LA HIJA DE NADIE

enero 28, 2016

   En Venezuela hubo una novela con ese nombre…

   ¿Qué título, eh?, suena a telenovela mexicana, o a melodrama de los cincuenta en el cine latino del siglo pasado; y efectivamente es un tema musical mexicano, de mi adorada e inolvidable Yolanda Del Río. Qué voz tiene esa mujer. Nada más que por esto ya es una de las inmortales para mí. Pero fue esa canción la que me la dio a conocer en toda su dimensión: La hija de Nadie.

   Siempre tuve mucha imaginación, cuando contaba con unos siete años de edad, un tío me regaló unos suplementos de Kalimán, el hombre increíble, en el valle de los vampiros, luchando contra el conde Bartock, nombre que ando utilizando actualmente en una historia que llevo por aquí, y no cabía en mí cuando descubrí el mundo de las historietas, que iniciaban con un gran peligro y terminaban con otro igual o mejor. Era leer uno y tener que imaginar más tramas, diálogos, peligros; podía bosquejar un final lleno de riesgos y suspenso, hasta me decía continuará y lo retomaba luego. Ya visualizaba el relato. Por eso me interesó escribir, pero mejor dejemos eso así. La cosa es que toda idea, imagen, sensación, podía convertírseme fácilmente en una película imaginaria; y fue cuando contaba esos siete, ocho y nueve años en adelante, acompañando a papá a su trabajo los sábados, que conocí un perol musical que me fascinó tanto como los suplementos: las rocolas. Con un mediecito podía colocar la canción que deseara y escucharla. La primera vez que escuché La Hija de Nadie, con toda su intensa carga argumental, su drama, su fascinación, quedé conmocionado. Me pasó parecido, poco después, con El Último Beso, y Amigo de Qué.

   ¡Qué trama! Una pareja que se ama y que bebe de copas envenenadas para no seguir pecando ya que eran hermanos; se encontraron, se enamoraron y no sabían del lazo de sangre que les unías, prefiriendo morir a continuar separados o vivir con lo que habían hecho. Repito, quedé en shock. Esa primera vez fue en un botiquín a la orilla de la playa, en Tacarigua de la Laguna, en el Bar de Poleo. Y la colocaba y colocaba, no podía dejar de escucharla, hasta que papá llegó y me dijo que dejara que los demás escucharan otra cosa, que también tenían derecho.

   De esos días siempre me juré que tendría una rocola, en mi sala, cuando fuera un hombre. Tengo una gran cantidad de carpetas con música, y Yolanda Del Rio está presente, pero nunca conseguí la rocola, no está en una esquina de mi sala, fue otra de esas cosas que se me fueron quedando por el camino. Escucharla, aún hoy, me deja silente, pensativo, también evocativo; algo dolido por el drama de los protagonistas, pero también recuerdo todas las chucherías que comía, todo el refresco que tomé, con papá, en esos viajes.

   ¿Qué será de la vida de esta señora? Buscando por ahí (me gustan los artistas, no siempre soy curiosos de sus vidas), me entero que vino al mundo en un lugar que suena exótico, Ixmiquilpan, en el estado de Hidalgo, mexico… hace un tiempito ya. Su nombre real es Yolanda Jaén López. Fue y es cantante y actriz. Ojalá se encuentre muy bien de salud y que la vida le sea agradable.

SOLO RODANDO POR EL MUNDO

Julio César.

FRUSTRACION

enero 28, 2016

MALO COMO TUTOR

EL ENTRENADOR ENSEÑA

   Era inútil, se dice el entrenador, los chicos nunca se concentraban en los vestuarios.

CÓMO GUSTA LA LUCHA

Julio César.

CITAS EN NINGUNA PARTE… 9

enero 28, 2016

CITAS EN NINGUNA PARTE                         … 8

NOTA: Okay, este iba a ser un relato corto con mucho de porno, la idea me la dio una amiga, un chico que sólo quiere estar con otro por sexo sin buscar nada más. Lo que sonaría genial termina no siéndolo. Pero viendo cómo iba quedando la trama, ocurrió algo que me pasa mucho, esta se acrecentó. Me parece que se le puede sacar más punta. Veremos.

PADACKLES ES AMOR

   -¿Le damos un poco más?

……

   Hay un pesado silencio entre los dos después de aquellas palabras, y Jared se siente desgarrado.

   -Pensé que eso no tendría que importar si tú y yo… -comienza una tibia defensa. Otro error. Le ve tensándose; suspira mentalmente.- Sé que no es una relación, que no estamos saliendo, que no somos novios ni nada que se les parezca, pero… creí que te gustaba lo suficiente como para que viejas rencillas familiares se interpusieran.

   -Sabes que no fue solo eso. Lo nuestro… -enrojece como si hubiera cometido una falla.- Nuestras escapadas juntos podían haber continuado, como habíamos acordado. Pero ahora tu familia y tus amigos saben quién soy y eso me molesta. Ya nada es igual.

   -¿Cuántas veces debo disculparme por eso, joder? No lo planeé. ¡Deja de ser tan gilipollas! –se altera al fin.- ¿Y qué tiene que sepan?

   -Que puede saberlo también mi familia y no quiero tener que explicar por qué salgo con un Padalecki. –es tajante, directo. Impactándole feamente.

   -Wow, es bueno saberlo. No sé si sentirme ofendido o halagado, ¿soy tan bueno en la cama que me buscas una y otra vez a pesar de ser quien soy?

   -Era lo acordado. –Jensen se avergüenza un poco, luego enumera con los dedos.- No charlas, no salidas. No amigos o familias. Sólo tú y yo.

   -Y jamás hablar de lo que sentimos o queremos. –tercia duramente.

   -¿Qué?, ¿acaso somos niñas? ¿Quieres que te pregunte qué te asusta por las noches? –Jensen se ve ceñudo.

   -Cierra tu maldita boca por un segundo y déjame aclararte un punto: jamás quise nada de lo que hablas para esto… sea lo que sea que tenemos. Todo ese secreteo y disimulos. Tú querías, tú dispusiste, fueron tus términos y yo acepté. No me quedó otra que aceptar. Pero no es lo que buscaba. –también va enumerando con un dedo, mordiéndose la lengua para no señalar que quería un novio.- ¿Qué carajo tiene que importarnos lo que pasó hace casi cien años entre tu abuelo y el mío?

   -Para ti es fácil decirlo, se quedaron con todo y la tuvieron de fábula. Nosotros no. –los verdes ojos se clavan en los del chico del cabello castaño. Y brillan con calor, con indignación.

   -¡No! ¡No! Para eso ahí, Ackles, nosotros no robamos nada, si es lo que quieres implicar. –defiende con calor.- Fue tu abuelo…

   -¿Qué?, ¿perdió todo en la mítica partida de póquer que nadie vio, sino uno de los empleados de tu abuelo? –sonríe torcido y la acusación enferma a Jared.

   -¡No somos unos ladrones! Había más gente presente en esa partida. Tu abuelo tenía un problema de apuestas y…

   -¡Y tu familiar se aprovechó de eso! –sentencia. Y toda la vieja historia, todas las rabias estaban presentes allí. El viejo yo te dije, yo te conté. Jared se congela.

   -¿Entonces qué coño haces aquí? Si tanto me desprecias, ¿a qué has venido? ¿A mostrar tu cara pecosa y hermosa para que sepa que no puedo acariciarla o besarla otra vez? Vaya que eres oficioso. –suena dolido y molesto. Le ve oprimir los carnosos labios, manos en las caderas, viéndose sencillamente arrebatador, para luego bajar los hombros, dándole la espalda, mirando por un ventanal. Una salida. Era lo que Jensen buscaba siempre.- ¿Por qué no te vas? –y nunca nadie sabría lo que le costó formular aquella pregunta. Todo su ser se revolvía contra ella. Y cuando Jensen se vuelve, como sorprendido, de un modo derrotado, la insatisfacción se vuelve dolor. Le había acertado un buen golpe con la pregunta, lo sabe, y eso no le hizo ni un poquito feliz.

   -Ojalá fuera tan fácil. –responde con voz tan baja que cuesta escucharla, tragando. Se le acerca y todo Jared responde a la cercanía, a su mirada torturada. Daría lo que fuera por borrarla- Ojalá fuera fácil dejar de pensar en ti. –las palabras le sorprenden, y casi gime cuando el rubio le echa los brazos al cuello, sus mejillas rozándose, quedándose así por un rato.- Pero tal vez sea mejor hacer lo que dices. –termina el rubio, desolado, voz bajita. El aliento bañando a Jared, quien cierra los ojos y separa sus caras, atrapándole el rostro con las manos.

   -No quiero que te vayas. Joder, te he extrañado tanto.

   Se miran, ojos brillantes, respiraciones pesadas, pómulos rojos, labios entre abiertos. Se acercan, tanteando, y sus bocas se encuentran. Jared gime contenido, dividido entre las ganas de reír de felicidad y las de llorar de desolación, ¿por qué no era siempre así? Le besa, le rodea la cintura con sus manos y hunde su lengua en aquella boca maravillosa, dulce. Se besan como si desearan morderse, comerse. Sus lenguas se atan y Jared retrocede unos pasos, halándole, cayendo sentado de culo sobre uno de los sofás, con Jensen subiéndosele a los muslos con facilidad, ninguno de los dos deseando terminar el beso.

   A Jared se le saltan los tapones, lo que ocurría era sencillamente increíble. Había temido, durante todos esos días separados, que nunca más vería o tocaría al rubio y ahora estaba prácticamente comiéndole mientras atrapaba con sus manos grandes las nalgas de este, sobre el pantalón, atrayéndole. Sentir el peso sobre sus piernas, el calor de ese cuerpo llegándole, los ronroneos que emite y él traga ávidamente, le tienen mal. Los dedos de Jensen entran en su cabello, febriles, y las mano de Jared suben desde atrás, metiéndolas bajo los faldones de la camisa, temblando ante la piel suave y tibia del rubio, quien también se eriza. Se besan, una y otra vez, se separan únicamente por segundos, labios rojos, saliva haciéndolos brillar,  y se tocan al otro, cada uno sintiendo el tolete bien duro bajo sus ropas.

   Por un instante, buscando oxígeno, sus bocas se separan por un rato, y a Jared le mataría de dolor, entre jadeos como está, si Jensen no apoyara la frente en la suya. Ambos tan agitados como excitados.

   -Te extrañé. –admite Jensen, casi molesto, como reclamándole. ¿Qué? ¿Haber permanecido lejos tanto tiempo o por hacerle desear más?

   Las frentes se separan, Jared, con un aire de cachorrito, ata los ojos a los suyos, antes de ir hacia esa boca. Una que se suaviza en una sonrisa. Y vuelven a besarse, de manera lenta, lenguas que lamen, se encuentran y chupan, mientras los cuerpos se frotan. Las manos de Jared, imposibilitado de contenerse, logran colarse entre ellos y suben lentamente por el torso del rubio, disfrutando sus estremecimientos, sus gemidos, el loco latir de su corazón. Le besa y le gusta demasiado, pero también sentir el latido de su corazón bajo la palma abierta. Finalmente recorre sus tetillas. Y Jensen comienza a agitarse de adelante atrás, sobre sus piernas, como desesperado.

   Pero como Jared quiere castigarle por todo el dolor que le ha causado en esos días de separación, dejando una mano sobre su tetilla izquierda, baja la otra, metiéndola entre sus caderas, y con los dedos, las uñas, rasca la enorme silueta de la verga erecta del rubio, quien sencillamente gime y se tensa como si fuera a correrse allí mismo. Se besan sin detenerse cuando la mano del castaño se cierra en puño sobre el tolete pulsante y caliente del pecoso, quien sigue agitándose, prácticamente masturbándose ahora.

