HEY

enero 19, 2016

YO

   Hola, mis amigos.

   Siento haber estado ausente. Estuve desde el sábado sin internet, y aún ahora viene y va. Creo que revisan la telefonía fija. Y, para colmo, estoy terminando de pasar un resfriado que me pegó fuerte, creí que era dengue otra vez. Por suerte tenía a mano las temporadas nueve y diez de Supernatural, y la primera de The Following, que siempre son un placer. Me siento mejor, mañana subo algo.

Julio César.

OSCURO AMOR… 3

enero 16, 2016

OSCURO AMOR                         … 2

Por Leroy G

SEXY, JOVEN Y MUSCULOSO

   Todo joven debe permitirse arder…

……

   Temblando por no sabía cuál razón, fue directamente a su cuarto, despojándose de sus ropas, quedando con su bóxer largo y holgado, su verga medio morcillona. Se sentó a la cama y cerró los ojos, sin encender el televisor, cuando el sexo comenzó al otro lado, las palmadas, los “tómalo todo, perra”, los gemidos del chico negro; en ese momento entiende que para eso entró.

   -Es muy grande… -oyó la queja del tal Hugo.

   -Tú también lo tienes grandes y tus novias, esas chicas a las que engañabas haciéndote pasar por hombre te lo mamaban, ¿no? Tú también podrás. –fue la seca respuesta.- Es sólo cuestión de práctica y dedicación, que lamas y chupes, que lo salives y luego lo tragues. Así podrás mamar el de cualquiera. –era casi ofensivo.- Vamos, separa tus gruesos labios y cúbrelo, ¿no te eriza verlo tan blanco dentro de tu boca? Sigue, sigue… -se oyen ahogados “uggg”, y Mauricio cierra los ojos otra vez, abriendo la boca, no sabiendo que lo hace mientras el otro, al que imagina perfectamente, va tragándose el tolete de su compañero de piso.- Sigue, sé que te ahogas un poco, que el aire no te llega, pero debes aprender a chupar y respirar, como un buen maricón. Así, retírate un poco, masajeando con tus mejillas, vuelve. Más, más, debes poder tragarlo todo. –suena algo impaciente cuando el otro parece toser.- Coño, ¿te cabe en el culo y no te va a caber en la boca? Vamos, flojo.

   Tragando en seco, Mauricio fue crudamente consciente de su rostro enrojeciendo de vergüenza, porque,  y aunque algo ya medio había pasado antes, el tolete se le puso totalmente duro al escuchar como Marcos trataba al chico negro; y metió la mano dentro del bóxer, tocándoselo, acariciándoselo, sintiéndose culpable al hacerlo mientras al lado un  chico cogía duramente la boca de otro, uno que sorbía ruidoso y dejaba salir algunos gruñidos. Mauricio se deja caer totalmente sobre el colchón, pataleando para quitarse el bóxer, gloriosamente desnudo sobre sus sabanas, tocándose, oyendo los gemidos de gozo del sexo entre hombres. Terminaron, lo supo por los rugidos sordos de Marcos. Había alcanzado su orgasmo, su güevo debió escupir su leche dentro de la boca del otro, tal vez bañándole el oscuro rostro masculino… uno chorreado de semen.

   Ahora oye unos susurros bajos, apremiantes, y con el tolete dentro de su puño, intenta entender qué dicen.

   -Habla claro. –la voz de Marcos domina la situación.

   -Tú sabes…

   -¿Qué? –demanda.

   -Cógeme, métemelo por el culo. –la nota de ansiedad erizó otra vez a Mauricio, notando como su verga palpitaba en su palma.

   -¿Tu culo? –hay burla.

   -Mi coño; llena mi coño con tu güevo. –el otro sonaba casi frustrado. La risa de Marcos no debía servirle de consuelo.

   -Eres tan goloso. Okay, en cuatro patas, pasa una mano por debajo y ocúpate de separar el hilo dental. ¡No lo sueltes o no hay cogida ni leche en tu coño caliente!

   Al solitario joven en su cuarto, en penumbras, nunca nada le sonó tan obsceno. Y caliente, sintiéndose totalmente excitado, masturbó, por primera vez en esos casos, su güevo blanco cobrizo, duro, caliente, dándose sabroso con el puño, casi gimiendo; se sentía tan bien mientras escuchaba a Marcos decirle a Hugo lo que tiene que hacerle un hombre a un puto como él. Esas palabras, el tono, las intenciones, las imágenes que evocaban le tenían al borde.

   -¿Listo?

   -Si… Si…

   -Okay. –y Mauricio, en su cama, sabía que el otro jugaba con su amigo, le torturaba, comprendiendo las ganas que este tenía de ser poseído, retrasaba el momento.

   -¡AHHH! –el gemido del tal Hugo le erizó, y su mano subió y bajó con más fuerza sobre su verga, imaginando un güevo blanco desapareciendo en un culo masculino enmarcado por unas redondas nalgas negras.

   Y llegó la sorpresa.

   -¿Te gusta así, Mauricio? ¿Quieres el güevo de tu papi trabajándote el coño a fondo, amiguito? –oye deteniendo su paja, tensándose, alzando la nuca de la almohada, estremeciéndose sobre su cama de sorpresa… y calenturas. Unas extrañas. Estaba molesto, desconcertado y algo más.- Tómalo, Mauricio, sé que lo quieres. Tómalo todo, maricón reprimido. Oh, sí, Mauricio, apriétamelo así, ordéñamelo con tu coño hecho para darle placer a los hombres. –la cama se agitaba, el cabezal pegaba de la pared con fuerza, el chico gemía de manera ronca, rota, notándose que gozaba con la cogida que le daban.- ¿Lo quieres todo, Mauricio?

   -Oh, sí, papi, métemelo todo. –gritaba el tal Hugo. No, Mauricio en esos momentos.- Dame más, duro, anda papi.

   -Tranquilo, no voy a dejar de follar tu coño caliente y mojado nunca, Mauricio. Quiero ser tu hombre y llenártelo siempre, así, así… -los golpes contra la pared eran especialmente fuertes.- Voy a cogerte en tantas posiciones que todo va a dolerte mañana, Mauricio; te van a faltar fuerzas para llegar al baño y tratar de lavare todo el semen que voy a soltar sobre y dentro de ti. Ohhh, si, Mauricio, apriétamelo así con tu coño, busca y reclama la leche que quieres. Ere goloso, Mauricio, me parece que voy a tener que traer amigos para que te den güevo por todos lados. Imagínate, amiguito, yo de espaldas, tu cabalgando como una briosa amazona sobre mi güevo, arriba y abajo, llenándote tu culo hambriento, no, tu coño de puto caliente, al tiempo que mamas a uno de mis colegas del laboratorio, llegando otros dos. Todos calientes, todos deseando refregar sus vergas duras, calientes y babeantes de tu cara. Dime, Mauricio, ¿podrás mamar tantos güevos? ¿Tu culo podrá darles cabida a todos? ¿Vas a beber todas nuestras leches? Cuéntame, Mauricio, ¿podrá tu coño alojar dos güevos a un tiempo y sacarnos la esperma?

   Mordiéndose los labios para no gemir, subiendo y bajando sus caderas sobre la cama, cogiendo su propio puño con su verga, el joven no quiere pensar en nada,  tan sólo sabe que esas palabras le hacen correrse con abundancia, temblando todo, arqueando la espalda, flexionando los dedos de sus pies, disparando una  lluvia de semen que le baña, a su lado se oyen los gruñidos de Marcos, repitiendo su nombre una y otra vez mientras el otro aumenta el tono de sus quejidos de gozo y lujuria.

   Una vez agotado, sintiéndose mal y confuso, pero deliciosamente complacido, Mauricio durmió pesadamente.

   A la mañana siguiente no les encontró, despertó tarde, cosa extraña en él, sentía sueño y algo de flojera. Sobre la mesa de la cocina encuentra un vaso con un menjurje verde. Una nota decía: “Hey, amigo, tómalo, te ayudará a recuperar tus fuerzas. Es un complemento vitamínico”. Lo bebió, sabía feo, pero se sintió algo más animado después. Fue a sus clases, perdiendo varias veces el hilo de lo que decía; no fue al gimnasio, quería llegar a su apartamento y dormir. Esa noche, junto a la cena llegó otro vaso con el líquido verde, que tomó  bajo la atenta mirada del sonriente joven. Era la hora de hablar, de preguntarle por qué había utilizado su nombre en aquella tanda de sexo. Pero, ¿admitir que escuchaba lo que hacía? Aunque Marcos debía imaginarlo, ¿no? Quería hacerlo, interrogarle, saber qué ocurría, qué pensaba cuando tiraba, pero no se atrevió.

   Sin otros planes, se sentaron a ver un juego de futbol, ambos en el sofá, y allí Mauricio sentía calor, inquietud. Se agitaba sobre el asiento.

   -Amigo, te revuelves como una anguila. ¿Nervioso? Creo que necesitas sexo.

   -Estoy bien. –gruñó algo molesto, tensándose cuando una mano del joven cayó sobre su pectoral izquierdo, disparado los latidos de su corazón.

   -Desde que estoy aquí no te he visto salir con nadie. Y ya te lo dije, si no lo usas se te cae.

   -Déjame en paz. –se soltó, temeroso de que notara el loco cabalgar de su corazón.

   -Bien, pero piénsalo, actúas como si tuvieras el cerebro lleno de esperma ya. –gruñe Marcos como de pasada, poniéndose de pie y retinándose a su habitación.

   Esa noche, Mauricio no descansó. Sintió calores, despertaba sobresaltado de ensoñaciones de sexo. En un momento dado soñaba con Marcos teniendo sexo con todos los hombres del mundo, su verga, que todavía no había visto, entrando en mil bocas ansiosas, rozando mejillas, abriendo culos de sujetos que gemían y revolcaban de placer. Y él allí, de pie, con zapatos de goma como única vestimenta, esperando, viéndole ir de uno al otro. De un carajo a otro, a quienes llenaba con su inflamada verga que les hacía delirar de puro placer. Todos rogándole por sus atenciones, sin mirarle a él.

   -¡A mí! ¡Cógeme, por favor! –le gritó finalmente, suplicándole.

   Despertó bañado en sudor, totalmente agitado, el corazón latiéndole con fuerza. Y le oyó, desde la otra habitación.

   -¿Mauricio? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? ¿Quieres que vaya para allá?

CONTINÚA … 4

Julio César.

MUY AGRADECIDO, MUY AGRADECIDO

enero 16, 2016

LEY NATURAL

DANDO DE COMER AL HAMBRIENTO

   Tan seguro de sí que se despoja de sus ropas…

   Nunca podría reconocerle lo suficiente a ese hombre que encontró un día en ese baño público, pillándole dándole una mirada entre las piernas cuando orinaban, y que tomándole por un brazo, como si fuera lo más normal del mundo, le arrastró a un privado para que le diera una mamada. Eso le impactó, casi le asustó, pero no pudo ofrecer resistencia, cayendo y saboreando el acre momento. Y lo hizo con ganas y entusiasmo pasados unos segundos. Nunca imaginó eso, no que lo hiciera porque llevaba tiempo preguntándose cómo sería, sino que le gustara tanto. Ahora, cada medio día, después del almuerzo en la construcción de la Torre A, corre a ese sanitario a comerse su postre, dulce de leche. No, no podía agradecerle lo suficiente por guiarle con paciencia, entrenarle con preocupación, el decirle qué hacer para brindar placer. Esos grandes músculos sosteniéndole eran garantía de que no se detendría hasta que fuera el mejor tragón de la zona.

MENTOR

Julio César.

ADIOS, MISTER RICKMAN

enero 16, 2016

SALUDOS A LA CHINITA

ALAN RICKMAN YOUNG

   El encanto inglés.

   ALAN RICKMAN - PROFESOR SNAPEQué broma, el cáncer se ha llevado a otro querido famoso, el actor británico Alan Rickman, el ambiguo y maloso “profesor Snape”, en las adaptaciones cinematográficas de los libros de Harry Potter. De no leerse los libros sería difícil saberle malo o bueno por su interacción con los chicos en la pantalla. Trabajó el señor Rickman en más de cuarenta películas, siendo muy resonados sus roles de villano (hasta el sheriff de Nottingham fue). Sin embargo le recuerdo de una hermosa cinta inglesa, Sensatez y Sentimientos, como el fiel enamorado de una bella dama que entregaba suALAN RICKMAN - HANS GRUBER corazón a un joven aventurero, y a quien prácticamente recoge del suelo donde la deja este. Pero su gran papel, ese que se señala cuando se habla de los grandes villanos del cine es su carismático Hans Gruber, jefe del grupo terrorista que toma el Nakatomi Plaza ignorando que John McClane está allí; Duro de Matar, una película icónica que en su momento nos dejó con las bocas abiertas y sin aliento. Descanse en paz.

