EL OBSEQUIO INESPERADO Y EL NECESITADO

diciembre 3, 2013

FACHA PARA FIESTAS

SANTA CLAUS GAY

   ¿No es un hermoso y tierno cuadro?

   Cuando el hombre se sentó sobre sus piernas, pesado, caliente, vital y sexy, diciéndole que necesitaba cariño porque su padre nunca se lo dio por estar ausente trabajando, el pícaro Santa Claus vio el cielo abierto… para metérsele en los afectos. El viejo sátiro no podía creer en su suerte mientras le tocaba y acunaba. Y vaya que le daría, y le haría, muchos cariñitos al muchachote… Era Navidad, pensó riendo tradicionalmente.

DESPUES DEL JUEGO… ENTRE JUEGOS

Julio César.

PAUL WALKER, HOLLYWOOD DE LUTO

diciembre 3, 2013

PAUL WALKER

   Realmente tenía ángel…

RAPIDOS Y FURIOSOS

   La noticia fue sorpresiva esta mañana cuando escuchaba los titulares de prensa, aunque aconteció comenzando el fin de semana (era primero de diciembre, tenía yo otras preocupaciones). Había muerto el actor Paul Walker, el catire guapetón que se inmortalizó encarnando al ex policía Brian O’Conner en la famosa saga de acción RAPIDO Y FURIOSO, esa gente que siempre se las ingeniaba para terminar corriendo peligrosas y acrobáticas carreras clandestinas de autos. Y por eso la noticia me impresionó en el primer momento, la increíble ironía de que un hombre que interpretó tantas veces a un corredor casi acrobático, que sobrevivía a los accidentes más impresionantes, encontrara la muerte en un accidente automovilístico. ¡Estrellándose contra un árbol! El hombre no conducía, iba de pasajero en un porshe llevado por un amigo, Roger Rodas, quien sí era corredor profesional.

MUERE ACTOR PAUL WALKER

   En tempranas horas de la tarde del sábado, el vehículo donde viajaba se estrelló contra un árbol (accidentes que siempre son extraños y dejan mal sabor de boca), incendiándose, quedando todo reducido a un feo amasijo de metal. El apuesto hombre quedó irreconocible. Se maneja la idea de un exceso de velocidad.

PAUL WALKER SEXY

   Para el momento estaba filmando, a sus cuarenta años muy bien llevados, la séptima entrega de la saga sobre los corredores de autos. Sus amigos pronto dejaron saber lo que sentían, como su compañero de reparto, Vin Diesel, quien creo que reflejó lo que muchos debieron pensar: “Hermano te voy a extrañar muchísimo. Estoy sin palabras. El cielo ha ganado un nuevo ángel. Descansa en paz”. La actriz y cantante Ashley Tisdale, también expresó cosas bonitas: “Estoy muy triste por Paul Walker. Que descanse en paz y se una a los ángeles en el cielo. Una persona realmente hermosa en el trabajo y ayudando a los otros”.

AZUL PROFUNDO

   Llamativo que tantos famosos crean en los ángeles, ¿verdad? Debo confesar que nunca vi esas cintas, de carreras de autos prefiero las del Transportador, pero puedo decir que realmente mucha gente lo sintió, comenzando por un hermano mío que es fan de esas películas. Al catire lo recuerdo en aquel filme con Jessica Alba, Azul Profundo, donde el gran atractivo de la puesta en escena eran ellos dos semi desnudos. ¡Y vaya que se veían bien! Es triste que el talento se pierda así, que una vida acabe de pronto, como lo es siempre en un accidente, momento cuando debemos enfrentar, de repente, que si, que todo puede terminar, para cualquiera, en un segundo.

   Citando a sus amigos, que descanse en paz este otro muchachón de Hollywood, el catire de mirada bonita.

Julio César.

DISTRAIDOS

diciembre 3, 2013

SIN MAYOR PROBLEMA

FORZUDO EN HILO DENTAL

   Hay quienes sólo se fijan en los muy pequeños detalles…

   Desde que Germán comenzó en ese gimnasio, en las duchas tuvieron que quitar bancos y sillas, así como escaloncillos. Por alguna razón todos entraban detrás de él cuando comenzaba a desvestirse para ducharse, se le pegaban como moscas, y no parecían ver por dónde iban. Seguramente distraídos por las charlas llenas de homofobia y chistes denigrante contra las minorías sexuales que soltaba el singular sujeto.

SOBREENTENDIDOS ENTRE MACHOS

Julio César.

PERFIL

diciembre 3, 2013

SECRETOS

CHICO NALGUEADO POR MAESTRO

   Ese niño no aprendía…

   El profesor azota la tersa piel, la palma va y viene mientras el chiquillo se estremece, tiembla, gime, cierra los ojos, la nalga se contrae antes del manotazo, gozándolo como nunca, casi corriéndose de pura emoción a pesar de toda aquella humillación frente al salón de clases. Era increíble, de chico terrible, insolente y voluntarioso, ahora gemía de manera inequívocamente putona, sumiso, entregado al goce del dominio del hombre fuerte. Y no era todo, aunque mareado por todas esas nuevas sensaciones, todavía le toca ver a Wilson, su mejor amigo, tomándole una fotografía.

   -Verga, Dávila, no puedo esperar a que todos vean mi nueva foto de perfil en facebook… -y ríe.- ¿Sabes? Tengo a tu mamá y a tu papá afiliados a mi cuenta.

   Y el chico se estrene corriéndose violentamente entre jadeos ante la sutil amenaza y una nueva nalgada… porque ahora sabe, por lo dicho por Wilson, que todos en ese salón le darían de tarde en tarde. Que pasaría de piernas en piernas siendo azotado y tocado. Ahora era la perra del salón.

PESADILLA EN LA CALLE OLMO

Julio César.

LLEGA LA NAVIDAD… Y TODAS LAS CELEBRACIONES

diciembre 2, 2013

¿VOCES DEL INFIERNO?

CRUZ DEL AVILA

   Siempre gusta y emociona.