   -¡Ay! –se oye un grito alegremente sorprendido, seguido de una risita algo nerviosa y divertida.

   -¡Jared, por Dios, ¿en la recepción?! –ladra Chad.

   Los rostros se separan, Jensen aleja su rostro volviéndose hacia los recién llegados y Jared casi gime cuando se ve privado de su boca. Y su mano del pulsante miembro duro y caliente. Finalmente enfoca a su socio y amigo y a su asistente, la bella Adrianne, con sus mejillas terriblemente rojas. La pareja se ponen de pie. Y Chad arruga otra vez la cara mientras la asistente ríe más, desviando la mirada.

   -Joder, cúbranse. –señala.

   Rojo de mejillas, Jensen se acomoda la camisa fuera del pantalón cubriendo su erección. Jared cierra su saco.

   -Discutía un asunto con un potencial cliente. –el castaño le dice a Adrianne.

   -Claro, claro. –resopla ella, bajando la mirada al piso y riendo más.

   -Creo que voy a… -algo avergonzado, Jensen mira a Jared, levantando un pulgar sobre su hombro, indicando la salida.- Debo ir a…

   -¡No! –el castaño es tajante cuando alarga una mano y le atrapa una muñeca por debajo de la manga de la camisa, sintiendo una dulce corriente cálida en su interior al notar la sonrisa de alivio del rubio.- Vamos a mi oficina. Hablemos.

   -Claro, hablar. -expresa ahora Chad, ceñudo.- Te recuerdo que tenemos una  cita dentro de una hora. Son clientes de tu padre.

   -Lo sé, Chad. –gruñe exasperado Jared, incapaz de contenerse, todavía aferrando a Jensen por una muñeca, prácticamente halándole. No quiere soltarle, Dios, se sentía tan bien aferrarle así, sentirle, pero lo que realmente quería era evitar que se marchara y que lejos, al rubio le diera por pensar en otras cosas.

   -Dios, ¿quién es ese chico que tiene a Jared así? –pregunta encantada, Adrianne.

   -Problemas, eso es lo que es. –tercia Chad, nada complacido, sacando el teléfono de su saco, marcando rápido.

   -¡Hey! –oye la respuesta.

   -¿Megan? Soy Chad. Hay problemas. El chico, Jensen, ha reaparecido. Está con Jared en estos momentos. –y su voz resuma todo su descontento.- Algo tienes que hacer. Tú y tu hermano, o esto se convertirá en un verdadero lío.

   -Entiendo. –se oye un largo suspiro.- Me ocuparé de eso, le avisaré a Jeff. Pero vamos a necesitar tu ayuda.

CONTINÚA … 10

Julio César.

LOS CONTROLADORES… 21

enero 26, 2016

LOS CONTROLADORES                        … 20

SEXY BOY

   Guapo, casi infecciosamente…

……

   ¡Qué asco, joder!, piensa el chico, estremeciéndose salvajemente ante la visión de ese arrugado agujero que deja entrar el grueso dedo del hombre, seguramente apretándoselo. La idea le hace estremecer.

   -Cógeme. -pide el sujeto sobre un hombro, casi suplicante, mirada perdida, metiéndose y sacándose el dedo del culo, el cual medio bailotea, llamativo.

   -Grandísimo marica. –Jóvito estalla, rojo de cara, ojos sobre esa raja peluda, sobre la tirita blanca que atrapa en saco más abajo las bolas del carajo, ese agujero vicioso cuyos labios parece atrapar el dedo. ¡Lo que harían sobre un güevo!, piensa, estremeciéndose más.

   No sabe en qué momento se mueve, acercándose, recibiendo contra su rostro, cuello y brazos el calor que exhala ese otro cuerpo que parece dominado por una gran fiebre.

   -Por favor, chico, lléname el coño con tu güevo que siento que me muero. –suplica de manera patética, rostro crispado… metiéndose ahora dos dedos, que se deslizan fácilmente dentro de un agujero que lleva años disfrutando del buen sexo.

   -¡Maricón! –le ruge, atrapado entre la rabia y la fascinación. Le oye respirar pesadamente, como exasperado, dejando su tono de mendicidad.

   -¿Qué? ¿No te gusta coger? –le impacta.

   -Sí, pero…

   -¿Te gusta sentir tu güevo atrapado, apretado, halado y chupado por un apretado agujero que lo ama y que da gracias a la vida de que existe el tuyo? ¿No te gusta que te lo ordeñen así? Una mano está bien, una boca es mejor todavía… pero coger…

   -Vete, maricón, mi papá está por llegar y… -tiembla viendo esos dos dedos entrar y salir de ese culo peludo, fascinante, que parecía atraparlos.

   -Eres tan niño. –parece quejarse, sacándose los dedos, pero todavía apartando la tirita blanca, y con la otra mano, haciéndole pegar un bote, le atrapa una mano al chico, llevándola a su trasero.

   En cuanto su mano entra en contacto con la redonda nalga masculina, peluda, caliente, Jóvito queda paralizado, sintiendo como bajo la yema de sus dedos esa piel arde literalmente. Cuando ese tipo le suelta, no se aparta, los dedos recorren la curva de ese trasero como animados por vida propia.

   -Esto… esto no está bien… -todavía grazna, pero sus dedos van hacia esa raja, cosquilleando sus contornos.

   -Míralo, ¿no se te antoja? Dime, hombrecito grande, machito alfa, ¿no deseas llenármelo con tu güevo y cogerme como la perra que soy? Un macho como tú puede hacer llorar de placer a una perra, ¿o no?

   Esas palabras le hacen arder también; si, es un macho, podría llenarle el culo al marica ese con su güevo, cogerlo duro, hacerlo llorar pidiendo por más, y seguiría siendo un hombre.

   -¡Puto! –le ruge, como molesto, voz ronca, dándole una nalgada, dura, ruidosa, sintiendo un cosquilleo rico cuando le ve estremecerse y le oye gemir.

   Pero lo que le trastorna es ver ese culo que se agitaba fieramente, abriéndose y cerrándose de manera hambrienta. Un culo parecía una boquita de labios fruncidos que luego se abrían, y Jóvito no puede dejar de mirarlo, acariciándole otra vez, ahora de manera abierta, sin pensar en la extraña sensación de estar sobar una piel más dura y también peluda, nada femenina.

   -Vamos, chico, mi coño necesita de tu güevo. –pide otra vez. Se miran.

   -¿Quieres mi güevo? –preguntarle era como retarle, como incitarle. Jugar.

   -Lo tengo tan caliente, mojado y palpitante, papi. –sonaba extraño a oídos del muchacho que un carajo hecho y derecho le llamar de esa forma a él, un jovencito.- Mi coño necesita de tu hombría.

   Claro, para eso eran los coños, se dice como en trance Jóvito. Para ser jodidos por los hombres, para albergar sus güevos, apretándolos y exprimiéndolos para quedar rebosantes de leche masculina. Ardía de ganas, sabía que lo tenía bien duro bajo el jeans, tanto que le dolía presionado por el bóxer y la áspera tela del pantalón. Pero era un carajo, hombre…

   -Vamos, chico, ¿acaso no eres un hombrecito? Tu papá no dudaría un segundo. Respondería como un macho y sabría que tiene la obligación de llenar el coño hambriento de una perra. Él sabría que necesito tenerlo lleno con una barra dura, caliente y palpitante, y lo haría.

   Sintiéndose recorrido por una energía rabiosa, el muchacho empuja por la espalda al hombre contra la capota, haciéndole caer de panza, sacándole un pujido y una sonrisa, logrando que alce más el culo; luego, con manos febriles, mirando esa raja y la tirita del hilo dental blanco apartado, saca no sin esfuerzo su endurecido güevo del jeans y el calzoncillo corto que lleva. El tolete, cobrizo claro, enrojecido, resuma algo de líquidos desde su ojete. Agarrándoselo para llevarlo a donde toca, Jóvito siente una llamarada como pocas veces en su joven vida. Se miran.

   -Vamos, hombrecito duro, hombrecito fuerte, coge a tu puto. –casi sonríe ese tipo.

   Esas palabras, que hicieron arder la piel del muchacho, llenaron su mente. Coger al puto, llenarle el coño, todo coño debía ser llenado. Esas ideas se repetían en su mente. Se acerca más, aprieta los dientes con decisión y frota su glande de la raja peluda, del agujero que se estremece, mojándolo. Y quemaba, ambos lo sienten.

   -Toma, maldito maricón. –ruge Jóvito, entre dientes, y aferrándose la base de la verga la echa hacia adelante, siente el roce contra el arrugado anillo, lo alisa empujándolo hacia adentro, hay una leve resistencia pero esta pronto cede, por la fuerza de la embestida. Se la clava de un carajazo, y eso que el tolete era de buen tamaño.

   Una vez se la clava, su pelvis chocando de aquellas nalgas de macho putón, Jóvito parpadea, transfigurado. Las entrañas de ese hombre apretaban de una manera reptante, masajeante, era casi sedoso y terriblemente caliente. Muy caliente. Y le gusta; una idea le llena la mente de testosteronas, haciéndole sentirse increíblemente bien, ¡le había enterrado su güevo caliente a otro hombre por el culo! Él lo había hecho. Era más macho que el otro, el cual, cuando le abrió las entrañas de golpe y porrazo, había tensado el cuerpo, las nalgas y el agujero, apretándole todavía más, al tiempo que arqueaba la espalda y dejaba escapar un grito agudo, intenso, que no era para nada de dolor. Le gustaba, piensa el muchacho, la mente ofuscada. Retira medio tolete y vuelve a clavárselo, sintiéndolo increíblemente bien mientras iba y venía, más apretado y ahora masajeándole abiertamente la verga en el vaivén. Lo saca y lo mete, duro, no puede hacerlo de otro forma.

   -¿Es lo que querías, maricón, que te cogiera como una puta? Pues bien, toma, toma, puta… -le ruge altivo, sonriendo, casi transformado en otro, atrapándole las caderas y macheteándole con fuerza el chiquito.

   El güevo iba y venía de ese agujero que se abría con hambre para permitirle el transito, rodeado de pelos, la tira blanca del hilo dental, soltado, rozando el tolete que lo trabaja. Son embestidas duras las que da el muy joven sátiro, el cilíndrico tolete salía casi hasta el glande, halándole los labios del culo y los pelos, para luego enterrárselos, desapareciendo en su interior la joven y dura pieza de joder surcada de venas, mientras las bolas le golpeaban.

   El otro, por toda respuesta, gemía y se estremecía sintiendo su culo lleno, atendido como el buen Dios manda, como despertando aún a nuevas sensaciones o niveles de gozo. Se siente bañado, todo él, con algo cálido y grato que lo envuelve… y que nace en su agujero.

   -Hummm… hummm… -era todo lo que podía expresar, mordiéndose los labios, pareciendo luchar contra tanta excitación y gozo, comenzando a mover sus nalgas de adelante atrás, buscando con su culo ese tolete, el cual, por un segundo se queda quieto y es su agujero el que va y viene sobre él, hambriento y desesperado por más, clavándose todo y meneándose de lado a lado.

   -¿Es lo que querías, puto? ¿Güevo? Bueno, toma güevo, toma güevo –le gritaba Jóvito, perdida toda cordura, cogiéndole feo, nalgueándole.

