CULPA DE SU MUJER

junio 29, 2014

NO DELANTE DE LOS NIÑOS

TIO VELLUDO EN PANTALETICA

   Ella le llevó a usarlas por la pañalitis…

   Un secreto. Ropa interior de mujer bajo sus rusticas ropas de mecánico. La solución de su esposa a las irritaciones que a veces tenía. No quería, aunque le curó la alergia. Pero… era tan suave sobre su piel, una caricia eterna y continúa, le presionaba adelante, se le metía por detrás. Le inquietaba saber que las llevaba cuando trabajaba, bebía caña o parrandeaba con los demás. Hasta que llegó la torta. Se agachó y se le vio el hilo metido. Hubo gritos, insultos, risas, le agarraron entre todos y le bajaron el pantalón; como montón, le insultaron pero le tocaron, recorrieron todo, las manos se metieron, se la sacaron de atrás y tocaron más. No sabe cómo terminó en cuatro patas rodeado por todos, y las cosas que tragó, por todos lados, cimentó otro nivel de su labor en el lugar. Ahora, cuando su mujer se las compraba, las quería más chicas… y putonas.

EL PODER DE LAS PANTY

Julio César.

NUESTRO MOMENTO

junio 29, 2014

EQUIPO GANADOR

TOCANDO CULOS EN EL FUTBOL

    Temblaba al acercarse el instante.

   Se estremece, vivía para ese momento entre el bullicio bajo el sol candente, rodeado de colegas y de público, todos los ojos pendientes, pero no le importa. Él aguardaba, era lo único que iba teniendo sentido en su vida… cuando el juez de línea pasa y le soba, lento y acariciante, como de pasada, pero con propiedad, como diciéndole: “es mío”. Y quiere dárselo.

AH, LA LUCHA

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 131

junio 27, 2014

LUCHAS INTERNAS                         … 130

MUSCULOSOS GAY

   -A nosotros no se nos escapa liso.

……

   Antes de su encuentro, cuerpo a cuerpo, con Jorge Ávalos (como corresponde para complicarte la vida), Eric había tenido un encontronazo con Edward Sanabria en los pasillos del Tribunal Supremo. El abogado iba hacia el juzgado cuarto, buscando a Margarita Pavón, y Edward venía de allí. Ambos se miraron, silenciosos e inquietos. Estaban realmente incómodos. Eric enrojeció de vergüenza acalorada, porque sentía emociones encontradas en su pecho por ese carajo fornido y macizo, que le inquietaba y molestaba terriblemente al mismo tiempo. No podía olvidar su beso, ni lo que él mismo había sentido. Edward se veía algo pálido, molesto con Eric y consigo mismo también, por lo que hizo y por lo que sintió. Pero al final terminó culpando al otro.

   -Supe lo del ataque a tu madre, ¿está bien? -es brusco, deliberadamente cortante. No quería permitirse sentir debilidades como las simpatías.

   -Si. No fue nada.

   -¿Por qué fue? ¿Drogas? Por lo que he oído y visto por televisión, la doña le mete a todo negocio. -lo ve palidecer, de furia, y eso le gusta. Era mejor si peleaban, si se odiaban. Era regresar a los viejos papeles.

   -Fue bueno verte, Sanabria. Como siempre. -y pasándole a un lado se aleja, envarado, molesto y dolido. ¡Maldito coño’e madre!

   Edward lo vio pasar, sintiéndose contento… y culpable. Va a seguir su camino, es lo mejor, Eric Roche era una complicación que no quería en su vida, pero se detiene, ¿por qué coño tenía que sentirse así? Era como si un plástico lo envolviera, paralizándolo, no dejándolo moverse en paz, inquietándolo. Da otros dos pasos intentando salir del edificio, pero se detiene, se vuelve y mira como el otro se aleja. Déjalo ir, es mejor, ¿qué vas a decirle? ¡No eres homosexual, por Dios! No te compliques ni lo compliques a él. Si, era lo mejor. Le besó, si, pero era porque había algo en el otro que siempre le fascinó, sus maneras fáciles de ganarse a la gente, su inteligencia, s carisma. No su atractivo, que lo era, pero… Cierra los ojos tras los lentes, rascándose la frente con la uña del pulgar. Déjalo ir, por favor. Abre los ojos, bota aire y casi corre tras él, decidido, y le atrapa el faldón del saco por detrás, deteniéndole bruscamente. Eric se vuelve a mirarlo, sorprendido, confuso y molesto.

   -¿Qué coño?

   -Tenemos que hablar.

   -¿Te faltó mandarle a decir algo a mi madre? -es cortante, halando el saco y librándose

   -Lo siento, eso fue inapropiado.

   -¿Inapropiado? Inapropiado es preguntarme si uso brillo en los labios, no llamar narcotraficante a mi madre. –le ruge, cierra los ojos con rapidez y le corta en seco, alzando una mano.- ¡No uso labiales, ¿okay?!

   -Lo siento. Si, fui desagradable, y no quise.

   -Siempre lo eres, y creo que sí te gusta hacerlo. Creo que eres desagradable porque quieres.

   -No es eso, coño. -ruge sintiéndose torpe y allí, en planeo pasillo, no muy concurrido es verdad, atrapa al otro por los hombros con sus manos casi empujándole contra una pared, indiferente a las curiosas miradas de la gente que se topa con ellos. Sólo tiene ojos para los de Eric.- No me gusta sentirme así, Roche. Me siento incómodo e idiota, soy otra vez el chico inadecuado en aquella escuela de ricos. Y eso no me gusta.

   -No es mi culpa. -gruñe Eric, pero mirando fascinado, tras los lentes, esos ojos que brillan feroces, apasionados y hasta sensuales. Hay una fuerza terrible y vital en ese hombre, una rabia que no entiende. También una implacable determinación, Edward es, lo intuye, de los que se robaría a una mujer el día de su boda, si le gustara. La idea es terrible, pero excitante, tiene que admitir. Ya no hablan, tan sólo se miran, así. Y algo cambia…

   -Si es tu culpa, Roche. Tú me haces sentir así.

   Decir que a Eric la declaración le tomó de sorpresa, sería desmerecer la cara del propio Edward, a quien pareció molestarle haber dicho tanto llevado por la confusión que el otro producía en su ánimo. Enrojeció, su ceño se frunció, esperando las pregunta del otro, unas que ni él mismo se había hecho y…

   -Buenos días, caballeros, ¿interrumpo? -pregunta una irónica y muy burlona voz con un seco deje merideño.

   -Hola, Pavón. -le respondió Edward, sin cordialidad, reteniendo todavía a Eric y soltándolo deliberadamente lento, como dándole a entender a la mujer que él hacía lo que quería cuando quiere y no le importaba la opinión de otros. Miró a Eric fijamente.- Tenemos que hablar. -y se alejó lentamente, no deseando dar la imagen de que huía. Ella le miró irse, luego a Eric, que enrojeció.

   -Te pusiste rojo. -acusó, picara y terriblemente burlona.- Ah, pillín.

   -Déjate de tonterías, Margarita. -se rehizo.- ¿Qué has oído?

   -Que es hétero y le gustan muchos las mujeres, que ha hecho desastre entre las funcionarias del quinto piso y las fiscales recién graduadas, pero que no dura mucho con ninguna; y que es terriblemente apasionado, intenso si me entiendes, y… –se echó a reír ante la mirada de él.- Perdóname, papi. Hay cierto revuelo en algunos círculos, parece que algo gordo y fuerte viene contra tu socio Ricardo Gotta. -eso era lo que Eric quería oír.- No sé por qué, pero hay órdenes de Isaac Domínguez de no aceptar sus llamadas. Danny Álvarez salió esta mañana para Maracay. Se supone que es una ficha obligada de Gotta en La Fiscalía, y no quieren sacrificarle ahora que cae, por eso lo alejan.

   -¿Has escuchado algo en concreto?

   -Hay un video por ahí donde, aparentemente, Ricardo Gotta está violando y golpeando a una menor de edad, o a una monja, no sé bien. Hay presión para que se inicie una investigación, y tal cosa sería imposible si Gotta contará aún con la protección del poder. El rumor es que van a abandonarlo.

   Y todo sonaba a maravilla, pero bien sabía el joven que el ex socio no caería sin luchar, cosa que temía. Por su familia.

   Eso sucedió uno o dos días antes del ataque frontal contra Ricardo, antes de que se supiera que la carta estaba perdida. Después de su encuentro con Jorge Ávalos. Ahora vuelve, buscando a la gordita uniformada para saber qué se dice. Y nuevamente se topa con Edward Sanabria que viene en sentido contrario. ¿Qué coño hará tanto en los tribunales?, se pregunta sintiéndose muy incómodo. Se tensa al verlo, al notar sus ojos brillantes, su cabello negro azulado bien peinado, su mandíbula cuadrada con la pequeña hendidura. Un rostro interesante para ser recorrido lentamente con la yemas de los dedos, tal vez una tarde que terminaba sobre una cama grande, cuando las carnes estaban saciadas y se buscaba tan sólo una mirada cómplice o de aprecio. A pesar del regreso de su mecánico de los tormentos, no ha podido apartar del todo las intensas palabras del otro, reclamándole haberle robado la paz, odiándose a sí mismo por dejarle. Habría sido fácil que… Pero no debía dejar que eso le alterara. No ahora que Jorge Ávalos estaba de regreso en su vida, y en esos momentos era todo lo que importaba.

