APORREA, ELIAS JAUA Y LA MISERIA

agosto 17, 2016

RICARDO SANCHEZ, EL DISFRAZ

APORREA APORREADA

   Dios los libre de discutir una idea.

   Cuando se oyen estos disparates que el portal APORREA se niega a que la gente discuta (sólo se oyen a sí mismos), uno podría creer que están locos, delirando, que realmente el Difunto les hizo un daño terrible cuando trajo las hojas de coca… pero sería una inocentada. Si no supieran de lo que hablan, si de verdad no pudieran interpretar a un país que en diciembre los mandó para el carajo, no estarían echando toda la carne en la candela para impedir por los medios que sean que el soberano se exprese mediante el voto. No, locos no son; cuando Elías Jaua dice esta vagabundería lo hace con toda la intención de intentar engañar a los insensatos. Que ya no quedan, según el resultado de diciembre y lo que dicen las encuestas ahora que los obliga a impedir como sea el revocatorio, que se repitan las parlamentarias en el estado Amazonas o que se midan alcaldes y gobernadores. Fuera de hablar paja no les queda nada.

   Pero ¿qué dijo exactamente el señor Elías Jaua, ministro de toda la vida de este desastre?:

Diputado Elías Jaua Milano: “Paciencia y conciencia ha sido la respuesta del pueblo ante coyuntura económica”.

Por: AVN | Domingo, 14/08/2016 12:31 AM |

ELIAS JAUA FINGE QUE NO ENTIENDE

ELÍAS JAUA – Crédito: AVN

Caracas, 13 de agosto de 2016.- El pueblo venezolano, frente a la guerra no convencional que se libra en el campo económico, ha demostrado paciencia, conciencia y disposición a construir el camino para recuperar y hacer sostenible la prosperidad del país, indicó este sábado el diputado Elías Jaua.

……

   Seguro que quiere creerlo, que le alivia imaginar que la gente lo toma por ahí con los ladrones incompetentes que nos han conducido a este desastre, con esta guerra montada contra el sentido común y hasta la vergüenza, y que no le dé por comenzar a perseguir, detener y aplicar linchamientos contra los que señaló en diciembre de responsables del acabose, como si ocurre con otros delincuentes. Uno le imagina sudando frío cuando sale a las calles y tiene que ver los rostros de aquellos que lo señalan, y culpan. Siempre temeroso de una explosión de justa indignación social ante sus delitos.

   Pero no pienso que sea sincero en lo que dice, ni que lo crea, eso de que el publo está con ellos; de ser así, que lo creyeran o lo supieran de cierto, ya habría llamado al referéndum para derrotar definitivamente a la Mesa de la Unidad Democrática y a la Asamblea Nacional, silenciando de una vez a ese hombre que se les ha convertido en una obsesión sexual (era horrible ver a Nicolás Maduro hablar de ese señor mientras sobaba aquella yuca, ¡y en televisión!, ¿dónde estaba CONATEL?), Henry Ramos Allup… Pero eso, ni él, ni APORREEA, lo consentirán jamás. Hablar paja, repito, es fácil, es como ser articulista de ese portal, que ni de habilidad requiere, por ello la revolución terminó cómo terminó.

Julio César.

LA AYUDA DE UN PAPI

agosto 16, 2016

NECESIDADES

DE CHICOS CALIENTES Y PAPIS SEXY 1

   A veces un chico lo necesita…

   Apesadumbrado habla con su tío, el exitoso hombre de mundo, de lo que no puede con su padre; que no consigue concretar una sola cita romántica y menos el amor. Apesadumbrado cree tener algo malo que no gusta a las chicas. El hombre, como sabe un poco más por los años, quiere comprobar si algo le falla…

DE CHICOS CALIENTES Y PAPIS SEXY 2

   Pero no, pareciera tenerlo todo en su sitio. Por eso investiga sobre sus técnicas de acercamiento, cómo toca, cómo besa. Lo hace mal, pero él le corrige, le explica qué tanto presionar con sus manos, cómo atraer y atrapar contra un cuerpo lleno de deseo, cómo iniciar el beso, qué tanto meter la lengua, cómo hacerlo hasta que estallen los gemidos de deseo.

DE CHICOS CALIENTES Y PAPIS SEXY 3

   Y, claro, un chico debe aprender trucos para la intimidad, todos destinados a estimular senos y vaginas, especialmente estas. Usando los dedos, el aliento, labios y lengua. Cómo frotar, lamer y entrar. Qué tanto hacer hasta que esa chica, y su coño, estén calientes, gimiendo y desesperadas. Chillando como hace el muchacho en esos momentos, lanzando un: “Oh, por Dios, métemelo ya”.

……

   Lo sé, muchachos fornidos y apuestos papis. Es una fórmula ganadora. Hay un video al respecto, si quieren vayan a: AYUDA DE UNA FIGURA PATERNA

INOCENCIA ROBADA

Julio César.

SIGUE EL DILEMA… 3

agosto 15, 2016

SIGUE EL DILEMA                         … 2

   Bien, continúo con esta historia tan sólo para darle un final que, rabioso, pensé a la mitad de la historia original. Quería un castigo feo para el entrenador, aunque el final del autor me dejó gratamente sorprendido. Este será, volviendo a eso, una conclusión tipo el Tribunal del Diablo. No tendrá, obviamente, la calidad del otro relato porque me es difícil escribir como lo hace Capricornio, en serio, así que paciencia y benevolencia.

   Basado en caracteres creados por capricornio1967

MACHO VELLUDO SEXY

   El entrenador lo tomó y lo trabaja a placer.

……

   -¿No te excita, puto? –se burla contra sus labios, bañándole con su aliento.

   -Nuuuhufff… -Luis arruga la cara, cerrando los labios, queriendo apartarse, luchando contra el agarre de su rostro, contra el dolor de sus manos, brazos y hombros.

   Aferrándole la frente con una mano de acero, sin apartar mucho su rostro, los labios húmedos de saliva y vicio, Franco le abofetea con cierta fuerza, desconcertándole por un segundo.

   -¿Cómo te atreves a contradecirme?, un puto no puede hacer eso. Ni rechazar las caricias de su amo, y menos negar el placer que siente cuando este lo usa. Si quiero meter mi lengua hasta tu estómago, debes chuparla y beber de ella con ganas, sólo así te convertirás en un puto total. –le aclara mirándole con burla a los ojos, acercando otra vez esos labios enmarcados por el negro y fiero bigote.

   -Aléjate de mí, hijo de puta. –todavía grazna el otro. El dolor sobre sus muñecas se hace insoportable, el peso del costado de Franco aumentaba su tortura. Bañado de sudor jadea con desesperación, porque el ruin coach de su hijo acercaba increíblemente lento la boca para atormentarle.

   -Eso es, tiembla de emoción esperando mi beso, jejejejeje. Sabía que así de puto serías.

   -No, no. –gruñe con ojos coléricos, desesperados, intentando escapar del agarre de aquella mano.- ¡Nooooo! –chilla al sentir esa lengua otra vez, lamiéndole con lentitud, saboreándole los labios y nariz, bañándole con su aliento pesado.- No, no, detente. –ruge incapaz de detenerse a pesar de saber que el otro aprovecha el momento para darle toques de lengua.

   Franco no cabe en sí de las sádicas ganas que le tiene; ocultando el rostro en el cuello de Luis cuando este desvía otra vez el rostro, posa los labios sobre la ardiente piel, allí donde la yugular late con furia, punto que besa. Los pega como un chupón y succiona ruidosamente, bañándole con su aliento más caliente, aunque no tanta como la espesa saliva que mana y que al otro le parece sencillamente repugnante, como el contacto mismo. Luis se agita y revuelve intentando apartarse, pero Franco sigue chupándole la piel entre chasquidos.

   -Hummm… sabes delicioso, a puto. –le oye ronronear, bajo y pesado.- A Adriana le encantará verte el chupetón que voy a dejarte. Me gustaría ver cómo se lo explicas, jejejejeje…

   -No, no, déjame hijo de puta. –grita desesperado, entre las ganas de estallar de rabia y la impotencia. Fue depilado, sus bolas estaban peladas, le había tatuado una vaina ignomiosa en su trasero, todo muy grave, pero podía intentar ocultarlo; sin embargo, un chupetón en su cuello, uno que sería grande por la manera en que ese hijo de perra lamía y mamaba de su piel, era otra cosa.- Aléjate, maldito…

   Su grito casi histérico queda silenciado. Franco estaba cazándole, caliente por las ganas de disfrutar nuevamente de la boca de ese hombre hecho y derecho al que tanto odia y a quien tanto desea humillar, someter y poseer. Aprovecha el grito y cae sobre él, sabiendo que eso aumenta la presión sobre las manos, brazos y hombros bajo su cuerpo, y le besa de manera procaz.

   -Huuffffggghhh… -el gruñido de repulsa escapa de alguna manera de la boca de Luis, quien tiene la frente muy arrugada, sintiendo el aliento de Franco bañándole, el bigote rozándole de manera asquerosa, la lengua penetrando y explorándole de manera lenta y deliberada nuevamente. Intenta apartar el rostro pero no puede, el agarre del pervertido sujeto es grande, y el dolor que el peso extra crea sobre sus brazos y hombros le tienen casi paralizado.

   Franco siente su lucha, su repulsa, y todo él arde de lujuria; quiere eso, someterle a pesar de su resistencia, aplastar sus defensas, volverlo su juguete sexual, su puto, a pesar de lo que desee. Quiere que entienda que está indefenso y que puede hacer lo que quiera con él. Mientras lo retiene con una mano en la frente, y lo besa, la otra desciende con dificultad por el torso otrora velludo, acariciándole las tetillas, incrementando los gemidos ahogados, los estremecimientos del otro, de rechazo, de pelea. Casi ríe mientras hunde profundamente su lengua hábil, llenándole la boca de saliva, una que el otro debe tragarse para no ahogarse más, cuando atrapa uno de los pezones y lo aprieta, halándolo y retorciéndolo con fuerza.

   No, no, grita mentalmente Luis, quien a diferencia de otros momentos, es perfectamente consciente de en dónde está y qué hace. O le hacen. Es perfectamente consciente de que ese hombre sádico y cruel le besa, y ahora lo manosea. Sus tetillas, porque reparte las atenciones de una a otra, duelen al ser manipuladas de aquella manera. Nunca un hombre le había tocado, no digamos besado o atrapado sus pezones, y aquello lanzaba calientes y desesperadas oleadas de adrenalina en su cabeza. Jadea pesadamente cuando la boca se aparta.

