COMEDIDO

octubre 17, 2017

PARTICIPACION DE PRESUPUESTOS

   Pasa en esas cálidas tarde de la juventud.

   Mirando al chico, el hombre siente unas ganas intensas de obligarle a caer de rodillas en esos vestuarios, quitarle lentamente ese calzoncillo de su suave trasero mientras este se atraganta emocionado, cubriendo cada pulgada y bebiendo hasta la última gota, y no de meados. Sabe que podría, aunque el joven tenía novia y admiradoras, este a veces lo miraba y se sonrojaba de vergüenza, seguramente padeciendo alguna confusión sexual típica de la edad. Algo que superaría con el tiempo; aunque, con trabajo constante cada tarde y mientras más le tratara como  a un joven y ardiente marica, más se convencería este, en su cabeza, que eso era lo único que siempre querría.

Julio César.

SUPERNATURAL NOW

octubre 17, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   ¿Durará tanta dicha?

   Aunque oficialmente la serie comenzó su décima tercera temporada el día jueves 12 de octubre, fue anoche cuando el infame Canal Warner (WC, como parece que les gusta identificarse), dio inicio a la misma. Tratándose de ellos fue casi simultáneamente, algo increíble. La manera en la cual esta gente maltrató la doceava temporada fue sencillamente atroz, después de la una de la madrugada (hora de Venezuela, se entiende, tal vez eran las ocho de la noche en algún lugar, pero seguro que, justo en ese momento, tampoco en ese lugar la trasmitían). Y pasaban dos o tres episodios de una sentada. ¡A esas horas! Bien, como sea, la iniciaron ayer domingo en la noche, la estocada perfecta para el fin de semana, echarse sobre la cama minutos antes de las once y mirarlo. Sam y Dean en lo suyo. Aparentemente ya uno de los actores protagónicos (no Ackles, no Paladecki), anunció que efectivamente su personaje no regresa, está muerto y así se quedará; otro anda en entredicho (¡y me tienen una guerra de nervios!), pero lo que queríamos ver era al “recién nacido”, y estuvo sobrado. Qué broma con este programa que siempre nos deja en ascuas y esperando ansiosamente por más, para ver cómo resuelven tantos líos. Ojalá continúen trasmitiéndola a esa misma hora, mismo día, y recordarlos el lunes, cuando uno anda de capa como de caída.

Julio César.

EL CAMBIO… 22

octubre 16, 2017

EL CAMBIO                         … 21

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Arcilla a moldear en manos del hombre que sabe…

……

   Pero era mejor no pensar, se dice sonriendo a pesar de tener la boca llena; su picardía de un momento, ese pecadillo, no transcendería, no traería consecuencias, así que lo mejor era aplicarse y… si, disfrutar el momento, la experiencia, así que empleándose a fondo cubre una y otra vez la pulsante pieza con sus labios, lamiendo, chupando, apretando, masajeando, dejándola brillante de saliva. Sentirla contra su garganta, ahogándole un poco, era excitante, pero nada a lo que experimenta cuando las manos de Larry le atrapan la nuca y le guían con firmeza masculina, adelante y atrás, aumentando el ritmo de las chupadas.

   -Oh, sí, así, chúpala, marine, chúpala así… como un buen come vergas, como putita hambrienta. -se le escapa a Larry, voz ronca preñada de lujuria, y el tono y palabras (que él jamás emplearía en la cama, la intimidad y menos con su chica), le hicieron arder aún más.

   Cinco minutos, diez, y aún continuaba chupándosela, de rodillas, torso ancho y fornido, liso y dorado, las tetillas rojizas marrones bien hinchadas y destacadas sobre su piel bronceada por el sol del desierto. Estaba tragándosela toda, luego le atrapa el glande y lo lengüeteaba; se la sacaba de la boca y como poseído la recorría, de base a punta, con su lengua ávida de vivir esas sensaciones. Goteaba y él quería tragarse cada gota de aquello que se la estimulaba con fuerza.

   -Oh, Dios… -bramó Larry, temblando ante la boca que iba y venía otra vez sobre su pieza.- Espera, espera… -le dice alejándose, casi costándole ya que Jeffrey parecía no querer dejarla escapar de su boca. Se baja el mono y el bóxer, saliendo de ellos, montando un pie en la silla del escritorio.- Sigue… -le ofrece la verga rojiza y mojada, y a Jeffrey le parece un cuadro erótico, hermoso, no tardando en cubrirla otra vez con su boca golosa. Quería esa barra sobre su lengua, mojándosela.- Méteme un dedo por el culo. –oye al médico y parpadea confuso, con el tolete totalmente en su boca, mirándole desde sus rodillas.- Vamos, eso me gusta; es tan rico…

   Y tan caliente está Jeffrey que lo hace después de dudar un segundo, mojárselo de saliva y metiendo la mano entre las bolas algo peludas, no mucho, del otro, tanteándole la entrada, velludida pero como rasurada, sintiéndose sucio y caliente al hacerlo. Se traga ese tolete otra vez mientras tantea y lentamente le clava el índice a ese sujeto joven y guapo por el culo.

   -Hummm… -le oye ronronear mientras le empuja el dedo, lentamente, centímetro a centímetro, perforándole la retaguardia, notando que el tolete tiembla en su boca, de lujuria y placer. Se lo mete todo.- Oh, Dios… -lloriquea rojo de cachetes, boca muy abierta, siendo mamado por el joven marine, mientras este comienza también un saca y mete de ese dedo en su culo.

   Cerrando los ojos, perdiéndose en las nuevas experiencias, Jeffrey come verga y penetra aquel culo con su dedo. Entraba facilito, bien puto debía ser el médico, ¡y cómo apretaba ese esfínter contra sus falanges!, reconoce oyéndole gemir, sintiéndole estremecerse y responder con increíble erotismo. Al médico le gustaba mucho aquello, piensa, ¿o lo escucha?

   -Oh, sí, méteme el dedo, ábremelo bien, flexiónalo. Oh, Dios, es tan rico cuando se juega con el culo… Méteme otro. -le dice, o informa, o…

   No tiene tiempo de más, en cuanto le empuja un segundo dedo lo ve estremecerse todo, tensarse, atraparle la nuca con las manos, fijándole a su pubis, la verga quemándole, literalmente.

