LADY MACABRA, LA FUNCIONARIA SEÑALADA

mayo 9, 2015

RADIO COMUNITARIA

JOVEN Y MUSCULOSO EN SUSPENSORIO

   ¡Y lo hace por televisión!

   La siniestra dama, inquieta, espera en la antesala del Gran Teatro del Terror (una covacha con cuatro paredes mal montadas que costó sopotocientos millones de dólares). Ha sido llamada. A un acto público con el Comandante Platanote. Traga en seco sospechando lo peor, sabiéndoles cobardes y ñemeros, teme una traición. Ha sido la fiscal emblemática del régimen, a quien se le entregan los casos políticos para que los monte; su lema de “córtenle la cabeza”, sin mirar para los lados (¿evidencias o pruebas?, ¿eso con qué se come?), la había encumbrado. Ahora, en la lista mala del Imperio del Norte, teme que su propio pescuezo sea cortado para aligerar las tensiones. Tiembla de miedo, ¿y si le tocaba una fiscal como ella misma para “investigar” su caso? ¡Iba a terminar en la hoguera!, y no figurativamente. Tanto horror casi la hace llorar. Oye los aplausos de los presentes en la sala, parecía que los burros estaban más hambrientos que de costumbre y recibían de buen grado la paja loca que les lanzaban.

   -¡Lady Macabra! -la llaman y tiembla aún más.

   Se pasa las manos por el traje negro, arrepintiéndose de no haberse peinado antes de salir. Ya se imagina arrastrada por un pasillo largo rodeada de gente que gritaría “lero, lero, al candelero” (o tal vez no, ya no había oro para sobornar adeptos), esposada y expuesta a las miradas y maledicencia, como hacía ella misma, con otros, todos los días. Allí estaba el Comandante Platanote, el bigote temblándole. A su lado el descabellado segundón, con su gorrita de Duce y el aire altanero de quien no sabe ni lo que hace. Cosa que, por alguna razón que todo el mundo ignora, le enorgullece.

   -Pase, camarada. Pase… -le urge Platanote, volviéndose hacia la multitud.- Esta pobre mujer mal peinada, decente, proba, incuestionable, por ejercer su trabajo de manera ejemplar ha sido colocada en una lista de aberradas contra los derechos humanos. –se oye una cacofonía en el publico.- ¡Una infamia! –sonríe, intentando no pensar en exactamente cómo es que eso va a combatir el hampa o la escases, como le dice su mujer que ocurrirá.- Por eso la nombro Viceministra de… de… -trona dedos, intenta recordar, su mujer palidece en primera fila, el público suspira, la verdad es que tanta piratería… El falso Duce se le acerca y le susurra algo al oído, logrando que frunza el ceño.- ¡¿De qué?! –le susurra con más vehemencia, exasperado.- ¿Y esa vaina qué es? –más siseos feroces, conteniéndose cuando ve a la primera aguantadora llevarse una mano a la frente, golpeándose.- ¡Viceministra a cargo del corazón sangrante de tantas penurias causadas por la oligarquía a los pobrecitos de nosotros! –termina triunfal.

   La gente se mira dentro del público, pero aplauden y aúpan, ¿qué pueden hacer ya?

……

   Del otro lado del Gran Charco, Monedita, vocero de los contestatarios en la Madre Patria, que defiende a los financiadores del partido al cual pertenecía hasta hace poco, también se golpea la frente escuchando semejante disparate por televisión: ¿la fiscal que ataca a los enemigos políticos del régimen, la nombran Viceministra? ¿Acaso no era imparcial e independiente de toda militancia política? ¿Una fiscal gobiernera llevando los casos de los señalados como delincuentes por el Gobierno? ¡Qué locura! ¿Cómo se defendía a gente así?

Julio César.

GIFS DE CASAS COMERCIALES

mayo 9, 2015

INTERACCION HUMANA

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   Siempre le pasa cuando está desnudo en la tina, entra el marido de la hermana ofreciéndose a darle una mano… que acaba en una grata paja.

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   Dos panas del equipo que siempre juegan, mucho, pero que nunca lo invitan aunque se muere por una refregada.

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   Hay quienes se toman el trabajo de enseñarle a un joven cuñado lo duro de ciertos juegos… que más tarde terminan sobre una silla.

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   ¿Cómo hace el pobre entrenador para resistir las travesuras de sus atletas que no se detienen en nada hasta lograr dar una mamada?

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   -No, pana, por muy amigo de mi mujer que sea esto no puede ser. No te quiero de rodillas… otra vez. Te quiero en cuatro para la metida.

XXX

Julio César.

NOTA: En esas caras y esas marcas comerciales se ocultan todo un mundo de buen porno.

EL RESPONSABLE

mayo 9, 2015

UN MARIDO ESCARNECIDO

MARINE EBRIO Y MOJADO

   Desplegados y sin sus nenas, los marines ebrios se masturban y caen como muertos. Por suerte el Sargento les asea tragándose hasta la última gota.

DE RITUALES

Julio César.

DEAN, TODO UN DIABLILLO

mayo 9, 2015

AL FINAL DE LA PRIMAVERA

DEAN. TODO UN DEMONIO SEXY

   Tuvo su gancho…

   Aunque ya todo esto ha sido muy visto por los fans del programa, que si lo son, fans, deben haberlo sintonizado aunque estuvieran molestos con esta o aquella trama, dada mi naturaleza maniática y obsesiva debo agregar algo, ahora que por fin esa mugre del Canal Warner ha decidido transmitir, regularmente cada semana y a un horario decente, la décima temporada de SUPERNATURAL, después de haber malbaratado las dos anteriores. Por lo general no he visto nada de esta temporada por el mal funcionamiento de la página que usaba. Anoche sintonicé: 10×01 – BLACK. Y me gustó de entrada. Bueno, casi todo. Me gustó que aparecieran esos dos nombres en los protagónicos, justo a Jared y Jensen: Misha Collins y Mark Sheppard. Cosa rara, aunque las tomas del intro estuvieron muy buenas, la canción no me agradó como la de otros años.

DEAN, ES SEXY

   La trama fue dispersa, Dean se divierte con Crowley, siguiendo exactamente donde terminó la novena temporada, cuando el Rey del Infierno le dice que salgan a aullarle a la luna; Sam buscándole; y Castiel con su drama de los ángeles caídos todavía, que fue, como suele ser, la parte más aburrida de todo. Y desaprovechada, que el programa no supiera qué hacer con la idea de los ángeles en la Tierra fue vergonzoso.

   ¿No era adorable ese Dean sinvergüenza, que cantaba karaoke?, ese tema de lo sexy que es, fue genial (tema que todos chulean, hasta en Casado con Hijos), bebiendo y teniendo sexo, todo desaforado. Un Dean más Dean. Aunque era extraño saber que compartía cuarto con Crowley, como hacía con Sam, incluso el intercambio de puyas que se lanzan cuando el Rey del Infierno le encuentra teniendo sexo en su cama y luego se pone de pie, hablando, sin pantalones. Era tan Dean, y sin embargo, era un demonio, uno bajo control porque le dejaba salir de tarde en tarde usando la espada de Caín.

SAM BUSCA

   Sam buscándole, torturando demonios, fue inquietante. Verle llegar y ver el video del tipo mirando porno que es atacado y que asesina salvajemente al otro, quedó bien. Notando en una de las tomas que Dean tenía los ojos negros. Foto de video que llegó a ese tipo que se ejercitaba como preparándose para una misión de guerra, perseguir a un sujeto peligroso; tan obsesionado con ello que cuando la esposa le pregunta si es quien busca, medio llora y sale. Lo que habla del tormento que debe haber sido para su vida de casada esa obsesión de su marido.

TRAVIS AARON WADE (COLE)

   Había algo en ese sujeto, Cole (Travis Aaron Wade), no sé, de espartano. Parece otro de esos tipos carismático que, en esta serie de hombres y de homo contexto no declarado aún, tanto gustan. Cuando golpea y atrapa a un Sam que tiene un brazo lastimado (la trama dice que fue por una cacería mal montada con Castiel, ¿qué le habrá pasado a Jared Padalecki en la vida real?, se accidenta mucho), le dice que sabe quién es y que conoce a Dean, que le sabe un monstruo y que ahora le está cazando. ¿Quién es y de dónde sale? Tocaba esperar. Pero me agradó, otro enemigo a tener en cuenta.

CASTIEL AGOTADO

   Castiel anda débil, su gracia robada se agota pero ha decidido no tomar la de nadie más, y así le encuentra Hannah, la mujer que luchó a su lado contra Metatron. Ella necesita que le ayude porque aunque casi todos los ángeles han regresado al Cielo, algunos se niegan, hay una pareja que incluso mató al ángel que fue a buscarle. No me gustó esta trama porque los ángeles son aburridos, exceptuando a Anna, Baltasar y Naomi. Castiel es adorable pero sólo brilla con Sam, con Crowley  en mayor medida, con Dean se le nota genial; pero la verdad es que no se vio nada bien en este asunto en particular.

CASTIEL Y HANNAH DE CACERIA

  Hannah, como representante del Cielo, actuaba con igual intransigencia que Rafael y Naomi, obligando a los otros a seguir una línea de conducta. Ese ángel que deseaba quedarse era racional, y Castiel debió simpatizar con su causa; mataron al que fue a imponerles una conducta porque no aceptó una negativa ni ellos se fiaban de la justicia del Cielo (nuevamente Rafael y Naomi). Que Castiel debiera matarle para salvar a Hannah, fue lo peor. Se ve que nuestro ángel está lleno de dudas, y también de debilidad, ¿morirá? Parece dispuesto.

