DE AMOS Y ESCLAVOS… 12

diciembre 13, 2014

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 11

BLACK MAN SEX

   Lo tiene casi todo… sólo necesita un dueño.

……

   Y si de piezas íntimas blancas se trataba, Gregory Landaeta también pasaba sus sofocones con ellas. Atacado de una fiebre exhibicionista que ni él mismo entiende, o creía padecer, entra en aquellas tres mínimas paredes de material sintético, con una cortinita que cubre la entrada, que sirve de probador. Entrar, quitarse los zapatos, bajarse el pantalón, despojarse de su bóxer ajustado y entrar en aquella basurita de licra blanca, una tanguita que nunca en su vida usaría ni en una cita, es una sola cosa. No piensa, va en automático. Al igual que Roberto, se mira al espejo y no se cree. La tanga se ve tan pequeña, tan elástica, ajustada y putona que siente calorones recorrerle por todos lados. Volviéndose ve sus nalgas alzadas, medio glúteos afuera, y la visión era calentorra. Uno leves toques a un lado de la entrada le tensan, pero es ese vendedor cuarentón, bajito, algo obeso, con cara y figura muy poco atractiva, pero cuyos ojos se iluminan ante la visión del enorme y guapo tío negro con la franela alzada, sus cortas medias de paño y la tanguita blanca.

   -Si, se le ve fantástica. Haría ovular a las mujeres en la calle si saliera vistiendo así. –dice, intuyendo lo que el otro quiere escuchar, sabiendo que acierta al verle expandir el tórax con satisfacción.- Es una pena la diferencia de pieles bronceadas. Debería ir a la playa y tenderse con esto… -y de su hombro toma una tela aún más mínima, también elástica, licra, un hilo dental blanco.

   -No creo…

   -Pruébesela. –reta y ofrece.- Nada más ver el resultado valdría la pena del trabajo así no compre nada. ¿Por qué no se quita la franela?

   Esas palabras le marean. El sujeto da media vuelta mientras, todavía dudando un segundo, Gregory se despoja de la mínima prenda, tomando la aún más chica de la mano alzada del tipo que le da la espalda. No sabe si quitarse la franela, pero al intercambiar las prendas con el sujeto, verle tomarla sin volverse, llevándosela al rostro, le hizo perderse. Se la quita.

   -¿Qué tal? –pregunta, alto, joven, fuerte, musculoso, negro, con sus medias de paño y el mínimo hilo dental, apenas un pequeño triangulo muy deformado por su güevo y bolas, dos tiritas difíciles de ver que suben por sus caderas.

   -Maravilloso… -grazna embobado, pero se rehace.- Le queda maravillosa. ¿Y atrás?

   Gregory no duda ya, se vuelve, su espalda ancha y recia, su cintura delgada, los huesos de las caderas visibles, las tiritas que las rodean y se unen en un pequeño triangulo que desaparece en otro hilo antes de perderse dentro de esas increíbles moles de carnes negras y firmes. Volviendo la vista sobre un hombro, mira al vendedor. Y jadea. La expresión embotada de ese sujeto le mantenía casi hipnotizado. Saber que le gustaba, que le gustaba mucho, que estaba rendido ante su atractivo, le debilita. Sin embargo da un bote cuando le ve caer, gimiendo un poco por el esfuerzo, sobre una rodilla. Se miran, uno de pie, mirando sobre su hombro, el otro inclinado.

-¿Qué haces? –pregunta con voz rota.

   -La etiqueta… -dice como si tal cosa. Y aunque Gregory sabe que está mal, que no debería, permite que el sujeto con sus dedos cortos y gruesos, lenta, muy lentamente, le acomode la etiqueta de la pieza, metiéndola dentro del pequeño triangulo, rozándole la piel de la baja espalda.- Es… maravilloso. –grazna, totalmente entregado. Y sus palabras marean otra vez al hombre más alto.

   Por ello no es raro que se quede quieto cuando el vendedor acerca más el rostro, bañándole con el aliento de su respiración pesada, o que, trémulamente primero, luego con más osadía al no ser rechazado, cubriera, o lo intentara, con las manos abiertas las duras y redondas nalgas. Separándolas y notándose la visión de aquella tirita blanca entre las negras masas, ensanchándose más abajo para cubrir las bolas, a cualquiera le habría provocado un infarto.

   Gregory no sabe qué esperar, o qué espera a secas, pero traga y se queda quieto cuando el bigote del tipo le cepilla la raja al acercar más la cara, estremeciéndose al oírle aspirar ruidosamente, aparentemente deseando intoxicándose con el olor a macho. Y la punta de la nariz frota de sus nalgas, luego los labios, el bigote. El tipo, como un poseso, mete la cara entre sus nalgas, llevándola de adelante atrás, subiendo un poco, frotándole con todo.

   Esa vaina estaba mal, un hombre no debía dejarse hacer eso, piensa Gregory, olvidando intencionadamente todo lo ocurrido ya. Pero echándose un poco hacia atrás, separando también las piernas, prácticamente queda sentado sobre la cara de ese tío que ahora lengüeteaba en su parte más íntima y privada de su ser. La idea, la visión ante el espejo, todo era de una locura caliente. Su pecho musculoso de buenos pectorales sube y baja, entregado a las sensaciones que lo recorren, al hombre que le está sorbiendo ruidosamente el culo sobre el hilo dental. Mira como su propio tolete, apuntando hacia abajo, se levanta, endereza la tela, halándola, bajándose en la cintura, los pelos púbicos escapando, la raíz de su gruesa verga negra dejándose ver.

   -¿Ocupado? –le sobresalta una voz, y casi grita con el corazón a punto de un infarto. La cortina es corrida y un carajo delgado y alto, les mira con sorpresa.

   -¿Está ocupado? –pregunta alguien a sus espaldas y el corazón de Gregory cae a sus pies. Dios, iban a descubrirle en esa vaina de maricones.

   -Mucho. –es la respuesta del joven, mirando fijamente al tío grande, entrando y corriendo la cortina tras él.

   El corazón de Gregory palpita salvajemente, pero sería falso decir que únicamente de alarma por la posibilidad de ser descubierto por otro tipo en esas vainas, justo con otro sujeto. Estaba desnudo a excepción de sus cortas medias de paño y la tanga enterrada entre sus nalgas, nalgas donde un carajo tenía la cara metida, despegándola como si le costara abandonar el sitio para mirar al recién llegado. Debería ser la muerte para cualquiera, pero en cuanto ese tipo descorrió la cortina y le miró, sabiendo que el escándalo podía estallar, el güevo se le puso más duro y babeó, mojando el hilo dental blanco. Era una situación tan escandalosa, al límite y excitante que no podía ni razonar. Por ello, en cuanto el otro entró, casi copando el lugar, aumentando la temperatura, su miembro se agitó aún más bajo la tela, de manera muy visible.

   -Vaya, señor Cáceres, qué bien le queda la tanga al cliente. –dice el recién llegado, recorriendo con la mirada al joven hombre alto, sus ojos como dardos clavándose sobre la diminuta pieza totalmente alzada por la abundante masculinidad aprisionada, una que se agita y moja la telita.

   -Así es, Gómez. –concuerda el vendedor obeso y bajito.- Pero si me disculpas…

   Y Gregory cree estar atrapado en alguna sucia fantasía sexual, una en la que no habría caído nunca antes, pero ahora… Ese tipo arrodillado a sus espaldas, que todavía le retiene la cintura con sus manos regordetas, vuelve a enterrar la cara entre sus nalgas, olisqueando ruidoso, restregando la nariz, los labios y el mentón de los redondos melones de carne oscura. Luego separa un poco con los pulgares, hipnotizado con la visión de la blanca tirita, como lo estaría cualquiera en su posición, lamiéndola otra vez. Sentirlo, saber que lo hace porque su cuerpo le excita, y que lo hace frente a un joven sujeto que les mira, tiene a Gregory Landaeta al borde de correrse, su güevo es una sola tabla pulsante. Separa más sus musculosas piernas, echa sus nalgas más hacía atrás y jadea cuando un pulgar del tipo le recorre la piel de la raja, aparta el hilo y con la lengua apuñala su agujero algo peludo, uno que se estremece de sorpresa, algo de repulsa y mucho de excitación cuando esta insiste en su tarea queriendo entrar. ¡Un carajo estaba dándole con la lengua en el culo!, la sola idea era terrible.

