SER O NO SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA… 21

septiembre 11, 2014

SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA…                         … 20

   La siguiente es una historia que NO ES MÍA. Pertenece totalmente al señor capricornio1967. Tan sólo la reproduzco, tal vez cambiando una que otra coma, aunque la historia ya está por ahí, completa. Es un relato maldito en toda la regla, un hombre maduro decide tomar, controlar y dominar a su joven pupilo, transformándole en algo que no quiere, ni soñaba, aunque se resiste. Lo repito, es un cuento muy maldito. Disfrútenlo:

……

EL DILEMA

Autor: capricornio1967

Capítulo VI “CASTIGO”

ESTUDIANTE SOMETIDO A SU MAESTRO

  Sometido y entregado, así quiere todo macho a su chico…

……

   -Termine de una vez, Saldívar. -le ordena Franco al verlo titubear.

   Sin decir una sola palabra, Daniel toma el elástico de la trusa y empieza a hacerla descender para dejar a la vista las grandes y peludas nalgas del entrenador, así como el miembro que parece de piedra, durísimo, emergiendo por entre una espesa mata de gruesos y largos vellos. Daniel tiene precaución de no tocar ese miembro. Aunque Franco lo ha poseído en varias ocasiones, el joven jamás ha tocado su verga. Cuando hace descender la trusa por entre las gruesas piernas, dos grandes bolas cuelgan, bolas de tamaño muy por encima de lo normal. Los segundos le parecen eternos al clavadista mientras recorre con la trusa las largas piernas de su violador. Cuando le ha dejado desnudo se pone de pie, frente al entrenador, esperando órdenes.

   Ambos macho desnudos, el maduro dominante, y el joven musculoso, dominado, chantajeado, sometido a reglas sexuales a cambio no ser eliminado del equipo olímpico, frente a frente, ambos de una altura similar, aunque de complexión distinta. Daniel no se atreve a ver de frente a Franco; quizá hasta sería preferible que Franco lo penetrara de una vez y lo dejara descansar después, para no prolongar el encuentro, la tortura. El joven sabe que debe someterse a sus caprichos, pero no por eso deja de sentir repulsión.

   Mientras la verga de Daniel está flácida, la de Franco está paralela al suelo, durísima, larga y gruesa. Son solo unos centímetros los que separan a Daniel de Franco, éste, sabiéndose dueño de la situación, avanza hasta quedar casi en contacto con el otro, su verga topa con el otro cuerpo y roza el flácido miembro del atlético nadador. El leve temblor vuelve a surgir en Daniel, Franco se acerca y pone la mano en su nuca, tomándole fuertemente de la nuca y metiendo sus gruesos dedos entre sus cabellos, empieza a empujarle la cara hacia delante.

   Daniel piensa que Franco pretende besarle como lo hizo cuando lo desfloró en su propia casa, pero por repugnante que le parezca sabe que es inútil resistirse, así que se deja conducir, aceptando, resignándose. Controlando la repulsión.

   Cuando Franco siente que Daniel no opone resistencia, presiona fuertemente la parte posterior de su nuca, pero en lugar de dirigirle hacia su boca, lo hace hacia uno de sus pezones. Con un movimiento rápido, duro y firme, logra que los labios de Daniel caigan sobre su tórax, la boca abierta de sorpresa, rodeando su pectoral velludo, saboreando su pezón.

   Es cuestión de segundos lo que lleva el cambiar la dirección de los labios de Daniel hacia el velludo pecho del entrenador, donde ahora, por primera vez, prueba su piel velluda y transpirada de macho dominante.

   -Mghhgm… -Daniel se sorprende al sentir el salado sabor del sudor mezclado en el vello de Franco, el sentir el duro pezón rozándole los labios.

   Tomado por sorpresa por la acción de Franco, el joven instintivamente lo rechaza, empujándolo con los brazos y limpiándose la boca como si quisiera quitarse el salado y humillante sabor del sudor de ese siniestro oso macho. Se aleja unos pasos de Franco poniéndose a salvo, sin decir nada, solo con la expresión de asombro, no entendiendo qué pasa. Ha sido cogido por Franco varias veces, besado también, pero nunca había besado alguna otra parte de su cuerpo. Ha sido más bien Franco el que lo posee cuando quiere.

   -¿Qué le pasa, Saldívar? -pregunta molesto Franco.-  ¿Por qué se rebela?

   Daniel no sabe que decir y en su mente el caos se origina; la repulsión de recorrer con su boca el velludo y sudoroso cuerpo de Franco es enorme, no puede controlarla, sin embargo es el hombre quien decide, él no tiene voz ni voto.

   -Yo… -no atina a decir algo coherente.

   -Acérquese Saldívar, ¡AHORA! -le ordena Franco.- Mis pezones son tan sensibles como los suyos. Quiero que USTED los saboree.

   Daniel permanece quieto sin saber cómo actuar, queriendo salir de ahí a toda la carrera, pero sabiendo que eso es imposible.

   -Le di una orden, Saldívar. –le recuerda Franco mientras avanza hacia él.- ¡OBEDEZCA!

   Nuevamente el joven es sujetado por la nuca y Franco le empuja la cara contra su pezón, para que su boca quede justo en uno de los pezones, apretándolo fuertemente. Para que los varoniles labios del joven atleta estén en íntimo contacto con el velludo pezón.

   -MGHM… -Daniel gime como protesta, no puede hablar, la presión de Franco en su cabeza por mantenerlo unido al pezón es intensa. A pesar de que trata de separar sus labios del velludo pecho no puede, el entrenador es lo suficiente mente fuerte y con más peso. El forcejeo no es intenso pero si hay resistencia evidente por parte del muchacho.

   -Obedezca, Saldívar, o me veré obligado a sacarlo del equipo.

   Las palabras le recuerdan a Daniel su situación; no puede desobedecer, está la competencia y sus padres. Por mas repulsión que le cause tiene que hacerlo, obedecerle, su mente reacciona y controla los impulsos de su cuerpo que rechaza la humillación y el forcejeo termina. Daniel acepta, aunque permanece con los labios cerrados solamente los apoya contra el pezón. La presión de Franco en la cabeza del musculoso nadador disminuye.

   -Use su lengua, Saldívar. -le ordena Franco cuando siente que la resistencia de Daniel termina. Lo toma con ambas manos a cada lado de la varonil cara y lo retira un poco de su velludo y sudoroso pecho.– Use su lengua, Saldívar; recórralo con él, aprenda a darme placer, es su trabajo y usted es mi PUTO ESCLAVO, recuérdelo. Un puto esclavo sólo debe vivir para satisfacer a su amo.

   Daniel, sin oponer resistencia, permitiendo que Franco lo guíe tomándolo de los lados de la cara, se deja conducir dócilmente hacia el velludo pecho masculino, cuando su boca queda justo frente a uno de los pezones, a un centímetro de distancia, el clavadista puede percibir el olor a sudor del velludo grandulón. Tiembla, quieto, y mantiene los ojos cerrados esperando ordenes, sabe que está cerca, casi puede sentir los vellos de Franco tocándole los labios.

   -Saque su lengua, Saldívar. -le ordena Franco mientras mantiene sujeta su cara.- Toque con ella y recorra todo.

   Controlando la repulsión que le causa hacerlo y teniendo en su mente la imagen de sus padres, Daniel obedece, saca la lengua dirigiéndola hasta tocar con el borde de la punta el vello de Franco y el botón del pezón; y se detiene un momento, el salado sabor del sudor vuelve a su boca, pero después de unos segundo mientras se acostumbra, y sin dejar de visualizar a sus padres, empieza a recorrer el pezón que endurece, internando su lengua entre el espeso vello del entrenador, mezclando su saliva con el sudor, recorriéndolo lentamente y tratando de que la repulsión no lo domine.

   -Así, Saldívar, así, haga círculos con su lengua. –le ordena y guía. Aunque de todos modos mantiene sujeta la cara del joven. Lo va guiando hacia donde se desplace la lengua.

   Daniel siente como la humedad en su lengua se termina por la fricción del vello de Franco en ella, así que la introduce en su boca a intervalos para mantenerla húmeda, saboreando y tragando la esencia del otro. Cuando Franco siente que Daniel ha humedecido bastante su pezón y toda el área alrededor de él, presiona un poco más la cara del joven contra su tetilla para que la succione.

   -Chúpelo, Saldívar.

   Temblando de repulsa, Daniel tímidamente presiona sus labios contra ese redondo, duro y velludo pezón, sus musculosos brazos se mantiene quietos, así como su atlético cuerpo, sudoroso también por la situación, está casi de rodillas para poder satisfacer al hombre. Las piernas le tiemblan por la posición, pero se mantiene firme cumpliendo con su castigo. Succiona el pezón primero tímidamente pero la presión de las grandes manos de Franco a los lados de su cara le indican que debe hacerlo con más intensidad, así que tratando de olvidarse de qué es lo que hace, pretende hacerlo de manera automática, sin pensar, empieza a succionar más fuerte, más intenso. Sus rojos labios fruncidos van y vienen levemente, succionando.

   -Ahhhhhhhhh, ahhhhhhhhhh, así, Saldívar, así; mas, mas, mas. –gime y le repite Franco al sentir como su pezón es mamado por el varonil nadador, una joven boca masculina brindándole todo ese placer, casi tan intenso como ver a ese viril y joven macho obligado a satisfacerle, tan sólo un instrumento de placer sexual bajo su dominio.

   Una vez que se siente satisfecho por esa tetilla, mueve la cabeza de Daniel a su otro pezón para que haga lo mismo, empezando por saborear primero el pezón para después succionarlo como un lactante hasta dejarlo rojo. Aunque son solo segundos, para Daniel es una eternidad el tiempo que está saboreando el pecho de Franco. Siente, con repulsa, como algunos vellos se adhieren a su lengua, pero no puede meter las manos, así que tiene que seguir con su trabajo, tratando de no oír los gemidos de placer del entrenador cada vez que succiona.

   Para Franco, sentir como el musculoso cuerpo de Daniel tiembla entre sus manos mientras es obligado a mamarle los pezones, es excitante de manera increíble, su miembro se mantiene de una dureza metálica en toda su extensión y grosor.

   Sutilmente, casi tierno, separa la cara de Daniel de su pezón.

   -Híncate. –le ordena.

   Daniel no puede dejar de ver el duro miembro que Franco tiene entre las piernas para sospechar lo que sigue, de hecho no es necesario ser un genio para saber qué es lo que el depravado hombre tiene en mente. Pero ya está agotado, así que automáticamente obedece, hincándose frente al enorme oso.

   Franco toma las manos de Daniel, usando cada una de las suyas, y las dirige hacia su miembro. El joven cierra los ojos, jamás antes ha tocado otro miembro que no sea el suyo, jamás imaginó hacerlo. Y aunque está a punto de pasar, aun así piensa que eso no sucede, que eso no pasa, que no tocará ese miembro, que nada de eso ocurre. Las manos de Franco dirigen las suyas hacia su verga, la verga del entrenador. Lentamente siente la dureza de esa caliente verga, sin atreverse a tocar solo siente el roce de esa dura carne en la palma de sus manos. El hombre hace que presione una de sus manos alrededor de la verga y empieza a deslizarla desde la base hasta la punta, una y otra vez.

   Daniel siente los vellos de Franco rozándole la mano cuando recorre la base de la verga, y el viscoso líquido seminal cuando su mano llega al glande; es una pieza larga y gruesa. La suya es parecida, le parece, pero aleja la idea de las vergas, trata de pensar que no es una distinta a la suya la que tiene entre sus manos. Controlando el rechazo, siente que si saborear los pezones del velludo hombre fue desagradable, esto es peor, más humillante. Siempre, desde que conoció a Franco como entrenador, ha sabido perfectamente de su habilidad para explorar las sensaciones humanas, sabe cómo hacer rendir mas a un deportista, como emocionarlo y estimularlo deportivamente hablando, y ahora demuestra que también sabe cómo hacer sentir humillación y vergüenza y cómo llevar a cabo una perfecta tortura mental para un musculoso joven como él.

