CUBA, ¿NORTEAMERICA HILANDO FINO?

diciembre 19, 2014

SIMON DIAZ… CABALLO VIEJO

OBAMA CASTRO

   Bien, no sería la primera vez.

   Por inconsecuentes y superficiales, estoy por perder totalmente la confianza en los políticos, analistas y periodistas venezolanos, y en buena parte del exterior también. Nunca parecen saber qué está pasando. La noticia de que Cuba y Estados Unidos abren las puertas a un entendimiento pareció sorprender a todos… Aunque, y como ya lo he señalado, Rafael Poleo, periodista venezolano, lleva más de un año anunciándolo, que el régimen vetusto ya no puede más y que los salitrosos jerarcas requieren asegurar vejeces seguras (no terminar en una celda por crímenes contra los derechos humanos como le pasó a Pinochet, aunque fuera por poco tiempo), y disfrutar de sus cuantiosas fortunas amasadas a la sombra del sufrimiento del pueblo cubano. Hace más de un año que Poleo lo dijo, y ahora sale el propio Raúl Castro hablando de conversaciones que llevan dieciocho meses manteniéndose entre el régimen comunista y “Occidente”, con la mediación del Vaticano (aunque ahora lo reducen al Papa Francisco, quien su gran mérito tiene, todo hay que decirlo). ¿De verdad fue tan sorpresivo?

ORIANA FALLACI

   Imagino que como ocurre aquí, en España, Italia (ah, Oriana Fallaci, las cosas que dirías hoy en día), Francia, Ecuador, Argentina o Bolivia hay un sujeto, alguna señora, que mirando por encima del conjunto, de las apariencias, de lo que quiere o no que ocurre, les advierte sobre el futuro. Tal vez sea como aquí, donde al señor Poleo sólo le siguen quienes leen sus publicaciones, sin ser mencionado por otros medios celosos de sus análisis. ¿Alguien alertó hace casi dos años que los cubanos intentaban un acercamiento con el Vaticano para que estos les ayudaran a desmontar el régimen y hoy todos aparecen sorprendidos? Pierde uno la fe en esta prensa y opinadores. Por cierto, que fueron las publicaciones del señor Poleo, en el año 2007, quienes sostuvieron que la ruina venezolana, el colapso económico, ocurriría para el 2015… ¿y todavía no se reúne una chusma ignorante (intelectuales de izquierda que aseguraban que eso no pasaría jamás y ahora no encuentran a quien culpar de sus necedades), teas en manos, para llevarle a la hoguera por brujo?

MARCO RUBIO

   Barack Obama en un acto valiente, pero detestable (posiblemente otro clavo en el ataúd demócrata para la próxima contienda electoral), tiende una hoja de ruta para la apertura de relaciones del continente con la isla caribeña, y Raúl Castro se apresura a aceptarla si viene de buena fe, llegando al colmo del descaro de sostener que todos deberán aprender a tolerarse y convivir (en Cuba, castristas y anticastristas, cuando aquí le ordenaron a Hugo Rafael Chávez Frías que sembrara el odio y la separación entre venezolanos). Aunque un anuncio sensacionalista, esperado por millones a quienes jamás les importó el sufrimiento de los cubanos bajo el brutal régimen (querían ver en el dictador a un viejito bueno), la verdad es que a estas horas aún no se ha resuelto nada. Lamentablemente para algunos, la norteamericana es una sociedad democrática donde el Presidente no puede hacer con el país lo que le salga del forro del paltó (cosa que muchos no entienden), y el Congreso controla y regula, a veces vetándole, como ya le sale al paso el senador Marco Rubio, por La Florida. Pero, a decir verdad, no deberían hacerlo en este caso, por mucho que me cueste decirlo. Es una medida que me desagrada pero es necesaria para Estados Unidos (el capital), para Cuba (mitigar tanto sufrimiento) e igualmente para una pequeña nación insensata como la mía, entregada por una casta apátrida, controlada y sometida desde La Habana (que dejen de ordenar represión, encarcelamientos y torturas).

rafael-poleo

   Que se diga que las conversaciones llevan dieciocho meses desarrollándose, le da la razón a Rafael Poleo cuando sostenía que Cuba, exhausta de una vida parasitaria, viendo agonizar al último huésped (el gobierno chavo-madurista), sabe que no puede esperar por milagros económicos. Saben que ya no damos para más. Nos han vivido, nos usaron de la manera más atroz, se nos jineteó y buena parte de nuestros recursos se fueron en los albañales de la decrepita “revolución”, que ya está vieja, que sospecha de los jóvenes uniformados que se levantan y les miran fijamente, preguntándose qué harán con una Cuba que decae, con gente hambrienta, arruinada, donde ni la prostitución de menores a manos del turismo europeo puede sostenerles si cae el régimen en Caracas; así que temiendo un estallido interno buscan oxígeno (no bolsas de comida, no becas, sino inversiones de cosas que produzcan empleos, ganancias, consumo y deseos por más), pero especialmente la garantía de que no serán perseguidos por sus crímenes y robos, que se les dejará en paz, terminar sus años de vida mudando a Cuba lo que traerán disfrazado de inversiones externas.

NICOLAS MADURO Y TIBISAY LUCENA

   Es curioso que las conversaciones entre el régimen y el mundo capitalista se iniciaran con la llegada de Nicolás Maduro al poder, aquí en Caracas; tal vez sabiendo por viejos que si el sujeto ganó únicamente porque la señora Tibisay Lucena le contó los votos e impidió auditorias, no se sostendría en el tiempo. Se nota que son sagaces, porque fuera de la pérdida de legitimidad en ese entonces, no se imaginaba que caeríamos en esta pavorosa crisis económica por el robo sistemático de doce años de las reservas monetarias (no queríamos creer en las Profecías de Poleo). Son hábiles esos viejos, ya sabían, cuando Nicolás Maduro era proclamado en medio de la sospecha de fraude, que todo había acabado.

BENEDICTO XVI Y RAUL CASTRO

   La prensa habla de la participación del Papa Francisco en todo esto, pero la verdad es que la cosa viene de más atrás, de cuando el Papa Benedicto XVI fue a La Habana, llamado por el clero cubano a solicitud de los Castro para iniciar un lobby que permitiera la claudicación del régimen no frente a los norteamericanos sino a los europeos; eso consta en la prensa de esos días (EL NUEVO PAÍS y la revista ZETA). Por la necesidad de sustento que calme a los hambrientos en la isla, y la seguridad de que no serán perseguidos, los Castro y el vetusto régimen de viejos homicidas debieron tragar duro cuando en Europa se les exigió el fin de la represión, el respeto a los derechos humanos y que se comenzaran a dejar en libertad a los presos políticos. Con esas palabras se los dijeron, comprobándose que mientras los jóvenes franceses y españoles creían pendejadas sobre el viejito bueno al que persiguen por revolucionario, sus gobiernos sí saben de la calaña de los indiciados.

GARCIA MARGALLO

   Todo iba más o menos bien hasta que un agregado diplomático español, el señor García Margallo se reunió con la juventud comunista para hablarles de la apertura a la democracia en la España post Franco, lo que molestó a los viejos carcamales, congelándose las conversaciones. Todavía había un margen de maniobra, se decían; aunque arruinado, el pozo petrolero en la colonia venezolana algo producía. Margen que termina cuando cae en crisis un eterno aliado, Rusia, Venezuela se queda sin dinero hasta para dar propinas en un estacionamiento, Irán tiene que aceptar un control sobre su programa nuclear y la misma China se ve atada de manos por el momento, todo por un único fenómeno socioeconómico: la brutal caída de los precios petroleros. Es en este momento cuando Estados Unidos, o mejor dicho, Barack Obama, hace su jugada…

   No se puede negar que los odiosos primos del Norte saben lo que hacen, aunque noruegos, árabes y otros dentro de la OPEP supieron ver el juego, algo tarde, y se prepararon para dar la batalla. Que Rusia tuviera pretensiones hegemónicas sobre Europa del Este, queriendo “cogerse para sí” a Ucrania, casi que amenazando con un guerra, queda ahora tan fuera de lugar como las pretensiones iraníes de un poderoso programa nuclear en la zona y las balandronas en Venezuela. Todo queda en nada cuando los precios del petrolero se desploman y con ello se acaba el mundo para los necios. Rusia, Irán y Venezuela no utilizaban ese recurso natural como un producto para obtener ganancias, asegurar y mejorar las condiciones de vida en sus territorios, brindando beneficios a todos; no, eran armas políticas sobre las cuales desearon montar un expansionismo ruso, una supremacía iraní y un gran frente comunista sudamericano con Chávez a la cabeza (así se lo hizo creer Fidel Castro en su eterna maldad para extraviarle más de lo que ya estaba cuando comenzó). Cuando dejaron de contar con ese dinero se vieron reducidos a sus verdaderas dimensiones, regímenes de opereta, ligeramente ridículos en sus pretensiones y llevando a sus naciones al desastre, muchos de ellos llenos de “disidentes y políticos presos que carecen de derechos”. Lo de China es más puntual, caídos los precios, con la sombra de la recesión sobre la economía global (deben estar halándose los pelos ante lo adeudado por Venezuela; que Cuba nos negocie debe tenerles nervioso), su mercado se detiene, y el tamaño del coloso lo hace algo terrible en una posible debacle.

   Ese mundo de precios altos, donde orates amenazaban a todos con el Apocalipsis, fue enfrentado hace años por una silente política norteamericana de copar mercados internos con sus propias reservas y abrir nuevas fuentes de suministro. Los precios estaban tan altos que sacar petróleo en las tundras de Alaska se hizo rentable. Todos a producir, sumándose las variantes energéticas. Así caen los precios, así termina la borrachera de los orates. Fue lo que la OPEP supo ver, igual que Noruega; que en lugar de reducir la producción para “encarecer los precios”, había que coparlo con sus productos para hacer inviables las nuevas fuentes y alternativas, asegurando el mercado como proveedores seguros. Claro, Venezuela no podía aceptarlo (ni supieron ver qué pasaba, muchos menos entender a los socios en la OPEP, hace tiempo que ya no piensan, sólo rumian). Es en medio de este pavoroso panorama para la pequeña nación venezolana, que Cuba se ve alcanzada por lo feo de la crisis total. Después de desairar a los europeos, creyendo poder aguantar un poco más con lo esquilmado a Venezuela, con los dientes que mostraba Rusia o el peligro que siempre representaba para Occidente un Irán nuclear, se vieron con los culos al aire. Porque si en Venezuela se está pasando hambre, ¿qué quedaría para Cuba?

   Es cuando Estados Unidos les ofrece la hoja de ruta, un “hey, you”, qué cosa tan bad, ven, vamos a recomenzar, abajo el bloqueo, que toda América comercie con ustedes… eso sí, habrá que hablar de los derechos humanos, la libertad de los presos políticos, la reunificación de las dos Cuba (es curioso como la Guerra Fría dividió en dos a tantas naciones) y más tarde hablaremos de democracia. Y a Raúl Castro, siempre que se haga con respeto, le pareció very good. ¿Por qué hace esto Estados Unidos en estos momentos? Porque Cuba es terriblemente vulnerable, por la buena propaganda contra el bloqueo malo y que todos quieren su fin, y porque hay que darle un acabose a esa zona de conflicto (el cual será otro fracaso norteamericano de la Guerra Fría, como lo fue Corea y Vietnam, pero sin los muertos en combate). Y, díganme, ¿pensaron que lo hacía únicamente por esas razones? Qué ingenuidad. Estados Unidos es un país capitalista, ahora que las cosas están frías entre Cuba y Europa, ve su oportunidad de ocupar los mejores lugares en el reparto en la isla; quién sabe qué no les han ofrecido ya (incluida PDVSA aunque no queda allá). Así son los negocios, digo, la gran política. La “derrota” norteamericana abrirá frentes en esas playas antillanas; el “éxito” cubano casi hace morir de un infarto a Raúl Castro, quien no se podía creer tanta buena leche.

   Con esto termina, en lo que América se refiere, la Guerra Fría. Por estos lados las modas siempre llegan tarde, comenzando por el comunismo. Cuando ya Rumania, Polonia y Checoslovaquia sufrían lo indecible bajo el régimen totalitarista, aquí se veía como la romántica y justa batalla del obrero contra el patrón (también yo lo creí así, cuando tenía dieciséis años y no sabía de los gulag); que nos engañáramos niños y jóvenes se entiende, que lo creyeran o fingiera creerlo gente vieja, aún hoy, no tiene excusa. Pensaba agregar algo más al respecto, sobre el cómo la gente olvida (Cuba no sale de la OEA por maniobras norteamericanas), y el cómo a Nicolás Maduro y a su régimen de vende patria se les usó horriblemente desde La Habana, de la manera más humillante e injusta, desechándoseles luego como condones usados (palabras de Hugo Rafael Chávez Frías para referirse a la gente que usaba y luego sacrificaba, siguiendo la tesis cubana, que venía de Alemania del Este, aprendida en la ex Unión Soviética), pero esto me quedó muy largo. Sin embargo no voy a olvidarlo, es interesante porque demuestra como si no se aprende de los errores, si no que quiere ver lo que ya sucedió, los horrores se repiten una y otra y otra y otra vez.

   Por ahora, en Cuba sus habitantes deben sentirse extraños, confundidos, temerosos de abrigar muchas ilusiones, deseando soñar con libertad. Una que les costará mucho todavía. Pero sea lo que llegue, será mejor que lo que ahora tienen. Y la Cuba en el exilio tendrá que ir acostumbrándose. Al pueblo antillano no se le está vendiendo ahora, se le traicionó y se le abandonó a su suerte hace más de sesenta años, con silencios cómplices, con “realidades” creadas en reportes, con gente repitiendo tonterías, cuando a nadie, desde Alaska a la Patagonia, les importó lo que el brutal tirano les hacía para sostenerse en el poder. Para ellos llegará una transición no sé si al estilo español, pero ojalá; y que no sea a la rusa, donde los antiguos carceleros y torturadores amasaron fortuna y ahora gobiernan en peligrosas mafias, siendo Putin el peor de todos.

AL ESPIRITU DEL 23 DE ENERO

Julio César.

SANTA MAÑOSO

diciembre 18, 2014

UN CHICO DESOBEDIENTE MERECE NALGADAS

SANTA CACHONDO

   Reía porque en cuanto les tenía con los pantalones bajos, tomaba su obsequio.

DULCE PUPILO

Julio César.

¿Y MIS TARJETAS NAVIDEÑAS?

diciembre 18, 2014

LA VIDA, EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, CIENCIA Y RELIGION…

   Tiempo para pensar en los demás.

EL NACIMIENTO DE JESUS

   Siempre he visto en programas como Los Simpson, por decir lo menos, que la gente envía tarjetas por las fiestas, siendo una de las más importantes las navideñas. La idea en sí es hermosa; fuera del fin de año y los regalos que alegran la vida de todo el mundo, la fecha tiene un significado más profundo, algo que llena o ilusiona con ocupar cierto vacío espiritual. Vacio que existe, si la ciencia, la historia y la vida misma que desarrollamos cada día pudieran darle sentido al todo, no sería la familia humana una tan infeliz y sufrida, generalmente a manos de ella misma. Así, la idea de sentarse pensando en alguien especial, a quien se aprecia, y resumir en unas pocas líneas todo lo que significa para ti, lo que le deseas de corazón, suena bonito. Aunque también hay quienes lo hacen por obligación, porque en esta vida todo es así, incluso tenemos que fingir civilidad a veces. No suelo yo escribir tarjetas de esas. Tampoco escribía cartas, ¿las recuerdan?, ¿esas que entregaba el Correo? Sufro de aquello que decía un vago en una novela, dolor de nalgas cuando me siento para esas cosas. Por eso es que no recibo ninguna.

