EL PUENTE DEL 24 AL SOL

julio 24, 2015

RATÓN… AL SOL

LA TANGA BLANCA

   ¿Tiene que tenderse un momento, alejado de todos, buscando calmarse? Es posible, el sol, las muchas cervezas, la tanga mojada, todo conspira para excitarle más de la cuenta, pero no está allí por eso. Es por los dos marineritos que le vieron hace poco y le guiñaron un ojo, y uno de ellos, con carita de viciosito, le dijo bajito que si se apartaba de sus amigos y de la novia, le encontrarían y le harían tragar, por todas partes, dos buenas y gruesas pollas.

TIOS EN HILOS DENTALES

   Aunque fueron a cazar hombres y donde llegaban nunca dejaban pieza viva, nada se les ha acercado. Pero están tranquilos, era temprano. Aunque no los más guapos de la playa, saben que dentro de poco comenzarán a exhalar lo que una amiga de ambos llama el aroma a putas, que sería captado por todos alrededor, especialmente después de unos cuantos tragos. Ya les buscarían, les dirían cosas, palmearían sus nalgas, les preguntarían, groseros e insultantes, si tenían maridos por ahí, y ya las tendrían bien duras dentro de los bañadores cuando les propusieran, como si la cosa fuera nueva, que se metieran los cinco en los baños de la tienda.

MACHO VELLUDO EN HILO DENTAL

   “Pero vamos”, le gimotea el mocetón, bastante joven pero acuerpado. “Déjame en paz, muchacho maricón, ya te dije que no. Y vete o llamo a la policía”, le mira feo el hombre. Ya le tenía verde, le había seguido desde los vestuarios donde ambos, quitándose las ropas, coincidieron, el mocetón en un bañador más abajo de las rodillas, él en su hilo dental nuevo. Desde allí había insistido en que se pondría de rodillas y con la boca se lo trabajaría hasta que estuviera suplicando más. Al principio, sorprendido, casi dice que si automáticamente, las mamadas eran mamadas después de todo y nunca se rechazaban, pero fue cuando el chico aclaró: “Vamos, déjeme hacerlo, un culo como ese merece que se le meta una lengua de vez en cuando”. Pues no, no quería nada metiéndosele por ahí, ¿y si le gustaba?

CAZANDO AL SOL DE LOS CARNAVALES

Julio César.

NOTA: Todas las imágenes han sido tomadas de portales gratuitos; me aseguran que estás también (no las encontré yo). Me dicen, y cuesta creer que la gente sea tan… osada, que muchas están en Facebook. Qué nadie se moleste, por favor. Aunque con esas pintas… seguro que esos carajos se divierten bastante, ¿no?

Nota 2: ¡Me voy para la playa! Nos leemos el domingo. O el lunes. Descansen.

ROWENA Y CROWLEY, JUEGOS DEL TRONO

julio 23, 2015

LOS 200 DE SUPERNATURAL

EL DESTIEL REGRESA

EL DESTIEL REEGRESA 2

   Lo mejor, el regreso del momento Destiel.

   Les confieso que cuando este episodio de Supernatural, 10X10 – THE HUNTER GAMES, comenzó, con Crowley siendo acosado y asesinado por demonios, me disgustó pero también me pareció divertido. La molestia era porque no habría un caso, un monstruo semanal, pero fue gracioso porque, qué cosas no le pasan a últimamente al Rey del Infierno. Me gustó el episodio, aunque de manera general me parece que dos de los tres nudos eran algo disparatados. Pero vamos por lo interesante, el qué hacer con este Dean sanguinario que ha dejado salir la bestia; como lo comentan Sam y Castiel, cuando el menor de los hermanos habla de lo que Dean le hizo a esos sujetos horribles (me gusta porque intenta, en medio de toda la masacre, justificar o humanizar a Dean), y Castiel dice que sí, que eran malos pero no merecían un final como el que tuvieron (el eterno principio de justicia no venganza). Que es lo que les asusta, el Dean normal, aunque decidido a todo por su deber no habría llegado a esos extremos, aunque de ese episodio me habría gustado verle luchar como un demonio, eran varios carajos, bastante malintencionados y merecedores de lo que les pasara, pero nos negaron eso.

LOS WINCHESTER Y EL ESCRIBA

   Los tres nudos se unen a pesar de lo diferente que son. Dean está mal; en la biblioteca de la Baticueva buscan, Sam y él, algo que les ayude, llega la frustración porque no hay nada, la marca es anterior a los escritores bíblicos. No hay manera de averiguar nada, pero Castiel tiene una idea, de alguien que puede saber, aunque les advierte que no les gustará. Trae del Cielo a Metatron, el escriba. Y debo recordar que me gusta este ángel malvado, el actor y el personaje, tiene una personalidad pusilánime, torpe, y sin embargo es capaz de grandes engaños, terribles obras y su pelea contra Dean (a puñetazos), donde le mata, quedó genial.

SAM EN PLAN CON MI HERMANO NO TE METAS

   Al ángel le hace poca gracia saber que tiene que tratar con los Winchester, Sam no le perdona haber matado a su hermano, pero pronto entiende que puede tener algo para negociar, para ello les advierte a Sam y Dean que la marca irá empeorando hasta controlarle. Me gustó su cara de sorpresa cuando ve a Dean vivo de nuevo, “la marca te revivió”. El carajo sabe. Hay unos pasos para deshacerse de la marca (como suelen ser estas cuestiones con el Cielo, nunca una sola cosa, un “abra este sobre y esparza”, nada es fácil con Dios). Lo primero es recuperar la primera espada. Comienza el debate sobre si traerla o no, si Metatron miente para manipularles o no, si es conveniente que esté cerca de Dean o no. Dean quiere que la regresen, ¿para curarse o porque la marca le llama? Es el punto oscuro, y hay que recordar que hasta que mató a esa gente en esa casa, no esperaba yo que hiciera algo así. Ese clavo los unirá a la historia de Crowley, otro de los nudos de este episodio.

DEAN VS METATRON

   Cuando tienen la seguridad de que Crowley les “prestará” la espalda (un Dean feroz con un arma tan terrible por ahí no le agrada ni a él), Metatron deja ver el cobre: faltan muchos otros pasos, pero para decirles, deberán pagar un alto precio. Ahí está, el ruin sujeto de siempre. Pero, y ahí juega la mala suerte, se lo dice a Dean, quien se encierra con él y comienzan un intercambio de culpas. Y la verdad es que Metatron pierde, lo que hizo en el Cielo expulsando a los ángeles, propiciar la masacre entre estos en la Tierra, el asesinato de Kevin (sobre todo esto), fuera de matar a Dean, supera por mucho el engaño de Dean a Sam para que aceptar a un ángel que le curaría, o sus parrandas con Crowley (que en eso nunca he visto el problema). Dean quiere la información y parece que se la va a sacar a golpes y con tortura, por un momento pareció el mismo de la cuarta temporada.

CASTIEL, PODEROSO SER SOBRENATURAL

   Sam y Castiel deben intervenir, y siempre es grato ver a Castiel en su papel de poderoso ser sobrenatural. Se lleva a Metatron, que ahora si no ayudará y Dean queda mal. Me gusta el planteamiento que hace Sam al final, aunque es algo falloso en sí. Caín vivió mucho tiempo con la marca, controlándose, ¿será que Dean no le pone voluntad al asunto y se deja llevar porque quiere? Podría ser, pero hay que recordar que Caín es viejo como la creación misma del hombre, la quijada aquella pudo ser de un burrosaurio, ese tuvo tiempo suficiente para desarrollar aguante, aunque finalmente lo hizo por un amor. Dean lleva poco tiempo marcado, sin embargo Sam se dedica a él en cuerpo y alma, como teníamos tiempo sin verle, ¿bastará ese “amor”? Por cierto, aquí quiero referirme a algo que me llamó la atención, ¿Dean golpeando a Metatron (y qué bien se sintió, aunque este no se amilanó, fuera de soltar que todo corre a la fuente? ¿Acaso el escriba no es un ángel? Recuerdo que la primera vez que el cazador le dio un puñetazo a Castiel, sonó feo y se lastimó (una gran escena), ahora si puede. Claro, ya antes habían luchado feamente, ¿se deberá a la marca? Puede ser, ¿verdad? Después de todo ella le permitió enfrentar a Abaddon y revivir, de otra manera sería raro que ahora la gente si pudiera lastimar a los ángeles. Todavía preguntándose si es que no quiere dominarse, Dean parte a encontrarse con Claire, uniéndose esa trama con el tercer nudo.

   Bien, las tramas algo traídas por los pelos; una por las dimensiones de los poderes implicados, la otra porque no pareció muy bien planteada por los guionistas.

ROWENA QUIERE SER REINA

   Crowley tiene una pesadilla o visión (porque no duerme ni siente hambre), donde es traicionado por su hombre de confianza, a quien le firma cosas sin leer, cosa que molesta a Rowena, su madre, quien busca ser la única influencia sobre él, y es de imaginar que más tarde reinar sobre el Infierno. ¿De qué iba eso?, la mujer le hizo un hechizo que guarda bajo su trono (uno bastante feo, el Infierno apesta). Y es lo desproporcionado, ¿puede una bruja alterar o encantar al Rey del Infierno y este no va a sentir algo? En teoría, Crowley representa en estos momentos al mismísimo Satanás, en orden de jerarquía en el Averno. ¿Puede ser afectado por una simple bruja? Bueno, no tan simple, pero es una bruja. ¿Acaso esto tiene que ver con el fulano exorcismo que Sam le practicó una vez y que le debilitó como demonio? Podría ser; si hasta parece que se aburre allá (seguramente extraña las parrandas con Dean, y compartir cuartos y aventuras). Pero esa trama fue floja.

