargo siempre hay gente cantándoles alabanzas. En fin…

chica-neurotica

   La escena pasa a esa chica que parece dispuesta a tener sexo con ese tipo, y se ve toda neurótica. Me recordó Aaron, al amo del Golem (quien tiene una corta aparición, desde Berlín, siguiendo el rastro del alto mando de los nigromantes, los cuales parecen haber ido a Estados Unidos por algo muy serio que tiene que ver con la “sangre”); también me recordó, la joven, las vieja películas de Woody Allen, cuando este, dejándose llevar por sus neurosis, hablaba directamente a la cámara para expresas sus inseguridades. Por un segundo la creí judía. El tipo que está con ella, grita, le ve morir en llamas, ella escapa y un joven le va a disparar pero el papá le detiene diciendo que la necesitan. Ella deja sangre al escapar y estos se la llevan.

una-parejita-supernatural

   Los hermanos llegan con ella, que no sabe nada de lo que ocurre. Y allí, casi frente a sus ojos, se la llevan. Es el muchacho, haciéndose pasar por detective, sin matar a nadie. Fue gracioso escucharle discutir con el papá que parece esperar que sepa todo. Sam y Dean lo capturan.

en-el-bunker-durante-la-caida

   Pensé que le iría bien mal, pero Dean logra meterle el miedo en el cuerpo, es hijo de uno de los íntimo de Hitler, que estuvo en el bunker, y hay un vistazo del mismo, con Eva Braun por el suelo, deteniéndole este antes del suicidio, conteniendo su alma en aquel reloj, el cual perdieron en la huida, y que ahora tienen y pueden regresarle a la vida usando a un descendiente, la chica. Esta no lo creía al principio, o no quería creer que era pariente de ese demente, luego acepta que todo aquello es cierto. Me acordé del episodio del Doctor Who cuando viaja a Alemania con Amy y Rory (los mejores acompañantes del Doctor), y la extraña amiga que luego resulta estar ligada a ellos, y la Tardis atropella a un sujeto que estaba a punto de matar a Hitler, este les da la mano y les das la gracias, el Doctor pone cara de chasco y Amy y Rory no quieren escuchar nada de que salvaron a Hitler. Cómo me reí.

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   Bien, llegan los otros nigromantes, los hermanos luchan y la joven escapa por una ventana, tan sólo para que la atrapen a los dos pasos como a una tonta, el hombre sabe por ella que el chico habló y ordena que lo maten, a su propio hijo (ah, esos si son villanos); este se salva por un pelo y llega donde los Winchester, a echar el cuento. Y aquí es donde digo que lo desperdiciaron un poco, es televisión, joder, hagan pensar, o en este caso imaginar; una mirada de conmiseración del joven por la chica, y que luego ayudara a los hermanos a salvarla no habría costado mucho y quedaría bien. Era un muchacho agradable, sabía que no le matarían pero tampoco lo usaron bien.

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   El plan es peor de lo imaginado, le sacan la sangre para transfundirla al otro, aclarando algo que me intrigaba, ¿Hitler sería mujer? No, sólo quieren su sangre. Hitler regresa, y se vio tan extraño…

   Llegan los hermanos, Hitler los reconoce, que el hombre que ocupa les teme (y eso me gustó), está la extraña pelea de siempre (no es por nada, pero si Dean y Sam Winchester me persiguieran porque soy algo maligno, al verles les pegaría un tiro en las frentes antes de que tengan tiempo de parpadear).

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   Logran volver las tortillas, y fue tan hilarante, una venganza histórica, ver a Hitler correr y pedir por su vida. Pero no, Dean Winchester mata a Hitler… y no dejará que se olvide. Esa parte fue de lo más divertida, como cuando expresa que deberían darle cerveza gratis el resto de su vida. Sin embargo…

los-ninos-del-brasil

   Desperdiciaron al villano, lo que significaba. En otras películas o series donde el tema se ha tocado, se logró crear la angustia, la secreta e íntima inquietud que ese monstruo repitiera sobre este mundo todo lo que ya había hecho. Los Niños del Brasil, donde le clonan para crear muchos Hitler, y la misma Mujer Maravilla, cuando ve que en una urna de cristal regeneran su cuerpo de las cenizas, acompañándolo con escenas de sus discursos, de las multitudes, la guerra y los horrores, si lograron causar esa impresión (incluso en ese episodio que mencioné de CSI: Nueva York, escuchando los relatos de sobrevivientes). El programa no logró en ningún momento que se temiera todo eso, tal vez se les pasó la mano con la idea de hacerle ver tan bufón. En este aspecto quedó muy por debajo de lo que debió.

   La chica hará su vida, al joven le dejan ir, aunque deberá escapar siempre porque los nigromantes lo saben un traidor (eso de vete a Buffalo, nadie va a Buffalo, fue gracioso). Y me agradó esto, esta pareja de personajes, y lo uno a algo que comenté sobre el episodio pasado, cando matan a un chico cargador de cosas. Nada significó para uno el espectador, porque no se tomaron ni dos minutos en crear el personaje (como ponerlo hablar por teléfono diciéndole a una tía vieja que espere que ya va para llevarla al baño, así cuando le matan uno pensaría que era una pena pues era un buen chico o que esa señora la pasaría mal cuando no llegara), aquí, en cuanto la chica sufre su crisis de pánico por el hombre en su sala, con quien se quiere acostar, y el muchacho no encuentra las llaves de la camioneta, llamando al papá y discutiendo con este, ya estaban creados. Eran creíbles y hasta atractivos.

   Bien, fue un buen episodio, más divertido que intenso, pero que nada tiene que ver con las otras tramas: ¿dónde está Mary?, ¿qué hace la dupla ángel-demonio?, ¿qué traman los Hombres de Letras ingleses?, ¿dónde anda Lucifer y haciendo qué? Veremos esta semana…

LOS WINCHESTER PRESENTAN SUS RESPETOS AL MUERTO; 06X12

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 12

noviembre 15, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 11

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Por un segundo de confusión todo parece congelarse, sólo están allí, prácticamente abrazados, las manso de Jensen en el torso der Jared, una de ellas sobre su corazón, que bombea con fuerza, la mano de este en la baja espalda del pecoso, caliente y grande. Sus cuerpo muy unidos…

   -¿Qué diablos haces? –pregunta este, rojo de cara, sonriendo, intentando disimular su turbación.- No hice una invitación a cenar con promesa de postre. Y menos ante de la cena misma. –bromea. Pero hay cierta intensidad en los ojos de Jared que le roba el aliento.

   -Deberías agradecer mis manos agiles, ibas a quemarte el culo. –y como para remarcar el asunto, con la mano en la baja espalda, le hala un poco, sus cuerpos uniéndose más.- ¿Seguro que eres apto para trabajar cerca del fuego? –quiere disimular también, pero no le suelta. No puede, las manos de Jensen sobre su torso le tienen como idiotizado.

   -Me alegra ver que mi culo te preocupa. –dice a la ligera, porque en verdad no puede pensar con claridad. Mira que Jared era alto, y fuerte; y con esa maldita colonia que embriagaba, era peligroso.- Digo… -enrojece feo. Jared le suelta, muy reaciamente.

   -Todo me preocupa, Jen, ya deberías saberlo, por eso soy un príncipe de Manhattan. –da un paso atrás.- Lamento haberte sobresaltado con mis preguntas, pero en serio, casi te quemas.

   -Porque estabas muy cerca de… -comienza, acalorado, pero deja salir el aire y sonríe medio chulo.- Gracias por impedir que se me quemara el culo, Jared. Eres un príncipe.

   -Eso está mejor. –sonríe el otro, muy rojo, silenciado un “seguro ya lo tienes ardiente”, esa broma podría parecer…

   -Mira, no hay espacio aquí, tal vez deberías esperarme viendo el juego. –toma la cerveza de su mano, y bebe como si le hiciera falta.

   -¿Y dejarte sólo a merced de los terrible peligros que corres cerca de las hornillas? No lo creo. –despeja uno de los muros de división, sentándose allí, todo pancho.- Cocina, muero de hambre.

