EL TSJ Y LA REALIDAD ALTERNA EN NARNIA

febrero 4, 2017

PARA ENTENDER QUÉ PASA EN VENEZUELA

weis

   Se molestan, cuando ellos mismos montaron el circo por televisión.

   La Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, con sus facultades de corte celestial, estando por encima de la ley, de la misma Constitución y aún del más básico sentido común, anda muy brava con la Asamblea Nacional, electa por la gente con siete de cada diez votos (na’guará), que se atrevió a sesionar y declarar que hay una falta de ese señor que le gusta que le digan Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, en sus funciones. Está muy molesta la Sala del Poder (parecen que son súper villanos, villanos pero súper, según ellos mismos), porque la Asamblea no le hizo caso a lo que el señor que los nombró a dedos les ordenó sentenciar (ah, ¡si esa cómica no la hubieran montado por televisión!), y amenaza con encarcelar a los diputados, que fueron electos con siete década diez votantes para que hicieran justamente eso, reparar el desastre del Gobierno, por no acatar lo que dicen ellos que fueron dejados allí, como desperdicios en los rieles del pobre Metro, a dedo.

   Pero van más allá en sus locuras, digo, disertaciones. La Sala del Poder sostiene que no hay falta de la figura presidencial, porque el señor Nicolás Maduro Moros cada día hace una cosita, que cambia un bombillo, quema una basurita, por lo tanto está allí. O eso dicen ellos, que hace cosas, porque ese señor se las pasa hablando y hablando de cadena en cadena y paseando con una laaaaarga comitiva familiar de cumbre en cumbre, mientras el desastre venezolano no sólo continúa sino que se profundiza y radicaliza. Y la verdad es que la Sala del Poder dado a dedo tiene que amenazar con meter presa a la gente, e inventarse leyes y sanciones para quienes hablen de eso, porque la obligación real del Ejecutivo no era perder el tiempo hablando paja o desapareciendo plata a la lata mientras protegen a todo tipo de animal rapaz en la fauna revolucionaria, sino garantizar la alimentación, la seguridad, la atención médica, supervisar e incentivar la creación de fuentes de trabajo y viviendas, y nada de eso hace ese señor. Pero nada, ni siquiera por equivocación, que si iba a hacer una cosa, salió otra y aparecieron los alimentos. No, nada. Aunque la Sala  del dedazo insiste en que sí, que como ellos lo dicen, así no se vea nada, o que ocurra exactamente lo contrario de lo que sostienen, eso sí está pasando porque la realidad es la que ellos decretan. Repito, na’guará.

   Son unas veinticinco facultades u obligaciones las que tiene el Presidente, y no las ejerce; por ley (y cuesta entender que ninguno de los magistrado de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sepa algo de las leyes, obligaciones y mandatos de la Constitución, pero ahí están los hechos y las sentencias para demostrar que ni idea de qué hablan), el señor Nicolás Maduro Moros, como presidente de la naufragada república de Venezuela, no rectifica el rumbo al desastre, no despide a esa pila de ladrones inútiles al que llama alto gobierno, sino que parchea con motes bobos los huecos en el casco; motes como que si “país revolucionario” o la  más engañosa, “patria socialista”, pegatintas que no impiden la entrada de agua justo en alta mar,  habiendo una tormenta de leyendas, para colmo, y los tiburones acercándose (rusos, chinos, cubanos, norteamericanos), todos deseando dar la mordida. De esas facultades presidenciales ha ido el señor desprendiéndose alegremente, también por televisión, en shows que hacen que la gente arrugue la cara, primero como si chuparan limones especialmente ácidos, luego con repugnancia, como si vieran a un perro especialmente comedor de porquerías, que hubiera dejado la gracia en la sala de la casa.

   E, insisto porque esto es lo más incomprensible, lo hacen por televisión, llamando a una cadena para que todos vean la vaina. Primero facultó al ministro de la Defensa, también experto en hablar golpeado y amenazar, para que distribuyera la miseria, con armas al hombro: “¿cuánta gente vive en Caracas, cinco, seis millones de personas?, ah, bueno, vamos a repartir bolsitas de comida para unas trescientas mil, y si nos abocamos llegaran a cuatrocientas mil”. Y reían esos señores vestidos de militares, satisfechos, como si aquello fuera la respuesta a los misterios del universo. Seguro dormía el ministro con una sonrisa en los labios, felicitándose por aquello, tan meritorio como cuando desembarcaron, por el Caribe, recuperando la Zona en Reclamación, para gloria patria, en una campaña admirable… que, claro, no ha ocurrido, pero tal vez un día, si amanecen con ganas, y no está lloviendo, a lo mejor lo hacen. Sorprendidos y desconcertados debieron quedar cuando la gente no sólo no les aplaudió, que a una ciudad de más de cinco millones le llegaran bolsitas a menos de medio millón, ni les agradecía o felicitaba, sino que continuaban protestando.

   En cuanto a la seguridad, tampoco les salió bien a estos señores vestidos de militares; arremeter armas en manos contra malandros pendejos mientras los capos huyeron, usando el rasero bajo, quien cae, cae y después vemos qué le inventamos, tampoco ha producido aplausos (ahora como que matan a más gente todavía, claro, al que pueden meter preso es a quien lleve la cuenta), sino serios señalamientos de violación de derechos humanos. Ni siquiera la rabia contra los malandros pudo disfrazar las denuncias de militares con miradas de cóndores, llevándose gente y desapareciéndola, como en lo más oscuro de las otrora dictaduras militaristas del Cono Sur. Fuera de que la represión, la de verdad, con fiscales y jueces para condenar rapidito, está montada es contra políticos de oposición.

   Ahora, chapaleando más en el fango, perdido casi diez puntos más de aceptación desde que salió, gordísimo, bailando salsa por televisión (quedándose sin aliento, resoplando como una nevera de dos puertas a la que el motor estuviera echándole una broma), el señor Nicolás Maduro Moros saca a Aristóbulo Istúriz de la Vicepresidencia y monta al señor aquel que tanto molestó al Difunto por sus fracasos anteriores, como el asunto de la inseguridad cuando era ministro de eso, y las derrotas militares sufridas contra los presos de los penales en El Rodeo, Tareck El Aissami, entregándose catorce de las facultades del Ejecutivo para que actúe, de facto, como un presidente paralelo. Conociendo al personaje como se le conoce, viendo el resultado de la gestión de todos en casi veinte años, después del chasco del brazo represivo militarista, el país imagina muy bien el resultado de esta nueva maniobra, más circo, más burocracia, más pérdida de tiempo para seguir medrando un día, otro día y otro día del erario nacional mientras el resto del país se hunde.

   Pero no, aunque ese señor al que le gusta que le digan Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, no garantiza la alimentación, la seguridad, la salud, la vivienda, el trabajo, aunque ha entregado quince de la veinticinco facultades presidenciales, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, recién nombrada a dedo apenas en diciembre de 2015, dice que no que no hay falta. No hace su trabajo, no garantiza nada de aquello a lo que está obligado, relega en otros lo que son dos tercios de sus obligaciones, pero no hay falta presidencial. Gobierno y TSJ dicen que si hay un presidente… pero eso sí, nada de permitirle al país expresar algo, electoralmente, al respecto, no vaya y sea que salgan con otra como la de diciembre de 2015 cuando les dijo que los quería fuera por inútiles.

   Es el drama de una gente que no sirve para nada, que no aprendió nada del desastre que montaron, y que les importa un carajo quienes agonizan, o ya han caído, por esa irresponsable manera de actuar a la que llaman socialismo. Mientras el Gobierno se va para Guayana a hablar pistolada, anunciando por radio y televisión que la CVG produce en todo un año menos de la cuarta parte que en el pasado, que en todo un año se hace lo que en la era democrática se producía en cuatro semanas (¡¡¡y lo anuncian por televisión!!!), la Sala Constitucional decreta que para mantenerse en el poder y acabar con los problemas sólo debe suspender la elecciones, acorralar a la Asamblea y perseguir políticos. Es su solución al hambre que esta semana, mientras el señor Nicolás Maduro Moros hablaba disparates en la zona sur del país, llegaba la noticia de la niña que se intoxicó y murió por comer pan sacado de la basura, y que como lo compartió con su papá, este se había enfermado también. Una niña que murió en la Venezuela revolucionaria por comer, literalmente, basura. Y se sabe que los animales del Parque del Este mueren de hambre ante la vista de todo el mundo. Pero no, hay alguien encargado en garantizar que nada de esto ocurra… aunque está ocurriendo. Es la realidad aparte, Narnia en toda su gloria. El cielo no es azul porque un decreto así reza. O no hay inflación, inseguridad, o dólar paralelo. La realidad es la que alguien ordena.

   Vista la controversia que existe, porque el Gobierno no quiso aceptar la decisión popular de diciembre de 2015, o porque son brutos y no entienden, lo lógico sería llamar al país a un proceso comicial y preguntarle directamente para que el asunto quede muy claro de una buena vez y se dejen las interpretaciones y las habladeras de paja que sólo consumen tiempo y se miden en los cientos que mueren: ¿quién cree que tiene la razón, y por lo tanto debe continuar en sus funciones mientras el perdedor es disuelto, la Asamblea Nacional o la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia? Y que el resultado, para variar, se respete. Así se acaba el problema. Que el soberano hable, voz del pueblo, voz de Dios, y sanseacabó. ¿O no, señores del Tribunal Supremo de Justicia? ¿O acaso ya no reside la soberanía en el pueblo? ¿Cuándo van a declararlo finalmente?

EL GOBIERNO, CARICOM, UNASUR Y EL DESASTRE

Julio César.

AMA DE CASA… 7

febrero 3, 2017

AMA DE CASA                         … 6

Por Leroy G.

el-chico-muneco

   Un sueño… raro, que quiere vivir.

……

   Era una terrible pesadilla demasiado realista, piensa al gemir internamente de dolor, la aguja penetrando el orificio mismo de su pezón, algo como fuego líquido inyectándose, picando, doliendo. Los ojos se le llenan nuevamente de lágrimas y miedo cuando esa aguja-dedo se retira, y otro se alza frente a sus ojos, como en el gesto de “enseñar el dedo”, acercándose y penetrándole el otro pezón con torturante lentitud. No podía defenderse, ni siquiera gritar pidiendo ayuda, exigiendo le dejaran en paz o… por piedad. Cierra los ojos, esa vaina arde terriblemente en su pectoral. Intenta respirar con profundidad, para calmarse, pero tiene que abrirlos porque todo gira demasiado rápido, de manera desagradable. Es cuanto pela los ojos, le parece que las dos figuras, los monstruos, ríen, burlándose… y ya no está en su pieza, hace rato que lo notaba, pero ahora es más claro; de alguna manera está en su antigua habitación en casa de sus padres.

   El ser de dos dedos en punta como inyectadoras, le atrapa bajo las rodillas, flexionándoselas y alzándoselas, levantándole las caderas. De la figura informe del otro, de la panza, parece emerger una serpiente oscura, congelándole de terror. Y la punta de eso, roma, busca y se hunde en su culo, y duele, tanto que casi grita, aunque no puede. Y entra y entra, haciéndole sudar. Y algo deja salir, escupe o vomita. Es un chorro tibio, que mana y mana, llenándole, abultándole la panza, lastimándole. Está lleno, mucho, y le duele. Quiere gritar, exigir ser liberado, lloriquear, botar eso, pero no puede. Sólo apretar dientes y ojos a pesar del vértigo. Eso quema más y más en sus entrañas. Algo cubre su cara. Alarmado abre los ojos, el ser que le sostiene acercó su deforme rostro y una trompa achatada pareció extenderse, cubriéndole boca y nariz. Siente que se ahoga, y se revuelve, pero no puede hacer nada. Pierde las fuerzas, el cuerpo se le ablanda, los parpados le pesan.

