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REGRESO A CLASES… 4

noviembre 24, 2014

REGRESO A CLASES                         … 3

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Con manos temblorosas por el profundo enojo que siente, Chad Murray enciende un cigarrillo en ese pasillo solitario.

   -Es un delito federal fumar bajo techo en un colegio. –oye la voz a sus espaldas.

   -Vete a la mierda. –es la seca réplica, sin volverse. No es obedecido.- Que te vayas, no quiero verte ni hablarte, Paul. –el otro hombre se apoya contra la baranda, de espalda, mirando al rubio enojado.

   -¿No quieres verme? –hay cierta sorna en sus palabras, y luego de mirar hacia la puerta al salón, y en ambos sentidos del pasillo, baja un poco el rostro y la voz.- No era eso lo que decías cuando me buscabas para chupármela… Chad. –dice con aire ligero, como un comentario cualquiera de algo que pasó hace años, pero sabiendo que ya el elefante estaba en el pasillo.

   Ahora tendrían que hablar.

……

   -Señor Ackles… -Jeffrey Dean Morgan, rostro grave, saluda al ya algo tomado profesor.

   -Director… -es la réplica, algo estrangulada. Lleva dos días evadiéndole.

   -Tenemos que hablar.

   -¿Aquí? ¿Ahora?

   -No puedo seguir esperando a que responda mis llamadas… Vamos a cerrar el programa de voleibol femenino… Lo siento, pero la escuela prescindirá de sus servicios.

   ¡Le estaba echando!

   A Jensen todo le da vueltas y siente nauseas, unas contra las que tiene que luchar.

   -¿Me está echando de la escuela?

   -Oh, vamos, Ackles, no finja que le sorprende. Me estuvo evitando durante días por ello. Sabía que en cuanto le viera…

   -¡No puede hacerlo! No puede despedirme porque no le agrade. ¡El colegio no le pertenece! Pero, claro, muere el señor Beaver y… –grazna, alzando algo la voz, indiferente a uno que otro rostro que se vuelve con una mueca de “¡oh, Dios, Jensen otra vez!”. El director Morgan si se tensa.

   -Baje la voz y no de un espectáculo, no le conviene. –es seco, tono que le sirve a todo director de escuela.- No le estoy despidiendo yo. La junta no le quiere aquí. Algo que supongo ya sospechaba. Y si, le contratamos por el entrenador Beaver, pero eso también lo sabía ya, ¿verdad? –suena molesto. Fue una disputa con el viejo profesor, un hombre duro y seco que tomaba sus decisiones sin importarle nadie más. Demasiado institucionalizado para intentarse algo en su contra.

   -¿Qué tienen contra mí? –se ve abatido, casi con un puchero, y el profesor Morgan intuye que ese hombre podía ser peligroso para la estabilidad emocional de cualquiera… que padeciera de complejos maternales, categoría donde caían mujeres y muchos hombres también.

   -Todo esto se lo buscó usted, profesor Ackles. Y no sé si llamarle así. Nunca se sintió parte del cuerpo docente. Para nadie es un secreto que hace esto obligado por las circunstancia. Nunca le ha gustado. Y a la junta no le agrada que usted tome tanto. Sí, todos lo sabíamos. Ni… -toma aire y baja más la voz.- Sé que no es su culpa, pero a algunos padres les preocupan las fantasías que muchas de las alumnas se han hecho con usted, y que su aire de patético perdedor no hacen sino incrementar. Es como con los cachorros a los cuales les falta una pata, siempre logran…

   -¡Patético perdedor! –la ira va dominándole, pero se contiene. Estaba perdiéndolo todo. Otra vez. No, no podía permitirse el lujo de ser echado.- Profesor Morgan, por favor, si pudiera…

   -Lo siento, Jensen… -ahora es menos duro.- La decisión no ha sido mía, aunque no la veté. –le aclara.

   -¡No pueden hacerme esto! No les dejaré hacerme esto.

   -Puede hacer la lucha. Apele la decisión, si quiere. Está en su derecho. –da un paso atrás, deseando alejarse cuanto antes del guapo y fracasado hombre.- Y un consejo, cuando enfrente al consejo… intente no oler a whisky. Esas interpelaciones son delicadas. –y se aleja.

   Jensen Ackles siente que se muere. Estaba desempleado. El entrenador apenas moría y ya…

   -¿Y esa cara, Ackles, se acabó el licor? –pregunta un sujeto, medio tomado y bromista, acercándose en el peor momento. El rubio se vuelve con rostro pétreo, le atrapa las solapas del saco abierto y lo agita.- ¡Hey! –parece alarmado.

   -Mira, hijo de puta… -comienza, necesitando dejar salir toda su rabia, pero justo en esos momentos su mirada es atrapada por la de Danneel, estremeciéndose.- ¡Idiota! –le ruge al tipo, soltándole y volviéndose hacia una mesa.

   -¡Hey, no! –chilla alguien, pero el rubio toma una botella de tequila y se dirige a la salida.- ¡Esa la pagué con mi dinero!

   Desde el centro del salón, Danneel Harris lo vio todo y da pasos en su dirección. Obviamente no sabe qué ocurrió, pero conoce la cara de la derrota en aquel hombre a quien tanto quiso una vez.

   -¡Danni! –una voz aguda, falsamente jovial, estalla cerca. Y la pelirroja cierra los ojos elocuentemente, y así se ve atrapada por Genoveva Cortese, su guapo y sonriente marido, y sus amigos.

   Otro que mira salir a Jensen, es Jared, el cual no presenció lo primero. Sólo le ve botella en mano, decirle algo a una chica camino a la salida del salón y abandonarlo siendo seguido por ella. El castaño traga. Maldito idiota.

……

   Todo era tan gay, lo pensó antes y ahora aún más, al reunirse, como en chiché, en aquellos vestuarios después de la ducha de la mayoría de los chicos. Cuando todos salían era que se animaba a entrar, dejar sus gruesas gafas y tomar un rápido baño, apartado de los que tanto le molestaban. Realmente fue allí donde todo comenzó también. En ese lugar, mientras afuera se escuchaban risas, gente corriendo, compañeros de estudios que iban y venían, de rodillas, delgado y rojizo, un totalmente desnudo Chad Michael Murray buceaba con su boca entre las piernas de aquel chico un año mayor, pero que parecía aún más, por sus muslos musculosos y piernas velludas. La lluvia de la ducha les bañaba, y Paul Telfer gemía contra la pared de baldosa, gozando increíblemente de aquella mamada que el compañerito de clases le daba en la soledad de los baños. A veces una voz se escuchaba más cerca y Chad, temeroso de ser pillado en aquellas circunstancias, deseaba detenerse.

   -Alguien viene. –graznaba, mirándole desde su posición.

   -No es nadie. –siempre le respondía el otro, la verga temblándole de pura emoción y ansiedad, alto, joven y bello como todo atleta escolar, atrapándole la amarillenta nuca de cabellos aplastados contra el cráneo, obligándole a regresar, a cubrir con su boca el palpitante instrumento, e ir y venir otra vez sobre la imposiblemente dura y rojiza lanza de carne, llena de ganas.

   Y Paul cerraba los ojos, nuca contra las baldosas, el agua bañándole, entrando en su boca cuando temblaba todo de emoción erótica, los labios de Chad sobre su pubis, ordeñándole con la garganta. Era cuando enloquecía y le embestía la boca, una y otra vez, intentando llevársela más y más hondo en el esófago; no podía contenerse. Parecía nunca agotarse de aquello, nunca saciarse de las mamadas de aquel chico cegatón y torpe, que sin lentes,  sin ropas, se veía mucho mejor. O tal vez era porque se la mamaba. Casi, si, casi sentía afecto por aquel jovenzuelo que adoraba chupársela. Porque a Chad Murray le gustaba tenerla sobre su lengua. Mucho.

   -Cuando me la chupabas parecías… -continúa ahora Paul, sonriendo amistosamente, deseando derribar un muro, congelándosele la mueca cuando Chad Murray vuelve la mirada, dejando de ver hacia el estacionamiento desierto, y hacia el pasado. La apagada música de la reunión tras ellos.

   -¿De verdad quieres hablar de eso, hijo de puta? –le desconcierta. Volviéndose, Paul mira también a la noche.

   -Entonces, ¿de qué hablamos? –suena exasperado.

   -¿Quién dice que quiero hablar contigo? Del pasado. De algo. De lo que sea. –se deja sentir la rabia. Paul traga, mirándole otra vez.

   -No lo entiendo, respondiste a la invitación que te envié, ¿no era para… hablar? Creí que deseabas que… -enrojece.- …Arregláramos el pasado.

   -¿Qué coño quieres, Telfer? En verdad, dímelo. No voy a reír contigo recordando… -se atraganta, enrojece y mira en todas direcciones; no, coño, no lo dirá, no hablaran de toda la leche suya que tragó. La idea le hace arder la cara con rabia.- Lo que pasó, pasó. -se le medio vuelve.- Las mamadas repartidas en noches de verano, terminaron, como la secundaría. Punto. Vine a eso, a decírtelo. No quiero recibir otra invitación tuya para… nada.

   Paul va a responder, pero tras ellos alguien sale del salón y se aleja a paso rápido, llevando una botella en la mano.

   -Me siento mal. Siempre me sentí así, mal, por como terminó todo.

   -¿Te sentiste mal? No entiendo por qué. ¿Acaso por tratarme como basura?

   -Chad, no podía hacer otra cosa; mi papá te vio…

   -¡Lo sé! Sé lo que pasó, yo estaba ahí, ¿lo recuerdas? –y por un segundo la vergüenza del momento les alcanza otra vez.- Entiendo esa parte, pero no que luego me hicieras sentir como un sucio enfermo. ¡No era un sucio y ocioso marica degenerado persiguiendo al niñito bueno del señor Telfer! ¿Acaso no estábamos enredados en esa mierda los dos? Bien, pasó. Teníamos quince y dieciséis años, las hormonas estaban a millón, ver unas tetas o unas pantaletas a una chica mal sentada nos volvía loco. Queríamos tocarnos, y si otro nos tocaba… Curiosidad, experimentar… Todo eso ocurre y lo entiendo. Pero tú me hiciste sentir de lo peor.

   -No supe manejarlo, ¿okay? –se defiende.- Me… alterabas y… -calla bruscamente, y algo alarmado, cuando Chad se vuelve y le encara con rápidos movimientos, hundiéndole un dedo en el pecho.

   -Ah, no, amiguito, eso no. Fuiste tú quien me buscó siempre. Recuerdo bien esa tarde tras la cafetería cuando llegaste y tomándome por sorpresa…

   -Lo recuerdo. –replica rápido, para silenciarle.- Chad, lamento si te herí. Quiero que me perdones, arreglarlo todo, que seamos amigos y…

   -No me interesa qué quieras, hijo de puta. Y no es solamente por la manera de tratarme, o que tu papá llamara al mío y… -otro recuerdo que aleja, ocasión salvada por su certera y descarada forma de mentir y negar todo.- Lo que realmente me molesta, Telfer, es que nunca cumpliste con tu parte. Me estafaste, así que metete tus disculpas por el culo. –y con violencia regresa al salón de fiestas.

   -Chad… -llama pero el otro no se detiene.

   Paul siente ira, pero también desaliento. No, no se portó bien, pero ¿cómo reparas algo, resarces una ofensa, si ni siquiera te quieren oír?

   No cumplió con su parte.

……

   Jared vio regresar a Chad al salón, y notó que parecía descompuesto, como dominado por una gran furia; aunque intentó disimularla y dejarlo ir. Sophi también reparó en ello. Por otra parte, a Sandy parecían no cansarse de hacerle bromas por el gafete; lo veían, tocaban y reían. La joven componía una gran sonrisa, pero no parecía real. No la pasaba bien, aunque intentaba disimularlo. Y eso que Mark Salling, ese hombre que se decía su novio, estaba allí, a su lado, apoyándola y soltando uno que otro comentario contra los “bromistas”. La verdad es que para el castaño, la fiesta había decaído totalmente. Y eso no tenía nada que ver con la salida del necio de Jensen Ackles, se dice con terquedad. Después de todo, aunque quiso ser educado y amistoso con el pecoso rubio, no vino buscando un acercamiento.

   ¡Joder!

   Se vuelve de espaldas rápidamente, mirando por un ventanal, cuando se acerca Genevieve Cortese, una de las bellas y exóticas de la escuela. Una joven a la que detestaba de manera particular. Repara, de paso, que por alguna razón la menuda pero curvilínea morena perseguía a Danneel Harris.

   -No puedes estar molesta todavía. –apunta, exasperada, Genevieve. Oh, Dios, esa frase debía ser el estribillo de la noche, pensó el castaño sin volverse.

   -Estoy bien, ¿okay? –es la seca respuesta. La pelirroja estaba hartándose de ser paciente con la otra.

   -Lo que hice fue… sin querer.

   -Es cierto, Danni, me consta. Estuvo muy mortificada por todo ese asunto. –intercala con voz profunda, Tom Welling, el enorme y muy guapo esposo de la menuda morena. Intrigado a pesar de sí, Jared les escucha.

   -¿Te consta? Ay, Thomas, por favor. –es la réplica de la pelirroja.- Cuando tu mujercita le dijo a Jensen que ese trabajo para modelar ropa se lo consiguió “el hombre con quien se acuesta ahora Danni”, como le dijo, no fue un error. No hablaba sin querer cuando le dijo que debía agradecerme el tenerle pena. O la oportunidad que le brindaba mi “nuevo amante”. –se oye severa.

   -No fue con mala intención, ¡te lo juro! Sólo se presentó en la conversación. –Genevieve abre mucho los ojos.- Y todo lo que dije era cierto. Pero no te juzgo por liarte con ese hermoso hombre; después del accidente, Jensen se comportaba como un idiota; Eric Bana era tan encantador que no podías dejar de… Y él le ofreció el trabajo por petición tuya, ¿no? A Jensen no le gustó, pero, oye, no era yo quien salía con otro y le pedía que ayudara a mi amante anterior. –Jared se medio vuelve, sorprendido y molesto. ¿Cómo esa pequeña duende maligna podía…?

   -Eres tan… -comienza Danneel, pero un gemido feliz de Tom la silencia.

   -¡Mike, hijo de perra, al fin llegas! –el castaño se vuelve justo para presenciar el acercamiento de Michael Rosenbaum, otro del grupito de los populares, siendo rodeado de hombros por Tom, el cual le palmea con fuerza la espalda también.

   -Lo bueno se hace esperar, perras.

   -Y tú. –apunta Danneel, con ese tono de cariño sereno que reaparece, abrazándole suave.

  -Mike. –es el seco saludo de Genevieve, quien siempre ha culpado a Mike de arrastrar a escandalosas parrandas a su marido.

   -Genevieve. –este corresponde igual, y todos adivinan que siempre ha creído un error de su amigo el casarse con ella.

   -Supe la noticia. –sonríe Danneel, y como Jared lleva rato mirando con disimulo, ve el enrojecer de cara de Mike.

   -¿Cómo lo haces?

   -Tengo mis informantes… -sonríe la pelirroja.

   -¿Ocurre algo? –Tom se ve confuso, todavía rodeándole los hombros. Mike le mira un segundo.

   -Voy a casarme. –anuncia.- Este fin de semana, aprovechando que todos están aquí. Con kristin.

   -¿Con Kristin Kreuk? Creí que era lesbiana. –apunta Genevieve.

   -Tú debes saberlo. –ríe Mike, venenoso.- Ella me contó de ese juego con la botella. –hay risitas cuando la morena enrojece, visiblemente molesta.

   Pero pronto es olvidado, la noticia causa sensación en el grupo, aún a Genevieve, debe reconocer, quien espera que una vez casado, la mujer le impedirá al hombrecito venenoso parrandear tanto. Todos felicitan a Mike y preguntan mil cosas. Todos excepto Tom, quien le soltó, dio un paso atrás y le mira con la boca abierta.

   -¿Te casas? –no le había dicho nada.- ¿Este fin de semana? ¿Por qué?

   -Llevo prisa, ¿la has visto últimamente? –intenta una broma, que no cuaja por la cara desconcertada de Tom, así que se encoge de hombros.- No lo sé, venir cada dos años y verles emparejados, contando lo felices que son, y yo yendo de un lado a otro, solo, me hizo sentir… vacío. –anuncia, y Jared lo entiende, de pronto sintiéndose igual. Tampoco él tenía a alguien.

   -¿Pero así? Cuando te dije que Genevieve y yo…

   -Oh, por Dios, Tom, deja de molestar. Seguro eres el padrino. –le corta su mujer.

   -Así es… tienes cuatro días para resolverlo todo. Dentro de cuatro días tendrás que entregarme en el altar. –le dice Mike, abriendo mucho los ojos con una mueca libidinosa y sátira.- Quiero una épica despedida de solteros. Como cuando se casó Adler, que terminó desnudo con una estrella tatuada en una nalga en el loving del hotel en Las Vegas. Bueno, no quiero una estrella en el culo; aunque me han dicho que el mío vale al menos tres, o tres y media, pero, ¿la verdad?… siempre me he sentido subvalorado.

   Jared no quiere escuchar más y se aleja. No quiere saber de planes matrimoniales. Ni de gente que mira hacia el futuro. Joder, ese viajecito estaba resultando de lo más pesado.

……

   Nunca entenderá por qué Chad y Sandy insistieron en quedarse un poco más. O venir, en primer lugar. Ya estaba cansado de todo, y de todos. Incluido Jensen Ackles. Aunque el último dato, saber que cuando todo hacía agua en su relación con Danneel, esta intentó ayudarle después del accidente, siendo bloqueada la iniciativa por Genevieve Cortese de una manera que debió ser humillante y devastadora para el rubio, le enfermó. ¡Qué gente! Se sintió totalmente desconectado otra vez de ese mundo. Y no sentía deseos de conectar. No valía la pena.

   Llega a los estacionamientos vacios donde dejó el auto alquilado y se estremece. Era una rara noche fría de lloviznas en Texas, ¿cómo podía bajar así la temperatura en ese desierto olvidado de Dios? Se medio arropa más en la chaqueta y abre la portezuela, enciende el motor y escucha una vieja melodía de los años treinta, había dejado la radio encendida. De manera automática casi cambia la señal pero escuchar esa tonada con trompetas y voces ronca cantando que mañana puede intentarlo otra vez, el ser feliz, le hizo quedarse allí un rato. Qué coño, no es infeliz. Tal vez su paso por la secundaria no fue la grata experiencia que debió ser, ni fueron gratificantes las miradas de su padre al saberle gay (no pareció feliz aunque no le despreció por ello); pero todo lo demás ha estado bien. Ha tenido éxito en su trabajo, es reconocido, quiso decir algo y el mensaje llegó. Tal vez le faltaran más aventuras románticas (o sexo, como decía Chad), tal vez le habría gustado ser un amigo real y cercano de Jensen Ackles, pero su vida no carecía de grandes momentos. Joder, era feliz. Tal vez no totalmente pero…

   ¡Mierda!, se dice cambiando la estación donde una nueva tonada hablaba de la fiesta del sábado por la noche en el granero del tío Ed, momento cuando el chico, casi un adolecente, le dirá a ella cuánto la ama. Debía ser grato, piensa dejándose atrapar por la insatisfacción, llegar y encontrar a alguien en casa, gritar que ya estás ahí y te respondan “estoy en la cocina, ¡hay café!”, donde olería una buena chuleta de cerdo (si, es gay, pero también un carnívoro texano). O caer sentado en la cama y ser abrazado desde atrás, con cariño y ternura, una voz en tu oído diciendo “te extrañé mucho”. ¡Dios!

   La llovizna parece una tenue cortina, menuda pero persistente, por ello no podría culpársele si no le hubiera visto. Pero lo hizo y se detuvo en seco con la boca abierta una vez entendió lo que era. Bajo esa lluvia fina, visible a la luz de dos potentes reflectores que cubren toda el área, alguien corre como un quarterback zigzagueante sobre la cancha de futbol solitaria… Una botella en una mano, cayendo de lado la figura, rodando sobre sí y quedando de espaldas sobre el concreto, quieto, la mano todavía sobre el cuello corto de la botella, hasta que finalmente los dedos sueltan y esta cae. Quedando allí, tendido bajo la lluvia y ese cielo oscuro. Tan solo.

   ¡Jensen!

CONTINÚA … 5

Julio César.