DEAN Y LA MESERA EN LA CARRETERA

   Así como me gustó el Dean del principio, verle sacar después el cobre y la piedra falsa de bisutería barata fue desagradable. Se notaba que algo le pasaba cuando golpeaba terriblemente al tipo que le reclamaba algo a la mujer con quien se acostaba. A esta la trató feo, diciéndole que era tan sólo un tío que se acostaba con rameras a lo largo de la autopista, lo dijo cuando ella le insinuó que era un canalla al que quiso verle algo bueno. Lo que ella respondió a lo de “ramera”, que así de mal debe estar cuando siente que merecía esas palabras, fue grande. ¿Por qué las mujeres, y a veces algunos hombres, soportan tanto abuso de gente que piensan cambiarán o que creen en el fondo no son tan malos? Jamás lo entenderé, como no entendí a la chica lobo en aquel episodio donde los tres amigos se transforman, cuando ve evidencias de que el chico mató y devoró a alguien y se molestaba con el otro porque pretendía detenerle… protegiendo a la bestia. Por suerte las mujeres que conozco, en líneas generales, y las que me importan, no presentan esta debilidad de carácter.

CROWLEY Y DEAN, VAYA DEMONIOS

   No me gustó tampoco la manera en la que trató a Crowley, sin respeto, cuando supo que este era quien enviaba a los seguidores de Abaddon a perseguirle. Pero lo hacía para que dejara salir a la bestia y no terminara irremediablemente como demonio. Es obvio que el Rey del Infierno siente más aprecio por el cazador, con todo y ser el demonio jefe, que este nuevo diablo por él. Y la verdad es que el subtexto de homo relación estuvo presente en todo momento, desde la chica diciéndoles que se buscaran un cuarto de hotel, a Crowley urgiéndole a que hablan de su futuro, o cuando le echa en cara a Sam que lo que odia es que Dean ahora era suyo. El episodio pasó rápido sobre todo eso, pero vaya…

COLE ATRAPA A SAM

   Finalmente no me gustó ese Dean que enfrenta telefónicamente al sujeto que tiene cautivo a Sam, que lo intercambiará por él, y Dean se desentiende porque terminó con su hermano (y es cierto, jugó limpio, ahora es un demonio). No porque la trama fuera descabellada, sino por lo diferente que es (qué gran actor). Sabíamos que sería malo, un Dean oscuro, pero fue realmente una imagen odiosa. Para ser un primer episodio de temporada, ocurrieron pocas cosas, fue más como presentar un amplio abanico de subtramas, pero la verdad es que me gustó.

   Pero, después de todo, soy un fan, siempre me gustará.

DEAN WINCHESTER, ESE DEMONIO TRAVIESO

Julio César.

QUIEN BIEN TE CONOCE…

mayo 9, 2015

DESCUBIERTO

AMIGO LE REGALA HILO DENTAL A OTRO

   …Te disfruta… como amigo.

   -¡Coño! –estalla y ríe, señalándole.- ¿No y que no querías tangas ni hilos dentales porque te disgustan ya que no son cosas de machos? ¡Mírate! –grazna escandaloso, riendo otra vez, sin poder quitarle los ojos de encima.

   -¡Maricón! –replicó, rojo de cara, porque no podía negarlo, la evidencia de que le gustaba se elevaba ante sus miradas, pero molesto con el amigo que le regaló esa vaina y le retó a usarla.- ¡Deja de señalármela!, se pone dura, ya lo sé; mejor tócala que el recuerdo te durará más. –suelta y hay un incómodo silencio.

   -¿Puedo? –es el tímido aunque esperanzado ruego.

CUENTAME UN CUENTO

Julio César.

ENTRENAMIENTO ESPECIAL

mayo 7, 2015

¿SACRIFICIO?

MUSCLE COMICS GAY

    Se encargaba de los novatos con gran cuidado…

   Cada vez que un chico nuevo llegaba al equipo, el entrenador se lo dejaba a Sony, quien después de ponerles a trotar, levantar pesas, terminaba obligándole a hacer sentadillas, con su suspensorio, sobre sus piernas… No llevando él el suyo. Diariamente. Y el chico se esforzaba, gemía y se estremecía, arriba y abajo sin agotarse, amando su rutina, que no terminaba hasta que se tomaba todo un batido energético que, definitivamente, mejoraba su físico. Su cuerpo crecía, se expandía, y otros chicos, incluso sus amigos, ya lo notaban mientras lo tocaban y acariciaban, contribuyendo en su preparación con más inyectadas de proteínas.

FAMA Y EQUIPO GANADOR

Julio César.

BOXEO Y FUTBOL, VAYAS CHAFLAS

mayo 7, 2015

REGRESA MAD MAX

REAL MADRID DE CAPA CAIDA ANTE LA JUVENTUS

   El año va resultando de lo más extraño…

   Tanto esperar la fulana pelea Floyd Mayweather – Manny Pacquiao, la del siglo, y eso terminó LA PELEA DEL SIGLOsiendo un fastidioso encuentro de dos carajos cuidándose, con todo esmero, de no arriesgarse a un mal golpe que les produjera un daño cerebral comatoso que les incapacitara de disfrutar la boloña de dólares que iban a ganar independientemente del resultado. Fue, eso, aburrido. Ya Pacquiao comienza con las excusas, al menos su boca sigue ágil, ¿buscarán más plata? Pero si eso fue sorpresivo, por lo malo, el encuentro Real Madrid – Juventus F C, fue peor. Estaba la noche del lunes en un velorio, cumpliendo con amigos, y después de despotricar todo el mundo de la pelea, se decía del trámite fácil que les tocó al Madrid, riéndose de los problemas que los alemanes les presentarían al Barcelona, para que resultara que el juego donde no se ponía en dudas el triunfo, el Real Madrid lo pierde dos a una, complicándose la vida. ¿Qué ocurrió? Quién sabe, pero ahora todo sonará a justificaciones también.

EL DÍA DE LA VIRGEN LUSITANA

Julio César.

NOTA: Parece que al fin pegamos una. Una amiga me dice que ese canal de porquerías, Warner, está anunciando para comenzar, mañana, la décima temporada de Supernatural, con el Dean demonio. Veremos…

DE COSAS Y TIOS

mayo 7, 2015

INTERACCION HUMANA

UN MARINE EN SU HILO DENTAL CAMUFLAJEADO

   Al coronel le gusta inspeccionar a fondo las tropas… Y a estos les encantan sus manos.

DOS CHICOS BLANCOS BIEN ATENDIDOS

   Dos chicos blancos, compadres y casados, salen a buscar aventuras y afortunadamente encuentran lo que necesitaban.

UN HOMBRE OLIENDO SUSPENSORIOS

   Después de una práctica o un juego del equipo completo, al entrenador le parece que aspira las flores del cielo…

UNA GAY APUESTA PERDIDA

   Inocentemente lo apostó todo al Real Madrid… y se lo cobraron.

SEXY BAD MAN

   Te sonríe y dice, “ven, pasa, vamos a divertirnos”, desapareciendo tras una puerta que dice Club Entrada al Infierno, ¿irías?

GIFS DE CASAS COMERCIALES

Julio César.

LA FISCAL, LA CORRUPCION Y EL REINO MAGICO

mayo 7, 2015

VENEZUELA… UN NUEVO FRACASO

VIVEZA DE LOS ENCHUFADOS

   El mega guiso de los enchufados amparados.

   La semana pasada comenzó con la señora Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, anunciando que se investigaba a los alegres viajeros que solicitaron dólares después de tomarse el tiempo y la molestia de llenar sus carpetas, reunir el papeleros, pagar los dólares de su bolsillo, a ver si le salían y luego los negociaron para venderlo en el mercado negro, o a precio real del dólar como también se le conoce (la última maxidevaluación fue brutal). Los raspacupos, pues. Anunciaba la señora, con cara seria que debía guardar para mejores causas, ciento y algo de detenciones en esta “estafa a la nación que costó ocho millones de dólares”… Y es la misma Fiscal General de la República que se negó a investigar las valijas llenas de dólares que viajaban en avionetas del régimen, los dólares pagados en los alimentos perdidos en PUDREVAL, los dólares que usó cierto ministro en Brasil para llevar a la nana de sus hijos, eso por no hablar de los veinticinco mil millones de dólares robados en empresas de maletín en 2012, o las cuentas mil millonarias que se han descubierto en España y Andorra, que no investiga porque nadie se lo ha ordenado por televisión.

   Esos dólares, esos miles de millones, si no merecen ser investigados. Ella monta un circo con los ochos millones estos, donde especular con dólares, o robárselos, es delito cuando lo hace la gente ordinaria, pero toda una hazaña revolucionaria cuando lo hace su partido político. Con tan mala suerte, como siempre, que mientras montaba el templete de la lucha contra la corrupción, desde Ecuador llegaban las noticias de la mega estafa con unas compañías fantasmas para construir casas aquí, usando el manto del fulano “sucre”, moneda que se inventó el difunto Hugo Rafael Chávez Frías para ñemear con sus cómplices en el ALBA. Justo cuando ella parecía gallina deseando poner un huevo, pero no pudiendo, hablando de los raspacupos, estallaba aquello… que no le ha merecido no sólo una investigación, como todas las otras que no ha hecho, sino que ni siquiera le ha merecido un comentario.

