TIEMPO DE APRENDIZAJE

marzo 1, 2017

LA PRACTICA HACE AL MAESTRO…

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   Ah, dulces vírgenes en el campus…

   -Ahhh… Ahhh… -gimotea, todo presionado.

   -Oh, no mientas, te encanta. –se burla el gañan.

   Otra historia de atletas y nerds. Los primeros consideraban que los segundos estaban en el campus para ayudarles a entregar tareas, superar exámenes, subir calificaciones y como aliviadero de sus bolas llenas de esperma después de los juegos y competencias, para vaciar en ellos las ganas salvajes, rudas e intensas, antes de ir con las dulces novias. En todos los colegios se sabía esto, y se toleraba tácitamente. Era… natural. Los polluelos llegaban todo ilusionados con su educación superior, y una vida de fiestas, locuras y extravagancias, teniendo todo el sexo que soñaban conseguir lejos de casa, con chicas más maduras… y borrachas. Y algunos lo lograban; otros, los “especiales”, que llamaran la atención por algo, un redondo culo, una cara bonita, una boca que se viera mañosa, serían tomados, a veces feamente, y serían cultivados para que atendieran las necesidades de ciertos y privilegiados miembros del cuerpo estudiantil. Como “novias” de los equipos. Estos llegaban y se encontraban con estos tipos que los empujaban en un pasillo contra una pared y les maraqueaban el culo sobre las ropas prometiéndoles que pronto les comerían el virgo. E iban y lo tomaban, por mucho que estos chicos insistieran en que eran heterosexuales.

    Y nadie como el joven Nelson Vergatti, con su atractiva cara de mala gente y tolete enorme para “convencerles”, en las duchas de las fraternidades, de los colegios o las canchas, y convertirles. Eso era llegarse, alto y fuerte, y reírse en sus caras, en presencia de muchos, de sus pequeños e inútiles penes, a los que clasificaba de clítoris que jamás satisfacerían a las mujeres. Y más tarde montarlos en el suyo, erecto y hambriento, metiéndoselos todo, y cabalgarlos un rato, para que notaran hasta dónde les llegaba (y gimieran), y la sintieran durante todo el viaje de conversión, adentro y afuera, estimulando esas zonas erógenas especiales que ellos mismos desconocían pero que un chico como Vergatti sabía detectarles. Sin saber exactamente cómo, entre gritos y pedidos de más, cuando les chorreaba el semen por todas partes, ya eran otros.

   Sonriendo al terminar, el cruel Vergatti, sintiéndose más calmado y ligero, les decía lo que parecía una maldición inescapable y eterna:

el-punto-de-no-retorno

   -Okay, maricón, ahora, para volver a correrte en tu vida, como hoy, vas a necesitar de uno bien duro metido por el culo.

   Y mientras, asustado, todavía el chico lo procesa, es cuando generalmente se acercan uno o dos atletas más, que saben del asunto, y ocupan su lugar, agradeciéndoles a Vergatti por todos esos chicos que ya pululan por los corredores de las residencias, en las noches silentes, sonriendo emocionados, mientras van a los cuartos a servirles de hembras a los hermanos calientes.

EQUIPO

Julio César.

NO ENGAÑAS A NADIE

marzo 1, 2017

BUSCADO

   Cómo le gusta hacerlo…

   -Oh, vamos, amigo, deja de disimular, de hacerte el que no sabes, no ves, no quieres. –se burla, mostrando.- Cada vez que estoy vistiéndome o cambiándome de ropas, entras a decirme algo. Y finges burlarte de mis tangas, pero cómo las miras; te gusta, ¿verdad? Vamos, actúa con franqueza y tómalo como un hombre… de rodillas y oliéndola. Aquí lo tienes, todo para ti. Sáciate.

……

   Un buen corto, aunque es un poquito mayor, pero youtube no me dejó mostrarlo todo (o él), así que está en: EL REGALOTE DE “PAPA” 

COMPLACIENDO PETICIONES

Julio César.

CARNAVALES EN LA PIEL

marzo 1, 2017

CHICAS, QUÉ NO DECIRLES A SUS HOMBRES

   Pero, bueno, ¿y por qué no hacerlo?

   Hace años, muchos años atrás, siendo yo mismo un muchacho de once o doce años, vi una película americana llamada “Primavera en la piel”, mal traducida de “Verano en la piel”, trataba sobre esas vacaciones universitarias norteamericanas donde chicos y chicas van a divertirse y como que se les pasa la mano, enloqueciendo tomando alcohol (y otras cosas), y teniendo sexo. Mucho sexo. Dos amigos iban para eso, para divertirse y perder lo virgen, pero todo les salía mal. La idea siempre me fascinó, una fiesta enteramente de gente joven que quiere sentir, experimentar y vivir, actuando por su cuenta sin tener que dar explicaciones o justificarse (por cosas de pueblos, en el liceo pronto descubrimos y nos enloqueció la idea del sexo, por las revistas). Imaginen eso: durante un año, con amigos, planean la gran fiesta del sol, la arena, el agua, las pieles expuestas, el deseo de mirar y ser mirado. Tocar y ser tocado. De tórridos momentos de pasión sobre la blanca playa (al pensar en esto me pongo sentimental; en una excursión así, entre sustos y sobresaltos, y la arena molestando todo el rato, transcurrió mi primera vez). Llega la fecha y todo es alegría, gritos y excitación desde el momento de la partida.

   Así se viven, por ejemplo, unos carnavales. Ah, si hubiera sido yo guapo, aunque fuera por ratos, en esos momentos cuando la personalidad llevaba más tiempo para notarse. La pasé bien, pero pudo ser mejor. Y ustedes, ¿se divirtieron? ¿La pasaron bien? ¿Les duele en el alma que las horas acabaran tan rápido? ¿Prometieron llamar a todo el mundo aunque saben que no ocurrirá y lo olvidarán? Eso espero, la realidad ya nos espera mañana… o pasado. ¿O después de la octavita? Como sea, llegará y nos alcanzará. La odiosa rutina de la oficina. Quedarán los recuerdos, y en algunos casos, las fotos bien ocultas. Parte de la aventura.

Julio Cesar.

AMA DE CASA… 8

febrero 27, 2017

AMA DE CASA                         … 7

Por Leroy G.

femboy-en-hilo-rosa

   Si lo hacía realmente bien, le regalaban otro par…

……

   -Si, si, cógete a la perra. –gritaban esas personas, entre risas y aplausos.

   -No, no… -gimotea, con una voz que a él mismo le suena mórbida y amanerada.- ¡Ahhh! –gritando de sorpresa cuando es obligado a volverse de cara a la pared, siendo presionado… mostrando sus nalga redondas, duras, paradas, tragándose el hilo dental. Las risas se incrementan.

   -Si, pana, eso, cógete a la puta… -reía una voz grosera.

   Y Gregorio llora, porque sabe lo que viene. Sus lagrimas y súplicas para que le deje ir, que no le hagan daño, parecen incrementar la diversión de los presentes, hombres y mujeres, mientras el otro sigue presionándole con el tolete, bajo sus ropas, contra la sensible, redonda y lisa piel de sus glúteos; piel que se eriza, perfectamente consciente del roce, al parecer más sensibilizada que nunca. Casi cree sentir el calor a traes de las telas, y las pulsaciones.

   Aquello tenía que ser una pesadilla, se dice aterrado, consciente de su cuerpo más chico y suave, de las tetas jóvenes y duras presionadas por la franelilla, por lo caliente que está… Aunque su verga no se erecta, aplastada por la blanca, diminuta y sensual tanga.

   -Voy a llenarte de güevo, princesa maricona; voy a abrirte el coñito que tienes por culo. –le ronroneaba ese vecino, nada amanerado ahora, aplastándole con su cuerpo caliente y firme. El tolete pulsándole bajo la ropa, un cacho de carne dura que le apuñala.- Los maricas como tú sólo quieren esto, salir y excitar a los buenos hombres de Dios sobre esta tierra. Lo que te gusta es saber que te saben bonita, putica y mariconcita, ¿verdad?

   -No, no… -gimotea nuevamente, labios muy abiertos, unos que sabe lleva pintados. Como también sabe que está meciendo su culo, de adelante atrás, casi imperceptiblemente, para sentir aquella dureza rozar su piel, la cual reacciona al contacto con la masculinidad ajena.