   Y ocurre, siente como las paredes de ese recto se adhieren totalmente a su pieza, estimulando cada centímetro cúbico de su dura mole joven, dándole las apretadas de su vida. Es como si lo chupara literalmente, con tal fuerza e intensidad que teme morirse. Tan sorpresivo es que saca su güevo, pulsante, mirando el agujero que ser abre como una pequeña boca, reclamándole por más. Los ojos del muchacho se fijan en su propio tolete, pareciéndole que está… no lo sabe, como más dilatado por los lados, como si las venas estuvieran más llenas. Como más grueso. Cosa que le gusta. Coger al maricón se lo ponía más grande, pensó. Y lo clava, ese culo se abre, lo cubre, halándoselo; entre las apretadas y el intenso calor de las lisas paredes, lo siente más estimulado que nunca antes en toda su corta vida. Y grita de placer, dejándose llevar, perdiéndose, diciéndose que sólo quiere eso, coger coños apretados así. Los apretados y dulces coños calientes de otros hombres.

   Los dados habían sido echados.

CONTINÚA … 22

Julio César.

OSCURO AMOR… 6

enero 26, 2016

OSCURO AMOR                         … 5

Por Leroy G

SEXY MAN ASS

   Sospechaba   que algo quería   de él…

……

   -No quiero seguir tomando esa mierda, Marcos. No funciona. Creo que debo ver a un médico. –le dice Mauricio en cuanto entra a la sala con los dos vasos de jugo.

   -Tonterías, debes darles tiempo. Te quejas de debilidad pero pareces más forrado de músculos. ¿Haces ejercicios cuando no estoy? –bromeó el otro, mirándole resuelto, firme.- Tómalo.

   -Sabes que no hago ejercicios aquí. Tomaré una cita con el médico escolar y…

   -¡No! –es tajante, mirándole serio.- Te va a enfermar con preocupaciones y pastillas. Estudio sobre farmacéutica, sé de lo que hablo. Toma tus jugos naturales y tus batidos vitamínicos y espera, seguramente tu rutina ha variado y el cuerpo necesita acostumbrase. Dirás lo que quieras pero te ves genial. –cuando el otro intenta replicar, le tiende el vaso, mirada fría.- Tómatelo y ya. Sé de lo que hablo y de lo que tienes que hacer.

   Imposibilitado de oponérsele cuando usaba ese tono, Mauricio bebió bajo su atenta mirada. Al terminar fue al baño y se miró al espejo, tocando sus brazos más marcados y fuertes. Si, se veía bien, pero se sentía sin fuerzas, ¿qué coño pasaba? ¿Sería algún cambio metabólico? Bien, si continuaba mareado iría con el médico sin decirle nada a Marcos, se dijo, entrando a la ducha. No se preguntó por qué tendría que hacer algo a escondidas del otro… Cómo no se pregunta el por qué ahora nunca tenía una cita con alguna de sus amigas. O por qué no se hacía la paja como antes.

   Y si, algo mejoró. Seguía tomando los batidos que Marcos preparaba para los dos y el mareo era cosa del pasado, pero continuaba algo aletargado. Como sin ganas de hacer nada. Ni siquiera de masturbarse cuando el otro llevaba a alguno de sus “putos”, y les cogía toda la noche. Si, había notado, espantado y sin querer pensar mucho en ello, que le excitaba escucharles. La voz de mando de Marcos, saber que coge, que controla, que hace delirar a sus putos. Y los gemidos de estos…

   -¿Te gusta el juguetito que compré para ti? ¿No es grueso y rugoso, como te gusta? –le oye una noche, voz preñada de morbosidad, así como el gemido del chico que llevó, un joven con aire asiático.- Te gustan grandes, ¿verdad? Imagino que así compensar esa vainita que tienes entre las piernas. –el tono era de burla, y ahora Mauricio sabía que lo hacía para controlar y excitar a sus chicos, quienes respondían a eso.

   -Es muy grande. –oye la llorosa voz del otro.

   -Sólo te enterré la cabecita… Mauricio. –es la respuesta, la que el joven esperaba, agitándose en su cama, desnudo, acariciándose, sintiendo los pezones muy duros, las bola sensibles, pero no erecto.- Relaja las paredes de tu coño.

   -Hummm… es muy grueso. –el lloriqueo del otro regresa.

   -Deja de quejarte, carajo. ¿Sabes cuánto me costó este consolador de goma blanca parecido a mi güevo? Un dineral. Y lo hice por ti. –el tono es más autoritario que nunca.- Así que relaja tu coño y acéptalo, así, centímetro a centímetro. –en respuesta a su voz se oyen jadeos contenidos.- Vamos, así. Así, cinco centímetros más… Mañana puedes llevártelo y usarlo en tu casa para que ejercites el coño.

   -No tan duro, papi. –es la respuesta sumisa, llorona.

   -Okay, entraron los cinco. Ahora diez centímetro más y lo dejo. Joder, me encanta ver tu coño afeitado extendiéndose tanto alrededor del falo de goma. Es tan sexy enterrártelo así, verle la cara roja, el coño tan dilatado. Sé que te molesta, pero eso será al principio, después de unas cuantas subidas de prácticas va a saltar y bailar sobre él, pegándolo a la mesita de la sala de la casa de tu novia. –ríe con burla.- Déjame retíratelo un poco.

   -Ahhh…

   -Ahora adentro. ¿Lo ves? Tu coño se abre con más facilidad. –y Mauricio traga, imaginando al chico asiático de piel cobriza en cuatro patas sobre esa cama, o de espaldas, con Marcos atrapando la base del consolador con su puño, metiéndoselo y sacándoselo.- Dime… -le oye, estando con ojos cerrados, acariciándose los muslos que abre.- Cuando estás con tu novia, ¿cómo es? ¿Cómo cachaperas? ¿Lesbianas compartiendo vibradores? –insulta y ríe.

   -Hummm… -a Mauricio le parece que los gemidos del otro ahora son mórbidos, entregados, excitados.

   -Eso es, compañerito. Déjame sacarte esto… -y en su cama, oye el pujido del otro.- Ahora me siento así sobre mis tobillos y tú te subes, de frente, enculándote a fondo. Quiero verte la cara cuando grites de gusto al enterrarte mi güevo en las entrañas, dándole la apretada que merece. Sintiéndolo tan a fondo como te gusta. Quiero verte la cara cuando estés cabalgando sobre mi tranca. –le oye, ronco y bajo, casi íntimo.- Quiero verte la cara cuando te haga el amor, Mauricio; deseo ver tus ojos empañados de lujuria mientras subes y bajas tu coño necesitado de atenciones, y yo haciéndotelo. Dándote lo que quieres.

   En su cama, el joven se paraliza bruscamente. No por aquellas palabras que erizan cada centímetro de su cuerpo, con repulsa y algo más. No, no había sido eso. De repente, mientras escuchaba todo lo que ocurría al lado, elevando sus caderas del colchón al tiempo que se acariciaba las caras internas de sus muslos (algo que le producía un placer increíble y que antes no había notado), sus dedos rozaban y acariciaban la raja entre sus nalgas. El botón de su culo…

   Asustado se suelta, se sienta en la cama y se cubre con su bóxer. Luego toma dos de esos palitos aromáticos que ayudan a aletargar (algo le decía que no debía), los enciende y casi aspira con ansiedad cuando el humo dulzón se deja sentir; así mismo toma el iPhone de Marcos, audífonos en sus oídos, y sube el volumen para no continuar escuchando lo que ocurre al otro lado. Pero cuesta concentrarse, o desconectarse cuando oye los…

   -Oh, sí, así, Mauricio, goza de mi verga en tu culo, sacias tus necesidades, pequeño. Voy a llenarte de tanto amor…

   En algún momento, afortunadamente, Mauricio se adormiló, aunque no parecía un reposo real, despertando tarde en la noche por el sonido alto de la televisión en la salita. Algo molesto salió y encontró a Marcos en el sofá, vistiendo un bóxer azul claro, manchado de algo que chorreó (esperma, lo sabía bien). A solas. Este volvió el rostro, recorriendo su cuerpo casi desnudo excepto también por el bóxer, uno holgado. Se saludaron con inclinaciones de cabeza.

   -¿Te desperté? No podía dormir. Discutí con mi puto. –le dice con indiferencia, sin apartar la vista ahora de sus ojos.- Aprovecha que estás de pie y trae dos cervezas. –ordena. No pide. No sugiere. Le dice que vaya por ellas.

   -Por favor, ¿no? –le reclama el otro, mortificado, ganándose una dura mirada, que siente en la espalda mientras va por las cervezas. Más específicamente sobre sus nalgas.

   Saca dos botellines y regresa a la sala. Le tiende una mientras el otro le señala el mueble a su lado. Se deja caer, al otro extremo del sofá, y beben, aunque está muy consciente de la casi total desnudez del otro, del olor fuerte a sexo que emana. De la silueta de su güevo bajo la suave y ajustada tela. No puede apartar los ojos de ese entrepiernas. Ni de las manchas.

   -¿Por qué…? ¿Por qué se fue tu amigo?

   -Lloriqueaba porque quería ser mi única perra. –dice con desdén, encogiéndose de hombros.- Salí varias veces con él, seguro se enamoró. Las perras son tan patéticas.

   -¿Las pe…? –se confunde.- Eres un gay algo raro. Te expresas excesivamente despectivo de otros. –sospecha que dice tonterías cuando el otro vuelve la vista y le mira a los ojos.

   -Hay gay y hay perras. –le asegura.- Somos muy distintos.

   -¿En qué sentido?

   -Es difícil de explicar. Un hombre, o un gay, siente placer jodiendo, incluso mamando o dando el culo, de tarde en tarde. Una perra sólo quiere ser jodida, siempre, verá un güevo y se le mojará el culo, y rogará por ello de manera necesitada. Le urge servir. –se encoge de hombros nuevamente.- Sólo lo entenderías como gay… o como perra. –le mira con un brillo travieso en sus pupilas.- ¿Te gustaría probar ser perra? Algo me dice que te desatarías.

   -Deja tu mierda. –se sofoca y casi pega un bote cuando el otro eleva una pierna y deja caer el talón en su muslo, pesado.- ¿Qué haces?

   -Marco mi territorio. –ríe burlón.- Dame un masaje en la planta ya que estás ahí, ¿no?

CONTINÚA … 7

Julio César.

EL DIABLO EN LOS DETALLES: 10×11

enero 26, 2016

LIZZIE, SAM, DEAN, AMARA Y LAS ALMAS… 5×11

DESTIEL

   Se moría por tomarle la temperatura…

   El regreso del apagón navideño de Supernatural, episodio 11X10 – El Diablo está en los Detalles, parecía un inicio de temporada, comenzando por esa llamativa tonada sobre el demonio. Y de los buenos inicios. No era para menos, el Gran Villano estaba de vuelta, Lucifer, o Satanás, como prefiero. Enfrentando a Sam, joven cazador con una laaaaarga trayectoria de malas dediciones, incluidas el liberarle la primera vez y también a la Oscuridad. ¿El mejor momento de todos?, el malestar físico de Dean, fue tan gracioso y Destiel. Y el momento madre e hijo de Crowley y Rowena. ¿Qué no me gustó?, la muerte de Rowena, personaje que terminó gustándome cuando se dejó de tonterías, como ser la Alexis Carrington del Infierno para manipular al hijo (aunque su pega tenía, salvar a su retoño de la mala influencia de los Winchester, que le hacía débil), pero que cuando comienza a brillar, mala, traicionera y peligrosa, la matan. El destino de las mujeres en una serie espartana. ¿Lo otro?, el Lucifer interpretado por Misha Collins. No estuvo bien. Ni que las tonterías de Castiel lo empeoren todo, otra vez.

LAS PESADILLAS DE ROWENA

   El inicio, Rowena con un gorro de renos, Crowley como un niño la noche de Navidad, la llegada de un Santa que le mata y luego le pregunta a ella, “¿en serio Rowena, con esto sueñas?”. “Es más como une pesadilla”, admite ella, y luego gime que no para y que no puede quitarse esa gorra. Lucifer está ante ella, el interpretado genialmente por Mark Pellegrino. Ya ahí se sospechaba que habíamos perdido a Rowena en la batalla contra el Diablo. Este, así como llegó a Sam, había llegado a la bruja también. Tenían un trato ante del conjuro.

