Archive for the ‘SUPERNATURAL’ Category

SAM, DEAN, CROWLEY, CASTIEL Y LUCIFER; 07 Y 08×12

diciembre 16, 2016

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   La patrulla lela…

    Aunque ausente por motivos personales, no dejé de mirar la mejor serie de la televisión de todos los tiempos, Supernatural, disfrutando de sus dos episodios anteriores, que muy bien podrían llamarse “Lucifer”. Me preguntaba, al desaparecer este al final de la temporada pasada, abandonando el cuerpo de Castiel (o el de Jimmy Novak), con qué nos saldría el programa. Hay que reconocer que es el villano de villanos, el señor del mal, el mayor símbolo de toda maldad de nuestra religión. ¿Retomaría el camino del Apocalipsis? ¿Habría llegado a un “acuerdo” con la idea de su Dios padre perdonándole y disculpándose con él al mismo tiempo? Debo reconocer, visto los dos capítulos, que no fue del todo satisfactoria su participación esta temporada. El programa pareció no saber qué hacer con él. Y vamos por parte…

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   Desde la intro del séptimo episodio de esta doceava temporada, me alegré, reaparecían Rizzoli e Isles, Castiel y Crowley. Igualmente Lucifer. Comenzó genial, con los muchachos idiotas invocando al Diablo (eso no es tan fácil), discutiendo y riéndose entre ellos hasta que el Príncipe de las Tinieblas aparece y pregunta si ahora todos los adoradores del Diablo son como ellos. Los mata, y confieso que en ese momento pensé que era un idiota, opinión que reforcé cuando obliga a su fan, aquella mujer tonta que lo idolatraba como cantante, a lastimarse. No entendía qué buscaba, qué ganaba con eso. Bien, Lucifer ha vuelto en la forma del viejo rockero acabado (el rock nunca muere), que quiere un relanzamiento, ser adorado como centro de un culto… algo que está muy por debajo de su papel.

   Por supuesto Crowley se entera, y los Winchester también. El tiempo, en buenas escenas, se va en cazarle. Tres personas tratan con él, uno de ellos, un colega de la banda, habla con Castiel, pero no le dirá donde será el gran lanzamiento del cantante.

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   Está la asistente, que se reúne con los hermanos que quieren conocer al rockero, haciéndose pasar ellos mismos por cantantes, pero la mujer desconfía y calla. Me hizo gracia eso de que sólo se reunió con ellos porque se veían bonitos en las fotos. Crowley trata con el representante del sujeto, alguien que le ha vendido su alma, pero este, esperando ganancias, tampoco dice nada.

   No es hasta que Lucifer le mata, en presencia de los otros dos, la asistente renunciando y alejándose, que el colega musical le avisa a Castiel del lugar. Fue una escena bien chimba, un local pequeño, mal equipado, gente un tanto inexpresiva que se supone iban a conocer una estrella a la que idolatraban. Como sea, el grupo se va a enfrentar a Lucifer en la esperanza de romper el recipiente, y lo sorpresivo es que Crowley se anota para la pelea, como uno más del equipo. Mientras este y Castiel se dan puñetazos con Lucifer, los hermanos intentan sacar a la gente del teatro, sin éxito. Repito, una escena totalmente tonta.

   Por un segundo imaginé que Lucifer, y Supernatural como programa, haría ahí, lo que Cabeza de Púas en Puerta al Infierno tres, con cadenas desgarrando gente, los jóvenes gritando, intentando escapar, sangrando y muriendo…

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   Pero no, siguen la pelea y Lucifer se explica cuando Dean le enfrenta al hecho de que ya había hecho las paces con Dios. Las razones de Lucifer son increíblemente tontas (para la Majestad Infernal, quiero decir), era nuevamente el niño caprichoso a quien su padre no quería. No, Chuck le usó para pelear y le dijo lo que quería escuchar para que le ayudara y luego se fue con la tía Amara. Que se quedó sin propósito y ahora sólo quiere que el mundo sufra. Cuando logran destruir el recipiente, Sam se ve afligido, un Lucifer sin propósito parece más aterrador. Esta justificación casi se entendería, casi es válida, pero no para un personaje como Lucifer.

   Como he dicho, la serie no tiene malos episodios, pero este no fue satisfactorio. Lo mejor, Dean vestido de cuero. Sam también, pero… carajo, a Jensen Ackles tiene que dolerle esa cara. Los años que han tocado a sujetos como Tom Welling y Michael Weatherly, han pasado también por él, pero se ve genial. ¿Cuándo lo llamará Hollywood para protagonizar novelas románticas de horror? Dada su increíble capacidad de empatía con otros personajes masculinos, podrían contar historias algo más complejas que las típicas comedias bobas. A ese actor se le desperdicia. Bueno, no, porque es nuestro Dean.

   Bien, Lucifer anda por ahí, sin una meta fija como no sea volver una y otra vez a causar problemas, deprimiendo a los Winchester, a Crowley y Castiel (desperdiciado, en mi opinión), pero no hubo que esperar sino una semana para saber qué le ocurriría.

   La intro del octavo episodio de esta temporada nos traía de vuelta a los Hombres de Letras británicos y a la maravillosa Rowena (y la vieja inquietud, ¿sería su última aparición?, hay que recordar que esta serie, cuando cuenta con más de cuatro personajes, les entra el pánico y matan a muchos). No fue un gran episodio de desarrollo porque lo sobrenatural, Lucifer, andaba por un lado mientras el grupo iba por otro. Fue algo… flojo.

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   Lucifer ha estado cambiando de cuerpos, quemándolos, y el escuadrón le sigue la pista. Lo del arzobispo fue genial, como lo fue la llegada de los hermanos encontrando a todos esos jóvenes, sacerdotes y monjas, que murieron intentando exorcizar en silencio al Príncipe de las Tinieblas. El ángel caído termina hablando con un sujeto extraño que parecía creer que el otro deseaba llevar a la humanidad un destino mejor, y sin que la toma se abriera uno ya sabía que hablaban del presidente de los Estados Unidos. Si, Lucifer toma como vestuario al mandatario de la nación más poderosa del mundo, el poder político y militar quedaba bajo sus manos para desatar todos los nudos, comenzar todos los conflictos. Y algo del afán de poder del Caído quedaba cubierto en eso, en esa figura, pero no puedo dejar de preguntarme si ya esto estaba planificado hace mucho tiempo o fue una introducción de última hora, como un guiño feo a Donald Trump en la presidencia norteamericana.

   Como sea, una asesora presidencial llama a Crowley y le cuenta (obviamente mucha gente rica y famosa le debe favores al Diablo, o en este caso al nuevo Rey). Ah, las caras de todos al saber dónde está fue tan increíble como ver aparecer a Crowley en la baticueva después de que Dean ha retirado las protecciones. A Castiel y a Sam no le parece que se le deba dejar vía libre, pero el mayor de los hermanos siempre ha confiado en Crowley, de cierta manera.

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   Deben ir por Lucifer, destruir su recipiente y capturarle, para ello necesitan de Rowena. Fue tan gracioso saber que el hombre que pensaba la sacaría de la pobreza, era tan estafador como ella. Y aquí insisto, ¿qué tenía que hacer ella pasando por todo ese trabajo si con hechizos, es la bruja más poderosa de todas, puede conseguir lo que desee? Como sea, ver a Crowley matando al sujeto, y la mujer emocionada porque es lo mejor que ha hecho por ella, fue extraño. Fue un asesinato cometido por el Rey del Infierno, quien no ve nada malo en ello, demostrando que este es un  héroe del tipo anti.

   ¿Lucifer como presidente de los Estados Unidos?, ufff, todo fue aburrido, todo, especialmente las encamadas con la asistente a la cual embaraza para buscar un objetivo mayor. Que fue lo único rescatable de todas esas escenas. Sabiendo como sabe sobre los cazadores, envía al Servicio Secreto a acabar con los Winchester.

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   Estos los detienen en una carretera, por donde viajan con Castiel, y la verdad es que esperaba más de nuestros chicos. Claro, para crear tensión se les detiene y encañona, pero siendo los Winchester uno espera que los desarmen. Y estando con Castiel uno espera que este haga algo increíble, desde el punto de vista sobrenatural. Pero no, los tienen, y si no llega el maniático de los Hombres de Letras británicos, se los habrían llevado. ¿Dean, babeando frente al lanza granadas y Sam diciéndole que no, que no tendrá uno?, fue genial.

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   Bien, ese tipo, el Hombre de Letras, de entrada odio al personaje por matar a la chica síquica, pero el tipo es agradable, hubo química con el grupo, cosa no difícil, aparentemente, para actores como Jensen Ackles, Jared Padalecki y Misha Collins. El sujeto sigue con el engaño de que buscan una alianza, y cuando Sam telefoneó, colgando, sabían que los necesitaban. Es curioso que esta gente no sepa del Rey del Infierno cazando con Castiel, ni de Lucifer en la Tierra. Como sea, por radio ángel, Castiel sabe lo que ocurre, Lucifer ha engendrado un hijo, algo que asusta al Cielo (y algo así se esperaba, el Anticristo, aunque ya una versión edulcorada se presentó en la quinta temporada, con aquel niño).

   Bien, armando el equipo, y usando las armas que les dio el Hombre de Letras británico, Crowley va por al asistente del presidente, la convencen sobre lo de Lucifer, y aunque no lo cree, a pesar de haber sido tele transportada o quemar una Biblia al tocarla (por eso que lleva en su seno), ella llama al hombre a una cita casi clandestina para sacarle de su protección. Lucifer llega y casi la ahorca cuando ella le dice que no tendrá al bebé. Es lo que este quiere, su legado, el heredero. Sam ataca, el resto interviene y ocurre lo increíble, le contienen.

   La frase “tenemos a Lucifer”, fue grandiosa. Los Winchester, y sus aliados, han logrado combatir, contener y retirar del mundo a su peor enemigo. Pero quedan allí con el cuerpo caído del presidente y son detenidos por el Servicio Secreto. Crowley ya se había ido, sin olvidar, esta vez, a Rowena, y Castiel se aleja con la asistente embarazada, cuyo hijo es otro problema, pero esta escapa de él, llevándose a su muchacho, y uno imagina que, o es trama de programa de televisión y la mujer siente que debe proteger eso, por irracional que sea, o eso ya la controla y la obliga a cuidarle, porque hablamos del Hijo del Diablo.

   Como señalé, fue otro episodio poco movido, lo sobrenatural ataca al final, pero fue bueno, y hay consideraciones. Okay, Lucifer fue desalojado, es de imaginar que ha vuelto a la jaula, ¿no? ¿Y ahora? ¿Qué sucederá con Crowley? ¿Regresará a reinar en el Infierno o continuará, tangencialmente, de cacería con los Winchester y Castiel? Rowena estuvo genial, y con ella ocurre como con su hijo, ya es otra aliada, aunque peligrosa y traicionera, de los hermanos, ¿qué será de ella? No puedo dejar de preguntarme, ¿los perseguirán los Hombres de Letra británicos? Ese encuentro aún está por producirse, el maniático contra los hermanos, mejor dicho ese enfrentamiento. ¿Y es Toni definitivamente una enemiga?

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   Lo del hijo de Lucifer, ¿en qué acabará? ¿Un ser terrible como nos relatan las viejas crónicas bíblicas, o será como el chico aquel de la quinta temporada, al que debía dársele el beneficio de la duda? Recuerdo que en Xena, cuando a Gabrielle le nació aquella hija malvada, esta hizo cosas terribles, comenzando por matar al único hijo de la Princesa Guerrera. No sabiendo qué hacer con Lucifer dentro de la trama, con lo del anticristo si se puede recuperar un tanto la vieja mitológica bíblica (algo así como en la película Constantine, cuando con el Anticristo se alzaba el Infierno otra vez); aunque esto me recuerda mucho al chasco que me llevé, iniciando el bachillerato, con un suplemento que seguía, Posesión Diabólica, donde, después de cierto número, nos dijeron que aquello nada tenía que ver con el Diablo sino con una secta mística donde el malvado jefe embarazaba una chica que pare en horas y el bebé la mata al nacer, crece en segundos y también mata al padre (hasta allí compré ese suplemento idiota). ¿El programa tiene planes para ese hijo?

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   Los hermanos fueron detenidos en una escena tonta, ¿por qué no escaparon con Castiel? ¿Qué harán con eso? ¿Los juzgarán y encarcelarán? No sería malo verlos en una cárcel menos fantasmal que aquella de la primera temporada. ¿Crowley llegará para llevárselos? Lo curioso aquí es que en los dos últimos episodios los finales han quedado claramente abiertos y necesitados de una inmediata continuación, tipo telenovela. Y este también. ¿Qué pasa ahora? Muero por saberlo.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN

PRIMERA SANGRE… ALGO FLOJITA; 09×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 23

diciembre 12, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 22

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Plata. Desde nuestro encuentro de la tarde imaginábamos que algo tenían que ver con la familia de los licántropos, o los caninos. Hombres lobo o chihuahuas, todos ustedes odian esto. –les insulta, bailando el afilado cuchillo ensangrentado para que lo vean.

   No le agrada nada la mirada astuta y cruel del segundo herido, el ser de las crinejas largas, que destacaban grotescamente en aquella criatura. Intercambian una mirada y el cazador siente un nudo en el estómago, uno se lanzará contra Sam, esperando su reacción, que se sostenga en su punto o alargue el brazo para proteger al caído, exponiendo su propio cuello. Lo que ocurrirá, casi con toda seguridad si no es certero y rápido.

  Cuando el primero se lanza hacia Sam, cayendo dramáticamente de rodillas, Dean, semi inclinado, lanza un tajo, alcanzándole superficialmente pues este lo esperaba. Por el rabillo del ojo nota que el otro ya viene, se vuelve, pero no lo suficientemente rápido. Lanza un grito cuando un manotón de aquella zarpa le alcanza de lleno en el codo, electrificándole el brazo… obligándole a soltar el cuchillo a sus pies. Lo mira, que tonto fue, debió imaginar que crispaturas sádicas como estas intentarían no desgarrarle acercándose a su cuello, sino desarmarle para divertirse un rato, pero…

   El aullido de triunfo le llega, bañándole la cara, el pecoso rostro se vuelve a tiempo de verle alzar una de las zarpas, rumbo a su cuello, para retenerle. Tenían órdenes, lo sabe, debía sufrir un buen rato en sus manos. Alguien deseaba cobrarle algo. Esa mujer. Y Sam… Le mira, rápido, todo ocurre en segundos.

   No despiertes, Sam, ¡no lo hagas! Pero este ya se agita sobre el piso.

   Esa breve vacilación, temiendo por Sam, le pasa factura a Dean; la zarpa de aquel ser casi cae sobre su pecoso hombro, las garras esperando clavarse en sus carnes… cuando, parpadeante, una figura alta aparece entre ambos. Es una sombra gris que lanza una mano abierta contra el voluminoso torso de esa criatura, golpeándole de lleno. Un aullido animal, adolorido, escapa de aquel hocico cuando sale disparado hacia atrás, derribando un sillón en su caída. La sombra desaparece frente a los desconcertados y parpadeantes ojos verdes del cazador.

   Pero si el desconcierto de Dean es grande, el del segundo ser, el que iba por Sam, lo es aún más. Para cuando decide intervenir, acabando con lo que tiene más cerca, alzándose furiosamente desde la posición donde amenazaba al castaño, intenta atrapar el cuello del pecoso, pero ya el rubio ha tomado el brillante cuchillo, esperándole y clavándoselo en el bajo abdomen. La sangre mana en igual intensidad que el aullido de dolor agónico que escapa del hocico de ese ser. Apretando los dientes, Dean mueve el cuchillo hacia arriba, teniéndolo bien clavado. La bestia retrocede, aullando, trastabillando hacia atrás. Cayendo sobre una de las rodillas. Era el momento para rematarle, pero…

   -¿Qué… qué ocurre? –Sam farfulla, de panza, levantándose sobre sus rodillas, aferrándose la nuca con una mano.

   -¿Estás bien? –se vuelve a mirarle, cuchillo sangrante en mano. Olvidando todo lo demás. Pendiente de lo único importante, como lo ha sido antes, es y seguramente lo será en el futuro, la condición del menor.

   -Yo… creo que sí. ¡Dean, esos seres! –brama el otro, comprendiendo al fin lo que ocurre, el peligro que corren. Si, debieron salir antes.

   -Me encargo. –dice con confianza, volviéndose hacia el herido, que cayó de lado, aullando, cambiando, comenzando a gemir como ser humano mientras intenta detener la sangre que mana. Joder, debió alcanzarle en el estómago. Pero quedaba el otro.

   Sonríe al volverse hacia este, ahora si tiene un chance, y, a pesar del rostro no humano, percibe el temor de esa horrible criatura perruna que fue rechazado por esa sombra (¿qué diablos había sido eso?).

   -¡Dean! –un bramido de Sam le alerta, volviendo la mirada, sin bajar el cuchillo.

   Pero lo olvida todo, nuevamente; Sam, de rodillas, apoyando una mano en la mesita intentaba ponerse de pie, pero la sombra gris reapareció frente a él, sorprendiéndole, alarmándole. Y esa cosa alarga una mano, atrapándole por el cuello. Alzándole en peso y zarandeándole con evidentes intensiones. El castaño lanza un alarido ahogado, manoteando como intentado alejar una mano que no está ahí.

   -¡No! –brama Dean, cuchillo en manos, olvidándose de todo y saltando hacia la figura que parece volver la silueta del rostro, atravesándole. Esta desapareciendo y Sam cae de culo.

   Eso le da tiempo a ese ser perruno de saltar hacia la puerta, seguido por la mirada del cómplice herido.

   -No, no, espera…* -brama este, ahogado, sangrando por la boca, alzando una mano como para detenerle. La mano cae cuando el otro desaparece por la puerta.

   -Sam… -Dean aparta todo aquello de su mente, hincando una rodilla sobre la alfombra junto a su caído hermano, el cual, medio rojo de cara, los ojos llorosos, tose aferrándose el cuello. Como tantas veces en su vida, desde los cuatro años de edad, el rubio se siente inundado de rabia e impotencia ante el peligro corrido por el menor. Erizado de preocupación, y con suavidad, toma su barbilla, alzándole el rostro congestionado- ¿Estás bien? –le aparta las manos, solícito, toda la preocupación del mundo brillando en sus ojos verdes. Y algo más intenso, profundo. Eterno.

   -Yo, si… -por un segundo, el castaño se queda laxo, paralizado, dejándose tocar por Dean, absorbiendo toda esa preocupación y dedicación. Todo ese amor. La idea le estremece. Acaban de vivir un gran peligro, de hecho puso a Dean en riesgo mortal por no escucharle cuando le decía que debían salir, la vivieron cerca, con esos seres y la sombra, pero en ese momento se siente dominado por dos emociones que únicamente Dean era capaz de despertar, debe reconocer si es sincero: anhelo por toda la ternura que brillaba en sus ojos, y que el pecoso intentaba ocultar siempre… y algo de excitación al tenerle allí, casi desnudo, luchando para protegerle, tocándole. Mira por encima de su hombro, abarcando el pasillo.- Dean, ¿qué era eso? La materialización. ¿Estaba con ellos? –jadea, fijando los ojos en el rubio, quien parpadea levemente.

   -No lo sé. Fue una presencia que se materializó de repente; que atacó a uno de ellos. –responde, pensativo. Y Sam sospecha que le miente. O le oculta algo. Oh, sí, Dean era el guardián de su cuna, la presencia estable y segura siempre presente en sus miedos y sueños infantiles, en sus fantasías hormonales de adolecente más tarde, la obsesión (amor) de toda su vida, pero también era un hábil mentiroso, uno que no dudaba en engañarle cuando pensaba que era prudente.

   -Ese hombre… -señala al caído. Dean se pone de pie, y el castaño casi se siente mortificado por su alejamiento.

   -Agoniza. –contesta frío, acercándose al caído, que parece alarmarse.

   -No, no… -una tos llena de sangre lo sacude, como el miedo a otra agresión, al dolor. A la muerte. Se medio arrastra, sobre la espalda, unos centímetros. No más.