   Le encantó esa noche de intenso sexo duro y de lujuria. Esa noche hizo vibrar a Jorge como una cuerda de violín, sacándole acordes armónicos de gemidos agónicos de placer que lo convencieron, mientras lo enculaba una y otra vez, de que lo tenía. Que Jorge era suyo. O podía serlo totalmente. Y la idea era inquietante, tener a otra persona en su vida, como una vez estivo Irene, pero sintiendo deseo. No le vio el fin de semana, pero estaba seguro que el otro necesitaba tiempo para recuperar la cordura de su mundo. Había descubierto el gozo de zonas, posturas y del sexo que hasta ahora nunca había considerado. Entendía su confusión y su silencio. Le daría tiempo. Jorge lo merecía.

   -Hola, Roche. -se detiene Edward frente a él.- ¿Qué negocios te traes con Pavón? Es una bicha.

   -Somos amigos. -lo mira, algo inquieto, como temiendo que adivine que anda saliendo con alguien. Aunque, ¿qué importaría?

   -¿Te pasa algo? Te ves… culpable. -Eric compone una sonrisa.

   -No digas tonterías, todo está bien. -sin embargo le cuesta, e imagina que tiene una mueca de máscara, Edward no aparta su vista de él.

   -Si tú lo dices. Oye, ¿comemos juntos…? -invita. Eric enrojece bastante, mirándole turbado.

   -¿Cómo? –le toma por sorpresa.

   -Que almorcemos, tomemos algo… -se encoge de hombros, pero cierto rubor tiñe sus pómulos.- Y hablemos.

   -Lo siento, ya tengo otro… compromiso. Uno previo. -Edward endurece el rostro.

   -Bien, esta noche podría…

   -¡No puedo! –se alarma. Y se miran.

   -Entiendo… Adiós, Roche. -y se aleja, envarado, sin volverse.

   Eric traga saliva, sintiéndose incómodo dentro de su cuerpo; entendió que de alguna forma, Edward supo qué le pasaba. Que unos días atrás todo estaba pendiente, ahora algo lo había finalizado. Aceptándolo a su manera. Cosa que le molestó y alteró. Le dolió también, Eric tenía que reconocer que de alguna manera le hirió la mirada y despedida del otro. Pareció como si lo hubiera invitado a salir juntos, que él se negara y el otro respondiera que estaba bien, que estuviera tranquilo, que ya más nunca le molestaría. No, no le gustó. Pero, bien, estaba Jorge Ávalos…

……

   Cecilio Linares, de traje y corbata, abandona la casa de su madre a donde fue a refugiarse después de la traición de su mujer. Va para La Torre; Ricardo Gotta estaba cayendo, pero aún no estaba liquidado. Él quería estar ahí cuando lo despedazaran. ¡Cuánto lo odiaba ahora! Y le temía. Sabía de la bolsa de trucos y recursos del abogado tracalero. El ataque a Franklin Caracciolo, ligándolo a la conspiración con los militares sólo pudo salir de él. Ahora entendía esa dichosa cita en el hotel aquel, cita a la que también él acudió aunque no lo hubieran mencionado en ninguna parte. Por ahora. Lo que más le asusta es que también podría estar tramando algo contra él. Ricardo, al parecer, guardaba algo para todos. O contra todos. Un obsequio de mierda para cada quien.

   Sale del enrejado con su carro, pensando en mil vainas, cuando una camioneta tipo Van se cruza frente a él, por lo que choca con ella muy bruscamente. ¡Maldita sea!, y todavía estaba pagando la basura esa. Pero, ¿quién coño cruzaba así frente a un estacionamiento cuya puerta se abría? Ya le escucharía… Se congela. Asustado entiende que lo atacan cuando ve a un hombre que salen del vehículo, a la carrera, arma en mano, enmascarado. Pero cuando va a intentar algo, como asegurar la portezuela o retroceder hasta la casona, un tipo alto, fornido, con un pasamontañas en la cara donde sólo se ve su boca ruda y cruel enmarcada por un gran bigote, aparece a su lado y abre la portezuela, apuntándole con el cañón del arma de fuego.

   Al encararlo, y ver como abre la puerta, Cecilio lucha, no muy dignamente que digamos. Grita como mujerzuela sorprendida por la policía mientras le ofrecía algo a un menor de edad, y da unos manotazos. El carajo, después de llevar el arma a la parte trasera de la cintura de su pantalón, le atrapa el cabello con una mano enguantada y lo hala hacia arriba y afuera, y con la otra le atrapa la corbata, guindándolo, casi dejándolo sin aire.

   -¡Quieto, coñe’e tu madre! –le ruge, ronco y bajo. Congelándole.

   El tipo se mueve rápidamente; de un halón lo sacó del auto y le lleva hacia la camioneta, de donde se abre la portezuela lateral y Cecilio ve que está otro carajo, también grandote y enmascarado. ¡Lo estaban secuestrando!, se dijo aterrado, intentando gritar y resistirse; pero cuando ya casi está en la camioneta, el segundo carajo, experto, lanza un derechazo que le da en el estómago, ahogando todo sonido, doblándolo de dolor. El tipo que lo sostiene sigue atrapándole la nuca, pero suelta su corbata, y agarrándolo por el cinturón, a sus espaldas, casi lo lanza como un saco de papas dentro del vehículo, metiéndolo. Cecilio, aterrado y adolorido cae chillando agudamente. La portezuela se cierra.

   -Quieto si quieres vivir, Linares. -le gruñe el segundo tipo, volviéndose hacia el volante.

   Y el abogado teme orinarse de puro miedo. No era hampa, no eran unos vulgares secuestradores que pedirían algo rápido para liberarle, tal vez después de una paliza o algo así. Sabían su nombre. Iban específicamente por él. Les habían mandado por un pobre infeliz llamado Cecilio Linares. Y le encontraron.

   El tipo del bigote, después de regresar y cerrar el carro de Cecilio, corrió hacia la camioneta y no había entrado del todo cuando ésta ya se alejaba a toda velocidad. Cecilio los miraba, pálido, con la boca abierta y los ojos desencajados. Lo habían secuestrado y sabían su nombre. Era cosa de Ricardo Gotta. Iban a matarlo como al tipo ese en aquel depósito. Una capa enfermiza de sudor cubrió todo su cuerpo y tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no llorar como una madre. No albergaba la esperanza de partir de este mundo con dignidad, sabía que lloraría, pero no tenía que ser desde ahora, ¿verdad?

   Minutos más tarde salían de Caracas rumbo a Los Valles del Tuy, internándose por carreteras desiertas. La gente ya resentía la falta de gasolina, por el paro cívico, y parecían vivir únicamente para las largas colas, dejando desiertas las carreteras. Cecilio, algo más sereno, pregunta una y otra vez quiénes son, que para dónde lo llevan, que qué iban a hacerle, que si los envió Ricardo Gotta. El silencio de los dos hombres parece a propósito para destrozarle los nervios. Nota como el vehículo enfila por una angosta carretera de tierra, reseca, llena de matorrales donde no parecía vivir nadie. Su miedo crece nuevamente. Buen lugar para un asesinato, hasta a él se lo parece.

   Quince minutos después de llegar a Ocumare, la camioneta se detiene finalmente frente a un viejo y destartalado rancho de cartón y zinc. Hay un aire de abandono, miseria y de soledad que lo intimida. Respira nuevamente agitado, sudando otra vez, cuando nota como el del bigote, baja, abre la portezuela y le gruñe que salga. Cecilio lo mira aterrado.

   -Por favor, no me hagan nada. Yo no sé nada. No sé nada de nada. Nunca he servido para nada bueno. –había llegado la hora del lloriqueo, lo sabía; cuando el tipo repite el ‘baja’, chilla agudo e histérico.- ¡No me maten!

   -¡Cállate, güevón! -le grita con rabia el tipo, atrapándole un hombro, halándolo y clavándole los dedos, casi arrancándolo del auto.

   Cecilio chilla agudamente, y más cuando ve que lo llevan al destartalado rancho de puerta abierta. Es de zinc agujereado, de cartón piedra abombado por la humedad de lluvias viejas, con sillas más del tipo de las que se conseguirían botadas por otra gente, con una mesa de pantry, rota y vieja a la que le faltaba una pata original y un tubo de cañería la sostenía ahora. En un rincón hay un sucio colchón, con unas sabanas aún más sucias y enrolladas, como si su ocupante hubiera tenido que salir corriendo. O como si nunca limpiara o acomodara nada. Todo eso lo nota marginalmente Cecilio, ocupado como está en gritar, sollozar y pedir clemencia. El del bigote se vuelve a mirarle, furioso, con su compañero que cierra la puerta.