   Perseguir a los pendejos, que hacían su cola y pagaban esos dólares de su bolsillos, mientras taparea con el impenetrable manto de la corrupción administrativa a la nomenclatura chavista-madurista, que se roba lo que no es de ellos, es lo que parece, y les molesta que se diga, pero no cuidan las formas. Por ahí hubo unas dizque declaraciones de la señora Mari Pili Hernández que cuesta creerlas, donde dice cosas horribles de esos raspacupos cuando ella lleva catorce años cubriendo entusiastamente la mega estafa a la nación con las divisas, mientras se llenaban a dos manos, a la vista del país, no le parecía feo, ahora sí. Pero así entienden la revolución, todo pa’ mí, nada pa’ ti. La verdad, o al menos la señora Fiscal debería fingir que lo piensa, es que o todos los delincuentes son investigados, o no lo es nadie. O esta señora debería tener más sentido común y no aparecer dando declaraciones tan francamente infelices. Eso de “es delito si lo haces tú, una epopeya digna de elogios cuando lo hago yo”, es lo que les ha llevado a ser vistos como una salvaje horda fascista.

   Es el rasero de la revolución, el país está en la carraplana después del más grande ingreso por conceptos petroleros de toda nuestra historia, sin real para comida, medicinas o repuestos, pero todo lo resolverá la señora persiguiendo a los raspacupos, porque esa es la tarea de la Fiscal General de la República, eso y sellar recibos en un estacionamiento. Es la realidad alterna que han montado sobre los problemas del país, sobre la corrupción que nos arruinó totalmente y el hampa reinando a sus anchas en las calles, decir tonterías sobre grupos muy puntuales de la población, satanizándoles y culpándoles de todos los males. Porque para eso queda la Fiscal General de la República de Narnia, además de correr con unicornios entre flores con caritas. Apartarse para no continuar contribuyendo con los miles de muertos al año a manos del hampa eso si no se le ocurre.

   ¿Qué los raspacupos cometieron un delito y deben ser sancionados? Sí, pero primero que se investigue quién se robó los casi novecientos mil millones de dólares por excedentes de los precios petroleros en catorce años, porque ese parece ser el problema ahora, no los horribles dizque viajeros que estafaron los ocho millones.

NICOLAS MADURO… ¿EL FIN DE LOS TIEMPOS?

Julio César.

JUEGOS ENTRE YERNOS Y SUEGROS

mayo 7, 2015

ABANDONO

MACHOTE EN MINITANGA

   Juguetón, Jaimito se lleva cosas de su suegro para que este, todo sonreído, vaya a buscarlas cada mañana, amenazándole con darle de nalgadas.

HOT

Julio César.

¿USADO O PREMIADO?

mayo 7, 2015

EL PELIGRO DE LAS ORGIAS

USADO Y GOZANDO

   Su jefe abusaba…

   …Prestándole a sus amigos, piensa mientras jadea y se estremece. No importó que le dijera, la primera vez que se vieron, que era heterosexual y que estaba casado, aquel hombre le arrojó de espaldas sobre el escritorio de su oficina, desnudándole de la cintura para abajo, dejándole los pantalones en los tobillos, tomándole con fuerza, cogiéndole duro, haciéndole correrse a mares, sin tocarse, sobre la camisa, el saco y la corbata, siendo escuchado por todos en el pasillo. Saliendo de allí con la fama ganada. Ese hombre le usaba cuando quería, y quería mucho. Luego premió a algún empleado dentro de la firma, por un buen trabajo realizado, dándole su culo. Más tarde llegaron sus amigos y allegados de negocios. Como este… socio y cuñado, el marido de la hermana del jefe. Quien nada más llegar al embarcadero le dijo “pela el culo”, llenándoselo en seguida con su güevo. Pero ¿cómo exige respeto si todo él delira mientras le culean con fuerza?

   ¿Cómo alegar que es todo un macho y que le avergüenza mirar a su esposa o a sus dos hijos cuando regresa en las tardes con el culo aporreado, si no puede controlarse y tan sólo suplica ser bien follado por las enormes y gruesas vergas que su jefe le lleva? ¿Un macho cuando su culo sufre espasmos sobre esos güevos que lo cogen a fondo, apretándolos para sentirlos latiendo, siendo recorrido por poderosa oleadas de lujuria mientras lo hace? ¿Engañaba a alguien con sus quejas si al ser llenado rotaba su culo sobre ese falo, moviéndolo para encontrar la manera de que le llegara más adentro?

   ¿Argüir que es todo un hombre sí cuando siente que los otros se tensan, listos para inundarle con leche espesa, su culo se activa y succiona de manera aún más intensa y de manera viciosa soñando ya con toda esa maravillosa carga de espermatozoides? ¿Un hombre que llega a su casa con el culo chorreándole semen?

   No, tal vez… no era tan heterosexual como él mismo creía.

TENTACION

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 19

mayo 6, 2015

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 18

MUSCLE SEXY BLACK

   -¿Se te antoja algo de lo que ves?

……

   Temblando un poco a pesar de su porte altivo y seguro (con su cuerpo y pinta puede permitírselo), Gregory Landaeta entra a ese atestado vagón de Metro. Muchos ojos se vuelven y lo recorren porque se ve realmente caliente, y eso le agrada. Cada quien vuelve a lo suyo, pendientes de sus vidas, y se queda a un lado de esa entrada, recorriéndolo todo con los ojos, cuando lo siente…

   Algo sorprendido baja la mirada, del asiento junto a la puerta, con el codo sobre el tubo de respaldo horizontal, un chico bastante joven mira indiferente al frente, vistiendo una camiseta de muchos colores y un bermudas a medias piernas, sus extremidades algo velludas se ven desarrolladas, como si practicara con la bicicleta. Pero es su codo lo que llama la atención del hombre negro… Ese codo, al tener el brazos sobre el tubo, choca ocasionalmente de su entrepiernas, con tanto tino que le pega en la silueta de la verga bajo el jeans. Se estremece.

   Joder, ¿qué pasaba? ¿Sería un accidente? Como fuera, no se aparta. Ni el joven aleja el codo, el cual continúa medio cepillándole sobre el pantalón, sutil, provocándole unas dulces cosquillas en las pelotas. Cuando el tren se agita al ganar velocidad, se mece hacia adelante, y el codo sigue firme. El joven no le mira, sus ojos están fijos en los asientos opuestos, oyendo música. El codo, por otra parte… bien, lo estaba moviendo. Gregory no se engaña, lo sabe. El joven hijo de perra estaba refregándole el entrepiernas, lenta y deliberadamente, disfrutando de ese contacto ocasional que podría pasar por fortuito en medio de tantas personas. De tantos ojos que podrían ver…

   La situación era extraña, caliente por peligrosa. Haciéndose el paisa, a pesar de todo, se medio echa hacia adelante recostándose un poco más. Y el codo sigue allí, presionando con mayor firmeza, un hombre contactando con otro, un codo contra un güevo; cuando los dedos del muchacho tamborilean sobre el tubo, los frotes se intensifican. Tragando saliva, Gregory desvía la mirada. En los asientos del otro lado del vagón, un poco frente al chico, en uno de los asientos del medio, un sujeto les mira, ceñudo, como sospechando algo. El Metro se detiene, gente sube y baja. Él no se mueve, el codo no se aparta. Aquel sujeto no deja de vigilarles. Ahora hay más personas en el vagón, y Gregory nota a un sujeto, también ceñudo, que a sus espaldas medio mira algo por encima de su hombro. Joder, la situación era cada vez más peligrosa. ¡Pero no se mueve!

   Suda algo frío, erizados los pelos de su nuca, consciente de la gente que sigue subiendo, el vagón está atestado, quien les miraba desde los asientos centrales ya no les enfoca. Arrancan y ese codo se mueve más, de ladito, recorriéndole la silueta del güevo, uno que comienza a despertar con fuerza. Y el chico sin mirarle. Temblando de calenturas, Gregory se tensa cuando una mano, blanca cobriza, se agarra del mismo tubo verticalizado de donde se sostiene él, un poco por encima de su mano.

   -Disculpe. –oye casi sobre su oreja la voz queda de quien pide permiso.

   Y un entrepiernas, decididamente masculino, donde destaca la consistente silueta de otra tranca, se pega de su trasero, de manera abierta, cubriéndole las nalgas. Gregory se tensa por un segundo, el vagón sigue su marcha, el codo frotándole fuerte, el tolete lo tiene duro, como duro se está poniendo el que tiene contra su culo, que se siente caliente a pesar de ambos juegos de ropas mientras se le refriega siguiendo el ritmo del vagón.

   Gregory Landaeta cierra los ojos, joder, otra vez, piensa, pero muy consciente de las frotadas que estaban dándole.

   Yamal Cova sonríe cruel, mirando a los ojos a su compinche, Quintín Requena, sentado de culo sobre la capota del auto mientras Bartolomé Santoro come de su güevo, con gula, con gemiditos ahogados al tiempo que el coloso negro le empala el redondo y rojizo culo con su pieza monumental.

   -Lo goza. –le informa Yamal a Quintín, como respondiendo a una pregunta que este no ha formulado, mirándole la cara pintarrajeada al catire.

   -Así parece… -sonríe el otro, incómodo, estremeciéndose bajo la mirada del compinche, bajando los ojos al ancho tórax y terminando en la cilíndrica pieza que sale y entra del culo de aquel sujeto bonito vestido de putita, que gime y se estremece todo mientras es cabalgado por un macho.

   -Lo goza como nunca creyó gozar algo en su vida. Todo el tiempo que estuvo sin saber cómo era, no vivió, tan sólo estuvo por allí.

   -¿Qué coño quieres decirme? –se agita, tragando cuando los rojos labios embarrados de Bartolomé le tragan la tranca hasta los pelos. Ordeñándosela con la garganta.

   Sin responderle de inmediato, calibrándole, Yamal se retira del culo depilado del tipo, centímetro a centímetro emerge la enorme pieza surcada de venas, amoratada, pulsante.

   -Ven acá. –le llama.

   -Compadre, ¿tú cómo que…? –intenta Quintín una defensa, casi molestarse por la insinuación. Se tensa cuando esos labios abandonan su verga dura, succionándola y apretándola a cada trozo del recorrido en su retirada.