   -No son divertidas las desgarraduras propias, ¿eh? –le mira desde arriba.- ¿Quién eres? ¿Cuál era tu trabajo aquí?

   -La… la… Esa mujer… -se empeña en hablar, sufre una convulsión de tos, se ahoga, ladeándose para despejarse, pero escupe mucha sangre. Estremeciéndose convulsamente, finalmente se queda quieto. Ha muerto.

   Sam y Dean cruzan una mirada.

   -Lo siendo, Dean. –la voz del menor es rasposa.- Debí escucharte. Esa mujer… -parpadea desviando la vista.- Creo que me dejé llevar por los celos; quería que tu amigo fuera el responsable de todo para… poder odiarle sin sentirme como un idiota. Y que tú le odiaras también. –la admisión de sentimientos colorea las mejillas del mayor.

   -Salgamos de aquí. –recorre la habitación con la mirada.- No sabemos cuántos de ellos son, los testigos hablan de tres, pero… Antes debemos organizar, limpiar… y salir del cuerpo. No podemos dejarlo.

   -¿Crees que hay tiempo? –se levanta lentamente cuando Dean le tiende una mano, firme. Una que mira, que reconoce de siempre, la mano del pecoso tendiéndose para recogerle al caer durante todos estos años.

   -Es necesario, Sam, este no es un oscuro cuarto de motel, es el apartamento del fiscal, un hombre que será senador y un día presidente de Estados Unidos; no podemos dejar este reguero. –hay cierta amargura en el tono. Sam sonríe, con aflicción.

   -Un hombre con sueños. –y recursos. Un hombre que podía darle a otro, al que amara, todo lo que deseara, comenzando por seguridad. ¿Fue eso lo que te ofreció, Dean?, ¿lo que viste en él?

   -¿Sueños?, no, con ambición, una tan grande que… -el mayor, también con aprensión, se frena. En los ojos multicolores del menor brilla la necesidad de saber.- Vamos, tengo cosas que contarte. –sonríe con una mueca torcida.- Y tal vez no te agrade todo. –se le acerca y con los dedos de la mano derecha le toca el cuello, con ternura.- ¿Te sientes realmente bien? –es todo lo que Sam necesita por ahora.

   -Si, Dean, resolvamos esto de una vez. Lo del apartamento, lo de esos seres y esa mujer. –agrega firme, callando un “decidir lo que hay entre nosotros”.

……

   Mientras Nicholas Stanton se recuperaba de un extraño desvanecimiento en una habitación de la casa de su abuela, en la cama donde conoció carnalmente a un hombre al que amó intensamente, Sam y Dean Winchester se alejan del edificio donde este tiene su apartamento. Y monocorde, uno cuenta, el otro recuerda, y entre los dos reconstruyen una historia de lo que fue.

   Después de esa primera vez en aquella cama, entre Dean Winchester y Nicholas Stanton, todo fue una espiral in crescendo. De manera despreocupada, dos hombres jóvenes y guapos durmieron sobre la cama donde disfrutaron de un sexo áspero, rudo, estimulante y apasionado. Durmieron abrazados. El abogado deseando hacerlo, el pecoso como no sabiendo qué era eso, pero dejándose porque también lo necesitaba. Al otro día fue extraño, e incómodo, pero Dean, todo chulo, lo resolvió con un beso, y la primera mamada que le daba, y si, esos labios de pecado sabían cumplir lo que ofrecían. Nick debió cubrirse la boca con las manos para no gritar como un poseso mientras el rubio, con esos labios de chupapollas alrededor de su dura y pulsante verga, lo trabajó arriba y abajo hasta que se corrió, bebiéndose su carga, con una mirada brillante de gato centrada en sus ojos. Y la sola visión, el clímax, oírle ronronear, casi le puso de ánimo otra vez. Para el abogado nunca nada fue tan erótico como mirar al guapo ojisverdes, labios rojos y húmedos, lengüetear para saborear su esperma. Era como una burla, una prueba. Un desafío.

   -Bien, fue bueno mientras duró, ¿no? –preguntó Dean, despreocupadamente, o pretendiéndolo, como mas tarde entendería. Era la despedida, el fin de la locura compartida.

   No desaseando entrar en detalles, o discutir sobre qué significaba todo lo vivido, dejando las cosas claras sin palabras, se alzó de la cama y le cubrió la boca con la suya, metiéndole la lengua, probando su propia esperma por primera vez en su vida, cayendo de espalda nuevamente y halando del cazador, cuidando no se lastimara otra vez. Sintiendo, o presintiendo que aquello no podía ser todo, le tomó el rostro con una mano, mirándole fijamente a los ojos.

   -No te puedes marchar hasta que te cures totalmente. No soportaría saber que algo te ocurriera y que nadie lo supiera. –le dijo, preocupado, porque quería que se quedara, verle, entenderle, comprender qué siente, pero también manipulándole. De Dean Winchester nadie se preocupaba, él lo haría y llenaría el centro de su vida. Le vio enrojecer, mirada turbada, cohibido a su manera, pero también desafiante.

   -Estaré bien, siempre he cuidado de mí. –aclaró, pero no despegó los ojos del otro. Ni se alejó.

   -No quiero que sea así. –respondió con calor.- Odio la idea de que cures a solas tus heridas en un cuarto de motel barato, sin nadie a quien llamar si necesitas algo. Lo que haces es… una locura, ¿cazar monstruos? –medio rió, en verdad exasperado y maravillado.- Pero es importante, mereces que el mundo entero te lo reconozca. Y te ame… por lo que haces. –sabía usar las palabras. Sabía qué era lo que el chico necesitaba escuchar. Y suevamente le dejo de espaldas sobre la cama, comenzando a recorrer su cuerpo con besos lentos, lamidas y pequeñas mordidas, haciéndole reír, un sonido que le parecía erótico, y que le hacía feliz. La mamada que le dio fue lenta, profunda, bien trabajada. No acostumbraba hacerlo nunca, pero quiso que el rubio estallara de placer. Lo más curioso era el goce que le producía complacerle. Cuidarse de que lo disfrutara.

   ¿Le vieron salir del cuarto más tarde?, nunca lo supo ni le importó, al igual que al rubio. En el dormitorio que a veces utilizaba al quedarse, Nicholas Stanton decidió que ese joven y tozudo cazador le gustaba, y que por un tiempo le tendría en su cama. Por ello respondió e inventó algo sobre dónde estaba, al contestar la llamada telefónica de su novia, Leslie, quien, un día, sería su primera dama. Porque si, Nicolás sería el primero de una vieja familia de abolengos, los Stanton, gente de leyes en Boston, que llegaría a la Casa Blanca. Sería el presidente de los malditos Estados Unidos de América, y para ello requería de aquella mujer.

   No era necesario que Dean lo supiera, ¿cierto? No para una aventura de horas, tal vez apenas de días. No podía sospechar, ni por asomo, lo mucho que terminaría amándole. Lastimándole e hiriéndose a sí mismo en el proceso de intentar amarrar todos los mundos.

CONTINÚA … 24

Julio César.

LOS WINCHESTER PRESENTAN SUS RESPETOS AL MUERTO; 06X12

diciembre 2, 2016

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   Las mamis de la serie.

   El sexto episodio de esta nueva temporada de Supernatural me gustó, aunque comenzó con expectativas muy por encima de lo que luego sería el final. Enfrentaban a un enemigo ya conocido (la clase, no este sujeto en particular), un demonio de encrucijadas. ¿Qué me gustó más?, Asa Fox, ¡qué personaje habría sido! Jody Mills, siempre fantástica (y ha sobrevivido una vez más a su encuentro con los hermanos, desde la quinta temporada, toda una hazaña), también su encuentro con Mary, y esa sorpresa, que la presentaran como la mamá, era lo que esperaba (pero de forma más sorpresiva, de parte de alguien que no sepa quiénes son), y la interacción de Dean con Billie, qué mujer tan dura, se resiste más a sus encantos de lo que hicieron Tessa y el mismo Muerte.

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   ¿Y Dean diciéndole a Jody que mató a Hitler?

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   Bien, un intenso inicio, un chicuelo corre por un feo bosque (tan Caperucita Roja), algo le persogue, le acorrala, le muestra garras y colmillos, se relame viéndole indefenso, marcándole una mejilla, está a punto de merchárselo cuando alguien le revienta la cabeza. Mary Winchester. Y me confundí, ¿estaba casando sola después de dejar la baticueva?, no entendí que era un caso antiguo, en tiempo, hasta más tarde. Ella le explica al impresionado chico sobre los hombres lobo, que este era uno de sus últimos casos pendientes, que hay otros seres, que es una cazadora pero se retira. Y el chico hizo la gran pregunta que los mantiene en carrera, si ella se retira, ¿quién salvará a chicos como él de cosas como esa? La cuestión es que ese joven se obsesiona, como hicieron otros antes que él, seguramente impresionado y medio enamorado de la mujer dura que le salvó la vida, la misteriosa Mary Winchester (una Sarah Connor, pues). Y comienza a recabar información, se vuelve cazador, el tiempo iba pasando y fue cuando entendí que Mary no estaba de cacería ahora. Asa termina como un Dean cualquiera, borrachín, mujeriego, fascinante. Creí que aparecería frente a Mary, a la que vería como cuando era un chico, el objeto de su fascinación, mientras esta le miraría como a un niño, u otro hijo. Casi imaginaba las caras de Sam, y especialmente la de Dean ante ese cazador que se le parecía tanto en su proceder…

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   …Pero van y le matan. Termina colgando de un árbol. ¡Fue tan frustrante!

   La historia se desplaza a la casa de la comisario Jody, donde está recibiendo a los hermanos, que parece algo desaseados. Alex y Claire no están (y me alegré, me agrada Claire, la otra no tanto), y van a ver películas de chicas. Llega la llamada, ha muerto Asa y por la cara que pone uno ya adivinaba que Jody había tenido algo con él. Que ella supo que era un cazador en cuanto se presentó como el agente especial del FBI, Fox Mulder, eso me hizo reír. Ellos irán con ella a presentar sus respetos a otro cazador, aunque ella quiere que se bañen antes de hacer ese largo viaje… a Canadá.

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   Y conocemos a un grupo curioso de gente, cazadores, y entre ellos, Sam y Dean descubren que son legendarios. Como tiene que ser, carajo, para bien o para mal han estado mezclados en cada fin del mundo, el cual han revertido. Para estas alturas todos esos sujetos debían saber de los leviatanes, la caída de los ángeles e incluso de la llegada de Amara, que Lucifer anda por ahí, por no hablar del Apocalipsis, de lo cual si hablaron.

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   Encontramos al hablador del grupo, al fan de Sam que quiere saber de su relación con Lucifer, los gemelos ambiguos criados por una bruja (la bonita chica y el joven a quien su madre enseñó a seducir hombres), la mamá amargada por la vida que tomó su hijo, por esa gente, y la llegada de Mary Winchester.

   Me gusto que Dean fuera algo brusco al principio, carajo, el programa es de drama, ¿no? Pero me encantó la reacción de Jody al conocer a la legendaria madre de los hermanos (papel que ella misma ha representado más de una vez). Sin embargo están todas esas tensiones, especialmente de la madre de Asa hacia Mary, a quien culpa de haberle sorbido la mente, la misteriosa mujer que descubrió ante sus ojos todo ese mundo fascinante de aventuras; que no se casó, no tuvo hijos ni familia, y que termino pasándole factura. Pobre Mary.

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   Bien, aquí las cosas se ponen algo tontas, alguien es asesinado y Dean, molesto con Mary había salido de la casa cuando los que están adentro descubren la muerte. Saben que es un antiguo demonio con el cual Asa tenía una pelea cazada, e imaginan que fue él quien le asesinó. No pueden salir de la casa y esa cosa posesiona a otros, lo que resulta algo tonto, ¿acaso esos otros cazadores ignoran lo del tatuaje que puede protegerles de eso? ¡Matan al fan de Sam!, eso me molestó. Le buscarán, desconfiando unos de otros, y entre los poseídos cae Jody, a quien Mary casi mata. Mientras eso pasa, Dean encara Billie, su poco cariñosa parca, la cual viene por un alma dentro de la casa. Dean corre, no puede entrar, hay un hechizo (hechizo que el gemelo varón vio sobre la puerta, gran habilidad), y Dean la convence para que le ayude. Pero sólo porque ella quiere algo.

   Vienen esas escenas raras, intentan expulsar al demonio de unos y otros, inician las palabras del exorcismo pero no pueden terminar por golpes y caídas, y se hacen grandes revelaciones (puras bobadas, excepto el asesinato de Asa). Entre todos logran expulsarle, terminando la oración Mary. Y es tonto, ¿tantos buenos cazadores y un solo demonio les domina? Habría entendido un ataque como en la tercera temporada, en aquella comisaría donde estaba Nancy, la virgen. Pero ¿un solo demonio? ¿Para Sam y Dean, que han peleado, escapado y a veces vencido a Alastair, a Crowley, a Lucifer, a Amara, a Abaddon, a Dick? ¿Y nadie tenía la fulana oración grabada? No, todo eso quedaba muy cuesta arriba. Lo bueno es que ahora sabernos que hay otros cazadores y que tal vez reaparezcan, especialmente sabiendo que los Hombres de Letras ingleses andan tras ellos. Me agradaron los gemelos, que resultan nietos de la mamá de Asa, y el mismo bullero, el verdadero asesino del cazador al que dejan ir pero advirtiéndole que todos sabrán lo que hizo. De reencontrarlo, ¿será cómo enemigo o buscando redención?

   Fue un buen episodio, y la reunión  una verdadera celebración de la vida de Asa Fox; con un gran inicio que prometía mucho (casi imaginaba a “otro” Winchester, alguien que adorara a Mary, habría sido interesante), terminando algo bufamente. Un buen momento fue cuando Billie venía a pedir su precio, regresar a Mary al Cielo, lo que esta tanto deseaba y extrañaba; a la muerte le gusta el orden natural, pero mami seguirá con sus muchachos, y en su momento regresará a la baticueva.

   ¿Dónde carrizo estarán Crowley y Castiel? Por suerte esta semana hay estreno.

SAM, DEAN, CROWLEY, CASTIEL Y LUCIFER; 07 Y 08×12

Julio César.

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

noviembre 18, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   ¡Dean Winchester mató a Hitler!, cómo reí viendo esto.

   Me agradó mucho este quinto episodio de la doceava temporada de Supernatural, aunque en líneas generales se quedaron por debajo de las expectativas. Un viejo enemigo resurgía, de más allá de su propio tiempo, nada más y nada menos que el mismísimo Hitler, y no le dieron el tratamiento que debía esta casi majestad infernal. Sin embargo, el villano ordinario estuvo bien, la joven neurótica me hizo reír y el muchacho sangrino era aceptable; aunque el programa debió experimentar un poquito más con él. Debo reconocer que era algo chocante ver ese Hitler atolondrado y medio maniaco, se parecía al Doctor Malito, debe ser porque era tan distinto a la imagen del retraído, amargado y cercado demente furiosos que presentan en la película “La Caída”, cinta que los alemanes hicieron sobre su historia… que no le gustó a mucha gente, porque en este lado del mundo hay personas totalmente convencidas de que ellos saben más, y mejor, de lo que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, que los alemanes, pueblo que, en sus imaginaciones, son dos o tres aldeas atrasadas, que pastorean ovejas y desconocen la electricidad, un pobre pueblo atrasado a quien el mundo les ha obligado a aceptar la “verdad oficial”, como si Alemania no fuera un potencia y la señora Merkel vergajee en televisión al mismísimo Putin.

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   Desde la intro, que como vengo sosteniendo a veces nos echa a perder un tanto la sorpresa, ya me guastaba el asunto, volvían los nazis nigromantes, malos por excelencia como son esos nazis. Me gusta por eso, es fácil odiarles. El inicio fue clásico y hasta chiché. Una mujer elegante entra en una tienda de antigüedades regentada por un tipo maduro, barbudo, algo barrigón, que le presenta un objeto, un reloj con adornos nazis, que la mujer mira con codicia pero ahora este le dice que el precio aumentó. Era el vil regateo y usura del judío de películas. Cuando estalla en llamas, la mujer grita, pero (viéndose que tiene temple, jabría sido una buena villana) toma el reloj para escapar con él, cuando cae también. Sus gritos y caras de sorpresa, miedo y dolor fueron un poema. Una siniestra figura llega y se lleva el reloj.

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   Bien, aún rumiando por Mary, los hermanos se enteran de esas muertes, combustión espontanea, e investigan entrando a la tienda. La verdad es que Dean con el barco, fue notablemente torpe, aunque cosas así me han pasado. Gracioso fue cuando pasó junto a otro y ya iba tocarlo y retiró la mano. Hasta el momento cuando abre la puerta, llamando a Sam, no caí en cuenta de lo que había ocurrido. La mujer pertenecía a esa gama de maniáticos que coleccionan objetos nazis, y el negociante movía dicho mercado. En un episodio de CSI: Nueva York, presentaron un caso parecido, muy bueno, llegándose al extremo de tener el “coleccionista”, un vaso con dientes.

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   Jamás entenderé la fascinación con esos desgraciados que llevaron al mundo a la guerra, a su nación a vivir el peor momento de su historia cuando por este y oeste venían a cobrarles lo que no todos eran responsables, y se matan unos, huyen otros (para Sudamérica, menos mal que para Venezuela jamás agarraron) y pacta el resto. A la hora de las chiquitas, cuando Alemania iba siendo reducida a escombros y cenizas, escaparon como los cobardes que la historia retrata que eran, y sin embargo siempre hay gente cantándoles alabanzas. En fin…

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   La escena pasa a esa chica que parece dispuesta a tener sexo con ese tipo, y se ve toda neurótica. Me recordó Aaron, al amo del Golem (quien tiene una corta aparición, desde Berlín, siguiendo el rastro del alto mando de los nigromantes, los cuales parecen haber ido a Estados Unidos por algo muy serio que tiene que ver con la “sangre”); también me recordó, la joven, las vieja películas de Woody Allen, cuando este, dejándose llevar por sus neurosis, hablaba directamente a la cámara para expresas sus inseguridades. Por un segundo la creí judía. El tipo que está con ella, grita, le ve morir en llamas, ella escapa y un joven le va a disparar pero el papá le detiene diciendo que la necesitan. Ella deja sangre al escapar y estos se la llevan.

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   Los hermanos llegan con ella, que no sabe nada de lo que ocurre. Y allí, casi frente a sus ojos, se la llevan. Es el muchacho, haciéndose pasar por detective, sin matar a nadie. Fue gracioso escucharle discutir con el papá que parece esperar que sepa todo. Sam y Dean lo capturan.

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   Pensé que le iría bien mal, pero Dean logra meterle el miedo en el cuerpo, es hijo de uno de los íntimo de Hitler, que estuvo en el bunker, y hay un vistazo del mismo, con Eva Braun por el suelo, deteniéndole este antes del suicidio, conteniendo su alma en aquel reloj, el cual perdieron en la huida, y que ahora tienen y pueden regresarle a la vida usando a un descendiente, la chica. Esta no lo creía al principio, o no quería creer que era pariente de ese demente, luego acepta que todo aquello es cierto. Me acordé del episodio del Doctor Who cuando viaja a Alemania con Amy y Rory (los mejores acompañantes del Doctor), y la extraña amiga que luego resulta estar ligada a ellos, y la Tardis atropella a un sujeto que estaba a punto de matar a Hitler, este les da la mano y les das la gracias, el Doctor pone cara de chasco y Amy y Rory no quieren escuchar nada de que salvaron a Hitler. Cómo me reí.

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   Bien, llegan los otros nigromantes, los hermanos luchan y la joven escapa por una ventana, tan sólo para que la atrapen a los dos pasos como a una tonta, el hombre sabe por ella que el chico habló y ordena que lo maten, a su propio hijo (ah, esos si son villanos); este se salva por un pelo y llega donde los Winchester, a echar el cuento. Y aquí es donde digo que lo desperdiciaron un poco, es televisión, joder, hagan pensar, o en este caso imaginar; una mirada de conmiseración del joven por la chica, y que luego ayudara a los hermanos a salvarla no habría costado mucho y quedaría bien. Era un muchacho agradable, sabía que no le matarían pero tampoco lo usaron bien.

