LA ALEGRIA DE LA PRESIDENTA…

julio 17, 2018

DESPEDIDA DE SOLTERO QUE TERMINA EN DIVORCIO

   Así se hace, se viaja, se disfruta y se gana…

   Que broma, ya se nos acabó el Mundial. Tanto esperarlo, lo disfrutamos intensamente, día a día, eso sí, pero se nos fue tan rápido. Tal vez por eso lo amamos tanto. De lo bueno, poco. Llegarán otros cuatro años de impaciencia en lo general, esperando-soñando con la clasificación, al fin, de la Vinotinto en lo personal (no, no es ficción, mal hablados). Y de este hay mucho, muchísimo, de lo cual hablar, pero algo a lo que quiero referirme es la alegría de la presidenta de Croacia, señora Kolinda Grabar-Kitarovic. ¿Lo primero que llamo la atención, por lo menos aquí?

   Qué presidenta… si es que realmente era ella. Hay quienes aclararon que se trataba de una modelo de Playboy, Coco Austin, creo, ¡pero sonaba tan interesante! Y digo, ¿no podría ser las dos cosas, la presidenta conejita?

   Sin embargo, la dama tiene clase, presencia… y lo suyo. Ha habido voces en la prensa que han visto poco serias sus actuaciones, todos sus gritos y aplausos, comparados con otras presidentas. Me parece que esta dama tiene más movilidad física que otras mandatarias, y que es perfectamente natural que allí, en vivo y en directo, viendo a esa selección que gana por cansancio, enloquezca de felicidad. Pagó el viaje de sus ingresos y está descontándose los días que no está al frente del país, ¿cuántos pueden decir eso? Creo que incluso se le perdonaría que les gritara a sus pares contrarios algo como lero, lero, candelero. O sóbate que eso se hincha. Que no la imagino en eso. Hubo muchos comentarios, algunos picantes y algo fantasiosos de índole sensual, sobre su visita a saludar y compartir con el equipo en los vestuarios.

   Eso también lo hizo, hace cuatro años atrás, la señora Angela Merkel, y esos alemanes estaban envueltos en toallas, y no hubo tanto escándalo. Claro, la señora Merkel, con todo y lo respetable y admirable que es, no cuenta con el encanto de la señora Kolinda. Bueno, tampoco la señora Merkel abrazó tanto.

   Según una nota de prensa, leí que: “Sime Vrsaljko seguía con el pantalón y las medias puestas. Su torso estaba desnudo. Cuando la vio, atinó a extenderle la mano. Pero ella prefirió abrazarlo de manera intempestiva, casi que colgándose de él. Las manifestaciones que habían empezado en el técnico Zlatko Dalić continuaron con el arquero Dominik Livakovic, Ivan Strinić, Ivan Perisic, Vedran Corluka, Ivan Rakitic y se detuvieron un segundo más del tiempo que dura un abrazo habitual en Luka Modric”.

   ¿Fuera del protocolo?, me lo parece, pero también imagino el relajo de toda Venezuela si alguna vez (una vez aparecido el planeta X y un sujeto se pasee por Caracas anunciando que es Jesús en su segunda venida), no sólo participamos en un Mundial, sino que llegáramos a esas instancias. Es que enloqueceríamos completamente.

   Bien por ella, que ha disfrutado su Mundial. Aunque… bien, contra Francia, se estrellaron. En verdad Croacia ganó sus juegos, pero de una manera demasiado rocambolesca, muy a las patadas, y no sólo por las faltas máximas. Y los galos saben plantearse y jugar de manera eficiente. Fue un choque emocionante, con muchos goles, nervios de lado y lado. El triunfo fue galo, y bajo la lluvia ella abrazó, confortó y felicitó a sus muchachos. Como decían hoy, Francia ganó, Croacia impresionó. Ella también.

Julio César.

INOCENTADAS

julio 16, 2018

DIETA

   Mientras le dan besitos con lengua y chupetones a las tetillas, ríen todos. Los amigos lo han retado: si reacciona es porque es marica…

OFERTAS DE CATALOGO

Julio César.

PEDIDO

julio 16, 2018

TRABAJO

   -Vecino, por razones que no creería me quedé, así, fuera de mi apartamento, ¿puedo esperar en el tuyo a que me traigan la llave de repuesto?

PREOCUPACION

Julio César.

METAMORFOSIS… 11

julio 16, 2018

METAMORFOSIS                         … 10

   Relato maldito no muy largo, versionado de una idea QUE NO ES MÍA. Es divertido y erótico, nada complicado.

   Juventud, tiempo de belleza, ganas y dudas…

   Parpadeando sorprendido por el tono, a Stan le parece que Colt actuaba de manera agresiva, muy diferente a su habitual forma de ser fuera de la cancha; pero no le importó. Ni siquiera por las palabras “perra en celo”. En realidad, si era totalmente sincero, el lado agresivo del chico lo estaba excitando. Por ello succiona con más fuerza, bajando centímetro a centímetro sobre el grueso falo brillante de saliva y jugos, pegando los labios de ese pubis, los pelos haciéndole cosquillas en la nariz, tomándolo a pesar de su longitud, y ordeñándolo otra vez con la garganta, cuya manzana sube y baja espasmódicamente.

   -Oh, si, perra, así… -le oye y se eriza de puro placer, subiendo, abriendo sus ojos que se veían desenfocados, trastornados de placer, encontrando la mirada divertida de su amigo.

   Este, sonriendo, medio despega la espalda del mueble y con una mano le atrapa la nuca, obligándole a cubrir nuevamente toda la barra, fijándole allí para que continúe ordeñándosela con la garganta, ahogándole un poco, porque su barra era gruesa y soltaba una gran cantidad de jugos. Pero a Stan no le importa, tan sólo cierra los ojos con voluptuosa entrega, agitando el rostro de un lado a otros, sorbiéndolo, sintiendo un inmenso placer en complacerle.

   Finalmente, gritando, arqueándose otra vez, sin soltarle, Colt vuelve a disparar una buena carga de esperma caliente, y Stan, tensándose también, siente plenamente esa oleada de placentera euforia que lo envuelve y recorre mientras traga con gula y avidez cada trallazo de semen, logrando subir un poco su cabeza a pesar del agarre de Colt (el muy idiota reía como jugando), logrando que uno de ellos estallara sobre su lengua, iniciando aquella fiesta de sabores y sensaciones, y aún más al tragar. No lo había notado antes, pero… Si, después de saborear y tragarlo, una sensación de resplandor le envolvía. Sacándosela de la boca, jadeando, Colt le sonríe y guiña un ojo, parándose finalmente del sofá; la verga muy roja por las chupadas, aún parecía dura.

   -Amigo, esta es la mejor manera de despertar por las mañanas. Gracias. Ahora voy a tomar una ducha, ¿por qué no preparas algo de desayunar? Luego iremos a la escuela. ¿Vas, no? Digo, no a clases, pero si al gimnasio… tengo deseos de ejercitarme. –sonríe flexionando sus brazos, sus bíceps se veían impresionantes.

   Aturdido aún, mirándose al espejo, todavía de rodillas, Stan, aunque sintiéndose satisfecho, feliz y eufórico, apenas quería moverse. Se sentía algo… fuera de foco. ¿Estaría enfermo?, se pregunta de pasada, sin ahondar mucho en ello mientras se relame los labios y chasqueando la lengua saborea los últimos rastros del semen de su amigo.

