DE FIESTA

agosto 13, 2017

COMPARTIENDO EL MOMENTO

   ¡Y cómo se reunían!

   No hay nada que le guste más a los muchachos en el colegio que salir con chicas y entre ellos como panas, también las fiestas. Bailar, reír, beber. Y ninguna fiesta era tal si no aparecía el joven profesor Mijares, que siempre se tuteaba con ellos, y que, como pronto descubrieron, mientras más se embriagaba más quería beber y tragar. Tenía una gran técnica, además, con esa garganta sacaba la leche hasta de las carteras. Ninguna fiesta acababa hasta que, en un cuartico, lejos de las novias, el profe no tomaba lo suyo, de cada uno de ellos, hasta la última espesa y cálida gota. Cosa que, curiosamente, ha amigado aún más a esos chicos, el ser atendidos por ese carajo tan ávido.

Julio César.

EL NUEVO AMERICA

agosto 13, 2017

BANAS ILUSIONES

   Resistía llevar bastante palo…

   El nuevo héroe había llegado de Texas, para deleite de los jóvenes rangers, marines desmovilizados que llegaban a descansar y pasarla bien, y de los chicos de fraternidades universitarias que le ayudaban con la parte de informática. El nuevo superhéroe era incansable, e insaciable. Podía pasarse el día combatiendo a los malos, cayendo sobre ellos, montándolos y no dejándoles hasta que estallaban, quedando secos y sin fuerzas, sin ganas para luchar o hacer maldades. Y estos, aún cundo eran encarcelados, mirando como sus cremas le goteaban, todavía le preguntaban ¿me visitarás en prisión, perra? A lo que se comprometía, y cumplí porque es un superhéroe. Eso era de día, de noche, el superhéroe visita a los chicos de bien, para que nadie creyera que sólo los malos recibían el tratamiento completo. Y con estos, siempre entre varios, pasaba sus muy buenos momentos. ¿Qué en qué consistía su poder, su emblema, eso que le hacía único? En esa trusa tipo hilo que se secaba y quedaba como nueva, en segundos, a pesar de mil chorreadas.

Julio César.

FUERA DE JUEGO

agosto 13, 2017

SOLOS

   El Gobierno le ha ordenado a su ficha política en el Consejo Nacional Electoral, la que se hace pasar por rectora independiente, Tibisay Lucena, que adelante las elecciones regionales, de diciembre para octubre. Unilateralmente, según el modelo fascista. Claro, ella accede a lo que sus jefes políticos le imponen. Y si alguien me dice que eso le sorprende, hay que pegarle un tiro. Lo asombroso, lo extraño, lo insólito es que el régimen crea que, de verdad, en unas elecciones universales, secretas y directas pueda ganar algo, cualquier cosa, cuando el número de votantes frente al CNE, en la payasada de la Constituyente, no juntó ni al trece por ciento de todo el electorado del país. Como que en verdad no entienden que Venezuela les responsabiliza de la miseria y el hambre, del robo colosal de las arcas nacionales, y ahora de homicidas. Allí nos veremos.

Julio César.

VAQUERO

agosto 13, 2017

EL PUNTO

   El hombre sabía tratar, controlar y domar a los jóvenes y briosos potrillos que lo buscaban cada noche en su cuatro, allá en el rancho.

DE TODAS MANERAS ROSAS

Julio César.

CREIDOS

agosto 13, 2017

BAJO LAS CAPAS

   Cosas de tíos en vacaciones sin esposas…

   Riendo, los bomberos se exhiben, orgullosos de sus corpachones, sabiendo que al nuevo teniente, tío guapillo y amanerado, se le hace agua la boca al verles. Por eso se tocan entre ellos, rudamente viriles, señalando paquetes que abultan los bañadores y preguntándole si no le gustaban… esos colores. Bien, piensa el teniente, sonriéndoles, adivinándoles cierta tremenduras, esa secreta admiración por los músculos; dos botellitas de su licor aliñado, todos en un solo cuarto con una cama grande, con música, bocadillos, algo de porno y muchas conversaciones sobre sexo, y para mañana más de uno intentaría olvidar lo mucho que le gustaron las mangueras y las regadas que con ellas le dieron.

Julio César.

MATTHEW CAMP ENSEÑA LO JUSTO

agosto 13, 2017

SERGI ENRICH, ANTONIO LUNA Y COMPAÑÍA

   Y nadie lo hace por accidente…

   Así decía una propaganda hasta no hace mucho por televisión, que nadie enviaba fotos de desnudos por error, cosa muy cierta. Y la verdad es que no lo veo mal, que alguien desee compartir… o exhibirse. Es de suponer que quien se ve bien, como este modelo del que nunca había escuchado hablar, Matthew Camp, bailarín exótico y diseñador residenciado en Nueva York, no tenga reparos en compartir con el mundo la buena opinión que tiene de sí. Y sí que tiene motivos para ello, la verdad sea dicha.

   Claro, el asunto es malo cuando un tercero distribuye lo que no es suyo o sin el permiso de los participantes, pero todo el que se toma fotografías de desnudos, filma cintas o se muestra a otro mediante la web, sabe, a estas alturas de la vida, que va a terminar en algún portal de mal gusto (como este, aunque los hay infinitamente peores), como le ocurre a ciertos jugadores brasileños que tuvieron la increíblemente idiota idea de hacer un video de ellos mismos en los vestuarios de su equipo. No porque, reunidos, jóvenes, traviesos o calentorros juguetearan entre sí, esa es vaina de ellos, ni siquiera porque lo filmaran (aunque debieron imaginar lo que ocurriría), sino porque permitieran que pasara, que la grabación se hiciera pública y viral para que todo el mundo los juzgue. Porque lo hacen. Y feo.

   Este  modelo no tiene esos problemas, saliendo al balcón de su apartamento en una tarde soleada de verano en la Gran Manzana, por ejemplo; sin empachos en mostrarse ligero de ropas…

   …Algunas de ellas muy atrevidas pero con un tinte patriótico. Dicen que hace poco subió unas imágenes suyas aún más explicitas, desnudo y erecto, para el disfrute de sus fans (¡tan considerado!). Y es su derecho, ¿no? Su vida, su cuerpo, punto. Quien las quiere ver, las ve, las comenta, las baja y las guarda; a quien el tema no interese, que no lo haga. Aunque me parece ver algo extraño en ese comentario sobre mostrarse como Dios lo envió al mundo, aunque más crecido, ¿no que hay ciertos límites para mostrar en esas páginas sociales? ¡Hablamos de aparecer desnudo y erecto!