   -¡Dejas tus gritos, carajo! Sigue y sí te voy a matar, como se matan a las gallinas, retorciéndote el pascues.

   -Cálmate. –le aconseja su cómplice.

   -Este maricón ya me tiene harto con sus gritos.

   -Hazlo callar de alguna forma y deja de gritar tú también. -replica el otro, y Cecilio chilla, ¡iban a matarlo ahora mismo!

   -Buena idea, compañero. -ruge el carajote del bigote, sonriendo burlón, atrapándole un hombro a Cecilio y obligándolo a caer de rodillas, para luego atraparle la nuca y frotarle la cara con ganas de su entrepierna.- Sé cositas de ti, abogado, que tienes un culo muy travieso…

   Cecilio grita ahogado, por la sorpresa, sintiéndose atenazado por esa mano que lo obliga a restregar la cara contra la dura barra que ya se adivina bajo el oscuro jeans. Tiene miedo, mucho. Le iban a matar. Debía escapar. Todo eso se dice… mientras su boca se abre y mordisquea la tranca sobre la tela, sobándola así, sin que nadie lo guíe. Había algo oscuro en las maneras salvajes de ese hombre que le intimidaba y excitaba, reconoce ahora cuando sus labios recorren la silueta dura sobre la tela.

   -¡Coño, le gusta! -dice su cómplice, un tipo de aire indio, aunque el abogado no lo sabe, y que responde al nombre de Facundo Morón, amigo de Lucas Rondón, tras su máscara, sonriendo.

   -Te dije que debía ser cierto lo que nos dijeron, tiene cara de mamagüevo… -sonríe tras su máscara, Braulio Raván.- Párate. -le ordena.

   El carajo, con la mano enguantada lo atrapa por los cabellos, halándolo. Cecilio chilla que no le hagan nada, pero ya los dos carajos, riendo de lo más divertidos, con una vena sádica desatada en ellos, le halan la ropa. Le quitan el saco y le rasgan la camisa, rompiéndola en varios pedazos. Había algo salvajemente erótico en ello. Facundo le atrapa los brazos por atrás, deteniéndolo, mientras Braulio le abre el pantalón y tomándole los faldones de los ruedos, lo hala, alzando al carajo en peso. Le quitan todo, dejándolo con una breve tanga negra, como de mallita, sensual, metida en las nalgas. Los dos carajos lo soban, se frotan contra él, rudos con sus entrepiernas, se sacan los güevotes erectos y nervudos, tiesos como palos y lo frotan de ese carajo que jadea, mareado y asustado, pero también excitado. Esos güevotes que ya babeaban un poquito, le calentaban mucho.

   Poco a poco el abogado va ablandándose ante esos enmascarados que lo frotan con sus güevos. Era un pobre marica, ahora sí que debía admitirlo. Lo era desde siempre aunque antes luchaba por no admitirlo, como cuando en un viaje a la playa con los muchachos del liceo, fue atrapado por un amiguito algo mayor que lo obligó a masturbarlo tras el autobús. Se dijo que lo hizo porque el otro era más grande, pero la verdad era que sentir ese tolete duro y joven, palpitante y deseoso de atención, lo enloqueció todo. Esa imagen la revivió muchas veces en la soledad de su cama, mientras se hacía la paja, soñando no con chicas, sino con el güevo de ese compañerito de estudios. Ahora se sentía igual.

   Los dos carajos que lo abrazan, frotan y tocan, lo pellizcan y lo azotan con sus güevotes, le tienen de a toque. El que tiene frente a él, pega la boca de la suya, es caliente y sabe algo a ron. Sus lenguas se enlazan en una feroz batalla, Cecilio gime, putón, lamiéndole los labios y el bigote al carajo. El otro monta sus manotas sobre sus hombros, obligándolo a bajar, adoptando una posición que conoce muy bien sobre el piso, la de cuatro patas. Una mano cae sobre su nuca, deteniéndolo así, mientras los dos carajos van tras él, arrodillándose uno al lado del otro, rasgándole la tanga. Braulio y Facundo se miran un momento, sonriendo ante lo grotesco de lo que quieren y harán. Sus bocas se abren y sus lenguas ávidas salen, lamiendo las nalgas de ese carajo que gime ante la cálida caricia doble. Dos hombres grandes y fornidos atendiéndole, a él que le encantaban los hombres. Esas bocas muerden, besan y chupan ruidosamente sus nalgas. Braulio lame la raja lentamente de abajo arriba. Luego lo hace Facundo, la sensación eriza al abogado, las lenguas se turnan y los tres gruñen.

   Cecilio mal, respira ahogado, eleva el rostro gozando esa vaina. Las lenguas se acercan, juntas, a su titilante culo, que se abre y cierra como una flor, deseando la entrada de algo. Las dos lenguas titilan sobre el capullo redondo que se abre. Los dos ensalivan, intentan lamer y penetrarlo a un tiempo, saboreándolo. Cada compadre siente la lengua del otro, el contacto de sus mejillas y vainas así. Están tan calientes que la lengua de Braulio titila sobre la de Facundo, que sonríe, respondiéndole atrapándosela un poco con los dientes. Regueros de saliva parten de ese culito hacia las bolas del abogado. Braulio, cerrando los ojos para disfrutar lo que hará (y que ya ha hecho con buenos resultados), barre el culito con su bigote, cepillándolo, cosa que hace que Cecilio grite como una loca en un baile de marineros borrachos y calientes.

   No sabe cuánto tiempo pasa, pero allí, gimiendo con abandono de calenturas, babeando por la boca casi sobre el piso, apoyado en codos y rodillas, el abogado mece el culo frente a esos dos rostros que le trabajan con sus lenguas. Lenguas que ahora entraban, se metían y exploraban, calientes y reptantes.

   -Oh, por Dios, cójanme ya… -jadea Cecilio, con una mueca de angustia en la cara, mirándoles sobre un hombro.

   -Lo quieres mucho, ¿verdad? Quieres que te las clavemos hondo, ¿no? -gruñe el tipo del bigote, burlón.

   -Sí. Sí, cójanme. Métanmelas hondo. -suplica, ardiendo, con el culo derretido, sabiendo que en cuanto se la metan se correría como un quinceañero ante su primera película porno.- Ya no aguanto. Anda coño’e madre, ¡métemela toda!

   -¿Has visto un culo más puto que este? -le sonríe Braulio a su camarada, posicionándose tras él, arrodillado.- Te vamos a calmar ese fuego, putico. Te lo vamos a apagar con mucho, mucho, pero mucho semen. –y la promesa eriza al abogado, su culo contrayéndose.

   No sabe qué esperar, pero algo le dice que esos dos gorilas iban a reventarlo a fuerza de güevazos; había algo de ociosos, de sádicos que probaban con cosas extremas que le erizan… Y lo quiere. No puede negárselo. Desea ser tomado a la fuerza por esos dos tipos que le habían secuestrado, y cerrando los ojos, notando como el otro se posiciona tras su culo, se pierde en oscuras fantasías donde es detenido en una celda y dos convictos terribles le convierten en su perra, haciéndole gritar y gemir…

CONTINUARÁ … 132

Julio César.

LUIS SUAREZ, ¿TAN SÓLO UN TRAVIESO MORDERLÓN DE EUROPEOS?

junio 27, 2014

MARINES BESANDOSE

   Siempre he sentido debilidad por Luis Suarez, pero…

SUAREZ Y CHIELLINI

   Dentro del juego Uruguay Italia del lunes, clave para ambas oncenas porque quien perdiera se iba del Mundial, el jugador sudamericano, Luis Suarez, mordió a un italiano, Giorgio Chiellini (aseguran que Tyson estaba horrorizado); dicen que buscando la respuesta de este, que cometiera una falta y fuera expulsado. Sin embargo cuesta creer que agrediéndole a los pies del juez de línea, imaginara que pasaría desapercibido, o con las mil repeticiones desde diferentes ángulos que se hacen ahora. Me parece que actuó bastante idiotamente si la intensión era buscar perjudicar a Chiellini, porque se arriesgó a una expulsión, o que la FIFA tomara medidas después, dejando al Uruguay sin su motor ya en los octavos de final. Pero la cosa es que no es la primera vez que Luis Suarez muerde, ya lo había hecho en la Liga Inglesa cuando le clavó los dientes a Branislav Ivanovic. Es decir, el hombre es de los que muerde. Se podría suponer entonces que al ver al italiano Chiellini, se le antojó. De alguna manera le pareció apetitoso.