   -Eres un idiota. –Jensen no sabe cómo preparará lo que hace con Jared allí, mirándole con ese extraño brillo en los ojos multicolores. A sus espaldas. Voltea todo sobre la plancha, consiente del otro, casi dejando caer una de las tortillas de carne, las cuales le tienen salivando lo mismo que al castaño por el increíble aroma. Todos esos condimentos que sus vecinos, en Texas, le recomendaban le habían dado un sello distintivo a su cocina.

   -¿Quién es Michael? –pregunta Jared, bebiendo y mirándole. Le ve tensarse, pero no sorprenderse.

   -Michael Weatherly es… un amigo; un conocido. Me había asociado con él en lo de los restoranes y cuando el desastre llegó… –le informa, mirándole, encogiéndose de hombros.- …Se molestó. Mucho. Quiere su dinero. –es todo lo que dirá, no relatará las dos peleas a golpes cuando el otro le exigió que le regresara su dinero, acusándole de engañarlo, estafarlo. De robarlo. De ser un ladrón inútil. La verdad es que Michael había sido un sujeto agradable al que conoció en su trabajo anterior, con algo de capital y sueños de independizarse, arriesgándose a lo del restorán, aunque, y era cierto, se había opuesto desde el principio al lugar que le parecía “marginal”. De cierta manera, casi entendía su rabia. Le estaba demandando. Pero las ruedas de la ley le parecía giraban demasiado lentas y quería sacarle la plata de una herida en la cabeza.

   -¿Es todo? ¿Discutieron y ya? Cuando abriste la puerta sin saber que era yo, casi parecías dispuesto a matar a alguien. –duda, no quiere presionar, pero quiere saber.

   -Bien, para serte sincero, no te esperaba pero estaba pensando en ti, por eso mi cara homicida. –sonríe intentando aligerar el ambiente, pero esta vacila ante la mirada intensa del otro.

   -Es difícil que le cuestes a alguien lo que sientes, piensas o temes, ¿eh?

   -Jared… -se incomoda. El otro hace una mueca.

   -Está bien, señor discreto y silencioso.

   -Hey, no pasa nada. –se defiende y vuelve a lo que hace, separa panes, clocándolos cerca de la plancha, sacando huevos de la nevera (inclinándose y atrayendo la mirada de Jared, a ese trasero y la franja de piel que cada vez le parecía más… qué, ¿erótica?).- Desavenencias entre la gente, no es difícil de entender. Te peleas con un multimillonario por engañar a su hija; por centavos en un mal negocio me enfrento a un viejo conocido.

   -Oye, no engañé a ninguna mujer. –se pica, y entrecierra los ojos cuando Jensen vuelve el rostro sobre un hombro, sonriendo pícaro.

   -Ni yo estafé a un conocido, y mira dónde estamos. –vuelve la vista a la plancha, los huevos chisporrean, el tocino y el queso sobre la carne en seguida llenan, no la cocina, todo el apartamento del apetitoso aroma.- Somos víctimas de las circunstancia. Al menos yo. –le aclara, quitándose el reloj y colocándolo en un mesón, comenzando a llenar las hamburguesas, el olor es todavía mejor. A Jared le gruñe ruidosamente la panza, seguramente el otro no lo notaba porque le sonaba igual, pero sus ojos están clavados en ese reloj.

   -¿Y Leslie? –pregunta al fin, extrañándole cuánto le cuesta pronunciar el nombre. O le disgusta. Le ve bajar la mirada un segundo.

   -No estamos juntos por ahora. –parece no desear hablar. Y Jared se muerde la lengua para no preguntar si también ella salió corriendo cuando todo se derrumbó a su alrededor, pero intuye que al otro no le gustaría escucharlo.- No quise… arrastrarla a esto.

   -Si en verdad te quiere… -y nuevamente le cuesta. Y molesta. Imagina al rubio, todo sonreído vistiendo un jeans viejo, una franela, como está ahora, caminando por una calle soleada, tomado de la mano de una bonita rubia de tetas grandes, con cara de hija de granjeros. Ambos mirándose como idiotas, él deseando besarla en todo  momento. Dios, siento nauseas, se dice con sorpresa.

   -Me quiere, por eso me costó dejarla fuera de este lugar. No estaría tranquilo al salir y dejarla aquí. –responde el rubio algo a la defensiva. Luego toma una gran bandeja, sirviendo dos platos grandes, con sendas hamburguesas, dos en cada uno, humeantes.- La cena está lista, querido. –le sonríe con chulería y va hacia el sofá.

   -Era hora, amor, debes alimentar a tu hombre a su tiempo. –replica este, bajando del muro.

   Mirando la cerveza semi vacía en sus manos, Jared se pregunta por qué le gusta tanto ese juego idiota de intercambiar palabras. La termina y saca otras dos de la nevera. Quedaban apenas cuatro. Seguro era todo el alcohol presente en el apartamento. ¡Qué manera de vivir tan horrible la de Jensen! Va con ellas hacia la salita, o ese mueble frente al televisor donde sigue sintonizado el juego. Le ve dejarlo todo en la mesita.

   -¿Y la quieres mucho?

   -¿A quién? –Jensen pregunta distraído, ¿habría olvidado la pimienta en la salsa?

   -¡A Michael! –rueda los ojos con exasperación.- Hablo de Leslie, tonto. –y en cuanto lo dice, notando como desaparece la confusión en el bonito rostro (joder, si, Jensen era bonito), y aparece una sonrisa dulce, el brillo en la mirada, la bilis le sube a la garganta.

   -Claro que la quiero mucho. Mira… siéntate en el sofá, es estrecho y de dos plazas, pero no confío en esos sillones. Están algo viejos. Y se ven peligrosos.

   -Y como manchados. Parece semen y otros fluidos. –gruñe el castaño, algo ceñudo, hasta caer en el mueble que se hunde alarmantemente bajo su peso, pero llegándole nuevamente el olor de la comida que lo compensa.- ¿Los trajiste de tu otra casa o ya estaban aquí?

   -Ja ja ja, Dios, eres tan gracioso como una mancha en una radiografía de pulmón. Sírvete. –y parte por la ensalada.

   Jared le espera, dejando una cerveza frente a cada plato sobre la vieja mesita, lanzándole una mirada inquieta al bol de ensalada que el otro trae; y en cuanto Jensen cae a su lado, hundiendo más el mueble, se pregunta si realmente podrá comer teniéndole tan cerca. El firme muslo musculoso, que dilata la tela del jeans, muy cerca del suyo. Este se estira hacia adelante, toma un plato, también ensalada, dejándolo en sus piernas y atacando la primera hamburguesa. Imitándole, no aún con la ensalada, el castaño toma el caliente emparedado, clavándole los dientes, cortando pan, carne, tocino, huevos, tomates, cebollas, lechuga y papas, y lo mezcla contra su lengua; después de más de medio día de pasar hambre, le parece la cosa más sabrosa del mundo. O tal vez Jensen si era bueno cocinando. Mastica y se le escapa un gemido de gusto, uno que es respondido por otro de Jensen, a su lado.

   Devoran con igual apetito las cuatro hamburguesas, mientras toman cervezas, miran el juego y el rubio también traga ensalada. Y, aunque rueda los ojos, masticando, Jared acepta que su plato lleve ensalada, una que atrapa con el tenedor, encontrándola deliciosa contra su lengua ya estimulada por la carne caliente.

   -Está buea… -farfulla mordiendo, provocando una risita de Jensen, quien ríe.- ¿Ué?

   -Te chorreaste, pareces un niño. –ríe, con unas arruguitas en los ojos que el otro no había notado. Estirándose, toma una servilleta y le limpia un lado del mentón. Es tan natural y espontaneo, que por un instante parecen no notarlo. Hasta que Jared, ojos oscuros, le atrapa la mano.

   -¿Qué me haces, Jensen?

……

michael-weatherly

   Michael Weatherly, el gran Tony DiNozzo, se le extrañará horrores en NCIS, dicen que ya tiene un nuevo programa, ojalá le vaya bien. Era tan increíble en este personaje que uno casi perdona los rumores de que trató a Jensen Ackles horrible en aquella serie que mereció mejor suerte, Dark Angel. Era lógico que se sintiera un tanto amenazado en su Logan, por el Alec del pecoso.

CONTINÚA … 13

Julio César.

SAM, DEAN Y LA PESADILLA AMERICANA; 04×12

noviembre 11, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Acaban con el encanto.