   Hoy, como dice la canción, vivimos la emoción del último de noviembre y la alegría del primero de diciembre. Llegó la Navidad. Quienes bebimos hoy, beberemos todo el mes. Lo sé, no suena muy edificante, pero es una tradición y ahora, a mi edad, soy conservador. Son días de festividades, y no sólo por el nacimiento del Niño Jesús. Por andar corto de tiempo no dije nada del día de la Copacabana (21 de noviembre), la gran celebración espiritual de mi Guarenas querida (aunque algo insensata), y ya hay que prepararse para Santa Bárbara (4 de diciembre). De quien solo nos acordamos cuando truena. Hace tiempo escribí sobre eso, que nunca más iré a una reunión de esas, pero lo celebro ya que un querido amigo, uno amigo de esos leales, constantes, laboriosos y buena gente, cumple aniversario de casado. Este es uno de los signos de este mes. Ya vienen los matrimonios y los bautizos. Son días de fiestas, reuniones y celebraciones. Llegó diciembre…

MAGALLANES… CÓMO DOLIÓ ESE DIEZ A CERO

Julio César.

¿QUÉ HACER EN CASOS ASÍ?

diciembre 2, 2013

EJEMPLO

PAPI SEXY

   Entrar en tu cuarto y pillar al noviecito de tu hija, boca abajo, desnudo y sonriente, diciendo que quiere lamer sudor y leche de tu cuerpo velludo.

SU OTRA DEBILIDAD

Julio César.

LA TRAMPA

diciembre 2, 2013

PRUEBA

OBRERO DE CONSTRUCCION CALIENTE

   Pensó estársela comiendo, o que lo hacia el otro, pero…

   -Recuerdo la primera vez que el ingeniero me sorprendió en su carro, cascándomela con una revista de chicas, y me gritó por el culo peludo sobre su asiento de cuero, por perder el tiempo y por abusador. –sonríe pensativo.- Estaba furioso y creí que me correría, pero el muy maldito… Bien, dijo que esa se las iba a pagar. Y se la cobró. Me la comió. Toda. Ese carajo sabe hacerlo, puede con todo y te resuella en los pelos. Era un tío, pero… Bien, una boca es una boca, ¿no? Pero no pude quitármelo de la cabeza, no sé si por eso fue que me “sorprendió” de nuevo la segunda vez, o la tercera y cuarta; siempre cobrándose hasta la última gota sobre la lengua. Pero desde la tercera vez… -tragan, tenso, oyendo los pasos que se acercan.- …Usó un dedo. Fue sorpresivo y me asusté, pero la boca me distrajo. Y, bueno, el dedo se sentía raro pero no malo. Ni cuando fueron dos… y ahora tres. En estos instantes no sé si vengo por la boca o por los dedos… -mira, temeroso al sujeto que se acerca.- Ayer dijo que hoy me traería un juguetito que iba a encantarme… Ay, Dios, ¿en qué irá a terminar todo esto?

DESTINO

Julio César.

DEAN, UN CHICO MALO

noviembre 27, 2013

LA TARDE DE PERROS DE DEAN

LOS MUCHOS BESOS DE DEAN

   Todo un Dean…

   La verdad es que este capítulo, 9×07 – Bad Boys, fue, fuera de muy bueno, increíblemente oportuno. Casi como si lo hubiera pedido a propósito. No aparecen Castiel ni Crowley, sabemos que Kevin anda por ahí y los hermanos salen a investigar. Son tan sólo ellos dos contra un ente sobrenatural al que ya han enfrentado en el pasado… pero encontramos chispazos de la vida de un joven Dean Winchester. ¿Cómo podía ser malo?

   Bien, unos niños juegan en un granero, un hombre tosco les llama para que vuelvan a sus camas, hace frío, la luz de la linterna parpadea y sabemos que hay un fantasma; un tractor se enciende, el hombre cae tontamente, se levanta y le atraviesan. En la baticueva los hermanos reciben una llamada, Sam al principio no entiende porque usan un apodo extraño para comunicarse con alguien y resulta que se trata de Dean. Es un sujeto llamado Sonny, un viejo amigo que hace años le tendió la mano. Sabemos por Dean que cuando tenía dieciséis años se metió en problemas, se gastó el dinero que John le había dado para alimentarse él y Sam, y le atraparon robando comida.

SONNY

   Hay un primer vistazo a ese antiguo Dean, el policía con el ojo negro, un Dean muchacho esposado y todo chulo, Dylan Everett, un chico que por primera vez se parece a un Jensen Ackles de joven. El que aparece cuando un Sam niño le regala el collar que debía ser para John, y el mocetón que aparece en aquella secundaria donde pasaron dos semanas y a la que vuelven precisamente por un fantasma, no se parecían en nada a él. Este sí, fuera de, y hay que decirlo, bonitico, el muchacho tenía la chulería de un joven Dean, que se cree duro pero que el hombre que le ayudará, Sonny, adivina que tiene hambre. Por cierto, que me agrada este actor, Blake Gibbsons, siempre de duro.

EL APRETON DE MANO

   Los hermanos llegan, una vieja cuidadora pregunta si son amigos de prisión de Sonny, y comienza la investigación. Mientras Sam revisa en los cuartos, encontrándose nuevamente con la mujer que le habla de los trágicos antecedentes en la propiedad, encaminándoles hacia un fantasma, Dean revisa el granero y conoce a un chico pequeño, timmy, delgado y de anteojos, que oculta sus miedos, inseguridades y terrible abandono tras el juguete valiente que le regalara su madre. Era un niño adorable. Me agradó ese Dean interactuando con él, enseñándole cómo se da un apretón de manos confiable. Más tarde le asistirá cuando otros dos chicos del lugar intentan meterse con el huérfano pequeño, la eterna parodia de la ley natural donde los depredadores olfatean y cazan al más débil para atacarle. Y digo parodia porque en la naturaleza es para alimentarse, entre los humanos es una condición sádica que, por suerte, en la mayoría se cura con la edad. Aunque no en todos, algunos pasan la vida siendo maridos abusadores y padres maltratadores. Aunque también las hay mujeres, preferir a un marido sobre los hijos de quien ese sujeto abusa, es clara muestra.

