TRABAJO PROFESIONAL

diciembre 10, 2015

OJO PARA EL NEGOCIO

LA BROCHA GORDA

   Cuando se ofrece para pintar así, los carajos se quedan, le ayudan… y a cada rato le agarran la gorda brocha.

ESTRATEGIA

Julio César.

NUEVOS TRAJES

diciembre 10, 2015

OBLIGACIONES Y ATENCIONES

MARINES BIEN CALIENTES

   Aunque no se crea, y a pesar del gasto, la comandancia había decidido que ese bóxer sería parte del traje de faena, dizque por elegante, pero al sargento le tenía mal tanto despilfarro cada vez que veía al teniente salir de su transpirado uniforme, empapado, luego bañándose con una manguera. La tela metida en ese trasero desafiante le hacía trinar, pensando en que no sólo quiere hundir la cara y sacársela con los dientes, sino dar uno que otro azote al joven superior, para que se comporte.

EL JEFE ENTREGA PREMIOS

   Desde que usa esos hilos dentales en la oficina todo era jodienda para el nuevo jefe. Bastó que sus empleados supieran que les gustaba llevarlas, bien clavadas, y mostrarlas como al descuido en un baño, para que ese Diciembre cada uno de ellos le regalara una de esas prendas, de las buena y caras unas, a baratas y putonas otras. Lo importante era que funcionara: calentarle la sopa a la perra, dejando listo ese sancocho para meterle un buen pedazo de carne.

EL EXITOSO NUEVO TRAJE EN EL GYM

   Aunque parezca mentira, aún a él mismo, llegó al gym como el resto de los héteros machistas y saludables del establecimiento. Unos encuentros extraños y forzados con el dominante y rudo dueño del local le habían convertido en otro activo del lugar. Ahora sólo se ejercitaba, y paseaba por allí, con aquella ropita insinuante que gritaba a quien lo viera “propiedad del gym”. Y todos querían meterle malo… y lo lograban, a veces sobre los aparatos y colchonetas, pero especialmente en los vestuarios.

AL CALOR DEL MOMENTO

Julio César.

SAM Y DEAN, UN PEQUEÑO MUNDO DE PELUCHES, 6×11 – 7×11

diciembre 10, 2015

LIZZIE, SAM, DEAN, AMARA Y LAS ALMAS… 5×11

SAM AND DEAN WINCHESTER

   ¿No se ven geniales en su batalla?

   Para serles totalmente sincero, hice algo casi anatémico, no había visto los últimos episodios de la serie antes del paro navideños, cuatro, porque no he tenido cabeza para nada como no fuera lo que ocurrió el domingo pasado, y algo le pasaba a mi portal. Intentaba abrir el programa y aparecía una alerta roja. No sé qué por qué. Pero los he visto, al fin… y comentaré según fui pensando.

EL BROMANCE DEAN-CROWLEY

   Si hay algo que demostró el sexto episodio de esta onceava temporada de Supernatural, 11×06 – Nuestro Pequeño Mundo, es que el programa va entrando en esa etapa novelada en la que caen programas largos, cuando tienen suerte, o a los tres episodios esos shows que se condenan a desaparecer pronto, como pasó con Terminator (¿cómo pudieron joder una serie sobre Sarah y John Connor?, misterio), Alphas o la misma Héroes. Smallville fue insoportable después de la sexta temporada; episodio tras episodio de Lana dudando entre Clark Kent y Lex Luthor, sin que nada ocurriera. Lo otro es que el programa irá decantándose, la gente que espera fics por argumentos televisivos irá partiendo y solamente los fans quedaremos; sin embargo, el programa cuenta con una base sólida, si la transmiten uno se detiene y la mira. Me hizo gracia hace poco ver un comentario de refilón sobre el programa, de cómo sería la programación del Canal Warner en el 2035, anunciando la treinta y seisava temporada del programa.

   Aunque nada de esto, apuntes que hay que hacer para saber dónde pisamos, le quita un ápice al hecho de que disfruté una barbaridad viendo esta entrega. Estaban todos los personajes que me gustan, incluida esta Amara, aunque prefiero a la otra, la que aparece en las visiones de Dean (se ve hermosa, peligrosa y sexy). ¿Qué me agradó más?, los momentos del fandom. Sam recordándole a Dean su romance de verano, Crowley reconociendo lo que uno siempre ha sostenido sobre los seres sobrenaturales y Dean, que no le arrancan la cabeza porque les gusta, y la joven Amara con sus carantoñas con el mayor de los cazadores (definitivamente Dean da para todo).

   Antes quiero hacer una aclaratoria, no me gustó la naturaleza de Amara que ahora sabemos, mitad Dios; no, la quería totalmente malvada, una diosa de cuentos de horror, como ya he dicho. Pero esto explica un poco mejor lo que parece estar ocurriendo, incluso con este Crowley que no se entiende claramente por qué actúa como lo hace con la niña, o la crisis misma que atormenta a Castiel; todos, incluso aquel ángel y aquel demonio en la cafetería, como la gente sin metas ni propósito que sufre y desea paz, todos pueden estar respondiendo a la necesidad de otro Dios. Uno que no esté lejos.

CROWLEY, UN FEO PADRE

    Mientras buscan a Amara o a Metatron para encarar el asunto de la Oscuridad, saben los hermanos que el hombre si alma que les ayudara el episodio pasado es asesinado en su celda, un olor a azufre les indica que los demonios están cerca. Resulta que Amara si se le escapaba a Crowley, como una adolecente cualquiera que huye para fumar, tomar licor o verse con chicos, alejándose de la figura paterna. El Rey le había prohibido devorar más almas, para retardar su crecimiento, y esta iba por lo que quería. Cuan chiquilla ella le grita que un día no le necesitará ni la controlará y hará lo que quiera, repito, como la típica adolecente con el cerebro inundado de hormonas y neurotransmisores que la hacen actuar de una manera que nadie reconoce. Y la pregunta era en ese momento, sabiendo que Crowley conocía lo peligrosa que era, que no podría controlarla, ¿por qué lo hacía? Su respuesta casi paternal de que quiere que no crezca tan rápido, que aprenda y se llene de sabiduría es la respuesta típica de un padre en estos asuntos. Pero ni ella es la típica adolecente, ni Crowley el padre normal, con el agravante de que ni siquiera era un padre. No podía soñar con controlarla, ¿por qué lo hacía en verdad? La respuesta fue tan vaga como la que daría Castiel cuando intentara ponerle un nombre a la profunda insatisfacción, al vacio enorme que es su vida desde la guerra en la quita temporada, y aún antes, cuando los ángeles conspiraban con los demonios para liberar a Lucifer. Pero eso no se entiende bien, hacia dónde va todo, hasta que Amara revela su naturaleza real.

   Los hermanos le tienden una trampa a un demonio que va por otra de las víctimas de Amara, y saben que  Crowley juega al papito de una terrible deidad. Y el tono mismo del demonio indica lo que piensa de todo ello. Ahora los hermanos buscarán a la pareja. Es cuando ocurre ese gran momento, Sam preguntándose por qué Crowley ocultaría a Amara en la Tierra en lugar de llevarla al Infierno, Dean respondiendo que no le gusta ese lugar, con conocimiento de causa, y Sam mirándole, “había olvidado vuestro romance de verano”. La cara de Dean fue un poema, pero algo de veneno había en el comentario, como que algo parecido usó Crowley contra el menor cuando este le decía que le mataría por llevarse a su hermano (al inicio de la décima temporada), y este le respondía que lo que le molestaba era que Dean ahora estaba con él. Y si eso no sonaba a subtexto, que aparezcan las fans del quinto episodio la temporada pasada y lo digan.

SAM Y SU POLITICA DE NO MUERTES

   Encuentran el lugar y entran. Sam la tiene clara, nada de clavar espadas mágicas sobre el ejército de demonios, muchos están poseídos y hay que salvarles. Y eso me gusta, un héroe salva a todos los que encuentre; habrá momentos cuando no se pueda, cuando el valor de una vida contra la de los muchos le hará tomar una terrible decisión, una que le atormentará luego, pero lo hará. Este no era el caso.

AMARA ACARICIA A DEAN

   Se separan, Dean va por Amara, Sam detendrá a los demonios. Y el encuentro Dean Amara fue genial, el cazador quiere sentir odio, ganas de acabarla, pero ella le ve con adoración, e imagino que la escena no tomó otros visos porque, según el programa, todavía es una adolecente. ¿Por qué existe esa conexión?, alega ella que es porque fue lo primero que vio al escapar de su prisión. Llega Crowley, hay una pelea, y el Rey le detiene. Ocurre otro de esos momentos de rupturas, uno que temo sea difícil de reparar, aunque el programa nos tiene acostumbrado a los extraños compañeros de cama independientemente de lo ocurrido en el episodio previo. Crowley le dice a Dean que es el final del camino, le asesinará, que ha tenido muchas oportunidades de matarle y no lo ha hecho por lo que había entre ellos, ese bromance tan claro, pero que se acabó. Me hizo gracia la cara de Dean, pero creo que el mismo debía saber que es cierto. En su odio hacia Crowley, Sam es más claro y directo, aunque creo que en buena parte se debe a la relación entre el Rey y su hermano. Amara interviene, es terrible con Crowley, al que no mata por la ayuda que le ha prestado hasta ese momento. A Dean le promete un nuevo encuentro.

AMARA, SAM Y DEAN

   Sam, quien ha luchado y las ha tenido duras para someter a los demonios sin matarles, debiendo acabar con uno, entra y los encuentra, a Dean y Amara, y ella desaparece.

CASTIEL Y METATRON

   Castiel, por su parte, sufre una verdadera crisis, casi de pánico cuando va a salir de la baticueva en busca de Metatron, a quien pilló grabando escenas de violencia. Le encuentra. Sin poderes, para ganarse la vida, Metatron se dedica a filmar videos realmente horribles sobre la violencia y la miseria humana. Pero se pasó, hasta para él que es un perro maldito. Ante un hombre herido, en lugar de hacer algo, le roba. Por lo menos no le mató, que fue lo que temí. Castiel le descubre, este jura que nunca le dirá donde está la tabla de los demonios, y Castiel se la enseña, que pasó por su pieza y la encontró, la tenía bajo su cama (¿puede ser más patético?, cómo me reí). Ahora va contra él y le golpea. Quiere saber de la Oscuridad. Metatron, ese personaje malévolo, ese gran actor, por un momento parece que le controlará, impidiéndole tocarle, porque le sabe roto, que ya no es un ángel ni nada. Que es un cascaron sin valor para actuar por su cuenta, que sólo lo utilizan, el Cielo, la Tierra y los demonios. Y es cierto, Castiel sufre en esta temporada el mismo vacío que va apoderándose de Dean en la quinta temporada cuando se da cuenta de que nada impedirá el Apocalipsis, que ángeles y demonios se comportan exactamente igual y que a Dios no sólo no le interesa sino que mandó a decirles que dejaran de buscarle. Así de roto está Castiel ahora, aunque me gustó que le diera tremenda paliza. Metatron no soporta ser humano, las deudas, la miseria, las hemorroides (cambió en muy pocos días desde que saboreara las tartas). Castiel no se deja convencer y sigue dándole hasta que confiesa que la Oscuridad es el secreto vergonzoso de Dios, que para crear al universo traicionó a su gente. A su hermana.

   Y eso es lo que no me gustó. Quería que Amara fuera mala, mala, mala, mala totalmente mala, como ya he expresado, como una antigua diosa lovecraftiana. Terriblemente mala… excepto ante Dean. Que tenga algo de divino hace sospechar que no será totalmente oscura, aunque Lucifer lo fue. No quería esto para Amara porque al saber de su naturaleza dual con Dios, y su debilidad por Dean, recordé otra serie que también fue genial, que prometía un gran enfrentamiento y aunque terminó bonito no era lo que esperaba, aunque ya para esa temporada muchos seguidores estaban hastiados: Buffy, la cazavampiros. En un final de temporada, cansada de todo, traicionada, agredida (habían matado a su amante), Willow se vuelve al mal y desata el fin del mundo, una cosa como un viento que iba arrasándolo todo, estando predicho que un poderoso guerrero la detendría. Buffy y los otros parecen querer ir hasta donde está, pero alguien llega y Willow ríe preguntando: “¿tú?, ¿tú eres el guerrero que vino a detenerme?”. Era Sanders, su amigo. Este le dice que no, que no quiere morir solo y por eso buscó a su amiga. Hay un momento cuando le grita a Willow, viendo el desastre, sintiendo los vientos, escuchando los gritos, que tiene miedo, que acabe con todo de una vez, que le mate ya. Y ella lo para todo. Y yo quería una batalla contra Willow. Eso es lo que me inquieta, ¿imaginan a Amara destruyendo toda la creación de Dios y deteniéndose porque Dean se lo pide? No, no quiero eso. Bien, ya me equivoqué respecto a ella, es interesante este giro, pero la prefería malvada totalmente. Imagino que esto habrá molestado a mucha gente, una hermana mala de un Dios, a la que traicionó. El programa siempre ha sido así, irreverente con cristianos y católicos. Aunque, de siempre, ha existido una tesis que sostiene que Dios puede ser dual. O mujer.