   -Qué puta. –gruñe uno de los mirones, riendo escandalosamente al notarlo.

   Siendo imitados por otros, un coro ofensivo y humillante que obliga a Gregorio, un hombre heterosexual y duro, macho entre machos, en un cuerpo que no era suyo, a cerrar los ojos atormentados. Y al hacerlo, la sensibilidad de su piel se incrementa de una manera embriagadora, envolvente. Sus nalgas casi arden cuando la barra de güevo erecto se frota de ellas, sus tetillas queman bajo la ajustada camisetica, sus bolas se contraen dentro de la pantaleta. Está increíblemente caliente, excitado, casi como cuando estaba en preámbulos de correrse… pero con su propia verga pequeña y flácida dentro de la suave tela que la presiona de manera estimulante.

   -Estás tan caliente, mami. –se burla el vecino, subiendo y bajando sus caderas, refregándole la barra del trasero, provocando las carcajadas de los mirones.

   -No, no, por favor…

   -Estás toda mojada, mami. –le dice, al oído, voz profunda, cruzando un brazo y bajando una mano por su cuerpo, rozándole la verga dentro de la tanga, cosquilleándole con la punta de los dedos las bolas, bajando más, hacia los pliegues de sus nalgas que lluevan a su culo, uno que roza sobre la tela, y Gregorio, de alguna manera, sabe que no tiene ni un pelo allí. Como sabe que su orificio se estremece y titila al roce de los dedos sobre la tela cuando separa un tanto las piernas.- Si, así, hazlo así; estás bien mojada, nena, como están las buenas putas todo el tiempo.

   -Ahhh… -escapa de sus labios, indefenso, excitado, aunque por dentro quiere gritarle que pare, que no es ningún marica.- ¡Hummm! –su grito se incrementa cuando el otro se mueve.

   -Tan marica, tan marica… -le oye decir mientras sube las dos manos, metiéndolas dentro de la  camisetica, cubriendo sus tetas insipientes, apretándolas con las palmas abiertas, los dedos clavándose en su piel.

   La sensación es tal que Gregorio casi sufre una convulsión, pero nada a lo que experimenta cuando índices y pulgares atrapan sus pezones y comienzan a frotarlos y halarlos lenta y suavemente. Sus gemidos se incrementa, como los estremecimientos que lo recorren, obligándole, aunque no entiende el por qué, a echar más su culo hacia atrás, contra esa tranca que pulsa contra su piel, de manera instintiva, buscándole, como sabiendo que lo necesita.

   -Si, estimula a la puta. –el apurado hombre oye la voz de uno de los presente, llenando su cabeza, estando con los ojos cerrados; ya no es un tono burlón sino ronco, como excitado.

   -Apriétale las tetas, a todas las nenas les excita. A esta le gusta, mucho, que las manos de un hombre jueguen con sus pezones. –oye otra voz fuerte, dominante, estremeciéndole también.

   -Si, debe tener ese coño tan mojado. –una tercera voz llega a su cerebro.- ¿Estás muy caliente, putica? ¿Sientes que te gotea, deseas cruzar las piernas para contener los calores y pulsaciones que le dan al imaginar la verga del hombre que te toca así, llenándolo?

   -No, no… -responde con un jadeo largo y erótico, en un tono todo putón, uno que provoca risas profundas en los presentes.

   -¿Seguro, mami?, porque estás a punto de hacer que me corra con las frotadas que me das con el culo sobre mi güevo. –le informa el vecino y eso provoca carcajadas profundas, ruidosas, de machos cabríos especialmente, ofensivas para el recio hombre encerrado en la mente de aquella andrógina y caliente criatura cuyo culo, escasamente cubierto, parece abrazar con las nalgas la verga erecta tras el pantalón del otro.

   -No, no… -gimotea, femeninamente, casi con abandono.- ¡Ahhh! –gritando cuando la presión de los dedos sobre sus erectos pezones se intensifica, y tiembla, temiendo alcanzar un clímax extraño, echándose hacia atrás, recostándose del macho.

   -¿Te gusta cuando un hombre juega con tus tetas, princesa maricona? –le pregunta al oído, aplastándole contra la pared, frotándose arriba y abajo de sus nalgas como perro maluco.- Vamos, dilo; que te gusta esto, y esto… -aprieta y los frota con renovados bríos.

   -Ohhh… -es todo lo que sale de la boca de Gregorio, aunque en su mente grita de espanto. No necesitaba responder, todos en ese pasillo lo sabían, el enrojecimiento de su piel, el brillo cachondo de su mirada, la manera en la cual empujaba su trasero hacia atrás. Su cuerpo les gritaba lo que intentaba que sus labios callaran. Lo cachondo que estaba.

   -Mierda, mírenlo, qué puta. –repite uno de los sujetos, y Gregorio sabe que su culo sufre un espasmo al oírle, excitado por aquel apelativo denigrante para su hombría.

   -Seguro que tiene la pepa inflamada, esperando ansiosamente por la cabeza de una verga que se la frote. –indica otro, al tiempo que esos dedos halan y halan de sus tetillas, provocándole una salvaje oleada de fuego recorriendo cada vena de su cuerpo.

   -Debe tener el coño empapado y bien caliente, latiéndole por un güevo. –sentencia un tercero, y Gregorio no lo entiende, todo aquello era una pesadilla, una humillante y degradante, pero las palabras y encontrarse en esa situación casi le tenían al borde de un orgasmo, sin que su verga endurezca ni un poco. Al contrario, siente, o sabe (así son los sueños, ¿no?), que la tiene más pequeña que nunca.

   -¿Es cierto, princesa maricona? ¿Tu cuño mojado quiere mi verga? –le pregunta el vecino, voz baja, ronca, masculina, nada de su habitual manierismo presente.- Si la quieres tendrás que rogarme frente a estas personas que te la clave, que te penetre, que llene tu agujero ávido con mi tranca; que te convierta, aquí y ahora, en mi hembra lujuriosa. –enfatiza comenzando un rudo movimiento de adelante atrás, coital, aplastándole contra la pared.- Si la quieres tienes que rogarme por ella, y prometerme que parirás a mis hijos. Y que los alimentarás con estas tetas maravillosas. –las palabras son implacables, quiere degradarle totalmente frente a los otros mientras le frota y frota los pezones.

   -Dilo, puta, di que quieres güevo, que llenen tu coño y tu boca. Di que quieres siete lechazos llenando llenándotelos, especialmente su lengua para saborearla. –ruge uno de los presentes, duras y demandantes palabras que le provocan un verdadero calambre anal, Gregorio sabe que su culo necesita algo, y que lo necesita ahora.

   -No, no… -todavía gimotea, su voluntad intentando imponerse sobre ese cuerpo que no era suyo, sobre esas ganas que no le eran naturales. Aunque le costaron bastante esas dos palabras.

   -¿Seguro, princesa maricona? Piénsalo bien, preciosa, porque a pesar de tus increíbles tetas y de tu magnifico trasero, puede que no obtengas mi güevo. –el otro casi le amenaza.- Dime lo que quieres que te haga, frente a esta distinguida concurrencia, o puede que no obtengas nada.

   Y de la boca pintarrajeada de ese Gregorio andrógino escapa un sollozo infeliz, atormentado. Esas palabras, esas órdenes y demandas taladrando su mente, grabándose en ella. Lo quisiera o no. Con lágrimas de debilidad bañando sus mejillas, con regueros negros de pintura, observa los rostros duros y burlones de quienes son testigos crueles del fin de su virilidad, su humillación y entrega, su sumisión. Todos queriendo escucharle aceptar que era una puta maricona.

CONTINÚA … 9

Julio César.

FAMA

febrero 27, 2017

PRACTICA

los-calientes-amigos-de-su-papa

   Cuando por debilidad cae con uno, el rumor se corre entre los amigos de su papá. Ahora todos vienen por uno rápido y a lo profundo.

RECETA

Julio César.