RONALDO, ¿QUÉ VALE MÁS?

Julio César.

OSCURO AMOR… 2

enero 15, 2016

OSCURO AMOR

Por Leroy G

SEXY BOY SPEEDOS

   Quieren sentir amor y lo que les dan es duro por esos…

……

   A esas insólitas palabras que escandalizan al hombre que escucha sobre su cama, siguen unos:

   -¡Hummm! ¡Hummm! ¡Ohhh…! -de absoluta entrega.

   -Es lo que querías, ¿verdad?, estar en cuatro, abierto de coño para que un carajo te enterrara su güevo haciéndote vivir, ¿no es así? –oye, el tono más autoritario, la cama agitándose más, el otro chillando ronco, roto.- Se te cumplió, puto. ¡Toma! ¡Toma! –y la cabecera de esa cama parece golpear de la pared que les separa de manera alarmante.

   Y eso continuó y continuó, los “échate de espala y levanta ese coño para tu papi”, y nuevas embestidas, todas acompañadas por los jadeos roncos de ese carajote masculino que parecía partirse todo mientras era cogida uno y otra vez. Cuando llegó el…

   -¡Toma toda mi leche, puto del coño! –gritado por Marcos, escandaloso, los chillidos del otro le indicaron a un Mauricio impresionado, incómodo, avergonzado por haber escuchado, que también se corría.

   Tragando saliva en su cama, mortificado, se dijo que tendría que hablar de ello. Seguramente le oyeron fuera del apartamento. Durmió vagamente consiente de los gemidos que partían del otro cuarto, de la cama agitándose una y otra vez. Al otro día, al despertar algo cansado, temió tropezarse con el tal Vicente, no sabía cómo verle después de escuchar todo lo que Marcos le hizo, pero ya se había ido y en la cocina encontró a su muy sonriente compañero der piso, preparándole un rico y muy oloroso desayuno.

   -¿Fui muy ruidoso anoche? Lo siento. –se disculpó con una linda sonrisa de medio lado. Era el momento para decirle, para reclamarle pero…

   -Está bien. Sólo… sé menos gritón, amigo. –respondió con una mueca algo apenada, sentándose a la mesa para devorar su desayuno.

   -Tu jugo. –alzó la mirada, encontrándole sonriente, tendiéndole un vaso de jugo de naranja muy amarillo.- Es natural. Si ejercitamos debemos cuidarnos.

   Era difícil para Mauricio molestarse con él. O permanecer así. ¿Lo peor de todo?, que ese fue apenas el primero. Como bien descubriría, a Marcos realmente le gustaba tirar y al apartamento llegaban dos o tres chicos por semana, ¡por semana! Generalmente distintos; el joven nerd parecía algo promiscuo y no le importaba a quien encerraba en su cuarto. Eso sí, todos muy masculinos y musculosos. Todos le fueron presentados, todos parecían carajos viriles, machos con quien tomar una copa y sentarse en un bar a hablar de beisbol y mujeres, pero en cuanto entraban en ese dormitorio les oía gritar y gemir, casi sollozar por ser follados, tomados, llenados. Les escuchaba succionar de manera hambrienta en busca de semen. Ser nalgueados. A veces le suplicaban que les dejara tomar su orina y cosas así.

   Para el hombre joven iba convirtiéndose en una rutina desesperante, extraña, el estar echado en su cama, en penumbras, con la televisión a bajo volumen, escuchando todo ese carrusel de sexo. Cerraba los ojos y luchaba contra las imágenes del chico más delgado teniendo a esos carajos altos y fuertes de espalda sobre la cama, transpirados, babeando, sus bocas abiertas y gimientes mientras los encula una y otra vez, metiéndoselas hasta los pelos, haciéndoles gritar y estremecerse sobre la cama. Pero eran las palabras…

   -Eso es, pequeño puto. –le oye una de esas noches, hablando con un tipo a quien le sacaba una cabeza de altura.- De rodillas ante mí, como debes, humilde y penitente. Abre la boca, saca la lengua y lame la punta de tu chupeta… -la voz rezumaba sexo.- Hummm, si, así, recorrerá, toma esa gota, es para ti. Ahora, poco a poco ve tragándote mi güevo. Si, así… sorbe mientras lo haces, quiero que lo tragues todo. Quiero ver todo mi tolete desaparecer en tu boca de mamagüevo. –Mauricio intentaba concentrarse en la televisión, o lo fingía, estremeciéndose sobre su cama con la garganta seca.- Oh, Dios, si, vas bien. Sigue así, putico, y pronto serás cada de mamar cualquier güevo. ¿Lo sientes? ¿Cómo late y quema sobre tu lengua y tu garganta? Dímelo, ¿no es lo más sabroso que has tenido alguna vez en tu boca? –había burla y control en ese tono, uno que hacía hormiguear la piel de Mauricio.

   -Aggg… -el ahogado gruñido del otro era como una aceptación.

   -Sigue, te queda poco por tragar, mueve esos labios, quiero que los pegues de mi pubis. –la voz es más ronca, las succiones aumentan en intensidad, hay una risilla.- ¿Te hacen cosquillas mis pelos en tu nariz? ¿Te ahogas con él? ¿Te gusta tenerlo así? A mí sí, me gusta verte rojo de cara, los ojos llorosos, la saliva chorreándote por el mentón. Pero no quiero solo eso… -el tono puso en alerta a Mauricio en su cama, la cabeza pegada de la pared.- No quiero que me mames el güevo, putico, quiero cogerte la boca. Violártela y llenártela de semen caliente. ¿Lo has probado antes? ¿No? ¡Imposible con esa cara de mamagüevo! Bien, te va a gustar, puto. En cuento la saborees vas a desear vivir con tu lengua cubierta de esperma. –parece una promesa. Y comenzó a escucharse otra vez el agitar de la cama, así como los sonidos ahogados y frenéticos de alguien que chupaba como podía de un tolete en su boca.

   Pasaba una semana, llegaba otra y los hombres que eran follados por Marcos seguían desfilando por la sala. Y Mauricio los veía a todos, ahora sintiéndose algo sofocado al conocerles sabiendo que dentro de unos minutos estarían chillando, suplicando por las atenciones del muchacho más bajito y menos acuerpados, con sus anteojos de nerd. Ya no dormía bien, no podía, pendiente como estaba con los…

   -¿Te gusta sentirlo así en tu coño, duro y a fondo, maricón? –le oye esa noche, recibiendo por respuesta un agudo gemido, una voz masculina rota de gusto, la de otro fornido hombre joven a quien le llenaban el culo de güevo. Mauricio, aunque no quiere, lo imagina en cuatro patas en la cama, Marcos atrás, atrapándole las caderas, cepillándole la pepa del culo con su tolete.- ¿Ya te coge así tu primo? –le oye reír, malvado.- ¿No fue increíble cuando entró a tu cuarto y nos pilló, a mí cepillándote el coño y a ti chillando por más? Cuando te llené este coño de leche frente a él, ¿te gustó? ¿Le gustó a él? –al escuchar eso, Mauricio pega un respingo, separando el rostro de la pared, mirando hacia ella con la boca abierta. La nueva risita de Marcos le eriza más.- Miraba embobado cómo mi semen salía de tu culo, tú no lo notas, yo sí. ¿Qué hicieron cuando me fui? ¿Te la metió también, su güevo en lo más profundo de tu coño, aprovechando mi esperma como lubricante? ¿O pegó su lengua y te lo chupó?

   Tragando de manera intensa, Mauricio toma una almohada y se cubre el rostro. Oye la cama chillar más fuerte, los golpes contra la pared incrementándose, los gemidos increíbles de un carajo que goza siendo cogido. Era demencial lo que estaba pasando, se dice, incapaz de asimilarlo o entenderlo. ¿Ahora si debía hablar con el otro? Tal vez. Pero no lo hizo, le parecía una conversación incómoda, algo que le extrañó a él mismo, quien nunca ha sido timorato para enfrentar las situaciones. Pero no le dijo nada, esperaba que se calmara. En algún momento el güevo le dolería y descansarían. Ambos. Pero se lo ponía difícil…

   A veces, en las mañana, cuando Marcos salía a montar la cafetera (nada le distraía de la cocina), al pasar frente a su cuarto, rumbo al baño, Mauricio encontraba al sujeto de turno boca abajo en la cama, como desmayado, con sus nalgas enrojecidas con mascas de dedos, a veces las muñecas atadas con una franela sobre la baja espalda, o con alguna prenda femenina extraña. Eso sí, todos con el chorreo seco de lo que imagina era semen escapando de sus muy usados agujeros.

   Eso le agitaba otra vez. Algo debía decir al respecto. Más de una vez quiso hacerlo, quejarse. Fijar límites. Pero no se animaba. El chico había alcanzando cierta estatura frente a sus ojos, en más de un sentido, y era difícil enfrentarle. No lo había notado de entrada pero Marcos estaba ligeramente más fornido, su cuerpo llenaba las franelas y jeans, y cuando le decía que comiera esto o aquello (esas malditas ensaladas de berros), o tomara sus jugos como el de guayaba, que no le gustaba, usaba un tono autoritario, el de quien suponía debía obedecérsele. Y cedía. Esos jugos sabían a vitaminas, las ensaladas eran infames, pero Marcos quería que lo tragara. Luego fueron los quemadores de incienso, en la sala, el cuarto de baño y los dos cuartos. A veces llegaba y encontraba uno de esos palitos quemándose, perfumándolo todo con ese olor pesado y dulzón. No le agradaban, pero el otro, firme, le decía que era bueno para relajarse y alejar zancudos y mosquitos. Y cedía.

   Por las tardes tomaron la costumbre de trotar, y eso si le gustaba, esforzarse, exigirse bajo el sol, y porque las chicas le miraban… era bueno corriendo, sus muslos, algo mas llenos ahora, aguantaban bastante, sacándole bastante ventajas a Marcos. Hasta que el hijo de perra ese comenzó a seguirle el paso, sosteniéndose allí, obligándole a esforzarse mucho más. Luego le fue dejando atrás. Eso le molestó y echaba el resto, pero no podía mantenerse. Marcos ahora parecía tener más resistencia y aguante, sacándole ventaja,  gritándole que moviera su culo gordo, de manera motivacional, haciendo reír a las chicas que miraban. Mierda, algo le pasaba, se cansaba fácilmente ahora y no tenia tanto aguante. ¿Estaría enfermo? Esa noche, sentados a la cocina, terminando la cena, con amargura se lo comentó. No que le molestara que le ganara sino su cansancio.

   -A lo mejor te haces viejo. –bromeó Marcos, quien se veía… llamativo en un apretado jeans negro y una franela manga larga azul cielo que se ajustaba como un guante a su cuerpo. Llamaron a la puerta y sonrió.- Es un amigo, Hugo; fíjate bien y verás algo que le gusta mucho y que a mí me pone a millón… -le guiñó un ojo.

   No entendía de qué hablaba, ni le importaba mucho, tenía otras cosas en mente. No le agradaba nada sentirse menos fuerte, o que el otro le ganara al trotar, o verle con sus maricas de mierda divirtiéndose todas las noches follando. “¡Mauricio!”, le llamó. Reacio se puso de pie y salió a la sala. Allí estaba el sonriente hijo de puta con otro de sus amigos. Y era como todos, alto y fuerte, un chico negro cuyos ojos brillaban recorriendo el cuerpo más bajo. Hubo presentaciones, aunque, en verdad, no le interesaba. En un momento dado, deliberadamente, Marcos dejó caer su llavero, pidiéndole al hombre que lo recogiera. Este lo hizo, solícito, y los ojos de Mauricio se abrieron como platos al ver, al agacharse, como su pantalón descendió un poco, dejando al descubierto sobre la oscura piel los contornos de un blanco hilo dental que se perdía en una tirita que bajaba del centro de la espalda, despareciendo entre las dos musculosas  nalgas. Devolviéndole las llaves, el hombre le siguió al cuarto. Antes de entrar, Marcos le guiñó nuevamente un ojo al tiempo que soltaba una sonora nalgada en aquel trasero redondo.

   -Por adelantado te pido disculpas, Hugo grita como si se estuviera muriendo cuando se retuerce sobre mi güevo. –le informa.

   -¡Marcos! –gime el chico de color, la puerta cerrándose.

   Mauricio hirviendo.

