ESPERANDO LA UNA

mayo 24, 2016

ENTREGADO

TRAGON VEHEMENTE

   Siempre pasa en baños de tascas…

   No falla, siempre que los amigos llaman para salir a parrandear por esto y aquello, siempre cae entre semanas cuando al otro día se tiene una cita importante en el trabajo. Pero se asiste, porque hay que cumplir con la caña y los panas. Y eso es bebiendo y hablando paja desde las ocho de la noche hasta que te corren, pero antes de eso, y después de las doce, comienzan a pasar las cosas extrañas. Unos mean a cada rato, otro va y regresa con algo de vomito en la barbilla, y pasa que cuando le toca a uno, pasada la una de la madrugada, y entras al sanitario mal iluminado y algo rancio, encuentras a ese panita que tenía rato por allí, junto a los urinarios, dando una mamada. Lo borracho le daba por ahí, quedarse viendo a los tíos meando, sacándole conversación al que entraba, borracho también, aunque un poco menos, sabiendo qué es lo que buscaba ese tío, y todavía cayendo algunas calientes gotas de meado ya se lo ofrecía y este lo tomaba. De cabo a rabo. Siempre es sorprendente ver a un amigo o conocido así, gruñendo, gimiendo, ojos cerrados, todo frenético, como si llevara tiempo falto de una. Claro, al otro día nunca recuerdan nada de todas las que se tragan, porque sujeto que entre y les ve, también se le antoja y desea una ordeñada. Fuera de una fotico, para guardarla de recuerdo, pregunto y que cada quién responda con la mano sobre el corazón: cuando han pillado a un amigo así, todo entregado, tragando y casi llorando mientras chupa, ¿no se han puesto en fila para ver si alcanzan a recibir una?

AHOGADO EN NOCHES DE ALCOHOL

Julio César.

DIE SEWENTIENDE

mayo 23, 2016

TIENDE

CHICOS EN TANGAS EN LAS CALLES

   Amo esos puestos de ventas de ropas en las calles.

TIO SEXY EN DIMINUTA TANGA

   El cruel cuñado le obliga, cada noche, a ayudarle a depilarse.

MUSCULOSO EN BOKINI AMARILLO

   -Toca y verás cómo lucen todos mis músculos cuando se hinchan.

EL CHICO CALIENTE CON EL HILO DENTRO DEL CULO

   ¿Lo irritante para el primo con quien comparte cuarto? Cuando oye música y lo baila…

AGTIENDE

Julio César.

RELATOS CONEXOS… 5

mayo 23, 2016

RELATOS CONEXOS                         … 4

JUVENTUD,  DULCE  Y  CRUEL… 2

VEN Y PONTE A OLER

   -Oye, sé lo que quieres. Ven y tómalo…

……

   -Se ve como un juguete serio.

   -¿Le gustaría verlo tieso, señor? Se levanta bastante.

   -Claro. -jadea con una pesada expiración. Su mente era un torbellino imposible de detener o aclarar.- Ya se ve que será grandote.

   -Tendrá que ayudarme, señor. Necesito que me dé una mano. -le sonríe Lucas, con ojos brillantes de lujuria; era un joven de sangre caliente y le gustaba el sexo. Se acerca un poco más al otro.

   Justino estaba mudo, sudando, mirando al muchacho, y el tolete. Notando su arrogancia de juventud, su calor corporal. Con la decisión que se supone deben tener los uniformados, extiende la manota y cubre el güevo, agarrándolo a lo ancho, pero casi cubriéndolo todo. ¡Estaba agarrándole el güevo a otro hombre!, se dijo con un semiyeyo. Lo notaba temblar y palpitar contra su palma, lo sentía agitarse y crecer rápidamente, endureciéndose de una forma que sorprendía a Justino. Se estaba poniendo tieso, caliente, pero sedoso al tacto; era una pieza poderosa y maravillosa, como pensaba de su propio güevo. Le parecía vital y ya sobresalía de su puño, largo y grueso. Nunca le había agarrado el güevo a otro hombre, ni cuando muchacho cuando se suponía que, a veces, se experimentaban ciertas vainas. Lo aprieta duramente y comienza a sobarlo, frotándolo de adelante atrás, masturbándolo, ve al chico elevar un poco el rostro y lo oye gemir contenido. Nada extraño, era sabroso hacerse la paja, piensa Justino; pero el que te la haga otra persona, era aún mejor. Aunque, hacérsela al chico le parecía aún más caliente.

   -Póngalo duro, señor. Póngalo listo para usar. -graznó el joven, y Justino continuó sobándolo, sin poder apartar los ojos de su mano que lo sobaba.

   -Es grande. -gruñe ronco, intentando sonar más rudo y viril.

   -Y es todo suyo, señor. -invita el joven con una sonrisa.

   La mano del chico se extiende y le atrapa el tolete al hombre, sorprendiéndole y maravillándolo. Aprieta y soba, con ritmo; y a Justino le cruza por la mente la idea de que el muchacho sí había sobado güevos antes, tal vez con amiguitos de liceo o universidad que irían a su casa dizque a estudiar y terminaban jurungándose entre ellos. Ese pensamiento le produce fiebre, excitándolo al imaginarlo jodiendo; pero también le molesta, y no sabe por qué. El caso es que sus güevos están duros como barras de acero, y calientes, y babean insistentemente mientras los puños, apretando al hacerlo, van y vienen sobre ellos. Por la mente del militar, excitado como está, cruza una pregunta: ¿el teniente Gutiérrez se tomaría esa baba saliendo del güevo de Pérez? Y se estremece todo ante tal evocación.

   Otra imagen la sustituye, gente entrando, encontrándolos así, y los gritos que se escucharían hasta Maracay, donde la mafia uniformada entregaba el país a la bota insolente antillana. Pero no puede mantener esa línea de pensamiento mucho tiempo más. Esa mano lo masturbaba, y él a ese muchacho, era lo único que le interesaba. Mira como el joven enrojece más, abriendo la boca, con una leve capa de sudor en su labio superior, con los ojos nublados. Sus cuerpos manaban cantidades horribles de calor que parecían estar llenando el cuarto de vapor. A Justino le parece que ese chico se ve hermoso, y con paso inseguro, sin saber muy bien qué va a hacer, se le acerca.

   El corazón le late con tanta fuerza que teme sufrir un infarto e imagina la escena: él, muerto, con el güevo afuera del pantalón, con el chico gritando y corriendo por ayuda, tal vez tan nervioso que no se metería el tolete dentro del pantalón y todo el mundo sumaria dos más dos (y es una escena tan horrible, que a pesar del momento, se estremece de miedo); pero evitando pensar y concentrándose en sentir, se aboca a la urgencia que siente ahora. Sigue sobando ese joven tolete tieso, y con su otra mano atrapa la barbilla de Lucas; su pulgar soba esos labios. Son suaves, y la piel del mentón es algo rasposa, por la fina barba rasurada, piel de macho. Se miran, y el joven cierra los ojos, abriendo un poco más los labios, dándole permiso. Eso incrementa aún más los latidos del corazón del uniformado, que no puede oír nada más (¿y si alguien estuviera acercándose, llamándolo a grito pelado?). Sus labios gruesos, con el fiero bigote, frotan los del joven, encontrándolos cálidos y suaves. El chico se echa un poco hacia adelante, sorprendiéndolo, y con su boca atrapa el labio inferior del Justino, halándolo y mordiéndolo un poco, pasando su lengua sobre él.

   El uniformado se siente enfermo de emoción, pero abre más la boca y la lengua del chico entra, ágil, móvil y exigente, lamiendo sobre sus labios, titilando sobre su lengua de hombre; uno que chilla dentro de la boca del joven, mientras le da un feroz apretón al güevo. A Lucas le duele, pero aguanta, mientras su lengua cae sobre la de Justino, llenándole la boca de saliva. El militar tiene los ojos muy abiertos, estremeciéndose feamente. Esa lengua cálida, lame y lo soba, excitándolo terriblemente, y su propia lengua responde, saliendo y atándose contra la del otro. Es su lengua la que invade ahora la de Lucas, y cuando este responde con la suya, se la atrapa con los dientes, halándosela y mordiéndola, tomándose su aliento y saliva, que le sabe dulce y fresca, bebiéndosela toda.

   Lucas le suelta el tolete y con sus brazos musculosos le rodea los hombros, provocándole casi un soponcio; pero estaba tan caliente que ya nada importaba. Ahora son sus manotas grandes las que caen sobre la cintura del chico, con los dedos abiertos hacia la espalda, casi abrazando los cuadrantes, y lo atrae con fuerza. En cuanto los cuerpos chocan (cada uno hala), a Justino el cuarto le da vueltas. Lo encuentra fornido, viril y caliente. Sus tórax y caderas se frotan, y se las ingenian para que los toletes se peguen, frotándose también con el movimiento, chocando uno del otro, calientes y pulsantes. Cuando la boca del uniformado atrapa la dulce boquita del muchacho, siente un escalofrío terrible: recordaba a Gutiérrez y a Pérez, como los vio esa noche, y como lo soñó tantas veces, sin poder dormir de deseos, teniendo que caer en la masturbación, sintiéndose siempre sucio y enfermo al terminar. Sus bocas exploraban, sus cuerpos se apretaban y contorsionaban uno contra el otro, sus güevos babeaban y palpitan entre sus panzas. Iban güevo contra güevo, de arriba abajo en las frotadas.

   -Lo tienes grande, pequeño. -grazna el uniformado sobre la boca del muchacho.

   -Las cosas grandes caben en empaques pequeños, señor. -le susurra.

   -Es verdad. -admite casi con un desmayo, el hombre.

   Eso lo marea y enloquece profundamente, por los que sus manos enormes suben por la espalda del chico, acariciándolo y sobándosela sobre la franela y le atrapa los omoplatos, grandes, forrados de músculos. Las manos bajan gozando cada roce, gozando el calor y la dureza, hasta que llega a las nalgas, y clava sus dedos abiertos allí. Eran duras y firmes. Se besan, se refriegan fieramente, las manos de Justino siguen sobando y manoseándole las nalgas sobre en jeans, hundiendo algo de la tela en la raja interglútea, con avidez. Sus güevos siguen frotándose de arriba abajo, uno contra el otro, hasta que Lucas comenzó a gemir dentro de la boca del otro. Se separan justo a tiempo, el güevo horizontalizado de Lucas temblaba y se estremecía un segundo antes de que eyaculara lentamente, manando su espeso semen, que no saltó sino que goteó del ojete, mojando la cabezota, bajando algo por el tronco antes de caer. El chico tenía la cara roja y la mirada extraviada mientras alcanzaba el cielo del clímax.

   La mirada de Justino estaba fascinadamente fija en esa tranca eyaculante, y sintió que su propio tolete temblaba, estremeciéndose también. Su manota rodeó el tronco, como buscando de parar eso, pero no puede, siente que se muere. Su cuello se hincha y tiene que volverse hacia el inodoro, un disparo sale y choca de la cerámica no tan blanca. Tiene que morderse los labios para no gritar; pero es tanta la ola placentera que lo recorre, que siente que quiere sentarse. Era algo tan extraño… Y fue cuando, al fin, comenzó a percibir el mundo exterior y reparó en los pasos que se acercaban. Aterrado miró al chico, quien también lo escuchaba. Intentaron lavarse rápidamente, y Lucas pisó las manchas de semen en el suelo; pero era poco lo que podían hacer para disimular lo que allí había pasado (coño, ¿por qué no fumaba?, pensó el joven), el cuarto olía excesivamente a sudor y a esperma de machos en celo.