REGRESO A CLASES… 3

noviembre 17, 2014

REGRESO A CLASES                         A CLASES… 2

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   La música acaba y se disculpa, decidido a volver a su plan de momentos antes, Jensen.

   Cruza el salón, medio evade y roza gente que baila, hablan mientras gesticulan o simplemente caminan sin fijarse por donde van. Y le intriga, todos parecen realmente conectados, como si esas reuniones fueran más de lo que simplemente eran, verse después de uno o dos años (los que siempre asistían), para ver cómo seguía todo. Tal vez no lo sentía así porque nunca fue amigo de ninguna de aquellas personas, su gente era el grupo de Chad, Sandy, el loco Misha y Chris, el marica. Y de ellos, de la mayoría, siempre estuvo más cerca. Nunca se alejo del todo. Se siente bien salir de la pista de baile, del auditorio. Del ambiente algo recargado. Toma aire y se siente un poco ligero.

   Sigue por el pasillo a los sanitarios, abriendo lentamente la puerta para darse tiempo de pensar, preguntándose qué dirá si Jensen…

   Unos gruñidos bajos, de placer y excitación, le sorprenden, el susurrado “chúpalo así”, le amoscan. ¿Qué coño…? Los lavamanos están vacios, el largo urinal de pared también, pero del último de los privados provienen los roncos y muy bajos gemidos de placer. Del techo prenden tres largas farolas de neón, la más alejada de la puerta, casi sobre los privados, produce una larga silueta que se dibuja claramente en la pared.

   Y Jared no sabe si estar más desconcertado o molesto. La silueta es clara, alguien, de pie, una mano sobre la parte superior de la puerta para medio sostenerse, está recibiendo una buena mamada en su verga, por la sombra, a Jared se le antoja que es como larga y gruesa, eso cuando puede verla, porque otra silueta, obviamente de rodillas, está tragándosela de punta a base, toda, rítmicamente, dejándola allí y medio agitando la cabeza de lado a lado, instante cuando el otro deja salir esos gruñiditos de placer agónico. Y la sombra de ese que chupa con deleite, también es de un hombre.

   Por un segundo Jared Padalecki ya no está allí, vuelve a estar en el sótano de su casa donde tenía su estudio de lectura y escritura, a los dieciséis años, sentado en el viejo sofá, cohibido, encarando a un joven y hermoso Jensen Ackles.

   -¡No soy ningún marica como tú, ¿okay?! ¡No me gusta nada de esto! -le gritó esa vez, con rabia, casi como si le acusara de intentar hacerle daño.

   Y ahora, ve la sombra del sujeto de pie elevar el rostro, boca abierta, gozando cuando el otro deja salir su miembro, que cuelga de la nada, pasándole la lengua por todos lados, de cabeza a las bolas que cuelgan también afuera.

   No piensa, dominado por una rabia que sólo él entiende (¿así que no eras marica?), va hacia la pareja, cerrando los puños con enojo, siendo alcanzado por una duda terrible: Jensen, ¿dejaba que lo mamaran… o estaba mamando a otro sujeto?

   La incertidumbre le hace zumbar los oídos. Y una rabia pura y terrible le recorre otra vez. A los dieciséis años, cuando era tan sólo un muchacho flaco, desgarbado, de largos brazos, tropezándose con todo, el cabello sobre los ojos, lo había dicho, temblando de miedo pero también decidido a probar, a luchar por lo que deseaba… segundos antes de ser rechazado.

   -No es que me gustas, Jensen, no es que te encuentro sexy o caliente, no es que quiero chupártela o masturbarme pensando en ti… todo eso está, pero la verdad, Jensen, mi verdad es… que te amo. Estoy enamorado de ti desde hace tiempo. Y me duele y me gusta amarte aunque nada supieras de ello.

   Sabiéndose sin oportunidades, temiendo al ridículo, a la burla, se lanzó, porque a los dieciséis años sintió que amaba a ese chico de una manera que ya simplemente no le dejaba continuar y tenía que decírselo. Y este le rechazó. Le gritó marica. Y ahora…

   -¡Ahhh! –oír ese ronco gruñido de placer era como una puñalada en su pecho.

   ¡Ya vería ese rubio hijo de puta!, se dice reanudando su marcha.

   Se acerca paso a paso, todo mala leche (aunque no queriendo pensarlo así), oyéndoles concentrados en lo que hacen. No entiende cómo no perciben los terriblemente sonoros latidos de su corazón. Y escucha, alguien traga en seco tomando aire por la boca, gozando mucho, mientras los chasquidos y sorbidas de otra boca, entusiasta, le provoca un feo escalofríos. Quiere gritar, se asoma y… Dios, Jensen…

   No, ¡no era él, el mamado! Al acercarse un poco más logró ver a ese sujeto que poco antes les tropezó cuando hablaba con Chris, el tal Max Adler, el cual jadea agónico de placer (claro, le mamaban la verga), medio recostado de la pared de azulejos, una mano en la puerta, la otra sobre una nuca rubia que iba y venía, tragándosela toda, chupándosela ruidosamente con, aparentemente, mucha experticia. Joder, Jensen…

   ¡Oh, Dios, no era Jensen! La sorpresa y el alivio casi le hacen jadear y reír, nervioso. Con mucho cuidado se vuelve y escapa, aunque le parece que esa nuca que iba y venía sobre la erecta verga masculina, se había vuelto un poco en su dirección. No está seguro ni le importa. Sale porque casi causa un escándalo por nada. No se trataba de Jensen… Y no era educado interrumpir a alguien cuando estaba disfrutando tanto. Regresa al vacio pasillo preguntándose dónde estaría el rubio Ackles… Y por qué su amigo Chris le comía la verga a un sujeto que tanto le maltrataba.

……

   Era complejo de entender, aún Chris Colfer lo sabía, y lo pensaría si estuviera para eso y no de rodillas, sus manos gráciles y móviles abiertas sobre los muslos musculosos de Max, mientras su boca va y viene, realmente golosa, sobre el duro y pulsante miembro del atractivo hombre joven. Y lo disfruta, adora mamar, no podía engañarse; le gusta el cruce de la pieza caliente sobre su lengua, las sorbidas que le da y le otorgan esas gotas que le encanta saborear, pero también escucharle gimiendo ronco, jadeante, totalmente entregado. Era su venganza contra el mundo, una que disfrutaba increíblemente; podría haberse dicho que se desquitaba un poco, de estar pensando, pero en esos momentos, tragándole la dura verga hasta la base, olisqueándole en los pelos púbico, su garganta amasando la pieza, no puede. Sólo quiere sentirla, acariciar las fuertes piernas, oírle gemir bajito que sí, que siga, que no se detenga, por favor.

   Qué Chris Colfer era gay lo supo todo el mundo desde siempre, comenzando por su padre, quien aunque no lo entendió ni estuvo totalmente de acuerdo, lo aceptó. ¿Qué podía hacer? A los siete años dejó de obligarle a jugar futbol con otros chicos, a hablar de niñas o usar sus puños para luchar y no para acariciar el cabello de las muñecas de sus hermanas. Así que para el joven, su casa nunca fue un Infierno, como si lo fue la escuela desde el inicio, cuando otros chicos, llevados por esa crueldad clara y abierta de la espontaneidad, le llamaban “niña”, luego marica. Actitud del mundo que aceptó de una manera curiosa. “¿No me quieren por marica?, está bien, no lo ocultaré. Seré más marica”. Y lo hizo, en lugar de buscar el disimulo, la medianía, exageró a los extremos su ambigüedad, enfrentando empujones, bromas crueles e incluso ataques; sobreviviendo pero perdiéndose, ya ni él mismo puede saber qué tan original era su manera de actuar. Con la adolescencia y el bachillerato, llegó la locura. ¡Le gustaban los chicos!, los grandes y fuertes; los guapos en su juventud y vitalidad. Y debió enfrentar nuevamente las decepciones, las burlas y hasta uno que otro golpe.

   Hasta que notó que si, que a todo el mundo le gustaba el sexo, como descubrió él mismo tiempo antes. Y aunque pudieran tenerle repulsa, ideas o prejuicios, pocos se negaban a una masturbada en una azotea apartada y prohibida para los estudiantes, a que el chico marica metiera la mano en sus braguetas y se las tocara, sobándolas, apretando de arriba abajo; o una mamada en un gimnasio solitario, o dentro de un privado de los sanitarios. Y lo supo, podían odiarle, despreciarle, pero se calentaban viéndole y sólo podían pensar en una mamada. Así que le buscaban. Tenían que hacerlo. El joven nunca llegó a tanto en su análisis, nunca quiso hacerlo, pero sospechaba que su desquite era aún más cruel que eso, que cuando les obligaba a ir por él, por su boca golosa, más tarde también su culo, uno que sabía cómo ordeñar una verga dura de muchachos hormonales, les hacía cuestionarse y despreciarse un poco a ellos mismos. Pero no era su asunto, se repetía al llegar a ese punto. Ya bastante tenía con su vida como para preocuparse de esos acomplejados necios. Eso, claro, hasta que se enamoró del hombre más caliente, hermoso y cobarde que pudo encontrar… pero tampoco quiere pensar en eso, porque duele. Aunque ahora que estaba de regreso, tal vez…

   Jared…

   Bien, Max Adler era uno de esos que le atormentaba en público y le seguían en privado. Hablando con Jared, le tropezó y ofendió, molestando a Jared. Pero él le entendía mejor. En ese momento a Max no le importó todo el tiempo trascurrido desde la escuela, lo supo cuando sus miradas se cruzaron, porque allí, en medio de esa fiesta entre amigos y conocidos, con su mujer al lado, una bonita chica de cabellos amarillos como el trigo, comprendido que Max se moría por una mamada. Una mamada suya. Allí, en medio de aquella reunión con antiguos condiscípulos, ¿qué podía ser más peligroso y sucio? Y se la ofreció, camino a la salida del salón, medio ladeando el rostro, guiñándole un ojo y continuando hacia los sanitarios.

   Sonriendo esperó, lavándose las manos, hasta que Max llegó, respiración pesada, ojos oscuros, pegándosele de atrás, llamándole “sucio marica”, casi al oído, refregándole del culo su miembro ya tieso bajo las ropas, las manos recorriéndole el torso. Era el ritual, uno que continuaba con él de rodillas, atrapándole la dura verga, como seguramente no se le endurecía con su mujer, el puño masculino (por decirlo de alguna manera al tratarse de Chris), apretando y agitándola de arriba abajo, masturbándole, recorriéndole el glande con la lengua, haciéndole estremecer, tensarse y gemir a cada milímetro lamido y ensalivado. Tragarla, centímetro a centímetro, teniéndole allí sujeto a esa lujuria compartida, ojos cerrados, boca abierta, viril y guapo, entregado; ese era su triunfo… Así como la deliciosa calidez que le recorre, embriagante, excitándole como pocas cosas en el mundo cuando la siente sobre su lengua, pulsante.

   Le encantaba chupar vergas, ¿ya lo había dicho? Mamarlas era una deliciosa locura que siempre le gustó, trabajó tantas con su boca, bebió tanto semen caliente que se aficionó, tal vez demasiado, a él. Y justo en ese momento, cuando oye a Max gruñir y jadear, su tranca imposiblemente dura y ardiente, lista para disparar su carga de esperma, una que espera con hambre, le recuerda a él… Quien estaba de vuelta. Al fin.

……

   Jared se aleja, sonriendo todavía entre divertido y molesto con ese amigo tan ligero de cascos. Jamás entendió su punto de vista, su lucha de desafíos, pero reconocía su triunfo cuando los que le molestaban, se le rendían. Él nunca pudo ser así de abierto.

   -¿Entraste al sanitario? Colfer no olvida sus viejas costumbres. –las palabras, tan parecidas a lo que piensa, le sobresaltan; Jensen está ahí, como no, con un botellín de cerveza en las manos.- Ni los chicos del club de deportes.

   -¿Sabías de esa… debilidad de tus amigos? –reta, tiene que hacerlo. Queriendo preguntar, ¿y tú?

   -El espíritu es fuerte, más la carne es débil… aunque esté dura, pulsante y caliente. –le ve encogerse de hombros, y un profundo escalofrío recorre la espalda del más alto. Hay un incómodo silencio, uno donde Jensen no le mira.- Debo… -señala hacia la puerta que lleva a la reunión, pero suena a “mejor me alejo de ti. No te molesto más”.

   -Hey… -le llama, humedeciéndose los labios, odiando que el otro no le mire.- Discúlpame, ¿si? No quise ser…

   -¿Un hijo de perra? –reta, leve, y por un segundo al más alto le parece el chico guapo que podía ser tan adorable como insoportable.

   -No, iba a decir irritable; lo de hijo de perra no te lo gana nadie. –replica igual. Y Jensen ríe, por primera vez en la noche parece aliviado, y más joven y más guapo. Joder, calma, Padalecki, ya sabes, vienes a recomponer cosas, nada más. No hay nada más. Se amable pero no te dejes llevar. Agradable pero indiferente.- No me agradó lo del membrete y…

   -Siento lo de Pitillo… -hablaban a un tiempo, y se miran, azorados, y ríen a dúo. Y se siente muy bien, piensa el castaño.

   -Mierda, la secundaria fue horrible. –jadea Jared, notando que el otro mira hacia el largo pasillo, caminando hacia el barandal y apoyándose de frente.

   -No fue tan malo. –replica al fin, y Jared no puede verle los ojos.

   -Claro, a ti te iba de maravilla. –y al decirlo se muerde la lengua; aparentemente ya no le iba tan bien.- No quise…

   -¿Ya te han contado algo? –le encara volviendo únicamente el rostro, notándose al estar más cerca que sí, toda la masculina belleza seguía ahí, algo menos etérea y ambigua con el paso de la última década, pero también hay pesar. Y Jared se pregunta si no habría también resentimiento.

   -Nada. Lo creas o no, nadie ha tenido tiempo de contarme nada. –se apoya a su lado. De frente. Mirándose.

   -No me extraña, ¿para qué perder el tiempo contando mi vida? –se encoge de hombros y termina el botellín.- Creo que iré por…

   -¡Jensen! –dice algo exasperado, sorprendiéndose un poco; mierda, qué bien se sentía pronunciar el nombre en voz alta, frente a él. Joder, frialdad, Padalecki. Sabes que es un bastardo.

   -No pasó nada importante, no fue un gran acontecimiento; ni un momento transcendental en la historia de este pueblo. –se encoge de hombros.- Me gradué y perdí la beca en la primera universidad a la que asistí; habían clausulas de conducta que no leí ni les presté atención. Mucho parrandeo. En esa época era… -se endereza y le mira.- Tú sabes, medio…

   -¿Gilipollas?

   -Volátil. –puntualiza.- Creí que con mi talento bastaba para silenciar al mundo, que nadie podía decirme qué hacer. Fui a otra, menos buena… y tuve un accidente.

   -¡Jensen! –jadea.

   -Fue… estaba algo tomado. –enrojece violentamente, sonriendo duro.- La jodí, Jared, mi oportunidad. Era mi vida y… la volví mierda. Luego Danneel y yo… Bueno, la jodí más. Un día me encontré sin nada, sin oportunidades. No sabía qué hacer y no me porté muy sensato que digamos. Nunca me preocupé mucho por una educación real. Volví y… -parece costarle cada vez más hablar.- …Ahora doy clases en la secundaria. Educación Física.

   -¿Clases? ¡¿Aquí?! –Jared no sabe si estar sorprendido u horrorizado. ¿Quedarse allí?, se habría vuelto loco.

   -Y conseguí el cargo gracias el entrenador Beaver. Creo que sintió pena por mí. –habla mirando a la noche, mirada ausente, boca abierta, y a Jared se le eriza la piel por escucharle castigarse.

   -No creo; imagino que él vio…

   -Fue mi entrenador. Mi guía. Aquí. Y lo fue aún más allá de la secundaría. ¿Sabes?, me visitó después del accidente, cuando supe que debía olvidar mi futuro como estrella deportiva. Me llamó idiota, estaba rojo de ira. Y yo… -rueda los ojos.- …No pude soportarlo. Escuchar que le había fallado a él… Y lloré un poco… -sonríe como avergonzado.- Fui toda una nena. Y él se quedó allí, acompañándome mientras me derrumbaba. Sus ojos también estaban húmedos, aunque siempre lo negó… -calla, era demasiado para tan pocas cervezas, toma aire y sonríe.- Y va y se muere. Un infarto. ¡Maldito bastardo! –medio ríe, amargo. El silencio se prolonga y alza la mirada.- ¿No dirás nada?

   ¡Maldita sea!, al castaño le cuesta tragar. Quería sentirse distante, mirarle con aprecio, pero lejano, y ahora sólo quería rodearle los hombros, acunarle, decirle que todo estaría bien. Pero allí estaba, observándole. Esperando una respuesta.

   -¿Enseñas Educación Física? –es lo primero que le viene a la mente, recorriéndole con la mirada, ¿cómo no intentó posar para artistas o ser gigoló?

   -Lo sé, no me veo tan en forma como antes, pero, oye, tampoco estoy tan mal. –se defiende, recorriéndole también.- Tú, sin embargo… vaya cambio, amigo.

   -Yo… eh… gracias. -eso silencia la aclaratoria que iba a hacer negando ese cacho del asunto; las palabras le erizan la piel y le hacen arder las mejillas. Se hace un nuevo silencio.

   -Me alegra que hayas venido… Tú y los otros… -dice con vaguedad y Jared se pregunta si acaso recordará sus nombres.- Me ha extrañado que faltarás a las otras convocatorias.

   -Claro, venir y compartir con amigos… -sonríe no sabiendo si bromea o no.- Vine por… lo del Señor Beaver. No fui atleta, pero… también me ayudó. –espera la pregunta, ¿en qué?, pero le maravilla verle asentir, aceptándolo como tal.

   -Era un gran hombre… -se muerde el carnoso y sensual labio inferior, y Jared no quiere pensar en eso, en cómo se sentiría atraparlo con los dientes. No quiere porque desea mostrarse distante y porque… por alguna razón el rubio parecía preocupado.

   -¡Jared! –estalla con un jadeo la hermosa Sophia, saliendo del salón.- Al fin te encuentro. ¡Entra y controla a Chad! –gime.

   -¿Qué está haciendo? –sonríe aunque preocupado.

   -Un culo de sí mismo. –es la seca respuesta, una que alegra a Jared porque le saca una sonrisa divertida a Jensen, aunque este intenta simularla mientras regresan al gran salón.

   Se detiene en seco. Cerca de la barra están Chad, muy mal encarado, y al frente se encuentra Paul Telfer, un paso atrás, pero en medio de los dos, Pauley Perrette les mira con exasperación preocupada. ¡Joder!

   -Oye, sólo digo que me alegra que estén aquí. –aclara, alzando las manos pidiendo paz, Paul, desconcertando a Jared, ¿le “alegraba verles”?

   -Me lo imagino, hijo de… -es la dura respuesta de su rubio amigo.

   -Chad, basta. –intercala Pauley, mirándole a los ojos, conciliadora.- La gente tiende a madurar, ¿no?

   -¿Y yo no lo hice? –parece un niño regañado. Y la mujer calla.

   -Ella habla de Paul; que ya no es el mismo de antes. –interviene Jared, diciéndose que ha escuchado mucho de eso en lo que va de noche. Su llegada parece una válvula de escape.

   -¿Jared? ¡Por Dios, estás caliente! –exclama ella, feliz, tal vez un poco más de la cuenta, intentando alejar la atención de sus viejos admiradores, rodeándole el cuello y dándole un fuerte abrazo.

   -Estas bellas, Pauley, pero siempre lo fuiste. –corresponde él, sintiéndose realmente bien; percibía su agrado sincero, su contento por verle, por verles. Y pudo hacerlo, verles realmente, por encima de las sombras del ayer.

   -Y aún así nunca logré que me invitaras a salir… -es pícara, todavía abrazándole, pero susurrando ahora a su oído.- Pero claro, no tengo pecas adorables… -sorprendiéndole. Ella sabía de su condición sexual y de…

   -Polly. –intercala como saludo, Jensen.

   -Jensen. –ella le corresponde, pero como mirando más allá de él, cosa que desconcierta a Jared.

   -¿Ya llegó? ¿Danneel? –pregunta inquieto el pecoso rubio, adivinándola.