   Bien, como expresé, no me parece mal este tipo de “compartir”, es algo que gente adulta hace porque le gusta y le hace sentir bien, y no ofende a otros, pero la red superficial, el archiconocido facebook, por ejemplo, está tomando un cariz cada vez más siniestro por ese afán de mentes débiles en buscar sus cinco minutos de fama subiendo videos de violaciones, golpizas, atracos e incluso asesinatos. Es una pena no poder identificar a estos desgraciados antes de que hagan daño, aunque es de imaginar que alguien, familiares, amigos o parejas si los saben así de enfermos. Lástima que no avisen ni prevengan.

   Casi es una pena recordar esa nota de la mujer ultrajada o la del sujeto asesinado a puñaladas, hacen tan poco en la red, como si realmente de una hazaña, un logro personal, se tratara, estando las fotos del chicuelo este, ¿pero cómo se hace?

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 13

agosto 12, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 12

Por Sergio.

Las dos duchas  que Rodrigo tomó, antes y después de la visita de Claudio, han facilitado que se sienta listo para dormir. Tampoco necesitaba demasiados estímulos para hacerlo teniendo cansancio físico y psicológico acumulados como consecuencia de los acontecimientos sin precedentes de los últimos dos días, el fin de semana más anormal de su vida hasta ahora. A pesar de haber dormido siete horas después de  la primera ducha (y antes de la inolvidable visita de Claudio), a Rodrigo le parece que no le resultará difícil entrar en fase REM, estando acostado en su cama y sus párpados a punto de cerrarse.

Solamente esperaba no tener otro sueño como el primero que tuvo con Claudio, un sueño que, si desde un inicio le pareció denigrante y obsceno, ahora lo encontraba escalofriante, blasfemo y la peor cosa de todas: profético. Recordar este sueño le hace abrir sus ojos de golpe, siendo ahora capaz de ver las cosas en retrospectiva. Es cuando su mente, de golpe, pregunta “¿¡acaso fue ese sueño una premonición!? ¿¡Acaso fue ese sueño una advertencia!?”… pero antes de volver a dejarse perturbar por estos pensamientos, se esfuerza por ignorarlos y regresar al frágil estado de relajación que ya había logrado hasta conciliar el sueño. Afortunadamente para él, lo logra en pocos minutos.

Contrariamente para quienes duermen, el tiempo transcurre lento para quienes esperan… y más aún para quienes esperan resistir el sueño, desvelándose mientras estudian el vasto temario de un examen a evaluarse en la mañana siguiente, un examen para el cual los sensatos se prepararon con anticipación. Éste era el caso de Roberto, quien ahora se lamenta de no haber empezado a estudiar antes; pero su método de estudio ha consistido siempre en el círculo vicioso de planificar, procrastinar, arrepentirse y volver a fracasar miserablemente en el proyecto que había planeado cuidadosamente. No obstante, para su fortuna, no estaba solo.

Mientras transcurría la calurosa tarde, se dio cuenta que no iba a lograr terminar de estudiar por su cuenta, así que invitó a su casa a Samuel, su nuevo amigo y compañero de la Universidad. Él es uno de esos sensatos chicos que ya habían terminado de estudiar y, cuando Roberto le suplicó su ayuda, aceptó con agrado, aunque se preguntaba por qué no le pediría ayuda a Rodrigo, el asesor y el experto, viviendo ambos en la misma casa. Antes de la llegada de Samuel, Roberto predijo que seguramente la madrugada llegaría antes de que éste terminara de explicarle todos los contenidos del examen, por lo que buscó a Lucía para pedirle dinero con la idea de comprar unas pizzas y hacer sentir bienvenido a su amigo. Estuvo a punto de no encontrarla, pues la alcanzó cuando ella iba de camino a su cita con Claudio, cita a la cual éste esperaba que asistiera junto a su madre para poder quedarse a solas con Rodrigo, pero no contaba con que ella ni siquiera les había querido avisar a sus hijos.

– ¿Adónde vas, mamá? – pregunta la ruidosa voz de Roberto.

– ¡Me asustaste! – responde Lucía sin dejar de caminar.

– ¿Por qué la prisa? ¿Vas a ver a tu noviecito? – bromea mientras le sigue el paso a su madre.

– ¿Qué quieres? – pregunta secamente.

– Necesito dinero.

– ¿Cuánto?

– 300 pesos

– ¿¡Y para qué quieres tanto!? – se impacienta.

– Para comprar unas pizzas. Es que va a venir un amigo.

– ¿Qué amigo? No estarás pensando en hacer fiesta en la casa, ¿verdad?

– ¡Es un amigo de la universidad! ¡Va a ayudarme a estudiar! – Roberto también empieza a perder la paciencia.

– Bueno, pero yo no tengo dinero. Pídeselo a tu hermano.

– ¡Ni hablar! Estoy enojado con él…

– Pues entonces lo lamento.

– ¡Ay, no manches, mamá! ¿Me vas a decir que no puedes sacar esa miserable cantidad de dinero de tu tarjeta de crédito? ¡Tampoco es tanto! – cuestiona molesto ante la actitud de Lucía.

– Y tú crees que el dinero crece en los árboles, ¿verdad? Luego tengo que reponerlo o me va seguir creciendo la deuda.

– ¿Y para qué está Claudio? ¿A verlo a él vas, no?

– Yo no soy ninguna mantenida.

– ¡Pues  gracias por nada! – explota finalmente, empezando a caminar en la dirección contraria.

– ¡ROBERTO! – le grita, haciendo que Roberto se detenga.

– Voy a sacar el dinero de la tarjeta, pero no quiero berrinches y ya no te vas a pelear con tu hermano. ¿Entendiste? – negocia con calma.

Roberto está molesto y se mantiene en silencio, pero sin desviar sus desafiantes ojos verdosos de los de su madre, también desafiantes y verdosos.

– ¿¡Entendiste!?  – pregunta Lucía alzando nuevamente su voz.

– Sí. – acepta el trato con disgusto.