ROCKY, QUÉ ANIMAL…

febrero 27, 2017

DEL AMOR… Y LA AMISTAD

   Un señor actor, aunque lo tache de hijo de perra…

   ¿No es increíble ese perro, las cosas que, aparentemente hace? Cuando pisa el control remoto para asegurarse sus eventos, con la familia fastidiada (¡el gesto de la mujer!), es para morirse de la risa. Es que hasta la cara, fea como suelen tenerla, parece expresiva. Se nota que se tomaron su trabajo con la producción, como cuando mira hacia arriba al escuchar que ya no podrá seguir disfrutando de sus programas, o la manera en la cual se vuelve hacia el dueño, cuando oye lo de “porque Alex olvidó hacer la recarga”; se ve tan sincronizado que casi parece que entendiera las palabras. Esa pareja, Rocky y Alex, es de lo más sangrina. Tienen química. Deberían tener su propio show, el perro resolviendo crímenes mientras, juguetonamente, persigue niños por la calle en sus ratos libres. Es juego esto último, pero si, ha sido un gran acierto esta promoción en particular; aunque las otras dos también, especialmente la de la doñita que se vuelve la reina del grupo cuando los nietos le instalan el conocido canal por cable.

OTRA VEZ EN CUARESMA

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 45

febrero 26, 2017

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 44

muscle-hot

   Sonriente y guapo, espera por su amo…

……

   Gregory estaba siendo exhibido mientras lo cogían, y no cabía en sí de excitación y lujuria, aunque también de vergüenza y secreta mortificación, una que se diluía en cachondeo cuando volviendo el rostro miraba hacia el balcón abierto, hacia la noche cálida… hacia la gente que le miraba desde otros balcones. Las idea corría como fuego por sus venas, emocionándole tanto… lo veían mientras un blanco güevo se enterraba en su culo negro.

   El mueble estaba lateralizado al balcón, y sobre él descansa el joven, fornido y atractivo hombre de color, el cual tiene sobre sus espaldas recias, y nalgas redondas, llevando como única vestimenta un diminuto hilo dental atigrado, apartado en el centro para que su culo peludo sea ocupado por una muy blanca y rojiza tranca venosa que entra y sale, del sujeto más bajito, delgado y de piel lechosa, que tiene la cabeza cubierta con una camiseta enrollada como si fuera un encapuchado de la universidad.

   Ese carajo, con las flacas manos de nudillos blancos sobre sus recios hombros, subía y bajaba su trasero cubierto por el pantalón del traje, sacándole y metiéndole el güevo del hueco del culo, una y otra vez, cepillándoselo con todas las ganas del mundo, como se pone cualquiera al que un sujeto le ponía el culo a disposición, ¡frente al balcón! Y aunque todo le pareciera un tanto extremo y terrible para su masculinidad, y más cuando sospecha (y secretamente desea) que está siendo observados por otras personas desde otros balcones, Gregory no puede evitar jadear, fruncir la frente y separar sus gruesos labios para emitir gemidos, tensando su cuerpo, subiendo y bajando también su culo, buscando ese tolete que lo abre y llena de dura y ardiente masculinidad. Si el otro estaba gozando una bola cogiéndole, el musculoso tío de color estaba gozando una y parte de la otra siendo enculado. ¡Era el receptáculo del güevo de otro carajo!, y el mundo era testigos, piensa y casi se corre sobre el sofá de pura emoción… Aunque, todavía intentara negárselo a ese carajo sobre su espalda.

   Quería callar para sí que aquello se sentía increíble, que el peso de otro hombre sobre su cuerpo era estimulantemente caliente; el ardiente aliento de ese sujeto, que parece un fuelle, bañándole la nuca, y las palmadas que se escuchaban de esas embestidas, era música para sus oídos embotados de voluptuosidad. Necesitaba callar, por alguna razón tonta, que deseaba más, que ese güevo le llegara a lo más profundo, y para ello lo hala y aprieta con sus entrañas.

   -Te gusta esto, negro; te gusta mucho. –gruñe la voz de Esteban, algo más dura y autoritaria cerca de su oreja; y las palabras, el tono, le excitan.

   Así como el otro sube y baja para clavarle el güevo, él también incrementa los movimientos de sus caderas, y cierra los ojos, tensando los hombros, porque es perfectamente consciente del tolete bien enterrado en su culo, retirándose lentamente, recorriéndole y frotándole las paredes del recto, haciéndole gemir, hasta llegar casi a la entrada de su esfínter, la cabeza en forma de nabo quedándose allí, sus labios abrazándola con fuerza, sintiéndola totalmente, temblando de lujuria al reconocer lo mucho que lo quiere…

   -Ahhh… -se le escapa con abandono, alzando el rostro, cuando el blanco rojizo tolete vuelve a clavársele en las entrañas. Y no sabe si imagina risitas y gritos que vienen del otro edificio, pero la idea le hace ronronear y parpadear con la mirada totalmente nublada. Dios, se sentía tan increíble… La dura barra de carne masculina va y viene, frotándole, estimulándole, y sabe que su propio güevo tieso está pulsando y babeando, dentro de la tanga atigrada, contra el mueble.

   -Dios, se siente tan bien separar con mi güevo blanco los gruesos labios negros de tu culo goloso. –le oye, erizándose, casi obligado a alzar el lomo con voluptuosidad, en respuesta.- Sabía que era esto lo que te gustaba. Quieres que los hombres machos, los de verdad, admiren tu cuerpo de puta grande, que lo toquen y deseen, pero lo que en verdad te enciende es esto, esto… -lo coge más y más.- Esto… -termina, apoyándole el flaco torso de la recia espalda, dentro de la camisa abierta, las dos pieles estallando en llamas, cuando se queda allí, agitando únicamente su culo cubierto, sacándole y metiéndole el tolete con fuerza, dándole a izquierda y derecha, provocándole otro alarido.- Si, un culo como el tuyo sabía que disfrutaría de esto, que te haría sentir algo fantástico. Vamos, que el mundo vea cuánto gozas de tu macho. –las palabras, el tono, era algo que ese hombre sabía que el otro disfrutaría en esos momentos. El rol de sumiso del dominante tío blanco, bajito y flaco.

   Y mientras se lo dice, no deteniéndose en sus embestidas, le atrapa el transpirado y reluciente rostro con las delgadas y pálidas manos, obligándole a volverlo hacia el balcón, hacia donde un delirante Gregory mira con una sonrisa alucinada. De puro gozo maricón.

   -Mierda, mira cuánto goza cuando el carajo le clava ese güevo por el culo… sabiendo que lo miramos. –susurra, con un gemido, un tipo en uno de los balcones contrarios, a un amigo, que se había asomado con él, para ver si volvían a mirar al negro que la noche anterior se tocara el culo, metiéndose un dedo. Algo de lo que no hablaron, ni de las pajas que se hicieron con ese recuerdo, pero a lo que ahora volvían. Siendo testigos de cómo era cogido.

   -Tremendo puto. –responde el otro, con una mueca, ambos manteniendo cierta distancia entre sí, en ese balcón a oscura, temiendo ser pillados por la mujer del otro, o cualquier otra persona viendo aquello, como un carajo, medio vestido, subía y bajaba un güevo blanco sobre un enorme y joven tipo negro que se retorcía y parecía gemir bajo su control. No, no querían que les vieran en esas, a ellos, dos tíos heterosexuales… que en esos momentos luchaban con las calenturas dentro de sus braguetas, que hacían lo imposible por no tocar.

   -Cógelo, cógete duro a ese negro de mierda, llénale el coño de perra con tu verga blanca. –rugía bajito, un balcón más arriba, un joven hijo de italianos, quien la noche anterior también había visto al carajo negro dedeándose el culo, deseando bajar y darle una zurra teniéndole sobre su regazo, y meterle luego la fulana vela aromática que la tonta de su novia insistía en encender en las esquinas del apartamento. Él sí que se soba el güevo, abultando, sobre el bermudas, metiendo la mano y jadeando al tocarse, sin sacarlo.- Preña a ese negro maricón…

   Uno que otro si lo han hecho, mirando, calientes, sacando sus toletes y acariciándolos en las sombras, algunos sintiéndose culpables, incómodos, pero incapaces de no hacerse una paja en sus balcones de luces apagadas, viendo al sujeto negro y grande, guapo y joven, siendo enculado por un tío más bajito. Había algo increíblemente erótico y sucio en ello.

