EL TIEMPO DE LOS ADULTOS

abril 27, 2016

AYUDENME A AYUDAR

Brazil?s Marcio Araujo dives to return the ball to the US team in their men's final beach volleyball match at Beijing's Chaoyang Park Beach Volleyball Ground on August 22, 2008 during the 2008 Beijing Olympic Games. Todd Rogers and Philip Dalhausser of the US  won 2-1 and took the gold medal.  AFP PHOTO / THOMAS COEX

   Cuando había tiempo y energías para todo…

   Espero con ansiedad la llegada de los fines de semana, de los días de vacaciones, lo que atormenta porque entre las esperas me parece que las horas y días vuelan, que pasan demasiado rápido como para que se pueda hacer algo. Debe ser el tiempo de los adultos. Cuando muchacho recuerdo que si no tenía nada que hacer, en vacaciones, por ejemplo, podía dormir bastante, despertar tarde, comer, leer un libro o historietas, mirar televisión, reunirme con los amigos, llegarme al cine. Ir a la playa. Más adelante estaban las fiestas, las salidas y la caña. En esos días podía pintar la cocina, la sala, el balcón y el pasillo que daba a las habitaciones en casa de mis padres, poco después en mi apartamento, en una jornada. Ahora apenas puedo despertar, temprano, cuando ya es medio día.

   El tiempo de los adultos no alcanza para llamar a la familia o a las amistades, es ir de compras o quitar trastos de la sala de estar por si alguien llega de improviso y no crea que uno vive en una pocilga, y sin comida. Pintar una cocina lleva todo el día. O revisar un closet, cambiar una llave del baño. Las horas vuelan, aún cuando se está descansando. ¿Será sicológico? ¿Será una de esas verdades como aquella de que cuando se anda de novios y felices uno habla en susurros y cuando se está disgustado se grita por la separación abismal que existe entre las personas, no física sino emocional? ¿Será que antes nos parecía que teníamos todo el tiempo del mundo para hacer lo que nos diera la gana, aún recomenzar, y ahora notamos que los días se nos pasan sosteniendo y defendiendo los puntos de vistas que adoptamos en algún momento de la vida?

   No lo sé, pero despertar un domingo como el que pasó, lluvioso e invitador al descanso, solo o acompañado, únicamente me hace pensar en otro domingo de mi vida que ya se fue… ¿No sienten remordimientos a veces?

Julio César.

TODAVIA MAS

abril 25, 2016

PILLO

MACHO VELLUDO EN TANGA AZUL CIELO

   Tembloroso y avergonzado frente al marido de su hija, y los amigos de este, confiesa: “Si, quiero mostrarles la otra, la más chica”.

LE GUSTABA ASI

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 2

abril 25, 2016

RELATOS CONEXOS

ENCUENTRO EN LAS NUBES… 2

LAS GANAS POR LOS CIELOS

   Una aventura a saborear y vivir…

……

   El hombre tenía el güevo tan duro y urgido, que notó su babeo y temblor. Su mano lo atrapa por encima de la suave prenda interior, apretándolo, y tiene que contener un jadeo que quiere escapársele del alma ante los ramalazos de placer y necesidad que siente. Sonríe con una mueca totalmente libidinosa mirándose al espejo mientras baja la parte delantera de la prenda y el rojizo tolete salta, balanceándose en al aire. Al liberarlo y sentir el aire más frío, se contrae un poco, temblando de deseo. ¡Qué caliente y duro lo tenía! El amoratado glande brilla liso, suave, y del ojete parece emanar cierta humedad. Su mano derecha se cierra a su alrededor, y apretarlo así, lo enloquece. Suavemente lo acaricia de adelante atrás, amorosamente, agradecido con él por todo el placer que le brinda siempre. El hombre estaba ardiendo todo, a pesar del aire acondicionado que aún ahí se dejaba sentir. La tranca estaba tan dura, por estar allí, excitado y masturbándose en el baño de un avión, que al intentar bajarla un poco, le dolió.

   Perdida toda cordura, el joven y apuesto carajo hace lo que han hecho y hacen miles de millones de hombres antes que él (que también lo ha hecho): deja caer el pantalón a sus tobillos, baja la tapa del pequeño inodoro y monta su culo cubierto aún por el calzoncillo, allí, sin hacer ninguna otra consideración de tipo ética o higiénica, cosas muy lejanas a su mente en estos momentos (también compartía eso con miles de millones en esos instantes en especial). El hombretón se sube los faldones de la camisa con una mano, mostrando un abdomen donde no se forma la famosa panza redonda del venezolano promedio; abre mucho sus piernas musculosas, cubiertas por una sedosa pelambre castaña. Su entrepiernas está cubierta por la blanca tela del mínimo calzoncillo, donde abultan sus pelotas, y del que escapa el grueso y nervudo tolete rojizo. El hombre lo agarra con una mano y lo soba de arriba abajo, sintiéndose traspasado por oleadas de placer que lo recorren todo. Cerrando los ojos y mordiéndose el labio inferior para no dejar escapar un gemido de placer, apoya la nuca contra la pared sobre el inodoro, masturbándose con bruscos tirones, el puño subiendo y bajando, amasándolo y frotándolo mientras sus muslos se abrían más.

   Su mente estaba atrapada en mil y una fantasías, en cosas que había hecho con Marina, o con Felicia, o las que deseaba hacer con ambas. No es nada muy elaborado o estético; no es arte, simplemente se hace una paja, algo privado, secreto, rápido y placentero. Y mientras su mano, con los nudillos algo blanquecimos por lo fuerte que aprieta, sube y baja, su mente se afloja más, recreándose en las sensaciones. Y es en ese instante cuando percibe, lejano, un ruido metálico, un clic que no sabe relacionar de momento (¿se estaría desarmando el avión?). No lo identifica como una cerradura que se abre y cierra rápidamente, hasta después de unos cinco o seis segundos, tiempo durante el cual aún se masturbaba. ¡Alguien abrió la puerta!, estalla la horrible certeza en su cabeza, como una explosión. Y lo habían encontrado sentado en la tapa del inodoro, con los pantalones en los tobillos y el güevo afuera, masturbándose. Por un segundo recuerda el momento en que su madre, cuando él tenía catorce años, entró de repente a su cuarto buscando ropa sucia y… ¡Dios, que se estrelle el avión!, deseó, con el corazón palpitándole con dolorosa fuerza en el pecho, temiendo, contra toda lógica, oír la voz de su madre, censuradora (“¡Genaro, ¿otra vez?!”).

   -¿Quién…? -grazna ronco, abriendo por fin los ojos e intentando pararse al mismo tiempo, por lo que casi cae de culo otra vez sobre el inodoro sí no es porque se sostiene del lavamanos; para colmo el güevo se bambolea en el aire, como un péndulo horizontalizado, acusándolo de morboso. Y de estar bien excitado.

   -Disculpe la intromisión, caballero; pero pensé que tal vez necesitaba algo de ayuda. -le contesta el joven sobrecargo, a tan sólo medio paso de distancia, de pie frente a él, como si tal cosa. Y Genaro sintió la cálida mirada del muchacho enfocada en su entrepiernas, sobre su güevo pulsante.- Bonito instrumento, señor.

   La mente del traficante de sueños era un caos. La situación era irreal y ridícula, allí estaba él, con el güevo en la mano y los pantalones en los tobillos, encarando a otro carajo que le miraba con mucho interés el tolete, mientras sonreía amistosamente. Vaya que era alto ese muchacho, y los hombros eran bastante anchos, tenía pinta de atleta a pesar de lo joven que se adivinaba, se dice Genaro, sintiendo como su corazón iba calmándose poco a poco. El carajo no gritó llamándole degenerado, ni Salió por al capitán. Tal vez no tuviera que salir en los noticieros. O saltar del avión. Sin embargo, su tolete iba ablandándose lentamente, ¡después de todo había sido descubierto in fragantti!

   -Yo… yo estaba ocupado. -traga saliva intentando recuperar algo de control. El otro le sonríe, con una mirada profunda, húmeda y hasta soñadora en los ojos. ¡Ay, este tipo cómo que quería…!

   -Ya lo imaginaba, señor. No creerá la cantidad de caballeros que viajan solos que tienen fantasías sobre estas cosas en un vuelo largo. -sonríe más el joven, con las manos en las cinturas, como si la vaina no fuera extraña.- Realmente tiene una buena pieza ahí, entre las piernas, señor. Larga y gruesa. Dura. -era la segunda vez que lo mencionaba y Genaro sintió la cara roja y la garganta seca.

   -A ti como que te gustan los güevos, ¿verdad? -suelta con voz ronca y atragantada. El chico sonríe en forma atractiva (¡y vaya que lo era!, admite Genaro), con sus labios carnosos rodeados de una leve sombra de barba y bigote que lo hacía verse varonil y masculinamente apuesto.

   -Me encantan. Nada sabe tan rico como un güevo. Y el suyo se ve buenote.

   -Gracias. También se pone como una tabla. –se defiende de la flacidez que va ganándole.

   -¿De verdad? -interroga el otro con un leve respirar agitado y una mirada aún más intensa.

   El chico mueve su mano grande y atrapa el tolete que estaba colgando. Ese apretón es cálido y firme. Como el de su propia mano, piensa Genaro. ¡Otro hombre le estaba agarrando el güevo!, y en el inodoro de un avión, con muchas personas al otro lado de la puerta que lo vieron entrar hace unos minutos, y que luego debieron notar la entrada del otro. ¡Lo que estarían pensando de él! Pero esos pensamientos no duran mucho; el hombre sintió el apretón cálido y fuerte, recibió una sobada lenta y experta de  mano del chico, cuyo pulgar le frotaba el ojete del güevo, que ya babeaba otra vez, disfrutando esa caricia ruda y viril. Se le puso tan duro, caliente y rojo, que le dolía y quemaba. Estaba a sólo medio paso del otro y percibía su aroma, a colonia, a jabón, pero también a piel, el sudor de alguien aseado, joven y vital. Adivinaba un cuerpo fuerte, caliente y musculoso bajo el uniforme azul. Pero lo más sorprendente para el traficante, era descubrir que ¡le gustaba que ese muchacho le agarrara el güevo así!

   -Yo no sé sí… -jadeó sintiéndose atrapado entre la excitación y la repulsa que esa extraña experiencia despertaba en él.

   El joven nada responde, simplemente da otro medio paso atrás, cayendo ahí mismo sobre sus rodillas, mirándolo desde allí, con su bonito tono de piel canela, su cabello negro algo elevado en puntas, atildado y fornido bajo el uniforme. ¿Qué iba a hacer ese maricón?, gritaba una parte de la mente de Genaro. Realmente no sabía qué hacer, cómo actuar o qué esperar en semejante situación, por lo que casi dio un salto cuando vio al chico sonreír ávido. La mirada del joven estaba fija sobre la rojiza cabeza hinchada del tolete, mientras lo sobaba, y el otro intuyó lo que haría, con escándalo… e interés.

   Esos labios húmedos se abrieron y besaron suavemente el glande del otro, provocándole una terrible oleada de placer. Ese roce era eléctrico, cálido y vibrante. Los labios, pegados allí, mamaban levemente, chupando sólo un poco, para luego abrirse más y tragar con experiencia y pericia la lisa cabezota. Genaro, con la boca abierta, mira el vaivén de esa cabeza, suave, lento, mientras nota la ‘o’ que forman esos labios gruesos y húmedos rodeando su glande. Y siente estallidos de placer puro que lo recorren, estremeciéndole violentamente, obligándole a agarrarse nuevamente del minúsculo lavamanos para no caer. Esa boca quieta sobre él ahora, vive y palpita a pesar de todo, atrapándolo, chupándolo. Con un leve chasquido (Genaro juraría ante la Corte de los Milagros que lo oyó), esas mandíbulas se abrieron y la boca fue tragándose, centímetro a centímetro, el grueso tronco, con esfuerzo, pero con ganas. Con decisión fue cubriéndolo todo.

   -Uggg… -era todo lo que salía de la boca del joven asistente de vuelo, llenándosela con el tieso y palpitante instrumento del otro hombre, con una facilidad que hablaba de mil mamadas previas. Y la idea, de cuántos podía haber mamado en su joven vida, eriza a Genaro.

   -Ahhh… –el hombre no pudo evitar el jadeo de sorpresa y excitación, aunque quiere mantenerse imperturbable, como todo un macho atrapado en una mala situación, y no como si estuviera gozando mucho con eso. Pero esa cálida y húmeda boca que iba tragándolo, apretaba maravillosamente cada centímetro de su tranca palpitante, mientras la ávida lengua lamía con lentos movimientos frotantes la cara posterior del tronco. Dios, como mamaba…

   El chico, en honor a la verdad, no era ningún novato en el arte de tragar toletes de machos, llevaba tiempo haciéndolo, como deduce Genaro al ver como esos labios terminan de recorrer su tranca, casi pegándose del pubis, resollándole cálidamente en los pelos, con las mejillas ahuecadas pero demarcando el diámetro de instrumento contra ellas. Había algo horriblemente erótico en la visión del joven mamándole ansiosamente el güevo. Después de atraparlo todo, el muchacho se retira lentamente, meciendo un poco el rostro de un lado a otro, apretándolo; su lengua y dientes sobre el sensible tronco le provocaban oleadas de debilidad al otro carajo. Iba dejándolo salir mientras lo chupa fieramente. El tolete está tan hinchado y crecido, amén de tieso, que el joven casi jadea, con la boca abierta como buscando aire, al soltarlo. Y Genaro vio su tolete erecto como nunca, duro y caliente por todo ese extraño tratamiento de boca, bamboleándose en el aire, totalmente empapado por la saliva y jugos de ese carajo. Y miró, con un estremecimiento que le bajaba por la columna, la sonrisa del tipo, quien con un gesto lascivo se muerde el labio inferior mostrando los dientes en una sonrisa atractiva: ¡el chico estaba gozando una bola, casi literalmente!

