CRISTIANO RONALDO Y LOS EXTREMOS

marzo 16, 2015

LOS CUARENTA DE JUSTIN BIEBER

   ¿La verdad? Nada del otro mundo…

   Hace dos fines de semana estaba viendo el juego entre el Real Madrid y el Athletic Bilbao, y comprobé una vieja sospecha que tengo, si los veo, pierden. ¡Siempre! Me molestó cuando apenas iban en ese uno a cero que el público presente pitara a los muchachones. Comentándolo luego, la sorpresa fue que muchos de quienes sé están pendientes de los juegos, no lo vieron. No hablo de españoles, canarios y lusos, eso no se pierden un sólo partido, hablo del resto. Cuando pregunté a una amiga por qué no lo vio, ella que gusta tanto de los deportes y sabe mucho de eso, me contestó que ya no le tenía el mismo amor al equipo: “No me gusta Cristiano Ronaldo”. Así lo resumió.

CRISTIANO RONALDO SEXY

   En lo personal, como ya he expresado, le voy al Real Madrid de los viejos días de Figo, Raúl, Ronaldo el otro, Zidane y gente por el estilo, les sigo ahora por costumbre, pero no soy fan de ese deporte, como no sea cuando llega el Mundial, y el Mundial, porque en España y toda Europa hay sopotocientas copas, la de esto y aquello, se parecen a Dragón Ball. Lo extraño es que mucha gente centre el alejamiento con el equipo en el portugués. Les recuerdo que me agrada desde los tiempos cuando era un muchachito que lloraba amargamente las eliminaciones de Portugal en cuanta competencia había; me parecía eso, un muchacho. Ahora la gente le detesta por creído, engreído y necio. La verdad es que a veces incomoda, como en aquel juego contra el Artético Madrid el año pasado, cuando les empataron el juego, ganándoles en tiempo de descuento (pareció una clara trampa), y Ronaldo se quito la camisa. Se vio forzado. Necio. Pero ahora es que la gente la toma con él.

LA MARCA DE ROPA INTERIOR DE CRISTIANO RONALDO

RONALDO EN CALZONCILLOS

CRISTIANO RONALDO EN BOXER ROJOS

   Se le acusa de no darse cien por ciento en los juegos (como también dicen de Messi), y ahora le atacan en sus actividades fuera de la cancha. Por los días cuando estrenaba su marca de ropa interior, que no era nada del otro mundo, ni siquiera porque la modeló él, tras otra fea derrota, contra el Atlético Madrid (cuatro a cero), donde varios jugadores faltaron por lesiones, el portugués celebró su cumpleaños. Treinta añitos, apenas. Lo celebró en un restorán cercano a su casa, con sus compañeros de trabajo, y eso levantó ronchas. Por muchos motivos.

RONALDO Y SUS PANAS DE FIESTAS

 

SAMI KHEDIRA

   ¡Hubo quienes se molestaron porque celebró su cumpleaños después de una derrota como esa (los fanatismos son
tan absurdos)!, y aún más por estar presentes en el sarao, meneando el esqueleto, el alemán Sami Khedira y el colombianito de oro (dicho con aprecio), James Rodríguez, quienes no jugaron por estar lesionados.

JAMES RODRIGUEZ HOT

   Unas fotos aparecidas en una página social desataron el escándalo, los fans se quejaban de que no jugaban pero si parrandeaban, y el equipo también les riñó y sancionó, por “poner en peligro las recuperaciones físicas”, cosa que, hablando de esas sumas de dinero que se les pagan, tiene su razón de ser. Hasta cierto punto.

FBL- ESP-LIGA-REALMADRID-TRAINING

   Causa asombro cómo se lo toman tan en serio, como una mala racha hace que se pierda todo el cariño por el astro que en verdad anda como muy creído, y se le critique cualquier cosa, como la celebración de su cumpleaños. Pero que el Real Madrid ya no anda tan bien, no lo anda; lo preocupante es ese alejamiento de la fanaticada que comienza hacia la franquicia, fuera de Europa y de los europeos allende de los mares, y que muchos personifique en él la razón de la retirada. Qué broma, Ronaldo.

Julio César.

TRABAJANDO CON PAPA

marzo 16, 2015

¿SACRIFICIO?

COMICS SEX GAY

   Debía ser el calor… o lo solitario del camino.

   No necesito salir para saber que papá está llenándole al tope el tanque al hijo del comisario, ni siquiera escucharles, a papá bufando llamándole perrita, y el chico gimiendo como si doliera pero gozándolo, alzado en peso por mi fuerte progenitor. Me bastó con ver llegar la vieja camioneta esa calurosa, solitaria y deprimente tarde del viernes. Era la hora cuando salían de la escuela y venían por su merienda. Papá los hacía sollozar, rogar y delirar, y siempre regresaban por más. Sonrío mirándoles, sé que papá lo dejará caliente y listo para mí. Bonny Sue no sabría esta tarde, cuando fuera a buscarla para ir al cine, que me porto como todo un caballero porque ya gocé de un caliente coño.

¿SUGESTION?

Julio César.

SIEMPRE VIENDO PORNO CON UN AMIGO

marzo 16, 2015

…TOMADO DE LA VIDA REAL

UNA PELICULA, UN AMIGO Y UNA MAMADA

 

   Eso es diversión asegurada.

   No es por mariconerías, pero ver esas películas porno ponen la carne caliente y dura, hay que sacarla, manosearla, acariciarla, verla crecer y enrojecer, chorrear el ojete… y tu pana, tu mejor amigo al lado, con la suya en la mano, durísima, enorme, palpitante… sin ver la película, los ojos sobre tu verga. Le miras con una sonrisa mueca, una interrogante de “bueno, ¿y tú como que eres medio marica?”. En mudo reto. La mano subiendo y bajando sobre tu güevo, mirándole, controlándole. No dices nada pero le atrapas la nuca, se siente raro agarrar así a tu amigo, y eso que lo has hecho en mil juegos, pero no como ahora. Eres el macho que demanda, que ruge que necesita el alivio que sólo dan las putas. Y le halas, le miras la incertidumbre en los ojos, pero el rostro bajando, los cachetes rojos, los labios entreabiertos.