   -Me corro… Tómala, tomate toda mi leche. –le oye casi gritar.

   No sabe qué iba a hacer, ¿mamar y tragar? Era la idea, pero… Siente el trallazo caliente golpeándole la garganta, bajando, llenándole el estómago. Un segundo llegando en seguida. Cuando viene el tercero, Larry le aleja un poco y lo recibe de lleno sobre la lengua. Y lo imagina, su boca, dientes, encías y lenguas cubiertos, empegostados de la blanco espesa esperma de otro hombre. ¡Tragó semen! Pero los estallidos de sabor acallan toda consideración moral; todo el placer que eso le produce no se lo esperaba. ¡Esa leche sabía deliciosa!, reconoce sorprendido, ojos muy abiertos, tragándola muy lentamente, succionando ávidamente por más.

   -Te falta experimentar algo todavía, veremos si alcanza… -jadea Larry, muy rojo de cara, jadeante, robándole fuerzas al increíble placer que experimenta por su corrida, sacándole el tolete de la boca y agitándoselo con el puño, disparándole una chorreadita de leche caliente sobre la nariz, debajo del ojo derecho.

   Jeffrey tiembla, mucho, de rodillas, mirándole maravilladlo, eso chorreándole, alzando una mano y tomando la lefa, llevándola a su boca, la lengua cubierta por la blanca nata anterior, tragándola, lamiéndola de sus dedos, ronroneando sin saber que lo hace, disfrutándolo.

   -Te gusta la esperma, ¿eh? Y a quién no. Tranquilo, los hombres siempre tenemos más. –ríe entrecortado el otro.- Aunque tienes que ganártela.

……

   El asunto de la mamada, y tragada de esperma, fue extraño, se dice después, mientras se ejercita duramente en la sala gimnasio, vistiendo todavía su ajustado shorts sobre el bikini que lleva desde esa mañana. La lisa piel que cubre sus fuertes y desarrollados músculos brillan con algo de transpiración, no mucha porque no parece poder agotarse o exigirse demasiado, aunque en cuatro hora ha realizado más rutinas y repeticiones de flexiones, pesas y bicicleta que en dos meses normales. Se ejercita y le gusta, porque los calambrazos se repiten seguidos de esa maravillosa sensación de bienestar. Lo siente, que ya llena aún más el bikini y el shorts, y no puede dejar de sonreír ante la idea, una tangencial, lateral. Cuatro cosas no podía quitarse de la mente, aunque le costaba un poco llevar la cuenta, que dio aquella mamada y le había gustado; que el roce de esa pieza masculina sobre su lengua, en su boca, no había sido desagradable, al contrario, le había gustado mucho; el sabor de la esperma también, tal vez demasiado… y que no tenía apetito. Desde el día anterior devoraba sus alimentos con ganas, porque andaba como falto de calorías, pero desde que tragara el semen de Larry, su estómago parecía lleno. Saciado. Una idea tonta casi le hace reír, ¿sería una de las mejoras para enfrentar largos periodos separados de la unidad o de toda civilización en un desierto, una tundra helad o una selva, que un trago de esperma caliente baste para alimentar a un marine por un rato? La Naval no haría algo tan… extraño, ¿verdad?

   No puede evitar que su corazón lata un poquito más rápido cada vez que Larry aparece; una con sus alimentos, sus píldoras, sus cocteles (que, sobre la lengua, le recordaban vagamente el sabor del semen, calentándole algo por dentro); dos veces más para variarle las rutinas de ejercicios. No hablan de sexo, pero no puede evitar mirarle, una o dos veces, el entrepiernas, alcanzado por una idea tan ajena a él, que casi le hizo reír: ¡quién podría imaginar que los hombres guardaran allí algo que podía ser tan útil y grato para otros hombres!

   Más tarde regresa a su pieza seguido de Larry; inquieto, expectante. Esperando…

CONTINÚA … 23

Julio César.

PARECERES

octubre 15, 2017

TURISMO Y RESOLUCION

   Masculino y velludo, ama el cuero, las botas de tacones altos y los machos rudos.

CALOR

Julio César.

SIGUE EL DILEMA… 18

octubre 15, 2017

SIGUE EL DILEMA                        … 17

Basado en caracteres creados por capricornio1967

   -Ah, muchacho, si supieras lo que tengo para ti…

……

   -No, maestro, no. Esto no me gusta, señor. –todavía se atreve a responder. Podía estar humillándole, rompiendo su alma, pero no le daría el placer de reconocer lo que no era cierto.

   -¿En serio, muchacho? –el sujeto se acerca, todo velludo, alto y fuerte, la verga mojándole más y más el pantalón.- ¿Recuerdas lo que sentiste cuando chupé tus tetas de chica calentorra?, jejejejeje… -ríe de su vergüenza, de su rabia impotente mientras le acerca el rostro.- Puedo hacer que te corras y grites mientras lo haces, sin penetrarte.

   -¡No! –se atreve a gemir, más como amurallándose tras sus creencias.

   Franco no responde, no le reprende de entrada mientras se alza en todo su tamaño. Luego alza un manota y vuelve a atraparle el cabello húmedo de sudor, halándoselo con fuerza, haciéndole gritar.

   -Maestro, siempre debes llamarme maestro, muchacho; aún cuando intentes una inútil negativa. –le aclara, halándole así, guiándole hacia el sofá donde le empuja por el pecho, derribándole de espaldas, confuso, casi desnudo dentro del corto bañador.- Creo que necesitas una dura lección, jejejejeje. –se le acerca, torvamente, sentándose a su lado, en la mesita. Busca algo en la bolsa, esa bolsa que el chico ya teme, sacando un antifaz negro, sin aberturas, para privación de la vista. Daniel tiembla.- No temas, muchacho, sólo voy a mostrarte algo. –sostiene ese antifaz con las dos manos, y temblando sabiendo lo que se espera de él, el joven despega la sudada cabeza del sofá, su vista siendo cegada.