   La piel bronceada de Daniel está cubierta en sudor que resbala en gruesas gotas por su atlético cuerpo, al igual que el velludo y grueso cuerpo de Franco. Ambos machos están empapados, el dominante y el dominado, el dueño y el objeto.

   Al deslizar su mano por todo el largo de la gruesa verga de Franco, Daniel comprende mejor por qué le duele tanto el culo cada vez que lo penetra. El miembro del entrenador endurece mas, parece que se solidificara definitivamente, la gruesa cabeza de ese miembro también aumenta su diámetro mucho más que el resto de la tranca, sin que Daniel deje de mover su mano a todo lo largo de la verga de Franco. Era inmensa, reconoce con su mano guiada por la de Franco, que mantiene presionada contra la suya para mostrarle la forma en que debe de hacerlo. Usando la otra mano, el entrenador lleva a Daniel a que toque sus grandes bolas mientras lo masturba. El joven apenas puede con la repulsa cuando siente como su otra mano se interna en una selva de vellos, antes de llegar a dos grandes y duras bolas que cuelgan de esa enorme verga.

   Alejándose mentalmente de la escena, Daniel solo se deja conducir tratando de mantener su repulsión y humillación de lado. Pero le cuesta. Cuando Franco siente que su miembro está listo, usando una de sus manos vuelve a presionar la parte trasera de la cabeza del muchacho, dirigiéndola hacia su enorme verga, dándole a entender lo que espera que haga. Daniel trata de no pensar, de obedecer, de someterse, sabe las consecuencias que una rebelión traería, sin embargo al sentir como sus labios tocan esa húmeda cabeza se pone de pie, rebelándose. Su repulsión es más fuerte que su razón, alejándose de Franco rápidamente.

   -¡No puedo, señor! ¡No puedo! – repite mientras se mantiene alejado de Franco.

   -¡REGRESE AQUÍ, SALDÍVAR, DE INMEDIATO! – le ordena Franco gritándole.

   -No puedo, señor. ¡Por favor!, no puedo hacer eso, SOY HOMBRE, señor. -le dice mientras se mantiene inmóvil, lejos de entrenador, quien enfurece por lo que escucha.

   -USTED YA NO ES HOMBRE, SALDÍVAR. –le grita.- ¿Acaso no ha tenido mi verga en su culo, no lo he llenado con mi hombría? ¿No le he metido mi lengua, mis dedos y mi verga en su culo una y otra vez? ¿A eso le llama usted ser un hombre? ¡Déjese de pendejadas, USTED, ya JAMAS será HOMBRE, Saldívar!

   -Lo soy, señor, usted sabe por qué acepté eso. Pero no quiere decir que…

   -Mire Saldívar… -le interrumpe Franco mientras se acerca hasta donde está, tomándole con su fuerte mano por el cuello, sin que Daniel pueda evitarlo.- Un hombre JAMAS hubiera aceptado lo que yo le propuse. Un hombre se hubiera defendido, pelado, pero no entregaría el culo por chantaje como usted lo hizo.

   -Es por mis, padres, señor; no puedo defraudarlos.

   -¿Y qué está haciendo ahora, Saldívar?, si no acepta tener mi verga en su boca, ya sabe lo que sucederá.

   -Señor, ¡por favor!, ¡por favor!, no me obligue a eso; no puedo, ¡por favor!, haré cualquier otra cosa, señor.

   Sin que se note el placer que siente de ver el terror en el varonil rostro del muchacho, Franco sigue sujetándole por el cuello, manteniendo su cara frente a Daniel; gotas de su saliva caen en el joven rostro cuando le grita.

   -NO quiero otra cosa, Saldívar, quiero metérsela en el hocico, ¿entendió? -dice mirándole fijamente.

   El rostro de Daniel, sudoroso sin dejar de mirar a Franco, pensando que quizá se apiade de él y no le exija que le haga el sexo oral, lo intenta aún.

   -¡Por favor, señor!, ¡eso no! -le repite suplicante, tratando de conmover al malvado oso macho que lo tiene aun sujetado por el cuello.

   -Mire, Saldívar, ¡lárguese!, si no va a complacerme es mejor que se vaya. -sin dejar de sujetarlo por el cuello, lo lleva a fuerza hacia la puerta de la casa que está a solo unos metros.

   -Señor, no puedo hacer eso, ¡por favor!, deme tiempo para acostumbrarme, ¡por favor! -le suplica mientras Franco sin detenerse, aun con la verga erecta, le conduce hacia la salida.

   Franco abre la puerta y con toda su fuerza arroja al musculoso joven desnudo fuera de su casa; es tan fuerte en empujón que Daniel cae de bruces en el suelo.

   -¡Lárguese, Saldívar! Y olvídese de las olimpiadas, a ver cómo explica esto a sus padres.

   -Señor…

   Daniel gira sin levantarse del suelo, aun desnudo a unos pasos de la puerta de entrada, sin saber qué hacer, siente el frió del piso en sus nalgas y miembro, mientras Franco, quien ha regresado dentro de la casa, toma sus ropas, vuelve y las avienta al rostro del musculoso joven.

   -Llévese sus porquerías, Saldívar. No quiero verlo de nuevo en el equipo.

    Señor, pero espere, yo…

   Sin dejar que Daniel termine la frase la puerta de madera es cerrada de golpe por Franco. La entrada de la casa no queda a la vista del exterior así que nadie se da cuenta de que el muchacho esta en el suelo desnudo. Viendo hacia todos los lados, el clavadista en unos segundos piensa en lo que sucedería si llegara con sus padres con la noticia de que Franco lo echó del equipo, sobre todo después de lo sucedido, además ya ha sacrificado mucho, como dijo Franco “un hombre jamás hubiera aceptado esa proposición”.

   En cierto modo es verdad, ¿por qué no rechazó el chantaje de Franco? Ahora ya es tarde.

   -No… aun soy hombre, aun soy hombre… -se repite en voz baja mientras permanece viendo la puerta de fina madera cerrada a unos pasos. Sin embargo todo está en su contra, no hay salida, no hay opciones. Someterse únicamente. Pero con sólo recordar el sabor al solo sentir un leve roce del miembro de Franco con sus labios, la repulsión vuelve. ¿Cómo podría hacerlo? Por otro lado el regresar a su casa y enfrentar a sus padres, perder esa oportunidad única en la vida también, ¿cómo podría hacerlo?

   Lo único cierto es que Franco lo tiene en sus manos y que ha manejado perfectamente bien sus cartas conduciéndolo hasta el punto en donde hasta sus padres han desconfiado de él. Tan solo en unos segundos todos los últimos acontecimientos pasan por su mente de manera vertiginosa. Apretando las mandíbulas y los puños, comprende que Franco lo tiene dominado, no puede desobedecerlo. No debe hacerlo. Se levanta acercándose a la puerta de madera y toca con los nudillos fuertemente, para que Franco lo escuche.

   Los segundos pasan lentamente sin que reciba alguna respuesta, vuelve a golpear la puerta con la mano, desnudo aun. La desesperación del joven aumenta, nadie responde a su llamado. Empieza a llamar a Franco mientras aumenta la intensidad de los golpes en la puerta.

   -Coach, señor, por favor, coach… -repite incesantemente.

   Después de unos largos minutos de estar gritando y tocando la puerta se oye la voz grave de Franco, quien contesta sin abrir la puerta.

   -¡Lárguese, Saldívar!

   -¡Por favor, señor! ¡Deme una oportunidad! –suplica, vencido, entregado totalmente mientras recarga la frente contra la puerta.

   -¿Oportunidad de qué? -Franco no puede ocultar la sonrisa siniestra mientras toma su miembro en sus manos y empieza a masturbarse oyendo al muchacho suplicarle.

   -Yo… -sus palabras se cortan, trata de controlarse y de someterse pero le cuesta.

   -Solo hay una oportunidad y USTED sabe cuál es. ¿Está dispuesto a TODO?

   Antes de responder, Daniel hace una pausa sin despegar la frente de la puerta, las lágrimas resbalan por su varonil rostro antes de contestar.

   -Si, señor.

   El miembro de Franco se endurece el escuchar la respuesta, algo que sabía de antemano que tenía ganado; sin embargo, el placer de vencer la resistencia y de humillar a Daniel es exquisito.

   Cuando el joven escucha que la puerta se abre despega su frente; la puerta lentamente se desliza hasta abrirse del todo. Daniel, desnudo al igual que Franco, espera en el marco mientras Franco está ya en el lugar donde se encontraban.

   -Pase, Saldívar, y póngase de rodillas aquí. -le señala el lugar donde tragaría la primera verga de lo que sería su nueva vida.

CONTINÚA (el relato no es mío) … 22

Julio César.

NOTA: El relato comienza algo lento, y como no tengo intensiones de apurarme más, quien lo desee puede buscarlo en esta dirección: http://www.todorelatos.com/relato/16991/

¿POCO ESPACIO?

septiembre 10, 2014

PLAYA SUCIA

SEXY BOYS

   Y eso que no ponen jabón.

   ¿Han notado esos chorros de agua que hay fuera de las zonas de playa para quitarse la sal o al lado de las piscinas para darse una enjuagada antes de entrar? En playa Parguito hay un problema serio con eso que ya tiene a mucha gente investigando. Los tíos llegan para una rápida mojada antes de irse con panas, novias o esposas, y se quedan mientras se enjuagan, mirándose fijamente, los cuerpos empapados, las manos recorriendo los músculos propios, la distancia acortándose hasta que se tocan, se lavan, se acarician y hasta juguetean un poco. ¿Por qué pasa tanto ahí? Es el misterio, uno que sin embargo no amilana a los muchachos, amantes de los enigmas y desafíos, aunque los besitos y jadeos, por no hablar de las manos dentro de los bañadores, se vieran desde lejos.

JUGANDO CON FUEGO

Julio César.

JORGE RODRÍGUEZ ACUSÓ A LA CASA BLANCA, ¿EN QUÉ QUEDÓ?

septiembre 10, 2014

JORGE RODRIGUEZ

   Y si uno le ve bien la cara…

   Lo sé, siempre comienzo igual. Llevo demasiadas secciones, pero ¿qué se le hace? Cada vez surge algo nuevo. Como esto. Uno ve o escucha a una persona y recuerda cuando, con contundencia y convicción, dijo o aseguró algo, tajante, como una gran verdad, un hecho consumado, pues, para que luego, con cinismo y desfachatez, se le vea tan orondo aunque fuera pillado en la mentira. Que se sepa que no se trata más que de un cochino mentiroso no le impide continuar tan rampante, causando un vacío de fe.

   Venezuela está padeciendo de un horrible desabastecimiento que ya tiene a la gente como loca de angustia, y lo peor es que todo el mundo le dijo al Gobierno que ocurriría si continuaba practicando las medidas que hundieron en la miseria a Cuba, y ocurrió. ¿Corrigieron y escucharon a los que advirtieron? No, se persistió. Bien, ante esta crisis tan espantosa donde ni la perrarina se consigue, el régimen anuncia la creación de un nuevo súper organismo de poder popular para no se sabe qué cosa “que aumentará en setenta y seis por ciento la producción”. ¿Y qué ocurrió? La gente salió corriendo a comprar lo que encontrara, aún cosas que no necesitaban, jadeando de angustia y alarma, sabiendo que todo se pondrá mil veces peor. Eso es falta de confianza, algo que se ganaron a pulso. La desconfianza.

   Y está, claro, Jorge Rodríguez…

   El señor Jorge Rodríguez, el alcalde más incompetente que ha tenido Caracas (como un justo castigo del Cielo por tanta piratería mental de sus conciudadanos), y miembro del “Alto Mando Político” del Partido Socialista Unido de Venezuela” (para ridículos búsquenlos), aseguró frente a un foro del madurismo, el viernes 6 de junio de este año, que “se entregarían nuevas pruebas que vincularían a funcionarios del Departamento de Estado estadounidenses en los planes de magnicidio contra Nicolás Maduro. Plan que involucraría a María Corina Machado, Diego Arria y al embajador de Estados Unidos en Colombia, Kevin Whitaker” (seguramente denunciado por ese hombre infeliz, Juan Manuel Santos). Lo aseguró masticando las palabras con la cínica sonrisa que pone cuando más miente, provocando los aplausos del madurismo presente, quienes terminaron (y cito al difunto poeta de la revolución, Hugo Chávez Frías) “chillando como cochinos”.