   -Si, me gusta mamar… Probé un día, por curiosidad,  el del hermano de una noviecita que tenía en la escuela y desde entonces…

   Ladeando el rostro, la lengua enrojecida del asistente de vuelo, pega en toda su extensión de la cara inferior del tieso instrumento, que se agita y contrae al sentirla. La gran vena es recorrida lentamente por esa lengua que lame y saborea, saliendo de entre unos dientes blanquísimos y muy parejos. La lengua llega casi a la punta y vuelve a bajar. Esos labios y esa lengua besan y lamen la tranca, hasta que bajan llegando a las bolas, lanzándole rápidos latigazos con ella. Genaro lo mira, lamiéndole las bolas, con el güevo caliente apoyado sobre ese rostro joven y atractivo, cuya piel también arde. Y se estremece. No recuerda desde cuándo algo no lo excitaba tanto. Siente que el güevo le palpita queriendo correrse ya, al contacto de esa piel; del ojete manan unas transparentes gotas espesas que mojan la parte interna de la ceja izquierda del chico, babeándolo.

   Con un gruñido, el joven sorbe uno de los testículos, que parece aspirado y meterse en su boca, donde es mamado y mimado. Genaro chilla bajito, conteniéndose, al sentirlo. La mano derecha del joven le aferra con fuerza el tolete, mirándolo desde allí, mientras lo masturba enérgicamente, y termina metiéndose en la boca ¡las dos bolas! Soltándole el tolete, las manos del chico caen sobre la cintura del calzoncillito y lo hala lentamente, bajándolo, desnudándolo. Genaro se estremece, confuso, sin saber qué hacer. La suave y chica prenda baja por sus muslos y piernas en momentos en que el joven mamón vuelve a su tranca caliente, tragándose la mitad con ganas, pero parece haber crecido tanto, que no entra toda, ahogándolo, por lo que su rostro se contrae y la frente se le arruga un poquito por el esfuerzo. Y allí, con dos tercios del güevo atragantado en su boca, lanza una dura mamada, chupando ruidosamente. El traficante de sueños se estremece todo, sintiendo las piernas blanditas, como sí no pudieran sostenerlo, por lo que tiene que agarrarse de la pared y del lavamanos.

   El chico queda de frente, sonriendo, ante el tolete, dejándolo salir un momento de su boca ávida. Clavando la mirada en los ojos de Genaro, pega sus labios abierto de la amoratada cabezota, besándola, para luego tragarla otra vez, lentamente, cubriéndola y apretándola, con un excitado y ronco hummm. Esa boca, sentía el hombre, le comía el tolete, mojándoselo con su saliva, chupándolo. La boca iba y venía sobre el rígido instrumento produciéndole sensaciones nuevas y embriagantes, algo que sólo un hombre que es mamado por otro puede saber, mientras las manos fuertes del chico le atenazaron las nalgas, como para sostenerse. Sentir la boca mamándolo y esas manos cálidas y fuertes reteniéndolo, con los dedos abiertos, sobre sus nalgas musculosas, casi hizo gritar al traficante de ilusiones. ¡Era una locura!, una locura rica y sabrosa. La boca del joven cubre casi todo el tolete, dejando unos cinco centímetros afuera y Genaro siente como esa garganta lo hala más, apretándolo, ordeñándole el güevo sin que el otro se mueva ni un palmo.

   -¡Oh, Dios! –escapa der sus labios, como una plegaria.

   Con los ojos fieramente cerrados y la frente algo arrugada, el chico mantiene la tranca en su boca, ahogándose, sintiendo que le tapona la garganta; y aún así, con lujuria, sigue mamándola con sus mejillas, los músculos del gaznate y su lengua que es una masa ardiente. Quiere cada palpitación, cada oleada de calor que mana del rico tolete. Cada gota de néctar. Y teniéndole así retenido, mete su mano derecha entre los muslos del otro, acariciándole una nalga con exigencia. El dedo medio, cálido y grande, se proyecta un poco hacia adelante y Genaro siente como recorre y frota su raja interglútea, poco peluda. Ese dedo acaricia, soba, recorre y se empuja contra su raja, algo que nunca antes le habían hecho, ¡un hombre, claro está! La punta del dedo cae sobre el arrugado ojete de su culo y frota, sólo soba, empujando sin penetrar. Genaro tiene que morderse los labios para no gritar de lujuria, de deseos que lo recorrían como oleadas poderosas. El roce de ese dedo, ¡el dedo de otro tipo sobre su culito virgen!, le provocaba unas cosquillas y unas ganas de bailotear, de frotarse contra el mismo, de empujarse y… No sabía qué; pero era algo que lo enloquecía.

   La punta del dedo frotaba circularmente, lento, mientras la boca del chico le apretaba y exprimía el tolete, y Genaro sólo deseaba que siguiera y siguiera. Es tanta su excitación que nota como su tranca crece aún más, endureciéndose como una verdadera tabla, tan rígida que el muchacho no puede doblarla en su garganta y tiene que elevar un poco la nuca para enderezar el camino sobre su lengua hacia sus amígdalas, para alojarla y mamarla aún más. El güevo brilla de saliva y jugos, con las venitas totalmente demarcadas, nervudo, mientras esos labios abiertos totalmente, rodeaban como una gran ‘o’ su diámetro, tragándolo con rapidez, mamándolo con urgencia. La sombra de la barba oscurece y se demarca sobre el mentón y el labio superior del joven, mientras la boca continua mamando. Genaro, con la boca abierta, ve como ésta va y viene a lo largo del pilón; siente que el manduco suelta vainas, como jugos o baba, que ese muchacho se tragaba con una expresión de total felicidad y de hambre en los ojos, que le parecían aún más excitante. ¡Quería llenarle la boca de semen!

   El hombre miraba con mórbida fascinación (esa que sentían todos los hombres a la hora del sexo y que los hermanaba a la hora de usar el güevo), como la ansiosa boca de labios algo llenos, rojos y muy húmedos, iba y venía sobre la dura y nervuda tranca, soltando saliva y ahogados gemidos de lujuria y placer; tragándola con leves hummm, que al traficante le parecían muy estimulantes. Los labios lo tragan todo, con las mejillas algo ahuecadas mientras chupa, pero con la silueta del instrumento contra ellas. La boca retrocede nuevamente, dejando el tolete mojado y brillante, los labios se pegan del ojete y la lengua aletea sobre la lisa cabezota, provocándole mareos al otro. Otra vez va tragándolo, cubriendo la venosa tabla. El joven encuentra esa jugosa y rígida tranca caliente, la siente palpitar y crecer más, taponeándole la garganta, soltando gotas y gotas de líquidos pre-eyaculares, que lo enloquecían desde los trece añosa, cuando se inició casi con urgencia con un amiguito que se hacía la paja mientras veían una revista porno de su papá. Al joven mamón no había nada que le gustara más que sentir un güevo así, creciendo y latiendo dentro de su boca, y los amigos que lo sabían, siempre le sacaban provecho a la situación; siempre querían que los mamara. Siempre tenía acción en su vida joven, alocada y caliente, irresponsable en un mundo de locos, pestes y enfermedades.

   Lo deja salir, jadeando, atrapándolo otra vez con la mano, masturbándolo, la otra todavía tocándole el culo. Y le mira, sonriendo con los labios rojos e hinchados, la barbilla llena de saliva espesa.

   -¿Le gusta, señor? ¿Le gusta lo que este chico le hace? ¿Quiere que siga o me detengo?

   -Oh, si, mariconcito. Ahora no te vas a detener. No hasta tragarte la última gota de mi leche.

   El chico sonríe y obedece, sin detenerse a pensar en el riesgo de tragar lo que salga de un güevo desconocido (a decir verdad no piensa, sino que siente), lo cubre otra vez con su boca, moviendo el rostro de un lado a otro, como un cachorro luchando con una bolsa, mientras mama. Quedando hacia la derecha, con la boca llena con ese tolete, mira excitado a Genaro, y eso le provoca otro escalofrío al traficante, que nota como la mejilla derecha del joven, se abulta y deforma cuando su tranca pega allí, entre los dientes y la piel;  y eso le parece una visión enloquecedora. La boca está tan abierta, que las comisuras parecen forzadas al máximo, mostrando un pequeño y negro lunar en la comisura derecha. La boca masculina, rodeada con la leve sombra oscura de barba y bigote rasurados, traga nuevamente cada centímetro del ardiente tronco.

   -Eso es, maricón. Chúpalo, cómete todo mi güevo, sucio. Sácame la leche. -brama bajo, perdida ya toda cordura, meciendo casi sin darse cuenta sus caderas hacia adelante. Quiere clavársela hasta el estómago. Quiere que ese muchacho lo mame así, sabroso y con ganas, en momento que el joven pega los labios en su pubis y con su lengua y garganta, sigue ordeñándolo con fuerza.- Hummm… que rico mamas, maricote. -casi le grita, con los ojos totalmente nublado, olvidado ya de en dónde estaba.- Apriétalo… apriétalo con la garganta. -le gruñe, empujándolo en su boca.- Ahhh, que rico. Mamas como un campeón… te gusta mamar güevos, ¿verdad, muchacho? Se ve que sí… ¡Hummm! –goza, perdido, aunque no tanto como para no notar que el asistente de vuelo le clava media falange del dedo índice en su culo virgen.- ¡Ohhh! ¡Hummm!

CONTINÚA … 3

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN

abril 25, 2016

   De mis días cuando padecía una fiebre total por los Padackles y el fandom de Supernatural, le envié muchas direcciones a mucha gente. Claro, no he leído todas las historias y ya no ando tan afanado. Pues, de ese tiempo una amiga encontró una historia que guardó en archivo, un relato de amor, tema del cual, según ella, carecen las historias del blog. Y siempre es incómodo cuando alguna comenta algo del blog. Este relato me sorprendió, argumentalmente hablando es muy bueno, es cuando noto que es de la autora de aquel que titulé Jared hace caer a Jensen. Me gusta. Y es domingo, vale la pena dejar el fin de semana con algo grato para comenzar la jornada. Comienza algo lento, hay malas palabras, pero no es sino hasta más adelante que va subiendo en intensidad. Disfrútenlo:

……

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   Aunque madrugador, por elección no por obligación, está algo avanzada la mañana cuando Jared Padalecki toma una taza de café, nada muy cargado, en el amplio balcón del dormitorio de su opulento apartamento. El sol tempranero es casi una grata caricia en una ciudad tan fría, piensa, despeinado, más de lo habitual, con el largo y esbeltamente musculoso torso desnudo, llevando únicamente un holgado bóxer a media pierna algo bajo en sus caderas, mostrando el nacimiento de las crestas iliacas. Se ve bien, lo sabe, y es parte de lo que le tiene de un humor ligeramente risueño. Oye un bostezo leve y los ronroneantes sonidos de una chica que se estira, despertando. Vuelve la mirada hacia la ancha cama, donde una hermosa mujer se despereza, la sábana rodando y descubriendo sus senos redondos de bonitas y grandes aureolas. Senos que tocó y apretó, pezones que mordió la noche anterior hasta hacerla gritar de lujuria. Ella le sonríe con un mohín.

   -Es muy temprano. –se queja palmeando la cama a su lado. Llamándole.

   -No tanto como crees. –contesta de manera neutra. La joven mujer le había brindado agradables horas de placer, pero…

   -Ya veo. Tienes prisa. Pensé que al menos desayunaríamos. –se queja con una sonrisa la joven, sentándose y buscando sus cosas. Le mira algo contemplativa.- Fue una buena noche.

   -Lo fue. –le sonríe por primera vez, recorriéndola con la mirada. Es realmente hermosa, sus senos eran apenas el abreboca hacia unos muslos llenos y unas nalgas redondas. La ve medio vestirse.- Siento lo del desayuno, debo ir a casa de mis padres. Deber es la palabra clave, créeme. –es cuando se oye el leve repicar de su teléfono sobre una mesita. Tomando café va hacia el mismo, preguntándose si habría ocurrido algo que le salvara del tardío desayuno en la casa Padalecki, mientras mira a la joven entrar en su ropa interior, preguntándose para qué usaría sostenes con unos senos tan perfectos. Toma el aparato, intrigándole ver un número desconocido. Tentado está a dejarlo así, tiene a gente que se ocupa de los extraños que llaman, pero…- ¿Aló? –hay un silencio que le parece incómodo, o tenso.

   -Con Jared Padalecki, por favor. –oye una voz masculina profunda, ronca y rica en tonos. Llamativa por alguna razón.

   -Con él habla, ¿quién es? –ligerísimamente intrigado olvida a la chica que conoció en el bar del hotel y con quien pasó un buen rato sin que significara nada más.

   -Tal vez no me recuerdes… -la voz parece más azorada.- Soy Jensen Ackles.

   -¿Quién? –la verdad no recuerda, aunque la voz seguía pareciéndole llamativa.

   -Jensen Ackles. –insiste.- Nos conocimos durante un semestre, en Harvard. –informa.

   -¿En Harvard? –intenta ubicarle, ponerle un rostro a la información, pero era si no muy temprano, si había sido una larga noche de copas y sexo sabroso pero agotador.- Mira, lo siento si fuimos amigos, pero no logro…

   -No éramos amigos. Estuve un semestre, en Administración. Te… -calla por un segundo.- Te ayudaba con algunos trabajos. –el castaño se congela, un recuerdo se abre paso en su mente y sonríe sarcástico.

   -¿El rubio pecoso que hacía los deberes de los chicos por dinero para helados? –es increíblemente burlón. Si, le recuerda. Muy bien. Pero como negociante, no lo deja entrever.- Lo siento, apenas te recuerdo…

   -Lo imagino. -¿se engaña o la réplica se oye exasperada?, eso le hace sonreír.- Necesito… pedirte algo. Un favor.

   -Wow, ¿un favor? ¿Éramos tan unidos? –es burlón, volviendo al balcón. El silencio que sigue le indica que el otro sabe lo vulnerable de su posición; no, no habían sido amigos.

   -No, por eso me cuesta llamarte, pero… -no tengo otra opción. La voz no lo dice, pero se entiende.

   -¿Cómo conseguiste mi número? –pregunta al fin; eso lleva segundos molestándole. El silencio le indica que habrá problemas.

   -Me lo facilitó un… amigo. Un conocido común. –es vago. Eso le endurece el gesto.

   -Mis amigos saben que odio eso. Dime quién fue. –exige sin derecho al pataleo.- Habla.

