VENEZOLANOS, GO TO HOME

junio 28, 2017

¿TALENTO OCULTO?

   Casi un chiste cruel.

   Hace añales, después de uno de esos feos desastre naturales que los azotan, partió un barco lleno de haitianos que nadie quería recibir; una caricatura mostró a un negrito tocando un globo terráqueo enorme, diciendo “ábrame, soy haitiano”. Hoy, después del desastre total que resultó este gobierno de izquierda, los venezolanos enfrentan la diáspora y el cerco de muchos que no los quieren en sus tierras. Y se entiende. Como pasó al comienzo en la Alemania nazi, la Rusia soviética y la Cuba revolucionaria, todo el que sabía leer y sumar supo que eso terminaría en lo que aquí llamamos un cogeculo, y se fueron; los que se quedaron vivieron para lamentarlo e intentar escapar como fuera. Al inicio de esta locura, todo el que sabía algo y tenía una profesión se fue, los médicos primero, ahora 18 años más tarde (ni los antiguos chavistas se calán el hambre), emigra el “hombre nuevo”, llevando atracos, raptos, prostitución y narcotráfico a donde llega. Y eso no se esconde o cambia con palabras, aunque provoque.

SAN PEDRO… BAJO LA LLUVIA

Julio César.

NOTA: A todo el que quiera irse, con las ideas, mañas y “empresas” del hombre nuevo levantado por el Socialismo del Siglo XXI, le propongo que ubique los países amigos que apoyan al régimen en su brutal represión y partan a sus costas. Allá, uno imagina, si serán bien recibidos, y sus pobladores podrán agradecérselo a una dirigencia imbécil y excesivamente cabrona. Muy justo es que todos “disfrutemos” de lo que hacen uno y otros, ¿verdad? De nada.

POSES EN LA VIDA

junio 28, 2017

BAJO LAS CAPAS

   Es como una regla…

   Sonriendo pomposo y no exento de vanidad, enrojece un poco mientras sale de la piscina, casi “obligado” por los ruegos de los dos chicos flaquitos de aire mariconeado, que vistiendo tanguitas, quieren una foto para sus “clases” de arte. Sí, claro, se dice imaginando lo que harán con ellas encerrados en sus cuartos usando algún curioso juguetito muy secreto de la vista de sus madres. Sin embargo le gustan los halagos, la admiración, saber que su cuerpo les hace sudar; su novia estaba con sus amigas así que tenía tiempo, por lo tanto posa, incluso bajando un tanto la liga de su bañador apretado, tan mojado y adherido a sus encantos.

   Eso no extraña a los chicos, que siguen fotografiándole, chillandito y riendo sobre lo bien que queda retratado, que todos sus amigos se morirán de envidia cuando lo vean. Saben que al hombre le gusta y excita de cierta manera afectarlos así, entender que los dos lo encuentran caliente. Por lo tanto, cuando Lolito le proponga subir a la pieza y probarse otros bañadores algo más atrevidos y osados, después de que ría, se niegue pero sin alejarse, cada vez más rojo y el bañador parezca quedarle más y más apretado, subirá y posará. Y si hay suerte, mucha suerte, tocarán… para empezar.

EMOCION Y DESAZON

Julio César.

CUMPLIDOR

junio 28, 2017

SABIONDO

PATRON QUE INTERPRETA A SU TRABAJADOR

Julio César.

CÁLIDO VERANO DE UN CHICO AMERICANO… 18

junio 28, 2017

…VERANO DE UN CHICO AMERICANO                         … 17

   Lloriqueando sabe que haría lo que ese hombre le ordenara o pidiera, ser su perrita o su novia si lo quisiera. El placer que le brindaba con sus hábiles caricias, sus expertas maneras cultivadas a lo largo de años de follar y seducir, aplicadas a un joven e inocente muchacho que apenas abría los ojos a la vida, tenía esos efectos. No era el primer chico que caía tan totalmente en su despertar sexual, claro, y en su momento lo superaría, lograría razonar con un poco de calma y mesura, todos pasamos por ello, pero por ahora no podía planear cenas con la familia, salir con los amigos, leer un disco, escuchar música en su cuarto, practicar en la piscina o ayudar a su padre con el motor del auto, porque en lo único que podía pensar era en el placer que sentía cuando su hombre le llamaba y le besaba, la barba raspándole un poco, y le alimentaba de su masculinidad dura o le llenaba de sexo pero también de hábil ternura.

   Un sujeto más maduro y experimentado, como un hermano mayor que hubiera pasado por eso en su momento con un apuesto profesor de Filosofía, y ahora casado, o su propio padre si lo hablarán y el chiquillo no viviera escondiéndose y escapando furtivamente para encontrarse con su maduro amante, podría haberle aclarado que eso que sentía y le hacía suspirar, susurrar el nombre del hombre, que le provocaba ensañamientos despierto no era realmente amor. Un primer enamoramiento si, esa ilusión de la primavera en la vida de todo chico, pero no algo total y profundo. Eso que parecía completo, luego descubriría que era pasajero, había muchos amores destinados a una persona en esta existencia. Pero, por ahora, vivía su historia, aunque era difícil mantenerla oculta en un pueblo tan chico del medio oeste, a mediado de los ochenta, donde todos le conocían, a su hermano o a sus padres; pero aún así se las ingeniaba para llegar a ese temporal refugio del mundo y rendirse a su joven fiebre de amar. Como nos ha pasado a todos.

CONTINÚA…

Julio César.

CREIDO

junio 28, 2017

PUSSYMAN

   -Si, claro, “no te gusta esto”. Ven, comienza oliéndolo y luego veremos, yerno…

RETO

Julio César.

NOTA: En la sexualidad todos tenemos algunos ESTANDARES

LAS INFELICES DECLARACIONES DE ROY DAZA

junio 28, 2017

REPRESION DEL GOBIERNO, UN MAL REMEDIO

   O el por qué la gente le dio la espalda al proyecto en 2015, y ahora al pueblo se le quita el derecho a elegir electoralmente.

   No han sido para nada afortunadas las declaraciones dadas por el dirigente gobiernero Roy daza, (uno de los enterradores de lo que fue el multitudinario PSUV), en GLOBOVISION, cuando respondiendo al por qué de los militares matando gente de frente, el último de ellos en La Carlota, sin manera de disimularlo o de echarle la culpa a otro porque ocurrió y todo el mundo lo filmó, va y dice que “es culpa de los convocantes” de las protestas que los funcionarios disparen contra los manifestantes y los asesinen. Que estos, los que manifestaban exigiendo se retomara el hilo constitucional roto desde que se desconoció el resultado electoral de la parlamentarias de 2015 (cuando el poder, voto a voto, se le entregó a la oposición), “obligaba” a los pobres asesinos a actuar.