   -Hummm, no, no creo que vaya. Creo que necesito descansar hoy. –responde casi en un susurro.

   -Stanley, pequeño…

   -No, en serio. Necesito… aclarar la mente.

   -De acuerdo, amigo, pero mañana si irás a entrenar con el resto del equipo. Te veo algo… flaco. –concede Colt, flexionando aún más sus brazos.- Hay que mantenerse en forma.

   De manera automática, mojado dentro de su pantaloneta, Stan se dirige a la cocina y prepara algo, sánguches. Sin cuestionárselo. Al rato Colt llega, vistiendo un bermudas a media pierna, sin camisa, devorando lo que había preparado, antes de dirigirse a la puerta y despedirse. Confuso, Stan le ve alejarse con porte atlético, confiado y seguro de sí. Sin camisa o franela. Creía recordar que… Si, apenas una semana antes, Colt no se dejaba ver mucho en público sin camisa porque luchaba con algo de sobrepeso, pero ahora se veía magnifico. Todo músculos. El tiempo en el gimnasio como que daba sus frutos.

   Regresando dentro de la vivienda de la familia de su mejor amigo, mira el sofá y se deja caer, de panza, ocultando el rostro contra el cuero, aspirando el olor corporal de su amigo, tan fuerte e intoxicante que se estremece. Olía a macho, piensa con una risita tonta. Al notarse en el espejo, casi se extraña, aunque sigue sonriendo. No tenía su habitual cara estoica de soy serio y sé lo que hago. Pero era feliz con todo ese semen en su estómago, ¿por qué no debía sonreír? Y se sentía tan bien, tan satisfecho y soñoliento que arrancándole fuerzas a la dulce debilidad se dispone a ir para su casa. Era como mucho abuso despertar a Colt dándole mamadas, como para también quedarse dormido en su sofá, se dice riendo tontamente, estirándose al quedar sentado. Joder, si, se sentía tan bien…

……

   Sobre su propia cama, Stan despertó sintiéndose nuevamente mareado, caliente y sudoroso. Otra vez. ¿Cuánto tiempo había estado dormido? ¿Estaría realmente enfermo? Tocándose la frente, sudorosa, no encuentra rastros de fiebre. Sale de la cama en busca de algo de comer, tiene apetito, pero nada le provoca en la nevera o las alacenas. Al final se decide por unos panes dulces, notando de pasada que tiene un mensaje en la laptop. Ceñudo nota un correo que viene de la escuela. ¿Sería por las inasistencias? No, era de la enfermería del colegio, pero la nota era larga y confusa sobre averiguaciones sanitarias respecto a un hecho ocurrido noches antes. No capta lo que quieren. Bien, ya se enteraría de qué trataba en cuanto llegara a la secundaría… después de hablar con Colt.

   Se dio una larga ducha con un agua caliente que se sintió de maravilla sobre su cuerpo. Secándose frente al espejo, después de buscar una toalla menos áspera (su piel parecía más sensible), se mira al espejo. Y parpadea por muchas razones. Su cabello había crecido de una manera… notable, llegándole cuello abajo. Y parecía de una tonalidad rubia más clara y brillante. Eso no tenía sentido. Es cierto que era rubio, pero buscando a castaño, como todos en sus familia. Lo toca, encontrándolo muy suave y sedoso entre sus dedos. Algo nuevo. El cabello no cambiaba tanto de un momento a otro, ¿verdad?

   Mirándolo fijamente, al espejo, repara en algo más. Sus ojos, de un gris frío, parecen ahora luminosamente azules. Y su barbilla parecía menos marcada, así como sus mejillas. Las pecas… se notaban menos marcadas y numerosas sobre su rostro, algo que siempre le había molestado porque le “afeaba” un tanto. Y su barba… se pasa los dedos por las mejillas, encontrándolas suave, lisas. Sin rastros de pelos o cañones.

   Revisando el resto de su cuerpo, repara en que que ha perdido todo el vello corporal. ¡Todo! Incluso el de su pubis y axilas. Su cuerpo parecía también más delgado y esbelto, sin haber perdido del todo su definición muscular. ¿Qué diablos estaba pasando? Realmente necesitaba llegarse a hablar con el médico del liceo… Después de verse con Colt.

   El chico trataba de decirse que tal decisión era porque necesitaba hablar con el amigo sobre esos cambios, aunque aún no había compartido con el otro lo que estaba ocurriéndole. Aún a sí mismo quiere negarse que desee verle porque necesita tener su boca llena de güevo y luego de esperma fresca, caliente y abundante. Sus mejillas se tornan rosa al imaginarlo, al pensar en la verga de su mejor amigo disparando cargas de leche sobre su lengua, tragándolas.

   Y mientras más lo imagina, más se agita, incómodo, insatisfecho. Quiere chupar verga. ¡Necesita tragar esperma!

CONTINÚA … 12

Julio César.

FRANCIA, OH, LA LA!

julio 16, 2018

EL PROFESOR ACTOR PORNO

   Ya me alcanzó la tristeza…

   Se nos acabó el Mundial Rusia 2018, con un juego que en verdad no me llamaba mucho la atención; era una final europea entre naciones contra las cuales no se tiene nada, ni se siente. Ni simpatías ni antipatías. No eran naciones tradicionalmente seguidas aquí, como España, Portugal o la ausente Italia. Eliminados todos los equipos americanos, y no entremos a comentar eso todavía, en verdad me era indiferente el resultado. Al principio. Observando mejor la garra con la cual los croatas llegaron al evento, se metieron, dándolo todo en la cancha al no lograr coronar en noventa minutos, y siendo los “nuevos” en esas alturas de finales, los admiré. Un nuevo campeón mundial podía llegar, y eso siempre es bueno. Pero  Francia contaba con un equipo eficiente, joven y representativo de un mundo nuevo que imponían sus condiciones, que corrían como caballos y parecían no agotarse tan rápido; todo eso los hacía llamativos igualmente. La Francia con una estrella, qué bien habría sido que ganara la segunda, pensé. Y sin darme cuenta también les ligaba.

   El encuentro entre franceses y croatas fue bueno, esos goles tempraneros pusieron a todo el mundo a correr en esa cancha y a uno, en su casa, a morderse las uñas. Por eso a un rato les iba a unos, luego a los otros; es decir, que sufrí por partida doble (y por Luka Modrić, creo que fuera de los franceses, el mundo entero le apoyaba en esa cancha). Pero, finalmente, los galos se impusieron, cuatro a uno, coronándose un segundo gol a favor de los balcánicos por ese infatigable brío que siempre mostraron, ese deseo de no dejarse vencer por el rival, el marcador o el cansancio. Tesón que buscó y buscó hasta que forzó un tonto error de prepotencia del arquero galo, terminando con un merecido cuatro a dos. Del final del juego me agradó la entereza de los croatas, la felicidad de los franceses, el llanto de un Antoine Griezmann del cual se debe hablar en tema aparte, el abrazo entre el presidente galo, Emmanuel Macron, y la presidenta más bella, la croata Kolinda Grabar-Kitarović (de quien sí hablaré después). Dicen que el mismísimo Macron bajó a felicitar al equipo croata, bien por él.

   Y si en Rusia celebraron esos seguidores, las escenas en los Campos Elíseos eran increíbles. Qué multitud tan alegre, todo un país entregado a la dicha del momento. Por segunda vez en toda su historia, Francia es el mejor del mundo, el bicampeón, elevando la batuta un poco más al resto. Tenían todo el derecho del mundo a estallar de felicidad. Las imágenes son de cuando pasaron a la final, por ahí sacarán las que se verán mañana.