   El hombre sonríe con satisfacción, pensaba divertirse con el hermoso muchacho, sabiendo que este aún se resistía. Así sería más divertido controlarle, demostrarle que no era nada. Haría que se confundiera, que se perdiera en su mente, excitado, caliente; eso le llevaría a la culpa. Sentimiento que, junto al saber qué puede sentir placer de aquella manera, derribará sus defensas mentales. Él mismo se cuestionaría ser un macho.

   Daniel, cegado, no podía sentirse más tenso, asustado y furiosamente impotente. No tiene ninguna duda de que algo horrible, y doloroso, está por ocurrirle. Comenzando por el sexo oral o la utilización de pinzas sobre partes más sensibles. Dentro del bañador le parece que su verga se disminuye aún más. Se tensa y deja escapar un  jadeo cuando la callosa mano de Franco cae a un lado de su rostro, acariciándole, recorriéndoselo. Y el aliento de este le baña, así como su calor.  Lo tenía inclinado sobre él, muy cerca.

   -¿Estás listo para experimentar la calentura más intensa de tu vida, muchacho? –le pregunta, rozándole la oreja con los crueles labios; pero, de alguna manera, Daniel sabe que no espera una respuesta. Y sigue temblando bajo el roce de sus dedos, que cubren su frente, nariz, labios, pómulos y mentón.- ¿Sabes cuándo me fijé realmente en ti? Hace unos mese, en aquellas competencias en el Centro Acuático Olímpico, cuando estabas con aquella chica en el gimnasio. –le sorprende y confunde. Siente alivio cuando la mano se aleja, pero muere pronto cuando siente la palma abierta, caliente y pesada caer sobre sus genitales, cubriéndolos sobre el bañador.

   Si, la recordaba, una güerita hermosa, tetona, que sonreí mucho, que le miraba toda emocionada, imaginándole un buen trozo de delicioso chocolate, abiertamente invitadora. Todo él respondió a la joven. Y aun ahora le parecía verla, sentirla, con ese olorcito suave a champú, a talcos y colonia, a hembra. Sus tetas olían rico cuando las mordió, su sexo perfumado…

   Y, dentro del bañador, su tolete se agita un poco. Bajo aquella mano.

   -Jejejejeje… -oye la risa muy cerca, bañándole.- Recuerdo lo caliente que la putica estaba cuando te la sacaste y se la mostraste, ¿lo recuerdas tú? ¿Lo maravillada que se veía ante tu verga? –le ronronea con mala intensión, sus dedos apretando y aflojando la silueta bajo el traje de baño, la cual se agita y endurece un poco porque el chico lo recuerda, lo excitado que estaba ante ella, pero no sólo por la perspectiva del sexo, sino por notar que tan sólo mirarle la ponía cachonda. Saber que él le provocaba aquello era estimulante.

   -Entrenador… -gimotea confuso, frustrado, caliente y molesto, odiándose por responder como el otro quiere (la base de la dominación); casi imposibilitado de quedarse quieto mientras es mano sigue tocándole, estimulándole, endureciéndole la verga, lo sabe, ayudándose con esas imágenes que conjura.

   -¿Recuerdas cómo chillaba cuando con tu glande acariciaste y recorriste los labios de su vagina que pareció abrirse en flor para ti, cachonda como estaba? –le susurra, acariciándole el tolete más y más grueso, pero también una mejilla con el dorso de un velludo dedo, muy cerca de sus labios sensuales.- La vi casi sufrir una convulsión de lo caliente que estaba mientras la torturabas; oh, sí, lo hacías y lo sabes, frotándole con la cabecita de tu verga, medio metiéndosela, sacándosela, ella estremeciéndose. ¿La recuerdas chillándote que se la metieras porque tenía el coño bien mojado? –bien, eso no había ocurrido exactamente así, pero sabe que al chico no le importara, y no lo hace. En su estado actual, Daniel casi lo recrea en su mente y eso dispara un ramalazo de lujuria a su verga que abulta y llena el chico y ajustado bañador, el puño del hombre cerrándose sobre ella, apretando y aflojando, provocándole un gemido, uno que acaba cuando ese dedo entra en su boca.

   Y tan confuso, manipulado y excitado está, que el muchacho no grita, no lo rechaza o muerde con idea de amputarlo, tan sólo deja que entre y cierra los labios. No puede hacer más mientras recuerda a aquella chica y su verga está siendo masturbada sobre la tela del bañador; el puño del hombre, que puede imaginar es la vagina de la chica, subiendo y bajando sobre su mole.

   -Si, así, recuerda lo putilla que se veía mientras la taladrabas una y otra vez con tu verga, clavándosela toda, haciéndola tuya, tu perra sumisa y caliente en esos momentos. –le dice el hombre, sonriendo mórbido al comenzar un leve saca y mete de su dedo en esos labios, notando la tensión erótica y sensual del muchacho.- ¿Quieres recordar qué tan rico era sentirla sobre su polla? –le pregunta, soltándole la barra, metiendo la mano dentro del bañador y atrapándosela en vivo, la enorme manos masculina rodeando el tieso tolete blanco rojizo del muchacho, masturbándole otra vez.

   Daniel lanza un gemido, todo tenso como cuerda de violín, mientras alza las caderas, deseando ser atrapado por esa mano que lo masturbaba sabroso. No notando que cierra los labios sobre el velludo dedo, chupándolo. Franco sonríe, lo estaba logrando, confundirle, obligándole a participar, aceptar, a someterle. El dedo se ve enorme, mojado de saliva cuando sale de los labios enrojecidos, al tiempo que sube y baja la mano sobre la verga del muchacho. Sí, que sintiera placer, que lo disfrutara, que tuviera un buena corrida antes de…

   La callosa palma, caliente como el infierno, aprieta lo justo, y sube y baja con fuerza, masturbándole sabroso, tiene que admitir Daniel, gimiendo cuando el mañoso sujeto lleva el pulgar a su glande y oprime contra su ojete, del cual manan líquidos. Se sentía tan bien que… Se congela, es cuando nota, por fin, el dedo en su boca, uno que suelta ladeando decididamente el rostro.