   Bien, más de dos meses después nadie le puede preguntar si presentaron las pruebas en el congreso gringo o no, o si lo hicieron aquí. De las pruebas, qué eran, nadie ha visto nada. Pero ahí sigue, como si nada, y el fulano foro tampoco aclara. Todo quedó en que Jorge Rodríguez, el alcalde de Caracas por el madurismo, un político tan ramplón que es pillado mintiendo una y otra vez (todos mienten, pero en el mundo civilizado cuando se les sabe unos reverendos embusteros se apartan, aquí se atornillan más en sus cargos), y del supuesto plan de magnicidio nada. Y no era que alguien lo creyera, ese cuento se degastó de tanto usarlo, aunque el desastre del madurismo ha hecho que los odien hasta sus madres.

   Por cierto, causa extrañeza que mientras el Gobierno ha tenido que anunciar la boleta de racionamiento como reconocimiento de que el desabastecimiento va para largo y ni idea de qué hacer para desmontarlo, que se oyen los rumores de cesación de pagos de la deuda por el robo de hasta el último dólar de las reservas y se implementa el más feroz plan neoliberal para sacarnos la sangre, Nicolás Maduro no se haya sacado otro plan magnicida del bolsillo como hacía el difunto. ¿Dónde están los conspiradores de siempre? ¿Está María Corina realizando alguna maestría afuera? ¿El ex presidente Álvaro Uribe Vélez andará mal de salud? ¿Estarán desmantelando a la CIA? Qué raro, ¿verdad?

   En fin Jorge Rodríguez, un mentiroso a quien no se le puede creer ni su nombre cuando se presenta.

Julio César.

TRIBULACIONES DE HOMBRES RESPONSABLES

septiembre 10, 2014

LA TIERNA CARNE DEBIL

A CULO PARTIDO

Así es la vida.

   A los problemas laborales del joven gerente de la fábrica venida a menos, arruinada por la crisis, se sumaban los reclamos de su mujer porque nunca quería salir con ella o pasar tiempo con los niños, “únicamente pensando en el dinero”. Aparentemente, se dice apretando los dientes, aflojándolo y apretándolo para que el otro gruña de gusto por un trabajo bien realizado, su mujer no entendía bien cuando le decía que todo estaba tan mal que debía partirse el culo para llevar unas cuantas monedas a casa. La nalgada le reclama atención en su labor.

   -Muévelo más, puto. –es la exigencia del cliente.

EL AGENTE NO CONVENCE…

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 9

septiembre 9, 2014

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 8

UN NEGRO CON LECHE EN LA CARA

Así le gustaba a su hombre…

……

   ¡Era una maldita locura!, no dejaba de pensar Gregory Landaeta, congelado y erizado, la boca seca, el corazón latiendo feo en su pecho… con ese sujeto, fuera quien fuera, pegando la pelvis de su culo, allí, en plena oscuridad de un vagón del Metro. ¡Y su verga! La notaba muy claramente, dura, caliente, totalmente parada, frotándose lentamente de sus nalgas redondas y firmes, mientras otro sujeto, al lado de ese, ¿vienen juntos o cada quien por su lado, le vieron y le atacaron?, no lo sabe, sólo que también está allí, tocándole, cuidándose de no rozar con el otro, como si le diera repulsa el contacto con el otro hombre… pero no con su nalga. Siente la mano caliente tocarle cuando el otro dejaba un pedazo libre. ¡Y lo hacían en ese vagón lleno de personas! Estaba rodeado de gente, y allí, frente a todos, uno le manoseaba, el otro frotaba una y otra vez, ahora de arriba abajo con un leve vaivén, la verga de su culo.

   Lo peor era que una idea le asaltó, erizándole más, haciéndole contener un jadeo pero hinchándole el pecho: ese carajo la tenía bien dura… por él. Su culo lo tenía así, cometiendo aquella locura. Sus nalgas. Lo otro, y lo cual era más desconcertante, era que no se apartaba. No, ya no intentaba detenerles, mirando su reflejo, ocultos los otros por su propia imagen, puede verse, muy quieto, rostro de piedra, las dos manos en el tubo, aunque…

   Mierda, era una locura. ¿Qué estaba pasándole? ¿Cómo podía excitarle tener a esos sujetos tocándole así?, pero era. Se estaba erectando bajo sus ropas y es perfectamente consciente de que se concentra en su región glútea, como para comprobar cada cambio, cada roce, cada sensación. El vagón se mueve, jura por Dios que se trata de eso, no de su culo yendo levemente de adelante atrás, refregándose de la pieza del otro macho, imaginando esa verga blanca totalmente parada, a lo largo dentro de las ropas del otro, frotándose de la raja de su culo bajo el jeans ajustado que lleva. No, no quiere pensar en eso, y no, no es que se mece y se frota del hombre a sus espaldas.

   Salen del túnel, la luz vuelve y con ella sus temores. Esos carajos no se apartan, ¡uno le frota con el güevo, el otro con la mano! El vagón de detiene y ahora si se apartan; el joven hombre negro baja la mirada hacia la pareja mayor sentada al frente, imperturbable al mundo… casi lamentándolo. Le sorprende y molesta sentirse un tanto decepcionado cuando la mano y la pelvis de esos sujetos se apartaron. Y eso le altera, no debería sentirlo. Joder, él no era ningún marica. Pero siente el hormigueo sobre sus nalgas, allí donde la dura verga y la mano firme le tocaban y frotaban. Su piel lo extraña. Se queda quieto. Mucha gente baja, otros suben. Un asiento se desocupa momentáneamente en el más externo de los dos que forman la ele con los que pegan de la pared del vagón. Y no lo toma. Se queda donde está viendo a un carajo joven que se sienta, audífonos al oído, morral al suelo, tomando un libro. Otro que se perdería en su mundo aparte y que no notarían si algo extraño…

   El vagón arranca, y vagamente cae en cuenta que debió bajar en esa estación, pero lo olvida por aquella mano que vuelve junto a la suya en el tubo. Joven, blanca, fuerte. Y cierra los ojos un segundo antes de sentirle nuevamente; aún antes de entrar al túnel, esa pelvis vuelve contra sus nalgas, y tiene que contener un jadeo, sabiendo que tiene la piel de sus glúteos totalmente erizados. Y, maldita sea, echa el culo un poco para atrás, abriéndolo, permitiéndole encajar a lo largo, y casi sufre un desmayo cuando lo nota, el sujeto empujándoselo. Un güevo que estaba bien tieso. Lo siente en toda su dureza, calor y hasta pulsadas. El tipo va de adelante atrás, frotándose, usándole para darse placer, manoseándole de manera vulgar dentro de un vagón lleno de gente, y la idea le marea. Tragando abre los ojos, las luces de seguridad forman sombras, y volviendo el rostro hacia un lado se encuentra con la mirada del chico que acaba de subir, ojos muy abiertos, boca también, el libro cerrado en su muslo; un chico que notaba perfectamente que ese otro sujeto estaba restregándole el güevo del culo, y que él se deja, que más bien lo buscaba.

   ¡El chico le había pillado!

   La idea es como lava ardiente en sus venas, aterradora, todo él se eriza y altera. Está muy quieto mirando al chico que subió hace poco, y que desde su asiento le observa mientras a sus espaldas el sujeto que se frota de su culo continúa con lo suyo, de adelante atrás, de arriba abajo, su güevo verticalizado dentro de la ropa siguiendo el curso entre sus nalgas, sintiéndolo. El chico les mira, dice nada, no avisa, sólo mira… cubriéndose en entrepiernas con el libro que llevaba. Tapándose sin dejar de verles.

   Y a Gregory le parece que va a correrse de pura lujuria consciente de que le mira, de que es observado. Con los ojos clavados en los del chico, comienza a ir también de adelante atrás, su culo de arriba abajo frotándose de esa verga dura que pulsaba contra su trasero. Sin pensar en nada, sólo consciente de lo mucho que le gusta eso, de estar siendo tratado así en ese vagón atestado de personas que no saben qué ocurre, mientras un tío le mira. Que le mira siendo toqueteado así por otro hombre, que le mira dejándose hacer, recibiéndole, que le mira moviendo su culo ahora casi como si quiera atrapar y frotar ese güevo que ya comienza a calentarle el jeans a través de las telas. Ese chico le mira y casi se muerde los labios porque siente el temblor horrible de su propio miembro, sabiendo que está mojando su bóxer y el pantalón de puras ganas.

   El sujete le deja el güevo pegado, y así empuja y empuja como si quisiera elevarle del piso, como soñando con alzarle y hacerle caer sobre su güevo, clavándole y sosteniéndole en peso, o eso piensa un mareado Gregory que contiene un jadeo mientras su pecho sube y baja violentamente, totalmente ahogado de lujuria. Mientras mira al joven que lleva una mano a su entrepiernas, bajo el libro. Seguramente tocándose, duro y excitado mirándole a él. La idea hace que su sangre se vuelva espuma, casi tanto como, al fijarse bien, al nota que el chico, sonriendo, forma la silente palabra “puta”. Entenderlo le hace temblar más. Si, puta. Un puto total. Se comportaba como… No quiere pensar, tan sólo mover su culo de arriba abajo sobre la bragueta de su anónimo sobador, disfrutando al oírle respirar muy pesadamente.

   -Tiene razón… -oye otra vez la voz joven y profunda de hombre cuyo aliento le quema el cuello, en tono muy bajito e íntimo en medio del ruido del tren y la gente hablando sus cosas.- Eres una puta. Mira cómo estás, todo caliente porque ese carajo ve como te refriego el culo con mi güevo. –y empuja más, Gregory aguantándose para no gemir de verdad como una perra, así de extrañamente caliente se siente.- Seguro que tienes el culo vuelto un caldo espeso esperando un buen pedazo de carne dura.

   Gregory no sabe qué decir, cómo reaccionar o qué sentir. Él no era marica, pero todo eso que estaba ocurriendo lo tenía literalmente ardiendo de lujuria. El roce de la barra dura contra su culo, algo que jamás le habría permitido a nadie, las palabras que podrían sonar soeces, insultantes, pero que tan sólo le hacen desear escuchar más, mientras ese otro carajo le mira, sobándose, le tienen de a toque.

   -Yo también quiero, coño. –oye otra voz, a su derecha, exigiendo.

   -Olvídalo, pana. –responde el primero, totalmente pegado a su culo.

   Y el enorme hombre negro siente más jugos saliendo de su güevo, ¡estaban discutiendo por él!, pero nada a cuando siente unos dedos rozar su mano. Eso era demasiado, lucha pero es atrapado, su mano abierta, tomada por los dedos, es guiada a otro entrepiernas y pegada a esa pelvis… sobre un güevo que abulta de manera escandalosa. ¡Dios!, jadea, ahora si alarmado. ¡Todo estaba saliéndose de control! La gente iba a darse cuenta de que un hombre estaba refregándole el güevo contra las nalgas y que otro le obligaba a llevar la mano a su entrepiernas, donde recorre leve la silueta de una tranca dura, muy dura y caliente, antes de comenzar a acariciarla. Porque lo hace, no sabe por qué pero lo hace. Cierra su puño sobre ese tolete duro, el güevo de otro carajo, halándole un poco. ¡Estaba tocándole el güevo a otro hombre!, una idea de por sí terrible y aterradora, como lo era el tío que parecía que en cualquier momento le bajaría los pantalones y le metería el tolete, allí mismo, por el culo. Y tal vez se dejara hacer. Tal vez se lo permitiría, abrirle con la cabeza de su tranca, llenándole, así como acariciarle la verga al otro fuera de sus pantalones, porque en ese momento siente que las hormonas y la testosterona estaban ahogándole de ganas y es capaz de cualquier cosa.