  Rowena molesta con sus zalamerías, con sus trampitas, sin embargo hay que reconocer que la montada en escena de su hechizo para espiar a Crowley cuando este sale para reunirse con los Winchester, quedó muy bien. Desde la manera en que sus ojos quedaron en blanco hasta cuando se eleva, vuela sobre la ciudad y enfoca a los tres conspiradores hablando, donde los hermanos le proponen que entregue la primera espada para exorcizar a Dean. Aquí el Rey comete otra tontería, decir dónde está la primera espalda y la mujer quiere sacar provecho, enviando al segundo, un demonio de cruces de caminos que puede viajar. En cuanto tiene la espalda le mata, ¿por qué? ¿Para ocultar la espada o para eliminar su influencia sobre Crowley? No se puede saber, este llega, la ve, ella inventa el cuento de la conspiración de ese hombre con unos tales Winchester que buscaban una espada, y queda como una reina… frente a este Crowley que está pedido de bobo. Ahora desconfía de todos, especialmente de Sam y Dean, y parece creer que sólo de ella puede fiarse. Es un planteamiento tonto de llevar, sobre todo para un demonio que ha resultado tan sagaz siempre.

   La otra trama curiosa fue la de Claire huyendo, negándosele a Castiel y confiándose en una extraña pareja que parece medio amoral, y que le ofrecen que se vaya con ellos. Cuando Castiel se cansa de intentar comunicarse le pide a Dean que hable con ella, ya que “como criaturas dañadas que son tal vez puedan entenderse”. Dean la llama, esos dos le dicen que acepte una cita, así le darán una lección o jamás se librará de él. O tal vez hacerle algo más permanente, matarlo, si así lo quiere. Ella lo llama. Cuando Dean se acerca corre a advertir, pero el cazador derriba a esos dos muy fácilmente, y le costó contenerse y no hace algo peor, la marca está trabajando todavía. Claire y él se miran, no hablan, no discuten, no se explican; ella se va y todo quede pendiente, indicando que volverá en el futuro, que todavía tiene un problema con el cazador y que no le considera un amigo; eso es bueno. La joven que la interpreta lo hace bien, el personaje tiene fuerza, esta trama no.

CASTIEL Y CLAIRE

   ¿Confiarse de una gente que le propone lastimar o matar a otros? ¿Tan inconsciente es? Pero el problema estaba en esos dos, eran extraños porque no tenían fuerza argumental, podrían haber sido demonios, o sádicos que pensaran raptarla, o una pareja que se da a conocer como unos sociópatas como en Asesinos por Naturaleza, así se entendería su oferta; pero nada de eso se aclaró. Por lo menos hubo un cierto entendimiento entre Castiel y ella.

   El episodio me gustó, pero especialmente por la trama de los Winchester, Dean dejándose llevar y al mismo tiempo temiendo caer, Sam decidido a mantenerlo a salvo. Lo demás estuvo algo flojo, incluso Crowley.

CHARLIE Y SUS HERMANITOS LOS WINCHESTER

Julio César.

DOBLES VIDAS

julio 22, 2015

OBLIGACIONES Y ATENCIONES

FUTBOL HOT

   Este joven, como capitán alfa del equipo, se había acostado con un montón de chicas, incluso con las de los amigos. Por eso, entre varios, le atraparon, ataron de pies y manos y se lo dejaron todo un fin de semana al rudo entrenador ruso, el vicioso señor Sadoscki. Ahora, en los vestuarios, este era su nuevo uniforme, que no es suficiente ni para cubrirle el rubor, aunque sí consigue, sobre el mesón o las regaderas, bastante atención de sus compañeros. Y cercado por varios, mientras gime y lloriquea de gusto por su nueva vida felizmente descubierta, rodeándole el cuello a uno de sus amigos, montado en su regazo, entiende por qué tantas chicas se le entregaban tan emocionadas, cuando el coño era bien tratado cualquiera se volvía loco.

POLIHOT

   El sargento García solía ser un hombre rudo y severo, dentro y fuera de la fuerza policíaca, con su mujer e hijos era peor. Hasta esa tarde que recorriendo la campiña se encontró con un muchacho catirón, grande y musculoso, que sin pantalones se la frotaba sobre la capota de su auto. Escandalizado se detuvo, intentó regañarle, molestarse, detenerle, pero verla le sonrisa echona, mientras el puño subía y bajaba, no le dejaba. Ni pudo oponerse cuando le llamó con un gesto de la mano y abriendo la boca le adoró. Ni cuando le ordenó que ropas afueras y le llenó la vida, duramente, con una nueva visión. Ahora, sintiéndose relajado y contento, más calmado y amable con todos, pasea y le busca de tarde en tarde, cuando este regresa con sus jóvenes amigos, quienes hacen bastante bulla mientras en grupo le usan.

EJECUTIVO CALIENTE

   Cada vez que ese cliente se presentaba, el gerente sentía que subía la temperatura en su oficina. El hombre llegaba, soberbio, echón, arrogante, comenzando a discutir algo sobre posponer pagos y recibir nuevas moratorias de sus deudas, y se la sacaba, la tocaba, la frotaba, el cuarto se llenaba de olores. Pero nunca la ofrecía, no se la brindaba. Lo torturaba. Como fuera, cuando se iba, el buen hombre se encontraba con que aceptó un  montón de cosas de las cuales no estaba muy seguro porque no pudo concentrarse. ¿Se molestaba?, no, era un hombre humilde y aceptaba sus fallas. Así le decía a la señora de limpieza: “Vuelva luego, antes me ocupo de algo”, y a solas, con la lengua, lamía algunas gotas.

TIOS EN CONTROL

Julio César.

AMORES GALACTICOS

julio 22, 2015

KLARK KENT TOMA VENGANZA

SERGIO RAMOS Y CRISTIANO RONALDO

   Es cuento, ¿okay?

   La gente grita y mira la jugada de sus dos estrellas favoritas, Sergio Ramos y Cristiano Ronaldo; les encanta verles felices, encontrarse y celebrar con amor fraternal de machos… Claro, otros sabían, como Iker Casillas en su arco, el cual sonríe leve. Si, amor, pero espartano; como muchos otros fantaseaban al verles en la cancha.

   Todavía recuerda cuando entró a los vestuarios el día anterior después de la dura práctica a la que se vieron sometidos, desconcertándose al encontrarles así, Sergio de pie, aún más transpirado, atrapando con sus manos los tobillos del otro, aún dentro de sus tenis; el portugués de espaldas sobre la mesa de masajes, con su camiseta CR7 y el blanco suspensorio empapado, seguro mitad sudor de bolas, la otra de jugos, mientras más abajo era abierto por las enormes ganas que tenía el español.

   Quiso irse, pero no podía, el espectáculo era demasiado intenso. Sergio, dientes apretados, lanzaba golpes duros, casi brutales, pero el otro, alzando la cabeza, bañado en sudor, le miraba y gemía mientras más se le abría. “Ah, ¿no hay problema si lo llevo más adentro? Lo sabía, no soy el primero esta tarde, seguro que Bale se me adelantó otra vez. ¡Qué puto!”. “Habla menos y empuja más”, fue la réplica entre dientes, sonreída y desafiante del crack, sabiendo que en su gruta de amor cualquiera se perdía. “Puto!”, fue la gritada respuesta, eso y el incremento de las embestidas.

   Iker, casi doliéndole y mojándole, salió. Ahora, ceñudo, piensa que debió quedarse y descubrir si lo que veía en la cara de Sergio era verdad, que casi se le derretía de ganas dentro del luso por lo bien que se sentía.

Julio César.

NOTA: Me quedó algo más explicito de lo que acostumbro en estas entradas. Lo siento. Lo otro lamentable es la idea de Iker del Real Madrid.

EL HAMBRE SE ASOMA DE FRENTE EN VENEZUELA

julio 22, 2015

LEOPOLDO LOPEZ, FIN DE LA HUELGA DE HAMBRE

LAS COLASA NUESTRAS DE TODOS LOS DIAS

   Lo que viene hará parecer a estos como “los tiempos buenos”.

   Hambre, un feroz mercado negro y peligrosas mafias favorecida desde el poder, eso es lo que se viene sobre Venezuela, una otrora tierra de gracias, que nada sobre un mar de petróleo, con doce años de precios petroleros por encima de cien dólares por barril (que le permitió a árabes y noruegos juntar casi novecientos mil millones de dólares en excedentes), ahora arruinada en manos de los socialistas en menos de dieciséis años. Como no hay real para sobornar electores, como ya arruinaron toda las tiendas con el dakazo del año pasado, como se robaron todo lo que había en las reservas y ya no hay cómo traer nada más después de que persiguieron y destruyeron la producción nacional, en vísperas de las parlamentarias al régimen no se le ocurre otra genialidad para hacer campaña que obligar a los pocos productores independientes a que les “vendan” en exclusividad (compran o expropian pero no pagan), el cien por ciento de sus productos, en algunos rubros como la leche en polvo, aceites, harinas precosidas, para que se vendan únicamente en los establecimientos con el logo del régimen (en la Biblia eso era un símbolo diabólico).