   -No creo que sea necesario…

   -Tú me llamaste, yo quiero saber quién anda dando mi número por ahí, de eso depende que siga la charla. –el silencio que sigue es ominoso de su parte, tenso desde el otro lado. Sabe que Jensen necesita algo, así que tiene los ases en la mano. El silencio se prolonga.

   -Sé que estás por casarte y que será un gran evento; Jared Padalecki, uno de los solteros más codiciados de la Gran Manzana fue atrapado al fin. Felicidades, Jared. Que te vaya muy bien. –le oye, voz tensa, luego el pitido de una conversación telefónica cancelada.

   Por un segundo el castaño no entiende qué ocurrió. Con la boca abierta y un leve asomo de sonrisa sardónica mira el aparato. Molesto y divertido. ¡Le colgó! ¿Qué se pensaba esa pequeña cucaracha? Remarca el último número. Timbra y timbra, e imagina a un tipo mirando su teléfono, consumido por dudas y aprensiones. Al quinto toque, cuando está pensando seriamente en dejar esa vaina así, llega la respuesta cautelosa.

   -¿Si?

   -Te veo después de medio día, hoy, en mi oficina en la ciudad. ¿Sabes llegar? –si tiene su número debía conocer esos detalles.

   -Si. –casi le parece escuchar que traga con dificultad.- Jared, gracias…

   -No llegues tarde. –y le corta, ceñudo, sonriendo torvo. ¿Por qué carajo lo hizo?

   -¿Te casas? –la joven, medio vestida ya, le mira a la entrada del balcón.

   -Dentro de un mes; es hora, ya llegué a la treintena. –le sonríe. Ella le corresponde.

   -Cretino. –y ríe.- Llámame si te aburres.

   Si, eso no pasará, se dice. Era divertida, pero había tantas chicas divertidas en el mundo…

……

   -Al fin llegas. –así le recibe su padre, Gerald (Gerri) Padalecki, sentado tras su escritorio, en su estudio, con Sherri, su mujer, leyendo un diario en uno de los sofás.

   -Buenos días, papá. –Jared es condescendiente, acercándose a la mujer y besándola formalmente en la frente.- Hola, mamá…

   -Te esperábamos para desayunar. –le recuerda ella.

   -Estuve ocupado. –le sonríe.

   -Se nota por el chupetón bajo tu barbilla, levanta bien el cuello de la camisa. –reprende maternal, haciéndole sonreír.

   -Hijo, por favor, estás por casarte con  la hija de un amigo. Y ella está en Paris. –le recuerda Gerri. Quien se tensa cuando Jared levanta la mirada, dura, encarándole.

   -¿En serio, papá? ¿Lecciones de…?

   -Basta, Jared. –le reprende su madre, poniéndose de pie, encarando su mirada, encontrando en ella algo de decepción. Jared podía ser terriblemente duro con todos, y no parecía notar que lastimaba.- Esto es muy serio. –le tiende el periódico. El joven lo toma, lee y crispa el rostro, tenso.

   -¿Cómo…? –deja la nota que habla de una negociación hostil de una compañía petrolera rival que deseaba apropiarse de unos pozos “secos” que la familia Padalecki deseaba obtener.

   -Ron Howard está metiendo las narices en los negocios de la familia, y según ha dicho él mismo, es sólo el principio. –Gerri le informa, molesto, poniéndose de pie.- Y no ha callado, tampoco, que lo hace para desquitarse de lo que le hiciste a su hija, a quien, según él, le ofreciste matrimonio. ¡Tus andanzas nos afectan! Ahora, metido en la puja, aunque lográramos concretar el negocio, el precio se elevará dos o tres veces más.

   -No es mi culpa, jamás le ofrecí matrimonio a Bryce Howard. Todo está en su mente desquiciada. –se altera por el regaño. No, está molesto. Mucho. Por la jugarreta de esa gente, por los regaños de su padre. Porque… sabe que su mejor amigo había tenido una o dos citas con Bryce, a pesar de haberle advertido al respecto. ¿Se habría ido Chad de la lengua sobre esos pozos?

   -¡Salías con ella! –acota Gerri, impaciente.- Y ahora mismo vuelves a hacerlo. Estás a punto de casarte… -reinicia ese asunto personal, viéndose afectado, pero decidido.- …Con una chica a la que conoces de siempre, amiga de la casa como su familia, ¿y la engañas justo cuando faltan días para la boda y mientras, por otro lado, pretendes una fusión con los hoteles Cortese? –el castaño, que ceñudo escuchaba el chaparrón, levanta la mirada del periódico al escuchar aquello.

   -Ah, ya Jeff te vino con el cuento. –siente ganas de gritar, aunque cierra los ojos y toma aire.- No se ha decidido nada al respecto, pero sería un buen negocio. Los Cortese tienen hoteles en Latinoamérica y…

   -Es arriesgado extenderse tanto, sobre todo si estás a punto de emparentar con ellos… teniendo esas andanzas escondidas.

   -Las mías están bajo control, papá.

   -¡Jared! –reprende, exasperada, Sherri. Gerri se ve furioso, conteniéndose a duras penas.

   -Okay, lo siento, mamá, pero me molesta que todavía me supervisen como si fuera un niño. Soy yo quien maneja los hoteles, Jeff se encarga de la petrolera, ¿por qué tiene que opinar sobre esto?

   -Él ama el negocio hotelero, ¿lo sabes? Seguro le preocupa que… –le recuerda Sherri.

   -Entonces no debió joderla cuando buscó financiamiento de los Carteles en México. Ese si fue un problema que pudo hundirnos, no mis andanzas de cama.

   -¡No lo digas así! Él tan sólo buscaba capitales para una expansión, no sabía que esas personas eran delincuentes. –se irrita Gerri.

   -Lo sé, y no tuve problemas en dejar Texas y venirme para acá, a encargarme de los hoteles. Saben que habría preferido quedarme por allá. –es seco, y el no tener que verlos tan seguido queda flotando en el ambiente, hiriente.- Sé lo que hago. Te retiraste, papá, bien; él se encarga de la Padalecki-Oíl, perfecto. Nada sé de las andanzas del viejo Howard, no le debo nada ni a él ni a la loca que tiene por hija, y no voy a joder los hoteles. ¡Déjeme en paz!

……

   No se sintió liberado, o moderadamente mejor, hasta dejar la casa de sus padres. Los amaba, pero a veces resultaban irritantes. Desde que tenía uso de memoria sabía que terminaría trabajando con petróleo o en la rama hotelera. De ser por él, se habría quedado en Texas; le gustaba el trabajo de campo, bajo el sol y el inmenso cielo, un casco en la cabeza, el trabajo de fregado para sacar las manchas negras debajo de las uñas, pero estar tras la barra de los hoteles también era grato. Le gustaba que todo fuera perfecto, no hermoso o elegante, aunque no discutía con los mimos o lo sublime, pero si funcional. Que sus hoteles fueran los preferidos, los buscados, los reseñados. Igualmente levantarlo todo con sus manos, por ello el Padackle’s Plaza, era su hechura, por muchas bromas que tuviera que aguantar por el nombre. Era un hotel de calidad, sobrio, caro. Y allí tenía sus oficinas. Todas esas cosas, generalmente, le distraían, pero no siempre.

   Sí, todo iba bien, el mes siguiente irían mejor. Ganaba dinero. Pero no era suficiente. Quería un desafío, y una fusión multimillonaria, que abriría puertas en mil lugares nuevos, le esperanzaba. Algo qué hacer. Un reto. Como su matrimonio mismo. Amaba a Genevieve como se quería a sí mismo. Ella era divertida, hermosa y buena en la cama. Con imaginación y humor. Pero aún eso era… predecible. Seguro. Bien, al menos la quería, se recuerda. Y no iba a hacerle nada de gracia cuando supiera lo del ataque de los Howard contra la petrolera. No era celosa, pero odiaba a Bryce. Algún día le preguntaría el por qué.

   Bufa cuando su auto se detiene en su lugar en el estacionamiento y toma el ascensor directo. No le gustaba discutir con su padre, o irritar a su madre, pero a veces… Visitar la casona se volvía una agotadora carrera de obstáculos. Debía evitar temas, palabras, miradas; evadir a Jeff, su hermano mayor, y su mujer, la reina de las nieves; y a Megan, su hermana menor, que a veces era francamente cargante. Si, en esos momentos, irritado por el cruce de palabras con Gerri y los regaños de su madre, preferiría estar en Dallas o en San Antonio. Sale al alfombrado y elegante pasillo que lleva a mil oficinas. Le gusta la iluminación, los retratos, los cuadros, los muebles que observa detrás de puertas abiertas, pero en esos momentos nada le alegra. Entra en la recepción de su asistente privada, Alexis Bledel, quien en esos momentos reía de algo que Chad Murray, su mejor amigo, le cuenta.

   -Hola, Jared. –saluda ella con una sonrisa cautelosa. Le adivina el temperamento.

   -Al fin llegas, la hora de llegada alegre es lo buenos de ser jefe.

   -Ahora no, Chad. –le corta frío, sacando del bolsillo del saco el periódico doblado y tendiéndoselo.

   -¿Quieres que lea mi horóscopo?

   -Sólo si anuncia tu inminente muerte. –es seco y por primera vez el rubio entiende que está en problemas, lee. El castaño mira a Alexis.- ¿Dónde está Franco? –pregunta tajante.

   -Fue por unas copias. –informa mirándole.- ¿Todo bien?

   -¡Jared! –Chad palidece mientras lee.- No entiendo… -le mira.- ¿Por qué hacen esto?

   -El viejo Howard cuenta que quiere vengar el honor de su hijita, la misma con la que te pedí no salieras, y saliste. ¿Recuerdas de qué hablaron después de embriagarte? –pregunta acusándole.

   -¿Crees que yo…? –parece dolido. Jared entrecierra los ojos.

   -¿En serio, Chad? ¿Quieres que repasemos tus indiscreciones pasadas?

   -¡No le dije nada de los planes de tu hermano! –casi grita, ofendido y herido.

   Antes de que Jared responda entra a paso rápido el otro asistente, Dave Franco, el lleva y trae, joven, bajito, con una eterna sonrisa de nervios en su cara de niño; sonrisa que tiembla un tanto al notar el tormentoso ceño de su jefe.

   -Buenos días, señor, fui por… -comienza.

   -¿Cómo coño se enteró mi hermano de las conversaciones de fusión con Thomas Corteses? –le ve palidecer, Chad alza las cejas y Alexis se echa hacia atrás en su silla.

   -Yo… yo… -se atraganta, mirando desvalidamente hacia Alexis.

   -Jeff vino hace dos días, buscándote. Entró a tu oficina y… -cuando Jared se vuelve y la mira feroz, gime.- ¡Yo no estaba! Había ido al baño. Había tomado mucho café y mi vejiga…

   -Alexis…

   -Entró, yo clasificaba su correo, es su hermano y no pude sacarle. Se puso a revisar los papeles sobre el escritorio y… -se disculpa el joven.

   Jared, sintiendo que todo se juntaba, estalló y le gritó que a su oficina nadie entraba si no lo ordenaba. Le tacha de inútil por tener esos archivos ahí y por ese camino se va. Rugiendo le envía a redactar un memo interno donde se prohíbe bajo amenaza de perder la cabeza que alguien entre en su despacho sin ser citado y que se asegure de que su hermano reciba una copia. Casi llorando el joven sale a la carrera. El castaño queda respirando pesadamente.

   -Fuiste muy duro. –acota Alexis, dolida por el chico.

   -¡No comiences! –la corta.- Si no tuvieras la vejiga del tamaño de una cereza no habría pasado nada. Tuve que soportar los regaños de mi padre por no comentarles de mis aproximaciones con los Cortese. Y fuiste tú quien recomendó a ese retrasado mental. No sé en qué estabas pensando cuando lo hiciste, o yo cuando le acepté después de de verle intentar salir de mi oficina por la puerta del baño.

   -Estás imposible. –le corta ella, alterada, poniéndose de pie con dos carpetas en las manos.- Dejaré esto sobre tu escritorio, ¿será que puedo pasar?

   -¡Deja de joder! –la corta. Ella le lanza una fea pero falsa mirada de ira, y va hacia la puerta de cristal de la oficina del jefe.

   -Joder, amigo, creí que te había ido a la cama con esa chica que estaba en la barra anoche, no esperaba que amanecieras hoy con las mismas malas pulgas de ayer.

   -Esa es otra, la muy tonta me dejó un chupetón. –gruñe, ladeando la cabeza.- Y no olvido lo de Bryce. Dios, hay días cuando lo malo en la vida de uno son todos los demás.

   -¡No revelé nada en los vapores post coito!

   -No quiero detalles, coño. Y necesito más café para lidiar con esto. –se dirige a su oficina, entra y detiene con un gesto a una altiva Alexis que va saliendo.- Va a venir alguien a verme… Jensen… -intenta recordar. No puede, y como siempre, eso le molesta. Lo ve como una falla.- Jensen algo. Avísame.

   -¿Verás a alguien sin previa cita? Vaya, ¿alguien especial? –se intriga, más al verle fruncir el ceño.

   -¿Puedes creerme si te digo que no le recuerdo de nada?

……

   Por un buen rato Jared continúa igual. Reprendiendo a Dave por todo, de quien sentía ya no podría olvidar o disculpar que dejara que Jeff se metiera en sus cosas, y rechazó, con menos veneno, la idea de tomar un café con Chad. Cosa que dolió un tanto al otro, y le molestó. Igual que a Alexis, quien recibía los comentarios sobre el jefe. Dos o tres personas más pasaron por ahí y una de ellas, una abogada del Departamento Legal, parecía sollozar un poco mientras se alejaba a la carrera.

   Al castaño poco le importa en esos momentos los sentimientos de alguien. No con tantas cosas de las cuales ocuparse. Concerta una cita con Thomas Cortese, quien seguramente ya había escuchado algo del ataque a la Padalecki-Oíl, y aunque fue cordial, su enojo le impedía ser del todo amable. Luego intentó comunicarse con Bryce, pero la muy perra le colgó. El padre de la perra ni siquiera le atendió el teléfono. Momentos más tarde, para adobar el asado, Jeff le llamó por teléfono para reclamarle el haber metido la pata en esos asuntos, especialmente en lo del ataque a la compañía petrolera.