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   El plan es peor de lo imaginado, le sacan la sangre para transfundirla al otro, aclarando algo que me intrigaba, ¿Hitler sería mujer? No, sólo quieren su sangre. Hitler regresa, y se vio tan extraño…

   Llegan los hermanos, Hitler los reconoce, que el hombre que ocupa les teme (y eso me gustó), está la extraña pelea de siempre (no es por nada, pero si Dean y Sam Winchester me persiguieran porque soy algo maligno, al verles les pegaría un tiro en las frentes antes de que tengan tiempo de parpadear).

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   Logran volver las tortillas, y fue tan hilarante, una venganza histórica, ver a Hitler correr y pedir por su vida. Pero no, Dean Winchester mata a Hitler… y no dejará que se olvide. Esa parte fue de lo más divertida, como cuando expresa que deberían darle cerveza gratis el resto de su vida. Sin embargo…

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   Desperdiciaron al villano, lo que significaba. En otras películas o series donde el tema se ha tocado, se logró crear la angustia, la secreta e íntima inquietud que ese monstruo repitiera sobre este mundo todo lo que ya había hecho. Los Niños del Brasil, donde le clonan para crear muchos Hitler, y la misma Mujer Maravilla, cuando ve que en una urna de cristal regeneran su cuerpo de las cenizas, acompañándolo con escenas de sus discursos, de las multitudes, la guerra y los horrores, si lograron causar esa impresión (incluso en ese episodio que mencioné de CSI: Nueva York, escuchando los relatos de sobrevivientes). El programa no logró en ningún momento que se temiera todo eso, tal vez se les pasó la mano con la idea de hacerle ver tan bufón. En este aspecto quedó muy por debajo de lo que debió.

   La chica hará su vida, al joven le dejan ir, aunque deberá escapar siempre porque los nigromantes lo saben un traidor (eso de vete a Buffalo, nadie va a Buffalo, fue gracioso). Y me agradó esto, esta pareja de personajes, y lo uno a algo que comenté sobre el episodio pasado, cando matan a un chico cargador de cosas. Nada significó para uno el espectador, porque no se tomaron ni dos minutos en crear el personaje (como ponerlo hablar por teléfono diciéndole a una tía vieja que espere que ya va para llevarla al baño, así cuando le matan uno pensaría que era una pena pues era un buen chico o que esa señora la pasaría mal cuando no llegara), aquí, en cuanto la chica sufre su crisis de pánico por el hombre en su sala, con quien se quiere acostar, y el muchacho no encuentra las llaves de la camioneta, llamando al papá y discutiendo con este, ya estaban creados. Eran creíbles y hasta atractivos.

   Bien, fue un buen episodio, más divertido que intenso, pero que nada tiene que ver con las otras tramas: ¿dónde está Mary?, ¿qué hace la dupla ángel-demonio?, ¿qué traman los Hombres de Letras ingleses?, ¿dónde anda Lucifer y haciendo qué? Veremos esta semana…

LOS WINCHESTER PRESENTAN SUS RESPETOS AL MUERTO; 06X12

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 12

noviembre 15, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 11

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Por un segundo de confusión todo parece congelarse, sólo están allí, prácticamente abrazados, las manso de Jensen en el torso der Jared, una de ellas sobre su corazón, que bombea con fuerza, la mano de este en la baja espalda del pecoso, caliente y grande. Sus cuerpo muy unidos…

   -¿Qué diablos haces? –pregunta este, rojo de cara, sonriendo, intentando disimular su turbación.- No hice una invitación a cenar con promesa de postre. Y menos ante de la cena misma. –bromea. Pero hay cierta intensidad en los ojos de Jared que le roba el aliento.

   -Deberías agradecer mis manos agiles, ibas a quemarte el culo. –y como para remarcar el asunto, con la mano en la baja espalda, le hala un poco, sus cuerpos uniéndose más.- ¿Seguro que eres apto para trabajar cerca del fuego? –quiere disimular también, pero no le suelta. No puede, las manos de Jensen sobre su torso le tienen como idiotizado.

   -Me alegra ver que mi culo te preocupa. –dice a la ligera, porque en verdad no puede pensar con claridad. Mira que Jared era alto, y fuerte; y con esa maldita colonia que embriagaba, era peligroso.- Digo… -enrojece feo. Jared le suelta, muy reaciamente.

   -Todo me preocupa, Jen, ya deberías saberlo, por eso soy un príncipe de Manhattan. –da un paso atrás.- Lamento haberte sobresaltado con mis preguntas, pero en serio, casi te quemas.

   -Porque estabas muy cerca de… -comienza, acalorado, pero deja salir el aire y sonríe medio chulo.- Gracias por impedir que se me quemara el culo, Jared. Eres un príncipe.

   -Eso está mejor. –sonríe el otro, muy rojo, silenciado un “seguro ya lo tienes ardiente”, esa broma podría parecer…

   -Mira, no hay espacio aquí, tal vez deberías esperarme viendo el juego. –toma la cerveza de su mano, y bebe como si le hiciera falta.

   -¿Y dejarte sólo a merced de los terrible peligros que corres cerca de las hornillas? No lo creo. –despeja uno de los muros de división, sentándose allí, todo pancho.- Cocina, muero de hambre.

   -Eres un idiota. –Jensen no sabe cómo preparará lo que hace con Jared allí, mirándole con ese extraño brillo en los ojos multicolores. A sus espaldas. Voltea todo sobre la plancha, consiente del otro, casi dejando caer una de las tortillas de carne, las cuales le tienen salivando lo mismo que al castaño por el increíble aroma. Todos esos condimentos que sus vecinos, en Texas, le recomendaban le habían dado un sello distintivo a su cocina.

   -¿Quién es Michael? –pregunta Jared, bebiendo y mirándole. Le ve tensarse, pero no sorprenderse.

   -Michael Weatherly es… un amigo; un conocido. Me había asociado con él en lo de los restoranes y cuando el desastre llegó… –le informa, mirándole, encogiéndose de hombros.- …Se molestó. Mucho. Quiere su dinero. –es todo lo que dirá, no relatará las dos peleas a golpes cuando el otro le exigió que le regresara su dinero, acusándole de engañarlo, estafarlo. De robarlo. De ser un ladrón inútil. La verdad es que Michael había sido un sujeto agradable al que conoció en su trabajo anterior, con algo de capital y sueños de independizarse, arriesgándose a lo del restorán, aunque, y era cierto, se había opuesto desde el principio al lugar que le parecía “marginal”. De cierta manera, casi entendía su rabia. Le estaba demandando. Pero las ruedas de la ley le parecía giraban demasiado lentas y quería sacarle la plata de una herida en la cabeza.

   -¿Es todo? ¿Discutieron y ya? Cuando abriste la puerta sin saber que era yo, casi parecías dispuesto a matar a alguien. –duda, no quiere presionar, pero quiere saber.

   -Bien, para serte sincero, no te esperaba pero estaba pensando en ti, por eso mi cara homicida. –sonríe intentando aligerar el ambiente, pero esta vacila ante la mirada intensa del otro.

   -Es difícil que le cuestes a alguien lo que sientes, piensas o temes, ¿eh?

   -Jared… -se incomoda. El otro hace una mueca.

   -Está bien, señor discreto y silencioso.

   -Hey, no pasa nada. –se defiende y vuelve a lo que hace, separa panes, clocándolos cerca de la plancha, sacando huevos de la nevera (inclinándose y atrayendo la mirada de Jared, a ese trasero y la franja de piel que cada vez le parecía más… qué, ¿erótica?).- Desavenencias entre la gente, no es difícil de entender. Te peleas con un multimillonario por engañar a su hija; por centavos en un mal negocio me enfrento a un viejo conocido.

   -Oye, no engañé a ninguna mujer. –se pica, y entrecierra los ojos cuando Jensen vuelve el rostro sobre un hombro, sonriendo pícaro.

   -Ni yo estafé a un conocido, y mira dónde estamos. –vuelve la vista a la plancha, los huevos chisporrean, el tocino y el queso sobre la carne en seguida llenan, no la cocina, todo el apartamento del apetitoso aroma.- Somos víctimas de las circunstancia. Al menos yo. –le aclara, quitándose el reloj y colocándolo en un mesón, comenzando a llenar las hamburguesas, el olor es todavía mejor. A Jared le gruñe ruidosamente la panza, seguramente el otro no lo notaba porque le sonaba igual, pero sus ojos están clavados en ese reloj.

   -¿Y Leslie? –pregunta al fin, extrañándole cuánto le cuesta pronunciar el nombre. O le disgusta. Le ve bajar la mirada un segundo.

   -No estamos juntos por ahora. –parece no desear hablar. Y Jared se muerde la lengua para no preguntar si también ella salió corriendo cuando todo se derrumbó a su alrededor, pero intuye que al otro no le gustaría escucharlo.- No quise… arrastrarla a esto.

   -Si en verdad te quiere… -y nuevamente le cuesta. Y molesta. Imagina al rubio, todo sonreído vistiendo un jeans viejo, una franela, como está ahora, caminando por una calle soleada, tomado de la mano de una bonita rubia de tetas grandes, con cara de hija de granjeros. Ambos mirándose como idiotas, él deseando besarla en todo  momento. Dios, siento nauseas, se dice con sorpresa.

   -Me quiere, por eso me costó dejarla fuera de este lugar. No estaría tranquilo al salir y dejarla aquí. –responde el rubio algo a la defensiva. Luego toma una gran bandeja, sirviendo dos platos grandes, con sendas hamburguesas, dos en cada uno, humeantes.- La cena está lista, querido. –le sonríe con chulería y va hacia el sofá.

   -Era hora, amor, debes alimentar a tu hombre a su tiempo. –replica este, bajando del muro.

   Mirando la cerveza semi vacía en sus manos, Jared se pregunta por qué le gusta tanto ese juego idiota de intercambiar palabras. La termina y saca otras dos de la nevera. Quedaban apenas cuatro. Seguro era todo el alcohol presente en el apartamento. ¡Qué manera de vivir tan horrible la de Jensen! Va con ellas hacia la salita, o ese mueble frente al televisor donde sigue sintonizado el juego. Le ve dejarlo todo en la mesita.

   -¿Y la quieres mucho?

   -¿A quién? –Jensen pregunta distraído, ¿habría olvidado la pimienta en la salsa?

   -¡A Michael! –rueda los ojos con exasperación.- Hablo de Leslie, tonto. –y en cuanto lo dice, notando como desaparece la confusión en el bonito rostro (joder, si, Jensen era bonito), y aparece una sonrisa dulce, el brillo en la mirada, la bilis le sube a la garganta.

   -Claro que la quiero mucho. Mira… siéntate en el sofá, es estrecho y de dos plazas, pero no confío en esos sillones. Están algo viejos. Y se ven peligrosos.

   -Y como manchados. Parece semen y otros fluidos. –gruñe el castaño, algo ceñudo, hasta caer en el mueble que se hunde alarmantemente bajo su peso, pero llegándole nuevamente el olor de la comida que lo compensa.- ¿Los trajiste de tu otra casa o ya estaban aquí?

   -Ja ja ja, Dios, eres tan gracioso como una mancha en una radiografía de pulmón. Sírvete. –y parte por la ensalada.

   Jared le espera, dejando una cerveza frente a cada plato sobre la vieja mesita, lanzándole una mirada inquieta al bol de ensalada que el otro trae; y en cuanto Jensen cae a su lado, hundiendo más el mueble, se pregunta si realmente podrá comer teniéndole tan cerca. El firme muslo musculoso, que dilata la tela del jeans, muy cerca del suyo. Este se estira hacia adelante, toma un plato, también ensalada, dejándolo en sus piernas y atacando la primera hamburguesa. Imitándole, no aún con la ensalada, el castaño toma el caliente emparedado, clavándole los dientes, cortando pan, carne, tocino, huevos, tomates, cebollas, lechuga y papas, y lo mezcla contra su lengua; después de más de medio día de pasar hambre, le parece la cosa más sabrosa del mundo. O tal vez Jensen si era bueno cocinando. Mastica y se le escapa un gemido de gusto, uno que es respondido por otro de Jensen, a su lado.

   Devoran con igual apetito las cuatro hamburguesas, mientras toman cervezas, miran el juego y el rubio también traga ensalada. Y, aunque rueda los ojos, masticando, Jared acepta que su plato lleve ensalada, una que atrapa con el tenedor, encontrándola deliciosa contra su lengua ya estimulada por la carne caliente.

   -Está buea… -farfulla mordiendo, provocando una risita de Jensen, quien ríe.- ¿Ué?

   -Te chorreaste, pareces un niño. –ríe, con unas arruguitas en los ojos que el otro no había notado. Estirándose, toma una servilleta y le limpia un lado del mentón. Es tan natural y espontaneo, que por un instante parecen no notarlo. Hasta que Jared, ojos oscuros, le atrapa la mano.

   -¿Qué me haces, Jensen?

……

michael-weatherly

   Michael Weatherly, el gran Tony DiNozzo, se le extrañará horrores en NCIS, dicen que ya tiene un nuevo programa, ojalá le vaya bien. Era tan increíble en este personaje que uno casi perdona los rumores de que trató a Jensen Ackles horrible en aquella serie que mereció mejor suerte, Dark Angel. Era lógico que se sintiera un tanto amenazado en su Logan, por el Alec del pecoso.

CONTINÚA … 13

Julio César.

SAM, DEAN Y LA PESADILLA AMERICANA; 04×12

noviembre 11, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Acaban con el encanto.

   Me encantó una barbaridad este cuarto episodio de la doceava temporada de Supernatural, donde el “enemigo” no era algo desconocido, pero que fue gratamente novedoso. Cosa que nos lleva a las intro; está bien cuando enlazan cosas que les pasan a los hermanos, entre ellos y con otros, como con Mary dejando la baticueva, pero no es tan bueno cuando aparece un fantasma soltando ectoplasma dominando a alguien, como ocurrió la semana pasada, o se habla de los síquicos, como en esta. Toda la sorpresa que quieren montar se acaba porque ya se sabe de qué va el problema. Fue este, uno de esos capítulos que comienza como una cosa y terminó como otra, siempre con ese torcido giro de la trama. Una idea romántica, esa de escapar a un modo de vida más sencilla que termina en una verdadera pesadilla.

estigmas-sobrenaturales

   La mujer caminado en medio de una vacía iglesia (una velada llamada de atención a la fe de tantos), demostrándose lo poco motivados que están los católicos en tantas partes de asistir al templo, cae de manera ruidosa, bajo la acción de látigos que nadie ve, sangrando mucho, por manos y pies, la espalda lacerada y la frente donde se marcaron unos puntos. Los estigmas, una de las manifestaciones más inquietantes de la religiosidad (no me importaría ver el agua convertida en vino, pero esto…). Quedó muy bien, después de venir de dos entradas poco satisfactorias. Lo que más me gustó fue el enfrentamiento final entre los implicados, en el cual los hermanos poco tuvieron que ver, también dos ligeros comentarios de Dean a Sam, que fueron bien graciosos.

   Sam y Dean, padeciendo ambos por la tensión que la marcha de Mary causó, no pueden hablarlo porque el mayor se tranza en no pasa nada y si ella no los quiere, él no la buscará. Así parten a investigar el caso, notándose el malhumor de Dean en lo referente a todos, desde el cura al forense. Buscando en el trabajo de la mujer encuentran a una colega que hereda su oficina y su cargo, tachándola Dean inmediatamente de ser la responsable, por bujería, aunque no hay evidencia de bolsas de maleficios. Cuando cae otra víctima, un joven, Sam cree que se trata de otra cosa, y disputan. Y aquí hay que intercalar algo, en pasadas temporadas, antes de que alguien muriera, le construían una historia y si el personaje era grato uno casi lamentaba su muerte, o le gustaba. Siempre recuerdo el inicio de la quinta temporada cuando ataca Hambre, el Jinete, y está esa agradable pareja que salía por primera vez el día de los enamorados asesinándose a besos y mordiscos, casi lo lamenté. Como disfruté cuando el chico con la máscara de conejo mataba al sujeto ese en aquella sala, qué tipo. Aquí no, aparece el joven, siente algo y muere. No sabemos quién era, qué hacía, no significó nada. Debieron trabajarlo, presentar algún detalle que nos obligara a pensar, ah, caramba, lo van a matar, qué malo. Están como demasiado rasantes, pasan muy por encimita en muchas cosas. Por suerte, el nudo central, lo trataron mejor.

   Buscando entre los casos de la primera mujer que cae, encuentran que existió una tragedia en uno de ellos, una familia que se aplica al cristianismo basado en el Viejo Testamento, tan a pie de la letra que no llevaron a la hija a un hospital cuando enferma, dejando que se cumpliera “la voluntad de Dios”, y murió.

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   Estando allí, los hermanos se disfrazan por tercera vez, algo que extrañábamos del programa, ahora casi siempre son agentes del FBI. En este aparecen primero como sacerdotes…

sam-y-dean-de-trabajadores-social

   …Y ahora como trabajadores sociales. Es cuando ese motorizado cruza y sabemos que los Hombres de Letras ingleses andan por ahí.

   Dean conversa con el padre y el hermano de la muerta, quien le habla de un mundo que les roba el tiempo y la felicidad de estar con la familia. Lo dijo de manera grata y uno casi podía simpatizar con ellos, como hizo Dean mientras les ayudaba a colocar una rueda en una carreta (y ya los personajes estaban bien construidos e importaban). Hablando la madre, usando un lenguaje parecido, retratando a una familia horrible donde el padre bebía mucho y al que no veían, la hija se encerraba en su mundo, el hijo igual, y la madre era la peor de todos, adicta a calmantes, y que encontrándose mal escuchó una voz que los guió hacia esa vida, Sam, sin embargo, supo ver en ella fanatismo y locura, tanto que la enfrenta al hecho de que su hija murió no por la voluntad de Dios, sino por ella. Acusación que los arroja fuera de la granja.

   Así salen, discutiendo sobre la elección de vida de esa gente, Dean convencido de que la compañera de trabajo de la difunta es una bruja y que se encargará de ella, Sam convencido de que hay un fantasma furioso en esa propiedad. Se separan cada uno para ver qué hacen. Dean encara a la mujer que trabaja hasta tarde, y que le confiesa que odia ese cargo, que nadie lo quiere, es sólo más trabajo por muy poco dinero extra. Y me recordó lo que digo siempre en la oficina, que sólo un loco querría ser coordinador de gente como la que allí trabaja, que cada quien actúa como le da la gana, odian se reprendidos y lo hacen todo tan mal. Oyéndola, Dean, con cara de chasco, guarda el arma que pensaba usar contra ella.

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   En cuanto los hermanos salen, y desde que la mujer, la madre, sabe de una segunda víctima, algo sospechábamos (y sabíamos, en la intro arruinaron la sorpresa), tiene a la hija encerrada porque manifiesta poderes síquicos, prácticamente encadenada, auto flagelándose por creer que algo diabólico la posee. Es esa vieja mirada a la religión, la que a veces la convierte en algo horrible, las flagelaciones, el castigo corporal, sacar al demonio con dolor, creerse obrar por un bien mayor aunque se estén cometiendo locuras y maldades. Es lo tocante al Viejo Testamento. Generalmente los intolerantes religiosos, tratándose del cristianismo en cualquiera de sus ramas, se afincan en esa parte, obviando el Nuevo Testamento y las enseñanzas de tolerancia, paz y amor de Jesús. Nadie se vuelve loco queriendo ser más bueno que todos los demás (aunque los hay, siendo bueno que existan). Claro, ser bueno, perdonar y tolerar no es tan divertido como sacar confesiones a gritos, o soñar con ver a los demás quemarse en lagos de fuego, me imagino.