    -Señor, lo necesitan en la Comandancia. -chilla un soldado, entrando sin ceremonias, deteniéndose un momento. Ya los dos hombres están cubiertos, y a salvo, pero le parece detectar algo. Tiene veinte años, y algo en el aire le hablaba de ‘eso’.

   -Bien. -grazna Justino, sintiéndose mareado, asqueado y preocupado ¡ahora!- Hasta luego, Liscano.-le gruñe a Lucas.

   -Señor…

   El hombre salió de allí con paso resuelto, algo apresurado. No le gustó la mirada de comprensión que el soldadito ese, le había lanzado a él y al muchacho; pero ese era un problema que se resolvía fácil, insinuándosele que podía mandarlo al quinto coño en Cararabo si no era discreto en sus suposiciones. Ese puesto fronterizo era temible y temido y nadie quería cubrirlo; el güevón ese olvidaría todo, hasta su nombre, con tal de no ir para allá. No, lo que preocupaba a Justino era lo que había sentido un momento antes; unas ganas locas por Lucas, por tenerlo así, en sus brazos, catando su dulce boca; luego vino la rabia y el asco. Pero era un carajo con cierta edad, sabía que era normal sentir ese asco y malestar, ya que había hecho algo que nunca imaginó practicar, y ahora vivía el ratón moral; pero también sabía que eso pasaría y la cosa no le parecería tan horrible (aunque tal vez su mujer no creyera lo mismo, sí lo supiera pero, ¿para qué pensar en eso?), y pudiera que hasta le gustara buscar al chico ese otra vez.

   Botando aire sube al asiento posterior de la cómoda camioneta; ¿para qué engañarse? Acababa de vivir ese tú a tú, y ya sentía unas ganas intensas y enormes de volver a ver a Lucas. Algo le decía que el joven tomaba las cosas con mucha más calma que él; no parecía tímido ni nuevo en esas lides. Joven y bonito seguramente tenía un ejército de gente que quería metérsele dentro del pantalón. Y, cosa curiosa, eso le molestó, el imaginar que tal vez ya el chico había tenido otros amiguitos, amantes ansiosos de tenerlo, mimarlo y satisfacerlo.

   Dentro de la Comandancia todo era un avispero. Había órdenes y contraórdenes sobre la forma de enfrentar y afrontar el recontrafirmazo. ¡Qué gente tan necia!, pensaba el uniformado, ceñudo en su oficina, recibiendo llamadas y regaños de todo el mundo, sobretodo del J-3 antillano; ¿de verdad pensaban esos pendejos que sus marchas, pitos y firmas lograrían algo? Lo malo era que algo parecía haber cambiado, esa gente parecía dispuesta a la lucha en las calles (allí radicaba el verdadero y único peligro), y eso era arriesgado; podían llegar a situaciones que se volvieran heroicas y dramáticas, en un enfrentamiento final, decidido y desesperado. Por suerte, los políticos habían metido las patas en la organización opositora, y esos siempre andaban buscando a quien venderse. Sonríe cruel al saber lo que finalmente le esperaba a esos brillantes líderes de opereta, que se creían grandes maquiavélicos de la política, como los reyecitos en Yaracuy o en Valencia. Pero, por ahora, le importaba la Comandancia; había muchos rumores, aunque no sobre él. Ya había tenido la charla con el marinerito ese (y que rostro tan rufianesco tenía). Fue diplomático y sutil.

   -No me interesa lo que piense, González. Pero no me gustó una mirada suya hace rato. Abra la boca sobre cualquier cosa, y yo lo sabré. Y terminará con la garganta abierta en lo más remoto de Cararabo, como pasó hace unos años. ¿Soy claro? -y lo fue; casi le pareció que el joven lloraba al retirarse a la carrera.

   Mientras atendía el teléfono (Buñuel en Maracay y al virrey, J. V. Rojas, en Caracas), Justino parecía distante mientras le gritaban marica inútil, por no confiscar los cuadernos. Nada de eso parecía tener valor ahora, aunque sabía que su futuro político y profesional estaba íntimamente ligado a eso. Pero todo lo que podía tener en su cabeza era al bello Lucas, ese joven y loco semental que lo enloquecía. Y el descubrir que se rendía así de fácil a lo que sentía, lo llenaba de una paz baja, como la del que se ahoga e intenta nadar sin saber, esforzándose inútilmente hasta que se agota totalmente y se hunde en las aguas, pensando que ahogarse no estaba tan mal después de todo, si traía paz. Se sentía excitado y caliente al pensar en el joven. ¿Cómo sería cogerlo? Y se estremecía de deseo y asco, imaginando meter su tranca en el culo peludo de otro carajo, sudado y tal vez hediondo a mierda. No, Lucas, no. Él estaría oloroso y aseado. Y casi ríe ante tanta mariconeidad súbita. Se estaba asando en las ganas que sentía. Fue cuando llegó una llamada.

   -Señor, por la línea dos tiene a un tal Lucas Liscano. Dice que es importante. -oye la neutra voz de uno de sus asistentes. Con el corazón retumbándole en el pecho, toma el teléfono.

   -¿Sí? -suena brusco, sin desearlo.

   -Disculpe, señor. Me llamaron de Caracas y debo regresar. Sólo quería despedirme de usted.

   Por un momento, Justino no entiende de qué hablaba el otro. Así debía sonar el chino o el árabe, pensó estúpidamente. Sentía una sensación de vacío y caída dentro de él que conocía bien. Ya lo había sentido antes, como cuando su mujer siempre paría niñas. Las amaba, pero hubiera querido un hijo varón, aunque sólo fuera uno; o cuando entendió que sus evaluaciones, académicas y personales, no cuadraban con las metas pedidas para los ascensos, entendiendo que otros avanzarían y él no, hasta que llegó el ‘Proceso’ al que juro servir por sobre todas las cosas (aún sobre los muertos que fueran dejando). Ahora volvía a sentir eso.

   -¿Cómo que te vas? ¿Ya terminaron su trabajo aquí? -se oye a sí mismo, ronco y lejano, con la mente dándole vueltas rápidamente; pensando en algo que no vislumbraba totalmente, pero que ya pintaba como una locura que podía joderlo para siempre.

   -Nos necesitan en Caracas. Quieren a todo el que pueda marchar y resistir. No sé qué pasa, dicen que hay zonas en Petare donde atacan a los que quieren firmar. No lo entiendo, es nuestro derecho. Nada hicimos cuando colectaban firmas contra los diputados opositores -se le oye preocupado.- Me habría gustado verlo y…

   -¿Por qué no vienes y tomamos un café? -lo interrumpe, quiere citarlo, comprometerlo. Siente la duda del otro a través de la línea. Tenía que cuadrar todo, pero sólo si Lucas iba.

   -Bien. Estaré ahí dentro de una hora. Sabe que… es difícil para mí, ¿verdad? Usted no es muy popular aquí, entre las doñitas.

   -Sólo me interesas tú. -se le escapa y enrojece hasta la raíz de los cabellos, sintiéndose totalmente idiota. Marica. Pero no importaba, eso encajaba dentro de lo que había planeado. Iba a tener al carajito ese antes de que se fuera. Quería cogerlo ya. Corta la comunicación, no quiere oír más, algo como una excusa de él para no ir.

   Minutos antes de cumplirse la hora, Lucas Liscano, sintiéndose algo incómodo, sin explicarse qué busca con esa visita, atraviesa la entrada de la Quinta División en Ciudad Bolívar, en búsqueda de un carajo que le había gustado mucho. Su rostro está algo enrojecido y se ve atractivo. Le indican la dirección de la oficina del Comandante y hacia allí se dirige. Le extraña no toparse con vigilantes en las entradas, ni con nadie en la oficina de recepción del uniformado. No puede saber, aunque imagina, que el otro había despachado a todo el mundo, preparando ese encuentro con él. Pero, ¿para qué? Tomar un café, aunque fuera entre dos hombres, no era un delito, ni un hecho vergonzoso y secreto. ¡Qué cosas tan tontas tenían esos militares!, piensa divertido. Tomando aire se detiene frente a una maciza puerta de caoba, que ostenta un discreto enchapado, indicando la oficina del Comandante de la Quinta División. Algo cortado, en su jeans y franela amarilla, el joven toma aire y llama con los nudillos.

   -¿Señor…? -llama.

   -Al fin llegas, recluta. -sonríe el hombre, varonil, pero nervioso, en el marco de la puerta. ¡Y Lucas se lleva la sorpresa de su vida!

   El carajo estaba prácticamente desnudo, vistiendo su quepis, su cadena con las chapas identificadoras, unas lustrosas botas negras y un ajustado bóxer blanco, uniforme, cortísimo (sólo cubre un poco más abajo de donde llegan las bolas), que enmarca un bojote grande. El tipo no tiene panza, y su tórax, ancho y musculoso, está cubierto por una mata de vellos que sube desde el bajo abdomen al cuello. La piel es de color canela, tostada por el sol. Era tetón y realmente fornido. En su mano izquierda lleva una botella de whisky. El hombre no sonríe, pero traga saliva, mirándolo desafiante, abriendo los brazos, ofreciéndose al chico, al joven amante, quien lo mira atontado, con la boca abierta. Los ojos de Lucas no pueden despegarse de esa anatomía poderosa, masculina y viril que exhala sensualidad.

    Con una sonrisa desafiante, la mano libre de Justino despega, atrapándole la nuca al joven, halándolo y cubriéndole la boca con la suya. La lengua del uniformado entra en esa boca tibia y suave, hurgando y lamiéndolo. El joven, con un jadeo, que Justino se traga, se une a la caricia. Sus bocas se transan y sus lenguas batallan. Es un beso mordelón, chupado y ruidoso. El fuego de la lujuria se enciende, y eso da ansiedad y procacidad a sus besos lamidos. Lucas siente como va endureciéndose totalmente el güevo de Justino dentro del bóxer, grande y monstruoso. Y mientras lo besa, rodeándolo con un brazo, frotándose de él, sintiendo el dulce calor y dolor de su güevo presionado entre sus cuerpos, el hombre mayor jadea. ¡Dígame si alguien llegara y los encontrara en esa vaina!, grita una parte de su mente; pero eso sólo lo excita más, por lo que va halando al chico y entran así, jamoneándose. El joven, mareado, casi sin aire porque ese carajo le tenía la lengua metida hasta la garganta, cierra la puerta de una patada.

   Siguen caminando y besándose. Justino tantea y deja la botella en su escritorio, y con las manos libres, las lleva inmediatamente a la cintura del joven, casi en su espalda, tanteando esa piel firme y caliente bajo la franela. Lo hala pegándolo firmemente de sí, para que percibiera su cuerpo alto y musculoso. Mientras libra la boca del chico, dejándolo respirar (en lo de los besos le faltaba experiencia, piensa complacido Justino), la lengua del hombre sigue jugando, azotándole la nariz. Pero son sus manos las que trabajan con malas intensiones. ¡Quiere ese culo!, es lo que quiere, y sus manos grandes soban y amasan esas masas redondas que son las nalgas del muchacho. Y cuando vuelve a besarlo íntimamente, las dos manos atrapan la carne y aprietan. Mientras recibe las caricias del amante, Lucas sonríe para sus adentro, presintiendo por dónde iban los tiros.

   -Señor… -jadea con los labios rojos y la barbilla mojada, ojos brillantes.

   -No he podido olvidar lo que esta tarde. No te vayas para Caracas. -lo mantiene aferrado, uniendo su frente a la del joven. El güevo le palpita salvajemente dentro del bóxer, algo mojado de sus jugos.