   -Jejejejeje… -la risita divertida del otro le humilla.

   El chico tenía carácter, se dice Franco, aparentemente más que el puto de Luis. Tenía que controlarle otra vez. Esa mano vuelve a su torso, tensándole, incrementa el ritmo de la paja, distrayéndole, y con la punta de los dedos recorre los pectorales firmes, los pezones que se alzan y que responden, especialmente después de la pasada manipulación.

   -Te vi… -le dice ronco, casi bañándole el rostro con su aliento, los pelos del bigote rozándole la barbilla.- Le chupabas las tetas y ella se revolvía de lujuria, caliente como nunca. ¿Lo recuerdas? –lanza la sugestión, y si, Daniel lo recuerda (joder, ¡ese pervertido parecía haberlo visto todo!), y gime cuando los labios del hombre caen sobre una de sus tetillas, succionando, la lengua tocándole, la chupada estimulándole, los dientes rastrillándole.

   -Ahhh… -se le escapa, arqueándose en el mueble, aunque había intentado controlarse. No sentir. No ceder.- Hummm… -gruñe cuando esa boca caliente y mojada deja su pezón, atrapando el otro, bañándole de saliva, chupándolo también, mientras ese puño subía y bajaba rico sobre su tolete.

   Franco se toma su tiempo, mirándole tensarse, oyéndole gemir contenido, saboreando de uno al otro esos pezones, mordisqueándolos, estimulándolos. Con el trabajo apropiado el chico sentiría calambres de excitación con sólo rozárselos en la ducha. Y mientras le masturba y mama las tetas, toma de la mesita uno de los ganchos para pezones, abriéndolo. Y al tiempo que le clava los dientes en la tetilla izquierda, atrapa la derecha con la pinza.

   -No, no… AHHH… -Daniel se tensa y chilla cuando el gancho se cierra aprisionando su pezón erecto y mojado de saliva. La apretada es intensa, pero mientras es masturbado, su otro pezón lamido y los dedos de ese sujeto recorren y acarician los límites del gancho sobre su piel, se siente… distinto. Doloroso, pero no del todo. Era… alto más.

   Cuando la boca se separa de su torso, sabe lo que viene, aún en ese mundo oscuro, privado de luz y visión.

   -Nohhh… -su otra tetilla también es aprisionada por esa pinza en forma se semi platillo.

   -Shhh… -siente el siseo del otro sobre su rostro.- Pronto dejará de molestar y los efectos… Bien, no los creerás, muchacho.

   -Entrenador… -jadea desmayadamente, él mismo odiando el tono mendicante.

   -Maestro, soy tu maestro. –le recuerda, tono suave, oprimiendo con la mano uno de los ganchos, provocándole un chispazo de dolor caliente y lacerante.

   -Ahhh, no, no… -pero aprieta un poco más.- Lo… Lo siento, maestro. –lloriquea y lentamente, demasiado lentamente, esa mano suelta su agarre. Eso sí, no ha dejado de masturbarle, aunque ahora se toma su tiempo, como si supiera que le llevaba al borde mismo del orgasmo y luego lo alejara.

   -Abre la boca. –le ordena.

CONTINÚA…

Julio César.

PAPA JUEGA CON SUS AMIGOS

octubre 15, 2017

MUCHACHO OCIOSO

   -Pasa, muchacho; mi hijo no está y tu otro amigo está ocupado… ¿no quieres jugar a ser mi chico también? Papi tiene cariño para los dos.

Julio César.

EL CAMBIO… 21

octubre 15, 2017

EL CAMBIO                         … 20

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Arcilla a moldear en manos del hombre que sabe…

……

   -¿Jeff…?

   Abre los ojos al escuchar su nombre, viéndole despojarse lentamente de la camiseta, mostrando un torso no tan desarrollado como el suyo ahora, y clava la mirada en uno de los pectorales levemente velludos. El médico era un marica, claramente marica, pero esos vellos se veían tan… Y hacerlo, verlo, pensarlo, es igual a ir hacia él, atraparle los hombros con las manos y bajar el rostro, cerrando la boca, hambrientamente, sobre el velludito pezón y comenzar a chuparlo.

   -Hummm… -un jadeo que no sabe exhala, contenido por la boca cerrada, se le escapa ante el saborcillo salobre de aquella piel firme, la sensación de los pelitos, lo eléctrico que es tocar con su lengua aquel pezón. Chupa y succiona ruidosamente. Escucha la risa de Larry, el cual se medio tambalea ante el ímpetu del “ataque”.

   -Con calma, campeón, con calma.

   Y quiere hacerlo, pero no puede; dejando libre el pezón enrojecido, hinchado y mojado, recorre con sus labios, nariz y pómulos ese torso masculino, olfateando, lamiendo, dando chupaditas, excitado ante el olor y el sabor, deseando recorrer cada paquete de músculos con su lengua. Lame y traga, encontrándolo intoxicarte y caliente. Le humedece buena parte del torso, y baja por su abdomen, recorriendo la hilera de pelos, cayendo de rodillas. En ese punto no sabe si sueña o es real, pero tampoco le interesa, no con la mente en rojo-calenturas como la tiene. Mira sobre el mono camuflajeado la mole que la alza, y la toca, conteniendo un jadeo al hacerlo, apretándola sobre la tela, oyendo al otro gemir y reír bajito, sonidos que le enloquecen. Quiere ver pelos, oler sudor y bolas, a hombre. Quiere… Baja el mono y el ajustado bóxer, o short, y la pieza del médico se alza frente a sus ojos, menos gruesa o larga que la suya ahora, pero dura, enrojecida de ganas.

   -Te presento mi polla. –le oye decir, burlón pero amistoso, y desde sus rodillas le mira, estremeciéndose cuando le atrapa la nuca.- Conócela. –y le guía, empujándole el rostro contra la cara inferior de la mole, pegándole media cara de ella.