   Y nadie estaba más consciente de eso, que Gregory Landaeta, mientras alza nuevamente el rostro, sonriéndole a la nada. Ese idiota creía que le dominaba, piensa extraviado, plenamente consciente de lo bien que se sentía la firme piel del otro contra su espalda, o las bofetadas que le daba con la pelvis, pero él también podía…

   No fue nada planeado, deliberado, buscado, pero cierra su culo con fuerza cuando la barra caliente de Esteban lo penetra, exprimiéndoselo, haciéndole gruñir de sorpresa y gusto. Eso le hace sonreír más, y alzar las redondas y duras nalgas oscuras, levantando su agujero abierto por la blanca tranca, subiéndolo y bajándolo centímetros, ordeñándoselo, los peludos labios de su esfínter abrazándole cuando bajaba, desapareciendo en su interior cuando sube en busca del ansiado falo. Sube y baja menea el trasero de forma semi circular, y Esteban gemía sobre él, sorprendido, extasiado. No era algo que hubiera planeado, o pensado anteriormente en ello, tan sólo respondía, su cuerpo sabía lo que tenía que hacer. Quería demostrarle a ese flacucho hijo de puta que era un hombre… uno al que se cogía, sí, pero hombre al fin. Y nada más pensarlo, gime larga y putonamente cuando el otro elevaba más sus caderas, sacándole medio tolete, cae de golpe enterrándoselo otra vez. Sí, quería que ese sujeto supiera que sabía cómo tratarlo, que podía ser bueno en aquello, pero una sola buena enculada le deja sin voluntad. Y aunque la sola idea era inquietante, le llenó de un intenso calor interno. Cierra los ojos, con abandono, y se dice que ya pensaría en ello después, cuando terminaran, o mañana, por ahora sólo desea sentir. Gozar del macho que lo cogía.

   Cuando el otro le hizo saber que quería encularlo, le aterró, a pesar de todas las sensaciones que lo recorrían; pero cuando se cubrió el rostro, obligándole a mover el mueble hacia el balcón, indicándole que no sólo quería pegárselo duro, como si fuera una hembra, sino donde otros pudieran verle, se erizó totalmente. Casi sin entender cabalmente lo que hacía, erecto dentro de la atigrada tanga, toda mojada de jugos pre eyaculares, muy metida en su culo, le ayudó con el sofá. Sabía que les miraban, y cayó de panza, tenso, asustado cuando el otro posicionó la caliente y lisa cabeza del güevo en su entrada, empujándola lentamente. Fue difícil, y dolió, casi gritó, pero al notar a un sujeto en otro de los balcones, mirando hacia ellos y apagando la luz, gimió y su esfínter se dilató, dejándole pasar completamente.

   Ahora, allí estaba, subiendo y bajando su culo, meneándolo de lado, buscando ese güevo que lo abría y refregaba por dentro,  el tolete del tipo blanco, del macho que lo enculaba en su sala, que lo aplastaba contra su mueble con cada golpes. Apretándoselo, masajeándoselo, queriendo escucharle gemir sobre sus espaldas. Y sonriendo, ojos cerrados, ignorando lo puto que se ve, como comentan, entre jadeos y risitas nerviosas en otros balcones, no sólo se deja coger con fuerza ahora, con golpes rudos, sino que colabora, porque, en esos momentos, nada parecía más natural que dejarse penetrar así. Eso le estaba gustando, idea que le hizo abrir los ojos, parpadeando, y la boca de gruesos labios, dejando escapar un gemidito. Si, de alguna manera ese carajo le había enredado para que aceptara que se le montara en la espalda, que abriera las piernas para él y le dejara meterle el güevo, caliente y duro, por el culo, y ahora se daba cuenta, horrorizado y excitado, que no sólo le estaba gustando, que se meneaba como una puta golosa buscando más, sino que sabía que lo quería. Quería eso que le hacía, que lo cogiera, que le llamara negro puto de culo apretado.

   -Oh, por Dios, ¿qué es esto? –gimotea entre jadeos cuando el otro le embiste, una y otra vez, contra el mueble, rozándole y refregándole las entrañas, dándole sobre la próstata, cada rozada enviándole una ola de gloriosa lujuria por las venas, obligándole a tensarse, a aquerase, a agitar los dedos de sus pies, a tensar su culo para sentirlo en toda su extensión.

   -¿Qué es esto? –le oye gruñir con furor, exhalando aliento y vapor contra su oreja.- Que te gusta exhibirte, saber que te miran, pero, por encima de todo, que eres una perra deseosa de un hueso duro por el culo. Eso es lo que eres, un culo negro, no, un ávido coño negro buscando ser llenado mientras gotea litros de jugos de excitación…

CONTINÚA … 46

Julio César.

EL PEPAZO… 53

febrero 26, 2017

EL PEPAZO                         … 52

De K.

NOTA: Les recuerdo que la historia no es mía, no tengo culpa de nada.

el-tio-de-la-tanga-roja

   Vaya que quiere…

……

   -¡Lissete! ¿Qué haces aquí?–brama este, realmente sorprendido. La mujer tan sólo le observa, con toda la desaprobación, desamor e irritación del mundo brillando en esa mirada.

   El hombre, desnudo a excepción del bermudas moteado, el cual usa sin calzoncillos como ella bien sabe, está acostado en su costoso sofá, manchándolo con su piel expuesta, mientras mira televisión. Algo que le tiene terminantemente prohibido, aunque jamás se hayan usado esas palabras. Pero, ahora, se las recuerda, recriminándole. Este rueda los ojos, con fastidio, aunque en verdad se había llevado un buen susto. No han pasado ni diez minutos desde que el culón bonito y forzudo se fue, y su esposa le caía como llovida del cielo. O como un castigo.

   -¿A qué carajo huele? –le regresa al presente la mujer, mirándole más desconfiada, mientras olfatea.- Por Dios, ¿acaso te has bañado hoy? Aunque ese olor…

   -No sé de qué hablas. Y no huele a nada. –se defiende, sentándose, estremecido.

   -Huele a… a… -se ve ceñuda, arrojando sus llaves en el esquinero cercano a la puerta. Abriendo mucho los ojos, parpadeando con sorpresa y horror.- ¿No estarás haciéndote la paja en la sala, sobre mi sofá, viendo tus películas sucias de putas que gritan mucho, verdad? –la idea le indigna tanto que se lleva las manos a las caderas y agita un tanto el torso, en la clásica posición de la gallina que cacarea y cacarea, deseando poner un huevo sin lograrlo.

   -¡Claro que no! -exclama el descarado, abriendo muchos los ojos, con fingida inocencia.- Pero, bueno, mujer, ¿se puede saber exactamente qué es lo que tú piensas de mí?

   -Mejor no me hagas hablar. –es la sentencia, mientras arroja la cartera. Después de lo de Corina y el faltón de Alejandro Andrades ya nada le sorprendía de los hombres.- Y bájate de mi mueble. ¡Y báñate, no joda! –le grita mientras se aleja apartamento adentro, dispuesta a cambiarse y regresar a la oficina. Donde era, curiosamente, más que feliz que bajo su techo.

   Rodando los ojos y soltando un bufido como los gatos, el hombre se echa nuevamente en el sofá, ahora de espaldas, manos bajo la cabeza, apartándose rápidamente de la conversación con su mujer, preguntándose, todavía turbado por lo que hizo, qué coño le había pasado que le llevó no sólo a dejarse mamar por aquel culón, o cogerlo duro, sino a… besarle. Porque lo besó, coño. Toda su naturaleza de hombre heterosexual se revuelve contra la idea. Pero recordar esos labios separándose para su verga, y los de su culo, el esfínter tembloroso y lampiño, abriéndose, deseando su tranca, tragándola centímetro a centímetro a pesar de lo gruesa… Traga en seco y cierra los ojos, reconociendo que sí, que le encantó y excitó como nunca ver la punta de su verga frotándose del ojete del otro, empujando, metiéndosele, ver como desaparecía cada venoso pedazo mientras ese carajo se lo apretaba tan sabroso. La manera en la cual encajaba tan bien, dándole placer a uno y otro. ¡Y escucharle gemir mientras le cepillaba la pepa del culo!, el sólo recuerdo de ese gimiente Jacinto, le provoca escalofríos, hormigueo en sus bolas y un endurecimiento bajo el bermudas moteado. Quiere cortar esas ideas, pero no puede; le ve de espaldas en ese mismo sofá, con las musculosas piernas sobre sus hombros, cubierto con la pantaletica rosa, y él cogiéndole duro, adentro y afuera, con fuerza, casi derribándole del mueble, viéndole estremecerse, arquearse de gozo mientras un hombre le clavaba el güevo por el culo.