   -Cabrón, besa bien, se nota que lo haces mucho. –se burla con los húmedos labios muy cerca de los suyos, el bigote rozándole sutilmente.- ¿Te morreas con muchos sujetos?

   -Hijo de… -el automático rugido de hombría humillada esa aprovechada para que esos labios vuelvan a cubrir los suyos y la lengua vuelva con renovadas ganas de saborear lo que reclama como su posesión.

   La mente de Luis es una sola masa roja y aullante de rabia, frustración e impotencia, recibiendo esa lengua viciosa que lo explora, que deja manar grandes cantidades de saliva espesa y tibia, y ahora la manipulación a sus pezones eran suaves, lentas, acariciantes, como buscando estimularle. Todo eso le tiene tan mal que queda paralizado cuando Franco se aparta totalmente de él, levantándose, quedando a su lado con una rodilla en la cama y un pie en el suelo, sonriendo cruel con los labios húmedos de donde chorrea algo de saliva, ojos brillando de manera predadora. La retirada del otro le desconcierta, y el alivio sobre sus miembros superiores estalla de manera cálida, todo ello contribuyendo a dejarle laxo. Indefenso.

   -¡No! ¡No! –grita cuando Franco, a su lado, le atrapa un hombro y la cadera correspondiente, volviéndole de panza sobre la cama. Ahora le daba la espalda. Su culo estaba expuesto, eso fue lo primero que pensó y horrorizó.

   -Jejejejeje… -la burlona risa era el clavo que faltaba.- Mierda, si pudieras ver lo caliente que se ve tu culo así, Luis. Es obvio que naciste para esto, para excitar a los hombres. Y llamarlos a follarte.

   -No, no, aléjate de mí, maldito enfermo. ¡Aléjate de mí! –grita desaforado, con rabia, reptando sobre su cabeza y los adoloridos hombros para incorporarse y huir, o tan sólo rodar. Pero el alivio que sentía en muñecas, brazos y hombros ahora se volvía en su contra. Sus miembros superiores parecían clamar por un segundo de paz para estabilizarse.

   -Jejejejeje, eso es, menea tu culo así, eso me excita más, puto. –le gruñe Franco, entre risitas, con los ojos clavados en aquellas nalgas firmes, depiladas, con el tatuaje, agitándose al mover Luis las piernas intentando ponerse de pie.

   Gruñendo cae inclinándose hacia adelante, atrapando con sus manos cada uno de esos glúteos, clavándole los dedos con rudeza, para hacerle consciente de lo que le espera. Los separa y la visión de la raja lisa y el depilado culo cerrando le hacen contener el aliento con deseo. La lujuria corre por sus venas. Y mete la cara, hunde sus labios entre esas mejillas masculina, arañándole con la sombra de su barba, y con su bigote, y los posa sobre el agujero del tío al que ahora sostiene contra el colchón.

   -No. ¡No! –ruge Luis, en el colmo del pánico y repulsa. No puede apartarse, ni escapar. Lo intenta pero no lo consigue, sus muñecas atadas a la espalda no le permiten apoyarse, y las manos de Franco le aplastan contra el colchón. Está bajo su poder, la idea penetra su mente calenturienta, afectándole aún más. Esa boca estaba chupándole el culo, le metía la lengua de manera sucia y perversa como si catara un dulce o algo por el estilo. Aprieta los dientes con ira al sentirla abriéndole el esfínter, penetrándole, reptante, móvil, húmeda y caliente. Cogiéndole- ¡No! ¡NOOOOO! –sus brazos se hinchan al forzarlos a separarse para luchar.

   Sonriendo procaz, pegando los labios del ojete del culo, Franco reinicia unas ruidosa chupadas, lengüeteando mucho, e incluso ingeniándoselas para clavarle los dientes. ¡Le estaba comiendo el culo!, la idea era aterradora para Luis, quien intentaba alejarle, meciendo sus nalgas lo poco que permitía el agarre del entrenador. Ignorando que eso agradaba al otro, el movimiento, el apretar de las nalgas contra sus mejillas. El ruido de las succiones se incrementa llenando prácticamente la habitación, logrando que el hombre lance un grito de rabia para no seguir escuchándolo. Franco lo disfruta, su lucha, su repulsa mientras le metía la punta de la lengua, que enrolla, por el agujero, salivando, soplando; se lo chupa durante largos minutos.

   -Oh, sí, qué sabe bien; como a coño de puta. –comenta para aumentar su rabia.

   -¡Maldito enfermo! –Luis casi solloza, de rabia, sintiéndose profundamente humillado.

   -No finjas que no te gusta, sé nota que sí, no dejas de agitar tu culo, jejejejeje. –no termina de reír cuando ya le cubre nuevamente el agujero con los labios, succionando otra vez. Si, le gustaba chupar culos masculinos y podía pasar horas en ello, eso quedaba muy claro.

   -Oh, Dios… -aunque no quiere, Luis casi solloza de rabia y humillación, desea matar a ese hombre que la hacía todas aquellas cosas oprobiosas.

   -Ah, ¿te consume la ansiedad y no aguantas? –Franco comenta, burlándose, fingiendo malinterpretar sus reacciones. Su barbilla esta bañada de saliva espesa, del culo, enrojecido y algo abierto, escapa un delgado hilo de la misma.- Tampoco yo. Creo que es hora de amarnos. –señala.

   -¿Qué…? No, no, eso no… -aprieta los dientes, ojos bañados en lágrimas de viril vergüenza, revolviéndose sobre la cama.

   El cruel hombre se pone de pie con toda la calma del mundo y comienza a desnudarse, mostrando su torso fornido y muy velludo, su panza algo abultada pero no blanda. Lanza los zapatos por allí y baja el pantalón, mostrando las gruesas y peludas piernas. Y el bóxer gris en donde destaca una erección escandalosa que moja la tela a la altura del fácilmente distinguible glande. Lo hace deliberadamente buscando angustiarle, disfrutando de verle intentar alzar el culo para apoyar las piernas y ponerse de pie o arrojarse fuera de la cama.

   -Si, así debes ponerlo. Veo que ya aprendes, puto, jejejejeje. –se burla con maldad, la verga pulsando bajo la tela. Tan grande y gruesa como flácida estaba la de Luis, por el miedo a lo que temía le llegaría.

   -No, no, Franco; para esto, es una locura. Soy heterosexual, antes de Adriana tuve otras chicas, y con todas disfruté del sexo. –intenta razonar, o distraerle mientras termina de apoyarse en las rodillas.- Ahhh… -ruge cuando una manota cae en su baja espalda y le aplasta contra la cama.

   -Te has estado engañando durante toda tu vida, Luis, y es hora de que alguien te haga el favor de encausarte hacia tu camino, ese donde necesitas de una buena polla en tu culo para sentirte realizado, jejejeje. –se burla.

   Como simio subiendo un árbol, repta sobre su espalda, aplastándole contra el colchón, sorprendiéndole. Al sentirle, caliente, pesado, peludo, con la silueta de la verga erecta tras el bóxer cayendo contra sus nalgas desnudas, Luis se aterroriza. Y más cuando el hombre comienza a frotarle así, de arriba abajo, la gruesa barra de carne de joder casi entre sus nalgas a pesar del calzoncillo.

   -¡Detente, por Dios!

   -Esto te va a gustar, puto, jejejejeje.

   -No, no lo hagas. –la voz del hombre se oye totalmente aterrada cuando se vuelve sobre un hombro para mirarle.- ¡No! –ruge cuando nota que Franco alza las caderas y que cuando vuelve a bajar, la barra tiesa y pulsante, horizontalizada, entra en su raja en directo.

   Dejándola allí, acunada y presionada entre sus glúteos, Franco espera que se cocine en la angustia, luego, deliberadamente la sube y baja, acariciándosela en su piel, mojándole con el líquido que escapaba de su ojete.

   -Me la tienes goteando.

   -Por favor, Franco, detente, no hagas esto. –suplica, sintiéndose mal al hacerlo, humillado, acabado; pero era necesario. No estaba drogado ni estimulado químicamente, era perfectamente consciente de sí y no podía pasar por aquello.

   -Seré dulce, ya lo sabes. –es la réplica burlona contra una de sus orejas.

   -Estás demente, voy hacer que te encierren en la cárcel para siempre. –amenaza otra vez, roto y lloroso, pero todavía apretando los dientes, intentando alzarse y quitárselo de encima.

   -Si, ya imagino la denuncia y el juicio, y las grabaciones en la sala, jejejejeje; imagino que a Adriana y a tu hijo les preguntarán qué piensan. ¡Daniel Saldívar, el gran campeón olímpico declarando en el juicio por violación de su padre!, jejejejeje, ¿lo imaginas? Eso marcará tendencia en la red.

   -¡Nooooo! –brama desesperado, sabiendo que jamás podría hacer aquello.- Te mataré, lo juro por Dios. –ruge entre dientes, decidido. La risa del otro es hiriente.

   -Mi familia y algunos amigos recibirían correos muy sabrosos en ese caso, unos dónde aparecerás gimiendo mientras te clavo mi verga por el culo o te lo llevo a la garganta y tú mamas como un chivito hambriento. Imaginarán por qué lo hiciste, porque ya no quise continuar con aquello. –suena divertido, cruel. Seguro de sí.

   -¡Dios mío! –grazna impotente, derrotado.

   -Dejemos de hablar y comencemos a amar, jejejejeje. –le indica, alzando su trasero, bajándose más el bóxer.

   Luis se tensa y gruñe, agitándose, intentando evitar aquello cuando siente la lisa cabeza de esa verga tocar su ensalivado y depilado culo, frotándose sin entrar, siendo empujado un poco hacia abajo, pero sin penetrar todavía. El hombre le torturaba retrasando la enculada.

   -No, Franco, por favor…

   -Te la meteré suavecito, amor.

……

   Cuando pensaba que había sido un error llegarse a la pileta a saludar a los compañeros, muchos de los cuales no parecían contentos de su triunfo, Daniel Saldívar encuentra que mucha gente, jóvenes que practican allí, sus padres y algunos familiares y amigos de estos se presentan para verle, saludarle y felicitarle. Lo hacen sinceramente. Eso le llena de cierto calor. Todos desean una fotografía con el campeón olímpico. Eso compensa en parte lo de esos compañeros que sienten envidia, y hablan del “preferido” del entrenador, atacándole. Algo que le incomoda cada vez, imaginando por donde vienen los tiros.