   Como lo era tener que mirarse de frente con ese carajo de cara granujienta, enrojecido, mirada perdida y sonrisa boba. No hablan, no hay nada que puedan decirse, pero el joven negro se estremece cuando el otro alza una mano delgada de dedos largos y con el índice recorre la silueta horizontalizada de su tranca bajo la telita. Sentirla, el roce acariciante, sobre la tanga, le hace gemir. El dedo sube y baja, el canto del mismo se pega a la mole y lo recorre por todos lados, y el otro, en todo momento, comiéndole el culo.

   -Se siente tan grande y dura, señor… -jadea desmayado el recién llegado.- ¿Quiere que se la chupe?

   La pregunta le derrite los huesos, el calor lo envuelve, tanto que el sujeto a sus espaldas, le lengua casi metida en su culo, lo nota y gime quedo. La verga le babea más, casi a punto de correrse. ¿quiere que un hombre se la chupe? La idea, que jamás había cruzado por su mente días antes, se escucha tan sucia y prohibida que le cuesta respirar de lo excitado que está. ¿Quiere o no? ¿Se dejaría o no? Esa lengua en su culo, esos labios cerrados a su agujero chupando, y otra boca comiéndole el güevo, succionándoselo, masajeándoselo, ¿no quiere eso? El debate interno acaba por sí mismo, mientras lo piensa, al tiempo que la lengua del otro realmente parece metérsele hasta la próstata (¡la siente!), y ese flaco dedo le frota una y otra vez la verga; esta se le pone imposiblemente dura, tiembla, siente como dos bolas de fuego abandonando sus testículos, que suben y recorrer su tronco. Tiene que morderse los labios para no gemir, casi cae hacia atrás, sentándose sobre la cara del cuarentón, cuando las piernas dejan de sostenerle. La fuerza del orgasmo le deja casi indefenso. Se está corriendo.

   Echa la cabeza hacia atrás, conteniendo cualquier sonido raro mientras su barra dispara una, dos, tres y cuatro trallazos de leche espesa y olorosa que le queman a él mismo. Y, horrorizado y fascinado, ve al chico caer, abrir la boca, sacar la lengua y recoger en el aire el reguero de leche que se filtra por la tela y va cayendo. Verle, oírle gemir cuando esta cae sobre su lengua, le ponen mal, pero no tanto como al verle saborearla, con chasquidos de chico goloso, tragándola, para luego pegar los labios de su glande casi visible sobre el hilo dental blanco transparentado con el semen, y beber el que aún mana de allí.

   Dios, ¿cómo podía ese chico ser tan sucio y marica?, se grita el joven negro, pero totalmente fascinado.

   -¿Quién coño ocupa tanto tiempo el…? –la ruda pregunta queda congelada cuando esa maldita cortina vuelve a abrirse y un hombre cincuentón, con pinta de árabe, se asoma, otro carajo más atrás con un pantalón en las manos para probárselo.

   Los gritos del hombre atraen las miradas cuando ya los dos vendedores salen a la carrera, uno de ellos con una chorreada de esperma en la barbilla, y seguramente más tarde despedidos también, y alucinado, con manos temblorosas, sabiéndose mirado por todos los que fueron atraídos por el escándalo, Gregory toma sus ropas y se viste, cada movimiento siendo detallado por todos esos ojos que estallan en comentarios de sabroso escándalo.

   Todos esos ojos… se la endurecen bajo el ajustado jeans.

……

   Todavía afectado por todo lo vivido, experimentado y escuchado dentro de la tienda de tatuajes, Roberto Garantón entra a buen paso al edificio donde vive. Quiere desaparecer de las miradas, le parece que la gente nota que está depilado. O que le aplicaron un enema. ¡Maldita sea!, se atraganta, al final de la recepción, hablando con otra vecina, se encontraba la conserje… y junto a ella, su marido. Sujeto que se vuelve y le mira. De hecho todos le miran. Un miedo visceral, con ninguna connotación erótica, le recorre. ¿Habría contando algo el bicho ese? Y siente un pequeño vacío de alivio, porque aunque le nota la sonrisa socarrona de “yo sé en qué andas, negro”, su mujer, así como la vecina, le sonrieron con cierta coquetería. La respuesta de mujeres saludables ante un sujeto soltero y de buen ver.

   Saluda con la cabeza y entra a toda carrera dentro del ascensor, casi retorciéndose de ansiedad, de expectativas. Era desagradable tener que dar explicaciones, más saberse en manos de otro. Ese tipo podía hacerle daño si contaba lo que sabía… Y si alguien le creyera. Pero le creerían, su mujer lo haría. El resto de los vecinos tal vez al principio no, pero con los días…

   Sale del aparato y se detiene. Duda de manera increíble. Sus ojos caen como por cuenta propia sobre la puerta de Hank. No, maldita sea. Con paso resuelto va a su entrada, abre y cierra, sintiéndose a salvo tras la puerta. Pero también insatisfecho. Come algo, casi obligándose. Pasa un buen rato mirando la televisión, impaciente, desasosegado. Va a su cuarto a ver porno, de tías, de muchas putas chillonas, y es un desastre total. Su interés gravitaba hacia las tramas algo bruscas, y su atención se fijaba en los tipos. No se había dado cuenta de que casi todos los carajos metidos a la pornografía como que eran blancos. Sus enormes, gruesas y rojizas trancas erectas…

   Terriblemente mortificado piensa en apagar la que miraba, pero se echa de espaldas, la oye; esas tipas jadeando, gimiendo, gritando, lloriqueando como si algo les doliera, pero en verdad era puro placer. Eran los sonidos del deseo siendo satisfecho, de criaturas siendo llenadas de hombrías que las hacían delirar. Hombres que satisfacían apetitos oscuros, necesidades terribles. Cierra los ojos y su pecho sube y baja con rapidez. Sexo. Sexo. Sexo rudo, duro y caliente. Sobre todo duro. Traga ahogándose. Quiere ir, coño. Desea llegarse y… Hank sonreiría y le diría que cayera de rodillas. Que abriera la boca y…

   No quiere pensar en ello, no desea cuestionarse o analizarse cuando se encierra con seguro dentro de su baño, ¡en su propia casa!, para aplicarse, nuevamente, el enema. Arde un poco otra vez, no de una manera dolorosa o preocupante, tan sólo… Mientras se ducha su mano grande pasa una y otra vez entre sus redondas nalgas, la punta de sus dedos frotando la entrada, sintiendo algo como alivio, uno que le provoca calofríos y le tiene el güevo morcillón. No quiere pensar en nada, pero… se aplica esas crema hidratantes que ese sujeto le indicó, y mientras lo hace, un pie montado sobre la cama para abrirse, intenta no mirarse al espejo. No mientras hidrata su culo para ir a ver a ese carajito blanco de güevo grande… Lo deja así cuando, inconscientemente, con un dedo pareció querer abrirse los pliegues anales.

   Ahora si se mira al espejo, mientras sube el muy ajustado bóxer blanco. Le gusta lo que ve. Un tío impresionantemente alto y musculoso dentro de él. Toma un pantalón holgado, que baja un poco en su cintura dejando ver la banda del bóxer pero también el nacimiento de la raja interglútea. Toma una muy ajustada camiseta y completa el atuendo. Es cuando alza la vista y siente la cara ardiente… Coño, qué puto se veía. Sale al pasillo después de dudar brevemente, alegrándose de encontrarlo solitario. Se detiene frente a la puerta de Hank y tomando aire, toca el timbre. Espera. Nada. Repite la llamada, y se repite la falta de respuesta. El corazón le late dolorosamente rápido, ¿no estaría? ¡Sería el colmo después de todos los arreglos hechos! Pega la oreja y le parece escuchar un ruido. Traga en seco, la oreja pegada, tocando levemente con el puño.

   -¿Señor…? Soy yo… -su voz es toda humildad.- Por favor…

   El pomo gira y ser aparta, tomando aire. El joven blanco aparece, el cabello en puntas, un bermudas a media pierna, una camiseta que se amolda a su cuerpo dejando fuera sus anchos y pecosos hombros. Sus claros ojos le recorren y Roberto se yergue en todo su tamaño.

   -¿Qué quieres? –es brusco el joven catire.