   Todo gira y gira en su mente, a pesar de los ojos cerrados. Y ahora sonríe, sintiéndose libre, feliz. No sabe cómo pero le parece que ya no está atrapado por los monstruos que le hacen cosas a su cuerpo. Abre los ojos y no le cuesta mucho reconocer el sanitario del taller mecánico donde trabaja, estando desnudo y de rodillas en medio del cuarto, rojo de cachetes, ojos brillantes, masturbándose. Y se sentía tan bien, recorrer su dura barra blanco rojiza con el puño le producía un placer tal que ronroneaba. Y uno a uno van entrando seis de los maricones esos con quienes trabaja, riendo y diciendo miren lo que tenemos aquí, oh, sí, que rico. Todos desnudos y empalmados, rodeándole, todos agitando sus vergas duras y goteantes, calientes y olorosas a masculinidad, que le golpean suavemente el rostro, que entran en su cabello como caricias, que recorren su frente, nariz, labios, mejillas, mentón, mientras cierra los ojos, dichoso. Seis güevos rozándole, y él gimiendo.

   -Quieres chupar güevo, ¿verdad? –escucha una voz, riente.- Si, para eso estás, para tener la boca llena de güevo, buscando leche, esa que tanto te gusta. Como te gusta tener tus tetas así, ¿eh?

   Desconcertado, abre los ojos, y al frente sólo encuentra la cabeza de un tolete cobrizo, el ojete mojado. Baja la mirada y ve sus tetillas pisadas fuertemente con vulgares ganchos de ropa. Y el corrientazo de dolor parece penetrar su mente, mientras jadea con una sonrisa, porque lo siente increíble. Su propio tolete pulsa en respuesta. Las risas se oyen.

   -Le gusta… -dice uno, apartando al que está al frente, ofreciéndole su propia verga. Y Gregorio separa los labios, rodeando ese nabo, la gota salina y caliente cayendo sobre su lengua, y lanza un jadeo de placer.- Si, te gusta, puto. Pero todos sabemos que lo que más te gusta es saborear la leche, ¿verdad? Sentir una regada de esperma caliente sobre tu lengua… ¿Qué tal seis leches?

   -Oye, qué tetas tan hermosas. –dice una tercera voz, y dejando de chupar ese glande, exprimiéndole los jugos, Gregorio vuelve a mirarse.

   Ya no tiene esos ganchos, pero si unas buenas tetas de mujer, redondas como puños, firmes, de largos pezones color café rosa, y a cada lado de su cuerpo, una mano parte y las atrapan, con palmas y dedos abiertos, y la sensación es tan intensa que gime, su voz algo amanerada, aguda, sintiéndolo, su culo pulsando intensamente. La verga vuelve a su rostro y sabe que, ya que deja mancas sobre el tolete, que tiene pintada la boca, de rosa. Chupa mientras dos hombres a los que no ve, juegan, amasan y aprietan sus senos sensibles, estimulándole más y más con las manoseadas. Cuando, entre risas, esos hombres pellizcan sus pezones, debe dejar salir la verga en su boca, a la cual había atrapado hasta un tercio, sintiéndola pulsar contra sus labios, mejillas y lenguas. Y, echando la cabeza hacia atrás, gime con puto abandono cuando esos dedos frotan y halan las puntas de sus tetas. Eso provoca más risas.

   -Vamos, puta, entendemos que goces de ser tocada por los hombres, pero también tienes que comer güevo, tienes que llenar tu vientre de esperma caliente, para eso estás aquí, ¿no?, porque te gusta demasiado la leche.

   Y gimiendo, subiendo y bajando su torso para sentir mejor esas manos, Gregorio mira el nuevo tolete frente a él, separando sus labios pintados de rosa, cubriéndolo y succionándolo. Cierra los ojos, subiendo y bajando, mientras las risas se suceden, mientras otros toletes calientes se frotan de su cara, mientras sus pezones son apretados ahora, cada uno, por dos juegos de manos que desean manosear a una puta tan buena como ella. La idea le hizo abrir los ojos, soltando el tolete que mamaba, parpadeando, preguntándose qué le ocurría, él no era…

   Pero una mano firme, de hombre, cae sobre su nuca, controlándole como un macho tiene derecho sobre un maricón como él; la idea le inundó, desconcertándole, por lo placentero que le resultaba. Si, un macho podía dominarle, era el derecho de los hombres de verdad.

   -Deja de jugar y mama güevo, perra; la leche que amas no se ordeñará sola. –y las palabras le derriten, y cae entusiasta, tragando con pasión de aquel falo, entre gemidos ansiosos. Las risas, y las frotadas a su cara y halones a sus pezones se continúan.

   -Qué puta.

   -Ya me lo imaginaba, con su cara siempre de dolor de culo, esto era lo que necesitaba.

   -Seguro que tiene el coño bien mojado dentro de esa vainita.

   Esas nuevas palabras tienen la virtud de despejar su mente otra vez, retirándose, centímetro a centímetro del poderoso tolete masculino que tanto placer le brindaba mientras lo succionaba y chupaba por sus jugos. Se mira, esas manos, cuatro o cinto, jugando con su torso… y más abajo su verga está dura, bien dura, dentro de una pantaletica de encajes, definitivamente femenina, de color azul metálico; una vaina putona, que sabe termina por detrás en un hilo dental. Lo sabe porque es ahora consiente del roce y presión de esa tirita entre sus nalgas, contra su culo, uno que sabe no queda totalmente cubierto y que sufre espasmos contra esa vainita. Y grita, lo hace, cuando una mano callosa baja por su hombro y espalda, metiéndose entre sus nalgas abiertas, apartando la tirita y rozándole la entrada del ano, clavándole medio dedo, mientras el tipo ríe.

   -Si, lo tiene caliente, mojado y bien afeitado. Y se nota hambriento. –y el dedo entra, penetrándole, haciéndole muy consciente del desplazamiento dentro de su agujero, una zona virgen e inexplorada.

   -Ahhh… -jadea ronco, mareado, despertando, solo, sobre su colchón inflable, aunque no sabe dónde está. No es su apartamento, ni la casa de sus padres. No hay paredes, tan sólo luces que estallan frente a sus ojos, y círculos girando de adentro hacia afuera, y espirales que atrapan su mirada. Le parece escuchar sonidos pero no está seguro. Y las risitas oscuras y malvadas. Cierra los ojos otra vez, incapaz de mantenerlos abiertos. Y aún así, a pesar de los parpados apretados, nota los estallidos intensos de esas luces blancas, le parecía ver  sombras girando, de esos círculos y espirales. Y que las risitas siniestras, malvadas, se incrementaban un poco.

   Como sea, se ve despierto, jadeando, en el pasillo del edificio, la puerta de su apartamento abierta, llamándole, invitándole a la seguridad tras esas paredes. Sabe que si entra estará a salvo de… de… Las risas le impactan y horrorizan, su corazón late con fuerza, su cara totalmente roja, deseando morirse, desaparecer, ocultarse de todas esas miradas. Si un segundo antes parecía que disfrutaba cierta fantasía, ahora es muy consciente del horror de su posición.

   -Pero mira qué puta. –grita un carajo al lado de su mujer, la cual casi lloraba de risas.

   -Ya sabía que era tremenda loca. –terciaba otro, casi doblado al carcajearse tanto.

   -Tiene una pantaleta como la mía. –grita, y le señala, una mujer rolliza.

   Y era cierto, aquello tenía que ser la más espantosa pesadilla de humillación y vergüenza que hubiera vivido jamás, se dice Gregorio, agitando las manos como para cubrirse. No necesita mirarse para saber que tiene los parpados pintarrajeados, así como los labios, que aquella franelilla ajustada, toda maricona que usa, destaca un cuerpo delgado, lampiño, femenino… como las medias negras de seda, los tacones a juego y la diminuta pantaletica de fantasía, metida en su culo como el hilo dental que es, tan bajo de talle que se nota el coqueto bigotillo de pelos rasurados que se dejó. Prenda que le contiene un tolete que no parece suyo, pequeño, blando. Todo eso provoca su vergüenza, el calor de sus mejillas, las ganas de escapar y ocultarse, mientras es expuesto a las miradas de unas veinte personas que viven en ese piso, que le conocen, que le han visto tantas y tantas veces, a él, todo desdeñoso, como joven y guapo machito que es. O era. Ahora…

   -Yo…yo… -intenta escapar, correr hacia la seguridad de su apartamento, pero el vecino maricón de al lado, con quien ya había soñado una vez, le corta el paso. Viéndose serio, masculino. Atrapándole un brazo.

   -¿Para dónde vas, princesa? Creí que habías salido por eso. –le retiene, dominante, con mano de acero, sonrisa mórbida, llevándose la otra mano a su abultado entrepiernas, donde algo grande alza la tela de su jeans.- ¿No buscabas güevo, princesa? Ahora voy a dártelo, aquí, frente a los vecinos y amigos, para que todos vean lo putica que eres. –le amenaza con la promesa, horrorizándole.

   ¡Quería cogerle en ese pasillo! ¡Frente a todos!

CONTINÚA … 8

Julio César.

EL PEPAZO… 48

febrero 3, 2017

EL PEPAZO                         … 47

De K.

el-chico-lindo

   Tan vistoso, tan deseado…

……

   Eso podría decirlo, por ejemplo, Lisset Osuna, de verle, mientras suben al ascensor, tarareando una canción que escuchara temprano en la oficina: Tropecé de nuevo con la misma piedra. Sin saber por qué, frunce el ceño. Seguramente por tener que encontrarse con ese carajo tan vago, su marido. Si es que estaba allí y no con una puta perdida. ¡Debió escuchar a su mamá!

……

   -¡Toma, toma, puto! –ruge Efraín, alzando la voz, sonriendo con maldad, con una mueca de control y dominio que le tiene delirando; la adrenalina corre alegremente por sus venas como la testosterona hacia sus receptores de placer sexual, mientras embiste una y otra vez aquel culito sedoso, ardientes, que le halaba y chupaba la verga de una manera intensa. Al tiempo que, igualmente, le soltaba una que otra sonora nalgada, algo que hacía gemir a ese tipo todo esponjado, de rostro y torso enrojecidos, la propia tranca totalmente erecta dentro de la diminuta tanga color rosa, que la contiene a pesar de todo, toda mojada de jugos sexuales. Dios, verle arquearse, oírle gemir roncamente, era casi tan bueno como las apretadas que ese agujero daba a su tolete. Se la saca casi toda, viendo los labios de ese culo abrazarla, metiéndosela de golpe.

   -Hummm… -lanza el jadeo Jacinto, arqueando aún más la espalda. La sonrisa de su rostro evidencia que nada en un plácido mar de hormonas de placer erótico. Ser cogido, penetrado, enculado, su agujero abierto y llenado por la venosa verga pulsante era lo mejor del mundo en esos momentos. Si, quiere que ese macho lo folle, duro, muy duro.

   Soltándole el otro tobillo, Efraín lleva las dos piernas a un mismo hombro, cerrándole los gruesos muslos, y un poco las nalgas, aumentando lo apretado de esas entrañas, tomándole con las manos libres las caderas, agitándole de adelante atrás para incrementar las mecidas que el forzudo joven ya hacía, sumándolo a la velocidad de sus embestidas, deseando llevarle el bate más y más adentro, cogiendo bien aquel coño rico que ese carajote guapo tenía por ano. La unión güevo-culo era una sopa caliente que obliga a Jacinto a gemir ruidosamente, casi a gritos, perdido el control sobre su cuerpo, su voluntad y su vida. Y se miran a los ojos.

   -¿Te gusta mi culo, papi? –las palabras se le escapan, vicioso, lujurioso, él mismo ignorando de dónde viene eso. O tal vez sí; de esa vaina, que no era únicamente su próstata, que el otro golpeaba y rozaba una y otra vez con la sedosa punta de su verga.

   -Si, maricón… -le responde con fuerza, ronco, y tan extraño está Jacinto, que la palabra le produce tanto placer que su torso se expande al inspirar.- Pana, tengo que metértela toda una y otra vez, necesito que tu culo me la ordeñe y me saque toda la leche. Quiero llenar tu cuerpo, en lo más profundo, con mis espermatozoides. Quiero que mi semilla te llene, te preñe, porque así… -rugía entre dientes, muy caliente, agitando su propio culo peludo de adelante atrás, medio meciéndolo, clavándosela de un lado, del otro, arriba y abajo, cada embestida, como cada nalgadita, le era recompensada con un gemido del otro. Pero calla, porque casi le dice que quiere marcar su territorio, llenarle el culo de leche hasta que se le rebose y chorree esfínter afuera, para qué supiera que era suyo. Que ese culo le pertenecía. La idea es tan extraña y confusa que tiene que guardárselo.- Tu coño caliente y hambriento va a tragarse hasta la última gota de mi esperma, ¿verdad? –casi juguetea, sonriendo, sacándole y metiéndole el nervudo tolete sin detenerse un segundo.- Tu coño de mariconcito necesita de esto, de un buen güevo de hombre, de una buena chorreada de leche para vivir, lo sé. Seguro que imaginártelo, los golpes que producirán mis disparos en tus entrañas, ya te tiene delirando.