LUIS SUAREZ BROMA

   Lo sé, parece ligereza, pero morder gente más allá de los cinco años de edad, sólo se da cuando se está a punto de caer en una pelea desigual, por una agresión donde te va la vida o una violación; fuera de esos escenarios únicamente se usan en la cama como parte de fantasías muy movidas y particulares. ¿Le mueve un impulso sexual? Sólo Luis Suarez lo sabe. Pero lo de la mordida, fuera de anecdótico, y hasta gracioso (menos para el mordido, tal vez no le guste Luis Suarez de esa forma), mostró una cara desagradable de parte de su director técnico, Oscar Tabárez. Este, por modus propio, decidió jugar al alcahuete.

   Nunca he sido muy amante de los deportes, los sigo en muy contadas ocasiones, los juegos del Magallanes, ver de tarde en tarde a un venezolano en las Grandes Ligas, tal vez un juego de El Real Madrid (un poco más por nostalgia que otra cosa), un final olímpico y cosas así. Los mundiales de futbol son cosa distinta, porque a la emoción de los juegos, la desilusión de las derrotas, sufrir e ilusionarse ligando a unos, es casi catártico ver a todas esas naciones luchando con todo por un trofeo. Y fue en un Mundial, Sudáfrica 2010, que vi por primera vez a Luis Suarez, en el juego por el pase a las semi finales contra Ghana. Es de suponer que ya le había visto, pero no me había fijado hasta ese momento, el juego en los minutos finales del alargue, un empate que obligaría a llegar a los penaltis con los africanos, y allí, en la zona más chica, batido el arquero, un balón de cabezazo va a entrar sentenciando el final de las ilusiones sudamericanas; fue al pie de la portería, con la mano, cuando Luis Suarez la saca.

   Eso fue un escándalo sobre el que no me voy a extender mucho, en su oportunidad hable de ello, así de viejo es este espacio (EL HÉROE DEL MOMENTO). Para mí, Luis Suarez era un guerrero incomprendido, en el momento chiquito, viendo que saldrían por la puerta de los derrotados, aún sabiendo que sería expulsado y su equipo sancionado con la pena máxima, metió la mano alejando el peligro inmediato, certero y real, cargando con el peso de los comentarios mientras salía pero brindándole a su gente la oportunidad. Y fue exitoso, el penalti fue parado y a la larga, Uruguay sacó del Mundial a Ghana, viviendo para luchar otro día. Para mí fue sencillamente maravilloso, qué sujeto. Luego escuché que era de mal genio, mal hablado en cosas casi racistas y de mal comportamiento. No me importó, no esperaba encontrármelo en la calle así que su vida ni frío ni calor; después de todo no me gusta mucho el futbol regular, del país o continente que sea, y Luis Suarez también cabía bajo este cielo que nos cubre a todos, fuera como fuese en lo personal.

   Ahora reaparece con esta mordida. Repito, como parte de una estrategia fue idiota, se arriesgó a mucho por nada; detener un gol casi cantado, con la mano, no es igual a morder a un carajo a media cancha, sobre todo por lo que pudo, y todavía puede, costarle al Uruguay. Lo realmente lamentable fue la postura tomada por el director técnico, Oscar Tabárez, tras el incidente. Al principio, como el equipo todo, pretendió hacer ver como que nada había ocurrido, y como estrategia era buena, el resultado del juego era lo importante, y era fácil poner al pueblo uruguayo y su prensa a favor de la selección, minimizando el hecho, haciendo ver que las faltas de los opositores no eran vistas por los árbitros (es decir, la FIFA metiendo las manos). Repito, como reacción inicial fue buena, pero cuando el señor Tabárez, frente a una pregunta directa de un periodista inglés, contraataca con un “¿de qué hablas?, ¿a qué te refieres?, ¿estás atacando al Uruguay?”, intentando hacer ver que es una agresión mediática de Europa contra Sudamérica porque eliminaron a los italianos, quedó mal. Dejó de ser un defensor por negación para convertirse en activo participante de una irregularidad, defendiéndola, justificándola, promoviéndola. Se convirtió en un cabrón.

   Sé que suena terrible, pero viendo y escuchando al señor Tabárez declarar, era fácil ver la cara agresiva e insolente del sujeto que grita que su hijo, borracho o drogado, no golpeó a ninguna muchacha porque esta se negó a acostarse con él, aunque muchos lo vieron y debieron intervenir para pararle, alegando después que era cosa del alcohol, justificándole con un “¿qué?, ¿tú no bebes?, ¿no sabes que eso pasa?, no estaba en sus cabales, era mucha presión”. Es el mismo racionamiento irresponsable y criminal de quien sostiene, cuando debe enfrentar el siguiente paso del muchacho descarriado, una acusación de violación, que bueno, sí, que el muchacho tomó, que la golpeó y se acostó con ella, pero que la muchacha era una puta que se lo andaba buscando y es culpa de ella. En el mismo escenario, salvando las distancias de hechos pero idénticos en detalles de la naturaleza humana. Y fue una terrible señal la que envió a toda la juventud uruguaya en ese momento, porque innegablemente Luis Suarez es un ídolo, es lo mejor con lo que cuenta la oncena en estos momentos, sus agresiones no deben ser aplaudidas, no frente a los muchachos.

   Reitero, lo de la mordida es anecdotizo para nosotros como público, pero algo le pasa a Luis Suarez, la primera vez que lo hizo fue sancionado duramente por la mordida a Ivanovic; aún así, sabiendo que estaba en juego su permanencia dentro de la oncena justo en los octavos de final, que podría costarle mucho a nivel de patrocinadores, reincidió. A pesar de su edad no pudo controlarse, por ello tenía que ser sancionado. ¿Qué el castigo fue muy duro?, fuera de la cancha puede parecer casi una travesura, pero lo que se castiga es la imagen de agresión y violencia que transmite al mundo. Se le juzga por la intensión de hacer daño a otra persona. Y hay que recordar que en Sudáfrica están juzgando por homicidio a un atleta gloria de su país que creyó que podía hacerlo todo y cuyos desafueros previos, conducir bajo efectos del alcohol, agresión a policías, fue lo suficientemente silenciado hasta que se le hizo creer que podía hacer lo que le diera la gana sin pagar el precio, y mató a su novia.

   Aquí, la cosa no es de ese tenor; Luis Suarez, diga lo que se diga de él por su comportamiento en lo personal, no puede comparársele con ese sujeto. Tal vez solo muerde a cierta gente por eso, porque les tiene ganas de algún tipo y ni él mismo lo sabe. Es casado, dicen que felizmente, pero la sexualidad tiene formas extrañas de manifestarse a veces. Podría tratarse de eso, un conflicto medio sexual, pero, y no quiero sonar horriblemente exagerado, podría ser sólo el primer indicio de perturbaciones mucho más graves, y las cabronerías como la del señor Tabárez no le hacen ningún bien. Bueno, tampoco es su hijo, o familia, sólo le necesita por un tiempo.

Luis Suarez, Ajax

   Por desgracia parece que no sólo faltará a los octavos, prácticamente se le sacó del Mundial, y las sanciones podrían llevar penas hasta de meses, perjudicando sus contratos comerciales. Aseguran que se veía arremetido y que hasta lloró al escuchar la sentencia, pobre; confieso que me pesa, ese día ya hace cuatro años, le vi grande, abnegado, dispuesto a cargar con la chapa de villano para darle una oportunidad a su equipo. Ahora les deja solos, eso debe estarle angustiando, y tiene razón. No es por hablar de Uruguay o Argentina, pero sin Suarez o Messi, se ven tan desdibujados como Portugal sin Cristiano Ronaldo. Y en el pozo de los octavos están esas barracudas, Brasil, México, Colombia, incluso Costa Rica, por no hablar de Alemania y Holanda (que se ve sobrada).

IDOS DEL MUNDIAL BRSIL 2014

   Qué pena. De esto, de estas caras y de lo que significa, es de lo que debería estarse hablando, no de Luis Suarez lamentado amargamente un estallido que debió controlar.

PEDAZO DEL PARAISO

Julio César.

LA MANO DURA

junio 25, 2014

FANTASIAS Y TORMENTOS

VELLUDO Y SEXY

   -Bien, no estoy diciendo que sea algo… raro, pero este pana, en la academia, siempre se sienta al lado mío en las clases de Tácticas, y mientras escuchamos exposiciones y charlas, monta su mano en mi muslo y no la aparta ni un segundo. Habla conmigo, escucha las clases, incluso le responde a otros en el salón, que miran donde tiene la mano, sin apartarla. Pesa, es caliente, a veces sube y baja un poco, cuando habla o se mueve, llega bastante arriba y… Bueno, he pensado decirle que no lo haga, que deje la vaina… Pero creo que ha notado que, a veces, se me levanta un poco. Joder, ¡no soy de piedra! –ladra.- Y me mira, a mí y el bulto, y pareciera que va a agarrarlo, a levantar la mano y… ¡Pero no lo hace, joder! –se oye frustrado.- Un día de estos voy a agarrarle la maldita mano y…

MUSCLE HOT

   -No sé qué coño pasa en esta casa, pero cada vez que visito a la familia de mi mujer, y me voy para la piscina, los cuñados me saludan agarrándome el paquete. Es como un juego, viene uno y me agarra, viene otro y me lo aprieta, suave al principio, duro después. El suegro llega, me saluda, me pregunta vainas de mi vida y mi familia, ¡agarrándomelo! –casi grita.- Mi mujer dice que son juegos, que son así, bromistas… Pero, carajo, hace poco, dentro de la alberca, uno de sus sobrinos ¡metió su mano dentro de mi bañador! –se ve acalorado.- Me lo estaba agarrando mientras hablaba con su mamá recostada en una silla; le di diez minutos para que me soltara y dejara las sobadas. Pero ahora estoy metido en un lío, el papá nos vio y me susurró que ya me atraparía en la cocina… ¡Y tengo unas ganas de ir!