   Ah, mañana amaneceremos en un mundo post Mundial, sin comentar los juegos, sin los mil exaltados análisis que hacíamos los que no jugábamos (con igual calor que los locos esos de Futbol Total), sin la alegre expectativa del encuentro por venir un poco más tarde. Será un mundo un tanto vacío por un rato.

Julio César.

NOCHE DE COPAS

julio 12, 2018

ALIGERANDO EL VIAJE

   Eso diría hasta el fin de sus días…

   Germán, pasado el disgusto de llegar a la fulana fiesta de un amigo, encontrando prácticamente puros tipos y sólo dos o tres hembrita nada bonitas, se consoló tomando caña y exhibiéndose todo necio y altanero, todo creído, voz potente, riendo echón con su buena pinta, sus ropas caras y sus lentes costosos. Y miren que bebió, tanto que no se alarmó cuando esos tipos comenzaron a decir que estaba bonito, que su boca provocaba llenarla, que su culito se veía rico. Riendo, llamándoles maricones, respondía, pero sintiéndose halagado de gustar. Claro, su amigo no le había dicho que la fiesta tenía motivo: despertar la perra interna de un bravucón cualquiera. No pasó mucho tiempo antes de que todos esos tipos, hijos de perras ofensivos, autoritarios y abusadores, con sus trancas afuera, burlándose de la suya llamándola pequeña, le alimentaran hasta que este encontró el sabor y la emoción, de rodillas entre ellos, jadeando, gritando ante cada chorreada, pidiendo más y más. Momento cuando todos aplaudieron, felices de corazón: una nueva, ansiosa y hambrienta puta de vergas y leche había nacido. Para beneplácito de los machos y aún de él mismo, que se podría “jartar” de todo ese semen abundante, caliente, espeso y nutritivo. 

CONVIVENCIA

Julio César.

JUGUETON

julio 12, 2018

TRABAJO

   -Decide, ¿con cuál quieres que te bañe la cara y la boca si la abres?

PEDIDO

Julio César.

GRATIFICACION

julio 12, 2018

LUGAR DESIGNADO

   Y miren que era extrema…

   Al hombre le encantaba hacérselo frente a otros sujetos, desconocidos a los que sorprendía cuando le ponía de rodillas y llenaba su boca, o su culo bien abierto. Invitándoles al festín, “la puta esta goza y goza sin fin”, les decía en baños, estaciones de metros, en callejones de bares o en el monte. En el fondo, sabe que disfruta de exponerlo, de humillarlo en su ida hombría… cosa que lo hace gemir y pedir más, obediente cuando le ordena cualquier cosa, hambriento de cuenta tranca aparece en su camino ahora. Un buen chico toda la vida, había tenido la mala suerte de meterse de novio con la hermana de ese sujeto, que desde el primer momento de conocerle, al tenderle la mano, mirándole fijamente le dijo que tenía cara de maricón latente. Y, decidido a probarlo, tomó su inocencia, se saboreó su virginal cereza, y le mostró a otros, incluidos amigos suyos, qué tan puto era cuando un macho le enseñaba la verga.

Julio César.

LOS VIKINGOS Y EL AMOR ESPARTANO

julio 12, 2018

DESPEDIDA DE SOLTERO QUE TERMINA EN DIVORCIO

   -Te inquieta, ¿verdad?

   Cada vez que escucho hablar de los vikingos me llegan dos cosa a la mente, Olafo El Amargado y la historiadora Diana Uribe, que al contar su historia decía del azote que habían resultado los vikingos para Europa, especialmente el norte del continente, cuando les dio por expandirse desde la Península Escandinava, que queda a medio camino al Polo Norte cuando los europeos se pierden. Sostiene la dama, que el problema eran sus dotes de navegantes y su afición al pillaje, contando con embarcaciones casi plegables algunas, que podían aparecer el cualquier parte. Sostenía ella, en una de esas expresiones que la hacen tan amena, que si en su patio había un hueco, llovía y se llenaba de agua, ahí aparecía un barco vikingo. Eran intrépidos saqueadores que se adentraron en el océano mucho más allá de lo que se suponía hace algunas décadas, llegando incluso a Norteamérica. Al menos a Groenlandia. Se les tenía por duros, y lo eran, y sin embargo, según nuestro modo de apreciar el mundo ahora, tenían una debilidad. Y era sexual.

   Leyendo el trabajo de una señora llamada Sandra Murillo, periodista que lleva un blog de ambiente, me entero que los vikingos se vigorizaban, físicamente, practicando el sexo gay, ya que consideraban que la fortaleza, la virilidad del hombre estaba en la esperma y que por eso no debía desperdiciarse. Idea que tomó una curiosa manera de manifestarse. Al igual que los espartanos, raza de guerreros temidos (el cuento aquel de los 300), los vikingos pasaban la vida practicando para el combate, luchando entre ellos, con espaldas, escudos y puñetazos, cuando no estaban saqueando tierras nuevas o invadiéndolas.

   Según la señora Murillo, se formaban grupos de hasta veinte guerreros por lado y peleaban, quedando finalmente divididos en dos bandos, los que ganaban y los que perdían. Estos últimos le oraban al dios nórdico Freyr para que les otorgara mayor vigor, fortaleza y destreza para la lucha, mientras permanecían hincados de rodillas frente a los vencedores. Quienes, por su parte, tenían “derechos” temporales sobre ellos, pudiéndoles exigir ser receptivo al sexo oral o anal, según deseara el ganador. Complicándose además porque si no “pagaban” bien la pena, están eran peores, exigiéndose un segundo cobro con más participantes. Como para que aprendieran.

   Y, durante estas prácticas, se debía tener cuidado de no desperdiciar ni una gota de fluidos, ya que habría sido una ofensa al dios Freyr. Como se consideraba que el semen era portador de fuerza en los hombres (imaginen lo valorado que estaría el de quien tuviera más hijos y mujeres preñadas), el perdedor consideraba que aquellas “prácticas” eran una oportunidad inmejorable de adquirir la fortaleza física que le hacía falta. Alimentarse, por así decirlo, del vigor de un vencedor. Independientemente de que fueran casados, todos participaban en los combates y las penalizaciones. Costumbre contra la cual luchó el cristianismo desde su llegada a la tierra de hielo, como también lo hizo contra el culto de los dioses nórdicos.

   Curioso e interesante, ¿eh? De eso no nos hablan cuando filman historias de Thor. Lo que no es tan extraño. En el bachillerato, cuando nos hablan del nacimiento de la cultura occidental, de los griegos frenando a los persas para que no penetraran al resto de Europa, Atenas uniéndose a su eterna rival, Esparta, no nos cuentan de la “otra” educación espartana. Que no suena a una condición homosexual real, sino a una de convivencia. Si un niño, antes de los ocho años, es separado de su familia y obligado a vivir en guarderías tipo campamentos militares, únicamente con otros chicos, cuando llega al tiempo de la hormonas es lo más natural que busque entre los más cercanos para experimentar. Algo así suena con esta costumbre vikinga… si es cierta.

   En Discovery había un programa sobre estos, los vikingos, muy sintonizado por lo que escuché, aunque jamás lo vi, ¿mencionarían algo al respecto?

LA ALEGRIA DE LA PRESIDENTA…

Julio César.