   No es una postura nueva en ciertas mentalidades básicas y un tanto débiles para encarar las propias limitaciones. Un alto funcionario de Rusia metió a su país en un vaporón, obligándolos a pedir disculpas internacionalmente después, cuando alegaba que la culpa de la Segunda Guerra Mundial, y sus cincuenta millones de muertos, la tuvo Polonia cuando se defendió de la invasión nazi por un lado, y de la ocupación soviética por la otra, cuando se la tragaron en sánguche; es decir, que fuera de que les  destruyeron Varsovia, los ocuparon y cometieron todo tipo de tropelías, los polacos todavía quedaban a deber. La responsabilidad de esa matazón, de lo ocurrido, era de quienes se defendían. Es el mismo racionamiento que usaba Muamar el Gadafi y que todavía emplea Bashar al-Assad, el brutal tirano sirio, para justificar sus atrocidades porque se creen realmente dueños de esas vidas y países, y que la gente sólo está allí para hacer lo que se les dice o llevan. Y, cuando llevan, es muy justificadamente porque se atreven a alzar la voz. Nada raro hay en esos planteamientos afines, los fascistas son iguales en todas partes, por mucho que difieran sus nombres.

   Pero no hay que ser tan exquisitos en este caso, el sujeto no da para tanto, no en balde, junto a su banda, tomó a un país más o menos cómodo, con entradas de dinero, que exportaba arroz, café y gasolina, y lo convirtió en un basurero donde la gente se muere de hambre escarbando en los desperdicios (y si se quejan los matan, y encima tienen que cargar con la culpa). La mentalidad del señor Roy Daza es la del vulgar atracador que le dispara a su víctima en la cara porque se negó a entregarle la cartera o el carro, saliendo con un “se lo buscó, ¿quién lo manda a resistirse?”. La lógica del señor Roy Daza es la del sádico que estrangula a la mujer que violó porque está gritó y amenazó con denunciarlo. Tan simple como eso. Lo bueno de esta gente es que se les entiende y reconoce fácilmente, aunque a buena parte del país le llevara tanto tiempo comprenderlo, como ocurriera en diciembre de 2015, cuando siete de cada diez votantes les dijo hasta aquí, y la banda comenzara este largo calvario de ver qué trácala hacían para desconocer al soberano.

   Pero, en su extravío (y en las mismas declaraciones), se atrevió Roy Daza a aconsejar a Julio Borges que regresara a la política y dejara los caminos violentos, porque en su trastorno, la víctima es el victimario; y el victimario, en este caso él, Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno, que montaron este aparato represor y anunciaron por televisión y paredes de Caracas que lo utilizarían si la gente se quejaba, “son las víctimas de una campaña feroz de la derecha”. Él puede apartarse del camino democrático buscando una dictadura vitalicia de su grupito, pero los demás deben proceder como él supone que deben actuar los grupos que no le son afectos, sin hacer nada, mucho menos defenderse.

   En ese mismo orden de ideas habló sobre: “Nosotros escuchamos, vemos el planteamiento y hasta el momento no vemos que haya una razón para suspender la convocatoria a la ANC. Consideramos que la Constituyente es un camino a la paz”; y se entiende desde su lógica muy básica, si no hay impedimentos “legales” para perseguir, encarcelar y torturar gente que resulte molesta, y se imposibilita el elegir a nadie o nada en comicios abiertos, cerrándose el paso a toda investigación sobre corrupción, narcotráfico y violación de los derechos humanos, esto sería el paraíso, la dicha… para él, Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno.

   El problema es que el resto del país no piensa igual, por ello se reprime y sólo se llama a “votar” en la constituyente fascista al grupito gobiernero. Nadie más. Que fue lo que silenció el curioso sujeto a pesar de toda esa paja vacía.

GOLPE DE ESTADO EN VENEZUELA, UNA CADENA DE LOCURAS

Julio César.

LOS CONTROLADORES… 43

junio 26, 2017

LOS CONTROLADORES                         … 42

   -Ven por todo lo que te gusta, marica.

……

   -Vine por café. –alza la taza, intentado desesperadamente parecer inocuo e inofensivo. Bartok le mira fijamente, la desconfianza completamente dibujada en su bonito rostro.

   -Te buscaba hace rato, ¿saliste? –hay sospecha en el tono.

   -Si, yo… -le cuesta concentrarse. Generalmente era muy bueno inventando, mintiendo. Era parte de su trabajo, pero ahora le resultaba difícil. Joder, qué guapo era ese tipo, no era justo que otro sujeto se viera tan bien, se encuentra pensando, luchando contra la idea. Sería fácil bajar el tono, ablandar la cara y hacérsele agradable, ser un amigo, servirle. Lo piensa casi con pánico. Pero no puede, todas sus murallas se alzan. Se cubre. Se protege, y algo debió notar Bartok, quien parpadeó como sorprendido.- Yo… me robaron una moto, un pana me llamó con una pista sobre su paradero, salí y…

   -Bien, bien, entiendo, pero no tienes nada qué hacer aquí. El director ese, el que se cree Spielberg te, busca, no sé para qué. Hace rato. Ve con él. –le ordena, casi urgiéndole a salir. Así lo siente el detective privado, alertándose más.- ¡Vamos, que es para hoy! –ruge y, lamentándolo, tiene que salir, lentamente, notando que por el portón viene entrando la camioneta que llevó a los chicos actores, el nieto de la amiga de su jefe, y el azafato, a esa casona extraña. Joder, algo pasaba, o pasaría, y Bartok no le quería allí. Pero no pudo quedarse, no seguido por esa mirada.

   Bartok no afloja la tensión de su bonito rostro ni siquiera cuando le ve desparecer y la puerta metálica se cierra a sus espaldas. ¡No había podido entrar en ese sujeto! Eso era… El maestro tenía razón, los habían localizado e infiltrado. Oprime los labios, y un joven de modales torvos, que mascaba chicle y que pasaba cargando unas cajas, casi da un traspiés, deslumbrando de repente por la belleza viril y física del sujeto, algo tan fuerte que le hace enrojecer y parpadear, alejándose casi asustado de sentir aquello. Bartok no lo notó, tan sólo piensa en lo que ocurre. En los fenómenos que les habían encontrado. Los malditos anómalos, esos frígidos sujetos que preferían vivir en las sombras, ocultos, disimulando sus dones y destrezas en aras de un mundo vulgar y lleno de mediocridad. Pero no importaba que estuvieran justo allí, no ahora que todo estaba en movimiento. Sonríe con crueldad, era la hora de los controladores.

   Se vuelve a mirar el auto detenido, del cual, de la parte posterior, bajan los dos chicos, viéndose muy andróginos, delgados, muy maricones, riendo y medio contoneándose, los ojos de todos los hombres presentes vueltos hacia ellos, algunos de los sujetos cargando aún las cajas, recorriendo con variadas sensaciones los jóvenes y bonitos cuerpos de los mariconcitos que reconocen de las caratulas de los DVDs.