   -No puedo quedarme, señor. Me llamaron. Me necesitan en otra parte. Hay gente a la que quieren intimidar para que no vayan a estampar sus firmas en un pedazo de papel. -suena vehemente.- ¿Puede imaginar tan monstruoso abuso al derecho de la gente? Debo salir esta tarde. Todo está listo.

   Sintiendo algo feo y desagradable en el estómago, Justino lo suelta y sirve dos vasos de licor. Lucas admira ese cuerpo fornido y hermosamente varonil, y el hermoso espectáculo de un güevo tieso alzando la tela de un bóxer. Cuando le tiende un vaso, lo toma algo incómodo. Las rascas que había agarrado con whisky, lo mismo con brandy, no habían sido buenas. La cabeza le dolía horriblemente al día siguiente. Era un bebedor de basuritas, como la cerveza, e incluso el ron. Lo prueba y arruga la cara, y mientras bebe, mira al hombre, quien lo observa serio, lejano. El hombre toma de su trago, algo asustado, confesándose que siente deseos de atrapar al chico y tomar nuevamente su boca dulce y fresca. Quería tocarle. Debía tener un culito apretado, quiere cogérselo. Quiere probar eso, saber si ese culo palpitaría y apretaría cuando lo cabalgara. Siempre creyó que era algo sucio y feo, o malo. Pero no desde que sus fantasías sexuales se llenaron con las imágenes de Gutiérrez tirado en una cama y Pérez sobre él, cogiéndolo, haciéndolo gritar y gemir de lujuria, arqueando la espalda sobre un viejo y sudado colchón; las ganas de eso lo estaban carcomiendo. Quería saber… quería probar… Y ese chico era lo que necesitaba.

   El tolete joven se aplasta, visible y escandaloso, contra la tela del jeans, denunciando la excitación de Lucas. El chico mira a ese tipo grandote y bello, y le encanta. Su mano derecha se extiende y cae sobre el pectoral izquierdo del hombre, sintiendo su calor corporal y el latir acelerado de su corazón. La piel era tirante, el hombre era fuerte. Lentamente va empujándolo hacia el pequeño sofá, hasta sentarlo. Retrocediendo dos pasos, Lucas termina su copa, arrugando la cara, y comienza a quitarse los zapatos, usando los talones. Se quita la franela, mostrando un tórax musculoso, joven y recio. Su piel es lampiña y sus pectorales son redondos y duros, con unas tetillas desafiantes. Justino lo mira con la boca ligeramente abierta, detallando al joven, mirando con deseo los pezones y deseando tocarlos, acariciarlos y morderlos hasta oírlo gemir de pasión; eso le hacía temblar el tolete de emoción.

   Con una sonrisa increíblemente pícara, Lucas baja sus manos, acariciándose la pelvis sobre el jeans, y el bulto que se adivina detrás; abre el botón y el cierre, empujando un poco hacia abajo (de otra manera no saldría nunca), y Justino se queda pasmado, admirando al joven. Los muslos son musculosos, casi lampiños, y la pelvis va cubierta por un mínimo bikini amarillo intenso, una vaina como eléctrica (color que le da escalofríos), que enmarca un bojote enorme. Al uniformado le parece la cosa más caliente y hermosa que ha visto nunca, estremeciéndose al comprobar así el grado de mariconería que anda padeciendo. El joven le sonríe, quitándose el pantalón, y al abrir las piernas para sacarlo, a Justino le da un espasmo en la garganta. Vistiendo únicamente el bikini, cuyo bojote cuelga halando la tela, permitiéndole a algunos pelos púbicos escapar, el chico, con las manos en las caderas lo mira, joven, atractivo e insolente. Justino se echa hacia adelante, y con manos febriles y calientes, atrapa la cintura masculina, casi gimiendo de placer. Sus dedos se entierran en la carne saludable. Los mete dentro de la suave tela del calzoncillo, halándolo. El bojote parece retenerlo, pero finalmente baja y el tolete blanquecino cobrizo, masivo pero no erecto, salta.

   -Mire como me tiene, señor.

   Justino se estremece mirando esa barra de carne que lentamente va creciendo ante sus ojos; la boca se le seca rápidamente. Lo ve endurecer, descubriendo el glande, largo y grueso (¡demasiado para su edad, coño!). La tranca engorda y enrojece a ojo vista. Bajando la mirada, y una mano, lo ayuda a salir del bikini, mirando con fascinación como esa barra cuelga a centímetros de su rostro… y de su boca, que se seca más, traga. El joven baja frente al hombre, mirándolo cálidamente a los ojos. Mira el bóxer sobre esa piel canela oscura, con la deformación de la tranca. Las manos del chico lo atrapan y comienza a bajarlo. Justino se siente putón y caliente al verlo hacer eso. Levanta un poco el culo, ayudándolo a bajarlo. La prenda se atasca, como siempre, en las bolas y entre los muslos. Finalmente cede, enrollada, sensualmente. Lucas mira el tolete macizo, erecto totalmente, como una lanza entre sus piernas. Mira la porción de piel clara en las caderas, grande, como si tomara baños de playa con bermudas. El hombre se lleva una mano al quepis, para quitárselo.

   -Déjatelo. Te ves… increíblemente erótico con él. -le pide el joven, con ojos brillantes.- Quiero vértelo puesto cuando… lo hagamos.

CONTINÚA … 6

Julio César.

RICARDO SANCHEZ, EL DISFRAZ

mayo 23, 2016

APORREA APORREADA

   Sólo unos pocos entenderán…

   En Venezuela hay un vocero comunicacional revolucionario llamado APORREA, que pasa por uno de los momentos más terribles de su existencia. Después de una larga vida de  prédica de las virtudes de la izquierda de parte de muchos de sus participantes (otros sólo lo fingen para vivir de ello), se encuentran con que todos los sueños que albergaron es esta basura que hoy presentan como gestión de gobierno; pero como no conocen otra cosa tienen que perseverar por el camino, ¿o qué se hace?, ¿aprender de los errores?, ¿rectificar acaso?, claro que no, que ideas tan tontas, ya son demasiado viejos para eso. Lo eran hace cincuenta años cuando manejaban las ideas y el mismo lenguaje de hoy, a pesar del cataclismo que sacudió y hundió al viejo mundo comunista, carcomido por, cosa curiosa, la parálisis del centralismo, la incompetencia y la corrupción. Aporrea sufre de ratones morales ante el desastre en el cual ayudaron hundir a los venezolanos, o aparentan que los padecen a través de uno que otro comentario ácido sobre el Gobierno y el triunvirato de la derrota y la locura, Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez.

   Creo que sólo lo fingen, gente con el mal que padecen, son incapaces de responsabilizarse por el infortunio de la población, ya no sienten empatía, por el contrario, supondrán que lo que ocurre es el castigo que el pueblo merece por no entender lo que ellos, santones de la historia y el pensamiento, decretaban (¿no esperaba Hitler que toda Alemania muriera con él, porque perdieron la guerra?). Sin embargo, su portal es ameno por las insensateces vacías que sostienen, por los pataleos que casi parecieran vestigios de vergüenza, pero, ah, no dejan que nadie comente. Está cerrado. Ellos pueden afirmar lo que quieran pero niegan todo derecho a réplica u opinar. No es raro, en VEA borran los comentarios contrarios, en el portal de Últimas Noticias hay nombres vedados, como el de Diosdado Cabello. Todo tan revolucionario. Por ello nace… APORREADOS. Disfruten esto que publicaron ayer sábado.

……

Ricardo Sánchez: de opositor a chavista y ahora miliciano

Por: Laiguana.tv | Sábado, 21/05/2016 07:22 PM | Versión para imprimir

RICARDO SANCHEZ DISFRAZADO

EL MILICIANO RICARDO SÁNCHEZ.

Crédito: Laiguana.tv

21 mayo 2016 – El integrante del Gran Polo Patriótico (GPP), Ricardo Sánchez, publicó este sábado vía Instagram unas fotografías en las que se muestra con el uniforme de la Milicia Bolivariana y manifestó su participación en los Ejercicio de Acción Integral Independencia II 2016.

……

   Le vi, lo leí y solté la carcajada, ¡las cosas que hacen algunos cuando pierden totalmente el sentido de la realidad y del ridículo! Siempre lo he sostenido, Hitler no habría podido cometer todas esas locuras casi diabólicas que cometió, o Stalin o Chávez, si no hubiera enloquecido antes a las mentes débiles a su alrededor. Pobre Ricardo Sánchez, despreciado dentro y fuera de su nueva banda; está tan rayado, feo, bien feo, como William Ojeda, con quien comparte el honor de ser las dos únicas personas que jamás, léase bien, jamás ganarán nada si tienen que ser designados por un electorado. Esperemos que sus treinta monedas le alcancen. Pero viéndole así, disfrazado, me pregunto si no sería a él, y a ese fulano grupo paramilitar, a lo que se refería Freddy Bernal cuando alertaba hace poco con lo del peligro del paramilitarismo. Cosa que le preocupa mucho ahora, aunque bastante que aplaudió a Chávez, siguiéndole en aquella locura de nacionalizar y cedular a cuanto bicho de uña en rabo pasaba por las fronteras a pesar de las advertencias de la gente sobre que podían estar dejando puerta franca al país a grupos delictivos. Ahora el señor Bernal habla paja de esa gente, todo al mejor estilo revolucionario.

   Pero, quién puede saber en verdad de que habla Bernal, cuando todo lo que dicen o hacen son tonterías destinadas a evitar la responsabilidad de sus actos; o qué pensaba Ricardo Sánchez cuando subió esta foto, porque aparentemente no fue hecho por alguien que le odiaba mucho y quería exponerle al escarnio público, al ridículo, a la burla del país por las redes, un enemigo pues, evidentemente terrible y malvado; no, fue de propia mano que semejante disparate se dio a conocer. Y vuelvo a lo de las mentes débiles que son enajenadas.

   Sin embargo, ¿no se ve genial con ese gesto serio? Y ha mejorado, mucho; parece haber perdido todo ese excesivo sobrepeso que mostraba antes. Debe ser por la terrible e inhumana Dieta de Maduro.

CUIDANDOSE DEL IMPERIO… ¿PERO DE CUAL?

Julio César.

SÉ MI AMIGO, JEN… 4

mayo 23, 2016

SÉ MI AMIGO, JEN                        … 3

Titulo: Do not leave Me

Autor: River_sun

JENSEN ACKLES BEAUTIFUL

   -¿Me quieres a mí?

   Por un segundo Jared Padalecki, atrevido, osado y descarado como es, queda silenciado, sonrojándose, y ríe de manera suave. Se miran, no saben por qué, pero les cuesta apartar los ojos.

   -¿Seguro? –le pregunta al fin.- ¿Pegado a mi culo?

   -Totalmente pegado. –repite Jensen, pero desviando la mirada ahora, la broma se había vuelto algo untuosa.- ¿Qué harás ahora?

   -¿No es “qué” haremos?

   -En verdad lo decía para que te sintieras mejor. Esos millones en juego son tuyos. –replica con sorna el rubio.- Y no fui yo quien los puso en peligro.

   -Comienza a ayudarme cerrando la boca, siéntate y… -le señala el sillón frente a su escritorio.

   -¿Me darías un segundo? Necesito ir al baño. Llevo rato con ganas de mear.

   -Oye, no tienes que decírmelo todo. No tendrás la vejiga pequeña, ¿verdad? Ya tengo bastante con Alexis. –se queja.- Tendrás que salir al del pasillo. Soy… algo maniático con mi baño.

   -Hey, nunca se me ocurriría entrar allí, debe ser un lugar insalubre; siendo amigo de Chad Michael Murray quien sabe qué no comparten.