   Antes de ir al cementerio y creer que acabaron con el problema, Sam descubre cosas en esa casa refugio, en el muro del orgullo descubre un diploma de Dean, por ganar unas competencias de lucha, algo nunca hablado (y no es raro, hasta el episodio Hogar, en la primera temporada, Sam ignoraba que un Dean niño le había sacado de una casa en llamas). Y aquí llega un punto importante que tiene que ver con ese pasado, cuando Sam habla con él, haciendo notar lo extraño que fue que John no hubiera podido encontrarle, Dean le aclara que si lo hizo, le encontró y le dejó ahí para que aprendiera su lección. Y aquí comienza en parte lo que quiero decir sobre que parece haber sido un capítulo hecho a mi medida. Nunca, y quienes hayan leído mis primeras entradas en esta sección Supernatural lo sabrán, pero nunca, me gustó el personaje de John Winchester. Por alguna razón se le ama dentro de la comunidad fan, jamás entendí por qué. Era un mal padre, así de sencillo. Para los muchachos, en especial para Dean, su principal víctima, mejor padre resultó Bobby Singer.

   Ya lo he mencionado (EL SEÑOR DEAN WINCHESTER), cuando John coloca a Sam en brazos de Dean, le roba su infancia, su inocencia, no en ese momento exactamente, sino cuando se lanza a la cacería olvidando atrás a esos niños y transformando a Dean en el guardián de su hermano. De niño pasó a ser el soldadito de papá, y siendo un niño tal vez lo creyó su único deber, proteger a Sam, la meta de su vida, pero también obedecer ciegamente a John, tal vez esperando que volviera a ser con él, el que fue en los primero diez minutos del Piloto hace ya nueve temporadas. Era un niño esperando que su padre le llamara con afecto otra vez a su presencia. ¿Qué John no tuvo más remedio que hacer lo que hizo, su mujer, el amor de su vida le había sido arrebatado y debía vengarla? Puede ser, y tal vez por eso muchas damitas parecen encontrarle justificaciones, pero yo no lo veo así. Ese hombre esa noche perdía la mitad de su familia por un desastre y apartó deliberadamente a la otra; por razones distintas, Dean perdió a su madre y a su padre también en la misma jornada y Sam jamás conoció a su familia, como no fuera únicamente Dean, la pequeña figura de guardia a los pies de su cuna.

   Lo otro es que John criara a un chico autosuficiente, seguramente tramposo, como lo fue el enseñarle a falsificar tarjetas de crédito, y luego se molestara tanto con el error de un muchacho altanero al que dejó que se convenciera de su propia invulnerabilidad y sagacidad para salirse siempre con la suya, que sólo podía contar con él mismo y enfrentar lo que llegara, incluso ponerle un ojo negro a un ayudante de comisario; apostar y perder el dinero de la comida y suponer que puede robarla, cae naturalmente en la manera de ser de semejante joven, lo curioso es que John le castigara así. John le crió mal, por razones mayores no pudo enseñarle la diferencia entre lo bueno o lo malo (tal vez lo aprendió luego con el pastor Jim y con el mismo Bobby, y porque estaba destinado a ser bueno), y luego se molesta y le castiga por el resultado. A menos que fuera un castigo por dejarse sorprender y atrapar, una falla tan grande que debe pagarla para que no la cometa de nuevo. Tal vez soy injusto con John, pero de verdad nunca me gustó mucho, lo único bueno que hizo fue dar su alma por Dean, y aún eso estaba condicionado a la promesa de que salvara a Sam o le matara si se trasformaba en algo maligno.

DEAN ROCK

   Bien, los hermanos creen destruido el fantasma, se paran en un merendero en su camino a la baticueva y Dean mira a una bella joven que atiende el lugar. La mira como bobo y le sonríe, pero ella no le recuerda y eso parece lastimarle mucho (ah, Dean y sus ex novias, nos hacen falta ahora que no liga y que hasta Castiel anda lejos). Parece dolerle tanto que ella no le reconozca que se van sin comer. Hecho no suficientemente señalado por Sam, ¡se van sin que haya comido! Oyen de la nueva muerte, la mujer pía que ayudaba a Sonny con los niños (las bañeras, parece que todo el mundo muere en ellas).

DEAN SALVA EL MOMENTO

   Es cuando Dean ayuda al chico que molestaban; uno de ellos, más tarde, está trabajando con una cortadora de césped y ocurre lo de la mano. Y aquí un punto importante, aunque ha habido niños fantasmas, el del lago, los de la convención de Supernatural, los niños-monstruos que se alimentaban de sus padres, rara vez muestran a infantes siendo asesinados o recibiendo daño, como le ocurre a este. Aunque ni era tan niño… ni molestó tanto cuando le ocurre. Y esto de los niños pasa en casi todas las series, recuerdo cuando en Los Expedientes X un militar proyectaba su aura para castigar a quiénes consideraba responsables de su tragedia, y un niño queda sepultado bajo tierra, asfixiándose. Me sorprendió la crudeza. Claro, ha habido niños asesinos como en Criminal Minds y Millenium, y la verdad es que fueron aterradores.

EL PRIMER BESO DE DEAN

   Y debemos volver al Dean muchacho, quien no quiere hablar de los negocios de su padre, ni juzgarle aunque él mismo resiente su injusticia; Sonny preocupado por esos arañazos en su brazo fue atento y preocupado, como debería, en teoría, serlo todo adulto sobre la suerte y destino de gente menuda a la que se ve sufrir. Como sea, le va bien en esa casa, en los estudios y los deportes. Y conoce a una bella chica, hija de la señora que enseña a tocar la guitarra. Se cuentan sus cosas, ella no quiere quedarse en la fonda como quiere su padre, quiere fotografiar el mundo, a Dean le cuesta decir lo que desea, porque sabe que debe seguir en el negocio familiar, pero de poder sería estrella de rock (y cómo me reí de nuestro Dean amante del rock clásico), o reparar autos. De Sam había visto algo como esto, cuando visita a aquel siquiatra para saber del manicomio horrible aquel en la primera temporada, cuando habla de lo que resiente seguir en el negocio familiar. También cuando era muchacho en aquella secundaria y un profesor le dice que puede ser lo que quiera, incluso escritor, secundaria a donde vuelven luego por el fantasma del chico que conoció en esas dos semanas. De Dean nunca supe que en un momento dado coqueteara con la idea de abandonar. ¿El primer beso de Dean? Fue… perfecto. Y le gustó tanto como a ella, la chica con quien se compromete a ir al baile de graduación. Los nervios del pobre mientras pelea con esa corbata. Pero algo ocurre, no puede cumplir la cita y por eso ella fingía no reconocerle.