METAMORFOSIS… 10

julio 12, 2018

METAMORFOSIS                         … 9

   Relato maldito no muy largo, versionado de una idea QUE NO ES MÍA. Es divertido y erótico, nada complicado.

   Guapo y ansioso chico quiere experimentar…

   Estremeciéndose, sin soltar aquella mole sobre la que subía y bajaba ansiosamente su boca, Stan alza la vista y encuentra la mirada socarrona y el gesto feliz y satisfecho, aunque adormilado, de Colt. No había querido despertarle pero era inevitable que ocurriera, no estaba siendo sutil ni recatado con sus chupadas. Al contrario, era decididamente voraz. Afortunadamente su amigo no parecía enojado, al contrario, comenzó a empujar con lentitud sus caderas sobre el sofá, arriba y abajo, cogiéndole la boca, lo que provocó su agudo aunque ahogado gemido de placer.

   -Necesitabas mucho de una carga de esperma fresca, caliente y abundante, ¿eh? –ríe.- El pequeño Stanley totalmente desesperado por chuparme la verga, esa está buena. –se carcajea de gusto, aún medio adormilado.

   Como chico bien criado, Stan no responde al tener la boca llena; está cubriendo cada pedazo de aquella barra que le era empujaba hasta la garganta. Cada friccionada que daba con sus mejillas y labios, fuera de las lamidas, eran recompensadas con chorros de aquel jugo que le hacían delirar.

   -¿Te gusta el jugo de mis limones? ¿Por qué no lo lames también? Agradéceles, ¿no? –ríe con voz ronca Colt.

   Las palabras provocan prácticamente un gemido a Stan, quien sube los labios delgados y rojizos sobre la verga, chupando siempre, dejándola libre, atrapándola con una mano, casi temeroso de ver derramarse los fluidos, y vigilando ese glande baja el rostro. Lengua afuera, brillante de saliva y los restos de los jugos de Colt, cubre, azota, barre y baña esas bolas grandes y peludas. Lame y lame, maravillado viéndolas temblar dentro del saco, oyendo los gemidos del otro (que te lamieran las pelotas parecía excitar, pensó de pasada). Divirtiéndose haciéndolo, les dedica su rato, hasta que algo le moja el puño que tiene alrededor del grueso y palpitante tolete. Casi grita alarmado al ver los líquidos chorreando del ojete, tronco abajo; con ansiedad se alza y los atrapa pegando la lengua de la barra, subiendo, recogiéndolos, cubriendo el glande con sus labios y tomando más del delicioso licor.

   Sin  pensarlo mucho, el chico rubio desliza la pulsante barra en su boca de nuevo, alojándola toda, notando como esa urgencia de goce se apoderaba de él, obligándole a dar mamadas más rápidas y vehementes, más escandalosas. Baja apretándola, sube y con la lengua, sin sacarla de sus labios, le lame el glande por todos lados, buscando esas gotas sabrosas.

   -Hummm, si, amigo, chúpame la verga así. Joder, se siente tan bien, cada vez lo haces mejor y mejor.

   Eso sonaba a música en los oídos de Stan, quien le nota el tensar de los muslos y se apresura a succionar con mayor rapidez y fuerza.

   -Si. Si, tómatela toda, cabrón, bien que has trabajado por ello. –ruge Colt, tensándose, arqueando el cuerpo sobre el sofá, clavándosela hasta la garganta, corriéndose en su boca, retirándola un poco, entre gemidos, y cubriéndole la lengua con otra lechada. Y mientras se corre, Stan gimotea.

   En un momento dado, recorrido por una fuerte emoción, Stan se mira en el reflejo de un espejo a cuerpo entero que la madre de Colt tenía en la antesala, para comprobar detalles de vestimenta antes de abandonar la casa. Es plenamente consciente de su mirada vidriosa y aturdida. Sus mejillas y nariz son de un color rosa intenso. Nota como mueve sus labios, buscando y succionando esa sustancia blanca y pegajosa que se adivina en su boca. Su cuerpo está de rodillas y su entrepiernas mojada, goteando su propia corrida. Nuevamente había alcanzado un poderoso orgasmo chupando semen.

   Colt, sonriendo con indolencia, empujando arriba y abajo su mole todavía (un tío que era mamado rara vez deseaba que terminara), lo nota también.

   -Oh, sí, amigo, eres completamente adicto a chuparme la verga. –ríe de manera toscamente juguetona.- Estás tan caliente cuando lo haces, como la leche que te tragas. ¿Te divertiste, hermano?

   -Si. –se oye contestar, porque era la verdad, ¿no? Su propio reflejo le parecía… aletargado. Como drogado.- Me gustó mucho.

   -Es realmente excitante verte tan ansioso y ávido de esperma, siempre buscando obtener más y más. –gruñe Colt.- Verte actuando así, como una puta tan sedienta, excita a cualquiera, hermano. Sólo recordarlo, Jesús, ya siento ganas de follarte la boca otra vez.

   Stan, labios rojos e hinchados, húmedos con algo se esperma, siente como su cabeza gira sin control ante la idea de tener más semen en la boca. Quería tener su panza llena con ella.

   -Bien, fóllamela. Yo también quiero. –reconoce, con las mejillas algo más sonrojadas.

   -Entonces demuéstrame que estás preparado para ganártelo. –ronronea Colt, sonriéndole con picardía, con una mano bajo su cabeza, mirándole a los ojos.- Lame mis bolas de nuevo. Haz que mi verga despierte otra vez para poder derramar más semen en tu garganta.

   Escuchando la condición, y el premio a futuro, obtener más esperma, Stan no pierde tiempo y nuevamente mete la cara entre las velludas piernas de su amigo, posando los labios del testículo derecho, sorbiéndolo, metiéndoselo. Su nariz se llena con el embriagador aroma a macho, despertando su propia verga bajo sus ropas mojadas. Tanto así quería estar lleno con la semilla del otro chico. Afortunadamente, mientras repartía besitos, lamidas, chupetones en esos testículos grandes, este volvió a ponerse duro. Y muy pronto aquella verga regresó, goteante de nuevo, palpitante y caliente, a su boca y garganta, que la trabajan arriba y abajo, succionando, alimentándose de ella, mientras ronroneaba putonamente, perdido de gusto y placer, sintiendo su propio tolete palpitar todo sensible bajo sus ropas aún húmedas mientras lo hace.

   -Joder, Stanley… -gime Colt.- …Muchos de los muchachos han estado extrañando a las chicas y las ganas que antes sentían, especialmente a Megan, pero creo que sí, que tú lo haces mucho mejor. Ella y tú se notan súper ansiosos por mamarse una verga, pero hay algo en la idea de un chico haciéndolo, tú, mi mejor amigo, queriendo tanto tragármela, que es más excitante. Nunca imaginé que sería tan obscena la idea de controlar a otro chico así.

   Oyéndole a medias, ocupado como estaba en subir y bajar su boca sobre la dura barra, Stan sabe que le llevará un poco más de tiempo lograr que se corriera, pero no le importa. Porque cada succión le hacía beber de esos líquidos maravillosos, y buscando más, atrapó la base con su mano (tan dura y pulsante, tan caliente y venosa en su palma), masturbándole mientras cubre medio tolete con sus labios, arriba y abajo, soltándolo a veces para besarle la cabecita roja. Podría vivir haciendo eso, piensa. El simple hecho de tenerla recorriendo su boca, latiendo contra sus labios, mejillas y lengua, y taponando su garganta le provocaba ataques de lascivia. Jadea y gime en todo momento. El joven no puede pensar con claridad en esos momentos, un impulso natural, o animal, había tomado el control de su ser y le guiaba.