AMARA Y DEAN

   En la baticueva le reclaman a Castiel que dejara a Metatron por ahí, este responde que el escriba no hará nada, teme a los ángeles y a los Winchester, y no tiene poderes (me parece que el ángel se confía demasiado). Sam quiere saber por qué Dean no intentó matar a Amara. Este se defiende con que no pudo ya que es la “puta hermana de Dios”. Pero al menor no le convence. ¿Dean lo intentó?, dijo que si, a ella, pero no se movió.

ADAN WINCHESTER

   Y Sam oculta sus nuevas visiones, una caja metálica rodeada de cadenas. ¿Lucifer se alzará otra vez? Sería interesante. Y que Adam volviera con él. Si el programa se va a cambiar al modelo novela, todos caben.

   Personalmente, fuera del detallito de “la hermana de Dios”, me gusta mucho cómo iba la temporada. La undécima, nada más y nada menos. Y cuando creí que ya había llegado la continuación, el programa sale con un episodio fuera de la trama central…

DONNA, SUPERNATURAL

   El 11×07 – Felpa, no guarda relación directa con la trama central, sino que comienza y termina. Relleno, pues. El caso no fue novedoso, aunque sí muy bien tratado. Una señora aguanta los desplantes de un marido bastante displicente (cómo molesta a las mujeres cuando no sacamos la basura, llenamos las jarras de agua en la nevera o no bajamos la tapa del inodoro; pierden los tapones), y mientras sale a hacer algo que debió ejecutar él, este todavía le pide otra cerveza. La cual le es traída, alza la vista y encara a alguien con una máscara de conejo, el cual le mata feamente, siendo testigo la mujer, quien grita como las buenas. ¿El gran momento?, Sam enfrentado a su miedo en un ascensor. Fue tan gracioso. Triste fue ver al chico muerto y la cara de la alerquina que no entendía qué pasaba.

JAKE GYLLENHAAL, DONNIE DARKO

   Y hay que estar claro, la máscara era aterradora, o me lo pareció a mí porque la asocié automáticamente con la película Donnie Darko, de Jake Gyllenhaal. Lo asocio a locura y drama de muchachos. Aquí igual. Mientras en la baticueva los hermanos revisan cosas traídas por Castiel, toda pre bíblicas para ver si hay una mención a una hermana de Dios, antes, Dean sorprende a Sam orándole, por iluminación porque no entiende sus visiones. El mayor no puede creerlo, que lo haga, ni cree que sea Dios a quien el mundo le importa un carajo (cosa que pone en pantalla, al final del episodio, algo que ya vamos temiendo y esperando, que Lucifer deba ser liberado de la caja; y ¿no vendrán esas visiones de él?). Es allí cuando Dean recibe una llamada de la comisario Donna Hanscum, y su cara cuando pregunta “¿qué lo mató un conejo?”, fue insuperable. De entrada me dije: hoy si, hoy muere Donna. Es Supernatural.

UN SINIESTRO CONEJO ASESINO

   La mujer, tan efusiva como siempre, sondea, como la comisario Jody Mills, cualquier cosa que tenga que ver con lo sobrenatural. Tiene un ayudante que se nota gusta de ella, pero la mujer se resiste porque tiene el nombre del ex y es policía. Tienen al asesino, aunque costó bastante controlarle, pero no su identidad. Dean no lo cree algo sobrenatural hasta que ella dice que la máscara no sale. Lo interrogan y nada. En un descuido el sujeto está junto a Dean y le atrapa. Y repito, el movimiento fue tan inquietante como la máscara misma. No es una posesión y cuesta librarle, pero mientras aferraba a Dean le vieron datos que permitían identificarle.

   Mientras van con la novia, quien no puede creer que haya hecho algo tan terrible como matar a ese señor, ella cuenta de la tienda de segunda, donde este se puso esa fea máscara y cambió, no quiso quitársela. Parece un objeto maldito. Y mientras eso ocurre, Donna y su ayudante le llevaban a un hospital para que cortaran la máscara, este los ataca con su gran fuerza y el policía le dispara. Rodean el auto que les cubre la visión y fue duro ver al chico caído, se veía joven e inocente (lo que el programa buscaba, imagino), y la máscara a un lado. Mientras la queman, ella se ve mal, era un buen chico, una víctima que fue atacada por algo maligno. Que el muerto no merecía aquello. Me agrada que este tema se retome en la serie, como viene haciéndolo Sam desde el inicio de temporada.

DEAN Y EL ARLEQUIN

   Así pasamos al gimnasio con el joven idiota de las pesas, el entrenador brusco pero paternal y la delgada figura arlequinesca que le golpea feo con una pesa, hasta que el chico le detiene. Mientras el entrenador va al hospital, los hermanos, frente a Donna, disparan sal al enmascarado, algo flota y sale, un fantasma vengativo, y queda la chica. El colegio compró la máscara para la mascota del equipo. Otra víctima, una a la que Donna deja escapar. Ya para ese entonces el ayudante desconfía de algunas cosas que le dicen. De esta escena, divertido fue el intercambio de Dean con el muchacho que se cree la ultima Coca Cola fría en el desierto, comenzando por no saber el nombre de la mascota, no él, una estrella, y su pomposidad sobre su fuerza. Y esto, la cara de Dean, el intercambio, me hizo recordar algo que leí sobre él, donde una autora exponía la tesis de que Dean Winchester era bisexual, lo supiera o no, o que intentara ocultarlo. Hubo cierta química en toda la conversación (la pagina cerró, me faltó velocidad para sacar algo).

SAM Y EL PAYASO ATERRADOR

   Para ese entonces se van juntando piezas, con la comisario, saben que esas mascaras pertenecían a un tipo que se suicidó y animaba fiestas infantiles. Van con la hermana y esta no quiere hablar, desconoce a las otras víctimas y todo eso. Le muestra fotos del hermano y Sam casi pega un respingo cuando le ve como payaso. Payaso que va al hospital a rematar al entrenador. Y era una máscara sencillamente aterradora, ¿de verdad a los niños puede gustarles eso? Le toca a Sam, claro, enfrentarle. La escena dentro del ascensor, él mirando de reojo al payaso con la navaja sangrante en la mano, fue alucinante. Luchan, le vence, se trata de un anciano que fue poseído. Es la viuda del primer muerto quien da una pista, no quiere escuchar del tipo que se disfrazaba de payaso porque se comportaba inadecuadamente con los chicos. Su marido y el entrenador fueron a confrontarle, no le encontraron y la hermana del muerto les corrió. Ella sabía de la relación entre esos dos y el difunto, y sospechan que el famoso suicidio no fue tal y que tal vez hubiera más nombres en la lista. Y ella había vendido todas esas máscaras.

   Van con hermana, quien les cuenta que no creyó las acusaciones, pero su hermano nunca se casó, no se le veían chicas, andaba con niños y eso bastó para que, aún ella, creyera y temiera lo peor (tenía un hijo que adoraba a su tío). Le dijo a los otros dos donde estaría, camino a una fiesta, y estos quisieron asustarle, teniéndole de los pies en un puente y, accidentalmente, cayó. Lo que sigue siendo homicidio. ¿Lo curioso?, es que recordando al primer asesinado en su casa, encerrado en su burbuja de felicidad defraudando a su mujer, viendo su juego y exigiendo cervezas, no parecía para nada afectado con aquello que hizo, ¿será posible, así fuera accidental, no tener pesadillas? Tal vez creyó hacerle un bien al mundo, o se convenció de ello. A todos nos gusta imaginar que somos mejores de lo que otros a veces nos calibran (y tal vez con razón). Los hermanos llaman a Donna, ella y el ayudante han quemado todo, pero no saben nada de otra máscara, aquella que llevaba el día del ataque. El hijo, poseído, ataca. Dean ayuda, pero el fantasma aparece y ya no oye ni al sobrino. Lo vencen a la antigua, quemando la máscara.

TODOS ABRAZAN A DEAN

   Donna, se despide con afecto de los hermanos aunque espera no verles otra vez, y oyendo consejos, suaviza su trato para con el ayudante. Un caso simple, fantasmas, pero bien hecho. Hubo muchas víctimas; el pobre sujeto atacado por una manera de ser que otros malinterpretaron (y no hablo de la pederastia, esa vaina es imperdonable), y los chicos poseídos, especialmente el de la máscara de conejo, se veía tan desvalido muerto por algo que no era su culpa ni su responsabilidad. Fue un buen episodio. Es aquí donde Sam, de regreso a la baticueva, le plantea a Dean, ¿acaso Dios le dice que debe dejar entrar nuevamente a Lucifer?

   Y quedan los dos últimos antes del receso navideño, comenzando con unas criaturas que me encantaron, pero esto ya me quedó muy largo.

ENTRE LA IMAGINACION Y LOS HERMANOS, 8×11 – 9×11

Julio César.

LA HORA DE LA MERIENDA

diciembre 10, 2015

EL INFIERNO DEL INDECISO

SEXO CALIENTE EN EL TALLER

   Cuando le azotaba así, no le dejaba pensar…

   Su mujer ya se había quejado, que el negocio no estaba dando resultados. Le pregunta por qué, le exige respuestas, pero claro que no podía aclararle que casi no había tiempo para trabajar, no cuando a cada segundo se aparecía uno de esos gañanes de la zona a quienes contrató como ayudantes, queriendo comerle el caramelo, esperando que se le derritiera para meterle el palito. Que no eran tales “palitos”. No era su culpa, ¿verdad?

Julio César.

CÁLIDO VERANO DE UN CHICO AMERICANO… 8

diciembre 10, 2015

…VERANO DE UN CHICO AMERICANO                         … 7

COMICS GAY, CHICO CALIENTE 15

   Pasa. Un chico joven, saludable, vigoroso y voluntarioso puede dedicarse a practicar aquello que tanto le gusta, sin medirse, entregándose únicamente a lo que siente. Un buen maestro puede mostrarle eso, teniéndole bien clavado, que eso es lo único que ama en esta vida y que debe buscarlo. Cosa que le hará pícaro y travieso. Tal vez soñando con frecuentar lugares donde los machos alfas se reúnan a tomar agua, deseando encontrar al tío fuerte y recio que no sólo le dé lo que tanto quiere sino que aguante hasta que estalle varias veces sin tocarse. Por ello nuestro joven y ardiente amigo se perdía en fantasías donde estaba caído en un sitio, jadeando, su agujero chorreando mil corridas… Eso le llevó a la caza.

COMICS GAY, CHICO CALIENTE 16

   Y un chico joven, guapo y deseoso que busca aventuras, las encuentra. A uno, dos o tres. A un grupo. Había en él algo que les decía a los hombres maduros que estaban en presencia de un “chico con hambre de polla”, cosa que estos no podían resistir. Especialmente si eran sujetos que ya le habían visto por ahí, casi viéndole crecer desde la pubertad, y que ahora podían usarle de receptáculo, por todas sus entradas, para sus virilidades y lechadas. ¿Un chico en un vestuario de piscina mirado por dos machos así?, fiesta segura.

CONTINÚA … 9

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 164

diciembre 8, 2015

LUCHAS INTERNAS                         … 163

JOVEN Y SEXY EN VERDE MILITAR

   -Todavía quiero más.

……

   De espaldas sobre el suelo, Jerry mira a Martínez, el machote que los recibió esa tarde todo varonil, ofensivo, tachándoles de reinitas, siendo cogido ahora, gimiendo con el rostro en el suelo, meneando ansiosamente su culo contra ese güevo. Aunque no lo culpa, era una verga que tenía que ser montada y domada. Mira a Roa jadeando mientras lo cabalga, llevando su güevo contra ese culo, gozándolo, si, pero casi tanto como goza del rojizo y pecoso güevo del guaro que mama, con una expresión de total felicidad y deseo en su rostro cuando la pálida pieza desaparece entre sus labios gruesos. Y mira al guaro, cogido y mamado, echando la cabeza hacia atrás, saltando sobre Prato, cuyo güevo aparecía y desaparecía dentro de sus entrañas calientes, mientras sus manotas le sobaban el pecho al guaro y le mordisqueaba el cuello cálido y sudado. Le parecía… que había algo más que calenturas entre esos dos.