   Se anuncia la llegada a la estación, y la voz, el leve frenar, el aproximar de las luces al salir del túnel, logran darle a Gregory algo de serenidad… para encontrarse con la muy ceñuda mirada de la señora mayor sentada justo al frente, la cual se vuelve hacia su marido. Como por arte de magia el tipo se despega de su culo, al tiempo que retira la mano del tolete del otro y el chico en el asiento saca la mano de su entrepiernas. Todos quietos, pero el joven hombre negro es muy consciente de la dura mirada de la doña, así como de esos sujetos, los tres, que no se apartan mucho. Ni salen. ¡Estaban esperando volver al túnel y caer sobre él! Machos tras la perra.

   Traga saliva, acomodándose bien sobre la pelvis la chaqueta cerrada. La gente sale y entra, se oye el pitido anunciando que se cerraran las puertas y…

   -¡Permiso! –gruñe ronco, moviéndose con esfuerzo, no tanto por la gran cantidad de personas sino porque sus piernas no parecen querer obedecerle. Pero lucha y sale, a pesar de las malas caras de las personas que arrolla.

   A sus espaldas las puertas se cierran, el tren pita y se aleja. No pudo volverse, y alejarse, ahora, le cuesta un mundo. De una manera desconcertante su cuerpo parece no poder asimilar todo lo ocurrido… que se alejó de sus manoseadores. La idea le hace exhalar una bocanada de aire. Va hacia las escaleras mecánicas y sube, no sabe si saldrá o tomará el tren contrario para volver a la estación que se le pasó, aunque no se cree con fuerzas para verse rodeado de personas otra vez. Su piel arde, su sangre zumba en los oídos, el güevo lo tiene imposiblemente duro, pulsante y mojado contra sus ropas. Dar un paso, sentir el bóxer y el jean sobre la erecta carne le da calambres. ¡No puede seguir así!

   ¡Los sanitarios!

   Tragando en seco, otra vez, metiendo las manos en los bolsillos de la chaqueta, sintiendo cosquilleos sobre su tranca bajo las ropas, el joven y apuesto hombre negro se dirige hacia los baños, imaginando que tal vez sea un error. Pero no puede pensar.

   Ignora que un joven vigilante le ha visto, con mucho recelo por su manera de actuar, un chico flaco de cabellos rojizos y piel pecosa. Siguiéndole a los baños. Lugar donde le pillaría.

……

   -Oye, chico… -Roberto duda, estremeciéndose seguidamente por la fuerte palmada en su trasero.

   -¡Sobre el sofá! –es la tajante orden del joven de mirada dura y despectiva.

   Más de lo que Roberto puede soportar, subiéndose de frente al sofá, arrodillándose sobre él, las manos en el respaldo, las piernas abierta. Su trasero apenas cubierto por el bóxer del chico del gimnasio, alzado y hacia afuera. Ofreciéndose.

   -¡Mira qué culo! Apenas cabe allí. Dime, ¿cómo lo sientes? Tener sobre tu piel el bóxer usado de otro hombre, que sudó, dejó algo de orina y tal vez hasta de jugos de su hombría en ella. –sonríe Hank, despectivo, nalgueándole suave, la mano recorriendo de una dura mejilla a la otra, casi admirado. Y codicioso, todo eso era suyo, idea que le trastorna.- Con semejante culo debes volver locos a todos, todos queriendo tocarlo así… -los dedos de la mano se abren mientras le refriega duro. Lo siente estremecerse, la turgente piel erizada, el culo más atrás. Y ríe.- Si, te gusta, ¿verdad?, sentir el fuerte roce de la mano de un hombre acariciándote el lomo. Te ofreces como puta barata… -la mano sube a la fuerte espalda y Roberto cierra los ojos, recorrido por mil sensaciones placenteras y estimulantes mientras le oye; joder, ¿cómo podía excitarle tanto escucharle decirle eso?- Seguro que tienes el coño mojado… -la mano vuelve a su trasero, sobre el bóxer, casi empujando la tela en su culo.- Porque tienes un coño, lo sabes, ¿no? –se tiende sobre él para decirle eso, la mano subiendo otra vez y ahora descendiendo al contrario, la punta de los dedos rozando el elástico del suave bóxer de buena tela, blanco, que casi se ve obsceno sobre la lustrosa piel negra. Roberto, boca abierta, contiene un jadeo al sentir el roce de esos dedos. La mano se mete dentro de la prenda, caliente y firme contra sus carnes, recorriéndole, amasando, pellizcando leve, notándose las ganas de hacerlo, lo complacido que estaba de tenerle así. Y se le escapa un jadeo, avergonzado baja el rostro contra el respaldo, pero no para ocultarse.- Si, negro puto, eso que sientes es el placer de la anticipación de saber que tu hombre te usa, que quiere jugar con tu coño, uno que le pertenece. –le informa, y el otro sabe que es verdad a cierto nivel que ni él mismo entiende, porque bajar el rostro y cerrar los ojos es para concentrare en las mil sensaciones que lo recorren de manera agradable.

   Le oye, pero como desde muy lejos, sobre lo muy puto que son los negros, mientras la mano va y viene de una nalga a la otra, metida en el bóxer, recorriéndola circularmente de arriba abajo y regresando, cruzando por la raja entre ellas, rozando su culo y haciéndole contener el aire en los pulmones. El bóxer baja, desesperante y torturantemente lento, sus redondas nalgas morenas al descubierto, brillantes de transpiración. Roberto traga y traga, haciendo mil esfuerzos para no menear el culo contra las manos del muchacho, no queriendo parecer tan puto.

   -¡Estás sudado! –oye la acusación, la voz dura, antes de estremecerse, tensar sus nalgas y gemir al caer la fuerte palmada contra su glúteo derecho. Pica y arde, y le alarma.- Siempre debes llegar limpio ante mí, negro puto. –le ruge, otro azote, duro, en la otra nalga se deja oír y sentir.- Debes bañarte bien, afeitar tu coño y perfumar tu pubis, ocultando así tu olor a puto barato. –le explica, nalgada tras nalgada. No era tímido dando azotes.

   Roberto se estremece ahora sí que mal, la mente girando a toda velocidad, sintiéndose infinitamente humillado y ofendido en su dignidad y su hombría, pero también caliente, la verga botándole un río de líquidos, algo caliente estallando dentro de su culo, agitándolo, picándole, algo que necesitaba…

   -¡Debes depilarte el coño! –le repite el joven, enfilando un dedo y metiéndoselo lentamente por el orificio cerrado y virgen de su culo prieto.

   Roberto se tensa y casi se incorpora. ¡Estaba metiéndole un dedo por el culo! ¡Estaba dejando que otro carajo le metiera un dedo! ¡Por el culo! Su mente es una masa caliente de temores, incertidumbres y dudas. Vuelve el rostro, para gritarle que lo saque (en lugar de saltar y escapar), pero se contiene. El joven le sonríe ahora, casi amistoso, maravillado.

   -Joder, negro, qué culo tan estrecho y suavecito. –saca medio dedo y lo mete otra vez, increíble contraste de su puño pálido contra la firme pared de carne oscura.- Dios, se siente tan bien meterte el dedo así… -y parece un atractivo y pícaro niño contento que juega con el caro regalo de Navidad. Y a Roberto le parece simplemente hermoso. Si eso le hacía tan feliz…

   Quiere complacerle. Las redondas y negras nalgas van y vienen sobre ese dedo, apretándolo, el hombre estremeciéndose cuando le oye reír feliz. Esa risa le marea, y sonriendo tontamente, Roberto vuelve el rostro al respaldo, meciendo su culo de aquí para allá, apretando y soltando el dedo del muchacho. Uno que le mira ahora con expresión sarcástica, sabiendo que le ganó la batalla. ¡Pobre negro tonto!

   El largo y delgado dedo blanco entra y sale de entre las dos firmes masas negras que son esas nalgas realmente apetitosas que ya quiere morder, azotar otra vez hasta hacerle gritar. Marcarlas. Si, quiere que lleven su marca. El dedo va y viene al encuentro del orificio que se expone y que le busca, cogiéndose a sí mismo. Se ve tan entusiasta ahora, que le sorprende. Roberto abre mucho la boca y los ojos, pero decide no hacer nada, sólo apretar los dientes y aguantar, relajándose para facilitarlo todo, cuando otro dedo se suma. ¡Ahora tiene metido dos dedos de hombre en su culo virgen hasta hace dos minutos! Los dos dedos de Hank van y vienen, penetrándole, abriéndole, frotando las paredes de su recto, vencida la resistencia e incomodidad inicial. Los mete, todo, y tijerea con ellos, y aunque algo molesto pues no es totalmente placentero, Roberto aguanta. Hasta que…

   -¡Ahhh…! -jadea, el chico tocó algo dentro de él que hizo explotar luces frente a sus ojos.

   Hank se muerde el labio inferior y casi sacando sus dedos, los enfila hacia abajo, metiéndolos, rozándole otra vez. La siente, la próstata. La toca, la acaricia, la soba, y ve como el negro y poderoso cuerpo de ese joven hombre brilla nuevamente de transpiración, mientras el vaivén de s culo ahora es más intenso, decididamente disfrutándolo ahora, no simplemente para complacerle a él, y todo eso mientras jadea de forma ronca y baja.

   -¿Te gusta, negro puto? ¿Te gustan mis dedos en tu coño suave y caliente? Apuesto a que sí. –le mete los dedos y todavía empuja más.- Quiero que veas a un conocido mío, en el Centro Lido. Hace tatuajes y piercing, pero no irás por eso. Todavía no lo mereces… -le informa mientras le coge con mayor rapidez el culo, sonriendo al verle el espeso y claro hilillo de jugos que salen de su grueso güevo negro, bañándole el sofá.- Se llama Galdo, es un hijo de puta loco, dile que te envío yo y que quieres el primer tratamiento. Él sabe de qué se trata. –aunque totalmente mareado de lujuria y placer con esos dos dedos penetrando su entrada más secreta y prohibida, a Roberto nada de eso le suena muy bien.- Si no vas… esto se acaba. –amenaza, incrementando las metidas de sus dedos en ese culo que arde como brasas, que le hala los dedos con ganas, que se abre buscándolos, al tiempo que le atrapa el tolete negro que pulsa en su palma. Es sólo un toque y Roberto casi se muere de ganas, botando más jugos.- Cuanto termines con Galdo, ven aquí, sólo hasta entonces, y ya verás, negro de mierda, lo que será para ti el verdadero placer sexual. –le garantiza, cogiéndole rudamente con los dedos, soltándole el tolete y raspando con las uñas sobre sus testículos.- Sabrás que vives de verdad cuando me estés sirviendo como la más puta de las putas; arrastrándote por el piso para que te tome, será tu mejor momento. Llorarás para que te toque, me rogarás para que te deje comer mi güevo… -va diciéndole, tendido sobre él, metiéndole sin parar los dedos, golpeándole la próstata, rascándole los testículos en una suave caricia que tiene al hombre negro a punto de saltar de impaciencia y placer.- Me suplicarás de rodillas, y eso te lo aseguro, para que te entierre mi güevo blanco en tu sucio culo negro, momento cuando te sentirás totalmente realizado. –y para terminar, le mete los dedos, tijereándolos en lo profundo, sus uñas recorriendo otra vez los testículos y la cara inferior del grueso tolete que se pone imposiblemente duro.

   Roberto casi cae del sofá mientras se corre, entre escandalosos gemidos que a todo el mundo le sonarían a los de una puta feliz, con una fuerza y una potencia que le hacen alcanzar la gloria suprema del orgasmo. De su ojete manan disparos tras disparos de semen, hasta que tembloroso y sin fuerzas se queda como está, casi echado sobre el respaldo del sofá, respiración pesada. Su culo es liberado y Hank se aparta, sonriendo.

   -Si no ves a Galdo, se acabó. Y ahora lame toda esa esperma con tu lengua. No me dejes el mueble sucio. –le ordena, despectivo.

   Ojos cerrados, jadeante, el joven hombre negro todavía se estremece, tendrá que lamer su propia esperma, ¿sabría tan bien como la de Hank?

……

   Tarda casi veinte minutos en salir del apartamento del chico blanco, todo ajado, sudoroso, oliendo intensamente a esperma, en su lengua todavía el sabor de la de Hank y la suya propia. Da un paso fuera del apartamento, cierra la puerta a sus espaldas y se lleva un susto de muerte.