FANTASMA DE MAMA

   Por su parte Sam descubre lo que puede estar pasando, ve unos dibujos hechos por Timmy, el niño a quien Dean ayuda, un accidente de autos, fuego, una mujer lanzándole lejos, el auto estallando, el niño oculto en una casa vieja en un bosque y algo acompañándole, su mamá otra vez. Un ente sobrenatural que cree que todo es peligro y lo destruye. La verdad es que no cuidaron muchos los detalles para que no se pareciera a la película MAMÁ. Me gusta el detalle de la serie, aunque enfrentan a otro fantasma no siempre son los mismos; está el que se quiere vengar de quienes le dañaron en un lago, la que no sabe que está muerta y repite su tragedia una y otra vez en una carretera, la que castiga a un grupo determinado de personas como novios o maridos infieles. Este tiene sus particularidades, protege a quien ama.

LA FANTASMA

   Viene el enfrentamiento, el fantasma es poderoso y Dean entiende que solo el niño puede terminar con eso, pidiéndole que se vaya, a la luz, prometiéndole que estará bien aunque le deje solo.

DEAN AND TOMMY

   La chica ha sido testigo de todo, ahora sabe a qué se dedica Dean, pero lo mejor de ese final fue el abrazo que timmy pide y demanda de Dean, porque lo necesita, y este responde.

SONNY AND DEAN

   Bien, se alejan, Sam quiere saber qué siente por ese refugio, Dean dice que fue simplemente otro lugar, uno del que ya se quería ir, pero Dean mentía, como lo hace siempre para cubrir sus sentimientos. O tal vez pensando que eso es mejor para otros, ¿de qué le habría servido a Sam escuchar que quería quedarse pero no lo hizo por seguir a su lado protegiéndole? Porque de eso nos enteramos. Ese Dean muchacho está supe nervioso por la cita, por ir al baile, y el hombre le dice que su padre está abajo y quiere que se vayan, que tiene un trabajo y que él, Dean, entendería. ¿No fue notable ver como ese chico expresó toda esa batalla interna en su joven rostro? Casi era posible verle gritar el no, que no se iba, que quería quedarse, casi suplicándolo, pero… también estaba su deber (ese muchacho tiene futuro). Y el hombre lo entiende, y ofrece ayudarle, que decida lo que decida ni siquiera John podrá cambiarlo. Quedarse ahí, estudiar, trabajar, su chica, otra vida. Pero se oye el claxon del Impala y basta asomarse a la ventana para que vea a Sam jugando con un avión para decidirse. No hacía falta que sonriera para saber que ese capítulo se había cerrado, su posible deserción de la batalla, que el Dean soldadito había ganado. El abrazo de despedida con Sonny, antes cuando muchacho y ahora como hombre, también fue muy Dean, muy a lo Sam, a Bobby, a Castiel, a Kevin y a Benny. Un abrazo de hermandad, uno por el cual se sabe, de entrada, quienes no son malos. La serie ha sido así desde el inicio.

SAM

   Y ahora seré chocante y odioso, porque sin querer entraremos en el terreno de “te lo dije”. Ver ese segmento final fue algo que comenté por mensajes de textos con amigos (tardo mucho en publicar estas tonterías porque nos gusta verlo al mismo tiempo y a veces cuesta coordinarse), algo que ya sabía. Verán, hace tiempo leí un análisis ingenioso sobre por qué los videos juegos nunca resultan en buenas películas para sus fans, y una de las razones es que cuando se está jugando, cada quien aporta una historia, muy personal y secreta, con argumentos y contextos, y cuando va al cine espera, inconscientemente, que parte de sus ideas, de lo que imaginó, esté ahí plasmado. Al no encontrarlo se desencanta. Este Dean abandonando ese refugio, aún no queriéndolo de corazón, porque Sam estaba afuera, correspondía exactamente a la imagen que me hice del hermano mayor de los Winchester, ese que vimos en aquel episodio donde el monstro que devoraba el hálito vital de los niños en sus camas ataca a Sam, o cuando John no va para Navidad y Dean trae un feo regalo diciéndole que John lo trajo y Sam sabe que miente y le regala el colgante (que esperaba lo recuperaran otra vez, ¿no habrá un episodio sobre eso?). Para Dean, que de niño conoció una familia, la idea de tenerla de regreso era y es muy importante, así como el bienestar de Sam, su seguridad, ese “salva a Sam, cuida a Sam, protege a Sam” con el que creció. Siendo así era totalmente natural que le reviviera con un pacto en la segunda temporada, o que buscara a Muerte para recuperar su alma en la sexta, o que desesperado llamara a todo el mundo por ayuda al quedar Sam recluido en aquel sanatorio cuando su mente rota es torturada por Lucifer en la séptima. Todo eso era lógico dada la sicología de un sujeto llamado Dean Winchester… cosa que me lleva a lo desagradable.