   El calor le quema, nota Jeffrey caliente, sonriendo maravillado, ojos brillantes, meneando un poco el rostro, frotándose de la carne dura, cerrando los ojos y recorriéndola con su nariz, olfateándola, bajando a la base y olisqueando aún más entre esta y las bolas. El olor fuerte le tiene totalmente tembloroso de calenturas. La lengua emerge aunque una chispa de duda parece querer incendiarse en su cabeza, ¿eso no era de maricas? ¿Dios no lo castigaba? Pero en cuanto la punta de su lengua, rostro ladeado, pega de la base del tolete todo se le borra de la mente.

   Lo siguiente que sabe, aunque no cómo ocurrió, es que su frente y nariz pegan del pubis velludo del tipo, aunque recortado, al tener la boca completamente llena con esa verga, una cuya cabecita parece taponarle la garganta y quemarle intensamente la mengua y las mejillas. Y estaba succionándosela de una manera que ni él mismo entendía, con la garganta, su manzana de Adán subiendo y bajando frenéticamente mientras la succiona.

   -Oh, Dios, si, es delicioso, ¿verdad?, chupar vergas… -oye a Larry por encima de su cabeza, pero no puede responderle.

   No con la boca llena, recorriéndola de arriba abajo con sus labios, masajeándosela con las mejillas. Tan sólo mirarle desde sus rodillas, ojos muy abiertos, el rostro adelantándose y retrocediendo mientras prieta y sorbe de ese tolete que suelta jugos que hacen estallar su lengua en sensaciones. ¡Era como caramelo!, uno que sabía mejor y mejor, y que al bajar por su garganta con la saliva, hacia su estómago, parecía… nutrirle, brindarle energías. Alimentarle.

   Eso era de maricas, su padre… piensa por un segundo, pero lo deja ir porque es mortificante, es mejor perderse en las increíbles sensaciones que el tieso tolete en su boca provoca, en lo excitado que está mientras el venoso, pulsante y ardiente instrumento cruza sobre su lengua, que no pierde tiempo en lamerlo de manera ansiosa. ¡A su lengua le gustaba aquello! La blanco rojiza mole entra y sale de sus labios rojizos y brillantes de humedad, de saliva y jugos, adentro y afuera, la perfilada nariz pegando del velludo pubis donde todavía olisquea, buscando y necesitando de los aromas del macho (dicho de alguna manera sobre ese marica), quemándole con su aliento.

   -Joder, Jeff, es una buena boca la que tienes ahí; ¡cómo aprieta y chupa! -ronronea el hombre, meciendo sus caderas de adelante atrás, cogiéndosela, y el marine se siente feliz al escucharle, al ser su boca usada de esa manera.- No voy a aguantar mucho, prepárate, marine, voy a llenártela con toda mi leche caliente. -le gruñe… paralizándole.

   ¿Descargar en su boca? ¿Semen? ¿Eso no le volvería… marica? La duda le atormenta por un segundo. Larry, mirándole sin moverse, espera por él, a que tome su decisión. Esta llega cuando gotas espesas de jugo caen sobre su lengua, ahora que sólo aferra con los labios ese glande, estimulándosela. Si así se sentían esos líquidos medio lubricantes… ¿cómo sabría la esperma? La idea le hace estremecer. Bien, si había llegado tan lejos, ¿por qué no hacerlo?, se pregunta, atragantándose de verga otra vez, chupándola y masajeándola con su boca. Podía hacerlo, por una vez, probarlo y dejarlo así, ¿no?, se plantea, sus rojos labios abarcando toda la dura barra, chupándola con la garganta, estos extendiéndose sobre la húmeda piel de la mole de carne cuando retrocede, succionándola. Joder, le gustaba mucho, pero sólo sería esa vez. Una sola mamada en su vida y continuaría como si nada, ¿okay? Probaría y…

   Ignora, o prefiere olvidar porque lo escuchó, que los cambios serían permanentes.

CONTINÚA … 22

Julio César.

DE VUELTA A LAS URNAS

octubre 15, 2017

LOS PELIGROSOS 15 MINUTOS DE FAMA

   Otra vez…

   Dios mediante, mañana el pueblo de Venezuela le dirá nuevamente al Gobierno lo que piensa de él, de su gestión, de su futuro en la conducción del estado, aclarándoselo de paso a medio mundo también. Mañana no será un partido político, una coima o el Gobierno el que decida por quién se vota; lo hará cada quien según su conciencia y su visión de la realidad. No se elegirá a un gobernador, se enviará un mensaje. Aquellos que representen lo que quieren, lo que esperan, lo que desean expresar las regiones, ganarán. En realidad, como lo veo, será un referéndum a la gestión de estos veinte años de desastres y a la ilegal instalación de la Prostituyente, ese grupito autonombrado que quiere imponerle su parecer a la inmensa mayoría que rechaza sus ñemeos, comenzando por acallar toda voz disidente y paralizar toda investigación sobre corrupción, narcotráfico y violación de los derechos humanos. Mañana se sabrá qué opinan los venezolanos sobre ese tema y los demás.

Julio César.

SEÑALES

octubre 12, 2017

MUCHACHO OCIOSO

   Mirándole el detalle a Mijares, que le sonríe putón, el profesor sabe que tendrá que llevarle a su oficina y pasar toda la tarde “aconsejándole” duro.

PAPA JUEGA CON SUS AMIGOS

Julio César.

COMENZO LA PELOTA…

octubre 12, 2017

LOS PELIGROSOS 15 MINUTOS DE FAMA

   Soy de los que se alegra.

   Hay muchos problemas, lo sé. Gente muriendo de hambre, patéticas figuras de adultos y niños que antes sólo veíamos en África (drama humanitario que ya no se puede seguir negando, aunque ahora se sostiene que es por un bloqueo a las cuentas de los corrutos, aunque estas llevan dos meses y este desastre casi 3 años), los que caen por falta de medicinas, el hospital Vargas prácticamente inoperante, el de Niños también, sin radioterapia todo el país; pero nada de eso mejorará porque estemos molestos en casa o quejándonos de la fiesta del beisbol. Será grato, como antes, seguir la lucha venezolanista entre los equipos, aupando y sufriendo con las novenas de preferencia (arriba Navegantes del Magallanes). Es como le respondía a la gente cuando en medio de amargas discusiones sobre “la situación”, hablábamos de las cervezas y alguien sostenía que eso estaba muy caro: si uno trabaja toda la semana como un perro merece beber. Es nuestro derecho. En este caso aplica también. ¡Llegó el beisbol!