   Me encantó una barbaridad este cuarto episodio de la doceava temporada de Supernatural, donde el “enemigo” no era algo desconocido, pero que fue gratamente novedoso. Cosa que nos lleva a las intro; está bien cuando enlazan cosas que les pasan a los hermanos, entre ellos y con otros, como con Mary dejando la baticueva, pero no es tan bueno cuando aparece un fantasma soltando ectoplasma dominando a alguien, como ocurrió la semana pasada, o se habla de los síquicos, como en esta. Toda la sorpresa que quieren montar se acaba porque ya se sabe de qué va el problema. Fue este, uno de esos capítulos que comienza como una cosa y terminó como otra, siempre con ese torcido giro de la trama. Una idea romántica, esa de escapar a un modo de vida más sencilla que termina en una verdadera pesadilla.

estigmas-sobrenaturales

   La mujer caminado en medio de una vacía iglesia (una velada llamada de atención a la fe de tantos), demostrándose lo poco motivados que están los católicos en tantas partes de asistir al templo, cae de manera ruidosa, bajo la acción de látigos que nadie ve, sangrando mucho, por manos y pies, la espalda lacerada y la frente donde se marcaron unos puntos. Los estigmas, una de las manifestaciones más inquietantes de la religiosidad (no me importaría ver el agua convertida en vino, pero esto…). Quedó muy bien, después de venir de dos entradas poco satisfactorias. Lo que más me gustó fue el enfrentamiento final entre los implicados, en el cual los hermanos poco tuvieron que ver, también dos ligeros comentarios de Dean a Sam, que fueron bien graciosos.

   Sam y Dean, padeciendo ambos por la tensión que la marcha de Mary causó, no pueden hablarlo porque el mayor se tranza en no pasa nada y si ella no los quiere, él no la buscará. Así parten a investigar el caso, notándose el malhumor de Dean en lo referente a todos, desde el cura al forense. Buscando en el trabajo de la mujer encuentran a una colega que hereda su oficina y su cargo, tachándola Dean inmediatamente de ser la responsable, por bujería, aunque no hay evidencia de bolsas de maleficios. Cuando cae otra víctima, un joven, Sam cree que se trata de otra cosa, y disputan. Y aquí hay que intercalar algo, en pasadas temporadas, antes de que alguien muriera, le construían una historia y si el personaje era grato uno casi lamentaba su muerte, o le gustaba. Siempre recuerdo el inicio de la quinta temporada cuando ataca Hambre, el Jinete, y está esa agradable pareja que salía por primera vez el día de los enamorados asesinándose a besos y mordiscos, casi lo lamenté. Como disfruté cuando el chico con la máscara de conejo mataba al sujeto ese en aquella sala, qué tipo. Aquí no, aparece el joven, siente algo y muere. No sabemos quién era, qué hacía, no significó nada. Debieron trabajarlo, presentar algún detalle que nos obligara a pensar, ah, caramba, lo van a matar, qué malo. Están como demasiado rasantes, pasan muy por encimita en muchas cosas. Por suerte, el nudo central, lo trataron mejor.

   Buscando entre los casos de la primera mujer que cae, encuentran que existió una tragedia en uno de ellos, una familia que se aplica al cristianismo basado en el Viejo Testamento, tan a pie de la letra que no llevaron a la hija a un hospital cuando enferma, dejando que se cumpliera “la voluntad de Dios”, y murió.

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   Estando allí, los hermanos se disfrazan por tercera vez, algo que extrañábamos del programa, ahora casi siempre son agentes del FBI. En este aparecen primero como sacerdotes…

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   …Y ahora como trabajadores sociales. Es cuando ese motorizado cruza y sabemos que los Hombres de Letras ingleses andan por ahí.

   Dean conversa con el padre y el hermano de la muerta, quien le habla de un mundo que les roba el tiempo y la felicidad de estar con la familia. Lo dijo de manera grata y uno casi podía simpatizar con ellos, como hizo Dean mientras les ayudaba a colocar una rueda en una carreta (y ya los personajes estaban bien construidos e importaban). Hablando la madre, usando un lenguaje parecido, retratando a una familia horrible donde el padre bebía mucho y al que no veían, la hija se encerraba en su mundo, el hijo igual, y la madre era la peor de todos, adicta a calmantes, y que encontrándose mal escuchó una voz que los guió hacia esa vida, Sam, sin embargo, supo ver en ella fanatismo y locura, tanto que la enfrenta al hecho de que su hija murió no por la voluntad de Dios, sino por ella. Acusación que los arroja fuera de la granja.

   Así salen, discutiendo sobre la elección de vida de esa gente, Dean convencido de que la compañera de trabajo de la difunta es una bruja y que se encargará de ella, Sam convencido de que hay un fantasma furioso en esa propiedad. Se separan cada uno para ver qué hacen. Dean encara a la mujer que trabaja hasta tarde, y que le confiesa que odia ese cargo, que nadie lo quiere, es sólo más trabajo por muy poco dinero extra. Y me recordó lo que digo siempre en la oficina, que sólo un loco querría ser coordinador de gente como la que allí trabaja, que cada quien actúa como le da la gana, odian se reprendidos y lo hacen todo tan mal. Oyéndola, Dean, con cara de chasco, guarda el arma que pensaba usar contra ella.

locura-sobrenatural

   En cuanto los hermanos salen, y desde que la mujer, la madre, sabe de una segunda víctima, algo sospechábamos (y sabíamos, en la intro arruinaron la sorpresa), tiene a la hija encerrada porque manifiesta poderes síquicos, prácticamente encadenada, auto flagelándose por creer que algo diabólico la posee. Es esa vieja mirada a la religión, la que a veces la convierte en algo horrible, las flagelaciones, el castigo corporal, sacar al demonio con dolor, creerse obrar por un bien mayor aunque se estén cometiendo locuras y maldades. Es lo tocante al Viejo Testamento. Generalmente los intolerantes religiosos, tratándose del cristianismo en cualquiera de sus ramas, se afincan en esa parte, obviando el Nuevo Testamento y las enseñanzas de tolerancia, paz y amor de Jesús. Nadie se vuelve loco queriendo ser más bueno que todos los demás (aunque los hay, siendo bueno que existan). Claro, ser bueno, perdonar y tolerar no es tan divertido como sacar confesiones a gritos, o soñar con ver a los demás quemarse en lagos de fuego, me imagino.

   Bien, no sería Supernatural si a Sam no le atrapan y le atan. La mujer le dice al marido que otros irán, que deben partir (y me sorprendió lo que planeaba), mientras el menor entiende cómo la joven mató a los otros, intentando llegar a ellos para que la ayudaran, e intenta explicarle que no es un fenómeno, no es un monstruo, que tiene un poder que debe aprender a controlar.

   Llega el gran drama de la cena, el padre de familia muere envenenado, es la salida que la mujer encuentra para escapar de quienes irán por ellos, partir al otro mundo como familia, casi obligando al hijo a suicidarse (en este caso sería asesinato), y ocurre esa magnífica escena.

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   La mujer es detenida como homicida y se va gritando que la muchacha está poseída. Sam le aconseja que olvide y siga, que vaya con otros familiares y aprenda a controlar lo que sabe puede hacer. Fue un gran episodio para Jared Padalecki. ¿No fue divertida la cara de Sam cuando Dean le dice a la joven que lo mejor para las familias a veces era apartarse un poco, darse espacio? Viéndola tan dulcita, casi mimosa con Sam, una idea cruzo mi mente: Lucifer va a poseerla. ¡Lucifer será mujer! Era una síquica, como lo era Sam, ¿acaso ella fue otra de las niñas tocadas por Azazel? No parecía el caso, pero… Y aunque no lo fuera, era poderosa. Ya imaginaba a Lucifer dentro de ella, enfrentando otra vez a Sam…

el-sicopata-ingles

   Pero no, es asesinada por el despreciable sicópata de los Hombres de Letras ingleses, el cual dice que ha solucionado otro de los problemas que los Winchester habían dejado. Personalmente me molestó mucho. Odio a esos malditos, y eso que la temporada pasada quería que me agradara la tal Toni. Y todavía no le vemos la cara al sujeto, ¿se acercará ladinamente uno de los hermanos, o a Mary? Podría ser.