   -Anda… -le susurra Bartolomé con una sonrisita morbosa, oscura.

   -Yo no…

   -¡Ven acá! –repite Yamal, algo más fuerte, clavándole la mirada, diciéndole sin palabras que sabe bien lo que le ocurre. Quintín ríe cascadamente, pero baja, desnudo de la cintura para abajo, muy convenientemente, su güevo cobrizo claro se balancea en la nada, manando algo de saliva por la mamada que recibía.- Tócala. –le ordena. Eso le impacta.

   -¿Te volviste loco? No voy…

   -Tócala. Sólo eso. Sólo tócala. –le apuntala, una enorme mano aferrándole por un hombro, sin presionar, sólo cayendo ahí, pesada, grande, masculina. Estremeciéndole, llevándole los ojos a la pieza de ébano.

   -Cova… -gimotea, como temeroso. La mirada del otro tipo, algo más alto, es implacable pero no agresiva.

  -Tócala y veremos qué ocurre. ¿No quieres saber de lo que eres capaz? –le reta, y no sólo a tocársela, el joven oriental cree entrever todo un mundo de posibilidades que le asustan. Y a un tiempo le atraen.

   Su ano tiembla un poco cuando cubre la distancia, mirándola agitado, los ojos de Yamal fijos en su rostro. También los de Bartolomé, que sonríe suave, casi adivinando el resultado. Ese güevo era una maravilla y el otro terminaría adorándolo. La cobriza mano rodea el tronco, sin tocar aún, quemándose, y la respiración se le hace más pesada. Le quema y eso que no lo ha atrapado. Su palma cae, sus dedos lo rodean, cierra en puño y jadea contenido, es una titánica pieza realmente dura, caliente, llena de sangre y de ganas, unas que se siente por la manera en que late. La toca, la mira, y le fascina la sensación. Nunca antes había tenido el güevo de otro tipo en su mano, ni se lo imaginó, la verdad sea dicha, pero…

   -Sóbalo. –oye, como desde muy lejos.

   Tembló, y bastante, cerrando más su puño sobre la dura pieza masculina, sintiéndolo horriblemente sucio, pero también excitante. Mucho. Mientras su palma y dedos van y vienen sobre la tiesa carne, que pulsa y quema, le gusta. Le gusta mucho. Y le masturba, fascinado, caliente, su puño yendo y viniendo sobre el güevo del otro, que le mira intensamente, adivinándole.

   -Acomódate, ahí…

   -Cova… -jadeó contenido, alarmado, pero sintiéndose débil.

  -Vamos. –le ordenó, ya sin miramientos.

   A veces había que besar a una chica para silenciarla, para hacerle entender que se comportaba irracional negándose lo que deseaba. También algunos tipos. Así que tomándole una mano le obligó a volverse, a inclinarse dejando caer las manos sobre la capota, separándole las piernas.

   -Cova… -repite de nuevo, un ruego, totalmente temeroso de lo que va a ocurrir. Tembló como un plato de gelatina cuando el otro se le tendió, la dura y gruesa verga presionada contra una de sus nalgas, poderosa y pulsante.

   -Tranquilo, te la meteré suavecito. Tu virginidad será bien tratada. –promete.

   Quintín no podía dejar de temblar, atrapado entre dos poderosas emociones, el miedo y la curiosidad, la excitación sexual, que no pocas veces había perdido a hombres mejores. Casi jadeó cuando un chorro caliente y espeso cayó entre sus peludas nalgas, que fueron más abiertas al ser separadas sus piernas por una rodilla de Yamal. La saliva, que de eso se trataba, cayó, resbalando lentamente, sobre su raja, y al llegar a su culo, las puntas de tres dedos grande la untaron, frotándolo, lento, una caricia íntima y prohibida. Angustiándole. Uno de los dedos penetra un poco, abriéndole un tanto, ensalivándole. Un nuevo escupitajo cae, sobre los dedos que frotan y el que penetra, y casi grita. El negro dedo se hunde en su culo peludo y cobrizo, robando su sello de estreno. Ese dedo que rota es incómodo, se siente extraño, pero se mete, hondo. Quintín lo siente agitarse en su interior y cuando se retira jadea algo aliviado, pero casi en seguida puja cuando regresa, acompañado de otro. Penetran, duele, gime, se tensa. Una mano de Yamal entra bajo su camisa, acariciándole y recorriéndole el torso. Los dedos invaden su culo, adentro y afuera, una y otra vez, tijereando en su interior.

   Quintín cierra los ojos y gime de una manera extraña, perlado el rostro de sudor y con la frente fruncida cuando tres dedos enroscados sobre sí, le penetran ahora. ¡Tres dedos largos y gruesos! Sus nalgas se tensan, el orificio en medio recibe los dedos del otro, y en todo momento, estremeciéndose con las idas y venidas por las cogidas de esos dedos que ahora recibía, de sus labios apretados escapaban leves jadeos.

   Dios, ¿qué estaba haciendo?, se preguntó alarmado y terriblemente caliente, Yamal Cova. ¿Cómo hacía eso? ¿Cómo le metía los dedos por el culo a otro carajo, a un taxista colega? No lo sabe, no entiende cuándo se dio el cambio en su vida, pero le encanta. Se siente grande, poderoso, todo un macho alfa mientras le pellizca las tetillas con una mano y con la otra le mete los tres dedos, ahora en hilera verticalizada, dentro del culo, abriéndolo, forzándolo, obligándole a gemir quedamente. Retira los dedos del agujero empegostado por la saliva, los pelos pegados, y la visión de ese culo de macho, tan distinto al de Bartolomé, le hace pulsar la verga, que suelta un chorrito de líquidos claros. De deseos. Quiere poseerlo. Ser el primero. Escupe sobre su mano y se ensaliva el güevo lentamente, lo siente algo sensible después de tanto coger el coño del chico en pantaletas, maravillándose de que Quintín se quede ahí, ¿esperando lo que viene?

   -Ábrete más de culo. –le ordena, para ver qué hacía, notando la nuca enrojecida del oriental, cuyas manos van, aferran sus nalgas y las separa.

   Dios, estaba entregado. Perdido de calenturas por esa rendición, Yamal se posiciona detrás del hombre, el güevo temblándole fuerte, de emoción, el glande babeando ante la visión del culo ofrecido. Apuntala la cabezota, frotándola del esfínter, los dos estremeciéndose. Era increíble saber que le tenía a disposición, y empujó, luchando, oyéndole gemir, tensando el rostro; los labios arrugados de ese culo van separándose poco a poco, cediéndole el paso. Empujando más, metiéndosela casi hasta la mitad, se detuvo oyéndole gemir y levantar la cabeza.

   -Duele…

   -Relájate, eso es por un rato, después te va a gustar; te la voy a meter suavecito. El primer güevo que un hombre te meta debe ser algo memorable. –le dice.

   El tolete se forza, lentamente, centímetro a centímetro, y Quintín tiene los ojos muy cerrados, dolía y ardía, casi jadea cuando Yamal se detiene otra vez, su culo imposiblemente abierto. Quiere que la saque, desea que… Esa mierda allí, quieta, pulsa y quema contra las paredes de su recto, y la sensación era mejor que con los dedos, descubre horrorizado.

   Sonriendo al sentir como esas entrañas le atrapan el güevo, Yamal continúa metiéndosela, sin detenerse, palmo a palmo, nuevamente la gruesa barra de carne negra va desapareciendo en el redondo y chico agujero de aquel virgen culo masculino. Con un golpe de caderas termina de clavársela, sonriendo cruel cuando siente esas entrañas estallar en candela, apretándole salvajemente, mientras un grito escapa de los labios de Quintín, cuya boca cubre con su mano, tendido sobre él, clavándosela todavía más.

   -Shhh… -le susurra.- Todo nacimiento duele, y ahora estás naciendo como hembra para los hombres.

   Y a Quintín todo se le eriza de espanto, adolorido, pero también caliente ante esas palabras. Estaba horriblemente lleno, desgarrado, grita entre dientes cuando unos diez centímetros de güevo salen y vuelven a clavarse. Cosa que se repite una y otra vez, sin detenerse, sin darle pausa. El oriental respira de forma febril, sintiéndolo, percibiéndolo, también lo de sus entrañas, que se calientan y mojan, que se adaptan y se pegan del tolete pulsante que lo coge. Yamal lo nota, sorprendido, pero también excitado, como siempre ocurre cuando, por una causa u otra, a un sujeto a quien se la meten, le gusta.

   Tendiéndose más sobre él, rodeándole el cuello con un brazo, sube y baja sus nalgas, empujando su grueso güevo sin piedad, sin miramientos ya, cepillándole frenéticamente la pepa del culo al otro, quien grita de dolor y placer, que se revuelve contra él, su culo apretando de manera salvaje, de sus boca abierta escapando jadeos y algo de baba. Oírle y sentirle estremecerse, calienta más al coloso negro, quien siente las llamas ardiendo con mayor fuerza en su interior, cogiéndole sin detenerse, teniéndole casi desmayado por el placer que le producen las nuevas sensaciones.

   -Sube, putita… -le grazna a Bartolomé, quien les mira con algo de abandono.- Sube para que te laman el clítoris.

   Y mientras es cogido, Quintín, sin saber ni lo que hace, no entiende, hasta que esas piernas torneadas y musculosas, dentro de la medias de nilón oscuro, se separan frente a él, la pantaleta cubriendo un güevo medio erecto.

   -Vamos, come… -le ruge Yamal, empujándole, y él obedeciendo sin pensar, abriendo la boca, de donde escapan gemidos, y cubriendo la silueta del tolete bajo la pantaleta. Y sentirla en la boca fue casi tan grato para él como lo fue para Bartolomé, aunque este hubiera preferido mil veces tener ese grueso tolete de color en sus ardientes entrañas.