   Y lo sabes, que quiere güevo. Quiere mamártelo, chupártelo, comértelo y dejártelo seco. Lo sabes. Halas un poco más y pega la boca y jadea, recogiendo tus jugos, saboreándolos como sabe Dios desde cuándo quiere. Le obligas a bajar, a tragársela casi toda. Esos labios, esas mejillas, esa lengua que se te pega, esa boca que succiona es la gloria. Y ya le tienes, sube y baja como un becerrito, tu amigo de siempre ahora en su papel de entregado putito. Le llenas la boca mientras vuelves lo ojos a la película, a la catirota que mama a dos mientras otro se la coge. La vida es maravillosa, fantástica, pasas un buen rato, miras una buena película y tu amigo te da una gran mamada. Y las mamadas dadas por panas así, en momentos dados, son siempre las mejores. Atrapándole la nuca le obligas a caer sobre tus pelos, el güevo temblándote de emoción en su garganta.

   -De saber que te gustaría esto, hace tiempo que te lo hubiera dado… -le gruñe amigable pero dominante, haciéndole entender inequívocamente su rol nuevo, que de ahora en adelante no era más que tu puto mamagüevo.

DISFRUTANDO LOS JUEGOS DOMINICALES

Julio César.

TRES HOMBRES, UN DESTINO… SERVIR… 31

marzo 14, 2015

… SERVIR                         … 30

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

SEXY TIO EN TANGA

   ¿Destino sellado por deseado?

……

   Daniel Pierce, alias Tiffany, vive un calvario mental y emocional en su celda. Con la braga naranja cerrada hasta arriba, su cabello recogido en coleta y bajo el gorro, camina de un lado a otro, sintiéndose enjaulado, como si las tres paredes y la reja, así como las ropas, le quedaran demasiado pequeñas y le ahogaran. Está así desde su conversación con Diana. Se siente terriblemente deprimido por la perspectiva del divorcio. Su mujer le dejaba. Si quisiera engañarse, como antes lo hacía, podía decirse que era una mala persona, que le abandonaba justo cuando todo se hundía en su vida, o se había hundido; que escapaba como las ratas. Pero la verdad es que la mujer pudo haberlo hecho todo peor. Cierra los bonitos ojos y con las manos enlazadas y dedos cerrados se golpea entre ellos. ¡Si hubiera pensado bien en lo que hacía! De haberlo hecho ahora no estaría atrapado en esa pesadilla, su familia no estaría tan molesta, avergonzada. Evitándole. Y ahora Diana…

   Si, se siente mal, pero las perspectivas de poder salir, que ella y su nuevo abogado lograran liberarle era… Poderosas oleadas le invaden, llenándole, calentándole, brindándole una esperanza loca y un temor muy vivo. Oh, Dios, sí lograra escapar de ese infierno… ¿pero y si no se podía? Deteniéndose cae sentado de culo sobre su cama; no, no puede pensar así, debe ser positivo. Si, podía salir, ser libre. La sola idea le inunda de poderosas sensaciones. Sabe que tiene la piel erizada, las tetillas erectas, la propia verga…

   Se sobre salta cuando la reja se abre y entra Robert Read, recién duchado, su rostro más velludo, su panza algo más prominente, su cabello algo más escaso en la coronilla de su nuca. El joven hombre rubio baja la mirada, temeroso de que algo se vea en sus ojos, mejillas rojas, su cuerpo sintiéndose más vivo. Quiere saltar, gritar, decirle al mundo que seguramente abandonará ese horrible lugar. Pero no puede hacerlo, nadie debía saberlo. Especialmente ese hombre.

   -¿Todo bien, Tiffany? –le oye el tono casual, encaminándose a su litera, cubriéndole la visión con su cuerpo.

   -Sí, señor. –le oye manipular cosas, luego caer pesadamente a su lado, con dos pequeñas botellas de licor. Totalmente cerradas. Sin manipular.

   -¿Seguro? Te ves pensativa, amor. –hay un tinte burlón, y al tiempo que abre con el mismo puño ambas botellitas, se tiende y oculta el rostro en el cuello del rubio, olfateando su olor a limpio, a jabón con humectante, a talcos, y besa la suave piel, erizándosela.- Dios, tu aroma a hembra fogosa me enloquece, ¿un brindis? –le tiene una botella, y con el pecho subiendo y bajando con esfuerzo, Daniel le mira al tomarla.

   -¿Un brindis?

   -Por las noticias que te trajo tu mujer, claro… -la mente del hombre rubio es un caos, sabe que los labios le tiemblan, el otro se los mira, antes de sonreír torvo.- ¿No te trajo ninguna novedad? ¿No hay nadie enfermo en tu casa? ¿Están bien tus padres, Tiff?

   -Yo… si, todo está bien en casa. –traga y sonríe pero su mente es un caos mayor. ¿Sabía algo ese hombre? ¿Estaba jugando al gato y al ratón como solía hacer? ¿Deseaba torturarle un rato y luego gritarle que lo sabía todo? ¿O lo ignora en verdad y sólo lanza dardos? Podía ser. Su inteligencia, algo que había terminado reconociendo, era notable.- Todos están bien…

   -¿Segura? Te ves inquieta, amor… -y mientras con una mano sostiene la botellita de licor, con los dedos de la otra recorre el suave y liso rostro del joven hombre rubio, bajando por su cuello, divertido al ver como la piel se eriza y enrojece bajo su toque. Porque sabe que no todo es disgusto.

   -Estoy bien. –repite con una nerviosa sonrisa, todo ojos, estremeciéndose inconscientemente; esos dedos hacían que su piel ardiera, y totalmente rojo de cara, y avergonzado, abre la boca cuando la enorme y velluda mano entra en su braga, los dedos acariciando su clavícula izquierda, bajando, encontrando con las yemas unos de sus pezones, que crece, endurece y calienta. Una nube roja invade su mente cuando los dedos pellizcan, suave.

   -Eres tan excitante, Tiffany… -le gruñe Read, acercando un tanto el rostro, y para su propio horror y sorpresa, Daniel termina con la distancia, abriendo sus rojos y húmedos labios, su boca siendo cubierta por la otra en un grotesco gesto, esa lengua entrando, lamiendo, chupando, todo él estremeciéndose. La boca se separa, el aliento le baña.- En serio, ¿todo bien, amor? –aún duda.