CAIDOS DE LA MATA

Julio César.

SOLEDAD BRAVO, ENTRE BOLEROS Y TANGOS

junio 25, 2014

SOLEDAD BRAVO EN CONCIERTO

   En la Sala de Conciertos del BOD en Caracas.

   ¿No suena genial eso de Sala de Conciertos? Hace pensar en cultura, en una ciudad civilizada y educada, tal vez Viena. Pero en fin, Soledad Bravo se presentará allí, los días 28 y 29 de este mes de junio. Con un espectáculo llamado “Boleros, tangos y algo más”, se paseará por los eternos tangos y boleros de siempre, de autores consagrados como Armando Manzanero, Agustín Lara, Tita Curet, César Portillo de La Cruz, María Grever y Simón Díaz. Está anunciado que se escuchará “Caminito” de Carlos Gardel… Y eso seguramente quedará genial en su increíble voz.

SOLEDAD BRAVO - BOLEROS

   Es Soledad Bravo, cantante y compositora venezolana, orgullo de esta tierra, una mujer de voz poderosa que bien sirve para la balada que para la música llanera, de la protesta a los temas religioso es tan sólo un paseo para ella. Todo, todo queda bien cuando Soledad Bravo lo canta. Siempre recuerdo la emoción que sentí la primera vez que la vi en vivo y en directo, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, cantando sus tonadas de conciencia social, de cuando pensábamos que vivíamos lo peor que existía (a los adecos), imposible saber de los barbaros que falsamente hablando en nombre de los cambios sociales hoy intentan silenciar y destruir la “casa que vence las sombras”, satanizando a los muchachos por lo mismo que ayer se les aplaudía. Pero, encarcelándoles y matándoles. Y ella, Soledad Bravo era una de las voces de la conciencia, una un poco más amable que la del también inmortal Alí Primera.

SOLEDAD BRAVO   La amé ese primer día, y a lo largo de los años, míos y suyos (fuerte, madura, noble y hermosa), ese amor no ha hecho más que crecer. La he oído interpretar canciones difíciles que en otras voces suenan raras; en la suya es magistral, como aquella “Solo rodando por el mundo”, de Vitín Avilés. A todo el mundo le queda faltando algo, a ella no. Pero, imposible de negar la sangre caribeña, fueron estos, sus temas de salsa, los que siempre los tengo presente:

   Serán dos noches felices en la Sala de Conciertos del BOD, allá nos veremos.

Julio César.

EL NEGOCITO DE DEAN… 4

junio 25, 2014

EL NEGOCITO DE DEAN                         … 3

DEAN WINCHESTER HOT

   -¿Se te antoja algo, Samantha?

……

   -¡Muy bonito, Winchester! –brama una voz dura, Damon Werth.

   -¡Entrenador! –grazna Dean, palideciendo al verse pillado por el sólido sujeto.- Yo no…

   -¿No hacía lo que creí ver? Oh, vamos, Winchester, ahórreme las historias. –es seco, pero Sam, y seguramente Dean, notan que bajo su mono azul deportivo se esconde una enorme, muy enorme erección, la del sujeto treintón, alto y atlético que es. Se la agarra.- Mejor le convendría usar esa boca como mejor sabe hacerlo. –les sorprende.

   -¿Quiere chantajearme sexualmente, señor Werth? –Dean abre mucho los ojos. Mirando esa erección, sonriendo.- Vale para mí…

   Dios, lo iba a hacer, jadea Sam, mirándole acercarse y tocarla.

   Claro, ignora, como ignora Dean, que a ese hombre le gustan más los culos, de tías, generalmente, pero con la calentura que lleva… Y Dean pronto lo descubriría.

   Dios, ¡Dean se había metido en un terrible problema!, y era tan estúpido que no se daba cuenta, se dice Sam, el corazón latiéndole de alarma. Hasta que repara en la situación. Los ojos de Dean brillan intensamente  como los de un gato, fija sobre le enorme silueta que deforma el mono deportivo del solido hombre frente a él. Y el señor Werth parece saberlo, metiendo la mano y sacándose un tolete que definitivamente no era de muchacho, reconoce el joven castaño con un fuerte estremecimiento ante la solida pieza de carne larga, gruesa y algo nervuda. Le altera entender de pronto que a él, también. Le afecta verla, como ocurre evidentemente con su hermano.

   Porque si, a Dean la respiración se le espesa, las mejillas le enrojecen y la boca se le hace agua ante la vista de la pieza masculina, cabeza lisa y llena de sangre. Tal vez quiere resistirse, oponerse, a Dean Winchester nadie le controlaba o sometía como intentaba el entrenador con su chantaje, pero ese tolete que se estremece en la nada, el ojete subiendo y bajando un poco, es más de lo que puede soportar. Cayendo de rodillas, como se nota que le encanta, y alzando la brillante mirada hacia el atractivo y forzudo sujeto, lleva la punta de su lengua a ese ojete, toqueteándolo, como queriendo metérsele, logrando que el hombre gruña y se estremezca. Una lengua en el ojete de la verga siempre conseguía eso.

   El ceño de Dean se frunce mientras su lengua aletea y azota el glande del profesor de Educación Física, este le observa con una mirada perdida. Bien, ¡ya le enseñaría por chantajearle! La rojiza lengua recorre, muy lentamente, la verga por un lado, y esta se calienta más, temblorosa, a su paso. El hombre se sorprende cuando Dean se agacha más, ladeando el rostro, perdiéndose bajo sus bolas, oliéndolas ruidosamente, montándolas sobre su bonito rostro adolecente, una vista de locura; porque, oh, sí, ver a uno de sus alumnos, a ese jovencito guapo y pillo, con sus bolas en el rostro, frotando la nariz de ellas, era increíble. La boca del muchacho las recorre, la lengua lame las sudadas pelotas, las sorbe, metiéndolas en su boca, ¡las dos!, y succiona. A Sam no le extraña que el tipo se sostenga de la reja, si Dean le hiciera eso… si Dean se la mamara…

   El rudo chico abandona las bolas ensalivadas, pega la lengua de la cara posterior de la enorme pieza y sube, siguiendo la ruta de la vena, y el entrenador casi grita, ronco y bajo; esa lengua haciendo eso, era sencillamente enloquecedor. Los rojos labios suben nuevamente a su glande y, claro, recoge más líquidos. Los bebe pegando la boca y chupando, luego la abre y los jóvenes y llenos labios rodean y cubren la cabezota, succionando, bajando, tragándose esa verga casi hasta la mitad, su boca muy llena, sus cachetes muy rojos, y el señor Werth siente que casi se corre de puro gusto. Era la hora de jugar, se dice el muchacho…

   El hombre joven se sorprende con la intensidad de las mamadas, Winchester parecía tener una aspiradora en la garganta, una que se cerraba de una manera… Está gozando tanto que casi le pasa desapercibido que el muchacho le baja más el mono deportivo, y que la mano caliente de este va a su trasero, sobre el bóxer, acariciándole. La mamada ahora es total, los resuellos sobre sus pelos es tan bueno como la firme mano del muchacho acariciante, incluso cuando sube y se mete dentro del bóxer, recorriéndole las nalgas con ella en una caricia íntima y prohibida. Y tiene que admitir que se siente bien. Mierda, todo era increíblemente bueno, allí estaba uno de sus alumnos, adolecente todavía, con los pecosos cachetes rojos tragándose su verga de adulto, de entrenador, y el cual seguramente tenía un culito que… Y la idea de tener al chico así era lo mejor de todo. Era tan satisfactorio que casi cae en la trampa.

   -¡Hey, no! –ladra autoritario cuando los dedos de Dean entraron entre sus nalgas y la punta de un dedo intentó meterse en su culo.- Nada de juegos sucios, Winchester, siempre has tenido esa particularidad. Vamos, a lo tuyo, ¡a mamar güevo como el maricón de mierda que eres! –le gruñe, con un control y una autoridad que eriza a Sam, y que a Dean le enerva… y calienta.

   El hombre, con manos rudas le atrapa la nuca, metiendo los dedos dentro del sedoso cabello rubio sucio, y comenzó a guiarle sobre su verga, antes de cogerle la boca con fuerza, gruñéndole bajos “cuidado con los dientes, putito”, metiéndosela una y otra vez hasta la garganta, dejándole allí, gozando de controlarle.