   Y si, lo quiere. Ese tolete, esa leche. Todo Jacinto se eriza más, su piel está muy enrojecida, sus ojos brillan de hambre, de ganas, de sus labios escapan gemidos capaces de excitar a un santo. Y Efraín no lo era, su mujer tenía razón en muchas cosas sobre él, y comenzó a empujar su verga con mayor fuerza, llenando la sala con las palmadas de piel contra piel, diciéndose en todo momento que quería hacer delirar al putico trabajándole el coñito, siendo recompensado por la frente fruncida, los ojos entornados y la boca babeante de donde salen verdaderos pedidos de lujuria.

   -Hummm… hummm… ohhh… -sus gemidos tipo griticos eran demenciales.

   -¿Te gusta, putico, te gusta ser mi hembra? –tiene que preguntarle, voz cargada de deseos, también de control, tendiéndose un poco más sobre él, afincando el peso de los tobillos y piernas del otro contra su hombro, movimiento que parece cerrarle un poquito más el culo, haciéndole más consciente de las fregadas de las paredes venosas de su tolete contra esas entrañas.

   -Ahhh, si, si, cógeme duro, lléname con tu leche; soy tu puta. –grita a todo pulmón Jacinto, transportado de placer y lujuria, ojos casi desenfocados, con luces estallando frente a sus ojos.

   Gritos que coinciden con el momento cuando un ascensor llega a ese piso, la puerta se abre y una muy seria Lisset Osuna sale, nada contenta con el día que ha tenido hasta ahora. Y que no prometía mejorar…

CONTINÚA … 49

Julio César.

PRIMERA SANGRE… ALGO FLOJITA; 09×12

febrero 3, 2017

SAM, DEAN Y LA CRUZ GAMADA; 05×12

   La separación fue tan larga…

   Ni les cuento las ganas que tenía que regresara el programa, y lo había olvidado hasta el día miércoles. Sabiendo que Lucifer volvía a la jaula, la pregunta quedaba, ¿y ahora qué? ¿Qué sería de Crowley y la relación de los otros para con este? Los hermanos habían sido encarcelados, y comenzando el episodio, en ese lugar apartado, por un momento me pregunté si esto no estaría convirtiéndose en la serie Buffy, en esa temporada donde aparece un grupo gubernamental que sabe de los monstruos y quieren usarla de guerrera. Afortunadamente no fue el caso. La intro nos decía que regresaban Mary, la gente de Asa Fox, y la imperturbable Billie, con sus eternos brazos cruzados; pero la verdad no tenía ninguna perspectiva, ¿encarcelarían a los Winchester en algún lugar como Guantánamo y deberían luchar contra guardias y reclusos? Sonaba atractivo. Pero no, nada que ver.

primera-sangre-rambo

   De entrada me dejó curioso el nombre de este noveno episodio, Primera Sangre. Me sonaba pero no podía ubicarlo, no hasta la fuga cuando son perseguidos y estos ofrecen luchar; era el nombre de aquel libro coleccionable que compré de muchacho, de novelas negras, “Primera Sangre”, el relato de dónde sale la película “Rambo”. Que la primera fue muy buena (las otras un desastre; aunque la última, Regreso al Infierno, tenía sus momentos), y esta quedaba muy por debajo del texto. Fue una gran lectura la de aquel antihéroe, el hombre que peleó en una guerra impopular y regresa para encontrar desprecio, persecución y odio. Un hombre, solo, contra el sistema.

ah-sam-y-dean-que-chicos

   No fue este, un episodio de monstruos, los hermanos peleaban contra humanos, que en otras ocasiones habían demostrado ser más peligrosos, y dementemente malvados, que lo sobrenatural; pero fue bueno, bastante bueno, dentro de sus límites.

mary-vs-castiel

   Hay tres cuestiones, Mary anda cazando por su cuenta, no pudiendo mantenerse al margen, y Castiel la llama para contarle que perdió a los hermanos, enfrentando su enojo. Cosa absurda, el plan era de los hermanos, pocas veces se le ocurren al ángel, pero siendo el último hombre de píe, llevó. Fue bueno que le recordara que también ella les había abandonado. No fue de lo mejor, hablaron mucho, pero pasaba ahí, ahí. Notable es que el ángel se sintiera por debajo de los cazadores en competencia.

sam-dean-y-el-herpes

   Mejor estuvo cuando busca a Crowley por ayuda, y este vuelve a ser ambiguo y despreocupado, emitiendo sus dos juicios geniales: es un villano y también les quería muerto, en su momento; y esos dos siempre reaparecen. ¡Compararles con el herpes fue tan gracioso!, como la cara de Castiel, al escucharlo. Como no les ayudará, lo habla con Mary, y buscan a los Hombres de Letras ingleses, en un momento cuando Dean logra comunicarse con él, dándole cierta ubicación.

   El representante de los Hombres de Letras ingleses, Mick Davies, parecía un vendedor de pócimas, un charlatán cualquiera con una propuesta casi de demonio de cruces de caminos, ofreciendo villas y castillas a quienes se asociaran con ellos. Me hizo reír ver cómo fracasaba con los cazadores, hasta que Castiel le llama por ayuda y ve su oportunidad. Fue notable cuando Castiel se opone luego a la idea, y comentan que con Crowley y Rowena habían capturado a Lucifer. Fue gracioso ver a los Hombres de Letras ingleses sorprenderse por la noticia. Ayudarán porque “quieren ser amigos”.

dean-muere-otra-vez

   Sam y Dean, presos, son aislados, condenados a la soledad, para siempre, y la cosa como que les pegó bastante, porque aparecen muertos, inexplicablemente, y son llevados a una morgue. Donde, sabíamos, escaparían. Mi amiga Alicia me comentó que era lindo que preferían morir a vivir separados (es una seguidora del Wincests). Por supuesto que pensé en Billie, por la intro, y que ella les levantaría de entre los muertos. ¿Les necesitaba la mujer?, ¿algo peor venía por la carretera, obligándola a ello? No, lástima; pero eso se sabe después.

corran-fugitivos-corran

   Al verles escapar, mirando el bosque, fue cuando caí, hice la relación con la situación, el nombre del libro con esa persecución, los perseguidores que se enfrentarían a ellos. Pero esto quedó muy por debajo; en el libro, y la película, la persecución con perros y trampas fue mucho mejor. Claro, siendo los buenos, no enloquecidos como estaba Rambo, no fueron particularmente desagradables con los vigilantes, ni hubo perros a los cuales herir. Los tiempos son otros, con aquello de la crueldad hacia los animales en el cine y la televisión, especialmente de mano de los buenos. Y que los hermanos son incapaces de dispararle a un venado, como señalara Bobby, hace tempo.

sam-dean-cazadores-es-lo-que-hacen

   Derrotan a los otros, aclarándoles que si van por ellos, le irá peor. Sam les aclara, le crean o no, que el presidente al que supuestamente atacaron estaba poseído por el Diablo, y le salvaron. Se iban dejando esa información atrás. No debió extrañar lo que luego ocurriría…

reencuentro-del-clan-winchester

   Terminan reuniéndose todos, los cazadores con Castiel y Mary (con abrazos incluidos, se nota que el pobre ángel los necesita ahora); los Hombres de letras ingleses están allí y la desconfianza era palpable, aunque ahora les debían una. Es cuando Billie reaparece y la cosa se revela terrible, los hermanos, convencidos de que nunca saldrían, idearon aquello, con la parca, uno escaparía y el otro se iría con ella. Y Billie quiere a un Winchester, y ahora le cumplen o cosas malas pueden pasar. No me extrañó que Mary tomara la decisión de partir, aunque me parecía como duro, justo ahora que había aceptado que quería cazar, posiblemente con sus hijos.

castiel-mata-a-billie

   Es cuando Castiel mata a Billie, un personaje atractivo pero prácticamente desperdiciado. Fue muy lineal en su postura, no evolucionó, no fue amiga, pero tampoco enemiga, era desabrida, y ahora desaparecía. La explicación de Castiel, después de llamar estúpido el arreglo que habían hecho, demuestra cuánto necesitaba hacer algo para justificar su existencia. Por un segundo pensé que dejaría el programa o algo así. Me pregunto, ¿qué consecuencias traerá esto? Ya Dean acabó con Muerte, el Jinete, ahora Castiel con Billie. Las parcas no deben andar contentos. Y esto me irrita un tanto. No fue el final de la décima temporada uno de mis preferidos, emocionalmente quiero decir, porque la Oscuridad llegando estuvo genial, sino porque los hermanos no fueron los héroes, mezquinamente desataron un mal mayor sobre el mundo para beneficiarse ellos, y los héroes nunca hacen eso. Dean buscó a Muerte, por ayuda, y luego le mata. Igual ocurre con Billie, ahora; la necesitaron, pactaron algo, y Castiel la liquida. No hay honor, y los héroes no pueden carecer de esto, por muy antihéroe que se parezca.

el-sicopata-ingles

   Ahora hablemos del sicópata de los hombres de letras, el señor Ketch, que no actúa sin permiso del otro; va y acaba con todos los que supieron de la participación de los Winchester en el asunto del presidente. Molesta que sea tan implacable, que toda esa gente, aún el médico, fueran asesinados. Pero esto ya lo hemos comentado, era inevitable. Como cuando los leviatanes mataron a aquel comisario y a su hija médico, al ser aniquilados los falsos Sam y Dean, o el cura que entendió que había comenzando el Apocalipsis y había visto a Guerra, el Jinete; el mundo oficial, otros comisarios, o el Vaticano, y ahora el gobierno norteamericano no podían saber que estas cosas ocurren y que los hermanos son héroes. Los Winchester están condenados a luchar solos, relativamente, siendo menospreciados y perseguidos. Aunque me habría gustado ver la cara del más joven de los perseguidores, antes de que le mataran. Pero estos Hombres de Letras ingleses se las traen…

   El sicópata es de cuidado, y será interesante ver cuando llegue el momento del enfrentamiento con los Winchester, que esperemos no lo resuelvan en los cinco minutos finales de un episodio. El otro, Mick, es más llamativo, es un intelectual sangrino que casi cae bien, recordando un poco al inglés que aparece en la serie Ángel a la ida de Gale. Este, si el programa sigue con su costumbre de tomar a tipos que se ven bien, interactuando casi en plan de enamorados de uno de los Winchester (generalmente de Dean), puede quedar fijo, o por un tiempo. Ya que podría ser casi otro Bobby, en cuanto todo lo que sabe. No se ve claramente su futuro, todavía. Pero, en líneas generales, no han resultado satisfactorios, a finales de la temporada pasada, con la mujer, Toni, despidiéndose de su hijo y partiendo en busca de los hermanos, casi imaginé a una cazadora fuerte que peleaba al lado de estos, hombro con hombro, apareciendo eventualmente el hijo e interactuando casi como una familia con uno de los Winchester (de Dean, si, lo sé, sueno maniático; aunque, repito algo de la pasada temporada, sólo la hermana de Dios era medio merecedora de él). Pero nada de eso ha pasado, y después de los dos primeros episodios de esta temporada uno todavía le tiene rabia a la catira. ¿Que irá a pasar con esta gente?

   Y por allí anda la madre del hijo de Lucifer, cargando a este en su vientre, ¿qué pasará con eso? En fin, me gustó el episodio en líneas generales, pero… Primera sangre. No sé, quedaron por debajo de la puesta en escena de la persecución dentro del bosque, con las trampas de Rambo, en el libro y la película. La serie debería esforzarse un poco más. Menos escenas de Mary hablando con Castiel, y más acción, carajo.

LOS PESARES SOBRENATURALES DE LILY; 10×12

Julio César.