   -Oh, Dios eres tan idiota, será toda una experiencia trabajar contigo. –ríe suavemente otra vez. Le ve dirigirse a la puerta; joder, qué feo era ese traje. Le extraña cuando este se detiene con la mano en la puerta de cristal, volviéndose a mirarle.

   -¿En serio esa chica enloqueció así por ti? ¿Qué le hiciste? –se medio burla. Alexis, fuera de la oficina, les oye.

   -Soy bueno usando la lengua. –replica socarrón, imitando al cantante de Kiss, divertido al verle arrugar la cara.

   -Joder, ahora debo vomitar también.

   Jared sonríe con todos sus hoyuelos en respuesta, ganándose una mirada de su asistente, la bella Alexis. Baja los ojos, como pillado en falta, y toma la carpeta, recuperando el ceño fruncido. Pero en cuanto el rubio sale, eleva el rostro, notando cierta tensión en este cuando inclina el rostro ante Alexis, y esta, mirándole fríamente eficiente, vuelve los ojos a su monitor. Jensen sigue su camino, observándola algo extrañado, y en cuanto se pierde de vista, salta de su asiento y sale de la oficina, cohibiéndose un tanto.

   -Alex, sé que estás molesta por lo de Franco, ¿pero puedes dejar de ponerle malas caras a Jensen? No fue él quien le despidió. Ni lo despedí por él. Ese chico era… -no encuentra palabras para describirle, tan sólo eleva los brazos. La joven le mira, más extrañada aún.

   -¿Saliste a decirme que tratara bien a tu amigo? Vaya, debe ser alguien importante.

   -Es un amigo. –por alguna razón se siente incómodo bajo su escrutinio.

   -¿Cómo, si esta mañana ni le recordabas? –ataca.

   -Deja de molestarme, y de molestarle. –gruñe regresando a su lugar.

   Alexis le mira confusa. Jared era un buen chico, ella lo sabía, llevaba años tratándole; siempre alegre, cariñoso y devoto, preocupándose por sus amigos… sin dejar de ser claro, directo, a veces demasiado franco. Lo sabía, más de una vez tuvo que soportar su mal genio por algo, como cuando contrató a Dave; y Chad había llevado también lo suyo. No era rencoroso, pero parecía firmemente convencido de tener la razón, por ello sus disculpas nunca era expresadas. Nadie las esperaba realmente, porque no era una mala persona. Sin embargo, esta era la primera vez que le veía retroceder cuando se dejaba llevar por el furor, deseando disculparse, con ese tío pecoso. Ahora le pedía que no le molestara. Vaya…

……

   Silbando e intentando parecer completamente ajeno a todo, Jensen cuza el pasillo hacia los sanitarios, pretendiendo que no nota las miradas curiosas que recibe, o de extrañeza por sus ropas. Aparentemente todo el mundo en ese maldito lugar vestía como si esperaran ser entrevistados en cualquier momento por la revista Vogue.

   Tomando aire decide desentenderse. Necesita vaciarla vejiga, si, pero también alejarse un tanto de Jared. La personalidad de castaño era demasiado poderosa. Era insolentemente voluntarioso, esa era la palabra. Debía ser muy fácil dejarse arrasar por él, dejarse envolver y llevar en sus cambios de humor. La manera de agredir que mostraba, tan natural, ácido, corrosivo, era notable, como también su necesidad de retroceder, de disculparse. Eso debía meterle en muchas situaciones difíciles, algunas de las cuales seguramente no podía resolverlas tan fácilmente. Lo incomprensible para él era… El corazón le late con fuerza, ¿por qué le contrató de verdad? No fueron amigos, nada les unió, o une, y desde que se comunicaron ya le había respondido amargamente varias veces. Y el castaño lo había tolerado. Cosa de por sí curiosa. No solía dejarse llevar por su temperamento, menos cuando buscaba ayuda, sin embargo Jared le hacía responder de una manera automática, primitiva, visceral. Algo que no suele ocurrirle. Había algo en el alto y guapo hombre que… frunce el ceño.

   Si, Jared era bien parecido, si a eso se sumaba su dinero y posición, no era de extrañar que fuera uno de los solteros más codiciado de Manhattan. Pero estaba seguro que aún siendo pobre como una rata, trabajando recolectando basura, Jared podría ser igualmente arrollador y fascinante. Peligrosamente atractivo y sensual. Arruga la frente, no quiere pensar en eso, ni en lo bien que olía el arrogante hijo de puta. Abre la puerta y se queda con la boca abierta. El sanitario es largo, amplio, bien iluminado, todo cromado, metalizado en tonos oscuros. Nada más ese lugar valía más que su apartamento todo, con todas y sus pertenecías, y aún los veinte o treinta dólares que le darían por su vida sí se veía en la necesidad de ofertarla. Sonriendo al menear la cabeza va al centro del salón, a uno de la larga hilera de orinales de pared, donde silba mientras lo hace. Cierra su bragueta, volviéndose, y…

   -¡Santa mierda, ¿qué…?! –se sobresalta tanto que casi pega un bote, mientras se asegura de tener cerrada la bragueta.- ¿Qué carajo haces ahí, amigo?

   Justo frente al orinal de pared que usó, en un privado de puerta abierta, sentado sobre la tapa del inodoro, Dave Franco, con rostro de infinita tristeza y derrota, come una barra de chocolate. En esos momentos intenta una sonrisa de disculpa o explicación, mostrando los dientes algo oscuros.

   -No quise asustarte. Sólo necesitaba… -calla.

   -¿Estás comiendo en el baño de hombres? –Jensen no puede creérselo.

   -Nadie entra nunca. Creo que en este lugar no se considera elegante mear. O cagar. –el joven se ve confuso al pensarlo, mordiendo otro pedazo y luego, insólitamente, tendiéndoselo a Jensen. Este boquea, totalmente sorprendido.

   -No, gracias, sólo tomo café. –va a uno de los lavabos y enjuaga sus manos… secándoselas del pantalón.- Me parece que te he visto. ¿No estabas en la oficina de la señorita Bledel cuando llegué? ¿Qué haces aquí… comiendo chocolate en el sanitario? –le maravilla verle entristecer más, hombros muy caídos.

   -Necesitaba pensar… -lo dice con el mismo tono de quien asegura que intentará resolver los misterios del Big Bang.- Me despidieron. –le cuesta decirlo, aunque medio sonríe, y a Jensen no se le escapa el dolor.- Arruiné la mejor oportunidad de mi vida.

   -¿Pasó algo? –se interesa a pesar de sí mismo, sabiendo que Jared le espera. Ese carajo parecía un cachorro herido. Le ve dudar, rojo de cachetes.

   -Yo… a veces me confuso cuando me dicen algo. Alguien quiere ver algo y me dice que tiene derecho, otro dice que no, y ambos me gritan y… -toma aire.- Supongo que no soy el más listo del salón.

   -Lo siento, sé lo malo que es estar sin empleo. –Jensen se siente mortificado por ese chico humilde y abatido, que parecía reconocer, lateralmente, algo que le duele y que seguramente muchos le habrán gritado ya.- ¿Debes trabajar un preaviso?

   -No, tengo que largarme ya, pero… -baja la mirada, ceñudo, mirando el chocolate.- No quiero regresar aún a casa de mi tía, vivo con ella y sus hijos; allí todos me creen un imbécil perdedor, y mis primos harán fiesta cuando sepan que me despidieron. Llegar y decirles… -toma aire.- Esperaré… por aquí, hasta las cinco, así no sospecharan nada, hoy. Y… -se ve sumamente atormentado por una duda.- Cuando te despiden de un lugar, ¿lo avisan a Seguridad? –Jensen boquea.

   -¿Qué, piensa regresar cada día a este lugar y encerrarte en el baño para fingir que estás trabajando? –dicho así, aquello sonaba a locura. Una muy patética, se dice con disgusto al sentir simpatías. También él ha fingido estar haciendo algo en negros momentos.

   -Eh, si… -evade la mirada. Y el rubio entiende mejor. El chico tonto iría todos los días, o lo intentaría, en la esperanza de que alguien dentro del hotel recapacitara y le contratara de nuevo. Iba a darle a su jefe la oportunidad de rectificar. Dios, ¿se podía ser más patético aún?

   -¿Por qué… no intentan conseguir empleo en otro departamento?

   -Me votaron, y cuando te votan de una parte, todos los jefes saben que te quieren fuera. -enrojece.

   -¿Y si buscas en otro lugar? –el otro sonríe, los labios y dientes algo manchados.

   -Nunca me pagarían lo que me pagaban aquí, era un sueldo que… -la sonrisa que había comenzado al recordar el salario, mengua.- Hasta mi tía me quería cuando veía el cheque.

   ¡Oh, Dios!

……

   Cuando Alexis ve regresar al hombre pecoso, notándole algo ceñudo, siente un ramalazo de remordimientos. Molesta con Jared, había tratado mal a Jensen. Claro, Jared nunca había tratado lo suficiente con Dave para encariñarse con el muchacho, pero despedirle así… Mirándole, repite el gesto del saludo que poco antes el otro ejecutara para con ella, notando, realmente sintiéndose mal, que el rubio parece relajarse un tanto, deteniéndose. Oh, no, ahora iba a hablarle… Y no quería eso. No aún.

   -Disculpa, ese chico que estaba aquí cuando llegué, no Chad, el otro, ¿cómo se llama? –pregunta interesado, y eso la alarma, a Jared no iba gustarle eso.

   -No creo que…

   -Por favor, ¿cómo se llama?

   -Dave, Dave Franco. –se decide a responder. Curiosa le ve agradecerle con un gesto y entrar en la oficina del castaño. Sin llamar, sin esperar nada. ¡Vaya con el rubio!

……

   -Jared, acabo de tener un encuentro de lo más notable con un joven en el sanitario. –anuncia, abriendo las manos, ganándose una mirada parpadeante del otro, quien frunce el ceño, divertido.

   -¿En serio? ¿Aquí? ¿En el baño de los empleados? ¿Acaso hay… de esos agujeros que…?

   -No se trata de eso. –frunce el ceño, acercándose al escritorio y cayendo sentado frente al otro, mirándole exasperadamente irónico.- Dios, en serio tienes una obsesión anormal con las mamadas.

   -Te lo repito, no hay nada anormal en amar recibir mamadas. –le aclara, volviendo a las hojas en la carpeta.- ¿En serio quiero escuchar lo que hacías en el baño con…? –alza el rostro, prolongando la broma.- ¿Con quién te encontraste allí? ¿Le conozco? No será Chad expandiendo sus intereses, ¿verdad? –Jensen boquea, quiere molestarse con el castaño pero termina soltando una risita.

   -Que no se trata de eso. Fui a lo mío, y cuando me vuelvo, con tiempo apenas suficiente para ocultar la salchicha, le vi sentado en uno de los privados. A ese chico.

   -¿Lo viste sentado en…? -parece escandalizado.- ¿Alguien cagaba con la puerta del privado abierta? Dios, esto se pone cada vez más bizarro, y no de la manera que me gusta.

   -Eres… -se interrumpe y toma aire.- Era ese joven que estaba cuando llegué, Dave Franco. –anuncia y Jared se tensa, alerta. Inquieto. Mucho.- Pobre chico, Jared. –el jadeo de simpatías le preocupa aún más.

   -¿Todavía anda por aquí? –es todo lo que pregunta, pero queriendo saber qué hablaron. Qué le contó el chico idiota. Creía ir conociendo bien a Jensen, su orgullo, ese código que le impedía confesar algo así su futuro dependiera de ello. Como cuando arriesgó la entrevista por no decir quien le dio su número. Si sabía que se montó en ese empleo pasando por encima del caído Franco, tal vez se iría. Y no, eso no; no quiere que se vaya. No, señor.