   -Mucho cachondeo, ¿no? –comenta, unos pasos más allá, el marido de la conserje, escoba en manos, ojos llenos de maldad y algo más.- ¡Vaya negro maricón que resultó! –casi ríe.

   ¡Mierda!

CONTINÚA … 10

Julio César.

MACHAZO… EN TANGA

septiembre 9, 2014

SEDÍA

MACHO EN TANGA

   -¿Qué coño pasa aquí? –pregunta con su vozarrón, bien metido en su culo el hilo dental naranja.

HIPICO

Julio César.

FUNDAMENTALISMO ISLAMICO Y OCCIDENTE

septiembre 9, 2014

LA VIDA, EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, CIENCIA Y RELIGION…

LAS PRETENCIONES DEL ESTADO ISLAM

   ¿El ganador se lo llevará todo?

   La horrible crisis de identidad que está sufriendo el Oriente Medio, y que podría llamarse reacomodo si no fuera por el desastre en vidas humanas, cabía esperarlo. Caído todo un sistema, los antiguos jefes militares todopoderosos, ese vacío debía llenarse con algo, casi siempre por los grupos que más les adversaban o quienes la vieron peor con ellos. Ocurrió en la antigua Rusia, pasó en Venezuela. A ninguno de los dos les fue bien, tampoco. Es algo predecible y hasta lógico, esa gente comenzaría a tantear el camino buscando su propio rumbo, y este estaría lleno de promesas y de riesgos. Los riesgos están apareciendo ahora; en busca de “libertades”, sacaron a los caudillos militares, ahora se asoma la fea cara de una teocracia siempre presente en la zona, atrasante, peligrosa y excluyente: “yo te digo qué comer, vestir, qué hacer, donde vivir, y tú obedeces para la gloria de Alá, que quiere precisamente lo que yo estoy señalándote”. En todo ello no hay nada misterioso, por eso me desesperaban tanto los necios y superficiales artículos de opinión durante la llamada Primavera Árabe, cuando hablaban de “Occidente tumbando gobiernos para echarle manos al petróleo”, como si este ya no lo tuvieran garantizado por los caudillos militares que respetaban sus acuerdos comerciales, protegían las instalaciones petroleras y mantenían a raya a grupos fanáticos y fundamentalistas, en cambio recibían dólares y la tranquilidad de que podían continuar haciendo lo que les diera la gana. Pero cuando la gente quiere creer sus propias necedades no hay quien les convenza. Ni siquiera la realidad.

   Occidente, e Israel, en la zona, deben estar extrañando en estos  momentos a los jefes militares caídos, pero no era decisión de ellos quién se salvaba o no; la gente estaba cansada de ese sistema y quería probar otro, que les ofreciera algunas oportunidades de libertad para ser quien se quisiera, para vivir como cualquier otro en cualquier otra parte del mundo… sentimiento que debe continuar allí (Cuba lleva una dictadura de sesenta años y sus jóvenes, que únicamente han conocido esa porquería, sueñan con vivir en un mundo libre, a veces arriesgando sus vidas en ello), por lo que a la larga no le auguro mucha vida a estos fundamentalistas, aunque su daño harán, qué dudas caben. El nazismo fue derrotado en los años cuarenta del siglo pasado, su evangelio de odio y locura obligó al mundo a unirse para combatirlo, pero mientras el final llegó causó más de siete millones de muertes en sus campos de exterminio y veinte millones en la unión soviética. Caen, si, pero cuánto daño hace mientras llega la mañana.

   Pero como fanáticos hay en todas partes, generalmente gente algo insensatas que gritan “no importa que el techo me mate a mí y a los míos, sí en su caída también mata a fulanito” (demencia, obviamente), a las alarmantes noticias que llegan de la brutalidad del autoproclamado Estado Islámico con gente que se les opone, especialmente de otras religiones, responden que más preocupados deben estar en Israel (es decir, si a los sionistas les va mal, pueden tolerarse unas cuantas aberraciones contra los cristianos de la zona). Hay tal obsesión extraña con este pequeño pueblo, fuera del Medio Oriente que si tiene razones para detestarles, que hay que considerar si realmente Dios no estuvo tras su formación y su sustento. Todas las naciones le odiarían, pero prevalecerían contra los muchos porque Él estaba de su lado. Suena a religión, lo sé, pero que gente en Caracas, Lima, Santo Domingo, sean antisemitas virulentos, viendo toda la situación del Medio Oriente desde un único punto de vista, hace sospechar que otras fuerzas se mueven… si fuera yo conspiratólogo. En realidad se debe a una buena base de ignorancia del pasado, la Historia Universal está allí para iluminar el camino transitado y arrojar luces penumbrosas sobre lo que puede venir, pero a nadie le interesa. Se ha llegado, y en buena parte es culpa de la red y sus páginas de opinión, a pensar que lo que uno cree es un “hecho”, independientemente de ninguna fuente autorizada (como el programa educativo de Historia de cada país). La facilidad para opinar ha banalizando la “verdad”, la “realidad”, la cual cambia por un video de doce minutos sobre lo que sea, (la verdad, según esta histeria, nunca es fácil de conocer, no ve que reptiles ancestrales, iluninatis en órdenes misteriosa o muy sabios y siniestros viejos sionistas están en las sombras dominando el mundo; lo dicho, locura). Sin embargo, me parece que en esto, el gran peligro para Israel que representa el auto proclamado Estado Islámico (o únicamente para Israel), están tan equivocados como en todo lo demás.

   Lo primero que impresiona cuando uno oye o lee sobre lo que corre entre Irak y Siria (donde llueve y no escampa), es la pretensión hegemónica del grupo disque religioso que inicia su avance. Por un lado desean crear un único estado bajo la batuta de ellos, el grupito en el poder, por supuesto (como una revolución cubana cualquiera), amenazando por un lado con “recuperar” España y Portugal, mientras por el otro se dedican al exterminio de toda otra fe más que etnia, no sólo los cristianos. Uniendo estos dos puntos se deduce, sin muchas complicaciones, que quieren expandirse controlando territorios e imponiéndose como única fe sobre toda otra que les haga la competencia por “las almas” de los fieles. Con los israelitas, con su pequeña porción de tierra (mucha más de la concedida por la ONU; sostienen ellos que mucho menor a la entregada por Dios, aunque nunca presentan apeles de propiedad) y su religión cerrada, la pelea no parece cazada. A cualquiera le parecería, por la amenaza a Europa, que el enemigo en la mira es otro, fuera del Cuerno de África y Asia, y de la fe judía: Occidente. Pero era difícil expresarlo, por ello me tomo la libertad de reproducir aquí las palabras de otro, de un artículo aparecido esta semana en la revista de análisis político y económico, ZETA, editada en Caracas. Disfrútenlo:

……

MATAR AL PAPA

Por Carlos Alberto Montaner.

PAPA FRANCISCO

   Los islamistas radicales quieren matar al papa Francisco. Lo advirtió el diario italiano Il Tempo. No me extraña. El enemigo permanente de estos anacrónicos personajes es el cristianismo, no los judíos. Los judíos no hacen proselitismo. No quieren convencer a nadie de nada. Sólo puede pertenecer a ese pueblo el que nace de madre judía. La conversión es posible, pero complicadísima. Los judíos ocupan un pequeño territorio que alguna vez estuvo islamizado y debe ser recuperado para la fe de Mahoma, porque así lo prescribe el Corán, pero nada más.

   Para los salafistas la bestia negra que hay que extirpar es el cristianismo y Francisco es su principal cabeza. Por eso quieren arrancársela de cuajo. Abu Bakr al-Baghdadi, el Califa del Estado Islámico, ya ha dicho que se propone conquistar Roma. Es un doctor en estudios coránicos. Eso lo hace más peligroso y delirante. Arrastra hasta nuestros días una visión histórica fijada en los siglos medievales –del VII al XI– en que hubo una civilización islámica hegemónica que contribuyó a definir a Europa como “la cristiandad”.

   Europa fue otra cosa a partir del acoso musulmán. Se produjo una reacción especular. Acabaron pareciéndose al enemigo. Hasta la conquista de España por los árabes en el 711, la Península se percibía como un reino godo que continuaba la tradición romana. Pero “los moros” combatían en medio de algarabías, ensoñaciones mágicas y promesas de paraísos repletos de virginales hurís, asegurando que “Alá es el único Dios y Mahoma su profeta”. Era la yihad. La guerra santa. Peleaban por designio de Alá, según les aseguraba Mahoma en el Corán.

   Los hispanogodos, por la otra punta del conflicto, aprendieron la lección y entonaron con emoción el lema de “Santiago y cierra (ataca) España”. Santiago fue uno de los apóstoles de Jesús. Supuestamente, estuvo en España. Cuenta la leyenda cristiana que en el siglo IX se apareció en la Batalla de Clavijo sobre un imponente caballo blanco, blandiendo una refulgente espada de plata con la que degolló 70 000 sarracenos, sangrienta escabechina que le ganó, justamente, el sobrenombre de “Matamoros”.

   Afortunadamente, el tiempo, la Ciencia y, sobre todo, las ideas racionales de la Ilustración, lentamente fueron podando a Europa del fanatismo y fortalecieron los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia, el laicismo, la libertad de culto, la igualdad ante la ley y el respeto por el otro que ya se anunciaba en los mejores aspectos del judeocristianismo.

   En el mundo islámico no ocurrió nada similar. Siguen apegados a la historia de Mahoma y a su confuso siglo VII. Se mantiene intacto el odio a quien profesa una religión diferente y no se somete o convierte a la fe islámica. Hoy el Estado Islámico persigue a los yazidis en Irak. Las huestes de Al Qaeda matan cristianos en Siria cada vez que pueden. La Hermandad Musulmana aniquiló a cientos de coptos en Egipto. Chiíes y suníes, mientras se enfrentan entre ellos, detestan y esporádicamente les hacen la guerra a los libaneses maronitas. Y en Nigeria las matanzas de cristianos están a la orden del día. Hace poco, incluso, debí firmar, junto a otros millares de personas indignadas, una carta dirigida al gobierno de Sudán para que no ejecutara a una señora embarazada que se había convertido al cristianismo.

   Me temo que el problema no se limita a la barbarie de un pequeño grupo de extremistas. El asunto es más grave. Según el Informe 2000 sobre libertad religiosa en el mundo, en 23 países islámicos se atropella, persigue y, a veces, extermina cruelmente a las minorías cristianas. Los gobiernos y los líderes religiosos interpretan al pie de la letra las feroces instrucciones del Corán contra los infieles y en nombre de su fe les hacen un daño terrible a los cristianos.

   No hay nada incorrecto en que el mundo árabe quiera volver a situarse a la cabeza del planeta. Eso es comprensible. Los chinos, que también tuvieron un pasado glorioso, quieren retomar esa posición cimera. Pero los chinos no han adoptado el camino de destruir a la civilización occidental, sino la imitan con la intención de llegar a superarla. Los chinos miran al futuro. Los árabes, en cambio, no consiguen superar el pasado. Eso es muy peligroso.

……

   ¿Invadir Europa? ¿Matar al papa Francisco? Suena a locura, ¿no? Sin embargo, si alguien le hubiera dicho a cualquiera a inicio de los años treinta del siglo pasado que en el corazón mismo de la Europa culta, católica y progresista se instalarían campos de exterminio y que judíos, gitanos, eslavos, republicanos españoles y gente contraria a un régimen político totalitario serían asesinados por millones, nadie lo hubiera creído. Sonaría a locura. Pero ocurrió. Hitler estaba loco, y en su demencia demagógica y carismática arrastró a toda una sociedad a la barbarie (y no sólo a los alemanes, la historia es más terrible). Y eso que Hitler no decía hablar en nombre de profetas o de dioses (hay una teoría que sostiene que los nazis si creían en un destino manifiesto de dioses nórdicos, pero de cara al mundo no llamó a la guerra por Odín), ¿qué queda para una gente a la que convencen de que “hacen lo que Dios (o Alá) les ordena y espera de ellos? La verdad, aunque pueda dudarse de los alcances del artículo del señor Montaner, me temo que no lo veo tan a la ligera. El enemigo de un islamista radical es el profesante de toda otra religión, aún un connacional suyo, sobre todo una como el cristianismo, también militante que hace conversos en todo el mundo, “peleándoles” el amor del Único.