   -Si, mi amor. Menea ese culo. -oyen que dice un ronco, ebrio y enloquecido Prato, que soba y lame el cuerpo del guaro.- Aprieta ese culito y sácame la leche. Coño, lo tienes más rico que el de tu hermana…

   Jerry ya no puede ver más, de espaldas en el suelo es enculado duramente por el maracucho, quien lo embiste manteniéndole atrapado por los tobillos. Su güevote sale y entra con rudeza, con mucha dureza y ganas, rozando con fuerza las sensibles paredes de su culo. Sobre su rostro, tapándole toda visión, montado a hojarasca, está Gutiérrez, sonriendo con su atractivo bigotillo, metiéndole el güevote rojizo en su boca caliente. El catire grita agónico sintiendo como esas mejillas y lengua le mamaban el tolete, apretándoselo. Estaba gozando, igual el maracucho, pero ninguno de los dos tanto como el afeminado empleado de La Torre.

   Lo enculan duramente, y con alaridos roncos, Jerry mueve su boca, lamiéndole las bolas al catire, bajando más y lengüeteándole ansioso el culito, azotándoselo y mamándoselo ruidosamente. El catire se alarma, y con un ‘epa’, parece querer alejarlo, pero notar esa lengua viciosa, cálida y babosa azotándole el agujero, lamiéndoselo, para luego sentir que esa boca se cierra allí, mamándolo, lo hace estremecerse todo. Grande y viril, chilla agónico cuando esa lengua intenta penetrarlo, cogiéndolo. ¡Quería esa lengua dentro del culo!, no se lo dice así, pero sus caderas suben y bajan sobre la boca de Jerry.

   -Ay, catire maricón, gritas como una putica. -le reclama riente el maracucho.

   -Hummm, se siente rico, güevón. -jadea el otro, subiendo y bajando su cuerpote aún más vigorosamente sobre esa lengua ávida, con una mueca mórbida en su cara.- Joder, nunca antes había sentido esto…

   -¿Algo rozándote el culo? –el maracucho es burlón, o lo intenta, cogiendo duramente a Jerry, pero los ojos clavados en la espaldota del otro, en sus nalgas redondas, sudadas, que suben y bajan.

   -Tiene un culo calentito y rico… ¿no quieres mamárselo? -le pregunta, vicioso Jerry a Montiel.

   -¡Bolas! -grita alarmado, casi con pánico en sus ojos.

   -¿Seguro? –Jerry le tenta, sonriendo mórbido, barbilla y mejillas brillantes de saliva, enrollando su lengua, el otro, mirando al pana sobre un hombro, bajando el culo sobre ella.

   -Anda, maricón… mámamelo… -gruñe el catire, sonriendo putón y acercando sus nalgas abiertas al estar doblado por la cintura, al maracucho, casi meciéndolas frente a su rostro.- Méteme la lengua por el culo, panita…

   Ofrece caliente como nunca antes en su vida. La lamida de Jerry le despertó algo en el culo, una candela rara que necesitaba calmar. El maracucho jadea que no. Con un ¡mámalo!, enérgico, el catire echa sus caderas hacia atrás, metiéndose el rostro del camarada ahí, y reteniéndolo con una mano tras su nuca. El otro se resiste y gruñe, pero ese calor lo marea. Sus labios se frotan de la raja, oye gemir al catire y lo siente estremecerse. Los separa y la lengua titila tímida contra el ojito del culo que se revuelve y ser cierra pareciendo chupar. Excitado pega la boca de allí y lo mama, resollándole con fuerza, su lengua ahora lo lame, ensalivándolo. Con los labios cerrados sobre el ojete, mamándolo,  chupándolo, se siente increíblemente caliente. Ese culito sabía tan rico…

   -Coño, ¡está chupándole el culo! –oye, y no le importa.

   El catirote, un chico joven pero grande, grita largamente, boca y ojos muy abiertos, con sus piernas separadas, así como sus nalgas musculosas, con el maracucho metiendo entre ellas, comiéndole el culo, lengüeteándole, chupando, soplándole. Mientras coge a Jerry, la lengua de Montiel coge también a Gutiérrez, quien menea el culo contra su cara, desesperado, revolviéndose contra él, mientras jadea ruidosa y agónicamente como si le doliera algo.

   -Ven aquí maricón, tu lo que quieres es güevo por ese culo… -ruge Montiel parándose, sacando su enorme tolete del culo del flaco afeminado, tomándole de una mano.- Lo tienes que quema, hay que apagarte por adentro con esperma.

   El catire parece que va a resistirse o negarse, pero ya el maracucho se agacha halándolo y llevándoselo con él. Gutiérrez queda acostado sobre su costado derecho y Montiel tras él, del mismo lado. Sin esperar que el catire reaccione, el maracucho le alza la pierna izquierda, abriéndole las nalgas y el culito, el cual penetra con una violencia que hace que el catire chille, revolviéndose contra él en el suelo. Ese güevote se clava todo, casi hasta las bolas, pulsando, quedándose allí, sintiendo las presiones y apretadas de ese huequito violado y abierto. Gutiérrez tiene la cara muy arrugada y roja, chillando a todo pulmón, pero siente que el culo le arde, le titila y palpita sobre esa tranca, y siente como su güevo responde también y como sus tetillas le arden. Ese culito lamido y comido respondía bien, aceptaba esa trancota con ganas, chupándola sabroso. ¡Quería eso!

   -¡Lo sabía! Tienes un culo hecho para los güevos. -le gruñe Montiel, desde atrás, casi sobre la cara. Y este gime, frente arrugada.

   Jerry va hacia Suarez, quien sentado en la caja mira todo eso. Sonriéndole y llamándolo niño flojo, se agacha frente a él, levantándole las piernas apoyándolas sobre el mesón, abriéndole las nalgas. La lengua viciosa del joven afeminado cae sobre su culito, mamándolo ávidamente, metiéndosela hondo, hasta oírlo gemir agónico y estremecerse todo. Esa lengua mama duro, comiéndolo, y Suarez, pasada la sorpresa inicial, de que un tipo estaba metiéndole la lengua por el agujero, ahora va y viene meciendo sus caderas y nalgas contra esa boca. Aprieta los labios, arqueándose un poco, la sensación de la reptante y babosa lengua que azota y se le mete un poco, le tiene caliente. Pero se tensa y pela los ojos cuando Jerry le hunde un dedo, lentamente, como quien mete un cuchillo en cera caliente, todo; lo deja allí clavado y lame, lo agita así y la ola de goce que lo recorre casi le hace tiritar. Este sale y vuelve, Jerry estaba cogiéndolo con él, para clavárselo todo y luego halarlo hacia abajo, abriéndole un poquito el culo, abertura que es ocupada por la lengua voraz del joven, que lo mama y lo coge con el dedo al mismo tiempo. Suarez cierra los ojos y jadea, estremeciéndose sobre el mesón, yendo y viniendo contra esa boca y ese dedo, poseído por unas ganas desconocidas, que le alarmaba pero que también lo enloquecían.

   -Hummm… Hummm… -sólo jadea, agónico, los ojos brillan desenfocados cuando un segundo dedo entra.

   Por su lado, Cecilio acuesta a Joel boca abajo en el suelo y le mama, arrodillado a su lado, el culito también, metiéndose con ganas entre esas nalgas de macho joven. Está como Jerry, dominado por un genio malo y ocioso. Se le monta encima, abriéndole las piernas y el joven lo mira asustado y caliente. Cecilio, que no acostumbra, sonríe mientras enfila su güevote contra el algo peludo culito, metiéndoselo lentamente. El militarcito se cimbra y chilla en el suelo cuando siente como esa vaina dura y caliente lo rasga, abriéndole el anillo del culo, cogiéndolo. Cecilio se tira con todo su peso sobre él, que gime alzando el rostro, moviendo piernas y brazos como una araña bajo él, intentando que ese güevote encuentre acomodo rápido. Ese tolete clavado arde, quema y duele, pero también le gusta, le gusta mucho, y lentamente sus nalgas se abren y cierran un poco cuando menea sus caderas contra él, empalándose. Sus nalgas jóvenes, rojas y firmes muestran su culito redondo, abierto y atravesado por el blanco tolete del otro hombre.

   -Oh, Dios… -chillaba Joel, y su hermano lo mira, sonriendo burlón mientras encula al guaro.

   -Te gusta que te lo metan por el culo, ¿eh? Se lo voy a decir a papá… -y ríe.

   Todos gritan y gozan, olvidados de todo como no sea el sexo duro, rudo y salvaje de macho contra macho. Las pelvis iban contra nalgas masculinas, toletes gruesos e inflamados de ganas se metían dentro de culos hambrientos, se escuchaban bofetadas de piel contra piel. No era extraño en cuanto a Cecilio y Jerry, siempre habían estado chiflados por los machos y sus güevos. Por otra parte esos no eran más que militarcitos que servían para menear el culo en retretas del Gobierno (como defender a un viejo y digno general de La Guardia Nacional, detenido, vejado y encarcelado), sin bolas para nada más que para hacerle creer al mundo que todo estaba bien en Venezuela.

   No había que criticarlos o juzgarlos por dejar perder La República, después de todo no eran más que unos sufridos chicos reprimidos que finalmente estaban gozando su momento de liberación; con el pelirrojo guaro saltando sobre el güevote de Prato, su esbelto cuerpo contorsionándose mientras iba y venía; el gochito sentado en un sillón, le lamía un hombro y el cuello a sus espaldas, bebiendo su sudor. Por su lado, Roa, el morenote, le mamaba el tolete pecoso al guaro y seguía enculando al gritón Martínez, el marinero, quien pedía más y más, más duro, enloquecido por el roce de la rugosa pieza contra su recto. Gutiérrez, catire y pavito, estaba chillando con los ojos cerrados y la cabeza caída, vencido ante el machote que le clavaba el güevote desde atrás, pegándose a su espalda, metiéndole entre las nalgas el enorme tolete. Cecilio coge a Joel, el hermano del que coge al pelirrojo, el cual tiene los ojos cerrados y la boca abierta dejando escapar gemidos. Y, mientras tanto, Jerry le lame el culo metiéndole ahora dos dedos, y pronto serían tres, a Suarez. Algo muy curioso le estaba sucediendo a ese bachaco, estaba esperando que alguno de los otros hombres de verdad se desocupe y le calme la ansiedad que sentía en las entrañas clavándole un güevo duro, largo, grueso, caliente y babeante de jugos…

……

   Es tarde cuando Violeta sube en el ascensor hacia el apartamento de Frank. Se mira al espejo y sonríe con una leve mueca, abriendo su bolso y  retocando el rosa de sus labios. Todos decían que estaba hermosa, y sabía que así era. Y sin embargo Frank… Bueno, no podía esperar mucho de él ahora, metido como estaba en el cepo levantado por la vieja loba. ¿Estaría en el apartamento? Bota aire sintiéndose inquieta. De todo lo que había venido a hacer, lo único que le molestaba, aún, era Frank. Era lo único no cierto de todo lo que daba por hecho ya. Todo lo demás le había salido bien. Muy Bien.

   Se había asegurado la dirección de La Torre, Aníbal nunca iría contra ella. Los enemigos de los Caracciolo estaban anulados. Los Roche no podían meter las narices en sus asuntos. Y Ricardo Gotta estaba quemándose en la quinta paila del infierno, seguramente tramando ya como quitarle el control del averno a Satanás. Suerte, le deseó la mujer, con una sonrisa tan fría como una tumba bañada por el rocío de la mañana.

   Y su rival estaba anulado, el chiquillo ese, se dice con rabia pensando en Nicolás Medina. No, no debía pensar en él, sino en los negocios. Todo iba bien, el paro general continuaba, con lo que el régimen se beneficiaba en sus planes. Era irónico que lo que la Oposición pensaba que sería el final del Gobierno, en verdad lo fortalecía en sus maniobras, o por lo menos en las de un grupito, que sacaba pingües ganancias de eso. Meses antes, antes de abril y de La Masacre de El Silencio, hombres ambiciosos, increíblemente avarientos como Francisco Merentes, Alison Recado y Giordianillo, vivían gritándole en la pata de la oreja al Presidente que debían meterle la mano a La Petrolera Nacional, manejando las grandes sumas de dólares que allí se generaban. La empresa, quinta en el mundo, era eficiente, lo que se traducía en ganancias. En dólares. Y la verde moneda los hacía salivar salvajemente.