   La verdad es que las únicas tarjetas que me llegan son porque vienen con un obsequio, lo que parecería mejor, pero, repito, la idea de alguien sentado, sonrisa en labios al pensar en uno, plasmando en sílabas lo que les inspiramos, suena grato. Claro, si no envío tarjetas no puedo esperar recibirlas. Es una ley de la vida (si no se visita a nadie, ¿quién te visitará?). Por ello me sorprendió saber de tantos conocidos que lo hacen, comenzando por mis hermanos Miguel, Melisa y Leyda, o gente querida como Fátima, Alicia y Mario (tenía que ser), quienes se toman su tiempo para recordar amistades… pero no estoy en sus listas. Aparentemente si uno no escribe es porque no le importa, y como a cada rato nos vemos, no es necesario cumplir conmigo. Y hay gente que no siente esos llamados sentimentales, tengo una amiga recientemente casada, que pidió sus regalos en efectivo y cuando abría los sobres tomaba el dinero y dejaba lo demás, llegando a regañar al marido porque este se tomaba su tiempo leyendo las tarjetas, ¿no es horrible? Me hizo gracia, recordé parte del video Lady Marmalade; abre el sobre, ve la tarjeta que comienza con un “ahora que comienzas una nueva etapa de tu vida…”, y la arroja a un lado quedándose con el efectivo. Sonó gracioso, aunque le aconsejé no repetirlo en voz alta.

TARJETA DE NAVIDAD PERSONALIZADA

   Pero debe ser extraño, de una manera linda, abrir el buzón de correo en la entrada del edificio, donde por lo general sólo hay propagandas o basura, y recoger varios sobres con hermosas tarjetas deseándote todo lo mejor del mundo, dándote a saber que esa gente, tu gente, en sus vidas ocupadas se tomaron un segundo para pensar en ti y expresar sus buenos deseos por escrito (seguramente la idea viene de alguna creencia pagana para conjurar se cumplan los buenos deseos). Incluso hay quienes se toman el trabajo de elaborar imágenes y recados. Las personalizadas son complicadas; niños, imágenes de la familia alrededor del arbolito o el nacimiento quedan bien, pero hay que cuidar detalles como iluminación y armonía. Aunque, me parece, deben ser como más valiosas.

VAYA TARJETA

   Hay otras que no deberían intentarse, porque o son grotescas o preocupantes. Aún una donde la idea sea ambigua entre el mal gusto o la originalidad (el ex presidente español Aznar, en una tina con su familia, vaya que ha dado de qué hablar), a veces levantan ronchas. No lo sé, creo que si una imagen es sugerente, y que efectivamente puede resultárselo así a un grupo de íntimos o a la pareja, no debería exponerse. Por uno mismo, para no quedar mal.

   La idea resulta atractiva, ¿verdad? Sentarse tomándose un vaso grande de ponche crema, y lapicero en manos hacer una lista de la gente a la que se quiere, familia, amigos y conocidos, recordando a cada nombre un momento grato, idear tres o cuatro mensajes que expresen lo que se piensa de todos ellos, llenar una bonita tarjeta y enviarla. Hace sonreír pensar lo que dirán al recibirla: “Oh, Dios, Julio me envió una tarjeta, ¡debe haber comenzado el Apocalipsis!”; ó “qué raro, a lo mejor necesita un riñón”. ¿Cómo hacerlo?, si fuera a enviar tarjetas, al escribir pensaría en cada una de esas personas y el cómo me sentí cuando los conocí y entendí que había algo que encajaba, los buenos tiempos vividos, deseándoles que obtengan y reciban todo aquello que quiero para mí y para mis padres, hermanos, sobrinos y amigos. Lo mejor.

   ¿Envían tarjetas?

VIVIR EL CARNAVAL

Julio César.

REGALOS NAVIDEÑOS

diciembre 18, 2014

DEMANDANTES

SEXY MAN

   -¿Qué le dejaste un sobre a mi esposa para el aguinaldo navideño aunque nunca recogen la basura? Pasa, tengo algo que creo te gustará más…

CHICOS ATADOS Y CONTROLADOS

   -Entre, compadre, le tengo sus regalitos en el cuarto para que haga lo que dé la gana con ellos. Son mal portados en la zona y nadie los extrañará.

ENTRENADOR HOT

   -Okay, entrenador, voy por las galletas y usted pone la leche caliente.

PROBANDO

   -Eso es, bastardo; bastante que has esperado, pero si lo desenvuelve saborearás al fin lo que tanto quieres.

ERECTO EN TANGA

   -Jefe, usted me tocó como amigo secreto y aquí le tengo su obsequio…

FLOJERA DE ESCRIBIR

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… 141

diciembre 16, 2014

LUCHAS INTERNAS                         … 140

   Saludos, amigos. Con esta entrada termina el largo episodio octavo, en la próxima comienza el noveno, que es el último. Ya era hora, ¿verdad? Me ha llevado tiempo subirlo; irónicamente lo escribí en tres meses, y eso porque me faltaba tiempo pendiente de las noticias como estaba ese final del 2002 e inicio del 2003 (¿creerán que había olvidado que mencioné al Sindicato del Crimen?). Curiosamente los dos primeros capítulos fueron cortos, luego la cosa se salió de control. Tal vez eso explique en parte por qué no encontré quién se interesara en publicar la “novela”, por lo extensa y por lo curiosamente largo de las escenas picantes. Pero llegamos a la última parte, una donde Franklin Caracciolo paga todas las que ha hecho, entre otras cosas. Como habrán notado, o tal vez no por lo sutil que soy, todo episodio comienza con una larga escena sexual. La que viene no será la excepción, aunque no estoy muy seguro de qué opinarán de la misma, fue todo un reto. Ya nos leemos.

SEXY MAN

   Aún quedan salvajes aventuras de luchas y pasiones.

……

   Muchas personas viven sus vidas, desde que nacen hasta que mueren, jurando que se mueven por libre albedrío. No había creencia más extendidas, y más falsa, que esa en muchas ocasiones. Y no sólo era en aquellos que repetían lo que otros decían, aún las razones que esgrimían para creer algo, como si fuera un argumento que se les ocurrió y que salió de sus cabezas. El mundo era así desde que se enfrió, como podía testificar el ya casi legendario, por su longevidad, Rafael Calderón, el dos veces presidente de Venezuela, y de quien decían, se preparaba para la tercera. En los jóvenes la cosa era siempre tierna. Y patética. Cada nueva generación juraba que ella era la real y que debían enfrentar al mundo y cambiarlo, cuando eran ellos los que eran amoldados, controlados y convertidos en fichas de un juego más grande. Los viejos errores, los sonados fracasos jamás se superaban porque cada nueva camada ignoraba eso, u oían de ello pero no querían creerlo, y era lanzados por otros a cometer los mismo errores, pero haciéndoles creer que eran novedosos y que ellos sí alcanzarían las metas.

   Era casi gracioso ver a tantos jóvenes vistiendo como estrellas de rock, tatuándose cada centímetro de piel, perforándose con aros e incluso creyendo que servían al Diablo por rebeldía, buscando sus caminos, cuando todo eso no eran más que modas inventadas y patentadas por la gente que les vendían desde las Biblias Negras a los piercing. El Mercado era así, y así se movía el mundo.

   En todas partes era igual. Gente como Ricardo Gotta, Aníbal López y Norma Cabrera de Roche vivían pendientes únicamente de cómo manipular la vida de otros para conseguir ventajas y ganancias; y sin embargo no podían imaginar que tal vez sus acciones estaban siendo dirigidas o cambiadas por otros, por agentes externos, que los movían sutilmente los hilos para variar sus logros. Mientras La Torre, y Venezuela misma, se debatía en sus luchas internas, había gente conspirando contra otros en silencio, solapadamente, no buscando la verdad o la luz, como cuando Samuel Mattos intentó utilizar la carta de renuncia, no para exponerla a la luz pública y salir del cobarde aquel, sino para forzar alianzas, desdeñando a millones y millones que habrían bailado de felicidad en las calles al salir de la pesadilla.

   Variados grupos, aún no presentes, miraban todo eso y pensaban que ya era hora de actuar. Uno de esos grupos venía contra Frank Caracciolo y Nicolás Medina; otros, que sabían lo peligroso que llegaría a ser Frank en un futuro, también pensaban utilizar al joven. Y lo harían, unos y otros, sin escrúpulos, sin penas, sin dolor. Eran seres implacables. Unos atacarían pronto, y ya venían desde Europa. Otros esperarían a que las cosas maduraran más, como era el caso del Sindicato del Crimen, el cual no había hecho acto de presencia aún. Y sin embargo ya algunas personas cercanas al drama de La Torre habían tenido contacto con el peligroso y secreto grupo.

   Fue uno de ellos, atendido por Hernán y Raúl, los socios de Jorge Ávalos en el taller, quien les indicó cómo hacer para asegurase, de una manera placentera y sabrosa, la lealtad de algunos clientes: culeando con ellos. Obviamente no funcionaría con todos, y muchos sufrirían después un horrible ratón moral, sintiendo que habían hecho algo muy malo, desapareciendo del taller; pero los mecánicos eran jóvenes, ardientes, de güevos largos y estaban dispuestos siempre al sexo; cuando a la mayoría se les pasara el arrepentimiento, volverían por más atenciones. Cuando dejaran de sentirse mal y culpables, irían por aún más. De cierta forma eso les había dado resultado a los chicos, quienes no veían en todo eso nada sucio o problemático, como si fuera prostitución. Era algo delicado, pero no malo, como se aceptaba la falta de moral, tan propia de estas latitudes.

   Hacía poco el taller había tenido como cliente a un carajo joven y bajito, vestido de traje y corbata, que un día fue a que le revisaran el motor y terminó visitándolos a mediodía, cuando el taller debía estar cerrado. Cuando el joven llegó, con el corazón palpitándole, no podía engañarse en lo tocante a esa cita, esos carajos le habían dado a entender que les gustaba y querían hacerle cosas con sus bocas y güevos, y aunque él jamás había intentado algo así, lo excitaron, lo llenaron de curiosidad y de cierta… angustia. Tuvo que ir y no pasó mucho tiempo antes de que el más flaco, el tal Raúl, en botas, totalmente desnudo, y él, con zapatos y corbata, desnudo también, estuvieran de rodillas en el sucio piso, mientras el Hernán, desnudo y con botines marrones, sentado en un mueble viejo, tipo trono, los tuviera atrapados por las nucas, cada uno de ellos con la cabeza ladeada y las bocas abiertas, rodeándole el titánico tolete al hombre que subía y bajaba sus caderas, meciendo su tranca grande, nervuda, monstruosamente dura y caliente entre sus labios, que subían y bajaban ansiosas y golosas contra la barra.

   El tipo les gruñía que sí, que mamaran su gran güevo, que les iba a dar gusto a los dos por esos culos, y atrapándoles con más fuerzas las nucas los obligo a acercar sus bocas y a darse un beso lengüeteado, mordelón, salivoso y desesperado, que al joven hizo gemir desde lo más hondo, totalmente excitado y dominado por una lujuria terrible y nueva.

   Llevado por su pasión, pensando en la rica suerte de tener a esos dos bellos chicos culoncitos que debían estar apretaditos, deseándolo, queriendo sexo, Hernán los monto en cuatro patas sobre el capote de un Ford viejo, pero bien cuidado, cuyo dueño ignoraba la sesión de sexo salvaje, duro, rudo y rico que tendría lugar sobre él. Cada uno de los chicos jadeaba, extrañamente excitado, mirándose entre ellos, con el de la corbata algo cortado, pero ya incapaz de ponerle freno a nada de todo eso, cuando gritó sorprendido; Hernán tras él, le agarró las nalgas con sus manos, abriéndoselas y metiendo su lengua caliente y babosa allí, lamiéndole lenta y firmemente la raja, como si fuera un raro y esquisto caramelo. Esa lengua babosa y ardiente le enloquecía…

   Lo lamió, lo besó y le chupó el culito, mientras le pellizcaba con una mano la nalga, y con la otra sobaba la raja de Raúl que chillaba, rendido ante él. El joven miró como Hernán pasaba a comerse el culito de su colega, dejando el suyo solitario y triste, cimbrándose el otro en el capote y gruñendo, meciendo su culo de adelante atrás. Se veía que lo goza mucho, que estaba tan caliente, que loco de pasión, el joven ejecutivo no pudo controlarse y se tendió hacia él, atrapándole la boca con la suya y besándolo, metiéndole la lengua, encontrándola cálida y babosa, besándolo como nunca antes hubiera imaginado besar a otro carajo.

   La boca de Hernán se perdió entre las nalgas abiertas de Raúl, encontrando la raja saladita y dulce al mismo tiempo, mientras su lengua lo lamía lentamente de abajo arriba por toda ella. Tensando la lengua y enrollándola un poco comenzó a golpear con su punta sobre el orificio, buscando de abrirla, metiéndole la lengua dentro del culo. Raúl chilló, sudando, afianzando sus manos sobre el capote, sintiéndose temblar todo. Y mientras hacía eso con su boca, la mano derecha del gorilón no se apartaba de la nalga izquierda del cliente, cuyo dedo índice frota con avaricia el pequeño capullo del culo cerradito y brillante de saliva, pero que ya titilaba.

   Teniéndolos allí, aún agitándose de adelante atrás, abiertos los dos, Hernán tomó una bombita de aceite de esas de manivela y metió el pico en el culo titilante del ejecutivo, disparando una poca de aceite que lo hizo gemir al sentir eso tan frío. Y mientras repetía la operación en el culo del camarada, una mano de Hernán le sobaba el culo al otro, untándolo de aceite, lubricándolo para lo que venía. Hernán, con el güevo tieso como un arpón ballenero, se lo cubrió con un condón que mojó abundantemente de ese aceite y subió al capote también, semiagachándose tras el joven ejecutivo, quien lo miraba asustado.

   -Es muy grande…

   -Y todo para ti. ¿No lo quieres? ¿No te arde de ganas al pensar que esta mole de carne dura y palpitante quiere y puede llenar tus entrañas, latiendo allí y haciéndote gemir? ¿No quieres eso, aquí y ahora?

   Temblando, aquel hombre joven asiente. El otro sonríe complacido, sabiendo que esa sería la respuesta. Cubre su tolete con aquel condón, no por protección para el tipo, sino porque jamás metería su güevo desnudo en otro agujero si después pensaba penetrar a su adorado Raúl. Aunque jamás lo expresaría de esa manera en voz alta. Fue enterrándolo lentamente en el culito prieto, cerrado y virgen del tipo, que estaba bien caliente, pero a quien eso lastimaba. A su lado Raúl lo sobaba, le susurraba relájate y lo lamía en la cara y el hombro, y le mordía la espalda. El tolete largo y grueso entró todo, creciendo más en el ardiente canal anal, palpitando y enloqueciendo al chico que jadeaba con la cara arrugada, sintiendo a ese tipo aplastado contra sus nalgas, con ese tizón caliente y duro en sus entrañas. Era algo tan nuevo y tan delicioso que perdió toda noción de sí mismo.

   El joven ejecutivo nunca sabría decir qué le pasó, pero su culo iba y venía entusiasta, enculándose de la dura barra, queriéndola adentro, la quería sentir palpitando en su interior, frotándolo, cogiéndolo, sintiendo como eso despertaba sensaciones que no conocía le sorprendieron y le encantaron; y como su próstata era sobada, frotada, manejada, llenándolo de ricas oleadas de excitación sexual, no podía contenerse. Sus nalgas blancas y lampiñas, musculosas y redondas iban y venían sobre la pelvis del otro, metiéndose el cilíndrico y enorme tolete en el agujerito que iba abriéndose, aceptándolo, atrapándole y chupándole el güevo. Hernán gritaba, atrapándole las caderas, cabalgándolo, embistiéndolo con sus caderas, cogiéndolo a fondo y bien. Raúl miraba al chico, sonriéndole, mórbido, besándolo lengüeteado en la boca, y el otro, perdido en su lujuria, respondiéndole.