   Bien, fuera del detalle tonto de Dean cruzando a duras penas una valla siendo un cazador intrépido como es, y Sam pasando a un lado, quedó bien todo el episodio, me reí una barbaridad con el mayor gritándole a Sam que no tenía la culpa de su vejiga pequeña. Me agradó también el comentario de este a Sam después de hablar con Castiel, quien nada ha escuchado en radio ángel, descartando que el Cielo tenga algo que ver con los estigmas, hablándole de que está con Crowley cazando a Lucifer: “Un ángel y un demonio, juntos combatiendo el crimen”. Esa imagen es tan absurdamente buena esta semana como lo fue la anterior. Lo otro es cuando la trabajadora social de la cual Dean sospechaba, le llama para decirle algo, y luego le cuenta a Sam que lo buscó para darle su número, pero ya lo imaginábamos, ¿verdad? Se vio tan gracioso eso de que pensaba dispararle y ahora ella quiere una cita. Por otro lado, está demostrado que en Supernatural los monstruos más peligrosos y perturbados son las personas, la gente normal (bueno, no normal), desde aquella familia que cazaba gente para divertirse, al hombre que tenía a los hijos encerrados tras los muros de su casucha. Esta mujer estaba realmente enferma, y asustaba.

   Bien, ¿y ahora?

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

Julio César.

ACABADO… EL ASUNTO DE LAS MAMAS; 03×12

noviembre 2, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Mamis al ataque…

   Por fin se ha despejado la gran incógnita, ¿qué había sido de Mary Winchester después de su muerte? Estaba en el Cielo, aunque Ash no pudo encontrarla, como le dijo a los hermanos en la quinta temporada; y es a partir de esa revelación, casi finalizando el episodio, cuando las cosas ganan sentido y un tanto en emoción en el tercer episodio de esta doceava temporada de Supernatural. Y antes de seguir, viendo la intro, me queda una duda, esas escenas del nuevo Lucifer con una hermana, ¿ocurrieron? Vi dos veces el capítulo pasado no lo encuentro nada de eso.

   Bien, ha sido este otro episodio increíblemente lento, superficial y poco satisfactorio, y miren que me cuesta decirlo. Sam y Dean volvieron a pasados esquema, que son muy ellos, para encarar un problema, y eso siempre gusta, pero lo volvieron la tónica de todo el programa. Siempre hay una cuestión entre ellos, que se plantea al inicio, ocupa una escena a la mitad y cuenta con una resolución al final; el programa fue todo sobre ese planteamiento y no hubo dinamismo. Tanto es así que la única notable, fuera de Mary contando su verdad, es Rowena cuando encara a Lucifer y vuelve a ser ella, la criatura traidora de toda la vida.

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   El enemigo es un fantasma parecido al que investigaba Bobby siendo fantasma, y la escena comenzó bien con la joven que entra en una fea y destartalada casa de donde parte el llanto de un niño. La escena de la fea muñeca en la cuna fue inquietante pero pudo ser peor (o mejor, desde un punto de vista de suspenso), lamentablemente al retirar la escena escuchándose únicamente los gritos de ella y su pareja (para preservar la sorpresa sobre el tipo de caso que es, aunque ya sabíamos por la intro que iba de fantasmas), le restó impacto. Me gustan esas escenas crudas y sanguinarias que nos presentan a veces. Y el tema en general era bueno, daba para mucho drama, y miedo, pero las escenas fueron tocadas por encimita, las tomas parecían decorados de telenovela, donde mueven los platos de aquí para allá. Y los cortes de las escenas de acción fueron desesperantes. Fuera de eso, desperdiciaron a los niños fantasmas atrapados.

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   Como sea, Sam quiere hablar con Dean sobre el problema que hay con Mary, y Dean no ve problemas, no hay nada qué hablar, sólo debe ajustarse. Los viejos patrones. Y eso era irritante, ese disgusto, el no estar cómodos entre ellos, ¿qué les pasaba a estos con ella y a está con los hijos? Parecía un drama tonto (sólo lo parecía), planteándose aquello de que no está lista para cazar, y que la sobreprotegen. Me gusto el corte de cabello de Mary, su gusto por el tocino, y su cara de chasco cuando no la dejan ir a cazar sola, o cuando ve cómo se hacen ahora las investigaciones sin preguntarle a la gente implicada (un error de nuestra era). Su encuentro con el niño fue esencial, ella sintió que este no quería hacerle daño, por lo tanto era una víctima; podía estar engañándose o confundida, pero que Sam y Dean la creyeran totalmente equivocada, como si no supiera lo que hace siendo que cazaba con su padre muchos antes de que ellos nacieran (y hay que recordar que Mary no lleva treinta años dormida, despertó en el segundo siguiente después de su muerte, con todos sus recuerdos y facultades), era irritante.

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   Mientras Sam y Dean queman cadáveres, algo de lo que jamás nos cansamos, Mary vuelve a la casa, sabe que algo retiene a los niños, un verdadero fantasma adulto, que la atrapa. Los chicos llegan, Dean lucha, Sam encuentra el buffy-la-cazavampiroscadáver tras la pared y lo quema, el fantasma desaparece y los niños parten al Cielo. Fue el único punto interesante del caso, como el por qué ese sujeto llegó a eso, un fantasma celoso y furioso de la dicha de otros, y lo desperdiciaron en tres minutos. Llegamos a la confesión de Mary, de cuál es el problema: extraña a John y a sus hijos. Hasta que despertó en ese paraje, traída por Amara como un regalo a Dean, ella estaba en el Cielo con el hombre al que amaba, con su pequeño Dean de cuatro años y Sam, su bebé. Y la sacaron de allí, donde vivía una burbuja eterna de felicidad, que creía real, y ahora está sola, John muerto y de sus bebés no quedan sino esos dos hombres a los que poco conoce. Me recordó esa escena de Buffy, la caza vampiros, cuando muere al final de una temporada, sacrificándose por la hermana que le apareció de manera mágica, y Willow la regresa a la vida, y allí andaba, todos dándole la bienvenida, y ella confiándole al vampiro de pelo blanco que estaba en un sitio de luz y calidez, cobijada, feliz y en paz, sin luchar ni preocuparse, y ahora está allí, y que quiere regresar a ese lugar de donde la arrebataron. Fue un gran momento de la caza vampiros, como lo fue este de Mary.

mary-se-despide-de-sam

dean-y-mary

   Así esta Mary, se siente triste, de duelo por lo perdido. Los ama pero no puede compaginar tan fácilmente las dos realidades. Según como son, cuando ella expresa el deseo de apartarse por un rato, Sam entiende aunque está triste y corresponde a su abrazo, Dean no, casi se aparta, lastimándola. Son los viejos caracteres, el Dean que siempre quiso reunir a la familia costara lo que costara, y aunque los demonios usaran esa necesidad para lastimarle. Mary abandona la baticueva, y era bueno, por un lado. Viendo los primeros veinticinco minutos del episodio, temí que se volviera tan fastidiosa como Rowena cuando estaba con Crowley e intentaba influirle (capítulos letárgicos). Por otro lado… bien, esperaba verlos sentados en un bar, Dean coqueteando con una chica, que ella llegara y la otra se apartara; o las caras de sorpresa cuando ella le reclamara algo y este respondiera “si, mamá”, rodando los ojos; incluso que ella, como parte del subtexto, se interesara en sus vidas románticas, preguntando por Castiel. Hubo muchas cosas ligeras que pudieron hacerse, pero los escritores no han parecido poder con la trama. Pero, en fin, hay tiempo… Mary Winchester está viva y anda por ahí.

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   ¿Crowley formando pareja con Castiel para buscar a Lucifer, como unos Sam y Dean cualquiera? Era ridículo, pero también divertido, me gustó; hay química entre ellos. La cara de Crowley cuando Castiel cuestiona que busca a Lucifer no por temor a su Reino sino para rescatara Rowena, no tuvo precio. Pero es esta la que se roba el show.

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   La poderosa bruja vive bajo el temor de ser asesinada y que esta vez sí se quede muerta, y para evitarlo le ofrece a Lucifer endurecer el recipiente que usa y que ya se cuartea. Lo hace, pero es una maldición para terminar de destruir ese cuerpo y enviarlo lejos. La mujer corrió peligro, y mucho, pero fue más lista y al final logró burlar al demonio mayor.