   Dean regresando al lugar de la batalla de los ángeles contra Amara, sintiéndose mal, estuvo genial, a pesar del vomito. Pero nada a cuando Castiel llega y le atiende comprobándole los signos vitales, tocándole, viéndole el ojo, la lengua. Cosa que para cuando quiere tomarle la temperatura con un dedo (¿cómo pensaría usarlo?). Fue el antiguo, divertido y casi tierno Destiel del pasado, a pesar de las hosquedades del cazador. La zona de destrucción es mortal para los humanos, así que Castiel irá a ver qué sucedió, ¿murió Amara? Eso parecía preocupar a Dean, y uno no sabe si lo deseaba o no. Él irá por Sam. Le llama y cómo reí con el mensaje que le grabó en la contestadora del menor, que Sam no podía atender porque se depilaba las piernas. No le encuentra.

YOUNG SAM

   Bien, Sam y Lucifer, este quiere convencerle de que deben unirse para acabar con la Oscuridad, que es mil veces peor que él; cuestionándole con el qué pasó con el joven que tenía el valor para enfrentar cualquier situación, pero que luego pierde el camino y va chorreándola por ahí. Lucifer quiere demostrar un punto, que antes se arriesgaba e iba por lo que sentía que deseaba, como cuando besa a la chica en secundaria (y si ese muchacho es el mismo que le interpretó en la cuarta temporada, cómo ha crecido, bueno, que ya han pasado cinco o seis años). Luego la manera cómo le enfrentó y detuvo, todo el maldito Apocalipsis, pero que después de eso perdió las pelotas. Dejó a Dean en el Purgatorio (hasta a Lucifer le pareció algo despreciable), que antes no lo habría hecho; que no cerró las puertas del Infierno y dejó escapar la Oscuridad aunque estaba advertido de que era algo terrible. Que por no hacer lo que debe mucha gente ha sufrido. Y que ahora lo hace nuevamente, en lugar de luchar a su lado (dándole su cuerpo con un simple si), se hace a un lado. Había un punto en todo lo que decía, y uno imagina que la seducción para hacer lo que está mal es así, casi nos parecerá justo, algo justificado. Eso me hizo temer, pero Sam dice no, sorprendiendo a Lucifer. No lo hará porque le sabe igual de malo que Amara, que todavía tiene las bolas para decirle que no. Antes de eso, me gustó cuando Sam le preguntó qué pasará luego de que venzan la Oscuridad y Lucifer responde que se irá a Los Ángeles a resolver crímenes (es tan chusco). Bien, hasta allí llega la paciencia de Lucifer con Sam y se decide a convencerle a la antigua, a palos.

AMARA SOBREVIVE

   Mientras eso pasa, Castiel llega a la zona cero donde cayó el rayo del Cielo. Todo envuelto en la oscuridad, encontrándose con un ángel adorablemente insensata, una burócrata que sella certificados de nacimientos y defunciones en el Paraíso y a quien enviaron para ver si Amara está muerta. Se sobresalta porque conoce a Castiel por su fama y teme que la mate; este preguntándole si es lo que dicen de él en el Cielo y ella replicándole que entre otras muchas cosas, le deprime. Le deprime aún más que ella diga que se parecen, en sus nombres (algo tontillo pero divertido) y en el que son prescindibles. Que les envían porque sus muertes no afectarán nada. Que a pesar de todo lo que ha hecho desde el Apocalipsis, Castiel sólo ha sido un actor secundario en el drama, nunca el héroe. Eso descontrola al ángel, que se detiene, ella sigue, encuentra a Amara y esta roba su alma. Esa escena, los efectos especiales, quedaron increíbles, la oscuridad de los alrededores reuniéndose, casi dándole color a ella, la cual se vuelve contra Castiel, a quien considera nada, un alma rota y agotada que no vale la pena devorar. Que no comprende el interés de Dios en él (incluso hizo un comentario sobre el pésimo gusto de Dios en lo referente a hombres). Le desdeña, luego de golpearle, de una manera hiriente en el orgullo. Y no me pareció satisfactorio. No sé, esperaba algo más, que ella reconociera la conexión de Castiel con Dean, pero no. Fue odiosa y cruel, hasta dejándole ir como si no valiera la pena ni preocuparse por si el insignificante Castiel vive o muere. Imagino que eso selló el curso de los acontecimientos más adelante. Amara, en cuanto Castiel desaparece, parece herida, es bueno saberlo. Lo de la chica ángel fue doloroso, actuó unos minutos y fue encantadora en su candor crudo.

   No hay momento como el instante cuando Crowley comprende que Rowena ayuda a Lucifer, el enfrentamiento de siempre, verbal especialmente, no matándola porque teme lo que su nuevo amigo hará. Me pareció molesto, luego vemos que el Rey del Infierno siempre va dos pasos adelante. Dean le llama, todo les estalló en las caras, que vaya al Infierno.

DEAN CANTA LA CONTRASEÑA

   Allí tiene que cantar una tonadilla como contraseña, cosa que le irrita, y conoce a la parca Billie. Esa mujer es exótica y encantadora, no pude dejar de imaginar una pelea a puñetazos con Dean. O besos. Allí le ratifica su punto de vista, si los Winchester mueren, muertos se quedan. Bien, ahora cazadores, parcas y demonios tienen que trabajar juntos. ¿No sería genial que existiera esa conexión que hubo entre Dean y Tessa? Lo sé, siempre pienso en Dean con este o aquella, pero es que Jensen Ackles da para todo. Igual, ¿no sería sorprendente que resultara que Billie es realmente Muerte en otro cuerpo? Ella le entrega algo.

DEAN, ROWENA CON EL ATRAPABRUJAS Y CROWLEY

   En una escena donde toman te, Crowley deja por un momento a Rowena, se reúne con Dean y hablan del atrapa brujas. Cuando regresa, Rowena sabe lo que hizo, colocó una bolsa de hechizo para espiarle (muy lista), pero cuando Dean aparece con esa cosa como un collar de bondage, Crowley le dice a la mujer que nunca debe aceptarle te a su peor enemigo (él fue más listo). Ella cae y la obligaran, con ese collar, a regresar a Lucifer a su jaula. Castiel aparece y es cuando Lucifer comienza a darle a Sam

TODOS EN LA JAULA

   Aunque Crowley grita que no (y por eso es que siempre pasan las cosas, Sam oye a Dean gritar y ya no razona, igual el mayor respecto al menor), el cazador y el ángel corren hacia la jaula y Lucifer los atrapa a todos. Rowena aclara que si termina el hechizo, el Diablo quedará preso otra vez, pero si Sam se rompe y dice que sí, no podrán atarle. Y uno todavía sentía ese temor.

LUCIFER AND DEAN

   Los tres pelean contra Lucifer, en una buena batalla, y cuando este tiene a Dean por el cuello, exigiéndole a Sam que diga que si, Castiel salva el momento y ahora es él quien queda entre sus garras. Ocurre el hechizo, todos salen. Crowley los quiere fuera del Infierno. Se buscará otra manera de acabar con la Oscuridad. Dean preocupándose por Castiel fue lindo.

POR QUE ROWENA NO AMABA A CROWLEY

   Llega la gran escena entre Crowley y Rowena, cuando ella le confiesa, por el atrapa brujas, que le odiaba para no amarle porque el amor es debilidad y ella se juró nunca más sentirla por todo el sufrimiento que le acarreó en el pasado. Parecía una Scarlett O’Hara cualquiera, pero mala, cuando se jura hacer lo que sea para no volver a pasar hambre (bueno, aquella tampoco era muy buena). Aparece Castiel, es cuando sabemos que Lucifer mora en su cuerpo. En la jaula, en el último momento, llevado por su impotencia o rabia contra Amara, el insensato ángel de Dean le pregunta al otro si realmente puede vencerla, este se lo asegura y le da el sí en el último momento.

CASTIEL, EL DIABLO CAMBIA DE PIEL

   Cuando Castiel/Lucifer le pregunta a una embelesada Rowena si alguien más puede repetir el conjuro para enviarle a la jaula y ella responde que no, que sólo ella, ¿alguien dudaba que moriría? Fue una falla del programa, no su muerte, sino el no mostrar el rostro de Crowley un segundo antes, sabiendo que eso ocurriría. Rowena, la poderosa bruja que terminamos queriendo cae. Corwley está golpeado en el suelo, Lucifer está allí. Y todo eso me gustó. La idea de Lucifer dentro de Castiel, un ángel que posee verdaderos sentimientos por los humanos (coño, por Dean, hablemos claro), ¿terminará afectando eso al Gran Villano? ¿Podrá romperle el cuello a Dean o algo se lo impedirá? Me agrada la idea de un Castiel malvado. ¿Cómo será ahora, con el nuevo rol, la dinámica Misha Collins/Jensen Ackles? Lo que no quedó para nada bien, pero nada, es que Misha Collins tratara de imitar las poses de Mark Pellegrino; estas eran muy características de este actor, y se vio forzado y mal en él. Misha Collins puede recrear a su propio Lucifer, como terminaron haciendo Ruby y Meg al cambiar de cuerpos. Bien, dos terribles males están en el mundo, Rowena que podía ayudar bajo coacción ya no está, Crowley queda en estos instantes bajo la bota de Lucifer…

   ¡Qué carrizo pasará ahora! ¿Irán a salir con un episodio sin relación?

DEAN, ¿QUÉ LO HIZO VULNERABLE?: 11×11

Julio César.

DESAFIO

enero 26, 2016

ESTRATEGIA

SEXY BOY ASS

   -¿Qué? ¿Te crees muy macho? Ven y demuéstramelo.

UN DOMINGO POR LA TARDE…

Julio César.

AFORTUNADA EQUIVOCACION

enero 23, 2016

TRABAJOS FACILES

   Entró a la fiesta que no era…

   …Y no fue fiesta hasta que llegó. El dulce chico, a quien le encanta que lo miren, que los ojos rueden y acarician su cuerpo como manos ávidas, centra sus actividades en despedidas de solteras ebrias, cumpleaños de octogenarias de manos largas y de quinceañeras, contratado por amigas, que reían hasta las lágrimas con las caras rojas de vergüenza. Ahora iba tarde a otra despedida de soltera, entró apresurado tras la cortina de la tarima, escuchando aplausos algo exasperados, y comenzó a bailar… para encontrarse que había diez o doce carajos jóvenes, rudos y forzudos, trabajadores de la construcción, como público. Que esperaban otra cosa, pero entre lo tarde, que la chica no había llegado, las muchas cervezas que habían tomado, sus movimientos cadenciosos y el tamaño de su trasero, les hizo decidir continuar la parranda. O comenzarla porque, cerrando los ojos y sonriendo, estremeciéndose, el chico es alzado por muchas manos, que lo tocaban, lo soban, que le bajan y quitan el hilo, que le decían que sabían cómo tratara un tipo como él, lo acercaban, en peso, a una cama que ocupaba una esquina de la estancia. Si, comenzaba la fiesta.

TRABAJANDOLOS CON LA RUTINA

Julio César.

OSCURO AMOR… 5

enero 23, 2016

OSCURO AMOR                         … 4

Por Leroy G

SEXY BOY SPEEDOS ROJO

   -¡¿Qué quieres hacerme qué?!

……

   Aunque temblando por el contacto, por la mirada oscura y profunda que el otro le enviaba, un profundo rechazo al toque, a lo que pudiera significar, le dominó, alejando la cabeza en un inequívoco gesto de rechazo.