   -Eso es, Stanley, así; gime como una puta en celo. –le grita con una voz potente y autoritaria el otro chico, la nuca alzada del mueble, mirándole intensamente.- ¿Quieres esto, mi esperma? Tienes que demostrarme cuánto la deseas, perra. –le ordena.

   Cambiando.

CONTINÚA … 11

Julio César.

BRILLO

julio 12, 2018

DIETA

   Los chicos del colegio lo miraban con adoración. No, no por ser el mejor luchado sino por su… enorme encanto, que hacía las delicias en las duchas.

……

   Jóvenes sanos, llenos de sangre caliente y voluntariosos, no veían nada extraño en acercarse… como al dar un masajito al mejor amigo. ¿Cuestionable?, no, siempre hay ATENUANTES

INOCENTADAS

Julio César.

PLACERES CULPABLES

julio 12, 2018

REALIDAD ALTERNA

   Esas fuertes debilidades…

   Medio malandroso, contestón y violento, ese chico mala conducta, de tarde en tarde, iba a ese poco frecuentado callejón entre las viejas fábricas ya inoperantes, exhibiéndose, ofreciéndose, sabiendo que no tardaría en llegar un sujeto, generalmente cuarentón, alto y obeso, desaliñado, de jeans y gorra, barbudo, que le miraría temblar de ansiedad, acercándosele lentamente para desesperarle. “¿Muy caliente, perra?”, le preguntaría, siempre lo hacían, como si adivinaran su urgencia, antes de nalguearle duro, fuerte, con una pasmosa calma que lo aceleraba. Le daban, lo tocaban y sobaban diciéndole lo despreciable y desagradable que era. Palabras que lo ponían a temblar en ese paraje solitario donde se buscaban encuentros de una vez. Para terminar, apartado a un lado el calzoncillo, siendo recompensado al ser llenado de duras atenciones que estallarían en su interior, chorreándole la gratitud a litros.

Julio César.

SUBLIMINAL

julio 12, 2018

ATRAPADO!!!

   Dios, hay gente que inventa cada cosa…

   Cómo reí cuando en Facebook vi esta composición enviada por una amiga. Y es lo único en el tema que lo logra, por un ratico, porque eso de irse del país ya me tiene verde. Es de lo único que se habla en las colas, las calles, los pasillos del edificio, sentados bajo las matas de mango de mi señora madre. Lamentándose quienes tienen hijos lejos, lamentándose aún más  los que están aquí y no se han ido. Todavía. Parece que, como dijera hace años un comediante, la única salida que se le ve a la crisis que padecemos es la del aeropuerto de Maiquetía. Y eso fue hace tiempo, cuando “ya estábamos mal”. Imagínense ahora. ¿Será que de verdad nunca se toca fondo? Eso me hará replantearme mi descreimiento sobre el Infierno como lugar de castigo eterno. Si siempre es el mismo, uno acaba por acostumbrarse, como tener un mal día en la oficina que parece no terminar, o estar dentro de una bañera, como alegaba Bart Simpson preguntando precisamente sobre eso; pero si la cosa empeora y empeora, aumentando el martirio, tal vez si exista. No les digo, más malas noticias. Estamos empavados.

Julio César.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 16

julio 10, 2018

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 15

Por Sergio Javier.

– Quiero decir que es hija del novio de tu madre. – corrige Regina pensando que haber llamado “padrastro” a Claudio es lo que puso serio a Rodrigo.

– Pues me toma por sorpresa. – disimula Rodrigo su incomodidad.

– ¿No sabías que Claudio tiene una hija?

– Sí, pero no sabía su nombre ni cómo era. Creo que ni mi mamá la conoce.

– Yo creo que es bueno que se vayan conociendo porque, si tu mamá y su papá siguen saliendo, ustedes van a ser familia.

Sin proponérselo en absoluto, las palabras de Regina mortifican a Rodrigo porque hace menos de 24 horas, su relación con su padrastro en potencia había cruzado un límite impensable cambiándola para siempre. Como Rodrigo no conoce las verdaderas intenciones de Claudio, se siente culpable, avergonzado y molesto tanto consigo mismo como con él y es la última persona a quien quisiera ver.

– ¿Sabes si él vendrá hoy?  – pregunta Rodrigo sonando casual, pero deseando obtener una respuesta negativa.

– Creo que no. Hasta donde sé, él no quería que se programara esta celebración se programara hoy porque lo más seguro era que tu mamá, tu hermano, tú ni tampoco él pudieran venir; pero Vanessa se empeñó porque ya tiene planes para el resto de la semana.

“Esta chica cada vez me cae mejor” piensa esbozando una automática sonrisa mientras observa a Vanessa caminando de una mesa a otra para saludar a los invitados. Razona que si sale con Vanessa, probablemente sería más fácil tanto para Claudio como para él enterrar para siempre lo que pasó entre ellos. Además, el genuino interés que le ha despertado la bella joven en apenas unos minutos le hace pensar que el fin de semana no ha matado su “hombría” a pesar de todo. Es entonces cuando observa a Vanessa regresar a la mesa, a la cual también se incorporan otros dos guapos y jóvenes asistentes, quedando solamente una silla libre.

Vanessa dirige la conversación entre todos los presentes en la mesa de manera que éstos, a pesar de tratarse poco o casi no conocerse, empiecen pronto a conversar con armonía y cohesión. Aunque esto podría parecer algo simple para muchas personas, desenvolverse con soltura es un logro que ella sólo pudo alcanzar gracias a terapia psicológica porque, antes de ser esa mujer que irradia seguridad y belleza, solía ser una joven tímida y poco agraciada por la que nadie (ni siquiera ella misma) se preocupó demasiado nunca. El presente, tan diferente a su pasado, le ha traído muchas sorpresas y una de ellas es que su Rodrigo, su ex amor platónico, es su potencial hermanastro.

Le pareció extraño que no fuese su padre, sino su amiga Regina la persona que le diese la noticia hace apenas una semana, un detalle sin importancia tomando en cuenta la gran sorpresa que sintió cuando muchos chicos empezaron demostrarle su interés tanto en persona como en sus redes sociales. Pero la sorpresa más grande de todas combina las primeras dos: ¡Rodrigo es también uno de los atractivos hombres interesados en ella y estaba demostrándolo ahora mismo en la fiesta! No le sorprende que él no la recuerde y, de hecho, se siente aliviada por eso al considerar que su pasado no tiene nada que merezca ser recordado.

En contraposición, considera que su presente sí tiene mucho para merecer ser vivido: Vanessa tiene ganas de divertirse y, ahora que puede darse el lujo, no piensa dejarle el camino fácil a Rodrigo. Si éste quería algo con ella, aunque sólo fuese diversión, tendría que seducirla. Como si pudiera leer su mente, Rodrigo ha entrado ya en su faceta de conquistador. Participa en la conversación, pero no la monopoliza, mostrándose interesante, relajado y confiado en sí mismo. Su postura erguida con la frente en alto y los hombros hacia atrás encajan con lo anterior y también lo hace ver aún más importante que Eduardo y Marcos, los otros dos también atractivos invitados masculinos sentados en la mesa, cuyas intenciones hacia Vanessa desconoce.