CONTINÚA … 3

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 167

enero 15, 2016

LUCHAS INTERNAS                         … 166

BESAE UN POQUITO, BESAME OTRA VEZ

   Momentos y recuerdos de pasión.

……

   Mientras gime y se estremece, a cuatro patas sobre la estrecha cama, Jorge, con el cerebro lleno de endorfinas y testosterona, se pregunta por qué coño se había negado tanto eso. La sensación que despertaba dentro de sí el roce de la rugosa y ardiente pieza contra las paredes de su recto le tenía muy mal. Casi cae de sus codos cuando Eric vuelve a embestirle, sosteniéndole con propiedad por la cintura, metiéndole a fondo, con dureza y expertamente ese güevo caliente en sus entrañas. Cerrando los ojos, arqueando la espalda y echando la cabeza hacia atrás, puede decirse que si, que la siente toda, desde que entra, llenándole, frotándole y produciéndole chispazos de placer, hasta que golpea su próstata, casi haciéndole desmayarse de pura lujuria. ¿Por qué se había negado aquello?, porque no era de hombres, de machos como suponía era él, dejarse hacer esas cosas. Hasta la llegada de Eric. Si su hermano Gabriel no hubiera dicho aquello…

   Pero no puede ni quiere pensar en eso, no sintiendo la dura y gruesa mole de carne dura de macho cogiéndole, abriéndole, penetrándole, estimulándole, haciéndole gemir y echar su culo de adelante atrás, buscándola. Podía sentirla, si, deslizándose dentro de su culo y sus entrañas, reviviéndole. Cuando Eric se tiende sobre él, casi derribándole con su peso, mordiéndole un hombro, lamiéndole el cuello, admite que en su cama, en su cuarto, había soñado muchas veces con aquello, con tener al abogado así, golpeándole con su güevo tieso las nalgas, duro, rozando con el glande mojado la entrada de su orificio y luego metiéndoselo, poco a poco.

   -Ahhh… Ahhh… -era todo lo que podía expresar, ojos nublados, boca babeante, endureciendo sus nalgas.

   -¿Te gusta, Jorge? ¿Te gusta sentirte lleno de mí? –le pregunta Eric al oído, lamiéndoselo.- Te he extrañado tanto.

   -También yo… -confiesa, ladeando el rostro, mirándole con mendicidad.

   Cada centímetro de la gruesa verga sale y entra del agujero caliente, que lo abraza, lo hala, lo masajea y chupa, las membranas de su esfínter arropan al salir la nervuda barra. Dos cuerpos jóvenes y viriles estremeciéndose en un ballet de sexo duro y excitante.

   -Quédate conmigo, por favor… -pide Eric, ojos nublados, voz ronca. Necesitándole.

   -Claro. –le mira, forzado sobre un hombro, medio lloriqueando. Siendo sincero… en esos momentos.

   -Quiero verte. –ruge Eric, emocionado como nunca, sacándole el güevo del culo al otro hombre joven.

   Tragando, a punto de quejarse por el abandono de la dura y caliente pieza que palpitaba salvajemente en su interior, Jorge es arrojado de espaldas, jadeante, rojo de mejillas. Eric, tomando las almohadas y colocándolas bajo su cintura, le atrapa los tobillos separándole las piernas y metiéndose entre ellas. Se miran a los ojos. Sus respiraciones son difíciles. Habían esperado mucho por aquello, el abogado estaba completamente convencido de que nunca se cansaría de tenerle. Que no se saciaría jamás. Jorge, por su lado, ardía, quería de una manera tan desesperada que ese trozo de carne dura lo penetrara nuevamente que le asusta. Pero más allá de eso, lo más aterrador aún, es que va entendiendo que no era un capricho pasajero, cosa de hombres ociosos en lo que caen en un omento de vagancia. Algo más ocurría cuando estaba con Eric…

   -¿Listo? –le pregunta este.

   -Cógeme, por favor. –le pide con toda su verdad brillando en esos momentos en su mirada. A la mierda con todo lo demás, parecía decir. Le estremece la suave sonrisa del apuesto abogado, cuyos dedos afincan el agarre en sus tobillos, pero de manera casi acariciante.

   -Como guste el señor. Hoy se trata de ti. Que sientas, que vivas como sé que puedes hacerlo junto a mí. –informa, sintiéndose tontamente cursi mientras lo hace, pero tragando en seco viendo un real estremecimiento en el enrojecido culo del mecánico, en la contracción de sus bolas, en el pulsar de su rojo tolete que mana jugos sobre su bajo vientre. Jorge se le ofrecía.

   Mirándole a los ojos en todo momento, Eric acercó la punta de su verga al tembloroso agujero, frotándolo, espoleándole, notándole el brillo hambriento en los ojos, ¡lo quería!, tal vez ni supiera cuánto, pero Jorge… No puede pensar más, no con el chico esperándole. Empuja suavemente, firme, penetrándole otra vez, gozando las feroces apretadas que las sedosas y ardientes entrañas le dan al metérselo todo, así como el duro apretón del esfínter. Lo saca unos cinco centímetros, gozando al ver esa membrana saliendo, abrazándole, metiéndosela cuando vuelve a clavárselo. La mente se pierde de todo rastro de conciencia, las ganas, los cuerpos, los instintos se hacen cargo y comienza a cogerlo con fuertes embestidas, golpeándole con su pelvis las nalgas, montándose las bolas del otro casi sobre sus pelos púbicos. El güevo entra y sale con ritmo, la cama, que cruje y chilla está colaborando con sus bamboleos, mientras Jorge se estremece, arquea la espalda, echa la nuca hacia atrás y las manos se cierran en puños sobre la barata sábana, gimiendo en todo momento.

   A Eric todo se le eriza notando como se abre para recibirlo, como su culo ardiente es capaz de alojarle todo el güevo… pidiendo más. Que se lo meta más duro, más fuerte, más rápido. La lujuria desatada. Y bastante, no lo saben, pero fuera de ese cuarto un joven que llevaba unas cajas de lavagallos para la barra, oye los inequívocos gemidos de sexo, la cama estremeciéndose, sabe que hay dos sujetos allí, y aunque escandalizado no puede evitar una sonrisa de diversión, de interés, deteniéndose para escuchar la voz de un tipo que le pide al otro que le meta el güevo con más fuerza, que lo reviente, que lo preñe. Y se aleja, algo erizado, ¡vaya tipos!

   La noche avanzaba, y si Jorge había ido con ciertas ideas, como cogerse a Eric para demostrarse que no era un marica tan marica, ya lo ha olvidado todo, montado a hojarascas sobre el acostado abogado, subiendo y bajando su culo goloso que parecía no satisfacerse sobre la dura barra rojiblanca del abogado, estremeciéndose, tensándose, gimiendo mientras va y viene, sentándose sobre la pelvis y luego subiendo, contrayéndole las bolas al otro en su saco, el esfínter alargándosele atrapándole la barra, para luego caer otra vez. Eric gime con la boca abierta, aferrándole con las manos las caderas al otro. Alguna inspiración le había llegado al joven mecánico, o tal vez las almas y los cuerpos se encontraban y se reconocían en algún punto, se sintió sobrecogido, viendo al otro sentarse nuevamente sobre su güevo, su culo muy abierto y lleno, meciéndolo así, de adelante atrás, de derecha a izquierda, rotándolo, gimiendo al hacerlo, apretándoselo, ordeñándoselo, haciéndole ver estrellas. El abogado tiene la leche a punto desde hace rato, resistiéndose todo lo que puede para no acabar, para continuar disfrutando indefinidamente de las atenciones que el sedoso y todavía apretado culo masculino brindaba a su güevo deseoso de eso, de clavarse, de estar bien metido dentro del otro chico.

   Pero era verle sonriendo como borracho, abriendo los labios y dejando salir gemidos de gusto, subiendo y bajando su culo, cabalgándole como un experimentado llanero lo que tenía al abogado a punto. El blanco rojizo güevo del mecánico subía y bajaba, golpeándose contra su abdomen, mojándole, quemándole. Y se lo atrapa, porque sabe que no aguantará mucho más. En cuanto le atrapa, apretándole el tolete, masturbándole, Jorge pareció perderse aún más en esa nube de lujuria que les envolvía, parecía sobre estimulado. La visión de su cuerpo esbelto, musculoso y joven retorciéndose mientras se empalaba, así como un bailarín en un poste, era impresionante. Estaba así porque le masturbaba, sabía Eric, pero principalmente por el güevo que le penetraba el esfínter del culo, que lo abría y se le metía por el recto, latiéndole salvaje y ardientemente contra las paredes de sus entrañas, seguramente golpeándose una y otra vez allí, lo sabe por la forma en que busca y gime cuando cae, echando la cabeza más y más hacía atrás, su torso muy extendido, como presa de una lujuria intensa. Y grita…

   Jorge lanzan un ronco gemido vital, sensual, mientras del ojete de su güevo escapa un chorro de esperma, que coincide en uno de sus saltos, y baña el pecho del abogado, su cuello y un lado de su cara, quemándole, erizándole, el olor del semen fresco embriagándole. El mecánico cae sobre el güevo, atrapándolo todo, corriéndose una y otra vez, y las apretadas que estaba dándole en ese momento fue más de lo que el abogado pudo resistir y dispara su carga también. La sintió corriéndole desde las bolas, por todo el conducto seminal, hirviendo como lava de volcán, estallando en ese culo que todavía apretaba y ordeñaba. Por su lado, sentirla, los disparos calientes en lo más profundo de sus entrañas de hombre, el semen de otro carajo inyectado directamente por su tolete casi hace desfallecer de calenturas al mecánico.

   Se corren, terminan y se miran, agitados. El torso y abdomen de Eric manchados de blanco, Jorge sintiendo como de su culo, todavía taponado de carne de macho, escurre un poco de leche. Pero no quiere pensar, se tiende hacia el otro, del güevo sale de su culo, sus cuerpo chocan, se abrazan, se besan, el semen se mezcla entre los dos. Y mientras Eric le atrapa el rostro y lo besa con suavidad y gratitud, Jorge en plenamente consciente de que su culo mana abiertamente la esperma del otro hombre. Era esa clase de hombre, debía admitir. Pero no importaba.

……

   La pareja, tarde esa noche decembrina, descansa. Más que dormidos después de otras dos tandas de sexo atrasado, podía que estuvieran inconscientes. Se ven agotados pero satisfechos. Ambos duermen sobre un costado, como cucharitas en cubiertero. Jorge tiene el rostro oculto en el cabello de Eric, y aspira mientras duerme, pareciendo que se encuentra feliz. Uno de sus brazos descansa sobre la cintura del otro. Completamente desnudos duermen sin arroparse. Y se sentía bien. Increíblemente bien. Eric, por su lado, poco antes de cerrar los ojos, sintiéndole acomodarse a sus espaldas, se preguntó con quién se debía hablar para conseguir una vida de noches compartidas de esa manera.

……

   La historia de un país como Venezuela se movía en círculos, que, obviamente como la mayoría de los círculos, eran viciosos. Los presidentes de la república llegaban en medio de los mayores vítores, aclamaciones y esperanzas, para al poco andar (excepto en el caso de Jairo Bochinche que lo logró dejar la Silla con aceptación), perder toda popularidad y afecto. Pero habían otros movimientos cíclicos y obligatorios: todos los presidentes se enemistaban con los que lo habían aupado y apoyado, ayudándoles a llegar (el típico político que olvida no sólo sus promesas), muchas veces sin dobles intensiones, y nunca oían los consejos de amigos serios y desinteresados. Era una fija que los presidentes venezolanos escucharan a los que los llevaban al matadero; generalmente adulantes, ladrones o idiotas totales, con muchos títulos académicos eso sí, pero incapaces de limpiarse bien el culo sin un espejo grande de pared y una manguera a presión. También era obligatorio que ignoraran a los que una y otra vez acertaban en sus apreciaciones sobre lo que iba a suceder y deseaban auxiliarles.

   Al viejo Rafael Calderón le dijeron que en cuando abriera la puerta para entrar por segunda vez a Miraflores, el sistema financiero todo se le vendría encima, quitándole el tiempo y el dinero necesario para afrontar las reformas sociales que hacían falta para revitalizar al sistema democrático e impedir que la gente cayera en manos de demagogos. El viejo, que decían que hablaba únicamente con Dios, no oyó, y los bancos, saqueados por sus dueños, cayeron uno tras otro mientras esa pila de malandros emprendía el vuelo cargando con sus ganancias duramente robadas. La crisis bancaria de los noventas. Igualmente fueron ignoradas las voces que lo alertaron sobre la forma en que la emergencia financiera estaba siendo manejada por un hombre que ya había demostrado incapacidad y un desprecio total por el país y su suerte, aunque no por sus propios intereses, como lo fue Gonzalo Rosemberg; quien entregó dinero a menos llena a los banqueros que salieron huyendo en una segunda oleada, mientras Rosemberg, encogiéndose de hombros, expresara como explicación ‘no me lo esperaba’, quedando a salvo de toda duda y sospecha por su negligencia criminal al admitir su sospechosa estupidez.