   -Hey, muchachotes guapos… -sonríe mórbidamente Leonardo Pompa, contoneándose.- Mi amigo y yo queremos vivir emociones intensas. –anuncia riendo de manera totalmente maricona, igual que Ernesto Garzón, impactado a los cargadores.- ¿Hay hombres presentes? –pregunta dando media vuelta, apoyando las manos en la carrocería del auto, mirándoles sobre un hombro, el culito redondo resaltando bajo la blanca y suave tela de un pantalón que deja ver los contornos de un bikini de color más oscuro.

   La declaración causa un profundo silencio de sorpresa, ¿o es algo más? Podría ser, porque el depósito parece ir llenándose de una electricidad estática intensa; la de machos cabríos en celo.

   Bartok mira y sonríe leve, aunque sin olvidar del todo el incidente con Gabriel Rojas, el sujeto a quien no pudo leer… ni afectar (¿cómo era posible?; los anómalos, si, era la única respuesta), se complace en la marcha de sus planes. Esos chicuelos ya ni pensaban, tan sólo eran hermosos objetos necesitados de sexo, y cada vez que lo obtenían, el poder de los controladores se incrementaba. Su satisfacción aumenta cuando ve a los sujetos en ese taller respirar pesadamente, como si un olor les alcanzara haciéndoles arder de ganas salvajes y primitivas que necesitarán manifestarse y ser saciadas. Dos de ellos, muy jóvenes, cruzando una mirada lobuna y van hacia Leonardo, quien sonríe aún sobre su hombro y los recibe con un “hummm”, cuando ambos acarician su culo al tiempo que le preguntan si es que el putico está caliente. Esas manos tocan y soban, hurgan y palpan. Los otros miran y se movilizan, tocan también, y posicionan al otro, junto a su amiguito, quien también ríe como putilla en fiesta de universitarios cachondos.

……

   Frenesí… No había otra palabra para describir toda aquella locura y fiebre sexual que parecía ir atrapando a todos, impidiéndoles pensar con claridad, tan sólo necesitando y deseando satisfacer un impulso primario. Unos poseer, coger a los putitos, así lo pensaban, sentían, que era su derecho tomar (penetrar y follar) a todos los chicos cuyos culos eran coños ansiosos de güevos; y los otros, los que buscaban ser poseídos, sentir sus coños de chicos bien llenos de masculinidades duras y pulsantes. Ambos generando una intensa carga de energía sexual que parecía ir creando una nube de electricidad sobre la ciudad. Una que era captada y utilizada por sujetos especiales. Un ímpetu que se incrementaba por segundos.

   Como en aquella casa camino al cielo, si uno pudiera llegar a él por una vía fea y marginal en el oeste capitalino, donde, sobre la cama de su propio hijo, un hombre folla con los dientes apretados el culito tierno de uno de sus sobrinos preferidos, un chico al que hasta hace poco casi consideraba otro hijo, el cual, de espaldas sobre el camastro, se agita, estremece y ronronea lloroso por el placer que su tío estaba dándole al enterrarle el güevo por el dulce culo, abierto y lubricado por su hijo, minutos antes, que descargó una buena carga de leche en él, la misma que ahora salía cuando la nueva tranca iba y venía al cogerle.

   Lo sucio de la escena, lo muy prohibido y malo de lo que hace, estar de rodillas sobre la cama de su muchacho cogiéndose a Benito, tiene mareado de calenturas al Onésimo Malavé. El joven y guapillo muchacho, con ojos nublados de lujuria, gemía entre jadeos cuando la mole de carne de su tío salía y entraba de su culo sedoso, metiéndosele con todo, golpeándole en lo más profundo. Era todo lo que quería, pensaba como en bucle, una buena pieza llenándole el coño, su coño de chico. Sonríe tenue, feliz, realizado, mientras se acaricia el torso y se pellizca las tetillas, sabiendo que su tío le miraba con ganas. Una perrita como él amaba eso, saber que gustaba, que excitaba y enloquecía a los hombres de verdad. Porque eso era, una perra caliente que necesitaba de las atenciones de los machos. Esas ideas casi parecían palabras pronunciadas en su cerebro, controlándole, haciéndole ronronear cuando sentía la gruesa y nervuda barra retirándose, refregándole todo, para volver a clavársele duro, golpeándole en su punto G. Dios, amaba ese güevo, su coño de chico lo amaba, comienza a decirse, apretando el culo, intentando atraparlo, masajearlo, exprimirlo. Todo lo que un hombre podía desear sentir sobre su barra cuando penetraba a otro hombre, uno que se sometía a su masculinidad superior.

   Respirando pesadamente, Onésimo levanta las piernas del muchacho, llevándole los tobillos a los recios y peludos hombros, atrapándole luego las duritas nalgas con las manos, alzándole un tanto de la cama, e intensificando sus cogidas, las embestidas de su tranca, adentro y afuera, haciéndole trinar.

   -Oh, Dios… Hummm… -lo gimoteos de Benito llenan el cuarto.

   -Míralo delirar, papá, es tan perra. –la risita de Jóvito, a su lado, atrae su mirada. Su muchacho estaba caliente otra vez, desnudo como todos en ese cuarto, a excepción de Benito, quien aún conservaba su calzoncillo cubriéndole los genitales, tan sólo con las nalgas afuera.- Quiere y quiere güevo, papá; no se cansa. Cógelo duro, llénalo de leche. Préñalo. –ríe, extraviado.

   -¿Eso quieres, muchacho? ¿Quieres mi güevo llenando tu dulce y apretado coño de chico? ¿Quieres que papi te preñe? –Onésimo se siente sucio, atrapándole con más fuerza las caderas, alzándole y atrayéndole contra su barra, dejándole bien conectado.

   -Hummm, hummm, si, tío, cógeme duro, métemelo todo, llena mi coño con tu semilla… -ronronea, perdido en su lujuria. Así como Jóvito y su tío parecían aún más viriles, sus toletes más gruesos y duros, él se sentía más suave, más delicado y necesitado. Femenino. Quería güevo, lo quería bien adentro y lo quería ya.

   -Pídemelo, pídele a tu papi que te preñe. –le ruge el hombre, sonriendo, sintiéndose morboso y malvado, deteniendo sus embestidas. Jóvito sonríe maloso, esperando por las palabras de sumisión y gratitud, el ruego que todo mariquita debía brindarle a sus hombres.

   -Oh, sí, papá, cógeme duro, coge el coño de tu perra… -balbucea el muchacho, sintiéndose tan caliente, tan excitado al entregarse de esa manera.

   -Tranquilo, bebé, lo tendrás. -le ruge el hombre, entre dientes, soltándole las nalgas y montándole los dos tobillos en un hombro, cerrándole un tanto las nalgas y el agujero del culo alrededor de su güevo pulsante y todavía enterrado, y el chico lloriquea de emoción.- Voy a ponerte una barriga, a preñarte, y parirás un hermanito para Jóvito que luego te cogerá también…

   Las palabras le emocionan, así como hacen reír más a Jóvito, y el chico es recompensado por una nueva oleada de embestidas que hacen chirriar la cama, por la barra que sale casi hasta el glande, pulsante, para luego enterársele, metiéndole los pliegues del culo, rozándole las paredes del recto, golpeándole en la próstata una y otra vez, haciéndole chillar. Las palabras de su tío son como caricias, dulces poemas de amor en sus oídos de marica, mientras es perfectamente consciente del vaivén del tolete del hombre dentro de su cuerpo, de sus entrañas, abriéndole y llenándole su coño de chico, transformándole con cada embestida, llevándole a un punto sin retorno donde terminaría siendo una perrita caliente, siempre en celo, esperando por machos el resto de su vida.