   -Estoy bien. –grazna con el corazón martillándole en el pecho. La mirada de Marcos se endurece, es fría. Por un instante cree que ve una rabia intensa en sus pupilas, pero todo pasa tan pronto que cree haberlo imaginarlo.

   -Me alegra saberlo. –dice el otro, poniéndose de pie, señalando la bandeja y el infaltable vaso de jugo de naranja, uno muy amarillo.- Termina. –va a salir.

   -Gracias. –croa sintiéndose de pronto mal, culpable, egoísta, malagradecido. La idea de que Marcos se molestara con él, era difícil de enfrentar. Por alguna razón. Le ve detenerse, hombros rígidos, volviéndose.

   -Dime, ¿estás así porque me viste en el baño con…? –comienza el otro joven.- No creas que abuso de tu hospitalidad. Es que, ya sabes, soy muy fogoso, te lo dije cuando me mudé aquí,  y mis putos siempre quieren más y más. Se montan una vez en mi güevo y ya no quieren bajar. –oyéndole, tan pancho, la garganta de Mauricio se cierra un poco más y se le dificulta pasar la cucharada de sopa.- No te molesta, ¿verdad? Si el que sea gay es un problema… –pregunta nuevamente, pero ahora con algo de imposición. Una que inhibe al otro.

   -No… no, está bien. –casi se sorprende al oírse responder, como si fuera otra persona.

   -Genial. –la brillante sonrisa del otro le hizo latir fuerte el corazón.- Termínate eso y si quieres más, llama.

   Sale y Mauricio bebe del jugo de naranja, está muy amarillo y sabe a vitaminas. No le importa. Lo termina todo para acabar con la resequedad en su lengua. Luego le hace los honores a la sopa. ¿Por qué no le dijo claramente que le molestaba esa hilera de hombres entrando, a los que cogía mientras pronunciaba su nombre? ¡Claro que le molestó verle en el baño! ¡Y cuando le tocó…! Si, su heterosexualidad se había revelado, porque presentía el interés de Marcos en él. La cabeza le duele, no siente ganas de lavarse la boca o llevar la bandeja a la cocina. Llaman a la puerta y se tensa, lo que era agotador.

   -Pasa. –autoriza, el otro asoma su cabeza.

   -¿Mejor?

   -Sí, pero… estoy agotado. Es como si no tuviera fuerzas.

   -Estás muy agitado. Necesitas crear un ambiente relajante para descansar. Comenzando por nada de televisión. –señala el aparato encendido a bajo volumen, que apaga.

   -Oye, el silencio total… -se queja en su cama.

   -Toma mi iPhone. –le ofrece, con los audífonos.- Esto te relajará. Hace dormir más que la narración de un partido de futbol aburrido. –le sonríe. Venciendo la resistencia, no deseando oponerse para no parecer un pendejo total ante las atenciones del otro, Mauricio accede.- y… -muestra uno de esos palitos aromáticos.

   -Eso no me gusta. Siento que me ahogo. –se queja plañideramente, como un niño.

   -Lo necesitas. –es la tajante respuesta mientras lo enciende, al humo elevándose, un olor dulzón llenándolo todo.- Enciende el iPhone y duerme.

   -Bien, coño. –brama, ceñudo, encendiendo el aparato, viéndole tomar la bandeja y todo lo demás. Y ese sonido de olas era realmente tranquilizante, así como ese olor algo mareante. Le ve salir, silente, pero no sin que antes le lance una mirada burlona.

   El olor, los sonidos, todo le relaja. Duerme. Mucho, pareciera que no puede despertar. Su pecho sube y baja rápidamente. Siente un dolorcillo de cabeza. Se imagina corriendo, desnudo, escapando de algo, alguna cosa contra la que grita y patalea, cada vez con menos fuerzas, cayendo, sintiéndose alcanzando, bañado, cubierto, acunado de manera intensa, total; la idea de regreso al útero le extrañó, ¿de dónde vino?, se preguntaba. Pero era… grato. Hasta que pataleaba, deseando abrirse paso de esa niebla, o manto, deseando escapar y pensar con claridad. Y esa lucha le hacía doler la cabeza más intensamente.

   -Oye, oye… -escucha un imperativo llamado mientras una mano le sacude.

   -¿Eh? ¿Qué? ¡¿Qué?! –alarmado por algo, abre los ojos, el dolorcito de cabeza sigue allí.

   -Amigo, ya cae la tarde. ¿No quieres que te traiga algo de cenar? O mejor, sal de esa cama, toma una ducha y nos acurrucamos en el sofá a ver televisión.

   -¿Dormí todo el día? –se alarma, sentándose, la sábana bajando, su torso y abdomen mostrándose, olvidando sus resquemores iniciales de esa mañana.- ¿Cómo puede ser? –se ve confuso, algo aturdido, ¿durmió todo el día? ¿Qué le pasaba?

   -Te dije que los sonidos relajaban y que el incienso ayudaba a dormir. A lo mejor tienen algo de marihuana. –se burla Marcos.- ¿Te levantas o no? Vamos a cenar.

   -Okay, yo… -le mira, sonriendo sin humor.- ¿Qué?, ¿hoy no hay novios?

   -¿Mis putos golosos por mi güevo? -le corrige, haciéndole estremecerse.- No, necesitas descansar y… bueno, la verdad es que, no sé si lo has notado, pero tiendo a ser un poco ruidoso cuando… -rueda los ojos, y Mauricio boquea ante esas palabras. ¿un poco ruidoso?- Así que será noche de compañeros de piso. –va hacia la puerta y todavía se vuelve y le guiña un ojo.- Habrá una competencia, y nada cómo los deportes para unir a los chicos, ¿verdad? ¡El Míster Bikini California! Será genial. –sonríe chulo y se marcha, dejándole con la boca abierta.

   Sí, claro, cómo que iba a salir de su cama para ver el Míster Bikini de lo que fuera. Piensa en echarse otra vez. Puede que haya dormido todo el día, pero sigue cansado. Pero también tiene la vejiga llena. Sale y se dice que meará y regresará, pero aprovecha y toma una larga ducha que hace milagros en su musculoso y joven cuerpo de machito; al salir se fija bien en el pispo y las paredes (¿buscando rastros de semen?). Una vez limpio regresa a su cuarto, se coloca ropas cómodas y mira la cama, pero se le hace insoportable la idea de regresar a ella. Sale nuevamente y mirando hacia la sala, ve a Marcos instalado frente al televisor, por el balcón nota que ya es de noche.

   Así que termina cenando frente al televisor, para luego tener la cara roja mirando el fulano Míster Bikini California, donde hombres altos, jóvenes, guapos, muchos de ellos catires, vistiendo diminutas, muy diminutas prendas, exhibían la mercancía al público presente. No todo femenino, no con esos sujetos mirándose unos a otros, tocándose, metiéndose manos en ese escenario. Más rojo de mejillas, mira el close up del trasero de un tipo en hilo dental, que lo baila frente a la cámara, ganándose los gritos del público. De reojo notaba los brillantes ojos de Marcos, el cómo algo abultaba bajo el cómodo bermudas que llevaba, tocándoselo como de pasada mientras hacía comentarios sobre el culo de este o aquel. Dos veces volvió el rostro para decirle algo, medio pillándole mirándole el entrepiernas, pero parecía no notarlo, o no daba señales de ello, mientras le explicaba por qué creía que ese o el otro ya andaba repartiendo culo de lo lindo en las playas de California, con tan sólo mirarlos decía saberlo.

   -Es fácil verle el gusto a muchos por las pollas, como dicen los españoles. –ríe ronco, algo cruel, provocándole escalofríos a Mauricio.- También hay muchos que andan extraviados y todavía no lo saben, muriéndose de sed cerca de cientos de vergas llenas de leche.

   -Oye… -graznó incómodo, mirando la pantalla, donde los “machos” en tangas jugaban dentro de las olas y salían escurriendo agua contra el cielo azul y sol brillante de California, con los bañadores casi traslucidos.

   No le sorprende escuchar el espesar de la respiración de Marcos. El sujeto se veía encantado, seguramente soñando con cuántos podría llevar a su cama y… (la imagen le eriza) montarlos en su güevo. Viéndolos encularse, cabalgarlo, gritando y pidiendo más. También ellos enviciados. Lo curioso de toda esa situación era que… sus pelotas cosquilleaban también a la vista de los muy atractivos y saludables cuerpos de tíos reilones en bikinis, tangas e hilos dentales fingiendo jugar volibol de playa. ¿Qué coño le ocurría?

   No durmió bien esa noche, un sonido le llegaba y sabía que era Marcos masturbándose, escuchaba sus pujidos y jadeos, podía imaginarle totalmente desnudo, pierna abiertas, alzando sus caderas, dándose puño sobre el güevo tieso que babeaba un poco.

   -Hummm… -le oye, cerrando los ojos en anticipación se prepara.- Oh, sí, tómatela toda, Mauricio. Esta leche es toda para ti. Trágate hasta la última gota. Lo necesitas tanto. –eso acabó con su paz mental.

   La vida continuaba su marcha, Marcos preparaba los alimentos y los jugos, le prestaba sus audífonos y música relajante. También encendía esos abominables palitos aromáticos que inducían letargo, pero no descanso. No quería ir tanto al gimnasio, pero el otro no le dejó abandonar, aunque si le aconsejaba dejar su trabajo en las dos secundarias si se sentía tan mal. Ahora le parecía que el sueño del físico culturismo era una locura, demasiados entrenamientos, rutinas y ejercicios. Ya había abandonado la idea de ganarle, trotando, a Marcos, incluso a seguirle el paso. Aunque seguía mostrando su buen cuerpo, de hecho se notaba un poco más abultado de bíceps y pectorales, sus muslos llenaban el pantalón y su trasero parecía más firme, resistía menos.

   -Llegué. –gruñe, medio sofocado, entrando a la sala esa tarde.

   -Siéntate, te llevo un jugo. –le grita Marcos desde la cocina.

   Varias naranjas exprimidas descansan sobre la mesa y cayendo dentro del vaso van las dos últimas gotas, de las treinta, del frasquito que el otro joven tapa presuroso, mirando hacia la puerta del pasillo, vigilando la presencia del otro, ocultándolo en un bolsillo.

   Revolviendo con un cuchillo de cocina el jugo… y las gotas. Su sonrisa es torva.

CONTINÚA … 6

Julio César.

NOTA: Cómo le escribí al amigo Leroy, esta vaina se está poniendo demasiado sentimental.

GRIPE, MARCHA DEL 23 DE ENERO Y BEISBOL

enero 23, 2016

MALA LECHE

MUSCULOS Y TANGUITAS

   Que vaina tan dura.

    ¿No odian enfermarse en fechas específicas? Parece que el universo conspirara contra uno. Hace añales, después de comprar y disfrutar su libro (Apuntes que apuntan), se me presentó la oportunidad de conocer a Isa Dobles, la querida y recordada periodista (descanse en paz). Se presentaba en la Casa de la Cultura en Guatire, para festejar un natalicio de Alí Primera, de cuando la gente no asociaba su nombre a este desastre. Yo culpo a la familia. Ah, pues, después de decirle a todo el mundo, citándonos allá, me enfermé. Me sentía fatal. Cuando mi hermana fue a visitarme luego, se había llevado el libro para que lo autografiara (uno de mis tesoros), le pregunté cómo había quedado todo; viéndome abatido dijo que más o menos, pero bastó presionar un poco para que pareciera que viviéramos ese episodio de Los Simpson cuando Homero castigó a Bart prohibiéndole ver la película del gato y el ratón y Lisa fue y no quería decirle nada para no deprimirle y luego grita que fue sensacional. Igual estalló Melissa. La muy bicha dijo que cantaron, rieron, contaron cosas, que lloraron por ratos (y no me quería regresar mi libro). Que gozó una y parte de la otra, aunque ella no tiene bolas. Que yo sepa. Ahora ocurre igual, cuando mañana nos disponemos a concentrarnos otra vez, para conmemorar otro 23 de Enero, este con mayor significado, todavía estoy todo temblereque por la gripe de porquería. No sólo la Oposición ganó grandes espacios, sino que por ser sábado no podían obligarme a ir a la oficina, pero como me canso de la nada y me falta el aliento, mejor no estorbo. No quiero aparecer en televisión porque me dio un yeyo. Qué raya. Ah, pero las cosas no terminan ahí, unos amigos piensan llegarse a Valencia para ver el primer juego de la final entre Navegantes del Magallanes y Tigres de Aragua. Según tienen cuadradas las entradas. Justo ahora que no me siento bien. Ojalá les vaya mal. A ellos, no al Magallanes.