TIOS TRAVIESOS

febrero 2, 2017

AVIONES

abuso-policial

   Noticias del Norte: Policías blancos atrapan en callejón a atractivo chico negro y…

joven-y-caliente

   Joven y caliente, apenas puede esperar cuando oye que viene llegando el novio de su hermana… a jugar.

mi-harem

   Saciados, dormitan satisfechos; un día fueron machos alfa, ahora sólo forman parte de su sumiso rebaño.

pussyboy-hot

   Se lo advirtieron, si lo hacía, si se metía en una de esas, ya no podría vivir sin ellas, volviéndose cada vez “más coqueta”.

los-amigos-de-papa

   Los muy mañosos, amigos de su papá, sabían cuando estaba solito en casa e iban para que se alimentara.

TIOS DE ACCION

Julio César.

NOTA: Lo siento, esta semana no he tenido tiempo para el blog.

OCASION

febrero 2, 2017

LA AMISTAD CAMBIA

atado-en-suspensorio-listo-a-usar

   Hay quienes se toman las cosas muy en serio…

   Todavía jadeante, conteniendo los sollozos, Curtis bala en voz baja, como un chivito, esperado que alguien acuda a las solitarias instalaciones deportivas y le libere. Su equipo, amigos y conocidos, había retado a unos sujetos a un partido de básquet, y fuera de jugar duro y sucio, se burló de estos, bastante, en la cancha. Luego, mientras el resto iba las duchas, para comenzar después con la bebedera de caña, él se había retrasado hablando con una jovencita que le buscó conversación. Pero era una trampa, esta era la novia del capitán del equipo contrario, que lo distrajo para que cuando fuera a los vestuarios estuviera solo, ya que los panas habían terminado y le esperarían donde siempre. Entre los siete que componían el equipo contrario, dos de reserva, le gritaron, empujaron, abofetearon y redujeron. Le desnudaron lo suficiente, lo que les interesaba, y le ataron, inmovilizándole de lo lindo, entre risas y amenazas de cortarle partes. Así que no sólo su entrada secreta, sino su boca, fueron usadas. Y allí le dejaron, derrotado, apesadumbrado. Ahora se tensa al escuchar pasos, y mirando sobre un hombro ve a Lewis, el sujeto cuarentón, recio y de piel negra, que aseaba el lugar, junto a un amigo de este también de piel oscura, que se sorprendieron al encontrarle de esa manera. Lloroso les contó parte de lo que le pasó, la chorreada que manaba suspensorio abajo relataba lo demás, a ese tipo a quien nunca trató bien.

   -Caramba, doctor, miren que le han pasado cosas. Se nota que anda de malas… -termina Lewis, intercambiando una mirada con el amigo, riendo, comenzando a despojarse ambos de sus monos de trabajo.- Imagino que no le importará una más. O dos.

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 4

enero 30, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 3

De Sonia.

jared-y-jensen-separados

   ¡Ni me mires!

   -¡No! No soy un fenómeno de feria. –jadea, tragando en seco cuando ella saca de uno de los bolsillos de su traje una pequeña lente que dirige a su rostro, y nota sus ojos barridos por un pequeño laser rojo. Tan pendiente de eso está que no repara en la aflicción momentánea en la cara del castaño ante la palabra fenómeno. Era aquel aparatico un verificador. En cuanto un humano mejorado demostraba habilidades, era reportado, numerado. Su iris era etiquetado. No hacerlo era un delito grave, y peligroso. Y él no estaba registrado.

   -Claro que eres un mejorado. –jadea Jared, perdonando a su Jensen, por la fea palabra.- Sabes mi nombre. –la sonrisa regresa y casi le parte la cara en dos.

   -Aléjense de mí, maldita sea. –brama el rubio, asustado, ¡iban a descubrirle y detenerle! Intenta retroceder pero Jared da un paso al frente, atrapándole los brazos con sus manos grandes de dedos largos. Con posesividad, calor y… casi ternura.

   -Oh, vamos, Jensen, nacimos para este momento. Eres para mí. –exclama todo sonrisas, y dicha, casi parpadeando por la oleadas de emociones poderosas que lo recorren con sólo aferrarle así, e imagina hacerlo sin todas esas ropas puestas, sus manos sobre la cálida piel, recorriendo con la punta de sus dedos desde los bíceps del rubio, subiendo, acariciando, erizándole, tomándole los pecosos hombros, porque debían ser pecosos, acariciándole las clavículas con los pulgares. La idea casi le hace jadear, el cerebro ocupado con escenas locas donde corre por una playa, dentro del agua, de la mano del rubio; o que, desnudos, besa esos hombros, que muerde una clavícula y es recompensado por un gemido del otro.

   -¡Suéltame! –grazna un Jensen casi asustado. Debatiéndose, Jared no lo hace.

   -¿No lo sientes en verdad?, ¿esto que nos une? –insiste, mirándole con adoración y necesidad, pero también posesivamente. Por Dios, ¿qué le pasaba? Debía notar que ese hilo existía y los enlazaba. De alguna manera sabe que era necesario que el pecoso lo comprendiera y aceptara.

   -Jared… -interviene, ceñuda, Sandy, mirando el pequeño lector que hace un cruce mundial de nombres, con registros, pero comprendiendo un poquito más que su alto compañero. Si, Jensen era un humano nuevo, lo sabe por la intensidad de la reacción de su compañero, porque el rubio pudo haber adivinar su nombre (¿una habilidad síquica?), y no era que pudiera haberlo escucharlo de pasada, no cuando no se decía desde antes que doblara esa esquina. Pero su reticencia… La joven sospecha algo que podría ser un problema.

   -Es él, Sandy. Lo que salí a buscar de la base, eso que me empujaba a dejar las instalaciones –la mira, hablando con confianza, los dedos cerrados sobre Jensen, a quien mira ahora.- Eras a quien buscaba. Tú me llamabas.

   -No, no; te lo repito, no soy uno de los fenómenos con los que tratas. –Jensen enrojece de furor, y alarma, intentando soltarse del agarre de Jared, pero parecían faltarle las fuerzas al notar la mirada dolida del otro.

   -No somos fenómenos, Jensen, somos seres humanos mejorados. Nuestras destrezas…

   -¡No soy como tú! Soy normal.

   -Eres…

   -¿Eres un beta? –la pregunta sale disparada de la boca de Sandy, todavía mirando el lector, congelando de pánico al rubio, cuyo corazón late con fuerza.- Si es así, debes venir con nosotros; es obvio que no tienes ningún tipo de enlace con otra persona o Jared lo notaría. Estás obligado por ley a obedecer.

   Es tanto el temor que eso infunde al rubio, que Jared lo percibe, tensándose, molesto con su amiga por afectarle así, comprendiendo la profundidad del lazo que estaba por establecerse: por Jensen haría cualquier cosa. También comprende el prejuicio, muchas voces se habían alzado, en el pasado, y aún ahora, en baja voz (era penado por el estado), en contra del sistema de castas, alfas y betas, considerándose una categorización animal, donde un beta era prácticamente un invitado forzado a la mesa del sistema, el cual quedaba encadenado a un alfa si este le requería. Cosa que nunca entendió del todo, hasta ahora. Si, Jensen era un beta, lo supo en canto le olió, le vio y ahora tocándole. Era su beta, lo que hasta hace unos minutos faltaba en su vida, pero no dejaría que eso le estigmatizara. Ni asustara.

   -¡No soy un animal de granja!, ni iré a ninguna parte con ustedes. –ladra Jensen, voz cundida de pánico y furor, comprobándole a Jared el alcance de su prejuicio.- Soy un individuo libre, no le pertenezco al estado, a los militares ni a ti. –casi le escupe en la cara, haciéndole parpadea dolido.

   -Por favor, cálmate, no lo tomes así, esto… -el castaño se confunde, afligido por la reticencia del otro, ¿cómo era posible que no percibiera la maravilla del encuentro? Tal vez necesitaba tiempo para asimilarlo, se lo daría y terminaría reconociéndolo. Juntos superarían esto, acoplados, se dice con confianza, soltándole un hombro y enmarcándole una mejilla, la cual se tiñe aún más de rojo, reacción que le hace arder por dentro. Tan es así que ya no piensa, echa el rostro hacia adelante y le cubre los labios con los suyos cuando el impactado rubio se disponía a quejarse de sus manos. El beso le silencia y todo pierde sentido para el castaño, ¡eran labios tan suaves! ¿Y lo imagina acaso?, se pregunta cerrando los ojos; ¿la piel del rubio bajo sus manos arde todavía más?, ¿este se echa hacia adelante?, ¿sus labios se separan un poco para recibirle?, no está seguro, pero sabe que si muriera en ese momento, lo haría como un hombre feliz. Separa sus labios con una sonrisa, ha sido una caricia de segundos.- Ven conmigo. Sabes que es lo correcto.

   -¡Maldito hijo de puta! –es la respuesta que le estalla en la cara, llegándole con el aliento agitado del rubio, el cual responde con fuerza.

   Por un segundo Jensen se había quedado congelado, de sorpresa y pavor, ser detenido era una realidad que se cernía por segundos, aquella soldado no parecía de las fáciles de convencer. Debía escapar y hacerlo ya. Sumándose eso a la ira que siente por las palabras del castaño, por el beso, le alcanza en el mentón con su puño izquierdo, sorprendiéndole, empujándole hacia la mujer, ambos trastabillando, aunque ella intenta atraparle con una mano como zarpa. Y, retrocediendo en su camino, corre como diablo ante la cruz…

   -Ahhh… -Jared, desconcertado por el golpe cuando todavía saboreaba la miel del beso, la dicha del futuro juntos, ese mundo rosa donde todo eran besos en la base, se paraliza. Era un soldado, pero el otro era también un humano nuevo, no era un simple chico pecoso y lindo.- ¡Jensen!

   A pesar del puñetazo, del rechazo, del evidente disgusto del otro, al castaño el corazón se le cae a los pies mientras le ve alejarse a la carrera, con bastante prisa, por cierto, doblando la esquina y desapareciendo de su vista. Gritando su nombre como un desesperado, le sigue, sin escuchar a Sandy, que le llama. Tan sólo sabe que tiene que correr, buscarle, encontrarle, detenerle… y hacerle entender que tienen que estar juntos. Dobla y en la estrecha calle en la que cae, corta, no hay rastros del rubio, y esa realidad le hace gritar entre dientes. ¿Por qué corres, Jensen?, ¿por qué te alejas de mí, bonito? Es lo único que se repite en su cabeza, angustiado. Respira hondo y cierra los ojos, olfateando, percibiendo el olor a caramelos, echando a correr otra vez, dobla en una entrada a media calle, enfilando los ojos hacia la salida de unas residencias pequeñas y oscuras, a cuyas puertas un hombre pelirrojo, mayor, despliega un puesto de comida ambulante.

   Jensen había tomado por ahí, se dice, corriendo sin detenerse. Y le encontraría.

……

   Sandy, después de llamarle infructuosamente, se detuvo al doblar la esquina y no verle. Lleva una mano a su oído derecho y presiona el comunicador.

   -¿Control?, McCoy; encontramos a un mejorado no registrado, Jensen Ackles. -alza el gafete que le quitara.- Es un conserje en la primaria Palin. Hay que encontrarlo y detenerlo, es un infractor. Quiero su dirección. Comiencen a buscar a su familia y llévenselos a todos. –ordena tajante.

CONTINÚA … 5

Julio César (no es mía).

EL PEPAZO… 47

enero 29, 2017

EL PEPAZO                         … 46

De K.

el-chico-lindo

   Tan vistoso, tan deseado…

……

   No estaba totalmente consciente de sí cuando, de espaldas, abriéndose con el índice y el pulgar el ardiente culo, pidió aquello. Pero en cuanto el otro, saltando como empujado por un resorte y gruñendo como si se muriera, montó una rodilla en el mueble, tensando el cuerpo, guiando la verga tiesa, que goteaba jugos y su propia saliva, metiéndole el ardiente nabo de la punta, sintiendo el roce, la frotada, para irse enterrándosele lenta y fácilmente, Jacinto ya no pudo pensar en nada más, tan sólo en esa vaina caliente y pulsante que se le clavaba centímetro a centímetro, restregándose contra las paredes de su recto que parece sufrir un poderoso espasmo erótico, casi un orgasmo propio, y la cabeza parece darle justo allí, en esa pepa, ese botón que le ponía en “modo puta caliente”.