   Con ello se busca controlar a la gente por miedo al hambre y se finge que están haciendo algo, como garantizando la alimentación de sus “electores”. Milagro con escapulario ajeno. A pesar de las azucareras en las que han botando real como arroz, de nacionalizar Aceite Diana, de echarle mano a Camprolac, nada, absolutamente nada produce el Gobierno y ahora necesitan robarse lo que hacen los otros para mostrarlo como un logro. En un país agobiado por la escasez, por las infernales colas, ahora los puntos de ventas a nivel nacional, para que la gente compre se reducen de ciento catorce mil locales privados surtidos por CAVIDEA, a poco más de siete mil de las redes públicas. Siete mil puestos de ventas, siete mil, para todo un país de más de treinta millones de consumidores. Ya imaginarán lo que ocurrirá.

   De desastre en desastre, de necedad en necedad, pretenden que engañarán al país con otra medida circense, en lugar de ponerse a trabajar y desmontar la horrible nomenclatura del partido, cuya sola existencia es el cáncer que nos hunde en esta miseria. Aseguran que hay dos dizques economistas que han sugerido tal imbecilidad, uno español y otro venezolano, socialistas marxistas, que le dicen a Nicolás Maduro Moros que todo está perfecto en materia económica, que controlando la distribución derrotaran al capitalismo, porque todavía la caen a cuentos, que este desastre no es por todas las locuras cometidas sino porque hay grupos económicos que sabotean. Es la típica respuesta de los ineptos del marxismo, tratar con paja doctrinaria, una que arruinó a los países por donde pasó comenzando por la misma Unión Soviética, a un problema real: la falta de alimentos, medicinas y repuestos varios. Claro, la brutal medida no afectará a Nicolás Maduro Moros, a los diosdadocabellos o a las maripilishernandez del régimen, que ya deben estar justificando esa locura, en este momento, para mañana más tarde renegar de ello, como hacen ahora con el problema del Esequibo, que le aplaudieron a Hugo Rafael Chávez Frías cuando en la capital de Guyana les permisó que hiciera lo que les diera la gana y ahora hablan paja de los imperios.

   Para aquellos que no comen paja y que con dos dedos de frente le bastan para sacar cuentas, está claro lo que llegará, que ahora si en un local las colas son de horas, de quinientas o mil personas, mañana serán de días, de quinientas mil o un millón de personas, si no más; treinta millones deberán buscar alimentos en poco más de siete mil puestos de ventas. Eso enriquecerá a los de siempre, a los que contrabandean gasolina con Colombia (para lo que les quitaron el control de las alcabalas a los gobernadores, para cuadrar entre camaradas), pero al país no le quedará nada bueno. Lo que viene será el caos total, la desesperación completa, la violencia física cuando el hambre como tal comience a atormentar los estómagos y las vidas. El hambre mondo y lirondo en un país que recibió la más colosal fortuna en dólares por excedentes de los precios en toda su historia.

   A eso nos llevó, en dieciséis años, un régimen brutal, inepto, corrupto y fascista que persiguió, encarceló, exiló y torturó a quienes se quejaron, despreciado ahora por medio mundo, recibiendo como único apoyo las declaraciones de patéticos organismos como MERCOSUR, que grita a coro, así, así es como se hace para nunca dejar el poder. Vaya consuelo.

NICOLAS MADURO… CAPRILES LO TIENE LOCO

Julio César.

¿INVITACION?

julio 22, 2015

LA AGARRADA

TIO EN SANITARIO USANDO UN HILO DENTAL AZUL

   Sale buscando lo que no se le ha perdido.

   Cuando un hombre de verdad entra y le encuentra así, dizque meando, sabe que ese tipo necesita, desesperadamente, llenar algunos de los huecos en su vida; que sale de su casa buscando a alguien que se lo ofrezca. Y mientras se le acerca, notándole como le enrojecen los cachetes a los lados del hilo de la tanga, sabe que puede conseguir algo, así sea una rápida, sucia y rica chupada

¿ENSAÑAMIENTO?

Julio César.

SERVIR Y OBEDECER… 7

julio 21, 2015

SERVIR Y OBEDECER                         … 6

   La siguiente historia NO ES MIA.

SERVE AND OBEY

By: Lexicode

MILITARES EN PROBLEMAS CALIENTES

   Y todavía faltan otros.

……

   ¿Sufrir? ¿En serio? ¿Acaso no levaba en eso horas, días o semanas? Ya no piensa con claridad, pero le parece que es bastante. Ignora que el programa de control mental comienza a funcionar, confundiéndole, haciéndole olvidar cosas, detalles. Por ahora, aunque embotado, sólo puede ocuparse de esa vaina, el consolador, que vibra contra las paredes de su recto. Odia que le afecte de esa manera, intensa, profunda, estimulante. Odia sentirse manipulado así, verse obligado a responder aunque no quiere. Muerde la bola en su boca con furia, luchando contra el mareo.

   -¿Listo para sufrir? –le pregunta de nuevo, como para obligarle a concentrarse en esa idea, mirándole a los ojos, el rostro muy cerca, inclinado frente a él.

   Y no, no estaba preparado. No para eso. Una mano del sujeto, grande, le atrapa la verga totalmente erecta bajo el chico suspensorio, y el toque es eléctrico, casi se corre de pura calentura. Se había drogado un poco antes con hierba, se hacía pajas desde los trece años, otras manos se las habían hecho (chicas, una vez un amigo, cuando tenía quince, como todos), pero nunca había sentido eso, ni con la hierba o con otra persona tocándole. Esa mano, cerrada en puño sobre su tolete, apretando, haciéndole consiente de la tela, ese sentía increíble. Ruge tras la bola, no puede evitarlo, ese puño se mueve un poco sobre su tolete, medio masturbándole, una, dos, tres veces, y se tensa. Cierra los puños, sus muslos se contraen, casi se alza, el consolador en su culo parece incrementar sus olas estimulantes. Dios, estaba tan caliente… Pero no. No se entregaría.

   Queriendo resistir, respira profundamente, intentando alejarse mentalmente, pero esas luces, la voz que volvía a escucharse en sus oídos, todo conspiraba contra él. Ese sujeto le baja la parte delantera del suspensorio, su miembro canela rojizo, pulsa al sentirse libre y recibir algo del frío aire del ambiente. Y quiere que se lo agarre. Que lo toque. Muerde con rabia esa bola entre sus dientes, odiándose por eso, pero esperando la mano que finalmente llega. Y gime cerrando los ojos, siente las puntas de esos dedos que le rodean la base del güevo con el anillo de cuero y cierra. Gime. Cerró mucho, le mordía la dura carne. En sus oídos la voz que viene de los audífonos comienza una nueva cantaleta.

   -Dilo y serás libre de tus ataduras mentales, de tus impulsos reprimidos. Quiere vivir a plenitud, sentir y gozar. Y todo comienza con admitirlo en voz alta, con decirlo. Di que quieres ser tocado. Dilo, porque en verdad lo deseas, chico. -la voz es la del sujeto, baja, grave, atractiva, sugerente, ominosa.- Vamos, dilo.

   Casi salta sobre esa silla donde pareció ir adormilándose cuando le siente detrás, inclinado sobre un hombro, con una mano cubriéndole la boca con todo y bola. La misma voz llegando desde otro punto, sobre la suya propia. Es confuso. Desorientador.

   -Vamos, latino bonito, una por mí, tu dueño. –le susurra al oído, acercando algo a su fosa nasal izquierda, cubriendo con el pulgar la otra. Inconsciente, respirando pesadamente como estaba, inhala, y siente el golpe en su cerebro. La operación se repite en su otra fosa.- Vamos, otra. Grande.

   Luchó, pero terminó aspirando. El hombre se aleja, dejándole la boca, así que toma aire frenéticamente, tosiendo, sintiéndose más mareado y consiente de sí. Hay un calor intenso que se le desata, que nace en su pecho y abdomen, y lo baña totalmente. Debía ser algún fármaco estimulante, imagina, pero al poco tiempo casi grita en agónica tortura. En su culo el consolador parece ganar nuevas cumbres. El vibrar parece intensificarse, las paredes de su recto lo aprietan feo, con codicia… deseándolo.

   -Reconoce que lo quiere, que deseas que te toque, que te sobe, que te tome. Lo deseas tanto que te duele… -oye en sus oídos, aumentando su desesperación, con lágrimas ardientes de vergüenza escapando de sus ojos y corriendo por sus mejillas, de confusión y calenturas, sabiendo que está aflojando y apretando su culo sobre el juguete sexual.- Te mueres por decirlo, lo deseas tanto… tanto… tanto… tanto…

   Y grita, por un segundo no sabiendo si ocurre o lo imagina. Algo untuoso cae sobre su verga enrojecida de la sangre que la llena. Quema un poquito, pero se siente bien. Cuando una mano grande cae sobre ella, masturbándole así, untando ese líquido, cree que se morirá de gusto. Tensando otra vez al máximo sus muslos, intenta infructuosamente soportar tantas estimulaciones. Abre los ojos y ve la nuca amarillenta de ese tipo, sin la gorra, inclinado frente a él, su puño de nudillos blancos rodeándole el tolete, masturbándole, arriba y abajo. Mierda, era tan bueno en eso, y se sentía tan intenso y poderoso que teme morirse.

   Jim sabe que se está tardando un poco más de la cuenta, pero no se apresura. El güevo del muchacho, grueso y largo, joven y lleno de ganas, pulsa y quema contra su palma. Se sentía bien tenerle así, casi al borde de una crisis. Deja el puño quieto, apretando duro, tensándole, frotándole el ojete con el pulgar, untando todos los jugos que salen de allí.

   Echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos, Eddy Morales solloza abiertamente, pero no sufría, o si, le torturaban, pero de una manera confusa y excitante. Está a punto de correrse, lo sabe, y no puede evitarlo. No es su culpa, no es… Su respiración se hace frenética, superficial, su pecho ancho se expande, su abdomen se tensa como sus muslos, su tranca pulsa salvajemente, está a punto y…

   Confuso, ruge disgustado, ese sujeto le suelta el güevo, dejándole a las puertas del clímax. Casi reclama ahogadamente, viéndole ponerse de pie, sonriendo burlón, subiéndole el suspensorio chico, que casi le lastima de manera erótica al intentar cubrir toda esa masculinidad inflamada.

   -Te mereces esto, perrito malo. –le informa, aumenta las revoluciones del vibrador y se aleja.

   El chico se tensa salvamente, echando otra vez la cabeza hacia atrás. Esa vaina estaba enloqueciéndole, intenta mecer sus caderas, tocarse, buscar el alivio del orgasmo de alguna manera, pero no puede. Está a solas, siendo estimulado, su tolete casi estrangulado por un anillo que lo mantiene erecto, ardiente y con ganas de liberarse contra una tela que le aprisiona bastante, y que se moja con sus jugos.

   No sabe si es porque el otro se ha ido, pero la voz en los audífonos parece ganar intensidad, así como las luces que estallan frente a sus ojos.

   -Admítelo, muchacho, deseas pertenecerme. Reconocerme como único dueño de tu cuerpo, tu mente y tu vida. –la sugerente voz es casi burlona, obligándole a cerrar los ojos y apretar los dientes como intentando aislarse de ese sonido.- Cuando termine contigo, harás lo que te ordene, lo que sea, y obedecer será la dicha para ti. Imagina, estás de vuelta en tu regimiento, con todos tus camaradas, tus botas, uniforme y chapas. Si te lo ordenara, frente a todos, en el comedor, subirías tu franela verde oliva, mostrando tu abdomen ante todos, luego tus tetillas, duras y excitadas, y te acariciarías aunque todos te preguntaran qué haces. –menea la cabeza, deseando alejar la imagen, adivinando que imaginarlo lo hará más fuerte.- ¿Sabes qué tanto harías, allí, frente a tus camaradas a la hora de la comida si te lo ordeno una vez que termines de admitir que me perteneces? –le reta esa voz; su cuerpo arde y brilla bañando de traspiración.- Si te lo ordenara les darías la espalda, montando una rodilla en una silla, abriendo tu pantalón y metiendo una mano por detrás, recorriendo con una mano ese trasero que fue hecho por el buen Dios para ser palmeado y pellizcado por los hombres; metiendo tus dedos en la raja entre tus nalgas, hecha para que descansen las vergas erectas antes de cogerte, y te sobarás. Y si te lo ordeno, comenzarías a meterte un dedo. Adentro y afuera… adentro y afuera mientras todos gritan que eres una perra… adentro y afuera mientras ronroneas… adentro y afuera mientras echas aún más atrás ese culo penetrado por tu dedo… adentro y afuera casi rogando por un macho caliente…

   Con furia ahogada, frustrada, Eddy echa otra vez la cabeza hacia atrás, forzando su cuerpo contra las ataduras, deseando liberarse… imaginándose en ese comedor, sonriendo mórbido, rojo de cachetes, su dedo adentro y afuera, tragando en seco cuando los primeros de sus compañeros se acercan, abriendo sus braguetas…

   -Oh, sí, tu olor a perra en celo los enloquecerá… -¿oye esa voz, lo imagina o es su propia idea? No lo sabe y eso le aterra.

……

   Sintiéndose ligeramente molesto, Jim Preston cierra bien la puerta y va a la cocina. No sabe por qué esta tan inconforme pero… Se lleva la mano al rostro. Allí estaba el olor de los líquidos del latino de mierda. Olfatea profundamente una y dos veces, antes de arrugar la cara con disgusto crecientes y lavarse las manos en el lavaplatos de la impoluta habitación. Desde allí ve una polvareda que se acerca. Entre frunce el ceño. Tiene visitas.

   El auto patrulla del comisario Fox se acerca a la casona. Abrir la reja de entrada al camino secundario no fue problema, no estaba asegurada. Era para demarcar el límite de la propiedad de un hombre que prefería su soledad. Se detiene y baja, mirando en todas direcciones, detectando en seguida a los tres enormes pastores alemanes que se ponen de pie, sin gruñir o ladrar, dirigiéndose hacia el vehículo. Levanta una mano como indicándoles que viene en paz, pero con la otra libera el seguro del arma y aparta los dedos tan sólo un poco. El sargento Dickson no desciende del vehículo.

   -Comisario. –Jim sale de la casa, alto, joven, guapo. Lleva una camiseta azul clara, visibles los tatuajes de ex marine en sus hombros. Con la gorra. Observa al hombre de ley, la mano cerca del arma. Sonríe muy levemente y silba. Los pastores retroceden.

   -Preston… -corresponde al saludo, apartando la mano del arma. No asegurándola en el cinto. Era un hombre listo. Y peligroso.

   -Está lejos del pueblo para una visita de cortesía, y con este calor, debe ser algo importante lo que le trae a este fin de mundo.

   -Estoy haciendo algunas comprobaciones, vine con… -señala al militar mal encarado que baja, y que observa a Jim con desconfianza.- …El sargento artillero Dickson, policía Naval, quien está realizando una investigación. Sobre marines desaparecidos. –le estudia a los ojos, pero Jim tan solo frunce el ceño.

   -¿Marines perdidos? Suena extraño. Esto no es Afganistán o Irak. Seguramente andarán… con sus novias.

   -No, desaparecieron. Uno de ellos, el cabo Edward Morales, lo hizo hace tres días. Del pueblo. La última vez que le vieron fue frente a la fonda de Huge. En la…

   -La estación de gasolina, lo sé, comisario. –suena levemente exasperado, cruzándose de brazos.

   -Bien, alguien le vio ir a los sanitarios y luego… -se encoge de hombros.- Estamos comprobando con todos los que estaban alrededor, alguien vio tu camioneta.

   -Sí, he tenido que ir al pueblo dos veces en la última semana. Prácticamente estoy viviendo allá, me parece. –sonríe a duras penas.- No vi a nadie, comisario, lo siento. ¿Era un…? -estudia al sargento.- ¿…Un hombre blanco ese Morales?

   -Era un marine, señor. Es un marine. –aclara el militar, con disgusto.

   -Lo que diga. Lo señaló porque si es un negro tal vez huyó, y si es un latino tal vez ande de putas, o drogándose. Ya sabe cómo son. –es increíblemente grosero y el comisario Fox siente una rabia fría. Conocía a sus vecinos, era bueno llevarse bien, por suerte no había que apreciarles.

   -¡Todos son marines! –sentencia el militar, conteniendo las iras a duras penas. Le molesta el indolente encogimiento de hombros del otro.- ¿Vive solo? La propiedad es bastante grande. –pregunta seco. Jim, ojos fríos y duros, no le responde, se vuelve hacia el comisario.

   -Responda, Preston.

   -Vivo solo.

   -Curioso. –comenta el sargento, deseando preguntar muchas cosas más.- Sobre todo por lo apartado que está de todos.

   -Y ni así logra uno un poco de paz. –la réplica le molesta.

   -¿Entonces no vio a nadie, nada?

   -Es lo que dije. –sus miradas se encuentran, desafiantes.

   -¿Le molestaría que… revisáramos los alrededores? –pregunta el militar, notando el ceño del comisario y el tensar del otro.

   -¿Tiene una orden?

   -¿La necesitamos? –reta otra vez.

   -Para “revisar” si. No me gusta que se metan en mis cosas. Es mi propiedad, mi casa. Mi derecho. Soy un hombre blanco, protestante, un ex marine que sirvió a su país; no me gusta que nadie se crea con la potestad de incordiarme. –es la réplica casi miliciana. Se vuelve hacia el comisario.- Pero si quiere hacerlo, Fox, hágalo. No debo permitir que el tono fascista del sargento impida que se busque a ese marine. Allí está la casa, por allá el establo. Ahí el…

   -No es necesario, Preston. –corta Fox.- Lamento haberle molestado.

   Jim, quieto, brazos cruzados, les ve hablar en voz baja, nota como el comisario casi lleva a rastras al otro al auto y parten después de un saludo.

   -¡Espero que le encuentre! –todavía tiene la desfachatez de gritar.

……

   -¡Ese sujeto es sospechoso! –brama molesto Dickson.- Debimos revisar y…

   -No teníamos un motivo ni una razón para hacerlo. Que sea una persona desagradable no le hace un delincuente. Y debo decir que su tono de “si quiero puedo”, no ayuda, no por esta zona. La gente siente que sus casas son sagradas y nadie tiene derecho a meterse en ellas sólo porque lo desea. –ruge el comisario, mirando hacia atrás por el retrovisor.- Aunque su tonito de supremacía blanca debe tenerse en cuenta. Creo que investigaré un poco más a fondo al vecino.

……

   No sabe cuánto tiempo lleva padeciendo esa pesadilla que  confunde su mente. Le parecen horas, se siente tenso, excitado, hambriento, agotado y a un tiempo lleno de energías. Ya no distingue lo que hace o dice, sabe que farfulla a través de la mordaza, pero no sabe qué. Luego nota que puede mover las mandíbulas al quedar liberado. ¿Es cierto? No está seguro, sólo que está tenso, muy tenso.