   -Si no lo ha hecho, debe estar por hacerlo. –aclara la joven y sonríe, pero mirándole fijamente, y Jared entiende menos.- ¿Por qué no tomamos todos una copa? Aquí estamos, todos, bellos y saludables, la ocasión lo merece, ¿no?

   -Yo… yo… -un confuso Chad Michael Murray, rojo de cara, ceño muy fruncido, se aleja unos pasos.- Necesito aire. –aclara para detener a Sophia cuando esta va a seguirle.

   El momento habría sido realmente incómodo si no fuera porque todavía faltaba mucho más por llegar.

   -Buenas noches. –una educada y dulce voz de mujer se deja escuchar, y al volverse, Jared se sorprende. Danneel Harris era una chica hermosa y sexy cuando estudiaron juntos, cuando era la reina de los malditos, pero ahora estaba sencillamente exuberante. Su cabello rojo y largo, su busto marcado a pesar de lo sencillo del traje de suéter y falda, casi sobria entre todo lo que se ha visto esa noche, no puede dejar de notarlo ni él, que es gay.- ¿Jared Padalecki? Vaya, estás impresionante. –sonríe serena, todo encanto, desconcertándole más cuando llega, le abraza suave y le besa en una mejilla, como no reparando en su congelamiento.

   -Danneel, estás…

   -¡Zorra! Dijiste que te verías horrible. –la acusa, amistosa, Pauley. La pelirroja ríe y todos parecen sentir que la presión baja. Esto hasta que…

-Jensen…

   -Danni… -croa en respuesta, reparando Jared, por primera vez, en lo pálido que se ve.

   -Me alegra verte. –su tono no puede ser más amistoso, interesado y hasta cariñoso.

   -Sí, yo… Disculpen, me solicitan. –arguye, sin gracia, alejándose, aunque a decir verdad, respondía a unas señas que un hombre maduro, apuesto y elegante le hacía desde una esquina del salón. Pero todos lo sienten, lo saben. Huyó de Danneel Harris exactamente como Chad hizo hace poco del grupo.

   Joder, ¿no terminaba nunca la mierda de la secundaria?, se pregunta Jared.

……

   Se ve tan distinta, no puede dejar de repetirse el castaño, siguiendo con la mirada a Danneel, quien se acerca a varios grupos, sonriendo, repartiendo besos y saludos. Había un algo de… serenidad, si, de paz en la mujer, que le desconcertaba. La ve detenerse frente al muro de la fama, sonriendo tenue, con algo de melancolía. Joder, ya no soportaba la curiosidad, y decidirlo era ponerse en marcha. Toma dos copas de una bandeja y se acerca a la pelirroja, quien le mira, sonríe y acepta una de las bebidas.

   -¿Un centavo por mis pensamientos? –hay picardía en sus ojos, y Jared enrojece un poco, correspondiéndole. Están frente al retrato en toda su adorable y soberbia pose de Jensen Ackles.

   -Necesito saberlo, Danneel, ¿qué pasó? ¿Jensen… y tú? –intentó que sonara como simple curiosidad, pero por alguna razón le parecía muy importante.

   -Lo amaba, Jared. Mucho. No recuerdo una época de mi niñez y adolescencia que no fuera así. –mira la fotografía.- Pero no pudo ser. Fracasamos porque Jensen no me amaba a mí. Lo intentó, él quiso que funcionara, tal vez hasta creyó sentir por mí algo más que cariño, pero yo le notaba amargado a veces; sentado en alguna parte parecía perderse. Estaba allí, pero también ausente. –toca la fotografía.- Su corazón no me pertenecía, Jared, estaba en otro lugar.

……

   Con manos temblorosas por el profundo enojo que siente, Chad Murray enciende un cigarrillo en ese pasillo solitario.

   -Es un delito federal fumar bajo techo en un colegio. –oye la voz a sus espaldas.

   -Vete a la mierda. –es la seca réplica, sin volverse. No es obedecido.- Que te vayas, no quiero verte ni hablarte, Paul. –el otro hombre se apoya contra la baranda, de espalda, mirando al rubio enojado.

   -¿No quieres verme? –hay cierta sorna en sus palabras, y luego de mirar hacia la puerta al salón, y en ambos sentidos del pasillo, baja un poco el rostro y la voz.- No era eso lo que decías cuando me buscabas para chupármela… Chad. –dice con aire ligero, como un comentario cualquiera de algo que pasó hace años, pero sabiendo que ya el elefante estaba en el pasillo.

   Ahora tendrían que hablar.

……

   -Señor Ackles… -Jeffrey Dean Morgan, rostro grave, saluda al ya algo tomado profesor.

   -Director… -es la réplica, algo estrangulada. Lleva dos días evadiéndole.

   -Tenemos que hablar.

   -¿Aquí? ¿Ahora?

   -No puedo seguir esperando a que responda mis llamadas… Vamos a cerrar el programa de voleibol femenino… Lo siento, pero la escuela prescindirá de sus servicios.

   ¡Le estaba echando!

……

MAX ADLER

   Creo que en otra historia de estas había hablado de este actor, Max Adler, a quien vi únicamente en la serie Glee, que nunca fue de mis favoritas. Me parece recordar que expresé que tenía algo de canallón y rudo que le hacía verse interesante. En el presente relato aparece muy incidentalmente, pero tendrá mucho que decir más adelante, llevado por los celos.

PAUL TELFER

   Paul Telfer, el Damon de NCIS, el marine que enloquecía y parecía un guerrero bárbaro, llegando a inquietar sexualmente incluso a la bella y mortal Ziva. Me agradaba este personaje porque se veía bien, Gibbs le tenía aprecio y DiNozzo lo odiaba por celos. En el presente relato tiene una historia con Chad, una a la que tienen que ponerle un fin.

CONTINÚA … 4

Julio César.

REGRESO A CLASES… 2

noviembre 8, 2014

REGRESO A CLASES

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   ¡Oh.Por.Dios!, se dice entrando al auditorio escolar, ¡los globos, las luces, la música!, todo era como en las fiestas cuando estudiaba allí. La gente, sin embargo, ha cambiado. Mucho, en algunos casos, para sólo doce años. Las mujeres se ven hermosas, muy arregladas, perfectas, como deseando mostrar que siguen siendo las bellas del colegio. Los hombres se veían algo más ajetreados, aunque claro, sin obesidades marcadas, calvicies totales o arrugas aún. Estaban, pensó cruel, a unos ocho años de eso todavía.

   Nada más entrar, todo elegante dentro de sus ropas sport, se presentó en la recepción donde una mujer que ni le miró le buscó en las listas.

   -¿Padalecki? ¿Seguro que eres de esta promoción? –le preguntó, alzando la mirada, sin reconocerle, sin reparar en esa postura, altura y musculatura que hacía volver las miradas femeninas, y una que otra masculina, las que le agradaban. No, ella (mira su nombre en el membrete, Ashley Olsen, increíblemente delgada, tanto que demacraba un poco sus facciones), enfrentaba a uno de los chicos invisibles.

   -Soy de la promoción y fui invitado. –entrega el sobre, mortificado. Había quedado en llegar con Sandy, el novio de esta, Chad y Sophia, para no entrar solo, pero se retrasó hablando con su madre.

   -No veo tu nombre, ni te recuerdo. –parece acusarle de querer colarse.

   Por Dios, ¿es que la mierda de la secundaria jamás terminaba? Ya va a discutir cuando es interrumpido por una voz a sus espaldas.

   -Es de esta promoción, Ashley. Es Jared, Míster Pitillo.

   La delgada mujer le mira nuevamente, como si acabara de abrir los ojos encontrándole ahí, riendo leve.

   -¿Míster Pitillo? ¡Claro! –y señala algo en su lista.

   -¿Todo bien, Pitillo? –pregunta el sujeto a sus espaldas.

   Ah, no, esa mierda no. ¿Le anotaron así? ¿Pitillo? Se vuelve furioso para comenzar un show, de gritos y reclamos, comenzando con ese sujeto que le identificó de esa manera, pero se topa con una leve sonrisa sardónica en unos labios llenos y sensuales, unos que parecen hacer juegos con unas adorables pecas y unas largas, muy largas pestañas enmarcando unos hermosos ojos verdes.

   Dios, el capitán del equipo de futbol, Jensen Ackles…

   Por un segundo se queda sin aliento. Allí estaba el chico más lindo y popular de la secundaria, sonriéndole. ¡Reconociéndole! Eso debería elevarle por las nubes, pero era Jensen, y en ese momento…

   -¡No me llames así! Soy Jared. Mi nombre es Jared, ¿okay? –no puede evitar la agresividad. Y sabe que si, dio el show en la entrada al salón por las miradas que le enfocan. Puede notarlo en el torcer de labios de Ashley, burlona al mirar a Jensen, y en lo rojo que este se puso, su sonrisa terminando, pero no viéndose molesto.

   -Bien, lo siento. –concede, luego mira a la joven que le tiende su membrete, cómo si hiciera falta para reconocerle.- Iré por un trago. –anuncia pero se detiene cuando ella habla.

   -Deja algo para los demás. –este la mira y ríe, pero no es un sonido alegre.

   -ay, Ashley, y dicen que tu hermana es la perra. –se aleja, no parece molesto. Y eso intriga a un hombre joven, guapo y alto que queda atrás.

   ¡Mierda, vaya manera de comenzar la reunión!, pero con Jensen nunca fue fácil.

   -Tu membrete. –la joven le sonríe, burlona, tendiéndoselo.- Y no fui yo quien lo hizo, busca a Genevieve y reclámale.

   Pitillo. Genial.

……

   No se divierte, toma una copa y va de aquí para allá, incapaz de mezclarse, de compartir esas sonrisas y besos de saludos. Se siente solo. ¿Dónde coño estaban Sandy y Chad? Ha sonreído y saludado a gente que no le reconoce, y que parece no recordar su nombre (el membrete lo arrojó por allí). Y Jensen se mantenía lejos, con habilidad, pero se notaba, cae en cuenta con cierto pesar. Culpa, es lo que siente. Fue algo cortante con el otro, pero es que eso de Pitillo…

   Se detiene frente al muro de la fama, todos jóvenes, insolentes y hermosos, los populares de la escuela. Allí está el pecoso rubio, guapo en toda su gloria, uniformado, casco en la mano, el color oscuro sobre los pómulos, el cuerpo increíble bajo ese sol de la tarde. Invencible e insolente, sabiendo que el mundo terminará rindiéndose a sus pies. También está Genevieve Cortese, morena, menuda y terriblemente hermosa de un modo exótico, capitana de las porristas. Una perra. Y Danneel Harris, de ceñido jeans rojo y corta blusa sonriendo y saludando con la mano, la reina de la escuela, señora y soberana indiscutible de una corte de hijos de puta. Ella la más mala de todos. Y están los otros, Tom Welling, del equipo de natación, sexy en sus speedos negro (ah, y las fantasías que se tejió en su cama); Mark Salling, capitán del equipo de lucha, tosco y terriblemente atractivo; y Paul Telfer, el armonioso y fuerte levantador de pesas, rival sentimental de Chad por el afecto de la excéntrica pero simpática Pauley, la cual no aparece en el muro. Ya les ha visto, a todos, excepto a Danneel Harris, ¿no habría llegado? Todos continúan siendo bellos, pero…

   Mira hacia Jensen, quien come a dos manos, y eso cuando no está tomando una copa, riendo y hablando mientras mastica, contando algo que por las señas que hace le indican que habla de sus días como capitán del equipo de futbol. También nota que sus oyentes parecen exasperados y que apenas le toleran los recuerdos por pura educación.

   Jensen… Él sí ha cambiado.

   Le ve algo rellenito de cara y de vientre. Además… bien, es gay y se fija en esas cosas. El rubio ex capitán parece algo desaliñado con la camisa manga larga fuera de los pantalones (y que le ajusta tal vez un poco más de la cuenta en la cintura), la cual parece que lleva varias lavadas, aunque no tantas como su pantalón de tela suave, gris. Las botas que lleva, aunque lustrosas, mostraban algunas señales de uso. Había algo en él que parecía proclamar que no le iba muy bien del todo.

   -Por Dios, Jensen está contando sus cuentos otra vez. –comenta una mujer bonita que se interpone en su visión.

   -Lo sé, fui su víctima hace poco. –concede otra, una de un aire asiático.- Y está comiendo como si pensara echarse a invernar esta noche.

   -Por lo menos cuando come no bebe.

   -Creo que si puede. Ya tiene la cara roja. –sus tonos cáusticos parecen causarle escozor al hombre tras ellas.- Joder, pensar que perdí la virginidad con él. –parece sorprendida ella misma.

   -Igual yo. –replica la otra, como un reto. Se miran con ojos pequeños.

   -Puta. –acusa esta y ríen. Mira otra vez al rubio, quien, copa en mano, un emparedado en la otra, parece buscar a quien aburrir con sus relatos.- Era bueno. En la cancha… y en la cama. –y por un momento pareció flotar una nota de pesar.

   Jared, con el corazón latiéndole dolorosamente en el pecho, agradece a Dios que se alejan, escucharlas sólo hizo que su culpa empeorara. ¿Qué coño pasó con Jensen Ackles, el dorado chico nacido para triunfar?

   -¿Jared? ¿Jared Padalecki? –la muy amanerada y alegre voz le hace volverse y sonríe de forma genuina por primera vez en la noche, Chris Colfer, un buen amigo de los viejos tiempo estaba allí, gritando y abriendo los brazos de manera teatral antes de abrazarle, ganándose algunas miradas de la gente que pasa.

   Al castaño no le importa, ríe y le abraza también, y comienzan a preguntar al mismo tiempo cómo están, cómo está la familia y a qué hora llegaron. Le agrada aquel joven muy pálido, cara afilada y gesto que podía parecer petulante, pero que tan sólo era una máscara, como su indiferencia cuando le tachaban de loca, o marica perdida en la escuela. Lo era. Marica. Chris era el chico más afeminado que había conocido en su vida, y no lo ocultaba. Más bien lo exageraba, ganándose la fama de ser uno de los perdedores también, siendo objeto de burlas. Era uno de los muy pocos que le sabían gay en aquellos días, y nunca le preguntó por qué no lo daba a saber, o por qué no le tiraba los tejos a cierto apuesto deportista pecoso que…

   -¿Chad Murray y Sandy McCoy también están aquí? Es genial. –grita cuando le cuenta, flexionado un brazo, apoyando el codo en el otro brazo y atrapándose el mentón con los dedos.- Dime, por ahí escuché que Chad había dado un cambiazo, que ahora parece un caliente actor porno.

   -Por increíble que pueda sonar, así es. Se operó la miopía y eso cambió su manera de ver la vida. –sonriente informa.

   -¿Y sus gustos sexuales? –Chris hace un mohín y Jared ríe ahora.

   -Sigue igual. Totalmente hétero.

   -Qué pena. También tú estás bello. Ay… -gime cuando alguien le tropieza desde atrás.

   -Paso, marica. –es la réplica, la de antes y ahora, de un hombre que Jared sabía era del antiguo equipo de lucha.

   -Fíjate por dónde vas. –gruñe Jared, alzándose en todo su tamaño cuando el fornido pero algo más bajo sujeto se detiene, alejándose hacia una mujer que le espera después de mirarle feo y fulminar con la vista a Chris, dos vasos en las manos.- Nada cambia. –se le escapa con amargura.

   -Así parece, Max Adler era un idiota antes, y sigue siéndolo hoy. Debe ser horrible ser él. –concede Chris, pero sonriendo, como si tal cosa, y Jared no le entiende.- Otras si. –sus ojos caen ahora sobre Jensen, quien se acerca a otros dos sujetos y comienza a contar algo. Evidentemente su historia. Otra vez.

   -¿Qué le pasó?

   -Imagino que la vida. No estoy tan al tanto. –ríe de su mirada de dudas.- No soy un marica de chismes. Pero… -calla, desde el otro lado del salón una joven mujer negra, inmensa, le hace señas frenéticas y vuelve a gritar.- Dios, ¡Amber Riley! -grita su nombre y deja a Jared entendiéndoselas a solas.

   -¿Renovando amistades? –un ceñudo Chad hace su aparición, al lado de una riente Sandy, la cual cuelga del brazo de su atractivo prometido…. Mark Salling, un hijo de perra en el pasado que hizo la vida de cuadritos a todos.

   -Padalecki, qué gusto. –le sonríe y tiende una mano.

   -Salling… -Jared la toma y aprieta, mirando a Sandy, quien se ruboriza, nunca habían entrado en los detalles de los nombres.

   -Si, ¡sorpresa, sorpresa! –gruñe Chad, del brazo de Sophia Bush, mirando aún a Chris que abraza escandaloso a una joven mujer negra de buen volumen.- ¿Son ideas mías o parece más marica? Nunca creí que fuera posible.

   El “Chad”, lanzado desde varios puntos, le silencia. Hablan, toman algo, comentan el desagradable momento de los membretes, Chad arrojo el suyo también, Sandy no, viéndose desafiante con su “Josefina La Ballenita”; pero aún continúa el desconcierto, al menos para Jared. No lo entiende, la noche no estaba resultando realmente mala como lo temió, tan sólo… extraña. Sandy con Mark, Jensen…

……

   -¿Te molestó? –le pregunta más tarde Sandy, mientras bailan, Chad, Sophia y Mark están bebiendo en la barra. Jensen no muy lejos de ellos, nota el castaño.

   -No. No es eso, pero…

   -Si, era horrible en el colegio. Nos vimos hace dos años, aquí, en una obra teatral de unas sobrinas, suyas y mías y… -se encoge de hombros, sonriendo suave.- Ha cambiado, es un chico tierno. –le asegura, y Jared asiente, aunque cuando volvió la mirada le pilló siguiéndole con la mirada el culo a una mujer que no reconoce.

   -Es extraño, nunca lo creí del tipo de novias a distancia.

   -Te lo repito, ha cambiado. Mucho.

   -Si tú lo dices… -recorre el salón.

   -Deja de ser tan odioso. –le reclama riente, sus ojos paseándose por la sala también.- Está allá. –le avisa. Jared mira, Jensen, a solas, cara algo extraviada, come algo. Eso le inquieta.

   -¿De qué ha…? –comienza y calla.- ¿Qué le ocurrió, Sandy? Era el chico dorado, el ganador de la escuela. El futuro estaba ahí para él.

   -Malos momentos y peores decisiones. –comienza, pero son interrumpidos por un sonriente Mark.

   -¿Me permites, amigo? –y se la lleva, dejando a Jared chasqueado. Ya muere por conocer la fulana historia de Jensen Ackles. Y el por qué hasta ahora no había escuchado nada.

   Sus ojos enfocan nuevamente al rubio, quien deja un plato vacio sobre una mesa, lamiéndose el pulgar, Chris cruzándose con él y guiñándole un ojo, ganándose un ceño fruncido. Debía hablarle, acercarse y… Da tres pasos y algo chasqueado le ve alejarse, dirigiéndose hacia los sanitarios. Casi siente deseos de reír. Quería, no, necesitaba recomenzar la noche con el otro, pero no sabe si seguirle a los sanitarios… ¡Era tan gay!

   -Al fin sonríes. –le comenta Sophia, colgándosele del brazo y arrastrándole al baile.- Tienes a Chad preocupado. –le informa, y cuando va a reír para discutir que eso era totalmente imposible porque su rubio amigo no tenía ni un solo átomo que no fuera narcisista, le observa. Y tal vez era porque creía no ser visto, pero realmente Chad Murray parecía ansioso por algo.

   -Todo está bien, Sophi. –le sonríe, una mueca que cuesta algo. La noche estaba cada vez más extraña.

   La música acaba y se disculpa, decidido a volver a su plan de momentos antes, Jensen.

   Cruza el salón, medio evade y roza gente que baila, hablan mientras gesticulan o simplemente caminan sin fijarse por donde van. Y le intriga, todos parecen realmente conectados, como si esas reuniones fueran más de lo que simplemente eran, verse después de uno o dos años (los que siempre asistían), para ver cómo seguía todo. Tal vez no lo sentía así porque nunca fue amigo de ninguna de aquellas personas, su gente era el grupo de Chad, Sandy, el loco Misha y Chris, el marica. Y de ellos, de la mayoría, siempre estuvo más cerca. Nunca se alejo del todo. Se siente bien salir de la pista de baile, del auditorio. Del ambiente algo recargado. Toma aire y se siente un poco ligero.