   Todo es más o menos controlable hasta que se presenta una bonita joven de una red local de noticias, acompañada de un comentarista radial del mismo circuito. Aunque lo esperaba, le parece imprevisto. Son mil preguntas y mientras responde intentando no quedar como un idiota, Daniel se pregunta si sería el protocolo o debió esperar algún pronunciamiento sobre declaraciones a la prensa. Pensando en ello es tomado de sorpresa por una doble pregunta.

   -¿Te felicitaron tus rivales, los atletas derrotados en la pileta olímpica? –pregunta ella, regresándole de repente al horrible momento de la violación en grupo. Todavía traga, con un escalofrío, cuando el hombre ataca.

   -¿Partirán juntos para esas dos semanas de presentaciones amistosas en Los Ángeles tú y tu entrenador, John Franco?

   El joven siente como todo se derrumba a su alrededor. ¿Dos semanas con Franco en el exterior, bajo su supervisión?

CONTINÚA … 4

Julio César.

ALISTAMIENTO

agosto 15, 2016

LA LLAVE DEL FONTANERO

   Y miren que funcionó.

   En la secreta campaña de atraer sujetos jóvenes, voluntariosos y saludables para que llenen las vacantes de bomberos, a un comisionado se le ocurrió, usando las redes sociales, enviarles a los chicos en edad pre universitaria un video de reclutamiento. Algunos de sus mejores hombres aparecían gritando, riendo, hablando, llamando a los voluntarios. Bailándolo. Terminando con un mórbido: “Si quieres más, ven e inscríbete con los bomberos y jugaremos con las mangueras”.

¿CÓMO EXPLICAR EL CORAZÓN?

Julio César.

ADIOS, MISTER KENNY BAKER

agosto 15, 2016

LA BATALLA DE LA VALIDACION DE FIRMAS

KENNY BAKER - ARTURITO

   Todavía resentimos la ida de Alf y ahora se va Arturito.

   Ha muerto a los 83 años de edad el actor británico de un metro doce centímetros de estatura que dio vida durante toda la saga de La Guerra de las Galaxias a R2-D2, el señor Kenny Baker, el día 13. El testarudo, valiente y leal Arturito, el cual vivió mil aventuras al lado de C3PO. Su familia, al anunciarlo, asegura que lo esperaban porque había estado muy enfermo, aunque les entristecía. Y se entiende. También que les servía de consuelo saber que había tenido una existencia larga, plena, exitosa y que hizo feliz a mucha gente. Una maravillosa dedicatoria a una vida bien vivida. Nada más saberlo, respondieron los fans (son uno), y confieso que, aunque algunas dedicatorias puedan sentirse tontas o cursis, me encantaron. Alguien acotó que Kenny Baker había partido a una galaxia muy, muy lejana. Y otro que ahora formaba parte de la Fuerza. Gracias, señor Baker, aunque la verdad es que continuará viviendo cada vez que la gran aventura del espacio sea repetida. Y lo es a cada rato.

ESPAÑA-USA, ESA DEBIO SER LA FINAL

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 7

agosto 13, 2016

RELATOS CONEXOS                         … 6

JUVENTUD,  DULCE  Y  CRUEL… 4

VEN Y PONTE A OLER

   -Oye, sé lo que quieres. Ven y tómalo…

……

   Por un segundo la pareja se congela, mirándose con alarma, los ojos del militar viéndose curiosamente cómicos bajo la visera de su quepis blanco, el güevo del muchacho bien clavado en su culo peludo.

   -¿Si? –ladra, intentando escucharse recio.

   -¿Está bien, señor? Escuché un grito y… -¡era ese hijo de puta de González! E intentaba abrir la puerta.

   -Estoy bien, déjeme trabajar en paz. –ruge, la voz estrangulándosele un tanto en la última palabra porque el pequeño pervertido comienza a retirar su tolete, lentamente, haciéndole muy consciente de su roce, para luego clavárselo otra vez. Iniciando un lento y silencioso saca y mete y que casi le provoca otro gemido.

   -Pero escuché…

   -¡Maldita sea, lárgate o vas a terminar recogiendo mierda en Cararabo esta misma noche! –pierde la poca paz, respirando pesadamente. Le escuchan alejarse, después de unos segundos, seguramente intentando escuchar. Oh, sí, ese hijo de las siete leches iba a terminar en el punto fronterizo. -¿Tenías que hacerlo mientras…? –comienza a reprender al joven, pero sonriendo, este aumenta las embestidas, haciéndolo gemir.

   Justino se estremece y revuelve sobre el mueble, muy abierto de piernas, totalmente controlado por el placer que ahora siente mientras su culo es llenado una y otra vez por la pulsante pieza del muchacho, el cual sonreía como sabiendo que le controlaba. Ah, ¿eso piensas?, pareció decirse el hombre con un brillo maligno en los ojos. Apoyándose sobre los hombros del muchacho con sus piernas, las nalgas de Justino comenzaron a ir y venir ahora también, buscando esa maravillosa tranca que lo hacía vibrar y gritar, sintiéndose despierto como nunca, demostrando que también él sabía cómo hacerlo.

   El peludo agujero abierto subía y bajaba, atravesado como estaba por la gruesa y cilíndrica barra rojiblanca. Con la boca muy abierta, jadeando pesadamente, y los ojos cerrados, Justino deja caer la cabeza en el respaldo mientras sus caderas, y su culo, se agitaban arriba y abajo, buscando el tolete del jovencito que lo empalaba duramente con fuerza. Las manos del muchacho le atraparon las nalgas, apretándoselas, haciéndolo gemir de gusto, y agarrado así, Lucas mecía las caderas de derecha a izquierda, frotándole internamente con el bate. Al muchacho le gustaba eso, ¡tener en sus manos a un carajote grande y viril, con un güevo clavado en sus entrañas!, chupándolo y amasándolo, deseándolo más adentro. Y Justino gozaba esas embestidas que metían la barra, gozando el calor y fuerza del joven que lo tenía atrapado, a merced de sus deseos, para que hiciera lo que le diera la gana con él.

   -¿Le gusta mi güevo en su culo peludo y vicioso, señor? -le pregunta rudo, cogiéndolo con más fuerza.- ¿Le gusta ser cogido, señor?

   -Ahhh, si… cógeme… cógeme… -era todo lo que podía graznar, y eso muy avergonzado de sí mismo. De lo caliente que estaba, de lo mucho que le gustaba ser la perra del muchacho.

   Retirando su tranca de ese culo ávido, Lucas obliga a Justino a acostarse de panza sobre el mueble, con el pecho sobre el apoyabrazos, acomodándole el quepis. Le gusta coger así, de la vieja forma de tirar entre hombres. Ha tirado tan sólo con unos cuantos carajos, no llegarían ni a cinco (por Dios); pero lo había hecho varias veces con esos pocos. Recuerda la primera vez, cursando el cuarto año de bachillerato, estando con un amigo estudiando en su dormitorio, en shorts y camisetas, hablaban, reían, echaban vainas, y tal vez esa cercanía, o una película que vieron a escondidas (una porno, claro está), los excitó y comenzaron a tocarse. El final del cuento fue que Lucas lo penetró, teniéndolo aplastado de panza contra su cama, cabalgándolo, oyéndolo gemir y casi llorar por más. Y ese carajo tuvo el tupé de contar algo, porque otros dos amigos se le insinuaron y también se los raspó. Y le gustaba así, tenerlos de cúbito ventral, con esas nalgas para arriba, y cogerlos. Nunca lo habían penetrado a él, estaba seguro de que esa vaina no le gustaría. Pero clavarle el güevo a otro carajo, que gemía mientras se lo iba enterrando, y por más, lo volvía loco de ganas.

   Justino estaba ahora dándole la espalda con la cabeza y el tórax elevados, y las caderas contra el mueble. Su pie derecho está apoyado en el piso, cosa que la abre las nalgas y la raja exponiéndole el culo enrojecido. Arrodillado entre sus piernas abiertas, con el culo pegándole de los talones, Lucas le acaricia y soba duramente las nalgas, abriéndolas más. Bajando también su pie derecho, e inclinándose hacia el otro, enfila su güevote hacia el pequeño botón arrugado, velludo y rojo que titila como esperando lo suyo. Va metiendo lentamente la roja cabeza, sintiéndolo tensarse y bufar. Lo va metiendo poco a poco. Cuando la mitad está adentro, atrapado y halado ferozmente por ese culo caliente y hambriento, el joven se arroja de caderas, metiéndoselo todo de un golpe, siendo recompensado con un largo alarido de placer del uniformado.

   El rojo culo, redondo, se abre, tragándolo y apretándolo. El güevo sale y entra rítmicamente cuando Lucas mece sus caderas de adelante atrás, golpeando duramente las redondas nalgas, cogiéndolo con su fuerza masculina y juvenil. Con un gemido, el chico se le arroja al otro a la espalda, atornillándose a él. Justino pela los ojos, sintiendo ese cuerpo caliente, firme y pesado sobre sí, arropándolo y ahogándolo, aplastándolo contra el mueble, una sensación totalmente nueva y maravillosa; pero la emoción más fuerte proviene de ese pubis totalmente aplastado contra sus nalgas, clavándole el güevo con fuerza. Las bolas del hombre se contraen en el saco, apoyadas contra el mueble, mientras un poco más arriba su culo semivirgen está totalmente abierto, casi al límite, por una tranca gruesa, tiesa y rojiza que sale y entra con movimientos únicamente de caderas, empalándolo duramente sin apartarse de su espalda.

   Cerrando los ojos, y dejándose llevar, Justino disfruta de los golpes, saltos y peso de ese carajito tras él, gimiendo audiblemente; disfrutaba el dominio de ese joven y viril machito que lo cogía con dureza. El hombre veía luces que estallaban frente a sus ojos cerrados, la sangre le corría con una velocidad increíble por todo el cuerpo elevándole la temperatura. Estaba gozando una bola, y la otra también. Sin mover ni un músculo, con la panza pegada al mueble, el culo del hombre comienza a subir y bajar lentamente, buscando instintivamente esa tranca que lo penetraba. El culo subía y bajaba al encuentro de ese güevote que también iba y venía. Era la danza del culo contra el güevo, del macho contra el macho. El hombre jadea roncamente, con los ojos muy abiertos, sintiéndose recorrido por un temblor que lo mata, y nota como su güevo, que estaba pisado con su cuerpo contra el mueble, frotándose, estalla en otro clímax poderoso; se corre abundantemente, mojándose toda la panza y el mueble. Gimiendo, lanza trallazos una y otra vez contra el sofá.