   Rato después, el ejecutivo estaba de espaldas sobre el capote, con el culo aplastado con el cristal del parabrisas delantero del Ford y las piernas sobre el techo del vehículo, mamándole el güevo a Raúl que estaba cruzado sobre él, quien a su vez se lo chupaba a él, tragándose con ganas su güevo, arrodillado en un llamativo sesenta y nueve, mientras tras él, sin condón, Hernán lo enculaba con rudeza, meciéndolos a los dos con las fuerzas de sus golpes. Y era horriblemente lujurioso, piensa el joven desconocido, su tolete casi acalambrado por esas mejillas y lengua que le trabajan su barra, comiéndose esa dura y palpitante mole que le moja la lengua, viendo el grueso güevo blanco rojizo canela que entraba y salía con fuerza del redondo culo que lo aceptaba. Raúl chillaba ahogado con la boca ocupada, sintiendo como su culo era atendido a fondo por esa tranca que lo elevaba por los cielos, meciéndolo, cogiéndolo con vehemencia, mientras ese otro carajo le mamaba el güevo como si fuera un chupón, dándole casi calambres de lo fuerte y rico que lo succionaba, mientras él le tragaba el suyo, que sabía sabrosito.

   A Hernán le gustaba eso, cogerse a Raúl, metérsela hondo mientras otros carajos también lo atendían, comiéndose su güevo. Sentía que… Raúl se lo merecía. Era tan buena gente, tan buen amigo, tan simpático… En momentos como ese, mientras le aferraba las caderas, estremeciéndolo con sus embestidas, cogiéndolo con todo, sintiendo como ese culito le halaba el güevo, apretándoselo hasta que soltara su semen allí, creía que tal vez era posible que amara a Raúl. Un pensamiento tan terrible y poderoso que nunca se repetía fuera de esos momentos, cuando temía, en medio de la pasión, decirlo en voz alta porque se le escapara.

   Raúl y él llevaban ya algunos meses, pocos a decir verdad, haciendo eso, tiraban y se divertían con otros carajos. Se divertían mucho, a mares, y algunos como el joven ejecutivo volvían por más atenciones al carro… y a sus culos. Eso les enseñó El Sindicato del Crimen, y fue una buena lección.

……

   El corazón de Sam latía ferozmente, casi al borde del infarto, ¿cómo se podía estar tan furioso y afectado después de pasar un rato tan agradable con Renato y su hermana? No lo sabe, pero está que trina de la ira, aunque no le falla el sentido común para imaginar que Norma debía estar igual o peor. ¿Qué clase de mujer era esa?, no puede compaginar todavía lo que ahora sabe con la figura altiva y majestuosa, de la reina de Inglaterra, pues, con todas esas triquiñuelas. Siempre creyó que Eric exageraba muchas veces cuando hablaba de ella, la sabía terrible e implacable pero… Pobre Eric, se veía muy serio, abatido y avergonzado cuanto le contó toda la supuesta conspiración de Norma contra Linda. ¡Sencillamente no podía creerlo!

   Después de caer sentado sobre el sofá, con la mente nublada y calenturienta, todavía se cuestiona la intensión, la utilidad de todo aquello, ¿cómo pudieron hacer todo eso? Seguirlo a él, tomarle fotografías, llamar a Linda y atormentándola hasta provocar su crisis y aún así ir hasta ella y continuar atormentándola. Sabía de las drogas encontradas en su mujer que la mantenían en un estado de histeria frenética, ¿era cosa de ella? ¿Norma y Lesbia? No, todo debía ser cosa de Norma, ella era la mujer de la voluntad y de la falta de escrúpulos. ¡Lesbia!, tenía que buscarla después. Ella tenía muchas cosas que explicarle, y lo haría antes de enfrentar a la despiadada mujer, madre de Eric Roche, y titiritera de todo el tinglado.

   En Sam, la voluntad se une al deseo la acción, una vez de asegurarle a Eric que estaba bien y de casi confortarle ya que el otro se sentía terriblemente culpable por lo que hizo su madre, se tomó un whisky, bajó a los estacionamientos y salió en su carro, rumbo a la casa de la mujer de William Bandre. No piensa, nada cruza por su mente en esos momentos. Sólo un rostro se fija en su cerebro, Linda, ida del mundo, acurrucándose en él después de ser detenida por la muerte de Ricardo Gotta. Se detiene frente a la vivienda y no toca el timbre. No se siente de ánimos para eso. Golpea la puerta con el puño. Lesbia, de jeans y camisa, con un vaso en la mano, algo que ya es normal en ella, sobre todo ahora, aparece, esbozando una cálida sonrisa, tras la cual sin embargo hay una sombra de culpa, de cautela.

   -¡Sam!, que sorpresa. -se inclina un poco como para besarlo en la mejilla.

   -¿Por qué coño fuiste a ver a Linda a la clínica? ¿Qué le dijiste? -ruge con fría cólera, sintiendo ganas de agarrarla por los cabellos y arrastrar de ella. La mujer palidece, tosiendo.

   -Sam, yo no…

   -No me salgas con la mierda de que no sabes nada o que no fuiste tú. Norma ya habló. -grita.

   -No quería hacerle daño a Linda. Ni a ti. Créeme. Te quiero mucho. Eres mi amigo.

   -Habla. -le grita, incapaz de soportar el oír que lo quiere o aprecia. ¡La muy perra!

   -Lo que buscaba, lo que Norma me dijo que pasaría, era que Linda te contara todo a ti y que tú enfrentarías a Ricardo Gotta, de hombre a hombre, de una buena vez. Yo sólo quería que alguien lo detuviera, que le diera su merecido, aún caído en desgracia podía hacer mucho daño. A mí, a William. A mi familia. No puedes ni imaginar exactamente cuánto daño me hizo, y a Norma; pero éramos incapaces de hacer más. Era tan poderoso y tan malo que…

   -Y usaron a Linda para resolver sus problemas; para que se jodiera ella, ¿verdad? -la atrapa por los hombros, casi alzándola del suelo.- ¿Cómo pudiste hacer eso, Lesbia? Yo confiaba en ti. Te creí mi amiga. -la acusa con ojos iracundos y la cara roja.- Eres una maldita sucia. Espero que estés contenta, Ricardo ya no existe. Lo lograste.

   -¡No! No quise…

   La empuja con violencia, alejándose, incapaz de continuar mirándola o escuchándola, sintiendo unas rabia tan feroz que necesitaba descargarla en alguien y no sería en esa mujercita falaz. De ella obtuvo lo que quería, una certeza, una confirmación. Sintiéndose muy mal, la mujer lo llama, quiere explicarse, que él la entienda, que la perdone para ver si puede perdonarse ella misma. Pero el hombre no está para escucharla o pensar en sus problemas y necesidades, que el Diablo cargara con ella. Su carro avanza casi con vida propia, saltándose baches, esquivando otros carros y no matando gente por inteligencia propia del vehículo, ya que la mente de Sam bulle como una caldera de aceite caliente.

   Se detiene frente al pequeño edificio en Prado de María y entra, parece un gorila con dolor de barriga que buscara en quien desquitarse. Algunas personas lo miran, pero de cierta forma subconsciente entienden que es mejor no meterse con ese gigantón dorado. El hombre espera el ascensor, pero tarda. No llega. Con una finísima capa de sudor cubriéndolo, toma las escaleras. La rabia no disminuye, al contrario, aumenta. Sube a la carrera y se detiene finalmente frente a la puerta número treinta y dos. Llama a golpes.

   -¿Quién coño es? -ruge la voz de Alirio Fuentes abriendo la puerta, molesto. Al ver a Sam se impacta.

   -Hola, amigo. -ruge Sam, sintiendo una rabia tremebunda. Fue Néstor quien le dio la dirección.

   Lanzándose hacia adelante, atrapa a otro por las solapas de la camisa, alzándolo y empujándolo hacia adentro. Lo zarandea con ganas de joderlo, y el otro se preocupa, lo siente, y sabe que Sam está furioso y que es más fuerte que él. Sus manos le rodean rápidamente la nuca a Sam, halándolo, mientras proyecta su propia frente. Los dos hombres chocan de coquis. Alirio sabe cómo hacerlo y Sam siente que luces blancas estallan feamente dentro de su cabeza. Soltándole retrocede dos pasos, levemente mareado.

   -¿Qué te pasa, carajo? -le grita, pero lo intuye. Eric le contó algo.

   -¿Por qué, Alirio? ¿Por qué nunca fuiste un buen amigo con nosotros? Todos esos encuentros, todas esas tardes de hablar paja, de tomar cervezas, de no pretender más que disfrutar un momento de compañía. De… -bota aire.- Eres una basura, una maldita basura. Bueno, eres el perfecto agente del Dasnap, ¿no? Si alguien me pregunta que si eres bueno en eso, les diré que sí. Si necesitas referencias de que eres una mierda que trama contra la gente sin sentir culpas, sin importar a quién jodas, mándamelos a mí. -le grita señalándolo con un dedo.- Por tu culpa Linda está como está. Puedes decirte a ti mismo que no, que nada tuviste que ver. Pero tú sabes que si, grandísima pila de mierda.

   -Ella era tu responsabilidad, no mía. -le grita, sintiéndose molesto y azorado. Algo culpable.- No quise que pasara todo esto. No así. Lo siento, y sí, soy tu amigo, tal vez no uno como Eric, pero… -se ve confuso, abrazándose a sí mismo.

   -Apártate de mi camino, Alirio Fuentes. No quiero tener que tratar contigo nunca más. -da media vuelta, como un oso furioso y sale, con su manchón doloroso en la frente.

   Alirio queda solo, sintiéndose mal. Le dolió que Eric lo mirara feamente el día en que supo que era agente del Dasnap. Pero ahora había sido peor. En los ojos de Eric había rabia, pero en los de Sam había decepción y un profundo desprecio. Le dolía más, porque estimaba más a Sam. Mucho. Sabía que todo terminaría así, las Operaciones Negras nunca eran felices, pero…

   Sam ni siquiera piensa en él en esos momentos, mientras se dirige a enfrentar a La Gorgona, el terrible y mítico ser que destruía a todos con su mirada, la perfecta descripción de Norma Cabrera de Roche.

   La mujer, altiva y seria, descendió las escaleras nuevamente, para recibir a aquel hombre que venía a reclamarle. Debía calmarlo, explicarse y ponerlo de su lado. Con el fracaso ante Eric para que volviera a La Torre como jefe de la firma y cabeza de los Roche, a Norma no le quedaba más remedio que recurrir a Samuel Mattos. Pero le inquietaba la furia, la rabia, el odio que brillaba en esos ojos claros, atractivos y reilones normalmente, presagiando cosas terribles. Se detiene frente a él, severa, aparentando fuerza.

   -Imagino que Eric fue a contarte toda serie de fantasías y estupideces propias de él, ¿verdad? –lanza, desconcertándole, ¡¿cómo podía ser tan descarada?!

   -¿Fantasías? No me vengas con cuentos, Norma. Te conozco. Mucho mejor que tu hijo. Nunca te creí involucrada con el régimen para matar a aquellas personas en abril, pero si te creo muy capaz de todo esto. -dice entre dientes.- Eres una mujer sin moral, sin escrúpulos, sin decencia. Pudiste contarme lo que quisieras, lo que supieras de Ricardo Gotta; pero no, no fuiste a decirme que la estaba enloqueciendo, siguiéndome y fotografiándome para enfermarla… ¡Sí es que fue Ricardo y no tú misma! Actuaste callada y traidoramente para lastimar al hijo de puta ese a través de mi mujer. Utilizaste a Lesbia para que fuera a echarle cuentos a Linda, enloqueciéndola, gritándole que Ricardo Gotta quería hacerme daño. Querías un escándalo, ¿verdad? Que algo pasara. Tal vez que Ricardo y yo nos matáramos; caídos los dos, para ti hubiera sido más fácil imponer a Eric, tu hijo, en La Torre. -la mira feroz, creyendo en esa versión mientras la expresa.- Que hábil, dos pájaros con una sola pedrada.

   -¡Samuel! -jadea enrojeciendo, ¿acaso por qué hay algo de verdad en lo que dice?- Nunca quise hacerte daño. ¿Cómo puedes…?

   -¡Me usaste!, y a Linda, para ir contra Ricardo. La usaste a ella para destruir a tu enemigo sin tener que dar la cara tú. -se le acerca, fiero.- Yo creo que… tú, sí planeaste ese asesinato. Querías muerto a Ricardo y a ello te dedicaste. Tú lo asesinaste utilizando a Linda. Ella empuñó el arma que pusiste en sus manos. Pero fuiste tú quien lo asesinó. Eres su asesina. Y te lo juro por Dios y por mi madre, Norma, que aunque me lleve toda la vida voy a probar que tú eres la asesina de Ricardo Gotta. Y vas a pagar por esa muerte. No voy a descansar hasta que todos en Caracas sepan el monstruo que eres. –amenaza y la altera.- De mí no esperes piedad, como esperas de Eric. Para mí no eres sino una sucia y fea víbora a la que hay que aplastar. Y voy a perseguirte para siempre, para que nada de lo que busques, se te dé; comenzando por Eric en La Torre, haré lo que sea para que nunca regrese a ese lugar donde ha sido tan infeliz. Lo vas a perder todo, comenzando por eso. -da media vuelta.

   -Sam, no; hijo… -grazna ella, realmente alarmada ante la fuerza de ese odio, y le atrapa por la manga del saco, deteniéndolo. Pero lo suelta con un gemido cuando nota la mirada salvaje del hombre, que la hace retroceder. Alarmada.

   -Jamás vuelvas a tocarme, maldita loba…

                        ………………..

   La mujer, gris y abatida, se dirige hacia La Torre en medio del caótico tráfico caraqueño, donde largas colas frente a las bombas de gasolina lo enredan todo un poco más. Va a entrevistarse con Aníbal López, quien al fin dio señales de vida, levantándose de entre los muertos. El edificio se ve algo abandonado. La muerte de Ricardo parecía haber alejado a mucha gente, a los perros y zamuros que medraban junto a él. Con paso cansado, sintiéndose muy vieja, Norma toma el ascensor y llega al piso quince, donde saluda a una que otra persona. La tarde ya va cayendo, el telón del día, la idea le produce escalofríos. Toca a la puerta del abogado y entra en su oficina. El hombre, en manga de camisas, se ve tan cansado y gris como ella. Se saludan con agotamiento y toman asiento.

   -Ah, qué día… -Aníbal se frota los ojos, hombros caídos.

   -Lo imagino.

   -No lo creo, señora. Esto… todo esto…

   -¿Qué pasa, Aníbal? -pregunta al fin. El hombre levanta la mirada, observándola, notándola cansada y atormentada. ¿Qué tendría? ¿Remordimientos?

   -Hubo una junta de emergencia citada por Franklin Caracciolo. -dice opaco.

   -¿Qué? -parece aturdida, momento cuando se abre la puerta y entra un sonriente Frank, elegante, atractivo y joven. Parece una hiena contenta, y cae tan bien como ese bicho.

   -Norma, veo que Aníbal te llamó. Es un buen negrito, ¿eh? -lanza cruel, sabe que cuando ofende desequilibra a sus enemigos. Pero también lo hace porque le gusta hacerlo. Es un hijo de perra.

   -¿De qué junta habla Aníbal? -lo encara ella, parándose.

   -Si. Hubo una junta. -aclara en pasado.- Ya se reunió, había que contener el pánico tras la muerte de Ricardo. Ahora soy el presidente de la junta y de la firma toda. -la impacta feamente.- Sólo Aníbal se opuso. Samuel, no sé por qué, votó conmigo. Y a través de él, obtuve los votos de la gente a la que representa, incluido, quien lo diría, de Eric, tu hijito amado.

   -¡Mentira! -chilla aguda. ¿Sam y Eric votando contra la familia?

   -Así fue. -la mira fijamente.- Eso hace que uno se pregunte qué hay tras todo esto, por que actuaron así contra ti, y sí la muerte de Ricardo Gotta… Bien, lo que todos comentan por lo bajo, ¿no es así, Aníbal? -mira al otro.- En fin, son tus muertos, Norma, a mí no me interesan.