   -Pensé que ya tenías el contrato por esos pozos firmado, llevas semanas hablando de eso. –le corta Jared, un dolorcito de cabeza le ataca tras un ojo.- Si no perdieras tanto tiempo espiando qué hago, o con quien me acuesto, esto no habría pasado. ¡Y no quiero que vuelvas a entrar nunca a mi oficina si no estoy!

   -Siempre son tus aventuras de cama las que nos meten en problemas. –contraataca el otro.- Si no hubieras engañado a esa mujer su padre no estaría cobrándonosla ahora.

   -Vete a la mierda, Jeff. Y si quieres llama a papá y dile que te mandé para allá. –le corta y le cuelga. Si, la cabeza le dolía.

……

   -¿Si, buenas? –Alexis mira con curiosidad al hombre frente a ella, parece incómodo. O nervioso.

   -Eh, sí, tengo una cita con el señor Padalecki. –responde este, tragando en seco e intentando una sonrisa. Y la mujer entiende su aflicción.- Soy Jensen. Jensen Ackles. De Vigilancia le llamaron por mí hace poco.

   -Hummm, si, lo recuerdo, pero… Mira, este no es un buen momento para hablar con él. -ceñuda, ella recuerda lo de la cita de Jared. ¡Pero con lo iracundo que andaba!

   -Parece la historia de mi vida. –sonríe y algo cambia en él; a ella le gusta.- Me arriesgaré.

   -Okay. –toma el teléfono interno. Timbra y timbra. Gira los ojos y grita sin volverse.- ¡Atiende! –le oyen gruñir en la otra oficina.

   -¿Qué quieres, Alexis? No estoy de humor para nada ni nadie, ¿okay? –trona de tal manera que es claramente audible.

   -Te busca el señor…

   -¿No oyes bien? ¡No estoy para nadie! –ruge.

   -Jared… -Alexis se corta viendo el parpadeo del hombre frente a ella.

   -¡Para nadie! –ruge.

   Alexis, molesta, va a responderle algo, seguramente con veneno, pero Jensen se adelanta, rojo de cara, inclinándose sobre el escritorio y gritando al teléfono.

   -¡Maldito idiota, ¿no pudiste decirme eso por teléfono?! ¿Para qué me hiciste venir hasta aquí? ¡Vete al diablo, Padalecki! –ruge al igual que Jared poco antes. Luego mira a la desconcertada Alexis.- Lo siento, y gracias. –da media vuelta y se aleja a pasos rígidos. Furioso.

……

DAVE FRANCO

Dave Franco, leyendo la descripción me dio curiosidad; pues es hermano de James franco, y creo haberle visto en la serie del hospital, pero nada más. Tiene cara de buena gente. Y es bien parecido, como el hermano. ¿Le irá bien?

CONTINÚA … 2

Julio César.

UNA MANO

abril 24, 2016

VAYA GUASA

ACOMODANDO LAS BOLAS

   Cuando el mejor amigo de su novia le dijo que le ayudaría en el juego, con las bolas, no imaginó que…

LA DICHA

Julio César.

LA NENA DE PAPA… 11

abril 24, 2016

LA NENA DE PAPA                         … 10

De Arthur, no el seductor.

SEXY BOY

   Pronto todo cambiaría…

……

   El joven abre los ojos cuan ciervo deslumbrado por los faros de un auto. Incluso, el muy tonto, traga, viéndose completamente culpable. No aligera el ambiente que Cole medio sonría, siniestro.

   -Lo siento, muchacho, tuve que decírselo. Siéntate. –le señala una de las sillas de jardín, donde casi cae sin fuerzas. Sentados, los cuatros a la orilla de la piscina, se daría una difícil conversación.

   -Cole… -Grace, su esposa, parece mortificada.

   -Basta, cariño, voy a hablar yo. –la interrumpe el hombre, volviéndose hacia el joven, el cual se estremece ante su actitud dominante, poderosa, avasallante. Masculina.- Como ya te dije, entiendo que son jóvenes, que quieren encontrarse, descubrir el mundo, pero hablamos de mi hija. Nelly, todavía te queda un año de bachillerato… -dice mirando ahora a la joven, con afecto severo.- Todavía eres menor de edad y no quiero que vivas metida en el cuarto de Brandon, en una pensión donde hay otros chicos. La gente habla y no quiero que lo haga de ti. Entiendo que… -y bota aire.- …Tengan… sentimientos y todo eso, pero eres muy joven y no quiero que otros te tache de cosas feas con las cuales debas cargar el resto de tu vida.

   -¡Papi! –se queja la joven.

   -No digo que no se vean, no voy a separarles, pero… no en ese lugar. No quiero que te vean entrar y salir de esa pieza y sepan que… -se atora, mira fijamente a Brandon.- Te lo dije, no quiero a mi hija en tu cuarto, encuéntrense en otros lados, donde la maledicencia no alcance a Nelly. –la ve a ella.- Sé que eres una buena chica, pero también debes parecerlo.

   -¡Papá! –ahora trona feo, mirando a su novio, pero Brandon únicamente entiende de la autoritaria mirada de Cole.- Es mi vida.

   -Cariño, te comportas caprichosamente; me alegró notar, cuando hablamos, que Brandon está de acuerdo con mi punto de vista. Él ve lo inconveniente de que vayas a su cuarto en esa residencia , ¿no es así, muchacho? –este duda, la boca ligeramente abierta, mirando del hombre a la irritada chica cuya vida “se discutió” sin ella presente.

   -Así es, señor Cole. Entendí su punto. –jadea rindiéndose, y la mira.- Creo que es lo mejor, Nell.

   -¿Lo mejor porque lo dice papá o porque discuten ustedes a mis espaldas?

   -Todavía eres menor de edad, Brandon apenas ha cumplido los dieciocho años, podría verse envuelto en un problema legal, ¿no puedes entenderlo en verdad? –Cole suena algo exasperado, dándole a entender claramente que la considera una niña malcriada.

   La joven, claramente mortificada, y rebelde, va a protestar por las imposiciones de su padre, y el que su novio acuerde cosas sin consultarla, cuando un joven aparece saludando alegremente con una mano y un alegre “hey”.  Rubio, alto, atractivamente atlético, franco y sonriente. Por un segundo todos le miran. Especialmente Brandon, quien frunce el ceño, eran sus reflejos de chico alertándose ante una presencia guapa que puede disputarle su lugar. De manera automática se vuelve hacia Nelly.

   -¿Bill McCane? –Grace sonríe, imitando al resto cuando se pone de pie.

   -Si, el buen hijo vuelve a casa… -informa el muchacho con un vozarrón, sonriendo de manera luminosa. Nelly, quien se había quedado con la boca abierta, finalmente gritó feliz y corrió a su encuentro.

   -¡Billy! –grita y le abraza con afecto sincero y abierto. Este la envuelve en sus brazos.

   Por un segundo a Brandon le falta el aliento. Había intimidad, afecto en aquel gesto, pero la manera como se abrazaban, luego se miraban y hablaban a un tiempo, ella queriendo saber cómo le iba en la universidad, cuando regresó, y él comentando lo bonita que estaba, denunciaba que, en algún momento, hubo chispas entre ambos. Se entera que es el vecino de al lado, el chico a quien Nelly siempre seguía en sus travesuras, ese con el cual todo lo hablaba.

   -Te ves bien, Bill. –comenta Cole, sacando a Brandon de sus funestos pensamientos.

   -El futbol. –anuncia con orgullo, enrojeciendo cuando Nelly, a quien todavía le rodea la cintura con un brazo, dice la misma palabra a un tiempo, como una burla amistosa.

   Sigue el intercambio de informaciones entre los dos jóvenes, de sonrisas, de apretadas repetidas. Es Grace quien carraspea.

   -Bill, querido, este es Brandon, el, momentáneamente, olvidado novio de Nelly. –la información parece congelar al guapo rubio, quien mira al chico menudo, tendiéndole una mano después de lanzar una mirada interrogante a la muchacha.

   -Hey, mucho gusto, Bill.

   -Brandon. –casi croa, y ahora Nelly se suelta del alto muchacho y le rodea la cintura a él. Comentándole al “viejo amigo”, lo felices que son y todo eso, pero al chico más menudo no se le pasa la sensación de vacío.

   De alguna manera el muchacho termina comiendo, aunque rechaza la cerveza por los entrenamientos, cosa que Cole respeta, aunque a él, Brandon, casi le había obligado a beber. Le invitan a la piscina y cuando ese chico sale de sus zapatos de goma y su franela, quedándose con el bermudas, a Brandon el corazón se le cae al piso. Es esbeltamente musculoso, de pectorales redondos, como sus bíceps, y ni aun siendo ciego habría dejado de notar las miradas que Nelly le lazó, comentando entre risas lo mucho que había crecido. En un momento dado el joven atrapa a Nelly de la cintura y la alza al tiempo que la arroja y se arroja a la piscina; ella, gritando en todo momento, le llama tonto y ríe. Grace, algo inquieta, le sugiere Brandon que se les una también.

   El chico quiere integrarse, pero le cuesta. Un vago sentimiento de inferioridad, un no puedo competir con ese joven gallito, le cohíbe. Nada un poco alrededor de ellos y sale, sentándose en la orilla. Siente una sombra cubriéndole, alza la vista y allí estaban las recias piernas de Cole, con su apretado speedos rojo, mirándole burlón.

   -Gracias por telefonearme e invitarme, señor. No tenía nada mejor que hacer. –informa Bill desde el agua.

   El hombre hace un gesto restándole importancia al asunto, pero sus ojos brillan malignos mientras sostiene la mirada de Brandon.

   El joven no se sintió aliviado hasta que se cambió nuevamente de ropas y se despidió de todo el mundo, incluso de Nelly, a quien no le parecía bien dejar así a su recién encontrado amigo. Agradeciendo las atenciones, rojo de cachetes y evitando ferozmente la mirada de Cole, Brandon correspondió a la promesa de repetir pronto la visita. La reunión y la comilona, claro. Una vez a solas en su pieza pudo respirar en paz, cayendo sentado sobre su cama, doliéndole el culo, abatido, ocultando la cabeza entre las piernas. ¿Qué había hecho? ¿Cómo dejó que todo eso pasara? ¿Cómo pudo responder así a las exigencias sexuales de ese hombre? Rojo de cara, casi lloroso de humillación y vergüenza, se prometió que nunca más ocurriría. Sin embargo, en las duchas (las residencias las tenían al final del pasillo), no pudo evitar ciertos estremecimientos mientras se bañaba, tocándose. O al recordar más tarde, en la cama, todo lo acontecido. Eso si, nunca volvería a esa casa y evitaría a ese hombre como diablo a la cruz. Sería sencillo ahora que Nelly no le visitaría allí. Ya verían qué hacer, y dónde. Mientras la tuviera a ella todo iría bien.

   Esa noche Nelly le llamó y hablaron de todo, como siempre, especialmente del buen momento vivido entre su gente querida y su amigo. Al día siguiente fueron al cine y ella quiso ir a la pieza, pero temiendo lo que Cole haría si se enterara, se opuso. Cosa que temió la molestara, pero, la verdad fue que la joven no insistió mucho tampoco. Sin embargo, todo parecía ir tomando su carril. Nuevamente. Antes de Nelly, los chicos con los cuales compartía la pensión, todos estudiantes, solían visitarle para pedir esto y aquello, conversaba y hacia algo de vida social cuando iba a otro cuarto a tomar una copita de algo (todos pertenecían a una especialidad deportiva y debían cuidarse), especialmente Mark Aston, quien comenzaba la universidad y parecía haber olvidado todo sobre Matemáticas y solía pedirle opinión sobre este o aquel problema (en realidad que le ayudara con las tareas). Fue este quien notó que la joven no frecuentaba el cuarto, preguntándole qué hizo para alejar a semejante bombón. A Brandon le agradó que pareciera realmente preocupado por su bienestar. Era bueno contar con amigos. Más de una vez, movido por un impulso que no entendía de todo, quiso contare lo ocurrido con Cole, tal vez para escuchar que no había sido su culpa. Mark era del tipo comprensivo. Pero no se atrevió. Le agradaba el chico pelirrojo, franco y alegre. No quería que supiera sobre “eso” y le apartara.

   -¡Ya voy! –ruge esa tarde cuando llaman insistentemente a su puerta. Abre y se congela.- ¡Señor Cole! –jadea, todo ojos, boca ligeramente abierta. La mente en blanco.

   -Es papi. –el hombre le recuerda, algo seco, recorriéndole con una mirada desaprobadora, tal vez por el viejo jeans y la holgada franela. Él, por su parte, va elegantemente vestido de saco y corbata, co un leve sombra de barba, alto fuerte, triunfador. Masculino. Carga una gran bolsa atrapada en su antebrazo y torso.

   -¿Qué hace aquí? –jadea otra vez, totalmente alarmado.

   -Te he llamado dos veces y no me has contestado. –reclama ceñudo.- Así que vine. Y traje algo de comer. –exhibe la bolsa. Y espera.- ¿Y bien? Déjame entrar, ¿no? –se miran a los ojos, retadores. El tipo grande y confiado, seguro de sí, el muchacho más bajito, sintiéndose de pronto muy asustado de las cosas que pueden suceder. De lo que otros pueden averiguar.

   -No. –croa bajito. Eso le hace fruncir el ceño aún más a Cole.- Quiero que se vaya de aquí. Ahora.

CONTINÚA … 12

Julio César (no es mía).

CORRERÍAS EN BOSTON… 18

abril 24, 2016

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 17

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCESTS HOT

……

   Fuera del conjunto residencial donde una vez Nicholas Stanton tuvo su nido de amor con un apuesto y pecoso cazador de criaturas sobrenaturales, una vieja camioneta se detiene. Los vidrios están arriba, el papel ahumado cubre cada cristal. La ventanilla del lado del copiloto baja un tanto y un rostro barbudo, delgado y demacrado se asoma un poco.

   -Este es el lugar, esos sujetos están aquí. –informa a los otros dos dentro del vehículo.

……

   Si para Dean fue increíblemente vergonzoso aceptar que Sam le ayudara a salir de sus ropas, se hizo evidente que no había otra opción. Le costó un mundo levantar las piernas; pasada la sobredosis de adrenalina que le ayudó a salir del motel el dolor le alcanzó al fin. Cuando el menor le bajó el pantalón, enrojeció violentamente, aunque creyó ver que el castaño lo estaba más.