   Efraín casi bizquea, la boca tan abierta que algo de baba le rueda por el labio inferior, al sentir su verga exigida, tan apretada y halada, los músculos sedosos de ese canal sobándole, mientras le succionaba. Casi sentía que la verga se le derretía de calenturas y ganas. Lo mete y lo mete, viéndole tensarse, enrojecer, los ojos oscurecérsele de lujuria, los labios rojos húmedos, por la mamada que acababa de darle, dejando escapar los maullidos y gemidos más intensos de placer que ha escuchado alguna vez en su vida. Se la mete toda, hasta el fondo, pegándole los pelos del saco que forman en el otro las bolas envueltas en el rosa material de aquella tanga tan putona, sus propias bolas peludas apoyadas en el muchacho. Se miran, sus pechos subiendo y bajando, el del carajo ese mostrando esos globos que tiene por pectorales, esos pezones grandes, erectos, urgidos de una boca, pensó, estremeciéndose ante idea tan extraña… Como lo era cogerse a un hombre, meter su tolete en un culo masculino, después de todo.

   -¿Te gusta esto, maricón, tener una buena verga enterrada en tu culo? –le pregunta, casi agresivo, excitado, feliz, dichoso de ser un macho de las cavernas que domina a su presa.

   -Yo… -Jacinto balbucea, más rojo de cara, liberando una lucha interna entre una parte de su mente que no entiende aquello, ya que es un macho como todos, y otra parte, que confabula con su cuerpo para dar otra respuesta.- Si, si, cógeme. ¡Cógeme duro! –casi le grita, estremeciéndose coquetamente de la risita del otro, de la mirada hambrienta en sus ojos. ¡Él le provocaba eso!

   -Te lo daré todo, mariconcito rico… -gruñe Efraín, otra vez, sintiéndose travieso, atrapándole los tobillos con las manos, alzándolos, abriéndole, sacándole medio tolete del redondo anillo sin pelos, para volvérselo a clavar, hondo y duro, los dos cuerpos masculinos chocando; abriendo, llenando y barriendo con su venoso tronco ese culo que ahora sabía vicioso y hambriento de machos. Con razón el abogado coño’e madre había caído con ese tipo.

……

   El Corsa azul, bonito, aunque no nuevo como podría decir cualquier buen observador, se detiene en el estacionamiento, y Lisset Osuna lamenta, suspirando frustrada como cada vez que llega, de día o noche, que no le tocara un puesto techado. Se volcó un café en la falda y debía cambiarse, y no tenía una muda de ropas en la oficina. Se dice que debe aceptar lo del estacionamiento, y la falda, como uno de esos hechos de la vida, la mala suerte. Como tener a un marido tan inútil como Efraín, quien seguramente aún dormía. O ya se habría largado a parrandear con los vagos que tenía por amigos. O a buscarse una puta con la que pasaría un buen rato, dejándole a ella los amargos. Mortificada, y predispuesta un poco más contra ese hombre, baja del vehículo.

……

   Pero si Efraín Serrano, marido de Lisset Osuna, pensaba que dominaba totalmente la situación mientras se mordía la lengua, engreído, sosteniendo y abriendo a aquel carajo por los tobillos, viendo como entraba y salía su endurecida e hinchada verga de aquel culito sedoso y exigente, se equivocaba. Y comenzó a sospecharlo cuando, sonriendo algo infantil, ese carajo comienza a apretar y aflojar el agarre de su esfínter, cerrando las entrañas sobre su barra, y al comenzar un leve sube y baja, buscándole, moviendo su culo definitivamente goloso.

   -Hummm… -es todo lo que escapa de la boca de Jacinto cuando el otro, tendiéndose más, responde al desafío aumentando los ritmos de sus embestidas, sus mete y saca parecen duplicarse en velocidad, refregándole toda vaina por dentro, golpeándole una y otra vez la pepa del culo.

   Y es todo lo que parecía necesitar Efraín para tenerse más sobre él, alzándole las caderas del mueble, sus ronroneos de putita dichosa, la manera en que arqueaba la espalda echando la cabeza hacia atrás cuando le frotaba internamente con su venosa barra llena de sangre, pulsaciones y durezas. Embistiéndole más duro, empujándosela más y más, ya perdido en ese punto como la mayoría de los hombres cuando descubren, o disfrutan nuevamente, de cabalgar el culo de un hombre que goza con ello y les pide que se lo metan más duro y más rápido.

   -Tómala toda, mariconcito, toma toda mi verga. –le gruñe poseído por una fiebre rara, soltándole un robillo que cae en su hombro, dándole una sonora palmeada a la redonda y dura nalga del muchacho, quien aprieta los dientes y sisea lujurioso, al tiempo que su, en respuesta, cálido y húmedo agujero aprieta y chupa mas de aquella mole que va y viene en sus recorrido.

   -Hummm, hummm, hummm, si, si, cógeme. Cógeme duro. –se oye suplicar, en voz alta, perdida toda cordura, el control de su cuerpo, deseando de una manera agobiante aquella barra de carne de hombre que lo penetra, somete… y sacia; preguntándose muy de refilón qué le pasaba. Había estado igual momentos antes, con otro sujeto, y ahora… Si, estaba perdido de puto.

……

   Eso podría decirlo, por ejemplo, Lisset Osuna, de verle, mientras suben al ascensor, tarareando una canción que escuchara temprano en la oficina: Tropecé de nuevo con la misma piedra.

CONTINÚA … 48

Julio César.

EL TIO QUE…

enero 29, 2017

LIDERAZGO EVIDENTE

macho-hot

   …Trota y sabe que pronto llegarán los vecinitos a lamerle el sudor del shorts.

musculoso-desnudo-y-detenido

   …Aunque molesto, entiende la “necesidad” de revisarle de aquel policía de manos inquietas.

RESULTADOS

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 17

enero 29, 2017

RELATOS CONEXOS                         … 16

DENTRO  Y  FUERA… 2

mutantes-y-erecciones

   Tiempos de poderes…

   Pero no lo sabe. Sólo tiene el ahora. Y en este instante su vida era una mierda, encerrado con Sombrío y Silver. No tenía nada qué hacer, ni nadie con quien hablar. Para colmo, el dueño de la casa, el mismísimo don Sombrío, le miraba como si él, Richard, fuera una cucaracha saliendo del desagüe del baño. Por su parte, Silver sólo estaba pendiente del otro, siguiéndole siempre con la mirada como un perrito faldero. ¡Qué idiota era!, perdiendo su tiempo en adivinar qué quería o deseaba Sombrío; el maldito ese también le despreciaba. De hecho parecía no querer a nadie, ni tener paciencia con nada, como no fuera con Sibila, la bruja vidente, o la puta de Gea, la extraña mujer de mirar indolente a veces, burlón otras.

   El joven se queda quieto por un momento, con el balón en las manos, sudando a mares, viéndose increíblemente atractivo y viril, midiendo la distancia al aro, pensando en Sibila y Silver. La mujer era un enigma, y se mantenía alejada de él, por eso no había podido averiguar qué tanto hacían ella y Sombrío, encerrados hasta la madrugada, llenando gráficos y tablas con datos; pero algo le decía que la clave de los planes del otro carajo estaban en esas tablas con cifras y números. ¿Qué calculaban? En cuanto a Silver… hubo un tiempo cuando se burlaba de él, cruelmente, en la universidad. Y ahora el joven lo evitaba. Estuvo tentado a atraerlo, a diferencia de Sombrío, el otro no parecía inmune, pero temía caer bajo su poder, ya que Silver también tenía un don. De hecho… a veces parecía que Sombrío le temía, cosa muy extraña.

   Y es, precisamente, Silver quien aparece en la entrada de la cocina, viéndolo con interés, y algo de fea envidia. Era lo normal. Otros carajos lo miraban, admirando su atractivo y envidiando, en el fondo, no ser él.

   -¿Qué quieres, Bartolomé? -le pregunta con voz de barítono, lanzando el balón, sin verlo.

   -Alguien te llama por teléfono en la sala. -responde el otro, recorriéndole de nuca a pies, con disimulo.

   El recién llegado era tan distinto a Richard, que el contraste era casi obsceno. Silver era delgado, aunque esbelto también, de cabello castaño, desarreglado, algo largo, dándole un aire de pasado de moda. Lo otro que podía decirse de él era que usaba lentes, unos muy finos de montura. No había nada llamativo en ese joven de mirada ardiente y huidiza, de ojos oscuros y apasionados, de labios carnosos, propios para besar y enloquecer, aunque nadie lo sospechara. Bartolomé era un tipo introvertido, tímido (tenía razones para encerrarse dentro de sí) y era imposible que alguien le lanzara una segunda mirada, lo notara, o se fijara sí estaba o no. Se movía como una sombra, y como una sombra parecía no existir realmente.

   -¿Juegas conmigo? –le pregunta Richard, coqueto como siempre, mirándolo fijamente, sonriendo invitador, lanzándole el balón; que, sorprendentemente, no llega al chico de anteojos, sino que parece chocar de un vidrio frente a él, con un sonido casi metálico, un vidrio que no está, y regresa al catire, en el rebote. Silver lo detuvo con su mente.

   -Estoy ocupado, Brillo. Y ya te dije que te llaman. -rechaza, pareciendo que se aleja. El catire se molesta.

   -Mi nombre es Richard. No Brillo. Tú eres Bartolomé, no Silver. Y, dime, ¿no te cansas de olerle los peos a Sombrío? Sal y lleva sol, pareces enfermo. -lo reprende, agitando la cabeza y lanzando gotas de sudor, quitándose finalmente la camiseta y secándose con ella la cara y la nuca. Su torso es lampiño y sus tetillas, rosáceas marrones, estaban erguidas, como desafiando a alguien a que las tocara o mordiera, pensó con un estremecimiento, Silver. Sabía que el otro lo hacía a propósito.- Ven, vamos a jugar. -invita otra vez, amistoso, como pidiéndoselo.

   -Quien te llama no va a esperar toda la vida. -graznó casi sin voz, sacando fuerza de flaquezas. Le gustaría quedarse un rato y jugar básquet, para estar con el otro, y verlo. Porque era llamativo, vital y saludable. Algo que él no era. Además, Brillo lo incitaba con su don. Era a lo que temía. Por eso casi se escurre. Como una silente sombra.

   Furioso, y frustrado (coño, quería acción y con esos capados no se podía), Richard lanzó el balón hacia el aro, sin ver, y éste entró, perfectamente, como, al parecer, era todo en él. Arrojándose la sudada camiseta al hombro, entra en la casa. Atraviesa el largo pasillo que lo lleva a cruzar frente a la amplia cocina, un pequeño baño, un dormitorio cerrado, lleno de cachivaches de lo más diversos (seguramente cosas sobre las que pesaban antiguas maldiciones o algo así, ya que nunca las tocaban o sacaban a la luz); pasó frente al comedor para ocho personas (¿para qué lo compró tan grande si nadie venía nunca?, ¿lo encontrarían botado en algún monte y se lo llevó?), entrando finalmente en la amplia sala, decorada con muebles viejos, de tela, muchos de ellos cubiertos con sábanas, como si la casa estuviera desocupada y ellos la hubieran invadido, y no desearan dejar muchas huellas.

   Se arroja comodote en el sofá, sintiendo la áspera tela en la espalda, cayendo en cuenta que está sudado y moja el mueble, pero pronto deja de incomodarle, todo allí era de Sombrío, ¡sería bueno dejarlo hediondo! Comodote, monta la pierna izquierda a lo largo del sofá y toma el aparato telefónico, de los viejos, tanto que tenía un discador al que había que meterle el dedo y girarlo; ¡otra vaina encontrada en la basura, seguro!

   -¿Aló?

   -Por fin, mijito. ¿Te estabas lavando el culo? -oye una voz joven, gruesa y reilona.

   ¡Salomón!, piensa Richard con una sonrisa divertida. Salomón era un carajo joven, de piel canela oscura, cabello áspero y muy negro, que a veces pintaba en mechas amarillentas, viéndose llamativo y atractivo, con su rostro delgado y esa barba tipo candadito fino que estaba cultivando. Era más alto y mucho más musculoso que Richard, porque le gustaba ejercitarse y había comenzado a levantar pesas. Ahora posaba, quitándose la camisa, en la universidad, para que todos vieran como iba progresando. Fue allí donde se conocieron. Salomón estudiaba bioanálisis (¡un laboratorista, qué bajo!, decía el catire con sorna, al molestarlo), y Richard decidió usar su don en él; ya que era hermano de la mujer que impartía Farmacología, y algo de ayuda, amistosa, era buena, ya que él se perdía con conceptos como receptores alfa, beta y gamma en el cuerpo humano. Obviamente hubiera sido más fácil influir directamente sobre la mujer… pero Salomón era más atractivo, físicamente, que su hermana gordita y mortalmente aburrida con sus estudios de bioquímica experimental. El otro chico, claro está, se fascinó con él, y se volvieron amigos. Sólo amigos. Pero ahora, sentado en el sofá, sin camisa, agitado por el juego, sudado, frustrado, Richard se siente… travieso.