   -¡No son mis muertos! -estalla.- Y no voy a dejarte hacer y deshacer en la firma.

   -Pronto no tendrás que hacer nada.

   -¿A qué te refieres?

   -Sé de buenas tinas que muy pronto saldrá una sentencia judicial definitiva y favorable a los Caracciolo en nuestro pleito contra ustedes. -se ve siniestro.- Y para ese entonces quiero que desocupes la mansión Roche. Voy a venderla. -es cruel.

   -¿Qué…? No, hijo… -croa.

   -Ay, por favor, ni lo intentes. –la calla. Luego mira al otro.- Y tú, ve pensando en vender tu parte. La Torre, y todo lo demás será liquidado y dividido, cada quien sacará lo suyo. Quiero que se venda todo, convertirlo en dólares y sacarlo de esta mierda de país. Que se hunda de una vez, como todos quieren. -sonriendo va hacia la puerta.- ¿No es bella la vida? -y sale, mientras ríe feliz.

   El hombre y la mujer se ven abatidos, como quienes han corrido largamente por sus vidas, y a punto de coronar el éxito, caen y mueren. Norma siente una rabia sorda y caliente que quema sus ojos, pero parpadea, grácil, elegante. No es de las que lloran. Mira al hombre.

   -Señora, no sé qué podemos hacer para…

   -Ricardo Gotta está liquidado. -suena implacable y Aníbal se estremece.- Ahora le toca a Franklin Caracciolo. Es hora de destruir su burbuja de felicidad. Vamos por él, y su amiguito, de una vez por todas…

CONTINUARÁ … 142

Julio César.

A NUEVE DIAS PARA LA VISPERA

diciembre 15, 2014

EL ULTIMO DE NOVIEMBRE…

   Qué voz.

   Qué extraña es la gente, ¿verdad? Generalmente me incomoda la llegada del fin del año, y sin embargo me gusta y emociona el aire que lo rodea. De la Navidad siempre recuerdo, por VTV cuando no era esa vergüenza que ahora es (no siempre lo fue), la película de un niño que quiere que Santa le traiga un rifle y todos dicen que se sacará un ojo, cosa que le molesta, finalmente lo obtiene y disparando el culatazo le da en la cara y gritaba el narrador (su voz era adulta) “¡me saqué un ojo!, ¡me saqué un ojo!”. Hace años que no veo esa película, del mismo modo hacía tiempo que no escuchaba esta hermosa melodía, Luna Decembrina, interpretada por nuestra Morella Muñoz, gloria venezolana. Y mientras más avance el mes, más evocaremos y aguardaremos por el futuro. En esa esperanza que expresaba Frank Sinatra en su canción: lo mejor aún está por llegar.

OTRO INICIO CON UN ACCIDENTE AEREO

Julio César.

ESTRATEGIA

diciembre 15, 2014

OTRO DIOS DEL RAYO

MARINE HOT

   -No es complicada, me siento, abro las piernas y los irregulares caen rendidos.

AUXILIANDO

Julio César.

APRENDIENDO EN LA ESCUELA

diciembre 14, 2014

FIZGONEANDO SE SABE…

   La siguiente es una historia que me llega de manos de un amigo de la casa. Amablemente me ha permitido usarla, aunque he hecho uno que otro cambio. Como le expresé a él, me gustan ciertos elementos fetichistas, pero hay otros que también gustan y el relato daba pie a ello. Espero que lo apruebe:

……

CHICO EN TANGA AMARILLA

   Sin saberlo ya me ardía…

   Estaba en el último año del bachillerato, finalizándolo prácticamente, cuando en la escuela organizaron una excursión al parque botánico, la que incluía bañarse en la piscina del sitio. Algunos amigos cercanos, Finol y Requena, hablaban de celebrar mi cumpleaños número dieciocho allí, mágica edad que todos aseguran no los aparento.

   Estaba emocionado porque él también iría. Durante ese año había ingresado un profesor nuevo de Educación Física, que se llamaba Eduardo y me había dado cuenta que me observaba de manera extraña durante las clases. Eso me divertía, y sorprendía un poco.

   Eduardo era moreno alto, con un buen cuerpo, uno que expandía sus monos deportivos y sus camisetas cortas, de ojos negros, pelo corto, muy asediado por las chicas, sus colegas y algunas condiscípulas mías. Por eso me extraña que siendo como era, y tan solicitado, prácticamente viviera mirándome.

   Luego de terminar las tareas escolares propias del viaje, todos nos dirigimos a la piscina. Yo me puse una tanga amarilla que marcaba muy bien mi paquete y apenas cubría mi culo con un hilito. Me sentía sexy en él, y estaba decidido a mostrarme ante las chicas, las cuales se veían muy monas.

   Sin embargo, quien me dejó con la boca abierta fue Eduardo; un hombre de su tamaño y constitución se colocó una tanga casi igual, diminuta y casi toda entre sus nalgas, solo que de color transparente, dejando ver un inmenso miembro que paso a ser el centro de atención de todos, las muchachas y hasta algunos muchachos que también admiraban sus atributos. Se veía impresionante.

   Todos le seguían con los ojos, pero yo notaba como me miraba, de una forma insistente. En un momento dado pasé delante de él, chorreando agua de la piscina, y sentí su mirada caliente caer sobre mis nalgas expuestas. Vaya, tan macho y tan marica, pensé.

   Me agaché, con toda mala intensión, a tomar una toalla del suelo, abriendo mis glúteos, y el hombre no pudo soportar más y me soltó una sonora nalgada con su mano abierta que dejó marcados sus dedos en mi trasero, que ardía como si lo estuvieran quemando.

   Me incorporé y me abalancé sobre él para hacerle pagar por su osadía, como si jugáramos. Empezamos una persecución, yo detrás de él, que nos condujo a un sitio un poco alejado, una gruta donde se introdujo y yo le seguí.

   Al entrar encontré todo muy oscuro. No podía ver absolutamente nada. Cuando de pronto siento unos poderosos brazos que me abrazan desde atrás con una presión tal que siento que mi pecho y espalda van a estallar y el aire me empieza a faltar. Era el abrazo de un hombre hecho y derecho que deseaba hacer sentir su poder.

   -Si no quieres que te siga apretando hasta asfixiarte vas a obedecerme en todo lo que te diga. -gruñó Eduardo casi sobre mi cabeza, así de alto era, con voz amenazante pero también cargada de lujuria y deseo.

   Acepté con la cabeza porque no podía ni hablar por la forma en que me tenía sujeto. De inmediato me puso frente a él, me tomó por la nuca y acercó mi boca a su pecho negro, uno que subía y bajaba con fuerza.

   -Chúpame las tetillas, seguro nunca lo has hecho pero te mueres por probar. -ordenó.

   Con un estremecimiento abrí mi boca y comencé a lamer sus tetillas erguidas y largas para un hombre, fruto de años de ejercicio y rematadas por unos pezones firmes que fueron chupados y excitados por mi lengua. Cerrando los labios sobre una, parecía yo un pequeño lactante de ojos cerrados.

   Luego elevó los brazos y me dijo que lamiera debajo de sus axilas. Eso provocó un escalofrío por toda mi columna. La carrera que habíamos sostenido anteriormente lo había hecho sudar copiosamente y tuve que limpiar sus sobacos que comenzaban a expedir un desagradable olor que tuve que soportar mientras se retorcía de placer al paso de mi lengua novel, que se pegaba totalmente a su piel velluda y subía recogiéndolo todo, tragándolo luego para poder respirar. Lo hice una y otra vez, de una axila a la otra, su mano grande tras mi nuca.

   -Ponte de rodillas. -fue su siguiente orden y mi boca se secó con impaciente lujuria, deseando servirle, algo que ni yo entendía.

   Me postré a sus pies, mis ojos iban adaptándose a las penumbras y podía verle, así que noté como su paquete había adquirido dimensiones extraordinarias dentro de la diminuta prenda, la poca tela de la tanga apenas podía contenerlo. Era obvio que tener a su alcance a uno de sus jóvenes y tiernos estudiantes le tenía todo mal de calenturas. Nos miramos en medio de la soledad de la gruta.

   -Sácame la tanga para que encuentres tu premio. -indicó.

   Mis manos algo temblorosas se colocaron en los extremos de su cintura estrecha y bajé muy lentamente la única prenda que cubría su cuerpo de ébano, dejando al descubierto un pene grande, hermoso y vigoroso, horizontalizado y pulsante, de seguro deseado por muchas mujeres y enviado por numerosos hombres, pero que estaba allí, y así, por mí. Me estremecí de lujuria, pero también de orgullo. Yo lo tenía todo excitado.

   -Abre la boca. -me lanzó. Le obedecí al instante.

   Mis fauces se abrieron lentamente y en esa posición, de rodillas, la tanga dentro de mi culo y a punto de hacer algo que nunca había hecho antes, me sentí como un protagonista de películas pornográficas.

   -Chúpamela. -ordenó a secas.

   Me fui acercando lentamente hasta que la punta de su güevo hizo contacto con mis labios, quemaba. Saqué la lengua y comencé a pasarla por toda la cabeza de su miembro, por cada rugosidad, sobre el ojete, como me habían hecho a mí una o dos compañeras putitas que a veces me atendían.

   Él comenzó a mover su pene, de lado a lado, sin impedir que yo le siguiera besando y lamiendo el increíblemente caliente tolete, mi lengua recorriéndolo con gula; el palo adquirió un tamaño aun mayor que el que tenía cuando comencé con mis lamidas, la respuesta de un macho ante un jovenzuelo que quiere experimentar.

   De repente me tomó por la cabeza y de un tirón de ella hacia adelante y un golpe seco de su cadera, me introdujo todo su pene en la boca, lanzándomelo hasta la garganta, aplastando y quemando mi lengua, latiendo contra mis mejillas, y empezó a cogerme por la boca. Ahogados gemidos salían de mi boca mientras sorbía, ojos desorbitados, la negra mole casi separándome las quijadas, intentando chupar todo lo que de ella salía, de recorrerla con mi lengua cuando iba y venía.

   -Oh, sí, así… Que placer siento, tu boca está bien caliente. Siempre me has gustado, muchachito, y no veía la ocasión para hacerte mío. Ahora vas a saber lo que es bueno; pero algo me dice que lo vas a gozar más que yo. –dijo mientras se la succionaba, la saliva corriéndome por el mentón, mis manos sobre sus caderas.

   Me acusó de haberlo estado provocando durante toda la tarde con mi tanga tan pequeñas, mis nalgas tan ricas y la forma en que caminaba cuando pasaba cerca de él.

   -Eres una pequeña perra, Alex, eres una vagabunda calientapollas; tenías a todos mal en esa piscina. Voy a saciar toda la lujuria que me provocas. Voy a sacarte todo el gusto que tu puto cuerpo me ofrece. Voy a ser el dueño de tu blanco, estrecho y virgen culo. –espetó, sus palabras estremeciéndome más.

   De repente me soltó y me lanzó al suelo, una arena blanca y fina cubría la gruta pareciendo una alfombra. Se coloco sobre mí, ubicando sus gruesas nalgas ante mi cara.

   -Bésame el culo. -fue el mandato de turno.

   Introduje al momento mi cara entre sus grandes nalgas y comencé a darle lametones por toda su extensión, hasta concentrarme en el centro mismo, en el ojo de su culo, el cual besé, lamí y chupé con deleite.

   No soportó más la excitación. Se levantó y me dio vuelta, poniéndome boca abajo. Tomo mi tanga entre sus manos y con su poderosa fuerza la rasgó con facilidad, como un salvaje cavernícola necesitado de tomar lo suyo, provocando el estremecimiento de mi cuerpo al saber lo que me esperaba.

   -Ponte en cuatro. -ordenó.

   Le obedecí, con las manos y las rodillas en el piso, mi culo respingón estaba a su disposición. Lubricado por mis mamadas, su güevo se dirigió velozmente a mi trasero, entrando de forma inmediata e invadiendo todo mi ser, abriéndome todo. Gemí, ojos algo desenfocados, pero nunca podría decir si de dolor o lujuria, sentirla pulsar en mis entrañas me estaba enloqueciendo.

   -Qué culo tan bueno tienes, mi esclava. Te lo voy a partir en dos de tanto que te voy a cogerte. Muévelo, maldita perra, mueve ese culo para mí, súbelo y bajado así. Dame gusto.

   Me estaba dando una cogida fenomenal, su güevo iba y venía sin descanso, casi saliendo todo de mi blanco culo enrojecido para luego enterrarse otra vez, por difícil que pareciera dado lo largo y grueso. Nunca había sentido atracción por ningún hombre y ahora estaba siendo poseído por uno, que me dominaba y me controlaba. Por instinto empecé a mover las caderas al ritmo que me imponía y me sorprendí yo mismo al escuchar mis palabras.

   -Sí, soy tu perra, soy tu puta, soy tu cuero. Dame ñema por el culo. Este culo es todo tuyo, papi, rómpeme, rásgame, gózame, fóllame, hazme sentir como lo que soy, una vulgar prostituta, una sucia ramera, un gran putón.

   Mis palabras le sorprendieron y aceleraron su venida, su güevo se piso como un fierro duro y ardiente. Dándome múltiples nalgadas, que recibí gimiendo de gusto, y tomándome del pelo para doblar mi cuerpo y besarme, comenzó a convulsionar echando leche en mis entrañas, los golpes de los disparos me hicieron delirar, sacándolo luego para mojar mis nalgas y mi espalda, la chorreada quemándome, y rápidamente poniendo su pene en mi boca donde terminó de correrse entre gemidos y jadeos llenos de placer.

Lo chupé, enloquecido, realmente emputecido, mi propio miembro duro, todo caliente todavía, deseando más.

   -Hey, ¿todavía dura la fiesta de cumpleaños, Alex? –me sorprendí al escuchar, y mirando hacia la entrada de la gruta vi a Finol y a Requena, ambos también excitados y con ganas de darme.

Alero rodriguezalexandro@yahoo.com

……

   ¿No fue caliente? Espero futuros regalos así. De parte de todos.

FANTASIA DE UNA ARDIENTE TARDE DE VERANO

Julio César.

TODOS ENREDADOS CON LAS TANGAS

diciembre 14, 2014

MISTER TANGAS

   Lo dicho, ¿no sería un buen programa para ver?

   Lo sé, lo sé, otra vez estos tipos en tangas. Fastidian, ¿verdad? Lo imagino. Pero lo he dicho y lo sostengo, a veces, a solas en casa, especialmente si uno está desvelado a las doce de la noche un fin de semana aburrido, divertiría ver un programa así. Por otro lado, ¿imaginan salir con la novia a comer un sábado por la noche, te recomiendan un lugar y justo ese día hay un concurso de tipos en tangas e hilos dentales? ¿No sería divertido ver a un conocido animador de televisión, heterosexual, teniendo que narrar el concurso, hablando de los atributos de los participantes, el tipo y colores de las prendas?

   Como sea, hay que reconocerles el valor, o la insensatez, a esos tipos que participan en semejantes concursos, supongan que nadie vote por uno. Parece ser que cada año se celebra ese concurso en ese sitio, ¿dónde quedará?

AMIGOS Y SOCIOS DE TRABAJO

Julio César.

ESTADOS UNIDOS, LOS DERECHOS HUMANOS, LA DEMOCRACIA Y LA TORTURA

diciembre 14, 2014

SIMON DIAZ… CABALLO VIEJO

LA CIA

   Siempre la siniestra CIA…

   Ha estallado en el seno de la sociedad norteamericana uno de esos episodios de hipócrita sorpresa que suelen mostrar por hechos puntuales que fingen no saber de antemano o no tolerar (forman el gran escándalo por un político infiel cuando sustentan la gran pornografía mundial y la prostitución; acusan a muchas naciones de no luchar contra el narcotráfico cuando consumen más del cincuenta por ciento de todas las drogas producidas en todo el mundo): la conmoción por la utilización de la CIA, y sabrá Dios cuáles otras organizaciones de su país, de la tortura en su llamada “lucha contra el terrorismo”. ¿De verdad no lo imaginaban? Cuando se dictó la llamada Ley Patriota, la nació guardó silencio al tiempo que voces preocupadas alertaron sobre el oscuro camino que eso podía tomar; el miedo a los ataques del 11 de Septiembre, y al que fueron llevados con informes y artículos alarmistas (como el que se desata periódicamente con alguna enfermedad que nos lleva al borde de la histeria), no les dejó penar y permitieron la pérdida de libertades y derechos, incluso humanos.