   Daniel apenas le oye, se inclina y le besa, él, por su cuenta. Un gemido escapa de su boca llena con la lengua del otro, que invade golosa, cuando este responde. A un nivel muy intelectual se dice que debe distraerle, apartarle de la cuestión de la visita de Diana, pero otra, esa que arde cuando la mano del sujeto vuelve a su pecho, a su largo y rojizo pezón que es halado provocándole toda clase de oleadas de lujuria, cree que la cuestión es peor. Aún intenta decirse que se debe a que la excitación acumulada por las noticas de su mujer, el que pueda salir libre, aún lo de la separación, le tienen lleno de adrenalina, que por eso responde así, pero sospecha que no se trata únicamente de eso. Cuando las bocas se separan, la espesa saliva formando hilillos entre sus labios, y echan la cabeza hacia atrás, casi gime contenido cuando el rostro velludo cae sobre él, olfateándole bajo el mentón, besándole, los labios recorriéndole, la lengua saliendo y lamiendo increíblemente lento. Es totalmente consciente de que por cuenta propia baja un tanto más la braga y que Read se retira mirándole. Medio abre los ojos, el otro sonríe admirando su torso expuesto.

   -Oh, Tiffany, tus tetas… -y la boca hambrienta pero hábil, rodeada de barba, cae sobre uno de los rojizos y erectos pezones, cubriéndolo, golpeándole con la lengua, logrando que el hombre rubio se tense más, que gima de manera abierta, agradeciendo que el otro cerrara la cortina cuando entraba, aún así escuchándose risitas que vienen de afuera. Los otros convictos algo sospechaban o imaginaban.

   Los gruesos labios del sujeto, que tiene los ojos cerrados, comienzan a succionar sobre el pezón, su boca es un mar de cálida saliva. Deja esta tetilla y cae sobre la otra, rostro medio ladeado, lengua subiendo y bajando, azotando sobre el sensible pezón que ha trabajado, mientras que con la mano libre atrapa el músculo pectoral del otro pezón, pectoral que se ve más pronunciado, casi como un seno pequeño de chica, y mientras pellizca fuerte, con índice y pulgar ese pezón, muerde el otro. Y ahora sí que Daniel gime, entregado, su sangre llena de deseos y calenturas que no entiende del todo, ni le importan. Las risitas se repiten.

   -Parece que la putita rubia está caliente. –se oye y groseras risas corean.

   -Calma, Tiffany. Aún es de día. –se burla Read de sus respuestas físicas, apartándose, alzando la botellita.- ¿Bebemos? –el otro asiente, caliente, casi avergonzado, estaba tan lanzando sobre el otro sujeto que este le detuvo.

   Chocan las botellitas y la bebe de golpe, necesitándolo. El whisky le quema la garganta, el calor grato le envuelve, su cara todavía arde de vergüenza. Dejan las botellitas y se miran; Read, sonriendo, monta las manos sobre el colchón de la litera y se echa hacia atrás, cómodo, su regazo destacándose, una mole alzando la tela, una que todavía agita, sin tocarse, empañando los ojos de Daniel Pierce, quien no puede dejar de mirarla.

   -¿Quieres algo más, Tiffany? –le pregunta burlón. El rubio traga saliva, mucho, alzando la mano, blanca y cuidada, las uñas cubiertas de brillo, y cae sobre la mole, que se siente dura, agitada, caliente y vital bajo su palma, alterándole.- ¿Quieres algo más, Tiffany? –deliberadamente lento repite la pregunta. Y se miran.

   -Quiero… quiero…

   -Habla, pequeña, no te avergüences de tu erotismo saludable. Una soberbia y excitante hembra como tú… -sonríe y se encoge de hombros, sintiendo el puño del otro apretando sobre su verga.

   -Quiero… chupártela. –jadea, sabiendo en el fondo, terriblemente afectado, que ya no buscaba distraerle.

   -¿Cómo?

   -¡Quiero chupártela! –repite algo agitado, le oyen y las risas y pitos se repiten.

   -No lo sé, Tiff… ¿por qué no me seduces para ver a donde llegamos? –propone cruel, sabiendo que era el momento cumbre, si la puta se movía es porque estaba lista para ser usada en sus planes… unos que ya había puesto en marcha.

   Tomando aire, mirada algo atormentada entre la lujuria y la vergüenza, Daniel se pone de pie. Tragando grueso comienza a medio bailar al ritmo de una tonada lenta, descubriendo sus hombros finalmente, la braga bajando y bajando, los ojos de Read clavados como dardos sobre su piel, descendiendo también. El ombligo depilado lleva muy abajo, sin pelos, hasta el borde de una diminuta tanga satinada, de encajes, de un vino tinto claro, con las delgadísimas tiritas cubriendo sus caderas. Mirándole, rojo de cara, Daniel se vuelve, sus nalgas meciéndose bajo la braga, que baja y baja descubriendo las tiritas de los costados y una diminuta franja triangular que baja y se mete entre sus nalgas redondas. La braga cae totalmente y con gráciles movimientos, Daniel sale de ella, volviéndose, conteniendo un jadeo. El oso medio calvo, sonriendo torvo, tiene la espalda recostada de la pared, las gruesas piernas muy abiertas, su torso ancho y peludo, algo abultado, totalmente descubierto… y de su entrepiernas emerge el grueso, nervudo y largo tolete alzado, la rojiza cabecita afuera.

   -Mira como me tienes, Tiffany; eres mi pequeña putita traviesa. –le sonríe, riendo para sus adentros sabiéndole transformado ya al verle estremecerse, sus pómulos enrojecer más y los ojitos nublados clavados en su tranca. Se agarra el tolete y lo agita.- ¿Lo quieres chupar, pequeña?

   -Si… -grazna, notando el elevar de cejas del oso.- ¡Quiero chupártela, papi! Por favor, déjame chupártela. –exclama, sintiéndose casi enfermo de vergüenza pero sobrepasado de excitación. Más por las risas algo histéricas que se oyen fuera de la celda, tachándole de la “zorra esa”.

   -Aliméntate, perra. –ahora es cortante, sabiendo que toda nena bien criada quiere ser tratada como una puta caliente.