   Tragando en seco, sabiendo que está en un problema, se acuesta boca abajo, erectándose. Oh, mierda, está duro y siente ganas de más. De tener otra vez ese culo a alcance de su verga.

……

   Si Efraín pasó un mal rato cuando su mujer llegó de improviso, con el riesgo de descubrirle en vainas, dura más el tiempo que le lleva a Jacinto Contreras, desde el momento cuando terminó tragándose la leche de este, vestirse con ropas ajenas y salir cruzando media ciudad en autobús (sin llaves ni documentos no se atrevió a sacar la moto de aquel estacionamiento), hasta su apartamento. Al joven le pareció una eternidad. Como malo fue tocar a la puerta de aquella profesora de Biología con la cual tuvo un acostón, en el edificio, y se convirtió en algo así como una amiga, por lo que guardaba una llave de su apartamento, como un repuesto. La cabeza no le dio para inventar un buen cuento sobre la pérdida de sus cosas, y por el ceño de la mujer entendió que imaginaba algo, como que había tenido que escapar por una ventana para no encontrarse con el marido de alguna fulana que aprovechaba la salida de este para meter en su cama a un carajo joven, forzudo y guapo. Bien, no andaba tan despistada, ¿no? Pero, claro, eso no iba contárselo.

   Dentro de sus cuatro paredes, física y mentalmente agotado, frustrado, deprimido y rabioso, hace el balance de la jornada. Y no era nada bueno. Le habían cogido dos veces, dos hombres distintos, y había mamado esos dos güevos, y la leche de uno aún la sentía vaga y fantasmalmente sobre su lengua. Eso le hace enrojecer mientras se desprende casi bruscamente de aquellas ropas prestadas. Perdió la cartera, el móvil, sus ropas, se repite con ganas de gritar. Llevando únicamente la muy manchada pero seca tanga rosa, cruza la sala rumbo a la cocina, deteniéndose al ver la lucecita que le indica que tiene mensajes en la contestadora. Artilugio que compró cuando comenzó como guardaespaldas. Dios, ¿quién sería ahora? Sorprendido nota que hay quince mensajes de un número que no reconoce. Presiona el botón del mensaje que sí sabe de quién es.

   -Hey, muchacho… -la voz de Raúl Bravo, el Indio, colega de trabajo, llena la sala.- ¿Encamado aún con alguna puta? Llevo horas tratando de llamarte al celular y nada. Me tocó encontrar el número de tu apartamento. No tienes que llegar temprano mañana, la jefa saldrá por la noche y nos toca llevarla a una reunión de la embajada americana. Así que estás avisado, duerme. Y me debes una.

   Suspira aliviado, no tendría que ver a nadie todavía. Ignoraba lo que aquella fiesta le traería, cuando tres sujetos intentaran, a un tiempo, meter las vergas por su culo, de puros ociosos.

CONTINÚA … 54

Julio César.

PREOCUPADO

febrero 26, 2017

PENOSOTE

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   -No lo sé, amigo, ¿realmente crees que deba usar esto en la playa frente a los rudos hermanos de mi novia?

MANZOTE

Julio César.

Y LLEGO EL CARNAVAL

febrero 26, 2017

LA DERECHA Y LA IZQUIERDA EN EL DIALOGO

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   Aquí es, aquí es, tírenme los caramelos…

   Y llegó el carnaval. Fecha que atesoro porque, de joven, no había clases esos días, y como que ni tarea mandaban, eran profesores consientes de lo que significaba asueto; y más tarde, en mi vida laboral, eran libres. Nada tan sagrado para el venezolano como sus días de asueto. Los tradicionales, esos que resaltamos de amarillo en los calendarios.

   Pero la cosa es el carnaval. ¿Quién no disfrutaba en la escuela con las minitecas, compitiendo entre salones para ver quién sería coronada reina del carnaval, entre caramelos primero, guarapita después? ¿Quién no fue a la plaza del pueblo a gritar, cantar y bailar con alguna buena banda? Hasta a Oscar D’ León vi una vez en la plaza de Guatire. Más tarde era bajar a la playa. Y ese era mi gran amor, llegarme bien temprano el sábado a casa de un conocido (jamás a acampar en la arena, eso es de bárbaros; la sola idea irrita como la arena y la sal en las grietas del cuerpo), y correr hacia las olas, sintiendo la arena tibia y suave bajo los pies, y pasarme en día entre chapuzones, tomando caña, comiendo cosas frugales hasta la llegada de la sopa o la parrillita (no en la arena, por supuesto), y ver y compartir con gente bonita que me encontraba agradable, mientras los rayos del sol calentaban tan sabroso la piel. Ah, estar sobre una toalla y elevar la mirada hacia un cielo azul intenso, eso no tiene precio.

   Dejé de ir cuando las playas se congestionaron, porque bajaba tanta gente que era como encontrarse con los vecinos en la calle, pero en Tacarigua de La Laguna o Los Canales. Sentarse en un cuadrito de playa, sin poder estirar la piernas para no rozar a otra persona, es tan incómodo como viajar en el Metro, sentado frente otro humano al cual vas mirando mientras te mira. Y, ahora, parrillas, sopas o pescado frito, todo eso quedará para el recuerdo de un tiempo dorado, cuando los socialistas no se habían robado todo y destruido lo demás (tierra arrasada, de Stalin fue lo único que aprendieron, nada de organización, menos eficiencia).

   Congestionadas la playas, quedaba quedarse en Caracas o bajar a Guatire, a pasarla con la familia, en la comodidad del poco transito, a tomar caña y acercarse a alguna retreta donde los niños lucen sus disfraces. Me sorprende ver que El Zorro sigue siendo tan popular entre los niños. Ya lo era hace casi cien años (en mis tiempos; ojo, jamás me disfracé, eso iba, y va, en contra de mi dignidad). Este año, dado los tiempos que vivimos, el carnaval será tan ingrato como lo fue la Navidad y el Año Nuevo.

   Pero no en todas partes es así, hay lugares donde las calles se llenan de risas y alegría, de sensualidad y lujuria, de gente bonita en su dicha, que baila y se mece al son de la música, tambores, pitos y aplausos. De gente que va a sentir y vivir esas concentraciones carnestolendas, y enloquecer también. A saltar y reír, a bailar y beber. A tener aventuras. Están los que salen a mostrar sus mejores caras, los tradicionalistas, como los brasileños, para mí, porque son los días cuando escapan de la cotidianeidad y se entregan a un frenesí de celebraciones. Que el mundo vea que tan dichosos están. Y a su tierra peregrinarán cientos de miles, soñando con perderse en sus calles, erizados de ganas de compartir esa felicidad. Momo llega y reina, y ante su carroza dan ganas de inclinarse y adorarle, botella en mano.

   Revisando el día a día del país, en un portal de noticias, encontré, en NOTICIAS24, una entrada que hablaba de Las mejores celebraciones de “carnaval” en el mundo (y qué celebraciones).

Argentina.

Brasil.

Venecia.

Suiza.

Mardi Gras, Estados Unidos.

El Caribe.

   Sean sinceros, ¿no dan ganas de estar allá, saltando, bailando, mirando y hasta tocando como todos los demás? Perderse sin pensar en una fiesta de los sentidos, como cuando sacábamos a alguien a bailar y aprovechábamos para acercarnos mucho y compartir el calor de los cuerpos, los alientos, las miradas que prometían locuras, el roce de las pieles… recordando en todo momento que el sida si da. Ojo con eso.

   Por cierto, viendo los videos, dos cosas me llegan a la mente, aunque se ven vistosas y hermosas todas esas celebraciones, las latinas, incluida la caribeña, parecen más osadas, intensas y sensuales. Lo otro… Dios, qué ganas de conocer Venecia, esas góndolas se ven de fábula.