   -Estaba allí, haciendo tiempo para no regresar antes a casa de unos parientes horribles que lo tratan mal pero que le medio toleran por el sueldo que gana aquí. –se acalora el rubio.- Todo es tan…

   -Patético. –frunce el ceño.- Dios, debe ser horrible ser él.

   -Jared… -el tonito de reprimenda le hace sonreír, aunque el susto no se le pasa del todo.

   -¿Qué te dijo? ¿De dónde lo botaron? ¿Quién? –contiene el aliento.

   -No hablamos de eso. Se veía tan triste que no quise… -tomando aire, Jensen mira a un lado. Luego vuelve los ojos hacía él, y Jared siente un escalofrío.- Tú… ¿no podrías ayudarle a recuperar su empleo? –el otro se humedece el labio inferior con la lengua. Temía eso.

   -Jensen, si le despidieron es porque su jefe… o jefa, sea quien sea, y no debemos juzgar, no estaba conforme con su trabajo.

   -Sí, pero… Dios, Jared, se veía tan triste e infeliz. –se echa hacia adelante en el asiento, esperanzado.- ¿No podrías conseguirle algo más? –por un segundo sus miradas se atan, Jared se ve genuinamente sorprendido.

   -¡No! –sentencia finalmente.- Joder, Jensen, este es un negocio, no se contrata a la gente para… No voy a emplear y mantener a un chico sólo porque no puede valerse por sí mismo. No estoy en contra de ayudar asociaciones y grupos, en tratar bien al que se pueda, pero esto no es una casa de beneficencia. No hago ese tipo de caridad. Esto es un negocio; competitividad y producción, ese es el credo del capitalismo.

   -Ah, ¿nada de caridad? ¿Y yo? –le reta, ojos brillantes de interés, quiere saber por qué le contrató realmente. Le desconcierta verle sonrojarse un poco, tomando aire, como alterado.

   -Es distinto, eres un… conocido de otra época.

   -¿En serio? ¿Por eso me ayudaste? –puya un poco más, incrédulo.- ¡No me recordabas!

   -Es distinto, ¿okay? –sentencia, ceñudo.- Joder, ¿por qué tienes que presionarme tanto por cosas que creía ya haber dejado atrás? Dame algo de espacio y tiempo para respirar. –explota un tanto; Jensen baja la mirada, rojo otra vez.

   -Lo siento, no quise… -toma aire, encarándole, pupilas intensas.- Yo he estado en su lugar, Jared, y no es bonito cuando se siente que el mundo se derrumba, que todo lo que se creía sólido, estable, fijo, se desbarata bajo tus pies. Y es horrible, no puedes ni imaginarlo. Dar las cosas por sentadas, planear un gran futuro y que todo escape de tus dedos como el agua, sin poder impedirlo. –el silencio que se hace es tenso, molesto, porque nace de temores, de pasadas malas horas. De culpas. Pero, sorpresivamente para el castaño, sonríe.- Pero te entiendo, y tienes razón, no tienes por qué cargar con todo el peso de los… -fracasados, se corta a tiempo pero la palabra queda flotando; toma aire otra vez, se aclara la garganta, fingiendo ánimos.- Bien, ¿en qué puedo ayudarte? –va a tomar las hojas del informe sobre Ron Howard, una mano de Jared cae sobre la suya, deteniéndole.

   -No, deja, ahí no hay nada. Nada útil al menos. Ha sido un día largo e imagino que aún tienes mucho qué digerir. –le dice con voz mas calmada, extrañándose por la sonrisa burlona que el otro muestra ahora, al bajar la mirada a sus manos. Aún le tenía atrapado. Le suelta pero sin prisa para no quedar como idiota.- Ve a tu casa, búscate un traje decente, en alguna funeraria o algo así; rasúrate y aféitate. Te ves terrible.

   -¿En serio? ¿Y en qué quedó el que no nos iríamos hasta encontrar una salida al problema de los pozos y Ron Howard?

   -¿Tú pegado a mi culo? No te quiero ahí si vas a amargarme el momento romántico con tus reclamos morales. Lo haremos mañana. Descansados de este día de mierda. Además, tengo la cita con Genevieve.

   -Entiendo, debes asegurarte de que estén en su lugar las pastillitas azules.

   -Oh, Dios, eres tan divertido como un grano en el culo. –le replica y Jensen ríe, algo quedo, bajito, todavía bajo el influjo de la conversación reciente. Este se pone de pie, rumbo a la salida, pero se vuelve.

   -No quise hacerte sentir incómodo, mal o culpable, ¿okay? –le explica, sonriendo.- Eres un tipo agradable. –Jared le mira agotado.

   -Y tú un fastidio, termina de irte. –el otro, sonriendo, alza una mano y sale.

   Por un rato, Jared le sigue con la mirada. Finalmente toma su maletín y guarda algunas cosas; era hora de retirarse también.

……

   Alexis también se dispone a dar por terminada su jornada cuando Jared sale de la oficina; le sonríe trémula, a ella tampoco le gustaba estar enojada con él.

   -Hasta mañana, Jared.

   -Hasta mañana, descansa y duerme bien. –le desea, tenso, deteniéndose a su lado.- Al chico, Dave, contrátalo de nuevo. –la hace elevar tan rápido la mirada que la joven teme haberse lastimado el cuello.- Búscale algo qué hacer en otro piso. No quiero verle por aquí, encárgate de transmitir claramente esa parte. El mismo salario, de eso respondo yo. –medio golpea con un puño sobre el escritorio y se aleja rumbo a la salida.

   -Jared… -ella le llama, se vuelve y casi ríe al tener que soportar el abrazo de la menuda mujer, que grita.- Gracias, gracias. Dave es un buen chico, créeme. Como tú. –le rodea el cuello y aunque él finge resistirse, le obliga a bajar el rostro y le besa una mejilla.

   -Dios, eres tan falsa. Seguramente ibas a llegar a tu apartamento a hacerme algún tipo de trabajo vudú. –finge desapego y ella ríe aún más.

……

   Sintiéndose bien consigo mismo, silbando alegremente, el castaño ordena algo en el restorán del hotel, que le sería enviado pronto. Entra en su Penthouse y arroja todo por allí, quitándose el saco y la corbata, sintiéndose él otra vez. Libre de todos esos amarres de negocios. Se sirve una copa y recibe lo pedido de cenar, algo muy ligero pues piensa terminar la fiesta a la que va, con una velada con Genevieve, regresando luego con ella a su piso. Mientras muerde unas papas rellenas de camarones, marca su número. La joven, feliz, le saluda, luego le reprende porque sabe que está comiendo. Intercambian frases tontas de cuanto se extrañan, de lo maravilloso que será verse.

   -Si te portas bien esta noche en la reunión, me portaré bien contigo en tu cama. –le promete ella.- Me siento traviesa…

   -¿Cómo para probar…? –se burla, voz baja.

   -No, Jared, eso no, ya te lo dije. Eres demasiado… hay demasiado Jared para asimilarlo. –le corta falsamente ecuánime, y ríen.

   Mientras toma un largo baño todavía sonríe, pero esta es más suave, más introspectiva. ¿Por qué contrató a Jensen? Este se lo había preguntado, pero ni él mismo estaba seguro de la respuesta. ¿Porque era un viejo conocido? Qué tontería. ¿Porque la pasaba mal? Pudo ofrecerle un trabajo en una de las cocinas, lejos de allí. ¿Porque le gustaba, divertía e intrigaba? Quieto bajo la fina llovizna de la ducha, el agua corriendo a mares por sus hombros, torso y espalda, reconoce que si, Jensen le divertía… y le gustaba. Lo deja así, por alguna razón, porque él también recuerda los agitados años de universidad, con Chad y Mike Rosenbaum, dos locos terribles. Recordaba las charlas, las fumadas de marihuana, las borracheras épicas. Y el mucho sexo practicado. Y hablado. La boca de Jensen, una que otra vez, había sido tema de conversación. Se acordaba bien, ahora, aunque fingiera que no recordaba nada. La verdad es que había olvidado al rubio en todos aquellos años desde que dejaron de verse, pero ahora…

   Secándose con una toalla, otra alrededor de su cintura, regresa a la habitación. No quiere pensar más en el rubio, era confuso. Lo que si tenía claro es que deseaba tenerle cerca… para ayudarle. Aunque jamás se le hubiera ocurrido que también “debía” ayudar al idiota de Dave Franco, por ejemplo. No, Jensen es un tema para la oficina, ahora era el tiempo de Genevieve y sus piernas torneadas, sus senos generosos y firmes, su ardiente sensualidad. Sí, eso. Timbra su móvil y hay un número no identificado con un nombre, pero que reconoce de esa misma mañana. Sonríe ante la ironía

   -¿Si? –finge no saber quién es mientras cae sentado a la cama.

   -¿Jared?, soy yo, Jensen. –oye la voz, que parece cargada de electricidad, una que le levanta los pelillos en la nuca.

   -Wow, ¿llamándome? ¿Ya me extrañas? Calma, mañana…

   -Tu asistente, la de verdad, me pasó un mensaje. –le corta con voz algo estrangulada, y el castaño se tensa y traga en seco.- Lo hiciste, lo recontrataste. –se oye agradecido, contento, casi maravillado, con él, eso lo entiende perfectamente, erizándose de pies a cabeza.- Gracias Jared, eres un tipo genial y maravilloso. Eres… increíble.

CONTINÚA … 5

Julio César.

TIOS MADUROS… Y MAÑOSOS

mayo 23, 2016

SIN MAYOR EXPLICACION

TIO VELLUDO EN TANGA BUSCA ACCION

   Con la suculenta carnada en tan caliente anzuelo, sabe que pronto picarán los más hambrientos.

NEGOCIO

Julio César.

DEPRESION Y EL AUXILIO DE UN EXTRAÑO

mayo 23, 2016

CHICOS, PISCINAS Y BAÑADORES MOJADOS

EL MARIDO NECESITADO Y EL VECINO AMISTOSO 1

   En el video le pregunta, efectivamente, ¿quién eres tú?

   Un tipo, deprimido porque su mujer le abandonó, aunque las cosas no iban muy bien entre ellos, amanece enratonado y abatido cuando un carajo aparece en su cocina, un vecino al que no conoce pero que dice que pasó porque vio la puerta de la calle abierta. Mas deprimido, el marido habla con el otro, quien resuelve, al escuchar de sus problemas matrimoniales, y el abandono del que fue objeto, que ese sujeto necesita una fuerte mano amiga que lo guía hacía la recuperación, y mucha comprensión…

EL MARIDO NECESITADO Y EL VECINO AMISTOSO 2

EL MARIDO NECESITADO Y EL VECINO AMISTOSO 3

   …Que necesita que se le escuche y que se le llenen esos vacios emocionales. Y él se presta, feliz de la vida como todo cuando ayuda al prójimo. Todos terminarán sintiéndose bien, entre chorreadas, ante la desinteresada acción.

   El video del cual fueron tomadas las imágenes es bueno, los dos actores, apuestos y del tipo viriles, hacen creer que les gusta lo que hacen, y lo hacen muy bien entre gruñidos y jadeos. Pero este corto tiene un atractivo especial, dicen que el sujeto que amanece bebiendo, siendo atendido amablemente por el otro, es venezolano. Eso me dicen. Vale la pena buscar más. Si les interesa, vayan a: UN VECINO CONSOLADOR 

BATMAN, LA RECOMPENSA DEL HEROE

Julio César.