LOS ANTICRISTOS

   ¿Se repetirá lo del Califato de Córdoba? Amanecerá y veremos. Por lo pronto, mis amigos conspiratólogos están delirando, recordando que todavía se espera al tercer anticristo, Mabus. Aunque otros sostienen que nos manipulan y nos quieren llevar nuevamente a la angustia de la Guerra Fría, pero esta vez contra el Islam. Lo cierto son las escenas dantescas de todo el dolor y muerte que se está provocando en las tierras tomadas en el Medio Oriente contra personas que profesan otra fe. Y no hablo de judíos y palestinos, esos llevan rato aburriendo al mundo con sus guerras insensatas donde nadan ganan, especialmente los palestinos. Pero si eso les gusta…

INGLATERRA Y JAPON, DOS VISIONES DE LA VIDA

Julio César.

TRATOS INTERNACIONALES

septiembre 9, 2014

PLAYA SUCIA

VELLUDO Y MACHO EN TANGA

   Grandes bocados de negocios.

   -¡Oh, my God! –exclamó totalmente sacudido el empresario norteamericano frente al velludo y algo obeso hombre de negocios caraqueño, metido dentro de la muy chica y llamativa tanga.

   -Vamos, gringo… -invita sonriendo al verle entrar en la órbita de sus piernas abiertas; fue un buen gasto el alquilar para dos la piscina del club.- Celebremos el trato por adelantado. –cierra las velluda piernas tras su cuello, atrayéndole más.- Dale una buena probadita a la oferta. Está dulcita… Puro dulce de leche. Y después cerremos el trato, como dos buenos capitalistas; es lo patriótico, ¿no?

¿POCO ESPACIO?

Julio César.

CUANDO EL SUEGRO LA LLENA TODA

septiembre 9, 2014

 

LATIN HOT

   Y se desborda.

   Vitico era un buen yerno, siempre incitaba a su suegro para que ejercitara exhibiéndose mientras se preparaba para una competencia. No se cansaba de mirarle todo ese forro de músculos dentro de las chicas trusas. Ni de ayudarle, siempre se tardaba largos minutos aceitándole, recorriendo con dedicación cada músculo con sus dedos de tipo también fornido; el suegro, más alto, respirando pesado por la boca cuando su recias y firmes manos le bajaban por el torso o por la espalda, o cuando se agacha entre sus piernas, aceitando y casi rozando con la punta de su nariz la trusa. Los dos pretendiendo que nada ocurre, que nada se levanta, duro y caliente, casi saliéndose. Como cuando esas sesiones de ejercicios terminaban y para liberar tensiones el suegro se masturbaba, limpiándose luego con  la trusa que usaba, que fingía no saber que el musculoso chico la tomaba del cesto de ropas sucias y se encerraba con ella en el baño, saliendo luego, a veces, con la nariz manchada.

……

   Vaya. Pero fuera de juegos, aunque esto no es deporte, alegra la vista verlo.

DE UNIFORMADOS Y BAÑOS

Julio César.

LA SALSA SECRETA

septiembre 9, 2014

DULCE JUVENTUD

LA CHORREADA DE LECHE

   Gruñe pesado. Era un pésimo entrenador, pero el director no le botaba  porque le encantaban esas galletas untadas que le llevaba cada mañana.

LAS MONERIAS DEL CHICO

Julio César.

SE FUE LA SEÑORA JOAN RIVERS

septiembre 9, 2014

JOAN RIVERS

  “Dios mío, ¿cómo puede salir a la calle vestido así?”.

   Que Venezuela es un país farandulero lo prueba que todo el mundo comentó, con pesar, la muerte de la señora Joan Rivers el pasado 4 de septiembre… Nombre que a mí no me decía nada hasta que uní ciertas referencias. Por compañeros de trabajo supe que la dama era una estrella de la televisión farandulera norteamericana, llevando con mano de hierro un programa, Fashion Police, donde criticaba la moda de los famosos, a veces de manera terrible. Dicen que nadie se le salvaba, metiéndose hasta con Barack y Michelle Obama. Lo notable, y que me parece la hace alguien que seguramente valió la pena tratar aunque fuera de pasada en vivo, es que se burlaba hasta de sus propias cirugías plásticas. Aparentemente su presencia en la televisión, antes, durante y después de todo gran evento, de los Oscar para abajo (especialmente allí, en la alfombra roja), era casi obligatoria. Esperada ansiosamente por su público, también por los famosos, aunque muchos temían su caustica lengua e ingenio.

   ¿De qué la recuerdo? Trabajo con una mujer ya cuarentona, negra y alta, hermosa y elegante, de tono educado con quien provoca hablar. Hace tiempo llegó a la oficina una gente a denunciar no recuerdo qué cosa de la Maternidad, y una de ellas era una mujer joven pero algo gordita, metida dentro de un muy ajustado pantalón de licra blanco, donde la bailaba la celulitis auqneu estuviera quieta. Fue la angustia de muchas en la oficina (por no hablar de la muy marcada ropa interior), comentado luego esta amiga: “definitivamente debería existir la Fashion Police, alguien que te pare en la puerta de tu casa diciéndote lo siento ciudadana, no puede salir a la calle vestida de mamarracha”. Cómo me reí.

   Bien, alguien es famoso cuando se hace referencia de su vida u obra, ¿no? Que en paz descanse la señora Joan Rivers, cuyas imágenes se veían muy bonitas en toda la prensa que ojeé… Y eso que dicen que ya era octogenaria.

Julio César.

EL VERDADERO ENCANTO

septiembre 9, 2014

CASOS DE FAMILIA

MACHO SOBRE MACHO

   Tenía ese no se sabe qué…

   Apretando los dientes, aferrándole las nalgotas, el hombre sube y baja sus caderas, metiéndosela toda, cogiéndole duro, clavándosela hasta los pelos y todavía queriendo darle más. Todos en la fábrica creían que lo hacía, que se lo metía a cada rato por eso, por verle tan contento con el culo usado siendo tan masculino como se veía, o porque era su compadre y hacérselo al compadre cuando se descuida era siempre genial, o porque le tenía controladito con el güevo por el culo… pero no. Lo hacía para escucharle esos griticos de gozo cuando se lo abría y se lo llenaba con su hombría, esos jadeos ahogados de quien se muere de tanto gozo, esas sonrisas medio salivosas de abandono al estar delirando tanto con su güevo cepillándole la pepa del culo. El compadre, grandote y machote, sabía verse y sonar como una putica agradecida cuando le satisfacía con su miembro, y a todo carajo le encanta eso.

PREPARANDO EL MOMENTO

Julio César.

TRAVESURA E INVITACIÓN

septiembre 9, 2014

DEBILIDADES DE UN DURO

CHICO EN HILO DENTAL AMARILLO

   Ese chico tenía algo…

   Me encanta mi trabajo de chofer. Cada vez que voy a la casona del jefe para recogerle, su hijo aparece casi sin ropas. Y mientras su papá me va diciendo que salimos en una hora, detallándome todos los lugares donde debo conducirle ese día, el maldito chiquillo baja su shorts, mostrando todos sus encantos y con la cabeza me hace señas para que le siga… le encanta subírseme a la palanca de cambios. Aunque siempre chilla que es muy grande, se sube y luego no quiere bajar. Y lo goza tanto como yo.

VIDA Y SACO

Julio Cesar.

QUERIDA VIRGEN DEL VALLE

septiembre 8, 2014

SE NOS ACABÓ EL MUNDIAL… ¡NOOOOO!

VIRGEN DEL VALLE

   ¡Quién estuviera en la isla de Margarita!

   Aunque la cosa ya lleva días celebrándose, mañana será el gran día en Nueva Esparta, de hecho en todo el Oriente del país, ya que se festejará “la procesión de la Virgen” desde su santuario en El Valle. La Virgen del Valle, Vallita. Eso se llena; cada año acuden miles y miles de peregrinos de todas partes de Venezuela para acompañarla, rendirle homenaje, renovar la fe con la Madre de Dios y con Este (así le decimos), pedirle favoresVALLITA, PATRONA DE LOS PESCADORES (comenzando por salud y paz) y agradecer los milagros ya concedidos. Este año se celebran los ciento tres de su coronación canoníca. Qué envidia de quienes podrán llegarse, es tan hermosa la procesión y ella se ve esplendida entre tanta devoción. Después de la Chinita y la Pastora, Vallita reúne la mayor cantidad de católicos del país. Virgen del Valle, señora de Oriente, Patrona de los pescadores, desde Caracas también te saludamos. Y te lo pedimos: paz.

Y TODAVÍA CELEBRAN EL PRESIDENTA

Julio César.

NOTA: Lo sé, este no es el mejor espacio para esto, pero es lo que hay.

TRES HOMBRES, UN DESTINO… SERVIR… 22

septiembre 6, 2014

… SERVIR                         … 21

   Un hombre cruel e infernal está sentenciado a muerte en una cárcel y decide divertirse antes de que llegue el final… Tomará a tres sujetos y los convertirá en sus putas. Uno será su hembra, otro será usado por sus compañeros de trabajo, el tercero descubrirá un fetiche que le hará delirar. De Cierta manera, y aunque es un relato maldito, este no parece tan feo a la larga. Disfrútenlo.

……

the convicted’s whores

by Lexicode

BLACK HOT

-¿Así me ves, pequeño puto?

……

   -¡Aléjense de mí! –grazna Daniel Pierce, retrocediendo, mirando en todas direcciones como una rata acorralada. Si le tocaba pelear, acción en la que nunca ha sido muy bueno, llevaría las de perder frente al número de sus atacantes, esos sujetos que le miran con ojos codiciosos, sonrisas torvas, vergas totalmente erectas, disfrutando por anticipado del fácil bocado que tragarán.

   -Vamos, mi amor, no te pongas así. Dame cariñito. Te va a gustar. –se burla el hombre que robó su virginidad propiamente dicha.- Sé qué te gusta que te hagan y cómo. Y hasta cuántos. Te vamos a hacer muy feliz, bonita.

   -¡No! –grita ronco, y mirando entre ellos parece encogerse, derrotado, los otros sonríen más.

   Pero es un engaño, arrojándose hacia adelante, con rapidez, busca cruzar entre dos de los sujetos que sonríen confiados; pero dos pares de manos le retienen por los brazos, mientras ríen, controlándole, llevándole nuevamente contra la pared. Las manos tocan, le alzan en peso y aún así sigue luchando, intentando dar manotazos y patadas, y todo eso parece excitar más a sus atacantes, sus vergas estaban goteando copiosamente mientras le dominan. Le derriban obligándole a caer de rodillas, y mientras uno, a sus espaldas, le retiene los brazos hacia atrás, lastimándole, el líder le abofetea, duro, para luego cubrirle la boca con la palma de la mano.

   -Tranquila, mi amor. –le dice en español, burlón, pero también loco de lujuria.- Ah, esa boca, ya quiero llenártela, pero estoy muy caliente, creo que primero atenderé tu culo, te daré duro, güerito, y luego, mientras mis socios te lo calman, te llenaré la boca. Todos vamos a darte mucho amor…

   Daniel abre muchos los ojos, aterrado, debatiéndose pero retenido, indefenso, esas manos tocándole de forma ruda, sus tetillas pellizcadas; sus nalgas abiertas, le obligan a separar las rodillas, son palmeada, su culo lampiño, muy comentado entre burlas, es acariciado. Todos quieren tocárselo, compiten por acercar sus dedos. Y grita, no, por Dios, eso no podía pasarle. Otra vez.

   -¿Qué coño hacen? ¡Suéltalo si sabes lo que te conviene, hijo de puta! –ruge una voz autoritaria en la entrada, severa.

   Por un momento todos se congelan, mirándole, Daniel se ve totalmente aterrorizado. No, no puede pasar por todo eso otra vez.