   Sigue por el pasillo a los sanitarios, abriendo lentamente la puerta para darse tiempo de pensar, preguntándose qué dirá si Jensen…

   Unos gruñidos bajos, de placer y excitación, le sorprenden, el susurrado “chúpalo así”, le amoscan. ¿Qué coño…? Los lavamanos están vacios, el largo urinal de pared también, pero del último de los privados provienen  los roncos y muy bajos gemidos de placer. Del techo prenden tres largas farolas de neón, la más alejada de la puerta, casi sobre los privados, produce una larga silueta que se dibuja claramente en la pared.

   Y Jared no sabe si estar más desconcertado o molesto. La silueta es clara, alguien, de pie, una mano sobre la parte superior de la puerta para medio sostenerse, está recibiendo una buena mamada en su verga, por la sombra, a Jared se le antoja que es como larga y gruesa, eso cuando puede verla, porque otra silueta, obviamente de rodillas, está tragándosela de punta a base, toda, rítmicamente, dejándola allí y medio agitando la cabeza de lado a lado, instante cuando el otro deja salir esos gruñiditos de placer agónico. Y la sombra de ese que chupa con deleite, también es de un hombre.

   Por un segundo Jared Padalecki ya no está allí, vuelve a estar en el sótano de su casa donde tenía su estudio de lectura y escritura, a los dieciséis años, sentado en el viejo sofá, cohibido, encarando a un joven y hermoso Jensen Ackles.

   -¡No soy ningún marica como tú, ¿okay?! ¡No me gusta nada de esto! -le gritó esa vez, con rabia, casi como si le acusara de intentar hacerle daño.

   Y ahora, ve la sombra del sujeto de pie elevar el rostro, boca abierta, gozando cuando el otro deja salir su miembro, que cuelga de la nada, pasándole la lengua por todos lados, de cabeza a las bolas que cuelgan también afuera.

   No piensa, dominado por una rabia que sólo él entiende (¿así que no eras marica?), va hacia la pareja, cerrando los puños con enojo, siendo alcanzado por una duda terrible: Jensen, ¿dejaba que lo mamaran… o estaba mamando a otro sujeto?

   La incertidumbre le hace zumbar los oídos. Y una rabia pura y terrible le recorre otra vez. A los dieciséis años, cuando era tan sólo un muchacho flaco, desgarbado, de largos brazos, tropezándose con todo, el cabello sobre los ojos, lo había dicho, temblando de miedo pero también decidido a probar, a luchar por lo que deseaba… segundos antes de ser rechazado.

   -No es que me gustas, Jensen, no es que te encuentro sexy o caliente, no es que quiero chupártela o masturbarme pensando en ti… todo eso está, pero la verdad, Jensen, mi verdad es… que te amo. Estoy enamorado de ti desde hace tiempo. Y me duele y me gusta amarte aunque nada supieras de ello.

   Sabiéndose sin oportunidades, temiendo al ridículo, a la burla, se lanzó, porque a los dieciséis años sintió que amaba a ese chico de una manera que ya simplemente no le dejaba continuar y tenía que decírselo. Y este le rechazó. Le gritó marica. Y ahora…

   -¡Ahhh! –oír ese ronco gruñido de placer era como una puñalada en su pecho.

   ¡Ya vería ese rubio hijo de puta!, se dice reanudando su marcha.

……

ASHLEY OLSEN

   Ashley Olsen, tiene apellido danés o algo así, me gustaba de niña en la serie Tres por Tres, o Casa Llena, pero mientras fue creciendo me parecieron ella y la hermana algo maniáticas. Creo que estoy predispuesto por la muerte de Heath Ledger en casa de una de ellas. Recuerdo que junto a la hermana hizo una película boba donde Jared Padalecki no se vio nada bien. Aquí se ve bonita, pero… ¿será ella o la hermana? Dentro de la historia será un personaje incidental.

CHRIS COLFER

   Chris Colfer es notable, no sé si para bien o no. Nunca me gustó la serie Glee, no sé bien por qué. La escena del profesor mirando al chico que se ducha desnudo mientras cantaba fue divertida, pero ni eso me ató al programa. Hacía allí el señor Colfer de chico de gay, condición sexual que ostenta abiertamente en su vida privada, y es lo que no sé si es totalmente notable, ¿sólo conseguirá papales de gay? Bien, en el presente fic guarda un amor secreto, uno que no se atrevió a confesarle a nadie, pero ahora que Jared ha regresado…

CONTINÚA … 3

Julio César.

REGRESO A CLASES

octubre 25, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

JARED AND JENSEN

   De vuelta.

   Amigos, estoy bastante descuidado con la serie, lo sé; también estoy al tanto que a muchos les molesta que inicie historias y no las termine. Qué pena. Debo confesar que estoy pensando, en serio, no traducir o interpretar trabajos ajenos. Creo que no entiendo bien la mentalidad norteamericana, hay cosas que me parecen absurdas. Tampoco soy bueno interpretando lo que las mujeres sienten. Algunos relatos me gustaron por sus conflictos, como el que titulé Jared hace caer a Jensen, o Jugando. También De Novios, que es tan graciosa, pero por lo general no me siento bien con tanto sentimentalismo. Historias como Correrías en Boston, o Dean vs Cass, si me gustaban, porque Dean Winchester era quien hacía sufrir, y perdí los archivos. Cuando llevó mis propios cuentos, puedo hacer con los personajes lo que quiera, y eso sí me gusta. Me deja margen de maniobra.

   Presento un Padackles, nunca he escrito uno, y este es medio ambicioso, pero sólo puedo escribir así. Revisándolo, sonreí, siempre comienzo igual, con una escena algo caliente y luego retrocedo. Este no es la excepción. Hace tiempo que quería crear algo al respecto, y un episodio de CSI me dio la idea: en una reunión de secundaria un grupo de personas se reencuentra con el pasado. Aquí pasa eso. Al final verán que se me pasa un poco la mano, pero ¿acaso no fue esa época de nuestras vida sino puras locuras?

   Aquí un chico algo nerd se topa con el más popular y todo comienza…

……

PADACKLES KISS

   Cuánto lo soñó…

……

   Es como siempre; molesto y enfurruñado, Jared Padalecki sube las escaleras a la carrera, se detiene frente a la puerta y abre violentamente, sin llamar.

   -¡Eres un hijo de puta! –ladra totalmente furioso.

   -Vete a la mierda, Jay. –es la indolente respuesta, tono burlón y chulo, una sonrisa ampliando los hermosos labios masculinos, su torso ancho y armónico brillante de transpiración, el pantaloncete blanco del uniforme de futbol americano abierto, las trenzas colgando, los castaños pelos púbicos, esos malditos pelos púbicos que le gustaba recorrer con sus dedos, mostrándose levemente, el bulto destacándose entre sus piernas…

   Le abofetea, Jared tiene que hacerlo, porque el otro era eso, una mierda. Le ve retroceder con el pecho agitado, cerrando los puños, ahogando un gemido de sorpresa y dolor, mirándole con ojos brillantes y terribles, llevándose el dorso de la mano a la boca que enrojece y sangra un poco. Y se le va encima. El insolente hijo de puta le rodea el cuello con sus brazos húmedos de sudor, halándole con fuerza, obligándole a bajar el rostro para encontrar su boca y cubrirla, la lengua cálida y reptante moviéndose contra sus labios, el cuerpo totalmente pegado al suyo, alzándose en peso y rodeándole las caderas con sus piernas.

   Ahora Jared lo tiene todo unido a él, esa boca enloquecedora tentándole, ese peso erizándole, abre la suya y la lengua entra, ávida, sabia, mórbida, algo salina por la sangre. Le besa, atrapa su lengua y se la chupa y el castaño alto siente que se muere, que todo le da vueltas mientras se las arregla para recorrerle la húmeda y ardiente espalda, bajando hacia las redondas y firmes nalgas sobre el uniforme blanco. El otro sabía encenderle siempre. Era su poder sobre él.

   Le besa también, tiene que responderle porque era imposible rechazar a ese maldito dios del sexo, su saliva, gemidos y aliento le enloquecían; jadea cuando los blancos dientes del otro muerden su labio inferior, haciéndole sangrar también, bebiéndolo todo con un ronco jadeo de lujuria. Totalmente erecto ya, doliéndole de lo dura que la tiene, le lleva hacia la mesa, sosteniéndole por las nalgas duras bajo la elástica tela, sentándole y metiéndose más entre sus piernas. Se besan, sus bocas se unen totalmente, sus lenguas se encuentran y sabe que no cambiaría ese instante de su vida por ningún otro, por muy maldito que el otro fuera. Le besa ahora mientras clava sus uñas en la transpirada espalda, siempre estaba así después de la práctica, la piel caliente, la respiración agitada, todos excitados al verle jadear por aire sobre la grama. La idea era odiosa, pensar en todos esos hombres que le deseaban, que se morían por entrar en sus calzoncillos. Se separa un poco cuando el otro mete las manos entre ellos, atrapa la parte superior de su camisa hawaiana y la abre violentamente, haciendo saltar los botones, y se unen otra vez, torso contra torso, piel sobre piel. Al castaño le enloquece sentirle tan húmedo, tan caliente, la piel de su espalda tan vibrante y joven bajo sus palmas.

   Totalmente excitado se separa y le muerde la barbilla lentamente, algo que le encanta al chico castaño, raspándole la mandíbula levemente sombreada por aquella pelusa amarillenta rojiza, oyéndole reír bajo; con la lengua le saborea, y aún más cuando baja por su cuello, recorriéndolo de abajo arriba, sobre su manzana de Adam, siguiendo la línea de la carótida, sintiéndola palpitar locamente bajo su paso. Oh, Dios, sabía tan bien, se dice al tragar. Escucharle ronronear, sentirle temblar de lujuria, le tiene a punto de correrse. Le acaricia y recorre el plano abdomen con la mano, bajando, metiéndola en la bragueta abierta, sintiendo el cosquilleo en la punta de sus dedos cuando recorre el nacimiento de los pelos púbicos, donde araña con sus uñas, amando tanto la sensación al hacerlo como los gemidos del otro cuando lo hace.

   Su mano lucha y la mete, encontrando la tela áspera del aún más transpirado suspensorio, y tocarlo le hace gotear la verga de ganas, pero cuando le atrapa el miembro, duro bajo la tela, una sensación increíble contra su mano, teme enloquecer. Casi tiene el cerebro frito. Lo atrapa en puño, y goza al oírle gemir, pero sufre porque no le alcanza la vida para tocarle. Mueve su puño de arriba abajo, masturbándole sobre la tela húmeda. Baja, inclinándose, olfateando en su entrepiernas, percibiendo su olor a sexo, soñando ya con tenerla en su boca, llenándosela, quemándole la lengua…

   -Si, baja, Jay… Chúpamela… -le oye ronronear, voz ronca y cargada de lujuria.

   Y no hay nada que Jared Padalecki desee más, se dije hincándose sobre una rodilla, admirando la deformación de aquella carpa bajo el pantalón deportivo cuando retira su mano, tocándola nuevamente sobre la tela, apretándola con su puño y frotándola otra vez. Quiere sacarla ya, sabe que la encontrara dura y pulsante, desea subir y bajar su puño sobre ella, sentirla en directo contra su palma, y ver llenar el ojete de líquidos claros y espesos antes de bajar su boca y recogerlos con su lengua… Si, lo quiere mucho, es lo único que le importa… Bueno, no solamente eso, también quiere saber quién es él, el chico dorado cuyo sudor ha saboreado. Eleva la mirada, quiere ponerle un nombre y…

   El timbre se oye una y otra vez, despertándole sobresaltando, y sobre su cama, casi sentándose, entendiendo a las mil quinientas lo que acaba de ocurrir. Jared Padalecki gime largamente, dejándose caer de espaldas. Dios, El Sueño (así, con mayúsculas), su sueño preferido, uno que de noche en noche le llega y ahora le interrumpían. El maldito timbre del teléfono no cesa y lo toma.

   -¿Si? –es brusco.

   -¡Niño, qué tono! ¿Interrumpo? –se oye una dulce voz de mujer, que luego se inquieta.- ¿Estabas con alguien? Ay, Dios, Jared…

   -No, no, Sandy, está bien. –le tranquiliza, medio sentándose echándose hacia atrás en la cama, metiendo los dedos dentro de su enmarañado cabello.- Acabo de despertar, es todo. –hay un silencio que le incomoda. Una vez, en medio de unas copas, le contó algunas cosas. Esperaba que Sandy no lo recordara.

   -Lo siento… -algo le dice que sí lo recuerda.- Pero voy saliendo para el colegio, debo dar una clase temprano, y le prometí a Chad que te sacaría una respuesta. –el malestar vuelve al joven.

   -No lo sé, Sandy, ¿crees que sea una buena idea? ¿Volver a Texas para un reencuentro escolar? Nunca fui popular, ni la pasé muy bien.

   -No es solamente eso. Está el homenaje al profesor Beaver. ¡Y deja de pensar en la secundaria como un tiempo de horror que te atrapará otra vez! Han pasado, ¿qué?, ¿doce años? Estaremos bien. Será seguro volver a la escuela. -asevera, pero Jared no sería un buen amigo de la joven mujer si no notara la leve nota de inquietud.- Además, volverás como un triunfador. Chad parece decidido a ir, pero no quiere hacerlo solo.

   -Te la pasas en Texas, ¿no le basta contigo? –hace un puchero, uno que sabe que ella casi puede ver.

   -No es lo mismo. Lo sabes. Si debemos enfrentar a lagartonas como Danneel Harris o Genevieve Cortese, aún yo necesitaré de todos mis amigos presentes.

   -Lo que necesitarás es antídoto contra mordeduras de serpientes, aunque te lo merecerías por ir y meterte en ese nido de víboras tú misma.

   -Jared…

   -Está bien, hablaré con Chad. Le llamaré para almorzar. No prometo más. –se apresura cuando ya adivina los chillidos de triunfo de su amiga.

   Poco después corta la llamada y deja el teléfono sobre la mesita. Recorre la amplia recamara, su dormitorio, lleno de todas las cosas que le gustan. Es un lugar que le hace feliz; tal vez con más aventuras románticas (sexuales, como aclara Chad), sería mejor, pero… En esos momentos no se siente muy feliz. Encoge sus largas piernas bajo las mantas y se las abraza con los brazos. Volver a Texas… No, no le agradaba la idea. Aunque el señor Beaver lo merecía.

……

   -No entiendo tu reticencia a ir. –se queja Chad Murray, mirado a la bonita camarera que les lleva una botella de vino a la mesa cuando se reúnen a almorzar.- Si a alguien le ha ido bien en la vida es a ti. Eres toda una celebridad, el joven escritor que más vende dentro de su generación… y la que vino antes. -finge recitar, probando la bebida.- Qué manera de decir que te leen los viejos.

   -Idiota. –sonríe Jared, acercando el plato de pastas.- ¿Qué vas a saber tú de literatura? Si no aparece en la Playboy…

   -Ya dejé de comprarla. Muchas letras. Muchos textos. No hay suficientes desnudos. –juega sonriendo leve, viéndose realmente guapo, reconoce Jared, que como gay, puede fijarse en esas cosas. El aire de chico malo de su amigo, sumada a su cara alargada, cabello rubio brillante, ojos azules verdosos, causaba estrago entre las féminas… Detalles que ahora si pueden apreciarse, no como cuando padecieron la secundaria.

   -No quiero ir, Chad. Ni Sandy. Tú tampoco. No nos fue bien. No nos irá bien.

   -¿Bromeas? Sandy está caliente, tú igual, y eres exitoso; yo soy el sueño de lujuria de todas en este local. –asegura con falsa modestia y Jared ríe, aunque admite que no está lejos de la verdad. Los tres se ven realmente bien.

   -¿Para qué quieres someterte a eso? Reunirse con un grupo de hijos de perra a quienes odiábamos y que nos atormentaron durante años, y que ahora quieren ver a los que han fallado, a los gordos y a los perdedores.

   -Y ninguno de nosotros lo es. Ni gordos, ni fracasados… Estas viviendo un bloqueo como escritor, pero…

   -¡No es un bloqueo! –se defiende, inquieto, el otro le mira fijamente y baja la vista.- Es posible que no sea un hueco en mi carrera. Tal vez… ya conté todo lo que necesitaba decir y todo terminó. –pone en palabras un temor que lleva padeciendo semanas, que no pueda escribir más.

   -¡Tonterías! Es un bache temporal. Eres muy joven para sufrir de eso. Y nadie sabrá que andas pasando una sequía. -el joven se detiene, mira el vino y a Jared le cuesta reconocer a su amigo alocado y algo promiscuo.- Tenemos que ir.

   -Sólo sabes decir eso. Estás de lo más críptico desde que recibiste la invitación. –se extraña.- ¿Quién te la envió este año?

   -Telfer, ¿le recuerdas? Paul Telfer, el chico bonito. -dudó en decirlo.- Está casado con Pauley Perrette, ¿lo sabías?

   -Lo sabía. Y que ella te encantaba y que te bebías los vientos por ella. ¡Tan loca! –sonríe leve.- Está bien, Chad, si es tan importante para ti, iremos. Aunque me parece extraña tu persistencia, sé que ya han tenido otras tres reuniones y nos han invitado a todas, y jamás te interesó, ¿por qué ahora si? -¿acaso Chad “sangre de horchata” Murray enrojeció?, frunce el ceño, debe haberlo imaginado.

   -Porque nos llegó el aviso de última invitación, si no aparecemos no llegará otra; además, habrá el homenaje al señor Beaver y… hay algo que me quedó pendiente. -y bebe, algo sofocado… recordando aquella boca vehemente y hambrienta que rodeó su verga, atrapándola toda, succionándola de una manera que cree jamás se ha repetido, doce años antes, robándole la paz.- ¿Y qué? ¿Quieres hacerme creer que no deseas reencontrarte con nadie, como cierto pecoso futbolista?

   -¡Claro que no! –se ofusca. Dios, eso es lo último que desea.

……

   Malhumorado, Jared Padalecki se encuentra una mañana abordando un taxi cargado de cosas rumbo al aeropuerto Kennedy, con destino final a San Antonio, Texas. Todo ha pasado muy rápido, no ha tenido tiempo de detenerse y plantearse si desea ir o no. Claro, desde un punto de vista humano, lo desea. Ver los lugares de su niñez y juventud, a muchas de las personas que dejó atrás… pero no a sus condiscípulos, la secundaria había sido una pesadilla. Una que le estigmatizó un poco. Pero Chad tenía razón, ya no era aquel espeluznante chico de cabellos sobre los ojos y que podía ocultarse tras un poste telefónico. Ahora era un triunfador, un reconocido escritor…O, bien, algo por el estilo.

   ¿Sería suficiente para enfrentar a toda esa jauría? ¿A…? Lo deja así, más ceñudo mientras sube al taxi y con no muy buenas maneras indica su destino. De ser un sujeto afortunado, un tornado habría estado arrasando Texas, o un terrorista habría llamado anunciando haber colocado una bomba en uno de los aviones y no habría partido, pero no tuvo suerte. Ocupando un lugar junto a una ventanilla en primera clase (insistió en ello aunque Sandy y Chad lo creyeron una tontería esnobista), mira al exterior. A su lado, su amiga bebe algo frío, mirándole con una sonrisa tonta.

   -Deja la mala cara, vas a pasarla bien.

   -Chad y tú no se cansan de decirlo. –gruñe, algo resentido, mirando hacia su amigo, acompañado de su bonita novia.- Él va con Sophia, a ti te espera tu novio. Yo me presentaré frente a todos como el fracasado que llega solo.

   -Con suerte no te notarán, como cuando estudiábamos con ellos. –ríe ella, divertida de su mala cara.- Deja de ser tan gruñón, no te queda.

   -¿Sabes?, casi espero que no me noten.

   -¿No tienes ni un buen recuerdo de todos esos días? -le reta ella, sonriendo contenida al verle enrojecer feo, sabiendo que algo hay, pero viéndole endurecer los labios en una delgada línea.

   -No lo suficiente para olvidar que Chad era Míster Magoo, siempre queriendo ligar chicas que se reían del “topo ciego”. Tú… -se azora.

   -Era la Ballenita Josephine. Lo recuerdo. –traga un poco afectada.- Pero ahora estoy divina.