DE VUELTA A LAS URNAS

Julio César.

NOTA: Lo de las regionales no deja tiempo para nada. Lo siento. Y lo sé, ya Magallanes perdió el primero… pero también el Caracas.

EL CAMBIO… 20

octubre 12, 2017

EL CAMBIO                         … 19

   Basado en una idea QUE NO ES MIA. Es una adaptación. No digo más, por ahora, no contacto aún al autor. Es un cuento de los que llaman de lenta construcción.

   Los quieren bien armados…

……

   -Lo imagino… -responde Jeffrey con una sonrisa incierta, no entendiendo el comentario.

   -Vamos, el día será de ejercicios, no podemos flojear como ayer. –casi canturrea el oficial, arrojándole algo que lleva colgando de un brazo. Una malla de una sola pieza de las utilizadas en la lucha grecorromana,  verde clara. Jeffrey parece confuso. Larry le guiña otra vez un ojo.- Recuerda lo que te dije ayer, ahora tienes mucho más qué mostrar. Debemos dejar la incógnita para llamar la atención, ¿eh?  A todos les gusta imaginarse, y fantasear, con lo qué hay debajo de las capas.

   -Okay… -el joven marine asiente, diciéndose que trataba con gente muy extraña.

   Metiendo las piernas dentro del elástico traje de látex, que se adhiere  sus músculos, tiene que luchar con él para que suba. Una vez hecho, sonríen mirándose en uno de los espejos. Parece una segunda piel, los cuadros de su abdomen pueden contarse, sus pectorales son masas duras, las tetillas se perfilan desafiantes bajo la tela. Todo él destaca de manera impresionante. Sintiéndose muy bien salen de la pieza, y comentando con Larry sobre rutinas y dietas, no repara en el solitario pasillo. Una vez en el cuarto de pesado se desviste, rodando los ojos, qué gente tan extraña, piensa de nuevo. Es medido, pesado y observado cuidadosamente. Toma sus píldoras, sin cuestionar nada; se desnuda con facilidad, y de panza en el mesón, es sometido al enema, que se siente tibio y de una manera estimulantemente irritante.

   -Veo que te depilaste. –le sonríe Larry, sabiendo bien que el otro respondía a la orden implantada sugestivamente en el iphone.- Aunque te faltó.

   -Si, pensé que… me vería mejor, pero hubo partes a las que no pude llegar. –responde, cara muy roja mientras retiene ese líquido claro que calienta su abdomen.

   -¿Me dejarías ayudarte? –se ofrece y se miran. Eso se escuchaba como una mala idea por tantas razones que el más sorprendido por la respuesta, es Jeffrey mismo.

   -Claro.

   Y mientras espera por los veinte minutos del enema, observa fascinado como ese sujeto saca un tarro de afeitado de una gaveta (¿qué carajo no habría allí?), y con una brocha, suavemente, enjabona sus nalgas, rasurándolas luego, tomándose su tiempo. Sus redondos glúteos enrojecen, se estremecen y tensan ante el acariciante roce, sensación que se intensifica por una toalla húmeda que los limpia después; por aquellas manos que lo acarician.

   -Vuélvete…

   No, debería fijar un límite. Debía… Lo hace, con esfuerzo por el enema, evitando mirarle, cerrando los ojos y estremeciéndose cuando con las manos, sin guantes, Larry le atrapa las bolas y le acaricia el tolete, más grueso y largo. Finalmente enjabonándole, rasurándole todo, excepto un pequeño y coqueto rectángulo sobre su pene, que recorta. Al terminar el enema…

   -Falta un punto.

   Y gimió cuando, de espaldas, muy rojo, una pierna alzada, su culo y la raja, fueron rasurados también, luego sobados por la toalla húmeda y esas manos. Y el roce de los dedos en su entrada le tenía casi arqueado sobre el mesón. Dios del cielo, ¿cómo era posible que se sintiera tan eléctricamente bien?, se preguntó, afectado, morcillón, pero no duro del todo.

   -Perfecto. Vamos con las fotografías.

   Metiéndose dentro de la trusa blanca, que le queda demasiado chica, abultada a los extremos por sus genitales, por detrás parece aún más forzada por el enorme trasero firme que ahora muestra. Sonríe mientras posa, de espaldas, exhibiéndoselo al otro que toma fotografía tras fotografía. Sintiéndose feliz de hacerlo, de saber que al otro le gustaba lo que veía. Y mientras posa, repara en las imágenes de los otros sujetos, forrados de músculos, y ya no le parecen aterradores, deformes, tan sólo poderos y calientes, machos llenos de testosteronas. Hombres capaces de todo. Y cree recordar algo, imágenes, sonidos, ¿tipos jóvenes y calentorros tocándole?

   Más morcillón dentro de la trusa, se vuelve y mira a Larry, cuya mirada se oscurece viéndole, bajando los ojos a la breve tela. Si, no era tan grande como esos sujetos, pero el médico de la naval se veía bien. Muy bien, en realidad. Sexy. Masculino. ¿Por qué no se rasuraría para mostrar más los músculos?, se pregunta, aunque recordar la leve pelambre lisa que cubre las aureolas del otro, y que se encuentran en el centro de su torso, bajando en hilera a su ombligo, le excita. Le agrada no tener pelos, pero se veían bien en otros. Sensual.

   -Ahhh… -un jadeo se les escapa cuando su cuerpo es recorrido por una descarga mayor de calambres; ráfagas y ráfagas de disparos calientes tensan su cuerpo, sus músculos, y cerrando los ojos sabe que está aumentando su masa. Se vuelve más fuerte, más alto, más pesado y sólido, capaz de derribar a cualquiera de una bofetada. Lo sabe. Es mejor. Y sin embargo, con los ojos cerrados sólo puede mirarse en medio de hombres que lo tocan y lo soban con rudas y demandantes caricias, que encuentran su cuerpo excitante y quiere tomarlo, hacerlo suyo. No sabe cuántos tipos son, tan sólo que son muchos, velludos, de fuertes olores almizclados, que le dicen que se ve bien, que está todo rico y caliente. En su mente cae de rodillas y varias vergas tiesas luchan por tocar su rostro, por frotarse de él, por golpearle. Siente su propia verga calentándose en la trusa, y su culo… Su culo que pica y arde…

CONTINÚA … 21

Julio César.