   -Yo… yo… -no puede responder, ¿acaso no era evidente?- Quería…

   -¿Si? –le mira fríamente a los ojos, cruzando los brazos sobre el pecho, recostándose del marco de la puerta, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

   -Yo… -le cuesta hablar.- Quiero chupársela, señor. –confiesa, espera y nada ocurre.- Quiero tener tu güevo blanco llenando mi boca. –sabe más o menos por dónde van los tiros. El otro se despega del marco.

   -Entra, negro. –y dándole la espalda desaparece.

   Reponiéndose, el musculoso y guapo hombre le sigue, encontrándole sentado en el sofá, mirándole burlón, las piernas muy abiertas. En la mano derecha sostiene una pequeña paleta, una raqueta de ping pong. Y la vista de la misma le produce terribles escalofríos que lo recorren de pies a cabeza.

   -Te has portado mal. Lo sabes. Y es inaceptable. Ven, sube boca abajo en mis piernas. –le indica, dejando de mirarle, tomando una cerveza que tiene al alcance de la otra mano, bebiendo.

   -¿Qué? Yo…

   -Me hiciste esperar mucho, negro, ahora debes enfrentar tu sanción. Es esto, aceptas tu castigo, o sales y te olvidas de todo. No quiero a un negrito mal portado diciendo que me sirve como juguete sexual pero que en verdad no obedece ni se comporta.

   ¿Qué carajo…?, piensa el joven negro, pero apagando esa parte de su mente, intuye más, sabe que allí y ahora se lo estaba jugando todo. Podría salir de ese apartamento sintiéndose tal vez frustrado, pero entero en su mente. Quedarse era someterse y no sabía a dónde… ¡No!, se repite internamente, moviéndose hacia el sofá, cayendo de panza entre las firmes piernas del muchacho, sintiendo el calor del vientre ajeno que choca con su brazo, lo siente caliente, vital.

   -¡Negrito malo! ¡Negrito malo! –le oye recitar al tiempo que mueve la mano.

   La paleta sube y cae, duro, sobre su glúteo derecho, sobre el jeans. Jadea, asustado especialmente, no por temor a la violencia, era la idea de que se sometía, que se entregaba, que estaba dejándole a ese chico todo el control sobre sí. La paleta sube y baja otra vez, sobre la misma nalga. El contacto pica, arde y duele ahora un tanto. La mano sube y jadea, tensando sus nalgas, esperando y afincando la punta de los pies sobre el piso. Se repite la paletada sobre su nalga derecha, y el chico, gruñéndole que era malo, se dedica a azotarle con la paleta, una y otra vez, alternando la nalga receptora. Es insólito ver al joven chico blanco, mirada turbia, sonrisa cruel, alzando la mano con la paleta de ping pong, una cinta de cuero en su muñeca, y azotando al sujeto joven y más alto, acuerpado, negro, que intenta contener los gemidos sobre sus piernas. Un chico nalgueando a otro carajo, uno que se estremece, cierra los labios para no gemir y se tensa mientras su trasero es castigado como merece.

   Roberto se muerde los labios para no gritar. Quiere que se detenga, le duele, pero no quiere mostrarse débil. Sabe que el chico lo espera, que le suplique, y casi desea hacerlo pero no puede. Su corazón enloquecido se agita cuando las manos del chico bajan y le abren el pantalón, bajándoselo con dificultad, su enorme trasero firme bajo le tela del bóxer, viéndose el nacimiento de su culo, queda expuesto. La paleta sube y baja sobre su glúteo derecho, y gime, porque pica más, jadea lloroso cuando vuelve a la izquierda. Si, dolía, joder. Inconscientemente intenta meter una mano pero Hank se la inmoviliza con la mano libre, azotándole, lentamente, una y otra vez, tomándose su tiempo en el ir y venir de la mano para angustiarle, sobándole con la áspera paleta una vez nalgueado. No sabe cuándo comienza a gimotear y pedirle que se detenga, pero eso hace sonreír más al catire que aumenta las paletadas.

   La mano deja caer la paleta al suelo y Roberto lo agradece a Dios, mirada vidriosa, aunque no había notado que los tenía llenos de lágrimas. Pero su tranquilidad y alivio dura poco, esa mano cae entre sus nalgas, sobre la tela, frotando duro, pica y arde, pero también se siente hormigueante, erizante, eléctrico. ¡Le gusta! La mano se mete dentro del bóxer y le toca en directo. La palma es firme y cálida, pero sabe que su piel quema más. Traga en seco, esa mano acariciándole es enloquecedoramente erótica, se sentía bien, tanto que separa un poco las piernas para dejarle pasar con más libertad, avergonzándose cuando le oye reír bajito. El bóxer desciende y Hank le abre las nalgas enrojecidas a pesar del oscuro color.

   -Te afeitaste el coño, qué bien. Pero te portaste mal, muy mal.

   -Hank… -una fea nalgada le hace gemir.- Señor, por favor, duele…

   -¡Aguanta como un hombre, negro de mierda! –le recrimina, sonriendo cruel.- ¿Sabes?, creo que eres una porquería de hombre. Un cerdo. Y voy a comprobarlo.

   Y la mano sube y baja, las nalgadas se reinician, los azotes regresan sobre sus glúteos redondos, ardientes, lastimados. Y Roberto gime, esa mano azota de manera seca, directa, leve, acariciándole luego de manera circular. La mano va y viene, le azota una y otra vez, pero ahora, con el culo al aire, el pantalón en sus tobillos y el bóxer en los muslos, el joven y poderoso hombre negro lo siente distinto. Y mucho. La palmada le produce un golpe directo dentro de su cerebro, su piel arde ahora toda, y es consciente de que el otro lo sabe porque soltándole la mano retenida la mete bajo su camiseta y atrapa uno de sus enormes pezones erectos. Nalguea y aprieta su tetilla, y a Roberto todo lo da vueltas. La mano sube y baja, rítmica, y toda su piel es un caos se sensaciones. Ignora que jadea levemente, ya no de dolor, que su boca se abre y cierra, que sus ojos se empañan no de llanto sino de lujuria desatada. No es totalmente consciente de la increíble erección que tiene, una se refriega del muslo del muchacho, toque que le eriza todo y que por lo tanto lo busca, lo desea, por lo que menea sus trasero todo.

   Hank sonríe leve, cruel, pellizcándole el otro pezón, que era igual de abultado y prominente, un aro se vería genial en ellos; y todo sin dejar de nalguearle duro, sintiendo rico la palmada contra la carne enrojecida, que marca sus dedos a pesar de lo oscuro de la carne; recorrer esos glúteos, de uno al otro, era excitante, porque era su derecho de propietario, ese negro era suyo; todo eso le pertenecía. Era él quien tenía a ese negrito al borde del clímax. Y está casi seguro de qué…

   Roberto arquea la espalda y alza la cabeza, esos azotes son menos fuertes, pero si aumentan en ritmo, también las sobadas, los dedos que buscan y frotan la entrada de su culo expuesto; la mano va y viene, sus nalgas se agitan, suben, bajan, se abren, busca la mano, la cual va espaciando las nalgadas, deteniéndose súbitamente; y su boca se abre para señalar el camino de su perdición.

   -Mas, dame más… -pide, enrojeciendo él mismo de vergüenza, sus nalgas tensadas. Necesita sentirlas.

   -¿Quieres mis azotes, negro? –le pregunta, la mano cae pesada, sin golpear, sobre ese trasero que arde, sobándole. Eso le produce algo como cosquillas al joven hombre negro en sus entrañas, lo que logra que su verga bote líquidos copiosamente.- ¿Has sido malo?

   -Si. –jadea entregado, sintiéndose increíblemente sorprendido de sus actos, de su rendición, pero también embriagado por la poderosa ola de endorfinas que lo envuelven cuando lo admite, que si, quiere que ese malvado chico blanco siga dándole nalgadas.

   -¿Malo? ¿Muy malo?

   -Muy malo, señor, por favor, aleccióname… -su cerebro envuelto en hormonas le dicta lo que tiene que decir mientras le mira con profunda lujuria y entrega. Escuchar su risilla ronca fue tan maravilloso como saber que bajo su bermudas, Hank está totalmente duro, lo sabe porque está sobre su regazo. Y vuelve a estremecerse, ardiendo como está, llevado casi al límite, uno de sus pezones a punto de verter leche materna de lo mucho que está siendo estimulado por esos dedos. Imaginar la hermosa, larga, gruesa, rugosa y blanquirroja verga afuera, pulsando, le hace latir el culo.