   -Vamos, hazlo. –oye a sus espaldas, directamente detrás de él, notando sólo ahora que está de pie, frente a la silla, desde donde ese sujeto le mira, sentado, sonriendo, totalmente desnudo a excepción de sus botas militares y las chapas en la cadena alrededor de su cuello.

   Le ve sonreír sardónico, las manos descansando cómodamente sobre los apoya brazos, la verga totalmente erecta, tal y como la temía (e imaginaba), larga, gruesa, rojiza, totalmente nervuda, la cabeza brillante, una gota mojando el ojete. Y él de pie, quieto. Agitado se pregunta por qué no corre, por qué no huye. Sólo le mira.

   -Vamos, chicano, sé que sufres y que no puedes resistirlo más. No es tu culpa, lo sabes, es lo que quieres, esto… -y sonriendo, sin tocarse, agita la verga en la nada, como una dura vara de mago, mareándole.- Deja de negártelo, desde que la viste sabes que no quieres ni puedes escapar de ella, ¿verdad? –y la agita más, y él sin poder apartar la mirada. Todo deja de tener sentido.- Ahora, chico…

   Y temblando como una gelatina, tragando en seco, él mismo no puede creer lo que hace; volviendo la mirada al frente, cierra los ojos mientras se atrapa las nalgas con las manos, separándolas mientras va echando el culo hacia atrás, agachándose, va a sentarse sobre la tiesa barra que pulsa y envía vahos de calor que le llegan. ¡No!, ¡no!, grita su mente, pero no se detiene. Tan sólo un instante cuando la mojada y roja cabeza pega de su entrada, quemándole.

   Echando la cabeza hacia atrás, apretando los dientes con rabia, Eddy Morales baja su culo, y palmo a palmo va atrapando la gruesa pieza que le abre el esfínter, le frota las paredes del recto y le llena con su presencia estimulante. Grita mientras lo hace, jadea, pero no se detiene. Ese sujeto no hace nada. Sólo ríe y espera. Y el marine extraviado cae sentado sobre su regazo, totalmente empalado sobre esa verga que le llena por completo, estremeciéndole.

   -¿Te gusta sentir tu culo lleno de güevo, chicano? –le pregunta al oído, y a Eddy todo le da vueltas.- Responde o te la saco.

   -Oh, Dios, si… -grita casi con rabia, desesperado, odiándose al hacerlo, su culo aprisionando y masajeando la dura mole de carne masculina que penetra su entrada secreta y sagrada de hombre heterosexual.

   -Vamos, hazlo, sube y baja como deseas, enculate tú mismo como te pide tu cuerpo. Demuéstrame cuánto te gusta, y en cuanto lo hagas serás mi perra para siempre. Hazlo y serás mío.

CONTINÚA … 8

Julio César.

CORRERÍAS EN BOSTON… 10

julio 21, 2015

CORRERÍAS EN BOSTON                         … 9

   En un ataque viral había perdido esta historia, la carpeta donde estaba se borró toda, y la página de donde la había sacado mi amiga Sonia, cerró. Aparecía un chivo llorando que molestaba mucho. Por aquellos días pensé terminarla de memoria, la había leído y anoté las acciones principales, con lo peligroso que resulta escribir así, todo termina confundiéndose y pareciéndose. Lo dejé hasta allí porque creí que no la seguía nadie. Pero lo intentaré por dos cosas. Me gustó porque Sam sufría horrores al estar celoso de Dean, y porque un amigo de la casa le gustó. La dedico, totalmente, a Josh Salvatore. Me alegra saber que les gusta cómo las llevo, a pesar de lo mucho que tardo a veces. No descuidaré los otros relatos que llevo actualmente, pero paciencia, que esto es por diversión, no es trabajo. Hoy, por ejemplo, es noche de The Strain.

   La siguiente historia, QUE NO ES MÍA, es un Wincests enviado por una amiga. Que me perdone la autora, pero era una mala traducción del inglés y tuve que llenar algunos espacios. Me agradó mucho. Me gusta cuando Dean sorprende a Sam, y cuando Sam anda perdido de celoso (¡ha hecho sufrir tanto a Dean!). Disfrútenlo.

……

Titulo: Una noche en Boston

Autor: yeya-wc

Tema : wincests

Estado: en proceso

Rating: PG-17

Resumen: Dean sorprende a Sam con una vida secreta, una donde pensó dejarlo todo, incluso las cacerías.

WINCEST HOT

……

   Dean se dispone a subir las escaleras cuando una de las doncellas baja, con una figura espectral materializándose tras ella. Un niño. El disparo de sal no se deja esperar. La figura desaparece con una mueca de intenso odio dirigida al cazador.

   -¡Maldición! –ruge todo mala leche.

   -¿Qué ocurre? ¿Creí que habías quemado los restos? –grita Nicholas, acusador.

   Dean, después de mirarle feamente, amartilla el arma y se dirige hacia las escaleras que llevan al sótano.

   -Esa mujer fue asesinada en esta casa. El viejo puritano lo hizo. Pero no sólo a ella. Antes mató al niño y le sepultó, seguramente también en el sótano. Tal vez… tal vez era su hijo y no un pariente. Es la historia de esos puercos rezanderos; embaraza a la ama de llaves, esta pare y lo hacen ver como un pariente lejano que llega de pronto. Al ir enloqueciendo en sus ideas victorianas, la ve a ella como una seductora enviada por el demonio y al niño como un fruto de ese pecado que le condena. ¿Cómo no lo pensé? –se cuestiona deseando golpearse la frente con el rifle. Claro, porque no estaba su papá para guiarle. O Sam.

   -Eso suena a telenovela.

   -También leíste que el ama de llaves pasó tiempo fuera recuperándose de unas gripes, o visitando a su astrólogo o algo así, ¿no? Imagino que eso duró mientras cargaba una barriga visible.

   -Pero… Pero nunca había molestado. El niño. Hasta ahora.

   -Tal vez le molestó lo que le hice a su madre. –se detiene a la entrada del sótano.- Quédate aquí. –ordena y Nicholas se detiene, con mala cara.

   Dean regresa al polvoriento sótano y levanta con esfuerzo la puerta caída con la que cubrió los restos calcinados de la mujer. Cae en la pequeña fosa y cava. Por suerte habían dejado todas las cosas allí. Las luces parpadean, el niño se materializa al borde de la fosa y con una mueca de odio se inclina para rasguñar a Dean cerca de su cuello, pero un disparo se deja oír y se desintegra. El joven cazador, jadeando (temió que esas garras se le clavaran), vuelve el rostro. Allí, casi a su lado, estaba Nicholas Stanton empuñando el arma. Decidido. Firme. Sigiloso en su paso. Y el joven cazador no puede evitar sentir cierta admiración. Y gratitud. Su rostro pecoso resplandece un poco cuando sonríe y guiña un ojo, volviendo a cavar. Por eso no repara en la confusa mirada del otro, quien sí le clava los ojos en la nuca y en los anchos hombros.

   La menuda osamenta aparece. Dean sale con esfuerzo de la fosa. Nicholas tiene que darle la mano, la cual ahora si acepta. Y cuando le hala, se miran a los ojos. Y hay algo cálido, viscoso e incómodo para los dos. El cazador sala y empapa de combustible los huesos, pero antes de lograr quemarles, una viga sale disparada y le golpea feamente en el pecho, cae hacia atrás y una vieja cabilla se le clava en un costado de su baja espalda. Eso no impide que el encendedor vuele y caiga dentro de la fosa. Un niño espectral, con una mueca demencial de odios en su joven rostro, se materializa por un segundo sosteniendo la viga, desapareciendo entre gritos de rabia como un viejo pergamino en llamas. Dean sonríe satisfecho, mientras rueda y cae sin sentido.

   -¡Dean! –se alarma feamente Nicholas, cayendo de rodillas a su lado, sin importarle el sucio y el polvo, cosas que habitualmente le detendrían. Toca el joven rostro de ojos cerrados y boca abierta, palmeándole levemente una pecosa mejilla, incapaz de despertarle.

   Maldiciendo, con el corazón acelerado (y no por la idea de un joven muerto en casa de su abuela), le alza en brazos. Fue extraño tomarle así, notar como el inconciente y pálido rostro rueda hasta chocar de su pecho. No lo entiende, pero… Mientras sale del sótano va gritando, a su abuela. Exigiendo ya la presencia de un médico.

   Dean estaba herido.

   Y él necesitaba socorrerle y protegerle.

……

   Aunque cómodamente acostado, incluso medio arropado, Dean Winchester siente que todo le duele, los músculos, los huesos, la cabeza y la garganta. Antes de abrir los ojos sabe que estuvo enfermo, posiblemente herido y que debió recibir un fuerte golpe en el costado derecho porque algo le aprisiona el torso; que está en una cama que no es la suya (seguramente en casa de la vieja dama Stanton); que comienza la mañana porque nota la claridad y siente sobre su piel algo de sol, uno que no quema en realidad; que está en bóxer únicamente… Y que hay alguien más en la habitación. Una presencia quieta, silenciosa, sin embargo poderosa. La idea le inquieta, mientras chasquea con la lengua y trata de tragar. Joder, no tenía saliva y sentía la boca amarga. Abre los ojos, con cuidado, una vieja costumbre cuando sabe de hecho que alguien más está cerca y desea observar y evaluar sin ser notado. Le ve y los abre mucho, de la sorpresa.