   Corría el año noventa y ocho, poco antes de que ocurriera la crisis terminal de todo el sistema en manos incompetentes (la izquierda), y las voces que le decían a la gente de qué mal iban a morirse, alertaron al principal jefe del partido social- demócrata, con gran chance de ganar las elecciones, que debían abordar el tema de la reforma constitucional, ya que esa sería la banderilla de las próximas elecciones en las calles y que podía ser utilizado por un aventurero que entusiasmara a un país que no veía solución en sus dirigentes; que la gente no sabría qué era o qué significaba, pero que llenarían el saco de sus esperanzas e ilusiones con eso, lo que los haría proclives a seguir a cualquier charlatán por peligroso que fuera. Que ya había ocurrido antes, en Alemania en los años treinta del siglo pasado. Nuevamente las voces sensatas, las que acostumbraban a tener razón, fueron ignoradas y un aventurero ocupó el espectro político, prometiendo lo que todos deseaban escuchar.

   En verdad eran muy pocas las voces sensatas, pero sí habían una que otra, con autoridad, que le señalaban a los presidentes los peligros de los errores que iban o estaban cometiendo, alertándoles para que procuraran correctivos, pero nunca eran escuchadas tales voces, cometiendo éstos una y otra vez. Errores fatales. El Presidente actual no fue la excepción. Desde su primer mes en Miraflores, se le metió en la cabeza, o se la metieron (la idea, claro está), la convicción de que lo único importante era asegurarse la reelección inmediata para gobernar un largo periodo de tiempo, por lo que era necesario reformar la Constitución como quien manda a coser una camisa a la medida.

   Las voces autorizadas, que han advertido una y otra vez de los peligros presidenciales, le aseguraron que esa reforma podía ser cuchillo para su garganta, por la forma en que era manejada. Le dijeron que poner énfasis en lo político era un error, que esa manía por permanecer en el poder, mediante reelecciones, era una tontería frente al problema financiero que mantenía al país paralizado, que aunque se cambiara la Constitución para que se reeligiera cinco veces, sí no resolvía los problemas de la comida, el trabajo, salarios, educación y salud, jamás votarían por él otra vez, ni lo seguirían.

   Pero no oyó, y le dio importancia a lo político sobre lo social, idiotez de ignorante sobre la que nadie más lo alertó desde su bando. Fue criminal que nadie le dijera que sí intentaba declararse dictador, un país como Venezuela que necesitaba dólares para traer de afuera hasta la leche para los teteros o para fabricar aspirinas, no encontraría créditos baratos y fáciles de los organismos financieros internacionales. Pensó que podía pelearse con ellos, porque no los necesitaba, para luego tener que ir, arruinado, ofreciendo condiciones onerosas para la nación, implementando las medidas de mercado más salvajes y neoliberales que gobierno algunos hubiera implantado; y que tampoco sirvió de nada, ya que la corrupción, torpeza y rapiña del entorno íntimo y de la cúpula podrida de la revolución, se lo robó todo. Por fortuna, gente como Toribio Bregón, Ministro del Dinero, no perdieron nada suyo mientras remataba y entregaba a la nación.

   De su gente, nadie le advirtió que antes de ser el emperador del continente, debía lograr la prosperidad de su propio pueblo y la conciliación de sus gobernados; que nadie con dos dedos de frente iba a seguir a un carajo que tenía a su propia gente comiendo mierda. No le dijeron que antes de disfrazarse de Fidelio, hubiera ganado más creando y apoyando Poderes Públicos independientes que se ocuparan de lo suyo, ayudándolo a resolver problemas reales, no los creados por ellos mismos. En lugar de conseguir gerentes que manejaran los ministerios, gente seria y más o menos inteligente que pudiera responder y razonar con la oposición con ideas, perdió el tiempo rodeándose de tipos a los que llamaba monito, o enviaba a buscar arepas, o que simplemente sirviera para gritarle maricas a los opositores. En lugar de parlamentarios que pudieran hilvanar más de dos ideas, se rodeó de gente que sólo sabía gritar, mostrar los dientes y arañar. Ese fue su error.

   El régimen amenazaba y acusaba a la oposición de no dejar trabajar al Gobierno, de entorpecerlo, de obstaculizarlo; cuando no eran más que el Presidente, Isaac, Isis Valderrama, la procuradora Mirasol Balza, Fermín Chacón, Pablo Cermeño, Barroeta, Félix Bermúdez, Eliseo Ortega, Tannis Saib, Garcés Camacho, Arcadio Bittar, Dagoberto Cermeño, quienes como ningunos, conspiraban y hacían todo lo posible para que el Gobierno fracasara, acorralándolo y destruyéndolo para siempre. Después de La Masacre de El Silencio era imposible que el proceso pudiera encontrar la manera de engañar sobre su naturaleza a la mitad del país, los muertos estaban ahí, Tiburón Uno se había dejado grabar, la otra necesitaba creer que en verdad eso funcionaba. Pero el grupo que les adversaba, que les odiaba, se volvió irreconciliable con ellos desde ese punto, La Masacre de El Silencio, lo que quedaba esperar era que el grupo que les seguía fuera erosionándose entre amarguras, desencantos y desengaños. Llegaba el declive.

   El Paro Cívico podría fracasar, había demasiadas manos trabajando para eso, aún dentro de la organización opositora; pero el Gobierno ya no podía hacer nada más para ganar simpatías. Ya no gobernarían como no fuera para sobrevivir un año tras otro, no habría tiempo ni con qué crear algo alternativo, fabricar, hacer cosas. Vivir el momento y arrastrando a todo el país y su gente en la caída. El movimiento había fracasado desde el momento mismo cuando el hombre, con la mano sobre la Constitución Nacional, frente al viejo demócrata, Rafael Calderón, dijo que juraba sobre la bicha muerta. En ese instante muchos lo catalogaron como un inútil hablador de paja. Fue allí donde se plantó la semilla del caos, en él, en todos ellos. Eran los fracasados, los resentidos sociales que jamás lograron hacer nada, que simple y llanamente intentaron halar a todo un país hacia atrás, con ellos. Y lo que eran no podía cambiarlo nadie. Ni siquiera ellos.

CONTINUARÁ … 168

Julio César.

NOTA: Dios, esto lo escribí a principio de 2003, y suena tan de hoy. Viendo como el país se cayó a pedazos es fácil comprobar que de verdad esta gente sólo jugaba a sobrevivir, a que el tiempo les alcanzara para robar lo que pudieran y tender sus redes criminales. Curioso es que cuando lo plasmaba por escrito, Venezuela vivía otro momento de insolvencia, el Gobierno ya llevaba cuatro años y se habían robado lo que encontraron, por lo que tuvieron que meterle la mano directamente al Banco Central y a PDVSA. Les urgía. Por fortuna, al menos algo nos alcanzó para comer durante ese tiempo, comenzó la escalada de precios petroleros más larga y abundante de toda nuestra historia. Doce años duró la bonanza, entrando por conceptos petroleros cinco veces más que en los cuarenta años anteriores, y que terminó en 2014… encontrándonos sin medio real. Todo se lo robaron. Otra vez. Ni en los noventa, durante la crisis bancaria, el país pasó tanta hambre, padeció de tan galopante inflación, ni vivió los niveles de inseguridad que producen veintisiete mil muertes en un año. Es lo que llaman El Legado.

DE AMNISTIAS Y LOS CUENTOS DE LA IZQUIERDA DEL PASADO

enero 15, 2016

EL NUEVO PARLAMENTO

NICOLAS MADURO Y DARIO VIVAS DE CUANDO PRACTICABAN LO QUE AHORA CONDENAN

   Escupiendo para arriba, ¿extraña el resultado?

   La vida es, indudablemente maravillosa en esos momentos mágicos de compartir, de estar con la gente que se quiere haciendo algo que no molesta, pero también suele ser dura y difícil. A veces demasiado para mucha gente. Muchas personas la pasan mal, desde quienes enferman hasta los que nacen sin siquiera una madre que los cuide; o en lugares en conflictos porque alguien se empeña en decirles cómo tienen que pensar y sentir, y disentir es un delito; sin embargo toda esa gente lucha por subsistir. Otras son un eterno fracaso, aún cuando no haya una razón objetiva para que fracasen. Hay sujetos que nacen para un siempre equivocarse, y mientras lo hacen, generalmente, dañan a otros. Y una forma de reconocerles es la manera en la cual se desdicen, con descaro, de las banderas y slogans que antes enarbolaban.

   Cualquiera puede hacerlo, cambiar de opinión o parecer, madurar, uno puede ser socialista cuando muchacho para luego descubrir que tan sólo era una pila de basura como ideología, dándole la espalda a sus promesas vacía, el mucho bla bla bla sin sentido, sin consistencia. Lo que está mal es condenar y perseguir después a los muchachos porque estos crean en el socialismo. Es hipócrita. Lo sano es darles tiempo, intentar que no se lastimen demasiado y esperar que el vano sueño termine pronto. Nunca pasa del todo, siempre está ahí como una amenaza; así como las sectas satánicas, la izquierda canta cosas bonitas al oído, lo que se quiere escuchar, lo que se desea que ocurra, aunque siempre está bien lejos de esos logros.

    Esa batalla de demagogia e hipocresía se vive actualmente en Venezuela. La brutal paliza que el país le dio en diciembre al régimen dirigido por Nicolás Maduro Moros, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez, quienes nos han hundido en este desastre, les enloqueció. Un Parlamento en manos de sus opositores abre la puerta a una investigación al escandaloso robo del erario nacional, exigiéndose una explicación de por qué un país petrolero que gozo de doce años de petro dólares en excedencia por altos precios del barril, hoy muere de hambre. Perder el Parlamento les ha hecho actuar de manera escandalosa, alejándose de las apariencias de democracia y legalidad; todavía no lo entienden, no pueden asimilarlo, en sus mentes no es que hicieron algo malo sino que la gente es estúpida y no entendió lo maravillosos que eran. Que les traicionaron. Por ello, en lugar de intentar revertir este desastre, especialmente económico, se lanzan al juego televisivo de circo, sin pan, pero circo al final y al cabo.

MAGISTRADOS NOMBRADOS POR DIOSDADO CABELLO

   En lugar de trabajar para corregir lo que hicieron y que la gente les escuche y pare bolas otra vez, se fijan como meta destruir el Parlamento, desconociéndolo, antes de que la podredumbre emerja en toda su miseria y gravedad. Un paso fue pretender que unos diputados electos por sus votantes fueran destituidos por un poder que se auto eligió, se auto proclamó a sí mismo sin que nadie supiera cómo ni cuándo o por quienes, y que se auto aplaudió. Gente que fue a las urnas electorales, ganando voto a voto, destruida por unos sujetos cuyos nombres Diosdado Cabello sacó de una lista que tenía bajo su cama. ¿En qué realidad, en qué mundo paralelo, eso es legal o democrático?

LIAN TINTORI, LA MUJER QUE LES SACA LA PIEDRA

   Pero la batalla mediática, que no real, no fundamentada en los problemas como el desabastecimiento, el hambre y los casi veintisiete mil muertes a manos de la violencia desatada el año pasado, la arman por iniciativas como una Ley de Amnistía para los presos políticos y exiliados. A la cual se niegan, llamándolo vagabundería, una gente que ayer marchó exigiendo una Ley al respecto, cuando Hugo Rafael Chávez Frías, violando sus juramentos y la constitución, encabezó una sangrienta intentona de golpe de estado que, como luego veríamos era su marcha de fabrica, fracasaría. Antes era una necesidad, ahora es una berraquería. Que antes se juzgara a un grupo por causar cientos de muertes en las intentonas, se le equipara con perseguir y exiliar gente que expresa en voz alta que el Gobierno está lleno de ladrones inútiles, por temor a que la gente que escuche crea que son realmente ladrones e inútiles, como si para constatar lo que son no bastara con salir a la calle.

GOLPISTAS CON TANQUETAS, AVIONES Y TROPAS ARMADAS

   Un tribunal militar juzgó a aquellos, por lo que pasó y cada uno lo reconoció (todos lo vimos por televisión), ahora se ordena detenciones por televisión, y de una vez se dicta la sentencia. ¿Hay diferencia entre unos reos para quienes se pedían amnistía y los otros?, si. Cuando se desea encerrar gente únicamente porque se le odia, o es incómoda, estamos en presencia del fascismo.