NO PENSAR

mayo 23, 2016

TIEMPO LIBRE… SIN INTERNET

DESAPEGO

   A veces es mejor desconectarse…

   Generalmente, llegando por las tardes a mi apartamento y arrojándolo todo sobre la mesa, el pan, la cartera, las llaves y el pañuelo, encendiendo el aire acondicionado mientras salgo de los zapatos, aflojo la correa y saco la camisa del pantalón, para ir y servirme una taza de café, de mi termo, siento que estoy bien, que el mundo, ese que es caótico, caluroso y desagradable a veces, quedó atrás. Ya no puede tocarme. He llegado a Santuario. En ese momento, mientras froto los dedos de los pies contra el piso y el brebaje oscuro activa mis papilas gustativas, todo está bien. En paz. Nada puede alcanzarme ahora, no allí. El plan será descansar un rato, comer un sánguche, tomar una larga ducha, quedarme descalzo, con un bermudas y una camiseta grande, calentando algo para cenar y caer sentado en la cama, preparándome para una noche de nada. No quiero preocuparme, sentir o molestarme… Pero la mente no ayuda porque no se apaga.

   Allí, en la rutina de la llegada a Santuario, debería comenzar mi reposo, pero no siempre es así. Uno no puede dejar de cavilar, de irritarse, de angustiarse. De sentirse asfixiado. Dándole vueltas en la cabeza a algún tema, como en bucle, una y otra vez, sin encontrarle solución pero sin poder alejarlo, amargándose. Perdiendo la serenidad. Algo que se oyó, que se leyó, que ocurrió, se queda ahí por más que no lo queramos. Algo que generalmente ofende la vergüenza y la razón, que te indigna, como una injusticia o un abuso. O un problema del cual se alertó y que cuando ocurre parece sorprender e irritar a los jefes, que luego te reclaman. Ceñudos, molestos, se intenta no volver a ello, pero la mente se aferra con más fuerza. Alguien llama, o visitas, y el tema sigue, porque sencillamente no puedes dejarlo ir…

   ¿Por qué nos asimos a esas conductas aunque sabemos que no es sano, que nos robará la paz de una merecida noche de descanso? Deseamos el reposo, concéntranos en lo que nos produce goce o disfrute, lo que sentimos que queremos y merecemos, pero ese algo nos los impide, nos detiene: pensar demasiado las cosas. Es cuando se recuerda al buen Buda, aferrarse a las cosas de una manera obsesiva produce sufrimiento. Pero, ¿cómo apagar la mente? Queda el recurso de la compañía, de la charla intranscendente con amigos, el encuentro en la cama. Pero quienes hemos padecido de este mal sabemos que los fantasmas vuelven cuando hay silencio, cuando los otros duermen y las horas pasan lentamente mientras llega la mañana.

   Es fácil decirse que hay que dejar de preocuparse, de desear cosas, no agarrarse con uñas y dientes a las ideas, ¿pero cómo exactamente se hace eso? ¿Cómo no pensar en las cosas, en la familia, en la ciudad, en el país, en la vida misma mientras vemos por el balcón que la tarde cae y la noche se asoma?

   ¿No odian cuando les pasa un domingo por la noche?

MAL PREAMBULO PARA EL DÍA DEL PADRE

Julio César.

EL NEGOCIO REDONDO

mayo 22, 2016

PRIMEROS TRABAJOS

   ¿Imaginan tal evento en las calles?

   Los chicos del cuerpo policial, desesperados por la falta de insumos y dinero para comprar aparejos y chalecos, habían estado pensando en promocionar un almanaque atrevido para ancianas y amas de casa reprimidas. Era lo que el capitán esperaba, verles tan desesperados, y furiosos, que se atrevieran a algo osado. Dijo que como fotógrafo podía encargarse. Les guió para que vencieran risitas y nerviosismo al quedar ligeritos de ropas. Se valió de la adulación, de los halagos, de decirles lo rico y caliente que se veía (siempre a solas con uno), y funcionó; chicos al fin eran algo vanidosos y estaban contentos de sus apariencias… y en verdad no les inquietaba mostrarlos. Y les dio jugos, muchos de esos jugos especiales, que les hacía reír como tontos, exhibiéndose abiertamente, tocándose a solas. Y él los tocó, a todos, por todos lados; los hizo que se acariciaran entre sí, y eran felices en la ancha cama que encontró para que lucharan con almohadas. Luego les sentó a ver la cinta especial, todos los ojos en la pantalla donde unas luces giraban y unas voces suaves les decía que eran hermosas mariposas que debían mostrarse, dejarse hacer de todo.

   Los trabajó bien, y ahora, en fiestas de carajos con real, les llevaba para que lavaran los autos de los invitados, y las tarifas para atenciones privadas eran ofertadas y el mejor precio ganaba. El capitán, sonriendo, les veía partir, sonriendo tontamente, mojados con las mangueras, con el brazo de algún industrial, banquero o político, rodeando sus cinturas, hacia un cuartito donde satisfacerían caprichos y fantasías, a veces dando de comer a uno de esos carajos ávidos, otra veces montados sobre sus regazos, gritando de gozo, aceptando centímetro a centímetro el nuevo trabajo. Lo mejor, pensaba el capitán, tocando a uno de sus favoritos, era que nunca escaparían del control que sobre ellos había alcanzado.

……

   ¿No son una nota los videos de esa marca de calzoncillos? Vale la pena salvarlos para la posteridad.

UN BUEN TRABAJO DE CAMARAS

Julio César.

PORQUE LO TENIA DE HIERRO

mayo 22, 2016

ZAC VUELVE POR SUS FUEROS

UN REY Y SU BASTARDO

   Cada dos días lo coronaba…

   -¡Coño, ¿otra vez?! –rugen ambos a un tiempo, alterados y molestos.

   -¿Qué haces aquí?, ¿no me dijiste que pasarías todo el día donde tu madre? –reclama el hombre, sin detenerse, metiendo y sacando.- ¿Acaso desconfías de mí y me vigilas?

   -¡Descarado!, otra vez estás con este puto. –le chilla en toda respuesta su mujer.- ¡Me dijiste que eso había acabado! –le demanda, dolida. ¡Lo quería tanto!, y el chico de al lado, doblado y enrojeciendo de vergüenza, pero también de emoción ante una empujada particularmente dura, la comprende.

   -Ya te lo dije, me gusta tomar otros caminos a casa, aunque a ti te horrorice tan sólo la idea, pero a él no le molesta el culebreo. Y ahora te jodiste, porque me gusta justo este camino culebrero. –le aclara dándole una nalgada.- Sube y espérame arriba a que termine. –sentencia, paciente y autoritario, esperando ser obedecido, como si de un rey se tratara.

   ¿La verdad?, en Juego de Tronos, la muerte que más me impresionó, y molestó, dejándome un mal sabor de boca durante días, fue la de Robb Stark, su mujer y la mamá, quien también se las traía.

RONNY EN EL CAMPO

Julio César.

BIENVENIDOS AL LAGO DE JASON

mayo 22, 2016

JASON

   ¡¡¡Sorpresa!!!

   Imagínense ir con amigos a una zona boscosa apartada, fuera de las miradas de todos, de padres y maestros, lo ideal sería cerca de un río o una laguna y que alguien invente un chapuzón para poder quitarse las ropas, y pasar la noche sobre mantas y colchonetas, compartiendo con esa gente que se quiere aunque se discuta con ella, como compañeros de secundaria, la universidad, o amigos y conocidos de estos; para beber y reír, con la esperanza de que algo ocurra, un intercambiando miradas, apartarse del resto para tocar y besar, o tener que volver porque “alguien anda por ahí”. Escuchar el cuento de horror que no falta, ocurrido allí, que le pasó a “el amigo de un conocido”, que uno se pare a vaciar la vejiga… y no regrese. Y desde ese punto comienza una pesadilla alucinante, que paraliza porque no se espera, porque en el mundo de verdad no aparece un sujeto inmenso, machete en mano, a atracarte sin motivos. Los gritos, las súplicas, las carreras. La sangre, los cuerpos. Y el monstruo… el cruel, insensible, casi inhumano ser que parece escapado del infierno dada su ferocidad. La sola idea inquieta, ¿verdad?, pero también nos hace sonreír y casi añorar, porque sabemos de quién se trata, todos sabemos quién asecha en las sombras, allí donde la gente joven se reúne para reír, emborracharse y tener sexo…

   Tenía yo unos nueve o diez años de edad cuando tuve contacto por primera vez con aquel nombre que llegaría a ser legendario, Jason Voorhees, metiéndome a escondidas al cuarto de mis padres una vez que habían salido. La cinta se llamaba “Martes 13”, aunque en la original era “Friday 13”, o “Viernes 13”, como sería realmente; pero, por ser Venezuela, se cambio. Por razones que nunca he entendido aquí se considera de mala suerte es el decimo tercer días del mes cuando cae en martes, cuando “no te mudes ni te cases, ni de tu casa te apartes”. Sabía algo por comentarios de muchachos mayores, y maestros, en el colegio. A escondida puse en funcionamiento el ahora muy anticuado aparato y escuché la tonada, vi el lago, los bosques, el Campamento Cristal, que luego será conocido como el Campamento Sangriento. Todavía no imaginaba lo mucho que me gustaría esa cinta, pero comenzando por la música ya estaba encantado.

   En un momento dado chicos y chicas, monitores de los niños en el campamento, cantaban algo que sonaba a un himno de esos positivistas, y al siguiente un joven guapo y una bonita muchacha se apartan, sonriéndose. A esa edad me pareció que lo que hacían era lo cumbre de la osadía, especialmente cuando comienzan a besarse… y les asesina alguien, terminando la toma con la chica gritando. Recuerdo que años después, viendo una comedia de una monja algo seca, joven y bonita, que cuidaba niños, enfrentando la duda si dejarles ir o no a ver una película que sonaba parecida, por el sexo, una de las chicas le decía que nunca pasaba nada porque antes de llegar a eso el maniático los asesinaba, y la monja replicó “cómo debe ser”. Como reí.

   Pues bien, allí estaba el campamento del Lago Cristal, con sus paisajes hermosos a veces, cuando la cinta comienza, inquietante y asfixiante más tarde, con el implacable asesino que va acabando con esos jóvenes alegres y muchas veces despreocupados. Visto en perspectiva, eran personajes muy lineales los de esos muchachos, pero ¿qué importaba mientras llegaran felices, coquetearan, se medio revolcarán y luego corrieran para caer en manos del asesino? Cuántos no sintieron ese nudo en la garganta al ver a algunos corriendo, alejándose de la carretera, entre los árboles, para toparse de frente con el terrible ser. Ese detalle si era un tanto molesto a veces, todo pasaba demasiado pronto. Lo he señalado antes, lo emocionante era verles comprender el peligro, que se asustaran, que corrieran, que pensaran que podían escapar, para luego caer, con dolor, y arrastrarse sabiendo que el fin estaba cerca. Eso de un muchacho asomándose a una ventana y un hacha clavándosele en la frente, era vistoso pero no emocionante… desde el punto de vista de prolongar el momento.

   Adoré esa cinta, tan vieja que Kevin Bacon era uno de los muchachos, asesinado después del sexo. En esa misma cama, por cierto. Estuve pensando en ella durante mucho tiempo, por los ligeros toques de sensualidad (era un muchacho), pero especialmente por la trama, los muchachos que alegremente van a un campamento de verano a pasarla divinamente, bajo el sol, con el lago, ejercicios, fogatas y romances, como gustan pensar en Norteamérica, lo que también es una tradición allí, donde a los muchachos se les va preparando para la independencia desde temprano, tan bien que a los dieciocho años la mayoría parte de la casa. Las madres que conozco tendrían que ser inmovilizadas por loqueros y marines fornidos antes de dejar ir a los hijos a un lugar apartados, con un lago y al cuidado de jóvenes de ambos sexos todos cachondos. Pero ese lugar era mágico.