   Dándole la espalda, en mangas de camisa, dando una impresión de poder físico y hasta de clase, Nicholas Stanton mira hacia abajo, hacia los jardines de la casona. Porque si, está aún bajo el techo de los Stanton. Saberlo y verle allí, las manos en los bolsillos, la ancha espalda, los recios hombros, el cabello castaño algo desordenado, le inquieta de maneras que no entiende. Le nota tensarse y volverse. El cazador enrojece al verse pillado mirándole, quien sabe de qué, por el entrecerrar de ojos del otro.

   -Despertaste. –dice como si tal cosa.

   -Observador. –desvía la mirada, intentando ocultarse en las chanzas, alzando algo la gruesa manta.- ¿Y mis ropas?

   -Te las quité. También el calzoncillo; si no lo recuerdas, llevabas otro. –anuncia de manera directa, divirtiéndole el ver cohibirse al gran cazador de boca grande.

   -Qué amable… y minucioso. –no le mira, el silencio del otro le obliga a alzar la verde mirada.

   -No te preocupes, no fue un deber desagradable. Y no tienes de qué avergonzarte. –y eso si que le descoloca totalmente.- Bebe jugo, el médico dijo que despertarías algo deshidratado. Padeciste fiebre. –informa acercándose y sirviéndole en un vaso de una jarra, viéndose extraño que un hombre como él haga eso.

   -¿No había nadie más que se ocupara de mí? –intenta bromear, tomando el vaso con mano temblorosa.

   -Me ofrecí. –responde mirándole, y Dean se atraganta, bebe pero con dificultad, le duele la garganta… y ese tío no dejaba de mirarle.

   -Gracias. –croa y deja el vaso en la mesita. El silencio se hace opresivo.- Agradécele a tu abuela…

   -¡Le diste un gran susto! –le suelta con dureza, y totalmente sorprendido, Dean nota el disgusto en los ojos del abogado.- ¡Casi me matas de susto a mí! -le suelta.

   -Oye, ¿qué te pasa? No fue mi intensión que todo resultara así, a veces los fantasmas… -calla, totalmente descolocado cuando el otro cae sentado a su lado en la cama, casi obligándole a retroceder hacia la cabecera, medio sentándose.

   -No hablo del fantasma sino de ti. ¿Por qué tienes que hacer ese trabajo tú? ¿Por qué te arriesgas de esa manera… casi suicida? ¿Y si hubieras estado solo? ¿Y si en la casa no hubiera habido nadie que te ayudara con el niño muerto o te levantara del piso del sótano? –va alzando la voz. Dean saca mandíbula, ojos fríos.

   -Son riesgos laborales. Alguien debe encargarse de esas cosas, ¿no? Viste lo que hacen.

   -¿Pero por qué diablos tienes que ser tú? –le silencia, ojos llameantes.- Joder, cuando te vi caído… cuando perdiste el conocimiento pensé que… -traga. Como molesto con su debilidad.- Me asustaste tanto. Creí, por un segundo, que habías muerto. –las últimas palabras salen lentamente, costándole, los labios rígidos, los ojos clavados en los del cazador.- No quiero que nunca más te arriesgues de esa manera. No quiero que hagas esa mierda de trabajo nunca más, Dean.

   El cazador traga, su nombre en esa boca sonaba casi a insulto pero también a caricia; no entiende la corriente cálida que le envuelve, algo grato, también intimidante. Era extraño que alguien fuera de su familia se preocupara así. Y aún ellos…

   -Es mi trabajo. –repite, bajando la mirada, no quiere que el otro lea nada en sus ojos.

   -Que lo haga otro. –repite este.

   -Cuidado, abogado, o terminaré creyendo que me amas. –intenta la chanza, la burla, congelándose cuando una mano firme le atrapa el mentón, obligándole a elevar la mirada como si fuera un chiquillo.

   -No sé que siento, Dean, y aunque eso me molesta y me irrita mucho contra ti… también me gusta, de una manera que… -toma aire y calla.

   Como la mayoría, se guarda lo que siente. No puede decirle que gritó y casi amenazó gente cuando el médico no aparecía, que le llevó en brazos a esa cama y le tocó por todos lados buscando heridas, sintiéndose sucio por parecerle extrañamente erótico el palparle los costados, el cuello, tras la nuca; deseando ayudarle, curarle, odió la impotencia de no poder hacer nada en ese momento. No le dirá que se sintió un sátiro ayudando al médico a retirarle las ropas, o que en un descuido del otro, le acarició lentamente una de las clavículas con los dedos, o que con un pulgar le frotó el puente de la nariz como deseando tomar algunas de sus pecas. O que la tenía ligeramente dura bajo el pantalón mientras lo hacía, y que, otra vez sintiendo culpa, fantaseó con la llegada de un momento cuando debiera darle un baño de esponjas. Tan sólo una fantasía culpable que no ocurrió.

   Menos le dirá que al verle en la cama, no pudo ni quiso apartarse; ni logró explicárselo a su abuela, quien le miraba confusa; no dirá nada de la impotente rabia que sintió al verle arder por la fiebre, dolencia que se sumaba a sus dos costillas lastimadas. No le dirá que la primera noche dejó su cama y le visitó dos veces, y que en una de ella debió medio mantenerle sobre la cama, la palma en su pecho, para que no se levantara, mientras llamaba a alguien llamado Sam. Sam, un nombre que le disgustó mucho. Le fue insoportablemente odioso, sumiéndole en la rabia hasta que el pecoso abrió los ojos, nublados, sonriéndole con afecto, cosa que por un instante le produjo un vació de debilidad por lo mucho que le gustó.

   -Hey, Sammy… -y que la aclaratoria de la fiebre llegó, acabando con esa alegría.

   Igualmente callará que buscó sus antecedentes y que usando los recursos de la Fiscalía, accediendo a muchos lugares, le llevó rato pero supo del niño de cuatro años que perdió a su madre en un incendio en Lawrence, Kansas, después de sacar  de la casa al hermano, de meses de edad, que su padre casi muere intentando salvar a su esposa. Leyéndolo, ceñudo, se sintió incómodo, inconforme consigo mismo por haber sido duro con el joven cazador. Pero algo le alegró, Sam, Samuel, era su hermano. No quiso analizar el alivio tan intenso que sintió. Eso tampoco se lo diría…

   Todo eso lo piensa en los segundos que le llevan a Dean enrojecer por sus palabras anteriores, viéndole sonreír de manera torva. Era algo que iba reconociendo en el cazador, escapaba hacia adelante, fingiendo que nada le alcanzaba.

   -Vaya, ¿entonces es cierto?, del odio al amor… -intenta molestarle, le era más fácil tratar con el guapo abogado de manera defensiva, ese tono casi confuso de sentimientos le desconcertaba.

   -Eres una persona muy extraña, Dean Winchester. –entrecierra los ojos; es un hombre acostumbrado a conocer a los otros, a calibrarlos, a buscar sus puntos débiles.

   -¿No sabes qué sientes por mí y yo soy el extraño? –el mismo tono de confrontación, aunque decirlo le avergüenza.

   -Pareces encontrar difícil de creer que le agrades a alguien más allá de la gratitud por lo que haces. –le desconcierta.- ¿Acaso imaginas que las camareras que te abren sus piernas lo hacen únicamente por tu cara bonita? –ni siquiera lo de cara bonita logra que Dean reacciones con rapidez, desconcertado como está por la intensión de las palabras.- ¿No se te ocurre que ellas, que cualquiera, pueda sentir ganas de…? -sus labios se cierran en una mueca, sus hombros se encogen.- ¿…Simplemente quererte por algo que ni tú puedes controlar, como tu persona?

   -No sé de qué hablas. –se tensa, medio sentándose en esa cama, cubriéndose con la manta; era extraño, él, Dean Winchester, sintiéndose algo avergonzado de dejarse mirar, pero esos ojos que lo recorren le erizan la piel.

   -Si, parece que no lo entiendes. –le sonríe, luego se le encima, ojos entrecerrados, sobresaltándole, tensándole, casi obligándole a echarse hacia atrás, pero Dean Winchester nunca retrocedía.- ¿Acaso tu familia no acostumbra a agradecerte lo que haces?, ¿por ser cómo eres? –el cazador se congela.

   -Amigo… -casi advierte, se miran a los ojos, tensos, dos machos alfa a punto de colisionar.

   -Dime Nick… -es la suave réplica del sujeto, que sonríe todo chulo mientras le mira el gordito labio inferior, algo que el cazador sabe detectar y con las mejillas intensamente roja se deja caer, apretando más la manta.

   -Estoy cansado. –casi grazna, sin mirarle. La mano de este sobre su frente, le impacta, pero no se mueve, tan sólo se miran.

   -¿Te sientes bien? ¿Regresó la fiebre? –le pregunta suave, bajito, ronco y preocupado, pero también había intencionalidad, y Dean tragó en seco.

   -No, estoy bien, sólo… cansado.

   -En ese caso, duerme; debo hacer algunas llamadas. Me alegra que hayas despertado al fin, le avisaré a la abuela, ha tenido el alma en vilo. –le informa, como si nada, y como si nada baja el rostro y roza los labios con los del cazador, que abre mucho los ojos.- Descansa. –dice como si tal cosa y se aleja.

   Todavía paralizado, totalmente enrojecido, Dean balbucea sin palabras, viéndole alejarse. ¿Qué coño acaba de pasar?, se pregunta. No lo sabe, pero su piel arde, los labios le tiemblan y lucha contra el deseo de pasarse la lengua. ¿A qué jugaba ese sujeto? ¿Por qué se lo permitía?