   El plan, machacado por Merentes, era sacar a la gerencia que estaba en esos momentos, que no le era fiel al Gobierno ni al proceso, y reemplazarlo por próceres vivos de la gesta revolucionaria (ellos, pues), para controlar la entrada de divisas al país. Alison, Francisco y Giordianillo no ignoraban que eso destruiría la capacidad productiva y competitiva de La Petrolera, pero claro, no les importaba. Dentro del proceso sólo habían adulantes y ladrones, no había nadie capaz de manejar un martillo, menos un taladro, o cambiar un fusible; pero el trío (Alison, Merentes y Giordianillo) sí sabían manejar una calculadora. Y entendían que después de su intervención, casi con seguridad, terminarían arruinándole y destruyéndola, lista para rematarla y vendérsela a Norteamérica, o alguno de los otros imperios, el chino o el ruso, y una parte de esa plata debía ser para ellos. El país no les importaba siempre y cuando pudieran llenar las botijas.

   Le gritaron eso al Presidente todo los días, que debía meterle la mano a la empresa y con ese dinero levantar pirámides en su honor, fortalezas en la Luna con las cuales derrotar a los norteamericanos en el atlántico, siendo reconocido y coronado como el emperador latinoamericano. De ese tamaño fue el cuento, la locura y el desequilibrio de aquel hombre con quien se jugó. Y como éste no era la roca que golpea la ola, terminó cediendo, imaginando que con toda esa plata podría mandarse a fabricar una estatua ecuestre con ropas de Napoleón y quitar al Bolívar de la plaza capitalina; y para eso sólo debía descabezar a la industria petrolera y poner a su gente aunque no supieran un carajo del trabajo. Fue el momento cuando Manuel Caracciolo, con sus contactos en la vieja y decadente izquierda europea, empapada de lo que pasaba en Latinoamérica por su costumbre de la carne fresca de menores que los llevaba por allí a cada rato, oyó los rumores de lo qué estaba pasando y de lo que iba a suceder.

   Pocos años antes, el partido político conocido como Movimiento Radical se dividió, cuando una rama de la misma decidió apoyar al ahora Presidente, que sólo era candidato por esa época. El jefe del partido, Andrés Vázquez, fue tachado de dictador y reaccionario por echar del Movimiento Radical a sus antiguos aliados, pero los años vinieron a demostrar que fue lo mejor que hizo, limpiar de mierda su casa. El nuevo grupo, el PPQS, Prestos Para lo Que Salga, con Alison Recado, Aristófanes Iguarán y María Chepina a la cabeza, decidieron meterle las uñas a La Petrolera, iban a reventarla con una rapiña y avidez que haría sonrojar al ex presidente Carlos Arturo Téllez, el supuestamente mayor corrupto que este país había dado, sólo hasta ese momento.

   Manuel Caracciolo se movió y supo de las compañías fantasmas y negociaciones que se alzaban contra La Petrolera, y con Violeta ideó la manera de participar de todo eso. La puerta estaba abierta nada más y nada menos que hacia Alison Recado. Las sumas que calculaban de la colosal estafa a la nación venezolana eran tan grandes que les provocaban orgasmos con tan sólo imaginarlas. A eso vino, a rematar detalles de los contratos, y La Torre quedaría allí, pendiente de sus intereses.

   Al entrar al apartamento, lo encuentra a oscuras. ¿No estaría Frank? Pero le parece oír algo de música clásica, bajita, que viene del piso superior. Sube, resuelta, hacia el dormitorio que ocupaban Nicolás y Frank hasta el día anterior. Dios, sólo había pasado un día desde eso, se dice sorprendida, la mujer. Abre la puerta, encontrando la habitación también en penumbras, pero bañada por la luz grisácea azulada del televisor, que enfoca un canal sin volumen, mientras el equipo de sonido deja oír la música.

   Frank estaba allí, de traje y corbata, echando sobre la cama, algo engurruñado sobre sí, sobre su costado izquierdo, con los ojos claros y hermosos, muy abiertos, mirando fijamente hacia la nada. Seguramente recordando mil momentos vividos sobre ese colchón, con el muchacho, piensa disgustada. El resplandor del televisor hace que note un reflejo en el hombre, en la mano que tiene como pisada entre sus piernas, donde sostiene algo que lanza muy leves destellos: la fina cadena de Nicolás. Eso la asusta.

   -¿Te ocurre algo, querido? Te ves fatal, amorcitico. -comenta ella como si nada, arrojando su bolso sobre una mesita.

   El abogado no se mueve, no quiere ni puede. Desea decirle que se vaya, que lo deje solo, pero las palabras no salen. Se siente amarrado, paralizado. Por otro lado, ¿qué podía responderle? Para alguien como Frank, directo, brutal, físico y carnal, era difícil sondear en su alma. No estaba acostumbrado, y no cría posible encontrar las palabras para expresarle a la mujer cómo se sentía. No podía hablarle de la horrible sensación de quien se muere por dentro, de que todo le duele, hasta el cabello. Eso sentía en esos momentos. Que se estaba muriendo.

   Nunca imaginó que eso fuera así; Frank se sentía mal, terriblemente mal. Sentía que quería gritar, correr por toda Caracas hasta encontrar a alguien que supiera donde estaba su ratita, su adorado, amado y bello chico, al que ahora necesitaba con una angustia, con una urgencia que lo asustaba. Temía no verle otra vez, no volver a tocar su cara de tonto, admirar su sonrisa de bobo, las pecas en su flacuchento cuerpo. ¿Dónde estaba y qué estaría pensando de él? Eso también lo asusta. Quería encontrarlo y decirle que está bien, que hizo cosas malas porque él lo enloquecía, lo volvía loco y no lo dejaba pensar claramente. Quería que entendiera que no lo hizo por lastimarlo, sino porque le temía a lo que sentía en esos momentos. Quería decirle que… Cierra los ojos, enrojeciendo, con vergüenza, con ganas de llorar, con ganas de buscar a alguien y gritarle que Nicolás, su Nicolás, se había ido y no sabía dónde estaba, y que lo ayudaran a encontrarlo.

   -Me estás asustando, cariño. -dice ella mirándolo fijamente, sentándose en la cama, frente a él.

   -Nicolás se fue. -grazna bajito, y sabe que eso no expresa el horror y el dolor que padece. La mira sonreír torva y eso le duele también. No. Ella no lo entendía. Nadie podría entender lo que le pasaba. Ni él podía entenderlo todo.- Pero eso ya lo sabes, ¿verdad? Fuiste a verlo. –mueve la mano, con la cadenita, su voz es terrible ahora.- ¿Qué hiciste, Violeta? –demanda saber.

CONTINUARÁ … 165

Julio César.

LA NUEVA ASAMBLEA, OTRO AMANECER

diciembre 8, 2015

EL GOBIERNO, MUCHO RUIDO Y NADA DE NUECES

   Eso pensé al despertar y volví a reír.

GANADOR- LA UNIDAD

   De todo lo que ocurrió ayer, la cívica jornada electoral, un poco más sorprendido con el resultado que la Mesa de la Unidad Democrática, aunque no tanto como el Gobierno, fui yo. Soy una persona profunda y funcionalmente pesimista. Espero lo mejor, pero temo lo peor. El sol quema, el agua ahoga, el tiempo envejece y te mata. Quería y esperaba lo que ocurrió, pero no me atrevía entregarme a la esperanza… hasta que vi los rostros de las personas que votan donde lo hago yo, gente a la que ya conozco. Había desencanto, frustración, ira, amargura (no hubo derecho que Venezuela terminara como lo hizo, arruinada y postrada a la cola del mundo). Había cansancio, aún en aquellos que antes tenían sus esperanzas puestas en ese movimiento que murió al poco tiempo de nacer. Me tocó hacer cola, la mesa 3, en todas partes, como que es la que más gente recibe, y nos la calamos, comentando por lo bajo, con paciencia. Había un aire de cordialidad entre todos los miembros de mesa, no esa tirantez horrible por cualquier gesto o frase, como antes. No era una fiesta, era una tarea. Un deber. Una responsabilidad.

CUMPLIENDO CON VENEZUELA

   Quedó esperar luego los resultados y nuevamente temí la trastada, la trampa. Esperamos y esperamos, horas y horas injustificadamente cuando se cuenta con un sistema electoral electrónico ya que en Colombia y en Argentina los resultados se conocen a una hora de cerrarse el evento, contando manualmente. Corrían mil rumores, amigas testigos de mesa me decían que en tal o cual parte más del noventa por ciento eran votos a favor de la MUD, el corazón me saltaba en el pecho, repetía a mi vez la especie… y sin embargo temía. Tarde, bien tarde apareció la señora Tibisay Lucena, y que me disculpe porque es una dama, pero se veía fatal, arrugada, pálida, tartajeante. Parecía no entender lo que habían escrito en el informe que leyó e hizo hasta la imposible para que no se notara que la MUD había duplicado de sobra la votación de PSUV, quedándose corta aún en sus estimaciones.

AL SABER LOS RESULTADOS

   A pesar de la hora grité, reí, esos teléfonos sonaron casi inmediatamente. Mi hermano gritaba “gracias a Dios”, mi hermana Leyda hasta lloraba, diciendo que parecía mentira. Amigos y conocidos se manifestaron, hubo cohetones, la gente golpeaba las cacerolas (no como los muy merecidos cacerolazos que recibieron Vielma Mora, gobernador del Táchira, y Adán Chávez, el de Barinas, que fue penoso; representando ambos lo peor y más desagradable de este régimen, con sus aires autócrata de “terratenientes dueños de vidas y destinos”; demasiado tiempo en el poder haciendo lo que les daba la gana les enfermó), habían risas en otros balcones y casas. El otrora chavismo se mantenía silente, quietos, ausentes.

TODOS A CELEBRAR

   El camino que se recorrió fue el acertado, y aquí hay que quitarse el sombrero, felicitar y darle las gracias al señor Jesús Torrealba, Chúo Torrealba, porque imprimió su sello al ser llamado para ponerse al frente de la Mesa de la Unidad Democrática, acercarse a la gente en las calles, llamarles a formar parte de la unión, abogando por el entendimiento. Por el fin del miedo con el cual se nos dividió. La nueva visión era llamar a todos. Había que juntar en una sola plaza a un país que sufría y temía por el futuro, al hambre, pero molesto por la vagabundería de una gente que nos redujo a la condición de mendigos, de ladrones, en medio de un país sin hospitales o escuelas públicas funcionales, y una inseguridad salvaje que cuesta cerca de veinticinco mil muertes en un año. El camino era la unidad, el arma era el voto, ese voto despreciado por los necios, dentro y fuera del Gobierno. Y el voto les echó la vaina. El mandado no está hecho, el nuevo Parlamento estará bajo dirección y control de la Oposición y la amplia coalición a la cual representa, pero queda mucho por hacer. Demasiado. Sin embargo se hizo ese trabajo, entrar a la Asamblea con amplia mayoría.

   El país civil, la gente común y corriente, bajo una dirección de la MUD encabezada por Jesús Torrealba y el equipo que le secundaba y ayudaba, derrotó a los divisionistas, que deseaban destruir esa unión de pueblo y políticos contra unos locos ladrones; dejó sin base a los que llamaban al abstencionismo para apuntalar al régimen en su lugar; se dejó solos a los quinta columnistas, muchos de ellos desde los medios de comunicación que no se cansaron de satanizar al señor Torrealba, de ridiculizarle y escarnecerle, porque con lenguaje llano llamaba a la unión para salir de este foso de miserias, aliando a la clase media con las capas sociales más pobres, porque sufríamos todos, todos padecemos el miedo del hambre o el peligro de un hampa desatada, dejada a su suerte mientras se persigue a estudiantes, amas de casa y políticos que no bajan la cabeza ante el poder de La Habana. Era irritante escuchar a gente tan estimada y admirada, como Mingo Blanco, decir que era inútil hacerle el juego electoral al Gobierno, que no se debía caer en esa trampa, ofendiendo a la directiva opositora. Lo molesto no era que lo dijera, es su derecho a pensar lo que quiera, Venezuela es una tierra de hombres libres, a pesar de todo; lo que incomodaba era que nunca diera una alternativa válida o real; si lo que la MUD hacía no era lo correcto, ¿qué lo era? La respuesta que daba era “no lo que hacen ellos”. Y sin embargo, ellos nos guiaron a este triunfo.