   Es extrañamente erótico ver a ese hombre joven, rubio y casi totalmente depilado corporalmente, caer de rodillas frente a ese tipo, su trasero subiendo, sus nalgas abriéndose, el hilo dental en su culo y atrapando en un puño el falo del otro. Ya no quiere pensar, se dice Daniel cuando acerca su lengua y lame el glande, recogiendo ese líquido, llenándose la lengua con él, saboreándolo. Un gemido escapa de su boca, estimulado e intoxicado lo ha saboreado muchas veces, mientras expande los labios y va tragándose la gruesa barra caliente. Centímetro a centímetro, apretándola, haciendo sonreír al hombre. La cubre hasta la mitad y succiona con mejillas muy rojas.

   -Te gusta, Tiff; te gusta mucho. ¿Ves cómo tenía razón sobre ti? No eras un hombre, eras una latente perra necesitada de machos. –es cruel mientras le aparta el gorro de la cabeza y mete los dedos dentro del largo y sedoso cabello dorado.- Eres una hembra caliente por su macho. –agrega en un tono que hace reír y gritar al resto de los reclusos que oyen, y comienza a cogerle la boca, atrapándole con la mano tras la nuca y meciendo sus caderas.

   Daniel gruñe, se ahoga, enrojece más, mucha baba escapa por las comisuras de sus labios, pero sigue mamando y sorbiendo todo lo que puede. Queda casi atrapado entre la pelvis y la panza del oso cuando este, todavía reteniéndole con una mano, se tiende sobre él, acariciándole la espalda de manera lenta, estimulante.

   -¿Lo sientes, Tiffany? ¿Notas como toda tú respondes a mi toque? Tu piel se eriza y arde, desea ser tocada por un hombre, acariciada por una mano grande y ruda. Y no creo engañarme si… -mete la mano bajo su cuerpo, rozando con los dedos al pasar sobre sus tetillas, horriblemente duras, y atrapa uno de los pezones, halándolo. Y Daniel boquea, casi ahogado contra la bragueta del hombre, quien aparta la mano y le deja salir para que tome aire, dejando fuera la verga brillante de saliva y jugos.- ¿Te gusta, verdad? Mamarle el güevo a un hombre. –le pregunta de nuevo, ahora atrapándole las dos tetillas, duro. Hay un silencio expectante de lujuria en el sector.

   -¡Ahhh…!

   -Si, te gusta, puta. –es rudo ahora.- Trágatela… -le ordena, sonriendo cuando el rubio cae sobre su verga, cubriéndola otra vez.- ¿Recuerdas los ascos que hacías antes? ¿Lo estreñida que eras? Te has liberado. Ahora mamas verga como una campeona, como la pequeña y dulce animadora de una secundaria rural, toda putita y encargada de atender a todos los chicos del equipo en los vestuarios después de los juegos. –le dice, meciendo sus caderas, oyéndole gruñir bajo, sorber como loco, su espalda roja y ardiente.- ¿Te imaginas rodeada de jóvenes y transpirados tíos cachondos con sus vergas duras y goteantes en sus manos, todos esperando su turno para llenar tu boca y tu coño caliente, tú con tu faldita corta y tu tanga apartada un poco mientras uno de ellos te la entierra hondo haciéndote delirar de gusto?

   Daniel sabe que no se espera que responda, que tampoco podría, recorrido como está de tal calentura y la boca llena de masculinidad, sólo gime y oye a los lejos siseos, todo fantaseando con lo que aquel sujeto dice. Las dos manos regresan a su espalda, y cada pase, cada roce es eléctrico. Y bajaban y bajaban. Sus nalgas reciben esos dedos que se clavan, que las separan, una mano se metre de canto y recorre la tira suave del hilo dental sobre su raja y cree que va a morirse de pura calentura. Enrojecido de lujuria y vergüenza, sabe que se le está mojando, que le palpita. Que… extraña esa verga gorda y larga que ya lo ha llenado antes.

   -Read, me dijiste que… -una gruesa voz sobresalta a Daniel, quien, sin embargo, no puede cambiar de posición cuando nota, ladeando la vista, que Adams, el obeso vigilante, llega y aparta un poco la cortinita.- ¡¿Qué carajo…?! –se impresionada. Pero de verdad. ¡Qué puercos!, se dice, y lo cree. Allí estaba ese enorme, velludo y rudo sujeto sentado en una litera mientras ese otro tipo, en cuatro patas, le mama la verga, la cual deforma en ese momento su mejilla derecha, mientras el otro le soba el culo sobre esa pantaletica que…

   -Llegas temprano. –le dice Read, sin detenerse, mirándole mientras acaricia a Daniel, expertamente apartándole la tirita del hilo y metiéndole un pulgar. Notarlo hundirse era algo decididamente sucio, piensa el obeso vigilante tragando en seco, como lo era siempre que por accidente se llegaba y se veía a un sujeto que le metía uno o dos dedos por el culo a otro. En este caso es peor porque el tío rubio se tensa y medio gime ahogado. De gusto.

   -Me dijo que… -le cuesta hilar dos ideas.

   -Es cierto. Necesito enviar correspondencia a mis conocidos. –parece recordar el peligroso convicto.- Lo olvidé completamente, por culpa de mi nena, necesitaba chupar un poco de verga. Es una ninfómana caliente capaz de enloquecer a todos los hombres. –Daniel oye, como lo hacen todos en el corredor, totalmente confuso y avergonzado, pero incapaz de detenerse, de subir y bajar su boca sobre el grueso falo que palpita contra su lengua, y meciendo el culo que es abierto una y otra vez por ese pulgar que sale y entra. ¡Adams no puede dejar de ver!- Debo… -pone cara de rogar paciencia porque debe atender asuntos.- Vamos Tiffany…

   Daniel, piernas temblorosas, se pone de pie, ojos nublados, labios rojos y húmedos, cara bañada, totalmente fuera de la braga pero no de las botas ni de la tanga, donde su verga la deforma de manera alarmante. No, Dios, ese hombre iba a cogerle frente a…

   -Vamos, nena, no seas tímida. –le gruñe divertido Read, atrapándole la cintura, obligándole a dar la vuelta, casi mirando de frente al obeso guardia que le ve con asco, y le hace descender sobre su regazo.

   Era horriblemente vergonzoso, se dice Daniel, pero cuando la lisa, húmeda y ardiente cabezota se frota de su culo, del cual apartan el hilo dental, siente que ya está lista. Ignora que lo pensó así. Que estaba “lista”. La sensación del glande empujándose contra su entrada, abriéndosela, llenándola palmo a palmo, es demasiado para contenerse. Se tensa mientras la siente penetrarle. Y grita, echando la cabeza hacia atrás, entre el dolor y la lujuria, cuando Read, atrapándole las caderas, le clava de golpe sobre su verga. Esta es grande, está dura, pero penetra, cabe, llena, roza y estimula.