En los momentos en que Rodrigo habla, nota una mirada directa y deliberadamente coqueta por parte de Vanessa; pero cuando los otros chicos hablan, ella le retira completamente su mirada para brindársela completamente a ellos, “olvidando” a Rodrigo por momentos. Éste, sin embargo, sabe por experiencia que la paciencia es una aliada para la seducción y que Vanessa probablemente está jugando a “hacerse la interesante”.  No tiene prisa y está disfrutando conversar intercambiando opiniones personales y chistes con Vanessa, Regina, Eduardo y Marcos mientras antes de llegue la comida para el almuerzo.

– Cambiando de tema, yo conozco a estas chicas y ya he hablado un poco de mí; pero de ustedes, chicos, no sé mucho. – señala Rodrigo, dirigiendo ahora él la conversación en un momento que el grupo se había quedado brevemente callado.

– Pues yo soy estudiante de Psicología. Me gusta jugar fútbol y nado, como tú, aunque también toco guitarra y canto. Me gustan muchas cosas. Je, je – comenta risueño Eduardo, un atlético y bien parecido moreno cuyo físico refleja lo que menciona.

– Yo soy estudiante de Medicina y, como mi carrera es tan difícil, sólo hago eso… a diferencia de otros. – bromea Marcos, un joven blanco menos atlético que su amigo, pero que resulta igualmente atractivo.

– “¡Ay sí, ay sí! ¡Mi carrera es la más difícil y sólo paso estudiando!”  – le devuelve la broma Eduardo.

– Si uno se sabe organizar, el tiempo siempre alcanza aunque se estudie algo difícil. – aporta Rodrigo.

– Ése es mi lema, Rodrigo, y la verdad es que no hay carrera fácil. Todas tienen desafíos distintos. Prueba de ello es que de todos se espera el logro de una meta en sus trabajos, a nadie le regalan el dinero. – responde Eduardo.

– ¡Sólo a ustedes, los futbolistas! – chista Marcos.

– ¡Qué va! Los futbolistas se divierten trabajando, pero al menos los ves haciendo lo que se supone que deben hacer; no, como los políticos, que lo que más hacen es mentir y dormir. – refuta Eduardo.

Todos en la mesa ríen ante la amistosa discusión y las ocurrencias de los dos amigos, cuyo respectivo encanto pasa cada vez menos desapercibido para Rodrigo. Sin embargo, tan pronto “se descubre” a sí mismo pensando en ellos, decide brindarle una nueva mirada a Vanessa para cambiar el objeto de su atención… y su libido. Vanessa mantiene su estrategia y, en el momento que Rodrigo la mira, ella parece indiferente. Ante eso, Rodrigo se refugia en la conversación.

– Tan sólo con verlos, me doy cuenta que ustedes son amigos desde hace años. – comenta Rodrigo.

– Sí, Marcos está enamorado de mí, pero yo sólo lo veo como amigo. – lanza Eduardo haciendo reír a los presentes otra vez.

– Ya quisieras que estuviera enamorado. Yo sólo busco sexo. – responde Marcos  mientras estruja el pezón derecho de su amigo.

Eduardo devuelve rápidamente el gesto, lo cual provoca que ambos jóvenes terminen envueltos en un auténtico duelo de apretadas de pezones.  Rodrigo, que no es ajeno a este tipo de bromas desde su adolescencia, es ahora capaz de verlas con otros ojos: si antes eran divertidas, ahora lo son aún más gracias a ese elemento de homosexualidad latente que  impregna el ambiente, pero al cual solamente un hombre que gusta de otros hombres presta verdadera atención, pudiendo transformarlo en fantasía o, al menos, hacerlo preguntarse “¿y si esto no fuese sólo una broma?”. Al igual que con la nalgada que Víctor “inocentemente” le dio hace un rato, esta “guerra de pezones” le despierta nuevamente una inesperada erección.

– Los querías conocer, Rodrigo, ¡pues así es como son ellos realmente! – dice, entre risas, Vanessa, sacándolo de sus pensamientos.

– Y ahora que sabes su secreto, no te dejarán escapar. ¿O me equivoco, chicos? – aporta a la broma Regina.

– Es verdad. Tú sabes demasiado…  – expresa con un tono serio Eduardo.

– ¿O sea que a mí me envías a la zona del amigo, pero a él lo seduces? – reclama Marcos.

– Lo que pasa es que tú ya pasaste de moda, mientras que él es una nueva adquisición. Espero que no te tomes personal que lo prefiera a él.  – responde sarcásticamente Eduardo.

– Habrá que ver si aguanta… – reclama Marcos.

– ¿Si aguanto qué? – pregunta Rodrigo empezando a preocuparse por la seriedad que ha cobrado la conversación notando que ambos se ponen de pie y acercan a él con asombrosa rapidez.

– ¡Esto! – gritan al unísono Eduardo y Marcos mientras aprietan sus pezones izquierdo y derecho, respectivamente.

El par de amigos alterna apretar los pezones de Rodrigo con la acción de presionar también su pecho y abdomen con sus dedos, haciendo a Rodrigo sumergirse en una extraña combinación de sorpresa, carcajadas, deseo sexual y recuerdos aleatorios: partes de su cautiverio que sí disfrutó, la excitación que Víctor, Luciano y Saúl le habían despertado ese día. Las imágenes de esos sexuales recuerdos se entremezclan con las de los estímulos reales de su entorno inmediato: Marcos y Eduardo “atacándolo”, el amplio lugar donde ocurre la fiesta y están los demás invitados, Vanessa y Regina sentadas en la mesa, cubierta por un largo y elegante mantel, viendo la escena. ¿Y cómo olvidar la inesperada escena de sexo que había tenido con Claudio hace menos de 24 horas antes? La imagen que aparece ahora incluye sus piernas en los hombros del médico mientras éste le inyecta la medicina que necesita su ano en este instante: verga.

Aún observa a Eduardo y Marcos atacándolo y a Vanessa ponerse de pie antes de que su mente, como un televisor cambiando de canal, regrese a la imagen de Claudio inyectándole placer y finalmente enfoque la imagen del rostro de Claudio en primer plano. En un esfuerzo por detener la transmisión de dicha imagen, interrumpe la broma de Eduardo y Marcos apartándose y levantándose de su silla bruscamente. Es entonces cuando se descubre la cara del último invitado en llegar a la fiesta: ¡Claudio!

Claudio acaba de abrazar efusivamente a su Vanessa, tras una temporada de no verla,  cuando observa a Rodrigo parado frente a él y reflejando en su bonito rostro una molesta sorpresa que el joven ni siquiera pensó disimular. Aunque ninguno de los presentes entiende la razón, es notorio que el encuentro es incómodo para ambos hombres porque, al coincidir en este evento inesperadamente, ninguno sabe cómo actuar. Permanecen sin reaccionar por algunos segundos, en los cuales piensan cómo reaccionará el otro tomando en cuenta cómo terminó su último encuentro.

– ¿Pasa algo? – rompe el silencio Vanessa.

– Lo que pasa, hija, es que me da un poco de vergüenza con Rodrigo… porque no pudimos invitar a su familia a esta fiesta porque Lucía, su madre y mi novia, tenía otro compromiso hoy… y no esperaba encontrarte aquí hoy, Rodrigo. – responde Claudio dirigiendo su pacífica mirada hacia él.