   El Gobierno la puso fácil, su ventajismo, su brutalidad a la hora de perseguir, de irrespetar la ley, de moverse dentro del delito (desde inventar juicios contra políticos, a Diosdado Cabello violando la ley frente a las cámaras de televisión), le abrió los ojos al mundo. Ya no era una situación de blancos ricos queriendo destruir a los negros pobres, ahora eran unos peligrosos delincuentes armados intentando mantenerse en el poder independientemente de lo que la gente pudiera pensar. En ello, el mejor trabajo lo hizo el mismo Nicolás Maduro Moros, el gran derrotado del día de ayer, asegurando que no aceptaría lo que la gente dijera y se lanzaría a las calles a desconocer los resultados. Hace poco comentaba cómo todo se les devolvía haciéndoles daño, y nada como la persecución y encarcelamiento de líderes como Leopoldo López y Antonio Ledezma. Ese abuso autocrático, usar un seudo aparato judicial para destruir a unos rivales políticos que les han derrotado una y otra vez electoralmente, fue un desastre total. Un Leopoldo López en la calle tal vez habría afectado más la unidad, como lamentablemente hizo María Corina Machado, que el daño que hizo preso. Detener a esos dos valiosos venezolanos obligó a sus mujeres a salir a la calle, a pelear por sus maridos y sus hijos, por sus familias, y de paso por el país. El gran daño, el autogol gubernamental fue darle voz y presencia a Liliana Tintori de López y a Mitzi Capriles de Ledezma, y que estas gritaran: ¡U-NI-DAD!

   El daño que eso les hizo fue garrafal. Pero el verdadero desastre propagandístico fue una estrategia electoral equivocada, demasiado disparatada, una que molestó y asustó a la gente en las calles, comenzando por los chavistas humildes, hablar desde cada tribuna como si fueran candidatos de oposición que criticaban todo lo que estaba mal en el país por culpa de un mal gobierno, como si no tuvieran ninguna responsabilidad o paternidad en ese desastre. Cómo si no eran gobierno, pues. Si no lo admiten, para comenzar, ¿cómo van a resolver algo? Eso pensaron hasta los chavistas de base. Tampoco quisieron leer lo que la gente quería, las encuestas de la Sala Situacional les decía que el país lo que quería era comida, que dejaran en paz a empresas como La Polar, pero no, y la embarraron. Lorenzo Mendoza, presidente de esa empresa, es considerado, según esas encuestas, mil veces mejor que Nicolás Maduro Moros o Diosdado Cabello, eso les enfermó y les hizo cometer tantos disparates. Por otro lado, nadie creyó ni por un minuto lo de la guerra económica cuando les vieron destruir la producción nacional y se robaban la plata de las importaciones. No les creyó lo de la OLP, dizque para liberar al pueblo del hampa, no después de dieciséis años mandando sin que les importara un carajo, para que se supiera que habían soltado al Picure, el gran pran de Guárico, por una “llamada de arriba”. La gente no les creyó el cuento de la represión contra los colombianos en la frontera porque se robaban la comida y traían violencia en forma de paramilitares, cuando esos grupos violentos de paramilitares actuaban con total impunidad en el Centro, y mataban a un señor en el estado Guárico, a quien el ministro del Interior tacha de delincuente (como Nicolás Maduro Moros intentó con la actriz Mónica Spear cuando la asesinaron en esa autopista), eso después de que soltaron al Picure.

   La red de medios de comunicación al servicio del régimen, silenciando problemas y delitos, les hizo un flaco favor también, obligó a la gente a buscar medios alternativos en manos de gente menos complaciente; la propaganda burda atacando a  los rivales en lugar de mencionar los exiguos logros del régimen que nos convirtió en “potencia”, era patética; los discursos culpando a otros del desastre que montaron no convenció a nadie, tan solo molestó todavía más. Lo irritante para la gente era constatar que todavía no entendían que hablar paja no era hacer cosas, que la repetición de dogmas no llena las ollas ni sirve para hacer sopa para calmar el hambre de ancianos y niños a la hora de dormir. Todo eso actuó contra el régimen, y era de esperar, debieron prepararse para ello. Pero ya no pueden hacer nada como no sea gritar, insultar, amenazar, y van quedándose cada vez más solos e impotentes. Por cierto, los medios de comunicación privados merecen unas cuantas líneas. Ayer dieron aún más pena que el viernes en la noche. Es triste y patético ver en qué se han transformado.

   Está bien que se tenga que actuar con cuidado, con disimulo estando bajo un estado de sitio, de perennes amenazas de CONATEL, instrumento del régimen para censurar las noticias, pero de ahí a prestarse a tanta canallada media un largo trecho. El día viernes, ya terminada la campaña electoral, de manera espontanea esos medios se sumaron a una cadena para que se violara la ley de manera aberrante, horas de propaganda, silenciando a su vez la voz de la Oposición, a quienes se debió llamar así fuera para lavarse las caras (GLOBOVISION sacando por cuenta propia las cuñas de la MUD, ni salvación tiene). Hay un largo trecho entre el verse obligado a actuar de cierta manera y caer en el abierto colaboracionismo; desde la Francia de Vichy nunca se había visto algo tan repugnante y ruin.

   Y ni hablar de la alocución de anoche, o esta madrugada, donde Nicolás Maduro Moros dice que reconoce la derrota, pero sin felicitar a los ganadores a quienes tacha de toda clase de villanías, que el país no entendió lo maravillosa que es la revolución porque son muy brutos y que todo se debió no al desastre económico y social que montaron sino a una “conjura”. Una guerra. Especie idiota que una gente repetía con caras muy serias en TELESUR, aunque a aquellos se les perdona porque se veían muy ancianos y algo seniles. Ese alejamiento de la realidad, esa imposibilidad para entender qué pasó, y por qué, alarma pero es bueno. El año que viene hay elecciones de alcaldes y gobernadores, que la gente les sepa incapacitados no sólo para resolver los problemas que crearon sino que constaten que son irremediablemente irresponsables de sus actos. Hay que salir de ellos. De todos.

   El trabajo por delante será duro, arduo, del malo, ese que exige esfuerzo diario y sostenido. No se puede esperar que todo este desastre desaparecerá al siguiente día de instalarse el nuevo Parlamento. El país está en el suelo, arruinado, saqueado, desmoronándose a simple vista como puentes, autopistas y carreteras, a punto de parálisis, desde PDVSA al transporte urbano. Todo hay que hacerlo de nuevo, levantarlo o construirlo. Por suerte los acueductos y las centrales eléctricas construidas hace más de cuarenta años por la democracia han aguantado porque si no tocaría esperar en lo oscuro y pasando sed. Harán falta todos aquellos que se prepararon y se fueron, también quienes piensan que no necesitan que nadie les arroje un pescado con desprecio y tengan que recogerlo del suelo, sino que le permitan pescarlo sin molestarle. Si lo que hemos pasado ha sido duro, el futuro será de esfuerzo. Sólo Dios multiplicaba panes, y hay que recordar que como país no pasamos esa prueba.

   Sin embargo se podrá comenzar con la Ley de Amnistía, que no es un capricho ni una nadería. Fue una promesa y muchos se aglutinaron alrededor de la Mesa de la Unidad por ello. Esa aberración de meter preso a los rivales políticos, inventándosele los cargos luego, condenándoseles en juicios secretos a décadas de cárcel, únicamente aplaudido por la izquierda internacional y los “presidentes democráticos” de la zona, cansa y nos avergüenza como nación. Pero también, allí, en el Parlamento, ante los ojos aterrorizados de Diosdado Cabello y doña Cilia Flores, deben comenzarse las auditorias para saber qué pasó con los reales del país en sus manos. De cada centavo robado tendrán que dar explicaciones a pesar de los berrinches de que la culpa de todos nuestros males la tienen los raspa cupos, como si allí estuvo el gran robo y no en un régimen que se llevó el presupuesto normal, lo pedido en créditos y los excedentes por ingresos petroleros. De todo tendrán que dar explicaciones, y quien no quiera que le responda directamente a Venezuela por qué se robó toda esa plata. Así, sin ambages.

   Por un tiempo la unidad tendrá que continuar, porque no vivimos tiempos normales aunque ciudadanos como Mingo Blanco, María Corina Machado o Pablo Medina crean que enfrentan a los políticos de siempre. Así como el régimen no entiende los números que le entrega su Sala Situacional, tampoco ellos supieron calibrar lo que el pueblo esperaba de ellos. Así como llamaban a la abstención, desestimaban las acciones de la Mesa, lo cierto es que los venezolanos deseamos salir de esta horrible crisis por el único sendero que entendemos como válido, como bien supo interpretar Chúo Torrealba, con el voto, electoral y democráticamente. La gente quería votar, y quería ir unida en un bloque, lo que mató a los independientes (cosa no necesariamente buena pero necesaria en estos tiempos anómalos que vivimos), como también desean que esa unidad se mantenga. El miedo con el cual nos separaron como país, alentar el desprecio por las querencias de otro, debe ser combatido y totalmente derrotado, y por ahí vamos. Quienes gritan que levante horcas, paredones, irán quedando solos, por encima de sus rencores, justificados o no, primero está Venezuela como país, y lo menos que necesita es que una gente agarre el monte y nos torture como la narco insurgencia atormenta a los colombianos o una escaramuza civil. Deberían pisar el freno hasta que todas y cada una de las instituciones sean saneadas del tumor de un fascismo a la soviética.

   Cambia el subconsciente de la región, el caudillismo brutal y primitivo (un presidente ordenando cerrar diarios, cambiando leyes para silenciarles, encarcelando a sus enemigos), va dando paso a la indignación y reflexión. El caos económico ha tenido mucho que ver, pero sería injusto no reconocer, aquí, a esas mujeres que en año tan temprano como el 2000 salieron a las calles a enfrentar la receta de adoctrinamiento que se intentó con sus hijos, de toda esa gente que desde la administración pública dejaba saber lo que ocurría. Han sido años y años de enfrentamiento, a solas, en medio de la música y sordina que la locura del mensaje desatado sobre el país. Pero, como ocurrirá aquí, ya comienza a pasar en el resto de Sudamérica estos vientos de populismo barato, esta pila de vagabundos van siendo rechazados públicamente y a ser desalojados del poder, será ahora que se conocerá en toda su extensión las redes de vagabunderías económicas de los Kirchner y el régimen chavista; a Lula lo tachan de pillo, a doña Dilma la quieren enjuiciar; Rafael Correa comienza a agotar la paciencia, no por sus malos resultados políticos, sino por sus maneras autocráticas que cansan a todos. Él no tenía la facultad para declararse candidato vitalicio, sin preguntarles antes, por lo menos, a los ecuatorianos.

   No queremos reyes en Latinoamérica, como no deseamos “presidentes vitalicios”, léase tiranos y dictadores que hacen lo que les da la gana con las constituciones entre aplausos de vagabundos; deseamos gerentes medianamente sensatos, y hasta menos capaces que eso, que administren los reales usándolos en lo que hay que usarlos, comenzando por comida y medicinas, dotar a las policías, a los hospitales y escuelas públicas, reparar fugas y desperfectos en las viejas hidroeléctricas y los embalses de agua, y no en batalla contra los reptiles en la cara oculta de la Luna o levantando pirámides faraónicas. Cuesta pasar la vista sobre las necedades que se cometieron, las tonterías que se dijeron, las ridiculeces que se plantearon sin sentir algo de vergüenza y extrañeza, ¿cómo tantos creyeron en estos payasos? Dicen que lo mismo pasó con Il Duce en Italia, cuando el fascismo terminó de llevar a Italia al desastre. Conceptos difíciles de discernir, ¿quién debe ejercer el poder?, si un gerente medio capaz o un gorila que veja y grita lo que otros tienen que hacer. Pero ya aprenderemos.

ALEGRIA, ESPERANZA Y REBELDIA

   Los resultados están superando cualquier expectativas, al menos las mías. Recuerdo que el señor Chúo Torrealba aseguraba todos los días que el camino era la unidad de todos, el arma era el voto, y que ya el descontento aseguraba para la MUD dos tercios de la Asamblea. Y mira tú, todo se cumplió. Imagino que eso hará que se le odie y ataque aún más. Pero él ya debe saberlo. Gracias, nuevamente, señor Torrealba.

LA DESTRUCCION DEL PSUV… ¿FIN DEL CHAVISMO?

Julio César.

NOTA: Al fin salimos de esto, ya no me quitará el sueño y la paz.

LOS CONTROLADORES… 19

diciembre 6, 2015

LOS CONTROLADORES                         … 18

SEXY BOY

   Guapo, casi infecciosamente…

……

   Las dos jóvenes intercambian una mirada, Joanna parece ligeramente divertida, Sabrina no. Menos cuando el joven alza la vista, la luz reflejándose totalmente en los cristales, como espejos, impidiendo mirar sus pupilas.

   -¿Qué lo hace tan peligroso? A este sujeto que esperas. –se interesa esta última.

   -Está completamente loco. Heredó un poder increíble, pero también un viejo odio, y no supo manejarlo. Querrá superar a su predecesor, quien también fue terrible, pero era mediamente sensato. Se podía hablar con él, negociar en medio de la batalla. Con este no ocurre eso. –calla y mira a un lado, ocultando sus pensamientos; había sido una pena que no le matarán antes. Pero ni aún él, o Gea, podían verlo todo.- Estamos a punto de ser atacados, de manera total y frontal. –sonríe leve, una mueca que provoca escalofríos en las mujeres.- Y de una manera que nunca han visto, ni pueden imaginar a menos que pudieran entrar en mi mente. –las ve encogerse. Nadie querría eso jamás.- Me parece que el otro, ese a quien viste, sólo vino a prepararle el camino.