– Bien, entonces acompáñame al centro comercial que no me fío de los cajeros de esta zona… Han habido muchos asaltos últimamente…

Sin decir nada, Roberto acompañó a Lucía mientras pensaba en que ella jamás trataría a Rodrigo como lo trató a él esa tarde. Ahora, a pesar de que eso sucedió hace ya muchas horas, Roberto continuaba molesto y eso le había impedido concentrarse en las explicaciones de Samuel durante la tarde y noche.

– ¡Roberto! – Samuel llama su atención, trayéndolo nuevamente al presente.

– ¿Qué pasa? – Roberto se sobresalta.

– No te estás concentrando y así no va a servir de nada que te explique.

– Perdón, pero es que sí me sacó de onda lo de mi mamá…

– Yo sé, pero ahorita tienes que olvidarlo y concentrarte. ¡Ya casi es madrugada!

– Tienes razón. Sigamos…

Roberto y Samuel continúan estudiando hasta que el sueño los vence pocas horas después. A las 5:30 a.m., Rodrigo despierta y, fiel a su rutina, se prepara para ir a entrenar al gimnasio, como acostumbra desde hace más de un año. En esta ocasión, no abandona su habitación sin antes tomar una alargada y vieja lámpara que perteneció a su padre, la cual lleva consigo por dos razones: 1. No está dispuesto a permanecer en la oscuridad, como lo estuvo antes de ser raptado el viernes, y su muy potente luz lo evitaría; y 2. Al ser metálica y dura, es lo más parecido a un arma con lo que contaba, de manera que si se volvía a “encontrar” con sus ex captores, les partiría el cráneo con ella antes que éstos sacaran sus revólveres.

Con la fantasía de encestar el pesado objeto en sus cabezas, emprende camino hacia su destino corriendo, empuñando la lámpara como si de una espada medieval se tratara. Si Rodrigo estuviera vistiendo una armadura, en lugar de su moderna ropa deportiva, parecería un guerrero medieval: fuerte y valiente… y, además, muy apuesto. Son éstos los pensamientos que se presentan en la mente de Luciano, un hombre un par de años mayor que Rodrigo que, desde la amplia entrada del gimnasio, observa cómo corre hacia esa dirección.

En cuestión de segundos, Rodrigo toma un par de mancuernas, con las que empieza a ejecutar el primer ejercicio de su entrenamiento. Luciano no puede evitar esbozar una sonrisa al observar con mayor detenimiento la anatomía de Rodrigo, quien esta mañana lucía especialmente sensual con un centro deportivo rojo, que exhibía su prominente pecho, espalda y sus fuertes brazos; mientras que sus shorts negros mostraban sus muy desarrolladas piernas y no dejaba a la imaginación la forma de sus enormes nalgas. Curiosamente para Luciano, esas nalgas parecían haber crecido aún más desde la última vez que vio al joven días antes.

Luciano tenía dos semanas asistiendo a ese gimnasio particular, pero no era ajeno a ellos. Él es un poco más alto que Rodrigo, aunque un poco menos musculoso debido a factores genéticos. Su tez morena clara, sus facciones armoniosas y su lacio y bien peinado cabello negro combinaban con su cuerpo a la perfección. Durante esas dos semanas, Luciano había observado a Rodrigo todos los días que habían coincidido, aunque éste nunca había reparado en él… hasta hoy. Tras poco más de una hora de ejercicio, Rodrigo ya se ha bebido toda el agua que su botella, por lo que estaba sediento. Luciano, que estaba al tanto, se le acerca para ofrecerle agua y tener un primer contacto con él.

– Toma. Desde allá se te ve la cara de sediento. – Dice Luciano mientras le entrega su botella llena de agua fría.

– ¡Muchas gracias, amigo! – Exclama Rodrigo exhausto antes de dar un largo trago.

A Luciano le parece sensual la imagen de Rodrigo, rojo y cubierto de sudor, ingiriendo agua de su botella, pensando que ésta tiene una forma medianamente fálica.

– Muchas gracias, amigo – repite Rodrigo, recuperando el aliento.

– Nada que agradecer. Estamos para ayudarnos. – replica amablemente.

Tras haber bebido gran cantidad del agua que contenía la botella, Rodrigo se la devuelve a Luciano, sintiéndose inmediatamente casi avergonzado por haberla dejado casi vacía. Debido a esto, Rodrigo no termina de soltar la botella y Luciano no termina de tomarla, resultando en que ambos hombres están sosteniendo un extremo de la botella mientras también mantienen un involuntario contacto visual.

– Perdóname. Ahora tú te has quedado sin agua por mi culpa. – dice Rodrigo, entre apenado y gracioso.

– No te preocupes. Jeje De todos modos, no me queda mucho tiempo aquí por hoy. – continúa simpático.

– Bueno, lo menos que puedo hacer es presentarme. Je, je Me llamo Rodrigo. – dice mientras menea la botella con su mano, moviendo automáticamente la de Luciano.

– Ja, ja, ja Soy Luciano. – ríe ante el singular apretón de manos.

A ambos hombres les faltaba todavía realizar unos pocos ejercicios adicionales para terminar sus respectivas rutinas del día, pero le restan importancia al asunto, casi sin darse cuenta, cuando prefieren seguir conversando, permaneciendo de pie en medio de las muchas máquinas del gimnasio. Luciano ve en Rodrigo a un joven que, además de guapo, es encantador; mientras que la percepción de Rodrigo sobre Luciano no nada diferente. Esto no deja de sorprenderlo, pero no lo alarma. Simplemente, por alguna razón, le genera confianza y disfruta la compañía de ese desconocido como disfruta de la de su mejor amigo Víctor; aunque en esta ocasión, era mucho más consciente de la masculina belleza de su interlocutor.

Mientras mantienen una animada conversación que relaciona temas dispares y mayormente triviales, Rodrigo empieza a pensar si debería preocuparse. Después de todo, fue secuestrado hace dos días y medio, conoció (muy a fondo) el sexo homosexual durante su cautiverio y fue liberado ayer. “Y después de ser liberado, lo primero que hago es darle el culo a Claudio” se recrimina en silencio, pero rápidamente razona “todos cometemos errores”. A medida que la conversación sigue fluyendo, deja de prestar atención al contenido de lo que Luciano está diciendo, cambiando momentáneamente el objeto de su atención. Ésta se dirige ahora al cuerpazo de su interlocutor.