   Lucas continuaba cogiéndolo, sonriendo con los dientes apretados en una mueca, viéndolo gozar. Y con un alarido, clavándole los dedos en los hombros recios, se tensa todo, acostado sobre él, y lo muerde en el hombro derecho. Gimiendo dulce y agónicamente, con el güevo totalmente clavado en esas entrañas, se corre, sintiendo un golpe puro de placer. Justino, bajo él, goteando chorros de sudor contra el mueble, siente ese estallido en su interior, era como fuego líquido, y cómo le pega y baña esa vaina abundante y ardiente, algo que parece agua caliente que lo llena, inundándolo y subiéndole, corriendo dentro de él. ¡Y quiere más! Su culo aprieta y chupa ansiosamente, queriendo más de ese cóctel caliente y rico. Los dos hombres se quedan así, quietos, mezclando sus olores y calores, así como sus sudores. Cada uno intenta recuperar el control y el aliento.

   Con un gemido, Lucas retira su tranca medio blanda del culo abierto y lleno de esperma que ya va enfriándose. En cuanto el muchacho se alza, un silencioso y enrojecido Justino también se mueve, sentándose en el mueble. Cosa que le causó una desagradable sensación al tener el culo pelado sobre el sofá; y al estar lleno de esperma, hizo un ruido raro. Sonriendo, Lucas toma asiento a su lado, y lo mira con franca diversión. Justino baja los ojos. Botando aire, el joven se para, sirve dos vasos de whisky y le tiende uno al hombre, que lo toma, agradeciendo con un gruñido bajo que no se entiende. Lucas toma asiento nuevamente a su lado y bebe, paladeándolo ahora mejor.

   El militar sentía la respiración pesada, el culo le ardía y dolía, apoyado en el sofá. Casi se quedaba pegado al cuero de mueble por el sudor. No sabía qué decir o qué pensar. Lucas guardaba silencio también, aunque él no se sentía incómodo, arrepentido o violado; le gustaba tirar, usar el güevo era rico, y se podía con las nenas, o con los panitas de culitos apretados. No se sentía menos de lo que era, como debía estarle pasando a Justino (ahora era Justino. No más: señor, sí, señor). El momento era delicado, y los dos lo sabían. Finalmente Justino lo mira, serio, tragando saliva, y orgullo, terminando con todo lo que había sido hasta ahora.

   -¿Quieres cogerme otra vez? -y así se rindió a las poderosas sensaciones que lo habían dominado, a esa cosa (que lo cogieran) que le dio tanto gusto. Probó algo rico, y ahora, engolosinado, quería disfrutarlo dejándose llevar por esa nueva experiencia.

   -Claro. -sonrió el joven, contento por el camino tomado por el otro. Entre sus piernas, la rojiza y gruesa tranca comenzaba a alzarse otra vez, dispuesta a luchar; estaba en la edad buena.

   Fue un polvo más reposado, más prolongado, pero también más urgente; el tiempo estaba contra los amantes. Justino se había deshecho de su gente por una hora y media, pero sabía que volverían; por no hablar de González, quien parecía asechar como un alma en pena en un cruce solitario en plena noche. Y Lucas debía volver a Caracas en el autobús de la Justicia (nombre idiota para una actitud idiota). La despedida de los amantes fue incómoda, Justino aún no podía aceptar libremente su sujeción al muchacho; pero en la puerta misma de su oficina, lo besó en la boca, paladeando su saliva y su lengua, chasqueando y mordisqueando. Cosa que le gustó.

   El resto de la tarde la pasó en la Luna, donde, de haber llevado material, ya habría levantado todo un complejo habitacional para astronautas por todo el tiempo que estuvo allí. Esa noche, después de un repentino pero pasajero arrebato de arrepentimiento, de autocensura y recriminaciones, soñó y extrañó al joven amante, volviéndolo todo algo casi romántico. Al día siguiente estuvo decidido, lo buscaría, pero antes debía intentar una jugada que lo hiciera quedar bien frente a esa mente delirante que había ideado el uso de la fuerza contra la población para impedirles expresarse en el referéndum contra el Líder, el maligno Buñuel, el compadre de el Hombre, allá en Maracay.

   En Caracas, mientras asistía a reuniones, a marchas y a celebraciones por la recolecta de rúbricas, Lucas fue metiéndose nuevamente en su rutina. Era un carajo joven que encontraba el amor, y el sexo, con más facilidad y menos apego que un adulto. Y sin embargo, extrañaba al uniformado recio y sólido, que gemía agónicamente y con la lujuria de una putica cuando le enterraba su tranca por el culo. Era un buen culo, debía admitirlo. Y cuando el hombre se presentó frente a su casa, donde tuvo que darle muchas y vagas explicaciones a sus padres, se alegró un mundo de verlo, saltándole al principio, imprudentemente, al cuello, asombrando y avergonzando al otro por tal manifestación de afecto; pero el hombre admitía, para sus adentro, que esa vaina le gustó. Al joven le divirtió notar que Justino lo veía con adoración, y gravedad, como si eso fuera lo más serio y formal del mundo. ¡Se creía su novio!, pensó el chico, casi riendo, cuando le llevó a cenar y al cine, deseando regalarle cosas. Algo que le agradó. No los obsequios, sino su presencia, sus enrojecimientos cuando creía ser ridículo, cuando deseaba darle gusto, o pedirle que le cogiera. Porque a Justino le encantaba que se la metiera hasta los pelos. Jugando, después de una cena, una noche, le propuso que fueran a bailar a una disco gay. Este casi estalló en llamas, pero, vestido de civil, fue, invitó tragos y saludó gente. No bailaron, no habría podido hacerlo, pero aguantó la prueba, y eso derritió a Lucas.

   El hombre, cuando se detenía a pensar en ello, creía estar encaprichado, o enamorado (cosa en la que no quería pensar pero lo hacía) del muchacho, y la idea era aterradora y maravillosa. El calor, la ternura que sufría a su lado, le encantaba. La vida se le había ido hasta ese momento en ascender y amasar algo de plata, y el haberse casado con la primera novia lo ató mucho. De haber conocido, íntimamente, a más gente, tal vez no habría caído tan redondamente en brazos de Lucas. Pero había caído, lo sabía. Quería estar con él y eso le bastaba, no quería pensar en nada más; y lo iba a seducir, como atraería a una carajita. Le regalaba cosas que al joven le incomodaban, porque entendía que el otro lo cortejaba obsequiándole cositas para retenerlo. Quería explicarle que eso no era necesario, que estaba con él porque le gustaba.

   Pero lo que Lucas no veía, que Justino sí (alarmado y asustado, como asustaba el amor en ascuas), es que él no estaba tan prendado de Justino, como Justino de si de él. Ese conocimiento aterraba al hombre, quería ser importante en la vida del chico, así que mientras lo visitaba una y otra vez, le daba cosas buenas para amarrarlo; estaba considerando, seriamente, la posibilidad de ponerle un apartamento, darle un carro, y pasearlo por Miami. Pero temía ofenderlo y que el joven lo mandara para el coño. Sus horas de intimidad y sexo se iban haciendo cada vez más fáciles, más ardientes y salvajes. Justino accedía, con ansiedad y deseo, a cosas que antes lo incomodaban. Era feliz con ese carajito, escondiéndose para visitarlo, inventando excusas para ir a Caracas a caer en sus brazos, buscándolo en las sombras, inventándole diligencias a su mujer para verlo. No era una vida fácil, pero él lo aceptaba con tal de tener a Lucas a su alcance, aunque… Lo veía divertido y halagado, pero no enamorado. ¿O lo estaba y no lo notaba? No lo sabía, y las dudas lo hacían sufrir como nunca antes había padecido por nada. Si, se había enamorado con cuerpo, alma y sombrero por primera vez en su vida. Y ese amor le hacía padecer el infierno de las incertidumbres.

   -¿No quieres la moto? –le preguntaba, por ejemplo, en la cama de un hotel, el muchacho sobre él, una maravillosa cobija.

   -No, ya tengo un jeep.

   -Pero… -era silenciado por un beso íntimo y dulce.

   -Sólo quiero esto, estar así contigo. –le respondía risueño, ligero, acariciándole la frente.

   Era cuando el hombre casi estallaba de gozo, acariciándole el joven y bonito rostro, alzando el suyo, buscándole y besándole… Sin embargo, tres cosas conspiraban contra él, contra esa pasión enfermiza que decía padecer, (pero que sabía con dolorosa certeza que era amor), amenazando con destruir su burbuja de felicidad, una que deseaba proteger por encima de todas las cosas.

CONTINÚA … 8

Julio César.

PONDERACION

agosto 13, 2016

INTRUSION

MACHOTE Y PELUDO EN TANGUITA ATIGRADA

   Mientras algunos decían que eran muchos pelos, con repugnancia, la mayoría agradecía lo chico de aquella tanga atigrada.

LLEGADA Y DESPEDIDA

Julio César.

PITAS Y LLANTOS, ¿MERECIDOS?

agosto 13, 2016

LA BATALLA DE LA VALIDACION DE FIRMAS

YULIA EFIMOVA LLORA

   Es tan duro ver a una mujer llorar…

   Confieso que sentí pena, me sentí mal por ella. Se trata de la nadadora rusa Yulia Efimova, especialista en los cien metros brazas, la cual ha sido marginada por sus colegas desde su llegada a Río de Janeiro. Su nombre es coreado con pitas cada vez que es anunciada. La noche del jueves, llegó segunda y mientras el resto de las competidoras se felicitaban dentro del agua, la ignoraron. Cuando se le anunció como segunda, regresaron los abucheos. Mientras las premiaban, las norteamericanas, medalla de oro y bronce, se apartaron para dar a entender que no la consideraban “una de ellos”. La pita que acompañó aquello hizo llorar a la joven atleta rusa, y fue doloroso. ¿El pecado?, ha dado dos veces positivo en dopaje, en dos competencia diferentes (no aprendió de la primera); penada para estas Olimpiadas logró un amparo de última hora. Llegó, pero la sanción moral la alcanzó. Fue la suya una medalla, una premiación, de amargo sabor. Se portó mal y antideportiva, pero dolió su imagen llorosa, repudiada. Apartada. Sola.

ADIOS, MISTER KENNY BAKER

Julio César.