– No te preocupes por eso, Claudio. De hecho, yo me quedé pensativo porque acabo de recordar que tengo que ayudarle con ese “compromiso”. – improvisa irónico Rodrigo.

– Ya me encargué yo de eso, Rodrigo, así que puedes quedarte en la fiesta.

– ¿Estás seguro? Ya había quedado en eso con mi mamá…

– ¡Completamente seguro! – dice caminando hacia Rodrigo simulando un interés filial.

– Bueno, está bien. Después de todo, es la fiesta de Vanessa y yo estoy aquí de “misión oficial” reemplazando a Víctor, que no pudo venir. – responde alejándose diplomáticamente de Claudio y acercándose más a su hija, rechazando su contacto con sutileza, pero dedicándole una mirada retadora.

Rodrigo ha resuelto quedarse en la fiesta no por la insistencia de Claudio, sino porque realmente ha disfrutado la ocasión. Es verdad que la presencia del médico le desagrada, pero no está dispuesto a renunciar a lo que disfruta sólo porque le moleste su presencia. La primera prueba viene cuando Claudio se sienta justo a su izquierda, cosa inevitable al ser la única silla libre en la mesa. Rodrigo reconoce que su próximo encuentro con él tendría lugar más temprano que tarde, pero marcaría su distancia desde hoy y la fiesta facilitaría eso.

A la céntrica mesa pronto regresan el ambiente jovial y una conversación de la que todos forman parte hasta que empiezan a almorzar, momento en el que naturalmente todos hablan bastante menos. En ese relativo silencio, Claudio piensa si es real o está imaginando el interés que percibe por parte de Rodrigo hacia Vanessa. No hay duda de que, cuando menos, se llevan muy bien y se pregunta si eso debería preocuparle porque definitivamente no se lo esperaba. Después de la placentera penetración que le brindó a Rodrigo, claro que esperaba cierta hostilidad de su parte; pero también esperaba que esa hostilidad fuera en descenso hasta convencerlo de repetir el acto tarde o temprano.

Pero ahora, al verlo interactuar nuevamente con una mujer y sospechando su atracción por ella, encuentra que la esencia de Rodrigo no ha cambiado. “¿Será que necesita más de “el tratamiento?” es la pregunta que ronda su mente. De algo no tiene duda: Rodrigo volverá a caer, incluso aunque tenga que empujarlo. La estridente risa de Regina ante una broma que hacen los jóvenes capta su atención a lo que sucede en la mesa en esos momentos: es momento de los chistes de doble sentido.

– Si la ves grande, ¡no te asustes!; si te la meten, ¡sólo respira!; si te duele, ¡aguanta!… ¡porque una inyección puede salvarte la vida! – cuenta con gracia Marcos.

– Ya párenle a la vulgaridad, chicos, que aquí está mi papá. – sugiere, entre risas, Vanessa.

– Por mí no te preocupes, hija, es tu fiesta y, además, yo soy un padre muy moderno. – aclara Claudio.

– Sólo por eso, aquí les un chiste sobre padres: –propone Eduardo–. Una mujer, regañando a su hijo, le dice “¡eres tan tonto como tu padre!”. El marido, que se molesta al escuchar aquello, pregunta inmediatamente a su esposa “¿¡por qué dices que soy tonto!?” y la mujer le responde “tranquilo, cariño, que no estoy hablando de ti”.

– Me pregunto qué respondería el marido. Je, je – comenta Regina.

– Ese último chiste no lo conocía, pero los demás son viejos. Creo que la primera vez que los escuché fue en las clases de Farmacología o Bioquímica en la universidad.  – comenta Claudio.

– ¿Tu papá es médico, Vanessa? – pregunta Marcos.

– ¡Dr. Claudio Durán, a tus órdenes! – responde el hombre por su hija.

– Es que no nos hemos presentado propiamente. Je, je – señala Eduardo.

– Es cierto. Marcos será colega tuyo, papá. – comenta Vanessa mientras ambos hombres sonríen con mutuo agrado.

– ¿En qué año estás?  – le pregunta Claudio.

– Sexto año. Ya hago turnos en el hospital. – responde Marcos.

– ¡Entonces ya eres mi colega!

– Gracias, pero entre más avanzo en la carrera, más me doy cuenta de cosas que me hace falta conocer y perfeccionar.

– Creo que eso nos pasa a todos lo que estudiamos con seriedad nuestras carreras y queremos aprender lo máximo posible.  – aporta Eduardo.

– Estoy completamente de acuerdo. ¿Cuál es tu nombre y qué estudias tú?  – pregunta Claudio ahora mirando a Eduardo.

De esta manera, Claudio empieza a monopolizar la conversación intercambiando opiniones con todos los presentes en la mesa, especialmente con los varones, quienes le parecen bastante atractivos física e intelectualmente. Rodrigo, sin embargo,  decide ser la excepción al ser deliberadamente cortante en sus comentarios cuando Claudio se dirige hacia él. Claudio nota como Rodrigo categóricamente mata los temas de conversación con él, pero que habla fluidez con Vanessa y Regina al ser ellas quienes menos intervienen en la conversación masculina; obligándolo a sólo conversar fluidamente con Eduardo y Marcos, lo cual no le desagrada en absoluto, pero al mismo tiempo le hace pensar que Rodrigo está determinado a no dar su brazo a torcer; ni su culo, tan fácilmente otra vez.

– Tú casi no me has hablado de tu carrera hoy, pero sé que es porque ya lo has hecho antes, ¿verdad? – pregunta Claudio a Rodrigo brindándole una fuerte palmada en su pierna izquierda.

– Así es. Entre nosotros, no hacen falta presentaciones. – responde con firmeza disimulando el estupor que le generó el sentir la mano de Claudio caer y permanecer en su pierna.

– Estoy completamente de acuerdo. De hecho, creo que de todos los que estamos aquí, yo soy quien más te conoce. ¿O me equivoco? – pregunta mientras acaricia la pierna de Rodrigo moviendo su mano desde arriba hacia abajo consciente de que nadie más que ellos dos saben lo que está haciendo bajo la mesa.

 – ¿Sabes? No creo que me conozcas tanto como crees. – responde con una voz ligeramente seductora mientras empieza a acariciar la entrepierna de Claudio con su mano izquierda.

Tomando en cuenta la oposicionista actitud que le ha mostrado Rodrigo desde su llegada al evento, Claudio se confunde enormemente al sentir la erótica caricia que ahora el joven ha empezado a brindarle a sus testículos y pene bajo la mesa. Sin duda, es una sorpresa agradable que no tarda en empezar a disfrutar plenamente hasta que la sensual mano de Rodrigo se convierte en un puño que golpea con furia el centro de la zona que estaba acariciando, cambiando instantáneamente la emoción reflejada en la cara de Claudio del placer al dolor.

– ¿Por qué esa cara, papá? ¿Qué te pasa?  – pregunta Vanessa, alarmada, al ver la extraña expresión de su padre.

– ¡Creo que le cayó mal algo que comió!  – responde Rodrigo por Claudio, levantándose de su silla y simulando una leve preocupación.

Por contagio emocional, los demás invitados de la mesa también se ponen de pie y se acercan al médico, lo que Rodrigo aprovecha para alejarse, orgulloso de haber defendido su honor masculino. Claudio no sabe qué decir y, ante el inesperado dolor, prefiere callar. Rodrigo observa cómo los demás se preocupan por Claudio y, aunque no sabe el pretexto que dirá, está seguro que no dirá el verdadero motivo de su malestar. Prefiere dejar de lado el asunto y emplear ese tiempo para recorrer el bello lugar… y a otras bellas asistentes a la fiesta con su miel mirada. Después de todo, ya han pasado dos horas desde que el evento inició y considera justo intercambiar palabras (y tal vez algo más) con otro grupo de jóvenes que se encuentren también en el evento.