   Es por esto que me molesté tanto con Sam a principio de la octava temporada, ¿dejaba a Dean en el Purgatorio (o donde fuera que creyera que estuviera) y pensaba continuar su vida? El personaje de Dean jamás habría cometido tal traición. Mucha gente me replicó que cuando Sam fue al Infierno, Dean continuó su vida, pero no, en la propia sexta temporada hay una conversación entre ambos cuando Sam le reclama “¿buscabas una salida aunque te dije que no y que continuaras con tu vida?”, y Dean responde que claro que la buscaba, que lo demandara si no le parecía. Y con ello, caemos en esta temporada, este Sam roto después de tomar unas pruebas que creo él mismo sabía debía tomar para purgar sus culpas de la temporada pasada (para que todo quedara hablado y sanado entre los hermanos), cuyo cuerpo va muriendo, no sorprende cuando Dean permite que un ángel entre en él con la esperanza de sanarle. Ah, las cosas qué dijeron mis amigas, que si era una maldad que engañara así al menor, que si Ezequiel les engañaba, que si les usaba, que Dean hacía mal… Joder, es lo mismo que ha hecho desde la primera temporada, en el llamado Piloto cuando saca a Sam en brazos, protegerle. Para Dean, y ya lo he señalado, la muerte de Sam es más que la pérdida de su hermano, es el fin de su propósito, para él que creció escuchando que debía proteger a ese bebé, lo único que quedó de su amada familia (a John le perdió mucho antes), contemplar el cadáver de Sam es como para un terminator reprogramado ver la muerte de John Connor, es quedarse sin propósito para existir.

   ¿Qué es insano?, lo creo, pero ese es el personaje, uno que permite a ese ente entrar en su hermano para que le cure, ¿es tan ingenuo que no ve que Ezequiel puede estar usándole?, no lo creo, además, cuando lo permite es para usarle para curar a Sam. Imagino que cuenta con eso, además, Ezequiel mismo se lo dijo, que sería un acto de ayuda mutua. ¿Se solucionará todo fácilmente después?, no lo sabemos, Dean jamás abrazó a Ezequiel, así que no sabemos si es bueno o no, y es Supernatural, siempre pasan cosas locas.

   ¿Castiel aparece esta semana?

SAM, DEAN Y LOS LARGOS VERANOS

Julio César.

QUIÉN MIRA

noviembre 26, 2013

CUIDANDO LO QUE SE TIENE

UN CHICO Y SU HILO DENTAL

   Estos chicos y sus juegos…

   “Anda, vamos, hazlo…”, lee en la consola y casi le parece que de tono urgente, mientras ríe nerviosillo, caliente y asustado. Para estrenar su cámara web se había comunicado con un amigo Esteban, quien andaba de vacaciones por Oriente, aunque este tenía visión pero no transmitía, y no sabe cómo terminó mostrándose en calzoncillos, posando para la pantalla. Era un chico normal que salía con nenas, pero había algo tan oscuro y prohibido en eso de posar en ropa interior sabiendo que su amigo veía, y quién sabe qué más hacía, que le ponía cachondo y tremendo, pícaramente travieso, y siempre terminaba mostrándole un buen bulto. Pero de día en días, Esteban iba siendo más osado en sus peticiones, invitándole a usar cosas más pequeñas, suaves y sexy, que presionaban sabroso y que sabe le hacen ver putón. Y aunque no es gay, como se aclara a sí mismo siempre, acusando de ello al otro por mensajes, le encanta usarlas y mostrárselas. Pero ahora, esto… Esteban quiere que se ponga de colita a la cámara, piernas abiertas, subiéndolo y bajándolo, y que con un dedo lo recorriera de arriba abajo…

   -Papa, ¿qué haces con mi laptop? –en otra casa, Esteban se sorprende al encontrar a su padre frente a su monito, evidentemente viendo porno por la manera en la que mueve la mano.

LECCIONES

Julio César.

CORAZON DE PLATA… 7

noviembre 26, 2013

CORAZON DE PLATA                         … 6

   Este relato, QUE NO ES MIO, es un Padackles sobre una realidad alterna. Un chico rubio y pecoso va al fin del mundo arrastrado por su abuela, y encuentra más de lo que parece a simple vista en la persona de un arrogante chico grande y sonriente, el cual le regala, al final, su propia vida para que el pecoso decida.

……

Title: Gray Moon

Author: River_sun

JARED AND JENSEN

   Espera por su verdad…

……

   -Jared, ¡es un chico!

   -Lo sé, ¿no es una locura? –sonríe Jared, esponjándose y feliz, como si esa fuera la mejor parte de todas, dejándose caer contra la pared y horrorizando a Chad, quien entiende.

   -¡Te has entregado! ¿Acaso te volviste loco? No puedes atar tu corazón y tu destino a alguien que no conoces, del cual nada sabes. –le recita la vieja lección.

   -¿Crees que fue algo que planeé? Yo… espera. –se endereza a toda velocidad.- Hola, Jensen… -casi canturrea, todo mil y buenas vibraciones.

   El rubio pasaba por ahí rumbo al laboratorio de química. Cuando les vio se disgustó, pensó en dar un largo rodeo y entrar por las canchas, pero notando a Allison, quien desde el otro lado del pasillo comenzó a hacerle señas bastante elocuentes de que se acercara (quién sabe, tal vez sufría un infarto dada la urgencia que mostraba), se decidió por la distancia menor. Después de todo no tenía por qué esconderse del enorme y delgado cretino… ni era de esperar que le atacara allí. Intentó cruzar rápido frente a ellos, mirada baja, deseando… joder, esperaba que después de lo que ayer, ese chico grande e idiota le ignorara, pero no, ahí estaba, sonriéndole de manera amistosa, anhelante, guapo en su suéter de cuello alto (¿un momento?, ¿guapo?)

   Por un segundo no sabe cómo responder a su saludo, finalmente hace una leve mueca con la cabeza, rostro pétreos, ojos muertos tras sus cristales, su cara de póker para los busca líos, como solía pensar. Y sigue.

   -Oye, espera, debemos hablar. De lo de ayer. Creo que me juzgaste mal. Pero no importa. Voy a explicártelo y verás que fue un malentendido, no debiste ponerte así. Yo…

   Esas palabras rápidas congelan a Jensen, quien volviéndose le mira con furia, cachetes rojos y ojos llameantes, olvidando su estrategia de la cara de póker.

   -No sé cuál sea tu problema, ¡pero mantenerte lejos de mí! –ladra, voz aguda, ganándose miradas sorprendidas de los chicos alrededor, sin importarle, continuando su camino. Sin volver la cabeza, sin querer pensar en sus actos y posibles consecuencias.