   Bien, no sería Supernatural si a Sam no le atrapan y le atan. La mujer le dice al marido que otros irán, que deben partir (y me sorprendió lo que planeaba), mientras el menor entiende cómo la joven mató a los otros, intentando llegar a ellos para que la ayudaran, e intenta explicarle que no es un fenómeno, no es un monstruo, que tiene un poder que debe aprender a controlar.

   Llega el gran drama de la cena, el padre de familia muere envenenado, es la salida que la mujer encuentra para escapar de quienes irán por ellos, partir al otro mundo como familia, casi obligando al hijo a suicidarse (en este caso sería asesinato), y ocurre esa magnífica escena.

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   La mujer es detenida como homicida y se va gritando que la muchacha está poseída. Sam le aconseja que olvide y siga, que vaya con otros familiares y aprenda a controlar lo que sabe puede hacer. Fue un gran episodio para Jared Padalecki. ¿No fue divertida la cara de Sam cuando Dean le dice a la joven que lo mejor para las familias a veces era apartarse un poco, darse espacio? Viéndola tan dulcita, casi mimosa con Sam, una idea cruzo mi mente: Lucifer va a poseerla. ¡Lucifer será mujer! Era una síquica, como lo era Sam, ¿acaso ella fue otra de las niñas tocadas por Azazel? No parecía el caso, pero… Y aunque no lo fuera, era poderosa. Ya imaginaba a Lucifer dentro de ella, enfrentando otra vez a Sam…

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   Pero no, es asesinada por el despreciable sicópata de los Hombres de Letras ingleses, el cual dice que ha solucionado otro de los problemas que los Winchester habían dejado. Personalmente me molestó mucho. Odio a esos malditos, y eso que la temporada pasada quería que me agradara la tal Toni. Y todavía no le vemos la cara al sujeto, ¿se acercará ladinamente uno de los hermanos, o a Mary? Podría ser.

   Bien, fuera del detalle tonto de Dean cruzando a duras penas una valla siendo un cazador intrépido como es, y Sam pasando a un lado, quedó bien todo el episodio, me reí una barbaridad con el mayor gritándole a Sam que no tenía la culpa de su vejiga pequeña. Me agradó también el comentario de este a Sam después de hablar con Castiel, quien nada ha escuchado en radio ángel, descartando que el Cielo tenga algo que ver con los estigmas, hablándole de que está con Crowley cazando a Lucifer: “Un ángel y un demonio, juntos combatiendo el crimen”. Esa imagen es tan absurdamente buena esta semana como lo fue la anterior. Lo otro es cuando la trabajadora social de la cual Dean sospechaba, le llama para decirle algo, y luego le cuenta a Sam que lo buscó para darle su número, pero ya lo imaginábamos, ¿verdad? Se vio tan gracioso eso de que pensaba dispararle y ahora ella quiere una cita. Por otro lado, está demostrado que en Supernatural los monstruos más peligrosos y perturbados son las personas, la gente normal (bueno, no normal), desde aquella familia que cazaba gente para divertirse, al hombre que tenía a los hijos encerrados tras los muros de su casucha. Esta mujer estaba realmente enferma, y asustaba.

   Bien, ¿y ahora?

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

Julio César.

ACABADO… EL ASUNTO DE LAS MAMAS; 03×12

noviembre 2, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Mamis al ataque…

   Por fin se ha despejado la gran incógnita, ¿qué había sido de Mary Winchester después de su muerte? Estaba en el Cielo, aunque Ash no pudo encontrarla, como le dijo a los hermanos en la quinta temporada; y es a partir de esa revelación, casi finalizando el episodio, cuando las cosas ganan sentido y un tanto en emoción en el tercer episodio de esta doceava temporada de Supernatural. Y antes de seguir, viendo la intro, me queda una duda, esas escenas del nuevo Lucifer con una hermana, ¿ocurrieron? Vi dos veces el capítulo pasado no lo encuentro nada de eso.

   Bien, ha sido este otro episodio increíblemente lento, superficial y poco satisfactorio, y miren que me cuesta decirlo. Sam y Dean volvieron a pasados esquema, que son muy ellos, para encarar un problema, y eso siempre gusta, pero lo volvieron la tónica de todo el programa. Siempre hay una cuestión entre ellos, que se plantea al inicio, ocupa una escena a la mitad y cuenta con una resolución al final; el programa fue todo sobre ese planteamiento y no hubo dinamismo. Tanto es así que la única notable, fuera de Mary contando su verdad, es Rowena cuando encara a Lucifer y vuelve a ser ella, la criatura traidora de toda la vida.

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   El enemigo es un fantasma parecido al que investigaba Bobby siendo fantasma, y la escena comenzó bien con la joven que entra en una fea y destartalada casa de donde parte el llanto de un niño. La escena de la fea muñeca en la cuna fue inquietante pero pudo ser peor (o mejor, desde un punto de vista de suspenso), lamentablemente al retirar la escena escuchándose únicamente los gritos de ella y su pareja (para preservar la sorpresa sobre el tipo de caso que es, aunque ya sabíamos por la intro que iba de fantasmas), le restó impacto. Me gustan esas escenas crudas y sanguinarias que nos presentan a veces. Y el tema en general era bueno, daba para mucho drama, y miedo, pero las escenas fueron tocadas por encimita, las tomas parecían decorados de telenovela, donde mueven los platos de aquí para allá. Y los cortes de las escenas de acción fueron desesperantes. Fuera de eso, desperdiciaron a los niños fantasmas atrapados.

sam-y-dean-los-viejos-papeles

   Como sea, Sam quiere hablar con Dean sobre el problema que hay con Mary, y Dean no ve problemas, no hay nada qué hablar, sólo debe ajustarse. Los viejos patrones. Y eso era irritante, ese disgusto, el no estar cómodos entre ellos, ¿qué les pasaba a estos con ella y a está con los hijos? Parecía un drama tonto (sólo lo parecía), planteándose aquello de que no está lista para cazar, y que la sobreprotegen. Me gusto el corte de cabello de Mary, su gusto por el tocino, y su cara de chasco cuando no la dejan ir a cazar sola, o cuando ve cómo se hacen ahora las investigaciones sin preguntarle a la gente implicada (un error de nuestra era). Su encuentro con el niño fue esencial, ella sintió que este no quería hacerle daño, por lo tanto era una víctima; podía estar engañándose o confundida, pero que Sam y Dean la creyeran totalmente equivocada, como si no supiera lo que hace siendo que cazaba con su padre muchos antes de que ellos nacieran (y hay que recordar que Mary no lleva treinta años dormida, despertó en el segundo siguiente después de su muerte, con todos sus recuerdos y facultades), era irritante.

un-fastasma-furioso

   Mientras Sam y Dean queman cadáveres, algo de lo que jamás nos cansamos, Mary vuelve a la casa, sabe que algo retiene a los niños, un verdadero fantasma adulto, que la atrapa. Los chicos llegan, Dean lucha, Sam encuentra el buffy-la-cazavampiroscadáver tras la pared y lo quema, el fantasma desaparece y los niños parten al Cielo. Fue el único punto interesante del caso, como el por qué ese sujeto llegó a eso, un fantasma celoso y furioso de la dicha de otros, y lo desperdiciaron en tres minutos. Llegamos a la confesión de Mary, de cuál es el problema: extraña a John y a sus hijos. Hasta que despertó en ese paraje, traída por Amara como un regalo a Dean, ella estaba en el Cielo con el hombre al que amaba, con su pequeño Dean de cuatro años y Sam, su bebé. Y la sacaron de allí, donde vivía una burbuja eterna de felicidad, que creía real, y ahora está sola, John muerto y de sus bebés no quedan sino esos dos hombres a los que poco conoce. Me recordó esa escena de Buffy, la caza vampiros, cuando muere al final de una temporada, sacrificándose por la hermana que le apareció de manera mágica, y Willow la regresa a la vida, y allí andaba, todos dándole la bienvenida, y ella confiándole al vampiro de pelo blanco que estaba en un sitio de luz y calidez, cobijada, feliz y en paz, sin luchar ni preocuparse, y ahora está allí, y que quiere regresar a ese lugar de donde la arrebataron. Fue un gran momento de la caza vampiros, como lo fue este de Mary.

mary-se-despide-de-sam

dean-y-mary

   Así esta Mary, se siente triste, de duelo por lo perdido. Los ama pero no puede compaginar tan fácilmente las dos realidades. Según como son, cuando ella expresa el deseo de apartarse por un rato, Sam entiende aunque está triste y corresponde a su abrazo, Dean no, casi se aparta, lastimándola. Son los viejos caracteres, el Dean que siempre quiso reunir a la familia costara lo que costara, y aunque los demonios usaran esa necesidad para lastimarle. Mary abandona la baticueva, y era bueno, por un lado. Viendo los primeros veinticinco minutos del episodio, temí que se volviera tan fastidiosa como Rowena cuando estaba con Crowley e intentaba influirle (capítulos letárgicos). Por otro lado… bien, esperaba verlos sentados en un bar, Dean coqueteando con una chica, que ella llegara y la otra se apartara; o las caras de sorpresa cuando ella le reclamara algo y este respondiera “si, mamá”, rodando los ojos; incluso que ella, como parte del subtexto, se interesara en sus vidas románticas, preguntando por Castiel. Hubo muchas cosas ligeras que pudieron hacerse, pero los escritores no han parecido poder con la trama. Pero, en fin, hay tiempo… Mary Winchester está viva y anda por ahí.

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   ¿Crowley formando pareja con Castiel para buscar a Lucifer, como unos Sam y Dean cualquiera? Era ridículo, pero también divertido, me gustó; hay química entre ellos. La cara de Crowley cuando Castiel cuestiona que busca a Lucifer no por temor a su Reino sino para rescatara Rowena, no tuvo precio. Pero es esta la que se roba el show.

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   La poderosa bruja vive bajo el temor de ser asesinada y que esta vez sí se quede muerta, y para evitarlo le ofrece a Lucifer endurecer el recipiente que usa y que ya se cuartea. Lo hace, pero es una maldición para terminar de destruir ese cuerpo y enviarlo lejos. La mujer corrió peligro, y mucho, pero fue más lista y al final logró burlar al demonio mayor.

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   No imaginan cuánto me gusto esa escena, Lucifer furioso, gritando impotente, derrotado. Era la Rowena de siempre, la misma que engañó a Crowley, a Sam, Dean, Castiel, y ahora a Lucifer (y no entiendo, siendo un ángel ¿no se le puede alejar con el símbolo ese?). Ella fue, sin dudar, lo mejor del episodio.

   Bien, también ella se separa de Crowley, no formará parte de la patrulla ángel-demonio para buscar a Lucifer, pero si lo encuentran ella regresará a ayudar, ya que también está en la picota. Las madres se apartan (y que Rowena todavía viva es casi increíble). Y esto abre muchas preguntas, ¿continuarían Crowley y Castiel juntos? ¿Qué dirá Dean al respecto (los novios juntándosele)? Pero lo interesante es Lucifer, sigue por allí, sin su recipiente, reaparecerá, lo sabemos, ¿idearán una gran trama al respecto o le desperdiciaran como hicieron con aquellas facciones de ángeles que luchaban al caer del Cielo, o los leviatanes, o los nazi nigromantes, o la familia de Frankenstein que mataron a Charlie? ¿Ya no puede reiniciar el Apocalipsis o algo que se le parezca? ¿Qué nuevo recipiente tomará? Esperemos que sea un actor tan carismático como Mark Pellegrino. ¿Imaginan un Lucifer mujer? Hubo una serie, la vi en AXN, sobre un reaper así, que antes de que se venciera el tiempo de la gente que hizo pactos con el Diablo, intentaba que se arrepintieran y se salvarán (casi nunca lo logró), y en una escena decembrina va por una calle y una bonita patinadora viene, sonriéndole, le abraza y besa. El sonríe hasta que los ojos se le ponen rojos a la chica y sabe que es el Diablo. Dios, cómo me reí de la cara que puso y el grito que pegó. También ahí jugaban con cierto bromance.

   Bien, veamos qué pasa ahora con nuestros chicos…

SAM, DEAN Y LA PESADILLA AMERICANA; 04×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 22

noviembre 1, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 21

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Debemos…

   -Okay, okay. Irnos. Recogeré todo. –exclama furioso, saliendo del cuarto.

   Dean no quiere pensar, no desea alterar a Sam, molestarle, no puede enfrentar eso ahora, cuando justo en esos momentos miraba de cara a los demonios que han torturado buena parte de su vida, la vieja maldición: amar demasiado a Sam. Una vez, en ese cuarto, pensó que podría dejarlo todo atrás, junto a Nicholas Stanton, pero…

   El silencio se hace ominoso, Sam debía… Llevado por ese viejo instinto que le obligaba a buscarle y consolarle, sale del dormitorio principal… para encontrarle caído cuan largo en el suelo alfombrado.

   -¡Sam! –jadea.

   -Vaya, vaya, parece que será fácil devorarte, amigo. –informa un sujeto que aparece frente a sus ojos, piel cobriza oscura, rasgos latinos y negros, de largo cabello en crinejas, llevando en las manos un arma.

   A Dean se le hiela la sangre al verle arrojarla a un lado y lanzar un bramido entre humano y animal, comenzando a transformar sus facciones. Da un paso atrás y otro rugido le hace pegar un bote, en la entrada de la cocina, donde tal vez le buscaban, está otro de los sujetos. Le tenían entre dos aguas… y Sam estaba caído.

   Eso era lo más preocupante e inquietante. Podía luchar y tratar de saltar sobre alguna de aquellas criaturas, ¿pero dejando a Sam? La idea sencillamente ni se le ocurre. Al contrario, una que le alivia un tanto era que, estando como estaba, el castaño no se daría cuenta de nada si le destripaban.

   -Ya quiero clavarte mis dientes. –ruge uno de esos tipos, el de crinejas, su rostro casi transformado, la boca sobresaliendo en hocico, uno por donde pasa su lengua con voracidad, para aterrorizar al rubio pecoso que viste únicamente un bóxer tipo bermudas holgado.

   -No te lo aconsejo. Estoy algo amargo hoy. –le sonríe con chulería, mirada fría, lanzando un ojo a uno y otro. Se sentían seguros, después de todo eran poderosas bestias peludas, enormes, hombres con caras de perros, manos como zarpas terminados en garras, un cambio tan violento que contaban con cuatro dedos únicamente.

   Seguros de la pelea, los dos seres se acercan lentamente hacia el rubio que retrocede, alejándose del caído Sam,  a quien evidentemente sorprendieron y golpearon por detrás. Mierda, debimos salir hace rato, se reprocha, pero pronto aleja el pensamiento, no le servía en esos momentos. Sólo le quedaba una oportunidad y la aprovecharía; esas criaturas de forma claramente perrunas se moviera con lenta y deliberada crueldad, disfrutando por anticipado del sujeto semi desnudo e indefenso. ¡Ignoraban que enfrentaban a un cazador!

   La criatura que llegaba por sus espaldas, lanzando un feroz gruñido se le lanza encima…

……

   -Querido, que curioso, tú por aquí, no te esperaba. –se extraña un tanto la aristocrática Rebecca Stanton, levantándose del sillón donde tomaba una manzanilla, costumbre nocturna. Sus ojos escrutan al atractivo y altivo fiscal.

   -¿Necesito una invitación o una ocasión especial para venir, Nana? –le sonríe de medio lado, besándole una mejilla.

   -No, aunque ya no vienes tanto como antes… Como cuando Dean estuvo aquí. –apunta, mirándole a los ojos y tomando asiento nuevamente.

   -Abuela… -bufa bajando los hombros, manos en los bolsillos del pantalón. No quiere sostenerle la mirada.

   -Ay, cariño, soy vieja pero no tonta o pacata. Sabía y sé muy bien todo lo que ocurrió entre tú y ese lindo chico; todo lo que significó para ti. Lo que te costó sentir tanto. Eres un hombre frío y ambicioso, trazaste metas altas e implacablemente te moviste para alcanzar el éxito, sueños grandes, y para ello te comprometiste y casaste con Leslie; en un mundo donde todo estuviera bien, sin que fantasmas atacaran a una anciana en una enorme y lúgubre casona, habría sido perfecto. Pero entonces llega un chico chulo, pecoso y rubio, con sus enormes ojos verdes y te roba la paz, el sosiego… el corazón.

   -Abuela… -bufa otra vez, ceñudo, rojo de mejillas.

   -¿Quieres que te recuerde esa noche que te vi… llorando cuando descubrió tu engaño y se fue? ¿Toda tu rabia en esos días, las órdenes que impartiste a las autoridades para que le encontraran… y te lo trajeran?

   -¡Él se fue! –se defiende ronco, erizado, no queriendo recordar todo ese tiempo.

   -Te dolió tanto, te molestó así, porque era fuerte lo que sentías. Y no se fue, cariño, tan sólo no entendió que sintieras algo por él pero te entregaras a otra persona, relegándole al rato furtivo, a la escapada a media tarde. La persona con la cual violabas votos sagrados. Dean no era, ni es así, y creo que en el fondo lo sabías. –bebe de su brebaje.- Pensé que lo habías superado, pero ahora veo que no es el caso. –se ve intrigada.- ¿Qué harás, Nicholas Stanton? ¿El corazón o tu ambición? –suspirando frustrado, el hombre se deja caer en un butacón.

   -Creo que es tarde, abuela. Hay… alguien más. Una persona que siempre estuvo allí, que se apartó por un tiempo, pero ha regresado. –lo dice con amargura, mirando la mesita y sus complicados adornos de plata, cerámicas y cristal.- Mi momento fue aquel, Dean era mío y… -confiesa, atragantándose con disgusto y frustración.

   -Pero ya has hecho tu vida, amor. La que deseabas. No te quejes. –intenta confortarle, pero el hombre la mira, desconfiado, sonriendo.

   -Te entiendo, abuelita, la jodí y ahora debo atenerme a ello, pero… -echa la cabeza hacia atrás. Y una idea le llega de manera insidiosa… si tan sólo Sam no estuviera. Se pone de pie.- Necesito ir al baño. –anuncia y sale. La mujer bebe de su tasa.

   -Toda una vida de indicaciones y jamás aprendiste que a nadie le interesa saber sobre esas cosas. –sonríe con algo de tristeza. Sabe que no va al baño, y que sufre. El drama de su nieto fue jamás entregarse, gritar que amaba, exigir su amor, pelear abierta y francamente por lo que sentía. Pensó resolverlo todo con trucos, engaños, fingimientos. Ahora padecía el infierno de los tibios de corazón. Y lo sentía por él.

   Abriendo la puerta de aquel dormitorio donde Dean Winchester convaleció, a Nicholas le alcanza el hecho real de que en un tiempo tuvo al rubio pecoso en su vida, entre sus brazos, en el lecho. Ahora se siente más frustrado mientras camina hacia la cama hecha y se deja caer sentado. Cierra los ojos con fuerza y le parece estar allí, otra vez, de espaldas sobre esa cama, totalmente desnudo, con la abuela no muy lejos igual que sus doncellas, preguntándose en esos instantes, de manera casi perversa, si imaginaban lo que allí ocurría. Y era posible dado los gruñidos del pecoso. Dean sobre él, desnudo y a hojarascas sobre su regazo, rubio y dorado, guapo, atrapándole los costados con las rodillas, las manos tras su cabeza, el joven y armonioso cuerpo totalmente envarado se agitaba, casi de adelante atrás, con el culo totalmente lleno con su verga casi rojiza, apretándosela, halándosela con las ardientes paredes de su sedoso recto. Aún ahora, en ese cuarto, años después, le parece verlo, sentirle, cuan vaquero sobre un potro, gimiendo, gruñendo al sentir el roce de su verga contra sus entrañas, el muy pillo asegurándose, una y otra vez, que la punta de su tranca le golpee en la próstata. A Dean le volvía loco aquello, tener su agujero caliente y vicioso totalmente cerrado alrededor de su falo, subiendo y bajando, agitándose de adelante atrás hasta que alzando la cabeza, con un grito ronco y la cara muy roja…

   Dean… el pensamiento llega fácil, pero se siente extraño, todo comienza a dar vueltas a su alrededor mientras siente que le falta el aire. Alarmado quiere ponerse de pie, aflojarse la corbata y llamar a alguien, pero no puede. Se ahoga, le parece que se desploma en una espiral de oscuridad. Tan sólo una idea le domina: Dean, Dean, Dean…

   Cae hacia atrás, sobre el colchón, muy rígido, ojos abiertos y llenos de humedad, tembloroso. ¿Qué diablos le pasaba?, se pregunta alarmado, porque a pesar de sus parpados separados, todo va oscureciéndose. Dean…

……

   La criatura se le arroja con la arrogancia y malevolencia del ser poderoso que aterroriza y matará a otro ser, uno indefenso. Pero, se dice Dean con una leve mueca, no contaban con los cazadores. Retrocede casi hacia la puerta de la entrada del dormitorio, la cadera chocándole con uno de los mil porta floreros del apartamento, metiendo la mano tras un florero vacio, tomando un brillante cuchillo de hoja afilada, lazándole un tajo al ser cuando alargaba su zarpa de garras abiertas. Le hiere en el dorso de la mano, y un aullido aterrador de dolor escapa de aquella boca ya inhumana. Si, no conocían la plata, eso concordaba con cierta idea que se había estado formando en su mente dese que comenzó a sospechar de Leslie, la mujer de Nick.