   -Sam… -jadeó cuando los dedos de otro fueron al elástico de su bóxer. Este le miró a los ojos.

   -No será fácil, Dean; es extraño que te ayude así, me hago cargo, y tú odias pedir ayuda, así que salgamos de ello y ya. –dijo con una determinación que estaba lejos de sentir. El pecoso, rojo como tomate, asintió.

   Lo hizo, Sam bajó el calzoncillo de Dean sin querer mirarle, pero perfectamente consciente del calor que emanaba el cuerpo del rubio. Joder, se endureció en segundos. La verga se le llenó de sangre y calor aunque luchaba contra la idea, deseando sentirse culpable de aprovecharse de esa manera. Pero no era su culpa, una voz ajena parecía decírselo. Él había tenido ese cuerpo unas horas antes, le había tocado, mordido, besado, lamido. Poseído. Dean había sido suyo como llevaba toda una vida soñando. No era posible que alguien creyera que podía estar allí, despojándole de las ropas y no se excitara. Pero Dean estaba adolorido, no era como para olvidarlo. Debía apresurar el momento para llevarle a la cama y…

   ¡Mierda!, gruñe para sí cuando siente un espasmo que le moja la pelvis dentro del bóxer. Eso de llevarle a la cama sonó tan perverso que le costó mantener su imaginación bajo control.

   -Hace frío, Sam –gruñe Dean, algo exasperado por su lentitud.

   -Ah, sí, vamos. –reacciona y le ayuda a cruzar el borde de la ducha, mientras se despoja de las botas, no así de la franela larga, y mucho menos del pantalón, no estando duro como estaba.

   -Esto tiene que ser una pesadilla. –gruñe, muy rojo de cachetes, Dean, más mortificado por su vulnerabilidad que por estar expuesto ante Sam Si, así de acostumbrado estaba a la desnudez que exhibía frente a sus nenas.

   Sam iba a hacer un  chiste sobre lo mucho que no era un lecho de rosas para él mirar su culo flaco, pero sabe que no es flaco, y no le disgustaba, así que el comentario muere cuando Dean abre la llave de la ducha, tibia y en forma de una fuerte llovizna, el chorro cayendo sobre su cabello, oscureciéndolo, adhiriéndolo a su nuca, el agua cubriendo y bajando por su espalda, el caudal hacia sus nalgas redondas que… El castaño siente que hiperventila. El agua las rodeaba, fluía sobre ellas, pero otros chorros entraban. Y debió luchar con todas sus fuerzas, decirse que a Dean le dolían hasta las cejas, para alejar la imagen de su propia persona, vestido, mojándose ya, cayendo de rodillas, atrapando con sus manos esos glúteos que sabe firmes, separarlos y enterrar la cara entre ellos, besándole y lamiéndole de manera voraz el…

   -Sam, deja de mirarme el culo y… -Dean, exasperado por la silente presencia del otro, intenta una broma, pero luego se vuelve, como mirándole con sospecha.- ¿Estás mirándome el culo?

   -¡Claro que no!

   -Pues no confío. Vuélvete. –le ordena; sus ojos, mostrando dolor, brillaban también de burla.

   -Dean, si te caes…

   -¡No vas a seguir mirándome el culo! –le aclara, y rodando los ojos Sam se vuelve, maldiciendo su suerte.

   -Nunca te creí pudoroso. Recuerdo que el pastor Jim vivía regañándote por pasearte por las mañanas con los ojos cerrados rascando tus bolas sobre el bóxer cuando nos daba cobijo. Decía que eras capaz de bañarte en una ducha de paredes de cristal en una plaza pública disfrutando las miradas.

   -¿Qué puedo decir?, soy hermoso. El mundo necesita saberlo. Además, era un chico. Y al pastor Jim no le gustan los chicos. ¿Recuerdas a esa viuda que…?

   -¡Dean! –le escandaliza, volviéndose.- Deja de repetir ese cuento, el pastor Jim no haría esas cosas con una de sus ovejas. –iba a reclamarle, pero se queda con la boca abierta, ojos cerrados por el jabón en el cabello (bajó bastante la cabeza), Dean pasa sus manos ahora por su pelvis, frotando, formando espuma, para luego llevar una a su trasero, perdiéndose esta entre sus nalgas y…

   -No sé, nunca me pareció que lo hiciera con ovejas, pero estoy seguro que el pastor Jim… -se congela, mirando al frente, a los azulejos.- ¿Estás viéndome el culo otra vez?

   -¡No! –responde volviéndose. Santa mierda, era tan difícil concentrarse. Cierra los ojos, y es un error, se imagina a Dean, ojos cerrados, rostro contra esos azulejos, quieto, el agua tipo lluvia cayéndole encima, él a su lado, la mano enjabonada metiéndose entre sus nalgas, arriba y abajo, arriba y abajo, oyéndole gemir bajito, buscando con la punta de su índice penetrarle el esfínter. ¡Oh, Dios, no me envíes al Infierno!, le pide a la vida.

   Dean sonríe para sí, nunca lo confesaría pero era cierto, era un tanto… exhibicionista. Bien, era guapo, lo sabía, ¿no se lo habían dicho incontables chicas y muchos tíos? Incluido Nick… estira el brazo para dejar el jabón, mueve demasiado la espalda y un espasmo de dolor le obliga a apretar los dientes. Tal vez era mejor terminar. Además, si seguía allí, tocándose con Sam tan cerca, terminaría montando un espectáculo de verdad. ¿Serían ideas suyas o realmente Sam tenía cierto olor fresco y vital que…?

   -Estoy listo. –anuncia para acabar con el momento.

   Sam, tomando una toalla y tendiéndosela sin volverse, le espera. El pecoso da un paso, y como suele suceder, resbala. Al jadeo que lanza, un tercio dolor y dos de alarma de caer otra vez, el castaño responde volviéndose rápidamente, ágil como una pantera da al paso dentro, atrapándole. Dean cae, si, contra su cuerpo, mojado, vigoroso, rojo de cara, cubierto de gotitas de agua. ¡Gloriosamente desnudo!

   -¿Estás bien? –Sam también enrojece, preocupado y, sintiéndose mierda, levemente excitado.

   -Estoy bien, estoy bien. –gruñe Dean, entre dientes, avergonzado por lo que casi le ocurre, y el dolor que gana terreno cuando la alarma de la caída pasa. No engaña al otro.

   -Vamos.  –con determinación le aleja un poco y procede a secarle la nuca con la toalla, mirándole a los ojos, encontrando allí la eterna vergüenza y mortificación.- Joder, deja esa expresión; no estás siendo una nena por el dolor que el ataque te produce. No eres débil. Ni una chica. Nadie va a pensar eso.

   -Okay, doctor Phil. –le gruñe, pero enrojece de mejillas y no descansa, no de todo, hasta que Sam deja de recorrerle el cuerpo con sus manos, tras la toalla y todo, pero aún así sintiéndolas.- Vamos a lo que sigue.

   Muy lentamente salen del baño, y Dean comienza nuevamente a transpirar un poco. Es ahora muy doloroso caminar, el agua tibia le había producido cierto alivio, pero ya había desaparecido. Aunque el alivio tampoco fue tal, no con Sam dentro del cuarto de baño. Nuevamente pasa por la vergüenza de quedarse quieto, dándole la espalda al menor, mientras este busca dentro de sus ropas el bóxer de cuadros más largo, holgado y viejo que tiene. Se inclina tras Dean, muy rojo de cachetes. Entiende la cierta vergüenza y pudor del rubio, era atrevido, osado y salido, pero no debía hacerle gracia mostrarse así ante su hermano. Al menos sin estar ebrio. Pero que le ofreciera a la vista, cercano a su rostro, el redondo trasero, era más de lo que cualquiera podría soportar. Intenta darse prisa cuando Dean eleva una pie, muy poco, luego el otro. Mientras sube el bóxer, notando los pecosos hombros de Dean totalmente rojo, no le divierte como debería, no cuando sube la tela en los muslos.

   -Gracias. –croa Dean, tomando el elástico, terminando el trabajo. Y ese culo magnifico queda cubierto.

   -Sube. –le ordena Sam, a sus espaldas, acomodando con su mano algo dentro de su pantalón.

   Asintiendo con una lúgubre mueca, Dean lo hace, costándole bastante, cayendo boca abajo. Rígido, sabiendo lo que le espera, atrapa una almohada y espera. Sam, de su bolso, saca unas cremas y botes, subiendo a la cama también, arrodillado al lado del rubio.

   -¿Listo?

  -Apresúrate. –ruge, haciendo sonreír al castaño.

   Con sus dedos recorre la espalda de Dean. Sobre la columna, buscando, sintiendo como el otro va tensándose mientras baja, llegando al borde del bóxer tipo bermudas. Duda un segundo, baja el borde, tensando más a Dean. Allí estaba. Se veía la protuberancia.

   -Joder, si, tienes un disco desplazado.

   -Lo sabía, es una vieja herida de guerra. Arréglalo. –informa; Sam le mira la nuca, recordando de paso lo suave que es ese cabello corto.

   -¿El accidente que te ocurrió en la casa Stanton? –quiere saber, el otro parece que no responderá.

   -Fue un trabajo duro. Me vi en problemas.

   Y ese tipo te ayudó, eso no lo expresa Sam, pero siente un ramalazo de celos, también de aflicción. Debió estar con Dean en ese momento.

   -Sam… -le llama.

   -Aguanta.

   Bien, digamos que los hermanos Winchester tenían maneras y costumbres un tanto bárbaras. En lugar de ir a un hospital, Dean permite que Sam apoye el peso de su codo sobre la vertebra desplazada, tensándose a millón, transpirando otra vez, y este da un fuerte empujón hacia abajo. Rápido y certero. Lamentándolo. El pecoso se tensó más, sus piernas se agitaron y cuando el disco volvía a su sitio, el castaño imaginaba lo mucho que Dean debía estar apretando los dientes para no gritar. Pero un ronco gemido se le escapa, algo entre un jadeo y un sollozo, al tiempo que patea la cama y entierra la cara en la almohada. Una ola de ternura invade al otro.

   -Ya está, Dean, ya terminé. –el otro no responde, ni espera Sam que lo haga, mientras se sienta, toma un espray anestésico y lo aplica exagerada generosidad en la baja espalda.

   Dean sisea, nuevamente se tensa, pero el frío mentolado y anestesiante parece brindarle un rápido alivio.

   -¿Mejor? –le pregunta ladeando el rostro, no sorprendiéndole cuando Dean desvía el suyo, uno que vio rojo, con los ojos llorosos.

   -Mejor. –fue un graznido; se sentía flotar. Si, la inconsciencia, dormir, al despertar ya no dolería. No tanto. Cierra los ojos y se deja ir.

   -¿Dean? –Sam le ve aflojarse sobre la cama, se levanta. En la pared manipula el control de ambiente y la temperatura desciende un poco. Va a apagar las luces y salir para ocuparse de la comida, pero todavía le mira.

……

   -Hola, cariño, ¿un mal día? –Leslie Stanton, sonriendo, entra a la oficina de su marido en la Fiscalía. Este avinagra el gesto.

   -Terrible. –bufa, pensando en Dean Winchester. Herido. Otra vez.

   -Y se te pondrá peor, creo. –anuncia ella, frente a su escritorio, sin acercarse para el frío beso de siempre, piensa él.- Conocí a tu amiguito, Dean Winchester. El tercero en nuestro matrimonio. –dice con sequedad y rencor, sorprendiéndole.- ¿Cómo ser te ocurrió traerlo otra vez a nuestras vidas? ¿Qué esperabas? ¿Qué esta vez si quisiera quedarse a tu lado?

CONTINÚA … 19

Julio César.

DIE VYFTIENDE

abril 23, 2016

TIENDE

EL ENTRENADOR DE LOS MUCHACHOS

   ¿La peor amenaza a los chicos?: sacarlos del equipo.

ASEANDO EN HILO DENTAL

   Tuvo una idea ganadora, asear casas de solteros.

EL TIO EN TANGA DEL GYM

   -Hey, pana, quita los ojos de ahí, tengo la cara más arriba.

MUSCULOSO EN TRUSA NEGRA

   Cuando flexiona puede romper tangas… y vergas.

DIE SESTIENDE

Julio César.

TRES HOMBRES, UN DESTINO… SERVIR… 53

abril 23, 2016

… SERVIR                         … 52

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

PRISION CALIENTE

   Ahora andan malucos…

……

   Aunque llevaba rato cogiéndole, y por lo que imaginaba ya antes algunos lo habían sodomizado antes, no dejó de maravillarle que pudiera abrirse y aceptar su tranca que no era nada pequeña, al contrario, una buena lanza de carne llena de sangre y ganas. Viéndole, escuchándole, sintiendo cómo sus entrañas apretaban más y más, a Slater sólo le quedaba atraparle, también, con las oscuras manos las pálidas caderas, gruñéndole que le mostrara lo puto que era, que se lo ordeñara con ganas. Pero también necesitaba más.

   Le derribó echándole de espaldas, todavía metido en su culo, atrapándole el bonito y enrojecido rostro, ojos velados de lujuria, y continuó cogiéndole con fuerza, con ganas, aplastándolo contra el colchón, toda la cama traqueteando contra la pared. Las nalgas rojizas recibiendo la pelvis del hombre, su culito era macheteado por el gran tolete que casi salía hasta el glande, abultado y amoratado, antes de enterrarse otra vez, al tiempo que las bolas le golpeaban sin descanso. Y mientras se lo hacía, dientes apretados, llamándole putito calienta braguetas, Nolan sólo podía echar la cabeza hacia atrás ojos cerrados, boca muy abierta mientras se corría dentro del chico suspensorio, alcanzando un orgasmo intenso que le elevó a las nubes, al tiempo que Slater, algo que después le avergonzaría un poco, enterró el rostro en su cuello, olfateándole, besándole, lamiéndole, rugiéndole los tómala toda, puto, toma toda mi leche.