PAMELA VOORHEES

   Era, Friday 13, una cinta de suspenso, un asesino va acabando con todos, y resulta que ese asesino es la buena Pamela, madre de un niño fallecido llamado Jason, que mata en venganza por la muerte de su muchacho, responsabilizando a los monitores de ello, tan loca que seguía matando a pesar de los años. El final, la chica en el bote y el niño saliendo del agua, deformado, halándola, me hizo pegar un salto, y quedó la duda, ¿real o imaginado?

   Pero no, nos preparaban para el legendario personaje de las películas de adolecentes, gritos y muertes de la que tan pronto me hice fanático, era Jason Voorhees que dejaba el lugar donde murió, el fondo del lago, para vengarse de la muerte de su madre. Y así nacía ese ser alto, fornido, implacable, con un saco en la cabeza, cuyo único propósito era matar. Ya no era una película de suspenso, ahora había un toque sobrenatural. Viendo algunas de sus películas (si, hasta al cine fui), alguien podría plantear que era absurdo que ese gigante fuera por ahí matando muchachos a troche y moche, que no había argumento, tan sólo gente puesta ahí para gritar y morir; pero no es tan simple, hay que recordar que Jason cobra una doble venganza, por su madre y por su propia primera muerte, y que lo hace un ser de cuerpo enorme con una mentalidad que ya era retrasada de niño.

   Como fuera, y aunque suene extraño, disfrutaba ver a Jason de cacería, aunque a veces me molestara que matara a este o aquella. Me gustaba lo implacable, lo certero, su imaginación y recursos a la hora de asesinar, como con la sierra eléctrica en pleno monte (¿de dónde la sacó?). Quienes llevan esas cuentas, dicen que acabó con casi ciento sesenta personas, en las primeras once cintas, porque hace ya un rato apareció la última, la doceava, o eso creo, protagonizada por Jared Padalecki, que me gustó mucho, pero, claro,  soy un fan de la marca y del actor de Supernatural. Aunque soy igualmente fan de Jensen Ackles, pero su San Valentín Sangriento fue mala.

   Bien, de las muchas maneras que Jason ha matado a sus víctimas, su arma favorita siempre fue el machete, y miren que ver a ese monstruo persiguiéndote con uno en la mano ya es como para caer en la histeria, ya no hablemos de estar caído de culo por el suelo, arrastrándote, y él de pie, piernas separadas, alzándolo sobre su rostro oculto tras la horripilante mascara de hockey. Pero también ha matado, como señalé, con martillos, una sierra, con arcos y flechas, con cuchillos y cualquier cosa al alcance. Y con sus manos, alzando a sus víctimas del piso, algo siempre impresionante.

   Dentro de la mitología del programa ahora sabemos que era el hijo de una madre soltera, Pamela Voorhees, quien le llevó a acampar en Lago Cristal, en el verano de 1957, siendo víctima de burlas por su deformidad física y retraso mental; y aquí hay dos corrientes, una sostiene que accidentalmente se sumerge en el agua al caer de un bote, otra asegura que fue arrojado por niños en una broma cruel, pero que como los monitores estaban descuidados, se ahogó. Al año ocurren esas muertes con las que inicia la cinta, de monitores, que obligan a cerrar el campamento, hasta que en 1979 reabren el lugar y los asesinatos se reinician. Como Jason, Pamela había quedado atrapada en ese bucle.

   La primera fue buena, hasta ese entonces no había visto escenas tan duras, muertes tan claras, y la argumentación tenía su lógica; pero después de la segunda fue donde me enamoré de la franquicia, con ese implacable asesino regresado de la muerte. Si uno no tiene nada que hacer, o ver, está aburrido y sin otra salida a manos, sentarse con una película donde un asesino cerca, aterroriza, caza y mata a muchas personas, es una buena manera de pasar el rato. Es como con las clásicas películas de zombis, criaturas francas y directas que van a lo que quieren (a diferencia de esos vampiros asquerosos que viven cientos de años pero se “enamoran” de colegialas menores de edad, y que, por lo tanto, andan cachondas también). Pero si el film versa de un ser como Jason, prácticamente indestructible, que jamás deja de perseguirte e intentar asesinarte, la cosa es mucho mejor todavía. Uno de mis placeres culpables, de tarde en tarde los fines de semanas, en hacer una olla de cotufas y sentarme a ver mis DVD de la saga.

   Y miren que hay gente habla de las locuras del show, en una le matan de un machetazo a la cabeza y regresa en la siguiente cinta para ahorcarse, persiguiendo a un chico (una de esas pocas veces donde el último de pie es un hombre), para que este, obsesionado, tenga que regresar para volver a enfrentarle y arrojarle al lago (que, según Freddy Krueger descubre después, es su mayor miedo, ahogarse). Y así, le matan y regresa, le acaban y vuelve.

   En Jason X, la decima de la saga, verle en el espacio fue como demasiado (como con el Duende cuando también estuvo allí, algo casi indigerible), pero la situación la salva Jason con su machete de titanio, su arma preferida a pesar del tiempo transcurrido. Pero esta cinta es dejada fueran del cannon, poco después, con la siguiente película, Freddy vs Jason, que, lo confieso, me encantó; fue grato ver a dos de mis villanos favoritos del cine, aunque Freddy, por mucho, es el más malo. En Friday 13, parte nueve, la daga mágica que mata a Jason le derriba, las almas de la gente a la que asesinó le abandona, y la mano con garras de Freddy se lleva la máscara, simbolizando que el gigante, por fin, se va al Infierno. Desde allí, sin contar la del espacio, parte la undécima, Freddy le trae de regreso para que el miedo vuelva a los jóvenes de un pueblo que no lo siente ya que no le conocen. Jason trae el miedo, y con el temor Freddy vuelve a las andadas. Repito, me gustó.

JARED PADALECKI - VIERNES 13

   La protagonizada por Jared Padalecki conservó esa magia antigua y dantesca, las muertes fueron muy bien recreadas, y los personajes eran atractivos, física y argumentalmente hablando. Me gustó especialmente esa escena que aparece en casi todas, cuando Jared va de casa en casa preguntando por su hermana y una mujer mayor, seca y seria, le dice que está muerta, que cuando la gente desaparece por ahí es porque está muerta, que no busque más o le encontrará ya que a “él” no le gustan los extraños. Era lógico que cerca de Lago Cristal, la gente intuyera, o supiera, que algo ocurría. Es la típica escena en toda película de horror, el escalofriante anciano diciéndoles a los muchachos que todos morirán, pero aquí fue más claro el mensaje.

   Tengo casi todas la de esta saga, se me ha hecho difícil conseguir la tercera, y la décima (las tenía en VHS, en DVD no). Cosa que me atormenta porque soy un fan. Me alegro de que a alguien se le ocurriera, que apareciera. Jason Voorhees ha estado presente en buena parte de mi vida, en el liceo nos reuníamos para verlas, comentando sobre las tetas de esta o aquella, gritando un “coño”, cuando Jason mataba a este o aquella de manera brutal y sorpresiva; incluso los gritos que se emiten al estar en grupo,  los “corre”, o “no entres”, “sal de ahí”; por ello siempre espero otro estreno, aunque en algún momento me diga, “ay, otra vez igual”. Pero siempre, echado sobre la cama, sin nada mejor que hacer, o acompañado de mis sobrinos mayores, que también aman los gritos y alaridos, es divertido ver sus andanzas, internándose en los alrededores del viejo campamento abandonado, apareciendo de pronto y haciendo chillar a los muchachos. En una implacable venganza ya hace tiempo olvidada hasta por los espectadores más jóvenes. Por eso tantos le seguimos.

JASON VOORHEES EN LAGO CRISTAL

   ¿No les gustaría conocer Crystal Lake? Aunque, Jason visita de noche en noche… Esta imagen es una de mis fondos de pantalla ocasional. Espero les guste. Y que viva Jason para siempre, sus fans, los que amamos y disfrutamos las cintas, ya le extrañamos, ¿dónde anda?

LA EXPOSEXO 2016

Julio César.

PREPARACION

mayo 21, 2016

SIN MAYOR EXPLICACION

   Silba al preguntarle a la mamá por su más ajustada camiseta, alistándose para un movido viernes por la noche en los baños de la discoteca.

TIOS MADUROS… Y MAÑOSOS

Julio Cesar.

LOS CONTROLADORES… 28

mayo 21, 2016

LOS CONTROLADORES                         … 27

CHICO CALIENTE QUIERE MIMOS

   -¿Seguro que no puedo interesarte en algo?

……

   Sonríe malignamente mientras le penetra, una y otra vez lanzando su güevo increíblemente tieso, y estimulado, dentro de las apretadas y sedosas entrañas todavía virginales del chico negro al que folla estremeciéndole sobre el mesón del odiado profesor de Matemáticas. No es totalmente consciente de que se ha dejado llevar por esa fuerza que emane de él, pero que también desea dominarle, que le grita que es el rey del mundo y puede tener todo lo que quiera. Tan sólo respondió a la rabia del momento, una que le dominaba desde que vio a Rubén Santana con la novia, intensificándose con el cuento del compañero de clases que le insultó mientras se disponía a “acabar” socialmente, con Rubén. En verdad, esa parte, no le había inquietado tanto, un Rubén desprestigiado, siendo víctima de burlas, escarnecido y perseguido por los demás le convenía. Que todos le tacharan de marica, le insultaran, que el mundo se le hiciera chiquito y que únicamente le quedara él como faro, como refugio. Pero las cosas que Emilio Nóbregas había dicho…

   Todo se conjugó para que estallara, por eso le llevó de la mano a ese solitario salón, casi empujándole hacia el escritorio; obligándole a darle la espalda, le abrió la correa y el pantalón, momento cuando algo de conciencia, o miedo, se coló en el ánimo del delgado y fibroso muchacho de color, pero un leve manotazo dado desde atrás, en su nuca, pareció confundirle, controlarle. El pantalón bajó hasta sus rodillas, y gimió y se estremeció, asustado pero recorrido por una excitación totalmente nueva cuando la blanca mano de Tony, con posesividad, deseando darle a entender quién era el macho ahí, le sobó el trasero sobre el ajustado bóxer rojo, algo largo, con codicia y desdén por sus sentimientos, como si fuera una cosa. La mano entró dentro del bóxer y por primera vez Tony sonrió con agrado, la tersa y joven piel del chico, de sus nalgas, era maravillosa bajo su palma. Para Emilio fue una sensación totalmente nueva, que no podía procesar, pero sabía, amoratado de vergüenza, que mecía su culo, que quería experimentar la sensación de la mano del otro chico acariciándole, tocándole así, allí, los dedos deslizándose por sus glúteos erizados y con piel de gallina, metiéndose en la raja, recorriéndosela, los dedos cepillando la entrada de su culo, uno que echaba hacia atrás, contra esa mano intrusa, de manera desesperada.