Lo más inmediato es su masculina boca, sus ojos, su nariz… todas sus expresiones faciales, las cuales denotan seguridad y un don de mando innegable, pero sin perder su naturaleza amable. Los ojos avellana de Rodrigo empiezan a bajar, recorriendo con ellos su pecho, sus brazos y sus piernas. El atuendo deportivo de Luciano, bastante similar al suyo, le posibilita la observación de todas estas partes; pero ahora su linda mirada se desvía hacia otro lugar: su entrepierna. Al examinar esa área, ésta se ve plana, como si se tratara de un inocente dibujo de la figura masculina, en los que se dibujan con detalle todas las partes del cuerpo de un hombre, pero jamás esbozan siquiera sus genitales debido al conservadurismo que aún existe en la sociedad.

– ¿Me estás escuchando? – escucha Rodrigo a Luciano preguntar con cierto tono de humor.

– Perdona, pero me distraje. Je, je – responde esperando que no note el objeto de esa distracción.

– Espero no haberte aburrido con lo que te decía de mi trabajo. Je

– No, lo que pasa es que ya se me está haciendo tarde a mí. Je, je Debo ducharme e irme ya.

– Eso también aplica para mí. Ja, ja Te acompaño a las duchas.

Rodrigo no esperaba que Luciano lo acompañara a los vestidores. Era verdad que ya se aproximaba la hora a la que normalmente se retira del gimnasio, pero no estaba retrasado para sus compromisos en la Universidad. En realidad, Rodrigo buscaba escapar de “la tentación”. Se había pillado a sí mismo no solamente notando apreciando la belleza de un amable desconocido, sino que también había intentado adivinar la forma de su pene. No era una situación demasiado diferente a la que estaba ocurriendo ayer con Claudio… antes de su “espontáneo” encuentro sexual.

No se siente dueño de sí mismo, sino vulnerable y teme que algo similar pueda ocurrirle con Luciano ahora mismo y en el gimnasio, estando éste, además, cada vez más lleno de gente. Camina hacia la zona de vestidores y duchas junto a Luciano, imaginando que la encontrarían con varios ocupantes, pero para su sorpresa, nota que solamente están ellos dos ahí. Luciano no pierde tiempo para sacar sus cosas del locker e, inmediatamente después, quitarse la camisa. Al hacerlo, levanta sus brazos y es entonces cuando los ojos de Rodrigo se abren completamente, sobresaltados de pronto ante la escena: ¡el short de Luciano parece una tienda de campaña!

Para comentarios o sugerencias, escriban a maxival91@gmail.com

NOTA: El autor agradecería le comunicaran algún comentario, o idea sobre la historia. Esta me agrada, y personalmente la espero y sigo con interés, por eso, en ese detalle en específico, no he querido indicarle nada, no vaya a terminar como “otro cuento que se parece mucho a los otros”. Pero están invitados, ¿eh?

CONTINUARÁ…

Julio César (no es mío).

JUGUETONES

agosto 12, 2017

VUELTAS DE LA VIDA

   -No, no, basta, dejen sus juegos. –ríe el entrenador, alejando de su enorme y terso trasero las manos calientes de los chicos que entrenó para aquel maratón.

VIDA CAMPIRANA

Julio César.

ORAL

agosto 12, 2017

EL MOMENTO ESPERADO CADA TARDE

   El sabio usa lo que tiene…

   -Verga, pana, ¿qué haces? –pregunta alarmadamente divertido, el chico entrando en el salón vacío, encontrando al flojo compañero de estudios, quien le dedica un gesto displicente de cabeza mientras sigue aceitándose.- Volviste a irte de farra y no estudiaste para el examen oral, ¿verdad?

   -No lo vas a saber tú. –responde el cretino.- Espero resolverlo con un bailecito y que el oral termine dándomelo el profe, antes de aprobarme. Después de probarme. –responde tal cual; ¡sí su padre supiera lo que hacía en la escuela!

   -Eres una sarna. –replica el otro, ojos brillantes.- ¿Te ayudó con el aceite en el trasero? Parece que no llegas.

   -Zape, sé que me le tienes bastante ganas.

Julio César.

EL QUE SE VA…

agosto 12, 2017

SOLOS

   El peor daño que podemos hacerle a Venezuela es dividir la lucha, por muchas que sean las falencias de una dirigencia que parece no creer en eso sobre lo que nos advirtieron hace años, que esto no es un régimen democrático, que no son los tiempos de Leoni entregándole a Caldera el poder si la gente sufragaba por él y ganaba así fuera por un voto. Cada quien lo que quiere. Les pasó a los cubanos a la caída del bloque soviético, y la dictadura, odiada por todos, les ha durado otros treinta años. Eso de yo no voto con Tibisay ahí, ni con esos militares en los centros, ni mientras Maduro sea presidente, sino cuando todo cambie (por magia, imagino, ya que la gente no puede ofrecer más que su sangre y sus vidas), es una idiotez. A María Corina la extrañaremos, pero el país es más importante.

FUERA DE JUEGO

Julio César.

TODO EN FAMILIA

agosto 10, 2017

SUEÑOS DE UNA MAÑANA DE VERANO

   ¿Se lo imaginan?

   Un apuesto y fogoso joven amanece caliente y con muchas ganas, la tiene dura y pulsante, ya le babea, y la pega de su mujer, queriendo cariños, buscando acción, temblando de anticipación. Pero esta no está de ganas, desdeñosa se para y sale dejándole confuso y excitado, bastante frustrado…

   Frustración que tiene que matar con una paja a dos manos, una que no es satisfactoria, pero si necesaria; tan alterado está que no reacciona a tiempo cuando su joven cuñado abre la puerta y se asoma para ver por qué se gritaba con su hermana y por qué esta salió toda molesta. Y, claro, llegan las sorpresas, el tipo que se cubre, duro pero avergonzado, y el otro que ríe, entendiendo ya por dónde viene la cosa, pensando que es una pena (y una tontería de su hermana), que un hombre tan hermoso y tan viril como ese, con tamaño miembro caliente, no encontrara desahogo cuando lo buscaba. Por lo que le ofrece una mano…