   Sonriendo perverso, como lo hace todo carajo que nota que puede controlar sexualmente a otros, enloquecerles hasta tenerles delirante, intensifica la velocidad de sus embestidas, con su güevo cada vez más duro mientras es apretado y masajeado por ese recto estimulado. Un culito apretado y sedoso era el mejor estuche para su masculinidad. Y en ese momento no le importaba para nada que alguien pudiera llegar y sorprenderles.

   También se lo cogería.

……

   Momentos antes de ser prestado por su amo, por primera vez a sus amigos, Roberto Garantón gemía y se estremecía de manera totalmente entregada, de panza sobre las piernas de Hank Rommer, sus ojos cerrados, su boca abierta, el collar de perro alrededor de su cuello, su espalda ancha y recia estremeciéndose, agitándose los músculos bajo la piel oscura, su redondo culo, prominente, de nalgas firmes, casi se ve hasta la mitad, estando el muy ajustado y chico bóxer blanco algo bajo, no mucho, sólo sobre sus bolas que pegan del muslo del catire, pero si lo suficiente para que deje ver algo enterrado en su depilado agujero, un pequeño consolador tipo vibrador, encendido, estimulándole internamente, lanzándole descargas de placer en las paredes del recto, mientras una mano blanca y firme sube y baja, una y otra vez, azotándole de verdad, marcándole la piel, casi lastimándole, cosa que le obliga a revolverse, a contener griticos, atrapando y apretando el juguete en sus entrañas. Y al hacerlo, las vibraciones, y sus efectos, se intensifican.

   -¡Negro malo! ¡Negro malo! –le ruge el chico mientras le nalguea, con sonoras bofetadas, de una mejilla medio enrojecida a la otra.- ¿Quién te crees para resistirte, para oponerte a algo que te ordene? ¿Un hombre? No, eres un puto. ¡Un puto! –lo grita feamente, los ojos clavados en ese trasero firme, en ese consolador enterrado, oyéndole gemir.- ¡De rodillas! –gruñe feo.

   Mareado, tembloroso, jadeando, Roberto obedece, quedando de rodillas entre las piernas del chico en el sofá, con su bóxer algo bajo, el vibrador clavado, los ojos cayendo ávidamente sobre la gruesa silueta de la verga del muchacho bajo la tela del pantalón.

   -¿Tienes hambre, negro puto? –el tono es humillante y degradante, mientras le mira a los ojos, atrapándose en un puño el tolete. Roberto le mira agitado.

   -Si, amito.

CONTINÚA … 20

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 152

mayo 6, 2015

LUCHAS INTERNAS                         … 151

SEXY MAN

   Y todavía falta la historia de los chicos de la playa.

……

   Nada más ascender al poder, Aníbal López llamó a la jefa de personal, la señora Magda, y comenzaron los movimientos de última hora. Necesitaba cierto control que aún no tenía. No iba a cometer los errores en los que cayó el viejo Cardona cuando ascendió a la Presidencia de la República a la renuncia del jefe del régimen. Él no iba a dejar intacta a su alrededor a una “guardia de palacio”, fiel al otro. Una hora después de la junta, Jerry Arteaga volvió a La Torre, como segundo al mando en Personal. El competente y leal joven estaba radiante y feliz, y chilló como una putilla ante su ídolo de cine cuando se encontró con Mary Coello, quien lo recibió alegremente, como muchas otras personas dentro de la firma, en especial carajos que, a veces, se aburrían sin nada que hacer y extrañaban la hambrienta boca de Jerry sobre sus güevos, o su culo caliente, siempre deseoso de trancas enormes en cualquier rincón.

   José Serrano fue ascendido a jefe de Seguridad, y el abrazo que Jerry le dio al felicitarlo, le indicó que dentro de muy poco lo estaría enculando en el saloncito privado. Nelson Barrios fue invitado a renunciar y marcharse discretamente. El hombre intentó alegar inocencia, que nada sabía de las cosas que se hicieron, que sólo obedecía a Ricardo Gotta, pero de nada le valió. Cuando amenazó con llevar el asunto a los tribunales del Trabajo, Aníbal en persona lo enfrentó.

   -Es mejor que renuncies. Me aseguraré de que tu liquidación sea doble pero vete en silencio. Aunque, si quieres un escándalo, es posible que se te investigue en relación al atentado que Eric Roche sufrió una noche en ese callejón. Sabemos que fuiste tú quien manipuló el carro que lo obligó a volver esa noche cuando casi lo atropellan. Puede que lleve tiempo, pero encontraremos al conductor. Hay muchas descripciones suyas.

   El vigilante negó, gritó y pataleó, pero el final se fue, pensando que era mejor salir con lo que tenía y no enfrentar el poder de gente tan mierda que utilizaba a una pobre loca para salir de un tipo mierdoso también. Las asistentes de Ricardo también fueron liquidadas, y aunque lloraron y suplicaron, tuvieron que irse. Sólo Mary Coello se salvó, y eso porque era sabido de todos, el desprecio que sentía hacia su jefe, y porque Aníbal sabía que la joven, a veces, le pasaba informaciones a Ercilia Poletto y a Ibis Pachán, dos de las periodistas que asediaban al régimen; la joven pertenecía a esa secreta y solitaria la resistencia. Eso podía utilizarse más adelante.

   William Bandre le visitó, proponiéndole la compra de sus acciones, se marchaba de Caracas. Aunque Aníbal intentó seducirlo con mejoras, no logró convencerlo. En cambio, otros que querían quedarse, los socios minoritarios que contribuyeron más decididamente en los planes de Ricardo Gotta, fueron sacados y obligados a vender. Cecilio quedó dentro de un grupito que se salvó, pero su oportunidad de llegar a socio se esfumó, deprimiéndolo horriblemente. Aníbal, notándolo, le dijo que ahora podría empezar de nuevo, pero siendo uno de los suyos.

   Siguiendo esa onda de renovación, Sam se reunió con su asistente y le dijo que la sabía una agente de Ricardo Gotta, y que sí volvía a traicionarlo, la destruiría. Y ella, llorando de temor y gratitud, le creyó, jurándose a sí misma no caer nuevamente en esos errores.

   ¿Qué quedaba pendiente? Violeta lo sabía. Su marido y el amiguito de este. En ello, Aníbal también ayudaría, y de una manera definitiva.

   En la oficina del hombre, la mujer, tras su escritorio, saborea un café amargo, simple, sin extraños aromas perfumados. Y eso era raramente grato. Se ve inquieta a pesar de los buenos resultados de la junta. Porque recuerda su conversación con Frank, poco antes, cuando le reclamó su aventurilla con Nicolás Medina.

   -Debo irme, Violeta. -le gimió él, tenso como un tigre enjaulado, todavía mirando por donde el muchacho había salido. Ella lo miró con dureza.

   -¿A dónde quieres ir? O mejor, ¿a quién quieres ver? ¿A tu amiguito? ¿Qué pretendes, cariño? ¿Acaso te imaginas llegando a su lado, jurándole amor eterno y tomándolo en tus brazos como en Reto al Destino? -le vio enrojecer.

   -No lo entiendes.

   -Es el colmo, ¿acaso vas a decirme que realmente sientes algo más allá de una… sucia revolcada con otro hombre? ¿Qué te está pasando? Siempre has sido un garañón, un padrote. Sé que siempre me montabas los cuernos, pero, ¿con un hombre? ¿Qué te pasó? -le gritó con voz acerada, rugiendo, molesta, muy cerca de él.

   -No lo sé. No sé qué pasó. Y entiendo que no es lo que quieres oír, pero…

   -¿Qué no lo quiero oír? ¿Acaso porque me has estafado todos estos años?

   -Violeta, no sé cómo explicarte lo que siento, lo que me pasó, yo mismo no lo entiendo.

   -¡Que eres un maricón!, eso pasó. El gran Franklin Caracciolo, el machote… el que se llevaba a todas a la cama, resultó sólo un buen marica. –le lanzó toda su frustración a la cara, recibiendo a cambio una mirada feroz, y por un momento hasta temió que sería atacada. Pero le vio tragar, controlarse, algo que nunca antes hacía.

   -Lo siento, entiendo que me estés odiando ahora. -y va hacia la puerta.

   -No puedes irte así, sin explicármelo, sin darme razones. –le vio detenerse, mirarla torturado.

   -Sé que no me crees, y no te culpo, nunca he sido digno de confianza. Tú lo sabes mejor que la mayoría… pero daría muchas cosas por no lastimarte. No así. Créeme. Incluso daría muchas más por no sentir lo que siento… -enrojeció más, buscando en la alfombra alguna respuesta.- Y al mismo tiempo… Joder, pensar en Nicolás… me llena de unas ganas de vivir y sentir que nunca antes había experimentado. Y me asusta, porque me siento loco, como si cometiera disparates; pero al mismo tiempo… -la miró con vergüenza.- …Quiero cometer esas locuras. Con… él. Pensarlo me eriza, me estimula. Y quiero… correr a su lado. –terminó casi sin voz. Impactándola feamente.

   -¿Y yo?

   -Perdóname, si puedes.

   -¿Estás…? ¿Acaso está proponiéndome una separación? –sonó tan desconcertada como lo parecía él mismo, aunque ella se veía más alarmada.

   -Yo… no lo sé. No puedo pensar en otra cosa como no sea buscarle, explicarle mi verdad. Para que deje de odiarme en estos momentos. Pensar que lo hace, que me detesta, es… -no encontraba palabras. La miro otra vez.- Perdóname.