   -Siempre es igual, negro; todos saben que necesitan una mano dura…

   A las increíblemente ofensivas palabras, siguen nuevos azotes, secos, rápidos, palma abierta, y Roberto vuelve a gemir, a estremecerse, su culo sabiendo y bajando, pidiéndole que más, que le diera más fuerte, que no se detuviera, por favor; la mente nublándosele más y más. En esos momentos ignora que sus gritos son altos en volumen, que sus pedidos son cada vez más obscenos, que el otro llamándole toda clase de cosas, también a gritos, era aún más ofensivo. Roberto no puede pensar en nada como no sea esa ola de lujuria que sube y sube, cada vez más caliente, que arropa y ahoga su cuerpo todo. La mano sube una vez más, y cae con fuerza, y el joven hombre negro grita, subiendo su culo, su verga durísima, estremeciéndose, corriéndose. Cada nuevo disparo de semen va acompañado de esos azotes a su culo, y todo es una masa enloquecedora en su mente. La corrida es tan intensa como las sensaciones que le envuelven. Es tanto así que queda casi desmayado sobre ese regazo, su verga todavía goteando, una pierna sobre el mueble, la otra en el piso, su rostro contra el asiento.

   -Negro sucio, ¿mira lo que hiciste? Tienes que recoger toda esa leche con la lengua, en cuatro patas. Quiero verte tomar hasta la última gota, comienza por la que vertiste sobre mi bermudas. Y luego… -la mano se mueve, recorre una de las lastimadas nalgas y la punta de un dedo frota la entrada de su recientemente depilado culo.- …Voy a convertirte definitivamente en mi perra. Una vez que tengas mi güevo blanco en tu culo, abriéndolo, cabalgándote, llenándotelo de esperma de hombre de verdad sólo podrás soñar con eso.

CONTINÚA … 13

Julio César.

SANTA LLEGARÁ

diciembre 13, 2014

OTRO DIOS DEL RAYO

SANTA GAY

   ¿Ya saben lo que sus amigos quieren recibir para tener su Noche Buena? Dejen la pereza, los regalos personalizados son muy apreciados…

ESTRATEGIA

Julio César.

MARADONA Y LA CHACHARA CANSONA

diciembre 11, 2014

EL ULTIMO DE NOVIEMBRE…

DIEGO ARMANDO MARADONA FASTIDIADO

   -Dios mío, ¿hasta cuándo habla gamelotadas?

   Conmemorando ayer en El Panteón Nacional no se sabe qué cosa, porque parecen celebrar todos los días algo para encadenarse a hablar tonterías durante horas mientras el país se va por el barranco (el síndrome del chofer descuidado), Nicolás Maduro saludaba, como a hombre de ideas, la presencia del jugador Diego Armando Maradona en medio del aquelarre suntuoso e innecesario (gasto inútil que le dicen ahora que estamos en la carraplana), y cuando las cámaras de televisión le enfocaron, ¡estaba dormido! Hubo que darle con un codo, todo el mundo lo ha comentado y todo el mundo se ha reído, ¿por qué será que a los payasos siempre les salen payasadas así vengan de un funeral? Y no hablo del señor Maradona, no se le puede culpar por quedarse dormido por lo laaaaargo y trillado del discurso, la vieja monserga de izquierda para evadir las propias responsabilidades. Ha venido muchas veces en estos quince años, ya debe saberse de memorias el mismo discurso vacío. Pero de que fue gracioso, lo fue.

A NUEVE DIAS PARA LA VISPERA

Julio César.

SER O NO SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA… 24

diciembre 10, 2014

SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA…                         … 23

   La siguiente es una historia que NO ES MÍA. Pertenece totalmente al señor capricornio1967. Tan sólo la reproduzco, tal vez cambiando una que otra coma, aunque la historia ya está por ahí, completa. Es un relato maldito en toda la regla, un hombre maduro decide tomar, controlar y dominar a su joven pupilo, transformándole en algo que no quiere, ni soñaba, aunque se resiste. Lo repito, es un cuento muy maldito. Disfrútenlo:

……

EL DILEMA

Autor: capricornio1967

Capítulo VII “EXTRAÑOS SABORES”

ESTUDIA UN CHICO EN HILO DENTAL

   Este será su destino, vivir esperando por su macho.

……

   -¡Ghghhgh! -el sentir como la cara de Franco se hunde entre sus nalgas y como la lengua de este, larga y áspera, se interna entre su esfínter, metiéndose en su culo, ¡puede sentirla adentro!, le obliga a resistir, a defenderse, a que trate de gritar, pero con un trasero peludo pegado a su boca lo único que consigue es lamer ese enorme culo que lo sofoca.

   Fuera de eso, es que Daniel la siente, en verdad, el como la lengua de Franco se interna velozmente entre sus entrañas. La siente deslizarse, recorrer su camino sensible. La práctica del entrenador en la exploración anal es de doctorado, por lo acertada y eficaz que es. Fácilmente su lengua ubica la próstata de Daniel dándole leve masaje con ella, que le sirve como un órgano sexual más.

   -Mhmh… -no tardan en oírse los gemidos placentero de Franco mientras su lengua entra y explora la cálida cavidad anal de Daniel, colocando al chico en desventaja, torturándolo más, humillándolo más; los forcejeos del joven se vuelven más intensos, pero el hombre está preparado para todo eso, sabe que la desesperación de Daniel permanecerá, pero su dominio físico sobre el joven nadador, también.

   -¡NGHHGGGGG! -los gemido de Daniel son intensos, de rabia, de furia de odio hacia su entrenador cada vez que siente su culo siendo abierto por esa experta lengua.

   Cuando siente que su próstata es tocada por la punta de ese apéndice sus gemidos de impotencia se incrementan, sus músculos se tensan y se hinchan dando batalla, tratando de liberarse, de no permitir que su hombría sea denigrada más de lo que ha sido, de dejarle bien claro a Franco que podrá poseerlo sexualmente, quebrantarlo físicamente, pero que no doblegara su virilidad, su hombría, aunque el entrenador esté empeñado en hacerlo. El reto de tener a Daniel bajo una fina y erótica tortura sexual, en donde la humillación, vergüenza y dolor estén como base de sus técnicas, es lo que a Franco da más placer.

   Cada vez que Franco siente que Daniel aumenta la lucha por liberarse, oponiéndose a su destino, embiste más fuertemente el delicioso culo del joven, los labios rodeando la entrada, la lengua reptándole entrañas adentro, arremete con fuertes penetraciones y masajes sobre la sensible próstata del deportista para crearle cierto condicionamiento. A mas forcejeo, mas tortura; a mas desesperación de Daniel, más empeño por no sentir, la próstata es una de las zonas erógenas más sensibles y en Daniel no es la excepción, el trabajo del hombre convierte su próstata en su peor enemiga ante la desventajosa lucha que libra con ese enorme oso macho, que disfruta tomando posesión de una víctima más, marcando su territorio sexual y físico. Se la saca y todo queda quieto por un segundo.

   -¿Lo siente, Saldívar, cómo va aflojándose y excitándose? –le pregunta, para dañarle. Cuando siente que el muchacho va a replicar una negativa, contra su culo peludo, vuelve al ataque; la larga y raposa lengua abriéndose camino en sus tiernas y sensibles entrañas… unas que sabe cómo trabajar para transformarle en lo que quiere: un esclavo sexual total y para siempre.

   El joven no puede responder porque Franco posa todo el peso de su cuerpo en sus nalgas, así que el joven tiene que soportar los más de cien kilos sobre su cara; una parte de las nalgas y el vello del otro cubren su nariz, incluso tapan todo su varonil rostro, que siente la asfixia de nuevo. El saber que no puede dejar de respirar es para Franco una de las herramientas para obligarle, el acelerar el forcejeo y la desesperación en Daniel tiene como objetivo hacerlo respirar más rápido, sin embargo al dejar caer todo su peso en el rostro del atleta le corta la respiración, dejándole solo la opción de que tiene que usar también su boca para intentar tomar aire; por mas que se resista, que luche, el hombre sabe que las reservas de oxígeno en el joven están casi agotadas, que el musculoso y perfecto cuerpo de Hércules de Daniel, esta agotado por el duro entrenamiento y las torturas físicas y sexuales a las que le ha sometido. Así, toda resistencia está minada por su culo tomado por aquella larga y reptante lengua, y la boca amordazada por el culo de su entrenador.