   -Ni te imaginas, Salo. -dice el joven, sonriendo ocioso, con los ojos brillantes.- Tengo el culo sudaíto, ¿por qué no vienes y me lo secas con la lengua? -le ofrece, mórbido, bailoteando su pie sobre el mueble, como buscando alivio a la tensión.

   -¿Que qué? -se sorprende realmente el otro, y el joven catire lo entiende, pero nota que ríe nerviosamente, no arrecho.- Eres un maldito loco.

   -No es eso; es que estoy aquí encerrado, solito… y tengo el güevo como pata de perro envenenado, tieso y duro. -dice lentamente, lascivo.- Y no me gustan las pajas, prefiero una boca golosa trabajándomelo. Una con un bigotico puto como el tuyo. Anda… te dejo mamarme el culo primero, y después el güevo. -le ofrece.

   -¡No! -jadea el otro; pero el catire sonríe ampliamente, realmente agitado, caliente y excitado, mostrando ahora una escandalosa y granítica erección sobre la tela suave del short gris, levantándola.

   -Eres un mal amigo. Un verdadero pana le daría una mamadita a otro, en momentos de apuro. Sólo te estoy pidiendo que me lo mames, no que me mantengas. -grazna sonriendo, mórbido, sobándose con la mano el tolete sobre el short, se sentía rico cuando hablaba suciedades por teléfono.- Para ti, sería fácil, tienes esa boca grande. Sólo tendrías que abrirla y tragártelo. Y te lo juro, en cuanto lo tengas sobre la lengua, quemándotela, nunca vas a querer sacártelo o soltarlo. -oye un jadeo ahogado y una risita.- Y no me lo vas a chupar por nada; tú me lo mamas y yo te lleno la lengua y la garganta de leche. Me han dicho, los muchos que han mamado antes que tú, que sabe sabrosita. A mí me parece un trato justo. Tú mamas, yo te doy leche…

   -Eres un maricón; ¿cómo me invitas a una vaina así, y en esa casa? -lo acusa, riente, el otro.

   -Anda, vamos a vernos. Pero tienes razón, aquí sería una locura. -arruga la frente lisa.- Este lugar está lleno de malas vibraciones. Vamos a vernos en el Parque del Este, y nos encontramos por donde estuvimos trotando el lunes, ¿te acuerdas? Donde ese carajo y esa tipa estaban tirando montados en un banco de cemento. -suena convincente.- ¿Recuerda lo caliente que estabamos? Ahí, en ese momento, te iba a pedir que me lo mamaras…

   -Estás mal, gallo. -jadea ronco, Salomón, del otro lado del teléfono. Richard entiende que el otro está caliente. Sonríe al saber que va a triunfar, que basta con encontrarse con él, y lo ‘convencería’ de mamarle el güevo. El tolete le abulta como un tubo grueso dentro del bermudas, visible.- ¿Por qué no te tiras a algún carajo allí?

   -Aquí no hay nadie sabrosito. No tienen esa boca como tú. -le dice efusivo, como halagándolo.- Te gusta mamar, ¿verdad? Anda, dímelo.

   -No seas güevón, yo no hago eso. Date un baño, o habla de religión con tus amigos allí.

   -Aquí sólo hay fastidio. No hay nada interesante qué hacer.

   -¿Quiénes están?

   -El jefe macabro y Bartolomé, ya los conociste de cuando viniste a buscarme hace dos días. Y están enfrascado en no sé qué vaina, de la que nada sé, y nada me dicen. Creo que están calculando cuándo se va a terminar el mundo. -dice irreflexivamente.- Ay, aquí están convencidos de que habrá un colapso mundial, seguido de desastres ambientales y de guerras locales que…

   Interesado como está, en quejarse de Sombrío, y convencer a Salomón de que le mame el güevo (le arde y babea ya dentro del short), no repara en nada más. No nota como alguien baja las escaleras. El recién llegado es un joven delgado y alto, aunque no lo pareciera. Es un tipo de piel blanca pálida, de cabello negro lacio, que cae como un casco desde el centro de la nuca, casi sobre sus ojos. Éstos son oscuros, y fríos, cubiertos por unos lentes de cristales finos. Como con Bartolomé, no había nada en él que llamara la atención, nadie reparaba jamás en el color de sus ojos o cabellos, o en su talla. Nada en él llamaba la atención, nada le hacía destacar… porque así lo quería. Al ir por la calle se concentraba en no ser visto y la gente apartaba la mirada, era como si desapareciera. Su fuerza no era física, ni estaba en su físico. Era interna. Mental. Y era aterradora. Era un joven que había visto el otro lado… el que estaba más allá de los límites donde llegaba la luz en esta realidad. Regresando de allí enfermo, pero vivo. Convirtiéndose, efectivamente en un guardián de esa puerta.

   Porque sabe lo que ocurriría si esta se abriera a este lado… Y Brillo, el insensato, minaba las cerraduras en estos momentos.

CONTINÚA … 18

Julio César.

EPIFANIA

enero 29, 2017

LA CITA TARDIA

love-love-love

   ¿Lo peor?, que ya todos lo creían consumado.

   Joaquín y René, parte del viejo grupo de amigos que recorren la costa, reuniéndose para mantener viva esa parte de sus vidas que fue hermosa, la primera juventud en la escuela, llevan años girando uno alrededor del otro, con bromas y juegos que a veces terminan con manos tomadas. Señal de “amistad”, decían, los otros rodando los ojos, divertidos. Cada uno de ellos divorciado, con una larga lista de novias que les dejaron. Y allí, frente a la costa, con René tomándose fotos para destacar el paisaje detrás, Joaquín no pudo sino escuchar su alegría en la risa, mirar su sonrisa feliz, recorrer la ancha espalda, el jean aferrándose a la curva de sus nalgas…

   No lo pensó, pero al instante estuvo a su lado, detrás, rodeándole con los brazos la cintura, abrazándole como para compartir la imagen… sosteniéndole apretado contra su cuerpo. René volviendo la mirada, sonreída pero confusa, siente el pecho de su amigo contra su espalda, la pelvis de Joaquín contra su culo. El mismo que ahora está quieto, como esperando que se le rechace, que se aparte, pero todo lo que deja escuchar es cuando traga en seco.

   -Es una mala idea. –croa tenso, caliente, erizado entre sus brazos. Notando el asentimiento silencioso del otro, sobre su hombro, contra su mejilla, rozándole con la barba.

   -Lo sé. –pero en lugar de alejarse, se acerca más.- ¿Te suelto? –pregunta asustado, rogando; la caricia de otros dedos sobre los suyos como toda respuesta, le hace abrir los ojos que no sabía que había cerrado mientras enterraba la nariz en su cabello.- Te quiero. –confiesa con emoción en la voz ronca, temblando todo, lo que piensa será la bomba del año…

   …Tan sólo para escuchar la risa de sus amigos, que silentes, se habían acercado.

   -Al fin, joder. –exclamó una de ellos, feliz pero severa.- Ya pensábamos que nunca ocurriría, y eso que se tienen ganas desde tercer grado. Mira que bastante tiempo que han perdido por gafos.

SEÑALES CRUZADAS

Julio César.

MARISABEL Y EL SILENCIO QUE VALE ORO

enero 29, 2017

EN DICIEMBRE SE NOTA MAS

marisabel-y-el-falso-comendante

   Y de oro y riquezas sí sabe la revolución.

   Leo en un portal que la ex Primera Dama de la república, Marisabel Rodríguez, en lugar de mantener discreto silencio para que el país olvide lo que ha hecho, declaraba en las redes sociales que, si ella tuviera dinero, demandaría a la productora de televisión norteamericana SONY, por la serie “El Comandante”, donde tratarán la vida del fallecido Hugo Chávez, un hombre que tomó un país con problemas concretos y al que le entró mucho dinero por conceptos de petrodólares, y lo dejó arruinado, pasando hambre y en la mayor de las miserias, algo reconocido internacionalmente, por cierto. Confieso que me reí leyendo las declaraciones de la señora, aunque no tanto como los comentarios. Uno preguntaba: “¿si tuviera real?, ¿y todo lo que le robaron al país?”; otro alegaba que los demandaría porque no encontraron una actriz capaz de retratarla como la perfecta bicha; otro dizque porque la dibujaban como saco del boxeo al que sacaban de noche para las clínicas. Ella se lo buscó, esos comentarios, ese odio.

TAMBIEN ELLOS QUIEREN SER FAMOSOS MODELOS

Julio César.

NOTA: La dichosa serie comenzará a transmitirse, para Latinoamérica, a partir del 31 de este mes, por el canal colombiano RCN, TNT y TELEVISA. Ni de vaina pienso verlo, le detesto demasiado como para soportar cualquier disculpa o excusa; cosa que seguramente le hará feliz esté donde esté pagando las que hizo, bastante trabajó para dividirnos y enfrentarnos por odio, aunque ahora su propia gente pretenda haberlo olvidado.

DE HOMÓFOBO A PUTO… 6

enero 27, 2017

DE HOMÓFOBO A PUTO                         … 5

Por Sergio.

un-tipo-con-una-lengua-en-el-culo

Amadeo Morán es, sin lugar a dudas, un hombre inteligente. A sus treinta y dos años, ha construido vertiginosamente una exitosa carrera como detective privado, en gran parte gracias a su astucia, su preparación académica y su audacia para trabajar en todos los casos que se le han presentado hasta el momento: falsificación de identidad, búsqueda de personas desaparecidas, competencia desleal, infidelidad conyugal, investigación de homicidios, accidentes, atentados y fraude son apenas algunas de las áreas más importantes de su experiencia laboral. Como cualquier profesionista, Amadeo piensa que un trabajo como el suyo, a veces tan extenuante, a veces tan aburrido, merece un justo descanso… y entretenidos pasatiempos.

Si existe un experto en crimen, ése es él y eso es bien sabido por colegas, clientes y las muchas personas que lo han conocido. Lo que la mayoría desconoces es que Amadeo no utiliza su pericia profesional solamente para trabajar; sino también, para divertirse. Amadeo Morán es, sin lugar a dudas, un hombre inteligente; tan  inteligente como peligroso.

En su muy irregular tiempo libre, se las ingenia para raptar y violar hombres jóvenes, apuestos, varoniles, musculosos y heterosexuales. La razón de ser de esta última característica en el perfil  es simple: le encanta desvirgarlos y, más trascendental aún, sentir que tiene el poder de “cambiarles la vida”. Es una auténtica parafilia psicopática que Amadeo adora ejercer, convirtiéndolo en un criminal más, como los que él mismo pone al descubierto, pero ¿quién podría atraparlo a él?

Previsiblemente, Amadeo ya no está solo en esto. Forma parte, junto con otros profesionales, de una red oculta y clandestina, pero muy bien organizada de fetichistas que comparten su afición por estos perversos placeres. Esta red indudablemente representa un buen ejemplo de “trabajo en equipo” al estar conformada por un grupo multidisciplinario donde todos sus miembros pertenecen a distintas profesiones y comparten sus diversos conocimientos para los “objetivos mutuos”… y también “proponen candidatos”.

Amadeo, como buen referente de su profesión, disfruta “hacer el trabajo sucio” vigilando, observando, investigando y, finalmente, raptando.  De hecho, acaba de hacerlo y está listo para “cobrar su premio”. Esta noche, mientras conduce la furgoneta en la que va aprisionado un joven llamado Rodrigo Barahona, el último candidato propuesto hasta ahora, está pensando en lo mucho que va a divertirse, aunque ha empezado a poner en duda que sea heterosexual por el hecho de haberlo encontrado dedeándose mientras lo espiaba.