   Costándole convencerle, pero si, el otro estaba caliente. Y una mano ajena se sentía mejor que la propia, como descubría y reconocía todo tipo al que se lo hacían la primera vez. Y con el disgusto contra su mujer, casi sentía que ella lo merecía. Pero si la mano fue buena, la ávida boca fue gloriosa. Esos labios tersos atrapándosela toda, el aliento quemándole, las mejillas y lengua halando y apretando. Nuestro héroe lo gozaba casi tanto como el cuñado, ese otro tío joven y calentorro que degustaba tan impresionante tranca… Aunque la quería metida de una forma más íntima en su “otra boca”, esa si que verdaderamente hecha agua para ese entonces ante el esplendido manjar a su alcance…

……

   Este video, que ya tiene su tiempo, fue uno de los primeros que me gustó de esa genial casa productora, MEN.com; también es uno de mis preferidos y uno de los pocos que conservo en un archivo, esos que uno guarda por ahí y a veces olvida y ni mira, pero lo tiene. El argumento es sencillamente fascinante, fetichista, caliente y erótico, un sujeto quiere sexo con la esposa, esta no cede, otro tipo llega (y uno imagina a un cuñado, un amigo, un vecino, un primo e incluso, más retorcido, un hermano) y se ofrece a “ayudarle”, entablándose el dilema entre la heterosexualidad y las ganas de desahogo sexual. Los actores son una maravilla, dos de los sujetos más expresivos, que gruñen justo cuando toca, y excitantes del porno gay, Cliff Jensen y Jessie Colter, con esas caras de raticas de albañal (y de haber participado en mil orgias). Por no hablar de lo mucho que parecen disfrutar lo que hacen, uno dejándose chupar, otro cuando lo montan y se lo clavan; la cara de este, su sonrisa y gemidos, de por sí, son todo un trabajo bien hecho. Fuera de ello, las tomas cuando entra a la habitación y le pilla masturbándose, y le convence de probar lo nuevo, fue muy ameno. No creo que haya alguien que no conozca este trabajo, pero si no, o desean verlo de nuevo, vayan a: MOMENTO FAMILIAR BIEN APROVECHADO

Julio César.

ENCUBIERTO

agosto 10, 2017

PROBAR

   Algo siempre los delata…

   Los dos hombres miran mientras el muchacho farfulla, ojos llenos de ira, forzando sus amarres al tiempo que les exige, con gestos, que le liberen o se arrepentirán por algo que no saben. El sujeto al que abordó en la cantina de motorizados, con la chaqueta de cuero, tatuajes y feo bigote, se le cerca.

   -Quieto, cachorrito, sé que eres importante. ¿Acaso crees que no sabía en cuanto entraste que eras un agente de la DEA que deseaba infiltrarnos? –se burla, congelándole.- Si, lo sabía; en el orden natural te habríamos dado un golpiza o cortado las bolas, pero le debemos dinero a este sujeto… -señala al tipo dos pasos más atrás, muy pálido, de cara muerta.- Y tienes algo que sabemos le gusta: un dulce territorio virgen a ser explorado. Dos, contando tu boquita bonita. –y ríe de su angustia.- Oh, no te asustes, ya te dije que tenías lo justo. En cuanto hablamos, mientras intentabas hacerte un duro, supe que eras un marica sumiso latente, aunque tú mismo no lo sabía. –el muchacho se revuelve, furioso.- Oh, sí, lo eres, no lo sabes, pero lo eres. Con este amigo encontrarás tu lugar en la vida, ser un desnudo, degradado y sometido juguete sexual; pronto conocerás la alegría del amor anal que sólo un hombre puede proporcionarte. Prepárate, esta noche parten juntos, y su casa está muy lejos y muy apartada en una fría montaña. No es bueno estar tan solo en esos largos días de invierno. Nadie sabrá dónde terminaste, o dónde buscarte. Nunca volveremos a vernos, así que adiós, muchacho; disfruta tu nueva vida, ya no tendrás que ocultar tu mariconeidad. –riendo se aleja mientras el chico se revuelve más, congelándose, casi reptando en la cama, alejándose, cuando el otro se le acerca.

   -Bienvenido a tu nueva vida, pequeño marica. No será fácil, te lo advierto, pero al final te gustará todo lo que te haga, y olvidarás lo demás, hasta tu nombre. Seremos tan felices… –alza algo en sus manos.- ¿Alguna vez habías visto un tapón anal? Es algo grueso, pero…

Julio Cesar.

NOTA: Sólo son cuentos, ¿eh?

CORRERÍAS EN BOSTON… 28

agosto 10, 2017

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 27

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

……

   Nunca podría olvidar ese día, su boda, y no por las razones tradicionales, se dijo el apuesto hombre cerrando la puerta de aquel dormitorio en casa de su abuela, donde conoció carnalmente, por primera vez, a un rubio pecoso e irritante que se le convirtió en algo muy importante.

   Había pasado esa mañana tenso, aprensivo. Si fuera de los que se dejaba llevar por la imaginación para acomodar su mundo, habría dicho después que ya presentía algo de lo que ocurriría. Pero no lo creyó antes, ni ahora. Había estado impaciente porque iba a casarse con una mujer que le agradaba pero la que no le significaba nada mayormente. No como cierto Dean Winchester, un sujeto que quién sabía qué estaría haciendo en esos momentos (no respondió a dos mensajes enviados), desde perseguir, a solas, una feroz manada de hombres lobo, a coquetear con cuanta camarera (o botones) hubiera de allí a Washington. Le extrañaba, horriblemente, y le inquietaba no saber qué hacía. La inseguridad y los celos eran una cosa terrible. Con la llegada de la tarde, le tocó recibir a amigos del trabajo, del colegio, de años, gente de la fiscalía, a los herederos de las casas amigas de su familia, todos deseándole felicidades o endosándole, con cierta maldad mal disimulada, aquello de que ahora “si sabría lo que era bueno y pagaría toda lasque había hecho”. Y la ceremonia.