   Pero no es la primera vez que esta gente dice y se desdice, de la peor manera, condenado a los otros por las banderas que antes enarbolaban. Antes, lo golpes de estado eran buenos, necesarios, casi patrióticos, esos que se hacían con tropas armadas en las calles, tanquetas y avionetas. Ahora se condena y sataniza gente al grito de “golpista”, aunque no demuestren que cuenta con tropas armadas, tanquetas o avionetas, al menos no más allá de la simple habladera de paja como hizo José Vicente Rangel denunciando unos aviones de guerra que saldrían de Colombia y la vaina jamás se demostró ni nadie le enjuicio por la ley de responsabilidad de CONATEL por mentir al aire, por alegar que sus cuentos eran noticias (el fascismo cree que la propaganda son logros, que la calumnia y la descalificación es política comunicacional).

ESTUDIANTES SATANIZADOS POR LA IZQUIERDA VENEZOLANA

   En el pasado los estudiantes eran la sal de la tierra para los grupos de izquierda, cuando manifestaban contra los adecos y copeyanos, especialmente contra Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campins (que descansen en paz); ahora si los estudiantes salen a protestar por este desastre en el cual nos hundieron por ladrones e incompetentes, es porque son unos criminales a quienes Vielma Mora desea encerrar en terribles cárceles comunes y Manuel Isidro Molina les sataniza desde LA RAZON; en las mentes y notas “informativas” de la izquierda se convierten en guarimberos (si, esos comunicadores que antes hablaban paja de la lucha estudiantil contra el sistema, defendiendo a los liceístas arrojando bombas molotov o quemando basureros, pero que ahora son malos), que si son esbirros del imperio. Antes se apoyaban en sus luchas, ahora hay que silenciarlos, perseguirlos, criminalizarles y condenarlos.

TAREK WILLIAM SAAB, OTRORA DEFENSOR DE DERECHOS HUMANOS

   El Defensor del Puesto, perdón, del Pueblo, Tarek William Saab, ha sido muy discreto sobre las denuncias de torturas a estudiantes durante el año 2014, si es que algo se investiga acaso, ya que un gobierno violador de los derechos humanos deben silenciar esos lunares. ¿Alguien recuerda cuando al señor Tarek William Saab le parecía malo que los gobiernos arremetieran contra la gente, la encarcelara, persiguiera y exiliara por el delito de disentir? No, yo tampoco.

   Venezuela siempre fue un país socialistoide, hasta no hace mucho en estudios sociales se leía El Capital, de Karl Marx, y la Universidad Central de Venezuela estaba llena de exposiciones sobre la revolución cubana; eso acabo a tres años de la llegada de esta gente al poder. La gente les agarró arrechera a todo eso, y por asociación a los pobres cubanos que fueron traídos en condiciones casi de esclavos al estilo chino. De esos tiempos estaban los periodistas socialistoides como Desirée Santos Amaral y Earle Herrera (quien padecía de una debilidad personal de la cual culpaba al mundo), quienes desde todos los medios de comunicación donde aparecían criticaban abierta y amargamente todos los gobiernos de la cuarta (sacando la lucha frontal contra la guerrilla, a cuyos presidentes todavía tachan de monstruos porque les impidieron hacerse con el poder en ese entonces para entregárselo a Fidel Castro y sus financistas), los más criticados fueron Luis Herrera Campins al segundo de Carlos Andrés Pérez; qué no se dijo de esta gente; el cuento de que antes no se decía nada de los desmanes del poder es otra fabula de la izquierda.

DESIREE SANTOS AMARAL Y EARLE HERRERA PRACTICANDO AHORA LO QUE ANTES CONDENABAN

   Gritaban, en aquel entonces, contra las sanciones y las maniobras para controlar la información, al grito de “fascistas” y “agentes de la CIA”. Una vez en la Asamblea, nadie hizo tanto daño a la libertad de expresión, al derecho de la información como Desirée Santos Amaral y Earle Herrera, quienes ahora perseguían, acosaban y criminalizaban a la prensa, a los periodistas y deseaban impedir todo derecho a la información, cortando de cuajo toda voz que sostuviera que este desastre donde terminamos, y para donde nos llevaban, terminaría así por culpa de ellos. Antes era malo sancionar con cuarenta y ocho horas de cierre un canal de televisión; en estos tiempos, los de Desirée Santos Amaral y Earle Herrera la regla es destruirlos. Ahora es malo lo que antes practicaban, denunciar la corrupción y la brutal incompetencia, cosa que evidencia lo farsantes que son. A eso le llaman, la señora Santos Amaral y el señor Herrera, revolución. No fascismo. Revolución. Y para lo que han servido, toda la política comunicacional del régimen desplegada por estos dizques periodistas es un desastre tal que únicamente les sirve el silencio total.

REPRESENTACION LEGISLATIVA DEL ESTADO AMAZONAS DESPOJADOS

   El caso de los diputados del estado Amazonas, electos por el pueblo de Amazonas, proclamados por el CNE regional después de las contralorías y verificaciones, destituidos por un Tribunal Supremo de Justicia designado únicamente por Diosdado Cabello cuando sintió que el agua le llegaba al cuello (unos pocos funcionarios autoproclamados cercenando el derecho de los electores de todo un estado, dejándoles sin voz en el Parlamento), recuerda los viejos tiempos cuando la izquierda andaba de capa caída porque en Cuba se robaban lo que Libia enviaba para financiarlos, teniendo que recurrir a los secuestradores que cobraban rescates, los atracadores de bancos y los de ganado, que al ser encarcelados encabezaban las listas de los partidos de izquierda para el Congreso, y que al salir electos, proclamados por el antiguo Consejo Supremo Electoral, se convertían en diputados, gozaban de inmunidad y debían ser liberados para que asumieran la representación de la gente que los eligió. Antes, a pesar de los prontuarios, era válido, era lo que se debía hacer, pregunten qué hacen ahora estas basuras con diputados electos por la gente y proclamados por el ente comicial. ¿Cómo se puede confiar en que tipos de semejantes calañas puedan dirigir, gerencial o mandar en alguna cosa? ¿Puede sorprendernos el desastre de inmoralidad, incompetencia y degradación a la que hemos llegado, siendo el Tribunal Supremo de Justicia el asiento de todos estos vicios visibles?

   Claro, eran los tiempos cuando la izquierda toda, y gente como Desirée Santos Amaral, José Vicente Rangel y Earle Herrera desde los medios de comunicación denunciaban la corrupción de los gobiernos adecos y copeyanos, responsabilizándoles de todos los problemas que padecía la población. Ahora que son gobierno y todavía queda algo en la botija saqueada, la culpa es de otros, de todo el mundo (marcianos e iluminatis incluidos), menos de ellos que llevan diecisiete años al frente del Estado con el control de todos los poderes e instituciones. Y quien diga lo contrario, que Nicolás Maduro Moros o Diosdado Cabello deben dar explicaciones por este desastre, es porque seguramente es un emisario del imperialismo que busca desestabilizar. ¿No dan asco, acaso?

   Es la conducta de una gente irresponsable, incapaz de asumir lo que han hecho, todo el daño que han producido por incompetentes y rapaces, desde regalar el territorio Esequibo, a entregarle la frontera oeste a los paramilitares a los que nacionalizaron y cedularon, pasando por el dilapidar nuestro petróleo para sobornar gobiernos cabrones o saquear a dos manos el erario nacional llevándose hasta lo que hace falta ahora para la comida. Es por lo que la gente ya no confía, no les cree nada de lo que dicen; algunos han comprendido que hablar paja, hacer ruido por necedades, no resuelve nada. Los dogmas vacios no llenan las ollas de sopa. Pero es lo que no quieren encarar. El día de mañana se repiten las elecciones en Amazonas y van a perder hasta el diputado que lograron colar, a pesar de que se vuelquen en habladeras de paja, en intentar comprar votos con más taxis y tabletas, o presionar a los empleados públicos. El problema es que se les asocia con la crisis. El desastre, en la mente de los venezolanos, tiene nombres, Nicolás Maduro Moros y Diosdado Cabello; aunque son muchos más, son ellos los identificados con la derrota, con la debacle y hasta con la destrucción total del PSUV. Este año no van a ganar ni la alcaldía de Sabaneta de Barinas.

HUGO CHAVEZ LIBERADO POR LA DEMOCRACIA

   Viendo la imagen de más arriba, y pensado en el difunto Hugo Rafael Chávez Frías y el resto de los conjurados del año 92, sólo queda decir que es una suerte, al menos para ellos, que la gente de la cuarta no fuera tan miserable, ni tan ruin, como los de la quinta.

EN UN MUNDO CONVULSO, VENEZUELA GIRA SOBRE LO TONTO

Julio César.

ESOS TRABAJOS FACILES

enero 14, 2016

NOCHE DE MUSCULOS DUROS

   Se daban con todo.

   Los muchachos, todos jóvenes, apuestos y orgullosos de sus cuerpos, habían sido seleccionados por Madame Sadie para que “ganaran una fortuna fácil” bailando ante mujeres gritonas. Cosas que les encantó. La idea de ganar dinero, dejarse ver y que todas (y todo el que quisiera ver, así de vanidosos eran) deliraran por sus cuerpos. La mujer los entrenó con paciencia, guiándoles a cada paso. Les indicó, con firmeza y lógica, qué piezas íntimas a usar, venciendo ciertos temores y resquemores por los hilos dentales. También por las afeitadas de traseros y bolas que debían darse unos a otros, lentamente, con esmero, cuidando el equipo ajeno. Llegaron las prácticas de danzas juntos, cada uno compitiendo con los otros por ser el mejor, abriendo más las piernas, meneándolo más rápido, frotándose unos de otros como si lucharan. Lo hacían ya con naturalidad.

   Las prevenciones iniciales desaparecieron con el tiempo, con los bailes, los ejercicios, las coreografías y rutinas. Conviviendo, tocándose, mirándose entre ellos. Aprendieron a admirar la perfección en otros cuerpos y pensar en lo natural que era tocarles. Las mujeres ríen y gritan viéndoles hacer eso en el escenario, pero Madame Sadie tan sólo sonríe. Dentro del público están los que proponen las pruebas, que dos se abracen, que otros se besen, que uno se siente y otro le baile el paquete en la cara y lo frote. Madame Sadie sabe lo que hace. Esos chicos, en los vestuarios, las duchas o en sus casas, llevados por la curiosidad y las ganas probarían la dura carne joven y le encontrarán el sabor. Pronto estarían bailando ante jeques y ricachones ociosos, filmando cintas porno, ganando plata en bruto para ella.

   Pero todavía, mientras bailan, creen que lo hacen por dinero y por mostrarse a las chicas. ¿Es raro que Madame Sadie sonría tanto?

AFORTUNADA EQUIVOCACION

Julio César.

OSCURO AMOR

enero 14, 2016

UN VECINO LO CONVIERTE EN SU PERRA

   Llevo un relato con un amigo de la casa, el cual ya me lo ha atrasado un poco, La Nena de Papá. Pero publicarlo me ganó el que otro, Leroy (quien parece contar con una gran cantidad de videos), me pidiera que revisara su cuento. Casi totalmente terminado ya. Por alguna razón dice que lo podernos escribir entre los dos. Es suyo, tan sólo acomodaré una que otra coma. Aunque hay algo en su estilo que me hace pensar que le gustan muchas cosas de las que me atraen a mí. Disfruten de este relato maldito, que lo es, que será corto y, como ya señalé, está casi listo así que por mi parte debo hacer muy poco:

Por Leroy G

SEXY MAN

   Tan joven y sentir que ya no le queda futuro…

……

   Cuando Mauricio Valdez miraba atrás en su vida, con apenas veintiséis años, reconocía que sus tiempos de gloria habían transcurrido en la universidad cuando era un atleta en ciernes. El boxeo le había dado un buen cuerpo, también fuerza, y con sus facciones armoniosas, una sonrisa pícara y unos ojos oscuros pero chispeantes en una cara llamativa, atractiva pero masculina, de un claro tinte cobrizo de piel, le hizo el preferido de todos. Hasta su fea derrota en unas estatales, donde le desprendieron la mandíbula y debió someterse a muchas cirugías. Su cara estaba prácticamente igual, pero jamás volvió a ser el mismo sobre el cuadrilátero. Tenía miedo de una nueva lesión o algo peor. Eso selló su destino y acabó con buena parte de su popularidad, ya no era tan frecuentado ni tan solicitado. Necesitado de otra cosa qué hacer, estudió para profesor de Biología, no estaba hecho para la investigación. Le faltaban las ganas o la mística. Era sólo un empleo para tener algo qué hacer. Sin embargo no abandonó del todo los gimnasios.