   -¡Mierda! –brama Adams, jadeando, mirando el rostro de lujuria del hombre rubio, quien tiene la frente fruncida y la boca entornada, de donde salen leves gemidos.

   -¡Escuchen a la puta! –grita alguien, agitado.

   -¡Puta… puta… puta…! -corean varias voces, y Daniel les oye, ojos cerrados, boca abierta, totalmente empalado sobre el regazo de Read.

   -Si, ¡es tan puta! –concede Read, voz alta, casi sobre su oído, y el tono, la frase, el insulto, todo eriza al hombre rubio.- Hasta el cura más anciano y pío perdería su virtud con ella. Su coño caliente, mojado y dulce enloquecería a cualquiera. –enumera, echando su espalda hacia atrás, halando al rubio con él, cuyo culo rebota unos centímetros y cae otra vez, sus pies perdiendo contacto con el suelo.

   Las piernas del peligroso convicto se asientan bien y, atrapando con las manos los bordes de la litera, comienza un sube y baja de sus caderas impresionantes. Daniel Pierce prácticamente rebota en su regazo, como un muñeco, arriba y abajo, saliendo y cayendo con fuerza sobre su tolete, el guapo rubio casi desnudo, la verga mojándole la pantaleta, mientras el grueso tolete que le abre el culo se ve de vez en cuando, entrándole, llenándole. Adams, respiración agitada, asqueado pero fascinado, no puede dejar de mirar.

   -Eso es, Tiff, grita así, gime así. Pide por más. Pídele más verga a tu macho. Tu coño arde de lujuria. Necesitas hombres que te lo calmen con mucha leche, muchas vergas, muchos hombres, mucho semen. –ruge Read, voz alta. Y Daniel parece perder todo sentido, grita de verdad, ruega, se agita, se estremece.- Hazlo, pequeña putita, sáciate. –le ordena deteniéndose.

   Adams casi lanza un alarido cuando Daniel Pierce, con fuego en el cuerpo, se agarra ahora al borde de la litera y enreda sus piernas bajo las de Read, subiendo y bajando su culo hambriento sobre la gruesa tranca que lo llena y nutre con sus jugos. Lo hace mientras grita, mientras gime, de sus labios rojos escapa algo de saliva y baba, cada vez que cae sobre la mole su cara enrojece un poquito más. Daniel Pierce es, en esos momentos, enculándose con bríos, la viva imagen de la putez, transpirado, balbuceante, medio lloroso, cabeza echada hacia atrás. Todos coreándole y seguramente masturbándose.

   Sonriendo más, Read le atrapa las tetillas, el alarido que sale de la boca de Daniel casi parece femenino y decididamente putón. Gimotea agónicamente mientras sube y baja, mientras refriega su culo de ese regazo, atrapando, halando y chupando de ese güevo caliente que llena sus entrañas.

   -¿Está muy inflamado tu clítoris, amor? –le pregunta Read, tocándole con su enorme mano de manera casi etérea sobre la dura silueta de la verga bajo la tanga y el hombre rubio grita más, salivando, luces blancas estallando frente a sus ojos mientras se corre impresionantemente, mojando la chica prenda, impregnándolo todo con el olor a semen.

   ¡Joder, qué puta!, pensaron Adams y el resto de los reclusos en el corredor.

   Si, la trampa estaba montada. Lo sentía un poco por Tiffany (mentalmente ríe con ironía, era incapaz de sentir empatía por nadie), la pasaría mal. Muy mal. Aunque… quien sabe… tal vez se divirtiera convirtiéndose en la perra de todos en el penal.

……

   Esperan en silencio en la pequeña pero muy bien ordenada salita. Jeffrey y Owen Selby se evitan mientras esperan por Marie Gibson, quien fue por café. No pueden mirarse en esos momentos, no cuando cada uno recuerda lo vivido poco antes. Lo extraño que fue especialmente para el policía. La mujer aparece con una bandeja e intentando una sonrisa cordial, pero se le nota forzada. Cada uno toma una taza y agradece.

   -No debió molestarse. –le sonríe Jeffrey, incomodándose ante la mirada de ella.

   -Algo me dice que las molestias serán mayores. -se vuelve hacia Owen.- ¿Qué ocurre, detective Selby? –hay un silencio tenso.

   -El señor Read, como le dije, intenta evitar la pena de muerte, y alega… no haber cometido los crímenes en El Matadero. –intercala Jeffrey, los dos hombres observándola atentamente.

   -Claro que lo niega. Fue detenido, dirá lo que sea para…

   -Alega que fueron cometidos por otra persona. Alguien a quien quiso encubrir… y que ya había asesinado antes. –Jeffrey se siente mal por decirlo, pero en el fondo gustaba de saber y exponer la verdad.- Él sostiene… que fue usted.

CONTINUARÁ … 32

Julio César.

EL GOLPE DE ESTADO ANUNCIADO

marzo 12, 2015

¿AHORA LAS CHICAS AMAN AL CHICO BUENO?

CONSPIRACYTOON

   Cuánta necedad…

   Obligado por la horrible crisis económica que trajo el robarse hasta el sencillito que había en el erario nacional, el Gobierno, para medio funcionar (pagar nóminas, intereses de deuda y robar un poquito más), aplicó un paquete de brutales medidas neoliberales que no han encontrado manera de disimular. Primero se inventaron que había gente llamando a un paro general, gritaban que si es paro esto y aquello, que estaban enfrentando el llamado a paro, que el paro se había derrotado… y la gente ni bolas les paró. Ahora es un golpe militar, anunciado por la prensa para mañana, creo, entre las siete y las nueve de la mañana, si no llueve. Y debe ser algo muy serio ya que se ha publicitado que será mañana, porque los golpes de estado se anuncian por radio y televisión. Mañana por la noche gritaran que enfrentaron la intentona, pasado mañana que “derrotaron el golpe”. Qué idiotez. ¿No sería más fácil ponerse a trabajar para resolver los problemas que casi 16 años de corrupción e incompetencia crearon?

¿NIÑOS EN LA MIRA?

Julio César.