   -Pero… es una locura ir contra nosotros. Solos podemos ser… intimidantes, juntos no podrá… –alega Joanna, confusa; no siendo empática como Sabrina, no podía leer en las emociones del siniestro joven. Ni lo deseaba.

   -Y, sin embargo, él comenzará su guerra. Contra todos. Contra el mundo. –informa y Joanna lanza una carcajada que contiene cuando los otros la miran con seriedad.

   -¿Qué? ¿Hacerle la guerra al mundo? Es una locura. Es imposible. Ni Gea o tú… -titubea.

   -No imaginas lo aterrador que puede llegar a ser su facultad; creo que su demencia, su falta de escrúpulos o empatía, potenció su naturaleza. Es un controlador de quien no hay manera de escapar. Tal vez su única debilidad sea esa, su inestabilidad. Con su predecesor no hubo esa falla, tan sólo se metió con alguien que no debía, puso a demasiados en su contra. –mira a Joanna, quien asiente.

   -El abuelo me ha contado la historia, lo que sabe. Y a su manera. –responde la nieta del viejo Joel Gruber. Frunce el ceño.- Él no habló nunca de…

   -No le dijimos quiénes éramos. Eso es peligroso. Somos muy pocos. –sonríe leve, desvaído.- Ese controlador era poderoso, no tanto como este, pero si más inteligente, quería únicamente nuestro fin, por eso pactamos con gente común para… el trabajo de campo.

   -¿Tuvimos? Mucha gente habla en tercera persona o plural, pero… -Sabrina le mira ceñuda.- ¿Qué edad dices que tienes? –el otro sonríe, flojamente.

   -No desvaríen. Tenemos que prepararnos, ubicar al sujeto que viste bajando de ese vuelo. –le dice a Joanna.- Encontrar a quien esté actuando en el Centro. Tú debes llegar a él. –se dirige a Sabrina.- Pero de quien debemos ocuparnos, y cuidarnos, es del que todavía está por llegar. Porque llegará y actuará; lleva demasiado tiempo soñando con el levantamiento de los controladores. Desea declarase diferente y poderoso ante la humanidad misma, merecedor de adoración incondicional. Y nos hará la guerra, a todos, por ello. –calla, hombros caídos, mirando a un rincón de la habitación.

   -¿No hay manera de encontrarle? Alguno de nosotros debe poder…

   -No, Joanna, no sabremos nada hasta que termine de colocar sus piezas en el tablero. Luego mostrará su juego… Y tal vez, ya en ese momento, sea tarde. –sentencia el pálido joven.

……

   El día es hermoso, claro, diáfano, pero terriblemente caluroso y húmedo. El asfalto sduelta un vaho apestoso. Los rayos solares queman en el cogote, el sudor rueda caliente por las sienes y espaldas. Y los dos gañanes, primos, cercanos ambos a los veinte, pieles cobrizas, cabellos ensortijados uno, lacio tirando a indio el otro, yacen casi arrojados contra una pared de la gasolinera destartalada que pertenece al papá de uno de ellos, el del pelo lacio. Se quejan del calor, del trabajo y los estudios, pero ríen hablando de guarapita, de chicas, de bailes, de parrandas y nenas que se dejan meter manos. Son atractivos por sus facciones, por lo jóvenes, voluntariosos, risueños y escandalosos. Se sabían guapos y les gustaba de maneras que otros no podrían entenderlo como no fuera teniendo o recordando vívidamente cuando se tenía diecisiete o dieciocho años y los ojos de las chicas les seguían, o se miraban al espejo y les gustaba todo, absolutamente todo lo que veían sobre sí mismos. Así ocurría con estos dos; eran algo patanes, groseros, simplones, pero ni mejores ni peores que millones de jóvenes alrededor del mundo, independientemente del credo, color de piel o nacionalidad.

   Sentados, hablando de lo putica que es la novia de uno, en la secundaria, ven llegar la vieja camioneta tipo grúa. El pelo lacio le da con la rodilla al otro, llamando su atención sobre el vehículo y el hombre que inicia la treintena que baja, los mira y luego las máquinas expendedoras. Conoce al lugar y se sirve. Los otros le observan y sonríen con esas muecas burlonas de la cruel intolerancia joven.

   -Debe estar triste, siempre viene cuando estás sin camisa. –comenta, no en tan bajo tono, el pelo ensortijado, con una sonrisa de oreja a oreja.

   -Ay, hoy no tendré propina.-replica este y ríe.

   El hombre, rostro armónico, de gran bigote y ojos amarillentos, les ignora aunque debe estar escuchándoles. Era el viejo juego de los chicos con el tipo que vive sin mujer, del que todos decían que era marico lo hubieran visto en algo o no, y a quien, cualquier cosa que hiciera, desde saludar, mirar o sonreír, era prueba de una coquetería descarada para intentar chupar un güevo.

   -Hey, si no van a trabajar se asean y para la escuela, a ver si aprenden a escribir sus nombres. –gruñe un hombre cuarentón, velludo, con algo de panza, que sale del local donde venden algunos periquitos para autos, motos y bicicletas. Nada muy bueno en una zona nada buena.

   Los muchachos, riéndose aún, se ponen de pe y entran, seguramente que a tomarse algún refresco, piensa con disgusto del hijo y del sobrino. Mira al tío de la grúa. Tampoco le agrada, no le ha hecho nada, no le sabe nada, pero lo de marica parece herir profundamente su forma de ser.

   El hombre termina, intercambia algunas fórmulas de ruda cortesía mientras cancela la gasolina, cosa que, cómo no, molesta al dueño del lugar, y va hacia su vehículo. Volviendo la vista, mirando por una ventana, sin mostrar nada particular, sus ojos enfocando a los dos chicos que le observan también, efectivamente refrescos en mano, quienes al notar la mirada, le señalan y ríen.

   La vieja camioneta parte, subiendo aún más. En aquel cerro, el tipo tenía su viejo depósito, y su casa, casi en un tope. Los jóvenes salen, el hombre les grita por tomarse la ganancia de los refrescos, pero estos no le paran. Están allí, siguiendo el sinuoso camino que se aleja y sube.

   -¿Cómo será eso de que otro carajo te mame el güevo? –pregunta de pronto, una vez que quedan a solas, el pelo ensortijado, sorprendiendo al otro, que sonríe con sorna.

   -¿Qué? ¿Sientes ganas de dar una? ¡Paso!

   -¡Marico! –es la clásica respuesta.- Es que… -el chico duda.- ¿Sabes de Jacinto, en la escuela?

   -¿El marico?

   -Si, ese mama güevos en el baño… y me he preguntado. Coño, primo, me encanta hacerme la paja, pero que me la mamen me gusta más. Y si una boca es una boca…

   -¿Y quién te mamó el güevo a ti? –se interesa, como todo chico, el pelo lacio.

   -Nubia.

   -Esa puta se lo mama a todos, menos a mí. –suelta con disgusto.

   Interrumpen su charla de altura cuando una Jeep Gran Cherokee, cuatro por cuatro, oscura, cristales polarizados, cruza frente al negocio, sin detenerse o aminorar, subiendo y subiendo, siguiendo la ruta que poco antes llevara la grúa. Quedan con las bocas abiertas.

   -Guao, que belleza, ¿qué hará una camioneta así por aquí? En este cerro de mierda te roban los calzoncillos sin quitarte el pantalón –se extraña el pelo ensortijado.

   -Debe ir para el depósito del marica. –se encoge de hombros el pelo lacio. Lazando un rebuzno.- A lo mejor es un marido que tiene. –ríen a dúo.

   Lo recordarían al regresar del colegio, por la tarde, casi anocheciendo, cuando el vehículo bajó, también a toda mecha. Los muchachos intercambiaron una maliciosa mirada.

   -¡Un marido! –comentaron y rieron.

   Aunque vivían en la deprimida y populosa Filas de Mariche, casi por encima de la Capital a donde se llega por caminos que parecen sostenerse precariamente del paisaje, rodeados de farallones, los muchachos se sienten bien, aún no les turba ninguna gran preocupación, no se han enamorado de ninguna, las quieren a todas, y tienen lo que desean del taller y la gasolinera. Mirando el bajar de la lujosa camioneta, reparan en el terreno baldío, de maleza y farallones, que recubre la bajada, más al Oeste encuentran los cuajados cerros de Petare. Más allá… Caracas misma.

   El paisaje de siempre en la vida de siempre. Un lugar apartado, marginal, de vida azarosa, una a la cual la gente se adaptó y acostumbró. De allí descendería el caos desatado por el gran controlador. Y ya había comenzado.

……

   -Me alegra que me telefonearas. –sonriendo, tratando de mantenerse sereno, Gabriel Rojas estrecha la mano de Hernán Bravo, quien le llamó para una prueba si estaba interesado en trabajar en los videos. El lugar estaba copado, porque no era muy espacioso y había luminitos, técnicos, cámaras y cosas así. Poca gente, pero llenaban todo.

   -Hay demanda, amigo, tenía tiempo sin ver una reacción así. –informa el director de filmaciones, entusiasmado, pensando en todo el dinero que ganará.- Si sigue gustando, y siguen pidiendo, esta puede ser una buena mina.

   -Eso estaría bien, ¿no? –sonríe el otro, preguntándose exactamente qué coño querrían que hiciera. Estaba buscando información sobre el nieto de cierta anciana, enterándose del “negocio”, pero no quería participar en todas esas mariqueras.- Dios, estoy algo nervioso. –confiesa porque puede notársele y porque le da credibilidad a su papel.

   -Tranquilo, la gente aquí es muy amable. Si no fuera por el porno diría que son mormones. –sonríe el sujeto mirando a alguien.- Hey, Garzón, conoce a un nuevo colega.

   Gabriel se vuelve y ve al joven, todo sonrisas untuosas, todo candencia mientras camina, había algo inequívocamente gay en él, que no se notaba, no mucho, poco antes (la aerolínea tenía sus directivas), y que ahora casi afectaba. El hombre siente un leve vacío de estómago cuando el joven lo recorre con la mirada, llevándose un dedo a la boca y mordiéndolo juguetón.

   -Bienvenido. Me gusta lo que veo. –y con un dedo le recorre el torso.- Creo que me gustará conocerte… a fondo.

   Y que lo aspen, piensa Gabriel, enrojeciendo, erizándosele la piel, una reacción que jamás había sentido en presencia de otro tipo. ¿Qué diablos pasaba allí?

……

   El local, en pleno boulevard de Sabana Grande, se ve iluminado, aséptico, muy público. Es un cuarto más largo que ancho, con estantes donde se muestran caratulas de videos y revistas del tipo sensual, de todos los géneros. Tras la barra, un joven de rostro picado, como por una vieja acné, recibe a los clientes. Parejas, hombres solos. Aunque no una sex shop, hay algunos juguetes, cartas y cosas así; la titánica lucha del negocito por no perecer en la era del internet y el porno virtual. Una infaltable cortina divide la habitación, separándola en dos semi cuartos, uno para el porno gay propiamente dicho, que contaba con muchos adeptos, gente que no quería ser vista revisando caratulas tan al frente, y dos pequeñas cabinas de exhibición. Minúsculas, separadas por paneles delgados, donde se podía, en teoría, mirar porno. Sólo eso. Aunque en la intimidad del lugar, si eso se quería, se podían masturbar. También las paredes guardaban trucos, que no era explicado a los que no sabían. El negocio no se hacía responsable de lo que la gente hiciera, como pajearse mirando a otro hacérsela también. O compartir…

   El joven encargado nota que dos hombres van rezagándose, como revisando cosas; evidentemente cada uno iba por su lado sin conocer al otro. Era la manera de actuar de la gente de las cabinas, lo sabe. Y le divierte porque no pueden ser más distintos. Uno es un sujeto cuarentón, de bigotillo y camisa manga larga dentro de los pantalones, un saco completando el atuendo. Algo de canas en sus sienes le daban un aspecto distinguió. También muy varonil y masculino, tanto que se ganó una que otra mirada del otro rezagado. Este es un tipo algo bajo pero fornido, muy joven (tendría que chequearle la edad, piensa), de cabellos castaños muy lacios, y con mechitas. Aunque lleva la sombra de una barba y un bigotillo, había algo profundamente ambiguo en él, que nada tenía que ver con su franela ajustada sobre los hombros y pectorales, demarcándole las tetillas, o el pantalón metido un tanto en su culo redondo.