   Su cuerpo alto, sólido, musculosamente armonioso era lo que esperaba; dentro de su nueva, infeliz e insatisfactoria situación, eso le brindaba consuelo. Enfundado en un jeans y una franela atraía las miradas, pero la verdad es que se sentía tan sólo como otro más del montón. La gran oportunidad de fama y dinero se fue con aquella derrota. Y mucha gente se lo recordaba, de buena fe, que había sido una pena, una desgracia, por ello dejó su San Cristóbal natal y se fue para Caracas, a inventarse una vida, privada y profesional, sin cargar con ese peso. Fue duro estar lejos de su familia, aunque les llamaba y le enviaba correos electrónicos a cada rato, también de sus amigos y conocidos, pero esperaba… recomenzar, que la oportunidad volviera a llamar a su puerta. Pero no fue así.

   Había en Caracas muchos profesores de Biología, y muchos colegios habían cerrado dada la crisis económica del país; el alquiler del piso que consiguió era caro. Por ello, nada más conseguir algunas horas en dos secundarias, se decidió a tres cosas: conservar esos empleos como fuera, tomar un compañero de piso para cubrir gastos y practicar levantamiento de pesas para competir en otro renglón deportivo buscando notoriedad. Su cuerpo era bonito, lo sabía, así que más musculoso, mostrándose aceitado y en tanga de culturista tal vez consiguiera otras oportunidades. Comenzando por las chicas, tan estrecho de fondos andaba que no había tenido tiempo ni recursos para buscar novias, conformándose con encuentros momentáneos. De todo, lo del compañero de piso era el asunto más difícil, no quería locos, gente maniática de la religión, la política o las conspiraciones.

   Aquí la suerte jugaría a alinearse. En el gimnasio a donde asistía después del trabajo, casi furtivamente para usar las pesas pagando lo mínimo posible, se topó con aquel chico, Marcos Santana. Era un joven delgado, algo más bajo, de cabellos negros lustrosos y rostro algo oculto, aunque no del todo, por unos anteojos de pasta negros, cosa que le daba un aire de nerd. Parecía querer desarrollar su torso, endurecer sus brazos delgados… y le miraba mucho, de manera furtiva, cuando creía que nadie se fijaba. Pero lo notó, divertido y molesto. Otros también. Más de una vez, al pasar el joven, escuchó claramente a otro de los clientes del lugar, algún sujeto grande, gruñir un burlón: “Cuiden sus culos, ahí viene el maricón ese”, estallando las risas de los asistentes. También Mauricio sonrió, aunque no con especial veneno, tan sólo era divertido. Lamentablemente, hablando del asunto, con otros tres a la entrada de los vestuarios, si dijo:

   -No deberían dejar a los gay entrar a las duchas con nosotros. Es incómodo.

   Fue un comentario lanzado a la ligera, de mal gusto e idiota en verdad, él mismo lo sabía, por eso se envaró cuando vio a los otros sonreír socarrones, mirando sobre su hombro. Se volvió y enrojeció de vergüenza, allí estaba ese chico, mortalmente serio. Desde ese momento se mantuvo alejado, ya no le miraba ni furtivamente, y eso avergonzaba más a Mauricio.

   Ahora allí estaba, en la puerta de su apartamento, respondiendo al anuncio que publicó, solicitando la habitación extra. Era incómodo, no porque Mauricio en verdad le disgustara él o su condición sexual, de la cual no estaba seguro, tan sólo la asumía como un hecho por los comentarios de otros, sino por las palabras que expresó esa vez frente a los vestuarios. El chico, más bajito, más joven y más serio, pareció desconcertarse al verle, mirando algo escrito en una hoja de papel y verificando el número.

   -¿Eres quién alquila? –le pregunta, serio, y Mauricio asiente.- ¿Debo irme o tendré una entrevista? Traigo referencias y puedo responder cualquier pregunta.

   -No, no te vayas, todavía no alquilo… -responde un tato apurado.- ¿Dejas de tu casa?

   -Hace años que no vivo con mis padres. –sonríe de manera torcida.- Me gusta mi independencia. Estoy terminando un doctorado en química y llevo algunas investigaciones en la Central. No está lejos de aquí. Y quiero estar más cerca del gimnasio también. –informa abiertamente.- No para ver tipos mazacotudos, quiero… dejar de ser tan flaco.

   -Oye, Santana… lo que dije esa vez en el gym… -enrojece con vergüenza y azoro. Era importante que se explicara.

   -Tranquilo, amigo, fue molesto pero no algo que no haya escuchado antes. Por lo menos no dijiste “a esos maricones de mierda hay que sacarlos de la ciudad”.

   -¡Nunca diría eso! –se horrorizó, aliviándose al verle un conato de sonrisa en los labios al chico más bajo.- Eres un idiota.

   -Sólo uno reconoce a otro. –fue la réplica.- Y… sí, soy gay. Te lo aclaro de entrada porque si me quedo quiero que sepas que me gusta mucho el sexo. –eso desconcierta a Mauricio, que boquea y sonríe perplejo.- ¡Pero qué mucho!

   -Como nos gusta a todos. –le resta importancia, sin desear imaginar nada en el sexo gay.

   -Entonces… ¿me das el cuarto?

   -Claro. –responde. Casi sin vacilar. No mucho.

   Y así se selló el trato. Marcos resultó ser un gran compañero de piso, colaborador con el aseo, las reparaciones menores y con los gastos. No sólo los comunes, también ayudaba, de tanto en tanto, con las cosas que a Mauricio le gustaban, como las cervezas. Preparaba las comidas, todas, y era realmente bueno en eso. Y, curiosamente, no levantaba olas. La primera vez que se encontraron en el gimnasio, no dio muestras de reconocimiento, confianza o intimidad, manteniéndose apartado.

   -Esta tarde traeré a alguien. –le dijo una mañana, a una semana de haberse mudado con todas sus cosas.- Espero que no te moleste. Ya sabes, hay que usar el güevo o se cae.

   -Claro. –no supo qué otra cosa responder. ¿Usar el güevo?, se cuestionó, comiendo, rojo de mejillas; seguramente le iban a partir el culo. Sonriendo alza la mirada y se encuentra con sus ojos tras los cristales, enrojeciendo violentamente.

   -Creo que voy a sorprenderte, amigo. –la voz era algo seca. Genial, le molestó.

   Pensando en eso fue a trabajar. Dio sus clases en la secundaria, luego pasó por el gym y finalmente regresó al apartamento. Había olvidado la charla con Marcos. Abrió la puerta y… oh, sorpresa.

   Sentado en el sofá, sus miradas chocando, Mauricio encuentra a un hombre en la mitad de los veinte, vestido de menara informal, pero algo en el grosor de sus bíceps y muslos que abultaban mangas y pantalones anunciaba que no era un chiquillo, un estudiante, que era algún bombero, un albañil o algo así, alguien que se ejercitaba. El cabello castaño claro, casi al rape, le decía que tal vez era o había sido militar.

   -Buenas tardes. –le saludó, confuso. ¿Era la cita de Marcos? Se veía mayor para el joven nerd.

   -Buenas tardes. –le respondió este, rojo de cara, medio bailoteando sus piernas en el sofá, con una voz profundamente masculina, rica en tonalidades. De macho.

   -Hey, amigo. –a sus espaldas la puerta se abre y entra Marcos, llevando una bolsa en las manos.- ¿Conociste a… a…? –lo había olvidado o no lo sabía. O no le importaba tanto. Mauricio sabía cómo molestaba eso, por ejemplo, a las mujeres.

   -Vicente. –responde el hombre joven, algo mortificado.

   -Si, Vicente. –le sonríe como disculpándose.- Soy malo para los nombres, lo sabes. –mira a Mauricio.- Con la mudanza perdí algunas cosas y debía reponerlas urgentemente… -mete la mano en la bolsa y saca un accesorio sexual, un collar de perros, negro, lustroso, arrojándoselo a Vicente.- Póntelo y espérame allá. –le señala una puerta, autoritario; viéndose chocante alguien tan joven, delgado y tan nerd comportándose así con aquel tipo que, collar en manos, aún mas rojo de cara, se puso de pie partiendo, y era aún más alto que Mauricio. En cuanto desaparece, el chico habla.- Siento haberlo dejado aquí solo, pero necesitaba eso. No volverá a ocurrir. –y cruza frente a él, dejándole anonadado y con la boca muy abierta.

   Después de ducharse y cenar a solas, Mauricio se retiró a su cuarto, encendiendo el televisor y dejándose caer sobre su cama, los pies dentro de los zapatos fuera del colchón. Y fue cuando comenzaron los sonidos en la habitación de al lado. Escuchaba claramente como el colchón gemía y la cama toda crujía, el como unas palmadas se dejaban oír, bofetadas, sabiendo que era una pelvis masculina chocando de unas nalgas, en este caso, también masculinas. Y si la sorpresa fue grande, nada le preparó para el:

   -¿Te gusta, puto?, ¿te gusta sentir mi güevo grande abriendo y llenando tu coño mojado y usado mil veces? -la voz aguda pero autoritaria de Marcos casi le hizo pegar un respingo en su cama.

   -Oh, sí, papi, cógeme así, lléname el coño con tu güevo. Coge a tu puta. –casi se atraganta escuchando la profunda y masculina voz del otro, todo un poema de lujuria, entrega y gozo, incrementándose las bofetadas de pelvis contra culo.

   -Eres un puto sucio, mírate al espejo, mira lo sucio que te ves teniendo el güevo de un hombre clavado en tu mojado y caliente sexo. Mira cómo mojas la cama con tus jugos claros y espesos de puto caliente. -la voz de marcos era burlona, dura, y los gemidos del otro se intensificaban en respuesta.- Eres tan puto que me molestas, mereces que…

   En este punto Mauricio se coloca a toda prisa unos audífonos, porque escucha claramente unas nalgadas, una mano que deliberadamente sube, baja y choca con fuerza de una nalga firme, y le cuesta no imaginarlo, al carajote que conoció sentado en el sofá siendo azotado por el otro, meneando su culo de mejillas enrojecidas por los golpes. Los gemidos de agónico placer más intensos que ha escuchado alguna vez en su vida, provenientes de ese tipo, se filtran a pesar de los audífonos. Quiere aumentar el volumen, dejar de escuchar, pero era tan sucio saber que dos personas tiraban cerca que no puede reaccionar. No se saca los cabezales de las orejas, pero el volumen lo mantiene medio. Oye lo que ocurre.

   -¿Te gusta, puto, te gusta esto? –cogidas y nalgadas iban y venían.

   -Oh, sí, papi, azótame, he sido malo, muy malo; por favor, pégame más. –era un pedido urgido que erizaba la piel, y las nalgadas volvían a intensificarse, así como sus gritos roncos de gozo.- ¡Más duro, papi, por favor!, más duro que lo necesito.

   -Lo que necesitas es apretar tu dulce coño afeitado alrededor de mi güevo palpitante, puto. Es todo lo que necesitas hacer en verdad. Darle placer al güevo de tu hombre…

CONTINÚA … 2

Julio César.

NATURALEZAS QUE CHOCAN

enero 13, 2016

ALCANZANDO EL SUEÑO

MACHOS EN SUSPENSORIOS EN LOS VESTUARIOS

   Encontrando un día a su macho.

   Mientras gime y menea el trasero bajo el ataque de los dedos, el joven atleta todavía sigue diciéndose, y diciéndole al otro, que no es gay, que no le gusta eso, pero este no se detiene. No sabe por qué, pero cuando ese carajo, el jugador nuevo llegó no pudo dejar de mirarle, sintiendo las mejillas calientes. Calor que se regó por todo su cuerpo cuando este se volvió como sintiéndole, como si supiera que le miraba. Y ya no pudo apartar los ojos, él cada vez más sofocado, el otro viéndose más y más seguro de sí, con una mirada de “con que si, ¿eh?”, que no entendía. Recuerda que hablaba con dos de los chicos cuando se le acercó, por detrás, pegándole la pelvis del trasero, firme, de manera inequívoca. Sorprendiéndole,  a todos en el vestuario, a decir verdad. Era tan extraño que los presentes no parecían capaces de decir algo, ni siquiera él. Intentó alejarse, ese tipo le exponía a la maledicencia frente amigos y colegas, pero temblando no pudo moverse, ni siquiera cuando comenzó a frotar decididamente el entrepiernas de su trasero, notando la dura pieza.