   El fuerte forcejeo de Daniel consume rápidamente las reservas de oxigeno, su nariz no puede respirar libremente así que su única opción es abrir su boca; con rabia entiende que de nuevo Franco lo domina, que lo conduce hasta donde desea, lo conoce tan bien, que busca sus puntos débiles para así conducirlo a la derrota, a la sumisión.

   -¡AHhhhhhhhhhhhhhhhhhgh! -Daniel abre su boca tratando de jalar aire pero lo único que consigue es chupar el culo de Franco que se apodera rápidamente de su boca.

   El joven, inconscientemente tiene que sacar su lengua tratando de usarla para empujar lejos el culo de Franco. ¡Qué iluso!, ¿cómo poder levantar ese pesado cuerpo usando solo su débil lengua? Sin embargo, la angustia y la desesperación de la asfixia no conocen de razonamientos sino de acciones aunque no siempre sean las correctas. La lengua de Daniel trata de empujar el culo, pero lo único que logra es internarse en ese agujero rodeado de pelos, todo grotesco, sintiendo de nuevo ese extraño sabor que emerge de las entrañas del entrenador y se impregna rápidamente en su lengua, que ante la tortura física de la asfixia sigue tratando de liberar su boca usando su lengua sin conseguirlo, logrando con eso que Franco gima de placer al sentir su joven lengua lamiéndole y penetrándole.

   -¡MMMHHHHHHHH! ¡Dios, si! -un gemido grave e intensamente fuerte escapa de la boca de Franco al sentir como Daniel mete la lengua en su culo, sus ojos se vuelven blancos por el extremo placer de sentir no solo la lengua del muchacho trabajándoselo, sino por la victoria sobre el arrogante jovencito estrella del equipo. Ahora lo tiene, lo disfruta y lo somete, demostrándole que nadie es más que Franco, nadie es mejor que él. Y que el que da las órdenes en todos los aspectos es él. Su amo. Su dueño.

   Daniel, por su parte, asqueado de sentir el sabor del culo de Franco disminuye su forcejeo; al ver que su esfuerzo de abrir la boca para respirar no resulta del todo eficaz y lo único que consigue es complacer a su violador, trata de retomar su lucha sin éxito. Ahora está más agotado, más débil, más indefenso, mas sometido, y peor aun, no puede dejar de usar su boca para intentar respirar, cosa donde no desea afanarse tampoco mucho, ya que para recibe una cantidad de aire mayor tendría que usar más su boca sobre ese culo. Y mientras tanto, para su horror, su miembro empieza a endurecerse. El sentir como su próstata es masajeada y manipulada provoca una respuesta refleja que activa la virilidad del joven, la cual despierta, su verga no sabe de quien la estimula, si es hombre o mujer, solo responde. Franco siente como la verga de Daniel esta endureciéndose, alargándose, engrosándose, cuando la punta del tolete del joven toca su cuello al mantener su cara hundida en ese culo.

   -¡NGHGh! -un nuevo gemido de rabia e impotencia se deja oír al sentir como su miembro responde a la estimulación sin tomar en cuenta que el resto de su cuerpo está siendo atormentado.

   Franco, por su parte, mantiene su culo en la boca de Daniel, quien no tiene más opción que usar su lengua, al menos eso le ayuda a respirar un poco mejor, su instinto de supervivencia es mayor que su viril y heterosexual rebeldía. La joven lengua empuja ese culo, pero lo único que consigue, sin querer, es internarse más en ese velludo agujero, separando los pliegues anales y penetrando en la húmeda y ardiente cavidad del siniestro entrenador.

   Sin embargo, aunque disfruta un mundo sentir su culo lengüeteado así, especialmente por un jovencito, para Franco el placer de la victoria es mayor, el saber cómo está conduciendo a Daniel a la rendición física y sexual; cómo está logrando, aun en contra de su voluntad, que la verga del joven responda. Es una victoria que disfruta mucho sobre el jovencito, el sentir como la impotencia de poder evitar que su sexualidad despierte, que responda, lo excita más.

   El poco oxígeno de mas que Daniel recibe ahora lo usa para mantener su forcejeo, para demostrarle a Franco que puede luchar , que no está vencido, que no permitirá que lo humille de esa forma sin darle una buena batalla. Su espíritu de deportista, de competencia, de lucha se impone, negándole la opción de dejarse dominar, de doblegarse sin resistir. Impedir que Franco tome las riendas se vuelve un círculo erótico y vicioso en el cual el entrenador disfruta con la rebeldía del muchacho y Daniel no puede dejar de ser rebelde. Qué bien lo conoce Franco, hasta puede acertar de qué manera va a responder en cada acción. El control sobre el muchacho, el saber cómo conducirlo a los extremos de desesperación y pánico, no es por arte de magia sino de una brillante y depravadamente psicológicamente preparada para sus fines, que usa su inteligencia para satisfacer sus más bajos instintos, manteniéndose en la cima, en el trono, en el reinado por el cual puede disfrutar de su súbdito, que en este caso es el musculoso Daniel.

   Mientras el forcejeo de Daniel aumenta, su lengua entra más en el palpitante culo velludo del entrenador, al tiempo que su miembro también aumenta la erección ya que Franco, en cada forcejeo, arremete con más fuerza en su indefenso culo; así que la próstata del joven al sentir esa áspera presión responde y su miembro despierta. Cuando Franco siente que el miembro de Daniel está lo suficientemente duro, y ante la desesperación de este, de no poder evitarlo, lo que el hombre hace es que saca su lengua del joven y delicioso culo, que luce lleno de saliva por la fuerte succión y las enérgicas embestidas de esa lengua, algo enrojecido por la fricción (pero que en cuanto la lengua de Franco lo abandona, el culo del clavadista vuelve a cerrarse herméticamente). Como despedida, el entrenador aún da varias lamidas sobre el rojo capullo brillante de saliva, logrando que el muchacho se estremezca de rabia al no poder liberarse y más aun al sentir como hasta su verga lo ha traicionado, y sin poder dejar de dar a Franco el placer anal que le brinda usando su lengua.

   De todos modos, el sentir que su culo está libre, le da a Daniel cierto descanso, una leve relajación, al menos ya no está siendo atacado por la retaguardia, su próstata masajeada, y su verga volverá a la flacidez de nuevo. Sin embargo la tregua es solamente por unos segundos.

   Franco tiene ante sí el duro y babeante miembro de Daniel, una pieza rojiza y hermosa, apetitosa, un glande de buen grosor y tamaño y de una longitud de dimensiones únicas, expectante pidiendo placer, el meato urinario al centro de ese grueso glande entreabierto escurriendo de él, algunas gotas de líquido seminal que caen sobre el abdomen del muchacho. Un espectáculo único.

   Sin que Daniel se lo espere, y aprovechando que tiene frente a sí ese jugoso miembro y antes de que la flacidez se apodere de la verga de Daniel, Franco usa su lengua y la pasa por toda la mucosa del glande de la todavía endurecida verga del muchacho. Tratando de que la mucosa del joven experimente la húmeda caricia erótica, y nada como una lengua caliente recorriendo los pliegues para que una verga se ponga a mil.

   -¡NGHhhhhhhhh! -un gemido de rebeldía de deja escuchar de nuevo de parte de Daniel; al sentir la inesperada caricia su miembro responde dando un respingo, deseando ser gozado. Cuánto tiempo hace que una boca experta no le da el tratamiento adecuado, alguna de sus chicas, ha sido mucho; y ahora de repente, de improviso, ocurre en tales circunstancias.

   -Jejejejejeje, le gusta, ¿verdad, Saldívar? –le pregunta burlón mientras ve fijamente como la sangre se agolpa mas en ese miembro.

   El contacto de su lengua con el joven miembro hace que la dureza de este aumente, así como el enrojecimiento es mayor y el meato urinario se abre más, ansioso, arrojando más gotas del delicioso líquido seminal. El forcejeo de Daniel vuelve, trata de echar sus caderas más atrás para evitar que esa lengua siniestra, que torturaba su culo segundos antes, vuelva a estar en contacto con su verga. Sabe que es uno de sus puntos débiles, siempre; desde que empezó con su vida sexual, su miembro ha sido extremadamente sensible a las felaciones, así que si Franco continúa atacándole de esa forma, estará perdido, dominado por su propio placer, por su propio cuerpo. El chico no quiere que eso pase, sin embargo es poco lo que puede hacer, y en todo ese tiempo su boca continúa trabajando el culo de Franco, sin poder respirar libremente no le queda otro remedio, sabiendo que hace lo que este quiere, y que le somete.