   El miedo, un arma de la vieja Guerra Fría y que se sigue utilizando; algo parecido fue lo que sacó a España del gran mundo, a planear la geopolítica global, llevándola de manos de los socialistas a terminar de mandaderos de los caudillos autocráticos de Sudamérica que les usaron con eficiencia. Trinidad Jiménez, mujer fuerte del oscuro régimen que llevó al país ibérico a lo que los socialistas en Grecia, Portugal e Irlanda llevaron a los suyos, llegó a justificar persecuciones parajudiciales en Venezuela para hacérsele grata al régimen que les mantenía engañados con las zanahorias de una gran coalición socialista mundial de donde sacarían ganancias. Miedo y codicia pierden a la gente.

NORTEAMERICANOS PROSTESTAN

   Hoy, el debate sobre las torturas a prisioneros a manos de norteamericanos, vuelve a la palestra y la verdad es que me sorprende. ¿Eso no se había denunciado ya antes, acusándose a la CIA de mantener lugares secretos en países RENDITIONaliados donde cometían los actos más aberrantes en nombre de la lucha contra el terrorismo? Lo de Guantánamo y las fotos de prisioneros desnudos siendo humillados, causó indignación, pero creí que esto ya se sabía. Recuerdo incluso una película de Jake Gyllenhaal al respecto, donde debe asistir a las torturas a las que es sometido un ingeniero norteamericano de acescencia egipcia, raptándosele de un aeropuerto y desapareciéndole en un país cómplice. Se le torturaba para sacarle confesiones, negándolo todo al principio y luego dando unos nombres. Su atormentador lo hacía ver como un éxito, pero el muchacho de la cinta, Jake Gyllenhaal, investigando, descubre que esos nombres eran de un equipo de futbol egipcio que jugó una vez en un Mundial. A quien torturan y aunque nada sepa, puede terminar reconociendo lo que sea para que el dolor termine. Ahí no hay ninguna seguridad de nada. Por cierto, que quien ordenaba la operación en la película era Meryl Streep, a quien pintaron muy parecida a Hilary Clinton.

EL MUNDO CONDENA LA TORTURA

   ¿Realmente torturaban los norteamericanos de manera impune a gente sometida y sin posibilidad de defenderse? Si, la CIA parece haberlo reconocido, y eso ya ha levantado las voces de los defensores de Los Derechos Humanos, con justificada razón, porque en un estado parapolicial, donde se “justifica por razones de Estado”, esto y aquello, cualquiera puede quedar atrapado por el motivo que sea (por una opinión, enviar una carta, decir que está harto de esto o aquello), ser detenido, raptado, torturado y quién sabe si hasta asesinado, sin que medien fronteras, tribunales o garantías indispensables. Un mundo así es inconcebible. Pero que los gobiernos aliados de los norteamericanos (ingleses, canadienses, alemanes e israelíes), digan que lo ignoraban, se vean ofendidos u horrorizados, o exijan explicaciones enérgicas al respecto, suena increíblemente falso e hipocresía, ¿sus cuerpos de seguridad nada escucharon? Deberían correrlos a todos, comenzando por el M16 y la Mossad. Que los países enfrentados a los gringos griten “¿vieron?, ¿lo vieron?, ¡se los dijimos!”, es más sincero, pero igualmente bailan en la comparsa carnavalesca de las farsas.

CAMPOS DE CONCENTRACION

   Qué haga fiesta con la noticia en el Norte el sistema comunicacional controlado por un gobierno como el venezolano, donde un Presidente de la República amenaza directamente por televisión con usar violencia que puede conllevar muertes si no desisten las protestas y la población no se somete al aparataje del poder como respuesta a una alzada popular y a los estudiante molestos por sus acciones, sólo causa ese daño colateral que siempre termina siendo una farsa donde todos se mueven para que todo continúe exactamente igual. Uno imagina a Mari Pili Hernández desgarrándose las vestiduras por esas torturas, a Julián Rivas ladrando en La Razón por tanta villanía gringa, al gordo Miguel Salazar haciendo todo tipo de análisis al respecto, trayendo todo recuerdo de horrores norteamericanos a las páginas de su semanario, y todo sonará a vacío. Porque desde ese prisma de estrechez mental que asola a la izquierda, hermanándola a lo más reaccionario de la derecha, terminan jugando, comiendo y durmiendo juntos. Torturar gente en Gringolandia es feo, hacerlo aquí en Venezuela se entiende porque el Gobierno está en peligro de caer y debe defenderse como sea.

EL HORROR DEL ESTADO ISLAMICO

   Es la vieja vagabundería de la izquierda. Así como Augusto Pinochet, militar derechista, era un tirano horrible que torturó y mató gente, Fidel Castro era un sabio viejito revolucionario que deseaba traer la felicidad al mundo, sin importar que matara diez veces más cubanos que Pinochet chilenos, y que su sanguinaria dictadura durara más de sesenta años. De esta manera, tortura horrible es lo que Israel comete en la Franja de Gaza, y lo es, pero las decapitaciones del Estado Islámico son luchas de pueblos que se enfrentan a Occidente. Dar golpes de estado, con tanquetas y metrallas, matando gente, es bueno cuando lo hace mi grupo, pero es un delito horrible condenable a la hoguera cuando lo intenta otro, y eso cuando no se demuestra que el otro tenga avionetas, ametralladoras o ejércitos para matar gente.

LA VENEZUELA REVOLUCIONARIA

   Esto quedó expresado en toda su aterradora claridad en unas infelices declaraciones del canciller chileno del gobierno de la señora Bachelet, (todo el que me haya leído antes sabe qué opino de esta señora, que se queja de un pasado militarista en su país pero va a Cuba a hacerle la barba al viejo gorila uniformado), a principio de año cuando unos estudiantes protestaban por la inseguridad en una universidad tachirense y la respuesta fue represión, una que calentó los ánimos de todos. Dijo ese señor, palabras más, palabras menos (y que cada quien busque sus declaraciones): que detener estudiantes o jóvenes cualesquiera de manera arbitraria, incomunicarles y torturarle sólo es malo en regímenes de derecha, que cuando esas cosas las hace la izquierda se justifican. Esa dicotomía del pensamiento, lo bueno es malo cuando lo hace mi rival, cualquier aberración se entiende si las hago yo, es lo que no permite el fin de las atrocidades; tan sólo se “condenan” de la boca para afuera mientras por debajo se hace el trabajo del diablo. Si Estados Unidos puede torturar por la justificación que se le quiera dar, ¿por qué no voy a torturar yo en una pobre república sin instituciones?

   De la feria de tonterías que se sostendrán bajo régimen autocráticos, especialmente los cobijados con la coartada de la lucha de la izquierda, quedará la condena a un país mientras cierran los ojos a las torturas suficientemente denunciadas en países del Tercer Mundo. La prensa controlada en Venezuela desde Cuba, por ejemplo, hablará los disparates que les dé la gana, cuando callaron las explícitas amenazas de responder con fuego a las protestas de la gente molesta en febrero, marzo y abril; la misma que cerró los ojos sobre los casos de tortura reconocidos por la Defensora de su Puesto, perdón, del Pueblo, cuando alegaba que había que distinguir entre tortura y torturas, que cuando un gobierno la usaba para mantenerse en el poder, se justificaba… Y eso que las “torturas de la democracia” tanto las han condenado este grupo de palangristas, cuando esos regímenes combatían a la gente en nómina de Cuba y Libia para derrocar el sistema y entregarlo al viejo explotador antillano. Porque antes era malo, hechos cometidos por salvajes a las órdenes de la CIA, hoy es totalmente legítimo. ¿Conclusión?: jamás se solucionará el problema del abuso a las personas que quedan atrapados en el engranaje del poder. Hay gente que jamás aprende y por ello sus vidas y sus historias son eternos desastres que necesitan muchas explicaciones, es decir repartir culpas y evasivas (otros si cambian, ahí están los alemanes para demostrarlo).

MUJERES AGREDIDAS POR EL REGIMEN CASTRISTA

   Pero el caso norteamericano es notable por un detalle… ¿qué necesidad tenían de dejar saber todo eso? Políticamente ninguna, pero la norteamericana es una sociedad democrática donde todos y cada uno de sus funcionarios e instituciones tendrán, tarde o temprano, que entregar cuentas. Sea quien sea. Si un presidente comete un delito se le obliga a renunciar, si un gobierno se aparta de la medianía se le llama a redil. Y todos tendrán que enfrentar a una comisión, a la prensa y a los electores norteamericanos. Estas cosas no ocurren en China (lo que les hacen a sus disidentes es atroz), Siria, Corea del Norte o Cuba. Las aberrantes prácticas para mantenerse en el poder les parecen totalmente legítimas porque les aseguran el control sobre sus poblaciones, y es la justificación que necesitan. Claro, lo cubren de una defensa interna contra peligros externos, por lo tanto es normal que a esos opositores se les trate como basura. Sólo la Democracia permite que se sepan las cosas, que se condenen, que se intente una reparación (así no ocurra), que se pretenda que tales hechos no vuelvan a ocurrir.

   Únicamente la Democracia, la real, tiene el músculo suficiente para encarar sus debilidades, sus llagas, e intentar curarlas. Es por eso que duele ver como agoniza en la región, y no se entiende a gente como el ex presidente Pepe Mujica y a Michelle Bachelet cuando hacen lo que pueden para destruir la fortaleza de este sistema en aras de los caudillos unipersonalitas que encarnan el ejecutivo, el legislativo y lo judicial en sus personas. En los países que ruedan cuesta abajo, un “líder” amenaza con ejercer la violencia sobre grupos que le enfrentan, les detienen por años y años, les despojan de sus derechos elementales, les incomunican y torturan y nada se sabe, nada se puede discutir, hablar es cometer delito o traición. La prensa oficial lo niega, lo tapa, lo cubre, tacha a la víctima de victimario siguiendo la vieja escuela del espantoso régimen fascista de los soviets. Cabe preguntar, ¿sólo aprendieron lo malo de rusos y alemanes orientales, y más tarde del castrismo? No, era lo único que podían aprender de regímenes enfermos desde sus nacimientos.

   En fin, es horrible lo que pasó y pasa en Estados Unidos (y no me hago ilusiones, en nombre de la seguridad se justificará y comenzará un largo e inútil debate que no llevará a nada internamente), pero un mundo que ha soportado durante más de sesenta años la prisión isla que es Cuba, que ha silenciado los crímenes, vejámenes y monstruosidades de regímenes llamados de izquierda, que justifica la pérdida de libertades y derechos elementales de poblaciones enteras, no son mejores ni presagian nada bueno cuando hablan. Si no se admiten los errores vengan de donde vengan, si no aprendemos de esos horrores, si no podemos diferenciar entre lo que se espera que ocurra y lo que ocurre en realidad a nuestro alrededor, sólo podemos tener este infierno de forma esférica, sintiéndonos amargados, atrapados y frustrados. Hay un muro en La Franja de Gaza, otro se levanta entre México y Norteamérica, y en uno y otro caso todo abuso tiene su asiento, ya hay quienes miran como subhumanos a los del otro lado, y si no son totalmente humanos puede tratárseles diferente. De ahí a los actos más terribles en nombre de la “seguridad”, es un paso.

   Ocurrió antes; acontece ahora. Mañana escucharemos los nuevos cuentos… La única solución es condenar la violencia, el abuso de poder, la violación de los derechos humanos allí donde ocurra, no de estos y aquellos según me parece o me gusta; de todos o no se estará haciendo un carajo. La paz viene del respeto a los ajeno y al vecino; los derechos propios terminan donde comienzan los de los demás; no se le puede hacer a otros lo que no queremos para nosotros; si no protegemos a los más vulnerables, a los perseguidos, o los sentenciados por razones de conciencia, raza, credo o sexo estamos sembrando el árbol donde todos terminaremos ahorcándonos tarde o temprano.

CUBA, ¿NORTEAMERICA HILANDO FINO?

Julio César.

UN CHICO DESOBEDIENTE MERECE NALGADAS

diciembre 14, 2014

LA VENGANZA DEL MAL PADRINO

BAD MAN

   Papá me dijo que nunca le abriera la puerta al tío Gabriel si estaba solo en casa y él venía de alguna fiesta, pero…

SANTA MAÑOSO

Julio César.

DE AMOS Y ESCLAVOS… 12

diciembre 13, 2014

DE AMOS Y ESCLAVOS                         … 11

BLACK MAN SEX

   Lo tiene casi todo… sólo necesita un dueño.

……

   Y si de piezas íntimas blancas se trataba, Gregory Landaeta también pasaba sus sofocones con ellas. Atacado de una fiebre exhibicionista que ni él mismo entiende, o creía padecer, entra en aquellas tres mínimas paredes de material sintético, con una cortinita que cubre la entrada, que sirve de probador. Entrar, quitarse los zapatos, bajarse el pantalón, despojarse de su bóxer ajustado y entrar en aquella basurita de licra blanca, una tanguita que nunca en su vida usaría ni en una cita, es una sola cosa. No piensa, va en automático. Al igual que Roberto, se mira al espejo y no se cree. La tanga se ve tan pequeña, tan elástica, ajustada y putona que siente calorones recorrerle por todos lados. Volviéndose ve sus nalgas alzadas, medio glúteos afuera, y la visión era calentorra. Uno leves toques a un lado de la entrada le tensan, pero es ese vendedor cuarentón, bajito, algo obeso, con cara y figura muy poco atractiva, pero cuyos ojos se iluminan ante la visión del enorme y guapo tío negro con la franela alzada, sus cortas medias de paño y la tanguita blanca.

   -Si, se le ve fantástica. Haría ovular a las mujeres en la calle si saliera vistiendo así. –dice, intuyendo lo que el otro quiere escuchar, sabiendo que acierta al verle expandir el tórax con satisfacción.- Es una pena la diferencia de pieles bronceadas. Debería ir a la playa y tenderse con esto… -y de su hombro toma una tela aún más mínima, también elástica, licra, un hilo dental blanco.

   -No creo…

   -Pruébesela. –reta y ofrece.- Nada más ver el resultado valdría la pena del trabajo así no compre nada. ¿Por qué no se quita la franela?

   Esas palabras le marean. El sujeto da media vuelta mientras, todavía dudando un segundo, Gregory se despoja de la mínima prenda, tomando la aún más chica de la mano alzada del tipo que le da la espalda. No sabe si quitarse la franela, pero al intercambiar las prendas con el sujeto, verle tomarla sin volverse, llevándosela al rostro, le hizo perderse. Se la quita.

   -¿Qué tal? –pregunta, alto, joven, fuerte, musculoso, negro, con sus medias de paño y el mínimo hilo dental, apenas un pequeño triangulo muy deformado por su güevo y bolas, dos tiritas difíciles de ver que suben por sus caderas.

   -Maravilloso… -grazna embobado, pero se rehace.- Le queda maravillosa. ¿Y atrás?

   Gregory no duda ya, se vuelve, su espalda ancha y recia, su cintura delgada, los huesos de las caderas visibles, las tiritas que las rodean y se unen en un pequeño triangulo que desaparece en otro hilo antes de perderse dentro de esas increíbles moles de carnes negras y firmes. Volviendo la vista sobre un hombro, mira al vendedor. Y jadea. La expresión embotada de ese sujeto le mantenía casi hipnotizado. Saber que le gustaba, que le gustaba mucho, que estaba rendido ante su atractivo, le debilita. Sin embargo da un bote cuando le ve caer, gimiendo un poco por el esfuerzo, sobre una rodilla. Se miran, uno de pie, mirando sobre su hombro, el otro inclinado.