   Lo sabe, de alguna manera lo intuye y tiene que alzar la nuca, echándola hacia atrás, arqueándose sobre la cama cuando lo siente, el cambio físico que se produce en su cuerpo, los labios de su culo, su entrada misma llenándose de sangre, incrementando las sensaciones con el roce del tolete, la estimulación y la excitación. Grita y grita porque no puede contenerse ni asimilar completamente las poderosas oleadas placenteras que ahora le recorren. Su culo, independientemente de lo que pensara o hiciera, parecía una boquita que se abría y cerraba sobre un sabroso caramelo al cual chupaba, disfrutando intensamente del sabor. Así sentía el “trabajar” sobre ese güevo que lo cambiaba, que lo transformaba completamente en un chico de coño ardiente, como le pasaría a decenas de carajos en unas horas, a cientos para media noche. Miles al día siguiente en la gran Caracas. Luego… el mundo.

CONTINÚA … 44

Julio César.

SOFOCON PATERNO

junio 26, 2017

BUENO ES EL CULANTRO, ¿PERO TANTO?

   Joder, se dice desviando la mirada, ¿cómo seguía diciéndole a los conocidos que su hijo y el otro chico eran tan sólo buenos amigos?

ABRUMADO

Julio César.

LOS HEREDEROS… 2

junio 26, 2017

LOS HEREDEROS                         LUCHAS INTERNAS

   Muchos los llamados, pocos los elegidos a alcanzarle…

……

   Alejado al otro chico de su mente, y apartando la incertidumbre por lo que hará, reconoce que ha sido afortunado en la vida. A pesar de todo. Porque si, todo pudo terminar horriblemente mal para él, como cavilara poco antes al llegar a la universidad, estacionando su jeep machito, costoso, rojo y hermoso (vulgar, en su opinión), en el edificio de Filosofía, en la caraqueña Universidad Católica Andrés Bello, en la urbanización Montalbán. Sólo usaba el estacionamiento, no era que estudiara tal cosa; aunque todavía inseguro sobre lo que deseaba para sí, tampoco estaba tan extraviado. Fue allí cuando se le ocurrió por primera vez. No le había ido del todo mal, buenas ropas (aunque no le quedaran), bonito auto, un apartamento para él solo, una costosa educación pagada y garantizada. Una mesa siempre dispuesta. No estaba mal para un niño que nació en una miseria atroz y cuya madre fue brutal y salvajemente asesinada, casi corriendo él mismo igual suerte. A veces, cerrando los ojos, concentrándose, casi podía percibir el olor a sangre, escuchar los gritos apagados, el rasgar de…

   Tragando aire mientras cubre su mirada algo húmeda con unos lentes oscuros polarizados como espejos, también de los caros, sigue su camino hacia las piscinas de la universidad, hacia el área de Educación Física. Fue una suerte aquella segunda madre que la vida le deparó, la de voz sosegada, la suave y amorosa mujer que espantaba los malos sueños, al asesino que acechaba en las sombras. Botando aire ruidosamente alza la barbilla, tendía a jorobarse un poco, como muchas personas altas de estatura, y mira el mundo a su alrededor. Por ella, por la nueva familia que la vida le había deparado cuando comenzaba y ya no esperaba nada, es que lo haría. El regalo. Si tan sólo tuviera la certeza de que eso…

   Bien, ya había llegado hasta allí, y de todo lo que había hecho en esos dos meses desde que cumpliera los dieciocho años, lo que estaba a punto de realizar era lo menos grave. Lo otro… Bajo el inmenso cielo azul pálido, aún con el sol lanzando sus rayos con brutal intensidad, siente algo de frío. Se detiene un momento, cerrando los ojos tras los cristales y eleva el rostro. Abriéndolos, continúa por la acera que le apartaba de Filosofía y le llevaba a las canchas y piscinas, notando a los jóvenes formales que se apresuraban a ir a sus clases, casi siempre solos, y los grupitos que reían y charlaban mientras comentaban algo del momento, la televisión, las clases, la última fiesta o, como no, lo cierto o no sobre la gravedad del Presidente de la República, haciendo alegres cábalas sobre si morirá pronto o no. Hay grupos sentados en bancos, leyendo, hablando, riendo. Otros recostados en las diferentes gramas. Y Víctor les miró con cierto ceño fruncido y caída de hombros.

   Ninguna de aquellas personas reparó en él, se volvió o le saludó mientras pasaba. Conocía a algunos, de vista, de compartir alguna clase, pero el impacto en sus vidas había sido tan pobre que no parecían sentirse obligados a perder tiempo, o energías, saludándole. Cosa que muchas veces agradecía, aunque otras lo lamentaran. Habría sido bonito tener amistades allí, gente joven, bonita y despreocupada que discutieran con él sobre fiestas y citas. Pero muchos, por no decir ninguno de ellos, llevaba sobre sí las cargan que pesaban sobre él desde niño. Era obvio para cualquiera que se tomara la molestia de hablar con el muchacho, que este tenía una opinión muy pobre de sí mismo, una que era suya y que los mimos, abrazos y besos afectuosos de una madre sustituta nunca pudieron combatir o variar. Era muy delgado, es cierto, y sus dientes sobresalían un poco, pero sus facciones eran armoniosas, su cabello castaño sobre un cutis blanco algo paliducho hacía resaltar sus ojos marrones claros. En él existía la promesa del futuro atractivo, uno que sus condiscípulas de estudios, por ejemplo, no podían ver. Pero nadie se lo había planteado jamás así, por lo tanto, Víctor Simanca se sentía totalmente inadecuado. Poco apto, como para que los chicos guapos le miraran (o el amor de su vida, el más guapo de todos los chicos), o las féminas quisieran su amistad.

   Por otro lado, desconfiaba de la gente que de pronto se le acercaba, como ocurría con el entrenador, el señor Morales, a pesar de las veces que le había ayudado. Le parecía, y temía estar volviéndose paranoico, que había personas extrañas que llegaban, le sonreían y querían averiguar asuntos de su vida privada, lo que no hablaba, lo que nunca contaba. Sobre su madre. Sobre sus dos madres. La idea le hace apresurar el paso, ida ya toda alegría. Cosa que se agrava al acercarse a los vestuarios… y a Adrián Mijares y su corte de coños’e madres. Aunque vistosos y atractivos. Dios, que no esté, que no esté allí.

   Pero, claro, estaba, y sería desagradable el encuentro. Otra vez.