   El ser, totalmente asombrado, sangrando, adolorido y furioso, da un salto atrás. Nunca nadie se había resistido, peleado. Nunca les habían herido en aquella forma. El otro, no comprendiendo se lanza también, recibiendo un tajo en el brazo, la sangre y el grito de sorpresa es parecido al del primero. Los monstruos, dedos crispados, los afilados dientes mostrados en una mueca de odio y rabia, miran a cazador, que sonríe chulo, moviendo la brillante hoja ahora algo oscurecida, de uno al otro, aunque sabe lo precario de su situación.

   -Plata. Desde nuestro encuentro de la tarde imaginábamos que algo tenían que ver con la familia de los licántropos, o los caninos. Hombres lobo o chihuahuas, todos ustedes odian esto. –les insulta, bailando el afilado cuchillo ensangrentado para que lo vean.

   No le agrada nada la mirada astuta y cruel del segundo herido, el ser de las crinejas largas, que destacaban grotescamente en aquella criatura. Intercambian una mirada y el cazador siente un nudo en el estómago, uno se lanzará contra Sam, esperando su reacción, que se sostenga en su punto o alargue el brazo para proteger al caído, exponiendo su propio cuello. Lo que ocurrirá, casi con toda seguridad si no es certero y rápido.

  Cuando el primero se lanza hacia Sam, cayendo dramáticamente de rodillas, Dean, semi inclinado, lanza un tajo, alcanzándole superficialmente pues este lo esperaba. Por el rabillo del ojo nota que el otro ya viene, se vuelve, pero no lo suficientemente rápido. Lanza un grito cuando un manotón de aquella zarpa le alcanza de lleno en el codo, electrificándole el brazo… obligándole a soltar el cuchillo a sus pies. Lo mira, que tonto fue, debió imaginar que crispaturas sádicas como estas intentarían no desgarrarle acercándose a su cuello, sino desarmarle para divertirse un rato, pero…

   El aullido de triunfo le llega, bañándole la cara, el pecoso rostro se vuelve a tiempo de verle alzar una de las zarpas, rumbo a su cuello, para retenerle. Tenían órdenes, lo sabe, debía sufrir un buen rato en sus manos. Alguien deseaba cobrarle algo. Esa mujer. Y Sam… Le mira, rápido, todo ocurre en segundos.

   No despiertes, Sam, ¡no lo hagas! Pero este ya se agita sobre el piso.

CONTINÚA … 23

Julio César.

MAMÁ WINCHESTER; 02×12

octubre 27, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   Los insoportables ingleses…

   Como siempre les digo, Supernatural es un programa que no tiene malos episodios, tan sólo algunos no son tan increíbles como otros, y uno sólo los miraría una o dos veces de nuevo. No más. Y este segundo episodio de la doceava temporada, “Mamma Mía”, fue uno de los no tan geniales, cosa que se nota bastante después de un gran inicio de temporada. El primero fue intenso, este, en una frase, se quedó colgado. Quedó por debajo de las expectativas muchas veces.

mamma-winchester

   ¿Lo rescatable?, mamá Winchester pateándole el culo a la inglesa que torturaba a sus hijos. Se dividió la historia en dos puntos, Dean, Castiel y Mary buscando a Sam, el cual sigue siendo sondeado por la inglesa Toni, y Crowley persiguiendo a Lucifer, reclutando a Rowena para la pelea. Y realmente me gustó un poco más esta trama, ese par se las traen. Viéndolo bien, si, fue un episodio de mamás.

sam-and-toni

   ¿Sam y Toni en la cama?, no necesitábamos saber que era parte de algún hechizo, aunque hubo más picante y salero que cuando hacía escenas de cama con Amelia, llevando una franela. Esa trama sí que era insulsa.

   De verdad no tengo mucho que agregar, Dean se confía a Castiel que siente que no todo es normal con Mary, porque no se comunican, han estado separados mucho tiempo, para uno ha pasado toda una vida, la otra regresa después de tanto tiempo al punto donde estaba, cuando tenía un niño de cuatro años y un bebé a quien puso en peligro en un pacto con un demonio para recuperar al marido muerto. Y se entiende esa lejanía, así como la inquietud de la mujer a su encuentro con Sam. Logran ubicarlos, el lugar está protegido contra ángeles, Dean no permite que Mary le acompañe, y comienza lo bufo.

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   Este cae en una trampa y es capturado. Toni, que se deja de hechizos y ahora tortura en serio a Sam, preguntándole por su relación con Ruby, le amenaza ahora con un Dean atado. Qué tontería, pensé. Aparentemente lo de ser los mejores cazadores se debe, como sostiene la mujer, a que tienen más suerte que habilidad. Ese detalle me molestó. Ella le tortura y le pregunta por Benny, punto este me agradó, las veces que se han unido a esos seres sobrenaturales, aunque fue raro que no le preguntara sobre su romance de verano con Crowley.

   Llega mamá Winchester y hay una pelea que si me gustó mucho, la mujer le patea el rabo a la otra, quien tiene que recurrir a un hechizo para pararla (y cómo molestó ese detalle), pero ya Dean se libera y la salva. Quieren acabar con Toni pero llega otro inglés, un jefe, quien les dice que si quieren interactuar con ellos para salvar a Estados Unidos como lo hicieron con Inglaterra, pero no como lo hizo Toni, y exige llevársela, aunque pueden terminar siendo aliados. Y aquí hago un alto. Dean dejándose atrapar así, tan fácil, fue insatisfactorio, el reencuentro con Sam quedó muy por debajo de las expectativas, le creía muerto, carajo, y el otro parece notablemente tranquilo al verle tan lastimado; que ella les increpara cosas y Dean callara, me molestó, él que es chulo y respondón aún con Lucifer, Muerte o Alastair. Toni hechiza a Mary, y Dean no le dispara para que no le pase nada a su madre, y luego la golpea para desconcentrarla, ¿no habría sido igual con un balazo en la frente?

   No me agradan estos personajes, especialmente Toni. Amé a Bela en cuanto apareció en la tercera temporada cuando cazaban la pata de conejo; amé a Ruby, las dos versiones, aunque con Genevieve Cortese me llevó más tiempo porque me había encantado la primera; me gustó Anna, y Gabriel, hasta el hijo de perra de Zacarías; me agradó Crowley desde el principio. Con Megan, cuando apareció en la primera temporada, en el episodio del espantapájaros, la odié, luego la amé intensamente. Pero con Toni me pasa como con Amelia, no me cae bien. Para nada. Bueno, por ahora.

dean-come-pastel

   Todos regresan a la baticueva, cada uno por su lado después de una escena tibia donde lo único bueno fue ver a Dean comer pastel.

sam-and-mary

   Me gustó el reencuentro de Sam con Mary, pero en líneas generales parecía que cada quien vivía una realidad distinta, que todavía no son familia. Para ellos, fuera de rescatar Sam, las aventuras fueron bastante sosas.

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   Rowena anda buscando un marido rico, pero Crowley la amenaza con sabotearla si no la ayuda a detener a Lucifer, quien ha encarnado en un viejo roquero, de los clichés, con todo y trauma provocado por su vida disipada que llevó al suicidio a su esposa. Cuya imagen usa para lograr que diga que sí. Me agradó ese personaje. Ver su enfrentamiento, ya como Lucifer, con Crowley, y este proponiéndole un trato para gobernar uno el Cielo, el otro el Infierno, fue rechazado pero interesante. Rowena y él le tienden una trampa para encerrarle en la jaula que casi funciona, la escena del ácido fue genial, pero Lucifer resulta muy fuerte y Crowley escapa dejando atrás a Rowena. La cara de esta fue un poema. El Diablo mayor se propone conservarla como prisionera, por ser una bruja poderosa, aunque antes quería romperle el cuello y que se quedara roto.

   Esta trama fue mejorcita. Aunque… ¿para qué coquetea Rowena con nadie, no le basta con hechizarlo? Y Lucifer dándole vueltas al roquero se pareció mucho a la del primer episodio de la quinta temporada. Es una apuesta grande dejarle libre. Fueron muchos de estos detalles los que me dejaron insatisfecho, lo confieso.

   El final nos muestra un nuevo enemigo que se acerca, traído por el sujeto que supuestamente pactaría con los Winchester, aunque parecen que tanto él, como lady Antonia consideran que deben acabarlos. Es interesante lo de este “sicópata”, como le llamara Toni el episodio pasado, desde Alastair el terrible, no hemos tenido a otro buen personaje de este tipo.

   Veremos qué ocurre. Nos deben algo fuera de serie…

ACABADO… EL ASUNTO DE LAS MAMAS; 03×12

Julio Cesar.

SÉ MI AMIGO, JEN… 11

octubre 22, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 10

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Mira, sé que fui un idiota, pero acabo de disculparme, no sólo como no suelo hacer, sino de corazón. De verdad no quiero que nos distanciemos o… nos separemos disgustados. –se le escapa, revelando demasiado, se dice acalorado. Por suerte Jensen parece tener sus propios problemas para hilvanar ideas. O hablar.

   -Lo sé, te escuché y… lo agradezco, que vengas a mi puerta y… -sonríe entre divertido y apesadumbrado. Le mira a los ojos y en las verdes pupilas el castaño encuentra una intensidad que le abruma por un segundo.- No quiero que me tomes por idiota o malagradecido, Jay… -lo dice con una sencillez y facilidad que provoca un parpadeo al otro, y un aceleramiento del ritmo cardiaco.- Pero no quiero otro día como este. Nunca más. He pasado por malos ratos, créeme. Y no sólo cuando todos mis planes saltaron hechos añicos por las cucarachas esas, o cuando debí enfrentar a mis padres, conocidos y… a la joven con la cual salía en esos momentos para decirles que había perdido todo. Fueron momentos horribles, duros, unos que no deseo volver a vivir ni en mil años. Me quedé sin nada, lo perdí todo, pero no quise sentirme expuesto a la lastima o las criticas; por eso… acepté un trabajo inmundo y vivir aquí, donde sé que ni las cucarachas vendrán… -intenta una broma.- Para no tener que encarar a ninguna de esas personas, no tener que responder un “¿todo bien de dinero?”, como con ganas de alargarme unos cuantos dólares. No quiero deber, no deseo depender, no busco comprensión… o piedad en los ojos de nadie, ni siquiera de mi familia.

   -Pero me buscaste a mí. –Jared escucha, sintiéndose mal por el rubio.

   -Porque tú no me conocías bien, no sabías de esa historia patética de fracasos. Vi que te vas a casar y pensé… debe ser muy feliz, tal vez recuerde a un tipo que conoció una vez y quiera darle una oportunidad, ¿por qué no tocar esa puerta? –encoge un hombro.- Llegarme y pedirte que me dieras un trabajo en alguna de las cocinas de tus hoteles. Fui y toqué, no sabiendo qué esperar. Y recibí más de lo que pude suponer. No imaginas el alivio, la paz que sentí desde que me contrataste. Pero hoy… -baja la mirada, sus hombros caen.- Por Dios, creo que prefiero volver a soportar la mirada de papá cuando le dije que perdí sus ahorros a tratar con tu desprecio. Sí que lo sabes hacer, Jay, lacerar. Herir.

   -Jensen… -casi brama dando un taconazo contra el piso alfombrado, exasperado y dolido, ¿no se había disculpado ya por haber actuado como un idiota?

   -No quiero vivir… -comienza alzando las manos. Enrojecido, parece no poder darse a entender, tal vez porque ni él mismo lo entiende cabalmente. El rechazo de Jared, su disgusto le había lastimado de una manera extrañamente punzante, superando la rabia. La desazón, el malestar, ese dolorcito latente había sido… insoportable.

   -Te juro que nunca más te haré sentir mal. No te gritaré ni… -comienza atropelladamente, no deseando escucharle decir que no volverá al trabajo. La risita del otro le silencia.

   -No creo que puedas, en verdad, controlar esa parte.

   -Por favor, créeme, quiero arreglar esto. –nuevamente siente que habla de más, agitando una mano entre los dos.- No quiero perderte, Jen. –el diminutivo sale fácilmente, casi ni repara en ello, aunque si en el parpadeo del rubio.- Tú… me ayudas.

   -¿En qué? –le reta, cruzando los brazos.

   -Hablando contigo esta mañana se me ocurrió algo que me sirvió para resolver el problema con el viejo Howard, te lo dije. –confiesa con una sonrisa, aunque no piensa contarle más. Le agrada verle sorprendido.

   -Si, ya lo habías mencionado, pero, ¿en serio? No recuerdo haber dicho nada…

   -Hablaste de un hombre que amaba a su familia, apelé a eso. –ya, eso será todo lo que aclarará sobre el chantaje, se jura.- Y no importa que entiendas, funcionó.

   -Guao, entonces merezco un aumento, ¿no? –se burla, sonriendo leve, notándose que quiere hacer las paces, quedarse. Y a eso se aferra Jared, con la adrenalina corriéndole por las venas.

   -Si demuestras ser capaz de mascar chicle y caminar al mismo tiempo, hablamos. Pero para eso… debes quedarte conmigo. –se oculta en bromas. Y espera.

   -Okay, Jared… -el corazón le late con fuerza cuando el rubio le tiende una mano, correspondiéndole, atrapándola y pensando que le habría agradado más si le hubiera dicho “Jay”.- Te debo mucho, y quiero el trabajo. Y… -rueda los ojos, algo rojo de mejillas.- …No eres un ser humano totalmente desagradable como te imagina uno por los reportajes. Me gustaría seguir trabajando para tu compañía, pero… debes prometerme, que en la medida de lo posible, harás todo lo que puedas para controlar tu genio; no tratarme, o tratar a otros frente a mí, con esa deliberada crueldad que mostraste hoy.

   -¡Hey! –se alarma. El rubio no temía llamar las cosas por su nombre.

   -¿Es un trato? –le estudia, sonriendo, sus manos unidas todavía, aunque tal vez el asunto ya estaba tardando demasiado. Se sobresalta un poco cuando Jared le hala acercándole a él y llevando las manos unidas a su pecho. Siente el latir de su corazón y eso le parece abrumadoramente íntimo.

   -Prometido. –concede, sonriendo bonito, como un niño. Había querido sorprenderle con el gesto, jugando, pero aún él nota como se incrementan los fulanos latidos, así que le suelta.

   Algo rojos de caras, se miran, no sabiendo qué otra cosa decir. Jared, metiendo las manos en los bolsillos, sonríe chulo.

   -Entonces, ¿terminó este momento de chicas? ¿Puedo olvidar que dijiste que soy tan importante en tu vida que mi opinión te trastorna mucho? –puya. Le encanta ver como Jensen alza los hombros desafiante, notando el brillo en sus hermosos ojos (mierda, si, eran hermosos), sonriendo igual.

   -Y yo olvidaré que estabas celoso de que otra persona me hablara, incluso tu hermana.

   -¡Touché! –estalla en una risa, rojo de orejas. Es cuando… Olfatea casi asombrado.- ¿Qué coño es ese aroma glorioso?

   -¡Oh, diablos! –exclama Jensen, bordado el muro y llegándose al rincón que ocupa, según él, la cocina. Jared le sigue y sobre una plancha grande, divisa dos enormes pedazos de carne para hamburguesas humeando. De allí partía ese olor enloquecedoramente bueno a comida.

   -¿Qué haces? –pregunta, prácticamente detrás del rubio, el espacio era estrecho y habían muchos trastos para cocinar. Este se vuelve, mirándole con ironía, haciéndole rodar los ojos… aunque le gustaba ese gesto del pecoso.

   -Hamburguesas, ¿no lo ves? Dios, debes ser realmente rico para no reconocer…

   -Córtala ya, rubio tonto, lo pregunto porque me parece extraño que un cocinero… -se burla, viéndole tomar una paleta metálica y volver la carne sobre la plancha.

   -Soy, chef, maldita sea, y aún yo amo las hamburguesas. –se defiende, y se miran.- Me muero de hambre, no he comida nada prácticamente desde el desayuno. Arruinaste mi almuerzo con tus reclamos.

   -Tampoco yo almorcé… o cené, y en mi caso es prácticamente un signo apocalíptico; ya debe haber gente en el Vaticano revisando alguna tabla, si esto se supo. –contesta. El olor era increíble, pero…- Deja eso, apaga y vamos a cenar. Yo invito.

   -Ya preparé la carne, bastante a decir verdad, cuando estoy… pensativo, eso me relaja; y casi terminé la ensalada, una de mis preferidas cuando… -le encara, mejillas algo rojas, y no termina lo que decía.- Si quieres quedarte y acompañarme… -invita, azorado, mas por la mirada fija de Jared, que por otras cosa.

   -Me encantaría, pero… ¿ensaladas? Soy texano y… -comienza con fingidos reparos, Jensen ríe.

   -Lo sé, Jared, he leído tu biografía, una historia de abigeato y desvergüenza, ¿recuerdas? –va a la estrecha nevera, abriendo y buscando algo, la corta franela se despega del borde del pantalón y los ojos del castaño se clavan en esa porción de piel expuesta, en el borde del bóxer azul pálido, sacudido por emociones y sensaciones que no entiende.

   -Eso asusta, suena a acoso. –dice algo, para disimular, apartando la mirada, caliente de cara, pero deseando echar otra ojeada.

   -Ya quisieras tú que te acosara. –se burla Jensen, más ligero, sacando dos botellines de cerveza, tendiéndole una.- Soy bueno en eso.

   -¿En serio? Fuera de mí, ¿a quién otro has asechado? -destapa la botella y bebe, con dificultad, porque Jensen, destapando la suya, eleva el cuello y toma también. ¿Por qué coño era tan difícil dejar de mirar su manzana de Adán moviéndose, ese largo y recio cuello? Seguro que, en el sexo, cuando usaba la lengua… Más acalorado, casi se termina la fría bebida. El hambre le tenía delirando, definitivamente, se dice como excusa.

   -Bueno, no es algo que cuente… -responde con una sonrisa divertida, dejando la botella en el mesón, volviendo a la nevera, inclinándose, mostrando piel, espalda recia, borde del bóxer… y el trasero redondo. Y el castaño no aparta la vista. Algo rebusca.- Pero Stan Lee pidió una orden en mi contra. –Jared no puede contener la risa.

   -¿Eres un nerd del comics? Dios, ahora me siento menos especial.

   -Oh, no, eso nunca, Jared; estoy seguro que eres una persona muy especial, el chiquitín especial de tu mamá. –se burla, sacando un tazón con algunos vegetales, frascos de cosas, y más carne lista para ser aplastada en la plancha.

   -Idiota. –es la réplica ligera, automática.