   -Y yo era el Míster Palillo. –siempre le dolía recordar la de veces que entró a un salón de clases y dibujado en la pizarra estaba un monito con cabeza, una raya como cuerpo y otras cuatro para brazos y piernas. Y eso sólo fue una parte.

   -Todo es distinto ahora. Eres joven, guapo, triunfador y talentoso.

   -Eso lo leíste en la contraportada de mi libro, ¿no puedes inventarte algo propio si vas a animarme? –se burla y medio ríen, y su rostro cambia totalmente cuando lo hace, todo hoyuelos y dientes blancos  fuertes, ojos brillantes. Callan un rato.

   -¿Has pensado que…? –comienza tanteándole.- …¿Qué puedes encontrarle sentido a todo el pasado… y Al Sueño?

   -Sandy… -se agita.

   -¡Sólo digo! Aún sigues sin verle la cara, ¿verdad?, en tus sueños húmedos; y llevas años en eso. Pero sabes quién es. Lo sabes muy bien. Tal vez ahora…

   -¿Déjalo, si? –por un momento pierde el buen humor, mirando por la ventanilla otra vez.

   -Ay, Jared, la vida es demasiado corta para vivir tan lleno de hiel. Suelta un poco, amigo. Sé feliz.

……

   ¡Oh.Por.Dios!, se dice entrando al auditorio escolar, ¡los globos, las luces, la música!, todo era como en las fiestas cuando estudiaba allí. La gente, sin embargo, ha cambiado. Mucho, en algunos casos, para sólo doce años. Las mujeres se ven hermosas, muy arregladas, perfectas, como deseando mostrar que siguen siendo las bellas del colegio. Los hombres se veían algo más ajetreados, aunque claro, sin obesidades marcadas, calvicies totales o arrugas aún. Estaban, pensó cruel, a unos ocho años de eso todavía.

   Nada más entrar, todo elegante dentro de sus ropas sport, se presentó en la recepción donde una mujer que ni le miró le buscó en las listas.

   -¿Padalecki? ¿Seguro que eres de esta promoción? –le preguntó, alzando la mirada, sin reconocerle, sin reparar en esa postura, altura y musculatura que hacía volver las miradas femeninas, y una que otra masculina, las que le agradaban. No, ella (mira su nombre en el membrete, Ashley Olsen, increíblemente delgada, tanto que demacraba un poco sus facciones), enfrentaba a uno de los chicos invisibles.

   -Soy de la promoción y fui invitado. –entrega el sobre, mortificado. Había quedado en llegar con Sandy, el novio de esta, Chad y Sophia, para no entrar solo, pero se retrasó hablando con su madre.

   -No veo tu nombre, ni te recuerdo. –parece acusarle de querer colarse.

   Por Dios, ¿es que la mierda de la secundaria jamás terminaba? Ya va a discutir cuando es interrumpido por una voz a sus espaldas.

   -Es de esta promoción, Ashley. Es Jared, Míster Pitillo.

   La delgada mujer le mira nuevamente, como si acabara de abrir los ojos encontrándole ahí, riendo leve.

   -¿Míster Pitillo? ¡Claro! –y señala algo en su lista.

   -¿Todo bien, Pitillo? –pregunta el sujeto a sus espaldas.

   Ah, no, esa mierda no. ¿Le anotaron así? ¿Pitillo? Se vuelve furioso para comenzar un show, de gritos y reclamos, comenzando con ese sujeto que le identificó de esa manera, pero se topa con una leve sonrisa sardónica en unos labios llenos y sensuales, unos que parecen hacer juegos con unas adorables pecas y unas largas, muy largas pestañas enmarcando unos hermosos ojos verdes.

   Dios, el capitán del equipo de futbol, Jensen Ackles…

……

CHAD MICHAEL MURRAY

   No hay Padackles sin Chad Michael Murray, el siempre mejor amigo de Jared. Aquí asistirá a la reunión acompañado de su novia, pero esperando enfrentar una vieja pasión. Y va con mala leche por lo mal que fue tratado antes. Sabrán que nunca me ha parecido el gran actor, en La Casa de Cera, Jared Padalecki debió ser el protagonista.

SANDRA MCCOY

   Sandra McCoy, Sandy, la eterna novia de Jared en mil historias, o su mejor amiga cuando le sabe gay. Aquí es amiga. También ella tiene muchas cosas qué demostrar en esa reunión, aunque no esperaba lo que luego ocurriría.

CONTINÚA … 2

Julio César.

DEAN WINCHESTER, ¿UNA CUCHILLA DE COLECCIÓN?

septiembre 13, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

DEAN Y SU ADMIRADOR

   -De mis manos todo será maravilloso…

   ¿Más divertido el infierno que el cielo? Quién sabe, de lo que sí tenemos certeza es que las tramas de los demonios, dentro de Supernatural, suelen ser mucho mejores (pero mucho), que la guerra de los ángeles. Y Crowley se lleva la batuta. En este episodio, 9×16 – Blade Runners, fue totalmente delirante, iba de lo ridículo a lo sublime, y se nota un cambio sutil en él que no sé si serán ideas mías, pero ya no parece tan malo. Fue un gran episodio porque regresa a uno de los nudos centrales, no el único ya que esta temporada de Supernatural se mueve sobre varios centros que no son totalmente engranantes y dan una sensación de ir a tientas, pero ¿qué queda? De entrada digo que me gustó todo, tal vez algo menos la muerte del villano de turno.

   ¿No fue gracioso ver a Dean molesto y frustrado en la Baticueva porque le envía mensajes a Crowley y este le ignora? Lo fue, casi tanto como Sam preguntándole si estaba preocupado por ese demonio (cosa que también le pregunto cuándo rescataban a Linda Tran), como dudando todavía del mayor cuando este le dice que es por la misión, buscar la primera espada y matar a Abaddon. Pero es cierto, a lo largo del episodio, y de otros anteriores, parece haberse producido un cambio en Dean, no parece tan convencido sobre la idea de matar al Rey del Infierno, comienza a estar con este como con Meg cuando le ayudaba en la fuga de ángeles y demonios en la cuarta temporada (antes de que la diablesa echara la vaina). Y es un punto interesante, y regreso a Benny en el Purgatorio, creo que siendo un guerrero, para Dean todo aquel que combate a su lado en las trincheras, en un momento dado, termina siendo su “hermano”, aunque sea por un rato. Pero gracioso fue escuchar el mensaje de voz del demonio, tartajeante, balbuceante, y la cara de Sam “¿te deja mensajes estando ebrio?”. Fue tan divertido y tan presto a comentarios. Y ahora vamos con la estrella del episodio, el diablo ese, Crowley.

LOLA

   Le vemos en una cama, recién hecho el amor con una impresionante morena de nombre Lola (fue tan gracioso), pidiéndole una dosis. Y antes de esto, uno ya sonreía, porque a veces olvidamos que es el Rey del Infierno, que es malo, que mató a Sarah y al chico Wendigo, porque es genial. Aquí ocurría igual, uno sonreía viéndole en la cama y la hermosa demonia abriendo un closet… donde está un muchacho atado, a quien le saca sangre que el bicho ese se inyecta como droga, flotando luego. Olvidando sus deberes, sus obligaciones y hasta su maldad, el Rey del Infierno se pasa el tiempo en ese cuarto de hotel, en palabras de Lola cuando le denuncia como “atrapado por ella” ante un seguidor de Abaddon, pendiente únicamente de pizza, sexo y sangre de humanos. Y si sangre se cambia por drogas, habría sonado como una vieja gloria del rock, que en cierta medida es lo que parece Crowley ahora. La mujer le ceba para mantenerle controlado pero le entregará a Abaddon, revelando que recibe llamadas de los Winchester y que buscan algo llamado la primera espada (la torta).

LOS PESARES DE CROWLEY

   La mujer regresa, toda melosa, con sangre en una bolsa, pero ya su destino estaba trazado. Él la acusa de traición, que pudo darle todo, ella le echa en cara que es un fracasado, un perdedor que ya no puede ocuparse del Infierno. Eso no la salva, muere, dejándole mal, enfrentado a los pedazos de su vida que caen. Y mal estaba ya desde antes de ese momento, cuando lloraba viendo Casablanca (mortificándola), o leyendo Mujercitas. Ese cuarto está full, ella muerta, el demonio con quien le denunció también, y por supuesto el chico drenado de sangre. Es cuando parece tener un momento de cordura, de saber que está mal, y llama a Dean… para luego salir por otra “dosis”.

CROWLEY, SAM AND DEAN

   Sale, regresa con una bolsita de papel bajo el brazo (viéndose como un borracho patético), encontrando en aquel cuarto a los hermanos. Fue tan gracioso cuando le reclaman las cosas que hace, Sam quitándole la bolsa, luchando por ella, viéndose una bolsa con sangre tipo O, ¿qué, ahora asaltas bancos de sangre? Todo fue delirante… y con tres cadáveres de algo que antes fueron humanos. Le sientan y atan, le reclaman su conducta, le exigen que tome su lugar, y Crowley, rápido como es, lo pone en perspectivas, ¿es acaso una intervención? Le encierran en la Baticueva, pasa su ratón de abstinencia, que nos lo ahorraron, no como el de Sam en la cuarta temporada cuando se intoxicaba con sangre de demonios. Antes les contó que buscó la primera espada en lo más profundo del océano, en las Fosas Marianas en el Pacífico, pero un submarino había pasado llevándosela.

   Rastrean la cosa hasta un museo, dos vigilantes son atacados por demonios que les poseen, revisan y no encuentran nada, matando antes de irse a una bella chica que les llevaba algo. Ese asesinato, así como los vigilantes cayendo en pacto suicida, puede resultar violento, molesto, injusto, pero acorde con lo que son los demonios (es Abaddon buscando la primera espada); cuando los ángeles asesinan así, con igual banalidad y maldad, si molesta, porque no se espera eso de ellos según lo que siempre se ha creído. Tal vez por ello es más fácil, y entretenido, el tema de los demonios y el Infierno, fuera de que Crowley y Abaddon son geniales; Bartolomé lo era, como personaje y actor, pero su trama era basura, algo que afecta también un poco a Metatron. Un alto en el camino, ¿es mejor el personaje de Crowley que el de Castiel? No lo creo, les afecta los puntos desde donde actúan, y aunque en este caso el episodio parece muy ligado al Rey del Infierno, en verdad interactúa intensamente con los hermanos cazadores.

   Bien, los Winchester llegan, ven un video de los vigilantes matándose, imaginan que fueron demonio, no ven que saquen nada, tal vez no encontraron la espada, y jugando al rudo agente del FBI, Dean interroga a una doctora curadora de museo, una mujer fascinante, madura pero con cara de mañosa, que se afincaba en ciertas palabras que empleaba el mayor, sobre usar medios fuertes para sacarle la verdad. Era un coqueteo descarado, y el detalle de su tarjeta, que retira de la mano de Sam, diciéndole a Dean que le llame si quiere algo más, fue fantástico. Así me gusta Supernatural. Y Dean parecía muy halagado, cómo ha madurado en sus gustos. La mujer confiesa, sin presión de Dean, aunque no le habría molestado, que vendió la pieza a un coleccionista privado, dándoles un nombre.

SIGO SIENDO EL REY

   Los hermanos irán a reunirse con él, y Crowley que les reclama que ellos le hicieron eso, le convirtieron en un adicto, le infectaron de humanidad, les acompaña; los hermanos, especialmente Sam, parecen sentir algo de culpa. Y aquí quiero señalar algo. Al Rey del Infierno si le afectó el casi exorcismo redentor que Sam le practicó, y es evidente que eso le perturba, le “ablanda”, porque aunque continúa siendo astuto, manipulador y traidor, fuera de los demonios, Crowley no ha matado a otra persona. ¿Por qué un demonio mantendría encerrada personas para presionar a sus seres queridos, siendo que puede conseguir lo que quiera con maldad pura? O no recuerdo bien o hace tiempo que no asesina con sus manos. ¿El chico desangrado?, no lo presentaron, siempre podría decirse que fue Lola. Así de tanto ha cambiado este demonio carismático.

SAM, DEAN Y EL FRIO

   En una plaza oscura los hermanos esperan a alguien, Sam tiene frío y mira hacia Crowley que golpea una máquina de chucherías. Fue tan gracioso verle parpadear y gruñir “¿acaso está…?”, si, Crowley está intentado robar dulces. Lo que dice Dean señala el punto, que qué podían esperar, era un demonio humanizándose, que aunque cuando Castiel fue humano no era así, debieron imaginar que Crowley sería un idiota. Cuando le llama, recordándole que es el Rey del Infierno y que tenga algo de dignidad, fue hilarante. Llega el sujeto, no quiere hablar, el FBI no le doblega y Crowley le posee, saben de un nombre que les lleva a Los Hombres de Letra, aunque se suponen todos están muertos. Crowley sabe de uno que fue expulsado y le buscan. ¿Crowley revisando la pornografía de Dean?, Dios.

MAGNUS

   Saben que enfrentan a un genio adelantado a su época, Crowley le hizo seguir hasta un paraje pero no pudo descubrir su escondite, los hermanos le llaman, se abre una puerta y terminan en un refugio oculto, invisible o inmaterial, no está claro. Y este Magnus (Kavan Smith), parece un sujeto agradable, un Hugh Hefner bajo tierra, amante de acumular y poseer cosas buenas, aunque algo ridículo.

LA PRIMERA ESPADA

   Los hermanos quieren la espada, el ex Hombre de Letras les indica donde está, un pedazo de hueso con unos molares, pero que no sirve sin la marca. Dean se la muestra y eso sella la suerte. El sujeto se deshace de Sam y se queda con Dean, como parte de la colección “la primera espada”. Me recordó al coleccionista que atrapa a Xena en aquel episodio de Halloween de Los Simpson. Era poderoso este ser.

   Sam, expulsado, se afana buscando una manera de regresar por Dean, preocupado, aunque claro, no debería, si algo le pasaba al mayor debería seguir con su vida, según su nueva filosofía, pero eso no se aplica a la hora de las chiquitas. Me hizo sonreír los intentos de Crowley por fijar una conexión entre ambos, lo que a cierto nivel es cierto, por aquello de la sangre, pero parecía que el Rey del Infierno no estaba muy seguro sobre su lugar, ni qué esperar de los hermanos (debió intuir ya la traición); es un demonio pero también sufre dudas. Creo que por eso le afecta cuando Sam le aclara que no hay ninguna conexión ni son amigos, que no confía en él.

DEAN DICE NO A MAGNUS

   Y mientras eso pasa, Dean es retenido por Magnus, algo entendiblemente como dijeron mis amigas, que alguien deseara quedarse con Dean, guardándoselo para sí. El mayor le enfrenta, el otro le invita a quedarse por propia voluntad, tentándole con aquello de vivir para siempre viéndolo todo, conociendo, aprendiendo, que se quede allí con él, y reconoce que se siente un tanto solo. ¿No fue increíble Dean preguntándole si cuando lo decía no sentía escalofríos en su espalda? Se niega, quiere luchar, pero ese ser lo toca, ¡lo toca!, y le medio controla, diciendo algo que sonó totalmente homo implícito, que tiene medios para obligarle a obedecerle… en todo lo que quiera de él. La cosa no parecía una simple adquisición hostil de objetos.

DEAN CAIN

   Cuando Dean toma la primera espada ocurre algo, fuerte, se vio tan terrible como aquel Dean del futuro en la quinta temporada, cuando le cuenta al Dean del pasado que envía a sus amigos a una trampa de muerte para aprovechar la confusión y cumplir su misión, matar a Lucifer.

SAM AND MAGNUS

   Sam logra un hechizo, entra al refugio con Crowley, quien se oculta cuando el menor cae en una trampa; mediante él, Magnus quiere manejar a Dean. Y mientras tortura al menor, Crowley libera al mayor, mirándose ambos mientras ocurre (esas cosas son importantes para el cazador, así es su personaje), y de manera bastante tonta, totalmente desperdiciada y falto de dramatismo, Dean decapita al poderoso ex Hombre de Letras, viéndose dominado por una fuerza homicida que parece no poder controlar, una que alarma a Sam y Crowley, sobre quien parece que va a lanzarse. Es cuando se entrevé la carga que Caín dijo que pesaba sobre el traspaso de la marca. Es la primera arma homicida desde la creación del mundo, el primer objeto que asesinó en toda la historia de la humanidad, inocente al respeto hasta ese instante. Desde Abel, ¿cuántas otras vidas no sesgó?

   A Sam le preocupa eso mientras salen del refugio y vuelven al bosque, la reacción de Dean aunque este insiste en que está bien. ¿Cuántas veces no hemos oído eso? Llega lo del impala rayado con lenguaje de ángeles en un mensaje a Crowley de parte de Abaddon. Fue otro momento ligero, Dean rabioso preguntándole a la nada si ahora se dedicaban a rayar autos, verle caer de rodilla y pegar la frente del vehículo fue gracioso, pobre Dean, claro, verle mojarse el dedo de saliva como si pretendiera borrar una raya de lápiz fue todavía mejor. Aún no se repone cuando ya Sam le pregunta si lo de Crowley era tan sólo misión por la espada, que ya la tienen, ¿le matarán? Sam lo quiere así, Dean duda, pero accede. Crowley les detiene con sus poderes, roba la espada, que cuando tenga a Abaddon les buscará. Sam todavía parece molesto, pero en este caso Crowley tenía razón, desde su punto de vista. Está bien, es un demonio, ha sido traicionero, pero ha jugado limpio en lo de la espada, que entiende que no se puede confiar en él, “tienes razón Sam, pero lamentablemente yo tampoco puedo confiar en ti”. Y desaparece.

LAS CARAS DE DEAN

   Quedan allí, sin el arma, Crowley vivo y en fuga, el impala rayado… Y a mí me gustó. Todo. Tal vez faltó ver a Abaddon aunque fuera una vez, pero estuvo muy bueno. No tanto la muerte del ex Hombre de Letras, era realmente poderoso y se interesaba lo suficiente en Dean como para resultar interesante, su muerte fue muy insulsa. Por otro lado, desde este punto donde no se sabe para dónde va la trama, es difícil imaginar qué sigue, lo que sí está claro es que se acerca el gran enfrentamiento con la diablesa mayor.

REGRESO A CLASES

Julio César.

CAZADORES Y CAZAFANTASMAS TRISTES

septiembre 5, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

THINMAN SUPERNATURAL

   Ah, Dean, todo un príncipe…

   Debo comenzar diciendo que siempre, pero siempre, odié a los Ghostfacer (palabra complicada que cambiaré a los caza fantasmas esos). Eran detestables antes y lo son ahora; hay quienes les encontraban divertidos, a mí me parecían exasperantes. Siempre abrigué la secreta esperanza de que mataran a uno de ellos, no del grupo de tontos que le seguían, como diría Dean, “el gordo y la chica, había una chica, ¿verdad?”; esperé que fuera a Ed o a Harry (¿Ed Harris no es un actor de carácter?). Preferencialmente, que fuera Harry, el más odioso de los dos. Pero vamos con el 9X15 – THINMAN, un capítulo que podría llamarse de relleno, pero que fue bueno a mi manera de ver. Me gustó la fuerza que se ocultaba tras las muertes, me pareció terrible, como siempre ocurre en estos casos, así como los asesinatos mismos.

CON EL THINMAN ATRAS

   Se inicia el episodio con un recuento de la pelea entre Sam y Dean. Sam no le perdona lo que hizo, que traicionara su confianza así y que hasta el título de familia deben peleárselo. Dean contraataca diciendo que no se disculpa, que lo hizo para salvarle la vida, y Sam le reitera que no, que lo hizo por él, para no continuar solo. Que no fue un acto de amor filiar sino egoísmo. Desde allí comienza el episodio, cuando una joven vive un momento verdaderamente horrible, la sola idea de que a uno pueda pasarle eriza la piel; tomándose fotos en su cuarto (práctica que tiene un nombre que ni me molestaré en aprender, el de Ellen Degeneres sigue siendo uno de los más populares en los Oscar del año pasado), y al revisarlas, todavía sonriendo, ve que tras ella se encuentra una figura horrible, de rostro sin facciones, alta y delgada. Se vuelve y la encuentra, se oculta en el closet, llama al 911 pero llora, sabe que está allí, con ella, y la matan. La situación es una pesadilla, el miedo a ser atacado en lo más íntimo, el propio dormitorio. Los hermanos van a investigar, aunque Dean parecía dispuesto a ir sin Sam, de quien no sabe si quiere cazar o no, y en la casa de la chica muerta saben que los caza fantasmas andan por ahí.