AMA DE CASA

agosto 12, 2016

OSCURO AMOR

   Aunque llevo varias historias paralizadas, y ya voy a retomar una, doy inicio a una presentada por el ya un conocido de la casa, Leroy G. Quien llevaba un buen relato pero, como le ocurre a todo el que comienza a escribir entusiasta, ya pensar en la siguiente, con la presión de tener que cumplir con la cuota, se impacientaba. Ya me ha enviado varios “capítulos” de esta, pero no voy a volverme loco como cuando comencé a subir OSCURO AMOR, porque después debo esperarlo. Lo que he leído, y el final que ya me contó, me divirtió. Según, se inspiró en algo que escribí, pero no recuerdo haber expresado nada como esto. Le dije que lo titularía AMA DE CASA. Suena extraño, incluso puede crear ciertas expectativas, pero la verdad es que el título (que me lo aceptó) se explica por sí solo al final, cuan el Ciclo de Trantor. Vamos a leer sobre un chico machista, grande y muy masculino que va perdiéndose de una manera casi sobrenatural, para angustia de él mismo. Disfrútenla:

Por Leroy G.

DE CHICOS E HILOS DENTALES

   Chico grande en tanga chica, todo un sueño…

……

   Temblando de emoción, el hombre joven a quien su padre puso por nombre al nacer Curtis, Curtis Cárdenas, sube a la enorme cama matrimonial cubierta con una sábana satinada, roja sangrante, como las cortinas que prácticamente cubren ventanas y paredes. Ignora de donde aparecieron, ni le importa. Su piel cobriza clara, lechosa, contrasta contra ese fondo, así como las medias de seda negra que usa hasta sus muslos, lleva unos tacones oscuros. Se ve menos alto de lo que es, su abdomen es plano, liso, sus pectorales casi inexistentes, no así sus pezones marrones oscuros, grandes, visibles. Sobre el colchón destacaba muy visiblemente un consolador, un juguete erótico color carne, algo pálido, grueso y nervudo. Traga de ansiedad, todo él se estremece al arrodillarse sobre el instrumento que se veía extrañamente estable sobre la cama.

   Su cuerpo se tensa al alargar sus muslos, alzando su trasero redondo y firme, expone su culo liso y lampiño, posicionándolo sobre la cabeza de goma, agarrándose con una mano las bolas depiladas y su tolete pequeño y flácido; alzándolos con el puño, baja el trasero, penetrándose poco a poco con el grueso consolador, gimiendo largamente mientras lo hace, cerrando los ojos, con la boca muy abierta y echando la cabeza hacia atrás, perfectamente consciente de cada centímetro del grueso juguete que va clavándosele, abriéndole y llenándole de una manera que le emociona casi hasta el delirio… Deseando que muchos hombres le miraran en esos momentos. Y grita cuando sus nalgas muy abiertas cubren todo el juguete, teniéndolo bien clavado. Medio lloriquea mientras retrocede, el falo de goma saliendo de su redondo anillo, viéndose que lo aprieta para lograr el mayor contacto con sus entrañas; sube casi dos tercios antes de volver a bajar. Jadea por la boca abierta, sin abrir los ojos, todo dándole vueltas en una vorágine de lujuria cuando inicia un frenético sube y baja, empalándose con ganas, cogiéndose. Grita y babea en la soledad de esa habitación extraña… pareciéndole que sí, que le miran, que voces lejanas ríen y le aplauden. Machos que disfrutan verle tan caliente, tan urgido, tan puto. Con un bramido casi desfallecido se echa hacia adelante, apoyando las manos sobre las rojas sabanas, y el sube y baja de su culo sobre ese tolete falso se incrementa febrilmente, estremeciendo la cama. Lo necesita… y mucho.

   Al otro día, para esas horas, el lugar estaría solo, con aire de abandono, como si nadie hubiera vivido allí en mucho tiempo. Una que otra persona preguntaría por el joven hombre, por Curtis, pero nadie sabría exactamente qué fue de él. O quién era. Y, sin embargo, en un bar de mala muerte en La Guaira, una taguara frecuentada por los marineros, guardias nacionales y los gañanes más borrachos, vulgares y viciosos de la costa, un/una joven, sonriendo con lujuria, les buscaría conversación para terminar atrapando sus güevos y ordeñarlos, con boca o culo, hasta que dejaran su cara o sus nalgas bien cubiertas de esperma. Muchos lo/la conocían… Cuqui, una puta bien guarra.

……

   -¡Odio este apartamento! –Gregorio todavía recuerda el rugido de Ligia, su novia, cuando dejó el piso esa mañana. Molesta por el negocio que hizo sin consultarla.

   ¿Por qué ahora los hombres debían consultar todo, incluso el lugar donde quieren vivir, sin que una mujer se arreche?, se pregunta molesto, recordando con cierta añoranza como en casa de sus padres este hablaba y su madre callaba, bajando la mirada. Conociendo su lugar: la cocina, de preferencia, embarazada. Pero, se recuerda suspirando con exasperación, debía ser paciente, la joven pronto sería su esposa y tendría que cambiar, dejar atrás sus ideas de pintora y poetiza para aprender un oficio real que les ayudara a acondicionar el hogar. Luego llegarían los hijos y se quedaría en la casa. Su lugar, piensa totalmente convencido de que Ligia seria infinitamente más feliz así, protegida, mantenida y sometida a él. Como Dios ordenaba para las mujeres.

   El apartamento… como le gustaba.

   Al dejar el servicio militar, su antiguo sargento, Gómez, se le acercó para ofrecerle un trabajo con un amigo, aconsejándole que estudiara mecánica, y le habló de aquel piso que estaban ofertando. La idea le agradó. Y sorprendió. El robusto hombre, algo bajo y de malas pulgas nunca pareció tenerle simpatía en el servicio. Sospechaba que le tenía algo de envidia por su físico. Algo que ocurría mucho, fuera de su juventud, veintitrés años, era Gregorio Martínez un ejemplar notable. Algo vanidoso, siempre le gustó ejercitarse, desarrollar su cuerpo, su fuerza y su resistencia, su velludo corpachón era vistoso. Sus piernas eran musculosas, sus brazos también, sus bíceps eran verdaderos globos de carne dura. Su espalda era ancha, recia, sus pectorales pronunciados, metido dentro de una franela causaba sensación, porque hasta los pezones le destacaban. Su trasero, firme, llenaba tan bien el pantalón, que las miradas le seguían. Sumado a su piel canela clara, su cabello negro liso, sus ojos castaños y boca de labios llenos, era guapo. Decididamente guapo. Y eso no sentaba bien a muchos, como le parecía que ocurría con este sargento. Y algo de eso debió notársele en la cara, porque el otro sonrió, cosa que no resultó agradable.

   -Siempre cuidamos de nuestros hombres, Martínez. Fue un buen recluta… poco imaginativo, servicial, de ciega obediencia. –le aclaró, pero de alguna manera todo aquello había resultado casi ofensivo.

   Bien, necesitaba encaminar su vida, sus hermanos y primos ya se habían casado, era hora de hacer lo mismo. La oferta de un techo era tan buena como la de un trabajo estable, y aquel taller mecánico parecía algo seguro. También la posibilidad de estudiar y superarse. No era muy bueno en clases, pero si para el trabajo manual. Frente a un motor su mente resolvía al instante lo que las ecuaciones sobre un papel nada le decían. Lo lograría, lo sabía. El taller, sin embargo, había resultado… sorpresivo, y molesto.

   Casi todos los carajos eran jóvenes, no llegando aún a los treinta, fornidos, habladores, bromistas… y gay. Todos. O eso le parecía, con disgusto. Comenzado por el dueño, un calvo alto, fuerte y barrigón de unos cincuenta años, que le miraba, cuando le creí descuidado, con la misma expresión que pondría una gorda hambrienta que encontrara de repente una torta hecha toda de chocolates. Había sido irritante y chocante, al inicio. Casi se va para el coño. Pero necesitaba el trabajo, ese trabajo. Pagaban realmente bien, los retos en los motores eran estimulantes, nadie le exigía resultados montándosele en un hombro y no le pondrían impedimentos si estudiaba. Lo que le exasperaba eran las bromas entre los maricas, o que estos le miraran, le hicieran ojitos o sonrieran para verle molesto, rojo de cara; bien, por la estabilidad, las posibilidades y el sueldo bien podría tolerarles pero sin intimidades. Bien claro lo dejó al principio…

   -Lo siento, no me gustan vainas con maricos. –frenó en seco a uno de los más jóvenes cuando le tocó la cara por algo, sabiendo que fue rudo, pero casi alarmado por la cercanía y tacto del joven. El otro, de hecho todos quienes le escucharon, se mostraron sorprendidos.

   -Okay, lo siento. No quise molestarte. Ya nos veremos… -le respondió este, después de un momento, viéndose algo dolido.

   Casi se fue en ese momento, pero quería el empleo. Ya había hecho el negocio por el apartamento, no muy nuevo pero sí grande, sala-comedor, cocina, dos baños, tres cuartos, closets y algunos muebles. Estaba bastante mal de pintura y acabados, pero sabía que lo trabajaría y lograría acondicionarlo. A pesar de Ligia, a pesar de…

   Bien, parte de la molestia de Ligia con la vivienda era que tenía fama de “lugar raro”. La gente decía, de forma vaga, que se escuchaban vainas, que se sentían cosas. Nada concreto, pero la joven mujer se convenció de que había “algo” mirándola a veces, especialmente mientras se duchaba. No le gustaba andar desnuda, ni tener sexo allí. Obviamente no le paraba mucho a lo que decía, convencido como estaba que su rabia se debía a que lo hubiera negociado sin decirle. Lo sabía. Pero a él, personalmente, el sitio le encantaba. Lo quería de una manera casi febril. Se había quedado a dormir, antes de medio amueblarla, varias veces sobre una manta y dos almohadas, teniendo sueños profundos, diciéndose que nunca había descansado como en ese lugar. Y lo deseó todavía más. No, no lo perdería, no por los maricones que le desagradaban y que ya no le molestaban como no fuera para admirar su culo (eso le enervaba). Ni por Ligia.

   Todavía de humor sombrío por la discusión con su novia, le toca encontrar al jefe, el señor Morales, sin camisa en la entrada del vestuario de empleados. Lugar al que jamás penetraba.

   -Martínez… -este le llamó, y no habría sido molesto sí no hubiera entrado en aquel cuarto. Botando aire le siguió.