   Y si, cuando el dedo entró, se asustó y sintió algo de incomodidad; pero algo en su cabeza voló por los aires, cayendo finalmente en su sitio, cuando ese dedo se le enterró todo. Era como si… como si Moncada hubiera tocado un botón que despertara de manera mecánica todo tipo de lujuriosas respuestas a esos estímulos increíbles. Cuando le bajó el bóxer con la mano libre, dejando al descubierto sus nalgas negras más claras, con la otra mano allí, la que le tenía el dedo clavado en el culo, Emilio gritó sin poder contenerse, estremeciéndose con los brazos extendidos y aguantándose del mesón. Ese dedo iba y venía, duro, rápido, cogiéndole, abriéndole, metiéndole un poco lo pelos. Pero fue poco a cuando sintió sobre la circunferencia de sus glúteos el choque de una barra caliente, dura y pulsante, y supo, cerrando los ojos y dejando escapar otro gemido, que Tony se había sacado el güevo y le golpeaba con él como quien toquetea con una rama, sobre su trasero. Lo insólito era lo mucho que le gustaba cuando la verga golpeaba, tocaba y se frotaba de sus carnes. Quería eso. Y ese dedo, por ello separó sus piernas, abriéndose. Ofreciéndose.

   -Este culo quiere güevo.  -le escuchó, burlón, insultante, y tan sólo pudo tensarse, boca y ojos muy abiertos cuando Tony le atrapó la cintura, colocando ese güevo de buen tamaño entre sus nalgas, frotándolo allí, de arriba abajo. Y supo que su propia verga soltó un chorro de líquidos de lo mucho que le gustó que ese compañero de clase lo usara para frotarse la verga, por lo caliente que aquello era.

   La blanca rojiza cabeza presionó del arrugado y ligeramente peludo culo negro, forzándole, Emilio tensándose y gritando cuando fue penetrándole. Y más gritó, tensándose totalmente y alzándose, chocando del cuerpo de Tony, quien casi le abrazó, cuando la dura barra de carne masculina penetró totalmente su agujero secreto de hombrecito. Y sentirlo adentro, llenándolo, palpitándole, poseyéndole, obligó al chico a gemir y temblar de emoción, gritando de manera entregada, casi femenil del placer que sentía. Sus tetillas bajo el uniforme eran masas duras que necesitaban las manos de Tony, que penetraron y atraparon, pellizcándolo, provocándole más gemidos. Su verga era una  tiesa barra chorreante de jugos.

   -Ah, mira como te chorreas cuando un güevo te penetra. –le oyó, ronco, contra la oreja.- ¿No es lo mejor que has experimentado nunca, ser poseído así por un hombre?

   Y era así como estaban ahora; vestido uno, con una mueca en su rostro, metiéndole y sacándole el güevo del culo al otro, un chico esbelto, oscuro claro, totalmente desnudo. Tony lo quería así, en inferioridad de condiciones para hacerle consciente de su vulnerabilidad, aplastándole las redondas nalgas con la pelvis al encularle, montándole una mano en la nuca y derribándole casi violentamente sobre el escritorio del profesor, aumentando el ritmo de sus embestidas. Y al caer sobre el mesón, abriendo las manos para sostenerse, rostro contra un libro, Emilio Nóbregas gime y grita, de sus labios gruesos escapan alaridos de intensa y profunda lujuria, la que le ocasionaba estar siendo utilizado así, aunque no lo entendiera, sabiendo que… Y roza el rostro del libro, moviendo la cabeza, gritando más ante la idea: el güevo blanco rojizo del marica ese clavándosele en el culo.

   A lo lejos se oye un timbre, también gritos y voces, gente que corre aunque alguien les advierte de no hacerlo; era el mar de chicos que, alegre y voluntariosamente iban a sus salones a recibir clases. Eso los excita, uno sabiendo que lleva las de ganar, se le sabía gay ya, el otro por lo “grave” de su situación, mientras su cuerpo era agitado de adelante atrás sobre el escritorio del profesor por las fuerza de las cogidas que un compañerito de clases le daba, en la escuela, en un aula, mientras las clases comenzaban a su alrededor y las voces, gritos y risas del muchacherío era claramente audible.

   ¿Lo increíble, desde su punto de vista para Emilio?, lo mucho que le gustaba ser tratado así, lo que ese maricón le estaba haciendo, retenido por esa mano en su nuca contra el mesón sobre el cual se agita su cuerpo por las cogidas, sintiendo como el grueso tolete caliente y pulsante del chico se retira casi todo, para luego clavársele, abriéndole, rozándole las paredes del recto, dándole en lo profundo al tiempo que le golpean las bolas fuera de la bragueta. El chico sabe que quiere eso, ser cogido así, de manera total, inmisericorde, oyendo al otro rugirle, entre risas, que menea ese culo sabroso, que amasa su güevo como los buenos, que se nota lo mucho que quería un macho. Todas esas palabras le marean, le hacen perder el control, y sonríe beatíficamente, algo de baba manchando aquel libro.

   El tolete sale, casi totalmente, blanco rojizo, surcado de venas, deteniéndose, y agitado, Emilio casi enrojece sobre la mesa, porque siente como su esfínter lo hala, lo atrapa, lo desea. Y cuando se le clava con un “tómalo, maricón, que se nota que te hace falta”, gime largamente, de manera escandalosa. Si, ¡quiere ser cogido y tratado como una puta barata!, ¡quiere que todos sepan que es una puta barata! Esa idea le rodea, penetra, embarga, y su erecto tolete bota un mar de líquidos espesos que se agitan al caer, por las embestidas. Chilla tanto con cada nueva enculada del joven blanco, que este, soltándole la nuca, viendo como eleva el rostro, le cubre la boca.

   -Silencio, puta, silencio, todavía no estás lista para darte a conocer al mundo. Necesitas algo más. –le gruñe, halándole, amordazándole, casi obligándole a arquear la espalda.- Vamos, muéstrame de que eres capaz, pórtate como un hombrecito grande y ordéñame el güevo con tu culo negro… -las palabras fluían con facilidad, con maldad. Y ríe, ronco y bajo, teniéndoselo bien clavado en el culo, notando como esas entrañas se agitan, lo halan y trabajan.

   -Hummfff… -es todo lo que puede agregar, contra la mano de ese chico del que se burlaba y que ahora se había transformado en una bestial sexual que le dominaba, que le machacaba el culo una y otra vez con su poderosa barra, así lo pensaba, haciéndole estremecer, gemir, mecer su agujero vicioso contra esa pelvis, frotándose, y queriendo más de toda esa joven y dura masculinidad.

   -Si, sabía que lloriquearías cuando te cogiera, puta barata. –le sobresalta escucharle, ¡era lo que había estado pensando!, y eso le hizo botar aún más líquidos por la verga.- Esto es lo que querías, ¿verdad? Un güevo por tu culo, llenándotelo, rascándote esa piquiña de machos que tenías. –le ruge, halándole más, casi contra su cuerpo.- ¿Es lo que querías de Rubén? ¿Qué te cogiera en los vestuarios después de las prácticas, él sudado metiéndotela por tu culo sucio y mojado? Dime, ¿te gusta oler sus calzoncillos, lamer sus suspensorios? –le gruñe, y hay algo de enojo en todo ello, como de… celos.

   -Humggg… -Emilio medio vuelve los ojos, para verlo, como un cervatillo atrapado.

   -Has insultado durante mucho tiempo a mucha gente, Nóbregas, ahora te toca a ti ser el hazmerreir. Por suerte, te gustará ser humillado y usado como te usarán todos. –le promete.

   Emilio se estremece todo, como presintiendo un peligro real, pero cuando el otro, soltándole la boca y atrapándole una rodilla, obligándole a subir la pierna sobre el escritorio, muy elásticamente separándole más las nalgas, comienza un mete y saca aún más violento, tan sólo puede gritar, echando la cabeza hacia atrás, boca muy abierta, ojos cerrados. Olvidado de todo, nada importaba como no fuera la experiencia de esa tranca pulsante y dura que le quema las entrañas, que le hacía delirar a cada pasada, que le provocaba temblores por todo su cuerpo. Ahora sólo desea una cosa, algo que jamás en su vida había contemplado, la posibilidad de recibir la esperma acumulada en esas bolas que le golpeaban las nalgas a cada embestida.

   ¡Quiere que Tony le deje el culo lleno de leche!, y la idea le hace tragar, abriendo los ojos, sorprendido. ¿Lo pensó?, ¿el otro se lo dijo?, no lo sabe, sólo lo espera.

   -Tómala toda, puta barata. Toma toda mi leche. –le ruge Tony al oído, escuchándose bastante en el silencio de un piso de muchachos en clases.

   La siente llegar, de alguna manera Emilio lo sabe, con un jadeo de anticipación, tal vez por la dureza de la barra de carne de Tony llenándole aún más el culo, o por su temblor, las pulsadas intensas, pero sabe que el chico está a punto de vaciar las bolas, de disparar su carga de espermatozoides en sus entrañas. Un chico iba a corrérsele adentro. Otro chico iba a llenarlo con su leche. E instintivamente relaja las paredes de su recto, sintiendo el primer disparo, profundo al tenerlo ese güevo tan clavado, golpeándole allí, donde el otro le da y le hace gemir de gusto, y la sensación casi le hace flotar. Grita al sentir el segundo disparo, toda esa leche llenando su culo, Tony sacándola lentamente, chorreando esperma caliente y viscosa por todo el camino mientras se retira.

   -No… no… -gimotea, volviendo el rostro, ardiendo también, sintiendo su culo como más urgido, más caliente y mojado ahora con la esperma de Tony.

   La quería adentro para correrse también, ya que estaba tan cerca. La mano del otro sobre su nuca le derriba otra vez sobre el mesón, cosa que le hace gemir de gusto, al sentirse sometido así, y porque ese tolete cilíndrico vuelve a enterrársele en sus urgidas entrañas, ahora tensas, deseando atraparle, halarle. Pero es la voz de Tony la que le llena de desconcierto… y temor.

   -No, puta, no alcanzarás tu orgasmo. No tan fácil. –las manos del chico le atrapan la nuca, y siente pequeñas vibraciones desconcertantes que parecen provenir de los dedos que le halan y obligan volver al rostro a mirarle.- Tres… -le dice sonriendo, sentencioso.- Ese será tu castigo, maricón reprimido. Pronto lo entenderás.

CONTINÚA … 29

Julio César.

DE VUELTA EN CASA

mayo 21, 2016

…SUPREMA ARRECHERA                  COSAS DE FAMILIAS: 21×11

UN GRUPO SOBREENATURAL

   Dios, cómo odio el Canal Warner…

   El Canal idiota hace el anuncio mientras vemos a Sam y Dean pasar por una serie de peligros y problemas, con esa voz ominosa dicen que “de alguna manera siempre se las arreglan para volver”… Y si, anuncian la onceava temporada de Supernatural, casi finalizada por la red, para junio. Era hora, claro, vaya uno a saber qué chambonada no harán, como pasarla en maratones a altas horas de la madrugada. Como sea, regresan los a veces ausentes, no mentados, pero nunca olvidados hermanos cazadores de monstruos. Que la serie gusta se evidencia en que ya está anunciada la doceava temporada. Qué tal. Las aventuras de Sam, Dean, Castiel y Crowley (y quién sabe si no de Lucifer y hasta de Amara), continuarán un buen rato más. Aunque quedan debiendo, se jugó en esta temporada con la idea de traer de vuelta a John Winchester, el mismo Jeffrey Dean Morgan lo comentó, alegado que le gustaría que fuera en un episodio dirigido por Jensen Ackles, y nada. Pero están por llegar. Y queda tanto por ver.

PICANDO ALANTE

Julio César.

DEMOSTRACION

mayo 21, 2016

CAFE CON EL JEFE

CHICO SEXY EN TANGA ROSA

   -Hey, amigo, te esperaba, pasa. ¿Así qué puedes quitar uno con los dientes? Hazlo y el premio será todo tuyo.

TRAVIESO

Julio César.