-¿Qué haces? –pregunta con voz rota.

   -La etiqueta… -dice como si tal cosa. Y aunque Gregory sabe que está mal, que no debería, permite que el sujeto con sus dedos cortos y gruesos, lenta, muy lentamente, le acomode la etiqueta de la pieza, metiéndola dentro del pequeño triangulo, rozándole la piel de la baja espalda.- Es… maravilloso. –grazna, totalmente entregado. Y sus palabras marean otra vez al hombre más alto.

   Por ello no es raro que se quede quieto cuando el vendedor acerca más el rostro, bañándole con el aliento de su respiración pesada, o que, trémulamente primero, luego con más osadía al no ser rechazado, cubriera, o lo intentara, con las manos abiertas las duras y redondas nalgas. Separándolas y notándose la visión de aquella tirita blanca entre las negras masas, ensanchándose más abajo para cubrir las bolas, a cualquiera le habría provocado un infarto.

   Gregory no sabe qué esperar, o qué espera a secas, pero traga y se queda quieto cuando el bigote del tipo le cepilla la raja al acercar más la cara, estremeciéndose al oírle aspirar ruidosamente, aparentemente deseando intoxicándose con el olor a macho. Y la punta de la nariz frota de sus nalgas, luego los labios, el bigote. El tipo, como un poseso, mete la cara entre sus nalgas, llevándola de adelante atrás, subiendo un poco, frotándole con todo.

   Esa vaina estaba mal, un hombre no debía dejarse hacer eso, piensa Gregory, olvidando intencionadamente todo lo ocurrido ya. Pero echándose un poco hacia atrás, separando también las piernas, prácticamente queda sentado sobre la cara de ese tío que ahora lengüeteaba en su parte más íntima y privada de su ser. La idea, la visión ante el espejo, todo era de una locura caliente. Su pecho musculoso de buenos pectorales sube y baja, entregado a las sensaciones que lo recorren, al hombre que le está sorbiendo ruidosamente el culo sobre el hilo dental. Mira como su propio tolete, apuntando hacia abajo, se levanta, endereza la tela, halándola, bajándose en la cintura, los pelos púbicos escapando, la raíz de su gruesa verga negra dejándose ver.

   -¿Ocupado? –le sobresalta una voz, y casi grita con el corazón a punto de un infarto. La cortina es corrida y un carajo delgado y alto, les mira con sorpresa.

   -¿Está ocupado? –pregunta alguien a sus espaldas y el corazón de Gregory cae a sus pies. Dios, iban a descubrirle en esa vaina de maricones.

   -Mucho. –es la respuesta del joven, mirando fijamente al tío grande, entrando y corriendo la cortina tras él.

   El corazón de Gregory palpita salvajemente, pero sería falso decir que únicamente de alarma por la posibilidad de ser descubierto por otro tipo en esas vainas, justo con otro sujeto. Estaba desnudo a excepción de sus cortas medias de paño y la tanga enterrada entre sus nalgas, nalgas donde un carajo tenía la cara metida, despegándola como si le costara abandonar el sitio para mirar al recién llegado. Debería ser la muerte para cualquiera, pero en cuanto ese tipo descorrió la cortina y le miró, sabiendo que el escándalo podía estallar, el güevo se le puso más duro y babeó, mojando el hilo dental blanco. Era una situación tan escandalosa, al límite y excitante que no podía ni razonar. Por ello, en cuanto el otro entró, casi copando el lugar, aumentando la temperatura, su miembro se agitó aún más bajo la tela, de manera muy visible.

   -Vaya, señor Cáceres, qué bien le queda la tanga al cliente. –dice el recién llegado, recorriendo con la mirada al joven hombre alto, sus ojos como dardos clavándose sobre la diminuta pieza totalmente alzada por la abundante masculinidad aprisionada, una que se agita y moja la telita.

   -Así es, Gómez. –concuerda el vendedor obeso y bajito.- Pero si me disculpas…

   Y Gregory cree estar atrapado en alguna sucia fantasía sexual, una en la que no habría caído nunca antes, pero ahora… Ese tipo arrodillado a sus espaldas, que todavía le retiene la cintura con sus manos regordetas, vuelve a enterrar la cara entre sus nalgas, olisqueando ruidoso, restregando la nariz, los labios y el mentón de los redondos melones de carne oscura. Luego separa un poco con los pulgares, hipnotizado con la visión de la blanca tirita, como lo estaría cualquiera en su posición, lamiéndola otra vez. Sentirlo, saber que lo hace porque su cuerpo le excita, y que lo hace frente a un joven sujeto que les mira, tiene a Gregory Landaeta al borde de correrse, su güevo es una sola tabla pulsante. Separa más sus musculosas piernas, echa sus nalgas más hacía atrás y jadea cuando un pulgar del tipo le recorre la piel de la raja, aparta el hilo y con la lengua apuñala su agujero algo peludo, uno que se estremece de sorpresa, algo de repulsa y mucho de excitación cuando esta insiste en su tarea queriendo entrar. ¡Un carajo estaba dándole con la lengua en el culo!, la sola idea era terrible.

   Como lo era tener que mirarse de frente con ese carajo de cara granujienta, enrojecido, mirada perdida y sonrisa boba. No hablan, no hay nada que puedan decirse, pero el joven negro se estremece cuando el otro alza una mano delgada de dedos largos y con el índice recorre la silueta horizontalizada de su tranca bajo la telita. Sentirla, el roce acariciante, sobre la tanga, le hace gemir. El dedo sube y baja, el canto del mismo se pega a la mole y lo recorre por todos lados, y el otro, en todo momento, comiéndole el culo.

   -Se siente tan grande y dura, señor… -jadea desmayado el recién llegado.- ¿Quiere que se la chupe?

   La pregunta le derrite los huesos, el calor lo envuelve, tanto que el sujeto a sus espaldas, le lengua casi metida en su culo, lo nota y gime quedo. La verga le babea más, casi a punto de correrse. ¿quiere que un hombre se la chupe? La idea, que jamás había cruzado por su mente días antes, se escucha tan sucia y prohibida que le cuesta respirar de lo excitado que está. ¿Quiere o no? ¿Se dejaría o no? Esa lengua en su culo, esos labios cerrados a su agujero chupando, y otra boca comiéndole el güevo, succionándoselo, masajeándoselo, ¿no quiere eso? El debate interno acaba por sí mismo, mientras lo piensa, al tiempo que la lengua del otro realmente parece metérsele hasta la próstata (¡la siente!), y ese flaco dedo le frota una y otra vez la verga; esta se le pone imposiblemente dura, tiembla, siente como dos bolas de fuego abandonando sus testículos, que suben y recorrer su tronco. Tiene que morderse los labios para no gemir, casi cae hacia atrás, sentándose sobre la cara del cuarentón, cuando las piernas dejan de sostenerle. La fuerza del orgasmo le deja casi indefenso. Se está corriendo.

   Echa la cabeza hacia atrás, conteniendo cualquier sonido raro mientras su barra dispara una, dos, tres y cuatro trallazos de leche espesa y olorosa que le queman a él mismo. Y, horrorizado y fascinado, ve al chico caer, abrir la boca, sacar la lengua y recoger en el aire el reguero de leche que se filtra por la tela y va cayendo. Verle, oírle gemir cuando esta cae sobre su lengua, le ponen mal, pero no tanto como al verle saborearla, con chasquidos de chico goloso, tragándola, para luego pegar los labios de su glande casi visible sobre el hilo dental blanco transparentado con el semen, y beber el que aún mana de allí.

   Dios, ¿cómo podía ese chico ser tan sucio y marica?, se grita el joven negro, pero totalmente fascinado.

   -¿Quién coño ocupa tanto tiempo el…? –la ruda pregunta queda congelada cuando esa maldita cortina vuelve a abrirse y un hombre cincuentón, con pinta de árabe, se asoma, otro carajo más atrás con un pantalón en las manos para probárselo.

   Los gritos del hombre atraen las miradas cuando ya los dos vendedores salen a la carrera, uno de ellos con una chorreada de esperma en la barbilla, y seguramente más tarde despedidos también, y alucinado, con manos temblorosas, sabiéndose mirado por todos los que fueron atraídos por el escándalo, Gregory toma sus ropas y se viste, cada movimiento siendo detallado por todos esos ojos que estallan en comentarios de sabroso escándalo.

   Todos esos ojos… se la endurecen bajo el ajustado jeans.

……

   Todavía afectado por todo lo vivido, experimentado y escuchado dentro de la tienda de tatuajes, Roberto Garantón entra a buen paso al edificio donde vive. Quiere desaparecer de las miradas, le parece que la gente nota que está depilado. O que le aplicaron un enema. ¡Maldita sea!, se atraganta, al final de la recepción, hablando con otra vecina, se encontraba la conserje… y junto a ella, su marido. Sujeto que se vuelve y le mira. De hecho todos le miran. Un miedo visceral, con ninguna connotación erótica, le recorre. ¿Habría contando algo el bicho ese? Y siente un pequeño vacío de alivio, porque aunque le nota la sonrisa socarrona de “yo sé en qué andas, negro”, su mujer, así como la vecina, le sonrieron con cierta coquetería. La respuesta de mujeres saludables ante un sujeto soltero y de buen ver.

   Saluda con la cabeza y entra a toda carrera dentro del ascensor, casi retorciéndose de ansiedad, de expectativas. Era desagradable tener que dar explicaciones, más saberse en manos de otro. Ese tipo podía hacerle daño si contaba lo que sabía… Y si alguien le creyera. Pero le creerían, su mujer lo haría. El resto de los vecinos tal vez al principio no, pero con los días…

   Sale del aparato y se detiene. Duda de manera increíble. Sus ojos caen como por cuenta propia sobre la puerta de Hank. No, maldita sea. Con paso resuelto va a su entrada, abre y cierra, sintiéndose a salvo tras la puerta. Pero también insatisfecho. Come algo, casi obligándose. Pasa un buen rato mirando la televisión, impaciente, desasosegado. Va a su cuarto a ver porno, de tías, de muchas putas chillonas, y es un desastre total. Su interés gravitaba hacia las tramas algo bruscas, y su atención se fijaba en los tipos. No se había dado cuenta de que casi todos los carajos metidos a la pornografía como que eran blancos. Sus enormes, gruesas y rojizas trancas erectas…

   Terriblemente mortificado piensa en apagar la que miraba, pero se echa de espaldas, la oye; esas tipas jadeando, gimiendo, gritando, lloriqueando como si algo les doliera, pero en verdad era puro placer. Eran los sonidos del deseo siendo satisfecho, de criaturas siendo llenadas de hombrías que las hacían delirar. Hombres que satisfacían apetitos oscuros, necesidades terribles. Cierra los ojos y su pecho sube y baja con rapidez. Sexo. Sexo. Sexo rudo, duro y caliente. Sobre todo duro. Traga ahogándose. Quiere ir, coño. Desea llegarse y… Hank sonreiría y le diría que cayera de rodillas. Que abriera la boca y…

   No quiere pensar en ello, no desea cuestionarse o analizarse cuando se encierra con seguro dentro de su baño, ¡en su propia casa!, para aplicarse, nuevamente, el enema. Arde un poco otra vez, no de una manera dolorosa o preocupante, tan sólo… Mientras se ducha su mano grande pasa una y otra vez entre sus redondas nalgas, la punta de sus dedos frotando la entrada, sintiendo algo como alivio, uno que le provoca calofríos y le tiene el güevo morcillón. No quiere pensar en nada, pero… se aplica esas crema hidratantes que ese sujeto le indicó, y mientras lo hace, un pie montado sobre la cama para abrirse, intenta no mirarse al espejo. No mientras hidrata su culo para ir a ver a ese carajito blanco de güevo grande… Lo deja así cuando, inconscientemente, con un dedo pareció querer abrirse los pliegues anales.

   Ahora si se mira al espejo, mientras sube el muy ajustado bóxer blanco. Le gusta lo que ve. Un tío impresionantemente alto y musculoso dentro de él. Toma un pantalón holgado, que baja un poco en su cintura dejando ver la banda del bóxer pero también el nacimiento de la raja interglútea. Toma una muy ajustada camiseta y completa el atuendo. Es cuando alza la vista y siente la cara ardiente… Coño, qué puto se veía. Sale al pasillo después de dudar brevemente, alegrándose de encontrarlo solitario. Se detiene frente a la puerta de Hank y tomando aire, toca el timbre. Espera. Nada. Repite la llamada, y se repite la falta de respuesta. El corazón le late dolorosamente rápido, ¿no estaría? ¡Sería el colmo después de todos los arreglos hechos! Pega la oreja y le parece escuchar un ruido. Traga en seco, la oreja pegada, tocando levemente con el puño.

   -¿Señor…? Soy yo… -su voz es toda humildad.- Por favor…

   El pomo gira y ser aparta, tomando aire. El joven blanco aparece, el cabello en puntas, un bermudas a media pierna, una camiseta que se amolda a su cuerpo dejando fuera sus anchos y pecosos hombros. Sus claros ojos le recorren y Roberto se yergue en todo su tamaño.

   -¿Qué quieres? –es brusco el joven catire.

   -Yo… yo… -no puede responder, ¿acaso no era evidente?- Quería…

   -¿Si? –le mira fríamente a los ojos, cruzando los brazos sobre el pecho, recostándose del marco de la puerta, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

   -Yo… -le cuesta hablar.- Quiero chupársela, señor. –confiesa, espera y nada ocurre.- Quiero tener tu güevo blanco llenando mi boca. –sabe más o menos por dónde van los tiros. El otro se despega del marco.

   -Entra, negro. –y dándole la espalda desaparece.

   Reponiéndose, el musculoso y guapo hombre le sigue, encontrándole sentado en el sofá, mirándole burlón, las piernas muy abiertas. En la mano derecha sostiene una pequeña paleta, una raqueta de ping pong. Y la vista de la misma le produce terribles escalofríos que lo recorren de pies a cabeza.

   -Te has portado mal. Lo sabes. Y es inaceptable. Ven, sube boca abajo en mis piernas. –le indica, dejando de mirarle, tomando una cerveza que tiene al alcance de la otra mano, bebiendo.

   -¿Qué? Yo…

   -Me hiciste esperar mucho, negro, ahora debes enfrentar tu sanción. Es esto, aceptas tu castigo, o sales y te olvidas de todo. No quiero a un negrito mal portado diciendo que me sirve como juguete sexual pero que en verdad no obedece ni se comporta.

   ¿Qué carajo…?, piensa el joven negro, pero apagando esa parte de su mente, intuye más, sabe que allí y ahora se lo estaba jugando todo. Podría salir de ese apartamento sintiéndose tal vez frustrado, pero entero en su mente. Quedarse era someterse y no sabía a dónde… ¡No!, se repite internamente, moviéndose hacia el sofá, cayendo de panza entre las firmes piernas del muchacho, sintiendo el calor del vientre ajeno que choca con su brazo, lo siente caliente, vital.

   -¡Negrito malo! ¡Negrito malo! –le oye recitar al tiempo que mueve la mano.

   La paleta sube y cae, duro, sobre su glúteo derecho, sobre el jeans. Jadea, asustado especialmente, no por temor a la violencia, era la idea de que se sometía, que se entregaba, que estaba dejándole a ese chico todo el control sobre sí. La paleta sube y baja otra vez, sobre la misma nalga. El contacto pica, arde y duele ahora un tanto. La mano sube y jadea, tensando sus nalgas, esperando y afincando la punta de los pies sobre el piso. Se repite la paletada sobre su nalga derecha, y el chico, gruñéndole que era malo, se dedica a azotarle con la paleta, una y otra vez, alternando la nalga receptora. Es insólito ver al joven chico blanco, mirada turbia, sonrisa cruel, alzando la mano con la paleta de ping pong, una cinta de cuero en su muñeca, y azotando al sujeto joven y más alto, acuerpado, negro, que intenta contener los gemidos sobre sus piernas. Un chico nalgueando a otro carajo, uno que se estremece, cierra los labios para no gemir y se tensa mientras su trasero es castigado como merece.