   -Vete, o también a ti te daremos duro, nazi de mierda. –amenaza el jefe del grupo, alzándose, dominado por la testosterona.- A ti parece que también te hace falta un macho. ¿Qué tal, amigos?, ¿nos gozamos a dos perras en una sola sentada? –y sonríe mostrando los dientes.

   -¿Crees poder conmigo, cholo de mierda? –le reta sereno, cruzando los brazos sobre su torso de braga abierta. Y a Daniel le impresiona todo él, su aire de confianza y serenidad al enfrentar a esos sujetos realmente peligrosos. Varios en número, para colmo. Es el hombre a quien ya había encontrado una vez en esas duchas y que dijo que olía…

   -Vete, marica. –insiste, duro, perdiendo la paciencia. El sujeto sonríe y medio vuelve el rostro.

   -¡Guardias! –grita a todo pulmón.

   -¿Qué diablos…? –ruge una voz afuera y Daniel casi jadea de alivio, encogiéndose en el piso, culo desnudo en el frío cemento. ¡Alguien viene!

   -Esto vas a lamentarlo, maldito nazi. –amenaza el latino, medio cabeceando y saliendo con sus amigos.

   -¿Qué pasa? –Adams, el vigilante obeso y de cara ruin, aparece casi tropezando a los latinos en su salida, mirando al sujeto joven y alto, blanco bronceado, seguro de sí, y al otro, caído en el piso.- ¿Qué coño pasa, convictos?

   -Nada, guardia. –sabiendo que es mejor no meterse en honduras, el convicto recién llegado le resta importancia al asunto.

   -Okay… okay… -Adams cabecea y sonríe lascivo.- ¿Sorprendiste una fiesta de putas? –y la sonrisa se congela cuando el hombre se vuelve a mirarle, sin decir nada, los ojos un poco más claros. Eso parece molestarle al uniformado que se arregla la cachucha.- ¡Terminen y salgan, convictos de mierda! –grita y sale.

   Con movimientos lentos, terriblemente aliviado, pero aún más avergonzado, Daniel se pone de pie, notando que el otro se acerca. Toma con rapidez su toalla caída, cubriéndose, manos temblorosas.

   -¿Estás bien? ¿Te hicieron daño? –se interesa, voz baja y algo ronca.

   -Si… no… Estoy bien, gracias…

   Daniel no puede verle a los ojos, no puede procesar que estuvo a punto de ser violado por varios sujetos, que luchó y pataleó pero no pudo hacer nada para escapar de eso, pero luego este sujeto llega, sin amilanarse, sin retroceder, y controla la situación haciéndose obedecer. ¿Por qué no puede él controlar su vida? ¿Cómo hacía el otro? Abatido, molesto y confuso consigo mismo, intenta alejarse, tropezándose, casi cayendo de no ser por ese sujeto que le recibe entre sus brazos abiertos, las manos grandes y firmes cerrándose en su baja espalda, sosteniéndole y estabilizándole. Sus torsos chocando, uno desnudo, el otro con una braga abierta, el primero de piel depilada, suave y blanca; el otro algo velludito, bronceado y firme.

   Y a Daniel la vida parece tambaleársele, el contacto de su cuerpo contra ese otro es eléctrico, sus pectorales chocan del torso masculino y siente como sus tetillas hormiguean de manera espantosa, respondiendo al toque, erectándose, ambos pezones proyectándose hacia adelante, las puntas contra la piel ardiente del joven macho.

   ¿Qué coño…?, jadea el convicto sometido, confuso por la respuesta de su cuerpo, alzando la mirada de manera impulsiva y encontrando esos ojos castaños algo oscurecidos. Ese sujeto había notado y reconocido la respuesta de su cuerpo. Lo sabe por la manera en que ese torso velludito se expande, subiendo y bajando poderoso (rozándole más los pezones), el cómo las manos que simplemente estaban allí, se cierran ahora sobre su piel, los dedos largos y fuertes cebándose en su piel, atrayéndole más. Y ese toque le parece de fuego, estimulante, debilitante, tal vez por eso cae un poco más contra el sujeto, sus rostros muy cercanos, la boca del otro, rodeada de una leve sombra de barba castaña, se abre un poco. Y algo, puede sentirlo contra sí, se levanta y endurece entre las piernas de ese hombre atractivo.

   -Yo… yo tengo que… irme. –grazna Daniel, tragando en seco, rostro muy rojo, su cuerpo erizado. Le aparta y casi corre, sin importar que se note que huye.

   -Rostov, me llamo Geri Rostov. –le oye todavía.

   La masculina voz le produce al joven hombre rubio un escalofrío por toda la columna mientras se aleja. Dios, ¿qué le pasa? Por un segundo… Mierda, si, por un instante quiso besarle, sentir su boca, su lengua explorándole mientras sus manos…

   ¡No, coño, no!

……

   -Ahhh… tienes ese culo caliente, cabrón. –chasqueando la lengua, bufando con ordinariez y cachondez, para afectarle, Lomis continua obligando a Nolan Curtis a mamarle la verga mientras le mete un dedo por el ano, dentro de su camioneta estacionada en la calle, cristales levemente ahumados, pero donde algo debe llamar la atención porque uno que otro, que pasa por la acera, forza la mirada antes de continuar su camino.

   Para Nolan es una pesadilla, allí estaba él, mamándole el güevo a uno de sus compañeros de trabajo, el mismo que le vio siendo sodomizado y controlado por un convicto horrible que le usó, creyéndole un puto, molestándose con él y haciéndole todo eso en castigo. En su inocencia, el joven cree que Lomis hace todo aquello porque lo imagina puto. Pero él no lo era, era un hombre normal, como todos, atrapado en aquella pesadilla, una que le tenía ahora la rojiza y pecosa verga de su colega atorada en la garganta, donde tiene que sorberla para tragarse la saliva y poder respirar. Siente ganas de llorar, él no se había buscado eso, piensa mientras su rojos y brillantes labios cubren toda la gruesa pieza masculina para luego permitirle salir, dejándola mojada, cuando Lomis le hala del cabello, llevándole y trayéndole, exigente y dominante, no dejándole otro camino. Pero es la mano en su trasero…

   Echado de panza sobre el asiento, bucea sobre el regazo del otro, quien tiende sobre sí un brazo, la mano metiéndose dentro de su pantalón y calzoncillo. Era una mano grande, velluda y ruda que acariciaba y clavaba los dedos en su tierna carne, hasta que llevó un dedo a su culo, metiéndoselo. Allí, ¡en la calle! ¡Frente a la casa de su novia y su familia! Quería gritar, escapar… pero estaba atrapado. A la merced de ese colega que le hacía todo eso. Y la idea, o el dedo en su culo, que salía muy lentamente de su redondo y poco peludo anillo, frotando circularmente sin salir del todo, halando y abriendo, antes de volver a enterrarse, hondo, todo, arqueándose, rozándole, le tienen mareado, confuso y levemente caliente. El dedo baja en su interior y choca de algo que le hace tensarse sobre el asiento. Y Lomis sonríe ruin.

   Empujándole la cabeza, metiéndosela hasta la garganta, sintiendo su resuello en los pelos púbicos y la pelvis, el pelirrojo saca y mete ese dedo del joven culo de su colega, rápido, frotándole internamente, todo en el mismo punto. Le oye gemir, le siente estremecerse, seguramente avergonzado de su respuesta, y forza la situación. Saca el dedo y le empuja la cintura del pantalón y el bóxer negro, exponiéndole el pálido trasero, y venciendo la resistencia del anillo le mete dos dedos, buscando el punto, dándole allí. Los saca y los mete, rítmicamente, y le golpea una y otra vez sobre la próstata, viéndole enrojecer todo, su culo estremeciéndose como si quisiera controlarlo, por lo que acelera las cogidas de dedos. Es impresionante como el redondo orificio se deforma, como alargado ovoide, para permitir que los dos dedos del macho abusador penetren, controlándole, reclamando su lugar. Los dedos están bien metidos ahora y todavía empuja más. Había algo en meterle dos dedos así a un tipo, que enloquecía a cualquiera.

   -Dios, eres tan marica, Curtis. –le ruge bajito.- Puedes decir lo que quieras, pero tu culo parece que va a arrancarme los dedos. Lo tienes muy caliente y deseoso, muchacho. –le acusa, sacando totalmente sus dedos y metiéndolos otra vez.- No se te calma…

   Extrayendo los dedos se tiende hacia la guantera, obligándole a tragar totalmente el rojo tolete, sacando de allí un pequeño pero grueso consolador de goma blanda, de un rosa chillón. Mirándola, con ojos muy abiertos y alarmados, Nolan intenta retirarse, pero la mano en su nuca es fuerte, aunque luego le retira, halándole del cabello. Adolorido, el muchacho, boca libre de ese tolete grueso que cae contra el vientre del pelirrojo, le encara.

   -Por favor, Lomis, no hagas esto. Eso no. –pide. Y grita cuando se incrementa la presión sobre su cabello.

   -¡Dime, “señor”, pedazo de mierda! No eres un hombre como yo, muchacho. Eres un maldito mamagüevo que gusta de los convictos. Hago esto por tu bien. Para que no vayas por ahí calentándole las braguetas a los reos. Tu culo necesita esto… -le ruge, y Nolan, aterrado, nota que algunas personas parecen escuchar y forzar la vista, tal vez por andar preocupado por eso se descuida y ahogadamente termina con el consolador en la boca.- Ensalívalo. –le ordena feo, dedos fieros enredados en su suave cabello, y el muchacho lo hace, justo como si chupara de una mamila. Y mientras lo hace, sometido, humillado, sus miradas se cruzan, le suplica piedad, que no haga eso, pero el otro sólo sonríe.- Por Dios, si tu padre te viera así, te ves tan marica… -se lo saca de la boca.

   -Lomis…

   -¡Señor, para ti! –le ruge otra vez, halándole más del cabello, casi haciéndole llorar.

   -Lo… lo siento, señor; pero no quiero…

   -Deja de chillar, becerro, mejor ocúpate de esto. –y le guía, con fuerza, a su tolete, obligándolo a tragarlo otra vez, gozando el instante, como todos, cuando los suaves labios lo abrazan y va entrando chocando contra su lengua.

   Sin perder el tiempo enfila el mojado consolador hacia ese trasero, notando las nalgas contraída, sonriendo al enfilar la rosa punta contra el cerrado culo, frotándola allí para desesperarle, para angustiarle, empujando más, abriéndose paso, muy lentamente para torturarle. Le nota arrugar la frente, las nalgas más tensas, pero va metiéndoselo. El juguete es suave y muy a propósito para chicos principiantes. Lo hace, lo mete todo y aleja su mano.

   Mierda, pero qué bien se veía ese chico con la base ancha del rosado consolador en su culo. Atrapa la base otra vez y comienza a sacarlo y meterlo, lentamente, casi dejándolo afuera, luego metiéndoselo todo, centímetro a centímetro, ladeando la mano para llevar la punta enterrada hacia abajo, hacia el asiento y la próstata del muchacho boca abajo. Y sabe que la encuentra cuando lo siente tensarse y gruñir bajo. Ya le tiene, piensa, cogiéndole ahora con más rapidez y rudeza, gozando el verle estremecerse, arquearse y transpirar al meterle y sacarle el juguete erótico de su agujero. Joder, había algo en meterle eso a ese chico por el culo que le tenía la verga a punto de caramelo, uno que el joven saboreaba ahora que succionaba, seguramente sin darse cuenta que lo hacía. Nolan se estaba excitando a pesar de sí. Sacar el juguete del culo abierto que se cierra, y luego metérselo, cogiéndolo, estimulándole, le parece el colmo de lo erótico… ¿o no? No, quiere más.

   Lágrimas ruedan nuevamente de los ojos del muchacho, sabiendo para donde iba todo. A la vergüenza de estar siendo sometido sexualmente por un compañero de trabajo, cuya dura y gruesa verga tiene que tragar, sabiendo que la está succionando mientras su culo es penetrado por el corto pero gruesos juguete sexual, lo peor es notar cómo despertaba un deseo que le hace desear caer muerto allí mismo. No tiene manera de saber que estimulada la próstata a conciencia, buscándose una reacción, casi siempre se termina así. Pero que le esté ocurriendo es horrible, que sea en la calle, mucho peor, con el rabillo del ojo nota que algunos intentan forzar la mirada por el parabrisas, ¡y frente a la casa de su novia!