   Sin detenerse a preguntarse por qué, de repente, Jared se vio tan herido y dolido.

   -Jensen… -todavía le oye suspirar, derrotado, mientras Chad se golpea la frente con una mano ante tanta bobería sentimental.

   -¿Ocurre algo, Jared?

   El joven apenas oye, desconcertado todavía por el frío encuentro con el rubio con quien soñó toda la noche que luchaban en el gimnasio, juguetones y retozones, derribándole de espaldas, sentándosele sobre las caderas, cuerpos jóvenes, caliente y jadeantes, reteniéndole los brazos por encima de la cabeza, mirándose desde cerca, los ojos verdes brillantes a pesar de las gafas, la boca entreabierta y roja, ¿invitándole?, mientras le gruñía “ríndete ante mí, Jensen, te derroté”; pero este, sin quitarle los ojos de encima, elevaba las manos y con una, metiéndola bajo su mono, recorría su abdomen lentamente, un dedo jugando con su ombligo, la otra iba a su costado, y su roce, sus caricias eran… Pero no puede perderse en ese largo e ininterrumpido sueño que esa mañana le había obligado a autosatisfacerse, pareciéndole que no fue suficiente para “calmarse”; ahora se vuelve y encara a la menuda pero temible amiga.

   -Alexis…

   -¿Por qué mirabas así al chico nuevo?

   -¿Que de qué…? ¡No miraba a nadie de ninguna manera! –aclara, enrojeciendo de la manera más tonta, piensa Chad. Vaya, Jared siempre ha sido un mentiroso de mierda. Y eso le preocupa. Tampoco le engaña a él.

   -¿De veras? –reta ella, estirándose bastante para mirar sobre su hombro.- He oído que has tenido tus encontronazos con el nuevo. -su tono es totalmente displicente, como si se refiriera a un perro callejero.

   -¡Jensen!, se llama Jensen, ¿okay? –se altera Jared, cayendo en una trampa que hasta Chad había notado.

   -Oh, por Dios, ¿te interesa? –se alarma la joven y castaño siente ganas de salir corriendo.

   -Me agrada, ¿por qué? ¿Algún problema? –reta.

   -Estás… lanzando efluvios… -acusa, más alarmada todavía.- ¿Cuándo dices que te agrada estás hablando de…?

   -¡No es asunto tuyo! –ruge y se aleja. Chad rueda los ojos y va a seguirle pero Alexis le atrapa por un brazo, frenándole, con una fuerza extraña para una jovencita tan menuda.

   -Chad, ¿qué está pasando? ¿Jared se está interesando en ese chico? ¡Él no puede!

   -Le agrada, es lo que dice y es todo lo que sé. –se defiende, intentando soltarse.- No estoy seguro qué tan grave sea. Pero, vamos, Jared es tan sólo un chico, como tú y como yo, deben ser cosas de hormonas, si es que le gusta más de la cuenta; pero no creo que vaya…

   -Lo conoces, es apasionado e irreflexivo, siente algo y se lanza de cabeza. Si se aparea… -comienza entre dientes, impactándole feamente.

   -¡Estás loca! Jared no es un imbécil. –se libra al fin, alejándose molesto, tal vez porque ella puso en palabras un vago temor que sentía. Porque, vamos, ¡Jared sí podía ser así de idiota!

……

   La buena disposición anímica con la que Jared Padalecki llegó al colegio, murió al poco después. Y no por su encuentro con Alexis, o que ella notara algunos signos (estaba seguro de estar enviando más señales que un semáforo viejo), o porque sabía que había actuado como un idiota, temiendo haber puesto en alerta total los agudos instintos de la chica sobre temores que él mismo estaba enfrentando cada vez que pensaba en el rubio y pecoso chico de los anteojos gruesos. Su buen humor fue aniquilado justamente por este. Dos veces vio a Jensen en el pasillo, notando que en una de esas ocasiones este fingía no verle cuando le sonrió abiertamente, y en otra se escabulló por un pasillo. En el cafetín dos veces le hizo señas y el rubio le ignoró olímpicamente (joder, era imposible que no le hubiera visto cuando prácticamente botaba sobre sus pies para que mirara hacia su mesa), abandonando poco después el lugar. Frustrado, el castaño entendió que lo único que había logrado hasta ese momento era acentuar la arruga que Alexis estaba cultivando sobre su frente, y que por edad no debería ser fácil ni estar allí.

   No, debía aceptarlo: Jensen le estaba evitando.

   Después de medio día le vio camino a las canchas deportivas. Y por un segundo fue a su encuentro, decidido a encararle, explicarle y obligarle a escucharle y entenderle, pero, contrario a su naturaleza voluntariosa, se detuvo a reconsiderar el parecer del otro; seguramente no le haría gracia verse abordado o avasallado así. Miró al techo y jadeó, debía contenerse. Si volvía a interrumpir su búsqueda de actividades extracurriculares dentro del colegio, el rubio se enfurecería más. Aunque no puede evitar inquietarse. Debía pedirle a alguien que le vigilara por sí…

   Él mismo debía ir a las prácticas de hockey, sin poder evadirse, el profesor estaba molesto con él desde el día anterior, por lo de Jensen y la colchoneta. Pero no está en la pista en espíritu, quiere buscar al otro chico y explicarse, y le altera que este le evada sin dignarse a escucharle. Juega algo rudamente, porque, bueno, ya había perdido su buena disposición, pero se controló un poco cuando entre Chad y Aldis, le aplastaron contra el cristal de manera ruda, dándole a entender en el idioma de los jugadores que estaba actuando como un capullo. Terminadas las practica, se despoja de sus patines y sale raudo, incapaz de soportar por más tiempo a esos sujetos; son sus amigos, sus camaradas, chicos con quienes se sentía generalmente feliz, pero no ahora, le parece que… sudan demasiado, gritan mucho, son demasiado intensos. Sale de la pista de hielo y…

   Traga en seco, Jensen está cruzando frente a él, respirando pesadamente, también transpirado, rumbo a los vestuarios. Y el castaño no sabe si es real, está loco o engañándose, pero le parece olfatearle desde donde está. Aspira, tiene que hacerlo, llenándose las fosas nasales con su olor. Uno que es sencillamente embriagador. Y no sería un adolecente cualquiera si tal impulso no le hiciera arder la sangre en cuestión de segundos. Quiere, no, necesita llegar junto a él, y así como el chico alegre y feliz que siente que el mundo es un maravilloso bufete de donde se puede tomar lo que se desea, va tras el rubio.