   La iglesia estaba impresionante, llena, todo el que era alguien estaba presente. Las flores, la iluminación, todo parecía de cuento de hadas. Pero él, esperando por Leslie, no podía borrar aquella leve arruga en su frente… revisando sí tenía alguna llamada. Contrariándose aunque no quería al no halla nada; había intentado hablar dos veces con el rubio. Dos veces le llamó y cayó directamente en el buzón. ¡Ese pequeño…!, no pudo evitar irritarse. Aún en ese momento no llegaba una respuesta. Alzando la vista encontró la dura mirada de su abuela, quien con leve inflexiones parecía indicarle que se comportara y se concentrara en lo que hacía. ¿Cuánto imaginaba o sabría, de hecho, la mujer?, lo ignoraba, pero intentó relajarse, sonreír. Borrar el ceño, especialmente cuando una etérea y hermosa Leslie entró acompañada de su padre y se escucharon las notas del avemaría. Ella, sonriendo, le miraba fijamente, como extrañada de algo. ¿Notando su desazón? Le sonrió lo más honestamente que pudo, lo que no le era difícil; era la sonrisa que siempre componía, y con la cual engañaba, en los tribunales. Dios, ¿estaría cometiendo un error que le resultaría costoso luego? No, con Leslie estaría a un paso más cerca de coronar sus ambiciones políticas.

   La ceremonia comenzó, solemne emocionante de cierta manera, tuvo que reconocer. Las palabras, los votos, el beso, los presente sonriendo. Eran marido y mujer. Abrazados, sonriendo, se volvieron hacia las familias y amistades, admitiendo que se sentía bien hacer aquello. Allí estaban todos los que le importaban, sus compañeros del trabajo, la abuela, sus padres. Padrinos y madrinas se acercaban a felicitarles en alegre montón. Hasta Dean aplaudía, lenta y deliberadamente, con una mirada intensa en sus ojos verdes que parecían lanzarle destellos que…

   ¡Dean!

   El joven cazador estaba al final del amplio salón, cerca de una de las entradas laterales, prácticamente apoyado de espaldas de una de las altas columnas, vistiendo lo que seguramente era su mejor traje para hacerse pasar por agente federal (“Dios, odio disfrazarme de agente del FBI”, le había contado una vez, luchando con el nudo de la corbata), de pie como todos, aplaudiendo ominosamente. Mirándole, los ojos revelando tantas emociones a un tiempo que le fue difícil entender que era realmente él, Dean, mostrando enfado, dolor, decepción, y algo más, un sentimiento que no podía identificar pero que le provocó un dolor atroz en el pecho, el mismo que pareció congelársele impidiéndole respirar. Debía estar mortalmente pálido, lo supuso por lo frío que se sintió. No podía apartar la mirada del pecoso, que aplaudía y le prometía, sin palabras, toda la furia del infierno. Le había descubierto, y debió imaginarlo. Su matrimonio era la gran noticia del mes; el cazador no gustaba de leer la prensa rosa, sino sobre deportes, muertes extrañas y algo sobre la vida de cantantes. Nada más. Pero la boda había sido bien promocionada.

   Lo supo y ahora estaba allí, diciéndole algo que no quería entender, que no podía aceptar porque, aunque sonara idiota, sabe que si este partiera se llevaría demasiado de sí. No temió ni por un segundo un escándalo, que este gritara algo, que lo pusiera en evidencia. No, lo que le estaba diciendo era mucho peor que todo eso. Le ve dejar de aplaudir, siente su mirada, elocuente. Reclamándole su traición.

   -¿Nick? –la voz de Leslie le regresó en sí, al tiempo que esta le agarró por un brazo, ¿deteniéndole cuando se disponía a bajar del altar? Mirándola, entendió que el tiempo se había dilatado para él, como tantas veces leyera y escuchara que les ocurría a otros, haciéndole sonreír siempre con desdén. Hasta ese instante.- ¿Te sientes bien?

   -Sí, yo… yo… -no puede reaccionar, y volviendo nuevamente la mirada encontró lo que esperaba y temía. Dean ya no estaba.

   ¡Dios!

   Nunca en toda su vida, el hombre había conocido una impaciencia, frustración e impotencia tal como la vivida mientras recibía mil felicitaciones, posaba para las cámaras fotográficas y se reunía con los suyos, rumbo a la casona de la familia de Leslie donde se llevaría a cabo una recepción  “íntima”, con media ciudad presente. Y en todo momento lo único que Nicholas Stanton deseaba era salir corriendo rumbo a su apartamento, seguro como la muerte al final del camino de la vida que no encontraría a Dean Winchester; al que no había parado de llamar a la menor oportunidad, sin recibir alguna contestación. Pero él sabía un poquito más que eso…

   Con gestos y miradas hacia su chofer-guardaespaldas, cuadró la escapada de la reunión, aprovechando que los salones y jardines de la impresionante propiedad estaban atestados de personas felices y sonrientes. ¡Estaba escapándose de su propia fiesta de bodas! Sabía las consecuencias que eso le acarrearía, no era un buen comienzo con su mujer, pero no podía esperar. Tenía que llegar junto a Dean, mirarle, atraparle de alguna manera entre sus brazos y hacerle entender que procedió así porque fue el único camino que vio. Debía casarse, pero no quería perderle. Aun a él le sonaba egoísta, ruin, los motivos y los métodos, pero era real. Con Leslie alcanzaría la fiscalía, el puesto en el senado, el futuro; ella le daría hermosos hijos. Lo que tenía con Dean… No, no quiere perderle. No puede.

   El trayecto al apartamento se le hizo insoportable, dolorosamente largo, mientras imaginaba cómo sería vivir con un vacío en el pecho. La gran parte de sí que había sido ocupada, hasta ese momento, por el pecoso, atrevido y desvergonzado cazador de monstruos y criaturas sobrenaturales. Tenía que hacerle entender que… que… “No te vayas Dean, aún no. Espérame. Yo te haré comprender, ya verás. Pero espérame”. Era lo único que deseaba, una oportunidad.

   -Sígueme. –ordenó, impaciente, al chofer.

   Tarde. Era tarde. La idea le atormentó al salir casi de un salto del vehículo cuando el otro lo detuvo, conteniéndose a duras penas para no echarse correr hacia los ascensores del estacionamiento. Seguido por la confusa mirada de su auxiliar, quien no le entendía. Ni le juzgaba. Pero dejar su boda así… Apresurándose a ir tras él.