   -Fuera. –le gruñe Lomis, sacándosela de la boca, la verga babeándole saliva espesa y jugos, algunos rodando por la barbilla del chico, mientras le retira el consolador del culo, obligándole a sentarse, moviéndose él mismo hacia el centro del asiento.- Súbete y dómalo. -le ordena, sentado con piernas muy abiertas dentro del espacioso vehículo, la verga rojiza y tiesa levantada como una lanza.

   -Lomis… -jadea, lloroso, tragando al verle la intensión.- Señor, no puedes hacerme esto, estamos frente a la casa de mi novia… ¡Ahhh! –la leve bofetada, más como demostración de control que violencia, le calla mientras baja la mirada.

   -Silencio, perra. Estás maluca y necesitas macho. –le informa, estremeciéndose él mismo con el juego de palabras que hace con las aconsejadas por Robert Read.- Sube o… -lo deja así.

   Ambos contienen el aliento cuando las sonrojadas nalgas abiertas, casi lampiñas y púberes, descienden, la rojiza, lisa y brillante cabeza de un güevo, quieto, a punto de impactar con un redondo culo cerrado que se acerca. Lomis traga en seco cuando colisionan. A Nolan le parece horrible, pero nada puede hacer, el otro no le apura, parece querer que sea él quien lo resuelva.

   -Apúrate, perra, alguien puede salir a buscarte; y encontrarte cabalgando sobre mi verga tal vez les sorprenda.

   Cerrando los ojos con ira, Nolan se deja caer, castigándose por haberse dejado llevar a eso. Grita contenido cuando la gruesa y ardiente mole le abre, llenándole. Es casi insoportable sentirla así, y eso que ya le han ocurrido cosas. Por su lado, Lomis casi se desmaya de puro placer. Sentir el roce con la entrada del ano era increíble, pero cuando cae, apretando por reflejo, rozándole intensamente su instrumento, dando un apretón feo al caer, fue casi insoportablemente grato… casi tanto como tenerle allí, en la cabina de su auto, metiéndosela por el culo al muchacho que se resistía todavía.

   Se quedan quietos, ambas respiraciones jadeantes, Lomis vestido y con la verga afuera, o bien, metida dentro del chico; este con su franela, los pantalones en los tobillos y el bóxer únicamente bajo atrás, en su culo ahora lleno, expuesto, alzado por delante y cubrirle un poco. De las miradas de cualquiera que intentara saber qué ocurría en esa camioneta detenida… Como de Lomis. No lo entiende, pero su verga está medio morcillona, aunque le parece aterrador. Casi pega un bote cuando el torso de Lomis se pega de su espalda y la voz ronca del sujeto, teñida de burla, le dice:

   -¿Lo sientes? Tu culo ávido está trabajándome la verga, sabiendo lo que quiere. Lo que tú quieres. –le asegura, metiendo las manos dentro de la camiseta, recorriendo el joven y firme torso, gozándolo; tocarle así, sabiéndole suyo, le excita más. Sube y cubre sus tetillas, que atrapa con índices y pulgares, halando y rotando, estimulándole, consiguiendo que se estremezca y suspire.

   Lomis sonríe más, le tenía en sus manos, le provocaba reacciones a pesar de sus deseos. Y es cierto, el joven guardia de cárcel siente que la piel le arde cuando esas manos horribles le toca y le recorren la piel, atrapan sus pezones y los estimula de esa manera tan extraña.

   -Sube, hazlo, apúrate, cada segundo perdido puede costarte ser descubierto empalado sobre mi verga por tu novia o sus padres. –le susurra burlón al oído, apretando un poco más sus tetillas, olfateando el olor a champú en el suave cabello algo húmedo del muchacho, cerrando los ojos y embriagándose con el delicioso y dulce aroma de su chico.

   ¡Dios, Dios!, jadea internamente Nolan, desesperado. Si, debía terminar toda esa pesadilla, acabar con él y alejarse de toda esa vaina, así fuera renunciando a su cargo en la prisión. Llevando las manos al tablero, afincando los pies en el piso del vehículo, sube su culo, lentamente, el anillo muy cerrado sobre el grueso tolete rojizo al que hala, y baja, apretando más. Duele pero ya no tanto, así que va y viene, ganando ritmo y velocidad, decidido a exprimirlo a toda prisa y acabar. Sube y baja cogiéndose, metiéndoselo todo en cada caída. Lomis, a sus espaldas, sonriendo con la boca mu abierta, echa la cabeza hacia atrás, gozando el peso del muchacho cuando cae sobre su pelvis, disfrutando la suave y cálida apretada que el sedoso estuche le da a su miembro, pero gozando más la idea. Está cogiéndole en su auto, a las afuera de la casa de su novia. Está tan caliente que teme arder literalmente, pero todavía tiene que seguir el guion de Robert Read y saber si el chico responde.

   Mientras tensa sus muslos, también embistiéndole, sintiendo más intensamente los halones y apretadas del joven culo sobre su verga, el pelirrojo vigilante cruza su brazo izquierdo, atrapando con esa mano la tetilla derecha del muchacho, rascando el pezón, acariciándolo, halándolo, mientras lleva su mano derecha al entrepierna del chico, metiéndola dentro del bóxer y encontrándole el tolete medio duro. Lo atrapa con su mano firme y aprieta, y a Nolan la cabeza le da vueltas por tantas sensaciones. Quiere que termine, pero siente lujuria, ese güevo le da donde es, esa mano tiene su pezón de a toque, jamás imaginó que le pudiera provocar tanto placer el manoseo a sus tetillas. Y la mano sobre su verga… Esa mano en puño sube y baja con firmeza, como sólo un hombre sabe que gusta, mientras él mismo se encula, totalmente consciente de que salta sobre la pelvis de su colega, sobre su verga dura y babeante, y la sensación es totalmente enloquecedora.

   -Eso es, muchacho, date gusto. Gózalo todo… -le gruñe Lomis casi sobre el cuello, tocándole, sobándole, manipulándole, mordisqueándole una oreja.

   Nolan ya no piensa, se estremece violentamente y jadea de manera intensa olvidando todo, hasta el dónde está, sorprendiéndose al notar a dos jóvenes que con sus manos hacen viseras para interna ver dentro de la camioneta, imaginar qué dirían si pudieran verle, le marea. La idea es tan horrible, tan mortificante, que temblando cae totalmente sentado sobre esa verga que se le mete toda, honda, dura, caliente, pulsante, y se corre de manera intensa y abundante, él mismo sorprendido. Moja la mano de Lomis, quien sonríe excitado al notar sus temblores, la carga hirviente que atravesaba el joven tolete, y la babosa mojada en su mano. Y mientras se corre, Nolan ignora que su culo, quieto sobre la verga, está apretando y halando de manera feroz. El hombre que le encula lo siente, que él mismo se tensa, y sacando su mano bañada en leche, mirando el rostro del joven en el espejo, se la unta con su propia carga. Y verle, rojo de mejillas, con el cruce de leche sobre su nariz y mejillas, le hace correrse.

   Lomis aprieta los dientes, tensando los muslos, pies bien asentados en el piso del auto, empujando su verga hacia arriba, más adentro del muchacho, corriéndose con fuerza, llenándole el culo a ese hombre joven con su semen, un hecho en sí que ya bastaba para querer más, mientras le ve la cara enlechada. Este, jadeando todavía agobiado por la intensidad y goce de su propio clímax, siendo llenado por aquella verga y manipulado por ese hombre, sintió los disparos muy adentro, golpeándole en ese punto que todavía rozaba la gruesa pieza.

   -¿Te gustó tanto como a mí, perrita? –le pregunta bajito, ronco, jadeante.

   Nolan va a replicar, pero, horrorizado nota que la puerta de la casa de su novia se abre y que esta, bella y joven, cabello castaño y largo, suelto, su corta cota blanca y su jeans azul oscuro, se asoma. Mirando hacia el auto. Salta, no le importa que Lomis ría cuando de su culo, al abandonar la verga, mane leche, subiéndose el bóxer mojado ahora por delante y por atrás, así como su pantalón.

   -Límpiate la cara, perrita. –le aconseja Lomis, mirando a la joven salir por el jardincito.- Preséntamela, ¿no?

……

   Todavía temblando por todo el peligro que corrió, sólo eso, ¿okay?, Daniel Pierce regresa escoltado a su celda, cruzándose con hombres que le sonríen lascivamente, todos los que le saben “la caliente puta” de Read. Agradece la soledad de la celda, aunque se pregunta de pasada dónde estaría ese horrible hombre. Cómo era posible que un condenado a muerte (y se estremece al recordarlo) pudiera movilizarse así, como le daba la gana y con tanto desparpajo. Se sienta en su litera, inquieto, llevándose una mano al suave cabello rubio oscuro, algo largo, le caía sobre el cuello y la frente. Debía hacer algo al respecto. Y allí, quieto y a solas, intenta con todas sus fuerzas no pensar en su reacción cuando ese joven y atractivo convicto le tuvo entre sus brazos. Geri Rostov. Siente sus mejillas arder, rojas de vergüenza, molesto consigo mismo. El sólo nombre le afectaba. ¿Qué estaba ocurriéndole? Está bien, ese hombre horrible le dominaba y usaba sexualmente, ¡pero él no era un marica!

   La reja se abre, casi con violencia, y sobresaltado como está, casi culpable por sus propios pensamientos, se pone de pie y encara a Robert Read, que entra muy serio.

   -¿No fuiste a trabajar, Tiffany? –le pregunta, caminando hacia su litera.

   -No, yo… no me sentí bien.

   -¿La menstruación? –se burla, achicando los ojos al verle bajar la mirada.- ¿Ocurre algo, princesa? –le ve dudar.

   -No… nada… ¡Ahhh! –no puede evitar el grito.

   Robert Read, endureciendo el rostro, le cruza la cara con el dorso de su mano derecha, con fuerza, haciéndole retroceder.

   -¿Por qué mientes, Tiffany? ¡Sé lo que ocurrió en las duchas! -es tajante, indiferente a la gente que pasa y escucha.- ¡Intentaste seducir a varios carajos! –le acusa.- Y vas a pagármela, pequeña zorra. –otro bofetón derriba sobre su litera a un totalmente aterrorizado Daniel.- Si quieres comportarte como una cualquiera, te venderé al prostíbulo de los armenios, para que seas la perra de cientos cada noche. –sentencia, encimándosele, esperando su reacción.

   En sus ojos brilla una rabia infinita… y homicida.

……

   Mientras sube las escaleras, después de asegurarse de que estaba ahí, hablando con la encargada de la consejería, Jeffrey Spencer, recuerda algo de lo dicho la noche anterior por el jefe Slater, cuando estuvo sobre sus gruesas y poderosas piernas, la titánica pieza negra que poseía bien clavada en sus entrañas, sobre lo que sus amigos decían de los culos de los chicos blancos. Meneando la cabeza lo aparta, no quiere pensar en eso. Ni recordarlo. Debía concentrarse en su trabajo, y parte de eso era entrevistarse con el detective que llevó a cabo la investigación contra Robert Read. Toca al timbre. Nada. Otra vez. Igual resultado. Le dijeron que estaba, así que insiste llamando con los nudillos.

   -¡Un momento! –escucha el rugido de una voz irritada. La puerta se abre y a Jeffrey Spencer la boca se le abre tanto como los ojos.

   Frente a él se encuentra un sujeto de casi dos metros de altura, atlético y fibroso, treintón, llevando una camisa abierta que deja al descubierto su torso ancho y de buenos pectorales, el pantalón del pijama, bajo en la cintura y de tela suave, permite ver parte de sus pelos púbicos y la silueta suelta de un miembro morcillón.

   El detective Owen Selby era un atractivo, poderoso y aparentemente muy bien dotado hombre negro.

CONTINUARÁ … 23

Julio César.


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