Julio César.

VAYA SORPRESA

enero 23, 2016

ESTRATEGIA

CHICO SEXY

   En la playa, jugando al rugby, todos se le ponen detrás para meter manos.

DESAFIO

Julio César.

DEFINICIONES

enero 23, 2016

¿APRECIO O HAMBRE?

UN TIO Y SU CHICO XXX

PELIGROS DE COMPARTIR CASAS Y BAÑOS

Julio César.

RONALDO, ¿QUÉ VALE MÁS?

enero 23, 2016

SALUDOS A LA CHINITA

CRISTIANO RONALDO Y ALESSANDRA AMBROSIO

   ¿Todo será fiesta y felicidad?

   Dicen que en este mundo todo es relativo, el valor de algo es aquel que íntimamente la damos; un muchacho puede gritar de felicidad ante una tableta costosa, una joven llorar por un ramos de rosas provenientes de las manos indicadas. Hace poco, en la portada de la revista GQ, Cristiano Ronaldo, el astro luso del futbol, compartía portada con la hermosa modelo brasileña Alessandra Ambrosio, siendo designados ambos como jóvenes exitosos y atractivos, de cuerpos perfectos (lo dice la revista), dignos de encarnar el ideal de una publicación como esa, donde se rinde culto al cuerpo. Cosa que debería hacer feliz a cualquiera, no sólo aparecer en esas páginas sino ser considerado “un cuerpo perfecto”, pero me pregunto, ¿no le habría gustado al portugués más derrotar a Lionel Messi como el mejor jugador de futbol del mundo? ¡Y miren que Messi merecía ese quinto Balón de Oro! ¿No haría cambiado Ronaldo, encantado de la vida, tal “honor” publicitario por el Balón?

¿NO PROVOCA AHORA QUE LLEGA EL CARNAVAL?

Julio César.

LA NENA DE PAPA… 5

enero 21, 2016

LA NENA DE PAPA                         … 4

De Arthur, no el seductor.

THONG BOY

   A su papi le gusta así…

……

   Sus ojos, muy abiertos y desconcertados, enfocan al hombre que sonríe complacido, de pie frente a él, y el cual mece sus caderas de adelante atrás, intentando empujarle más la gruesa barra dentro de la boca. Su verga. De hombre.

   -Eso es, respira y relaja la garganta. Lo haces bien, así, aprieta con tus labios, mueve la lengua… Hummm, lo hace bien. Tan natural. –acota. Luego endurece el tono.- ¿Eso le decías a mi hija? ¿Qué era una tragona natural? –con las mejillas abultadas por la barra sobre la cual se adhieren, el chico menea negativamente la cabeza.- ¿Seguro? ¿No lo hacía bien? Tú sí, me lo mamas como un experto. ¿Seguro que no has mamado güevo antes?, me cuesta creerlo. –le sonríe, casi parece halagarle, metiéndole y sacándole el tolete de los labios rojos y húmedos.

   Mirándole hacía arriba, con cierto aprensión, Brandon no puede hacer nada más como no sea ir relajando sus mandíbulas, permitiendo que la gruesa pieza sexual penetre más y más, sorbiendo en todo momento sobre ella para no ahogarse con saliva, para respirar… sintiendo el sabor. Y, sin embargo, en sus pupilas parece brillar cierta rebeldía, cómo cuestionándole el que haga eso, un hombre a otro.

   -¿Qué? ¿No te gusta? ¿Seguro? Veo que tragas bastante y siento tu lengua moviéndose. –se burla.- Déjame ayudarte. –le atrapa la nuca con sus dos grandes manos de hombre maduro, llevándole y trayéndole sobre su verga, adentro y afuera, lentamente, luego más rápido, más profundo, sonriendo al verle enrojecer, ahogarse, sorber desesperado por aire, la saliva bajándole de los labios hacia la barbilla. El hermoso espectáculo de un jovencito virginal mamándole la trancas. Más y más adentro, impidiéndole detenerse, o moverse, la gruesa mole de carne blanco rojiza, nervuda, se frota totalmente de sus labios mientras va y viene.

   Brandon se atragantó, sintió el reflejo de nauseas, pero continuaba luchando por respirar. ¿Su lengua realmente frotaba y lamía? ¿Succionaba de manera aprensiva como buscando más?, no lo sabe. Pierde la noción de todo. Se deja hacer. Llevar. Le ve la sonrisa complacida, como si supiera que se entrega, que le deja hacer. Y abusaba. El hombre le ladea el rostro, saca y mete su verga pegándosela de una mejilla que abulta, y sigue hacia su garganta. Traga y traga, se ahoga, tiene la boca totalmente llena de güevo caliente y palpitante y su naricita respingona pega del pubis del suegro, llenándose las fosas nasales con sus rizados y cortos pelos púbicos. Allí, con toda aquella mole en la boca y deformándole la garganta, el rostro contraído, la frente fruncida, roja, aspira ruidosamente por la nariz, perdiéndose en sabores acres de hombre, en los jugos que la verga bota, en los olores almizclados. Allí, en un patio de casa de familia, al lado de una pequeña piscina bajo ese cielo claro de media mañana, un sujeto grande y fornido mantiene retenido contra su pubis, con el güevo tragado totalmente, sus pelos siendo bañados con un frenético aliento, a un jovencito delgado, esbelto, en tanga a medio caer, que sigue ordeñándole con la garganta, ojos cerrados, inspirando agitadamente por la nariz.

   Si, tal vez no lo supiera, se dice Cole, pero Brandon estaba ordeñándosela bien, reconoce con una sonrisa torcida, la del macho que domina sexualmente a otro, y quien lo disfruta también, algo que halaga su virilidad. El noviecito de su hija, que la toca, que le mete mano (algo que le molesta como a todo padre, ¿cómo osaba tocar a su niña inocente?), estaba mamándole el güevo. Le deja ir un poco, para que respire, para que se recupere, luego le regresa. Lo lleva y trae rítmicamente, gozando con todo la presión de los jóvenes labios sobre su tranca, las apretadas de las mejillas delgadas, de la lengua ardiente contra la cara inferior de su miembro. Entiende que el chico, débil de carácter, algo sumiso en su naturaleza, se deja hacer para salir de eso. Estaba dándole tremenda mamada, aun desmañadamente porque es nuevo en el asunto, para escapar. Ignora la verdad de los mamones. Una vez que alguien como él, un inferior sexualmente, ha probado, ordeñado y adorado un güevo real, tieso, duro y caliente, no tenía vuelta atrás. Siempre tendría hambre de vergas. Y ese hombre, el dueño de la tranca mamada, tenía derecho sobre él, a tratarle como quisiera. A exigirle más atenciones. Le suelta la cabeza, espera, y sonríe aún mas complacido cuando el muchacho va y viene por cuenta propia, tragándose su gruesa barra de carne de joder, el máximo símbolo de su masculinidad.

   -Eso es, chico. Chúpalo como te gusta que te lo chupen. Enséñame cómo te gusta que te lo hagan. –se burla.- Pero debes entender que no hay que descuidar otras cosas. Mientras una tía te lo come, juega con sus tetas… -se inclina nuevamente, metiéndole el tolete más en la boca, bajando una mano, recorriendo y acariciando rudamente los inflamados y pequeños pezones, pellizcándolos con fuerza, haciéndole gemir; si, de alguna manera el chico se conectaba, jugar con sus pezones era estimularle mientras mamaba un güevo.- También con su coño, con tus dedos, rozándole el clítoris, ir dilatándoselo… -se tiende más y separándole las piernas, obligándole a montar un pie sobre la silla, mete dos dedos por un costado de la tanga que cubre el camino que va de las bolas al culo, acariciándole, haciéndole gemir, encontrando su agujerito, sintiendo que se contrae bajo el roce de sus yemas, penetrándolo con un dedo.

   -¡Uggg! –brama el muchacho, parpadeando con ojos nublados y el güevo del hombre totalmente clavado en su boca, sintiendo su culo abrirse y cerrarse sobre el dedo.

   Todo da vueltas en la cabeza, perdido entre ese güevo que le llena la boca, el cual chupa, que le late contra la lengua dejándosela llena de jugos fuertes que le parecían horribles dos o tres minutos antes, ahora… ¡Y su culo! Ese dedo que entraba girando, rotando y medio flexionándose contra las paredes de su recto le tiene totalmente indefenso a las manipulaciones de ese hombre con mañas.

   -Hummm… -gruñe pesadamente el hombre.- Así, pequeño mío. Chupas bien, y por aquí pareces también querer.

   Brandon no quiere escuchar ni pensar, no desea enfrentar el hecho de que sus labios van y vienen voluntariamente sobre la rígida barra del padre de su novia, mamándolo, o que sus pezones hormiguean antes de ser tocados o pellizcado… y que casi imperceptiblemente mece su culo contra esos dedos, porque ahora son dos los que penetran su esfínter. No, Dios, él no hacia esas cosas, se recrimina, pero mirandole, con dificultad porque el otro está doblado sobre él, nota su mirada socarrona, burlona.

   -Tu cuerpo responde a lo que quieres. Lo sabes, ¿no? Es así como controlamos a las chicas. –le dice soltándole la tetilla, sacándole los largos y gruesos dedos del culo, muy lentamente, sonriendo ante las haladas y apretones que ese esfínter le daba.

   Nuevamente la atrapa la nuca, cogiéndole la boca. Sonríen abiertamente viéndole ahogarse, sorber, salivar copiosamente barbilla abajo. Saca un poco su verga, disfrutando viéndola emerger de los jóvenes labios, y la clava un poco más cada vez. Al joven casi se le salen los ojos de sus órbitas cuando con un bramido el hombre le clava ese tolete inmenso de un golpe hasta la garganta, ahogándole. Le oye gruñir ronco, le nota temblar poderosamente, y es perfectamente consciente, sobre su lengua, de como algo increíblemente hirviente recorre la pieza de carne. ¡Iba a correrse! ¡En su boca! La idea le horroriza e intenta alejarse, pero Cole no le deja, y siente un trallazo de algo caliente y abundante que golpea tras su campañilla mientras el hombre brama con fuerza. La mole se retira unos centímetros de su boca, quedando el glande sobre su lengua, y dos nuevos disparos de esperma hirviente la bañan y cubren. Aunque horrorizado, el chico nota el sabor, y el carajo vuelve a clavársela toda, temblando, todavía en pleno orgasmo, y medio ahogado, el muchacho tiene que tragar. Se traga la esperma del hombre, mezclada con su saliva. La risita del otro mientras le suelta y retira su tolete, le indigna.

   -¿Te gustó tu primera tragada de esencia masculina?

   -¿Por qué hizo eso, señor Cole? –casi lloró, jadeando, cara roja, ojitos torturados, los labios hinchados, la saliva en su barbilla. Mirando, aunque intenta no, la verga enrojecida, brillante de saliva y su propia esperma.