   Lanzó un ronco y débil no, que se perdió cuando las manos firmes y grandes le atraparon los bíceps y comenzaron a subir y bajar, acariciándole los brazos, luego la panza bajo la franela. No podía resistirse, el frote atrás, las manos que lo recorrían le tenían sin fuerzas a pesar de que era plenamente consciente de que les miraban y todos iban apartándose como dándoles espacio. Gimió otro no cuando sintió la mano que fue a la parte posterior de su pantaloneta, bajándola, y fue obligado a caer sobre manos y rodillas, y ese tipo, pantaloneta abajo, mandarria arriba, le obligó a encararlo. No pudo o no quiso presentar resistencia y lo peor fue oírle cuando sus labios rozaron la suave superficie: “se te mojó con sólo vérmelo, ¿verdad?”, y los dedos corrieron sobre su espalda y tocaron, abrieron y penetraron. Los susurros de los presentes subieron en volumen, allí estaba el hermano de su novia, pero no podía importarle menos ya, cuando contribuía a abrirse esperando su regalo. En el fondo todos entendían que un macho había encontrado a su marica y que eso debía ocurrir.

LA AMISTAD CAMBIA

Julio César.

NOTA: Ah, suspensorios. Tienen su propia magia. Imaginan a un tipo muy joven, un atleta saludable y guapo, y totalmente pussyboy. Que sueña con verse rodeado de tíos que lo tocan, lo usan, él cayendo sobre ellos, tomando con apetito lo que le ofrecen. La dicha para el joven calienta braguetas, pues. Es un video que encontré, y borraré, por lo que lo subo al otro blog para hacer espacio. Es caliente y de verdad me sorprendió; ese muchacho se ve hambriento, no, necesitado de hombres. Los busca y lo disfruta. Me aseguran que es porno gay argentino, si lo es, les quedó genial. Si les interesa vayan a: CHICOS, SUSPENSORIOS Y GANAS

DE AMOS Y ESCLAVOS… 27

enero 13, 2016

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 26

NEGRO MUSCULOSO EN HILO DENTAL AZUL

   Algo necesitaba, algo buscaba…

……

   -¿Te gusta, negro? –oye la pregunta y le mira, poniendo en sus pupilas toda su mendicidad, sabe que eso le gustará.- Vamos, diviérteme hasta que lleguemos. Sirve para lo único que sirve un negro, olerle las bolas a los blancos. –dice para insultar, a él entre sus piernas, tembloroso de excitación, y al chofer, quien le lanza una rápida mirada y la regresa al frente.

   Y Roberto obedece, frota su cara y casi la nuca de ese entrepiernas, rozándole, acariciándole, provocándole cosquillas. Hank sonríe con aprobación, así le gustaban sus negros de mierda. Se inclina y mete la mano dentro del cuello de la camisa tensada sobre ese cuerpo, recorriéndole el torso ahora lampiño, notando, con diversión, que el otro se eriza y medio alza el pecho para recibirle.

   -Espero que te portes bien, negro, voy a presentarte a mis amigos. –le dice mirándole, ojos brillantes, labios rojos y a Roberto le parece que nunca ha visto una criatura tan extraordinariamente hermosa como su amo, y los gruesos labios le tiemblan cuando los dedos le acarician la tetilla erecta.- No me avergüences y serás mi puto preferido. –le ordena, apretándole la tetilla, atrapándole la nuca con la otra y obligando a los gruesos labios a caer sobre su verga medio erecta.- Mierda, negro, si tuvieras tus pezones perforados podría meter mi lengua en tus aros; ni te imaginas lo que disfrutarías, además, así es como me gustan los negros, con mis aros en su piel, ¿no te agradaría?

   Era una trampa, lo sabía Hank, también el chofer, porque saben que era literalmente imposible que Roberto pensara con claridad en esos momentos.

   -Si.

   -Si, ¿qué?

   -Si, amito, me gustaría tener esos aros. –jadea con la boca contra el entrepiernas, hociqueando, el roce del cuero contra sus labios era enloquecedor, y más porque allí estaba ese tolete que le robaba la calma.

   -Eres un buen negro. –la risa de burla está allí, pero a Roberto no le importa. Las blancas manos manipulan el pantalón y la verga pálida, nervuda, algo rojiza de sangre, emerge, no totalmente dura aún y sin embargo tan gruesa y grande, exhalando calor y un aroma masculino embriagador.- Vamos, perrito, mereces una recompensa: jugar con un buen hueso duro.

   Roberto traga con esfuerzo a la vista de la magnifica pieza sexual de aquel joven, con la cual le controlaba. Levanta las manos y…

   -Sin usar las patas, negro. –es la burlona réplica de Hank mientras le da un manotazo sobre la coronilla.

   El hombre de color se queda descontrolado, una rabia sorda royéndole las entrañas, mirando con el rabillo del ojo hacia adelante, desde abajo, captando en el retrovisor los ojos del otro joven negro, el chofer, avergonzándose. Pero ese güevo blanco y grueso… casi parece lanzar destellos. ¡Y lo había extrañado tanto! Acerca su rostro, ansioso, olfateando ruidosamente, llenándose las fosas nasales con ese olor masculino fuerte, especialmente el de su sexo. Con la punta de la ancha nariz lo toca, está caliente, y se estremece. Lo recorre, de lado a lado, azotando con la lengua, ensalivándolo, luego acerca sus labios gruesos, medio abiertos, lo besa ruidosamente en la punta, y baja repartiendo la caricia. Entregado. Sin que le importe su manera de tratarle o la posición humillante que ocupa en esos momentos entre sus piernas abiertas, no porque…

   Saca la lengua nuevamente, bajándola, pegándola toda a la cara posterior de ese tolete casi desde las bolas y comienza a subir y lamerlo, temblando al sentirlo crecer, endurecer, llenarse de más calor al paso de su lengua ávida. Llega a la punta, mirándole en todo momento, y comienza a azotar el rojizo glande con ella, aquí y allá, quedándosele pegada a veces, formando largos hilillos de saliva otras. Sus labios cubren el ojete, besando y chupando, notando sobre su lengua los claros y espesos jugos del muchacho, un licor que le hace jadear. Sentirlos en su boca, saborearlos, al tiempo que besa y succiona más de la cabeza, le parece una locura de lujuria y placer. Le brinda satisfacción hacerlo.

   -Vamos, negro de mierda, sabes lo que quieres… -oye y se eriza con una excitación sucia.

   Casi jadea de ansiedad y anticipación cuando abre la boca y cubre nuevamente ese glande blanco rojizo, el güevo de un insolente muchacho que le utilizaba como juguete sexual mientras le humillaba. Y la idea le hace bajar con un gemido los gruesos labios sobre la barra caliente, deseándola mucho, apretándola con lengua y mejillas, maravillado de su textura y suavidad a pesar de lo nervudo. De lo tibio de esa carne joven. Y sorbe. Baja más y más, apretando y chupando, la tiene toda, hundiendo la chata nariz en el pubis de Hank, sintiendo los cortos pelos, olfateando más del poderoso y vigorizante olor del machito joven, algo que todo hombre debe experimentar al menos una vez. La mano tras su nuca le dice todo lo que necesita saber. Se queda quieto, sorbiendo, masajeándola con su garganta, sintiéndola crecer aún, endurecerse en toda su gloria, y le parece tan estimulante como maravilloso. Ese güevo va ahogándole, era demasiado para mantenerlo así. La mano se retira y sube, necesita aire, pero no lo hace rápidamente. Sus labios se retiran lentamente, estirándose sobre la blanca superficie del joven tolete, dejándolo brillante de saliva y jugos, apretando y chupando en todo momento. Ahora sabía cómo mamarle el güevo a un hombre, se dice, estremeciéndose ante el reconocimiento.

   -¿Te gusta, verdad, negro de mierda? Sentir un güevo en tu boca tragona. Pero no un güevo cualquiera, ¿no es así? Lo sabes. Quieres… no, necesitas del güevo de un chico blanco que te ponga en tu sitio y te dé lo que te hace falta. –escucha sus palabras hirientes y ofensivas mientras va y viene, mamando con desesperación, sorbiendo, deseando más de esas pulsadas, de esos jugos, del sabor increíble que encuentra; una poderosa ola de lujuria lo recorre mientras lo becerrea en la parte posterior de ese auto en marcha.- ¿Te preguntas por qué lo haces, negro marica? –lo ha hecho, se lo ha preguntado pero no quiere escuchar. No ahora.- No hay ningún misterio, como no fuera el que te creyeras un hombre de verdad hasta hace poco. No, no lo eres, eres tan sólo un mamagüevo, un culo vicioso listo para ser llenado con vergas. Eres una boca para inundar de leche.

   No, no quiere escucharle, se dice cerrando los ojos, manos a su espalda, inclinando el rostro de un lado a otro mientras lo mama, siendo eróticamente increíble el contraste entre la blanca pieza del chico y su rostro oscuro; los sonidos llenando el vehículo, porque succionaba de manera escandalosa, estremeciéndose cuando las manos del otro vuelven a su torso, atrapando sus dos tetillas duras, acción que le provocan un espasmo en el tolete oculto bajo sus ropas cuando son haladas y apretadas por el muchacho al que le traga todo ese tolete, por muy largo, grueso y duro que fuera. Lo cubre, se ahoga, sus ojos se llenan de humedad, y sin embargo es feliz porque lo hizo, lo abarcó con su boca, tenía todo ese güevo en su boca y a Hank le gustaba. Le escucha resollar de satisfacción al tiempo que torcía un tanto fuerte sus pezones.

   -Como te dije, no hay ningún misterio que deba explicarse, el por qué estás de rodillas entre mis piernas mamándome el güevo en un auto en movimiento mientras otro carajo te mira, aunque en este caso sólo sea otro negro maricón que te envidia y desea estar en tu lugar. –sonaba tan cruel.-Hay hombres que nacieron para ser adorados, admirados, mamados por todos. Y hay maricones como tú, que sólo desean vivir de rodillas, o sobre sus culos si un güevo está debajo. En la calle podrían confundirte con un macho, pero tú sabes que las rodillas te tiemblan ante la vista de una buena tranca, y que deseas mamarla. He ahí la diferencia, negro sucio. La evolución te hizo así y te trajo a este lugar. Es tu vida. ¡Chúpala toda! –ordena.

    Ardiendo de vergüenza, pero también de lujuria, Roberto obedece, tan sólo para sentirle moverse, las piernas del muchacho enfundadas en cuero suben y le rodean el cuello, cruzándose tras su nuca, reteniéndole en ese lugar, su nariz aplastada contra el pubis, el grueso tolete taponándole la garganta otra vez, pero ahora si totalmente erecto. Siente que se ahoga, gorgojea, le oye reír.

   -¿Qué? ¿Necesitas respirar? ¿Y mis necesidades qué, negro de mierda? –le gruñe, y Roberto se tranquiliza, intentando respirar, atrapado entre esas piernas y ese güevo caliente y palpitante.- Así está mejor, vas aprendiendo, puto.

……

   Bartolomé Santoro salió de su casa, después de un frío beso en la mejilla a su esposa, rumbo a una “cita de negocios”. ¿Se lo creyó la mujer?, era difícil leerlo en un rostro que había aprendido a ocultar tantos desencantos. Y odios. El hombre alto, joven, guapo, un triunfador en sus negocios, salió de su casa llevando un regio traje, una corbata de seda roja completaba el vistoso atuendo. Parecía más bien que asistiría a un evento nocturno. Alguna fiesta. Y mientras sale con cierta prisa en sus gestos y movimientos de la hermosa casona, rumbo a su auto, se siente medio duro bajo sus ropas. Muy consciente de usar una delicada y suave tanga de mujer, un pequeño triangulo cubriendo sus genitales, unas tiritas sedosas alrededor de su cintura y otro triangulo que apenas cubría parte de esas circunferencias duras y turgentes que eran sus nalgas. Sentía como algo de la tanga se metía entre ellas y la sensación era increíble, así como las medias de seda y el liguero que usaba. Luego estaba lo otro. Yamal Cova le esperaba en el motel. Su macho.