A J BUCKEY

   Lo primero que hay que decir de los caza fantasmas es… cómo ha pasado el tiempo. Ed, el Adam Ross en CSI: NY (A.J. Buckey), se ve bastante maduro, me temo que hasta acabad. Lo otro es Harry asechando a la ex, la mujer que abandonó por salir a cazar a esa criatura de la que sólo ellos tienen conocimiento, el Thinman.

WINCHESTER Y CAZAFANTASMAS

   Los hermanos los encaran en una cafetería, pero en verdad es tonto de parte de Dean creer que pueden intimidarles. Ellos les conocen, comenzando por aquello de que no asesinan personas, ni son agentes del FBI de verdad. La insinuación de que saben de que se trata lo que mató a la joven, y que no es un fantasma, amosca a los Winchester, pero estos no dicen más. Bien, como es un episodio centrado en los caza fantasmas y las sombras que lanzaran sobre los hermanos, voy al caso, aunque me pareció notable ver que Dean desconfiara de lo que decían saber los caza fantasmas, llamándoles tontos que no tienen idea de lo que hacen. Sam no está muy convencido, sabe que escribieron un libro, El Thinman, que algunos lo han fotografiado, fuera de que la imagen de la chica tomándose fotos y el asesino atrás fue subido por alguien a la red. Lo curioso es que Dean tuviera razón, falló en lo del fantasma, pero realmente esos tipos no sabían un carajo de lo que hablaban o hacían.

EL CHUSCO GORDITO

   Queriendo saber quién subió la foto, apoderándose del teléfono de la víctima, vistan al ayudante del comisario, un gordito jocoso que parece creer en los caza fantasmas, molestando a Dean. Ocurre otra muerte, justo en la cafetería donde los Winchester encontraron a los caza fantasmas. El gerente está cerrando cuentas, oye algo, enciende las cámaras y sufre un sobresalto cuando en los solitarios estacionamientos ve pasar una figura extraña (y no era para menos), volviéndose y encontrándola allí, a su lado, matándole. Quedó bien la escena, fue inquietantemente sobresaltante, ¿imaginan salir de noche de sus camas e ir a tomar agua y toparse con algo que surge de repente en un pasillo?

DEAN NALGUEA

   Los hermanos van, el ayudante del comisario les dice que los expertos también están, y fue gracioso ver la nalgada que Dean le da a Harry, conminándoles a que se vayan. Revisan los videos, ven las imágenes y el asesinato. Los caza fantasmas están extasiados, ¡la criatura existe!, ya no es una simple sospecha de ellos. Interrogados por Dean, los chicos cuentan lo que se saben, que la criatura es mitad hombre, mitad árbol y que atormenta a sus víctimas por cosas que han hecho. El video sube a la red, ¿pero quién lo hace? Los hermanos no creen sea un fantasmas (y ya sospechábamos que pudiera ser la peor bestia de todas, un hombre); fuera de que todas las otras imágenes en el blog de los caza fantasmas, del Thinman, se ven trucadas, no así la de la chica en su cuarto, la cuestión es ¿cómo se transporta tan rápido de un lugar a otro?

ED AND HARRY

   Ed está preocupado, la cosa toma un mal cariz, ya no es un juego, han muerto personas (luego entendemos mejor su desconcierto), pero Harry no quiere ceder, desea ir a un bosque a investigar. Luego sabemos que necesitaba hacerlo, cuando le dice, en réplica a dejar todo en manos de los Winchester, que ya han arriesgado y perdido mucho por ese trabajo (familia, amores, respeto, socios), que no pueden parar ahora, que deben demostrarle a todos que no son unos perdedores y que tenían razón cuando se lanzaron a esa loca cacería. Baja en un parque, a grabar, y el otro va a hablar con los Winchester. Él lo invento todo para que Harry no dejara la sociedad y continuara la cacería con él, que entiende que los otros se fueran pero no podía perder a su amigo. Un planteamiento similar de lo que ocurre con los hermanos, y queda muy claro para Dean cuando Sam le reclama que le mintiera y defraudara a su amigo, que tiene que confesarlo así la amistad se termine.

   En el “bosque” (detrás de una cafetería, dice Ed), esa cosa persigue a Harry, le hiere, pero este le golpea en las bolas, huye y se desmaya frente a los Winchester. Está emocionado, existe la criatura, tenía razón, no era un idiota cualquiera, sabía lo que hacía… hasta que Ed le cuenta la verdad. Lo cierto es que me pareció muy serena su reacción, más que molesto, como debería estarlo (Ed le hizo quedar como un idiota, y sobre esa base tomó decisiones terribles como terminar con su novia y no comenzar una vida real), parecía más que todo traicionado, herido, ¿por qué un amigo al que consideraba un hermano le provocaba tanto daño? Cuando Ed sale a buscarle algo, cualquier cosa para arreglar la situación (y me pareció algo irreal que pretendiera que todo continuara igual como si se hubiera tratado de una simple broma telefónica), Sam entra, y es eso lo que Harry le dice, que se siente traicionado, profundamente engañado, que Ed hizo un tonto de él, que cómo se sabe que te hacen algo que no se puede perdonar. Sam, con ese mismo dilema, le responde que a eso debe contestar únicamente él.

   Dean encuentra una pista por una huella de auto donde atacaron a Harry, Ed escucha, y le propone a Harry ir y resolverlo, que ellos crearon todo, que lo terminen. Los hermanos se reúnen con el ayudante del comisario, entran al lugar donde supuestamente está el auto del criminal, y la verdad es que esta vez me pillaron, el gordito les aturde con esos paralizadores policiales. Es el villano. Atados enfrentan al ayudante loco, que mató al comisario porque le negó un día libre, aunque les aclara que no fue él, como sospecha Dean, que con su panza no podía usar el traje, y aparece su socio el sicópata, ese flaco de cara extrañamente anodina. El camarero que era feamente regañado por el luego asesinado encargado de la cafetería, el cual mató a la chica porque no quiso salir con él. Dean les banaliza con lo de locos, y vuelven con aquello de que un tipo bonito cómo él no puede entender lo horrible que es ser invisible en un pueblo chico. ¿No fue bonito ver a Sam angustiado cuando ya “ve” que van a matar a su hermano?

SCREAM

   Aquí hay dos cosas, primero es esta idea de  la película Scream para que algún loco alcance la fama, en este caso estos dos que hasta tenían algo de ambiguos, idea que siempre resulta. En NCIS fue genial cuando lo presentaron, el idiota que casi logra que Gibbs mate a una mujer inocente, riendo al final, a pesar de ser detenido, alegando que de todas maneras ganaba porque sería famoso, pero Gibbs le acusa de terrorista por lo que su nombre jamás sería dado a conocer; tema que también ya se había usado en Supernatural, algo inventado que se hace real, aunque en aquella ocasión la cosa si pertenecía al mundo sobrenatural. Estos dos locos quieren emociones, figuración y fama, así sea la de una “criatura” en la red. Llegan los caza fantasmas, pero los capturan, todavía diciéndoles que pensaban dejar a uno vivo para que echara el cuento. Ed intenta hacerles entender que todo era una farsa, pero les parece mejor, muertos ellos la verdad muere también.

BALADA DEL CAZADOR Y EL DEMENTE

   Van donde dejaron atados a los otros, los hermanos no están, hay una lucha, Dean atrapa al camarero desde atrás, aferrándole la muñeca con la que sostenía el cuchillo y en una escena casi íntima, este gimiendo que no, se la clava. Hubo algo extraño en esa toma, mucha sensualidad. El gordito toma un arma, amenaza a Sam, Ed se interpone, que todo es su culpa, el uniformado va a matar a todos y Harry acaba con él de un disparo.

   Fuera se enfrentan los caza fantasmas, Harry no puede perdonar lo que hizo, que causó mucho daño, paralizó su vida (muy cierto), que hubo gente que salió herida y que él se vio obligado a matar a un ser humano, horrible y loco, pero lo mató. Se separan, aunque cuando Ed le pregunta si es el fin, qué como quedan,  el otro asegura que es complicado. La verdad no parece un final final. Esta conversación, sobre traiciones, pérdida de confianza, que lo hacía por él, para no perderle y tener que continuar a solas con su vida, que “¿no puedes perdonar eso?”, es escuchado por los hermanos, y aunque como he sostenido, entiendo el punto de vista de Sam en esta temporada, que realmente Dean se mueve más por la necesidad de no estar solo que por amor filial (aunque eso podría discutirse toda la vida), no me parecen casos similares ni de lejos. Ed engaña a Harry por una tontería, Dean lo hace para impedir que Sam muera. Aunque pueda decirse que “engaño, traición y pérdida de confianza” es igual en ambos casos, no es así en su alcance. Cuando las cuestiones son de vida o muerte jamás lo son.

   Se separan los caza fantasmas, y cosa rara, no fue tan gratificante como lo esperaba, tal vez porque fue muy real, muy posible, un drama que se ha vivido. Fue una ruptura, una amistad vieja y entrañable que se acaba de manera amarga, lo que siempre es algo triste y puede sucederle a cualquiera, a ese que se niega a que sus amigos abandonen una fiesta porque siente que con eso se inicia una marcha hacia el final de una etapa. Aunque, siendo totalmente sinceros, esta relación no terminó en ese preciso momento, ya venía de antes, cuando Harry considera la posibilidad de casarse y establecerse como una persona normal, con obligaciones concretas, abandonando la van del misterio. Harry maduraba, pero tal vez eso le asustó al darse cuenta él mismo, queriendo aferrarse en ese momento a lo que había sido su vida, su juventud, esas cosas en las que creía y por las que tanto se expuso, aún al ridículo. Ed le engaña, pero él quería, a cierto nivel, creer. Fue el resquicio que utilizó Ed, para no perderle. La charla en el impala cuando se alejan de Ed, dejándole solo con la van en ese camino, fue de ese tenor, el vacio que se siente cuando se creía que dos personas terminarían juntas y no sucede. Una visión muy norteamericana, me parece. Uno quiere a sus amigos, pero no como para compartir un retiro en la vejez; necio yo, necios ellos, sería un infierno. Pero aún en NCIS, estuvo presente este dato, Gibbs contando que sus abuelos habían luchado en bandos opuestos de una guerra, retirados se mudaron a la misma casa y pasaron cada día del resto de sus vidas sentadas en un porche aunque jamás se hablaron. Es tan extraño.

LOS PISTOLEROS SOLITARIOS

   En fin, en esta honda de finales, los caza fantasmas no acaban muy bien, ¿reaparecerán? Espero que no. Les odio. Por ahí escuché que Eric Kripke les tenía cariño y hasta una vez se pensó en una serie hermana, con ellos de protagonistas. No quiero ni imaginármelo. Aunque ha habido buenos casos, con malos resultados de sintonía, como con Los Expedientes Secretos X, y su serie derivada, Los Pistoleros Solitarios, esos tres locos de las conspiraciones que a veces ayudaban a Mulder, y que fue interesante. Yo la veía, pero duro muy pocos episodios. Un programa, con estos sujetos, no creo que pasen del piloto.

DEAN WINCHESTER, ¿DE COLECCIÓN?

Julio César.

LOS WINCHESTER, LINDA Y LOS ANGELES CAPULLOS

agosto 31, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

EL FANTASMA DE KEVIN

   Aunque cueste, a veces salen críticas…

   Soy un amante fiel de la serie Supernatural, de todas sus temporadas, pero a veces hay detalles que molestan, así como hay otros que exasperan un poco. ¿Tenía que morir Kevin? Eso se discutirá toda la vida, sobre todo teniendo en cuenta que los hermanos se medio reconcilian a los dos capítulos, o lo aparentan, trabajando juntos de nuevo. ¿Se pensó bien la trama de los ángeles? Pareciera que no. Y todo confluye en el 9×14 – Captives, donde lo bueno que se puede decir es que hay un cierre, la mamá de Kevin, Linda Tran, logra sobrevivir (por ahora) a su encuentro con los hermanos… ¡aunque perdió tanto!

DEAN

   Encontramos dentro del bunker el aire de hostil separación entre los hermanos. Ver a Dean sobre su cama, no se sabe si durmiendo o descansando, aunque uno no se explica cómo con el volumen de la música, así como toda la ropa puesta incluidas las botas, refleja a las claras que está distanciado de su hermano. Que vive un tormento interno y se aparta donde no pueda escuchar ni sus pensamientos, tal vez con un infantil “él tendrá que venir” (así de bueno es interpretando Jensen Ackles). Es cuando ocurren esos fenómenos electromagnéticos que los ponen en alerta rápidamente. Sam sale de su cuarto respondiendo a sus llamados y comprueba lo de las luces. Dean aparece: ¡el bunker está encantado! ¿No sonó genial? Deducen que como nada puede entrar debe ser un fantasma hogareño, alguien que murió allí, y como hasta ese entonces ningún Hombre de Letras se había manifestado tiene que ser alguien más reciente, y saben que se trata de Kevin. Mientras esperan contactarlo, por turnos, Dean le llama y suelta toda su amargura, el dolor de haberle fallado. Lo típico. Sam le oye y aparece Kevin. Este les informa que nadie ha podido subir al Cielo desde la caída de los ángeles, cosa alarmante, ¿y si todos enloquecen y se vuelven agresivos? Como sea, Kevin oyó en la red fantasma que su madre continúa viva y quiere que ellos, para variar, hagan algo por él y vayan a buscarla. Lo hacen, contactan a un fantasma femenino que les dice que la tenían encerrada en un depósito, junto a otros dos, por culpa de un hombre con acento inglés, y una de los otros prisioneros era Linda. Dean no sabe de quien hablaba, Sam le aclara el punto.

LINDA TRAN

   Aparentemente, investigando sobre la chica fantasma, que en un descuido de su carcelero escapa pero es recapturada y asesinada, saben que era la querida de un político importante, y que Crowley la mantenía retenida para controlar al hombre, como hizo con la mamá de Kevin. Dean, quien tiene sus asuntos con el Rey del Infierno, intenta contactarle y eso parece molestar a Sam, incluso que comente el “Crowley ordenó les retuvieran, no que les mataran”. Llegan a un depósito, hay dos chicos idénticos, los hermanos cazadores se separan y son atacados por los gemelos. Fue doloroso ver a Sam responderle a Linda Tran que Kevin está muerto. Ella quiere que le lleve con él, cuando le creía vivo y ahora que le sabe muerto (se lució la damita). Dean enfrenta a uno de los gemelos, que mató al otro para contactar al Infierno, el cual parece haber enloquecido, es un demonio a quien Crowley puso a vigilar a esa gente, sin lastimarles o matarles, y ahora le cuenta a Dean que eso era una tortura para un demonio joven lleno de maldad en sus venas. Cuando el cazador le hace saber que Crowley no vendrá, y que son amigos, pensé que sacaría un cuchillo, escaparía y le mataría, pero si no llega Sam, acaban con él. Atado, el chico demonio debe enfrentar su castigo, uno que llega de la mano de la severa señora Tran. Y me gustó. Como su encuentro con Kevin, y la partida con su hijo, quien todavía le dice a Sam que no le culpa, que no fue él quien le mató. Hubo mucho de triste y patético en saber que la señora Tran se lleva a su hijo, el joven profeta signado por todo ese pesar, para cuidarle de no enloquecer, como si todavía fuera un niño, aunque para las madres siempre lo somos. Es increíble pensar en todo lo que perdió Kevin, como antes lo hicieron Andy y Jo.

KEVIN Y LINDA FUERA DE LA SERIE

   De este final me gusta cuando Kevin les pide a los hermanos que se entiendan, estos dicen que lo intentarán, especialmente Sam, pero le miente. En cuanto salen, y Dean se vuelve hacia su hermano creyendo que hablaba en serio, este ya va saliendo.

SAM MIENTE

   Verle regresar a su cuarto, a la cama, a su música, fue insatisfactorio. Por cierto, que este detalle molestó a muchos, pero, contrario a la pasada temporada, hay que ponerse en el jugar de Sam.

CASTIEL CAPTURADO

   Lo otro del episodio fueron los ángeles. Castiel aborda a uno en un entierro y le amenaza, sabe que la muerta, Rebecca, era amiga de Metatron y quiere saber donde se encuentra este. El ángel le responde que ellos se habían separado de todos, incluido Metraton, y buscaban vivir en paz (Castiel, con su “otra facción”, puso el dedo en la llaga), pero que fueron exterminados por el gran asesino, Bartolomé. Para no hacer el cuento largo porque ya pasó hace tiempo, Castiel es sometido por dos ángeles y llevado ante Bartolomé, quien le abraza como su amigo. Juntos recuerdan su batalla contra Rafael, pero Castiel comenta que cuando se fue, él, Bartolomé, torturó y mató a los ángeles que dejó como prisionero. El otro le responde que era su trabajo, que a Castiel no se le dijo por lo mismo que muchas veces se le apartó de alguna maniobra, porque no obedecía. Los ángeles debían, sobre todas las cosas, obedecer, fuera cual fuera la orden y Castiel siempre fue reacio a ello.

CASTIEL Y BARTOLOME

   Pero ahora Bartolomé es quien imparte las ordenes, como bien señala Castiel, y le pide que se unan para vencer a otro de los ángeles, violento y terrorista (a uno de los suyos Castiel le trovó la gracia), e ir contra Metatron, derrotarle, regresar al Cielo e imponer un nuevo orden. Castiel no sabe qué responder hasta que le ve asesinar al ángel que estuvo en el funeral de Rebecca, luego de torturarle. Bartolomé es implacable e infame, quiere acabar con Metraton y regresar el Cielo, si, pero como único triunfador, el Gran Jefe, ¿otro Dios?, por eso matará a los ángeles reunidos en la otra fracción violenta, y a los grupos como el de Rebecca que quieren vivir en paz.

LA MUERTE DE BARTOLOME

   Castiel y él luchan, nuestro ángel le derrota pero no le mata, le da la espalda para irse y Bartolomé le ataca por la espalda. Sin embargo, nuestro ángel que bastante batallas ha librado junto a los Winchester, le espera y le mata. Sale de allí porque uno de los dos ángeles que le detuvo, impide que el otro ataque. Y frente a la tumba de Rebecca, Castiel se topa con ese ángel, que no quiere luchar sino seguirle. Castiel responde que no es un líder, el otro insiste en que si , y le seguirá, y que no es el único. Afligido el  ángel de la guarda de Dean mira que hay otros. Sus seguidores.

LAUREN TOM

   Okay, el capitulo tiene mucho para el análisis de nuestro programa en esta temporada, y aunque no fue un episodio relleno, ha evolucionado (la lucha de los ángeles), no fue uno de mis preferidos, exceptuando la participación de la excelente Lauren Tom, la señora Linda Tran. Lo primero es algo que amo y odio del programa. Aquí nadie está a salvo, todos, excepto los hermanos, pueden morir y desaparecer, desde John Winchester a Lilith, la segunda de Lucifer, e incluso este mismo; pero a veces parece exageradamente cruel el tratamiento a algunos personajes, resultando odioso. Debería ser confortante saber que pasa, hay series donde nadie desparece y terminan en un arroz con mango, como Smallville o Héroes, pero es duro. No es que se van de viaje, se casan y viven felices junto a un río cantarino (aunque no les presentan más), no, les matan. Ellen, Jo, Bobby (el gran Bobby) y ahora Kevin. Los productores son un tanto mezquinos y crueles. A la señora Tran le han dado un final, que no fue justo, se va, una mujer madura, sola, llena de pesares porque para colmo carga con el fantasma de su hijo que no puede ir al Cielo como merece. A otros han dado también un adiós, como aquella chica, Christie, aunque tuvo que pasar por la muerte de su padre. También Garth tuvo su conclusión, que no me gustó mucho. A Charlie le fue mejor, pero quedando fuera de la realidad. Ahora parte la señora Tran, o al menos no la han matado aún, pero no me alegró.