   Un culo que lo metería en problemas dentro de unos minutos.

CONTINÚA … 20

Julio César.

AL SEREVICIO DE SU MAJESTAD

diciembre 5, 2015

TODOS GANAN

HOT SAILOR GAY

   Cuando la reina sale, el joven monarca es visitado por sus hombres de armas, quienes desean mostrárselas… sobre la cama.

FANS GENERACIONALES

Julio César.

UN EXTRAÑO DIA DE SANTA BARBARA

diciembre 5, 2015

SALUDOS A LA CHINITA

   ¿Qué pasaría?

   Como parte del nuevo mundo que cayó bajo el sincretismo de la fe, Venezuela, con su catolicismo y sus santos de altar, terminó enriqueciendo el devocionario al atraer la adoración de otros pobladores, los negros, que llegaron a la fuerza, como esclavos, para quienes únicamente su fe, una mezcla de santería dentro de lo católico, les daba algún alivio. Pedían salud, protección, que los amos no fueran tan crueles con ellos. Así, Santa Bárbara pasa a representarnos, siglos después, a una mártir enfrentada al autoritarismo y a la persecución del poder de su tiempo, pero también a una poderosa Orisha de la religión yoruba, Changó. Esa mezcla, en una tierra donde la gente pide y enciende velas a las ánimas los lunes, potenció el credo en la Virgen mártir. Cada 4 de Diciembre es su fiesta, muy celebrada… menos este año. No se vieron manzanas por ningún lado, no aparecieron las imágenes de la Santa, ni velas ni incienso, todo bajo el atronador sonido de las cornetas con su canción. Mucha gente ni sabía que era hoy. Raro.

EL MONSERRATE QUE RECUERDO

Julio César.

FIJAS

diciembre 5, 2015

EL HOMBRE PARA EL MOMENTO

LOS CHICOS Y LA LECHE

   Todo carajo sabe que a los chicos les encanta la leche.

BUEN TRASERO

   Viven enseñándoselo al compañero de piso, pero sólo si saben que lo tienen bonito.

SOLO UNOS TIOS CUALQUIERA

Julio César.

LOS MEJORES PLANES

diciembre 5, 2015

¿APRECIO O HAMBRE?

AMIGOS GAY PROBANDO

ACLARATORIA

Julio Cesar.

Y ESTE DOMINGO, A VOTAR…

diciembre 4, 2015

EL GOBIERNO, MUCHO RUIDO Y NADA DE NUECES

   Sacudiéndose el miedo.

   Hoy termina una de las campañas electorales venezolanas más cortas, truculentas, sucias y ventajistas que se hayan visto en mucho tiempo. Faltos de gente, aún más de logros que mostrar (pasar hambre o veinticuatro mil muertes al año a manos de la violencia en las calles no son tarjetas de presentación para nadie), el régimen se ha dedicado al abuso sistemático, a la ofensa ruin y baja, a la persecución política y judicial que únicamente reconocen los peores gobiernos de la zona. Algo que sólo un grupo patético de vividores del UNASUR, los fulanos acompañantes (damas de compañía, e imagino que de allí vino la idea), puede aceptar mientras pretenden que su presencia sea garantía de algo. Se entiende, hay que recordar que desde hace casi dos décadas toda la región entró en retroceso, volvió la vista hacia los caudillos, civiles o militares, como en la Colonia, y será difícil salir de esa sombra, de creer que una persona que grita y amenaza es que está mandando, y que tiene el destino de todos en sus manos.

   Personalmente nunca señalo a este o aquel como mis candidatos (amo a María Corina Machado, pero está muy verde), que cada quien vote según su conciencia, con todo y lo discutible que eso pueda ser; Dios no nos dio cabeza sólo para peinarnos. O llevar gorras. Mi manera de ver la vida, lo que siento y pienso, ya es suficientemente conocido; históricamente, contra viento y marea, sufrago siempre por la UNIDAD, aunque me decepcionara su manera torpe de actuar del momento, su alejamiento del electorado. Ahora que hemos entrado en una extraña sintonía, votaré con más tranquilidad y ganas. Miren que le han dado duro a la MUD, pero de eso hablaré después, aunque de entrada hay que notar que hay personas que sí hacen la diferencia, en este caso el periodista y educador Jesús “Chúo” Torrealba, al frente de un gran equipo.

   Y dicho eso, por ahora:

Me gusta la gaita de más arriba, Hagamos la Última Cola, porque toca mucho de los puntos que me molestan de estos tiempos, las cosas que antes eran normales, que dábamos por sentadas, trabajar, cobrar e ir al mercado, la farmacia o la tienda de electrodomésticos y llevarse lo que se necesitaba, o deseaba, en las cantidades que se quisiera (según alcanzara la plata); ahora eso es un hecho extraño, al cual no debemos referirnos con nostalgia o rabia porque “sólo se quejan”, “hay que conformarse con lo que hay”, “hay que agradecer que al menos todavía aparece esto o aquello”. El lenguaje de las poblaciones esclavas. Pero me gusta más porque indica que el miedo comienza a ceder, la voz de los inconformes, de los indignados se deja escuchar a pesar de la brutal represión. Esta gente, hasta la música de protesta la criminalizó. Me gustó el tema, me gustó que alguien lo grabara y aún más que las emisoras lo transmitan. Valor, hombres de paz.

   No salimos bien librados cuando se nos probó como nación, jamás debimos abrazar el engaño, creer que robar estaba bien, delatar, perseguir, calumniar, levantar falsos testimonios, creer que había dignidad en mendigar, pero todavía queda la Venezuela decente, la pobre pero honrada, la que no quiere que le den sino que no le estorben los ladrones y los incapaces en su deseo de superación. Hay esperanzas.

   El domingo 6 de Diciembre, a votar bien temprano, a cumplir con ese deber, pero también para cubrir espacios en las mesas si no aparecen los encargados; a estar atentos de ellos durante todo el día; a volver por la tarde y verificar las cuentas. Sin gritos, sin amenazas, pero presentes. Que se sepa que no nos iremos, que no volveremos a desentendernos de lo que es nuestra obligación cívica. Tengo suerte, donde voto, de toda la vida, ya nos conocemos y nos respetamos. Suerte a todos, en lo referente a ese tema. Nos vemos en la cola, una que haremos con mucho gusto.

LA NUEVA ASAMBLEA, OTRO AMANECER

Julio César.

FIFTH

diciembre 3, 2015

EERSTE

MUSCULOSO HOT

   Entre otros machos, muchos tíos ocultan que se mojan.

UN CHICO EN HILO DENTAL EN LA PLAYA

   Una belleza de la naturaleza. Y la playa no está mal.

SEXY EN BOXER CALIENTE

   El jefe conocería el tamaño y la dureza de su enojo.

TODOS LE QUIEREN VER LA TANGA

   Qué broma con los amiguitos de sus hermanos, siempre errando la puerta y entrando a su cuarto.

SESDE

Julio César.

TRES HOMBRES, UN DESTINO… SERVIR… 46

diciembre 3, 2015

… SERVIR                         … 45

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

TATUADO, SEXY Y CALIENTE

   Si te espera, ¿irías?

……

   -No, no, suélteme, señor Setton, soy una mujer honesta. –gemía, de manera alarmada, Marie Gibson, con ese hombre, Maurice, reteniéndola desde atrás con un brazo por la cintura, la otra mano se metía dentro de la blusa de la mujer, clavando los dedos y pellizcando un enorme pezón que se dibujaba claramente contra la suave blusa, lo frotaba y rotaba, halándolo fuerte. Notó como cuando atrapaba la aureola con el índice y el pulgar, Marie gemía más.

   -Lo que eres es una puta. –fue la seca respuesta del hombre que le gruñía al oído, apretando, manoseándole aquel seno rudamente.- Tienes las tetas duras… -le aclaró, sacando la mano y atrapando el otro pezón, viéndose obsceno mientras la manoseaba bajo la blusa y ella gemía que no, que no lo hiciera.- Y el coño mojado. Te lo huelo desde aquí, zorra, el maravilloso aroma de una puta caliente.

   -No, no diga eso. Me ofende. Fui novicia. Iba a ser monja. –lloriqueó Marie, estremeciéndose, tal vez no notando como frotaba las nalgas del entrepiernas del hombre.

   -Y seguro que te expulsaron por puta. –rió, mordiéndole la oreja, sacándole una teta al aire, y era grande, la verdad sea dicha, de pezón erecto.- ¿Se la chupabas a los novicios? ¿Te cogían entre varios en un confesionario? Seguro que si, sólo quieres esto… esto… -le fregaba la verga del trasero, sobre la corta falda, provocándole otro agudo gemido.- Quieres verga… -le ruge, alzándole la falda desde atrás.

   -¡No! –gemía Marie, atrapando la parte delantera, exponiendo a los ojos de los dos hombres su trasero altivo, redondo, liso, con las tiras de un hilo dental de encajes, rojo, que se perdía entre los glúteos.

   -Oh, sí, tan bella… -le gruñía Maurice.- Tan puta… -le decía acercándole la visible erección bajo el pantalón, frotándosela de todo el trasero, cosa que a Lamar le parecía que afectaba a Marie, quien boqueaba y gemía, pidiéndole que se detuviera, pero sin ocultar sus tetas (ya mostraba las dos), o apartarse de ese entrepiernas masculino, al contrario, se frotaba.

   -Por favor, déjeme ir. –pedía.

   -Sabes que no puedo, ni quieres. –le gruñó al oído, manipulando su pantalón, exponiendo su verga erecta, pálida, apartándole el hilo de la raja.

   -Por favor… por favor…

   -Shhh, tranquila, lo tendrás. Todo. –le respondió.

   Lamar, inquieto, curioso y fascinado, miró como la cabeza del miembro pegaba y se frotaba de un punto, para ir penetrando, enterrándose dentro del culo de Marie Gibson, quien alzó el rostro, boca muy abierta, sus tetas enrojecidas. Se la clavó hasta el fondo, pero era sólo el comienzo. Cuando Marie apenas había tenido tiempo de ser penetrada, alojando en su orificio todo ese tolete, el hombre comenzó un brutal mete y saca, con furia, soltándole la pantaleta, atrapándole con las manos las tetas, apretando. La cogía, la sometía, la llenaba una y otra vez de güevo contra su escritorio. Aunque le cogía por el culo, Marie gemía de gozo, olvidado sus reparos iniciales. Cuando el tipo cepilló su agujero de manera especialmente ruda con su nervuda pieza, apretándole las tetas con dedos clavados, esta soltó su falda. Sin dejar de cogerla, liberándole un seno, Maurice metió la mano por delante, jugando con su sexo.

   -Si, mojada como una buena puta. -le susurró, cogiéndole más, alzándole la falda, bajándole la pantaleta un poco, los dedos frotando los rasurados pelos púbicos, el muy pequeño aunque erecto pene bamboleándose con las embestidas.

   -¡¿Qué?! –brama Owen.- ¿Un pene? ¿Hablas en serio o estás jodiéndome? –reclama al chico frente a él

   -Si, tenía una pequeña verga. No sé quién o qué era Marie Gibson, antes, o cómo terminó así, pero nació, una vez, como hombre.

   -¡¿Un hombre?! ¡¿Un hombre, hombre?! –grazna, la mente en blanco. El otro frunce el ceño.

   -Un hombre. Transformado, cambiado, pero un hombre.

   El rostro del policía negro es un poema, boquea sin emitir sonidos. Totalmente conmocionado. Con razón no se encontraba nada sobre la mujer. No se le había buscado en ninguna base de ADN. Ahora recuerda su rostro algo ancho, su estatura, sus manos grandes… Read debió tomarle como hizo con muchos otros, atrayéndole… atrapándole. Jugando con él. O ella.

   -Santa mierda. –susurra, molesto consigo mismo.

   -Es una buena persona, detective. –la voz del joven le regresa a la realidad.- Muchas veces intentó advertirme que me alejara, que no me dejara engañar o manipular. Creí… que eran algún tipo de celos. –le cuesta hablar, ya no come, aunque queda poco de todas formas.- Ahora entiendo que quería ayudarme. Que me salvara de un mal destino… tal vez como el suyo.

   Owen frunce el ceño, era verdad. Así como el muchacho frente a él, delgado, desnutrido, obviamente drogadicto, era hechura de ese monstruo, quizás esa “mujer” también lo era. Tal vez ese hombre la empujó a todos esos crímenes que… Se frota entre los ojos, eso no cambiaba el hecho de que, ante la ley, Robert Read pudiera no ser el asesino de El Matadero.