……

   Jensen todavía jadea, totalmente empapado de sudor dentro de su medio uniforme deportivo, el entrenador, que se dividía entre varias canchas, parecía estar todavía molesto por su salida dramática y espectacular del día anterior y le sacó el jugo en las prácticas de voleibol, actividad que no estuvo tan mal. Ninguno de los gilipollas habituales del colegio parecía desear estar en semejante equipo. Bien, era agradable, no eran
muy bueno ninguno de esos chicos, por lo tanto no destacaba tanto. La medianía, eso era bueno para él.

   El día ha sido largo, o se lo pareció, tal vez por pasarse buena parte de ese tiempo evitando a Jared, también a Tom Welling, y ahora a esa extraña y menuda chica, Alexis (cree que se llama), que le mira de una manera curiosa cuando se cruzan. Si fuera posible entrar en la mente de otros, y leerlas, sospecha que ella podría. Pero al fin terminaba la jornada, y entre todo lo malo, que las prácticas fueran en las últimas horas de la tarde, era conveniente. Quedaban pocos chicos por ahí. Se frota el hombro lastimado por Jared, rotándolo… molestándose otra vez con él.

   Esperó por ahí un buen rato para cambiarse, pero valió la pena. Los amplios vestuarios, asépticos, acerados, aunque con un leve olor a pies y orina, le reciben a solas. No hay nadie. La mayoría ya se fue. Con movimientos rápidos se desviste, toma una toalla, una pastilla de jabón y va a una de las duchas, mojándose sin perder el tiempo. Está acalorado, pero bien sabe que dentro de muy poco estará tiritando de frío. El agua, cayendo en fina llovizna, está caliente, seguramente demasiado para su cuerpo acalorado, pero lo agradece con un suspiro. Suspiro que Jared Padalecki escucha y que le provocan los mismos escalofríos que le recorren cuando le ve allí, dándole la espalda, delgado y esbelto, desnudo, piel cremosa, el agua mojando sus cabellos, lloviendo sobre sus hombros que se contraen y distienden mientras se frota con las manos. Jared sigue esa agua que corre por su espalda, perdiéndose entre sus nalgas rojizas que cree lampiñas hasta que detalla los dorados pelillos que cubren también sus muslos (escasamente) y sus piernas.

   Con respiración pesada, Jared traga, quitándose el casco protector, no el reglamentario, dejándolo sobre un largo banco cercano. Jensen no le siente, no le escuchó llegar. El joven, a pesar de lo alto y patoso, se movía como el viento. Y allí está, mirándole intensamente. No sabe lo que espera, ni es seguro que esté pensando en nada mientras se quita el mono manga largas y la franela, exponiendo su largo torso que sube y baja, también brillante de transpiración. No puede ocultárselo, algo pasa dentro de sus pantalones mientras mira al rubio tomar una pastilla de jabón y refregar vigorosamente su cuerpo, de manera intensa y cuidadosa (ignora que la abuela del chico insiste en borrar todo rastro de aroma corporal, cosa que ya es parte de su naturaleza). Dios, y cuando Jensen medio abre las piernas, llevando una mano a sus espaldas, metiéndola entre sus jóvenes nalgas, subiéndola y bajándola para…

   La mente le queda en blanco, tan sólo quiere. Quiere y mucho. Jared, como en trance, se quita las zapatillas deportivas, olfateando con fuerza, sus ojos oscurecidos, con un propósito que ni siquiera es una idea, un pensamiento que ni lo es, nada racional, que le controla totalmente: entrar bajo esa fina llovizna, quitarle esa patilla de jabón al rubio y comenzar a mover sus manos sobre el dorado y pecoso cuerpo del otro muchacho. Una imagen, sus manos perdiéndose entre esas nalgas, le quema con fuerza… Está excitado, su miembro duramente presionado contra el pantalón del mono cuando lleva sus manos a la cintura para bajarlo…

   Jensen se enjuaga, ojos cerrados, el agua entrando en su boca, escupiéndola, sintiéndose bien por primera vez en todo el día. Tanto que deja de pensar y se deja llevar únicamente por la grata sensación. Su mente queda en blanco, realmente ninguna idea consiente le ocupa en ese momento. Es cuando una certeza o un presentimiento, tal vez una intuición, le llega en pleno… Ya no está solo en esos vestuarios. Y la otra persona, la que también está allí aunque no se ha dado a conocer, es Jared… Lo sabe y se tensa, abriendo mucho los ojos, volviéndose. Casi pillándole en el acto de bajarse los pantalones, aunque ahora, tomado por sorpresa, una enorme, que le trastorna, Jared se congela.

   No sabe qué iba a hacer (arrancarse las ropas y meterse bajo la ducha con él, empujándole contra las baldosas de la pared y tocarle; eso, pero no llega a confesárselo a sí mismo todavía, no con tal crudeza, aunque es lo que más desea en la vida), aunque sí que pensaba ser algo duro y tajante para obligarle a escucharle, pero al verle así… El rubio está totalmente empapado, con gotitas de agua en su frente y cabellos que recoge con una mano, en un gesto que al castaño le parece sencillamente seductor. Sin los anteojos… Y los ojos de Jensen son… grandes, verdes, de una tonalidad clara y dorada, alegres en su brillo, rodeado de largas y sexy pestañas. Ojos que le hipnotizan, que le atrapan (Jesús, podría quedarse para siempre mirándolos)… aunque el muy ladino se las ingenia para abarcar con su mirada todo lo que el rubio tiene para mostrar.

   -Jensen… -grazna al fin.