   A Dean todo le da vueltas, ahogado por la verga que está cerrándole el paso del aire, así como por la lujuria. El entrenador le decía cosas terribles, le trataba con manos de hierro, le controlaba… y le gustaba. Era peligroso, no tenía el control del juego, lo mejor era terminarlo, y tragándose otra vez la verga, más rojo de cara, la aprisiona y succiona con fuerza, con lengua, mejillas y garganta. El señor Werth se estremece totalmente. La sexual trabajada del chiquillo (le gustaba pensarlo así, que Dean era el escuálido muchacho que llegó un año antes, no este gañan de ahora), era simplemente insoportable.

   -Basta… -le gruñe, ahogado, pero Dean sigue succionándosela, ruidosamente.- ¡Basta! –le atrapa el cabello con un puño y le aleja. Y con las respiraciones pesadas se miran, el hombre musculoso y alto, la verga enrojecida y manando saliva y jugos, el muchacho con la cara roja, ojos brillantes de gato, labios y mandíbula mojados de saliva.- De pie, Winchester.

   Le obliga a hacerlo, a darle la espalda, y comienza a luchar con su cinturón y pantalón; tomado por sorpresa, ¡nadie rechazaba nunca sus mamadas!, a Dean le costó entender. Y cuando gimió un “¡hey, no!”, intentando oponer resistencia, era porque ya el pantalón y su bóxer bajaban.

   -No, no… -rugió. Mierda, él no hacía eso. Él cogía. Y sólo chicas.

   -Silencio, Winchester. Eres un putito en tu negocio y te debes a la demanda. –se burla el otro, montándole una mano por la espalda y obligándole a doblarse por la cintura.

   A Sam el corazón quiere salírsele del pecho, igual que los ojos, de lo abiertos que están. ¡Ese hombre pensaba violar a su hermano!, y la idea le hizo hervir la sangre de una manera intensa, de su verga hace rato que manan grandes cantidades de líquidos, pero ahora se estremece peligrosamente cerca de una corrida espontánea.

   Dean se resiste, pero sospecha que lleva la pelea perdida. Casi se sobresalta y gime cuando algo baboso, caliente y reptante choca de su raja interglútea, recorriéndola lentamente, antes de centrarse sobre el hueco de su culo, ensalivándolo, azotándoselo, los labios del profesor cerrándose sobre él y soplando, abriéndoselo y metiéndosela. Mierda, ¿así que eso se sentía?, pensó confuso, los pases de la lengua, la manera como casi lograba metérsele, era desconcertantemente grato; con razón controlaba tan fácilmente a quienes se lo hacía. Y esa boca lo trabajó a conciencia, el profesor doblado también de cintura, azotándole, metiéndosele, chupándoselo le tuvo listo hasta que su lengua fue acompañada por un dedo, que lentamente enterró. Asustando y tensando otra vez a Dean, hasta que la mano libre del profesor tomó su verga y comenzó a frotársela. Era grande, fuerte y callosa, la mano de un hombre, no un chiquillo de esos que se morían por tocársela y lo hacían mal. Este apretaba, sobaba, halaba de buena manera, y su lengua… y su dedo que se abre camino en su culo…

   Sam tiene fiebre, tiene que ser, carajo, de otra manera no sentiría que sube y baja, que flota y se pierde. Allí estaba Dean, retorciéndose y gimiendo… ¡con dos dedos clavados en su culo!, con cara de dolor sabroso, tensándose. Casi contuvo la respiración cuando vio al entrenador, un sujeto a quien siempre había envidiado en secreto, sanamente, por su buena pinta, enderezarse detrás de su hermano doblado, la enorme  y gruesa verga erecta en la nada, la cabeza de donde pende un hilillo de algo claro dirigiéndose como con vida propia hacia el culo de su hermano. Iba a penetrarle.

   Ni siquiera fue consciente de haberlo hecho, no, en serio, está bien, tenía quince años y vivía caliente, pero jamás habría considerado… Su delgada verga le produce casi un calambrazo de dolor placentero cuando comienza a llevar su puño de arriba y abajo. Tuvo que hacerlo, no era su culpa. ¡Todo era por el puto de su hermano! Desde su punto de observación lo presencia todo, es un testigo confiable de lo puto que es su hermano y por eso puede llamarle así. El profesor le mantenía doblado de cinturas, las manos de Dean flexionadas sobre la rejilla metálica, una mano del entrenador atrapadle el sedoso cabello, sus pantalones estaban en sus tobillos, su blanco culo, desde donde está, es penetrado lentamente al principio por la enorme pieza de carne. Le vio tensarse, apretar los dientes, resistirse. Pero también vio, con calambres en su miembro, como el tolete del profesor entraba, centímetro a centímetro, indetenible, abriendo a su hermano, dientes apretados en una mueca de lujuria, metiéndosela toda. Toda. Y miren que era la verga de un hombre.

   Una vez adentro, toda, algo cambio en Dean, sus jadeos se hicieron menos dolidos, sus nalgas más rojas; cuando el tolete comenzó el vaivén, Sam estaba convencido de que esos temblores de su hermano, esa mueca de labios abiertos, esos jadeos roncos como maullidos, eran de lujuria; estaba gozando la follada que el entrenador le daba, su primer penetrada. La verga iba y venía, enorme, metiéndose muy adentro del redondo y pequeño orificio, llenándolo todo, y a Dean le gustaba. Sam podría entregarle su alma con un demonio si no era así.

   Y le gustaba. Dean, una naturaleza salvaje, ruda, viva, estaba experimentando algo nuevo y se había decidido por probar, por entender. Le había dolido, no podía negarlo, cuando la lisa cabecita logró vencer, y romper, su virgo, metiéndosele. Fue incómodo, molesto, pero con el vaivén, con las sucesivas frotadas a las paredes de su culo, algo cambió. Sus dedos se aferran más a la reja, aguantando las poderosas embestidas de ese hombre ahora, que le cogía con fuerza, a fondo, gozando las apretadas sobre su miembro durante la trayectoria, olvidado sus iniciales resquemores a lastimarle. No podía controlarse, por Dios, no sólo estaba metiéndosela a uno de sus alumnos, cosa de por sí caliente, sino que este respondía, su culo era como una fiera mano que le atrapaba y le masturbaba de una manera increíble.

   Sam, su mano subiendo y bajando frenética sobre su verga, híper excitado, conteniéndose para no gemir y llamar la atención de alguien dentro de la biblioteca, entendía muy bien. El profesor había pillado a su hermano mamando vergas, por dinero, y había querido su parte, pero también un añadido. Le bajó el pantalón, le vio el culo y se tentó con él, metiéndosela duro como tantos profesores quieren hacerles a sus alumnos, de eso estaba seguro. Dean, el puto de su hermano, en lugar de gritar por ayuda, o intentar escapar, sintió tanto placer que se dejó llevar por la nueva experiencia, disfrutando cada segundo, o cada centímetro del grueso tolete mientras le entraba, agitaba y mojada.

   Dean, babeando de gusto, lleva su culo de adelante atrás, refregándose de la pelvis de su entrenador, ordeñándosela con fuerza, succionándosela duro, logrando que el hombre gritara, se estremeciera y le llenar el culo con su esperma, una abundante chorreada de leche que coincide con la explosión del mayor de los hermanos Winchester. Y con la de Sam, quien casi se hirió los labios reteniendo el gemido de gusto.

……

   -¡No te ves bien, Sam! –Dean escucha fuera del dormitorio como su padre grita, al tiempo que la puerta se abre, entrando el menor seguido de su progenitor.- Creo que estás enfermo. –asegura, preocupado, tocando al menor de sus hijos en la frente, este totalmente enfurruñado, apartándole la mano.

   -Estoy bien, papá; no es nada, son simplemente unas calenturas… -exclama, iba a decir un resfrío, pero no podía ni pensar estando él en el cuarto; tan sólo mirar al cabrón de Dean allí le sube más el calor corporal, con su cabello oscurecido por la ducha, aplastado a su nuca, desnudo a excepción de la toalla, joven, dorado, delgado, sexy, si, maldita sea, guapo.

   -Si te sientes… -comienza. Calla cuando Sam le mira feo.- Está bien, señor gruñón. Dean, pendiente, cuida de tu hermano. –recomienda John y sale. Y a Sam todavía le toca escucharle al alejarse.- Ese muchacho, ¿por qué no será más como Dean?

   -¿Qué tienes, Samantha? –pregunta este, tomando asiento con una leve mueca, la toalla abriéndose un poco.- ¿Estás así porque te dejé en la escuela? Tuve que regresar con prisa y tomar una ducha… por… porque… me manché. De grasa. En la clase de taller.

   ¡Si, seguro que fue eso! ¡Sé bien lo que hacías, maldito puto!