   -No quiero que lo sientas ni que salgas por esa puerta. Quiero que dejes toda esta mierda atrás. Franklin, concéntrate, serénate. Sé que no eres así. -le rugió con voz ronca.- Ese chiquillo tiene que haberte hecho algo. Es su culpa. Seguro que así se gana la vida, enredando carajos. Vuelve a Niza, con tu familia. Vete ahora. Yo iré pronto y olvidaremos todo esto. Dejaremos todo esto atrás. Nunca más hablaremos al respecto, no tenemos que contárselo a nadie. Y te juro que lo olvidaremos. Será como si esta… porquería nunca hubiera pasado. -sonó despectiva y a un tiempo amigable.- Esa basurita no volverá a hacerte daño. -con un gruñido, el enorme catire la atrapó por los hombros.

   -¡No hables de él de esa manera! Él no me hizo nada. Fui yo quien lo persiguió y hostilizó. Fui yo quien me encapriché y lo asedié. Fui yo quien lo seduje.

   -Es un vividor. Un gigoló.

   -¡Cállate! -le gritó.- No sabes de lo que estás hablando. Y yo no puedo hacértelo entender. No sé qué decirte, ni cómo decírtelo o… Lo siento, Violeta. Ni yo sé qué me pasó… -fue nuevamente hacia la puerta y salió, aunque ella lo llamó, furiosa, temblando de rabia.

   Fue en ese momento cuando la mujer decidió castigar a Norma Cabrera de Roche. Y ahora… Los negros pensamientos son interrumpidos por la puerta que se abre con un estrépito, enmarcando a un furioso Franklin Caracciolo, quien la mira con una vena palpitándole en la sien derecha.

   -¿Qué coño estás haciendo? -ruge entrando y cerrando la puerta de un golpe tal que casi la saca del marco; por un momento pareció el Frank de siempre, el coño’e madre que avasallaba a todos.

   -¿Qué parece que hago? Tomo café y espero a mi marido que debe haber estado viendo a su segundo frente, una institución tan machista y venezolana. Aunque no tan convencional, ¿no es así? ¿Cómo está el chiquillo ese? -él abre la boca para gritarle algo, cohibido y apenado pero arrecho, y ella levanta una mano.- Ay no, mejor no me cuentes, no me vaya a privar. Seguro que termino como una lesbiana por tu culpa.

   -Déjate de idioteces, Violeta, y sabes de qué hablo. ¿Cómo te atreviste a cuadrar una alianza en nombre de los Caracciolo con Aníbal López? ¡Yo soy la cabeza de la firma ahora! -le grita.

   -No eres más que un cabeza de… -ruge, conteniéndose a duras penas. ¡Frank

Estaba molestándola tanto!- Tú manejas las acciones de los Caracciolo, pero no eres Manuel Caracciolo, quien es el jefe último del clan. Recuérdalo siempre. -es tajante, sonriendo torcida, viéndolo acusar el golpe, enderezando los recios hombros.

   -¿Hablaste con papá? –casi grazna, ella deja la taza, lentamente.

   -Si, aunque no descubrí tu pequeño y muy sucio secretito. Fueron negocios. Y  tu padre me pidió que actuara… a favor de La Torre. No debemos destruirla… todavía.

   -¡No te metas! -le grita.- Ya estaba a punto de acabar con la firma y con los Roche, de quitarles todo. Iba a liquidar los bienes y propiedades, a convertirlos en dólares y euros e irme a Niza. Aquí ya no hay futuro. Este país está condenado, su gente lo condenó a ser una gigantesca, sucia y miserable prisión.

   -Los planes cambiaron. -replica fría, parándose y yendo a su lado.- Ahora hay otras prioridades, pero estoy muy cansada para contártelo. El viaje fue largo, encontrarme con tu amante homosexual en nuestro apartamento fue duro, la junta no fue fácil. Estoy muerta de agotamiento, y no tengo ni ánimos ni ganas de intentar meter nada en esa piedrita que tienes por cerebro. -y con un dedo le da en la frente, en forma insolente como nunca nadie hizo.

   -¡Maldita puta! -le ruge perdiendo todo el control, atrapándole esa mano y apretándola.- No juegues conmigo, Violeta. Ni tú ni Aníbal pueden conmigo. Entiende eso. Nadie me dice qué hacer, jamás. Ni papá. -ella ríe divertida y burlona, desconcertándole.

   -Como dices tonterías, cariño. Norma ha estado manejándote a su antojo desde que regresaste al país, obligándote a hacer cosas que tú ni te imaginas. -suelta veneno melosamente.- Fue ella, la vieja loba, quien supo ver algo débil y femenino en ti, amor. -él la mira sin entender, sintiéndose mal.- Fue ella quien buscó a ese chiquillo para ponerlo a tu lado, joven, orgulloso y hermoso, sabiendo que tú te apasionarías loca y perdidamente por él, deseándolo para ti. Así pensaba controlarte, hacerte bailar al son que ella tocara. Pero no lo hizo sola, esa mañana, cuando entraste aquí y te tropezaste en el pasillo con una vieja que te mojó los zapatos con su trapeador, ya ella había acordado tu final. Te sacaría de aquí como un maricón incompetente, más pendiente de tu amorcito que de la firma; eso iba a ser lo que oiría tu padre. -lo ve palidecer y enrojecer.

   -No es verdad. -gruñe opaco, sintiéndose usado, manipulado, abusado. Casi sucio. Sabía a la mujer cruel, ¿pero tan astuta?

   -Te movió como le dio la gana. Y tú cediste, fuiste, corriste. Cómo debió divertirse mientras corrías tras el culo de ese chiquillo. -dice con odio, leve, casi suave, sabiendo que lo lastima, necesitándolo.- Cuando le vi allí… sentí rabia. Contra ti. Contra él. Pero cuando casi me propusiste una separación, supe que Norma había tenido más éxito de lo que ella misma había imaginado. –se le acerca, ojos entrecerrados, evaluándole.- Dime, cariño… ¿lo amas? ¿Puedes pensar en él, en esos términos? ¿Te jodió tanto esa mujer… y ese chiquillo en la cama, que te enamoraste?

   -Cállate. -grita, desconcertado, sintiéndose mareado. La cabeza le duele.- Nicolás no…

   -Ella quería que te enamoraras de él, no sólo para controlarte, anularte, sino para castigarte. Amarlo iba a ser tu pena por algo que le hiciste. Imagino que Norman pensaba que Manuel y tú estaban tras el fulano juicio y la salida de Eric de aquí y quiso darte un coñazo en las bolas. Y esa fue su manera de hacerlo.

   -Cuántas necedades dices, mujer. -sonríe torcido, sintiéndose mareado.- ¿Enamorarme de él? ¡Qué idiotez! Ella falló, y tú sólo divagas. -intenta reír y sólo sale un jadeo ahogado, mientras se pasa una mano por los cabellos, pensando en Normal.- ¡Maldita puta…! -la mira.- Las dos.

   La odia. Odia intensamente a Violeta en esos momentos, porque lo mira sarcástica, burlándose de lo que le pasa, de lo que siente por ese carajito, y que él no sabe cómo poner en palabras, en ideas. ¿Lo ama? Estremeciéndose ante la palabra, reconoce que si. Ya lo ha bordeado bastante, y aunque era imprescindible que el mundo no lo supiera, ni Norma, ni Aníbal o Violeta, debía reconocerlo. Lo amaba. En algún momento se había enamorado de Nicolás Medina. Ella lo mira, casi adivinándole, y se burla del patético Frank Caracciolo, se dice convencido el hombre. ¿Era todo eso cierto? ¿La confabulación emocional en su contra, toda esa confusión de sentimientos? De ser así, Aníbal debía estar en la jugada. Y lo odiaba también; pero sobre todo, detestaba a la reina puta, Norma Cabrera de Roche. ¿Estaría Nicolás enredado en todo eso? ¿Habría actuado a sabiendas, llevado por ella? Eso lo tortura y le suena horrible. Es la idea que más le atormenta en esos momentos y que hace que su cabeza palpite dolorosamente. Nota la mirada de ella, y ve entendimiento en esos ojos. ¡Ella sabía que estaba pensando eso también!

   -Norma fue realmente cruel, extremadamente cruel. Usó a ese chiquillo sin que él lo supiera, sin que le importara lo que pudiera ser de él. Jugó con sus necesidades. Lo puso a tu alcance para que te enloquecieras, y lo sedujeras con plata, comida y regalitos. Y él era tan pobre, tan miserable que se dejó deslumbrar por ti, entregándote su cuerpo para que te saciaras mientras lo mantenías. No es su culpa. Esa mujer lo prostituyó, Frank. Lo emputeció, y cuando lo dejes, tendrá que buscarse a otro, porque ahora sólo servirá para eso. –sus palabras son terribles y el hombre la mira aterrado.- Casi hay que admirar a esa mujer. Tiene alma de capitán de empresas, o de Obispo de iglesia.

   -No. Eso no es así. Nicolás no…

   -¿Aún no lo ves? Su plan era salir de Ricardo Gotta y de ti. Quién sabe sí no fue Norma quien planeó su asesinato. Ahora lo creo todo de ella. Para ti planeaba algo también. Ella y Aníbal, aunque este lo niega. Y no creo que fuera simplemente que te enamoraras del muchacho. Debía ser algo más. Porque a ti te odia de manera virulenta. Lo hacía para apartarte de los negocios, pero también para desquitarse de ti. Con tu actitud de rey medieval te ganaste muchos enemigos feroces, y ni siquiera te cuidaste las espaldas. -baja la voz y le toma el pálido rostro entre las manos, encontrándolo frío. Lo mira turbado y como mareado.- Norma es terrible, y te odia. Te va a cobrar todavía. Lo malo que quiere hacerte, el daño que planea contra ti, aún no lo ha hecho. Aún trama algo en tu contra. Y llegará de manos de ese muchacho. Esa mujer ha planeado alguna circunstancia donde el golpe fuerte, el malo, vendrá de ese muchacho a quien le entregaste tu corazón. Cuídate, amor, que no te alcancen y te atrapen esos dos.