Amadeo: -¡Ya casi llegamos! –dice para sí mismo al observar una acogedora casa en las afueras de la ciudad que es bien conocida por los miembros de La Red.

Mediante un control remoto o mando a distancia, Amadeo abre el amplio garaje donde estaciona el vehículo. Ya en la privacidad que brinda la casa, pero con precaución, revisa la parte trasera de la furgoneta, donde yace Rodrigo, profundamente dormido gracias a la acción continua del cloroformo y a pesar de la resistencia que intentó poner. Tras verificar eso, vuelve a asegurar la puerta y entra a la sala de estar para saludar a los “socios”, pero solamente encuentra a uno: el hombre que propuso que Rodrigo fuera candidato: Claudio.

Amadeo: -¡Hola, ya llegué! ¿Dónde están todos?

Claudio: -Ha habido un cambio de planes…

Amadeo: -¿De qué hablas?

Claudio: -Este premio sólo será para mí. Acá está el dinero por tus servicios. –dice mientras le entrega un sobre.

Amadeo: -Eso no va a poder ser. –responde con firmeza, rechazando el sobre.

Claudio: -Mira, yo quiero este chavo sólo para mí. Perdón si te sentiste engañado, pero no puedo permitirte…

Amadeo: -¿Permitirme? –interrumpe- ¡Si eres tú quien está violando las reglas del Club!

Claudio: -Jajajaja ¿¡Violo los principios éticos de mi profesión y voy a respetar los de esta mierda!? Jajajajaja –se carcajea.

Amadeo: -Bueno, a mí eso no me importa. Yo también quiero mi parte del este pastel.

Claudio: -Te recuerdo que existen muchos muchachos guapos como éste. Tú y yo lo sabemos muy bien, pero no quiero compartir a éste con nadie. –dice visiblemente impaciente.

Amadeo: -Me parece que no me estás entendiendo. Si no aceptas compartirlo conmigo, te voy a destruir.

Claudio: -¿Les vas a decir a los demás que conseguí candidato a espaldas de ellos para que me echen? ¡Hazlo, no soy el primero en hacerlo!

Amadeo: -Jajajaja Eso sería infantil. Te voy a delatar ante la Junta de Vigilancia Médica ¡y con Lucía!

Claudio palidece, pues siempre había tenido el cuidado de mantener sus relaciones importantes al margen de “sujetos peligrosos”, como Amadeo, precisamente para resguardar su seguridad.

Claudio: -¿Quién es Lucía? –intenta despistar.

Amadeo: -Jajajaja Te olvidas a qué me dedico, Claudio. Jajaja Yo no sólo sé de ti, ¡también tengo pruebas!

Claudio: -¿Pruebas de qué le vas a enseñar? ¡Si yo todavía no me he cogido a Rodrigo!

Amadeo: -¿Crees que si le muestro evidencia de ti cogiendo a chavos como Rodrigo, va a dudar que también quieres hacérselo a su hijo? Jejeje

Claudio: -¡Hijo de puta! –exclama ya enojado.

Amadeo: -Es risible el cuadro si te pones a pensarlo: Una mujer que se separó del padre de sus hijos por homosexualidad ¿ahora tiene un novio que quiere cogerse a su hijo? Jajaja ¿Infidelidad? ¿Homosexualidad? ¿Incesto? ¿Cuántos pecados van ya? Jajajaja

Claudio: -¡Tú ganas! –grita.

Amadeo: -Es un placer hacer negocios contigo. –responde deliberadamente cínico.

Claudio: -¡Voy a ceder en que compartamos a Rodrigo, pero seré yo quien lo desvirgue! ¿¡Te queda claro!?

Amadeo: -Está bien, de todos modos me da la impresión que lo que le vamos a hacer ya se lo han hecho antes.

Claudio: -¿Por qué lo dices?

Amadeo: -Haciendo el trabajo de campo, hoy lo descubrí metiéndose el dedito.

Claudio: -¿En serio? –finge sorpresa mientras el enojo que tenía se transforma en excitación al escuchar esto.

Amadeo: -Haciendo el trabajo de campo, hoy lo descubrí metiéndose el dedito.

Claudio: -¿En serio? –finge sorpresa mientras el enojo por tener que compartir a Rodrigo es reemplazado por excitación al saber que está realizando los “ejercicios” que le recetó.

Amadeo: -Sí, lo raro es que cuando lo confronté y le dije que quería cogérmelo; y no, asesinarlo; lejos de tratar de negociar, se defendió con más fuerza. 

Claudio: -¡Tal vez le dolió mucho la última vez! Jejeje –chista.

Amadeo: -¡Sí! Jajaja ¿entonces seremos aliados? –estrecha su mano.

Claudio: Aliados –dice mientras corresponde el gesto, aunque no convencido de hacerlo.

Amadeo: -Bueno, ¡basta de charla y vamos a la acción!

Amadeo y Claudio cargan la silla que contiene a Rodrigo y la llevan a  una habitación de la casa. Rodrigo continúa dormido, por lo que Amadeo y Claudio discuten en qué momento despertarlo y, más importante aún, en qué momento empezar a jugar con él.

Claudio: -¡Qué pesa este cabrón!

Amadeo: -Entre más pesado, más rico, jeje

Claudio: -Está muy bueno, ¿no?

Amadeo: -La verdad, sí… No me digas que ya te enamoraste. Jaja

Claudio: -Bueno, creo que empezaré ya con él. Déjame estar a solas con él y, cuando termine, te aviso para que entres.

Amadeo: -Ok, los dejo solos para su noche de bodas. Jaja

Claudio: -Pero antes de que te vayas… préstame tu máscara.

Amadeo le arroja la máscara y sale de la habitación. Claudio se pone la máscara y libera a Rodrigo de la silla para acostarlo en una cama matrimonial. Con la dosis de cloroformo suministrada, Claudio estima que Rodrigo estará durmiendo profundamente al menos por una hora más, por lo que procede a desnudarlo.

Claudio empieza retirarle la camisa a Rodrigo mientras lo besa y acaricia su cara, su pecho, su espalda y sus brazos. En contraste, se quita la propia muy rápidamente para no perder tiempo que usará para explorar al objeto de su deseo. Claudio despoja al mismo tiempo a Rodrigo de sus pantalones y sus bóxers, admirando su bien formado cuerpo desnudo y tocarlo ya sin reservas.

Después de besar, acariciar y lamer distintas partes del cuerpo de Rodrigo a su antojo, Claudio procede a volver a inmovilizarlo; esta vez, utilizando ataduras flexibles para que pueda mover sus brazos y piernas, pero que no le permitirán salir de la cama una vez que despierte.

Claudio se ubica en medio de las piernas de Rodrigo y, aunque su pene no le despierta una sola pizca de excitación, empieza a mamársela porque sabe que será algo que lo excitará… y lo quiere bien excitado porque, a diferencia de Amadeo, Claudio quiere que Rodrigo  disfrute de su primera verga. Claudio empieza a abarcar los testículos de Rodrigo, por lo que el sexo oral se intensifica tanto que, a pesar de que Rodrigo esté inconsciente, su verga empieza a “despertar”. En ese punto, Claudio calcula que ha sido suficiente y libera las piernas de Rodrigo de las correas para poder moverlas a su gusto.

-Claudio: Ahora vas a entrar a un mundo del que no vas a querer salir. –dice para sí.

Claudio lame detenidamente los pies, los tobillos, las rodillas, los muslos y, más detenidamente aún, las redondas nalgas de Rodrigo. Acompaña las lamidas con masajes que hacen que Rodrigo “despierte” todavía más, pues además de la erección, su cara empieza a reflejar muecas de placer. Claudio continúa masajeando las nalgas de Rodrigo, hasta que finalmente las abre de par en par. Claudio tiene, por fin, frente a sí el ansiado premio por el cual tanto esperó. Aunque no es la primera vez que lo mira ni la primera vez que lo toca, le excita mucho ver “el premio” porque lo que pasó antes no se acerca ni por asomo a lo que ocurrirá esta noche… ésta es la noche en la que piensa reclamar su premio.

Sin perder más tiempo, Claudio introduce la  punta de su lengua en el ansiado agujero, lo cual casi inmediatamente causa que Rodrigo emita un gemido inesperado. Claudio empieza a lamer el ano cada vez con mayor avidez, a la vez que intercala esto con dedeadas, como las del “masaje prostático”, pero más intensas y eficientes aún. A medida que los minutos transcurren, Claudio continúa lamiendo, dilatando y masajeando el ano de Rodrigo, cuyas caras de placer y gemidos se hacen más constantes, cosa que alegra a Claudio… y a su pene.

-Claudio: Fue dura la espera, pero ¡vaya que valió la pena!

La verbalización de estas palabras parecen tener un efecto indeseado: ¡despertar a Rodrigo! Sus profundos ojos se abren y no puede creer lo que ven: ¡un hombre enmascarado está entre sus piernas chupándole el culo!

-Rodrigo: ¿¡Qué estás haciendo, pervertido!? ¡Degenerado! ¡Maricón! –exclama tan furioso como aterrado.

Claudio, aunque no se esperaba que Rodrigo despertara todavía, tiene la situación totalmente bajo control. Mientras Rodrigo grita insultos y empieza a dar patadas de futbolista para agredirlo, Claudio hace un enorme esfuerzo por contener sus piernas y enterrar su cara en su culo para seguirlo lamiendo. Rodrigo, a pesar de la rabia y el miedo, no puede evitar sentirse excitado también ante tan lasciva y húmeda caricia.

-Rodrigo: ¡Aaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! –no puede evitar gemir.

La abrupta situación ha desbordado a Rodrigo, quien no sabe realmente qué hacer. Gracias a las mamadas de culo que le está dando Claudio, ha disminuido la instintiva resistencia que no sólo él, sino cualquier persona ejecuta cuando es víctima un ataque. Rodrigo comprende que está atrapado, que es prisionero de este tipo y que éste va a violarlo si él no hace pronto algo para evitarlo.

Rodrigo: -Si no puedo escapar, ¡al menos mataré a este hijo de puta! –razona.

Rodrigo decide concentrar sus energías en rodear el cuello de su atacante con sus piernas y apretarlas hasta ahorcarlo. Sin embargo, además de que porque lograr dicha maniobra es físicamente imposible, tiene un efecto contraproducente porque le permite a Claudio hundir su lengua más y más profundo en el ano de Rodrigo, cuyo cuerpo realmente está disfrutando lo que le están haciendo.

-Rodrigo: ¡Ahhhh! ¡Suéltame, puto de mier… ahhh! –intercala involuntariamente insultos con gemidos.

Un enorme debate se desata en la mente de Rodrigo, al cuestionarse a sí mismo por qué le está gustando lo que está sintiendo, pues “él es un hombre y eso no está bien”; distrayéndose parcialmente de su objetivo de escapar, el cual de pronto recuerda y por el cual vuelve a pensar qué puede hacer…Claudio nota que Rodrigo está bajando la guardia por momentos y aprovecha la situación para volver a inmovilizar sus piernas con las ataduras. Cada vez más aterrorizado, Rodrigo descubre ya no puede levantar sus piernas y, aunque sí se puede mover, no puede levantarse de la cama debido a las ataduras.

-Rodrigo: ¡Eres un cobarde! ¡Maricón tenías que ser! ¡Como no pudiste vencerme peleando, quieres violarme!… ¡Pues no vas a poder, pedazo de mierda!…

Claudio prefiere no responder nada, ya que Rodrigo podría reconocer su voz. Además, diga lo que diga, no van a cambiar las cosas: se lo va a cojer sí o sí. Mientras Rodrigo sigue insultado para no llorar, Claudio se despoja rápidamente de su pantalón y su ropa interior, dejando al descubierto su larga y completamente erecta verga. Sorpresivamente, esta imagen envía un recuerdo a la mente de Rodrigo: Roberto, su hermano, masturbándose mientras veía porno en la televisión… con esa larga verga.

Mientras el video de estos recuerdos se reproduce en la memoria de Rodrigo, Claudio camina hacia él, quedando su verga a la altura de su cara. Tras haber visto el pene de su hermano en sus recuerdos, Rodrigo se sobresalta al ver  el muy pene real pene de su captor frente a él. Su mente está sobrecargada, tiene demasiadas cosas que pensar, por lo que resuelve hacer lo que le dicta el primer pensamiento inmediato que cruza su mente en ese momento: ¡metérsela en la boca!