   -Cuando lo dices tú, no tiene el mismo impacto. –le mira y sonríe chulo. Destapa un frasco de mayonesa, vierte buena parte en el bol y revuelve, también sal, pimienta y lo que parece una infinidad de otros aderezos como aceites y vinagre, con esos rociadores de especias que Jared regala a la gente cuando se queda sin ideas. No sabía que se usaran en verdad, como no fuera en las cocinas de hoteles y restaurantes.- Prueba… -el rubio le ofrece, con la cuchara, aquella mezcla muy verde.

   -Si me intoxico…

   -Come o lárgate.

   Todavía no muy convencido, acercando la boca, atrapa pedazos de la ensalada, todo aderezado con la mayonesa. Y siente una explosión de sabor.

   -Hummm… -se ve sorprendido.

   -Te lo dije. –sonríe Jensen, satisfecho.- Mi ensalada de aguacate es muy buena. No como para comercializarla, pero si para las amistades. –deja el bol sobre un mesón estrecho y coloca más carne en la plancha.

   -¿Puedo ayudar? –se termina la cerveza, mirándole, por alguna razón le gustaba hacerlo, ver la nuca amarillenta oscura, los anchos hombros bajo la franela, espalda y brazos tensándose al aplastar carne con una mano mientras bebe con la otra.

   -¿Qué tal si sacas el pan de ese estante y otras dos botellas? Pero, te lo advierto, no quedan muchas. Michael… -comienza y se detienen, tensándose, Jared lo nota, incomodándose también. Por alguna razón le disgusta ese nombre y la idea de ese sujeto, el tal Michael.

   -¿Un amigo? –pregunta como de pasada, dándole la espalda, sacando los botellines y destapándolas después de sacar una bolsa de pan de hamburguesa del estante señalado. Se acerca para entregarle su cerveza.

   -Más o  menos. –es evasivo, a propósito.

   -¿Es la persona a quién pensabas gritarle cuando abriste la puerta y te encontraste conmigo? –interroga, con una precisión tal, lo entiende, que le sobresalta; se ubica muy de cerca del rubio. Estaba, lo sabe, en su espacio personal.

   -No quiero hablar de eso, no ahora… -Jensen, tomado por sorpresa por las palabras, se vuelve, agitado al verle de pie, tan cerca, más alto al estar descalzo, chocando de él, retrocediendo por impulso, el trasero contra la cocina y la plancha.

   -¡Cuidado! –alarmado, con un brazo le rodea la  cintura, halándole, separándole de la plancha caliente, estrellándole contra su cuerpo, las manos de Jensen, que suben, cayendo sobre su torso. Chocan, muy juntos, la enorme mano libre de Jared abierta, la palma contra su espalda sobre la franela, y se miran.

   Y el castaño sabe que está en problemas, en muchos problemas… no quiere soltarle.

CONTINÚA … 12

Julio César.

NOTA: Pensaba subirlo anoche y se me pasó. Por suerte no lo borré.

SAM, DEAN Y MARY WINCHESTER EN LA CARRETERA, 01×12

octubre 18, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

   El camino todavía nos ilusiona, y lo que queda por ver.

   La espera para el inicio de la nueva temporada se me hizo realmente larga, y no lo entiendo, ¿ya no debería estar un poquitín cansado después de más de once años de Supernatural, visto todo lo que ha ocurrido? Pues, no. Tuve que esperar que uno de los portales menos desconfiables subiera el episodio subtitulado para poder disfrutarlo; fue pesado, tanto que me pareció  mejor descargarlo, pero lo vale, la calidad de las escenas fue maravillosa. Comienza la doceava temporada de las tan esperadas aventuras y desventuras de nuestros héroes, Sam y Dean, acompañados por el angelito de Dean, Castiel, y ese diablo que quiere meterse y a veces se gana su espacio, Crowley… pero esta vez aparece una de las míticas, Mary Winchester. Y el resultado me encantó, pero supongo que eso ya lo imaginan quienes saben cuánto amo este programa (ah, ¿quién no querría ser Dean Winchester?, sin la maldición, claro).

   La historia puede dividirse en tres toletes, Dean reuniéndose con Mary y Castiel, sabiendo que Sam fue secuestrado, lanzándose en su búsqueda; el menor en manos, y siendo feamente torturado, de La Mujer de Letras británica, Toni, de la cual no quedan muy claras muchas cosas (aunque la entiendo un poquito, cosa que no me ha ganado simpatías); y Crowley persiguiendo una sombra, un rumor, que Lucifer busca un recipiente para regresar a la pelea, deseando aplastarle antes de que ocurra (¿imaginan su encuentro con Mary Winchester?, Dios, ya quiero verlo). Cinco cosas me encantaron de este episodio, hubo una que odié y me dejó gruñendo entre dientes.

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   De las que más me gustaron, de menos a más, fue el camionero con cara de buena gente en la carretera que ve algo que viene cayendo del cielo, estrellándose, y un hombre apareciendo preguntando dónde está; la respuesta “¿en la Tierra?, fue genial, creo que temía fuera Superman. Y Castiel lo duerme y lo deja en la carretera, ¿y si le pasa por encima una carreta amish? Eso no lo pensó.

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   Lo otro fue ver la cara de Mary Winchester cuando ve el impala, notándose que comparte ese amor desmedido de Dean por la belleza; su expresión, y todo lo expresado sin palabras cuando mira los asientos, obviamente pensando en John, y pillándola Dean, fue todo un poema. Por la cara que pone este (y pocas caras como la de Jensen Ackles para dar a entender tanto sin hablar), sabemos que entiende perfectamente el qué recuerda la mujer, comprendiendo que fue allí donde le concibieron.

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   Me gustó el reencuentro de madre e hijo, justo allí donde todo quedó la temporada pasada, con Mary derrotando e inmovilizando a este Dean confuso (también le había presentado buena batalla cuando esta era joven y la seguía cuando ella cenaba con John); la charla, las explicaciones, ella recordando el incendio, su muerte, la manera en que todo encaja y ese abrazo que se dan. Hay mucho para asimilar, y a la mujer le cuesta, pero lo hace con la facilidad de quien ha vivido entre cazadores y ya ha oído, como lo expresó, de gente que ha regresado de la muerte. Me gusta que esté porque para Dean el recuerdo de esa familia que perdió siempre ha sido importante. Por ello amaba a Ellen, y a Bobby, que fue más padre que John.

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   Me gustó ese Sam desafiante que enfrenta a las británicas que quieren sacarle información para “guiarlos” en la lucha contra lo sobrenatural, el nombre de otros cazadores norteamericanos y dónde encontrarlos, para ayudarles a que funcionen como ellos en el Reino Unido, y este respondiéndole algo increíble: “O para que terminen encadenados y torturados”. Y es cierto.

   Pero lo que más me gustó fue la cara de Mary cuando Castiel se arroja sobre Dean, dándole ese abrazo que demuestra que nuestro ángel si tiene sentimientos (cosa que ya sabíamos, especialmente para con el mayor de los Winchester); es parte de lo que espero en esta temporada, ella indagando, preocupándose y hasta censurando sus vidas íntimas, sin esposas e hijos (nietos), y entendiendo que sólo el ángel esta allí para el mayor.

   ¿Qué odié?, que Sam continúe en manos de esos perros ingleses. Cuando noté que faltaba poco para terminar el episodio, y seguí allí, ah, qué rabia.

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   Fuera de la adaptación de Mary a este tiempo, de Dean a tenerla cerca y comenzar con ella, y Castiel, la búsqueda de Sam, ignorando a quiénes enfrentan, buena parte de la acción se trasladaba al menor, siendo torturado por una Mujer de Letras que le detesta y le culpa de haber colocado al mundo cuatro veces en peligro, que ella sepa (y es cuando digo que algo de razón no le falta, especialmente con lo del Apocalipsis y la llegada de la Oscuridad), Sam les cuestiona por no ayudar en esos momentos. Se notó por la respuesta, que aunque se sometió al criterio de los “ancianos mayores” de no intervenir, la mujer no estuvo de acuerdo con esa actitud. Ancianos que uno imagina como el Consejo de los Amos del Tiempo, en Leyendas del Futuro, o Los Hombres de Letras de los cuales formaba parte Henry Winchester, que se conformaban únicamente con mirar y llevar registros.

   A pesar de que pueda parecer lógico o hasta deseable lo que dice y hasta lo que parece pensar cuando le asegura al castaño que sus métodos de batalla son mejores para combatir lo sobrenatural y que desean compartirlo con los cazadores norteamericanos, para lo cual quieren los nombres que él pueda darles, hay que concordar con la desconfianza de Sam. No se pueden esperar grandes fines cuando los métodos son ruines, eso ha sido cierto durante toda la historia de la humanidad, la pasada, la que se escribe actualmente, la que llegará después. La respuesta de este, mirándola retador, fue de lo más inteligente: ¿Confiar en sus palabras para que todos los que nombre terminen encadenados? Igualmente fue hilarante su desafío, ¿qué puede hacerle ella a un hombre que fue torturado por el Diablo en el Infierno? Por cierto, es la segunda temporada que el castaño comienza encadenado y torturado para sacarle información, hay que recordar a Cole Trenton, cuando cazaba a Dean, en la décima temporada.

   Como sea, le tortura, y feo, pero calla, y la asistente habla de llamar a otro sujeto, el cual parece más sádico, tanto que disgusta a la misma Toni; esto me recordó un poco una trama de la telenovela brasileña Xica da Silva, cuando la inquisición llegó al pueblo, toda esa brutalidad en nombre de Dios, en aquel caso, para un bien mayor en este. Dean sigue la pista, encuentran a la gente que ayudó a la mujer a llevarse a Sam, y me disgustó que no los apalearan. Ahora Toni sabe que Dean vive (Sam no, el pobre está soportando todo aquello “sufriendo la muerte de su hermano”, sin esperar recibir ayuda).

gracias-mama

   ¿La otra mujer encarando a Dean y Castiel, y apaleándoles?, me gustó una barbaridad, siempre son emocionantes esas escenas, aunque deseaba que Dean se fajara con ella como hacía con Abaddon. Cuando estaban caídos, Jensen Ackles todavía ingeniándoselas para verse bien, Mary interviene y la mata. Aunque… no sé, esperaba una pelea de gatas. Una Mary pensativa por lo que hizo, por saber que sus hijos están en aquella violenta vida, que John está muerto, se ve desalentada, pero Dean la consuela, dándole nombre al episodio, mantén la calma y sigamos adelante, en este caso porque Sam los espera y necesita.

   Este, torturado sicológicamente por algo que le inyectan finge su muerte y casi escapa, pero no mató a la mujer, por lo que esta se recupera y le encierra, quedando atrapado a merced de sus torturadores… ignorando que Dean vive, que le busca y que viene acompañado de un ángel furioso, y lo mejor, su madre. Ah, ya quiero ver ese encuentro también.

   Por cierto, Lucifer anda buscando recipientes, quemándolos, Crowley le sigue los pasos pero llega tarde; el policía diciéndole al otro que vieron a un loco consumido que se hacía llamar Lucifer, no tuvo desperdicio. Pobre Rey del Infierno, los demonios no le siguen, no le respetan, y el Ángel Caído amenaza, con su simple existencia, el trono que cree merecer. No será el Rey hasta que Lucifer desaparezca, y eventualmente los Winchester también deberán volver sobre este asunto… a menos que Lucifer también termine, como en algunos fics, como personaje regular. Y en la baticueva. Son capaces.

   Mientras suspiro me pregunto, ¿veremos en esta temporada que re cien inicia a Amara, la todopoderosa hermana de Dios, la única digna del amor del cazador… sacando a Castiel? ¿O a la amazona con quien tuvo un hijo? ¿Y los nazis nigromantes, algún leviatán rezagado o el alfa vampiro? Cole y Jodi siguen vivos, las “hijas” de esta también, igualmente Donna, así como la ya no tan niña cazadora…

MAMÁ WINCHESTER; 02×12

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 21

octubre 7, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 20

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   -Déjame en paz. –es la réplica furiosa, hervía de indignación por todo lo que sentía. Y Dean no ayudaba para nada.

   -La frustración sexual hace de Sam un niño gruñón. –canturrea, divertido todavía, al menos tenía algo que hacer ahora que su cita, una que se la había medio levantado toda la noche, le había fallado.

    No se esperaba lo que ocurrió. Viéndolo todo rojo, Sam salta de su cama, empujándole, haciéndole caer de espaldas sobre su propia cama.

   -¡Cierra la boca! –estalla el menor.

   -¿Qué diablos…? –brama Dean, al verse caer de espaldas, con el menor sobre él, furioso, intentando fijarle con el cuerpo y las manos, como ha aprendido de la lucha. Ah, pero él es Dean Winchester. Casi sonríe cuando enlaza los dedos con los del otro, desconcertándole por un instante. Qué tonto, piensa por un segundo, girando con fuerza el cuerpo hacia la derecha, derribándole, intercambiando la situación, ahora está sobre Sam, fijándole contra la cama, riendo de su frustración.

   -¡Suéltame!

   -Creí que querías jugar a ser el más grande. –todavía se ríe, sentado sobre su regazo, en bóxer, aún húmedo de la ducha, el tolete presionando contra la tela, bajando y tocándole al estar echado hacia adelante para sostenerle las manos. ¡Joder, la verga de Dean le tocaba!

   -¡Bájate! –Sam enrojecía alarmantemente, su tono era de pánico.

   -No aguantas una broma pero te gusta moles… -comienza Dean, sorprendiéndose, parpadeando, mirando sobre su hombro, hacia abajo.- ¡Sam, niño travieso! Es evidente que estás muy, muy, contento de verme. Y ya no pareces tan chico…

   -Dean… -la ira, vergüenza y timidez luchan por dominarle. Quería morirse… y en todo ese tiempo su verga iba endureciéndose, llenándose de sangre, sus carnes hinchándose, alzándose contra la tela… contra la hendidura del culo del rubio como buscando su camino. Y la idea, su verga en aquel culo, casi le hizo jadear.

   -¿Caliente, Sam? ¿Hasta el aire te la para? –le pregunta, labios torcidos, ojos brillantes como los de un gato.- ¿Te habría pasado hasta con el tío Bobby encima? –le reta. Y Sam quiere morirse, y teme que ocurrirá, realmente, al estallar en llamas, cuando el hijo de perra comienza a mecerse sobre su pelvis, adelante y atrás, rozándose contra su miembro, arrancándole un gemido.

   -No, Dean, deja de… ¡Ahhh! –el hijo de perra, era un hijo de perra, soltándole las manos, como retándole a bajarle, había enderezado su cuerpo, las rodillas contra sus costados, totalmente sentado sobre su regazo, sobre la joven, dura, caliente y pulsante tranca.

   -¿Quiere que baje, Sam? –pregunta untuoso, retador, sonriendo chulo, meciendo nuevamente su culo de adelante atrás, frotándose de su tolete que respondía con espasmos.

   -¡Hijo de perra! –brama con voz rota, jadeando, su delgado torso subiendo y bajando con esfuerzo. Ahora no sólo se rozaba de su piel, quemándole, sino que su verga también había endurecido dentro del ajustado bóxer gris, alzando la tela visiblemente, y el hijo de perra, porque lo era, se las ingeniaba para que fuera muy consciente del roce de sus bolas y su tranca dentro del calzoncillo.

   Era más de lo que Sam podía procesar, su mente se apaga y el instinto toma el control. Sus manos se alzaron hacia las caderas del pecoso, encontrando la suave y lisa piel algo húmeda, cálida y vital. Le ve tensarse cuando le agarra, erizándose bajo el contacto. ¡A Dean también le afectaba!

   Las jóvenes manos van a la baja espalda del otro, los dedos apuntando hacia abajo, metiéndose dentro del bóxer; respirando con dificultad, tragando en seco, los multicolores ojos totalmente brillantes, clavados en los de Dean… quien nuevamente se echa hacia adelante, permitiéndole tocar sus nalgas con mayor facilidad. Glúteos duros y turgentes donde sus dedos se clavaron mientras deja escapar un prolongado gemido.

   Samuel Winchester deja de pensar al sentir sobre sí el peso del joven, compacto y firme cuerpo de Dean, sobre su pelvis, sobre su miembro duro como una tabla, de donde el otro se frota en un ir y venir de caderas enloquecedor, aunque no tanto como le trastornaba tenerle atrapado así, con los dedos clavados en las duras nalgas.

   Dean tampoco piensa, tan sólo sonríe embriagado con esa sensualidad propia que iba descubriendo y que le hacía agresivo a veces. Sensualidad que repartía, o lo intentaba, generosamente entre las chicas que conocía, o los muchachos que no resistían sus chulerías, sus ojos verdes y pecas, que terminaban gritando contra una pared cualquiera cuando los enculaba en un apartado lugar. O las mamadas que se ha dejado dar por algún señor, una o dos veces (casi dos docenas), en los baños de alguna cafetería, gasolinera e incluso en la recepción de alguno de los mil hoteles por donde han pasado mientras su padre les arrastra en su venganza. Todas desde que cumplió los quince años y sus hormonas parecieron no sólo estallar, exigiéndole desenfreno, sino que exhalaban algo que afectaba a otros carajos. Sonriendo sobre Sam, experimentando la sensación de esa verga bajo su cuerpo, restregándose de ella, frotando la suya, lo sentía tan caliente como las delgadas manos del menor recorriéndole con ansiedad el trasero. Sonríe, ojos cerrados. Controlando la situación.

   Y Sam lo entiende así, resentido como siempre con el control que su padre y Dean tenían sobre su joven vida. Es eso lo que le lleva a actuar, ¿okay?, nada más, en ese momento, se dice aunque ni él mismo logra engañarse. Sin querer considerarlo más, que al sobrepasarse Dean le propine un tortazo desde su posición, o que se aparte (y no sabe cual opción de dolería más, en ese momento cuando siente que si no usa la polla le reventará de manera nada grata), lleva una de sus manos a la raja entre las dos turgentes nalgas, recorriéndola de arriba abajo y al contrario, con fuerza y desmaña de juventud, estremeciéndose cuando el rubio lanza uno de esos maullidos guturales de placer, sonido que toda su vida asociaría con el sexo especialmente satisfactorio en cuanto a excitación. Sus dedos, presionando contra la piel, suben y bajan, y Dean se agita sobre su cuerpo, echando la cabeza hacia atrás. Apoya uno de la entrada del poco peludo agujero y…

   -Sam, ¿qué haces? No creo que… ¡Ahhh! –la protesta del pecoso, al sentir el dedo del menor allí, se interrumpe cuando este penetra su esfínter, es un dedo delgado pero largo, tocándole de maneras que nunca imaginó se pudiera, o permitiera. Ese dedo palpa, roza y acaricia despertándole una desesperante lujuria, unas ganas enormes de exigirle que lo agitara más para quitarle la comezón que le comenzaba.- Hummm… -jadea largamente cuando ese dedo se medio retira y comienza a mete y saca desmañado.

   Y la visión de tenerle así, Dean cayendo decididamente sentado sobre su regazo y tolete, escucharle gemir de esa manera, la emoción de estarle metiendo y sacándole el dedo del culo a su chulo hermano mayor, y sentir cómo este se lo atrapaba y halaba, enloquece al muchacho. Quiere eso, tenerle así… Desea poseer el culo de Dean. Así que debe asegurarlo, piensa. Es un niño que gusta de leer, mucho, y el porno era parte de eso.

   -Sammmmm… -jadea agónicamente Dean cuando el chico agita su dedo, refregándolo de sus entrañas, empujándolo intencionadamente hacia la parte baja de su pelvis, buscando tras el pene de su hermano, tocando algo que espera esté ahí.- ¡Oh, mierda! –ruge el pecoso erguido, echando el rostro hacia atrás, dominado por el disparo de excitación que el toque del menor le produce.

   Pero este quiere más, mientras le ve estremecerse y le oye prácticamente maullar como un bonito gato, Sam no deja de babear bajo Dean mientras saca y mete su dedo de ese culo virgen de toda intrusión hasta ese instante, llevando la otra mano a la pelvis del rubio y atrapándole sobre el bóxer la silueta erecta del pene.