……

   Cuando abre la puerta del pasillo que lo introduce en su apartamento minúsculo, modesto y atiborrado de cosas, Ricardo Amaya deja escapar un suspiro de alivio… y de frustración. Se ve y se siente cansado, agarrotado. Ahorcado por las correas de las bolsas de viaje alrededor de su cuello. Empegostado de algo que es más que sudor (y un lejano tufo a camarones de río). Agotamiento que resultaba irónico pues venía de pasar seis días en un retiro vacacional, donde la idea era precisamente esa, descansar, reconectarse con algo que le gustaba mucho, acampar y pescar, y tirar mucho con la persona que le acompañó. Todo eso lo hizo y funcionó… por un día. Al segundo comenzaron las dificultades. Unas que…

   -¡Aún no termino de hablar! –la ruda y demandante voz le recuerda, de golpe, que tras él, fuera del apartamento, cargando también con dos grandes y pesadas bolsas de viaje, estaba Sergio Luna, el hombre que le acompañó en la escapada tipo Brokeback Mountain, como le dijera Susy, su sobrina, alarmándole como siempre lo bien que la joven mujer parecía conocerle.

   -Por Dios, ¿piensas seguirme hasta la pata de la tumba para continuar discutiendo? ¿Ya no fue suficiente toda la semanita? –ruge dejando caer las bolsas de su cuello; ceñudo, se vuelve hacia el hombre a sus espaldas.- Y entra, no quiero que los vecinos nos escuchen discutir como una vieja pareja de casados. –demanda. Esas palabras endurecen la mandíbula del otro, quien entra, arroja al suelo las bolsas que llevaba, y se lleva los brazos al pecho, cruzándolos.

   -Claro, Dios no quiera que sepa alguien que te acuestas con un hombre. –el reproche, abierto, directo, ácido y caliente golpea a Ricardo en la cara, obligándole a tragar su propia rabia.

   -¿Tú si quieres que se discuta tu sexualidad? ¿Tú? ¿Y por qué siempre terminamos discutiendo ese punto? –alza la voz y las manos como si metiera algo dentro de paréntesis, aunque en verdad quería tratarlo todo con civilidad, ecuanimidad. Pero el viaje de regreso, con Sergio lanzándole puntas, le había irritado de manera intensa.- Eres tan frustrante…

   Coño, ¿qué pasaba en su vida? No lo entendía, nada de ninguna de las cosas que le ocurrían últimamente. No era un chicuelo para andar pasando por esos sofocones, era un hombre que había llegado a la cuarentena, aunque no lo pareciera por su cara y figura, siendo algo bajo de estatura se cumplía aquello de que el burro chiquito siempre pasaba por pollino (su frente apenas llegaba a la nariz de Sergio, quien no era uno de los tipos más alto que conocía). Era plenamente consciente de su edad y de su figura algo rolliza; la franela que carga en esos momentos, larga, cómoda, se aferraba un tanto a su abdomen. Joder, no era el sueño de gloria del Corán ni de la Biblia, como decía la canción aquella, por lo tanto no veía ni entendía la razón de aquel ataque injustificado de… inseguridad de Sergio. Carajo, este contaba con treinta y dos o treinta y tres años, y era un sujeto realmente guapo, de cuerpo tonificado, piel canela, cabello negro y abundante. Su rostro era virilmente armonioso. Un sujeto capaz de abordar a cualquiera, hombre o mujer, en la iglesia, un mercado o un bar y llevarlo rápidamente a la cama, como ocurriera entre ellos, en el gimnasio donde luchaba (infructuosamente, le parecía), contra la panza. 

   Todavía recordaba el momento, unos meses atrás, cuando sudando y jadeando alarmantemente como un fuelle sin aire después de trotar en la caminadora, bamboleando la panza (le parecía), sus ojos habían caído sobre Sergio, quien hablaba con una joven catira, espigada, de buenas curvas. Pareciéndole una pareja muy bonita, aunque amante de las morenas, a él le resultara más interesante el hombre. Era un chico, no, un tipo guapo. Y cuando sus miradas se encontraron, se ruborizó hasta la raíz del cabello como un joven colegial; era tan mortificante verse así pillado por sorpresa en el gimnasio mirando chicos. Nunca esperó que en los vestuarios le encontrara, como si le esperara, alto y guapo, su cuerpo recio y casi artísticamente velludo, envuelto únicamente con una toalla alrededor de una cintura injustamente delgada; su corazón y su temperatura se dispararon, como cuando soltaba el bofe en la fulana trotadora, aunque intentó no mirarle(ni babear), hacerse el desentendido. Lográndolo, o eso creía, hasta que abrió su locker y tomó una botellita de agua mineral, sintiéndole a sus espaldas, muy cerca, bañándole con el aliento.

   -Voy a tomar una ducha… pero te esperaba. –le dijo, voz ronca, desenfadada. Sensual.- ¿Me acompañas? Me gustaría, mucho, y creo que a ti también.

   Era una locura, lo sabía, pero llevaba tiempo solo, y el ejercicio le excitó, y ese tipo era realmente guapo, por ello terminaron bajo una misma regadera en los solitarios baños, con Sergio metiendo una de sus largas piernas entre las  suyas, aplastándole de espaldas contra las baldosas, bajando el rostro y besándole como si quisiera devorarle, metiéndole lengua, atrapando la suya y chupándosela ruidosamente, erizándole con cada pasada. Todo era piel de hombres, caricias rudas, besos mordelones, toletes que endurecieron, pulsaron y quemaron. Y un condón salido sólo Dios sabía de dónde, para verse aplastado de rostro contra esa misma pared, un segundo después, el cabello negro pegado a su frente y ojos mientras la llovizna de la ducha los mojaba de agua templada y deliciosa, mientras ese hombre a sus espaldas, la cintura algo quebrada, le penetraba una y otra vez, abriéndole el hueco del culo con su tieso tolete grueso, duro y caliente, aplastándole contra la pared, follándole en ese lugar donde las malas lenguas decían que a cada rato descubrían a una parejita  de tíos en esos asuntos. Y que había cámaras ocultas.