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   No imaginan cuánto me gusto esa escena, Lucifer furioso, gritando impotente, derrotado. Era la Rowena de siempre, la misma que engañó a Crowley, a Sam, Dean, Castiel, y ahora a Lucifer (y no entiendo, siendo un ángel ¿no se le puede alejar con el símbolo ese?). Ella fue, sin dudar, lo mejor del episodio.

   Bien, también ella se separa de Crowley, no formará parte de la patrulla ángel-demonio para buscar a Lucifer, pero si lo encuentran ella regresará a ayudar, ya que también está en la picota. Las madres se apartan (y que Rowena todavía viva es casi increíble). Y esto abre muchas preguntas, ¿continuarían Crowley y Castiel juntos? ¿Qué dirá Dean al respecto (los novios juntándosele)? Pero lo interesante es Lucifer, sigue por allí, sin su recipiente, reaparecerá, lo sabemos, ¿idearán una gran trama al respecto o le desperdiciaran como hicieron con aquellas facciones de ángeles que luchaban al caer del Cielo, o los leviatanes, o los nazi nigromantes, o la familia de Frankenstein que mataron a Charlie? ¿Ya no puede reiniciar el Apocalipsis o algo que se le parezca? ¿Qué nuevo recipiente tomará? Esperemos que sea un actor tan carismático como Mark Pellegrino. ¿Imaginan un Lucifer mujer? Hubo una serie, la vi en AXN, sobre un reaper así, que antes de que se venciera el tiempo de la gente que hizo pactos con el Diablo, intentaba que se arrepintieran y se salvarán (casi nunca lo logró), y en una escena decembrina va por una calle y una bonita patinadora viene, sonriéndole, le abraza y besa. El sonríe hasta que los ojos se le ponen rojos a la chica y sabe que es el Diablo. Dios, cómo me reí de la cara que puso y el grito que pegó. También ahí jugaban con cierto bromance.

   Bien, veamos qué pasa ahora con nuestros chicos…

SAM, DEAN Y LA PESADILLA AMERICANA; 04×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 22

noviembre 1, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 21

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Debemos…

   -Okay, okay. Irnos. Recogeré todo. –exclama furioso, saliendo del cuarto.

   Dean no quiere pensar, no desea alterar a Sam, molestarle, no puede enfrentar eso ahora, cuando justo en esos momentos miraba de cara a los demonios que han torturado buena parte de su vida, la vieja maldición: amar demasiado a Sam. Una vez, en ese cuarto, pensó que podría dejarlo todo atrás, junto a Nicholas Stanton, pero…

   El silencio se hace ominoso, Sam debía… Llevado por ese viejo instinto que le obligaba a buscarle y consolarle, sale del dormitorio principal… para encontrarle caído cuan largo en el suelo alfombrado.

   -¡Sam! –jadea.

   -Vaya, vaya, parece que será fácil devorarte, amigo. –informa un sujeto que aparece frente a sus ojos, piel cobriza oscura, rasgos latinos y negros, de largo cabello en crinejas, llevando en las manos un arma.

   A Dean se le hiela la sangre al verle arrojarla a un lado y lanzar un bramido entre humano y animal, comenzando a transformar sus facciones. Da un paso atrás y otro rugido le hace pegar un bote, en la entrada de la cocina, donde tal vez le buscaban, está otro de los sujetos. Le tenían entre dos aguas… y Sam estaba caído.

   Eso era lo más preocupante e inquietante. Podía luchar y tratar de saltar sobre alguna de aquellas criaturas, ¿pero dejando a Sam? La idea sencillamente ni se le ocurre. Al contrario, una que le alivia un tanto era que, estando como estaba, el castaño no se daría cuenta de nada si le destripaban.

   -Ya quiero clavarte mis dientes. –ruge uno de esos tipos, el de crinejas, su rostro casi transformado, la boca sobresaliendo en hocico, uno por donde pasa su lengua con voracidad, para aterrorizar al rubio pecoso que viste únicamente un bóxer tipo bermudas holgado.

   -No te lo aconsejo. Estoy algo amargo hoy. –le sonríe con chulería, mirada fría, lanzando un ojo a uno y otro. Se sentían seguros, después de todo eran poderosas bestias peludas, enormes, hombres con caras de perros, manos como zarpas terminados en garras, un cambio tan violento que contaban con cuatro dedos únicamente.

   Seguros de la pelea, los dos seres se acercan lentamente hacia el rubio que retrocede, alejándose del caído Sam,  a quien evidentemente sorprendieron y golpearon por detrás. Mierda, debimos salir hace rato, se reprocha, pero pronto aleja el pensamiento, no le servía en esos momentos. Sólo le quedaba una oportunidad y la aprovecharía; esas criaturas de forma claramente perrunas se moviera con lenta y deliberada crueldad, disfrutando por anticipado del sujeto semi desnudo e indefenso. ¡Ignoraban que enfrentaban a un cazador!

   La criatura que llegaba por sus espaldas, lanzando un feroz gruñido se le lanza encima…

……

   -Querido, que curioso, tú por aquí, no te esperaba. –se extraña un tanto la aristocrática Rebecca Stanton, levantándose del sillón donde tomaba una manzanilla, costumbre nocturna. Sus ojos escrutan al atractivo y altivo fiscal.

   -¿Necesito una invitación o una ocasión especial para venir, Nana? –le sonríe de medio lado, besándole una mejilla.

   -No, aunque ya no vienes tanto como antes… Como cuando Dean estuvo aquí. –apunta, mirándole a los ojos y tomando asiento nuevamente.

   -Abuela… -bufa bajando los hombros, manos en los bolsillos del pantalón. No quiere sostenerle la mirada.

   -Ay, cariño, soy vieja pero no tonta o pacata. Sabía y sé muy bien todo lo que ocurrió entre tú y ese lindo chico; todo lo que significó para ti. Lo que te costó sentir tanto. Eres un hombre frío y ambicioso, trazaste metas altas e implacablemente te moviste para alcanzar el éxito, sueños grandes, y para ello te comprometiste y casaste con Leslie; en un mundo donde todo estuviera bien, sin que fantasmas atacaran a una anciana en una enorme y lúgubre casona, habría sido perfecto. Pero entonces llega un chico chulo, pecoso y rubio, con sus enormes ojos verdes y te roba la paz, el sosiego… el corazón.

   -Abuela… -bufa otra vez, ceñudo, rojo de mejillas.

   -¿Quieres que te recuerde esa noche que te vi… llorando cuando descubrió tu engaño y se fue? ¿Toda tu rabia en esos días, las órdenes que impartiste a las autoridades para que le encontraran… y te lo trajeran?

   -¡Él se fue! –se defiende ronco, erizado, no queriendo recordar todo ese tiempo.

   -Te dolió tanto, te molestó así, porque era fuerte lo que sentías. Y no se fue, cariño, tan sólo no entendió que sintieras algo por él pero te entregaras a otra persona, relegándole al rato furtivo, a la escapada a media tarde. La persona con la cual violabas votos sagrados. Dean no era, ni es así, y creo que en el fondo lo sabías. –bebe de su brebaje.- Pensé que lo habías superado, pero ahora veo que no es el caso. –se ve intrigada.- ¿Qué harás, Nicholas Stanton? ¿El corazón o tu ambición? –suspirando frustrado, el hombre se deja caer en un butacón.

   -Creo que es tarde, abuela. Hay… alguien más. Una persona que siempre estuvo allí, que se apartó por un tiempo, pero ha regresado. –lo dice con amargura, mirando la mesita y sus complicados adornos de plata, cerámicas y cristal.- Mi momento fue aquel, Dean era mío y… -confiesa, atragantándose con disgusto y frustración.

   -Pero ya has hecho tu vida, amor. La que deseabas. No te quejes. –intenta confortarle, pero el hombre la mira, desconfiado, sonriendo.

   -Te entiendo, abuelita, la jodí y ahora debo atenerme a ello, pero… -echa la cabeza hacia atrás. Y una idea le llega de manera insidiosa… si tan sólo Sam no estuviera. Se pone de pie.- Necesito ir al baño. –anuncia y sale. La mujer bebe de su tasa.