   ¿A dónde irán, y qué harán, para vivir el carnaval? Por lo menos beber; en medio de todo lo que pasa en el día a día, por lo menos celebremos por unas horas que seguimos vivos. Y sentimos.

LECCION ECUATORIANA PARA VENEZUELA

Julio César.

PREPARATIVOS PARA GOZAR DEL ASUETO

febrero 25, 2017

CUALQUIER DÍA DE ASUETO

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   Para conseguir esa diminuta marca de bronceado que enloquece a quienes la ven, el sujeto se pasea, exhibicionista y pomposo disfrutando de lo escandalosamente chica de su tanga, sabiendo perfectamente cuánto ovulan los jóvenes cachorritos alrededor en espera de una mano dura. Sonríe al casi sentir las miradas de aquellos dos jóvenes que están sentados en la arena, devorándole con los ojos, impactados de encontrarse de pronto, en vivo y en directo, al objeto con el cual sueñan por las noches en sus camas. Todo echón, se volverá y medio ladeará la cara, indicándole a uno u otro, o ambos, que lo sigan a un lugar apartado, donde uno u otro, o ambos, conocerán, al fin, lo que es tener un hombre en sus nuevas, apretaditas y virginales vaginas, convirtiéndose en dulces y apasionadas nenas. Si, la vida era buena, se dice sonriendo, ensanchando el pecho, orgulloso y feliz de que la vida tenga al menos momentos como esos, cuando todos se despojaban de disfraces en la arena.

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   Riendo y hablando bajito entre ellos, los tres hombres tiemblan a mostrarse así, con sus hilos bien metidos en sus culitos bajo las tibias aguas. Saben que hay quienes los miran y ríen con cierta burla, por “esas mariconerías”, o preguntándose por qué se exponían a que los miraran feos. La verdad es que, en sus realidades, saben muy bien lo que hacen. Hablan entre ellos escandalosamente, batiendo pestañas; se lanzan agua mientras fingen luchar y gritar; nadan abriendo mucho sus piernas, siempre mostrando sus traseros; y ríen, fuertemente, como desafío o invitación hasta que los chicos de cuerpos increíbles, en bermudas a medias piernas, que vienen a tomar caña a la playa y dejarse ver por las chicas en sus gloriosas juventudes insolentes, ya medio ebrios, quieran uno rapidito y sucio para aliviar las ganas, sin importar de donde llegue, y se arrojen a la alberca, rodeándoles y palmeándoles nalgas, preguntándoles y diciéndoles cosas, entre ofensas, burlas e invitaciones a bucear entre sus piernas, a donde llevan las manos de estos para que toquen la mercancía ofrecida. A lo que accederían después de un falso disgusto, o unas aún más falsas negativas. Todo ese juego largo, todo ese coqueteo intenso era el preámbulo para que el trío experimente de los más increíbles orgasmos.

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   Ríe nervioso, viéndose lindo y coqueto, mientras el recio y maduro hombre le sigue, manoseándole la espalda con la palma grande y callosa, diciéndole que ese bañador le quedaba bello, pero que debió llevar la tanga atigrada que le había regalado. “Es que se me mete por el culo, señor”, intenta explicarse, mas rojo y riente, apenado cuando la mano llega a su trasero y cierra los dedos, momento cuando, para salvar las apariencias le daba un poco con su dorso como si quisiera alejarlo, pero no pareciendo muy decidido. “Con este traserito redondo habría sido un regalo para la vista de todos los hombres en la playa, yerno”, replicó ronco, la mano subiendo y los dedos entrando en los bordes del traje sobre la piel firme y caliente; “imagina cuando volvamos a bajar el martes de carnaval y tengas la nueva que te voy a dar… un hilo dental blanco que está de infarto”. “No, seguro que parecerá una pantaletica”, gimotea, más rojo, riendo, sintiendo los dedos bajando y bajando, allí donde muchos ya los miran, consciente de que el otro está caliente y que pronto se pondría demandante y autoritario, despojándole de toda iniciativa, voz o voto. Y si, terminaría usando la vainita blanca para que todos lo miraran al salir de las aguas. No podría impedirlo, no enfrentando a un hombre recio tan fuerte de carácter como su suegro. Este sabía cuando tomaba demasiado vuelo en su mente, actuando desafiante, así que, de tarde en tarde, lo abordaba, tomaba y reducía a la condición de “su otra nena” caliente.

NON SANTO

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Me dicen, y cuesta creer que la gente sea tan… osada, que muchas están en Facebook. Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

NOTA 2: No, en serio, ¿el blog se ha vuelto puros cuentos de control?

ADECUADO

febrero 25, 2017

PRACTICA

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   Se tenía bien merecido lo que le pasaba, reconoce entre jadeos, por llegar disfrazado como el enemigo de moda de Batman…

FAMA

Julio César.

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN… 8

febrero 25, 2017

LOS MEJORADOS JARED Y JENSEN                         … 7

De Sonia.

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   ¡Ni me mires!

   Nada más destrozar el móvil contra una pared del edificio cercano, alterado por la conversación con Jared (y que extraño era pensarle por su nombre, como si ya le conociera), y después de convencerse de lo inútil que le resultaría intentar comunicarse con alguien, Jensen sabe que debe moverse. Seguramente habían satélites y helicópteros, tropas y perros buscándole ya, por su crimen, se dice agitado, tembloroso; más asustado e impotente que rabioso. Se cubre la cabeza con la capucha del saco y baja los hombros, así como la mirada. Tenía que desaparecer, escapar o terminaría encerrado, su cerebro llenándose de imágenes y colores dolorosos. Medio ríe, agitado; si, los colores podían lastimar. Se detiene bruscamente, casi en los suburbios: su familia.

   No podía sencillamente desaparecer, cuidar únicamente de su pellejo. Jared le dijo que iría tras ellos. Y en su mente llena de pánico, las palabras del otro las recuerda ominosas, amenazantes. Él los buscaría y los encerraría, haciéndoles pagar el haberle ocultado del estado. Su pecho sube y baja, los ojos le arden: había destruido a su familia. Finalmente iba a ocurrir aquello que temía desde la tarde que les vio tan agitados, después de regresar de la reunión con la señorita Alba, en la escuela, cuando debieron dejarlo todo y huir. Cuando su padre le dijo que no le contara a nadie que era diferente… Algo tan grave que le pondría en peligro. Y a todos.

   Ahora Jared los buscaría, los cazaría y los detendría. El rostro se le crispa, casi parece a punto de llorar. Imagina a su madre siendo separada de su padre, encerrada, sola, lejos del hombre con el cual ha compartido buena parte de su vida. Y su hermana, y Josh… No nota que camina con pasos vacilantes hacia la carretera, no hasta que fija la mirada en un autobús que se acerca. Sería tan fácil hacerlo. Arrojarse a su paso, un golpe seco, fuerte, y todo habría terminado. No más angustia, ni miedo de ser descubierto, dejar de ser una causa de peligro para su gente. Pero, ¿serviría de algo? ¿Dejarían de buscar a los otros si Jared llegaba a un depósito y encontraba su cuerpo sin vida sobre una camilla? No, no puede. Sabe que si lo hiciera, sería por él, para dejar de sentir, de ser, no por ellos. El problema de los Ackles continuaría. Toda clase de ideas oscuras, asfixiantes y aterradoras le alcanzan, paralizándole. ¿Estaría necesitando de los bloqueadores?

   Se detiene bruscamente, dando media vuelta y alejándose del borde de la carretera, el autobús pasando a su lado a gran velocidad, bañándole con su brisa. Debía contactarles. A los suyos. Pero, primero, salir de allí, del área bloqueada. Es cuando se tensa, no alza la mirada, como uno que otro transeúnte, porque sabe que el sonido crepitante que se acerca es un helicóptero. Seguramente militar. Debía alejarse con cuidado, sin llamar la atención. Poner distancia del castaño alto. Jadea de dolor y se tensa, la idea, alejarse de Jared, le produce un pequeño pero taladrante dolor sobre su ceja derecha. Y pierde algo de visibilidad cuando se incrementa agudamente. Parpadea con los ojos llorosos mientras se aleja.