CONTINUARÁ … 7

Julio César (no es mío).

SES EN TWINTIG

enero 27, 2017

TWINTIGSTE

todos-aman-dar-un-masaje-a-un-forzudo

   Al hijastro no le molesta darle los masajes.

el-tipo-con-el-hilo-dental-azul

   Todavía no se acuesta, y se abre, y ya vienen los chicos a mirar.

musculoso-en-tanga-chica

  Los flacos que le conocen saben que atrás se abre más…

esperando-nalgadas

   Dar de nalgadas en una fraternidad de atletas, para mantener el orden, era un trabajo duro pero necesario, y grato.

XXVIIIE

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 44

enero 27, 2017

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 43

tipo-culon-en-hilo-dental

   Lo quiere y lo necesita tanto…

……

   Tembloroso, de pavor, pero también de algo más, Roberto le mira, bañado de brillante sudor su musculoso y recio cuerpo negro.

   -Gracias, señor. –se cuida de las formas, soltando el aire y casi sonriendo de alivio, en correspondencia, cuando el otro parece complacido.

   -Bien, vas bien. –dice y le suelta otro azote, menos fuerte, las oscuras nalgas marcadas, contrayéndose.

   -Diez… gracias por corregirme, señor, quiero ser un negrito bueno y obediente. –jadea.

   -Bien, lo has hecho muy bien. –le gruñe el otro, doblando la correa y acariciándole las lastimadas nalgas con el cuero.- Por la forma en que sudas, seguro que te refriego de la pared y me la manchas de tizne. –ríe de sus propias palabras, mientras Roberto parpadea, confuso.- ¿Qué, no te gustan los chistes de negros? –es burlón, mirándole al rostro, y Roberto compone una sonrisa que más parece una mueca.- Bien, basta de jugar, ahora el paso dos. Y espero que hayas entendido el costo de la desobediencia y que no haya que recomenzar a disciplinarte.

   Le suelta, y aunque quiere resistir, Roberto siente el cuerpo flojo, la piernas se le doblan y cae de rodillas, ante la sonrisa del otro.

   -Veo que aprendes rápido tu lugar frente a un hombre de verdad. –y aunque ha pasado por mucho, y sabe que puede costarle, Roberto le lanza una mirada acerva, lo que provoca la risa del otro.- Si, entiendo; engañado como has vivido, creyéndote un hombre como los demás, no puedes aceptar que sólo deseas la mano fuerte de un hombre blanco para darle sentido a tu vida de negro sumiso. Pero terminarás aprendiendo que es lo normal. Para ti. –se le medio tiende, mirándole retador a los ojos.- ¿No te estremecías en tu cama, antes de llegar aquí, soñando con la verga blanca de Hank? Sincérate contigo mismo, ¿no te excitaba escucharle hablándote fuerte, ordenándote, obligándote a caer de rodillas?, ¿no adoras comer de su verga, no se ponía tu negro culo caliente soñando con una buena penetrada? –es difícil entenderle, por el acento, pero el otro escucha, con la garganta cerrada, con la sangre pitando en sus oídos.- Te parece feo lo que digo, la manera en que Hank te trata, algo bruto, una ofensa… pero te gusta. Ser tratado así, como basura sin valor. –se le tiende más, con el doblez de la correa bajo el mentón le obliga a alzar el rostro, sus ojos atados.- ¿No eras feliz escuchándole gruñir de gusto mientras llenaba tu boca de simio con su verga? ¿No te parecía hermosa, comparada con la tuya? –se le acerca más.- Dime, negrito, ¿no soñabas con montarla, apartando tu cola, y llenar tu culo con ella y ordeñarla? –Roberto, respiración pesadamente, entre humillado, molesto y caliente, no puede negárselo, escucha, con una batalla notándose en su mirada.- Aún no estás listo para decirlo, pero lo harás. Para eso estoy aquí. Para eso te dejó tu amo, negrito, para que te enseñe a ser un monito servicial. Y, créeme, serás feliz, increíblemente feliz una vez que aceptes que tu lugar en un mundo de hombres blancos es satisfaciendo sus necesidades y caprichos sexuales. Que cada verga blanca que te sea ofrecida, es un regalo al que debes tratar con la debida atención y gratitud. –y calla, esperando una respuesta, cosa que ahoga a Roberto, el cual debe tragar varias veces, totalmente erizado, de rodillas, transpirado, sus nalgas adoloridas… su verga hormigueando.

   -Sí, señor.

   -Como dije, has sido un buen negrito… -se endereza, abriéndose el pantalón y dejando salir su tolete blanco rojizo, medianamente erecto.- Mereces una recompensa, pequeño simio. Come tu banana. Lo haces bien, pero aún debes aprender para llegar a ser un buen… ¿cómo le dicen ustedes, con esa palabra tan sonora?, ah, sí, un buen mamagüevo.

   Era tan displicente, tan arrogante y ofensivo, que todo Roberto se estremece, cuando abre la boca de labios gruesos y la dirige a la barra del otro hombre, del macho que acaba de azotarle y humillarle. Su propio tolete, que desde que le escuchara hablar iba creciendo, se estremece y mana un delgado hilillo de jugo pre seminal. Algo que el tipo calvo, sonriendo para sus adentros. Ese negro era grande, y arrogante, como la mayoría de la gente de color de un país donde el racismo es tan sólo una cosa de pocos (o una tara, como lo consideraban allí), contaba con una buena tranca entre sus piernas, lo que le hacía sentir orgulloso. Que la disfrutara, sus erecciones desafiantes y vistosas. Cuando terminaran con él, no tendría otra dureza jamás. Tan sólo su culo sería lo real. Por suerte, ese negro tenía un buen par de nalgas, su culo sería muy solicitado por los hombres. Casi ríe ante la idea.

   -Vamos, negrito, aliméntate… Toma mi dura verga con tu hocico de perra caliente. –le gruñe con tono ronroneante.- Chupar bien debe ser una de tus obligaciones para con los hombres, lo sabes, ¿verdad? –insiste, mirándole a los ojos, cruzando los brazos sobre el recio torso.

   Qué tan complicada podía ser la mente humana, se pregunta Roberto cuando le mira, odiándole intensamente, pero estremeciéndose al bajar los ojos hacia la emocionada verga; seguramente aquel hombre había disfrutado, mucho, de azotar su trasero, también de su rendición. Le odia, pero esa verga… Se resiste a pensar en nada, menos en que era una perra caliente a punto de caer sobre la presa que deseaba.

   -Acerca el rostro, conócela, aprende a adorarla. –la voz le llega por encima de su cabeza.

   Sus ojos no dejan de notar cómo crece un poco más, alzándose, erectandose totalmente, gruesa, las venas que la recorrían estaban hinchadas, llenas de sangre, una pequeña gota de humedad brillaba en el ojete del glande, las bolas, algo peludas, colgaban, pesadas. Y Roberto sabe la razón, ya acumulaban más semen caliente y espeso. Leche de hombre.

   -Tócala… -le oye, y tragando en seco, el musculoso y recio hombre negro lleva su oscura mano al blanco tolete, cabiéndolo con la palma y los dedos, casi hipnotizado, apretando un poco, la gota de aquello evidenciándose más. Una gota salina de néctar masculino.- Siéntete contento, negrito de mierda, por saber que tenerte me excita así. Acerca tu rostro de mico y recoge esa gota con tu lengua, te la has ganado. Y sabes que la quieres.

   Sin poder contenerse, el hombre lo hace, separando sus gruesos labios, rodeados de sudor, y emerge la lengua, que tantea sobre la lisa cabecita, el olor almizclado del macho llegándole con fuerza. Y con la punta, bajo el ojete, recoge esa gota espesa y clara, la cual llena su lengua.

   -Te sabe deliciosa, ¿verdad, negrito maricón? –oye la burla del hombre que ríe quedo, mientras la paladea.- Para ti es como miel, aunque sale de mi verga, por el orificio por donde orino. Mírame. –le ordena mientras le aclara el punto, sus ojos encontrándose.- Si, negrito, terminarás adorando sentir la verga de un hombre blanco llenando tu hocico, mojándote la lengua con sus jugos, recibir su esperma. Aprenderás a amar cuando el semen cubra tu cara, blanqueándote por un momento. –se burla y señala, grabándole aquellas vainas en la mente.- ¿No ter gusta la idea, ser blanco a fuerza de esperma? -ríe desdeñoso.

   De rodillas, abierto de culo, todavía aferrando con una mano ese tolete, Roberto cierra los gruesos labios casi sobre el ojete de aquel güevo, succionando, recibiendo más de aquellas gotas sobre su lengua, sin apartar los ojos del otro hombre.

   -Si, te gusta… -sonríe lentamente el otro, con desprecio y desdén, como comprobando que tenía razón, que era un ser superior a aquel que se inclinaba frente a él. Su idea de la sensualidad y sexualidad era el control.- Vamos, puta, traga. Si, porque eso eres, negrito; cuando enloqueces por la verga pálida de un hombre blanco, dispuesto a aceptar lo que sea con tal de disfrutar de una, de gozar sirviéndole, eres una puta. Bien, puta, comienza a chupármela como el maldito maricón hambriento que eres.

   Profundamente humillado, y algo más que no entiende cabalmente, aunque se niega totalmente a aceptar aquellas palabras, que era un negro maricón adorador de güevos blancos, que deseaba someterse a esos hombres, Roberto pasa la lengua por la punta lisa de aquel tolete, encontrándolo salobre. Estremeciéndose nuevamente. Y sabe que ese carajo que sonríe siniestramente, lo sabe.

   -Eres patético, negrito maricón, negándote a reconocer que adoras ser tratado como una cosa al servicio de los hombres blancos, cuando te niegas a soltarte. Pasar la lengua por mi glande te erizó, ese saborcito te gusta, paladear la masculinidad. Respondes a ello como el maricón que eres. Ya te lo dije, eres, por naturaleza, un mamagüevo. Vamos, cubre la cabeza con tus labios gruesos… Ahhh, si, así, muévelos como si besaras, eso se siente bien para el hombre al que atiendes. Ladea la cara teniéndola atrapada con tus labios, si, así; ahora recórrela con la lengua mientras succionas un poco. Si, muy bien, negrito… -se ve que lo goza, pero que también está ocupado en enseñarle su lugar. Y cómo hacerlo bien.- Aleja tus labios de monos y agárramela más fuerte con tu mano, saca la lengua y recórrela del puño a la punta, por todos lados. Déjame sentir tu lengua viciosa, muéstrame tus ganas. Lámela como si fuera un delicioso helado, el único caramelo que quieres chupar de ahora en adelante. Déjamela llena de saliva y baba. Hummm, si, así, recórrela lento, que se note en tus ojos que adoras hacerlo, que me agradeces que te deje. Eso calienta a cualquier macho. –le sonríe, burlón.- Ah, si pudieras verte, cada vez que jadeo, brillas de orgullo, te gusta que suponga que eres buenos mamando mi verga; vamos, desátate… Trágatela toda como si tu vida dependiera de ello. Y quien sabe, tal vez así sea… -ríe bajito, amenazante.

   Y cerrando los ojos, entregado, Roberto aparta la mano y cubre toda aquella mole caliente con su boca, dispuesto a demostrarlo que era un negrito bueno.

……

   Pero no era Roberto Garantón, el único negro que descubría una epifanía esa noche cerrada sobre la ciudad. Gregory Landaeta también lo hacía, en su apartamento, allí donde un tío blanco y bajito, con sonrisa de gatito satisfecho (aunque en ese momento su rostro estaba parcialmente cubierto), lo enculaba con ganas, haciéndole gemir sobre un sofá que ha sido movilizado para tal cosa… Preparativos que, aunque inquietaban un tanto a Esteban, este sabía que el otro necesitaba. Mientras le penetraba, cerca del balcón abierto, quien mirara desde otros apartamentos, al frente, podría ver lo que hacían. Y si, había gente mirando como el tipo más bajo y flaco, blanco, se cogía a un negro alto, fuerte, musculoso, que gemía en la gloria mientras sus entrañas eran llenadas con la erecta masculinidad de otro, un espectáculo hermoso.

   Gregory estaba siendo exhibido mientras lo cogían, y no cabía en sí de excitación y dicha.

CONTINÚA … 45

Julio César.