   Lo otro que ha sido un tanto insatisfactorio ha sido la trama de los ángeles. Creí que sería más interesante cuando cayeron, pero fuera de Metatron con su plan para convertirse en Dios, el resto parece halado por los cabellos. El enfrentamiento entre ellos parece absurdo, tal vez porque les hace ver muy lejos de la idea que tenemos de los ángeles, más bien parecen demonios con un complejo de superioridad, luchando por pasiones bobas como los antiguos dioses griegos y romanos. La aparición de Bartolomé fue interesante, también su plan para conseguir recipientes para los caídos, un líder militante, pero no se sabía qué tramaba, fuera de desear la muerte de los Winchester y Castiel. Era una trama más o menos buena hasta que aparece otra fracción, más violenta (lo dicho, qué ángeles). Las peleas a cuchilladas eran divertidas, pero alarmaba la cantidad de gente que estaban matando, es decir, daba la sensación de que los hermanos ya no podían salvar a los seres humanos de los entes mágicos.

   Eso por ahí, pero luego,  sin que se sepa cómo, parece acabar la guerra entre ellos con la llegada a la Tierra de Metraton. Y dio la sensación de que los escritores no tenían muy claro qué buscaban conseguir, cuál era el nudo de la trama, ni cómo continuarlo; con todo, los leviatanes tenían un por qué, un plan (aterrador), aunque fuera mal rematado al final. Con esta caída y la pelea entre los ángeles no se ve eso. Se siente que intentaron ese giro para ver qué pasaba, y según fuera quedando irían escribiendo, pero eso les dispersó. La trama no ganaba intensidad, ni preocupaba, más allá de lo violentos e irracionales que eran. Debe ser porque las cinco primeras temporadas sí fueron ideadas como un gran todo, que ahora no parece haber conexión o un plan especifico.

BARTOLOME

  Bartolomé si me agradaba como villano, tenía presencia, se veía mejor que Dick, el leviatán. Y viene y le mata Castiel. Esto estuvo mal por varias cosas. Primero, amamos a Castiel, en serio, y le queremos siempre en la serie… pero como angelito de la gurda de Dean. Verle pelear por su cuenta, un capítulo muy centrado en él, no queda bien. La cita fallida de la temporada pasada estuvo genial, pero acompañando a Dean a un burdel en la quinta fue infinitamente superior. El que fuera él quien matara a Bartolomé no habría estado mal si uno de los hermanos hubiera estado presente, como cuando atacaron a Dick, no de esta manera. Lo he expresado antes, nos gusta ver a los hermanos enfrentado el gran peligro, desafiando a Lilith, a Lucifer, a Zacarías, unos simples humanos venciendo los grandes poderes, fuera de que Dean siendo zarandeado, golpeado, atrapado por el cuello, siempre queda bien. Y Bartolomé, ese carismático personaje, aunque con una trama floja, jamás enfrentó a los hermanos. Ni una vez. Ni a su rival por el control de los ángeles. Mucho menos a Metatron, Abaddon o Crowley. Al personaje le desperdiciaron aún más miserablemente que a Dick, Eve, Zeus y otros grandes y poderosos seres. Bartolomé, y su grupo, desaparecen sin que se notara que fueran determinantes para nada, ¿qué lograron?, ¿qué hicieron? Repito, Metatron se ve mejor dibujado, no sólo por el actor que lo encarna, Curtis Armstrong, el eterno Cochinón de La Venganza de los Nerds, ya que Adam Harrington (Bartolomé), es un señor interprete. Falló el libro.

   No hacía falta ver lo que seguía para saber que ahora la acción “ángeles”, se concentraría entre Metraton por un lado, y Castiel por el otro. Cosa que me alegra, pero esa trama debe ir más ligada a los hermanos. Por suerte la temporada cuenta con Crowley y Abaddon, batalla de diablos que aunque no han tenido los enfrentamientos que ha habido entre ángeles (los demonios parecen más civilizados), es interesante. No sólo por el control final del Infierno, sino por los actores y personajes, si Mark Sheppard (Crowley), es bueno y carismático, como el mismo Misha Collins, Alaina Huffman (Abaddon), no se queda atrás. Es una de mis villanas favoritas, ni siquiera la odio (bueno si, un poquito, por matar a Henry).

   Por cierto, ¿sabe alguien el por qué de la poca atención que el Canal Warner le está dando a la serie si gusta lo suficiente como para continuar?

CAZADORES Y CAZAFANTASMAS TRISTES

Julio César.

SAM, DEAN Y LA GRASA MALA

agosto 23, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

BONITOS SHORTS

BONITA REDESILLA

   ¿Es o no amor?

   ¡Odio esos concursos de tragones! Una vez fui a uno, precisamente de comer perros calientes, y la gente los miraba como a fenómenos de circo, no creo que identificándose con ellos. A uno, un señor algo maduro, se le vino un buche que hasta por la nariz salió. Fue tan desagradable. Aunque imagino que esas “emociones” divierten a algunos (de lo contrario no los harían), como quien va a una corrida de toro para ver si algún matador queda ensartado en los cachos del animal, o una carrera de carros para verlos volar, caer sobre otros y que ambos estallen (que su intensidad tiene, qué dudas caben); porque verles dar vueltas y vueltas no puede ser más aburrido. De tragones así trata el  9×13 – The Purge, un capítulo de Supernatural totalmente de relleno y alejado de la trama central, los ángeles desagraciados y Abaddon la mala. Rescatable es que vemos a criaturas nuevas, llevaban tiempo sin aparecer, y los hermanos tienen una charla de lo más esclarecedora, aunque no satisfactoria para nosotros los fans.

   Comienza con un tipo grande y barrigón que gana un concurso de comer perros calientes, haciendo trampa, compitiendo con un flaco al que todavía insulta llamándole Skeletor, cuando este le acusa de meter uno de los perritos en un bolsillo; eso me hizo sonreír. Lo cumbre es que después de salir de ese concurso, entrando a su carro, sacando el perro de su bolsillo ¡todavía se lo traga! Allí, algo, le mata. Los hermanos, distanciados como están desde el episodio anterior, dedicándose únicamente a los ángeles, Abaddon, la Marca de Caín y esas cosas, deciden ir a investigar lo del hombre muerto, aunque Sam nota extraño a Dean, quien responde que todo está bien a pesar de lo dicho la vez pasada (Sam exige que se hablen siempre con sinceridad). Y creo que nadie creyó que todo estuviera “okay”.

DEAN Y LAS ROSQUILLAS

   Me gustó la Comisario, gordita, asegurando que en ese pueblo la gente se toma muy en serio los concursos de comelones. Ella misma toma una rosquilla y Dean no aguanta dos pedidas cuando le ofrecen una. Fue tan gracioso verla a ella contando cosas, con la boca llena de azúcar, como a Dean, quien intenta medio limpiarse cuando Sam se lo señala pero queda igual. Cuando investigan al flaco del concurso anterior, para ver si no fue un maleficio para vengarse, fue interesante ese detalle de comer lechugas antes de un concurso porque expande el estómago… ¿entonces no es malo para la gente que quiere hacer dietas? ¿Lo aconsejable no sería que se cerrara más bien? ¡Cómo he molestado a conocidos con ese dato! Bien, por ese lado, el flaco y la novia, no se llega a nada, como no sea la extrañeza de Dean porque aquella bonita gitana estuviera pensando en dejar al flaco e irse con el gordito, al que amaba. Y así llegamos al segundo asesinato… y fue una pena. ¡Pobre chica!

   Un gimnasio de noche, a oscuras, una mujer de carita redonda y mejillas abultadas se afana sobre un aparato fijo, la mirada clavada en una mujer vestida de novia, ¿no fue dolorosamente patético? Ya uno sospechaba que era por eso, iba a casarse y desesperadamente luchaba contra su peso, por esa obsesionante idea de entrar en el vestido. Eso se comprueba cuando se pesa y gime, ¡ha ganado más masa! Y la verdad es que me hizo sonreír porque recordé a Garfield, ese gato perezosos, gruñón e irónico que odia los lunes (me identifico tanto), cuando luchaba con su peso y comiéndose una rosquilla de cincuenta gramos, pesándose antes y después, ganaba trescientos gramos de peso y gemía “¡no es justo!”. Cómo me reí esa vez. Bien, algo la ataca y muere, sobre la pesa (¿cómo habrá sido eso?), y los kilos descienden. Alicia, una amiga que vio el episodio hace tiempo, me comentaba que mientas moría, a lo mejor la mujer todavía se permitió una sonrisa de felicidad por perder kilos.

   Qué manía con el peso. Está bien, vivimos en una cultura de belleza y perfección física de ciertos estándares que amargan y deprimen a mucha gente, que han variado un poco, gracias a Dios; ya está pasando el tiempo de las modelos esqueléticas a las que se les notan las costillas, las espinas de la columna, o se les ve horrorosa la cadera huesuda cuando se acuestan de lado. Mujeres más curvilíneas y hombres más masudos parece ser la norma (aunque en cuanto a tipos, ese patrón es viejo), sin llegar a lo rollizo. Pero en este caso, la gordita del gimnasio, un hombre la amaba, tanto que quería casarse con ella, y al hacerlo la estaba viendo, con todo y sus bultos. Se puede decir que una cosa es antes y otra después, pero en el camino esas cargas se corrigen. Está bien preocuparse por el peso, por la salud y hasta lo estético (hay gente alarmante, que toma asiento y parece botarse por los lados), pero sin que sea una obsesión. Sin que ello conlleve a, y sé que la palabra se ve fea, empeorar. Debe ser algo muy femenino, recuerdo que hace tiempo en la oficina había una joven camarera que preparaba un café increíble, y yo la llamaba la flaca (pasa tanta gente por ahí), y un día una compañera de trabajo me señaló que sonaba despectivo. Disculpándome con ella, me encuentro con que me dice que a ella le encantaba cuando yo le decía flaca. Pero es tan así que una amiga, Viviana, aseguraba que ella prefería que la llamaran vieja y no gorda.

   Como sea, los hermanos llegan a investigar y Dean, que dudas caben, interrogará a la dueña del gimnasio, una mujer bonita, ya que “ahora que hablamos con sinceridad”, eso no se le da bien a Sam que es más bien espeluznante. Dean la interroga y ve una marca en la baja espalda. Sam la encuentra en los muertos, descubriéndose que la chica del gimnasio había estado en un centro de salud para adelgazar, lo mismo que una de las víctimas.

SPA

   Y la verdad es que la propaganda del centro dietético era horrible, pero, y no quiero que la gente se moleste conmigo, hay algo extraño en toda esa gente que no come carne o hacen de las dietas, o la comida saludable, un culto. Dan miedo. Hay algo como de fanáticos, y así era la propaganda esa. Van al centro, lo regente una pareja de casados, él joven y delgado, ella bonita y latina; el marido hace el ridículo con su filosofía de vida, Dean también, vendiéndose como entrenador, y ocurre uno de esos detalle tan de Supernatural, mientras Sam dará clases de yoga (parece saber de todo), a Dean le toca ser ayudante de cocina.

LA YOGA DE SAM

   Ah, pero Sam también tenía que hacer el ridículo con sus clases de yoga. ¿Por qué nos hacen esto? ¿Imaginan las muecas de Dean en su lugar?

SAM, DEAN Y LA COMISARIO

   La Comisario está allí, va a adelgazar, más tarde les contará que el marido la dejó por otra, más joven y delgada; en un masaje se va quedando dormida mientras les colocan unas ventosas (desagradables como ellas solas, una vez pasé una semana asustado con un dolor que creí un pre infarto y era lo que llaman un “aire”), en cuanto pierde la conciencia la mujer latina extiende su lengua como una ventosa y drena grasa.

COME GRASA

   Fue de lo más repulsivo. La Comisario todavía atontada reconoce a Sam como un agente y el hombre que lleva el centro sabe que algo ocurre. Les investigan.

DEAN QUE DEJE DE COQUETEAR CON SAM

   Un detalle gracioso fue cuando el encargado de la cocina le reclama a Dean que deje de coquetearle al entrenador (Sam) y se ponga a trabajar. Eso siempre divierte, pero los hermanos se veían algo desaseados en este episodio.

DEAN TRAGA

   Como siempre, Dean come un postre que no le toca y cae atontado por la droga que usan para dormir a los que van a drenar. Y ocurre, el hombre va con la mujer y le dice que los nuevos están investigando los asesinatos, que se deshaga de todo; de allí sale a reclamarle al encargado de la cocina, el joven es hermano de su esposa, y este le mata. Los hermanos encuentran a la mujer devorando la grasa que tiene almacenada en una nevera, ¿no fue divertido escuchar a Dean decir que hasta él sabe que eso no es sano? La atrapan, ella es una criatura sudamericana que se alimenta de grasa corporal (me recordó un caso de Los Expedientes Secretos X), se casó con un buen hombre que sabe de su naturaleza y montaron el spa para alimentarse sin dañar ni llamar la atención, deduciéndose que quien causa problemas es su hermano.

   Llega el enfrentamiento, hay una pelea más o menos buena y dejan ir a la pobre chica que lo ha perdido todo, el marido, el negocio y al hermano. Y aquí se reinicia una conversación ya planteada entre los hermanos. Sam vuelve con Dean, a quien acusó de mentirle para traerle de vuelta, pero que no cree que sea por lo que dice que fue, que la verdad es que el mayor no quiere continuar solo y egoístamente no toma en cuenta sus deseos. Eso se planteó, Dean lo trae al presente y dice que no se disculpará por hacerlo, dejar que el falso Ezequiel le poseyera y curara, que sabe que si la situación hubiera sido al contrario, Sam habría hecho lo mismo. Pero Sam le dice que no, que no le habría revivido. Fue duro, especialmente para Dean, y no volveré sobre todo lo que ha hecho por su hermano; si Sam cree que lo hacía, no tanto porque le quisiera sino para no continuar la cacería o con su vida  a solas, está en todo su derecho a desconfiar de las intensiones de su hermano mayor.

   Y sabemos que Sam nunca ha sido partidario de esos regresos, lo deja muy claro en la tercera temporada cuando casi enloquece al saber que Dean negoció su alma por él. Desde este punto de vista, por duro que fuera, es posible entender a ese Sam que parecía nos habían cambiado en la temporada pasada cuando deja a Dean donde fuera que creyera que estaba y continuaba con su vida, incluso dejando la cacería. En este punto me pareció más lógico el actuar del menor. No me gusta, me parece injusto con Dean, pero se entiende. La verdad es que nada bueno ha salido de violar las leyes de la naturaleza. Como no sea que el programa continúe, porque aunque digo que no diré más, me tocó escuchar a amigos decir que Sam tenía razón, que Dean no debió hacer lo que hizo, entonces, ¿le dejaba morir y Jared Padalecki dejaba la serie? En este punto siempre me salen con un “no, pero hacer otra cosa”; si uno pregunta qué, se alteran, que no lo saben “pero otra cosa debió intentar Dean y no eso”. Y lo dejo hasta allí o pierdo la paciencia.

   Sam sale del cuarto donde hablaban y Dean queda afectado, pero me pareció, en ese momento, que el terreno que pisaban era más firme. Ya, los espectadores, podíamos entender muchas cosas, incluso lo del Purgatorio.

…ANGELES CAPULLOS

Julio César.

NOTA: Terminé de ver toda la temporada, Dios, ¡qué final! Iré comentando todo lo que queda (soy obsesivo), pero lo que espero es el primero episodio de la décima temporada. ¡Sam encontrándose con ese hermano diabólico! Un Dean oscuro.

EL NEGOCITO DE DEAN… 6

agosto 22, 2014

EL NEGOCITO DE DEAN                         … 5

DEAN WINCHESTER HOT

  -¿Se te antoja algo, Samantha?

……

   ¡Tenía que ayudar a su hermano!, piensa Sam, intentando llenar su mente sólo con esa idea y no otras. Tal vez debería denunciar al entrenador Werth, aunque no cree que Dean se lo agradezca, y no se resuelve a pasarle por encima. Imaginar al pecoso teniendo que contar lo que el otro le hizo, le provoca un escalofrió de miedo… ¡le mataría sin dudarlo!

   No le encuentra. Quiere hablar, preguntarle, decirle que lo sabe todo y que tal vez puedan denunciar anónimamente al depravado ese. Pero nada. Con pasos largos y un tanto molestos, sube las escaleritas que le llevan al segundo piso del edificio y se asoma, aunque en realidad no espera encontrarle…

   ¡Mierda! ¡Pero qué puto!

   Allí estaba Dean, de rodillas frente a Clark Kent, ambos dándole el perfil, por lo que puede ver de manera clara los rojos labios del puto de su hermano tragándose la blanco rojiza verga erecta, mientras Clark jadea perdido en sus sensaciones, porque aquel chico estaba mamándosela de una manera intensa que parecía succionarle la vida por allí, como si de un vampiro se tratara.

   El disgusto del menor es grande. ¿Pero es que acaso no tenía límites ese idiota? Nada más el día anterior, en ese mismo lugar, un profesor le había pillado y abusado de él, y hoy volvía. ¿No entendía con su cabeza dura que podía quedar atrapado otra vez en esa pesadilla? Se desconcierta cuando le ve abandonar lentamente la verga de Clark, la tenía tomada hasta la base y los labios rojos fueron retirándose de la nervuda pieza centímetro a centímetro, dejándola brillante de saliva y jugos. Clark también parece desconcertado, y algo alarmado, sabe que cuando Dean hace esas cosas, poniéndose de pie, es porque intentará uno de sus juegos. Desde donde está, no escucha lo que hablan, pero Clark abre mucho los ojos y puede verle la tranca temblar en la nada, por las pulsadas, los jugos cayendo.

   -¿Pero qué coño…? –se le escapa a Sam, ojos muy abiertos.

   Dean se abre el pantalón, algo frenético lo baja, también su bóxer, y sosteniéndose de la reja metálica expone su culo al apuesto chico de cabellos negros, cuya verga parece ir con vida propia hacia la maravillosa entrada abierta. Sam siente la garganta seca mientras ve a Dean tensar el cuerpo, la verga enterrándosele, Clark metiéndola toda y casi gritando, seguramente sintiéndola apretada y halada por las entrañas del catire.

   -Joder, Winchester… -oye una tercera voz, clara aunque lejana. Un sonreído Lex Luthor aparece ante ellos, mientras Clark le cabalga ahora.

   Y Sam cree que se morirá, allí estaba su hermano entre los dos más populares atletas del colegio, uno metiéndosela por el culo, el otro por la boca, las dos a fondo… y Dean gimiendo como si estuviera punto de correrse de puro gusto.

   ¡Ese hijo de puta, se había pasado de la raya!, jadea para sí el muchacho. Ah, pero eso no se quedaría así, ¡se lo haría pagar!

……

   -¿Estás bien, Sam? –le pregunta John a la hora de la cena, inquieto.

   -Si, papá. –responde frunciendo un tanto el ceño, ¿qué estaba haciendo mal? No se había quejado, estaba comiéndose aquel grasoso bistec y no exhalaba, o eso creía, hiel. Ignora que eso es justamente lo que extraña a su padre.

   -Eres tan voluble, hermanito. –sonríe Dean, entendiendo cabalmente a su progenitor, terminando de limpiar el plato de todo resto sobrante de salsa con un pedazo de pan, seguramente conteniendo el deseo de pasarle la lengua, piensa la siempre presente vena venenosa del menor.- No me esperen despiertos. –anuncia poniéndose de pie.

   -¿Qué? ¡Nada de eso! Mañana es día de escuela. –interviene John, iniciando la vieja rutina que Sam conoce bien. Dean empujará hasta los extremos el límite de tiempo y John cederá un tanto. Les funcionaba para llevarse bien.

   Una vez retirado al dormitorio que comparte con su hermano mayor, Sam no puede centrar la mente en nada. Sabe que no podrá dormir, no lo lograría ni tomando cervezas o alguna pastilla. No puede. Como no puede concentrarse en la lectura o mirar algo en la pequeña televisión. Bueno, no podía ni masturbarse. Eso daba una clara medida de su agitación.

   Se pregunta si no sería una locura la lección que pensaba darle a su hermano. Denunciar al entrenador Werth ya no tenía sentido, no cuando el muy puto parecía haberle tomado el gusto a las vergas por el culo. Lo que quedaba era hablar con John… Su padre podría intentar meter algo de cordura en su rubia cabeza dura, aunque algo le decía al menor que ya era tarde, que Dean Winchester sería genio y figura hasta el final de sus días.

   En bóxer holgado, más cómodo le parecieron siempre que esos ajustados que usaba su hermano, se tiende en la cama, boca arriba, en medio de las penumbras, su mente en dicotomía, por un lado todavía considerando las consecuencias de las acciones que tomaría, su padre a tan sólo unos pocos pasos de allí acudiría de prisa… Y lo bien que se veía Dean con sus bóxers ajustados. Tenía uno azul que parecía abrazar sus nalgas de una manera que…

   ¡Mierda!