   -Sí, señor Morales. –contestó evitando mirar a los maricas que se cambiaban, bromeaban y reían. Bromas sobre los maridos que tenían, el cómo les gustaba que estos se los hicieran y todas esas cosas. Y las trusas. Dios, todos usaban vainas diminutas sobre sus cuerpos grandes. ¡Qué maricas!

   -¿Aún no comienzas tus estudios?, el sargento Gómez me telefoneó anoche para preguntarme. –le interroga Morales, sentando en un banco, quitándose los zapatos.

   -Eh, no, voy a inscribirme este fin de semana. –le responde, enrojeciendo y evitando mirar cuando uno de los chicos, bailoteando a espaldas del hombre mayor, meciendo su paquete tras la trusa de aquí para allá, le pega el entrepiernas de un hombro. Todos ríen y este sólo sonríe al mirarle.

   -Déjate de bromas, Román, o te preño sobre mi escritorio. –se vuelve.- Bien, inscríbete; cuando tengas tus horarios habla conmigo para ver qué tardes no vendrás. –le mira, ya en braga.- ¿No es un problema andar por la calle con ropas manchadas de grasa? Deberías cambiarte aquí.

   -Estoy bien, gracias. Y en cuanto vaya a comenzar clases, le aviso –responde y sale a toda prisa.

   Su vida siempre era así ahora, aunque le gustaba su trabajo, y los beneficios, le incomodaban y frustraban esos sucios maricones. También las quejas de Ligia, quien no compartía su aprecio por el piso, ni sus ideas sobre el futuro. O su papel en él. Le creía demasiado machista. Pero en el apartamento, cuando llegaba, era feliz. Se sentía tranquilo. Relajado. Había algo en el aire que despejaba sus tensiones.

   Comía algo en una cocina sin muchos peroles, se daba una ducha larga y se arrojaba al colchón de aire en medio del cuarto principal, llevando uno de sus bóxers holgados, la televisión encendida… Y ocurría algo que iba haciéndosele ahora frecuente, le entraban unas ganas locas de masturbarse. Era caer en la colchoneta y que la verga se le parara con una urgencia tal que, aunque a veces intentaba resistirse con un mental “no, esta noche no”, debía tocársela. Luego sacarla y adorarla, sobarla hasta sacarle brillo. Y jugos. Se decía que no, pero a los cinco minutos… Pero esta noche sí que no, si lograría resistirse, después de todo podría controlarse una noche, ¿no?

   El joven cierra los ojos pero se siente erizado, la piel le arde, inconscientemente se toca el torso y es eléctricamente placentero. Sus dedos recorren su piel suavemente velluda y firme, provocándole piel de gallina. Sube un dedo hacia su pezón y casi pega un bote sobre el colchón. Nunca lo había sentido así. Este crece, endurece y arde más, como urgido. Lo aprieta con el dedo, como si de un botón se tratara y siente que el otro responde igual, así que lleva la otra mano a su torso. Sus pectorales son musculosamente pronunciados, pero aún así las tetillas dilatadas destacan, están casi oscuras de sangre. Con índices y pulgares los atrapa, él mismo preguntándose qué coño hace, y los oprime. Contiene un jadeo; ahora los hala, arriba y abajo y gime. Los frota, suavemente, de un lado a otro y es un ronco quejido lo que escapa de su boca. Tiene el güevo muy erecto, pulsante contra la tela del bóxer holgado, y aunque arde con ganas de tocarlo, de apretarlo y experimentar ese primer ramalazo de placer que siempre sigue al agarrárselo, no puede soltar sus pezones. Los ojos nublados se cierran, aprieta, hala, soba, y arquea un poco la espalda… con una idea penetrando su mente, caliente y alarmante: con razón a los maricas les gusta que sus machos se los muerdan. La idea, horrible, detestable, le hace tragar en seco, pero sigue apretándoselos, sobándoselos… Imaginando manos que los hacen, otras, no la suyas. Una idea tan extraña, y prohibida que le asusta y a la vez le resulta estimulante. Una boca, otra boca, tal vez la de…

CONTINÚA … 2

Julio César.

NOTA: Espero que te agrade, Marcos.

MOMENTOS DE JUVENTUD

agosto 12, 2016

EL BARBERO EN SU SILLA

CHICOS Y SEXO GAY (1)

   Cuando el padre le pregunta a su mujer, en la cocina, dónde está; esta, sonriendo suavemente le dice que arriba, estudiando con su amiguito. Eso hace fruncir el ceño al hombre, ¿no hacía mucho aquello? Siseándole con un dedo en los labios para que calle, y mirando hacia el techo con picardía, ella sostiene que parece que hablan de chicas. Pero no era el caso; si, se sentían muy bien juntos, eran felices al estar uno al lado del otro, mirándose y hablando, empujándose para tocarse, pero, ¿era un tierno primer enamoramiento adolescente?

CHICOS Y SEXO GAY (2)

   No, son calenturas de cachondos machitos desahogadas por las tardes después de la escuela, con las consabidas nalgadas y los “apriétalo duro, puto”. El niño, orgullo de su mami, vive maluco, tan sólo esperando un momento de soledad y paz con su amigo para bajarse los pantalones, caer en cuatro patas, levantar su flaco trasero y arquear la espalda, tal y como le enseñó su primo Rubén que debían hacer los chicos como él, a quienes tanto les gustaba follar.

EFECTOS SECUNDARIOS

Julio César.

PARTE DE LA RUTINA

agosto 12, 2016

PRIMEROS TRABAJOS

   Habilidoso…

   Siguiendo las indicaciones del entrenador, se ejercita en casa, y lo documenta para este, que quiere verificar todo lo que haga, le corrija con indicaciones tales como “abre más”, “sostén la postura que eso te lo reafirma”, “álzalo para la cámara como ofreciéndolo”, “menéalo un poco más”. El sujeto disfruta comprobando que cumplen las indicaciones, como lo disfrutan otros tíos dentro del equipo, recibiendo en sus monitores la escena. Lo hacía por estrategia, para que todos esos carajos se hermanaran… y se amaran como un solo hombre. Por lo pronto, vaya que amaban los videos.

INTERES EN LA RUTINA

Julio César.

EL TSJ Y LOS DIPUTADOS DE AMAZONAS

agosto 12, 2016

LA RAIZ DEL MIEDO REVOLUCIONARIO

GENTE DE CUIDADO

   La junta pierde…

   Es inaudita la cantidad de dinero, tiempo y esfuerzo que organismos rastacueristas como el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia (o como le dicen, la base de la Legión del Mal) gastan inútilmente insistiendo en una campaña de “injustificados ataques a su dignidad y trabajo”, ellos que tan buenos y sacrificados como son. Aparentemente no comprenden el por qué el país les desprecia, así que hay que hacerles el favor de aclarárselos: Gente que no se respeta, ni respeta, no puede esperar, en este y en ningún otro universo paralelo, menos de lo que reciben, desprecio, desconfianza y resentimiento.

PARELAMENTARIOS DE AMAZONAS

   Que Diosdado Cabello, el diciembre pasado, haya nombrado a dedo a los magistrado, saltándose toda constitucionalidad, y hacerlo por televisión (juraba que se la estaba comiendo escupiéndole en la cara al país), le hizo un daño terrible a un TSJ que ya venía cojeando con los prontuarios de sus miembros, montado por el Gobierno para “legalizar” sus desmanes, y de donde ya han escapado algunos para salvar sus vidas en esos pases de cuenta que ocasionalmente los sacuden, echando luego cuentos aterradores en el extranjero sobre la ilegalidad y los delitos que los magistrados cometen por órdenes de Miraflores. Pero esta vez se les pasó la mano. Han dejado sin representación parlamentaria a todo un estado venezolano, Amazonas, porque allí fueron tan derrotados como lo fueron en el resto del país, pero a los indígenas si se la aplicaron, acusándoles de “comprar votos”. Al no haber un senado, con la representación proporcional, el alejado estado fue jodido por un mandato de Miraflores, obedecido sumisamente por él entre que debería brindar cátedra de jurisprudencia, legalidad y apego a la Constitución.  Y todo ello mientras se repite, para las galerías, claro, aquello de “la revolución del pueblo”. Este puede hablar y hacer… mientras obedezca lo que se le imponga, de lo contrario pierde el derecho.

   Lo desconcertante no es que hayan impedido que esa gente elegida voto a voto por los electores de su estado ocuparan el lugar por el cual compitieron con los candidatos gobierneros, derrotándolos, sino que todo eso haya quedado en un limbo. Después de nueve meses de arbitrariedad, de otorgarse para sí un poder que no tienen, todavía no hay una sentencia que diga, “no, no hubo delito, que ocupen su lugar”, o “si, hubo delito y para dentro de dos semanas esas elecciones deben repetirse”; nueve meses y sólo paren incompetencia. Hagamos memoria, todo el país recuerda que el día miércoles 18 de marzo de 2014 (después de once meses detenidos en otras prisiones), siguiendo las órdenes de Nicolás Maduro Moros dadas por televisión (como ocurre con la mayoría de sus crímenes contra los derechos ajenos), fueron encerrados en las mazmorras de la Policía Política, el Helicoide, en Caracas, el alcalde de San Cristóbal, estado Táchira, Daniel Ceballos, y el de San Diego, estado Carabobo, Enzo Scarano, porque alguien lo ordenó y debía levantarse un circo seudo legal alrededor de la idea, es decir, se les detiene, se les encierra y después se ve de qué se les acusa y contando con cuales pruebas. En los regímenes sátrapas esas cosas son de ordinaria funcionalidad. Ese mismo día, 18 de marzo, el señor Scarano fue sentenciado por el TSJ, a donde llegó su caso como el del señor Ceballos; ente que ordenó mediante la Sala Electoral que se repitieran las elecciones en los dos municipios. Así de rapidito, llegó el expediente y la sentencia sale inmediatamente, igualmente el mandato de repetir elecciones. Donde, por cierto, salieron con las tablas en la cabeza. Fuera de desperdiciar dinero, y el tiempo de trabajo de gente que si se ocupa de eso y no de mítines y cadenas, el país les despreció aún más. Ahora, con nueve meses de tener en sus topes manos el expediente sobre los diputados de Amazonas, el silencio del TSJ ensordece.