CONTINÚA … 5

Julio César.

TODO UN SEÑOR ENTRENADOR

junio 25, 2014

PUCHERO

MACHO CALIENTE EN SUSPENSORIO

   Después de los juegos, el coach sienta a los papás de los chicos en sus piernas y calma sus angustias por el rumbo de la liga.

BROMA

Julio César.

LA VIDA, EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, CIENCIA Y RELIGION, COSMOS…

junio 25, 2014

DESNUDOS FRENTE AL PAÍS

COMIENZO

   Y al principio no había nada.

   Comienzo diciendo que no tengo nada contra la Ciencia, ni defiendo a la Religión a ultranza cuando apoya puntos realmente idiotas y hasta peligrosos por negligentes y abusivos (el celibato, negarle a las mujeres el sacerdocio u oponerse a las transfusiones de sangre, para mí son dogmas igualmente tontos; pero como no soy nadie de importancia, está bien); la cosa es que tiendo a ponerme en el bando contrario al que categóricamente asegura algo que, en mi opinión, presenta agujeros por donde caben galaxias enteras. Como a veces ocurre con la Ciencia; imaginan una solución, que puede o no ser cierta (¿cómo saberlo o rebatirlo si ellos mismo en el plano práctico no pueden reproducir evidencias?), y la imponen como una teoría independientemente del punto de vista de todos los demás.

   Y un punto de esos se refiere a la aparición de la vida en la Tierra y la diversidad de la misma. Por un lado la Ciencia sostiene que, bajo condiciones especiales que no se conocen totalmente ni pueden reproducirse, la materia inorgánica logra replicarse y vivir, de allí, por variaciones ambientales, por competencia con otros organismos o por sobrevivir a un entorno hostil, se varía mediante mutaciones y esas pocas formas de vidas se convierten en la inmensa variedad que actualmente encontramos, como sostuvo hace más de cien años Charles Darwin. La religión que profeso, católico no practicante, y que llamaré la Religión, colocando su fe en un libro que nos ha llegado “por inspiración Divina”, sostiene que la vida fue creada de la nada por el gran Hacedor, y que cada variedad fue hecha completa, según su especie, y que por más que pase el tiempo lo gatos parirán gatos, grandes, chicos, con cola, sin cola, angora, callejeros, pero gatos; que lo observado por Darwin era variedad dentro de una familia, no el cambio de un organismo por otro.

   Los dos puntos tienen su pega, ¿eh? Pero la Ciencia tiene un doble atractivo, muy humano, que no debe pesarse por alto; sostiene que para que vivamos y seamos, no es necesario creer o contar con un creador, entiéndase Dios, ya que la naturaleza se explica por sí sola. Y la idea es llamativa, como apunté, por dos cosas; primero, porque creer en Dios suena a anticuado, a milagrería, a oscurantismo, a que se es un poco ignorante, un indio al que engañan o se engaña con magia, un borrego al que pueden engatusar con un Cielo o un Infierno, o con socialismos milagrosos o revoluciones mágicas que no se sostienen en nada. Y nadie quiere pasar por bolsa. El segundo punto, también muy humano, es que la Ciencia ha logrado acabar con la culpa. Ahora, sabiendo que no hay nadie mirando censurador sobre nuestros hombros, podemos dedicarnos a lo grande (experimentar con vida in vitro e incluso soñar con manipular nuestro propio ADN), o a lo bajo (un hombre puede acostarse con la cuñada, y su esposa con un amigo de este, en correspondencia, porque hay que vivir y hacerle pagar, no hay culpa en aquello que se haga y podemos dedicarnos a los que nos dé la gana con furor). Sin un Padre Eterno, sin su “amenaza” de que sabe lo que hacemos y que eso puede sernos cobrado más adelante, la humanidad puede elevarse sobre lo que antes era potestad de Dios (no la pena de muerte, ya la Biblia lo sostenía), o hundirse en la miseria (la pornografía infantil, la trata de niñas, feroces autoritarismos que terminan convirtiendo a los déspotas y a sus gentes hasta en caníbales; ya nada está mal porque cada quien hace sus reglas). Todo vale porque no hay Dios, tan sólo contamos con lo que logremos o “vivamos” ahora. No creo que sea coincidencia el auge de los problemas sociales con la llegada de la idea ampliamente sostenida de que “ya no hay Dios”; aunque suene simplista achacarle a la presencia o no del Señor, todo el sufrimiento del mundo. Este nos lo hicimos nosotros mismo. El mundo es, y está, como quisimos que fuera.

   Bien, la Ciencia (repito, no soy su enemigo, la amo cada vez que me enfermo), nos dice que el mundo puede ser explicado sin la necesidad de un poder superior, así como el orden que rige el Sistema Solar, la Vía Láctea y el Universo, todo en su sitio controlado por la gravedad y las fuerzas magnéticas y nucleares. Bien, si todo está comprobado, si la Ciencia demostró sus puntos, ¿qué queda sino reconocerlo?, que así sea. Pero ese es el punto, la cosa no me parece tan “explicada” (a mí, que no soy nadie de interés). Comencemos por la vida misma. Ya he citado esto, en cuarto año de bachillerato, con los frascos llenos de jugo de naranja reproducimos el experimento de Pasteur, y la gran conclusión fue que la vida venía de vida previa; que creer que por dejar una camisa sudada y unos granos de maíz en una caja y encontrar ratoncitos al poco tiempo era evidencia de creación espontánea de vida, es falso; no es porque de esos materiales surgieran esos animalitos, era un nido aprovechado por una rata. En fin, que imaginar que la vida surgía de la nada era una idea retrograda e ignorantona. Sonaba bien, pero entonces, en quinto años, nos dicen que de alguna manera, por “reglas” de enlaces químicos, ciertos elementos inorgánicos se mezclaron y llegó a existir una forma de protovida, de la nada, y luego esta evolucionó en el transcurso de millones de años.

   En quinto año de bachillerato, después del experimento de Pasteur, nos decían que, bajo ciertas circunstancia (que ellos suponen estaban presente), si ocurría que de la nada surgiera la vida (¿parecido a lo dicho en la Biblia?, dicen que los extremos se tocan). Es el famoso experimento Miller, quien en un laboratorio reprodujo lo que pensaba era la atmósfera primitiva y logró crear algunos bloques de proteínas inorgánicas, pero con promesas de vida… Logro que en sesenta años no avanzó ni un poco y ahora la misma Ciencia ha tenido que abandonar la idea de la atmósfera primitiva que creó un mar de caldo pro vida. A mi manera de ver, las fallas eran dos en eso del ambiente arcano, eso de las condiciones primitivas lo sostienen ellos como dogma, pero nadie está seguro (es un acto de fe que viene de un razonamiento humano, “esto debió pasar porque esto y esto se conjugó para aquello”); lo otro es que, dado el fracaso del experimento Miller, se ha vuelto a la idea de la panspermia, que la vida pudo llegar del espacio a la Tierra primitiva, en meteoritos y cometas, en la forma de piezas muy elementales, que ni vida era, pero aquí se asociaron, surgieron bacterias y comenzó la evolución. Pero, a mi manera de ver, tal cosa no despeja la incógnita primaria, la primera gran pregunta de la humanidad: ¿cómo llegó a ser la vida?, ¿cómo el carbón, el hidrógeno y algunos metanos se combinaron para terminar formando carne, huesos, nervios, emociones y sentimientos?

   Por la forma en que hablan, se pensaría que ya la Ciencia lo sabe, que todos los días toman carbón, hidrógeno y otros compuestos, y en una perola de acero inoxidable crean vida nada más para que los necios vean la luz; pero no es así. Entonces, si no habían condiciones, ni tiempo para explicar la aparición de vida, la solución es simple para los sacerdotes de la Ciencia en sus templos esterilizados y fríos (no, no Dios): la vida llegó de afuera. Pero tal cosa, no aclara la cuestión planteada un carrizo. La panspermia no explica la vida como tal, cómo llegó a ser, tan sólo echa más atrás y más lejos el cómo comenzó todo. Pero la religión de la Ciencia es poderosa, por una parte queremos creer que ya todo está dicho, y si algún científico no está de acuerdo con sus postulados le tachan de hereje y le excomulgan, condenándole al infierno del ridículo científico. Sus dogmas y ritos son terribles, casi inquisitoriales.