   -Ahhh… -el jadeo que lanza Dean eriza a Sam de pies a cabeza, pareciéndole en ese instante, y en el futuro, el sonido más erótico jamás escuchado.

   No, no, debía serenarse, piensa Dean, temblando, brillando de transpiración a pesar de la reciente ducha, rojo de cachetes y nalgas mientras Sam le saca y mete el dedo del culo, provocándole verdaderas oleadas de lujuria, sólo comparables a las producidas por esa mano delgada y algo huesuda que ahora le atrapa la verga dentro del bóxer, apretándole como si el menor lo necesitara, tenerla en las manos, palparla, sentirla, halarla. Y cada manipulación le robaba las fuerzas al mayor. ¿Acaso Sam lo preparaba para cogérselo?, la idea penetra con sorpresa, algo de alarma… y mucho de cachondeo. Vaya con el enano, pero era el mayor, no debía…

   Aprovechando que está nadando en hormonas, endorfinas y calenturas, Sam gira sobre un costado y derriba a Dean, quien cae de espaldas sobre la cama, cayéndole encima, necesitado de moverse de prisa.

   -Sam, espera, no creo que… -algo de lucidez intenta penetrar la mente del rubio, como sospecha que el otro quiere hacer con su culo, pero le costaba. Y es silenciado.

   La boca de Sam cae sobre la suya, aprovechando que la tenía algo abierta, metiéndole la lengua. Y cuando la siente contra sus labios, dientes, encías y sobre su propia lengua, de la boca ocupada del pecoso escapa un maullido der lujuria intensa, pura. Los dos jóvenes cuerpos, casi desnudos, muy erectos y calientes, erizados, se refriegan. Dean abajo, Sam arriba, besándole sin dejarle tiempo para pensar.

   Atrapar la lengua del rubio, halarla con sus dientes, rastrillando en ella cuando este responde, tiene a Sam al borde del orgasmo. Si, lo besaba, pero cuando Dean respondía era… joder, con razón ese hijo de perra, que lo era, podía enloquecer a tantas chicas, y chicos. Siente celos, imaginar otras manos ansiosas, otras bocas deseosas queriendo posarse en su hermano, le roban la calma. Lo besa demandante, enérgico, para que Dean entendiera que era suyo. Pero gime, se tensa y congela cuando las manos del rubio caen en su espalda, acariciándole, recorriéndole con habilidad, haciéndole gemir contra su boca.

   Ahora son las manos de Dean las que tocan sus glúteos sobre el holgado bóxer, las que entran recorriéndole un trasero que era la promesa de lo que luego llegaría a ser. Y ese roce, esas caricias provocan cortos circuitos en la mente del castaño, quien entiende, temblando de ganas, sabiendo que su verga babea contra la de Dean, la cual se notaba tan dura y caliente contra la suya, que el otro intentaban voltear el juego. Poseerle. Ilusión vana, piensa sonriendo, ronroneando y refregándose ávidamente contra su cuerpo mientras hacen todo aquello. Él conocía el punto exacto…

   -Ohhh, Sammmmm… -gimotea Dean cuando el menor se ladea, llevando nuevamente la delgada y larga mano a su trasero, clavando los dedos en la dura y rojiza piel, buscándole el culo, el cual hala desde afuera.- Sammmmm… -chilla nuevamente, pero el menor no piensa dejarle ninguna salida, y vuelve a besarle, metiéndole la lengua al tiempo que el dedo penetra su esfínter, respirando tan dificultosamente como el pecoso, sus jóvenes cuerpos ardiendo.

   Ese nuevo beso detona finalmente alarmas en la cabeza del rubio, estaba besándose con Sam. ¡Con su hermanito!, pero no puede controlarse, la sola idea es tan sucia como erótica y… Estaba mal, lo reconoce. Lo que siempre ha sentido por el menor era…

   -Dean, no, no me rechaces. –Sam le pide, voz sibilante, casi contra su boca, el ruego en los ojos de cachorrito, la mano entre sus nalgas. Sabe cuánto afecta eso al otro. Le ve dudar, no queriendo rechazarle, y eso debería avergonzarle, manipularle así. Pero no puede pensar, no en ese momento, no con ese chico que de alguna manera ha terminado influyendo en su vida, sueños y deseos.

   El rubio traga, encontrando en las pupilas del otro un deseo que le marea. Rueda y queda de espaldas, quieto, mirándole. Sam tiembla, ¿sería posible? Con manos febriles le toma la cintura del bóxer, deformado por la erección del pecoso, halándolo, descubriendo sus pelos castaños oscuros, su verga rojiza, dura y algo húmeda en la punta. Y la visión deja a Sam sin palabras. Su corazón late con demasiada fuerza. Sus manos delgadas de muchacho calentorro recorren ese torso, ese abdomen, esa cintura, ese tolete que aferra y aprieta.

   -Hummm… -se le escapa al pecoso, sus ojos brillando ahora de pura lujuria.

   -Dean, déjame… -pide nuevamente, arrodillándose en la cama, separándole las piernas al rubio y entrando, atrapándole los tobillos.

   -Sam… -duda, pero no puede decirle que no, nunca ha podido. Puede mentirle, ocultarle cosas, por su bien, pero no negarle algo directamente. Y asiente, sonriendo chulo al mirar el estallido de felicidad del muchacho, que alza sus tobillo llevándolos a los hombros, echándose hacia adelante, levantándole y exponiéndole el culo ya tocado, hacia donde se dirige, en esos momento, el largo aunque todavía delgado miembro, duro y caliente, goteante y pulsante.

   El menor siente que se va a morir de anticipación; Dean…

   -¡Sam! ¡Dean! –trona la voz de John Winchester.

   -Debemos irnos, Sam. –la voz cargada de preocupación de Dean le parece llegar de lejos.

   Recordando ese momento, enfrentando ahora a su hermano, Sam entiende que parte del problema comenzó allí, cuando lo había tenido a tiro de pichón y John regresó intempestivamente. Todavía le parece ver a Dean palideciendo, muerto de temor. De que su padre le descubriera fallándole de tal manera. Porque eso era lo que realmente el otro sentía, que había fracasado, como hijo y hermano. El menor lo entendió en ese entonces, y ese sentimiento pareció nunca abandonar al rubio, a pesar de todo lo que luego ocurrió entre ellos. Recordar la primera vez…

   -Dean…

   -Debemos irnos. En serio. Siento en los huesos que estamos en peligro –Dean, rostro enrojecido, evita mirarle, recordándole la misión. Ve por la abierta ventana que ya es de noche.

   -Entiendes lo que digo, ¿verdad? Errado, equivocado, estando mal, si es que lo está, no hiciste nada para… aprovecharte de mí. Siempre te quise Dean, y sé que te vas a reír o te incomodarás, pero así es. Siempre fuiste lo más importante en mi vida, por mal que hiciera las cosas buscando una palabra tuya reconociendo aquello. –confiesa abriendo los brazos, y Dean rueda los ojos, sin mirarle, ardiendo de vergüenza.

   -Sam…

   -Tienes que entenderlo, aceptarlo, porque lo que hemos vivido no puedo ni quiero olvidarlo, ni dejaré que lo hagas tú. Para mí fue muy importante. No me obligaste a nada, no me corrompiste o algo así. Desde que tuve conciencia de quién era o dónde estaba, deseaba… lo que pasó entre nosotros. Antes y hace pocas horas. ¿Está mal? –se encoge de hombros.- ¿No está mal todo lo que nos pasó? ¿Y a esos hombres a quienes un fantasma atacó en una carretera, o a esos chicos tan jóvenes que desaparecían en la maleza para servir de alimento a un wendigo, o toda esa gente, hombres, mujeres, niños y ancianos que murieron en esos aviones derribados por un demonio viajero? ¿No está mal un mundo donde eso puede ocurrir? ¿Y acaso no lo enfrentamos? ¿No hicimos lo que debíamos en esta vida extraña? Ah, ¿pero sólo nosotros estamos mal? –demanda desesperado por hacerse entender, sintiéndose frustrado, dolido y desolado al verle mirar el piso, silencioso. No, el muy terco no quería entender que lo que existía entre ellos transcendía las reglas, por lo tato así sería y eso lo haría  correcto.

   -Debemos…

   -Okay, okay. Irnos. Recogeré todo. –exclama furioso, saliendo del cuarto.

   Dean no quiere pensar, no desea alterar a Sam, molestarle, no puede enfrentar eso ahora, cuando justo en esos momentos miraba de cara a los demonios que han torturado buena parte de su vida, la vieja maldición: amar demasiado a Sam. Una vez, en ese cuarto, pensó que podría dejarlo todo atrás, junto a Nicholas Stanton, pero…

   El silencio se hace ominoso, Sam debía… Llevado por ese viejo instinto que le obligaba a buscarle y consolarle, sale del dormitorio principal… para encontrarle caído cuan largo en el suelo alfombrado.

   -¡Sam! –jadea.

   -Vaya, vaya, parece que será fácil devorarte, amigo. –informa un sujeto que aparece frente a sus ojos, piel cobriza oscura, rasgos latinos y negros, de largo cabello en crinejas, llevando en las manos un arma.

   A Dean se le hiela la sangre al verle arrojarla a un lado y lanzar un bramido entre humano y animal, comenzando a transformar sus facciones. Da un paso atrás y otro rugido le hace pegar un bote, en la entrada de la cocina, donde tal vez le buscaban, está otro de los sujetos. Le tenían entre dos aguas… y Sam estaba caído.

CONTINÚA … 22

Julio César.

¡AMARA AMABA TANTO A DEAN!

septiembre 28, 2016

COSAS DE FAMILIAS: 21×11

amamara-ama-a-dean

   Pura pasión.

   Está a punto de finalizar la onceava temporada de Supernatural por Warner, esperemos que el apuro de dos episodios por semana sea para comenzar simultáneamente la doceava (lo sé, es pedir demasiado a esta gente). Debo decir que la he disfrutado como cuando la seguía semana a semana en el estreno. A pesar de las voces en español de este Dean que no suena como Jensen Ackles (dígame Castiel, esa voz ni se le acerca), y la de Amara, la toda poderosa que se oye como si fuera una niñita, he disfrutado cada entrega de la pareja. Lo repito, desperdiciaron este filón de la pasión entre los dos, especialmente de ella hacía él. Hay algo intenso en Amara cuando llama a Dean y le pide que se encuentren, que quiere verlo cara a cara y no a través de un sueño. Cada entrega de ambos fue de ella buscándole, y para una mujer que no le aguantaba una a nadie (me dio vaina que matara a ese ángel traicionero, y casi saca del mapa al mismísimo Sam, por no hablar de Chuck), con Dean todo era paciencia y comprensión. Era como la Gata Loca, buscándolo y él sacándole el cuerpo.

amara-and-dean

   Era fantásticamente argumentativa la idea de la mujer más poderosa del universo, a la par de Dios (aparentemente superior), amando incondicional y entregadamente a nuestro cazador tan lastimado y aporreado. ¿Imaginan a una Amara celosa, con su rival o con Dean?, ¿o en plan de seductora? No, no me resigno a la idea de que todo pasara como si nada. Había tanto qué explotar. Supongan un episodio donde Dean se encuentre con lisa, Lydia la amazona y alguna otra que le interese (como la Mujer de Letras, tiene un hijo, tal vez lleguen a eso), y aparezca Amara reclamando lo suyo. ¿Mary de suegra de la hermana de Dios? O mejor, ¿de Castiel, si a ver vamos? El final de la onceava temporada nos quedó debiendo, ¡quiero a amara? Y qué bien se veían ella y Dean en sus escenas.

SAM, DEAN Y MARY WINCHESTER EN LA CARRETERA, 01×12

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 10

septiembre 25, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 9

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Nada más terminar de decirlo se llena de incertidumbres. Porque no sabe si Jensen reaccionará como espera… Y porque de verdad lo siente, lo desea; vino a hacer las paces, a disculparse, algo que nunca expresa verbalmente aunque lo demuestra, con un abrazo generalmente. Pero con el rubio no quiere malos entendidos. No nuevos malos entendidos. Debía moverse con cuidado, sin embargo le cuesta concentrarse, todavía no recupera el aliento. Jensen se ve…

   El otro hombre lleva una franela azul oscura, no muy larga, un jeans desteñido y viejo, cómodo, que bajaba bastante en su cintura. Está descalzo, y el hermoso cabello en cepillo. El pecoso rostro, también mostrando sorpresa, presenta un leve rastrojo color castaño rojizo. Parecía molesto al abrir, ¿acaso con él? No lo cree, no cuando le ve sorprenderse al encontrarle.

   -¿Vienes a disculparte? ¿Qué, entonces si actuaste mal? –le ve agitarse un tanto, cruzando los brazos sobre el pecho, mirada petulante, y algo le duele al castaño, con aquel gesto le parecía que el rubio quería cubrirse, protegerse de una agresión particularmente dolorosa.

   -Jensen… -susurra suavemente, y en el nombre expresaba todo lo que deseaba ser disculpado y perdonado.

   El rubio se muerde el labio inferior, ignorando, piensa el otro, el efecto que tal cosa debía tener sobre mucha gente. Dios, era tan atractivo… para ser hombre. Le ve volver la mirada hacía dentro del piso. ¿Estaría con alguien? Una desagradable sensación lo recorre. ¿Y por qué, o con quién estaba tan molesto cuando abrió si no le esperaba?

   -Pasa, no quiero que discutamos en la puerta. –le dice, echándose a un lado.- Y voy a grietarte mucho.

   -¿Seguro que puedo pasar? –le cuesta contener la sonrisa, no quiere parecer muy contento o aliviado, Jensen podría no verlo bien. ¡Y claro que entraría!

   -Entra ya, no me fio de los vecinos. –casi mastica entre dientes.

   Aunque le invita, algo reacio, Jensen no sabía si quería que entrara. El día había sido largo, extraño e insatisfactorio, y buena parte de la culpa de ello la tenía ese hombre castaño, alto y guapo. Mierda, si, le había sorprendido Jared en su puerta, seguro como estaba de que este no volvería a hablarle. Y no sólo estaba allí para disculparse, lo que era una sorpresa, (¿cómo sabía de su dirección?), lo realmente extraño fue abrir la puerta y encontrarle. Con su jeans oscuro, una franela de las buenas, mangas largas, el cabello sin gel, la hermosa sonrisa de niño que pide le perdonen el haberse comido todo el tarro de galletas. Con razón salía con tantas mujeres, no puede dejar de pensar con malestar. Una vez que cierra la puerta, tenso por lo incómodo, se vuelve y no le sorprende encontrarle mirando todo. El apartamento es prácticamente una sola gran habitación, y lo de “gran” era una generosa y alegre exageración. Cuenta con un sofá y un viejo sillón, frente a una vieja televisión que sintonizaba un juego de los Dodge, una cocina con una mesa para cuatro, con sólo dos sillas y la cama en una esquina, todo dividido por muros empotrados levantados por algún inquilino anterior. El lugar está limpio pero algo desarreglado. Comenzando por la cama revuelta. Hay gran cantidad de cajas apiladas, muchas de ellas con imágenes de utensilios de cocina. Tragando en seco, sabe que el otro estudia, cataloga y seguramente reprueba. Bien, no todos podían alquilar un Penthouse, ¿no?

   -Pintoresco vecindario. –le oye mientras mira un cuadro feo, parece una acuarela de infante de escuela.

   -Es una manera de decirlo. –suelta el aire.- ¿Cómo sabes mi…? -¿quiere saberlo realmente? Todo era tan curioso. El otro eleva su móvil.

   -Hay aplicaciones para todo, aún para conseguir una ficha en Recursos Humanos. Interesante lugar. –es el comentario contenido del castaño, la sonrisa bailando en el tono y los labios cuando le mira.

   -Vete al carajo, Jared Padalecki. –es la respuesta automática, y frunce el ceño por mostrarse tan sensible a lo feo e inconveniente de la pieza. Lo que le descontrola es la sonrisa amplia del otro.

   -Por fin una respuesta honesta de Jensen Ackles. –se vuelve, encarándole, manos en los bolsillos del pantalón, tan incómodo como el rubio, pero con mejor disposición, el otro continua con los brazos cruzados y ahora entrecierra los ojos.

   -¿Honestidad, Padalecki? –reta.- ¿Quieres honestidad?

   -Me gustaría. –la réplica es suave, pero inflexible. Sabe que el pecoso tiene que hablar. Le ve tensarse y alzar la barbilla, desafiante (y magnifico).

   -¿Se puede saber qué coño te pasaba esta tarde? –ruge, no colérico, más bien parece frustrado y confuso.- Sé que… -une sus palmas como en oración y las lleva al rostro.- Lo sé, tardé demasiado tiempo en escuchar a tu hermana planear una fiesta, pero no podía interrumpirla, Jared; Megan no me dejaba hacerlo. Tenía mil ideas y… Bueno, tú la conoces mejor, ¡es tu hermana! –suena duro.- Una hermana a la que me ordenaste escuchar y ayudar. –le recuerda.- Y no… -desvía la mirada, tenso, rígido.

   -Honestidad, Jensen. –las palabras casi parecen una bofetada para el rubio, quien le mira con el rostro rojo, los ojos brillante de ira o dolor.

   -¿De verdad piensas que intentaba “seducir” a tu hermanita para ver si resolvía mi vida? –escupe, encomillando la palabrea, viéndose lastimado.- Entiendo que estuvieras celoso… -las palabras tensan al castaño.- …Es tu hermana, y siempre nos ponemos sobreprotectores con ellas, pero de allí a imaginar que soy un canalla capaz de metérmele por los ojos para llegar al dinero Padalecki… -va perdiendo empuje; Dios, todo sonaba tan idiota, ¿cómo podía Jared creer eso?, era la parte que le alteraba tanto.- ¿Es lo que piensas de mí? ¿Que soy una especie de vividor, material para gigoló? –le clava los ojos, desconcertado, herido.- ¿Piensas que le haría algo así precisamente a tu hermana? –reclama saber, pareciéndole muy importante.

   Por un segundo Jared parpadea. ¿Era eso lo que Jensen imaginaba, que estaba celoso de verle rondando a su hermana, que le creía prácticamente un delincuente? Casi sonríe por lo absurdo de la idea, una que le hace enrojecer ligeramente. El rubio no podía estar más equivocado, pero sólo esa idea, esa aceptación íntima, una de la que nunca hablaría, le asustaba… e intrigaba. Lo otro que entiende, y logra que la sonrisa aflore aunque Jensen entrecierre más sus hermosos ojos al notarlo, es saber que toda esa molestia en el otro procedía de lo que pudiera pensar de él.

   -Por Dios, Jensen, no es eso.

   -¡Lo es! –alza la voz señalándole con un dedo.- Te vi, Jared, te escuché. Sentí la intensidad de tu… desaprobación, de tu rabia. Me encontraste hablando con Megan y me condenaste; y casi lo entiendo, en serio. No nos conocemos en realidad, una vez, en un tiempo, por un periodo muy corto, nos tratamos, pero nunca fui tu amigo, nadie a quien realmente conocieras. Y aunque me tendiste la mano generosamente, supongo que el bienestar de tu hermana es primero, pero aún así, que me creas un aventurero desalmado que… -se atropella con las palabras, enrojeciendo, viéndose increíblemente herido.

   -¡No es eso! –enfatiza, temiendo que el resentimiento del otro sea mayor de lo que esperaba.

   -Si lo es. Me creíste… -ruge perdiendo el control. Había pasado horas increíblemente desagradables desde que le viera en el restorán, malhumorado, molesto, reclamándole. Jared había sido muy claro en sus ideas; desaprobándole, le había hecho sentir casi sucio.- Las cosas que dijiste las expresaste con toda la intensión de que te entendiera. Querías… -le cuesta, pero lo dirá.- …Querías ofender, lastimar, hacerme sentir mal y lo lograste. Eres muy bueno en eso, te lo reconozco. Lo que no entiendo es por qué. ¿Qué hice a tus ojos para merecer ese trato? ¿Coqueteaba en verdad con ella, deseaba imponérmele? ¿Acaso fui…?