   Nada de eso le importó a Ricardo Amaya mientras los brazos del otro le rodeaban la cintura, halándole y apretándole contra su cuerpo, llenándole el culo sin detenerse, cepillándoselo con intensidad, haciéndole gemir de manera ronca y bajita, rogarle por más, porque ese tío sí que sabía moverla, rozarle, darle justo donde debía, y más cuando le susurraba al oído que sabía que sería así, que tenía carita de cachondo. Mientras le cogía, Sergio le hacía sentir vivo otra vez, como tenía rato que no pasaba en su vida de trabajo, deudas y obligaciones personales y profesionales que a veces eran difíciles e insatisfactorias. Mientras sonreía, meciendo su trasero de adelante atrás, abriendo su agujero, tragando y apretándole el güevo en su vaivén, para sorprenderle, le gustó sentirse puto, le gustó que una de las manos del otro pellizcara una de sus tetillas y que la otra bajara a su tolete y lo masturbara, diciendo aquellas cositas tan ricas…

   -Voy a destrozarte el culo, pequeñín…

   Lo que debió ser sexo anónimo, de oportunidad, se volvió algo un tanto más complicado, aunque Sergio fijó desde el inicio los límites a donde le permitía llegar, y se vieron para toma una copa, encuentro que terminó en una encerrona de un fin de semana en un motel. Y a Ricardo le pareció perfecto el arreglo. Era grato, estimulante, caliente, Sergio era un ganador, un sujeto nacido para tener sus noches ocupadas con mucho sexo sabroso, intenso e intranscendental, y quería pasar algunas con él. Maravilloso. La vida era buena con él, por un rato. Pero ahora…

   -¡Y tú eres un imbécil que pretende no ver cuál el problema! –le grita Sergio, toda mala leche, regresándole de golpe al presente. Carajo, ¡ahora tendrían que hablarlo!

CONTINÚA … 3

Julio César.

EL GOBIERNO CONTRA LUISA ORTEGA POR CHAVISTA

junio 26, 2017

REPRESION DEL GOBIERNO, UN MAL REMEDIO

   Lo dicho, locura o drogas…

   Intentando frenar el huracán que los abates montándole una cobija mal remendada a la situación, al Gobierno no se le ocurre nada mejor que enviar a Pedro Carreño para que introduzca una querella, para silenciarla, contra la Fiscal General de la República, señora Luisa Ortega Díaz, frente al Tribunal Supremo de Justicia, un Tribunal Supremo de Justicia nombrado a dedo por el jefe político de Pedro Carreño, Diosdado Cabello, en un show televisivo (no es que nos lo contaron, lo vimos), aquelarre donde se falsificó la firma de esa misma Fiscal General, cometiéndose otro fraude, un nuevo delito en este collar de crímenes que fue el evento montado en televisión por Diosdado Cabello, cuando quiso escupirle públicamente al país que le había rechazado días antes en las elecciones parlamentarias (siete a tres).

   La Fiscal se pronuncia sobre las actuaciones irregulares y anticonstitucionales del Tribunal Supremo de Justicia, y mandan a Pedro Carreño a querellarla en semejante organismo, como si de verdad creyeran que semejante acción, y semejante órgano sometido a los dictámenes de Miraflores, le dijera algo a alguien, le valiera alguna confianza o credibilidad (lo dicho: drogas o demencia). Lo cumbre es que para tan delicada tarea envíen a Pedro Carreño, como si ya no les quedara nadie que medio les valiera algo; de este señor se recuerda, por encimita y sin forzar tanto la memoria, cuando gritaba e insultaba a una periodista que le seguía la pista a Vladimiro Montesino en Venezuela, señora Patricia Poleo (hoy en el exilio), alegando que eso no tenía que hacerse, buscársele, ni indagar sobre quienes le protegían ni qué relación tenían con grupos delictivos porque ese señor, Montesino, estaba muerto y a él le constaba. Que ninguna policía le persiguiera, que se le dejara descansar en paz porque él sabía que estaba muerto. Lo garantizaba él, su palabra era un cheque valido.

   Lo dijo frente a todo el país, mintiendo de frente, y a los días a Montesino lo detuvieron, no sólo vivo sino oculto aquí como la periodista sostenía. A ese sujeto, a quien jamás se le investigaron los vínculos con el tipo aquel, que pagaba a precio de oro su protección, es a quien envían a querellarse con la Fiscal. ¿Y de qué la acusa?, de “actos terribles”, como parece ser denunciar la ruptura del hilo constitucional y exigir que se suspenda la brutal represión de los cuerpos de seguridad contra la población que pide elecciones, y la reiterada violación de derechos humanos. Esos son sus “terribles delitos”, denunciados por quien nos aseguraba que un peligroso prófugo no sólo no estaba aquí sino que no debía buscársele más porque estaba muerto; y la denuncia, ese sujeto con ese prontuario, frente a un Tribunal impugnado por su ilegitimidad de origen, comenzando por nombramientos a dedos de personajes con averiguaciones penales abiertas. Ese es el circo que un Gobierno forajido monta alrededor de una señora que no se pliega al guión establecido.

   Dentro del drama que se nos ha vuelto el país, me hizo reír entrar al portal de El Chigüire Bipolar, encontrando una nota al respecto, el régimen acusa a la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, por ser chavista… Cosa muy cierta, por cierto. Esto es algo que atormenta a la gente un tanto inconsecuente, acostumbrada a pensar que sólo aquello que se le ocurre o cree, es real, por lo tanto una idea suya es prueba de algo. El mundo no es así, pero es difícil que lo entiendan… porque no se les ocurre, por lo tanto no es cierto. Pasa con la Fiscal, quien cuenta con mucha responsabilidad en el desastre en el cual terminó convirtiéndose Venezuela, pero que, sin embargo, les haló la colcha de ilegalidad, y golpes de estado, con las cual el régimen intentaba cubrir el desconocimiento de la Constitución de Venezuela.

  Acorralados por la falta de dinero (todo se lo robaron y a esa vieja maña la llamaron revolución y amor al pueblo), el cerco internacional que mira las maneras autocráticas de detener a la oposición (militares secuestrando gente y juzgándola en la casa del partido, con los jueces del partido, lo peor del Plan Cóndor y del estalinismo del siglo pasado, todo en un solo lote de fascismo), y un país que antes del año de la gran hambruna, 2016, ya había votado en contra de ellos en las parlamentarias de 2015 (siente a tres); al régimen no le quedó otra que desconocer el resultado electoral de las parlamentarias, impedirle al venezolano expresarse electoralmente sobre lo que fuera, invalidar el Parlamento y decretar ellos, y entre ellos, que lo que hagan y dispongan, por disparatado que suene, es legal. La Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, dijo que no, que eso era romper el hilo constitucional y era un golpe de estado. Desde ese momento comenzó la puja a tres alrededor de la señora. El Gobierno en contra, acusándola de todo, hasta de loca; parte de la oposición que ve en el enemigo del enemigo a un aliado en un momento dado; y la de otro sector de la oposición que la creen una tracalera que algo busca y que debió manifestarse antes. Este punto es el más idiota, porque en ningún momento esa señora ha renegado de lo que fue y apoyó. Su proyecto de vida era el del difunto, y el difunto Hugo Chávez se valía del pueblo para legalizar y forrarse de verdadera autoridad, incluso cuando cambió la Constitución y Venezuela fue y la aprobó en unos comicios universales, directos y secretos, no por un grupito designado por ellos mismos y nadie más.