SEDE DE LA LEGION DEL MAL

   El Tribunal Supremo de Justicia nombrado a dedo por Diosdado Cabello no decide una cosa ni la otra porque eso fue lo que se les ordenó, y cuando el amo habla, la ley sale por la ventana en el TSJ. Esos diputados fueron juramentados por el CNE regional, que contó los votos, verificó los cuadernos de votación y vieron que obtuvieron el triunfo. Al ser proclamados ya eran diputados (así reza la ley al respecto) y contaban con inmunidad parlamentaria, por lo tanto, un cuerpo nombrado a dedo no podía sancionar a una gente electa popularmente sin allanar previamente la inmunidad parlamentaria y que eso se votara en la Asamblea Nacional. Ese fue el primer delito de la gente nombrada por Diosdado Cabello, a dedo, y por televisión, para que le hicieran el trabajito desde el TSJ. Si ya no cuentan con votos, si el soberano les dio la espalda, entonces caerán en una seudo legalidad como el resto de las satrapías autoritaritas. Con esa pantomima el régimen nazi no sólo llevó al mundo a una catástrofe, sino a las peores aberraciones humanas imaginables. ¿Qué el CNE cometió un delito o una equivocación al proclamarlos?, ¿por qué no fue destituida toda la directiva del ente comicial mientras se comenzaba una investigación por incompetencia o “juego sucio”? ¿Cómo Tibisay Lucena continua al frente del organismo entonces?

   ¿Qué gana el Gobierno con todo esto, fuera de presentar la imagen de un poder arrodillado a otro y que difícilmente semejante régimen pueda llamarse democrático? Prohibiéndole a los diputados indígenas tomar sus curules se impedía una mayoría calificada que el país decidió entregarle a la oposición para ver si revertían el desastre que ha montado el régimen en casi dieciocho años de corrupción, autoritarismo e incompetencia. Pero como al régimen no le gusta esto, ¿en qué autocracia las personas deciden nada?, tal expresión popular tenía que ser atajada y allí entró el Tribunal Supremo de Justicia nombrado a dedo por Diosdado Cabello. Por televisión. ¿Por qué no sale una sentencia en un caso u otro?, porque, se diga que no hubo delito, o que si hubo y hay que repetir el proceso, el régimen sabe que la gente votará en mayor número por aquellos por quienes ya se había decidido. Tan simple como eso.

   El Gobierno y todos sus patéticos voceros dan y dan vueltas hablando de los “delitos” y desplantes de la Asamblea Nacional, y su presidente, que los tiene obsesionados, el señor Henry Ramos Allup, hablando del sabotaje, de la conspiración contra el país (la paja de siempre, la misma que ya nadie se traga), pero la verdad es que les aterrorizan los resultados de cualquier consulta popular, como en el caso de revocatorio. Llevar un asunto cualquiera a un punto donde cada venezolano pueda expresar mediante voto su opinión, saben que resultará en otro descalabro, porque el régimen ya no representa a nadie, nadie ve futuro ni guarda esperanzas en nada de lo que hagan. Por lo tanto hay que convertir al TSJ en una guarimba institucional para violentar la decisión popular.

   Aunque no es tan desacertada la acusación lanzada desde la televisión contra algunos diputados comprando votos, y que el TSJ finge creer como si pudiera engañar a alguien. El país fue testigo de cómo el régimen ofreció y entregó taxis, electrodomésticos, tabletas (llegando a decir, otra vez por televisión que sí, que continuarían regalando vainas); la compra de voluntades sí se intentó, pero no fueron los diputados indígenas a quienes vio Venezuela en tamaña vagabundería. Eso ocurrió, lo vimos porque lo hacían por televisión, ¿hizo algo la Fiscalía, se pronunció la señora del CNE o sentenció algo el TSJ?, claro que no, ¿quién osaría tocar al que nombra a dedo a los magistrados? ¿Cómo morder esa mano? Además, ya este tiene bastantes líos defendiéndose de las acusaciones internacionales que lo ligan a ciertos negocios enervantes. Es esa vagabundería de estos vagabundos lo que tanto irrita cada vez que se les ve casi llorar sobre el cómo se les ataca y señala, a ellos que casi están en los altares, y me pregunto, cuando salen a cometer sus tropelías, ¿acaso no pueden hacer como los otros delincuentes, el atracador o el cobra peaje?, hacer sus cosas al amparo de las sombras y el anonimato de la privacidad.

   El estado Amazonas no cuenta con representatividad en el Parlamento, su destino tienen que cuidarlo otros, porque un grupito que fue nombrado a dedo por un sujeto, cree que puede robarle su derecho a cientos de personas que eligieron a sus representantes. El voto, pilar de la democracia, es el agredido. En alguna mente enferma, no se sabe si el señor Hermann Escarrá, o el vicepresidente Aristóbulo Istúriz o esa infeliz alma en pena que es Isaías Rodríguez, ex fiscal que inventaba testigos para perseguir a la gente que le ordenaban, se sostiene que el derecho de todos los venezolanos a expresar sus opiniones puede cercenarlo tres o cuatro sujetos a quienes nadie eligió para que estuvieran allí. Lo insólito es que todavía hablen paja cuando se cuestiona, internacionalmente, que hace rato que lo que padece Venezuela no es un gobierno democrático.

   Señores del TSJ, los crímenes, los abusos, necesitan discreción. Y hasta elegancia en las maneras.

LA MUD BAJO ATAQUE

Julio César.

LA CURIOSIDAD DEL GATO

agosto 12, 2016

A MANO

EL TRAGA FLUIDOS

   Hay cosas que llaman la atención…

   Tan sólo era que… siempre había escuchado de las vainas que hacía el compadre, que elegía carajitos que llegaban como pasantes o clientes a la tienda de electrodomésticos, los cogía y los transformaba en sus esclavos sexuales. Que estos le lloraban por atenciones y penetraciones. Eso despertó su curiosidad, viéndose atrapado una tarde entre sus fuertes brazos en aquel sucio baño de la empresa, al tiempo que le decía que si quería ser una perra él le daría gusto. Esas palabras, verle tan osado en el lugar de trabajo, le dejó en shock, la mente en blanco. Esos brazos fuertes rodeándole, esos labios chupando de su boca, algo que jamás esperó, le anuló la mente. Le desnudó a manotazos, diciéndole que una perra ante su amo debía ir desnuda. Y aunque temblaba y por dentro pensando que era una locura, que alguien podría llegar a mear o algo así, no pudo resistirse, quedando como Dios lo trajo al mundo. Y debió tocar al compadre, quien con mirada severa, tono duro, le decía que las perras debían complacer a sus hombres, que usara la boca y la lengua, que en su salobre piel lamiera.

   Jadeó haciéndolo, en los dedos de las manos, que chupó; bajo las peludas axilas, perdiéndose entre el sudor y el olor, embriagado y excitado, su tolete babeándole. Cayó de rodillas y tragó todo lo que el compadre quiso que probara. Saliva, verga, jugos, orina. Se la embistió y lo cogió hasta la garganta, mientras babeaba y chupaba, mirándose en un espejo y no reconociéndose, tan entregado a un hombre fuerte, tan necesitado de aquello. Sudoroso, jadeante, atrapaba, chupaba y dejaba brillante el venoso, largo y grueso miembro negro. Y chupaba y chupaba, ¿cuánto tiempo llevaba?, no lo sabía ni le importaba, sino que a veces, mientras tomaba aire con esfuerzo, lejos del tolete, recibía un escupitajo, un azote con el miembro o una chorreadita de orina caliente antes de tragarlo nuevamente.

   En ese momento no recordaba quién era, ni a su bella amante ni a su devota esposa, tan sólo gozaba de rodillas, sometiéndose y adorando aquella polla. Casi había llegado, claro que no lo sabía todavía, a un estado de conmoción y éxtasis, cuando descubriera la carga de adrenalina y emoción que producía el ser usado y sometido entre varios. El compadre, mañoso, ha dilatado su corrida, ombligándole a mamar y mamar esperando a los otros, que ya vienen, oye sus risas y voces. Así le encontrarían y entre todos le darían fuerte. De esa encerrona nacería una sucia y ardiente reina que haría más llevaderas las horas de la tarde, cada tarde en aquella aburrida tienda.

CHICOS SOLOS EN CASA…

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 7

agosto 11, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                         … 6

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JARED PADALECKI HOT

   -Jugaré bien mis cartas y te ganaré…

   No ha salido del ascensor cuando comienza a recibir llamadas de Jensen. Sonriendo las ignora. Cae un mensaje:

   “Hijo de perra, no puedes dejarme entre esta gente. Quieren delinear mis cejas!!!”.

   La sonrisa se le ensancha mientras responde: “No quería decir nada al respecto, pero…”. Envía y espera.

   “Eres tan cretino! Y no puedo ocuparme de tu hermana. No la conozco, pero por la manera de dejármela entiendo que es muy joven y problemática. No estoy capacitado para tratar con adolecentes, en su presencia comienzo a gritar e intento escapar por la primera ventana que encuentro”.

   “Nadie está listo nunca para las adolecentes”, responde. “Y deja de quejarte, es trabajo, querías hacer algo, ¿no? No voy a pagarte un gran salario sólo por tus gruesas cejas”.

   “Ja ja ja!”.

   No puede contener la risa al responder, “soy tu jefe, trátame con respeto y admiración, como anoche. Y recuerda que Megan es mi hermanita, sé bueno con ella”.

   “¿Cómo es?”.

   “Imagíname con falda y una pañoleta en la cabeza”.

   “Susto!”.

   “Deja que las chicas terminen su trabajo arreglándote la cara, si pueden, ocúpate de Megan y luego hablamos. Y ahórrate el idiota, o el cretino que ardes en ganas de enviar”.

   Sonríe más al ver la respuesta en forma de una carita confusa. Si, ya iba conociéndole. Marca un número del discado rápido.

   -¿Si?

   -Me debes un beso y un abrazo, Alexis, ni te imaginas de la que te salvé. Megan pronto aparecerá por ahí, dile que…

……

   Divirtiéndose como siempre que escapa de la oficina, Jared conduce su auto hasta el Centro, era hora de los negocios. Tenía que ocuparse de Ron Howard, y para ello nadie mejor que su buen amigo, un sujeto de cuidado que se dedicaba a la protección y la vigilancia privada. Llega, la admisión al moderno edificio de oficinas no presenta ningún problema para él. Le conocían bien. Ni entrar a la oficina de su amigo, siendo atendido por una rubia despampanante en ajustada falda. Seguramente no sabía ni escribir su nombre, pero era decididamente vistosa. Mike nunca cambiaba. Este le recibe y se atan en un fuerte abrazo de osos, felices como siempre cuando se encuentran.