   Pero vamos, en atención a la palabra Cosmos que coloqué en el título, a suponer que sí, que de alguna manera totalmente comprobada, verificada y reproducida podemos prescindir de Dios para explicar la aparición de la vida de la nada, que la Ciencia ha logrado demostrar el cómo, en una galaxia muy lejana, tal hecho ocurrió y llegó hasta este pequeño y perdido planeta en las periferias de la espiral. No, no les preguntemos cómo, para no enredarnos otra vez, supongamos que lo hicieron de una manera que no dejó lugar a ninguna duda. La tesis es que una vez en la Tierra, sometida al medio ambiente rudo del entonces, esas pocas formas prosperaron y fueron adaptándose, cambiando para subsistir y asegurar su reproducción, usando mil cambios para lograr variedad, y de esa manera llegó a ser la flora y fauna actual, con sus millones y millones de formas. Claro, para que sea aceptable debemos dejar de lado el horrible obstáculo que es el código genético, esa bendita cadena que se reproduce en dos hélices, copiándose exactamente, que garantiza que perros paran perros, y los gatos, gatos. Imaginemos que por necesidad, cada vez que la doble hélice del ADN se separaba, se producían mutaciones, y dichas mutaciones originaban nuevas funciones que a la larga formaron otras especies (pez en anfibio, anfibio en reptil y así). Vamos a suponerlo, incluso se podría aceptar… pero eso sólo funciona hasta cierto punto.

   En quinto año de bachillerato, cuando te hablan de Medel y su famoso experimento con las moscas del vinagre, las mutaciones obtenidas no eran precisamente las ganadoras (ojos blancos, gordura, problemas de vuelo, esterilidad), tal era así que dos o tres generaciones después, las moscas mutadas desaparecían y continuaba la cepa primigenia. Esas mutaciones ocurren de forma natural dentro de las razas, como la humana. Malos enchufes de los bloques del ADN han producido daltónicos, hemofílicos, diabéticos, los propensos al cáncer, a los infartos o enfermedades renales; otros cambios como color de ojos, cabellos, color de piel, son igualmente mutaciones, pero en este caso inofensivas, pero al caer la tarde de las generaciones transcurridas seguimos siendo la misma familia humana. El cuerpo cambia en su fisiología y hasta funciones, se gana y pierden facultades (cuando el Sol comience a expandirse dentro de algunos millones de años, es de suponer que durante el proceso de su aumento de tamaño la gente se hará más resistente al calor y a las radiaciones, y necesitará menos humedad, porque su mundo cambia y ellos tendrán que hacerlo también… hasta que estalle la estrella), pero seguirían siendo humanos.

   Supongamos en casos extremos que las mutaciones que puedan producirse no son tan “normales” (y ya estamos como suponiendo demasiado, ¿cuánto más antes de que suene a cuento?), que alguien podría desarrollar una mirada laser, o volar, como un X-Men… ¿qué significaría? Todo un logro, pero como señalé (desde mi pobre entendimiento), dichas mutaciones, aun en el mejor de los casos, no crean una raza diferente, un organismo no cambia por otro. Aún un X-Men seguiría siendo un hombre perteneciente a la raza humana. Los experimentos con las moscas del vinagre siempre dieron moscas, jamás nació una palometa o una mariposa. Dentro de la raza humana, tal vez por ambiente, radiaciones naturales, hay variedad, blancos, negros, asiáticos, pigmeos, pero todos siguen siendo hombres (y hay algunas que causan ronchas, ¿por qué perdió el hombre su pelambre heredada de los monos que le protegía del frío?, no puede ser por una necesidad física real, hoy en día necesitamos cobijarnos para protegernos de ese mismo frío; ¿qué las hembra preferían a los lampiños?, no me iría con una mona con pelos que no quisiera los  míos); las mutaciones dentro del ADN lograron variedad, no transformaciones. Entonces, ¿cómo, exactamente, a un nivel genético celular, ocurrieron todas esas variaciones que originaron la enorme diversidad de vida actual desde unas pocas formas?

   La Ciencia sostiene que fue por necesidad, competencia entre las pocas formas, y el tiempo para que se dieran todos esos cambios; la Tierra es increíblemente vieja (y eso se lo acepto a la Ciencia, el mundo no tiene menos de siete mil años, por Dios). Y así caemos en COSMOS, esos dos maravillosos programas de divulgación científica, la primera con Carl Sagan y la de ahora, con Neil deGrasse Tyson, la cual ya terminó. Ambas patentaban que no era necesaria la idea de un Creador. El señor Sagan, un científico que hizo que amaramos este tipo de programas y abrió un amplio y extenso Universo ante nosotros, en el segundo episodio de su serie, nos decía que la evolución no era una teoría, que era un hecho. Pero fuera de creerlo con todo su corazón, no nos dijo exactamente cómo ocurrió; por cierto, que aún defendía el experimento Miller como causa de la aparición de la vida en el planeta. La serie nueva, reconociendo la gran sapiencia del doctor Sagan, nos dijo que la fulana teoría del caldo primitivo se había dejado de lado y se buscaba el origen o en las fumarolas del fondo del mar o proveniente de las estrellas; pero sostenía, igualmente, a la evolución como razón de toda la variedad de vida. Y fue hasta convincente, en un océano primitivo el alimento escaseaba por la gran variedad de vida y unos seres desarrollaron unos proto ojos que les dio la ventaja sobre los que eran ciego, para escapar de predadores y buscar presas, por ello sobrevivieron y se multiplicaron más, pasando a su descendencia esa facultad, desapareciendo los menos adaptados, y que otro y otro cambio, en el orden de millones de años, terminaron en el desarrollo de un ojo que veía con detalles dentro del agua, mitigando la brillantez. Que cuando los ocenas se hicieron peligrosos, algunos seres escaparon y le evolución continuó sobre la tierra.

   Así, todo lo viviente hoy en día, se desarrolló a partir de aquellas pocas especies que aparecieron en los mares, que se multiplicaron, compitieron, se especializaron y abandonaron el agua. Repito, era convincente hasta ese punto, pero luego el señor Neil deGrasse Tyson, dijo algo que me dejó picado, que eso, esa evolución explicaba por qué compartíamos a nivel cromosomático, genético pues, características parecidas con cada árbol, caracol, cangrejo y demás animales sobre el planeta. Que flora, fauna y hombre, si queremos separarnos de los otros, a nivel del genoma somos muy parecidos, eso porque provenimos de un mismo organismo (o conjunto de ese mismo organismo) que apareció y se desarrolló. Esa similitud genética la exhibía como prueba de la teoría de la evolución, en contra de la idea de un diseñador. ¿Convincente? Lo es, realmente, el programa estuvo muy bien hecho. ¿Suena lógico? Ciertamente. ¿Es ese parecido en el material originario, y común a todo lo vivo que hay en la Tierra, la prueba del triunfo definitivo de la Ciencia sobre la Religión? ¿Ha sido derrotado el creacionismo? No.

   O no, necesariamente. Puede ser cierto, posiblemente sea verdad, pero la otra alternativa puede ser igualmente convincente y no se puede demostrar, en un laboratorio, que no pudo ser. Cuando Dios creó al hombre, tomó polvo y le insufló vida, a la mujer la hizo de una costilla de ese hombre, lo que casi suena como una duplicación, una clonación con variantes (y no, no hablo de las teorías de esos locos que en todo ven la mano de alienígenas, la existencia de esos seres tan sólo nos llevaría a preguntarnos: y ellos, ¿cómo llegaron a estar vivos, a ser?). Dios pudo haber creado al hombre de la nada, ¿hasta del viento?, no podemos estar seguros, pero si sabemos que para que llegara a ser lo que fue y es, usó polvo, como sostiene la Biblia… y eso me hace preguntarme: y cuando creó a los animales y a las plantas, según su género y clases, ¿de qué les fabricó? La Biblia no lo aclara, pero si así como no hizo al homo sapiens de rayos de sol o gotas de lluvia, ¿no tomaría el Señor más del material presente de ese polvoriento mundo para crear todo lo viviente en un lugar cerrado al que llamó el Paraíso y desde el cual la vida debería extenderse a todas partes? La cuestión es interesante, porque si así fueron creados todos los seres vivientes sobre la Tierra, por Dios, del polvo, del mismo polvo, no tiene nada de raro que todos compartamos a nivel celular, en la base genética, características comunes (lo raro sería que fuera al contrario).

   Imaginen, Dios toma el polvo y crea toda la vida, diferente en formas, funciones y clases, ordenándoles que se reproduzcan según sus géneros (perros en perros, gatos en gatos, helechos en helechos), pero todos basados en un mismo elemento abundante en ese momento, uno que es igual para todos… todos compartiendo el ADN. ¿Qué es una explicación absurda? ¿Por qué?

   ¿No suena malévolo, científicamente hablando?

SOY EL RESPONSABLE DE MIS ACTOS

Julio César.

NOTA: Ah, carrizo, ahora me pregunto, ¿no podía Dios, siendo todopoderoso, crear al hombre de la nada? ¿Por qué del polvo?

ESE SENTIMIENTO

junio 25, 2014

QUIÉN MIRA

TIOS JUGUETONES

   Todos se los notan.

   Aunque discuten y compiten por todo, a veces con palabras o actos hirientes, todo el mundo sabe que se quieren mucho. Que necesitan estar cerca para sentirse completos. Juntos, se emocionan tanto que se les nota. A veces bastante, clarito, aunque fingen no darse cuenta. Pero solo ellos, para todos los demás es totalmente evidente.

SUPUESTOS

Julio César.


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