   La Fiscal es parte de ese chavismo que fue expulsado del PSUV, la llamada disidencia, porque no se apartaron del pensamiento del difunto y no aprueban las maneras de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Ella no es de oposición, ni lo ha dicho ni lo ha pretendido, la gente algo inconsecuente cree haberlo escuchado o leído así, pero no lo es. Ella es chavista de las del difunto, no de la gente que se ha desatado contra el derecho de los venezolanos a elegir su destino. Sabía la señora, como el resto de los disidente dentro de Marea Roja, que tal pretensión mataría para siempre la idea de la izquierda o el socialismo en Venezuela, esa misma que antes era pro cubana, que amaba la revolución de la isla e idolatraba la barba de Fidel, y que ahora escupe con asco y rabia ante cualquier cosa que huela a la isla. Ese daño que la revolución le hizo al comunismo cubano, la actuación de Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno se lo hacen al legado y recuerdo de Hugo Chávez, cosa que la señora no acepta.

   Es por ello que resultó tan divertido, y esclarecedor, la entrada de El Chigüire Bipolar:

POLÍTICA | 16 JUNIO 2017

Tarek William Saab acusa a Luisa Ortega de ser chavista

El Defensor del Pueblo Que Vive En Miraflores, Tarek William Saab, presentó ayer contundentes pruebas que confirman la teoría oficial sobre la posición política de la Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, asegurando que ella es chavista.
Saab, quien por sus peinados revela su fanatismo por Sergio Ramos, aseguró que “la señora esa pretende atentar contra la revolución cuando todos sabemos que es chavista y las pruebas los confirman porque nadie que tenga un iPhone 7 y consiga tinte de pelo tan rápido no es chavista. También hay otros indicios de su chavismo como que alguna vez la ha dicho la palabra patria, usa la franela de los ojos del Comandante Supremo Intergaláctico 100% Algodón y hasta toma whiskey 18 años. Además es chavista porque ella siempre estaba en nuestras cosas. Es más, Luisa hasta fue al babyshower que hicimos para recibir a Maduro. Así que ahora no venga a desligarse de todo y empezar a hacer las cosas bien ¡No señor!” sentenció Saab mientras hacía cargaba a un reportero presente para hacer bíceps.

   La verdad es escalofriante, como ya se señaló. Al nombramiento de unos magistrados de manera tan irregular, se sumó el hecho punible del forjamiento de firmas (es que no hubo delito que no cometieran en el nombre del socialismo, el enriquecimiento ilícito y la necesidad de cubrirse las espaldas), implicándose directamente al Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, quien alegó que la Fiscal había estado presente durante dicha discusión y aprobación a dedo, certificándolos con su firma, que él la vio… para que luego saliera la ex secretaria del Consejo Moral Republicano, María José Marcano, negando de frente que ella, o la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, hayan firmado algo que soportara o sustentara la preselección de candidatos a magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, especialmente a esos sujetos que no cumplían con los requisitos mínimos, desmintiendo de frente las declaraciones de Tarek William Saab, al respecto. Demostrándose que su palabra es tan válida y creíble como la del señor Pedro Carreño. Y a toda esta tramoya, esta cadena de delitos grotescos y ramplones, lo llaman pensamientos de izquierda. Y tal vez sea cierto y por ello, por donde pasan, sólo queda el atraso.

   Apartándonos de lo que dice El Chigüire Bipolar, lo que estamos presenciando es una batalla por el Legado, el recuerdo de Hugo Chávez. Aparentemente, y sólo Dios sabrá por qué, unos piensan que deben atesorarlo como algo valioso, protegerlo en lo inmediato, que no se continúe relacionando su nombre, sus ideas y pensamientos con esta tragedia humanitaria que vivimos (y de la cual si es responsable el difunto), y aquellos que continúan usándole como hicieran para la penúltima campaña presidencial contra Capriles Radonsky, cuando a Hugo Chávez ya se le veía tan mal y no les importó mientras les asegurara el triunfo electoral;  ahora quieren matarle a La Bicha, su Constitución, esa de la que estaba tan orgulloso. Y mientras derriban todos y cada uno de los cambios y logros alcanzados por el difunto, que no fueron muchos para todo lo que gobernó y la inmensa fortuna que se desperdició, Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez, Tibisay Lucena, Vladimir Padrino López, Néstor Reverol, Tarek William Saab y Maikel Moreno alegan que lo hacen no por traición a su memoria, por oportunismo, por intentar mantenerse en el poder sin contar con los votos, sino “por amor”.

   El cuento que todavía tienen los riñones de echar es que, después de dieciocho años mandando y llenándose los bolsillos, hay que cambiar la Constitución para, ahora sí, darle felicidad al pueblo. Eso no se los cree ni… Luisa Ortega Díaz. A esa señora la acusan de todo porque se opone a que terminen de destruir lo que el otro edificó, poco o mucho, bueno o malo. A eso se reduce finalmente la pelea dentro de lo que una vez fue el chavismo: una mujer fiel a la memoria de aquel, y estos que lo usan para cubrir sus desmanes y que ahora necesitan cambiarle la Constitución para cubrir sus crímenes de lesa humanidad. ¿Lo demás?, esa paja vacía e inútil que ya nadie se traga ni se la cala y por la cual al venezolano no le dejan decidir nada electoralmente.

LAS INFELICES DECLARACIONES DE ROY DAZA

Julio César.

UN RUDO MERODEADOR

junio 25, 2017

¿TODO POR MIRAR?

   A quién se le ocurre un cuento…

   El edificio de residencias está viviendo una ola de intrusiones, con un sujeto que espera que las mujeres salgan para caer sobre sus jóvenes y acuerpados maridos a quienes somete sexualmente en sus camas, atando, azotando, penetrando, llenando con su miembro… Sin que ni uno sólo de ellos denuncie el hecho… aunque el sujeto ha penetrado, más de una vez y en más de un sentido, en cada uno de ellos. ¿Vergüenza?, ¿les gustaba?, ¿no lo podían asimilar como si lograban sus culos con aquella tranca?, ¿acaso subconscientemente necesitaban de un macho que les pusiera reparos? ¿Es cierto que el merodeador era, y todos lo sabían, el marido de la conserje, que se divertía cuando esta salía?

   ¿Qué imaginan que pasaba, o qué puede ocurrir a partir de ahí?

VIRGENES LA NOCHE DE GRADUACION

Julio César.

EL PEPAZO… 72

junio 25, 2017

EL PEPAZO                         … 71

De K.

   Ya no quiere escucharlo más…

……

   Ya no es consciente de nada como no sean esos dos hombres altos y fornidos que le meten manos por todos lados, manos de machos sobre él; uno le besa mientras le clava un dedo por el culo; su amigo le imita, dedo adentro y afuera, mordiéndole el mentón, chupándole ruidosamente del cuello. Toda su piel arde, está erizada, tan sólo responde. Cierra los ojos para perderse aún más y recuerda a Andrades, el abogado, cuando Smith le besa chupado una y otra vez.

   -Very hot… -ronronea Smith contra su boca, apartando la mano de Taylor, trabajándole el hueco del culo ahora con dos dedos que va enterrando lentamente.