   -Voy a necesitar que… hagas una declaración oficial. –le ve tensarse.- Tranquilo, se hará bajo tus términos. –entiende el temor del chico a enfrentar sus vida, el desastre que hizo de ella, como debe verlo en su mente.- Pero creo que… Lamar, puedo ayudarte. Un programa de desintoxicación puede aclarar tu mente, muchacho, no estás atrapado en una tumba bajo tierra. Esta está abierta, sólo debes salir. –ofrece, de corazón.

……

   -Jefe, no sabía que me extrañaba. Hace tiempo que no tomamos café y hablamos de chicos blancos. –sonríe Read, fuertemente atado con cadenas, llevado por el obeso vigilante, Adams, a la sala de reuniones.- Ah, esta habitación me trae tantos recuerdos… -sonríe al verle tensarse. Allí, ambos, “trabajaron” a su abogado, Jeffrey Spencer.

   -Siéntate, convicto. –el otro es frío, seco. Y Read entiende que está molesto y eso le hacía peligroso. Así que patosamente cae en la silla, notando que el otro espera hasta que Adams abandone el cuarto para hablar.- ¿Se puede saber qué coño has hecho? –ruge, colérico.

   -¿Yo? No hice ni hacía nada. Ni siquiera una paja, pregúntele al gordo. He pasado toda la mañana en mi celda y… -el otro golpea la mesa metálica, silenciándole.

   -¡Deja tus cuentos, maldito convicto! –es seco.- Sabías que Pierce estaba trabajándose un nuevo juicio y que podría salir de aquí, ¿verdad?, ¡por eso lo jodiste! –acusa. Y vaya que le había jodido. Por esas raras coincidencias del destino, el nuevo abogado del hombre rubio había traído los papeles de transferencia, poco antes, para llevarle a un penal de mínima seguridad, cuando se encontró con la noticia.

   -¡Estaba en mi celda! –abre falsamente inocente los ojos, separando sus manos esposadas.- ¿Cómo podría yo hacer cualquier cosa? –le reta, luego endurece el tono.- Aunque no niego que me molestara el actuar de Tiffany. ¿Sabe?, ella me hizo promesas. Movía su delicioso coño apretado y caliente frente a mi cara, con ese perfume de puta caliente que nos vuelve perros, diciéndome que si la protegía, que si la mantenía a salvo, sería mi nena. Pero se acostaba con todos, se burlaba de mis sentimientos. Su culo lleno de mil leches…

   -¡Cierra tu maldita boca! –es tajante, frunciendo el ceño.- ¿Acaso escuchas toda la mierda que sale de ella? ¿Tan demente estás, hijo de perra? ¡Sé lo que le hiciste a ese pobre tío! ¡Y ahora otro  hombre murió!

   -Nada tengo que ver. Ya sabe, encerrado todo el día, ni siquiera una paja… -se encoge de hombros.- En cuanto a Tiffany…

   -¿A qué juegas? Es lo que no entiendo. Estás jodido, te quedarás aquí el tiempo que tardes en bailar espasmódicamente por la inyección letal, ¿por qué haces todo esto?

   Read calla, rostro sereno, ojos brillantes de maldad. Si, no ganaba nada con todo aquello como no fuera divertirse. Tomar al joven hombre rubio había sido increíble; romperle, violarle, transformándole en otra cosa, con tiempo habría sido otra Marie Gibson, con tetas aún más grandes, fue sublime… Como lo era destruirle ahora. Esa era la parte que mucha gente no entendía de él, que…

   -Eres un sádico sucio, una criatura perversa y depravada. –las palabras que salen de la boca del vigilante en jefe, le estremecen, por lo atinado.- Sólo fue un juego, ¿verdad?, un gran juego. Tomar y ensuciar, destruir a otros. Disfrutas lastimando gente, de mil maneras. –se tiende sobre la mesa.- Pues, yo voy a disfrutar mucho cuando mueras al fin, hijo de puta.

   -Eso puede tardar, jefe. Mi abogado, ¿lo recuerda, el gordito blanco de culo goloso que puede alojar buenas vergas negras?, se mueve bien para salvarme de la inyección… -abre mucho los ojos en una falsa mueca.- Puedo ser inocente de todos esos asesinatos, ¿no lo ha escuchado por la radio? ¿Sabe que hay un grupo de mujeres que quieren salvarme y que las preñe? –y ríe ante tanta insensatez.

   -¿Quién te está ayudando a hacer todas estas cosas dentro de la prisión? –demanda saber.

   -¿Ayudarme? ¿A mí? ¿Quién querría tratar conmigo después de que la prensa me convirtió en un monstruo? –se burla.

   -¡Deja de jugar! –ladra.- Volveré tu celda de arriba abajo, ahora mismo, y si encuentro algo que no deba estar, que no se pueda explicar, te incomunicaré de forma total hasta que una orden judicial diga que no irás al cuarto de la inyección. Y si esa orden no llega, allí te quedas. Y si llega, también te quedarás. Incomunicado, lejos de todos. Y todo el que haya tratado contigo, caerá también.

   Read es un hombre notable, su cara de piedra era legendaria, pero en esos momentos tiene que hacer un esfuerzo considerable para que nada se note. No, eso no, incomunicarle no. Eso podría mandarlo todo al coño. Odia a ese hombre, pero le respeta, le teme por esas salidas súbitas. No sabe qué decir hasta que el teléfono interno se deja escuchar.

   -¿Qué?! –brama molesto Slater, y a Read no le sorprende que la voz al otro lado tiemble un poco.

   -Lo siento, jefe, el alcaide quiere verle.

   -Bien; ah, Curtis… -mira a Read mientras habla.- …Que se prepare una requisa y que me esperen en el patio. –cuelga y se miran, desafiantes.- No dejaré que termines lo que estés pensando hacer. Sabré la verdad y Pierce…

   -No debería perder su tiempo conmigo, jefe. O con ese asesino loco, Tiffany no lo vale. –el reo responde y mira el teléfono.- No cuando debería estar preocupándose por los terribles peligrosos que corren sus hombres… Especialmente esos pobres chicos impresionables y sugestionables…

   Un frío intenso y desagradable se instala en el abdomen del hombre negro.

   -¿Qué has hecho?

   -Joder, ¿otra vez? ¿Qué puedo hacer? –repite el gesto de impotencia al separar sus manos esposadas.- Estoy encerrado.

   Sintiéndose furioso, y frustrado, James Slater se pone de pie, gritando a Adams para que se quede allí con el recluso, por peligroso que fuera dejar a cualquiera a su alcance. Pero tiene que hacerlo. Tiene mucho por hacer. Verá al alcaide, hará la requisa y buscará hasta dentro del inodoro, y luego…

   El rostro atormentado de Nolan Curtis ocupa su mente mientras sale.

……

   Con los hombros increíblemente caídos, sintiéndose totalmente agotado y molesto, Jeffrey Spencer sale del ascensor y recorre el corto trecho que le separa de la doble puerta de cristal. Al traspasarla se sobresalta, una buena cantidad de compañeros, subalternos y socios de trabajo están allí, esperándole para aplaudirle y felicitarle. Son sinceros, la mayoría, lo sabe mientras pasa del desconcierto a la mayor de las incomodidades, aceptando apretones de manos, palmadas y sonrisas. Le felicitan por haber detenido, al menos por ahora, la ejecución de Robert Read. Sus argumentos habían sido lo suficientemente sólidos como para crear una duda razonable, que podría haberse dejado así pero no en un caso tan sonado y con tantas personas mirando. Seguramente nadie dentro del edificio tribunalicio quería aquello, que ese hombre pudiera escapar a su castigo. Pero ni ellos podían escapar al ojo del Gran Hermano.

   Esa gente le congratulaba por ello, por haber logrado algo que parecía virtualmente imposible, sembrar esa duda sobre un hombre tan claramente desagradable y peligroso. Robert Read, mientras se iniciaba la revisión de su caso, y se investigaba por los lados de “otros” posibles indiciados, podría mantenerse casi indefinidamente lejos de su cita con la inyección letal. Y era eso lo que esa gente le mostraba, su admiración por ello, no por el hecho en sí o el personaje atendido. Sabía que el sujeto desagradaba a muchos, incluido su suegro, quien prácticamente se vio obligado a aceptarle de cliente (una historia que imagina será fascinante cuando llegue a saberla).

   -Eres el hombre del momento, muchacho. –le sonreía condescendientemente, como un gran señor feudal tratando con campesinos, en esos momentos precisamente su suegro, aplaudiéndole también, como deseando mostrarse como todos los demás.- Gran trabajo. Has hecho un gran trabajo.

   -Por primera vez debo decir que me sorprendes. Si eres un abogado, después de todo. –comenta sonriendo, pero menos jovial o entusiasta, parecía fastidiada con su éxito, Anna, provocando grandes risotadas entre quienes oyen. Era vitriólica, justo lo menos que necesitaba.

   -Tú nunca sorprendes, querida. Siempre eres igual. –le suelta, sonriendo pero con ojos fríos, notando que ha dado en algún punto. Todavía sonríe, responde y acepta palabras de aliento.

   -Gran trabajo, jefe. –le sonríe Jodie, su asistente, cosa que le alegra de verdad, la estima.- Aunque me asusta imaginar que ese hombre pueda quedar libre. –es la única que se atreve a mencionar el elefante en el cuarto.

   -Lo mismo digo. –le gruñe, luego alza la voz, la gente sigue riendo y comentando.- Gracias todos, en verdad, pero debo dejarles un momento. Tengo que… hacer unas llamadas… -y va a su oficina.

   Dios, ¡ese hombre se había librado de la pena de muerte!, esa idea le atormenta mientras entra, arroja su maletín sobre el escritorio y se encamina al sofá, dejándose caer. Si alguna vez albergó alguna duda sobre su culpabilidad, algo que en teoría era posible, no puede librarse de la sensación de que el mundo sería un lugar mucho mejor, infinitamente mejor, si Robert Read no sólo continuara encerrado hasta que el infierno se enfriara, sino enviándosele de una vez allá y que fuera problema del Diablo. Echa la cabeza hacia atrás, escuchando las risas, los comentarios sobre su asombroso desempeño. Y eso le frustra más. Sabe que muchos opinan exactamente igual que su mujer, y su suegro, tal vez por eso tanto escándalo. El sonido se intensifica cuando la puerta se abre.

   -Jodie… -comienza sin abrir los ojos. El tono amargamente risueño le sorprende.

   -¿Me le parezco? Tal vez deba cambiar de colonia. –abre los ojos ansiosos, desamparados, encontrándose con Owen Selby. Se miran.

   -Joder, Owen, fue tan horrible… llegué con todo lo que preparé deseando que alguien encontrara un fallo, un tecnicismo, y la gente… me felicitó. Y sin embargo parecían culparme de algo.

   -Tal vez alguien en la calle podría decirse: “ese Robert Read, dijeron muchas cosas, quién sabe si no fue todo una farsa”, pero dentro de la policía o los tribunales no es así. Supimos de cosas que el mundo ignoró siempre. –va hacia él.- ¿Estás bien? -y lanza una risilla seca ante la mueca del otro.- Debía preguntar, es lo civilizado. –queda frente a él estudiando sus facciones, recorrido por unas enormes ganas de tocarle de manera consoladora que ni el mismo entiende.

   -Cómo te fue con el chico?

   -Es un desastre. Un adicto total. Intentaré llevarle a rehabilitación. –toma aire.- Hablé con su padre. Fue una de las cosas más duras que he tenido que hacer. Es un hombre rudo, práctico, sensato, pero ante la idea de su hijo en ese estado parece creer que todo se arreglará con oraciones, una vida sana de dormir temprano y levantarse al alba mientras comen ensaladas. Costará ayudarle. A ambos. Me partió el alma verle así, sentí una rabia sorda contra ese sujeto que…

   Es silenciado bruscamente. Jeffrey, quien no dejaba de mirarle mientras iba enrojeciendo, se puso de pie de un saltó, rodeándole con las manos el cuello, fijándole en su sitio y besándole. Sus labios eran fríos cuando encontraron los suyos. A la sorpresa, un fuego intenso prendió en la panza del policía, venía del bajo vientre, y le rodeó la cintura sobre el traje atrayéndole y abriendo los gruesos labios. La lengua de Jeffrey entró y el hombre negro casi ronroneó, encontrándola con la suya, dándole lametones, rastrillándola con sus dientes. La caricia se intensifica porque el abogado parece necesitarlo, sentirle. Y a un nivel subconsciente, algo que les parecía increíblemente lejano, oyen que la música se intensifica…

   La puerta.

   -Doctor, abrimos una botella y… -la pareja se separa, tan sólo sus bocas, para mirar hacia Jodie, quien les observa totalmente en shock, la gente afuera.

   Toda su gente, piensa Jeffrey, respiración jadeante, labios hinchados, los brazos del hombre negro rodeándole.

CONTINUARÁ … 47

Julio César.


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