   Poco después, ahítos y agotados, yacían en la cama, con Slater preguntándose todavía qué hacía allí, sobre esa cama, todo transpirado, sintiéndose pegajoso, el fuerte olor a sexo llenándolo todo, con Nolan caído sobre él, buscando algo más, como apoyo, compañía. O simple afecto. Estaban muy quietos y silenciosos, al principio, con un televisor a bajo volumen en el fondo. Fue cuando con voz neutra y muy queda, Nolan comenzó a contarle todo. El temor que le inspiraba Robert Read, su aire de maldad, de cruel sadismo al jugar con sus miedos. Dudó, la voz se le quebró un poco, al hablar del ataque del perro, la cogida de este y Read en los patios. El secuestro que todavía no entendía cómo había ocurrido o cómo terminó en un sótano de la prisión, las cosas que este le hizo. Inconsciente de que le abrazó con algo más de fuerza, mirada asombrada y furiosa fija en el techo, Slater escuchaba.

   -No pudo hacer todo eso sin ayuda. –le gruñó afectado, sintiéndole temblar; el joven cuerpo frío de repente. Ni lo que sabía le hacía a ese hombre, Daniel Pierce, quien ahora no podía salir de esa prisión por un crimen que casi se vio obligado a cometer. ¿Acaso le empujaron a hacerlo?- Dime quién o quienes le ayudaron. ¿Fue Lomis?

   Notó la inquietud del chico, su silencio dubitativo.

   -No lo sé, pero fue Lomis quien me encontró, y… -después de dudarlo, lo cuenta también. Cómo le usó sexualmente, las cosas que le hizo y que dejó le hicieran aquellas personas a quienes le presentó, cediendo para que callara, siempre temeroso de verse expuesto. El cómo le llevó a esos lugares.- Tiene un sentido de la sexualidad… aterrador. –confesó con voz neutra, el rostro casi oculto en el cuello del tipo grande.

   Aunque callaba, la mente del jefe era un caos. ¿Quién le atacó dentro de la prisión?, eso se preguntó sintiéndose increíblemente molesto. Con más edad, y seguridad en sí mismo, entendió que al chico se le dominó sexualmente, que se le redujo a la condición de juguete, de esclavo. Algo en lo que Robert Read era bueno. Pero no pudo hacerlo solo. Y algo comenzó a incomodarle aún más, su presencia allí, alarmado por Curtis… guiado a ello por las palabras de Read, por las insinuaciones de Lomis…

   -Dime, ¿crees que Lomis trabajaba con Read? –insistió, notándole tensarse sobre él.

   -No… no creo que… -la idea pareció sorprenderle, horrorizarle.- No lo sé. –repitió.

   Slater iba a iniciar la explicación de sus dudas y sospechas cuando todo se despejó de golpe. En la televisión, que hace rato tenía atrapada su mirada mientras escuchaba al chico, enfocaba en esos momentos los restos del camión de transporte de la prisión, bajo el titular de “Sanguinario escape de Robert Read”.

   -¡Maldita sea! –bramó sentándose con tal fuerza y velocidad que casi arrojó a Nolan al piso. Los ojos no se apartaban de la pantalla, vio las camillas con los cuerpos cubiertos. ¡Ese cerdo había escapado! ¿Y Lomis? ¿Y Adams? ¿Y Sheppard?

   ¡Claro! En ese momento todo tuvo sentido.

……

   Si los restos del camión transporte accidentados eran la gran plaza del circo mediático que se había formado con la brutal huida de Robert Read, sazonado por una prensa cada vez más escandalosa, los grandes protagonistas a quienes se tachaba ya de alguna manera de responsables, de incompetentes y aún de juego sucio eran las autoridades policiales, las penitenciarías y cierto bufete legal con un conocido abogado a la cabeza. A la gente le inquietó, molestó, y asustó, saber que al monstruo del Matadero se le daba otra oportunidad legal, ahora, su escape, con una reeditación de su caso y todos los sórdidos detalles de los crímenes del horrible lugar, así como entrevistas a iracundos y aterrorizados testigos puso al público frenético.

   No la tuvo Owen Selby nada fácil al llegar al lugar y ser reconocido por el enjambre informativo, aunque, curiosamente, la fuga revalidaba su investigación inicial. Él había tenido razón encerrándole. Allí se pone al tanto de lo ocurrido, al tiempo que calmó gente que pareció temer, realmente, que Read se materializara a su lado como el Boogeyman. Y, en todo momento, el hombre intentaba controlar su propia ira. Se habían confiado demasiado, la posibilidad de que ese sujeto pudiera ser, realmente, inocente de esos crímenes actuó sicológicamente en contra de todos. Nadie podía esperar que esperando una nueva oportunidad ese tipo ya tuviera planeada su fuga. Y menos de aquella manera. Su teléfono timbra y reconociendo el número se tensó.

   -¿Si? –no puede evitar que la ansiedad coloree de impaciencia su voz.

   -¿Estás allí? ¿Es tan terrible como dicen?

   -Mucho, Jeffrey. Mira, debo…

   -Me llamó. Le dije que se entregara pero…

   -¿Te llamó? ¿Read? –se angustia, sus instintos se afinan.- ¿Estás bien? ¿Te amenazó? Puedo arreglar una protección que… -ahora suena aprensivo.

   -Estoy bien. Me dejó un regalo, pero de los suyos, sicológico. –hay un leve silencio.- Estás en su lista, Owen. –y toda la ansiedad y preocupación del mundo se siente en esa frase. De alguna manera el rostro del policía se relaja, una leve sonrisa suaviza su expresión.

   -Estaré bien, abogado. Pero tú…

   -No vendrá por mí. Lo dijo. Quiere que viva recordando que le permití… -le oye tragar aire.- Irá por Marie Gibson. Sabe de dónde viene, antes de ser mujer. Y me habló de su crimen. Ella, o él, mató a su familia… cuando era un chico. Instigada por Read, claro.

   -Claro. –oprime los labios.- No llegará lejos. La ciudad ha sido cerrada. Le cazaremos.

   -Owen, se trata de Read. Ese sujeto es diabólico.

   -Le agarraremos. –repite con firmeza. Hay un leve silencio y mirando en todas direcciones, la voz del policía se oye más suave, íntima.- Nada me pasará, te lo juro. Y, por favor, cuídate mucho.

……

   Así como la prisión estaba revuelta y la población reclusa parecía particularmente frenética, gritando, riendo o discutiendo entre grupos por la fuga del peligroso convicto, el alcaide Monroe no la pasaba mejor. Había sido llamado por todos sus jefes inmediatos, terminando con el gobernador y un Marshall federal. Que insistiera que el traslado se realizó según el protocolo, pareció importar poco. Y lo entendía. Comenzaba el juego político. Alguien debía cargar con la responsabilidad del daño mediático que aquello causaría. Y la verdad… no se siente tranquilo. Era, por decirlo así, deber de todo recluso intentar escapar, pero con Read eso tomaba otras connotaciones. Debieron… De pie, frente al ventanal de su oficina, en mangas de camisa, no hace otra cosa que gritarle órdenes a su asistente, la imperturbable señorita Lamas.

   -¿Y dónde está Slater? –ruge, colérico, desconcertándose cuando la puerta se abre y este entra, con rostro grave y serio como un infarto mismo, hablando con alguien por el teléfono móvil.

   -Aquí estoy. –anuncia mientras termina su llamada.

   -Al fin. –ruge colérico, necesitado de descargarse, acercándose a su escritorio.- Imagino que escuchó las noticias, ¿no iba en ese viaje de traslado con Read? ¿Qué pasó? –la desconfianza se siente en las palabras.

   -Fui… fuimos víctimas de ese hijo de puta. –se vuelve hacia la mujer con un leve gesto de disculpe, ella casi sonríe.- Ese hombre planeó su fuga con tiempo y cuidado, como suele hacerlo todo; cuando salió de aquí ya tenía perfectamente esquematizado lo que haría, incluyendo mi ausencia en el camión, y para ello se valió de elementos internos.

   -¿Qué? –jadea, cayendo sobre su silla.- Slater, esa acusación es muy grave; un funcionario corrupto…

   -No sé si Read pagaba con  dinero a alguien, pero creo que si se valió de otros trucos… para manipular y controlar a uno de mis asistente, Albis Lomis. –informa mirándole a los ojos, recordándole sin más palabras las maniobras de Read. El alcaide lo hace, enrojeciendo y tragando, mirando fugazmente a la mujer que parece confusa.

   -Déjenos, señorita Lamas. Y ni una palabra de las acusaciones del jefe. –advierte. Ella asiente y sale. Se vuelve hacia el hombre.- ¿De qué está hablando?

   -Me comuniqué con un conocido que tengo dentro del laboratorio de investigación criminal. El camión fue atacado desde adentro y desde afuera. Lo envistieron de tal manera que lo detuvieron y llegaron a los conductores, pero eso no habría bastado para liberar a Read, la caja es prácticamente impenetrable, violarla habría llevado tiempo y el intento de fuga se habría comprometido. Pero Read ya había atacado a su custodio, Lomis, y valiéndose de las llaves de este, abrió. Creo que ese hombre, de alguna manera, logró que Lomis les dejara las manos libres, soltándole de las cadenas que le fijaban al piso del camión, y en un descuidó le mató. No sé cómo o por qué, pero Lomis no lo vio llegar. -toma aire ensanchando su torso.- También me manipuló. Me hizo creer que otro de mis asistentes, Nolan Curtis, estaba en peligro, sacándome del juego. No fui en ese viaje, que era lo que deseaba. Yo jamás le habría liberado de esas cadenas, y de haberse comprometido todo más allá de cierto límite, creo que sabía que le habría matado. Por eso me necesitaba fuera. La verdad es que nunca imaginé que se fugara, por eso no esperaba el engaño. Creí que tramaba escapar a su condena con algún alegato legal. Me engañó totalmente, por eso le envié con Lomis, por una parte porque tenía la cabeza puesta en otro de mis agentes, y porque no creí que este estuviera tan comprometido.

   -Slater, cuando esto se sepa…

   -Se sabrá. No pienso mentir, señor. Es lamentable no tanto por lo que sufrirá mi reputación y la prisión misma, sino por la admiración que causará ese sujeto entre esos locos que lo idolatran.

   -¿Qué haremos? –Monroe se ve afligido, una investigación interna, ¿hasta dónde llegaría? ¿Qué descubrirían? Mira su escritorio, el mismo donde cogió a ese tipo, el amiguito de Read. Recordaba una conversación con el tal Lomis, después de aquello, diciéndole que Read deseaba que le permitiera acompañarle en el viaje, cediendo por temor.

   -Debo saber si hay otros en la jugada. Ese hombre se movía como Pedro por su casa, sabemos que alguien le protegía desde la dirección de prisiones, pero además… -arruga la frente.- Quién sabe qué otras cosas hizo. Aquí. La esperanza es que la policía le detenga. Los límites de la ciudad, y el estado, se cierran en estos momentos. Esperemos que no logre cruzar el cerco. –toma aire.- Señor, deseo… que el prisionero Pierce sea sacado de su aislamiento y que sea recluido, solo, en su celda.

   -¿Qué? ¡Mato a un hombre! –se ve confundido.

   -Mucho me temo que ese hombre no fue sino otra víctima de ese monstruo. ¿Nunca le ha parecido curioso que ese crimen lo cometiera un estafador que siempre llevó una vida mimada y cómoda, que fue atacado sexualmente en las duchas y sometido sexualmente por ese monstruo? No, alcaide, no intente negárselo, ocurrió. Ese chico fue manipulado, sometido, Read lo rompió, ¿y cuando existe la posibilidad de que salga va y mata a un hombre, condenándose a no salir de aquí?

   -Como sea, cometió un homicidio a la vista de muchos. –se ve mortificado.

   -Lo entiendo, pero… -se ve igual, molesto consigo mismo.- No hice bien mi trabajo, y él lo pagó. Y otros. Deseo ayudarle.

   -Bien, hágalo, pero sin levantar olas. La comunidad de color puede molestarse acusándonos de favoritismo. La verdad creo que está más seguro quedándose donde está, pero haga como considere prudente.

……

   Todavía echado en el piso, casi catatónico, posición que le brindaba paz, Daniel Pierce se nota laxo, vacío. Sin lágrimas. Ya no puede llorar más por sí mismo. El horror de entender lo que hizo, el terrible daño que se provocó, le ahoga, pero termina aceptando que ya nada puede hacer. Quemó sus naves. Se jodió. Ahora era carne de presidio. Todo había acabado. Read…

   Unos golpes a la puerta le sobresaltan, aunque no se mueve.

   -Hola, princesa. –es una voz masculina, burlona, se deja oír contra la superficie metálica.- Tal vez quieras saber que tu marido se fue. Ya no lo tienes cuidando tu coñito dulce. Estás solita, preciosa, y muchos tenemos ganas de cortejarte. Dime, ¿serás mi puta caliente como lo fuiste de Read? –y estalla una carcajada cascada.

   ¿Se podría decir que Daniel Pierce se horrorizó al escuchar aquello, que estaba solo a merced de mucha gente que ahora tendría todo el tiempo del mundo para hacerle daño? No; ladeado sobre el piso movió la cabeza, alzándola, los ojos en dirección a esa puerta. ¡Robert Read se había largado! Una enorme sonrisa, algo maniática, se dibuja en su cara. Deja caer la cabeza y gira sobre su espalda, estirándose, riendo sin sonido. ¡Libre! La risa comienza a escucharse rota, ronca. Debería sentir miedo ante el futuro sabiendo que su “poderoso amigo” ya no estaría presente después de enemistarle con latinos y negros, pero no le importó. Quedamente rió hasta que los ojos se le llenaron de lágrimas. Feliz.

………

   -No entiendo qué hacemos todavía aquí, jefe. –comenta Sergio Altuve, presidiendo el grupo de tres que entran en la vieja casona con toda la apariencia de llevar tiempo deshabitada a pesar del mobiliario.- Debemos salir del estado.

   -A estas alturas todo debe estar cerrado. –comenta Read, recorriendo el lugar con la mirada. Era tal como le dijeron que sería. Todo cubierto con sábanas polvorientas. Excepto una mesa para cuatro, de madera, con una cava sobre ella y una caja tipo estuche a su lado. Sonríe al ver a sus cómplices ir hacia ella.

   -¿Qué tenemos aquí? –pregunta Eugene, el tipo calvo.