   -Aggg… -es lo único que escapa de la boca de Jacinto mientras unos dientes rastrillan su lengua nuevamente; sin dejar de masturbar a esos dos machos en ningún momento. Abre los ojos, jadeante, cuando Smith retira por tercera vez el rostro. Y sus ojos, oscurecidos de lujuria, caen sobre la oscura carne de joder de White, el cual le sonríe pomposo, su puño subiendo y bajando suavemente sobre la impresionante barra.

   -Come on, boy… -le llama el marine negro, haciéndole señas con una mano.

   Los camaradas, riendo bajito, le atrapan por los brazos y le llevan. Jacinto tiembla, así debían sentirse las vírgenes antes de ser entregadas a un dios pagano en ofrenda, piensa de manera extraña, ojos clavados en la tranca oscura sobre la que el puño va y viene, exprimiéndole algo de humedad. Una que le seca la boca y le obliga a lamerse los labios de manera inconsciente.

   -One moment… -gruñe Smith, mirándole, llevándole las manos al cuello de la franelilla, halándola con fuerza masculina de tío acostumbrado a usarlas.

   La delgada tela cede, se rasga, descubriendo el torso joven y fornido, musculoso, de pectorales redondos y aureolas grandes, pezones erguidos. Un jadeo escapa de los labios de Jacinto, que se incrementa cuando las manos de Taylor, a sus espaldas, pegándole la tranca caliente y pulsante de las nalgas, le abre la correa del pantalón, el botón y lo baja, riendo como un ratón. Casi sin darse cuenta de lo que hace, caliente y borracho, el forzudo joven alza un pie, luego el otro, y queda en zapatos y tanga frente a esos tres sujetos en un apartado rincón del jardín lateral de una cancillería donde había una reunión justo en esos momentos, estando presente su jefa y un compañero de trabajo. Pero nada de eso logra impactarle, o llegarle, no cuando, riendo aún, Taylor deja caer al frente sus propios pantalones, y Smith, aferrándole un hombro, con fuerza, le obliga a caer de rodillas frente a White, el dios pagando de verga grande, una que pulsa.

   -Mirar… -le ordena el rudo marine de ojos brillantes, sonrisa predadora, atrapándole ahora por la nuca, empujándole hacia abajo y adelante.

   Viéndose muy natural, Jacinto cede y cae sobre sus manos, en cuatro patas, entre las piernas abiertas de White, casi desnudo como no sea por el pequeño hilo dental vendido por Fuckuyama, cuyo agarre demarca su tolete tieso sin dejarlo salir, y cuya tirita sobre su raja, sobre su culo, parecía acariciarle, estimularle como mil dedos sutiles medio rozando. Casi lanza un gemido, dominado por todas esas sensaciones, rojo de vergüenza al sentir como el capullo de su agujero se frunce como una boquita haciendo pucheros, temblando de ganas, exigiendo ser alimentado.

   -Sergeant… -de lejos le parece escuchar la voz ansiosa de Taylor, el más joven de los marines, quien se encuentra a sus espaldas, mirando de frente el espectáculo de su recio y fornido cuerpo en cuatro patas, su nuca, sus hombros anchos y tensos, sus nalgas redondas muy abiertas. White y Smith, por alguna razón, ríen.

   -¿Te han… sucked ass? ¿Chupar culo? –Smith se tiende un poco hacia él, preguntándole.- A Taylor gustar mucho…

   La verdad es que no tiene tiempo para responder, no antes de notar que el marine joven se inclinaba a sus espaldas, entre sus piernas abiertas, sintiendo las recias manos en su cintura, halándole un poco hacia atrás, alzándole el redondo y musculoso trasero, arqueándole la espalda y separándole las nalgas todavía más.

   -So hot… -susurra este, ronco, riendo bajito, bañándole con su aliento. Oh, Dios, piensa, jamás esperó ni en sus más locas fantasías que encontraría un culito como ese, musculoso, lampiño, apenas cubierto, tan ansioso de acción; acción dura y ruda que un marine como él podría brindarle. Hará chillar al marica, chillar mucho, se promete con una mueca rapaz, deslizándole un dedo por la raja, sobre la suave tela, arriba y abajo.

   -Hummm… -se le escapa a Jacinto al sentir la caricia, mirando ese tolete negro, el puño subiendo, el ojete dejando escapar un pequeño río de líquidos que bajan por el tronco. Ese dedo no se detenía, su agujero ardía. Joder, un dedo acariciándote el culo se sentía tan bien, admite, echándolo hacia atrás, subiéndolo y bajándolo un poco, de manera automática. Oye risitas de aprobación, y eso le enorgullece… y eriza aún más.

   -Very bitch… -oye a Taylor, y las palabras, escucharle llamarle así, le estimula. Siente el dedo apartando la tela, despejando la llegada a su hueco tembloroso.- Very hot…

   Lo siguiente que Jacinto siente, parpadeando, arrugando la frente y abriendo mucho los ojos es algo húmedo y suave que pega de su entrada, mientras un aire caliente, resollado, le quema. ¡Taylor iba a chuparle el culo!, la idea le envuelve y calienta de manera intensa, y sonríe de morbo. El agarre sobre su nuca le regresa a la realidad.

   -Suck, bitch… -Smith le ordena empujándole contra la negra mole de carne de White, hacia la que se dirige separando los rojizos y húmedos labios… hambriento.

CONTINÚA … 73

Julio César.

NOTA: Lo siento, K, debí quitar algunos modismos que usaste, los fonéticos, el corrector no me dejaba en paz.

HOMBRES Y DESAFIOS

junio 25, 2017

¿TALENTO OCULTO?

   Contando tan sólo con sus manos…

   ¿Recuerdan en Misión Imposible dos, a Tom Cruise subiendo una montaña sólo con sus manos? Nadie se lo creyó, pero fue estimulante. Como lo es saber que hay hombres y mujeres que se dedican a escalar así esa pared rocosa que los desafiaba cada vez que la veían, obsesionándoles hasta obligarlos a vencerla. Hay algo en la naturaleza humana que responde a esto, al reto, por loco que les parezca a otros. Por eso la gente subió al Everest, bajó al fondo del mar a bucear, se arroja casi desde la atmosfera más exterior en paracaídas. Algo así hizo un sujeto hace poco más de un mes. Alex Honnold, norteamericano; sin arneses ni ningún otro implemento de seguridad, escaló en solitario una pared rocosa vertical de poco menos de mil metros de altura, El Capitán, tardando casi cuatro horas en hacerlo, usando tan sólo sus manos, sus piernas. Su fortaleza. Un error, un calambre, un descuido y habría caído hacia su muerte, pero seguro que si lo consideró, no bastó para detenerle. Los aventureros son así. ¿Te animarías?

VENEZOLANOS, GO TO HOME

Julio César

ADORADORES DEL CHOCOLATE

junio 25, 2017

PUSSYMAN

   -Si, acércate, lo tengo espeso y fuerte como te apetece…

CREIDO

Julio César.

ACCIDENTES EN SAUNAS

junio 25, 2017

SABIONDO

CUMPLIDOR

Julio César.