DESQUITE A LO CRIMINAL MIND

marzo 11, 2015

EXPRESION

UN NEGRO GOLOSO

   La cara del triunfo.

   Mientras gemía bajito, gozándolo cuando se la atrapaba con la garganta, el hombre sonreía feliz, recordando cuando a los quince años perdió a su novia por un chico negro más alto y juró vengarse. Los asediaba en bares, discotecas, baños y parques, creían ir por una cosa y terminaban de rodillas con otra en las bocas; y en cuanto la probaban no paraban. Nunca. Sólo la deseaban y le rogaban por ella. Les aniquilaba como competencia. Ya no eran machos para ninguna hembra

¿RACISTA?

Julio César.

15 DE MARZO, LOS CUARENTA DE TANIA SARABIA

marzo 11, 2015

TANIA SARABIA

   A lo Collins…

   La de trabajos que debe haber realizado esta menudita mujer dotada de una cara pícara y angulosa, de duende travieso, pero la verdad es que la recuerdo, y con todo afecto, de cuando en la antigua RCTV, trabajaba en una programa humorístico llamado “Lágrimas SRL”, o algo así, al lado de ese señor del humorismo venezolano, Fausto Verdial, donde “producían” una interminable telenovela “dramática” con todos los clichés del género, y ella era la protagonista, Lirio, “pobre, pero honrada”, algo tonta como todas las protagonistas de telenovelas, y todos le hacían maldades, incluido pellizcarla cuando no había de otra. Era una parodia de esa otrora gran empresa venezolana, las telenovelas de exportación, y divertía un mundo cuando se escuchaba una voz masculina toda dramática que decía: “Sufre, sufre, suuuuufre la pobre Lirio”.

LA TANIA SARABIA

   No podía imaginarla haciendo trabajos serios hasta que la vi, por ratos, en Cosita Rica, dándole vida a Mama Santa; toda una actriz de carácter y sentimiento que me recordó un poco a doña Eva Blanco. Buscando y preguntando, se sabe de toda una larga vida de producciones, en televisión que es lo que me gusta, participó en todo un suceso para su época, “La Hija de Juana Crespo”, pero también en “Gómez”, un seriado venezolano de un tiempo histórico difícil, que igualó a esa producción de la BBC de Londres, “Yo, Claudio”, en calidad e interés, entre muchas otras producciones más resientes, incluyendo “El País de las Mujeres” y “Cosita Rica”. De carácter interactivo y vibrante, sostiene que prefiere el teatro a la televisión por exigirse frente al público. Sin embargo su nombre lo evocaba con cierto pesar de un tiempo para acá. Por el cáncer.

TANIA SARABIA EN CAMPAÑA CONTRA EL CANCER

En el 2002, la querida actriz anunció su problema, batallaba contra un tumor de mama, alegando que estaba ganándole; pero habíamos escuchado esas “noticias alentadoras” tantas veces, a tantas personas, sobre un tumor vencido para saber al final que nada se pudo hacer, que siempre temí un poco por ella. Pero ahí sigue, trece años después, activa, ingeniosa, casi hiperactiva, menuda y con su carita de duende fisgón todavía. Está metida en no sé cuantas campañas a favor de informar sobre el cáncer, convencida como está que la atención temprana es el camino, como efectivamente es. Y por eso se le ama, por quien es, lo que expresa, por la inteligencia y claridad de sus ideas, por lo valiente de sus posturas, por sus ganas de luchar. Una venezolana cabal, ejemplar, digna representante de lo que fuimos y aún somos, personas que emprenden, que se siente bien siendo decentes, orgullosos de los que consiguen o logran con su trabajo, no una horda de ladrones esperando ver algo mal puesto para llevárselo y creer que eso es aceptable.

PERO TENEMOS TANIA!

   Pues bien, este 15 de Marzo se le rendirá un homenaje a Tania Sarabia sobre las tablas en el teatro Santa Rosa de Lima, donde presenta un monologo. No he ido, mi aversión al teatro es casi fóbico, pero quienes han asistido me han dicho que han disfrutado un mundo su presentación teatral en tal lugar, “¡Pero tenemos Tania!”, y el sólo nombre dice tanto, como suelen hacer estos talentosos hombres y mujeres que trabajan el humorismo a la venezolana. La cosa le fue tan bien con las presentaciones anteriores que el público esperaba otra temporada, la que se está brindando, y ese día 15 habrá dos funciones de dicho trabajo para conmemorar los cuarenta años de vida artística de la damita. ¡Cuarenta años de vida artística! Ese día otros representantes de nuestro mundo farandulero subirán con ella para interactuar, pero, esencialmente para llevarle como presente su cariño, admiración y reconocimiento, cómo hará el público asistente. Tania Sarabia lo merece. ¡En vida!

   Ese día las funciones serán a las once de la mañana y a las cuatro y media de la tarde. Una cita grata para asistir con amigos en medio de este panorama de tristezas, inseguridades y resentimientos, el llegarse para aplaudir a rabiar a esta querida y gran actriz venezolana.

   Por mi parte me gusta recordarla así, y eso que el reto era impresionante; al lado de esa “mostra” del humorismo que es Nora Suarez, o se destaca mucho o uno desluce; ella no, se brilló. Cómo las amo a las dos.

Julio César.

LOS CONTROLADORES… 3

marzo 11, 2015

LOS CONTROLADORES                         … 2

BOY HOT

   ¿Quién es dueño de su destino?

……

   -No, yo… -¡joder, joder, joder!, era lo único que podía decirse Darío Serra. No lo entiende, ¿por qué se deja tocar?, ¿por qué le permite decirle todo eso? ¿Por qué no escapaba cagando leches? Y la imagen le turbó aún más. Pero no, no podía escapar.

   -Mira cómo me tiene ese culito redondo que traga jeans. –dice dejando de tocarle la cara y atrapándole una mano, una que se mueve como sin vida propia hacia su entrepiernas. Una mano a la que obliga a tocar la pulsante dureza bajo el pantalón, una mano a la que casi forza a cerrarse, aunque no del todo, sobre la ardiente barra de carne joven.