……

   La estación Gascón parece más una academia militar que una base operacional, dada su entrada amplia, resguardada con una simple vaya y dos enormes uniformados, que ni armas portan (aparentemente), con jardines cuidadosamente presentados, aros de básquet aquí y allá, grupos de jóvenes trotando o ejercitándose de una manera que no parece muy exigida. La mole del teatro, así como el dispensario médico es lo primero que se observa al llegar, y es tranquilizador. Más allá está el edificio sede, con sus gimnasios, armerías, comedores, dormitorios. Hacia el suyo se dirigió Jared Padalecki nada más al llegar, aunque sabía que debía presentarse ante el coronel Herrmann y la doctora Douglas. Pero no pudo hacer otra cosa, no con el lacerante dolor de cabeza que le comenzó al perder de vista a Jensen, y el cual no ha hecho otra cosa sino incrementarse.

   Con el rostro ligeramente crispado, entró, cruzando la palma sobre el sensor de la iluminación, la cual encendía automáticamente al atravesar la puerta, bajando su intensidad. En su vida abierta, alegre, voluntariosa aunque también frenética e impaciente a veces, un dolor de cabeza era extraño, así como el sentimiento generalizado de abatimiento, disgusto y melancolía. Imagina, porque no es algo que de lo que haya escuchado hablar a nadie, o experimentado, que tiene que ver con su encuentro con el rubio. Y evocarle, recordar su rostro, sus labios, el “sueño” y su posterior fuga, le irrita enormemente, aumentando su malestar físico. Se deja caer sentado en el camastro y rebusca en sus gavetas de noche, deteniéndose. No, no quiere ningún analgésico, intuye que únicamente disimularía los síntomas. Tampoco su bloqueadores, aunque mira los frascos. Le sentaba mal usarlos… sabiendo que Jensen no tenía los suyos, por irregulares o poco confiables que fueran. Se echa hacia atrás, contra la pared, respirando pesadamente, sintiéndose más inconforme al recorrer con la vista su propia pieza. No está tan ordenada como debería, y eso que cada cosa estaba en su lugar. No era tan detallista como Sandy o Jon. Dios, cómo le habría gustado quedarse con el gafete de Jensen, para mirar su imagen (evocarla le alivia por un segundo, antes de que la ira por su escape, sustituya el efecto); podría procurarse una copia con su móvil, pero no quiere complicar su situación si le monitoreaban. Imágenes, fotos. Frunce el ceño, no tenía retratos de su familia allí. Los amaba, pero…

   Cierra los ojos buscando alivio de la desagradable y pulsante cuchilla que tasajea su cerebro. Pero en cuanto lo hace, nuca contra la pared, siente una extraña sensación de laxitud, todo su cuerpo parece relajase de manera alarmante, aunque no lo pretendiera. Y… le parecía elevarse, en ese mundo de oscuridad tras sus parpados, sintiendo que sube y sube, alejándose. Cuando abre los ojos no le sorprende realmente “no encontrarse” en su habitación. No reconoce el lugar, es una calle estrecha, algo sucia y solitaria, sólo se perfila él mismo y los contornos borroso de todo lo demás, como si fuera un telón de fondo no dibujado completamente aún. Un sonido le llega de un callejón cercano, una calle ciega que termina en un muro alto, con algunos contenedores de basura. Algo le empuja en esa dirección, tal vez escuchar aquel jadeo lento. No le sorprende, no realmente, cuando se desplaza y encuentra a Jensen, cubriéndose de vistas indiscretas tras uno de los contendedores. Caído en el suelo, de culo, la capucha del saco sobre la cabeza y la frente, los ojos cerrados fuertemente, una mano sobre la parte derecha de su rostro. Parecía sufrir tanto que el corazón del joven castaño se llena de pesar y ansiedad. Quiere ayudarle, protegerle, sostenerle. Apartarle de todo ese padecimiento.

   -¿Jensen? –le sobresalta, la mirada que le lanza al alzar el rostro, ojos entrecerrados, le lastima. El rubio estaba sufriendo seguramente del mismo malestar que le atormentaba a él. Verle jadear, intentar alejarse arrastrándose un poco, le altera.

   -Déjame… -grazna ronco, llevándose unos dedos temblorosos a la sien.

   -Estás sufriendo. Mucho. Déjame ayudarte. –le pide, mirándole suplicante. Ni por un segundo se le ocurre intentar retenerle a la fuerza. Porque sabe que no funcionaría en ese plano. ¿O sí?

   -Sólo… déjame en paz. Quiero estar a solas. Volver a como era antes, esta mañana, hace hora y media; antes de conocerte. –entrecierra más los ojos, como si la luminosidad del borroso escenario le produjera más dolor en la cabeza.- ¡¿Qué haces?!

   Mierda, piensa el castaño sin responder, alzando una de sus largas piernas y casi cruzando sobre ese Jensen sentado, cayendo él mismo, de culo, tras el rubio, al que aloja entre sus extremidades extendidas, reteniéndole por las manos cuando este intenta alejarse.

   -Shhh… Tranquilo, Jen… Tranquilo. Debes saber que nunca te haría daño. –le explica, reteniéndole suavemente, atrayéndole contra su cuerpo, acunándole con él.- Pasará. Ese dolor pasará. –le asegura, cerrando los ojos, apoyando la barbilla en la ardiente nuca bajo la capucha. Todo el cuerpo del rubio tiembla.- Shhh… -intenta tranquilizarle con el sonido.

   Siente como se tensa, el cómo se resiste, pero no le importa, se queda allí, estrechándole confortablemente, las manos abiertas sobre las suyas, rodeándole con los brazos, notando su sudor frío, sus temblores, y cierra más el abrazo. Hasta que él mismo se tensa un poco y abre los ojos. El rubio parece relajarse finalmente, sus temblores disminuyen. Y echa la cabeza hacia atrás, recostándola de su hombro, algo que le deja sin aliento. Nota como la espalda misma del pecoso cae contra su pecho, y no puede evitar sonreír, ligeramente emocionado por lograr que confiara en él. Ni puede evitar volver un poco el rostro, apoyando la mejilla a un lado de la nuca cubierta. Y lucha, en serio que lo hace porque no quiere arruinar el momento, pero sabe que se está excitando bajo su pantalón, y que pronto sería muy evidente, y aspira lenta y profundamente ese olor que parece habérsele metido entre los huesos, embriagándole.

CONTINÚA … 9

Julio César (no es mía).

SAM, DEAN Y EL PRINCIPE MALDITO; 12×12

febrero 25, 2017

SOBRE DEAN; 11×12

   ¡Y un Winchester confía en ellos!

   Les juro que me preocupó el episodio doce de esta doceava temporada de Supernatural. Por un segundo, por un instante amargo y furioso, pensé que matarían a Castiel y que saldrían de él; que Misha Collins nos decía adiós. Por lo demás, el episodio me encantó. Pero, como saben, es algo que casi siempre digo.

   Mientras cazan a un demonio, el cual se revela terrible e implacable, el programa presenta la acción desde diferentes puntos de vistas, regresando en algunas escenas y complementando otras, lo que lo hacía algo incómodo, pero también intrigante. Por la forma de presentar la fotografía, y la música, uno sabía que aquello parecía una parodia de Tiempos Violentos, cosa que me agradó una barbaridad. Siempre me ha gustado esto, ese abierto guiño a otros trabajos, desde El Día de la Marmota, presentado en la tercera temporada, el día que no acaba sino que se repetía y repetía, cuando Dean moría una y otra vez, a Volver al Futuro, cuando este conoce a sus padres jovencitos; y la tercera de la franquicia cuando, junto a Sam, viaja al viejo Oeste por el Fénix; o la espada en la piedra cuando los dragones. Igualmente aquello que había escapado en los años treinta del Purgatorio, un saludo a los cuentos de H. P. Lovecraft. Por no hablar de la cuarta pared destruida, con los libros Supernatural, las convenciones (tema que debería ser retomado de tarde en tarde porque es divertido), los escritores de Wincests, a cuando son actores de un show tonto, unos tales Jensen, Jared y aparece un loco llamado Misha. Aunque todo es disparatado, resulta. Y este episodio, estilo Tarantino, quedó igual. Quien, por lo demás, lo merece. Tiempos Violentos y Kill Bill las veo aún de tarde en tarde.