……

   Cerrando la puerta a sus espaldas, dejando a Dean a solas, Nicholas se detiene y pega la espalda de la madera, alcanzado también él por lo que hizo. Que fue totalmente intencional, ese muchacho bonito le alteraba de alguna manera y quería saber por qué o hasta qué punto. Pero rozar sus labios… él sí se los toca, con el corazón palpitándole con fuerza en el pecho… otra vez medio duro bajo sus ropas. Debe luchar a brazo partido para alejar la imagen de esos labios gorditos y golosos subiendo y bajando sobre su verga dura y caliente de ganas, dejándola brillante de saliva. Seguro que si los cubría con su boca, mientras le estaba enterrando el tolete por el culo, se tragaría unos bonitos y sensuales gemidos roncos. Menea la cabeza, impaciente.

   ¿Qué diablos estaba pasándole?, se reprende. No es un santo ni un mojigato, su vida sexual ha sido buena, pero tan sólo pensar en el pecoso se la ponía de piedra. Aunque, a decir verdad y tal vez allí radicaba la sorpresa, el sexo nunca fue una prioridad en sí. Lo hace porque le gusta el cómo se siente cuando toma a alguien en la cama, llenándole con su virilidad, liberándose, alcanzando la cima de los orgasmos. Sí, todo eso era grato, pero siempre le pareció que alcanzar sus metas, cumplir sus ambiciones personales, políticas y económicas, le agradaba más. Hasta ahora…

   Vuelve la mirada hacia la puerta. ¿Acaso no sería mejor salir de ese muchacho, ahora, antes de enredarse en problemas? No porque fuera un hombre, ha compartido momentos con uno que otro, muy distanciados en el tiempo, generalmente mamadas recibidas. Nada más. Y nunca había sentido las ganas que el Winchester despertaba en su cuerpo, comenzando por el miedo que le produjo verle caído, el deseo de cuidarle, protegerle. Tocarle… Joder, las ganas que tiene de verle montado a hojarasca sobre sus caderas, mientras está de espalda, y verle cabalgar sobre su verga, apretándosela duro con el culo, tal vez metiéndole un dedo entre los gorditos labios. Bota aire, no, no le apartaría.

   Pero no era Nicholas Stanton un hombre falso, no se estaba engañando a sí mismo. Aunque le inquietaba la debilidad que sentía frente a Dean, le excitaban mucho más las posibilidades (morder sus labios, meter su lengua entre ellos, tocarle, acariciarle, llenarle como deseaba ahora si con la verga abultándole escandalosamente); sabía que todo era por él. Le asustó verle herido, pero le gustó porque le dio la oportunidad de retenerle; le alarmó saberle afiebrado, pero fue bueno porque quiso cuidarle y eso le obligó a quedarse bajo el techo de su abuela, a su alcance. Le gustaba Dean por el placer que la idea en sí le brindaba

   Definitivamente, se dice con sorna mientras se aleja, era un tío tan complicado como poco sentimental. Como todos le acusaban.

……

   Sentados al gran comedor mientras cenan en silencio y comodidad, Nick y Rebecca oyen unas suaves polkas, de Strauss; la mujer le agradece a una de sus domesticas, Martha, mientras esta le repone el vino en la copa. No mira a su nieto pero a él se dirige.

   -Es una pena que Dean no quisiera acompañarnos a cenar.

   -Dice que se sentía agotado. –responde él, no muy convencido.

   -Entonces, querido, ¿te quedarás esta noche también? –no hace falta verle para saber que se tensa.

   -¿Te molesta, abuela?

   -Claro que no, pero ya llevas días… los que lleva Dean indispuesto. –la suave inflexión le hace alzar la mirada al hombre, que oprime los labios al reparar en la sonrisa contenida de la mucama. Al notarlo, esta se congela.- Déjanos a solas, por favor, Martha. –esta sale, y se ven menos formales.- Tu… interés en mi casa es motivo de especulaciones. Y no solo de ellas.

   -Que se metan en sus asuntos. También tú –es seco al arrojar la servilleta a la mesa.- ¿No se te ocurre que puedo estar preocupado por si alguna de esas… cosas sobrenaturales regresa?

   -Claro que sí; una noche. O dos. ¿Pero tres? –le mira fijamente.- Cariño, me agrada Dean, mucho. Es arrogante, bello, voluntarioso, sexy…

   -Nana… -se le nota incómodo hablando de eso con su abuela.

   -Pero no es para ti. –es algo seca.- Es un gran chico y no quiero que le lastimes. Y bien sabe Dios que no pareces poder querer a alguien sin… -lo impacta.

   -¿Qué? ¡No! ¿Querer a alguien? –se atraganta y señala con un dedo sobre su hombro.- ¿Crees que ese pequeño y ordinario patán…?

   -Desde que le conociste los ojos te brillaron, amor. Y se bien lo que significa. Te irritó su independencia, su orgullo, su soberbia. Y es lindo, ya lo dije, ¿verdad? Creo que ambos nos hemos fijados en ese trasero redondito. ¿Qué?, estoy vieja, no muerta, y no me cansaré de repetírtelo. –replica a su expresión.- Así que no intentes engañarme con racionamientos intelectuales. Lo que sientes cuando lo ves…

   -Nana… -previene, tenso.

   -Lo que digo es que… -por primera vez parece abrumada.- Dios, no debería hablar de esto contigo, de chicos compartiendo tu cama, ¡a tu padre le disgustaría tanto! Pero lo que quiero decir es que si… te interesa tanto, está bien, pero no intentes… controlarlo, cambiarlo. No le hagas daño, Nicholas. –advierte nuevamente. –el hombre va a replicar feo.

   -¡Señor! ¡Señora! –alarmada, perdidas sus buenas maneras, Martha, la domestica, regresa. Agitada.

   -¿Qué ocurre, querida? –el tono majestuoso de Rebecca la controla. La mujer mira de la anciana al hombre.

   -Dean… es decir, el señor Winchester, está recogiendo sus cosas. Dice que tiene que irse. Yo no le vi nada bien, ¡pero se va!

   La noticia causa sensación. La anciana se preocupa. El hombre se molesta.

   -¡Ese maldito imbécil terco! –ruge Nicholas.

   -Pero sigue débil… ¿no me dijiste que todavía está algo afiebrado? –gime la anciana poniéndose de pie. Pero es detenida.

   -Espera, abuela, yo me ocupo. –dice el hombre y su tono es terrible. Mientras va poniéndose de pie no puede dejar de pensar en lo irónico de todo, su abuela no deseaba que le cambiara, que le controlara, y justo eso iba a hacer.

   Dean comenzaría a entender que ya no era totalmente dueño de sí.

CONTINÚA … 11

Julio César.

AMIGOS EN PISCINA

julio 21, 2015

SALUDABLE EVOLUCION

JUEGOS ENTRE AMIGOS HETEROSEXUALES

   -En serio, güevón, te ves agotado. –le dice riendo.- Te vas a caer si sigues así, mejor asegúrate clavándote en mi estaca.

EN MANOS DE UN BUEN ENTRENADOR

Julio César.

NOTA: Hay otro video del que me quiero deshacer, pero como fue bueno y me gustó, quiero darle uso. ¿No han sentido ganas de hacerlo en el trabajo? ¿Han tenido la oportunidad? Algo así le ocurre al amigo en OFICINA CALIENTE

¿QUE POR QUÉ UN HILO?… 2

julio 20, 2015

¿QUE POR QUÉ UN HILO?

UN HILO DENTAL LLENO

   Siempre te parece horrible su juego, pero sabes que él lo quiere. Que llegues a ese parque donde la gente se ejercita, duerme o lleva sol, y que te tiendas boca abajo con tu tanga hilo dental, la blanca elástica. Sabes que los chicos que están cerca jugando rugby o futbolito, en caimanera, te mirarán, gritaran asombrados y escandalizados. Les verás reír y burlarse, para luego excitarse. Cuando ocurre, lo sabes, y no puedes evitar levantarte en cuatro patas, como buscando una mejor posición, pero viéndoles, rojos de caras, ojos brillantes. Todos tocándose los paquetes erectos bajo las ropas, preguntándote si quieres que te den juntos todo eso. Si, era degradante, pero no tanto como cuando él llegaba, te reñía a gritos por usar eso en la calle, dándote algunas nalgadas, esos chicos observando y casi aullando. Casi mojados cuando le ven posar la mano y meterte un dedo, mirándoles desafiante mientras lo hace. Sabes que te proclama como su propiedad. Luego te llevará a casa y te amará hasta la saciedad.

UN CHICO Y SU HILO DENTAL BLANCO

   En la vida de los chicos siempre hay alguien que nota como sus ojos se van desbocados ante las recias anatomías de los tíos cuando salen chorreando agua de alguna piscina, el cómo sus caritas enrojecen recorriendo esos torsos, brazos, muslos y bañadores ajustados. Como ocurrió con este; un amigo de su papá le notó esas miradas, también las que lanzaba a las cuerdas del lavado cuando les visitaba y veía las tangas de su mujer. ¿Cómo olvidar la cara del chico cuando en uno de sus cumpleaños, el quince o dieciséis, le regaló una tanga de encajes? La primera. Nada dijo. Nada comentaron. Pero sabía que la usaba casi a diario. Como hombre de experiencia sabía que debía ayudar al chico a encontrar su camino, a no temer tanto lo que deseaba, incluso a que se atreviera a probarlo… un buen día, un tipo afortunado, se comería ese rico dulcito apenas cubierto.

CONTINÚA … 3

Julio César.  