   Roberto se muerde los labios para no gritar. Quiere que se detenga, le duele, pero no quiere mostrarse débil. Sabe que el chico lo espera, que le suplique, y casi desea hacerlo pero no puede. Su corazón enloquecido se agita cuando las manos del chico bajan y le abren el pantalón, bajándoselo con dificultad, su enorme trasero firme bajo le tela del bóxer, viéndose el nacimiento de su culo, queda expuesto. La paleta sube y baja sobre su glúteo derecho, y gime, porque pica más, jadea lloroso cuando vuelve a la izquierda. Si, dolía, joder. Inconscientemente intenta meter una mano pero Hank se la inmoviliza con la mano libre, azotándole, lentamente, una y otra vez, tomándose su tiempo en el ir y venir de la mano para angustiarle, sobándole con la áspera paleta una vez nalgueado. No sabe cuándo comienza a gimotear y pedirle que se detenga, pero eso hace sonreír más al catire que aumenta las paletadas.

   La mano deja caer la paleta al suelo y Roberto lo agradece a Dios, mirada vidriosa, aunque no había notado que los tenía llenos de lágrimas. Pero su tranquilidad y alivio dura poco, esa mano cae entre sus nalgas, sobre la tela, frotando duro, pica y arde, pero también se siente hormigueante, erizante, eléctrico. ¡Le gusta! La mano se mete dentro del bóxer y le toca en directo. La palma es firme y cálida, pero sabe que su piel quema más. Traga en seco, esa mano acariciándole es enloquecedoramente erótica, se sentía bien, tanto que separa un poco las piernas para dejarle pasar con más libertad, avergonzándose cuando le oye reír bajito. El bóxer desciende y Hank le abre las nalgas enrojecidas a pesar del oscuro color.

   -Te afeitaste el coño, qué bien. Pero te portaste mal, muy mal.

   -Hank… -una fea nalgada le hace gemir.- Señor, por favor, duele…

   -¡Aguanta como un hombre, negro de mierda! –le recrimina, sonriendo cruel.- ¿Sabes?, creo que eres una porquería de hombre. Un cerdo. Y voy a comprobarlo.

   Y la mano sube y baja, las nalgadas se reinician, los azotes regresan sobre sus glúteos redondos, ardientes, lastimados. Y Roberto gime, esa mano azota de manera seca, directa, leve, acariciándole luego de manera circular. La mano va y viene, le azota una y otra vez, pero ahora, con el culo al aire, el pantalón en sus tobillos y el bóxer en los muslos, el joven y poderoso hombre negro lo siente distinto. Y mucho. La palmada le produce un golpe directo dentro de su cerebro, su piel arde ahora toda, y es consciente de que el otro lo sabe porque soltándole la mano retenida la mete bajo su camiseta y atrapa uno de sus enormes pezones erectos. Nalguea y aprieta su tetilla, y a Roberto todo lo da vueltas. La mano sube y baja, rítmica, y toda su piel es un caos se sensaciones. Ignora que jadea levemente, ya no de dolor, que su boca se abre y cierra, que sus ojos se empañan no de llanto sino de lujuria desatada. No es totalmente consciente de la increíble erección que tiene, una se refriega del muslo del muchacho, toque que le eriza todo y que por lo tanto lo busca, lo desea, por lo que menea sus trasero todo.

   Hank sonríe leve, cruel, pellizcándole el otro pezón, que era igual de abultado y prominente, un aro se vería genial en ellos; y todo sin dejar de nalguearle duro, sintiendo rico la palmada contra la carne enrojecida, que marca sus dedos a pesar de lo oscuro de la carne; recorrer esos glúteos, de uno al otro, era excitante, porque era su derecho de propietario, ese negro era suyo; todo eso le pertenecía. Era él quien tenía a ese negrito al borde del clímax. Y está casi seguro de qué…

   Roberto arquea la espalda y alza la cabeza, esos azotes son menos fuertes, pero si aumentan en ritmo, también las sobadas, los dedos que buscan y frotan la entrada de su culo expuesto; la mano va y viene, sus nalgas se agitan, suben, bajan, se abren, busca la mano, la cual va espaciando las nalgadas, deteniéndose súbitamente; y su boca se abre para señalar el camino de su perdición.

   -Mas, dame más… -pide, enrojeciendo él mismo de vergüenza, sus nalgas tensadas. Necesita sentirlas.

   -¿Quieres mis azotes, negro? –le pregunta, la mano cae pesada, sin golpear, sobre ese trasero que arde, sobándole. Eso le produce algo como cosquillas al joven hombre negro en sus entrañas, lo que logra que su verga bote líquidos copiosamente.- ¿Has sido malo?

   -Si. –jadea entregado, sintiéndose increíblemente sorprendido de sus actos, de su rendición, pero también embriagado por la poderosa ola de endorfinas que lo envuelven cuando lo admite, que si, quiere que ese malvado chico blanco siga dándole nalgadas.

   -¿Malo? ¿Muy malo?

   -Muy malo, señor, por favor, aleccióname… -su cerebro envuelto en hormonas le dicta lo que tiene que decir mientras le mira con profunda lujuria y entrega. Escuchar su risilla ronca fue tan maravilloso como saber que bajo su bermudas, Hank está totalmente duro, lo sabe porque está sobre su regazo. Y vuelve a estremecerse, ardiendo como está, llevado casi al límite, uno de sus pezones a punto de verter leche materna de lo mucho que está siendo estimulado por esos dedos. Imaginar la hermosa, larga, gruesa, rugosa y blanquirroja verga afuera, pulsando, le hace latir el culo.

   -Siempre es igual, negro; todos saben que necesitan una mano dura…

   A las increíblemente ofensivas palabras, siguen nuevos azotes, secos, rápidos, palma abierta, y Roberto vuelve a gemir, a estremecerse, su culo sabiendo y bajando, pidiéndole que más, que le diera más fuerte, que no se detuviera, por favor; la mente nublándosele más y más. En esos momentos ignora que sus gritos son altos en volumen, que sus pedidos son cada vez más obscenos, que el otro llamándole toda clase de cosas, también a gritos, era aún más ofensivo. Roberto no puede pensar en nada como no sea esa ola de lujuria que sube y sube, cada vez más caliente, que arropa y ahoga su cuerpo todo. La mano sube una vez más, y cae con fuerza, y el joven hombre negro grita, subiendo su culo, su verga durísima, estremeciéndose, corriéndose. Cada nuevo disparo de semen va acompañado de esos azotes a su culo, y todo es una masa enloquecedora en su mente. La corrida es tan intensa como las sensaciones que le envuelven. Es tanto así que queda casi desmayado sobre ese regazo, su verga todavía goteando, una pierna sobre el mueble, la otra en el piso, su rostro contra el asiento.

   -Negro sucio, ¿mira lo que hiciste? Tienes que recoger toda esa leche con la lengua, en cuatro patas. Quiero verte tomar hasta la última gota, comienza por la que vertiste sobre mi bermudas. Y luego… -la mano se mueve, recorre una de las lastimadas nalgas y la punta de un dedo frota la entrada de su recientemente depilado culo.- …Voy a convertirte definitivamente en mi perra. Una vez que tengas mi güevo blanco en tu culo, abriéndolo, cabalgándote, llenándotelo de esperma de hombre de verdad sólo podrás soñar con eso.

CONTINÚA … 13

Julio César.

SANTA LLEGARÁ

diciembre 13, 2014

OTRO DIOS DEL RAYO

SANTA GAY

   ¿Ya saben lo que sus amigos quieren recibir para tener su Noche Buena? Dejen la pereza, los regalos personalizados son muy apreciados…

ESTRATEGIA

Julio César.

MARADONA Y LA CHACHARA CANSONA

diciembre 11, 2014

EL ULTIMO DE NOVIEMBRE…

DIEGO ARMANDO MARADONA FASTIDIADO

   -Dios mío, ¿hasta cuándo habla gamelotadas?

   Conmemorando ayer en El Panteón Nacional no se sabe qué cosa, porque parecen celebrar todos los días algo para encadenarse a hablar tonterías durante horas mientras el país se va por el barranco (el síndrome del chofer descuidado), Nicolás Maduro saludaba, como a hombre de ideas, la presencia del jugador Diego Armando Maradona en medio del aquelarre suntuoso e innecesario (gasto inútil que le dicen ahora que estamos en la carraplana), y cuando las cámaras de televisión le enfocaron, ¡estaba dormido! Hubo que darle con un codo, todo el mundo lo ha comentado y todo el mundo se ha reído, ¿por qué será que a los payasos siempre les salen payasadas así vengan de un funeral? Y no hablo del señor Maradona, no se le puede culpar por quedarse dormido por lo laaaaargo y trillado del discurso, la vieja monserga de izquierda para evadir las propias responsabilidades. Ha venido muchas veces en estos quince años, ya debe saberse de memorias el mismo discurso vacío. Pero de que fue gracioso, lo fue.

A NUEVE DIAS PARA LA VISPERA

Julio César.

SER O NO SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA… 24

diciembre 10, 2014

SER SU PERRA, HE AHÍ EL DILEMA…                         … 23

   La siguiente es una historia que NO ES MÍA. Pertenece totalmente al señor capricornio1967. Tan sólo la reproduzco, tal vez cambiando una que otra coma, aunque la historia ya está por ahí, completa. Es un relato maldito en toda la regla, un hombre maduro decide tomar, controlar y dominar a su joven pupilo, transformándole en algo que no quiere, ni soñaba, aunque se resiste. Lo repito, es un cuento muy maldito. Disfrútenlo:

……

EL DILEMA

Autor: capricornio1967

Capítulo VII “EXTRAÑOS SABORES”

ESTUDIA UN CHICO EN HILO DENTAL

   Este será su destino, vivir esperando por su macho.

……

   -¡Ghghhgh! -el sentir como la cara de Franco se hunde entre sus nalgas y como la lengua de este, larga y áspera, se interna entre su esfínter, metiéndose en su culo, ¡puede sentirla adentro!, le obliga a resistir, a defenderse, a que trate de gritar, pero con un trasero peludo pegado a su boca lo único que consigue es lamer ese enorme culo que lo sofoca.

   Fuera de eso, es que Daniel la siente, en verdad, el como la lengua de Franco se interna velozmente entre sus entrañas. La siente deslizarse, recorrer su camino sensible. La práctica del entrenador en la exploración anal es de doctorado, por lo acertada y eficaz que es. Fácilmente su lengua ubica la próstata de Daniel dándole leve masaje con ella, que le sirve como un órgano sexual más.

   -Mhmh… -no tardan en oírse los gemidos placentero de Franco mientras su lengua entra y explora la cálida cavidad anal de Daniel, colocando al chico en desventaja, torturándolo más, humillándolo más; los forcejeos del joven se vuelven más intensos, pero el hombre está preparado para todo eso, sabe que la desesperación de Daniel permanecerá, pero su dominio físico sobre el joven nadador, también.

   -¡NGHHGGGGG! -los gemido de Daniel son intensos, de rabia, de furia de odio hacia su entrenador cada vez que siente su culo siendo abierto por esa experta lengua.

   Cuando siente que su próstata es tocada por la punta de ese apéndice sus gemidos de impotencia se incrementan, sus músculos se tensan y se hinchan dando batalla, tratando de liberarse, de no permitir que su hombría sea denigrada más de lo que ha sido, de dejarle bien claro a Franco que podrá poseerlo sexualmente, quebrantarlo físicamente, pero que no doblegara su virilidad, su hombría, aunque el entrenador esté empeñado en hacerlo. El reto de tener a Daniel bajo una fina y erótica tortura sexual, en donde la humillación, vergüenza y dolor estén como base de sus técnicas, es lo que a Franco da más placer.

   Cada vez que Franco siente que Daniel aumenta la lucha por liberarse, oponiéndose a su destino, embiste más fuertemente el delicioso culo del joven, los labios rodeando la entrada, la lengua reptándole entrañas adentro, arremete con fuertes penetraciones y masajes sobre la sensible próstata del deportista para crearle cierto condicionamiento. A mas forcejeo, mas tortura; a mas desesperación de Daniel, más empeño por no sentir, la próstata es una de las zonas erógenas más sensibles y en Daniel no es la excepción, el trabajo del hombre convierte su próstata en su peor enemiga ante la desventajosa lucha que libra con ese enorme oso macho, que disfruta tomando posesión de una víctima más, marcando su territorio sexual y físico. Se la saca y todo queda quieto por un segundo.

   -¿Lo siente, Saldívar, cómo va aflojándose y excitándose? –le pregunta, para dañarle. Cuando siente que el muchacho va a replicar una negativa, contra su culo peludo, vuelve al ataque; la larga y raposa lengua abriéndose camino en sus tiernas y sensibles entrañas… unas que sabe cómo trabajar para transformarle en lo que quiere: un esclavo sexual total y para siempre.

   El joven no puede responder porque Franco posa todo el peso de su cuerpo en sus nalgas, así que el joven tiene que soportar los más de cien kilos sobre su cara; una parte de las nalgas y el vello del otro cubren su nariz, incluso tapan todo su varonil rostro, que siente la asfixia de nuevo. El saber que no puede dejar de respirar es para Franco una de las herramientas para obligarle, el acelerar el forcejeo y la desesperación en Daniel tiene como objetivo hacerlo respirar más rápido, sin embargo al dejar caer todo su peso en el rostro del atleta le corta la respiración, dejándole solo la opción de que tiene que usar también su boca para intentar tomar aire; por mas que se resista, que luche, el hombre sabe que las reservas de oxígeno en el joven están casi agotadas, que el musculoso y perfecto cuerpo de Hércules de Daniel, esta agotado por el duro entrenamiento y las torturas físicas y sexuales a las que le ha sometido. Así, toda resistencia está minada por su culo tomado por aquella larga y reptante lengua, y la boca amordazada por el culo de su entrenador.

   El fuerte forcejeo de Daniel consume rápidamente las reservas de oxigeno, su nariz no puede respirar libremente así que su única opción es abrir su boca; con rabia entiende que de nuevo Franco lo domina, que lo conduce hasta donde desea, lo conoce tan bien, que busca sus puntos débiles para así conducirlo a la derrota, a la sumisión.

   -¡AHhhhhhhhhhhhhhhhhhgh! -Daniel abre su boca tratando de jalar aire pero lo único que consigue es chupar el culo de Franco que se apodera rápidamente de su boca.

   El joven, inconscientemente tiene que sacar su lengua tratando de usarla para empujar lejos el culo de Franco. ¡Qué iluso!, ¿cómo poder levantar ese pesado cuerpo usando solo su débil lengua? Sin embargo, la angustia y la desesperación de la asfixia no conocen de razonamientos sino de acciones aunque no siempre sean las correctas. La lengua de Daniel trata de empujar el culo, pero lo único que logra es internarse en ese agujero rodeado de pelos, todo grotesco, sintiendo de nuevo ese extraño sabor que emerge de las entrañas del entrenador y se impregna rápidamente en su lengua, que ante la tortura física de la asfixia sigue tratando de liberar su boca usando su lengua sin conseguirlo, logrando con eso que Franco gima de placer al sentir su joven lengua lamiéndole y penetrándole.

   -¡MMMHHHHHHHH! ¡Dios, si! -un gemido grave e intensamente fuerte escapa de la boca de Franco al sentir como Daniel mete la lengua en su culo, sus ojos se vuelven blancos por el extremo placer de sentir no solo la lengua del muchacho trabajándoselo, sino por la victoria sobre el arrogante jovencito estrella del equipo. Ahora lo tiene, lo disfruta y lo somete, demostrándole que nadie es más que Franco, nadie es mejor que él. Y que el que da las órdenes en todos los aspectos es él. Su amo. Su dueño.