   -Seguro que te gusta ver a mi hija tragándose la tuya. –sentencia el otro, ocultándose la verga dentro del apretado speedos, donde destaca escandalosamente.

   -No está bien lo que hizo. –acusa, pasándose una mano por los labios.- No tenía que correrse en mi boca.

   -¿No te gustó el sabor? Sé que sí. Estuvo bueno, ¿verdad? –ríe burlón, tomando una larga bocanada de aire y lanzando un gritico de poder.- Me siento bien, pequeño. Un hombre ama usar su güevo. Tú también lo hiciste bien, no todas las mamadas terminan en corridas.

   -Tengo que irme. –casi gime, ojos en el suelo, hombros caídos, imposibilitado como está de no notar el sabor de esa esperma aún en su boca.

   -No así, tienes que desahogarte. Vamos, hazte la paja para mí. Quiero ver tu técnica. –exige Cole, atrapándole un hombro y haciéndole levantarse. La tanga esta algo baja, se ven los pelos castaños… y casi nada más.- Mierda, chico, no tenías mucho, pero ahora parece más encogido. –silba irónico. Si, la situación había desinflado lo poco que Brandon tenía.

   -Debo… Dígale a Nelly… -no puede enfrentar la situación e intenta irse, pero la mano vuelve a su hombro y lo retiene, el tono es más firme.

   -Quiero ver al novio de mi hija masturbándose.

   -No… puedo… -se ve afligido, casi lloroso. El hombre le mira.

   -Vamos. –le toma de la mano y casi le hala dentro de la casa, cruzan la cocina y el comedor, suben las escaleras y van al dormitorio principal; Brandon lo sabe por la mezcla masculina y femenina del decorado y un retrato de él y su mujer sobre una mesita.- A veces hace falta algo para estimularse. –le dice, soltándole y buscando en una gaveta.- Hombres y chicas.

  -Señor Cole, no creo que… -calla cuando el otro, sonriendo, se vuelve.

   En sus manos sostiene una pequeña tanga de mallitas, azulada, una simpe tirita por detrás, femenina. Una pantaletica de su mujer… Una íntima prenda de nena.

   -Creo que es lo que necesitas. Con esto se excitará tu clítoris. Vamos, póntelo para mí… nena. Póntelo para tu papi.

CONTINÚA … 6

Julio César (no es mía).

NOTA: Hay algo en la idea de un hombree hecho y derecho que cae sobre un muchacho que gruñe que no, pero no puede detenerle, que resulta excitante… como fantasía. En el otro blog, el de videos, subí uno viejo, de los llamados retro, donde algo así pasa. El tipo llega, el chico dice que de ninguna manera y el otro le hace mil cosas. Desde nalgadas a juguetes. Es un video bueno, aunque viejo. El de un carajo controlando, y disfrutando, de su pussyboy. Si les interesa, vayan a: EL CASERO Y EL CHICO DEUDOR

TRES HOMBRES, UN DESTINO… SERVIR… 49

enero 21, 2016

… SERVIR                         … 48

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

NOTA: Robert Read es un monstruo maldito. Se los dije.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

SEXY BLACK MAN

   ¿Cómo podría haberse resistido ese chico?

……

   Johan Adams conduce, a su lado, un ceñudo Sheppard intenta distraerse mirando por la ventanilla de la cabina del camión de traslados. Le tocaba conducir, pero el gordo de mierda impuso su antigüedad. En el fondo, piensa, lo hacía por joder. Sospechaba que Adams era medio racista y se la dedicaba por negro. Dentro de la caja, sentados uno frente al otro, Read mira a Lomis, con algo parecido a la agitación en su cara.

   -¿Los trajiste? –le pregunta con viva ansiedad, poniendo sus manos palmas arribas. Nada más entrar al vehículo fue fijado el cinturón a una cadena que partía del centro del piso del vehículo, no podía ni medio levantarse de la forma inclinada.

   -Claro, hice las dos cosas que me pediste, distraje al jefe para que no fuera a los tribunales y traje esto, pero tenemos que hablar. –confirma Lomis, sacando de su chamarra dos tabacos.- ¿Cómo controlaré a Slater? –enciende uno de los tabacos, consciente de la mirada viciosa del otro.

   -El chico, Curtis, te lo entregará.

   -El jefe no…

  -Tu jefe ya ha probado la infinita delicia de enterrar su enorme verga negra dentro del redondo, apretado y dulce culo de un tío blanco. Y Nolan le invitará de tantas maneras que no podrá resistirse. Oye, dámelo ya. –intenta alzar las manos cuando le llega el humo y el aroma.

   -Eres patético con este vicio. –se agacha para soltar la cadena que le retiene al piso, dándole el tabaco encendido.

   -¿Lo dice el sujeto celoso por prestar su juguete sexual? Vaya que te gusta el chico, ¿eh? –ríe Read, dando una profunda calada al tabaco.- Mierda, no es de los buenos. –se queja.- Pero pase. –aspira y exhala, gozándolo, extrañado sus puros de Carolina.- Debiste ver los que tenía en mi oficina. Esos olían a gloria.

   -Eso te matará. –le gruñe Lomis, molesto por el comentario sobre Curtis; si, no le gusta saber que ese Profesor jugaba con su cachorro.- Si no lo hace la inyección letal. –ríe.

   Todavía reía cuando Read, con el puro en la boca, bajó las manos afincando su agarre en el asiento, muy consciente del chirriar de cauchos. El impacto, que es brutal, por un segundo levanta la parte del camión donde va Lomis, quien sale disparado contra la división del cajón, golpeándose y mareándose un tanto mientras se pregunta qué coño pasa. Todo eso un segundo antes de que Read se arroje sobre él, una mirada oscura de predador pero también de placer en sus pupilas, y a pesar de la poca movilizada de sus brazos, le atrapa por el chaleco, le medio alza y golpea fieramente contra la pared metálica. El dolor es horrible, especialmente en su cabeza, piensa Lomis, no entendiendo qué hace ese sucio criminal; medio resbala al suelo, sin fuerzas.

   -Me parece que tú morirás primero, Lomis. –le oye, medio agachado a sus espaldas, con una voz ronca y un leve toque de excitación casi sexual.

   Y ve aparecer ante sus ojos de mirada algo desenfocada las gruesas muñecas del convicto, velludas, esposadas, y la cadena entre ellas bajando a la altura de su cuello. Es cuando comprende lo que va a ocurrir. Y grita, quiere ponerse de pie, presentar pelea, escapar, pero el metal se cierra ya contra su piel, frío, aterrorizante, mientras le oye contener el aliento en un jadeo casi de placer. Y aprieta…

   Por un segundo la mente de Lomis queda en blanco, ¿qué diablos estaba ocurriendo? ¿Por qué Read hacía eso si eran aliados? Cuando la cadena de las esposas se clava en su cuello, la respuesta le resulta luminosa, simple, deslumbrante en su lógica: porque es un loco homicida.

   -¡No! ¡Noggg! –brama, tarde, llevando las manos a su cuello, a la cadena, cuando entiende que debe luchar.

   Pero esta ya le ha cortado el flujo de aire, justamente cuando expiraba, así que no puede reponer el oxígeno, y la idea, que será asfixiado, que morirá de esa manera, le nubla el poco entendimiento. Gruñe y patalea, lanzando ahogados bufidos de rabia e impotencia, intentando alcanzarle debajo de sí, pero el recluso cierra bien sus piernas, que no se pueden separar mucho de todas maneras por los grilletes, y aumenta la presión sobre su cuello, hiriéndole. Lomis manotea, casi araña las manos del recluso, pero este es inamovible, está de espaldas en el suelo del camión, sosteniéndole sobre sí, ahorcándole con una sonrisa leve en sus labios, la mirada en el techo, casi lujuriosa. El vigilante quiere gritarle que se detenga, que recuerde que son amigos, que no le haga eso, pero no puede, las palabras no salen más allá de jadeos tipo gruñidos. Boquea y todavía ruge, presa de un horrible pánico, los ojos se le enrojecen y llenan de lágrimas.

   -Lo siento, amigo, no quisiera hacerlo pero tienes que morir. –Read alza un poco el rostro, hablándole suave al oído.

   Las palabras lo consiguen, es lo que buscaba el sádico sujeto al pronunciarlas, el miedo de Lomis se reaviva aún más, sus intento de suplicar también, y es cuando lo nota, espantado: Robert Read está duro bajo su braga, la verga la tenía tiesa, caliente, y era frotada por su trasero dentro del uniforme mientras se revolvía. Lo que espesó la respiración del convicto y casi le hizo ronronear de gusto. ¡Le frotaba el güevo contra el culo mientras le asesinaba! El horror alcanza nuevos niveles. Siente su respiración caliente contra el oído.

   -Ojalá tuviéramos tiempo, Lomis, apretaría y te soltaría, una y otra vez, lo justo para que disfrutáramos el mayor tiempo posible de la experiencia, ¿lo sientes? Estoy duro. Tú también. Es por la asfixia. –le indica con burla. Y con una lengua soez le lame de tanto en tanto una oreja que el otro aleja agitando su cabeza con asco y espanto.

   El miedo, la rabia, la humillación era tanta que Lomis sigue luchando, sabiendo que pierde las fuerzas, agotándose, boqueando. No puede detener su lucha aunque nada logra y su culo sube y baja sobre la pelvis del recluso, repetidamente, frotándose sobre ella, dándole gusto mientras le mata. Le oye jadear de forma obscena, el corpachón de su toro subiendo cuando toma aire en estasis, y el agarre sobre su cuello se afloja un poco. Sólo un poco. Y Lomis boquea, un buche de saliva escapa, igual que sus lágrimas, de su boca y ojos mientras aspira e intenta hablar al mismo tiempo. Iba a pedirle clemencia, piedad, que le hiciera lo que deseara pero que no le matara; no quería morir, pero el agarre regresa. ¡Lo dio un pequeño respiro para prolongar su agonía!

   -Ahhh…

   El jadeo obsceno de Read es una de las últimas cosas que va oyendo mientras su cuerpo pierde fuerzas, el control, sus labios se mueven sin sonido, en su amoratado rostro no se ven las pecas, los ojos enrojecen y se brotan un tanto. De su verga que abulta realmente contra el uniforme, escapa una orina caliente y abundante. Una que baja y moja a Read, quien jadea otra vez ante el goce que experimenta, ojos cerrados, respirando pesadamente, sosteniendo sobre sí ese cuerpo que poco a poco deja de luchar, el culo totalmente presionado contra su verga palpitante. Siente sus estertores, su tensarse final, el ablandamiento del cuerpo del pelirrojo, y se queda quieto, sin aflojar el agarre, pero ahora si tomando aire por la boca, jadeando como si alcanzara un orgasmo. Boca abierta, rostro contorsionado y bañado en saliva y llanto, yace el laxo cadáver de Albin Lomis. Read se lo quita de encima, con desdén, inclinándose y tomando las llaves, librándose. Espera y la portezuela es abierta desde afuera, sonríe torvo, allí se encuentra Sergio Altuve, uno de sus viejos secuaces que fungía de vigilante en El Matadero. Se miran y sonríen.

   -¿Todo bien? –pregunta Read, pasando por encima de Lomis.

   -Si, jefe. –casi suena maravillado, ¡adoraba a ese sujeto cruel e infernal. Y ríe.- ¿Es orina o leche? –pregunta viéndole la braga naranja mojada.

   -Un poco de todo, como en la vida. ¿Algo por terminar? –pregunta como de pasada, pero el secuaz sonríe, sabiendo lo que espera.

   -Queda uno. El vigilante gordo.