   -Toda una vida de indicaciones y jamás aprendiste que a nadie le interesa saber sobre esas cosas. –sonríe con algo de tristeza. Sabe que no va al baño, y que sufre. El drama de su nieto fue jamás entregarse, gritar que amaba, exigir su amor, pelear abierta y francamente por lo que sentía. Pensó resolverlo todo con trucos, engaños, fingimientos. Ahora padecía el infierno de los tibios de corazón. Y lo sentía por él.

   Abriendo la puerta de aquel dormitorio donde Dean Winchester convaleció, a Nicholas le alcanza el hecho real de que en un tiempo tuvo al rubio pecoso en su vida, entre sus brazos, en el lecho. Ahora se siente más frustrado mientras camina hacia la cama hecha y se deja caer sentado. Cierra los ojos con fuerza y le parece estar allí, otra vez, de espaldas sobre esa cama, totalmente desnudo, con la abuela no muy lejos igual que sus doncellas, preguntándose en esos instantes, de manera casi perversa, si imaginaban lo que allí ocurría. Y era posible dado los gruñidos del pecoso. Dean sobre él, desnudo y a hojarascas sobre su regazo, rubio y dorado, guapo, atrapándole los costados con las rodillas, las manos tras su cabeza, el joven y armonioso cuerpo totalmente envarado se agitaba, casi de adelante atrás, con el culo totalmente lleno con su verga casi rojiza, apretándosela, halándosela con las ardientes paredes de su sedoso recto. Aún ahora, en ese cuarto, años después, le parece verlo, sentirle, cuan vaquero sobre un potro, gimiendo, gruñendo al sentir el roce de su verga contra sus entrañas, el muy pillo asegurándose, una y otra vez, que la punta de su tranca le golpee en la próstata. A Dean le volvía loco aquello, tener su agujero caliente y vicioso totalmente cerrado alrededor de su falo, subiendo y bajando, agitándose de adelante atrás hasta que alzando la cabeza, con un grito ronco y la cara muy roja…

   Dean… el pensamiento llega fácil, pero se siente extraño, todo comienza a dar vueltas a su alrededor mientras siente que le falta el aire. Alarmado quiere ponerse de pie, aflojarse la corbata y llamar a alguien, pero no puede. Se ahoga, le parece que se desploma en una espiral de oscuridad. Tan sólo una idea le domina: Dean, Dean, Dean…

   Cae hacia atrás, sobre el colchón, muy rígido, ojos abiertos y llenos de humedad, tembloroso. ¿Qué diablos le pasaba?, se pregunta alarmado, porque a pesar de sus parpados separados, todo va oscureciéndose. Dean…

……

   La criatura se le arroja con la arrogancia y malevolencia del ser poderoso que aterroriza y matará a otro ser, uno indefenso. Pero, se dice Dean con una leve mueca, no contaban con los cazadores. Retrocede casi hacia la puerta de la entrada del dormitorio, la cadera chocándole con uno de los mil porta floreros del apartamento, metiendo la mano tras un florero vacio, tomando un brillante cuchillo de hoja afilada, lazándole un tajo al ser cuando alargaba su zarpa de garras abiertas. Le hiere en el dorso de la mano, y un aullido aterrador de dolor escapa de aquella boca ya inhumana. Si, no conocían la plata, eso concordaba con cierta idea que se había estado formando en su mente dese que comenzó a sospechar de Leslie, la mujer de Nick.

   El ser, totalmente asombrado, sangrando, adolorido y furioso, da un salto atrás. Nunca nadie se había resistido, peleado. Nunca les habían herido en aquella forma. El otro, no comprendiendo se lanza también, recibiendo un tajo en el brazo, la sangre y el grito de sorpresa es parecido al del primero. Los monstruos, dedos crispados, los afilados dientes mostrados en una mueca de odio y rabia, miran a cazador, que sonríe chulo, moviendo la brillante hoja ahora algo oscurecida, de uno al otro, aunque sabe lo precario de su situación.

   -Plata. Desde nuestro encuentro de la tarde imaginábamos que algo tenían que ver con la familia de los licántropos, o los caninos. Hombres lobo o chihuahuas, todos ustedes odian esto. –les insulta, bailando el afilado cuchillo ensangrentado para que lo vean.

   No le agrada nada la mirada astuta y cruel del segundo herido, el ser de las crinejas largas, que destacaban grotescamente en aquella criatura. Intercambian una mirada y el cazador siente un nudo en el estómago, uno se lanzará contra Sam, esperando su reacción, que se sostenga en su punto o alargue el brazo para proteger al caído, exponiendo su propio cuello. Lo que ocurrirá, casi con toda seguridad si no es certero y rápido.

  Cuando el primero se lanza hacia Sam, cayendo dramáticamente de rodillas, Dean, semi inclinado, lanza un tajo, alcanzándole superficialmente pues este lo esperaba. Por el rabillo del ojo nota que el otro ya viene, se vuelve, pero no lo suficientemente rápido. Lanza un grito cuando un manotón de aquella zarpa le alcanza de lleno en el codo, electrificándole el brazo… obligándole a soltar el cuchillo a sus pies. Lo mira, que tonto fue, debió imaginar que crispaturas sádicas como estas intentarían no desgarrarle acercándose a su cuello, sino desarmarle para divertirse un rato, pero…

   El aullido de triunfo le llega, bañándole la cara, el pecoso rostro se vuelve a tiempo de verle alzar una de las zarpas, rumbo a su cuello, para retenerle. Tenían órdenes, lo sabe, debía sufrir un buen rato en sus manos. Alguien deseaba cobrarle algo. Esa mujer. Y Sam… Le mira, rápido, todo ocurre en segundos.

   No despiertes, Sam, ¡no lo hagas! Pero este ya se agita sobre el piso.

CONTINÚA … 23

Julio César.

MAMÁ WINCHESTER; 02×12

octubre 27, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Los insoportables ingleses…

   Como siempre les digo, Supernatural es un programa que no tiene malos episodios, tan sólo algunos no son tan increíbles como otros, y uno sólo los miraría una o dos veces de nuevo. No más. Y este segundo episodio de la doceava temporada, “Mamma Mía”, fue uno de los no tan geniales, cosa que se nota bastante después de un gran inicio de temporada. El primero fue intenso, este, en una frase, se quedó colgado. Quedó por debajo de las expectativas muchas veces.

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   ¿Lo rescatable?, mamá Winchester pateándole el culo a la inglesa que torturaba a sus hijos. Se dividió la historia en dos puntos, Dean, Castiel y Mary buscando a Sam, el cual sigue siendo sondeado por la inglesa Toni, y Crowley persiguiendo a Lucifer, reclutando a Rowena para la pelea. Y realmente me gustó un poco más esta trama, ese par se las traen. Viéndolo bien, si, fue un episodio de mamás.

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   ¿Sam y Toni en la cama?, no necesitábamos saber que era parte de algún hechizo, aunque hubo más picante y salero que cuando hacía escenas de cama con Amelia, llevando una franela. Esa trama sí que era insulsa.

   De verdad no tengo mucho que agregar, Dean se confía a Castiel que siente que no todo es normal con Mary, porque no se comunican, han estado separados mucho tiempo, para uno ha pasado toda una vida, la otra regresa después de tanto tiempo al punto donde estaba, cuando tenía un niño de cuatro años y un bebé a quien puso en peligro en un pacto con un demonio para recuperar al marido muerto. Y se entiende esa lejanía, así como la inquietud de la mujer a su encuentro con Sam. Logran ubicarlos, el lugar está protegido contra ángeles, Dean no permite que Mary le acompañe, y comienza lo bufo.

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   Este cae en una trampa y es capturado. Toni, que se deja de hechizos y ahora tortura en serio a Sam, preguntándole por su relación con Ruby, le amenaza ahora con un Dean atado. Qué tontería, pensé. Aparentemente lo de ser los mejores cazadores se debe, como sostiene la mujer, a que tienen más suerte que habilidad. Ese detalle me molestó. Ella le tortura y le pregunta por Benny, punto este me agradó, las veces que se han unido a esos seres sobrenaturales, aunque fue raro que no le preguntara sobre su romance de verano con Crowley.