CONOCIMIENTO

octubre 12, 2017

TURISMO Y RESOLUCION

   Ahora todos saben el tamaño del bate que carga… Y las bocas se les hacen agua.

PARECERES

Julio César.

BIENVENIDOS A RIO GRANDE… 27

octubre 12, 2017

BIENVENIDOS A RÍO GRANDE                         … 26

   Salgamos al campo a pasear una noche como esta…

   -Elena… -el hombre quiere agregar muchas cosas, preguntar muchas otras más, pero no puede. Le parece que cada cosa que diga sólo le hace ver mal. Su hijo regresaba y no sólo no parecía contento sino que… Pero, santísimo Dios, eso no podía ser. ¡No era posible!

   -Sencillamente apareció allí, hasta donde sé. La enfermera hacia una ronda y le vio. No le reconoció, no estaba aquí para ese entonces, creyó por un segundo que era el otro chico, Linares, y lo llevó con el director. –informa el policía. Un silencio ominoso se hace en ese porche.

   -Cariño… -la mujer, tono suave, pone a todos en alerta. Ella tan sólo mira al chico.- Quiero saber qué te pasó. ¿Dónde estuviste? –la voz es algo trémula, siente que en cualquier momento puede derrumbarse, así que le roba fuerzas a la dicha que siente en esos momentos para continuar funcionando.

   Las preguntas logran captar el interés de todos los presentes; es cuando Raúl, mirando al desconocido, repara nuevamente en su presencia.

   -Un momento, Zabala, ¿quién es este hombre? –no quiere discutir asuntos familiares delante de extraños. Y mucho menos una cuestión como esa…

   -Oh, disculpen, es el detective Narváez, de la policía científica con sede en Cumaná. –anuncia, y Joel nota un automático aire de cautela compartido por la pareja Lezama. Joder, todos como que odiaban a los extraños en ese pueblo. O, quién sabe, tal vez sólo a la policía. O a él.

   -¿Trajiste a un policía de Cumaná? -chilla, alarmado, Raúl; también Elena se tensa, mirando del niño hacia Braulio, luego regresando la vista a este.- No debió…

   -Llegué al pueblo por la noticia del niño desaparecido esta mañana. –en un tono claro y oficial, Joel le ataja, luego mira al niño.- Lo otro, encontrarme con este desusado hecho, fue… una sorpresa y un enigma como imagino lo es para todos. Este jovencito… -la palabra expresa todas las dudas del mundo. El jefe Zabala podía sentirse muy seguro de su autenticidad como el niño desaparecido más de una década atrás (lo que en sí le hacía pensar en muchas cosas, como la tensión que parecía haber entre esa pareja y el policía de pueblo), pero la cosa era sencillamente inverosímil. La gente no caía en baches de tiempos. Ni los muertos resucitaban. Bien, se dice que ocurrió en una vez, en Jerusalén, pero…

   -Es mi hijo. –aclara, firme, Elena, abrazando un poco al chico, como deseando protegerle.

   Teme que alguien llegue y se lo lleva. La idea es comprendida por los tres hombres. Si, los notables del pueblo podían contar con ello para contener la noticia.

   -¿Y esta casa? No es… -la voz cascada del chico, rasposa, desvía la atención. De muchas cosas. Ella sonríe tensa, sus ojos cargados de tristeza, incertidumbre, amor, esperanza y dolor.

   -Nos mudamos. Hace algunos años. La vieja casa estaba cargada de… recuerdos. –le responde. No tiene que contarle que simplemente no soportó continuar allí, en una vivienda que la asfixiaba. Sin espacio para pensar o sentir. Atiborrada de recurados dolorosos en cada rincón.- Este es nuestro hogar ahora, cariño, por lo tanto también es el tuyo. –su voz se rompe un poco, atrapándole las mejillas.- Bienvenido a casa, Leonardo.

   -¡Elena! –Raúl se inquieta, y ni él mismo lo entiende bien, pero la parece recordar los viejos relatos de seres que necesitan ser invitados antes de entrar, y hechizar, un lugar. ¿Acaso era realmente Leonardo, Dios? Ella le mira.

   -Es mi bebé, Raúl. Regresó. –suena categórica; un modo tajante y casi obsesivo tal que aún Braulio se inquieta y cruza una rápida mirada con Joel Narváez.

   -¡Tenemos que hablar! –agrega el policía mirando al marido de aquella mujer, al tiempo que Raúl, extendiendo una mano hacia él, decía exactamente lo mismo.

   -Vamos. –Elena, enderezándose, se desentiende de ellos. Casi mareada de la impresión y la dicha, le tiende una mano al niño, que no duda un segundo y la toma.- Entremos a casa.

   -¡Elena! –Raúl quiere advertirla de algo, rogarle que esperara, que cavilara cuidadosamente en ese asunto tan extraño, que había que averiguar antes, que dentro estaban sus otros hijos, Mayra y Tristán, que debían pensar en ellos, no arriesgarles a…

   -Mamá… papá… –la misma Mayra se asoma, seguida de Tristán y los amigos que vinieron con la joven de Caracas. Todos se veían preocupados. Habían tardado su rato en la entrada.

   ¡Oh, Dios!, piensan para sus adentro el policía y el papá de la joven. Joel lo mira todo con curiosidad, pero también intimidante molesto; había querido escuchar qué podía contar el chico sobre lo ocurrido, o si se descubriese al no poder hilar una historia. Nada le quita de la cabeza que no quiso responder a las preguntas de la mujer. Toda la escena era subreal, alucinante. Aunque nota la mirada que dos jóvenes mujeres tras la chica que hablara, le lanzan abiertamente. Las cuales parecen evaluarle como posible cita al cine. O la cama. Lo que no estaría nada mal.