   -No, no… yo no le tocó el güevo a otros carajos. No soy un marica como tú… -grazna ronco, roto; pero sintiendo la palma ardiéndole por el tolete bajo ella, y sin poder contenerse o para ver qué era aquello, sus dedos se cierran y la medio atrapa en puño, horrorizado él mismo de su reacción. Si, le quema la palma, la siente pulsar, poderosa, vital, lleva de deseos… y se sentía suciamente excitante estarlo haciendo, tocándolo. ¡Tocándole el güevo a otro carajo!

   -Te va a gustar tener mi güevo en tu mano, mojándotela, y vas a lamer esos jugos de tus dedos como si fuera leche condensada. Y te va a encantar. –le dice Tony al conserje, sonriendo, sintiéndose increíblemente poderoso, como nunca, encantándole la sensación. También el ser malo y cruel con aquel sujeto que tantas veces le ha gritado vainas, le agradaba.

   -No, yo no… -todavía se resiste al hecho de estar apretándole el tolete sobre el jeans, y casi grita horrorizado cuando Tony se mueve.

   Pero no grita, no puede. El joven le cubre la boca con la suya y le lame el labio superior, metiendo la lengua cuando el otro se disponía a quejarse. Una lengua que penetra lentamente, tanteando, saboreando, invadiendo. Deliciosa.

   Y así les pillan cuando el otro se acerca, deteniéndose sorprendido.

   ¡Mierda!, fue el grito mental, escandalizado, horrorizado… y divertido que lanzó para sí Rubén Santana. La escena era increíble, allí estaban el marica de Moncada y el sucio de Serra (le conoce, le ha visto meterle manos que juega garrote a cuanta tía se le cruza, cosa que le excita, quería ser igual de gañan), dándose un latazo. Ríe contenido, mirando en todas direcciones, luchando entre la idea de decir algo para verles pegar un brinco hasta el techo sobre sus cabezas, ir a contárselo a alguien, o llamarles para que vean, o… Guardárselo. Riendo bajito, cara roja, se aleja. Ah, la vida daba sorpresas, como decía la canción. Que se jodiera el Vicedirector, después de todo no es asunto suyo decirle nada a nadie. Que le buscara él. Ríe, ya lejos, imaginándose la cara del hombre de haber llegado y encontrarles así.

   ¡No soy gay, no soy gay!, grita enfebrecida la mente del conserje pero gime y se apoya sobre el otro, rindiéndose, respondiéndole, atándose en una de besos, lamidas y chupas con mucha saliva que le tienen el güevo totalmente tieso dentro del pantalón, al tiempo que aferra, frota y acaricia el del muchacho, uno que no puede soltar. Ni quiere. Su mano no le obedece, como no lo hace su boca en esos momentos, cuando su lengua sale y se la deja rastrillar por los dientes del muchacho, o cuando aletean viciosamente una contra la otra. Un beso entre chicos, algo muy normal en tantos liceos.

   -Mírame… -le ordena en voz baja y ronca Tony, y le obedece, están tan cerca que es difícil, pero esos ojos amarillentos le atrapan, le atraen.- Vamos, lo quiero ya. –le urge, y Darío casi jadea cuando las manos del otro bajan y atrapan sus nalgas de manera procaz, apretándolas duro, casi alzándole. Y quiere oponerse, decirle que no, pero todo su cuerpo se rinde, lo desea, lo desea tanto que casi alcanza el clímax ya.

……

   El depósito es largo y ancho, dividido en cuatro cuartos, y en el más alejado se encuentra una vieja colchoneta gruesa donde de tarde en tarde, después del almuerzo, alguno de los empleados de Mantenimiento tomaba una siesta. Pero en ese momento está ocupada por dos cuerpos que no están durmiendo precisamente. Dos hombres curiosamente transpirados practican un sesenta y nueve muy agitado, las bocas van y vienen, pero también los güevos cuando las caderas son agitadas, urgidas por la caricias bucales, las apretadas de mejillas que frotaban al entrar y salir, las lenguas que queman al pegarse de las barras, lamiéndolas desesperadas mientras entran y esperando que suelten sus jugos a la salida, cuando dan sorbidas extra. Uno de ellos, de espaldas sobre el colchón, es un hombre acercándose a la treintena, el otro, sobre él, es un jovencito casi enrojecido, que no llega a veinte. Pero es este quien lleva el paso, el control, su boca de labios rojos sube y baja golosa como es siempre a esa edad sobre el falo erecto y grueso entre ellos, al tiempo que con una mano le aprieta las bolas al sujeto algo mayor. Hay algo posesivo en el agarre.

   Darío, por su parte, no piensa, tan sólo se deja hacer mientras sorbe de ese güevo joven que se mete y sale de su boca. Al principio creyó que no podría hacerlo, pero no pudo resistirse al tenerlo cerca, golpeándole la nariz, exhalando un calor intenso, una gota viscosa brillando en el ojete que le hizo salivar la lengua por alguna razón que no entendía, y un olor almizclado poderoso que le hacía sentirse cachondo. Cerró los labios sobre el glande sabiendo que daba un paso grande, y terrible desde su perspectiva, pero no pudo evitarlo, no pudo resistirse más, y al sentir ese calor contra sus labios, el sabor sobre su lengua, se le volaron los tapones. Ahora su cabeza sube y baja también, necesitado, porque esa era la palabra, estaba urgido por atraparlo, chuparlo, succionar más y más de esos jugos que cada vez le saben mejor, de un dulce salino que le marea y llena de endorfinas. Ignora que suda totalmente, está bañado como si saliera de una regadera, su ombligo casi es un pozo, y que una leve fosforescencia parece destacar su cuerpo. No oye nada, no es consciente de nada como no sea del peso de ese muchacho sobre él, sensación física que le parecía increíble ahora, y de ese güevo que necesitaba mamar, atrapándolo todo, las bolas cubriéndole los ojos allí donde se apoyan. Y la boca del chico… y su mano.