Encuentra un grupo mixto de pie en medio de la amplia pista de baile, aunque al no haber música, solamente están conversando. Se presenta ante ellos captando inmediatamente la atención de las mujeres, lo que le permite volver a disfrutar la sensación de sentirse más deseado que de costumbre por el sexo femenino, como en la mañana con las estudiantes del examen. Los representantes del sexo masculino siguen sin parecerle indiferentes a esta hora del día, aunque elude pensar en el asunto mientras observa cómo la atmósfera del lugar se oscurece como si fuese de noche y el lugar del evento se hubiese quedado sin electricidad.

– ¡Hola, chicos y chicas, el momento de que esta fiesta realmente comience ha llegado!  – anuncia la grave voz del “disc-jockey” mientras la parafernalia de la discoteca empieza a brillar, haciendo obvio el inicio del baile.

La chica que conversaba con Rodrigo hasta esos momentos, a cuyo nombre no prestó atención, se exalta tanto con la idea de bailar que prácticamente lo “empuja” a convertirse en su pareja de baile sin preguntarle. Él se deja llevar por la situación y pronto están al centro de la pista con un grupo de asistentes rodeándolos a pesar de no ser excelentes bailarines. Aunque ambos disfrutan, él se mueve con más gracia mientras que ella intenta impresionar con pasos de baile ligeramente exagerados.

Sin embargo, la presión del traje que viste Rodrigo le hace recordar que éste ha sido diseñado para alguien de cuerpo más pequeño que el suyo. Temiendo dañar el traje o que pase alguna otra cosa mala (sin determinar qué tipo de cosa), Rodrigo aprovecha una de las volteretas que hace la chica para desprenderse de ella. Se aparta causando que sea otro sujeto cercano a ellos quien, sin esperarlo, la recibe y empieza a bailar con ella “obligado”.

– ¿Adónde vas con tanta prisa? Tenía un buen rato sin verte. – lo sorprende en su escape Vanessa, luciendo aún más hermosa en la oscilante iluminación violeta rojiza.

– Debo irme ya, Vanessa, lo lamento… ha sido un gusto conocerte. – responde avergonzado.

– Bueno, pero no te irás sin bailar por lo menos una canción con la agasajada, ¿o sí? – pregunta coqueta.

Rodrigo, no deseando hacerle un desaire a esa nueva chica que empieza a interesarle, le responde empezando a bailar con ella la canción “Shape Of You” de Ed Sheeran que empieza a sonar en ese instante y que, además de ser la canción del momento, es perfecta para la ocasión. Pronto empieza a despreocuparse, disfrutando de la compañía, la música y el baile. Vanessa baila mucho mejor que la otra chica y no recurre a piruetas como aquella, convenciéndolo a quedarse varias (no sabe cuántas) canciones más.

A la mitad de “Problem” de Ariana Grande, Rodrigo descubre que quien realmente tiene un problema no es la cantante estadounidense, sino él: ¡la costura central del pantalón que viste se ha roto! Ni siquiera sabe en qué canción sucedió, pero la extraña brisa que ha sentido desde hace un rato en el área de sus nalgas es lo que le hace llevar las manos hacia el área y comprobarlo. El saco que porta se vuelve su esperanza de cobertura, pero al ser un hombre alto en un ajeno traje que ni siquiera es de su talla, no puede contar con esa suerte: el elegante saco termina en la intersección entre su espalda y sus nalgas, quedando estas últimas prácticamente sin más protección que sus blancos “boxers”, color de cuyo brillo en  iluminación violeta azulada es consciente.

– ¿Qué te pasa? – pregunta Vanessa, extrañada porque ha dejado de bailar desde hace una cantidad considerable de segundos.

Rodrigo brinda la misma respuesta que hace seis canciones: reaviva su baile con movimientos aún más rápidos. Su plan provisional es pasar desapercibido al estar bailando para los invitados cercanos, que también están demasiado ocupados haciendo lo mismo, y pegarse a la multitud, de manera que su cadera resulte cubierta para los asistentes que observan desde lejos. Y huirá en cuanto Vanessa se descuide y lo suelte, lo cual para su suerte, ocurre rápido gracias a un baile multitudinario que los separa.

Mientras se escabulle entre las personas, uno de los chicos con los que conversó en la pista antes de que el baile empezara le notifica del problema de su pantalón. Rojo de vergüenza, Rodrigo le agradece y se dispone a salir de la fiesta, pero retomando su estrategia de pegarse a la multitud para que nadie más conozca la forma de sus posaderas. Sin embargo, esto ocurra de una manera diferente cuando, en su afán de esconder su culo, éste termina coincidiendo con la entrepierna de otro invitado de la misma accidental manera en que lo harían dos automóviles chocando.

El impacto de este encontronazo hace que Rodrigo pierde la noción del tiempo y de su autocontrol al sentir lo que inequívocamente es un pene pasar de flácido a erecto, lo que demuestra que quien está atrás suyo también está al tanto lo que está ocurriendo y también lo disfruta, pero no piensa en eso ni en otra cosa, sólo se concentra en sus sensaciones. Durante dieciocho segundos, ambos hombres han abandonado sus respectivos movimientos manteniéndose juntos hasta que Rodrigo deduce que esa pelvis y esa verga sólo pueden ser de Claudio. Automáticamente enfurece, pero aún no se aparta permaneciendo sin reaccionar doce segundos más, en los cuales decide darle otra lección, como hace un rato en la mesa. Voltea empujando con violencia a quien asume que es el médico, pero al hacerlo, es otro cuerpo el que encuentra.

Para comentarios o sugerencias, escriban a maxival91@gmail.com

CONTINUARÁ…

Julio César (no es mío).

TRAVIESO

julio 10, 2018

ALIGERANDO EL VIAJE

   El chico tenía encanto…

   Retado, aunque por lo general no esperaba mucho para sacársela y enseñársela a todos, como si fuera un regalo del cielo (que lo parecía), ríe agitándola, mientras el autobús de la selección se dirige al estadio. Creía sorprender a los amigos cuando les preguntaba “¿quieres ver algo maravillosos?”, y estallando en risas tontas se apartaba la franela teniéndola afuera. La verdad es que el resto, aunque casados o con novias, no pueden terminar de molestarse de sus juegos, aunque lo reten y regañen, mientras se la miran y miran ponerse toda roja y jugosa en la punta. El chico era… un idiota, siempre teniéndola medio dura la recostaba en los culos ajenos en los vestuarios, bromeando nuevamente. ¿Otro juego que le encanta, aunque ahora se tensa un poco cuando lo intenta?, teniéndola en su punto, toda apetitosa, con un dedo recogía una gota y nuevamente retaba “¿a que no la pruebas?”. Pero después de que más de medio equipo le chupó el dedo (retadores pero nerviosos mirando sobre sus hombros), ahora se sentía un poco cortado e inseguro… ¿Debía ofrecerles que bebieran cuanto quisieran? ¿No se ofenderían si lo hacía? ¿No sería malo si se negaba? Al respecto, todavía, no estaba muy seguro de nada.

NOCHE DE COPAS

Julio César.