   Condujo sin prestar mucho interés a nada, a pesar de que en Caracas siempre había que andar pendiente de perros callejeros que parecían asegurados, gente despistada que suponía que podían ganar en un choque contra un vehículo en marcha, y los motorizados, señores indiscutibles del caos. Pero no podía concentrarse en nada como no fuera pensar en el apuesto y vigoroso hombre negro que le esperaba, en su cuerpo masculino y fuerte. En su güevo grueso y largo, duro como una roca, caliente como el fuego. Traga en seco nada más imaginarlo. Fue así como la vio la primera vez…

   Había regresado a su casa y escuchó unos bajos jadeos, unas sorbidas y chupadas. Los sonidos eran inconfundibles, así como el tono grave de un hombre que gozaba. Y allí, en planea sala (siempre se ha preguntado dónde estaba el personal de servicio), Marjorie le daba una mamada a aquel güevo de antología, de rodillas, catira, bella, elegante, con las redondas tetas al aire al tener el vestido enrollado en su cintura, siendo sus pezones, erguidos y rosáceos, pellizcados y halados por una enorme mano negra. Se quedó sin habla, ¿cómo podía esa zorra…? Pero fue la vista del joven y poderoso hombre de color, bragueta abierta de donde emergían dos grandes bolas colgando, y la titánica pieza color azabache, oscura, viéndose aún más contrastante con la blanca manita de Marjorie, con sus uñas pintadas de rojo, y su rostro ahuecado mientras sus labios, soltando gemidos de gula y placer, subiendo y bajaban de un tercio del increíble instrumento masculino de joder, lo que le dejó alisado

   -Marjorie…-graznó finalmente, viendo como la saliva escapaba por las comisuras de sus muy abiertos labios, ganándose una mirada de ambos. El hombre negro le observó con curiosidad, ella, ojos nublados de lujuria, labios hinchados y mejillas mojadas de saliva, le sonrió, sacándoselo de la boca.- ¿Qué coño haces?

   -Le doy una buena mamada a este maravilloso güevo, ¿ves su tamaño, su dureza? Por Dios, cariño, sus jugos…

   -¡Marjorie! –el corazón le latió con fuerza, más cuando el sujeto sonrió, intercambiando una mirada con ella, que se golpeaba las mejillas con el grueso falo.

   -Invita a tu marido a gozar un rato; comparte, niña golosa.

   -Ven, amor, pruébalo y verás.

   Recordarlo todavía le afecta, cómo cayó de rodillas, jadeante ante la increíble tranca, su mente en blanco, abriendo sus labios, encontrando la burlona mirada de su mujer a su lado cuando comenzó a tragar, por fin, el primer güevo de su vida, una reprimida. El momento cuando pegó los labios del glande brillante y oscuro fue de revelación… Si, le excita de manera grande, medio endureciendo su verga dentro de la pantaletica tipo tanga. Pero es su culo el que sufre verdaderas convulsiones, palpitaciones, estremecimientos violentos. Se detiene como puede en el estacionamiento del Centro, notando las miradas extrañadas de los cuidadores. Sus ropas, el modelo del vehículo hablaban de clase y real, ¿qué haría por allí?, seguro se lo preguntaban. Con paso un tanto envarado, realmente su culo sufría de calambres, sale del local rumbo al miserable motel. Entra sin saludar ni mirar a nadie, recibiendo del encargado, que sonríe socarrón, una llave. Tiene indicaciones claras y sube las ruinosas escaleras, oyendo discusiones a lo lejos, bocinazos y perros ladrándole a alguien. El corazón le tiembla, abre la puerta y entra al vacío cuarto. Lentamente se quita el saco, el traje todo, quedando con la tanga y las medias. Sobre la cama ve una bolsa que reconoce. De ella saca una tanga aún más chica, más sedosa, un hilo dental rojo y sabe lo que sigue. Temblando se cambia, cuando la telita de atrás sube, perdiéndose entre sus nalgas lisas, presionándole, casi tiembla.

   Mete la mano nuevamente y extrae un pequeño estuche de maquillaje y se pintarrajea frente a un espejo, los labios chillonamente rojos, los párpados de oscuro, las mejillas con rubor, colocando dos estratégicos lunares, uno en una comisura de su boca, otro por debajo del labio inferior, el cabello, con una gelatina, lo alza y peinado de cualquier modo, quedándole de un color oro oscuro brillante y húmedo. Se mira, su pecho esculpido, recio pero sin un pelo, subiendo y bajando con esfuerzo. No pasaría por mujer, pero tenía un aire mórbido, un atractivo sucio que le eriza. Del bolso saca un sostén relleno, rojo, a juego con su pantaleta de encajes. Un delgado collar, forrado de satén negro, rodea su cuello. Unos tacones altos completan el atuendo. Ahora, jadeando, mira hacia la puerta que une esa habitación con la siguiente. Mete por última vez la mano en la bolsa y saca un enorme consolador de goma, negro brillante, al que apenas cubre con sus dedos. Con él en mano, abre la puerta y traga en seco.

   -Ah, mi princesa llega al fin. –sobre la cama, completamente desnudo y con el güevo tieso, Yamal Cova le espera, recorriéndole con ojos rapaces, no queriendo preguntarse cosas como por qué le excitaba tanto ver a ese tipo vestido y maquillado de puta.

   -Hola, papi. –temblando de lujuria, los ojos sobre ese güevo que late, Bartolomé finge una voz ronca, suave y mórbida de chiquilla.

   -Vamos, nena, has hecho esperar demasiado a tu hombre, estoy bien caliente. Acércate y calienta tu coño hambriento para mí. –le indica, sonriendo, el tolete soltando unas gotas de líquidos mientras palmea la cama a su lado.

……

   -Inútil. –Hank, despectivo, le gruñe a Roberto, montándole una mano en la transpirada frente y apartándole de su güevo rojizo y mojado.- Todavía no puedes lograr que un hombre se corra nada más que con tu aliento de puto. Pero ya aprenderás. –le informa metiéndoselo en los pantalones de cuero cuando el auto se detiene frente a una casa grande, cerrada, algo vieja.- Llegamos. –el joven chofer había salido a abrirle, de pie, rostro bajo, solícito, sumiso.

   En el suelo del vehículo, caliente como el infierno, Roberto se desespera. Casi siente ganas de llorar por las duras palabras del otro; no pudo satisfacerle y saberlo le atormenta, le angustia realmente. Baja, acomodándose la camisa y el bulto llamativo bajo el pantalón. Con cierta aprensión mira la casona hasta que Hank, con su cuerpo, cubre la vista.

   -Ya lo sabes, maricón, no me hagas pasar pena frente a mis amigos. –le recuerda, seco, dándole la espalda y dirigiéndose a la entrada, que abre simplemente girando el pomo.

   Se agita internamente al hacerlo, conteniendo una sonrisa. Ah, las cosas que le ocurrirían al negro de mierda allí…

CONTINÚA … 28

Julio César.

LLEVANDO LA FIESTA EN PAZ

enero 13, 2016

27 DE FEBRERO,  RETAZOS DE COLCHAS

DISCUTIENDO EN REUNIONES

   ¡Atesorando momentos!

   Hay magia cuando las familias se reúnen para pasar los buenos y malos momentos, en unos para compartir la dicha, en los otros para consolarse. Un hermano palmeándote la espalda, en un momento de crisis, no tiene precio. Sin embargo, ¡qué exasperantes e irritantes pueden ser las reuniones con familiares! Y se nota, especialmente, en festividades como estas que acabamos de pasar, donde estamos prácticamente obligados a presentarnos. Desde los inocentes comentarios de “estás gorda” o gordo, repetidos una y otra vez a alguien que come, o los “espero que esta vez no te lleves toda la torta”, son expresiones ligeras y sin embargo increíblemente molestas. Nunca he entendido qué placer, qué utilidad persigue quien los hace. Caer mal. Hacer sentir mal a otros. Sólo eso. Una amiga me hizo notar, hace tiempo, que le agradaba cuando yo llegaba porque siempre decía algo amable sobre su cabello, o que se veía más delgadas o “estás igualita, los años ni te notan”. Y mucho de eso lo siento o pienso cuando lo digo (tiendo a ver a la gente como era cuando la conocí), por ello me resulta irritante, y molesto, cuando alguien, en la mesa que comparto, comienza con las puyas. Está bien ser sinceros, en la familia nos pasamos más bien, pero ya al ofender deliberadamente, de gratis, no le encuentro sentido. Un hermano padece un caso ligero de diabetes, y a él si le llevamos la cuenta de los carbohidratos, pero en este caso hay un por qué. Un fin.

   Si se habla del peso, bien, cabe una vez, pero no regresar una y otra y otra vez sobre el punto. Porque molesta, es grosero, es una agresión. Acaba con la buena disposición de todos. Los comentarios negativos son cosa muy diferentes a una personalidad negativa, que puede ser divertidamente siniestra. El humor negro nada tiene que ver con señalar “defectos”, y hay quienes ven uno en cualquier cosa. Lo cual también es irritante, la persona que miras por pura casualidad cuando come y piensa que mentalmente le llamas gordo o tragón. En una reunión de amigos o familiares no hay que hablar de política si se tiende a perder el equilibrio mental y gritar, especialmente si uno sabe lo que piensa ese familiar o amigo, y este o ella conoce tu parecer. Si ya eso ha provocado divergencia y momentos desagradables, y todos lo saben, ¿por qué repetirlo en una reunión o fiesta familiar? Por necedad.

   Dos temas que no son para un momento de risas son recordar deudas que otros tienen contigo, esperando ese momento para cobrar (justo ese momento), como también lo es recordarle a alguien el familiar recientemente fallecido, o que estuvo gravemente enfermo, detallando cómo fue que se desmoronó durante esos días. Hay un momento para esto, tomando cervezas bajo una mata de mango en una tarde de sábado que se vuelve noche, no en medio de una fiesta de despedida del año viejo, cuando de por sí todo el mundo tiene la sensibilidad a piel. ¿Lo que hago a veces? Le recuerdo a alguien sobre un gran negocio que pudo hacer y no lo hizo por timorato, perdiendo dinero. Eso siempre provoca risas. O una estafa de pirámides y cosas así. Una mención, una pasada, reír y a otra cosa.

   Cuando vivíamos bajo un mismo techo mis hermanos y yo, en años lejanos, y se preparaba una fiesta, siempre les repetía el consejo del hombre aquel en la película Escuela de Vagabundos: compórtense como la gente, y si es posible, actúen con inteligencia. Si uno se reúne con otros es para divertirse, para reír, comer, bailar, beber, estar tan contento que uno no quiera irse, o que se vaya este o aquella, y al otro día, aún con un dolor de cabeza, sonreír ante el recuerdo. Una reunión no es para sufrir, estar agitado, tenso, controlándose a duras penas para no gritar, reclamar, pedir explicaciones o pelear abiertamente. Para eso es mejor que cada quien se vaya por su lado y jamás se encuentren.

   Una fiesta es para gozarla, como dice la canción de Tania.

IOWA, ESAS PRIMARIAS NO CALMAN

Julio César.

ADORABLE

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ESTRATEGIA

DEPORTISTA SEXY EN SUSPENSORIO

   ¿Qué piensa? ¿Qué quiere? ¿Con qué sueña?, todo eso se pregunta su cuñado llegando y encontrándole… deseando mimarle.

VAYA SORPRESA

Julio César.

LOS MUCHACHOS Y SUS FIESTAS

enero 13, 2016

¿APRECIO O HAMBRE?

SECRETOS GAY DE CHICOS Y ESTUDIANTES

DEFINICIONES

Julio César.

RESURRECCION DEL AHOGADO EN ALCOHOL

enero 13, 2016

SALUDOS A LA CHINITA

DE RUSOS Y COSACOS

   Debo confesarlo, me sentí conmovido.

   En el portal del diario 2001 encontré la nota; en el este de Rusia, Khasanky, en una fiesta de fin de año un hombre bebió vodka como si el mundo ahora si fuera a acabare, no como en diciembre de 2012, cayendo inconsciente. Se tuvo que llamar a una ambulancia, que en cuanto llegó le declaró muerto, de un coma etílico, que, aparentemente, si da y no es una vacía amenaza para asustar a los borrachos (¡nos dicen tantas cosas!). La ambulancia lo llevó directo a la morgue de un hospital… donde despertó bastante rato después, alarmado al no saber dónde estaba, por qué estaba oscuro o por qué hacía tanto frío (aparentemente la morgue estaba llena y lo colocaron en una cava etiquetado como carne). ¿Imaginan despertar en semejante sitio, rodeado de partes y otros cuerpos? Como pudo salió y debió dar explicaciones. ¿Qué hizo luego nuestro héroe?: regresó a la fiesta y continuó bebiendo como un antiguo cosaco. ¡Qué resolución! Y qué hígado. El vodka rasca tanto como el tequila. Y quema igual.

ADIOS, MISTER RICKMAN

Julio César.

NOTA: La imagen no es suya, me habría encantado verle, saber quién era ese carajo. Eso es parrandear.