   A Nicholas le dolió el pecho mientras llegaban al piso y se dirigía hacia la puerta, gruñéndole al otro que espera allí… y que no dejara salir a nadie sin su autorización. Tarde, demasiado tarde, la frase le torturaba mientras abría la puerta, respirando pesadamente, tensando el cuerpo aprestándose para la discusión y argumentación de su vida que tendría que dar. Si el cazador aún estaba allí. Sobre la mesita vio el enorme morral de viaje, abierto, conteniendo muchas cosas arrojadas de cualquier manera, armas, revistas, ropas, las camisas de franela. Todo lo que era de Dean al llegar. Sabía que este no se iría sin confrontarle una última vez. Que tendría la oportunidad de encontrarle, de verle. Pero ese morral abierto le había dejado sin habla. Se iba. ¡Dean pensaba dejarle! Oyó sus pasos, resueltos, pesados por las botas, que llegaban del dormitorio donde tantas cosas y tantos momentos compartieron. Y abrumado no pudo despegar la mirada del bolso de viaje. No le miró, pero supo que el cazador se detuvo, tenso, al encontrarle.

   -¿No deberías estar en tu fiesta de boda? –la pregunta fue directa, altanera, agresiva. Dolida.

   -Sabía que me esperabas. –replicó, izando por fin la mirada, toda la tortura de su alma ardiendo en sus pupilas.- Dean… no quería que lo supieras así… -no puede hablar ahora. Estremeciéndose al notarle tensar aún más la mandíbula, viéndose sencillamente fantástico con su cabello bien cepillado, la leve sombra de barba en sus mejillas, la chaqueta negra de cuero.

   -Si, supongo que no querías que te descubriera en tus engaños. -gruñó arrojando unos calcetines en la bolsa.- Ni qué me presentara en tu momento de triunfo, lo siento, ¿okay?, pero necesitaba ver si el Nicholas Stanton, miembro de la fiscalía de Boston, que se casaba, eras tú, ya que me habías dicho que partías a una reunión familiar. –le lazó una sonrisa torva.- Ah, no, era cierto, estas allí reunido con mucha familia. –se golpeó la frente.- Tonto de mí que nunca entiendo.

   -Dean, no… -se atragantó. No pudo continuar con todas las razones que pensaba exponerle para sus acciones, tan sólo se quedó mirándole, inquietándose por segundo al notar que se cabreaba más y más.- Joder, ¿para qué fuiste? ¿Por qué no aceptaste que tenía compromisos y ya? Estábamos bien. –gruñó, frustrado.

   Supo, en cuanto abrió la boca, que había comenzado mal. Ver al cazador entrecerrar los ojos, dar un paso rápido y lanzarle un puñetazo al rostro, fue una sola cosa. Aunque era un sujeto alto, duro, desagradable muchas veces con demasiada gente, por lo tanto sabiendo que muchos le odiaban, Nicholas no estaba acostumbrado a las agresiones físicas, y le dolió recibir ese puñetazo sobre la boca, dando dos pasos atrás, saboreando su propia sangre.

   -¡Me golpeaste! –jadeó, parpadeando.

   -Y estoy seguro que volveré  hacerlo antes de salir por esa puerta, hijo de perra. –le rugió el otro, mirándole todo enojado, herido.

   -¡No! Eso no, por favor; yo… -se vio abrumado.

   -¡Habla, Nick! Si tienes algo que decir, dilo ahora, y pronto, porque estoy a punto de largarme al quinto coño en Wyoming para cortar cabezas de vampiros, y posiblemente nunca más volveremos a cruzarnos en esta vida. –sentenció con voz clara, implacable, haciendo temblar al hombre un poco más alto.- Comienza a mentir, a tratarme como un perfecto imbécil antes de que se acabe tu tiempo. –exigió.

CONTINÚA…

Julio César.

TRUCO

agosto 10, 2017

EL PUNTO

   -Todos creen que esos chicuelos me aman por los músculos y las tangas llenas; pero no, es porque cada uno de ellos sabe que lo trataré como la zorra que es.

VAQUERO

Julio César.

VENEZUELA CONVULSA

agosto 10, 2017

REPRESION DEL GOBIERNO, UN MAL REMEDIO

   El pasado fin de semana, en este país, fue rico en acontecimientos; fuimos de lo bueno a lo malo, pasamos de lo puramente ilusorio a lo real, de lo irritante y frustrante al frío consuelo del que odia tanto.

   Después de montar la cómica que sacar de sus casas a Antonio Ledezma y a Leopoldo López, el Gobierno tuvo que regresarlos, aún sabiendo que sus familias no callarán y que seguirán luchando. La arbitraria e ilegal medida de secuestrarles, fuera de irritar a los venezolanos y angustiar a sus familias, puso aún más por el piso la imagen del régimen (militares deteniendo gente enviada a sus casas por jueces civiles, ¿qué tal?), potenció el mensaje que Ledezma enviaba al país, y fortaleció a Leopoldo, a quien tantos habla paja habían señalado de “pactar” con sus perseguidores. Para que se vea que no todos los necios están de un bando, dato a tomar en cuenta, siempre, para cualquier ecuación.

   Esa fue una buena noticia, causó algo de alivio por la suerte de ellos, como aún se teme por tantos y tantos detenidos. La policía y la guardia nacional arrestan a decenas y decenas de venezolanos en cada manifestación, pero jamás a uno de los asesinos; a esos no los detienen ni por error, ni los presentan frente al país, por televisión, corroborados por las miles de grabaciones que se tiene de cada muerte. Qué raro, ¿verdad? Bien, recuerdo que al llamar a mamá, y comentárselo, para tranquilizarla por todas las bolas que corrían el domingo, lo de Leopoldo, ella exclamó que gracias a Dios, porque “ya bastante ha sufrido ese muchacho”. Y con todo el tiempo y el dinero que el régimen ha gastado e intentar presentarlo frente al país como un monstruo. Para eso sirvieron las necedades de unos gorilas uniformados que imaginan pueden intimidar a todo un país para escapar del castigo a sus delitos, para quedar como imbéciles y potenciar a los perseguidos.