   Franco le demuestra, una y otra vez que no le deja vías de salida, no hay forma de escapar, la liberación que Daniel espera esta cada vez más lejos de ocurrir. El hecho de que falten solo unos días para las olimpiadas, le hace imaginar que su liberación está cercana, solo espera que pase y será libre, desde ese momento Franco ya no tendrá con qué chantajearlo; solo unos días más y el tiempo que tarden las olimpiadas y Franco dejara de molestarlo, de humillarlo, de poseerlo. Absorto en esos maravillosos pensamientos, siente como Franco acerca la boca a su verga. El calor del aliento hace que su desesperación aumente; sabe que en cualquier momento el hombre lo hará de nuevo. No puede hacer más físicamente para liberarse, siente el aliento bañándole ya, my lentamente, ignorando que esa espera es parte de su condicionamiento.

   La tortura psicológica es muy explotada por Franco, sabe que Daniel está desesperado por el forcejeo, pero también sabe perfectamente que el chico entiende que nada lo puede liberar. Es lo que quiere, usar su cuerpo pero también conducirlo cada vez más a los límites de la desesperación, de la derrota; como entrenador está capacitado para que psicológicamente pueda sacar de su equipo lo mejor de cada elemento, o lo peor en este caso. Años de entrenar a Daniel en el equipo de natación le han hecho saber qué es lo que siente en esos momentos, cómo reacciona, que le gusta, que le molesta y sobre todo que lo humilla, aun sin que el joven se lo haya hecho saber. De solo observarlo como se comportaba con sus compañeros, con sus novias, con su familia.

   El musculoso cuerpo de Daniel, aparte del forcejeo, empieza a temblar, a experimentar el temor de que Franco se apodere de sus sensaciones. Si el hombre logra que su verga siga así podrá manejarlo fácilmente. En verdad no esperaba que Franco le hiciera sexo oral, pero el hombre se vale de todo para poder mantener dentro de su dominio al musculoso nadador.

   Daniel siente cada vez más cerca la boca de Franco, como si solo bastara que hiciera un leve movimiento de milímetros para que su duro miembro sea capturado por la boca del siniestro entrenador. Un segundo lengüetazo, de mas duración que el anterior, hacen que su pánico aumente, su miembro caliente y tembloroso disfruta pero no su mente. Su musculoso cuerpo no le sirve de nada en esos momentos, el otro lo mantiene sujeto fuertemente y agotado, no dejándolo respirar libremente para mantenerlo débil, sin que pueda recuperar fuerzas. Cada vez que siente como la lengua de Franco entra en contacto con su glande, su lengua trata de liberarse del peludo culo que lo sofoca, sin conseguirlo, pero que el entrenador disfruta, el sentir como esa rebelde lengua trata de dar batalla pero lo que logra es darle más placer.

   -¡Ghghhghg! -los gemidos de Daniel hacen que Franco esboce una sonrisa siniestra mientras vuelve a darle a ese miembro un lengüetazo mas.

   Daniel tiembla sintiéndose enfermo, siente placer, su verga desconoce que es un placer homosexual forzado, solo responde. El chico trata de pensar en otra cosa, algo distinto que haga perder su erección lo más rápido posible mientras su boca sigue esclavizada por ese culo velludo que lo obliga a seguir dándole placer. Pero su batalla, perdida, es lo que el otro desea y disfruta más, es eróticamente placentero ver como por más esfuerzos que hace, por más que sus músculos se hinchen usando toda su fuera para soltarse, no lo logra. Sus piernas perfectamente moldeadas por la natación, su musculoso tórax, cada parte de su perfecto cuerpo están sujeto bajo el pesado cuerpo de Franco.

   El miembro de Franco también esta durísimo por sentir como la lengua de Daniel entra de vez en cuando en su culo, la lengua de un jovencito que se resiste, y es sentir ese poder sobre el otro, el dominio y el control sexual que mantiene sobre el muchacho y que le ha conducido por donde ha querido hacerlo y sin dejarle opciones, le tiene la verga manando un río de líquidos. Ahora tiene frente a sí la tranca del joven, bastante dura, jugosa, sin permitirle que pierda su dureza; después de ver cómo reacciona esa verga a los estímulos y cómo reacciona Daniel cuando esta responde, sabe que va por buen camino, así que acerca sus labios al miembro de nuevo, pero en lugar de usar su lengua recorriendo cada rincón de la roja cabeza, da un beso cálido y suave abarcando todo el diámetro de ese grueso glande, usando su lengua, pasándola repetidas veces por la sensible mucosa, llenándosela con el embriagador sabor del joven. Disfrutando el beso que da al miembro, manteniendo sujeto fuertemente al joven para evitar que pueda mover su cadera hacia atrás y se libere de esa erótica caricia, goza la vida.

   -¡MHM! -gime Franco mientras sus labios y lengua se apoderan de la cabeza de la verga, sin soltarla, ensalivándola abundantemente.

   -¡Ghhhhhhhhahhnnhghghg! -Daniel siente como esos húmedos y suaves labios se pegan en su sensible miembro, como esa lengua remata dándole varios vigorosos masajes a su glande, así que sus bolas arden en respuesta a la caricia, y como Franco lo esperaba por conocerle tan bien, el joven empieza a darle un mejor masaje a su culo, luchando por estabilidad y querer respirar mas.

   Franco mantiene ese “beso” por unos cuantos minutos más, masajeando la verga con su lengua pero después se retira de la enrojecida cabeza, dejándola libre, con ganas de mas, se notaba, mientras el tórax de Daniel lucha por expandirse más y tener respiraciones más profundas, pero el peso del otro y la posición que tienen ambos, le coloca en una situación física y sexualmente desventajosa, ya que le impide liberarse pero le ofrece a Franco sus áreas más sensibles. De todos modos siente que su verga es liberada momentáneamente, por un momento desearía que todo eso terminara de una vez, sin conseguirlo, sin correrse que sería otra derrota sobre su cuerpo; si Franco eyaculara quizá todo eso terminara, pero por lo que se ve el hombre es una “vaca” para la producción de leche.

   -¡Nghhhhhhhh! -un nuevo gemido de sorpresa y rebeldía sale de sus labios enterrados en ese culo velludo al sentir como la boca de Franco se apodera de su miembro, pero no solo en un cálido beso, sino que mete en su boca gran parte de la longitud de su duro miembro, cubriéndolo desesperantemente lento, presionando con sus mejillas, dejando al joven en un estado de placer erótico que le niega los pensamientos.

   La verga del joven atleta se estremece al sentir como encuentra y lo atiende una cavidad humedad cálida, que se ajusta perfectamente a sus dimensiones, Franco dilata la garganta y engulle mas y mas de la rígida carne dura. Ese movimiento de garganta permite la penetración del miembro de Daniel, las bolas del musculoso nadador están ahora chocando con la nariz de Franco, quien resuella pesadamente contra ellas al tiempo que sigue engullendo más y mas, sintiendo como ese miembro se desliza lentamente por su garganta. Y si tener la verga dura, caliente y palpitante de un chico en su boca, llenándola de sabores y sensaciones, el hombre disfruta más de estar conduciendo a Daniel al éxtasis en contra de su voluntad.

   El muchacho se rebela ante la presión que siente su verga en la garganta de Franco, quien al notar su lucha aumenta los masajes usando su lengua que se pega y frota el duro miembro dándole placer, mientras la garganta lo constriñe mas y mas. La sujeción ejercida por la presión de la garganta sobre el largo y grueso miembro de Daniel, es efectiva, ya que masajea eróticamente y estimula la lubricaron, el vil hombre saborea el líquido seminal que mana abundantemente. Después de haber saboreado el culo del musculoso muchacho ahora lo tiene controlado por el miembro, dándole la espalda a Daniel, quien nada puede hacer para impedir dejarse excitar placenteramente por le perfecta técnica del entrenador.

   Franco, experto en esos menesteres de mamar chicos jóvenes, logra que el miembro de del otro engorde mas cada vez, la saliva escurre por las comisuras de su boca, la cual mantiene abierta de forma grotesca introduciendo en ella la dura verga del joven.

   Es grotesco también ver como el perfecto culo de Daniel, con esas dos perfectas nalgas redondas, duras, firmes, grandes y bronceadas, se mueven rítmicamente ante el forcejeo del nadador que sigue sin rendirse ante el feroz ataque sexual del cual es víctima.