……

   El impacto contra el pesado y solido camión había sido brutal. Y Johan Adams sabía que en buena parte ese presente desastre era culpa suya. Se había descuidado. Perdido en su mundo mezquino y pequeño de regocijo, como molestar al otro vigilante por negro, aunque en verdad le detestaba por alto, atlético y bien parecido (que las mujeres en la garita le mirara era un insulto para él), descuidó las periferias. ¡También el hijo de puta ese!, se dice, mareado, sangrando por la sien izquierda, la que golpeó tan feo contra el grueso cristal de la ventanilla que logró agrietarlo, aunque consciente de que buena parte de la sangre era de Sheppard, el otro vigilante. Este, que iba en el asiento del copiloto no anticipó el ataque que llegó de su lado. Imagina, aunque no quiere disculparle, que se había refugiado en algún asunto interno para escapar de él. Mucha gente lo hacía, cosa que Adams sentía como un éxito. Uno que le irritaba y hacía aún más insoportable.

   Mientras se desplazaban por la algo solitaria calle, rumbo a un cruce, alejándose siempre de las vías principales para no llamar la atención (el vehículo carecía de logos aunque cualquier agente del orden lo habría identificado fácilmente), fueron embestidos lateralmente por otro pesado camión que llegó por una de las calles de la intercepción. A pesar de la música y los gruesos cristales arriba, alcanzó a escuchar el chirriar de neumáticos de un vehículo acelerando; por un segundo le dio tiempo de volverse. Y gritar. Igual Sheppard. El vehículo, un pequeño Mack sin barandas posteriores, se les fue encima, con una gruesa cabilla de acero de ocho pulgadas sobresaliendo medio metro de la capota, viéndose acompañada luego por otras cuatro iguales, aparentemente soldadas entre ellas y a un costado del camión. La cabilla fue lo primero que embistió el cristal del lado de Sheppard, achatándose unos centímetros, empujando el vehículo, finalmente astillando el cristal, rompiendo y penetrando, las otras cuatros la siguieron, derribándolo. La primera parte golpeando en el pecho, de costado, a Sheppard, quien grita y lanza un alarmante y horrible chorro de sangre caliente, uno que baña el parabrisas y al obeso vigilante que grita también. Luego llegó el camión de frente…

   El golpe es feo, abollando la portezuela a pesar de sus refuerzos, aplastando a un Sheppard, que agoniza, levantando el vehículo de ese costado, obligándole a virar, momento cuando Adams golpea el cristal. El camión carcelario se va de frente contra unos contenedores de basura y un poste del tendido eléctrico, deteniéndose. El choque, el golpe, la impresión, todo eso deja mareado al obeso hombre, quien no entiende qué está ocurriendo. Le parece que todo va en cámara lenta. Su visión es borrosa, hay un pitido en sus oídos que le marea. Es cuando logra ver a dos hombres descender del otro vehículo, ambos portando rifles de asalto. El miedo subió instantáneamente por su garganta. Aunque, en teoría, debía estar seguro en ese mini bunker que era la cabina, esta había sido forzada. Por la ventanilla caída caben fácilmente dos, cinco o veinte armas, que no tendrían ninguna dificultad en acertar a un hombre gordo atrapado a su asiento.

   Con manos torpes abrió su cinturón de seguridad y como pudo, la portezuela también antes de que los otros llegaran. Fue abrir y caer de rodillas, mareado, el pitido en su cabeza no ayuda. Se puso de pie con pura fuerza de voluntad, lleva la mano a su arma de reglamento… y se aleja, renqueando, corriendo a lo que dan sus piernas. Tras los contenedores podría apertrecharse, piensa, aguantar hasta que alguien llegara. O se ocultaría mientras esos delincuentes hacían aquello a lo que habían venido. Ni por un segundo cree, aún confuso como está, que estén para matar a unos vigilantes de prisión muertos de hambre, o para acabar con Robert Read. No, se lo llevarían, lo liberarían.

   Lo logra, rodea los contenedores pero el mareo se intensifica, los contornos de su visión se oscurecen y cae contra los depósitos, sentado de culo, aún sí con el arma en las manos. Siente la boca seca, un sabor cobrizo va llegándole. Lucha por no dejarse vencer por esa negrura que le rodea.

   -¿Todo bien? –oye la pregunta, una que le sobre salta.

   Alza la mirada y boquea en shock, aterrorizado, erizado bajo su uniforme y ese cálido sol de un día de verano. Allí está Read, con su mono naranja, sin esposas o cadenas. Con un rifle en una mano. No le sintió, escuchó o vio acercarse. ¿Se habría medio desmayado? Alza la mano, que tiembla violentamente y el arma cae. La sonrisa del otro le aterroriza aún más.

   -Un hombre valiente que muere intentando impedir el escape un monstruo, ¿no suena bien? Hablarán bien de ti, gordo imbécil. –se burla.

   -No, no. Déjame. Vete y déjame en paz. –balbucea, suplicante.- Nunca te hice daño. Te cubrí muchas veces, ¿lo recuerdas? Te secundé, llevé cosas a tu celda. Esas pastillas y gotas y… Siempre cumplí. Cuando Lomis sacó tus cosas de la celda antes de la requisa del jefe Slater… -balbucea a toda prisa, encogido sobre sí, una lágrima rodando de su ojo izquierdo.

   Ignora que de nada sirve suplicar. Read quiere matarle, le divertía sentir su miedo, notar el pánico en sus ojos y voz; su intento de suplicar por su vida, de manera tan lamentable en un hombre que solía ser tan cruel con otros a su cuidado, le excita nuevamente. Nada de lo que dice Adams, además, le sirve de nada. Tiene que morir.

   -¡No! ¡No! ¡NO, POR FAVOR! –grita este sintiendo que se desgarra su garganta por el esfuerzo, alzando las manos para cubrirse, centrándose únicamente en el doble cañón que se instala frente a sus ojos.- Nooo… -es todo lo que puede agregar finalmente cuando escucha la pavorosa explosión.

   No siente nada cuando un tercio de su cara revienta. No ve la sonrisa de profunda satisfacción del hombre, el dolor llega poco después mientras su cuerpo rueda un tanto. A lo lejos se oyen sirenas, pero Read quiere disfruta hasta el último segundo de la experiencia vivida. Sergio se le acerca.

   -Debemos irnos, jefe. Hay que buscar…

   -Lo sé. Y ya tengo un lugar preparado. –dice, todavía mirando al gordo vigilante muerto.

   -¿Acaba de escapar y ya tiene un lugar? –el otro ríe divertido.

……

   -¡No! ¡No saldré vestido así! –grita Nolan Curtis en su apartamento, vestido como está de sumiso aficionado al cuero, casi al borde del pánico, porque se cuestiona, duda de sí mismo, ¿podría impedirle a ese hombre exponerle de esa manera? ¿Sería arrastrado con esa facha por el pasillo del edificio donde vive, exponiéndose a las miradas de sus vecinos y conocidos?

   -Irás. –sentencia el Profesor, algo impresionado de que el chico no esté flotando por los estimulantes que le hizo inhalar, pero ya irritado. Una perra no debía oponérsele a su macho, nunca, así que le atrapa una mano arrastrándole a la puerta.

   -No, no… -grita el muchacho presa de la impotencia y desesperación, sintiendo que todo comienza a dar vueltas a su alrededor.

   -¡Vamos! -el Profesor sonríe al verle la mirada perdida, ya lo tenía en sus manos; abre la puerta y todavía le toca darle otro halón.- ¡Qué vengas, pequeña perra!

   -No, suélteme, suélteme. –grita histérico Nolan, pero embotado.

   -¿No oyes, hijo de perra? ¡Suéltalo! –una nueva voz se suma.

   A Nolan le parece ver todo en cámara lenta, allí está el jefe Slater, mal encarado, rígido, alzando el puño y golpeando al Profesor en la boca, haciéndole regresar al interior del apartamento mientras le suelta, entrando él también y cerrando la puerta a sus espaldas. El joven jadea, mareado, confuso, notando la mirada asombrada del jefe sobre su cuerpo y luego la mueca de rabia contra el Profesor.

   -Esto no es asunto suyo. Este… joven y yo tenemos asuntos pendientes. Sexuales, si entiende. –todavía tiene las bolas de argüir.- Dejemos solos.

   -Jefe… -jadea un trastornado Nolan, suplicante. No quiere que le deje con ese tipo. Slater lo entiende, apretando otra vez los puños, sintiéndose ahogado de la rabia.

   -¿Qué le hizo a este chico? –ruge el vigilante en jefe, un recio hombre negro que se le va encima al Profesor quien por primera vez se inquieta.

   -No es asunto… -repite pero calla y grita cuando un nuevo puñetazo se estrella en su barbilla, doblándole las rodillas y haciéndole lanzar un grito sorprendido y furioso, retrocediendo.- ¿Qué coño haces? ¡Voy a llamar a la policía y pagarás por esto, hijo de puta! ¡No sabes con quien te estás metiendo!

   -Con un maldito y sucio viejo que droga muchachos que se resisten a ir con él, y seguro que tienes mujer, hijos, familia, empleo y prestigio; y todo eso se irá a la mierda si no te largas de aquí ahora mismo. Vete o me encargaré de joderte bien jodido, maldito pervertido. –le ruge, realmente furioso. El profesor no está acostumbrado a ese trato, arde de rabia, pero también de miedo.

   -Ya sabrás de mí. Tú y esta mierdita. –amenaza mientras va saliendo, pero pierde la poca dignidad que le queda cuando Slater, apretando los dientes da dos pasos hacia él, así que casi corre. El jefe golpea la puerta, cerrándola, su pecho subiendo y bajando con esfuerzo.

   Una vez a solas, Nolan con la mirada baja, tiembla, como si fuera a desmayarse. Slater parece confuso, como si ahora no supiera qué hacer. Era todo aquello tan extraño, llegar y encontrar a uno de sus subordinados, un chico influenciable y sensible (eso siempre lo ha sabido), vestido así y siendo casi raptado por un sujeto.

   -¿Qué diablos pasa aquí, Curtis? –le encara finalmente, mirándole duro. Pero se inquieta al verle la mirada nublada, todo tembloroso, con una adoración franca, enorme, casi perruna brillando en sus ojos.

   -¡Me salvó! Estaba tan asustado, jefe, mucho, y quería que alguien llegara y… –le jadea, casi lloroso de la emoción, una que le ahoga.- Gracias, señor…

   Nada de aquello le agrada mucho a Slater, que no se mueve, por eso le sorprende cuando el joven y esbelto muchacho vestido de puto en cuero, se le lanza encima rodeándole el cuello con sus brazos. De manera automática, porque le siente temblar mucho, sólo por eso (cosa que juraría hasta el fin de sus días), le rodea la muy blanca cintura bajo el chalequito con sus manos negras y enormes, cada uno notando el calor del otro.

   -Curtis… -intenta separarle un poco, se siente algo abrumado, por las gracias repetidas que el chico lanza en cálidas bocanadas contra su cuello donde oculta el rostro, tembloroso, tibio todo su cuerpo joven.

   -Gracias por venir. –repite este, separando el rostro, mirándole a los ojos con una adoración total brillando en sus pupilas, pero con algo más también, algo salvaje y primitivo que eriza al hombretón negro que baja un tanto su mirada para enfocarle.

   Si ibas a decir algo más, no se sabe, no cuando Nolan le hala del cuello y se alza sobre sus botas, besándole. La suave boca de labios delgados, entreabiertos, cae sobre el grueso labio inferior del hombre, que se estremece al tiempo que, esta vez sí automáticamente, las manos abiertas, muy grandes y oscuras, bajan con los dedos separados sobre las turgente nalgas del chico blanco. Ambos quemándose de manera intensa.

   Slater abre mucho los ojos, su verga despierta de manera intensa y poderosa bajo sus ropas.

CONTINUARÁ … 50

Julio César.


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