……

   Dos casas más allá, en una bonita y bien cuidada vivienda de una sola planta, alguien parece estar prestando atención a lo que ocurre en la propiedad de los Lezama. Aunque por la distancia, y ubicación de la ventana desde donde mira, sin vista real a aquel porche donde el niño es recibido, tal cosa fuera imposible. Normalmente.

   Es una casa hermosa, rodeada de la infaltable grama verde, la verja baja, las acacias muy frondosas mostrando su carga de florecillas amarillas, el porche con sus muebles de madera, forrados en telas coloridas. La lámpara que derramaría una luz suave para la lectura en el mobiliario de dos puestos, de noche, o para estar allí tomando algo y hablando, o saludando a quien pasara por la calle. Como sus dueños hacían muchas veces. Ingrid Torrealba, sonriendo sintiéndose extrañamente dichosa, como siempre que horneaba galletas y el olor era tan bueno como ese (aunque su marido insistía en que no sabía cocinar), coloca tres de las enormes muestras sobre un platillo. Y como si de un cliché se tratara, sirve en un vaso corto, una buena porción de leche fría de cartón.

   Con el plato que va dejando un rastro de aroma delicioso, y la leche, la mujer sale de la cocina y cruza la sala, sin mirar hacia el sofá. No lo hace de manera consiente pero evita mirar porque le inquieta, aunque ya no piensa en ello (en ese sueño extraño…). Atraviesa el pasillo que lleva hacia los cuatros, sintiendo el amor bullendo en su pecho, la dicha inconmensurable que le embarga en esos momentos. Va a abrir el picaporte cuando oye un susurro, una voz apagada, de niña. Sonríe, su pequeña jugaba. Esa sonrisa se congela por un segundo. Porque a la voz infantil, el de una niña posiblemente con una muñeca, le sigue una respuesta, una de tono rasposo, seco. Y eso la eriza por un segundo (el sueño…), aunque pronto lo supera. No, todo esta bien en su vida maravillosa. Abre la puerta, sonriendo otra vez, asomándose al hermoso cuarto de niña.

   No es muy grande, pero tiene de todo, la cama mullidla, cubierta de cojines y por un cubrecama color rosa, la alfombra blanca bajo esta, las muñecas hermosas en los estantes, los libros de cuentos, los útiles escolares. Un pequeño banderín cerca de la minúscula peinadora donde se lee, en letras muy recargadas, “Mi hija está en el Cuadro de Honor de la escuela de Río Grande”. Y la niña misma, menuda, de cabello negro, largo y lacio, llevando un ganchillo en la parte superior, el cual muestra una enorme margarita de plástico como adorno. Su vestido corto, blanco y de falda, deja ver sus medias igualmente blancas, así como los mocasines de la escuela, que le encantaban. La niña, ojos castaños claros, luminosos, le sonríe al verla y más al notar el plato.

   -Mami, galletas, qué rico. –chilla alegre, jovial, mostrando una dentadura que iba mudando, faltándole uno de los molares superiores.

   -Delia, ¿aún no te cambias? Quítate esos zapatos. –sonríe ella, correspondiéndole, acercando su carga, congelándose un poco al ver la muñeca de la niña en sus manos. Era fea, vieja, de ropas remendadas y manchadas, como si hubiera sido lavada con otras prendas que soltaron color manchándola. Lo peor era que le faltaba un bracito, y el cabello parecía haberlo perdido como una paciente que recibiera radioterapia en la nuca y comenzara a soltarlo, a mechones, faltando uno aquí y otro allá. Uno de los ojos estaba cerrado, la boquita parecía exageradamente roja. Era horrible. ¿Por qué no terminaba de tomarla cuando durmiera y la botaba? Porque la nena estaba apegada a ella. ¿Acaso demasiado? No, su nena era perfecta.- Me… me pareció que hablabas con alguien. –se interesa, más inquieta. La niña, que toma una galleta y la mira, sonriendo, responde.

   -Hablaba con Galatea. –informa, alzando frente a ella, acercándosela, la fea muñeca, la cual parece sonreír un poco más. Y un feroz estremecimiento recorre la espalda de la mujer. Algo parece rasgarse por un segundo frente a sus ojos, la gasa de colores con la cual ve el mundo, el cuarto perdiendo luminosidad, un olor rancio y húmedo llenándole las fosas nasales.- Saluda a Galatea, mami.

   -Hola, Galatea… Tu muñeca se ve algo… acabada. –la palabrea le cuesta.- ¿De dónde salió?

   -De dónde vienen los niños, mami. –ríe la chiquilla, como si contara un secreto atrevido del cual acaba de enterarse, la galleta en la mano.- De la basura. –y la mujer sonríe, tragando en seco.

   -Eso no es así, pero eres muy chica para hablar de ese asunto. –se defiende, sintiéndose fría.- No me gusta tu muñeca, tienes otras muy lindas, ¿por qué no juegas con ellas?

   -¿Quiere que me deshaga de Galatea? ¡Es mi niña! –hace un puchero, sorprendida, mirándola con ojos grandes, transmitiéndole una idea terrible.- Una madre no se deshace de sus hijos, ¿verdad, mami?

   El sueño, por un segundo el sueño llena su mente… aterrorizándola.

CONTINÚA…

Julio César.

CAER EN LA LISTA MALA DE SANTA

octubre 12, 2017

PARTICIPACION DE PRESUPUESTOS

   Lloraban tanto cuando, al final, lo entendían…

   -Recuerda, pequeño, se acerca la navidad, junto a las listas de regalos a recibir, y ofrecer; pero también están las mías. ¿Has sido un chico bueno? Eso espero, si no lo fuiste te sacaré de tu cama y te traeré a mi taller, donde aprenderás disciplina y me servirás sumisamente, siendo azotado por mí en el trasero si lo mereces. Santa tiene la mano firme y una regleta larga y gruesa. Aunque, pronto, no querrás irte, y será cuando te enviaré a casa para que sufras la segunda parte de tu castigo, jo, jo, jo…

COMEDIDO

Julio César.

DIMENSION DEL SENTIMIENTO

octubre 12, 2017

EL PUNTO EXACTO

Julio César.