   ¿Lo más notable del episodio?, ahora es Mary le guarda secretos a sus hijos, cosa que molestó a una amiga mía, a la que no le paro mucho. A ella, cualquiera que esté en la foto con Sam y Dean, le sobra. ¿Qué puede haber más dramático que Sam ocultándole algo a Dean, o este al otro, y ahora con Mary a los hijos? Especialmente porque sabemos cómo acabará, con el insuperable momento de los gritos, reclamos y separaciones temporales. Una y otra vez eso ha sido el motor de la acción del programa, de lo contrario sería Plaza Sésamo, y ni siquiera Jensen Ackles y Jared Padalecki pueden mantener en señal una serie donde no pasa nada. No entiendo cuál es el problema con esto de los secretos. Claro, nos molestamos con los personajes por todo el dolor que provocaban, como seguramente será malo cuando todo le estalle a Mary en la cara, pero de otra manera ¿qué vamos a ver? Y eso que tengo una crítica sobre esto, pero lo dejo para luego.

   ¿Y este Príncipe del Infierno que se sacaron de un cajón? Vaya que era poderoso, y la pregunta cabe, ¿dónde estuvo o que hacía durante el alzamiento de Lucifer, el Apocalipsis, la fuga de este y todo lo demás? La explicación de que quiere que lo dejen en paz, al igual que sus hermanos, podría entenderse. Caín también deseaba eso, que lo dejaran tranquilo, buscarle fue necesario para matar a la terrible Abaddon, pero la cosa se puso fea después. Como suele ocurrir con el programa. Y este sabe sacarse estos personajes, después de monstruos, fantasmas y demonios, Supernatural nos salió con ángeles y arcángeles, con Lucifer y los Jinetes del Apocalipsis incluidos. Cuando parecía que todo estaba dicho, ¿qué más iban a esgrimir como “terrible peligro”?, llegaba Eva, madre de todos los monstruos, con el Purgatorio a cuesta, después los leviatanes, más tarde la misma Abaddon, una de los Caballeros del Infierno, los nazis, y Caín, el primer demonio, luego Dios y la hermana. Ahora les toca en turno a estos. Y este, repito, era poderoso. Por cierto, que el nombre de la hermana, Dagon, me recordó otra vez a un personaje de Lovecraft, una deidad terrible, maligna y antigua.

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   El inicio del programa, todos en esa mesa, Sam, Dean, Mary, Castiel y ese cazador ocasional que les pide ayuda, con las risas y comentarios, me recordó cada salida con amigos a quienes tenía tiempo sin ver. Hasta las frases. Fue jocoso ver los apuros de Castiel oliendo a la camarera, que le hacía ojitos. Cómo ha pasado tiempo desde los días de Castidad, la joven aquella en la cuarta temporada con la cual Dean quería que este perdiera su inocencia. Y el pecoso allí, apoyándole como ahora, deseando que se divierta.

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   Bien, la cosa sería difícil de contar por la forma en la cual fue presentada en pantalla, pero comenzando sabíamos que algo tenía que ver con los desagradables Hombres de Letras ingleses. Iniciando por allí. Lo que fue un error, cuando se nota que Mary oculta algo, y que conspira, sabemos que es con ellos. La mujer necesita quitarle algo a un demonio y no quiere pedirles ayuda directamente a los hijos y a Castiel, para que no le hagan preguntas que no quiere contestar, así que se vale de otro cazador al que conoce. Y la pandilla acude. Van y tienden las trampas, pero el usado por Mary, muere.

   Llega ese tipo, Ramiel, y es terrible, hiriendo incluso a Castiel, con esa lanza que ya uno imaginaba era la que aparecía representada en los cuadros cuando el arcángel San Miguel lucha contra el Diablo. Mary le salva al arrollarlo con una camioneta.

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   Pero el ángel agoniza, Crowley aparece para explicarles el error que cometieron, que ese tipo es uno de los Príncipes del Infierno, una de las primeras creaciones de Lucifer. Aunque imaginábamos que entre los primeros demonios estaban Caín y Lilith, ahora sabemos que existen estos, de una casta especial a la cual también pertenecía Ojos Amarillos, Azazel, un fanático de Lucifer.

   Estos se apartaron de la batalla, tanto que cuando cae Lucifer, y Alastair y Lilith están muertos, Crowley le busca y le propone que tome el trono libre del Infierno, llevando obsequios para que no se moleste (aquello que Mary tiene que robar); este no acepta y casi le obliga a tomar el título de rey, eso sí, siempre y cuando nunca vaya nadie a molestarle de nuevo o lo pagará.

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   La tensión fue buena, Castiel sufre, Dean y Sam se niegan a abandonarle cuando este les dice que es lo mejor, que sabe que no será por falta de amor, porque saben que lo quieren como él a ellos, que ahora son su familia, pero que deben irse y continuar viviendo para pelear otro día (y justo ahí creí que le sacarían del programa). Balbuceante, mal, diciendo que lo distraerá todo el tiempo que pueda para que escapen, fue tan intenso como heroico. Digno de Dean. Pero estos persisten en la tesis Winchester, no le dejarán y lucharan porque saben que el Príncipe va por ellos. Era una tontería imaginar que se irían, especialmente Dean. Llega Ramiel, pelean con todo lo que tienen y fue una buena pelea. De las mejores que se ha visto en tiempo, todos golpeando, todos cayendo y levantándose otra vez, incluida Mary. Pero antes ocurre lo extraño del episodio, Ramiel quiere que le devuelvan lo robado, y si lo hacen tal vez les deje ir, de lo contrario les matará a todos, y Mary calla. Está a punto de acabar con todos y ella guarda silencio.

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   Fue el único punto oscuro de toda la historia, porque del resto todos pelearon, hasta Crowley. Como suele ocurrir, en un descuido al Príncipe se le cae la lanza y con ella le matan. Aunque ni tanto, todos le estaban dando, recibían pero también golpeaban, y Sam ejecutó una maniobra brillante, complementada por Mary, pudiendo acabarle al fin con la lanza.

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   Castiel agoniza, la despedida llega, estaba yo muy tenso, y Crowley salva la situación.

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   Las caras de todos mirándole, como no pudiendo creérselo, fue todo un poema. Y este, contrario a su naturaleza, no esperó alabanzas sino que desapareció. Y quedaban todos esos sobreentendidos, y preguntas.

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   Mary, sin producir sorpresas, va con Ketch, el supuesto maniático dentro de las filas de los Hombres de Letras ingleses, a llevarle lo robado, pero está furiosa por lo peligroso del ser que enfrentaron. Este se disculpa diciendo que no tenían la información completa. A ella eso no le basta, “uno” de sus chicos casi muere. Y entendemos que para la mujer ya Castiel, quien salvó a sus hijos, o a ella misma, del pacto con Billie, y ahora cuando la ayuda en recuperar eso que oculta, pasó a convertirse en familia. Otro de sus chicos. ¿Qué robó para Ketch?, la Colt. La vieja y maravillosa Colt está de vuelta. El artefacto que mata cualquier cosa, excepto cinco. Lucifer era uno, los otros cuatros imaginábamos que eran los Jinetes del Apocalipsis; que eso no podía pararse matando a estos con el arma, ¿será que van a salirnos con otro ser más poderoso para el cual necesitan el arma? Por cierto, ni ella ni su padre creían en eso, fue Dean quien les mostró que era real cuando quiso cambiar el pasado.

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   Crowley también la busca, por alguna razón (¿contra el futuro hijo de Lucifer?), mientras en una jaula, el Lucifer encarnado por Mark Pellegrino, se burla de él, advirtiéndole que los Winchester, tarde o temprano irán por él, pasando a una toma impresionante de sus ojos en rojo. Y esto me gustó, Lucifer es un gran personaje, pero, hay que reconocerlo, cuando está encarnado por Pellegrino. ¿A santo de qué le traerán otra vez? Esperemos que no vuelva a escapar, pero estando por nacerle un hijo y contando con la obediencia de tantos demonios que aún le son fieles…

COSAS DE FAMILIAS SOBRENATURALES; 13×12 Y 14×12

Julio César.

PENOSOTE

febrero 25, 2017

EGOISTA

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   -¿Que quieres pasarme la lengua por dónde? Bueno… dale…

PREOCUPADO

Julio César.