ELISA GUERRERO Y JOAN SEBASTIAN… EL ADIOS DE UN ADMIRADOR

julio 20, 2015

ELISA GUERRERO

   Una de las duras…

JOAN SEBASTIAN

   En menos de dos semanas he perdido a dos artistas que me agradaban, curiosamente los dos un día lunes. Uno extranjero, Joan Sebastian; la otra era una dama muy criollita de estas tierras, Elisa Guerrero, tanto que le daba de frene al joropo, incluso al mirandino… que no es el más bonito del mundo. Y que me disculpen los joroperos. Ella se fue primero, pero comenzaré por él.

   Muere el pasado lunes 13 de Julio el cantautor mexicano Joan Sebastian, nacido como José Manuel Figueroa Figueroa, a los sesenta y cuatro años de edad, víctima de un cáncer de medula ósea contra el que peleó más de una década. Una pena total. En verdad desconozco casi todo sobre él, como hombre, como persona; aunque su música era imprescindible en toda antología de romance y nostalgia. Amo las obras realizadas por otros, sus creaciones, aquello que hace que te detengas a escuchar o a ver y que enternece, que llega adentro, pero pocas veces me fijo en su creador o autor. Lo veo como un bien del mundo, como la lluvia que ayuda a las plantas, el sol que alegra los días de playa, parte del paisaje que hace más felices nuestras vidas. Ahora sé que de los cantantes en nuestro idioma, el señor Sebastian había ganado doce premios Grammy, pero no en su versión latina. No, esos donde compite y vence a los artistas de otras lenguas. Así de bueno era. Y lo es, porque su trabajo será para siempre. Me aseguran que en México fue un día de luto. Como debía. Una gran pérdida para todos.

   Si su penoso deceso se puede decir que fue natural, cosa que no consuela (parte de este mundo en una edad productiva, cuando muchos autores encuentran nuevo aliento en todo lo vivido), el caso de la señora Guerrero no fue tal. La dama cae víctima de la violencia del día a día en una tierra otrora de gracias.

   El día lunes 6 de Julio, bien temprano por la montaña, amanecemos con la noticia de que había sido asesinada esta dama de nuestro folklore, Elisa del Carmen Guerrero, en su propia casa, en Tinaquillo, estado Cojedes (hasta eso suena a su amado llano). La gente se indignó, demasiadas personas caen asesinadas a manos de la violencia, y todo se polarizó en la prensa según el enrarecido clima social al que fuimos llevados (sembrándose el odio dentro de la población para que un grupo amenazara al otro y unos cuantos vivos se mantengan en el poder). Cada vez que algo de esto ocurre todos hablan de la manifiesta y comprobada incapacidad del Gobierno para brindar seguridad a la población, y como cada vez que ocurre se grita desde los medios de comunicación controlados por el G2 cubano que son maniobras desestabilizadoras y que ahora si implementaran un plan de seguridad. Repito, lo de siempre.

   Sin embargo, todo parece indicar que los asesinos de la dama joropera estaban ya dentro de su casa; cae a manos de la señora que le llevaba la casa, la domestica, pues, en complicidad con el hijo, un muchacho de quince años al que ya ha envilecido. Esto también produjo comentarios furibundos a favor y en contra de la locura que nos domina. Y es cierto, el Estado es responsable por el malandro que se apodera de una esquina para robar y matar, pero poco puede hacer para contener a los que ya pueden estar en mi casa (durmiendo con el enemigo, como se dice); pero la realidad es que la misma excusa desmonta el argumento. ¿En qué cabeza cabe que puedes matar a alguien en su casa y que no serás el principal sospechoso y que te apretarán las tuercas hasta que hables y te condenes, especialmente si tienes un muchacho por cómplice? Difícil debe ser descubrir o ubicar al criminal aleatorio, al chofer borracho que atropella y huye, ¿pero en este caso? Será como dice una amiga mía, la gente cree que puede hacer lo que le da gana, incluso matar, sin que le pase nada porque ya no hay gobierno. Y lógica hay en ello, el año pasado cayeron a manos de la violencia en Venezuela casi veinticuatro mil personas (sin haber guerra, terremotos o hambrunas por catástrofes naturales), y la señora que se dice Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, que vive quejándose de quienes critican su triste proceder, reconoce que de esos casos, menos de dos mil se investigaron. Dos mil casos de veinticuatro mil crímenes ocurridos, porque ella está muy ocupada enjuiciando estudiantes, periodistas y políticos de oposición. En semejante clima cualquiera puede creer que saldrá liso después de asesinar a otra persona. Si, si hay responsabilidad estatal.

   De la señora Guerrero, que en paz descanse, este tema fue lo primero que escuché por una emisora FM, la 93.1, dedicada a la música mirandina (no me gustan sus letras y sin embargo la escuchó). Y me encantó, el tema, la entonación, la voz. No sé por qué imaginé, oyéndola esa primera vez, a una mujer bajita, mayorsona, medio morena, de pelo negro con una cayena adornándolo, malencarada y un vestido de falda ancha, una María Rodríguez con su Oración al Tabaco, que también descanse en paz. Pero no, era la dama una mujer joven. Qué pena.

   Que en paz descanse.

Julio César.

MAS TIOS XXX

julio 20, 2015

FLOJERA DE ESCRIBIR…

PASAPALOS EN LA DESPEDIDAS DE SOLTERO

   Para sorpresa de los amigos, está comiendo y disfrutando el patillo nuevo que su novia le prometió para la despedida…

EL VECINO QUE TODOS AMAM

   -¿Ayudarte con el carburador de la moto? Coño, si mi mujer duerme y la tuya no está, mejor te dejo el tanque full, que seguro ya lo tienes vacio.

UN PAR DE CHICOS QUE SE ABREN A LA VIDA

   Compartir piso con dos desconocidos es todo un reto, pero ya los tengo bien controlados, llego y ya los tienen mojados.

PURA FLOJERA

Julio César.

ALIÑADA

julio 20, 2015

CULPA DE SU MUJER

UN HOMBRE EN PANTALETAS DE ENCAJES

   Cosas que pasan…

   Tiembla oyendo las risas groseras y escandalosas de sus colegas de la construcción, tipos horriblemente ordinarios, a quienes su mujer llevaba a casa con engaños, prometiéndole tácitamente que le tendrían a ella… pero sería después de que pasarán por él. Jamás debió transigir en aquello, en la cama, cuando Marieta le pedía que su pusiera su pantaleta de la suerte. Lo hizo, le gustó, se le ponía a millón contra la suave tela, pero entonces ella quiso que las usara a todas horas. Dormía desnudo, con medias de seda, mientras ella le lavaba y secaba la pantaleta. Y le gustaba cuando ella le acariciaba las nalgas sobre la tela, cuando le daba palmaditas, cuando le llamaba zorrita metiendo una mano y tocándole el hueco. El juguete unido a un cinturón le sorprendió, como lo que sintió cuando lo usó en él, apartando sólo un poco la pantaleta. Ya no hacían sino eso, y le gustaba, le encantaba. Ella, riendo, dijo que probaría algo nuevo…

   -Pero ¿qué coño…? –escucha la voz de Jairo, el más ordinario de los hombres. Y las risas, pitas y burlas de los otros.

   -Mi marido y yo estamos faltos de machos. –informó ella, riendo, en medio del escándalo por la sorpresa.

   Sabía que ella buscaría a alguien, un tipo para eso, cosa que le asustaba pero la pantaleta le controlaba. No esperó esto, que llevara a sus camaradas de trabajo.

   -Bueno, primero yo. –bramó Jairo a sus espaldas, riendo, halándole hacia abajo un poco la tela.- Espero que te estés cuidando, ya he preñado cinco veces a Nancy. –rió cuando comenzó.

   Malditas pantaletas, pensó el hombre con amargura, antes de gemir de calentura.

CASOS DE CASADOS

Julio César.

EL TRAJE DE BAÑO DE FERNANDA

julio 20, 2015

LA COPA AMERICA PARA NOSOTROS

FERNANDA GONZALEZ

   Y retrata muy bien…

   Por alguna razón cuando abro el internet aparece la página de Yahoo!, y por estos días leí una de sus notas que titulaban “El polémico traje de baño de nadadora mexicana Fernanda González”. Huy, pensé, seguro que quiere usar algo chico y sexy en esas competencias Toronto 2015, una ventaja natural; pues no, miren ustedes. Alegaba la joven que no usaría el bañador seleccionado porque era una talla más chica que la suya. ¿Qué tal? ¿Recato? Tal vez, aunque por ahí insinúan que el problema es por dinero, o eso dicen quienes meten la pata y luego tienen que lidiar con los hechos culpando a otros, de eso sabemos en Venezuela. Aunque me parezca curioso, ella está en todo su derecho a buscar comodidad dentro y fuera de la piscina, y si le parecía que ese traje no era el adecuado, bien. Raro es que a veces los hombres, en este deporte, sean los que más osados se presentan. Lógico, estas competencias van asociadas a la salud, resistencia física y juventud, todo muy a propósito para verse “lindos”.

UN NIÑO GOLPEADO POR ADULTOS

Julio César.

CHICOS XXX

julio 20, 2015

EL HOMBRE PARA EL MOMENTO

UN CHICO PARA PASAR LA NOCHE

   -Bueno, esta noche duermes en mi cama. –dijo firme, como si yo, de visita, fuera a aceptar porque me miraba de esa manera… Y tenía razón.

CHICO RECIEN FOLLADO

   De regreso de la fiesta con amigos de su hermano mayor, no se pregunta qué pasó, sólo sabe que cuando le llamen otra vez irá gustoso y caliente.

OTROS CHICOS XXX

Julio César.