   -Vituallas. –informa de pasada Read, quitándose el saco que le cubre. Una vez asesinado el vigilante gordo, el trío partió de ahí a la carrera, dejando la muy vieja camioneta modificada, que le aseguraron no podría ser rastreada, en un callejón donde encontraron el nuevo vehículo, también viejo, pero discreto y anónimo. Era parte de sus arreglos, como las ropas de civil en el asiento posterior. También esa casa. Y la mesa.

   -No entiendo cómo pudo arreglar todo esto estando encerrado. –Sergio abre la cava y ríe, hay cervezas frías, saca tres.

   -Tengo amigos fieles. Y socios. –ataja una cuando se la lanza, destapándola y bebiéndola. Ah, se sentía tan bien.

   -¿Y esto? –pregunta el otro, también cerveza en manos, abriendo el estuche. Dentro hay dos habanos… y una enorme hipodérmica llena de algo claro.- ¿Qué es?

   -¿No reconoces un buen habano? –responde burlón Read, bebiendo, acercándose a la mesa, los ojos fijos en los socios que uno al lado del otro miran la jeringa.

   -No, en serio, jefe, ¿qué es? –insiste Eugene, sospechándolo entre divertido y extrañado, elevando la mirada.

   Justo a tiempo de ver a Read medio inclinarse, meter una mano bajo la mesa, tantear, halar algo y sacar una automática, negra y reluciente, con un largo silenciador, que amartilla. Todo con elegancia y rapidez, cuan coreografía cuidadosamente ensayada.

   Y dispara.

CONTINUARÁ … 54

Julio César.

OPORTUNIDAD

abril 23, 2016

TRABAJOS FACILES

   No se crean, hubo un tiempo…

   El joven recién graduado de Enfermería, enviado a sus pasantías en pabellón, cachetes rojos disfruta de esas primeras horas de la mañana cuando llegan los masculinos, fornidos y agresivos cirujanos a cambiarse, pero perdiendo el tiempo charlando, fumando o enviando mensajes… semi desnudos. El chico enrojece más ante el velludo tipo que tiene el locker a su lado, siempre con prendas atigradas bien llenas. El hombre miraba sus cosas, buscaba, sin mirarle. Hasta ese instante cuando se volvió: “¿Qué tanto ves, muchacho? ¿Esto?”, y se tocaba; “¿te gustaría probar un buen pedazo?, pídemelo. Hace semanas que los chicos y yo no disfrutamos de las atenciones mañearas de un pasante guapillo. Vamos, tócalo, sabes que quieres….”.

CHICOS!!!

Julio Cesar.

GIMNASIA POR MAGNESIA

abril 23, 2016

¿OTRA DE HALLOWEEN?

LA PALABRA MALDICHA

   Como me reí cuando vi y leí esto…

   Y esas cosas ocurren, así la gente crea que son juegos. En Guatire, pueblo donde se asienta mi familia, mi hermano comparte patio con la casa de mis padres (¡a quién se le ocurre comprar junto a semejantes vecinos!); estando mis sobrinos pequeños, jugaban en el patio del lado de ellos, mientras su padres hacían algo, fue cuando pasó. Como papá y mamá tenían encomendado echarles un ojo, él los llamó al celular y mi sobrina toda agitada le dijo que una macagua se quería meter para la casa. A papá casi le dio un infarto, otro, y machete en mano corrió a la otra casa… para encontrase a los niños arrodillados en el piso jugando con una pagua. Como saben, la macagua es una peligrosísima y venenosa serpiente, la pagua es una especie de lombriz grande de muchas patas, de un color marrón naranja, que cuando la tocan se enrolla sobre sí misma como un mecanismo de defensa. Papá, para sacarles la piedra, ahora que son más grandes, siempre cuenta esa historia.

   Es como esa gente que llora confundiendo glicemia en sangre con leucemia.

EL TRASERO DE YOKO

Julio César.

TONALIDADES

abril 23, 2016

VAYA GUASA

JUEGUITOS ENTRE AMIGOS

   Era un viejo juego entre esos dos amigos, excepto que porque estaba la novia, hoy no tocaba ni enterraba la cara.

UNA MANO

Julio César.

COSAS QUE MOLESTAN A LAS CASADAS

abril 23, 2016

OFERTA

JUEGOS EN LA PLAYA DE TIOS EN TANGAS

   ¿Lo peor?, las risitas…

   No hay nada que moleste tanto a las mujeres de un grupo de viejos amigos como esos viajes a la playa en grupo. Primero llegan y esos tipos, ya cuarentones, usan esas pequeñas tangas más para escandalizar que para mostrar. Luego persiguen a todas las chicas en la arena durante la mañana, al tiempo que beben caña de la brava, para terminar, por la tarde, con esos jueguitos. Uno cae, medio inconsciente con una lata de cerveza en la mano, y otro comienza, incluso usando la lengua, con las bromas que hacen reír a todos… excepto a las esposas.

JABON

Julio César.

SOMBRAS, LOBOS, ANGELES Y DEMONIOS: 16×11, 17×11, 18×11

abril 23, 2016

DEAN VULNERABLE… 11×11

SAM AND DEAN BATICUEVA

   Estos dos nunca cansan.

   Llevo mucho retraso hablando de la serie, pero el portal, el nuevo portal donde la veía, falló. Me lleva a la página pero jamás arranca. Cada vez que encuentro un buen lugar, a los días pasa esto. Probé con otro, los episodios cargan lentamente, pero al menos los veo. Ahora vino la falla con mi prestador de servicio, no gano una. Sin embargo quiero ponerme al día, mi naturaleza obsesiva me empuja, ¡y vaya que pasaron días! Me di banquete viendo tres de ellos. ¡Esperaba tanto el reencuentro entre todos los protagonistas!, especialmente el Dean-Amara, y el Dean-Castiel.

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   El primero fue el episodio 11×16 – Casa Segura, uno de esos que podrían llamarse de relleno, o simplemente un capítulo más en una serie semanal, y fue bueno. Dos investigaciones sobre un mismo caso, algo que ataca las almas, llevadas en diferentes momentos, coinciden casi una sobre la otra, tanto que dos personajes se encuentran a pesar de separarles la muerte. Me gustó mucho que reaparecieran Rufus y Bobby, especialmente este último; que este y Dean se encontraran en ese velo intemporal… y la escena totalmente afectiva donde Sam abraza y acuna a un Dean caído en el piso, desbordado por el alivio de recuperarle.

   Atacaba un monstruo nuevo, la serie después de once temporadas todavía se sacaba algo de la manga, y era realmente difícil detenerle. Incluso saber de qué se trataba; que Bobby y Rufus por un lado, y Sam y Dean por el otro, llegaran a descubrirlo y cómo atacarle, pareció muy halado por los cabellos, pero así es el programa, igual ocurrió cuando enfrentaron a Zeus. En una casa que está siendo remodelada por una mujer nada contenta con ella, esta habla con su pareja, amada o esposa, lo que de por sí habla de la postura que el mundo del espectáculo toma en Norteamérica con la arremetida de quienes consideran que a los homosexuales se les están concediendo demasiados derechos (incluso el que Dean no hiciera algún comentario en su estilo, lo indica). Una niña grita, la mujer corre hacia ella, y el cuarto, lo que la niña le cuenta, el ocultarse al quedar sola, ver la sombra de una persona en la parte baja de la puerta y ser atacada por una mano que le atrapa de la pierna halándole hacia la oscuridad, todo fue aterrador. La cosa que vive en las sombras, especialmente debajo de la cama, un temor de los niños… y de más de un viejo que conozco.

   Una vez vi una película sobre un hombre que era sacerdote y luego se hizo policía, enfrentando al Diablo que se le presenta, y este le cuenta que sabía qué le asustaba de niño, a solas en su cama: que él, el Diablo, estuviera debajo. Que le oía rezar, terminando el muy demonio con un “y tenías razón, estaba debajo de tu cama”. También hubo un episodio así la temporada pasada del Doctor Who, el de sentir a solas en medio de la noche que algo asecha desde atrás, cuando hay que tener cuidado de no volver la mirada. Lo repito, fue de miedo.

AGENTES DEL FBI

VECINA ANTI AGENTE DEL FBI

MAS AGENTES DEL FBI

   Como los hermanos llevan tiempo sin hacer nada, sin saber de Amara o el Castiel/Lucifer, deciden llegarse a investigar. Pronto saben de un caso parecido ocurrido años antes, y que otros cazadores (agentes del FBI) lo investigaron; se los cuenta una vecina de la junta comunal, con la cual Rufus fue grosero. Los hermanos saben que este y Bobby investigaron. Y el episodio se va en eso, donde una escena termina continúa la otra, alternándose en una investigación Rufus/Bobby, Sam/Dean. Y eso me gustó… limitadamente. Aunque me agradaba Rufus y resentí su muerte, e idolatraba a Bobby, un mejor padre para los hermanos que el biológico, especialmente para Dean (siempre me desagradó John Winchester, nunca fui se fan), verles interactuar debió ser la dicha, pero no podía olvidar ni por un segundo que ya estaban muertos. Había química entre ellos, eran buenos, pero ya no estaban, y eso le restaba brillo al capítulo. Por cierto, que cuidaron el detalle temporal de colocar la fulana investigación por los días del Apocalipsis, ya no se ven como cuando comenzaron en la serie.

LOS JOVENES CAVANDO TUMBAS

LOS VIEJOS CAVANDO TUMBAS

   Como en la fulana casa había ocurrido una desgracia, dos muertes violentas, los dos grupos llegan a la misma conclusión: fantasmas. Y se ven las diferencias, mientras Dean cava, quejándose, al perder con Sam al juego de piedra, papel o tijeras, Bobby usa un mini chover (definitivamente los viejos son más sabios). Cuando los hermanos encuentran los cuerpos hechos cenizas, la cara de Dean es todo un poema, especialmente después de cavar la segunda y encontrar más cenizas. Y cómo miente la televisión, es imposible que una simple fogata, por más acelerante que se le aplique, reduzca a tales grados. Imagínense la de asesinatos que quedarían sin investigar. Cuando saben que no es un fantasma sino esa cosa extraña, el roba almas, un ser que vaga atrapando gente, sacando sus almas, consumiéndolas poco a poco, que no se le puede matar pero que hay un sello que puede aprisionarle (también saben que dichos sellos deben pintarse en las dos realidades, la normal y la que produce ese ser para retener a sus víctimas), se vio lo extraño, ¿quién carajo lo investigó la primera vez?, ¿cómo supo qué hacer?, ¿quien diseñó esos sellos?

SAM VS DEAN POSEIDO

   Dean decide que él será al que atrapen, como lo hace Bobby, y ambos tienen una reacción totalmente jocosa mientras inician sus tareas, Dean reta a la entidad a que vaya por él, Bobby espera que se aleje. Bien, los atrapa, a Bobby y a Dean, cada uno encuentra al chico que buscaba, intentan pintar el sello y son atacados, sus cuerpos reaccionan, poseídos, e intentan que Rufus y Sam no completen el ritual.

DEAN RUEDA

   Fue esa batalla Sam-Dean, donde el primero le da duro, cuando ocurre ese momento que llevaba tiempo sin verse.

BOBBY VE A SU HIJO

DEAN VE A SU OTRO PADRE

   Dean despierta, todo turulato, y Sam prácticamente le abraza, tocándole la cabeza, aliviado y feliz. Antes de que eso ocurra, por un segundo, en esa realidad distorsionada, Dean y Bobby se miraron a la distancia.

   Fue un buen episodio, aunque sea llamado de relleno, aparecían dos buenos personajes, el caso era de miedo al principio (aunque luego lo aflojaron, eso daba para más horror, sobre todo en esa realidad oscura llena de almas atormentadas), el enemigo era nuevo y los hermanos parecen llevarse mejor que nunca. Me gustó mucho la toma, y la canción que se oye, cuando Rufus y Bobby se alejan en ese carro realmente feo; la calle larga, las casas, la grama, los arboles, la toma aérea, todo se veía hermoso, un buen lugar para vivir… si descartamos los monstruos. Para continuar el paralelismo, Sam y Dean se alejan también, se oye la misma canción, y parece que a Dean le ocurre algo, pero la toma abierta no fue tan buena. La dirección de fotografía, o como sea que se llame, lo hizo muy bien.

   Quedaba menos, en el próximo debían reaparecer los grandes villanos, me dije. ¿Acaso no habrá otra escena Dean-Amara, con tocadas y besitos incluidos? Lo esperaba. Como ya expresé, para Dean, el gran Dean Winchester, la única chica merecedora de sus atenciones es la hermana de Dios. Y eso apenas. Pero…

VOLVERE POR TI, SAM

   El siguiente episodio, 11×17 – Carne Roja,  también fue de relleno, igualmente el peligro que asechó, el enemigo, era conocido, pero fue muy bueno, porque echó por tierra todo lo que se creía haber avanzando, que lo importante sería la tarea, el trabajo. En medio de un bosque Sam es herido de entrada, gravemente, de un balazo, y es asesinado por un tipejo mientras Dean buscaba la manera de salvarlos a todos. El mejor momento es aquel cuando viendo el cadáver de su hermano, sintiendo que el enemigo se acerca, el mayor de los Winchester gruñe que vengan, empuñando su arma, viéndose que pensaba matar hasta que cayera él mismo.

   El capítulo iba de la mitad hacia atrás, en un bonito bosque umbrío, sin caminos claros, en una cabaña, Sam y Dean enfrentan a unos hombres lobos, seres que me disgustan un poco menos que los vampiros, que mantienen cautivos a una pareja joven. Hay una fuerte pelea, Dean, después de ser bien golpeado mata a su atacante, el de Sam aprovecha un descuido, toma su propia arma y le dispara. Eso vuelve loco al mayor de los hermanos. Después de desatar a la pareja, quienes pensaban hacían la gran revelación al tachar a los muertos de monstruos, aclaran que hay otros que volverán y que por lo tanto tienen que irse. Pero Sam está herido, mal, Dean duda, y a su idea de salir por ayuda, y que la pareja le cuide, no prende. El tipo está como histérico y el mismo Sam no quiere quedarse. Hay una retroceso y les vemos, después de discutir que andan sin algo que hacer al no saber de Amara o Castiel/Lucifer, entran en una fonda donde preguntan por gente que anda desapareciendo por ahí, una mujer les da una dirección y ya sospechábamos de ella.