   -No, él no… Norma no podrá conmigo. La voy a joder, a ella, a Aníbal, a ti si te interpones. ¡A todos..! -jadea con voz ronca, y ella lo ve vulnerable, algo que nunca había sentido en él. Y le gustaba. Le agradaba sentirlo débil. Era sexy.

   -No me metas en tu lista de enemigos; aquí la lastimada, la traicionada de muy fea manera, fui yo. Y no te sientas tan seguro, no estás pensando bien. ella podría hacerte muchas cosas. Tus padres y tus hermanos podrían saber esto. ¿Te imaginas el horror, querido? ¿Tú regresando a Niza y encontrarte con todos, todos mirándote, todos sabiendo lo que hacías con ese muchacho? Y la gente que también te odia allá, todos esos enemigos que has ido creado a lo largo de tu vida, sin que te importaran para nada porque nada podían hacerte, ¿imaginas la fiesta que harían con esto? Las burlas, la sorpresa, el asco, el desprecio… -le mira la boca mientras habla. Él respira pesadamente.

   -¿Lo contaría Norma, o tú? ¿Qué quieres para callar, Violeta? -su voz es opaca. Muerta. Sabe muy bien que ella lo chantajea.

   -Es simple. Algo que tienes que darme por derecho. -le sonríe, acercando el rostro hasta casi besarlo, sintiéndose extrañamente excitada ante su aire de abatimiento del poder que tiene sobre él.- Quiero un hijo, Frank. Ahora, no quiero esperar más. Un varoncito. Un heredero. Quiero un hijo contigo y…

   -Violeta… -jadea, adivinándola.

   -…Y que nunca más vuelvas a ver al tal Nicolás Medina.

   -No, eso no. No puedo…

   -¡No seas idiota! Es un carajo. Otro hombre. ¿Crees que te ama y que quiere una vida contigo, con casa e hijos, esperándote en la cocina para besarte y amarte? No seas ridículo, Franklin. Eso nunca será nunca para ti. ¡Tienes que dejarle!

CONTINUARÁ … 153

Julio César.

NOTA: Otra vez sin sexo. Es que ya necesitaba ir resolviendo los nudos.

ЛЮБИ МЕНЯ… 3

mayo 6, 2015

 ЛЮБИ МЕНЯ                         … 2

LA CASA TRISTE

   La casa grande, la casa triste.

……

   Quería saber si era débil. ¡La muy tonta! Pero lo medita (¡Sasha!), y termina encogiéndose de hombros. Que ella lo interpretara como quisiera. La joven lo estudia, sonríe tenue y alza la mirada hacia el guardia, también la voz.

   -Déjele ir.

   -Mi señora…

   -¡Déjale ir! –repite con firmeza, abriendo la portezuela del coche, apartándose, Anatoly subiendo, sin volver la mirada.

   De todas maneras Sasha, temblando de dolor y miedo, no les mira tampoco, mientras se pregunta qué pasa, a quién pertenece esa dulce pero firme voz que le salvó. Cosa que Anatoly terminaría lamentando después, un poco.

   -Estás en problema. Babusya está furiosa contigo. –le advierte Larisa, dentro del carruaje. Él se encoge de hombros, mirando los arboles pasar frente a la ventanilla, su bonita cara de niño parece distante.

   -Siempre estoy en problemas con la abuela. –se recuesta, pensando en todas las lecciones del día. Tratando de enviar hacia lo más bajo el malestar que le produce pensar en Sasha Iranov.

   Lucha contra las ganas de mira hacia atrás. Y gana. No ve cómo cae este sobre el suelo cuando el guardia le empuja con la bota por la espalda adolorida, advirtiéndole que ya le saben ladrón, que cuide su mano derecha. Habría visto al hombre retirarse llevándose la ardilla muerta. A la gente saliendo, al fin, a recoger al niño. No lo ve, pero casi lo imagina. Al niño azotado por una culpa que no era suya.

   -Larisa… -grazna, voz rota, tragando en seco, sin mirarla, consciente de los ojos de ella sobre su persona.

   -No fue nada. –le salva de decirlo.

   Aliviado, por todo, el niño deja caer la cabeza, recorriendo la distancia que les separa de la gran casa triste de la familia. Pero no piensa en ello en esos momentos, engranajes todavía dispersos comienzan a girar en su mente joven, algunos ajustando, otros quedando latentes para otro momento. Poco a poco se iba formando la tortuosa mente de un joven que llegaría a ser temible, ingenioso, lleno de recursos. También de enemigos.

……

   -¡Dytyna estúpido! –el insulto de la mujer altiva, armoniosa pero delgada, rostro rapaz, ojos demasiado astutos para resulta hermosos o tranquilizadores, viene acompañado de una mano delgada pero de fuerza inusitada cuando le atrapa el delgado hombro, las uñas clavándose en su piel.

   Nada más regresar a la propiedad, Anatoly dejó sus pensamientos abstractos para encarar el ahora, aunque todavía se dio tiempo para perseguir al viejo Otnix, un labrador medio ciego que intentaba morder a todos y que estaba en esa casa desde el Día de la Creación, pensaba el niño. Hostil, malgeniado. Adorable para él. El perro agitó algo la cola, se negó en redondo a corretearle e intentó morderle una mano cuando este haló de su cola, tan sólo para molestarle. Sintiéndose algo mejor subió hasta el ala sur de la casona, a su cuarto, donde tomó una ducha en la corta tina de aguas ya medio frías, como el alimento de media tarde que devoró. Su abuela…

   Sabía que la mujer le buscaría para reclamarle por haberle gritado (y empujado), al viejo profesor de Historia, Mardonio, un extranjero sucio que quería explicarle cómo era su propio mundo. Un heleno altanero y desagradable que les consideraba bárbaros, pero que contaba con el favor de la abuela. Como niño que era, escuchó comentarios imprudentes de algunos sirvientes sobre la naturaleza de ese afecto, pero nadie se atrevía a más. No por miedo a su padre, que era temible. No, temían a la propia babusya. La vieja dama, de por sí, ya era suficiente para asustar a cualquiera. Por él, por ese sucio heleno, le había cruzado el rostro con la fusta de su caballo. No tanto para disciplinarle sino para que los asistentes, comenzando por el profesor, supieran que nadie estaba libre de su cólera. Ni siquiera su sangre. Era un niño pero lo entendió claramente. Y que no le consideraba tan importante como a los otros nietos. El insulto, que dolió más que el fuetazo, le obligó a correr, a escapar cegado de rabia. Tan ciego que cayó en un pozo.

   Ella le llamó a gritos, al no regresar, desafiándola, sabía que se había hecho acreedor a más insultos y agresiones de la formidable y temible anciana… Aunque a decir verdad, la abuela no era vieja. Podía vivir fácilmente veinte o treinta años más, si se cuidaba, reconocía de tarde en tarde el joven, con alarma. Pasando frente a los invernaderos, notó medio recostada a su madre, leyendo algo, pálida y bella, una tenue sonrisa en sus labios, ignorando de las aventuras del menor de sus hijos. Por un segundo pensó en llegar hasta ella y cobijarse bajo su protección. Pero habría sido una cobardía, una que no demostraría ante la anciana, se dice apartándose, subiendo a sus habitaciones en el ala central. Aunque la verdad… no quería causarle preocupaciones a su madre.

   -Babusya. –graznó al encontrarla en el descanso entre pisos, revolviéndose bajo su zarpa, inquieto al notar la mirada del profesor, un cincuentón de barba gris, altivo, ojos claros, mirada levemente burlona, disfrutando lo que le ocurría. O tan sólo aprobando el que sean controlados y reprendidos sus estallidos emocionales. Era tan difícil saber con esa gente…

   -¿Huiste de tus lecciones e insultaste a tu maestro?

   -Dijo…

   -¡Discúlpate inmediatamente con él! –la mujer le silenció rugiéndole al rostro, alterándole.

   -¡Nos llamó salvajes! –replica aún, entre dientes, ni él mismo entendiendo cómo encaraba a su abuela, cosa que ni su padre hacía. Generalmente.

   -¿Y comportándote como tal pretendías contradecirle? –le reta, sonriendo con burla.- Te falta tanto para razonar como un adulto, niño estúpido. –clava los dedos nuevamente.- ¡Discúlpate! –y sus ojos son como pozos muertos, pozos llenos de aguas verdosas estancadas. Abrumado, el niño mira al profesor, sintiéndose morir de vergüenza y rabia.

   -Lo… lo siento, señor. –la voz sale rota, derrotada, cargada de dolor y humillación, algo que se acentúa cuando el otro sonríe abiertamente. Su joven corazón cabalga con furia. La mujer le suelta.

   -Volverás a tus lecciones. Y si desobedeces o te comportas mal… tu maestro ha sido instruido para… aleccionarte. –le informa con altivez. ¡Azotes! De eso habla. La sorpresa le desconcierta grandemente.

   -¿Qué…? –no, no puede con eso, no podía colocarse en manos de un sujeto como ese. Sus ojos se endurecen.- ¡No!

   -Lo harás o lo lamentarás. –su abuela enfatiza, cruel. De alguna manera disfrutando en verdad en humillar así a su nieto; el bonito hijo de esa mujer nórdica a la que tanto despreciaba; mujer a la que siempre veía en las facciones infantiles. Se miran, abuela y nieto, los ojos del niño enfriándose, velándose con muros de hielo.