   Llega mamá Winchester y hay una pelea que si me gustó mucho, la mujer le patea el rabo a la otra, quien tiene que recurrir a un hechizo para pararla (y cómo molestó ese detalle), pero ya Dean se libera y la salva. Quieren acabar con Toni pero llega otro inglés, un jefe, quien les dice que si quieren interactuar con ellos para salvar a Estados Unidos como lo hicieron con Inglaterra, pero no como lo hizo Toni, y exige llevársela, aunque pueden terminar siendo aliados. Y aquí hago un alto. Dean dejándose atrapar así, tan fácil, fue insatisfactorio, el reencuentro con Sam quedó muy por debajo de las expectativas, le creía muerto, carajo, y el otro parece notablemente tranquilo al verle tan lastimado; que ella les increpara cosas y Dean callara, me molestó, él que es chulo y respondón aún con Lucifer, Muerte o Alastair. Toni hechiza a Mary, y Dean no le dispara para que no le pase nada a su madre, y luego la golpea para desconcentrarla, ¿no habría sido igual con un balazo en la frente?

   No me agradan estos personajes, especialmente Toni. Amé a Bela en cuanto apareció en la tercera temporada cuando cazaban la pata de conejo; amé a Ruby, las dos versiones, aunque con Genevieve Cortese me llevó más tiempo porque me había encantado la primera; me gustó Anna, y Gabriel, hasta el hijo de perra de Zacarías; me agradó Crowley desde el principio. Con Megan, cuando apareció en la primera temporada, en el episodio del espantapájaros, la odié, luego la amé intensamente. Pero con Toni me pasa como con Amelia, no me cae bien. Para nada. Bueno, por ahora.

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   Todos regresan a la baticueva, cada uno por su lado después de una escena tibia donde lo único bueno fue ver a Dean comer pastel.

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   Me gustó el reencuentro de Sam con Mary, pero en líneas generales parecía que cada quien vivía una realidad distinta, que todavía no son familia. Para ellos, fuera de rescatar Sam, las aventuras fueron bastante sosas.

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   Rowena anda buscando un marido rico, pero Crowley la amenaza con sabotearla si no la ayuda a detener a Lucifer, quien ha encarnado en un viejo roquero, de los clichés, con todo y trauma provocado por su vida disipada que llevó al suicidio a su esposa. Cuya imagen usa para lograr que diga que sí. Me agradó ese personaje. Ver su enfrentamiento, ya como Lucifer, con Crowley, y este proponiéndole un trato para gobernar uno el Cielo, el otro el Infierno, fue rechazado pero interesante. Rowena y él le tienden una trampa para encerrarle en la jaula que casi funciona, la escena del ácido fue genial, pero Lucifer resulta muy fuerte y Crowley escapa dejando atrás a Rowena. La cara de esta fue un poema. El Diablo mayor se propone conservarla como prisionera, por ser una bruja poderosa, aunque antes quería romperle el cuello y que se quedara roto.

   Esta trama fue mejorcita. Aunque… ¿para qué coquetea Rowena con nadie, no le basta con hechizarlo? Y Lucifer dándole vueltas al roquero se pareció mucho a la del primer episodio de la quinta temporada. Es una apuesta grande dejarle libre. Fueron muchos de estos detalles los que me dejaron insatisfecho, lo confieso.

   El final nos muestra un nuevo enemigo que se acerca, traído por el sujeto que supuestamente pactaría con los Winchester, aunque parecen que tanto él, como lady Antonia consideran que deben acabarlos. Es interesante lo de este “sicópata”, como le llamara Toni el episodio pasado, desde Alastair el terrible, no hemos tenido a otro buen personaje de este tipo.

   Veremos qué ocurre. Nos deben algo fuera de serie…

ACABADO… EL ASUNTO DE LAS MAMAS; 03×12

Julio Cesar.

SÉ MI AMIGO, JEN… 11

octubre 22, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 10

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Mira, sé que fui un idiota, pero acabo de disculparme, no sólo como no suelo hacer, sino de corazón. De verdad no quiero que nos distanciemos o… nos separemos disgustados. –se le escapa, revelando demasiado, se dice acalorado. Por suerte Jensen parece tener sus propios problemas para hilvanar ideas. O hablar.

   -Lo sé, te escuché y… lo agradezco, que vengas a mi puerta y… -sonríe entre divertido y apesadumbrado. Le mira a los ojos y en las verdes pupilas el castaño encuentra una intensidad que le abruma por un segundo.- No quiero que me tomes por idiota o malagradecido, Jay… -lo dice con una sencillez y facilidad que provoca un parpadeo al otro, y un aceleramiento del ritmo cardiaco.- Pero no quiero otro día como este. Nunca más. He pasado por malos ratos, créeme. Y no sólo cuando todos mis planes saltaron hechos añicos por las cucarachas esas, o cuando debí enfrentar a mis padres, conocidos y… a la joven con la cual salía en esos momentos para decirles que había perdido todo. Fueron momentos horribles, duros, unos que no deseo volver a vivir ni en mil años. Me quedé sin nada, lo perdí todo, pero no quise sentirme expuesto a la lastima o las criticas; por eso… acepté un trabajo inmundo y vivir aquí, donde sé que ni las cucarachas vendrán… -intenta una broma.- Para no tener que encarar a ninguna de esas personas, no tener que responder un “¿todo bien de dinero?”, como con ganas de alargarme unos cuantos dólares. No quiero deber, no deseo depender, no busco comprensión… o piedad en los ojos de nadie, ni siquiera de mi familia.

   -Pero me buscaste a mí. –Jared escucha, sintiéndose mal por el rubio.

   -Porque tú no me conocías bien, no sabías de esa historia patética de fracasos. Vi que te vas a casar y pensé… debe ser muy feliz, tal vez recuerde a un tipo que conoció una vez y quiera darle una oportunidad, ¿por qué no tocar esa puerta? –encoge un hombro.- Llegarme y pedirte que me dieras un trabajo en alguna de las cocinas de tus hoteles. Fui y toqué, no sabiendo qué esperar. Y recibí más de lo que pude suponer. No imaginas el alivio, la paz que sentí desde que me contrataste. Pero hoy… -baja la mirada, sus hombros caen.- Por Dios, creo que prefiero volver a soportar la mirada de papá cuando le dije que perdí sus ahorros a tratar con tu desprecio. Sí que lo sabes hacer, Jay, lacerar. Herir.

   -Jensen… -casi brama dando un taconazo contra el piso alfombrado, exasperado y dolido, ¿no se había disculpado ya por haber actuado como un idiota?

   -No quiero vivir… -comienza alzando las manos. Enrojecido, parece no poder darse a entender, tal vez porque ni él mismo lo entiende cabalmente. El rechazo de Jared, su disgusto le había lastimado de una manera extrañamente punzante, superando la rabia. La desazón, el malestar, ese dolorcito latente había sido… insoportable.

   -Te juro que nunca más te haré sentir mal. No te gritaré ni… -comienza atropelladamente, no deseando escucharle decir que no volverá al trabajo. La risita del otro le silencia.

   -No creo que puedas, en verdad, controlar esa parte.

   -Por favor, créeme, quiero arreglar esto. –nuevamente siente que habla de más, agitando una mano entre los dos.- No quiero perderte, Jen. –el diminutivo sale fácilmente, casi ni repara en ello, aunque si en el parpadeo del rubio.- Tú… me ayudas.

   -¿En qué? –le reta, cruzando los brazos.

   -Hablando contigo esta mañana se me ocurrió algo que me sirvió para resolver el problema con el viejo Howard, te lo dije. –confiesa con una sonrisa, aunque no piensa contarle más. Le agrada verle sorprendido.

   -Si, ya lo habías mencionado, pero, ¿en serio? No recuerdo haber dicho nada…

   -Hablaste de un hombre que amaba a su familia, apelé a eso. –ya, eso será todo lo que aclarará sobre el chantaje, se jura.- Y no importa que entiendas, funcionó.

   -Guao, entonces merezco un aumento, ¿no? –se burla, sonriendo leve, notándose que quiere hacer las paces, quedarse. Y a eso se aferra Jared, con la adrenalina corriéndole por las venas.

   -Si demuestras ser capaz de mascar chicle y caminar al mismo tiempo, hablamos. Pero para eso… debes quedarte conmigo. –se oculta en bromas. Y espera.