   -No eres tú, ¿okay? no hiciste nada, el idiota fui yo. –le corta, no quiere escuchar nada más.- Lo siento, Jensen, de verdad. No quise hacerte sentir mal, yo… -pero era parte del problema. Oh, sí, claro que quiso herirle en esos momentos. Era su mecanismo de defensa. Algo le alteró, molestó y asustó cuando vio a Megan coqueteándole, y quiso que el otro experimentara también ese malestar. Era cruel, egoísta, lo sabía, pero era como era.

   -Jared, vi en tus ojos el enojo, y era conmigo. Por tu hermana. Te lo repito, lo entiendo, también soy sobreprotector a veces con la mía, y…

   -Oh, por Dios, tan sólo cállate y deja de decir tonterías, no estaba molesto contigo, lo estaba conmigo y cuando estoy así soy una perra, como dice Chad. –exclama exasperado, abriendo sus brazos.- Por cuestiones totalmente personales te hice víctima de mi enojo, ¿acaso no has notado eso de mí en dos días? –repara en cómo el otro se molesta, alzando la barbilla desafiante.

   -Oh, vaya, tú sí que tienes valor. Vienes a mi apartamento a gritarme que me calle cuando…

   No pensaba hacerlo, aunque en verdad lo deseaba a algún nivel primitivo donde no alcanzaba el análisis. El castaño da dos pasos, acaba con la distancia entre ambos y le abraza con fuerza, al estilo oso, un brazo alrededor de sus hombros y el otro por un costado. El rostro perplejo del rubio queda prácticamente encajado a su hombro. Y siente como este se congela, tomado por sorpresa, y aunque lo que deseaba era el contacto físico sorpresivo para silenciarle y hacerse escuchar, la verdad es que pierde el hilo. ¡Qué bien se sentía tener a Jensen así!, era cómodo, fácil, natural. Excitante de alguna manera. El cuerpo del pecoso parecía encajar con el suyo de una manera que tocaba puntos muy interesantes. Era como la primera vez que una chica le dejó tenerla así, desnudos ambos. La revelación le hace estremecerse.

   -No quiero discutir más, el día se me volvió un infierno sabiendo que estabas molesto conmigo, por mi culpa, no sabiendo cómo retractarme. –le dice, suave, ladeando un tanto el rostro, sin soltarle, buscando una de las orejas del pecoso. Luchando contra las ganas casi físicas de alzarle en peso para incrementar el contacto.

   -Jared… -le oye botar el aliento, relajándose, estremeciéndose también.- Está bien, ¿si? Yo…

   Jensen intenta alejarse, terminar el abrazo, pero Jared no quiere, o no puede. Y cree que morirá cuando los brazos del otro, finalmente, le rodean los costados. El rubio no sabe qué hacen, qué pasa, pero por un segundo todo pierde sentido. Jared estaba tan cerca, su cuerpo guardaba tal fuerza física, tal calor… Dios, ese aroma. A su pecoso rostro llega el calor del otro rostro, el aroma en su cuello. Si, era la colonia, pero también Jared. La idea, embriagante, le eriza de una manera que no quiere entender.

   -¿Me disculpas? –la suave pregunta parece llegarle de lejos.

   -¿Piensas que puedes tratarme como a un bicho que asecha a tu hermana y luego…? -todavía se resiste, luchando contra las ganas de apoyar el rostro sobre la otra piel, ¿para desconcertarle, sorprenderle, jugarle una broma, o…?

   -Jensen, no estaba celoso de ella, era de ti. –la revelación tensa al rubio, y sabiendo que nada en aguas peligrosas, el castaño patalea.- Soy egoísta, eres mi amigo, me diviertes, y siempre me pongo así cuando entiendo que en toda otra vida hay más personas. –repara la capota.

   -Okay… -esas palabras le brindan alivio al pecoso.- Pero, que conste, que jamás olvidaré que dijiste que a tu hermana le gustaban los hombres bonitos, y que estabas celoso de perderme. –hay burla e ironía. Y Jared, cerrando los ojos, la mejilla contra ese cabello tan suave, ríe, pero cascadamente, dominado por demasiadas emociones que no entiende cabalmente. Hasta qué…

   -¿Estás oliéndome, Ackles? –le pregunta. El rostro de Jensen se deslizó un poco, acercándose a su piel, olfateando sutilmente. Casi ríe, sabe que el pecoso debía estar rojo como un tomate. Y lucha cuando las manos de este van a sus costados, casi sobre los huesos iliacos (erizándole hasta el carnet de conducir), empujándole, terminando el abrazo.- No te avergüence, mucha gente lo hace. Y hasta me lamen. Si te provoca…

   -Idiota, esa colonia huele bien, ¿okay? Una Armani, ¿verdad? –se defiende algo nervioso, sonriendo con ojos brillantes y pómulos rojos.

   -Un conocedor, qué bien. –se miran y el silencio se impone otra vez.- ¿Me disculpas? –le ve desviar la mirada, nuevamente cruzando los brazos, esos brazos musculosos y cubiertos de amarillentos vellitos.

   -Jared… -toma aire, ceñudo.- No sé cómo explicártelo, pero…

   Oh, Dios, Jensen iba a mandarle para el carajo, piensa el castaño, con pánico, preparándose, pareciéndole, de pronto, que todo se hundía bajo sus pies.

CONTINÚA…

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 9

septiembre 10, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 8

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   -Cuando decías que necesitabas salir a flote de tu mala hora financiera, parece que lo decías en serio. –exclama casi entre dientes, no puede evitar el tono corrosivo. Siente un placer malvado al verle parpadeare confuso, luego enrojecer indignado. ¿O pillado?

   -¿De qué diablos hablas? Sólo hacía lo que me ordenaste.

   -Hace horas. Y con evidente éxito. –hay un tonillo irritante en su voz, mientras elocuente mira a su hermana que habla con la otra chica.

   -Hijo de… -Jensen se siente furioso, no entendiendo para nada toda aquella ira de parte del castaño. Abre la boca pero el otro ya no quiere escuchar.

   -Termina con esta reunioncita de té y galletas y vuelve al trabajo, busca mis trajes y envíale más flores a Genevieve, ya que por estar ocupado de todo de verdad, cosa que yo si hago, la dejé embarcada otra vez. –ordena duro, volviéndose y marchándose, aunque el estómago le gruñe de hambre.

   El pecoso sólo puede mirarle alejarse, con la boca abierta y los ojos lanzando brillantes rayos verdes de ira. Se siente furioso, si, pero también herido. Jared no fue claro; no lo llamó perro pero le pisó la cola. Da un paso decidido a seguirle para aclara toda esa mierda pero Megan aparece frente a él, cortándole el paso.

   -¿A dónde vas? ¿Y Jared? Pensé que almorzaría con nosotros. Vamos y te presento a mi amiga. –sonríe todo dientes, emocionada. Su amiga se moriría de envidia al verle.

   -Yo… Jared debió subir, algo importante se presentó. Lo siento, Megan, no puedo quedarme. Discúlpame y almuerza con tu amiga. –intenta una sonrisa, pero le cuesta.

   -Ay, Jensen, Jared te pidió que me ayudaras. –la joven intenta un mohín.

   -También quiere que recoja sus trajes. Mira, te llamó y hablamos de la reunión, ¿si? Déjame ocuparme de esto.

   -No te metí en problemas, ¿verdad? Si es así déjame hablar con Jared y… -se ve mortificada.

   -¡No! –sonríe.- Yo lo resuelvo, ¿okay? –le tiende la mano, ahora si viéndose genuino.- Fue todo un placer y una experiencia, Megan Padalecki. –la joven estalla en una risa feliz y algo tonta, correspondiéndole.

   -Digo igual, Jensen Ackles.

……

   Jared, furioso pero no notándosele más allá del ceño fruncido, sale del ascensor. Pero basta para que todos sepan que el alegre millonario y jefe de la mañana ya no está ahí. Con grandes zancadas regresa a su oficina, tomando el móvil en la mano lo mira, el timbre de la llamada le indica que Jensen le telefoneaba. De nuevo. Y nuevamente le ignora. Está molesto con el rubio, mucho, y lo peor es que no entiende exactamente por qué. Mirando la pantalla no lo apaga, ve el nombre, “Jensen llamando, Jensen llamando”, y no se anima a cortarlo, deja que termine.

   -No estoy para nadie. –ruge entrando en la oficina de Alexis, la cual alza una ceja.

   -¿Ni para Jensen? Acaba de llamarme preguntándome si estabas aquí y…

   -Especialmente para él. No le digas que estoy aquí. –se le escapa con pasión, arrepintiéndose al ver la sonrisa de la joven.- ¿Sabes lo que hacía ese idiota…? -calla la explicación que iba a darle, ¿qué podía contarle?, ¿que el otro estaba con su hermana porque lo mandó con ella, y a ella le agradó demasiado?- Olvídalo, no estoy.

   -Ah, ¿la primera pelea entre ambos?, que mal. –se burla la joven.- Se veían tan felices juntos.

   -No comiences, Alex. –ruge, y no le gusta la mirada femenina.

   -¿Es por Megan? Nunca te ha gustado prestar tus juguetes.

   -Alex. –ladra.

   -Okay, si viene me arrojaré a sus piernas para detenerlo. Por cierto, tu madre llamó.

   -Gracias. –gruñe, más ceñido, no gustándole la imagen de la diminuta y hermosa joven arrojándose sobre Jensen. Va hacia su escritorio pero se desvía al refrigerador empotrado. Saca una botella de jugo, muy dulce, y bebe. Lo necesita. Y comer. Va y cae tras su escritorio. Hay dos llamadas más de Jensen. Y un mensaje.

   “¿Qué diablos hice para que te molestaras tanto?”, rezaba. Sintiéndose mortificado deja el aparato a un lado y toma el teléfono fijo. Espera.

   -¿Jared?

   -Hey, Ma. –saluda con su mejor acento texano. Hay un silencio que le extraña.- ¿Estás ahí?

   -Sí, pero… ¿está todo bien? Hay algo en tu tono. –la oye mientras gira los ojos. La mujer parecía saberlo todo sobre sus hijos.- Imaginé que andarías feliz, realizando aún la danza de la victoria. Jeff llamó a tu padre para comentarle que todo se había resuelto con Ron Howard. Están citados para negociar. Imagino que algo tuviste que ver.

   -¿En serio? ¿Lo viste en tu bola de cristal? –se burla. Era cierto, debería estar feliz por eso, ¿entonces por qué se sentía tan miserable? El móvil timbra. Otro mensaje de Jensen.

   -Me dijeron que almorzaron juntos. O no lo hicieron. Almorzar. Hablar sí.

   -Vaya, Ma, eres peor que la CIA. –algo de su buen humor regresa.

   -¿Seguro que todo está bien? Hay algo en tu voz…

   -Lo estoy, Ma. –hay otro silencio del otro lado de la línea.

   -¿No quieres venir a cenar? Sería bueno que hablara de todo lo ocurrido con tu padre. Y Jeff. –invita la mujer y a Jared el estómago le gruñe feo.- Megan me llamó hace rato hablando de su maravilloso hermanito que tanto la ayuda con su reunión. Parecía algo… alocada. ¿Estuvo tomando? –se preocupa, Jared ríe, algo amargo.

   -No, no es eso.

   -Ah, un chico guapo. –Sherri Padalecki suspira.- Esta niña. Pero en fin, gracias también por eso. ¿Vendrás, amor?

……

   Mientras Jensen sube y baja buscando los dichosos trajes de Jared, le envía mensajes. Mensajes que no reciben respuestas. En su oficina, el castaño mira el móvil, fascinado de manera absurda, desea ignorarle pero no puede. No deja de mirar la pantalla. Nuevas notas le llegan.

   “Necesitamos hablar”. Rezaba uno. No contestó.

   “Qué ocurre, por Dios!!!”, reclamaba en otro. Igual lo borró.

   “Hijo de puta”, llegó poco después, picándole en la piel. No aguanta y se pone de pie, saliendo de la oficina.

   -Me voy. –anuncia a Alex, sorprendiéndola.

   -¿A estas horas? ¿Vas para casa de tus padres? Tu asistente desea hablar contigo, me llamó, de nuevo, le dije que estabas ocupado aunque parecía que revisabas tu nariz. ¿Quieres esperarlo? –interroga, saltando de la silla al verle ir con paso vivo hacia la puerta y salir.- ¡Jared! –queda desconcertada. Le ve alejarse, ceñuda. Le sabía voluntarioso, decidido, a veces arrollador, pero siempre respondiendo a los cuestionamientos.

   La verdad es que no le sorprende cuando poco después aparece Jensen, viéndose increíble en su traje y con el nuevo corte de cabello, reconoce acomodándose coquetamente un rizo oscuro en su cabeza. El rubio carga en elegantes envoltorios, tres enormes trajes de Jared.

   -¿Está en su oficina? –pregunta, casi masticando las palabras, dirigiéndose a la entrada del otro despacho.

   -Se fue. –le sorprende. Jensen parpadea y recorre la vacía oficina del otro.

   -Necesitaba… -la mira, casi reclamándole.

   -Le dije que querías verle, pero… -se encoge de hombros, no gustándole el papel que Jared le hacía desempeñar, pero también curiosa, intrigada por la dinámica entre los dos hombres. Le fascina ver como al desconcierto, la ira se refleja en los ojos del pecoso y atractivo hombre, pero también algo más. Dolor. Parecía herido.

   -No lo entiendo, ¿actué mal? –Jensen parece hablar contra su voluntad, volviéndose y mirándola.- Hice lo que me pidió, que me encargara de ayudar a su hermana. Y esta tiene mil ideas, todas queriendo expresarlas al mismo tiempo y por separado. No pude silenciarla o apurarla. Megan es… -parece buscar las palabras.- Adorable, no es fácil resistir sus pucheros o sus hoyuelos cuando espera algo. Sé que demoré demasiado en el encargo, ¡pero es su hermana! –se defiende.

   -No sé qué decirte. Jared es confuso a veces. -¿así que efectivamente por eso el castaño estaba tan alterado?, tampoco ella lo entiende. No totalmente.

   -Es un… -comienza resentido, dolido, dedicándole una mueca antes de entrar a la solitaria oficina.

   Se dirige al largo closet y guarda los trajes, entre los otros, considerando, de paso, que en ese lugar el castaño tenía más ropa que él en su apartamento. Los acomoda con todo y fundas, deteniéndose un segundo. Aspira suavemente. Le gusta el olor de esa colonia. Era una fragancia fuerte, dinámica, poderosa, pero grata, seductora. Dedicándole una mirada a Alex, quien parece estar dando por terminado su día también, revisa en las gavetas y encuentra un frasco de Acqua di Gio, una Giorgio Armani. Huele desde más cerca. Es una gran fragancia, y tenía que serlo por lo que sospechaba que valía, pero… No, no era exactamente eso. Resopla y cierra, deteniéndose un segundo.

   ¿Sería eso todo?

……

   Estaba molesto. Y hambriento. Jared, despojándose del saco mira el teléfono, debía ordenar algo de comer. Tal vez eso le ayudaría a mejorar su carácter, o a pensar con más claridad. Si, seguro que tenía una baja de azúcar y por eso se había comportado como un verdadero cretino. Con Jensen. Pensar en el rubio le hace exhalar aire ruidosamente y caer sentado en un sillón, agotado totalmente por primera vez en su vida. ¿Por qué estaba tan enojado con él, y consigo mismo? Lo sabe aunque le cuesta entenderlo o procesarlo cabalmente. La idea era casi hiriente e intimidante: le había disgustado que Megan le mirara como una gatita a punto de lanzarse sobre un apetitoso platillo de leche tibia. Y esa comparación, por alguna razón, le eriza los pelos de la nuca. Celos, sintió celos. Unos celos intensos y terribles.

   Tenso, y molesto, se pone de pie. Conoce los celos, Alexis tenía razón, le gustaban sus cosas, defender sus logros. Amaba sus propiedades. Pero Jensen no lo era, no una cosa. Era una persona. Y ese tipo de celos si era verdad que nunca los había experimentado. Su padre, por ejemplo, quería a Jeff de una manera especial; lo aceptaba como un hecho, así como que el cielo era azul, eso nunca le llenó de ira o resentimientos. Sabía que Jeff, en el fondo, fuera de lo gilipollas, amaba complacerle, en ser el hijo perfecto para él. Estaba bien que entonces le quisiera en correspondencia. Su madre los amaba a todos por igual, aunque, secretamente, creía que él, Jared, era su preferido. Sonríe al pensarlo, saliendo al balcón. Era natural sentir algo de molestia cuando un amigo dejaba de prestar atención por la llegada de alguien nuevo, pero al final todo volvía a su cauce. Esto de ahora, sin embargo…

   Se reclina contra la baranda mirando la bella ciudad cubierta de sombras (el estómago le reclamaba que cenara), recordando a Megan tomar la mano de Jensen al tenderse hacia él para contarle algo que hizo estallar en carcajadas al pecoso rubio, enrojeciendo sus pómulos. Jared cierra las manos sobre la baranda. Celos. Ardió en la amarga hoguera de los celos porque Megan le hacía reír, le divertía. Lo tocaba. Casi asustado, parpadea, intentando luchar contra una idea enorme, terrible, y a la vez maravillosa porque llenaba su naturaleza voluntariosa y a veces egoísta: Jensen es suyo. La idea le provoca tal estremecimiento que teme el corazón se le detenga en el pecho, comenzando ya a explicarse, a disimularse. Le quería como amigo; era su amigo. Eso era todo.

   Lanzando un frustrado gruñido de “¿en qué mierda estoy metiéndome?”, baja el rostro y apoya la frente en la fría baranda, algo que le brinda cierto alivio. Cierta paz. Estaba divagando, evidentemente, el hambre le estaba afectando más de la cuenta. Era eso, se dice e intenta aferrarse a esa convicción. Ordenaría algo, se vuelve y entra a la sala, mucha carne, papa y pastas y… Mira el teléfono, recordando la llamada de la noche anterior. Enfureciéndose, ¡Jensen no tenía ningún derecho a hacerle eso! No, no podía quedarse. Necesitaba algo… y estaba solo, Genevieve había preferido sus compromisos a verlo, no era su culpa. No totalmente. Se quita la corbata casi a manotazos, sonriendo torvamente.

……

   El hermoso vehículo recorre la sórdida cuadra estrecha, con sus fachadas mal iluminadas, los muchos callejones donde mujeres jóvenes, y no tanto, así como algunos muchachos de rostros afilados y ademanes amanerados, le lanzan codiciosas miradas. Les mira con cierta fascinación, como el hombre de ciudad que va al campo y comprueba que la fauna del país es más extensa de lo imaginado. Se detiene y mira el ruinoso lugar, las damas de la noche, no muy agraciadas la verdad sea dicha, esperan junto a un sujeto que se acerca a los vehículos que se detienen y le dicen algo. Este saca algo de su sobretodo, lo entrega y la mano regresa con dinero. ¡Todo tan discreto!, sonríe para sí el castaño. Putas y traficantes, ese era el lado salvaje de la ciudad. Mira hacia el inmueble, justo lo que necesita, se dice con sarcasmo mientras sale, asegura el auto y cruza entre las ofrecidas damas, que aunque están allí por negocios, saben valorar a un hombre atractivo y resuelto con aires de tener dinero.

   El castaño no se detiene, entra y nota el ascensor dañado. Sube las escaleras. Sabe a dónde va. Hay un aire de abandono, de decadencia en esos escalones ennegrecidos, manchados (no quiere pensar de qué), y mal iluminados. Llegas al tercer piso, sin alteraciones respiratorias, mirando en todas direcciones se detiene furtivamente frente a una puerta y pega la oreja. Nada. Toma aire y llama a golpes.

   -¡Hijo de perra! –llega el bramido iracundo mientras la puerta se abre.

   Y se congela, aunque no tanto como Jensen al encontrarle en el marco de su puerta.

   -Jared, ¿qué diablos…? –el castaño eleva las manos.

   -Necesitaba verte, pecoso. Vengo en son de paz, a disculparme.

CONTINÚA … 10

Julio César.