   Lo malo, irritante e ilusorio fue la toma del Palacio Legislativo para instalar una Asamblea Nacional Constituyente (mejor conocida en la calle como la Prostituyente) que fue rechazada por el ochenta y ocho por ciento del país, que aunque deja bien mal parado al régimen, apartándolo de toda legalidad (e imposibilitándole todo ñemeo económico en la manera de acuerdos), les era necesario para modificar la Constitución vigente por mecanismos ajenos a ella, inventarse leyes y legalizar la represión. Si el estado de derecho, si la ley estorba, entonces se cambia el marco de convivencia nacional, aunque eso signifique dar un golpe de estado y romper el hilo democrático, punto. Claro, el ochenta y ocho por ciento sabe que eso no pondrá un sólo plato de granos en la mesa de nadie (la harina rusa que vienen anunciando hace casi un año nunca aparece), porque el régimen no tiene ni puta idea de cómo revertir el daño que hizo en dieciocho años de corrupción e incompetencia, esta ruina que está matando de hambre al país, empujándolo a una rabia irracional que terminará estallando contra sus creadores. Pero ellos imaginan que algo están ganando, que con “instituciones” que nadie reconoce, están “resolviendo” algo. Fantasías de dementes o alucinaciones de adictos.

   Lo real era que mientras perdían el tiempo en esa paja, con cuatro locos gritando consignas sin mostrar tomas abiertas por televisión, se declaraba un alerta por las lluvias en Ciudad Bolívar, por el nivel del agua en la represa del Guri, construida en la era democrática, y menos mal, porque con lo hábiles que resultaron los socialista, de haberles tocado, ni la electricidad la conoceríamos. Sobre este peligro de desborde, los expertos lo alertaron hace rato, pero nada se hizo, como nunca se hace nada que no sea robar plata o hablar paja. Esa represa, como los puentes, las autopistas, las hidrológicas, lleva años sin recibir mantenimiento por el robo sistemático de los presupuestos y por poner al frente de esas obras a revolucionarios con credenciales: es decir, ser inútiles funcionales.

   Sin mencionar para nada los temas que al venezolano preocupan, el hambre, la inseguridad y la parálisis que está destruyendo a Venezuela, hechura de dieciocho años de rapiña o, como también se le dice, socialismo, el mamotreto de la Asamblea Nacional Constituyente lo primero y único que hizo fue destituir a la Fiscal General de la República, señor Luisa Ortega Díaz, asegundase de que ni siquiera pudiera entrar en sus oficinas, imaginando que así acababan con lo recaudado sobre corrupción, narcotráfico y ahora violación de derechos humanos. El país cayéndose a pedazos, el ochenta  ocho por ciento de la nación arrecha por el hambre y la carestía de lo más básico (jabón de olor, desodorantes, papel de baño), y esta cantera de personajes repudiados se reúnen para esa necedad. Es lo único de lo que se ocupan, por ello no pueden permitirse el consultarle al país absolutamente nada.

   Pero mientras todavía se felicitaban por el nuevo escupitajo a Venezuela, la nueva humillación que imaginaban le infligía a alguien, el día domingo trascurrió con los rumores de militares alzados, armas desaparecidas y pronunciamientos contra la corrupción, el centralismo, la burocracia y la justicia parcializada (¿hablado frente al Samán aquel?). A eso intentó silenciársele todo lo que se pudo, y al final de la tarde volvieron con la paja que si no es disgusto militar por la corrupción o la miseria a la que se nos llevó, sino la desestabilización externa, que si los intereses económicos de la derecha (aparentemente el ochenta  ocho por ciento de Venezuela es de derecha y sigue los dictados norteamericanos, según los resultados de la Prostituyente), pero lo cierto es que fue un hecho terrible para el régimen, el cual han intentado atenuar, disimular, pero es difícil. Por una parte parece quedar en evidencia, o se sospecha, que el mundo militar también se está fracturando ante el dantesco drama humanitario que vive el país y que el régimen niega a pesar de los muertos por el hambre y la falta de medicinas básicas, por no hablar de los cientos que caen asesinados al mes por un hampa desbordada y jamás atacada; lo otro que no pudo esconderse fue que el país casi hizo fiesta, ese ochenta y ocho por ciento que los atormenta, pensando que había un golpe y que les detendrían y tal vez hasta les fusilarían, como tanto se corría por la red. Que les harían a ellos, lo que ellos pensaban hacerle a Carlos Andrés Pérez, y eso que a estos se les odia todavía más.

   No era este un escenario que yo creyera, ni esperaba, todavía estamos pagando la estafa de un militar que se pronunció contra la corrupción, el centralismo, la burocracia, la falta de justicia, la desigualdad social y la traición a la patria (en tiempos cuando la Zona en Reclamación todavía era nuestra, y no se había cedulado a cuanto bicho de uña pasara por ahí porque “van a votar por él”), pero algo ocurrió el día domingo, algo que no sabemos ni esperamos enterarnos por boca de un régimen que miente una y otra, y otra, y otra vez, descubriéndoseles los engaños al poco andar. Incluso hoy, miércoles, hay quienes sostienen que todo eso no fue más que una maniobra distraccionista del autoritarismo para que el mundo viera que sí había una conspiración. Fue un error garrafal que salieran Diosdado Cabello y el ministro Vladimir Padrino López a declarar; eso tan sólo restó credibilidad en la información, y simpatías internas al régimen; pocos como esos dos son tan señalados por sus delitos, comenzando por la vejación y violación de los derechos humanos.

   Pero si esa era la idea, engatusar bobos o darle argumento a los infelices de la izquierda en la euro cámara, que juegan al mismo triste papel desde los tiempos cuando perseguían y satanizaban a la gente que escapaba como podía de la Unión Soviética y China (para ello estaban en nóminas, y no aprenden, no avanzan), la cosa les quedó bien mal. Como todo lo que hacen. Primero, nadie se solidarizó con la banda en Caracas, ningún gobierno llamó pidiendo información, o apoyándoles (¡ni Cuba!), exceptuando a Evo Morales. Segundo, dieron pie a que se diga en las calles que es mentira de la banda aquello de que la Fuerza Armada Nacional está incondicionalmente con ellos, que lo que está ocurriendo dentro de los cuarteles no se sabe, pero que si lo del domingo fue una muestra, entonces la procesión va por dentro. Si fue un truco para perseguir militares e implicar opositores, a la larga les resultará contraproducente. Y les estallaba en las caras cuando todavía se “felicitaban” por la instalación de la Gran Asamblea Nacional Constituyente Fascista.

   Paja, humo, delirios y drogas. Y, mientras tanto, nadie gobierna, nadie intenta atajar la caída en este abismo al que nos arrojaron.

Julio César.