   Daniel, por su parte, asqueado de sentir el sabor del culo de Franco disminuye su forcejeo; al ver que su esfuerzo de abrir la boca para respirar no resulta del todo eficaz y lo único que consigue es complacer a su violador, trata de retomar su lucha sin éxito. Ahora está más agotado, más débil, más indefenso, mas sometido, y peor aun, no puede dejar de usar su boca para intentar respirar, cosa donde no desea afanarse tampoco mucho, ya que para recibe una cantidad de aire mayor tendría que usar más su boca sobre ese culo. Y mientras tanto, para su horror, su miembro empieza a endurecerse. El sentir como su próstata es masajeada y manipulada provoca una respuesta refleja que activa la virilidad del joven, la cual despierta, su verga no sabe de quien la estimula, si es hombre o mujer, solo responde. Franco siente como la verga de Daniel esta endureciéndose, alargándose, engrosándose, cuando la punta del tolete del joven toca su cuello al mantener su cara hundida en ese culo.

   -¡NGHGh! -un nuevo gemido de rabia e impotencia se deja oír al sentir como su miembro responde a la estimulación sin tomar en cuenta que el resto de su cuerpo está siendo atormentado.

   Franco, por su parte, mantiene su culo en la boca de Daniel, quien no tiene más opción que usar su lengua, al menos eso le ayuda a respirar un poco mejor, su instinto de supervivencia es mayor que su viril y heterosexual rebeldía. La joven lengua empuja ese culo, pero lo único que consigue, sin querer, es internarse más en ese velludo agujero, separando los pliegues anales y penetrando en la húmeda y ardiente cavidad del siniestro entrenador.

   Sin embargo, aunque disfruta un mundo sentir su culo lengüeteado así, especialmente por un jovencito, para Franco el placer de la victoria es mayor, el saber cómo está conduciendo a Daniel a la rendición física y sexual; cómo está logrando, aun en contra de su voluntad, que la verga del joven responda. Es una victoria que disfruta mucho sobre el jovencito, el sentir como la impotencia de poder evitar que su sexualidad despierte, que responda, lo excita más.

   El poco oxígeno de mas que Daniel recibe ahora lo usa para mantener su forcejeo, para demostrarle a Franco que puede luchar , que no está vencido, que no permitirá que lo humille de esa forma sin darle una buena batalla. Su espíritu de deportista, de competencia, de lucha se impone, negándole la opción de dejarse dominar, de doblegarse sin resistir. Impedir que Franco tome las riendas se vuelve un círculo erótico y vicioso en el cual el entrenador disfruta con la rebeldía del muchacho y Daniel no puede dejar de ser rebelde. Qué bien lo conoce Franco, hasta puede acertar de qué manera va a responder en cada acción. El control sobre el muchacho, el saber cómo conducirlo a los extremos de desesperación y pánico, no es por arte de magia sino de una brillante y depravadamente psicológicamente preparada para sus fines, que usa su inteligencia para satisfacer sus más bajos instintos, manteniéndose en la cima, en el trono, en el reinado por el cual puede disfrutar de su súbdito, que en este caso es el musculoso Daniel.

   Mientras el forcejeo de Daniel aumenta, su lengua entra más en el palpitante culo velludo del entrenador, al tiempo que su miembro también aumenta la erección ya que Franco, en cada forcejeo, arremete con más fuerza en su indefenso culo; así que la próstata del joven al sentir esa áspera presión responde y su miembro despierta. Cuando Franco siente que el miembro de Daniel está lo suficientemente duro, y ante la desesperación de este, de no poder evitarlo, lo que el hombre hace es que saca su lengua del joven y delicioso culo, que luce lleno de saliva por la fuerte succión y las enérgicas embestidas de esa lengua, algo enrojecido por la fricción (pero que en cuanto la lengua de Franco lo abandona, el culo del clavadista vuelve a cerrarse herméticamente). Como despedida, el entrenador aún da varias lamidas sobre el rojo capullo brillante de saliva, logrando que el muchacho se estremezca de rabia al no poder liberarse y más aun al sentir como hasta su verga lo ha traicionado, y sin poder dejar de dar a Franco el placer anal que le brinda usando su lengua.

   De todos modos, el sentir que su culo está libre, le da a Daniel cierto descanso, una leve relajación, al menos ya no está siendo atacado por la retaguardia, su próstata masajeada, y su verga volverá a la flacidez de nuevo. Sin embargo la tregua es solamente por unos segundos.

   Franco tiene ante sí el duro y babeante miembro de Daniel, una pieza rojiza y hermosa, apetitosa, un glande de buen grosor y tamaño y de una longitud de dimensiones únicas, expectante pidiendo placer, el meato urinario al centro de ese grueso glande entreabierto escurriendo de él, algunas gotas de líquido seminal que caen sobre el abdomen del muchacho. Un espectáculo único.

   Sin que Daniel se lo espere, y aprovechando que tiene frente a sí ese jugoso miembro y antes de que la flacidez se apodere de la verga de Daniel, Franco usa su lengua y la pasa por toda la mucosa del glande de la todavía endurecida verga del muchacho. Tratando de que la mucosa del joven experimente la húmeda caricia erótica, y nada como una lengua caliente recorriendo los pliegues para que una verga se ponga a mil.

   -¡NGHhhhhhhhh! -un gemido de rebeldía de deja escuchar de nuevo de parte de Daniel; al sentir la inesperada caricia su miembro responde dando un respingo, deseando ser gozado. Cuánto tiempo hace que una boca experta no le da el tratamiento adecuado, alguna de sus chicas, ha sido mucho; y ahora de repente, de improviso, ocurre en tales circunstancias.

   -Jejejejejeje, le gusta, ¿verdad, Saldívar? –le pregunta burlón mientras ve fijamente como la sangre se agolpa mas en ese miembro.

   El contacto de su lengua con el joven miembro hace que la dureza de este aumente, así como el enrojecimiento es mayor y el meato urinario se abre más, ansioso, arrojando más gotas del delicioso líquido seminal. El forcejeo de Daniel vuelve, trata de echar sus caderas más atrás para evitar que esa lengua siniestra, que torturaba su culo segundos antes, vuelva a estar en contacto con su verga. Sabe que es uno de sus puntos débiles, siempre; desde que empezó con su vida sexual, su miembro ha sido extremadamente sensible a las felaciones, así que si Franco continúa atacándole de esa forma, estará perdido, dominado por su propio placer, por su propio cuerpo. El chico no quiere que eso pase, sin embargo es poco lo que puede hacer, y en todo ese tiempo su boca continúa trabajando el culo de Franco, sin poder respirar libremente no le queda otro remedio, sabiendo que hace lo que este quiere, y que le somete.

   Franco le demuestra, una y otra vez que no le deja vías de salida, no hay forma de escapar, la liberación que Daniel espera esta cada vez más lejos de ocurrir. El hecho de que falten solo unos días para las olimpiadas, le hace imaginar que su liberación está cercana, solo espera que pase y será libre, desde ese momento Franco ya no tendrá con qué chantajearlo; solo unos días más y el tiempo que tarden las olimpiadas y Franco dejara de molestarlo, de humillarlo, de poseerlo. Absorto en esos maravillosos pensamientos, siente como Franco acerca la boca a su verga. El calor del aliento hace que su desesperación aumente; sabe que en cualquier momento el hombre lo hará de nuevo. No puede hacer más físicamente para liberarse, siente el aliento bañándole ya, my lentamente, ignorando que esa espera es parte de su condicionamiento.

   La tortura psicológica es muy explotada por Franco, sabe que Daniel está desesperado por el forcejeo, pero también sabe perfectamente que el chico entiende que nada lo puede liberar. Es lo que quiere, usar su cuerpo pero también conducirlo cada vez más a los límites de la desesperación, de la derrota; como entrenador está capacitado para que psicológicamente pueda sacar de su equipo lo mejor de cada elemento, o lo peor en este caso. Años de entrenar a Daniel en el equipo de natación le han hecho saber qué es lo que siente en esos momentos, cómo reacciona, que le gusta, que le molesta y sobre todo que lo humilla, aun sin que el joven se lo haya hecho saber. De solo observarlo como se comportaba con sus compañeros, con sus novias, con su familia.

   El musculoso cuerpo de Daniel, aparte del forcejeo, empieza a temblar, a experimentar el temor de que Franco se apodere de sus sensaciones. Si el hombre logra que su verga siga así podrá manejarlo fácilmente. En verdad no esperaba que Franco le hiciera sexo oral, pero el hombre se vale de todo para poder mantener dentro de su dominio al musculoso nadador.

   Daniel siente cada vez más cerca la boca de Franco, como si solo bastara que hiciera un leve movimiento de milímetros para que su duro miembro sea capturado por la boca del siniestro entrenador. Un segundo lengüetazo, de mas duración que el anterior, hacen que su pánico aumente, su miembro caliente y tembloroso disfruta pero no su mente. Su musculoso cuerpo no le sirve de nada en esos momentos, el otro lo mantiene sujeto fuertemente y agotado, no dejándolo respirar libremente para mantenerlo débil, sin que pueda recuperar fuerzas. Cada vez que siente como la lengua de Franco entra en contacto con su glande, su lengua trata de liberarse del peludo culo que lo sofoca, sin conseguirlo, pero que el entrenador disfruta, el sentir como esa rebelde lengua trata de dar batalla pero lo que logra es darle más placer.

   -¡Ghghhghg! -los gemidos de Daniel hacen que Franco esboce una sonrisa siniestra mientras vuelve a darle a ese miembro un lengüetazo mas.

   Daniel tiembla sintiéndose enfermo, siente placer, su verga desconoce que es un placer homosexual forzado, solo responde. El chico trata de pensar en otra cosa, algo distinto que haga perder su erección lo más rápido posible mientras su boca sigue esclavizada por ese culo velludo que lo obliga a seguir dándole placer. Pero su batalla, perdida, es lo que el otro desea y disfruta más, es eróticamente placentero ver como por más esfuerzos que hace, por más que sus músculos se hinchen usando toda su fuera para soltarse, no lo logra. Sus piernas perfectamente moldeadas por la natación, su musculoso tórax, cada parte de su perfecto cuerpo están sujeto bajo el pesado cuerpo de Franco.

   El miembro de Franco también esta durísimo por sentir como la lengua de Daniel entra de vez en cuando en su culo, la lengua de un jovencito que se resiste, y es sentir ese poder sobre el otro, el dominio y el control sexual que mantiene sobre el muchacho y que le ha conducido por donde ha querido hacerlo y sin dejarle opciones, le tiene la verga manando un río de líquidos. Ahora tiene frente a sí la tranca del joven, bastante dura, jugosa, sin permitirle que pierda su dureza; después de ver cómo reacciona esa verga a los estímulos y cómo reacciona Daniel cuando esta responde, sabe que va por buen camino, así que acerca sus labios al miembro de nuevo, pero en lugar de usar su lengua recorriendo cada rincón de la roja cabeza, da un beso cálido y suave abarcando todo el diámetro de ese grueso glande, usando su lengua, pasándola repetidas veces por la sensible mucosa, llenándosela con el embriagador sabor del joven. Disfrutando el beso que da al miembro, manteniendo sujeto fuertemente al joven para evitar que pueda mover su cadera hacia atrás y se libere de esa erótica caricia, goza la vida.

   -¡MHM! -gime Franco mientras sus labios y lengua se apoderan de la cabeza de la verga, sin soltarla, ensalivándola abundantemente.

   -¡Ghhhhhhhhahhnnhghghg! -Daniel siente como esos húmedos y suaves labios se pegan en su sensible miembro, como esa lengua remata dándole varios vigorosos masajes a su glande, así que sus bolas arden en respuesta a la caricia, y como Franco lo esperaba por conocerle tan bien, el joven empieza a darle un mejor masaje a su culo, luchando por estabilidad y querer respirar mas.

   Franco mantiene ese “beso” por unos cuantos minutos más, masajeando la verga con su lengua pero después se retira de la enrojecida cabeza, dejándola libre, con ganas de mas, se notaba, mientras el tórax de Daniel lucha por expandirse más y tener respiraciones más profundas, pero el peso del otro y la posición que tienen ambos, le coloca en una situación física y sexualmente desventajosa, ya que le impide liberarse pero le ofrece a Franco sus áreas más sensibles. De todos modos siente que su verga es liberada momentáneamente, por un momento desearía que todo eso terminara de una vez, sin conseguirlo, sin correrse que sería otra derrota sobre su cuerpo; si Franco eyaculara quizá todo eso terminara, pero por lo que se ve el hombre es una “vaca” para la producción de leche.

   -¡Nghhhhhhhh! -un nuevo gemido de sorpresa y rebeldía sale de sus labios enterrados en ese culo velludo al sentir como la boca de Franco se apodera de su miembro, pero no solo en un cálido beso, sino que mete en su boca gran parte de la longitud de su duro miembro, cubriéndolo desesperantemente lento, presionando con sus mejillas, dejando al joven en un estado de placer erótico que le niega los pensamientos.

   La verga del joven atleta se estremece al sentir como encuentra y lo atiende una cavidad humedad cálida, que se ajusta perfectamente a sus dimensiones, Franco dilata la garganta y engulle mas y mas de la rígida carne dura. Ese movimiento de garganta permite la penetración del miembro de Daniel, las bolas del musculoso nadador están ahora chocando con la nariz de Franco, quien resuella pesadamente contra ellas al tiempo que sigue engullendo más y mas, sintiendo como ese miembro se desliza lentamente por su garganta. Y si tener la verga dura, caliente y palpitante de un chico en su boca, llenándola de sabores y sensaciones, el hombre disfruta más de estar conduciendo a Daniel al éxtasis en contra de su voluntad.

   El muchacho se rebela ante la presión que siente su verga en la garganta de Franco, quien al notar su lucha aumenta los masajes usando su lengua que se pega y frota el duro miembro dándole placer, mientras la garganta lo constriñe mas y mas. La sujeción ejercida por la presión de la garganta sobre el largo y grueso miembro de Daniel, es efectiva, ya que masajea eróticamente y estimula la lubricaron, el vil hombre saborea el líquido seminal que mana abundantemente. Después de haber saboreado el culo del musculoso muchacho ahora lo tiene controlado por el miembro, dándole la espalda a Daniel, quien nada puede hacer para impedir dejarse excitar placenteramente por le perfecta técnica del entrenador.

   Franco, experto en esos menesteres de mamar chicos jóvenes, logra que el miembro de del otro engorde mas cada vez, la saliva escurre por las comisuras de su boca, la cual mantiene abierta de forma grotesca introduciendo en ella la dura verga del joven.

   Es grotesco también ver como el perfecto culo de Daniel, con esas dos perfectas nalgas redondas, duras, firmes, grandes y bronceadas, se mueven rítmicamente ante el forcejeo del nadador que sigue sin rendirse ante el feroz ataque sexual del cual es víctima.

   Las bolas de Daniel hierven por la excitación constante y el aumento en las sensaciones, la impresionante mamada que está sufriendo; la lengua de Franco, los labios, la garganta todo se junta para hacer de la verga del deportista su punto débil, su talón de Aquiles. Y durante todo ese tiempo, el muchacho siegue obligado a succionar el culo del entrenador, no sabe cuántos vellos de ese culo se han metido en su boca de tanto que ha estado mamando, succionando sin poder evitarlo.

   Pero lo peor es sentir que está perdiendo la batalla, que está dejándose hacer, casi colaborando. Siente como su miembro se pone de parte de Franco y lo hace entrar en estado de excitación extrema, imponiéndole succionar de ese culo que no quiere, su lengua luchando y metiéndose, sin querer, más y más en el grotesco agujero anal de su dominador, de su dueño, mientras sus bolas se vuelven de fuego por el calor que siente de estar siendo prácticamente absorbido por esa golosa boca del entrenador. Casi tiene que luchar para no guiarla, para no sacarla y metérsela de la boca.

   Lucha por no colaborar abiertamente con su violador… pero su cuerpo no respondía.

CONTINÚA (el relato no es mío) … 25

Julio César.

NOTA: El relato comienza algo lento, y como no tengo intensiones de apurarme más, quien lo desee puede buscarlo en esta dirección: http://www.todorelatos.com/relato/16991/


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 68 seguidores