   -Fuera. –le dice al maestro, sorprendiendo a los otros dos.

   -¿Cómo…? -este se ahoga con el tono y el trato de rey a vasallo, sorprendido realmente.

   -Anatoly Nicolai… -comienza la anciana. Este la mira con dureza.

   -Que salga o escuchará algo que no querrá que escuche. –la amenaza, con voz aguda, asustada, apresurada, también desesperada.

   La anciana duda, sonriendo casi. ¿Cómos se atrevía ese niño…? Pero sus miradas están elanzadas, nota su palidez, sus mejillas rojas, sus ojos desesperados. Impredecible en sus acciones. Parecía un pequeño zorro acorralado a punto de lanzarse contra los cazadores. Y se inquietó.

   -Déjenos, profesor…

   -¡Mi señora…! -se agita el hombre, sorprendido.

   -Fuera. –repite, menos amable, Anatoly, sin mirarle, vigilando a su formidable abuela. El hombre oprime labios y puños, brindándole una reverencia a la mujer. Un duro gesto a él.

   -Esto vas a lamentarlo de tantas maneras que preferirás mil veces haberte mantenido callado. –promete ella.

   -No voy a someterme a la autoridad de ese hombre imbécil. –la reta, respiración agitada.

   -Harás lo que te diga y le tratarás con respeto. –le ruge, acercándose un paso.

   -No. Yo no siento por él la misma debilidad que… otros, por su intelecto. –le lanza con desfachatez, temblando de miedo, pero sabiendo que o se paraba y resistía o sería azotado en el suelo. La mujer abre la boca, jadeando leve, palideciendo.

   -¡Pequeña bestia, ¿de qué hablas?! –vuelve a clavarle las uñas, ahora en el brazo a través de la suave camisa de seda.

   -¡Suélteme! –se agita también el muchacho, librándose con violencia.- ¡No quiero que me toque de nuevo!

   No hay desconcierto en la mujer, el bofetón es inmediato, duro, cruel. Tanto que un leve pitido queda en el oído del niño, quien da un paso atrás.

   -La zorra de tu madre te ha malcriado. No tienes la fortaleza ni la disciplina de tus hermanos. Eres como ella, débil, inútil. –la anciana deja escapar algo de su ira, pero sólo una poca. Es parte de su juego para controlar a la familia. Le ve palidecer, mirarla con odio, uno real, enorme, y por un momento se pregunta si no se habría equivocado con el menor de sus nietos.- Veremos qué tiene que decir tu padre cuando le cuente todo…

   Mal. Así se sentía el muchacho ahora, derrotado. A su padre no podía encararle. Enfrentarle. No a ese hombre de quien esperaba una mirada de aprobación, un gesto de afecto que nunca llegaba. Y que le molestaba esperar siempre. Y cuando abre la boca, sintiéndose derrotado, le ve subir las escaleras, más abajo, como traído por un mal hado, acompañado de su hermano, el tío Kolya, y su mundo pareció derrumbarse. Caer literalmente sobre su cabeza. Mira a la mujer con respiración febril, temeroso, considerando suplicarle. Sabe que ella lo espera, por su sonrisa, ignorando que sus dos hijos se acercan.

   Si, ella no lo sabe, cree que tan sólo están ellos dos, por eso pueden mostrarse como lo que son y no lo que aparentan. Y recuerda a Sasha Iranov, guardando silencio por obligación o amor hacia su hermana. Porque a veces se callaba cuando el precio del desafío era demasiado. Uno que no se quiere pagar. O no se puede. Como un niño que prefiere ser azotado a ver a su hermana padeciendo aquello. ¿Qué podría hacer retroceder a su abuela? ¿Qué la callaría? ¿Su amistad con el profesor? No apostaría nada a ello. Sabe que, de necesitarlo, la mujer le echaría a palos. ¿A qué le temería en verdad? ¡A su poder menguado! La idea se le ocurrió de pronto. A lo único que temería una mujer como ella, formidable y terrible, sería convertirse en una figura patética. ¿Callaría para protegerse a sí misma? La idea que le llena la cabeza le parece luminosa.

   -Abuelita… -comienza con voz rota, intentando darse valor. Ella sonríe cruel. Lo sabe perdido. Que el niño temía a su padre porque le amaba. También ella sabía de ese juego. Pero le desconcierta la sonrisa leve en la bonita cara infantil, el brillo malévolo de sus ojos azules.- …Sé que no quiere ser mala, que lo es porque tan sólo es una pobre e inútil mujer mayor. –la impacta feamente, y todavía más cuando intenta un tono de simpatías.- Tan lista, tan ingeniosa, tan maravillosa, pero tan sólo una mujer. Una mujer que no podía ser baronesa y debió entregar sus títulos a su hombre. Una mujer que nunca será reina. Tan sólo la criadora de hombres, de sus señores. –su rostro infantil es una desconcertante mueca de fingimiento burlón.- Pobre ancianita… Ya me encargaré yo de cuidarle cuando sea muy mayor y nadie tenga ni siquiera que fingir escucharle. O quererla. Buscaré un buen convento olvidado en la nada para que termine sus últimos años. Encerrada. Apartada.

   La mujer abre la boca totalmente sorprendida, por primera vez asombrada, furiosa y frustrada en su vida. Todo a un tiempo, casi desconociendo, y temiendo, a la pequeña criatura que había penetrado de aquella manera en su corazón, en sus secretos, burlándose de ellos, exponiéndola. Todo lo ve rojo.

   -Eres un monstruo.

   -Y un varón. Y los títulos que debieron ser suyos pueden llegar a ser míos. Como nunca los pudo llevar. Ni los llevará. –la reta, ignorando la tormenta que estaba a punto de desatarse sobre él.

   -Pequeña basura… -le ruge, arrojándosele, cacheteándole, golpeándole con fuerza, perdido todo control. Una ira terrible la domina, una rabia que ni siquiera el pequeño monstruo podía entender, no el alcance de su frustración por haber nacido mujer entre hombres mediocres a quienes tuvo que empujar para que llegaran, sin ser reconocido jamás su esfuerzo y dedicación. Sabiéndose mejor que muchos, teniendo que callar cuando algún insolente necio le recordaba su lugar. Así la flaca mano rodea el cuello infantil y aprieta.- Eres un monstruo…

   Tomado por sorpresa, el chico alza las manos para cubrirse, pero los golpes eran fuertes, la mujer tiene vigor, y estaba furiosa. También le grita toda clase de insultos, pero es la mano en su cuello lo que le aterroriza mientras cae sobre una rodilla, alarmado de verdad. Pero recuerda que su padre y su tío suben las escaleras y ya deben estar por llegar. Así que comienza a gimotear con su mejor voz de niño indefenso.

   -No, abuelita, no, por favor… ¡Perdóname! ¡Perdóname!

   -¡Madre! –ruge, de sorpresa, Vladimir Komarev, congelándoles.

CONTINÚA … 4

Julio César.

 

GOZANDO LOS PUENTES AL SOL

mayo 6, 2015

RATÓN… AL SOL

MOJADO Y CALIENTE EN TANGA

   Regresando de la playa, donde bromeó con todos esos chicos calientes en sus bermudas, riéndose y mirándole por la tanga, todos agarrándose los bojotes preguntándole si no quería darles una probada, el hombre en la ducha del hotel, sacándose la sal para ir a cenar con su familia, termina tocándose, acariciándose todo. Soñando con que efectivamente caía de rodillas sobre la arena entre los agresivos, viriles y excitados chicos ante el maduro putón, todos azotándoles el rostro con sus duras masculinidades, luchando cada uno por enterrarla en su boca. Una a una las lamerías, chuparía y sorbería, hasta que gritando que necesitan de más huecos, le pusieran en cuatro y… En ese punto, como siempre desde que bajó del hotel a la playa y vio por primera vez a ese grupito de chicos, estalla.

TIO EN SUPER TANGA

    El tipo era un tramposo, siempre en días de fiestas y minitecas, cuando sabe que los chicos que desembarcan se rascan y andan caliente por sexo por toda la arena, se llega solo hasta la playa con sus minitangas. Algo que provocaba a esos marineritos insolentes, que se burlaban. Cuando les decía que cosas grande son contenidas en prendas chicas, siempre terminaba con un “como un culito de marinerito”. Algo le encendía para comprobar que no era cierto, pero sí, en cuanto la piecita bajaba y el instumentote subía, terminaban esos chicos descubriendo las verdades de la vida. Entre gemidos, rostros atormentados, con una mano sosteniéndose las gorras, con sus culos ocupados.

TIO ARMADO CON HILO DENTAL

   Hubo un tiempo cuando le avergonzaba el gusto por las tangas e hilos dentales, el placer de usarlas bajo sus ropas cuando iba a trabajar era un placer culpable. Su timidez le hacía sufrir, quería exhibirse, que todo lo vieran pero no se atrevía… Hasta que llegó a la oficina su nuevo jefe, quien nada más conocerle y darle la mano le dijo que tenía cara de putito. De las manos de ese hombre fuerte, dominante, controlador, comenzó a cambiar, llevaba pantalones de telas algo transparentes, usando tangas de colores fuertes debajo, o hilos dentales en las piscinas cuando salían en grupo. Todos comentándolo, los tipos, con dos cervecitas encima, admirándole el culo. Ahora se pasea por esas soledades, con su tanga. Su hombre mira. Quiere que seduzca a algún chico ofreciéndole una rápida mamada. Y quiere hacerlo. Le gusta obedecer porque coincidía con lo que antes anhelaba y necesitaba.

EL PUENTE DEL 24 AL SOL

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Me dicen, y cuesta creer que la gente sea tan… osada, que muchas están en Facebook. Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?