   Las diez de la noche, faltaba poco, pero bostezando piensa que está cansado, aunque imagina que puede ser toda la tensión vivida esos días, desde que descubrió a Dean… Las diez y cinco. Debió intentar la masturbación, eso siempre le relajaba. Bueno, antes. ¿Las diez y diez?, maldita sea, ¿el tiempo se congeló? Cierra los ojos, parpadeando los abre con sobresalto y son las once. ¡Vaya parpadeo!, se recrimina. Dean no podía tardar mucho ya, se dice bostezando. Hablaría con él, le amenazaría con denunciarle con John y le exigiría…

   Un ronquido propio le despierta, y sobresaltado. Molestándole un poco, de paso; odiaba que Dean se burlara de él acusándole de roncar como oso. Joder, se había quedado totalmente dormido y…

   Otros ronquidos, leves, llaman su atención. Dean había regresado, se había duchado, lo sabía por la toalla arrojada de cualquier manera por la habitación, y se había quedado dormido, boca abajo. ¡Mierda! Frustrado respira agitado sobre su cama, de una patada arroja la sábana lejos y se pone de pie, dirigiéndose hacia la cama del otro, arrojándosele encima y cubriéndole la boca con una mano.

   Dean despierta sobresaltado, dos cervezas sólo le habían achispado, pero también amodorrado, siente el peso caliente sobre su espalda, la mano contra su boca y no sabe si está soñando, de hecho le divierte el ataque. Pero, poco a poco, va comprendiendo que si es algo real, sobre todo cuando oye el “shihhh” contra su oído. ¡Sam!

   -Sé lo que haces, Dean. Sé que eres un puto, que se la mamas a todos en la escuela por dinero. –le informa ronco, decidido, domínate y a un tiempo implorante.

   Dean abre mucho más los ojos, rodándose de lado, derribándole, Sam luchando por no soltarle, pero quedando de espaldas sobre la cama, en holgado bóxer de cuadritos, con Dean sobre él, joven, firme, vibrante, con su bóxer corto, ajustado y suave de color azul. No sabe por qué pero continúa revolviéndose contra el mayor aunque sabe que perdió la ventaja, tal vez porque el roce de piel contra piel, de entrepiernas contra entrepiernas, era extrañamente excitante.

   -¿De qué hablas? –le pregunta Dean, ojos brillantes como un gato, un tinte rojo en sus mejillas.

   -Que sé que se la comes a todos, que te tragas todas las vergas que cruzan cerca de ti, que te bebes todos sus jugos y corridas. Que Clark Kent vive para metértela en la boca y ahora por el culo. Que el entrenador… -enumera y es silenciado.

   -¿Quién te lo dijo?

   -¡Te vi! –acusa, sus ojos atrapados, sus cuerpos ardiendo, sus entrepiernas totalmente unidas.- Gimes y ronroneas como un gato cuando comes vergas, pero cuando el entrenador te la clavó por el culo…

   -¿Qué quieres en verdad, Sam? –le pregunta bajando el rostro, voz ronca y sexy, ojos hipnotizantes.

   -¡Quiero que me la chupes a mí! –reclama, pide, ¿suplica?

   -Eres mi hermano. –le recuerda, pero el pequeño hijo de puta comienza un leve vaivén, su entrepiernas frotándose del otro, su verga despertando.- Eso sería tan… tan malo, Sam. –baja el rostro y lo dice casi contra sus labios.- Y tú eres un chico bueno. No haces esas cosas.

   Tragando saliva, no sabiendo de dónde saca fuerzas, el castaño eleva los brazos y rodea el cuello de Dean, alzándose a un tiempo, sus bocas se encuentran, le cubre y aunque el rubio no responde, no le importa y mete su lengua. Tiembla al entrar en la cálida y húmeda cavidad de su hermano; recorrerla con la lengua, algo tan íntimo y tan prohibido, le erizaba todo. Tanteó sobre su lengua y ya estaba totalmente duro, o eso creyó hasta que Dean se dejó caer, respondiendo al fin, su lengua encontrándose con la suya en un beso mordelón, chupado y lleno de saliva. Todo da vueltas alrededor de esa cama, a sus quince años, Sam Winchester temió morir ahogado de puras hormonas calientes, pero sin dejar de besar ni una sola vez la boca de su hermano mayor.

   Dean, caliente, saboreó la frescura y casi virginidad de la caricia, ladeándose otra vez, arrastrándole; mientras va girando a Sam, con una mano atrapa la cintura de su bóxer, halándolo hacia abajo. Y Sam cree que se muere, gira sobre Dean mientras las manos de este van desnudándole. Ya totalmente sin ropas, largo y flaco, queda sobre el rubio, que le besa una y otra vez y con las manos firmes y algo callosas (por trabajar en el motor de la camioneta), va recorriéndole la espalda, bajando de manera enloquecedora hacia sus nalgas, cada centímetro ardiendo bajo su roce. Allí las palmas recorren, los dedos aprisionan y se clavan.

   -Sube. –le ordena ronco, Dean.

   Y por el resto de su vida, por lejos que esta le llevara, Sam recordaría ese primer momento, excitándose de inmediato, utilizando el recuerdo como un recurso para responder a otros, añorando de manera intensa y desesperante a su hermano. Esta sentado de culo sobre el torso del mayor, a hojarasca, enmarcándole el pecoso y hermoso rostro con sus muslos. Pero es sentir sus bolas sobre la mandíbula del otro, su verga totalmente erecta haciéndole sombra, lo que le enloquece. Jadeando, la mirada atrapada en la de Dean, le ve abrir los labios, la lengua emerger y pegar de la cara inferior de su miembro, recorriéndolo desesperantemente lento, haciéndolo estallar en llamas, erizándolo, estremeciéndolo. El recorrido, sobre cada venita, parece durar eternamente. La lengua llega a su glande, y titila sobre su ojete, recogiendo la gota que sabe tiene ahí, saboreándola. Y era tan erótico que apenas puede contenerse.

   Dean alza el rostro, abre más los sensuales labios y la atrapa, la cabeza, sorbiendo de ella mientras la azota con la punta de la lengua, y Sam cree que se muere. Los labios bajan lentamente, las mejillas atrapan, la lengua va de adelante atrás, pegada a su falo, y el más joven entiende por qué tantos han enloquecido por su hermano, todos esos ruegos, toda la urgencia porque acepte mamarles a pesar de que le pagan por ello… La boca de Dean Winchester parecía hecha para adorar y satisfacer las vergas.

   Va y viene, sorbiendo y apretando, ladeando el rostro, y Sam no sabe en cuál sensación concentrarse, porque mientras le mama, pegándole los labios del pubis, resollándole en los pelos, le atrapa las nalgas obligándole a ir y venir, cogiéndose él mismo la boca. A Sam le parece que nunca antes su hermano se había visto tan bien, y miren que es guapo.

   El castaño es macilla en las manos de Dean, quien le chupa la verga con fuerza, es cierto, pero también le acaricia las nalgas que van y vienen. Los dedos de su mano derecha entran en la raja entre ellas y el menor se tensa, eso era… sencillamente despernarte de lo bueno que se sentía. El joven, fuera de enjabonarse el culo en la ducha, jamás se ha tocado allí, no con ideas sensuales al menos, pero sentir los dedos de su hermano ir de arriba abajo, mientras le abulta una mejilla con su tolete, uno que succiona de manera hambrienta, era el colmo de lo erótico. Grita, contenido, cuando Dean se la come hasta los pelos otra vez, casi la siente bajándole por la garganta, succionando únicamente con esta y su lengua (le de experiencias que debió tener para hacerlo, pensó fugaz, entre maravillado y celoso), y con el dedo índice frota la entrada de su culo, de manera circular, masajeando, estimulando. Siente por todos lados, todo le gusta. Casi salta sobre su hermano, quiere eso, quiere más. Lo quiere todo.

   -Está bien, Sam, lo tendrás. –seguramente lo dijo en voz alta, porque Dean le responde, sacando su tolete de la boca, el cual le moja el rostro, a un tiempo que lleva no uno sino dos dedos a su boca lujuriosa, y los empapa de saliva.

   Sam Winchester está cabalgando sobre su hermano, no hay otra manera de describirlo al tiempo que lleva y llena con la verga esa boca golosa, enterrándosela, mientras va y viene contra dos dedos que su hermano ha logrado meterle por el culo. Llevó rato, pero allí estaban. El largo y joven muchacho echa la cabeza hacia atrás, que le zumba, cierra los ojos y notas luces estallando tras sus parpados mientras los labios de Dean le cubren la verga, succionándosela con fuerza, al tiempo que esos dos dedos le penetran profundo, golpeándole en algún punto que le parece casi tan bueno como la mamada misma. No sabe cuánto podrá contenerse, pero va aprendiendo el juego, mientras sus nalgas bajan sobre los dos dedos de Dean, que tijerean en su interior, le saca la verga de la boca y le azota el hermoso rostro dejándoselo lleno de babas y jugos; notando que eso le gusta y excita al intentar atrapar la cabecita mientras golpea de frente sobre sus labios. Se la mete otra vez, esos dedos están totalmente clavados, y tensándose entre jadeos desmayados, se corre. Siente su propio semen hirviente mientras recorre su tranca, y la dispara en la garganta de su hermano, luego, fascinado, mira su Manzana de Adán ir y venir, tragándolo, saboreándolo, el rostro retrocediendo y recibiendo los otros trallazos sobre la lengua para poder degustar el sabor. Y esos dos dedos, en todo momento, bien metidos en su culo.

   Ahíto, tembloroso, Sam cae sobre la cama, luchando por respirar, mareado de tanto placer, y aún así se las ingenia para llevar la mano hacia el entrepiernas de Dean, atrapándole la dura verga sobre su suave bóxer, metiéndola, jadeando al sentirla dura, suave, caliente y pulsante contra su palma, masturbándole. Cierra los ojos, sonriendo, casi dormido, oyéndole gruñir bajito a su lado, con la respiración fuerte. La mano en puño que va y viene, el pulgar que le recorre el mojado glande, parece brindarle placer a ambos. Cierra los ojos, somnoliento y caliente, su mano subiendo y bajando, medio ladeando el rostro ve ahora a su hermano muy abierto de piernas, su pecho subiendo y bajando, la cabeza sobre la almohada, el cabello cayéndole en la frente, ojos cerrados como si también estuviera deslizándose hacia el sueño. Lo siente, la barra pulsa feo contra su palma, se pone dura y ardiente, y estalla, una y otra y otra vez, bañando el abdomen de su hermano, bajando por el tronco, empapándole la mano que todavía le atiza.

   Y así, todavía tocándole, el olor a semen llenándolo todo, Sam Winchester se duerme en la gloria.

……

   Despiertan en algún momento antes de la mañana y se separan. Sam está loco por lo ocurrido, por las implicaciones. Dean era un chico. Y su hermano. Y su padre estuvo cerca toda la noche, pudo escuchar algo y… Pero también era su obsesión. La vida continuaba igual, al menos Dean podía, era el de siempre frente a su padre y otros. El no podía. Desde esa primera noche todo cambió. No todo como quería. Dean continuaba mamando vergas y dando ocasionalmente el culo cerca de la biblioteca. Le gustaba eso. Y muerto de celos, después de reclamarle y llorar, Sam debió entender que era parte de la vida de su hermano. A Dean le gustaba tanto el sexo como controlar con juegos enloquecedores. Para él eran las noches, los jóvenes cuerpos enlazados sobre una de las camas, los besos desesperados, las caricias y sonrisas dulces, el sexo lento o rápido, las increíbles mamadas que Dean le daba. Y las que luego él le proporcionó, inquieto y receloso al principio, voraz más tarde. Dean era su vida… pero este tenía a sus amigos.

   Una tarde discutieron, feo, porque Clark Kent le prohibió algo, dándole un violento empujón, celoso también, y eso enfureció al menor. Era horrible tener que compartirle. Rabioso regresó esa tarde a casa, no se fue con su hermano. Con molestia fue al cuarto, abrió la puerta y casi muere de un infarto. Sobre su cama, totalmente desnudo, doradamente desnudo, en cuatro patas, Dean le ofrecía su culo, mirándole sobre un hombro. En cualquier otra circunstancia, Sam le habría preguntado, gritando, si estaba loco, que su padre pudo haber entrado… pero no pudo. Sólo fue consciente de lo que Dean le ofrecía, lo que estaba regalándole, y entre mareos y subidas hormonales recuerda que fue y atrapó esas nalgas púberes y rojizas, que enterró su rostro entre ellas y que con su boca buceó en las interioridades del pecoso Winchester. Y que le hizo suyo y creyó que se le caería de lo erecto que lo tenía, de lo apretado que fue, de lo maravilloso.

   La relación fue más intensa, parecían buscarse con desesperación. Para Sam, ver a su hermano, o escucharle hablar o reír, le ponía duro, fuera donde fuera. Fue así en la boda de John, dos años más tarde, con una bonita viuda, Ellen, quien tenía una hija. Se separaron cuando le tocó ir a la universidad, y allí conoció a una chica bella, dulce y sexy, Jessica, que de alguna manera le recordaba a Dean. La amaba, pero también extrañaba al otro, tanto que a veces no podía responderle a la chica, como no fuera recordando aquella primera noche entre los dos, Dean mamándole y enterrándole dos dedos a un tiempo. O lo apretado, sedoso y caliente que era su culo.

   -¡Papa! –saluda alegre, tomando a Jessica de una mano al bajar del auto, llegando para pasar las fiestas de Navidad, alegrándose de lo mucho que a la joven pareció agradarle su padre, y este parecía encandilado por ella. Ellen estaba allí, contenta de recibirlos, esperando por su hija Jo. Hablaron, rieron, comieron algo preparado por Ellen, y finalmente tuvo que preguntar.- ¿Y Dean?

   -¿En vísperas de Navidad? De parranda o trabajando. –sentenció John, con exasperación y afecto.

   Le vería más tarde, podía esperarle; hablaban a veces por teléfono, pero era algo sin intimidad, la última vez que se vieron fue para el cumpleaños de John, y no pudieron estar a solas ni cinco minutos. Si, le esperaría y… pero no pudo. Disculpándose con Jessica, dejándola al cuidado de todos, cruzó las pocas calles que le separaban de su hermano, notando el viejo taller algo desierto, tal vez por la temporada, pero topándose con ese sujeto, un amigo y colega de trabajo de Dean, que no le agradaba ni un poquito a pesar de su carita de ángel, Castiel, de quien estaba seguro que amaba a pecoso.

   Iba tan sólo a saludarle, a reportar que llegó, a interesarse en su vida, pero nada más ver a Dean secarse las manos algo grasosas en una sucia toalla, vistiendo una braga de taller, ennegrecida, algo abierta sobre su torso, cabellos más cortos y revueltos, todo lo olvidó. Fue como un autómata a su encuentro.

   -¿Samantha? –fue la pregunta sorprendida y feliz de su hermano, para ser silenciado por la boca del menor cubriendo la suya en un beso vehemente, necesitado, las lenguas encontrándose, siendo atadas y chupadas, saboreándose uno al otro, las manos moviéndose con vida propia, las del castaño sobre las nalgas del rubio, duro ya, tocando y recorriendo. Sam sintiéndose vivo.

   Separan sus bocas, jadeantes, alcanzados de pronto por todo el ayer, de tantos recuerdos compartidos, y por un segundo las palabras “Te he extrañado, Dean; te amo tanto, hijo de perra, vayámonos juntos y no nos separemos jamás”, nadan en la lengua del castaño, quien con voz ronca, algo seca, dice sin embargo.

   -La boca te sabe a semen, ¿de Castiel? Joder, ¿nunca te cansas?

Julio César.

NOTA: No, no quedé conforme con este relato. Creo que voy a intentarlo con un Padackles.

JENSEN ACKLES, DEAN EN DARK ANGEL

agosto 13, 2014

SUPERNATURAL, ¡ESOS HIJOS DE…!

   Una amiga me dio la dirección, y qué sorpresa.

ALEC AND MAX

   Siempre he tenido la idea de subir una entrada sobre la otra serie donde trabajó Jensen Ackles, el gran Dean Winchester, Dark Angel (no Dawson’s Creek, allí no le vi). El programa, a pesar de lo que dicen muchos, especialmente muchas (por alguna razón odiaban a Max Guevara, la protagonista, Jessica Alba), no era mala. Era un mundo pesimista sobre un futuro oscuro, Norteamérica arrojada al Tercer Mundo por un ataque electromagnético, donde se potenciaron y presentaron los problemas y lo malo que había en muchas personas. Un grupo especial de ese mundo hasta cruel eran los mutantes, hombres y mujeres creados genéticamente en un diabólico laboratorio que les quería de guerreros y asesinos, de donde un grupo de niños escapó, de la serie X5, poniéndolo todo en peligro. Por eso se les perseguía y cazaba como a animales sin derechos.

MAX AND LOGAN

   Las luchas de una de ella, Max, brava, dura, de moral flexible, preocupada por sí misma y sus amigos, se encauza el día que roba algo por dinero y conoce al propietario, un hombre idealista que presentaba la batalla por todos, y que es herido luego de pedirle ayuda y ser rechazado por ella. Max y Logan eran, y son, una gran pareja de televisión. Y allí apareció por primera vez (para mí), Jensen Ackles en escena.

   Era un loquito, uno de los “hermanos” de Max, Ben, que escapó con ella pero que estaba mentalmente perturbado. Por su fuerza sobrehumana era un peligro real, un asesino en serie del tipo ritual. Creció obsesionado por la idea de ser detenido y encerrado con los “monstruos” en los sótanos de Manticore, seres que le torturarían durante toda la vida; por ello, después de un gran enfrentamiento con Max, cayendo herido y sin poder movilizarse, y están a punto de atraparles, le pide a ella que “le salve” (matarle), que no deje que le capturen y encierren con los monstruos, y esta, llorando, le hace hablar de su idea del cielo, frente a la “Señora” (por un asistente latino conoce del amor maternal de la Virgen y lo deforma en su mente), matándole justo cuando este sonríe esperanzado, que era lo que él deseaba (mucha gente odió a Max por esto, por matar a Jensen en ese momento). El tema era absurdo, las motivaciones no tan firmes, pero Jensen Ackles hizo de su interpretación algo genial, que conmovió… convenció al público y a los productores, y regresó.

   Para la segunda temporada de Dark Angel era Alec, un atractivo oportunista que cuidaba de sí mismo, egoísta, protegiéndose como se le enseñó, pero también humano. Era un lejano Dean Winchester, aunque sin metas ni sentido de la responsabilidad. La serie se potenció con él, sus actuaciones, junto a Max y Logan, era muy buenas, pero el programa terminó. Se habló de mala fe de Jessica Alba y Michael Weatherly (el genial DiNozzo en NCIS), en su contra. Por cierto, quedaron muchos puntos oscuros, ¿Alec no merecía una novia?, ¿Max y Logan no debieron consumar su relación?, ¿cuál era el destino de Max?, ¿qué era eso tan terrible que se acercaba? Si mal no recuerdo, termina Logan aún creyendo que algo pasó entre Max y Alec, ni eso se aclaró. Si un programa necesitaba un final, era este, así fuera en una película para televisión. La actuación chusca de Jensen Ackles, sus modismos, gestos, su chulería hicieron de Alec todo un suceso, pero también, indiscutiblemente, su atractivo. Lo era, increíblemente bonito en ese tiempo, pero también había algo de sensible, de trágicamente frágil; en su fortaleza física mostraba una vulnerabilidad, como la misma Jessica Alba, que le hacía merecedor de todo afecto. Generalmente me agradan más los villanos, pero como Alec, y más tarde Dean, no son precisamente buenos buenos, sino buenos medios pillos, funciona.

ALEC AND DEAN

   La verdad es que viéndole en este video, y ahora, se nota lo mucho que ha madurado, pero sigue viéndose genial.

JENSEN AND JARED

   Por alguna razón parece madurar más lento que el mismo Jared Padalecki, su compañero en Supernatural, el cual es más joven. Y la gran oportunidad cinematográfica sin llegar, qué desperdicio. Qué gente tan imbécil la que maneja la industria cinematográfica, ¿verdad?

SAM, DEAN Y LA GRASA MALA

Julio César.


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