   -Tiffany… -le indica a la asistente.- Un café negro y amargo para mí, y una bebida de nenazas para mi amigo, un chocolate dulce estará bien.

   -¿Te recuerdo tus días de tomar margaritas porque te gustaban las sombrillitas? –corresponde el castaño, ganándose una sonrisa de la joven. Ambos miran su trasero mientras sale.

   -¿A dónde fuiste la otra noche cuando estábamos en la barra? Fui a mear y al volver… -comienza Mike, dentro de su elegante traje, viéndose cómodo, ágil, vehemente; se detiene y sonríe.- Ah, ¿la morena de tetas grandes? –Jared ríe cayendo en el sillón opuesto.

   -Era linda.

   -Sí que lo era. ¿Y Genevieve? –alza una ceja con maldad, le divertían aspectos crueles de las vidas ajenas, eso lo sabía bien el castaño.

   -No, no creo que ella sepa lo bonita que era esta chica. –aclara con serenidad, dispuesto a regresarle la pelota.- Amigo, ¿son ideas mías o pierdes más cabellos? Pronto tendrás una calva a lo Charles Xavier. –sabe que eso incomoda a su amigo.

   -Eres tan cretino, JT. –es todo lo que responde este, venciendo las ganas de tocarse la cabeza.- ¿Y a qué debo el muy dudoso placer de tu visita?

   -Ron Howard. –hace una mueca al responder.

   -Meterte con las hijas de mucha gente tiene el efecto de crear problemas.

   -Oh, Dios, no intentarás sermonearme, ¿verdad? No tú, que has corrompido religiosas en tiertras santificadas. –ríe, luego  toma aire.- Necesito tun ayuda, que me muestres “aquello” que tenías contra Howard.

   -Vaya, ¿tan mal están las cosas? No creí que pidieras eso; creo recordar que dijiste que nunca te rebajarías a esos niveles de guerra sucia, como hacía yo. ¿Recuerdas que lo dijiste? –pregunta malvado, permisando la entrada a alguien que toca la puerta. Es la asistente con las bebidas, que cada uno acepta con una sonrisa, ambos pares de ojos siguiendo su trasero al marcharse.

   -El hombre viene con todo contra la familia. –reinicia Jared el asunto, tomando del brebaje. Su teléfono timbra con un mensaje. Mira la pantalla pero ya sonreía, sabiendo que era Jensen.

   -Lo imagino, ¡y quieres tanto a tu familia! –Mike se permite la burla, dudando del punto.- A ti lo que te jode es que los ataquen por tu culpa, ¿verdad? –Jared alza la mirada de la pantalla y sonríe torvo.

   -Si fueras mujer me enredaría contigo. Me conoces muy bien.

   -Si fuera mujer, tendría grandes tetas y no necesitaría de un hombre. –le aclara, levantándose y volviéndose hacia un enorme archivero que ocupa dos de las cuatros paredes de la amplia oficina, cosa que no desentonaba con los arreglos del opulento despacho.

   Mientras busca, y dice algo, Jared lee: “joder, no creo poder con tu hermana, ven ya o esto será desagradable”.

   Responde un: “Deja de llorar, estoy ocupado. ¿No puedes encargarte de una chica?”.

   “Tu hermana es una vorágine. Ven o no respondo”. Sonriendo más, le envía una carita sacando la lengua.

   -Vaya sonrisa, es raro verte tan relajado cuando discutes estrategias de batalla. –la voz de Mike le hace volver bruscamente a la realidad.- ¿Se trata de Genevieve? Te dio fuerte, amigo, y es desagradable verte tan enamorado. –toma asiento y le tiende un sobre manila tamaño oficio.

   -No, se trata de… -calla confundido. No, no le contaría a Mike de Jensen.- ¿Es lo que tienes de Ron?

   -Así es, pero no creo que puedas chantajearle. Hoy en día las fotografías no significan nada, no desde el photoshop, ¿no has visto rodar por ahí unas de nuestro amigo Tom Welling vestido de mujer? –Jared arquea una ceja.

   -Si, ¿son falsas?

   -Eso dice él. –y ríen levemente, Jared se siente extrañamente contento. Claro que no quiere asociarlo a los mensajes de Jensen.

   -No te preocupes, les daré buen uso a esto. Te debo una. –se pone de pie, el otro igual.

   -Cuando veas mi tarifa no estarás tan contento.

……

   Una vez en su auto, Jared llama nuevamente a Alexis.

   -Hey, necesito que revises algo por mí. Y que me cites para almorzar con Ron Howard, no en el hotel, en un lugar neutral. Llama también a Genevieve y dile que no podre hacerlo con ella.

   -¿No se supone que tienes un asistente privado para esas cosas personales? –le llega la respuesta.- ¿Dónde está, por cierto? –el castaño sonríe, no puede evitarlo.

   -Poniéndose bonito para mí. –y ríe mientras cuelga.

   En su escritorio, Alexis mira su móvil, extrañada.

……

   Algo impaciente espera ya, después de un Martini para despertar el apetito. Ron Howard se tardaba. Siente el timbrazo en el móvil y lee un nuevo mensaje de Jensen.

   “Jared, ven, tu hermana me asusta”.

   “Joder, ¿no puedes entretener a una chica?, eres más inútil de lo que daba a entender tu cabello rubio”, responde.

   “Idiota”. Es la simple respuesta, y frunce el ceño. De alguna manera intuye que el otro se había cansado del juego y estaba algo molesto. En fin, ya le compensaría luego. Y la idea le hace sonreír, tensándose al caer en cuenta que no le ha enviado una nota a Genevieve para explicar la cancelación del almuerzo.

   “Lo siento, nena. Algo se presento”, envía.

   “Lo imaginé, ¿trabajo o placer?”.

   “Me lastimas al dudar”.

   “¿En serio?”, sonríe ante su respuesta.

   “¿Nos vemos esta noche para la cena?”.

   “Lo siento, me ata un compromiso de trabajo. Debo ir, dejarme ver bella, sonreír como tonta y sobrevivir”.

   Arruga la frente: “Qué mal, ¿y más tarde?”.

   “Cariño, sé que sonará extraño, pero estoy agotada”.

   “Lo imagino, fui muy fogoso anoche”, juega, sabiendo que habla del viaje.

   “Ja ja ja”, le llega. Y se estremece. ¡Le recordó tanto a Jensen! “Te llamo antes de ir a la cama”, continúa la joven.

   “¿Sexo telefónico?, me parece aceptable”, sonríe y termina, como si se le ocurriera a última hora con un: “Te amo”.

   La joven responde, haciéndole parpadear: “Eres tan dulce. Hablamos luego”.

   Vaya, pensó, guardando el aparato y viendo acercarse a su rival en los negocios, con su cara de gato, el amarillento cabello escaseando bastante en un rostro amarillo. Nadie se parecía tanto a un Simpson como Ron Howard. Se pone de pie.

   -Ron…

   -Padalecki. –es la seca réplica, indicándole que no entrará en amabilidades, llegando a la grosería de no estrechar su mano y tomar asiento. Gilipollas, piensa el castaño, imitándole.- Me extrañó tu llamada, pensé que ya no había ningún asunto qué tratar. ¿Qué deseas? Si es para hablar de la compra de esos pozos…

   -No los quieres, no los necesitas, pero si hay planes en PadaleckiOil que podrían afectarse si…

   -Basta, Jared. –le interrumpe, olvidando que no le tutearía.- No cederé, lo sabes, ¿para qué me citas? –y se miden con las miradas.

   -Necesito resolver esto, Ron, por mi familia. Les perjudicas por algo que crees que hice. Y eso es inaceptable.

   -¿Algo que creo que…? –comienza, enrojeciendo como tomate.- ¡No voy a discutir nuevamente sobre eso, hijo de puta! –ruge conteniéndose a duras penas para no llamar la atención. Razón por la cual Jared le citó allí, en primer lugar. Este se ve muy serio.

   -Entiendo, y tampoco yo quiero hablar sobre algo en lo que parece nunca nos pondremos de acuerdo. Te aferras a tus ideas y ya no sales de ellas. –toma la carpeta y saca unas imágenes magnificadas, tres.- Pero debo resolver lo de mi familia. –se las alarga. Una idea incómoda le atormenta, seguro que Jensen se molestaría al saber que hacía eso.

   Howard las mira inquieto, como si el otro le estuviera ofreciendo escorpiones. Toma las fotografías y palidece, tragando en seco, furioso. Son imágenes de él mismo, saliendo con tres diferentes mujeres, en diferentes momentos de su vida. La rabia le hace apretar los dientes, soltando las fotografías con disgusto. Dispuesto a luchar contra ese vulgar chantajista que era Jared Padalecki.

   -Veo que llevas años espiándome.

   -Un amigo ha recolectado tus pasadas indiscreciones, reunidas estas por otras personas. –le aclara, sereno, manos unidas sobre la mesa.- Y ahora…

   -¿Crees que puedes chantajearme como si fuera un insignificante politiquillo? Gente mejor lo ha intentado, Padalecki. ¡No me asustan tus argucias! –ruge, pero se controla cuando la gente les mira.- Así que me expondrás, ¿ante quién? ¿Mi familia? Eres tan despreciable y vulgar como siempre te imaginé.

   -Me obligas a hacer esto.

   -Hazlo y verás cómo te va. Lo negaré todo y…

   -¿Sabes?, hace poco alguien a quien aprecio… -nada más decirlo, hablar así de Jensen, le confunde, y distrae, pero se rehace.- …Me dijo que era lindo que protegieras a tu familia con lotes accionarios en cada fecha importante de su vida. Lo dijo con admiración, cosa que me molestó un poco, no te creas, porque, personalmente, creo que fuiste un verdadero idiota. Y ese error te saldrá bien caro. –sonríe torvo.- Entiéndelo, Ron, tratas conmigo, no con un vulgar chantajista barato. Vas a dejarme el pellejo en las manos. –promete cruel.

CONTINÚA … 8

Julio César.

SIN TIEMPO PARA ESCRIBIR…

agosto 11, 2016

TIOS DE ACCION

DE TIOS PELUDOS

   Nadie sabía despertar a un amigo como su compadre.

PROBADOR

   Le preguntaban si no se sentía mal haciendo aquello con el primero que se encontraba… creo que todo lo dice su mirada.

CARA DE SATISFACCION

   -Gracias, lo necesitaba. –jadea, todavía saboreándola.

NO FALTAN…

Julio César.