   Joder, ¿por qué me mira así?, se pregunta el rubio, reconociendo la peligrosidad del otro. De pronto, muy consciente de su desnudez, toma la toalla y cubre sus caderas, sin secarse el resto del cuerpo ni nada. Tiene que salir de allí, corría peligro, aunque no sabía cuál, pero lo sabe, tiene experiencia con chicos con ese aire. Tenía apenas ocho años cuando fue al inodoro de aquella escuela que ni recuerda cuando encontró a esos dos chicos algo mayores, fumando, quienes para divertirse un poco más, en enterraron su rostro en un inodoro, casi ahogándole, todavía riendo cuando tuvo que meter una mano por sus anteojos. O aquel en aquella otra escuela, alto para su edad, rodeado siempre de chicos tan gamberros como él, que vivía dándole collejas cada vez que pasaba, tan sólo para divertirse frente a los demás. Y Jared tiene, en ese momento, ese aire.

   -Jared… -grazna como respuesta, preguntándose cómo coño se dieron las circunstancias como para que se encontraran allí. Y estar desnudo y que el otro se viera tan bien en… Oh, Dios, ¡deja de pensar así!- Debo… -pretende rodearle e irse.

   -Debemos hablar. –se apresura, mirándole fijamente, respiración algo agitada, preguntándose cómo es posible que verle cubierto de gotas de agua, desnudo a excepción de la tolla, envuelto precisamente en esa corta toalla, pudiera verse tan excitante.

   -Mira, Jared, no creo… -traga con temor, pero luego toma aire y alza la barbilla.- No tenemos nada de qué hablar. Por favor, tan sólo… déjame en paz. No me cruzaré en tu camino, nunca, sólo… ignórame, ¿si? No sé qué hice para molestarte, tan sólo quiero estar solo. –e intenta salir, algo en su mirada, salvajemente brillante ahora, le asusta nuevamente y no sabe bien por qué.

   -¡No! –ladra, cortándole el paso.

   Ah, bien, esto es demasiado, piensa Jensen apretando los dientes. Aparentemente tendría que luchar, es decir, caer revolviéndose con dolor, o humillación, para salir de allí. El inicio de las pesadillas de siempre.

   -¡Déjame en paz! –ladra, y su ira, así como angustia, le dan el valor para empujarle. O intentarlo, porque cuando su mano abierta cae sobre el torso del joven, sobre su pectoral izquierdo, se congela.

   Los dos lo hacen, viendo a la nada, no uno al otro, parecen mirar dentro de sus propias cabezas, confusos, extrañados, abrumados por la intensa y cálida corriente de algo eléctrico que los recorre de pies a cabeza, que parte de allí, del lugar donde sus pieles se unen. Es algo tan intenso como estimulante, y cada uno es consciente del otro. Jensen siente la boca seca, el jadeo ronco y bajo que lanza Jared le cala hasta los huesos (es un reconocimiento de que también él lo siente, padece y disfruta); no puede dejar de mirar ese torso que enrojece, que sube y baja más, luchando contra el poderoso deseo de mover su pulgar y recorrer la suave y firme piel transpirada del otro muchacho. Una necesidad que crece como marea, y traga aire, abriendo mucho los ojos cuando el calor se intensifica de manera alarmante y a un tiempo tan atrayente; le parece que la piel del otro se abre, acogedora, que su mano entra y le penetra, un poderoso impulso que corre directamente a su entrepierna, a sus bolas que se contraen, a su miembro que se acalora. Y la sensación es maravillosa. Por un momento le abruma una idea que puede sonar absurda, que puede llegar hasta el alma del otro.

   -Jeeenseeen… -le parece oír a lo lejos una voz femenina, ¿un eco de su mente?, no lo sabe, aunque no era su voz. Ni la de su abuela. Pero es suficiente para traerle de vuelta a la realidad, a lo que está haciendo, hincar un poco la punta de sus dedos sobre esa piel, y lo que le está ocurriendo, se estaba excitando sexualmente, así que apartar la mano, casi temblando con dolor por las ganas de continuar tocándole, recorrerle con ella, rasgar con sus uñas. Con piernas de goma da un paso atrás, azorado cuando la toalla casi cae, sabiendo que su miembro se erecta bajo la poca tela.

   -Tengo que… -grazna y casi corre, tiene que escapar de esas duchas o algo ocurrirá.

   Pero Jared, quien parecía petrificado, que miraba a la nada mientras llevaba una mano temblorosa al lugar donde Jensen le tocara poco antes, donde la piel le arde todavía, extiende rápidamente un brazo y le atrapa por una muñeca.

   -Espera… -grazna, halándole suavemente, atrayéndole con desconcertante facilidad. Y cuando le toca, Jensen siente que su cuerpo parece flotar de manera grata, cosa que se vuelve salvajemente estimulantes cuando Jared, quien sí no se contiene, con el pulgar recorre la cara interna de su mañeca, donde su pulso acelerado de por sí se dispara todavía más.

   -Suéltame. –quiere gritar, revolverse, escapar, pero no puede. Su boca, su tono, sus ojos más bien parecen suplicar.- Déjame ir, Jared. –y traga cuando el castaño se acerca todavía más, encarándole, agarrándole aún.

   -No puedo, pecoso. Te escucho, sé que lo pides, lo que dices, sé que no debo obligarte a nada, pero… sencillamente no puedo dejarte ir.

   -Jared…

  -Lo sientes, ¿verdad? Tú también lo sientes. Esta corriente que cruza de ti a mí, y viceversa.

   -No, yo no siento nada… -comienza, pero calla después de un flojo jadeo cuando Jared le medio empuja hacia atrás, chocándole suavemente la espalda de una columna, acercándosele más, cubriéndole con su presencia y calor, alzando la mano que no le aferra y con el pulgar recorriéndole el cuello, despertando salvajes pulsaciones en su yugular.

   -Mentiroso. –le sonríe bajito, suave, casi afectuoso, ojos oscuros, expresión feroz, labios rojos, unos que abre sutilmente mientras se acerca al dulce, tembloroso y todos ojos chico que es Jensen Acales en ese momento.

……

JARED Y JENSEN... TAL VEZ

   ¿Acaso son quiénes creo que son?

CONTINÚA … 8

Julio César.


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