   -Okay, Jared… -el corazón le late con fuerza cuando el rubio le tiende una mano, correspondiéndole, atrapándola y pensando que le habría agradado más si le hubiera dicho “Jay”.- Te debo mucho, y quiero el trabajo. Y… -rueda los ojos, algo rojo de mejillas.- …No eres un ser humano totalmente desagradable como te imagina uno por los reportajes. Me gustaría seguir trabajando para tu compañía, pero… debes prometerme, que en la medida de lo posible, harás todo lo que puedas para controlar tu genio; no tratarme, o tratar a otros frente a mí, con esa deliberada crueldad que mostraste hoy.

   -¡Hey! –se alarma. El rubio no temía llamar las cosas por su nombre.

   -¿Es un trato? –le estudia, sonriendo, sus manos unidas todavía, aunque tal vez el asunto ya estaba tardando demasiado. Se sobresalta un poco cuando Jared le hala acercándole a él y llevando las manos unidas a su pecho. Siente el latir de su corazón y eso le parece abrumadoramente íntimo.

   -Prometido. –concede, sonriendo bonito, como un niño. Había querido sorprenderle con el gesto, jugando, pero aún él nota como se incrementan los fulanos latidos, así que le suelta.

   Algo rojos de caras, se miran, no sabiendo qué otra cosa decir. Jared, metiendo las manos en los bolsillos, sonríe chulo.

   -Entonces, ¿terminó este momento de chicas? ¿Puedo olvidar que dijiste que soy tan importante en tu vida que mi opinión te trastorna mucho? –puya. Le encanta ver como Jensen alza los hombros desafiante, notando el brillo en sus hermosos ojos (mierda, si, eran hermosos), sonriendo igual.

   -Y yo olvidaré que estabas celoso de que otra persona me hablara, incluso tu hermana.

   -¡Touché! –estalla en una risa, rojo de orejas. Es cuando… Olfatea casi asombrado.- ¿Qué coño es ese aroma glorioso?

   -¡Oh, diablos! –exclama Jensen, bordado el muro y llegándose al rincón que ocupa, según él, la cocina. Jared le sigue y sobre una plancha grande, divisa dos enormes pedazos de carne para hamburguesas humeando. De allí partía ese olor enloquecedoramente bueno a comida.

   -¿Qué haces? –pregunta, prácticamente detrás del rubio, el espacio era estrecho y habían muchos trastos para cocinar. Este se vuelve, mirándole con ironía, haciéndole rodar los ojos… aunque le gustaba ese gesto del pecoso.

   -Hamburguesas, ¿no lo ves? Dios, debes ser realmente rico para no reconocer…

   -Córtala ya, rubio tonto, lo pregunto porque me parece extraño que un cocinero… -se burla, viéndole tomar una paleta metálica y volver la carne sobre la plancha.

   -Soy, chef, maldita sea, y aún yo amo las hamburguesas. –se defiende, y se miran.- Me muero de hambre, no he comida nada prácticamente desde el desayuno. Arruinaste mi almuerzo con tus reclamos.

   -Tampoco yo almorcé… o cené, y en mi caso es prácticamente un signo apocalíptico; ya debe haber gente en el Vaticano revisando alguna tabla, si esto se supo. –contesta. El olor era increíble, pero…- Deja eso, apaga y vamos a cenar. Yo invito.

   -Ya preparé la carne, bastante a decir verdad, cuando estoy… pensativo, eso me relaja; y casi terminé la ensalada, una de mis preferidas cuando… -le encara, mejillas algo rojas, y no termina lo que decía.- Si quieres quedarte y acompañarme… -invita, azorado, mas por la mirada fija de Jared, que por otras cosa.

   -Me encantaría, pero… ¿ensaladas? Soy texano y… -comienza con fingidos reparos, Jensen ríe.

   -Lo sé, Jared, he leído tu biografía, una historia de abigeato y desvergüenza, ¿recuerdas? –va a la estrecha nevera, abriendo y buscando algo, la corta franela se despega del borde del pantalón y los ojos del castaño se clavan en esa porción de piel expuesta, en el borde del bóxer azul pálido, sacudido por emociones y sensaciones que no entiende.

   -Eso asusta, suena a acoso. –dice algo, para disimular, apartando la mirada, caliente de cara, pero deseando echar otra ojeada.

   -Ya quisieras tú que te acosara. –se burla Jensen, más ligero, sacando dos botellines de cerveza, tendiéndole una.- Soy bueno en eso.

   -¿En serio? Fuera de mí, ¿a quién otro has asechado? -destapa la botella y bebe, con dificultad, porque Jensen, destapando la suya, eleva el cuello y toma también. ¿Por qué coño era tan difícil dejar de mirar su manzana de Adán moviéndose, ese largo y recio cuello? Seguro que, en el sexo, cuando usaba la lengua… Más acalorado, casi se termina la fría bebida. El hambre le tenía delirando, definitivamente, se dice como excusa.

   -Bueno, no es algo que cuente… -responde con una sonrisa divertida, dejando la botella en el mesón, volviendo a la nevera, inclinándose, mostrando piel, espalda recia, borde del bóxer… y el trasero redondo. Y el castaño no aparta la vista. Algo rebusca.- Pero Stan Lee pidió una orden en mi contra. –Jared no puede contener la risa.

   -¿Eres un nerd del comics? Dios, ahora me siento menos especial.

   -Oh, no, eso nunca, Jared; estoy seguro que eres una persona muy especial, el chiquitín especial de tu mamá. –se burla, sacando un tazón con algunos vegetales, frascos de cosas, y más carne lista para ser aplastada en la plancha.

   -Idiota. –es la réplica ligera, automática.

   -Cuando lo dices tú, no tiene el mismo impacto. –le mira y sonríe chulo. Destapa un frasco de mayonesa, vierte buena parte en el bol y revuelve, también sal, pimienta y lo que parece una infinidad de otros aderezos como aceites y vinagre, con esos rociadores de especias que Jared regala a la gente cuando se queda sin ideas. No sabía que se usaran en verdad, como no fuera en las cocinas de hoteles y restaurantes.- Prueba… -el rubio le ofrece, con la cuchara, aquella mezcla muy verde.

   -Si me intoxico…

   -Come o lárgate.

   Todavía no muy convencido, acercando la boca, atrapa pedazos de la ensalada, todo aderezado con la mayonesa. Y siente una explosión de sabor.

   -Hummm… -se ve sorprendido.

   -Te lo dije. –sonríe Jensen, satisfecho.- Mi ensalada de aguacate es muy buena. No como para comercializarla, pero si para las amistades. –deja el bol sobre un mesón estrecho y coloca más carne en la plancha.

   -¿Puedo ayudar? –se termina la cerveza, mirándole, por alguna razón le gustaba hacerlo, ver la nuca amarillenta oscura, los anchos hombros bajo la franela, espalda y brazos tensándose al aplastar carne con una mano mientras bebe con la otra.

   -¿Qué tal si sacas el pan de ese estante y otras dos botellas? Pero, te lo advierto, no quedan muchas. Michael… -comienza y se detienen, tensándose, Jared lo nota, incomodándose también. Por alguna razón le disgusta ese nombre y la idea de ese sujeto, el tal Michael.

   -¿Un amigo? –pregunta como de pasada, dándole la espalda, sacando los botellines y destapándolas después de sacar una bolsa de pan de hamburguesa del estante señalado. Se acerca para entregarle su cerveza.

   -Más o  menos. –es evasivo, a propósito.

   -¿Es la persona a quién pensabas gritarle cuando abriste la puerta y te encontraste conmigo? –interroga, con una precisión tal, lo entiende, que le sobresalta; se ubica muy de cerca del rubio. Estaba, lo sabe, en su espacio personal.

   -No quiero hablar de eso, no ahora… -Jensen, tomado por sorpresa por las palabras, se vuelve, agitado al verle de pie, tan cerca, más alto al estar descalzo, chocando de él, retrocediendo por impulso, el trasero contra la cocina y la plancha.

   -¡Cuidado! –alarmado, con un brazo le rodea la  cintura, halándole, separándole de la plancha caliente, estrellándole contra su cuerpo, las manos de Jensen, que suben, cayendo sobre su torso. Chocan, muy juntos, la enorme mano libre de Jared abierta, la palma contra su espalda sobre la franela, y se miran.

   Y el castaño sabe que está en problemas, en muchos problemas… no quiere soltarle.

CONTINÚA … 12

Julio César.

NOTA: Pensaba subirlo anoche y se me pasó. Por suerte no lo borré.