   Las bolas de Daniel hierven por la excitación constante y el aumento en las sensaciones, la impresionante mamada que está sufriendo; la lengua de Franco, los labios, la garganta todo se junta para hacer de la verga del deportista su punto débil, su talón de Aquiles. Y durante todo ese tiempo, el muchacho siegue obligado a succionar el culo del entrenador, no sabe cuántos vellos de ese culo se han metido en su boca de tanto que ha estado mamando, succionando sin poder evitarlo.

   Pero lo peor es sentir que está perdiendo la batalla, que está dejándose hacer, casi colaborando. Siente como su miembro se pone de parte de Franco y lo hace entrar en estado de excitación extrema, imponiéndole succionar de ese culo que no quiere, su lengua luchando y metiéndose, sin querer, más y más en el grotesco agujero anal de su dominador, de su dueño, mientras sus bolas se vuelven de fuego por el calor que siente de estar siendo prácticamente absorbido por esa golosa boca del entrenador. Casi tiene que luchar para no guiarla, para no sacarla y metérsela de la boca.

   Lucha por no colaborar abiertamente con su violador… pero su cuerpo no respondía.

CONTINÚA (el relato no es mío) … 25

Julio César.

NOTA: El relato comienza algo lento, y como no tengo intensiones de apurarme más, quien lo desee puede buscarlo en esta dirección: http://www.todorelatos.com/relato/16991/

SECRETOS DE MACHOS

diciembre 10, 2014

RESIGNACION

UN HOMBRE EN HILO DENTAL

   Pocos lo imaginaban…

   Y quienes lo sabían se tocaban pensando en ello. Que a ese tipo recio, un joven y rudo ex marine, ahora oficial de policías, que gusta del boxeo y a veces de peleas callejeras, le encanta sentir contra su piel la chica suavidad de una tanga, experimentar el hundimiento de la breve tira entre su trasero cruzándole la raja. Era un hombre hecho y derecho, como todos, como cualquiera, que gozaba sintiéndose putito y sexy con su hilo dental a donde fuera. Bien por él; ojalá muchos les confesaran, y mostraran lo que en ese momento llevaban, a sus panas.

EL INSPECTOR

Julio César.

EL NACIMIENTO

diciembre 10, 2014

FELIZ DÍA, PAPÁ

EL PESEBRE

   Decía la canción: Ya se anunció la llegada del Niño Dios.

   ¿No han escuchado repetidamente que las celebraciones ya no son como antes? Y me parece que es muy cierto si nos guiamos por estas fechas; fuera de algunos negocios teñidos de ruina y algunas oficinas públicas de gente desanimada, se observan pocos detalles navideños en Caracas. Sus noches no son esas cadenas de luces de colores que se observaban desde lejos. Creo que se juntan varios factores para ello, uno es que todo cuesta un realero ahora, hasta esas luces inútiles que a los tres días deja de funcionar la mitad de la instalación, y que siempre hay que comprar porque aún aquellas que se guardan bien, llevándonos su buen tiempo en embalarlas, al otro año no sirven. O aparecen misteriosamente enrolladas, y personalmente odio eso, tener que desenmarañarlas. Lo otro es que hay una prohibición clara de gastar energía eléctrica, el país se alumbra, y medio funciona, con los equipos de hace más de veinte y treinta años, construidos durante la Democracia y que estos inútiles ni mantenimiento les practicaron, por no hablar de invertir en mejoras o levantar algo bueno (lo único fueron unos viejos generadores comprados a precio de oro en otro de esos negocios truculentos con los Castro en Cuba y que no sirvieron para un carajo).

   Pero la causa real es que la gente va perdiendo los ánimos, la alegría. Sometidos al mismo riguroso plan de destrucción del espíritu, de la autodeterminación de la individualidad y el goce del trato social (se nos lleva a la paranoia y a desconfiar del otro porque puede sapearnos), estamos como las poblaciones rusas de los setenta o la Cuba de hoy, pueblos grises, sin aspiraciones ni sueños, perdiendo hasta las esperanzas. Así no hay alegría que se manifieste, es esa sensación de “¿para qué?”. Este año ni Santa Bárbara fue festejada como otras veces. Y todo eso conspira contra las fiestas, las cuales tienen demasiados enemigos, pero uno debe poner de su parte para rescatar la parte que le toca.

   Lo de la Navidad es recibir regalos de niño, ser increíblemente feliz mientras se sostienen en las manos, mirando la nueva figurita en el pesebre, el Niño Jesús nacido, y ahora ver las caras ilusionadas de los sobrinos cuando abren sus obsequios (un infierno, todos y cada uno desea en verdad lo que recibió el otro). Está la cena, la música, las bebidas, esperar la hora y ver los fuegos artificiales. En un sentido amplio, es una celebración importantísimas porque “esa noche, en Belén Efrata, nos nació un Salvador”; pero en un aspecto más mundano, la despedida del Año Viejo tiene más significado de celebración. Hasta hace unos veinte años apenas (dígame eso, veinte años; aunque el tango sostiene que no son nada), en cada casa de la cuadra de mis padres, la casa de todos nosotros y donde nos reencontramos cada año, celebraban reuniones parecidas, puertas abiertas, música a todo volumen, gente bailando, riendo, bebiendo, visitándose unos a otros, la angustiosa emoción de esperar las doce y salir a repartir abrazos. Me encantaba eso, recorría calle arriba y calle abajo haciéndolo. Creo que es la única noche cuando lo hago. Ahora las casas están cerradas, las luces de colores no se ven, la crisis lo ha cubierto todo con su gris de infelicidad; aún la crisis social, parece que todo el mundo lamenta una pérdida violenta.

   Pero, ¿eran mejores las festividades antes? Tal vez me lo parecía porque para mí todo era una celebración alegre, desde que despertaba el 24 de Diciembre, esperando ya por mis regalos, discutiendo con mis hermanos por lo que posiblemente le tocaría a cada uno, y vestirse bien, comer golosinas, jugar con triqui traquis (mamá nunca fue medrosa en ese aspecto, no existía ese concepto de que el muchacho se desbarataría). En ese entonces no me ocupaba de los gastos, de cargar cajas de cervezas o ir al mercado. No sabía cuánto costaba nada, ni debía pagarlo. Para mí era únicamente la fiesta. Ahora debo encarar, escandalizado, los precios de tortas chinas de luces para la media noche.

   Sin embargo, y sabiendo que es importante afincarnos en las tradiciones, en los valores sagrados de nuestro ser; así como las fiestas que nos brindaron nuestros padres, cuando parecía que querían regalarnos el mundo por una risa de felicidad, con poco o mucho, debemos recordarlas y ofrecerlas en buena medida a vecinos, amigos y ahora sobrinos. Este año comencé temprano con mis arreglos, pinté lo que debía, limpié lo que se pudo (esas pinturas Brillo de Seda son realmente buenas), y pienso pedir ayuda para montar un nacimiento, un pequeño pesebre. Tal vez lo haga mañana o el jueves, llamando a algunos amigos de las residencias donde vivo, esos hombres y mujeres que compartieron tanto tiempo conmigo en la junta de condominio; lo haremos tomando vino (les encanta, aunque no me sabe bien), comiendo tequeños, quesos y pan de jamón. Hablaremos de lo feo que está el edificio y de cuándo comenzarán a colocar los adornos navideños. Aunque no lo quiera, se hablará de ello.

EL PESEBRE DE SAN FRANCISCO DE ASIS

   No adornó arboles. Personalmente prefiero el pesebre (y el cuadro que congela en el tiempo), al arbolito, y no porque sea una moda “imperialista y norteamericana”, el pesebre tampoco es oriundo de Venezuela, nos llegó con la conquista española, cosa que los necios que todos los años despotrican de ello, olvidan temporalmente. Me gusta la historia de San Francisco de Asís, ese italiano que ya viejito, deseando celebrar un Navidad distinta, la que podía ser su última, alegrando a chicos y grandes en su poblado de paso, monta en una pequeña gruta en un bosque, que le parecía correspondía al lugar original, un nacimiento viviente. Hay algo hermoso y hasta conmovedor en las figuras de María y José inclinados frente al pesebre vacio, aguardando algo inmenso; en los pastores repartidos por todo el terreno en declive y los tres reyes magos todavía lejos, todos acercándose hasta estar en un mismo punto el 24 de Diciembre. Todos adorando al Dios que se hizo niño.