   Porque si, Tony le esta mamando bien, pero con la mano atrapa sus bolas, apretando sabrosito, para luego llevar un dedo a la pequeña depresión que lleva a la raja de su culo. Darío lo siente, ojos cerrados por las bolas sobre ellos, ese güevo pulsando en su garganta, llenándole de una manera que le encanta. Se tensa cuando lentamente ese dedo se desliza por su peluda raja, la punta deteniéndose sobre su cerrado culo, el cual es tocado, frotado, medio halado, y cada toque, cada pase le hace gemir con la boca llena de güevo, ahogándose, con lágrimas que no entiende saliendo de las comisuras de sus ojos cerrados. El dedo se centra en su orificio y frota de manea circular, y la sensación es tan intensa que deja salir el tolete que tiene en la boca, lo mejor que ha saboreado nunca, piensa en esos momentos de locura, arrojando una ahogada bocanada de aire, jugos y saliva, junto a un gemido de lujuria intensa, aterrándose y maravillándose al preguntarse qué se sentiría si ese dedo, el dedo de otro carajo, penetrara su virgen culo de macho vernáculo. Y grita cuando este se hunde, metiéndole los pelos y pliegues; el dedo entra lentamente, doblándose en dirección a la base de sus testículos, y todo él se estremece violentamente, casi lanzando fuera al chico sobre él, cuando se arquea.

   -Trágate mi güevo… -le oye exigente, dominante, el macho que desea todo de su perra.

   Y lo hace, atrapa con su boca el tolete caliente de Tony, ronroneando cuando el chico se la vuelve a tragar también, moviéndole el dedo en el culo, flexionándolo como gancho y enderezándolo. Todo temblorosos se traga el güevo joven hasta los pelos, que está imposiblemente duro, y a pesar de todo abre los ojos con alarma cuando lo siente, algo hirviente recorriendo a lo largo del pene, que se pone increíblemente tieso, y que al salir unos centímetros sus labios, le baña la legua con uno, dos, tres y cuatro trallazos de leche caliente. Por un segundo cree que se ahoga, que no podrá hacerlo, beberlo no, hasta que el viscoso, abundante y caliente semen estimula cada papila gustativa de su lengua; casi hambriento lo traga, buche a buche, sorbiendo copiosamente por más. “Dios, qué rico es”, fue su pensamiento asombrado y horrorizado. El sabor de la esperma le había dejado casi delirando, todo tembloroso, y fue cuando el chico abandono su güevo…

   -Oye… -bramó, soltando finalmente el tolete rojizo, mirándole cuando Tony se sienta a su lado. Pero gimió, alzando su espalda del colchón, cuando aquel chico, con un aire casi felino, inclinó el rostro sobre su bajo abdomen, casi en el borde de sus pelos púbicos, sacando la lengua y lamiendo su copioso sudor, recogiéndolo, saboreándolo con azotes y tragándolo, hasta casi chupar de su ombligo, toda esa transpiración, para regresar luego a su verga. Tragándola también.

   Fue todo para el conserje, los rojos labios la atraparon, las mejillas apretaron en la bajada y Darío Serra comenzó a gritar entre dientes, ojos muy cerrados, elevando sus caderas, buscando esa boca cálida que le succionaba de manera tan estimulante y corriéndose de una manera que le alzó a cumbres insospechadas, un placer físico y mental tal que roba todas sus fuerzas seguido de una debilidad a la que deseaba ceder. Y Tony lo recibió y bebió todo, hasta la última gota del semen previamente preparado, uno que llena su estómago de un calor intenso. Bebe con los ojos cerrados notando que toda tensión, incomodad, dolor o cansancio desaparece de su cuerpo y mente. En paz. Aunque le es posible escuchar sus propios pensamientos, indicándole que era necesario juntar un rebaño, una cosecha casera. Es justo en ese momento cuando abre los ojos con sorpresa, aún los labios apoyados en el pubis del otro, succionando por más. ¡Esos pensamientos no eran suyos! Eran de otro que susurraba en la nada, pero que se acercaba.

   Bartok…

   Y, sin embargo, no pudo preveer los problemas que también le llagarían.

……

   El viaje desde Holanda, donde hizo el trasbordo, ha durado bastante. Ha dormido, mirado algo de televisión, escuchó música y leyó… pero ahora se aburre. Cosa siempre peligrosa tratándose de él, admite con una leve sonrisa en su atractivo rostro. Primera clase está casi desierta, los pocos asientos ocupados acogen a gente que también duerme. Necesita un trago y llama. Espera. Despega la espalda del asiento y se estira, siente el cuello tieso; y justo cuando está así, el saco abierto, la fina camisa de seda oscura amoldada perfectamente contra su pecho, aparece un tipo joven vistiendo un uniforme de pantalón azul, camisa blanca y un chalequito feo, incluso un gorrito. Un asistente de vuelo. Y el joven, sin mayor interés, le mira los pectorales que se perfilan tanto como los pezones bajo la tela. Deseando tener una camisa igual, adivina el hombre sentado, perro sonriendo más, volviendo la mirada hacia los otros asientos.

   -¿Desea algo, caballero?

   Si, piensa Liam Bartok, quiere sexo. Ahora y allí.

CONTINÚA … 4

Julio César.

¿NO LES EXTRAÑA…?

marzo 11, 2015

EL HOMBRE PARA EL MOMENTO

HOT MAN

   ¿…Qué el tío que va a mear a su lado en el sanitario público, debajo no lleva nada aunque si enseña mucho?

SEXY MAN

   ¿…Pero qué el que ejercita en la arena, con el shorts subiendo y subiendo, resulte que debajo lleva un apretado bañador.

¿ESTÁS EN SUS LISTAS DE AMIGOS?

Julio César.

¿AHORA LAS CHICAS AMAN AL CHICO BUENO?

marzo 11, 2015

MAGALLANES A OTRA FINAL

PEETA

   Era hora.

   No les niego que estoy sorprendido por dos buenas películas que no me habían llamado la atención, basadas en unos libros que no quise leer, no después de ese fiasco de los vampiros tipo Crepúsculos. Reconozco que las cintas fueron maravillosas. Sin embargo, lo que más me sorprendió fue mi sobrina de catorce años, una hermosa moza con un cuerpo algo desarrollado para mi gusto (¡es mi niñita!), la cual suspiraba toda ilusionada con el protagonista de la cinta, con el personaje y ahora con el actor, el joven panadero de oficio que compite, de compañero de una chica dura, por sus vidas. Me gustó porque no era el típico canallita que aseguran gustan a las chicas (Dean Winchester lo dijo en Supernatural, cuando los vampiros, que ponían cachondas a las muchachas), ni era el más fuerte, o el más alto o incluso el más guapo del filme, pero era la mejor tipo de todos. El que más amaba y entregaba. No se crean, era incómodo ver a mi sobrina suspirando y diciendo que quería un novio como el panadero.

EL GOLPE DE ESTADO ANUNCIADO

Julio César.


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