   El caso es que después de arrastrar a Sam por ese bosque, y ver un auto que sospechan es del enemigo, llegan a un refugio donde Dean deja a Sam en manos de esa pareja y parte en busca de armas al impala. La joven sufre un shock, pierde el sentido y ese carajo mata a Sam, asfixiándole, porque retrasa al grupo. Ese tipo entiende que Dean no se irá dejándole. Curiosamente este sujeto, cobardón, egoísta y traicionero, me recordó al antihéroe que protagoniza la serie El Último Hombre sobre la Tierra (un tipo insoportable), eran hasta físicamente parecidos. Aterrado por esas criaturas, preocupado por su pareja, ese carajo deduce que sólo Dean puede ayudarles, estando en plenas facultades y decidido a sacarles sin el “peso” de ese Sam herido. La reacción de Dean frente al cadáver fue algo fría, comparada con otras veces, la cosa se anima cuando se dispone a esperar a los agresores, el sujeto chilla que deben huir, él ruge que vengan, machete en mano, cegado por sus sentimientos.

   Y hay que estar claros, Marca de Caín o no, su revancha contra los asesinos de Charlie fue legendaria (y eso que esos perros pudieron sufrir más), no se esperaría menos tratándose de Sam. El que ese sujeto casi llorara que sin él, morirían, que debía salvarles, es lo único que le hace reaccionar aunque le pesa dejar a Sam allí. Esto ya lo habíamos visto, Sam entrenado con Ruby en la cuarta temporada, escuchando donde estará Lilith, quiere enfrentarla aún sin estar preparado. Ruby le reclama eso hasta que cae en cuenta que es una misión suicida, va a matar a Lilith y morir en el proceso para no continuar viviendo sin Dean. ¿Es o no es lo que amamos de los hermanos?

DEAN Y LA LEY

   Bien, Dean los lleva a la carretera, un policía aparece y lo electrocuta con ese paralizador que no se ve nada divertido cuando este insiste en regresar por su hermano. Despierta en un hospital. El comisario desecha las cosas que la joven cuenta, y vemos que el tipo fue mordido. Y aquí hay una incongruencia que únicamente se explica porque Sam es herido casi inmediatamente y Dean entró en fase desesperación, ¿por qué esos hombres lobos iban a mantener cautiva a una gente por días? ¿Almacenando comida para el invierno? ¿Creaban una manada? Fue raro que cazadores como ellos no lo pensaran.

DEAN ANDA DE COMA

   Bien, Dean, desesperado por Sam, toma una sobredosis para caer en coma y hablar con el colector que venga por él, vigilado por la joven a quien ayudó para que fuera por ayuda en cuanto “muriera”. Se encuentra con Billie, y me gusta esta mujer, pero sus interacciones han sido algo frías. Lo que está claro es que no les quiere y se los llevará sin darles otra oportunidad.

BILLIE AND DEAN

   Ni siquiera cuando Dean expone que si la Oscuridad triunfa aún ella desaparecerá, la convence.

DEAN NEGOCIA SU MUERTE

   Ella ve a través de él, lo hace únicamente por Sam. Por Sam se colocó en ese predicamento. Y es como son los hermanos, viéndose bastante la temporada pasada cuando Sam convence a Dean de desatar un mal mayor sobre el mundo en lugar de dejarle ir. Fue algo anti heroico, por primera vez en la serie, pero es que al final para Sam sólo importa Dean, y para este sólo cuenta su hermano. Aunque este es capaz de otras lealtades, como Castiel, Benny y aún Crowley.

   Pero mientras Dean pide por él, Sam despierta, algo bruscamente, como si hubiera sido revivido, y esto se presta a interpretación; la explicación médica fue que debilitado había caído en un coma parecido a la muerte. ¿Y mientras se desangraba lentamente logró recuperarse? ¿Intervino alguien más? ¿Tal vez Amara al notar que Dean no funcionaba sin él? ¿O por ahí anda Dios? Como sea, mientras Dean es detenido por una gran variedad de delitos, Sam debe ocultarse y matar a dos hombres lobos, y fue grato verle tan mortal, a pesar de lo aparentemente débil que estaba por la herida; aunque me habría gustado ver cuando acabara con la mujer. El sujeto ruin se transforma en lobo, su cuerpo se cura, eso parece encantarles a todos, y va por su chica, para convertirla, matando al comisario y a la doctora, cosa que no me gustó, era una mujer agradable. Dean le enfrenta, cae, y Sam debe salvarle, herido como estaba.

   Los hermanos se reencuentran y todo bien, sin embargo quedó claro, diga lo que diga, Dean no puede dejar ir a Sam, sin él parece que todo pierde sentido (y no hablo de Wincests), y desde la temporada pasada sabemos que este tampoco, a pesar de que digan saber la misión y que no pueden dudar. También están consientes de que no pueden contar con regresar de la muerte. Cosa que me lleva a Billie, la cual parece inmune al innegable encanto que Dean tiene para los seres sobrenaturales, comenzando con el mismísimo Muerte, el jinete.

   Bien, eran dos episodios de rellano, esperábamos el lomito… y llegó.

AMARA CASTIGA A LUCIFER

   El episodio 11X18 – Ángel del Infierno,  fue intenso; aunque no hubo una sola pelea real, fue como dice la historiadora Diana Uribe del Desembarco de Normandía, una superproducción con una constelación de estrellas. Estaban todos, aún aquella que había regresado de la muerte, y siguiendo su costumbre, se cobijaba bajo el árbol que más sombra daba en esos momentos. Están todos y todos conspiran, tejen alianzas aunque desconfíen o teman, y se traicionan. Era una transposición de Los Juegos de Trono. ¿Qué fue lo que más me gustó? Vaya, el regreso de Rowena, innegablemente; lo siguiente es el guiño amoroso que Amara le lanza a Dean cuando le libra del hechizo de Lucifer; pero lo mejor, lo mejor de todo, lo que me hizo reír con los dientes apretados fue verla atormentando y haciendo gritar a ese hijo de puta. Lucifer pagó, en parte, las que ha hecho bajo el poder de su tía.

   Comienza el episodio en ese desierto bíblico, donde Crowley pregunta por alguien que tiene a mucha gente cuidándole, uno imaginaba que iba por una de esas reliquias, Manos de Dios, y por un segundo creí que dirían que el anciano era Noé. Este le entrega el cuerno que según  la tradición  se usó en tiempos de Josué para derribar Los Muros de Jericó (curioso que científicos actuales hablen, refiriéndose al tema, al poder del sonido como arma). El anciano parece que quiere el alivio de la muerte, y siendo como es, Crowley le complace, pero de fea manera. Eso le lleva a enfrentar y matar los guardaespaldas. Era él, otra vez.

   Después de esa intro, el programa se divide en tres segmentos, con muchas conversaciones, los conspiradores maquinando en alianzas inverosímiles. Por un lado Crowley llama a Dean, siempre a Dean, para proponerle un encuentro y que hablen, tiene una Mano de Dios. Otra escena nos muestra un Cielo extraño donde un ángel revisa con extraños aparatos los apartamentos o supuestos cielos individuales, y esa visión casi extraterrestre me hizo recordar la versión presentada en El Caballo de Troya de J.J. Benítez, en su primer libro, que junto al segundo, fue el bueno, luego se convirtió en un eterno alargar lo poco que se tenía para sacarle el jugo. Como hizo Stephen King con La Torre Oscura. Sostenía el autor español del Caballo, que en el momento de la crucifixión, la sombra que cubre El Calvario, era algo de origen metálico y mecánico, ¿un platillo volador? Como sea, ese ángel se sobresalta cuando ante él aparece Castiel/Lucifer, llamándole hermano, pero este sabe quién es. Lo otro es la sorpresiva alianza de Rowena con Amara, quien ha quedado muy herida desde el ataque que el Cielo lanzó contra ella.

CROWLEY Y LOS WINCHESTER CONSPIRAN

   Crowley, con las cartas en las manos, desea imponer su agenda. Le interesa un carajo Amara, quiere que destruyan a Lucifer. Propósito que chocará con el de los Winchester que consideran usarle primero para acabar con ella y luego encerrarle en su jaula, en el Infierno. Es cuando oyen por primera vez que Rowena está muerta, y que sin ella no se puede repetir el hechizo. Entre Sam y Dean comienza otra discusión; el menor sostiene que Castiel eligió ayudar a Lucifer, que tal vez deba correr su mismo destino, pero Dean es inconmovible, a Castiel tiene que salvársele porque es familia.

CASS ES FAMILIA

   El mayor siempre ha mostrado esta fidelidad sobre todas las cosas. Llegan a un punto muerto porque Crowley quiere venganza sobre quien le humilló en su palacio (fue tan divertido ver a Dean burlándose “¿tu palacio?, ¿hablas del manicomio clausurado?”). Por ahí no se llega a ninguna parte, no hasta que Rowena da señales de vida.

LUCIFER EN EL CIELO

   Lucifer pretende que los ángeles que todavía quedan en el Cielo, a quienes intimida terriblemente, le acepten como jefe y vayan todos contra la Oscuridad, ahora que no queda nadie más y Dios sigue ausente. Quiere lo que siempre ha sostenido el relato bíblico, ser Dios. Estos ángeles no le compran el cuento, no le creen, pero le tienen mucho miedo. Notable fue ver lo jóvenes que eran, aparentemente no hay quien gobierne en el Cielo, no quedan generales. No muerto los arcángeles y ángeles como Naomi o Zacarías. Han sido demasiadas pulgas; los que cayeron cuando conspiraban por iniciar el Apocalipsis, como Uriel y los suyos; Lucifer acabó con unos cuando, incluido Gabriel; la guerra entre Rafael y Castiel acabó con otros; Castiel sintiéndose Dios mató a otro poco;  Naomi tampoco fue ninguna pilita de agua bendita (la serie deja bien mal parados a los ángeles). Sólo quedan esos niños que le temen demasiado para oponérsele abiertamente. Y parece que le seguirán, especialmente después de que Amara les envía una respuesta por el ataque angelical y todos ruedan, hasta Lucifer.

ROWENA Y AMARA

   Rowena curando a Amara me gustó. La bruja es lista, había preparado su póliza de seguridad tratando con tantos enemigos, incluido su hijo y los Winchester. Quiere vengarse de Lucifer y cobijarse bajo la fuerte ala de la posible ganadora, una mujer de poder. Pero el concepto del caos de la hermana de Dios parece inquietar a la misma Rowena, quien se asusta más cuando la ve lanzar un ataque contra el Cielo, que derriba a los ángeles e incluso a Lucifer. ¿Es por ello que la traiciona no contando lo que “ve”, a su hijo conspirando con los hermanos teniendo una de las armas de Dios? ¿O pensó que ganarían y quiso cambiar de bando? Con esta mujer nunca se sabe. Me agrada. Pero, por otro lado, por la cara que pone Amara cuando le dice que no vio nada, uno sabía que no la había engañado.

LUCIFER-CASTIEL ATRAPADO

   El hecho de que Rowena se comunique con Crowley, dando a conocer que está viva, parece zanjar la cuestión entre este y los Winchester: primero irán contra Lucifer. Preparan una trampa, con lo del cuerno, y le conjuran.

DEAN INVOCA A CASTIEL

LUCIFER SE BURLA DE DEAN

   La trampa funciona a medias, Lucifer es demasiado poderoso, y Castiel no puede imponerse cuando Dean le ruega que lo expulse.

CASTIEL OYE A DEAN

   Como está a punto de quedar libre, Crowley entra en Castiel, le busca y le encuentra mirando televisión en la cocina de la baticueva, pero el ángel no quiere hacer nada, no hasta que muera Amara. Sólo la mención de que Dean quiere que lo haga, parece conmoverle (ah, el Destiel).

CASTIEL, LUCIFER Y CROWLEY

   Pero llega la mejor encarnación de Lucifer, Mark Pellegrino, y le da la batuqueada de su vida al Rey del Infierno. Le está matando, y para salvarle los Winchester hacen ese exorcismo. Pero Lucifer escapa del fuego sagrado, parece el gran ganador, Rowena y Crowley escapan, no así Sam y Dean que son atrapados hasta que llega Amara.

AMARA MAS PODEROSA QUE LUCIFER

   Confieso que siempre me ha molestado esa sonrisa de Lucifer, la de yo puedo todo, incluso para tratar con Amara, quien es más poderosa. La mujer resiste el ataque de la Mano de dios. Y ni así ese demonio se sintió realmente preocupado, llegando a proponerle que trabajen juntos contra Dios (repito, era todos contra todos, en alianzas y traiciones).

LUCIFER, AMARA Y DEAN

   Ella parece pensárselo y se lo lleva, no antes de esa escena donde mira a Dean y les libera. ¡Eso me pareció tan romántico!

   El batallón tiramealgo anda desperdigado, no se sabe cómo enfrentar a Amara, las Manos de Dios no funcionan… pero ella está atormentando a Lucifer, de una manera que le hizo gritar y gritar y eso me gustó. Que ella sea poderosa, que a él le vaya mal. ¿Cómo la detendrán? ¿Y Lucifer? Le quiero fuera de Castiel. Me cuentan, aunque he gritado que no, que parece que finalmente aparecerá Dios. Imagino la cara de los hermanos cuando le vean. Me agradó que Sam se disculpara con Dean al final, por eso, por no pensar en Castiel.

   ¿Y ahora? El final no está lejos.

CAZADORES Y DIOSES: 19×11 – 20×11

SÉ MI AMIGO, JEN

Julio César.

RETROALIMENTACION

abril 23, 2016

EL PAGO

ORGULLOSAMENTE EMBARRADO

   Algo en él atrae las miradas de los tipos…

   Cada vez que puede baja a Playa Escondida a disfrutar del momento. Saboreándolo como sólo un hombre sabe hacerlo. Cuando llegaba y saludaba a alguien, comentaba el clima y pedía de repente un buen trago caliente, le costaba convencer. Una vez que se sucedían, la cara bien embarrada, lo que llegaban eran las ofertas para que probara. Todos querían. Y mientras a más atendía, mejor le iba.

GENUINA SORPRESA

Julio César.


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