   Tengo un amigo, Mario, que es bueno para esas cosas, monta fuentes con aguas que corren, las luces no sé cómo las coordina pero casi que forman figuras; el resultado, en medio de las penumbras es hermoso. Aunque me tocará comprar cosas, en la caja sólo encontré ovejas, una gran cantidad de ellas, faltando mucho de todo lo demás. Otro misterio de las cosas guardadas. Por lo menos este año si encontré a los reyes magos.

SOBREVIVIENDO A LAS NAVIDADES

Julio César.

EN LA DEFENSA DE SU MARIDO

diciembre 10, 2014

UNA ESPOSA DEVOTA

UNA TIA FROTADA Y TOCADA

   Lo que hacía era por su esposo, un gran hombre…

   -No, no, por favor… -gimotea la pobre mujer enfrentada a ese horrible hombre joven que abusaba de la amistad de su marido, que apretaba sus tetas duras, centrando los dedos en uno de sus pezones, al tiempo que le lame el cuello y la otra mano soba y acaricia su coño sobre la diminuta pantaletica de fantasía, logrando meterlos y estimulando su clítoris.

   -Cállate, puta, que estás toda mojada ya. –fue la respuesta del muchacho.

   Deborah siente ganas de llorar mientras un gemido ronco escapa de sus labios cuando el pezón es expertamente oprimido y su vagina tomada por dos dedos que apartaron la pantaletica de fantasía, una que ese sujeto le obligó a llevar. Es una ardiente y apasionada mujer joven que se casó con un gran hombre maduro, un profesor checo escapado del telón de acero, una lumbrera en sicoanálisis y conductas sociales, un faro de luz en medio de la oscuridad moral, con reglas para llevar vidas rectas y sencillas, a quienes su alumnos, no sabe cómo, descubrieron que era impotente al haber sido castrado en una prisión ex soviética. Dos de ellos llegaron un día a su puerta, diciéndole que lo sabían todo y le expondrían como un viejo marica inútil; y ella, que sabía eso pero le idolatraba por todo el bien que hacía, se sometió a sus juegos y chantajes para mantenerles callados. Todos y cada uno de los jóvenes hombres de las clases de su marido la habían usado, habían abierto sus labios con sus vergas, llenado su culo y su coño con sus desafiantes y abusadoras hombrías, a veces en grupos; litros de semen ha tenido que tragar, soportando que a veces llevaran chicos de otras clases, e incluso jóvenes colegas de su marido. Todo por él.

   ¡Se la está metiendo por el culo!, se agita, sintiéndose muy abierta y llena mientras tres largos dedos escarban ahora en su coño. No puede evitarlo, la joven mujer gime como puta caliente, después de todo no es de roca, avergonzada por su comportamiento, por traicionar a su marido… Ignorando que este, sonrisa sádica en los labios, la mira por un circuito cerrado de video y la graba, vendiendo sus aventuras a muy buen precio. Callando que, de tarde en tarde, saboreaba en los labios de la usada mujer, la leche de algún otro carajo.

LA VENGANZA DE MATILDA

Julio César.

UN COWBOY ATENTO

diciembre 10, 2014

LA PUERTA SIN LLAVE

COWBOY GAY

LECCIONES

Julio César.

SECRETOS ENTRE PRIMOS

diciembre 10, 2014

JAKE, ¿DE VUELTA AL RUEDO?

DOS CHICOS CALIENTES EN UNA CAMA

   ¿Quién lo no hizo?

   La sangre arde, las carnes quieren y compartir tu cama con tu joven y guapo y primo te afecta. Vienen para las fiestas, la casa está llena y en tu cama te toca brindarle espacio. Ríe como todos, juega al básquet como todos, habla de chicas, piropea, empuja y golpea, pero de noche, exhalando calor dentro de su corto bóxer se echa boca abajo y alza su redondo y apetitoso culo hacia ti, agitándolo un poco, ojos cerrados, suave sonrisa en los labios. Y no eres de piedra, aunque así se te pone bajo el bóxer. Y miras el techo tragando en seco cuando lo notas, le ves agitarse otro poco, la curva de su trasero casi tocando tu brazo.

   ¿Qué pasaría sí…?, tan sólo te preguntaste esa primera mañana al despertar, caliente, ardiendo como si no hubieras descansado en toda la noche, mirándoselo otra vez. Lo tocas suave, después de mucho dudarlo, pero quieres y está a la mano; bien, la palma recorre para ver qué pasa. Y se siente durito y caliente, y lo agita. Sobas más, metes los dedos entre las nalgas hundiendo la tela, y el culo va y viene contra el canto de tu mano. Con los ojos cerrados, pero no podía estar dormido, ¿verdad? Respiración pesada te la sacas, larga, gruesa, dura y urgida como cada mañana, pero más esta. Y te das, lento porque se siente aun más sabroso mientras metes la mano y le acaricias bajo la tela. Tocas, sobas, bajas más el bóxer, metes un dedo en la raja entre las nalgas y después le ensartas el culo. Y al meterlo, cerrándose sobre tu dedo, le oyes suspirar ronco y bajo, todavía ojos cerrados, y sabes o quieres creer que no duerme, que le gusta y se deja. Y la paja se siete mejor, casi gritas mientras te la sobas y le metes ahora dos dedos, esas nalgas suben y bajan buscándolos, mientras te preguntas cómo coño hacer para terminar con tu güevo en su boca o metiéndosela en ese agujero travieso que tenía por culo.

COMO QUIEN DICE, LO MÁS MEJOR

Julio César.

LA SINFONICA JUVENIL DE CARACAS, COMPROMISO Y ARTE… A PESAR DE TODO

diciembre 10, 2014

MARIA CORINA MACHADO Y LA HISTORIA

ORQUESTA SINFONICA JUVENIL CARACAS

   La Venezuela pujante, voluntariosa y bonita.

   Hace más o menos un mes se presentó en el Teatro Musikverein, en Viena, la Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas,DIETRICH PAREDES siendo ovacionada de pie durante veinte minutos al finalizar su exhibición artística. Más de cien músicos bajo la dirección de Dietrich Paredes, mostraron soltura, altura, madurez y calidad. Sobre todo calidad. Con una sonrisa de satisfacción, y un orgullo grande, leí la nota de prensa; y, por supuesto, lo busqué en YouTube. “Sensemayá”, de Silvestre Revueltas; “Melodía en el Llano”, de Antonio Estévez; y “Santa Cruz de Pacairigua”, nombre del cual me siento cercano al sonar como a Guatire, de Evencio Castellanos, se dejaron escuchar, cautivando a todos, como preparativos al gran final, “La Consagración de la Primavera”, de Stravinski, con la cual capearon logrando buenos elogios. Es agradable ver a todos esos jóvenes dedicados a levantar algo hermoso, a crear cultura, que no es un término esnobista, es conocimiento, tradiciones. El bien actuar, el bien comportarse. Ser, y parecer, decentes.

   Otro tanto a anotar a favor de José Antonio Abreu, el maestro Abreu como suelen referirse a él. Yo no. Me alegra que su nombre vaya asociado a este éxito, al reconocimiento de la calidad y la competencia de jóvenes de nuestra tierra, a demostrar que cuando se quiere se puede; que el país está lleno de muchachos valiosos. Pero, personalmente, me desagrada el señor Abreu por su participación en la ruina del país en su conjunto, en el desplazamiento hacia este Infierno que padecemos. La complicidad y el colaboracionismo activo deslucen lo que debería ser sublime, su vida. Sé que se podría alegarse que está bien, que se colaboró, que mataron a los gitanos, que fusilaron a los republicanos españoles, que gasearon a los judíos, pero que de la complicidad con el fascismo se sacó algo bueno, en este caso hermosas ejecuciones musicales. Y si, tal vez debería bastar eso para soportar al señor Abreu, pero no puedo. Repito, es una apreciación puramente personal.

   Sin embargo, todos tenemos que aplaudir la iniciativa de las Sinfónicas en Venezuela; idearlas, montarlas, luchar por sus comienzos y que persistieran fue hacer patria, qué dudas caben. Un museo, un teatro, una filarmónica, todo es cultura y conocimiento, por eso el rumor sobre el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, el cierre del IVIC, debe ser repudiado. Los bárbaros no pueden llegar a tanto.

2014, UN AÑO PARA NO OLVIDAR

Julio César.


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